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Filosofía del Renacimiento: Humanismo y Utopías

El documento resume los principales aspectos del humanismo durante el Renacimiento en Europa, incluyendo: 1) El humanismo valoraba al ser humano y la naturaleza y buscaba recuperar los textos clásicos griegos y romanos. 2) Los humanistas propusieron utopías sociales ideales como la descrita por Tomás Moro en su obra Utopía. 3) También surgieron corrientes neoplatónicas influenciadas por pensadores como Nicolás de Cusa y Giordano Bruno, quien murió quemado por la Inquisición.

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Filosofía del Renacimiento: Humanismo y Utopías

El documento resume los principales aspectos del humanismo durante el Renacimiento en Europa, incluyendo: 1) El humanismo valoraba al ser humano y la naturaleza y buscaba recuperar los textos clásicos griegos y romanos. 2) Los humanistas propusieron utopías sociales ideales como la descrita por Tomás Moro en su obra Utopía. 3) También surgieron corrientes neoplatónicas influenciadas por pensadores como Nicolás de Cusa y Giordano Bruno, quien murió quemado por la Inquisición.

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HUMANISMO

El renacimiento es un fenómeno cultural originado en Italia durante los siglos XV


y XVI. Supone el paso a la Edad Moderna a través de la recuperación de la cultura
grecorromana. Va acompañado del surgimiento y el auge de la ciencia moderna
y la consiguiente crisis de la concepción medieval cristiana del mundo y la vida.

Cuatro son los temas que nos interesan:


1. Humanismo y utopías.
2. Neoplatonismo.
3. La filosofía política.
4. La teoría de la ciencia.

HUMANISMO Y UTOPIAS
HUMANISMO
 Son también "hombres universales", para ellos todos los saberes están
ligados y forman una armonía (una "enciclopedia": el círculo de la educación),
siendo el lenguaje lo que todo lo une.

 El humanista valora, por encima de todo, al hombre como ser natural y


en la naturaleza; pero no es ajeno al interés religioso: aspira a unificar todas
las religiones, y busca sus orígenes más allá del cristianismo, en los místicos
y profetas de la antigüedad (Orfeo, Hermes Trimegisto).

 Valora también la vida activa, ansía la gloria y el poder; por eso interviene
en la política, y se convierte en pedagogo, canciller, secretario o historiador
de la corte.

 El humanismo es una estética, una ética y una sabiduría de la vida en


la búsqueda del placer; pero también mira al más allá. El humanista lo quiere
ser todo en la búsqueda de un ideal de humanidad.

 Recuperan los textos clásicos mediante una paciente labor crítica, y hacen
nuevas traducciones (ayudados por bizantinos y judíos).

 Es impresionante la lectura biográfica de estos intelectuales, que tiene a


sus espaldas:
- "Veintisiete años de cárcel” Tommaso Campanella

1
- "Reclusión y juicios condenatorios” Galileo
- “Destierro” Luis Vives
- “Muerte político-religiosa” Tomás Moro
- “Quemado en la hoguera” Giordano Bruno

 Los principales humanistas:


- Erasmo de Rotterdam (1467-1536). Obra: El elogio de la locura,
centrada en la denuncia social, las incongruencias y los planteamientos
ilógicos, casi cómicos, del comportamiento humano.
- Tomas Moro (1478-1535). Obra: Utopía.

 Recuperan los textos clásicos mediante una paciente labor crítica, y hacen
nuevas traducciones (ayudados por bizantinos y judíos).

UTOPIAS

Para formular sus utopías los humanistas parten de la utopía que Platón describe
en La República.

1. Tomás Moro. Inventor de la palabra "utopía". Describe una sociedad donde


no existe la propiedad privada, practican una economía autóctona
floreciente, despreciando el lujo, el oro y el dinero. Sus habitantes practican
un epicureísmo moderado, trabajan seis horas, dedican diez al ocio y la
formación cultural. Su religión es pluralista; sexualidad libre, pero con cierto
control en sus relaciones prematrimoniales; aconsejan la eutanasia.

