En Rut

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En Rut

La incertidumbre de su naturaleza lo torturó hasta los quince años.

Quería ser beta; la vida lo hizo omega.

Y ahí es donde todo cambió. Todo empezó.

Inconformista, rebelde y poseedor de una fragancia que no cualquier alfa podía


querer entre sus sábanas. Louis Tomlinson era distinto y el mundo parecía no estar
listo para aceptarlo. Él tampoco pretendía hacerlo.

Sin embargo, Harry Styles jamás pudo opinar lo mismo.

Instinto, piel, aroma y sabores que sólo podían experimentar cuando estaban juntos;
cuando estaban en celo.

La historia de una vida donde la sociedad se divide en una jerarquía de condición


animal.

"En rut"
* GUÍA MODIFICADA PARA SOLVENTAR PREGUNTAS FRECUENTES

109

El Omegaverse es un género de novelas que se inició en


distintos fandoms donde existen los hombres lobo, licántropos o cambia
formas. Con el tiempo esto se ha ido desligando y ya no es
extremadamente necesario que sea utilizado de esta manera, sino que
puede aplicarse a simples humanos; como es el caso de esta historia.18

La sociedad se divide en tres géneros: los alfas, los betas y los omegas.
Tienen unas diferencias muy particulares, sobre todo entre alfas y omega,
los dos extremos de la jerarquía.35

Algo que cabe aclarar es que el Alfa/Beta/Omega de cada individuo es


como una parte de este. Se puede definir como su lado animal, y pueden
no estar de acuerdo con este instinto. Un ejemplo muy claro es que si un
alfa pacífico es retado por otro alfa, el Alfa de este individuo le obliga a
aceptar el reto. Se debe a que sus instintos animales están controlando a
su parte racional.

Alfas

Son los que están en la cima de los tres géneros. El alfa, sea varón o
mujer, tiene la capacidad de fecundar a un omega macho o hembra, debido
a que cuentan con órganos sexuales masculinos, internos (en el caso de
las alfa mujeres) o externos en los hombres alfa, es decir, el normal en
ellos).41
Otra característica de los alfa está basada en los cánidos. Se trata de que
poseen una especie de nudo o una protuberancia en la base de sus
miembros, la cual se hincha dentro del omega una vez que el alfa llega al
orgasmo, lo que provoca que el alfa y el omega queden anudados durante
un tiempo, dado que es imposible sacar el miembro en ese estado hasta
que baja la inflamación.19

Ellos, al igual que los omega, cuentan con un periodo de celo que puede
ocurrir cada seis meses y dura unas veinticuatro horas aproximadamente.11

En cuanto a características, los alfa son fuertes y grandes y pueden ser o


no agresivos. Poseen un gran instinto de protección, desean proveer y ser
el cabecilla de la familia. Son territoriales, tres de sus sentidos (olfato, oído
y vista) están muy desarrollados. Suelen desempeñar empleos que tengan
que ver con la política, las fuerzas armadas, las grandes ciencias o la
policía, por lo tanto, son poseedores de la mayor cantidad de beneficios.
Pero claro, este es un estereotipo; las personalidades de cada uno
dependen de cada individuo.3

Ellos también cuentan con "La Voz" (la voz de alfa). Cuando la usan, tienen
una reacción de entera sumisión en los omega, e incluso en los beta o alfa
más jóvenes o de menor poder.14

Un alfa tiene más poder que otro cuando se considera que es físicamente
imposible vencerle, su voz está más desarrollada, o se encuentra en un
rango mayor, ya sea social, político o económico.

Betas12
Son igual a los humanos comunes. Los hombres tienen los órganos
reproductores masculinos y las mujeres los femeninos, por lo que solo ellas
pueden quedar embarazadas. Sus olores son los normales de los humanos
y apenas se pueden distinguir, ya que son suaves y poco notorios en
comparación con los olores de los omega o de los alfa.15

Tienen la libre elección de formar una relación con cualquiera de las


tres condiciones, claro que procrear es más fácil entre dos betas que
entre un beta y un alfa, o que en una pareja de beta y omega. No es
imposible, pero sí difícil. La condición de los padres no influye sobre la de
los hijos, además de que no se sabe la naturaleza de estos hasta que
alcanzan la pubertad y tienen su primer celo.

Omegas25

Tanto varones como hembras poseen aparatos reproductores femeninos


(útero y ovarios), y son perfectamente capaces de concebir siempre y
cuando sean fecundados por un alfa o un beta. Es aquí donde en este
universo entra el M-PREG (embarazo masculino).24
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Bajo la oscuridad de la noche un amor se vuelve a hacer presente, un amor del pasado se hace
factible, ¿o quizá no?
«Debí haber corrido antes de que tus brazos me vuelvan a atrapar, así no estuviese con este
dolor, así hubiese seguido bailando solo en la oscuridad»
O también, la historia en la que un joven louis se enamora de harry, o quizá Harry ya estaba
enamorado mucho antes.
Bailando en la oscuridad.
Larry Stylinson.
Esta historia es absoluta y completamente inventada por mí, se basa en libros, fics y música que
escucho, no soy profesional así debo escribir muchas tonterías, es mi primera historia también...
Cover gracias @idkpamelax, por ser una gran amiga te amo infinitamente.

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Sex /seks/ sustantivo; [sinónimo] coito.


1. Condición orgánica que distingue a los machos de las hembras.
2. Es un acto sexual, producido por dos personas con el fin de darse placer y/o procrear.
❝Las discotecas son para bailar y divertirse; pero él sólo va para encontrar a alguien con el
cuál follar.❞
® Stylinson.
♔ miss sugar pink ♔ {l.s | traducción}
Por alwayzslarry
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Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
----------
créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

El tercer día | Larry Stylinson | AU


Por paulalcda
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Louis tiene 18 años y ha repetido 5to (ante-último) año de escuela únicamente para continuar
aprendiendo, porque teme no volver a pisar una institución de aprendizaje en su vida.
Con una madre despechada y un hermanito a quien salvar, Louis no puede reservarse ni su
propia virginidad.
Pero entonces, llega él, vestido con una camisa blanca y un chaleco de lana color gris, con una
corbata atada vagamente, anteojos, rizos, y unos ojos verdes que te hacen cambiar de parecer.
''¿Por qué él siempre está dormido los miércoles por la mañana?''
Ésta no es la típica historia cliché de maestro-alumno, por su puesto que no.
|| Muchas gracias a la hermosa de @harrytakeacat por la preciosa portada<3 ||
Asimismo, los omega tienen una característica muy importante que son los
celos, que ocurren cada tres meses y dura tres días aproximadamente (el
tiempo varía según los escritores) en los que sus niveles hormonales se
disparan y se ven firmemente necesitados de buscar un alfa para
"aparearse" con él. Ahí es cuando el lado Omega se libera, necesitan del
apareamiento y sus feromonas informan de esto a los alfas o betas
cercanos.4

Los omegas, al igual que los alfas, desprenden un olor muy característico
que les permite identificarse entre sí debido a las feromonas que
expulsan. Es durante la época del celo donde estas aumentan de tal
manera que el alfa es capaz de notar el celo ajeno. Al igual que los alfa,
también expresan emociones con su olor.

Los omega varones sí tienen pene. Ellos cuentan con su miembro aunque
normalmente se centre más la atención en el ano debido a que es una
zona erógena por donde mantienen relaciones sexuales. Los omegas
segregan su propio lubricante, lo que facilita la penetración y que el nudo
del alfa se expanda en su interior.2

Aquí es donde entran los supresores; unos métodos anticonceptivos


especializados en ayudar al omega en dos cosas: disimular su aroma
y evitar quedar embarazados.10

Los omega tienen también un llamado especial que es completamente


involuntario y provoca que un alfa tenga una inmensa necesidad de
proteger al omega. Es un gemido débil que es expulsado en situaciones de
miedo o peligro.21

Supuestamente tienden a ser tranquilos y sumisos, se encargan de cuidar


a los hijos. Pero al igual que con los alfa, este es el estereotipo y no tienen
por qué seguirlos.

Los Lazos85

Esta parte es altamente importante. Los lazos, conexiones o uniones se


basan en que el alfa muerde al omega en el cuello hasta que deja una
marca que no desaparece jamás. Eso significa que el omega ha sido
reclamado y que ahora está incondicionalmente unido al alfa. En cambio,
no hay lazo entre un beta y un omega o alfa, entre dos alfas o entre dos
omegas. Los lazos no dependen del amor y no cambian si no se aman. El
efecto es el mismo.

Supuestamente estos lazos deberían durar para siempre, pero existe la


capacidad de romper el lazo debido a la muerte de alguno de los dos o
porque el alfa decide acabar con él.2

Hay conexiones tan fuertes, que ambos lados pueden sentir lo que el otro
miembro de la pareja, aun si están en lugares distintos. El alfa rompe el
lazo si reclama a otro omega. Un alfa puede tener la cantidad de parejas
que desee, sin embargo, no puede morder a varias personas sin romper el
lazo con la anterior.

Cuando se habla de un lazo roto, es muy común que ambos lados se


sumen en una profunda depresión, sobre todo el omega si el alfa es el que
lo ha abandonado. Esto se debe a que el lazo une partes físicas y
mentales. Al alejarse, sienten un vacío tan grande que no tienen fuerzas de
continuar y muchos llegan a morir en estas condiciones.
Es destacable resaltar que cualquier universo Omegaverse puede ser
totalmente modificado en las diferentes historias.

Créditos de esta guía a Letrasdelfanworld

Otras preguntas frecuentes:

¿Cómo puede embarazar una mujer alfa a un omega?12

El clítoris aumenta su tamaño. Para ser más específicos, este "sale para
fuera" (como en el caso muchos mamíferos machos). Tiene la capacidad
de penetrar, anudar y fecundar.

90

¿Cómo es el parto de un omega varón?7

Se debe recordar que el omegaverse en su naturaleza no puede


contemplar la práctica de la cesárea, pues, valga la redundancia, no es lo
natural. Su ano posee la capacidad de dilatarse y lubricarse, así que
también la tiene para dar a luz. Sería algo completamente a parte, que
según el avance histórico y tecnológico de la historia, fuera habitual la
práctica de la cesárea a los omegas varones.
89

¿Los omegas varones tienen menstruación?8

No. La menstruación tiene que ver con la ovulación, es decir, la expulsión


de un óvulo no fecundado. No todos los mamíferos pasan este proceso. En
el caso de este universo, los omegas (hombres y mujeres, al menos en
esta historia) tienen una ovulación inducida, la cual sólo se produce en la
monta de un alfa o beta. En pocas palabras, se podría llegar a entender
como el celo que pasan las gatas; ellas no tienen menstruación y en esa
época únicamente maúllan llamando a un macho. En el omegaverse este
llamado es similar al que hace un omega cuando pasa por su celo.

Plymouth, Inglaterra. 1999371


Harry se mordió el labio inferior antes de tomar una bocanada de aire y
salir corriendo con su balón de vóleibol bajo el brazo. Sabía que su madre
no era nada partidaria de que saliera a jugar solo al jardín, pero... ¡Diablos!
Ya tenía once años, era mayor y se aburría demasiado después de
pasarse en una tarde el último juego de estrategia que su padre le había
regalado. En pleno agosto no podía desperdiciar aquellos cálidos e
inusuales rayos de sol que calentaban el césped trasero.31

Lucy, su tía de Lyon, había llamado por teléfono y cuando su madre


entrecerraba la puerta del salón para hablar con ella, mientras enredaba un
dedo índice en el cable del teléfono, sabía que tenía más de una hora para
escabullirse.12

La luz del sol dio directa en su cara mientras entrecerraba sus ojos verdes
para acostumbrarlos a la claridad. Su piel oliva pareció brillar. Hacía un día
fantástico y era una pena que su padre no llegara hasta la hora de la cena,
pues le hubiera gustado mostrarle lo mucho que había mejorado con los
toques de dedos. Pasó ambas manos por su cabello castaño claro para
apartarse el flequillo de la frente. Se puso en posición.32

Harry se mantuvo erguido mientras golpeaba por encima de su cabeza el


balón con las yemas de los dedos. Los brazos en un ángulo de noventa
grados y las manos en uno de ochenta. Contó veinte toques seguidos
antes de largar un suspiro satisfecho. Sin duda cada día se le daba mejor.
Deseaba progresar para poder entrar en el equipo de su futuro instituto,
pues su profesor de educación física no dejaba de recordarle en cada clase
que si así fuera, sería evidente que destacaría gratamente entre los de su
curso.19

Caminó hasta tener una pared de la casa en frente para esa vez practicar
los toques de antebrazo. En esos sí que sentía que debía mejorar, sobre
todo al controlar la fuerza de los tiros. Entrelazó sus dedos y comenzó. La
mayoría rebotaron en la pared y volvieron a sus manos, las cuales
aguardaban en perfecta posición. Sexto toque, séptimo, octavo... Creía que
estaba todo bajo control hasta que no midió la fuerza y el balón rebotó
hacia otro lado.20

Resopló y lo volvió a intentar.

Cuarto toque, quinto... Bien, ahora uno más fuerte y...

—¡Ah! —exclamó, cubriéndose la nariz con ambas manos.110

El balón había rebotado sin ningún tipo de contemplación en el centro de


su cara y escocía, vaya que lo hacía. Dio una patada a la esfera antes de
volver a maldecir, emitiendo un quejido de molestia. ¡Dolía! Hubiera vuelto
a bufar conteniendo un puchero si una risilla a sus espaldas no hubiese
llamado su atención.31

—¡Menudo golpe! —chilló una voz aniñada entre nuevas carcajadas.113

Harry dejó de sobarse el puente de la nariz antes de girarse. Entre las


verjas verdes y de alambre de esa parte del jardín, la que colindaba con el
de los vecinos, se asomaba un niño que apenas llegaba a la mitad del
cercado. Sus ojos azules brillaban entre las risueñas lágrimas que brotaban
de ellos. Reía y sus dientes blancos resaltaban. Su pelo lucía mal
engominado, de punta por zonas... ¿Quién había dejado salir a ese crío
así? Su camiseta de Looney Tunes parecía manchada de chocolate y sus
manos estaban cubiertas de barro y césped.94
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incluso harry, su mejor amigo.

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Bite /bahyt/ verbo [utilizado con objeto]: bit, biten o bit, biting.
1. Cortar, herir o desgarrar con los dientes.
2. Agarrar o sostener con los dientes.
❝ Louis Tomlinson; un omega de cuarenta años de edad. Felizmente casado con Frederick,
con dos hijos de por medio. Harry Styles; un alfa francés, de veintitrés años de edad, soltero y
tremendamente atractivo. Todo se sale de control cuando ellos dos se conocen e
inesperadamente comienzan una "relación amorosa" a escondidas. ❞
® Stylinson.
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Louis es un dulce omega, enfermero de algún hospital de Alaska y amante de toda la naturaleza
que pueda haber allí.
Harry es un paciente en el estado de coma, que en un intento lento por reaccionar, comienza a
recuperar sus sentidos. No puede verlo, pero sí escucharlo.
Louis siempre es muy amable con él.
Harry tiene una omega superficial, pero muy bonita y con la que se planeaba casar antes del
accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

Harry hizo una mueca y frunció el ceño.

—¿De qué te ríes, enano?237

Sonó más duro de lo que pretendía, pero el niño de ojos añiles no pareció
achantarse.

—Pues de ti, ¡de quién sino! —Se echó a reír de nuevo e inclinó el rostro
antes de proseguir—. ¿Por qué le das puñetazos a un balón de fútbol?8

El niño cuestionaba curioso, con su rostro todavía alegre y elevando una


ceja tras formular la pregunta.2

Harry frunció aún más el ceño y abrió y cerró la boca dos veces antes de
hablar.

—No... No le doy puñetazos a un balón de fútbol. Practicaba vóleibol.71

Se sintió torpe al tener que explicar algo tan obvio. Aquel chiquillo no
parecía mucho más pequeño que él; ¿acaso no conocía el deporte? La
mirada traviesa del pequeño intruso no se aflojó entonces ni un ápice.

—¿Vóleibol? Pero, ¿eso no lo juegan sólo las chicas?67

El ojiverde se atragantó con su propia saliva.


—¿Qué? Pero claro que no. Qué cla- ¡Por supuesto que no!

El niño del otro lado volvió a estallar en carcajadas ante la repentina


indignación y apuro de Harry, quien de un momento a otro adoptó una
tonalidad rojiza en su semblante.1

¿Por qué debía preocuparle la opinión de un crío sobre su deporte


favorito? En su colegio los equipos de vóley siempre fueron de chicos y
chicas. De hecho, ellos destacaban frente a ellas. Además, a Harry se
podía decir que se le daba bien cualquier deporte. Con siete años empezó
con el tenis, desde los ochos jugaba algún partido de fútbol los fines de
semana y en el colegio se decantó por el vóleibol y no el baloncesto ya que
su profesor lo alentó a que necesitaban a alguien como él en el equipo.
Sacudió la cabeza. ¿Por qué parecía que se daba explicaciones a sí
mismo? ¡Qué le importaba lo que pensara aquel mocoso que parecía que
no podía parar de reír!10

—Mira, tengo que practicar. No me molestes, ¿sí?28

A Harry le costaba ser hostil con alguien, así que al instante le pareció que
quizás se había excedido. Bufó y cuando quiso decir algo más, se dio
cuenta de que el otro, de nuevo, había pasado totalmente por alto su
comentario. Todavía sonreía. Con su característica expresión pilla habló de
nuevo:

—Casi nunca sales al jardín, ¿verdad? Yo siempre estoy por aquí jugando
y no te he visto antes.68

Harry volvió a pintar una mueca en su semblante. Qué niño más raro y con
qué facilidad cambiaba de temas, ¿no? Y ni hablar de lo rápido que
hablaba con formidable confianza...2

—Eh... Sí, salgo poco.131


Y no supo qué más decir. No entendía lo absurdo de la conversación.

—¡Que aburrido! —exclamó el otro de lo más natural—. Pues yo soy Louis,


tu vecino. Mi madre me dijo que teníamos unos vecinos importantes porque
hacían negocios y esas cosas. Que venían de Francia, pero no creo que
seas tú. Los describía súper guay, así que supongo que serán los de la
casa del otro lado.129

Harry, una vez más, trinó internamente.

—¡Sí es mi familia! Mis padres son originarios de Francia.

Louis pareció pensativo. El otro chasqueó la lengua.1

—¿Y por qué hablas mi idioma?

—¡Porque nací aquí! También hablo francés si es a eso a lo que te...104

—¡Ah vale! Ahora entiendo —interrumpió el de ojos azules antes de


sacudirse las manos en su pantalón corto y violáceo. Harry parpadeó,
confuso de nuevo—. Entonces, ¿te apetece jugar?10

Y sin más, se quedó boquiabierto. Ese niño era mucho más que raro.19

Rió para sus adentros al analizar detenidamente la estatura de Louis.


¿Cuántos años tendría? Él no tenía edad para andar de niñero. '¡En nada
entraría al instituto!', se recordaba con cierta soberbia. Resopló y sonrió
con un nimio aire de superioridad. Aquellos ojos azul añil seguían a la
espera de una respuesta.2

—¿Qué edad tienes, Louis? —preguntó, haciendo que el otro se encogiera


de hombros.

—Nueve, ¿y tú?241

Tampoco era tan pequeño, caviló Harry. Sólo bajito...6


—Once —respondió orgulloso, levantando el mentón.41

Hubiera hecho un comentario más, aquel niño le seguía pareciendo


insólito, pero ni siquiera le dio tiempo a barajear, pues cuando se quiso dar
cuenta su balón volaba hacia él. Fue rápido y, con un movimiento ágil, evitó
que se volviera a estampar contra su cara. De nuevo sólo se oía la risilla de
Louis, quien había lanzado la pelota desde su jardín. La misma había ido a
parar allí cuando Harry decidió mandarla lejos de una patada.1

El pequeño volvía a reír.

Harry jamás lo admitiría, pero eran niños a pesar de que presumiera con
disimulada petulancia de ser el mayor. Quizás la inocencia que aún
conservan y por ello esa sencilla y candorosa manera de entenderse.
Pretendió mantener su ceño fruncido un poco más, pero fue imposible
cuando Louis aterrizó de culo al retroceder y tropezar con sus propios pies.
Ambos rieron esa vez, y Harry negó con la cabeza cuando Louis le gritó
que su golpe había sido mucho más gracioso.34

Louis y Harry llevaban menos de un año siendo vecinos y tras hablar un


poco, el ojiverde recordó que su madre alguna vez había hecho algún
comentario sobre los nuevos. Una opinión que iba de la mano de algo
sobre cómo se podían permitir costear una casa en ese barrio.

Efectivamente, Louis parecía ser un niño algo hiperactivo. Reía y hablaba


al mismo tiempo, planteando preguntas y preguntas que distaban
demasiado la una de la otra.7

"¿Y no te gusta el fútbol? Yo lo prefiero..."


"¿Y en qué trabajan tus padres? El mío trabaja en el puerto, ¡es súper
guay!"
"¡Dime algo en el idioma ese que también hablas!"
"¿Y a qué colegio vas?"
"¿Tienes mascota? Yo tengo un hámster, ¿te gustan los hámsters?"
"Tienes que salir más al jardín, yo siempre juego aquí con mis motos, ¿te
gustan las motos? ¡A mí me encantan!"125

Louis no paraba de hablar y Harry contestaba lo que podía, pues a veces el


pequeño no podía evitar atacarlo con nuevas y ocurrente cuestiones. Aun
así, el menor descubrió que su vecino también jugaba al fútbol y que
incluso a veces iban a jugar a los mismos campos aunque nunca hubieran
coincidido. Que el padre de Harry era el dueño de las gasolineras más
importantes de la zona y que se le daba fatal pronunciar el francés cuando
el otro le enseñó a presentarse en ese idioma. Que no se conocían del
colegio porque el mayor iba al privado de Plymouth mientras Louis al
público y que, definitivamente, a Harry no le entusiasmaban los hámsteres
mientras que las motos le eran indiferentes aunque su padre tuviera una
aparcada en el garaje. Los ojos de Louis brillaron ante esa última noticia.19

Jugaron un poco más al vóley; Harry dando toques para pasarle el balón
mientras Louis daba puñetazos poco coordinados cuando lo recibía. Al
menos, ambos conseguían pasarlo por encima del cercado que los
separaba. Hablaron también de que Harry iría al instituto de Western Hill,
también privado, el próximo año. Louis no comprendía muy bien la
diferencia con su colegio, pero se encogió de hombros antes de que se le
ocurriera enseñarle a Harry sus motos recortables y algo manchadas de
barro. El de ojos añiles parecía querer saberlo todo y no se cohibió al
preguntarle a Harry, con un aire soñador, hasta lo que quería ser de
mayor.1

—Trabajaré en la empresa de mi padre —resolvió el de ojos verdes,


sentándose en el césped y jadeando después de haber dado tantos toques
y corrido para buscar el balón. Cuando Louis lo tocaba siempre salía
disparado.

El menor aguardó entonces pensativo.

—¡Oh! ¿Vas a ser de los que venden las golosinas y le ponen la gasolina al
coche?60

Harry puso irremediablemente los ojos en blanco.

—No, yo seré el jefe y trabajaré en las oficinas.8

Louis pareció no entender, así que naturalmente tuvo que volver a


preguntar:

—Ah, ¿y qué harás?

—Pues no lo sé aún. Mi padre dice que algún día firmaré contratos


importantes con otras empresas y...

—¿Qué son contratos importantes? —intervino de nuevo Louis, curioso.9

Harry simplemente se encogió de hombros.

—Todavía no lo sé.34

Louis pareció poco satisfecho con la respuesta, pero no insistió.

—¿Y no me preguntas qué quiero ser yo? —cuestionó segundos después,


distraído y sacudiendo sus manos tras habérselas manchado más al
restregarlas de nuevo contra el césped.25

Harry enarcó una ceja. Después de un rato juntos ya no le sorprendía tanto


lo extrovertido y directo que podía llegar a ser su vecino.

—¿Qué quieres ser de mayor, Louis?201


Justo entonces este esbozó una sonrisa llena de ilusión.

—¡Seré capitán de barco como mi padre!76

Esa respuesta sí que no se la esperaba, así que Louis no tardó en seguir


contándole antes de que siquiera preguntara. Su padre era el capitán del
barco que traía cada mañana el pescado más demandado del puerto. Le
habló de lo fascinante que era el buque y lo mucho que le gustaba manejar
el timón cuando su capitán lo dejaba. Louis resumió que ese había sido el
trabajo de su familia, y que ahora estaban muy contentos después de que
su padre consiguiera por fin ascender a capitán.

—¡Mi padre aplastó al alfa estúpido que también quería serlo! —citó
textualmente, y con un deje de travesura, las palabras de su progenitor.
Soltó también una risilla al hacer un ademán con la mano, pues sabía que
su madre no toleraba que aun así las repitiera.19

—¿Alfa estúpido? —cuestionó de inmediato Harry, totalmente confuso.

—Mi padre dice que la mayoría lo son y que en su trabajo quieren ser
mejores sin hacer nada, sólo... —Louis adoptó una graciosa pose
intentando recordar—. ¡Gruñendo! ¡Sí! Mi padre dice que eso es lo único
que saben hacer los alfas.10

Soltó otra carcajada y fijó su distraída vista en una fila de hormigas que
llamó en demasía su atención. Harry lo observó unos instantes, algo
desconcertado ante tales declaraciones. Jamás había oído que... De hecho
su padre; él mismo...1

—Pero no entiendo —habló, y Louis lo miró de nuevo con ojos


expresivos—, eso quiere decir que tu padre no es... Quiero decir, si opina
así de un alfa, él no es...
—Mi padre es beta, como yo —resolvió Louis decidido, elevando su
pequeño mentón.56

Orgulloso.67

Harry no comentó nada al respecto, de hecho, con apenas nueve años...


Bueno, no era descabellado. Si su padre no era un alfa era normal que su
naturaleza se resolviera como la de él. Por su parte, Harry también tenía
clara la suya. Su familia, el instinto y lo que todos sabían que le esperaba
porque él mismo, desde pequeño, ya lo emanaba.

—¿Tú no eres beta también? —volvió a hablar Louis.

El mayor, inexplicablemente, se tensó.

—Yo... No, yo... Mi padre, nosotros... —Suspiró—. Somos alfas.70

Louis pareció asombrado, de hecho no pudo disimular cómo una ceja se le


alzó. Lo tomó por sorpresa, tanto que lanzó la pregunta como todas las
demás; no sabiendo qué esperar. Sólo era un niño curioso. Un niño de
nueve años que conocía lo que le contaban sus padres y que no concebía
otra naturaleza. Su madre omega y padre beta, una pequeña familia donde
no tenía hermanos; donde no tuvo más contacto con tíos o abuelos, pues
cuando sus padres se asentaron en la ciudad fue tras dejar atrás a todos
los que no estuvieron a favor de esa unión tan poco usual.

Pero todo eso Louis aún no lo conocía.

Su madre lo adoraba y su padre le recordaba cada día lo orgulloso que


estaba de él. Nunca tuvo contacto con alfas mayores. Los profesores eran
betas al igual que su médico. Su padre decía que el mundo no los valoraba
como debía; que no le daban la importancia al equilibrio que aportaban.
Que con los años, confiaba en que eso cambiara...1
Frunció un poco más el ceño observando a Harry. Compañeritos de su
clase también fardaban de que serían alfas, mas él siempre los ignoraba.
Louis simplemente era diferente, trataba de entender ese complejo mundo
a su manera; como levemente se lo destapaban...1

—Pero tú no gruñes —resolvió tras un largo silencio.43

Harry no pudo controlar la sonrisa que se dibujó en sus labios.23

—¿Por qué debía hacerlo?

O más bien por qué no. Simplemente eran niños.

—¡Louis! —llamó a lo lejos una voz femenina—. ¡Louis ya es tarde, entra


en casa!

El menor dio un respingo y se levantó del césped para recoger


rápidamente los pocos juguetes que había dejado regados por el jardín.

—Es mi madre, me tengo que ir.

Harry también se levantó al pensar en la suya. Se había manchado el


pantalón al sentarse en el pasto. Oh no, menuda bronca iba a caerle...53

—Está bien. Ya nos veremos, Louis.

Al final aquel niño le había caído bien. Hablador, dicharachero y demasiado


metiche pero... Le caía bien. Era divertido.2

—¡Sí! —exclamó jadeante, con sus motos recortables en el regazo—. Por


cierto, ¿cómo era tu nombre?

El ojiverde negó con la cabeza. Se lo había dicho hacía un rato...

—Harry.

—¡Eso! Harry... ¡Hasta otro día!


El menor dio media vuelta y echó a correr tras esbozar otra sonrisa llena de
pequeños dientes blancos. El ojiverde se mantuvo de pie, observando
cómo Louis llegaba a su casa, donde su madre lo esperaba en la entrada.
Le dio un beso en la cabeza y Louis pegó un salto divertido antes de
comenzar a hablar.36

Quizás podrían ser amigos. Aunque fuera más pequeño, su vecino


definitivamente parecía ser distinto y no podía negar que sus miles de
preguntas le causaban incluso gracia. Dio un respingo cuando una gota
cayó en su nariz. Miró al cielo y vio aquellos nubarrones negros
cerniéndose sobre los últimos y rezagados rayos de sol.

No había siquiera llovido y ya olía a tierra mojada. Olía a césped, a algo


fuerte, a...67

—¡Harry Edward Styles!152

Y justo ahí también dio un brinco aterrador. Oh no, su madre parecía haber
terminado de hablar por teléfono. Se sacudió con impaciencia el pantalón
mientras correteaba hacia la casa, observando que el barro no
abandonada la tela. Lo iban a regañar...

—¡Puedo explicarlo! —exclamó, alzando las palmas de las manos antes de


encontrarse en el porche a su madre con los brazos en jarra.
30

...
9

Noviembre, 2004
Cinco años después185
Patrice Styles entró esa tarde exultante a su casa, con un portafolio bajo el
brazo. Casi se seguía sin creer que acabara de cerrar uno de los tratos de
fusión más importantes de su carrera. Su mujer, Annette, corrió a recibirlo
con los brazos abiertos, soltando un gritito ahogado de emoción. Sabía qué
significaba esa resplandeciente sonrisa en el rostro de su marido. El alfa
estrechó entre los brazos a su omega, aspirando el aroma de sus cabellos
antes de emitir un ligero gruñido y reír.21

—La reunión con Texco ha sido un éxito, Annette, ¡un maldito éxito!65

El alfa dejó caer su maletín al suelo mientras su mujer volvía a soltar otro
sonido de emoción. La levantó en volandas y dio una vuelta con ella
mientras la falda del perfecto vestido color crema de la omega también
giraba elegantemente. Ambos reían y fue imposible que el adolescente que
acababa de llegar al oír los gritos no los acompañara.

—¡Harry! —exclamó Patrice cuando lo vio a aparecer—. ¡Mi hijo Harry!

La mujer suspiró emocionada, extendiendo un brazo para que el muchacho


se acercara. Besó su sien cuando este así lo hizo. Sonrió cuando su padre
le apretó un hombro.

—¿Qué pasa? —preguntó divertido ante el aura de felicidad que


emanaban sus progenitores.

—Nuestra empresa, Harry. Nuestra empresa es un referente y algún día tú


me ayudarás a seguir haciéndola crecer.

Annette volvió a sonreír totalmente conmovida.

—¡Esto hay que celebrarlo! —expresó la mujer antes de que su alfa


aflojara el agarre de su cintura—. Voy a decirle a Nancy que prepare unos
aperitivos.25
Y sin más atravesó el salón, en busca de la encargada de la cocina de la
casa. Harry le sonrió a su padre cuando este pasó un brazo alrededor de
su cuello. Ambos caminaron hacia los sofás de cuero blanco del amplio
salón principal. Patrice aspiró profundo el olor de su hogar; de su familia.

El adolescente se limitó a preguntarle a su padre qué suponía esa fusión


para la empresa y Patrice, paciente, buscó las palabras adecuadas para
que su hijo entendiera. Harry se encontraba a unos meses de cumplir los
diecisiete años y estaba bastante entendido e involucrado en los negocios
de su familia. Styl, la empresa familiar con mayores acciones en
gasolineras de Inglaterra, acababa de llegar a un acuerdo con una
importante marca italiana de suministros de gasóleo. El joven de vigorosos
ojos verdes escuchó atento todas las explicaciones de su padre.
Comprendía muchos más términos técnicos de los que este se esperaba,
pues al menor le gustaba colarse en su despacho de casa y ojear aquellos
libros que hablaban de micro y macroeconomía. De hecho, acababa de
terminarse una guía de introducción a la contabilidad.41

Su madre apareció con pastas y champán, ¡había que brindar! La familia


Styles celebró esa tarde el éxito que los cubría de orgullo e indudables
riquezas. Los adultos fueron los que bebieron mientras Harry aceptó el té
que le ofreció una de las sirvientas betas. Rieron, planearon y volvieron a
recordar las ganas y emoción que concentraban porque Harry ingresara el
próximo año en el Imperial College de Londres, la universidad con la mejor
facultad de negocios del país.

Annette dio un brinco de su asiento cuando el plato de pastas se vació. Su


alfa asintió cuando la mujer lo recogió y acarició la mejilla de su hijo antes
de ir a por más a la cocina. Harry descendió la mirada algo avergonzado
cuando su padre la observó de arriba abajo, con cierta adoración.
—Ten —habló Patrice, ofreciéndole una copa de champán recién servida a
su hijo.

Harry abrió sus ojos de par en par, asombrado.

—Pero papá yo...

—Harry —interrumpió el alfa, haciéndolo callar—, eres mi orgullo; el futuro


poseedor de mi legado. Ya eres un adulto, hijo, y en nada brindaremos
cada uno de los logros que alcancemos juntos. Que este sólo sea el
primero.74

Patrice elevó su copa y Harry pestañeó rápidamente antes de imitarlo. Se


llevó a los labios el champán y degustó aquel líquido dorado y burbujeante
que corrió por su garganta. Era agradable, mucho más de lo que
imaginaba.56

—Eso sí, ni una palabra a tu madre. —Ambos rieron ante la acertada


advertencia del mayor —. ¿Sabes, Harry? Sé que algún día encontraras a
tu compañera. A una omega perfecta con la que crear una familia y
alcanzar la estabilidad. Yo supe que tu madre era para mí en cuanto la
vi.151

El menor sonrió de lado. Su Alfa se revolvió.

Se humedeció los labios antes de apartar la mirada, asintiendo. Su padre


esbozó una sonrisa y volvió a mojar los suyos con el líquido de su copa.

Sí, Harry sabía que algún día también encontraría a la omega indicada.
187

...
10
Octubre, 2005
Un año después30

Tenía calor. Tragó saliva y liberó la tensión que parecía acumularse en sus
hombros con un grácil movimiento. Ya estaba mejor después de haber
pasado unos días en cama con décimas de fiebre. Sí, se encontraba mejor
y deseaba volver a hacerlo.84

Las ruedas del skate sonaban con fuerza mientras la tabla se deslizaba por
la solitaria carretera. Un chico vestido con unas Nike blancas, bermudas
azul marino hasta la rodilla y una camiseta roja holgada controlaba la tabla.
Se colocó su gorra negra hacia atrás mientras mantenía el equilibrio. Se
acercaba al bordillo, así que con un pie tomó impulso para aumentar la
velocidad. Se agachó apenas y concentró el peso en ambas piernas antes
de tomar impulso junto al skate y aterrizar con éxito en la acera. Había sido
un salto perfecto.21

Se deslizó sobre la tabla, dirigiéndose calle arriba de nuevo para repetirlo.


Debía probar bordillos más altos y volver al parque de skateboarding para
practicar las piruetas que ya dominaba. Las nuevas ruedas que le había
instalado al skate fueron sin duda las indicadas. No se había equivocado
en apretarlas tanto, pues la libertad de movimiento ahora era impecable.
Recorriendo la calle vio una nueva acera, mucho más alta que la anterior.1

Serviría.

Volvió a impulsarse con el pie derecho para coger velocidad. Era cruzar
una esquina y de inmediato tomar el impulso para saltar. Su lengua delineó
el labio inferior a medida que iba avanzando. Empezar a encorvarse
colocando los brazos en ángulo. Una gota de sudor resbalando por su
frente y...
Esquivar a la persona que acababa de cruzar la esquina y a la que de paso
se dirigía escopetado.

Oh, mierda.

—¡Cuidado! —gritó, intentando controlar la velocidad y girar el skate.

Pero fue más complicado de lo que parecía.

La tabla salió disparada y el chico dio una ágil voltereta en el suelo tras
perder el equilibrio.

—Pero qué... —farfulló una voz sobresaltada, levantando la vista de su


teléfono móvil. Iba mandando un SMS—. ¿Louis? —cuestionó cuando vio
al chico que lo esquivó estrepitosamente sobándose los codos.2

Efectivamente, unos ojos azules se encontraron con unos grandes, verdes


e interrogantes.53

—Harry, casi te mato. ¡De dónde has salido!

Louis aceptó la mano que el joven alfa le tendió con rapidez. Sin esfuerzo
alguno lo levantó del suelo, haciéndolo tambalear. Harry descendió la
mirada para examinarlo mejor. Louis parecía acalorado.33

—¿Estás bien?

—Sí —respondió distraído, disimulando las ganas que tenía de soltar un


quejido. Su codo izquierdo dolía ligeramente. Harry frunció el ceño y quiso
examinarlo—. Estoy bien, en serio. No me duele nada. —Mintió, mas fingió
una sonrisa que pudo pasar perfectamente por convincente.2

Harry no podía evitar sentirse alarmado. Todo sucedió demasiado rápido y,


de paso, hacía mucho tiempo que no se veían. Vaya manera de
reencontrarse y además, ¡estaba seguro de que se había hecho daño!
Claro que se lo tuvo que hacer; él mismo vio cómo impactó contra el suelo
y giró. Cómo aquel trasto con ruedas le jugó una mala pasada. Sus ojos se
fijaron en el skate y sus cuerdas vocales vibraron levemente.1

—Hacía mucho que no te veía, niño pijo de instituto privado.131

Su vista viajó hasta Louis, quien se acomodó su gorra y torció el rostro tras
hablar con deje risueño.

Harry también sonrió.

—Ya lo sé. Las clases por la mañana y las particulares me tienen


absorbido. Estoy en el último año y... ya sabes. Tengo que sacar buenas
notas.

Louis, divertido, enarcó una ceja.

—Pues como siempre, ¿no?

Eso era verdad, así que indudablemente ambos rieron, cómplices.

Hacía seis años que se habían conocido a través del jardín de sus casas.
Seguían siendo vecinos y tras la primera vez se podía decir que jugaron
dos veces más ahí. A escondidas. En el periodo escolar era casi imposible
que Harry no tuviera sus días ocupados con el instituto y las actividades
extraescolares. Después de que sus padres decidieran plantar frondosos
setos cuando se les dio por remodelar el exterior de la casa, también se
complicó un poco más la cosa. Con el paso de los años apenas compartían
tiempo junto y las pocas veces que coincidían se saludaban con agrado.
¿Amigos? No lo podían saber al cien por cien, pues muchas de las cosas
que ese término encerraba jamás las habían compartido. Harry una vez lo
quiso invitar a jugar cuando le regalaron su nuevo ordenador, pero su
madre opinó que no era una buena idea. Por su parte, cuando Louis sugirió
si podía invitar a su piscina hinchable a su vecino, su padre también se
decantó por que no, alegando que esa familia ya tendría una de verdad.49

Harry lo examinó de nuevo y Louis se encogió de hombros tras entrecerrar


un ojo.

Quizás podían decir que eran buenos conocidos.

—¿Y a ti cómo te va todo? No sabía que te gustaba ir en eso. —Señaló la


tabla que seguía boca arriba en la carretera. Louis fue a por ella.

—Se llama skate —respondió el de ojos añiles, dándole la vuelta con un


pie—. Y sí, llevo como un año y me gusta bastante. —Harry asintió y
ambos callaron durante unos segundos—. También... también me gustan
las motos. Mi padre me consiguió una vieja y llevo tres meses arreglándola.
Poco a poco voy aprendiendo con un libro que encontré por casa. Si
quieres un día puedes pasarte y la ves.35

En los labios de Harry se dibujó una sonrisa ante tal inesperada invitación.
Recordó fugazmente a un Louis de nueve años con recortables de moto
entre los brazos. Al parecer eso no había cambiado y él tampoco. Tan
dicharachero; sorprendentemente extrovertido.1

—Sí, quizás un día...

—Tú sigues jugando al voley, ¿no? —lo interceptó de nuevo el menor,


moviendo en todo momento el pie sobre su tabla.4

Harry negó.

—No, ya no. Lo dejé hace dos años aproximadamente.

—Vaya...8
Y de nuevo un silencio. Se habrían visto hacía unos meses, pero no le
había comentado entonces la decisión de dejar su deporte favorito. Louis
tampoco le había contado lo del skate o las motos.

Quizás... deberían hablar más. Louis siempre le caería bien y siempre


estaría preparado para recibir su constante verborrea. Harry tenía cada
hora de sus días con tareas, pero podría... quizás...

—Bueno, me tengo que ir —habló Louis, subiéndose con agilidad sobre su


tabla—. Quiero llegar al parque antes de que anochezca.4

Sus dientes blancos relucieron ante la sonrisa que se pintó en su rostro.


Harry pestañeó tras asentir, apartándose del paso.

—Sí, ve con cuidado. ¡No atropelles a más gente! Y ya nos veremos.

—¡Claro! —canturreó el otro risueño, antes de impulsarse con el pie.

Eso se habían dicho la última vez. Hacía meses, hacía dos años, hacía
seis... Harry dejó escapar un suspiro frustrado y absorbió por la nariz. Iba a
llover, ya olía a barro; olía a eso que le picaba en la garganta cuando a
veces lloviznaba. Sacudió la cabeza y se apresuró a llegar a casa. Quería
imprimir pronto el trabajo que debía entregar al día siguiente.
42

...

Noviembre, 2005
Un mes después8

Un miércoles cualquiera, Louis llegó a casa después de sus clases


aparentemente bien, sin embargo, al caer la noche volvió a encontrarse
enfermo de fiebre, durándole esa vez una semana entera.2
Harry ese mismo día leyó en voz alta y frente a todo su instituto un ensayo
sobre la desigualdad de Inglaterra con el ministro de educación del país
presente, recibiendo el primer reconocimiento a modo de diploma de su
vida.
58

...
2

Diciembre, 2005
Un mes después27

Louis estuvo dos semanas sin salir de su cama, lidiando con sudores fríos,
ardor en la boca del estómago y hormigueos que recorrían su cuello y
espina dorsal. Por primera vez en su vida no hubiera pataleado ante la idea
de visitar un médico.49

Por su parte, su madre Marjorie, irremediablemente ya sospechaba.15

Su padre no habló.

Louis, ese mes, también cumplió los quince años.


160

...

Enero, 2006
Un mes después

Louis llevaba dos meses sin montar en skate ni abrir el portón de su garaje
para arreglar la moto.41
Su madre no se separaba de él en ningún momento. Había faltado a
muchas clases y el director del colegio tuvo que visitar el domicilio familiar
para conocer qué ocurría. Cuando la madre del menor le contó, este se
limitó a bajar la cabeza y asentir, dirigiendo una mirada de lástima que
molestó en demasía a la omega.10

Nadie más volvió a visitar a Louis.136

—Cariño... —susurró la mujer tras abrir con cuidado la puerta de la


habitación de su hijo. Inspiró y largó un suspiro, caminando con cuidado
para no derramar la sopa que portaba en la bandeja que sostenía con
cuidado.

Louis no se movió de entre las sábanas.14

Su madre caminó hasta la mesa de noche y posó la bandeja. Su hijo era


aquel bulto que ocupaba la esquina superior de la cama. Un nudo se formó
en la garganta de la omega, quien cerró los ojos con fuerza cuando
lágrimas se agolparon. Sin tregua. Como cada día. Llevó una mano hacia
el bulto que siempre permanecía en la misma posición y sobó con mimo la
espalda de Louis, quien apenas se inmutó ante el contacto.

—Lou, mi vida...1

Pero como siempre, parecía inútil. La almohada seguía empapada de


sudor y el olor del ambiente danzaba con mayor intensidad. Con fuerza...

Louis había cambiado.

Su niño ya no parecía ser el mismo.19

Una lágrima descendió por el ojo derecho de la mujer. Le había susurrado


tantas veces que no pasaba nada; que eso no cambiaba nada, que
seguiría siendo él... Casi tantas como las que Louis gritaba y le pedía que
se callara, que estaba equivocada, que no podía ser.1

Que él no iba a tolerarlo.13

Entonces, cómo recomponer a una madre rota por ver así a su hijo. Cómo
volver a la posición innata de pilar indestructible. El cuerpo de Louis avisó
meses antes de lo que venía y todos decidieron ignorarlo menos ella. Su
hijo había empeorado en los últimos días y su marido no sabía qué hacer,
pues Louis se negaba a verlo.4

Sentía vergüenza frente a él.

Pero él sólo quería abrazar a su hijo y susurrarle que lo quería. Sólo eso.94

Marjorie no dejó de frotar la espalda del chico, quien hacía instantes había
comenzado a balancearse quedamente. Susurros y nimios quejidos. Un
gemido y bajos lamentos a medida que su movimiento aumentaba bajo las
sábanas. Poco a poco, comenzaba a temblar mientras su madre lo seguía
sobando, susurrándole palabras de calma.2

—Ma... —se oyó por parte de una voz pastosa—. Mamá...

A la omega se le aceleró el pecho.

—Dime, tesoro. Estoy aquí. Estoy aquí contigo, no pasa nada.20

La mujer apretó sus ojos para cortar más lágrimas que acompañaron
aquella desolación que apretaba. Sabía que su hijo sufría, que estaba
pasando por primera vez aquel dolor que no sólo era desgarrador, sino que
además de todo no aceptaba. Se abrazó a Louis y siseó meciéndose
contra él, prometiéndole que pasaría, que estaba bien.1

Recordándole cuánto era que mamá lo quería.34


—Oh, mamá —volvió a pronunciar ronco—. Mamá estoy... Necesito... —La
omega aguardó la petición de su hijo, susurrando que le dijera; que le
hablara—. Mamá, estoy... Me tengo que cambiar, mamá. Me he
humedecido, estoy...20

—No pasa nada, cariño, todo está bien. Te cambiarás, cielo, tranquilo...

Ella volvió a sisear, pegando su mejilla a la espalda de su hijo.

Era descorazonador sentirlo así. Su niño, su ángel, su vida... Hubiera dado


todo por que fuera ella la que sintiera cada uno de los latigazos que tan
bien conocía.16

—Me duele, mamá —gimoteó, sintiendo esa sed imposible de paliar en la


garganta—. Quiero que pase, mamá. Quiero que ya pase, por favor.28

Notaba el calor y a la vez el frío. Necesitaba sacudirse y gimotear.


Balancearse, aullar, refregarse...

Dolía.

Malditamente ardía.

Su cabeza quemaba y el dolor punzante en sus sienes no cesaba mientras


la sangre en sus entrañas bombeaba con fuerza. Apenas podía o quería
hablar. Raspaba.

De una forma indescriptible.

Jodidamente insoportable.

Era fuego.

Louis sollozó contra la almohada, rozándose contra las sábanas y la tela de


su pantalón. No sabía si eso era lo que debía; no sabía cómo lo podía
controlar. Simplemente no entendía.
¿Por qué a él?

No lo comprendía, pero sabía qué era lo que le estaba pasando. Aquella


angustia, el estar dominado por el instinto, una inconcebible necesidad y la
vibración que sus cuerdas vocales ambicionaban emitir...

Lo que no había querido aceptar.1

Louis sabía que estaba pasando por su primer celo dentro de su condición
de omega.

227

...

Febrero, 2006
Un mes después24

La luz que se colaba por las rendijas de la ventana chocó contra sus
párpados. Bufó y se estiró con pereza entre las sábanas, frotando su
mejilla contra el mullido colchón, mientras la tela sedosa resbalaba por su
cuerpo. Amaba los domingos por eso. Era el único día que podía dormir
hasta tarde y despertarse sin el estruendoso sonido del despertador.4

Harry bostezó frente al espejo del baño. Lavó su cara con agua fría antes
de vestirse con un chándal cómodo y gris. Sus tripas rugían demandantes.
Sí, otra cosa que amaba de los domingos eran sin duda los grandes
desayunos.

Bajó rápidamente las escaleras y antes de entrar al comedor, fue inevitable


que escuchara lo que acababa de pronunciar su padre.
—Qué podías esperar que saliera de esa unión. La naturaleza es sabia y
les ha dado lo que merecían.192

—Lo sé... Pobre muchacho.

—Pobre no, Annette. Sus padres debían saber las consecuencias, ¡todos
las sabemos! Por eso es mejor prevenir. Hacer las cosas bien.

—A mí me preocupa Harry. Sé que hablaba con él aunque eso no nos


gustara. —La mujer pareció hacer una pausa—. Crees que...

Y el alfa gruñó de inmediato en desaprobación. La omega entonces bajó la


cabeza, absolutamente sumisa.98

—¿Qué pasa? —cuestionó Harry, ingresando en el comedor con voz


imponente. Lo habían nombrado, hablaban de alguien que conocía; de
alguien a quien le había pasado algo—. ¿De quién habláis?

Algo inexplicable le hizo ponerse también en alerta.6

Su madre no levantó la vista y su padre elevó el mentón, lanzándole una


mirada inquisidora por el tono utilizado. Harry miró a la mujer y de nuevo a
su progenitor.

Nunca hubo secretos; no entendía qué pasaba. Sólo ansiaba saber.

Contuvo con toda su voluntad un gruñido y...

—El hijo de los Tomlinson —pronunció Patrice en tono grave. El Alfa de


Harry quiso pedir perdón porque su padre tuviera que utilizarlo, pero algo
se lo impidió. Harry por un instante se paralizó—. Es omega.2

Frenó. Todo a su alrededor pareció parar. Dejó incluso de oír. No, no pudo
hacerlo. Algo quemó, algo en su interior quiso rugir bajo.66

—¿Qué? —murmuró sin aliento, con una voz seca. Legrada.7


Que Louis qué...

80

Mayo, 2006
Tres meses después4

Llenó sus pulmones de aire y encerró un sonido de esfuerzo en la garganta


cuando estiró los brazos para alcanzar la caja de herramientas de la última
balda. Detestaba que cada vez pesara más aunque dentro estuvieran las
mismas y malditas herramientas de siempre.3

Pero cada semana costaba más.


Se tambaleó en el taburete y emitió un graznido entre dientes, afianzando
sus manos en la caja de metal. Pesaba, maldita sea, pesaba...5

Decidió no soltarla, antes se iría de narices con ella. No sería la primera


vez. Daría un salto del taburete y haría que la caja cayera sobre la
pequeña mesa de madera, donde aguardaba el libro y los destornilladores
que siempre debían estar a mano. Tomó aire, aseguró el agarre y dio el
brinco. La caja de herramientas hizo el sonido más estridente que era
capaz. El metal chocó con la madera, haciendo sonar todo lo que portaba
en su interior. Tornillos, llaves inglesas o alicates chocaron entre sí en el
golpe, mientras daba un salto descoordinado para tocar el suelo con los
pies.

Estaba totalmente jadeante.

Apretó los puños y no levantó la vista del suelo. ¿Agilidad? Parecía que su
cuerpo había decidido relegar de ella. En tres condenados meses su
cuerpo en sí olvidó demasiadas cosas.

"Los omegas, por naturaleza, son más débiles"190

Apretó los labios.

Él empezó a serlo de repente. Cambiaba con el paso de las semanas,


sintiendo una cantidad de años encima; sintiendo que avejentaba aunque
el espejo no le mostrara precisamente eso. Igualmente, tampoco se podía
encontrar en su reflejo.

Todo era más cansado. Sudaba, gimoteaba, agachaba la cabeza y sentía


esa estúpida necesidad de... de una sombra que estuviera por encima. Una
absurda calidez, una...128

Inspiró profundo por la nariz, sin aflojar sus puños.


"Louis, cariño, claro que sigues siendo el mismo. Claro que sí"1

Esa voz de su madre.

No lo era, claro que no. Se había metido en otro cuerpo, le habían


arrebatado lo que era. Su cabeza... ya no era la misma. De un día para otro
sus ilusiones se esfumaron, sus aspiraciones desaparecieron para
martillearse con la idea de todo lo que ya no sería, con la vida que jamás,
ni siquiera de broma, planteó llevar. No quería; odiaba lidiar con ello.
Sentía furia hacia esa naturaleza. Hacia la traición de su propio sistema. Su
vida debía haber sido más fácil e independiente. Él no tenía por qué
aprender a sobrellevar.

No, no, no.24

—¡Lou! —se oyó no muy lejos—. ¡Lou, qué ha sido ese ruido! ¿Estás bien?

Y, oh sí, también ese tono de su padre.

Preocupación.

Y todavía ellos decían que nada había cambiado...

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Harry es un paciente en el estado de coma, que en un intento lento por reaccionar, comienza a
recuperar sus sentidos. No puede verlo, pero sí escucharlo.
Louis siempre es muy amable con él.
Harry tiene una omega superficial, pero muy bonita y con la que se planeaba casar antes del
accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

—¡Y una mierda! —bufó estampando un puño contra la mesa de enfrente.

El contenido de la caja sonó levemente, muy leve, y sonrío con amargura.4

Por supuesto, ahora venía el dolor. Claro que sí. Ahora se cansaba antes,
jadeaba más, tenía menos fuerza y resistencia física y todo, absolutamente
todo, dolía más.44

Si iba a ser una pieza de cristal, Louis ya le había dado tiempo a descubrir
que prefería hacerse añicos.39

—¡Louis! —repitió su padre, haciendo aspavientos con las manos al entrar


en el garaje de su casa.

El hombre portaba un alarmado semblante. Sus ojos, del mismo azul que el
de su hijo, volaron hacía el cuerpo de Louis, quien permanecía inmóvil
junto a la mesa, con el brazo todavía sobre ella. George Tomlinson no soltó
el aire que su agitada respiración procesaba. Dio un paso despacio,
cauteloso, mirando de refilón la caja de herramientas medio tumbada y los
destornilladores regados por el suelo de azulejo.4

—Estoy bien —pronunció Louis, sin alzar la mirada.

Pero ya antes lo había hecho, después de semanas había conseguido


aguantársela a su padre después de... Bueno, después de enero. Prefería
llamarlo por el mes. Y costó, vaya que costó que lo hiciera. La angustia de
George era cada vez más insoportable, pues era su hijo el que a pesar de
todo lo que estaba viviendo decidió imponerse el castigo de sentir que
había decepcionado a todo el mundo. Sólo el recuerdo de Louis subido en
los hombros de su padre mientras recorrían el puerto hacía que se
hundiera. Daba igual qué oyera, él se debía hacer muy de repente a la idea
de renunciar a lo único que tenía claro. A lo que desde siempre le hizo
ilusión.

—¿Por qué no dejas la caja en el suelo? Esa estantería está muy alta,
mira, debajo de esa lona hay sitio, no cogerá polvo ahí. —George decidió
hablar, mientras enderezaba la caja de metal y recogía una pequeña de
tornillos que había ido a parar sus pies.

Louis poco a poco dejó escapar el aire retenido en sus pulmones.

—Porque no quiero que lo próximo sea tener que... ¿Qué? ¿Ponerme


guantes acolchados y forrar los martillos? ¿Ponerme rodilleras y coderas
para trabajar? ¡¿O quizás un jodido casco?!82

—Louis —pronunció firme el beta, chocando con la mirada del menor—.


No.

La advertencia fue severa y el otro, al instante, destensó sus hombros.


"Revuélvete", le bufó a algo en su interior, "es lo que siempre me haces
hacer".1

Porque sí, las peleas de Louis consigo mismo; con eso que se removía
dentro de él, eran constantes. Una sofocante rutina que no pretendía
cambiar.

—Lo siento —se disculpó a regañadientes, casi escupiendo las dos


palabras.
Su padre suspiró, perdiendo la vista en el libro de mecánica que tenía
aquella fina película de polvo todavía intacta. Louis llevaba semanas
diciendo que había avanzado en el arreglo de la moto, sin embargo, el libro
seguía allí, en la misma posición y con la prueba de que hacía demasiado
tiempo de la última vez que alguien lo tocó.

¿Qué era lo que hacía Louis entonces durante tantas horas?

Simple.

Abrir cada mañana el portón del garaje, sintiendo cada día sus saltos más
cortos. Bajar y subir la caja de herramientas e intentar aguantar el peso del
cinturón de trabajo. Rodar neumáticos por el suelo, apretar tornillos, aflojar
tuercas, clavar clavos en una simple y vieja madera y, lo más importante,
poder arrastrar la destartalada moto hasta el centro de la estancia, sobre el
plástico donde trabajaba.

Todo eso, ahora le llevaba tres horas. Tres agotadoras y sudorosas horas.

No lo entendía. No entendía por qué la vida le había otorgado vitalidad; le


había dado a probar todo lo que era ser normal. No entendía por qué le dio
eso si luego se lo iba a quitar. Si luego, tras inexplicables sensaciones, tras
sufrir el dolor físico y mental más atroz de su existencia, todo se le iba a
arrebatar. Era una ola de frío lo que lo había envuelto. Un frío innato y
Omega que demandaba en todo momento ser cubierto.

Y él odiaba esa sensación. Él odiaba que su naturaleza quisiera cubrirlo.

Y sólo acababa de empezar. El resto de su vida... En ella sería...13

—¿Tienes clase más tarde? —cuestionó su padre, paseándose por la


estancia. Distraído o al menos intentando aparentarlo.

Oh sí, también tenía que aguantar todo eso.


—No —mintió, tomando un destornillador de la mesa. El hormigueo del
golpe que dio antes con el puño acababa de pasar.

George apretó los labios antes de volver a hablar.

—El director trajo una copia de tu horario a casa, Louis. Tienes que dejar
de faltar.58

El adolescente entonces resopló con pesadez. Esa era la parte que más le
aburría de todas. Sí, había faltado el mes entero donde todo empezó. El
siguiente le costó ir, pues lidiar con los rumores era algo para lo que no
estaba preparado. Los murmullos callaban cuando un siseo adulto los
reprendía, sin embargo, en los pasillos, los descansos o los baños... Allí las
risas no salían de su cabeza. Allí la humillación de no poder defenderse
como quería lo consumía. Porque sí, Louis los primeros días se fue encima
de cualquiera, incluso de los que no decían nada. Louis al principio era un
cóctel de sentidos contradictorios, de impulsos empujados por la rabia y el
inconformismo; por la frustración de no querer llorar y tener que hacerlo.
Por asumir que ya, simplemente, él ya no tiene la capacidad de controlar
como tal.

Fue expulsado del instituto una semana en la cual no salió de su habitación


y apenas comió. Perdió peso, se le esfumaron las ganas y también
aumentó el desespero en sus padres. Louis decidió dejar de escuchar
palabras que consideraba vagas y comprometidas. Louis dejó de
interesarse. Louis, sin más, dejó de estar y dejó de hacer. Lo intentaba, se
castigaba, pero como un masoquista que lo hacía para puramente
regocijarse por todo lo que había perdido. Para reírse del Louis del pasado;
ese que tenía tantos planes. Sí, se había reído a carcajadas de él.14
—Ya os he dicho que no quiero seguir estudiando —canturreó la misma
frase, esa que había sido tantas veces repetida.2

George, como pudo, concentró toda su paciencia antes de hablar.

—Tienes quince años; estás obligado a ir a clase. ¿Qué es lo que quieres?


¿Que el instituto nos denuncie por no mandarte? ¿Q-quieres perder el
año? ¿Repetir? ¿Qué es lo que quieres, Louis?

Una amarga sonrisa se delineó entonces en sus labios.

—¿Te crees que tanto se van a preocupar? —dijo enfrentando por primera
vez al idéntico mar azul que también bañaba sus ojos—. Cuando cumpla
los dieciséis no estaré obligado a ir.

—Todavía quedan varios meses para eso —contestó con dureza y de


inmediato George.

Ahí se desencadenó el maremoto.33

Louis apretó su mandíbula mientras George luchaba por salvaguardar su


posición. A veces era desesperante no saber qué hacer; no conocer cuál
era el límite de la compresión y el espacio. De ser flexibles... El risueño
Louis, el extrovertido y travieso, ya no estaba, parecía haber sido sustituido
por un señor gruñón, un vagabundo perdido o un orgulloso revolucionario.
Y eso dolía, literalmente lo hacía. Marjorie no sabía qué hacer, sólo
sollozaba por las noches al lado del beta, buscando su cobijo e igualmente
sintiéndose incompleta. Y él también lloraba; en la sentencia de los roles
sociales que habían destrozado sin planearlo a su familia, él precisamente
podía hacerlo.3
Louis no contestó, simplemente se encogió de hombros y se dirigió hacia la
moto que se encontraba en el fondo del garaje, pasando por delante del
cuerpo inmóvil de su padre.

—Te podemos cambiar de instituto. Si quieres podemos buscar plaza en


uno privado o en el que quieras, solo...8

—No —lo cortó de inmediato, retirando la sábana blanca que cubría al


motociclo que en ese momento sólo contaba con una rueda. Louis miró el
gato que la mantenía de pie y bufó.5

Cierto, era durísimo; casi imposible de aflojar ya. Bueno, imposible para él
claro, para el débil que ahora era, para...

—¿Y entonces? —interrumpió su padre, haciendo que sus pensamientos


chocaran los unos con otros hasta evaporarse. Se giró sobre sus talones y
lo observó de frente antes de que el mayor prosiguiera—: ¿Ahora qué? No
quieres estudiar, no quieres formarte... ¿Qué pasa con todo lo que
planeabas? ¿Qué pasa con eso de que algún día me ibas a sustitu-

Oh no. Justo eso no.

Louis alzó una de sus manos, con ojos llameantes que enfocaban al otro.
Le indicó con el ademán que se detuviera. El beta lo hizo.

Por ahí no.

Lo que más odiaba de todo, sin duda, era la traición de sus ojos; la
absoluta y patética flaqueza que le otorgaba que sus orbes se
humedecieran. Pura impotencia y frustración era no poder controlarlo. No
poder dominar sus instintos. "Hormonas". Unas hijas de puta es lo que
eran.29

Con todo eso era imposible que Louis fuera Louis.


Los dientes blancos ya nunca se esbozaban. Y si se tropezaba con ese
tema mucho menos.

No, no podía pensar en el puerto; no podía pisarlo siquiera. No quería. No


quería oír hablar de buques, de profesiones o de sueños. De hacerse
mayor, de trabajo, de orgullo, de su padre... No, no podía.

Un omega... Un simple y débil omega jamás... No, sin más él ya no iba a


tener nada.27

Ya daba todo igual.

Salió. Su Omega salió dejando escapar un sollozo igual de involuntario que


aborrecido. Agobiado, sintiéndose pesado, acabado... Louis huyó del
garaje ignorando a su padre, quien había ido de inmediato a su encuentro.
Obteniendo la nada cuando ansiaba un simple contacto; cuando quiso
rendirse de nuevo y sentenciarse a la comprensión y al innato abrigo. Pero
Louis nunca toleraba recibirlo. Louis, sin más, caía y huía.

George cubrió su rostro con ambas manos, intentando confiar en el tiempo,


en el que tanto le habían repetido que aguardara. "Sólo tiempo, todos nos
acoplamos y aceptamos nuestra naturaleza. Sólo espacio". A veces creía
en eso mientras que en otros momentos lo yacía todo como una
pantomima. Su Louis, su único hijo, siempre fue especial. Concebido con
amor tras alejarse de los que también se llamaban únicamente por esos
malditos roles sociales; por las normas que don nadies habían considerado
que era lo correcto. Alfas y omegas. Betas con betas. Trinó y pateó las
herramientas tiradas por el suelo. Su propio padre había incluso decidido
que esa era la regla a seguir. La familia de Marjorie también puso el grito
en el cielo cuando él no fue el alfa que protegería "como es debido" a su
hija. Retrógrados, trogloditas, figurantes de lo correcto... Jamás se
avergonzó de su condición de beta. Jamás dudó hasta que eso le pudo
suponer perder a Marjorie. Pero allí estaban, cambiando el ciclo y
extinguiendo la descabellada y presuntuosa tradición de lo cabal.5

Hasta que ahora... Ahora la razón de sus vidas estaba sufriendo, así que
cualquier búsqueda de culpa para librar esa carga parecía ser totalmente
lícita.

...

Agosto, 2006
Tres meses depués34

Hacía calor. Inglaterra nunca contó con los veranos más calurosos, pero
ese año sin duda era uno de ellos. La nuca de Harry estaba empapada en
sudor mientras que sus pupilas, dilatadas, no podían fijarse en alguna de
las imágenes que pasaban a una velocidad media de ochenta kilómetros
por hora. Sus manos también estaban mojadas, frotándose contra la tela
vaquera de sus rodillas. El fleco también mojado de sus cabellos caía
sobre su frente mientras la vibración de sus cuerdas vocales no cesaba.
Por momentos se calmaba. A ratos se intensificaban.2

—En menos de media hora llegamos —susurró una voz femenina que
conducía el Alfa Romeo del joven, regalo que ese mismo año su padre le
había hecho al cumplir la mayoría de edad.6

Harry soltó un bufido en respuesta. Su celo se había adelantado.

Como todos. Todos los de ese año habían sido totalmente anormales.84
Clavó los dedos en sus muslos y descansó su cabeza en el asiento. Se
dirigían a la casa de la playa que había comprado la familia Styles la
primera vez que pisaron Inglaterra. En ese entonces ya hacía
aproximadamente veinticinco años de eso. Harry había conseguido una
copia de las llaves de esa casa cuando su padre tuvo "la charla" con él. Lo
cierto era que en dicha conversación lo único que reinó fue la verborrea de
un alfa que emanaba orgullo. Un alfa que daba miles de consejos y que
brindó a su hijo con su primera caja de preservativos. Caja que aún Harry
conservaba. Y usaba.49

Gruñó al notar el aroma de la omega bailoteando en el automóvil cuando


esta bajó la ventana del piloto. Era agradable, llenaba sus sentidos y hacía
rugir con cierta urgencia a su Alfa. Era un instinto primario y necesario. Un
cuerpo donde liberar su ansiedad y depositar el ardor que recorría su piel.

