u descubrimiento sacó a la luz la gran biblioteca de los reyes asirios.
Tras el expolio de
ingleses y franceses, los robos y la degradación amenazan hoy los pocos tesoros que le
quedan. Nínive se ha convertido en el archivo de Mesopotamia. Fue una importante
ciudad del pasado cercana a la actual Mosul (Irak) Situada en la orilla oriental del río
Tígris, se extendía a lo largo de 50 kilómetros, con una anchura media de 20 kilómetros
que ahora ha dejado paso a una inmensa zona de ruinas.
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1 La historia de Nínive
2 Assurbanipal y Nínive
La historia de Nínive
En el II milenio a.C. Nínive era conocida desde Mesopotamia a Egipto por ser el lugar
de culto de Ishtar, una diosa cuya estatua tenía supuestos poderes curativos. Pero su
importancia no solo era religiosa. Al estar situada a orillas del río Tigris, pasaban por
allí las rutas comerciales que unían el Mediterráneo y el Índico. Este tráfico hizo que la
ciudad prosperara y creciera hasta convertirse en una de las más grandes de la
Antigüedad. Y también en una de las más codiciadas por los reinos vecinos. Primero fue
vasalla de Mitanni y, a partir de mediados del siglo XIV [Link]., de Asiria.
El rey Senaquerib la nombró capital imperial en 705 a.C. y la engrandeció con avenidas,
plazas y jardines en torno a su residencia real, un gigantesco edificio que él mismo
llamó Palacio Sin Rival. Nínive llegó a cubrir 7 kilómetros cuadrados, protegidos por
una muralla con 15 puertas monumentales.
Se cree que acogió hasta 100.000 habitantes, casi el doble que la Babilonia de entonces.
En realidad, el yacimiento de Nínive cuenta con un perímetro de 12 kilómetros
delimitados por la muralla y dos túmulos, Kuyunjik y Nebi Yunus. En la Biblia, el
profeta Jonás describe Nínive como una ciudad «sumamente grande, de tres días de
viaje».
Assurbanipal y Nínive
Pero ni siquiera un siglo pudo disfrutar Nínive de su momento de gloria. La violencia de
las conquistas anteriores, desde Elam y Babilonia hasta Palestina y Egipto, acabó por
pasar factura a los asirios. Su último gran rey, Assurbanipal, pudo sofocar la rebelión de
la mayoría de estados sometidos, pero tras su muerte el Imperio se derrumbó en 15
años.
El golpe definido llegaría en el año 612 a.C. con la caída de Nínive. A los tres meses de
asedio, medos y babilonios la redujeron a escombros y pusieron fin al Imperio
neoasirio. Aunque algunas zonas volverían a ser habitadas, Nínive nunca se recuperó.
La invasión árabe, que encumbró a Mosul como la gran ciudad de la zona en el siglo
VII, hizo el resto: Nínive acabó sepultada por la arena y olvidada.
ninive - Nínive: la gran biblioteca de los reyes asirios
Algunas partes de las murallas de Nínive siguen en pie.
Durante el siglo XVIII, los viajeros románticos llegaron a la cuencas de los ríos Tigris y
Éufrates atraídos por la mítica Mesopotamia. La región era el escenario de algunos de
los pasajes más famosos de la Biblia, como el Jardín del Edén, la Torre de babel o el
viaje de Abraham desde la ciudad de Ur. También aparecía mencionada en los textos
griegos y romanos, las principales fuentes históricas de que se valieron estos primeros
exploradores.
En el año 1847, el inglés Austen Henry Layard desenterró en el túmulo de Kuyunjik las
ruinas del Palacio Sin Rival de Senaquerib, entre cuyas estancias se encontraban miles
de tablillas inscritas en cuneiforme. Su ayudante, Hormuzd Rassam, descubrió el
palacio de Assurbanipal, con 26.000 piezas, aunque se calcula que en total las tablillas y
sus fragmentos representan unos 10.000 textos, entre ellos algunos acadios,
considerados los más antiguos conocidos.
Jonás y el pueblo de Nínive
Primaria 6: El Antiguo Testamento
Objetivo
Que los niños comprendan que nuestro Padre Celestial perdona a todos los que se
arrepienten sinceramente.
Preparación
Con oración, estudie:
Jonás 1:1–2: A Jonás se le ordena ir a Nínive a predicar el arrepentimiento al pueblo.
Jonás 1:3–17: Jonás huye en una nave, es echado al mar y un gran pez lo traga.
Jonás 2:1–2, 10: Jonás ora al Señor y el pez lo vomita en tierra.
Jonás 3: Jonás profetiza la caída de Nínive. El pueblo se arrepiente y la ciudad se salva.
(Nota: Jonás 3:9–10 dice que Dios se arrepintió del mal que había dicho que le haría al
pueblo de Nínive. La Traducción de José Smith corrige esos versículos y dice que si nos
arrepentimos y nos volvemos a Dios, Él apartará Su ira de nosotros para que no
perezcamos; también dice que Dios vio sus buenas obras, que se habían apartado del
mal camino y se habían arrepentido; y por tanto, alejó el mal que dijo que traería sobre
ellos. Dios no comete pecado, por tanto, no necesita arrepentirse.)
Lectura complementaria:
Jonás 4:1–2: Jonás se enoja porque el Señor muestra misericordia por el pueblo de
Nínive.
Mateo 12:38–41: De la misma forma que Jonás estuvo tres días y tres noches en el
vientre de una ballena, Cristo estuvo tres días y tres noches en el corazón de la tierra.
Estudie la lección y decida qué método empleará para enseñar a los niños el relato de las
Escrituras (véase “Cómo preparar las lecciones”, pág. VII, y “La enseñanza por medio
de las Escrituras”, pág. VIII). Elija las preguntas para analizar y las actividades
complementarias que mejor promuevan la participación de los niños y los ayuden a
alcanzar el objetivo de la lección.
Materiales necesarios:
Un ejemplar de la Biblia para cada niño.
Un ejemplar de Doctrina y Convenios.
Un espejo, un lápiz o una tiza y una copia del laberinto que se encuentra en esta lección.
(Si lo desea, haga una copia del laberinto para que cada niño se lleve una a casa.)
La lámina 6–46: Jonás trata de huir de Dios.
Sugerencias para el desarrollo de la lección
Pida a uno de los niños que ofrezca la primera oración.
Actividad para captar la atención
Ponga a la vista el laberinto y pida a uno de los niños que lo mire a través de un espejo y
que trace una línea que recorra el laberinto comenzando en Comienzo y terminado en
Nínive. Permita al niño regresar y tomar otra dirección si ha dado vuelta en el lugar
equivocado, pero haga hincapié en que debe mirar el laberinto a través de un espejo. (Si
no puede conseguir un espejo, igual utilice el laberinto y haga la misma actividad pero
sin el espejo.)
Si se encuentran viajando hacia una ciudad y se confunden y toman el camino
equivocado, ¿qué deben hacer? (Dar vuelta y tomar el camino correcto.)
En ocasiones tomamos el camino equivocado, o sea, hacemos elecciones erróneas en
nuestra vida. Pida a los niños que piensen en una palabra que signifique dejar de hacer
lo que están haciendo mal y comenzar a hacer lo correcto. Concédales cierto tiempo
para hacer sugerencias; después anote la palabra arrepentimiento.
• ¿Qué significa el arrepentimiento?
Relato de las Escrituras
Enseñe a los niños que todos podemos ser perdonados si nos arrepentimos, a medida
que analiza el relato de Jonás de los pasajes de las Escrituras enumerados en la sección
“Preparación”. (En “La enseñanza por medio de las Escrituras”, pág. VIII, encontrará
varias sugerencias de cómo enseñar los relatos de las Escrituras.) Muestre la lámina en
el momento apropiado.
Preguntas para analizar y aplicar
Al preparar la lección, estudie las preguntas y los pasajes de las Escrituras que se
encuentran a continuación. Después, utilice las preguntas que usted considere que mejor
ayudarán a los niños a comprender las Escrituras y a aplicar los principios en su vida. El
leer los pasajes en clase con los niños hará que éstos entiendan mejor las Escrituras.
• ¿Para qué quería el Señor que Jonás fuera a Nínive? (Jonás 1:2.) El pueblo de Nínive
no era israelita y como consecuencia no formaba parte del pueblo del convenio; ¿por
qué entonces quería el Señor enviar a Jonás a predicarles el arrepentimiento. A medida
que analice estas preguntas, trate de que los niños entiendan dos conceptos importantes:
Primero, quienes son parte de la casa de Israel tienen la responsabilidad de llevar el
Evangelio a quienes no forman parte del pueblo del convenio. Segundo, nuestro Padre
Celestial ama a todos Sus hijos y desea que todos sean dignos de regresar a Su
presencia. ¿Que puede hacer el arrepentimiento en nuestro beneficio? (Véase la
actividad complementaria N° 1.)
• ¿A dónde fue Jonás, en lugar de ir a Nínive? (Jonás 1:3.) ¿Por qué es imposible huir de
la presencia del Señor? ¿Por qué piensan que alguien querría escapar de la presencia del
Señor?
• Cuando el Señor hizo que soplara un fuerte viento, ¿qué quería el patrón de la nave
que hiciera Jonás? (Jonás 1:6.) ¿Qué quiso Jonás que hicieran los marineros con él para
que parara la tempestad? (Jonás 1:11–12.) Al mostrarse los hombres renuentes a tirar a
Jonás al mar, ¿qué hicieron para tratar de salvar la nave? (Jonás 1:13.)
• ¿Cuánto tiempo estuvo Jonás en el vientre del gran pez? (Jonás 1:17.) ¿Qué hizo Jonás
mientras se encontraba dentro del pez? (Jonás 2:1–2.) ¿En qué forma contestó el Señor
la oración de Jonás? (Jonás 2:10.) ¿Qué hizo Jonás que demostró que estaba
arrepentido? (Jonás 2:1; 3:1–4.)
• ¿Qué hizo el pueblo de Nínive cuando escuchó a Jonás? (Jonás 3:5–8.) Explique que
el cilicio era una tela rústica y negra hecha de pelo de camello y cabra. Esa tela se
utilizaba para hacer vestimentas rústicas para que la gente las utilizara en señal de dolor
o duelo. ¿Qué hizo el pueblo de Nínive para arrepentirse? (Jonás 3:5, 8; la gente
reconoció que había obrado mal, oró a Dios y se alejó de sus prácticas malvadas.)
• ¿Quiénes deben arrepentirse? (Véase la actividad complementaria N° 2.) ¿Cómo
sabemos cuándo debemos arrepentirnos? ¿Quién hizo posible que nos arrepintamos y
seamos perdonados? (Jesucristo.)
• ¿Por qué es importante que nos arrepintamos de nuestros pecados?(D. y C. 1:31–33.)
Recalque que no podremos entrar en la presencia de nuestro Padre Celestial si antes no
nos arrepentimos de nuestros pecados. ¿Qué debemos hacer para arrepentirnos?
(Admitir nuestro pecado, sentirnos mal por haberlo cometido, pedir perdón, hacer todo
lo que esté a nuestro alcance para reparar la falta y no volver a hacerlo. Si lo desea,
resuma las respuestas en la pizarra.) ¿Qué promete hacer el Señor si nos arrepentimos?
(D. y C. 58:42; véase la actividad complementaria N° 3.)
Actividades complementarias
En cualquier momento de la lección o como repaso, resumen o cometido, utilice una o
más de las siguientes actividades:
Analice con los niños qué consecuencias tiene el pecado en nosotros? Después pida un
voluntario de entre los niños de la clase y átele los tobillos juntos con una cuerda, una
media de nilón vieja o una bufanda y luego pídale que trate de pararse en un banco o en
una silla sin saltar.
Lea Doctrina y Convenios 88:86. Explique que los errores y las malas acciones se
pueden comparar con una cuerda que nos limita y nos impide progresar o ascender hacia
el reino de nuestro Padre Celestial. Nos impiden también ser tan felices como lo
hubiéramos sido si no hubiéramos pecado.
Pregunte a los niños qué podemos hacer para desatar las cuerdas de nuestras malas
acciones. Es importante que los niños comprendan que debido a la Expiación, podemos
arrepentirnos, superar nuestros errores y ser perdonados. Desate la cuerda y pida al niño
que se pare en el banco o la silla (si utiliza una silla, sosténgala mientras el niño se sube
a ella). Explique que el arrepentimiento es semejante a desatar una cuerda. Nos vemos
libres de los errores que nos impiden ser felices y progresar para ser dignos de vivir con
nuestro Padre Celestial.
Pida a las familias de los niños de su clase que, si es posible, le presten una fotografía de
los niños cuando éstos eran bebés o en su defecto utilice una lámina de un bebé. Ponga
las fotografías a la vista. (Si tiene fotografías de todos los niños de la clase puede, si lo
desea, hacer que los niños adivinen quién es el bebé en cada una de las fotografías.)
Explique que cuando dejamos la presencia de nuestro Padre Celestial para venir a la
tierra, éramos puros y no habíamos cometido ningún pecado. Nuestro Padre Celestial
sabía que no permaneceríamos puros, sino que cometeríamos errores a medida que
fuéramos creciendo y aprendiendo. Debido al amor que Jesucristo tiene por nosotros, Él
sufrió por nuestros pecados y con ello hizo posible que se nos perdonara por medio del
arrepentimiento.3. Utilice los modelos que se encuentran al final de la lección como
guía para hacer nueve cuadrados con peces y nueve con botes. Haga quince cuadrados,
numérelos del 1 al 15 y colóquelos sobre la mesa o el piso en línea horizontal. Divida la
clase en dos equipos. Entregue los peces a un equipo y los botes al otro. El objeto de
este juego es el de colocar tres peces o tres botes en hilera. Haga una pregunta al equipo
de los peces. Si la respuesta es correcta, pueden colocar un pez sobre uno de los quince
números. Haga una pregunta al equipo de los botes. Si la respuesta es correcta, ellos
pueden colocar un bote sobre uno de los números. Sólo pueden colocar un cuadrado
sobre cada número. Continúe haciendo preguntas a los equipos hasta que uno de ellos
logre colocar tres cuadrados en hilera, uno al lado del otro. Algunas veces los jugadores
tendrán que decidir si desean colocar su cuadrado junto a los del otro equipo para evitar
que éste coloque tres juntos o tratar de poner los suyos en hilera para tratar de ganar. Si
ningún equipo logra colocar tres de sus cuadrados en hilera antes de que todos los
números se hayan cubierto, el equipo que haya colocado más peces o botes es el
ganador.
Preguntas que se sugieren:
Cuando una persona muere, ¿se le perdonan automáticamente todos sus pecados? (No.)
¿Quién hizo posible que nuestros pecados sean perdonados? (Jesucristo.)
¿A dónde le dijo el Señor a Jonás que fuera? (A Nínive.)
¿Por qué se embarcó Jonás en una nave? (Para huir del Señor.)
¿Qué estaba haciendo Jonás en la nave cuando comenzó a soplar el viento? (Estaba
durmiendo.)
¿Qué quería el patrón de la nave que Jonás hiciera? (Que orara.)
¿Qué les dijo Jonás a los marineros que hicieran para calmar el mar? (Que lo tiraran por
la borda.)
¿Quisieron los marineros tirar a Jonás por la borda? (No.)
¿Cómo llegó Jonás a la orilla? (El pez lo vomitó en la orilla.)
¿Nos ama siempre nuestro Padre Celestial, aun cuando pecamos? (Sí.)
¿Qué hizo Jonás mientras se encontraba en el vientre del pez? (Oró y se angustió.)
¿Es malo para nosotros que tengamos sentimientos de culpabilidad por nuestros
pecados? (No, los sentimientos de culpabilidad nos hacen saber que necesitamos
arrepentirnos.)
¿Era el pueblo de Nínive demasiado inicuo para que el Señor lo perdonara? (No, a ellos
se les perdonó porque se arrepintieron sinceramente.)
¿Qué le dijo Jonás al pueblo de Nínive? (Que en cuarenta días sería destruído si no se
arrepentía.)
¿Cuáles fueron algunas de las cosas que hicieron los habitantes de Nínive que les
ayudaron a arrepentirse? (Creyeron en Jonás, ayunaron y oraron en cilicio y ceniza, y se
alejaron del mal camino.)p. ¿Con qué se cubrieron las personas y los animales mientras
ayunaban? (Con cilicio.)
¿Desea Satanás que pensemos que somos demasiado malos para que se nos puedan
perdonar nuestros pecados? (Sí.)
Si no nos arrepentimos de nuestros pecados, ¿podremos vivir nuevamente con nuestro
Padre Celestial y Jesucristo? (No.)
El pecado no es solamente hacer algo incorrecto; es también no hacer lo correcto.
Pregunte a los niños cuáles son algunos de los ejemplos de esto. Es posible que tenga
que ayudar a los niños con ejemplos como los siguientes:
Ven a alguien que está haciendo daño a un niño y ustedes no hacen nada al respecto.
Saben que el Evangelio es verdadero, pero nunca tratan de darlo a conocer a las
personas que no son miembros.
Sus padres hacen grandes sacrificios para costearles una educación, pero ustedes no
estudian.
Una viuda que conocen está muy sola, pero ustedes nunca la visitan.
No van a la Iglesia los domingos.
Se olvidan de agradecer cuando alguien hace algo por ustedes.
Lea Doctrina y Convenios 58:42–43. Pida a los niños que lean los versículos de nuevo
para sí y escojan cuáles son las palabras que según ellos son las más importantes que
hay en cada uno de los versículos. Pida a los niños que le digan qué palabras escogieron
y por qué piensan que son importantes. Recuerde, cualquier palabra que los niños
escojan es importante, ninguna respuesta está equivocada. Si lo desea, ayude a los niños
a aprender estos versículos de memoria.
Canten o repitan la letra de la canción “Saber perdonar” (Canciones para los niños, pág.
127.)
Conclusión
Testimonio
Si lo desea, testifique que, por medio de la Expiación, Cristo ha hecho posible que se
nos perdonaran nuestros pecados y que nuestro Padre Celestial perdonará, con gusto, a
todos los que se arrepientan sinceramente. Exprese su gratitud por el gran don del
arrepentimiento y haga hincapié en la importancia que tiene que aprovechemos este
don.
Jonás: Su lección final
Jonás 4: 1-11
Por John MacArthur
Ningún misionero nunca ha recibido tal respuesta. Al enterarse de la amenaza de la ira
inminente de Dios, cientos de miles de habitantes de Nínive se arrepintieron de sus
malos caminos y creyeron en Él. La mayoría de los misioneros estarían muy eufóricos
por una respuesta tan abrumadora a su mensaje. No Jonás. Su actitud de odio perjudicial
hacia los asirios seguía firmemente arraigado. Si el pueblo de Nínive se arrepintió,
significaba que no serían juzgados. Y este israelita celoso no estaba contento con esa
perspectiva:
Pero esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojó. Y oró al Señor, y dijo: ¡Ah
Señor! ¿No era esto lo que yo decía[a] cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me
anticipé a huir a Tarsis, porque sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento
para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas. Y
ahora, oh Señor, te ruego que me quites la vida[b], porque mejor me es la muerte que la
vida. (Jonás 4: 1-3).
Increíblemente, Jonás hubiera preferido la muerte sobre la salvación de sus enemigos!
No es de extrañar que huyera hacia Tarsis, se quedara dormido en medio de una
tormenta, y se ofreció para ser arrojados al mar. Dada la elección, Jonás preferiría morir
a predicar a los ninivitas! Pero la rebelión de Jonás no podía revocar la gracia soberana
de Dios; el Señor usó a Jonás para lograr Sus propósitos de salvación a pesar de las
pequeñas protestas del profeta.
La oración de Jonás no sólo expuso su propio prejuicio y orgullo, sino que también
mostró la misericordia y la compasión de Dios. En su misericordia y gracia infinita, el
Señor puede rescatar cualquier pecador, incluso uno tan malvado como el rey pagano de
una nación bárbara. Jonás reconoció la magnitud de la gracia de Dios, por lo que en un
principio corrió en la dirección opuesta; no quería tener nada que ver con el perdón
divino siendo extendiendo a los enemigos hostiles de Israel. Irónicamente, cuando el
propio Jonás estaba en problemas, clamó por la misericordia de Dios. Pero cuando el
Señor extendió gracia a otros, Jonás estaba lleno de resentimiento. Cuando Dios retuvo
Su ira de los habitantes de Nínive, la ira del profeta se despertó.
En molesta incredulidad – le enfureció que su misión profética había sido tan
increíblemente exitosa –Jonás instaló un campamento en las afueras de Nínive para ver
si quizá Dios juzgaría la ciudad. Evidentemente, esperaba que el arrepentimiento del
pueblo demostraría ser hipócrita y superficial por lo que el Señor todavía los destruiría
después de cuarenta días. El profeta apresuradamente construido un refugio temporal
para la hiciese sombra del sol abrasador y esperó a ver cómo todo sucedía.
Mientras Jonás se sentó renuente en su cobertizo de chabolas en el borde oriental de
Nínive, el Señor en Su gracia hizo que una gran planta creciera al instante detrás de él,
proporcionando el profeta melancólico algo de alivio a la sombra del golpe del sol. El
texto establece que Jonás estuvo agradecido por la planta. Pero a la mañana siguiente,
cuando Dios envió un gusano para comer la planta, la ira del profeta fue incitada nuevo.
La situación empeoró cuando el Señor envió un viento del este abrasador (llamada
"siroco"), que abrumó el refugio improvisado de Jonás y lo llevó hasta el punto de la
exposición al calor extremo. De la misma manera que Dios había lanzado un gran
viento en el mar para afectar Jonás (1: 4), Él preparó este viento caliente del desierto
para el mismo propósito de humillar a su siervo y darle una lección espiritual vital.
