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Resaca y Matrimonio Inesperado

Julia se despierta con resaca en una suite que no es suya, junto a Damián, con quien tuvo una noche de excesos y confusiones. Al recordar los eventos de la noche anterior, se entera de que ambos se casaron en Las Vegas, lo que provoca su indignación y preocupación por las repercusiones familiares. A pesar de la situación caótica, Damián parece tomarlo con humor, mientras Julia busca una manera de manejar el inesperado matrimonio y el posible divorcio.

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Resaca y Matrimonio Inesperado

Julia se despierta con resaca en una suite que no es suya, junto a Damián, con quien tuvo una noche de excesos y confusiones. Al recordar los eventos de la noche anterior, se entera de que ambos se casaron en Las Vegas, lo que provoca su indignación y preocupación por las repercusiones familiares. A pesar de la situación caótica, Damián parece tomarlo con humor, mientras Julia busca una manera de manejar el inesperado matrimonio y el posible divorcio.

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Capitulo 4

¨Escrito en las estrellas¨


Una fuerte luz golpea mis parpados y solo quiero que se
aleje, trato de moverme para enterrar mi cara en la almohada
y así evitar la luz, pero mi cabeza late con fuerzo ante el
mínimo movimiento. El dolor se expande `por todo mi cuerpo
y no me puedo mover, me duele incluso respirar. Mi
estomago este algo revuelto y tengo un extraño sabor en mi
boca. Llevo una mano a mi frente para sentir si tengo
temperatura, pero no, mi malestar a la cantidad de excesiva
de alcohol que bebí anoche. Flashes de la noche anterior
vienen a mi memoria y no me gustan nada aquellos
recuerdos. Recuerdo beber mucho, un bar karaoke, recuerdo
haber cantado o eso creo, aunque lo dudo yo no canto y
mucho menos en público, tal vez es solo un sueño y lo estoy
confundiendo todo. De todas formas, todo está demasiado
confuso ahora y el único pensamiento coherente que tengo
en este momento es que no voy a beber, nunca jamás.

En definitiva, el alcohol y yo no somos amigos.

Abro lentamente los ojos y parpadeo varias veces tratando de


adaptar mis ojos a la luz, mi dolor de cabeza empeora cuando
abro los ojos. Me cuesta darme cuenta que esta no es mi
habitación de hotel. Asumo que es una suite por el tamaño,
pero en definitiva no es mía. ¿Qué hiciste anoche, Julia
Sullivan? Parpadeo varias veces antes de enfocar mis ojos en
la habitación, y veo que es de paredes blancas con filos
dorados, la decoración y las lámparas son de cristalería muy
fina. Hay un enorme sofá rojo cerca de una ventana y cuando
miro hacia el otro lado veo a Damián Hessel, que está
sentado en sillón café frente a una pequeña mesa cuadrada.
Lleva un albornoz blanco y está leyendo el periódico, frente a
él, esta una humeante taza de café.

-Buenos días, mi dulce, Julia.

Hay un toque burlón en sus palabras.

Lo ve bajar el periódico y dirigirme una sonrisa llena de


arrogancia y hay algo más en su sonrisa que no puedo
identificar. El deja el periódico sobre la mesa y toma la taza
de café para darle un sorbo.

-Buenos días.- le digo.

No tengo que ver debajo de las sabanas para saber que no


tengo ropa, recuerdo vagamente eso y como prácticamente lo
arrastre hasta esta habitación que asumo que es de él. Tengo
recuerdos borrosos y confusos, no están en ningún orden en
particular y el tratar de ordenarlos solo aumenta mi dolor de
cabeza.

-Hay una aspirina y otra pastilla que te ayudaran con tu


malestar.

Me dice el sin dejar de sonreír.

