Asteroide
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
No debe confundirse con Esteroide.
Composición de imágenes en la que se muestran a escala ocho asteroides visitados por sondas
espaciales.
Un asteroide es un cuerpo celeste rocoso, más pequeño que un planeta y mayor
que un meteoroide. La mayoría orbita entre Marte y Júpiter, en la región
del sistema solar conocida como cinturón de asteroides; otros se acumulan en
los puntos de Lagrange de Júpiter, y la mayor parte del resto cruza las órbitas de
los planetas.
La palabra asteroide procede del griego, ἀστεροειδής, y significa «de
figura estelar», en referencia al aspecto que presentan cuando son vistos con
un telescopio. Fue acuñada por William Herschel en 1802, aunque durante la
mayor parte del siglo XIX los astrónomos los denominaron planetas. Hasta el 24
de marzo de 2006 a los asteroides se les llamaba también planetoides o planetas
menores. Sin embargo, estos términos han caído en desuso. 1
Durante más de dos siglos, Ceres fue considerado el primer asteroide descubierto.
Tras la redefinición de planeta de 2006, que reclasificó a este cuerpo
como planeta enano, técnicamente es Palas, encontrado en 1802, el primer
asteroide descubierto. En estos dos siglos el número de asteroides conocidos no
ha dejado de crecer, alcanzando valores de varios cientos de miles. No obstante,
si se sumara toda su masa, el equivalente solo daría para un porcentaje del 5 %
de toda la masa de la Luna.2
Los asteroides se clasifican en función de su ubicación, composición o
agrupamiento. Para la ubicación se toma como referencia la posición relativa de
estos cuerpos respecto al Sol y los planetas. Para la composición se usan los
datos extraídos de los espectros de absorción. Los agrupamientos se basan en
los valores nominales similares del semieje mayor, la excentricidad y la inclinación
de la órbita. Debido a su diminuto tamaño y gran distancia de la Tierra, casi todo lo
que sabemos de ellos procede de medidas astrométricas y radiométricas, curvas
de luz y espectros de absorción. Gaspra, en 1991, fue el primer asteroide visitado
por una sonda espacial, mientras que dos años después Ida fue el primero en el
que se confirmó la existencia de un satélite.
Índice
1El nombre asteroide
2El descubrimiento de los asteroides
o 2.1El planeta entre Marte y Júpiter
o 2.2Ceres, el primer asteroide
o 2.3Palas, Juno y Vesta
o 2.4Miles de asteroides
3Características de los asteroides
o 3.1Formas, tamaños y distribución de masas
4Distribución de los asteroides en el sistema solar
o 4.1Asteroides cercanos a la Tierra
4.1.1Asteroides Atón
4.1.2Asteroides Apolo
4.1.3Asteroides Amor
4.1.4Asteroides potencialmente peligrosos
o 4.2Asteroides del cinturón principal
4.2.1Hungarias
4.2.2Hildas
o 4.3Asteroides troyanos
o 4.4Centauros
5Clasificación de los asteroides según tipos espectrales
o 5.1Tipo espectral S
o 5.2Tipo espectral C
o 5.3Tipo espectral M
o 5.4Tipo espectral V
o 5.5Tipo espectral D
6Familias de asteroides
7Satélites asteroidales
8Riesgo de impacto con la Tierra
9Exploración
o 9.1Asteroides visitados por sondas espaciales
o 9.2Misiones en curso y previstas
10Proceso de denominación de los asteroides
11Véase también
12Referencias
o 12.1Notas
o 12.2Citas
o 12.3Bibliografía
13Enlaces externos
El nombre asteroide[editar]
Retrato de William Herschel, quien ya en 1802 propuso llamar «asteroides» a estos cuerpos.
«Asteroide» es una palabra de origen griego, ἀστεροειδής, que se puede traducir
al español como «de forma estelar».3 Hace alusión al aspecto que ofrecen estos
cuerpos vistos a través de un telescopio. Fue Herschel quien el 6 de mayo de
1802 propuso ante la Royal Society de Londres que tanto Ceres como Palas,
únicos asteroides descubiertos hasta ese momento, eran un nuevo tipo de
cuerpos, a los que llamó asteroides.4 Sin embargo, la mayoría de los astrónomos
de la época rechazó la propuesta de Herschel por considerarla indigna, ridícula o
sin precedentes, y continuaron considerándolos planetas. Giuseppe Piazzi,
descubridor de Ceres, empleó el término planetoide y solo Heinrich
Olbers secundó a Herschel.5 «Asteroide» no empezó a generalizarse hasta
principios del siglo XX.
