A pesar de que la construcción de la moder- racismo y desigualdad
nidad se basa en la aceptación de un sistema
democrático que proclama la igualdad de todos
ante la ley, la realidad de las sociedades hispa-
nas arroja datos que reflejan unas condiciones
que no concuerdan con este planteamiento.
Paulatinamente se ha empezado a presentar
racismo y desigualdad
de modo crítico la problemática del racismo en
el discurso académico del mundo hispano.
El concepto de raza responde a un ima-
ginario social que imbrica factores econó-
racismoy
micos, políticos, culturales y sociales que se
complementan y se articulan con un tejido
interseccional de sexo, edad, capacidades físicas
o clase social. En ese imaginario multifactorial
surge la asociación denigratoria e inferiorizante
del racismo.
desigualdad
Estas circunstancias encierran las desigual-
dades históricas, económicas y culturales de
nuestras sociedades y que se correlacionan
simbólicamente con la biología. Las inequi-
dades de nuestras sociedades hacen que el
racismo se perpetúe en forma de desventajas,
barreras sociales, exclusiones y disminución
de las posibilidades de ascenso social de los
Una visión multidisciplinar
individuos racializados.
Ana María Cárabe
Eduardo Luis Espinosa
Olivia Leyva
coordinadores
Universidad
Autónoma de
Guerrero
CUARTA DÉCADA
racismoy
desigualdad
Una visión multidisciplinar
S E R I E
CUARTA DÉCADA
racismoy
desigualdad
Una visión multidisciplinar
Ana María Cárabe
Eduardo Luis Espinosa
Olivia Leyva
coordinadores
Universidad
Autónoma de
Guerrero
MÉXICO 2018
Esta investigación, arbitrada por pares académicos,
se privilegia con el aval de la institución coeditora.
320.56
R121
Racismo y desigualdad : una visión multidisciplinar / coordinado por Ana María Cárabe, Eduardo
Luis Espinosa y Olivia Leyva -- 1ª ed. -- México : Universidad Autónoma de Guerrero : Universidad de
Oviedo : Miguel Ángel Porrúa, 2018.
225 p. : 17 × 23 cm -- (Las Ciencias Sociales. Cuarta Década)
ISBN 978-607-524-272-9
1. Racismo -- México -- Historia. 2. Igualdad -- México. 3. Racismo -- América Latina. 4. Discriminación
racial -- Leyes y legislación
Primera edición, diciembre del año 2018
© 2018
Universidad Autónoma de Guerrero
© 2018
Universidad de Oviedo
© 2018
Por características tipográficas y de diseño editorial
Miguel Ángel Porrúa, librero-editor
Derechos reservados conforme a la ley
ISBN 978-607-524-272-9
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elaborada en el área de diseño del editor
Queda prohibida la reproducción parcial o total, directa o indi-
recta del contenido de la presente obra, sin contar previamente
con la autorización expresa y por escrito de en térmi-
nos de lo así previsto por la Ley Federal del Derecho de Autor y,
en su caso, por los tratados internacionales aplicables.
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libro impreso sobre papel de fabricación ecológica con bulk a 80 gramos
w w w. m a p o r r u a . c o m . m x
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El proceso editorial de la obra
Racismo y desigualdad. Una visión multidisciplinar,
se terminó en la Ciudad de México durante el mes de diciembre
del año 2018. La edición impresa sobre papel de fabricación
ecológica con bulk a 80 gramos, estuvo al cuidado
de la oficina litotipográfica
de la casa editora.
ISBN 978-607-524-272-9
Proemio al tema de racismo y desigualdad
Raza es una construcción netamente social. Muy poco refleja aspectos de
la biología de los grupos humanos, al tiempo que reviste la significación
social con expresiones ilusorias de esa biología. Constituye una elabora
ción de la mentalidad colectiva para referirse a una clasificación social,
aunque elaboración y referencia se le aluden desde operaciones simbóli
cas con tópicos de la biología humana. La representación de lo biológico
por muy imaginativa que sea, por mucho que se le disimule con figuras
retóricas, es inseparable de la mentalidad que orienta al racismo. La cons
trucción social de raza proyecta más bien la imbricación de condiciones
históricas particulares con factores económicos, políticos, legales, sociales
y culturales. Esa superposición remata en una significación identitaria de
un grupo en relación con otro, proceso de significación donde podría ge
nerarse la connotación de uno a otro por raza, más que por una imposi
ción, por un consenso colectivo en el que toman sentido de certidumbre
las fantasías biológicas.1
El término raza se ha estabilizado a través de una inventio con la cual se
genera la ilusión de que hay algo en la conducta de los sujetos individuales
y colectivos que está determinado por factores de su biología humana; en
particular, de su genética. Así se le acepta convencionalmente, aunque se
tiene la certidumbre de sentido de que raza no corresponde con el compo
1
En buena medida abordan este asunto las investigaciones recientes en América Latina
recogidas en el libro editado por Peter Wade, Carlos López Beltrán, Eduardo Restrepo, Ricardo
Ventura Santos, Mestizo Genomics: Race Mixture, Nation, and Science in Latin America, Duke
University Press, 2014. Los autores presentan cómo algunas investigaciones genéticas en tres
países de la región (México, Brasil y Colombia) conectan sus hallazgos con clasificaciones de
la diferencia racial, en una interpretación racializada del resultado científico.
5
nente biológico que se le quiere asignar, que sólo es un artificio de la
clasificación social, que la asociación genética sólo cumple una función
persuasiva.
En la actualidad, después de la apertura mundial al multiculturalismo,
se ha reforzado esa configuración de pacto del sentido y las múltiples
operaciones simbólicas con que se ha constituido su interpretación. Cual
quiera se rehúsa a hablar claramente de la raza, y en las sociedades lati
noamericanas muchos actores evitan referirse al racismo propio. Quizá con
eso se sigue conservando la presencia ausente del concepto de raza —como
nos dice Wade—,2 en un ambiente donde el nacionalismo integracionista y
unitario pareciera ser más poderoso —diríamos con más fuerte arraigo—
que las tendencias al multiculturalismo.
El vocablo “raza” es usado en la simbolización del común de los sujetos
sociales para hacer presente a la inferioridad social debido a lo biológico,
sin expresarla por las claras (ausentándose el enunciante y el contenido
del enunciado). Esta presencia ausente la facilita el hecho de que la enun
ciación de raza pasa por cuatro operaciones del sentido que fantasean con
lo biológico. La primera se trata de la asociación de los rasgos somáticos
(color de la piel, rasgos de la fisionomía y el cabello) y de otros rasgos de
tipo sexual y corporal (complexión, perfiles faciales y gestuales, olor, sudo
ración, anatomía sexual y reproductiva, etcétera) con una supuesta deter
minación biológica de caracteres sicológicos y sociales, que para la con
ciencia colectiva es tan arbitraria como inexplicable, aunque dotada de un
sentido.
En ese punto empieza la segunda operación, aquella en la que el término
raza con sus connotaciones sociales queda henchido de un sentido que se
le quiere construir como si fuese totalmente objetivo (como si fuese una
significación que no dependiese de voluntad o conciencia alguna). Su validez
se remite a una interpretación de la ciencia; a lo que se cree es un saber
acumulado y “probado”, o a la aceptación de una colección de anécdotas
(“pura verdad”, diría un informante) que comprueba el nexo de lo somático
con lo social. La tercera operación es aquella que sustituye a la voz “raza”
y a su representación por otras voces, por imágenes mentales o por metá
foras, que podrían envolver la apelación a rasgos somáticos con alusiones
2
Peter Wade, “Conclusion: Race, Multiculturalism and Genomics in Latin America”, en
Peter Wade, Carlos López Beltrán, Eduardo Restrepo, Ricardo Ventura Santos (eds.), Mestizo
Genomics…, op. cit., p. 212.
6 • Ana María Cárabe, Eduardo Luis Espinosa, Olivia Leyva
a sucedáneos sociales y culturales que se aproximan a lo biológico. Son su
cedáneos de sangre, linaje, ancestros, parentesco, procedencia, origen,
territorialidad, entre otros. Esa sustitución es un aporte más a la construc
ción de una objetividad de lo que raza significa, para hacerla un término
más persuasivo en medio del marasmo en que ha caído la “prueba” cientí
fica de su existencia.
Una cuarta operación es aquella que baraja raza con género, edad,
clase y residencia, con lo que el motivo biológico y en especial el somático, se
lleva a una asociación con lo social, para persuadir (hacer razonables, ex
plicables, con sentido o con cierta objetividad) clasificaciones que implican
jerarquías, inequidades históricas y desigualdades. Con las dos últimas
operaciones el trabajo de la referida inventio se extiende por un amplio
campo del ordenamiento de las sociedades.
Con todas esas ingenierías simbólicas, el sujeto trata de persuadirse a
sí y a otros de una clasificación social arbitraria, que se le quiere traer
desde la biología. En ese enclasamiento de la gente —como si fuese algo
natural— van incluidas inequidades a las que se trata de hacer invisibles, na
turales y naturalizadas, porque en realidad son inaceptables, aunque forman
parte del orden social de vida de los sujetos, si bien provienen de despro
porciones históricas de la sociedad y la cultura que aparecen con muchos
ecos de denuncia en las conciencias colectivas.
Para eliminar la discriminación hay que erradicar el trato oprobioso y
desigual entre los grupos en la sociedad. Con ello se hace necesaria la
acción contra el uso de etiquetas denigrantes en el contexto de la desigual
dad y las contradicciones de unos grupos sociales con otros. Lo decimos
porque se cree con cierta ingenuidad que las investigaciones genéticas y
su difusión podrían acabar definitivamente con el racismo, mostrando que
el concepto de raza no tiene ninguna relevancia desde el punto de vista de
la ciencia. La genética persuadiría de su verdad genómica, de la comproba
ción de que no hay más que un reducido por ciento de diferencia genética
entre los humanos. Es poco relevante la uniformidad que pudiese existir en
el interior de una presunta raza, la distancia genética que media entre in
dividuos es prácticamente la misma. Incluso entre dos supuestas razas hay
muchos caracteres genéticos que coinciden.
Sin embargo, el racismo se perpetúa en la sociedad porque su existen
cia no depende de la explicación científica que lo descarta. Más bien a esa
fundamentación científica se le pasa una responsabilidad que no terminan
Proemio al tema de racismo y desigualdad • 7
de asumir el derecho, la política y el trabajo social, para buscar el trato con
respeto e igualdad entre grupos humanos desiguales por sus condiciones
socioeconómicas y políticas, por su conflictivo manejo territorial y por sus
disímiles orígenes. Son éstos una cadena de factores en la que se inscri
ben desigualdades en forma de desventajas, exclusiones, separaciones,
barreras sociales y culturales, disminución de posibilidades, y no-selec
ción. Un ejemplo de campo racista abandonado a los tratos de la desigualdad
lo constituye el mercado laboral en ciudades de América Latina, donde la
discriminación por color de la piel repercute fuertemente para racializados
como los indígenas y afrodescendientes, tal como nos muestran Urrea y Viá
fara en Bogotá.3 Algo similar pasa en el ámbito de las universidades, que
se supone que está revestido de un elevado humanismo, con acceso uni
versal a la educación y con una producción y difusión de conocimientos
progresistas.4
La problemática del racismo no es de una condición biológica, sino de
relaciones raciales, de jerarquías entre grupos de la clasificación social. Ahí
estriba un conjunto de contradicciones sociales que son contiguas a la
identificación por raza que se configura en la interacción simbólica entre
los grupos que actúan en sociedad. A esa idea, para darle ruta a la investi
gación, han podido llegar diversas tradiciones de eruditos, desde los más
variados puntos de las ciencias sociales, todas ellas partiendo de un concep
to específico que se adjudica a la relación social atendiendo a lo racial.
Ese es el caso de la tradición etnológica mexicana (Stavenhagen, Pozas,
Casanova) que distinguió en su momento clase, etnia y raza, vislumbrando
esta última como un problema relacional, un asunto de las relaciones je
rárquicas entre grupos humanos. Otras tradiciones al abordar el racismo
han ido hacia esa dirección relacional. Así lo plantea Wieviorka5 en el caso
de la tradición anglosajona, en la cual se puede y es legítimo hablar de race
relations (relaciones de razas o relaciones raciales). Desde la década de 1920,
las ciencias sociales estadounidenses han desarrollado investigaciones
3
Fernando Urrea Giraldo y Carlos Viáfara López, Di Seim Fi Aal, Abarinka Jomainta, Pe Savo
gengue Sa Igualdad para un buen y mejor vivir. Información y visibilidad de los grupos étnico-ra
ciales en Bogotá, Alcaldía Mayor de Bogotá y Universidad del Valle, Cali, 2016, pp. 85 y ss.
4
Analizado por E. Luis Espinosa, Viaje por la invisibilidad de los afromexicanos, cesop,
México, 2014; y Gisela C. Fregoso, “Racismo y marcadores de diferencia entre estudiantes no
indígenas e indígenas en México”, en Desacatos, núm. 51, mayo-agosto, 2016, pp. 18-31.
5
Michel Wieviorka, El espacio del racismo, Paidós, Barcelona, 1992.
8 • Ana María Cárabe, Eduardo Luis Espinosa, Olivia Leyva
que acogen una perspectiva de race relations. En Gran Bretaña, a partir de
la década de 1960, investigadores tan importantes como Michael Banton6 y
John Rex,7 también adoptaron este tipo de ángulo de análisis. Banton, por
ejemplo, formuló seis modelos esenciales de interacción en el decurso de
las relaciones entre grupos raciales: el contacto institucional, la acultura
ción, la dominación, el paternalismo, la integración y el pluralismo.
Rex, sobre la base de su trabajo de campo, expuso de qué manera la
relación entre razas es una relación social y cómo, por ejemplo, le facilitaba
a la clase obrera británica blanca devaluar en beneficio suyo a los trabaja
dores inmigrantes y dejarlos en una condición de underclass, o lo que es lo
mismo, orillarlos a que la sociedad los convirtiese en un grupo social inde
fenso, en una subcultura singular, en un segmento aislado de derechos
civiles y políticos, así como en un sector que se le coloca en dificultades
dentro el mercado laboral. Hecho expresado con ese término muy contro
vertido —underclass— para quienes quieren hacer pasar como iguales a
raza y clase, cuando raza es un término útil a los efectos de ubicar el fun
cionamiento de las realidades de la discriminación.
Esa situación de underclass es señalada de alguna manera por Myrdal,8
cuando evalúa lo que nosotros pensamos que es el esfuerzo de los llama
dos “blancos pobres” por expulsar a los racializados de los progresos de
trabajo, ingreso y residencia que se significan como logros de la moderni
dad. Es una operación clasificatoria dirigida a hacer menos a esos raciali
zados, a convertirlos en un peligro, en un riesgo, en un fracaso, buscando
con esto la cancelación de la fuerza competidora de esos underclass. Dicha
representación conduce a los sujetos racializadores a desarrollar mecanis
mos simbólicos que les orienten en la expulsión de los racializados de los
mercados de trabajo, de los espacios de amistad y cortejo, de los ámbitos de
aprendizaje. Hace razonables esas acciones —con un toque de sentido en
contrado en fantaseadas suposiciones biológicas— para esos “blancos po
bres” que apartan de la competencia social a los racializados. Se trata de una
simbolización que los “blancos pobres” hacen prosperar en el consenso
Michel Banton, Race Relations, Basic Books, Nueva York, 1967.
6
John Rex y Sally Tomlinson, Colonial immigrants in a British City: A Class Analysis, Routledge,
7
1979. Ese análisis se profundiza en John Rex, The Ghetto and the Underclass, Aldershot, 1987.
8
Günnar Myrdall, An American Dilemma: The Negro Problem and Modern Democracy, 2 volú
menes, Harper and Row, Nueva York, 1944.
Proemio al tema de racismo y desigualdad • 9
colectivo, para refrenar el potencial “maximizador”9 de los racializados,
dígase, el potencial creativo, inclusivo, sinérgico, adaptativo y resiliente que
suele dinamizarse dentro de los grupos disminuidos de la sociedad.
Cuando se plantea la existencia de relaciones raciales sobre el hecho
de que hay una construcción de raza, enseguida quienes soslayan o ignoran
eso último empiezan a especular acerca de si el propio planteamiento de la
relación de razas implica o no una postura biologizante. Por supuesto, ésa
es una treta. Es parte de una enunciación que quiere negar la existencia de
la raza como construcción social, para no pasar al examen de la problemá
tica social que subyace detrás de toda cuestión racial. Esa enunciación
retórica que trata de cuestionar la racialidad, que trata de negarla, se des
hace cuando le mostramos que su negativa a la existencia de la raza (como
constructo social) y del racismo, no cambia que los individuos se ordenen
en la práctica social con respecto a un esquema de relaciones raciales, que
se denominen y eventualmente se designen entre sí en términos de cate
gorías raciales.
La aceptación de la existencia del constructo social de la raza y las re
laciones raciales va ganando extensión en los últimos años. Se va cayendo
en cuenta que no tiene caso negar la existencia del racismo. En muchos
países, y especialmente en el mundo anglosajón, se acepta claramente la
palabra raza en las estadísticas oficiales y en la dinámica de la vida social.
En algunos países de Europa, la palabra raza ya no suele evitarse. Va ga
nando terreno la comprensión de que es un término que nos dice de prác
ticas de rechazo y discriminación, y con ello de acciones de desigualdad.
En la vida cotidiana y en la comprensión que de la sociedad tienen
variados grupos sociales, ha empezado a representarse de modo crítico la
problemática del racismo. Eso se ha extendido a los medios de comunica
ción y los discursos políticos, donde pueden encontrarse mensajes y accio
nes que reconocen la existencia del racismo. Buena parte de los países que
en décadas pasadas se resistían a incluir la clasificación de raza en sus
censos, hoy han empezado a considerar ese indicador. Eso sucede en Amé
rica Latina donde, entre el siglo xix y el xx, se pensó que el mestizaje pa
recía que iba a remplazar la existencia social de relaciones raciales. Apare
cen las organizaciones e institutos dedicados a la detección y eliminación
9
Término tomado de un clásico de los estudios de las relaciones raciales: Michael Banton,
Racial and Ethnic Competition, Cambridge University Press, Cambridge, 1983.
10 • Ana María Cárabe, Eduardo Luis Espinosa, Olivia Leyva
de la discriminación racial. Esa emergencia va pareja a la discusión de
leyes, resoluciones, pero sobre todo, del debate en torno a los procedi
mientos prácticos para concretar una acción educativa y política que neu
tralice el racismo.
En América Latina la noción de racismo institucional, lanzada décadas
atrás por Carmichel y Hamilton,10 está empezando a tomar una relevancia
metodológica para entender una realidad donde el racismo no se practica
de modo abierto, sino de una manera no explícita, institucional. Queda ins
crito en las relaciones sociales, en la organización, así como en el funcio
namiento de las instituciones públicas y privadas. No es un racismo delibe
rado, empero el ordenamiento social está dispuesto para la experimentación
del rechazo y la discriminación de indígenas, negros, gitanos, asiáticos y
otros racializados. El racismo se revela como algo estructural, inscrito en
los resortes rutinarios de la vida de la gente —donde se ha naturalizado—,
y desde ahí se asegura la marginalidad y minimización de los racializados,
tomados con un desdén que de alguna manera remite a lo biológico.
Al mismo tiempo, el racismo en tanto problema estructural aparece
como polimorfo. Queda ligado a múltiples formas de discriminación (por
raza, sexo, edad, procedencia, ancestros, educación, empleo, residencia,
clase, categorización social, entre otros). El racismo es parte de un tejido de
repulsiones en el que unas actúan sobre las otras y las estimulan; cada una
de esas aversiones disimula a la otra y entre todas generan una espesa
red de significaciones. Unas están alimentando a las otras, generando una
situación de discriminación múltiple y poco distinguible, tal como nos hizo
notar Myrdall en sus trabajos pioneros sobre el asunto, pero también como
encontramos en las investigaciones recientes en América Latina.11
En especial en los países latinoamericanos, al racismo se le niega en
nombre del mestizaje, otro fenómeno que se le ha incorporado a la multipli
cidad de discriminaciones, interpretándosele como blanqueamiento, mulataje,
pase de categoría racial, refinamiento, posición, reputación, respeto, etcétera.
Al mestizaje se le ha llegado a tomar como signo de nacionalidad y con ello
se le ha atribuido ser la gran fuerza aglutinante de nuestras sociedades.12
10
Stokely Carmichael y Charles Hamilton, Black Power: The Politics of Liberation in America,
Vintage Books, Nueva York, 1967.
11
Fernando Urrea Giraldo y Carlos Viáfara López, op. cit.
12
Es un enfoque de la nación y su cultura que proviene del siglo xix y que dominó buena
parte del siglo xx. Tuvo su expresión más clara en intelectuales de la talla de Vasconcelos,
Proemio al tema de racismo y desigualdad • 11
También se le ha visto como condición constituyente de los Estados, de los
poderes en todas las instancias, de la constitución del ámbito privado y de
la capacidad creativa de la cultura nacional.13 No obstante, ese discurso
cohesivo se ve opacado en los hechos por una vertiginosa tendencia a la
retroalimentación de los prejuicios raciales en el seno de operaciones so
ciales para separar, distinguir y regular quiénes acceden a los recursos
escasos (empleos, patrimonios, nacionalidad, territorio, financiamientos,
bienes, servicios, productos básicos, mercados).
En la realidad inmediata nos encontramos ante operaciones continuas
de jerarquización de las personas, dado que en la región es baja la genera
ción de los recursos dichos, a la vez que son operaciones complicadas por
estar envueltas en un débil imperio de la ley, en hábitos de corrupción,
pero sobre todo, en procesos violentos por el mantenimiento de jerarquías
en forma de enclasamientos, categorizaciones, segmentaciones y distincio
nes. Hablamos de una violencia que va desde lo físico hasta lo verbal, desde
la imagen hasta lo gestual y lo espacial.
Por ejemplo, terminan ligándose a los prejuicios raciales esas operacio
nes por medio de las cuales simbólicamente se nos orienta de manera
enclasada en qué lugar debería ser el mejor para que accedamos a una
vivienda con costo popular. Otro caso pueden ser aquellas operaciones por
medio de las cuales se nos señala de modo represivo con estructuras físi
cas (sin palabras ni personas) que se trata de un espacio que sólo unos
pocos pueden atravesar en la ciudad en que vivimos. Ese tipo de operacio
nes del sentido crean un clima propicio para la proliferación de los prejui
cios raciales, y con ello de las prácticas de discriminación, sobre todo
cuando ese estilo de operación simbólica está incorporado al continuum de
las interacciones sociales que implican el mantenimiento de las jerarquías.
Ortiz, Carpentier, Sergio Buarque de Holanda… Los textos de esos intelectuales se difundieron
por la educación y los medios; se les popularizaron y se les convirtieron en un eje in
cuestionable de la política cultural de los Estados nacionales a los que pertenecieron.
13
Hasta el presente ese planteamiento de mestizaje como parte de la llamada unidad na
cional, se ha manifestado con argumentaciones o con demagogias por personalidades polí
ticas. Ellas, al igual que los intelectuales nacionalistas, hacen el discurso de la raza al revés:
la unidad cultural y política la ven emergiendo de la fusión u olvido voluntario de las supuestas
diferencias biológicas, que son a la postre significadas como diferencias de procedencia y
territorialidad. Los agentes políticos dichos se inclinan por la negación del racismo, viendo en
ello un gesto de igualdad nacional, una de las dimensiones del mestizaje, la cual exaltan frente a
cualquier reconocimiento de racismo en la vida nacional.
12 • Ana María Cárabe, Eduardo Luis Espinosa, Olivia Leyva
Eso se acrecienta cuando el estilo dicho se convierte en parte consustancial
del tejido de las sociedades. Se hace parte de su cuadro básico de vida se
naturaliza. Esa estabilidad las convierte en dinamos de la identificación de
personas no-deseadas, de la permisividad ante la discriminación y de la
violencia flotante —tres factores señalados por Dollard14 como generadores
del racismo en los inicios de los estudios de ese fenómeno. Esa ruta sim
bólica que sigue el racismo que se reproduce en nuestras jerarquizaciones,
por supuesto, refuerza la orientación de las acciones que conducen al fun
cionamiento de la desigualdad en nuestros contextos. Al mismo tiempo ese
simbolismo estructura con sentido toda esa clase de injusticia social, coro
nada por los índices de pobreza y bajos niveles de desarrollo socioeconómico
en América Latina. Una región del mundo que décadas atrás fue significada
por sus intelectuales y políticos nacionalistas como la sede de la “raza cós
mica”, un mundo “barroco” devenido tierra de mixturas y “transculturación”,
lugar de “relaciones cordiales”, constituido por países “latinoafricanos”.
El presente estudio tiene como objetivo exponer algunas reflexiones
y manifestaciones sociales en torno a la problemática del racismo como
una forma de discriminación asociada a factores socioculturales. Se ha
dividido en dos partes en relación a la temática abordada por los autores:
En la interculturalidad de México analiza aspectos en que el racismo más
o menos violentamente se presenta en nuestro país. La segunda parte,
En otras latitudes, abre paso a expresiones de la desigualdad social en
España, Colombia y Cuba. Las interpretaciones y posiciones de cada uno
de los autores han sido respetadas y pertenecen a su criterio personal.
El trabajo es un proyecto del Cuerpo Académico “Cultura política
y conflictos sociales”, adscrito a la Universidad Autónoma de Guerrero, y
supone la ampliación de un trabajo publicado en 2015 por la editorial
Miguel Ángel Porrúa, que tiene como título El racismo en contexto. Espacios
y casos latinoamericanos.
Ana María Cárabe
Eduardo Luis Espinosa
Olivia Leyva
[Mayo de 2018]
14
John Dollard, Casta and Class in Southern Town, University of Wisconsin Press, Madison/
Londres, 1988.
Primera parte
En la interculturalidad
de México
Educación y derecho contra
la discriminación racial en México
Vera J. Villa Guardiola*
Arturo Hurtado Peña**
Son múltiples las situaciones adversas que enfrentan entre sí a los seres
humanos durante su existencia y en su cotidianidad; escenarios sociales
en los que se producen a menudo lesiones de diversa naturaleza que im
pactan, esto es, se traducen y evidencian en el plano jurídico.
La discriminación se considera como una reiterada práctica social que
implica el otorgar un tratamiento desfavorable, de desestimación o deprecia
ción inmerecidos a un individuo o grupo de personas, por razón de una carac
terística específica que incluso puede no ser percibida conscientemente
por el agresor, pero que en algún momento se genera o recibe.
El racismo o discriminación racial,1 por su parte, se ha constituido desde
su antiguo surgimiento como paradigma social, en un frontal ataque a los
derechos humanos de las personas, particularmente a su dignidad, ya que
clasifica a los seres humanos en inexistentes categorías de diversa natura
leza, y se aprecian con valores distintos por causa de sus diversas caracte
rísticas raciales. La resultante de esta valoración no es menos que otra forma
* Abogada, psicóloga especialista en familia, docencia universitaria y gestión de proyectos
educativos. Maestra en Educación Superior. Doctora en Derecho y Globalización de la
Universidad Autónoma del Estado de Morelos (uaem), docente de las licenciaturas de Derecho
y Seguridad Ciudadana (uaem); docente del Heroico Colegio Militar, México.
** Abogado, maestro en Derecho. Especialista en Derecho Laboral. Docente del Heroico
Colegio Militar, México.
1
Definida en el artículo 1 de la Convención Interamericana contra el Racismo, la Discri
minación Racial y Formas Conexas de Intolerancia (oea) como cualquier distinción, exclusión,
restricción o preferencia, en cualquier ámbito público o privado, que tenga el objetivo o el efecto
de anular o limitar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de uno o
más derechos humanos o libertades fundamentales consagrados en los instrumentos interna
cionales aplicables a los Estados partes, disponible en [Link]
tratados_multilaterales_interamericanos_A-68_racismo.pdf
17
de discriminación, injusta y repudiable como cualquier otra, de cuantas
tienen, por causas determinadas, condiciones de ocurrencia circunstancial
e involuntaria inclusive, que en ocasiones simplemente identifican e indi
vidualizan a los seres humanos.
Si se estudia la historia, comprendiendo la más antigua, se encuentran
con facilidad vestigios de la diferenciación de tratos en todas las latitudes; la
historia se encuentra colmada de evidencias de sometimiento, dominación,
explotación laboral, denigración social, abusos, maltrato físico, psicológico
y cultural, saqueos, persecución y despojos por la sencilla causa de formar
parte de grupos minoritarios que tienen características físicas distintas.
Los judíos, negros africanos e indígenas y todos sus descendientes, a
manera de ejemplo, han sido objeto común de distinciones y, por ende, de
racismo en los distintos contextos.
En el discurso construido por Occidente durante varios siglos sobre los
“otros”, en algunos textos bíblicos, en la normatividad expedida por los es
pañoles durante la Conquista y la colonización, y luego en la legislación
republicana hasta 1991, se encuentran el origen y la motivación de las
barreras que hoy siguen impidiendo buenas condiciones de vida para los
afro-descendientes.2
En el plano latinoamericano se observa que la distinción por grupos
sociales en contextos, como en la sociedad mexicana, parte de su configura
ción social y regulación más antigua; al respecto se observa lo anotado por
Ana María Cárabe, al sostener que:
La sociedad y las leyes de la España del Antiguo Régimen, al contrario de la
anhelada igualdad ante la ley que hoy se trabaja por construir, partía de
la base de que la sociedad estaba compuesta por colectivos con caracterís
ticas propias, con funciones sociales distintas y con necesidades derivadas
de sus propias diferencias […]
Hablar de racismo en el antiguo régimen no tiene sentido si tomamos en
cuenta que las leyes partían de la diferencia y no de la igualdad, y que no
se concebía que los mismos derechos pudieran aplicarse a todos los súb
ditos por igual.3
2
ilsa (International Law Students Asociation), Racismo y discriminación, publications, cap. 2,
p. 41, disponible en [Link]
3
Ana María Cárabe, “Diversidad étnica y prácticas sociales discriminatorias en la Nueva
España de principios del siglo xix”, en Ana María Cárabe, Eduardo Luis Espinosa y Federico
18 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
Las uniones indiscriminadas de personas de las consideradas por los
españoles como razas puras: blancos, indios y negros, dieron origen jurí
dico-social a las castas o cruzas: los mestizos, mulatos, zambos, entre otros
ampliamente reconocidos e históricamente evidenciados, todos ellos dis
minuidos en sus derechos y tratamiento laboral y social bajo el régimen
español.
En el marco social interno, la situación de distinción y trato desigual
persiste en México, pese a los intentos de represión por regulación iguali
taria que la justicia mexicana realiza.
Al respecto, investigadores sociales, como Urías, refieren que:
La discriminación racial en México rebasa la cuestión indígena. En la vida
social ordinaria circulan y se articulan estereotipos que atañen un abanico
de posibilidades fenotípicas asociadas a fenómenos de marginación, po
breza y carencia de oportunidades.
Muy diversos grupos son estigmatizados no sólo por ser mestizos más
cercanos a lo indio que a lo español, sino también por encontrarse en los
márgenes de la cultura dominante; es decir, además de los matices de la
piel o la forma de las facciones, la exclusión pone en entredicho la manera
de hablar, el nivel educativo y el manejo de códigos culturales. En México,
el racismo y el clasismo se acompañan.4
La situación evidenciada en México es un reflejo de lo que en diferentes
proporciones se percibe en el marco mundial, pues aún en la actualidad, a
pesar de los cambios normativos y múltiples intentos de diversa naturaleza,
así como de la negación consciente que han hecho las sociedades en todos
los tiempos, se observan prácticas discriminatorias generalizadas.
De acuerdo con lo expuesto por el Consejo Nacional para la Discrimi
nación Racial en México (conapred):5
Sandoval Hernández (coords.), El racismo en contexto, espacios y casos latinoamericanos, Univer
sidad Autónoma de Guerrero-MAPorrúa, México, 2015, p. 59.
4
Beatriz Urías, En México, racismo y clasismo se acompañan, unam, México, 2012, disponible
en [Link]
5
Órgano de Estado creado por la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación,
aprobada el 29 de abril de 2003, y publicada en el Diario Oficial de la Federación (dof) el 11 de
junio del mismo año. Es la institución rectora para promover políticas y medidas tendientes
a contribuir al desarrollo cultural y social y avanzar en la inclusión social y garantizar el dere
cho a la igualdad.
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 19
Hay grupos humanos que son víctimas de la discriminación todos los días
por alguna de sus características físicas o su forma de vida. El origen étnico
o nacional, el sexo, la edad, la discapacidad, la condición social o económica,
la condición de salud, el embarazo, la lengua, la religión, las opiniones, las
preferencias sexuales, el estado civil y otras diferencias pueden ser motivo
de distinción, exclusión o restricción de derechos.
Los efectos de la discriminación en la vida de las personas son negativos
y tienen que ver con la pérdida de derechos y la desigualdad para acceder
a ellos; lo cual puede orillar al aislamiento, a vivir violencia e incluso, en
casos extremos, a perder la vida.
Así, la discriminación, vista como una subjetiva clasificación, se obser
va por causas diversas, casi siempre ajenas al sujeto pasivo, tal es el caso
del trato diferenciado a madres solteras, trabajadores del servicio domés
tico, de la construcción y oficios varios e independientes, de bajos ingresos.
Si bien la discriminación de grupos se percibe como un problema de
conductas o sentimientos, distinción en el tratamiento de las personas más
enfocado a la consideración desigual de sujetos de diversas razas, en los
que se creería prima la crítica y distintas consideraciones a sujetos de raza
indígena. Lo cierto es que al escudriñar la historia más reciente, inclusive se
encuentran distinciones grupales por causas económicas, observándose al
respecto que, desde épocas antiguas, tanto la vagancia como la mendici
dad y la delincuencia han sido consideradas como problemas sociales de
difícil solución; tal parece que dichos fenómenos son inherentes a toda
época y sociedad, entre otras causas debido a un desigual reparto de la ri
queza, al desempleo y las crisis económicas y agrícolas, además de la
discriminación sociorracial.
A pesar de que la inferior condición económica no es una situación de
seable, es el rechazo mismo a vivir en ella la causa de la distinción que sobre
viene por los sectores más favorecidos de la población; pero las causas
económicas no son la principal motivación de distinción y rechazo socia
les, lo son otras causas que resultan igual de oprobiosas que la económica.
Se observan al margen de las enunciadas, otras causas de discriminación
en México que son comunes en diversos contextos en el marco internacio
nal, que se predican de naturaleza y pluralidad étnica; es decir:
De acuerdo con los resultados de la última Encuesta Nacional sobre Dis
criminación en México (enadis) —realizada por conapred en 2010—, 8 de
20 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
cada 10 personas dicen que sus derechos no han sido respetados por sus
costumbres, cultura, acento al hablar, nivel educativo, por venir de otro
lugar, por vestir de otra forma o por tener otra religión. Si bien el 70 por
ciento de la población considera positivo el aporte de la diversidad, el 36
por ciento no estaría dispuesto a permitir que viviera en su casa una per
sona de una cultura diferente y el 75 por ciento considera que el profesar
diferentes religiones genera divisiones entre las personas.6
La distinción en clases de los seres humanos por sus características ra
ciales se constituye en el objeto de análisis de esta reflexión, y como cual
quier otra de las subjetivas distinciones sociales fundadas en característi
cas físicas, particularmente sexuales o ideológicas, representa una de las
más infames y retrógradas apreciaciones generalizadas, que se contrapone
a cualquier ideal sistémico de reconocimiento iusnaturalista en cualquier
sociedad contemporánea que se considere libre, así como un Estado social
de derechos.
El presente análisis se constituye en una disertación sociojurídica que
se desarrolla con el empleo del método de investigación analítico-sintético
de corte hermenéutico, elaborado con una perspectiva ecléctica fundada
en la visión paradigmática cualitativa.
Se pretende en este acercamiento documental tener una visión socio
jurídica del fenómeno de la discriminación o distinción racial, a través de
su interpretación y comprensión, “mediante procesos libres, no estructu
rados sino sistematizados, que tienen su fuente en la filosofía humanista”.7
Al pretender identificar, desde una perspectiva eminentemente teórica, los
conflictos sociales originados en la consideración desigual de las personas
por el color de su piel, resulta interesante observar concepciones y consi
deraciones doctrinales de corte explicativo del término racismo, entre las
que destaca la conceptualización de Bix, que lo considera como:
El trato hacia personas debido a características (por ejemplo raza, género,
religión, u orientación sexual) que no parecen relevantes para una elección
6
conapred (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación), Boletín de prensa 002,
México, publicado el 26 de enero de 2016, disponible en [Link]
php?contenido=boletin&id=861&id_opcion=555&op=213
7
Cfr. Linkendl, In: SlideShare, Metodología de la investigación, enfoque histórico hermenéutico:
Generalidades y características, disponible en [Link] Torres/enfoque-
histrico-hermenutico
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 21
o una transacción. La naturaleza de la discriminación, su ubicuidad y la
manera en que podría ser combatida son temas centrales para las escuelas
críticas fundadas en la diferencia, tales como la teoría feminista del dere
cho y la teoría crítica desde el punto de vista racial. Algunos teóricos críti
cos desde el punto de vista racial han sostenido que la discriminación es,
con frecuencia, el efecto de creencias racistas que operan en un nivel
profundo o “inconsciente”.8
De igual manera, en consonancia con la definición anterior, se encuen
tran diversas nociones y visiones de lo que el término raza cobija, interpreta
ciones como la que hace el autor en el mismo texto enunciado, al afirmar que:
En el pensamiento convencional de muchos países las personas son cate
gorizadas de acuerdo con la “raza” —agrupamientos generales basados en
alguna combinación del color de la piel, otros rasgos físicos, y el país de
ascendencia—. Estos agrupamientos frecuentemente tienen implicaciones
significativas para el estatus social y el trato jurídico. Es común entre los
biólogos, genetistas y teóricos sociales, considerar que las categorías racia
les son construidas socialmente casi en su totalidad, con poca o ninguna
base biológica/genética.9
Así las cosas, por diferentes motivaciones de carácter personal o gru
pal, un conjunto numéricamente superior a otro considerado minoritario,
abusa desde su condición de mayoría y, como consecuencia de ello, soslaya
el derecho de las minorías, caracterizadas en este caso por tener un color
de piel diferente de los mencionados actores mayoritarios.
Existe una tendencia generalizada en asociar la discriminación con
actos de violencia racista; en la contemporaneidad sus expresiones son di
versas, se han modificado, como puede inferirse de la definición otorgada
por la icerd, que apunta que la discriminación se manifiesta, en muchas
ocasiones, en prácticas que son cada vez más sutiles y más difíciles de
detectar y que, por lo tanto, son aceptadas socialmente en la mayoría de los
casos.10
8
Brian H. Bix, Diccionario de teoría jurídica, traducción de Enrique Rodríguez Trujano y
Pedro A. Villarreal Lizárraga, unam, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Serie Doctrina
Jurídica, núm. 467, México, 2012, p. 82.
9
Ibidem, p. 223.
10
Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, Guía de trabajo sobre cómo
abordar un caso de discriminación racial, El Salvador, p. 8, disponible en [Link]
org/wp-content/uploads/2013/02/Gui%CC%81a-de-trabajo-discriminacio%CC%81n-
[Link]
22 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
En efecto, al hacer un análisis sociojurídico se plantea que, acorde con
los instrumentos internacionales,11 la discriminación racial puede manifes
tarse de las siguientes formas:
a) Discriminación directa: cuando una persona recibe un trato diferente y
menos favorable al que recibiría otra persona en la misma situación, con
diciones y circunstancias por su origen racial o étnico.
b) Discriminación indirecta: se produce cuando una disposición, criterio o
práctica, aparentemente neutros, sitúan a personas de un origen racial o ét
nico concreto en desventaja con respecto a otras personas.
c) Acoso: se produce un comportamiento no deseado relacionado con el ori
gen racial o étnico que tenga como objetivo o consecuencia atentar contra
la dignidad de la persona y crear un entorno intimidatorio, hostil, degra
dante, humillante u ofensivo.
d) Discriminación múltiple: se produce cuando algún individuo sufre doble o
múltiple discriminación cuando, además de ser discriminados por uno de
los motivos que figuran en el artículo 1.1 del icerd, también sufren discri
minación por motivos de género o religión.
e) Discriminación estructural: hace referencia a reglas, normas, prácticas, pau
tas de actitudes y conductas, tanto de instituciones como de otras estruc
turas de la sociedad, que constituyen un obstáculo para que determinados
grupos o personas logren la igualdad de derechos y oportunidades. Este
tipo de discriminación puede manifestarse abiertamente o estar oculta y
puede ser intencionada o involuntaria.
Como se enunciaba anteriormente, la denigración de derechos por
causa de la diversidad racial y del abuso de las razas más comunes no es
un problema reciente en la historia del mundo, de hecho ha persistido du
rante tanto tiempo que, aún en la actualidad, cuando se ha considerado por
muchos superado el esquema rotulante de pensamiento racista, éste per
siste de manera más sutil pero no por eso menos indignante.
Desde el año 1948, cuando se proclamó la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, se ha iniciado desde el campo jurídico una lucha
frontal contra el racismo, observado desde este lente jurídico como una fla
grante violación a los derechos que por naturaleza le pertenecen a todos
los hombres.
11
Convención Interamericana contra el Racismo, la Discriminación Racial y Formas
Conexas de Intolerancia.
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 23
Pese a todos los esfuerzos sociales y jurídicos, algunos autores contem
poráneos, entre ellos Flecha Andrés12 y Sarmiento,13 plantean la existencia
de un desequilibrio cultural a nivel mundial.
El pretendido desequilibrio social se ha traducido en una crisis de va
lores, en una cultura de la muerte o de desprecio por la vida que trueca
en la denigración de la misma y en la inversión de los valores familiares y
sociales con fundamento en distinciones que naturalmente y en esencia son
inexistentes. “Las causas de esta crisis cultural son numerosas: un enfo
que positivista de la existencia humana, el hedonismo egoísta y utilitaris
mo, una comprensión de la libertad desde la clave de una subjetividad
exasperada, y aún desde el interés”.14
Con base en lo expuesto por el conapred se advierte que desde el
campo legal:
la discriminación ocurre solamente cuando hay una conducta que demues
tra distinción, exclusión o restricción a causa de alguna característica
propia de la persona, que tenga como consecuencia anular o impedir el
ejercicio de un derecho.
Algunos ejemplos claros de conductas discriminatorias son:
1. Impedir el acceso a la educación pública o privada por tener una discapa
cidad, otra nacionalidad o credo religioso.
2. Prohibir la libre elección de empleo o restringir las oportunidades de acceso,
permanencia y ascenso en el mismo, por ejemplo a consecuencia de la
corta o avanzada edad.
3. Establecer diferencias en los salarios, las prestaciones y las condiciones
laborales para trabajos iguales, como puede ocurrir con las mujeres.
4. Negar o limitar información sobre derechos reproductivos o impedir la li
bre determinación del número y espaciamiento de los hijos e hijas.
5. Negar o condicionar los servicios de atención médica o impedir la partici
pación en las decisiones sobre su tratamiento médico o terapéutico dentro
de sus posibilidades y medios.
6. Impedir la participación, en condiciones equitativas, en asociaciones civi
les, políticas o de cualquier otra índole a causa de una discapacidad.
12
José-Román Flecha Andrés, Bioética, la fuente de la vida, 2a. ed., Ediciones Sígueme,
Salamanca, España, 2007, p. 22.
13
Pedro J. Sarmiento M., Bioética en la crisis de la cultura, disponible en [Link]
[Link]/[Link]/personaybioetica/article/view/592/1320
14
Flecha Andrés, op. cit.
24 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
7. Negar o condicionar el acceso a cargos públicos por el sexo o por el origen
étnico.
Así las cosas, destaca la difícil situación que en materia sociojurídica
existe en México al pretender evaluar la protección y proyección de los
derechos constitucionalmente reconocidos a grupos minoritarios determi
nados y tradicionalmente estigmatizados.
Entre los grupos reconocidos en desventaja social se encuentran nú
cleos minoritarios étnicos, así como de personas con discapacidad, adultos
mayores, menores de edad, jóvenes, mujeres, madres solteras, personas de
raza indígena, portadores del vih, los que tienen una elección sexual dis
tinta a la heterosexual, los que se perciben y manifiestan con identidad de
género diferente a su sexo de nacimiento, adultos en prostitución, margi
nados sociales que viven o persisten en la calle, personas que provienen
de otros países y que son denominadas migrantes, los refugiados por dife
rentes causas, entre otros grupos minoritarios, igualmente jurídica y so
cialmente reconocidos como vulnerables.
Todos los grupos antes enunciados, según investigaciones y estadísti
cas, se encuentran más propensos a sufrir actos públicos o privados de
discriminación, dado que persisten desatinadas creencias como la de en
casillarles como forzosos integrantes de grupos ilegales, como pandilleros,
narcos o microtraficantes de drogas, consumidores habituales de alcohol
y de sustancias tóxicas o psicotrópicas, entre otros encasillamientos sociales.
Por lo anterior, a su alrededor se genera un ambiente de temor o preven
ción que les margina socialmente, al tiempo que moralmente se les rechaza
por falta de educación o con fundamento precisamente en las diferencias
anotadas.
No obstante lo anterior, es preciso crear conciencia social mayoritaria
de que los seres humanos somos todos diferentes, pero es loable reconocer
en conjunto la esencia humana que confiere los mismos derechos.
Posibles causas o motivaciones internas del racismo
Las causas detonantes de la situación en cuestión pueden ser, según los
autores, de origen diverso.
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 25
Gary Becker (1930) en The Economics of Discrimination (1957) consi
deró que la discriminación era solamente el resultado de un gusto personal
“un gusto por la discriminación”, simplemente una preferencia que se de
bía analizar junto con otras preferencias (quizá igual de irracionales o
desagradables).15
Es claro que las motivaciones parecen ser personales, pero son real
mente resultantes de la tradición e interacción propia del ser humano, lo
que hace que desde la cotidianidad se constituya en todo un paradigma que
se ha interiorizado desde las concepciones y prácticas educativas diseña
das y reproducidas por los grupos y esferas más íntimas de la sociedad.
Al respecto, Gall menciona que:
Ningún grupo humano se autopercibe y se autodefine más que por oposi
ción a la manera como percibe y define a otro grupo humano, al que con
sidera diferente de sí. Vista en este sentido, la identidad no es un absoluto
previamente determinado por el origen y la pertenencia puramente étnica,
situado más allá de la conciencia y de la voluntad de los hombres. Más bien
es una realidad social marcada por profundos imperativos: territorial, eco
nómico, de clase, político, institucional, de la re-creación y re-elaboración
constantes de la memoria e historia grupales, así como de la asunción de
la propia cultura.16
Al margen de lo expuesto, un concepto importante en la teoría crítica
desde el punto de vista racial, desarrollado por Charles R. Lawrence III y
otros, muestra que en contextos sociopolíticos considerados plenamente
desarrollados como en el contexto de Estados Unidos de América:
[…] la importancia del concepto quizás reside sobre la idiosincrasia del
derecho antidiscriminatorio norteamericano. Para probar la inconstitucio
nalidad de la discriminación racial, la Suprema Corte de los Estados Unidos
de América resolvió en el caso de Washington vs. Davis (1976) que el actor
debía demostrar un “propósito discriminatorio injusto”, y no solamente un
impacto desproporcionado en las minorías. La idea del racismo incons
ciente es enfatizar qué tanto racismo subyace en la cultura, y por ende es
transmisin (sic) que el parlante “pretenda” ser racista —e incluso que el
escucha perciba el racismo—. En consecuencia, la distinción constitucio
Bix, op. cit., p. 82.
15
Olivia Gall, Identidad, exclusión y racismo: Reflexiones teóricas y sobre México, México,
16
2004, disponible en [Link]
26 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
nal entre “culpable e intencional” y “no intencional y por lo tanto inocente”
puede ser inapropiada cuando se trata de racismo.17
Las reflexiones sobre el valor de la igualdad en medio de la diversidad
y en la contemporaneidad a menudo confluyen en torno a la educación como
causante o culpable de una orientación imperiosa, no siempre dirigida a
otorgar un valor trascendental a la igualdad de los seres humanos aún
frente a sucesos naturales como las diferencias de razas que se evidencian
en características físicas y en ocasiones culturales, empleadas como objeto
de clasificación en el contexto social.
Como antes se ha anotado:
La discriminación no es sólo racial sino que coexisten múltiples discrimi
naciones: por el sexo, opción sexual, situación económica, idioma, religión,
cultura, lugar donde se estudió, apellidos, etcétera (sic), lo que se refleja en
la práctica educativa cotidiana.
Por otra parte, el currículo oficial no tiene en cuenta el pluralismo exis
tente […] sino que, por el contrario, impone modelos educativos homoge
nizadores para todo el país, desconociendo las diferencias. La diversifica
ción curricular, en el marco del proceso de descentralización y la creación
de los planes curriculares regionales, puede ser un buen espacio para re
vertir esta situación.18
La tolerancia y visión de los seres humanos como integrantes de una
misma familia debe ser un criterio universal, un paradigma real.
La globalización como proceso de interconexión cultural debe favore
cer sistemas de integración que redunden en beneficios materializables en
las esferas del trato social y de reconocimiento de sus derechos; tal como
se observó en la parte motiva de la declaración de Durbán, al referir que:
El proceso de globalización es una fuerza potente y dinámica que debería
ser aprovechada para el beneficio, desarrollo y prosperidad de todos los
países, sin exclusión […] los países en desarrollo tienen especiales dificul
tades para hacer frente a este problema fundamental. Aunque la globaliza
ción brinda grandes oportunidades, en la actualidad sus beneficios se
17
Ibidem, pp. 222-223.
18
Rosa María Mujica, Diferentes pero iguales: Educando contra el racismo y la discriminación,
Instituto Peruano de Educación en Derechos Humanos y la Paz, Perú, 2005, p. 15, disponible
en [Link]
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 27
distribuyen de forma muy desigual, lo mismo que sus costos. Así, expre
samos nuestra determinación de prevenir y mitigar los efectos negativos
de la globalización; esos efectos pueden agravar, en particular, la pobreza,
el subdesarrollo, la marginación, la exclusión social, la homogeneización
cultural y las desigualdades económicas que pueden producirse conforme
a criterios raciales, dentro de los estados y entre ellos, con consecuencias ne
gativas. Expresamos también nuestra determinación de ampliar al máximo
los beneficios de la globalización, entre otras cosas, mediante el fortalecimien
to y el mejoramiento de la cooperación internacional para promover la
igualdad de oportunidades para el comercio, el crecimiento económico y el
desarrollo sostenible, las comunicaciones mundiales gracias al empleo de
nuevas tecnologías y el incremento de los intercambios interculturales
mediante la preservación y la promoción de la diversidad cultural, lo que
puede contribuir a la erradicación del racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Sólo desplegando esfuer
zos amplios y sostenidos para crear un futuro común, basado en nuestra
común humanidad y en toda su diversidad, se podrá lograr que la globali
zación sea plenamente incluyente y equitativa.19
La lucha en contra de la discriminación racial no es tarea sencilla. Requiere
de voluntad política, del compromiso real de la educación y del derecho,
para la divulgación, introyección y protección o garantía de los derechos
humanos universales por parte de los actores sociales más trascendentes,
sin que persista tipo alguno de distinción.
Es preciso fomentar la generación de una verdadera identidad nacio
nal, para lo cual se requiere del diseño de estrategias educativas que visua
licen no una simple homogenización curricular, sino de igualdad en medio
y con respeto a las diferencias, a partir, precisamente, del reconocimiento
de las mismas como parte de esa identidad nacional.
Lo anterior sólo es posible de manera contrita, en medio de la reflexión
generalizada que se genera a partir de espacios lúdicos y académicos como
el presente, se re-formen los actores y sociedades,
reafirmando los principios de la igualdad y de la libre determinación de los
pueblos, y recordando que todos los seres humanos nacen iguales en dig
19
Naciones Unidas, Derechos Humanos, Oficina del Alto Comisionado, Unidos contra el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, Publicaciones
Naciones Unidas, Nueva York, 2012, p. 7, disponible en [Link]
pdfs/united_against_racism_for_web.pdf
28 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
nidad y en derechos, subrayando que esa igualdad debe ser protegida co
mo asunto de la máxima prioridad, reconociendo además que el deber de
los Estados es adoptar medidas rápidas, decisivas y apropiadas para elimi
nar todas las formas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas
conexas de intolerancia.20
En la lucha transnacional contra el flagelo de la discriminación por
razones étnicas, de manera lastimosa se ha distinguido en todos los con
textos sociopolíticos del mundo la existencia:
[…] de por lo menos tres alternativas importantes que buscan minar las
fuerzas perversas de este fenómeno. Una de ellas es la que plantea la to
lerancia en su sentido filosófico normativo, otra es la de las leyes interna
cionales y locales contra la discriminación y el racismo y otra más en la
que está a cargo, o debería estar a cargo, de los sistemas escolarizados.21
En el presente documento se observan las últimas dos alternativas que se
proponen en el párrafo anterior para el combate de la discriminación racial,
consistentes en los ámbitos jurídico y educativo.
Los autores esperan que esta reflexión se constituya en una herramien
ta que contribuya a la promoción de la tolerancia y el respeto a la diversidad,
reconociendo que la educación y el derecho pueden contribuir a un mundo
libre de discriminación racial y a formas conexas de intolerancia.
Una mirada a la discriminación
racial desde el derecho
En el plano jurídico, como se observaba, es innegable que la Declaración Uni
versal de los Derechos Humanos se constituyó en el fundamento o sustrato
teórico-práctico que desencadenó un cambio en la concepción de los dere
chos y deberes humanos y que dio origen posterior a revoluciones de pen
samiento social y a nuevas convenciones, también revolucionarias, como
la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación Racial, aprobada por las Naciones Unidas en 1965 y ratifi
cada por México en 1975.
20
Idem.
21
Saúl Velasco Cruz, “El racismo y las tres formas básicas de combatirlo”, en Cultura y re
presentaciones sociales, año 2, núm. 3, septiembre, 2007, p. 132.
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 29
Precisamente la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas
las Formas de Discriminación Racial reconoce que la Declaración Univer
sal de los Derechos Humanos proclama que todos los seres humanos na
cen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene todos
los derechos y libertades enunciados en la misma, sin distinción alguna, en
particular por motivos de raza, color u origen nacional y que todos los hom
bres son iguales ante la ley y tienen derecho a igual protección jurídica
contra toda discriminación y contra toda incitación a la misma.