El bulto en su pantalón molestaba y ya reconocía el olor del mar. Iban a


llegar y aquello acabaría. Sólo un día cubriendo sus necesidades y ambos
se irían por su lado. Como lo que eran. Como apenas conocidos.8

La omega, de melena morena y corta, bajó con cautela del coche,


dirigiéndose hacia la casa tras recoger las llaves del salpicadero. Harry en
unos instantes también se dirigiría hacia allí.

Aspiró por la nariz y chocó con su reflejo al fijar la vista en el espejo


retrovisor de su lado. Sabía lo que era pasar un celo solo. Ese fuego físico
y las punzadas en la cabeza. Esas ganas de gruñir, atraer... Su padre le
había aconsejado que nunca los pasara en casa. Él lo prefería.

Allí olía más a tierra, a barro, a eso tan fuerte que avinagraba su faringe.61

Sus dientes rechinaron antes de salir del coche y cerrar de un portazo. Las
luces de la casa ya estaban encendidas.
Harry apretaba los puños y la mandíbula a cada paso que daba.

Sólo un día. Sólo un día para calmar la sed y las caprichosas demandas de
su condición.

Sólo un día para dejar de ser el animal.

La noche cayó y horas más tarde, en uno de los barrios más acreditados
del centro de la ciudad de Plymouth, un omega gimoteó con impaciencia
contra su almohada, a oscuras y en el silencio de su habitación al estar
pasando por el tercer celo de su vida.
211

...

Diciembre, 2006
Cuatro meses después11

Louis no levantó la vista del suelo. Sus oídos ni siquiera habían estado
prestando la atención que debían. Los pulgares de sus manos jugaban
entre ellos mientras mantenía el compás del bailoteo de sus piernas
estiradas.

Marjorie, sentada a su lado, largó un suspiro.

La atmósfera de la consulta era cálida. La estancia se encerraba en un


ambiente de colores crema y muebles de madera maciza de tono cerezo.
El médico, beta, apoyó el codo derecho en su escritorio y se inclinó en su
silla, fijando su vista en el adolescente que tenía justo enfrente.

—Louis —llamó—, ¿lo has entendido?


El de ojos azules apretó los labios antes de emitir un sonido parecido a un
asentimiento. El hombre, de unos cincuenta años, elevó una ceja mirando
a la omega, quien se encogió de hombros antes de girarse hacia su hijo.

—Cariño, sabes que es importante que las tomes, te...

—Aliviarán —resolvió el médico, con una sonrisa afable. Louis entonces


llevó su vista hacia la pequeña caja plástica que contenía supresores. No
pudo despegar sus ojos de ella—. Debes tomar las pastillas cada día,
intenta no olvidarte. Como ya te he dicho, disimularán tu fragancia y serán
también anticonceptivas. Muchos omegas, cuando les llega su celo,
aseguran que notan los síntomas algo más... leves.6

Louis en ese momento alzó y clavó la mirada sobre el beta. La palabra


"anticonceptivas" ya había hecho que sufriera un leve mareo, pero sin
duda, eso de "síntomas leves" hizo que una de sus cejas se enarcara.

¿Acaso existía algo que hiciera frente a la mismísima lava volcánica? Rió
con sorna hacia sus adentros. Qué iba a saber alguien ajeno sobre alivios.
Qué iba a saber alguien de síntomas si no había vivido todo aquello.

Volvió a mirar aquella cajita azul antes de sentir una mano de su madre
sobre sus rodillas.

—No pierdes nada con probar, Louis —dijo la mujer en ese tono tan suyo;
tan maternal y con la dosis suficiente de dulce convicción.

—Si sospechas que tu celo se va a repetir el próximo mes pueden hacerte


efecto si las empiezas a tomar hoy. Estamos a día dos. —El médico volvió
a opinar tras echar un vistazo a un pequeño calendario que decoraba su
escritorio.
Louis, ante el atento análisis de los otros dos, asintió. Marjorie dejó escapar
una sonrisa y suspiro de alivio mientras que el médico escribió algo en un
papel del montón que tenía frente a él.

El omega volvió a perder la mirada por el suelo, tragando saliva a duras


penas mientras la retahíla de sus pensamientos ya comenzaba a remar en
su contra. Tomar anticonceptivos. Claro, él podía... Cerró los ojos con
fuerza, tensando su mandíbula. La posibilidad de que eso pasara era
inexistente, pero la idea de que él estaba programado para ello hacía que
algo le apretara el pecho con angustia.

Su madre le había aconsejado no contar el celo de "enero" como el


primero, sino el siguiente para llevar un control y saber qué días caería. Lo
cierto era que ninguno de ellos fue regular. El 'primero' sucedió a los tres
meses mientras que el siguiente se manifestó a los cuatro. En ese
momento, todo volvía a apuntar a que el próximo también sería así.

Los meses en los que tocaba eran una tortura desde su primer día. Esa
vez, Majorie pretendía cambiarlo, recordándole la fecha próxima de su
cumpleaños. Planeando también la decoración de Navidad. Buscando
regalos o en sí matando las horas con paseos absurdos por plazas donde
ya habían instalado luces acordes a las próximas festividades.

Y Louis lo detestaba.

A veces lo invadía un ápice de ilusión al dejar atrás ese año, pero a su vez
recordaba que cuando el reloj marcara las doce y con ello comenzaran los
primeros segundos del nuevo año, ningún hechizo se rompería. Aquello no
era un absurdo cuento. Su vida no iba a ir en retorno.2
Tomó la caja de supresores entre las manos y vio de reojo cómo su madre
sacaba de su bolso la cartera para ofrecerle al médico dos billetes de
veinte libras.10

Los días pasaron; días en los que Louis iba a clase con el único aliento de
que cada uno sería uno menos. Un trámite. Seguía con la idea de dejar el
instituto, así que poco le importó que tuviera que repetir el penúltimo año
por prácticamente no haber asistido a las clases.

En diciembre el frío también arribó con intensidad. Marjorie ese año se


entusiasmó por comprar un abeto y adornos nuevos. Decoró la casa y puso
regalos bajo el árbol. Compró pavo para la cena de Nochebuena y le cantó
el cumpleaños feliz a Louis cuando se despertó el día veinticuatro. Marjorie
siempre había presumido que su hijo fue y sería el mejor regalo que la
Navidad le había hecho.13

Louis sopló dieciséis velas sobre su pastel de chocolate favorito, recibiendo


como regalo los reglamentarios calcetines, ropa, un libro que parecía la
enciclopedia de la mecánica de motos y... un skate. La tabla lo dejó
boquiabierto. Era de las últimas que habían sacado, destacando por ser
una de las más ligeras del mercado.14

—Por si te apetece volver a andar sobre esos trastos —pronunció George,


apretando el hombro de su hijo.23

Louis elevó su vista atónita hacia sus padres. No supo reaccionar; algo
muy dentro de él le había hecho rechazar durante meses cualquier
presente que tuviera que ver con todo lo que había dejado poco a poco
atrás. Louis apenas había vuelto a montar sobre su tabla y la reparación de
la moto era un tema que había dejado aparcado casi por completo. Con el
paso del tiempo, los episodios de sentirse más débil se fueron
estabilizando o quizás fue él mismo el que los obligó a que eso sucediera.
Decidió salir cada mañana a correr, o al menos trotar unos cuantos
kilómetros.3

Quizás intentó despejar su mente en algo; probar qué escondía el encierro


del dictamen de la resignación.

Echó un vistazo rápido a la tabla nueva antes de volver a encontrarse con


los semblantes expectantes de sus progenitores. A su madre casi le
brillaban los ojos mientras se apoyaba sobre su marido, quien también
aguardaba con ganas de que una sonrisa se pintara en su cara.

Louis dejó escapar un suspiro y ocultó su rostro cuando sus labios se


ensancharon con timidez.35

—G-gracias, es... es increíble —pronunció antes de que su madre soltara


un berrido alegre, apresurándose a estrecharlo entre sus brazos.5

El corazón de George tamborileó cuando visualizó aquella estampa que


tanto había añorado en su familia.21

Horas más tarde, la omega corría por la cocina mientras su marido


intentaba seguirla con un libro enorme sobre las diez mejores recetas de
pavo al horno. Louis ladeó una sonrisa al verlos. Su padre estaba ridículo
con aquel delantal rojo con miles de estampados con la palabra "chef". Su
madre, en cambio, tenía su cabello castaño recogido en un moño casual
que le favorecía en exceso.

Suspiró antes de palparse uno de los bolsillos de su pantalón de chándal.


Halló la caja cuadrada y se remojó los labios antes de sentir el hormigueo
en la garganta. Ignoró a sus padres, que parecían demasiado ocupados
con la bendita receta, y salió de casa, no sin antes ponerse su abrigo y un
gorro de lana cualquiera que encontró en el perchero. Caminó hasta el
porche y bajó las escaleras antes de fijarse en la cantidad de luces que
emitían las excéntricas decoraciones navideñas de las casa de alrededor.
Puso los ojos en blanco y negó con la cabeza cuando se volvió a fijar en el
muñeco de nieve luminoso que decoraba la entrada de la suya. Su madre a
veces no tenía remedio...10

Hurgó de nuevo en su pantalón y sacó una caja de tabaco. Tomó un


cigarro y se lo llevó a los labios. Debía fumar a escondidas o de lo contrario
sus padres pondrían el grito en el cielo.28

Cómo no.

Inspiró rendido antes de comenzar a pasear en círculos. Cada calada era


agradable y le calentaba apenas el pecho. No creía que la temperatura
alcanzara siquiera un grado.8

Jugó con sus pies, haciendo que le daba leves patadas al césped en cada
paso. El humo ondeaba a su alrededor, siguiéndolo. La carretera estaba
tranquila, con suerte circulaba algún coche.

Hundió su mano derecha en uno de los bolsillos del abrigo antes de volver
su atención al cigarro con la otra. Continuó el bailoteo de sus coordinadas
pisadas antes de oír cómo un coche se adentraba en la calle. Parqueó
cerca. Los faros del automóvil casi habían iluminado la entrada de su casa.
Entrecerró los ojos antes de mirar por encima de los rosales que su madre
tenía plantados.1

Un impecable Alfa Romeo acababa de aparcar frente a la casa de los


Styles.84

Enarcó una ceja antes de volverse a llevar el tabaco a la boca. ¿Acaso


alguien los visitaba después de...?
El humo de la calada permaneció un rato en sus pulmones antes de
expulsarlo lentamente.

Vaya, por lo visto Harry Styles había vuelto por Navidad.39

El porche de la casa de sus vecinos fue de inmediato iluminado por


cantidad de luces. Hasta las del jardín habían prendido los muy
exagerados.32

Una Annette eufórica salió de la puerta de su hogar, con los brazos


extendidos y bajando rápidamente las escaleras de la entrada.

—¡Harry! —gritó la mujer, correteando hacia el recién llegado—. ¡Oh,


Harry!

El joven estrechó entre sus brazos a su madre, teniéndose que agachar


para que esta depositara demasiados besos en su mejilla. Harry rió,
entrecerrando un ojo ante la extremada reacción de la omega. Solamente
habían pasado tres meses desde que se fue a Londres.

—¡Bienvenido, hijo! —exclamó Patrice, cruzando también el umbral de la


puerta de la casa.

Louis, instintivamente, se agazapó apenas entre los rosales. El cigarro


comenzaba a consumirse sin atención entre sus dedos.

—Pero Harry, pensé que no ya no llegabas —se lamentó la mujer,


separándose con cierto esfuerzo de su hijo—. ¡Estaba preocupadísima!

—Lo sé, mamá, no conté con el tráfico que me iba a encontrar.

La voz de Harry. ¿Ahora era así?180

Había cambiado, sí, sin duda lo había hecho. Era algo más ronca, pero
igual de paciente al acariciar cada palabra que pronunciaba.1
—¡Tu empeño de querer venir en coche con lo peligroso que es! —bufó la
omega, señalándolo con un dedo—. Deberías haber cogido un tren. Te
hubiéramos ido a buscar a la estación y...3

—Annette —interrumpió su marido mientras ladeaba una sólida sonrisa—,


nuestro hijo sabe lo que hace, deja de agobiarlo.

Harry rascó su cuello agradeciendo la intervención del mayor, quien posó


una mano sobre el hombro de su mujer para tranquilizarla. Padre e hijo
correspondieron un breve abrazo antes de que Annette volviera dentro de
la casa, no sin antes asegurarse de dar un sermón de indicaciones.

—Mete el coche en el garaje si quieres —ofreció Patrice antes de lanzarle


un manojo de llaves a su hijo, quien las recibió al vuelo.

Sonrió y elevó uno de sus dedos pulgares en respuesta.

Louis continuaba inmóvil.2

Harry pareció dudar, observando las llaves y después su coche. Su padre


siempre tan correcto. Lo cierto era que no le apetecía desplazarlo. Movió
su cabeza para estirar el cuello antes de inspirar profundo por la nariz.

Oh sí, era la esencia de Plymouth. De sus recuerdos, infancia y hogar. Casi


podía percibir el olor de su habitación y de sus cosas. Quizás se estaba
volviendo un melancólico como su madre y tres meses habían sido mucho
tiempo. Tres meses desde que comenzó su primer año de carrera en el
Imperial College.

Aspiró el olor de su jardín; del frío. Sintió... aquel cosquilleo. Eso que
levemente picaba. Aquello tan familiar.27

Frunció el ceño cuando oyó una rama crujir no muy lejos.


Louis se paralizó, conteniendo incluso la respiración.3

Harry dirigió la vista hacia la casa de sus vecinos y algo vibró. Dio un paso
curioso.

Louis pegó un salto hacia atrás, pareciendo una auténtica pantera. Una
pequeña ola de frío entibió sus mejillas y...

Un momento. Eso no tenía sentido.52

—¿Hola? —habló la voz raspada de Harry.

Louis ni siquiera tragó saliva. Pestañeó. Mentalmente, contó incluso hasta


tres.

Infló el pecho.

Se deshizo de su cigarro totalmente consumido y salió lo más disimulado y


digno de detrás de los cuidados rosales de su madre.34

—Hola, niño pijo de universidad privada.203

Harry también dio un brinco hacia atrás.

Su garganta pareció secarse. Eso no se lo esperaba, definitivamente no.

El omega mantuvo una distancia prudencial, hundiendo sus manos en los


bolsillos del abrigo mientras analizaba con cautela a Harry Styles. También
estaba mucho más alto. Le sacaba como media cabeza y... Era ancho,
parecía como dos veces él.35

Un latigazo imaginario dio de lleno en cada vértebra de su columna.11

Claro, todo un alfa.12

Louis volvió a dar un paso más hacia atrás, aumentando la distancia ya no


tan prudencial.
El abrigo negro de Harry lo cubría hasta casi las rodillas. Su pelo, sin una
forma definida, mas sí cargado, caía sobre su frente. Estaba peinado sin
mucho cuidado hacia la derecha. Sus ojos verdes habían volado hasta el
cuerpo menudo de su vecino.1

Enfundado en aquel abrigo color visón, y con un gorro de lana azul marino,
parecía que apenas se podía diferenciar que era él.

Pero cómo no reconocerlo gracias a aquella voz cantarina.

—Louis, ¿q-qué tal? —pronunció Harry, casi arrastrando las vocales.

Paralizado era decir poco y asombrado se quedaba demasiado corto para


definir el estado del alfa.

Su garganta picó. De nuevo.

Louis se dio cuenta de que si reculaba un paso más tendrían que hablar
casi a voces; mas lo hizo cuando Harry, con dos zancadas, tuvo la
intención de aproximarse.

Era extraño, demasiado.

Inexplicable. Y por el momento se decantaba por que siguiera siendo así.

—Bien, ¿y tú? —se limitó a contestar de corrido, sin cavilar con exactitud si
eso era lo que quería decir.

Harry adivinó que no sería buena idea volver a avanzar.

—Bien también, sí...

Y Louis no contestó. Siquiera asintió.

Oh sí, aquello era estúpido a la par que absurdo.


Harry intentó indagar el semblante que se escondía tras aquel gorro
enorme, pero pareció imposible. Hacía meses que no se veían y de hablar
ya era otra historia. Louis no salía; parecía haber desaparecido. De hecho,
antes de marcharse a Londres, Harry hubiese jurado que los Tomlinson
hasta se hubieron mudaron. Pero no, allí seguían. En todo momento lo
hicieron.

Louis dejó escapar el aire que se arremolinaba en sus pulmones. Harry


inspiró por la nariz. E iba a llover.9

Parpadeó.

¿Qué? ¿A qué venía pensar que iba a llover si...?

—¡¿Harry?! —llamó Annette, asomándose al porche de su casa y logrando


así que su hijo diera un brinco sobresaltado.20

Lo último que vio el alfa antes de dirigir su mirada a Louis y luego a su


madre, fue una sonrisa que apenas brilló en aquella fugaz sombra que
parecía ser su vecino. Tras eso, Louis sin más dio media vuelta,
dirigiéndose hacia su morada.

El corazón del omega decidió bombear con fuerza cuando ya hubo


apoyado su espalda en la puerta cerrada de la entrada principal. Y eso
mismo también le hizo poner los ojos en blanco. Soltar un bufido.

Esa noche, Harry cenó en absoluto silencio, con la vista perdida mientras
sus familiares no dejaban de cubrirlo con afanadas preguntas.

Al día siguiente, fue el alfa el que salió al jardín de su casa, recordando


toques de dedos y balones que salían disparados.

Ninguna risilla interrumpió entonces aquellos recuerdos.89


Y otro día pasó. Dos más; quizás tres.10

El joven alfa soltó un suspiro de frustración, estirándose en su silla


mientras la misma chirriaba en respuesta. No estaba acostumbrado a
aquella rutina, de hecho, Harry sabía que no estaba diseñado para
simplemente no hacer nada. Toda su vida se la pasó estudiando o
practicando algún deporte. Por supuesto también viajando, sus padres eran
unos aficionados y él en eso no se quedó atrás. Sin embargo, se daba
cuenta de que con el paso de los años las cosas que antes le apasionaban
en exceso iban cambiando, que quizás también el tiempo pasaba más
lento o las horas se volvían más pesadas si las yacía muertas. Era irónico,
pero echaba de menos el ritmo que llevaba en la facultad y el llegar
exhausto a casa. Rió cuando se planteó leerse algún temario de economía
global. Sí, en plenas vacaciones navideñas; él era así. Pocos podían llegar
a entender eso, pero estaba en su esencia ser productivo; el ansia de
saber un poco más. Para Harry leer libros de conocimiento era el mismo
sentimiento que devorar una novela de misterio, esa en la que no se puede
levantar la vista hasta que no se llega a los últimos capítulos donde por fin
se desvela al asesino.36

Bufó y se levantó de su escritorio de siempre, estirando todo su cuerpo y


alzando ambas manos hasta que sus dedos chocaron con la lámpara que
colgaba del techo. Negó con la cabeza, divertido, y se fijó en un perdido
rayo de sol que se colaba por su ventana. A dos días de acabar el año y se
esbozaba uno en Inglaterra... Eso él tenía que verlo.

Las nubes grises habían abierto un claro en el cielo, donde apenas se


apreciaba un precioso azul. No tardó mucho en que se volviera a encapotar
y aquel rayo se perdiera entre los firmes nubarrones. Resopló y su vista
viajó entonces, y por mera casualidad, hacia la casa de enfrente.
Todas las persianas parecían echadas, de hecho, la casa de los Tomlinson
simulaba ser la de siempre. Silenciosa, cerrada, pero bien cuidada. Era
cierto que con el paso de los años menos juguetes, balones o skates
aparecían regados por el jardín.1

Harry apretó los labios y se alejó del ventanal antes de dejarse caer sobre
su cama.

No podía seguir con aquella espina clavada. Quizás era el momento de


llamar a las cosas por su nombre.10

Sí, era cierto que Louis y él nunca se consideraron amigos. Aun así, la
asignación de conocidos la veía muy simple. Desechó de un momento a
otro la de corrientes vecinos y antes de lo esperado halló una que quizás
venía como anillo al dedo.

Desde siempre tuvieron papeletas para ser amigos. ¿Por qué no?

Louis siempre le cayó bien, jugaban cuando eran críos y hablaban al


encontrarse por la ciudad. Cierto era que no supo qué pasó a medida que
los años pasaron, pero... Quizás se dejaron llevar por ese síndrome adulto
donde se olvidaban las pequeñas cosas y uno se centraba en lo
aparentemente importante.

Bufó.

Harry odiaba los "quizás" por eso mismo. No le gustaba anclarse ni a lo


que pudo o podría haber pasado, pues lo veía inútil. Según él era una
absoluta pérdida tiempo. Harry siempre prefería actuar y arriesgarse; ver
con sus propios ojos las consecuencias y jamás quedarse con la duda.14

Había conocido omegas chicos en Londres. Muchachos tímidos y


demasiado desconfiados. Otros más dicharacheros e interesados. Jamás
le gustó generalizar aunque su entorno lo hiciera, pero el haberse instalado
en Londres le enseñó un mundo más diverso y de mentalidad
definitivamente más abierta. Mentes que encajaban con los pensamientos
que él siempre encerró.

Harry creía en el cambio social, en acabar con el sometimiento de los


omegas o las limitaciones de los betas. Todo eso le parecía tan absurdo.
Tan... de antaño. Desde pequeño le enseñaron que él estaba en el rol más
alto pero todo eso él lo veía de una manera más simple. Era uno más; un
humano normal. Como todos. Sus mejores amigos de la infancia, de
hecho, fueron betas, pues nunca le gustó juntarse con ciertos alfas que
consideraba que abusaban de su posición.37

No, no lo entendía. Si él mismo sentía que no pertenecía al grupo que le


imponían porque... ¿Por qué entonces el resto debían ya ser juzgados en
función de su naturaleza?

Louis era omega, ¿y qué? Además, era un omega chico, cómo iba a
afectar eso a...11

—¿Harry? —Lo llamó Annette, abriendo la puerta del cuarto y haciendo


que diera un bote de la cama.8

—Dime —contestó de inmediato, regalando una sonrisa que iluminó el


rostro de su madre.1

—Cielo, ya nos vamos.97

Oh sí, casi lo olvidaba. El aniversario de sus padres... El de ese año era


especial. Celebraran sus bodas de plata.

Patrice y Annette siempre realizaban con su hijo un viaje a finales de año


para festejar dicha fecha, sin embargo, ese año su madre estuvo más
reacia a realizarlo cuando Harry anunció que quizás había llegado la hora
de dejar de acompañarlos. Quería que sus padres vivieran sus vidas, que
su madre asumiera que él también debería forjar la suya y que por eso
mismo ambos debían darse espacio. La omega, casi a regañadientes,
aceptó que su niño tenía razón. Que su niño se hacía mayor.38

Los Styles harían un viaje en coche hasta el condado de Dorset, donde se


alojarían en un lujoso hotel hasta regresar a casa para pasar el fin de año.
Harry no pudo estar más de acuerdo con la idea, pues le apasionaba que
sus padres pasaran tiempo juntos. Que su madre desconectara y su padre
por fin soltara su maletín y levantara la vista de la cantidad de documentos
que siempre parecían estar pegados a él.

—Hasta dentro de dos días, hijo —pronunció Patrice, chocando una mano
con el menor.13

Annette, por su parte, se abalanzó a los brazos de Harry para despedirse.

Sus padres partieron y fue cuestión de horas que se decidiera.

Ya estaba.

Tocaría en la puerta de los Tomlinson.174

Sí.

Tocaría y preguntaría por Louis, como un viejo amigo cualquiera. Sí, lo


invitaría a... bueno, a lo que él quisiera. Unas cervezas, un café, un simple
refresco... Daba igual eso. Le apetecía hablar con él, le apetecía...51

Barro, césped, chocolate y más tierra mojada.82


Resopló cuando sus fosas nasales se centraron en eso al pisar las
baldosas que formaban un cuidado camino hasta la puerta principal de sus
vecinos.

Un hormigueo en su nuca y el ligero sudor en las palmas de las manos.

Bien, estaba nervioso.7

Inspiró y crujió sus nudillos antes de, casi a cámara lenta, llamar al timbre
de la casa.

Los dedos de sus pies se encogieron cuando algo le apretó también el


estómago. Vale, ya estaba. Ya lo había hecho y por dios, tenía hasta
calor.25

Pero durante segundos ninguna cortina se corrió o se oyó algún ruido tras
la puerta. Y él sabía que la casa estaba habitada. Sentía la presencia,
sentía un correteo y hasta... ¿preocupación? Un dejo de angustia.
Desespero. Su semblante se endureció y su mano fue directa de nuevo al
timbre, mas aquel gesto no hizo falta; la puerta se abrió de golpe ante él.

George pareció totalmente alarmado al ver al joven alfa plantado en la


entrada de su casa.

—Buenas tardes —se apresuró a pronunciar Harry antes de que una


extraña urgencia recorriera su pecho.

Aquellos nervios se le estaban yendo de las manos.

—¿Styles? —cuestionó el beta, con sus dedos afianzados en el pomo de la


puerta.5

—Sí. Harry Styles. —El menor estiró entonces una mano con cordialidad.
No se la recibieron—. Venía... Yo... Buscaba a Louis.18
O quizás debió usar la palabra visitar. Sudó. ¿Presentarse de otra manera?
O preguntar por él de otra forma, o...

Interrumpió el corrillo de sus pensamientos cuando el beta dio un paso


hacia atrás y entornó de inmediato la entrada de su hogar.

—Es mejor que te vayas, chico.90

Y eso a Harry, sin duda, lo tomó totalmente por sorpresa.

—Pero... yo, yo soy amigo de... Bueno, algo así pero...

Ni el alfa ni el beta dijeron nada más. Las pupilas de Harry se centraron en


las escaleras que apenas veía de la casa. Luego, la puerta se cerró en sus
narices.

—¡George! —Fue lo último que oyó por parte de una voz femenina del
interior. Dio un paso atrás.

El aire, el ambiente... El nitrógeno y oxígeno tomaron por primera vez en su


vida algo parecido a un... Aroma. Una vibración en sus cuerdas vocales se
hizo presente mientras los analizaba. Sus pupilas se dilataron clavando su
vista en el paso que acababa de serle cerrado. Con llave.88

Sus manos sudaron y su espina dorsal cosquilleó.28

A metros de allí, en el segundo piso de la casa, Louis gimió contra el


colchón antes de deshacerse de la sábana que lo cubría. El calor
insoportable. La lava, oh sí, aquella familiar lava volcánica.11

El mundo, en aquel instante, podía decirse que descarriló.

Harry... él no sabía que cada sensación nunca fueron nervios. Harry no


sabía que aquello que innatamente identificaba no era preocupación.11
Harry, allí parado, estaba sintiendo por primera vez la atracción que
imploraba un omega en celo.

"El celo de un omega puede adelantarse debido a la presencia de un


alfa"160
Ansioso.

Desesperante.

Caliente.

Absolutamente animal.25

Harry gruñó, volviendo a subir las escaleras del porche de los Tomlinson
tras haberlas bajado dos veces.2

Louis gimió, en su habitación, mientras se enredaba en la ropa de cama;


mientras el sudor las calaba.7

No lo veía. Harry no veía que todo eso estaba pasando.

El alfa lo olía. Lo sentía.

Lo vivía en su vello erizado. En su instinto y flujo sanguíneo. En la vibración


de sus cuerdas vocales y en esa fuerza que se topaba con sus músculos
tensados; deteniéndola.1

Harry, con apenas unos restos de cordura, trataba de aplacar al Alfa.32

Apretó los puños, inspiró por la nariz y eso mismo lo hizo bufar. Frustración
y sus nudillos cada vez más blancos. El pelo le caía empapado en la frente
aunque la sensación térmica en el exterior fuera de menos dos grados. Se
dirigió de nuevo hacia la puerta de la casa de sus vecinos y observó por
largos segundos la madera blanca antes de volver a bramar y dar media
vuelta.

'¿Qué estás haciendo?'24

Bajó las escaleras de nuevo, coordinando sus pies a trompicones antes de


que una punzada se asentara en sus sienes.
Olía a barro, a hojas de libro nuevo y a rosas. A menta, a una tienda de tés
y a... ¿A qué?14

'¿Es esto lo que se siente? ¿Esto es lo que se siente con un omega en


celo?'26

¿Aunque fuera la primera vez? ¿Aunque no tuvieran un vínculo? ¿Aunque


jamás hablaran? ¿Aunque jamás se vieran?

¿Aunque fuera un chico?107

El retumbar constante en su garganta hizo que subiera los escalones de


dos en dos de la entrada de su casa. Harry cerró de un portazo y pegó su
espalda contra el pomo.20

Autocontrol.65

Debía dominar a su Alfa porque al contrario ya había sucedido.

Había rodeado la casa de los Tomlinson la primera vez que bajó los
escalones de su entrada. Había olisqueado las ventanas y tras saltar un
barandal pegado sus fosas nasales a las bisagras de la puerta trasera.
Rompió dos macetas volviendo a saltarla cuando una hendidura de
raciocinio afloró al darse cuenta de que había intentado forzar aquella
entrada dos veces. Sin éxito alguno.153

Fue en ese entonces cuando regresó a la puerta principal antes de


comenzar una secuencia de gruñidos lenta.

A pesar de eso, Harry había conseguido arrastrar a su Alfa hasta su casa,


así que se aseguró de inmediato de trancar puertas y ventanas. Cerró con
llave la de la cocina, rodó las alfombras y corrió las cortinas con fuerza
hasta incluso desengancharlas. Subió los escalones a zancadas y repitió el
mismo procedimiento en el segundo piso antes de encerrarse en su cuarto
de baño.9
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SI ERES HOMOFÓBICO NO SÉ QUE HACES ACÁ.
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factible, ¿o quizá no?
«Debí haber corrido antes de que tus brazos me vuelvan a atrapar, así no estuviese con este
dolor, así hubiese seguido bailando solo en la oscuridad»
O también, la historia en la que un joven louis se enamora de harry, o quizá Harry ya estaba
enamorado mucho antes.
Bailando en la oscuridad.
Larry Stylinson.
Esta historia es absoluta y completamente inventada por mí, se basa en libros, fics y música que
escucho, no soy profesional así debo escribir muchas tonterías, es mi primera historia también...
Cover gracias @idkpamelax, por ser una gran amiga te amo infinitamente.

'¿Qué es esto? Es una locura, una maldita locura'

Sus dedos se enterraron en su cuero cabelludo antes de dejarse caer en


aquel suelo de azulejos blancos tras deslizar su espalda por la pared. Se
deshizo de su abrigo a jalones y enterró el rostro en sus rodillas
flexionadas. Tenía que controlarse; respirar, serenarse.

Él no estaba en celo, claro que no, aquello era algo distinto, un fuego que
abrasaba bajo la piel tras haber nacido muy dentro de él, tras haber
emergido de una fuerza que se concentraba en sus sienes y tiraba hacia su
nuca.22

Y a su entrepierna.77

Maldita sea.7

Jamás había sentido a un omega en celo. Sus encuentros con otras fueron
únicamente cuando él pasaba por el suyo. Simplemente... Harry no había
tenido la dicha o por el contrario la desventura de vivir eso. ¿Que si tuvo la
oportunidad? Sí, muchas omegas se lo hicieron saber. ¿Que si lo hizo? No.
Probablemente tendría un examen para el que estudiar o realizar algún
trabajo. Probablemente tendría que preparar un ensayo o memorizarse una
presentación. Quizás estaba jugando un partido de fútbol amistoso o por el
contrario había quedado con su padre para ir a las oficinas de Styl. No lo
sabía; no lo recordaba.1

Simplemente, nunca estuvo en sus planes. No le interesó, no era una


prioridad. Había otras cosas.1

¿Su padre le habría hablado de ese momento? Seguramente sí pero no


lograba recordar; aquella molestia punzante no lo dejaba pensar.

Ni siquiera se quitó sus vaqueros negros cuando decidió meterse en la


bañera y abrir la lluvia de agua fría. Harry pudo jurar que las gotas se
individualizaban para correr por su piel. Así lo sentía, candente, tanto que
juraría que podía formar vapor ante el contacto.

Tropezó de nuevo con la alfombra del pasillo antes de entrar en la


habitación de sus padres y buscar sobre la cómoda los inciensos que
Annette siempre solía tener a mano. Apenas los encendía una media hora,
pues habían sido un regalo exclusivo de su marido. Harry prendió cuatro
palillos y dos se le cayeron sobre la impecable moqueta, mientras los
intentaba colocar en el elegante soporte plateado. Bufó exasperado antes
de pasearse por el pasillo de nuevo con ellos. Cuando entró en su
habitación encendió dos más, dejándolos sin cuidado sobre unos discos.

Se tiró entonces boca abajo en su cama.

Olían a vainilla y el dolor dulzón no tardó en apoderarse del ambiente


aunque al principio lo notara con nimiedad. El olor parecía opacarse, pero
aquella urgencia en su cuerpo permanecía latente aunque hubiera tenido
un urgido orgasmo bajo la ducha fría minutos atrás, cuando su erección ya
dolió.9

'Basta, Harry, basta'7


En la casa reinaba el aroma a vainilla de Tahití; sus fosas nasales se
hicieron poco a poco a aquel fino humo danzante. El cansancio no lo
alcanzó, pero quizás se hizo al calor interno cuando los latidos en su pecho
parecieron establecerse y su agitada respiración le dio una tregua. No se
durmió, siquiera pensó en otra cosa mientras se intentaba concentrar en
dominar todo aquello que concebía como inexplicable.

Miró de reojo hacia la ventana y saltó de la cama para echar el estor, hacer
una torre de libros frente a ella y subir la silla al escritorio. Después de eso,
volvió a tirarse boca abajo en el colchón, sin llegar a ser capaz de plegar
sus párpados.

Más vainilla.

Calmado.1

Controlado.

Los termómetros marcaron los menos cuatro grados antes de que Louis se
arrancara su camiseta pegada a la espalda debido al sudor. Le exigió a su
madre que lo dejara solo y demandó que su padre siquiera se atreviera a
subir el primer escalón hacia el segundo piso.43

De nuevo allí estaba, antes de tiempo, sin ser predecible y con la fiebre esa
vez avisándole tan sólo unas cuatro horas antes. Esa misma mañana
estaba jugando a la PlayStation y ahora no se explicaba qué estaba
pasando. Se había tomado los supresores, como cada día, aquella pastilla
que conseguiría aliviarle y con la que todos le prometieron que el siguiente
iría mejor.6

Dejó escapar un quejido de su garganta mientras convertía sus manos en


puños.
Mentira.1

Ahora sólo era un omega momentáneamente esterilizado. Un omega que


se seguía revolviendo siendo presa de aquel dolor. ¿Por qué era más
intenso? No tenía sentido. Nada lo tenía. Su interior rugía con urgencia.
Cuando sus fosas nasales aspiraban el ardor aumentaba.

Algo más fuerte le tiraba, algo inexplicable hacía que se levantara de la


cama, le exigía que se arrastrara y gimiera, que suplicara más de eso, que
eso viniera y aliviara, que lo ayudara.111

—¡Ag! ¡Mierda, mierda, mierda!5

Louis bramó tirando todo lo que había sobre su escritorio, con su torso al
descubierto y sólo un pantalón corto de deporte.

Era su interior el que rogaba ser cubierto, el que se arrastraba porque


apagaran el fuego.

Pegó las palmas de sus manos al ventanal de su cuarto antes de hacer lo


mismo con su frente. El cristal estaba frío, pero no aliviaba. Necesitaba
hielo, un acople; una vibración tras su oreja. Sí, podía sentirlo. Quería ir al
frío, pegarse al cristal, dejar de gemir y volverse a cambiar de ropa
interior.2

La garganta raspaba, la sed inconcebible y el sudor en cada poro de su


piel.

Un golpe seco que no supo cómo pudo distinguir. Lejano.

De enfrente.50

La exudación en su rostro y las punzadas constantes en su nuca. Louis


levantó la cabeza para pegar de nuevo la frente en la ventana ya tibia.
Y su Omega entonces se paralizó. Por un momento, por escasos
segundos, toda ansia y ardor desapareció.1

Un alfa se encontró con su mirada añil. Un alfa que también se había


pegado al cristal de su ventana.310

En su propia casa.

Y ahí, justo ahí, todo arremetió de nuevo con fuerza. Todos los espasmos
Omega emanaron de nuevo con absoluto desespero.

Harry había derribado de un manotazo la improvisada torre de libros y


silla.8

Harry en realidad jamás se había parado a observar a detalle las vistas de


su cuarto. No sabía que daban tan de frente con el de su vecino.

"Hijo, es mejor que estés fuera mientras pasas tu celo"95

A sus oídos había llegado el gemido del omega. Del omega que reclamaba
en la casa de al lado.

El ambiente se reveló en una ola densa que emitía frío y calor. En la


definición de instinto animal y reflejos innatos. En que Harry no moviera ni
un ápice los músculos de su cuerpo, clavando sus ojos en aquella sombra.
En que segundos después esta desapareciera haciendo que su garganta
se desecara. Segundos como minutos.

En que el Alfa desplazara el último resquicio del juicio de Harry Styles.2

Dio un portazo cuando salió de su cuarto prácticamente corriendo. Se


lanzó hacia las escaleras sin ser consciente de cuántos escalones bajaba a
la vez y llegó a frenar antes de tomar una bocanada de aire y abrir la
puerta principal de su casa con violencia.103
El animal se detuvo. Al animal se le dilataron aún más las pupilas y se
irguió con delicada cautela cuando visualizó el cuerpo semidesnudo que
jadeaba frente a él.6

Louis estaba fuera de la casa Harry, había corrido hacia ella.179

El omega se revolvió entonces de gozo. Por primera vez imploró


esperanzado.1

—¡¿Louis?!4

Oyeron con esfuerzo unos gritos a lo lejos, pero todo sucedió más rápido
cuando el alfa tiró de una de las muñecas del omega mientras este también
se abalanzaba hacia el interior de la casa que una vez más acababa de ser
trancada.280

Silencio.

Olor. Uno que no era dulce; uno que picaba.

Instinto.

Louis se abrazó a sí mismo, clavando sus orbes en el alfa frente a él. Harry
lo observó como un auténtico depredador, retirándose apenas, dando un
pequeño paso atrás para observarlo. Estaba oscuro. Las luces de la calle
se colaban por las rendijas, pues Harry tiempo atrás se había asegurado
de cerrar cualquier salida.2

Que irónico que a pesar de eso al final dejara pasar al pecado por la puerta
grande.180

Quería encender las luces, acabar con aquella oscuridad en la que con
esfuerzo distinguía al menudo cuerpo que sólo emitía feromonas; las
mismas que hacían que Harry sintiera la urgencia.
Louis tembló cuando un sollozo bajo escapó de su garganta. El alfa
entonces rugió antes de dar dos pasos para acercarse a él.1

—Harry —murmuró el omega en un hilo de voz—. N-no preguntes, sólo...


Tu olor, maldita sea, tu olor me... —La frase terminó en un gemido que hizo
al menor encogerse sobre sí mismo.2

El olor cercano del alfa era desconcertante. Lo urgía más por dentro, pero
le otorgaba a la vez un fino filamento de cordura. Lo estabilizaba, por un
fugaz momento sentía el flujo de sensaciones constante. Como si lo
pudiera controlar aunque se siguiera revolviendo con urgencia.4

Era más fuerte, tanto que salió desesperado de su casa, movido como un
imán y sin oír los portazos que se daban detrás de él.

—Louis —pronunció Harry. Voz rasposa y profunda—. Louis, no


puedo contro... —se interrumpió cuando al otro se le volvió a escapar un
lamento.7

Y justo ahí. Basta de intentar salvaguardar al raciocinio.

La naturaleza acababa de hacer sentencia.167

Harry se movió como un resorte cuando se abalanzó hacia el cuerpo de


Louis y con una mano apoyada en la pared lo acorraló. Sus pupilas
dilatadas recorrieron el perfil que levemente vislumbraba. Louis gimió, lo
hizo sin pena cuando sintió cómo aquella fuerza convertida en olor intenso
lo cubría.57

Cuando Harry se acercó a sus cabellos y aspiró.2

—Hueles distinto —gruñó entre dientes el mayor, convirtiendo su mano de


apoyo en un puño—. Hueles tan bien.12
Louis entonces se deshizo, alzando sus orbes añiles hasta los verdes que
apenas se distinguían.1

Animales.125

El omega se desquitó en gemidos cuando la mano del otro tocó su nuca.


Su corazón martilleó con fuerza, multiplicando el hormigueo en su
epidermis. Oh sí, el tacto de Harry era frío; compensaba el calor y aliviaba.
Refrescaba su piel y la convertía en una más suave mientras que, así
mismo, la temperatura de Louis también mitigaba el ardor del alfa. Con solo
un contacto, pareciera que sus pieles tornaban a lo que el otro necesitaba.

'¿Qué es esto?'

'Que no pare'81

Harry gruñó con desespero cuando la mano de Louis tocó su abdomen


sobre la ropa, cuando le retiró la mirada y ladeó su rostro dejando su cuello
expuesto. Cuando acarició con la punta de su nariz la piel entonces
exhibida.3

Louis oyó la vibración de la garganta del alfa, dejándose llevar por aquel
sonido, sincronizando la suya y cerrando los ojos ante el gozo que
experimentaba su ser. Era eso, era la necesidad innata, como un cachorro
que sabe mamar; como un desterrado que visualiza el oasis en mitad del
desierto. Era ese el alivio, era eso lo que exigía su sistema y se lo iba a dar
porque el propio Louis ya hace rato había empequeñecido tras su
Omega.34

Y era ese el que iba a actuar.

Ronroneó encerrando en un puño la tela que cubría el torso de Harry y le


fallaron las piernas cuando este lamió detrás de su oreja. Harry afianzó sus
manos a las caderas desnudas de Louis, apretando con sus dedos y
empujando su cuerpo hacia el menudo que se revolvía contra él. Lo pegó
aún más a la pared, llenando cada resquicio de su sistema de aquella
fragancia picante y candente, una que era incapaz de comparar o definir.
No sabía si el olor cambiaba así en un omega en celo. No sabía si era
porque era chico. No sabía si era simplemente Louis.15

Sólo sabía que lo estaba volviendo demente.17

Gruñidos por parte del alfa y gemidos y lamentos emitidos por el omega
cuando sus pieles se refregaron, cuando se daban cuenta de que cuanto
más contacto, más alivio. Louis pasó sus manos por los brazos largos de
Harry, los cuales ya no sabían estarse quietos. La yema de los dedos del
alfa tocaron los costados de Louis. Su estómago, espalda y de vuelta las
caderas. Tocó sus hombros y bajó a su pecho lampiño y aterciopelado,
firme y que irónicamente también le refrescaba.1

Un berrido gutural escapó del alfa cuando Louis le pasó los brazos por su
cuello y rozó su nariz con el lóbulo de su oreja. El omega suplicaba y se
encaramaba ante aquel torso que atemperaba las sacudidas que se
arremetían en su interior.

Louis entonces se rindió a cualquier voluntad cuando Harry colocó ambas


manos sobre su trasero.227

'¿Cómo lo puedo sentir tan delicioso? Es imposible, esto carece de lógica


alguna, esto es...'59

Gimió.4

Louis se impulsó y Harry no tardó en entender sus intenciones. Lo cargó


con ligereza, sin separar las palmas de sus nalgas mientras Louis se
aferraba a su cuello. Lo volvió a pegar a la pared y lo olió en aquella
posición, enterrando la nariz en el hueso de su clavícula y hueco del cuello;
en los gruñidos que emitió cuando sus dientes rozaron aquella piel que ya
había probado con la lengua. Cuando Louis perdió sus dedos en su cabello
y lo jaló hacia él.4

Era como si... como si el cuerpo de Louis fuera un polo que demandaba a
su opuesto.

El tacto de Harry calmaba y provocaba que por primera vez el Omega y


Louis se sintonizaran. Estaban juntos. Estaban de acuerdo en apagar de
aquella manera el fuego. Concordaban en que únicamente dominara la
parte animal.

Harry lo quería contra la pared o quizás contra el suelo. Harry necesitaba


una superficie para poder cubrirlo y acudir a sus llamadas. Ansiaba
susurrarle que ahí estaba, que lo iba a aliviar, que colisionaría con sus
gemidos y todo pasaría.61

No supieron cómo Harry subió las escaleras en aquella posición, con las
piernas del omega aferradas a sus caderas y su rostro enterrado en su
cuello. No, Harry no sabía de dónde obtuvo la capacidad de obrar pero lo
hizo, llegó hasta su habitación para depositarlo en la cama, para ver cómo
Louis se abalanzaba hacia aquellas sábanas que olían a él, para enredarse
en ellas antes de comenzar a mover sus caderas.53

Harry gruñó mientras abría la ventana y tiraba los palillos de incienso


todavía prendidos. No notó siquiera que se había quemado con uno de
ellos. Con el mismo que cayó al césped de su jardín y se apagó con las
primeras gotas de lluvia que en ese instante comenzaron a caer.15

Estaba lloviendo y Harry llenó sus pulmones de aquel olor. Era imposible
que su Alfa no convulsionara de aquella manera. No sabía que esa
sensación podía ser real, jamás se llegó a imaginar que la vista de Louis
buscando su olor entre la ropa de su cama lo iba a hipnotizar y hacerle
perder el control de tal manera.50

Un precioso omega. Uno pequeño y revoltoso que imploraba que lo


cobijara.85

Louis detuvo sus movimientos cuando el cuerpo de Harry lo cubrió por


completo. Sintió un siseo, un rubor que le decía que dejara de actuar así,
que avivara sus sentidos y se dejara llevar hacia lo que iba a venir.2

—Tócame —bisbiseó el de ojos azules al sentir el pecho desnudo de Harry


contra el suyo—. Tócame, por favor. Siento que si lo haces va a dejar de
doler.57

El alfa dejó caer el peso de su cuerpo sobre el que recorría con los dedos.
Haría cualquier cosa que aquel omega le pidiera, mas tocarlo era un
asunto donde precisamente no necesitaba advertencia.

Louis se aferraba al cuello de Harry en cada toque, en cada movimiento


que hacía el alfa sobre él. Recorrió cada centímetro de piel con las palmas
de sus manos, se deleitó con aquella suavidad y se dio cuenta de que sólo
necesitaba la luz que se colaba por la ventana, la que emitían los rayos
que cruzaban también el cielo; solo eso para asumir que no existía una
blancura más hechizante que la de la piel de Louis.

Estaban casi a oscuras, pero se encontraban. El sonido de los truenos no


aplacó al de sus gruñidos y gemidos. Y Harry lamió de nuevo el cuello de
Louis, dejó marcas de sus dedos sobre su piel y lo olió hasta que su aroma
era lo único que reinaba en su juicio. Louis lo abrazaba contra él, rozaba su
piel, buscando desesperado paliar el calor; disfrutar del gozo de sobrellevar
por primera vez todo el suplicio. De sentir que su cabeza explotaría ante
aquel contacto, ante el que mantenía un rugido constante y respiraba sobre
él.

Cuando un fuego nuevo e incontrolable lo abrasó al sentir una erección


contra su pelvis.16

El alfa recorría con su lengua la barbilla lampiña del menor. Rozó su nariz
contra sus mejillas y gimió en su oído mientras delineaba sus labios con un
dedo pulgar. Louis lo alcanzó entonces con su lengua, mojándolo y
obteniendo una mirada inmediata y profunda de Harry.95

La erección creció. No lo creía posible pero lo hizo.31

Todo, de un momento a otro, dolió de nuevo.

El pantalón de Louis fue rajado cuando cuatro manos absolutamente


descoordinadas intentaron retirarlo. Su ropa interior se rompió al igual que
la de Harry cuando él mismo tiró de ella con impaciencia.37

Alfa y Omega rugieron cuando estuvieron piel con piel al completo por
primera vez.13

—No va a doler más —prometió Harry con una voz dominada de


necesidad. Una voz ronca que hizo que Louis se sacudiera.18

El alfa quiso demandar los labios mojados de Louis, soltó un quejido de


sólo imaginarse bebiendo de ellos, mas se encontró con el cuerpo de
debajo de él removiéndose para lograr quedarse boca abajo.11

Lo dejó hacer cuando sus fosas nasales se inundaron de aquel olor que
ahora era más intenso.

Su cama debía tener impregnado el aroma de Louis. Sus sábanas debían


estar mojadas con el flujo de él. Y volvió a gruñir, claro que lo hizo, gruñó
reclamando todo aquello, exigiendo el sabor que calmaría su sed,
perdiéndose en las curvas del cuerpo de Louis cuando este enterró su
rostro en la almohada. Le urgía cubrirlo, le urgía acariciarlo y acariciar su
vello erizado.29

Le urgía no volverse loco por las firmes nalgas que acababan de rozar su
miembro hinchado.25

El aura de la lujuria emanó con sensualidad en el ambiente. Harry sólo


parpadeó cuando Louis se irguió con uno de sus codos y buscó su mano
para que la pasara por su pecho; para que lo acariciara con su palma
enorme. Ambos gimieron al unísono cuando atrapó entre sus dedos uno de
los pezones de y lo retorció con suavidad. De un momento a otro todo
pareció ir más rápido. De un momento a otro ambos sabían lo que iba a
pasar; lo que la naturaleza exigía a voces.

—Por favor —murmuró Louis, ahogado en gemidos provocados por cada


roce de Harry en él.

Necesitaba ese toque en su pezón, aquella mano sobre sus nalgas y el


frescor que todo ello le transfería.10

El mayor masajeó la piel ajena, con dedos ansiosos recorrió su cuerpo


esculpido y se concentró en separarle las nalgas y encerrar el bramido que
quería emerger desde lo más profundo de su ser. Aquello era diferente a
cualquier cosa, aquel olor y necesidad lo agitaban de una manera
desconocida y absolutamente primitiva.1

Necesitaba enterrarse en Louis. Todo lo demás era secundario.9

Era lo único que quería su Alfa; atender al pequeño omega que olía así.4
Sus dedos se colaron entre los pliegues de aquellas nalgas firmes y pegó
su frente a la nuca de Louis cuando sintió su tibia humedad. El omega hizo
puños sus manos y golpeó el colchón totalmente perdido, entregado a
aquellas cosquillas que eran placenteras y necesarias en su sed. Harry se
mordió con fuerza el labio inferior cuando indagó con su dedo y respiración
profunda; cuando se dio cuenta de que resbaló y tocó la gloria con sus
yemas.1

El omega levantó las caderas con desespero mientras el otro paseaba sus
dientes por toda la longitud de su espalda. La sensualidad se hizo
presente. La lujuria ya hacía tiempo que dominaba en el ambiente.

El deseo.

Louis miró de reojo el enorme cuerpo de Harry, sintiendo las manos que no
paraban de tocarlo. Gruñó contra la almohada cuando de repente, tras una
leve oleada de calor, sintió dos dedos en su interior. No dolían. Por dios,
absolutamente alivian. Quería más, sí, todo el tiempo de angustia y dolor
fue por la ausencia de aquello, por no conocer de qué manera eso parecía
ser el botón mágico con el que todo se calmaba. Por primera vez le daba
significado a cada demanda.30

Lleno.1

Necesitaba, ansiaba y exigía sentirse lleno, acoplado a algo que colmara


su interior y atenuara de tal manera su celo. En aquel instante no tenía
capacidad para recordar lo que también le hacía sufrir, en ese momento
sólo quería ser arrastrado por aquel placer que paliaba su sistema. No
necesitaba hablar o emitir siquiera un sonido, pues Harry lo entendía, Harry
lo cubría con su cuerpo y atendía donde debía; conciliador, con ese aura
que le aseguraba que podía respirar tranquilo.7
Harry contuvo un gemido cuando su erección se volvía cada vez más
insoportable, cuando palpaba con la punta de sus dedos lo estrecho que
era Louis. Ansiaba sus gemidos, mas no hacerle daño. Le angustiaba la
idea de que experimentara algún ápice de dolor, le agobiaba que su ardor
no cesara o en sí no llegara a calmarlo. Todo eso lo atormentó de forma
fugaz hasta que Louis se restregó contra él, hasta que un rayo volvió a
iluminar el cuarto y fue consciente de lo mucho que lo deseaba; de cómo
estaba sintiendo en su propio cuerpo el celo del omega. Como si fuese
suyo.1

Y si lo era tenía que remediarlo.14

Rozó su pene erecto contra el pliegue de sus nalgas, notó muy rápido la
humedad y lo descolocó la desesperación con la que Louis lo reclamó.28

—Por favor —gimoteó el menor, rogando lo mismo que hacía un rato,


aferrándose a uno de los brazos del alfa tras buscarlo casi a tientas hacia
atrás.1

—Sí —aseguró Harry, agarrando la base de su miembro y temblando ante


el contacto de este con las secreciones calientes de Louis.2

Debía ser delicado aunque su animal le rugiera por placer. Debía ser
prudente... debía... Pero olvidó alguna pauta más cuando el omega volvió a
jadear impaciente.3

Sediento.9

Se alineó en la entrada ya dilatada sin siquiera ayuda, en aquel punto


erógeno que sólo arrancaba sensaciones nuevas. Apenas empujó sus
dientes atraparon su labio inferior. Encajaban, lo hacían a la perfección y
eso lo perdía, lo divagaba por completo en una explosión de impresiones y
en roces que se tornaron igual de ansiosos que eróticos. Harry penetró al
omega poco a poco, sintiendo cómo emanaban las gotas de sudor en su
frente y notando en sus propias carnes cómo lo dejaba sin respiración.27

Y todo frenó una vez más. Todo dejó de doler, todo ardor se esfumó y solo
quedó algo puro e incorpóreo; nuevo también.3

Placer.61

Harry no pudo controlar el mover sus caderas, el sentirse perdido en la


calidez que acogía a su pene y en cómo las paredes de Louis se contraían
para abrazarlo.4

Porque no podía hablar, siquiera mantener una respiración regular.

Era eso todo el tiempo, lo que pasó en los últimos meses. Era esa la
panacea.41

Sentirse lleno.

Louis notaba la respiración agitada del alfa en su nuca, notaba cómo le


costaba inhalar una bocanada de aire y el remolino de sensaciones que se
agolpaba en la boca de su estómago, pues a pesar de todo Harry consiguió
llevar un compás de movimientos suave, acariciando sus caderas y
gruñendo en su oído; un vibrar bajo y tranquilizador, uno que volvía a
estabilizar todo.7

Era agua fresca en una garganta seca, era el rayo de sol que terminaba de
hacer que una planta germinara. Era la última pieza de un puzle. Era eso.14

Harry volvió a perder su rostro en el cuello de Louis e inspiró. Se llenó de


su fragancia antes de volver a afianzar el agarre de sus caderas para
hundirse un poco más.2
Y justo ahí, Louis se quedó durante segundos sin respiración. No dolía,
mas si era extraño. El deseo dominaba y el calor del alfa le aseguraba que
todo estaba bien, que efectivamente iba a pasar.3

Y así Harry volvió a empujar, salió apenas y se enterró de nuevo en aquel


cuerpo, tirando esa vez de las caderas del omega para levantarlo, para que
se apoyara en sus antebrazos y rodillas y tuviera más libertad de
movimiento. También para volver a tener un acceso a sus pezones.3

Sudor, gemidos y marcas en la piel. El omega apretando los brazos del alfa
cuando se aferraba a ellos. Este mordiendo y recorriendo a lamidas su
espalda.3

Intenso, profundo y dejando atrás el ritmo acompasado para pasar al


animal. Louis se encontraba totalmente dilatado, acoplado y sin sentir
molestia. Al contrario, sentía oleadas, sentía gozo cada vez que se le
cortaba el aliento por una embestida. Se regocijaba al dejar de sentir el
dolor punzante y angustiante del celo.1

Sentía que ahí era donde debía estar.34

Olía a ellos. A sus fluido, a sus feromonas y también al ansia. Olía a sexo y
sólo se oían sonidos toscos, gimoteos sensuales y dominados por la
lujuria, las ganas y el placer que cada vez reinaban con más ganas. Harry
no podía dejar de apretar las caderas de Louis en cada penetración, en
cada movimiento de su pelvis contra sus nalgas redondeadas y tan suaves.
Necesitaba apretarlas mientras besaba, lamía y mordía cada centímetro de
piel que estaba a su alcance. Cada estocada era un tirón en el coxis y un
placentero cosquilleo en su estómago; una electricidad en lo más profundo
y la necesidad innata de rugir cada sensación que tocaba.15
Louis notaba sus manos temblando contra el colchón. Sentía que todo
daba vueltas cada vez que abría los ojos; en una posición de caderas
alzadas y sin fuerzas para desenterrar su cara de la almohada. Resbalaba
el uno contra el otro mientras el cuerpo del omega caía rendido, mientras
sus mejillas ardían y el sofoco le seguía dificultando el respirar con
normalidad. Sacudiéndose en cada impacto de caderas, en cada
movimiento que ejercían las rodillas de Harry contra el colchón, pues su
pene tocaba la gloria, el roce que ejercía en las paredes de Louis barría
todo el calor y concentraban aquella sensación a la que era muy fácil
acostumbrarse.1

Y Harry no podía más. Aquel omega era muy estrecho, aunque se acoplara
a la perfección a él cada tirón de su miembro hacía que perdiera la cabeza.
Verlo allí, jadeando, sin aliento y con su delineado cuerpo a su merced
fomentaba que quisiera llegar ya. Con un brazo se aseguró un punto de
apoyo antes de soltarle las caderas y cubrir por completo la espalda de
Louis con su pecho.31

No, no podría aguantar mucho más. En aquella posición sentía que llegaba
más profundo, que alcanzaba el tope de su cuerpo y Louis con ello se
sacudía con más exasperación. El omega balbuceó algo ininteligible antes
de no poder controlar ni la saliva que se escurría por la comisura de sus
labios cuando Harry volvió a arremeter. Perdió el sentido, padeció mareos
y dejó que el alfa lo sostuviera entero cuando comenzó a temblar, cuando
de su garganta sólo escaparon más gemidos y ronroneos cubiertos de
erotismo. Cuando Harry lo abrazó, tirando de nuevo de sus pezones y
Louis se corrió.65

Cosquilleo.

Suavidad.
Desconexión.5

Todas sus extremidades perdieron cualquier resto de fuerza mientras caía


en picado en el pozo del éxtasis; mientras se abandonaba de esa forma
casi irreal. Louis vivió por primera vez lo que era un orgasmo, sintió cómo
aquella sensación corría por su flujo sanguíneo y lo hacía explotar en una
liberación casi inimaginable.2

Y Harry... Harry se perdió. El verde de sus ojos casi ni se podía distinguir


cuando su ser gruñó ante los espasmos del omega, cuando lo vio
derrumbándose en la cama totalmente deshecho en gemidos. Aquel
precioso omega. Aquel preciado olor. No podía más, quería y tenía que
llegar al límite ya.1

Iba a reventar.

—Voy a anudar —murmuró con voz pastosa y ronca. Louis no levantó la


cabeza—. Voy a anudar. Tranquilo, tranquilo...27

Para cuando Louis quiso analizar las palabras del alfa algo más fuerte lo
paralizó. Algo más fuerte lo hizo boquear con desespero.2

Soltar un chillido.115

Harry parecía haber tocado hacía instantes su límite, sin embargo, en


aquel preciso momento lo había también excedido. Louis sintió una ola de
fuego recorrerle el pecho. Sintió que sus caderas debían haberse hasta
ensanchado a causa de aquella posición; que caía de nuevo en el abismo
cuando el gruñido que nació en el centro de Harry lo hizo asfixiarse de
nuevo.

Lleno.

Enorme. Era un maldito alfa malditamente enorme.11


La punzada nacía en su pelvis y tiraba hasta lo más profundo. Hasta el
límite que lo colosal del alfa había establecido.

—No puedo más, voy a... —Al omega se le quebró la voz, quedando
exhausto tras haber reunido una mísera voluntad para decir algo.

—Shhh —siseó Harry, con la primera bocana de aire que aspiraba—. Sólo
un momento, te lo prometo. Va a pasar...1

Y aquella voz ronca hizo entonces que el Omega de Louis cediera; que se
dejara caer contra las sábanas mientras el mayor también se recostaba de
lado.

Así no ardía tanto. Así podía soportar mejor aquello que casi lo rebosaba.

Y silencio.

Alientos que se recuperaban y corazones que trataban de volver a


bombear sangre con normalidad. Olores que bailoteaban y calores que se
asentaban. Los dedos del alfa aún aferrados a las caderas del omega y los
aproximadamente diez minutos que permanecieron acoplados.92

Cuando sus cuerpos se hallaron por primera vez separados, Harry dejó
caer su cabeza rendida contra la almohada embebida de la esencia de
Louis, quien no se pudo mover. No pudo mantener siquiera sus párpados
rasos cuando sintió que cada parte de él flotaba. Como si siguiera lleno e
indagando, sin ser consciente, en que ese era el significado de satisfecho.2

No supieron quién cayó primero dormido o cuántas horas pasaron cuando


el Alfa de Harry se irguió de nuevo al sentir que el instinto se abría paso
entre sus sentidos.
Cuando a las horas el omega despertó quejica y emanando desconcierto.
Encerrando un lamento en su pecho cuando el fuego volvió a rodar por su
piel.

Cuando el alfa lo cubrió entonces con un rumor consolador.2

Cuando el idioma volvió a tornar a murmullos bajos y vibrantes. A gruñidos.


A un Louis colocándose en la misma posición a merced del alfa dispuesto a
de nuevo atenderlo.106

A nuevos choques de caderas y sudorosas caricias que raspaban la piel. A


un nuevo nudo. A nuevos orgasmos.83

A que pasaran más horas, a que se hiciera de día. A que no hablaran


cuando volvían a rendirse al sueño.

A que, temprano, un rayo de sol entrara por la ventana para dar directo en
la cama.2

Harry se removió totalmente embutido y soltando un bufido cuando sus


ojos se negaban a abrirse. Se revolvió en la cama y se estiró sintiendo un
lío de sábanas enredadas en sus piernas; notando el tacto directo del
colchón sin cobertor en la espalda.

Un toque de atención que nació en su pecho y el sonido de unas pisadas.

Abrió los ojos de inmediato, encontrándose a su vecino de espaldas,


vestido con una camiseta suya que le quedaba enorme, tanto que casi le
cubría hasta las rodillas. Con una mano sujetaba su pantalón corto y ropa
interior hecha jirones.

Tragó saliva.
—Louis... —pronunció con cautela, muy bajo, como si supiera que un
simple murmullo pudiera espantarlo.1

Ya no estaban solo Alfa y Omega.

Parecían Harry y Louis.146

El menor tensó sus hombros cuando aquel leve rumor llegó a sus oídos.
Levantó el mentón y apretó más la tela en sus manos sin enfrentarle la
mirada. Dejó escapar poco a poco el aire de sus pulmones antes de
conseguir dar un paso.

—No —sentenció sin dejar de darle la espalda—. Sólo... No. Esto no.8

Y salió, salió del cuarto más ágil de lo que esperaba, sin pisar la cantidad
de cosas que se encontraban regadas por el suelo. Salió sin siquiera
perderse en aquella casa y dio un portazo antes de echar a correr una vez
sus fosas nasales se llenaron de otra cosa que no fuera el olor que
cargaba aquel cuarto.2

Se fue y Harry pestañeó, sin moverse en ningún momento de la cama,


notando su garganta seca y el golpe realista de la cantidad de imágenes
que comenzaron a cruzar por su mente. De aquella sensación
desconcertante que se alojó en su pecho. Recorrió con la mirada su
habitación hecha un desastre; la cantidad de sus pertenencias rotas y lo
descolocado que se encontraba todo.

Dejó caer el apoyo de su codo y chocó su espalda contra el colchón,


mirando hacia el techo.

Más imágenes; cantidad de ellas.18


Pero ninguna comparada a lo que sintió cuando inspiró y hasta lo más
recóndito de su sistema se empapó de la singular fragancia que seguía
reinando en cada esquina de aquellas cuatro paredes.+

"No. Esto no"29

'¿Y ahora qué, Alfa?'

Febrero, 2007
Dos meses después28
Los vasos de plásticos chocaron entre sí antes de que sus dueños se los
llevaran a la boca, bebiendo su contenido. Vodka puro con aquel peculiar
sabor dulzón gracias a los caramelos de menta suave que habían
reposado toda la noche en el fondo de la botella. Luego todo era cuestión
de colarlo con un filtro y allí tenían, una forma rápida y eficaz para
coquetear con los primeros síntomas de la embriaguez. Tan de vida
universitaria eso.

Y de un alemán del grupo que se negaba a dejar las tradiciones más


arraigadas de su país atrás, claro. Las propias de Londres, en noches
como aquellas, pasaban a segundo plano.

—¡Harry, Harry, Harry! —vitoreó el grupo de veinteañeros cuando los


vasos, vacíos, cayeron sobre la mesa.

El aludido sólo levantó ambas manos mostrando que el suyo, de mayor


capacidad, también se hallaba sin una gota de líquido. La sala entonces
volvió a estallar en chiflidos y aplausos.6

El comedor de la residencia universitaria parecía inundado de globos de


colores y algo parecido a confeti. La música pop emanaba de una pequeña
radio y el grupo de unos quince jóvenes comenzaba poco a poco a
moverse al son del ritmo. Los ojos verdes de Harry se entrecerraron
cuando la melodía se coló en sus oídos, mas los abrió de golpe cuando de
repente se vio envuelto entre risas en una sábana enorme que hasta hacía
un momento colgaba del techo a modo de pancarta con un "Feliz
cumpleaños, Harry" pintarrajeado con bolígrafos y subrayadores de
colores. Decorado también con la firma de todos los que habían colaborado
en la fiesta sorpresa.9
Febrero llegó y ese año hacía diecinueve que Harry nacía. De pequeño
siempre aguardaba emocionado tal fecha y sin embargo ese mismo año no
fue consciente de lo rápido que la marcó el calendario. Tuvo que exponer
una presentación ese jueves y planeaba quedarse hasta tarde leyendo un
artículo que uno de sus profesores había recomendado ojear para el día
siguiente. Se suponía que aquel uno de febrero no iba a ser más novedoso
pero sin lugar a dudas todo cambió en el momento que un ensordecedor
"Sorpresa" lo dejó boquiabierto cuando ingresó en el comedor a la hora de
la cena.

