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Juceca

cuentos uruguayos

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Buscando bajo la lluvia Sr. Director de la Oficina de Objetos Perdidos: Le escribo porque pasé por ahf para hablarle y me dije- ron que no se encontraba. Ocurre, sefior mio, que estoy pa- deciendo un doloroso extravio de paraguas. No es cierto que perderse esté en su naturaleza (me refiero a los paraguas), pero esta comprobado que cada vez que salen padecen el te- moral olvido. Para identificarlo, y diferenciarlo de otros pa- raguas perdidos que quiz pretendan hacerse pasar por el mio, le sefialo algunas de sus caracteristicas. Las varillas las hicimos entre Ella y yo, con los rayos de sol que se colaban por diminutos agujeros, hechos con tan delicada finalidad en el techo del mediodia. Fue Ella quien le confeccion6 la capa con su enagua perfumada. Por medio de una magica mezcla de lagrimas, saliva y primeras mieles de la mafiana, la hizo impermeable a las miradas de los quintos pisos, y a las piedras de Dios. Mil veces lo abrimos bajo techo, para ue no pasan debajo de una escalera, Mas de una de la noche. adas de escandalo de sefioras q| y de sefiores que no entran con el pie izquierdo. vez se agité grufién para espantar a los perros Tuvo sus veces de bandera entre banderas empap: Ella, jugamos a perderlo en un per- chero infrecuente, para volver, después de cuatro copas, al bar donde nos esperaba junto a un sobretodo color gris uru- uayo. No se trata de un paraguas cualquiera. No sera in- glés, pero mucho menos de Taiwan. Es cierto que miente quien diga que no tiene una varilla zafada. La tiene, y son Escaneado con CamScanner llantos y ronqueras. Con . ejemplares he visto en a 7 a, donde se confunden con j a os. He visto algunos en taloe {an ser considerados bast aran con chasquidos de na : _ Los paraguas saben que algunos F parece bien. Paraguas y sombrillas despre. toldos, mediocres amenazas de frentes clevadas, de salirse de su sitio, habran de ignorar por tante emocion de saberse perdibles, la hy. berse olvidables. Cuando con Ella entra. ar los violines con paraguas de Cha- gall sobre los techos, el nuestro se mantuvo silencioso y asombrado. No era para menos. En medio del salon, pobla- do de sefioras entendidas en salones, Felisberto Hernandez | comenz6 a tocar en piano el ultimo concierto. Desde loste- | jados de Vitebsk descendié un adecuado acompafiamiento } de violines. Un gato bajo para cruzar el salon, lentamente,_ como corresponde a un gato de museo de artes plasticas,& | tanto Felisberto, como siempre, levitaba. Al salir tomamos an ee a beber vodka en una taberna ace ee ae eritaban y bailaban haciendo ae a ae eee tes de volver a casa toca al do bien, yen esas a para preguntar si estaban d el ‘0 esta solicitud, aun ee ueraines el paraguas. ei mee | ? abiendo que la burocracia le ten ‘on imprevisibles, se abren, 8 cier los par, oe aguas porque s mefan, yp 1 Y pai F Ta peor, se rien. Volveré a pasar Y preg Por si se encuentran. ny Por él, y por usted, sefior ama sombrillas, y les cian a los que, incapaces ¢ siempre la jnquie mana certeza de sal mos al museo a escuch Escaneado con CamScanner En busca del coraje perdido Sr, Don Servando Linares: De mi mayor y adecuado respeto. He recibido su gentil invitacién a mantener un enfren- tamiento a facén, en una esquina del Bajo. Me emociona el hecho de que haya tenido la delicadeza de distinguirme con su elecci6n, maxime teniendo en cuenta la cantidad de gua- pos que pululan por esas calles, empedradas algunas, soli- tarias no pocas, oscuritas las mas. Dice usted en su traba- josa escritura, y dice bien, que al Bajo le esta haciendo falta la vitalidad que supo lucir por aquellos tiempos en que pa- ra salir a comprar cigarros después de anochecido, habia que ser muy macho, 0 joderse y no pitar. Agrega usted, y agrega bien, que poco a poco se ha ido perdiendo el respe- to por el guapo hasta en su versi6n casera, a tal punto, se que- ja, y se queja bien, de que cuando la sefiora de usted se le fue, le llevo, entre otros enseres, su banquito preferido, el de la pata floja que le permitia hamacarse al compas de un tango silbado entre dientes, que es como se deben silbar los tangos. Sefiala, ademas, la necesidad de coordinar, y enca- bezar usted y yo, insiste, un programa de desaffos que con- Bajo, que le devuelva el presti- gio que supo ganarse, tanto en encontronazos mano a mano y sin ventaja, como en historicas bataholas de