De la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las
Formas de Discriminación Racial se destacan como parte importante de
su marco conceptual y referencial los tres artículos iniciales que se presen
tan a continuación:
Artículo 1. En la presente Convención la expresión “discriminación racial”
denotará toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en
motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto
o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio,
en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades funda
mentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier
otra esfera de la vida pública […].
Artículo 2. Los Estados partes condenan la discriminación racial y se com
prometen a seguir, por todos los medios apropiados y sin dilaciones, una
política encaminada a eliminar la discriminación racial en todas sus formas
y a promover el entendimiento entre todas las razas, y con tal objeto:
a) cada Estado se compromete a no incurrir en ningún acto o práctica de
discriminación racial contra personas, grupo de personas o instituciones
y a velar por que todas las autoridades públicas e instituciones públicas,
nacionales y locales, actúen en conformidad con esta obligación […].
Artículo 3. Los Estados partes condenan especialmente la segregación ra
cial y el apartheid y se comprometen a prevenir, prohibir y eliminar en los
territorios bajo su jurisdicción todas las prácticas de esta naturaleza […].
La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas
de Discriminación Racial condena esta práctica, compromete a los Estados
a adoptar medidas para eliminar la discriminación racial y a promover el
entendimiento entre las razas, además prohíbe y elimina la discriminación
racial en todas sus formas y garantiza el derecho de igualdad en la justicia,
seguridad y protección contra actos de violencia y atentados, participación
en elecciones y para ser elegido; a elegir el lugar donde vivir, a opinar y
30 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
expresarse, al trabajo y a condiciones de igualdad de salario; a la vivienda,
a la salud y a la educación, a acceder a todos los lugares y servicios públicos
como transporte, hoteles, restaurantes, espectáculos, parques, entre otros.
Cabe destacar que además de la Convención antes estudiada, existen
otros instrumentos internacionales que luchan contra todas las formas de
discriminación y que son promovidos desde la Organización de las Naciones
Unidas (onu) y la unesco, como son: la Declaración sobre la Eliminación
de todas las Formas de Intolerancia y Discriminación Fundadas en la Reli
gión o las Convicciones, la Convención sobre la Eliminación de todas las
Formas de Discriminación Contra la Mujer, la Convención sobre los Dere
chos del Niño, y la Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales.
Es una realidad comprobable que el racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y otras formas de intolerancia continúan practicándose en los
diversos contextos de la actualidad, con menor intensidad que antaño,
pero de manera persistente y sostenida.
Al respecto, se considera por autores y organizaciones contemporá
neos que:
La globalización y la subsiguiente difuminación de fronteras nacionales han
dado lugar a sociedades diversas y multiculturales, en las que la persistencia
de consideraciones raciales y étnicas puede conducir a la exclusión y a un
aumento de la desigualdad. Fue esta constatación la que llevó a la comuni
dad internacional a pedir un nuevo impulso común para luchar de manera
eficaz y, sobre todo, unificada, contra una de las lacras del siglo xxi.22
En la reflexión institucional anterior destaca la preocupación mundial
por exterminar el racismo a partir de la aceptación de su práctica genera
lizada; por lo anterior:
En 1997, la Asamblea General de las Naciones Unidas convocó una Confe
rencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y
otras formas conexas de Intolerancia, que se celebró unos años más tarde,
en 2001, en la ciudad Sudafricana de Durban. Se trataba de la tercera con
ferencia internacional contra el racismo; si bien las anteriores habían pa
sado un poco desapercibidas por su ámbito temático más restringido y su
22
Unión Romaní, Estrategia integral contra el racismo, la discriminación racial, xenofobia y otras
formas conexas de intolerancia, Barcelona, 2011, disponible en [Link]
downloads/[Link]
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 31
consiguiente apoyo más reducido, países como España, que junto a los
demás Estados miembros de la Unión Europea, participó activamente en
las negociaciones, apoyó en el año 2001 las conclusiones que surgieron
de la Conferencia, y asumió sus compromisos.
En septiembre de 2001, se adoptó por aclamación un documento que se ha
convertido en pieza esencial en la lucha de muchos gobiernos contra la
discriminación racial y la xenofobia: la Declaración y el Programa de Acción
de Durban. Se trata de un documento comprensivo, en el que por primera
vez se reconoce que ningún país del mundo está exento de racismo, que se
trata de una cuestión mundial, y que para afrontarlo es necesario un es
fuerzo universal.
La Declaración y el Programa de Acción de Durban (dpad) consagra el de
cidido compromiso de la comunidad internacional de luchar contra el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de
intolerancia, desde una visión holística que abarcó un amplio espectro
de cuestiones. El documento contiene recomendaciones trascendentales
y medidas prácticas, que han de aplicarse a nivel nacional, regional e
internacional.23
Los instrumentos internacionales a los que se ha hecho referencia con
tienen un conjunto de disposiciones normativas tendientes a inhibir las prácti
cas discriminatorias a nivel internacional, sin embargo, es de vital impor
tancia que los Estados incorporen parte de dichas convenciones en forma
rápida y adecuada a su legislación local.
Algunos Estados que han suscrito los tratados internacionales sobre la
discriminación racial han demorado mucho tiempo en legislar en la materia.
México es uno de esos casos. Después de 30 años de espera, por fin el 9 de
junio de 2003, el entonces presidente de la República, Vicente Fox, firmó el
decreto en el que se expide la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discri
minación,24 norma que se constituye en el mayor instrumento legal que es
grime la justicia mexicana en contra de los abusos clasistas fundados en la
oprobiosa distinción racial. La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discri
minación (lfped), en su artículo primero, menciona que la discriminación es:
[…] la segregación racial, antisemitismo, así como la discriminación racial y
otras formas conexas de intolerancia; por ende, es necesario seguir impul
23
Idem.
24
Ibidem, pp. 138-139.
32 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
sando acciones en el espacio público para eliminar barreras y romper con la
discriminación estructural que impiden el reconocimiento de la diversidad.25
En efecto, México ratificó en 1975 la Convención Internacional sobre la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y es hasta junio
de 2003 que se firma el decreto en que se expide la Ley Federal para Pre
venir la Discriminación.
La mencionada, pero poco difundida, Ley Federal para Prevenir y Elimi
nar la Discriminación pretende poner en práctica lo que estipulan los tra
tados y convenios internacionales con respecto a esta repudiable posición,
basándose y proyectando en la esfera práctica lo dispuesto por el artículo
primero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que
en su parte conducente establece que:
En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos
humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales
de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su
protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en
los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece […]
Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacio
nal, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones
de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil
o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto
anular o menoscabar los derechos o libertades de las personas.26
La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación es instrumento
de lucha en el contexto nacional mexicano, para que no exista discriminación
por ningún motivo; sin embargo, es indiscutible que la propia ley no resulta
del todo suficiente para garantizar la supresión de la discriminación.
La educación contra la discriminación racial
Son muchas las equivocaciones que se otorgan a la educación, pero pocas
las reflexiones en torno a su impacto en la construcción de paradigmas de
25
conapred, op. cit.
26
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 1917, artículo 1º, disponible en
[Link]
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 33
desigualdad como el racista desde la antigüedad, o en la posterior decons
trucción del sistemas de creencias de desigualdad de razas en la moderni
dad, así como en la subsistencia de la creencia de desigualdad que en la pos
modernidad es el supuesto teórico de fondo, que se refleja en nuevas formas
discriminatorias como la que se observa y surge en el plano internacional
por la distinción por la nacionalidad de origen de las personas.
El conflicto que se plantea es simplemente una variación epistémica pro
veniente del mismo paradigma racista de otrora, y que ahora cobra nuevos
matices al no limitarse a una caracterización por el color de la piel, pero que
mantiene con nuevos visos una escisión fundamental en la sociedad, en la
que se fragmenta de manera profunda la moral y el derecho, generando un
conflicto ético y en general sociohistórico que nunca debió emerger.
En contraste con las demás formas de combatir la discriminación racial, y sin
ocuparse directamente de contrarrestarla apelando a la tolerancia e inhibi
ción mediante la ley, se busca entonces prevenirla y en todo caso neutra
lizarla. La esfera de actuación descansa en el área filosófica y transversal
de competencias de la educación.27
Es claro que la enseñanza y reeducación es necesaria para prevenir la
discriminación racial y la intolerancia, por lo cual se le deben asignar re
cursos financieros a la lucha contra el racismo y fomentar campañas de
información que promueva los valores de la aceptación, la tolerancia, la
diversidad y el respeto por todas las culturas.
Es indispensable el desarrollo de programas culturales y educativos para
la lucha en contra del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia, con el fin de garantizar el respeto a la dig
nidad humana, aumentando la comprensión mutua entre culturas.
El derecho como ciencia social se encuentra en constante interacción con
las demás ciencias al intentar comprender los fenómenos que emergen de la
vida en sociedad, por tanto, con una visión bioética, ha de comprender la in
teractuación de diversas disciplinas que en su quehacer científico confluyen
en el análisis de todos los fenómenos sociales, para procurar un mayor
bienestar y un mejor vivir.
Esencialmente, los autores consideran que el Estado mexicano, como
otros países del contexto latinoamericano de similares conflictos ideoló
27
Unión Romaní, op. cit., p. 139.
34 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
gicos y sociopolíticos, debe intensificar en los programas de enseñanza, la
comprensión de los derechos humanos, para promover el conocimiento y
el entendimiento de las causas, las consecuencias y los daños que la dis
criminación en todas sus formas acarrea.
Por lo anterior, desde el plano político y público debe fomentarse que, de
manera sostenida hacia un cambio educativo generacional: las dependen
cias educativas de manera constante y planificada elaboren estrategias de
formación, prevención y tratamiento, a través del diseño de programas y
materiales didácticos creativos, que faciliten la lucha contra estos fenóme
nos que son un flagelo de la humanidad y de la ciencia.
Efectivamente, la educación escolarizada no lo puede hacer todo en
esta materia, pero sí puede contribuir sustancialmente a ello, sobre todo si
hay un trabajo coordinado con las otras esferas de acción identificadas. En
el caso específico del combate a la discriminación, la intolerancia y la xe
nofobia, la escuela requiere del apoyo extraescolar, de la prescripción po
lítica de las virtudes cívicas de la tolerancia y de la no discriminación, pero
también del apoyo insustituible de la ley.
Resulta evidente que la educación no puede luchar por sí sola contra el
racismo considerándolo como una ideología que posee un trasfondo teórico
fundado en la superioridad de una razas sobre otras, ni en términos gene
rales contra la discriminación racial que lo abarca, o contra la xenofobia
o rechazo a los extranjeros, y demás formas conexas de intolerancia, sino
que sirve de complemento de las acciones de las demás alternativas, al
buscar la prevención del fenómeno y preparar a la ciudadanía para la con
vivencia armónica en la sociedad multicultural actual.
Es por lo anterior que los Estados que, como México, pretenden ser
socialmente coherentes con sus estructuras normativas, deben comprome
terse inclusive a garantizar el acceso a todos los derechos y en particular
a la educación de todos los niños y adultos mayores que la requieran, de
forma gratuita, respetando sus derechos humanos, fomentando los valo
res, la diversidad y la tolerancia.
Además de lo expuesto, se deben adoptar medidas para garantizar que
las minorías tengan acceso a la educación sin discriminación alguna.
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 35
Discusión crítica de resultados
Tal como se puede observar, a partir del encuadramiento social y norma
tivo que dañosamente realiza la discriminación racista, ésta se funda en el
irrespeto e inequidad.
Sin pretender juzgar a una cultura, tradiciones y costumbres, se puede
considerar que, si bien el Derecho debe respetar las tendencias tanto indivi
duales como grupales y las creencias sociales como expresión de la autono
mía, ello no implica en ninguna medida permisividad a la agresión, limitación
o disminución de los derechos de estas familias o grupos de personas.
Dada su importancia en las diferentes culturas y religiones, la regula
rización de los procesos de discriminación se han marcado por la estan
darización de criterios de igualdad que han ido cobrando espacios en los
contextos internacional, nacional y local, conduciéndolos hacia una organi
zación y dimensión más que jurídica, hasta el plano filosófico e inclusive
espiritual.
Conclusiones
Socialmente hablando, es preciso señalar que en el México contemporáneo
la discriminación social por motivos raciales no es un fenómeno tan simple
como otrora, pues con matices relacionados con otras formas y objetos
de discriminación, es ahora un fenómeno complejo que se expande y re
vierte de los grupos tradicionalmente discriminados, como son los indíge
nas, y se ha generalizado, por educación o tradición cultural, “hacia un mundo
mestizo que se encuentra en los márgenes de la cultura dominante”,28 consti
tuyéndose en conductas de alta resistencia y persistencia, que implican,
inclusive en el grupo marginado, la adopción de conductas también de cla
sificación y discriminación frente a otras.
Desde la esfera ética y por ende desde la bioética,29 cabe concluir que
la existencia de prácticas discriminatorias se constituye en una limitación
al desdeño frente a la autonomía que cada individuo tiene para desarrollar
sus relaciones sociales en los entornos familiar, laboral y social.
28
Urías, op. cit., 2012, disponible en [Link]
[Link]
29
Rama de la ciencia ética.
36 • Vera J. Villa Guardiola, Arturo Hurtado Peña
Como se anotó anteriormente, la forma que presenta la discriminación
racial se ha modificado a través de los tiempos, de tal manera que en la mo
dernidad tiene un carácter más sutil, aunque desde los comienzos de su
existencia y en cada una de las etapas de la civilización, se constituye en el
resultado del desarrollo de un paradigma iniciado en organizaciones socio
políticas de tipo inferior, que surgieron en las primeras etapas de la historia
universal, aunque su proyección ha repercutido en la cotidianidad aún en
los tiempos modernos y que se cristaliza en las normatividades y culturas
más antiguas y recientes del mundo.
La educación debe contribuir al cambio paradigmático necesario en los
diferentes contextos, al abandono de arquetipos anteriores, a la abstrac
ción necesaria de la no diferenciación por causa racial y a la adopción de
la integración con la debida protección actual a los grupos marginados; las
estrategias didácticas deben ir encaminadas a generar diferentes actitudes
y prácticas.
El bullying y cualquier otro tipo de maltrato debe ser exterminado des
de la convicción personal y grupal por sustitución cultural, lo que sólo se
logra con la intervención mancomunada de todos los actores del proceso
educativo y desde la primera escuela: la familia.
Se deben generar estrategias de aprendizaje significativo que de manera
constante sustituyan anteriores creencias; es preciso trabajar en la creación
de currículos integradores, con materiales didácticos renovados: juegos,
videos, afiches, cuadernos de trabajo y guías didácticas, que tengan tanto
objetivos como fundamentos teóricos y propuestas pedagógicas integra
doras que, de manera sencilla, contribuyan a incorporar estos temas en las
prácticas cotidianas de todas las escuelas constituyéndose en parte del
currículo escolar oculto.
Resulta incomprensible que a inicios del siglo xxi la sociedad continúe
perpetuando prácticas socio-culturales que alberguen distinciones raciales.
No es comprensible que se conciba desde la familia y escuela como instan
cias de socialización primaria el concepto de racismo, excluyendo por tanto
a muchos compatriotas de ciertos beneficios sociales y económicos previs
tos en las normas.
Para realizar el cambio esperado, debe haber una conjunción de modi
ficaciones que, como se ha anotado, van desde el plano social hasta el po
lítico-económico, donde se esperan cambios democráticos y la inserción de
Educación y derecho contra la discriminación racial en México • 37
nuevas medidas o modelos económicos donde preponderen nuevos acuer
dos comerciales en el plano internacional, así como la creación y adopción de
políticas públicas que, individualizadas al caso mexicano y sus necesida
des, permitan la redistribución de riquezas.
Las modificaciones en comento deben ser motivadas desde el campo
educativo, con el acompañamiento de una regulación jurídica ajustada a las
realidades y escalas socio-económicas diversas y complejas de un México
que, en la contemporaneidad, se debe proyectar de manera distinta en
virtud de la globalización.
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Cultura y representaciones sociales, año 2, núm. 3, septiembre, 2007.
Dominación colonial y resistencia cultural
Rafael Aréstegui Ruiz*
Introducción
Abordar la problemática del tema de los pueblos originarios nos obliga a
hacer un recorrido por la historia para así identificar los cambios que se
han presentado en la sociedad y los acontecimientos que han incidido en
marcar tendencias políticas, sociales, económicas y culturales; así pues se
trata evidentemente de reconocer cómo han evolucionado sus condiciones
de vida, su territorio y la relación con el Estado; ese necesario recorrido
obliga por método a entender el significado que aún hoy tiene la conquista
y el periodo de la dominación colonial.
De acuerdo al Censo de Población y Vivienda 2010, el Instituto Nacional
de Estadística y Geografía (inegi) estimó una población de 15.7 millones de
indígenas en México. De ellos, 11.1 millones viven en un hogar indígena,
6.6 millones son hablantes de lengua indígena; 9.1 millones no hablan
lengua indígena y 400 mil de los hablantes no se consideran indígenas.
La gran dispersión territorial en que se encuentran es tal vez, después
de la alta marginación y pobreza, uno de sus principales rasgos. La pobla
ción considerada indígena por el inegi se encuentra distribuida en un total
de 64,172 localidades que se encuentran clasificadas de acuerdo con crite
rios de concentración de población indígena en cada una de ellas, agrupán
dose de la siguiente manera:
* Doctor en Educación. Profesor-investigador de tiempo completo en la Universidad Autó
noma de Guerrero.
41
• 34,263 localidades con una proporción de población indígena mayor o
igual a 40 por ciento de su población total.
• 2,118 localidades con una densidad de población de menos del 40 por cien
to de pi y más de 150 indígenas, que se consideran localidades de interés.
• 27,791 localidades con menos de 40 por ciento de pi y menos de 150
indígenas entre su población total.
La mayoría de los asentamientos de la población indígena, ya sea por
razones históricas, económicas, sociales, por persecuciones o bien por los
desplazamientos que han padecido, se encuentran en condiciones de reza
go y exclusión. Tal parece que, además de la dispersión poblacional, la
exclusión ha generado otra característica que no se puede soslayar, pues
cuando hablamos de población indígena en nuestro país, hablamos de su
condición de pobreza.
De acuerdo al último reporte del Consejo Nacional de Evaluación
(coneval) se estima que el 73.2 por ciento de la población indígena está en
situación de pobreza, es decir, cerca de 8.7 millones de personas, de las
cuales el 31.8 está en pobreza extrema y el 41.4 por ciento en pobreza
moderada.1 Mucha tinta ha corrido desde que Bonfil Batalla abordó el de
bate del concepto de indio, para él:
La definición de indio o indígena (términos que en este ensayo se emplean
indistintamente) no es una mera preocupación académica ni un problema
semántico. Por lo menos, no lo es en la medida en que se reconozca que
el término en cuestión designa una categoría social específica y, por lo
tanto, al definirla es imprescindible establecer su ubicación dentro del con
texto más amplio de la sociedad global de la que forma parte. Y esto, a su
vez, está preñado de consecuencias de todo orden, que tienen que ver con
aspectos teóricos y con problemas prácticos y políticos de enorme impor
tancia para los países que cuentan con población indígena. […] El indio ha
evadido constantemente los intentos que se han hecho por definirlo. Una
tras otra, las definiciones formuladas son objeto de análisis y de confronta
ción con la realidad, pruebas en las que siempre dejan ver su inconsistencia,
su parcialidad o su incapacidad para que en ellas quepa la gran variedad
de situaciones y de contenidos culturales que hoy caracterizan a los pue
blos de América que llamamos indígenas.2
1
Disponible en [Link]/opinion//los-pueblos-indigenas-de-México.
2015-08-12.
2
Guillermo Bonfil, “El concepto de indio en América: una categoría de la situación colo
nial”, en Obras escogidas, t. i, ini, México, 1995.
42 • Rafael Aréstegui Ruiz
La independencia mexicana se logró sobre la base del sacrificio de los
pueblos originarios y las diversas clases de mestizaje que ocurrieron du
rante la Colonia. Los generales Vicente Guerrero y Juan Álvarez eran mula
tos y tal vez los principales artífices de la Independencia, pues recordemos
que el primero resistió durante 11 años los embates de los ejércitos realis
tas que ya habían ultimado a Hidalgo, Morelos y los otros precursores;
Guerrero consumó la independencia en pacto con Iturbide, mientras que
Álvarez, con el Plan de Ayutla, inició la caída de Santa Anna y afianzó la
idea de un país republicano; sin embargo, desde entonces, estos persona
jes fueron menospreciados por las élites dominantes de su tiempo, mues
tra de ello es que el Congreso declaró al presidente Guerrero “incapaz
para gobernar” por su condición de mulato.
Aún hoy el racismo que se vive en el país encubre la idea de que es ne
cesario relegar a los pueblos originarios a una condición casi infrahumana,
pues “constituyen un obstáculo para el desarrollo”.
A pesar de los tratados internacionales y las declaraciones en favor de
los derechos de los pueblos indígenas, la realidad es que han aniquilado a
muchas comunidades y les han despojado de sus territorios ancestrales
para convertirlos en propiedad privada de los nuevos terratenientes, que
son las empresas mineras que nacieron al cobijo de las políticas neolibera
les y están respaldadas por las reformas estructurales de gran calado, como
se ha dado en llamar a las reformas del régimen de Peña Nieto; el próximo
paso será destruirlos simbólicamente y declarar su “no existencia”.
Pero ellos, los pueblos originarios, saben de qué se trata. Siempre lo
han sabido, su cosmovisión les permite tener una relación con la naturaleza
que no es sólo de carácter económico, sino que es fundamentalmente cul
tural y espiritual. Su identidad se conjuga con ella, por ello saben que si la
destruyen o agotan sus territorios es la supervivencia de sus pueblos la que
se arriesga. Por eso viven de acuerdo a otros modelos de desarrollo, más
sustentables y respetuosos de la tierra, del subsuelo, del agua, del aire y
de las especies vegetales y animales.
El cuidado del medioambiente, sobre el que vienen alertándonos los ac
tuales ecologistas, hace décadas que es del conocimiento de los pueblos
originarios y lo practican desde el comienzo de la historia, sólo que la cul
tura occidental no los escucha.
Dominación colonial y resistencia cultural • 43
La conquista
Estas palabras las escribió Eduardo Matos Moctezuma hace ya varios años
y pienso, como él ya lo pensaba, que no han perdido su validez puesto que
describen con claridad meridiana el significado de la conquista de Tenoch
titlán y el posterior despojo que significó la colonia. Después de las peripe
cias sufridas por ambos bandos llegaba el momento del enfrentamiento
final:
La conquista de México enfrentó dos formas diferentes de concebir el
universo. Fue el encuentro de dos intenciones, de dos distintos modos de
pensar, de dos sociedades que tenían su particular manera de entender
el mundo que los rodeaba. Si, por un lado, España estaba en plena expan
sión después del descubrimiento de América, lo que llevaba a muchos
a tratar de encontrar el oro y la gloria valiéndose de la espada y la cruz,
América también descubría a España, sufriendo en carne propia la des
trucción de sus milenarias costumbres y la imposición de nuevas formas
de vida que le eran ajenas. Así, en el caso de México, a la imposición mili
tar siguió la lucha ideológica, que derribó ídolos y destruyó templos en su
afán de desterrar lo que por cientos, y quizá miles de años había predomi
nado en Mesoamérica.3
Jared Diamond, en su obra Armas, gérmenes y acero, escrita a lo largo
de siete años, intenta responder a la pregunta: ¿por qué los españoles,
siendo un número tan pequeño, pudieron conquistar a los indígenas de
América que eran mil veces superiores en número?, reproduce una crónica
en la que Atahualpa cayó en una emboscada después de que la caballería,
compuesta por 62 jinetes que dirigía Pizarro, sembró el terror en la infantería
indígena en campo abierto; aterrorizaron a las huestes de Atahualpa, que
eran cerca de 80 mil guerreros; lo apresaron y los indígenas se rindieron;
las espadas y las cargas a caballo les daban tanta ventaja que hacían estra
gos. Una vez que capturaron a Atahualpa pidieron rescate, lo cobraron y
luego asesinaron al rey Inca.
Otra ventaja de los españoles consistía en sus armas de acero, que
eran superiores frente a los palos, mazas, hachas de obsidiana, arcos y
flechas, además los españoles contaban con armaduras de tela acolchada.
3
Disponible en [Link]
[Link]...Eduardo Matos
44 • Rafael Aréstegui Ruiz
Diamond dice que no basta con suponer que los conquistadores españoles
ganaron gracias a sus aliados indígenas. El uso de la pólvora fue una ven
taja adicional, las armas de fuego de los europeos destrozaron culturas
indígenas a lo largo del mundo en los siguientes siglos. Pero Diamond no
destaca el carácter que tenían las guerras para los pueblos de América.
Ciertas enfermedades resultaron ser, históricamente, una ventaja para
los conquistadores. Es conocido el papel que la viruela jugó en la baja ca
tastrófica de la población autóctona americana. Se decía entonces que “indio
con viruela, indio muerto”, mientras que a muchos españoles solamente
les causaba las tétricas y características cicatrices. ¿Por qué? Resulta que
gran número de enfermedades contagiosas comunes provienen de ani
males domesticados y los pueblos eurasiáticos habían convivido durante
milenios con ellos y desarrollado defensas propias, de las que carecían los
indios americanos.
La escritura tuvo también un papel de ventaja a su vez, pues posibilitó
la transmisión de experiencias. Las partes militares de Cortés fueron asi
milados por Pizarro, que entendió la importancia de capturar a los jefes y
con ello provocar el desánimo de los guerreros nativos, al tiempo que faci
litó la administración de extensos dominios. La escritura fue, junto con las
armas, un elemento que creó la distinción entre sociedades “avanzadas” y
“primitivas”, uno de los primeros instrumentos de dominio.4
Así podemos resumir que las ventajas eran: el uso de la caballería, las
armas de acero, el uso de la pólvora y armas de fuego, la escritura y los gér
menes que jugaron a favor de los conquistadores, aunado a la alianza que
establecieron con los pueblos que se encontraban enfrentados a los azte
cas. Las ventajas militares se deben a otra vía civilizatoria, pero no necesa
riamente refleja superioridad cultural, ése es otro tema a debatir.
La conquista no estuvo exenta de fuertes resistencias militares, pero
de inicio, los conquistadores masacraron a cerca de 6 mil cholultecas por la
sospecha de que pudieran atacarlos. De acuerdo con los cronistas y con el
propio Hernán Cortés, se trató de una acción preventiva.
Después de la muerte de Moctezuma y de varias masacres, los aztecas
deciden enfrentar a los conquistadores y, después de un largo sitio en que
los españoles y sus aliados indígenas estaban cercados casi sin alimentos
4
Jared Diamond, Armas, gérmenes y acero. La sociedad humana y sus destinos, Debate,
Madrid, 2007, p. 592.
Dominación colonial y resistencia cultural • 45
en el palacio de Axayácatl, deciden huir al punto de la medianoche del 30
de junio de 1520, no sin antes haber saqueado los tesoros de Moctezuma.
Cortés dio la señal de partida y en silencio marcharon sigilosamente por
un puente de canoas en dirección a Tacuba; al llegar al canal de los toltecas
se notó la huida de los españoles y empezó a sonar el tambor de Huitzilo
pochtli, entonces los españoles se vieron rodeados por miles de embrave
cidos guerreros. En cuestión de minutos la laguna que rodeaba México-Te
nochtitlán se llenó de canoas repletas de guerreros, en tanto que desde las
azoteas miles de guerreros atacaban la retaguardia y cortaron los puentes
a tierra firme.
Lograron salvarse los soldados que dejaron las joyas y el oro que car
gaban. Muchos de los que iban lastrados por la armadura de acero, barras
de oro y joyas, murieron ricos. Pero también hay aquí algo de leyenda: en
una batalla nocturna sobre una calzada estrecha trazada sobre el agua y
atacados por miles de enemigos, a la vez por ambos flancos y por la reta
guardia, la salvación sólo pudo proporcionarla el valor o la suerte. Hombres
y caballos se ahogaron en las acequias y pozas, se perdió la artillería, los
indígenas aliados de Cortés fueron masacrados, pues más de mil tlaxcal
tecas aliados sobrevivieron apenas un centenar, la mitad de la tropa espa
ñola quedó muerta y heridos casi todos los demás (Bernal Díaz del Castillo
afirma que murieron 600 cristianos, más de la mitad de la hueste de Cortés).
Durante los homenajes por el ascenso del nuevo emperador fueron sacri
ficados los españoles y tlaxcaltecas capturados. Se afirmó que el 90 por
ciento del producto del saqueo del tesoro de Moctezuma se perdió.5
Debido a su derrota Cortés tomó venganza contra otros pueblos:
Y cuando hubieron llegado a un sitio que se llama Calacoayan, en una
cañada, un poco arriba, allí donde hay cercas de piedra, mataron y apuña
laron los españoles a la gente. No les habían salido al frente las gentes de
allí, los habitantes de Calacoayan: sin culpa suya fueron matados. En ellos
desquitaron su ira, en ellos vaciaron su venganza.6
Cortés y sus huestes entraron a México-Tenochtitlán el 8 de noviembre
de 1519; la historia consecuente es ya bien conocida por todos: la capital del
reino de Moctezuma fue conquistada a sangre y fuego y, tras 75 días de
5
Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, Porrúa, México,
2013.
6
Rafael Aréstegui, Educación intercultural, base de un desarrollo integral, cesop, México, 2016.
46 • Rafael Aréstegui Ruiz
sitio, la ciudad cayó el 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito para los
españoles. Posteriormente sobre sus ruinas se asentaron los cimientos de
una nueva ciudad colonial. Poco tiempo después Cortés fue nombrado
gobernador y capitán general de la Nueva España.
Los españoles llegaron al territorio tlapaneco en 1521 y, según el Códice
Azoyú, el proceso de conquista no fue violento ya que, como bien sabemos,
los españoles aprovecharon la estructura que dejaron los mexicas y la re
gión se sometió al sistema de encomienda. En ella tuvieron presencia los
frailes Agustinos que intentaron desaparecer la lengua. Pero un grupo de
pueblos originarios, los yopes, según se narra en algunos códices (Tudela,
Magliabechiano, Ixtlixóchitl y Veitia), nunca se sometieron al poder mexica
y mucho menos al de los españoles, de tal manera que preferían la muerte y
la guerra, antes que dejarse someter. Los yopes habitaban lo que hoy se ha
descubierto como Tehualcalco, pero se extendían hasta lo que hoy es San
Luis Acatlán. En este lugar los soldados de Pedro de Alvarado encontraron
oro al seguir el cauce del río y descubrieron el poblado indígena que for
maba parte de la provincia de Ayacaxtla, hoy llamado San Luis. El hallazgo
de grano de oro en el río aumentó su interés y de inmediato pidieron auto
rización a Alvarado para establecerse en ese lugar, argumentando que era
propicio para la agricultura y la ganadería, además del agradable clima y
un hermoso paisaje natural.
Esta villa no tuvo mucha suerte, pues en 1531 los yopes incursionaron
en varios de estos pueblos matando a los españoles junto con el alguacil
mayor, don Diego Gallegos; pasaron por las armas a todos, españoles e
indios aliados a los blancos; no dejaron casa sin quemar, destruyendo los
poblados y provocando que Cortés enviara a la horca a Vasco Porcallo por
las protestas de la audiencia de México. Con esta acción los yopes, que no
habían sido sometidos ni por Moctezuma, fueron exterminados; los pocos
que quedaron se dispersaron por Oaxaca, Centroamérica y hasta Nicaragua.7
En 1524 Cortés organiza su famosa expedición a Las Hibueras en bus
ca de Cristóbal de Olid; en el trayecto, en el poblado de Izancanac, lugar
cercano a la provincia de Xicalanco, dio muerte a Cuauhtémoc, el último
soberano tenochca. A su regreso reasume el gobierno que le quitará un
juez, quien había llegado para hacerle un juicio de residencia, que para
7
Silvio Zavala, La encomienda indiana, Junta para Ampliación de Estudios, Centro de
Estudios Históricos, Madrid, 1935.
Dominación colonial y resistencia cultural • 47
entonces no prospera. En estas circunstancias, Cortés decide viajar a Es
paña en 1528 y logra ver al emperador Carlos V, de quien recibe todos los
honores pero no el poder total de la naciente Nueva España.
La conquista del territorio hubo de prolongarse debido a la resistencia
que opusieron los grupos indígenas considerados seminómadas, dado su
carácter rebelde. A los distintos grupos que habitaban la región se les agru
pa con el nombre de “tribus chichimecas”. Éstos fueron los únicos indíge
nas capaces de resistir, puesto que habían comprado armas de fuego y
sabían montar caballos. En la colonia de la Nueva España los indios chichime
cas eran temibles jinetes que lograron resistir a los colonos españoles en
la región de lo que hoy es Zacatecas. Un gran número de grupos étnicos
de la región se aliaron contra los españoles, que tenían como objetivo la
colonización militar del norte de México debido a que se descubrió un gran
potencial de explotación minera de plata. A la gran y larga resistencia de
los pueblos en esta región se le ha llegado a conocer como las Guerras
Chichimecas.
Los chichimecas, gumaraes y guachichiles, antes de que les hiciera la
guerra el virrey Antonio de Mendoza en Jalisco, por el año de 1541, vivían
en una tierra aún no invadida por los españoles, pero cuando a éstos les
fue necesario poblar y fundar estancias en estas tierras, debido a las minas
tomadas a los habitantes de la región, comenzó la resistencia armada ba
sada en el enfrentamiento de guerrillas por parte de los chichimecas.
Fue hasta los años 1600 cuando los españoles sometieron casi comple
tamente a los pueblos chichimecas, después de las sangrientas Guerras
Chichimecas, en las que las tropas de los españoles con ayuda de pueblos
sometidos como los tlaxcaltecas triunfaron en la colonización militar.8
Como podemos ver, si bien fue brutal la conquista, se enfrentó a la
resistencia militar que opusieron los pueblos y que sólo pudo ser superada
por las ventajas tecnológicas militares que jugaron a favor de los conquis
tadores, añadiendo que mucho ayudaron las alianzas de pueblos rivales de
los aztecas y las epidemias que diezmaron a la población originaria.
Una vez consumada la conquista, los primeros colonos del llamado
Nuevo Mundo dividieron entre ellos las tierras conquistadas y gobernaron
como señores feudales, tratando a sus individuos como esclavos o siervos.
8
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sigloxv/14/09/16
48 • Rafael Aréstegui Ruiz
Para ello se usó la figura de la encomienda en la Nueva España, misma que
fue primeramente introducida por Hernán Cortés después de la conquista
de Tenochtitlán como forma de “repartir” a los indios entre los distintos
conquistadores y colonos. A raíz de la conquista de México Hernán Cortés
distribuyó encomiendas entre los conquistadores. Dijo al rey que lo hizo
“casi forzado” porque se veía en la obligación de recompensar a sus hom
bres y también atender al beneficio de la Real Hacienda. En Nueva Galicia
la encomienda fue establecida por Nuño de Guzmán a partir de 1531. El re
parto se hizo por pueblos y, al igual que en las Antillas, incluyó el trabajo de
los indios, pero además se agregó la práctica mesoamericana del tributo.
La encomienda no incluía las tierras de los indios, ni jurisdicción civil o
criminal sobre ellos.
La encomienda fue importante en el centro de la Nueva España pero
no existió para los indios que habitaban en las ciudades, en los puertos o los
reales de minas como Guanajuato o Zacatecas. Tampoco hubo encomien
das en las misiones del norte. La encomienda subsistió, de hecho o de
derecho, en regiones de frontera y fue objeto de las críticas de misioneros
y juristas, así como el origen de sucesivas normas que reglamentaban y
limitaban su existencia. Entró en decadencia a partir de las Leyes Nuevas
de 1542, aunque subsistió cierto tiempo en algunas regiones de la frontera
norte.
La encomienda de cosas extra indios procedía de una vieja institución
medieval, implantada por las órdenes militares en tiempos de la Reconquista.
En América esta institución debió adaptarse a una situación muy diferente
y planteó problemas y controversias que no tuvo antes en España.
Las denuncias de misioneros y alegatos de los humanistas sobre los
abusos y excesos determinaron la aprobación de las Leyes de Burgos (1512),
con las que se buscaba que el encomendero tuviera obligaciones de trato
justo, retribución equitativa y que evangelizara a los encomendados bajo
la supervisión de los oficiales reales. Esta relativa protección llegó dema
siado tarde para muchos grupos indígenas que, entre los malos tratos y las
epidemias, acabaron casi por extinguirse. Fue esta situación la que llevó a
la Corona a adoptar, por razones morales, jurídicas y políticas, la decisión de
no otorgar más encomiendas en sus dominios coloniales.
Existe una perspectiva de visión cultural de tendencia eurocéntrica que
tiene su sustento en la imposición ideológica y en un sistema de dominación
Dominación colonial y resistencia cultural • 49
que considera la idea de la “civilización occidental” como el único modelo
civilizatorio a escala planetaria y que todas las demás civilizaciones deben
subyugarse a él. La arrogancia occidental, que olvida que su conquista del
mundo fue posible por su superioridad a la hora de imponerse por la fuer
za y la violencia organizada y no por la superioridad de sus valores, sólo
sirve para justificar las nuevas formas de neocolonialismo a pesar de cen
tenares de declaraciones de buenas intenciones.
El caso más emblemático lo tenemos en lo referente a los derechos
humanos, tema que Occidente ha convertido en la punta de lanza para el
ataque contra sistemas políticos, económicos, sociales y culturales que no
son de su agrado y que forman parte de una globalización ideológica que
quiere imponer una concepción muy estrecha de los mismos y que parte
de los postulados enarbolados por la Revolución francesa de 1789, conside
rándolos como la imagen superior e inmodificable que debe tener toda
sociedad, sin considerar que gran parte de la población del planeta sufre
discriminación política, social, económica y no satisface sus derechos más
elementales de vida; en gran parte debido, sin margen alguno a la duda, al
modelo económico occidental, también globalizador, que no está haciendo
otra cosa que agudizar la concentración de extrema riqueza y extrema
pobreza en el mundo.
En la actualidad, más de 110 grupos étnicos componen la mayor parte
de la población mexicana. La población mestiza, a diferencia de los indíge
nas, no constituye una etnia por sí misma, ya que sus ancestros pueden
proceder de diferentes etnias y pueden no tener ningún rasgo fenotípico,
lingüístico o cultural exclusivo. En general, en México se aplica el término
mestizo a personas con una apariencia fenotípica intermedia entre los es
tereotipos indígenas y los estereotipos europeos.
El mestizaje en la Nueva España se caracterizó por ser el resultado de
la mezcla de diversos grupos étnicos: indígenas, europeos y africanos, y
de todos ellos resultó el concepto de mestizo para el pueblo mexicano.
Durante el siglo xix y parte del siglo xx se pensaba que la población mexi
cana estaba formada por la mezcla directa de dos grupos principales, que
se denominan amerindios e ibéricos; luego se anexó un tercer grupo: el de
los negros africanos, muchos de ellos esclavos cimarrones que acudieron
a sus zonas de refugio y otros, como el caso de la costa de Guerrero, re
sultado del naufragio de un barco que transportaba esclavos.
50 • Rafael Aréstegui Ruiz
Posteriormente se incorporó la raíz oriental que en el estado de Guerrero
tuvo gran influencia durante el régimen colonial. Ésta no se reduce al as
pecto de mezcla interétnica, pues la Nao de Filipinas dejó una diversidad de
elementos culturales, entre ellas la música y la gastronomía, como muestra
fehaciente de ello. Poco a poco se sumaron otros pequeños grupos de in
migrantes provenientes de otros países europeos y americanos.
El concepto de mestizo es cada vez más amplio, ya que los grupos in
dígenas no tienen la misma estructura social e ideológica. En el siglo xxi ya
se hacen estudios sobre el mestizaje entre indígenas; por ejemplo, el mes
tizaje entre mixes y zapotecos, mayas y nahuas, mazahuas y purépechas,
etcétera.
La definición de indio no puede basarse en el análisis de las particula
ridades propias de cada grupo; las sociedades y las culturas llamadas indí
genas presentan un espectro de variación y contraste tan amplio que nin
guna definición a partir de sus características internas puede incorporarlas
a todas, so pena de perder cualquier valor heurístico. La categoría de indio,
en efecto, es una categoría supraétnica que no denota ningún contenido
específico de los grupos que abarca, sino una particular relación entre ellos
y otros sectores del sistema social global del que los indios forman parte.
La categoría de indio denota la condición de colonizado y hace referencia
necesaria a la relación colonial. El indio nace cuando Colón toma posesión
de la isla La Española a nombre de los Reyes Católicos. Antes del descu
brimiento europeo la población del continente americano estaba formada
por una gran cantidad de sociedades diferentes, cada una con su propia
identidad.
En el virreinato de Nueva España la forma jurídica que adoptó el ré
gimen colonial, esencialmente se manifestó en dos tipos de dominación:
la conquista militar y la conquista espiritual. Su análisis permitirá entender
cómo fue el establecimiento de las ciudades españolas, cuál fue la situación
de los naturales, cómo estaba constituido y cuál era el funcionamiento del
gobierno colonial; la importancia de las autoridades eclesiásticas, las nue
vas formas de moral y también el terror que inspiró el Santo Oficio, todo
ello sin olvidar, por supuesto, los estratos o castas de las que estaba com
puesta la sociedad colonial. Nueva España fue una entidad territorial inte
grante del Imperio español en América, gobernada por un virrey designado
por el rey y creado tras la conquista de los pueblos indígenas que ocupaban
Dominación colonial y resistencia cultural • 51
el territorio correspondiente de Meso y Norteamérica. La empresa de la
conquista inició en 1519 y propiamente no concluyó, pues el territorio de
Nueva España siguió creciendo hacia el norte, a costa de los territorios
de los pueblos indígenas del desierto.
La conquista obedeció al propósito de los países europeos de incre
mentar su poder, expresado en dominio territorial y de consecuencias eco
nómicas. Las formas que adopta ese dominio han sido estudiadas por George
Balandier, quien afirma que el descubrimiento por su parte del fenómeno
colonial viene determinado por la experiencia de la guerra y el carácter
inmediato que para él tiene esta “situación histórica”. También ejerce un in
flujo enorme Marcel Mauss y su análisis de los “hechos sociales totales”.
Esto se comprende en la insistencia, por parte de Balandier, en que el colo
nialismo es un fenómeno total.9
En efecto, todo sistema colonial se caracteriza por una explotación
económica del territorio colonizado, un absoluto control político, el estable
cimiento de barreras sociales que adoptan formas raciales entre los repre
sentantes del país colonialista y la población colonizada, que puede ser
autóctona, o que es llevada a trabajar en calidad de esclavo; a esto se aúna
una determinada forma de dominio, que en el caso de nuestro país fue el
virreinato, y las formas de ejercer la explotación de los habitantes origina
rios, que descansa en una forma de acumulación por despojo.
Ese control se acompaña de la construcción de una dominación ideo
lógica que permite la justificación de la situación impuesta; en el caso de
nuestro país fue la evangelización, pero este esquema termina en el esta
blecimiento de una cultura del colonizado que se siente inferior en todos
los órdenes respecto al conquistador. La dominación colonial es la prolon
gación del dominio impuesto por el conquistador, su superioridad incluso
es divina, y logra el establecimiento de actitudes psicológicas específicas
que establecen la separación y dominio entre los colonizadores, que man
tienen la idea de superioridad, y los colonizados, que conservan en su
comportamiento y actitud la idea de dominados.
Siguiendo con este autor podemos identificar los rasgos esenciales que
constituyen el régimen de dominación colonial independientemente de las
formas jurídicas y de gobierno que el régimen colonial pueda adoptar:
9
Disponible en [Link]/2013/06/la-situacion-colonial-segun-balan
[Link]
52 • Rafael Aréstegui Ruiz
La situación colonial: definida como una situación total de dominación
(relación compulsiva, unilateral y violenta) que ejerce un pueblo sobre otro.
Tal situación no fue producto del contacto entre dos pueblos, sino de un
sistema social determinado en contacto con otras sociedades o culturas:
el sistema capitalista en su fase imperialista. El sistema dominante despo
seyó de sus “bienes” a las culturas nativas e introdujo una serie de presio
nes que las transformó en culturas “dominadas”. A partir de este momento
se considera que la cultura dominada perdió la posibilidad de ejercer una
real acción sobre su propia historia, sufrió un proceso de readaptación de
“los hábitos de consumo, de sus creencias y de sus objetivos históricos”.
Estas nuevas culturas, al encontrarse cada vez más desposeídas, devie
nen siempre más dependientes de la potencia colonial que controla las
fuentes de ingresos y de bienes de consumo al mismo tiempo que la vida
política.10
El dominio colonial en tiempos del neoliberalismo
Parece falto de rigor hablar de dominio colonial en tiempos de neolibera
lismo, pero al presentarse un proceso de acumulación por despojo, o si se
prefiere cuidar la forma se puede usar el concepto de acumulación por
desposesión, existen dos condiciones que hacen real este concepto.
El primero de ellos es que, si bien es cierto que nuestro país vivió un
proceso de independencia con respecto a España, los pueblos indígenas
permanecen en condición de excluidos, de despojados; las comunidades
que aún viven bajo un régimen de propiedad comunal, sufren el asedio por
sus riquezas naturales y hostigados en su territorio.
Un breve recorrido por lo que han sido las políticas indigenistas así lo
demuestran, pues se pasó de la idea de “desindianizar” al indio, a integrar
lo a la unidad nacional, considerando la diversidad cultural un freno para
el desarrollo. Ha sido en fechas recientes y con levantamientos de por
medio, sean de movilizaciones masivas o incluso armados, como fue el
caso del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ezln), cuando se ha
reconocido el derecho de los pueblos originarios a ser diferentes.
Al no reconocer que el problema indígena ha residido en las relaciones
de dominio que sojuzgaron a los pueblos colonizados, el indigenismo ha
10
Georges Balandier, Teoría de la descolonización, Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires,
1973.
Dominación colonial y resistencia cultural • 53
derivado generalmente tanto teóricamente, como en la práctica, en el diseño
y en la ejecución de políticas gubernamentales que han buscado la trans
formación de manera inducida e incluso compulsiva de los pueblos origi
narios, sin considerar que el presente y el futuro de México están anclados
históricamente por la presencia física, cultural y política de los pueblos in
dígenas. Por encima de las consideraciones demográficas resulta evidente
que la antigua mayoría se ha transformado en una minoría.
A los pueblos originarios se les induce de manera autoritaria por vía
de los “programas sociales de inclusión” a consumir formas culturales ex
ternas, soslayando su capacidad cultural y de saberes.
Así, es posible entender cómo la historia moderna de lo que hoy cons
tituye el territorio de nuestro país, México, inicia con un proceso de despojo.
La historia nacional lo fundamenta muy bien, lo retrata muy bien: existen
procesos de saqueo perfectamente bien documentados que apuntan la
vinculación de estos territorios a un sistema global interconectado que se
fundamenta en la acumulación y circulación de capital; la producción de la
Nueva España es parte esencial de un colonialismo que, si bien se ha trans
formado, conserva sus rasgos originarios que perduran hasta hoy.11
Este despojo ha acontecido por siglos. No se refiere sólo a los recursos
llevados a tierras europeas durante la colonia; el despojo hoy se ha acre
centado: “En 300 años del periodo colonial en el país se produjeron 182
toneladas de oro, mientras en los últimos 22 años se extrajeron 1,150 to
neladas, casi seis veces más que en esa época”.12
Los recursos minerales hallados bajo el suelo de la Nueva España, en
importantes centros mineros como Guanajuato, San Luis Potosí e Hidalgo,
constituyeron una de las más grandes fuentes de riqueza para la Corona,
utilizadas en Europa para financiar gastos del Estado, costes de guerras o
para acuñar moneda circulante. El virreinato también fue uno de los prin
cipales puntos de occidentalización en América.
El oro que ingresa a las arcas de las grandes potencias prácticamente
no arroja beneficios a nuestro país. El despojo es también interno. Con la
ley minera y las reformas estructurales recientes existe un predominio del
interés por la extracción de minerales, por encima de la producción que
puedan tener los campesinos. En los hechos se presenta la expulsión for
11
Immanuel Maurice Wallerstein, El capitalismo histórico, Siglo XXI, México, 2001.
12
Disponible en [Link]
54 • Rafael Aréstegui Ruiz
zada de campesinos y pueblos originarios; la pérdida de los derechos so
bre lo común; el de la transformación de las diversas relaciones de propie
dad a una sola: la privada; el de la supresión de formas de producción y
consumo alternativas; el de la monetización del intercambio; el de la escla
vitud y su comercio; el de la deuda y, finalmente, el del sistema crediticio.
Así, este proceso de despojo, que no es novedoso, se constituye esen
cial para la continua reproducción del capital. Existen hoy escenarios de
sobreacumulación donde la mano de obra y el capital son abundantes pero
no pueden ser utilizados de forma productiva; es un mecanismo que per
mite transportar la crisis que aparece como inminente. Es decir, el capital
excedente y la mano de obra desempleada son utilizados en procesos de
producción de nuevos espacios de acumulación y reproducción de capital,
evitando la destrucción del capital y la rebelión de la mano de obra. Este
movimiento, necesario para el capital, es doble. Por un lado propicia la
apertura de nuevos mercados, en ocasiones por la fuerza, y por el otro
requiere la producción a gran escala de infraestructura.
Se debe entender que las formas de despojo no son lineales y las ma
neras de explotación, tampoco. La organización de la desigualdad en torno
a líneas de raza y género es muestra de la insuficiencia de la relación pri
mordial del capitalismo para explicar todo lo que ocurre en el sistema. Es
decir, que sean indígenas triquis en los campos de San Quintín en Baja
California quienes sufren la explotación y represión del Estado no es un
hecho fortuito, es resultado del racismo inherente al carácter racista de una
cultura colonialista que prevalece en las relaciones de explotación.
El ingreso de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(tlcan) y la consecuente liberalización económica propició la transforma
ción de la estructura productiva del campo y generó y precipitó procesos
de despojo, por lo que el cultivo de autosubsistencia decayó con fuerza; los
campesinos se vieron desplazados y migraron; los mecanismos de servi
dumbre legal que la Reforma Energética ha establecido, por ejemplo la obli
gación de propietarios de tierras útiles para la producción y transporte de
hidrocarburos a ”rentarlas” por periodos de 50 años a las empresas que las
requieran, pueden agudizar este proceso de desplazamiento territorial obli
gado, incrementando la oferta de mano de obra y por lo tanto, abaratándola.
Los conquistadores utilizaban el argumento de la superioridad racial
para justificar sus acciones de despojo, aquellos que durante la conquista
Dominación colonial y resistencia cultural • 55
blandían indistintamente, unos con la espada y otros con la cruz, porque
al final el objetivo era el mismo, no sólo era semejante, había que apode
rarse del territorio y de las gentes que lo habitaban y esto era así porque
la superioridad de los españoles tenía un “origen divino” y a los aborígenes
había que erradicarles, por la razón o por la fuerza, las ideas diabólicas que
les hacían cometer sacrificios y adorar piedras.
El contraste frente a la cultura dominante queda a salvo: la cultura del
grupo indígena podría estar predominantemente compuesta de elementos
de origen europeo, pero el hecho de que tales rasgos ya no estén en vigor
entre la población “blanca” permitiría definirla como una cultura diferente
y por tanto inferior.
Esa gran diversidad interna que tiene el país quedó anulada desde el
momento en que se inició el proceso de conquista: las poblaciones prehis
pánicas van a ver distorsionada su especificidad histórica y cultural al
dejar de ser nahuas, me’phaas o mayas para ser indios, como los define
el conquistador: el indio/los indios. La denominación hacia los pueblos
originarios fue variando durante los primeros tiempos de la colonia; al
principio se habló de “naturales”, después se les denominó aborígenes y
al regresar el error geográfico por sus fueros históricos se impuso el tér
mino de indios; este término se puede seguir polemizando, pero la esencia del
tema es el carácter de la relación dominador-dominado, pues para que
exista el indio debe existir el conquistador, venga de España, de Wall Street
o de Polanco, lo que sigue pesando es la estructura de dominio colonial im
puesta desde los tiempos de la colonia y que sirve para identificar, marcar
y excluir al colonizado.
Permanece ahora, en su fase globalizada, el orden colonial donde el
indio es el vencido, el colonizado y todos los dominados, despojados pero
excluidos del banquete neoliberal, son indios: los mayas, mixtecos, o toto
nacas y todos aquellos que puedan ser despojados de su territorio y su
lengua, que por marginal es desechable.
La colonia disloca el orden previo y va estructurando uno nuevo que
se vertebra jerárquicamente y descansa en la explotación del sector recién
inventado: el indio. El colonizador se apropió paulatinamente de las tierras
que requería, sea para sus haciendas, sea para sus explotaciones mineras;
sometió, organizó y explotó la mano de obra de los indios; construyó em
presas fundadas en la disponibilidad de indios colonizados, vía encomien
56 • Rafael Aréstegui Ruiz
das. Pero el colonizador como sector se convierte en hacendado o en em
presario y usará ya no al indio colonizado, sino su mano de obra, de indio
libre, vía peón acasillado y establece un orden legal para regular —y sobre
todo para garantizar— el dominio colonial; modifica compulsivamente la
organización social y los sistemas culturales de los pueblos dominados,
en la medida en que tales alteraciones son requeridas para el estableci
miento, la consolidación y el crecimiento del orden colonial. Como toda
estructura colonial, el mundo euroamericano es un mundo escindido, bi
polar. El orden jerárquico admite aquí sólo dos instancias, el colonizador y
el colonizado. La racionalización correspondiente postula la supremacía
del colonizador con base en la superioridad de su raza o de su civilización.
En conclusión el término indio se traduce por colonizado y en conse
cuencia denota al sector que está sojuzgado en todos los órdenes dentro
de una estructura de dominación que implica la existencia de dos grupos
cuyas características étnicas son diferentes, pero en la cultura del grupo
dominante (el colonizador) se postula como superior. La relación de domi
nado y despojado se revitaliza con las prácticas sociales de discriminación
y se robustece con las prácticas económicas de explotación, máxime si se
presentan políticas de Estado no necesariamente públicas, pero sí guber
namentales, que propician nuevos procesos de desposesión que se con
vierten en despojos. El indio es una categoría supraétnica producto del
sistema colonial y sólo como tal puede entenderse, pero la relación de
dominación colonial se trastroca al arribar a la etapa de globalización
del sistema capitalista y refuncionaliza esa relación de dominio colonial.
