nti Raymi
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Para otros usos de este término, véase Solsticio de invierno.
Inti Raymi
Inti [Link]
Inti raymi moderno en Sacsayhuamán, Perú
Tipo Ceremonia incaica (actualmente espectáculo turístico)
Celebrada por Comunidades indígenas de Perú
Ubicación Plantilla:PERU
País Perú
Fecha 22 de junio (en el Perú), 22 de junio (en Ecuador)
Motivo Solsticio de invierno
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Inti Raymi (en español fiesta del sol), es una ceremonia incaica y andina celebrada
en honor de Inti (el Dios sol), que se realiza cada solsticio de invierno (24 de
junio, en el hemisferio sur). Los actuales pobladores de los países andinos, con la
presencia de visitantes nacionales y extranjeros, continúan realizando esta
tradición, ahora considerada una ceremonia de interés turístico.1 Al tratarse de
una tradición inca, el Inti Raymi se mantiene como un rito para muchas otras
comunidades indígenas de legado incaico, algunas de las cuales están asentadas en
otras partes del antiguo territorio inca, como en Ecuador, Colombia, Perú, Chile,
Argentina (Noroeste y Cuyo) y Bolivia.[cita requerida]
Durante la época de los Incas, el Wawa Inti Raymi fue instituido por el inca
Pachacútec en la década de 1430 d. C., como parte de su reorganización político-
administrativa. El raymi del solsticio de invierno austral (21 de junio) era uno de
los dos mayores festivales celebrados en honor al sol en el Cusco, Quito .2 El otro
festival era el Capaq Inti Raymi, (fiesta del gran sol) celebrado por los Incas en
el solsticio de verano austral (21 de diciembre). Según relata el peruano Inca
Garcilaso de la Vega (1539-1616), el Wawa Inti Raymi significaba que el dios Sol
renacía para dar inicio a un nuevo ciclo anual, el "tiempo circular inca" (debido a
que no concebían el tiempo como lineal sino como un círculo cronológico)[cita
requerida] así como el origen mítico del Inca, quien fue enviado por el Sol (como
dios ordenador de las acciones de las poblaciones del antiguo mundo). Su
celebración duraba 15 días, en los cuales había danzas, ceremonias y sacrificios.
El último Wawa Inti Raymi con la presencia del Inca fue realizado a partir del 21
de junio de 1535.
En 1572 el virrey Francisco Álvarez de Toledo (1515-1584) prohibió esta fiesta
(junto con las demás celebraciones ) por considerarla una ceremonia pagana y
contraria a la fe católica. Se siguió realizando de manera clandestina, como
protesta a la "extirpación de idolatrías"3
En 1944, el intelectual y artista cuzqueño Faustino Espinoza Navarro compuso una
reconstrucción histórica del Wawa Inti Raymi para atraer el flujo turístico al
Cusco y como parte de la semana de esta ciudad, la cual incluye el Corpus Christi.
Se optó por cambiar la fecha original (solsticio del 21 de junio) por el 24 del
mismo mes, ya que en el gobierno del presidente A. Leguía se había decretado esta
fecha como el "Día del Indio". Además, el 24 de junio es la festividad de San Juan,
lo cual representaba un día no laborable y por tanto facilitaba la presencia del
público. La reconstrucción se basa en la crónica de Garcilaso de la Vega y solo se
refiere a la ceremonia político-religiosa. Desde esa fecha en adelante (año 1944),
la ceremonia vuelve a ser un evento público y de gran atractivo turístico.
Aunque hoy conocemos a esta celebración con su nombre quechua de Inti Raymi, en
realidad se trata de una festividad común a muchos pueblos prehispánicos de los
Andes, y que seguramente precede con mucho a la formación del Imperio incaico.
El Inti Raymi aún se celebra como rito sincrético en muchas comunidades andinas. En
el callejón ínter-andino septentrional del Ecuador, por ejemplo, el conjunto de
festividades relacionadas abarca todo el mes de junio y parte de julio, teniendo
cada ciudad sus propios ritos y costumbres, y llegando a paralizarse la vida
cotidiana como efecto de las celebraciones, que toman las avenidas noche y día.
Índice
1 Historia
2 Representación contemporánea
2.1 Año nuevo Andino-amazónico
2.2 Inti Raymi en Otavalo
3 Véase también
4 Referencias y notas de pie
5 Enlaces externos
Historia
Haucaycuzqui inti raymi
Inti Raymi, festividad del Haucaycuzqui, séptimo mes del calendario inca, según el
cronista peruano Guamán Poma (1565-1644).
En la época de los incas, esta ceremonia se realizaba en la plaza Huacaypata (hoy
Plaza Mayor4 del Cusco), con la asistencia de la totalidad de la población de la
urbe, tal vez unas cien mil personas.
En el solsticio de invierno sucede el día más corto y la noche más larga del año.
Durante la época incaica, ese hecho revestía fundamental importancia, pues era el
punto de partida del nuevo año, que se asociaba con los orígenes de la propia etnia
inca. Garcilaso de la Vega nos dice que era ésta la principal fiesta y a ella
concurrían «los curacas, señores de vasallos, de todo el imperio [...] con sus
mayores galas e invenciones que podían haber». Por lo tanto, era también una
festividad con alto contenido político porque legitimaba la sujeción de los pueblos
sometidos al estado inca. Así, los representantes de los pueblos conquistados
reiteraban su lealtad al emperador. La preparación de la festividad era estricta,
pues en los previos «tres días no se comía sino un poco de maíz blanco, crudo, y
unas pocas de yerbas que llaman chúcam y agua pura. En todo este tiempo no
encendían fuego en toda la ciudad y se abstenían de dormir con sus mujeres». Para
la ceremonia misma, las vírgenes del Sol preparaban unos panecillos de maíz.
