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La Humildad según la Biblia

Este documento describe la humildad como una virtud importante enseñada en la Biblia. Explica que Dios bendice y da gracia a los humildes, mientras que resiste a los soberbios. Detalla evidencias de la humildad como ser como un niño, la mansedumbre y la modestia. Además, explica por qué deberíamos ser humildes, como que Dios lo ordena y se satisface con la humildad. Finalmente, advierte sobre la humildad fingida y dice que debemos humillarnos ante Dios para que él nos exalte a su

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La Humildad según la Biblia

Este documento describe la humildad como una virtud importante enseñada en la Biblia. Explica que Dios bendice y da gracia a los humildes, mientras que resiste a los soberbios. Detalla evidencias de la humildad como ser como un niño, la mansedumbre y la modestia. Además, explica por qué deberíamos ser humildes, como que Dios lo ordena y se satisface con la humildad. Finalmente, advierte sobre la humildad fingida y dice que debemos humillarnos ante Dios para que él nos exalte a su

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LA HUMILDAD,

DOCTRINA DE LA BIBLIA--LA
HUMILDAD
“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la
humildad y del temor de Jehová” (Proverbios 22.4).
La humildad es una característica del alma que nos
prepara para tener fe. Muchas personas alaban la
virtud de la humildad y la consideran una joya
hermosa; pero ellas mismas no la quieren poseer,
pues ella termina con su ego y su orgullo.

EL ORGULLO Y LA HUMILDAD
La Biblia muchas veces contrasta el orgullo con la
humildad. Notemos algunos de sus contrastes:
 “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los
humildes” (Santiago 4.6).
 “Porque cualquiera que se enaltece, será
humillado; y el que se humilla, será enaltecido”
(Lucas 14.11).
 “La soberbia del hombre le abate; pero al
humilde de espíritu sustenta la honra” (Proverbios
29.23).
 “Mejor es humillar el espíritu con los humildes
que repartir despojos con los soberbios”
(Proverbios 16.19).
 “Jehová asolará la casa de los soberbios”
(Proverbios 15.25). “Pero los mansos heredarán la
tierra; y se recrearán con abundancia de paz”
(Salmo 37.11).
 “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y
antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios
16.18). “Cualquiera que se humille (...) ése es el
mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18.4).
 “Y tú (...) que eres levantada hasta el cielo,
hasta el Hades serás abatida” (Mateo 11.23).
“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”
(Santiago 4.10).
Otro contraste entre el orgullo (considerarse uno
superior a los demás) y la humildad (reconocer uno
que es indigno) se presenta en Lucas 18.9–14. El
fariseo que se exaltó a sí mismo no logró favor de
Dios, mientras que el publicano quien confesó ser
pecador alcanzó misericordia.
Dios siempre condena el orgullo, mas siempre
aprueba la humildad.

EVIDENCIAS DE LA HUMILDAD
1. Ser como niño
Según nos dice Mateo 18.1, los discípulos querían
saber quién era el mayor en el reino de los cielos.
Jesús puso a un niño en medio de ellos, diciendo:
“Así que, cualquiera que se humille como este niño,
ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo
18.4). Jesús es nuestro ejemplo perfecto de uno que
siempre andaba con el espíritu de humildad.
Filipenses 2.6–7 dice esto acerca de Jesús: “El cual
(...) no estimó el ser igual a Dios como cosa a que
aferrarse, sino que se despojó a sí mismo”. Jesús no
buscó la grandeza, pero después de humillarse “Dios
también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre
que es sobre todo nombre” (Filipenses 2.9). Los que,
como Cristo, manifiestan un espíritu manso, sumiso
y humilde pertenecen a Dios y serán exaltados a su
debido tiempo. La sencillez semejante a la de un
niño, la inocencia y no guardar rencor son
evidencias de la verdadera humildad.
2. La mansedumbre
Efesios 4.2 dice que “con toda humildad y
mansedumbre” debemos soportarnos con paciencia
los unos a los otros en amor. Los humildes nunca
caen desde muy alto porque no se exaltan a sí
mismos. Pero los que se exaltan a sí mismos caen y
sufren. Sería bueno notar aquí que hay una
diferencia entre la humildad y la humillación: la
humillación, por lo general, es nada más que el
orgullo herido.
Los mansos no se ofenden fácilmente.
“Ciertamente la soberbia concebirá contienda”
(Proverbios 13.10). Cuando se hiere el orgullo del
hombre, él muy pronto lo siente y el resultado es
contención. Pero con los mansos es diferente. Como
su Salvador, cuando los maldicen, ellos no
responden con maldición; cuando son perseguidos,
lo sufren todo con mansedumbre; cuando los
injurian, lo soportan todo sin responder. Los mansos
oran por sus enemigos, amontonando así “ascuas de
fuego” sobre sus cabezas según Romanos 12.18–20.
Eso sí es humildad.
3. La modestia
La modestia se manifiesta en el semblante, en las
costumbres y en el vestir de la persona humilde. Uno
que tiene un corazón humilde no tiene ojos altivos y
no sigue la moda. Los humildes se conocen por su
manera de ser; son modestos en cuanto a su
apariencia y sus costumbres. Ellos no se jactan de
ser más importantes que los demás y no lucen ropa
de gala. Cuando el corazón está lleno de humildad el
“gran yo” no se ve. La modestia es fruto natural de
la humildad y se manifiesta en toda área de la vida
de la persona humilde.