Casi pudo poner los ojos en blanco imaginándose a la mente pensante de


todo aquel jaleo.

—¡Felicidades, Harry! —volvió a chillar un beta alemán mientras servía


más del vodka preparado en su vaso.

El ojiverde quiso abrir la boca, pero unas palmadas en su espalda llamaron


su atención cuando más compañeros le repetían la felicitación y que si le
había gustado la sorpresa.
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1. Cortar, herir o desgarrar con los dientes.
2. Agarrar o sostener con los dientes.
❝ Louis Tomlinson; un omega de cuarenta años de edad. Felizmente casado con Frederick,
con dos hijos de por medio. Harry Styles; un alfa francés, de veintitrés años de edad, soltero y
tremendamente atractivo. Todo se sale de control cuando ellos dos se conocen e
inesperadamente comienzan una "relación amorosa" a escondidas. ❞
® Stylinson.
✧ Actualizaciones lentas.
Al final de este viaje OS | larry stylinson...
Por liliumpumilum
7.5K 534

Harry es un estudiante de medicina con una pasión por los libros prohibidos, y Louis es el
bibliotecario misterioso que intenta protegerlo de la noche.
////
warnings: adicciones, tortura, muerte, angst, etc
parejas: larry , liamxdanielle (se imaginan lo viejo que es este fic), insinuaciones de ziam

El vodka, sin duda, comenzaba a no dejar indiferente a nadie.

Chicas omegas y betas bailaban saboreando nuevos tragos y riendo alto


cuando otro compañero apareció para pasearse con una bandeja de
chupitos de tequila. Harry no pudo evitar soltar una carcajada cuando aquel
rubio hizo casi una reverencia, imitando a duras penas la posición de un
camarero profesional.44

—¡Eres un payaso, Niall! —chilló el del cumpleaños cuando el otro también


decidió revolotear con sorna sus pestañas, las cuales abrazaban unos
vigorosos ojos azul cian.24

—Calla —lo cortó divertido—. ¿Has visto que fiestón? Todos los que
organizo lo petan pero este... —La repentina emoción del chico hizo
tambalear la bandeja de bebidas, que con un ágil movimiento consiguió
rápidamente estabilizar. Y también con una mueca con su lengua
demasiado cómica—. Lo que decía. ¿Qué decía? Ah sí, ¡que para mi
amigo lo mejor! Maldita sea, ¡disfruta de tu día, Harry!

Oh sí, cómo no iba a ser Niall el responsable de todo aquello.5

Casi chocaron el primer día de universidad, donde ambos se encontraban


perdidos, dando vueltas a aquel pequeño panfleto con miles de horarios
que correspondían a la presentación de cada carrera. Prácticamente se
pidieron auxilio con la mirada cuando se percataron de que ambos
parecían pésimos exploradores intentando descifrar un mapa y Niall fue el
primero en dirigirse a él con su marcado acento irlandés. Ambos alfas
suspiraron entonces de alivio cuando se dieron cuenta de que además
buscaban lo mismo ya que iban a ser compañeros de carrera.86

Quizás porque fueron los primeros en toparse ambos mantuvieron desde


entonces una estrecha relación. Harry jamás había conocido a alguien tan
dicharachero y con ocurrentes respuestas para todo. Niall sin duda estaba
algo majareta y contaba con la increíble habilidad de ser prácticamente una
agenda humana. ¿Fiesta? Las fechas y horas exactas de todas, de todos
los campus, las manejaba el rubio.22

—Gracias por todo. —Comenzó a recitar Harry antes de que su amigo lo


interrumpiera, alzando un dedo índice en sus narices mientras enarcaba
una ceja.

—Oh por dios, alergia a los sentimentalismos. La próxima vez que pase
con otra ronda de chupitos te quiero ver confundiendo las vocales.20

Y el rubio habló y Harry tuvo en ese mismo instante un nuevo trago en sus
manos, gracias a otro de sus compañeros de carrera que no pudo estar
más de acuerdo con el sonriente irlandés. Oh sí, la sonrisa de Niall era
también a veces tan deslumbrante y contagiosa.
Música más alta y los globos comenzando a volar de un lado a otro.
Juegos americanos de meter pelotas de pin pon en vasos plásticos y un
improvisado karaoke al fondo de la sala. Harry recibió todo tipo de regalos;
desde condones, tangas y más botellas de vodka con caramelos en el
fondo, a por supuesto el reglamentario corcho con fotos y dedicatorias de
los asistentes a la fiesta. El alfa sonrió a sus compañeros, sintiendo a la par
lo extraño que percibía todo aquello. Sus fiestas de cumpleaños en otros
años habían sido discretas, organizadas por su madre y siempre en su
casa junto a alguno de sus amigos del colegio; con los que curiosamente
ya no mantenía prácticamente contacto... Largó un suspiro mientras volvía
a llevarse el vaso hasta los labios.

La tontería de los caramelos quitaba tan bien el sabor puro a alcohol... Era
imposible que no sonriera bobalicón.11

La música cambió, voló más confeti que nadie supo de dónde salió y la
mayoría de los globos comenzaron a estallarse entre risas. Humo de
tabaco empezó a danzar en la sala y Niall, con mucha menos coordinación
en las dotes que creía poseer como camarero, se paseaba con dos vasos
de chupito sobre la bandeja y la botella al lado; de la cual bebía a morro.4

El canto de las canciones se volvía más descoordinado, balbuceado


apenas por jóvenes que se abrazaban entre sí. Otros, dispersos, también
parecían más rejuntados que algunas horas atrás.

Alfas seduciendo a omegas. Omegas coqueteando también con alfas.

—Estás borracho y estoy orgulloso de ti. —El tono de voz de Niall daba
casi pena. Al final había sido su lengua la que terminó confundiéndose con
las vocales.
Harry levantó la mirada hacia su amigo, quién además de todo se
tambaleaba más de la cuenta. O quizás sólo lo hacía en su cabeza ya que
el suelo también comenzaba a bailarle solo.

Oh sí, iba borracho.

Harry Styles borracho como todo un universitario. Como uno normal y


corriente, ¿no?27

Soltó una risilla llena de "jijis" mientras se encogía de hombros para


pasearse entre la gente. Le hubiera quitado la botella a Niall pero su amigo
ya había hecho un puchero cuando se la acabó en el último trago.22

Y su vaso volvía a estar vacío. ¿Por qué estaba vacío?

'La primera borrachera seria'

'¡Estoy borracho! Y me hago pis. ¿Dónde está el baño? Donde siempre,


¿no? Tengo hambre también. Y otra copa quiero. Un momento, ¿qué
colores usaron para la L de Cumpleaños de la pancarta? La de Felicidades
es distinta'34

Y Harry entonces tropezó con sus propios pies, yendo directo hacia la
mesa larga que cruzaba el comedor y que con efectividad también frenó
una inminente caída de bruces.2

—Uh... Eso estuvo cerca —murmuró el alfa, dándose cuenta de que su


vaso, encima, había salido disparado. Chasqueó la lengua. —Uh... no, lo
necesito.

Se incorporó, intentando mantener el equilibrio. El sabor en su boca


comenzaba a ser más pastoso de la cuenta.

—¿Harry? Dios, ¿estás bien?5


El aludido se giró casi como un resorte hacia la voz que reclamaba su
atención. Unos enormes ojos color chocolate lo miraban expectante. El
chico se pasó nervioso una mano por su cabello rapado. Era una tez
oscura y labios gruesos que se apretaban con inquietud.21

—Dani —pronunció el alfa, haciendo que el omega agachara su rostro.


Había adoptado tonos rojizos—. Hola.1

No era muy alto, de hecho el alfa le sacaba casi media cabeza. Creía
recordar que estudiaba algo de ciencias naturales. Lo había visto otras
veces... El chico siempre se mostraba tímido, pero observador. Era
diferente a otros que había conocido, de hecho, su vida en Londres cada
vez le mostraba con mayor insistencia que cada omega era prácticamente
un mundo, pues se había topado con la misma cantidad de cohibidos que
descarados. Como si no hubiera punto medio...

—H-hola, Harry. Yo... tú... ¿Necesitas ayuda?61

El alfa enarcó una ceja cuando percibió el tono azorado del omega. Casi
pudo oler hasta las gotas de sudor que bañaron de repente su nuca.

Sonrió.

—Estoy bien —soltó, trabándose con sus propias palabras—. O eso creo.

El omega esbozó una sonrisa que al instante se apagó cuando a espaldas


de Harry vio quién se acercaba. Dani agachó de nuevo la cabeza antes de
oír aquella voz y sentir de inmediato la ardua tirantez de rechazo.

El ojiverde apenas atinaba a mantenerse de pie.

—Te estaba buscando, Harry.5


Una omega se paró frente a él, pasándole uno de sus brazos por un
costado. Su media melena castaña marcaba a la perfección sus facciones.
Sus ojos verdes volaron hacia el omega que parecía haber empequeñecido
sin moverse de su posición.

"La omega de Harry" murmuró el joven para sí mismo antes de alejarse, sin
desclavar su mirada del suelo.68

Eso era lo que parecía pregonar ella con sus comentarios e insinuaciones.

Harry disimuló pésimamente un eructo.

Mas no lo era. Únicamente lo había ayudado en su último celo.14

Sin más.

—Pero que no se vaya, estábamos hablando. —Harry apoyó una mano en


su frente antes de intentar dar un paso—. ¡Dani!

Pero fue con una centelleante mirada de ojos esmeralda con la que se
topó. Dani ya se había retirado.

—Harry, creo que es hora de marcharse.

El alfa enfocó su vista y resopló.

—Estoy borracho, Lena.107

—Sí, sí que lo estás —concordó la omega, con sonrisa conciliadora.

—Y tengo hambre —se quejó también, haciendo que la otra ladeara el


rostro—. Y pis.5

Lena rió más fuerte, afianzando su agarre en las caderas de Harry, quien la
tomó por los hombros antes de comenzar a caminar.
—Si quieres podemos ir a mi habitación. Mi compañera hoy pasa la noche
fuera y... Te puedo cuidar.172

Aquel tono sugerente y femenino no pretendió ser en ningún momento


sutil. Harry pareció tardar en asimilar la información antes de dignarse a
mirarla.

Se mareó.

—Mejor no —Contestó con su voz gruesa. Tomó la iniciativa de volver a


andar.17

Un leve jalón.

—¿Por qué no? Será divertido, ya sabes... Podemos repetir lo de hace


unas semanas o podemos...108

El estómago del alfa se estrujó.7

—No —repitió cuando ya habían llegado al pasillo que conectaba con los
ascensores.2

La cabeza embutida del alfa no había siquiera notado que dejaban la


música atrás. El jaleo ya apenas se oía y... oh dios, sólo visualizaba su
cama. Sus sienes estaban comenzando a dar punzadas y todo a su
alrededor parecía girar cada vez más.

—Pero, Harry... —rogó ella, aleteando sus pestañas y pasándole los


brazos por el cuello mientras se encaramaba hacia sus labios—. ¿Por qué
no? Lo vamos a pasar bien. Además, es tu cumpleaños, déjame darte otra
sorpresa...35
Cuando Lena terminó de hablar, ya su olor bailoteaba sobre el alfa. Harry
aspiró la fragancia dulzona, visualizando jazmines y sintiendo el aliento
caliente sobre la boca.

Bufó.31

—He dicho que no, Lena. —Su voz sonó gruesa y precisa, tanto que dejó
de sentir de inmediato el peso de unos brazos finos sobre sus hombros.23

Lena dio un paso atrás, bajando la mirada y obedeciendo a su instinto.


Harry pestañeó con pesadez cuando distinguió tal cambio. Maldita sea, no
era consciente de lo que odiaba que el alcohol lo hiciera percibir todo a
cámara lenta...

No quiso hacerla sentir así. No le gustaba eso. Detestaba la sensación de


no controlar a veces sus impulsos; de que su alfa le advirtiera
constantemente que con sólo expresarse podía espantar a la omega. Pero
es que él... Sólo no quería. No quería que le insistieran, le dolía la cabeza,
estaba mareado y algo revolvía su estómago...

—Lena, lo siento. Yo sólo...

—Está bien —concedió ella, alejándose dos pasos más de él.

Y justo ahí, Harry no supo si ella había dicho algo más. Otro mareo y un
ardor subiéndole por la garganta. Se sujetó la cabeza antes de que todo le
volviera a dar vueltas. De nuevo un fuego que ya casi sentía en la boca.

Aquello que había entre los ascensores era una papelera.44

Sí lo era.

Oh, dios.

Mierda.
Vomitó. Harry se abrazó a aquella papelera y cerró los ojos con fuerza
mientras su estómago se revolvía en oleadas de arcadas. Los músculos de
su estómago no dejaron de contraerse mientras su cuerpo se liberaba del
alcohol. Apenas había cenado y... De nuevo se provocó.

Creyó morirse.14

—¡No me lo creo! —gritó una voz chillona a sus espaldas—. Tío, ¿estás
potando en el hall de la residencia? ¿El día de tu cumpleaños? ¿Con tu
primera borrachera monumental? Diablos, me siento tan afortunado de ser
tu amigo. En serio, yo sabía qu-1

—¡Niall! —gruñó Harry al oírlo, tras tomar una bocanada de aire y limpiarse
con el dorso de la mano la boca, cuando la última arcada cesó—.
Ayúdame, traidor. ¿Dónde está mi cuarto?17

El rubio no iba precisamente menos perjudicado, pero sí poseía un


estómago notoriamente más inmune. Se tambaleó hasta Harry con una
sonrisa bobalicona y tirando de su camiseta logró incorporarlo.1

Todo volvió a dar vueltas.2

—¿Tú habitación era en el segundo o tercer piso? —cuestionó Niall, con la


voz algo descoordinada mientras Harry apenas podía mantener la cabeza.
No contestó, únicamente alzó dos dedos que al rubio le llevó un rato
contar—. Ah es verdad, en la tercera está la mía. —Soltó, acompañado de
una risa chillona antes de pulsar el botón del ascensor—. Qué despiste.18

Ambos alfas chocaron con el espejo del ascensor cuando abrió las puertas.
Niall consiguió estabilizar a Harry, quien no se explicaba cómo no estaba
besando el suelo. El rubio, además del segundo y tercer piso, también
apretó los botones correspondientes al quinto y octavo. Por si acaso.
—No voy a volver a beber, Niall —farfulló Harry, apoyando la cabeza en la
pared fría de metal.15

El otro lo miró conmovido.

—Que orgulloso sigo estando, amigo. Esa es la actitud, eso es lo que se


dice siempre.38

Harry cerró los ojos con fuerza. ¿Se podía empezar a tener resaca estando
todavía borracho?33

—Acompáñame —ordenó cuando el ascensor hizo la primera parada en el


segundo piso.1

Aquello fue otro show.

Niall reía mientras agarraba a su amigo por la camiseta, como si fuera un


crío que aprendía a caminar. Harry, cuando podía, se arrastraba por las
paredes, maldiciendo cuando su amigo le anunció que se habían
equivocado de dirección en el pasillo.

Abrieron la puerta de la habitación más rápido de lo que imaginaron, pues


el rubio presumió, y con motivo, de que a pesar de todo era capaz de
encajar a la primera la llave en la cerradura.2

Niall hizo volar sus zapatos antes de dejarse caer en peso sobre la cama
de su amigo. Y rió, sobre todo al ver la cara de este cuando lo encontró
ocupando casi toda su cama.

Y bueno, eso a Harry le dio demasiado igual cuando se tiró encima. Enterró
su cara en la almohada antes de soltar un sonoro quejido. Si la viraba se
podía encontrar de frente con el rostro y sonrisa ridícula del otro alfa.

Y silencio.
Harry no se podía creer que poco a poco todo empezara a dejar de dar
tantas vueltas.

—Tío —pronunció Niall después de unos minutos callados—. Potaste en


una papelera.

El otro ni se inmutó.6

—Sí.

—Tío —repitió el rubio, como si no hubiera pronunciado ya lo anterior—.


Eres un buen colega. Deberíamos solicitar que nos pongan en la misma
habitación. ¿Te imaginas? Esto no te volvería a pasar. Yo desayuno ron.53

Harry hubiera puesto los ojos en blanco o comentado el pésimo chiste del
que únicamente se rió su amigo, pero su cabeza seguía embutida y sentía
un palpitar cada vez más constante en las sienes. Sin duda, jamás imaginó
pasar así su cumpleaños. Hasta hacía un rato todo parecía divertido. De un
momento a otro se sintió hecho mierda. Abrió los ojos y observó la mirada
perdida de Niall; sus orbes parecían enfocados en cualquier punto mientras
parpadeaba despacio.1

En una misma noche iba a vivir el arranque de afecto a la amistad que


también brindaba el alcohol.45

Se sentía profundamente afortunado por haberse topado con él. Niall era
totalmente lo contrario a su persona y sin embargo, cada día se
sorprendían de cómo aun así lograban entenderse. Quizás porque ya eran
conscientes de eso y se daban su espacio. Se contaban sus cosas aunque
al ojiverde no le entusiasmara la organización de una fiesta de la espuma,
o Niall encontrara sumamente aburrido los artículos de impacto ambiental
que Harry narraba con absoluta pasión. Simplemente se escuchaban,
daban consejos desde fuera y se ayudaban cuando podían. Ambos
estudiaban la rama de negocios y estaba claro que valían para eso. Niall
era como el complemento que a él no le inquietaba pero también
necesitaba conocer. Ponía la mano en el fuego porque a la inversa era
igual.

—Algún día... —Comenzó a hablar Harry, con voz ya somnolienta—. Tú y


yo vamos a crear algo grande.51

Niall vagó sus ojos cansados hasta su amigo. Dejó escapar una sonrisilla.

—Seguro que sí, hermano.28

Ambos se observaron mientras luchaban con sus párpados para que no se


cerraran. El rubio, por lo visto, había olvidado que tenía su propia
habitación y Harry ignoraba que la posición en aquella cama individual,
soportando el cuerpo de las dos alfas, era lo más incómodo del mundo. En
ese momento sus huesos parecían estar la mar de a gusto.

—Me gustan los ojos azules. —Soltó Harry tras haber analizado durante un
rato los de su amigo.48

—Yo los tengo azules —respondió el otro resuelto, perdiendo en ese


momento la batalla de que los mismos permanecieran abiertos.

Niall cayó rendido en cinco segundos exactos y el otro tuvo que resoplar
antes de virar el rostro para acoplarlo a su mullida almohada.

Absoluto silencio.

—Pero yo me refería a otro azul —murmuró casi en un resuello.101

También se rindió al sueño.


...

Marzo, 2007
Un mes después33

Apretó el último tornillo y engrasó concienzudamente la última pieza. El


cuadro del motor lo había revisado demasiadas veces y temía hurgar más.
Todo debía estar en su sitio. El amortiguador de telescopio parecía
perfecto y se percató de que el freno de disco hiciera la presión necesaria.
Paseó su mano por el asiento e hizo fuerza sobre el muelle de suspensión
para asegurar por enésima vez la estabilidad. El tanque de gasolina estaba
lleno y dio otra vuelta antes de dejar escapar un resoplido algo nervioso.19

—Vamos, Lou —pronunció George cruzándose de brazos mientras


dibujaba una sonrisa en su rostro—. Ponla en marcha.10

Un pequeño manojo de llaves voló entonces hasta las manos del menor.

Louis no podía sentirse más histérico. No se podía creer que hubiera


acabado y llegara el momento de probar la moto.

Se mordió el labio inferior antes de volver a llevar su vista hasta ella. Allí
estaba, limpia y casi nueva; con el olor a pintura todavía impregnado en el
garaje. Había sido su proyecto de casi un año y por fin iba a ver los
resultados. Su entretenimiento dio sus frutos, sobre todo en los últimos dos
meses, donde Louis se había volcado por completo en la renovación. Hubo
días donde llegó a su garaje a las ocho de la mañana y no salió hasta bien
entrada la noche. Horas dedicadas a leer libros de mecánica y a aprender
nuevas técnicas. De equivocarse, romper, mancharse y hacerse hasta
daño descubriendo por sí mismo los pequeños detalles que la teoría no
enseñaba. Ganando confianza y ganas.8
Otorgándole también a sus padres millones de suspiros de alivio.

Louis no había vuelto a ser el mismo chico de cuando tenía quince años,
pero tampoco el de los últimos diez meses.1

George animó con un entusiasta asentimiento cuando su hijo lo miró.


Volvió a resoplar y sin pensarlo demasiado se subió a la moto. Ya había
probado antes el nuevo acolche del asiento y aun así en ese momento lo
notó diferente. Se inclinó y colocó las manos sobre los manillares tras
insertar la pequeña llave en la ranura.

El corazón se le iba a salir del pecho.

Todo lo había tocado antes pero en ese momento le resultaba raro puesto
que ya no eran solo piezas. Había armado su moto y conseguido que
formara un conjunto que parecía real. ¡Había montado una moto real!
Inspiró hondo ante la atenta mirada de su padre mientras quitaba el freno y
estabilizaba el peso. Su cuerpo se tensó entero antes de girar la llave y oír
como el motor rugió al instante bajo él.

Abrió la boca y pestañeó.1

Funcionaba.33

Sus ojos como platos.5

—¡Arrancó, papá! ¡Arrancó! —chilló cuando ya su padre lo celebraba entre


aplausos.37

—¡Te lo dije! ¡Lo sabía!4

El omega no podía contener tanta emoción; meses de trabajo y desvelos


dieron sus frutos. Allí estaba, oyendo el bramido del motor mientras el tubo
de escape expulsaba humo blanco.1
La primera moto que arreglaba estaba entera y funcionando. Su rostro era
todo sonrisas. Sus comisuras se estiraron, mostrando sus pequeños
dientes mientras los ojos azules le brillaban.

Y a George se le iba a salir el corazón del pecho de un momento a otro.91

Louis giró el acelerador y se deleitó en el rugido más fuerte que el motor


emitió; chirriante y firme.

Perfecto.

—¡No lo puedo creer, mi primera moto!

Deseaba enseñársela también a su madre, la cual había salido temprano


esa mañana. Louis no pudo esperar a probarla y sintió la necesidad de
arrastrar a su padre hasta el garaje cuando se enteró de que ese día no
saldría a la mar. Desde pequeño fue ansioso y nunca se le dio bien eso de
esperar por gusto.7

—Estoy muy orgulloso de ti, Louis.223

El menor miró hacia su padre, con esos ojos llenos de ilusión que creaban
una satisfactoria punzada en la boca del estómago de George. Se deleitó
un poco más con aquel sonido que emitía el motociclo antes de bajarse de
él. Lo repasó con la mirada y hasta acarició sin que se le pudiera borrar en
ningún momento la sonrisa que casi le partía en dos la cara.2

—Gracias, papá.

No quiso sonar compungido, pero no lo pudo evitar. Las manos de su


padre apretaron sus hombros antes de abrazarlo por la espalda. Él
entonces le apretó un brazo a la altura de su pecho.
Su padre lo era todo. Siempre quiso seguir sus pasos, siempre lo imitó y
siempre se le llenaba la boca hablando de él. Oír que a pesar de todo él
seguía jurando que sentía orgullo... Apretó los labios sintiendo la picazón
en sus ojos y bajó su rostro levemente abochornado.29

Sus padres siempre le recordarían lo especial que era. Lo mucho que iba a
conseguir puesto que valdría para todo lo que él quisiera.

Sí, Louis cambió en los últimos meses y sus padres jamás le preguntaron
nada. No le cuestionaron qué pasó o adónde fue; tampoco qué pasaría. Se
limitaron a estar ahí, a recibir con pura alegría cada una de las decisiones
que les anunciaba su hijo. Eran aliento y absoluto orgullo. Louis se
incorporó tarde a un curso de mecánica y aun así sacó las primeras
asignaturas aprobadas. El mismo duraría dos años; dos años en los que
Louis sabía que se iba a levantar con ganas cada mañana.2

—Te lo hemos repetido mil veces pero es que sabemos que será así. Vas
a conseguir todo lo que te propongas y nosotros seremos unos padres
chillones y pesados que estaremos ahí para celebrarlo y presumir. Quiero
que tú también estés orgulloso de quien eres, Louis. Siempre.138

George hablaba por él y su mujer; sabía a qué más hacía referencia y


Louis también. El menor bajó la cabeza y asintió levemente. Esa parte
todavía no la tenía forjada al cien por cien, prefería volcarse en lo que le
gustaba, por momentos también decantarse por no pensar. Olvidar,
recordar únicamente en las noches y no pronunciar un nombre propio en
concreto.

Cambió hace dos meses y solo él mantenía el porqué.12


Aunque le aterrara lo que inminentemente vendría después sólo quería
centrarse en sus nuevos objetivos. Si nadie preguntaba; mejor. Si él no
pensaba; mejor.

—Sí, papá —concedió con una de esas sonrisas que hacían que sus ojos
se entrecerraran.

Algún día iba a sentir que encajaría consigo. Confiaba en que algún día se
daría esa oportunidad sin juzgarse previamente a sí mismo.

...

Abril, 200779

Un mes después12

Harry, después de cuatro meses, volvió para pasar unos días en


Plymouth.143

Annette estaba histérica corriendo por la casa. No había podía ver a su hijo
por su cumpleaños hacía ya dos meses, de hecho, hasta le había gritado a
Patrice que la universidad de Harry era demasiado exigente. Que quizás se
apresuraron, o que en sí su hijo llevaba un ritmo de vida demasiado
acelerado con sólo diecinueve años.6

Y para colmo de todos, Harry volvía a viajar en coche; hecho que tenía aún
más con el jesús en la boca a la omega.1

Sin embargo, todo fueron celebraciones y gritos de emoción cuando Harry


se presentó horas antes de lo esperado para poder darle una sorpresa a su
desesperada madre. Annette brincó a los brazos de su hijo con lágrimas en
los ojos incluidas mientras repetía que cada vez lo encontraba más alto y
guapo. Oh sí, y por su puesto más flaco. La mujer juraba que era imposible
que su niño estuviera comiendo bien.41

Por su parte, Patrice llegaría horas más tarde del trabajo, siendo ya
cómplice en la pequeña sorpresa.5

Annette tenía la nevera a rebosar de todos los platillos favoritos de su hijo.


Le enseñó el nuevo sofá que habían comprado y por qué cuadros habían
renovado los del pasillo. También insistió en que su cuarto estaba
impecable y que se moría de ganas por que le contara un poco de su rutina
universitaria.8

Harry suspiró, sentado en la barra americana de la cocina de su casa con


una taza de té entre las manos. Su madre, justo enfrente, no dejaba de
admirarlo con adoración.1

—Mamá —llamó el chico tras morder una pasta del plato donde
cuidadosamente estaban servidas.

—Dime, cariño.

Harry volvió a tomar aire antes de hablar.

—¿Por qué no cambiamos la cama de mi cuarto? O bueno, la


organización.91

Annette lució confusa ante la petición de su hijo; no se la esperaba. De


hecho, hacía un rato que Harry hablaba sin más sobre uno de sus
profesores. Se encogió de hombros antes de que le tocara cuestionar a
ella.

—¿Por qué? ¿Qué le pasa a tu habitación?1

El ojiverde atrapó entre los dientes su labio inferior.


—Es sólo que... La veo infantil. Sí. En la residencia tengo una cama más
grande y me gustaría cambiar cosas. Ya te imaginarás, tengo muchos
libros que traer del semestre anterior y...106

—Oh, claro, cielo —concedió de inmediato la omega, posando una de sus


manos sobre la de su hijo—. Tienes razón, podemos hacer una re
decoración, ¡sí! Si quieres mañana mismo vamos a la tienda de muebles y
eliges lo que necesitas.13

Harry asintió con una sonrisa antes de darle otro sorbo a su té. La sonrisa
de Annette era reluciente y no precisamente por un cambio de cama o
escritorio sino por la idea de pasar tiempo con su hijo; por verlo allí,
simplemente sentado frente a ella.

—Señora —interrumpió educadamente una de las betas del personal


doméstico—, la buscan fuera por lo de la venta.26

Annette agradeció antes de bajarse del taburete. Harry frunció el ceño.

—¿Qué venta?

—Oh, tu padre... Conoció a un muchacho que por lo visto está interesado


en la vieja moto que tiene en el garaje. Sólo podía venir a esta hora así que
le dije que yo lo atendería. Enseguida vuelvo, cielo.48

Harry asintió confuso y su madre salió con elegancia antes de dedicarle


otra de sus sonrisas.

Resopló pesado una vez se encontró solo.

Dejó la galleta a medio comer sobre la encimera y retiró la taza de té hacia


un lado. Sus dedos se enterraron en su cuero cabelludo e inspiró.2

No debía sentir tan extrañísimo volver a casa.


Pero lo era.

Olía a hogar y a algo más. Sus sentidos percibían el ambiente de su


infancia mezclado con ese algo. Si cerraba los ojos, a su mente venían
portazos y ventanas cerradas por las que volvía a entrar luz. Alfombras
ovilladas.

Y aún no había siquiera subido a su habitación.

Estaba en Plymouth. Estaba en casa.23

Cerró los ojos con fuerza, enredando aún más los dedos en sus cabellos.

Estaba allí.

Oyó cómo el portón del garaje se abría a lo lejos y se levantó de su


asiento, mirando cada línea que separa las baldosas del piso mientras
caminaba.

Parecía imposible evitar aquel desasosiego.

Salió por la puerta trasera que daba al jardín y bordeó la casa hasta llegar
al garaje. Un beta treintañero hablaba con su madre mientras evaluaba la
vieja moto, haciendo muecas no muy convencido. Annette sólo se encogía
de hombros, dando alguna indicación.

El alfa metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros, observando que
finalmente el chico se marchaba mientras su madre dejaba escapar un
suspiro.

—¿No ha habido suerte?

Annette se giró, sonriéndole.

—No, dice que estaba muy estropeada y algo más que no entendí. —La
mujer rió y Harry la acompañó—. Tu padre debería regalarla o algo así. De
hecho, le he dicho de llevársela al muchacho de aquí al lado. Se pasa el
día con motos de estas.1

Y ahí. Al fin.2

Boom.118

Harry casi se hizo daño en el cuello cuando se giró a mirar a su madre.25

—¿Qué muchacho? —preguntó, atropellando las dos palabras.

—El hijo de los Tomlinson.

La respuesta que sabía que iba a oír, sin que le hubiese dado tiempo a
asimilarlo.

—Louis —escapó de sus labios.

¿Tantos meses habían pasado sin pronunciar ese nombre en voz alta?

—Sí, lo he visto varias veces en el garaje de su casa con una. Es más, la


semana pasada estaba con dos. Parece... buen chico. Siempre me
saluda.82

El pecho de Harry se aceleró sin motivo aparente.10

¿Louis había vuelto a arreglar motos? Lo último que recordaba era que la
casa de sus vecinos siempre parecía cerrada a cal y canto. ¿Ahora a su
madre, cuando pasaba por allí, la saludaban?

Se mareó levemente.

—¿Cielo? ¿Qué tienes?3

Parpadeó antes de mirar a su madre, quien aguardaba curiosa después de


ver como su hijo enmudeció de repente.
—Nada, nada. Sólo que... Bueno, me parece una buena idea eso de
llevarle la moto a Louis. —Oh dios, su mente sólo le interrogaba a gritos
que si lo iba a decir—. Si quieres yo puedo hacerlo.47

Lo dijo.2

Annette se encogió de hombros y asintió despreocupada. Mientras, la


garganta de Harry se secaba poco a poco.1

—Sí, es buena idea.

¿Lo era?

Harry clavó su vista en la vieja moto deportiva, una Aprilia Futura del 92 en
tonos blancos y rojizos. Largó un suspiro pesado cuando su madre pasó
una mano por su espalda al anunciarle que se verían en casa. Debía
atender una llamada.

Silencio. De nuevo.

Miró por largos minutos aquella moto e inspiró varias veces antes de
rascarse la barbilla. Dio vueltas sobre sí mismo.

Bien.

Llevarle esa moto a Louis. Que estaba en la casa de al lado.

A metros.

¿Por qué? ¿Qué motivo tendría para regalarle la moto de su padre porque
sí?1

Sacudió la cabeza y rascó un poco más su barbilla.

Hablar con él.


Sí, hablar con él ya que la última vez que lo vio fue con una de sus
camisetas, mientras huía de su casa porque... porque bueno, tampoco
sabía qué hubiera pasado si Louis no hubiese tenido entonces la iniciativa
de irse.1

Hablar con él porque después de ese día no lo vio más. Porque sólo se
encargó de adecentar su casa, totalmente obsesionado con que el olor del
omega estaba embebido en cada rincón.

Hablar con él porque partió el año con sus padres y se fue al día siguiente
sin saber qué hacer, sin saber si debía buscarlo ya que el otro tampoco
tuvo en ningún momento intención de hacerlo.

Hablar con él porque era lo que fue a hacer meses atrás. Cuando... cuando
entonces todo se torció.1

Cuando ese algo que no pudo controlar lo poseyó. Ese algo que poseyó a
los dos.3

Chasqueó la lengua antes de bufar y quitarle la palanca del freno a la moto.


La arrastró fuera del garaje.

Hablar con él porque, ahora, ¿qué iba a pasar? Eran vecinos, se verían en
algún momento y debían saber cómo actuar, ¿no? Y maldita sea, Harry
odiaba la incertidumbre y ese abismo entre "y si".

Salió del jardín de su casa y se dirigió decidido hasta la acera de la calle.

Hablar con él porque... Dios, ¿y si volvían a sentir eso? Si la parte animal y


natural los tomaba de nuevo y...26

No, ¿no?68
Frenó. Lo hizo tan de sopetón que perdió el equilibrio en el peso de la moto
hasta el punto de que casi la tumba.

No sólo al Alfa le volvía demente recordar el olor de Louis y aquella sed


rasposa en la garganta. La piel de Harry era la que se erizaba recordando
el calor y la fragancia que temía volver a encontrarse en su cama; esa
misma que necesita cambiar.

Harry, en sí, sentía que debía echar su cuarto abajo por puro bien para su
ser más irracional.

'Pero esto tarde o temprano lo tengo que hacer'

'No me gusta perder el tiempo'

Volvió a arrastrar la moto sin esfuerzo y dio zancadas decididas en


dirección a la casa de al lado.

La respiración casi era entrecortada y las manos le comenzaban a sudar.


Y, dios, eso no podía ser relevante.

Caminó. Llegó a la casa y visualizó el portón del garaje abierto con dos
motos y una emisora de radio sonando.

Reculó.27

'Mierda, Harry. Mierda, mierda, mierda'1

Sus pies parecieron clavados al césped mientras sus manos apretaban los
manillares de la moto deportiva. Ahora su nuca también sudaba y lo
odiaba. Odiaba el maldito abismo.

—Harry.73

Pero no tanto como a aquella sacudida en el pecho cuando oyó la voz a


sus espaldas.
Louis.1

Louis lo había visto, había entrado a por una botella de agua y una bolsa
de patatas fritas; cuando bajó las escaleras del porche lo vio allí, entrando
no muy decidido hacia su casa.

Pronunció su nombre en voz alta sin la intención de que fuera una


cuestión, mas tampoco una advertencia a pesar de que sonara con
firmeza.

Harry se giró a cámara lenta, aferrándose a los manillares de aquella moto


que bien podrían haberse hecho añicos por la presión que el alfa ejercía en
ellos. No atinó siquiera a pestañear cuando lo miró de frente.

Con una gorra roja hacia atrás y ropa suelta cubierta de manchas negras.
Los ojos de Louis lo miraban con decisión mientras el alfa se erguía
cauteloso.62

Iba a llover otra vez porque siempre que su vista se cruzaba con la de
Louis percibía el olor a tierra picante; a fragancias que se mezclaban sin
sentido. A mar con especias, a un toque de gasolina y vinagre de
manzana. A todo eso que no tenía lógica y siquiera sabía si las
comparaciones que cavilaba en su cabeza eran fieles a lo que su sistema
en realidad advertía.23

Lo único claro era que no era dulzón.

Y todos los omegas lo eran.52

Harry notó la ceja alzada del menor cuando seguro se quedó mudo más
tiempo del debido.

También noto tensión, nerviosismo y cierto plumazo de hostilidad.2


Pero ni aun así pudo decir algo.

—Vamos dentro —volvió a hablar Louis, pasando por delante de él para


que lo siguiera.4

Harry lo hizo notando el agridulce en su garganta, arrastrando de nuevo la


bendita moto sin esfuerzo alguno y sin ser consciente de cuantos pasos
daba.

Cuando llegaron al garaje sí se vio en la encrucijada de responder a la


mirada inquisidora que de nuevo le lanzó el omega.

Aquellos ojos azules, como una ola embravecida que chocaba con rabia
contra las rocas de un acantilado.8

—Hola —resolvió, notando más directa la tensión—. Yo... T-te he traído


una moto.10

'Absurdo'7

Louis no pudo evitar alzar ambas cejas y separar sus labios con
incredulidad. ¿Le estaba tomando el pelo? Su estómago se había hecho un
nudo imposible cuando lo vio, cuando antes de alzar su rostro ya había
notado un ligero calambre en la columna vertebral. Por momentos no pudo
siquiera inspirar y sus pies tuvieron un conflicto en cada paso que dio hasta
posicionarse ante él.

Harry Styles.

Allí, en su maldito garaje después de tanto tiempo. Después de...59

Bufó.

Y con una moto. No podía ser verdad.


Dio un paso atrás con cautela cuando Harry torpemente bajó la palanca del
freno de la moto para dejarla apoyada en el suelo. Sus palmas enormes se
sacudieron entre sí y Louis tragó saliva.4

—¿Qué quieres?1

El alfa sintió al vuelo la actitud a la defensiva del omega e inclinó su cuello


con cautela; instintivo mientras su ser demandaba emanar un hálito
tranquilizante.

—M-mi padre tenía esta moto en el garaje. Es algo vieja y creo que ni
siquiera arranca, pero bueno, me han dicho que tú las arreglas y quizás...

—No te la voy a comprar —soltó el otro con acidez.

—¿Qué? No, no... No te la estoy vendiendo. Es... Tómalo como un regalo o


no sé, tú las arreglas y esta está rota, quizás... No sé, quizás la quieres.30

Louis no aflojó su expresión, mas si viajó su vista hasta la moto deportiva


que ocupaba gran parte de su garaje. Era una Aprilia original y no pudo
evitar que sus ojos la analizaran detenidamente. Los discos oxidados y
ambos neumáticos obviamente desinflados. La suspensión daba pena y si
no arrancaba seguro que había que cambiarle costosas piezas del motor...

Cuando alzó la vista y se encontró con aquellos ojos verdes, un nuevo


latigazo lo hizo retroceder.

—Esa moto es de ciento veinticinco cilindradas, yo sólo trabajo con las de


cincuenta.33

Harry frunció el ceño y rascó su sien. Quizás si Louis le hubiera hablado en


otro idioma hubiese entendido algo. No tuvo pajolera idea de qué
escuchó.67
—Eh... —balbuceó el alfa hasta que se encogió de hombros—. No
entiendo nada de eso, pero supongo que igual no te viene mal para
aprender, ¿no?

El nuevo semblante de Louis le hizo cuestionarse si había dicho algo mal.


De nuevo.

—Gracias, pero no veo correcto aceptar algo así.

Aceptar algo de Harry en sí.24

El alfa lo observó con recato, analizando los ojos de Louis. Los que miraron
embelesados la moto.

Más bien, lo analizó a él.

Su frente también estaba levemente manchada de negro, como si se


hubiera limpiado mal o quizás a prisas. Aquella gorra le quedaba bien, de
hecho si pensaba en Louis se le venía la imagen de él con una puesta.
Llevaba unas zapatillas negras y desgastadas, de un estilo skater que
parecían enormes.

Sí, lo observó hasta que aquel mar azul que parecía querer arremeter de
nuevo contra él le hizo dar un brinco.

Cuando quiso abrir la boca el otro también habló.

—Harry.

—Louis.63

Y el choque de miradas que no se esperaban. El que quizás aguardaba


algún significado.2

La faringe del alfa hormigueó y Louis atrapó con fuerza su labio inferior
entre los dientes. Encerró en su garganta un suspiro. Harry había ido a
hablar y no hallaba las palabras. Cayendo en ese preciso tris en la cuenta
de que nunca supo qué iba a decir o qué pretendía conseguir.

En realidad sólo fue... Por ir, sin más.

Se conocían desde hacías años, sin tener una relación definida. No eran
amigos; sólo vecinos como tal. No se conocían en realidad.

Hablar. ¿Hablar de qué?

Ni siquiera el motivo por el que se veían en esa situación fue hablando.

Un ardor en el pecho del alfa y un cosquilleo en la nuca del omega...

—Sólo... —comenzó Harry, con voz raspada tras tragar saliva—. Cómo...
¿Cómo has estado? ¿Todo bien?23

Louis pestañeó varias veces antes de asumir el giro de la conversación.

—Sí, bien. ¿Tú?

—También.

El alfa se mordió la lengua y Louis apartó la mirada.

Definitivamente el "hablar con él" se había desmoronado. Cuando actuaron


en su momento, no eran los que estaban allí parados. Esos sin duda no
sabían gestionar.3

El apuro o el nimio rechazo. La vergüenza. El que ni ellos mismos, en


aquel entonces, se hubieran parado a darle un significado.

No lo pensó mucho cuando dio media vuelta y dos pasos para salir del
garaje. Por primera vez, Harry Styles prefería quedarse con la duda si
desconocía por completo los fundamentos.

Si se sentía solo en aquello. Si lo hallaba todo tan ridículo...


De repente, deseó estar conduciendo a Londres. Estar en su habitación, en
clases o escuchando las quejas sin sentido de Niall.

Dio otros dos pasos, sin siquiera pensar que iba a sentir aquel jalón
imaginario cuando Louis habló.

—Harry, lo de la última vez...6

El omega tembló. El alfa tragó saliva y lo miró.

—Dejémoslo así, Louis. Es mejor. No... No te preocupes.11

—No se va a volver a repe-77

—No.153

Harry finalmente caminó, deseando con todas sus fuerzas estar en


Londres, lejos del cuarto donde tendría que dormir esa noche y lejos de
aquel aroma. De aquel mar.

Harry odiaba no saber, no resolver. Odiaba los "quizás" cuando aquel


omega se acababa de convertir en su laberinto personal.

Louis observó por largos instantes la moto que el alfa finalmente había
dejado. Largos minutos inmóvil y siendo incapaz de levantar la vista.

No, se suponía que eso no iba a suceder aún. Se suponía que iba a estar
saltando entre las lianas de la omisión un poco más.

Se suponía que no le iba a afectar, ni que el tiempo aun así iba a barrerse
tan rápido.

Se suponía que Harry iba a volver a Londres tres días después.

Lo hizo.
Mas no que su celo llegaría tras haberse sentido afiebrado en el trayecto
en coche.3

Se suponía que muchas cosas no iban a ser así.

Que Harry tampoco se paralizaría al encontrarse con el omega de ojos


color chocolate cuando se dirigiera a su habitación.262

Y se suponía que en Plymouth, Louis tampoco iba a gimotear de nuevo


contra el colchón.

Julio, 2007
Tres meses después30

El sonido de sus tacones repiqueteaba en la acera mientras, con un grácil


movimiento, compensaba el peso de las bolsas con estampados de
diseñadores que llevaba en ambas manos. Adoraba que llegara el verano
para echarse a las tiendas, ojear por fin las nuevas temporadas e incluso
pecar comprándose más de un traje de baño.2

Suspiró.

Ojalá ese año pudieran ir de nuevo a la playa. Todos juntos, sin que Patrice
consultara la agenda para cualquier cena informal o su hijo buscara un
hueco para simplemente volver unos días a casa.

El cabello largo y negro de Annette caía en cascada con sus perfectas


ondas. Un sutil maquillaje y toda ella elegante, enfundada en un traje rojo
de dos piezas. Más tarde debía ir al taller a buscar su coche después de
una revisión rutinaria. Aun así, se había planteado repetir otro día el paseo
de apenas veinte minutos hasta el centro.

Aunque los zapatos la mataran.19

—¡Mamá!

Su rostro se giró por instinto cuando oyó el grito a lo lejos. En exactamente


dos segundos su mente le clarificó que tal llamado no podía ser para ella.

Y volvió a suspirar.

Su Harry estaba tan lejos, todavía en Londres... Formando su vida,


cosechándose, viajando y haciendo todo eso que hacían los chicos de su
edad... Y, por supuesto, llamándola sólo cuatro veces a la semana aunque
no se despegara de su teléfono móvil y se asegurara de que cualquier
sonido que emitiera el aparato estuviera al máximo.4

Quizás, solo quizás, le estuviera costando mucho más de lo que imaginó


sobrellevar el síndrome del nido vacío.46

Dirigió su vista hacia la casa de sus vecinos y ladeó una sonrisa cuando vio
a un chico corretear hasta el porche de la entrada.

—Buenas tardes —saludó cuando se percató de que la escucharían.

Louis dio un brinco cuando se giró jadeante hacia la mujer, a unos metros y
con la valla baja de metal de la entrada de la casa cerrada. El menor bajó
los dos escalones que subió de un salto e inspiró para controlar su
respiración agitada por la carrera.

—Buenas tardes, señora Styles. —Louis se mordió la cara interna de una


mejilla cuando la omega esbozó una de esas sonrisas; las que sólo
parecían salirle a las madres—. ¿Qué tal está?
—Muy bien, gracias. —Annette no pudo evitar llevar su mirada hasta el
garaje que siempre mantenía el portón abierto. Ensanchó su sonrisa
cuando uno de aquellos trastos con los que su vecino siempre andaba le
resultó familiar—. Me alegra que le saques provecho. Sin duda, en tu
garaje luce mucho mejor que en el nuestro.5

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2. Es un acto sexual, producido por dos personas con el fin de darse placer y/o procrear.
❝Las discotecas son para bailar y divertirse; pero él sólo va para encontrar a alguien con el
cuál follar.❞
® Stylinson.

Louis sintió las mejillas enrojecer cuando la mujer hizo alusión a la Aprilia
deportiva en la que hacía unos minutos se encontraba trabajando. De
hecho, había llamado a su madre para que le acercara unos trapos y el
maletín de alicates que había dejado en el recibidor.

—Eh... Sí, muchas gracias por... Bueno por...29

—¿La donación? —solucionó la omega cuando se percató del apuro del


chico—. No es nada. Me alegra que Harry te la trajera, yo apenas sabía
mover esa cosa.

Y justo entonces, Louis se atragantó con su propia saliva. Annette volvió a


sonreír mientras el omega recuperaba con pésimo disimulo la compostura.
Moldeó algo parecido a una sonrisa.

Como si no fuera suficiente cada vez que se acercaba a aquella preciosa


reliquia convertida en motociclo...
—Será la primera en verla si algún día la consigo arreglar.

—Estoy segura de que así será.

Otro intercambio de sonrisas y un Louis nervioso, mordisqueándose el


labio inferior. Annette se fijó de inmediato en el final de la calle cuando
intuyó el Mercedes de su marido antes de que doblara la esquina. La
omega reconoció a su alfa y sonrió mientras observaba que el coche se
adentraba en el garaje.

—Bueno, pasa buena tarde y suerte con esos arreglos, ¿eh? —volvió a
hablar la mujer para despedirse, ensanchando una vez más las comisuras
de sus labios.

—¡Adiós! —se apresuró a contestar Louis, cuando su vecina ya caminaba


los pocos metros que quedaban hacia su casa.

Justo en ese momento, Marjorie abrió la puerta principal tras él, con una
sonrisa resignada y balanceando el maletín de alicates que su hijo
reclamaba hacia unos instantes. Rodó los ojos divertida cuando Louis
subió corriendo las escaleras y le plantó un beso en la mejilla. Luego, salió
disparado hacia el garaje.

Annette correteó cuando ingresó en su hogar, dejando las bolsas de sus


compras junto al perchero de la entrada. Se colocó mejor el cabello tras los
hombros y pintó en su rostro una sonrisa con hoyuelos cuando oyó los
pasos firmes de su marido.

—Annette —saludó Patrice, retirándose unas gafas Ray Ban de sol.

—Amour —susurró ella con una pronunciación exquisita, yendo a su


encuentro.

Un choque breve de sus labios.


No lo veía desde la noche anterior. Esa mañana el alfa había salido más
temprano de lo normal. Patrice apoyó ambas manos en las caderas de su
mujer y aspiró el aroma de su cuello cuando ella se repegó. También bufó.

—¿Con quién hablabas ahí fuera?

Annette se limitó a parpadear confusa.

—¿Qué?

—Fuera. Creí verte hablando con alguien.

Se separó un poco del alfa para poder verlo de frente.

—Ah, sí. Con Louis —contestó desidiosa antes de pasar las manos por las
solapas algo arrugadas del traje de su marido.

Patrice enarcó una ceja.30

—Al que le distéis mi moto.2

Y fue ahí cuando la mujer puso irremediablemente los ojos en blanco.

El alfa pareció profesar un especial cariño por la moto cuando no la vio


más en el garaje. A él no le molestaba allí, de hecho había dicho que sí a
venderla por la insistencia de Annette. No le hacía falta, pero tampoco le
molestaba aparcada, aun luciera vieja y algo oxidada. Sí, quizás sintió un
amor absurdo y repentino por su moto, sobre todo cuando le anunciaron
que terminó siendo un regalo.

A ese chico. Al hijo de los Tomlinson; el que ahora resultaba ser


simplemente "Louis".

Tensó su mandíbula cuando su omega volvió a abrir la boca.

—¿Vas a empezar con eso?


Patrice bramó por lo bajo.

—No me gusta.107

—Ya, ya lo has dejado claro antes. —Annette se separó del alfa, dejando
en alto las palmas de sus manos. Contenía un resoplido—. No entiendo por
qué —finalizó farfullando, dirigiéndose de nuevo hasta las bolsas que había
dejado en la entrada.

El hombre entonces abrió la boca anonadado. Incluso lucía casi ofendido.

—¿No entiendes por qué? Ya hemos hablado de esto. Y creo recordar que
estabas de acuerdo.

La omega dirigió una mirada que cayó como una lanza sobre el otro.

—Pues... Se puede decir que ya no. Es más, a decir verdad no entiendo


con qué debo estar de acuerdo. Las cosas no son tan cuadradas. No todo
es blanco o negro y, ¿sabes? Louis me parece un buen chico.19

El alfa, desde su posición, parecía no dar crédito a lo que oía.

—¿Blanco o negro? Pero qué...38

—Patrice —cortó la mujer con severidad—, digo que quizás no hicimos


bien en juzgar a alguien por... Su condición. Mucho más si en realidad es
igual a la mía. Es un chico, ¿y qué? Harry me ha contado lo diferente que
son las cosas en Londres, incluso en Francia se están revisando leyes
laborales igualitarias. Es más, ¿has visto al apuesto omega que presenta
las noticias? Sólo digo que la sociedad cambia, evoluciona y se vuelve más
transigente. Que esta ciudad no vaya al mismo ritmo no quita que nosotros
debamos anclarnos al pasado. Las omegas no servimos solo para ser
amas de casa y es hora de que los omegas no estén escondidos o
sufriendo de abusos absurdos que todo el mundo sabe que existe, mas
ignoran.76

El alfa parpadeó varias veces antes de digerir cada una de las palabras de
su mujer.

—Tú es que no percibes cómo... huelen.62

Annette trinó.

—¡¿Oh, en serio?! ¿Todo esto es por tu fino olfato? Patrice, por favor...
Deja esa parte y saca más la humana. De eso se trata el avance social.
Simplemente veo a ese muchacho haciendo su vida, yéndose cada
mañana con una mochila a la espalda y volviendo para dedicarse a lo que
le gusta. ¿Por qué algo está mal ahí? Es... Es sólo un adolescente más y
quizás mi lado irracional y materno me hace verlo así: normal. Me recuerda
a mi Harry, a cuando correteaba por casa para cambiar su mochila de
clases por la bolsa de deportes... Y no veo diferencia. Si nuestro hijo
hubiera sido...13

—No compares —intervino el alfa con voz grave, interrumpiendo de


inmediato a la omega—. Sabes que en uniones como la nuestra esa
probabilidad es casi inexistente.9

—¡Cómo no! —replicó ella—. Betas con betas y alfas con omegas. Eso
nunca se ha cumplido, el amor y los lazos no entienden de eso. ¿No te das
cuenta? Avanzamos y yo no me pienso quedar estancada en ese
pensamiento. Si mi hijo hubiese sido omega o beta lo hubiera amado igual,
y tú también, así la probabilidad de que eso pasara fuera mínima. Los
Tomlinson salen a su jardín y pasan las tardes juntos, hablando,
enamorados... ¿Qué los diferencia de nosotros? ¿La marca? Eso no quita
todo lo demás.12
Patrice inspiró resignado cuando su mujer enarcó una ceja, aguardando
una contestación que esperaba no oír. Ella era así.

El alfa se mordió la lengua. Tenía demasiados argumentos que iban desde


protocolo, tradiciones o morales artificiales para defender los ideales que
se arraigaban a él.23

Sólo... le gustaba el orden. Lo correcto.84

La melodía del teléfono móvil de la omega rompió la tensión que decidió


reinar en el ambiente. De hecho, una enorme sonrisa y un gritito de
emoción crearon una repentina amnesia para con la reciente conversación
cuando leyó el nombre de su hijo en la pantalla. Soltó de nuevo las bolsas
de sus compras y se apresuró a abrir la tapa del aparato para llevárselo a
la oreja, contestando con el mismo tono cariñoso que exultante.7

Patrice destensó sus hombros tras ver el brillo en sus ojos. Susurró un leve
"luego déjame hablar con él" que, como siempre, Annette no escuchó
mientras repetía cantidad de palabras amorosas en mitad de una retahíla
de preguntas.

...

Odiaba el polvo. ¿Podía existir algo peor que esas endemoniadas


partículas que se adherían a todo aun las quitara casi a diario con paños
limpios?12

No, Harry juraba que no lo había.

Detestaba esa tarea como la que más.1


La portada de sus libros negros nunca podía lucir bien y... dios, estaría
unos dos meses fuera. Gruñía por no poder llevarse todo en cajas de
nuevo a Plymouth. Era absurdo. La mayoría eran cosas que necesitaría el
próximo curso y veía una tontería tener sus libros y enciclopedias de
paseo. Ya estaba bastante preocupado porque sólo iba a ir con él un libro
de cada asignatura. De las ocho.

Se giró para fijarse en la cama de enfrente, esa que parecía una montaña
de ropa, zapatos y edredón, cuyo dueño tenía los libros de sus asignaturas
por el suelo o en su escritorio; entre vasos usados y envoltorios de
chocolatinas. Por suerte, Harry había ganado la batalla de prohibir las cajas
de pizza dentro de la habitación.

¿En qué momento había sido buena idea solicitar que lo trasladaran al
cuarto de Niall cuando su anterior compañero se cambió de campus?

Oh sí, en uno post borrachera.

Maldito rubio irlandés que siempre se salía con la suya... Si Harry no quería
salir y su amigo sí, el ojiverde no sabía cómo se terminaba encontrando
con una cerveza en la mano.1

Simplemente Niall. Él y sus dotes en engatusar.46

En ese momento, estaban a dos días de irse y la zona del rubio parecía
una auténtica leonera. Harry no sabía qué lo ponía más nervioso, si que su
amigo consiguiera adecentar el cuarto antes de la inspección que llevaba a
cabo la residencia para comprobar las instalaciones o la idea de Niall, en
sí, en Plymouth. En su casa, en su ciudad, con su hiperactividad y
recordando cada dos por tres la maldita fiesta en barco que había visto en
internet. Su amigo parecía fascinado por la ciudad costera y natal de Harry,
quien se negaba a creer que solo por dicha fiesta había planeado que sería
una idea alucinante pasar unas semanas allí. Posteriormente, volarían a
principios de agosto a Irlanda, país que el ojiverde nunca había visitado y
Niall se moría por enseñarle. O al menos eso era lo que iba a hacer con
Dublín. Tras esas vacaciones exprés volverían a Londres para comenzar el
segundo año de universidad.33

Se dio por vencido con el escritorio de su amigo cuando descubrió latas de


refresco vacías en los cajones. Le mandaría un mensaje amenazante
seguido de una media de diez llamadas perdidas y rogaría para que el
revisor de las habitaciones se demorara hasta al menos el día siguiente.

Deseaba dejarse caer agotado sobre su cama pero unos golpecitos en la


puerta frenaron el inminente desplome.

—¿Harry?

Oh.

Esa voz.16

Ladeó una sonrisa antes de planchar con las manos la tela de su camisa
negra y dirigirse a la puerta.89

—Dani —saludó cuando se topó con el mismo al abrir.47

El omega sonrió cuando la figura del alfa ocupó su centro de visión; y


cuando también el olor invadió sus sentidos. Aspiró tranquilo antes de
entrar en el cuarto cuando Harry se apartó tras hacerle una seña.15

—Yo... me voy ya. Mis padres llegarán en diez minutos.26

Los labios gruesos del omega se movieron nerviosos antes de que el


inferior se atrapara entre sus dientes. Harry inclinó su rostro, observando
cómo Dani adoptaba esa pose tan suya; sumiso, nervioso, sin un mínimo
control en las feromonas que emitía mientras bajaba su mirada y
jugueteaba con sus dedos pulgares.29

Su pelo rapado, algo más largo en el corte parejo. Sus tupidas pestañas
guardando aquellos tímidos ojos marrón chocolate.37

Harry dio dos pasos y se acercó, aspirando el olor dulzón que no podría de
otro modo irradiar el omega. Dani era así; dulce y tierno en absolutamente
todos los sentidos.21

—¿Al final viajarás a Portugal con tu familia?8

El chico elevó su vista, fijándose en la atenta mirada del alfa, mientras en


su interior se arremolinaban cantidad de sensaciones que nacían en la
boca de su estómago.

—Sí. Mis hermanos pequeños también vendrán y... bueno, será curioso
lidiar con ello.

Unos gemelos de cinco años montándose por primera vez en avión con
dos adolescentes de trece y catorce; esa edad dónde todo se resume en
inconformismo. Ambos rieron imaginándose tal situación.

—Bueno, tráeme un llaverito o un imán para la nevera que no tengo.31

El omega sonrió, apreciando la perfecta dentadura perlada que también


esbozaba el alfa.

—Claro que te traeré algo si quieres, Harry.2

Un choque de miradas y unas mejillas afiebradas por parte del chico de


enormes ojos marrones. Harry delineó su propio labio inferior con la lengua
antes de separarse y dirigirse a su escritorio. Abrió el primer cajón y, sin
tener siquiera que rebuscar, sacó un paquete rectangular perfectamente
envuelto en un papel grueso color granate. Dani se quedó totalmente
boquiabierto cuando el alfa se lo tendió.42

—¿Qué es esto?

—Para ti —respondió Harry con simpleza, encogiéndose de hombros—. Lo


vi, me acordé de una conversación que tuvimos y... No pude evitarlo. Sólo
espero que te guste.4

Los orbes del omega se iluminaron sin ser todavía capaz de cerrar la boca
debido al asombro. Las manos le temblaron mientras despegaba con
cuidado los pliegues perfectamente doblados que envolvían el presente.
Finalmente, ahogó un grito de emoción cuando leyó la portada del libro de
tapas duras que se hallaba bajo el papel.1

"Fotografías de la naturaleza"247

No lo podía creer... Era el primer ejemplar de una guía que tiempo atrás le
había comentado a Harry que le gustaría tener. Se trataba de una
colección del trabajo de los mejores fotógrafos. Una primera edición.

—Harry... —murmuró acariciando el tomo, con los ojos todavía como


platos. El alfa aguardaba con una espléndida sonrisa—. No lo puedo creer.
Tú.... te acordaste de que yo... Oh, Harry. Esto es demasiado.

El alfa respiró tranquilo cuando verificó que su regalo había sido un éxito.

—Claro que me acordé. Lo vi en una librería de las afueras, esas en las


que siempre me paso. No lo pude dejar allí; era el único que quedaba.

Los ojos de Dani brillaban. Literalmente. Observaba al alfa con adoración


mientras su corazón era un tamborileó constante. Llevó su vista otra vez al
libro y a Harry para de nuevo perderle en algún punto al darse cuenta de
que la respiración se le había acelerado en demasía.17
Mas no tanto como su cuerpo cuando todo él tembló al sentir dos dedos del
alfa en su barbilla. Le levantaba el mentón mientras, por inercia, se mordía
con fuerza el labio al encontrarse con la mirada verde. Limpia.42

—M-muchas gracias, Harry. Es... es un regalo increíble, de verdad.

—Me alegra que te guste.76

Unas chispas en la espina dorsal del omega antes de que diera un brinco
cuando la melodía de su teléfono sonó en el bolsillo de su pantalón.122

—Debe ser mi padre. Seguro que ya está abajo —justificó de corrido,


todavía sintiendo los latidos casi en la garganta cuando Harry no apartó el
toque en su mentón.3

—Pásalo muy bien en las vacaciones. Nos vemos a la vuelta.

—Sí —contestó has antes de que Harry pronunciara la última palabra—.


Si... si quieres puedes llamarme y... no sé, te cuento o me cuentas qué tal
en Irlanda. ¡Oh, sí! Espero que lo pases genial allí.9

Se deshacía en nervios mientras el alfa de Harry procuraba mera


estabilidad en el omega que se abrazaba al libro que le acababan de
regalar.13

—Te llamaré —prometió cuando Dani dejó de apresar su labio inferior


entre los dientes.13

Lo siguiente fue simplemente más rápido a la par que sutil. Harry


inclinándose sobre su boca para depositar un beso que apenas fue un roce
dulce, nervioso y demasiado agitado.228
Dani y Harry no sabían lo que eran. Simplemente un encuentro salvaje; la
naturaleza que arrastró al omega cuando el alfa reclamó uno en su último
celo.89

Cuando los deseos de Harry se concentraron en ansiar el cuerpo de un


chico.27

Pudo haberse quedado ahí si Dani no irradiara aquella bondad. Si los


nervios no lo consumieran y le gustara tanto escuchar como ser
escuchado. Si no mirara a Harry de esa forma tan suya y no agachara la
cabeza más veces de las que debía, pues el alfa siempre prefería
observarlo de frente. Sólo eran dos jóvenes que estaban probando, yendo
a tientas mientras coqueteaban con ese dejarse llevar.

Dani salió con las mejillas totalmente acaloradas, siendo incapaz de


enfrentarse de nuevo a la mirada de vigorosos ojos verdes. Los labios le
hormigueaban y su pecho ya no daba tregua. Salió aferrado a su nuevo
libro de colección mientras Harry cerraba la puerta de su cuarto, largando
un suspiro. Fijó la vista más tiempo del debido en sus dos maletas de mano
ya casi listas y, de nuevo, necesitó desplomarse en la cama.7

Volver a Plymouth...
188

...
1

Se repitió exactamente siete veces por qué había sido buena idea meter a
Niall en su casa. Habían llegado hacía unas tres horas y ya todo era un
desastre. La habitación de invitados quedaba a dos puertas de la suya y no
entendía por qué una de las maletas de su amigo estaba ocupando parte
del suelo de su habitación. Mucho menos comprendía qué demonios hacía
Niall montando una cachimba en medio del pasillo del segundo piso. Sobre
una impecable alfombra persa de importación. Si Annette veía eso le daría
algo y Patrice... oh dios, Patrice echaría a su amigo de una patada.1

¡Cómo demonios había sido capaz de llevarse la dichosa cachimba de


Londres!42

—¡Niall, pero qué haces! —gruñó Harry en voz baja mientras su amigo
encajaba la manguera con la boquilla, probándola para asegurarse de que
el aire no escapaba.

—¡Es mejor dejarla armada! Por si se ofrece...

—¡Estás putamente loco!3

El rubio abrió los ojos de par en par cuando oyó esa inusual palabra en el
correcto Harry Styles.

—Hey, tranquilo, hermano. Todo está bien. Ya está armada y ahora la


guardaré. Para mi bebé lo mejor. —El ojiverde rodó los ojos tras cruzarse
de brazos al oírlo. No podía creer que Niall acariciara la pipa al decir
aquello—. Además, tu madre ya me adora. Tú no lo notas, pero yo sí.15

Lo estrangulaba... Algún día lo haría aunque en eso último tuviera razón.


Annette no pudo evitar carcajearse con cada ocurrencia del irlandés y, por
supuesto, quedarse encantaba por cómo este halagó el exquisito gusto en
la decoración de la casa, o lo delicioso que estaban el té y las pastas. Niall
al parecer tenía ese don. Hasta Patrice había sonreído ante las ocurrencias
del joven alfa.28

La casa Styles rebosaba de alegría. Annette no cabía en sí al notar la


esencia de Harry danzando. Tener a su cachorro cerca, irrumpiendo en la
cocina para comer cualquier cosa de la despensa, o escucharlo subir y
bajar los escalones de dos en dos.

—Vamos a dar una vuelta al centro, mamá. Niall quiere ver el mar,
demasiado tiempo en Londres hace que tenga el cerebro más colapsado
de la cuenta.16

La omega sonrió cuando recibió un sonoro beso en la mejilla por parte de


su hijo. Tras él estaba el rubio sonriente, quien no negó tales palabras.

—Soy de Dublín —resolvió con firmeza, encogiéndose cómicamente de


hombros.

Niall también le plantó un beso en la otra mejilla a la omega cuando los


acompañó hasta la puerta principal. Ese chico parecía ser un terremoto y
era imposible que no le gustara. Harry siempre fue más serio, centrado y
bastante despegado con sus amistades. Era consciente de que en el
fondo, su hijo nunca encajó del todo con el resto de chicos de su entorno
de toda la vida.

Londres cambiaba a Harry y siempre a mejor. Volvía más sonriente, con


más anécdotas y nuevos nombres de personas involucradas en ellas.
Adoraba también haber conocido por fin al famoso Niall.1

Cuando se montaron en el coche de Harry, el rubio fue el encargado de


subir la música, ponerse unas gafas de sol y sacar un brazo por la
ventanilla. Plymouth lucía una agradable temperatura de veinte grados.
Cielo despejado y unos cálidos rayos de sol calentaban la piel.14

Harry propuso visitar el acuario o quizás el parque central pero, cómo no,
los ojos claros de Niall brillaron cuando recordó la famosa destilería de
ginebra de la ciudad. El ojiverde no se podía creer que su amigo estuviera
dispuesto a pagar por un tour. Él, que en las clases de historia se quedaba
dormido. Sin embargo, cuando entraba el interés todo parecía ser otra
cosa...