Y fiel a su estilo, el profeta llorón e infiel una vez más deseaba la muerte. Como Él tenía
todo el tiempo, el Señor le respondió con paciencia inmerecida:
Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta? Y
él respondió: Tengo razón para enojarme hasta la muerte. Y dijo el Señor: Tú te
apiadaste de la planta por la que no trabajaste ni hiciste crecer, que nació en una noche y
en una noche pereció, ¿y no he de apiadarme yo de Nínive, la gran ciudad, en la que hay
más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir entre su derecha y su
izquierda, y también muchos animales?"(Jonás 4: 9-11)
Perspectiva de Jonás era completamente hacia atrás y totalmente centrado en sí mismo.
Él era apasionadamente preocupado por una planta de sombra efímera para protegerse
de incomodidad, pero no tenía compasión por toda la población de Nínive, incluyendo
120.000 niños pequeños (los que no sabían discernir entre su mano derecha e izquierda).
El profeta prejuicioso obstinado había estado operando en su propio interés, pero el
Señor quería que él llevara el mensaje eternamente importante de la salvación por
encima de su propia preocupación miope y comodidades triviales. ¿Cómo podía estar
preocupado por una mala hierba, cuando cientos de miles de almas que enfrentaban el
juicio y el tenía la oportunidad de verlos salvos?
El libro de Jonás termina abruptamente, con esas últimas palabras del Señor formando
su conclusión repentina. Pero la lección de Jonás era inequívocamente claro, y esa
misma lección es de vital importancia para todos los creyentes a aprender. Como Jonás,
podríamos estar tentados a permitir que nuestros propios miedos, prejuicios o intereses
egoístas para inhibir nuestro testimonio evangélico. Pero cuando priorizamos el mensaje
del evangelio a través de nuestras propias agendas personales, traemos gloria a Dios a
medida que avanzamos los propósitos de Su reino en todo el mundo.
Lo Que Jonás Nos Enseña Acerca de Dios
Como la mayoría de las narraciones del Antiguo Testamento, la historia de Jonás
es principalmente acerca de Dios. Él es el gran héroe de la historia – El que salva a
Nínive, a pesar de los intentos del profeta rebelde para frustrar la misión. Aunque el
libro es relativamente corto, desarrolla, sin embargo, tres verdades profundas e
inolvidables sobre el carácter de Dios.
En primer lugar, la historia de Jonás hace hincapié en el hecho de que Dios es el
Creador soberano. A lo largo de toda la narración, el lector se le recuerda continuamente
que el Señor está controlando todas las circunstancias de Jonás. Es Dios quien envía el
viento, incita a la tormenta, calma los mares, se prepara el pescado, crece la planta,
envía el gusano, y luego azota el viento, una vez más. Los marineros paganos reconocen
el poder del Señor sobre la creación y le adoran como resultado. El rey pagano de
Nínive reconoce asimismo la mano soberana de Dios. Sorprendentemente, la única
persona que se resiste a Dios es Jonás –el profeta de Israel, que reconoció la soberanía
del Señor con sus labios (Jonás 1: 9) pero se rebeló contra ella con su vida.
En segundo lugar, el relato de Jonás nos recuerda que Dios es el Juez supremo. Eso, de
hecho, fue el mensaje que el profeta debía entregar a los asirios. Después de cuarenta
días, su ciudad se convertiría en el objeto de la ira divina. Pero el juicio de Dios nunca
llegó al pueblo de Nínive. En su lugar, se produjo sólo en la forma de castigo contra
Jonás por su desobediencia deliberada. Reconociendo que su destino era inminente, los
ninivitas se arrepintieron, y la ira de Dios contra ellos fue retenida.
Por último, la historia de Jonás reitera el hecho de que Dios es el Salvador y que su
misericordia no está limitada por nuestras preconcepciones perjudiciales. El profeta
Jonás consideró a los asirios más allá del alcance de la misericordia de Dios. Después de
todo, eran los brutales, idólatras, enemigos gentiles de Israel y del Israel de Dios! Pero
el Señor le mostró a Jonás que Su gracia salvadora se extiende a todos los que se
arrepienten y creen en Él. De esta manera, el libro de Jonás encapsula el mensaje de
salvación. Cuando los pecadores reconocen al Señor como Soberano Creador y Juez del
Universo, y claman a Él por misericordia, Él bondadosamente los salva de la ira divina,
dándoles la vida eterna en cambio.
Esas tres verdades apuntan al corazón del evangelio. Los pecadores son criaturas que
han quebrantado la ley de Dios. Ellos esperan Su ira, sin embargo, Él les ofrece el
perdón y la salvación a través del sacrificio de su Hijo, Jesucristo. Jesús mismo usó el
profeta Jonás, y los tres días que pasó en el vientre del pez, como una ilustración de su
propia muerte y resurrección. En Mateo 12:40, Jesús dijo a la multitud que se había
reunido, "porque como estuvo Jonas en el vientre del monstruo marino tres dias y tres
noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra. "
Tres días después de ser crucificado, Cristo se levantó triunfante de la tumba, lo que
demuestra una vez por todas que Él es el Salvador del mundo. Aquellos que se
arrepienten de sus pecados y creen en él, ya sea Judio o gentil, serán salvos (Romanos
10: 9-10).
Aunque no somos profetas del Antiguo Testamento como lo Jonás fue, se nos ha dado
una misión similar a la suya. Como creyentes del Nuevo Testamento, nuestro cargo es
llevar el evangelio a los que están perdidos, proclamando a ellos la realidad del juicio
venidero y la esperanza de la salvación (cf. Mateo 28: 18-20). Cuando nos resistimos a
esta responsabilidad, ya sea por miedo, orgullo, o una preocupación por las cosas
triviales, caemos en la misma trampa que Jonás cayó. Pero cuando somos fieles a
obedecer al Señor de esta manera, experimentamos la maravillosa bendición de ser
usados por Él para promover su reino. No hay mayor alegría que ver a los pecadores
abrazando las buenas nuevas de salvación. Como el apóstol Pablo dijo a los romanos,
citando a Isaías: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian buenas nuevas de
cosas buenas!" (Romanos 10:15).
Jonas.
Introducción. 1. Orden Divina de predicar a los Ninivitas. 2. Salvación
Milagrosa del Profeta. Capitulo 3. Joñas en Ninive.
Introducción.
Personalidad de Jonas.
Según el relato bíblico, Jonas (en hebreo Yonah: "Paloma") recibió orden
divina de predicar en Nínive la penitencia. El profeta desoyó la orden de
Dios y en Jope tomó un barco en dirección contraria, hacia Tarsis. Por su
desobediencia se suscitó una tempestad, y los marinos, después de consultar
a suertes y caer ésta sobre Jonas, le arrojaron al mar. Un pez inmenso lo
tragó y lo devolvió incólume a la orilla. Jonas, agradecido a esta liberación
milagrosa, se fue a predicar a Nínive. El éxito de su predicación fue total,
ya que, por orden del rey, todos los ninivitas, incluso las bestias, hicieron
penitencia.
El profeta, malhumorado porque sus predicciones de exterminio no se
cumplieron (pues Yahvé los perdonó por su penitencia), es reprendido por
Dios por su espíritu mezquino, falto de liberalidad y de comprensión. Tal es
el contenido del relato del libro de Jonas, cuyo protagonista lleva el mismo
nombre patronímico de otro Jonas, hijo de Amitay, que profetizó a
Jeroboam II la nueva extensión de su reino como en tiempos
pasados 1. Pero este profeta era oriundo del norte de Palestina 2, mientras
que el protagonista del libro de Jonas parece oriundo del reino del sur, ya
que, después de recibir la orden de ir a Nínive, tomó un navio en Jope, en la
costa meridional.
Carácter histórico-literario del libro.
Salta a la vista la diferencia del contenido del libro de Jonas respecto de los
tradicionales escritos profetices, pues lejos de ser, como éstos, un repertorio
de oráculos, es más bien una narración ano velada de un hecho concreto
atribuido a un profeta. Por ello, los autores no concuerdan al juzgar de la
historicidad de sus narraciones. Unos, siguiendo la opinión tradicional,
toman la narración al pie de la letra, como un hecho histórico con grandes
intervenciones milagrosas de Dios. Así, el Jonas del libro que lleva su
nombre sería el mismo que profetizó en tiempo de Jeroboam II (787-746).
Los que sostienen esta opinión3, además de basarse en la tradición judaica4,
apelan a las alusiones de Jesucristo a hechos de la vida de Jonas, como el
haber estado tres días y tres noches en el vientre del pez5 y haber
conseguido que los ninivitas hicieran penitencia6.
Otros autores, en cambio, basándose en ciertas anomalías y singularidades
del libro de Joñas, suponen que éste es una composición didáctica a base
de un personaje imaginario, cuyos hechos y reacciones debían expresar
enseñanzas doctrinales. La narración, pues, según estos autores7, sería una
parábola dramatizada, en la que aparece un protagonista con nombre
propio, al estilo de la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. Desde
luego son tales las inverosimilitudes que aparecen en la narración de Jonas,
que se tiene la impresión de que el autor del libro ha dejado suelta la
imaginación, creando hechos para adaptarlos a una enseñanza
teológica.
Así, Jonas recibe orden de trasladarse a Nínive, metrópoli que estaba a más
de mil kilómetros de distancia de Palestina, patria de Jonas; arrojado al mar,
es engullido por un cetáceo, en cuyo vientre permanece incólume tres días
y tres noches, y Jonas, durante ese tiempo, tiene la tranquilidad para
componer una bella oración rimada 8; su predicación de penitencia tiene tal
éxito, que la ciudad en pleno se convierte, con el rey a la cabeza, el cual
promulga un ayuno general: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no
probarán bocado, no comerán ni beberán nada. Cúbranse de saco
hombres y animales. 9
Y Jonas, en lugar de alegrarse por el fruto de su predicación, la penitencia
— lo que es normal en todos los profetas — , se disgustó por ello, y,
malhumorado, salió a un altozano para contemplar la ciudad.
Milagrosamente creció un ricino para darle sombra, y al punto se secó,
porque dispuso Dios un gusano que lo atacó de raíz 10.
No es verosímil que un predicador hebreo haya convertido en unos días a
una ciudad pagana como Nínive. Por otra parte, conocemos muy bien la
historia asiría de los siglos IX al VI, y no encontramos ningún eco de esta
conversión en masa al Dios de los hebreos. Además, los milagros y
portentos se suceden artificialmente, pues apenas se desencadena la
tormenta, le traga el pez y le deja incólume en la playa; en Nínive, después
de la predicación, viene la conversión total de sus habitantes, y después un
árbol crece milagrosamente en un día, y en una noche muere. Todo esto da
la impresión de ser escenas que imaginariamente se suceden en el escritor
que las creó en función de ideas teológicas a expresar.
Indudablemente que el autor va tras de tesis concretas, y de ahí lo
convencional de las narraciones. Por otra parte, hay ausencia sistemática de
anotaciones geográficas e históricas relativas a la patria del protagonista y
al nombre del rey de Nínive. De este modo, la narración parece más aérea y
elástica. Por todas estas indicaciones parece que nos hallamos ante una
composición didáctica ano velada, con unas enseñanzas doctrinales muy
claras, como vamos a ver; se trata de una composición satírica en forma
de parábola.
Tesis doctrinal del libro.
Aquí encontramos satirizadas las ideas particularistas judaicas respecto de
la salvación de los otros pueblos. El judío, hermético y despectivo, por
pertenecer al pueblo elegido, desprecia a todos los pueblos, y cree que
éstos, por desconocer al verdadero Dios, están destinados al exterminio.
Así, un amplio sector del pueblo hebreo esperaba impaciente el día de
Yahvé, como un día de la manifestación de la ira divina sobre los
pueblos gentiles.
Los profetas, por su parte, con sus generalizaciones sobre el castigo de
Yahvé sobre las naciones, habían sobreexcitado estas esperanzas
ultranacionalistas. El autor del libro de Jonas quiere demostrar
prácticamente cómo muchas veces esos vaticinios conminatorios de los
profetas son en el fondo condicionados. Jonas anunció en forma
absoluta la destrucción de Nínive, y, sin embargo, la gran capital fue
perdonada. La lección doctrinal es que todas las profecías conminatorias
tienen eficacia sólo en el supuesto de que aquellos contra quienes se dirigen
se obstinen en el pecado. Es la primera lección del libro de Jonas.
Pero lo principal es la afirmación de la tesis universalista. Dios no sólo
perdona a los componentes de su pueblo elegido, sino a los pecadores
paganos que cambien de conducta. Jonas — protagonista del libro — es la
encarnación del particularismo judaico frente a las tenues
corrientes universalistas que poco a poco se iban abriendo paso en la
tradición israelita. Es el conflicto constante entre las ideas particularistas y
universalistas, cuyo choque se agudiza en la época postexílica. Nehemías
exige la separación de judíos de los moabitas y amonitas n, y Esdras prohíbe
los matrimonios con los extranjeros 12.
Por otra parte, la comunidad judaica aceptaba los prosélitos procedentes del
paganismo 13. En el libro de Zacarías (en la segunda parte), de un lado se
refleja el espíritu de revancha sobre las naciones opresoras, y de otro,
aparecen claros vaticinios universalistas 14. Malaquías, que protesta contra
los matrimonios mixtos15, anuncia una ofrenda en todo el mundo a
Yahvé 16. Esta corriente universalista tenía sus antecedentes en la tradición.
Rut la moabita aparece entre los antepasados del gran rey David y se
presenta como modelo de virtudes domésticas; más tarde, en la literatura
sapiencial, Job, modelo de rectitud y temor de Dios, es un edomita.
El autor del libro de Joñas empalma con esta tradición universalista y
ridiculiza satíricamente la posición cerrada y exclusivista judaica,
simbolizada en el protagonista Joñas, que, en vez de alegrarse con la
conversión de los ninivitas — buscada por Dios — , se entristece porque
se les ha otorgado el perdón. Con su libro, el autor del libro de Joñas
quiere dar a entender a sus compatriotas que los oráculos de destrucción
contra las naciones lanzados por los profetas no se han de cumplir
necesariamente.
Por otra parte, al presentar la conversión en masa de los ninivitas, el
hagiógrafo ridiculiza irónicamente a los israelitas, que, a pesar de haber
oído tantas predicaciones proféticas, no se han convertido aún a
Yahvé, quedando ante El en peor condición. Es lo que Jesucristo dirá a
los de Cafarnaúm y de Betsaida que no han querido recibir su doctrina:
"Los ninivitas se levantarán en el día del juicio contra esta generación y la
condenarán; hicieron penitencia a la predicación de Joñas, y aquí hay algo
más que Jonas" 17.
El panorama, pues, doctrinal del libro de Jonas no puede ser más
amplio: Yahvé es el Señor del universo, que domina las fuerzas del mar,
a los animales, y que llama a la penitencia a los paganos que no le conocen;
los ninivitas — símbolo del mundo pagano — responden mejor que los
judíos a las llamadas de su Dios; los mismos marineros oran a sus dioses,
mientras Joñas — símbolo del espíritu encanijado y exclusivista judío —
está durmiendo tranquilamente en la nave. En todas estas narraciones hay
una fina ironía contra las concepciones estrechas de los judíos. Por otro
lado, el hagiógrafo destaca la superioridad religiosa de Israel frente a las
otras naciones paganas, pues de Israel proviene la salvación de los mismos
gentiles. Estas son las grandes directrices doctrinales que enseña el libro de
Jonas. Los episodios particulares deben entenderse pues, como una
parábola continuada, con muchas alusiones alegóricas.
Fuentes bíblicas y extrabíblicas del libro.
Ya hemos visto cómo los hagiógrafos suelen apoyarse muchas veces en sus
afirmaciones sobre autoridades proféticas anteriores. Así, la doctrina
del resto, que aparece por primera vez en Amos, es repetida en Isaías,
Jeremías y Ezequiel. En los autores postexílicos se acentúa esta tendencia
de los hagiógrafos a buscar apoyo en la tradición profética anterior al
exilio. Teniendo en cuenta esto, el autor de este libro bien pudo tomar como
protagonista de su composición didáctica a un personaje
llamado Jonas, que en 2 Re 14:25 aparece esporádicamente profetizando a
Jeroboam II y, por ser de época remota, se prestaba mejor para una ficción
literaria.
Es lo que hará el autor del libro de Job. La tradición hablaba de un
venerable personaje, modelo de virtud y amigo de Dios, llamado Job 18, y el
autor lo escogió como protagonista de su composición didáctica para probar
plásticamente que no existe ecuación entre virtud y premio en esta vida, ni
entre castigo y pecado. En el libro de Jonas encontramos una serie de
conceptos que bien pueden basarse en tradiciones escritas anteriores, como
los libros de Jeremías, Ezequiel y los mismos Salmos 19.
Algunos autores acatólicos han pretendido encontrar antecedentes del libro
de Jonas en las mitologías paganas. Así, traen a colación la historia del
poeta griego Arión, arrojado al mar por los piratas y salvado por un delfín
encantado con la música de su lira. Como en el caso de Joñas, los marineros
deliberan sobre la suerte del pasajero que van a echar al agua 20. En una
leyenda india, el hijo de un comerciante de Benarés, Mittavindaca, se
embarcó a pesar de la prohibición de su madre; el barco fue detenido por
una fuerza misteriosa. Se buscó la causa de este contratiempo entre los
marineros, y la suerte cayó en Mittavindaca, y los marineros le pusieron en
una balsa, diciendo: "Muchos no deben perecer a causa de uno"21; y el
barco pudo surcar libremente el mar. En un texto egipcio del siglo ni, un
funcionario naufragó en su viaje hacia tierras lejanas; desaparece su
equipaje, y él permanece tres días agarrado a un poste en el agua, hasta que
una ola lo lleva a una isla; después de tres días, una serpiente le llevó en su
garganta a su morada, y allí le anuncia que después de cuatro meses será
devuelto por el mismo mar a su patria.
Como puede colegirse de estos relatos, las semejanzas son puramente
tangenciales y no prueban dependencia sustancial alguna, ya que la tesis del
libro de Jonas es totalmente religiosa y completamente original 22.
Autor y fecha de composición.
Joñas aparece citado siempre en tercera persona, y no se pretende que el
protagonista mismo haya compuesto el libro. Naturalmente, si el libro fuera
escrito por el protagonista, no se hubiera colocado en un papel tan poco
airoso como aparece en el libro canónico que lleva su nombre. Del
contenido del libro sólo podemos deducir que el autor es un judío, que
destaca la superioridad de Yahvé sobre todos los dioses y que participa
de las corrientes universalistas, que se estaban abriendo paso en Judá,
sobre todo después del exilio. Como el libro de Joñas aparece ya entre los
escritos proféticos en el siglo n, cuando fue compuesto el Eclesiástico, y
como, por otra parte, en el lenguaje abundan los arameísmos, se puede
suponer que fue compuesto en los siglos IVy III a.C.
La historicidad de los hechos del libro de Jonas y las alusiones de
Jesucristo
Como antes hemos indicado, los autores que sostienen la historicidad de los
hechos narrados en el libro de Jonas se basan en las alusiones de Cristo:
"Como Jonas estuvo tres días en el vientre del pez, así estará el Hijo del
hombre tres días y tres noches en el seno de la tierra" 23; "Los ninivitas se
levantarán el día del juicio contra esta generación y la condenarán; hicieron
penitencia a la predicación de Joñas, y hay aquí algo más que Jonas" 24.
¿Cómo se salva la base de la argumentación de Cristo, si los hechos del
libro de Jonas son mera ficción literaria ?
A nuestro entender, para que su argumentación probara, basta que los
oyentes de Jesús creyeran en la realidad histórica de los hechos aludidos.
Jesús, en ese caso, no habría hecho sino acomodarse a esta mentalidad
concreta, sin prejuzgar el problema exegético de la historicidad del libro de
Jonas. San Pablo argumenta a veces en sus epístolas a base de tradiciones
legendarias, de historicidad más que dudosa. Así alude a una tradición del
Targum: "Quemadmodum autem loannes et Mambres restiterunt Moysi, ita
et hi resistunt veritati." 25 Y en 1 Cor 20:4: "Bibebant autem de spiritali,
consequente eos petra, petra autem erat Christus." En la epístola de San
Judas nos encontramos con otra alusión a leyendas judaicas: "Cum Michael
archangelus cum diabolo disputans altercaretur de Moysi corpore, non est
ausus iudicium inferre blasphemiae, sed dixit: Imperet tibí Dominus.." La
cita está tomada de la Asunción de Moisés.
De estas citas colegimos la libertad con que los autores sagrados utilizan la
Sagrada Escritura canónica y aun los hechos de libros apócrifos, conocidos
de los lectores, para los que probaban la argumentación en cuanto que
recibían esos hechos como históricos. Así, Nuestro Señor bien pudo utilizar
el mismo modo de argumentación, como cuando, adaptándose a la
mentalidad del ambiente, alude a los espíritus malignos que andan por el
desierto y, después de vagar por las zonas áridas, vuelven a la casa, que
encuentran más limpia 26.
En la liturgia de la Iglesia latina tenemos varios casos de este tipo. En la
misa de difuntos se dice: "Ut cum Lázaro quondam paupere aeternam
habeat réquiem." ¿Es que el uso de este texto en la liturgia supone la
existencia histórica del Lázaro de la parábola del Señor? Lázaro aquí es
un tipo literario que simboliza una idea teológica en la parábola. Del
mismo modo, en la argumentación de Cristo, Jonas es un tipo
literario aceptado por sus oyentes; y, por tanto, es lícita la argumentación a
base de su supuesta existencia, sin que esto indique que Cristo
enseñe formalmente que Jonas haya existido ni la penitencia de los
ninivitas 27.