Ahora bien, según Harvey,13 la acumulación por despojo configura es
cenarios de lucha que se alejan de los cánones de la lucha proletaria del
marxismo clásico, por lo que la reacción a este capitalismo de acumulación
por despojo presenta características distintas a la lucha propia de las orga
nizaciones obreras y se orienta a luchar contra la desposesión. Así es po
sible entender que cada vez más luchas autonómicas se organicen bajo la
forma de movimientos de resistencia.
La resistencia de los pueblos ha sido significativa. El Movimiento 500
años de resistencia Indígena en los años ochenta, el levantamiento del ezln
en el año 1994, Cherán, las policías comunitarias en el estado de Guerrero
13
David Harvey, El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión, clacso, Buenos
Aires, 2005.
Dominación colonial y resistencia cultural • 57
crac, upoeg y fsdeg, las comunidades zapatistas en Chiapas y un sinnú
mero de ejemplos internacionales ilustran las formas en las cuales la ex
pansión de la acumulación a los espacios de reproducción de la vida coti
diana genera nuevas formas de organización y resistencia frente al
capitalismo.
Una conclusión que se obtiene mirando México a través de los ojos de
David Harvey es, entonces, que la construcción de una sociedad que pro
duzca vida digna y no muerte, pasa por una lucha compleja, creativa, hori
zontal y plural frente al capitalismo; el pensamiento crítico reclama su es
pacio de construcción de nuevas utopías en el que la era de las fórmulas y
los paradigmas provenientes de la cultura eurocéntrica ha terminado. Se
requiere retomar la riqueza del pensamiento de los pueblos originarios que
durante más de cinco siglos han resistido y que ante el embate del neoli
beralismo en su afán de garantizar nuevas formas de acumulación, basa
das en el despojo por desposesión forzada, encuentra nuevas e ingeniosas
formas de resistencia basadas en la cultura.
Tierras y territorios de origen
El tema de la tierra, relacionado básicamente con la disponibilidad de la tierra
con propósitos productivos, tiene la mayor importancia porque la falta de
acceso a la tierra productiva condena a las familias indígenas rurales a la
pobreza e impele a sus miembros emigrar en busca de trabajo, no siempre
con éxito; pero existen otros factores relevantes. Las comunidades indíge
nas mantienen vínculos históricos y espirituales con sus tierras de origen;
el territorio forma parte de ese bagaje cultural identitario, por lo tanto
constituye el espacio social en el que una cultura puede transmitirse de
generación en generación. Con demasiada frecuencia las personas no in
dígenas no comprenden bien la necesidad de este vínculo espiritual que
une a las comunidades indígenas a sus tierras de origen y a menudo se
ignora en la legislación existente sobre la tierra.
El Comité de Derechos Humanos ha examinado esta cuestión y ha
adoptado el siguiente comentario general sobre el artículo 27 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos:
58 • Rafael Aréstegui Ruiz
Artículo 27
En los Estados en que existan minorías étnicas, religiosas o lingüísticas,
no se negará a las personas que pertenezcan a dichas minorías el derecho
que les corresponde, en común con los demás miembros de su grupo, a
tener su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia religión y
a emplear su propio idioma.
Al respecto el comité señala:
[...] en algunos de sus aspectos los derechos de las personas amparadas
en virtud de este artículo —por ejemplo, el disfrute de una determinada
cultura— pueden guardar relación con modos de vida estrechamente aso
ciados al territorio y al uso de sus recursos. Esto podría ser particular
mente cierto en el caso de los miembros de comunidades indígenas que
constituyen una minoría [...] Por lo que se refiere al ejercicio de los derechos
culturales.14
La identidad cultural
Por identidad cultural se entiende un campo que incluye: lengua, vestimenta,
expresiones artísticas, religiosidad, espiritualidad, arquitectura, gastrono
mía, tecnología y cosmogonía, usos y costumbres. En otros términos, la
identidad cultural está expresada en la música y la danza, en la ritualidad
y las expresiones artísticas. Dentro de la identidad la lengua el máximo
elemento de la identidad cultural porque expresa los valores culturales,
sentimientos y conocimientos; además de ser un instrumento para trans
mitir los saberes y conocimientos es el mecanismo para razonar y construir
los conceptos y las categorías del pensamiento. Por tanto, la desvaloración
de la lengua ancestral como elemento componente de la cultura originaria
conduce a la descolonización.
En suma, la identidad cultural es el principal derecho de los pueblos
originarios que forma parte del conjunto de los derechos culturales. De
modo que el patrimonio cultural de “las naciones y pueblos indígenas ori
ginarios campesinos” constituyen “las cosmovisiones, los mitos, la historia
oral, las danzas, las prácticas culturales, los conocimientos y las tecnolo
gías tradicionales” o ancestrales.15
14
Disponible en [Link]
pdf, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, consultado el 14 de septiembre de 2016.
15
Disponible en [Link]
Dominación colonial y resistencia cultural • 59
Algunas acciones de resistencia cultural
por la descolonización
Salta a la vista la impostergable tarea de emprender las políticas de desco
lonización, por ejemplo, a través de las siguientes acciones:
1. Recuperar las identidades étnicas, culturales, espirituales y la cosmo
visión de los pueblos y naciones originarias, lo que implica un gran
desafío intelectual y de diálogo de saberes y gestiones políticas para
alcanzar los objetivos propuestos.
2. Tener presente que la dignidad de los pueblos se defiende recuperando
su autoestima mediante la toma de conciencia y la reflexión sobre los
valores y principios ancestrales, las formas de organización social, el
aprovechamiento de los recursos naturales y las formas de educación
originaria para una mejor formación de recursos humanos vinculados
al proceso de descolonización. Y de esta forma, reconocer la memoria
histórica de nuestros abuelos.
3. Recuperar los saberes y conocimientos, la lengua, la etnohistoria, la
tradición y la historia oral de los pueblos originarios significa valorar
sus aportes, para la mejor comprensión de la dignidad de la naturaleza
del hombre.
4. Luchar contra el racismo, la discriminación y la exclusión, así como
luchar contra todas las formas de sumisión y subordinación, lo que
significa su eliminación en todos sus aspectos étnicos, socioculturales
y económicos, así sea mediante mecanismos políticos, jurídicos o legis
lativos que obliguen a todas las instancias gubernamentales a respetar
los derechos de los pueblos originarios, respetando su lengua, su cul
tura su territorio y el derecho a la consulta informada.
5. Finalmente, la política de descolonización implica enfrentar todas las
formas de exclusión social, cultural y económica, lo cual supone luchar
por los derechos civiles y políticos de todos, hombres y mujeres, que
buscan la igualdad y la justicia.
A más de 20 años de la firma de los acuerdos de San Andrés pareciera
que en el país los escasos avances logrados por el reconocimiento en la
sociedad y en los medios informativos han venido retrocediendo en todos
60 • Rafael Aréstegui Ruiz
los aspectos y se genera desesperación; algunos afromexicanos y distintas
comunidades donde habitan los pueblos originarios están impacientes de
que no se les dé mayor reconocimiento. Dice un clamor popular:
Con los zapatistas, los indígenas se levantaron, y fue un levantamiento
armado para reivindicar sus derechos. Y, bueno, nuestra comunidad está
pensando hacer lo mismo. Está pensando, en un futuro no lejano, hacer
un levantamiento. Podría ser la única manera de obtener los derechos que
nos merecemos. No puede ser correcto que la Constitución de nuestro
país no nos reconozca. Hay una gran brecha entre lo que los políticos di
cen y lo que hacen. Tendremos que tomar acción para enviarles una ad
vertencia (testimonio escuchado en una comunidad de Ayutla).
Fuentes consultadas
Aréstegui, Rafael, Educación intercultural, base de un desarrollo integral, cesop,
México, 2016.
Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España.
Bonfil, Guillermo, “El concepto de indio en América: una categoría de la situa
ción colonial”, en Obras escogidas, t. I, ini, México, 1995.
Balandier, Georges, Teoría de la descolonización. Las dinámicas sociales, Tiempo
Contemporáneo, Buenos Aires, 1973.
Diamond, Jared, Armas, gérmenes y acero. La sociedad humana y sus destinos,
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Harvey, David, El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión, clacso,
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chos Civiles y Políticos
[Link]/TratInt/Derechos%20Humanos/[Link], Pacto Interna
cional de Derechos Civiles y Políticos, consultado el 14 de septiembre de 2016.
Zavala, Silvio, La encomienda indiana, Junta para Ampliación de Estudios,
Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1935.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia
del proyecto liberal de México a finales del siglo xix
Ana María Cárabe*
El norte de México es un extenso desierto percibido y descrito como hostil
por el hombre blanco, que suponía una frontera interior de carácter geo
gráfico por cuyo territorio indeterminado se aventuraron militares, mi
sioneros, gambusinos y funcionarios a lo largo del periodo virreinal ante la
necesidad de ir explotando las minas. En los albores del siglo xix ya los
indios del norte suponían un problema a vencer para la expansión econó
mica de la Nueva España.
A finales del siglo xix, ante la presión del México liberal que necesitaba
tender las líneas del ferrocarril hasta Paso del Norte, algunas tribus se re
plegaron a lugares más inaccesibles, como la sierra de Sonora, pero otros
permanecieron en sus tierras y enfrentaron al hombre blanco; otros más
se aculturaron. La resistencia que presentó la mayoría tuvo como conse
cuencia el genocidio por motivos racistas de aquellas etnias que defendían
su territorio ancestral y su cultura frente al proyecto económico liberal.
El choque entre los pueblos autóctonos y el crecimiento económico del
proyecto gubernamental mexicano se produjo de manera intensa hacia
1880, cuando el lejano y hostil norte desértico tuvo un interés económico
para el proyecto liberal de expansión que llevó a cabo Porfirio Díaz.
Este trabajo expone las actitudes racistas de los liberales de finales
del siglo xix y las causas del genocidio que se cometió en los pueblos del de
sierto del norte de México en aras de expandir un proyecto político que se
basaba teóricamente en la libertad y la igualdad de los seres humanos.
* Doctora en Historia, profesora-investigadora de tiempo completo de la Universidad
Autónoma de Guerrero, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1.
63
Las fuentes usadas son historiográficas, obtenidas de viajeros y de per
sonajes políticos de la época. Unos dan un testimonio importante al ponerse
en contacto directo con estos pueblos, si bien es cierto que fueron observa
dores sin pretensiones de estudiar los pueblos con los que se pusieron en
contacto por las diversas circunstancias que los llevaron a esas tierras.1 Otros
testimonios aquí recogidos representan la ideología del momento para
justificar el delito de esa humanidad cometido en nombre de la “civilización”.
El proyecto económico y la independencia de México
A principios del siglo xix un sector social económicamente emergente que
veía frenadas sus aspiraciones de progreso político y económico, advertía
con disgusto e impotencia el expolio que la Corona española hacía de los
recursos económicos del virreinato. Nueva España no era una colonia
subordinada jurídicamente a la metrópoli, sino un virreinato de los diferen
tes reinos que constituían una misma unidad política bajo el poder de un
mismo rey.
Para este momento, la monarquía compuesta del otrora imperio espa
ñol había perdido su brillo para entrar en una franca decadencia.
La debilidad española se debía a que en Europa, Francia e Inglaterra
sostenían constantes guerras en las que España se vio involucrada desde
1713, cuando al término de la guerra de Sucesión, los reyes borbones hicie
ron pactos familiares con Francia. Lucas Alamán, historiador y político del
siglo xix, atribuye a estos pactos el origen de la pérdida de las posesiones
españolas en América y considera que España “se vio arrastrada contra
sus intereses verdaderos a todas las guerras que se suscitaron entre Francia
e Inglaterra”.2
La crisis económica derivada de las guerras tuvo como consecuencia que
los reyes de la casa de Borbón adoptaran una serie de disposiciones ten
dentes a incrementar los recursos económicos de la Corona, medidas que
se conocen como Reformas Borbónicas. En la necesidad de mejorar las
finanzas españolas los reyes de la casa de Borbón tomaron dos medidas
1
Z. Trejo Contreras, “Luces y sombras en la historia de los grupos indígenas en Sonora,
siglos xix-xxi”, en Región y sociedad, año xxvii, núm. 62, 2015, disponible en [Link]
[Link]/pdf/regsoc/v27n62/[Link], consultado el 11 de octubre de 2016.
2
L. Alamán, Historia de México, t. i, Jus, México, 1986, p. 87.
64 • Ana María Cárabe
fundamentales: procuraron más recursos fiscales y abrieron parcialmente
la economía. Las ideas del liberalismo económico, a través del libro de
Adam Smith y como corolario el pensamiento de la Revolución francesa,
comenzaron a penetrar en los reinos castellanos, incluida Nueva España,
para justificar la nueva política económica.
La apertura económica se vio frenada por la Revolución francesa. Pero
las medidas borbónicas tuvieron dos efectos inmediatos en los novohispanos.
Por un lado, un rechazo total a los nuevos impuestos y a las medidas fisca
les que ocasionaron la ruina de muchos medianos propietarios. El obispo de
Michoacán, Abad y Queipo, estimó en una representación que hizo al virrey
el 24 de octubre de 1805, que entre 25 y 30 mil familias en Michoacán se
veían gravemente afectadas por las opresoras medidas económicas.3
Por otro lado, a los nuevos impuestos hay que añadir los préstamos
forzosos para sostener las guerras en las que España estaba involucrada.
Carlos Marichal señala que se solicitaron estos préstamos entre 1779 y
1783 para sostener la guerra contra Inglaterra; entre 1793 y 1795 contra
la Revolución francesa y entre 1797-1802 y 1804-1808 para sostener la
guerra contra Inglaterra.4
Los novohispanos advertían así cómo las riquezas que se producían en
el virreinato escapaban por Veracruz, a la vez que sus iniciativas económicas
se veían frenadas por el monopolio real. Paralelamente habían podido co
nocer las ventajas que la apertura comercial les reportaba.
Los novohispanos comenzaron entonces a soñar con los beneficios
que la independencia les traería. Uno de los primeros espíritus indepen
dentistas, Fray Melchor Talamantes, vislumbraba que Nueva España inde
pendiente liberalizaría la economía y se podría cultivar la vid, el lino, el
algodón, el cáñamo y la seda; se abrirían obrajes textiles; se comerciaría
con Filipinas, Perú y Chile a través del puerto de Acapulco y con otras na
ciones; los puertos de Estados Unidos se abrirían al comercio americano;
se traería el azogue necesario para el beneficio de los metales preciosos a
través de Perú; se fijarían impuestos justos; se tendría un ejército propio y
se fomentarían las relaciones internacionales. Talamantes sintetizó así las
3
M. Abad y Queipo, “Representación a nombre de los labradores y comerciantes de Valladolid
de Michoacán”, 24 de octubre de 1805, en M. Abad y Queipo, Colección de escritos, Conaculta,
México, 1994, p. 98.
4
C. Marichal, “La bancarrota del virreinato: finanzas, guerra y política en la Nueva España.
1770-1802”, en Josefina Z. Vázquez, Interpretaciones del siglo xviii mexicano. El impacto de las
reformas borbónicas, Nueva Imagen, México, 1999, pp. 161 y ss.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 65
expectativas que abrigaban los independentistas y, en conclusión, expresó
que no le era posible “pintar el embeleso que (le) causaba la súbita apari
ción de mil instituciones útiles que nos faltan, la apertura de mil canales de
abundancia y comodidad que permanecen obstruidos, la agitacion general
de los habitantes a quienes la falta de destinos tiene enervados los ánimos,
embotadas sus facultades”.5
Esta expectativa forjó la idea de que Nueva España era un cuerno de
la abundancia, si bien Lucas Alamán, que vivió y fue protagonista político
en el México independiente, consideró que los mexicanos se formaron “un
concepto extremadamente exagerado de la riqueza de su patria, y se figu
raron que ésta, siendo independiente, vendría a ser la nación más podero
sa del universo”.6
La independencia no era sólo un asunto político: se trataba fundamen
talmente de un proyecto económico impulsado por una clase social media
namente acomodada a la que el régimen de privilegios de la monarquía le
negaba la oportunidad de lograr mejoras personales. Es por eso que la
historiografía del momento periindependentista pone especial énfasis en el
aspecto económico, sea dando argumentos a favor del libre comercio, como
es el caso del mencionado padre Talamantes, proponiendo medidas para me
jorar la producción, como el obispo Abad y Queipo,7 o bien en contra del libre
comercio, como en la obra de López de Cancelada,8 e incluso está el caso de
la obra del barón Von Humboldt, que hace un recuento de las riquezas y
posibilidades económicas de la Nueva España.9
Cuando se logró la independencia, lo imaginado no se correspondió
con la realidad. La inexperiencia política de su juventud como país, las
desavenencias internas y los ambiciosos enemigos externos, provocaron
que el país marchara a paso lento, sumido invariablemente en la crisis
económica provocada por el perpetuo estado de guerras que México sufrió
desde 1810 hasta 1867.10
5
M. Talamantes, Introducción a la Idea del Congreso Nacional de Nueva España, G. García,
op. cit., t. vii, doc. II. Apéndice, primera parte.
6
L. Alamán, op. cit., p. 96.
7
Véase M. Abad y Queipo, “Representación sobre la inmunidad personal del clero”, 11 de
diciembre de 1799 en M. Abad y Queipo, op. cit., pp. 78 y 79.
8
Véase J. López de Cancelada, Defensa de la Nueva España, Porrúa, México, 1989, passim.
9
A. Von Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, Porrúa, México, 2004.
10
Luis González, “El periodo formativo”, en Historia mínima de México, Colmex, México,
1983, p. 102.
66 • Ana María Cárabe
Ignacio M. Altamirano, importante político del México decimonónico, con
sideró que los primeros años del México independiente fueron una sucesión
“de revueltas, desgracias y desaciertos. La lista de pronunciamientos y de
motines militares, de cambio de sistemas políticos, la frecuente elevación
y caída de gobernantes, la confusión de las leyes, la aglomeración ver
tiginosa de los acontecimientos en el transcurso pequeñísimo de 45 años,
sobrepasan a cuanto la historia presenta de semejante”.11
En este estado de las cosas, la producción minera, que tan redituable
había sido en el periodo virreinal para la metrópoli, en el México indepen
diente descendió notablemente y muchas minas se habían inundado por el
abandono que sufrían. La industria a mitades del siglo no había podido
impulsarse y el comercio se ahogaba atrapado entre los aranceles por im
portación y las alcabalas interiores.
La historiografía de estos primeros años seguía haciendo énfasis en el
proyecto económico y su visión seguía teniendo ese tinte excesivamente
optimista como se puede apreciar en la obra de Tadeo Ortiz de Ayala.12
Por su parte, los gobiernos de estos años, pese a la inestabilidad política,
trataron de llevar a cabo los proyectos económicos que habían alentado
la creación del nuevo Estado-nación. Así, como parte del pretendido de
sarrollo, desde 1837 se consideraba la necesidad de introducir las líneas
ferroviarias en México, pero la situación política del país no lo permitió, si
bien se ensayaron tramos cortos tales como el que unió Veracruz con un
pueblo a 13 kilómetros, llamado El Molino y que fue inaugurado en 1850.13
El tema no se pudo concretar sino hasta la restauración de la República,
en 1867. El gobierno de Juárez inauguró la línea Puebla-México, pero el
tramo hasta Veracruz hubo de esperar hasta 1873 con el gobierno de su
sucesor, Sebastián Lerdo de Tejada.
Del ferrocarril se esperaba que reactivara la economía, que impulsara la
agricultura, la industria y el comercio, que los productos mexicanos se expor
taran y con ello aumentarían las divisas; se esperaba que los fletes disminu
yeran y las distancias se acortaran; se esperaba, en fin, el progreso mate
11
I. M. Altamirano, “Revista histórica y política”, Obras Completas, t. ii, Obras históricas,
sep-Conaculta, 1986, p. 48.
12
T. Ortiz de Ayala, México considerado como nación independiente y libre, Conaculta, México,
1996, passim.
13
R.B. Brown, Introducción e impacto del ferrocarril en el norte de México, Universidad Autó
noma de Ciudad Juárez, México, 2009, p. 20.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 67
rial, porque “el progreso se debe a los ferrocarriles que en todo el mundo
civilizado han sido los precursores de la gran oleada de progreso material”.14
La obra magna de Porfirio Díaz
La construcción de los ferrocarriles fue una obra magna que impulsó Por
firio Díaz como eje fundamental de su política de desarrollo económico.
Para 1876, cuando Díaz subió al poder, México sólo contaba con 640 kiló
metros de vías, de los cuales 424 correspondían al tramo conocido como
“El ferrocarril mexicano”, que unía la Ciudad de México y Veracruz y fue
inaugurado en 1873, durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada.15
Para 1910 había 19,205 kilómetros de vías construidos en el país.16
El objetivo era impulsar el desarrollo económico de México compitien
do en los mercados internacionales y para ello no bastaba con producir
mucho: los productos debían transportarse hasta los centros de distribu
ción internacional. Las condiciones eran engañosas ya que todo estaba por
hacer: había que buscar las inversiones, construir el ferrocarril, impulsar
la producción, importar la mano de obra especializada. Además el territorio
mexicano era tan hermoso y rico como difícil, pues era un país enorme,
recorrido de norte a sur por una cordillera de inaccesibles montañas17 cu
biertas de bosques espesos, y donde estas montañas terminaban, el paisaje
se convertía en selva o en desierto, tan hostiles como las serranías.18 Pero
“mediante generosos subsidios y concesiones, el presidente Díaz atrajo a
México capital extranjero”.19
Ignacio M. Altamirano, siendo diputado en el porfiriato, explicó elo
cuentemente su percepción de los beneficios que traería el ferrocarril y que
se extendían al progreso espiritual del hombre:
Las ventajas que traen consigo estas grandes obras materiales que hoy se
multiplican en nuestro país no sólo producen el efecto físico que se rela
F. Madero, La sucesión presidencial de 1910, Colofón, México, 2006, p. 257.
14
15
J. Coastworth, El impacto económico de los ferrocarriles en el porfiriato, I, Sep Setentas,
México, 1996, p. 46.
16
Ibidem, p. 48.
17
I.M. Altamirano, Obras Completas, t. vii, Crónicas, vol. ii, sep, México, 1987, p. 286.
18
F. Madero, op. cit., p. 37.
19
L. D. Taylor, “El ferrocarril peninsular de Baja California”, en R.B. Brown, op. cit., p. 141.
68 • Ana María Cárabe
ciona con el progreso de la riqueza pública en virtud del movimiento cau
sado por la facilidad de comunicaciones, sino también un gran efecto mo
ral, abriendo nuevos caminos en el porvenir del hombre pobre, elevando
el nivel intelectual de las masas y presentando el sano y estimulante ejem
plo de las recompensas rápidas que ofrece un trabajo fecundo.20
Se consideraba que los indígenas recibirían un buen jornal trabajando
en las vías y además tendrían un modo de buscar mejores mercados para
sus productos. Quizá este entusiasmo no era compartido por todos pues,
en 1873, con motivo de la inauguración del ferrocarril a Veracruz, las per
sonalidades invitadas al evento hicieron el recorrido. Al llegar a Tepexpan
los indios habían puesto unas piedras en las vías con la intención de des
carrilar el tren, aunque sólo se rompió el abanico.
Si bien el ferrocarril obedecía al deseo de que el país entrara en el pro
greso, su construcción fue fomentada por los intereses extranjeros,21 pues
beneficiaba principalmente a los empresarios y a los inversionistas para
quienes el ferrocarril suponía una imagen de riqueza ilimitada.22 No fue
desde luego lo que se esperaba, pero los ferrocarriles contribuyeron a im
pulsar las fuentes de riqueza de los lugares por donde se tendían la vías,
lo que repercutía en el bienestar económico de la población y facilitó la
movilidad laboral.
Las líneas se tendieron de acuerdo a las necesidades de exportación,
por lo que iban “del centro del país hacia los puertos, principalmente los del
Golfo, y hacia las fronteras, sobre todo las del norte”.23 La línea México-Ve
racruz daría salida a las exportaciones hacia Europa al llegar a un puerto
que tradicionalmente había tenido esa función y la línea hacia Paso del
Norte comunicaría con Estados Unidos, relación comercial especialmente
importante para los republicanos. Mientras otros espacios geográficos
quedaron marginados del progreso.
El proceso de construcción de los ferrocarriles fue una obra verdade
ramente notable si tomamos en cuenta las condiciones orográficas del país.
20
I. M. Altamirano, “Tetzcoco y Tetzcotcingo”, Obras Completas, t. v, Textos costumbristas,
Conaculta-Tribunal Superior de Justicia del D.F., México, 2011, pp. 284-285.
21
J. G. Chapman, La construcción del ferrocarril mexicano (1837-1880), Sep Setentas, 1975,
p. 12.
22
R.B. Brown, op. cit., p. 19.
23
H. Mendoza et al., “México y el cambio geográfico: dos siglos de historia (1810-2010)”,
en A. Mayer (coord.), México en 3 momentos: 1810-1910-2010, t. ii, unam, México, 2007, p. 142.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 69
El trayecto México-Veracruz tuvo grandes dificultades para construir
se y su obra de ingeniería más notable fue el puente de Metlac, sobre la
barranca del mismo nombre. Este puente fue consignado en el Álbum del
Ferrocarril Mexicano, de Casimiro Castro, que se publicó en el año 1877, por
ser una obra relevante,24 pues tenía “28 metros de alto y 140 metros de
longitud, de los cuales 137 estaban en curva”.25
Julio Guerrero describió en 1900 el ferrocarril de Veracruz, y su vívida
descripción nos da una idea de los obstáculos que aquella imponente obra de
la tecnología tuvo que enfrentar:
Para llegar a Boca del Monte, viniendo de Orizaba […] los trenes se lanzan
entre el humo de las locomotoras, sobre una pendiente en espiral que va
y viene siempre subiendo, sobre viaductos, a través de túneles, encorván
dose en los puentes y deslizándose bajo los peñascos que sobresalen, con
la montaña viva a la derecha, y a la izquierda el abismo tapizado con el
manto secular de los cedrales.26
Aquellas locomotoras de 50 toneladas de peso alcanzaban una veloci
dad de hasta 65 kilómetros por hora. Para 1872, de México a Veracruz el
viaje duraba 17 horas con 40 minutos, si bien el trayecto de regreso duraba
más, pues había que remontar la Sierra Madre. La tecnología siguió perfec
cionando la potencia de la locomotora y en 1894 el mismo tramo se recorría
en 11 horas con 30 minutos.
Francisco Bulnes, que fuera diputado y senador en el gobierno de Porfi
rio Díaz, entre esas muchas dificultades señaló que México carecía de car
bón, la materia prima que alimentaba la industria y los ferrocarriles en aquel
momento y que resultaba indispensable para el desarrollo económico.27
Tal vez los liberales del porfiriato lo tenían todo en contra: un país casi
destruido por las sucesivas guerras, erizado de montañas y flanqueado por
el desierto o la selva, falta de inversión para activar la economía, debilidad
demográfica, analfabetismo… pero el sueño liberal de la clase política de la
época fue más grande que la adversidad y aquellos hombres demostraron
24
C. Castro, Álbum del ferrocarril mexicano, 1877, disponible en [Link]
mx/la/1020006653/[Link], consultado el 10 de marzo de 2017.
25
L. Jáuregui, Los transportes, siglos xvi al xx, unam-Océano, México, 2004, p. 76.
26
J. Guerrero, La génesis del crimen en México, Conaculta, México, 1996, p. 25.
27
F. Bulnes, Las grandes mentiras de nuestra historia, Conaculta, México, 2006, p. 36.
70 • Ana María Cárabe
con hechos que estaban dispuestos a arrostrar cualquier obstáculo que
frenara los intereses económicos de la burguesía emergente.
La llegada de la modernidad al desierto
Desde la época prehispánica la mayor parte de la población autóctona ha
bía preferido asentarse en los altiplanos de la región central donde vivía
de manera sedentaria y había desarrollado una civilización, entendiendo
por civilización un estadio cultural propio de las sociedades humanas más
avanzadas que han desarrollado un nivel complejo de organización, espe
cialmente en el aspecto político. Los españoles siguieron este patrón geo
gráfico de poblamiento, soslayando las selvas y desiertos, si bien los misio
neros llegaron hasta el lejano norte y establecieron presidios. Algunos
pueblos pacíficos, “como los huachichiles, obayas, tobosos, cotzales, aca
jes, etcétera, se acogieron a los misioneros y fundaron ciudades como San
Antonio Béjar, Monclova, Espíritu Santo”.28 Sin embargo, los pueblos que
lograron pacificarse fueron pocos y “los presidios no podían contener las
agresiones de los bárbaros (por lo que) fueron insuficientes los esfuerzos
de los españoles en Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y Téjas”.29
En 1840 se suprimieron los presidios por falta de recursos, aunque a
juicio del viajero Albert M. Gilliam “Santa Anna ha retirado todas las tropas
de las fronteras para mantenerse en el poder, en casa, dejando a las pro
vincias del norte en el salvajismo, habitadas sólo por indios bárbaros, para
impedir los asentamientos de mexicanos y detener así la emigración de
extranjeros a estas regiones”.30
Así, hasta 1840 las descripciones geográficas de México (Nueva España
hasta la independencia) se centraron en el espacio montañoso de poblacio
nes asentadas en el altiplano donde hasta entonces se había desarrollado
la vida social, política y económica.
Con la expansión económica del porfiriato entró en la esfera económi
ca el casi olvidado desierto del norte del país.
28
J. Guerrero, op. cit., pp. 173-174.
29
Fr. F. Frejes, Historia breve de la conquista de los estados independientes del imperio me
jicano, Méjico, Impreso por D. Ojeda, 1839, facsimilar Libros Tenamaxtle, México, 2013, p. 223.
30
A. M. Gilliam, Viajes por México en los años 1843 y 1844, Conaculta, 1996, p. 253.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 71
Para ese año Francisco Bulnes señaló que México tenía “una población
pequeña acumulada en el interior del país […] a una altura variando entre
1,300 y 2,300 metros sobre el nivel del mar, dejando desiertas o casi desier
tas las dos terceras partes de un inmenso territorio”.31
El proyecto económico de Porfirio Díaz incorporó el lejano norte a la
vida nacional cuando se construyó la línea ferrocarrilera entre el centro del
país hasta Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez) donde enlazarían con las
líneas norteamericanas. Así, los intereses económicos de México se liga
ban a los de aquel país que ya había construido líneas ferrocarrileras a
través de Texas hasta el río Bravo.32
Construir la línea ferrocarrilera a Paso del Norte implicaba también una
infraestructura que comprendía estaciones, andenes, bodegas y patios a lo
largo del camino que atravesaría el desierto.
En términos generales, tanto para el europeo como para los mexicanos
que emprendieron la expansión capitalista, el desierto representaba “un
medio estéril, cubierto de espinas, con animales ponzoñosos, en donde no
hay vida y donde sus habitantes son un elemento más del medio ambiente
yermo”.33 Los mexicas que precedieron a los europeos compartieron la
percepción de que el desierto era “un lugar de miseria, dolor, sufrimiento,
fatiga, pobreza, tormento”.34 Estas percepciones se explican porque era un
medio que les era ajeno y no lo dominaban.
A estas características, Fernández de Rota añade que el desierto supone
“la más acabada soledad” y por influencia de la tradición judeo-cristiana, la
percepción occidental le suma una connotación ascética y mística.35
Más allá de esta percepción, el norte de México guardaba muchas ri
quezas y posibilidades económicas. El franciscano Fray Francisco Frejes
advirtió las maderas exquisitas en los montes de Sonora y Sinaloa; las
abundantes perlas del Golfo de California; los ricos metales de Zacatecas,
Durango y Chihuahua; los pastos de Zacatecas que permitían la ganadería;
31
F. Bulnes, op. cit., p. 174.
32
J. Coastworth, op. cit., p. 44.
33
C. M. Valdés, “El desierto como interpretación y como vivencia”, en D. Trejo, Los desiertos
en la historia de América, umich-Universidad Autónoma de Coahuila, México, 2011, p. 49.
34
Ibidem, p. 66.
35
J. A. Fernández de Rota, “Los paisajes del desierto”, en H. Salas Quintanar y R. Pérez -Taylor,
Desiertos y fronteras: el norte de México y otros contextos culturales, unam-Plaza y Valdés,
México, 2004, p. 24.
72 • Ana María Cárabe
las tierras fértiles a lo largo de los ríos y las condiciones para establecer
puertos y ensenadas.36
El desierto mexicano no estaba despoblado: para diferentes pueblos
seminómadas era su hogar. Esos pueblos habían aprendido a conocer y
aprovechar los recursos de aquel ambiente, así sabían la ubicación de los
ríos y aguajes donde proveerse de agua, además de ser diestros en cazar
venados, antílopes, borregos cimarrones, tórtolas, patos, pavos, búfalos o
pescar truchas.37
De entre estos pueblos, los apaches y los comanches eran los más nu
merosos y a la vez los más temidos. Pekka Hämäläinen calcula que a prin
cipios del siglo xix había entre 30 y 40 mil comanches, que se dividían en
grupos de unas 250 personas para optimizar los recursos necesarios para
su supervivencia.38 Además vivían ahí otros pueblos tales como los kikapu,
ópatas, yaqui, seris, pimas, pápagos, yoremes, navajos, hopis, entre otros,
cada uno de los cuales tenía su área de influencia y sus propios conflictos
entre sí.
Los indios del desierto suponían la mayor preocupación para quienes
tenían que aventurarse por aquellas tierras. Aunque se habían ido creando
poblaciones, presidios y misiones desde la época virreinal, estos estableci
mientos no hicieron del desierto un lugar más amable para los occidenta
les, como se puede constatar en la descripción que hizo Francisco Bulnes
a principios del siglo xx:
60 leguas de desierto sin agua y con indios bárbaros feroces entre San Luis
y Saltillo. 67 leguas del Saltillo a Monclova a través de bosques espesos de
mezquites y breñales en donde se ocultaban multitud de partidas de indios
bárbaros o de gavillas compuestas por los soldados presidiales que deser
taban desesperados por la falta de haberes y decididos a vivir como ban
doleros. 107 leguas de Monclova a Béjar con nieve en invierno hasta 50
centímetros de altura, desierto sin agua en primavera y otoño cruzado por
tres grandes ríos sin puentes, invadeables, que se desbordan […] Más la fiel
asistencia de 3 o 4 mil guerreros comanches, armados de flechas, cuchillos
o carabinas americanas, tiradores de primer orden. […] El más terrible de
todos esos riesgos es el de los indios bárbaros (que) atacan […] a las cara
36
F. Frejes, op. cit., libro 4, passim.
37
L. Lejeune, Tierras mexicanas, Conaculta, México, 1995, p. 29.
38
P. Hämäläinen, El imperio comanche, Península, Barcelona, 2013, p. 349.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 73
vanas de transeúntes y aún a las partidas de tropa, ejerciendo con los
vencidos y los cadáveres de los muertos horribles crueldades.39
Esta descripción evidencia elocuentemente la verdadera frontera a ven
cer: los indios del desierto.
Desde entonces el mundo occidental concibió que la civilización consis
tía en tener un orden político y estar sujeto a las leyes, de tal manera que toda
organización que no se ajustara a este esquema se consideraba barbarie y
salvajismo.40 Además, la civilización comenzó a definirse en términos raciales,
“es decir, las razas empezaron a construirse como entidades separadas, y la
civilización como un estadio del desarrollo espiritual y material al que sólo
podrían acceder las más avanzadas”.41 Estas ideas se articularon con la con
cepción de la superioridad de la civilización bajo los criterios occidentales.
Los pueblos del desierto eran muy distintos a los indios del altiplano: nun
ca fueron súbditos del rey, no compartían la historia del resto de México, no
vivieron bajo las leyes del virreinato ni del México independiente, no habían
pagado impuestos, quienes habían sido bautizados no estaban cristianiza
dos y su propio nomadismo se consideró el hecho claro de su condición
salvaje. Suponían, por lo tanto, un obstáculo para el desarrollo de México.
Así que mientras los indios del altiplano eran “civilizables”, a los indios del
norte no se les concedía esta capacidad.
En la enciclopedia México a través de los siglos, publicada en 1877 bajo
la dirección de Vicente Riva Palacio, se explica que la incivilidad de aquellos
indios se debía a que “aborrecen los sacrificios que exige el Estado social;
su indocilidad e inconstancia han motivado repetidas luchas en las que nun
ca dejan de causar perjuicios considerables”.42 En la misma obra se explican
los perjuicios que ocasionaban estos indios y que consistían en mantener
39
F. Bulnes, op. cit., pp. 184 y 185. Entre San Luis y Saltillo hay 190 km; entre Saltillo y
Monclova,196 km; entre Monclova y San Antonio (Béjar), 470 km; lo que sumado representa
casi 1,000 kilómetros de desierto.
40
O. Molano, “Identidad cultural. Un concepto que evoluciona”, en Revista Ópera, núm. 7,
mayo 2007, Universidad Externado de Colombia, disponible en http:/[Link]/
articulo-0a?id=67500705, consultado el 3 de junio de 2015.
41
A. Múnera, Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo xix
colombiano, Planeta, Bogotá, 2005, p. 30.
42
V. Riva Palacio (dir.), México a través de los siglos, t. iv, capítulo xii, Editorial Cumbre,
México, 1977, p. 148.
74 • Ana María Cárabe
desierta, intransitable e improductiva para la gente emprendedora y civili
zada aquella extensísima zona donde habitaban.43
Así, ya a principios del siglo xix se manejaba la idea de que se debían
exterminar a estos pueblos salvajes “que andan vagantes en el Bolsón de
Mapimí y al norte de la Nueva Vizcaya” según explica Humboldt quien, sin
embargo, consideraba que éste era un bárbaro consejo y abrigaba la expec
tativa de que “las hordas de indios” se fueran retirando hacia el norte has
ta las montañas de California.44 El rasgo de humanidad de Humboldt no
concede derechos a los indios sobre las tierras que ocupaban ancestral
mente y en su discurso deja clara la “superioridad” del mundo occidental.
A mediados de siglo, madame Calderón de la Barca, quien vivió en México
los años 1840 y 1841, consideraba que los naturales de la península (de Baja
California) son, quizá de todos los salvajes, los que están más cerca del
estado que se llama de naturaleza,45 añadiendo al concepto de “salvaje” el de
“estado natural” que habían acuñado los filósofos iusnaturalistas ingleses
para explicar un estado del ser humano anterior a su organización social.
A finales del siglo xix, Manuel Payno, escritor y político de la época,
consideraba que “los indios debían asumir la identidad mexicana, así como
los deberes y obligaciones establecidos en la constitución, es decir, debían
desligarse de los valores culturales y obligaciones emanadas por el grupo
al que pertenecían”.46 Esta capacidad no estaba clara con respecto de los
indios del desierto, cuyo salvajismo describió en el capítulo LIX de su no
vela Los bandidos de Río Frío.47
Vemos cómo a lo largo del siglo xix los autores sostienen y publicitan
la idea de la barbarie de los indios del desierto, salvajismo que hay que eli
minar, y propusieron para ello diferentes medidas. Pero el hecho de refren
dar la idea del salvajismo de estos pueblos es una forma de justificar el
genocidio que se llevó a cabo en su contra y el hecho de proponer su asi
milación disfraza el profundo racismo del pensamiento de los liberales
decimonónicos.48 A juicio de Alfonso Múnera, algunos pueblos “son cons
43
Idem.
44
A. Von Humboldt, op. cit., pp. 562-563.
45
Mme. Calderón de la Barca, La vida en México, Porrúa, México, 2010, p. 187. Este
comentario es claro al pensamiento iusnaturalista en boga a mediados del siglo xix.
46
J. Chávez, op. cit.
47
M. Payno, Los bandidos de Río Frío, Porrúa, México, 2011, capítulo lix, passim.
48
M. T. Romero, “Antropología y pueblos originarios de la ciudad de México. Las primeras
reflexiones”, en Argumentos, vol. xxii, núm. 59, enero-abril 2009, uam Xochimilco, disponible
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 75
truidos previamente como bárbaros, como seres inferiores y negados para
la civilización, para así legitimar su conquista y su sometimiento por parte
de quienes se presumen como civilizados”.49
Los conocimientos sobre la percepción de los indios del desierto es limi
tada porque los documentos recogen las visiones de los forasteros.50 Al de
sierto llegaron misioneros, gambusinos, tropas, colonos, trabajadores, via
jeros e inversionistas que escribieron sus vivencias y percepciones. Incluso
los pintores Charles M. Russell, George Catlin y Frederick Remington reco
gieron estampas de un paisaje y unos pueblos ajenos a su mundo, lo que
nos permite completar los testimonios escritos por los viajeros con los grá
ficos, siempre bajo la perspectiva occidental. En la obra México y sus alre
dedores, colección de litografías cuya primera parte fue publicada en 1856,
contiene (añadida posteriormente) una lámina de indios kikapu, lo que lleva
a pensar que ya se incluía el desierto en la concepción del espacio mexicano,
si bien este pueblo fue un aliado del gobierno central. Y ya que se incluía
a los pueblos del desierto era conveniente mostrar a los pacíficos.51
Más allá de la visión subjetiva y cargada de intencionalidad de las des
cripciones del mundo occidental, los pueblos del norte tenían una noción
de su pasado compartido, una cultura compleja, y si bien no tenían escritura,
sí tenían tradiciones orales, costumbres, creencias, ritos, mitos, lugares sa
grados y culto a los antepasados.52 Una de sus leyendas explica que los hom
bres blancos fueron enviados como una maldición por el Primer Hombre
y la Primera Mujer. Algunos tuvieron miedo de los hombres blancos y se
marcharon a lejanas tierras y otros se quedaron a hacerles frente con valor
y firmeza.53
en [Link] consultado el 7 de
febrero de 2016.
49
A. Múnera, op. cit., p. 40.
50
P. Hämäläinen, op. cit., p. 28.
51
La obra México y sus alrededores tiene tres partes. La litografía de los indios kikapu
pertenece a la última parte y se incluyó porque estos indios les fueron mostrados al emperador
Maximiliano como pacíficos y aliados. Por lo tanto su fecha de publicación es posterior.
52
C. M. Valdés, op. cit., p. 63.
53
“Leyenda pima, navajo, hopi, yaqui, apache y pápago”, en B. Vidal, Historias mágicas de
los indios pieles rojas, Edimat Libros, Madrid, 1999, pp. 65-66.
76 • Ana María Cárabe
La frontera cultural
En un mismo espacio geográfico y político se pueden construir varias nacio
nes54 como ocurrió en el norte de México a finales del siglo xix. La confron
tación entre los indios del desierto y los hombres del liberalismo tuvo ca
racterísticas especialmente claras y de consecuencias extremas.
Para el pensamiento liberal de finales del siglo, todo lo que obstaculizara
el proyecto nacional debía transformarse o eliminarse. Es una visión unila
teral que entra en contradicción con las libertades que se proclamaban, como
también es una actitud racista considerar inferiores a otras culturas y tratar
de abatirlas.
La frontera política se había fijado entre México y Estados Unidos to
mando como referencia el río Bravo. Las naciones indias transitaban a ambos
lados de esta frontera convencional y tenían las suyas propias definidas
por aspectos culturales y consuetudinarios al margen de los tratados inter
nacionales.
Teniendo en cuenta que una nación es una comunidad que basa sus lazos
en su cultura, costumbres, sentimientos, creencias y modo de vida, estas ca
racterísticas para definir la frontera son tan consistentes y objetivas como los
tratados entre Estados o los accidentes geográficos que se toman como
referencia.
La frontera cultural coincidía con el límite geográfico del desierto y se
podía fijar al norte de San Luis Potosí y al oeste hasta Zacatecas, llegando
hacia el norte hasta territorios pertenecientes a Estados Unidos. En esta región
limítrofe se daban frecuentemente enfrentamientos entre indios y colonos,
donde éstos eran pasados a cuchillo.55 Físicamente, hasta 1840, se contenía
a los indios limítrofes estableciendo guarniciones o presidios.
Los desiertos del norte de México se ligaban al concepto de frontera no
sólo como un espacio geográfico hostil, sino también era el lugar donde se
debatían la civilización y la barbarie.56 En este caso, la frontera estaba defi
nida por los contrastes geográficos, culturales e identitarios.
54
F. Hartog, Memoria de Ulises. Relatos sobre la frontera en la Antigua Grecia, fce, Argentina,
1999, p. 217.
55
Mme. Calderón de la Barca, op. cit., carta xxii, p. 189.
56
D. Trejo, op. cit., p. 8.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 77
El concepto de identidad cultural implica un sentimiento de pertenencia
a un grupo social con el que se comparten rasgos culturales, es decir, cos
tumbres, cosmovisión, un pasado común, valores espirituales, materiales
y lazos afectivos.57 Los espacios culturales en general no coinciden con la
frontera establecida política y administrativamente. En contraste con las di
visiones políticas, “las fronteras identitarias se definen siempre a través de
marcadores culturales”.58 Éstos constituyen comportamientos observables
e implican que los grupos de personas se reconozcan históricamente en
su entorno físico y social.
Con base en esto, conviene precisar que los pueblos el desierto no
representaban una unidad cultural ni identitaria, al contrario, los distintos
pueblos tenían lazos de pertenencia diferentes y particularidades culturales,
y aunque la mayoría de ellos eran nómadas, se movían dentro de un espa
cio geográfico delimitado en el que cada uno de los pueblos había tejido un
entorno de identificación. Las actitudes de los diferentes pueblos indios
también variaban; así, frente a la beligerancia de los comanches y apaches,
otros pueblos, como los pimas y los yaqui, trabajaban la tierra, pastoreaban
o realizaban actividades artesanales.59
El mundo occidental supo aprovechar estas diferencias, tanto para hacer
alianzas con unos pueblos como para enfrentarlos entre sí, lo que constituía
una forma de exterminio indirecto al aprovechar sus seculares enemista
des. Por ejemplo, en 1751 los españoles se aliaron con los pimas contra los
apaches y anteriormente habían ido contra los seris.60 La práctica se exten
dió hasta finales del siglo xix, aprovechando que los apaches eran enemigos
tradicionales de los pimas, pápagos y comanches.61 A su vez estos últimos
tenían enemistad con los kikapu. De igual manera, también los indios hi
cieron alianzas entre ellos en contra de los occidentales.
En términos generales, en las fronteras culturales existe una tendencia
hacia la confrontación. Esto puede dar lugar a una gama de actitudes que
transitan desde expresiones xenófobas y conflictos interétnicos, hasta el
genocidio. En esta gama de posibilidades en las fronteras culturales tam
57
O. Molano, op. cit.
58
G. Giménez, Cultura, identidad y memoria, disponible en [Link]
articulos/FN41/1-f41pdf, consultado el 13 de junio de 2015.
59
F. Martínez-Laínez y F. Canales Torres, Banderas lejanas. La exploración, conquista y
defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos, Edaf, Madrid, 2004, p. 153.
60
Ibidem, p. 151.
61
L. Lejeune, op. cit., p. 51.
78 • Ana María Cárabe
bién se produce la asimilación de algunos elementos entre las identidades
en cuestión, lo que permite cierta convivencia.62
El hecho de que en la frontera del desierto se pudieran establecer alian
zas entre el mundo occidental y los indios, o el que los indios vendieran
sus pieles curtidas y compraran telas, rifles y otros efectos, son muestras
de este escenario de sociabilidad y de intercambio cultural.
Los Estados impulsan los vínculos culturales que promueven la unidad
nacional, pero ¿qué convergencias podrían encontrarse entre la cosmovi
sión de los indios del desierto y los hombres que impulsaron el proyecto
nacional de expansión capitalista?
La tónica del liberalismo fue asimilar culturalmente a los pueblos in
dios del altiplano, lo que se sentía como un hecho posible, pues habían
vivido pacíficamente bajo las leyes y las autoridades virreinales y del México
independiente. Pero se distinguía que en México había una parte de la po
blación con capacidad para asumir la civilización y otra incapaz para el
desarrollo.
Bajo estos criterios, los indios del desierto no eran compatibles con el
Estado liberal que los había definido como enemigos de la civilización, cuyo
avance impedían.63 Por lo tanto, no quedaba más camino que la extinción,
cosa muy conveniente a la expansión capitalista, que así tenía paso franco
para la explotación de las riquezas del norte.
Los enfrentamientos entre el mundo occidental y el autóctono se daban
por la invasión que los rancheros y los mineros hacían de las tierras indias,
yendo cada vez más al norte y compitiendo por tierras y aguas.64 Louis
Lejeune, viajero francés de esta época que conoció bien la vida del desierto,
denunció que a los apaches “se les arrebataron tierras tan grandes como
Alemania y Francia juntas”.65 Zulema Trejo considera que “la forma de
responder (de los pueblos indios) a las medidas liberales estaba directa
mente relacionada con el grado de afectación que sufrían sus bienes, tanto
simbólicos como materiales”.66
62
R. Béjar y H. Rosales, La identidad nacional mexicana como problema político y cultural,
Siglo XXI, México, 1999, p. 49, disponible en [Link]
unam/20100331015717/Ident_nalmex.pdf, consultado el 11 de marzo de 2017.
63
Apache significa enemigo. Ellos se llamaban a sí mismos dine. L. Lejeune, op. cit., p. 48.
64
F. Martínez-Laínez y F. Canales Torres, op. cit., p. 15.
65
L. Lejeune, op. cit., p. 48.
66
Z. Trejo, op. cit.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 79
Para entender el significado de la usurpación de tierras, María Teresa
Romero explica que “cuando los originarios argumentan la idea de haber
nacido en determinado territorio, siempre se menciona a la generaciones
pasadas que también nacieron y crecieron ahí […] lo destacan como un
principio de identidad”.67
Los territorios indios no sólo eran un espacio de supervivencia y repro
ducción social, sino también constituían una realidad simbólica, por lo que
despojarlos de ellas atentaba también contra su cultura y creencias religio
sas, puesto que muchos enclaves eran para ellos sagrados, como la Casa
Grande del río Gila, la sierra del Pinacate, la montaña sagrada de Acoma y
el desierto de San Luis Potosí o Wirikuta, lugar de peregrinación anual de
los huicholes hasta la fecha.68
José Velasco explica que el espacio constituye una relación ontológica
de estos pueblos con el mundo porque:
[…] es constituyente y continente de acontecimientos históricos y naturales
que aluden a la cotidianidad […] y a una dimensionalidad que trasciende
el sentido geográfico para ubicarse en un complejo plexo multidimensional
que ubica lo terreno en relación con un espacio celeste y otro subterráneo.
(El territorio es) contenedor de vida por proporcionar la subsistencia y
reproductor de relaciones sociales, cuyos significados culturales son com
partidos por el mismo grupo, y contribuyen a darle el carácter de territo
rialidad contenedora de la dimensión histórica y social que hace posible el
fenómeno de identidad étnica. De ahí lo sagrado del territorio.69
Algunos pueblos se replegaron a lugares inaccesibles, otros se asimi
laron y otros más se quedaron a hacer frente a la expansión occidental.
Esta guerra no declarada tuvo tintes dramáticos y atroces para ambos
bandos según los testimonios: hacia mitades de siglo, el gobierno pagaba 200
pesos por cada cabellera de apache. Lejeune relata que un inglés de nombre
Johnson reunió a varias familias de apaches en el campamento de Santa Rita
67
M. T. Romero, op. cit.
68
G. Giménez y C. Héau, “El desierto como territorio, paisaje y referente de identidad”,
en Culturales, vol. iii, núm. 5, enero-junio 2007, Universidad Autónoma de Baja California,
disponible en [Link] consultado el 8 de febrero de
2016.
69
J. Velasco, “Autonomía y territorialidad entre los yaqui de Sonora”, en Actas Latinoamerica
nas de Varsovia, núm. 15, México, 1993, pp. 155-176, disponible en [Link]
mx/[Link]/diariodecampo/article/view/7425/8266, consultado el 15 de octubre de 2016.
80 • Ana María Cárabe
(Arizona) con el pretexto de venderles telas. Los masacró y sus cabezas
fueron saladas y vendidas en Sonora.70 El hecho de que este inglés pudiera
reunir a un número considerable de indios con pretextos comerciales in
dica que no se trataba de indios especialmente rebeldes. Por las cabezas de
los jefes beligerantes llegaron a pagarse hasta 3 mil pesos.
C. M. Valdés señala que “el genocidio tuvo lugar especialmente […] en
el noreste, desde la parte occidental del actual Chihuahua hasta el norte de
Tamaulipas, incluyendo todo el sur de Texas.71 Esta región albergaba a las
tribus más combativas y esto explica el empeño en su destrucción.
Sin embargo, la política de exterminio se extendió también a los pue
blos sedentarios y trabajadores. Es relevante el conflicto con los yaqui, que
tuvo lugar a mitades del siglo cuando las tierras del valle del Yaqui adqui
rieron importancia para los intereses regionales. Los yaqui no sólo defen
dieron sus tierras, sino también su autonomía y soberanía sobre su terri
torio.72 La resistencia marcó el devenir de este pueblo. Entre 1885 y 1887
tuvo lugar la llamada Revolución de Cajeme, caudillo indígena que enca
bezó una resistencia armada para impedir el despojo de su pueblo. Tras
ser ejecutado se inició la expulsión de los yaqui de sus tierras ubicadas a
lo largo del río para otorgarlas a colonos.
John K. Turner, periodista norteamericano, denunció el despojo de
tierras de los yaqui, que el gobierno de Porfirio Díaz llevó a cabo a partir
de 1880. Además de emprender matanzas contra los laboriosos yaqui, mu
chos de ellos fueron vendidos como esclavos y llevados a las haciendas he
nequeneras de Yucatán.73 Turner narra en su obra el terrible drama al que
fueron sometidos los yaqui trasterrados. Para 1908, entre sus demandas,
los yaqui también incluyeron que se repatriaran a las familias que habían
sido enviadas a Yucatán.74
Hay que añadir que otra forma de exterminio fue repartir harina enve
nenada y cobijas contaminadas de viruela después de haber celebrado un
tratado de paz con algún pueblo indio. Estas actitudes hacia los pueblos
70
L. Lejeune, op. cit., p. 43.
71
C. M. Valdés, op. cit., pp. 67-68.
72
E. Abbondanza, “La cuestión yaqui en el segundo Porfiriato 1890-1909. Una visión de
la historia ofiacial”, en Signos históricos, núm. 19, enero-junio 2008, uam Iztapalapa, disponible
en [Link] consultado el 15 de octubre de 2016.
73
J. K. Turner, “El exterminio de los yaquis”, en México bárbaro, Ediciones Leyenda,
México, 2015, capítulo ii passim. Véase también F. Madero, op. cit., pp. 189-196.