—Venga, vamos a preguntar que seguro que al final del tour hay una cata,
¡¿te imaginas?! Por dios, vamos Harry, amigo mío, hermano...3

Chantajista.7

Lo cortó antes de que el rubio comenzara otro discurso.

Vio surrealista el encontrarse pagando por visitar aquella destilería que


estaba harto de ver. En medio de la ciudad y por la que había pasado por
delante mil veces.

El tour constaba de dos horas, pero a la y cuarto ya Niall se encontraba


con una copa de balón catando ginebras en el bar. Su marcado acento y
un aleteo de pestañas bastaron para que una camarera beta adelantara la
prueba para él.

Harry sólo negaba con la cabeza mientras bebía de su correspondiente


copa. Apenas eran las siete de la tarde. De perdidos...

Salieron los últimos del área de visitas de la destilería. Niall con un ligero
pedete, el número de la camarera y un alfa ojiverde tirando de él. Harry
también se había bebido algunos gintonics, pero controlado. Todavía podía
coordinar sus pies y sobre todo recordar dónde coger un autobús ya que
no se arriesgaba aun así a conducir.

—¡Tengo hambre! —bufó Niall, cruzándose de brazos en mitad del paseo


hasta la estación de autobuses.1

—Por favor, Niall —rezongó Harry cuando vio en su amigo un tambaleo—.


Que decadencia...7
—Quiero patatas, Harry. Y un donuts. O dos.

Harry apartó la mano del rubio cuando dos dedos se alzaron ante su cara.
Miró a su alrededor, agradeciendo que ya estuviera lo suficientemente
oscuro como para que cualquiera no viera el tremendo espectáculo que
daban los dos. Al fin y al cabo estaban en su ciudad, mucha gente lo
conocía y... oh dios, jamás había andado por ahí con algunas copas de
más. De hecho, juraría que apenas se le notaban, pero quién sabía.
Rogaba por que fuera real su perspectiva de que no portaba una sonrisa
tan ridícula y bobalicona como la de Niall.

—Haaambreee —repitió el rubio, molestando con un dedo en las mejillas


de Harry.21

—Sí, bien, ya te oí. Vamos al supermercado de ahí, cerrarán sobre las


diez.9

El rubio dio un brinco antes de cruzar la calle sin mirar. Harry maldijo a toda
su estirpe cuando tuvo que corretear tras él.

Obligó a su amigo a que se comportara al entrar al supermercado.


También a que lo dejara hablar en todo momento a él.

—Pero quiero patatas. ¡Campesinas!

—Que sí. —Casi ladró, dándole un empujón antes de entrar.

El espectáculo no fue muy grande después. Niall pareció comportarse,


jurando en bajo que se podría comer entero el estante de la zona de
panadería. De hecho, se imaginaba como un dibujo animado, abriendo la
boca mientras la cantidad de comida caía en ella. Harry lo ignoró por
completo cuando lo oyó reírse solo.
Y bueno, quizás el ojiverde no iba tan bien como pensaba cuando no
encontraba el pasillo de los snacks aunque hubiera pasado por él ya dos
veces.4

—Hambre —repitió por enésima vez el rubio—. Que supermercado más


raro tenéis los de aquí. Voy a preguntar...

—Pero que tiene que estar en este pasillo.

Y el horror. Cuando se dio la vuelta ya su amigo había desaparecido.18

Niall borracho en un lugar público. Mínimo saltaría la alarma de incendios.37

Corrió a buscarlo, sintiendo el ligero mareo del alcohol algo más leve.2

Maldita destilería, la ginebra, Irlanda y maldito todo. Por dios, que apenas
estaban a miércoles.

El bendito supermercado parecía más grande de lo que imaginaba. Cruzó


la sección de refrescos y llegó a la de las especias. De un momento a otro,
un aroma agrio se coló entre la cantidad de olores que se agolparon en sus
fosas nasales.

Tierra.162

Inhaló confuso.

¿Acaso era césped? ¿Césped mezclado con jengibre?

—¡Harry, aquí están! Estaban detrás nuestra, tío. Menos mal que este
chico me ayudó cuando llegué a los detergentes.14

La voz que oyó a sus espaldas antes de girarse había sido la de Niall.

Pero para entonces otro pecho repiqueteaba algo acelerado. Una ola que
chocó contra un bosque frondoso.
Todo ese sin sentido. Como siempre.

Se podían haber encontrado en cualquier lado. Era más probable que fuera
en mitad de la calle que conectaba sus casas o incluso cediéndose el paso
en una zona peatonal. En mil situaciones y no una en la que Harry entrara
justo al supermercado donde Louis hacía apenas tres días había
empezado a trabajar.2

Enmudecieron.5

Harry sintió un calor subir por su columna vertebral; uno que luego decidió
establecerse en su faringe.

Los ojos de Louis se abrieron de par en par. Había tragado saliva antes de
que el alfa rubio se dirigiera a él. Dudoso lo miró de arriba abajo antes de
enarcar una ceja ante su patosa sonrisa al preguntarle por los estantes de
los snacks.

Algo rutinario. Sencillo. Y ahora... ahora tenía a su vecino frente a él. Otra
vez.

—¿Louis? —pronunció el alfa en voz alta, dando largas zancadas hasta


acercarse a ellos. El de ojos añiles luchó para no recular—. ¿T-trabajas
aquí?2

¿Acaso la ridícula camisa de rayas azules y la chapa con su nombre junto


al del supermercado no lo dejaban claro?69

—Sí —contestó con simpleza antes de largar un suspiro—. Hola, Harry.1

Niall aprovechó y dio dos pasos hasta posicionarse detrás de su amigo,


observando en su regazo las dos bolsas de patatas que provocaban que se
relamiera los labios.1
Pero Harry siquiera se dio cuenta de eso.

Surrealista. Todo lo era.

Hasta las repentinas gotas de sudor en su nuca.

El sofoco que empezaba a experimentar también Louis.

Tantas preguntas se agolparon en la garganta del ojiverde que fue incapaz


de formular alguna. Louis... lo veía distinto. Era extraño verlo sin gorra y
con el pelo medianamente arreglado. Caía en capas sobre su frente, con
gracia. En su misma altura, teniendo que inclinar la mirada en el mismo
ángulo para encontrarse con aquellos ojos azules que parecían aguardar
siempre a la defensiva.

Y sin más, el olor...

El leve picor en su garganta no había sido una casualidad.5

—Te hacía arreglando motos.

Quizás ese fue el último resquicio de raciocinio cuando su mente,


masajeando sus sienes, le gritó que hablase de una vez.

Algo imaginario también le dio un golpecito en el hombro a Louis para que


contestara.

—También lo hago. Este trabajo es sólo temporal. Para comprar unos


repuestos.

"Demasiada información", le chilló otra vocecita imaginaria al omega.2

Sí, Louis había empezado a trabajar como reponedor hacía nada. Se


enteró por un anuncio que el establecimiento buscaba un trabajador de
media jornada, por las tardes y sólo cuatro días a la semana.
Precisamente, acceder a ese trabajo no fue porque sus padres no
aceptaran ayudarlo con sus arreglos o simplemente darle el dinero;
justamente fue decisión de Louis el conseguirlo por sí mismo. Buscar otra
forma de demostrarse que podía ser quien siempre quiso.

Muchas veces, de pequeño, fantaseó con su primer trabajo; con que sería
incluso rico si ahorraba todo su sueldo. Sus padres apoyaron la decisión de
su hijo, aceptando que quisiera cierta independencia económica para sus
aficiones. Y sobre todo el que Louis se abriera a interactuar con más gente.

—Eso es genial. Yo he vuelto por las vacaciones.

Un resquicio de Harry agradecía el nimio efecto del alcohol para hilar


aquellas frases. Recordó por un momento una última conversación con una
moto de por medio y quiso, por un momento, meter la cabeza en cualquier
hoyo que se abriera en el suelo.7

Pero a Louis se le cortó por unos segundos la inhalación. Volvían a ser


vecinos. Ventana con ventana a lo lejos.

Las palmas de sus manos exudando.

—Tu amigo... —Comenzó Louis, desviando su vista hacia el rubio que por
una vez no le molestaba no ser el centro de atención—. Deberá pagar eso.

Oh sí, Niall había desistido en la idea de mirar a ambos como si aquello


fuera un partido de tenis. Había abierto sin pena ninguna una de las bolsas
de patatas y se había puesto a comer, habiendo saboreado con ansias el
medio paquete que ya casi se había mandado.32

—¡Niall, por dios! —gruñó Harry cuando se giró a mirarlo.5

—Te dije que tenía hambre —se defendió el alfa, encogiéndose de


hombros—.Pero no te preocupes que yo lo pago —se inclinó hacia el
omega para observar la chapa que tenía escrito su nombre y enarcó a
duras penas una ceja—. ¿Louis? ¿De qué me suena a mí ese nombre?91

Justo ahí, Harry juraría que era capaz de fusilarlo. Lo fulminó con la
mirada, haciendo que el otro frunciera el ceño.4

El de ojos añiles, por su parte, sólo sintió un furioso calor en sus mejillas.7

—Niall, vete hacia la caja que ahora voy yo.

El empujón que el ojiverde le propinó de inmediato a su amigo le hizo hasta


tambalearse. Por suerte, el rubio no replicó.

Lo acuchillaría al llegar a casa. Sí, lo iba a rebanar.4

Claro que Niall sabía de Louis. Que él y Harry... oh dios. En realidad quizás
le daba un beso en la frente por no haber dicho algo más.2

Bendita destilería, ginebra, Irlanda y en ese momento bendito todo.7

Niall... él era un horror. Seguro que sobrio hubiese soltado algo totalmente
fuera de lugar.

Bien. Quizás, a pesar de todo, su amigo merecía seguir con vida.

—Tú también estás... —Louis apretó los labios antes de terminar la frase,
arrugando la frente.

¿Borracho? El alfa quiso desaparecer en tal instante.

—Oh, no —interrumpió Harry, como si le hubiera leído el pensamiento—.


Quiero decir, mi amigo es un poco... bastante adicto a... Bueno, a muchas
cosas- Hicimos un tour por la destilería, catamos y bueno; Niall es... Quiero
decir, yo...
—Harry —lo cortó. El otro, francamente, tuvo que agradecerlo. ¿No se
cansaba su lengua de trabarse siempre que lo tenía enfrente?—. Está bien.
Sólo... ¿Necesitas algo más?10

A la mente del mayor le costó cinco segundos asimilar que se refería al


supermercado.7

—No. Muchas gracias, yo... Debo ir por Niall. Temo que haya espantado a
todos tus compañeros con su horroroso acento ahora más descoordinado.

El alfa hubiera salido disparado si una adorable sonrisa no se hubiese


pintado en el rostro del omega. Louis rió ante la ocurrencia y negó con la
cabeza antes de hacerse a un lado del pasillo para dejarlo pasar.90

Cinco segundo más y Harry finalmente reaccionó para dar dos pasos y
alejarse esbozando esa vez él una sonrisa.1

No dijeron nada más, siquiera pronunciaron un adiós. Louis volvió a


ensanchar sus comisuras cuando se asomó al pasillo y vio a Harry tirando
de la camiseta de su amigo antes de que abriera la nevera de helados.
Pagaron rápido y el ojiverde se llevó casi a rastras al que no dejaba de
comer su segunda bolsa de patatas.

Louis sonrió hasta que un repentino escalofrío anduvo por su espalda.

Pestañeó.

Qué... ¿Qué demonios acababa de pasar ahí?


76

...

La segunda vez que se encontraron no fue del todo por casualidad.7


Niall danzaba en su habitación temporal en casa de los Styles. Había
llegado el ansiado día de la fiesta en el barco. Un buque zarparía del
puerto de Plymouth cuando dieran las diez de la noche. Número de
asistentes limitados, zona vip, jóvenes, DJ... Tres consumiciones a bordo y
un alfa rubio únicamente preocupado por esa cantidad de alcohol.2

—Ahora iré a comprarlo —canturreó de nuevo Harry, tirado boca arriba en


la cama del cuarto de invitados. Sus manos como almohada y sus pies
chocando entre sí.

Niall se llevó una mano al pecho con fingido dramatismo.

—Es que, tío, la fiesta en el barco es una pasada pero... ¡¿Sólo tres
consumiciones?! ¡¿Qué clase de abuso es ese?! Lo tenían que poner en la
letra pequeña, claro...

Harry, una vez más, rodó los ojos antes de resoplar.

—Bueno, Niall, no te preocupes, ya te he dicho... Bebemos unas copas


antes de subir y listo.

El rubio paró los aspavientos con las manos y observó a su amigo. Apretó
los labios y pestañeó varias veces antes de hablar.

—Oh, hermano, llegaste a mí siendo una ratita de biblioteca y mírate


ahora, preparando un botellón.30

Niall fingió limpiarse lágrimas ficticias antes de que un cojín impactara en


su cara.

—¡Que te den, payaso!3

El rubio le devolvió de inmediato el golpe cuando ambos comenzaron a


reír.
—¿Mi amigo Jack? —cuestionó el rubio mientras Harry atrapaba otro cojín
al vuelo.9

—Con Cola.27

—Ese es mi chico.1

Obviamente, hacían referencia a la mezcla del whiskey Jack Daniels con la


bebida gaseosa.34

Harry insistió en que él iría a comprarlo, que si iban los dos tardarían más y
que Niall divagaría en la elección de las bebidas si se plantaba frente al
mostrador donde se hallaban todas. Y eso en parte era verdad. No sería la
primera vez que el irlandés pasara cerca de una hora debatiéndose entre
ron o vodka alegando que ambas botellas "le ponían ojitos".42

Y bueno, el alfa podía ir a cualquier supermercado de la ciudad, de hecho,


acercarse incluso a la licorería. Había tiendas que le quedaban más cerca,
pero ya había elegido la suya. Había pasado una semana y sólo esperaba
que... bueno, que estuviera. Sin un por qué claro sino con esas ganas algo
absurdas que se concentraban bajo su diafragma.4

En el fondo, seguía siendo el mismo Harry Styles que no podía dejar cabos
sueltos.

Y con Louis todos lo estaban.1

Niall ya llamaba madre adoptiva a Annette y se quedó encantado tomando


una merienda con ella cuando Harry abandonó la casa.9

Ese día, el portón del garaje de sus vecinos no se había abierto y quizás...

Sacudió sus manos antes de posarlas en el volante y arrancar su coche.


Veinte minutos después, plantado frente a la vidriera con cantidad de
botellas alcohólicas, dibujó una sonrisa al tener que buscar a un trabajador
para que le abriera la puerta corrediza de cristal asegurada con cerradura.2

Bendito Jack.24

Caminó por los pasillos con las manos metidas en los bolsillos, ojeando
distraído y con una nimia punzada en el pecho cuando alguien con camisa
de rayas azules se le cruzaba. Pero ninguno bajito, con cabello a capas y
ojos azules. Cuando llegó casi al último, sus esperanzas ya eran pocas.
Puede que ese día no trabajara y...1

Un hormigueo recorriendo su garganta.33

Sonrió.2

Subido a un taburete, un individuo con la misma figura de Louis se


encontraba en el pasillo de mascotas, apilando latas de comida para
perros.2

Cierta fragancia afirmó que efectivamente era él.15

Su vello erizándose...

Un rápido movimiento cuando una de las latas se desestabilizó, estando a


punto de caer al suelo.1

—Cuidado —pronunció Harry, llevando el producto de nuevo a su sitio.

El mar azul alojado en los ojos de Louis se abrió de par en par. De hecho,
con un salto ágil, decidió bajar del taburete para tener ambos pies en una
superficie más firme.

—Harry —pronunció casi afónico, totalmente atónito ante la repentina


aparición.
—Buenas tardes. —El alfa se remojó los labios tras hablar. El otro por fin
había parpadeado—. Necesito tu ayuda para que me abras una de las
vitrinas, por favor.

Louis se aclaró la garganta antes de comprender aún menos la sonrisa y


tono decidido del otro.

No le estaba dando tiempo a reaccionar.

—¿Qué sección?

—La de bebidas.

El menor enarcó una ceja. Tragó saliva.

—Cómo no.16

Y justo ahí, fue posible que la terminación del alfa se viniera abajo. Con lo
bien que iba...

Sintió calor en sus mejillas antes de que Louis le hiciera una seña con la
cabeza para que lo siguiera. El menor se sacó un manojo de llaves de un
bolsillo de su pantalón, chequeando cada etiqueta hasta dar con la
indicada.

Louis caminaba con gracia. Aquella camisa no era nada favorecedora, pero
a él conseguía quedarle bien. Harry debía controlar sus zancadas para no
adelantarle en los pasos, mientras su Alfa no podía evitar embargarse de
aquella sutil fragancia que bailoteaba a su alrededor.5

No, no entendía por qué Louis olía distinto. Por qué su aroma no era dulce
y en vez de estabilizar a su Alfa lo alteraba; como si le diera pequeños
pinchazos, haciendo que se mantuviera agazapado y a la expectativa de
aquellas sensaciones. Ninguna de los omegas, Lena o incluso Dani,
emanaban eso. No era porque Louis fuese un chico, pues con otro era
incapaz de sentir tal picazón.20

Dios, lo tenía caminando a dos pasos de él y estaba seguro de que en su


mente no debían estar pasando aquellas imágenes.1

Lluvia y la luz de unos rayos colándose por la ventana. El olor a vainilla


expeliéndose del ambiente... Su pecho casi podía llegar a acelerarse de la
misma forma. El azul de los ojos en aquel momento.2

No podía creer que fuera el mismo que ahora lo miraba curioso e


interrogante.

—¿Harry?5

Oh, mierda.

—¿Sí?

—Te decía que cuál quieres...10

Mierda, mierda, mierda.5

Habían llegado al pasillo de las bebidas y Louis preguntaba, por segunda


vez, cuál sería la elección del alfa.

Harry tuvo una breve y fugaz charla con su fuero interno. ¿Por qué nunca
podía actuar como una persona normal? Era increíble que soltara un
ridículo y simple "qué tal" cuando, minutos atrás, tuviera claro la dirección
que quería para una conversación. Que un ligero pedete sufriera el bajón al
encontrárselo, o que en esos momentos cometiera la sandez de meterse
en ese supermercado sólo porque sabía que Louis estaba ahí.

Quizás buscaba hallarlo en campo de nadie. Sí, sentía que debía recurrir a
los quizás porque no tenía la remota idea de por qué padecía todo aquello.
—Jack —espetó, haciendo que el omega frunciera el ceño antes de llevar
su vista confusa al mostrador ya abierto—. Ya lo cojo yo, no te
preocupes.12

Harry apenas estiró un brazo para alcanzar la botella y Louis dio un paso
atrás, nervioso ante la repentina cercanía. Harry se hizo con la bebida y
Louis se sonrojó porque él hubiera sido incapaz de alcanzarla sin su
banqueta.81

Y de la nada se sintió absurdo por eso.

—Muchas gracias —pronunció el ojiverde, pasando una mano por su


cabello cuando el omega fijó su vista en él.

La semana pasada no llevaba el peinado igual. Era como si se lo hubiese


cortado y ahora luciera sus rizos deshechos hacia atrás, fijados con algún
producto. Louis pestañeó y tragó saliva cuando se percató de lo irrisorio de
su análisis.

—Por nada. ¿Se te ofrece algo más?

El alfa levantó una ceja.

—Coca-Cola.

—Esa puedes cogerla tú.77

Una sonrisa marcada con hoyuelos...

—Ya, pero agradecería que me dijeras en qué pasillo. Tiendo a perderme


en este supermercado.3

Louis retiró la mirada unos instantes. Repitió el movimiento de cabeza de


hacía un rato para que lo volviera a seguir.

'¿Qué hace?'
'¿Qué haces?'

En el pasillo contiguo se hallaban los refrescos y por algún motivo que


desconocía, Louis agradeció no tener al alfa pisándole tan de cerca los
talones.

—Gracias de nuevo.

¿Por qué era como si Harry fuera uno diferente al que le llevó la moto o al
que se quedaba sin palabras? ¿Por qué se parecía tanto al Harry de...?41

Algo en su interior se revolvió, alertándolo ante aquel intempestivo


pensamiento.

—De nada —habló de recorrido, tras aclararse la garganta—. Tengo que


volver al trabajo.

—Claro. Que te sea leve. Ya nos veremos, Louis.15

El omega frenó en sus pasos, pues ya le había dado la espalda al alfa una
vez le anunció que debía retomar sus tareas. Dos segundos analizando
aquellas palabras antes de volver a emprender su camino.4

'¿Ah, sí?'

'Santo dios, ¿esta es tu nefasta forma de coquetear, Harry Styles?'


129

...

Resaca. Una enorme, gorda y monumental. No entendía qué hacía el


colchón de invitados en el suelo de su habitación. Qué hacía Niall, hecho
un ovillo, durmiendo en él...11

Una punzada más fuerte.


Unos gorros de fiesta tirados por el suelo... Todo cobraba poco a poco algo
más de sentido en su cabeza. Dios, sí.

Subir las escaleras de casa a cuatro patas y algo más...

El barco.16

El bendito barco.

Niall imitando escenas del Titanic. Niall ligándose a la DJ. Niall recibiendo
una cachetada por parte de una camarera.36

Niall vomitando por la borda...6

Harry vomitando en el baño.3

Había comprobado por sí mismo que mezclar bebidas era como la


mismísima reencarnación del demonio. La cabeza le iba a estallar, sus
sienes palpitaban y toda luz le molestaba. La condenada hacía que todo
doliera más y, ¡jesús! Si llegaba a hacerlo estaba seguro de que iba a
morir. Podía llegar a jurar que no exageraba.2

Se arrastró hasta el cuarto de baño y, literalmente, se despatarró en la


bañera mientras abría el grifo. Se hundió en el agua que llenó la tina por
más de una hora, mientras calculaba cuántos analgésicos podría tomarse
de una vez sin dañar su salud. O lo que quedara de ella.1

Cuando consiguió vestirse, sin apenas haberse secado el cuerpo y con


gotas escurriéndose por sus cabellos, bajó a la cocina. Lo hizo disimulando
todo lo que podía, rogando que Annette no lo esperara con un sermón
preparado, pues ni siquiera recordaba si habían hecho demasiado
escándalo cuando llegaron a las cuatro de la mañana a casa.
Comprobó al entrar a la cocina que apenas eran las doce de al mediodía y
que había una nota esperándolo en mitad de la barra.

"He salido a comer con unas amigas, cielo. Nos vemos a la tarde. Te
quiere, mamá"

¿Sin sermones? Besó la nota y se desplomó en uno de los taburetes altos,


pegando su frente al mármol frío de la encimera.13

—Buenas tardes, señorito. ¿Quiere desayunar? ¿Comer ya?16

El alfa levantó el rostro y le sonrío a duras penas al amable semblante de


la cocinera de la casa.

—Hola, Nancy. —La mujer le sonrió con cierta compasión al muchacho que
parecía no poder mantener mucho tiempo la cabeza erguida—. Si no sale
de aquí... ¿Sabes de algo que vaya bien para la resaca?11

La mujer río, para Harry en un volumen más alto de la cuenta, mientras


negaba con la cabeza, divertida.

—Puede que me sepa la receta de alguna sopa...6

—Te quiero. —Harry unió las palmas de sus manos antes de pegar de
nuevo la frente contra el mármol.

Efectivamente, la sopa había sido un éxito, y aseguraba que las dos


pastillas que le había tendido Nancy comenzaban a hacer efecto. No tenía
todavía señales de vida por parte de Niall y prefirió que así fuera. Al menos
de momento. Ya tenía bastante con los latidos en sus sienes como para
también aguantar a su amigo quejica por su casi segura resaca de burro.
De lo único que se preocupó fue de dejarle dos generosas raciones de
sopa.

Harry se negó a hacer otra cosa que no fuera tirarse a lo largo en el sofá
para esperar que el dolor de cabeza cesara. Eso e ir por su segundo litro
de agua bebido. Se comparaba con una auténtica momia caminando por
las estancias con una manta cubriéndole los hombros.

No sabía si la resaca también era la causante del pitido en los oídos, del
ligero vaivén, como si aún siguiera en el barco, o que, en sí, cualquier ruido
le resultara estruendoso. Frunció el ceño cuando ingresó a la cocina y
escuchó un sonido chirriante en la parte de atrás de la casa. Se agenció
otra botella de agua en un litro y salió al jardín, asegurando que había
mutado a vampiro si la claridad era capaz de afectarle de tal forma.

Gruñó.

—Creo que esta vez es en serio. No voy a volver a beber... —farfulló para
sí mismo, mientras salía descalzo al jardín.

En realidad no le molestó que el césped fresco se colara entre sus dedos ni


que oyera a lo lejos el graznido de las gaviotas. Hacía un día magnífico
para aprovecharlo dando un paseo en bici si...

De nuevo aquel eco ensordecedor.

Miró a su alrededor, buscándolo a tientas y con la frente arrugada; también


demasiado ido como para no averiguar de forma más avispada que lo
emitía la casa de al lado.

La casa de al lado.6

Sí, le llevó más tiempo del debido hilar.


Louis.

Una sonrisa escapó de sus labios.37

No lo pensó demasiado cuando caminó hasta la separación de sus


jardines, justo donde años atrás había un simple cercado de metal. Por
alguna extraña razón agradeció que los nuevos setos estuvieran podados.
Y que él fuera alto. No podía visualizar por completo el jardín pero sí
distinguió cajas, un portón abierto y un omega que llevaba unas extrañas
gafas protectoras mientras usaba una especie de máquina escandalosa.

—¿Louis? —lo llamó cuando el motor de aquella cosa dejó de sonar—.


¡¿Louis?! —insistió por segunda vez.2

Un breve silencio antes de escuchar unas pisadas.

—¿Harry?

Sonrió.

—¿Estás testando la máquina más ruidosa del mercado?

—Oh, no... Es sólo una radial. ¿De verdad hace tanto ruido?

De repente detestó no llegar a verle la cara cuando el menor se acercó a


los setos.

—Bueno, puede que no esté en mis plenas facultades para opinar sobre
eso.

Louis, al otro lado, hizo una mueca.

—¿Tiene que ver con la botella de ayer?

Harry, irremediablemente, rió negando con la cabeza.


—Quizás... —Un breve silencio y mordisquearse en labio inferior con cierta
impaciencia—. Oye, ¿te parece si me acerco? Esto de hablar a voces no
ayuda a mis facultades...

De nuevo un silencio y Harry tragando saliva lentamente.

¿Por qué demonios estaba nervioso?12

—Está bien.

El pecho se le aceleró casi al mismo ritmo que la respiración de Louis se


agitó.

—Voy.46

Se deshizo de la manta que cubría sus hombros tras entrar en casa a por
unas zapatillas cualquiera. Estiró su chándal negro y resopló antes de
volver a salir por la puerta principal. Cruzar la acerca y encontrarse con la
pequeña puerta de la casa colindante ya abierta. Enarcó una ceja cuanto
volvió a escuchar el ruido de la máquina y caminó por el jardín de los
Tomlinson hasta acercarse al desmantelado garaje. Louis se volvió a retirar
las gafas de protección cuando lo sintió.

—Hola —pronunció el alfa, mirando con cautela a su alrededor.

El garaje de Louis parecía más abarrotado que la última vez. Distinguió dos
motos tapadas con una sábana blanca y una amplia mesa en el centro del
lugar, donde se hallaba parado Louis, frente a la máquina que seguro antes
le mencionó. No pudo recordar el nombre.8

Paseó su mirada por cada baldosa hasta fijarse en el menor. Con una de
sus corrientes gorras hacia atrás y ropa holgada. Bermudas anchas y rojas
y una camiseta de manga hueca de color gris. Sus ojos añiles fijándose en
Harry y una graciosa marca alrededor de estos debido a las gafas de
protección transparentes que se acababa de retirar.5

—¿No sabes lo que es una radial?

El alfa lució sorprendido ante la repentina pregunta que le lanzó el otro.


Ladeó una sonrisa y se hizo el pensativo por unos instantes antes de
responder.

—Pero por supuesto que... no tengo ni idea.57

Louis luchó con la comisura de sus labios y negó con la cabeza. Hizo un
ademán con la mano para que Harry se fijara en él. Volvió su atención a la
máquina, tomando unos cilindros largos de metal que tenía amontonados
en el suelo y se fijó en el mayor, levantando una ceja antes de volver a
poner la máquina en marcha.2

Harry se llevó entonces ambas manos a las orejas para poder cubrirlas. Si
su cabeza no explotaba con aquello tan cerca, los libros podrían escribir
que sobrevivió a la resaca más monumental de su existencia.

La hoja de doble filo de la radial casi brillaba mientras giraba a gran


velocidad. Louis, decidido en cada paso, midió un palmo del cilindro y dejó
que la hoja lo cortara a ras, emitiendo un destartalado chillido cuando
ambas piezas chocaban.

El alfa entrecerró un ojo hasta que la parte sobrante del trozo metálico cayó
al suelo.6

Largó un suspiro de alivio cuando la maquina se volvió a apagar.

—Sirve para cortar —solucionó Louis con evidencia.7

—Ya veo... Falta que sean más silenciosas.


El menor negó una vez más con la cabeza.

—Eso ya es más difícil.

Y el otro, por su parte, rió.

El omega tragó saliva cuando el tomar una bocanada de aire vino


acompañado de aquel aroma.

Firme.

A Harry.

A alfa.50

Gimoteó también en su interior.

De un momento a otro, Louis no entendía qué hacía plantado en su garaje.


Se sentía absurdo; era frustrante. Era demasiado fácil lidiar con Harry,
entablar una conversación o sucumbir a su pésimo humor. Maldita sea, lo
tenía allí.

Sí, todo era simple hasta que recordaba aquella noche de diciembre.30

Joder, todo era más sencillo si la borraba de su cabeza y, es más, de


hecho podría hacerlo si no fuera el instinto y su Omega el que se pusieran
en alerta cuando estaba cerca. Como si pudiera reconocerlo en cualquier
parte.

Hacía meses fue incapaz de dirigirle la palabra y en ese momento había


accedido a tenerlo a escasos metros. De nuevo.1

Definitivamente era desesperante no llegar ni a comprenderse.

—¿Qué tal vas con la moto que era de mi padre?

Viajó su vista al paseíto curioso que daba el ojiverde a su alrededor.


—Bien. Bueno... queda mucho aún.

El alfa asintió, vagando su mirada por la cantidad de herramientas


desperdigadas por el suelo. No podía creer que existieran algunas tan
raras.

—Seguro que...

—Harry. —Cortó el omega, en medio de un suspiro.1

Sus miradas se encontraron al momento. Verde y azul. Sintonizándose al


instante; formando al fin parte de una misma gama cromática.55

Louis debería haber reculado, mas no lo hizo cuando Harry se acercó.

A apenas tres palmos.

No sabía qué iba a decir. No comprendía, más bien, qué era lo que se
supone que debía pronunciar.

Cuando ya lo habían dicho.

"No se va a volver a repetir".22

Pero Louis siquiera podía tragar mientras cada centímetro de la espalda de


Harry hormigueaba.

El omega ponía nervioso al alfa. El alfa tornaba a histérico al omega.2

—¿Sí?

La tensión reclamó a la atmósfera como suya cuando las cuerdas vocales


de Harry vibraron al sentir tan de cerca la tierra mojada.20

Las especias.

—Sólo... sólo quiero normalidad.34


El bálsamo que era el alfa, ese torrente que cubría sus sentidos con su
sola presencia.2

El latigazo de recuerdos cuando recordó cierto frescor. Cuando rozar un


exiguo de su piel fue jugar con hielo.

—¿Y a qué llamas tú normalidad?29

A las descontroladas feromonas que emitía, Harry casi podía asegurar que
no.

Olía así, tan distinto... tan picante, tan bien.8

Los ojos de Louis eran dos luceros, sin pestañear, fijos en las pupilas
dilatadas del alfa. No, no entendía, no sabía lidiar con lo frustrante que era
aquello, con que la cabeza le exigiera una cosa y su cuerpo hiciera otra;
que fuera su Omega el que exigiera, que demandara que Harry lo
mirara así.4

¿Qué era la normalidad? No lo sabía. Era incapaz de cavilarlo si se


acercaba un poco más.

Pero Harry, de nuevo, solo aspiró.2

La normalidad podía ir desde las horas que pasaba en su garaje hasta la


rutina en su nuevo trabajo. Quizás estaba en sus clases, en sus ahorros
en... dios, no sabía en qué. Pero quería que fuera la que reclamaba Louis y
no la condición que se sacudía dentro de él.

Harry pestañeó cuando sintió al omega empequeñecer; encogerse sobre sí


mismo. Asustado. Confuso. Absolutamente deslucido.20

Dio un paso atrás y Louis largó un suspiro, rozando el alivio, rogando por
que su pecho le dejara tomar al fin una serena bocanada de aire.
Aquel choque.

El alfa entendió muy rápido que la única forma de asistir a su naturaleza de


calmar al omega era alejándose de él; dando un paso atrás para que
respirara.41

Y eso era raro. Era tan... él.

Tan Louis.

Un cristal totalmente opaco.

Harry apretó sus labios antes de desviar la mirada a algún punto. Él


tampoco conocía lo que era la normalidad. Llegados a ese punto,
definitivamente no lo hacía.

Vagó su mirada por la mesa de trabajo del menor, visualizando restos de


metal, medidas, trozos de cartón, lápices...

Pasó saliva.

Louis parpadeó sin llegar a fruncir el ceño cuando vio al alfa


encaramándose sobre su mesa. Revolvió algo entre los restos de material.

Se irguió cuando Harry se dio la vuelta y le tendió lo que sostenía entre sus
manos tras dejar uno de los lápices de nuevo en la mesa.

—Sólo... No sé. Yo tampoco sé lo que es la normalidad, así que ahí tienes.

De nuevo un mar frente al bosque y una mirada descendiendo antes de


salir del garaje ajeno.14

Louis infló sus pulmones de aire antes de alzar el trozo de papel.

No tragó.

En una perfecta caligrafía: el nombre y número de teléfono de Harry.


Septiembre, 2007
Dos meses después45
Odiaba madrugar un lunes. En sí, hacerlo cualquier día parecía inhumano,
pero que el despertador sonara a las seis de la mañana nada más
comenzar la semana lo quería considerar delito.22

Louis saltó de la cama tras haber estado tres minutos mentalizándose de


ello. Dejó que el vapor del agua empañara el espejo del baño antes de
entrar en la ducha y suspirar de gusto cuando el agua caliente tocó su la
piel. Enjabonó su cabello y cuerpo sin mucho cuidado; rápido para no tener
que cerrar el chorro de agua. Instantes más tarde, salió restregándose con
una toalla blanca y enorme en la que prácticamente se podía enrollar.

Cepilló sus dientes y se visitó con un pantalón de chándal gris y una


sudadera Nike azul marina y ancha. Podía juguetear a esconder los puños
bajo las mangas. Una zapatillas blancas cualquiera y corretear escaleras
abajo cuando se llevó al hombro su mochila. Había visto de refilón que el
dormitorio de sus padres, al final del pasillo, ya tenía la puerta abierta y
negó con la cabeza, dejando escapar una risilla. Nunca le ganaría a los
madrugones de su padre a las cinco de la mañana.21

Marjorie, todavía algo adormitada y confiando en que su café haría su


función, sonrió cuando lo vio ingresar en la cocina.

—Buenos días, cielo.

—¡Buenos días!

La omega siempre se levantaría después de que George abandonara la


cama. Manías tontas y también de madre para poder tener una jarra de
zumo de naranja y una bolsa para llevar con un rico desayuno. No había
olvidado que ese día Louis entraba una hora antes a sus clases.

Sólo por eso, fue posible que el menor dejara de bufar al tener que pisar
antes de las siete de la mañana las calles. Ese día, dos famosos
mecánicos del condado visitarían su escuela para darles una clase práctica
sobre piezas de los modelos Triumph; una empresa británica fabricante de
motos.

El omega se bebió prácticamente de un trago el zumo recién exprimido que


se sirvió en un vaso. Se relamió los labios cuando su madre le tendió la
bolsa con su desayuno envuelto.

—Gracias, mamá. ¡Nos vemos a la hora de comer!3

Un sonoro beso en la mejilla y Marjorie negando con la cabeza cuando


Louis volvió a corretear.19

—Buen día, ¡y ten cuidado!

Pero ya su hijo había dado un portazo antes de volverse a apurar en el


camino. Cada mañana daba el paseo de apenas quince minutos hasta su
instituto de formación profesional. Se sentía emocionado y moría de ganas
por aplicar lo que aprendería ese día en la Aprilia que tenía aparcada en el
garaje. Podría fabricar las piezas; investigaría en internet si serían
compatibles con su moto y quizás hasta se acercaría a la ferretería
después de clases. Oh sí, tenía que hacerlo para ver si ya le habían traído
los cilindros finos que había encargado.17
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182 12

Harry Styles, un joven de 19 años que tiene el don de ver espíritus. Su madre duda de su
cordura y lo encierra en un hospital psiquiátrico donde conoce a Louis Tomlinson, un joven de 20
años atormentado por fantasmas de su pasado.

god only knows (l.s)


Por stayours
17.3K 1.8K

es época de navidad y todos se han olvidado del cumpleaños de louis.


incluso harry, su mejor amigo.

Primavera silenciosa/l.s!
Por xvangoghx
11.7K 1.3K

«No sé que me pasa pero puedo oler tu sangre desde mil kilómetros al este del cielo y tengo la
capacidad de escuchar tu corazón bombear desde que tengo dieciocho años. Tu pulso
trastabillando torpemente en tus muñecas atormenta mis sueños desde que te vi por primera vez
en aquella mascarada y puedo jurar que desde ese día puedo escuchar la melodía de tu vida
sonando en cada poro de tu ser lobuno.»
Todos los derechos reservados.®
Obra/ Portada: xvangoghx.
Prohibidas las adaptaciones, copias o traducciones sin mi permiso.
El tercer día | Larry Stylinson | AU
Por paulalcda
198K 24.1K

Louis tiene 18 años y ha repetido 5to (ante-último) año de escuela únicamente para continuar
aprendiendo, porque teme no volver a pisar una institución de aprendizaje en su vida.
Con una madre despechada y un hermanito a quien salvar, Louis no puede reservarse ni su
propia virginidad.
Pero entonces, llega él, vestido con una camisa blanca y un chaleco de lana color gris, con una
corbata atada vagamente, anteojos, rizos, y unos ojos verdes que te hacen cambiar de parecer.
''¿Por qué él siempre está dormido los miércoles por la mañana?''
Ésta no es la típica historia cliché de maestro-alumno, por su puesto que no.
|| Muchas gracias a la hermosa de @harrytakeacat por la preciosa portada<3 ||

Sexo en un baño público.


Por kittxnx
25.7K 1.5K

Sex /seks/ sustantivo; [sinónimo] coito.


1. Condición orgánica que distingue a los machos de las hembras.
2. Es un acto sexual, producido por dos personas con el fin de darse placer y/o procrear.
❝Las discotecas son para bailar y divertirse; pero él sólo va para encontrar a alguien con el
cuál follar.❞
® Stylinson.
♔ miss sugar pink ♔ {l.s | traducción}
Por alwayzslarry
36.7K 2.2K

Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
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créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

Everytime I get this high I feel like art O...


Por suganevertops
17.9K 1.6K

Donde Louis es un fotógrafo que empieza a perder la vista, y quiere retratar con su cámara todas
las imágenes más hermosas que ha visto para memorizarlas antes de quedar totalmente ciego.
Harry le mostrará que la imagen más hermosa que debe recodar es su propio retrato, por lo que
hará al ojiazul apreciar su belleza de una manera poco convencional.
-Harry, me siento horrible ¿Sabes?-
-Toma. Cada vez que pruebes esto te sentirás hermoso-
Harry Tops.
Louis Bottom.
Se afianzó al agarre de su mochila y resopló antes de cruzar la reja
principal del instituto al llegar tras un ameno paseo. La institución contaba
con innumerables programas de formación. A Louis siempre le resultaba
divertido ver cada mañana chicos que cargaban listones de maderas,
maquetas o los que caminaban con sus mandiles y gorros de cocina sobre
un hombro. El edificio de mecánica se encontraba al fondo, y no tardó en
pisarlo cinco minutos antes de que el reloj marcara las siete de la mañana.2

Realmente adoraba lo que estudiaba aunque, como cada día, se sentara


en la última fila pegada a la ventana y clavara la vista al suelo cuando
ingresaba en la clase.5

Esa mañana, las risotadas de sus compañeros reinaban en el ambiente de


la estancia. Chasqueó la lengua cuando sus sentidos percibieron los
familiares olores a los que, inexorablemente, se tenía que hacer.

Louis se sentaba solo porque era incapaz de hallar la forma de encajar con
el resto de sus compañeros alfas y betas. Él era el único omega.6

—Vaya madrugón, ¿eh, Tomlinson?3

Rodó los ojos cuando aquella voz socarrona llegó a sus oídos. Max, el alfa
que se creía el más gracioso del grupo, se encontraba rodeado de sus
amigos betas, quienes no tardaron en acompañar el comentario con unas
descoordinadas risillas.66

—Ya ves —espetó el omega cuando llegó a su puesto y dejó su mochila


sobre la mesa. Frunció el ceño al no hallar su silla junto a ella.

—¿Se te perdió algo? —habló uno de los betas.11

Louis enarcó una ceja antes de mirarlos.

—¿Dónde está mi silla?1


Nuevas risas jocosas antes de que Max, moreno y de ojos negro tizón, se
bajara de su mesa para caminar hasta él.

—¿No oléis a perro mojado? —pronunció con un aire ridículo, jugueteando


con el piercing que también adornaba su labio inferior—. ¿Tu silla? No sé.
¿No es una de esas? Omega.16

Aquello último casi lo escupió con socarronería. Como siempre. Louis


apretó los puños antes de levantar el mentón y enfrentar la mirada del alfa.

—¿Perro mojado? —cuestionó el de ojos añiles—. ¿No te has secado esta


mañana al salir de la ducha?36

El alfa enseñó uno de sus colmillos cuando le bufó y Louis, tras tragar
saliva, no se movió de su posición, levantando un poco más su barbilla.
Adoraba el día que contraatacó las pésimas comparaciones del alfa con
que el único que tenía algo de perro era él.

"¿Max? ¿Pero qué nombre de chucho es ese?"94

Louis desvió su vista hasta el fondo de la clase, donde tres sillas se


encontraban apiladas. Reconoció la suya porque iban a juego con el color
correspondiente al pupitre. La clase constaba de tres filas: dos verdes y
una azul. Su silla, como este último, se encontraba en lo alto.141

Podría coger cualquier otra, pero estaba tan harto de que se metieran con
él... De que aquel alfa y los ridículos fieles que le reían las gracias lo
hicieran menos.

No, Louis no poseía envidiables habilidades sociales, de hecho, hacía


demasiado tiempo que no llamaba a alguien amigo, concretamente desde
que abandonó su anterior instituto; desde que decidió que entonces no
valía la pena poner de su parte para mantener un contacto.
En el nuevo se limitaba a centrarse en sus clases y en no participar en las
actividades de grupo antes de que sus compañeros soltaran una patética
risita. Ya sabía que nadie se iba a acercar a él.

Sólo... tenía sus objetivos claros. El resto ya siquiera le importaba.

Bufó antes de dirigirse a las sillas amontonadas. Detestaba ese afán de


burlarse de su condición, de su entonces obvia y poca resistencia física
frente a los demás.1

De su olor.

De su opinión.

De que también lo arrinconaran por envidia, pues en muchos ámbitos de la


mecánica era el mejor de todos aquellos espurios.48

Tomó una silla cualquiera y se subió a ella de un salto antes de tomar aire
para llegar casi de puntillas a la tercera que se encontraba apilada; la suya.
Con ambas manos sujetó las patas antes de levantarla en peso.

No se tambalearía, rogaba porque no. Su orgullo no se lo perdonaría.15

Max, junto a dos de sus amigos, miraba expectante y con sonrisa petulante
la escena.

Louis pegó de nuevo los talones al asiento al que estaba subido y respiró
hondo cuando sus brazos sostuvieron en alto la silla. Echó una mirada a su
alrededor y, tomando un breve impulso, la soltó al suelo para luego retomar
el equilibrio. La silla cayó de pie; sus cuatro patas chocaron contra el piso
en un golpe seco. El omega siquiera se permitió jadear.2

Sonrió.51
De un salto se bajó de la otra y la tomó antes de dirigirse con ella hacia su
mesa. Negó con la cabeza cuando pasó por delante de Max.

—Ridículo...5

El otro hubiera ladrado, incluso pretendía acercarse a él si no fuera porque


un profesor, beta, ingresó en ese momento en la habitación, dando un
afable buenos días a sus madrugadores alumnos.

Louis tomó asiento en su lugar. Rápidamente bajó su mochila del pupitre y


dejó escapar el resoplido contenido en su pecho cuando se agachó a sacar
sus cuadernos.

Que hubiera aprendido a sobrellevar todo aquello no restaba lo agotador


que seguía siendo. Que no le afectara...51

Ya no se trataba demostrárselo a sí mismo, sino también de aparentar.

Siempre forzar.

Exhaló antes de pasarse el antebrazo por su frente y retirar unas pequeñas


gotas de sudor. Centró por fin su completa atención al profesor.

'Vamos, se suponía que iba a ser un buen día'


4

...

Tenía que hablar con Dani. No lo había llamado en todas las vacaciones.105

A principios de mes, ya las clases en la universidad volvían a comenzar


para Harry. Ni siquiera fue consciente de cómo el tiempo había pasado tan
rápido. La estancia en Plymouth pareció ser fugaz al igual que casi las tres
semanas en Dublín. Había sido un viaje de locos, mochileros y lleno de
descuidos.19

Sin embargo, con todo ello, también el verano más alucinante de su vida.

Las semanas pasaron a un ritmo vertiginoso. Ya se encontraba en la


segunda del nuevo curso y no podía sentirse más agitado. Aquel día,
siquiera había podido pegar ojo la noche anterior.

Ni la otra a decir verdad.

Le agobiaban las nuevas clases, el apretado horario, las asignaturas


optativas en las que se había matriculado de más y el curso de alemán que
empezaría en cinco días. Una pesadez en los hombros también lo había
acompañado las últimas horas, junto a un ardor de estómago que apenas
le permitía probar bocado con gusto. Niall estaba cansado de gritarle que le
terminaría dando un ataque cardiaco si seguía así. Le decía que se
relajara.9

Eso y que lo acompañara a la inauguración del nuevo garito del campus.

Fue entonces cuando Harry le ladró que saliera de la habitación. Por dios,
debía ordenar el montón de apuntes de las asignaturas que tuvo esa
mañana. Y encima le estaba comenzado la jaqueca. Una extraña
sensación hormigueaba su cuello mientras intentaba centrar su mente en el
montón de papeles.

Y, oh mierda, ¡Dani!108

Se levantó de la silla de su escritorio como un resorte; palpando con apuro


los bolsillos de sus vaqueros, buscando su teléfono móvil. Visualizó el
aparato encima de la cama y se abalanzó sobre él para comprobar que ya
llegaba cinco minutos tarde. Le había mandado un mensaje el día anterior
al omega para que se vieran, pues se lo había topado a lo lejos saliendo de
la cafetería y el otro no lo vio.

Y es que no, no mentía cuando juraba que no era consciente de qué


manera pasaba el tiempo. Simplemente había pospuesto las cosas unos
días y en un abrir y cerrar de ojos pareció llegar el momento en el que todo
se juntó.1

Dani había estado de acuerdo en verse después de sus clases, lo que le


ocasionaba a Harry un paseo de diez minutos hasta su campus. Y ya no
llegaba a tiempo. Con lo que detestaba ser impuntual...9

La jaqueca acrecentándose cuando cerró de un golpe la puerta de su


habitación al salir. Ni siquiera alcanzó a coger su cazadora. Y es que en
realidad cómo la iba a necesitar si vivía sofocado...1

Ignoró los ascensores cuando se fijó en que andaban en la onceava planta


y bajó los escalones desde el tercer piso con apuro. Podría mandarle un
mensaje a Dani pero se sentía nulo para inventarse una excusa. No sabía
forjarlas. Le diría que todo se le vino encima, que por primera vez... Oh
dios, ¿que por primera vez Harry Styles no sabía gestionarse?1

Eso era nuevo. Y agobiante.

Resopló cuando notó el nivel de su acaloramiento y otra punzada al final de


la nuca.2

Su móvil vibró en su pantalón.

¿Dani preguntándole por el retraso? No sabría qué decirle, ¡no sabía


mentir! Odiaba no cumplir.

Dejar que sonara mientras correteaba hasta la puerta principal del edificio
de las residencias y otro síntoma de la jaqueca aún más fuerte.
El móvil vibrando por segunda vez...58

Fue más rápida la inercia de sacarlo del bolsillo y mirarlo que el volver a
cavilar que no sabría qué responder.

Sin embargo, no ponía "Dani" en la pantalla.

Frenó su apurada carrera.

Número desconocido.71

A las siete de la tarde ya era prácticamente noche cerrada en Londres.


Cuando pisó la calle apenas dos farolas la iluminaban; una tercera se
hallaba fundida. La luz que emitía el teléfono era la única que hacía
vislumbrar su rostro. El aparato todavía vibraba en su mano, parpadeando.

Descolgó justo antes de que la llamada se volviera a desviar.

—¿Diga?17

—Harry.

Y silencio. Por largos instantes.

De repente fue como si todo levitara. Todo en suspensión menos sus pies
anclados al suelo.

Un breve y repentino calor acompañado de un latigazo en la columna


vertebral.

Un quejido tan bajo...

Esa voz que reconocía.28

—¿Louis?9
Sin motivo aparente, la pronunciación de cada letra quemó. Su voz grave y
rasposa.

Una respiración profunda del otro lado.

—Harry —repitieron. Era él. Un resoplido y segundos que pasaron como


pesados minutos—. Harry, o-otra vez...7

Era Louis.

Louis lo estaba llamando.

Louis se oía así.88

El tiempo... el tiempo debía detenerse un momento.

Fue como si el mundo se hubiera dado la vuelta y el alfa siguiera allí


plantado. Como si la vida fuera una película rebobinándose; una que se
desenrollaba y volvía a enrollar en la bobina, a velocidad desenfrenada.

Un nudo en el estómago y sus labios entreabriéndose para que el aire se


colara entre ellos.

¿Qué era lo que iba a hacer? ¿Adónde se dirigía antes? No lo recordaba.4

¿Qué estaba pasando?11

—¿Qué? —escapó de su garganta, mientras apretaba el teléfono contra su


oído.

Al otro lado aguardaba una habitación a oscuras. Una tormenta sin lluvia.

Un omega empapado en sudor que se aferraba a las sábanas, telas y al


teléfono que sostenía cerca de su oreja. Un omega de ojos llorosos y labios
secos que se resentían cada vez que clavaba los dientes en ellos.22
La garganta de Louis raspaba, sus inspiraciones eran incapaces de
acompasarse con los latidos de su corazón. Demasiado deprisa.
Demasiado calor.

—Otra vez —murmuró el menor, tan bajo que no pudo jurar si su voz
coordinó las dos palabras—. No... No puedo. No puedo volver a pasar
otro.15

Sus manos echas puños y punciones en sus sienes. Louis encogió los
dedos de los pies antes de restregarlos contra el colchón de su cama.
Sentía el sudor en las palmas las manos; en cómo hasta el móvil podría
resbalarse de ellas.

Una película rebobinándose y que no encontraba el punto de dónde parar.

Sólo... ¿En qué momento...?

La vibración naciendo en el fondo del pecho del alfa y trepando poco a


poco hacia sus cuerdas vocales; aferrándose a ellas.

Jalando.3

Tensando.

—Louis.48

El aludido reprimiendo un gimoteo. Uno bajo y Omega que se retorció al oír


aquella voz férrea. Apretó las telas contra sí, contrayendo los músculos de
su espalda hasta que sintió que tironeaban. Los destensó bajo el rumor de
un ligero gemido que afloró desde el centro de su garganta.

Harry... Él sólo sentía que un río de chispas se estaba apropiando poco a


poco de cada resquicio de su sistema.2
Volvió a hablar; con caución y rodando las vocales junto a su tono de voz
grave.

—Louis, ¿estás en celo?113

Hubiera reconocido la vibración de aquella garganta en cualquier sitio. La


forma en que el aire escapaba o cuántos segundos tardaba entre cada
aspiración. Oía hasta el chasquido de su lengua antes de mojarse los
labios. Cómo chocaban sus dientes.

Cómo tela se raspaba con piel.

Cómo reprimía sin mucho éxito cada jadeo.

—Duele —confirmó Louis, sin la necesidad de un vocablo afirmativo—. No


puedo más. No sé qué hacer. Sólo recuerdo... —Su voz desgastada le hizo
tragar la poca saliva que creaba—. Dios, el último fue horrible—. Otro
lamento acompañado de traicioneras lágrimas—. Quema...

Harry sintió que todo frenó. Otra vez.

No era la primera vez en su vida en la que se veía en tal sensación.

No importaba qué iba a hacer o qué haría. No importaba nada. Si bajo sus
pies se abría la tierra, él no lo notaría.4

De repente ya nada hormigueaba. La jaqueca ya no molestaba.41

Sus huesos crujieron cuando primero giró la espalda y después lo siguieron


los pies. Dio media vuelta y abrió con el antebrazo la puerta principal del
edificio residencial. Sin necesidad de tomar alguna bocanada de aire,
ingresó en él dando zancadas largas. Enfocó su vista en las puertas
abiertas de uno de los ascensores, metiéndose antes de que se llegaran a
cerrar.
Su puño entero presionó el botón del tercer piso.

Los músculos de su brazo totalmente rígidos, mientras mantenía una


posición en "L". La carcasa de su móvil no había cedido aún. Realmente lo
podría hacer. No dejaba de apretarla.5

La frente ligeramente perlada de sudor antes de que enfocara su vista en el


reflejo que le devolvía el espejo del elevador. Harry vio cómo sus pupilas
se estaban dilatando; el verde apagándose mientras su lengua bañaba sus
labios para luego clavarse en la punta de sus colmillos, tras también
repasarse con ella la dentadura superior.

La saliva se le acumulaba en la comisura de los labios.

Salió del ascensor cuando las puertas se abrieron en su planta. Como un


robot, en movimientos concienzudamente programados, dio pasos firmes
por el pasillo. Siete metros a la izquierda y la segunda puerta a la derecha.1

No fue consciente de la efectividad con la que sacó el pequeño manojo de


llaves y encajó la correcta en la cerradura de su habitación. Mucho menos
de la fuerza con la que luego cerró la puerta. Pasó el pestillo y pegó la
espalda contra la madera.

—¿Harry?

¿Cómo no responder a aquel llamado? Aquellos rumores bajos, la


respiración agitada y los gemidos que se le escapaban al omega. Aunque
luchara contra ellos con todas sus fuerzas.3

—Sí —musitó afónico.

La voz firme de Harry; garganta seca y el brazo que colgaba apretando y


aflojando el puño.
—¿Dónde estás?27

Gruñó.

Fue su Alfa el que terminó de dilatarle las pupilas. Los orificios nasales
aleteaban en cada inhalación.7

El rubor en sus mejillas cuando se aferró todavía más al teléfono.

—En Londres.

Un leve sollozo por parte de Louis.121

La angustia que se alojó entonces en el pecho del alfa...

—No sé llevar esto. Ya no. El último fue horrible. Solo es horrible. No sé


qué hacer, no sé a quién...146

—No —contestó Harry de inmediato, en mitad de un gruñido entre


dientes.33

Denso silencio por leves instantes.

El último celo que pasó Louis fue solo. No mentía al tacharlo de horrendo.

Un fuego demandante y totalmente abrasador que buscaba calmarse; que


exigía una liberación que no localizaba. Ese Omega que sabía qué quería
aunque no lo hallara. No había un cuerpo que aportara frío ni calmara las
punzadas. Aquel acople; que lo cubrieran, que le aseguraran.

El último celo de Louis le había durado tres días y medio. Se llegó a


deshidratar y hasta desmayar al ser incapaz de soportar la sed que lo
barría. Aquella necesidad que nadie atendió. Que cesó prácticamente a
cuenta gotas.
Cuando meses después del último su cuerpo volvió a sentir los síntomas
de la fiebre, Louis sufrió un amago de ataque de ansiedad. Su mente sólo
se enfocó en recordar cada candorosa sensación del pasado y cuál era la
verdadera ola que podía evaporar todo aquello.

Sólo pensó en Harry. En el Alfa al que su Omega ya había acudido una


vez. El alfa que hacía días estaba en la casa de al lado. El único que sabía
cómo olía.

Cómo tocaba.

Cómo calmaba.

—¿Dónde estás? —demandó esa vez el mayor, cuando sólo oyó que más
gemidos de Louis morían en su garganta.

—En casa —respondió de inmediato, con el vello izándose cuando en sus


oídos se volvió a colar el tono voz del alfa—. Solo. No dije que...

—No lo hagas.1

La interrupción de Harry hizo que se le volviera a escapar un nimio gemido.

No sabía en qué punto establecer la línea de separación entre lo frustrante


y liberador.

Louis se volvió a restregar con el trozo de tela que casi era una maraña
arrugada y sin apenas olor; ese que mantuvo aunque estuviera meses
guardado en el fondo de su armario. En el último celo lo había perdido. La
había estrujado demasiado.31

Aquella camiseta de Harry ya no lo olía prácticamente a nada.

—Por favor... —rogó ahogado en el lamento, rodando en la cama y con


nuevas lágrimas agolpadas en su mar azul.
Algo tiraba al final de su espalda. Algo tan fuerte que no lo dejaba ni
erguirse.1

Harry no había conseguido moverse de su apoyo contra la puerta. Se


había dado cuenta de que era imposible que su pecho bombeara algo que
no fuera lava. Todo le quemaba bajo la piel.

—Dieu —pronunció antes de apretar los dientes—. Mon dieu, no. No quiero
que duela.76

Louis se sacudió.

—Lo hace. Me arde. —Un gruñido que de nuevo comenzaba a vibrar en lo


más profundo de la garganta de Harry—. Estoy mojado. Necesito frío.3

Un pozo al que había caído y del que ya no sabía cómo salir.

—Escúchame —ordenó Harry cuando otro gruñido escapó—. Tienes... Vas


a tocarte.53

Porque era volver a aquella noche y su cabeza daba vueltas.

A diciembre.25

A Louis rodando en su cama; a la necesidad de pasar sus dientes por


aquella piel. A cómo aliviaba y olía.

Por dios, cómo olía.

Mataría por sentir de verdad aquella picazón en la faringe. Mataría por que
en tal momento no fuera sólo un mero recuerdo.

Louis solo, en la penumbra de su habitación, con su entrepierna


resbalando y aquellos gimoteos bajos que morían sin contemplación contra
una almohada. Aquel pequeño omega que volvía a él.2
Louis, ese chico que únicamente se dejaba leer cuando su condición lo
dominaba.1

—Y-yo no...

Que gimoteaba tan bien.2

—Sí —exigió de nuevo el alfa, encontrando la voluntad de separarse de la


puerta para dar dos pasos hasta el centro de su habitación—. Lo vas a
hacer como yo lo hice, Louis. ¿Lo recuerdas?3

Para entonces, el alfa danzaba entre brasas.1

Él sí recordaba aquella piel; aquel cuerpo expuesto y la manera en que su


ser reclamaba tocarlo. La forma en que su Alfa perdía la capacidad de
obrar bajo un patrón racional.1

Su entrepierna también lo recordaba.15

—Dios, Harry...

Louis tenía los pies estirados sobre su cama, sintiendo los latidos de su
pecho mezclándose con la voz que emanaba el teléfono.

Estaba rendido. Era muy fácil hacerlo con los recuerdos que reproducía su
mente. Con ese tono del alfa que ordenaba de manera tan efectiva, a pesar
de encontrarse lejos.

—Hazlo.

—No sé.

Un jadeo involuntariamente sincronizado.64

—Sí sabes. Tienes que hacerlo.


El sólo fantasear con un alivio, hacía que Louis gruñera con desespero. Él
jamás se atrevió a eso. Antes de que Harry prendiera la llama, solamente
conocía la teoría.

—No me da frío.

Por ello, compararlo con la práctica podía ser un despropósito.

—En la misma posición de aquella noche, Louis. Hazlo.5

Mas era la voz ruda y áspera de Harry la que se lo rogaba... El alfa siempre
hablaba junto a esa melodía acompasada, acariciando las palabras con
ese tono ronco, como si en todo momento buscara qué decir, como si lo
midiera aunque en realidad cada letra simplemente fluyera en esa forma
tan suya de expresarse con pausa.1

Las caderas de Louis se separaron del colchón y fue más sencillo de lo que
esperaba tirar de su pantalón corto de deporte. Arrastró con él la ropa
interior. La ropa empapada.

La piel del omega ardía. Tersa y lampiña palpitaba por un escaso frescor.
Las rodillas le temblaron cuando simplemente se viró para quedar boca
abajo. Cuando elevó las caderas soltó el teléfono. Con una mano buscó un
punto de apoyo para erguirse.

Temblaba. Todo lo hacía ante la idea de llevar su brazo hacia atrás. De


rozar con su mano.

—Con dos dedos.80

—Dios...

Se sentía totalmente subyugado.1


Era mezclar fuego con fuego y expandir el incendio. El restregarse nunca
surtió el efecto necesario. Eso no aliviaba, sólo cosquilleaba. Sin embargo,
era aquella voz grave que sentía cerca la que todo lo cambiaba.

¿Por qué el alfa estaba en Londres? ¿Por qué no podía plantarse de nuevo
en la puerta de su casa?

¿Por qué su omega tenía la capacidad de querer empequeñecerlo en su


día a día? ¿Por qué en momentos como aquellos poseía la imponente
fuerza de controlar todo su ser?2

Sus dedos rozaron la piel de sus nalgas, reprimiendo un quejido cuando


enfocó el recorrido hacia sus pliegues. Abrió un poco más las piernas,
tensó el coxis y con una voluntad que no supo cómo halló, llenó sus
pulmones de aire.

Harry gruñó alto.1

Los dedos de Louis se remojaron demasiado rápido cuando resbalaron


hacia ese punto que le arrancó un gemido agudo. Cada centímetro de su
epidermis era tan sensible... Cada pliegue o arrinconada cavidad. Su pene
rosado e hinchado que tocó sus muslos cuando sus caderas se sacudieron
cuando el índice y el medio apenas empujaron.14

La corriente eléctrica que barrió entonces sin compasión su sistema.

Los leves gimoteos llegaron a los oídos de Harry con desespero. El alfa era
un león enjaulado, aferrado a aquel aparato y dando vueltas mientras
bufaba. Salivaba y tiraba de sus cabellos cada vez que retiraba el sudor de
su frente hacia atrás. Sus piernas largas conseguían, con dos pasos,
toparse entre las cuatro paredes del cuarto.1
Su Alfa rugía de sólo imaginar cómo se tanteaba el pequeño omega. Con
sus pequeños dedos...60

—Hazlo. Más.

El bulto en su pantalón demandaba atención. Sin embargo, no podía


arriesgarse a perder algún sollozo. Siquiera alguna respiración que en ese
momento se entrecortaba así.4

Louis dejó caer el apoyo de su brazo cuando no encontró más fuerzas;


cuando un zumbido en sus oídos lo descompensó y el calor volvía a
recorrerle con jocosidad el pecho. Cambió el índice por el anular antes de
volverse a acariciar.6

No era lo mismo. No aliviaba igual. Mantenían su ansiedad, pero, dios, si


Harry rugía de esa manera desde el otro lado, cada corriente de
sensaciones tornaba.

—No es lo mismo... No puedo —inquirió aun así, pegando su frente al


teléfono antes de estirar el cuello para no boquear.3

Su derrame era tan caliente...

—Sí que puedes —musitó Harry antes de ahogarse con su propia


respiración—. Casi puedo olerte.1

Fue entonces cuando el omega, se deshizo irremediablemente en


gemidos.

No, Harry no llegaba a olerlo, pero los recuerdos se agolpaban. Necesitaba


aquel cosquilleo; el ambiente avinagrado.18

Louis movió sus caderas y su miembro se volvió a rozar contra la piel. Le


faltaban manos y cuerpo. Necesitaba salir de sí, volverse a restregar con
las sábanas, gruñirle a Harry que le siguiera hablando porque aquel tono
ronco era el que conseguía prender todo una vez más. Lo ayudaba a
comenzar a sentir el cosquilleo en la pelvis, el nudo en la boca del
estómago...

Sus dedos no llegaban a más, no calmaban como recordaba, pero era ese
rumor del alfa; el sentir de esa manera el vibrar en sus cuerdas vocales. Su
mano ya empapada. La facilidad con la que resbalaba.

—Harry...

Que él contestara.

—Te anudaría ahora mismo.318

Lo que sintió meses atrás cuando eso pasó...

Louis mordió su labio inferior haciéndose daño. Cerró los ojos hasta
marearse. Hasta no saber si ya se había derrumbado o no. Un aire rozando
su nuca; uno que le hizo revivir lo que era sentir allí un aliento cuando su
cuerpo se quedaba apresado.2

Una explosión de fuegos artificiales sordos y sin color. La convulsión de su


cuerpo cuando acarició el ingrávido orgasmo.

Ese sensual bisbiseo que llegó a los oídos del alfa. Que lo terminó de
volver loco.

Silencio absoluto cuando Louis alcanzó a tomar una desesperada


bocanada de aire.

—Louis —declamó Harry, sin la intención de obtener una respuesta—. En


tres horas estoy ahí.251
"El celo de un omega puede durar de tres a cuatro días".
180

...
2

Desde su ubicación en Londres hasta Plymouth había un recorrido en


coche de cuatro horas. Harry lo realizó en dos horas y cincuenta y siete
minutos, excediendo todos los límites de velocidad de la autopista;
llegando a alcanzar las noventa millas por hora.76

Su respiración era pesada cuando el reloj marcó las diez y cuarto de la


noche y frenó frente a la casa de los Tomlinson. Para entonces, cada
centímetro de piel hervía.5

Los dedos le temblaron cuando abrió su teléfono móvil. Algo muy dentro de
él se agitó antes presionar el botón de rellamada.