2. Francis Bacon (1561-1626). O la utopía científica, "Nueva Atlántida".


La élite del país gobierna sin contar con el pueblo. Su preocupación es la
ciencia: "Imitamos los vuelos de los pájaros, puesto que hemos logrado
volar; tenemos barcos y navíos que navegan bajo el agua; poseemos extraños
relojes y conocemos algunos de los misteriosos secretos del movimiento
continuo y somos capaces de imitar los movimientos de los seres vivos gracias
a las reproducciones de hombres, fieras, pájaros, peces y serpientes".

3. Tomás Campanella (1568-1639). O el comunismo total: La Ciudad del


sol. Dominico italiano, preso veintisiete años por la Inquisición. En una de
sus estancias en las prisiones inquisitoriales escribe Civitas solis, en dos
partes. Sus ciudadanos practican un comunismo total: "Son comunes las
cosas, los dormitorios, los lechos y todas las demás cosas necesarias". Los
cargos y servicios son obligaciones comunes y rotativas. Se da mucha
importancia a la formación cultural: discusión, lectura y ejercicios físicos y
mentales.

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NEOPLATÓNICOS
La filosofía escolástica ha recibido duras críticas al final de la Edad Media. Los nuevos
modelos científicos son frenados por la Física aristotélica -que es la oficial, enseñada
en las Universidades- por lo que se desarrolla el neoplatonismo.

1. NICOLÁS DE CUSA (1401-1464).

Se trata de un pensador difícil de clasificar. Se podría dudar si es un filósofo o más


bien un místico. Las fuentes de su pensamiento son múltiples, pero predomina
claramente el neoplatonismo.

A la vuelta de un viaje a Constantinopla, contemplando el mar, surge en su mente


la idea central de su pensamiento: la conciliación de los contrarios en la unidad
infinita de Dios y la incapacidad de nuestra razón para llegar a conocerla.
Es el origen de su obra fundamental: De docta ignorantia (1440)

2. GIORDANO BRUNO (1548-1600)

Bruno es, probablemente, el filósofo más importante del Renacimiento. En él no se


realiza una restauración del pasado, sino una ruptura total de la imagen
aristotélica del mundo que había dominado en toda la Edad Media. Por eso Bruno
tiene conciencia de ser un profeta y un descubridor.

Había leído el a Copérnico en un momento en que su obra era prácticamente


desconocida, y se había adherido con entusiasmo al heliocentrismo copernicano.
Sin embargo, Bruno entiende que Copérnico no supo extraer todas las consecuencias
del heliocentrismo y que se quedó en una visión matemática incapaz de descubrir la
realidad. Por eso Bruno no es un científico sino un filósofo. Como consecuencia de
sus opiniones el 17 de febrero de 1600 muere en la hoguera.

Las tesis fundamentales del pensamiento de Bruno son las siguientes:


1. El infinito y los mundos. El cosmos de Aristóteles y Ptolomeo era limitado
o finito, encerrado en la bóveda celeste ("firmamento") de las estrellas "fijas".
Su centro inmóvil era la Tierra, la cual permitía determinar direcciones fijas y
espacios "naturales". Pero Bruno se tomó en serio el heliocentrismo de
Copérnico y dedujo que entonces todo el sistema aristotélico es falso. La
bóveda celeste salta hecha añicos: el Universo es infinito, y en él se
encuentran infinitos mundos como el nuestro, también habitados como el
nuestro. Por tanto, para Bruno lo perfecto ya no es lo finito y limitado (como
para los griegos), sino lo infinito. Tampoco es ya posible determinar un centro
del Universo, ni menos aún su circunferencia. Los astros no están fijos en

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esferas transparentes: vagan libremente por el espacio. Ni cabe ya hablar de
dos regiones celestes: todos los astros se componen de los mismos
elementos.