El parece fresco como una lechuga y no entiendo como lo


hace, el también bebió anoche, no recuerdo si igual o más
que yo, pero también bebió. Me giro para mirar un vaso de
jugo, un vaso de agua y dos pastillas. Tomo las pastillas y las
paso con el agua para después beber el jugo. Vuelvo a
recostar mi cabeza en la almohada y cierro los ojos tratando
de pensar en una manera de salir de aquí sin tener que
enfrentarme a Damián Hessel. Pero lamentablemente para
mi, ninguna buena idea viene a mi mente.

-Me pregunto si yo no hubiera estado despierto ¿Hubieras


huido de nuevo, Julia? Asumo que sí.
El no se equivoca con eso, en este momento deseo tanto que
el hubiera estado dormido como la vez anterior y así poder
irme en silencio antes de que el despierte y fingir que nada
paso. No puedo creer que fui tan débil de volver a tener sexo
con él, aunque al menos esta vez puedo culpar al alcohol,
pero eso no me da ningún consuelo porque soy consciente
que en el fondo yo quería volver a tener sexo con él.

-Vamos, Julia, creo que ya es hora de despertar.

En mis veinticinco años de mi vida siempre he sido una


persona reservada, siempre sobreanalizo una situación antes
de tomar una decisión. No me dejo guiar por mis emociones y
es algo de lo que siempre me enorgullecido. Pero parece que
todo pensamiento coherente deja mi mente cuando estoy
cerca de Damián Hessel ¿Qué tiene el que me hace perder la
razón? Aun me sorprendo al recordar cuando en la fiesta de
compromiso lo bese, yo no soy así, no voy por la vida
besando desconocidos. Bese a Saúl por primera vez en
nuestra quinta cita. Pero tuve sexo con Damián a solo horas
de haberlo conocido.

-Estoy despierta.- le digo de mala gana.

Paso una mano por mi cara antes de abrir mis ojos. Sujeto
con fuerza la sábana blanca contra mi pecho mientras me
siento en la cama para mirar a Damián.

-Creo que hora de hablar sobre anoche.- me dice él.

-Creo que es mejor no hablar sobre eso. Mira tuvimos sexo


de nuevo, esta bien, somos adultos y esas cosas pasan. No
hagamos un gran alboroto sobre eso.

El me mira con una sonrisa torcida, lo veo recostarse un poco


en el sillón y pasarse su dedo índice por su lado inferior
mientras me escucha. Hay una chispa de diversión en su
mirada y me intriga saber a qué se debe.
-Oh, Julia, créeme que no podemos ignorar lo que paso
anoche.

-¿De qué estás hablando?

El suelta una risa divertido por el simple recuerdo antes de


ponerse de pie y caminar frente a la cama. Se detiene cerca
de la ventana y abre aun más la cortina.

-Bueno, vamos hacer un recordatorio de todo lo que paso.


Primero estábamos en el bar del hotel y bebimos un par de
copas, dijiste que tenias ganas de cantar y fuimos a aquel bar
karaoke. Te paraste en el escenario y cantaste, yo necesito
un héroe y cuando terminaste de cantar me dijiste, bésame
ahora, ya bebí la pócima. Cuando subí al escenario quisiste
que cantemos you´re the one that i want. Tienes buena voz,
debo reconocer y fuimos un éxito en aquel karaoke.

El se detiene y me mira. Hay algo en la forma que me mira


que me dice que aquello no es lo peor de la historia y también
siento que no me va a gustar en absoluto lo que va a decir a
continuación.

-Pero nuestra noche no termino ahí. Me dijiste y cito: no voy a


dejar que Raquel se case antes que yo, así que tú y yo nos
vamos a casar ahora. Debo reconocer que no fue la
propuesta mas romántica pero no le podía decir que no a esa
carita.

Muevo mi cabeza de un lado a otro sin importarme el dolor, el


debe estar bromeando, seguro es solo una broma cruel para
molestarme.

-No nos casamos ¿Verdad? Por favor, dime que no fuimos


tan estúpidos de casarnos en las vegas.