Tres tonos y un largo pitido que anunciaba que la misma había sido
rechazada.1

Tensó la mandíbula.

Más calor.

Sus ojos viajaron entre las sombras de la noche cerrada. Se sentía febril,
desesperado, fuera de sí... Había fijado durante todo el camino su vista en
la carretera, visualizando antes de tiempo cada salida que debía tomar.
Esquivando y adelantando vehículos; ignorando los pitidos.

Había conseguido llegar. Había cumplido.


No buscaba una pauta lógica en sus acciones, se había acostumbrado a
esa sensación que iba a una velocidad inconcebible. A esa cámara rápida
que había llegado al tope.

Apretó el volante con las manos, liberando la tensión que se concentraba


en sus brazos; que le nacía en los hombros.

Bufó antes de volver a coger el teléfono móvil y fijar por largos instantes su
vista en la pantalla.

No le podía hacer eso...18

Pero cuando le volvió a dar a llamar saltó automáticamente el buzón de


voz.

El teléfono voló hacia algún lado del automóvil antes de que un gruñido
rudo emergiera de lo más profundo de su pecho. Se iba a poner a llover,
las calles se iban a embarrar y en su garganta nada iba a serpentear.4

Las pupilas del alfa se volvieron a dilatar para que su vista danzara entre
las sombras. Sus oídos se afinaron a la espera de algún movimiento
mientras la conocida vibración se asentaba bajo su caja torácica.2

La exudación en sus poros y el inhumano fuego que se había apoderado


del ambiente.

Que lloviera ya. Quizás sentir el barro lo terminaba de desquiciar, quizás


por fin lo hacía reventar con el rugido que se calentaba al final de su
garganta.

Quizás se dejaba de imaginar esa esencia a jengibre.5


Quizás no hubiera pensado que un ruido que percibió a lo lejos no fue solo
una casualidad. Que su corazón no tamborileó con fuerza cuando buscó de
dónde venía ese sonido que bien se podían distinguir como pisadas.

Que, a su vez, su respiración sí que fuera la que se cortara cuando la


puerta del copiloto se abrió y un aroma a lodo abofeteara de repente sus
sentidos.5

Que tuviera que pestañear cuando asumió que un pequeño omega,


jadeante y absolutamente abrumado, acabara de montarse en su coche.123

Sin más.

Estaba demasiado acostumbrado a la absurda sensación de nunca asumir


las cosas a tiempo.

Lo observó largando un suspiro, asombrado y fijando la vista en su cuerpo


encogido y cubierto con ropas desmesuradamente anchas. Louis se
acurrucó sobre sí mismo, subiendo las piernas al asiento para poder
abrazarse a sus rodillas. No miró al alfa, pero la garganta de este por fin
hormigueó.8

El cielo, por su parte, no goteó.36

Harry fijó su vista en la carretera antes de tragar saliva y girar la llave del
contacto. El motor del coche se puso en marcha y se apresuró en apretar
el embrague y meter la primera marcha en la palanca de cambios.12

Louis tembló.

Harry agradeció que apenas fueran veinte minutos hasta su destino. Veinte
que, de nuevo, redujo a la mitad para llegar en diez.8

La casa de la playa de su familia...152


Aparcó el coche, lo más próximo posible a aquella casita independiente en
la bahía de Whitsand. Apagó el motor pero no se atrevió a volver a mirar de
primeras a su acompañante. El omega rezumaba la misma cantidad de
confusión y pudor que feromonas; las mismas que aquella vez. Y Harry... él
no podía controlar sus instintos, mas se negaba a abalanzarse sobre aquel
cuerpo que se seguía aferrando a sí mismo. Aun así, el compás de sus
gruñidos mantenía el ritmo y la naturaleza de Louis fue la que no pudo
evitar el aspirar aquello.

Y todo él se volvió a encoger.

—Louis —susurró Harry en un tono bajo, encerrando cierta angustia en la


voz.

—¿En dónde estamos? —rezongó de inmediato el otro, vagando por


primera vez sus ojos a su alrededor.

Distinguía con demasiado esfuerzo lo que creía que a lo lejos eran olas del
mar.

—En la casa de la playa de mi familia.

El alfa habló como un autómata, siendo incapaz de despegar sus ojos de


encima del omega cuando de nuevo decidió observarlo.1

Fue entonces cuando afirmó que ya no había vuelta atrás.

—Harry —murmuró el de ojos añiles, antes de levantar el rostro que hacía


instantes no desenterraba de sus rodillas—. Vuelve a doler...19

Todo raciocinio del alfa abandonándolo cuando se aproximó hacia el


pequeño cuerpo que se sacudió. Tan delicioso, tan picante, inexplicable...

Tan Louis.32
Las llaves de la casa siempre las guardaba en la guantera del coche y,
santo dios, cuánto había agradecido esa decisión en aquel momento.

—Confía —pronunció demasiado cerca del omega, casi tanto que su


aliento se volvió denso y prácticamente palpable—... de nuevo en mí.5

El gemido bajo que escapó de ambos cuando el azul añil se enfrentó a


unos ojos que apenas eran verdes.

La misma sentencia de hacía meses.

¿Cómo entraron en aquella casa? Demasiado rápido, a trompicones y con


Harry dejando su coche abierto. Gruñendo cuando batalló por encontrar la
llave que abriera la cerradura. Cuando cerró de un portazo que resintió el
marco de la puerta. Había oído al omega soltar un quejido tras de él. Todo
a una velocidad de vértigo hasta que el silencio reinó y se encontraron al
fin en el mismo espacio.

Cerrados. A oscuras.

Donde no esperaron más.13

Louis se levantó el bajo de su sudadera cuando Harry lo pegó a la pared y


olió como un desesperado su cuello. Era como paliar la sed. Aquel
maravilloso frescor que nivelaba sin ningún tipo de explicación el grado de
sus pieles.

Harry se revolvió cuando sus dedos tocaron las caderas desnudas de


Louis. El momento en el que este se deshizo en sollozos cuando el alfa se
arrancó su camiseta y chocó sus torsos...5

—Louis... —murmuró el mayor, rodando sus labios por el cuello terso del
contrario—. ¿T-tomas supresores, verdad?37
Su pregunta contenía otro trasfondo. Claro que sabía la respuesta; todos
los omegas en su sano juicio lo hacían.33

—Sí —musitó ahogado, hundiendo las yemas de sus dedos en el cabello


del alfa cuando alzó sus brazos.

Ambos embebiéndose de un mismo aliento caliente...

—Baise... Et pourquoi tu sens tellement? / Joder... ¿Y por qué hueles así?


/93

Sus "erres" fueron acariciadas con la perfecta vibración que sintonizaban


sus cuerdas vocales.13

Se suponía que los supresores disimulaban el olor de un omega, pero en


Louis podía jurar que eso no se cumplía. No se cumplía como muchas
otras cosas.26

Su fragancia era tan potente; tan fuerte.

—¿Qué? —Jadeó el menor, lánguido cuando la lengua de Harry le recorrió


el cuello hasta su oreja. Hasta mordisquearle el lóbulo antes de jalarle del
pantalón para pegarlo más a él.

No necesitaron una cama cuando Harry enfocó su vista en el sofá del


pequeño salón. Siquiera retiró la sábana blanca que lo cubría cuando
depositó allí a Louis. Cuando la ropa se retiró a tirones y los gemidos y
necesidad se adjudicaron la atmósfera. Cuando el alfa sintió en su piel los
mismos dedos que horas atrás le arrancaron un orgasmo al omega que
ahora ansiaba atender.2

Aquel precioso omega en celo. Ese que se volvía uno revoltoso cuando era
el cuerpo del ojiverde el que lo cubría.3
Harry gimió con rudeza cuando su erección se liberó, cuando supo que no
duraría mucho porque llevaba horas lidiando con aquel deseo contenido.
Cuando unos ojos añiles se enfocaron en él, su dueño se remojó los labios
y abrió las piernas.8

Y, maldita sea, aquello siempre desbancaría al propio Harry y a su Alfa.

Lo convertiría siempre en el animal.3

Las cortas uñas de Louis se clavaron en los brazos firmes que mantenían
el cuerpo encaramado sobre él. En aquella controlada ola de frío y calor...

La primera estocada.57

El perfecto deslizar.

La explosión que de nuevo significaba cada tirón. Los ojos de Louis se


llenaron de lágrimas de satisfacción; del regocijo por el alivio. Harry sólo
empujó cuando el menor lo abrazó mordisqueando su cuello, cuando sus
brazos lo apresaron hasta el punto de que el alfa podría levantarlo en peso
para llegar más al fondo.33

Lo hizo.9

Nada era igual que Louis. Él lo mordía, lo apretaba, gimoteaba alto y con
su cuerpo le exigía.

Y, santo dios, él se lo daría.27

Harry se desplomó en el sofá con el ligero omega cayendo sobre sus


caderas.

—Por favor, hazlo.

Aquella petición siendo como música para sus oídos.


Harry estaba a las puertas. Louis era tan estrecho y él llevaba tanto tiempo
apresado en sus propias ganas de estallar...

Rugió cuando su cuerpo se convulsionó, cuando sus fuerzas flaquearon y


la única presión que sentía era la de Louis aferrado a su cuello. Tocó el
edén con la yema de los dedos cuando el cosquilleo del orgasmo lo
recorrió. Cuando Louis estiró su espalda sintiéndose colmado,
acompañándolo en las mismas sensaciones hacia la ascensión a la gloria.

Cuando la respiración decidió también esfumarse.

Cuando todo aterrizó sobre nubes esponjosas.+

—Oh, mon dieu.


Al final, sí que se repitió.121

Sus ojos eran feroces. La vista barría cada centímetro de piel, aquel toque
precedido por unos dedos que no podían despegarse de tal extensión. Una
palma entera recorría el menudo cuerpo del omega, deleitándose con la
sensación fresca que transfería; que calmaba un vibrar bajo el pecho.

Harry era fuego. Era combustión lo que colmaba su sistema y se filtraba a


través de sus gruñidos, saliva y movimientos bruscos cada vez que cubría
el cuerpo ajeno con el suyo y aspiraba. Cada vez que perdía el control
cuando sentía en su baja espalda los talones del omega. Cuando con
quejidos bajos le pedía que apretara más aquel agarre y el otro lo entendía.
O no. Pero lo hacía.8

Su lengua hormigueaba, maravillada más que el propio Harry por estar


empalagada de aquel sabor acidulado; uno cálido que refrescaba sus
papilas. Encerrado en su propio cuerpo, gestionando sus movimientos con
parsimonia puesto que en su cabeza la realidad se concebía más rápido.
Un guepardo ágil actuando como un león agazapado que estudiaba a su
presa.

Unos ojos que se habían vuelto más verdes y serpenteaban.

Jamás había tenido un celo tan salvaje y, a su vez, jamás había estado tan
en sintonía con su faceta más primitiva. Y no, no por parte de Louis; el de
él se atemperaba. Fue cuestión de un rango de seis horas adivinar que
aquella sed insaciable del alfa era por eso. Harry, también había entrado
en celo.81

Como un mar en calma que se embravece con un tsunami que ningún


experto pudo predecir.5

El alfa fue un torbellino desde que tocó al omega y se atiborró de todos los
gimoteos que el pequeño soltó contra su cuello. Era demente, no podía
controlar que su sistema se desbordara con cada sensación, con cada
deseo que le gritaba la razón. Y no, no le tocaba aún, calculaba que
todavía tenía de plazo un mes pero todo se fue abajo, cavilar más se volvió
imposible y ni hablar de qué manera despreció cada cálculo si lo único que
demandaba era rozar aquella piel suave. Y lo hacía, no podía dejar de
hacerlo. Todo lo demás podía importarle ya bien poco.12

Su celo se sincronizó una vez más con el de Louis. Su instinto se disparó


cuando el deseo reinó, cuando por primera vez la teoría no podía explicar
la práctica y cuando el instinto animal solo se movía por cautas pisadas
sobre húmido suelo selvático.1
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////
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parejas: larry , liamxdanielle (se imaginan lo viejo que es este fic), insinuaciones de ziam

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aprendiendo, porque teme no volver a pisar una institución de aprendizaje en su vida.
Con una madre despechada y un hermanito a quien salvar, Louis no puede reservarse ni su
propia virginidad.
Pero entonces, llega él, vestido con una camisa blanca y un chaleco de lana color gris, con una
corbata atada vagamente, anteojos, rizos, y unos ojos verdes que te hacen cambiar de parecer.
''¿Por qué él siempre está dormido los miércoles por la mañana?''
Ésta no es la típica historia cliché de maestro-alumno, por su puesto que no.
|| Muchas gracias a la hermosa de @harrytakeacat por la preciosa portada<3 ||

Roots Ink (Larry Stylinson)


Por agusrocchi
194K 24.5K

Las flores de su jardín crecían más vigorosas y fuertes a medida que las regaba con la sangre de
una nueva víctima.
Pero su insaciable locura lo llevaba a querer conseguir más muertes.
Fue entonces cuando el florista se topó con un bello tatuador.

He Is Here| LARRY STYLINSON


Por L4RRXSINDE
55.6K 8.2K

Louis es un dulce omega, enfermero de algún hospital de Alaska y amante de toda la naturaleza
que pueda haber allí.
Harry es un paciente en el estado de coma, que en un intento lento por reaccionar, comienza a
recuperar sus sentidos. No puede verlo, pero sí escucharlo.
Louis siempre es muy amable con él.
Harry tiene una omega superficial, pero muy bonita y con la que se planeaba casar antes del
accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

Louis hundió medio rostro contra aquel colchón que estaba tirado en el
suelo. Harry lo había arrancado del somier, despojado de las sábanas y
dado la vuelta antes de haberlo hecho volar. Había visto con mirada felina
cómo Louis se había dejado caer en él, destrozando sus labios secos con
la punta de sus dientes al no poder dejar de mordisqueárselos. Todo él
siendo un cuerpo pequeño, terso y lampiño al que el alfa necesitaba seguir
atendiendo.

Louis dejaba su olor en cada espacio insignificante que tocaba.5

Y Harry quería que lo hiciera.

El omega apretó el agarre de sus pies en las caderas del alfa y dejó
escapar un gemido bajo cuando una lengua acuosa recorrió su cuello en
aquella posición. Harry era extremidades largas que se le enredaban en el
cuerpo. Era todo movimientos acertados de caderas. La espalda de Louis
dio un respingo cuando sintió el aliento del alfa en la barbilla, acercándose
a una de las comisuras de sus labios. Giró de nuevo el rostro y jadeó
impaciente, balbuciendo un rumor angustioso que volvió a poner en alerta
al alfa, quien enterró su boca en su hombro y apretó más sus manos contra
la piel.39
Otra embestida.

Era como domar a una fiera. Su celo más salvaje pero a la vez controlado.

Inexplicable.

Sudor, mordidas flojas, agarrones y labios rodando por piel ajena.


Estocadas que arremetían con precisión para alcanzar el hormigueo
necesario; el corte de respiración justo.

Louis gemía sin ser consciente de lo que eso ocasionaba. Harry


toqueteaba sin ser consciente de lo que eso calmaba.51

El cuerpo enorme de Harry acaparaba por completo el de Louis. El ojiverde


clavaba sus dedos en los muslos tersos y blanquecinos que lo envolvían.
Porque el omega era suave, Harry se recreaba cada vez más en eso. Ni un
solo vello osaba cubrirlo y se volvía imposible que por ello el mayor no
enloqueciera cuando su estómago rozaba el miembro sonrosado y húmedo
que con concupiscencia adornaba la entrepierna del menor.70

El aire huyendo raudo de los pulmones cuando una sacudida involuntaria


se atrevió a predecir lo que venía.

Dedos de los pies encogiéndose, músculos tensándose y labios


entreabiertos. El sonido de roces que deslizaban... Louis cerrando sus ojos
con fuerza, explotando cuando Harry lo aplastó por completo con su peso.
El apoyo de las piernas fallando.

Otro orgasmo.24

El silencio que tras eso se agenció del ambiente y la conciencia


rindiéndose junto al ya ineludible agotamiento físico.
...
9

El celo, presentado en cualquiera de las condiciones naturales, se


manifestará con dolor físico y mental si no es atendido. El de un omega
podrá durar de tres a cuatro días mientras que el de un alfa podrá limitarse
a uno. Estos ciclos pueden alterarse, aumentando la duración o por el
contrario reduciéndose si un alfa y omega lo pasan juntos, pues los
patrones naturales se estabilizan reduciendo los síntomas ante la
existencia de un contacto piel con piel. A este hecho se le conoce como
sincronía termal; la temperatura se torna más regular, los niveles
hormonales se vuelven estables al igual que el ritmo cardíaco y la
respiración, mejorando el funcionamiento del sistema inmunitario y la
producción de enzimas.52

Veinticuatro horas más tarde Harry dio un brinco de la improvisada cama.


Se despertó desorientado, con la sensación de que llegaba tarde a algún
sitio ya que no había sonado el despertador, con que había dormido mucho
o quizás demasiado poco... Se encogió sobre sí mismo al sentir el frío. La
luz de la luna apenas iluminaba la habitación y debía ser media noche. Se
frotó ambos ojos con las manos y estiró las piernas sintiendo el
entumecimiento. Los huesos de la espalda crujieron y reprimió un bostezo
cuando su vista recorrió la habitación en donde se encontraba. El cuarto
principal de la casa de la playa era demasiado sencillo. Al entrar y mano
izquierda se hallaba un armario de tres puertas. Justo enfrente, la cama
junto a dos mesas de noche. Al fondo, una ventana sin cortinas.2

Y en ese momento, un somier rodado y el colchón que ocupaba gran parte


del suelo. Una de las mesas de noche tumbadas...

En su pecho algo se aceleró.


El alfa pestañeó.

Aquello ya lo había vivido. No sólo el desorden sino... El hallarse solo.

Estaba solo.177

—¿Louis? —se atrevió a pronunciar en voz alta, averiguándo que su voz


era totalmente ronca, casi afónica.2

Se levantó del colchón a trompicones, sin toparse con su ropa alrededor y


recordando tras segundos que debía estar en el primer piso. Claro... Si...
Sacudió la cabeza. No lo pensó demasiado antes de encaminarse hacia el
pasillo para bajar al primer nivel.1

La casa en absoluto silencio mientras sus pies rozaban el suelo laminado.


Al final de las escaleras no tenía pérdida; a la derecha el pequeño salón y a
la izquierda la sencilla cocina.

Tragó saliva cuando entonces creyó ver su ropa interior en mitad del
pequeño pasillo que conectaba ambas estancias.

Un latigazo que le erizó la piel al darse cuenta de que la prenda era más
pequeña. Que no era suya...77

Entró rápidamente al salón, encontrando sus vaqueros sobre el sofá. Se


los puso sobre el cuerpo desnudo y, mientras su vista viajaba para localizar
su camiseta, el ruido de unas tazas chocando entre sí lo hicieron girar el
cuello hacía la dirección de dónde provenía. Incluso se agazapó.

Aspiró.

Su respiración se relajó y fueron los furiosos latidos en el pecho los que no


se manifestaron como una mera advertencia.

Louis estaba en la cocina.13


Le tomó varios momentos cerrar sus manos en puños antes de dirigirse
hacia allí. Se sentía bloqueado, en el limbo entre Harry y su condición;
como en una resaca donde prevalecía el agotamiento. Una donde el dolor
de cabeza había cesado, pero aun así el mover un músculo parecía una
tarea casi imposible.

Totalmente embotado.

Sí, Louis estaba en la cocina. De puntillas, ojeando algo en uno de los


armarios empotrados. Vestía su ropa: pantalón de chándal y ancha
sudadera negra.

Harry, en el marco de la puerta, apenas se movió.

Pero Louis sí dio un respingo y se volteó.

El choque de miradas no duró ni cinco segundos. El menor desvió su vista


al suelo para luego centrarse en sus manos, escondiéndolas bajo la prenda
que lo vestía. Una corriente de nervios mezclada con desconcierto se
encargó de hacerse también con su razón.

Y eso el alfa lo notó.

Harry fue cauteloso al dar el primer paso, manteniendo una distancia


prudencial con el omega cuando decidió ingresar en la cocina. Esa vez fue
Louis el que apenas se atrevió a gesticular un movimiento.

—Hola —se limitó a pronunciar el mayor, teniendo al instante ganas de


morderse la lengua—. ¿Te ayudo?2

Los hombros de Louis estaban tensos, con sus ojos al acecho e


inspiraciones contenidas en el diafragma. Pestañeó, le llevó varios
segundos volver a un ritmo de respiración normal y luego resopló.
¿Ahora qué? Llevaba con esa pregunta desde que se deslizó de entre los
brazos de Harry y corrió hacia el primer piso. Se sintió más tranquilo al
encontrar su ropa, pero alarmado cuando, una vez más, no supo cómo
debía actuar.

Esa vez no podía huir.

Le llevó una batalla interna volver a levantar su vista para enfocarla con la
que Harry mantenía sobre él. El mayor era rizos cortos y alborotados, con
su torso desnudo y sólo un pantalón vaquero. Decidió entonces centrarse
únicamente en el verde que lo aguardaba.

—Tenía hambre. Vine a ver si...1

—¡Oh, claro!31

Harry pareció movido por un resorte cuando se apresuró a abrir las puertas
del mueble contiguo al que hacía un momento Louis rebuscaba. El alfa
resopló tranquilo cuando se fijó en una taza con agua a medio beber sobre
la encimera. Era importante no deshidratarse, comer después de...2

Hasta ese momento no se dio cuenta de qué manera sus tripas también
rugían demandantes por alimento.

Aquella casa llevaba demasiado tiempo cerrada. Apenas encontró unas


latas de alubias con tomate y unos paquetes de ramen. Decidió juntarlo
todo en sus brazos y bajarlo a la encimera.

Louis enarcó una ceja.

—Coge lo que quieras. Creo que el fuego sirve, podemos calentar algo.14

Su voz entonces también tembló más de la cuenta.

—Sí, está bien.


Y es que el alfa, en realidad, estaba histérico. Era como si cualquier cosa
que dijera fuera a espantar al omega, era de nuevo esa sensación de
controlar a su fuero interno y a la vez lidiar con su desconcertado
raciocinio.

Vio que Louis dudó antes de ojear uno de los paquetes de ramen. Harry
contuvo otra inspiración antes de tomar dos latas de alubias para
apresurarse a dar media vuelta.

—¿Tú no lo vas a calentar?

La pregunta de Louis lo hizo brincar y volverse a girar, apurado.

—Eh... no. Tengo demasiada hambre. No importa.

Se mordió el labio tras hablar y Louis luchó con sus comisuras antes de
negar con la cabeza.

Y ahí, Harry inexplicablemente se relajó.

Reculó en sus pasos, dejando las latas sobre la encimera de nuevo. Louis
volvió a hablar:

—¿Cómo va esto?

El omega señaló la estufa eléctrica y el ojiverde inmediatamente asintió. El


alfa se movía rápido, sacando dos cazos de otro mueble antes de girar las
perillas para prender los quemadores. Sin que el otro se lo dijera puso a
calentar agua para dos paquetes de ramen y se aseguró de dejar también
fría en una jarra.1

—¿Seguro que no quieres calentarlo? Sería un momento —insistió Louis,


cuando Harry se apartó rápidamente tras organizar todo.
Fue entonces cuando el alfa lo miró de frente. Dudó antes de encogerse de
hombros.

—Bueno, está bien.23

El agua hirvió en silencio, con dos pares de ojos que la observaron más de
la cuenta. Louis se encargó de volcarla sobre el preparado instantáneo y
revolver las alubias cuando Harry finalmente abrió las latas y las derramó
en el otro cazo.1

El alfa, con manos torpes, encontró platos y dos cubiertos. También se


encargó de llenar dos vasos de agua y, tras tropezar con sus propios pies,
llevarlo todo hacia el salón para depositarlo sobre la mesa de café frente al
sofá.20

Volvió a sentirse absurdo cuando intentó ayudar a Louis, quien traía el


caldero repleto de alubias con tomate y su ramen humeante.8

Harry se bebió de un trago su vaso de agua cuando los dos se sentaron en


el sofá. Louis miró sus fideos y descubrió que quizás el estómago se le
acababa de cerrar y no precisamente por el alimento. Olía demasiado bien,
a pollo, el caldo le sentaría genial pero... Era el cuerpo de Harry, justo al
lado, como una roca enorme incapaz de erosionar.4

El sistema de Louis era el que ya no ardía, dolía o se retorcía; solo lo


sentía aletargado, pesado y con un ligero tirón en las caderas. Se
ruborizaba al pensar en que eso ya lo había vivido, y en que sin embargo
ahora cualquier rastro de molestia también llegaba a ser un poco más
intenso... Todo ello con la sensación de que las horas pasaron demasiado
rápido, con la desorientación de si habían pasado días o era que habían
caído en una noche eterna.

Lo que era posible y lo que no...5


Harry comenzó a comer en silencio, sirviéndose un plato de alubias que se
terminó demasiado rápido para posteriormente servirse otro. Louis, por su
parte, también comenzó a comerse sus fideos. Con el primer bocado se dio
cuenta de que definitivamente sí que tenía hambre.1

El silencio precisamente era algo que a Louis en otras circunstancias le


hubiera molestado. Estaba acostumbrado a escuchar ruido a su alrededor,
a trabajar con máquinas, a andar con música, a hablar siempre con sus
dicharacheros padres si estaba en casa... Con el silencio únicamente
lidiaba estando solo, en esos momentos que todo el mundo podría
necesitar pero que precisamente Louis también se encargaba de evitar.
Era más fácil no toparse con sus pensamientos, dejar que todo fluyera, no
recordar lo que había asimilado y lo que no...

—¿Está bueno? —cuestionó de la nada Harry, tras tragar una cucharada


colmada de su comida.14

—Sí —respondió el otro para luego volverle a retirar la mirada.

Harry se limitó a suspirar.

Volvía a ser fácil lidiar con el alfa. Demasiado. Louis se revolvió en su


asiento antes de dejar que sus pensamientos se encargaran del resto.
Perdiendo su vista en algún punto.

Era consciente de que tornaba a otra persona cuando su naturaleza


llegaba para hacerse con el control, que de su boca salían palabras que
jamás llegó a imaginar que pronunciaría. Que sus acciones lo
desbancaban. Claro que sabía que era como si dos Louis vivieran dentro
de él. El de casi diecisiete años que estudiaba mecánica e iba en skate era
uno; el que marcaba su identidad y con el que se quería sentir identificado.
Sin embargo, era el otro el que tenía más fuerza, pues él no llegaba a
controlar esa parte de él. El Omega dominaba a Louis. Los sintonizaba por
momentos para luego volver a despegarlos.2

Estaba con un alfa a su lado, uno que en ese momento sólo identificaba
como Harry, el niño pijo de universidad privada que era su vecino. El
amable vecino que le regalaba la moto de su padre.2

El que respondía a sus llamadas cuando todo se comenzaba a mezclar...

Curioso que Harry y Louis se entendieran. Aún más que Alfa y Omega
también.3

El de ojos añiles apartó su plato casi vacío antes de tomar el vaso de agua
para llevárselo a los labios. Harry lo miró de reojo, queriendo imitarlo pero
descubriendo que el suyo se hallaba vacío. El hambre ya había cesado y...
Dios, podría morirse de nervios. No sabía cómo sobrellevar tal situación
tan... ¿Surrealista?2

Por dios, su vientre todavía cosquilleaba de recordar cómo estuvieron


tumbados en aquel sofá. El olor... todavía olía a Louis. El omega olía a él,
cualquier esquina olía a ellos.2

No se veía con la voluntad de aceptar de nuevo un "esto no". Mucho


menos viéndose recorriendo media ciudad para ir a cierto supermercado
y...34

—¿Harry? —El aludido dio un respingo antes de lanzar su vista esmeralda


sobre la vehemente del omega.

Pero Louis no dijo nada más. Harry resopló por enésima vez, llevando una
de sus manos hacia al cuello para masajearse la piel tensa.

Había perdido clases, debía haber entregado una práctica ese mismo día y
completar la matrícula de su curso de alemán. Sin embargo, estaba allí, en
Plymouth. Y lo que más le angustiaba era que precisamente todo ello no le
atormentaba tanto como debía.2

No podía...

—Louis —pronunció firme, apretándose más el músculo trapecio—. Yo...


Verás, creo que...

—Debemos hablar —resolvió Louis entonces, dejando escapar un


suspiro—. Sí.

Harry inspiró complacido, sintiendo que un peso enorme acababa de


desaparecerle de los hombros. Se viró hacia el omega, siempre con
movimientos medidos, previamente estudiados.

Pero Louis no se alejó. Lo miró.

—Yo... —comenzó el menor, jugueteando con sus dedos a pellizcar las


mangas anchas de su ropa—. Esto es raro.

—Lo sé. —Harry llevó la misma mano que tenía en su cuello hacia su pelo,
peinándolo hacia atrás. Resopló.

—¿Te había pasado antes?

Harry parpadeó varias veces mientras digería la pregunta. A dos segundos


de hacerlo sintió sus mejillas afiebrándose... ¿A qué se refería? ¿A perder
el control por él? ¿A no ser consciente ni de las horas?

No, no lo era.

¿A que si era la primera vez que él... entraba en celo de esa manera?

Mierda. Eso sí que lo era.

Se acaloró todavía más.


—Sí. Se supone que no me tocaba. Realmente yo... Bueno, sí me había
sentido raro estos últimos días, pero no llegué a pensar que era por eso.
Creo que también influye que... Bueno, que...1

Su garganta se secó.

—¿Qué? —inquirió el omega.

—Que haya tenido contacto contigo. Que tú también lo estuvieras.1

Y esa vez las mejillas que se arrebolaron con furia fueron las del omega.
Louis frunció el ceño, sintiendo el calor subiéndole por la espina dorsal.
Apretó más los puños de sus mangas y largó un suspiro que bien pudo
resonar como uno frustrado.

—Ya.

Había accedido a hablar y con tres frases ya se estaba arrepintiendo. Le


costaba horrores, era demasiado íntimo y en ese momento incluso
surrealista. Las palmas de sus manos hormigueaban. ¿Qué hacía allí?
Quería estar en su casa. En su habitación. ¿Qué volverían a pensar sus
padres?

—Es tonto, ¿no crees?

Louis despegó su vista del suelo cuando escuchó la cuestión. Arrugó la


frente.

—¿El qué?

—Estar así. Que no podamos siquiera hablar después de... —Tomó aire y
juntó todo su coraje para continuar—. De habernos acostado.6
Harry Styles estaba emanando. El mismo que no podía dejar cabos sueltos
y que odiaba los "quizás". Estaba allí, aunque se muriera de bochorno,
estaba allí y nadie lo iba a mover.5

Louis quería esconderse, lo hubiera hecho pero la determinación del alfa


era la que lo mantenía anclado a su mirada.

'Sí, nos hemos acostado y demasiadas veces'23

Louis tragó saliva, cerrando sus ojos con fuerza antes de atreverse a abrir
la boca.

—¿Eso es lo que dura? El tuyo digo.1

Harry se remojó los labios.

—Sí. Nunca son veinticuatro horas completas... Todavía me siento un poco


raro, cansado. Revuelto, pero sé que pasó. —El mar azul de Louis casi
podía desbordarse. Sus ojos fijados en el alfa, atolondrado—. ¿Y tú?1

Louis sabía que estaba teniendo la conversación más incómoda de su vida.


Siquiera se comparaba a la que tuvo con su madre cuando pasó su primer
celo y le trató de explicar los cambios en su cuerpo. A la del médico
cuando le habló de los supresores y métodos anticonceptivos. ¡Santo dios!
A la de sus padres cuando simplemente le preguntaron si estaba bien
cuando pasó aquella primera noche con Harry... Y quizás precisamente por
eso, porque el alfa tuvo razón en denominar a aquella incomodidad como
tonta, era que debía tragarse el sofoco que hablar de ello le ocasionaba y
confiar en él.23

Al fin y al cabo era fácil. En realidad no era la primera vez.

Suspiró.
—Bien. En mi caso... Es difícil de explicar. —Los ojos de Harry aguardaron
impacientes a que Louis encontraran un afán de proseguir—. Suelo caer
malo cada tres o cuatro meses, no es nada regular.

Las mejillas de Louis podían explotar, eran un hervidero... Harry enarcó


una ceja e intentó tornar el ambiente, notaba la histeria del omega.

—Pero tomas supresores, ¿no te ayudan?

Y Louis entonces, con o sin confianza, trinó soltando un bufido.

—Me juraron que calmarían los síntomas, que alargaría los ciclos o que
duraría menos pero... —gruñó—. ¡Yo eso no lo noto! Es frustrante,
funcionan como anticonceptivas y ya. A mí no me...

Se cortó cuando sintió más calor en sus mejillas. Maldita sea.

Harry se mordisqueó el labio inferior.

—¿Te dura tres días? Entonces ahora...61

—Cuando... —Oh dios, temía desmayarse del apuro. Prefería interrumpir al


alfa y hablar él, pues ya el ataque cardiaco lo tenía casi asegurado—.
Quiero decir, la otra vez que... —Resopló—. En diciembre también me duró
dos días.1

Al alfa le llevó unos momentos hilar.

—¿Cuando no los pasas solo te duran menos?30

Louis bufó por enésima vez y asintió.

—Sí, cuando los he pasado contigo duran dos días. La verdad no entiendo
por qué, supongo que...3
No, no se atrevía a decir en voz alta que suponía que los orgasmos eran
los que ayudaban y calmaban la sed. Que eso era lo que demandaba su
caprichosa naturaleza. No, se negaba a hacerlo.4

Sin embargo, Harry únicamente se había quedado con una palabra.


"Contigo".85

Reaccionó cuando Louis lo observó interrogante. Parpadeó antes de


removerse en su asiento para coger una bocanada de aire.

—Louis, yo... Todo esto es raro; complicado. Yo también trato de entender


esa otra parte de mí y, ¿sabes? Me han dicho que cuando somos jóvenes
es distinto, que cuesta más entendernos con nuestras condiciones.
Supongo que... No sé. No puedo controlar a mi Alfa cuando siente a tu
Omega. Supongo que es normal. Aunque nos parezca raro.4

O al menos esa era la teoría que prefería creerse.3

Louis asintió de nuevo, acalorado y confuso. Demasiada información sobre


el celo de los alfas, sobre el suyo, sobre cómo se afectaban... Quizás por
eso su Omega demandaba con desespero que aquel ardor durara
únicamente dos días, sólo dos sintiendo alivio en vez de tres siendo
totalmente agonizante. Sólo había vuelto a confirmar que con Harry, su
condición se controlaba.

Por el contrario, por parte de este, también se aceleraba. Sólo le tocaba


estar a la espera, pues al fin y al cabo, ese último celo fue un torbellino en
el que francamente casi ni sintió el destrozo.

Ambos, juntos, eran... complejos.4

—¿Qué se supone que vamos a hacer? Esta situación no es precisamente


la más cómoda para mí, Harry. Tengo... demasiados asuntos, mi condición
es... —bramó—. Soy consciente de que la última vez que nos vimos te pedí
normalidad y ahora...

—No es tu culpa —intervino de inmediato el mayor—. Esto es algo que no


depende de nosotros. No elegimos lo que somos ni la manera en que eso
nos afecta.

Louis, precisamente en eso, no pudo estar más de acuerdo.

No, si fuera por él nunca lo hubiera elegido.32

—Esto me agobia. Me incomoda.

—Lo sé. Puedo sentirlo.3

El omega se encogió entonces sobre sí mismo, entrecerrando sus


párpados para escudriñar al mayor.

—Creo que eso también lo hace, que sientas lo que yo...

—Oh —farfulló Harry con apuro, jugueteando con sus dedos y suspirando
algo azorado—. Lo siento, no lo hago a propósito.

Louis tranquilizó al alfa con un movimiento de cabeza antes de largar un


suspiro. No podía ver aquella situación más surrealista. Allí, con su vecino
que había ido desde Londres y... Es que, ¡oh dios!, no podía querer más
meter la cabeza bajo tierra con cada dato que recordaba. Era incapaz de
hablar con Harry sobre la llamada, sobre que se presentara allí. Era
frustrante la manera en la que era incapaz de digerir todo.

—Creo que es mejor esperar a mañana para volver a casa.

Harry había vuelto a hablar. Louis asintió.

—Debería llamar a mi madre y decirle que estoy bien.


Ni siquiera sabía dónde estaba su móvil, creyó meterlo en uno de los
bolsillos de su pantalón cuando lo apagó antes de salir de casa pero los
palpaba sin éxito. Seguramente podría estar en el suelo del salón, quizás
se le había caído en el coche de Harry o... Palpando en el bolsillo de su
sudadera se encontró con su cajetilla de tabaco y suspiró.

Definitivamente necesitaba uno.

—¿Te importa? —cuestionó.

El alfa negó, casi atónito.36

Louis se llevó a los labios el tabaco, sacando de la misma caja un mechero


plateado. La mecha lo prendió antes de que aspirara hondo,
impregnándose del sabor a nicotina y alquitrán.

—No sabía que fumaras.1

Harry se recostó un poco en el sofá, pues Louis en todo momento era el


que se había encaramado en la otra punta.

—Me relaja —resolvió el menor con simpleza, encogiéndose de hombros.13

Harry rascó su nariz, mas no mencionó nada del olor del tabaco. El humo
danzaba con gracia alrededor de Louis, quien giraba su rostro para
expulsarlo de sus pulmones tras dar profundas caladas.4

—Puedes usar mi teléfono si quieres. —Harry también se palpó su


pantalón y en segundos recordó el paradero del cacharro—. Si antes voy a
buscarlo al coche, recuerdo que lo dejé allí.2

O más bien lo lanzó por allí.

—Sí, luego. Yo también debo buscar el mío.


Louis fumó tranquilo, centrándose únicamente en las caladas y el sabor
que lo atemperaba. Harry decidió levantarse en silencio y recoger el
caldero y platos vacíos. Dejó todo en el fregadero de la cocina, decidiendo
que prefería lavarlo al día siguiente antes de marchar.

Cuando ingresó de nuevo en el salón unos ojos añiles se posaron sobre él.

—Si te parece, me quedo a dormir esta noche aquí.

El menor señaló el sofá con el índice y Harry parpadeó, asintiendo a los


tres segundos.29

—Sí, yo iré arriba. Voy a encender el termo y me daré una ducha. Si


quieres darte una puedes, el mueble del baño está repleto de toallas
limpias.1

—Está bien. Gracias.

El semblante del alfa esbozó una leve sonrisa con hoyuelos antes de dar
una vuelta sobre sí mismo y señalar la escalera para luego dirigirse a
subirla. Hizo un amago de despedida con la mano, que Louis correspondió
con un movimiento de cabeza.

Harry entonces casi correteó escaleras arriba.

El omega, por su parte, sólo soltó un pesado suspiro.

Harry se despojó de su pantalón y se metió en la ducha, sin esperar a que


el termostato calentara el agua. Sus dientes castañetearon ante el contacto
frío y bajó la nuca para terminar de sentir el agua helada en su espalda.8

Su mente le pedía no pensar, dejar las horas pasar, "consultar con la


almohada" y... Dios, también ordenar el desastre que había dejado en la
casa.4
Hizo de nuevo la cama, llevando el colchón a su sitio y vistiéndolo con
sábanas limpias. Ordenó las mesillas y se dejó caer agotado y desnudo
sobre el mueble. Quería dormir pero no sabía si podría lograrlo si sin ni
siquiera duchándose o cambiando la ropa de cama dejaba de sentir
aquel aroma junto al hormigueo que alojaba en su garganta.

Oyó que Louis tomó una ducha una hora más tarde y que algo hizo en la
cocina porque posteriormente escuchó un grifo y platos chocando. Quizás
él tampoco podía dormir, quizás...6

Gruñó y enterró el rostro en la almohada. Al día siguiente le esperaba un


largo viaje en coche, de vuelta a Londres. Se negaba a pasar por la casa
de sus padres, sería una visita absurda con la que tendría que dar
demasiadas explicaciones además de que siquiera traía ropa. Por tener,
únicamente poseía su licencia de conducir, la cual tenía la manía de dejar
en su coche. No fue consciente, hasta ese momento, de que no llevaba ni
una libra encima. Siquiera una chaqueta. Sí, debía volver a Londres y rezar
por que sus padres jamás se enteraran de aquel viaje exprés.1

Consiguió conciliar el sueño tarde, al igual que Louis en el piso de abajo. El


omega se encogió en aquel sofá, totalmente vestido y con las mejillas
todavía arreboladas al haber encontrado su ropa interior en el suelo. Su
móvil también había aparecido. Únicamente lo encendió para mandarle un
mensaje a su madre y volver a apagarlo. Esa conversación también lo
angustiaba.

En la primera noche que pasó fuera, sus padres le dejaron espacio para
contarles, en una conversación muy breve y sin palabras, que simplemente
había «tenido que acudir ». Le rogó a Marjorie que confiara en él y no le
hiciera más preguntas, jurando que había estado seguro en todo momento.
Finalmente, fue bien entrada la madrugada cuando en aquella casa reinó
las respiraciones tranquilas y acompasadas que se habían rendido al
sueño, que duró apenas unas cinco horas. A las ocho de la mañana en
punto Harry se revolvió en la cama, soltando un gruñido cuando unos rayos
de sol chocaron con sus párpados cerrados. Gateó por el colchón hasta
bajarse de él y estirar su espalda. Su pantalón y ropa interior aguardaban
sobre una de las mesas de noche.

Tras lavarse la cara con agua helada y recordar que su camiseta debía
seguir en el salón, bajó los escalones de dos en dos. Al entrar al salón se
topó con un Louis totalmente somnoliento y despeinado.

—Buenos días —articuló el mayor cuando el omega le apartó la mirada.

—Bueno días.

Louis se llevó las manos hacia su cabello, consciente de la maraña que


este era. Que bien le vendría una de sus gorras en ese momento...3

—¿Dormiste bien en el sofá? —cuestionó Harry, dándose cuenta de que el


salón se encontraba impecable.

Incluso su camiseta estaba doblada sobre la mesa...5

—Sí, es cómodo. —Un choque de miradas y Louis optando por aclararse la


garganta—. Voy un momento al baño. No tardo. Nos iremos ya, ¿no?

—Sí, cuando quieras.

—Cinco minutos.1

Harry largó un suspiro antes de apresurarse a vestirse con su camisa


cuando Louis se perdió escaleras arriba. Efectivamente, la cocina estaba
inmaculada, con los platos fregados e incluso ya colocados en su sitio.22
Louis cumplió con esos cinco minutos cuando, ya listos, abandonaron la
casa. Harry la cerró con llave mientras el menor se dirigía vacilante hacia el
coche granate del otro, quien agradeció la privacidad de la propiedad
puesto que no había presionado siquiera el botón de cierre centralizado en
su momento.

Louis tomó el asiento del copiloto a la misma vez que Harry posaba las
manos sobre el volante. No sabían si debían decir algo más cuando el
coche se puso en marcha y tomaron la carretera.

El alfa aspiró, atreviéndose a mirar de reojo a Louis, quien no había


despegado su vista de la ventana, escrutando el familiar paisaje. Era
increíble... Podría identificar esa fragancia picante en cualquier lado, pues
con el menor relajado era cuando precisamente la misma parecía
extenderse con más sensualidad. Como a mar y lluvia, a especias y
césped que embarraba.6

—¿Es a propósito? —cuestionó de repente Louis, mirando al otro.

El mayor tuvo que disimular que todo el tiempo había ido viendo la
carretera.10

—¿El qué?

El omega soltó entonces algo parecido a una risilla.2

—Que tu coche sea de esta marca. Un Alfa Romeo, ¿en serio?137

Harry no pudo contener una carcajada mientras negaba con la cabeza.

—No lo elegí yo, fue un regalo. Pero sí, puede que por parte de mi padre
fuera a propósito.2

—¡Jesús!
Ambos volvieron a reír y Louis se sorprendió fijándose en los
definitivamente marcados hoyuelos del otro cuando sonreía. No se había
percatado en aquel lunar tan cerca de ellos...58

El camino de veinte minutos en coche fue ameno. Harry encendió la radio,


dejando sintonizada la emisora de noticias. Louis volviendo a perder su
vista en el cristal.

Para cuando entraron en su urbanización, un nudo apretó el estómago de


ambos.4

—Si quieres déjame antes de doblar la esquina. Creo que es mejor.

Harry estuvo de acuerdo con tal sugerencia. No quería tentar a su suerte y


toparse con Annette; seguro que la mismísima ley de Murphy hacía que
esa mañana se le diera por tomar el café sentada en el banco del porche
delantero. Así, porque sí.27

Estacionó su coche cuando encontró un hueco libre antes de girar hacia su


calle.

Ambos, resoplaron bajo.

Bien, había llegado el momento en el que se suponía que debían lidiar con
la situación más terrible, incómoda e impredecible de todas: la despedida.13

Habían llegado antes de que Harry consiguiera plantear el tema que más
rondaba en su cabeza. Porque siempre fue oído que no existe dos sin tres
y que... Louis seguía teniendo su teléfono, que el omega le hubiera
resumido cómo tornaba su condición con él cerca y fuera el alfa el que
gruñera ante eso.

Louis tomó una bocanada de aire pero fue el otro el que se le adelantó al
hablar.
—Louis —llamó haciendo que lo mirara. Harry se retiró el cinturón de
seguridad y giró su cuerpo hacia la derecha para enfrentarlo mejor.
Resopló antes de hurgar en uno de los bolsillos de su pantalón—. Ten.

El menor abrió los ojos con asombro cuando en una de sus manos cayeron
las llaves de la casa que hacía menos de media hora acababan de
abandonar. Parpadeó varias veces.45

Frunció demasiado el ceño antes de cuestionar con una mirada.

—¿Qué? ¿Por qué me...?

Además de todo, su pecho también se aceleró y, por supuesto, el alfa lo


advirtió.

—Louis, es sólo que... Efectivamente hablamos de normalidad. Hemos


hablado de lo que pasó; de lo que nos pasa. Soy el primero que anda a
tientas con esta situación, pero llegué también a una conclusión que no te
he contado. —Los ojos del omega aguardaban igual de impacientes que
desconcertados. Harry resopló dos veces seguidas—. Y es que si me
llamas otra vez yo voy a responder. Voy a decir que sí y si es necesario
volveré aquí.100

Louis se atragantó con su propia saliva. Se podía decir que llegó hasta a
hiperventilar dentro de un estado de perplejidad. Todo junto.1

Miró hacia el manojo de llaves, hacia Harry y de nuevo a su mano. A la


calle, al salpicadero... Abrió y cerró la boca dos veces. Se centró una vez
más en las benditas llaves.1

—Pero, ¿cómo voy a tener yo esto? ¿Estás loco? Tus padres irán en
cualquier momento. O tú, o...
—Mis padres nunca van, únicamente en verano y siempre me avisan
antes. Además, me haré con la otra copia de la llave.1

Los ojos del menor podían llegar a salírsele de las cuencas. Aquel giro en
la situación —no sólo en la conversación— lo había dejado casi en la
estocada. Realmente le estaba acostando asimilar que Harry le estaba
proponiendo en algún momento... ¿Repetir?16

Sus mejillas adoptaron de inmediato furiosos tonos rojizos, sin


contemplación.

Su respiración errática tampoco ayudó.

—¿Me estás proponiendo que te llame si...? Oh dios, ¿realmente me estás


diciendo que...?1

—Louis —lo cortó Harry, embebido del alarme que albergaba el omega—.
Te lo estoy diciendo sólo por si quieres; por si necesitas un lugar íntimo,
me llames o no. Créeme que mis padres nunca van y... no sé, quizás
también quiero que lo tomes como una fianza. Nuestra relación siempre ha
sido extraña. Me he querido acercar a ti, a Louis, pero han sido nuestras
condiciones las que siempre hablaron por nosotros. Por ellas estamos aquí
y ahora tenemos que lidiar así.

El omega podía llegar a boquear como un pez.3

—Pero también me estás insinuando que puedo acudir a ti cuando se


repita el...

—Sí.

Y todo en él se desecó.

—¿Así? ¿Sin más?


—Bueno, ¿no estamos ahora mismo aquí por eso? ¿Lo que ha pasado de
nuevo no ha sido así? ¿Sin más?35

Louis se alejó, apretando sus labios y maldiciendo. No había sido un golpe


bajo pero lo pudo llegar a sentir así.8

Sí, al fin y al cabo él fue el que cogió el teléfono buscando una atención
que ni siquiera sabía si querrían brindarle.15

Ahora, simplemente tenía en su mano la respuesta a eso. Y, maldita sea,


de cara a un futuro de nuevo era un sí.

¿Podía su pecho dejar de latir con tanta violencia?

Y, oh sí, ahí estaba Harry Styles, deshaciéndose de su maleta cargada de


"y si..." y "quizás".

—Harry...

—Se supone que voy a estar en Londres hasta las vacaciones de navidad.
Si quieres cuando vuelva te puedo hablar. Si me quieres devolver las llaves
lo puedes hacer...

—Pero entonces, ¿en pocas palabras me estás diciendo que si te vuelvo a


llamar tú...? ¡Por dios! Me estás diciendo que te llame y te diga, oye Harry
creo que voy a entrar en celo y tú...

Oh, mierda, mierda, mierda. No podía creerse que hubiese dicho eso en
voz alta.12

Estaba entrando en pánico. No estaba sabiendo gestionar nada.

—Si quieres le ponemos un nombre en clave.188

Los ojos de Louis, abiertos de par en par, lo escudriñaron casi


escandalizados.
—¿Ah, sí?

El alfa negó con la cabeza, dejando escapar una risilla.

—No sé, realmente sólo bromeaba con eso último...

Louis se giró para hundirse en el asiento. En el fondo veía increíble que se


alterara más por eso que por el mero hecho de, previamente, el ya haberse
atrevido a aquello de lo que hablaban.

Miró de nuevo a Harry, fijándose en el lunar del rostro que le había


recientemente descubierto.

Su naturaleza permanecería latente. Por supuesto que eso no iba a


cambiar y...

¿Realmente confiaba en otro alfa que no fuera Harry?

No.

En sí, ¿confiaba en alguien más fuera de su entorno familiar?

—Vale —sentenció, apretando en su puño el manojo de llaves, cerrando


sus ojos para perderse en el momento que vislumbró el semblante
pasmado del alfa. También algo encantado cuando una sonrisa se fugó
entonces de sus labios—. Y... Veo bien lo de la palabra clave.

Harry ladeó el rostro, confundido.

—Lo dije de broma...

Louis bufó. No soportaba sentir tanto calor en sus mejillas.

—Pues a mí me parece una buena idea. Total, esto es probar, ¿no?6

Un cosquilleo se apoderó entonces del centro del vientre del mayor.


—Sí, claro. Pero, no sé. No soy bueno para esas cosas.

Surrealista. Louis se gritó que todo lo era.

El omega tragó saliva, perdiendo su vista en las baldosas de la calle. Había


saltado de un hipotético trampolín y en ese momento sólo le quedaba
averiguar si caería en la piscina o fuera de ella.

—Había algo que te quería preguntar. —Harry miró al omega cuando


habló. Asintió, alentándolo a proseguir—. ¿Por qué me hablaste en
francés?53

Los labios de Harry se entreabrieron de par en par. De inmediato un tono


carmín pintó por completo su semblante perplejo.4

Sintió hasta calor.2

—Yo... ¿lo hice?83

Louis enarcó una ceja, casi divertido.

—Sí. No sé qué decías, pero nunca hablas en ese idioma, ¿no?

Harry se podía estar literalmente encogiendo en su asiento.

—Sólo con mis padres, a veces... Más bien con mi madre. —Resopló con
pesadez, hurgando en aquella explicación que desde pequeño había
conseguido abochornarlo—. Soy bilingüe. Mi padre casi siempre me
hablaba en un idioma y mi madre en otro y precisamente de ella cogí esa
manía. Cuando me regañaba lo hacía en francés y bueno, en el colegio, de
pequeño, cuando me enfadaba con alguien lo hacía en ese idioma para
decirle palabras feas y que no me entendieran o los profesores me
regañaran. A día de hoy, cuando me pongo nervioso o... no sé, estoy
estresado o supongo que pierdo el control, cambió el idioma y no me doy
cuenta de ello. Mi compañero de cuarto alguna vez me lo ha dicho.
Sinceramente, no soy consciente cuando lo hago.60

Louis asintió a la explicación, mordisqueándose el labio curioso,


resoplando antes de hablar.

—Vale. Yo no sé prácticamente nada de francés así que... Que esa palabra


clave sea en ese idioma. Invéntatela tú.81

Harry alzó una ceja, casi pasmado ante la propuesta del menor. ¿Una
palabra en francés cuando Louis quisiera buscarlo? Cuando en su
condición quisiera volver a llamarlo...2

Algo frenó.

Un azote imaginario golpeó con fuerza cada vértebra que conformaba su


columna.4

Respiró hondo. Sin apenas cavilar pronunció:

—En rut.606

Louis se fijó en los labios del alfa cuando articuló aquellas dos palabras con
un exquisito acento. Acariciando las consonantes, entonando las
vocales...2

—¿Cómo?

—"En rut". Pronúncialo conmigo: "on rhut"139

Louis parpadeó. Pronunciar la "R" francesa como una consonante gutural


no era sencillo. Dejar morir una especie de "G" en su garganta no fue nada
fácil y Harry rió en su primer intento. Después de tres veces, Louis
consiguió pronunciar al fin algo parecido al vocablo.1

—¿Qué significa?
Harry entonces dejó escapar un suspiro. Se humedeció con cautela los
labios antes de contestar.

—En celo.281

Irremediablemente, las mejillas de Louis se arrebolaron. Por enésima vez.


Retiró su vista unos instantes, reteniendo el aire en los pulmones cuando,
de una vez, guardó el manojo de llaves de la casa de la playa de los Styles
en el bolsillo de su sudadera.

Cuanto menos, la palabras en clave era... apropiada

—Bien.

Louis intentó pronunciar el vocablo de nuevo y Harry sonrió, complacido


cuando en esa última ocasión no le salió tan mal.3

Largos segundos de denso silencio y un Louis algo agitado cuando su


razón le dio unos golpecitos imaginarios en el hombro. Se suponía que
hacía media hora se iban a despedir...

Largó un suspiro al abrir despacio la puerta del copiloto del coche.

—Buen viaje hasta Londres, Harry. Ve con cuidado y esas cosas.2

El alfa asintió, volviendo a marcar ciertos hoyuelos en su rostro perfilado.

—Claro. Ánimo con las clases, tus motos y... todo. —Suspiró—. Tienes mi
número, Louis. Cualquier cosa que necesites fuera de... Que bueno, cuenta
conmigo igual.2

Louis asintió rápidamente con la cabeza, sintiéndose de nuevo azorado.


Salió del coche, mordiéndose con fuerza el labio inferior. Apretó sus puños,
girándose por última vez antes de cerrar la puerta.

—Au revoir! / ¡Adiós! /14


Harry mostró su dentadura perlada cuando Louis ya se encontraba
correteando la calle. Aquella pronunciación no había estado nada mal.2

Le llevó unos instantes girar la llave del contacto para poner el motor del
coche de nuevo en marcha.

Louis...21

Por alguna extraña razón, no podía desvanecer aquella sonrisa. A pesar de


que su juicio le comenzara a gritar si era consciente de lo loco que era
todo.1

Simplemente, sonrío más.38

Un batiburrillo de pensamientos y él centrándose únicamente en uno de


dos palabras. Simple; de cinco letras en total.

"Llego en cinco minutos"62

Se masajeó el cuello con la mano derecha cuando apartó el móvil tras leer
el mensaje. Largó un suspiro, revolviéndose en la silla de la cafetería
donde estaba sentado. Estiró incluso las piernas.

Nunca se le dio mal eso de disculparse. De hecho, lo habían educado bajo


la premisa de que asumir los errores era lo correcto y que no debía ser
dubitativo ante la idea de enfrentarlos. Así que bien, los asumiría. Sabía
qué podría decir o a qué cuestiones enfrentarse.

Sí, en realidad... Era sencillo.


Aunque el hecho descarado de haberse largado a Plymouth sin dar
ninguna explicación mientras Dani lo esperaba durante una hora en aquella
misma cafetería fuera el que en realidad fomentara su histerismo.157

Sí, eso lo tiraba todo abajo.

Tal espera no se la había contado el omega, por supuesto que no, sino el
chismoso de Niall. Él y sus habilidades en enterarse de todo. Habían
pasado dos días desde que volvió y haberse encontrado con Dani aquella
misma mañana había hecho que, literalmente, los libros que llevaba en las
manos se le cayeran al suelo de la vergüenza. No podía sentir otra cosa.
No supo cómo formó las frases para quedar con él unas horas más tarde.
Pero allí estaba.

Entrelazó sus dedos y apoyó los codos en la mesa para erguirse hacia
adelante. Cantidad de estudiantes se paseaban a su alrededor con
bandejas con muffins y algún café. La hora de la merienda era la más
calmada, es más, él nunca se la saltaba, pero en tal momento parecía
imposible que su estómago tolerara algún bocado.

Llevó su vista a la entrada del local y tragó saliva a duras penas. Dani entró
barriendo la estancia con su vista y esbozando una leve sonrisa cuando se
encontró con Harry. Descolgó su bandolera del hombro y caminó hacia el
alfa, retirando la mirada cuando se encontró frente a frente con él.105

Un cosquilleo fue el que se apoderó entonces del centro de su vientre


cuando tomó asiento.4

—Hola, Harry.

Los dientes del omega apresaron su labio inferior con fuerza cuando se
topó con la imponente fragancia del alfa.4
—Dani —articuló, pretendiendo una sonrisa—, ¿qué tal?6

El omega contuvo un suspiro cuando reunió toda su voluntad para mirar al


otro. Siempre lo había puesto extremadamente nervioso hacerlo.4

—Bien. Muy bien. He tenido una semana algo caótica con las clases, pero
bueno, lo normal.25

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Ambos hablaron a la vez, interrumpiéndose en las frases y volviendo a reír.


Dani fue el primero en levantar su mano para pedirle un café solo a una
camarera que pasaba por allí. Enarcó una ceja cuando el alfa dio un
respingo, carraspeando.

—Yo... Estoy bien. Liado igual. Este año he cogido más asignaturas y
bueno, tratando de hacerme.3

Dani le regaló una apacible sonrisa, mostrando sus dientes blancos y


pequeños.93
—Seguro que lo llevarás genial.

Ambos se separaron de la mesa cuando la ágil camarera apareció como un


rayo para dejar el café frente al omega.

—¿Queréis algo más?6

—No, muchas gracias —respondió Harry cuando el chico frente a él lo


cuestionó con la mirada.

La muchacha era beta y lució una resplandeciente sonrisa cuando dio


media vuelta y su cabello rubio, recogido en una coleta alta, danzó tras
ella.

Una leve tensión que percibió el alfa cuando se volvieron a quedar solos.
Podía notar también el nivel de nervios del omega. Cómo no.

Resopló.

—Dani, verás —se cortó para aclarar su garganta por enésima vez. Los
enormes orbes color chocolate del contrario lo enfocaban—. Yo quería
disculparme por la actitud que he tenido contigo. En vacaciones realmente
todo fue una locura en el viaje a Irlanda. Sé que dije que te llamaría.1

—Harry. —Lo interrumpió el otro—. N-no tienes por qué disculparte. Lo


entiendo. De verdad. No te preocupes.17

El alfa volvió a resoplar.

—Sí que tengo. El otro día quedamos y yo...

Apretó los labios cuando ante eso el omega no replicó y, más bien, sus
mejillas adoptaron tonos rojizos ante la mención. Dani calentó sus manos
en la taza de café, luciendo de repente totalmente sofocado.
Harry supo que debía seguir hablando. Le tocaba; se lo había buscado él
mismo.

—Tuve que salir de urgencia hacia Plymouth. —Su saliva se evaporó por
completo y apenas atinó a remojarse los labios—. Un amigo me necesitaba
y bueno... Debí haberte avisado para cancelar y que tú no...71

Se mordió la lengua.

Se suponía que él no sabía que Dani lo había esperado tanto rato.

—Ya. —Encogió los hombros—. Cuando vi que no llegabas supuse que


algo te surgió. Me preocupé un poco cuando me encontré con Niall y dijo
que no sabía dónde estabas. Creí que quizás te había pasado algo, pero
más tarde me dijo que tu coche no estaba y que seguramente habrías
salido por ahí.

Harry quería que se lo tragara la tierra.

Dani... Siempre delicado, comprensivo y sin atreverse a usar una palabra


que no fuera cargada de empatía. Se sintió mal. Realmente mal cuando se
lo imaginó allí, esperando, preocupado y probablemente siendo incapaz de
pensar algo malo de él cuando estaba en todo su derecho de hacerlo.78

Debía reclamarle y no lo hacía. Sentía que se merecía totalmente aquella


sensación de absoluta culpa.1

—Lo siento de verdad. Debí haberte avisado.

—No te preocupes, Harry, seguro que fue por algo importante. No te


atormentes.54
El labio que esa vez se machacaba contra unos dientes era el del alfa. La
incomodidad lo consumía, sintiéndose totalmente desmerecedor de aquella
comprensión.

Si Dani sólo supiera... No era justo.

—Eres demasiado bueno.120

Dani escondió su rostro, azorado cuando sintió más calor concentrándose


en sus mejillas.2

—Para nada —justificó, sin voluntad para levantar la vista de su café—.


Sólo... —Inspiró—. Sólo te pido saber, Harry.

El alfa frunció el ceño. Dani parecía incapaz de mirarlo. Eso,


inevitablemente, también lo exasperó.

—¿El qué?4

Al omega pareció costarle encontrar alguna voluntad para volver a hablar.

—Tú y yo. —Consiguió pronunciar con esfuerzo, tragando saliva e


inspirando de nuevo—. Me gustas, Harry. Me gustas de verdad y quiero
saber a dónde va a llegar lo nuestro. Si tú y yo...239

El calor que ya notaba en todo su rostro bloqueó más al omega. No estaba


preparado para esa conversación. De hecho, se planteaba si había sido
osada tal sugerencia. Pedir respuestas...

—Dani —comenzó Harry en un susurro ronco. Había empezado a sudar y


podía jurar que no sabía de dónde iba a sacar las palabras. Siquiera había
pensado bien en esa conversación—. Eres... Una persona increíble, de
verdad. Me lo paso genial contigo. También me gustas, pero...131
El alfa suspiró frustrado, acalorado y, si cabía, consumido aún más en el
sentimiento de culpa.

Dani batió sus pestañas con suma lentitud cuando volvió a pasar saliva.
Paseó sus ojos por el semblante del alfa antes de sentir una molesta
punzada en la nuca.

Escucharlo era más duro que sólo imaginar la posibilidad.35

—¿Hay otra persona? —lanzó, haciendo que Harry casi diera un brinco en
su asiento—. ¿Sabes? No sé mucho de relaciones. Nunca se me dieron
bien. Tú has sido el primero por el que yo... —Suspiró, rendido—. Dices
que te gusto y a la vez existe un "pero". Yo quiero saberlo, Harry. Quiero
saber si tengo derecho a hacerme ilusiones contigo o no.140

Harry batalló con el nudo que se había conformado en su garganta. Una


tensión se concentró en sus hombros. Una que se ameritaba sin duda
alguna.

Sí, Dani le gustaba como persona, como chico. Podría llegar incluso a
encantarle. Sin embargo, todo ello lo veía con más clarividencia una
semana atrás. Él tampoco sabía tratar con relaciones. Jamás había tenido
pareja o se había involucrado de esa manera con alguien. Hablar de
"gustar" e "ilusiones" eran términos que percibía a otro nivel. Eran unos
que realmente podrían probarlos con Dani, seguir en aquella línea que
mantuvieron bajo un "dejémonos llevar". Podría, el Harry de hacía cuatro o
cinco días quizás hubiera dicho de nuevo que sí. Pero el de ahora... con
ese era otra historia.26

No podía concentrar ganas de eso cuando había aceptado acudir a los


deseos de su vecino cuando lo necesitara.5
No si era el nombre de Louis el que le venía más veces de la cuenta a la
cabeza.57

—Dani, lo siento. —Siquiera sabía si esas eran las palabras que debía
emplear. Realmente sentía que no iba a acertar en cualquier cosa que
dijera—. Ni yo mismo sé qué es, pero sería injusto seguir con esto.
Mereces que alguien esté al cien por cien por ti y yo... Soy un desastre. No
te quiero hacer daño porque sea mi cabeza la que no tiene nada claro.16

Dani entonces agachó la mirada. Asintió, apartando a un lado su taza de


café intacto.

El alfa se quiso tirar de los pelos.10

—Está bien. Eso era lo que quería saber... No pasa nada, Harry, de
verdad. No puedo forzar que yo te... —El calor definitivamente podría llegar
a consumir al omega. Resopló—. Creo que es mejor que nos alejemos un
tiempo. P-podríamos llegar a ser amigos.66

El alfa asintió con firmeza, viéndose incapaz de pronunciar algo más.


Acababa de descubrir que definitivamente era horrible en eso de las
relaciones.1

Santo dios, se sabía nefasto.

Dani no dijo más. Se mordió demasiado fuerte el labio antes de sacar una
moneda de uno de sus bolsillos y dejarla sobre la mesa. Harry quiso decirle
que lo invitaba al café que ni siquiera se había tomado (por su culpa) antes
de que se levantara, sin embargo, atropellando las palabras y con el calor
todavía vacilándolo, Dani anunció que debía irse (de nuevo por su culpa).
El alfa no supo qué hacer.

Asintió.
—Cuídate, Dani. De verdad que yo...19

Maldita sea, se sentía horrible.

—Y tú, Harry —dijo el de ojos color chocolate, ignorando lo último que


pronunció el otro. Ya sentía todo demasiado incómodo. Se sentía mal—.
Nos veremos por ahí.10

Y Dani, a pesar de todo, fue capaz de dirigirle una de aquellas sonrisas tan
suyas.

Harry bufó. Cuando Dani ya se hubo ido, dejó escapar a modo de


resoplidos toda la tensión que había acumulado. No se podía sentir mejor
ni tampoco peor, simplemente algo perdido pero también comenzando a
sentir el nimio alivio de haber hecho lo correcto.

