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Significado y Tipos de Sacramentos

El documento explica brevemente cada uno de los siete sacramentos reconocidos por la Iglesia Católica: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio.

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El documento explica brevemente cada uno de los siete sacramentos reconocidos por la Iglesia Católica: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio.

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LOS SACRAMENTOS

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que toda la vida litúrgica de la Iglesia gira
en torno al Sacrificio Eucarístico y los sacramentos. Son en total 7 sacramentos:
Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden
sacerdotal y Matrimonio.

¿En qué consiste cada uno de ellos? El Papa Francisco dedicó sus audiencias
generales de los primeros meses del 2014 a explicar su significado y su
importancia. Aquí te presentamos algunos breves extractos de la Catequesis del
Sumo Pontífice sobre los Sacramentos:

1. Bautismo
El Bautismo es el sacramento en el cual se funda nuestra fe misma, que
nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia. Junto a la Eucaristía y
la Confirmación forma la así llamada «Iniciación cristiana», la cual constituye como
un único y gran acontecimiento sacramental que nos configura al Señor y hace de
nosotros un signo vivo de su presencia y de su amor.

No es una formalidad. Es un acto que toca en profundidad nuestra


existencia. Un niño bautizado o un niño no bautizado no es lo mismo. No es lo
mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el
Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de
Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor
podemos vivir una vida nueva, no ya en poder del mal, del pecado y de la muerte,
sino en la comunión con Dios y con los hermanos.

2. Confirmación
A través del óleo llamado «sagrado Crisma» somos conformados, con el
poder del Espíritu, a Jesucristo, quien es el único auténtico «ungido», el «Mesías»,
el Santo de Dios. El término «Confirmación» nos recuerda luego que este
sacramento aporta un crecimiento de la gracia bautismal: nos une más firmemente
a Cristo; conduce a su realización nuestro vínculo con la Iglesia; nos concede una
fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe, para confesar el
nombre de Cristo y para no avergonzarnos nunca de su cruz.

Naturalmente es importante ofrecer a los confirmados una buena


preparación, que debe estar orientada a conducirlos hacia una adhesión personal
a la fe en Cristo y a despertar en ellos el sentido de pertenencia a la Iglesia.

3. Eucaristía
La Eucaristía se sitúa en el corazón de la «iniciación cristiana», juntamente
con el Bautismo y la Confirmación, y constituye la fuente de la vida misma de la
Iglesia. De este sacramento del amor, en efecto, brota todo auténtico camino de
fe, de comunión y de testimonio.

3 puntos importantes para recibir la comunión.

La celebración eucarística es mucho más que un simple banquete: es


precisamente el memorial de la Pascua de Jesús, el misterio central de la
salvación. «Memorial» no significa sólo un recuerdo, un simple recuerdo, sino que
quiere decir que cada vez que celebramos este sacramento participamos en el
misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Eucaristía constituye la
cumbre de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido
por nosotros, vuelca, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, de
tal modo que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de
relacionarnos con Él y con los hermanos. Es por ello que comúnmente, cuando
nos acercamos a este sacramento, decimos «recibir la Comunión», «comulgar»:
esto significa que en el poder del Espíritu Santo, la participación en la mesa
eucarística nos conforma de modo único y profundo a Cristo, haciéndonos
pregustar ya ahora la plena comunión con el Padre que caracterizará el banquete
celestial, donde con todos los santos tendremos la alegría de contemplar a Dios
cara a cara.

4. Penitencia y Reconciliación
El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando
yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que
hice y no funciona bien. La imagen bíblica que mejor los expresa, en su vínculo
profundo, es el episodio del perdón y de la curación del paralítico, donde el Señor
Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y los cuerpos.

El sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación brota directamente


del misterio pascual. En efecto, la misma tarde de la Pascua el Señor se aparece
a los discípulos, encerrados en el cenáculo, y, tras dirigirles el saludo «Paz a
vosotros», sopló sobre ellos y dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les
perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 21-23). Este pasaje nos
descubre la dinámica más profunda contenida en este sacramento. Ante todo, el
hecho de que el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos
nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide,
se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto
de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo.