POR QUÉ SER HUMILDE


1. Dios así lo ordena en su palabra
Dios manda que los santos se humillen “bajo la
poderosa mano de Dios” (1 Pedro 5.6), que se vistan
de humildad (Colosenses 3.12), que se revistan de
humildad (1 Pedro 5.5) y que anden con toda
humildad (Efesios 4.1–2).
2. Dios se satisface con la humildad y la bendice
(Lea Proverbios 16.19; Mateo 5.3, 5.) Dios da
gracia a los que son humildes (Santiago 4.6). Los
que poseen la humildad son los mayores en el reino
de Dios. “Riquezas, honra y vida son la
remuneración de la humildad” (Proverbios 22.4).
3. La humildad es la precursora de la exaltación
verdadera
¿Ha notado usted que la Biblia con frecuencia
habla de la exaltación junto con la humildad? Sin
embargo, no debemos tratar de humillarnos con la
esperanza de ser exaltados. Es importante saber que
la senda del orgullo siempre lleva al desastre,
mientras que la senda de la humildad siempre lleva a
la exaltación. Pero no debemos preocuparnos de
cuándo y cómo seremos exaltados. Dios se
encargará de todo eso. Lo que nos toca a nosotros es
seguir en la humildad, confiar en Dios, obedecer su
palabra, mantenernos al pie de la cruz y recordar que
las promesas de Dios a los humildes son seguras.
4. Dios escucha las oraciones de los humildes
“No se olvidó del clamor de los afligidos” (Salmo
9.12). Los ninivitas se vistieron de cilicio y ceniza
ante Dios. Ezequías se humilló ante Dios y oró que
fuera librado del poder de Senaquerib. El publicano
rogó a Dios por misericordia. Todos estos acudieron
a Dios en humildad, y él oyó sus oraciones. A
nuestro Dios Todopoderoso le place contestar las
oraciones de los mansos y humildes que vienen a él
con súplicas y oraciones.
LA HUMILDAD FINGIDA
Como Pablo menciona en Colosenses 2.18 hay
algo que parece ser la humildad, pero en verdad no
lo es. Esta es la humildad fingida y la debemos
evitar. Algunos, al darse cuenta de los méritos de la
humildad, la codician por su excelencia o por la
exaltación que buscan. Buscar la humildad por
razones egoístas trae como resultado la humildad
fingida. Los que se sienten orgullosos por su
humildad algún día se darán cuenta de que era una
humildad fingida la que tenían.
Es la voluntad de Dios que seamos exaltados. Pero
su camino a la exaltación es distinto que el camino
que llevan los que quieren exaltarse a sí mismos. Su
rumbo es distinto; su destino también lo es. La
exaltación a la que aspira el hombre siempre exalta
su propia voluntad carnal, mientras que Dios desea
exaltar al hombre según su imagen y propósito. Para
esto, la carne tiene que estar muerta de tal manera
que no responda a los deseos carnales. Algunos
piensan que los dones espirituales exaltan a la
persona que los posee y por eso los buscan con
empeño. Pero la verdad es que el que recibe dones
espirituales auténticos tiene que humillarse más,
crucificar más la carne y entregarse más a Dios.
Dios no da dones espirituales para promover
nuestras propias metas y aspiraciones. “Humillaos,
pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os
exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5.6).

LA   HUMILDAD,
DOCTRINA DE LA BIBLIA--LA 
HUMILDAD
“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la
humildad y del temor de

“Jehová asolará la casa de los soberbios” 
(Proverbios 15.25). “Pero los mansos heredarán la 
tierra; y se recrearán con ab
18.4). Jesús es nuestro ejemplo perfecto de uno que 
siempre andaba con el espíritu de humildad. 
Filipenses 2.6–7 dice esto
responden con maldición; cuando son perseguidos, 
lo sufren todo con mansedumbre; cuando los 
injurian, lo soportan todo sin
(Lea Proverbios 16.19; Mateo 5.3, 5.) Dios da 
gracia a los que son humildes (Santiago 4.6). Los 
que poseen la humildad son
LA HUMILDAD FINGIDA
Como Pablo menciona en Colosenses 2.18 hay 
algo que parece ser la humildad, pero en verdad no 
lo es. Es

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