1 Cf. 2 Re 14:25. — 2 Era de Gath-Gefer, localidad
identificada generalmente con Kh. Ez-zerra, a unos
cinco kilómetros al nordeste de Nazaret. — 3
Haneberg-Weinhart, Zschokke, Kaulen-Hoberg,
Knabenbauer, Vigouroux, Lippi, Kennedy. — 4
Cf. Targum de Jonathan; 3 Mac 6:8. La tradición
cristiana primitiva refleja la misma sentencia
historicista: San Jerónimo: PL 25:1132; San Agustín:
PL 33:382; Tertuliano: PL 2:840; Ireneo: PG 7:942;
San Justino: PG 6:7243. — 5 Lc 11:30. — 6 Mt
12:40. — 7 Así San Gregorio Nacianceno, Or. 2:106-
109: PG 35:505-508; Teofilacto, Expos. in Ion. 4:
PG 126:960-965; Driver, Gigot, A. van Hoonacker,
H. Lesétre, E. Tobac, A. Bras-sac, M. Meinertz,
Feuillet, etc. — 8 Jon 2:3. — 9 Jon 3:75. — 10 Jon
4:7. — 11 Cf. Neh 13:1-3; 13:28. — 12 Esdg,c12; Dt
23:7. — 13 Neh 10,29; Esd 6:21. — 14 Zac 9:6-7;
14:16-21. — 15 Mal 2:10-12. — 16 Mal 1.11. —
17 Mt 12:41. — 18 Cf. Ez 14:14.20. — 19 Cf. Jer
18,7-8; 26:13; Ez 26:16 y Jon 3:6. La oración de
Joñas es muy similar a muchas expresiones de los
Salmos (cf. Jon 2:3a y Sal 18:3; Jon 3:5 y Sal 120:1;
Jon 3:4a y Sal 31" 23, etc.). — 20 Sobre todas estas
leyendas y las posibles influencias bíblicas véase el
luminoso artículo de A. Feuillet, Les sources du livre
de Joñas y Le sens du livre de Joñas: RB 54 (1947/
161-86.340-61. — 21 Cf. Jon 1:14. — 22 Hoonacker
trae otros dos ejemplos: Semíramis, hija de la diosa
Derketo, transformada en pez, llegó de Ascalón
a Nínive, donde fue transformada en paloma (en
hebreo, Yonah: Joñas). Cf. Diod. de Sic., II 5:20.
Incluso se han relacionado Yonah con
el Oannes, dios pez, citado por Beroso. Véase
Hoonacker, o.c., p.318-319. — 23 Mt 12:41. — 24
Mt 12:41. — 25 Este hecho es mencionado en
el Targum de Jonatan y en el Talmud. — 26 Lc
13:15. — 27 Sobre toda esta argumentación véase la
exposición excelente de Hoonacker, o.c., P-323-325.
1. Orden divina de predicar a los ninivitas.
Desobediencia de Jonas (1-3).
1 Llegó a Jonas, hijo de Amitay, palabra de Yahvé, diciendo: 2 Levántate y ve a Ninive, la ciudad
grande, y predica contra ella, pues su maldad ha subido ante mí. 3 Levantóse Jonas para huir lejos
de Yahvé a Tarsis, bajó a Jope y halló un barco que estaba para ir a Tarsis. Pagó el pasaje y entró
en él para irse con ellos a Tarsis, lejos de Yahvé.
La narración se abre sin concretar la época y patria del protagonista, Jonas,
hijo de Amitay. Conocemos un profeta de este nombre que profetizó en
tiempos de Jeroboam II (787-756 a.C.) l. Es la época de la dominación
incipiente asiría. El hagiógrafo bien pudo escoger este personaje como
protagonista de una historia que se había de centrar en torno a la gran
metrópoli de Ninive. Jonas recibe la orden de ir a predicar la penitencia en
la ciudad grande de Ninive, símbolo del paganismo desenfrenado y
símbolo también de la hostilidad contra Israel.
La misión de Jonas era realmente desconcertante para un judío, que creía
sólo que su pueblo tenía derecho a gozar de la benevolencia y
misericordia de Yahvé, su Dios. Como veremos, la tesis central del
libro es el universalismo religioso. Para probarla, nada mejor4 que
presentar a la capital del imperio asirio como acogida a la misericordia
divina, después de haber manifestado claros signos de arrepentimiento y de
penitencia. Yahvé no sólo se preocupa de los israelitas, sino que también
tiene providencia de los paganos, y por eso quiere ofrecer una oportunidad
de penitencia a los ninivitas, cuya maldad había subido hasta El (v.2).
Esta amplitud de miras y esta magnanimidad no es comprendida por el
espíritu mezquino del judío Jonas, que no quiere saber nada de la
conversión de los paganos, enemigos de su pueblo. Por eso, en vez de
secundar la orden recibida, encaminándose hacia Mesopotamia, toma el
camino contrario, hacia occidente, esperando huir lejos de Yahvé. En su
estrecha mentalidad cree que fuera de Palestina, la tierra de Yahvé, se
encontrará libre de la influencia de su Dios, que concibe como
divinidad nacional, si bien le reconoce como el Creador de los cielos y de
los mares (v.9).
En su afán de huir de Yahvé, toma en Jope (la actual Jαfα, junto a Tel-
Aviv) un barco para dirigirse a Tarsis, la región más lejana y occidental de
entonces. Generalmente se identifica a Tarsis con la Tartessos de los
griegos y romanos, en la desembocadura del Guadalquivir, en España. Los
fenicios tenían grandes relaciones con la costa meridional de España, y de
hecho Tarsis llegó a significar la península Ibérica, el extremo occidental
del mundo clásico conocido2. Por ello, las naves de gran tonelaje eran
llamadas "naves de Tarsis," pues eran las que solían hacer el recorrido de
una punta a otra del Mediterráneo. Es interesante cómo el autor sagrado
destaca la voluntad rebelde de Jonas al no querer obedecer, buscando una
ruta totalmente opuesta a la debida. Más tarde (4:2) Jonas lamentará no
haber podido llegar efectivamente al objetivo de su viaje, hacia Tarsis, para
verse libre de la ingrata misión de predicar a los ninivitas.
La tormenta en el mar (4-9).
4 Yahvé levantó en el mar un violento huracán, y fue tal la tormenta en el mar, que creyeron se
rompería la nave. 5 Llenos de miedo, los marineros invocaban cada uno a su dios, y echaron al
mar lo que llevaban en la nave para aligerarla de ello. Jonas, que había bajado al fondo de la nave,
se había acostado y dormía profundamente. 6 Llegóse a él el patrón del barco y le dijo: ¿Qué estás
ahí tú durmiendo? Levántate y clama a tu Dios. Quizá se cuidará de nosotros y no
pereceremos. 7 Dijéronse unos a otros: Vamos a echar suertes a ver por quién nos viene este mal.
Echaron suertes, y la suerte cayó en Jonas. 8 Entonces le dijeron: A ver, ¿de dónde vienes, cuál es
tu tierra y de qué pueblo eres? 9 El les respondió: Yo soy hebreo y sirvo a Yahvé, Dios de los cielos,
que hizo los mares y la tierra.
El hagiógrafo destaca cómo, a pesar de la decisión de Jonas, Yahvé le
obligará a la fuerza a cumplir su orden. Para ello levanta un huracán que
hace imposible el viaje (v.4). La situación de la nave es desesperada. Para
salvarla, los marineros arrojan las mercancías al mar. Irónicamente, el autor
sagrado contrapone la actitud piadosa de los marineros paganos, que
invocan a sus dioses respectivos, a la del hebreo Jonas, que, despreocupado,
duerme tranquilo en el fondo de la nave (v.5). El patrón del barco le
despierta y le invita a orar también a su propio Dios para que los libre de la
muerte. En la mentalidad sincretista y mercantil de los fenicios, cada
pueblo tenía su dios y su poder particular. Al invitar a Jonas, no sabía que
el Dios de éste era el Señor del universo, como lo declara el propio
Jonas.
Los marineros, supersticiosos, creyeron que había entre ellos alguno que
había ofendido a su dios, contra el que éste descargara su ira. Por suertes,
como era usual, decidieron buscar al culpable, y la suerte cayó
precisamente en el indolente hebreo que dormía en el fondo de la nave.
Designado Jonas, le preguntaron por su procedencia y origen para descubrir
su culpabilidad respecto a su Dios. El viajero hebreo declara su patria y
religión, y paladinamente confiesa que su Dios es el Señor de los cielos y
de los mares, insinuando así que El ha tenido que enviar la espantosa
tormenta.
La trama del relato es perfecta, no exenta de artificialidad literaria. El
hagiógrafo contrapone bien las situaciones y las conductas de los
respectivos personajes en orden a hacer resaltar su idea teológica sobre la
omnipotencia divina y sus designios sobre Jonas, que, contra su voluntad,
tendrá que rendirse a la tesis del universalismo religioso que late en toda
la narración del libro.
Joñas es arrojado al mar (10-16).
10 Aquellos hombres se atemorizaron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Pues
sabían que iba huyendo de Yahvé, porque él se lo había declarado. 11 Dijéronle: ¿Qué vamos a
hacer contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar iba embraveciéndose cada vez
más. 12 El les respondió: Agarradme y echadme al mar, y el mar se os aquietará, pues bien sé yo
que esta gran tormenta os ha sobrevenido por mí. 13 Aquellos hombres hicieron por volver la nave
a tierra, mas no pudieron, pues el mar cada vez más se embravecía. 14 Entonces clamaron a
Yahvé, diciendo: ¡Oh Yahvé! Que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre y no nos
imputes sangre inocente, pues tú, ¡oh Yahvé! has hecho como te plugo. 15 Y agarrando a Jonas, le
echaron al mar, y el mar se aquietó en su furia. 16 Temieron aquellos hombres a Yahvé y le
ofrecieron sacrificios y le hicieron votos.
Los marineros quedan consternados al saber lo que había hecho Jonas con
su Dios, y le preguntan por qué ha desobedecido. Llevados de su profundo
sentimiento religioso, sabían que no se podía desafiar la ira de ningún Dios.
En este caso, Jonas había sido un loco, y ahora insinúan que deben
deshacerse de él para aplacar a Yahvé, aunque no se atreven a proponerlo
claramente: ¿qué vamos a hacer contigo.? (v.11). El mar seguía cada vez
más encrespado, sin duda porque el Dios de Jonas sigue terriblemente
enojado. No se atreven a tomar la iniciativa contra Joñas, y es éste quien se
ofrece a ello, pues reconoce noblemente que ha sido la causa de la
desesperada situación de la nave. Quiere aplacar a Yahvé para que se
salven los inocentes marineros.
Los marineros, sin embargo, hacían lo posible por acercar la nave a tierra,
por si podían salvarse sin acudir al extremo de atentar contra la vida de
Jonas (v.15). Pero todo fue inútil, y, decididos a deshacerse del infortunado
hebreo, piden a Dios perdón por la acción que se ven obligados a cumplir;
piden al Dios de Jonas que no se les impute la sangre de Jonas, al que
consideran inocente por no haber cometido ninguna acción a sabiendas
contra ellos (v.14); pero se someten a sus designios, pues ha dispuesto que
sucediera así. Decidieron, pues, arrojar a Jonas al mar, y al punto la
tempestad cesó. Reconocieron la omnipotencia del Dios de Jonas y
trataron de ganar su benevolencia haciendo sacrificios y votos en acción de
gracias (v.16).
1 Cf. 2 Re 14:25. — 2 Cf. Is 66:19; Sal 72:10; Ez
27:12.
2. Salvación milagrosa del Profeta.
Jonas en el vientre del cetáceo (1-11).
1 Yahvé había dispuesto un pez muy grande para que tragase a Jonas, y Jonas estuvo en el vientre
del pez por tres días y tres noches. 2 Desde el vientre del pez dirigió Jonas su plegaría a Yahvé, su
Dios, diciendo: 3 Clamé a Yahvé en mi angustia y El me oyó. Desde el seno del "Seol" clamé, y tú
escuchaste mi voz. 4 Echásteme a lo profundo, al seno de los mares; envolviéronme las corrientes;
todas tus olas y tus ondas pasaron sobre mí. 5 Y dije: Arrojado soy de delante de tus ojos. ¿Cómo
volveré a contemplar tu santo templo ? 6 Las aguas me estrecharon hasta el alma, el abismo me
envolvió, las algas se enredaron a mi cabeza. 7 Había bajado ya a las bocas del hades, la región
cuyos cerrojos (se echaron) sobre mí para siempre 2; pero tú, Yahvé, mi Dios, salvaste mi vida del
sepulcro. 8Cuando desfallecía mi ánima, me acordé de Yahvé, y mi súplica llegó a ti, a tu santo
templo. 9 Los servidores de fútiles vanidades abandonan su benevolencia. 10 Pero yo te ofreceré
víctimas acompañadas de alabanzas, te cumpliré mis votos. De Yahvé es la salvación, 11 Dio Yahvé
orden al pez, y éste vomitó a Jonas en la playa.
Según el relato, Jonas fue tragado por un pez, sin que se especifique la
naturaleza de éste. Los antiguos han pensado en un tiburón o en un
cachalote, que se encuentran en el Mediterráneo. Milagrosamente, Jonas
permaneció en el vientre del pez tres días y tres noches. Jesucristo alude a
este relato al argumentar con los fariseos sobre su resurrección: "Como
Jonas estuvo tres días y tres noches en el pez, así el Hijo del hombre estará
el mismo tiempo en el seno de la tierra para resucitar después."3 Jesucristo,
al expresarse así, no pretende esclarecer el hecho de si realmente Jonas
estuvo en el pez tres días y tres noches, sino que, conformándose a la
interpretación que daban entonces sus oyentes al relato, utiliza el relato
bíblico para argumentar en favor de su resurrección.
La oración de Jonas proferida en el vientre del cetáceo tiene todos los visos
de ser una composición artificial, de estilo salmódico, redactada por el
hagiógrafo. Es una acción de gracias por haberle librado de la muerte.
Aparte de la inverosimilitud de que Jonas hubiera compuesto esta oración
en el vientre del pez, hay una serie de detalles que indican el carácter
convencional de la misma. Así, se supone que las algas se enredaron en la
cabeza de Jonas (v.6), como si el infortunado Jonas hubiera estado vagando
por las profundidades del abismo antes de ser tragado por el cetáceo. Es
fácil ver en la oración de Jonas un mosaico de citas de salmos4, lo que
prueba la tardía composición del libro.
El hagiógrafo procura adaptar la oración a la supuesta situación de Jonas en
medio de las olas del mar. El profeta se siente en el seno del seol (v.3), o en
peligro de muerte, cara ya a la región tenebrosa subterránea donde moran
los que han dejado esta vida. Y por eso se siente alejado de los ojos de
Yahvé (v.5). El fiel israelita cifraba su máxima felicidad en asistir a las
funciones litúrgicas solemnes del templo de Jerusalén; por eso ahora Jonas
siente no poder contemplar su santo templo. El infortunado profeta se
considera ya bajado a las bocas del hades (ν.7), la regiσn sin retorno,
cuyos cerrojos se echaron sobre él para no abrirse jamás 5.
Ante esta perspectiva, no cabía sino encomendarse a Yahvé para que lo
salvara (v.8). Su deseo fue cumplido, y así probó su omnipotencia, que se
manifiesta sólo a sus fieles, ya que los servidores de fútiles vanidades, o
ídolos, se hallan totalmente desamparados (v.8). En consecuencia, Jonas
promete víctimas y votos en acción de gracias (v.10). Tal es la hermosa
plegaria puesta en boca de Jonas por el hagiógrafo para dar gracias por su
liberación milagrosa. Yahvé oyó su súplica y ordenó al cetáceo que lo
arrojara en la orilla del mar.
1 Así según una ingeniosa reconstrucción de
Hoonacker, que lee, en vez
de Harim (montes), Hadis (Hades), que en hebreo
tiene una grafía muy similar. El TM dice
literalmente: "en las raíces de los montes." — 2
Hoonacker, con un ligero cambio de letras, lee: "La
región cuyos cerrojos son barras eternas"
(lee Badey en vez de bahady). — 3 Mt 12:40(Cf. I
Sam 30:128) — 4 Cf. v.3 y Sal 18(17),6; 120(119),!
v.4: Sal 42(41),8; v.5: Sal 18(17),5; 69(68X2; v.8:
Sal 142(141X4; I43(142),4; Sal 5:8; 18(17),?
88(87X3; v.10: Sal 50:49X14. — 5 Cf. Job 10,21.22.
— 6 Cf. Diodoro, II 3· — 7 Herodoto, V 53. — 8 El
estadio griego equivalía a unos 195 metros. — 9 Los
LXX leen "dentro de tres días." Los números son
simbólicos. — 10 Jesucristo trae como ejemplo la
conversión de los ninivitas (Mt 12:41; Le 11:32),
contraponiendo su actitud a la incredulidad de la
generación de su tiempo. El valor argumentativo se
salva en el supuesto de que los oyentes de Cristo
interpretaran la historia del libro de Joñas como algo
estrictamente histórico. Jesús, en ese caso, pudo
acomodarse a su mentalidad, sin prejuzgar el hecho
histórico en sí mismo.
3. Jonas en Nínive.
Predicación de Jonas (1-4).
1 Llegó por segunda vez la palabra a Jonas, diciendo: 2 Levántate y ve a Nínive, la ciudad grande,
y pregona en ella lo que yo te diré. 3 Levantóse Jonas y fuese a Nínive, según la orden de Yahvé.
Era Nínive una ciudad grande sobremanera, de tres días de andadura. 4 Comenzó Jonas a
penetrar en la ciudad camino de un día, y pregonaba diciendo: De aquí a cuarenta días, Nínive
será destruida.
En este capítulo se mostrará de nuevo cómo Yahvé impone su voluntad
para extender su voluntad salvífica sobre la nación pagana. Jonas, mero
instrumento suyo, anuncia la proximidad del castigo a los ninivitas, aunque
Yahvé permanece libre respecto a su cumplimiento, ya que dicho anuncio
es condicional, es decir, en el supuesto de que no hagan penitencia.
Es sorprendente la facilidad con que ahora Jonas se traslada a Nínive, como
si fuera una ciudad no lejana de Palestina. El hagiógrafo recalca las
dimensiones grandes de la ciudad (Era Nínive una ciudad grande
sobremanera, lo que parece indicar que el redactor es posterior a la
desaparición de la ciudad famosa). La frase tres días de andadura es
interpretada por San Jerónimo en el sentido de la circunferencia de la
ciudad, lo que se ajusta a las medidas dadas por Diodoro de Sicilia para su
perímetro (480 estadios) 6. Según Herodoto7, un día de camino eran 150
estadios8. Diodoro de Sicilia afirma que el diámetro de Nínive era de 150
estadios, justamente el camino de un día (v.4), que anduvo el profeta,
según el hagiógrafo, para predicar por toda la ciudad. El autor sagrado
quiere ante todo resaltar la extensión de la ciudad, para después valorar la
magnitud del efecto conseguido por la predicación de Joñas. Para ello
exagera quizá las proporciones.
La predicación conminatoria es taxativa: dentro de cuarenta días Nínive
será destruida 9. El profeta obra por inspiración de Dios, sin conocer
plenamente los designios divinos. El hagiógrafo se complace en presentar a
Jonas implacable con la ciudad pagana de Nínive, para contrastar su
mezquino punto de vista judío con la magnanimidad divina, que admite a la
penitencia y a la misericordia aun a los gentiles. Es la tesis del libro, que,
como hemos indicado en la introducción, tiene todos los visos de una
composición imaginaria didáctica al estilo del libro de Job.
Penitencia y perdón de los ninivitas (5-10).
5 Las gentes de Nínive creyeron a Dios, y pregonaron ayuno y se vistieron de saco desde el más
grande al más pequeño. 6 Llegó la noticia al rey de Nínive, y, levantándose de su trono, se desnudó
de sus vestiduras, se vistió de saco y se sentó sobre el polvo, 7 e hizo pregonar en Nínive una orden
del rey y de sus príncipes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no probarán bocado, no
comerán nada ni beberán agua. 8 Cúbranse de saco hombres y animales y clamen a Dios
fuertemente, y conviértase cada uno de su mal camino y de la violencia de sus manos. 9 ¡Quién
sabe si se apiadará Dios y se volverá del furor de su ira y no pereceremos! 10 Vio Dios lo que
hicieron, convirtiéndose de su mal camino, y arrepintiéndose del mal que les dijo había de
hacerles, no lo hizo.
El éxito de la predicación de Joñas no pudo ser más rotundo. Toda la
población, desde el más grande al más pequeño, dio muestras de
penitencia, vistiéndose de saco. El mismo rey dio ejemplo a sus subditos
con su conducta, mandando asociar hasta los mismos animales a las
manifestaciones externas de penitencia de los ninivitas. El hecho es
totalmente insólito en la historia de todos los pueblos. Aquí la
inverosimilitud desborda todo lo imaginable, pues Nínive, la gran metrópoli
asiría, aparece convertida en masa a la sola predicación de un profeta judío.