74
E. Abbondanza, op. cit.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 81
pacificados indican que el liberalismo no consideró ni quiso considerar la
capacidad de asimilación de la cultura occidental por parte de estos pue
blos, ni la posibilidad de la convivencia respetuosa con ellos. Por otra parte
su exterminio permitió que se les arrebataran sus tierras para beneficiar a
las oligarquías regionales.75
A estas formas de genocidio hay que añadir la aculturación. Tal fue el
caso de los ópatas, que fueron útiles al gobierno central combatiendo con
tra los apaches y tuvieron la temprana tendencia a evitar hablar la lengua
ópata y a fusionarse con las razas del mundo occidental.76
El saldo del choque cultural fue la imposición a sangre y fuego de la
“civilización”. Los pueblos indios fueron desplazados, saqueados, vendidos
como esclavos, aculturados o masacrados.
Conclusiones
Fue a finales del siglo xix, después de la caída de Maximiliano, cuando se
pudo fincar las bases de los anhelos que se habían concebido al momento
de la independencia. Pero la realidad social, económica y política poco o
nada favorecían los presupuestos teórico-filosóficos de libertad, igualdad y
fraternidad que habían sido proclamados con la Revolución francesa y que
habían inspirado a los primeros liberales. Las libertades, consistentes en
una serie de derechos civiles y políticos de no intervención del gobierno
en la esfera privada, sólo podían ser aplicados con restricciones; la frater
nidad seguramente se refería a las relaciones con aquellos países que pu
dieran ser inversionistas en México y la igualdad se empeñó en tratar de
emparejar a aquellos elementos de la sociedad que fueran susceptibles
de asimilarse, o exterminarlos por diferentes y a veces ingeniosos medios,
como sucedió con los pueblos asentados al norte de San Luis Potosí.
Nadie defendió sus derechos humanos más básicos, como es el derecho
a la vida o sus derechos de propiedad sobre los territorios que habían ocu
pado desde tiempos ancestrales. Sin conocer ni respetar sus culturas ni
formas de vida, se justificó su genocidio bajo el criterio de que eran salvajes.
El racismo de los liberales republicanos fue mucho más allá del des
precio y la minimización de las culturas ajenas: constituyó una forma ex
J. K. Turner, op. cit., p. 30.
75
Z. Trejo, op. cit.
76
82 • Ana María Cárabe
trema de racismo que osciló entre el etnocidio y el genocidio. Entre las me
didas etnocidas se encuentran el desplazamiento forzado, que incluyó la
separación de las familias y los matrimonios forzados. La venta de indios
como esclavos excede cuanta crueldad puede concebirse, especialmente
resulta chocante en una sociedad que decía aspirar a la libertad y a la de
mocracia y que en la práctica pisoteaba las propias leyes que había escrito.
Es claro que los indios que fueron comercializables eran sedentarios y
pacíficos y por lo tanto, en teoría, debían tener derechos ciudadanos. Nada
de eso fue tomado en cuenta para llevar a cabo el despojo de sus tierras y
además obtener un beneficio con la venta de seres humanos.
El caso más suave de aculturación fue la de aquellos pueblos que olvi
daron voluntariamente sus costumbres, sea en el norte o en el altiplano.
Algunos políticos del momento, tales como Benito Juárez, Ignacio Ramírez,
Ignacio M. Altamirano y el mismo Porfirio Díaz eran, paradójicamente, indios
y el palmario ejemplo de que la indianidad era un asunto de tinte cultural,
que podría trascenderse mediante una educación que sustituyera la barba
rie y el matrimonio con una mujer mestiza que blanqueara la descendencia
y “mejorara la raza”, expresión altamente racista que implica que unas
razas son mejores que otras.
La forma extrema de racismo lo constituye el genocidio, que es el exter
minio sistemático de un grupo social por motivo de raza. Los liberales es
taban dispuestos a eliminar todos aquellos factores que dificultaran o se
opusieran a su proyecto económico, por ello recurrieron a diversas formas
de exterminio de los pueblos del norte.
Los relatos de los viajeros oscilan entre el miedo que se les tenía a estos
pueblos hasta la reprobación y denuncia de las acciones del gobierno, aun
que describen las atrocidades que se cometieron por ambos bandos.
Es claro que muchas de las actitudes racistas promovidas por los libe
rales decimonónicos han pervivido hasta nuestros días. Estos antecedentes
históricos explican que el desprecio por “lo indio” implique la falta de capa
cidad civilizatoria, es decir, el racismo hacia el indio proviene de la falta de
integración de estos grupos a una sociedad cuyo ideal de ciudadano es aquel
que trabaja para consumir más allá de sus necesidades, ahorra, usa los
servicios bancarios y paga impuestos, lo que entra en contradicción con la
economía tradicional de los pueblos autóctonos.
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia del proyecto liberal • 83
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Jóvenes en la política:
entre la desigualdad y la participación
Olivia Leyva Muñoz*
Introducción
Como resultado de las nuevas formas de participación política que observa
mos, producto de los avances y progresos, han surgido distintas modalidades,
las cuales se caracterizan por ser “no institucionalizadas”, es decir, fuera
de la legalidad. El objetivo de esta investigación consiste en proporcionar
una aportación teórica sobre las nuevas modalidades de participación po
lítica de los jóvenes y las repercusiones que genera la desigualdad social.
Se esperaba que la participación política diera pie a la intervención de la
ciudadanía en la toma de decisiones, sin embargo, observamos que el nivel
de conocimientos de los jóvenes no es suficiente para luchar contra las
relaciones de poder.
Para este trabajo sostenemos que los jóvenes guerrerenses ejercen el
tipo de participación política institucionalizada y aquellos que realizan otro tipo
de participación, de acuerdo a Rossana Reguillo, son calificados como “re
beldes”, “estudiantes revoltosos”, “subversivos”, “delincuentes” y “violentos”;1
éstos son algunos de los nombres con que la sociedad ha bautizado a los
jóvenes que por sus conductas, manifestaciones y expresiones, entraron en
conflicto con el orden establecido y desbordaron el modelo de juventud que
la modernidad occidental, en su versión latinoamericana, les tenía reservado.
Esta investigación utiliza datos de varios autores nacionales e interna
cionales de diversas orientaciones ideológicas, así como datos estadísticos
* Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de Guerrero. Actualmente
es directora de la Escuela Superior de Gobierno y Gestión Pública de la misma universidad.
Miembro del Sistema Nacional de Investigaciones nivel I.
1
Rossana Reguillo Cruz, 2007, pp. 21-22.
87
que explican la situación actual de la juventud mexicana y específicamente
guerrerense, con el fin de describir y analizar la participación de los jóve
nes en los asuntos políticos.
Participación y democracia
La expresión “participación” es muy utilizada en el lenguaje político para
referirse a diversas acciones que realizan los individuos para involucrarse
en los asuntos públicos. Recurrentemente se habla de participación social,
política, comunitaria, ciudadana, entre otras.
El debate académico sobre el contenido e importancia de la participación
política es una constante que hasta hoy se repite, sin embargo, la participa
ción política no ha existido con las mismas manifestaciones que ahora co
nocemos, por ejemplo, en los regímenes absolutistas o dictatoriales no había
cabida para ejercer la participación. Con la formación de los Estados nacio
nales y el surgimiento del Estado moderno aparecen los espacios de parti
cipación política. Autores como Almond y Verba por la década de los sesenta,
Robert Dahl en los ochenta, y Clarke y Pocock en los noventa, han escrito
al respecto.
Actualmente la participación política es un tema de gran impacto en
la consolidación de la democracia debido a que el ciudadano influye en el
sistema político, en la elección de los gobernantes, en la definición de las polí
ticas públicas, en la formulación de demandas y en la presión para que
sean satisfechas por el gobierno.2
Otro investigador que, a través de sus trabajos, ha tratado de delimi
tar el ámbito de acción conceptual es Gianfranco Pasquino, quien afirma
que la participación política es aquel conjunto de actos y de actitudes diri
gidas a influir de manera más o menos directa y más o menos legal sobre las
decisiones de los detentadores del poder en el sistema político o en cada
una de las organizaciones políticas, así como en su misma selección con vista
a conservar o modificar la estructura del sistema de intereses dominantes.3
En esta definición, Pasquino reconoce dos formas de participación: la
visible y la invisible. La primera, que se expresa a través del comportamiento,
2
Víctor Manuel Durand Ponte, 1998, p. 46.
3
Giafranco Pasquino, 1988, p. 180.
88 • Olivia Leyva Muñoz
es decir, acciones que realiza el individuo y que son apreciadas por todos
los espectadores, por ejemplo, acudir a un acto político. En tanto, la partici
pación invisible, que no se manifiesta públicamente, pero existe en un sector
importante que se interesa por los asuntos políticos, aunque se muestra
como espectador por distintos motivos, generalmente, desafección o falta
de confianza en las acciones realizadas. Este sector oculto a los ojos de la
participación visible es como un volcán dormido y puede despertar en
cualquier momento, volverse activo y así incidir políticamente en la toma
de decisiones.
Participación, en palabras de Sartori, es ponerse en movimiento por sí
mismo, no ser puesto en movimiento por otro (movilización).4 Esta concep
ción claramente se refiere a la participación no convencional, una modalidad
recurrente de los jóvenes para expresarse, donde muchas veces estas
expresiones son sancionadas por las leyes.
La finalidad de la participación es influir en los asuntos públicos, con
expresiones para aceptar o rechazar decisiones específicas del gobierno que
afectan a una comunidad o a sus miembros individuales, en este caso, los
jóvenes.
La participación política supone un vínculo entre actores sociales. Por
un lado, las reglas que fija el gobierno y por otro, las acciones de obediencia
o desobediencia del ciudadano, que deriva en nuevas posiciones políticas
que pueden cambiar significativamente el rumbo de las decisiones del Estado.
En este sentido, la participación política es un elemento indispensable en los
sistemas democráticos, sin embargo, cuando ésta es baja, impacta de ma
nera negativa en la transparencia y rendición de cuentas del gobernante.
Manifestaciones de participación política
Diversos autores como G. Almond y S. Verba (1978), Pasquino (1988), Nuria
Cunill (1999), Pippa Norris (2002) y Alicia Ziccardi (2004) han descrito di
versas formas de participación política; en su mayoría comprende las
acciones que se consideran como formas de participación.
Por su parte, Pasquino describe las siguientes formas de participación
política:
Geovanni Sartori, 1993, p. 75.
4
Jóvenes en la política: entre la desigualdad y la participación • 89
1. Las reconocidas por las normas y los procedimientos vigentes, legales
a todos los efectos.
2. Las no reconocidas, pero aceptables y aceptadas, si bien con importan
tes variantes y con amplios espacios de oscilación.
3. Las no reconocidas y que desafían las bases mismas del sistema y su
organización, con diferentes grados de ilegalidad.5
Por otro lado, Verba y Nie (1972) hablan de participación dentro y fuera
del sistema; Seligson (1980) distingue entre participación institucional y de
movilización. Otras tipologías de acción política que recogen las diversas ca
racterísticas del conjunto de actividades políticas a las que pueden recurrir
los sujetos para incidir en el ámbito político han sido presentadas por Muller
(1982), Schmidtchen y Ühlinger (1983, en Sabucedo, 1988), y Sabucedo y
Arce (1991). No obstante, es preciso diferenciar entre participación política
convencional y no convencional.
En este sentido Durand Ponte (1998) establece la diferencia entre la par
ticipación convencional y no convencional. La primera está relacionada con
la participación tradicional que los ciudadanos realizan a través de organiza
ciones verticales, dirigidas por burocracias, como los sindicatos, los partidos
políticos, las diversas organizaciones con vida política, bajo los marcos de
una reglamentación pactada. La segunda se relaciona con formas más in
dependientes, como las desarrolladas en los movimientos sociales, en las
cuales la participación de los ciudadanos es más autónoma, generalmente
al margen del sistema político, en espacios no reglamentados, como la paz,
la ecología, los derechos humanos, la equidad de género, cuya finalidad es la
expresión de sus demandas.6
Las formas de participación política han cambiado significativamente,
por un lado, las modalidades eran referidas a votar, asistir a reuniones, afi
liarse a un partido político o a un sindicato, en tanto que ahora podemos
apreciar nuevas formas de expresión política, como promover el voto nulo
o voto en blanco, participar en movimientos, hacer huelgas, promover el
desafuero de la autoridad, marchas para exigir liberación de presos políti
cos, marchas por la paz ante la ola de delincuencia, entre otras. Estas
formas de participación no convencional han incrementado en los últimos
5
Giafranco Pasquino, p. 180.
6
Víctor Manuel Durand Ponte, p. 35.
90 • Olivia Leyva Muñoz
tiempos, producto del rechazo de las políticas públicas implementadas por
los gobiernos.7
En este esquema podemos precisar las diversas formas de participación
política, por ejemplo, participación en partidos políticos, votar, ir a manifes
taciones, apoyar a candidatos en procesos electorales, hablar y leer sobre
política, ya sea convencional o no convencional. Donde la participación
convencional es la actividad donde existe un orden establecido (voto) y
no convencional es equiparada con acciones de protesta (manifestaciones,
desobediencia civil).8
En este sentido, los jóvenes del siglo xx tienen nuevas formas de ex
presar y manifestar sus ideas. No obstante, no todos los jóvenes tienen las
mismas oportunidades para hacerlo. “En ningún país de América Latina
se compara la posición de los jóvenes rurales y los jóvenes indígenas con
la de los jóvenes urbanos”9 y, particularmente en Guerrero, hay 456,774
personas de cinco años y más que hablan lengua indígena, lo que repre
senta menos del 15 por ciento,10 ubicando a Guerrero en el lugar número
cinco de las entidades que registran mayor población indígena en el país.
De esta manera, los déficit de participación pueden encontrar una ex
plicación en la desigualdad social que impera en todo el país, y particular
mente en Guerrero, por lo que se observan formas de organización de gru
pos de iguales, vinculados por la confianza y la solidaridad, con los mismos
problemas y necesidades en sus comunidades, movidos por el propósito
de romper las estructuras del poder y dar solución a sus demandas; en este
punto, el capital social refuerza esos lazos de confianza y potencia la orga
nización ciudadana.
Por otro lado, las actividades y actitudes que forman parte de la partici
pación política pueden ligarse con fenómenos de politización, lo cual per
mite que la participación política se pueda analizar dentro de la categoría
de actividades y actitudes, de estímulos y recursos que tienen como refe
rente a cada individuo, es decir, las formas de manifestación del ciudadano.
Para llevar a cabo dicho análisis se parte de los procesos colectivos o de
grupo, analizando las características que dan origen a su existencia, como
7
Pippa Norris, 2002.
8
S. E. Pastor, G. Tamez G. y L. K. Saenz, 2014, p. 107.
9
L. C. Pacheco, 2013, p. 125.
10
inegi. Censo de Población y Vivienda, 2010.
Jóvenes en la política: entre la desigualdad y la participación • 91
la creación de partidos políticos, resaltando la participación del individuo a
través de los roles que desempeña en esas colectividades.
Retomando a Pasquino, la participación electoral es sólo una de las
modalidades posibles de participación política, pero también es cierto que,
en especial en los regímenes democráticos, sus consecuencias son inme
diatas y significativas, en términos de influencia sobre la selección de los
gobernantes a los distintos niveles y, en sistemas competitivos, también
sobre el tipo de políticas que se llevan a cabo.11
También es verdad que puede haber modalidades distintas de participa
ción no relacionadas con el comportamiento electoral; pero la posibilidad
de ejercer el voto, junto al conjunto de actividades, recursos y consecuen
cias que están ligadas a él, hacen del comportamiento electoral un elemento
central en los procesos de participación política.
Participación no convencional
y los movimientos sociales
Cuando los espacios de expresión reconocidos por la ley, como referéndum,
plebiscitos, juntas vecinales, audiencias públicas, no son utilizados para ma
nifestar expresiones políticas, los jóvenes buscan diversas modalidades; una
de ellas es la participación no convencional o no institucional que ha mo
tivado movimientos importantes de protesta en todo el mundo.
La protesta es una forma de participación no convencional, es decir, al
margen de las especificaciones legales permitidas por el orden establecido.
La protesta tiene fines y objetivos específicos, pero también “tiene una
forma dual; de un lado se hallan quienes protestan y, del otro, contra qué
protestan”,12 lo cual también lleva intrínseca una importante afectación a
terceros. Pero también los movimientos de protesta establecen vínculos
entre la sociedad y refuerzan los lazos del capital social, no obstante, “no
todo descontento, lamento, rechazo, o negación, desaprobación o queja,
son automáticamente comunicaciones y temas de protesta”.13
Importantes hechos de protesta han pasado a la historia, como los que
tuvieron lugar en 2010 en Egipto y Túnez, donde la muerte de dos jóvenes
11
Giafranco Pasquino, op. cit., p. 182.
12
Marco Estrada Saavedra (coord.), 2012, p. 37.
13
Ibidem, p. 38.
92 • Olivia Leyva Muñoz
dio origen a numerosas protestas que pusieron fin a los regímenes dicta
toriales de aquellos países. Estos sucesos generaron un impacto generali
zado en diversas partes del mundo y gracias a las redes sociales se supo
del hecho hasta en los sitios más recónditos. No obstante, cada país tiene
su propia historia, ejemplo de ello son: el caso de los estudiantes chilenos
que reclaman una democratización de colegios y universidades, los indig
nados españoles que resisten el ajuste, los jóvenes marginados de los su
burbios londinenses que expresan su rechazo rompiendo lo que tienen a
la mano, los argentinos que se entusiasman con el kichnerismo, entre
muchos otros sucesos de esta naturaleza.14
América Latina también ha dado muestras de que la juventud está
presente. El caso chileno con la movilización estudiantil del 2011 fue
considerada como una de las más importantes. Estas movilizaciones surgie
ron de los estudiantes que rechazaban el sistema educacional chileno, que
provee una amplia participación del sector privado respecto a la del Estado.
En el caso de México, en 2012 tuvo lugar el movimiento #YoSoy132, el
cual surgió después de la asistencia del entonces candidato presidencial
Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana, donde un estudiante
cuestionó al candidato presidencial respecto de su actuar en el gobierno
del Estado de México, acto que fue minimizado por los propios seguidores del
candidato, por lo que los alumnos de la Universidad Iberoamericana expre
saron, en un video grabado por 131 estudiantes, que eran realmente alum
nos de dicha escuela. Este video movilizó a miles de jóvenes en casi todas
las entidades federativas y, gracias a las redes de comunicación, rápidamente
se propagó en el extranjero en ciudades como: Barcelona, Madrid, San Fran
cisco, Berlín, París, Londres, Chicago, Buenos Aires, Nueva York y muchas
otras más.
Guerrero no fue la excepción, jóvenes de la Universidad Antónoma de
Guerrero, principalmente de las escuelas de Derecho y Filosofía y Letras,
así como pertenecientes a grupos sociales identificados con la izquierda,
se unieron rápidamente al movimiento #YoSoy132, realizando marchas en
la capital del estado en apoyo a los estudiantes de la Universidad Iberoame
ricana, y aprovechando para recordar la masacre del 2 de octubre de 1968
en Tlatelolco, el jueves de corpus del 10 de junio de 1971, el alzamiento za
14
José Natanson, 2012, cap. ii.
Jóvenes en la política: entre la desigualdad y la participación • 93
patista de 1994, la Guerra Sucia de los años setenta y otros capítulos de la
historia reciente que conmovieron a las mentes jóvenes.15
La historia política del estado de Guerrero se ha distinguido por la par
ticipación activa de sus ciudadanos, donde los jóvenes han sido parte de mo
vilizaciones importantes que han pasado a la historia trágica e impune de
la entidad. El 30 de diciembre de 1960, en Chilpancingo, ocurrió la matanza
cometida por tropas del ejército federal contra el movimiento estudiantil y
popular que luchaba contra el gobierno del general Raúl Caballero Aburto.
Este evento tuvo un gran impacto político, por lo que el Senado de la Re
pública decretó la desaparición de poderes en Guerrero el 3 de enero de
1961.16
Hubo otros sucesos importantes en los que los jóvenes no estuvieron
directamente involucrados pero sí fueron partícipes o afectados directamente.
Uno de ellos tuvo lugar el 28 de junio de 1995, hecho que acaeció en el
vado de Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benítez. En este sitio, la
policía del estado disparó contra integrantes de una Organización Campe
sina de la Sierra del sur; el saldo fue de 17 campesinos asesinados y 23
heridos.17 La consecuencia política se ejecutó desde el gobierno federal
que, a través del Senado, obligó a renunciar al entonces gobernador
Rubén Figueroa Alcocer, quien fue sustituido por Ángel Heladio Aguirre
Rivero.
El 7 de junio de 1998 ocurrió otra masacre en el poblado de El Charco,
municipio de Ayutla de los Libres, Guerrero, cuando elementos del Ejército
mexicano dispararon contra varios indígenas que se encontraban dormidos
en la escuela primaria Caritino Maldonado Pérez. El saldo fue de 11 muertos,
cinco heridos y varias personas detenidas, acusadas de subversivas.18
El 26 de septiembre de 2014 tuvo lugar uno de los hechos de barbarie
más agresivos y de consecuencias incalculables. En la ciudad de Iguala,
Guerrero, fueron asesinadas seis personas, entre ellas, tres estudiantes de
la escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, localizada en Ayotzinapa, asi
mismo, fueron desaparecidos 43 estudiantes más, de los cuales, como re
sultado de las investigaciones, se deduce que fueron asesinados por un
grupo delictivo con la participación de la policía municipal de Iguala y
15
Rogelio Agustín Esteban, consultado el 15 de diciembre de 2017.
16
Pablo Sandoval Cruz, 1999.
17
Jorge Rendón Alarcón, 2003.
18
Maribel Gutiérrez, 1998, pp. 119-128.
94 • Olivia Leyva Muñoz
Cocula.19 Este evento es sólo parte de una cadena histórica que incluye a
Tlatlaya (33 ejecutados por el ejército en junio del 2014) y Acteal (45 miem
bros de una comunidad indígena asesinados por paramilitares en 1997).20
A estos acontecimientos sumamos los que han tenido origen en Guerrero
y a los cuales ya hicimos referencia.
Estos eventos han demostrado la fragilidad del México profundo que des
cribe atinadamente Bonfil Batalla,21 donde las instituciones han sido que
brantadas, el Estado de derecho es casi ausente y los actos de impunidad
crecen de manera desmedida; pero estos acontecimientos crueles y san
grientos también han dado pie a numerosas formas de participación ciuda
dana y política de la juventud guerrerense, protestas que en su mayoría
encajan en la participación no convencional, donde los jóvenes no son
atendidos ni escuchados por las autoridades, donde sus demandas, aunque
legítimas, no tienen respuesta y la única forma de hacerse escuchar es con
actos de protesta como la quema de edificios públicos, pinta de paredes,
numerosas marchas, secuestro de autobuses y transportes del servicio
público, que convulsionan al estado de Guerrero.
En Guerrero, a pesar de existir una Ley de Participación Ciudadana, no
garantiza que la sociedad cuente con esos espacios, reconocidos y avala
dos por las propias instancias legislativas; por el contrario, la juventud
sólo encuentra represión y desaprobación de las autoridades e incluso,
por parte de la sociedad, en cuanto a las formas empleadas para manifes
tarse y exigir justicia y respeto a sus derechos y garantías individuales.
Desigualdad social presente en los jóvenes
La desigualdad social “es la condición por la cual las personas tienen un acce
so disímil a los recursos, servicios y posiciones que la sociedad valora”,22
pero cuando se trata de jóvenes, la desigualdad es aún mayor y en algunos
casos, es marcada desde el nacimiento. José Natanson23 explica un ele
mento importante que resalta la desigualdad a través de la demografía, por
19
iteso, Análisis plural, los 43 que marcan México, iteso, Guadalajara, 2015, pp. 85-98.
20
Lorenzo Meyer, 2016, cap. ii.
21
Guillermo Bonfil Batalla, México, 2012.
22
Harold R. Kerbo, 2004, p. 11.
23
José Natanson, op. cit., cap. iii.
Jóvenes en la política: entre la desigualdad y la participación • 95
ejemplo, contraer matrimonio y procrear hijos. Tan sólo en México, la ley
permitía los matrimonios de menores entre 14 y 16 años de edad bajo el
consentimiento del padre o tutor y bajo el principio de sus “usos y costum
bres”, no obstante, en una reforma federal aprobada en 2015 se precisó que
los contrayentes deberán contar con la mayoría de edad, 18 años, para
poder contraer nupcias.24 Sin duda, es uno de los primeros factores de
desigualdad, en tanto que un joven que nace y crece en un sector popular
tiene mayores posibilidades de contraer matrimonio a una corta edad y
con ello no tener acceso a una educación superior; es por ello que estos
jóvenes se colocan en desventaja respecto de los jóvenes que habitan en
zonas urbanas.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Juventud 2010, el 31 por ciento de
jóvenes de 20 a 24 años de edad y el 50.8 por ciento de jóvenes de entre 25
y 29 años de edad dijo vivir actualmente con su pareja.25 Esto genera otra
grave consecuencia, puesto que el joven casado y, muy probablemente, con
hijos, se ve en la necesidad de conseguir empleo para sostener el hogar,
coartando cualquier posibilidad de estudio y superación, pues las obligacio
nes se imponen y el joven trata de cumplir con su nuevo rol social; esto signi
fica aceptar cualquier tipo de empleo y abandonar los estudios.
El nivel socioeconómico es otro factor de desigualdad. De acuerdo al
Censo General de Población y Vivienda 2010 de los jóvenes entre 15 y 29
años de edad, el 50.4 por ciento se situaban en la Población Económica
mente Activa (pea),26 Guerrero es una de las entidades que se encuentra
por debajo de la media nacional de pea. Asimismo, resultados recientes
del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social
(coneval) indican que el estado de Guerrero se mantiene como una de las
tres entidades con mayor pobreza y pobreza extrema del país, con el 65.2
por ciento de su población en esta condición, lo que representa que
2’315,400 habitantes de este estado son pobres, además de que 868,100
son pobres extremos.27
Por otro lado, el desempleo marca severas diferencias entre la comunidad
joven; aquellos que logran emplearse, en la mayoría de los casos, es en el
24
Cámara de Diputados, LXIII Legislatura.
25
Secretaría de Educación Pública (sep), 2011, p. 12.
26
Idem.
27
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Informe de Evaluación
de la Política de Desarrollo Social en México 2014, coneval, México, 2015.
96 • Olivia Leyva Muñoz
sector informal y aceptan salarios muy bajos. En el año 2010 el índice mun
dial de desempleo juvenil alcanzó el 12.6 por ciento.28 No obstante, este
porcentaje aumenta cuando se trata de jóvenes que viven en países en vías
de desarrollo, los cuales albergan el 87 por ciento de la juventud mundial,
quienes ante la escasez de empleo, trabajan dentro de la economía infor
mal en condiciones poco favorables, sin embargo, ante los altos índices de
pobreza y marginación, no pueden permanecer desempleados.
En cuanto al nivel de escolaridad, también representa una condición que
resalta la desigualdad social: Guerrero, en 2010, ocupaba el penúltimo lu
gar con el 94.2 por ciento de población joven de 15 a 29 años de edad que
sabe leer y escribir, de los cuales tan sólo el 28.3 por ciento asiste a la
escuela.29
Los datos estadísticos no son muy alentadores para el estado de Guerrero,
que siempre se sitúa en los últimos tres lugares y muy por debajo de la
media nacional. En este sentido, los jóvenes tienen muchas desventajas
que los colocan como desiguales y excluidos comparados con el resto de
las entidades federativas. La educación, el género, la cultura, la pobreza, la
marginación, son sólo algunos factores que inciden en las formas de parti
cipación juvenil.
La desigualdad en México muchas veces es focalizada a lo económico,
sin embargo, el factor cultural representa uno de los mayores abismos; por
un lado, la sociedad demanda reconocimiento a sus usos y costumbres, y
por otro, el Estado emite leyes para todos. ¿Cómo puedes aplicar leyes
iguales a un pueblo desigual? Justicia, según Ulpiano es “dar a cada uno lo
suyo”,30 entonces, no se puede ir en contra del principio de igualdad.
En este contexto, como lo refiere Rossana Reguillo, las culturas juveniles
junto con otras categorías socioculturales de identidad, posibilitan entender
la reconfiguración de lo local en sus relaciones complejas (de resistencia, ne
gociación y conflicto) con lo global.31 Es ahí cuando entran en conflicto con
el orden establecido por el Estado. Si no hay igualdad para los ciudadanos,
28
Al respecto, puede consultarse el Informe de la onu sobre la juventud mundial, titulada
El empleo juvenil: Perspectivas de los jóvenes al buscar un empleo digno en tiempos cambiantes,
publicado en 2012.
29
Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (inegi), Perfil sociodemográfico
de jóvenes, inegi, México, 2014, p. 129.
30
Noé Bustamante, 2012, p. 580.
31
Rossana Reguillo Cruz, 2007, p. 146.
Jóvenes en la política: entre la desigualdad y la participación • 97
¿dónde quedan los jóvenes?, cada vez con menos oportunidades de parti
cipar, muchas veces por desconfianza en las propias instituciones. Autores
como Niklas Luhmann (1979) y Francis Fukuyama (1995) definen la con
fianza como un mecanismo reductor de la complejidad social.
A pesar de las diferencias entre los jóvenes, Rossana Reguillo distingue
ciertas características que los jóvenes comparten: poseen una conciencia
planetaria, globalizada, es decir, están conectados con todo lo que sucede en
el mundo; priorizan los pequeños espacios de la vida cotidiana para impul
sar la transformación global; hay un respeto casi religioso por el individuo,
que se convierte en el centro de las prácticas; existe una selección cuidadosa
de las causas sociales en las que se involucran y, por último, el barrio, en
tendido como el territorio propio, ha dejado de ser el epicentro del mundo
y de sus prácticas.32
Por otro lado el modelo neoliberal generó mayores desigualdades por
la distribución del ingreso, lo que impactó directamente en los jóvenes. Al res
pecto, Molinari afirma que los jóvenes aparecen como un actor fragmen
tado, agrupados en las múltiples y variadas organizaciones que ya no son
movimientos de masas generadores de identidades colectivas, sino grupos
de pertenencia y contención identitaria que intervienen en forma parcial en
la vida social y ya no sienten que el futuro les pertenece, por el contrario
deben construir y sostener su presente.33
Mientras que en países como Uruguay las desigualdades generadas
en la estructura social provocan movilizaciones por vía de la educación,34 en
México los jóvenes han mostrado una participación que crece como llama
rada y de la misma forma se desvanece, movilizándose para exigir derechos
estudiantiles, como el caso del movimiento del Instituto Politécnico Nacional
(ipn) o para exigir justicia en el caso Ayotzinapa. No obstante, no todos los
jóvenes se involucran en las movilizaciones, ya sea por desconocimiento,
apatía, temor o falta de cultura política.
Complejidades de la participación juvenil
Los países menos desarrollados con tasas desiguales de desarrollo económico
interno suelen presentar diferencias importantes entre las personas que
32
Rossana Reguillo Cruz, op. cit., pp. 142-143.
33
Viviana Molinari, 2006, p. 70.
34
Juan Romero y Natalia Moreira, 2010, p. 146.
98 • Olivia Leyva Muñoz
viven en zonas rurales y las que viven en zonas urbanas,35 a diferencia de
los países desarrollados, donde la brecha entre lo urbano y rural es muy
similar. Por ejemplo, en los años noventa el Banco Mundial situó la tasa de
pobreza urbana para Brasil en el 13 por ciento frente al 32 por ciento en
las zonas rurales; por otro lado, Tailandia presenta una de las diferencias
más pequeñas, con el 15 por ciento de pobreza en las zonas rurales frente
al 10 por ciento en las zonas urbanas.36
El abismo entre lo urbano y lo rural debiera ser reducido por la parti
cipación ciudadana; en tanto, señala Henri Lefebvre,37 mientras no exista
intervención directa de los interesados en cuestiones de urbanismo, auto
gestión y mientras los ciudadanos no tomen la palabra para expresar sus
carencias, faltará un dato esencial para la resolución del problema. El Estado
no es capaz de atender todas las demandas sociales, por ello, son los pro
pios individuos, sobre todo de las zonas rurales, quienes deben acercarse
al centro; tarea que deben abanderar los jóvenes, sobre todo aquellos que
cuentan con un nivel de escolaridad superior.
En ciudades donde se percibe que la desigualdad ha incrementado en
los últimos años, “los jóvenes son impedidos a convertirse en ciudadanos,
donde la ciudadanía se presenta como una opción individual, mientras que
las demandas de los jóvenes rurales son percibidas y asumidas a partir de
lo que nos ocurre a nosotros, dentro de una percepción de la construcción
comunitaria”.38
En el debate teórico para el estudio y análisis de las nuevas juventudes,
surge la concepción de la juventud urbano-popular y/o marginal;39 esta de
nominación significa un campo de estudio sobre las implicaciones de exclu
sión social que representan para los jóvenes.
Los niveles de escolaridad también impactan en el tránsito entre lo ur
bano y lo rural en la ocupación laboral de los jóvenes, lo que se conoce
como marginalidad ocupacional,40 es decir, los jóvenes procedentes de zonas
rurales, con baja escolaridad, tienen dificultades para incorporarse al
mundo urbano, a su vez, esto imposibilita el desarrollo de los procesos de
35
Harold R. Kerbo, 2004, p. 364.
36
Idem.
37
Henri Lefebvre, 1978, p. 213.
38
L. C. Pacheco, 2013, p. 127.
39
Oscar Dávila, Carmen Gloria Honores, 2003, p. 64.
40
Ibidem, p. 65.
Jóvenes en la política: entre la desigualdad y la participación • 99
independencia y autonomía para integrarse a los actos participativos que
demanda la sociedad, así como a formar parte de la organización social.
De acuerdo al Censo del 2010, el 58 por ciento de la población guerre
rense radica en zonas urbanas, mientras que el 42 por ciento se ubica en
zonas rurales del Estado, en tanto que, a nivel nacional, el 78 por ciento de
la población vive en zonas urbanas y el 22 por ciento en áreas rurales.41
Las oportunidades de los jóvenes guerrerenses son limitadas y con escasas
opciones de desarrollo. Si bien es cierto que, “la desigualdad encuentra en
la educación el tema por excelencia de debate entre diversas posiciones y
enfoques, podríamos decir que es en la ciudad donde tiene sus expresio
nes más visibles y palpables”,42 pero cuando los jóvenes muestran niveles
de escolaridad bajo, estas oportunidades se alejan con los atardeceres y
vuelven a presentarse en cada puesta de sol.
Educación y cultura política
En una sociedad desigual el tema educación parece ser el punto de unión
que pretende homogenizar los conocimientos, rompiendo las barreras de
la pobreza.
El principal reto de la educación superior en México debería ser formar
ciudadanos críticos, responsables y participativos; no obstante, las políticas
públicas están enfocadas en la cobertura educativa y estímulos para que el
joven asista a la escuela, elevando los estudios de bachillerato a rango
obligatorio como parte de la formación básica.
Recientemente, con la reforma educativa en México, el gobierno ha tenido
que sopesar diversas resistencias para implementar un modelo de evalua
ción al personal docente, donde Guerrero ha sido uno de los estados que
se ha distinguido por liderar tales movimientos, a pesar de ubicarse en los
últimos lugares según los resultados de la prueba que aplica el Programa
para la Evaluación Internacional de Alumnos (pisa) de la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) ésta reveló que los jó
venes estudiantes del estado de Guerrero ocupan el último lugar de la
clasificación nacional.43
41
inegi, Censo de Población y Vivienda 2010, inegi, México, 2011.
42
A. Saraví Gonzalo, 2015, p. 133.
43
ocde, 2012.
100 • Olivia Leyva Muñoz
En este sentido, homogenizar la educación cuando se desconoce la
diversidad, incrementa la discriminación de oportunidades y lleva a un
círculo vicioso donde se excluye a los jóvenes, niños, adolescentes en po
breza, a las mujeres jóvenes, indígenas y a la juventud rural.
Otro factor que se contrapone a la educación es la globalización, sur
giendo la duda de si la población adolescente juvenil será definitivamente
arrastrada por el consumo de los estilos del marketing global o, por el con
trario, se estimularán procesos locales de resistencia que permitan cons
truir y elaborar formas identitarias menos alienadas,44 lo que significativa
mente puede representar la organización masiva de jóvenes en
movimientos sociales para luchar por sus propios intereses ideológicos.
A pesar de instrumentar educación de calidad y estandarizar los conten
didos, las sociedades modernas ofrecen mayores oportunidades de mane
jar nuevos conocimientos a las jóvenes generaciones que se encuentran en
apropiadas condiciones económicas. Así se acentúa la dualidad social. Los
grupos más privilegiados van a colegios privados, donde tiende a instru
mentarse la propuesta moderna con individualismo, competencia, tecnolo
gía. Pero aun ahí, frecuentemente los adolescentes reclaman nuevas inte
racciones y áreas integrales de valoración de aportes y logros.45
En este sentido la universidad juega un papel crucial en el desarrollo
académico, emocional y social del joven. La educación universitaria habrá
de ayudar a los jóvenes a desenvolverse en un mundo incierto, en el cual
la vida familiar y social ha sufrido importantes cambios,46 por lo que toma
mucho sentido la individualidad y el principal reto es luchar por el respeto a
sus ideales, aunque la formación universitaria debería estar enfocada a for
mar jóvenes participativos, que se interesen por los asuntos públicos y
formen parte de la colectividad, y distinguirse por propiciar la participa
ción; sin embargo, la participación de los jóvenes es cada vez más gris.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Cultura Política aplicada en 2012,
se le preguntó a los jóvenes encuestados: en general, ¿qué tan interesado
está usted en la política?; el 64.67 por ciento dijo que poco, el 15.67 por
ciento dijo que mucho y el 19.15 por ciento dijo que nada.47 Lo que sí exis
44
Solum Donas B. (coord.), 2001, p. 506.
45
Dina Krauskopf, 2001, p. 157.
46
Luz María Cruz de Galindo, 2012, p. 77.
47
Secretaría de Gobernación, 2012.
Jóvenes en la política: entre la desigualdad y la participación • 101
ten son indicadores como el elevado nivel de abstencionismo electoral en el
ámbito local, que muestran desconfianza, apatía y desinterés de los ciudada
nos por la vida política, para participar incluso en los procesos de elección
de sus representantes vecinales y para involucrarse en los procesos deci
sorios que atañen a su calidad de vida.48 Entonces, la universidad contribuye
muy poco en la formación de una cultura política y de participación ciuda
dana, y este vacío se refleja en los índices de participación electoral y escasa
participación política.
Conclusiones
En este trabajo he descrito la conceptualización de participación política,
así como los tipos de participación, haciendo énfasis en la participación no
convencional, que muchas veces han dado vida a importantes movimien
tos sociales.
En este sentido, los jóvenes se enfrentan a una serie de dificultades
para ser sujetos activos de las diversas modalidades de participación, donde
intervienen factores generacionales, culturales, el lugar de residencia, la edu
cación, factores económicos, entre otros, lo que limita y marca el tipo de in
volucramiento que los jóvenes muestran respecto de los asuntos públicos.
Las estadísticas infieren que los jóvenes no están interesados en la
política y conviene indagar las razones, no obstante, se les ve participando
en protestas, marchas, quema de edificios, toma de autobuses (participación
no convencional), esto refiere que los jóvenes universitarios no hacen uso
de la participación política convencional porque existe desinterés y un alto
grado de desconfianza, pero resulta más atractivo hacerlo desde los movi
mientos: por un lado existe un distanciamiento de la política y, por otro, se
sienten más identificados con la protesta, porque entre más radicales sean,
más respuestas a sus demandas obtienen.
Estas problemáticas juveniles han sido atacadas por políticas sociales,
tendientes a mejorar las condiciones de ese sector, pero al mismo tiempo
se han abandonado paulatinamente los contenidos cívicos y políticos en el
sistema de enseñanza oficial.49
Alicia Ziccardi (coord.), 2004, p. 248.
48
Rafael De la Garza Talavera, 2008, p. 185.
49
102 • Olivia Leyva Muñoz
Las desigualdades obstruyen la participación. Muchos jóvenes, sobre
todo en el estado de Guerrero, se enfrentan a situaciones precarias como
la carencia de alimentos, de acceso a servicios médicos, educación, vivienda,
empleo, entre otras; por tanto, todas esas limitantes inhiben al joven, creán
dole serias dificultades para integrarse a la comunidad, lo que representa un
choque cultural muy fuerte que lo desplaza y aísla de una sociedad que va
muy de prisa con los avances tecnológicos. Por ejemplo, un joven citadino
usa Internet en un Smartphone, usa redes sociales, videollamadas, en tanto,
un joven que proviene de una comunidad rural, sólo sabe que existe Inter
net, apenas pudo aprender a encender una computadora y sus ingresos
económicos no le permiten tener un celular última generación o pagar un
paquete de telefonía móvil que incluya Internet.
Así, los jóvenes que salen de sus comunidades para ingresar a la uni
versidad enfrentan serias limitaciones, pero con el tiempo van involucrán
dose en los asuntos de la sociedad; en tanto, a los jóvenes que permanecen
en el campo porque contrajeron matrimonio con escasa edad, su nuevo rol
social les dificulta estudiar una carrera universitaria. Estos jóvenes están
cada vez más alejados de la realidad política, económica y social, por ende,
los niveles de participación serán muy limitados.
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El baile de artesa en la zona
de contacto generada por los afromexicanos
Odilia Organista Mora*
Planteamiento en torno al baile
de artesa y la diáspora africana
Guerrero es un estado o provincia al suroeste de México, con riberas hacia
el Océano Pacífico donde se revela la región de interés para nuestro ensayo,
la Costa Chica. Esa zona del país la comparten por las playas del Pacífico
el estado de Guerrero y el de Oaxaca. Se extiende entre el límite del puerto
de Acapulco, Guerrero, y Puerto Ángel, Oaxaca, por una llanura costera
con un ancho promedio de 20 kilómetros. Es un área que abarca la planicie
junto al litoral, y la correspondiente “montaña baja”,1 aquella donde decrece
la altura de la Sierra Madre del Sur.
Guerrero cuenta con la población afrodescendiente calculada2 como la
más grande del país. Esa masa de habitantes aparece en dos modalidades,
dispersa por el Estado y concentrada en la región de la Costa Chica, Aca
pulco y Coyuca de Benítez. La literatura señala que en la Costa Chica han
residido por siglos afrodescendientes que llegaron al país al inicio de la
colonización europea. Allí los afromexicanos han quedado relegados por
la invisibilidad y las desigualdades, aunque han tenido un papel importante
en la conformación de la región. Son invisibilizados por el mismo Estado
* Maestra en Estudios Socioterritoriales. Trabaja en la Secretaría de Educación Guerrero.
1
Término planteado por Danièle Dehouve, para establecer una diferenciación espacial
(cultural y social) de la montaña de Guerrero, expuesta por la autora en: Danièle Dehouve,
1995, 1992.
2
Hasta ahora los dos instrumentos más aproximados al asunto son: Principales resultados
de la Encuesta Intercensal 2015, Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi), México,
2015 y el Informe Final de la Consulta para la Identificación de Comunidades Afrodescendientes de
México, Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (cdi), México, 2012.
107
mexicano, por sus distintos poderes. Por décadas no han sido incluidos en
programas o proyectos para el desarrollo de los grupos étnicos. A lo largo
de los años permanecieron sin reconocimiento constitucional en el estado de
Guerrero, y en la actualidad no se les termina de reconocer dentro de la
Constitución del país. Por lo anterior no se le ha podido incorporar a los cen
sos nacionales. No se le incluye en la historia nacional ni local. A los negros
no se les percibe como habitantes que pueden estar presentes en todo el
Estado y no sólo en la Costa Chica. Las instituciones afrodescendientes no
tienen capacidad de radiodifusión, ni sus planteles de educación superior
han alcanzado acreditación. En la región la calidad de la educación y los
servicios de salud confrontan un déficit significativo.
De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo
Social (coneval) 2010,3 en las localidades de los municipios que dentro
de la Costa Chica tienen mayor presencia afrodescendiente, hay un grado de
marginación alto o medio. Son municipios que no alcanzan un buen índice
de desarrollo humano y presentan rezago social. Se reportan elevados los
siguientes indicadores en educación: población de 15 años o más sin pri
maria completa; población de 15 años y más con educación básica incom
pleta; población de 15 años o más analfabeta. En materia de ingresos: po
blación ocupada con ingreso de hasta dos salarios mínimos. En el tópico de
la vivienda: población en viviendas particulares habitadas con algún nivel
de hacinamiento; viviendas particulares habitadas sin agua entubada; vi
viendas particulares sin drenaje, viviendas particulares habitadas sin excu
sado o sanitario; viviendas con piso de tierra; viviendas particulares habita
das que no disponen de lavadora. En salud: población sin derechohabiencia
a servicios de salud.4
En los últimos 25 años han reaccionado ante la situación de desequilibrio
social en que se encuentran. Ellos han vivido un despertar hacia la búsque
da de su identidad cultural como uno de los pueblos de la región, colocado
en la geografía étnica de México y situado en el campo las interacciones de
la diáspora africana.5 Ésta constituye el involuntario desplazamiento físico
y cultural de los africanos y sus descendientes por el mundo en el inicio
de la modernidad, de la colonización de América, llevando con sus cuerpos
sus culturas, sus espíritus, sus simbolizaciones, tal como nos han señalado
3
coneval (última consulta 25 de febrero de 2016).
4
Hay señalamientos sobre estas desventajas en: Eduardo Luis Espinosa, 2015, pp. 159-166.
5
Ben Vinson III y Bobby Vaughn, 2004, pp. 85-89.
108 • Odilia Organista Mora
Ortiz6 y Bastide.7 Nosotros, respecto del tema aquí analizado, pensamos que
uno de los desplazamientos fundamentales de la diáspora africana ha sido
el ritmo y con éste la construcción coral8 de su sinergia de grupo frente al
racismo y las inequidades. Valoramos la diáspora como una experiencia de
zonas de contacto, lugares donde se cruzan personas y cosas, dispuestas
simbólicamente para desplegar “modos de mantener conexiones con más de
un lugar, al tiempo que se practican formas no absolutistas de ciudadanía”.9
Nuestro objetivo consiste en explicar cómo al baile de artesa se le ha
insertado dentro de las reacciones de los afrodescendientes de la región
frente a la discriminación. Tenemos la hipótesis de que el rescate cultural
de ese baile parece haber contribuido a generar “zonas de contacto” de la
diáspora africana, espacios para evocar la ancestralidad y el negado pasado
africano de la región, espacio para las vívidas experiencias entre gente de
distintos lugares, para la socialización y la sinergia de grupo en torno al ra
cismo padecido por los afrodescendientes en el contexto de la indiferencia
gubernamental y social que hacia este fenómeno existe en el país y en el
estado de Guerrero.
El baile de artesa es una manifestación dancística afromexicana. Como
uno de los variados sones en México, tiene una distintiva asimilación de
valores rítmicos africanos, que se ve realzada por el peso que a esta danza
se le confiere en la cultura afromestiza de la región donde se baila, la Costa
Chica de Guerrero y Oaxaca. Es un baile diferente de la chilena y de otras
danzas locales.
El baile de artesa es una danza que toma su nombre de la tarima sobre
la cual se ejecuta. Esa tarima está fabricada con madera de parota, de una
sola pieza, tallada con figura de cabeza y cola de caballo o toro. Su forma la
hace incomparable en México, empero, en los últimos tiempos unas pocas
artesas en Costa Chica han prescindido de esa imagen labrada. A este baile
también se le ha denominado “fandango de artesa”, “la artesa”, “son de
artesa”. En plural se dice “sones de artesa”, sobre todo para significar la va
riedad de coplas musicalizadas para el baile. La artesa permanece en la
memoria en calidad de símbolo de fiesta; añejo baile de pareja; tablado en
el que se luce la alegría del zapateo. Es a la vez tarima, instrumento de
6
Fernando Ortiz, 1983.
7
Roger Bastide, 1970.
8
Paul Gilroy, 1999.
9
James Clifford, 1999, p. 19.
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 109
sonido, y ha devenido signo de la cultura de los afrodescendientes de la
región.
La indiferencia hacia la problemática
de la afrodescendencia de la Costa Chica
Hasta el momento no hay censo general que capte con precisión el número
de afromexicanos en el país y en la Costa Chica, pero los reportes rea
lizados arrojan que presumiblemente en esa parte de la república vive el
mayor número de descendientes de africanos. Esa situación es una de las
manifestaciones de invisibilidad y relego de los afrodescendientes.10 No obs
tante, al contemplar el área de la Costa Chica de Guerrero, distintos obser
vadores garantizan que hay descendientes de africanos. Ellos coinciden en
el territorio con grupos indígenas: Nahuas, Tu’un sávi (mixtecos), Me’ phaa
(tlapanecos) y Ñomndaa (amuzgos).11 A su vez, allí conviven con los blan
cos y mestizos, que en poblaciones específicas suelen tener relaciones más
distantes con los negros e indígenas; aunque en otras aparecen con facili
dad familias y parentelas multirraciales. Sin embargo, la observación común
no señala hacia una extendida clase dirigente blanca que encabeza la vida
pública de la región,12 un fenómeno de poder ante el cual son indiferentes
los sectores dirigentes del Estado y una buena parte de sus organizacio
nes de la sociedad civil.
Uno de los mejores observadores de la región fue Aguirre Beltrán,13 quien
señala las características somáticas de los habitantes afromexicanos, que
entre ellos son unas de las principales referencias de su identidad. Es común
que la identificación del afrodescendiente empiece por su color de piel, los
labios gruesos y el pelo rizado, al cual en la región se le llama “cuculuste”
o chino.
10
En los censos y encuestas de México no se incluyeron a los afrodescendientes como
una categoría poblacional. Hasta fecha reciente se les contemplaron en los registros
practicados a la población, pero han existido problemas de procedimientos, de reporte de
datos y de difusión de los mismos. Una manifestación más de rechazo del asunto y trato
indebido del mismo.
11
cdi, op. cit., p. 60.
12
Odile Hoffmann, enero-marzo, p. 125.
13
Gonzalo Aguirre Beltrán, 1985, p. 70.
110 • Odilia Organista Mora
Por esas características físicas algunas personas se adscriben como
morenos, negros, costeños, bandeños de la región. Aunque también po
drían clasificarse a sí mismas de esa manera por su descendencia mestiza
y por sus antepasados o parentales y no precisamente por rasgos somáti
cos. Esos términos enunciados bajo ese estilo suponen que se es de Costa
Chica y que se es mexicano, aunque en México se presume que una por
ción importante de la población desconoce la presencia en el país de los
afrodescendientes, a quienes se les ha hecho invisibles como grupo social
y cultural. Entre tanto, el moreno de la Costa Chica siente mucho orgullo
de ser mexicano, pese a que la propagación del nacionalismo típico del
país, difundido por los medios de comunicación, por la educación y la vida
sociopolítica, reduce la africanía a algo inconcebible en la nación mexicana.
Pareciera ser que para la cultura oficial de México, acuñada desde el
siglo xix hasta ahora, el origen africano es una tradición que no existe. En
la composición de la nación se señalan otras tradiciones y procesos histó
ricos, sin que se le confiera importancia a la africanía. 14 Incluso a nivel
regional, se han detectado conductas y prácticas de “blanqueamiento” que
pudiesen llegar a manifestarse como algo público, y parecen dirigirse hacia
la obtención de un pase racial15 para que el “moreno” cuente con mayor
amplitud de vínculos sociales.16 Pero, por otro lado, hay expresiones de la
vida del afrodescendiente que resaltan el ser negro de la región; y en los
últimos años, con el movimiento negro, la aspiración de ascenso social
entre la masa de pobladores afro se ha puesto hasta cierto punto en una
posición diferente al pase. Las expresiones que reflejan la preocupación
por la amplia movilidad social del negro, en fechas recientes, se han engar
zado con la expectativa que se ha abierto de que el sujeto étnico sea reco
nocido no sólo por la ley y las declaraciones políticas, sino en la vida gene
ral de la gente, en sus relaciones cotidianas y en la actividad que llevan con
sus vecinos, compañeros, amigos y parientes, sin que su condición racial
tenga que disimularse o enmascararse.
La notoria presencia de la herencia africana en la zona sólo se ha plan
teado de manera oficialista en las declaraciones institucionales, en momen
tos extraordinarios y en documentos oficiales, sin que ello se traduzca en
un reconocimiento difundido y actuante en la vida social y cultural del día
14
Christina A. Sue, 2013, pp. 15-17.
15
Gonzalo Aguirre Beltrán, 1981.
16
Eduardo Luis Espinosa, op. cit., pp. 84 y ss.
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 111
a día. Esa presencia no se ha terminado de reconocer con plenitud ni por
las autoridades del Estado ni por sus organizaciones civiles y políticas, ni
por la propia socialización y educación que transcurre entre la gente. Está
documentado que entre los propios afromexicanos del área hay diversos
mecanismos simbólicos para negar el origen de sus más lejanos ancestros,
hecho que alcanza incluso a personas con alto nivel de educación, laboral
o político.
La conformación de un factor africano en la vida de la región procede
de una historia que empieza con la Conquista, en los siglos xvi y xvii, cuando
entra a México el mayor número de africanos. Es el momento en que
México fue el lugar al que llegó la cifra más alta de siervos africanos en
América. A la Costa Chica arribaron africanos como sirvientes domésticos
libres con sus patrones españoles. También, con la compraventa de la mano
de obra africana, se trajeron cargamentos de esclavos tanto por el Atlántico
como por el Pacífico. Penetraron cimarrones salidos de las minas de Taxco
y de otras regiones del centro y sur del país, siervos escapados de sus amos
que se refugiaron en la agreste geografía entre el mar y la montaña de
Guerrero. Accedieron empleados de confianza de los colonizadores y de ul
teriores patrones blancos, hombres que alcanzaron puestos de caporales,
mayordomos, vaqueros y otros oficios. La naturaleza de la explotación del
trabajo, que no era del tipo de plantaciones —como la que se vivió en las
regiones del Caribe—, impulsó el hecho de que estos africanos y sus des
cendientes se establecieron en el área como estancieros, atados a parcelas
de ganado y producción agrícola para las poblaciones alrededor o a lo sumo
para una expansión mercantil dentro de los límites del país.
Los investigadores y activistas culturales hablamos del factor africano
y usamos el prefijo afro. Pero el “moreno”, el negro, por años ha enfatizado
que es de la región, que de allí son sus más lejanos abuelos, que es costeño.