En 2013, Clifford Cunningham, en un encuentro de la división planetaria de
la Sociedad Astronómica Americana, argumentó que la propuesta original
procedía del especialista en griego Charles Burney. Según Cunningham, Herschel
pidió sugerencias a varios amigos entre los que estaban Joseph Banks y Charles
Burney.5 A su vez, Banks escribió a Stephen Weston, quien propuso el nombre
«aorate», y Burney escribió a su hijo proponiendo nombres como «stellula» en
clara alusión al diminuto tamaño de estos cuerpos. Posteriormente, Burney
escribiría a Frances Crewe: They are not allowed by Herschel to be either Planets
or Comets, but asteroids, italick, a kind of star —a name my son, the Grecian,
[Link] 1 Finalmente Herschel se decidió por «asteroide» por ser la mejor de
un montón de malas ideas.6
El descubrimiento de los asteroides[editar]
Durante siglos, astrónomos, físicos y matemáticos se preguntaron por el enorme
vacío que había entre las órbitas de Marte y Júpiter, pero no fue hasta el siglo XIX
que Piazzi dio una primera respuesta al descubrir Ceres. En el siglo siguiente, los
astrónomos ya conocían miles de asteroides, principalmente agrupados en
el cinturón de asteroides. Con la llegada de las búsquedas automatizadas a finales
del siglo XX y principios del XXI, el número de asteroides conocido se disparó. En
2012, había más de seiscientas mil órbitas computadas. 7
El planeta entre Marte y Júpiter[editar]
Johannes Kepler fue el primero en proponer la existencia de un planeta desconocido entre Marte y
Júpiter.
El primer investigador que se ocupó del hueco que había entre las órbitas de
Marte y Júpiter fue Johannes Kepler. Kepler formuló la hipótesis de que debía
existir un planeta desconocido en ese espacio, aunque agregó que quizá no fuese
suficiente con uno. Posteriormente otros científicos retomaron la cuestión. Isaac
Newton opinaba que tanto Júpiter como Saturno habían sido puestos por
influencia divina en el exterior del sistema solar para no perturbar las órbitas de los
planetas interiores.[cita requerida] El filósofo Immanuel Kant dijo que el espacio vacío
estaba en proporción a la masa de Júpiter. Johann Heinrich Lambert pensaba que
el hueco era quizá el resultado de la expulsión de algún hipotético planeta debido
a la influencia gravitatoria de Júpiter y Saturno.
Ya en el siglo XVIII varios astrónomos estaban dispuestos a creer en la existencia
de múltiples planetas desconocidos en el sistema solar. Sin embargo, fue Johann
Daniel Titius, en 1766, el primero en aportar la explicación para la distancia entre
las órbitas de Marte y Júpiter que con el tiempo se conocería como ley de Titius-
Bode. La relación numérica atrajo la atención de Johann Elert Bode, quien no
dudó de su validez y la publicó en 1772. El descubrimiento de Urano por William
Herschel en 1781 a la distancia que vaticinaba la ley fue la confirmación definitiva
de su fiabilidad y reforzó la creencia en la existencia de un planeta entre Marte y
Júpiter.8
Retrato de Franz Xaver von Zach, impulsor de la Sociedad de Lilienthal conocida como la policía
celeste.
Uno de los astrónomos que más interés se tomó en la localización del planeta fue
el barón Franz Xaver von Zach, director del observatorio de Seeberg. Zach
seleccionó la región zodiacal, preparó una mapa de estrellas que le permitiera
determinar la presencia de nuevos objetos y calculó incluso una hipotética órbita
para el desconocido planeta. En 1800, tras estériles resultados, convenció a otros
astrónomos para que le ayudaran en la búsqueda. El 20 de septiembre de 1800 se
constituyó la Vereinigte Astronomische Gesellschaft, conocida como Sociedad de
Lilienthal, con el propósito de cartografiar la región del Zodiaco hasta las más
débiles estrellas. Entre los miembros fundadores estaban Karl Ludwig Harding y
Olbers, quienes más adelante descubrirían uno y dos asteroides respectivamente.
Para lograr sus fines, dividieron el Zodiaco en veinticuatro partes iguales y
escogieron a otros astrónomos hasta completar la cifra de las divisiones. A estos
astrónomos se les conoce como la policía celeste, aunque varios no llegaron a
participar activamente en la búsqueda. Entre los seleccionados estaban Herschel
y Piazzi, quien no recibió una invitación formal para unirse a la empresa, aunque a
la postre fue el descubridor del nuevo planeta.