De hecho, en la historia de Asiría no encontramos la más mínima alusión a
lo narrado aquí. En el libro de Daniel encontramos relatos parecidos en los
que se habla de la conversión de Nabucodonosor ante las maravillas
obradas por Dios en beneficio de su siervo Daniel. El estilo convencional
de todos estos relatos salta a la vista, y de ahí que muchos autores acudan al
género literario bíblico midráshico (enseñanza religiosa en la que se
recarga el elemento milagroso para fomentar la piedad) para explicar todos
estos portentos del libro de Jonas. La enseñanza fundamental que se quiere
hacer resaltar en este libro es la posibilidad que tienen los pueblos paganos
de reconciliarse con el Dios verdadero de Israel, único Señor de todos los
pueblos. Como veremos a continuación, el hagiógrafo contrapone la
mezquina mentalidad judía de Jonas, que se molesta por la conversión de
los ninivitas, y la magnanimidad de Dios, que los admite a la penitencia 10.
Despecho de Joñas (1-4).
1 Apesadumbróse sobremanera Jonas, se enojó 2 y oró a Yahvé, diciendo: ¡Cómo, Yahvé! ¿no es
esto lo que me decía yo estando en mi tierra? Por eso, precaviéndome, quise huir a Tarsis, pues
sabía que eres Dios clemente y misericordioso, tardo a la ira, de gran piedad, y que te arrepientes
de hacer el mal. 3 Ahora, pues, Yahvé, quítame la vida, porque mejor me es la muerte que la
vida. 4 Díjole Yahvé: ¿Te parece que haces bien con enojarte así?
La penitencia de los ninivitas, lejos de alegrar a Jonas, le contrista
sobremanera, y éste se queja a Dios porque han resultado fallidos sus
anuncios sobre la próxima destrucción de la ciudad. El temperamento
mezquino y cerrado del profeta no puede ser mejor reflejado. Cree que se
ha comprometido su buen nombre al no realizarse sus funestas
predicciones, y no le importa la gloria que supone para su Dios la
conversión de una ciudad populosa en pleno. El hagiógrafo se complace,
pues, en contrastar la actitud cerrada y malhumorada de Jonas con la
magnanimidad abierta del Dios de los judíos.
De hecho, todos los profetas del A.T. se alegran del arrepentimiento de los
destinatarios de sus vaticinios conminatorios, y predican siempre en el
supuesto de que Yahvé da el perdón a quien sinceramente se vuelve a
El. Jonas, en cambio, aquí simboliza al judío resentido, que considera los
gentiles como destinados necesariamente a la reprobación, sin esperanza de
rehabilitación. Es un indicio más del carácter artificial de la narración.
Reprensión de Dios (5-11).
5 Salióse Jonas de la ciudad y se sentó al lado oriental de
ésta, y, haciendo un chozo, metióse en él, a la sombra,
hasta ver lo que era de la ciudad. 6 Dispuso Yahvé, Dios,
un ricino, que creció hasta por encima de Jonas, y
haciendo sombra sobre su cabeza, le defendía del calor.
Jonas se alegró mucho por el ricino, 7 pero dispuso Dios
un gusano que a la mañana siguiente atacó al ricino, y
éste se secó. 8 Al salir el sol mandó Dios un recio viento
solano, y el sol hirió en la cabeza a Joñas, que,
angustiado, se deseaba la muerte, diciendo: ¡Mejor sería
para mí morir que vivir! 9 Entonces dijo Yahvé a Jonas:
¿Te parece bien enojarte por el ricino? Y él respondió:
Sí; me parece bien enojarme hasta la muerte. 10 Yahvé le
dijo: Tú tienes lástima del ricino, en el cual no trabajaste
por hacerle crecer, que en el espacio de una noche nació
y en el de otra noche pereció, 11 ¿y no voy a tener yo
piedad de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de
ciento veinte mil hombres que no distinguen su mano
derecha de la izquierda, y, además, numerosos
animales ?
Yahvé no encuentra razonable el enojo del profeta: ¿Te parece que haces
bien con enojarte así? (v.4). Los designios de la Providencia son secretos,
y no puede Yahvé castigar a una ciudad sólo porque quede en buen lugar la
fama de Jonas. Aunque le moleste el quedar ante la opinión pública como
soñador del castigo de la ciudad, debe pensar ante todo en el bien inmenso
que consiguió con su predicación conminatoria. ¿Cómo había de permitir
Dios la destrucción de la gran ciudad, sabiendo que hay en ella ciento
veinte mil que no distinguen su mano derecha de la izquierda (v.11); es
decir, niños que no han llegado al uso de la razón y, por tanto, son
totalmente inocentes? La historieta del ricino que crece para sombrear a
Jonas, y su desaparición, sirve para mostrar el carácter antojadizo y ruin de
Jonas, que se molesta por la desaparición del arbusto que le daba sombra,
mientras que no le da pena de la muerte de miles de inocentes en la ciudad.
El contraste entre la actitud magnánima de Dios y la mezquina de Jonas es
irónica, y puede considerarse como la tesis general del libro. Dios admite
también a la penitencia a los paganos. Es la tesis universalista, que se va
abriendo paso en la literatura tardía del judaismo. En el libro de Job es
un oriental (no judío) el máximo dechado de rectitud moral. En el libro de
Jonas se critica la tesis del exclusivismo judío, según la cual sólo los
pertenecientes al pueblo elegido tenían derecho al arrepentimiento y
perdón de parte de Dios. Como el libro de Job, este de Jonas reviste las
características de una novela religiosa didáctica, en la que se contrastan dos
ideas teológicas: el exclusivismo judío tradicional y el universalismo, que
va adquiriendo carta de naturaleza en la época postexílica.
Jonás 2:1-6
Estimado oyente, continuamos hoy avanzando en nuestro estudio por el libro de Jonás.
Vamos a efectuar un breve repaso retrocediendo al principio del capítulo 2.
El programa de viaje para el capítulo 2 nos informa que Jonás iba a dejar el pez, que su
destino era la ciudad de Nínive, y que llegaría a tierra firme. Sin embargo, en primer
lugar, queremos examinar la experiencia que este hombre tuvo dentro del pez. Leamos
entonces el versículo 1 de este segundo capítulo del libro de Jonás, para intentar
responder a la siguiente pregunta:
¿Cuándo oró Jonás?
"Entonces oró Jonás al Señor, su Dios, desde el vientre del pez"
Ahora, alguien podría decir: "Pero, ustedes creen que Jonás estaba muerto dentro del
pez y que Dios le levantó de entre los muertos, pero aquí dice que Jonás oró al Señor
Dios desde el vientre del pez". Esto es cierto, pero nuestra pregunta es: "¿Cuándo
pronunció Jonás esta oración? ¿Pronunció esta oración al principio, cuando acababa de
entrar en el pez? ¿O quizás cuando se encontró allí dentro, consciente de la situación
precaria en la que se encontraba, y entonces expresó esta oración a Dios para que El le
contestara? ¿Decidió pensar en la forma en que presentaría su oración a Dios durante
dos días y entonces, al llegar al tercer día dirigírsela a Dios? Si Jonás actuó en esta
forma, entonces, nuestra interpretación está completamente equivocada. Pero, si
conocemos algo la naturaleza humana, diremos que Jonás no esperó demasiado tiempo
para pronunciar esta oración. Cuando este hombre se encontró en esa condición
desesperada, podemos estar seguros de una cosa: él comenzó inmediatamente a orar a
Dios. En realidad, podríamos imaginar que quizás hasta oró cuando se estaba deslizando
por el interior del pez hasta su estómago, (finalizando su oración cuando llegó a aquel
lugar).
Cuando las personas están viviendo momentos de crisis, no expresan una oración
preparada. Cuando llega la crisis, se dirigen inmediatamente al grano.
Así fue que, como imaginamos antes, posiblemente Jonás hiciera esta oración mientras
bajaba desde a la boca del pez, hasta llegar al estómago del mismo. También creemos
que en su oración dijo más cosas que la que se expresan en el relato Bíblico. Quizás lo
que tenemos de esa oración fue una versión resumida.
Algunos colocan mucho énfasis sobre el término temporal entonces en el versículo 1,
que dice Entonces oró Jonás al Señor, su Dios, desde el vientre del pez. Dan por sentado
que después de haber estado dentro del pez durante tres días y tres noches, "entonces"
oró. Pero esto no es lo que significa este término en este contexto. Es una de las
características del idioma Hebreo presentar el relato completo de un hecho y después
regresar a enfatizar un detalle importante. Esta misma técnica fue utilizada en el libro
del Génesis en el relato de la creación. Allí se presentó el relato de los seis días de
creación, y después Dios retrocedió en la narración para ofrecer un informe detallado de
la creación del hombre, añadiendo detalles. Intentar construir una suposición sobre el
término "entonces" sería erróneo. Lo que simplemente se dijo aquí fue que Jonás se
disponía a presentarnos la historia en detalle, es decir, lo que sucedió realmente dentro
del pez.
Leamos ahora el versículo 2 de este segundo capítulo de Jonás, que da comienzo a un
párrafo que hemos titulado:
La oración de Jonás
"Y dijo: Invoqué en mi angustia al Señor, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y
mi voz oíste."
En primer lugar destacamos que Jonás dejó constancia de que El Señor escuchó su
oración.
Dice aquí desde el seno del Seol clamé. Esta es una traducción correcta de la palabra
hebrea original. A veces Seol en la Biblia se traduce "sepulcro" y en otros lugares "el
mundo invisible", con referencia a la morada de los muertos. Esta es una palabra que, de
cualquier forma en que uno la considere, tiene que ver con la muerte, asociada con el
cementerio, y no se puede traducir de otra manera. Por lo tanto, el punto de vista del
profesor McGee es que Jonás estaba diciendo que el vientre de aquel pez era su tumba,
el sepulcro, como el lugar donde se encuentran los muertos. Jonás fue consciente de que
iba a morir dentro del pez y de que Dios le oiría y lo resucitaría de los muertos.
Somos conscientes que algunos no adoptarán este punto de vista del profesor McGee y,
por supuesto, las otras opiniones son tan respetables como ésta que hemos expuesto. Por
ejemplo, la otra opción fue que Dios lo hubiera mantenido con vida todo el tiempo que
permaneció en el pez. Y creemos que Dios, con Su poder, sin duda podría haberlo
preservado con vida en aquel lugar. Aunque, la opinión del profesor McGee, como ya
hemos expuesto, fue que la Biblia no se refirió a esta posibilidad, él reconoce que la
interpretación general y más popular, así como la de la mayoría de los maestros y
expositores Bíblicos, es que Jonás estuvo con vida durante aquellos 3 días y 3 noches en
el vientre del pez.
Resumiendo, diremos que el profesor McGee ha mantenido la opinión de que la
pregunta no radica en si Dios podía o no mantener a Jonás vivo dentro del pez. Por
supuesto que podía haberlo hecho. La cuestión realmente es ¿lo mantuvo Dios con vida?
En otras palabras, ¿fue el milagro el mantenerlo con vida, o resucitarlo de los muertos?
Teniendo en cuenta que este libro ilustra la resurrección, el profesor McGee cree que
Dios lo resucitó de los muertos, aunque reconoció que ésta no era una afirmación
dogmática.
Entonces, como aquí la cuestión no es si un ser humano puede vivir o no dentro de un
pez. Ha habido hombres que han sido tragados por un `pez o una ballena y han logrado
sobrevivir y contar su experiencia. Hay historias notables de casos semejantes. Eso nos
lleva a concluir que si usted cree que Jonás permaneció vivo dentro del pez, el milagro
no fue tan grande porque otros hombres han tenido la misma experiencia.
Mencionaremos ahora una cita de una autora de un libro, que sostuvo que era posible
que un hombre fuera tragado por un pez y sobreviviera. Hay muchos ejemplos al
respecto, y presentaremos algunos ejemplos que dicha autora incluyó en su obra.
Hay por lo menos dos monstruos marinos que viven en las profundidades del mar, que
pudieron haber tragado fácilmente a Jonás. Uno de ellos es conocido como la ballena de
Groenlandia o ballena boreal, y la otra es conocida como ballena azul, considerada
como el animal marino más grande que haya vivido en la tierra. Ninguno de ellos tiene
dientes. Tienen barbas, o placas córneas que cuelgan hacia abajo desde el techo de la
boca y que actúan como una criba, que filtra el alimento. Abren su boca para dejar
entrar la mayor cantidad de agua posible, La ballena cierra después la boca casi por
completo, de modo que fuerza al agua para que salga a través de las barbas, y el
alimento quede atrapado en la zona filamentosa. Una vez expulsada el agua, la ballena
traga la comida. En una ocasión, en el año 1933, en la localidad de Cape Cod, Estados
Unidos de América, fue capturada una de estas ballenas. Su boca tenía algo más de 3
metros de ancho, y podría incluso haber tragado un caballo. Estas ballenas tienen de 4 a
6 compartimentos en sus estómagos, en cualquiera de los cuales podrían permanecer
seres humanos. En la cabeza de estos enormes peces hay cámaras que almacenan una
buena cantidad de aire, consistentes en una ampliación del seno nasal, que con
frecuencia puede medir unos dos metros de alto, dos de ancho y unos cuatro metros de
largo, y que podrían alojar a varias personas. Si la ballena tuviera en su interior un
ocupante molesto, que le produjera, por ejemplo, dolores de cabeza, la ballena se
desplazaría a la tierra más próxima y se libraría de él, tal como en nuestra historia hizo
con Jonás.
En un periódico se publicó un artículo que decía que un perro había caído de un barco al
mar, y luego fue encontrado en la cabeza de una ballena 6 días más tarde, y aún estaba
vivo y ladrando.
Existen más informes en cuanto a las ballenas. Se cuenta que se encontró un tiburón de
5 metros de largo dentro del estómago de una ballena. Se informa también que cuando
la ballena está muriendo, expulsa todo lo que se encuentra en su estómago.
Aquí tenemos otro informe, y es de un tal Dr. Dixon, quien declaró que en un museo de
Beirut, Siria, se encuentra la cabeza de una ballena lo suficientemente grande como para
tragarse a un hombre enorme. Hay muchas historias que se relatan de ballenas que se
han tragado a un tiburón de grandes dimensiones, a un caballo, o a otros animales de
gran tamaño.
Estos ejemplos nos demuestran que Jonás podría haber sido tragado por una ballena o
por uno de esos grandes tiburones. Pero nos preguntamos si ha habido algún otro
hombre aparte de Jonás que haya sido tragado por uno de estos cetáceos y viviera para
contar la historia.
Bueno, un científico francés escribió de un tal James Barclay, en una región cerca de las
islas Malvinas, en América del Sur, cayó al mar y sus compañeros lo dieron por
ahogado. Dos días después de haber desaparecido, los marineros atraparon una ballena.
Cuando la cortaron, para su sorpresa, encontraron a su amigo vivo, aunque inconsciente
dentro de la ballena. Ese hombre sobrevivió a esa experiencia, y ha estado disfrutando
de muy buena salud después de esa aventura.
Hay otro relato que nos cuenta la historia de un marinero inglés que fue tragado por un
tiburón ballena. Cuando el barco en que se encontraba trató de arponear uno de estos
grandes peces marinos, este hombre cayó al mar y antes de que pudiera ser rescatado,
ese tiburón ballena volvió y se lo tragó. Cuarenta y ocho horas después de haber
ocurrido ese accidente, el pez fue localizado otra vez y atrapado. Cuando ese tiburón
ballena fue abierto por los marineros, encontraron dentro al hombre que estaba
inconsciente, pero todavía vivo. Fue llevado inmediatamente a un hospital donde se
descubrió que solamente estaba en estado de shock. Y pocas horas después, fue dado de
alta y salió del hospital sin ningún problema. El relato de esa historia concluye diciendo
que este hombre fue presentado como una atracción en un museo de Londres, y que
había que pagar entrada para poder verlo. Se le hacía propaganda como "el Jonás del
siglo XX".
En el año 1926, el Dr. Rimmer se encontró con este hombre y escribió que su aspecto
físico era extraño. Su cuerpo no tenía nada de vello, y la totalidad de su piel estaba
cubierta por manchas color amarillo.
Ahora, si dos hombres pudieron existir por dos días y dos noches dentro de un monstruo
marino como este, ¿no podría un profeta de Dios bajo Su propio cuidado y protección
sobrevivir después de una experiencia de un día y una noche más? ¿Por qué dudar
entonces de la Palabra de Dios?
Ahora, estos casos demuestran que un hombre puede vivir dentro de un pez, aunque ello
pueda quitarle a la experiencia de Jonás su carácter excepcional. Si estos hombres
vivieron, entonces, Jonás vivió. Y nos informan que hay incluso más informes de tales
experiencias. En ese caso, lo que tenemos en el libro de Jonás es el registro de un hecho
que no constituyó un verdadero milagro. Sencillamente es el informe de una experiencia
singular que tuvo lugar. Por ello, el profesor McGee, autor de estos estudios Bíblicos se
inclina por creer que en esta historia, el gran milagro fue el hecho de que Dios lo
resucitó de los muertos.
Reiteramos que la cuestión abierta ante nosotros no es si Dios pudo mantener vivo a un
hombre por 3 días y 3 noches dentro de un gran pez, porque todos sabemos que El pudo
hacerlo. La cuestión es: ¿lo hizo Dios? ¿Es esto lo que nos indica la presente historia?
Bueno, continuemos leyendo el versículo 3 de este segundo capítulo de Jonás:
"Me echaste a lo profundo, en medio de los mares; me envolvió la corriente. Todas tus
ondas y tus olas pasaron sobre mí."
No podemos tratar esto con ligereza, Si Jonás vivió dentro del pez, él también debió
vivir como un pez, porque estaba hundido en el agua. Por ello dijo Todas tus ondas y tus
olas pasaron sobre mí. De todas formas el argumentar sobre si estuvo vivo o no durante
esos tres días no debería desviarnos de la gran verdad de que su situación ilustró la
resurrección del Señor Jesús, como Jesús mismo declaró en el Evangelio de Mateo,
capítulo 12, versículo 40, al decir. Como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres
días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres
noches. Continuemos leyendo el versículo 4 de este segundo capítulo de Jonás:
"Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos, mas aún veré tu santo Templo."
Al decir que se consideraba expulsado de la presencia del Señor, Jonás revelaba que
veía la muerte como una realidad inevitable, aunque en sus siguientes palabras dijo más
aun veré tu santo templo. El creía que si moría, sería resucitado de los muertos. Había
sido formado de acuerdo con el Antiguo Testamento, y creemos que Jonás fue uno de
muchos en el reino del norte que fielmente acudía a Jerusalén para adorar en el templo.
Ellos sabían que el templo construido por el rey Salomón era el lugar para adorar al
Dios vivo y verdadero. O sea, que al expresar su esperanza de acudir nuevamente al
templo, estaba reconociendo el poder de Dios para levantarlo de los muertos.
Escuchemos lo que él dijo en el versículo 5:
"Las aguas me envolvieron hasta el alma, me cercó el abismo, el alga se enredó en mi
cabeza."
Dice aquí Las aguas me envolvieron hasta el alma. Físicamente se sentía calado hasta
los huesos. También dijo el alga se enredó en mi cabeza. Es evidente que este monstruo
marino había comido una gran cantidad de algas. Algunas algas a veces tienen ocho o
diez metros de largo, y este monstruo marino tenía el estómago lleno de ellas. Este
hombre no estaba describiendo precisamente un tiempo agradable y cómodo. El sintió
que descendía a las profundidades de la muerte. Y dice el versículo 6 de este segundo
capítulo de Jonás:
"Descendí a los cimientos de los montes. La tierra echó sus cerrojos sobre mí para
siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, Señor, Dios mío."
Es interesante destacar en este versículo la frase la tierra echó sus cerrojos sobre mi para
siempre; ¿A qué clase de cerrojos se estaba refiriendo Jonás aquí? A la muerte, por
supuesto. Y el versículo 6 concluye diciendo: más tú sacaste mi vida de la sepultura,
Señor, Dios mío. Por supuesto, la sepultura es una clara referencia a la muerte. Otra
buena versión traduce: "tu haces subir mi vida desde el lugar de corrupción". De
cualquier manera, la corrupción se refiere a la muerte física. El apóstol Pedro usó de
esta manera la palabra en el día de Pentecostés, cuando dijo que el Señor Jesús no vio la
corrupción. Su cuerpo no se corrompió (como podemos ver en el libro de los Hechos de
los Apóstoles, capítulo 2, versículo 27). El milagro que tuvo lugar en el Señor Jesús
cuando murió, fue que El no vio la corrupción, o sea, que Su cuerpo no se corrompió.
En opinión del profesor McGee, esa fue la diferencia entre la experiencia de Jonás y la
del Señor. Jonás sí vio la corrupción, En aquellos tres días y noches, su cuerpo
aparentemente comenzó a decaer, ya sea que se traduzca la palabra Hebrea como
sepultura, o como corrupción. El profesor McGee ve en este pasaje una afirmación
indudable de que Jonás murió. En ese caso, el milagro aquí sería el de una resurrección,
que habría sido entonces un milagro mucho mayor que el hecho de que un hombre
viviera por 3 días dentro de un pez.
Para nosotros es importante tener en el Antiguo Testamento un libro que señale hacia la
resurrección del Señor Jesucristo. La resurrección es una de las dos columnas de nuestra
salvación, sobre la cual se apoya el arca de la iglesia - estas dos columnas son la muerte
de Cristo, y la resurrección de Cristo. Ambas realidades fueron enseñadas en el Antiguo
Testamento, y este libro de Jonás, que estamos estudiando, ilustra la resurrección del
Señor Jesucristo.