2. La animación universal. Todo está animado y el Universo es como un


gigantesco animal. Hay un alma del mundo que todo lo anima y lo
mueve, que está toda entera en todas las cosas, que nunca se cansa de
suscitar nuevas formas en la materia, que es causa de todo. Al estar el Alma
universal en todo, todo puede devenir un ser animado, y, aún más, todo se
encuentra en permanente transformación. Lógicamente, Bruno encontró aquí
un buen fundamento para la magia: cualquier cosa puede transformarse en
cualquier otra; en todas las cosas hay fuerzas que pueden ser utilizadas; una
misma vida recorre todo el Universo.

3. El Uno. La infinitud del Universo y la presencia en todo del Alma del mundo
conducen a un monismo panteísta.

FILOSOFÍA POLÍTICA
MAQUIAVELO (1469-1527)

Su obra más famosa es El Príncipe.

1. Está considerado el padre de la Ciencia Política porque pretende basarla en


regularidades, convertirla en un arte racional. Su política carece de
connotaciones morales, trascendentales o fantásticas. Busca el acto político
puro, aquel que sólo es válido si resulta eficaz: El fin justifica los medios.

2. La valoración del hombre es radicalmente pesimista: "Porque en general


se puede decir de los hombres lo siguiente: son ingratos, volubles, simulan
lo que no son y disimulan lo que son, huyen del peligro, están ávidos de
ganancia; y mientras les haces favores son todo tuyos".

3. La personalidad del político: Aunque el Príncipe estuviera dedicado a


Lorenzo de Médicis, con la esperanza de recuperar la confianza perdida,
Maquiavelo quiere presentar el arquetipo de cualquier político. Su
personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y
mantenerse en él: capacidad de manipular situaciones ayudándose de
cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el
resultado; habilidad para sortear obstáculos; diestro en el engaño: no debe
tener virtudes sino aparentarlas; amoral: está más allá del bien y del mal.

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4. Formas de gobierno. La mejor es la República: El gobierno de muchos es
siempre mejor que el de pocos (la despreciada nobleza). Aunque Maquiavelo,
personalmente, era republicano y aspiraba a convertir a Florencia en un
Estado fuerte, en el Príncipe, como mal menor, acepta que en ciertos
momentos de corrupción y desorden es más útil y eficaz la acción de un solo
personaje, adornado de cualidades excepcionales.

TEORIA DE LA CIENCIA
Pretende reformar la sociedad a través de la ciencia aplicada. Bacon era muy
crítico con el aristotelismo dominante en el pensamiento de su época y estaba
entusiasmado con el avance industrial y por el resultado de la aplicación de
inventos como la imprenta, la pólvora y la brújula. Su obra principal, titulada
Instauratio magna, era un amplísimo proyecto en seis partes, de las que sólo llegó
a escribir dos: una clasificación de las ciencias y una exposición del método, Novum
Organum (1620).

Según Bacon hay que utilizar la naturaleza para hacer feliz al hombre: se trata
de un humanismo "técnico" (o industrial), puesto que Bacon afirma que "la
introducción de famosos descubrimientos, ocupa con mucho, el primer lugar entre
las acciones humanas" y beneficia más que las reformas sociales o políticas. Ahora
bien, sólo se puede dominar la naturaleza obedeciéndola, es decir,
adaptándose a su estructura y sus leyes. La técnica requiere, pues, un previo
conocimiento de la realidad: la ciencia. Sin ella, los inventos no son sino
casualidades.

Ahora bien, si los descubrimientos científicos y sus aplicaciones son la cosa más útil
posible, Bacon añade que aún es más útil "descubrir algo que permita descubrir
todas las otras cosas" Ese "algo" es, por supuesto, el método científico de
descubrimiento que Bacon propone en su Novum Organum. El método que propone
para la ciencia es el método inductivo. No llegó a captar el valor de las matemáticas
para la ciencia.

F. BACON (1561-1626)

Pretende reformar la sociedad a través de la ciencia aplicada.

Bacon era muy crítico con el aristotelismo dominante en el pensamiento de su época


y estaba entusiasmado con el avance industrial y por el resultado de la aplicación
de inventos como la imprenta, la pólvora y la brújula.