Esto ha sucedido hasta fecha reciente, pues en los últimos 20 años ha
aparecido una conciencia de reivindicación de la vida misma que se lleva
en la región, de reivindicación frente a la desigualdad que hay allí, frente
a la invisibilidad en la que han quedado sumidos esos pobladores negros.
Esa esperanza de redención económica, social y cultural ha llevado a que
ya en la actualidad ellos empiecen a darle sentido a la denominación afri
cana de su origen. Es un despertar de su manera de concebirse, al que
poco ayuda la deficiente educación y atención cultural a esa cuestión por
parte de las instancias oficiales del Estado mexicano.
112 • Odilia Organista Mora
Entre los años cincuenta al ochenta se produjeron transformaciones que
incidieron en las comunidades afrodescendientes de la Costa Chica. Se
abrieron vías de comunicación que conectan a la región de un modo más
inmediato con las capitales de los estados de Guerrero y Oaxaca y el resto
del país. En los extremos norte y sur de la región crecieron grandes pro
yectos turísticos. Uno fue el sueño del Acapulco como destino de playa na
cionalista (para atraer a todas las clases sociales), símbolo de prosperidad
y unidad nacional, parte de un eje de disfrute del patrimonio natural y cul
tural, en el que aparecían contemplados Taxco y Coyuca de Benítez. Por la
otra parte prosperó el emporio recreativo de Huatulco y sus playas aleda
ñas, junto con la conexión con el centro del Oaxaca.
Desde el Estado mexicano y desde los poderes locales, nadie calculó
con sentido racional los efectos inmediatos de aquellas transformaciones
económicas ni se pensó en generar políticas de equilibrio económico y so
cial, mucho menos se pensó a largo plazo. La derrama económica y las pers
pectivas de crecimiento financiero que trajeron esos proyectos fueron desi
guales. Vino la partida laboral y estudiantil de los morenos hacia otras
partes de los estados de Guerrero, Oaxaca y la capital del país. Siguió la
mengua de algunas de las economías tradicionales de explotación agraria y
ganadera. Sucedió la enajenación de tierras que antiguamente pertenecían
a los pobladores afro. Repercutió la caída de la economía pesquera y gana
dera, la primera, venida a menos como una forma de alimentación de la
población más desfavorecida, y la segunda, como una producción de carne
y derivados, que junto con las tierras de pastizales se empezó a mover a
manos cada vez más enriquecidas por el crecimiento capitalista que suce
día en los centros urbanos alrededor. Las desventajas para lidiar con la com
petencia mercantil y cultural que llegaba a la región no llevaban a contemplar
la planeación de las opciones turísticas que de modo tradicional se practi
caron en la zona para contrapesar el crecimiento de la industria de recreo
que crecía en los extremos geográficos de la región. Hasta hoy ha sido muy
débil y poco eficiente el crecimiento de las opciones educativas en el área.
Ulteriormente, con el declive de los destinos turísticos mexicanos y con la
crisis de la seguridad y el narcotráfico en el estado de Guerrero, se fue al
piso la situación económica y social de la región, donde hoy es muy carac
terística la migración hacia Estados Unidos.17
Laura A. Lewis, 2009, pp. 183-208.
17
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 113
Los cambios producidos en los últimos 50 años no han sido concebidos ni
evaluados por los agentes gubernamentales y los corporativos privados
para el beneficio de los pobladores de esa área. Es una zona en la que exis
ten importantes desventajas institucionales en materias de salud, educa
ción, economía y representación política.18 Los grandes efectos económi
cos y sociales son simultáneos con la modificación de la vieja cohesión
local de las comunidades de pescadores y campesinos, sus unidades domés
ticas, sus grupos de parientes, sus alianzas matrimoniales, su posesión y
uso de la tierra, y sus mercados locales. Las poblaciones negras se encuen
tran excluidas de las principales acciones de desarrollo social que tiene el
gobierno local, las clínicas tienen carencias de atención a la salud y en al
gunas ocasiones, los afrodescendientes tienen que trasladarse a Omete
pec, al puerto de Acapulco o incluso hacia Chilpancingo; en cuanto a la
vivienda, la mayoría de esas poblaciones carecen de los principales servi
cios básicos; también se carece de infraestructura física en los centros
escolares.
Esta situación de relego social y económico se ha dado junto con la invi
sibilidad que hemos reseñado a cada paso de nuestra explicación. Frente a
esas inequidades, la más amplia postura desde la sociedad, el empresaria
do y los poderes nacionales y del Estado local ha oscilado entre la indife
rencia y la poca atención al asunto, sin pasar a fondo en la cuestión, en la
cual se revuelven las acciones de un racismo institucional, un estructurado
racismo hacia los afrodescendientes.
De modo paradójico, si bien se produjo un crecimiento en la infraestruc
tura de la comunicación en esa área de Guerrero y Oaxaca, al final de todo,
a la región de la Costa Chica se le ha aislado, se le ha distanciado, desde el
punto de vista simbólico de la geografía cultural, con implicaciones para la
colocación de la zona en tanto espacio de desigualdades. Se llega al grado
de que el propio aislamiento geográfico no se ha reducido de manera ace
lerada. Hay retraso en el mantenimiento y restructuración de las carreteras
existentes y en la generación de nuevas obras. Se abre una brecha de
desventajas con la falta de medios de comunicación y red de Internet con el
empobrecimiento y cierre de las radios locales, y con la débil difusión edu
cativa en materia de discriminación y violación de derechos humanos,
tanto en el plano del combate a esos dos fenómenos como su prevención.
18
cdi, op. cit., pp. 64 y ss.
114 • Odilia Organista Mora
Al mismo tiempo que suceden las inequidades reseñadas, son refor
zadas por un posicionamiento inferior de la geografía cultural de la región,
que termina por darle invisibilidad a la expresión sociopolítica y cultural que
pueda brotar de allí. Tanto de las ciudades turísticas como de las propias
poblaciones se percibió que eran lugares de retraso, distantes de los pla
nes de desarrollo; un espacio de campo y de una violencia característica
del negro, una violencia que allí se había instalado sin remedio. A raíz de
la prioridad que se le dio a los proyectos turísticos —en particular la refun
cionalización de Acapulco para introducir allí al gran turismo—, sucedió
que se llegó al punto de que en los mapas oficiales del estado de Guerre
ro se separase a Acapulco de la Costa Chica. Así, la ciudad turística devino
una región aparte de la Costa: “un enclave turístico apartado de la realidad
del país y de una buena parte de los sectores marginados”:
Ese proceso se empezó a incubar desde los años cuarenta, pero llegó a su
rápida puesta en ejecución a mediados de los ochenta, entre el sexenio de
Miguel de La Madrid y el sexenio de Carlos Salinas. Se trataba de que Aca
pulco formara parte de otros de los paraísos aparte que se creaban en
México para un turismo adecuado a políticas neoliberales […]
En esos paraísos, tal como se le pensaba a Acapulco, había que llevar una
política de desarrollo que desterrara de esos territorios las diferencias
étnicas, […] El esquema de la jerarquización étnica y territorial ha sido
direccional: Hacia la Costa Chica quedan las etnias, los negros, la natu
raleza, el aislamiento, la agresividad, en fin, la Arcadia violenta; y hacia
Acapulco, el progreso, el blanqueamiento, sus zonas turísticas, el confort.19
En el presente, de esa manera racista son simbolizados la región y el pro
pio sujeto afrodescendiente. Al simbolizarse el área del Pacífico mexicano
de Oaxaca y Guerrero, a la presencia negra se le hunde en la invisibilidad
y la inaccesibilidad. Junto con ello, una ola discursiva de simbolizaciones
enraizadas en la vida de la gente borra el perfil afro de la región. La inter
nalización del tratamiento racista del afromexicano y de la región, junto con
las desventajas comunicativas y educacionales características del trato
desigual hacia el área costeña, han llevado a que entre los pobladores ne
gros se niegue la posibilidad de su origen africano, a que se ignore la exis
tencia de África, de los pueblos afroamericanos y del pasado de la esclavitud.
Eduardo Luis Espinosa, op. cit., p. 112.
19
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 115
Así las iniciativas de desarrollo regional de los últimos 50 años, lejos de
remover las estructuras mentales del racismo institucional, lo que hicieron
fue alentar la esquemática racista que provenía de antaño y que durante
los siglos orientó el ordenamiento desigual del negro en el territorio. En ge
neral, el esquema que del afrodescendiente se ha transmitido en México, lo
reseña Aguirre Beltrán.20 Él nos esclarece que se trata del origen de un mes
tizaje y una relación intercultural que históricamente no han ocurrido de
una manera equilibrada. Han estado traspasados por prejuicios que condi
cionan con mucho la diferencia entre el blanco, el indígena y el negro. A este
último se le ha considerado como fuerza muscular.21 Se le ha representado
con actuaciones, cuerpo, sexualidad y espíritu de una otredad que debiese
ser vigilada y controlada.22 Se le ha personificado para estar en un espacio
que lo haga invisible, en una segregación conveniente para su progreso, o
en una disolución por un mestizaje que lo aclare, que lo perfeccione racial
y socialmente, que es la perfección social e individual.23 Dentro de esa idea
África ha quedado anulada, como mismo han sido impensables la proximi
dad con los orígenes de otros pobladores afro en América. Tanto África
como afroamérica se les contemplan como sitios simbólicos de atraso
centenario y estructural, sitios de donde se cree que no viene el pasado de
México y de donde no habría nada que heredar o rescatar.
El baile de artesa, rescate cultural y zonas
de contacto de la diáspora africana
En medio del contexto descrito, nos encontramos que los afromexicanos
no han permanecido inertes, han recurrido a mecanismos propios de la diás
pora africana. Han despertado a su identidad afro y con ello han buscado
recursos para cohesionarse como grupos y articularse con otros actores.
De esa manera han reaccionado frente a los desequilibrios y la mar de
cambios en las vidas de sus comunidades en los últimos 50 años. A través
de las organizaciones negras de Guerrero y Oaxaca que se han constituido
en los últimos 25 años, han movilizado simbolismos de afirmación identi
taria. Ese impulso venido de la significación ha coadyuvado a un trabajo
20
Gonzalo Aguirre Beltrán, op. cit., 1981.
21
Ib¡dem, pp. 180 y ss.
22
Ib¡dem, pp. 187-188.
23
Ib¡dem, p. 181.
116 • Odilia Organista Mora
articulado con distintos actores, próximos y lejanos, para tratar de obtener
beneficios educativos, políticos, productivos y sociales.
Uno de los simbolismos traídos de la memoria ancestral de las viejas
festividades y de la herencia de los abuelos, que es el recuerdo más inme
diato del desplazamiento de la diáspora, ha sido el recurso étnico del baile
de la artesa. Su tarima, del mismo nombre, de instrumento olvidado se
convierte en símbolo de entusiasmo y emblema de un grupo que se reúne
y se comunica para luchar por reivindicaciones y equidades. Las organiza
ciones afromexicanas de Guerrero y Oaxaca toman a la artesa y al baile
que sobre ella se practica como parte de los distintivos de la identidad y la
memoria ancestral, que tratan de recuperar de una raigambre africana.
Este baile, que 20 años atrás se reportaba a punto de desaparecer, se ha
convertido en una modalidad cultural y recreativa que se practica como parte
de la educación comunitaria que ofrecen los activistas afromexicanos.
Hoy se le recupera de modo muy activo en la práctica cultural de las
aldeas que se han convertido en el centro de la vida política de las organi
zaciones afrodescendientes: San Nicolás, El Ciruelo, Cruz Grande, Cuajini
cuilapa y Marquelia. De esos pueblos guerrerenses, los tres primeros son
poblaciones conceptuadas como de una fuerte tradición afro, en los que se
conservaron hasta años recientes los principales grupos de danzantes y
las orquestas que interpretaban la música y el canto para el baile de artesa.
Esa danza aparece en las representaciones gráficas y visuales elaboradas
para difundir la cultura artística de la región y en especial de los afrodes
cendientes que allí habitan. Es una danza con una amplia participación
colectiva que, en los eventos de las organizaciones de pueblos negros, se
muestra como característica de la cultura de la descendencia africana.
Con la revitalización del baile de artesa se ha buscado resaltar la deva
luada condición de la herencia cultural africana y del vínculo mismo de estos
pobladores con África (para muchos, desconocida). Esa danza es parte del
arte regional. El son de artesa se ha bailado por la población negra de co
munidades de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca. Informe de su exis
tencia en la región nos dan Aguirre Beltrán24 y más tarde, Moedano.25 Era
el añejo fandango de artesa, que hoy mantiene su danza sobre la tarima y
su original orquesta de percusión, cuerda y canto.
24
Idem (original de la década de 1950).
25
Gabriel Moedano, 1980, pp. 19-29.
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 117
El baile se genera cuando se reúnen parejas de bailarines y los ejecu
tantes de instrumentos con una artesa propia, que es el principal órgano del
son, construida por ellos mismos, y que a la vez instituye la imagen prin
cipal del grupo. Al crecer la interpretación musical, los bailarines hacen su
demostración de virtuosismo. Con sus movimientos exponen ante la mi
rada del público la incitación a pasar a una artesa lista para zapatear, para
que de ella brote el ritmo de los cuerpos de la gente del público. Entonces
pronto llega alguna seña que abre la tarima para toda persona en la multi
tud que quiera bailar, como lo hacen los danzantes, como lo hicieron los
abuelos.
Los valores rítmicos africanos brotan de la condición de son que tiene
el baile de artesa, allí por donde la diáspora —de manera adaptativa— dejó
su concepto del ritmo y sus valores musicales. Es una condición transcul
tural que se dinamiza en una sola experiencia por los danzantes, los mú
sicos y el público. Constituye un encuentro de tradiciones distantes, veni
das de ancestros anteriores a los abuelos, síntesis de raigambres que se
viven en un tiempo presente de manera evocativa con los cuerpos. Es una
creación cultural que se fue forjando en distintas estaciones y momentos
de la diáspora africana y no viene de una zona en particular.26
El baile de artesa se rehízo en la década de 1980, cuando activistas,
académicos, intelectuales locales, músicos y danzantes convergieron para
rescatar el viejo baile que podía quedar extinto. Fue éste un trabajo creativo
afroamericano para agrupar a la gente en torno a un baile local, muy signifi
cativo y lucido. Fue una selección instintiva, guiada por la fuerza corporal
y el ritmo del baile, por su potencialidad sonora. Fueron personas que
provenían del mundo de la escena, de los tablados, quienes se motivaron a
emprender el avivamiento del son de artesa. Por la otra parte, se reunían
actores culturales de gran nivel de actividad y presencia en los poblados
locales y que tenían muy viva la tradición de los abuelos; entre esas usan
zas de las fiestas antiguas estaba el zapateo de la artesa.
De esa suerte se reconstituyó el baile de artesa como un emblema dan
cístico de la comunidad afromestiza de la región. El viejo baile de las bodas
26
No es como pudiese concebirlo el pensamiento difusionista, que vive en aquel racismo que
quiere negar la existencia de la africanía en la cultura del país, difusionismo muy característico
en el sistema educativo y los medios.
118 • Odilia Organista Mora
pasó a ser expresión de la solera de la cultura negra en el área, del valor
de los antepasados en el presente, así como de una historia oral de los
poblados. Eso fue lo que pasó por la mente de los que refundaron las prác
ticas, junto con la idea del lucimiento y atractivo de un baile cohesionador,
en un contexto de expansión neoliberal del capitalismo por la región que
podía haber llevado a la disgregación étnica, el aislamiento y la no-incorpo
ración de los afrodescendientes a la lucha contra el racismo y la concomi
tante desigualdad.
Al son de artesa se le veía como peculiar, propio, y se le sentía como
parte de la vida de los antepasados negros. Lleno de distinción entre los
otros bailes regionales por lo peculiar de sus evoluciones y su atuendo; más
señalada es la diferencia afromexicana por sus pisadas, por su zapateo
descalzo y por la gestualidad y movimientos de sus bailarines. El zapa
teo produce sonido. Se hace casi al ras de la artesa, con poco despegue del
pie. La artesa, al ser percutida por los pies, repica como si fuese un instru
mento más. La mujer redobla el pie con la fuerza de la cadera y para los
bailadores hombres es esencial meter redobles en el zapateado, para demos
trar su maestría y presunción para danzar. El cuerpo del bailarín con su
zapateo dicta el ritmo, el cual es seguido por la percusión del cajón de tapeo
y con ello se logra la armonía del resto de la música.
En ese proceso de restablecimiento de la significación del baile de artesa
y su fiesta brotaron sus potencialidades como son, a saber, el zapateado y
el uso de la tarima —punto en el que concordamos con los observadores
eruditos, que nos explican que sin tarima y zapateo no hay son—. Por sus
cualidades como son, el baile de artesa se abrió paso hacia los escenarios
escolares del Estado y los festivales locales y nacionales y puso con ello a
los afrodescendientes ante los ojos de una sociedad donde prima la invisibi
lidad de ese grupo étnico. En el año 2001, el músico Tiburcio Noyola, afro
descendiente de San Nicolás de Tolentino, Guerrero, obtiene el Premio Na
cional de Ciencias y Artes en el área de Artes y Tradiciones Populares
otorgado por la Secretaría de Educación Pública.
Los afromexicanos habían irrumpido en una escena dominada por los
sones conceptuados como mestizos, donde se cree que es más evidente la
hispanidad, consecuentemente, donde son invisibles los valores musicales
africanos. Recordemos que en México se llama son a una gran diversidad
de estilos de música y baile. A pesar de su variedad, todos estos estilos o
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 119
subgéneros regionales comparten algunas características básicas en las
que concuerdan los estudiosos de la música:27 la interpretación, que regu
larmente se realiza por grupos y raras veces por un solo músico; los ins
trumentos de esos conjuntos son básicamente de cuerda y percusión; la
poesía cantada, compuesta invariablemente de coplas que encierran dentro
de sí una idea completa; esas coplas en México habitualmente son impro
visadas, en las que el trovador hace alarde de su ingenio e imaginación, en
la temática se incluye el amor, descripciones de mitos, leyendas, personajes,
paisajes y animales. Con lo que respecta a las coreografías, varían según
la región.
La particular pisada de pies descalzos y la tarima del baile de artesa, junto
con su especial aire festivo, lo lanzaron al panorama nacional, al México
supuestamente tradicional donde no se ha representado la tercera raíz. Era
un paso importante dentro de las prácticas de construcción de la nación y
del estado de Guerrero, que no han incluido entre su patrimonio y monu
mentos culturales a símbolos tales como la artesa. Ha tenido presencia en
teatros y funciones al aire libre, en eventos conmemorativas en días repre
sentativos de la historia y la cultura nacional o local, así como ha quedado
incluida en algunos programas de educación artística de comunidades o
centros de enseñanza distantes de la Costa Chica.
Tan pronto el movimiento negro en la Costa Chica empezó a crecer y a
cualificarse por su organización, creció la importancia de la danza de artesa.
Fue una de las prácticas que, por su valor simbólico, sirvió para acercar ese
movimiento a actores académicos, políticos y culturales, con los que ha
habido un intercambio independiente de la morosidad de los aparatos po
líticos del Estado. Eso, por lo general, sucede en eventos que le hacen ver al
propio y al extraño que en el área costeña hay instituciones y prácticas que
representan a las organizaciones de la ciudadanía afromexicana y otras
(gubernamentales o no) que confluyen en las gestiones y los diálogos de
27
Por ejemplo, expertos como son los siguientes autores: Jas Reuter, La música popular
de México: origen e historia de la música que canta y toca el pueblo mexicano, Panorama Editorial,
México, 1992; Carlos Ruiz, “Estudios en torno a la influencia africana en la música tradicional
de México: vertientes, balance y propuestas”, en Revista Transcultural de Música, núm. 11, 2007
y “En pos de África: el ensamble instrumental del fandango de artesa de la Costa Chica”, en
Cuicuilco, núm. 51, mayo-agosto, pp. 43-62; Thomas Stanford, El son mexicano, fce-sep,
México, 1997, p. 64; Efraín Vélez Encarnación y Vélez Raúl, ¡Vámonos al fandango…! El baile y
la danza en Guerrero, Ed. iddm, A.C., Gobierno del Estado de Guerrero-Unidad Regional de
Culturas Populares e Indígenas, seg-Guerrero, México, 2006.
120 • Odilia Organista Mora
los asuntos más urgentes para superar las inequidades en que vive buena
parte de esa ciudadanía. Coadyuva a ese mensaje el ambiente que crea ese
baile con que se adorna el final de los eventos, un zapateado que trasmite
con solemnidad el ethos de la región y la etiqueta alegre de sus habitantes.
En celebración de los cónclaves de pueblos negros y en sus formales pre
sentaciones fuera de la comunidad regional, por ejemplo, ante el H. Con
greso de la Unión de México, allí donde el movimiento negro va a presentar
sus reivindicaciones, el baile de artesa sirve como blasón de comunidades
llenas de vivacidad y de un espíritu propio. Así también se proyectan ante
el público de la capital del estado de Guerrero o Oaxaca, en la representa
ción de cultura y artes en la migración y ante los medios masivos.
El trabajo estético con la artesa, junto con otros esfuerzos de los acti
vistas afro, suman a actores externos importantes para el apoyo a la causa
negra en la región. Esas alianzas son indispensables para atraer recursos,
beneficios y para hacer prosperar la educación comunitaria. Algunos de
estos actores facilitan talleres, reuniones y otras actividades de las locali
dades; a esas actividades asisten gente mayor y jóvenes. En el caso de
estos últimos, han tenido experiencias de preparación en el baile de artesa,
un ritmo que viene de los abuelos de sus padres, pero que ha hecho que
se sientan en un ambiente festivo particular, que refuerza su identificación
en tanto afrodescendientes entre otras personas de su espacio inmediato.
A su vez esos jóvenes, llegada cierta madurez, empezarán a jugar roles de
activistas, poco a poco serán avezados bailadores de artesa y tendrán un
mínimo de conocimiento práctico de su región y de sus problemáticas so
ciales y culturales. Los inmigrantes de la región a Estados Unidos y a la
capital de la República mexicana y el Estado son otro tipo de actores a
quienes se les acerca a las actividades de las organizaciones negras. Estos
sujetos son gente que ya tiene cierta distancia de la vida que sucede allí,
pero, a la vez, ellos están comprometidos con sus parientes, de quienes le
llegan versiones del suceder de la vida en el terruño que quedó atrás. Es
probable que esa distancia esté matizada por las experiencias adquiridas
de socialización y aprendizaje en otros ambientes, que les llevan a vislum
brar de manera diferente la vida social que se dejó atrás.
Todo ese capital de relaciones sociales que allí se reúne, toda esa atrac
ción de personas diferentes para hacerlas partícipes de las actividades por
la reivindicaciones de la comunidad afro y por el antirracismo, implican un
elevado esfuerzo de trabajo social por parte de los líderes y seguidores de
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 121
las organizaciones. Atraer la simpatía de toda esa gente y ganar su emoti
vidad para con la causa de esos descendientes de africanos es una labor
que implica el sentir y la experimentación de los participantes, sean lejanos
o cercanos, sean de fuera o de las comunidades negras mismas. Para lograr
eso, la fiesta alrededor de la artesa puede ser muy motivante, una fiesta
donde propios y extraños se sientan mezclados en un alegre y lucido baile
de la comunidad, evocador de las alegrías que se vivieron en momentos ya
pasados en la región.
La ejecución danzaria transcurre en un poblado seleccionado como
escenario de festividad, donde se ha organizado algún cónclave de la comu
nidad afromexicana. Al inicio de la reunión festiva, que casi siempre es al
atardecer, los lugareños empiezan a llegar después de haberse liberado de
sus rutinas diarias, para observar las parejas que bailan y para disfrutar ellos
mismos de la música y de las letras vivaces. Los que integran el público se
colocan a los lados de la artesa. Entre tantos asistentes se forma un ruedo
amplio en torno a los músicos y los bailarines. Al final, el público hace fila
para subir a bailar sobre la artesa, para hacer lo mismo que los danzantes
del grupo que solazó el fandango, entre tanto los músicos continúan con
su interpretación. Esta forma de colocación en torno a la escena no se
practica cuando el bailable se desarrolla en los escenarios formales, dígase
en ferias, exposiciones y teatros, donde se efectúan eventos para realzar la
cultura afromexicana.
Hay una liberación verbal y corporal de las personas presentes en el
fandango. Los grupos de artesa y toda la gente que se agrega en el festín
gozan del baile en medio del jolgorio, el entusiasmo, los aplausos, la inte
racción coral de algunos estribillos, las expresiones de júbilo y las pullas.
Son muy picarescos los versos que dicen los trovadores y casi siempre
hacen referencia a cuestiones llamativas para la cotidianidad de las peque
ñas ciudades y poblados de la región, en los que hay una intensa relación
interpersonal entre sus habitantes.
Esa pregnancia del baile de artesa para atraer público e involucrarlo en un
sentir ancestral africano, ha tenido un papel esencial para la disposición de
un sentido de identidad afromexicana, al incitar los símbolos de una memoria
afroamericana de los lugareños, y para fortalecer el proceso de simboliza
ción de una emblemática africana del área y de la movilización afro. El co
lectivo de los participantes en el fandango incita al baile como un recuerdo
122 • Odilia Organista Mora
ancestral, como un evento venido del tiempo de los abuelos, de la antigüe
dad de la comunidad negra de la región. Los extraños se sienten atraídos
por una experiencia en la que se comparte una sinergia de grupo que dis
fruta una profunda alegría en su evocativo despliegue corporal.
La diversidad de acentos de los participantes en la fiesta de sones de ar
tesa llevan a que el fondo ancestral de la memoria colectiva se intensifique.
La recreación coral del baile de artesa, a través de la voz y el movimiento,
promueve el recuerdo de los mayores de la localidad. Pareciera que este
ejercicio de la memoria los enlazara o los pusiera en vínculo con sus pa
dres y abuelos, una nota típica en otras culturas afroamericanas; por ejem
plo, cuando vemos lo que Bastide nos presenta de los afrobrasileños.
Los recursos rítmicos de los afromexicanos en sus ejecuciones de mú
sica, danza y de coro de voz y movimiento, envuelven a todos los partici
pantes. Llevan a que el público quede fascinado por el paso al baile sobre
la artesa. Encanta el sujeto afro con su abierta expresión al autodefinirse con
respecto al baile. Él se identifica y llama la atención sobre sí, por indicativos
de su apelación al ritmo como algo que es fundamental en ese ámbito co
lectivo donde se ha formado su identidad cultural.
El fundamento de esta indicialidad, que se distingue con facilidad en la
percepción de la palabra, es básicamente de tipo corporal. Empieza con el
ritmo que se consigue con el cuerpo, señal que sigue a la música —hecho muy
manifiesto en la interpretación del son de artesa—. Los propios invitados
son los primeros en captar esa diferencia específica entre los danzantes y
el entre público comunitario, que se sienten con un sentido del ritmo que
otros de sus vecinos étnicos no tienen. Es común que los pueblos de as
cendencia africana, al desarrollar el ritmo como recurso de afirmación
social y cultural, hagan una amplia movilización de los potenciales simbó
licos del cuerpo, potencialidades que algunos sujetos llegan a imaginar
como algo físico que no tienen los blancos ni los indígenas. Pero, en realidad,
es por la vía de una educación étnica y de un entrenamiento del ritmo que se
desarrollan esos potenciales. Así pasa con esos jóvenes que se ejercitan
semana tras semana en el entrenamiento del zapateado, hasta que llegan estas
grandes ocasiones festivas. Hay en esto un trabajo esmerado de “superior
coordinación neuromuscular en la producción de la voz y del baile, a la
cual contribuye una mayor ligereza y resistencia de [los] pies, que es de
bida a […] la frecuentísima gimnasia del baile mismo”. Esto le permite al
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 123
sujeto afrodescendiente lograr una “sinergia musical”28 en su contacto con
cualquier acompañamiento danzario y musical.
El baile de artesa estimula un encuentro entre diversos actores que se
involucran en las actividades por el rescate de la ancestralidad afro de las
comunidades de la Costa Chica. Pero hace que ellos, sin un discurso estruc
turado al respecto, participen de una actividad híbrida en la que convergen
tradiciones diferentes que se han fusionado entre sí en momentos y espa
cios diferenciados, porque la raíz principal del baile de artesa es movible y
lejana en el tiempo, anterior al siglo xvi y al arribo moderno de los europeos
a América.
Allí donde se baila artesa o se participa en su fiesta, se vive la síntesis de
una experiencia que la diáspora africana fue forjando en distintos tiempos
y estaciones. Convergen los viejos valores culturales del ritmo de los pue
blos del Golfo de Guinea, anteriores a los momentos de la trata de esclavos
hacia México. Se junta el trabajo musical proveniente del Congo y Angola,
que eran por aquella época los principales exportadores de siervos para el
trabajo forzado en México en esos primeros años de colonización. En la
misma expresión se funde la tradición andaluza donde el flamenco quedó
recorrido por la diáspora de africanos que estuvieron en calidad de sirvien
tes en el sur de España, área de donde procede la música y el baile tradi
cional que los españoles trajeron a América. Se trataba de una ejecución en
la que desde el punto de vista sonoro y escénico el zapateado era funda
mental, la cual tuvo una reelaboración importante en México, tal como nos
ilustra García de León: “como todo hecho cultural, se recrea y se adapta
permanentemente, sin perder la impronta de sus orígenes”.29 Otro despla
zamiento de la diáspora africana que se sintetiza en el baile de la artesa se
trata del antiguo tránsito de los esclavos de puertos vecinos en América hacia
Veracruz, camino por donde se combinaron los valores rítmicos de todas
esas culturas africanas revueltas por la trata. También se añade el contacto
de los inmigrantes que venían con bailes de Chile, Perú y Argentina por el
Pacífico, camino a los yacimientos de oro de California, viajeros a quienes los
afromexicanos encontraron en el siglo xix en puertos como Acapulco.30
28
Fernando Ortiz, op. cit., p. 179.
29
Antonio García de León, 2002, p. 9.
30
Anita González, 2010, p. 122; Rolando Pérez Fernández, 1990, p. 209.
124 • Odilia Organista Mora
La principal raíz de esta expresión cultural del baile de artesa es movible
y lejana en el tiempo. El punto de partida de este zapateado sobre la tarima
no está en un punto fijo de la historia cultural, más bien está en una “trans
culturación musical”31 o “proceso transcultural”.32 Se le debe situar en los
contactos, hibridaciones y desplazamientos de la diáspora africana. El arran
que corporal de ritmo al tablado no vino directo de España o tal parte de
África a sintetizarse en América, sería muy reduccionista pensar así, más
bien nuestro zapateado es una complicada amalgama ganada en diferentes
momentos culturales de la diáspora africana. Los bailarines y los partici
pantes de hoy recrean ese sentido de desplazamiento. Ellos mueven sím
bolos de la cultura de la diáspora en México y Guerrero, país y entidad
donde los afrodescendientes viven una situación de discriminación y des
igualdad. Ellos forman parte de la suma de voluntades por superar la situa
ción de ese grupo en el estado de Guerrero.
Conclusión
Al día de hoy, dentro del movimiento afromexicano de la Costa Chica, el baile
de artesa ha contribuido a crear una zona de contacto de la diáspora africana:
• Que se manifiesta en la reunión de los pobladores de manera activa en
torno a una modalidad dancística que les permite ejercitar una práctica
que refuerza la cultura, la identidad y la memoria de los afrodescen
dientes; modalidad que evoca a los ancestros de origen africano con el
ritmo y la corporalidad.
• Que se expresa en la sinergia colectiva que reúne a un público comuni
tario en una experiencia de liberación emocional y corporal en la que
se vivencia el vínculo con un lejano origen en África y una coincidencia
con otros afrodescendientes en el mundo.
• Que se convierte en una red de relaciones entre personas que concurren
al apoyo y la solidaridad en favor de la eliminación del racismo y la
desigualdad hacia los afrodescendientes de México y el mundo. Ha sido
esta red la que ha estimulado la organización de los afromexicanos de
Rolando Pérez, op. cit., p. 151.
31
Carlos Ruiz Rodríguez, op. cit., 2011, p. 45.
32
El baile de artesa en la zona de contacto generada por los afromexicanos • 125
la Costa Chica para hacer frente a la indiferencia de las instancias del
Estado-nación y la sociedad civil.
• Que se concreta en una danza que al ejecutarse en los eventos del mo
vimiento negro, por propios y extraños de la región, por los danzantes
y por el público, conlleva la participación en un baile que es la síntesis
de una experiencia que la diáspora africana fue forjando en distintos
tiempos y estaciones.
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La desigualdad en el acceso a la educación
y a la información en el estado de Guerrero, México
Israel Herrera Miranda*
Introducción
Este trabajo se ha elaborado pensando en las reflexiones de Thomas Piketty
sobre la aportación que hacen las ciencias sociales para entender la realidad
de nuestra sociedad: “La investigación en ciencias sociales siempre será
balbuceante e imperfecta; no tiene la pretensión de transformar la econo
mía, la sociología o la historia en ciencias exactas, sino que al establecer con
paciencia hechos y regularidades y al analizar con serenidad los mecanis
mos económicos, sociales y políticos que sean capaces de dar cuenta de
éstos, puede procurar que el debate democrático esté mejor informado y
se centre en las preguntas correctas; además, puede contribuir a redefinir
siempre los términos del debate, revelar las certezas estereotipadas y las
posturas, acusar y cuestionarlo todo siempre”.1
Con la desaparición del bloque socialista hacia finales de la década de
los ochenta y la consolidación de la hegemonía norteamericana, el contexto
político y social en América Latina representaba una situación vulnerable
ante el inicio de las políticas neoliberales y con ellas las reformas estructu
rales del Estado. También se presentó el fenómeno de la integración de
mercados en bloques regionales que se conoce como globalización, el cual
ha facilitado el control de esos mercados por parte de empresas y corpora
ciones norteamericanas, europeas y algunas asiáticas.2
* Doctor en Métodos y Técnicas Actuales en Comunicación y Documentación, Universidad
de Murcia, España. Docente-investigador de tiempo completo de la Escuela Superior de Go
bierno y Gestión Pública de la Universidad Autónoma de Guerrero. Miembro del Sistema Na
cional de Investigación nivel I.
1
Thomas Piketty, 2015, pp. 16-17.
2
Delia Crovi Druetta, 2002, pp. 13-33.
129
En la década de 1980 destaca la presencia de dos instituciones: el Fondo
Monetario Internacional (fmi) y el Banco Mundial (bm), para demandar el
pago de la deuda externa de los países latinoamericanos. Ante la amenaza
que esta crisis representaba para Estados Unidos y su sistema financiero
aparecen los programas de ajuste, ante los cuales la población de cada país
asume el mayor costo.3
En la siguiente década de los noventa se producen acontecimientos de
relevancia mundial, como la caída del muro de Berlín, el inicio formal de la
globalización de la economía y la consolidación de Estados Unidos como
potencia hegemónica al desaparecer los contrapesos que hasta entonces
se presentaban en el orden mundial, consolidación en la que el fmi y el bm
jugarían una vez más un papel destacado.4
La sociedad de la información
Crovi5 ubica el surgimiento de la sociedad de la información a mediados de
los setenta, dada la coincidencia de varios autores especialistas en el tema.
El estudio de este fenómeno abarca por supuesto diversas disciplinas que
tienen que ver con la política, la economía, la filosofía, la comunicación, la
sociología, entre otras. De esta riqueza de enfoques derivan conceptos
como los siguientes: informatización de la sociedad, sociedad de la comu
nicación, revolución informacional, informacionalismo, era de la postinfor
mación, sociedad del conocimiento o tercer entorno.
Hay una vía de comunicación en la estructura conceptual de la socie
dad de la información; esta vía atraviesa todas las actividades de la sociedad
(industria, entretenimiento, educación, organismos públicos, servicios, co
mercio, etcétera). En este tipo de organización social, la información ocupa
un lugar preponderante y se convierte en fuente de riqueza. En este con
texto se produce un crecimiento rápido de las tecnologías de información
y comunicación, mismas que repercuten en todos los sectores sociales.
Entre las naciones, así como entre los grupos sociales de cada país, existen
enormes diferencias en el acceso a estas nuevas tecnologías.
3
Idem.
4
Idem.
5
Idem.
130 • Israel Herrera Miranda
La digitalización, a su vez, es una aplicación tecnológica que ha dado
lugar a nuevos medios; nuevas formas de producir, almacenar y difundir
la información y ha modificado sustancialmente las relaciones interperso
nales, trastocando las dimensiones espacio temporales tradicionales y los
sistemas de producción, educación y entretenimiento.6
La idea de una sociedad del conocimiento que poco a poco ha ido sumán
dose al concepto de la sociedad de la información, o incluso reemplazándola,
emergió con base en el valor agregado generado por el desarrollo educativo
y tecnológico asociado a las Tecnologías de la Información y la Comunica
ción (tic) y aunado al cambio del modelo político y económico. En relación
con este cambio, Peter Drucker (citado por Crovi)7 fue de los primeros
investigadores en señalar que la nueva forma de trabajar estaba relaciona
da con el manejo de la información y que el cambio de paradigma permitía
hablar del paso de una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento.
La sociedad de la información y la sociedad red
El sociólogo Manuel Castells nos habla de la existencia de un fenómeno mun
dial presente en mayor o menor medida en la actualidad, al cual denomina
“la sociedad red”, que es una nueva estructura social en esta era de la in
formación.8 La columna vertebral de esta nueva estructura se encuentra
en la revolución de las tic, cuya principal característica no sólo es la acumu
lación de información y datos, sino también la construcción de conocimiento
con base en el procesamiento de la información existente.
Así, las computadoras, los sistemas de comunicación y demás tecnolo
gías informacionales son verdaderas ampliaciones de la mente humana y
lo que ésta piensa se convierte en bienes, servicios, producciones materia
les e intelectuales de uso diverso en la educación, la industria militar, la
salud y la generación de imágenes.9
De esta manera se constituyó un nuevo paradigma de las tic, cuyos
rasgos esenciales son los siguientes:
6
Idem.
7
Idem.
8
Mario Aldana Rendón, 2000, pp. 285-316.
9
Idem.
La desigualdad en el acceso a la educación • 131
1. La información es su materia prima.
2. Su capacidad de penetración en los procesos de nuestra existencia in
dividual y colectiva, sucede a través del control de la información
3. Su morfología de red le permite materializarse en todo tipo de procesos
y organizaciones mediante las tecnologías de la información.
4. Su flexibilidad y capacidad para reconfigurarse.
5. La convergencia creciente de tecnologías específicas en un sistema
altamente integrado.10
La economía a escala mundial que se desarrolló en las últimas décadas
es una economía “informacional y global”. Es informacional porque el pro
ceso de producción y distribución depende de su “capacidad para generar,
procesar y aplicar con eficiencia la información basada en el conocimiento”;
es global porque tanto la producción, el consumo, la circulación y sus
componentes (capital, trabajo, materias primas y mercados) están organi
zados de manera global. Ante una política de desregulación económica glo
bal, los Estados-nación se encuentran ante el dilema de privatizar sus acti
vos e impulsar una política orientada al incremento de la competitividad de
las empresas nacionales, o a conservar las políticas tradicionales en el
marco de sus fronteras nacionales. En el primer caso, los Estados perderán
su carácter benefactor; en el segundo, el país quedaría rezagado en todos
los planos de la innovación tecnológica.11
Si bien el capital se mueve a escala global, la mano de obra no, salvo
un pequeño número de expertos y científicos. Las empresas buscan colo
car sus inversiones ahí donde la mano de obra es más barata o calificada,
o ambas cosas; de ser necesario, la mano de obra experta puede ser tras
ladada de donde se encuentre y el trabajo (trabajadores) estará disponible
en cualquier lugar en donde la pobreza pueda imponer condiciones labo
rales inferiores.12
En la era de la información la tendencia visible es la globalización total
de la economía; no obstante, un mercado mundial completamente abierto
no será posible en un futuro inmediato, mientras haya Estados-naciones
(o asociaciones de Estados, como la Unión Europea) y mientras los gobier
10
Idem.
11
Idem.
12
Idem.
132 • Israel Herrera Miranda
nos estén estructurados para servir a los intereses de sus ciudadanos y las
empresas de los territorios bajo su jurisdicción.13
Lo que existe actualmente es una “economía global regionalizada” en
donde sobresalen tres bloques: el del Tratado de Libre Comercio (tlc), para
América del Norte, la Unión Europea y la región del Pacífico asiático. A es
cala global los actores económicos se mueven por una red que elimina
las fronteras nacionales; pero al mismo tiempo, en la escala de la política, los
gobiernos nacionales no son ajenos a los procesos económicos.14
Esta llamada “economía global” no abarca aún todos los procesos econó
micos del planeta ni incluye a todos los territorios, ni a todas las personas;
sus efectos atañen a todo el planeta, pero su “operación y estructura” es vi
sible sólo en algunos segmentos, ya de las estructuras económicas, ya de los
países o regiones, en proporciones variables. Sin embargo, a pesar de que
la mayoría de la gente no trabaja en, ni consume los productos de la eco
nomía informacional, todos los procesos económicos y sociales tienen re
lación con ella.
Lo que tenemos en este momento es una estructura económica global
en un mundo asimétricamente interdependiente, basado en tres regiones
económicas en plena competencia, soportadas en vastos recursos produc
tivos e informáticos, rodeados de grandes zonas empobrecidas y social
mente excluidas. En esta arquitectura económica ha surgido una nueva
división internacional del trabajo: los productores de alto valor, basados en
el trabajo informacional; los productores de gran volumen, basados en el
bajo costo del trabajo; los productores de materias primas, basados en los
recursos naturales, y los productores redundantes, sin más recursos que
su trabajo devaluado.15
Los países, las tic y el gobierno electrónico
en la era de la información
Así como el medio ambiente limpio por sí solo no resuelve la sostenibilidad,
la disponibilidad de computadoras o de Internet no determina quién puede
13
Idem.
14
Idem.
15
Idem.
La desigualdad en el acceso a la educación • 133
acceder y utilizar eficazmente las tic y los servicios digitales en la era del
gobierno electrónico. También son importantes las destrezas con los dis
positivos informáticos, el conocimiento y la capacidad de los usuarios para
trabajar con las tic y el gobierno electrónico. Junto con las correspondien
tes estrategias de gobierno electrónico se requieren programas efectivos
en la lucha contra la pobreza, el aumento de la alfabetización y la protec
ción del medio ambiente.16
Por ejemplo, el gobierno electrónico puede suministrar servicios públi
cos tales como la salud. La atención médica electrónica permitiría a los
habitantes de las zonas rurales y lejanas acceder a los médicos en línea y
la educación facilitaría a los jóvenes recibir una instrucción basada en In
ternet, que no estaría físicamente disponible. También puede contribuir al
diseño, la provisión y la prestación de servicios, que de otro modo no dis
pondrían de los medios para comunicarse con sus representantes locales
o nacionales o las instituciones representativas.17
tic y desarrollo económico
Algunas investigaciones revelan que cada aumento del 10 por ciento en la
penetración de la banda ancha acelera el crecimiento económico un 1.38
por ciento en los países de ingreso bajo y los de ingreso medio bajo. El go
bierno electrónico, impulsado por la banda ancha, puede mejorar el medio
de vida de las personas al permitir la alfabetización y la educación de
grandes sectores de la población, dándoles voz en los procesos de toma
de decisiones.18
Sin embargo, destacados economistas como Thomas Piketty, difieren
de la afirmación anterior expresando lo siguiente:
Para algunos economistas, por ejemplo Robert Gordon, el ritmo de incre
mento de la producción por habitante está destinado a aminorarse en los
países más adelantados, empezando por los Estados Unidos, y podría ser
inferior al 0.5 por ciento anual en el horizonte de 2050-2100. El análisis de
Gordon se basa en la comparación de las diferentes oleadas de innova
ciones que se sucedieron después de la máquina de vapor y de la electri
16
onu. Departamento de Economía y Asuntos Sociales, 2012.
17
Idem.
18
Idem.
134 • Israel Herrera Miranda
cidad, y en la comprobación de que las olas más recientes —en particular las
tecnologías de la información— tienen un potencial de crecimiento sensi
blemente inferior: trastocan menos radicalmente los modos de producción y
mejoran con menor intensidad la productividad de conjunto de la economía.19
Además, Piketty afirma que “[…] en los últimos años 2000-2010, se pre
tendió en ocasiones considerar esta misma idea, conforme a la cual la
nueva economía de la información permitiría a los más talentosos multipli
car su productividad. Cabe señalar que este argumento se utiliza a menudo
para justificar las desigualdades extremas […]”.20
Rendimiento del capital y la desigualdad
El mundo en que vivimos, inmerso en el sistema capitalista, muestra un
aspecto de injusticia, dado de que
Cuando la tasa de rendimiento del capital supera de modo constante la
tasa de crecimiento de la producción y el ingreso —lo que sucedía hasta el
siglo xix y amenaza con volverse norma en el siglo xxi—, el capitalismo
produce mecánicamente desigualdades insostenibles, arbitrarias, que
cuestionan de modo radical los valores meritocráticos en los que se funda
mentan nuestras sociedades democráticas.21
Y sostiene que “[…] los países más pobres alcanzan a los más ricos en
la medida en que logran llegar al mismo nivel de conocimiento tecnológico,
de calificaciones, de educación, en lugar de volverse propiedad de los más
ricos”.22
No obstante, el tema sobre la distribución de la riqueza en el mundo
siempre tendrá esa dimensión, muy subjetiva, en virtud de que depende del
enfoque y de las personas que aprecian dicho fenómeno y que ningún
análisis que se diga científico podría apaciguar.23
Los desafíos del gobierno electrónico presentan cuatro líneas de aná
lisis: idioma y alfabetización; habilidades y capacidades; sexo e ingresos,
19
Thomas Piketty, 2015, op. cit., p. 112.
20
Ibidem, p. 107.
21
Ibidem, p. 15.
22
Ibidem, p. 88.
23
Ibidem, p. 16.
La desigualdad en el acceso a la educación • 135
y localidad y edad. La brecha del gobierno electrónico, en el caso de las
poblaciones vulnerables, consiste en cómo los gobiernos del mundo van a
fijar las tarifas para facilitar el acceso digital a las personas analfabetas y
a las que tienen poca instrucción, a las personas discapacitadas y a los
pobres, a las mujeres, a los niños, a las personas en edad avanzada y
a las comunidades que viven en zonas rurales y remotas.24
Poblaciones vulnerables,
tic y gobierno electrónico
Las poblaciones vulnerables son particularmente importantes en esta pers
pectiva integral porque no siempre es posible aplicar la penetración estándar
de las tic, la aceptación a las mismas y las condiciones permisibles del
entorno a los atributos, las necesidades y los deseos de estas poblaciones.
Por lo tanto, la mira específica en las poblaciones vulnerables es útil y ne
cesaria para superar las barreras que los gobiernos del mundo enfrentan
en su accionar para garantizar la inclusión digital de todas las personas y
contribuir así a los esfuerzos orientados a garantizar el desarrollo sosteni
ble para todos.25
Para garantizar que el gobierno electrónico apoye la inclusión y el de
sarrollo para todos es fundamental una mira apropiada acerca de la exten
sión del gobierno electrónico a los grupos vulnerables. Muchos países han
incorporado este enfoque de gobierno electrónico inclusivo, mediante
secciones especiales dedicadas a los grupos marginados en las ofertas de
sus sitios web.26
El estudio de las Naciones Unidas sobre el gobierno electrónico 2012
presta especial atención a los grupos vulnerables y al modo en el que pueden
acceder y utilizar la información y los servicios electrónicos. La pregunta
más importante es si el sitio web del gobierno nacional contiene secciones
específicas sobre al menos uno de los grupos vulnerables, a saber: las
personas pobres, los analfabetos, los ciegos, las personas en edad avan
zada, los inmigrantes, las mujeres y los jóvenes.27
24
onu, op. cit.
25
Idem.
26
Idem.
27
Idem.
136 • Israel Herrera Miranda
Los resultados muestran que, a partir de 2012, sólo 28 por ciento de
los Estados miembros (56 de un total de 193 países) han incluido dichas
secciones en su sitio web nacional. Del grupo de 56 países que proporcio
nan información sobre la vulnerabilidad, 50 por ciento son de Europa, 20 por
ciento de Asia oriental y 20 por ciento de América Latina. En África, sólo
Botswana, Etiopía y Marruecos conforman la lista.
Son numerosas las cuestiones que contribuyen a la exclusión digital
de los grupos vulnerables y que dan lugar al poco uso de los servicios de
gobierno electrónico por parte de quienes más los necesitan. Entre los
problemas importantes de exclusión digital se cuentan la infraestructura y
el acceso. Las brechas entre el acceso de las personas a las tic y el uso
de éstas y de los servicios de gobierno electrónico por lo general se deben
a dificultades de conectividad, tales como la falta de un acceso asequible a
las computadoras personales, los dispositivos de Internet, módems, líneas
telefónicas y conexiones a Internet.28
Una posible solución parcial a este problema de infraestructura sería
la creación de medios de acceso más asequibles, tales como la instalación
de kioscos de acceso público a Internet en los centros comunitarios, que
también producirían un descenso en la tarifa del uso. Otro enfoque podría
hacer hincapié en las características de los usuarios, sus necesidades y de
seos, dado que la infraestructura y el acceso están a menudo inmersos en
contextos sociales, económicos y políticos, entre ellos las diferencias de
idioma, la alfabetización, la educación, la edad, las discapacidades, la capa
cidad, el ingreso, la ubicación y el sexo.29
Obstáculos para la inclusión digital
Uno de los obstáculos más importantes para la inclusión digital, especial
mente entre los grupos vulnerables con poca instrucción, es el idioma.
Actualmente más del 80 por ciento de los sitios web están escritos en in
glés. Sin embargo, el inglés es la lengua materna únicamente de un tercio
de los usuarios del mundo. Las personas analfabetas y pobres rara vez
cuentan con los medios para aprender una lengua extranjera.30
28
Idem.
29
Idem.
30
Idem.
La desigualdad en el acceso a la educación • 137
En este sentido, son esenciales la educación pública y la producción de
contenidos locales. El estudio de 2012 observó tasas cautelosamente opti
mistas respecto al paso hacia el multilingüismo digital, incluida la produc
ción de contenidos locales. Más de la mitad de los 193 Estados miembros
(es decir, 105 países) ahora ofrecen en el sitio web nacional más de un idioma.
Asia se ubica a la cabeza, con 40 países en el uso de más de un idioma en
los sitios web nacionales. Muy de cerca le sigue Europa, con 38 países.31
La educación en México y la evaluación
del desempeño escolar
En México se llevó a cabo en el mes de junio del 2015 un examen32 (denomi
nado Planea), elaborado por el Instituto Nacional de Evaluación de la Educa
ción (inee) y la Secretaría de Educación Pública (sep) para evaluar el desem
peño de los educandos en el nivel de primaria y secundaria. El propósito
de la prueba fue evaluar en qué medida los estudiantes logran aprendiza
jes esenciales al término de los distintos niveles de la educación obligatoria
(en este caso, la prueba se aplicó a educandos de sexto de primaria y ter
cero de secundaria). El examen Planea se diseñó para evaluar aspectos como
los siguientes: aquellos considerados fundamentales (para la adquisición
de nuevos aprendizajes), relevantes (para el dominio de la asignatura), se
consideran que prevalecen en el tiempo a pesar de los cambios curricula
res, con mayor énfasis en habilidades y menor en conocimientos. La mues
tra del inee a nivel nacional constó de 104,204 estudiantes de 3,446 escuelas
de sexto de primaria y 144,517 estudiantes de 3,529 escuelas de tercero de
secundaria. Los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán tuvie
ron un muestreo parcial debido a problemas generados por los movimien
tos sociales de oposición a las reformas educativas implementados por el
gobierno federal.33
31
Idem.
32
México. Secretaría de Educación Pública, “Plan Nacional para la Evaluación de los Apren
dizajes” (Planea) (2015), disponible en [Link]
difusion_resultados/1_Resultados_nacionales_Planea_2015.pdf, consultado el 10 de
noviembre del 2016.
33
Eduardo Backhoff Escudero y Gilberto Guevara Niebla, “La Reforma Educativa y la
evaluación docente: retos para su implementación”, en revista Nexos, disponible en [Link]
[Link]/?p=25277, consultado el 17 de junio del 2017.
138 • Israel Herrera Miranda
En el estudio que evaluó el lenguaje y la comunicación en el sexto grado
de primaria se obtuvieron los siguientes resultados: respecto a lenguaje y
comunicación, 49 por ciento de los estudiantes se ubicó en el nivel más
bajo. Este nivel indica que los alumnos solamente tienen capacidad para
seleccionar información sencilla que se encuentra explícitamente en textos
descriptivos. Sólo distinguen elementos gráficos y elementos básicos en la
estructura de un texto con una función evidente. Enseguida, aproximada
mente 47 por ciento de los estudiantes comprenden el tema de una lectura
y, de éstos, un menor porcentaje tienen capacidad de resumir textos. De
ahí, menos de 3 por ciento discriminan el tipo de información que se soli
cita en un documento y reconocen las sutilezas del lenguaje de distintos
textos.
Estos resultados nos muestran que existe una situación de carencia de
formación lectora en los educandos de nivel primaria para relacionar di
versos fragmentos de un texto, sintetizarlo, así como discriminar la infor
mación con base en una labor de análisis.
En la prueba de matemáticas (sexto de primaria) se encontró que 60.5
por ciento de los estudiantes sólo escriben y comparan números natura
les. Sin embargo, no resuelven problemas aritméticos con números natu
rales. De ahí, 18.9 por ciento resuelven problemas aritméticos (que sola
mente involucran suma, resta, multiplicación y división) con números
naturales. Enseguida, 13.8 por ciento resuelven problemas aritméticos con
números naturales o decimales y problemas de aplicación de perímetros.
Solamente 6.8 por ciento resuelven problemas aditivos con números natu
rales, decimales y fraccionarios, así como problemas de aplicación de áreas
y aquellos que implican calcular promedios, medianas y comparar razo
nes. Esta situación nos muestra que la gran mayoría de los educandos
sólo tienen acceso a contar con una formación que les permite identificar
cantidades, pero que no cuentan con un entrenamiento donde puedan ejer
citar los razonamientos aritméticos que involucran al mundo en que viven.
En lo referente a los resultados de lenguaje y comunicación en el nivel
tercero de secundaria, 46 por ciento de los educandos apenas logran enten
der las definiciones y explicaciones de artículos de divulgación de la ciencia.
Enseguida, un 29.4 por ciento identifica la trama de un relato, el tema y las
evidencias de los argumentos de un texto. Un 18.4 por ciento puede com
parar géneros periodísticos. Solamente un 6.1 por ciento identifica secuen
cias argumentativas.