Aquel chico se merecía algo real. Se merecía todo mientras que él no tenía
la remota idea de qué quería.

El alfa enterró los dedos en su cuero cabelludo, despeinando sus rizos ya


no tan cortos.

O más bien, no tenía remota de lo que quería querer.


8

...

Las ruedas del skate rozaban escandalosas sobre el asfalto. Louis controló
la posición de sus rodillas, compensando el peso de más que le otorgaba
su mochila colgada a la espalda. Las gotas de sudor bañaban su frente.
Delineó con la lengua las comisuras de sus labios a medida que se iba
acercando a la bajada de los escalones. Apenas eran cinco no muy
empinados. Quería intentarlo.
Tomó un poco más de velocidad impulsándose con un pie y con los brazos
en un ángulo recto realizó el salto con la mayor precisión.14

Contuvo la respiración en los escasos segundos que pasaron a cámara


lenta. Su camisa roja de cuadros, abierta, lo siguió con elegancia en la
ascensión. Su gorra siquiera se inmutó y sólo le dio tiempo a pensar que
debía girar un poco más el pie derecho para aterrizar sin tambalearse.1

Lo hizo.

Salió disparado de su skate cuando este intentó frenar y él no pudo


controlar el impulso de la velocidad que llevaba. Pero no se cayó al suelo.
Sonrió, correteando hacia atrás para volverse a subir a la tabla. La próxima
vez omitiría el último empuje.

Se remangó sus bermudas vaqueras, atando mejor sus zapatillas estilo


skater y rascó su barriga plana sobre la camiseta blanca que lo abrazaba.
Tenía hambre. Una traviesa sonrisa se pintó en sus labios finos cuando
recordó el pastel de zanahoria que había comprado su madre el día
anterior. Era la hora de la merienda y ya anochecía; era tiempo de volver a
casa.33

Volvió a impulsarse con un pie para emprender el camino. Tenía que


realizar unas tareas de clase pero quizás las dejaba para el día siguiente.
Era viernes y echaban su programa favorito en la tele. Con suerte
convencía a su padre para pedir una enorme y grasienta pizza familiar para
verlo.20

No pudo evitar reír negando con la cabeza. George sería el primero en


preguntarle si no añadían al pedido un cubo de alitas de pollo.

Se aferró a las asas de su mochila, manteniendo el equilibrio sobre la tabla


que se deslizaba sobre las aceras en el camino.
Diez minutos más tarde entró escandaloso y jadeante a su casa, con el
skate bajo el brazo, dejándolo sin mucho cuidado junto al perchero de la
entrada.

—¡Hola! —gritó soltando su mochila a los pies de la escalera.23

—¡En la cocina! —contestó Marjorie.

Louis correteó, encontrándose a su madre frente a su portátil, sentada


frente a la enorme barra americana. Se retiró las gafas de cerca del puente
de la nariz, sonriendo al ver a su hijo.

—Tengo un hambre que me muero.36

El menor rió antes de ir directo a atacar la nevera. Se relamió los labios


cuando vio una porción de aquella tarta en la que tanto se había recreado
esperándolo.2

Saltó sobre unos de los taburetes para sentarse frente a su madre,


pinchando un pedazo de pastel con un tenedor que había cogido al vuelo.
Cerró los ojos cuando su estómago rugió ante el primer bocado.

—He comprado batido de chocolate.3

La mujer enarcó una ceja tras hablar, sonriente cuando Louis abrió los ojos
como platos, intentando tragar tras de inmediato haber levantado uno de
sus dedos pulgares en respuesta.

—¡Luego caerá un vaso!

Desde pequeño, Louis se relamía los bigotes que era capaz de dejarle tal
golosina.1
Marjorie observó a su hijo, quien devoraba la porción del dulce. Cerró la
pestaña de navegación que hacía minutos ojeaba en su ordenador para
poder apartarlo hacia un lado.

Le había crecido demasiado el pelo ahora que lo veía sin gorra. El menor
se la acababa de quitar para revolverse el cabello antes de llevarse de
nuevo a la boca el tenedor. Su cabellera castaña caía sobre su frente,
haciéndole tener esa manía de hacérsela a un lado con la mano para que
no le molestara en los ojos. Marjorie rió al verle las ropas de ese día. Tan
de Louis; deportivas, anchas y con el único objetivo de sentirse cómodo.7

Suspiró.1

Su niño...37

Unas adorable arruguitas se formaron alrededor de los ojos del omega


cuando le sonrió a su madre. La mujer se bajó de su taburete, llevando una
mano al cabello de su hijo para revolvérselo antes de dirigirse a la nevera a
por aquel batido de chocolate.12

Sirvió dos vasos y volvió a su asiento.

—¡Que rico, dios! —Alcanzó a pronunciar Louis cuando saboreó el


chocolate líquido casi de un trago.3

Marjorie pintó una sonrisa en sus labios, imitándolo con mucha menos
efusividad.2

"Mi niño", se repitió.55

—Cielo —llamó sin pensarlo demasiado—, una pregunta... —El de ojos


añiles miró a su madre, asintiendo para que prosiguiera—. No quiero que
tengas vergüenza de esto, pero es algo en lo que quiero que tengas claro
que siempre debes llevar un control. —El menor alzó entonces una ceja—.
¿Cada cuánto se presenta tu celo?13

Meses atrás, Louis se hubiese puesto de mal humor ante tal pregunta. De
hecho, hubiera estado un día entero sin hablarle a su madre. Ahora,
precisamente sabía que con la única que toleraba hablar de eso era con
ella.

En sí, su madre era la única que sí era como él.

Lamió la marca que había dejado el último sorbo del batido en su labio
superior y suspiró.1

—Cada cuatro meses, más o menos. El último vino a los cinco.

La mujer apretó los labios, llevando una rápida cuenta con los dedos. A
pesar de todo, el semblante de Louis había enrojecido levemente.4

Uno de los hechos que ocasionaba que los ciclos se alargaran era que
fueran atendidos. Y el omega se acaloró más.39

En realidad, había cosas que ningún grado de confianza podía llegar a


cubrir.

Era sabido que la madurez sexual, tanto en los omegas como en alfas,
llegaba a una temprana edad, pues era la propia naturaleza la que
marcaba ese ritmo. No era de extrañar que muchas uniones ya estuvieran
concertadas antes del primer ciclo, o la simple existencia de tratamientos
en plena adolescencia para controlarlos. Eso lo sabía cualquier padre. Sin
embargo, la educación en el uso de métodos anticonceptivos era lo más
preocupante en aquel grupo social. Los omegas se debían cuidar.37

Marjorie no dudó en intervenir en ese ámbito. Nadie la había enseñado a


andar por aquellas tierras movedizas, sobre todo después de lo que le
ocasionó a su hijo su propia condición. Sabía que Louis, en lo referente a
ella, se movía por instintos, como todos los omegas; como a ella misma
también le tocó hacerlo en su momento. Los celos, en sus primeros años
de vida, siempre se presentaban más salvajes y descontrolados, con o sin
la necesidad de haber sido atendidos.

En cambio, Marjorie sabía que los de su hijo sí lo eran.3

Ella también desapareció de su casa cuando en su pubertad se


presentaron los suyos, claro que sí, pero ahora era ella la que no dormía
por las noches hasta saber que su hijo llegaba para luego pasar casi un día
encerrado en su cuarto, durmiendo. A que ahora era él el encargado de
gobernarse solo, el que tenía que hacer frente a las demandas de su
propio sistema.4

Quizás era lidiar con que su niño a lo mejor ya no lo era tanto...3

—He pensado en que deberíamos visitar otro doctor. Los supresores que
tomas no te ayudan a controlar del todo tu celo, quizás estaría bien probar
otros.

O unos inhibidores más fuertes que le aliviaran los síntomas hasta


desaparecerlos. Se lo podían permitir.

Louis apartó la vista, clavándola en el granito de la encimera.

—No sé —dudó—. Supongo que por probar...

Marjorie asintió antes de volver a hablar.

—Los hay también en inyecciones. Funcionan como anticonceptivos e


inhibidores, quizás te son más útiles que los que se suministran en
cápsulas. Son para omegas adultos, yo los uso pero... Podemos consultar.3
Al fin y al cabo, Louis... no era virgen.97

—Está bien —concedió el omega de inmediato, mordiéndose la cara


interna de una mejilla—. Pero iré yo solo. Digo, si me conciertas una cita
prefiero ir yo.

Una punzada leve al final de la espalda de la omega. Asintió.4

Louis se removió, incómodo cuando un silencio se formó. La mujer inspiró


hondo, observando a su cachorro; ese que acababa de ser consciente de
ver como su no tan niño.

—Cielo —llamó, estirando su brazo hasta posar su mano sobre una de su


hijo—. Tú... ¿Estás bien, verdad? Sabes lo que haces.7

Louis destensó sus hombros ante el contacto. La conversación ya había


cruzado la línea de incómoda. Definitivamente sí.1

—Sí, mamá. No tienes por qué preocuparte.

Marjorie le hubiera hecho mil preguntas más, pero era el semblante


acongojado del menor el que precisamente le advertía que no era el
momento. Acarició con su pulgar el dorso de la mano de su hijo antes de
retirarla tras un apretón. Tomó los vasos vacíos que antes habían
contenido batido y se dirigió con ellos hacia el lavaplatos.

—¿Qué te apetece cenar hoy?7

Los temas engorrosos era mejor disiparlos con un corte de raíz.

Louis parpadeó, bajando del taburete y acercándole el platillo vacío de su


merienda a su madre.

—Hoy echan ese programa en la tele y pensé que una pizza...

Marjorie negó de inmediato con la cabeza, sonriendo.


—No lo puedo creer. ¿Sabes quién dijo eso mismo hace un rato, antes de
salir a hacer sus recados?7

El menor, irremediablemente, rió con timidez.

—¿Papá?3

La omega asintió, divertida.

—Tal para cual.

...
15

Noviembre, 2007
Tres meses después89

Harry entró a su cuarto como un torbellino, durándole la agitación pocos


segundos cuando se tuvo que apoyar en el pomo de la puerta para no
tropezarse con unas ¿cajas? Frunció el ceño cuando, además, se percató
de que la habitación que compartía con su amigo estaba totalmente a
oscuras. ¿Por qué si tan solo eran las doce del mediodía?

—¡No enciendas la luz! —se oyó desde dentro de la habitación—. No


quiero verme...10

¿Acaso habían absorbido por la nariz tras decir eso?

Harry puso los ojos en blanco.

—Niall, ¿qué demonios haces?

El ojiverde encendió las luces del cuarto para luego ir directo a subir las
persianas. Omitió por completo el bulto enorme recubierto de edredones
que era la cama del alfa irlandés. Se había agenciado hasta el de la cama
de Harry.

—Esto es demasiado, Harry. No puedo...

El recién llegado se fijó en que la caja con la que casi se fue de bruces era
una en las que guardaban sus disfraces de carnaval y Halloween del año
pasado. Entrecerró los ojos, mirando de nuevo hacia el bulto que
supuestamente era Niall. La mente de su amigo estaba a otro nivel;
siquiera sabía si quería conocer.2

—No pienso preguntar.

—Oh, Harry...

Niall volvió a absorber su nariz. Su voz aletargada...

—No puedes ser tan exagerado.

—¡No lo soy! —lloriqueó—. Esas máscaras serán mis nuevos outfits. No


quiero que me vean.2

Harry dio un golpe sobre el lío de edredones donde su amigo apenas se


movía. El alfa gimoteó.

—De verdad que no puedo creer que...

—¡Tú no lo puedes entender! ¡No has pasado por esto! A ti no te han


vejado, torturado y humillado con-

—¡Santo dios, Niall, que sólo te han puesto brackets!119

Y, evidentemente, el otro berreó.5

—¡No lo digas en voz alta!


El alfa se removió, luchando con sus brazos y piernas para salir del enorme
bulto. Cuando visualizó a Harry no dudó en irse contra él, mas el otro lo
esquivó.

—¡Mira como tienes la habitación! Me tengo que ir en media hora y tú...

Un grito exagerado y un Niall que se llevó una mano al pecho.

—¡Oh, es verdad! Se me había olvidado que... ¡Me abandonas!22

Harry bufó, cruzándose de brazos frente al demacrado aspecto de su


amigo.

Maldito dramático exagerado.

El rubio lucía un horrible pijama granate de franela, el pelo totalmente


despeinado y sin forma y unas marcadas ojeras. Una mano cubriendo en
todo momento su boca cuando hablaba.10

Había sido un auténtico show acompañarlo hacía dos días a la clínica. Le


llegó la hora, lo había pospuesto mucho y su dentista de confianza, uno
prestigioso que tenía que ver con no sabía qué de la familia real (según el
irlandés), le había advertido que no debía esperar más, pues sino perdería
su cita hasta el próximo año.

Y bueno, Harry lo acompañó, siendo testigo de cómo Niall entraba como un


machito orgulloso en la consulta y salía recreando a un niño en plena
rabieta, con el argumento de que se había hecho a la idea de que su
atractivo iba a variar, sin embargo, no a uno que calificaba como "soy un
monstruo con hierros".17

En realidad no era para tanto.

—No te abandono. Volveré en cuatro días. Sobrevivirás.5


La cara de cachorrito huérfano le salió entonces al rubio que ni pintada.

—Pero, ¿quién me traerá las únicas y asquerosas cremas que puedo


comer?10

Harry había comenzado a ojear la bolsa de mano que ya tenía medio


preparada sobre su cama. Le tocaba únicamente meter las cosas de última
hora.

—Siento darte la noticia de que tendrás que bajar al comedor.

El otro ahogó un gritito.

—¡No tienes corazón! —Niall lo miró con desprecio, sacándole de la maleta


el par de calzoncillos que Harry acababa de dejar caer en ella—. ¿Tu
siguiente consejo cuál va a ser? ¿Que le hable 'así' al grupo de
animadoras? ¡¿Qué fusil se te fundió en ese maldito cerebro de empollón?!

Harry cerró los ojos y sobó sus sienes mientras resoplaba.

—Niall...

Sabía que a su amigo había que saber llevarlo con otros métodos.

—¡¿Qué?!8

Harry devolvió a su sitio el par de calzoncillos y unos vaqueros que el otro


le había vuelto a quitar.

—¿Recuerdas cuando el año pasado te hiciste daño en un tobillo jugando


al fútbol? —Su amigo, con ceño fruncido, asintió—. ¿Recuerdas que sólo
se te hinchó un poco aunque todos dijéramos que seguro te habías hecho
un esguince? —Ladeó el rostro—. Pero el médico dijo que no lo era, que
con reposo y una tobillera se te pasaría.

—No entiendo qué-


—¿Y qué hiciste tú? —Continuó Harry, comprobando que ya había metido
en la bolsa todo lo que tenía preparado, procediendo a cerrar las
cremalleras.

—Decir que tenía un esguince —respondió con simpleza, colocando las


palmas de sus manos bajo las axilas—. No sé a dónde quieres llegar.2

Harry sonrío, triunfal.

—A que creo recordar que gracias a ello tu habitación se llenó de chicas


preocupadas por tu tobillo. —Niall, con lentitud, abrió un poco más los
ojos—. Incluidas las del equipo de animadoras.16

—Sí, tenía que quedar con ellas por turnos.

Harry le propinó unos golpecitos en el hombro a su amigo cuando se colgó


la bolsa al hombro después de haberse puesto el abrigo que descansaba
sobre su cama.

—Pues ahí lo tienes.

Niall había permanecido con los ojos entrecerrados, escrutando al otro y


rascándose pensativo la barbilla.

—No sé si eres un genio o un desalmado.5

—¿Desalmado yo? De nada por el consejo, apenas me echarás de menos.

El rubio puso los ojos en blanco. Harry parecía ya más que listo para
marcharse. Niall, refunfuñón, dio un pisotón en el suelo.

—Puedo intentar ese consejo, pero sigo viendo innecesario que te vayas
este fin de semana a Plymouth.

El ojiverde se encogió de hombros.


—Hace mucho que no voy. Mi padre dijo que me llevaría a las oficinas y...

Niall pretendía seguir un poco más en su papel de indignado, pero se le


escapó una sonrisilla casi inevitable.

—Está el omega ese —interrumpió.67

Harry casi se tropezó con sus propios pies.

—¿Qué? Eso no tiene que ver con que vaya. Claro que no. —Harry intentó
no ahogarse en su propia risa sarcástica.6

Las cejas del rubio se sacudieron entonces con comicidad.

—Ya, ya... Lo que tú digas. Espero que al menos me traigas una ginebra a
tu vuelta. —Niall dio media vuelta, dispuesto a volverse a tirar sobre el lío
de edredones que era su cama—. ¡O dos! Mejor tráeme dos. Te lo exijo.

Harry salió del cuarto antes de que su amigo volviera a berrear algo más.
No tenía remedio.

Le aguardaba un viaje de aproximadamente cuatro horas, por supuesto en


coche. Le parecía más económico y prefería llevárselo para andar con él
por su ciudad. La entrega de un trabajo antes de la fecha y un profesor
enfermo habían conseguido que pudiera permitirse esa escapada de cuatro
días. Los últimos dos meses lectivos habían sido mucho más ajetreados de
lo que llegó a imaginar. Apenas tenía tiempo para él y era Niall el que se
encargaba de distraerlo, llevándoselo unas horas a alguna fiesta.1

Ahora, simplemente, le apetecía volver a casa. Había hasta cumplido su


propio reto de no llevarse ni un libro.14

Llegó al estacionamiento de su coche y depositó la bolsa negra en el


maletero. Entró en el puesto del conductor largando un suspiro. Allí mismo
se quitó el abrigo para tirarlo en los asientos traseros y prendió la
calefacción tras meter las llaves en el contacto. La voz de un comentarista
de radio comenzó a romper el repentino silencio. Se sacó su teléfono móvil
de uno de los bolsillos del pantalón, dejándolo sobre el salpicadero.

Bien.

Observó por largos instantes aquel aparato color gris de marca Motorola.
Pudo haberlo estado haciendo durante tres minutos, quizás cuatro. No
llegó a los cinco.41

Tomó el móvil de nuevo, abriéndolo para observar su fondo de pantalla sin


gracia, negro, uno de esos predeterminados que traía el modelo.77

Entró en el menú de contactos.

Decir que se había pasado el día pensando en aquello era quedarse corto.
De hecho, se había pasado quizás la semana entera, desde que se planteó
que en aquellos días que iba a tener libres podía ir a Plymouth.

A, B, C, D... Apretó con ahínco la tecla con la flecha hacia abajo, viendo
cómo los nombres de su agenda corrían ante su vista.25

F, G, H.

Tensó la mandíbula. Presionó la tecla un poco más despacio.3

L.58

Estrujó el teléfono.

Veía estúpido que sintiera hasta gotitas de sudor en su frente. ¡Por dios!

Opciones. Escribir mensaje.


—Vale... —pronunció en voz alta, fomentando que eso mismo abriera el
flujo de un cosquilleo constante en la boca de su estómago—. Vale.

Ahora venía lo gracioso.

'¿Qué le pongo?'123

Hizo crujir su cuello con la mano libre para luego soltar un sonoro
resoplido. Su alfa iba hasta gruñir.

"Hola Louis soy Harry..."14

Borrar.24

—Claro que sabe que eres Harry. Tiene tu bendito número.45

Bufó.

"Hola Louis te escribo porque he decidido..."12

Borrar, borrar, borrar. ¡No era un maldito ensayo literario!30

Vale, se le daba fatal. Era un completo espanto.17

El alfa volvió a trinar, removiéndose en su asiento y viajando su vista a su


alrededor. El parking estaba tranquilo, únicamente oyó las risas de dos
chicas que caminaban animosas hacia su Volkswagen escarabajo.28

Regresó sus ojos al aparato que lo aguardaba expectante.

Escribir mensaje.

"Hey, qué tal? Estaré por Plymouth hasta el domingo y me preguntaba


si querrías quedar. Todavía montas en skates? Un amigo me ha
enseñado a ir en uno de esos, creo que es digno de ver"44
Quien decía enseñado decía conseguí subir a la tabla al décimo octava
intento sin irme de narices.20

Detalles.18

Repasó mil veces el texto, sintiendo que era pasable y al segundo que no,
que simplemente era un asco. ¿Debía despedirse o algo así? ¿Se ponía
adiós en los mensajes de texto? Icónico que hubiera hasta olvidado aquel
supuesto protocolo.11

Diez minutos, llevaba diez largos minutos delante de aquella diminuta


pantalla. Con aquel nudo apretándole sin compasión.

¿Demasiado correcto? ¿Debía ser más informal? ¡¿Usar la jerga de "xq" y


"q", esa moda de acortar las palabras, la cual sentía que nunca podría
llegar a entender?!260

Su alfa esa vez sí lo hizo gruñir, airado.

Acarició con la yema del dedo pulgar la tecla que daba la opción de enviar.

Se sentía ridículo, avergonzado, de nuevo más ridículo, al segundo con un


ligero aire de esperanza y al momento patético por el hecho de sentirse
ridículo.3

'Sin sentido'

Enviar.2

Lo hizo, apretó la tecla.2

Mensaje enviado.21

Soltó el teléfono, dejándolo caer en algún lado del asiento del copiloto.
Apretó con las manos el volante, más de la cuenta, sintiendo la tensión
liberándose de sus nudillos. Prendió el motor del vehículo y de inmediato
presionó el pedal de embrague, metiendo primera en la palanca de
cambios para abandonar el estacionamiento de la universidad.2

Rumbo a aquel viaje que ya había hecho tantas veces.3

Y las que le quedaban...


El bendito cacharro; el último grito en telefonía según aquel beta de la
tienda de móviles que parecía alucinar con el modelo, lo más fascinante del
mercado; ese... se había quedado sin batería. Lo comprobó cuando hizo
una parada en Bristol para estirar las piernas y tomarse un café solo que su
cuerpo ya demandaba. En dos horas de camino no le había llegado ningún
mensaje y, al volver a emprender el viaje, presenció como el aparato había
prácticamente muerto en sus manos.13

Vale, quizás no lo había cargado en los últimos tres días. ¡No estaba
acostumbrado! Apenas utilizaba el teléfono para llamar a sus padres o
quedar con algún amigo. Para mandarle mensajes amenazantes a Niall,
sobre todo. Primera vez que le importaba eso de estar disponible u oír los
sonidos del aparato y este le fallaba. Genial.8

Abrazándose a la resignación, las siguientes dos horas de conducción las


pasó al menos distraído. Guns N' Roses le había amenizado el trayecto
con aquella joya convertida en álbum recopilatorio de grandes éxitos,
lanzado al mercado tres años atrás. Se atrevió a canturrear las canciones
tras ponerse gafas de sol cuando unos rebeldes rayos solares se
atrevieron a colarse entre las castizas nubes que se empeñaban en
encapotar siempre el cielo británico. Había sacado incluso una mano por la
ventanilla, haciéndola danzar junto al viento, al son de "November Rain";
cuanto menos adecuada. Era cierto que nadie juraría que a Harry le
gustara un grupo así.98
A las cinco menos cuarto de la tarde, el cartel que daba la bienvenida a la
ciudad de Plymouth lo hizo sonreír. Visualizar el mar; el enorme horizonte
azul a lo lejos que bien podía seguir pasando por ignoto, como lo narraban
las historias de piratas, esas con barcos corsarios de allá por el mil
setecientos... Sonrió, negando con la cabeza. Los graznidos de las
gaviotas, el ritmo poco acelerado, la gente y alguna cara conocida. De
repente tuvo ganas de pasear por el puerto o acercarse al faro. Oler mar.
Sin más. Todo demasiado místico y poco él.4

Simplemente le apetecía.

Como siempre, un hueco para estacionar su vehículo estaba disponible,


justo enfrente de la casa de sus padres. O su casa. ¿Lo seguía siendo?
Eran cuanto menos raras las cuestiones que planteaba la independencia;
esa sensación de pasar a sentir como hogar más de un lugar. Patrice
tendría su Mercedes en el garaje, pues Harry siempre prefería dejar su
coche aparcado en la calle para que fuera más cómodo el ir y venir.

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hará al ojiazul apreciar su belleza de una manera poco convencional.
-Harry, me siento horrible ¿Sabes?-
-Toma. Cada vez que pruebes esto te sentirás hermoso-
Harry Tops.
Louis Bottom.

louis' the type of bottom


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❝louis es el tipo de pasivo que...❞


©louhearted

Metió en uno de los bolsillos de su chaqueta su inservible teléfono móvil,


no sin antes haberlo apreciarlo con cierta inquina. Descansó en su
antebrazo el abrigo antes de dirigirse al maletero para sacar el bolso, el
cual se colgó de inmediato en el hombro derecho. Un leve pitido
anunciando la activación de la alarma del coche mediante cierre
centralizado. Fue entonces cuando resopló con pesadez al no sentir su
billetera en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Esa punzada en el pecho
cuando la mano no encuentra lo que debería; esa que bien podía ser
considerada como un serio mini infarto. Largó un suspiro de alivio cuando,
palpándose como un pulpo recién salido del agua, la halló en el bolsillo de
al lado. Le pasaba eso tantas veces...28

No se molestaría en buscar las llaves de casa y tocaría el timbre. De hecho


era raro que Annette no hubiera estado pegada a alguna ventana
controlando la hora a la que aproximadamente llegaría. Giró en sus talones
en dirección a su casa, echando un vistazo al buzón adornado con una
impecable serigrafía: "Styles".3

Y dio un paso, sólo uno. No llegó a dar el segundo. Por supuesto que no.
No cuando cierto timbre de voz se coló en sus oídos.

Y esa manía que tenía el ambiente de revelarse cuando eso pasaba. Las
ganas de inspirar profundo para examinar.

—Vaya, niño pijo de universidad privada.199

Eso inexplicable que se revolvía con la misma capacidad con la que


también podría brincar. Harry fue la recreación de un muelle saltarín
cuando giró sobre sí mismo sin levantar los pies del suelo. Unos marcados
hoyuelos a los costados de la sonrisa que se dibujó en su rostro. Unos ojos
añiles que enmarcaban una mirada curiosa bajo cejas enarcadas.1

Louis, su vecino, con una enorme bolsa negra de basura acababa de salir
de su propia casa, encontrándose con el otro cuando daba justo media
vuelta. El menor siquiera alcanzó a asombrarse o a reaccionar de otra
manera. No, nada.
Solo pudo que una nimia sonrisa quisiera asomarse en su rostro. Solo.

¿Qué se supone que hacía allí? ¿No era que no volvería hasta navidades?
Le debería haber costado reconocerlo pero no... Tan súbito. Tan Harry.
Con su metro ochenta de altura, sus rizos peinados hacia atrás, sin
cuidado alguno. Un suéter gris de cuello redondo y unos vaqueros negros y
estrechos, con unas botas de también color tizón que acaban en punta.50

—Hey —atinó a pronunciar el alfa, francamente sin saber cómo.2

Que se centrara.

Llevaba horas esperando un mensaje y ahora tenía al autor de aquel


supuesto enfrente. Así, porque sí. Tenía el derecho a tomarse su tiempo
para recuperarse del shock. Porque sin duda lo estaba.

Louis esa vez sí que no pudo evitar la media sonrisa que se asomó en las
comisuras de sus labios.

—Qué sorpresa.

Y bueno, era probable que el omega también estuviera intentando


reponerse de la impresión con una aparente normalidad. Era bueno en eso.

Harry parpadeó dos veces antes de que su conciencia se tirara de los


pelos ante la posibilidad de otro mutismo.

—Sí —espetó—. Yo... he venido hasta el domingo.

Y era jueves, caviló Louis. Sin saber por qué.

Ambas miradas recorriendo el semblante ajeno. Harry, de repente, deseó


que su teléfono móvil nunca más se volviera a encender. De hecho
deseaba escupir que se lo habían robado o algo así. Aquel mensaje... oh
dios, ¿por qué en ese momento lo llegaba a ver tan patético?6
—Uhm, ¿necesitas ayuda? —apuntó entonces el menor, señalándolo.

El asa del bolso se encontraba escurriéndose por su brazo y el alfa siquiera


lo había notado. Con torpeza volvió a colocárselo, carraspeando.1

—No, no, gracias. —Y sonrió. Porque cuanto menos había que hacerlo si
se imaginaba visto desde fuera. Sí, sonreía y si fuera por él además se
daría un zape.

'¿Te serenas?'55

Harry tomó aire, casual antes de volver a hablar.

—Conseguí unos días libres, ya sabes, adelantando trabajos y bueno...


Hace tiempo que no venía. Ver a la familia y amigos...46

Louis quiso abrir la boca pero solo asintió. Harry tragando saliva mientras
el otro ladeaba el rostro antes de remojarse los labios.

—Claro.

Una sonrisa encantadora, demasiado, elucubró el mayor.

—Yo... te mandé un mensaje también y...

'¿Y?'29

¿Y de verdad acababa de decir eso?54

Se quiso morir. Sí, Harry sin duda era pésimo en eso de relacionarse, lo
acababa de descubrir. Es más, ¿siempre lo había sido? ¿Cómo era que
siquiera tenía algún amigo? Pero fue Louis el que no se percató siquiera
del batiburrillo interno del alfa. Una ceja alzándose y su boca formando una
perfecta "o".

—¿Un mensaje? ¿A mí?


El alfa estaba a punto de sufrir una taquicardia, estaba seguro.

—Sí, hace unas horas. Por sí... —Resopló—. Por si querías quedar o algo
así. Vernos.

El de ojos añiles lució desconcertado. No se lo esperaba. ¿Un mensaje?


Sí, su móvil recibía de esos, de publicidad al menos sí, pues apenas
alguna vez llegó a mensajearse con alguien.31

Algo en la boca de su estómago cosquilleó.

—Oh, creo que tengo el móvil arriba, en mi cuarto. Desde que llegué de
clases me metí en el garaje. Lo uso muy poco, lo siento...16

Vale, sí, definitivamente Harry estaba teniendo una taquicardia.3

—No, no te preocupes, es normal, sí. De hecho, el mío ha muerto por el


camino, nunca le presto atención —dijo sin trabarse con sus propias
palabras.6

El otro sonrió.

—Pues... Yo vi a tus padres salir al mediodía y no los he sentido llegar. —


Louis aclaró de inmediato su garganta, rascándose la nuca tras estirar la
manga de su sudadera—. Quiero decir, eso ha sonado a acosador o algo
así pero... Como estoy siempre fuera escucho el portón de tu garaje y tu
madre me saluda y...31

—Hey, está bien. —Sonrió Harry—. Ya decía yo que era raro que mi madre
no saliera. Es extraño, sabían que venía.

El omega sólo se encogió de hombros.

Harry pensó en hacer una rápida llamada pero recordó que su último grito
del mercado se encontraba inservible en el bolsillo de su chaqueta, y casi
gruñó. Se echó una vez más el bolso al hombro antes de hurgar en uno de
sus compartimentos laterales. Al segundo tanteo encontró las llaves de
casa, las del llavero de toda la vida. Se las mostró con comicidad al omega.

—Bingo —se burló el menor en respuesta.

Harry, una vez más, río. Sin duda se le daba mejor todo si los absurdos
nervios lo abandonaban. Si la sensación de bochorno le daba una tregua.

—Los llamaré desde casa. Seguro que no ha pasado nada pero, bueno,
me preocupa un poco.

Louis de inmediato asintió.

—Claro, claro. —Suspiró, dándole una pequeña patadita a la enorme bolsa


negra que hacía un rato había dejado en el suelo—. Yo tengo que llevarme
esto.

No era basura como tal sino unas piezas de mecánica que ya no servían y
debía llevar al punto limpio para reciclar. Se echó la bolsa al hombro, cual
Santa Claus. Menos gordo y más bajito. Envidiosamente, también más
encantador con el pelo revuelto bajo una gorra blanca rematada en líneas
azules hacia atrás. Vestía una sudadera Adidas ancha, negra y pantalón de
chándal gris. Las zapatillas skater blancas que siempre usaba...9

Harry frunció el ceño al verlo.

—¿Tú no necesitas ayuda?

—Ah, no te preocupes. Me queda un paseo. Estoy acostumbrado.

Louis había dado dos pasos cuando Harry se mordisqueó el labio inferior.

—¿Paseo con esa cosa? Parece que llevas el cadáver de una de tus
últimas víctimas.24
Louis sacudió la cabeza, riendo.

—Entonces me cargué al hombre de hojalata. Mira como suena esto. —Dio


un pequeño brinquito para que las piezas chocaran y emitieran aquellos
chasquidos del metal entre sí.12

El alfa negó risueño, aún plantado en el camino hacia la entrada de su


hogar. Debía llamar a sus padres y saber de ellos, esperaba que no
hubiera pasado nada grave que hubiera ocasionado que llevaran tantas
horas fuera.1

Sin embargo, volvió a observar a Louis.

—Te puedo llevar a donde vayas si quieres, cargar eso parece incómodo.1

El omega le lanzó otra mirada irremediable de vuelta. George era el que


siempre lo acercaba con el coche al punto limpio, con cantidad de bolsas
repletas de restos de materiales, metales cortados o herramientas que ya
no servían. Esa tarde su padre se encontraba tomando una simple siesta y
fue Marjorie la que le sugirió ir más tarde u otro día. Pero Louis nunca fue
bueno en eso de posponer sus planes. Había ordenado el garaje, renovado
sus cajas de herramientas co. nuevas que había adquirido y aquella bolsa
llevaba demasiado tiempo dando vueltas por su hogareño taller. Apenas
era un paseo de media hora, sabía que si se le hacía pesado podría tomar
un autobús.

—No te molestes, de verdad.22

—No es molestia —repuso el ojiverde—. Si me esperas cinco minutos dejo


esto y hago una rápida llamada.2

Harry no sabía bien qué estaba haciendo. Tenía la maldita costumbre de


dudar todo, cada una de sus palabras o intenciones si era Louis el que
estaba inmiscuido en ellas. Si lo de hablar no se le daba bien quizás debía
actuar.

Louis, por su parte, sólo lo observó, apresando la equina derecha de su


labio inferior con las puntas de sus dientes. En algo que tuviera que ver con
Harry, él también era el primero en sentirse desconcertado. Y no, no
estaba seguro si la respuesta que le nació dar era la adecuada.

—Bueno, está bien.

Pero ahí estaba.

El ojiverde pestañeó, aclarándose la garganta, disimulando una sonrisa y


volviéndose a colgar mejor el asa del bolso. Enseguida se centró en las
llaves de su mano, hallando la de la entrada principal mientras Louis
dejaba de nuevo la enorme bolsa en el suelo. Harry aprovechó para
hacerle una seña con la cabeza.

—Pasa si quieres. Será un momento.26

El alfa aspiró la esencia de su hogar cuando cruzó el umbral de la puerta.


Un silencio poco común. Ni siquiera Nancy, la cocinera, estaba cerca. Soltó
todo lo que cargaba a los pies de la escalera justo enfrente de la puerta
antes de percatarse, mirando por el rabillo del ojo, que un omega titubeante
lo seguía a una distancia extremadamente prudencial. Sonrió, nervioso.1

Dejó la puerta abierta a sus espaldas antes de cruzar el pasillo que


conectaba con el salón principal. El teléfono fijo aguardaba en una
pequeña mesa de centro. Lo descolgó marcando el número del móvil de su
madre, el cual se sabía de memoria.

Louis no había aparecido por su salón cuando al segundo tono una voz
femenina y familiar contestó.
—¡¿Sí?!

—¿Mamá?

—¡Oh, Harry! —Annette pareció absorber por su nariz, gritando alto el


nombre de su hijo—. ¡Harry, dónde estabas! Te he estado... he estado
llamándote a tu móvil. ¿Estás en casa? ¿Ya llegaste a Plymouth? ¿Por qué
no me contestabas? ¡Dónde estás!1

La avalancha de preguntas lo dejó casi boquiabierto. Tuvo que rascar su


sien antes de pronunciar vocablo alguno.

—Sí, acabo de llegar y no os encontré, por eso te llamo. El móvil se me


quedó sin batería. ¿Dónde estáis? ¿Todo bien?

Annette pareció bufar al otro lado de la línea. Bufar, soltar un sonoro


resoplido y también golpear a alguien.

—¡Annette! —se quejó Patrice cuando recibió un manotazo de su mujer en


el brazo.

—¡El niño ya llegó y nosotros aquí! —La mujer trinó, aferrada todavía al
teléfono móvil pegado a su oreja—. Primera y última vez que haces un
viaje sin llevar el teléfono con batería, ¿me oyes, jovencito? —dirigió esa
vez a su hijo—. Casi... ¡Oh por dios! Casi me da un infarto. Pensé lo peor,
Harry. Y si lo llevas mientras conduces te paras a un lado de la carretera y
contestas, ¡no conduzcas mientras hablas por teléfono!10

Sin saberlo y a la distancia, Patrice y su hijo enarcaron la misma ceja al


escuchar la reprimenda de la omega. El menor no entendía nada.1

—Eh... Está bien, mamá, tranquila. Pero ahora dime, ¿dónde estáis?
—¡Que dónde estamos! —gruñó—. ¡El niño quiere saber en dónde
estamos, Patrice!34

—¡No podía saber que esto iba a pasar, Annette! —replicó el hombre.

Harry definitivamente no alcanzaba a comprender.

—¿Mamá?

—¡Estamos en Paignton! A tu padre se le ocurrió la idea de venir hoy a


hacer unas compras, a lo que yo le dije que no daría tiempo porque tú
llegabas. Él insistió y-17

—¡Era el único día que podía!

—¡Calla! —vociferó la mujer ante la interrupción de su marido—. Y al volver


nos hemos encontrado con un tráfico de más de dos horas, ¡dos! Al
parecer ha habido un accidente, han cortado un carril de la autopista, se ha
juntado todo con unas obras y... ¡dios mío! A mí me va a dar algo
encerrada en este coche.14

—Al menos hemos puesto el aire acondicionado —añadió con simpleza el


padre de Harry, ganándose otro golpe en el brazo.31

Harry pestañeó, esbozando una sonrisilla casi inevitable al imaginar la


situación y sobre todo la histeria de su madre. Aquel era el panorama; sus
padres estaban en su coche, atrapados en un tráfico que ocasionaba colas
kilométricas al salir de Paignton, una ciudad situada a unos cuarenta
minutos en coche de Plymouth.

—Pero, ¿estáis bien? ¿Habéis visto el accidente o algo así?

—Sí, cielo, estamos bien. No te preocupes. Y no, no hemos visto nada.


Creo que nos queda una hora aquí, más lo que tardemos en llegar a casa.
Lo siento mucho, hijo, deberíamos haber estado para recibirte. Me siento
muy mal. ¿Tú has llegado bien? ¿Has tenido cuidado al conducir?

Fue posible que Patrice pusiera los ojos en blanco al escuchar las
exageraciones de su mujer. Con disimulo de que no lo viera, claro.23

—No te sientas mal, mamá, no pasa nada. Sí he llegado bien y sin ningún
incidente. No te preocupes.

Annette de nuevo absorbió por su nariz.

—Tengo tantas ganas de verte, mi amor. ¿Has comido? En la nevera hay


pasta y puré de patatas de ayer. Creo que en el congelador hay pizzas y
también pan y embutidos.5

Harry negó con la cabeza, esa vez riendo.

—No te preocupes, mamá —insistió—. Está todo bien. Más bien tened
cuidado en la carretera y paciencia para que lleguéis pronto. Yo... —
Carraspeó—. Yo igual voy a salir.

Un sonido del otro lado ocasionado por Annette al cambiarse el teléfono de


oreja.

—¿Ah, sí? ¿Adónde, cielo?

El alfa rascó de nuevo su sien.

—Pues... cerca. Por aquí, con Louis.3

La omega abrió la boca pero la volvió a cerrar antes de pensar de nuevo lo


que iba a decir.

—Oh... Bien, sí, genial. Tened cuidado. Intenta no venir tarde, me muero
por darte un abrazo, cariño.1
Y Harry sonrió, sintiendo un nimio calor en sus mejillas. Annette siempre
había sido una madre cariñosa pero desde que había partido a la
universidad, en ella afloró una vena también extremadamente amorosa,
cargada de motes entrañables que al alfa no le podían molestar, por
supuesto que no.

—Claro, mamá. Nos vemos en unas horas. Te quiero.

El pecho de la mujer tamborileó.

—Te quiero, mi vida. Hasta luego.

Colgó el teléfono largando un suspiro y con una sonrisa adornando su


rostro. Echó un rápido vistazo a su salón, tragando saliva al encontrarse
solo. Con zancadas largas salió de la estancia, asomándose al pequeño
pasillo de la entrada para encontrarse con su vecino todavía en el marco
de la puerta. No se había movido en todo momento de allí.

Louis dejó de juguetear con las mangas de su sudadera al verlo.63

—¿Todo bien?

El alfa caminó hasta posicionarse frente a él. Asintió.

—Sí, sólo un atasco. Lo que no les pase a ellos...

Sonrisas que aparecieron en los labios de ambos y un Harry que volvió a


palparse sus ropas para comprobar que llevaba consigo su billetera y
llaves del coche.

—Vaya...

—¿Nos vamos?

Louis apretó un poco más las mangas de sus ropas.


—Vale. —Caminó con apuro hacia el exterior de la casa, sintiendo a Harry
tras él—. Iba a ir al punto limpio, ¿sabes dónde está?

El ojiverde desactivó la alarma del vehículo antes de dirigirse a abrir el


maletero.

—La verdad es que no —admitió haciendo un mohín—. Tendrás que


indicarme.

Al alfa no le dio tiempo a ayudarlo, pues Louis se apresuró a colgarse a la


espalda la bolsa de reciclados para depositarla él mismo en el interior del
automóvil.

—No es muy lejos.

Ambos subieron al coche, Harry mirando de reojo al menor, que entró de


un salto al asiento del copiloto.

Y de repente... Lodo.121

El olor a eso. A aquello que picaba.

Si era raro volver a la rutina y familiaridad de Plymouth, ni hablar de cómo


lo era si Louis volvía a estar sentado a su lado.1

Quizás, al fin y al cabo, no se le daba del todo mal.

Prendió el motor y con ello la radio encendió sus luces, volviendo a


reproducir la canción que antes hubiese estado sonando.

—¿Guns N' Roses? —pronunció de inmediato el omega, cuando apenas


unos segundos de la melodía se coló en sus oídos—. Me gusta.23

Y Harry, por enésima vez, sonrió. Hoyuelos marcados junto a aquel lunar
de su mejilla izquierda.52
El otro clavó su mirada en el cristal tras fijarse en ello.

...

Louis no le había dejado ayudarlo a sacar la escandalosa bolsa del


maletero. De hecho, le había insistido en que lo esperaba delante del
portón de la entrada de aquella zona dividida y acotada con containers. Un
hombre saludó a Louis al verlo, indicándole con una mano y gesto amable
que lo siguiera. Debían conocerse de antes, pues incluso se molestó en
mantener una pequeña charla con el omega cuando cinco minutos más
tarde aparecieron sin cargar nada. Harry observó curioso como el
trabajador de cuarenta y picos años, o quizás más, palmeó la espalda de
Louis cuando se despidieron. Lo siguió con la mirada cuando el mismo
volvió a entrar al coche.

—Listo. Muchas gracias por acercarme.

El alfa enarcó una ceja, divertido.

—Por nada. ¿Reciclaste bien?

—Por supuesto —contestó el de ojos de añiles abrochando su cinturón de


seguridad.

La garganta de Harry cosquilleó.

—Tienes... ¿algo más que hacer? Me refiero, que te puedo acercar si


quieres o quizás ir a tomar algo o... no sé...75

De nuevo aquellos nervios que según el alfa no pintaban nada. Louis ladeó
el rostro, escrutándolo.2
—¿Algo más que hacer?

Harry comenzaba a notar molestas gotitas de sudor en su frente.

—Sí, no sé. Yo no tengo nada más que hacer, podemos hacer algo.31

¿Cuántas veces había usado la palabra "hacer"? Por alguna extraña razón,
la que había omitido añadir en aquella última frase fue la de "juntos".1

El omega apartó la vista, centrándose en enfocarla en la yema de sus


propios dedos mientras pensaba. Haberse encontrado a Harry había sido
raro, pero que se ofreciera como su chófer, sin duda lo era aún más. No se
paró a pensar en lo obvio, en lo que ya sabía, en lo fácil que era lidiar con
él e incluso con sus evidentes nervios. Louis podía decir que aquel era en
el fondo su día libre, pues no trabajaba en el supermercado hasta la
siguiente semana. Sólo tenía planeado encerrarse en su garaje a trabajar...

—El centro comercial —anunció mirando de nuevo al alfa—. Los grandes


almacenes de las afuera. Tengo un pedido ahí que...2

—¿En North West? —contestó el ojiverde. Louis se mordisqueó la uña de


uno de sus dedos pulgares y asintió—. Está bien.22

Y sin más, Harry puso de nuevo el motor en marcha mientras Louis se


aferraba al agarre de su cinturón, fijando sus orbes en la ventana;
disimulando una sonrisa.4

Otra más.

Harry suponía que le iba a costar más mirar al omega después de lo de la


última vez, sin embargo, nada más lejos de la realidad. Lo observaba. Más.
Era demasiado fácil hacerlo.
Estacionaron en el parking privado de la gran superficie, con Louis
indicando cual era la entrada más práctica y cercana. Bromearon sobre las
habilidades del alfa para aparcar en paralelo cuando el menor jugó con que
si lograría hacerlo a la primera. Harry, con el pecho inflado como un pavo y
los nudillos aferrados al volante, obviamente lo consiguió. Siguieron con
aquella burla, con un Louis diciendo que había sido pura suerte y un Harry
alardeando de sus impecables dotes en la conducción, hasta que entraron
a la enorme tienda de mecánica, especializada en piezas y repuestos de
automóviles y motocicletas. Los ojos del omega siempre se iluminaban al
entrar en un sitio así mientras que el ojiverde sólo se limitó a seguirlo,
observando todo con cierta perplejidad. Allí había desde alfombrillas para
el coche hasta las tuercas más extrañas que hubiese visto.5

—¿Y que se supone que buscas aquí? —preguntó el mayor a punto de


toquetear un motor de exposición, a la entrada del local.

—Un filtro de aceite —respondió el omega, girándose—. ¡No toques! ¿No


has visto el cartel?5

El alfa dio un brinco, atinando a ver los dientes perlados que asomó la
sonrisa del menor. Sus mejillas se enrojecieron cuando se fijó en aquel
anuncio de "Por favor, se ruega no tocar".25

—Oops.522

Louis negó con la cabeza, dando media vuelta para recorrer los pasillos
con maestría, sabiendo cuales podría ojear para comprobar mercancía de
novedad frente a lo que usualmente no le solía interesar.1

—Esto es enorme —habló de nuevo Harry, caminando en todo momento


tras su experto acompañante.21

—Sí, es genial. Si no encuentras algo aquí es que no existe.32


—Vienes mucho supongo.

El otro solo se encogió de hombros, dando la vuelta a otro pasillo.

—Cada semana.

Llegaron a una sección que Harry bien podía haber denominado como arte
abstracto. No entendía la forma de ninguna de aquellas piezas que Louis
parecía toquetear y descartar con extrema normalidad. El ojiverde se
llegaba a plantear cómo había aprobado su licencia de conducir, pues en
su momento aprendió algo de mecánica; todo eso que ahora juraba que
había olvidado. Lo poco que pudo aprender distaba mucho de ser algo
parecido a todo aquello. Turcas, tornillos, engranajes con cantidad de
cabezales y ni hablar de las herramientas que parecían mutaciones de
simples llaves inglesas.

—Tu buscabas un filtro de...19

—Aceite —completó el de ojos añiles—. Estoy mirando si está el que


busco. La Aprilia ha rechazado ya dos que le he probado.

Harry entonces lo observó, fijándose en sus ojos concentrados en leer los


modelos y especificaciones de cada balda con artículos de exposición. El
alfa no sabía nada de motos, claro que no, sin pena podía afirmar que era
nulo. En cambio, no era tan difícil recordar que la de su padre era de ese
modelo. Escondió su rostro cuando las comisuras de sus labios se
curvaron, fingiendo analizar uno de aquellos filtros, como si realmente se
enterara de algo.2

En el pasillo contiguo se encontraban los neumáticos; cantidad de ruedas,


desde las que consideraba normales hasta auténticas bestialidades. Para
sorpresa de Harry, la tienda en si estaba bastante concurrida, con gente
midiendo, haciendo encargos junto al asesoramiento de trabajadores, otros
tantos clientes que se paseaban empujando un carro...1

—Sí que hay —anunció Louis a sus espaldas. Unas arrugas marcándose a
los costados de sus ojos mientras sonreía—. Iré a la caja a pedir el que
encargué —Harry tuvo que devolverle la sonrisa cuando se volteó a verlo—
. ¿Estás pensando en cambiar de neumáticos?6

Louis había señalado los que hacía instantes parecían haber captado la
atención del mayor; el mismo que enarcó una ceja, negando con la cabeza
y alzando las palmas de sus manos.

—Oh, no, para nada. Todas esas cosas que las lleve el mecánico. Yo llevo
mi coche a la revisión anual y que ellos se encarguen. —Rió—. Soy de los
que llamarían al seguro si se les pincha una rueda.1

Louis soltó una carcajada, pasando al lado del alfa.

—¿De verdad? No lo puedo creer...

El otro rascó su nuca, nimiamente azorado ante la mirada inquirente de


ciertos ojos azules.

—Soy bastante torpe en todo eso. Se me dan mejor los números, la


contabilidad, estrategias empresariales, ya sabes...77

Louis arrugó entonces su frente, casi espantado.

—¡¿Los números?! Qué horror. Me quedo con mis exámenes prácticos


cambiando neumáticos.12

—¿Haces exámenes así?5

Louis asintió con simpleza.


—Teóricos también, pero mi curso es de mecánica y evidentemente pesan
más los prácticos. Cambiar ruedas, filtros, cargar baterías, estabilizar
chasis...

El alfa se cruzó de brazos, cambiando el peso a su otra pierna, admirando


la confianza con la que Louis hablaba.

—¿Y se te da bien?

—Soy el mejor —contestó, con ceja enarcada y sonrisilla orgullosa. No era


vanidoso. No sólo era él el que lo decía, sino incluso sus propios
profesores—. ¿Y tú? ¿Eres bueno en llevar libros contables y esas cosas
de empresa?

—Da la casualidad que también soy el mejor. O bueno, lo intento.19

Harry, por su parte, con el tema de la vanidad tenía un poco más de


desapego. En el intento de ser presumido siempre fallaba estrepitosamente
y por ello sus mejillas adoptaron ciertas tonalidades carmines...2

Louis caminó, alzando una ceja y obviando el repentino acaloramiento del


otro. Harry mordió con fuerza su labio inferior.1

Diez minutos más tarde andaban por los pasillos del centro comercial
contiguo. De la muñeca del menor colgaba una bolsa con la pieza que
acababa de comprar. El alfa lo miraba de reojo, de vez en cuando,
mientras Louis paseaba su atención por los diferentes escaparates.

—¿Y cómo es la universidad? —preguntó de repente el que tenía su vista


fijada en un mostrador de ropa deportiva—. Quiero decir, ¿es igual que en
las películas? Locura, desfase... ¿fiesta?3

El alfa sonrió de lado. Louis se colocó mejor su gorra antes de dirigirle una
mirada, llevándose las manos atrás, hasta entrelazarlas en su baja
espalda. Tenía ciertas manías, moviéndose siempre con gracia, con aquel
toque hiperactivo que en fondo siempre parecía arraigado a él.

—Puede decirse que sí es igual que en las películas pero menos


exagerado. Sin tanto capitanes del equipo y quizás animadoras. Sin duda,
también con más trabajos que entregar y más fiestas a las que no puedes
ir porque sino no te dará tiempo a sacarte la carrera.

El de ojos añiles torció el gesto, atento a la explicación.

—No sé por qué me da que esas cosas te pasan sólo a ti...

—¿El qué? —cuestionó el otro con cierta diversión, sin esperar en realidad
una respuesta—. ¿Lo de no ir a todas las fiestas?

—Sí. Tú eres el niño de colegio privado con nota media de sobresaliente,


¿no? Venga, siempre lo has sido...4

Harry negó con la cabeza, escondiendo el rostro cuando cierto rubor lo


abordó. Era verdad, su rendimiento y calificaciones siempre fueron
intachables, al igual que su expediente. Se podía suponer que quizás eso
era lo innato en Harry Styles.

—Bueno, tienes razón. Sí conozco a uno que siempre va a todas las fiesta.
Niall.

Largó un suspiro recordando a su amigo; a su dramático y fiestero amigo...


¿Seguiría regocijándose de sus "desgracias" escondido en la cama o
habría tenido la decencia de bajar al comedor? Rió. Apostaba que alguna
omega del equipo había sucumbido a oír los exagerados relatos de las
dolencias que padecía el rubio irlandés.

—¿Niall? —cuestionó el menor, frunciendo el ceño.


—Lo conociste en verano. El día que nos encontramos en el
supermercado.1

Louis cubrió su boca con dos dedos de una mano al recordar. Sí, podía
casi visualizar a aquel alfa que no tuvo reparos en comerse una bolsa de
patatas antes de pagarla. Definitivamente podía hacerse una idea de
cuánto le podía gustar una fiesta si lo acotaba a aquel "estado".

—Sí, ya me acuerdo.

Harry se encogió de hombros, pudiendo imaginar la imagen que tendría el


otro en su cabeza. Aquel día, cuanto menos, había sido memorable.

Sonrieron, quizás pensando en exactamente lo mismo.

Louis fue el primero en apartar su vista cuando se percató de que llevaba


más tiempo del debido fijándose en el tono verdoso de los ojos de Harry. El
alfa parecía analizarlo cada vez que reparaba en él.

Y se sentía raro.

—¿Y tú, Louis? ¿Quieres ir a la universidad?

El menor arrugó el entrecejo al oírlo. A un mes de cumplir los diecisiete


años, consideraba que había escuchado aquella pregunta menos veces de
las debidas. Su madre se lo cuestionó alguna vez, antes de que comenzara
el curso formativo que se encontraba impartiendo. Sus profesores no les
hacían esas preguntas, suponía que especializarse en esa rama no era
sinónimo de querer aspirar a una carrera universitaria. Él daba por hecho
que tampoco lo hacía.

—Creo que no. —El alfa aguardó, atento—. Quiero decir, estoy en mi
segundo año de ciclo medio de electromecánica. Cuando termine pretendo
estudiar el superior y trabajar, quizás. Es lo que se me da bien.
—¿Pero te gusta?

—¿Lo que estudio? ¡Me fascina! Tampoco me veo haciendo otra cosa, la
verdad.

Unos acentuados hoyuelos decidieron atildar entonces el perfil marcado del


mayor.

—Pues, ¿sabes? Con eso tienes muchísimo ganado. Es más, deberías


sentirte afortunado. No todos a tu edad lo teníamos tan claro.1

—¿A mi edad? —contestó el omega, acompañando la cuestión con una


risilla cantarina—. Has sonado a anciano. Sólo nos llevamos dos años.

Y Harry negó, también riendo.

—Lo sé, lo sé. Pero me refiero a que yo mismo antes de empezar mi


carrera dudé. Creí que siempre lo tuve claro, de hecho, al empezarla la
veía como un simple trámite antes de estar capacitado para entrar a
trabajar. Sólo pensaba en estudiar, matricularme en todas las asignaturas
que pudiera, adquirir conocimientos al máximo y ahora... No sé, Londres es
completamente diferente, es otro ritmo, es como que da tiempo a todo, que
no tengo que estar pendiente solo de estudiar y dar todo en los exámenes.
Es... extraño. Supongo que en el fondo sonará también a empollón pero
creo que necesitaba pasar por la universidad. Seguir con las exigencias
académicas que es inevitable que me imponga pero a la vez disfrutar de
otros ambientes.2

Louis lo había escuchado con real interés, asintiendo cuando terminó de


hablar. Harry remojó sus labios, percatándose de lo que acababa de
explicar. Era consciente de todo aquello, mas se sentía bien
pronunciándolo en voz alta. Cavilaba que de hecho era la primera vez que
lo hacía, que hablaba con la certeza de ser más sincero consigo mismo
que dejándose llevar por lo que pretendiera demostrar.

—Entonces no sólo yo debo sentirme afortunado.

Harry le hizo un ademán con la mano. Sí, tenía razón.

Frenaron su paseo por los pasillos de la gran superficie cuando


visualizaron una coqueta cafetería con forma de caravana, rodeada de una
curiosa y colorida valla. Un cártel anunciando su nueva inauguración.1

—¿Os apetece tomar algo, chicos? —Los abordó una joven alta y
sonriente que acababa de aparecer junto a ellos, moviéndose con agilidad
al deslizarse sobre las ruedas de sus patines.

Louis la miró, curioso.

—¿Quieres? —preguntó Harry.

El omega viajó la vista de la chica que identificó como omega; una media
melena pelinegra enmarcaba a la perfección su rostro aniñado y pecoso.
Harry dejó escapar una sonrisa mientras aguardaba la respuesta.

—Vale.

La muchacha los acompañó, ágil sobre sus patines tras sugerirles tomar
dos taburetes altos cerca de la barra. La coqueta cafetería estaba
realmente atestada de gente.28

—¿Os apetece comer algo? ¿Quizás beber? Tenemos una carta de


cocktails muy atractiva.

—No, yo al menos no —contestó Louis una vez hubo tomado asiento—.


Para mí un refresco de naranja estará bien.

—Otro para mí —añadió el ojiverde.


Y la omega sonrió, apuntando el sencillo pedido en una minúscula libreta
que sacó de su corto mandil.1

—¡Enseguida!

Dio media vuelta, danzando con gracia entre las mesas, dejando cierto
aroma a cerezas cuando su melena bailó tras ella.

Louis arrugó la nariz. Harry lo miró.

—Soy más de limón, pero haré una excepción.2

Louis pintó una sonrisa, jugueteando con uno de los posavasos frente a él.3

Comentaron el ambiente del local, bebieron sus refrescos y bromearon de


cómo los camareros aguantaban el equilibrio con las bandejas subidas a
aquellos patines. Se burlaron incluso del cerco que dejó el refresco en el
labio superior del menor, quien ruborizado se apresuró a limpiarse con una
servilleta.

Y el tiempo pasó, quizás demasiado rápido cuando dieron las siete y media
de la tarde que el alfa comprobó ojeando el reloj de su muñeca.

—¿Te parece que volvamos? —preguntó Harry, cuando se terminó de un


trago lo que quedaba de bebida en su vaso.

Louis asintió, rebuscando algo en uno de los bolsillos de su sudadera para


luego dejar tres monedas sobre la barra.

—Yo invito. Por ofrecerte a acompañarme. Gracias de nuevo.

Harry suspiró. ¿Por qué el lunar de su rostro se acentuaba tanto cuando


sonreía? Louis parpadeó.1

—No es nada. Me lo he pasado muy bien.


Pero el menor solo asintió, dando un salto para bajar del taburete,
esperando que lo siguiera para guiarlos hasta el parking.

No hablaron mucho más. Louis no hizo una broma sobre las dotes de
conducción del otro cuando puso el coche en marcha y, por ello, Harry
tampoco vaciló con presumirlas.

Al llegar a sus casas, se despidieron con una mirada profunda y sonrisa


sincera. Con Louis pronunciando de nuevo un gracias y Harry repitiendo
que no era nada; que la próxima vez le tocaría invitar a él. Louis a eso no
dijo que sí, pero tampoco que no.6

Unas arrugas a los costados de sus ojos y un aroma a tierra mojada


cuando se bajó del coche, despidiéndose con una mano.

...
1

Se desperezó en su cama, gruñendo aún enredado entre las sábanas. Ese


día entraba a las nueve a clases y no podía agradecerlo más. Un viernes
tranquilo para culminar la semana. ¿Qué más podía pedir? Terminaría
aquel curso de robótica simple y estaría a la una de nuevo en casa.

Bostezó con exageración cuando escapó de la comodidad del colchón.


Estiró sus brazos hacia el techo en un intento de eliminar el letargo de su
cuerpo. Se rascó el cabello despeinado y luego una de sus nalgas sobre el
pijama. Apenas podía conseguir abrir los ojos.30

—¿Louis, ya estás despierto? —La voz de su madre al otro lado de la


puerta lo hizo emitir un quejido a modo de respuesta afirmativa—. No seas
remolón. Esta mañana he hecho gofres. ¿Te apetecen?2
Ahí, sus ojos sí se abrieron de par en par.

—¡¿Gofres?! ¡Ahora bajo!51

Marjorie rió al oír el grito. Louis, en el interior de su habitación, se apresuró


a reunir en el regazo la ropa que se pondría ese día. Una sudadera azul
marina, pantalón de chándal negro, camiseta básica, ropa interior, sus
zapatillas que estaban en la entrada y la gorra. Se posó la misma que usó
el día anterior sobre su alborotado cabello antes de corretear hacia el baño.

Una ducha rápida mientras sus tripas rugían al imaginarse los gofres
caseros de su madre recubiertos de una generosa capa de miel. Los
embadurnaría.4

Corrió de nuevo tras secarse rápidamente el pelo y cepillarse los dientes.


Su peinado quedaría aplastado con la forma de la gorra, pero ya estaba
acostumbrado.2

Armó su mochila, comprobó los libros, que llevara su billetera y los


cuadernos de ese día y pestañeó en mitad de su carrera al ver su teléfono
móvil sobre el escritorio, bajo uno de las libretas. Era un desastre; siquiera
había vuelto a atenderlo al llegar la noche anterior.

Se mordisqueó el labio inferior antes de apretar el botón de desbloqueo.


Veinte por ciento de batería y un mensaje nuevo.

Sí, era un desastre. Tenía un mensaje que llevaba cerca de doce horas
aguardando. Sabía de quién era. ¿Cómo no se había dado cuenta hasta
ese momento de lo que en realidad le inquietaba saber su contenido?

Apretó los labios.


"Hey, qué tal? Estaré por Plymouth hasta el domingo y me preguntaba
si querrías quedar. Todavía montas en skates? Un amigo me ha
enseñado a ir en uno de esos, creo que es digno de ver"

Una ceja se alzó automáticamente, acompañada de una sonrisilla que en el


calor de su intimidad no le molestaba esbozar.

¿Harry montando en skate? ¿Por qué se imaginó a una torpe jirafa con
patines?65

Rió, releyendo el texto una y otra vez.

Tardó exactamente tres minutos en presionar el botón de responder.

"Tú montando en skate? Que callado te lo tuviste ayer... Creo que es


digno de ver. Esta tarde a las cinco en el parque de la fuente?"90

Cuando apretó la opción de enviar no se lo pensó tanto.21

Porque seguía siendo demasiado raro verse así, teniendo esas iniciativas.
Sobre todo con él; con lo confuso que encerraba todo lo que iba de la
mano de Harry.

Guardó el teléfono en el fondo de su mochila justo antes de salir de su


habitación, correteando escaleras abajo. Su barriga volvía a molestarle con
la idea de aquellos gofres con miel.+

Sólo por eso, por supuesto.


—¡Cuidado!

No frenó. Creyó que aquel amago de pisotón que dio en el suelo lo haría,
pero no. Saltó del skate antes de que ver el hormigón demasiado cerca. Se
estabilizó entonces con los brazos. En una posición en ángulo recto jadeó,
observando cómo aquella tabla con ruedas, que estaba seguro había
diseñado el mismísimo demonio, rodaba lejos de él. Posó ambas manos en
sus rodillas, curvándose hacia adelante mientras tomaba profundas
bocanas de aire. El corazón se le iba a salir del pecho.6

—Me rindo —se quejó con voz rasposa y respiración agitada.1

No levantó la vista ni cuando sintió ciertas pisadas tras él. El skate volvía a
estar a sus piess. Quiso gruñir por eso, pero una risa desvió
irremediablemente su atención.
—A ver... —comenzó la voz—. Lo has hecho mal, sí. Fatal. Pero es que te
apuras cuando ya estás encima de la tabla. Pareces una momia, ¡tienes
que buscar el movimiento con el cuerpo, Harry!17

El ojiverde bufó.

Haber dicho que sabía "algunos movimientos" había sido un tremendo


error. No lo imaginaba tan difícil. Ya había mantenido el equilibrio en un
invento del inframundo como aquel. O al menos en algo parecido. Era
precisamente en la tabla de Louis donde era incapaz de mantenerse
erguido. Sentía que era imposible, que tropezaba con sus propios pies y
que la caída era inminente. ¡Cómo iba a mover las rodillas si veía que eso
era como aproximarse al vacío!

Ignoró el gesto de Louis cuando este le volvió a señalar su skate.

—Es que el que yo probé era más grande. Te juro que con ese no me
caía.112

El de ojos añiles colocó los brazos en jarra, ladeando el rostro para


observarlo. Harry seguía en aquella posición jadeante, retirándose unas
inexistentes gotas de sudor de la frente. Louis puso los ojos en blanco,
negando con la cabeza y esbozando una sonrisilla.40

Se habían encontrado hacía cerca de una hora en aquel parque. Harry fue
puntual, y a las cinco de la tarde paseó distraído por allí, con las manos
metidas en los bolsillos de su sudadera, siendo un especialista en disimular
cómo miraba hacia todos lados mientras chequeaba su reloj. Louis
apareció sólo cinco minutos más tarde, montando en su tabla y bajando de
un salto tres escalones para dirigirse hacia él.

Y puede que Harry tragara saliva cuando el ambiente se avinagró al


encontrarse.1
El alfa se atavió con la ropa más deportiva que pudo encontrar en su
armario; aquella que no lo acompañó a Londres y la cual si no lo hizo fue
por algo. Nunca le gustó vestir con chándal y mucho menos usar
deportivas, pero se negaba a combinar sus botas de piel negras con aquel
pantalón azul marino y horrorosas rayas a los costados. Optó por sacar
unas zapatillas Nike que nunca había usado de la caja y combinar todo con
una camiseta básica blanca. Suspiró antes de salir de casa tras colocarse
la parte de arriba del chándal, a juego.2
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accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

Ghost Whisperer.
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182 12

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cordura y lo encierra en un hospital psiquiátrico donde conoce a Louis Tomlinson, un joven de 20
años atormentado por fantasmas de su pasado.

