Testamento funcional: cómo evitar que otros decidan el final de tu
vida
Por: ANGIE ORTIZ
Mucho se ha escrito sobre eutanasia, sedación terminal y suicidio médicamente
asistido, pero se encuentra bastante menos literatura sobre el rol en las etapas
finales de la vida ¿Qué es la eutanasia? según la real academia es la intervención
deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura y para la
(OMS) define la eutanasia como aquella “acción del médico que provoca
deliberadamente la muerte del paciente”. Son muchas las experiencias y
connotaciones que se han desarrollado alrededor de la eutanasia desde épocas
primitivas hasta la actualidad, ello porque los fenómenos de la vida y de la muerte
han generado siempre profundas reflexiones y cambios en la conciencia de los
pueblos.
Conce
ntración frente al Congreso en apoyo a la ley de eutanasia en diciembre de [Link] CALVO. TOMADA
DEL PERIODICO “EL PAÍS”
En la actualidad la eutanasia es un acto que busca provocar la muerte a una
persona enferma que conlleva graves consecuencias familiares, sociales,
médicas, éticas y políticas entendiendo tres cuestiones complejas en el debate de
la eutanasia: el consenso democrático, la dignidad de la persona humana y la
autonomía personal. Entendiendo que cada persona tiene la libertad de decidir y
tomar sus propias decisiones en este caso los enfermos que padecen en una
etapa terminal está en todo su derecho de tener una muerte digna, es una
decisión autónoma por estar en un estado social de derecho pluricultural,
plurireligioso, nadie está obligado a sufrir dolor ni torturas.
La muerte voluntaria es algo cotidiano, una conducta compleja que la sociedad ha
medicalizado para simplificarla, con el estigma de que el 90% de los suicidas
padecen un trastorno mental (poniendo en duda, sin mucho rigor, la lucidez de
estas personas para disponer de su vida). La muerte voluntaria siempre ha
existido, pero se han producido algunos cambios en los últimos 50 años, por lo
que la eutanasia se ha convertido en la gran mayoría de las necesidades de la
sociedad actual. Por un lado, hay un aumento de las enfermedades crónico
degenerativas relacionadas con el envejecimiento (la mitad de los ancianos
mayores de 85 años padece la enfermedad de Alzheimer), y tenemos la capacidad
de mantener la vida de las personas dependientes en situaciones críticas. Por otro
lado, el surgimiento de la autonomía es un derecho básico en una sociedad
democrática. De acuerdo con la ley de autonomía del paciente de 2002, el
derecho a rechazar el tratamiento (incluidas las medidas de soporte vital) ahora
adelantado en base a un testamento vital significa que la vida ya no es lo más
importante.
En 2018, existen nuevas leyes de autonomía de muerte digna y una ley similar a
nivel estatal. Es claro que la vida ya no es sagrada (solo Dios la ha dado y
quitado), solo si depende del soporte vital en el caso de las medidas, que puede
ser un respirador o suero de hidratación, donde puede ser rechazado. Hace 20
años, en 1998, Ramón Sampedro falleció con la asistencia de un médico porque
no tuvo “suerte” de ser insertado en el dispositivo. Ésta es la paradoja de la
máquina, una situación ridícula que no puede justificarse con base en el sentido
común y necesita ser cambiada.
Confundir la eutanasia con el asesinato es como confundir el amor con la
violación, confundir los obsequios con el robo y confundir lo voluntario con la
coacción. Sin embrago, algunas personas han tenido un larga discusión sobre los
llamados peligros de la eutanasia, y algunos dudaban de si la familia o cualquier
otra forma de coacción perseguirían a los ancianos y a los más vulnerables de una
forma más sutil para exigirles que no quieren morir; ¿puede la regulación de la
eutanasia ponernos en una pendiente resbaladiza, conduciendo inevitablemente a
que personas sean asesinadas contra su voluntad? Esta pregunta es un poco
desconcertantes, debido a que sospechan que el médico es un asistente en el
caso de asesinato, esto no está en línea con una relación confiable médico-
paciente. ¿Cómo la ley de la eutanasia convierte a los médicos a quienes la
sociedad encomendó cuidarlos en personas irresponsable o subordinadas? En
absoluto, hay tres razones: la naturaleza de la relación médica, el mecanismo de
control legal y la experiencia de los países que regulan la eutanasia
(especialmente Bélgica y los países Bajos.
Frente al 84% de la población a favor de la eutanasia, no hay argumento de que
no esté regulada, la creencia religiosa de un individuo en la santidad de la vida es
totalmente digna de respeto, pero obviamente no puede imponerse a toda la
sociedad.
Entender la eutanasia como una alternativa válida en los procesos de muerte
digna es reconocer la pluralidad moral y la autonomía de nuestros pacientes. Esta
no debería equipararse con un suicidio, desde el punto de vista de quien padece
o un homicidio del punto de vista del profesional que interviene. Debería debatirse
ampliamente sobre la posibilidad de permitir su práctica en aquellos casos de
enfermedad incurable y dolorosa para quien sufre muera en paz y en resguardo de
su dignidad. Un criterio de compasión en el debate público sobre la eutanasia
respaldaría el derecho de todo ser humano a elegir libremente su plan de vida,
incluido el derecho a no sufrir con motivo de una enfermedad irreversible.