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Su obra principal, titulada Instauratio magna, era un amplísimo proyecto en seis
partes, de las que sólo llegó a escribir dos: una clasificación de las ciencias y una
exposición del método, Novum Organum (1620).

Según Bacon hay que utilizar la naturaleza para hacer feliz al hombre: se trata
de un humanismo "técnico" (o industrial), puesto que Bacon afirma que "la
introducción de famosos descubrimientos, ocupa con mucho, el primer lugar entre
las acciones humanas" y beneficia más que las reformas sociales o políticas. Ahora
bien, sólo se puede dominar la naturaleza obedeciéndola, es decir,
adaptándose a su estructura y sus leyes. La técnica requiere, pues, un previo
conocimiento de la realidad: la ciencia. Sin ella, los inventos no son sino
casualidades.

Ahora bien, si los descubrimientos científicos y sus aplicaciones son la cosa más útil
posible, Bacon añade que aún es más útil "descubrir algo que permita descubrir
todas las otras cosas" Ese "algo" es, por supuesto, el método científico de
descubrimiento que Bacon propone en su Novum Organum. El método que propone
para la ciencia es el método inductivo. No llegó a captar el valor de las matemáticas
para la ciencia.

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REVOLUCIÓN CIENTÍFICA

INTRODUCCIÓN
La revolución científica tiene lugar en el período que va desde el Renacimiento
(s. XVI) a la Ilustración (s. XVIII). Comienza cuando Copérnico publica su libro
Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes (1543) donde sugiere la hipótesis
heliocéntrica.

Kepler y Galileo defendieron públicamente y perfeccionaron la hipótesis de


Copérnico, lo cual le costó a Galileo el ser procesado por Inquisición. Sus logros
fueron sintetizados por Newton en la ley de gravitación universal

La revolución científica fue un largo proceso creativo que supuso una


transformación profunda en nuestra imagen del Universo. Este cambio se logró
gracias a la utilización del método hipotético-deductivo en la ciencia. Este
implica admitir que "el libro de la naturaleza está escrito en caracteres matemáticos"
y que toda hipótesis debe ser comprobada experimentalmente.

La combinación de matemáticas y experimentación en el método hipotético


deductivo ha conducido a la ciencia a considerar el universo como un inmenso
mecanismo de absoluta precisión dominado por leyes matemáticas. A este
punto de vista se le denomina mecanicismo.

LA NUEVA IMAGEN DEL UNIVERSO


La revolución científica, realizada por Copérnico, Galileo, Kepler y Newton
substituyó la imagen aristotélico-ptolemaica del mundo. Tal imagen estaba
constituida por la cosmología aristotélica en la que se insertaban las aportaciones
de Ptolomeo (astrónomo alejandrino del s. II. a. C.)

LA COSMOLOGÍA DE ARISTÓTELES (S. IV A. C.)

Los principales elementos de la cosmología aristotélica son los siguientes:

1. Geocentrismo. La Tierra ocupa el centro del Universo.

2. Esfericidad del Universo. El Universo es finito y en él no existe el vacío:


está limitado por la esfera de las estrellas fijas, y totalmente ocupado por

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esferas transparentes («cristalinas») de éter, que poseen un gran espesor, y
en cuyo interior se encuentran los astros.

3. Heterogeneidad del Universo. El Cosmos se divide en dos regiones. El


mundo supralunar (en el que se incluye la Luna) es un mundo perfecto
compuesto de un elemento puro e incorruptible, el éter. Los astros son
esferas perfectas, y su movimiento es circular y constante. El mundo
sublunar (la Tierra) está compuesto por los cuatro elementos, que son
corruptibles y están dotados de movimientos «naturales» hacia su lugar
«natural»: dos hacia el centro del Universo (tierra y agua), dos hacia arriba
(fuego y aire que carecen, pues, de peso). Teóricamente, estos cuatro
elementos deberían estar dispuestos en cuatro esferas concéntricas, según
este orden: tierra, agua, aire, fuego. Pero el movimiento de las esferas
celestes—e inmediatamente el de la esfera lunar—han provocado la mezcla y
la continua alteración.