La desigualdad en el acceso a la educación • 139
Estos resultados nos hacen reflexionar sobre la importancia de fomen
tar la lectura que permita implementar estrategias de diálogo y reflexión
entre el maestro y los alumnos en las escuelas públicas de nuestro país.
Los resultados en matemáticas de nivel secundaria (tercer grado) mues
tran que el 65.4 por ciento de la población solamente resuelven problemas
que implican comparar o realizar cálculos con números naturales. De ahí,
aproximadamente una cuarta parte (24 por ciento) resuelven problemas
con números decimales y ecuaciones lineales sencillas. El 7.5 por ciento
sólo suman o restan las expresiones algebraicas y resuelven problemas con
números fraccionarios. La multiplicación de expresiones algebraicas, la re
solución de problemas con números fraccionarios, problemas de sistemas
de ecuaciones y el cálculo de áreas y volúmenes de diversas figuras sólo lo
realiza 3 por ciento de la población muestreada. Estos datos nos hacen pen
sar en la importancia de dedicarle esfuerzos a los temas de la comprensión
y el desarrollo de habilidades en el campo de las matemáticas.
En lo general, el estudio mostró que hay una correlación positiva entre
el nivel de marginación34 y la cantidad de alumnos con bajo rendimiento en
las habilidades del lenguaje y la comunicación (a mayor grado de margina
ción en la localidad, mayor número de alumnos con bajo rendimiento en la
prueba). Por otro lado se tuvo una correlación negativa entre el tamaño de
la localidad35 y la cantidad de alumnos con bajo rendimiento en las habili
dades del lenguaje y la comunicación (a menor tamaño de la localidad,
mayor número de alumnos con bajo rendimiento); este fenómeno muestra
que muchas localidades, al estar muy dispersas en el territorio nacional, no
tienen acceso a una infraestructura de transporte y comunicación. Por otro
lado, la dispersión poblacional en pequeñas localidades determina diversos
retos en materia de marginación y acceso a mejores condiciones de vida.
Según la versión oficial, el examen Planea representa una nueva gene
ración de pruebas con las que se define una nueva línea base para la com
paración en el futuro. Los resultados presentados confirman los bajos ni
veles de desempeño del Sistema Educativo Nacional al final de la primaria
y de la secundaria, reportados previamente en otros estudios.
34
Índice de marginación de conapo (Consejo Nacional de Población), disponible en http://
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[Link], consultado el 23 de noviembre de 2016.
35
Datos de inegi disponibles en [Link] consultados el 23 de noviembre
de 2016.
140 • Israel Herrera Miranda
Se confirman de manera notable las grandes desigualdades entre los
estudiantes procedentes de distintos contextos geográficos y socioeconómi
cos. Para el caso de la igualdad de género, las estadísticas muestran que ha
disminuido la brecha entre hombres y mujeres en el campo de las mate
máticas, especialmente en primaria.
La autocrítica que hacen los responsables de la política educativa se
refiere a que los resultados no son alentadores, pero se confía —según la
parte oficial— en que la denominada Reforma Educativa36 podría tener un
efecto positivo en la esperada calidad de la educación en México.
Reflexiones sobre la desigualdad en el estado
de Guerrero, su incidencia en la educación
y en el acceso a la información y a las oportunidades
de la alfabetización informacional
Ubicación geográfica e indicadores del estado de Guerrero37
El estado de Guerrero se ubica al sur de la República mexicana, al norte 18°
54’; al sur 16° 18’; al este 97° 57’ y al oeste 102° 11’. Cuenta con 81 munici
pios, con una extensión de 63,620.7 km2 que representa 3.2 por ciento del
territorio nacional. La poblacion total del estado de Guerrero es de 3’389,000
habitantes (lugar 12 a nivel nacional). En el año 2010, el porcentaje de per
sonas que vivían en localidades de uno a 2,499 habitantes era de 41.8 por
ciento. En localidades de 2,500 a 14,999 habitantes, era de 16.7 por ciento
de la población; si sumamos el primer grupo con el segundo, nos da que
58.5 por ciento, es decir, más de la mitad de la población vivía en localida
des de menos de 15 mil habitantes, lo que da cuenta de la enorme disper
sión de la población en el Estado y la dificultad de llevar a esos lugares los
36
México. Gobierno Federal, “Decreto por el que se reforman los artículos 3, en sus
fracciones III, VII y VIII; y 73, fracción XXV, y se adiciona un párrafo tercero, un inciso d) al
párrafo segundo de la fracción II y una fracción IX al artículo 3. de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos”, Diario Oficial de la Federación, segob, disponible en [Link]
[Link]/nota_detalle.php?codigo=5288919&fecha=26/02/2013, consultado el 22 de noviembre
del 2016.
37
México. inegi, “Perspectiva estadística Guerrero”, 2011, disponible en [Link]
[Link]/est/contenidos/espanol/sistemas/perspectivas/[Link], consultado el 29
de octubre del 2016.
La desigualdad en el acceso a la educación • 141
beneficios de las nuevas tecnologías de la educación y de la información.
El 21.6 por ciento de la población se agrupa en localidades entre 15 y 499 mil
habitantes, dejando 19.9 por ciento de la población (aproximadamente la
quinta parte del total estatal), en una sola localidad de más de 500 mil ha
bitantes (el Puerto de Acapulco, que tiene 789,971 habitantes). Las ciudades
con mayor número de habitantes son: Acapulco, con 789,971; Chilpancin
go, con 241,717; Iguala, con 140,363; Chilapa, con 120,790; Taxco, con
104,053 y Tlapa, con 81,419.
En el estado de Guerrero se hablan lenguas indígenas. La proporción de
la población que habla lengua indígena es de 15.1 por ciento, lo que repre
senta 456,774 habitantes. Las principales lenguas indígenas son: náhuatl,
mixteco, tlapaneco, amuzgo de Guerrero, zapoteco y otras no especificadas.
En 2010, la población analfabeta era de 15.3 por ciento, casi el doble que
la media nacional. El porcentaje de la población con estudios básicos era
de 55.5 por ciento; con educación media superior, de 16.6 por ciento, y con
educación superior es de 11.7 por ciento. El grado promedio de escolaridad
en el estado de Guerrero es de 7.3 por ciento .
Las principales causas de defunciones en 2012 en el estado de Guerrero
fueron: por agresiones (14.9 por ciento) y accidentes (9.8 por ciento). Se
observa un grupo de causas de muerte relacionado con las enfermedades
crónico degenerativas, como son: enfermedades del corazón (14.8 por
ciento); diabetes mellitus (12.8 por ciento); tumores malignos (9.8 por ciento);
enfermedades cerebrovasculares (5.7 por ciento); enfermedades del hígado
(4.5 por ciento). Estas enfermedades muy probablemente están asociadas
con problemas de diabetes y cáncer, que pueden ser en gran parte producto
de una alimentación inadecuada en las áreas urbanas y rurales, así como
la exposición a agroquímicos (herbicidas, insecticidas) en las áreas rurales,
entre otras causas, lo cual refleja además de la problemática económica y
cultural, una falta de acceso a la educación en salud preventiva y a la edu
cación ambiental, así como de acceso a la información en los temas que
afectan la salud de la población.
La tasa de mortalidad infantil (defunción en niños menores de un año
de edad) por cada 1,000 habitantes es 19.3, lo cual representa casi el doble
que la media nacional, que es de 13.7. Por otro lado, la tasa de natalidad
(el número de nacimiento) por cada 1,000 habitantes (19.5), representa el
segundo lugar a nivel nacional, seguido del estado de Chiapas (20.4). Este
142 • Israel Herrera Miranda
fenómeno le confiere al estado de Guerrero un segundo lugar nacional en
este rubro de natalidad, que pone en evidencia la carencia de políticas públi
cas efectivas relacionadas con la planificación familiar, la educación sexual
y el acceso a la información, todo esto aunado a la situación de pobreza de
gran parte de la población.
Aproximadamente un tercio de la población ocupada lo hace en el sec
tor primario; una novena parte lo hace en el sector secundario, y práctica
mente 50 por ciento de la población se dedica al sector terciario de servi
cios. El Estado depende mucho de la actividad turística como principal
fuente de trabajo (en esta rama de actividad económica: hoteles y similares,
Guerrero ocupa el quinto lugar a nivel nacional). Los principales cultivos de
cereales son el maíz y el sorgo forrajero, seguido de melón, sandía, tomate
y frijol. En el caso de cultivos tropicales se encuentran el mango, la copra, el
limón, el plátano, el café y la papaya. En minería se extrae oro, plata, cobre,
zinc y plomo, principalmente. Como se puede apreciar por los indicadores
sociales, económicos, educativos y de salud, el estado de Guerrero se ve
seriamente afectado por un rezago histórico en materia de desarrollo eco
nómico y social, que incide en la calidad de vida y en las oportunidades
para mejorar el nivel educativo en general.
La desigualdad en el acceso a la información
y la red mundial de Internet
En México, el uso del Internet incrementó de 20 millones de usuarios en 2006
a cerca de 54 millones en el año 2014. Se puede decir que esta tendencia
ocurre en las ciudades medianas y grandes, mas no en las área rurales y
pequeñas que se encuentran dispersas a lo largo del territorio nacional, y en
particular del estado de Guerrero. Actualmente, el tiempo promedio diario
de conexión de los usuarios es de seis horas 11 minutos. Este fenómeno nos
hace preguntarnos si los educandos están pasando más tiempo en Internet
que en el salón de clase.38
El principal dispositivo de acceso a la red Internet es en orden decreciente:
la laptop (68 por ciento), seguido de los teléfonos inteligentes (smartphones)
(58 por ciento), los cuales, junto con la tabletas, están incrementando su
38
Asociación Mexicana de Internet, “11th study on the habits of internet users in México
2015”, disponible en [Link] pdf,
consultado el 9 de noviembre del 2016.
La desigualdad en el acceso a la educación • 143
presencia como herramientas del Internet; la movilidad es ahora más im
portante que el uso de las computadoras de escritorio.
El uso de las redes sociales es el motivo principal para el acceso a Inter
net, y por primera vez, es la razón principal en lugar del uso tradicional de
los mensajes de correo electrónico y de la búsqueda de información, como
en los años anteriores.
Nueve de cada 10 usuarios de Internet utilizan las redes sociales para
comunicarse con amigos, seguido del objetivo de estar informado (que ha
aumentado significativamente en el 2015). La red social por excelencia es
Facebook. Twitter e Instagram ahora son más relevantes en los dispositivos
móviles.
El uso del correo electrónico para enviar y recibir mensajes en el tra
bajo sigue siendo el principal objetivo de tener acceso a Internet (65 por
ciento), seguido de la búsqueda de información (62 por ciento).
Con respecto a las actividades de ocio, la descarga de música (53 por
ciento) es la tercera actividad más importante después de las redes sociales
y correos electrónicos.
Es importante destacar que estos datos estadísticos siguen siendo rele
vantes en localidades urbanas, donde la población tiene el poder adquisitivo
para contratar el servicio de Internet en sus hogares o en lugares públicos
y dispositivos móviles de pago. Siguen sin tener acceso a estos servicios las
clases sociales marginadas de las grandes urbes y la población que vive en
las pequeñas localidades rurales dispersas a lo largo del territorio nacional.
Las nuevas tic han alentado el crecimiento exponencial del Internet, in
cidiendo en las áreas que antes estaban restringidas al ámbito escolar, a la
prensa escrita, a la televisión, a la telefonía alámbrica, a los esquemas
tradicionales de los negocios y las finanzas.
Diversos estudiosos de las ciencias sociales se han expresado como
voces críticas que advierten que estas nuevas tecnologías han llegado a la
sociedad, pero, como la riqueza económica, no para todos los estratos so
ciales de los países.39
El fenómeno que se observa es que existe un fenómeno de producción y
consumo masivo de las tecnologías de la información. Se puede decir que por
todos lados los seres humanos enfrentan un bombardeo de información:
en las calles, en las viviendas y en los dispositivos denominados inteligentes.
39
Aurora Cuevas y Pablo Boaventura Sales Paixao, “Literacy we need: information and
communication for citizenship”, en Informacao & Sociedade: Estudos, noviembre, 2014, pp. 35-48.
144 • Israel Herrera Miranda
Una de las características notables del mundo de hoy es: la desigualdad
social aunada a la ubicuidad de la tecnología y la información.
En este contexto complejo, en el que se superponen la comunicación y
la información a través de la tecnología, se puede considerar que la educa
ción y la cultura son una condición esencial para que el individuo pueda
identificar su lugar en la sociedad como ciudadano. Hoy en día, la educación
y la cultura están en el proceso de transformación, pero el ritmo del cambio
es mucho más lento respecto a las demandas de la sociedad.40
Finalmente, considerando la problemática de nuestra sociedad en el
estado de Guerrero, bien vale unirse a algunas de una extensa serie de
reflexiones expresadas por Gómez Hernández y Saorín sobre la alfabetiza
ción para la vida:41
Los ciudadanos podemos ser actores sociales en sentidos más amplios y
complejos: tenemos necesidad de opinar, compartir, crear vínculos, presio
nar, disentir, organizar o apoyar. El aprendizaje a lo largo de toda la vida no
es sólo para rellenar los formularios adecuados, sino para producir ciertas
formas de cambio social. […] Las competencias digitales se conectan con
la ciudadanía y la participación. […] Estas posibilidades de participación de
los ciudadanos justifican la inclusión de programas de alfabetización infor
macional en todos los estratos sociales y sectores de la sociedad, como es
el de las personas con capacidades diferentes. […] Aunado a lo anterior,
estos programas podrían servir para reforzar la capacidad de los educan
dos en el desarrollo de la habilidad lectora dentro del ambiente de las tic
para que puedan discernir entre la verdad y el engaño, entre la información
falsa y la información correcta, de tal suerte que dejen de ser vulnerables
ante los riesgos que existen en el ciberespacio. Acciones de este tipo
pueden ayudar a solventar problemas o necesidades, que pueden ser de
carácter económico, educativo, familiar, grupal o ciudadano. Algunos pro
blemas serán prácticos o funcionales, y otros tendrán un alcance más de
transformación social.
40
Ibidem, pp. 35-48.
41
José Antonio Gómez Hernández y Tomás Saorín, “Alfabetizar en tecnologías sociales
para la vida diaria y el empoderamiento”, en Anuario ThinkEPI, vol. viii, 2014, pp. 342-348.
La desigualdad en el acceso a la educación • 145
Fuentes consultadas
Aldana Rendón, Mario, “Reseña de ‘La era de la información, realidades y
reflexiones sobre la globalización’ de Manuel Castells”, en Espiral, vol. vi, núm.
18, mayo-agosto, 2000, pp. 285-316, disponible en [Link]
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Asociación Mexicana de Internet, “11th study on the habits of internet users in
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Backhoff Escudero, Eduardo y Guevara Niebla, Gilberto, “La Reforma Educa
tiva y la evaluación docente: retos para su implementación”, en revista
Nexos, disponible en [Link] consultado el 17
de junio del 2015.
Crovi Druetta, Delia, “Sociedad de la información y el conocimiento. Entre el
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Sociales, vol. xlv, núm. 185, mayo-agosto, 2002, pp. 13-33.
Cuevas, Aurora y Pablo Boaventura Sales Paixao, “Literacy we need: informa
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Muñoz, E., Alma, “Preocupantes, resultados de la prueba Planea: inee”, en La
Jornada en línea (22/11/2015), disponible en [Link]
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[Link]
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sociales para la vida diaria y el empoderamiento”, en Anuario ThinkEPI, vol.
viii, 2014, pp. 342-348.
México. Gobierno Federal, “Decreto por el que se reforman los artículos 3 en
sus fracciones III, VII y VIII; y 73, fracción XXV, y se adiciona un párrafo
tercero, un inciso d) al párrafo segundo de la fracción II y una fracción IX
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[Link]?codigo=5288919&fecha=26/02/2013, consultado el 22 de no
viembre del 2015.
México. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, “Anuario
Estadístico y Geográfico de Guerrero”, inegi, México, 2013.
México. inegi, “Perspectiva estadística Guerrero”, 2011, disponible en http://
[Link]/est/contenidos/espanol/sistemas/perspectivas/perspec
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México. Secretaría de Educación Pública, “Plan Nacional para la Evaluación de
los Aprendizajes” (planea) (2015), disponible en [Link]
146 • Israel Herrera Miranda
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onu. Departamento de Economía y Asuntos Sociales, “Estudios de las Naciones
Unidas sobre el Gobierno electrónico, gobierno electrónico para el pueblo”,
Nueva York, 2012.
Piketty, Thomas, El Capital en el siglo xxi, 2ª ed., fce, México, 2015, 679 pp.
Segunda parte
En otras latitudes
Construyendo la “libertad”, africanos y afrodescendientes
en las Américas durante el siglo xvii.
Estudio de caso a partir del palenque El Limón,
en la gobernación de Cartagena de Indias
Fabiola Meléndez Guadarrama*
Los revisionismos generados en torno a los Bicentenarios de las Indepen
dencias de América en 2010 nos dejaron pendientes múltiples temas, como
la definición de la ciudadanía. A pesar de los debates conceptuales sobre las
diferencias en el entendimiento de las libertades, éstas no están del todo
claras.
Por ello este estudio busca reflexionar, en el contexto colonial hispano,
sobre el papel de grupos subalternos como son los cimarrones, esclavos
fugados que en múltiples casos negociaron la libertad no sólo individual,
sino también la de sus pueblos y quienes, entre otras cosas, lucharon por
el reconocimiento. El historiador peruano Carlos Aguirre los definió como
Agentes de su propia libertad1 en referencia a la participación activa de di
cho sector en la política colonial.
En busca de la libertad: valoración del uso de conceptos
Pero, ¿cómo se define la “libertad” para las poblaciones esclavizadas dentro
de la sociedad colonial hispanoamericana? Empezaré diciendo que la crítica
a la posesión de personas como propiedad, producto de más de tres siglos
de comercio transatlántico esclavista África-Europa-América, es el princi
pal impulso de este texto.
* Profesora de cátedra en el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias So
ciales de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
1
Carlos Aguirre, Agentes de su propia libertad. Los esclavos de Lima y la desintegración de
la esclavitud: 1821-1854, Pontificia Universidad Católica, Lima, 1993, 335 pp.
151
Al respecto, la historiografía del siglo xxi hace énfasis en conceptos de
reparación histórica de las y los afrodescendientes en Diáspora, deno
minados así en 2001 en el entorno de la Conferencia Mundial contra el
Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las formas conexas de
Intolerancia, realizada en Durbán a propósito de la abolición del sistema
de segregación racial de Sudáfrica desde los años cincuenta hasta los años
noventa del siglo xx.
En ese mismo contexto es preciso mencionar los esfuerzos que se
están haciendo a nivel global desde el año 2011, pero con mayor énfasis a
partir del año 2015 y que se pretenden continuar hasta el 2024 por parte
de los países miembros de la onu, a favor del reconocimiento, la justicia y
el desarrollo de las poblaciones Africanas de la Diáspora en América.
Es en esta misma situación es necesario precisar que este estudio des
cansa en un marco teórico contemporáneo sobre la colonialidad2 del poder,
con el fin de complejizar los procesos vividos por las poblaciones esclavi
zadas de origen africano en América durante la época colonial. La anterior
aclaración se hace a fin de explicar el interés por nuevas formas de escribir
historia desde una lógica que complejice la naturaleza de las relaciones
interétnicas en relación al poder y el reconocimiento.
Los cimarrones y palenques precursores
de la libertad en América
La participación política de los “cimarrones”,3 quienes utilizando la trinchera
del “Palenque” lograron conseguir no sólo la libertad, sino también —y
esto tal vez fue más importante— el reconocimiento formal de su libertad
por parte de la sociedad de su época, se concretó en conformación de Pue
blos de “Negros Libres”.4
2
Aníbal Quijano, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en Edgardo
Lander (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latino
americanas, clacso, Buenos Aires, Argentina, julio de 2000, p. 246.
3
Cimarrón: silvestre, indómito, montaraz (…) es nombre común en las Indias de todos los
animales silvestres. Tomado del Diccionario de Autoridades, vol. 1, 1729, p. 350. Por lo anterior,
durante los distintos momentos del periodo colonial en territorios americanos se denominó
como cimarrones a aquellos esclavos negros que huían de sus propietarios.
4
El uso de las categorías del color se recupera sólo en el contexto descriptivo propio del
colonialismo y la esclavitud de las Américas, mas no este análisis.
152 • Fabiola Meléndez Guadarrama
Una idea central es enfatizar el carácter político de los cimarrones iden
tificándolos como grupos subalternos, quienes, a pesar de todo, por con
ducto de elementos retomados del sistema colonial español, buscaron formar
parte activa del régimen que los marginaba. Para estudiar esta transición
de palenque a pueblo libre reconocido por la Corona española se puede
acudir a la revisión de los procesos que tuvieron lugar en el siglo xvii en la
región Circuncaribe. Entre ellos se encuentran los casos de los palenques
de San Lorenzo de los Negros5 y el de San Basilio de Palenque;6 ambos son
emblemáticos de cómo los líderes africanos con el auxilio de su referente
étnico actúan como aliados en los consensos de los grupos rebeldes.
Movilidad de pardos y mulatos:
grietas de la esclavitud africana y afrodescendiente
En la economía colonial el esclavo de origen africano estuvo inmerso en
escenarios muy diversos, algunos de los cuales nos evidencian los “grados
de libertad”7 alcanzados, tal como lo ha señalado Antonio García de León
para el caso de Veracruz. En varios de sus trabajos hace referencia a una
fuerte movilidad social de los esclavos socorrida por los mismos patrones.
Señala como ejemplo el caso de los “vaqueros”, quienes, armados con lan
zas, conducían el ganado a pie hasta el Altiplano y así coloca en el tintero
el tema de los conflictos ocasionados por el hecho de que negros y mulatos
estuviesen armados —desde el siglo xvi— y fuesen usados en la defensa
del litoral, lo que causó malestar entre los propietarios, quienes no los
querían distraer de sus actividades productivas.8
Sabemos de la existencia de milicianos negros desde el siglo xvi a través
de la formación de milicias urbanas financiadas regularmente por los
5
San Lorenzo de los Negros es uno de los pueblos de resistencia mejor historiados en
México. Es también donde, de manera pionera, la doctora Adriana Naveda de la Universidad
Veracruzana, estudió este palenque desde el origen a su disolución (1999, 2001).
6
San Basilio de Palenque es igual forma un caso emblemático, no sólo para la academia,
sino para los movimientos etnopolíticos de los afrocolombianos.
7
Rebecca Scott J., Grados de Libertad. Cuba y Luisiana después de la esclavitud, Ediciones
Callejón, San Juan, 2002.
8
Antonio García de León, “Las milicias de pardos y morenos en el Veracruz del siglo xviii:
una aproximación general”, en Tierra adentro, mar en fuera. La Veracruz colonial y su costa de
Sotavento, fce, 2011.
Construyendo la "libertad", africanos y afrodescendientes • 153
gremios, pero fue en el siglo xviii, durante el reinado de Carlos III, cuando
se dieron formalmente las milicias provinciales, fenómeno que se expandió
a toda América. Así, las conocidas como “milicias de pardos y morenos”
funcionaron durante el periodo colonial como estrategia militar para
defender los dominios españoles y reforzar la vigilancia de los puntos
estratégicos para la Corona, como fueron los puertos de Cartagena, la
Habana, San Juan de Ulúa y San Juan de Puerto Rico. Por su valioso papel
estos soldados africanos y afrodescendientes fueron gratificados con la
libertad o algunos privilegios de ascenso social.9
Por otro lado es preciso recordar que desde los textos clásicos de Hugh
Thomas10 el comercio transatlántico evidenció que en los mecanismos de
traslado de personas esclavizadas se borraron su origen étnico ya que, al
ser contabilizados en los barcos en los que serían transportados a América,
solía señalarse el lugar en que fueron embarcados y no el lugar de su
cultura original. Esto nubló la posibilidad de ubicar las expresiones cul
turales de los grupos.
Asimismo, la construcción de las categorías jurídicas de esclavitud y
libertad en los procesos de emancipación esclavista fueron muy distintas
en las regiones del mundo Atlántico, tales como el sur de Estados Unidos,
el Caribe Anglófono, Perú, Brasil y África Occidental. Es por ello que
buscaremos ejemplificar, desde la lógica del colonialismo hispano, aquello
que relate la historia de los líderes cimarrones, precursores de la lucha por
la libertad en América. Éstas son historias no contadas. Hay que recodar
que las organizaciones de esclavos fugados tampoco fueron homogéneas,
y sus liderazgos, aunque mayoritariamente recayeron en varones, también
se encontraron figuras femeninas, como Leonor,11 quien fue líder espiritual
y militar de su pueblo.
9
Véase Ben Vinson III, “La dinámica social de la raza: los Milicianos Pardos de Puebla en
el siglo xviii”, en Pardos, mulatos y libertos. Sexto encuentro de afromexicanistas, uv, 2001, pp.
61-78.
10
Thomas Hugh, La trata de esclavos. Historia del tráfico de seres humanos, Planeta, 1998,
900 pp.
11
Leonor Criolla es el nombre que aparece en el registro del palenque de Polín y Sangueré,
agi, Patronato, 1634, p. 234.
154 • Fabiola Meléndez Guadarrama
Liderazgos y cimarronaje femenino.
El palenque de “El limón”
El palenque “El Limón”12 nos brinda la posibilidad de revisar los procesos
de resistencia en un sentido simbólico, a través de la actuación de los frai
les jesuitas en Cartagena de Indias, en particular del trabajo que desempeñó
el padre Pedro Claver; lo anterior debido a que participó brindando servi
cios de bautismos a los cimarrones capturados que iban a la horca por
órdenes del gobernador Francisco de Murga.
Este tipo de prácticas fue el resultado de negociaciones entre autoridades
coloniales y cimarrones y personas esclavizadas, quienes por ello obtenían
el respeto a su autonomía y territorio y por supuesto, en perjuicio del resto
de los esclavos. Es decir, como luchadores por la libertad, los cimarrones
se volvieron elementos fundamentales en el aparato represivo virreinal, lo
que permitió el control de los inconformes con la vida esclava, esto aunque,
paradójicamente, su actuación responde a una muy clara lógica de
supervivencia.
Políticas de la diferencia y “guerras cimarronas”
Las políticas de la diferencia en el mundo colonial hispanoamericano se
fraguaron por un lado, en el ámbito ético-filosófico por la Iglesia católica
—a través de tratados sobre la esclavitud13 y la conformación del Tribunal
del Santo Oficio instaurado en 1610 en Cartagena de Indias—14 y por otro,
a través de los ámbitos jurídicos promovidos por las autoridades civiles y
militares a lo largo de los virreinatos de la región hispanoamericana.
12
Ubicado en las intermediaciones de Cartagena de Indias, particularmente en la región
de los montes de María, que durante el siglo xvii se convirtieron en una región prolífica para los
palenques.
13
Manuel Salmoral, Regulación de la esclavitud negra en las colonias de América Española
(1503-1886). Documentos para su estudio, Nuevo Siglo, Universidad de Murcia y Universidad de
Alcalá, España, 2005.
14
Anna María Splendiani, Cincuenta años de la inquisición en el Tribunal de Cartagena de
Indias, Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Bogotá,
Colombia, 1997.
Construyendo la "libertad", africanos y afrodescendientes • 155
Es así como las técnicas de dominación hispana se basaron en una
fuerte valoración negativa de la otredad,15 tanto de los pueblos originarios
como de los esclavos africanos y afrodescendientes. En el caso de Cartagena
de Indias los datos son recuperables a partir de relatos de los frailes, en
particular del Tratado de esclavitud16 realizado por el jesuita Alonso de
Sandoval en 1627 y que cuenta con una segunda versión 20 años después,
en 1647.
Uno de los puntos centrales en la construcción de los sujetos sociales
en la colonización es el vínculo que hay en torno a su racialización,17 este
último punto como elemento de jerarquización que se hace evidente en los
procesos de esclavización de las Américas. Estudios como el de Adriana
Maya establecen puentes de memoria larga para recuperar cómo entre los
siglos xvi y xvii las categorías del color “negro” se remiten a una construcción
cristiana del Génesis, vinculando la pigmentación al pecado y el castigo.18
Dichas categorías coloniales fueron organizando la construcción social
del “otro”. Pero ¿cómo entender la otredad para los dominados? Debemos
pensar que no es sólo la diferenciación con las autoridades (el amo, el
encomendero), sino también con los indígenas; este tema ha sido estudiado
por Margarita Garrido,19 quien recupera testimonios sobre las relaciones
interétnicas y de género. Por ejemplo recoge el dato de que “López de
Cañizares, procurador de encomenderos ante la corte, denunció que: los
negros tratan muy mal a los dichos indios... les quitan sus mujeres e hijas
y les hurtan lo que tienen en sus huertas y para su sustento”.20
15
La definición del “otro” colonial es una discusión que retomo del grupo de “estudios
decoloniales” que tiene uno de sus principales exponentes en el sociólogo peruano Aníbal
Quijano, quien además desarrolló conceptos como “colonialidad del poder”.
16
S. J. Alonso de Sandoval, De Instauranda Æthiopum Salute. Historia de Ætiopia, naturaleza,
policía sagrada y profana, constumbres, ritos y catechismo evangélico, de todos los ætíopes con que
se restaura la salud de sus almas, Madrid, 1647.
17
María Eugenia Cháves (ed.), Genealogías de la diferencia. Tecnologías de la salvación y
representación de los africanos esclavizados en Iberoamérica colonial, Universidad Javeriana,
Instituto Pensar, Ed. Abya-Yala, 2009.
18
Adriana Maya, Racismo institucional, violencia y políticas culturales. Legados coloniales y
políticas de la diferencia en Colombia, Historia Crítica, Ed. Especial, Bogotá, noviembre de 2009,
pp. 218-245.
19
Margarita Garrido, “Vida cotidiana en Cartagena de Indias en el siglo xvii”, en Adolfo
Meisel y Haroldo Calvo (eds.), Cartagena de Indias en el siglo xvii, Banco de la República, Car
tagena, 2007, p. 451.
20
Julián Ruiz Rivera, Los indios de Cartagena bajo la administración española en el siglo xvii,
Archivo General de la Nación, Bogotá, 1996, pp. 73-76. Recuperado de Garrido, Margarita, op. cit.,
2007, p. 474.
156 • Fabiola Meléndez Guadarrama
Conflictos interétnicos e inserción social
Los conflictos entre los pueblos originarios y los grupos de africanos y
afrodescendientes aparecen reflejados en diferentes ámbitos de su coexis
tencia, así aparece relatado en el trabajo de María Navarrete sobre El
palenque El Limón, en el que destaca cómo “los cimarrones ahí ubicados en
1632, robaron mujeres indias de los pueblos cercanos, porque los criollos
y criollas del palenque eran todos parientes” 21. Ésta y otras acciones fueron
dejando testimonio sobre lo que significó a lo largo del periodo colonial el
miedo a la insubordinación cimarrona. Sin embargo, es en la segunda
mitad del siglo xvii, derivado del auge del comercio esclavista, cuando
observamos —según Vila Vilar—22 que la población esclava africana se
triplicó,23 llegó a representar el 60 por ciento de la población de las estan
cias alrededor de Cartagena de Indias,24 cifra que provocaba el temor de
las autoridades al grado de que, en 1693, se cerró la ciudad pensando que
habría una gran conspiración de los palenques.25
Sobre los datos demográficos es interesante revisar la propuesta de
análisis del historiador norteamericano David Wheath, quien señala que las
estancias circundantes a la zona urbana de Cartagena de Indias (siglo xvii)
fueron habitadas en su gran mayoría por poblaciones africanas y afrodes
cendientes, esclavas y libres, y que en ese sentido pueden ser considerados
como grupos colonizadores;26 esta idea nos hace pensar en una contribución
cultural más allá de la participación laboral.
21
María Navarrete, “El palenque de Limón (Cartagena de Indias, siglo xvii): el imaginario
del poder y sus jerarquías”, en Juan de la Serna (ed.), Vicisitudes negro africanas en Iberoamérica,
experiencias de investigación, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe,
unam, México, 2011, p. 126.
22
Enriqueta Vila Vilar, Hispanoamérica y el comercio de esclavos: los asientos portugueses,
eeha, Sevilla, 1977.
23
Vila Vilar, op. cit. En relación al análisis de larga duración y en comparación a lo ocurrido
en el siglo xvi.
24
De hecho, el estimado más alto está dado para 1634, en la carta de un fraile Austino de
1638, donde sugiere un total de 24 mil o 25 mil esclavos negros en Cartagena y la provincia
(Tolu y Mompox), en este último llegando la población de africanos y afrocreoles probablemente
a representar un 75 por ciento del total de la provincia. Tomado de David Wheat, The afro-
portuguese maritime world an the foundations of spanish caribbean society, 1570-1640, Vanderbilt
University, 2009, p. 149. Para más información véase Paul Hoffman, 1980.
25
Anthony McFarlane, “Autoridad y poder en Cartagena de Indias: la herencia de los
Austrias”, en Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca (eds.), Cartagena de Indias en el
siglo xviii, 2005, pp. 221-259.
26
David Wheath, op. cit., p. 150.
Construyendo la "libertad", africanos y afrodescendientes • 157
Sin embargo, el tema de las diferencias sociales y la lucha por la inser
ción social de las poblaciones africanas y afrodescendientes —estas últimas
también nombradas por algunos como afrocriollas— 27 es más complejo
que la aproximación a los datos demográficos, e investigadoras como
Adriana Maya (2005) reconocen que los verdaderos ámbitos de lucha
estuvieron en relación a la resistencia, a la adopción de la lengua y la re
ligión hegemónica, es por ello que la revisión de los textos y personajes de
frailes son fundamentales.
Los jesuitas, estrategas de la aculturación
hispana de las poblaciones esclavizadas
de origen africano y afrodescendiente
Al respecto, el palenque El Limón nos brinda nuevamente la posibilidad de
revisar los procesos de resistencia en un sentido simbólico, a través de la
actuación de los frailes jesuitas en Cartagena de Indias, en particular del tra
bajo que desempeñó el padre Pedro Claver, debido a que participó brindando
servicios de bautismos a los cimarrones capturados que iban a la horca por
órdenes del gobernador Francisco de Murga.28 De la misma forma, Claver
fue quien nombró y formó al grupo de intérpretes que participaron en el pro
ceso de reducción de dicho palenque. De hecho, el entrenamiento de
intérpretes fue el primero de los tres rasgos que se valoraron en su proceso
de beatificación,29 el segundo fue el uso de la gestualidad para explicar el
Evangelio y el tercero el énfasis que ponía en sus relatos sobre la familia.
P. Vargas considera que “estos aspectos revelan que el jesuita comprendió
la importancia de la diversidad lingüística, la corporalidad y los lazos de
parentesco en esas culturas africanas”.30
Es por ello que en el proceso del palenque El Limón los intérpretes se
leccionados estuvieron vinculados a las regiones del África centro-occi
27
Aplica para hablar de una herencia que está en el pasado o que forma su parte nuclear.
El término es utilizado particularmente en la literatura angloamericana del siglo xix.
28
S. J. Tulio Aristizabal y Anna María Splendiani, Proceso de beatificación y canonización de
san Pedro Claver, Centro Editorial Javeriano, Bogotá, 2002, p. 575.
29
Aristizabal y Splendianni, op. cit., pp. 212, 218, 256.
30
Paola Vargas Arana, “Pedro Claver y la evangelización en Cartagena: pilar del encuentro
entre africanos y el Nuevo Mundo, siglo xvii”, en Fronteras de la Historia, núm. 11, Instituto
Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá, Colombia, 2006, pp. 293-328.
158 • Fabiola Meléndez Guadarrama
dental, pues recordemos que la mayoría de los cimarrones capturados tenían
nombre de algún referente geográfico o étnico como Anzico o Anchico,
Angola, Congo y Malemba. En los interrogatorios los intérpretes buscaban
confesar y bautizar a los cimarrones por regiones, ya que a menudo un
intérprete podía hablar más de una lengua. Sin embargo, el plurilingüismo
de los africanos es más complejo y puede vincularse al uso de rutas
comerciales, culturales y de dominación. Éste es el caso de Francisco
Yolofo, quien no sólo sabía portugués y yolofo, sino también mandinga y
verdesí.31
Entre los datos brindados por los cimarrones se encuentran los nom
bres de sus propietarios y el motivo de la fuga. Es de resaltar la presencia
económica y cultural32 que significó la presencia de portugueses antes de
164033 como propietarios de esclavos y estancias. En los registros de 1634
del obispo de Cartagena de Indias, Córdoba Ronquillo,34 aparecen de ma
nera destacada en la provincia de Cartagena como propietarios rurales.
En las estancias circundantes de la ciudad es donde las fugas de esclavos
y los ataques de los cimarrones fueron más frecuentes. El plan del obispo
Córdoba era instalar una serie de iglesias ubicadas estratégicamente para
procurar el control religioso de las almas de dichas provincias, pues había
notado que había un gran número de esclavos.35 En la lista de propietarios
de Córdoba Ronquillo llama la atención el nombre de Bartolomé Arará,
quien llegó como bozal y se convirtió en propietario. Esto pudo lograrlo
usando los códigos de movilidad social, tales como el uso de la lengua y
religión hegemónica, al grado que permitió que en su estancia se construyera
una iglesia. Este suceso nos permite reflexionar sobre el nivel de acultu
ración hispana y portuguesa que se vivió en los puntos de comercio escla
vista del África centro-occidental en el siglo xvii.
31
Aristizabal, Proceso de beatificación, p. 310. Tomado de Vargas Arana, op. cit., p. 314.
32
Existen estudios que vinculan el uso del portugués como base de la lengua palenquera.
Para más información véase Armin Schwegler, “Rasgos (afro-)portugueses en el criollo del Pa
lenque de San Basilio (Colombia)”, en Carmen Díaz Alayón (coord.), Homenaje a José Pérez Vidal.
33
La época de asientos portugueses está fechada entre 1595-1640, así que era común la
llegada de los portugueses a los puertos de comercio esclavistas oficiales de la Corona es
pañola, como Cartagena de Indias, La Habana y Veracruz.
34
agi-sf 228, núm. 100, Obispo fray Luis de Córdoba Ronquillo a S.M. Cartagena, 10
agosto 1634. Especialmente véase agi-sf 228, núm. 100a, “Agregación de estancias a doctrinas
y erección de otras”, 2 de mayo de 1634.
35
Códoba Ronquillo estimó que para 1635 había “más de tres mil negros” en las áreas
rurales y semi-rurales alrededor de Cartagena que no tenían acceso a las enseñanzas católicas.
agi-sf 228, núm. 100a, folios 1r, 9r, 10r-10v.
Construyendo la "libertad", africanos y afrodescendientes • 159
Voces cimarronas: referentes étnicos
de la resistencia colonial
En un sentido político, la resistencia cimarrona buscaba una justificación
social apelando a los maltratos empleados en ellos por parte de sus pro
pietarios e incluso por los mayordomos. En los testimonios cimarrones del
palenque El Limón éste es un dato que se encuentra presente. Los relatos
de Lucrecia Enchiva, Miguel Angola y Antón Angola hablan del agotamiento
extenuante como consecuencia de las constantes vejaciones que los
mantenía convencidos de la fuga pues algunos de ellos, como el caso de
Miguel Angola, confesaban una huida de más de cuatro años.36
El investigador gabonés Cyriaque Akomo-Zoghe37 ha propuesto que el
estudio de la resistencia palenquera tiene un tiempo de madurez para los
cimarrones y también un tiempo de perdón para los propietarios. Sobre
esto mismo, estudios como los de Aquiles Escalante38 mostraron cómo los
castigos dependían, entre otros factores, del tiempo de ausencia del esclavo,
lo que tenía consecuencias sobre el tipo de castigos, que fueron desde lati
gazos hasta la muerte. Los descontentos generalizados fueron recono
ciendo que lo que había era una contienda entre cimarrones y autoridades
hispanas; de esto se hablaba en una serie de escritos civiles como cartas
entre autoridades, cédulas reales e informes de capitanes y milicianos. De
trás de ello había un interés propiamente económico que sirvió como in
centivo para alimentar la persecución cimarrona de mano de personajes
arruinados, dueños enfurecidos, fanfarrones, etcétera, quienes buscaban que
los cimarrones regresasen con vida, pues sabían que si los capturaban con
vida, su costo era mucho más elevado. Esto sucedía aunque muchos de los
capturados con vida eran postrados de manera violenta en los caminos o
edificios públicos, exponiendo sus cabezas como un llamado a la defensa
y la justicia.
36
agn-Colombia, Negros y Esclavos, Bolívar 9, 1645, fol. 906.
37
Cyriaque Akomo-Zoghe, “Cimarronaje y temporalidad como formas de socialización de
los esclavizados en los Palenques colombianos (Cartagena de Indias-siglo xvii)”, en Revista
Justicia, núm. 15, Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, Colombia, junio de 2009, pp. 12-31.
38
“[…] al negro fugado, después de veinte días de haberse huido, se le condenaba a cien
azotes, dados de manera: que un día por la mañana, sea llevado a la picota de esta ciudad, en la
cual sea amarrado y puesto un pretal de cascabeles atado al cuerpo… todo para que los cas
cabeles resonaran a cada latigazo del verdugo […]”, en Aquiles Escalante, El negro en Colombia,
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1964, p. 50.
160 • Fabiola Meléndez Guadarrama
En términos generales, el tipo de relación que existió en la sociedad car
tagenera y sus alrededores funcionó mediante relaciones de trabajo y sub
sistencia; en el caso de las y los cimarrones tuvieron referentes que prometían
para ellos —al menos para sus líderes— una posibilidad de inserción
social, me refiero a la firma de paz entre el gobernador Jerónimo de Suazo
y Domingo (Benkos) Biohó en 1603; pero casi siempre los acuerdos fueron
efímeros.39
En relación a las acotaciones discursivas de los diferentes actores
participantes en el proceso de reducción del palenque El Limón, podemos
apoyarnos en textos como los de las historiadoras Pilar Gonzalbo y Solange
Alberro, quienes han advertido que los conceptos de “castas” y “razas”
pertenecen a la segunda mitad del siglo xviii, aunque por sus características
estas clasificaciones son referentes desde el siglo xvii, “no a partir del color
de la piel, sino a través de los rasgos de las identidades individuales y co
lectivas que influyeron, como influyen hoy en la consolidación de los grupos
sociales, en los cuales, ayer como hoy, son los elementos étnicos los que
marcan los mayores retos de entendimiento en relación a los caracteres
biológicos”.40
Las hipótesis sobre el tipo de etnicidad preponderante en estos pa
lenques se refuerza en torno a investigaciones como las de Nicolás Mathieu,
quien a partir de un detallado estudio estadístico, vincula a los puertos de
embarcación en África y las etnias circundantes, por lo que recupera que
entre 1538 y 1640 las embarcaciones llegadas a Cartagena de Indias pro
venían particularmente de la región del África Central, aunque también
aparecen registros de la Isla de Sao Tome.41
Descrito lo anterior, lo que tenemos son testimonios de cimarrones, de
un juicio civil de los palenques El Limón, Polin y Sanguare, todos ellos ubi
cados en las serranías de María y conectados entre sí. Es de notar cómo
39
Recordar que Benkos Biohó fue traicionado y asesinado en las orillas de la muralla, al
poco tiempo de la firma de la paz. Véase Roberto Arrazola, Palenque, el primer pueblo libre de
América, Todo impresores, Bogotá, 1986.
40
Olivia Gall, “Identidad, exclusión y racismo: reflexiones teóricas sobre México”, en
Revista Mexicana de Sociología, año lxvi, núm. 2, abril-junio de 2004, pp. 221-259. Tomado de
Pilar Gonzalbo y Solange Alberro, La sociedad novohispana, Colmex, 2013, pp. 18-19.
41
Así está asentado en el trabajo de Mathieu Nicolás, Esclavos negros en Cartagena y sus
aportes léxicos, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, LXII, Bogotá, 1982, p. xv.
Construyendo la "libertad", africanos y afrodescendientes • 161
se retoman los nombres de otros palenques en la reducción42 de El Limón;
las fronteras entre los refugios y el reconocimiento de los líderes son
movibles e intercambiables, por lo que no es de sorprender que las figuras
de Benkos Biohó o Domingo Criollo sean señaladas como parte de la
misma problemática no resuelta de fugas permanentes de esclavos.
El juicio civil recoge las diferentes voces del problema, como las de los
capitanes involucrados en la reducción del palenque, quienes debaten y
argumentan algunas opciones de castigo a los cimarrones, al tiempo que
se propone un fondo de recuperación económica para los propietarios a
través de la llamada caja de cimarrones desprendida de la caxa de la
hermandad; en dicho fondo se incluye a las provincias de Mompox y
Tolu.43 Se señala también que dicho fondo se guiará de acuerdo a las
aportaciones de haciendas y se pide que se contemple como un gasto
permanente del cabildo.
Así, a lo largo del juicio, los propietarios tienen como principal premisa
evidenciar las importantes pérdidas materiales, producto de la violencia
cimarrona, por lo que el procurador general de Cartagena de Indias, Joan
de León Castillo, se pronuncia a favor de reforzar la defensa armada en la
región44 con el cuerpo de la armada real, por lo que enfatiza aspectos como
el aumento de incursiones cimarronas por robo de animales y asaltos
múltiples en estancias45 y haciendas cercanas a María.
Conclusiones
Los temas político-culturales son aspectos presentes en la resistencia ci
marrona y por su naturaleza son complejos; éstos nos remiten a las institu
ciones rectoras de la sociedad colonial neogranadina, como la Iglesia cató
lica, las gubernaturas locales y las milicias. Sin embargo, es la Iglesia católica
42
Reducción: Se toma también por la rendición, sumisión y sujeción de algún reino, lugar,
etcétera. Por medio del poder o de las armas. Lat. Sunjugatio Redactio. argens. Maluc. Lib. I.
Pl. I. Yo escribo a la obediencia de Phelipe Tercero. rae, A, 1737, p. 533, 1.
43
agi, Patronato, 234, Fojas 692-697.
44
agi, Patronato, 234, Fojas 689-690.
45
En la Milicia es el campamento y reales donde hace mansión el ejército y regularmente
en este significado se usa en plural diciendo estancias. Lat. Castra. Stationes. Marian. Hist.
Esp. Lib. 2 Cap. 16. Rompió por medio de los enemigos que tenían en dos partes repartidas
sus estancias. ambr. Mor. Lib. 8 cap. 9. Venida esta gente, que fue mucha, repatríala junto con
las demás de su campo en muchas estancias. rae, A 1732, p. 627, 1.
162 • Fabiola Meléndez Guadarrama
la que destaca como principal institución en la toma de decisiones, por lo
que estuvieron en sus manos labores de castigo, condena y despojo a in
culpados, tanto en lo moral como lo inmaterial.
A este respecto se alentó la delimitación de espacios diferenciados y se
animó la persistencia de códigos sociales y políticos vigentes en España,
heredados de la sociedad feudal, para la población esclava africana. Pero
al debilitarse la frontera legal entre los habitantes de América, el color de
la piel se transformó paulatinamente en la frontera que resume la expresión
de las culturas locales.
Así, se gobernaba a través de políticas de diferenciación, algunas más ra
dicales que otras, como la del acceso a la libertad. Las luchas cimarronas
tuvieron exponentes políticos muy destacados que negociaron con las auto
ridades para obtener no sólo el acceso a la libertad, sino también el reco
nocimiento formal de ello.
Finalmente es preciso señalar que los retos en las reparaciones histó
ricas de la desigualdad son múltiples, pero que comienzan el relato largo,
en el relato colonial, el cual revela la compleja relación de construcción del
poder en torno a la etnia, la clase y el género.
Es por ello que reconocemos en el Derecho Internacional los derechos
de las personas africanas y afrodescendientes. Dicho documento fue de
cretado por la onu para el periodo 2015-2024; el documento supone la
oportunidad y el reto para que los Estados-nación latinoamericanos de
sarrollen iniciativas institucionales y sociales que apoyen en la lucha contra
el racismo y la discriminación, después de más de 500 años de luchas etno
políticas en las Américas. La historia larga, la del origen colonial, continúa
siendo un gran bastión para ello.
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agn-Colombia, Negros y Esclavos, Bolívar 9, 1645.
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Construyendo la "libertad", africanos y afrodescendientes • 163
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No corta el bacalao
Eduardo Luis Espinosa*
Así dice la voz común en la Cuba de hoy: “El negro no corta el bacalao”. Es
un decir con sus miras puestas en la cotidianidad de la isla y da una res
puesta a esas preguntas que muchos nos hacemos acerca de qué sucede
con los afrodescendientes, quienes están relegados de los aparatos del
Estado, quienes “no cortan el bacalao”, lo cual significa que no tienen po
sibilidades de participar más ampliamente en la toma de decisiones. Yo, por
ejemplo, me pregunto qué obstaculiza el acceso al ejercicio de los poderes
del Estado para los afrocubanos (aquí llamados por igual negros, afrocubanos
o afrodescendientes). No es una pregunta propia de un país, es caracterís
tica de esa América Latina a donde llegaron los africanos desde el siglo xvi.
De Durban al presente
Después de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación
Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en
Durban en 2001, la presión internacional y el activismo organizado desde
el interior de grupos minoritarios ha llevado a un lento reconocimiento de la
existencia de los fenómenos de la discriminación en los países de América
Latina. Asumir que el racismo existe en naciones que han forjado su en
trada al siglo xxi, conservando la idea de que las relaciones raciales en sus
pueblos es una realidad armoniosa, ha sido algo muy difícil. Con el arribo
a un nuevo milenio, la política y la cultura han dado giros que han llevado
* Doctor en Antropología. Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, investi
gador en drclas, Universidad de Harvard. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores,
nivel 1.
169
a un cuestionamiento del paraíso racial latinoamericano, pero, a la vez, diver
sas mentalidades y prácticas se han resistido a aceptar la existencia entre
nosotros mismos de la problemática de la discriminación por motivos so
máticos. Mucho más, se disputa acerca de si uno de los factores de la desi
gualdad es el racismo. Ha sido muy difícil la aceptación de la posibilidad
destructiva y de marginalización del racismo entre los que fueron educados
y socializados por los ideales de “comunidad imaginada” de las élites de nues
tros pueblos. Ha llegado a percibirse como una ofensa la realidad de que
esas élites actuaron de manera racista y dejaron entre su legado ese pro
blema social. Se hace ríspida la discusión acerca del residuo racista que
esas élites dejaron cuando forjaron revoluciones, democracias, enseñanza
universal y masiva; cuando esparcieron las tecnologías y la multiplicación de
las profesiones, y cuando sentaron tradiciones intelectuales que pasaron a
través de los tres últimos siglos, creaciones todas bajo divisas nacionalistas;
una de ellas, la convicción de que nuestras naciones estaban construidas
sobre la base de una fusión cultural que hacía imposible el racismo.
Por todos estos problemas en la discusión donde está por medio la
élite de “los que siempre han estado en el poder” —como me dice un infor
mante—, sólo se ha llegado a reconocer la existencia del racismo en lo
general y se ha pasado a mejorar la identificación de grupos minoritarios.
Pero se ha ido muy lentamente hacia los temas de la naturaleza misma de
la desigualdad que hay en el fondo de todo racismo, un fenómeno que en
su profundidad es, como nos diría Dumont, un problema de jerarquías;
bajo una forma moderna se conserva una función antigua: sustentar mo
delos de distinción, de categorías, entre grupos de la sociedad.1
Entre esos temas que sustentan el racismo está el asunto del deficiente
acceso a los poderes del Estado que le ha correspondido a los estigmatiza
dos por motivos somáticos. Por eso, por el carácter conservador y ordenador
que tiene el racismo, estabilizador y ocultador de desigualdades, es por lo que
irrita tanto que se le cuestione. El plantearse si los negros, indígenas o gi
tanos de nuestros países participan en alguna medida en el poder del Es
tado en sus distintos niveles y aparatos, es una pregunta que para de uñas
1
Nosotros tratamos de movilizar el análisis del racismo a partir de las estructuras similares
a las castas, en las cuales incoa un modelo específico de jerarquía, y con ello, de conservación de
distinciones y separaciones. Así, nos resultó necesario revisitar a Louis Dumont, Homo Hierar
chicus, Aguilar, Madrid, 1970.
170 • Eduardo Luis Espinosa
a muchas personas o las pone a hacer gala de retóricas con las que no se
dice nada.
Cuando esa interrogante se hizo en Cuba entre las décadas de los se
senta y los ochenta, hubo activistas, intelectuales y académicos que fueron
a la cárcel, quienes perdieron su trabajo, quienes fueron a parar por una
temporada al hospital siquiátrico, y quienes salieron exiliados.2 Esa pre
gunta fue percibida por largo tiempo como una herejía contra la sacrosan
ta Revolución cubana, defendida a capa y espada por cuantas izquierdas y
derechas existen en el subcontinente.
La pregunta reapareció con tonos discretos después de Durban; no
obstante, el propio Partido Comunista años atrás (1986) tuvo que lanzar la
interrogante al darse cuenta de la baja composición de afrodescendientes
entre sus dirigentes a todos los niveles. El Congreso del Partido, en 2011, tuvo
que ceder a la presión mundial que venía de Durban y hacer un reconoci
miento integral de la existencia del racismo en la sociedad cubana, al tiem
po que ratificaba y extendía fuera de las instancias del Partido la necesidad
de un sistema de cuotas raciales (una especie de acción afirmativa). Esos
planteos quedaron entre los buenos deseos internos y la estrategia para el
exterior, para atraer a la apertura comercial con Estados Unidos, desde
donde se intensificaba el apoyo al incipiente movimiento negro cubano.
Igualmente, hay quienes se resisten a aceptar plenamente que el racismo
exista; se le relativiza, se le disminuye, se le resta importancia.3
El propio activismo negro no tiene una representación propia dentro
de los órganos de decisión ni los poderes en las distintas instancias le ga
rantizan entrar en una coordinación permanente, más bien al movimiento
negro se le tiene, por el gobierno totalitario, en una condición invisible ante
los principales medios de difusión y con la voz tapada frente a los micró
fonos de los foros abiertos de los órganos del poder estatal4 en páginas web,
a las que sólo pueden acceder los que tienen el privilegio de tener servicio
de Internet —un servicio por lo demás limitado, porque pasa por la cen
sura del régimen totalitario—. Recientemente, el escritor y editor Roberto
Zurbano señaló la gravedad del problema de un modo general en The New
2
El asunto es relatado en detalles por Carlos Moore, 1988.