baru- llentas patotas colectivas. Loable lo suyo, don Servando, y atinado, y acorde con el bien ganado prestigio internacio- nal de nuestra tan culta como ventilada Montevideo. Afir- mueva a nuestro aletargado se ose i al Escaneado con CamScanner ma usted, y afirma bien, que debiéramos contar al a con un Centro Promotor del Duelo Criollo 0, en Menog to, con una Escuela Nacional de la Pufialada TI ee que el proyectado Instituto de Divulgacién de |. ee da, asi como La Casa del Perdulario y ‘fines, ia Embosca. aguas de borraja debido a maniobras y chanthuibe oe de siempre, de aquellos que, como el famoso on ° de los telano, no hacen ni dejan hacer. Quienes, ee hemos logrado cumplir oe pie usted, no tlustracl np ir con el suefio artiguista de ser tan ert : ‘urar e| derecho a la practica del luci- ey ‘0 v aronil y macho del filo, contrafilo y punta. Ello no significa, ni por las tapas, don Servando, que yo le acepte su gentil invitacion a medirnos en un tajante duelo. No crea que me hace feliz, ni deja de preocuparme, el hecho de te- ner que rechazarla asi, tan de plano. Yo, que supe pisar fuerte en los tiempos bravos de la calle Yacaré, entre las diez y las once de la maiiana, hora en que los nifios del Ba- jo ensayaban sus mas refinadas maldades con gatos y pea- tones, entiendo que su ocioso facén le esté reclamando un qué hacer que lo libere de tan vergonzosa holganza, y dé ra- zon a tanto filo de inttiles relumbrones. Con todo el dolor del alma, puesta hoy en algo que promete ser mas placen- tero que andar desenvainando al aire libre, no puedo com- placer su generoso envite. Ocurre que me cayé por la pie- za una dama con un mueble maltratado, y se lo estoy encolando. No anda lejos que dicha pieza, una vez puesta en condiciones, pase a mejorar mi recoleto mobiliario. Se- guro de que un hombre de su laya sabré comprender mi omentdneo retiro, y hacer buches, le deseo que a la bre- vedad encuentre con quien ejercer el noble oficio del cora- je. Lo saluda con la mayor cautela, Anastasio Bermudez Escaneado con CamScanner 1 Ellos tienen dificultades Estimado Dr. Fernandez: Muy doctor mio: Lo de la receta no marcha. Pese a los esfuerzos realiza- dos, no hay caso, ellos tienen dificultades. Usted me diag- nosticé un leve trastorno psiquico que, a su sabio enten- der y acumulaci6n de conocimientos adquiridos a través de la lectura de esa biblioteca de puro Freud y minga de Salgari, requiere una serie de pastillas cuya ingestion ha- bria de ocasionarme un estado de felicidad, que si bien no Ilegaria a ser plenamente plena, porque no la hay, haria si més llevadera esta inquietud que me aqueja y de la que le he hablado tan largo como tendido. No he de ser yo quien me atreva a formular juicios sobre su caligrafia, Dr. Fer- nandez, pero ellos tienen dificultades. Mi condicién de pa- ciente me exime de la truculenta tarea de traducir recetas médicas. Ocurre, entre muchas otras cosas que ocurren pe- ro no vienen al caso, que sigo perteneciendo a la categoria de los pacientes respetuosos de la divina ciencia, los sumi- sos, los temerosos, los incapaces de abrir el sobre de la pla- ca para mirarla al trasluz, o de leer el resultado del anali- sis de orina. Esas cosas no se hacen. Por mas que uno sea duefio y sefior de sus males, ya sean estos fisicos, psiqui- cos o de alguna otra naturaleza, escudrifiar los resultados dirigidos al cientifico a cargo, es violacién de correspon- dencia. A esta altura se preguntara usted, Dr. Fernandez, qué pasé con la receta en cuestién. Le repito: ellos, los far- Escaneado con CamScanner tienen dificultades. El primero al que se lg Ik girar entre sus dedos, me observé6 at, me pregunto: ¢Esto lo hizo usted? Pensé ' tame habfa entregado una servilleta que minuto, por error, © bateado con poemas y recuerdos, en tp. antes habfa gare i la chica de quien 4 viejo café y bar al que solfa ir con /a ; q tanto le hablé, no sé si se acuerda, que tocaba c arpa y al mis. mo tiempo me tejfa una bufanda que al final se la regal al mozo por lo bien que le servia el cortado con espumita, Lo cierto fue que por un instante tuve vergiienza de que e| farmacéutico se enterara de mis sentimientos mas intimos, aquellos revelados solamente en su divino divan, pero en el acto recordé que la servilleta habia terminado hecha una pelotilla jugada de taquito en la vereda. Lo que le habia en- tregado al farmacéutico, era, indudablemente, su receta, ‘Asi se lo hice saber ante aquella pregunta de si yo era el au- tor, y el buen hombre se