4. Causa extrínseca e inmaterial del movimiento. El primer motor


inmóvil mueve la esfera de las estrellas fijas, la cual, por rozamiento, mueve
todas las demás.

LA ASTRONOMÍA DE PTOLOMEO (S. II A. C.)

Sin embargo, el movimiento de las esferas no explicaba bien la posición aparente de


los astros. Por ejemplo, en primer lugar, las distancias de los astros a la Tierra
deberían ser siempre las mismas pero los cambios de brillo eran evidentes, y, en
segundo lugar, la trayectoria de los planetas observada desde la tierra no era
uniforme sino errática como podía comprobarse al observar las retrogradaciones
de Marte.

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Esto hizo que bastante pronto se adoptasen unos “apaños matemáticos” que no
pretendían hacer una descripción real del Cosmos, sino únicamente salvar las
apariencias del movimiento astral. Estos retoques se deben a Ptolomeo. Para
permitir que los planetas tengan distancias a la Tierra variables y aparenten rutas
erráticas, conservando la vieja creencia de una Tierra inmóvil y del movimiento
circular, se modificó de varias ingeniosas maneras el sistema de las esferas
concéntricas. Sus aportaciones para salvar las apariencias son las órbitas
excéntricas y los epiciclos y deferentes.

1. Órbitas excéntricas. Si la Tierra en reposo no estuviese exactamente en el


centro de rotación de un cuerpo celeste éste se movería según una trayectoria
excéntrica respecto a la Tierra y su distancia a la misma variaría en el
transcurso del tiempo. Este esquema explicaría el movimiento aparente anual
del Sol, ya que éste aparece mayor (y, en consecuencia, más próximo) a
mediodía en nuestro invierno que en nuestro verano.

2. Epiciclos y deferentes. Dos movimientos simultáneos uniformes de


rotación: un movimiento circular alrededor del Sol formando un círculo grande
llamado deferente, y un movimiento circular sobre un pequeño círculo con
centro en el deferente llamado epiciclo. Esta combinación de movimientos
permite explicar las retrogradaciones de los planetas, aunque introduciendo
un alto grado de complejidad en los cálculos. Por ejemplo, para representar
el movimiento de Júpiter son necesarios once de dichos lazos, pues éste es
el número de movimientos en sentido contrario observados en la trayectoria
completa de este planeta alrededor de la Tierra, que tiene lugar,
aproximadamente, en doce años.

COPÉRNICO (1473-1543): LA HIPÓTESIS HELIOCÉNTRICA

Copérnico inició la revolución científica cuando adoptó la hipótesis heliocéntrica:


colocó el Sol en el centro del Universo, y convirtió a la Tierra en un planeta más. En
todos los demás aspectos, Copérnico se mantenía dentro del sistema clásico: órbitas
circulares, epiciclos y deferentes... En realidad, la modificación introducida por
Copérnico no permitía hacer predicciones más exactas lo cual nos sitúa ante un
ejemplo de la inconmensurabilidad de los paradigmas, de que hablaba Kuhn.
Si el sistema heliocéntrico copernicano atrajo la atención y sedujo a Kepler y Galileo
no fue por haber vencido en un experimento definitivo al paradigma aristotélico sino
por otras razones:

1. Simplicidad. En efecto, la hipótesis heliocéntrica permitía reducir el número


de epiciclos necesario para explicar el funcionamiento del universo de 83 a
34.

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2. Armonía estética. Un Cosmos heliocéntrico aparecía, dentro de la
mentalidad de entonces; mucho más armonioso.

