CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
PRIMERA: Los términos: deficiencia, incapacidad, invalidez, minusvalía
y discapacidad están relacionados entre sí más no son sinónimos. Deficiencia
es toda alteración o pérdida de una estructura orgánica o de su funcionamiento
que ocasiona una incapacidad, es decir, la limitación o restricción para la
realización de actividades del modo considerado “normal”, dichas situaciones
traen como consecuencia la falta de capacidad para llevar a cabo una actividad
específica, esto es la invalidez; en relación, el padecimiento de una alguna
deficiencia y por lo tanto, de sus consecuencias (incapacidad e invalidez) es a
lo que se le denomina discapacidad. Por último, minusvalía es la discapacidad
socializada, esto significa, la desigualdad social, las desventajas que enfrentan
en relación con su entorno las personas que la padecen.
SEGUNDA: La forma más apropiada para referirnos a quienes poseen
alguna deficiencia es el de “persona con discapacidad”, ya que de esta manera,
no sólo se hace alusión a sus características físicas o mentales, sino que al
anteponerse el término “persona”, dándosele prioridad, nos recuerda su
naturaleza y con ello, su dignidad y valor; de esta manera, de lo que se trata es
de evitar la discriminación y humillación de dichas personas, evitándose
también, expresiones despectivas que den pie a lo anterior o bien a la
generación de lástima.
TERCERA: Más importante aún que la manera en que se les llame a las
personas con discapacidad, es la imagen y el trato que las sociedad les
otorgue, pues mientras se les siga considerando inferiores, teniéndoseles
lástima o rechazándoseles, serán siempre señaladas y por lo tanto,
discriminadas sin importar el nombre que se les de.
CUARTA: En la antigüedad, debido a las creencias mágico-religiosas
sobre las causas de la discapacidad, quienes la poseían o bien eran objetos de
culto y adoración, o bien de asesinatos o exclusión. Gracias al posterior
conocimiento de tales causas ( genéticas, médicas y/o accidentales), fueron
eliminados los asesinatos, más no la discriminación y humillación, éstas
aunque en menor grado, siguen estando presentes en la realidad de las
personas con discapacidad.
QUINTA: La discapacidad no sólo repercute en quien la padece, sino
que lo hace también en sus grupos de pertenencias social y familiar, es decir,
en quienes lo rodean.
SEXTA: Dado que el Gobierno tiene la posibilidad de entrar en todas las
esferas sociales, así como el poder de regular en todos los ámbitos, su apoyo
es indispensable en la integración de las personas con discapacidad; es por
ello necesario, que tanto la Federación como las Entidades Federativas y los
Municipios, den prioridad política y presupuestaria para la creación y
continuidad a favor de este grupo vulnerable.
SÉPTIMA: Discapacidad no significa imposibilidad; las personas con
discapacidad también tienen capacidades, y en relación a ellas están
posibilitados para trabajar, por lo tanto deben tener acceso a un empleo digno
y productivo, sin discriminaciones debidas a sus circunstancias.
OCTAVA: La legislación sobre discapacidad, si bien ha evolucionado
hasta llegar a leyes especializadas en la materia, aún tienen carencias, en
tanto que la integración social y la incorporación al desarrollo del que tanto se
habla aún no es una realidad.
NOVENA: Se habla de “anomia”, no porque exista ausencia de normas
jurídicas que protejan e integren a las personas con discapacidad, sino porque
éstas no son eficaces y muchas veces no son aplicadas.
DÉCIMA: Si bien existen normas jurídicas y programas
gubernamentales que apoyan a las personas con discapacidad, es más
importante la creación de una cultura de respeto y sensibilización de las
necesidades de las personas con discapacidad, así como un trato digno y
respetuoso hacia ellas; dicha cultura debe comenzar desde la infancia, en cada
uno de los hogares y darle continuidad en los diferentes niveles de educación
a través de programas concernientes en el tema.
DÉCIMO PRIMERA: Una cultura arraigada de respeto y dignificación
hacia quienes padecen alguna deficiencia, sería en gran medida la solución
para que tanto la legislación, los programas gubernamentales y los esfuerzos
de la sociedad civil en cuanto a discapacidad, surtan los efectos esperados, y
cumplan con su objetivo: la plena integración de las personas con
discapacidad.
DÉCIMO SEGUNDA: La cultura de conciencia y respeto de la que se
habla, así como la integración de las personas con discapacidad, debe
basarse en resaltar sus capacidades y no su incapacidad, así como también su
valor como seres humanos y el respeto al principio de igualdad.
DÉCIMO TERCERA: Para que todos las actos que se realicen a favor
de las personas con discapacidad, llámense legislaciones, programas,
planeaciones, etc., sea adecuados, es necesario tomar en cuenta las
experiencias y opiniones de las mismas, pues nadie que ellas mejor para
determinar las necesidades y obstáculos que afrontan.