Ceres, el primer asteroide[editar]
Retrato de Giuseppe Piazzi, descubridor de Ceres.
La noche del 1 de enero de 1801, mientras trabajaba en la composición de un
catálogo de estrellas, Piazzi encontró un objeto en la constelación del Toro.
Observó, en las noches sucesivas, que el objeto se movía sobre el fondo estelar.
Al principio pensó que se trataba de un error, pero luego llegó a la conclusión de
que había descubierto un cometa. El 4 de enero anunció a la prensa el hallazgo,
gracias a lo cual varios astrónomos europeos, entre ellos Joseph Lalande quien
pidió a Piazzi que le enviara sus observaciones, supieron la noticia a finales de
febrero. Más adelante compartió sus observaciones por sendas cartas con Bode
y Barnaba Oriani en las que mencionaba la ausencia de nebulosidad alrededor del
objeto.
Con los datos que le aportaba Piazzi en su carta, Bode calculó una órbita
preliminar. El 26 de marzo comunicó en la Academia Prusiana de las Ciencias que
la órbita era consistente con el planeta que faltaba entre Marte y Júpiter y
posteriormente informó a Zach para que lo publicase en Monatliche
Correspondenz. Llegó incluso a proponer el nombre de Juno para el nuevo
planeta. Piazzi ya había bautizado su descubrimiento como Cerere Ferdinandea
en honor a la diosa patrona de Sicilia y al rey Fernando. A la larga, la comunidad
astronómica aceptó el nombre de Ceres para el nuevo objeto.
Carl Friedrich Gauss calculó la órbita que permitió el redescubrimiento de Ceres.
Lalande pasó las observaciones de Piazzi a Johann Karl Burckhardt quien calculó
una órbita elíptica con ellas y envió sus resultados a Zach a primeros de junio. A
finales del mismo mes, la comunidad astronómica estaba convencida de que
Ceres era un nuevo planeta. Sin embargo, la tardanza de Piazzi en proporcionar
los datos de sus observaciones frustraron los intentos de recuperarlo. Zach, en
carta enviada a Oriani el 6 de julio, criticó a Piazzi por haber mantenido en secreto
su trabajo. Para finales de agosto muchos astrónomos, en especial en Francia,
dudaban de la existencia del objeto.
En septiembre se publicaron todas las observaciones de Piazzi. Carl Friedrich
Gauss calculó una nueva órbita elíptica que mejoraba mucho la anteriormente
obtenida por Burckhardt, quien en realidad trabajó con pocas observaciones. El 7
de diciembre Zach llegó a ver el planeta enano, pero el mal tiempo de los
siguientes días le impidió continuar con sus observaciones. Finalmente, el 31 de
diciembre Zach y el 2 de enero Olbers observaron independientemente Ceres en
la posición predicha por los cálculos de Gauss, con lo que se confirmaba la
existencia del objeto.
Palas, Juno y Vesta[editar]
Heinrich Olbers descubrió Palas y Vesta y propuso la primera teoría del origen de los asteroides
Unos meses después de la recuperación de Ceres, el 28 de marzo de 1802,
Olbers encontraba otro objeto de características parecidas, pero con inclinación y
excentricidad mayores. Dos días después estaba seguro de que se hallaba ante
un nuevo planeta, al que denominó Palas, pues observó que se desplazaba
respecto a las estrellas de fondo. El 4 de abril, Zach confirmó el descubrimiento de
Olbers y extendió la noticia que fue enseguida aceptada por la mayoría de
astrónomos europeos. Para tratar de casar la ley de Bode-Titius, cuyo fundamento
físico, aunque desconocido, no había sido puesto en duda, con la presencia de
dos cuerpos en lugar de uno, Olbers propuso que Ceres y Palas eran trozos de un
planeta mayor que se había fragmentado por fuerzas internas o por un impacto.
La consecuencia inmediata de la teoría de Olbers fue que podrían existir más
objetos entre las órbitas de Marte y Júpiter aún por descubrir. Así, Harding, tras
constantes observaciones de la región del firmamento donde se cruzaban las
órbitas de Ceres y Palas, terminó por encontrar a Juno el 1 de septiembre de
1804. Días después, Hofrath Huth, en una carta enviada a Bode, aventuraba que
no sería el último descubrimiento y que estos cuerpos podrían haberse originado a
la vez que el resto de planetas y de la misma forma, en contra de lo que postulaba
Olbers.