LAS TRES LEYES DE KEPLER (1571-1630)

Johannes Kepler terminó definitivamente con el “hechizo de la circularidad” al


afirmar que las órbitas de los planetas alrededor del Sol eran elípticas. Hechizo, sin
duda, enorme, porque la forma circular siguió siendo mantenida por Galileo (y, desde
luego, era admitida por Copérnico). Las novedades que aporta Kepler, se expresan
en las tres leyes de Kepler:

1. Ley de órbitas: los planetas recorren órbitas elípticas, estando situado el


Sol en uno de los focos.
2. Ley de áreas: las áreas barridas por los radios vectores de cada planeta en
tiempos iguales son también iguales.
3. Ley de períodos: los cuadrados de los períodos de revolución de dos
planetas cualesquiera son proporcionales a los cubos de sus distancias medias
al Sol.
Sus dos primeras leyes nacieron del esfuerzo por explicar el movimiento de Marte.
Durante diez años ensayó toda clase de combinaciones a base de círculos. Por fin
decide probar con otra clase de figuras geométricas; y, por pura casualidad,
descubrió que las observaciones acerca de Marte se explicaban con toda exactitud
si Marte se desplazaba con velocidad regular sobre una órbita elíptica. El hecho de
que la velocidad de los planetas no fuera uniforme no rompía la armonía del cosmos:
la armonía ya no residía en la regularidad de las figuras geométricas y de las
velocidades, sino en la ley matemática que las rige. Era el triunfo total de la armonía
matemática.

La tercera ley relaciona los movimientos de todos los planetas entre sí y respecto al
Sol. La ley tuvo escasas aplicaciones prácticas, pero para Kepler era de la máxima
importancia. Era la ley del «sistema» solar, y expresaba la «armonía» del mismo;
más aún, el orden mismo que Dios había introducido en el mundo. Es sintomático
que esta ley aparezca De harmonia mundi en la que Kepler intenta demostrar la
armonía musical del Universo.

GALILEO (1564-1642): EL TELESCOPIO Y EL PRINCIPIO DE INERCIA

Galileo terminó definitivamente con la heterogeneidad del Universo al construir


un telescopio y mirar al cielo (1609). Los resultados aparecen publicados en su
obra Mensajero sideral (1610), en la que se adhiere por primera vez al sistema
copernicano. Pudo observar la superficie de la Luna y las manchas solares (que
aparecen y desaparecen, cambian de tamaño o de lugar). Todo ello confirmaba que
los astros no eran cuerpos perfectos, compuestos de éter, con superficies lisas e

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inalterables. Ante tal evidencia, no había más remedio que rendirse. Pero no todos
lo hicieron. Galileo comentó con ironía, en una carta a Kepler que algunos filósofos
se negaban a mirar por el telescopio y preferían las páginas de Aristóteles:
Aristóteles no hubiera dudado en mirar al cielo. Galileo sienta la necesidad de la
evidencia experimental para el avance de la ciencia moderna frente al criterio de
autoridad.

En cualquier caso, el logro más importante de Galileo fue sentar las bases físicas del
sistema heliocéntrico: el principio de inercia. En 1632 publica el Diálogo sobre los
dos máximos sistemas del mundo. En dicha obra Galileo intenta cambiar el sentido
común de los científicos para demostrar que la teoría heliocéntrica es verdadera. El
argumento básico contra el heliocentrismo había sido formulado por Aristóteles y
se le conoce como el argumento de la torre. Aristóteles se limita a explicar que
si la Tierra se moviese tendrían que producirse una serie de sucesos que en la
realidad no ocurren. Galileo, en los Diálogos, lo explica así:

Aristóteles dice que la prueba más cierta de que la Tierra está en reposo es que las cosas
proyectadas perpendicularmente hacia arriba se ven caer según la misma línea al mismo lugar
de donde fueron lanzadas, aunque el movimiento llegue a alcanzar gran altura. Esto, arguye, no
ocurriría si la Tierra se moviese, pues en el tiempo durante el cual el proyectil se mueve hacia
arriba y luego hacia abajo, se separa de la Tierra y el lugar desde el cual el proyectil comenzó su
movimiento se habría desplazado, ampliamente hacia el Este en virtud de la rotación de la Tierra;
por ello, el proyectil, al caer, chocaría contra la Tierra a una distancia alejada del lugar en
cuestión.