Nuestro tiempo para hoy se ha agotado, pero vamos a regresar a este pasaje en nuestro
próximo programa. Estimado oyente, al agradecerle su compañía y participación en este
estudio, le recordamos que sería muy positivo que usted fuera adelantándose a nuestra
lectura del texto Bíblico y por ello le sugerimos que termine de leer por sí mismo esta
oración del profeta Jonás que estamos considerando aquí en el segundo capítulo de esta
obra. Esperamos entonces reanudar próximamente este recorrido por este libro de Jonás,
que forma parte de nuestro recorrido "a través de la Biblia:"
Oracion de jonas
Esta es una oración de agradecimiento, no una petición de liberación. Jonás
simplemente estaba agradecido de no haberse ahogado. Fue librado de una forma
espectacular y lo sobrecogía pensar que había escapado de la muerte. Aun dentro del
pez, Dios escuchó la oración de Jonás. Podemos orar en cualquier parte y a cualquier
hora, que Dios nos oirá. Nuestro pecado nunca es demasiado grande, ni nuestra
dificultad demasiado inmensa, para Dios.
Jonás 2:1 Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez,
Jonás dijo: «Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová». A menudo
hacemos lo mismo. Cuando todo nos va bien, tendemos a olvidarnos de Dios; pero
cuando no hay esperanza, clamamos a El. Este tipo de relación con Dios conduce a una
vida espiritual no muy firme, con altas y bajas. Un compromiso con Dios firme y diario
promueve una sólida relación con El. Busque a Dios en las buenas y en las malas, y
tendrá una vida espiritual mas vigorosa.
Jonás 2:2 y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol
clamé, y mi voz oíste.
El seno del Seol : Esta es la parte interior de la tierra, la tumba, lejos de la presencia de
Dios. Jonás está consciente de su seria y amenazadora situación.
Jonás habla de su experiencia en el vientre del pez como si hubiera estado muerto ya.
Jonás 2:3 Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente;
todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.
Jonás 2:4 Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo
templo.
Jonás 2:5 Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; el alga se enredó a
mi cabeza.
Jonás 2:6 Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí
para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío.
Los cimientos : Los cerrojos del Seol estaban pues en el mundo de los muertos debajo
del gran abismo. De la sepultura : Se refiere al Seol.
Jonás 2:7 Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó
hasta ti en tu santo templo.
Jonás 2:8 Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan.
La persona que sigue vanidades ilusorias , no puede hacer suya la misericordia de Dios.
Nos engañamos cuando vamos en pos de cualquier cosa que toma el lugar de Dios, lo
cual es vanidad porque resulta siempre en vaciedad y equivale a renunciar a la
misericordia de Dios. Que nada tome jamás el lugar que Dios debe ocupar en nuestra
vida.
Jonás 2:9 Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La
salvación es de Jehová.
Como en el caso de los marineros, el voto de Jonás no se revela. La misericordia de
Dios se manifiesta en la salvación de Jonás.
Obviamente Jonás no estaba en posición de regatear con Dios. Por eso más bien le dio
las gracias por salvarle la vida. Nuestros problemas deben llevarnos a asirnos de Dios,
no a regatear con El para que nos saque del dolor. Podemos alabar y dar gracias a Dios
por lo que ya ha hecho por nosotros, y por su amor y misericordia.
Fue necesario un milagro de liberación para que Jonás hiciera lo que Dios le había
mandado. Como profeta, Jonás estaba obligado a obedecer la voz de Dios, pero había
tratado de eludir sus responsabilidades. Esta vez prometió cumplir sus votos. La historia
de Jonás comienza con una tragedia, pero peor tragedia hubiera sido si Dios lo deja
seguir huyendo. Cuando sepa que Dios quiere que usted haga algo, no huya. Quizás
Dios no lo detenga como lo hizo con Jonás.
Jonás 2:10 Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.
La tierra en que fue lanzado Jonás no se identifica, pero probablemente fue algún punto
de la costa de Israel. Una tradición árabe afirma que ocurrió al norte de Israel, en la
costa de Siria.
Jonás, un hombre de oración a pesar de todo (Homilía II)
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“El libro de Jonás resulta tan atrayente, no sólo porque es la única pieza
humorística del Antiguo Testamento, sino porque se cuenta entre las
páginas más valiosas de la Biblia.” (O. Loretz)
Una segunda oportunidad para el profeta rebelde (Jonás 1:17)
Entre tanto, el Señor había dispuesto un enorme pez para que se tragara a
Jonás. Y Jonás pasó tres días y tres noches dentro del pez.
En nuestra primera predicación habíamos dejado a Jonás en el mar,
aparentemente abandonado a su suerte, en el lugar más tenebroso para un
judío, allí donde viven monstruos amenazantes y reina el caos. Desde
luego, es el lugar que se merecería un profeta de Dios rebelde, si no con
causa, al menos con razones aparentemente justificadas para no cumplir
con su misión. Ha preferido viajar al fin del mundo, donde Dios no puede
hablarle, que cumplir con el encargo recibido; ha preferido morir en el
mar a viajar a Nínive, y hasta ahora no alberga el menor sentimiento de
culpa o de arrepentimiento por sus acciones. Él y sólo él se ha buscado tan
terrible final. Pero, apenas cae al agua, Dios, que también gobierna sobre
el mar y cuanto en él habita, envía un enorme pez que se traga al profeta.
Hay que reconocer que, si se trata de una segunda oportunidad para
Jonás, es realmente extraña… Un monstruo marino, el gran terror de los
judíos, contra todo pronóstico no acaba con la vida del profeta, sino que
está al servicio de la providencia de Dios y se transforma en un refugio
protector. Traga al profeta rebelde y lo aloja en su cuerpo sin digerirlo
durante tres días. El vientre del monstruo marino representa sin ninguna
duda el sheol; para la imaginación judía, ese desagradable, viscoso y
maloliente vientre de animal marino debía de ser muy similar al lugar
donde permanecían los muertos, las sombras vivientes, algo así como los
espectros que aparecen en la famosa trilogía de El Señor de los Anillos.
Pero éste no va a ser el sepulcro que acoja a Jonás. Todo lo contrario; es
el lugar desde donde surge de nuevo la vida, porque el profeta reconoce su
mal y agradece a Dios su ayuda.
Si Jonás no quiso marchar a Nínive, seguro que tampoco quiso
permanecer en el vientre de un monstruo marino. Pero su historia está
llena de lugares extraños e insospechados donde, aunque le parezca
imposible al profeta rebelde, actúa la gracia de Dios: en medio de la
tormenta perfecta en un mar embravecido, dentro del vientre de un
monstruo marino y en la mismísima capital del imperio más cruel y
sanguinario que conoció la antigüedad, Nínive. ¿Es posible que en
semejantes lugares se hagan presentes Dios y su salvación? Creo que la
pregunta está mal planteada; más bien deberíamos preguntarnos: ¿es
posible que en semejantes lugares NO se hagan presentes Dios y su
salvación? Porque, como afirmó el profeta Hölderin en uno de sus versos,
Pero donde está el peligro, allí crece también la salvación. [1]
La salvación de Dios se hace presente con más fuerza allí donde es más
necesaria y urgente. El apóstol Pablo emplea otras palabras para decir lo
mismo en la carta a los Romanos,
Pero cuanto más abundó el pecado, tanto más abundó la gracia de Dios. Y
así como el pecado reinó para traer muerte, así también la gracia de Dios
reinó haciéndonos justos y dándonos vida eterna mediante nuestro Señor
Jesucristo. (Rom 5,20b-21)
Y, sin embargo, a menudo, los cristianos nos quejamos de que nos han
tocado tiempos difíciles para el evangelio. Hoy, la gente ya no parece tener
ningún interés en Dios; los mayores afirman que se han perdido los
principios morales en la sociedad, que la juventud no tiene educación,…
“¡Estamos peor que nunca!”, leemos y escuchamos a menudo;
irónicamente, la humanidad siempre ha creído vivir en los peores tiempos
posibles:
Vivimos en una época de decadencia. Los jóvenes ya no respetan a sus
padres. Son groseros e impacientes. Frecuentan las tabernas y no saben
dominarse. (Encontrado en una tumba egipcia, 4000 años antes de Cristo.)
Esta juventud actual está podrida hasta el fondo de su corazón. Los
jóvenes de hoy son unos perezosos, unos malhechores que jamás serán
como la juventud en otros tiempos. La juventud actual no será capaz de
asegurar el mantenimiento de nuestra cultura. (Inscripción de una tabla de
arcilla, de hace más de 3000 años, encontrada en Babilonia.)
Como decía el escritor argentino Jorge Luís Borges, “A mi padre le tocó
vivir, como a casi todos los hombres, tiempos difíciles”. Sospecho que no
vivimos los peores tiempos posibles. Los cristianos y las cristianas
estamos, como siempre, viviendo en una sociedad con luces y sombras; con
algunos logros y bastantes derrotas, con unos pocos pasos al frente y
demasiadas zancadas hacia atrás. Pero es aquí, en medio de esta sociedad,
donde Dios quiere y necesita hacerse presente, y nos toca a nosotros, la
Iglesia, proclamar el mensaje de salvación, confiados, aunque a veces nos
cueste creerlo, en que la gracia de Dios es capaz de superar las
consecuencias del pecado.
Pero regresemos de nuevo con nuestro querido Jonás, y escuchemos sus
palabras desde el vientre del pez.
A pesar de todo, jonás ora a Dios (Jonás 2:1-9)
Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde dentro del pez, diciendo:
“En mi angustia clamé a ti, Señor,
y tú me respondiste.
Desde las profundidades de la muerte
clamé a ti, y tú me oíste.
Me arrojaste a lo más hondo del mar,
y las corrientes me envolvieron.
Las grandes olas que tú mandas
pasaban sobre mí.
Llegué a sentirme echado de tu presencia;
pensé que no volvería a ver
tu santo templo.
Las aguas me rodeaban por completo;
me cubría el mar profundo;
las algas se enredaban en mi cabeza.
Me hundí hasta el fondo de la tierra;
¡ya me sentía su eterno prisionero!
Pero tú, Señor, mi Dios,
me salvaste de la muerte.
Al sentir que la vida se me iba,
me acordé de ti, Señor;
mi oración llegó a ti en tu santo templo.
Los que siguen a los ídolos
dejan de serte leales;
pero yo, con voz de gratitud,
te ofreceré sacrificios;
cumpliré las promesas que te hice.
¡Solo tú, Señor, puedes salvar!”
Hay que reconocer que Jonás aprovecha muy bien el tiempo… ¡En los tres
días con sus noches que permanece en el vientre del gran pez le da tiempo
para componer un hermoso salmo de acción de gracias! Otra nota de
humor de nuestro libro. Pero en medio de esta historia cargada de
sonrisas llegamos a la parte más seria. Jonás, el profeta rebelde, en medio
de la soledad más absoluta y sintiendo la cercanía de la muerte, descubre
la mano de Dios. El antes profeta desobediente (1:3), el judío que dormía
mientras los paganos oraban (1:6), que ha preferido arrojarse al mar en
lugar de obedecer a Yahvé, saca a la luz lo poco que le queda de creyente
reverente y piadoso. Por primera vez, Jonás se dirige al Señor y ora con
algunas de las palabras más emocionadas de los salmos. De hecho, si
leyéramos estos versículos sin saber que pertenecen al libro de Jonás,
diríamos que se trata de un salmo más de los 150 que tenemos en el
salterio.
En primer lugar, Jonás recuerda los peligros y la angustia vividos (vv. 3-
6a). “Lo profundo” es una expresión hebrea para referirse a la
profundidad del mar, el lugar donde habitan monstruos formidables que
amenaza la vida de quienes se adentran en él, y tiene un evidente sentido
literal en el caso de Jonás. Pero “lo profundo” también simboliza la
muerte y la lejanía de Dios, igualmente reales para Jonás en estos
momentos. Su desobediencia le ha llevado al peligroso lugar en el que se
encuentra. Por eso, el primer paso para que el profeta retome su misión es
que tome conciencia de su verdadera situación: Jonás, por muy profeta de
Dios que sea, también necesita arrepentirse de su rebeldía.
En segundo lugar, expresa en su oración la confianza y la gratitud por su
salvación y el compromiso renovado con Dios (vv. 6b-9). Jonás estaba
irremediablemente perdido, resignado a morir, pero Dios irrumpe para
salvar. Jonás reconoce que Dios ha estado atento a su oración, le ha
escuchado, y que en Él ha encontrado perdón y salvación.
Esta oración de Jonás introduce un nuevo momento en la historia del
profeta rebelde. No es que Dios no supiera lo que pasaba con su profeta, o
que no quisiera retomarle para que llevara a cabo su misión. De hecho,
envía un pez para que no muera. El problema es que Jonás no quería ser
conocido por Dios; ya no quería estar al servicio de un Dios en quien ya
no confiaba. Pero la oración que surge desde lo más hondo de su ser
rompe sus resistencias y abre el corazón de Jonás a la voluntad de Yahvé,
y de nuevo comienza a confiar en Él. Cumplirá con la misión
encomendada.
En ocasiones, nuestra experiencia individual y comunitaria se parece
mucho a esa sensación de abandono de Jonás en lugares dominados por
“lo profundo”, donde Dios parece guardar silencio cuando más
necesitábamos escuchar su voz. Cuando la relación con Dios se vuelve
árida, el cristiano adulto recuerda con nostalgia cómo era la alabanza en
su juventud, cómo se oraba, cómo se compartía en la iglesia, y se
pregunta: ¿por qué Dios parece ahora tan lejos?
Otras veces nos asalta la desesperanza. Los ideales de juventud parecen
inalcanzables, lo que es más, irreales. Después de años, las promesas y las
expectativas parecen no cumplirse; hemos sufrido demasiadas
decepciones, y el tantas veces pedido Reino de Dios no se ve por ninguna
parte. ¿No será mejor rendirse ante la evidencia y vivir como todo el
mundo? En realidad, hemos sido arrastrados a las profundidades
empujados por nuestra falta de confianza en Dios, porque no nos
acabamos de creer eso de que “cuanto más abundó el pecado, tanto más
abundó la gracia de Dios”. Como Jonás, nosotros también necesitamos
arrepentirnos por las veces en que hemos dudado de Dios. Y es que no sólo
hemos de aprender a confiar en los demás; también hemos de aprender a
confiar en Dios, a bajar las defensas que hemos levantado, abrir nuestra
intimidad y descubrir en la Palabra, en la oración y en nuestra experiencia
vital que Él es digno de confianza.
Debemos traer a la memoria las muchas veces que Dios estuvo ahí, tantas
oraciones en las que al abrir nuestro corazón de par en par descubrimos
de nuevo a Dios y nos descubrimos a nosotros mismos, porque sólo Dios es
capaz de bucear en las profundidades de la mente humana y no perderse
en ellas. Él conoce las intenciones que hay detrás de nuestras acciones,
dónde ponemos nuestras esperanzas, nuestras ilusiones, nuestros deseos
más profundos, incluso de aquello que nos permanece oculto y que no
llegamos a ser conscientes de ello. Nos conoce mejor que nosotros mismos,
ya que es Él quien nos ha formado y somos un misterio salido de las manos
de Dios. En palabras de Carlos G. Vallés:
Me conoces mejor que yo mismo. Me entiendes aun en lo que yo no me
entiendo a mí mismo. Me descansa saber que al menos hay alguien que me
entiende […] Caigo en la cuenta de que en ti es donde me encuentro a mí
mismo, en tu rostro veo el reflejo del mío […] Tratar contigo en la oración
es la mejor manera de llegar a conocerme a mí mismo. [2]
Solo cuando en la cuenta de ello podemos de nuevo ponernos a su servicio
con fuerzas renovadas y la confianza plena en Él. Así es como termina
precisamente este capítulo 2 de Jonás.
El camino nuevamente abierto para la misión de Jonás (Jonás 2:10)
Entonces el Señor dispuso que el pez vomitara a Jonás en tierra firme.
Esa imagen repugnante de un enorme pez vomitando a Jonás en la playa
no parece la mejor forma de dar comienzo de nuevo a la misión del
profeta, pero no olvidemos que estamos leyendo un libro lleno de humor,
que se permite situaciones absurdas para transmitirnos una honda
reflexión sobre la fe y la misión del pueblo de Dios.
El gran pez, conforme a la orden de Yahvé, arroja a Jonás en tierra firme.
La resistencia del profeta se ha visto vencida por el viento, por las olas de
la tormenta y por la travesía del pez, para llegar exactamente al lugar
donde debía haber estado. Pero ha sido necesaria la oración para lograr
romper definitivamente sus muros defensivos y ponerle de nuevo al servicio
de la misión profética. Lo mismo podemos decir de nosotros hoy, hijos e
hijas de Dios: sin oración no hay misión. Sin oración no es posible
mantener el compromiso más allá de “lo profundo” que atenaza nuestras
vidas: el miedo, el desencanto, la frustración, la decepción o la culpa. Sin
oración no es posible identificarse con la causa de Dios y con su proyecto
de salvación para este mundo. Sin oración no podemos mirar el mundo con
la misma mirada compasiva y comprensiva que tuvo Jesús.
Reflexión sobre la oración de Jonás.
Reflexión sobre la oración de Jonás: Jonas 1,2
Introducción:
Contexto antecedente de la oración de Jonás:
Jonás profeta israelita que lo más probable haya vivido en tiempos de Roboam II [1]. Es
el único de los profetas de Israel que no desarrolla su ministerio hacia su pueblo, sino
hacia un pueblo extranjero. Y ahí vienen los problemas. Jonás no obedece a Dios de que
vaya predicar un mensaje de destrucción y arrepentimiento a la ciudad de Nínive.
(Jonas 1.2). Al decir de Robinson[2] en su libro sobre los profetas menores, Jonás era:
“egoísta, orgulloso, porfiado, colérico, enfadoso y perverso. Sin embargo, era un buen
patriota, y amaba lealmente a Israel”. Por esto último se entiende que no quisiera ir a
predicar a una ciudad que era enemiga de los israelitas.
1. Jonás desobedece la voz de Dios que le dice que vaya a predicar a Nínive. Se
embarca en sentido contrario, rumbo a Tarsis. (1:1-3)
2. Al embarcarse en sentido contrario a la voluntad de Dios, Jehová desata una tormenta
en el mar que coloca en peligro el barco en que navega. Todos en el barco se preocupan.
Excepto el profeta, Jonás no ora en esa situación de desobediencia. (1:4,5)
3. Asume la culpa de la tormenta que se había desatado por su desobediencia. (1:12)
4. Finalmente, los marineros toman a Jonás y lo tiran al mar, y este aplaca su furia de
este. (1:15)
5. El asunto no termina ahí. Dios tenía algo que hacer con el profeta Jonás. 1.17
Oración de Jonás:
1. Ora desde el vientre del pez. Es el lugar en que se encontraba producto de haber
desobedecido a Dios. Ora en la desesperación, 2.2:" en mi angustia clamé al SEÑOR, y
él me respondió".
a. Jonás estaba experimentando las consecuencias de su desobediencia (2.2)
b. Ora desde las entrañas de la muerte. (2.2,3), pensaba que se iba a morir.
c. Que seguramente se ahogaría. (2.3) Incluso, tenía la sensación de que Dios le había
expulsado de su presencia (Salmo 51.11) Llegando a pensar que Jamás volvería a
contemplar el templo (v4). Su situación era extrema, se estaba ahogando (4.5,6).
i. El interior del pez, para mi, representa aquellos lugares,
situaciones, en que nos encontramos producto de desobedecer al Señor. Dios, como
Dios lleno de “bondad y compasión” (Jonás 4.2), nos escucha y nos restaura. Dios ama
y perdona no sólo a quienes queremos a los más cercanos, sino a toda persona, incluso a
nuestros enemigos. (en el caso de Jonás, los ninivitas y a él, que estaba escapando de
Dios)
ii. Lo que yo veo aquí es que Dios oye a las personas incluso en
situaciones extremas-incluso encerrado en los lugares más extraños-. A veces los hijos
de Dios, sus propios profetas se encuentran en desobediencia y claman a Dios y Dios les
escucha-aunque a las personas no les guste aquello (somos las personas quienes no
perdamos a los líderes que caen-n hacemos nada por restaurarlos). No hay situación o
lugar que justifique el no orar al Señor. Y toda persona puede ser restaurada por el
Señor.
iii. La oración en soledad con Dios resulta ser fundamental en la vida
espiritual. Cuando oramos en lo secreto Dios nos oye en público.(Mateo 6.6)
2. Oró en el momento difícil, en el momento en que se le "iba la vida, se acordó del
Señor"(2,7).
3. Jonás reconoce que estaba siguiendo a ídolos, y que quienes lo hacen "abandonan
el amor de Dios"(2.8).
Aquí parece estar el problema de Jonás. Conocía a Jehová, pero no quería aceptar toda
la “bondad y compasión” que Dios entregaba a todos los pueblos de la tierra (era judío,
nacionalista). Reconoce que no ha considerada a Dios como central, se ha desvinculado
de Dios ha confiado en sus propias fuerzas, en sus afectos, etc.
4. Jonás termina se compromete a sacrificar y cantar de gratitud. Cumplirá las
promesas que hizo. Declara finalmente que, quien salva es el Señor. (2.9).
5. La respuesta vino inmediatamente departe del señor. (2.10)
Conclusión:
Dios escucha nuestra oración. No importa cuál sea la profunda fosa en que nos
encontremos. Aunque estemos completamente solos. Dios nos oye, aunque le hayamos
fallado y todos nos hayan abandonado y sencillamente, nosotros los hayamos abandona.
El amor de Dios es para todos, quienes por la fe somos sus hijos y quienes no lo son.
Les invito a orar a este Dios, lleno de “bondad y compasión” que quiere escucharnos e
intervenir en las situaciones que enfrentamos.