Casi tres años después, Olbers descubrió un cuarto asteroide, Vesta, en la misma
región del cielo y que ha resultado ser el más brillante. El nombre fue propuesto
por Gauss. Estos cuatro descubrimientos reforzaron la teoría olbersiana, a pesar
de ser objetivamente pocos. Sin embargo, ya en 1812, Joseph-Louis de
Lagrange la cuestionaba, afirmando que era extraordinaria, pero improbable.
Miles de asteroides[editar]
Tras los primeros descubrimientos, pasaron cerca de cuarenta años hasta
que Karl Ludwig Hencke encontró el quinto tras cinco lustros de intensa búsqueda.
Este largo lapso de tiempo se puede explicar por tres causas principales. En
primer lugar, la mayoría de astrónomos, influidos por la teoría de Olbers, hicieron
sus búsquedas en la misma región del espacio en las que se descubrieron los
primeros cuerpos. En segundo, la búsqueda sistemática de nuevos planetas no
fue considerada una prioridad astronómica, puesto que los primeros cuerpos se
encontraron por accidente. Por último, la ausencia de buenas cartas celestes,
donde se mostrase de forma inequívoca la posición de las estrellas, desalentó a
los astrónomos porque no se tenía certeza de hallarse ante un nuevo planeta o
una estrella.
Max Wolf descubrió el primer asteroide mediante la astrofotografía.
Con el acceso a un número cada vez mayor de cartas celestes, los astrónomos
dispusieron de medios para emprender la tarea con suficientes garantías. Así, en
1857 ya se habían descubierto cincuenta y el número cien se catalogó en 1868. El
22 de diciembre de 1891, Maximilian Franz Wolf descubrió Brucia mediante la
astrofotografía, técnica que aceleró el aumento de la nómina de asteroides. Para
1923 ya había mil asteroides catalogados y en 1985 se registró el número tres mil.
A finales del siglo XX, el refinamiento de las técnicas de observación y el empleo
de programas automatizados, como Linear y Spacewatch, incrementó
exponencialmente la cantidad de asteroides conocidos. En 1999 eran diez mil; en
2002, cincuenta mil; el número cien mil se catalogó en 2005; para 2014 ya eran
cuatrocientos mil los cuerpos catalogados.7 Algunas estimaciones permiten
suponer que haya más de un millón de asteroides con tamaños superiores a un
kilómetro.9
Mientras aumentaba el número de asteroides, los astrónomos se cuestionaban su
origen. François Arago observó que las órbitas no se intersecaban en la misma
región del espacio, lo que ponía en duda la teoría de Olbers, aunque admitió que
el entrelazamiento de las órbitas sugería algún tipo de relación. Más adelante, en
1867, Daniel Kirkwood postuló que los asteroides se habían originado a partir de
un anillo de materia que no llegó a formar un planeta debido a la influencia
gravitatoria de Júpiter. Esta teoría terminó por convertirse en la dominante en los
círculos astronómicos. El mismo Kirkwood encontró que no existían asteroides
cuyos periodos de traslación tuviesen una relación de números enteros sencillos
con Júpiter por lo que se producían huecos en la distribución de los asteroides. En
1918, Kiyotsugu Hirayama encontró similitudes en los parámetros orbitales de
varios asteroides, concluyó que tenían un origen común, probablemente tras
colisiones catastróficas, y llamó a estas agrupaciones familias de asteroides.
Características de los asteroides[editar]
Los asteroides son cuerpos menores, rocosos y que orbitan alrededor del Sol a
distancias inferiores a la de Neptuno. La mayoría está situada entre las órbitas de
Marte y Júpiter. Tienen tamaños reducidos y formas irregulares, salvo algunos de
mayor tamaño como Palas, Vesta o Higía que tienen formas ligeramente
redondeadas.
Se originaron a partir de la colisión de cuerpos mayores que no llegaron a
conformar un planeta por la influencia gravitatoria de Júpiter.
Formas, tamaños y distribución de masas[editar]
El tamaño de los asteroides varía entre los 1000 km del más grande hasta rocas
de apenas una decena de metros. Los tres más grandes son similares a planetas
en miniatura: Son más o menos esféricos, su interior está parcialmente
diferenciado y se cree que son protoplanetas. Sin embargo, la gran mayoría son
mucho más pequeños, de forma irregular y, o bien son restos supervivientes de
los primitivos planetésimos, o bien fragmentos de cuerpos más grandes
producidos tras colisiones catastróficas.
Ceres antes considerado el más grande asteroide, ha ingresado en la categoría de
planeta enano. Por tanto, ahora los de mayor tamaño son Palas y Vesta, ambos
con diámetros poco mayores de 500 km. Vesta, además, es el único asteroide del
cinturón principal que, en ocasiones, puede verse a simple vista. En contadas
ocasiones, asteroides cercanos a la Tierra como Apofis pueden verse con el ojo
desnudo.