5. Unción de los enfermos


El sacramento de la Unción de los enfermos, que nos permite tocar con la
mano la compasión de Dios por el hombre. Antiguamente se le llamaba «Extrema
unción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la
muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la
mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la
misericordia de Dios.

Es Jesús mismo quien llega para aliviar al enfermo, para darle fuerza, para
darle esperanza, para ayudarle; también para perdonarle los pecados. Y esto es
hermoso. No hay que pensar que esto es un tabú, porque es siempre hermoso
saber que en el momento del dolor y de la enfermedad no estamos solos: el
sacerdote y quienes están presentes durante la Unción de los enfermos
representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo
nos reúne alrededor de quien sufre y de los familiares, alimentando en ellos la fe y
la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraterno.

6. Orden sacerdotal
Constituido por los tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado, es
el sacramento que habilita para el ejercicio del ministerio, confiado por el Señor
Jesús a los Apóstoles, de apacentar su rebaño, con el poder de su Espíritu y
según su corazón. Apacentar el rebaño de Jesús no con el poder de la fuerza
humana o con el propio poder, sino con el poder del Espíritu y según su corazón,
el corazón de Jesús que es un corazón de amor. El sacerdote, el obispo, el
diácono debe apacentar el rebaño del Señor con amor. Si no lo hace con amor no
sirve. Y en ese sentido, los ministros que son elegidos y consagrados para este
servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del
Espíritu Santo en nombre de Dios y con amor.

Aquellos que son ordenados son puestos al frente de la comunidad. Están


«al frente» sí, pero para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como
Él mismo demostró y enseñó a los discípulos con estas palabras: «Sabéis que los
jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre
vosotros; el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el
que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo
del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por
muchos». Un obispo que no está al servicio de la comunidad no hace bien; un
sacerdote, un presbítero que no está al servicio de su comunidad no hace bien, se
equivoca.
7. Matrimonio
Este sacramento nos conduce al corazón del designio de Dios, que es un
designio de alianza con su pueblo, con todos nosotros, un designio de comunión.
Al inicio del libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, como coronación del
relato de la creación se dice: «Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios
lo creó, varón y mujer los creó… Por eso abandonará el varón a su padre y a su
madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne» (Gn 1, 27; 2, 24).

La imagen de Dios es la pareja matrimonial: el hombre y la mujer; no sólo el


hombre, no sólo la mujer, sino los dos. Esta es la imagen de Dios: el amor, la
alianza de Dios con nosotros está representada en esa alianza entre el hombre y
la mujer. Y esto es hermoso. Somos creados para amar, como reflejo de Dios y de
su amor. Y en la unión conyugal el hombre y la mujer realizan esta vocación en el
signo de la reciprocidad y de la comunión de vida plena y definitiva. Cuando un
hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así,
se «refleja» en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de
su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros.

Actividad.

1.- ¿Qué es un sacramento?


2.- ¿Cómo es un sacramento un signo visible?
3.- ¿Cómo se instituyen los sacramentos por Cristo?
4.- ¿Los sacramentos transmiten la gracia santificante?
5.- Explique según su criterio cada uno de los sacramentos, de su punto de
vista bien sustentado.
6.- Según la lectura y la experiencia propia, ¿cuáles sacramentos se
realizan una sola vez, y cuales más de una vez?
7.- Habiéndonos bautizado como católicos, ¿es válido un segundo bautizo
en otra religión? Justifique su respuesta.
8.- Habiendo recibido el Sacramento del Orden Sacerdotal, ¿es válido
casarse? Justifique su respuesta.
9.- Muchas personas alegan que no se confiesan con un sacerdote porque
es un hombre igual a uno, prefieren hacerlo delante de una imagen
religiosa. ¿Cuál es tu posición al respecto?
10.- En la mayoría de los casos algunos enfermos mueren sin haber
recibido los auxilios espirituales, por el temor de que cuando el sacerdote lo
asiste es para una santa muerte. ¿Que puedes decir tú al respecto?

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