La facies —expresión facial—, la coloración y la forma de la cara permiten el rápido
conocimiento del intelecto, ánimo y salud del paciente. La facies normal es expresiva e
inteligente, atenta, con la mirada vivaz y exploradora por tono armonioso y apropiado
de los músculos faciales y externos de los ojos.
Muchas veces el aspecto de la expresión facial orienta hacia un determinado sistema o
aparato y aun a una enfermedad; algunas facies serán señaladas por su significación
médica, a continuación, se describen de acuerdo con el sistema afectado.
Facies de origen nervioso
Se caracteriza por inexpresión de la cara,
fijeza de la mirada, falta de parpadeo, supresión de la mímica, aspecto grasoso de la cara
—cara de pomada— y la boca entreabierta con sialorrea.
Producida por parálisis del simpático cervical, se caracteriza por
disminución de la hendidura palpebral —enoftalmos— del lado paralizado, congestión
de la conjuntiva y miosis por predominio de la acción del motor ocular común y ptosis
palpebral.
Rostro
inmóvil, con la mejilla del lado paralizado agitada por los movimientos respiratorios.
Hay
hemiatrofia facial, con pérdida de las arrugas de la frente, aumento de la hendidura
palpebral, epifora, desviación del ojo y de la comisura labial hacia arriba. Debe
diferenciarse de la facies que se observa en la parálisis facial central, en ella no hay
compromiso de la frente, excepto en el caso extremo de la lesión bilateral del nervio
facial de origen central.
Se observa en el tétanos, la frente se arruga, las cejas y alas de la nariz se elevan, las
comisuras labiales son atraídas hacia arriba y hacia afuera, al tiempo que los labios
contracturados descubren los dientes, dibujando con la boca en conjunto una especie
de risa permanente, de risa sardónica o espasmo cínico.
Facies de origen respiratorio
Facies de origen respiratorio
Boca entreabierta, cara alargada, mirada
adormecida, pómulos aplanados, nariz y labio superior muy pequeños y prominencia de
la dentadura superior. Es a causa de hipertrofia de adenoides.
Cara abotagada y cianótica, ingurgitación
de las venas del cuello y de la cabeza. Se presenta por obstrucción de la vena cava
superior.
Facies de origen cardiaco
Es pálida, refleja angustia,
ansiedad y terror.
Piel con un tinte gris
plomizo —como ceniza—, se observa una expresión de terror similar a la anterior.
Color pálido de suave
tinte amarillento, con las arterias temporales y carótidas animadas de amplios latidos y
las mejillas con una ligera coloración rosada intermitente y sincrónica con el pulso.
Cianosis,
labios color rojo negruzco, conjuntiva ocular inyectada, epicanto y orejas puntiagudas.
La facies rosada y aún rubicunda es habitual en el
niño, a causa de su piel fina con transparencia de la red capilar. También es normal en
la emoción y en las personas expuestas al calor —panaderos, herreros, maquinistas— o
a la intemperie —mar, montaña— por vasodilatación de la red capilar. Una causa
importante de facies rosada, también por vasodilatación capilar, son los procesos
febriles en general, hay dos importantes: facies neumónica, algo cianótica y con disnea,
coloración rosada cianótica a manera de mancha, más acentuada en una de las mejillas,
correspondiente al lado del pulmón enfermo por vasodilatación refleja simpática. La
escarlatina produce eritema rosado difuso, con un punteado rojizo, que sólo respeta los
surcos nasogenianos, dando a la cara una facies escarlatinosa. En la poliglobulia se ve un
tinte cianótico, congestión conjuntival e intensa coloración roja difusa de toda la boca,
lengua, paladar y fauces. Las eritrodermias producen color rojo en toda la piel, en
general por causas alérgicas, físicas, químicas e infecciosas y por la exposición
intempestiva al sol, en los primeros días de playa o campo. El alcoholismo crónico origina
una facies rubicunda eritrósica, por vasodilatación de la red subcapilar; cuando es de
larga data, coexiste con pequeñas telangiectasias en las mejillas, lóbulo de la nariz y de
la oreja.
Facies de origen digestivo
Hay contracciones de la musculatura facial,
palidez cianótica de las mejillas y enoftalmos.
Mejillas hundidas, nariz
afilada, enoftalmos y cianosis en los labios. Se ve en peritonitis aguda, con frecuencia se
acompaña de signos evidentes de deshidratación.
Mejillas hundidas, frente arrugada, mirada brillante,
temblor palpebral y midriasis.
Conjuntivas ictéricas, rubor y telangiectasias en la
frente, pómulos y dorso de la nariz.
Consiste en la coloración amarilla de la cara y de las
escleróticas por aumento de la bilirrubina en sangre; se ve en ictericias hemolíticas, por
retención de la bilirrubina y por obstáculo en su eliminación.
Facies de origen renal
Se ve en la glomerulonefritis aguda por
vasoconstricción y anemia, la cara abotagada, pálida y con edema palpebral.
Piel amarillenta por reducción
actínica de los cromógenos urinarios retenidos.
Facies endocrinas
Gran desarrollo de la nariz, maxilar inferior,
arcos superciliares y cigomáticos, labios y lengua. Hay cejas pobladas y unidas por la
parte interna.
Mirada fija de verdadero terror, rigidez de la
expresión, exoftalmos e intensos cambios vasomotores de la piel de la cara.
Facies redondeada, piel seca, pálida, mirada
triste de porcino y voz arrastrada.
Color de la piel sepia, a veces casi negro
bronceado, que se extiende a la mucosa bucal y orificios naturales —recto y vagina.
En la mujer hay vello en las patillas, labio superior,
mentón, a veces se puede constituir una barba de varón; se encuentra en tumores
corticosuprarrenales y en el ovario.
Ojos oblicuos, microcefalia, labios grandes,
macroglosia, hipertelorismo y epicanto.
Hay nariz pequeña, frente aplanada y arrugada,
hipertelorismo, ojos oblicuos, labios gruesos y entreabiertos.
Otras facies
Con palidez y relieves óseos marcados, con cara
triste y cansada, con un tinte pardo-grisáceo. Se ve en desnutrición y en neoplasias.
Rasgos desencajados, mirada vaga por hipotonía en
caso de dolor profundo o contractura muscular facial, sudoración, ceño fruncido,
expresión de angustia y midriasis.
Facies descompuesta, inanimada, con mirada
inmóvil y velada en los moribundos.
Aspecto de la cara que parece a la de un león. Se
produce por lesiones infiltrativas en la piel de la cara y es típica de la lepra lepromatosa