La masa de todos los asteroides del cinturón principal está estimada entre 2,8 y
3,2×1021 kg; o, lo que es igual, un 4 % de la masa de la Luna. Ceres, con
9,5×1020 kg, representa la tercera parte del total. Junto a Vesta (9 %), Palas (7 %)
e Higía (3 %) alcanza a más de la mitad de la masa. Los siguientes tres
asteroides Davida (1,2 %), Interamnia (1 %) y Europa (0,9 %) solo añaden otro
3 % a la masa total. A partir de aquí, el número de asteroides aumenta
rápidamente al tiempo que sus masas individuales disminuyen.
Comparación en tamaño y población
El número de asteroides disminuye notablemente conforme aumenta el tamaño.
Aunque esto sigue una distribución de potencias, hay saltos para los 5 y 100 km
donde se encuentran más asteroides de lo esperado según una distribución
logarítmica.
En la Figura se comparan los tamaños relativos entre un plantea, un planetesimal,
cometas, asteroides, meteoroides y granos de polvo. En esta diagrama se
compara con el asteroide Chicxulub, que según las simulaciones más recientes
han acotado su tamaño entre 10 y 15 km. 10
Distribución de los asteroides en el sistema solar [editar]
Asteroides cercanos a la Tierra[editar]
Artículo principal: Asteroides cercanos a la Tierra
Órbitas de los principales grupos de asteroides cercanos a la Tierra
Los asteroides cercanos a la Tierra (NEA, acrónimo inglés de Near-Earth
Asteroids) son todos aquellos objetos astronómicos que tienen una órbita cercana
a la Tierra y no son cometas. Hay más de 10 000 asteroides conocidos con estas
características con diámetros que varían desde un metro a los
aproximadamente 32 km de [Link] 2 Los que superan el kilómetro se
acercan a los 1000.11 Eros fue el primer asteroide de este grupo en ser
descubierto.
Parte de estos cuerpos son residuos de cometas extinguidos. Otros NEA se cree
que se originan en el cinturón de asteroides donde la influencia gravitatoria
de Júpiter expulsa al sistema solar interior a los asteroides que caen en los huecos
de Kirkwood.12 El efecto Yarkovsky contribuye a que el suministro de asteroides a
las resonancias jovianas sea continuo. 13
La duración estimada de los NEA es de unos pocos millones de años. 14 Su
composición es comparable a la de los asteroides del cinturón principal o a la de
los cometas de periodo corto.15
Los NEA se dividen en tres grupos principales atendiendo al semieje
mayor, perihelio y afelio.16
Asteroides Atón[editar]
Artículo principal: Asteroide Atón
Son aquellos que tienen un semieje mayor inferior a 1 ua. El asteroide Atón da
nombre al grupo. Si además no cruzan la órbita terrestre se les
denomina asteroides Apohele, asteroides Atira u objetos interiores a la Tierra. 17
Algunos asteroides de este grupo, como Cruithne, tienen órbitas similares a la
terrestre.
Asteroides Apolo[editar]
Artículo principal: Asteroide Apolo
Son aquellos que tienen un semieje mayor superior a 1 ua y cruzan la órbita de la
Tierra. El asteroide Apolo da nombre al grupo.
Asteroides Amor[editar]
Artículo principal: Asteroide Amor
Son aquellos cuyo perihelio es mayor que el afelio terrestre e inferior a 1,3 ua. El
asteroide Amor.
Asteroides potencialmente peligrosos[editar]
Artículo principal: Asteroide potencialmente peligroso
Se llaman asteroides potencialmente peligrosos (PHA, acrónimo en inglés
de Potentially Hazardous Asteroids) a aquellos que se aproximan a la Tierra a
menos de 0,05 ua y tienen una magnitud absoluta inferior a 22. 18 El más grande de
estos cuerpos es Toutatis.
Asteroides del cinturón principal[editar]
Artículo principal: Cinturón de asteroides
Gráfico de la distribución de los asteroides en el cinturón donde se ven los principales huecos de
Kirkwood.
El cinturón de asteroides es una región del sistema solar comprendida entre las
órbitas de Marte y Júpiter. La mayor parte de los asteroides forma parte de él, a
distancias comprendidas entre 2 y 3,5 ua. Más de la mitad de la masa la
constituyen el planeta enano Ceres y los grandes asteroides Palas, Vesta, Juno
e Higía, aunque la masa total del cinturón apenas supone un 4 % de la masa de la
Luna.