fue a sentar en la balanza de jun- to a la puerta, y alli se rié un largo rato, con una risa que al hacer elevar la aguja me permitié conocer todo el peso de la burla. En la segunda farmacia donde presenté la re- ceta de marras, me aconsejaron que buscara asesoramien- to en la embajada de Egipto. En otra, entre dos empleados me expulsaron de buena manera, y cuando me iban reti- rando del brazo con un dulce “Vaya, sefior, vaya”, una vie- jita que habia entrado a comprar una bolsa de agua ca- liente miré la receta de reojo, y vaya usted a saber qué vio Es ella, que se puso a gritar como Hitler. Con una agilidad smog ancian, yon uns fri segraet traciones, me golped vari see encin prenadaide Eves interior, creo firmemente, puardate ry cartera en cuyo antes tropezar con un ciego que est, a Se pocnlloss Noo sali a la calle perseguido por | Saba entrando al tanteo, ‘as amenazas de la anciana a de degenerado, escoria hu- macéuticos, : vé, la miré, la hizo Escaneado con CamScanner se detenfa a mirarme y algunos, alentados por los gritos de la vieja, aprovecharon la volada y al pasar me golpearon con sus portafolios. Cuando logré salir de la zona agitada por aquella vieja maldita, atontado atin por los golpes, pre- senté la receta a un ferretero, quien luego de echarle un vis- tazo me despaché un paquete de clavos de media pulgada, cuatro bisagras, y un pestillo. La verdad que los clavos y las bisagras me vinieron bien, pero no sé que hacer con el pes- tillo, cosa que me tiene mal, me saca de quicio, me altera, me exacerba, bueno, usted ya me conoce. Por eso, si tiene algun sedante, algo para la ansiedad y el panico, para los moretones y la humillaci6n, le ruego me prepare una rece- ta que habré de pasar a buscar por nuestro consultorio a cualquier hora menos diez. Pero eso si, con letra de impren- ta, por favor, porque ellos tienen dificultades. Escaneado con CamScanner Los inadaptados Hemos visto la produccion uruguaya Los inadaptados, El film est basado en la pieza teatral Ouidesabe Ste ras, obra que a su vez result6 dela adaptacion de la nove. la La noche del falsete cuyo autor se bas6 en hechos reales ocutridos en la década del cincuenta. Es de recordar que, a su vez, el escritor declaré entonces haberse inspirado en el argumento de la 6pera de Von Fulgemburg Ahi esta la hueva, Opera que no dejé huellas en la historia del género, pero que luego de transcurridos setenta y cinco afios de su estreno, dio lugar a una adaptacién cinematografica que conocimos con el titulo Asomate que te explico, pelicula menor, que adaptada al teatro originé la pieza Volverdn las golondrinas. Esta adaptaci6n, al no incluir en el titulo a las famosas oscuras de Bécquer, fue calificada de racista, lo que oblige auna nueva adaptacion y se reestrend con el ti- tulo Naipe marcado. Sobre la base de esta version, fue que el brasilefio Soarez de Lima Carvallo escribio la novela Un éxito en Europa cuando luego de introducirl bios la hizo suya un elenco de ancianos alem: gart. Aquella discutida version, que cost6é le varios cam- Escaneado con CamScanner Ce ae co femenino local. Luego de trabajar el texto en forma ea dicho elenco lo llevé a las tablas con el nombre ° Sacudime la esterilla. Finalmente la trajinada obra se ao al cine con el nombre de Los inadaptados, pelicula que, de acuerdo con nuestro real entender el séptimo arte, no merece ningtin comentario. Escaneado con CamScanner Esa puta punta frta En sus ojos hay una mezcla de asombro y de miedo. No puede creer lo que le esta pasando. No debiera estar pa- sandole. Se esta muriendo. Con las yemas de los dedos pal- pa la pegajosa punta del enorme cuchillo que le asoma por el pecho. Recién no estaba alli. Esa porqueria metalica le sobresale por la camisa blanca. Presiente, atras, la empu- fiadura que lo peché al entrar la hoja. Estoy muerto, dice con un hilo de sangre que asoma entre sus labios, que re- cién besaron. Era la primera vez que lo mataban. Escaneado con CamScanner Dos hombres solos en la Rambla Son dos los hombres que de madrugada se dieron cita en la Rambla, donde muere la calle Eduardo Acevedo, don- de mueren los dos hombres muertos a revélver por cues- tiones de juego y de mujeres. Se mataron de un saque, de traje y de corbata los dos. Mirandose a los ojos se cagaron a puteadas y a balazos, allf, en la fria madrugada, frente al mar. Daba ldstima verlos, tirados, muertos para siempre, tan bien vestidos. Escaneado con CamScanner

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