Ilúvatar: —iContemplad vuestra música!
Este es vuestro canto y cada uno de vosotros encontrará
en él, entre lo que os he propuesto, todas las cosas que en apariencia habéis inventado o añadido.
y tú, Melkor, descubrirás los pensamientos secretos de tu propia mente y entenderás que son sólo
una parte del todo y tributarios de su gloria. 8 Y muchas otras cosas dijo Ilúvatar a los Ainur en
aquella ocasión, y por causa del recuerdo de sus palabras y por el conocimiento que cada uno
tenía de la música que él mismo había compuesto, los Ainur saben mucho de lo que era, lo que es
y lo que será, y pocas cosas no ven. Sin embargo, algunas cosas hay que no pueden ver, ni a solas
ni aun consultándose entre ellos; porque a nadie más que a sí mismo ha revelado Ilúvatar todo lo
que tiene él en reserva y en cada edad aparecen cosas nuevas e imprevistas, pues no proceden del
pasado. y así fue que mientras esta visión del Mundo se desplegaba ante ellos, los Ainur vieron
que contenía cosas que no habían pensado antes. y vieron con asombro la llegada de los Hijos de
Ilúvatar y las estancias preparadas para ellos, y advirtieron que ellos mismos durante la labor de la
música habían estado ocupados en la preparación de esta morada, pero ignorando que tuviese
algún otro propósito que su propia belleza. Porque sólo él había concebido a los Hijos de Ilúvatar;
que llegaron con el tercer tema, y no estaban en aquel que Ilúvatar había propuesto en un
principio, y ninguno de los Ainur había intervenido en esta creación. Por tanto, mientras más los
contemplaban, más los amaban, pues eran criaturas distintas de ellos mismos, extrañas y libres, en
las que veían reflejada de nuevo la mente de Ilúvatar; y conocieron aun entonces algo más de la
sabiduría de Ilúvatar , que de otro modo habría permanecido oculta aun para los Ainur. Ahora
bien, los Hijos de Ilúvatar son Elfos y Hombres, los Primeros Nacidos y los Seguidores. Y entre
todos los esplendores del Mundo, las vastas salas y los espacios, y los carros de fuego, Ilúvatar
escogió como morada un sitio en los Abismos del Tiempo y en medio de las estrellas
innumerables. Y puede que esta morada parezca algo pequeña a aquellos que sólo consideran la
majestad de los Ainur y no su terrible sutileza; como quien tomara toda la anchura de Arda para
levantar allí una columna y la elevara hasta que el cono de la cima fuera mas punzante que una
aguja; o quien considerara sólo la vastedad inconmensurable del Mundo, que los Ainur aún están
modelando, y no la minuciosa precisión con que dan forma a todas las cosas que en él se
encuentran. Pero cuando los Ainur hubieron contemplado esa morada en una visión y luego de ver
a los Hijos de Ilúvatar que allí aparecían, muchos de los más poderosos de entre ellos se volcaron
en pensamiento y deseo sobre ese sitio. y de éstos Melkor era el principal, como también había
sido al comienzo el más grande de los Ainur que participaran en la Música. y fingió, aun ante sí
mismo al comienzo, dominando los torbellinos de calor y de frío que lo habían invadido, que
deseaba ir allí y ordenarlo todo para beneficio de los Hijos de Ilúvatar. Pero lo que en verdad
deseaba era someter tanto a Elfos como a Hombres, pues envidiaba los dones que Ilúvatar les
había prometido; y él mismo deseaba tener súbditos y sirvientes, y ser llamado Señor, y gobernar
otras voluntades. Pero los otros Ainur contemplaron esa habitación puesta en los vastos espacios
del Mundo; que los Elfos llaman Arda, la Tierra, y los corazones de todos se regocijaron en la luz, y
los ojos se les alegraron en la contemplación de tantos colores, aunque el ruido del mar los
inquietó sobremanera. y observaron los vientos y el aire y las materias de que estaba hecha Arda,
el hierro y la piedra, la plata y el oro, y muchas otras sustancias, pero de todas ellas el agua fue la
que más alabaron. y dicen los Eldar que el eco de la Música de los Ainur vive aún en el agua, más
que en ninguna otra sustancia de la Tierra; y muchos de los Hijos de Ilúvata