El cinturón de asteroides se formó en la nebulosa protosolar junto con el resto del
sistema solar. Los fragmentos de material contenidos en la región del cinturón
habrían podido formar un planeta, pero las perturbaciones gravitacionales de
Júpiter, el planeta más masivo, produjeron que estos fragmentos colisionaran
entre sí a grandes velocidades y no pudieran agruparse, resultando en el residuo
rocoso que se observa en la actualidad. Una consecuencia de estas
perturbaciones son los huecos de Kirkwood, zonas donde no se encuentran
asteroides debido a resonancias orbitales con Júpiter que provocan que sus
órbitas se tornen inestables.
El cinturón de asteroides está dividido en varias regiones según los límites que
marcan las resonancias jovianas. Sin embargo, no todos los autores se ponen de
acuerdo. Para la mayoría se divide en interior, exterior y medio o principal
propiamente dicho, cuyos límites son las resonancias 4:1 y 2:1. A su vez, el
cinturón principal se divide en tres zonas designadas con números romanos y
limitadas por las resonancias 3:1 y 5:2. Una última resonancia, 7:3, marca una
interrupción en la zona III. Algunos asteroides tienen órbitas tan excéntricas que
llegan a cruzar la de Marte (en inglés, Mars-crossing asteroids).
Hungarias[editar]
Los hungarias o asteroides del grupo de Hungaria son cuerpos menores situados
entre 1,78 y 2,06 ua, con inclinaciones orbitales elevadas y excentricidad menor
de 0,18. Son el resultado de una colisión catastrófica producida hace menos de
quinientos millones de años y cuyo fragmento mayor es Hungaria, que da nombre
al grupo, la región y la familia. La mayoría de los cuerpos de este conjunto
pertenecen al grupo asteroidal de Hungaria. Son objetos muy brillantes, con
magnitudes absolutas inferiores a 18 y pertenecen a los tipos espectrales E y X. 19
Hildas[editar]
Los hildas o asteroides del grupo de Hilda son cuerpos menores que tienen
resonancia orbital 3:2 con Júpiternota 3 y un semieje mayor comprendido entre 3,8 y
4,1 ua aproximadamente. Los miembros centrales del grupo tienen una alta
estabilidad orbital y pertenecen a los tipos espectrales D y P. La mayoría está
agrupado en las familias de Hilda y de Schubart. 20
Asteroides troyanos[editar]
Artículo principal: Asteroide troyano
Gráfico del sistema solar interior. Los puntos verdes representan a los asteroides troyanos de Júpiter.
Los asteroides troyanos son asteroides que comparten órbita con un planeta. Se
distribuyen en dos regiones alargadas y curvas alrededor de los puntos estables
de Lagrange L4 y L5, situados 60° delante y detrás del planeta respectivamente. El
nombre troyano se debe a que se estableció la convención de bautizar a los
asteroides que ocupaban dichos puntos de la órbita de Júpiter con el nombre de
los personajes de la guerra de Troya.
Tradicionalmente el término se ha referido a los asteroides troyanos de Júpiter, los
primeros en ser descubiertos y los más numerosos hasta la fecha con diferencia.
Sin embargo, con el descubrimiento de asteroides en los puntos de Lagrange de
otros planetas del sistema solar, el término se ha extendido para englobarlos a
todos. Solo Saturno y los planetas interiores a la Tierra no tienen asteroides
troyanos confirmados. En el caso de los troyanos de Júpiter, los que anteceden al
planeta pertenecen al grupo del campo griego y los que siguen al planeta al grupo
del campo troyano.
Existen dos teorías para explicar su origen y ubicación. La primera indica que se
formaron durante la última etapa de acreción planetaria en la misma región en la
que se encuentran. La segunda establece que, durante la migración planetaria, el
primitivo cinturón de Kuiper se desestabilizó y millones de objetos fueron
expulsados al interior del sistema solar donde se incorporaron a los puntos de
Lagrange de los planetas gaseosos.
Aquiles, el 22 de febrero de 1906 en el punto L 4 de la órbita joviana, fue el primer
troyano en ser descubierto. Hubo de transcurrir casi un siglo para descubrir
troyanos de otros planetas. El 20 de junio de 1990 se encontró Eureka, primer
troyano de Marte, y el 21 de agosto de 2001 se halló a 2001 QR322, el primero
de Neptuno. Más tarde se descubrieron sendos troyanos en las órbitas de la Tierra
y Urano.