No debemos huir de nuestras responsabilidades
Jonás
(9-1) Introducción
El profeta Jonás fue un siervo de Dios diferente de los demás. Fue llamado para efectuar
una misión muy semejante a la de otros profetas: Llamar al arrepentimiento a un pueblo
que estaba madurando en la iniquidad. A diferencia de los demás, sin embargo, Jonás
respondió intentando huir de su asignación. Si se hubiera negado por cobardía, aunque
ésta no es una excusa, se habría comprendido, pues la brutalidad con que los asirios
trataban a sus enemigos era bien conocida (véase Temas suplementarios, sección D).
Pero el problema de Jonás no parece haber sido la cobardía, sino más bien, el
resentimiento contra el Señor por dar al odiado enemigo una oportunidad de arrepentirse
(véase Jonás 4:1-2).
Para una persona que ha aprendido a tener amor cristiano hacia todos los hombres, la
actitud de Jonás parece casi increíble. Pero para un israelita que había aprendido que él
pertenecía al pueblo escogido y que los gentiles eran corruptos, y por lo tanto no eran
aceptables a Dios, la actitud de Jonás era más comprensible. Aunque nos sorprenda
porque esperamos una actitud diferente de los profetas del Señor, la reacción de Jonás
fue muy humana. Al leer la historia de Jonás trate de comprender por qué reaccionó
como lo hizo.
Instrucciones al alumno
1. Emplee los comentarios que aparecen a continuación, pues ellos le ayudarán en
la lectura y estudio del libro de Jonás.
2. Lleve a cabo las asignaciones del Resumen analítico según las instrucciones de
su maestro. (Los alumnos del Curso de estudio individual supervisado deben completar
toda esta sección.)
COMENTARIOS SOBRE JOÑAS
(9-2) Jonás 1:1. ¿Dónde y en qué época vivió Jonás?
Sidney B. Sperry, bien conocido erudito de temas bíblicos y miembro de nuestra Iglesia,
respondió a la pregunta diciendo:
"Poco sabemos de la vida de Jonás, pero ese poco que sabemos es más de lo que
sabemos acerca de otros profetas a quienes nos hemos referido en este tomo. En el
primer versículo del libro y a continuación de su nombre, se dice que era 'hijo de Ami
tai'. Pero el libro de Jonás no es el único del Antiguo Testamento en el que éste se
menciona. En 2 Reyes 14:25 se nos dice que Jeroboam II, rey de Israel '… restauró los
límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el Mar de Arabá, conforme a la
palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de
Amitai, profeta que fue de Gat-hefer'.
"No hay lugar a dudas, entonces, sobre el hecho de que Jonás fue un personaje histórico
y que participaba de actividades prof éticas. El hogar del profeta, Gathefer, de acuerdo
con Josué 19:10-13, estaba en el territorio de la tribu de Zabulón. De acuerdo con la
tradición monástica, era lo que hoy día se llama El-Meshed, un pueblo árabe a unos
cinco kilómetros al noreste de Nazaret, donde se afirma que una de las muchas tumbas
musulmanas es de Nebi Yunus, o sea, de Jonás. San Jerónico (aproximadamente en el
año 400 a. C.) también habla de Get-hefer como situada a dos millas romanas desde
Seforis rumbo a Tiberias.
"Jonás significa 'paloma', y el nombre de su padre significa 'verídico'.
"Siendo que Jonás vivió durante el reinado de Jeroboam, es posible que haya vivido
aproximadamente cerca del año 788 (a. C). " (The Voice of Israel's Prophets, pág. 326.)
Tanto Jonás como Jesucristo eran de la zona de Galilea. Queda comprobado por 2
Reyes 14:25 y por tres referencias del Nuevo Testamento que la historia de Jonás es
verdadera y no una alegoría como algunos eruditos sostienen. "La historia de Jonás fue
mencionada por nuestro Señor en dos ocasiones cuando le pidieron una señal del cielo.
En cada caso dio 'la señal del profeta Jonás', ya que el incidente en la vida de aquel
profeta fue símbolo de la propia muerte y resurrección de Jesucristo (Mateo 12:39-41;
16:4; Lucas 11:29-30). " (Bible Dictionary, s. v. "Jonah".)
(9-3) Jonás 1:3. "Y Jonás se levantó para huir… a Tarsis"
Al igual que la vida de Job, la de Jonás y las experiencias que tuvo nos proporcionan
una lección universal semejante a una alegoría; y la aplicación de esta lección a todos
los hombres surge de las experiencias verdaderas de un hombre.
Jonás fue un símbolo de Cristo por el hecho de que se encontró en el vientre del gran
pez —en "el Seol", según sus propias palabras (Jonás 2:2)— tal como Jesucristo estuvo
en la tumba durante tres días, después de los cuales resucitó. C. F. Keil y F. Delitzsch
demostraron que el significado simbólico de la historia de Jonás es más amplio todavía:
"La misión de Jonás fue un hecho de importancia simbólica que tuvo el propósito no
solamente de hacer comprender a Israel la posición de los gentiles en el reino de Dios,
sino también de representar el día en que los paganos que obedecieran la palabra de
Dios se unieran en fraternidad para gozar de la salvación preparada en Israel para
todas las naciones.
"A medida que se acercaba el tiempo en que Israel iba a ser entregada al poder de los
gentiles y pisoteada por ellos, como consecuencia de su orgullosa apostasía al apartarse
del Señor su Dios, fue muy natural que la mente de Israel considerara a los gentiles
como enemigos del pueblo y del reino de Dios. No solamente les negaba la capacidad
de salvarse, sino que también interpretaba el anuncio profético del juicio que venía
sobre los gentiles como indicación de que estaban destinados a la destrucción total. El
objeto de la misión de Jonás en Nínive era el de combatir de la forma más enérgica, y
prácticamente desechar por completo, la idea errónea de que solamente los
descendientes de Abraham, o sea, de la nación elegida, merecían salvación. La actitud
de Israel hacia el designio de Dios de mostrar misericordia a los gentiles y otorgarles
salvación queda demostrada en la conducta de Jonás al recibir el mandato divino, y
también cuando va a llevarlo a efecto. Jonás trata de escapar del mandamiento de
proclamar la palabra de Dios en Nínive, e intenta hacerlo huyendo a Tarsis, porque se
siente disgustado por la demostración de misericordia divina hacia el gran mundo
pagano, y porque, de acuerdo con Jonás 4:2, teme que la prédica del arrepentimiento
desvíe la destrucción con la que estaba amenazada aquella ciudad. En esta forma de
pensar del profeta se reflejan los sentimientos y la manera de pensar de la nación
israelita en general hacia los gentiles. De acuerdo con el hombre natural que había en él,
Jonás comparte el sentir de la nación y, por lo tanto, es el indicado para representar a
Israel en este aspecto. La aplicación de este castigo, que cae sobre él en razón de su
obstinada resistencia a la voluntad de Dios, representa lo que Israel seguramente
acarreará sobre sí por causa de su obstinada resistencia al llamado divino, y por rechazar
y apartarse de la presencia de Dios. Pero Jonás, al ser arrojado al mar, es tragado por un
gran pez; y cuando ora al Señor desde el vientre del pez, es vomitado sobre la playa sin
haber sufrido daño alguno. Este milagro también tiene significado simbólico para Israel.
Muestra que si la nación carnal, con su mente impía, se volviera al Señor aun en la
circunstancia más extrema, sería levantada otra vez a una nueva vida, salvándose de la
destrucción por un milagro divino. Y, finalmente, la forma en la que Dios reprende al
profeta cuando éste se muestra enojado porque Nínive ha sido perdonada (cap. 4) tiene
por objeto exponer ante Israel, como si fuera en un espejo, la grandeza de la compasión
divina, la que alcanza a toda la humanidad, y hace esto para que la nación reflexione
sobre ello y lo ponga en su corazón. " (Commentary on the Old Testament, 10:1:383-
85.)
(9-4) Jonás 1:2-3. ¿Por qué huyó Jonás a Tarsis?
"Un llamamiento misional—¡y directo del Señor! Pero para el profeta no fue sorpresa
porque quizás anteriormente había servido en muchas misiones en Israel. Su sorpresa
radicaba no en el llamamiento mismo sino en la clase de llamamiento, y la rebeldía
surgió en su corazón. Era un llamamiento para ir a Nínive, 'la gran ciudad' de Asiría, y
predicar allí a sus habitantes paganos porque su iniquidad se había hecho evidente ante
el Señor…
"Jonás se sintió dividido entre su lealtad a Dios y sus fuertes emociones. Estas eran muy
intensas y al final determinaron su conducta. Por motivo de que no podía enfrentar
aquel llamamiento misional, tomó la determinación de huir del país y alejarse de una
responsabilidad que le resultaba desagradable. No tenía la intención de abandonar el
oficio profético; simplemente quería ausentarse sin permiso por un tiempo hasta que la
situación desagradable se resolviera. " (Sperry, Voice of Israel's Prophets, págs. 328-
29.)
No se conoce a ciencia cierta dónele estaba Tarsis, pero Adam Clarke y otros suponen
que es el lugar llamado Tartesos en España, cerca del estrecho de Gibraltar (véase The
Holy Bible… with a Commentary and Critical Notes, 4:700). Sea que fuera hacia allí
que Jonás huyó, o hacia otro puerto del Mediterráneo, lo seguro es que Tarsis estaba en
dirección opuesta a Nínive. Jope era un puerto importante en la costa de Israel en la
época de Jonás, y desde allí salían las naves hacia distintos puntos del Mediterráneo.
Jope es la actual Jaffa, al lado de la cual se levanta la moderna ciudad de Tel Aviv.
(9-5) Jonás 1:4-7. ¿En qué consistía la práctica de echar suertes?
La práctica de echar suertes era una antigua costumbre que servía para llegar a una
decisión en la ausencia de una manifestación directa de la voluntad del Señor. También
fue empleada cuando se deseaba alcanzar una decisión imparcial. El carácter y la forma
de los objetos utilizados en aquella época no son conocidos, ni tampoco lo es el método
mediante el cual la suerte era echada. Algunos eruditos sugieren que se trataba de
piedras lisas o varas coloreadas o marcadas con símbolos. Los paganos echaban suertes
porque ellos creían que las divinidades guiarían el resultado. En este caso, parece que el
Señor dirigió el resultado.
(9-6) Jonás 1:8-10. La grandeza del Dios de Jonás
Jonás valientemente proclamó que Jehová es el único Dios de toda la creación.
(9-7) Jonás 1:11-16. Jonás sugirió su propio destino a los otros pasajeros de la nave
¿En qué forma muestran estos versículos que aunque Jonás huía, no lo hacía por
cobardía? Los hombres no aceptaron la oferta de Jonás sino hasta después de haber
hecho todo esfuerzo por salvarse en otra manera. El deseo de Jonás de hacer esto
también muestra que comprendía que su conducta no complacía a Dios. El pasaje de
Jonás 1:14-16 testifica que los marineros arrojaron a Jonás al agua muy en contra de sus
propios deseos y solamente lo hicieron porque Jonás les mandaba hacerlo. En un intento
de ser absueltos de toda ofensa ante cualquier dios, los marineros ofrecieron una oración
al Señor y rogaron que lo que hacían no les fuera tenido en contra suya.
(9-8) Jonás 1:17. "Pero Jehovía tenía preparado un gran pez"
La historia de que Jonás fue tragado por un "gran pez" se ha ridiculizado y ha sido tema
de controversia en el mundo. Los que hacen burla emplean este versículo como
argumento para sostener que el libro de Jonás es solamente una parábola y no un
registro de hechos históricos. Hablando de los que opinan así, el élder Joseph Fielding
Smith dijo:
"¿Vamos nosotros a rechazarla como una imposibilidad y decir que el Señor no pudo
preparar un pez, o ballena, para tragar a Jonás?… Ciertamente el Señor se sienta en los
cielos y sonríe ante la sabiduría del mofador y entonces, súbitamente, responde al
desatino con una repetición del milagro en cuestión, o por la presentación de uno aún
mayor…
"Creo, como creía el señor William J. Bryan, en el relato de Jonás. La principal razón
por la que creo no es porque esté relatado en la Biblia, ni porque el incidente haya sido
repetido hoy en día, sino por el hecho de que Jesucristo, nuestro Señor, lo creyó. Los
judíos lo buscaban para que les diese una señal de su divinidad. El les dio una, pero no
la que ellos esperaban. Los mofadores de aquella época, a pesar de las obras poderosas
del Señor, fueron incapaces de creer a causa del pecado.
" 'El les respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero la
señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el
vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón
de la tierra tres días y tres noches'. " (Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 295-96.)
El vocablo hebreo taneen y el griego katos se emplean en el Nuevo Testamento para
describir cualquier criatura marina de tamaño descomunal. Los tiburones son comunes
en el Mediterráneo y tienen una garganta suficientemente grande como para tragar a un
hombre. Es claro que la naturaleza milagrosa de este hecho radica en que Jonás haya
sobrevivido en el tubo digestivo de un gran pez durante tres días así como también en el
hecho de haber sido tragado entero.
(9-9) Jonás 2. Jonás oró al Señor y fue salvado
Jonás, en este caso de desesperación, finalmente se dirigió al Señor y su oración mostró
un arrepentimiento sincero. El uso que hace del vocablo "Seol", que en hebreo significa
"mundo de los espíritus" y a veces es traducido como "tumba", es otra analogía con lo
que aconteció con Cristo en su entierro. El lenguaje de la oración de Jonás (véase Jonás
2:3-5) y el lenguaje empleado por el Señor al hablarle a José Smith cuando éste estuvo
encarcelado en Liberty (véase D. y C. 122:7) son semejantes, ya que ambas citas se
refieren a las "puertas del infierno" que se abren. También se puede comparar Jonás 2:9
con el lenguaje empleado en Alma 36:18. El voto de Jonás de pagar lo que había
prometido fue su manera de expresar que cumpliría la misión que le fue encomendada y
así "mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra" (véase Jonás 2:9-10).
(9-10) Jonás 3:1-3. ¿Por qué Nínive es llamada "gran ciudad"?
Nínive era un centro comercial bien conocido en la época de Jonás. Tenía terrazas,
arsenales, bodegas, bibliotecas y templos. Los muros eran tan amplios que dos carros
(carrozas or carruajes) uno al lado del otro podían andar arriba de ellos. Afuera de los
muros había grandes suburbios, ciudades y pueblos. La circunferencia de la gran ciudad
era de aproximadamente cien kilómetros y se necesitaban tres días para recorrerla
(véase Sperry, Voice of Israel's Prophets, págs. 331-32).
(9-11) Jonás 3:5-9. ¿Qué se representa mediante el cilicio y la ceniza?
Las palabras de Jonás parecen haber tenido un efecto inmediato y muy positivo sobre
los habitantes de Nínive. No podemos hacer más que conjeturar en cuanto a la razón que
llevó a un pueblo no israelita a creer en un profeta hebreo. Tal vez se vieron impelidos
al arrepentimiento por la presencia de un extranjero que, aparentemente sin pensar en la
seguridad personal, llegó desde tan lejos para exponer los pecados de un pueblo que no
le era conocido. De cualquier modo, su misión tuvo el resultado esperado: Nínive se
arrepintió en "cilicio y cenizas". El élder Bruce R. McConkie escribió lo siguiente:
"Una tela rústica, obscura, hecha de pelos de camellos y cabras, y empleada
antiguamente para hacer bolsas y alforjas, era llamada cilicio. También se usaba para
hacer las túnicas de los que estaban de duelo y así llegó a ser, en la mente profética,
símbolo del pesar y del duelo. Era costumbre que los que estaban de duelo se vistieran
de cilicio y esparcieran cenizas sobre su cabeza, o bien se sentaran sobre
las cenizas mostrando así que su gozo había fenecido o había sido destruido. (Génesis
37:34; Ester 4:1-3; Isaías 61:3; Jeremías 6:26.)
"El empleo de cilicio y cenizas también era considerado antiguamente como señal de
humildad y penitencia. Cuando la gente recurría al cilicio y a la ceniza para ayudarse a
alcanzar la fuerza espiritual para comulgar con Dios; esta práctica también iba
acompañada con el ayuno y la oración. Daniel, por ejemplo, da esta explicación como
prefacio al relato de una de sus grandes peticiones al trono de la gracia: 'Y volví mi
rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré
a Jehová mi Dios e hice confesión' (Dan. 9:3-4; Isaías 58:5; 1 Reyes 21:17-29).
"El cilicio y las cenizas (acompañadas de oración y de un corazón contrito ante el
Señor) llegaron a ser símbolo del arrepentimiento más sincero y humilde. " (Mormon
Doctrine, pág. 659.)
(9-12) Jonás 3:10. ¿Tiene Dios la necesidad de arrepentirse?
La traducción de este versículo hecha por José Smith dice que Dios vio lo que hicieron;
y porque se apartaron de su mal camino y se arrepintieron, El apartó el mal que había
dicho haría venir sobre ellos.
(9-13) Jonás 4:1-11. Jonás no estaba conforme
Aquí Jonás demostró un segundo problema: debilidad de carácter. Se enojó porque el
pueblo se arrepintió y Dios apartó su enojo. Jonás se sintió tan mal que deseó estar
muerto. Aunque se había arrepentido de su deseo de escapar al llamado del Señor de ir a
Nínive, no había cambiado mucho en su actitud hacia los gentiles.
El Señor enseñó, en una forma que facilitaba su entendimiento, que todas las cosas están
en Sus manos: la calabaza, el gusano y la vida misma. Los vientos del este son muy
destructivos, pues provienen del desierto de Arabia. Después del viento caliente y seco,
el sol hirió a Jonás haciendo mayor su incomodidad al punto de que anheló la muerte.
Una vez que el Señor llevó a Jonás a este estado, pudo enseñarle en cuanto al valor de
las almas que había en Nínive. Los miles que no podían "discernir entre su mano
derecha y su mano izquierda" eran los jóvenes (niños) y las personas inocentes (Jonás
4:11). Ciertamente el Señor sentía más piedad hacia ellas que lo que Jonás sentía hacia
la calabaza (véase Alma 26:27, 37). Por medio de esta sencilla planta, el Señor le
enseñó la forma en que Dios ama a todos sus hijos.
RESUMEN ANALITICO
(9-14) El intento de huir del Señor
Ahora que ha leído el libro de Jonás, ¿qué le parece su mensaje? ¿Qué opinión tiene de
la huida de Jonás al recibir el llamamiento a servir? ¿Hay alguna diferencia entre Jonás,
Joel y Amós? Escriba un breve ensayo comentando las diferencias y semejanzas y la
aplicación de los mensajes de los tres profetas en su vida.
Nínive tenía reputación de ser una ciudad malvada (véase Nahum 3:1-4). En nuestra
época hay muchas ciudades inicuas. ¿Sirve esa maldad para disminuir el amor del Señor
hacia los habitantes de ellas? ¿Cuál es nuestra obligación al ser llamados a servir en una
manera que tal vez consideremos desagradable?
Es evidente en todo el relato de Jonás que éste se sentía disgustado ver el amor de Dios,
tantas veces prometido a Israel y esperado por esa nación, que se dispensaba a otros,
particularmente a sus opresores paganos. ¿Ha conocido a alguien que se haya mostrado
resentido porque un miembro recién bautizado o uno que recientemente se ha activado
en la Iglesia recibe la atención y la preferencia de los demás miembros? ¿No existe un
paralelo en esto?
Aunque la mayoría de los Santos de los Ultimas Días tal vez nunca sean designados a
hacer algo tan destacado como llamar al arrepentimiento a los habitantes de toda una
ciudad, y, en caso de no arrepentirse, anunciarles su destrucción, recibimos numerosos
llamamientos que vienen del Señor. A veces, como Jonás, parecemos apartarnos, o al
menos evadir nuestra responsabilidad. Consideremos lo siguiente:
1. Una persona que rehusa aceptar un llamamiento en la Primaria porque si lo hace
no podrá asistir a la reunión de la Sociedad de Socorro en el nuevo horario dominical
integrado de reuniones.
2. El joven que rechaza un llamamiento misional a fin de poder aceptar una beca
otorgada por un centro de estudios.
3. Una familia que no tiene reuniones de noche de hogar con la regularidad debida.
4. El individuo que siempre está en deudas y no paga sus diezmos.
5. La joven que es demasiado tímida y por eso no acepta un llamamiento como
maestra de las Jóvenes Mayores de la Escuela Dominical.
Todos recibimos llamamientos, y a veces tratamos de evadirlos. Pero podemos
arrepentimos, aceptar el llamamiento y sentir el gozo de servir.
Estudio bíblico: Cuando el creyente desobedece a Dios conscientemente - Jonás
1:1-17
Serie: Cuando Dios hace maravillas
Autor: Roberto Estévez
Email: estudios@[Link]
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Cuando el creyente desobedece a Dios conscientemente
Jonás huye de Jehová (Jonás 1:1-17)
No quería estar con nadie. Estaba muy enojado. Lo único que deseaba era
dormir y dormir. Con estos síntomas, cualquier psiquiatra podría haberle hecho
un diagnóstico presuntivo.
Durante muchos años, tuve una idea incorrecta sobre la historia de Jonás y el
gran pez que se lo tragó, hasta que un día me di cuenta de que ese pequeño libro
tiene una enseñanza tremenda, no sólo para los niños, sino especialmente para
los adultos. Yo interpretaba que cuando Jonás les dijo a los marineros que lo
tiraran al agua, estaba reconociendo su culpabilidad y quería recomponer sus
errores tomando una decisión heroica. Sin embargo, un día descubrí un hecho
muy simple: ¡Jonás nunca había leído el libro que lleva su nombre! El no sabía
lo que iba a suceder. Estoy absolutamente convencido de que si Jonás hubiera
sabido que al ser arrojado al agua lo estaría esperando ese gran pez con la boca
abierta para tragárselo, ¡no hubiera pedido que lo echasen al mar!