El me sonríe y señala mi mano. Mis ojos van hacia donde el


está señalando y lo veo. Una elegante banda de oro de 17
quilates con un diamante de corte cuadrado y dos diamantes
azules de corte redondo a cada lado parpadean ante la pálida
luz. Hay otra argolla sencilla de oro blanco con filos de plata.
Levanto mi mano para ver mejor los dos anillos que
descansan en mis dedos.

-¿Cómo dejaste que esto pasara?- le pregunto con


indignación.

-En mi defensa, cuando intente detener todo, me dijiste que si


no me casaba contigo te casarías con el primer hombre que
veas y hablabas muy en serio, Julia.

El me pasa un albornoz y yo me lo pongo antes de


levantarme de la cama. Paso mis dedos por mi cabello y
algunos mechones se enredan en los anillos. Yo no estoy
acostumbrada a utilizar anillos y ahora llevo dos ¿Cómo paso
esto? Jamás debí aceptar aquella copa, jamás debí
quedarme con él, debí ir a esa estúpida despedida de
solteras.

-Ya se, podríamos conseguir una anulación ¿Verdad? Sí, eso


haremos, nadie tiene por que saber esto.- le digo.

-Lamento reventar tu burbuja, pero ya consumamos nuestro


matrimonio, a menos que quieras mentir delante un juez.

-No claro que no. ¿Por qué no estás perdiendo la cabeza


ante esta situación?

El se encoge de hombros y camina hasta la mesa donde dejo


el periódico, lo vuelve a tomar y sonríe cuando ve algo ahí.

-En algún momento tenía que sentar cabeza, además, pudo


ser peor. Me pude haber casado con tu hermana. En lo que a
mí me respecta estoy feliz con la esposa que tengo.

¡Dios mío soy su esposa! Estoy casada, me acabo de casar


con un hombre que no conozco, que resulta ser el ex novio
de mi hermana y como bonus es el primo de mi ex novio. Oh
Dios mío. Mi vida tiene suficiente ironía dramática y metáfora
situacional para impulsar una o dos novelas románticas.

-Vamos, melocotón, no es tan malo.

-¿Por qué me llamas así?

-Ayer me dijiste que te encantan los melocotones y ya que


estamos casados pensé que debía tener un apodo romántico
para ti.

-¿Y se te ocurrió melocotón? Da igual, no me gustan los


apodos.

-¿Por qué, melocotón?

-Por favor, no me llames así.

Me doy cuenta que a el toda esta situación le divierte. Parece


disfrutar gratamente de hacerme perder la paciencia ¡Vaya
esposo que me vine a conseguir!

-Ya veras, melocotón, con el tiempo te va gustar.

Me cruzo de brazos y lo miro a los ojos.

-Entonces estaría bien si yo te llamo, no sé, terrón de azúcar


¿Te gustaría eso?

El se ríe.

-Tú puedes llamarme como quieras, melocotón.

-¡Ya te dije que no me digas así!

-Mira, nuestra primera pelea de casados.

-Algo me dice que no será la última.

El se vuelve a reír. Damián, no parece preocuparse por


buscar una solución a esta situación. Nada de esto parece
provocar un inconveniente en él. Pero esto es un gran
inconveniente para mí. Mi familia no se puede enterar de esto
o jamás me lo dejaran pasar. Lo menos que quiere mi madre
ahora es un escándalo que manche el nombre de la familia
Sullivan o algo que dañe su reputación en la sociedad. No
quiero imaginarme como reaccionaria si se entera que me
emborrache en las Vegas y me case con el ex de mi
hermana. Bueno, ella se va a casar con mi ex, así que creo
que estamos a mano. Pero dudo mucho que mi madre lo vea
de esa manera. Tengo veinticinco años ¿Por qué me importa
la opinión de mi madre? Al parecer hay algunos complejos y
costumbres de la infancia que uno tarda en dejar atrás.

-Damián, no le podemos decir a nadie sobre esto. Tratemos


de solucionar... ¿Por qué te estás riendo?