3
Es elocuente leer a figuras centrales de la intelectualidad cubana haciendo todo lo
posible por negar la existencia del racismo en Cuba. Para eso una de las lecturas recomendadas
es Heriberto Feraudy Espino, 2015.
4
Es lo que nos ilustra Armando Chaguaceda, 2008, pp. 59-82.
No corta el bacalao • 171
York Times: los afrocubanos no son posesionados y mucho menos empo
derados para aprovechar los pequeños cambios económicos que se habían
producido en la isla.5 Mientras, el régimen político seguía inalterable, lo que
se podía augurar es que no habría que tener la esperanza de un presiden
te o altos funcionarios negros en el país por un largo periodo.
Varios intelectuales han señalado el problema de la baja composición
de afrodescendientes en los órganos de las tomas de decisiones del Estado
cubano.6 El planteamiento ha sido discreto. Estos autores, más en tono de
opinión que de análisis, tocaron sólo la composición del Comité Central y
de la Asamblea Nacional del Poder Popular. No hacen un examen de otros
órganos, ni examinan la materia a la que aquí nos acercamos, es decir,
los impedimentos, los obstáculos que impiden que los afrocubanos puedan
acceder a los aparatos de poder estatal en distintos órganos y niveles. Aquí
lo que queremos hacer es aproximarnos al tipo de análisis necesario para
entender qué es lo que está dificultando que el negro corte el bacalao, que,
nos parece, se debe a problemas estructurales del poder estatal en Cuba,
sobre los cuales damos una primera visión.
El punto de vista que aquí sostengo difiere del de otros autores. Se ha
planteado que hay problemas de tiempo atrás en el empoderamiento del
negro, su educación y socialización, impedidas por barreras sociales. Por
ello el negro no puede aprovechar las oportunidades, entre ellas la del acce
so al poder.7 Otros autores señalan las barreras sociales que se han genera
do con los prejuicios que se reproducen en la educación de la población
(en especial de las nuevas generaciones), con consecuencias para los
afrodescendientes.8 En sí mismo, el racismo existe porque está en la men
te de las personas, orientando una conducta que lleva a la exclusión del
negro, en medio de una falta de mecanismos educativos para contrarrestar
esa situación y en virtud de una difusión de símbolos parcializados de lo
que es la realidad del país.9 En ese tenor se nos señala que la folklorización,
5
Roberto Zurbano. Este breve texto de opinión generó muchos ataques por parte de la
intelectualidad (manejada por el gobierno) contra el autor. Parecía que el ciudadano que es
Zurbano no tenía derecho a expresar su idea al respecto del asunto, 2013.
6
Véase Esteban Morales, 2013.
7
Idem.
8
Rodrigo Espina Prieto, 2009, pp. 11-14.
9
Aquí se alude a la obra de Zuleika Romay (2014). La fuerza simbólica y legitimadora del
racismo desde las élites, pero también desde los subalternos, es muy importante para
entender su papel en la construcción de las relaciones sociales y los comportamientos de
172 • Eduardo Luis Espinosa
la sexualización y la criminalización del negro han sido tres componentes
que le han quitado una representación digna en la sociedad,10 es decir que
su representación no se asocia con la excelencia en las letras, las ciencias,
las artes, el conocimiento ni en la dirección de los asuntos públicos.
Estado totalitario y cacicazgos:
pasar por el colonialismo interno
Nuestro objetivo es tener un primer acercamiento analítico al racismo que
constituye el difícil acceso de los afrodescendientes cubanos a las institu
ciones del Estado, a las instancias que toman las decisiones de su país.
Hablamos de un primer acercamiento porque los datos que se tienen no son
suficientes para tener un panorama completo de la desigual presencia de
los afrocubanos en las distintas instancias de poder; ello porque no se
tiene una conceptuación de cuáles son realmente los aparatos del Estado,
o sus funciones reales en el proceso de toma de decisiones. Tampoco exis
te una caracterización de los agentes que toman las decisiones. Cada uno
de estos aspectos habría que colocarlos en el contexto del totalitarismo y
habría que comprenderlos en medio de una nación en la que subsiste la
“camaradería horizontal” de “comunidad imaginada”11 con la desigualdad
racial.
En el terreno erudito se sabe que el concepto tripartito del llamado Es
tado moderno no es aplicable al estudio especializado de los regímenes tota
litarios. En ellos el poder estatal radica en un control central que se vale de
una red única de relaciones entre sujetos cercanos, red que se expande por
instancias fragmentadas entre sí, para la evasión de las coordinaciones
entre actores. En esos regímenes los órganos paralelos a los poderes con
individuos y colectividades. Sin embargo, esa fuerza de lo simbólico no termina en ese nivel
particular de la sicología de la persona y el pequeño grupo. Es una energía determinante para
organizar la sociedad de modo real, encarna en los tejidos de la organización de esas relaciones
sociales y en los patrones que moldean la institución. Hasta se hace piedra en las calles y en
la arquitectura. Esa simbolización del racismo es poderosa sobre el individuo y las colectivida
des que mal se educan, porque ella se hizo organización de la enseñanza y la sociedad, porque
ella se convirtió en ministerio de educación, en ritos escolares, en murales y rincones patrió
ticos, y en libro de texto. También véase Zuleika Romay, 2015.
10
Carlos Uxó González, 2008.
11
Benedict Anderson, 1991.
No corta el bacalao • 173
vencionales, las parentelas de súbditos y las lealtades hacia líderes caris
máticos son factores muy importantes para determinar la institución de un
poder que ejerce una dominación tradicional, distinta de la racional (en el
sentido que lo conceptúa Weber).12 En ese tipo de sociedad —como lo es la
sociedad del Estado totalitario de Cuba—, una red de parentelas pueden
tener más importancia en el proceso de toma de decisiones que una asam
blea legislativa o los grupos moralizantes ser más efectivos que los tribu
nales. A veces los órganos represivos no actúan directamente; para ello
cuentan con piquetes de golpeadores que se asocian casi de modo informal
e instantáneo al aviso de una instancia formalmente represiva. Tomando
en cuenta esas particularidades de la organización del poder estatal en las
sociedades totalitarias, resulta conveniente examinar un tipo de organiza
ción estructurante del poder en América Latina que sea cercana al totali
tarismo, estructura en la base del mismo, como lo son los cacicazgos o
cacicatos: la organización del poder en una sociedad completa a través de
clanes.13
Esa estructura de cacicazgos guarda coherencia con la construcción
del poder en las condiciones del colonialismo interno; es característica de
sus élites indiferentes al relego de las minorías dentro del gobierno, sin en
trada a los altos cargos, sin participación, sin posibilidad de tener una gestión
con actores independientes, sin pronunciamiento y actividad propios de
circunstancia. Esas minorías, tal como si fuesen “colonizados en el interior
de un Estado-nación, pertenecen a [son clasificadas por el consenso colectivo
como] una ‘raza’ distinta a la que domina en el gobierno nacional y que es
considerada ‘inferior’ o, a lo sumo, es convertida en un símbolo ‘liberador’
que forma parte de la demagogía estatal”.14
La clasificación racial queda incorporada por una cuestión de distin
ción de la élite, cerrada sobre cacicazgos que cuidan entre unos y otros el
poder del Estado incontestado. Están envueltos sobre sus clanes y redes
de relaciones parentales y de confianza, las cuales cuidan con un celo fa
miliar el poder propio, poder que es asignado al Estado que tratan de pre
servar de los que se interpretan como excesos (o fallas) de la democracia,
el diálogo y los derechos ciudadanos, vectores de la vida política que pueden
acabar con el autoritarismo propio y el totalitarismo del Estado. El servicio
12
Max Weber, 1997.
13
Concepto tomado de Marshall Sahlins, 1972.
14
Pablo González Casanova, 2006a, p. 410.
174 • Eduardo Luis Espinosa
de confianza y lealtades de los cacicazgos se simboliza con interpretacio
nes somáticas. Con ello, la cuestión racial queda inscrita en los intersticios
del colonialismo interno, racismo que quedó “espontáneamente incorpo
rado” en “la personalidad colonialista” en virtud de un tejido de “actitudes
adscritas al trato con los individuos según el lugar que ocupan en la esca
la social, y en la deshumanización del colonizado”.15 Si seguimos a González
Casanova, el racismo es parte de una “etiqueta complicada, que parece
constituir una de las estructuras más sólidas de la personalidad colonialista”.
En ese formulismo se expresan las convenciones sociales y las lenguas de
la jerarquía social, paralelas a conductas y reflejos aprendidos desde la
infancia; entreveradas en la imbricación de los gestos y las palabras, en un
paso simultáneo por la corporalidad, el espacio, el tiempo y la palabra; na
turalizadas en las formas más comunes de la interacción entre la gente, tal
como aquellas “humillaciones” que se hacen hábito en la convivencia.16
Con esa etiqueta social, con ese formulismo, los clanes de los cacicaz
gos y sus redes llevan a separar en una sinécdoque su exclusiva participa
ción parental y social del poder del Estado con respecto a los que son
de otra filiación, de otras alianzas parentales, de otros rasgos somáticos, de
otros ancestros, y por lo tanto, de otra raza. Son aquellos a quienes la élite
cree que ha podido liberar, a quienes cree que le ha hecho el paternal favor
de ayudarlos a reivindicarse, incluso, a quienes cree que ha llegado a ayu
dar para que alcancen la categoría de persona. Esos racializados, que son
negros, indios o cercanos a ese origen étnico, también se cree que se les
ha liberado de la dura y capacitada responsabilidad de llevar la dirección
de la sociedad.
El concepto de cacicazgo, ubicado dentro de la noción del colonialismo
interno, permite —en nuestro caso— detectar una estructura al servicio del
poder de un Estado totalitario, en la que se puede identificar la dificultad
del afrodescendiente para formar parte de quienes le hacen el demagógico
favor de ayudarlos, de liberarlos: de excluirlos de los puestos directivos
del Estado —dicho así, sin la inversión ideológica de la liberadora dema
gogía nacionalista—. El concepto de cacicazgo nos da paso a entender
la fuente de donde mana, en este caso, la simbolización del prejuicio y la
discriminación:
Pablo González Casanova, 2006b, p. 196.
15
Ibidem, p. 195.
16
No corta el bacalao • 175
El racismo es una forma de discriminación fundada en prejuicios por facto
res somáticos (color de la piel, textura del pelo y fisionomía). Sus estereo
tipos completan su sentido con esquematizaciones y desvalorizaciones de
grupos completos de la geografía cultural por su origen, ancestros y pro
cedencia territorial. Esas representaciones toman contexturas a través de
sintagmas que reducen en una cadena de signos el cuerpo del racializado.
Esa conexión en la mentalidad social, vincula esos signos para la evocación
del cuerpo de los denigrados; cuerpo sugerido con la invisibilidad y la natu
ralización del desprecio; con las atribuciones de inferioridad y peligro; y con
la ausencia de los derechos con que se les contempla como grupo social.17
Una de las cosas que hace más difícil la discusión racial, en el caso cu
bano, es la fuerte convicción de que la desigualdad racial (cuando se le acepta)
está engranada como una sólida transculturación de “camaradería horizon
tal”. Esa oposición funciona —si lo decimos de nueva cuenta con palabras
de González Casanova— como un “símbolo ‘liberador’ que forma parte de
la demagogia estatal”, cuando se apela a ella para cancelar el debate, el
diálogo en torno a los problemas de desigualdad, que, entonces, pretende
minimizar.
Lo transcultural se revela en un hondo y tradicional sentido de igualdad
entre ciudadanos con iguales derechos y deberes, que se expresan en el
sentimiento de pertenencia a la nación. Se registran variadas formas de
cooperación e interacción para intervenir en asuntos de interés público. En
el caso cubano se trata de una ciudadanía que tiene el conocimiento que le
indica que proviene de una historia en la que se dio una mixtura del com
ponente cultural español y el africano en una tradición nacional única. Se
posee la instrucción necesaria para saber que esa síntesis cultural emergió
en las circunstancias del colonialismo y la esclavitud, que fue imprescin
dible luchar por la abolición de la esclavitud, los derechos civiles de los
afrodescendientes y el cese de la violencia racial y la segregación. En par
ticular, se puede ubicar en Cuba a la población afrodescendiente con el más
alto nivel promedio de educación y salud en América.18 En las áreas laboral,
educativa y militar se formulan las mismas condiciones básicas que hablan
de no hacer distinción por raza.
17
Eduardo Luis Espinosa [ele], 2015.
18
Registrado por Mark Q. Sawyer, 2007, p. 93.
176 • Eduardo Luis Espinosa
Sin embargo, cuando en el país la problemática del racismo se saca de la
“zona de silencio”, se percibe que hay “zonas negras” de la sociedad sepa
radas de esferas blancas de residencia y trabajo, como si fuesen islas aparte
en medio del régimen de igualdad y justicia social. Se ha atribuido a lo largo
de los siglos que hay espacios donde los negros están en mayoría y se les
representan como si esos fuesen los lugares que les corresponden para
estar en la sociedad. Esos son los ámbitos con mayor desventaja para la
vida cotidiana. A los negros se les ha determinado para padecer obstáculos
sociales en diferentes áreas de la vida nacional: en el Poder Ejecutivo y
sus órganos; en las empresas mixtas y en los tratos con inversionistas
extranjeros; en segmentos determinantes del ejército y los cuerpos de in
teligencia; en rubros completos de la academia, la labor tecnológica y la
cultura; en enclaves sensibles de los medios de comunicación y en la trans
misión de información; en el conjunto de persuasiones, imágenes e ideas
difundidas dentro de la educación nacional, así como en el contexto de la so
cialización que despliegan las llamadas organizaciones de masas. Los es
tudios sociales en el último cuarto de siglo han localizado prejuicios muy
arraigados en la población, los cuales restringen la “camaradería horizontal”
y acrecientan tensiones en la vida: oposición a los matrimonios interraciales;
modalidades corporales, sociales y culturales de prácticas de blanquea
miento; el rechazo de los afrocubanos en las relaciones interpersonales.
Cacicazgo y racismo
El Estado cubano tiene una trayectoria totalitaria de siglos, con pequeños
episodios democráticos. Los poderes tripartitos (legislativo, ejecutivo y judi
cial) no configuran ni todos ni los más importantes aparatos del poder.
Los aparatos represivos se salen de la participación ejecutiva para ser órga
nos dotados de una fuerza y autonomía determinante en la sociedad. Para
empezar, no rinden cuentas a las instancias tripartitas. Están representa
dos en todas ellas, con uniformados, reservistas y con agentes e infor
madores que tiene infiltrada la Seguridad de Estado, que es el órgano
represivo por excelencia. Ésta orgánicamente parece subordinarse al Mi
nisterio del Interior, pero es sabido que no tiene más jefe que el alto mando
de líderes del país.
No corta el bacalao • 177
Existen los aparatos auxiliares (grupos de choque, grupos de apoyo y
grupos directivos de la economía mixta). Los primeros son grupos repre
sores o de tareas que implican el enrolar gente bajo coacción o por medio
de un alto nivel de persuasión o lavado de cerebro. Los grupos de apoyo
ayudan a los niveles más altos de dirección a resolver problemas prácticos
fuera de la ley y de cualquier directiva vigente. Los grupos directivos de la
economía mixta son un personal directivo de nacionales instalados en las
empresas con corporaciones o capital extranjeros. Eso es pactado con esos
socios extranjeros, a quienes les conviene que el “gobierno les cuide el ne
gocio”, con beneficio compartido entre el Estado nacional y el empresario
extranjero, mientras el gobierno dirige la ganancia del modo que entiende
más conveniente. No obstante, todos esos aparatos están copados por una
extensa red de cacicazgos, parentelas y grupos de amigos instalados en el
poder a lo largo de las décadas. Tanto los grupos de apoyo como los de la
economía mixta emergen de entre la Seguridad del Estado, por cuya selec
ción y ojo fiscalizador tienen que pasar.
Cuéntese además otro componente del Estado: las organizaciones po
líticas, de masas, sociales y profesionales. En orden sería el partido único,
el Comunista, con su organización juvenil; las organizaciones de vecinos
urbanos, la de campesinos, los sindicatos; las organizaciones de mujeres; la
unión de periodistas y la de escritores —uniones únicas en campos de tanta
diversidad de la opinión—. Es en esas organizaciones y en los aparatos
auxiliares donde los afrodescendientes se observan en mayor número y
nivel de nombramiento, también en algunos aparatos auxiliares y en las
asambleas legislativas (en especial su proporción aumenta en algunas asam
bleas provinciales y municipales).
El conjunto de cacicazgos, con su naturaleza clánica, son lo que en Cuba
se conoce como nomenclatura o nomenclatura política, a la cual el nativo
identifica con facilidad con diversas denominaciones alusivas a la distribu
ción del poder, dígase, la nomenclatura representa para el nativo la gente que
corta el bacalao, un conjunto de sujetos donde no abundan los negros. Cual
quiera sabe que es una construcción social no-democrática y sólo cuando
alguien (por lo general un sujeto ilustrado) quiere demostrar la superiori
dad de una supuesta democracia cubana, omite la existencia de la nomen
clatura y se refiere sólo a los aparatos del Estado. Pero lo más común es lo
contrario. El nativo ve continuamente a la nomenclatura, la vislumbra siempre,
178 • Eduardo Luis Espinosa
sabe dónde está, actúa en relación con ella y a ella se dirige. La percibe como
una instancia de poder excepcional e incontestada y, a la vez, dispersa por
todo el cuerpo de la sociedad, focalizada en grandes líderes, pero integrada
por personas que están por todas partes y cuya confianza política con los
más prominentes líderes del país llega a una confidencia de secta. Ve a la
nomenclatura como gente que está instalada en el poder, con vínculos de
parientes y otros nexos cercanos entre sí, pero a la vez distantes y exclu
yentes con el común de los mortales, con lo cual a la nomenclatura se le
representa como si fuese una casta.
Dicho en un sentido ético y analítico, la nomenclatura es, en su sentido
restringido, una élite del poder; en un concepto más amplio se constituye
por redes sociales y conjuntos de acción de parientes, amigos y allegados;
un sistema de clanes cónicos extendidos, dependientes de cabecillas de la
élite.
Ambas acepciones son complementarias. En la primera se trata de la ca
marilla de líderes políticos que toman las decisiones nacionales con la parti
cipación de personal muy selecto que deciden incluir y con la consulta que
realizan a partir de la información que suministran las redes y conjuntos
que se articulan en los clanes de cada cabecilla. Así, podríamos decir que el
motor del Estado, la capacidad de toma de decisiones, ha estado en manos
de élites clánicas, que parecieran aproximarse a la configuración de un sis
tema de castas en el país. Esa élite y sus clanes extendidos están metidos
en todos los aparatos del Estado, repartiéndose lugares de dirección en cada
una de las esferas de los órganos del Estado a todos los niveles (sin que una
esfera quede monopolizada por uno clan o por unos pocos de ellos). Entre
los puestos codiciados también están aquellos que enumeramos en orden
de jerarquía en lo que es el personal asistente de las funciones directivas:
jefes y ejecutores de asuntos de confianza, asesores, especialistas, instruc
tores y capacitadores, empleados de oficina, personal auxiliar y trabajado
res manuales.
Los puestos sobrantes de dirección o de asistentes son los que quedan
vacantes para el público en general que aspira a esos empleos. En cuanto
a las funciones de poder, la entrada a los nombramientos es más regulada
públicamente en el caso de los aparatos legislativos, porque la elección de
diputados es a la vista de todos. Pero también, ante los ojos de cualquiera,
la élite lleva sus candidatos como la gente que propone la instancia muni
No corta el bacalao • 179
cipal del partido para ese nivel y los de orden superior. Lo mismo sucede
en el caso de las organizaciones políticas, de masas, sociales y profesiona
les, pero donde las élites ya tienen personal colocado durante años, haciendo
méritos para ser promovidos en las elecciones internas de esas organi
zaciones tan pronto sea necesario. Con la excepción de la Seguridad del
Estado, que es el cuerpo represivo de inteligencia de la élite, los clanes no
suelen tener preferencias por los grupos represivos o de choque, de apoyo
o auxiliares de la economía mixta.
Precisamente donde a las redes de parentelas y conjuntos de acción de
la élite no les interesa ubicarse es donde se observa mayor composición
racial oscura. Un informante mulato, que había viajado en calidad de músico
por varias partes del mundo, me decía que cuando estaba en algunas ofi
cinas de corporaciones mixtas, se sentía de nuevo en Suecia o en Finlandia,
rodeado de blancos por todas partes: “no había ni un negro para servir el
café”. Pero que cuando iba a los campamentos del ejército o a los grupos
de apoyo para obras de la construcción: “allí sentía que por cualquier lugar
saldrían los caníbales [en alusión a los negros]”.
Es hacia esos espacios, que no son los elegidos por la nomenclatura,
donde se pueden abrir paso los afrodescendientes. Sin que tengan mucha
posibilidad de moverse hacia otra posición. Pero en el interior de cada uno
de esos hombres y mujeres de tez oscura, la limitada movilidad social ge
nera mucha frustración, muchos deseos insatisfechos en lo que a colo
cación se refiere. Es algo que no pueden resolver porque aclarar su color
de piel es imposible. Uno de los recursos más socorridos en el blanquea
miento cultural es el alto sentido de lealtad a jefes (de la nomenclatura o
próximos a ella) a la espera que ellos le mejoren la posición en que se
encuentran, una posibilidad que llega a veces a darse después de largos
años en el ejercicio de funciones para el poder del Estado. La frustración
y la lealtad al jefe hoy se hacen parte de la naturaleza de aquellos emplea
dos públicos que pasan de los 30 años y que ven mermadas sus posibi
lidades de migrar. Ya hay algunos más jóvenes que se ubican en la conve
niencia de permanecer en el país por razones familiares o patrimoniales
y se hacen de esos dos sentimientos negativos, que sólo traen como con
secuencia la merma de las capacidades creativas y de cualquier acción
independiente.
180 • Eduardo Luis Espinosa
En su sentido amplio, la nomenclatura como élite deriva desde sus ca
becillas clanes extendidos. Alrededor de cada líder en su funcionamiento
dentro de la vida política se aproximan grupos de parientes y familiares y
por extensión una pléyade de otros clientes suyos en las funciones políticas
que son tomados como sus apadrinados: amigos, camaradas, vecinos y
simpatizantes.
En ese amplio círculo predominan familias y parentelas blancas, donde
por largas generaciones han existido barreras para contener la homofilia
ción, para favorecer el blanqueamiento, para regular el contacto mixto con
los estigmatizados como afrodescendientes: evitar la convivencia en privado
con ellos; sustraerse hasta donde sea posible de extenderle invitación a
ellos para que los acompañen en convites privados; prescindir de la visita
a sus casas y círculos festivos; eludir el apadrinamiento de alguno de ellos.
Las familias e individuos negros metidos en la nomenclatura o con aspira
ciones a entrar en su círculo no tienen otra posibilidad que blanquearse,
adoptar ellos esas barreras aunque lo hagan con discreción y con algunos
conflictos interiores. Quizá una proyección esquemática y de carácter duro
para con su propia negritud y para no evidenciar la discriminación racial,
es una especie de mecanismo de autoprotección psicológica y socializadora
que se observa particularmente entre afrodescendientes que han ingresado
a la nomenclatura. En especial lo he podido constatar entre oficiales del ejér
cito y la policía, quienes buscan una socialización como marcan esas barreras,
pero a la vez intentan que ellas no afecten a sus familias y que sus hijos
elijan parejas blancas.
En la última década esas barreras se han hecho más fuertes y segre
gacionistas, porque hay círculos de la vida pública que están marcados por
la blanquitud, por la presencia predominante de blancos y a donde a pocos
negros les resulta difícil llegar. Nadie los excluye, pero toda la socialización
los ve con rareza, con curiosidad malsana, con aversión o con la simple pre
gunta de “qué hacen éstos aquí”. Esos lugares son la enseñanza univer
sitaria; algunos politécnicos y preuniversitarios; los clubes festivos; los
lugares de moda para que los jóvenes alternen; las áreas del patrimonio
cultural habilitadas para amplios públicos; museos, teatros y otros lugares
de interés cultural; festivales (incluidos algunos de los más tradicionales que
se celebran en las casas de cultura), y los restaurantes y hoteles con un
mínimo de excelencia (con un mínimo de tres estrellas).
No corta el bacalao • 181
Esto ha producido un efecto muy complicado de reordenamiento sim
bólico del negro hacia el fondo del espacio, de enviar al negro a lo menos
visible, oscuro y recóndito de los espacios. Ello va alterando la composición
racial de los empleos directivos en esos ámbitos donde las barreras han cre
cido, donde “el negro es mejor que esté en la cocina o en la última mesa”.
Así me decía un director de casa de cultura, blanco, salido de una de esas
familias de la nomenclatura (“sin las cuales no es posible escribir la historia
de la cultura cubana”, así decían de sus padres y parientes a un periodista)
que cuando llegan las ocasiones para eventos a los que asistirá un público
exclusivo (tanto nacional como extranjero), él prefiere “poner en el lugar
correcto” a los negros (sean empleados o gente del público).
Esas barreras de la socialización, funcionado con una nomenclatura con
un creciente perfil como casta, traen varias consecuencias: se despierta una
insensibilidad y desconocimiento de la problemática de vida de los afrodes
cendientes; falta un conocimiento vivencial de lo que pasan los afrocuba
nos; se enfrían las relaciones interraciales llamadas “cordiales”; los afrocu
banos empiezan a tener menos preferencia por los puestos de dirección y
el servicio público en general, mientras que aquellos que conservan esa
vocación parecen desarrollarla con menos iniciativa y creatividad.
Dificultad de acceso
A los ciudadanos ordenados en las categorías sociales de piel oscura se les
aprecia en la participación en muy diversas actividades de la sociedad.
Los datos y las observaciones los colocan como parte integrante de las
distintas realizaciones sociales en diálogos con sus pariguales, facilitado
por los niveles educacionales conseguidos y por el saberse parte de una
historia y cultura común, de mestizajes y colaboraciones. Sin embargo, ¿qué
les dificulta tener acceso a las direcciones del Estado? Parecería haber algo
en esa sociedad transcultural de camaradería horizontal, que está generan
do una desigualdad racial en la materia de oportunidades de los afrocuba
nos para acceder a la tríada de la toma de decisiones: su elaboración, le
gitimación y ejecución. Es ahí donde se cierra la posibilidad de acceso a los
afrodescendientes sin que los intelectuales del debate cubano identifiquen
que es en esa fineza del proceso de toma de decisiones donde la puerta se
182 • Eduardo Luis Espinosa
le cierra al negro. Para dar con lo que obstruye su entrada a dicho proceso,
hay que tener la agudeza de visión sociológica para entender que el agente
social que controla el susodicho proceso es una élite, la élite política del país.
Lo más probable es que por la manera en que esa élite está construida y
actúa, ella cierra para los afrodescendientes, de un “modo no-deliberado”,19
las posibilidades de acceso a las instancias del poder.
Se acentúa ese carácter de casta de la nomenclatura en ese ambiente de
circulación cerrada de la gente de los clanes por la esfera política del Estado,
donde cualquier sujeto ligado a un clan tiene superioridad no sólo sobre un
simple ciudadano, sino también sobre cualquiera que no tenga esos lazos
de filiación o alianza (aunque sea alguien del aparato formal del Estado). Esa
cerrazón y supremacía de casta las refuerza el factor racial, clanes donde
predominan las personas blancas, la falta de sensibilidad y de comprensión
de la problemática de la discriminación de la afrodescendencia, junto con una
estructuración clánica poco permeable a las relaciones más inmediatas,
públicas y privadas con los negros.
La transculturación, el mestizaje y la mezcla racial son para un agudo
observador procesos que suceden de modo real en la vida del país, pero de
manera imaginaria en la interioridad de los clanes cónicos y en el dominio
que ellos tiene del aparato del Estado. Ellos hacen eco de la difundida vir
tud de esos procesos, pero no la pueden practicar a los efectos de su con
servación de clan porque son procesos que ellos no viven. La conservación
del clan no es racista de por sí, pero conlleva la exclusión de los afrocubanos,
con quienes se tiene contacto muy regulado. No predominan en las alian
zas. Se busca aclararlos desde el punto de la filiación. No son los más in
vitados a las residencias de los clanes ni los más invitados por la gente de
la nomenclatura. Con ellos “de la puerta hacia fuera” en el plan formal, y
cuando los seres clánicos llevan una relación vivencial y de interacciones
más inmediatas, lo hacen suceder de una manera oficiosa y algunas veces
paternal. No se le toma como una relación entre iguales cuando se pasa al
plano informal.
Las opciones del negro para acceder al Estado son dos: por la vía de la
estructura formal (sobre todo por sus resquicios democráticos) o por la vía
de los aparatos represivos y los aparatos auxiliares (grupos de choque,
19
No existe una acción deliberada por parte del Estado, más bien es la reproducción de
circunstancias culturales lo que le vincula con el racismo, tal como nos plantea Jorge I. Do
mínguez, 1988.
No corta el bacalao • 183
grupos de apoyo y grupos directivos de la economía mixta). El negro es
interpretado en esas opciones con algunos prejuicios. Hay una inclinación
simbólica a percibirlo como un advenedizo, tutelado, “chivato”, “esbirro”,
“capataz”, “malicioso”, “represor”, “tracatán”, “guatacón”.
Esa misma impronta significativa marca al afrocubano en su entrada a
la economía mixta. En ésta, el acceso es acompasado, gradual y tortuoso
por la falta de vínculos clánicos que atraigan al negro a su interior. Pero al
producirse su llegada a ese círculo cerrado, las significaciones prejuiciosas
siguen operando. Varios informadores afrocubanos que con frecuencia
viajan al exterior, tienen en sus historias de vida los datos de que han re
nunciado a puestos de trabajo en la economía mixta para dedicarse a la
segunda economía o al sector informal. Ese cambio pareciera ser desven
tajoso, es el paso de un empleo con un mínimo de estabilidad en la contrata
ción a otro que no la tiene y que pudiese estar al margen de la ley. Sin em
bargo, los informantes dichos ven ese cambio como algo preferible.
Todos ellos revelan que el empleo en la economía mixta los coloca,
como negros, en una posición por debajo de su nivel profesional y con muy
baja consideración en lo personal, aunque tienen ingresos superiores a los
que tiene el nativo mejor pagado: “pero tienes que vender tu dignidad como
persona de color”. Una situación de desvalorización que se ha dado por
la presión de los prejuicios que deben soportar en las relaciones interper
sonales. Algunos negros han preferido la posibilidad de dedicarse al co
mercio informal, que puede llegar al paso trasnacional de los comercios
jineteros y la exportación-importación de pequeñas cargas de mercancía.
Los datos de su trayectoria por los empleos en la economía mixta revelan
que esos empleos fueron usados por ellos como trampolín para posicio
narse mejor en la economía informal, sobre todo para encontrar vínculos
con extranjeros y posibilidades de traslado hacia el exterior del país. Al
verificar este asunto, la otra sorpresa que encuentro es que ellos me con
ducen hacia los relatos de otros afrodescendientes que de igual modo han
abandonado la economía mixta, en una proporción de uno por tres. Es decir,
por cada afrodescendiente que he constatado en ese caso, cada uno de
ellos me trasmite el relato de vida de otros tres en la misma circunstancia.
Hemos constatado pocos casos —pero muy significativos— de personas
afrodescendientes que por alguna experiencia racista se han rehusado a
tomar las vías de acceso a puestos o colocaciones dentro de aparato formal
184 • Eduardo Luis Espinosa
del Estado, o que al cabo de cierto tiempo han dejado ese aparato. Les resul
ta difícil un ambiente en el que no se piensa en la problemática negra —es
pecialmente en los últimos años—, cuando ésa es su problemática propia.
Ven con dificultad su desempeño público. El negro en esas circunstancias
tiene que saber manejar las expresiones de sobrecompensación y los recla
mos de conformidad que se esperan de su persona: “es asfixiante el hecho
de que tienes que soltar el bofe trabajando [hacer un esfuerzo mayor que
el de cualquier otra persona] porque tienes que demostrar que eres un
negro que está agradecido y contento con el puesto que tiene”.
Dentro de los poderes tripartitos y en las organizaciones políticas y de
masas a todos los niveles, pero sobre todo en las instancias municipales,
los directivos negros parecen estar en las condiciones más desventajosas
para el ejercicio de su actividad. Los datos al respecto el Estado los man
tiene sin registro, para no dar una cuantificación de la desventaja. Las
distintas observaciones al respecto reportan que hacia los municipios se
concentran los directivos negros, a los cuales se ve en menor cantidad en
las oficinas provinciales y nacionales. El personal que ayuda a las labores
directivas o que ejerce en jefaturas menores a nivel municipal parecieran
ser, en varias áreas del país, gente de las clasificaciones sociales más oscu
ras y gente que vive en lugares donde hay una fuerte impronta de pobreza.
Así lo han referido a lo largo del tiempo varios directivos del área de
cuadros de la Unión de Jóvenes Comunistas, de la Central de Trabajadores
de Cuba, de algunos ministerios y del Poder Popular. Ellos refieren que a
sus oficinas pueden llegar personas recomendadas para ser empleadas en
mejores puestos y con condiciones de trabajo más satisfactorias, pero al
que llega sin esa recomendación, enseguida lo mandan a las áreas “donde
nadie quiere ir”, donde hay mucha presión porque “se trabaja con gente que
se siente molesta”, con personal “que se la pasa robando hasta el papel
que se tiene en la oficina”, transitando por “barrios llenos de delincuentes
y con muchas jodiendas”. Uno de los especialistas de cuadro consultados
—señor ya jubilado, con una experiencia desde 1983 y hasta 2011— me
dice que para ese tipo de trabajo tan difícil, con “individuos tan conflictivos
y en lugares con tanta miseria”, muchas veces entre los cuadros a emplear
se tomaban a los no-recomendados. Dentro de ellos se solía elegir a “ne
gros, mulatos, jabaos, capirros [denominaciones de los afrodescendientes]”.
También optaban por los sujetos “que viven en las barriadas más malas […]
No corta el bacalao • 185
donde hay más negros y más pobreza”. Se supone que son gente que va a
“saber comportarse ante las dificultades” en las que se van a ver. Ese especia
lista de cuadros, después de muchos años de vivencias directas empleando
cuadros directivos, me trasmite su idea del asunto: piensa, como muchos
colegas suyos (incluidos afrodescendientes), que “no hay peor cuña que
la del mismo palo”. Esos negros en funciones de dirección en lugares tan
difíciles y en condiciones de trabajo tan malas, van a terminar desplegando lo
que se cree que ellos en su medio familiar y de vivienda han aprendido de
la pobreza y los conflictos.
Se tiene la percepción de que los servidores estatales negros apare
cen en los puestos más difíciles, de relaciones con público insatisfecho;
en lugares donde se necesita más vigilancia directa de cosas y personas; en
las esferas del Estado en las que se reciben salarios desfavorecidos o pre
bendas exiguas (que pueden llegar a tomar la forma de favores o de dádi
vas); en sectores estatales con menor desarrollo tecnológico; con pocas
posibilidades de competir para convertirse en rubro exportable o de atrac
ción para inversiones. Con una foto de su grupo de trabajo varios años
atrás, un informante ya jubilado me relataba de cuando un alto líder del
poder estatal les pidió que estuviesen en sus puestos de trabajo como cua
dros revolucionarios de un sector deprimido de la economía. Aquel dirigente
ensalzó a mi informante y a sus compañeros con consignas, halagos, di
plomas y unos cuantos regalos: “Nos dijo que nosotros éramos un ejemplo
del sacrificio en favor de la Revolución. Pero cuando usted ve alrededor [mos
trándome la foto] todos los sacrificados (con la excepción de dos compañe
ros) éramos negros y mulatos. Los blancos eran nuestros jefes, estaban en
mejores condiciones [dentro del propio centro de trabajo] o eran las perso
nalidades que aquel día estaban en la tribuna”.
Los trabajos de alta especialidad dentro de los órganos tripartitos están
bajo una selección racista. Se trata de puestos que requieren capacidades
profesionales muy específicas de generación de conocimiento o de una ex
perticia técnica, científica o humanista para asesorar o participar en la toma
de decisiones. La ocupación de esos puestos que requieren capacitación
técnica o profesional especializada dentro del aparato de Estado no está
sujeta a competencia, más bien obedece a una selección clánica y eso abre
la puerta a la discriminación racial y a los mecanismos simbólicos de su
acción excluyente. Esto sucede tanto en el aparato formal del Estado como
186 • Eduardo Luis Espinosa
en los puestos de la economía mixta. En ambas esferas hay una circulación
cerrada de la nomenclatura. Con ello, los puestos que necesitan capacida
des de expertos han estado copados del pasado al presente y ya están
comprometidos para el futuro. Los afrodescendientes, al no ser predomi
nantes entre los clanes y no tener posibilidades para competir, se quedan
fuera de esos puestos o asesorías.
Existen a la luz pública listas de sucesión de cuadros técnicos y de
especialistas, elaboradas de manera oficial. Entre esas listas de las llamadas
reservas de cuadros, que señala claramente a quién le corresponde ser el
sucesor en un puesto de dirección en el aparato formal del Estado, consi
derando también los puestos técnicos o que requieren alta especialidad. Se
sabe —sin que sea secreto— que los sucesores de las plazas con el perfil
especializado que hablamos están entre un paquete muy corto de personas
de la nomenclatura, de las parentelas extendidas por el poder. Se tienen
puestos donde se cuentan dos o tres personas en el país para que puedan
darle continuidad al desempeño de quien lo está ejerciendo actualmente
—una paradoja en un país que ha alcanzado tan altos niveles de educación—.
En los aparatos formales del Estado y las empresas mixtas hay prácticas
de reclutamientos ideológicos de personal para que ayude a los especialis
tas instalados en los puestos, a sus técnicos y a sus asesores, sin que estos
reclutados reciban aunque sea una subcontratación. Al afrocubano que
aparece en esa lista de privilegiados, seleccionado como posible sucesor o
como un enrolado sin contrato, se le contempla con el doble mérito del
negro que ha llegado a ser alguien, del sujeto que se ha blanqueado.
La educación superior con criterios no profesionales, ya marca desde
las aulas o a la salida de las carreras a quienes sí pueden desempeñarse
en esas ocupaciones que participan en el poder. Esto se hace por la influen
cia de la Seguridad del Estado en las universidades, señalando hacia quié
nes son el personal de confianza, quiénes son los formados como parte de
la casta superior y quiénes no. Incluso la propia academia, copada por in
tegrantes de los clanes de la nomenclatura, se ha abroquelado para no
permitir que en ella se instauren mecanismos que faciliten que los “hijos de
vecino” desarrollen temas que el Estado considera estratégicos (por ejem
plo el tema del racismo); para no facilitarles a esos sujetos “del montón” las
posibilidades de obtener información especializada; para bloquearles a
esos “hijos de nadie” la promoción, la movilidad y la premiación de su labor.
No corta el bacalao • 187
Ha permanecido en silencio la exclusión de los pobladores negros de
las más altas funciones especializadas en el Estado. Los participantes en el
debate racial en Cuba, por lo general artistas y escritores, no han señalado
este ángulo de la falta de empoderamiento de los afrodescendientes. Esos
polemistas y los académicos no han percibido el asunto, y donde han tenido
alguna observación que los acerca al problema no han sido capaces de es
tructurar una formulación reflexiva. Al mismo tiempo, parecen estar nega
dos a preguntarse por un fenómeno así, porque es como preguntarse por sí
mismo, por saber de una discriminación que los incluye a ellos en calidad
de racializadores y racializados.
La circulación cerrada de la nomenclatura por las áreas desde donde
ella garantiza su patrón de élite del poder totalitario, no incluye una amplia
representatividad de afrodescendientes. Ellos por esa falta de rotación y
movilidad quedan igualados a sectores de la población para quienes las
decisiones y el control son asuntos ignotos, que sólo se sabe que provie
nen de una fuente de dominio sobre sus vidas; una instancia incontestada,
ubicua y extendida por todas partes, hasta por el plano informal de sus
vidas en las que ellos penetran y se ven penetrados por las jefaturas del
Estado, sus auxiliares, agentes, simpatizantes y espías. Esos sectores perci
ben a la nomenclatura justo como lo que ella es y la contemplan tal si fuese
una casta superior. Pero la propia nomenclatura se percibe a sí de esa ma
nera. Sus integrantes se sienten privilegiados. Se interpretan a sí mismos
como la gente blanca de la sociedad, o creen ser el afrodescendiente que
se ha blanqueado, o que “hace las cosas como los blancos”. Creen que han
llegado a su estatus de poder por hacer lo correcto no sólo en el plano de la
integración política al régimen, sino también en el punto ético. Valoran que
se han juntado a la gente de buenos principios en toda su amplitud. Esas
cualidades, dígase lo correcto y lo bueno, son de esas cosas que en la men
talidad colectiva se les atribuyen a los blancos.
Un negro dentro de ese ambiente de gente empoderada o que busca
proximidad a ese clan del control total, tiene que desmovilizar su negritud,
para entrar a ser apreciado por correcto y bueno. La negritud de un modo
u otro es tomada en tanto un rasgo inferior de la persona. Es una desventaja
a superar por todo lo que la mentalidad colectiva le atribuye: complejo,
atraso, mala percepción, poca herencia de valores positivos, origen conflic
tivo, etcétera. El negro dentro de ese mundo de la nomenclatura, para soste
188 • Eduardo Luis Espinosa
nerse cree que debe tener una fuerte dosis de conformidad con todo
aquello que lo va a poner a prueba, o con las fuerzas que intentarán sacarlo
del círculo selecto. Necesita de una alta dosis de mímesis para recibir el
influjo de lo que se tiene modelado como la imagen de la vida los blancos.
Esa imitación va más allá de los asuntos de trabajo, trasciende a las cosas
de la vida.
Los afrodescendientes, entre más oscuros de piel y más cercanos sean
a los ambientes estigmatizados, tienen que demostrar más capacidad y
pasar mayor número de obstáculos para ser aceptados en la nomenclatura
o en su antesala. A los afrocubanos que llegan a formar parte de la estruc
tura formal del Estado, aunque no queden integrados en la nomenclatura,
se les presenta por su gran hazaña para destacar en las tareas de proyectos
nacionales muy relevantes. Esa participación excepcional por sus esfuer
zos y entrega ha sido vista como la posibilidad de arribo del negro a los
altos niveles políticos.
En el caso de los negros, los héroes de la patria, los héroes nacionales
y las personalidades relevantes se considera que han venido de alguna gran
epopeya patriótica (la lucha armada Revolucionaria, sus campañas, sus
movilizaciones, las operaciones de su ejército, sus misiones internaciona
listas, las tareas especiales asignadas por el gobierno). Nunca emergen del
quehacer del ciudadano normal que todos los días se destaca por su con
tribución a la sociedad. Tampoco emergen de la dedicación de quien hace
esfuerzos extraordinarios en tareas menores. Mucho menos se considera
algo correcto que el afrodescendiente destaque por su actividad indepen
diente como ciudadano negro que busca la reivindicación de raza. De ahí lo
sumamente castigados que desde los años sesenta hasta la fecha se han
visto aquellos racializados que se han insertado en alguna acción indepen
diente del Estado como parte de colectivos por la igualdad racial y la autono
mía del negro, por la independencia del afrodescendiente como un agente
específico de la sociedad civil para representarse ante el Estado y dentro
de él, con sus propios problemas y motivaciones. No han sido colectivos
contrarios a la naturaleza de un Estado-nación, ni han sido peligrosos para
la vía del socialismo. Se han manifestado como grupos de difusión de ideas,
iniciativas artísticas y organizaciones de debate, con una composición
multirracial. En busca de un diálogo abierto y satisfactorio con los líderes
de la nomenclatura, en el plano de la búsqueda de un reconocimiento como
No corta el bacalao • 189
ciudadanía más cultural que política. Sin embargo, hasta hoy se les ha
arrinconado, se les ha estigmatizado o se les ha reprimido.
La inserción o cercanía del negro a la nomenclatura marca un camino
contrario a la doble conciencia que señala Du Bois. El negro tiene que re
nunciar a ser afrodescendiente, pero también tiene que dejar de ser un ciu
dadano, para ser un militante nacionalista y tan socialista como el régimen
totalitario. Sin embargo, una vez que ha hecho sus dos primeras renuncias,
tiene que proyectarse como un individuo extraordinario. Simultáneamente
se le exige ser una excepción política y una excepción racial. La puja por
rondar las oportunidades de crecimiento económico, social o profesional
es para el negro una carrera de obstáculos de las tantísimas cualidades que
debe demostrar. Con ello su acercamiento a los círculos de la toma de deci
siones nacionales por la vía de los méritos del reconocimiento de los valo
res conquistados con la realización personal por el trabajo y el ingenio, es
para el negro un calvario.
Es por ello que no abundan los afrodescendientes en los aparatos de
especialistas, técnicos y profesionales con los que trabaja la nomenclatura.
El negro está en la nomenclatura allí donde se ha demostrado para el na
cionalismo socialista “fuerza muscular”, capacidad marcial o imagen popu
lar. Por ejemplo, individuos que se han proyectado como líderes de ramos
económicos, sindicatos o sectores de organizaciones revolucionarias que la
élite incluye en su red de control. Por lo general son esferas en las que son
muy altos los obstáculos que lo hacía un destacado socialista y nacionalista,
y de ningún modo un negro, de ningún modo un ciudadano. El encanto de
la doble conciencia del negro, señalada por Du Bois,20 en el caso cubano ha
quedado rota.
Los méritos de los negros son valorados como obtenidos después de
carreras muy largas y sacrificadas. Ese tipo de trayectoria se le reconoce a
personas que han hecho grandes esfuerzos personales, quienes deberían
estar agradecidos a la revolución, no sólo como proceso histórico, también
como proceso vivencial, con jefes carismáticos de la nomenclatura (por lo
general de blancos) que a ellos —como negros de “buena biografía”— los
enseñaron a vivir, trabajar y superarse. La supresión de la doble conciencia
de ser negro y ciudadano desaparecía para transformarse en sobrecompen
sación, en supresión del propio yo, de las capacidades de realización pro
20
W. E. B. Du Bois, 1989.
190 • Eduardo Luis Espinosa
pias; negación que se sustituye por el agradecimiento a agentes externos,
en este caso a los jefes carismáticos de la nomenclatura.
Al observar durante un curso de capacitación técnica a dos equipos de
dirección de uno de los ramos económicos del país, advertimos la sobre
compensación en medio de la desproporción de la representatividad racial.
Distinguimos un equipo en el que predominaban los blancos, mientras que
en otro había un predominio de los afrodescendientes en una proporción de
cinco a uno (cinco afrodescendientes por cada persona de tez blanca), mien
tras que en el otro equipo la proporción se invertía uno a seis (un afrodescen
diente por cada seis personas de tez blanca). Ambos equipos eran parte del
aparato formal del Estado, estaban integrados por funcionarios con rango
de directores, jefes de departamentos y secciones, responsables de proyec
tos, asesores y tecnólogos de alta especialidad. Ellos se complementaban
con personal directivo de empresas mixtas.
En ese punto empezaba a salir la primera diferencia que le daba con
tenido social a la categoría de raza y a la sobrecompensación: sin que nadie
tomase en cuenta lo racial se decidió que el equipo de predominio caucá
sico sería el primero en tomar el curso. Por lo tanto apareció en las prime
ras filas en la ceremonia de la inauguración, totalmente representado, bien
articulado con sus pares de las empresas mixtas, acompañado por otros direc
tivos del ramo que se entremezclaron con ellos en el orden de los asientos
más próximos a la tribuna, en la cual había un predominio de blancos y a
donde no llegó el líder del grupo afro: “No se le pudo avisar a tiempo; él
siempre está muy ocupado”, tal como lo informó la jefa del despacho del vi
ceministro, una mulata que a sotto voce le comentó a su jefe que ya le había
dicho a aquel jefe: “¡Mi negro despierta! No se puede pasar uno la vida ha
ciendo brujería”. En realidad aquel jefe estaba ausente porque había sido
convocado al mismo tiempo para una reunión en el Oriente del país, en
un lugar a donde a los jefes no les gustaba ir, un lugar poco agradable, con
muchos guajiros y sin ninguna amenidad.
Todo lo contrario pasó con el equipo afro, desarticulado al fondo de la
sala y entremezclado con trabajadores de las oficinas centrales que iban
allí para participar del protocolo o para servir como personal de apoyo al
curso. Ahí me enteré que ese equipo de dirección no tenía muchos pares
en empresas mixtas, porque ellos dirigían un rubro económico que no se
había visto favorecido por la inversión extranjera. En el referido grupo la
No corta el bacalao • 191
composición por edad era mayor, algo proporcional a vidas laborales muy
largas antes de llegar a labores directivas.
Las trayectorias laborales venían de las actividades manuales a las direc
tivas en una proporción de cinco por cuatro (cada cinco directivos del grupo
afro, cuatro habían empezado su vida laboral por trabajos de gran esfuerzo
muscular en los que habían permanecido por más de 10 años). Esto era muy
contrario a la realidad del grupo caucásico, el cual tenía una proporción de
siete por uno, donde, aparte de algunas excepciones, los demás habían
iniciado sus actividades laborales como egresados de carreras técnicas o
de especialidades universitarias, o como trabajadores que permanecieron de
manera directa poco tiempo (menos de cinco años) en la producción y los
servicios para empezar a hacer funciones de coordinación de esas activida
des y de jefaturas. En el primer grupo la presencia de integrantes de la no
menclatura era muy exigua, una sobrina de un militar de alta graduación
(mujer blanca) y un antiguo militar (hombre negro). A este último se le había
incrustado en el grupo para que trabajara como asesor de algo de lo que
“no sabía ni papa” (mientras, él tenía “quien le [hiciera] el trabajo”). Se decía
que era un sujeto que se le tenía allí para “pasar información de todo y de
todos” a la Seguridad del Estado. La “sobrina de” como el exmilitar no esta
ban en el círculo inmediato de la toma de decisiones. Pero sí se tenía la cer
teza de que los criterios de ambos influían en la designación del jefe de
aquel equipo.
Entre el grupo de directivos de predominio afro, el dato me arrojó un
alto número de personas que obtuvieron algún éxito después de cerca del
doble de años que les había costado el triunfo a los integrantes del equipo
con predominio caucásico. En éste eran notorios los liderazgos técnicos e
ingenieriles, donde los graduados universitarios habían concluido estudios
con mayor rapidez o habían entrado a estudiar el nivel superior mucho más
jóvenes que varios de los integrantes del otro equipo, con el que había un
alto contraste. Esto se marcaba porque era gente que terminó sus estudios
en cursos para trabajadores o en horarios extraordinarios para recibir clases.
Como mis estudiantes, yo en ellos valoraba mucho la paciencia y el deseo de
atender al otro. Pero me preocupaban algunos sesgos de dolor. Las voces
de este grupo de cuadros de dirección y sus gestualidades se veían más su
jetas a la obediencia a los ventrílocuos que manejaban sus juntas de trabajo
(voces que extrañaban mucho durante mi clase).
192 • Eduardo Luis Espinosa
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Desigualdad y educación superior:
la influencia de la microeconomía familiar
en el abandono de los estudios
María Esteban*
Ana Bernardo**
Introducción
Según la teoría del capital humano, tanto en la versión propuesta por
Schultz1 como la reconceptualización propuesta por Sen,2 la educación es
un bien cuya inversión revierte en el desarrollo económico, tecnológico y
social de las naciones y los individuos que las conforman. En este sentido,
resulta especialmente importante la contribución que realiza el Sistema de
Educación Superior, que además de fomentar el desarrollo anteriormente men
cionado, favorece la promoción e inclusión social del individuo que la cursa,
su inserción al mercado laboral y disminuye el riesgo de pobreza, así como
promueve el desarrollo de sus capacidades y la mejora de su nivel cultural.3
Así, el abandono universitario supone un desaprovechamiento de la
inversión realizada, cuyo coste en España se cifra en torno a los 1,500 millo
nes de euros anuales4 y cuyas consecuencias (tanto para la sociedad como
para los individuos) obligan a su estudio y prevención. En el presente ca
pítulo se revisará la situación socioeconómica atravesada por la población
española desde el inicio de la crisis económica mundial en la que estamos
* María Esteban García es licenciada en Pedagogía; experta universitaria en Diseño y Apli
cación de Proyectos de Cooperación al Desarrollo y Máster en E-Learning y Redes Sociales.
** Ana Bernardo Gutiérrez es licenciada y doctora en Psicología; docente del Departamento
de Psicología en la Universidad de Oviedo y coordinadora de la línea de investigación en Aban
dono y fracaso académico en Educación Superior del grupo adir en la misma Universidad.
1
T.W. Schultz, “Investment in human capital”, en The American Economic Review, 1 (2), 1961,
pp. 1-17.
2
A.K. Sen, Desarrollo y libertad, Planeta, Barcelona, 2000.
3
F. Sánchez et al., Equidad social en el acceso y permanencia en la universidad pública deter
minantes y factores asociados, Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, Bogotá, 2002.
4
P. Colás, “El abandono universitario”, en Revista Fuentes, núm. 16, junio de 2015, pp. 9-14.
195
inmersos, aportando las estadísticas más importantes al respecto, para
después pasar a examinar la influencia que la desigualdad económica ejer
ce en el abandono de los estudios universitarios (instrumento fundamental
para la promoción social y el desarrollo tecnológico y cultural). Finalmente,
se discutirán los resultados obtenidos en la investigación desarrollada en
el marco del Proyecto Europeo Alfa-guia para la Gestión Integral del Aban
dono (dci-ala/2010/94) y se extraerán las conclusiones pertinentes.
Pobreza, desigualdad y estudios superiores
Las políticas de austeridad que se han implantado en España desde el ini
cio de la crisis, y sobremanera desde el año 2012, han conducido a la po
blación española hacia una situación de indefensión caracterizada por la
disminución de servicios y subsidios sociales, aumento del desempleo y
encarecimiento de la vida, que favorecen el incremento de la pobreza y la
exclusión en el país. Así queda reflejado en la Encuesta de Condiciones de
Vida, realizada por el Instituto Nacional de Estadística con datos del 2013,
que muestra una evolución negativa de las personas en riesgo de pobreza
sintetizada en la gráfica 1 (pasando del 20.8 por ciento en el año 2008 al
22.2 por ciento en 2013 y teniendo una proyección del 27.8 por ciento para
el 2015), en la que además se puede observar un mayor riesgo cuanta me
nor sea la formación alcanzada por los individuos.