Centauros[editar]
Artículo principal: Centauro (astronomía)
Se denominan centauros a un grupo de cuerpos menores que se encuentran en la
parte exterior del sistema solar orbitando entre los grandes planetas. Quirón orbita
entre Saturno y Urano, Damocles entre Marte y Urano.
Estos cuerpos tienen órbitas inestables, muy influidos gravitatoriamente por la
gran masa de Júpiter.
Clasificación de los asteroides según tipos
espectrales[editar]
Artículo principal: Tipo espectral (asteroides)
El estudio de la luz reflejada por los asteroides proporciona indicios de sus
composiciones superficiales. El análisis de los espectros de absorción de cientos
de asteroides ha permitido clasificarlos en diferentes tipos atendiendo a diversos
criterios, siendo los principales tipos “S”, “C”, “M”, “V” y “D”. Sin embargo, distintos
materiales pueden tener similares espectros de absorción que, a su vez, pueden
estar afectados por el estado de la superficie: si es porosa o compacta; si las
rocas están más o menos fragmentadas; si está cubierta de polvo; o si ha sufrido
una larga exposición a las radiaciones solar y cósmica.21 Los principales modelos
de clasificación espectral son Tholen y SMASS.
Tipo espectral S[editar]
Artículo principal: Asteroide de tipo S
Los asteroides del tipo S representan alrededor del 17 % de los asteroides
conocidos y tienen un albedo promedio de 0,14. Contienen metales en su
composición y son formados fundamentalmente por silicio. Abundan en la parte
interna del Cinturón.
Tipo espectral C[editar]
Artículo principal: Asteroide de tipo C
Los asteroides del tipo C tienen un albedo menor que 0,04 y constituyen más de la
mitad de los asteroides conocidos. Son extremadamente oscuros y semejantes a
meteoritos. Contienen rocas con un elevado porcentaje de carbono.
Tipo espectral M[editar]
Los asteroides del tipo M son brillantes (albedos entre 0,10 y 0,18), ricos en
metales (principalmente níquel y hierro) y parecen proceder del núcleo de
asteroides diferenciados.
Tipo espectral V[editar]
Estos asteroides, también llamados vestoides, son objetos astronómicos cuyo
espectro es muy similar al de Vesta, el más grande con diferencia. La mayoría
tiene valores de excentricidad e inclinación de la órbita parecidos a los de Vesta y
un rango del semieje mayor entre 2,18 y 2,5 unidades astronómicas (hueco de
Kirkwood 3:1). Esto permite suponer un origen común tras un gran impacto sobre
Vesta. Son relativamente brillantes y en composición están equiparados a los
asteroides del tipo S, pero contienen más piroxeno. Están relacionados con
los meteoritos HED.
Tipo espectral D[editar]
Los asteroides del tipo D tienen un albedo muy bajo (comprendido entre 0,02 y
0,05). Son muy rojos en longitudes de onda largas, debido quizás a la presencia
de materiales con gran cantidad de carbono. Son muy raros en el cinturón
principal y se les encuentra con mayor frecuencia en distancias superiores a
3,3 unidades astronómicas del Sol, donde su período orbital es del orden de la
mitad del de Júpiter; es decir, están en las proximidades de la resonancia 2:1.
Familias de asteroides[editar]
Artículo principal: Familia de asteroides
Las familias de asteroides son agrupaciones de asteroides que comparten
similares valores de semieje mayor, excentricidad e inclinación orbital.
Generalmente, se nombran a partir del asteroide con menor número que forma
parte de la familia. Fueron definidas por primera vez en 1918 por Kiyotsugu
Hirayama22 quien identificó las cinco familias que aún se llaman familias de
Hirayama: la familia de Coronis, la familia de Eos, la familia de Temis, la familia de
Flora y la familia de María.23
Se originan por las colisiones entre los asteroides. La edad media de las familias
de asteroides es del orden de mil millones de años.
Satélites asteroidales[editar]
Artículo principal: Satélite asteroidal
Algunos asteroides tienen satélites a su alrededor como Ida y su satélite Dactyl;
o Silvia y sus dos satélites, Rómulo y Remo. Rómulo, descubierto el 18 de febrero
de 2001 en el telescopio W. M. Keck II de 10 m en Mauna Kea, tiene {{esd|18
[[kilómetro}}|km]] de diámetro y su órbita, a una distancia de 1370 km de Silvia,
tarda en completarse 87,6 horas. Remo, la segunda luna, tiene 7 km de diámetro y
gira a una distancia de 710 km, tardando 33 horas en completar una órbita
alrededor de Silvia.