Y, por supuesto, Louis rió al verlo. Por supuesto se burló, preguntándole si


luego iba a alguna clase de Pilates.55

Harry se quiso morir del sofoco allí mismo.29

Por su parte, Louis llevaba la misma ropa que en la mañana. Había sido un
día ajetreado de clases, y al mediodía había comido en un restaurante del
puerto con sus padres. A prisas había vuelto a su casa para cambiar su
mochila por el skate y corretear, llegando a tiempo a la cita. O a lo que
aquello fuera.

—¿Más grande? —cuestionó el omega, rascando un momento su


barbilla—. ¿Era un long?9
Harry abandonó la posición, poniéndose recto y pintando una expresión
confusa en el rostro.

—¿Un qué?1

Louis volteó de nuevo los ojos.

—Un longboard. Si la tabla era más grande, quizás probaste un longboard.


—Se agachó para simular sobre su tabla un tamaño notoriamente
superior—. ¿Era así más o menos?

El ojiverde asintió antes de preguntar.

—Pero entonces, ¿esto qué es?

—La mía es un cruiser —contestó simple, alzando los hombros.4

El alfa asintió con convicción, como si hubiera entendido. No lo hizo.153

Louis sonrió antes de montarse en su tabla e impulsarse con un pie. Con


un gesto de cabeza le indicó a Harry que lo siguiera y este así lo hizo. El
parque donde se encontraban contaba con una zona habilitada a la
práctica de deportes de inercia; Half-pipes, quarter pipes, escaleras que se
podían saltar, barandillas... El rostro de horror de Harry fue evidente
cuando Louis precisamente se acercó a aquellas instalaciones. El menor
se posicionó al lado de las barandillas, junto a pequeñas rampas
perfectamente delimitadas.1

—Venga, inténtalo aquí. Puedes agarrarte a la barra. Cúrvate como te dije,


seguro que te sueltas cogiendo un poco de velocidad.10

Harry no movió ni un músculo.

—¿Sabes que creo? Que el problema son mis pies. Tengo dos lanchas,
calzo un cuarenta y cuatro, creo que lo mío es físicamente imposible...192
Louis enarcó una ceja. Soltó sin remedio una carcajada.

—¡Pero qué dices! Eso no tiene nada que ver, hay gente más grande que
tú que hace unos saltos que alucinas. Venga, inténtalo.19

Louis lo alentó, enérgico mientras el alfa volvía a dudar. Esa vez sí que una
gota de sudor se asomó por su frente. Procuró sonreír mientras se
acercaba a donde el otro lo esperaba, aparentando normalidad. Se iba a
matar, lo daba por hecho, y no sabía por qué entonces estaba poniendo un
pie encima de aquella cosa que ya se movía con sólo rozarla. Contuvo un
caprichoso gruñido, mas no el tensarse cuando Louis hizo un amago de
sostenerlo por el codo cuando él, con torpeza, se agarró a la barandilla.
Literalmente, quiso echarse atrás cuando el contacto con el omega cesó y
se vio allí, solo ante el peligro.

Se aferró a aquella vara metálica hasta que los nudillos se le pusieron


blancos.

Louis dijo algo de tener que soltarse, a lo que él asintió, mas no hizo hasta
tomar tres largas y profundas bocanadas de aire.

Por alguna extraña razón pensó en Niall. Podía escuchar su risa, la misma
que soltó cuando probó la tabla de uno de sus compañeros, aquella que ya
sabía que se llamaba "long". Pensó en que el nombre era ridículo, de
nuevo en la risa de Niall e incluso en la enorme carcajada que soltó cuando
no le quiso responder el por qué repentino empeño en aprender a subirse a
un skate. A cómo lo ignoró por completo cuando su amigo le soltó "¿Es que
acaso quieres impresionar a alguien?"33

Maldita sea, precisamente iba a hacer el ridículo de su vida.


—Esto es una mala idea. Una pésima idea —murmuró el alfa para sí
mismo, mientras flexionaba sus rodillas, alejándose apenas de la
barandilla.

Louis dio dos palmadas cuando se alejó unos pasos para, según él, poder
observar el recorrido mejor.

—¡Recuerda que tu cuerpo es el que lleva el movimiento!

Harry asintió, alzando uno de sus pulgares.50

Bien, sólo tenía que acordarse de controlar el impulso, agacharse lo justo y


necesario pero en el momento adecuado. Posicionar bien los brazos, ser
sutil en el movimiento de la planta de los pies sobre la tabla y, muy
importante, el de la cintura, que debía ir acorde con cuánto se encorvara.14

Empujó con un pie y la tabla comenzó a rodar. Se estaba moviendo. Solo.

Justo ahí se dio cuenta de que se había olvidado de todas las indicaciones.
Absolutamente todas.9

La rampa no era demasiado empinada, pero juró verla como el mismísimo


rápido de un río. Sintió el roce del aire en la cara, quiso cerrar los ojos,
evitar el mantenerse rígido, no ver el final de la pendiente, el llano al que
llegó con demasiada velocidad. El sentir que perdía el equilibrio, el omitir
que iba directo hacia la pared de uno de los quarter pipes...42

—¡Pero gira! —Creyó oír.

Sí, Louis ya se había llevado las manos a la cabeza. Volvió a gritar:24

—¡Harry!5

Pero el que se debía dar por aludido era incapaz de responder. Veía la
pared más cerca, no atinaba a moverse, sentía que iba demasiado
rápido...Y la pared se acercaba, oh sí, sí que lo hacía y él efectivamente no
sabía girar, así que hizo lo único que el mismísimo instinto de
supervivencia probablemente activó; saltar. Saltó, alzando los brazos,
dejándose caer hacia un lado cuando tenía la pared a apenas tres metros.
El skate siguió rodando cuando el cuerpo del alfa impactó contra el
suelo.115

—¡Harry! —volvió a llamar el de ojos azules, boquiabierto—. ¡Menudo


hostión!51

El omega salió corriendo mientras el otro, tendido en el suelo, no atinaba


siquiera a moverse.21

—Pésima no, nefasta idea —farfulló Harry, apoyándose en un codo para


intentar levantarse.2

Louis llegó hasta él, colocándole una de sus manos en la espalda cuando
se acuclilló a su lado.

—¿Estás bien? —se apresuró a preguntar cuando lo primero con lo que se


encontró fue un semblante contraído—. ¿Te puedes levantar? ¿Te duele
algo?1

Harry emitió un quejido cuando, con el punto de apoyo aún en el codo,


sintió una punzada de dolor en el brazo al incorporarse. Se llevó la mano
contraria a la zona adolorida, optando por quedarse sentado en el piso.

—Un poco el brazo —expresó sin desfruncir el ceño.3

Louis parpadeó varias veces antes de retirarle la mano de la baja espalda


para pretender llevársela al mismo lugar donde Harry se sobaba.

—¡Es que has caído en peso! No te has ni movido de encima de la tabla,


¿qué te pasó?
El alfa bufó, haciendo un amago de encogerse de hombros.

—Esto no es lo mío. Sea un pie grande o no, creo que mi agilidad es nula.
—Curvó sus labios en una sonrisa mientras Louis todavía lo observaba,
pasmado. Volvió a analizarlo entero, llevando sus manos hacia las de
Harry.1

—Déjame ver.

El que parpadeó esa vez fue el alfa, dejándose tocar el golpe.

Tragó saliva cuando bajó el cierre de su chaqueta, con las gotas de sudor
amontonándose en su frente y sintiendo la mirada del omega sobre él. Se
retiró la prenda dejando su brazo expuesto. Dos pares de ojos fueron a
parar a él cuando remangó la manga corta de la camiseta.

Un cosquilleo paralizante cuando Louis, con suma delicadeza, pasó la


yema de uno de sus dedos pulgares por la zona ya enrojecida e hinchada.
Algo lo sacudió cuando miró directamente los ojos del omega. Algo más
tironeó.43

Louis estaba preocupado por él. No se dio cuenta de ello. Lo sintió. Dentro
de él.7

Tanto que su Alfa dictaminó su siguiente acción demasiado rápido.

—Estoy bien. No duele tanto —pronunció con un deje ronco en la voz,


llevando su mano allí donde el omega examinaba.

La mirada añil del menor cayó entonces como una lanza sobre él. Una
tensión espesa, precisa, recia. El alfa tragó saliva cuando el rumor de un
gruñido comenzó a calentar el centro de su caja torácica. Louis exhaló,
tornando el ambiente a un sabor salado, recordándolo a un día de álgido
de invierno; al de una lluvia densa.3
Harry pretendió acercarse en un acto totalmente involuntario, sin embargo,
el cosquilleo de cierto toque desapareció cuando el otro se apresuró a
ponerse de nuevo de pie, tragando saliva al dar un paso atrás. El ojiverde
alzó la mirada, encontrándose con una expresión azorada.67

El omega escondió su rostro cuando sintió la necesidad de largar un


pesado suspiro.

Harry carraspeó antes de impulsarse con el brazo sano para levantarse del
suelo. Aclaró su garganta en un tono más alto cuando se sacudió casual su
pantalón.2

Louis había pasado de preocupado a nervioso y, le gustara o no, Harry ya


conocía que la manera de estabilizar a ese omega era poniendo distancia.
Aparentar "normalidad".

Louis... Louis y esa complejidad. Su particular forma de actuar.

—Un poco de hielo y bastará. Me daba demasiado de estos cuando hacía


tapones jugando al vóley —habló de nuevo el mayor, sonriendo y
señalando su zona golpeada, colgándose en el hombro contrario la
chaqueta.2

Louis le regresó la mirada después de volver a fijarse en el brazo que se


sujetaba. Asintió con rapidez.

—Sí, voy a por hielo al kiosko de la esquina, espérame aquí.6

El alfa arrugó la frente.

—No te preocupes, puedo ponerme cuando llegue a casa no e-

—Cuanto antes lo apliques mejor, sino se hinchará más —interrumpió


Louis de corrido—. Yo también me he dado bastantes así. Ahora vengo.
Y sin esperar una respuesta, el menor echó a correr, retirándose en aquel
trote la gorra que usaba. Harry lo miró alejarse durante escasos segundos,
justo antes de inspirar hondo y caminar en otra dirección, masajeándose al
instante el cuello con la mano del brazo sano.2

"Vaya idea" fue lo único que pudo repetirse una y otra vez.
1

...

—¿Mejor?56

Louis había dudado durante exactamente dos minutos si hacer la pregunta


o no. Estaban sentados en el bordillo de una acera, en una zona que
seguía delimitando el parque donde habían pasado la tarde. El menor
había vuelto con dos botellas de agua helada y unos cubos de hielo en una
pequeña bolsa transparente, con unas cuantas servilletas para que no
goteara. Harry lo había esperado allí, junto al skate que en ese momento
aguardaba apartado de la vista del mayor.

—Sí, mucho mejor. No te preocupes.

Harry sonó conciliador, esbozando una sonrisa y echando un vistazo al


brazo que recibía el frío. Al principio había escocido, pero el corriente
tratamiento conseguía calmar la nimia punzada de dolor. Sus ojos verdes
enfocaron el semblante contraído del otro, quien inclinó levemente la
cabeza para apreciarlo mejor.

—La verdad que me asustaste, y eso que soy de los que suele reírse de
las caídas en los momentos menos oportunos, pero es que te quedaste tan
quieto en el suelo...67
Harry negó, acentuando los hoyuelos que de vez en cuando relucían en
sus mejillas.

—Para la próxima jugamos al voleibol. Hace tiempo que no practico, pero


seguro te llevo ventaja.5

Louis apartó la mirada, jugando con las gotas que se concentraban en el


plástico de la botella de agua fría.1

—Mejor al fútbol. Creo que una vez me dijiste que jugabas, ¿no?

Se lo dijo, hacía demasiados años, con una valla metálica y verdosa de por
medio. Cuando eran más bajitos, reían más y concentraban una confianza
absurda. Siendo, irónicamente, el momento donde también menos se
conocían. Harry pasó los dedos por su cabello rizado, peinándolo hacia
atrás.

Fue inevitable que el otro se fijara en el gesto.

—Sí, jugaba. Lo dejé creo que a los trece años, cuando entré al instituto.

Louis asintió.

—Yo también, cuando me compré el primer skate.

El alfa enarcó una ceja, casi haciendo una comparación odiosa sin usar
palabra. Louis se encogió de hombros, echándose a reír.

Habían conseguido salir del paso de aquel momento incómodo que


vivieron. El omega era el que optaba por perder la vista mientras era el otro
el que bebía de su botella de agua y lo miraba de reojo. Harry sabía en qué
terrenos pantanosos se estaba moviendo, sabía qué omitían, el ineludible
ambiente de cierta incomodidad. La encrucijada de que seguían siendo alfa
y omega, mas no unos normales.5
El ojiverde observó a Louis, con cautela, hallándose con comparaciones
odiosas y cavilaciones que, definitivamente, adoptaban más autenticidad si
lo tenía delante.

En cualquier otra situación, un alfa le exigiría más al omega que lo había


buscado y en cierta parte reclamado.

En cualquier otra situación, ese mismo omega también demandaría la


misma atención del alfa.

Lena, aquella chica que conoció al llegar a la universidad y se había


mostrado interesada en él... Con sinceridad, no podía recordar en qué
momento se apagó aquella predilección. Harry como siempre era pésimo
en eso de las señales o captar indirectas. El mismo Niall le peleaba por
eso, pues él siempre asumía intereses más casto mientras al rubio casi se
le caía la mandíbula al suelo llamándolo ciego. Su relación con otras
personas había sido escasas; primitivas si las acotaba a los celos. Nunca
le interesó algo más, nunca hasta que llegó cierto día lluvioso de diciembre.
A veces recordaba, su mente ascendía a evocaciones pasadas donde
aparecía cierta sed, el pensar en su instinto más animal, en la vez que la
naturaleza se hizo más con él.1

Y no, no se lo negaba, desde aquel momento Louis le dio fuerte. Muy


fuerte.62

Porque aquel chico no era sólo la atracción sublevada por sus condiciones
sino el aroma distinto, su forma de ser, aquel misterio o la cantidad de
metafóricas capas que parecían recubrirlo. Que lo tratara como si fuera
otro alfa, que actuara como beta y finalmente fuera aquel irremediable
omega. Porque Harry era el que precisamente jamás se arrastró por las
condiciones, pero era inevitable que secretamente se jactara de aquella
peculiaridad que detentaba el menor. Louis era, sin remedio, atrayente. El
primer chico al que supo que podía desear, el primero con el que se dio
cuenta de que definitivamente no sólo se decantaba por ciertas omegas,
que de hecho encontraba una sensualidad más adictiva en las curvas
masculinas. En que, sin más, incluso se podía llegar a decantar más por
ellas.76

Descubrimiento tras descubrimiento hasta que se cruzó Dani, ese chico por
el que no podía dejar de sentir un nudo en el estómago. Lo que peor le
salió... Quizás el coqueteo más serio, el que le dio a probar lo que otro
omega destapó para luego huir. El que de verdad le dejó indagar en todo lo
que le inquietaba. Dani podía ser perfecto, podía encajar con él; le gustaba,
era hermoso, le atraía. Tenía aquellas curvas masculinas, lo buscaba, se
preocupaba, quería cuidarlo. Lo podía tener todo, sí.78

Pero Dani no era Louis.224

Porque Louis era capaz de ignorarlo, de mostrarse indiferente e incapaz de


mostrar alguna debilidad. Era un enigma no saber si le interesaba, que más
bien fuera él el que tuviera que buscarlo. El propio Omega de Louis era
diferente y no sólo por aquel aroma que ya sabía que lo volvía loco; que sin
remedio lo atraía como un sediento. Era un omega por el que se decantaría
ya que, si le daban a elegir, había descubierto que disfrutaba más de lo
salado que de lo dulce. Del frío en la piel antes del calor que podían
transferir otras. Porque el Omega de Louis también se retorcía o lo
exponía, dejando escapar todo aquello que estaba seguro que el de ojos
añiles no quería rebelar.26

Y, maldita sea, no era difícil descubrir que era un completo adicto a ello.5
Porque quizás escogía lo raro, lo que debía descifrar. Aquel bloque de
hielo por el que sabía que debía caminar con cautela, por si se rompía y
finalmente se terminaba ahogando...

Porque sí, Louis le interesaba. Y también le interesaba no buscar


reemplazos. Sabía que por su parte no iba a recibir la atención o quizás el
interés, que quizás era él el que debía seguir apareciendo en el
supermercado donde trabajaba o con su coche para llevarlo a reciclar, a
comprar... A hacer el ridículo montando en skate cuando no tenía pajolera
idea; solo por pasar aquel tiempo con él.48

Quizás aprender a coquetear de verdad, a buscar la forma de hacerlo


desde Londres, todo en medio de la tesitura de no saber si Louis lo llegaría
a aceptar sin la necesidad de que entrara aquel trato que habían hecho. Al
de dos palabras.6

Porque a Harry, Louis le interesaba en celo, por supuesto, era su alfa el


que podía llegar a rugir de sólo pensarlo. Sin embargo, comenzaba a
hacerlo también fuera de él, con los gestos castos de miradas cruzadas y
sonrisas tímidas. En la intriga de conocerlo un poco más, de indagar en él.
Apenas conocía un mínimo porcentaje de Louis y, poco a poco, quería
averiguar todo sobre el dueño de aquel cuerpo menudo, ataviado siempre
con aquellas ropas anchas y deportivas, de manos ásperas y trabajadoras
que exponían ciertas cicatrices. Quería saber qué había sido de aquel
chico que conoció hacía ya ocho años atrás; volver a encontrarlo en ciertos
detalles donde a veces era capaz de llegarlo a reconocer.3

Lo iba a dejar, sí. Iba a permitir que Louis se siguiera cerniendo poco a
poco en él, teniendo como objetivo más importante el conseguirse abrir un
hueco para él también ser el osado de colarse con extrema y sutil
delicadeza en el propio Louis...
59

...

Febrero, 2008
Tres meses después25

Llamadas, mensajes y algún e-mail cuando querían compartirse algo más


de la red. Harry era el que sobre todo optaba más por ello. Su móvil ya no
se quedaba sin batería, pues llegaba a cargarlo casi a diario. Todo había
comenzado en la época de exámenes, cuando Harry decidió hacer una
llamada para preguntarle cómo le había ido. Cuando días después Louis
tuvo el mismo detalle pero en mensaje de texto.8

Harry, a veces sacaba fotos a las motos que veía por el campus y se las
mandaba a Louis para cotillear su coste o preguntarle cómo debía buscar
información de ellas en internet. Realmente, no eran datos que ansiaba
conocer, pero el omega podía llegar a pasarse horas hablándole de algún
modelo, creando conversaciones que luego distaba bastante la una de la
otra. Louis, por su parte, una vez también acudió a él con dudas de ciertos
problemas matemáticos que implicaban ecuaciones.33

Sin más, se comenzaron incluso a ayudar. Compartían, hablaban; a veces


durante horas que no eran ni conscientes que pasaban. El propio Niall, se
daba cuenta de las horas que pasaba su amigo frente a su portátil. Y sólo
reía, sin decir nada. Los padres de Louis también se percataron de que su
hijo le prestaba más atención a aquel móvil que siempre olvidaba, del que
incluso de repente se quejaba cuando se quedaba sin batería. Pero
tampoco decían nada.119

Harry descubrió que Louis era alérgico a los cacahuetes y que si fuera por
él iría al cine cada semana. Que los compañeros de su clase, en pocas
palabras, eran unos inútiles con excesiva envidia y que con los chicos que
mejor se llevaba eran los del curso de gastronomía que también se
impartía en su instituto de formación superior. Por su parte, Harry contaba
que él no era alérgico a nada pero sí tenía fobia a las serpientes ya que de
pequeño tuvo un ataque de pánico cuando vio una en un zoo al que fue a
visitar con sus padres. Que le hubiera gustado tener una hermana porque
en su infancia jugaba siempre con sus primos menores cuando pasaban
gran parte de los meses de verano en Lyon, Francia; la ciudad natal de su
familia. También le contaba que su curso de alemán le costaba. Ambos
incluso se llegaron a burlar de las toscas pronunciaciones que tenía la
lengua.45

Louis un día le contó a Harry que se había comprado una pecera y a los
dos días, este mismo fue el primero en enterarse que los pobres peces de
colores no habían sobrevivido. El alfa entonces indagó en internet y le
recomendó la raza que debía comprar. Y Louis lo hizo, porque el otro tuvo
razón; los animales llevaban semanas vivitos y coleando en la pecera.101

Una vez, Harry también le habló de una red social que Louis nunca llegó a
entender y el alfa juraba que revolucionaría el mundo, que él ya tenía su
perfil, pues la habían creado en Harvard universitarios como él. Facebook o
algo así. Louis intentó probarla pero definitivamente prefirió quedarse con
la mensajería vía e-mail. Ya bastante le había costado animarse a hacerse
el correo. Una vez más, había sido Harry el que por teléfono le tuvo que
enseñar todos los pasos.198
Y cuando llegó febrero, con su primer día, también lo hizo el vigésimo
cumpleaños del alfa. Cayó un viernes, uno en el que Harry se podía
permitir dormir hasta más tarde, pues sólo tenía una clase a las diez de la
mañana. Sin embargo, fue Niall el que lo despertó a cojinazos, tirándose
encima de él, realizando ciertos movimientos obscenos sobre su trasero. El
alfa no cesó cuando el cumpleañero lo tiró al suelo, pues se tiró de nuevo
sobre él, canturreando un cumpleaños feliz mientras besaba su cabeza.
Niall esa mañana sí debía ir más temprano a clases, pues aunque cursaran
la misma carrera algunas de sus asignaturas optativas no coincidían.8

Finalmente, el rubio lo dejó tranquilo cuando le tendió una cajita con el


primer regalo de ese día. Harry, somnoliento, llegó a abrirla sobándose un
ojo. Ni el letargo del sueño evitó que, irremediablemente, también abriera la
boca de par de par.

—Niall —susurró, encontrándose con la resplandeciente sonrisa adornada


con brackets de su compañero—, ¿esto es un porro?71

Preguntó anonadado y el rubio, por su parte, solo dio un brinco eufórico


sobre el colchón.

—¡Feliz cumpleaños, hermano! Tu fiesta no la haremos hasta la semana


que viene pero tú y yo más tarde lo celebramos. Vete venerándolo hasta
que llegue, ¡nos vemos a la hora de comer!

Parpadeó cuando su amigo le dio una palmadita en el hombro antes de


cargar bajo el brazo sus libros para salir por la puerta.

A Harry le llevó varios minutos reaccionar.

Cómo no, Niall era el único capaz de considerar aquello un "regalo". Volvió
a cerrar la cajita, negando con la cabeza mientras estiraba un brazo para
dejarla bajo la cama; no tenía ganas de levantarse hasta el escritorio. El
reloj marcaba las ocho y media y soltó un ronquido de gusto cuando
calculó que podría dormir un poco más. Se coló entre las sábanas,
sabiendo que su madre lo llamaría en un rato, a la hora a la que ya sabía
que lo podía encontrar despierto. Hundió la cabeza en la almohada e
irremediablemente volvió a reír ante la excentricidad de Niall. Recordó las
palabras "tu fiesta" y "la semana que viene" y casi pudo padecer un
escalofrío. Por segundo año, su amigo irlandés, como no podía ser de otra
manera, era el encargado de organizarla. No le había dado ningún detalle,
sobre todo después del drama que armó porque no sería el mismo fin de
semana donde caía su cumpleaños; pues Harry había decidido viajar a
Plymouth esa misma tarde. Había tomado esa decisión sin que sus padres
la conocieran. Quería aparecer por sorpresa en casa, lo decidió cuando
Annette le comentó días atrás que ya serían dos cumpleaños consecutivos
en donde no estaría presente; cuando su padre le confesó que aquella
misma llamada no se había cortado sino que la omega había roto a llorar.
Así que a Harry le apetecía, moría de ganas por ser esa vez ser él el regalo
de su madre, por verla sonreír... No se iba a engañar, él también la echaba
de menos, aun con sus paranoias y constantes histerias.4

Así que con una sonrisa pintada en su rostro supo que no volvería a
conciliar el sueño, pero eso no le quitaba disfrutar un poco más de la
comodidad del colchón.

En cambio, su móvil vibró.55

Abrió los ojos, incorporándose para encontrarse el aparato con la pantalla


iluminada, aguardando también en el suelo, junto a la regleta de la
corriente ya que lo había dejado toda la noche cargando.4
Una mano se apresuró a desenchufarlo para acercárselo. Cuatro palabras,
de hecho familiares, bastaron para que un nimio cosquilleo se asentara en
la boca de su estómago.2

Nuevo mensaje de Louis.27

Sonrió al tiempo que presionaba el botón de abrir.

"Buenos días! Cómo es eso de despertarse con 20 años? Ya has


mirado si te ha salido alguna cana? Empiezas a sufrir alopecia? Ya lo
comprobaré este fin de semana. Feliz cumpleaños, Curly"162

Un cosquilleo que tornó a una profunda punzada. Una que no podía llegar
a ser molesta.4

Sonrió al leer aquella última palabra. Aquel mote. "Curly". Louis seguía
usando el de niño pijo, pero aquel surgió el día que Harry se quejaba su
peinado, al que no sabía dar forma porque precisamente sus rizos estaban
más largos y rebeldes. Louis le había dicho que no sería para tanto y, para
rebatirlo, el alfa se atrevió a mandarle una foto de la maraña que era su
cabello. El otro le tuvo que dar la razón a carcajadas, inventándose aquel
apodo casi de la nada. Lo había usado pocas veces. Sin embargo, en
aquella felicitación consideró que quedó perfecto. Sin duda sí.3

Sus mejillas se arrebolaron ante la revelación de sus pensamientos. Sus


dedos ágiles recorriendo el teclado de su teléfono móvil cuando presionó la
opción de responder.

"Pero qué dices?! Si yo soy como el buen vino. 20 años no podrán


conmigo. Muchas gracias, Louis, me ha encantado esa felicitación.
Has sido de los primeros. Ten buen día, nos vemos este finde"109
Y sólo lo releyó una vez antes de mandarlo. Después de tantos enviados,
ya lejos quedaba aquella indecisión que alguna vez existió a la hora de
mandar los pequeños textos.

Sí, le había contado a Louis que se presentaría por sorpresa en Plymouth y


que si quería podían verse el sábado o quizás el domingo. Y Louis había
aceptado, prometiendo incluso que lo invitaría a algo por su cumpleaños.

Y con todas aquellas ideas los hormigueos solo arremetían con más
fuerza.9

Louis calaba, lo había permitido. Y sin duda alguna, lo hacía bien hondo.41

Dejó el móvil a un lado antes de volver a descansar su cabeza en la


almohada. Una resplandeciente sonrisa adornándole el rostro. Su pecho
martilleaba, algo le decía que sería un buen cumpleaños, un día
memorable en el que entrar en la veintena. Tenía muchas ganas de volver
a casa. De ver a sus padres.

Suspiró.

De ver a Louis.
109

...

Su móvil cayó como siempre en el fondo de la mochila. Acababa de leer la


contestación que le había dado Harry al mensaje de felicitación. Quizás
había pensado más de la cuenta en él mientras se duchaba, cepillaba los
dientes o elegía su ropa. Ya estaba camino a clases, había decidido
escribirlo cuando salió de casa y creyó haber tenido una buena idea de
"felicitación". Francamente, no era bueno en eso, a las pocas personas que
le podía nacer felicitar lo hacía cara a cara...6

Largó un suspiro.

Y Harry en realidad era el único con el que no se cumplía esa regla. Ni


muchas otras.

Era con él con el que se mensajeaba y había dado una vida útil a su
teléfono móvil. Con el que llegaba a pasar más horas de la cuenta delante
de su ordenador de mesa.

Harry sin más. Ese al que no sabía todavía calificar.

Apuró el paso aferrándose a las asas de su mochila colgada a la espalda,


intentando centrar su mente en lo que debía. Aquel día era importante.

Su curso había organizado un concurso, o algo así. Preferían llamarlo


proyecto. Se trataba de la creación de la maqueta de un motor novedoso,
que pudiera revolucionar el mercado. El ganador, podría presentar su
propuesta frente a fabricantes de la mismísima marca Opel, optando a la
concesión de una beca para pasar quince días en Alemania en los meses
de verano.72

Decir que Louis estaba eufórico, era quedarse ridículamente corto.

Llevaba más de un mes sin trabajar en la Aprilia de su garaje, volcándose


por completo en la creación de su maqueta. Se había atrevido a diseñar un
motor de coches de bajas emisiones. Su profesor lo había observado
incrédulo cuando el joven omega le comentó la idea, pero había optado por
dejarlo hacer. No era un proyecto descabellado, mas sí ambicioso para un
simple estudiante de segundo año.
Había visitado el punto limpio y desguaces en busca de piezas demasiadas
veces. Se había acercado casi a diario a la ferretería y a su tienda favorita
de mecánica. Poco a poco, tras un mes de trabajo, podía decir con orgullo
y en voz alta que lo había conseguido. Su proyecto lo aguardaba en el
salón de actos de su instituto.12

Repasaba las explicaciones que le daría a los jueces, en cómo contaría


que su trabajo apostaba por el empleo de motores turbodiesel de poca
potencia en aquellos que rondaran el centenar de caballos. Sabía la
cantidad de cuestiones en contra que le lanzarían y ahí él contraatacaría
con su as bajo la manga, en lo que realmente centró su estudio. Su
proyecto no se centraba sólo en la dotación de ahorro en el motor sino en
neumáticos con baja resistencia de rodadura, en un sistema de retención
que apagara los propulsores cuando no fuera necesaria su utilización,
atreviéndose con el concepto de arranque automático para rematar todo
con la propuesta de un diseño aerodinámico en cuanto a carrocería. En
pocas palabras, Louis no sólo había diseñado la proposición de un nuevo
motor, sino que prácticamente, creó un modelo automovilístico.195

Y estaba nervioso, por supuesto que lo estaba, pero no a un nivel que


aplacara lo emocionado que también se encontraba.3

Tenía todo, en su taquilla lo esperaba una pequeña maqueta del diseño del
coche y la misma idea en motocicleta, muestras de los materiales por los
que apostaba, esos que había conseguido tras largas horas en los
desguaces. Tenía un dossier con el cálculo real de las emisiones que
consiguió sacar tras intensas clases particulares sobre ecuaciones. Lo
había plasmado todo incluso en gráficos.16

Quería, más que ganar, demostrar lo que era capaz de llegar a hacer.10
Cruzó la puerta principal del conjunto de edificios de formación con una
sonrisa que podía partirle en dos el rostro. Debía dirigirse directamente al
salón de actos, pero antes pasaría por su taquilla a recoger los
documentos para luego sí juntarse con el resto de sus compañeros. Todos
contaban con media hora para prepararse antes de que sus profesores y
jueces llegaran.48

Cruzó el pasillo de su edificio; planta baja en dirección a los salones. Una


sonrisa seguía plasmada en su cara, sus ojos azules brillaban.63

Lo hicieron hasta que sus comisuras descendieron al llegar a la zona de las


taquillas.53

Una fuerza inexplicable que ancló las plantas de sus pies al suelo.

La suya era la veintiocho.31

La suya era la que tenía la puerta media abierta.8

La que estaba forzada.141

Una ola de pánico lo abatió antes correr hacia el viejo casillero metálico.
Olvidó llenar sus pulmones de aire cuando abrió la puerta y comprobó lo
que precisamente faltaba.3

—No. No, por favor, no...12

Su dossier, su maqueta móvil... No estaban.108

Removió con rabia todo el contenido de la taquilla. Dos libros salieron


volando, arrugados, junto a hojas y una libreta que acababa de romper al
tirar de ella. El dossier con el contenido de su proyecto era de color fucsia y
no estaba.

Su trabajo no estaba.1
No podía respirar con normalidad, sentía los latidos de su músculo
cardíaco casi en la garganta, una punzada en las sienes y cierta humedad
acudiendo a sus ojos. Golpeó la puerta de la taquilla, comprobó las demás,
se giró sobre sí mismo, buscando a su alrededor, sin saber exactamente
qué, hundiendo las yemas de los dedos en su cabello, el que ese día sí
peinó porque había decidido no usar gorra para la presentación.53

Su pecho subía y baja, errático mientras la respiración se le volvía


irregular. No fue consciente de que una lágrima resbaló por su mejilla
derecha cuando se volteó y volvió a ver su taquilla vacía.42

Corrió, corrió en dirección al salón de actos donde sí debería estar la otra


maqueta que únicamente abarcaba el motor, la cual no servía de nada si
no poseía su dossier. Sin ello, no podía fundamentar su trabajo, no tenía
sentido argumentar sin pruebas y cifras reales.7

Esas que estuvo recopilando durante un mes.

Un mes...27

Sus compañeros estaban ya en el salón de actos, frente a las mesas


donde sus maquetas aguardaban, la mayoría cubiertas con una pequeña
sábana blanca. Delante de cada una había un cartel con el nombre del
creador. Fue directo hacia la suya, "Louis Tomlinson"

Tironeó de la tela, comprobando que allí sí estaba parte de su proyecto que


ahora era inservible. Miró a su alrededor, con la vista aguada, intentando
localizar sus documentos, aquello en lo que se dejó la piel, que hizo con
mimo, en lo que volcó su ilusión...

En lo que demostraba qué se le daba bien. Lo que le gustaba...29

Los buscó con la mirada, por todos lados, pero no los halló.
El omega era un cóctel que emitía inestables feromonas, tantas que
demasiados pares de ojos se concentraron en él. Un silencio se formó en
el salón antes de que estallaran los murmullos, cuchicheos y ciertos
gruñidos bajos.31

Los ojos añiles que ya no solo simulaban un mar por su color, viajaron
hacia cada uno de los alfas y betas que lo analizaban casi agazapados,
hacia todos hasta que frenó en uno. Moreno, de orbes negro tizón,
complexión ancha, pelo rapado... con un aro que se atildaba en su labio
inferior.45

El mismo que curvó una de sus comisuras cuando se topó con la mirada
acuarela del omega.24

—Tú —musitó Louis en un tono mucho más bajo de lo que pretendía—.


¡Fuiste tú!

Una furia que arremetió con fuerza e hizo hervir su interior.

Se fue contra él, no tuvo la capacidad de pensarlo cuando alzó los puños y
corrió en dirección al alfa. El que respondía al nombre de Max.28

Chocar contra aquel cuerpo fue como hacerlo con una piedra, mas no le
importó cuando le golpeó el pecho. Cuando gritó más fuerte que había sido
él y atinó a atizarle un golpe en el pómulo, gruñir bajo y volver a manosear.
Pero como era de esperar, y estando en una evidente desventaja física, el
alfa casi lo sacudió cuando lo tomó del brazo y de un solo movimiento lo
alejó de él. Louis se removió, ansioso y con los puños todavía en alto; con
lágrimas que encerraban rabia corriendo por sus mejillas, emitiendo aquel
aullido bajo que se concentraba en el final de su garganta.3
No le importó la mirada de advertencia del alfa cuando pretendió pegarle
de nuevo, mas sí se encogió sin remedio, quedando paralizado cuando un
rugido del mismo fue capaz de helarlo entero.42

Los betas quedaron mudos, el resto de alfas callaron.

El omega sólo gimoteo, con los ojos abiertos de par en par, sintiendo una
sacudida en su interior.

Sumiso.115

Max no soltó el brazo de Louis ni cuando este calló, calmando su quejido.


El alfa mantuvo el vibrar en sus cuerdas vocales, el rugido entre su
dentadura apretada; en los dientes que se hacían mella unos con otros.
Oprimió aquel agarre hasta que al omega le dolió.2

—¡¿Qué está pasando aquí?!10

Una voz demandante, tosca; alfa. El director de la institución acababa de


ingresar en el salón, seguido de dos profesores que miraban atónitos la
escena.

—Max, suéltalo ya.1

Un beta, amigo del alfa, había pronunciado aquello a sus espaldas. Solo
entonces el de ojos tizones desclavó su vista del omega y lo liberó. El
menor miró a su alrededor, con ojos aterrados, sintiéndose pequeño,
demasiado, notando que encogía entre todos aquellos gigantes que
únicamente lo observaban a él.1

Su Omega se retorcía en su interior y Louis, por primera vez, quería


hacerlo con él.43
Dio un paso atrás, corroborando que podría caer al suelo, que lo veía muy
cerca. Que de hecho quería hacerlo. Miró las maquetas, las que estaban
cubiertas y las que no, la suya que no valía, su trabajo... el que le había
robado. Observó las mesas, el piso, el color pobre de las paredes y cómo
dos profesores se acercaban hacia él, justo en el momento que dio media
vuelta y salió de allí, con la cabeza embotada y su condición gimoteando
desesperada. Corrió por los pasillos, con lágrimas agolpándosele en los
ojos, nublándole la vista. Con un sollozo atorado en el centro de su faringe.

Le habían robado, le habían hundido. Su trabajo, su ilusión, eso que no le


había contado a nadie porque quería darles una sorpresa si ganaba.
Porque sería incapaz de decepcionarlos si perdía. No se lo contó a sus
padres, no se lo contó a Harry...16

Harry. ¿Por qué pensaba en Harry?28

Él lo ayudó con gran parte de su proyecto sin saberlo. Se quedó con él


hasta bien entrada la noche, explicándole cómo debía dibujar
correctamente un gráfico y qué diferencia tenía ese con un diagrama de
barras. Todo por teléfono.3

Para nada.3

Su padre, que lo llegó a esperar hasta una hora en el coche en uno de sus
tantos viajes a las tiendas o punto limpio.4

Para nada.7

Todo el tiempo que empleó... Ni siquiera tenía la posibilidad de saber si fue


útil o no. No lo podía saber, otros habían decidido que no tendría ese
derecho.9
Necesitaba salir de aquel edificio, huir de allí, romper a llorar... Calmarse y
dejar de sentir que se asfixiaría, pues no era consciente de que estaba
experimentando todos los síntomas de un ataque de ansiedad.12

Pero no lo hizo, no paró sino corrió, corrió por las calles de la ciudad,
ignorando a aquellos que hacían su vida, que lo miraban extrañados. Huyó
sintiendo que aquel era el camino más largo que había hecho hasta su
casa. Quizás porque se había llegado a equivocar de calles, al doblar
esquinas. Soltó un quejido cuando visualizó su hogar, su casa blanca; la de
sus vecinos prácticamente idéntica.

No se dirigió a la puerta principal de su casa sino que cruzó el jardín,


dirigiéndose al garaje. Se quitó la mochila de la espalda con rabia y sacó
de uno de los bolsillos laterales un manojo de llaves antes de volver a
ponérsela. Abrió el portón, jadeante, con un mareo todavía constante. Lo
abrió y allí estaba, su refugio, el punto donde se encontraba el eje del
mismísimo orden que estabilizaba el caos que a veces encerraba su vida.
Había restos de planos, algunas anotaciones en sucio de su proyecto. Pero
sólo eso.

Entonces, lo único que se le pudo venir a la cabeza fueron miles de


preguntas.

¿Por qué no había dejado su dossier en casa? ¿Por qué no lo llevó en todo
momento consigo? ¿Por qué se había quedado el día anterior en el
instituto rematando la presentación? ¿Por qué confío? ¿Por qué decidió ser
ingenuo, confiar, si nunca nadie le dio motivos para hacerlo?47

—¡Idiota! —El sollozo emergió de su garganta cuando, de un manotazo,


hizo volar todas aquellas anotaciones que descansaban en su mesa de
trabajo.3
Lanzó una llave inglesa contra un mueble, impactando sus puños cerrados
contra la superficie, sintiendo de inmediato la picazón del golpe. Esperó
con regocijo el dolor.

Se separó yendo directo a una de las motos que estaba cubierta con un
forro negro. Abrió la cremallera con agilidad, deshaciéndose con rapidez
del cobertor, tirándolo a algún lado. El motociclo, una Honda del dos mil, la
que estaba totalmente arreglada. Observó cómo las llaves de contacto
estaban puestas.

Iba a montarse en la moto, pero frenó para fijar un momento la vista en su


caja de herramientas. Se abalanzó sobre ella, abriéndola con desespero,
rebuscando en su interior hasta hallar aquel manojo de dos llaves.53

No se molestó en volver a cerrar la caja cuando esa vez sí se subió a la


moto y la arrancó, oyendo el motor rugir, acelerando sin soltar el embrague
para que el tubo de escape emanara aquel humo blanco. Apretó los
manillares, se tumbó sobre ella y tomó una bocanada de aire antes de
arrancarla, incorporándose a las calles. Sin casco, sin que le preocupara
realmente la velocidad.85

Hizo rugir más fuerte el motor, notando como el viento rozaba su cara,
entrecerrando los ojos cuando la imagen de su taquilla abierta lo asaltaba.
Aceleraba, sintiendo los gimoteos que reprimía, sacudiendo la cabeza para
que la brisa le arrancara las lágrimas. Las millas por hora aumentando en
el panel lo calmaban, hacían que su cabeza le gritara que efectivamente
quería huir, que hiciera rugir la motocicleta porque eso crearía más aire frío
porque tenía calor, porque la boca de su estómago quemaba.3

Porque se dirigía allí, a la bahía se Whitsand.17


A una casa que no le pertenecía.

57

...

Esa vez, lo acompañaba el grupo Queen.105

Lo había empezado a escuchar hacía relativamente poco, tras notar que


tarareaba muchas de sus canciones sin ni siquiera ser consciente de que
eran de aquellos artistas. Por ello, no dudó en obtener aquel álbum, "Made
in Heaven", el último editado junto a Freddie Mercury.47

Tamborileó los dedos en el volante, escuchando la letra de la canción que


aún no podía canturrear porque no se sabía. Sus gustos musicales eran
dispares y eso mismo le fascinaba, lo amaba. Una tarde de brisa
agradable, con más de la mitad del camino hacia Plymouth recorrido. Tenía
ganas de llegar, algo se lo advertía, algo le ansiaba estar en casa, darle
aquella sorpresa a su madre, estar allí... Los kilómetros cada vez se hacían
menos pesados, el viaje de aproximadamente cuatro horas se tornaba más
ameno en cada ocasión. Además, le gustaba conducir, pues en aquellos
trayectos usaba el coche mucho más que haciendo su día a día en
Londres, donde procuraba emplear el metro cuando se movía por el
centro.1

Apretó el puente de su nariz con dos dedos cuando un hormigueo le


recorrió la nuca. Movió el cuello, deshaciéndose de la sensación, justo
cuando la canción cambiaba.39

Cuando su móvil, en el salpicadero, vibraba.


Frunció el ceño antes de tomarlo con la mano izquierda. Sólo apartó la
vista de la carretera un segundo, el que le bastó para comprobar que tenía
un mensaje nuevo.

De Louis.1

Una sonrisa que no planeó apareciendo en sus labios.

"Harry yallegaste"147

Pestañeó.

Era raro que escribiera así. Supuso que era una pregunta, ¿no? Quizás
fuera una tontería, pero era extrañísimo que Louis escribiera mal.

No le dio tiempo a barajar algo más cuando otro mensaje ingresó en su


bandeja de entrada.

"Lo siento harry siento que hoy"38

Apretó los labios, sintiendo cierta preocupación aflorando en él. Louis


jamás, jamás escribía así. Volvió la vista a la carretera, se encontraba
circulando por una autovía, a una media de sesenta millas por hora. Apretó
con su mano el volante, sin retirar la presión del pedal de aceleración.

Escribió en el teléfono con una mano, todo lo rápido e inteligible que pudo.1

"Que te pasa louis"16

Y entonces los minutos de espera fueron pesados. Sus hombros se


tensaron, con la atención fija en la carretera y sus oídos finos, a la
esperaba de la vibración del teléfono móvil. No oirían otra cosa.1

Largos. Minutos demasiado largos.

Hasta que el móvil volvió a vibrar.


Abrió el mensaje. Lo leyó.

Una.8

Dos veces.6

Sus pupilas, al instante, dilatándose...51

"En rut"
Había sido arrollador.19

La sensación de calor, la punzada en las sienes y el cosquilleo que le


comenzaba al final de la espalda; el que se extendía hasta justo detrás de
las orejas.3

Necesitó huir, encerrarse, que nadie lo viera. Necesitó entenderse con


aquella ira que lo llevaba al borde de las lágrimas.

Y se acordó de Harry. Se acordó de aquel lugar.

Él le había dicho que lo podía usar si lo necesitaba, independiente de todo,


así que llegó a la casa, dejando la moto aparcada a dos pasos del porche.

Tardó en encajar la llave en la cerradura. Su corazón martilleando con


fuerza cuando esta entonces abrió la puerta...

Quizás fue el olor, el estar solo sin que nadie lo viera u oyera. No supo qué
fue exactamente lo que nimiamente lo llegó a tranquilizar... Un aroma
familiar que con el paso de las horas también hacía que su faringe
hormigueara. Que el calor que sentía en las mejillas aumentara.

Si pensaba en lo sucedido horas atrás, un nudo se le formaba en el centro


del vientre. Su mandíbula tensa y la quemazón haciendo presa a una
tirantez que le nacía en el pecho. Durante horas estuvo abrazado a sí
mismo, tras la puerta principal, con las llaves de la casa encerradas en un
puño. Pero no se permitió llorar; las lágrimas no eran útiles, se dio cuenta
de que precisamente no eran las que liberaban la frustración. Le habían
robado, infravalorado y humillado. Porque fue precisamente eso, el reclamo
a sí mismo por aquel gemido que tuvo que dejar escapar cuando la
naturaleza siguió su cauce y llevó a cabo las reglas. Un alfa lo había
rebajado. Se había tenido que subyugar ante uno. Ante aquel.2
Porque le fue imposible evitarlo. Porque fue algo que no decidió cuando
pasó.

Y se detestó por ello, por supuesto.

Se odió.62

Se gritó a sí mismo, enredó los dedos en sus cabellos cuando tironeó de


ellos y gruñó. Cuando sólo palpaba más calor. Cuando irremediablemente
reconoció los síntomas.

Entonces se retorció, porque era una guerra con su Omega, una que
siempre perdía. Podía enfadarse con él y detestarlo, mas sería su
naturaleza la que contraatacaría con el sometimiento. Podría maldecirla,
pero esta siempre se rebelaría en su versión más arrolladora, esa donde el
propio Louis perdía, abriendo paso a la forma más fiel de su condición.1

Un omega en celo.54

Otra vez, cinco meses después, con los ciclos alterados por la manera en
que sus nervios se desestabilizaron. Pensó en su madre, en la cita a la que
no fue para cambiar de supresores; para probar métodos mejores. No fue
porque la olvidó al estar trabajando en su proyecto, porque le advirtió a
Marjorie que le diría cuándo tendría un hueco y nunca lo hizo. No fue,
siguió tomando los mismos y allí estaba, como siempre, reconociendo cada
vestigio...19
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accidente.
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Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

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incluso harry, su mejor amigo.

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Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
----------
créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

El ardor bajo la piel, las palpitaciones y el aire caliente que notaba


traspasar por sus arterias pulmonares. Las bocanadas que quemaban...2

Que las horas pasaran y aquella casa mantuviera el olor que podía revivir
cuando recorría su vista por el pasillo y miraba el respaldar del sofá que
adornaba el centro del pequeño salón.

Una vibración calentando sus cuerdas vocales junto a las primeras gotas
de sudor que comenzaban a perlar su frente.

Eso que todavía no dolía pero lo haría. Quizás en una hora, a lo sumo
dos... Cuando, con la vista fija en aquel sofá, sacó de su mochila el
teléfono móvil. Cuando, con los labios apretados, intentó mandar un primer
mensaje. Y algo rugiendo al pronunciar en su mente el nombre de Harry.

La casa de Harry, el olor de Harry. Su celo y Harry.4

El Omega que imploraba en su interior; el que demandaba al alfa.

Las dos palabras que hicieron la sentencia...7

Harry las había contestado.

"Puedes ir a la casa?"

Sus pulmones se vaciaron cuando exhaló al leer.

"Ya estoy"

"Voy"10
El móvil resbaló de sus manos cuando una ola deshizo el nudo que se
había formado en la boca de su estómago. Tuvo un ardor constante
recorriéndolo, arremetiendo con fuerza ante la idea de que, de nuevo, no
tendría que lidiar solo con todo aquello.

Harry iba a cumplir con su palabra.

Harry. Quería ver a Harry.88

Le dolían los músculos por permanecer tanto tiempo en la misma posición,


las articulaciones le tironeaban cuando las estiraba. Las horas habían sido
lentas y pesadas, luciendo victoriosas cuando Louis se rendía a cada
minuto, cuando el enfado o frustración ya no tenían cavidad, pues el
omega, derrotado, caía una vez más en la eterna pugna que mantenía con
la resignación de su posición.3

Llegó a sentarse en el sofá, tras batallar con sus piernas trémulas y manos
convulsas. Volvió a encogerse sobre sí mismo, lidiando con un constante
rumor de "Otra vez", "¿Por qué otra vez?"5

Y quizás se adormitó entre medias, cuando la vista se le nublaba y sentía


que efectivamente ya lo había dominado la fiebre. Que tenía sed pero no
voluntad para moverse a buscar siquiera una gota de agua. Que su
garganta raspaba y la saliva, como siempre, se evaporaba.1

Que no dolía aún pero pronto lo haría. Que aguardaba aquellas punzadas
bajo el amparo de una inevitable angustia.

...
La respiración se le cortó cuando vio una motocicleta aparcada delante de
la casa de la playa de sus padres.

La palanca del freno de manos crujió cuando tiró de ella para accionarla.
Retiró las llaves del contacto y dio un portazo más fuerte de lo debido
cuando salió del coche. Había conseguido la otra copia de las llaves y las
apretaba en su mano derecha. No se preocupó en tomar siquiera una
bocanada de aire cuando subió los tres escalones del porche y rozó con
los dedos el pomo frío de la puerta principal.

Los instintos del alfa eran entonces tan primarios...15

Quiso gemir de gusto cuando reconoció aquel olor tan dispar y picante; el
que le hacía recusar lo dulce para únicamente deleitarse en él. Cruzó el
umbral de aquella puerta buscando el aroma, notando la exudación en los
poros... Sabiendo que la razón, en breve, optaría por abandonarlo.
Precisamente porque se encontraba en el punto donde no le importaba.5

Porque Louis dio un respingo cuando lo sintió.

Seguía en aquel sofá, advirtiendo de un momento a otro que quizás no


había esperado tanto tiempo, o que la desolación que llegó a vivir fue
demasiados días atrás. Pero no, todo había pasado en uno. Todo había
pasado en horas.

Y Harry estaba allí.2

El alfa dio dos pisadas cautas cuando su atención viajó hasta la estancia
del salón. Louis entonces no supo de dónde halló la fuerza para levantarse
del mueble donde pasó horas acurrucado. Pero lo hizo. Estaba de pie,
mirando al alfa recién llegado; mirando a Harry, quien cerró la puerta con
extrema delicadeza tras de sí. El crujido de la misma siendo lo único que
irrumpía en un silencio sepulcral...
Louis tragó grueso cuando distinguió el verde en los ojos depredadores
que lo apuntaban, notando gotas de sudor recorriéndole la nuca; los labios
ya agrietados cuando los separó para intentar pronunciar un fonema que
terminó muriendo en el fondo de su garganta seca.

Porque cerró las manos en puño cuando Harry se movió, como una
pantera, con movimientos casi imperceptibles; con miedo de espantar a
aquella criatura temblorosa que lo miraba de frente, concentrando un
compungido lamento.22

Harry supo, o más bien volvió a confirmar, que podría llegar a enloquecer.2

Louis no necesitó dar un paso, mas sí aferrarse a la camisa del alfa cuando
este paró frente a él. El mayor sintió el corrientazo instantáneo ante el
tacto. El omega lo tuvo que hacer para no caerse de rodillas ante él. Harry
sostuvo sus codos, rozó con sus dedos la menuda cintura ajena y tensó la
mandíbula cuando se tropezó con las dos lagunas de agua cristalina que
esa vez lo enfocaban de frente. Louis jaló con más fuerza de la ropa del
alfa para pegarlo a él.6

Y Harry lo hizo, obedeció.

Cómo no.

No hablaron, sólo se embebieron del aliento que compartieron cuando los


suspiros lucharon con ahínco por escapar. Louis plegó sus párpados
cuando un torrente eléctrico recorrió su sistema. Cuando una brisa fría se
atrevió a hacer frente a cierto ardor. Cuando Harry lo rodeó con sus brazos
y coló sus pulgares bajo la tela de su sudadera, acariciando con ellos el
final de su espalda; una piel ardorosa que se entibiaba con el toque. Un
tacto que sólo hacía gruñir al mayor.9
Un vibrar caliente, excitante y que demandaba. Uno con el que al omega le
volvían a temblar las piernas.2

Harry lo sostuvo, perdiéndose en el añil de sus ojos, en la fuerza que el


ejercían contra él; tibia y endeble. Firme y frágil.1

Louis era ese sabor cítrico, ese hormigueo amargo que podía llegar a
recordar al tiento del pasto. Aquellos aromas que se intensificaban con su
celo; el río de sensaciones que el alfa no podía llegar a entender, que
percibía con todos sus sentidos e incluso se sabía capaz de transpirar por
los poros. El omega poseía aquella fragancia intensa, sin embargo, en
aquel momento también más cáustica. Louis temblequeaba, asistiéndose al
alfa que sólo deseaba olisquearlo.2

La camisa de Harry, con finas rayas azules y blancas, se hallaba arrugada


y mal puesta. El remangar en sus codos se había deshecho, justo cuando
decidió tirar de la prenda que cubría el torso del menor.

—Louis...

Su voz salió áspera, acariciando las vocales de aquella forma tan suya. El
aludido reprimió el quejido que quiso escapar de su garganta cuando sintió
el aliento del otro en su cuello. Harry se había agachado sobre él,
atreviéndose a rozar la punta de la nariz con el lóbulo de su oreja.7

—¿Estás bien? —Los dientes del menor cepillaron con fuerza su labio
inferior. Cuando sintió que la vibración de la voz lo sacudió—. ¿Tienes algo
más? Te noto... —Resopló—. Tienes algo más.14

El alfa tuvo que convertir su pregunta en una afirmación cuando recabó


que aquello no era la misma sensación de cuando lo sabía nervioso o
preocupado. No era igual que cuando estaba confuso. No era lo mismo y
aquello extrañamente le frustraba.
Pero contuvo un jadeo cuando la frente del omega se pegó a su pecho,
notando como negaba con la cabeza, respirando despacio.29

No estaba conforme. Ansió saber.

Louis... él tenía algo más.3

—Dime qué pasó. Por favor dímelo.

El omega le ocultaba algo, lo sabía, inexplicablemente, algo bajo la piel se


lo chillaba. Intentó separar a Louis para poder mirarlo, pero no se dejó.

—¿Te hicieron algo? ¿Alguien te hizo algo? Dime quién fue.74

Louis dejó de notar frescor para comenzar a experimentar la crispación que


el alfa emanaba. El cuerpo de Harry se volvió rígido ante la idea mientras el
negro dominaba el iris de sus ojos. Coló por completo sus manos bajo la
tela de la sudadera del otro y posó las palmas enormes sobre la piel
expuesta.

Un rugido demandante quiso aflorar en él.

—Tú no gruñes —pronunció el menor con un hilo de voz pastosa, sin


separarse ni un ápice del pecho en el que se apoyaba—. No lo haces
igual.1

Y el alfa pudo enloquecer, de hecho casi lo hizo cuando hundió su nariz en


el cabello del omega, cuando justo el frío volvió a circular entre ellos.

—Louis, por favor...13

—Tócame, Harry. Tócame antes de que duela.81

El propio omega jaló de su prenda para levantarla por delante, dejando su


vientre plano a la vista y jadeando con los labios entreabiertos,
comprobando que si levantaba su puño podía llegar a ver la piel olivácea
que escondía aquella camisa arrugada del alfa. Porque todavía estaba
sujeto a ese pedazo de tela.

—Dime qué pasó —insistió el mayor cuando la sudadera de Louis ya se


enrollaba bajo sus axilas.

—No.23

Y alzó los brazos. Fue Harry el que lo ayudó a deshacerse de la prenda.

Lo pegó de nuevo a él.

—Por qué estás así. Me vuelve loco sentirte así.42

Cuatro manos comenzaron a desabotonar la ropa que cubría el torso del


mayor. Harry miraba al otro, interrogante e inquirente, humedeciendo con
lentitud sus labios; bañándolos con la saliva que dejaba su propia lengua.2

—Harry, sólo necesito... —se cortó cuando ambos se encontraron con sus
pechos desnudos, cuando supo que aquel, frente a él, era la manta helada
que necesitaba—. Sabes el qué. Me quema.5

Definitivamente, Harry rugió.22

Sus brazos envolvieron el cuerpo menudo de Louis, quien le enterró las


yemas de sus dedos en los costados, creando un sendero con los mismos
hasta el escaso vello del pecho, justo en el centro de sus pectorales. Una
dulce aspereza, pues por el contrario, Louis era suave y lampiño, con su
piel lechosa y tibia a cada toque. Harry acarició las caderas del omega, con
sus dedos largos le recorrió la espalda hasta llegar a los hombros, los
cuales masajeó para luego poder deslizarle las manos abiertas sobre el
torso. Louis abrió la boca, cerró los ojos e inclinó levemente la cabeza
hacia atrás cuando necesitó soltar un jadeo.
Ambos eran el hielo para el otro. Al fin.3

La mirada de Harry se centró en la aureola rosada que conformaban los


pezones del menor. Se relamió los labios cuando sus pulgares rozaron la
punta y Louis dio un respingo, sosteniéndose a los brazos del alfa para no
volverse a tambalear. Harry salivaba al sentir en sus dedos la suavidad, al
ver como la piel se erizaba mientras podía oír cómo el otro gemía. Y el
olor... su bendito olor. Cuatro de sus cinco sentidos centrados en todo
aquello. Faltaba el quinto, que era el gusto.64

Con un movimiento rápido, Harry colocó una de sus manos en la curva de


la espalda de Louis para sujetarlo. En otro aún más ágil agachó la cabeza
para chocar su lengua en uno de aquellos sonrosados pezones.4

Louis gimoteó, sin pena, perdiendo sus dedos en los rizos alborotados de
Harry, esos que cada vez estaban más largos y que hizo para atrás para
que no le cayeran en el rostro.14

La saliva del alfa también era fría mientras jugueteaba con aquel trozo de
piel sensible, en aquel movimiento que convertía en lava el flujo sanguíneo
de Louis, cubriéndolo de sensaciones y cosquilleos, de angustia por querer
sentir todo más rápido. Más intenso.

Más cerca. Más duro. Más tiempo.6

Harry lo lamió y chupó, incluyendo en el juego a sus dientes, escurriendo


una de sus manos hasta el trasero firme del omega, sintiendo como su
razón le demandaba a gritos que también se deshiciera de aquella tela.44

Louis estaba a su completa merced; a completa merced de Harry, quien


mordisqueó los pezones ensalivados, quien ascendió y rozó con sus
dientes el resto de piel hasta encontrarse con el hueco de las clavículas,
las cuales besó y también lamió. Chupó la piel, le olisqueó el cuello para
luego recorrer detrás de sus orejas, hasta mordisquearle el lóbulo del oído
izquierdo.2

Hasta que acunó el rostro del omega entre sus palmas. Los labios secos
de este entreabriéndose al encontrarse con la mirada oscura de Harry.53

El alfa le acarició los pómulos, tragando saliva y volviéndose a perder en su


mirada, deseando morderle la punta de la nariz, soltando un gruñido que le
fue imposible de controlar cuando el otro dejó entrever su lengua entre los
labios maltratados.1

Contuvo la respiración.2

—Baiser /beso/—Se pudo llegar hasta a atragantar con su acento


francés—. Laisse moi t'embrasser /déjame besarte/112

Los labios de Louis lucían tan áridos y secos. La lengua del ojiverde
hormigueaba tanto...

Sus papilas salivaban tanto...

Nunca lo había besado. Harry y Louis nunca se habían besado.43

Quería besarlo.

Necesitaba besarlo.

—No te entiendo, Harry.17

El alfa no distinguía los idiomas, pues eran sus instintos los que ya
demandaban sin importar cómo.

Harry pestañeó, acercando un pulgar a la comisura de la boca del menor,


clavando sus pupilas en los ajenos orbes añiles.4

—Quiero besarte.99
Louis, instintivamente, apretó sus labios, arqueando la espalda para alargar
un brazo entre ambos, intentando crear un absurdo alejamiento. Frenó.

El pecho le tamborileó con fuerza.

—No... No, eso no.434

Negó con la cabeza, con ojos abiertos de par en par. Había evitado
muchas veces aquel contacto, era consciente de ello. Escondió su rostro
demasiadas veces cuando la boca de Harry se acercaba a la suya. Llegó a
evitar que estuvieran mucho tiempo frente a frente precisamente por eso.
Sin embargo, en ese momento, Harry se lo había pedido directamente. Y
se encogió. Irremediablemente se sacudió.

Se quiso retorcer y gimotear, confundido; asustado. Sintiendo una


ansiedad...

No quería que lo besara. Solo no...70

Harry dejó escapar un quejido desde lo más profundo de su garganta


cuando únicamente rozó con su dedo los ásperos labios que ansiaba
probar. Louis se había alterado ante su petición y no, a pesar de sus
recónditos deseos, no quería eso. Él mismo se desesperaba si el ánimo del
otro tornaba. No le gustaba, no le gustaba que lo mirara de repente así, por
ello suspiró, tranquilizador y acariciando la muñeca del brazo que el omega
interpuso entre ellos. Siseó, asintiendo con la cabeza para poder atraerlo
con suma delicadeza. Louis, hacía instantes, sí le había pedido que lo
tocara, así que centró en ello.75

El omega se acercó con reticencia y ojos chispeantes, tensándose cuando


el alfa volvió a agacharse para pegarlo a él. Soltando un resoplido de alivio
cuando únicamente le hundió el rostro en el cuello... El mayor era un olor y
temperatura que lo estabilizaban, era la sensación arrolladora donde no se
sentía inferior, pues con Harry, podía formar parte de un todo que
únicamente pertenecía a dos. No le demostraba superioridad sino una
misma línea que desembocaba en algo más fuerte. Era capaz de llegar a
una tregua con su Omega; con él mismo.

El alfa lo hizo retroceder dos pasos, haciendo que se posicionara frente al


sofá. Harry volvió a acariciarle los hombros, a gruñir contra su piel y vivir el
deleite que era la emanación de sus feromonas.

Y Louis cerró los ojos, haciendo exactamente lo mismo.

El bulto en su respectivo pantalón crecía, la propia ropa picaba, tanto que


ambos se miraron a los ojos cuando uno se desabrochó el cinturón y el otro
jaló de su ropa interior junto al pantalón de chándal. Harry evitó enfocar los
labios del omega, pues los seguía deseando; finos y tan perdidos, ¿cómo
no hacerlo? La sangre de ambos bombeando con furia cuando la demanda
animal reclamaba más acción, cuando el Omega de Louis gimoteó justo
antes de sentir dolor por pura desesperación.

Su pantalón y ropa interior enredándose en sus tobillos cuando batallaron


también con los zapatos para deshacerse de todas las prendas que les
restaban movimiento. Harry sintiendo que podía aullar cuando sus ojos
recorrieron por enésima vez aquel cuerpo desnudo, encogido, con pezones
todavía húmedos por su saliva y un pecho que subía y bajaba a causa de
la errática respiración. Vientre plano, caderas marcadas, todo sin un rastro
de vello; con el pene erecto adornándole la entrepierna enmarcada con
muslos firmes. Su cuerpo eran puras curvas, unas en las que a Harry no le
importaba matarse por tomarlas con exceso de velocidad.46

Louis sintió la humedad concentrada entre sus nalgas cuando decidió llevar
sus manos a los levemente marcados abdominales del mayor, quien lo
pegó a él, gimiendo cuando con su miembro, también erecto, le rozó de
lleno el vientre. Cuando llevó ambas manos a su trasero y apretó. E
inhaló.9

Y también rugió.16

Louis ya lubricado y probablemente dilatado, listo para él. Amasó la piel de


sus nalgas, deslizando los dedos hasta el pliegue de ambas, notando que
las piernas le podían llegar a fallar cuando sintió las puntas de las yemas
llegar a humedecerse.1

—Un tour /Una vuelta/ —susurró, calentando con su aliento el oído del
omega—. Date la vuelta.33

Louis giró sobre sus talones, dócil a la par que tembloroso. Harry lo guio
hasta el sofá, recorriéndole los hombros con sus manos, indicándole sin
palabras que se pusiera de rodillas en el mueble, con su torso pegado al
respaldar. Harry lo observó, escasos segundos, salivando por aquel cuerpo
expuesto, cuyo dueño lo miró de reojo cuando apenas giró el rostro.26

La curva antes de que aquel trasero se formara... Harry podría declararse


demente por ella.115

—Así. Te quiero así —murmuró, creando un toque desde las rodillas


flexionadas hacia arriba—. Parfait /perfecto/11

Louis apenas recordaba que debía respirar.81

Harry clavó sus rodillas en el suelo, justo detrás del otro; relamiéndose los
labios cuando el recorrido de sus manos llegó hasta las caderas y las
mantuvo ahí, escasos segundos.42

Antes de llevarlas a separarle las nalgas.30


—Harry —gimió el menor, aferrándose al mueble. Creyó que podía llegar a
caerse—. Harry, dios...6

Y alzó el rostro, dejando su cuello expuesto, separando instintivamente las


piernas; arqueando la espalda...4

Harry lamió su entrada, encontrándose con que su lengua resbalaba, que


podía llegar a salivar aún más ante el sabor... El sabor de Louis. Lo hacía
gruñir, rugir, reclamar. Quería comérselo, su cuerpo se sacudía siendo
consciente de que testaba un manjar que siquiera sabía que podía llegar a
existir. El flujo del omega resbalaba por su barbilla, por los labios que se
relamía, pues estaba listo, preparado para él.22

Aunque eso no quitara que aun así probara a penetrarlo con la lengua.