Este pequeño libro está repleto de hechos maravillosos. Comienza diciendo: "La
palabra del Señor vino a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a
Nínive, la gran ciudad, y predica contra ella; porque su maldad ha subido a mi
presencia". Jonás odia a la gente de Nínive. Ese pueblo ha atacado a su nación.
Como buen patriota aborrece a aquellos que invadieron y destruyeron su país.
Los habitantes de Nínive eran muy crueles. Cometieron atrocidades contra las
mujeres, los niños y los ancianos. Jonás no podía olvidar todo lo que había
escuchado y lo que él mismo había visto con sus propios ojos. Y ahora, el Señor
le dice a Jonás que vaya a predicar a esa ciudad. El profeta ha quedado, como
diríamos nosotros, "traumatizado". Jonás desea que Dios los castigue y los
destruya. No quiere darles la posibilidad de que se arrepientan y Dios los deje
sin castigo.
Para nosotros, esto quizás sea difícil de entender. Sería como si en 1946, después
de la Segunda Guerra Mundial, les hubiésemos pedido a los judíos esparcidos
por el mundo una colecta para ayudar a los nazis que en los campos de
concentración torturaron y mataron a sus familiares. Jonás es un hombre que
está lleno de prejuicios y no sabe que Dios rebosa de amor y compasión. Jonás
odia a la gente de Nínive. Han transcurrido 2.700 años desde la historia de Jonás
y las cosas no han cambiado mucho. Los sentimientos entre los habitantes de
esas regiones del planeta siguen siendo muy tensos.
Jonás entonces decide huir de la presencia de Dios. Cree que si se aleja lo
suficiente, Dios no va a poder encontrarlo. Es así que decide huir hacia Tarsis. A
veces, los jóvenes que han conocido el evangelio quieren "huir", pero no saben
que el Señor los alcanzará de la misma manera que lo hizo con Jonás. ¡Y cuántas
veces nosotros, como el profeta, hemos sido heridos y actuamos como queriendo
huir de Dios! ¡Cuántas veces queremos ir a ese lugar interesante que se llama
"Tarsis"! Las Escrituras nos relatan lo que había en Tarsis. En (1 R 10:22),
leemos que Salomón "tenía en el mar la flota de Tarsis con la flota de Hiram; y
una vez cada tres años venía la flota de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos
y pavos reales". Por supuesto que el oro y la plata nos hablan de las riquezas
temporales. El marfil se obtiene de los colmillos de los elefantes y es un producto
muy apreciado; con él se pueden hacer hermosísimos adornos. Los pavos reales
nos hablan de la hermosura, el orgullo y la vanidad. Y los monos, por supuesto,
son muy graciosos. De niños, íbamos al zoológico y nos entreteníamos mirando a
los monos, viendo cómo saltaban y se colgaban de las ramas con sus colas. Por
supuesto, no hay nada de malo en mirar a los monos y a los pavos reales. Pero
cuando el entretenimiento nos distrae de cumplir la voluntad de Dios en nuestra
vida, sobrevienen las tragedias. Cuando aquel profeta es enviado por Dios a
predicar un mensaje, él prefiere ir a la ciudad de los monos y los pavos reales.
El versículo 4 nos presenta el primer hecho extraordinario en este libro: "Pero el
Señor lanzó un gran viento sobre el mar, y se produjo una enorme tempestad, de
manera que el barco estaba a punto de romperse". Aquel que todo lo controla
ha decidido enviar una tormenta. El versículo 5 nos dice: "Pero Jonás había
bajado al fondo del barco, se había acostado y se había quedado profundamente
dormido". Observe que Jonás se apartó del resto de la gente. No quería estar
con nadie. Creo que esto no es normal. Este es probablemente su primer viaje
marítimo y uno esperaría que Jonás estuviera interesado en todo lo que sucede.
La primera vez que hice un viaje largo en avión, estaba tan emocionado que me
quedé sin dormir toda la noche. Tenía que viajar sobre la cordillera de los
Andes, de Chile hacia Colombia. Por eso, creo que el hecho de que Jonás se haya
apartado de la gente y se haya echado a dormir, no es normal. Lo que sucede es
que Jonás está profundamente deprimido. El aislamiento y el sueño excesivo son
síntomas muy frecuentes de la depresión.
En el versículo 6 se nos relata que el capitán se acerca a Jonás y le dice con voz
prepotente:
— ¿Qué te pasa, dormilón?
Me imagino a Jonás medio dormido. Abre uno de sus ojos, se masajea la cara
con la mano y responde:
— A mí no me pasa nada; estaba tomando una siesta.
La voz autoritaria del capitán, ahora enojado, se vuelve a escuchar:
— ¡Levántate e invoca a tu Dios! Quizás él se fije en nosotros y no perezcamos.
¡Qué triste es que un pagano amoneste a un creyente porque no ora! Las
personas nos observan y esperan ciertas conductas de quienes profesamos la fe.
El profeta de Dios debería ser quien exhortara a los demás a elevar su oración a
Dios. Es su oportunidad de dar testimonio al capitán y a toda la tripulación de
que hay un Dios, el Señor de los Ejércitos, que oye la oración y que puede
calmar la tormenta. Pero no lo hace. Y cada vez en que hay un conflicto entre lo
que el creyente cree y lo que hace, se produce un daño emocional que produce
inestabilidad psicológica.
Al principio, Jonás cree que podrá escabullirse de la situación, pero uno de los
marineros se le ocurre una idea:
— ¡Venid y echemos suertes para saber por culpa de quién nos ha sobrevenido
este mal!
Y aquí tenemos el segundo hecho excepcional. No sabemos cuántos pasajeros
había en ese barco, pero no importa: "Echaron suertes, y la suerte cayó sobre
Jonás" (Jon 1:7). Ignoramos qué procedimiento se utilizó para echar suertes. En
la marinería antigua, cuando había que elegir a alguien de entre toda la
tripulación, el procedimiento más común y sencillo consistía en ver quién sacaba
de una bolsa, al azar, un poroto oscuro de entre un montón de porotos blancos.
Me imagino la cara de Jonás durante el proceso. De haberse usado un
procedimiento similar, Jonás no disimularía su fastidio cada vez que la mano de
un tripulante mostrara un poroto blanco. Me imagino a Jonás. De pronto, se
pone pálido como un muerto. A él le toca el único poroto de color oscuro.
Aquellos hombres recios lo miran con los ojos llenos de ira y le dicen:
— ¡Tú eres el culpable, nuestra vida está en peligro por tu causa!
Y luego viene el interrogatorio:
— Decláranos por qué nos ha sobrevenido este mal. ¿Qué oficio tienes y de
dónde vienes? ¿Cuál es tu país, y de qué pueblo eres?
Jonás dice la verdad y da una respuesta detallada:
— Soy hebreo y temo al Señor, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.
Aquellos hombres temieron muchísimo y le preguntaron:
— ¿Por qué has hecho esto? — pues entendieron que huía de la presencia del
Señor, ya que él se lo había declarado.
El interrogatorio de los marineros es completamente lógico. "Si dices que tu
Dios hizo el mar, ¿cómo podías pretender escapar por mar?". La respuesta de
Jonás, en cambio, es incongruente. "Soy hebreo y temo a Dios". ¿Cómo es
posible decir que teme a Dios si lo está desobedeciendo? Es como si dijéramos:
"Temo a Dios, pero yo me voy a salir con la mía. Voy a hacer la voluntad de
Dios cuando concuerde con ella". Jonás ha decidido desobedecer a Dios de
forma deliberada. ¡Cuántas lágrimas han provocado aquellos que hacen lo que
está mal, sabiendo que está mal, y sin embargo siguen adelante y lo hacen!
En el versículo 11, leemos: "Y le preguntaron: ¿Qué haremos contigo para que
el mar se nos calme?". Y es en este momento cuando Jonás pierde la
oportunidad de que el libro que lleva su nombre tenga un solo capítulo en vez de
cuatro. ¿Qué hubiera sucedido si en ese instante Jonás hubiera caído de rodillas
y hubiera clamado a Dios pidiendo perdón por su rebelión? ¿Qué hubiera
acontecido si en ese instante se hubiera desgarrado sus vestidos y golpeado el
pecho y hubiera clamado arrepentido por la misericordia y el perdón de Dios?
No me cabe la más mínima duda de que el Señor lo hubiera perdonado. Jonás no
podía ignorar las palabras del (Sal 51:1-3): "Ten piedad de mí, oh Dios,
conforme a tu misericordia. Por tu abundante compasión, borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo
reconozco mis rebeliones". Ni tampoco las palabras del (Sal 103:10): "No ha
hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme
a nuestros pecados".
Pero no. Jonás no quiere arrepentirse. Ha llegado a un punto en que prefiere
morir antes que hacer la voluntad de Dios.
Qué deplorable es cuando un creyente, en su desobediencia, llega a este punto.
He conocido a muchas personas cuyo compromiso con Dios parecía irrevocable,
pero algo pasó, y se desviaron, y se tornaron a desobedecer a Dios en forma
consciente y voluntaria. Creo que todos tenemos un poco de Jonás dentro de
nosotros mismos. El apóstol Pablo lo reconoce al decir en (Ro 7:18): "Yo sé que
en mí, a saber, en mi carne, no mora el bien. Porque el querer el bien está en mí,
pero no el hacerlo".
Los marineros entonces apremian a Jonás "porque el mar se embravecía más y
más" (Jon 1:11). Es como si el Señor, en su omnipotencia, estuviera aumentando
la intensidad de la tormenta en forma progresiva. Los marineros tratan en vano
de volver a tierra. Es claro que no lo pueden hacer. Jonás tiene que tomar una
decisión: arrepentirse y pedir perdón a Dios o persistir en su decisión de huir de
él. Y esto es lo que finalmente hace: "Levantadme y echadme al mar, y se os
calmará; pues yo sé que por mi causa os ha sobrevenido esta gran
tempestad" (Jon 1:12).
¡Jonás prefiere morir antes que arrepentirse y hacer la voluntad de Dios! ¿Por
qué no se tira él mismo al agua si sabe que esa es la solución? Quizás no tenga
suficiente voluntad para hacerlo. Creo que la respuesta de Jonás expresa su
deseo de morir. Está pidiendo que le ayuden a acabar con su vida. Y esto se
llama suicidio. Jonás cree que si lo echan al agua, en pocos minutos estará
muerto y se habrán terminado todos sus problemas. Pero el suicidio no es una
solución.
Como dije al inicio de este capítulo, Jonás nunca había leído el libro de Jonás. Y
si esto parece obvio, lo que quiero enfatizar es que él ignoraba lo que iba a
suceder. Creo firmemente que si Jonás supiera que la bocaza abierta de un gran
pez de afilados dientes estaba pronta a engullirlo de un solo bocado, ¡nunca
hubiese pedido que lo echaran al mar!
La narración continúa en el versículo 14: "Entonces clamaron al Señor
diciendo: ¡Oh Señor, por favor, que no perezcamos nosotros por la vida de este
hombre! No nos hagas responsables de sangre inocente, porque tú, oh Señor, has
hecho como has querido!". Sin duda, estos toscos "lobos de mar" comprenden
las implicaciones morales de lo que están por hacer, y no quieren asumir la
responsabilidad de participar de la muerte de un ser humano. Después de todo,
Jonás había pagado su pasaje para que llevaran a destino y no para ser arrojado
al mar.
¿Cómo es posible que Jonás crea que su Dios no lo va a perdonar? ¿Cómo es
posible que no considere la posibilidad de arrepentirse? Jonás prefiere la muerte
antes que hacer la voluntad de Dios, con la cual discrepa.
Seguramente, Jonás piensa que su cuerpo va a sumergirse rápidamente bajo las
aguas y que en pocos minutos perderá el conocimiento. Y allí se acabará todo.
Jonás "ganaría" y el Señor habría "perdido". Pero nuestro Dios es un Dios de
misericordia. El le quiere dar a Jonás una segunda y una tercera oportunidad.
Este es el gran mensaje para nosotros en el día de hoy. Dios tiene un plan y se va
a cumplir absolutamente en todos los detalles. Nosotros podemos resistirnos a
hacer su voluntad. Pero él, en su misericordia, puede darnos una segunda y una
tercera oportunidad — y a veces más — para cumplir con sus propósitos.
Dice el versículo 15: "Entonces levantaron a Jonás y lo echaron al mar, y el mar
cesó de su furia". Tan pronto como el cuerpo de Jonás golpeó el agua, se hizo
una clama absoluta. Los marineros nunca habían visto algo semejante. En cierta
oportunidad, los discípulos despertaron a Jesús porque afrontaban una gran
tormenta en el lago de Galilea y creyeron que iban a perecer, pero el Señor
"reprendió al viento y al oleaje del agua; y cesaron, y se hizo bonanza" (Lc
8:24).
Cuando los marineros que habían arrojado a Jonás en el mar vieron que la
tormenta había cesado repentinamente, "temieron grandemente al Señor; le
ofrecieron un sacrificio e hicieron votos" (Jon 1:16).
Si el plan de Jonás se hubiera cumplido, su libro tendría un sólo capítulo en vez
de cuatro. Pero Dios tiene perfecto control de todo lo que sucede. Las Escrituras
nos dicen que no cae un gorrión en el suelo sin que él lo sepa.
Me imagino el momento en que los marineros alzan a Jonás sobre la borda del
barco; me imagino cómo abre los ojos con horror ante las olas siniestras. Al
tocar el agua, durante una fracción de segundo, su cuerpo experimenta un frío
intenso. Si pudiéramos verlo con una cámara submarina en cámara lenta, ahora
veríamos a Jonás con su rostro lleno de pánico. Segundos después de sentir el
intenso frío del agua, le sobreviene otra sensación. Espera una muerte
inmediata, pero, para su sorpresa, se da cuenta de que puede respirar. Le
zumban los oídos y le cuesta mantener el equilibrio. El lugar donde está se
mueve para todos lados y es muy oscuro. A veces gira hacia la derecha; otras
veces, hacia la izquierda. De pronto, parece subir hacia la superficie y Jonás
siente una fuerte presión sobre sus oídos. Aquel que quería viajar al zoológico de
Tarsis, con los monos y los pavos reales, ahora ha sido puesto por Dios en el
acuario.
Jonás es la primera persona que ha estado en un "submarino biológico". El
versículo 17 nos dice: "Pero el Señor dispuso un gran pez que se tragase a Jonás.
Y éste estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches". Dios, en su
misericordia, le ha dado otra oportunidad a Jonás.
El mismo Jesús menciona claramente esta historia y le reitera validez. En (Mt
12:40) leemos: "Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el
vientre del gran pez, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres
días y tres noches". Observemos que la comparación que nuestro Señor hace con
Jonás tiene que ver con los tres días en el sepulcro. En ningún momento se hace
una comparación de Jesucristo con Jonás en cuanto a su carácter. Jonás fue
desobediente. Jesucristo fue "obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!" (Fil
2:8).
Jonás se lleva la decepción más grande de su vida cuando se da cuenta de que no
se muere. En el versículo 9 del capítulo 2, pronuncia una de las frases más
importantes del Antiguo Testamento: "¡Las salvación pertenece al Señor!".
Esta historia está llena de lecciones para mí. ¿Será posible que Dios ame a
personas que a mí me desagradan? ¿Será posible que usted y yo tengamos que
aprender más del carácter de Dios?
Dios hace maravillas actuando sobre la naturaleza
Los lugares mencionados en el libro de Jonás pueden ubicarse sin mayores
inconvenientes. Tarsis, probablemente, corresponde a la antigua Tartesia, en el
sur de España, cerca de Cádiz. Nínive estaba situada enfrente de donde hoy está
la ciudad de Mosul, en Iraq. Dios obró en lugares reales y se nos presenta como
aquel que tiene perfecto control de la naturaleza. El puede controlar el viento y
su intensidad progresiva. Puede enviar un pez de un tamaño especial y
apropiado a cierto lugar para tragar a un hombre sin destruirlo.
Encuentro varios hechos insólitos en este relato.
En primer lugar, se describe una tormenta que parece dirigida desde un
"control remoto".
Podemos inferir como sucesos extraordinario el hecho de que el barco está a
punto de romperse pero no se rompe.
En segundo lugar, se echan suertes y esta cae sobre Jonás.
Luego, el mar se calma de inmediato cuando Jonás es arrojado a él. Es
interesante que marineros de gran experiencia, que habían visto muchísimas
tormentas, se asombraron del modo sobrenatural con que se produjo la calma.
Una vez que Jonás está sumergido, el Señor envió un gran pez al lugar preciso y
en el momento exacto.
¿Y qué podremos decir del hombre que tenía un 99,999 por ciento de
posibilidades de morir y Dios en su providencia impidió que esto sucediera?
Se pueden observar tres etapas definidas en cuanto a Jonás. En primer lugar,
desobedece el claro mandato que Dios le ha dado. En segundo lugar, se aísla; se
separa del resto de la gente y se va al "fondo del barco" a dormir. Estos son
síntomas bien claros de depresión.
En tercer lugar, como hemos dicho, al pedir que lo echaran al mar, realmente
está decidiendo un suicidio aunque esta no fuera su única alternativa.
Pero Dios cumple su plan más allá de la voluntad contraria del profeta y, en su
infinita misericordia, actúa con poder sobre la naturaleza para salvarlo y darle
una nueva oportunidad para reencauzar su vida.
l enojo de Jonás
88
En las Lecciones para el Alma estuvimos hablando acerca de los berrinches
temperamentales de los niños. Pero, ¿sabes una cosa? ¡Los adultos también tenemos
berrinches algunas veces! Puede ser que no nos tiremos al piso, ni demos patadas ni nos
pongamos azules… ¡espero que no! Pero… a veces perdemos el control.
Cuando un adulto pierde el control puede llegar a ser cruel y violento y eso realmente
asusta a cualquiera. La historia bíblica de hoy se refiere a un hombre que perdió el
control de su temperamento – con Dios. Seguramente ya sabes algo de la interesante
aventura de este hombre.
Jonás era un profeta. Dios le dijo que fuera a una gran ciudad de nombre Nínive y les
dijera que dejaran de ser malos y crueles. Nínive estaba lejos de la nación de Israel
donde vivía Jonás. Él no quiso llevar el mensaje de Dios a los ninivitas, no los quería,
así que decidió irse en un barco en una dirección contraria.
En medio del mar se levantó una fuerte tormenta, y luego de buscar un culpable,
decidieron arrojar a Jonás al mar de modo que los demás pudieran salvarse.
Un gran pez tragó a Jonás y lo vomitó fuera del mar sobrela playa. Jonásdecidió
entonces obedecer a Dios e ir a Nínive y dar el mensaje de Dios al pueblo.
Escucha lo que dice la Biblia:
“Jonás obedeció al Señor y fue a Nínive. La ciudad y sus alrededores eran tan grandes
que le tomó tres días caminar todo alrededor. Durante el primer día de recorrido, Jonás
estuvo proclamando y diciendo: “¡De aquí a cuarenta días Nínive será destruida!” Pero
los hombres de Nínive creyeron el mensaje de Dios y proclamaron ayuno y se vistieron
de ropas ásperas en señal de que estaban arrepentidos. Cuandoel rey oyólo que estaba
sucediendo, se levantó de su trono, se despojó de su manto y se cubrió de cilicio y se
sentó sobre cenizas. E hizo proclamar y anunciar en Nínive por mandato del rey y de
sus grandes: Que las personas y los animales, bueyes y ovejas, no coman cosa alguna!
¡Que no se les de alimento, ni beban agua. Además que se cubrieran de cilicio, hombres
y animales y que invocaran a Dios en oración con todas sus fuerzas y que se arrepintiera
cada uno de su mal camino y de la violencia que había en sus [Link] rey dijo: “Quién
sabe si Dios desiste y cambia de parecer y tenga misericordia de nosotros y no seamos
destruidos”
Cuando Dios vio que el pueblo dejó de hacer lo malo, tuvo compasión de ellos y no los
destruyó como lo tenía planeado.” (Jonás 3:3-10)
Pensarás que Jonás estaría contento de haber hecho lo que Dios le había pedido que
hiciera y que la gente había escuchado lo que les dijo y que se habían arrepentido de las
cosas malas y perversas que hacían.
El pueblo mostró su arrepentimiento demostrándolo de una manera tradicional como era
costumbre de entonces vistiéndose ropas ásperas y sentándose en el polvo. Ayunaron-
dejando de comer y de beber. Pero hubo algo más importante: dejaron de hacer lo malo
y oraron a Dios.
Cuando Dios vio que realmente estaban arrepentidos y que cambiaron sus conductas,
los perdonó. Tampoco destruyó su ciudad y los trató con misericordia y bondad.
Pero, ¿sabes una cosa? ¡Jonás no estaba feliz… sino muy enojado y airado. Lo que
demostraba con su conducta más bien era que tenía un berrinche.
Así fue, no le gustó la manera en que Dios mostró su amor a una ciudad extranjera.
Escucha lo que dijo mientras oraba a Dios: “Porque sabía que Tú eres un Dios clemente
y compasivo, lento para la ira y grande en misericordia y que desistes de hacer el mal.
Ahora, oh Dios, por favor, quítamela vida. Porquemejor sería mi muerte que mi vida.”
Dios no le permitió irse con esa actitud egoísta, sino que le dijo: “¿Qué derecho tienes
de enojarte tanto?”