El me entrega el periódico.

-Creo que ya es tarde para eso.

Ahí en el periódico esta una foto de Damián y yo en la capilla


donde nos casamos. Debo reconocer que, para estar
borracha, salgo muy bien en la foto, luzco feliz y
despreocupada, algo muy diferente a como en la realidad me
siento.

-Fue idea tuya. Querías y cito tus palabras de nuevo: que


todos se enteren sobre nuestra boda y lo felices que estamos.

Hay un enorme titular sobre la boda y un Cupido al final de


dicho titular. De alguna manera con mi mala suerte, creo que
aquel periódico ya lo tienen que haber leído mis padres.

-¿Qué vamos hacer ahora?

-Desayunar. No se tu, melocotón, pero yo tengo hambre.

-No me llames así. Además, como puedes pensar en comer


en esta situación ¿Pensaste que así seria tu boda? Pues yo
no. Yo llevaba casi dos años con tu primo y jamás se me
paso por la cabeza que ya estábamos listos para casarnos. Y
ahora estoy casada contigo después de haberte conocido
hace semanas. Esto es una locura, creo que me voy a
desmayar.

Dejo el periódico sobre la cama. Si aquella noticia se publico


en un periódico mi familia se va a enterar, no hay, manera
que eso no suceda. ¿Entonces qué hago ahora? Mis
opciones son limitadas ante esta situación. No hay mucho
que pueda hacer. Mi madre va enloquecer con esto, haga lo
que yo haga. O tal vez las estrellas se alinearon a mi favor y
nadie se va enterar sobre esto, Damián y yo tendremos un
divorcio secreto y todo estará solucionado en poco tiempo.
No soy alguien soñador o idealista, pero en este momento de
crisis me permito soñar.

-No entiendo como dejaste que esto sucediera.

-Primero, fue tu idea ir aquel bar karaoke. Segundo, fue tu


idea casarnos y también fue tu idea querer que se publique la
noticia en aquel periódico y en otros más.

-Estábamos borrachos ¿Por qué nos dejaron casar en ese


estado?

-Estamos en las Vegas, la mayoría de las personas aquí se


casan estando borrachos.- me dice él.

Cubro mi cara con mi mano y trato de reprimir un grito de


frustración. Ya puedo imaginar la mirada de todos y los
nuevos susurros a mi espalda. Porque como si no tenía
suficiente con lo que estaba pasando, yo tenía que venir y
agregarle más drama a mi vida.

-Creo que deberíamos pensar en cómo manejar el divorcio,


melocotón.

-¿Y cómo sería eso? Damián, en serio no me digas así.


Nunca eh sabido cómo reaccionar ante los apodos de cariño,
nunca me gusto que Saúl me llame mi amor, mi vida, mi cielo,
ni nada de eso. Me resulta extraño que en realidad no me
molesta que Damián me llame melocotón, pero no es algo
que vaya admitir.

-Llamare a mi abogado y le explicare la situación, esperemos


a escuchar lo que él tiene que decir y seguimos a partir de
ahí.- me explica el con mucha calma.

-Bien, hazlo, yo iré a tomar una ducha hasta eso.

Me levanto de la cama y recojo mi vestido del suelo antes de


caminar hasta el baño. En el baño me permito soltar la
máscara de compostura que he tenido y dejo que las grietas
se abran. Suelto un fuerte suspiro y trato de evitar mirar mi
reflejo en el espejo y entro a la ducha. Dejo que el agua
caliente moje mi cuerpo y me quite algo de la tensión que he
acumulado en estas horas. Cuando salgo de la ducha
vistiendo el vestido negro que estaba utilizando anoche y con
la toalla envuelta en mi cabeza, me siento mejor. Damián ha
pedido el desayuno y me indica que me siente mientras me
sirve algo de café, la escena en si es algo domestica y no
dejo que mis pensamientos se desvíen en esa dirección.

-¿Qué te dijo tu abogado?- le pregunto.