Por otro lado, el impacto de la crisis económica y de las reformas labo
rales aplicadas para responder a los requerimientos de Europa ha tenido
efectos perniciosos, no sólo en el aumento de la tasa de desempleo (que ha
pasado de ser 11.3 por ciento en 2008, a 20.95 por ciento en 2013 según
refleja el Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social 2013-2016,
pnain), sino que también ha promovido la precariedad laboral. Así, también
se ha dado un aumento de riesgo de pobreza en la población con empleo
(que ha pasado de 11.2 por ciento en 2008 a 12.3 por ciento en 2013).
Por su parte la desigualdad social, entendida como “la existencia de dis
tintas oportunidades en el acceso, posesión, control y disfrute de recursos
y poder, derivadas de diferentes condiciones, contextos y trayectorias,5
5
A. Antón, Una desigualdad intolerable, 2016, disponible en [Link]
pdi/economicas/aanton/publicacion/otrasinvestigaciones/Desigualdad_intolerable.pdf
196 • María Esteban, Ana Bernardo
Gráfica 1
Evolución del riesgo de pobreza según nivel educativo
40
35
30
25
20
15
10
5
2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015
Total
Educación primaria o inferior
Educación secundaria primera
Educación secundaria segunda
Educación superior
Fuente: Elaboración propia.
también ha aumentado considerablemente, tal y como se ve reflejado en la
evolución del índice de Gini para la renta (véase gráfica 2) que sitúa a Espa
ña en el cuarto puesto de los países más desiguales de Europa, por detrás
de Grecia, Lituania y Letonia.
Gráfica 2
Evolución del índice de Gini
0.36
0.35
0.34
0.33
0.32
0.31
0.3
0.29
0.28
0.27
0.26
2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014
EU 28 EU 27 EU 19 EU 18
Fuente: World Bank.
Desigualdad y educación superior • 197
Así pues, España está atravesando un periodo en el que la pobreza y
la desigualdad socioeconómica han alcanzado cuotas históricas, lo que ne
cesariamente afecta a la capacidad de las familias para costear los estudios
de sus hijos, especialmente los universitarios, y en la cual tampoco encuen
tran suficiente apoyo por parte del gobierno; el nuevo y más exigente mo
delo de gestión de ayudas al estudio ha recrudecido los requisitos tanto
económicos como académicos, ocasionando la disminución del número y
dotación de becas (salvo en lo referente a ayudas a matrícula) rebajando el
gasto medio por becario de 2,911.63 euros en 2008 a 2,555.83 euros en
2013, según el informe realizado por Hernández y Pérez6 para la Conferen
cia de Rectores de las Universidades Españolas (crue).
Dada la actual coyuntura socioeconómica del país y con base en el
aumento del coste de oportunidad, cabría sospechar que el abandono uni
versitario pudiera haber incrementado. Sin embargo, según datos del Eu
rostat (2015), se ha producido una disminución del problema, pasando de
una tasa de abandono de 31.7 por ciento en el año 2008 a 21.9 por ciento
en el año 2014.
A la luz de los datos analizados cabe preguntarse hasta qué punto los
recursos económicos de las familias condicionan el progreso y permanen
cia del alumno español en la universidad. En el siguiente apartado se infor
ma acerca del Proyecto Europeo Alfa-guia para la Gestión Integral del
Abandono, así como de los resultados obtenidos en el marco de la investi
gación en él planteada.
Proyecto europeo Alfa-guia
para la Gestión Integral del Abandono
La Universidad de Oviedo (España) ha participado en el Proyecto Alfa-guia
para la Gestión Integral del Abandono que, financiado por la Comisión
Europea y coordinado por la Universidad Politécnica de Madrid, ha contado
con la participación de 22 instituciones de educación superior de Europa
y Latinoamérica. El proyecto, cuyo principal objetivo era contribuir a la
reducción de la tasa de abandono en la Educación Superior gracias al tra
6
J. Hernández y J.A. Pérez, La universidad española en cifras, crue, Madrid, 2014.
198 • María Esteban, Ana Bernardo
bajo cooperativo de las instituciones participantes, contemplaba cuatro lí
neas de acción prioritarias:
• Estudiar el fenómeno del abandono en Educación Superior, analizando
sus causas y factores implicados, para poder establecer (con base en
los resultados obtenidos) medidas de prevención eficaces.
• Recopilar, evaluar y dar a conocer buenas prácticas en el abordaje de
la deserción universitaria.
• Promover el desarrollo de medidas institucionales ligadas a los siste
mas internos de calidad.
• Facilitar el establecimiento de redes de trabajo para el abordaje del fe
nómeno entre las instituciones de educación superior participantes y
aquellas otras que así lo estimen viable y oportuno.
Dentro de la primera línea de acción (estudio del fenómeno), 16 de las
22 instituciones participantes han implementado de manera coordinada
una investigación cuyo objetivo era la realización de un diagnóstico integral
del fenómeno, razón por la cual ha sido implementada desde un enfoque
holístico y —dadas las características del problema de investigación— bajo
un diseño expost-facto. Así, la investigación ha contado con una muestra
total de 9.982 estudiantes de nuevo ingreso procedentes de las cohortes
2008/9, 2009/10 y 2010/11, de los cuales 7,065 habían abandonado la titu
lación inicialmente matriculada y 2,917 conformaban el grupo control. La
Universidad de Oviedo ha contribuido a dicha muestra total con 715 parti
cipantes (613 abandonos y 173 conformantes del grupo control), seleccio
nados mediante un procedimiento de muestreo aleatorio estratificado, to
mando como estratos las áreas de conocimiento establecidas por la unesco7
en 2006.
La recolección de información se llevó a cabo mediante dos procedi
mientos complementarios:
• Solicitud de datos sociodemográficos, académicos y de contacto al
servicio de informática de la universidad.
• Aplicación telefónica de un cuestionario diseñado ad hoc y colaborati
vamente por las instituciones participantes.
7
unesco, International Standard Classification of Education: ISCED-1997, 2006.
Desigualdad y educación superior • 199
Dicho cuestionario se estructuraba en cuatro bloques:
• Bloque dirigido a la institución, cuyos 14 ítems (cerrados) tenían el fin
de recoger la información académica y de contacto de las cohortes
estudiadas.
• Bloque común dirigido a la totalidad de participantes en el estudio y
conformado por 33 ítems de diverso tipo (abiertos, cerrados y escala
tipo Likert), cuyo objetivo era recopilar información acerca de las ca
racterísticas personales, culturales, académicas y económicas de los
participantes.
• Bloque de posicionamiento, constituido por cinco ítems cuyo objetivo
era identificar el perfil del estudiante entrevistado para poder redirigirle
al bloque específico que correspondiese.
• Bloque específico en función del perfil del participante (permanencia o
diversos tipos de abandono), dirigido a recopilar la valoración de los par
ticipantes sobre varios factores que pudieran influir en su proceso de
toma de decisiones sobre su permanencia en la institución.
El segundo bloque de preguntas, bloque común, contemplaba la reco
lección de información sobre la situación socioeconómica del estudiante,
siendo ésta la piedra angular del presente trabajo. A continuación, se exa
minará la posible influencia del estatus socioeconómico de los estudiantes
de la Universidad de Oviedo en relación con su progreso y permanencia
en los estudios.
Tres son los ítems encaminados a identificar a aquellos participantes
que habían atravesado dificultades económicas durante el desarrollo de
sus estudios: disponibilidad de recursos económicos suficientes, persona/
instancia de la que dependía económicamente entonces y tipo de ayudas
económicas percibidas durante el transcurso de sus estudios universita
rios. En primer lugar, tal y como puede observarse en la gráfica 3, aquellos
sujetos que habían abandonado la titulación iniciada manifiestan una in
suficiencia de recursos económicos para su sostenimiento, en mayor pro
porción que aquellos que permanecieron en la titulación (10.80 y 5.20 por
ciento, respectivamente).
200 • María Esteban, Ana Bernardo
Gráfica 3
Disponibilidad de suficientes recursos para el sostenimiento
del participante durante el transcurso de sus estudios universitarios
No
Sí
% 0 20 30 40 50 100
Abandona Permanece
Fuente: Elaboración propia.
Indagando de dónde provenían estos recursos, también se observa una
mayor dependencia de sí mismos por parte del grupo que abandona (17.11
por ciento), respecto al que permanece (6.36 por ciento), siendo los padres
la fuente de recursos mayoritaria en ambos casos (véase gráfica 4).
Gráfica 4
Dependencia económica del participante durante el transcurso
de sus estudios universitarios
De sí mismo
Otra persona (no familia)
Cónyuge o pareja
Otros familiares
Padres
% 0 20 40 60 80 100
Abandona Permanece
Fuente: Elaboración propia.
Desigualdad y educación superior • 201
En cuanto a si los participantes percibían ayudas y, en caso afirmativo,
qué tipo de ayudas habían recibido, se observa en la gráfica 5 que ambos
grupos declaran haber percibido becas como principal medida económica
de apoyo.
Gráfica 5
Ayudas económicas percibidas por participante durante el transcurso
de sus estudios universitarios
No conté con ningún tipo de ayuda
Otro
Trabajo en la institución
(proyectos, monitorías, etc.)
Becas o subsidios
Créditos
% 0 10 20 30 40 50 60
Abandona Permanece
Fuente: Elaboración propia.
Una vez esbozado el perfil económico de los participantes, pasemos a
explorar su influencia en el progreso y permanencia en los estudios: se han
realizado análisis estadísticos sobre los datos recogidos con el objetivo de
explorar la posible relación entre la variable dependiente, relativa a la situa
ción académica del alumno en el momento del estudio (abandona o perma
nece), y un conjunto de predictores que otras investigaciones han constatado
como influyentes en el fenómeno de la deserción universitaria:
• Edad de ingreso. La edad con la que el estudiante accede por primera
vez a la universidad puede venir condicionada por diversos factores,
entre los que destacan el historial académico del sujeto, la disponibilidad
de recursos para su sostenimiento y el contexto socio-económico del país.
Independientemente del motivo que ha llevado al estudiante a dicha
situación, la edad de ingreso ha probado ser una variable influyente en
el abandono universitario, como lo señala Di Pietro (2006).8
8
G. Di Pietro, “Regional Labour Market Conditions and University Dropout Rates: Evidence
from Italy”, en Regional Studies, 40 (6), 2006, pp. 617-630.
202 • María Esteban, Ana Bernardo
• Género. Esta variable sociodemográfica ha sido ampliamente investiga
da y, aunque su influencia en el fenómeno parece haberse visto redu
cida en las últimas décadas, aún se identifica en la mayor parte de los
estudios. Sin embargo, los resultados de investigación revelan que di
cha relación no siempre es idéntica, identificando algunos estudios una
mayor tendencia al abandono por parte del colectivo de mujeres pero
identificando muchos más al colectivo de hombres como más proclive
a la deserción, como lo señalan Ariño y Llopis.9
Diversas investigaciones, como la de Esteban, Bernardo, Rodríguez,
Núñez y Fernández,10 ponen de manifiesto el peso de los motivos tenidos
en cuenta para la elección de titulación (vocación, mercado laboral,
tradición familiar, orientación recibida) tienen en el progreso y finaliza
ción de los estudios. Por su parte, Bethencourt y Cabrera (2001)11
realizan una profunda investigación para explorar los procesos y mo
tivos subyacentes a la toma de decisiones por parte de estudiantes
universitarios.
La relación entre abandono y rama de conocimiento a la que se adscri
be la titulación cursada ha sido ampliamente estudiada, dándose un
menor abandono en aquellas ramas de conocimiento y (dentro de éstas)
en titulaciones consideradas tradicionalmente como vocaciones.
• Promedio obtenido en la etapa previa al ingreso en la universidad. El rendi
miento académico previo es un buen indicador del futuro rendimiento
académico en la universidad, tal y como Esteban, Bernardo y Rodríguez-
Muñiz,12 entre otros autores, han constatado.
El porcentaje de créditos matriculados en el último curso sobre el total
de la carrera ha sido tomado como indicativo del progreso del alumno
en la institución, ya que tal y como Wilcoxson,13 entre otros, pone de
9
A. Ariño y R. Llopis, ¿Universidad sin clases? Condiciones de vida de los estudiantes
universitarios en España (Eurostudent IV), Ministerio de Educación, Madrid, 2011.
10
M. Esteban, Bernardo, A. B., Rodríguez, L. J., Núñez J. C. y Fernández, E., “La influencia
de la etapa previa al ingreso en la Universidad en el progreso académico del alumno univer
sitario”, en Centro de Investigação em Educação (ed.), Atas do XII Congresso Internacional
Galego-Português de Psicopedagogía, Universidade do Minho, Braga, 2013.
11
J. T. Bethencourt y L. Cabrera, “Personalidad y toma de decisiones vocacionales en uni
versitarios”, en Relieve: Revista Electrónica de Investigación y Evaluación Educativa, 17 (1), 2001, p. 5.
12
M. Esteban, A. Bernardo y Rodríguez-Muñiz, L. J., “Permanencia en la universidad: la
importancia de un buen comienzo”, en Aula Abierta, 44 (1), 2016, pp. 1-6.
13
L. Willcoxson, “Factors affecting intention to leave in the first, second and third year of uni
versity studies: a semester-by-semester investigation”, en Higher Education Research & Development,
29 (6), 2010, pp. 623-639.
Desigualdad y educación superior • 203
relieve tanto la magnitud como el tipo de abandono y la motivación
para éste varía según el curso en que se dé.
El rendimiento académico en la titulación cursada (en este caso expresada
en términos de porcentaje de créditos aprobados sobre el total de la
carrera) es un factor de probada influencia en la toma de decisiones
sobre la permanencia en los estudios universitarios.
Desde que en 1961 Schultz enunciase la teoría del capital humano,
muchos autores han investigado sobre la influencia de la microeconomía
en los resultados educativos, destacando la labor realizada por Chen14
para recapitular y analizar los resultados de la investigación, que ponen
en relación estatus socio-económico y desarrollo de los estudios uni
versitarios. Por este motivo se ha considerado relevante incluir tres
indicadores del nivel y fuente de ingresos de los participantes en la
presente investigación: disponibilidad de suficientes recursos econó
micos para el sostenimiento del sujeto, dependencia económica duran
te el desarrollo de la carrera y ayudas económicas percibidas.
El trabajo remunerado puede jugar en contra del estudiante universi
tario, dificultando su asistencia a clase, elaboración de trabajos acadé
micos, participación en grupos de trabajo y actividades complementa
rias, etcétera, motivo por el cual se ha considerado pertinente tener en
cuenta la probable influencia que la incorporación al mercado laboral
pudo haber ejercido en los participantes de nuestro estudio.
Por último y teniendo en cuenta la teoría interaccionista enunciada por
Tinto en 1975,15 la integración efectiva del estudiante en la universidad
puede condicionar el proceso de toma de decisiones acerca de su perma
nencia en la institución, por lo que se han incluido dos medidas indi
rectas de esta variable, por un lado el grado de asistencia a clase —que
condicionará a su vez las relaciones que pueda establecer tanto con el
profesorado como con sus pares— y su nivel de adaptación a la vida en
la universidad (tanto en su dimensión social como en la académica).
En primer lugar, se han explorado las variables anteriormente descri
tas, cuyos estadísticos descriptivos pueden observarse en la tabla 1:
14
R. Chen, “Financial aid and student dropout in higher education: A heterogeneous research
approach”, en Higher education, Handbook of theory and Research Series, 23, 2008, pp. 209-239.
15
V. Tinto, “Dropout from Higher Education: A theoretical Synthesis of Recent Research”, en
Review of Educational Research, 45 (1), invierno, 1975, pp. 89-125.
204 • María Esteban, Ana Bernardo
Tabla 1
Estadísticos descriptivos correspondientes a la muestra de la Universidad de Oviedo para el estudio Alfa-guia
Asimetría Curtosis
Núm. de Mínimo Máximo Media Desv. típ.
estad. estad. estad. estad. estad. Estad. Error típico Estad. Error típico
Edad de ingreso 786 1 10 3.81 2.977 1.164 .087 -.117 .174
Género 787 1 2 1.51 .500 -.059 .087 -2.002 .174
Rama de conocimiento 787 1 8 3.83 2.030 .155 .087 -.915 .174
Promedio obtenido la etapa previa al 387 50.00 100.00 67.8734 11.51737 .964 .124 -.009 .247
ingreso
Porcentaje créditos matriculados 787 2.00 57.01 23.6925 8.69274 .096 .087 .792 .174
sobre el total
Porcentaje de carga académica apro 787 .000 96.842 23.45643 26.094359 1.202 .087 .338 .174
bados sobre el total
Hermanos con estudios universita 777 1 98 1.95 3.543 25.740 .088 698.440 .175
rios
Nivel de estudios alcanzado por su 777 0 98 4.58 6.913 12.734 .088 170.268 .175
padre
Nivel de estudios alcanzado por su 777 0 98 4.24 3.645 21.944 .088 565.575 .175
madre
Dependencia económica 776 1 5 1.63 1.426 1.899 .088 1.681 .175
Disponibilidad de suficientes recur 776 1 2 1.10 .294 2.761 .088 5.636 .175
sos para su sostenimiento
Ayudas percibidas 776 1 98 3.88 6.049 14.611 .088 225.705 .175
Elección por: vocación 777 .00 1.00 .5611 .49657 -.247 .088 -1.944 .175
Elección por: interés por el mercado 777 .00 1.00 .3179 .46596 .784 .088 -1.389 .175
laboral
Valoración de la adaptación social a 777 1 5 4.12 .640 -.558 .088 1.321 .175
la vida de la institución
Valoración de la adaptación acadé 777 1 5 3.74 .740 -.746 .088 1.231 .175
mica a la vida de la institución
Asistencia a clase durante el de 777 1 5 4.07 1.216 -1.210 .088 .307 .175
sarrollo de los estudios.
Ingreso en el mundo laboral (último 777 .00 1.00 .2021 .40179 1.487 .088 .211 .175
año matriculado)
N válido (según lista) 385
Fuente: Elaboración propia.
Teniendo en cuenta que el objetivo del presente trabajo es examinar la
posible relación entre la economía familiar, centrada en la suficiencia eco
nómica de los alumnos, y el fenómeno del abandono, se han implementado
técnicas de regresión logística binaria para evaluar el impacto que las va
riables descritas pudieran tener en la probabilidad de abandonar la titula
ción universitaria inicialmente matriculada.
Los resultados obtenidos demuestran que el modelo original —que
contenía los 19 predictores especificados a priori— resultó significativo
estadísticamente, X2(56, N=380) = 268.586, p<.001, indicando que dicho
modelo es capaz de distinguir entre los estudiantes que permanecieron en
la titulación cursada y aquellos que optaron por abandonarla.
El modelo explica entre 50.7 por ciento (R2 de Cox y Snell) y 72.4 por
ciento (R2 de Nagelkerke) de la varianza en la situación académica del alum
no (abandona o permanece en la titulación iniciada), clasificando correc
tamente 91.1 por ciento de los casos, lo que supone una mejora de 20 por
ciento respecto al modelo inicial.
Tal y como puede observarse en la tabla 2, solamente ocho variables con
tribuyen significativamente al modelo, éstas son: rama de conocimiento,
porcentaje de créditos aprobados, disponibilidad de suficientes recursos
para su sostenimiento, dos de los motivos tenidos en cuenta para la elec
ción de la titulación (vocación e interés por el mercado laboral asociado),
adaptación a la vida en la institución (tanto en su dimensión social como
académica) y grado de asistencia a clase.
Los predictores más fuertes de la situación académica identificados
son dos:
• Porcentaje de créditos aprobados sobre el total de la carrera (desde su
inicio hasta el momento), que con un odd ratio de 0.926 indica que por
cada uno por ciento adicional de créditos aprobados, era menos proba
ble (en 0.926 veces) que abandonasen la titulación cursada.
• Disposición de suficientes recursos económicos, que con un odd ratio
de 6.177 es el predictor más fuerte, e implica que para aquellos parti
cipantes que no han dispuesto de suficientes recursos económicos
para su sostenimiento durante su periodo de estudios universitarios,
el abandono iniciado era seis veces más probable que para aquellos
otros que sí disponían de suficientes recursos para su sostenimiento.
206 • María Esteban, Ana Bernardo
Tabla 2
Regresión logística binaria
I.C. 95% para EXP(B)
B E.T. Wald gl Sig. Exp(B) Inferior Superior
Edad de ingreso 2.231 5 0.816
1) 0.281 0.518 0.295 1 0.587 1.325 0.480 3.659
2) 1.316 1.026 1.647 1 0.199 3.730 0.499 27.848
3) -0.442 1.714 0.067 1 0.796 0.643 0.022 18.477
4) -0.390 2.331 0.028 1 0.867 0.677 0.007 65.227
5) 19.327 25803.396 0 1 0.999 2.48E+08 0 .
Género -0.925 0.495 3.490 1 0.062 0.396 0.15 1.047
Rama de conocimiento 15.603 7 0.029
1) -1.237 1.184 1.092 1 0.296 0.290 0.028 2.954
2) -1.557 1.018 2.340 1 0.126 0.211 0.029 1.549
3) -0.797 1.111 0.514 1 0.473 0.451 0.051 3.980
4) -1.504 1.060 2.013 1 0.156 0.222 0.028 1.775
5) -6.208 1.868 11.047 1 0.001 0.002 0 0.078
6) -0.612 1.234 0.246 1 0.620 0.542 0.048 6.092
7) -3.823 1.601 5.705 1 0.017 0.022 0.001 0.504
Promedio etapa previa -0.026 0.023 1.359 1 0.244 0.974 0.932 1.018
Porcentaje créditos matriculados 0.026 0.030 0.789 1 0.374 1.027 0.969 1.088
Porcentaje créditos aprobados -0.076 0.010 59.198 1 0 0.926 0.908 0.945
Hermanos con estudios universitarios 0.029 2 0.986
1) 0.002 0.528 0 1 0.997 1.002 0.356 2.818
2) 0.080 0.536 0.023 1 0.881 1.084 0.379 3.098
Nivel estudios padre 2.343 7 0.938
1) -21.184 17,892.437 0 1 0.999 0 0 .
2) 0.131 1.268 0.011 1 0.918 1.140 0.095 13.679
3) -0.116 1.192 0.009 1 0.922 0.890 0.086 9.206
Tabla 2 (Continuación)
I.C. 95% para EXP(B)
B E.T. Wald gl Sig. Exp(B) Inferior Superior
5) -0.439 1.216 0.130 1 0.718 0.645 0.059 6.996
6) -1.968 1.784 1.217 1 0.270 0.140 0.004 4.610
7) -17.842 40,192.97 0 1 1 0 0 .
Nivel estudios madre 7.107 6 0.311
1) -0.863 2.904 0.088 1 0.766 0.422 0.001 125.108
2) 1.698 1.420 1.429 1 0.232 5.463 0.338 88.375
3) 0.986 1.350 0.534 1 0.465 2.681 0.190 37.823
4) 3.076 1.555 3.913 1 0.048 21.681 1.029 456.995
5) 1.671 1.415 1.395 1 0.238 5.315 0.332 85.039
6) 3.499 4.175 0.702 1 0.402 33.085 0.009 118,419.245
Dependencia económica 0.206 3 0.977
1) 0.577 1.974 0.086 1 0.77 1.781 0.037 85.267
2) 16.351 40,192.97 0 1 1 12,627,627.1 0 .
3) -0.378 1.234 0.094 1 0.759 0.685 0.061 7.7
Disposición de suficientes recursos 1.821 0.900 4.093 1 0.043 6.177 1.059 36.039
para su sostenimiento
Ayudas percibidas 7.463 5 0.188
1) -18.176 24,736.57 0 1 0.999 0 0 .
2) 2.768 335,36.927 0 1 1 15.928 0 .
3) -20.629 24,736.57 0 1 0.999 0 0 .
4) -19.293 24,736.57 0 1 0.999 0 0 .
5) -39.386 47,195.05 0 1 0.999 0 0 .
Elección titulación por: Vocación -1.144 0.525 4.744 1 0.029 0.319 0.114 0.892
Elección titulación por: Interés merca -0.610 0.477 1.639 1 0.200 0.543 0.213 1.383
do laboral
Elección titulación por: Trad. familiar -0.258 0.933 0.076 1 0.782 0.773 0.124 4.810
Elección titulación por: Orientación 0.261 0.562 0.216 1 0.642 1.299 0.431 3.910
Valoración de la adaptación académica 10.4 3 0.015
a la institución
1) 0.427 2.024 0.044 1 0.833 1.532 0.029 80.954
2) 2.055 2.007 1.048 1 0.306 7.804 0.153 398.839
3) 0.552 2.035 0.074 1 0.786 1.737 0.032 93.694
Valoración de la adaptación social a la 11.436 4 0.022
institución
1) -18.618 22,479.375 0 1 0.999 0 0 .
2) -17.800 22,479.375 0 1 0.999 0 0 .
3) -19.111 22,479.375 0 1 0.999 0 0 .
4) -16.886 22,479.375 0 1 0.999 0 0 .
Asistencia a clase 10.948 4 0.027
1) 0.276 1.165 0.056 1 0.813 1.317 0.134 12.932
2) -1.160 1.202 0.930 1 0.335 0.314 0.030 3.311
3) 0.800 1.042 0.590 1 0.442 2.226 0.289 17.149
4) 1.364 1.035 1.736 1 0.188 3.911 0.514 29.742
Incorporación al mundo laboral 0.386 0.632 0.373 1 0.542 1.471 0.426 5.078
Constante 40.885 33,424.673 0 1 0.999 5.70E+17
Fuente: Elaboración propia.
Cabría sospechar que tales resultados vinieran acompañados de otros
relativos a las conductas y nivel de participación social por parte del alumno,
razón por la cual se ha explorado la posible relación entre la suficiencia de
recursos económicos del alumno y dichas variables. Los análisis imple
mentados a tal efecto no han identificado relación alguna entre ellas y, por
tanto, no hay diferencias significativas entre los alumnos que disponen de
suficientes recursos para su sostenimiento y los que no en cuanto a su
participación en grupos de carácter académico, político, social, deportivo,
cultural, religioso o de otro tipo. Tampoco presentan discrepancias respecto
a la vivencia de situaciones de acoso, maltrato, discriminación, indiferencia
u otras experiencias traumáticas o respecto a su valoración del ambiente
de convivencia en la institución.
Así pues, los resultados permiten afirmar que aunque la disponibilidad
de recursos económicos influye en gran medida en la continuidad en los es
tudios, no ocurre lo mismo respecto a la participación del alumno en la
institución y, afortunadamente, en la Universidad de Oviedo la desigualdad
económica no se traduce en exclusión social.
Conclusiones
El abandono de los estudios es un problema que afecta a toda universidad,
según ha constatado la Asociación Internacional de Universidades.16 En
España, la tasa de abandono se sitúa en torno al 20 por ciento, lo que está
muy lejos de cumplir el objetivo marcado por la Unión Europea para el año
2020. Teniendo en cuenta la grave situación derivada de la crisis económica
y el auge de problemas sociales (entre los que destaca la corrupción de la
clase política, el desempleo y las migraciones, en un contexto de despro
tección social), España ha atravesado un periodo de involución que ha
mermado el capital humano del país.
Muestra de ello son los resultados obtenidos por la Universidad de Oviedo
en el contexto del Proyecto Alfa-guia para la Gestión Integral del Abandono
son alentadores, teniendo el alumno con recursos económicos insuficien
tes para su sostenimiento seis veces más probabilidades de abandonar la
titulación iniciada, que aquellos que sí disponen de éstos. Similares resul
16
unesco, World higher education data base, 2004, disponible en [Link]
iau/directories/indexh
210 • María Esteban, Ana Bernardo
tados han sido obtenidos por Di Pietro (2006)17 o Goldenhersh,18 entre otros
autores.
Es por ello que es imprescindible que el Estado mantenga y establezca
nuevos mecanismos para evitar las repercusiones de la depresión en el
potencial desarrollo del país. En este sentido, las políticas públicas de ayu
das al estudio resultan un mecanismo fundamental de probada eficiencia.
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17
G. Di Pietro, “Regional Labour Market Conditions and University Dropout Rates: Evi
dence from Italy”, en Regional Studies, 40 (6), 2006, pp. 617-630.
18
H. Goldenhersh et al., “Deserción estudiantil: Desafíos de la Universidad pública en un
horizonte de inclusión”, en Revista Argentina de Educación Superior, 3 (3), 2011, pp. 96-120.
Desigualdad y educación superior • 211
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Evaluación de programas y políticas sociales
desde una perspectiva inclusiva
José Luis San Fabián Maroto*
Introducción
Las nuevas formas de gobernanza (inclusivas, participativas, sostenibles,
etcétera) demandan la utilización de estrategias y herramientas coherentes
con sus principios básicos. La evaluación de programas es una herramienta
de política social y, por tanto, un instrumento político. Contiene sin duda
un componente técnico necesario, que en cualquier caso debe quedar su
bordinado a las opciones políticas y de valor, de lo contrario, se estaría
generando un proceso de perversión de la actividad evaluadora, la cual
dejaría de estar al servicio de la política social, algo que por desgracia no
es infrecuente.
Como ya destacó Barry MacDonald,1 en una democracia el papel de
las profesiones es extremadamente importante como un poder intermedio,
y en especial las profesiones de “interés social”: educación, sanidad y ser
vicios sociales. Los científicos sociales, entre ellos los evaluadores, tienen
un papel relevante en la gestión de las nuevas políticas; pero no son el
único protagonista. Existen otros actores sociales que tienen mucho que
decir y hacer en relación a la evaluación de las políticas sociales: los bene
ficiarios, los trabajadores sociales, las asociaciones y otras formas de orga
nización ciudadana.
Una nueva política se debe caracterizar precisamente por la reducción
de la distancia entre los gestores, científicos, profesionales y la ciudadanía.
* Doctor en Pedagogía y licenciado en Sociología, profesor de la Facultad de Ciencias de
la Educación de la Universidad de Oviedo y coordinador del Doctorado Interinstitucional en
Equidad e Innovación en Educación de la misma institución.
1
B. Macdonald, pp. 15-23.
213
Los problemas sociales no son ni han sido nunca problemas que puedan
ser formulados en términos exclusivamente técnicos. Los diferentes suje
tos sociales contribuyen a la ciencia social, como los científicos construyen
la realidad social a la vez que la constituyen. Ucar2 sostiene que los cientí
ficos sociales, incluidos los evaluadores, han usurpado las voces de la
ciudadanía.
La evaluación no sólo define la realidad erigida en autoridad institucio
nal, sino que orienta su desarrollo al definir una forma deseable de la rea
lidad, en la medida en que toda evaluación establece un canon, un patrón
de medida, una norma a la que ajustarse, un criterio al que aproximarse.
La evaluación es normativa por definición, la cuestión está en establecer
cuál es su fuente de normatividad. En una sociedad democrática dicha
fuente debe pasar por la aceptación informada de las personas y los grupos
que la configuran.
Tradicionalmente, la evaluación de programas sociales ha sido diseñada
y aplicada por expertos en evaluación y gestores de los programas, adop
tando una mirada jerárquica de la realidad evaluada (tradición gestora de los
modelos de Tyler, Stuffebeam, etcétera); pero no todos los enfoques de eva
luación han seguido esta corriente principal, algunas perspectivas se han
caracterizado por devolver el protagonismo en la toma de decisiones a los
afectados por los procesos de evaluación. Hoy se acepta que “los estudios
evaluativos han de apoyarse en la comunicación y en la inclusión sustantiva
y funcional de los implicados (stakeholders) en las cuestiones claves, crite
rios, hallazgos e implicaciones de la evaluación, así como en la promoción
de la aceptación y el uso de sus resultados”.3
Evaluación, democracia social y diversidad cultural
Si la evaluación se orienta a la búsqueda de un equilibrio entre los grupos
implicados, tendrá entre sus objetivos “identificar y equilibrar diferencias
en valores y diferencias entre individuos en contextos específicos”.4 Según
los autores Henry y Julnes (1989) la evaluación puede aportar, frente al
absolutismo de valores, una base democrática para la toma de decisiones
2
X. Ucar, 2011, pp. 11-24.
3
E. Chelimsky, 1998, pp. 35-55.
4
G. T. Henry y Julnes G., 1989, pp. 53-71.
214 • José Luis San Fabián Maroto
informada, contribuyendo al progreso social. “La evaluación de la acción y
de las políticas públicas es una parte de las nuevas herramientas de ges
tión de los sistemas democráticos que pretende contribuir a proporcionar
instrumentos para asegurar la eficacia, la responsabilidad administrativa y
la participación social en la acción pública”.5
Una primera consecuencia de la existencia de la pluralidad de audien
cias y, a su vez, de intereses, está en la necesidad de que el evaluador tome
conciencia de ellas. “Es importante que los evaluadores sean conscientes
de los intereses representados por los diversos colectivos implicados en el
proceso de evaluación, intereses que son plurales y que no siempre coin
ciden con los de los patrocinadores de la evaluación”.6 Sin embargo, y a
diferencia de ciertas investigaciones de corte interpretativo, no acaba aquí
la responsabilidad del evaluador.
Algunos autores como MacDonald (1999)7 han sugerido que evaluar es
promover el derecho a conocer; su fin es informar el debate social, no su
plantarlo, esto es, obtener información que sea de utilidad para el público.
Más que arbitraje, lo que la evaluación democrática pone en práctica son
procesos de negociación. Para otros autores, como Stake,8 el evaluador
debe asumir un papel activo en la defensa de posiciones o la mejora de
algunos grupos de personas implicados.
“Evaluar requiere hacer explícitas las ideas sobre la calidad social, en
tendida como calidad de las relaciones sociales, lo que incluye la cohesión
y la inclusión social, la calidad política, laboral, educativa, medioambiental”.9
Se entiende la calidad social como “el grado en que los ciudadanos
pueden participar en la vida social y económica de sus comunidades bajo
condiciones que refuercen su bienestar y su potencial individual”.10 La eva
luación no puede sustituir al debate sobre los fines de la sociedad, la polí
tica, las organizaciones y su funcionamiento; por el contrario, la evaluación
es un instrumento para apoyar y articular ese debate.
Se receta evaluación como si de ella viniese la respuesta a los problemas
importantes o como si constituyese en sí una política o un valor. Los pro
5
R. Bañón e I. Martínez, pp. 15-26.
6
M. Gómez Serra, p. 207.
7
B. Macdonald, 1999.
8
R. E. Stake, 1997.
9
J. L. San Fabián, 2015.
10
W. Beck et al., 1998, p. 3.
Evaluación de programas y políticas sociales • 215
cesos de evaluación están inmersos en el campo de la política, implicando
valores y aspiraciones de la sociedad. En este sentido, la cuestión pertinen
te sería: ¿cómo puede la evaluación alimentar la lucidez?11
Una evaluación participativa para la inclusión social
La evaluación participativa o colaborativa, según O’Sullivan (2012),12 no es
una variante metodológica más, es el requerimiento de la reciprocidad de
la vida social: yo te evalúo-tú me evalúas. La evaluación participativa es una
metodología de acción política y comunitaria. Son varias las razones que
justifican la inclusión de las perspectivas y los intereses de los afectados
en la evaluación:
• Justificación pragmática: incrementa la utilización de los resultados de
la evaluación, vincula los resultados de la evaluación a la acción.
• Emancipadora: contribuye a unas organizaciones y prácticas sociales
más justas, desde los valores de la equidad y la justicia, al servicio de
los intereses de los que tienen menos poder, para generar cambios
sociales.
• Deliberativa: permite construir representaciones más válidas de las
perspectivas de los implicados, facilitando un discurso dialógico.
Cuando se incrementa el compromiso y la participación de los sectores
implicados en la evaluación mejora el uso que se hace de su proceso y de
sus resultados. Cousins13 muestra que los enfoques de evaluación parti
cipativa son los más eficaces para integrar la evaluación en la cultura
organizativa.
Los criterios transversales básicos que definen una nueva política pú
blica son: inclusión social, justicia social, equidad (distribución de cargas y
satisfacción de necesidades) y desarrollo sostenible. En consecuencia, de
estos criterios de valor es de donde derivan los principios procedimentales
para la evaluación de las políticas públicas: participación social; colabora
11
J. M. Azevedo, 2007, p. 17.
12
R. O’Sullivan, 2012, pp. 518-522.
13
J. B. Cousins, 2003.
216 • José Luis San Fabián Maroto
ción institucional; negociación; diversidad e implicación de los agentes
implicados; representatividad social de los diferentes colectivos (incluidas
las personas con menor poder y estatus); múltiples fuentes de conocimiento;
metodología colaborativa; control compartido de la evaluación; utilidad
social o relación con necesidades sociales.
Entre los requerimientos de una “evaluación democrática deliberativa”
destacamos:
• Inclusión de todos los intereses, tratando de representar los diversos pun
tos de vista relevantes, valores y audiencias. “Todos aquellos que tienen
intereses relevantes, legítimos, deberían ser incluidos en las decisiones
que afectan esos intereses”.14 La principal amenaza a la evaluación
participativa son los desequilibrios de poder.
• Pluralismo, el evaluador debe contemplar el conjunto de intereses en el
diseño de la evaluación, con especial atención a los colectivos o individuos
marginados de los ámbitos de decisión.
• Metodologías sensibles a la diversidad, utilizando métodos y técnicas de eva
luación accesibles a los no especialistas, empleando un rango de fuen
tes que reflejen la diversidad, estableciendo procesos de negociación
entre grupos de interés.
• Diálogo y negociación, con los diferentes grupos, asegurando que sus
perspectivas estén representadas, para conocer sus intereses y necesi
dades reales, no sólo sus opiniones como consumidores. Las experien
cias y percepciones de los actores implicados son el eje de la evaluación.
El diálogo y la deliberación entre los implicados es más importante que
los juicios de los expertos.
• Deliberación, los valores deben ser objeto de análisis, argumentación,
para llegar a conclusiones válidas. “Los evaluadores deberían aceptar
la autoridad pero no el poder”.15 La deliberación tiene un dominio per
sonal con base en la reflexión, y otro institucional mediante la meta
evaluación. No todos los intereses tienen la misma fuerza moral.
• Transparencia, los informes han de ser accesibles, relevantes y útiles,
orientados a su utilización para la toma de decisiones. Lo ideal sería
incorporar a los usuarios en todas las fases de la evaluación, pero rara
14
E. House y K. Howe, 2000, pp. 3-12.
15
Ibidem, p. 9.
Evaluación de programas y políticas sociales • 217
vez esto es posible, y quizás tampoco sea siempre necesario. Lo impor
tante es participar en las decisiones más importantes.
De estos requerimientos se pueden derivar a su vez pautas más espe
cíficas, tales como:
• Tener en cuenta las experiencias previas en la evaluación de los par
ticipantes, ya que afectan decisivamente a las nuevas iniciativas de
evaluación.16
• Disponer del tiempo necesario para la reflexión y el diálogo.
• Los participantes deben percibir que el tiempo y el esfuerzo requeridos
merecen la pena.
• Los evaluadores han de ejercer como facilitadores y mediadores.
• Promover prácticas reflexivas, individuales y en grupo.
• Contribuir a la formación de los participantes, promoviendo su propio
aprendizaje y desarrollo.
Para House y Howe (1999),17 una evaluación centrada en lo público no
parte de los fines oficiales o del programa, sino que analiza previamente
los intereses de los grupos y las condiciones sociales dominantes (em
powerment evaluation). “Analizar el origen de la demanda institucional de
evaluación y contextualizarla dentro de las relaciones asimétricas de poder
y dentro de los intereses plurales de los diversos grupos implicados es una
tarea necesaria si quiere desarrollarse un modelo democrático de evalua
ción que incorpore los puntos de vista, los intereses y la participación de
todos los colectivos implicados o afectados por estas evaluaciones”.18
La evaluación participativa suele chocar con las prácticas tradicionales
de evaluación. Con frecuencia, se parte del encargo de un cliente, individual
o institucional, lo que plantea al evaluador ¿cómo hacer compatible los
intereses del cliente —evaluación orientada al cliente— con los intereses
públicos —evaluación orientada a lo público—? ¿Cómo promover los inte
reses colectivos, más allá de los corporativos de patrocinadores o profesio
nales directamente implicados?
16
M. Q. Patton, 2002, pp. 125-139.
17
E. House y K. Howe, 1999.
18
M. Gómez Serra, 2004, p. 208.
218 • José Luis San Fabián Maroto
La evaluación participativa suscita en su implementación cuestiones de
carácter ético-práctico, como: ¿qué intereses están representados? ¿Parti
cipan las principales audiencias? ¿Cuál es el tipo de participación? ¿Hay
una deliberación reflexiva? ¿Existen desequilibrios de poder? ¿Existen
procedimientos para controlar esos desequilibrios? House (1993)19 consi
dera que los dilemas éticos de la evaluación son, en general, los mismos
que los de cualquier otra modalidad de investigación social aplicada:
1. ¿Deben conocer los participantes toda la información sobre la investi
gación? (Derecho a la información).
2. ¿Deben los participantes ser expuestos a situaciones que puedan per
judicarlos? (Derecho al bienestar).
3. ¿Cuáles son los límites de su privacidad? (Derecho a la intimidad y
privacidad).
4. ¿Qué relación debe existir entre los resultados, los beneficios de la eva
luación y las personas que participan? (Derecho a la dignidad y la
participación).
Algunas de las decisiones más difíciles de tomar son las que afectan a
las relaciones que se establecen entre el equipo de evaluación y aquellos
sectores que ocupan posiciones menos privilegiadas en la escala social,
dentro o fuera de la organización. Éstos pueden ser usuarios, pacientes, es
tudiantes, beneficiarios, trabajadores, clientes externos o internos. Con fre
cuencia, los dilemas éticos asociados a los procesos de investigación y
evaluación hacen referencia a su relación con las audiencias y sus dere
chos básicos:20
a) El libre consentimiento informado de los participantes: los sujetos de
ben manifestar su consentimiento a participar en la evaluación y éste
debe ser libre, explícito, consciente y justificado, con información pre
via suficiente.
b) La confidencialidad y el derecho a la privacidad: la privacidad se refie
re a la persona, es decir, su derecho a mantener reserva sobre las es
feras de su vida personal; mientras que la confidencialidad hace refe
rencia exclusiva a la información y los datos sobre esta persona.
E. House, 1993.
19
M. Gómez Serra, 2004, p. 125.
20
Evaluación de programas y políticas sociales • 219
c) La equidad en las relaciones: la equidad se promueve mediante la re
ciprocidad, entendida no sólo en términos relacionales, sino también
de resultados: ¿quién se beneficia de los resultados?
d) El impacto de los resultados y de los beneficios de la investigación, lo
que requiere prever los efectos que pueden generar los resultados y
las conclusiones de las evaluaciones, y, en segundo lugar, potenciar la
utilidad social de los resultados, no únicamente científica o académica.
“Ello exige establecer un contrato ético que defina criterios para deter
minar si un sujeto ha sido suficientemente informado antes de dar su
consentimiento para participar”:21
• Información en la que conste de forma clara y explícita que la partici
pación del sujeto es totalmente voluntaria.
• Descripción de los métodos de investigación, de los objetivos, de los
posibles peligros y de los posibles beneficios, y de los procedimientos
alternativos.
• Facilitar la oportunidad de formular preguntas y la posibilidad de aban
donar la evaluación en cualquier momento del proceso.
• Facilitar información sobre los motivos por los que el sujeto ha sido
seleccionado.
• Proporcionar información sobre los investigadores responsables del
proyecto y sobre el patrocinador.
• Aportar información sobre las posibles estrategias de utilización de la
información obtenida.
Sin embargo, el control democrático por los agentes implicados de los mé
todos utilizados y de la información generada no deja de ser una propuesta
moralista si no se entra en los mecanismos distorsionadores del pensa
miento de los agentes sobre sus propias condiciones de trabajo.22 De aquí
la importancia que adquiere el desarrollo de la formación como parte de los
procesos de evaluación. Hemos de preguntarnos cómo contribuye la eva
luación al proceso de aprendizaje de las organizaciones, las comunidades
y los individuos, y de forma más específica al aprendizaje del propio pro
21
A. J. Kimmel, 1990.
22
D. M. Fetterman, 1994, pp. 1-15.
220 • José Luis San Fabián Maroto
ceso evaluador. De esta manera, la evaluación adquiere una función “peda
gógica”.23 Se trata de una evaluación formativa donde es esencial el impacto
del proceso, es decir, los cambios que a nivel individual, estructural y cul
tural se producen como consecuencia del aprendizaje que tiene lugar durante
la evaluación.24 La evaluación inclusiva se debe planear y organizar, pues,
como un proceso de aprendizaje.25 Para que una evaluación ofrezca opor
tunidades de aprendizaje debe:
• Adaptarse a las necesidades de los implicados.
• Resultar motivadora en cuanto a los temas que trata (relevantes) y las
actividades a realizar (estimulantes).
• Ofrecer oportunidades para la experimentación y la autorreflexión.
• Proporcionar contextos, internos y externos, ricos para el aprendizaje.
• Reflexionar sobre los resultados y el impacto del aprendizaje generado.
Existen diferentes acepciones para referirse a la evaluación participa
tiva: transformadora, para el empoderamiento, inclusiva, colaborativa,
responsiva, comunitaria. Autoras como Carol Weiss (1998)26 utilizan el
término genéricamente para incluir modelos de evaluación orientados a los
clientes, al empoderamiento y la capacitación, centrados en los afectados.
Tal como señala Murray (2002),27 la evaluación participativa tiene tantas
variantes como formas de entender la democracia: elitista, participativa,
deliberativa, directa, transformadora.
Cousins y Whitmore (1998)28 distinguen dos enfoques en la evaluación
participativa, cuyas principales diferencias se encuentran en el papel dado
a la selección de los implicados y la finalidad asignada a la evaluación (me
jora del programa o empoderamiento de las personas):
• Evaluación participativa práctica: el evaluador asume la responsabili
dad técnica y los afectados participan en la definición del problema, la
interpretación de los datos, etcétera.
23
S. Taut, 34 (4), 2008, pp. 224-230.
24
M. Q. Patton, 1997.
25
J. MacBeath, 2008.
26
C. H. Weiss, 1998, pp. 21-33.
27
R. Murray, 2002, pp. 81-100.
28
J. B. Cousins y E. Whitmore, 1998, pp. 5-23.
Evaluación de programas y políticas sociales • 221
• Evaluación participativa transformadora: contribuir al cambio social,
crear y controlar la producción del conocimiento. Es un proceso demo
crático, de reflexión crítica y acción política, donde el evaluador se
implica también en el cambio y el compromiso contra la injusticia y la
desigualdad.
Entre los diferentes modelos podemos destacar la Evaluación Inclusiva
de Mertens (1999),29 la Evaluación Colaborativa de O’Sullivan (2012)30 o la
Evaluación para el Empoderamiento de Fetterman et al. (1996)31 Todos adop
tan un enfoque inclusivo: incorporan a los implicados como diseñadores,
implementadores y beneficiarios de la evaluación.
En el modelo de evaluación democrática los evaluadores ayudan a
crear un entorno favorable al desarrollo del empoderamiento, mediante la
aplicación de 10 principios: mejora, pertenencia a la comunidad, inclusión,
participación democrática, justicia social, conocimiento de la comunidad,
estrategias basadas en evidencias, desarrollo de capacidades, aprendizaje
organizativo y responsabilidad.
Desde esta perspectiva, el papel principal del evaluador de programas
sociales no consiste en planificar y llevar a cabo la evaluación ni siquiera
en aportar técnicas para que otros las apliquen, sino en poner en marcha
un proceso sistemático de indagación en el que las personas implicadas
puedan analizar y deliberar acerca de su propia realidad. A partir de la re
visión que hace Núñez López (2015)32 destacamos las siguientes caracterís
ticas que definen el papel del evaluador en las evaluaciones participativas:
• Identificar las necesidades y conocer las experiencias previas de los
implicados en relación a la evaluación, para tenerlas en cuenta en el
plan de evaluación.
• Crear espacios de diálogo y negociación entre los implicados en el
programa y el equipo de evaluadores, de forma que los actores asuman
responsabilidades y hagan suyo el proceso de evaluación.
• Informar del enfoque de evaluación a seguir y solicitar el consentimiento
para su puesta en práctica.
29
D. M. Mertens, 1999, pp. 1-14.
30
R. O’Sullivan, 2012, pp. 518-522.
31
D. M. Fetterman, S. Kaftarian y A. Wandersman, 1996.
32
H. Núñez López, 2015, p. 18.
222 • José Luis San Fabián Maroto
• Identificar y responder a necesidades de formación de los implicados,
promoviendo el aprendizaje social.
• Conocer todas las perspectivas existentes implicadas, utilizando el co
nocimiento multicultural generado por la comunidad en el proceso
evaluador.
• Incluir a los colectivos que se sienten excluidos, facilitándoles voz.
• Combinar el conocimiento local con evidencias de carácter externo.
• Apoyar la toma de decisiones creando oportunidades para expresar e
intercambiar opiniones y propuestas.
• Ayudar a los participantes a que asuman y conduzcan la evaluación y
sus resultados.
Una debilidad de la evaluación participativa es la falta de concreción a
la hora de establecer su metodología específica. Wandersman y Snell-Johns
(2005)33 sugieren que la evaluación para el empoderamiento no se define
por sus métodos, sino por la manera colaborativa en que los métodos son
aplicados siguiendo los principios de dicho modelo; pero esto no deja de ser
una respuesta evasiva, ¿qué se entiende por “manera colaborativa”? ¿No se
trata de un método definido de forma ambigua? Es cierto que el respeto a la
autodeterminación de los implicados dificulta esa concreción, pero al menos
los evaluadores deberíamos reportar con claridad los procedimientos de
sarrollados en las diferentes experiencias de evaluación participativa. Ello
permitiría sistematizar y acumular un conjunto de evidencias prácticas de
utilidad para ir configurando metodológicamente este movimiento evalua
dor. Autores como Aubel (2000)34 no se resisten a describir (no prescribir)
las etapas o fases a seguir durante la planificación y la realización de una
evaluación participativa.35
Para Cousins (2005),36 una evaluación para el empoderamiento ha de
contribuir a desarrollar la capacidad de autoevaluación institucional.
El desarrollo de la evaluación inclusiva y participativa no está exento de
33
A. Wandersman y J. Snell-Johns, 2005, pp. 421-428.
34
J. Aubel, 2000.
35
Estas son las fases propuestas por Aubel (2000): fase I: reuniones de pre-planificación;
fase II: taller de planificación de la evaluación; fase III: trabajo de campo: preparación para el
trabajo de campo, recolección de información y análisis de datos; fase IV: taller para la formu
lación de lecciones aprendidas; fase V: resumen de los resultados de la evaluación; fase VI:
desarrollo del plan de acción; fase VII: finalización y distribución del informe de la evaluación.
36
J. B. Cousins, 2005, pp. 183-208.
Evaluación de programas y políticas sociales • 223
obstáculos. Algunos de ellos son la autocomplacencia y el rechazo a las
valoraciones críticas; conflicto entre la crítica, la cooptación y la defensa de
los intereses particulares; centrarse en los resultados positivos; la burocra
tización de la evaluación; su utilización por parte de los gestores y la falta
de independencia.
Responder a la multiplicidad de audiencias enfrenta al evaluador a de
cisiones complejas, donde se combinan exigencias de carácter técnico y ético
que complican notablemente su trabajo. Esto se refleja en las dificultades para
establecer comunicación con diferentes audiencias. Cada colectivo tiene sus
demandas, generalmente legítimas, pero el problema es cuando al evaluador
se le presentan como incompatibles entre sí. El conflicto suele surgir cuando
la evaluación da voz a personas que habitualmente no la tienen en el pro
grama o institución evaluada.
Las relaciones con los grupos desaventajados son problemáticas, porque
la evaluación, al requerir su participación activa, está concediéndoles un
protagonismo que no se corresponde con su posición en el organigrama ni
con el funcionamiento habitual de la organización. Ello puede crear recelos
tanto en estos sectores como en los que ocupan posiciones jerárquicas su
periores, generando turbulencias que pueden envolver al evaluador y poner
en peligro la continuidad de su trabajo en la institución. El papel conflictivo
del evaluador se dirime entre la mejora de las condiciones de equidad e
inclusión y la resistencia de los sectores que se niegan a perder privilegios.
Una vez más emerge su papel de “mediador político”, donde la evalua
ción debe contribuir a que “el equilibrio de intereses predomine frente a la
imposición de algún interés particular”.37 El evaluador se ve de esta forma
inmerso en el conjunto de relaciones y condiciones sociales que atraviesan
los grupos y las comunidades donde evalúa.
En todo caso, el evaluador debe mirar a mediano y largo plazo, evitando
crear situaciones de “espejismo igualitario”. Ha de tener en cuenta que su
papel en la organización es transitorio, por lo que debe pensar en términos
de los que están dentro de la organización. Los efectos de la evaluación, como
instrumento político y formativo, no son inmediatos. Parece dudoso que la
evaluación por sí sola pueda modificar a corto plazo unas relaciones asimé
tricas institucionales, pero si se dan ciertas condiciones, puede tener un
innegable efecto corrector o equilibrador de las diferencias de estatus.
37
B. McDonald, 1995, p. 16.
224 • José Luis San Fabián Maroto
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Índice
Proemio al tema de racismo y desigualdad................................................. 5
Primera parte
En la interculturalidad de México
Educación y derecho contra
la discriminación racial en México
Vera J. Villa Guardiola
Arturo Hurtado Peña.............................................................................................. 17
Dominación colonial y resistencia cultural
Rafael Aréstegui Ruiz............................................................................................. 41
El genocidio de los indios del desierto como consecuencia
del proyecto liberal de México a finales del siglo xix
Ana María Cárabe.................................................................................................. 63
Jóvenes en la política:
entre la desigualdad y la participación
Olivia Leyva Muñoz................................................................................................ 87
El baile de artesa en la zona
de contacto generada por los afromexicanos
Odilia Organista Mora.......................................................................................... 107
La desigualdad en el acceso a la educación
y a la información en el estado de Guerrero, México
Israel Herrera Miranda......................................................................................... 129
Segunda parte
En otras latitudes
Construyendo la “libertad”, africanos y afrodescendientes
en las Américas durante el siglo xvii.
Estudio de caso a partir del palenque El Limón,
en la gobernación de Cartagena de Indias
Fabiola Meléndez Guadarrama............................................................................. 151
No corta el bacalao
Eduardo Luis Espinosa......................................................................................... 169
Desigualdad y educación superior:
la influencia de la microeconomía familiar
en el abandono de los estudios
María Esteban
Ana Bernardo....................................................................................................... 195
Evaluación de programas y políticas sociales
desde una perspectiva inclusiva
José Luis San Fabián Maroto................................................................................ 213