Texto redactado
-Señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo; hemos hecho en
un
lugar que está detrás de aquella loma, esta mañana, que es la octava del Corpus, el
auto
de Las Cortes de la Muerte, y tenemos que hacerlo esta tarde en aquel lugar que
desde
aquí se parece; y, por estar tan cerca y excusar el trabajo de desnudarnos y
volvernos a
vestir, nos vamos vestidos con los mismos vestidos que representamos. Aquel mancebo
va de Muerte; el otro, de Ángel; aquella mujer, que es la del autor, va de Reina;
el otro, de
Soldado; aquel, de Emperador, y yo, de Demonio, y soy una de las principales
figuras del
auto, porque hago en esta compañía los primeros papeles.
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron
los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el
mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la
vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los
hombres”.
Parte 2, Capítulo 58
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“No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería. Anda
despacio; habla con resposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti
mismo; que toda afectación es mala. Come poco y cena más poco; que la salud de todo
el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber,
considerando que el vino demasiado ni guarda secreto, ni cumple palabra. Ten
cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de erutar delante de nadie”.