Irán en dos esferas de influencia –una zona rusa en el norte, una zona bri- tánica en el sur y en el
sudeste– dejando una zona neutral en el centro.
Estos hechos proporcionaron el marco histórico para los dramáticos acontecimientos que iban a
producirse ya más entrado el siglo XX: duran- te la Primera Guerra Mundial, la dinastía Qajar
resultó ser demasiado débil para impedir la entrada de las fuerzas británicas, rusas (blancas y
bolche- viques) y turcas en el país, y en 1921 un golpe de estado militar llevó al poder a una nueva
fuerza, liderada por un oficial del ejército, Reza Khan. Éste, al principio con el apoyo silencioso de
los británicos, consolidó un nuevo estado, y en muchos sentidos siguió el ejemplo de la política
secu- lar, centralizadora y modernizadora que Atatürk había implantado en la vecina Turquía. Sin
embargo, la situación política de Irán era diferente en aspectos muy significativos: Reza Khan
carecía de la legitimidad naciona- lista que Atatürk se había ganado con la revuelta nacionalista
turca de 1920-23 y se enfrentaba a un establishment religioso más fuerte que en Turquía. Como
resultado de ello, y en un claro contraste con el republica- nismo de Atatürk, se proclamó a sí
mismo Sha, o Rey, en 1925 y fundó una nueva dinastía, la de los Pahlavis: nombre de una antigua
lengua iraní actualmente muerta. Durante las décadas de 1920 y 1930 trató de moder- nizar el país y
de promover la formación de un estado secular, pero en 1941, yéndosele la mano en su implicación
en la rivalidad que enfrentaba a Alemania con Rusia y Gran Bretaña, fue derrocado cuando estas
dos últimas potencias ocuparon el país.
Al principio, el hijo del Sha, Muhammad Reza Pahlavi, tuvo problemas para afirmar su autoridad y,
en medio de las tensiones económicas y sociales provocadas por la ocupación y por la Segunda
Guerra Mundial, tuvo que enfrentarse al doble desafío que representaban las fuerzas nacionalistas
seculares y comunistas. Una confrontación con el gobierno nacionalista del Dr. Muhammad
Mosadeq en 1951-53 concluyó con el golpe de estado del 19 de agosto de 1953 cuando, con la
ayuda encu- bierta de la CIA y del MI6, Mosadeq fue derrocado y el poder del Sha fue restaurado.
La posición del Sha se mantuvo y aparentemente se consoli- dó: al período de represión en la
década de los cincuenta le siguieron una serie de reformas económicas y sociales inspiradas en la
Alianza para el Progreso en América Latina –que los norteamericanos le instaron a adop- tar en la
década de los sesenta–, por la “Revolución Blanca”, y luego por la gran expansión económica de los
setenta, alimentada por la subida en los precios del petróleo que el Sha, como principal “halcón” en
el seno de la OPEP, promovió en alianza tácita con el coronel Gaddafi de Libia. Sin
— 28 —