Ese día, el soberano y sus parientes esperaban descalzos la salida del sol en la
plaza. Puestos en cuclillas («que entre estos indios es tanto como ponerse de
rodillas», aclara el cronista), con los brazos abiertos y dando besos al aire,
recibían al astro rey. Entonces el inca, con dos vasos de madera ( el kero era de
madera, no de oro, ellos asimilaron este vaso ceremonial de la cultura tiahuanaco),
brindaba la chicha de jora: del vaso que mantenía en la mano izquierda bebían sus
parientes; el de la derecha era derramado y vertido en un tinajón de oro.
Después todos iban al Coricancha y adoraban al sol. Los curacas entregaban las
ofrendas que habían traído de sus tierras y luego el cortejo volvía a la plaza,
donde se realizaba el masivo sacrificio del ganado ante el fuego nuevo que se
encendía utilizando como espejo el brazalete de oro del sacerdote principal. La
carne de los animales era repartida entre todos los presentes, así como una gran
cantidad de chicha, con la que los festejos continuaban durante los siguientes
días.
Representación contemporánea
En el Cusco de hoy, la antigua capital del Tahuantinsuyo y ciudad internacional, el
Inti Raymi, como no podía ser de otro modo, tiene un carácter ceremonial y también
una motivación costumbrista, un espectáculo dirigido tanto a los turistas como a
los propios cusqueños, para quienes es un punto de referencia entre el pasado
glorioso, un progresista presente y un futuro auspicioso. Por esto último concita
tanto entusiasmo y participación masiva.
Celebración del Inti Raymi en Chibuleo - Ecuador. La foto corresponde a las
celebraciones en el año 2008.
La representación, en la que intervienen miles de personas, empieza frente al
Coricancha, donde un Inca ficticio realiza una invocación al Sol. Los espectadores,
entre tanto, esperan en la explanada de Sacsayhuamán, hacia la que el cortejo se
desplaza de inmediato. Este ingresa al escenario llevando al inca en su litera por
grupos que representan a los pobladores de los cuatro suyos. Después se procede al
sacrificio de una alpaca
La nueva versión del Inti Raymi nace por iniciativa de Humberto Vidal Unda. El
guion de la representación lo escribió en quechua Faustino Espinoza Navarro, quien
durante muchos años también representó el papel de inca. Los participantes toman
muy en serio su papel y el espectáculo es un derroche de colorido, música y danzas.
Con más de setenta años de existencia, el nuevo Inti Raymi es ahora parte
inseparable de la vida del Cusco. No solo es el acto central del mes de junio en la
ciudad, sino que su fama ha trascendido las fronteras peruanas y también, dentro de
ellas, ha sido el ejemplo para otros festivales de la identidad nacional, como el
Cóndor Raymi.
En la época de los incas, esta ceremonia se realizaba en la plaza Huacaypata (hoy
Plaza Mayor del Cusco), con la asistencia de la totalidad de la población de la
urbe, tal vez unas cien mil personas.
En el solsticio de invierno sucede el día más corto y la noche más larga del año.
Durante la época incaica, ese hecho revestía fundamental importancia, pues era el
punto de partida del nuevo año, que se asociaba con los orígenes de la propia etnia
inca. Garcilaso de la Vega nos dice que era ésta la principal fiesta y a ella
concurrían «los curacas, señores de vasallos, de todo el imperio [...] con sus
mayores galas e invenciones que podían haber». Por lo tanto, era también una
festividad con alto contenido político porque legitimaba la sujeción de los pueblos
sometidos al estado inca. Así, los representantes de los pueblos conquistados
reiteraban su lealtad al emperador. La preparación de la festividad era estricta,
pues en los previos «tres días no se comía sino un poco de maíz blanco, crudo, y
unas pocas de yerbas que llaman chúcam y agua pura. En todo este tiempo no
encendían fuego en toda la ciudad y se abstenían de dormir con sus mujeres». Para
la ceremonia misma, las vírgenes del Sol preparaban unos panecillos de maíz.
Ese día, el soberano y sus parientes esperaban descalzos la salida del sol en la
plaza. Puestos en cuclillas («que entre estos indios es tanto como ponerse de
rodillas», aclara el cronista), con los brazos abiertos y dando besos al aire,
recibían al astro rey. Entonces el inca, con dos vasos de madera ( el kero era de
madera, no de oro, ellos asimilaron este vaso ceremonial de la cultura tiahuanaco),
brindaba la chicha de jora: del vaso que mantenía en la mano izquierda bebían sus
parientes; el de la derecha era derramado y vertido en un tinajón de oro.
Después todos iban al Coricancha y adoraban al sol. Los curacas entregaban las
ofrendas que habían traído de sus tierras y luego el cortejo volvía a la plaza,
donde se realizaba el masivo sacrificio del ganado ante el fuego nuevo que se
encendía utilizando como espejo el brazalete de oro del sacerdote principal. La
carne de los animales era repartida entre todos los presentes, así como una gran
cantidad de chicha, con la que los festejos continuaban durante los siguientes
días.