Pero Jonás continuó con su berrinche. Dejó la ciudad y se hizo un refugio para
protegerse del sol con una enramada y se sentó a su sombra para ver qué le sucedería a
la ciudad. ¡Realmente no estaba de buen humor, sino muy rebelde!
Dios quiso enseñar a Jonás una importante lección. Escucha cómo lo hizo.
“Mientras Jonás estaba allí sentado y enojado, Dios hizo crecer una planta muy
rápidamente para que hiciese sombra sobre Jonás para protegerle de una insolación.
Jonás se alegró muchísimo por esa sombra. Pero Dios dispuso también, al amanecer del
siguiente día, un gusano que atacó la planta y ésta se secó. Y aconteció que al salir el sol
hirió la cabeza de Jonás de modo que se desmayaba y anhelaba morirse y dijo: ¡Mejor
sería mi muerte que la vida! Entonces Dios dijo a Jonás
¿Te parece bien enojarte por lo de la planta de ricino? Él respondió:
¡Me parece bien enojarme hasta la muerte! Entonces Dios le dijo:
Tú te preocupas por la planta, por la cual no trabajaste ni la cuidaste, que en una noche
creció y en una noche pereció. ¿Y no he de preocuparme yo por Nínive, aquella gran
ciudad donde hay más de 120.000 personas que no distinguen su mano derecha de su
mano izquierda y muchos animales? (Jonás 4)
Ellos son más importantes que la planta y no crees queel Diosde la tierra debe cuidarles
a ellos también?
Jonás había sido muy egoísta con su actitud. Podría ser que a veces nosotras también
seamos egoístas como él. No queremos que le sucedan cosas buenas a ciertas personas y
más bien quisiéramos que Dios los castigara. Puede ser que no te guste o no aceptes que
alguien que hizo mal diga que lo siente y sea perdonado.
Dios quiere que todas las personas del mundo se vuelvan de sus malas conductas y le
pidan perdón. Y Dios promete perdonar a aquellos que se arrepienten sinceramente y les
da una nueva oportunidad. Amiga, Dios te ama y quiere darte cosas buenas. Si tienes
que perdonar a alguien –hazlo, así como Dios quiere hacerlo contigo. Busca la fortaleza
y la ayuda de Dios para cada situación que debas enfrentar.
l>Las mamás deben aprender a controlarse ellas mismas a veces. Tiene su recompensa
al final. Pero… qué si haces todas las cosas bien y aún el hijo tiene muchos berrinches?
Debes recordar que todos los niños tienen sus enojos. No lo hacen deliberadamente para
enojar a su mamá. Ellos también se sienten frustrados por no lograr las cosas. El
berrinche puede llegar a ser un mal hábito. Le llevará tiempo cambiar. Mientras el niño
va creciendo debes ir enseñándole, cómo pedir las cosas, cómo usar las palabras de
modo que tenga mejores maneras de pedir lo que necesita o expresar sus sentimientos.
La enseñanza más eficaz es con el ejemplo. Como mamá debes tener control sobre tus
emociones cuando te sientes frustrada o enojada. Debes tener dominio propio y eso es
como domar un potro salvaje. No grites, no uses lenguaje inadecuado. Respira profundo
y toma dominio sobre tus emociones. Habla con calma pero segura de lo que quieres
lograr.
Amiga, recuerda que no hay madre ni padre perfecto. No existe esa persona. Todos
cometemos errores. Lo más importante es hacer saber a tu hijo que aún así tú eres la que
mandas pero que también lo amas mucho y deseas lo mejor para él o ella.
La Biblia tiene un buen consejo para los padres y para los hijos. Dice así: “Hijos
obedezcan a sus padres. Padres no provoquen a ira a sus hijos.” Que Dios te ayude a ser
una madre sabia.
Aplicación Práctica: No podemos escondernos de Dios. Lo que Él desea
es llevar a cabo a través de nosotros lo que debe suceder, a pesar de todas
nuestras objeciones y dilaciones. Efesios 2:10 nos recuerda que Él tiene
planes para nosotros, y se encargará de que nos ajustemos a ellos. ¡Sería
mucho más fácil si nosotros, a diferencia de Jonás, nos sometiéramos a Él
sin tardanza!
El amor de Dios se manifiesta a sí mismo en Su accesibilidad para todos, a
pesar de nuestra reputación, nacionalidad, o raza. La gratuita oferta del
Evangelio es para toda la gente en todos los tiempos. Nuestra tarea como
cristianos es ser los medios por los que Dios le diga al mundo sobre la
oferta, y regocijarnos en la salvación de otros. Esta es una experiencia que
Dios quiere que compartamos con Él, no siendo celosos o resentidos de
aquellos que vienen a Cristo en “conversiones de último minuto” o quienes
vienen a Él a través de circunstancias diferentes a las nuestras
L MILAGRO DE JONÁS
SERPAL Alemania Castellano
01-07-1980
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Serie:
UN TAL JESÚS [+]
Descripción:
Nos acusaron de herejes y de [Link] en los campos del Baoruco dominicano y en
los barrios de Managua la gente descubría un nuevo rostro de Jesús de Nazaret, moreno
y sonriente. Un tal Jesús fue primero una radionovela en doce docenas de capítulos.
Nuestro desafío era grande: poner humor y lenguaje cotidiano en los esquemáticos
relatos del Evangelio, presentar a Jesús como un hombre real apasionado por la justicia,
reconstruir el escenario histórico y cultural en que vivió. Y a todo esto, ponerle un punto
de sal latinoamericana.
Libreto:
Los rumores de lo que Jesús había hecho en Jerusalén y las ciudades de Judea rodaron
como piedras de montaña. Las noticias pasaban de boca en boca, se agrandaban, se
mezclaban con leyendas, se discutían en los mercados y en las caravanas. La gente decía
muchas cosas de Jesús. Que le brotaban rayos de la cabeza, como a Moisés. Que Elías le
había prestado el carro para viajar más rápido de un sitio a otro. Que los milagros salían
de sus manos como mariposas.
Vieja - ¡Vamos, comadre, de prisa! ¡Me han dicho que los enfermos se curan sólo con la
sombra del profeta cuando pasa! ¡Vamos!
La fama de Jesús crecía como pan fermentado. Y también crecían los grupos de gente
que salían a los caminos para buscar al nuevo profeta de Israel y pedirle ayuda.
Hombre - ¡Baje la cabeza, paisana, que con esos moños, no vemos nada!
Mujer - ¡Mira, tú, no empieces otra vez que yo llevo esperando aquí desde el mediodía!
Aquel invierno, cuando regresamos a Cafarnaum, los vecinos nos salieron a esperar a la
entrada del pueblo, junto a la Puerta del Consuelo.
Vieja - Oye, Jesús, ¿cómo les fue por la capital? ¿Qué hicieron esta vez?
Jesús - Lo que siempre hacemos, anunciar el Reino de Dios.
Vieja - Sí, sí, pero ¿qué más hiciste tú?
Jesús - Eso, abuela, hablarle a la gente, abrir los ojos de los peces chicos para que no se
dejen comer por los peces grandes.
Hombre - ¡Lo que la vieja quiere saber es si le abriste los ojos a algún ciego!
Mujer - ¡Eso, eso, ¿cuántos milagros hiciste en este viaje, Jesús?
Cuando aquella mujer habló de los milagros, la muchedumbre que nos rodeaba se
apretujó aún más. Muchos enfermos habían venido arrastrando sus muletas o montados
sobre una camilla de ramas trenzadas. Otros escondían sus llagas con trapos amarrados
en las piernas y en los brazos.
Hombre - Bah, en realidad, lo que importa no es lo que hiciste en Jerusalén, sino lo que
vamos a hacer ahora, ¿verdad? Mira a todos esos infelices. Están esperando que tú
hagas algo por ellos.
Los enfermos miraban a Jesús con una súplica en los ojos y alargaban sus manos para
poder tocarle la túnica. Entonces Rebeca, la hilandera, se abrió paso entre todos y logró
ponerse frente a él. Tenía la pierna derecha delgada y retorcida y se apoyaba en un
bastón para no caerse.
Mujer - ¡Cúrame! ¡Haz que pueda volver a caminar! ¡Cúrame, profeta, cúrame!
Jesús miró a la mujer y se quedó callado.
Mujer - ¡Cúrame! ¡Tú puedes hacerlo! ¡Sí, sí, ya me siento mejor! Siento un calor por
todo el cuerpo.
De pronto, la mujer levantó las manos al cielo, soltó el bastón que le servía de muleta y
gritó para que todos la oyéramos…
Mujer - ¡Estoy curada, estoy curada!
Hombre - ¿Curada tú? ¡Ja! ¡Con este golpe, se te habrán roto las dos piernas!
Herrero - ¡A mí, Jesús, cúrame a mí! ¡Yo llevo enfermo más tiempo que ella! ¡Quítense
ustedes y déjenme pasar!
El herrero Tulio daba manotazos al aire para poder llegar hasta Jesús y pedirle un
milagro. Tenía la espalda jorobada como la de un camello.
Herrero - Vamos, haz un milagro, enderézame. Vamos, ¿qué esperas? ¡Cúrame!
Jesús lo miró con pena, pero tampoco dijo una palabra.
Herrero - ¿Qué te pasa? ¿Es que ya no tienes los poderes de antes? ¿Por qué no me
curas? ¡Te digo que por qué no me curas!
Mujer - ¡Tú le abriste los ojos a un tal Bernabé, allá por Betsaida! ¡Yo también estoy
ciega! ¡Yo también quiero ver! ¿Es que ese tipo era mejor que yo?
Hombre - ¡Tú sabes hacerlo! ¡Tú curaste en Corozaim a Serapio, que no hablaba ni oía!
Vieja - ¡Jesús, mira estas llagas y ten lástima!
Los enfermos comenzaron a impacientarse con Jesús, que seguía callado, con los ojos
bajos. La algarabía crecía por momentos. Fue entonces cuando apareció el rabino Eliab.
Eliab - Otra vez nos encontramos, nazareno. Pero ahora no en la sinagoga, sino aquí, a
plena luz del sol.
Jesús - ¿También tú estás enfermo, rabino?
Eliab - No, el Altísimo me ha concedido la salud. Y me ha concedido también
inteligencia para descubrir a los lobos que se cubren con pieles de cordero.
Jesús - Mírame entonces las orejas, a ver si son de lobo.
Eliab - Sí, eso he venido a hacer, porque ya estoy cansado de oír historias. Todo Israel
habla de ti. Unos cuantos locos te llaman profeta. Y otros más atrevidos todavía dicen
que eres el mismísimo Mesías que nuestro pueblo ha esperado tantos siglos. Muy bien.
¿Qué dices tú? ¿Eres o no eres? Habla. No te quedes callado. El que calla, da razón.
Jesús - El árbol se conoce por el fruto. Mira lo que yo hago y
sabrás quién soy.
Eliab - Vamos a aclarar las cosas, nazareno. Las escrituras dicen que cuando Dios envía
a un profeta, pone en su mano el poder de hacer milagros.
Hombre - ¡Y Jesús tiene ese poder, vaya si lo tiene!
Mujer - ¡Jesús ha hecho muchos milagros, rabino Eliab! ¿No se acuerda del tullido
Floro? Lo tiraron por el techo, y salió caminando con las piernas más derechas que un
remo.
Eliab - Oí hablar de eso. Pero yo no lo vi. Y si el ojo no ve, el corazón no cree.
Hombre - ¿Y el frutero aquel, rabino Eliab, el que tenía la mano seca? Jesús se la estiró
delante de usted mismo en la sinagoga.
Eliab - El agua pasada no mueve molino. Dejen al frutero y al tullido Floro y a todos los
que andan diciendo cosas que ya pasaron. Hoy estamos aquí. Hoy. Yo quiero ver una
señal hoy. No es mucho lo que pido, nazareno. Mira a todos éstos. Puedes escoger. Cura
al que quieras. Pero danos una prueba clara, que no se pueda dudar. Haz un milagro
aquí, delante de nosotros. Y todos creeremos en ti. Yo, el primero.
Jesús seguía con los ojos bajos, clavados en la tierra. De pronto, se agachó y arrancó del
suelo unas cuantas hierbas. Las puso en la palma de la mano y sopló. La brisa del lago
llevó por el aire las pequeñas hojitas.
Jesús - La vida del hombre es como la hierba. Brota en un día y con un soplo se acaba.
Nuestras vidas están en manos de Dios. Sólo Dios tiene poder para curarnos.
Mujer - ¡Dios y tú, que eres su profeta!
Todos - ¡Un milagro! ¡Haz un milagro!
Hombre - ¿O es que para los demás sí hay y para nosotros no? A ver, ¿por qué?
Vieja - ¡Después de tanto esperar no vamos a irnos con las manos vacías, caramba!
Todos - ¡Sí, un milagro! ¡Haz un milagro!
Jesús - Escuchen bien. Para ustedes sólo habrá un milagro, uno sólo.
Hombre - ¡Sí, sí, aunque sea uno! ¡Vamos, hazlo!
Todos - ¡A mí! ¡Cúrame a mí!
Mujer - ¡Yo llegué primero! ¡A mí, Jesús, a mí!
Los enfermos se arremolinaron en torno a Jesús. El rabino Eliab consiguió alejarse un
poco y quedó esperando, con una mirada llena de desconfianza, el milagro que se iba a
producir.
Jesús - Un sólo milagro, vecinos. El milagro de Jonás. Solamente ése.
Hombre - ¿Qué pasa ahora con Jonás?
Jesús - Pasa lo mismo que pasó entonces, cuando Dios lo llamó y lo envió a profetizar
en la gran ciudad de Nínive…
Voz de Dios- Jonás, hijo de Amitay, levántate y ve a Nínive. Los ninivitas son hombres
de manos violentas. Pisotean al débil, abusan del huérfano y atropellan a las viudas ante
el tribunal. Ve y grita por las calles de Nínive que si las cosas no cambian, yo voy a
hacerlas cambiar. Meteré mi mano y defenderé la causa de los pobres. Y seré inflexible
contra los que maltratan a mi pueblo.
Jonás - ¡Conviértanse! ¡Conviértanse todos! ¡Esta ciudad está edificada sobre la
injusticia! ¡Si las cosas no cambian, dentro de cuarenta días Nínive será destruida!
¡Conviértanse!
Rey - Mandato del rey de Nínive: todos, desde el primero hasta el último, los hombres y
las mujeres, los viejos y los niños, todos tenemos que cambiar. Que cada uno limpie sus
manos manchadas de sangre y de violencia. Que cada uno se arrepienta ante Dios y
practique la justicia. ¡Quién sabe si Dios también se arrepentirá del castigo que
merecemos, quién sabe!
Hombre - ¡Ese Jonás fue un tipo grande, sí señor!
Mujer - ¡Y más grande la ballena que se lo tragó!
Vieja - ¡Y mayor que Jonás eres tú, moreno!
Hombre - ¡Pues si es tan grande, que me cure! ¡Eh, Jesús, deja ahora los cuentos y
vamos a lo que vamos: cúrame! ¿Qué te cuesta?
Mujer - ¡Haz un milagro y que lo veamos todos!
Jesús - Jonás no hizo ningún milagro en la ciudad de Nínive. El milagro lo hicieron los
ninivitas que cambiaron y comenzaron a vivir con rectitud. Y la ciudad, que estaba
enferma, se curó.
Vieja - ¡Mi hijo también está enfermo! ¡Cúrame a mi hijo, como curaste a la hija de
Jairo!(1)
Mujer - ¡A mí, cúrame a mí! ¿Es que yo no tengo derecho?
Jesús - Nadie se cura por derecho, mujer, sino por fe.
Mujer - ¡Yo tengo fe, yo creo en Dios!(2) ¿Qué más quieres que tenga, caramba?
Jesús - Es Dios el que tiene fe en nosotros y espera que nosotros hagamos el milagro. El
milagro de Jonás.
Eliab - ¡Basta ya de palabras y de empujones! ¿Vas a hacer un milagro, sí o no? ¿Puedes
o no puedes?
Jesús - ¿Por qué no lo haces tú mismo, rabino? Tú sí puedes hacerlo. Mira, ¿sabes cómo
se enfermó esta infeliz? Doblando la espalda día y noche sobre el telar. Así se le
jorobaron los huesos. ¿Y sabes cómo se le torció el cuello a este hombre? Cargando
sacos y más sacos de harina en la cabeza para ganarse un miserable denario. ¡Haz tú el
milagro, fariseo! El milagro no es abrirle los ojos a un ciego, sino abrir el bolsillo y
compartir tu pan con los hambrientos. El milagro no es limpiarle la carne a un leproso,
sino limpiar todo el país que se pudre por los atropellos de unos cuantos. Esta mujer
cojea de una pierna, pero nuestro país cojea de las dos. ¡No le pidamos a Dios más mila-
gros! El milagro lo tenemos que hacer nosotros: ¡el milagro de la justicia!
Eliab - ¡Ya salió la política! ¡Eso es lo único que sabes hacer, nazareno, calentarle la
cabeza a la chusma! ¡Charlatán, eso es lo que eres, un charlatán y un agitador! ¡Vete con
tu palabrería a otra parte!
Mujer - ¡El rabino tiene razón! ¡Este no es más que un hablador! ¡Vámonos de aquí,
vámonos!
Hombre - ¡Al diablo contigo, Jesús! ¡Tanto cuento y tanto esperar para nada!
Los enfermos se fueron yendo, cada cual por su camino. Unos iban con sus bastones y
sus muletas. Otros, cargados en camillas o apoyándose en el brazo del vecino. Al poco
rato, nos quedamos solamente los del grupo. Ya oscurecía sobre Cafarnaum, y las
ciudades que adornaban las orillas del lago, como perlas de un collar, comenzaron a
encender sus luces blanquecinas. Jesús parecía muy triste y se quedó con la mirada
perdida en los reflejos del agua.
Jesús - ¡Qué lástima, Corozaim! Tantas palabras como dijimos allá en tu plaza y por tus
calles... y todo sigue igual. Sigues siendo una ciudad adúltera, peor que Nínive, peor
que Sodoma. Pobre de ti, Betsaida, que te acuestas en un lecho caliente con los grandes
comerciantes mientras tus hijos agonizan de hambre y de frío en los portales y sigues
pariendo usureros y traficantes de violencia y no escuchas el grito de muerte de los
inocentes. Y tú Cafarnaum, que quieres subir al cielo para robarle milagros a Dios, pero
no haces nada para que las cosas cambien aquí en la tierra, no quieres hacer tú misma el
único milagro que Dios reclama: la justicia.
Mateo 11,20-24 y 12,38-42; Marcos 8,11-13; Lucas 10,13-15 y 11,29-32.
1. Los cuatro evangelios nos han transmitido muchas historias de milagros realizados
por Jesús, salpicando todos sus relatos con estos hechos, que buscan explicar quién es
Jesús y cómo pasó haciendo el bien, curando a todos los oprimidos por el diablo porque
Dios estaba con él (Hechos 10, 38). Todos los relatos de milagros no deben ser leídos
con los mismos criterios. Si se aplica a ellos una crítica literaria rigurosa, se observa
cómo algunos milagros están duplicados (comparar Marcos 10, 46-52 con Mateo 20,
29-34), otros ampliados, otros libremente adornados. Todo esto indica que, aunque hay
un núcleo histórico cierto en las curaciones que obró Jesús, no deben interpretarse los
evangelios como un catálogo de maravillas realizado por un superman poderoso. El
punto de partida es diferenciar entre la palabra «milagro» y la palabra «signo» o
«señal».
El evangelio de Juan, que reduce a siete el número de milagros que habría hecho Jesús,
es el que más claramente establece esta diferencia. Juan utiliza siempre al referirse a los
hechos milagrosos la palabra griega “semeion”, equivalente a “señal”. Una señal no
tiene valor en sí misma. Apunta en una dirección, indica un camino. No es la meta, es el
medio para llegar a ella. Según el evanglio de Juan, los “milagros” de Jesús no fueron
hechos aislados y maravillosos que él habría obrado movido por la compasión que le
inspiraban casos individuales de sufrimiento. Si así fuera, no serían señales de nada, se
agotarían en sí mismos. Juan los presenta como signos o señales que deben conducir a la
comprensión de la misión de Jesús.
Que Jesús de Nazaret haya curado a un paralítico en el siglo I de nuestra era, ¿qué puede
significar hoy? Los evangelios responden a esta pregunta presentando a Jesús como el
mensajero del proyecto de Dios: si Jesús puso en pie a un hombre postrado, fue una
señal de que su mensaje es capaz de echar a andar a los seres humanos, sacándolos de la
pasividad. Así, en cada uno de los curados por Jesús los evangelistas dibujaron
arquetipos de hombres y de mujeres víctimas de distintas problemáticas.
2. Fe y religión no son lo mismo. La actitud religiosa «religa» al ser humano con Dios y
lo hace dependiente de él. Una mentalidad religiosa espera de Dios lo que puede lograr
con su propio esfuerzo o con la organización de los esfuerzos de otros y teme de Dios
castigos por malas obras o por descuidos en los ritos religiosos. Una mentalidad
religiosa “compra” la benevolencia de Dios haciendo méritos ante él con oraciones,
sacrificios, votos, promesas, penitencias. Jesús de Nazaret enfrentó esta mentalidad,
arraigada en todas las culturas, con una nueva visión de Dios. Jesús propuso una
relación con Dios basada en la responsabilidad de la propia vida y en la solidaridad
comunitaria. En las actitudes de libertad, madurez, compromiso histórico, equidad entre
los seres humanos, superación de miedos religiosos, está la base humana de la que se
nutre la actitud de fe, opuesta a la actitud religiosa.