Riesgo de impacto con la Tierra[editar]
Los Asteroides Cercanos a la Tierra (Near Earth Asteroids o NEA) se dividen en
tres categorías: Atones, Apolos y Amores, siguiendo el nombre de cada prototipo
(Atón, Apolo y Amor). Bajo ciertas condiciones sería posible un impacto con
nuestro planeta. Si además consideramos a los cometas, generalmente menos
masivos pero igualmente con gran poder destructor, el grupo que los incluye a
todos se llama Objetos Cercanos a la Tierra, en inglés Near Earth Objects (NEO).
Actualmente existen unos 4000 objetos catalogados como NEO, según «NeoDys»
(Near Earth Objects - Dynamic Site), un proyecto de la Universidad de Pisa que
proporciona información actualizada de este tipo de astros. Finalmente, si un NEA
se aproxima a menos de 0,05 unidades astronómicas (7 millones y medio de
kilómetros) de la Tierra, se le denomina PHA (asteroide potencialmente peligroso,
por sus siglas en inglés). De ellos hay clasificados unos 800 en la actualidad y son
los que representan un peligro para la civilización si en verdad alguno llegara a
chocar contra nuestro planeta, ya que afectaría de manera global al mismo. Sin
embargo, los cálculos de las trayectorias y de cada aproximación a la Tierra tienen
grandes incertidumbres, debido a que los elementos orbitales (semiejes mayor y
menor, distancia mínima al Sol, excentricidad, entre otros) no se conocen con total
precisión, de manera que cualquier predicción está sujeta a un margen de error
considerable.
De hecho, el PHA que durante los pasados años ha representado el mayor
peligro, denominado 1950 DA, ya no se clasifica como tal y dejó recientemente de
ser un PHA. Hasta hace poco se pensaba que existía cierta posibilidad de que
impactara contra nuestro planeta el año 2880; sin embargo, el refinamiento de los
elementos orbitales ha permitido que nos demos cuenta de que tal evento no
ocurrirá. Otros PHA conocidos poseen probabilidades muy bajas de llegar a
chocar con la Tierra. De hecho ninguno está por encima del umbral de ruido (esto
es, la posibilidad no es significativa). Lo que no quiere decir que en cualquier
momento un cálculo más preciso de la trayectoria de uno de ellos, lo cual requiere
observaciones precisas y continuadas, o el descubrimiento de un nuevo PHA,
indique que el impacto llegue a ocurrir. De ahí la importancia de los grandes
proyectos que coordinen observaciones sistemáticas del cielo y el mantenimiento
de bases de datos actualizadas.
En España existe un centro dedicado casi exclusivamente a este tema que está
ubicado en el Observatorio Astronómico de La Sagra, situado en plena montaña (a
una altura de 1580 m) cerca de Puebla de Don Fadrique, en la provincia de
Granada, miembro de la asociación internacional Spaceguard Foundation.
Por otro lado, dependiendo de la distancia relativa entre la superficie de la Tierra y
la roca espacial (asteroide o comenta o meteoroide) tienen diferentes nombres. En
la Figura se muestra que a los restos de la roca que quedaron después de
quemarse en la atmósfera y chocar con la superficie se llama meteorito. Si la roca
está en la atmósfera se llama Meteoro o lluvia de estrellas o Bólido cuando es muy
brillante.
Rocas Espaciales
Exploración[editar]
Imagen de radar del asteroide cercano a la Tierra (308242) 2005 GO21 tomada el 17 de junio de 2012 por la Red
del Espacio Profundo en Goldstone
Hasta la llegada de los viajes espaciales, los objetos del cinturón de asteroides no
eran más que simples puntos de luz, incluso para los más grandes telescopios, y
sus formas y composición eran meramente especulativas. Los mejores telescopios
terrestres y el telescopio espacial Hubble, en órbita terrestre, son capaces de
resolver unos pocos detalles de las superficies de los asteroides más grandes,
pero aun en este caso la mayoría de esos detalles solo son manchas borrosas.
Algo más de información sobre la composición y la forma se consigue deducir de
la curva de luz y de las características espectrales. El tamaño del asteroide se
puede saber midiendo el tiempo que duran las ocultaciones estelares —cuando un
asteroide pasa delante de una estrella— y calculando la distancia del asteroide a
la Tierra. Las imágenes de radar proporcionan excelentes datos de las formas y
los parámetros orbitales y rotacionales, especialmente de los asteroides cercanos
a la Tierra. En cuanto a los requisitos de delta-v y propulsión, los NEO son
cuerpos más accesibles que la Luna.24