Simplicio, otro personaje de los Diálogos que representa la posición aristotélica,


arguye que la imposibilidad de tal movimiento viene confirmada por el
comportamiento de una piedra dejada caer desde el mástil de un buque en
movimiento: “... la cual cae al pie del mástil cuando el buque está en reposo, pero
lejos de este punto cuando el buque navega, ya que éste ha avanzado durante el
tiempo de caída hasta varias yardas si su curso es rápido.” Como era de esperar,
Galileo vuelve al ensayo experimental y retrata la confianza crédula de su oponente
en la autoridad.

Galileo completó así el argumento original sobre la piedra que cae desde el mástil
de un buque en movimiento, refutando así la mayor objeción de Aristóteles a la
rotación de la Tierra; había demostrado que ninguna conclusión, respecto al
movimiento de la Tierra, podía deducirse directamente de las observaciones de los
cuerpos que caen. Crucial para esta prueba es su principio de la inercia, el cual
establece, de nuevo, en su último libro Dos nuevas ciencias (1638).

11
Salviati: ...Ahora bien, ¿has hecho alguna vez este experimento del barco?

Simplicio: Yo nunca, pero creo ciertamente que las autoridades que lo afirman lo han observado
cuidadosamente. Además, la causa de la diferencia es tan exactamente conocida, que no hay
lugar a duda alguna.

Salviati: Tú mismo tienes evidencia suficiente de que aquellas autoridades pueden afirmarlo sin
ninguna experiencia, ya que lo aseguras sin haberlo realizado y te sometes a la buena fe de su
dictado. De igual modo no sólo puede suceder sino que debe suceder que ellos hicieran lo mismo,
es decir, tuvieran fe en sus predecesores sin que nunca hubiera alguien que realizara la
experiencia. Pues si alguno lo hace, encontrará que el experimento es exactamente opuesto a lo
que está escrito, es decir, mostrará que la piedra cae en el mismo lugar del barco,
independientemente de que esté en reposo o moviéndose a cualquier velocidad. Por tanto, la
misma causa se aplicará a la Tierra como al barco y nada puede inferirse sobre el estado de
reposo o de movimiento de la Tierra a partir de la piedra que cae siempre perpendicularmente
al pie de la torre.

Además, debemos notar que cualquier velocidad, una vez impartida a un cuerpo móvil, se
mantendrá rígidamente siempre que se eliminen las causas externas de aceleración o retardo,
condición que se encuentra sólo en los planos horizontales; pues en el caso de planos con
pendiente hacia abajo existe ya una causa de aceleración, mientras que en los planos con
pendiente hacia arriba hay retardo; de aquí resulta que el movimiento a lo largo de un plano
horizontal es perpetuo; pues, si la velocidad es uniforme, no puede disminuirse o amortiguarse
y, mucho menos, destruirse.

NEWTON (1642-1727): LA LEY DE GRAVITACIÓN UNIVERSAL.

Newton eliminó para siempre el primer motor. En el aristotelismo el movimiento


de los planetas (y de cualquier cuerpo en general) se explicaba a partir de una causa
física que debía estar en contacto con el móvil. Así, según Aristóteles el movimiento
de los planetas se debía a un primer motor que había dado un primer impulso a las
esferas de éter que contenían a los mismos.

Kepler y Galileo pondrán las bases de la ley de gravitación universal de Newton,


substituyendo los principios aristotélicos por conceptos de carácter científico. La
transición a la nueva astronomía se observa muy bien en la evolución del concepto
de fuerza en Kepler. Puesto que ya no había esferas de éter que arrastraran a los
astros, había que buscar otra explicación de su movimiento. Se inspiró en los
estudios de Guillermo Gilbert sobre el magnetismo. En el Sol debía de existir una
fuerza magnética que movía y arrastraba a los astros. Pero Kepler concibió al
principio esa fuerza como un «alma». Sólo más tarde afirmará que hay que entender
esa alma en sentido metafórico, es decir, como una fuerza.

12
Finalmente, Newton publica en su libro Principios matemáticos de filosofía natural la
ley matemática que describe esa fuerza que tanto había buscado Kepler: la ley de
gravitación universal.

F = G (m * m'/d2)

Bladimir Sánchez
@Jbfilosofico

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