-El llamara a un abogado de divorcios y tendrá listos los


papeles para cuando aterricemos en Seattle. Debemos firmar
y todo estará solucionado.

No me alegro porque mi vida estos últimos meses ha sido


todo menos sencilla.

-Relájate, melocotón.

Y el empieza a cantar yo quiero un héroe y me dice que no


puede quitarse aquella música desde que yo la cante anoche.
-Sabes, no creía que sería una persona divorciada a mis
veinticinco años.- le digo para cambiar de tema.

-Yo a mis treinta y dos.

-Eres siete años mayor que yo.

-Bien, sabes contar, eso es bueno, melocotón.

Ni siquiera me molesto en decirle que no me llame asi porque


eso solo parece alentarlo más. Así que lo ignoro y me dedico
a comer el desayuno en silencio.

-Ni siquiera deberías preocuparte por el periódico, dudo que


alguien de este viaje lo haya leído.

Me dice Damián cuando estamos terminando de desayunar.


Sé que él tiene razón al revisar mi teléfono solo veo llamadas
perdidas de hace un momento y un mensaje de voz
preguntando si estoy bien, pero es de hace solo unos
minutos. Asumo que mis primas recién se están despertando.
Les mando un mensaje diciendo que estoy bien y que salía
desayunar, aunque el que lleve le mismo vestido de ayer no
ayuda mucho.

-Yo también lo creo, es hora de irme, señor Hessel.

-¿Así que volvemos a señor Hessel? Pensé que ibas a


llamarme terrón de azúcar, melocotón.

Lo ignoro mientras busco mi bolso y camino hasta la puerta.


Me despido de él antes de cerrar la puerta y empezar a
caminar por el pasillo. Mi teléfono suena cuando estoy
llegando al ascensor y me detengo en seco cuando veo que
es mi mama.

-Hola, mama.
-Lo único que te pedí es que no avergonzaras más a esta
familia, pero al parecer es algo difícil para ti. Casarte en las
Vegas ¿En serio, Julia? No podrías ser más hortera. ¿Por
qué simplemente no pudiste hacer lo que te pedí? Nunca
dejas de decepcionarme, Julia.

Tú tampoco dejas de decepcionarme mama. Lo único que


deberías hacer es estar ahí para mi, incluso sin decir nada,
pero no lo haces, no haces nada por mi y estoy cansada de
siempre tratar de hacerte feliz.

-Ya estoy hablando con un abogado para arreglar tu


situación.

-No lo hagas, no hay nada que arreglar. Me case por que


quise y planeo seguir casada.

Las palabras salen de mi boca con fluidez y me arrepiento


después de decirlas, pero ya es tarde, no me pienso retractar
ahora.

-Creo que podrías inventar una buena historia de portada


¿No fue lo que hiciste con Raquel?

-¡Acabas de conocer a ese hombre! ¿Acaso has perdido la


cabeza?

-Cuando lo sabes, lo sabes, no fue eso lo que dijiste sobre


Raquel y Saúl. Creo que podrás inventar una buena historia
de portada para mí y Damián.

Sé que le acabo de vender mi alma al diablo al decirle eso,


pero es un precio justo por la reacción de mi madre en este
momento.

-Julia, el divorcio no es una opción.

Estoy cansada que ella me haga sentir como una niña que no
es suficiente y jamás lo va a ser, como alguien que no
importa y que tiene que sacrificar su felicidad por la de los
demás. Estoy cansada.

-No mama, tienes razón, no lo es porque no va a suceder.


Estoy casada con Damián Hessel y me voy a quedar casada
con él y no intentes ocultar la noticia, quiero que todo el país
se entere de mi boda en las Vegas y lo feliz que estoy. Adiós,
mama.

Si de todas formas me voy a ir al infierno, al menos lo voy


hacer a lo grande.

¨La probabilidad es la característica de un evento, que hace


que existan razones para creer que inevitablemente este
evento se realizara.¨

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