Louis se quedó sin aire cuando se convulsionó, pegando su pecho al sofá,


destrozándose los dedos al necesitar apretar algo entre las manos. Gimió;
porque no dolía, esa vez nunca llegó a hacerlo. Harry había llegado a
tiempo. Harry calmaba el ardor que en ese momento era diferente. Era
únicamente el que él mismo creaba.2

La lengua del alfa salió de la cavidad para recorrer hacia abajo, topándose
con la piel sensible de los testículos; la que chupó y después lamió en un
nuevo recorrido. Hambriento, desesperado, extasiado... Con su propia
erección haciéndole casi explotar.58

Harry levantó las piernas del suelo, sosteniendo su miembro erecto y


caliente necesitado de atención, mordiéndose con saña el labio inferior
cuando tuvo una imagen casi derrotada del omega.9

Porque lo mejor de todo, lo malditamente mejor... Siempre eran los


gemidos de Louis.80
Sujetó sus caderas cuando se posicionó tras de él, cuando sólo necesito
apoyar las rodillas detrás de las suyas, indicándole con un movimiento que
se irguiera, pues Harry, al ser más alto, quedaba perfectamente alineado.

Hacia la gloria. Hacia un volcán...14

Envolvió entre sus brazos el pecho del omega cuando este mismo llevó las
manos hacia atrás para separar sus glúteos; para que Harry por fin
arremetiera con una estocada.3

Y resbalaron, encajando a la perfección, sintiendo la sacudida en todo su


sistema con la primera penetración.1

La sensación de estar lleno. La de llenar...27

El frío, el cosquilleo, las olas que extinguían el fuego.

El gozo...4

Harry posó sus labios en el hueso de la mandíbula de Louis, comenzando


un movimiento de caderas, el vaivén que mantenía creando una melodía
de gemidos y jadeos asfixiantes. Las piernas temblando con cada
espasmo, el vello de los dos cuerpos erizado cuando Harry tuvo que pegar
su frente sudorosa a la sien de Louis, dando lugar a más gimoteos
ahogados y sonidos chorreantes en cada choque de caderas. Dientes que
incluso chirriaban con la búsqueda desesperada de más profundidad...21

Harry sacaba su miembro para únicamente volver a entrar con más fuerza,
una que marcaba la desesperación y el deseo; una que los hacía encajar
para estabilizar el mismísimo instinto primario. Louis se impulsaba hacia
adelante con cada embestida, sintiendo que así su miembro rozaba contra
la tela del sofá. El alfa se encontró con los pezones del omega en aquella
posición donde lo mantenía, siendo inevitable que los pellizcara, gozando
de los sensuales berridos que aquella acción arrancaba.7

Harry llegaba hasta el fondo, tocaba el límite y Louis casi no lo podía


soportar, no cuando el mayor deslizó una de sus manos hacia abajo, hasta
encerrar en los dedos su pene húmedo y rosado, el que disfrutaba en
silencio de los roces que ocasionaba cada empujón.2

Louis no pudo más. Perdió las fuerzas, cayó rendido, temblando con la
primera ola de placer, con el cuerpo empapado en sudor que lo hacía
resbalar contra el torso de Harry.

—¡Ah! —La última bocanada de aire; de raciocinio antes de caer—. Hazlo,


Harry. Hazlo.

'Anúdame'121

Porque aquella sensación era la mejor. A Louis le gustaba, a Louis


jodidamente le encantaba.16

Era la sublime. La que terminaba de arrastrar con todo.

Harry rugió sacudiendo su mano, sintiendo a Louis corriéndose en ella,


abandonándose en los espasmos que lo estrechaban, pues el pequeño
omega contraía sus paredes en cada lloriqueo.

Y Harry perdía la cabeza, la perdía cada vez más con él.2

Gritó con la última embestida, cuando Louis recibió su derrame caliente,


cuando todas las secreciones resbalaban por los muslos de ambos. Harry
vibró con las sacudidas del orgasmo, junto a sus caderas que arremetían
con desespero contra las firmes nalgas, impregnado en el olor de los dos;
sudoroso, pegajoso, rendidos... Jadeando a la vez cuando quedó preso en
el interior del omega, llegando a no sentir las articulaciones cuando
también dejó caer su peso contra la espalda ajena. Louis ya no sentía, sólo
lidiaba con el hormigueo de cada extremidad. Cansados, acabados y sin
aliento. Con una punzada en las sienes y los cuerpos que siquiera se
sentían. Harry lo abrazó, encontrando el hueco perfecto en su cuello,
tomando con esfuerzo una bocanada de aire mientras Louis... sólo se dejó.

15

...

El sabor de su boca era pastoso cuando despertó. El colchón no era


cómodo, un muelle se clavaba en una de sus costillas, así que rodó,
sintiendo una tirantez en el coxis y un letargo que se le extendía por todo el
cuerpo.

Louis abrió los ojos, pero sólo se encontró con la oscuridad. Una luz se
colaba por la ventana; tenue y que apenas le dejaba distinguir la estancia.
Le llevó largos segundos enfocar lo que parecía ser un armario, jalar de la
sábana que lo cubría y paralizarse cuando un cuerpo tras él también movió
el colchón...

Estaba en la cama. Con Harry.4

Harry seguía durmiendo.

Un nudo se ciñó a su garganta. Serían las cinco de la mañana, todavía no


había amanecido. El alfa emitió un leve ronquido cuando volvió a hundir el
rostro en la almohada que abrazaba. El menor lo miró, por largos segundos
sin atreverse siquiera a pestañear. Harry se había acurrucado y no se
movió más cuando el omega exhaló. Sintió el ritmo cardíaco aumentando
cuando se vio desnudo, expuesto. Tironeó de las sábanas para cubrirse de
cintura para abajo, moviéndose hasta el borde de la cama, donde encogió
las piernas y se abrazó a sus rodillas, sosteniéndose la cabeza entre las
palmas de las manos, balanceándose quedamente cuando al fin pudo
parpadear.32

Necesitaba un cigarro.2

Una presión se había hecho con su pecho, encerrando una sensación


latosa. Algo le pesaba y quería gritarlo de la misma manera que salir
corriendo de allí. De la misma manera que también otro algo le tiraba para
que permaneciera. Todo aquello que lo envolvía en el torbellino donde no
sabía qué hacer. Donde mucho menos comprendía qué sentía.

Su celo parecía haber menguado, habrían pasado doce horas y quizás era
algo que no entendía puesto que esperaba el ardor que precisamente no
estaba experimentando. Le faltaba consultar que si su celo desembocaba
tras un ataque de rabia o desespero, también podía estabilizarse antes,
pues todo eso dependía de cada omega. Todo eso dependía,
significativamente, también de cada alfa. Rozó su nariz contra la piel de su
brazo, descubriendo un olor dulzón y ajeno. Olía a Harry, olía a ellos y al
cóctel agridulce que podía llegar a definirlos.30

Se abrazó a sí mismo sin que la angustia en el pecho cesara, con cada


noción contradictoria que lo terminó paralizando. Todo lo que alguna vez
tuvo sentido, parecía un disparate en su cabeza. Todo lo que alguna vez
percibió como sandez ya no lo percibía tan descabellado...

—Louis.13
Paró el leve vaivén de sus movimientos cuando sintió un tirón en la sábana
a la que se aferraba. Un escalofrío recorrió su columna vertebral
cuando notó a Harry removerse tras de él.

—¿Estás bien?

Un sonoro resoplido escapó entonces de sus pulmones. Harry quiso rozar


su espalda desnuda, mas algo le dijo que en ese momento no era buena
idea.44

El omega asintió con la cabeza antes de ladear levemente el rostro hacia


él.

Harry tragó saliva cuando se encontró con su mirada perdida. Se había


hecho rápido a la oscuridad y leve luz que se colaba por las rendijas de la
ventana. Había sido el crujido del colchón el que lo había despertado.

—Vuelve a dormir, aún no ha amanecido. —La voz del alfa era cálida, un
susurro ronco que podía pecar incluso de tranquilizador—. ¿Quieres que
yo me vaya abajo?24

El ojiverde ya se había sentado en la cama, tomando distancia. Él mismo


podía sentir la tirantez; la enorme tensión que podía llegar a obrar como
una engatusadora tela de araña.

—No.7

El alfa contuvo el aliento cuando se removió, todavía enredado en las


sábanas. Estaba demasiado agotado, su cabeza embotada... El omega
cerró los ojos al girar hacia él, dejándose caer sobre la cama, encogido y
sin darle la espalda.1

El corazón de Harry latió desbocado cuando él también volvió a tumbarse.


Cara a cara con el otro que no se atrevía a abrir los párpados. Sus dedos
picaron cuando por su mente cruzó la idea de retirarle el pelo que
seguramente le cayó sobre la frente, de taparlo un poco más...4

Mas sólo hizo aquello último.

Louis dio un respingo cuando se sintió totalmente cubierto por la sábana.


Harry esa vez sí lo observó, velando su respiración más acompasada. Y le
costó volver a dormirse, siendo consciente, en ese preciso instante, de que
aquel llamado de dos palabras podía haber hecho que dieran dos pasos
hacia atrás.38

Joder, iba bien. Iban tan bien... Le gustaba sentir que Louis se colaba en su
vida, fantasear con que quizás a la inversa era igual. Le apasionaba la idea
de que lo invitara a tomar algo por su cumpleaños, de hablar... Y sin
embargo, allí estaba, en su encrucijada. Su alfa que gruñía satisfecho y él
mismo, frustrado por no saber qué esperar, pues Louis era aquel laberinto
lleno de trampas, donde abrir una puerta también podía tener como
consecuencia retroceder en la salida.

Tuvo miedo durante las horas que pasaron, cuando amaneció y pudo
percibir con mayor claridad el sonido de las olas del mar. Cuando Louis se
levantó al él hacerse el dormido y comprobó entonces con angustia que los
pasos que dio fue hasta el cuarto de baño. Las horas pasando cuando más
tarde lo sintió abajo.

El enorme dilema de que si fuera por él no se ducharía, considerando que


olía demasiado bien, pero que estaba en Plymouth. Porque se suponía que
también había ido a darle una sorpresa a su madre...

y Louis no se fue, sino que lo esperó en la puerta principal, con las llaves
de su moto en la mano. Harry se sacudía sus rizos mojados cuando lo
visualizó al bajar las escaleras. Vestía sus ropas, con mirada perdida y
destrozando su labio inferior de tanto mordisquearlo.

El silencio duró cinco segundos cuando Harry bajó todos los escalones y
quedaron frente a frente.

—¿Te vas?

El alfa fue el que cuestionó, teniéndose que aclarar la garganta tras hablar.

—Tenía veinticinco llamadas perdidas de mi madre. Vio que me llevé la


moto y que no contestaba, así que se puso en lo peor. Ya he hablado con
ella. Lloró un poco y creo que por primera vez habló incluso de un castigo.3

Harry curvó sus comisuras cuando las del propio Louis hicieron lo mismo.

—Pobre...

El menor asintió, experimentando un poco más de culpa. El ojiverde lo


enfocaba de aquella forma tan suya, así que suspiró, nervioso.

—Harry, yo... —se cortó cuando el alfa dio un paso más, ladeando la
cabeza—. Siento haber arruinado tu día.

Sin duda, aquella declaración tomó a Harry por sorpresa. ¿Arruinar? El


mayor había pensado muchos términos para definir aquel encuentro... y
ninguno de ellos era aquel.20

—No has arruinado nada, Louis.

—Venías a darle una sorpresa a tus padres...

El otro negó.

—Se la daré hoy. Apuesto que mi madre gritará igual.


Y el alfa sonrió, marcando aquellos hoyuelos en los que el menor,
irremediablemente, se fijó.

—Deberías llevarles unos dulces o algo así.

—Buena idea.

Louis retiró su vista al vivir de nuevo la tirantez. Detestaba aquel momento.


Detestaba no saber cómo hacerlo más fácil...

—Debo irme.

El alfa asintió, delineándose con la lengua el labio inferior.

—Louis... Sabes que cuentas conmigo, ¿verdad? Que todo lo que hemos
hablado en los últimos meses no ha cambiado y que si tienes un
problema... Que yo... —Resopló—. Que yo, si puedo, estaré encantado de
ayudarte. Que puedes confiar en mí, que nuestro trato sigue en pie, pero
eso no quita todo lo que...

—Harry —lo cortó cuando el otro, casi asfixiado, también estaba a punto de
atragantarse con sus propias palabras—. Lo sé. Confío en ti. Créeme que
eres una de las pocas personas en que lo hago.

Y tensión, eso fue lo único que se pudo percibir.18

—Bien —musitó—. Genial, sí...

Porque sabía que lo iba a dejar ahí. Que no le contaría más de lo que le
pasó el día anterior. Que no se abriría a hablar de su verdadera relación
con él... Diablos, se sintió hasta ridículo cuando una de sus cuestiones era
que si a pesar de todo seguiría en pie ir a tomar algo con él.8

Porque también era desconcertante sentir que sólo él "tiraba del carro",
cuestionándose cada pensamiento o palabra que salía de su boca...
Louis dio media vuelta, colocando una de las manos en el pomo de la
puerta antes de abrirla.

—Ten... cuidado. Con la moto y eso.

Harry se hubiera mordido la lengua, deseó hacerlo.

—Lo tendré.

Y sin más, le dedicó una última y retraída sonrisa antes de cruzar el umbral
y desaparecer. El alfa resopló, destensando sus hombros cuando pegó la
frente a la madera que se acababa de cerrar en sus narices. Louis lo iba a
volver loco, estaba seguro de ello. Había vuelto a retroceder con él,
sintiendo al enigma revelándose en nuevas encrucijadas.9

¿De verdad tenía que ser todo tan complejo?

Confiaba en él, pero no le contaba.49

Se acostaba con él, pero no lo besaba.148

Se colaba en su vida, pero no se quedaba.117

Louis lo iba a volver majareta, sería el causante de demasiados dolores de


cabeza...8

Y lo peor era que parecía que no iba a hacer nada para remediarlo.

20

...

1
Aquel fin de semana, no habían ido a tomar algo. Louis no le escribió y la
llamada de Harry no dio señal cuando antes de volver a Londres lo intentó
contactar.67

La sorpresa que les dio a sus padres había sido un éxito. Annette lloró
como una magdalena cuando Harry apareció con una bandeja de dulces y
Patrice había salido exultante de su despacho cuando escuchó la voz de
su hijo. Fueron dos días cortos e intensos. Sus padres lo llevaron a cenar
aquel sábado y Annette compró una enorme e innecesaria tarta de
cumpleaños para volver a celebrar el domingo, el mismo día que debía
regresar a Londres.

También le habían dado sus regalos. Un nuevo perfume, una visa a su


nombre vinculada a la empresa Styl y una BlackBerry para renovar su
Motorola. También la propuesta de su padre de que ese verano, si quería,
podía asistir a varias reuniones de la empresa familiar; esa para la que se
estaba formaba con el objetivo de algún día dirigir.51

Y pasó una semana, larga en la que también agradeció estar ocupado con
las clases y la finalización del curso de alemán. Su nuevo teléfono móvil
tenía acceso internet, podía incluso comprobar su e-mail con él. Ese que
ya no había usado tanto.

Louis, sólo le había mandado un mensaje, días después, disculpándose


por no haber podido contestarle y anunciándole que tendría una semana
muy ocupada, que encima su móvil había comenzado a fallar... Harry había
mirado con inquina su nuevo teléfono. Se había molestado, de hecho aquel
día ni atendió lo debido en clase. Estuvo días gruñón y con un humor de
perros, detestando el estar inevitablemente atento a su teléfono, bien por
costumbre o simple masoquismo. Con una razón diciéndole que a Louis
había que cogerlo con pinzas, darle su espacio... Y otra chillándole que
quizás tampoco era justo; que no sabía que había hecho mal.58

Y llegó el viernes, el mismo día que Niall apareció en el cuarto de ambos


con un collar, falda hawaiana y una sonrisa radiante que le anunciaba que
había llegado la hora.27

Su fiesta de cumpleaños atrasada...14

Niall había alquilado un local de celebraciones ubicado en el campus,


invitando a todos sus compañeros de la carrera y media residencia
universitaria. Harry sabía que su mejor amigo tramaba algo, mas quedó
boquiabierto cuando el rubio lo atavió con una corona de flores y otra falda
de hilos de colores.2

—¡¿Listo, hermano?!

Más amigos hacían jaleo en el pasillo, reclamando al anfitrión de la fiesta.


Harry los había observado sonriente. Su móvil no sonaba, había recibido
como calificación de alemán un simple notable y su ánimo... sinceramente
era pésimo. Pero Niall movía sus cejas con comicidad, haciendo un
bailecito ridículo mientras sacudía en una mano una botella de vino
espumoso.6

Sí, quizás era eso lo que necesitaba... Alcohol, que el Harry del futuro
acarreara con las consecuencias. ¡Era su maldita fiesta de cumpleaños!67

—¡Trae acá!

Y todos vitorearon cuando el ojiverde tomó la botella de vino para agitarla


más fuerte. El corcho salió volando seguido de un borbotón de líquido
cuando iba camino al local donde lo aguardaban el resto de invitados. Niall
había contratado a un dj, un cañón de humo...18
Luces cambiantes, felicitaciones sinceras y cantidad de jóvenes que
brindaron a su salud. Niall danzaba a su alrededor, mostrándole todo lo
que había organizado, recordándole que era su día y que se lo merecía.
Harry acabó con el contenido de la botella de vino antes de no separarse
de la zona donde servían un ponche dulzón con demasiado vodka.

La música pop que más se escuchaba y juegos absurdos donde todos


bailaban dejando siempre al cumpleañero en el centro. Cachimbas sobre
los mesones adornados con platos con poca comida... Chicas que
aleteaban sus pestañas cuando felicitaban a Harry. Chicos que le guiñaban
un ojo cuando se cruzaban con su mirada... Niall, de nuevo con aquel
pésimo movimiento de caderas, se había quitado la camiseta, luciendo tres
collares de flores que le colgaban del cuello.8

Harry negó con la cabeza, mareado cuando se acabó su tercer o quizás


cuarto vaso de ponche. Enfocó la figura patética de su rubio amigo antes
de dirigirse hacia él.

Niall lo recibió con los brazos abiertos, comprobando al instante que era
una buena idea sentarse un rato ya que Harry casi se lo llevó por delante al
ser más efusivo de la cuenta en el abrazo. El ojiverde lo siguió obediente
cuando se sentó en una de las sillas, con los ojos brillando cuando se topó
con una copa llena que alguien había dejado olvidada.4

—Luego no me digas que no vas a volver a beber. Deja de mojar tanto el


pico, canijo...29

La voz de Niall fue descoordinada, pero no tanto como el grito agudo que
lanzó Harry en respuesta.

—¡¿Canijo yo?!
El rubio rió, provocando que el otro también soltara una carcajada justo
antes de apoyarle su frente en el hombro.

—Madre mía como vas ya...4

Harry, borracho, también solía ser un cómico espectáculo.43

—Niall —llamó peinando sus rebeldes rizos hacia atrás. Había jurado que
un día probaría hacerse una coletita o algo por el estilo.

—¿Sí?

—Eres mi mejor amigo.5

—Lo sé.

—Sí, porque todo es una mierda y yo a ti te entiendo y tú me entiendes.


Esta semana sólo te he entendido a ti. Al profesor cabrón de
macroeconómica no lo entiendo, ¿tú no lo entiendes? Es imposible. Y a la
amargada del curso de alemán menos porque me odia, yo lo sé. Y... y por
entender no entiendo ni a mi móvil. No te compres un chisme de esos...29

Harry balbuceaba sin mucho sentido. Niall asentía, dándole unos


golpecitos en la cabeza mientras comprobaba que llevaba demasiado
tiempo con su vaso correspondiente vacío.

—Niall —volvió a llamar el rizado.

El de ojos cian lo volvió a mirar.

—Dime.

—Estoy jodido...44
—Ni tanto —rió el otro, empujándolo levemente con el hombro—. Mañana
lo notarás más. Ahora deja que se te baje un poco el pedo y te pones a
bailar porque si su-

—No es por eso —se quejó Harry, interrumpiéndolo mientras hacía un


ademán con la mano para mandarlo a callar—. Estoy jodido de aquí. —Y
acto seguido se dio un manotazo en el pecho.81

Niall puso los ojos en blanco.2

—Oh por dios, no vayas a empezar...18

—Sí, Niall.

—No.

—Que sí.3

—Harry...

El otro bufó.

—Es Louis. Él me tiene jodido. —Hurgó en un bolsillo de su pantalón hasta


que encontró su BlackBerry. La alzó frente a la cara de su amigo—: Mira.
No me llama. Ya no me escribe, no nada...64

Niall apartó el teléfono de sus narices, observando como el otro lo miraba,


compungido.

—Harry —pronunció—. Si él pasa de ti, pues pasa tú de él.66

Al alfa entonces casi se le salen los ojos de las cuencas.

—¡Qué fácil, Niall! ¡Qué fácil!9

—¡Es fácil! —contraatacó—. Llevas una semana pegado a ese cacharro,


¡como un memo! Esperando a alguien que injustamente ha pasado de ti.
—Injustamente —repitió Harry, trabándose en la segunda sílaba de la
palabra.

—Sí. Tú estás ahí para él, como un putito a domicilio para que luego pase
de ti.165

—¿Me dijiste putito?108

—Y tú —continuó el rubio, ignorándolo—... pierdes el culo por ese omega


que vete tú a saber qué vida lleva en Plymouth o qué es lo que no te
cuenta. ¡Mira a tu alrededor, Harry! Mira ese grupo de chicos de allí. Se
mueren porque le dediques aunque sea una palabra y tú pensando en uno
que no te habla y está casi al otro lado del país.52

Harry enarcó pésimamente una ceja, llevando su vista hasta el grupo que
le acababa de señalar su amigo. Se había fijado antes en ellos, unos
omegas de primer año.

—El pelirrojo te mira a ti —apuntó Harry, haciendo que el otro bufara, pero
aun así mirara.7

—Harry, si Louis no te habla, fíjate en el resto de flores que también tiene


el campo.93

Niall y su particular "poesía".

—Pero... A mí me gusta él. —Se encogió de hombros, como si hubiera


dicho la cosa más natural del mundo—. Es diferente. Tan diferente, Niall...
Yo sólo quiero conocerlo, pasarlo bien con él; ayudarlo. Que sea el del...4

'El del celo'7

El irlandés lo observó, palmeándole la espalda cuando Harry pareció


perder fuelle para continuar.
Era tan frustrante...

El alcohol sólo le hizo pronunciar en voz alta todo aquello con lo que se
comía día a día la cabeza. Niall lo sabía, había sido víctima de todas sus
confesiones demasiadas veces.

—Voy al baño —anunció Harry, tambaleándose cuando decidió instantes


más tarde ponerse de pie.4

Niall se aseguró de que caminara recto antes de dejarlo hacer. No estaban


lejos de los aseos, así que se encargó de recordarle que debía entrar en
los de la izquierda, los de hombres. A Harry le llevó un rato descifrar que la
izquierda era la mano con la que no escribía.108

Los baños estaban prácticamente vacíos. Un chico salió dándole una


palmadita en la espalda, diciéndole algo de su cumpleaños y la fiesta. El
ojiverde sólo asintió antes de dirigirse a uno de los cubículos. Escogió el
del fondo y cerró la puerta. La tapa del váter estaba plegada, hecho que
agradeció antes de sentarse encima.1

En realidad no pretendía usarlo.

Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo el mareo arremetiendo. Un


cosquilleo se había hecho dueño de su mandíbula. Tenía algo de sueño
junto a ganas de bailar...

Sacó su móvil del bolsillo, otra vez, observándolo por largos segundos.35

Probablemente iba a cometer una locura de la cual se arrepentiría hasta el


fin de sus días.33

Tomó con dos manos el aparato, usando sus pulgares para andar con él
tras dejar su vista a menos de un palmo de la pantalla.
Menú. Agenda.69

Con el teclado del terminal ahora podía escribir directamente el nombre del
contacto para hallarlo mucho más rápido...1

—Lou-is —pronunció tras teclear.6

Antes de presionar la tecla de llamar.18

Quizás tardó más tiempo de la cuenta en dirigirse el teléfono a la oreja.

Y cuando lo hizo, sin duda su garganta se desecó.1

—¿Harry?

—Ay mi madre...261

Se apoyó la mano libre en la frente cuando reconoció la voz. Sí, el omega


le había contestado y él pudo jurar sentir los mismísimos síntomas de algo
parecido al vértigo.1

—¿Hola? ¿Harry?

El aludido asintió, como si el otro pudiera verlo...

—Hola —dijo, escondiendo el rostro tras la palma de una mano.

'Hasta luego dignidad, si eso, ya nos encontramos más tarde'141

—Uhm... —Louis ya se encontraba tirado en su cama, a punto estaba de


irse a dormir—. ¿Qué tal? Qué sorpresa...1

Harry se mordió la lengua, luchando por concentrar la cordura de al menos


pensar antes de soltar algo.
—Sí, sorpresa —atinó a sentirse ridículo aunque el mareo ayudara a que
eso no le importara tanto como debía—. ¡Estoy en mi fiesta de
cumpleaños! Esa no fue sorpresa.

El menor, al otro lado, frunció el ceño al escucharlo. Harry llamándolo, sin


un motivo aparente y con aquella vocecilla más áspera de la cuenta,
diciéndole que estaba en una fiesta...

—Vaya, qué bien...2

—¿Y tú? ¿Cómo estás? Como ya no sé de ti... Quiero decir, como ya no


me contestas... Quiero decir, que te llamo porque como no me escribes y
entonces yo pienso por qué será que ya no me escribe y pues... No sé, te
llamo.217

Louis casi lució boquiabierto. Le había costado entender todos los rodeos
que el ebrio ojiverde había dado.1

—Harry, ¿estás borracho? —Conocía la respuesta, era evidente, pero le


fue inevitable lanzar la pregunta cuando precisamente no supo qué
responder a todo lo anterior.3

—No —negó el alfa hasta con la cabeza—. Bueno... He bebido un poco.


Un poco nada más. —Él solo, simuló la cantidad de ese "poco" arqueando
los dedos índice y pulgar, siendo uno bastante más largo de lo normal—.
Es que es mi fiesta.28

Louis rascó su sien, confuso ante el irremediable tono resuelto del otro.

—Ya veo... ¿Y estás bien? ¿Te sientas mal o algo así?

—Más o menos... —Se encogió Harry de hombros—. ¿Sabes? Tengo un


móvil nuevo. Y esta semana terminé el curso de alemán con una nota
pésima. Te lo hubiera contado, como lo hacía la semana pasada... pero me
dijiste que estarías ocupado y supongo que no quise molestar.31

El omega sintió su propia saliva rasposa cuando tragó. Un inexplicable


calor lo asistió, sobre todo en las mejillas.

—Yo... lo siento por eso.

—Ya —contestó de inmediato el otro, sin temor a interrumpirlo—. Más lo


siento yo, la verdad. Estos últimos días han sido una mierda, me cuesta
concentrarme, tengo un humor pé... pésimo, sí. Niall, mi amigo, el que
come patatas, me amenazó con echarme del cuarto y hace un rato ya me
dio otro sermón. Y... vaya estupidez que te llame para contarte esto que
seguro ni te importa, ¿no?12

Definitivamente, el acaloramiento en el menor sólo aumentó.

—No, no es eso, Harry. C-claro que me importa.

—¿Ah, sí?

—Sí.

Una sonrisa demasiado bobalicona se pintó en el decadente semblante de


Harry. La misma que rápidamente también descendió.9

—¿Sabes, Louis? Yo... yo pagaría por entenderte. Sí, no sé, escalaría una
montaña también. No sé... Me gustaría saber qué tengo que hacer para
que no me alejes cada vez que yo sienta que doy un paso contigo.44

El otro pestañeó al escucharlo. Hubiera acertado a fruncir incluso el ceño...

—¿Qué pasos quieres dar conmigo, Harry?84

La cuestión, lejos de tener un tono curioso, fue planteada con una voz algo
rendida.10
—Todos —acordó enseguida—. Los que me dejen conocerte más, los que
hagan que tú también lo quieras hacer. Que me llames, que pienses en
mí... Yo soy nefasto en eso, en tener detalles y esas cosas. Niall dice que
soy muy "políticamente correcto" para todo. Supongo que sí, no lo sé. Lo
cierto es que nunca había estado interesado en nadie.4

—Harry...

—Porque estoy interesado en ti, Louis.332

Boom60

El ritmo cardíaco del omega se aceleró. Demasiado para su gusto.12

—E-estás lo suficientemente borracho como para decir tonteri-8

—No. Creo que estoy agradecido de estarlo porque si no hubiera seguido


callado. Es que yo... Yo me voy a volver loco, Louis. Siento que estamos
bien y que podemos tener algo parecido a un acercamiento a pesar de la
distancia y todo se viene abajo y no por lo que pasó la última vez, no
porque me reclamaras por eso que tampoco me cuentas. —El alfa se llevó
las manos al rostro, casi ahogado—. Me angustia no saber qué es lo que
estoy haciendo mal contigo.2

El de ojos añiles apretaba en demasía su teléfono móvil. Él sólo se iba a


dormir. No planeaba hablar con Harry y ni hablar de oírlo así. El alfa, de
nuevo, aparecía en su vida. Centelleante, poniendo todo patas arribas,
atreviéndose a indagar en aquello que él mismo se guardaba para sí.

En todo lo que ni siquiera se preocupada en considerar...

—No estás haciendo nada mal. —No mentía del todo—. Tú y yo... Sólo
teníamos un trato.82
Mordió su lengua cuando pudo sentir el frío del silencio que recibió del otro
lado casi en el pecho.

El mayor había inspirado, muy lentamente.

—También lo teníamos cuando salimos al centro comercial. Cuando nos


tomamos un refresco o montamos en skate. Cuando nos llegamos a pasar
horas hablando. Cuando... cuando también me hablabas de unas
ecuaciones de segundo grado.39

Algo apretó, algo demasiado tirante molestó en ese instante el estómago


de Louis.1

—Sí...2

—Entonces no entiendo. Yo quiero acompañarte de nuevo a esos sitios


donde reciclas o a aquella ferretería enorme. O lo que diablos fuera. No me
importa destrozarme el otro brazo. Porque para mí una cosa no quita la
otra, Louis. Me interesas. Me... gustas. Me gustas del nivel que me vuelvas
a llamar niño pijo o por aquel apodo cuando te reíste de mis rizos. No me
importa. Me gusta. Y creo que fui idiota al pensar que en algún momento
yo también te gustaba, ¿no?117

Y silencio.

Aquella ansiedad que acogía al omega...2

Quizás Harry pensaba que no sabía nada acerca de las relaciones; de los
detalles. Por su parte, Louis tenía la certeza de que era nulo. Harry, aquel
alfa, era su único referente en todo ello. Sabía que no tenía las respuestas
que el otro le estaba exigiendo, que era incapaz de dar significado a las
veces que pensaba en él o por qué se dejó llevar en otras interacciones.
Le hubiera encantado que Harry fuera un buen amigo, sin más, pero en
eso jamás empezaron con buen pie.

Si él no fuera omega, quizás...14

Todo hubiera sido tan diferente.1

—Louis —llamó el ojiverde—. Fue por eso que no... Que no me dejaste
besarte, ¿verdad? Porque lo único que te interesa de mí es nuestro trato.83

¿Cómo lo había llamado Niall? ¿Putito? Un nudo alojándose sin remedio


en su garganta...9

Pero Louis negó, sin que el otro lo viera, prensando sus labios y cerrando
los ojos cuando picaron. Una parte de él se quiso ofender casi tan rápido
como otro plumazo de raciocinio le gritó un simple "¿qué esperabas?".

¿Acaso había demostrado lo contrario? No.

¿Acaso no era más fácil que Harry pensara eso?1

Se lo planteó, por largos segundos...

No. Diablos, ¡no!11

—No es por eso, Harry.

—¿Entonces? Dime por qué es. ¿Por favor?

La ansiedad sólo se arremolinaba un poco más en el pecho de Louis.


Sentía que cada bocanada de aire que tomaba era más pesada...

¿Cómo se suponía que se explicaba algo que ni siquiera uno mismo


llegaba a comprender?1
—Porque es lo único que nos quedaría. Es lo único que no hice antes de
tiempo. Es lo único que he podido llegar a controlar. Supongo que lo quiero
guardar.25

Harry supo que lo próximo que iba a pronunciar sería con un hilo fino de
voz.

—¿Para otra persona?107

El corazón de Louis martilleaba con fuerza.

—No lo sé, Harry. Quizás simplemente lo quiero para mí mismo, como algo
simbólico. No lo sé, no lo puedo saber...62

Su respiración ya errática cuando agachó el rostro, derrotado.

El alfa, por su parte, sólo sentía el cuerpo frío. Como si un balde enorme de
agua congelada lo hubiese bañado entero...1

—Ojalá me dejaras ayudarte a averiguarlo.

—No sé qué quiero o pretendo con esto. Mi día a día no es lo que espero,
sino con lo que me tengo que conformar. He tenido que aprender cosas
que ni siquiera quise entender. —Su voz, justo ahí, se cortó.1

El sentirse solo. El saber que era diferente. El no saber qué esperar.1

El ignorar las miradas. Esas que él mismo también se llegaba a echar


delante de un espejo.3

Existía algo imposible de cambiar o por lo que luchar si en el fondo creía


que lo merecía.1

Si nunca se quiso lo suficiente para siquiera plantearse lo contrario...19

—Si tú me dejaras, Louis, yo estaría tan dispuesto a todo por ti...70


—No, Harry.65

¿Por qué acaso iba a ser aquel alfa la excepción si todos se terminaban
marchando?28

Burlando.

—Sí. Sólo tendrías que permitir que te viera...5

Justo cuando Louis quería que nadie lo hiciera.

Negó con la cabeza. Sabía que Harry no lo merecía, precisamente él no.


Pero de verdad, sentía que debía negar.

—Déjame tiempo, Harry. No estoy preparado para esto, todavía no.48

¿Alguien había nacido acaso con el don de entender una naturaleza tan
marcada?

—Está bien. Sólo dime que al menos seré uno de los primeros en
enterarse cuando lo estés.2

Y Louis asintió.10

Aunque Harry no lo vio.


Al día siguiente, la resaca no fue nada comparada con la sensación
permanente de embotamiento en el cuerpo.

Su garganta estaba seca, sentía la lengua como auténtico papel de lija y el


tragar saliva hasta dolía. Harry se revolvió en la cama, enredándose con la
única sábana que le cubría el cuerpo, gruñendo al único y débil rayo de sol
que se colaba por una de las persianas que no estaba bajada del todo.
Cuando, por alguna extraña razón, inhaló y sintió una arcada. La habitación
olía a rayos, por decir algo sutil. Vio borroso cuando abrió un ojo y la
lámpara del techo le dio vueltas.2

Casi tan horrible como cuando entonces intentó incorporarse...

—Harry... —Oyó al otro lado de la habitación.

Cómo no, no le hacía falta ni mirar a Niall para adivinar que estaba hecho
un cuadro. Harry al menos conservaba la ropa del día anterior... Su amigo
únicamente una falda hawaiana y cantidad de collares de flores que tenía
enrollados hasta en las muñecas.32
—Dime por qué sigo siendo tu amigo.1

Harry descubrió que tenía una voz más ronca de lo normal cuando habló.
Desearía vomitar si no supiera que no tenía ya nada que expulsar en el
estómago. Tenía muchas lagunas en su cabeza pero en ellas no entraba
que no recordara haberlo echado todo en el baño antes de meterse en la
cama aquella madrugada. Sí, mientras Niall chillaba algo de no hacerlo en
una papelera.

—No lo sé —respondió el otro, sin apenas voz—. Yo mismo me odio. Estoy


horrible. Me quiero morir...30

Niall enterró la cara en su almohada, totalmente espatarrado en su propia


cama.

Sí, Harry tenía lagunas pero no hacia todo lo que se deseaba.

Por suerte o por desgracia, recordaba casi a la perfección cierta llamada.1

Así que, imitando a su amigo, también optó por enterrar de lleno su cara en
la almohada.

Había llamado a Louis borracho; se había casi declarado a Louis en aquel


estado.

Le había hasta rogado...70

Oh sí, deseaba hasta asfixiarse con la almohada.3

Porque también, lo habían rechazado.135

Repasó en su momento aquel instante, desde que tuvo la genial idea de


encerrarse en un cubículo de baño hasta que oyó que le colgaban la
llamada. ¿Bochornoso? Eso se quedaba vergonzosamente corto. Y
realmente no sabía qué lo era más, si el hecho de cómo procedió o asumir
que sin estar en aquel estado jamás lo hubiera hecho. ¿Seguir como
estaba antes? ¿Sin saber de Louis y comiéndose día a día la cabeza? No,
por su propio bien eso tampoco era una opción, ¡pero tampoco el
solucionarlo así! Tan de lleno... Y encima, obteniendo la respuesta que no
quería oír.

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capacidad de escuchar tu corazón bombear desde que tengo dieciocho años. Tu pulso
trastabillando torpemente en tus muñecas atormenta mis sueños desde que te vi por primera vez
en aquella mascarada y puedo jurar que desde ese día puedo escuchar la melodía de tu vida
sonando en cada poro de tu ser lobuno.»
Todos los derechos reservados.®
Obra/ Portada: xvangoghx.
Prohibidas las adaptaciones, copias o traducciones sin mi permiso.

Shh [L.S]
Por pinchezayn
75.5K 5.4K

Entra, yo sé que quieres.😏

god only knows (l.s)


Por stayours
17.3K 1.8K

es época de navidad y todos se han olvidado del cumpleaños de louis.


incluso harry, su mejor amigo.

fight me?; larry español


Por divasa
2.1K 391

NOTA IMPORTANTE:
Esta historia no es mía. Originalmente esta historia se encuentra en inglés. Todos los derechos
de esta historia van para whatmakeslarrybeautiful (tw:@OWildeLarry)
Mordida.
Por kittxnx

25.1K 3.5K

Bite /bahyt/ verbo [utilizado con objeto]: bit, biten o bit, biting.
1. Cortar, herir o desgarrar con los dientes.
2. Agarrar o sostener con los dientes.
❝ Louis Tomlinson; un omega de cuarenta años de edad. Felizmente casado con Frederick,
con dos hijos de por medio. Harry Styles; un alfa francés, de veintitrés años de edad, soltero y
tremendamente atractivo. Todo se sale de control cuando ellos dos se conocen e
inesperadamente comienzan una "relación amorosa" a escondidas. ❞
® Stylinson.
✧ Actualizaciones lentas.

✧ dancing in the dark ✧


Por cuteaspuke
2K 17

ATENCIÓN: Contenido gay está presente en la historia, contenido fuerte y lenguaje soez.
SI ERES HOMOFÓBICO NO SÉ QUE HACES ACÁ.
Bajo la oscuridad de la noche un amor se vuelve a hacer presente, un amor del pasado se hace
factible, ¿o quizá no?
«Debí haber corrido antes de que tus brazos me vuelvan a atrapar, así no estuviese con este
dolor, así hubiese seguido bailando solo en la oscuridad»
O también, la historia en la que un joven louis se enamora de harry, o quizá Harry ya estaba
enamorado mucho antes.
Bailando en la oscuridad.
Larry Stylinson.
Esta historia es absoluta y completamente inventada por mí, se basa en libros, fics y música que
escucho, no soy profesional así debo escribir muchas tonterías, es mi primera historia también...
Cover gracias @idkpamelax, por ser una gran amiga te amo infinitamente.
El tercer día | Larry Stylinson | AU
Por paulalcda
198K 24.1K

Louis tiene 18 años y ha repetido 5to (ante-último) año de escuela únicamente para continuar
aprendiendo, porque teme no volver a pisar una institución de aprendizaje en su vida.
Con una madre despechada y un hermanito a quien salvar, Louis no puede reservarse ni su
propia virginidad.
Pero entonces, llega él, vestido con una camisa blanca y un chaleco de lana color gris, con una
corbata atada vagamente, anteojos, rizos, y unos ojos verdes que te hacen cambiar de parecer.
''¿Por qué él siempre está dormido los miércoles por la mañana?''
Ésta no es la típica historia cliché de maestro-alumno, por su puesto que no.
|| Muchas gracias a la hermosa de @harrytakeacat por la preciosa portada<3 ||

Louis le gustaba, interiorizarlo no fue difícil, sin embargo, el hacerlo con


que a la inversa no era así, ya era otra historia.

A Louis no le interesaba una relación, ni un alfa ni nada fuera del celo;


fuera del trato. Más de una vez quiso gruñir por eso, de hecho, creía
recordar que lo hizo cuando salió del baño. Sí, cuando sólo quería buscar a
Niall para lloriquear y que su amigo, con toda la razón del mundo, le soltara
otro sermón; lo regañara como a un niño pequeño.2

Harry, la noche anterior, efectivamente, salió del baño después de


quedarse por unos cinco minutos mirando la pantalla de su móvil,
asumiendo y reconociendo aquella mítica sensación que se vivía cuando la
persona que te gustaba te rechazaba. Por largos instantes tuvo entonces
una charla sobre sí mismo y el karma. ¿Aquello sería lo que sintió Dani?
¿Sería que la vida se lo estaba devolviendo? Había "dejado" a Dani porque
sus pensamientos estaban colmados de otro omega, de Louis, el mismo
que luego se encargaría de rechazarlo a él. No, no se arrepintió en ningún
momento de haberlo aclarado con Dani, de serse fiel a sí mismo y no
engañarse, pero sí, quizás por causa también del alcohol, tras ese
pensamiento se rió de sí mismo.47

¿De qué le servía intentar hacer las cosas bien si seguro que todo le
saldría igualmente mal? Estuvo seguro de que si hubiese sido un cabrón,
de esos que se hubiera asegurado a un omega aunque pensara en otro,
también hubiera desencadenado todo en algo pésimo. Sin embargo,
también se rió con sorna cuando fue consciente de que él jamás sería
alguien así. Porque era incapaz de hacer aquello. Como decía Niall, "eres
el alfa más moñas y calzonazos que he conocido" y bueno, según Harry,
visto lo visto, no le faltaba razón.2

El sabio de Niall...5

Sí, su amigo que también lo había dejado boquiabierto. Porque la noche


anterior Harry pensó que iba a colapsar...

El ojiverde buscó a su amigo, necesitando contarle la genuina idea que


había tenido. Harry había caminado entre los invitados a su fiesta,
recibiendo más coronas de flores e invitaciones a copas. Le preguntó a
unas compañeras de su carrera si habían visto al rubio y él siguió el
camino hacia unos pasillos donde ellas, aún lúcidas, le indicaron.

Lo siguiente que visualizó lo dejó sin duda más a cuadros, como si él no


tuviera ya bastante con lo suyo...

Eran Niall y un chico, pero no uno pelirrojo sino otro.11

Niall y un chico, omega, liándose.90


Sí, Niall, el que perdía el culo por las omegas con faldita, se estaba
enrollando con uno chico en su maldita fiesta de cumpleaños. Harry optó
por dar media vuelta cuando vio que la mano de su amigo viajó un
momento hasta el formado trasero del otro chico.43

Y fue entonces cuando Harry, flipando, se sirvió dos vasos más de ponche,
hablando con un beta que no recordaba si conocía sobre mal de amores.
Creía recordar que el chico se quejaba de algo de las omegas. También
que Harry le confesó que él por eso era más de penes y ojos azules. Sí, así
sin más. Supo precisamente ahí que su fiesta celebrando la entrada a la
veintena ya estaba perdida en la decadencia.12

Cuando Niall apareció rato más tarde, el ojiverde fue incapaz de decirle
algo sobre lo que había visto, aceptando únicamente cuando el rubio le
preguntó si le apetecía volver a la residencia.

Fue ahí cuando Harry también se mareó al levantarse y rato más tarde
vomitó abrazado a su váter antes de meterse en la cama. El resto entonces
fue historia.3

Hasta ahora.

Harry levantó lentamente la cabeza de la almohada, girándola hasta la


cama posicionada frente a la suya. El irlandés seguía en la misma posición.

—Tú... —comenzó el alfa con voz raspada—. ¿No tienes nada que
contarme?

Por supuesto, después de revivirlo de tal manera, no podía evitar la


cantidad de preguntas que azotaron su cabeza. Al menos serviría para
olvidar la sensación latente que le recordaba el papel lamentable que él
mismo había hecho por su cuenta horas atrás.18
El rubio se removió, cubriendo su frente con las manos, deshaciéndose con
las piernas del edredón enredado en sus caderas.

—Oh dios... —espetó, buscando a tientas la botella de agua que sabía que
estaba a los pies de su cama—. Anoche hice de todo.

Niall bebió y Harry soltó una especie de risa casi inevitable.

—Vaya que sí.

El rubio miró a su amigo un momento, percatándose de que este


únicamente le enarcó una ceja. Niall tragó saliva, sin dejar de desclavar la
mirada de Harry.

Por suerte o por desgracia, a él, el alcohol tampoco le borró ciertas partes
de la noche.

—Me lié con un omega —soltó, como si fuera un intento de confesión.

—Lo hiciste.

Harry concordó.

Niall suspiró.

—Madre mía.46

El ojiverde sonrió, más porque Niall tampoco lucía preocupado, no tenía


por qué hacerlo. Simplemente era curioso dado su extenso currículo
sentimental.

—Sólo os vi un rato. No llegasteis a... ¿más?

Habia confianza y de sobra para plantear una pregunta así. Harry había
escuchado a disgusto demasiadas historias de Niall, quien en general no
tenía filtro. El propio Harry también le había contado, por supuesto a su
manera y con los detalles que únicamente eran necesarios.

Le gustara o no, para contar su relación con Louis, esa que Niall conocía
desde el principio, debía tocar ese tema sí o sí; recordar que eso era lo
único que le unía a un omega que le gustaba de verdad.

Que aparentemente eso era lo único que de momento al otro también le


interesaba de él...

—No —contestó, sacándolo de sus traicioneros pensamientos—, pero lo


hubiera hecho. Es raro. En realidad nunca me habían atraído los... chicos
en general.

Aunque eso también fuera de lo más normal. Evidentemente, cada uno


tenía sus preferencias o simplemente quedarse en el centro. Al fin y al
cabo, la naturaleza era más simple; su única meta era buscar emparejarse,
relacionarse...27

—O quizás nunca los llegaste a mirar —opinó al momento Harry, con rauda
franqueza.4

No era la primera vez que era sincero con Niall y lo alentaba a dejar de
aparentar o ser ostentoso. Él amaba hablar de coches caros, chicas
guapas y conquistas. De puertas para afuera podía pecar incluso de
arrogante, sin embargo, fue con Harry con el que siempre predominó su
faceta más payasa, dramática e incluso sincera. Porque el alfa adoraba
también a su familia, a su sobrino de apenas un año por el que se le caía la
baba y tenía una parte de su cuarto casi empapelada de fotos. Porque sí,
le gustaba "tener" y llenarse la boca al decir que estudiaba en una
universidad privada porque era algo que jamás pensó que podía llegar a
pronunciar. Porque fue la suerte la que un día tocó a la puerta de la familia
Horan, con un número premiado de juego de lotería. Porque a pesar de
todo, y que eso fuera algo que únicamente conocía Harry, Niall seguía
siendo Niall. El ojiverde lo vio cuando conoció a su familia el verano pasado
en Dublín, cuando al rubio se le iluminaban los ojos cuando escuchaba
decir a su padre lo orgulloso que estaban de él y lo que lograría con sus
estudios.2

Quizás, ahora llegaba la parte en la que tocaba conocer al Niall más


sentimental. Lo que albergaba aquel corazón que muchas veces parecía
más loco que en sí centrado.

—Ya —pronunció el alfa. Un simple vocablo que vino precedido de un largo


silencio. Harry aguardó paciente, ofreciéndole el tiempo que necesitara
antes de volver a hablar—. ¿Te puedo preguntar algo?1

—Claro, lo que quieras —concedió de inmediato.

—Tú... prefieres a los omegas chicos.23

Más que una pregunta, aquello sonó a afirmación. De hecho lo era. Harry
largó un suspiró y asintió, simple.

—Sí. Supongo que sí.

También suponía que era más complejo que eso. Preguntándole en aquel
momento, únicamente le interesaba un omega. Y sí, era chico.

—Recuerdo que realmente me apetecía seguir con él, llevarlo a más


porque me excitó. Sinceramente no lo hice porque me encontraba
realmente mal y borracho. Pero... creo que le di mi número.

Harry rió, negando con la cabeza. Niall también lo acompañó.

—Entonces avísame qué día tengo que dejar la habitación...


Oh sí, no sería la primera vez que Harry llegara a su cuarto y se encontrara
con dos cuerpos enredados bajos las sábanas de la cama de su amigo.

Niall esa vez rió con más ganas, alzando una ceja y asintiendo. Realmente
adoraba que fuera tan fácil hablar con Harry, que su amigo tuviera ese don
de normalizar todo tan bien.3

Ese mismo que no sabía aplicarse a sí mismo...

El rubio tenía mil preguntas más, de hecho únicamente decidió aparcarlas


para más tarde. Quizás era muy temprano para hablarle al correcto Harry
Styles de posiciones y esas conversaciones "demasiado de alfas".4

—Oye, ¿y tú? —preguntó el irlandés, inclinando el gesto—. ¿Qué pasó


contigo anoche?2

Al fin y al cabo era su fiesta. Niall se juró la noche anterior no fijarse en


ninguna omega, sino centrar toda su atención en celebrar con su mejor
amigo. Y bueno, técnicamente no había faltado del todo a su palabra; se
terminó fijado en un omega, ¿no?6

Harry tragó a duras penas. La idea de contarle al otro lo que hizo era más
nítida cuando estaba borracho. Sin duda sí. Ahora, con el dolor de cabeza,
no sabía a qué niveles podía aguantar el sermón.

Lo bueno; Niall estaba en el mismo estado que él. Quizás sí que era una
buena opción sincerarse de una vez.

—¿Yo? —cuestionó con retórica, mientras unos ojos color cian se clavaban
sobre él—. Yo la cagué.31

—Qué... ¿Qué hiciste?

Harry asintió, con sonrisilla falsa y entrecerrando un ojo.


—Lo llamé.17

—Oh dios...5

—Y casi que me declaré.18

—Hijo de... tu madre.16

—Y me rechazó.90

Seguía pinchando el pensarlo; casi tanto como pronunciarlo en voz alta.

Niall resopló entonces con presuntuosa pesadez.

—Mierda.

—Sí, mierda.12

Un silencio denso se apropió de la conversación de aquellos alfa, mas no


incómodo, esos no existían con Niall cerca.

—¿Y qué vas a hacer? Quiero decir, ¿qué te dijo exactamente?

El ojiverde se mordisqueó con fuerza el labio inferior antes de responder.

—Que no estaba preparado para algo más, básicamente. Tampoco me


dejó mucho más en claro de por qué se desaparece o me deja de hablar.
Al parecer le puede interesar lo que yo le quiera contar pero hasta ahí,
¿sabes? No le interesa tener algo más conmigo, no sé qué pasará ahora
con nuestro pacto o siquiera si alguna vez me volverá a hablar. Creo que
yo tampoco tengo cara para volver a hacerlo. En pocas palabras, sigo
como antes, con algo en claro que en realidad no quería escuchar. Y, ¿qué
haré? Ni siquiera yo lo sé, Niall. Supongo que lo que me ha jodido todo
esta semana... Esperar. Esperar alguna noticia de él.7
El de ojos cian había permanecía callado y estoico, asintiendo a las
explicaciones, decidiendo en ese momento que si todos los omegas eran
como el que traía por el camino de la amargura a su compañero, se
plantaría el quedarse en una de las aceras y no en el medio...1

El rubio sacudió la cabeza.

—Es una mierda eso de que te guste alguien de verdad. No poder disfrutar
del resto de flores...19

Harry rió entonces junto al rubio, ambos acordándose de aquel tremendo


símil que ya había planteado.

—Lo es. No sé qué voy a hacer; tampoco quiero pensar. Ahora mismo
necesito una ducha y que se me pase este dolor de cabeza.

—Estoy de acuerdo. Es más, creo que nos merecemos una pizza. Por dios,
¡sí! De esa pizzería que está en Piccadilly.13

Niall juró hasta salivar por el platillo italiano cuando Harry, ya de pie, se
disponía a buscar ropa limpia para tomar aquella ducha que tanto
necesitaba.

—Me parece bien, pero vamos en metro. —El ojiverde alzó un dedo en
aviso. El otro, sin chistar, asintió—. Genial. Y otra cosa, Niall. Lo que a
continuación voy a advertirte es algo que se va a cumplir, ¿está bien? —
Entrecerró los ojos, con la vista atenta de su amigo sobre él—. En una
larga temporada no pienso volver a beber.1

El otro largó una escandalosa carcajada que el ojiverde no pudo evitar


secundar.

—¿Sabes? Creo que yo mismo también voy a intentar cumplir esa


promesa.16
El rubio recibió un cojín estampado en su cara en respuesta. Harry negó
algo incrédulo cuando caminó hasta el baño y Niall, aún en su cama, se
limitó a encogerse de hombros. Hablaba en serio, al menos tenía una
voluntad de intentarlo y bueno, eso ya se podía considerar un paso.

Quizás un aliciente de que la próxima vez que coqueteara con un omega


no lo tuviera que dejar a la mitad por los molestos síntomas de esa
ebriedad...

...

Marzo, 2008
Un mes después26

Era un día de esos que su madre llamaría "feo".

Unas nubes negras y rebeldes encapotaban el cielo y llovía desde antes de


que saliera esa mañana hacia sus clases. Había clavado muchas veces la
mirada en las ventanas de su aula. Se llegó a fijar durante horas en las
carreras que hacían las gotas, deslizándose contra el cristal, justo antes de
que lloviera con más furia y todas volvieran de nuevo a correr. El sonido del
agua cayendo en el asfalto ya se había vuelto casi familiar, lo había
acompañado durante horas aquella mañana.21

En la clase de programación y también en la de termotecnia. En la media


hora de descanso donde nadie salió al exterior y Louis se limitó a
comprarse un chocolate caliente y un sándwich frío de la máquina
expendedora. Aquella mañana había salido demasiado tarde de casa como
para acordarse de pasar por el desayuno que seguro su madre le dejó
preparado en una bolsa de papel sobre la encimera.6

Había vuelto a fijar su vista en las gotitas que se concentraban en los


cristales cuando se fumó un cigarro en el baño que estaba justo al lado de
la biblioteca, al que casi nunca iba nadie. Ese día, ni se molestó en airear
la estancia antes de apagar la colilla con agua del lavamanos.6

Fue un día raro en general. Quizás no sólo por la incómoda lluvia pero...
francamente no sabía definir por qué. Le apetecía llegar a casa a pesar de
que no supiera qué iba a hacer por la tarde. Con aquel tiempo no era
buena idea meterse a trabajar en el garaje aunque se muriera de ganas por
instalarle los neumáticos nuevos a la Aprilia. Quizás avanzaba algo de
clases...

Aferrado a su paraguas, antes de que dieran las dos de la tarde, le tocó


caminar bajo la lluvia. Ahora las gotitas golpeaban con fuerza sobre la fina
tela plástica con la que se cubría. Su pantalón empapándose igualmente
porque el viento tampoco ayudaba en sí. La punta de sus zapatillas grises
luciendo más oscuras al encontrarse completamente mojadas mientras el
omega se encogía de hombros, aferrado a las asas de la mochila que
cargaba a la espalda, caminando deprisa para intentar llegar cuanto antes
a casa.1

Si tuviera su móvil quizás podía haber avisado a sus padres para que
pasaran por él al instituto. Pero hacía demasiado tiempo que ya no lo
llevaba casi nunca consigo.4

Si quiera recordaba si lo mantenía con batería.

Resopló con pesadez cuando tuvo que saltar un charco enorme para
intentar llegar a la otra acera tras cruzar un paso de peatón.1
Ese día, dentro de lo oscuro, había recibido una noticia que no supo si lo
debía mantener satisfecho. Irónicamente, trataba algo que ya casi ni le
importaba. Su profesor de electromecánica había anunciado a segunda
hora que aquel concurso del proyecto de un motor innovador había sido
anulado por razones que la organización mantenía para sí. Muchos
gruñeron ante la idea mientras otros se limitaron a permanecer callados.
Louis, por su parte, no levantó la mirada del cristal al oírlo.23

¿Debía alegrarse por ello? No lo sabía, es más, nada se movió dentro de él


al escuchar aquella noticia. Su profesor había también advertido que
quizás, para verano, la empresa Opel volvía a hacer un concurso así sin
contar con la institución. El docente había alentado incluso a que sus
alumnos volvieran a presentar sus proyectos por libre.

Pero Louis, ante eso, tampoco se inmutó.31

Aquel martes, únicamente quería volver a casa. Le estaba pareciendo


atractiva la idea de pasar la tarde encerrado en su cuarto. Escucharía
música o quizás se echaría una siesta, desechando cada vez más la idea
de adelantar algo de clases. Ya tendría tiempo para eso...5

—¡Mierda! —maldijo cuando la lluvia cayó con más ímpetu, haciendo que
riadas corrieran con fuerza calle abajo.1

Las gotas eran gruesas y salvajes, no era una descabellada idea que
llegaran a traspasar incluso el paraguas. Se apresuró como pudo antes de
doblar la esquina de la calle que se adentraría al fin en su urbanización.

Los pocos coches que circulaban lo hacían con precaución y en su trayecto


hasta casa sólo se había encontrado con dos personas que intentaban
caminar también escondidos bajo un paraguas, como él. Era tan raro que
la noche anterior las noticias no anunciaran un tiempo así...1
Suspiró de alivió cuando sólo le quedaba pasar dos casas hasta llegar la
suya. El viento soplaba con más insistencia, haciéndole entrecerrar los
ojos. Se sentía helado con el pantalón también completamente
empapados.2

Aligeró el paso, alzando el rostro y visualizando a lo lejos la pequeña


puerta de jardín de la entrada de su casa golpeando a causa del viento.
Eso era raro con la manía que tenía su madre de siempre ponerle el
pestillo...36

Cuando miró justo enfrente, lo que vio hizo que sus piernas dejaran de
caminar. Frunció el ceño, extrañado.

Justo enfrente de su casa había un coche de policía aparcado, con


aquellas franjas de escandalosos tonos amarillos y azules.172

Por alguna extraña razón, también le costó volver a emprender el paso.

Se aferró de nuevo a su paraguas, escuchando cada vez más de cerca la


puerta azotando a causa del viento.

Sí, el coche de la policía de Plymouth estaba justo delante de su casa. Su


cara mojándose entonces con las gotas de lluvia que parecían correr
cuando se asomó a comprobar que en su interior no había nadie. Se giró
nervioso por el ruido que hacía la puerta, pasando el pestillo cuando por fin
la cerró por dentro. Fue ágil al subir los escalones del porche,
comprobando una vez más que estaba completamente mojado. Sacó las
llaves de un bolsillo de su chaqueta y abrió la puerta con ganas de recibir el
calor que seguro guardaba su hogar.

Pero no pasó nada de eso.2


Ahogó un grito de susto en su garganta cuando lo primero que visualizó en
el recibidor fue la espalda de un policía. Un chaleco negro que lo
anunciaba llevado por un completo desconocido...1

Fue justo ahí donde su corazón comenzó a latir desbocado.29

—Qué...

—¿Louis? ¿Louis Tomlinson?17

El omega siquiera había soltado el paraguas que chorreaba. Miró con ojos
asombrados y enormes al hombre, al policía que conocía su nombre.

—Sí. ¿Qué pasa?

No le contestó. Sólo le indicó con un ademán que entrara.

¿Por qué demonios un desconocido lo invitaba a entrar en su propia casa?


Su respiración se comenzaba a tornar irregular. El policía no habló más y él
sentía que tampoco podría hacerlo. No entendía nada. No comprendía por
qué le comenzaron a sudar las palmas de las manos y empezaba a sentir
un hormigueo en el cuerpo, debajo de la piel.27

—¿Louis?

Esa vez la voz fue la de su madre. Desde el salón.

El omega miró una vez más al agente, quien insistió en el ademán.

Notó una presión más fuerte cuando una voz familiar no lo tranquilizó tras
haber sido recibido por un desconocido.17

Una increíble tirantez comenzándole entonces en la boca del estómago...


Caminó sintiendo los segundos más lentos de lo normal, cruzando el
pasillo de la entrada para llegar al salón donde se encontró con otro
hombre que también vestía un chaleco que anunciaba que era policía.

Sintió un bofetón de olores de extraños, un ambiente denso, tenso. Uno


que sólo rezumaba desconsuelo, pesar...

Pena.

—Louis.

Su madre había vuelto a pronunciar su nombre... Cuando el menor se


encontró con sus ojos, el paraguas que había mojado toda la tarima desde
la puerta principal, se deslizó de entre sus manos.19

Marjorie estaba sentada junto a una mujer también desconocida y que no


vestía como policía. Se levantó para caminar hasta él.

Marjorie lucía sus ojos miel enrojecidos, con unos surcos del mismo tono
color bermejo bajo ellos. Una tez pálida. Tan pálida...

Louis no supo si en ese momento respiró. Fue incapaz de saber si lo hizo


cuando su madre lo envolvió en un abrazo, ahogando un hipido en lo más
hondo de su garganta. No, él no supo siquiera si parpadeó cuando se
encontró con la mirada de aquella mujer que tampoco conocía, esa que se
la mantuvo, asintiendo hasta que fue él el que se la retiró.2

Porque su madre temblaba.1

Y él también lo hizo.

—¿Q-qué pasa?5
Quiso separarla cuando ella, sin soltarlo, lo miró a los ojos. Sintió un
latigazo en cada una de sus vértebras cuando no reconoció aquella mirada
de su progenitora, una que no lloraba aunque antes sí lo hubiese hecho.

Como el paisaje que deja tras de sí una tormenta. Cuando no se ha


despejado pero por un momento sí ha escampado...

Fue entonces cuando todo vino de golpe, cuando de sus ojos no brotaron
lágrimas aunque sí los sintió picar. Cuando el frío que jamás experimentó
empezó a paralizarlo desde la punta de los dedos. Cuando sus piernas no
fallaron aunque en realidad quisieran con todas sus fuerzas hacerlo...2

Cuando todo dio vueltas y su corazón latió con tanta furia... Cuando le
golpeó con rabia el pecho mientras él juraba que podía llegar a ver aquella
situación desde fuera.

Porque no podía ser real.

Marjorie pretendió hablar, tomando en cada intento una bocanada de aire.


Sabía que si no lo hacía volvería a romper en llanto.

—Papá.118

Y aun así, luchando con todas sus fuerzas, lo hizo. Cubrió su boca con una
mano cuando su hijo, tembloroso, pronunció el vocablo en voz alta.

Louis sólo podía observar a su madre, ignorando por completo a la mujer


que se había intentado acercar a ellos. Él sentía que era incapaz de
parpadear, de dejar de sentir el frío o controlar las sacudidas que le
apresaban el pecho.

Porque tenía miedo. Porque estaba experimentando el mayor miedo que


jamás pensó que podía llegar a vivir.8
—Mamá —llamó casi sin voz. Con las últimas fuerzas—. Mamá, ¿dónde
está papá?2

Pero Marjorie no pudo contestar, no cuando sus ojos se llenaron de


lágrimas. No cuando los de Louis también quisieron hacerlo.1

Sin saber explicar con palabras todo lo que recorría su sistema, porque el
terror no eran las películas de ese género o los fantasmas. El terror era
exigir una respuesta que en el fondo no deseaba conocer.

Porque nadie debería hacer una pregunta cuya contestación tendrá la


fuerza más sobrenatural de partir a la mitad.

107

...

Era un día nefasto.2

Había tenido una semana nefasta, en sí, un mes que Harry lo resumía con
una coloquial y eficaz palabra: mierda. Todo, últimamente, había sido una
mierda.1

Le costaba concentrarse, había discutido incluso con un profesor en una


tutoría y hasta a su mejor amigo Niall le comenzaba a colmar la paciencia.
Y eso era agotador porque él jamás estuvo acostumbrado a que todo le
sobrepasara. Porque él siempre conseguía tener todo bajo control, pero
precisamente lo que lo crispaba era no saber lo que exactamente se le
salía, ese ente imaginario que lo molestaba y lo hacía estar gruñón, sin
ganas de hablar mucho o convirtiendo cada tarea en una más pesada. Le
molestaba sentir que el tiempo pasaba demasiado rápido cuando se
trataba de temas de clase, entregar un trabajo o preparar un parcial.
También cuando cogía su coche y conducía sin un rumbo establecido, solo
por el placer de escuchar música para encerrarse en sus propios
pensamientos; rodar kilómetros sabiendo que no llegaría a ninguna parte.
A veces también paseaba por sitios puntuales de la ciudad de Londres.
Hubo fines de semana donde se perdió durante horas en Camden Town,
descubriendo tiendas con encanto, puestos artesanos y comida deliciosa
en los mercados.2

Sí, trataba, pero no era suficiente. La sensación de perder el tiempo y que


por ello algo molestara seguía con él. Por primera vez no le apetecía todo
aquello que pensó que jamás le iba a aburrir.

Su madre le preguntó muchas veces si todo estaba bien con él, así que se
limitaba a decir que sí. Niall le discutía aquella actitud demasiadas veces,
sí, pero también intentaba animarlo con sus típicas fiestas, todas aquellas
en las que el rubio era un fiel asistente. Sin embargo, a Harry por último
tampoco le apetecían.

Y aquella tarde no era muy diferente a las demás. Harry se encontraba


sentado en su escritorio, acababa de dejar caer su Blackberry contra la
mesa, centrando su vista en el montón de papeles de apuntes que debía
ordenar. Era un día entre semana cualquiera, con su día de clases ya
terminado. Apenas hacía una hora que habían subido del comedor. Niall
estaba detrás de él, tumbado en su cama y escuchando música en su iPod.
El rubio meneaba su pies, tarareando por lo bajo las canciones que
saltaban en su reproductor, con la vista fija en el último número de la
revista Rolling Stone.11

Podía ser un día entre semana normal, de hecho desde hacía unas
cuantas ya lo era.
Harry resopló cuando echó un vistazo a todas sus anotaciones mezcladas.
Iba a ser un jaleo ocuparse de todo aquello y, para variar, tampoco le
apetecía. Pero siempre era esa lucha con su conciencia, la que le
recordaba que a pesar de todo aquel seguía siendo su deber.

Iba a echar mano del primer tocho de hojas, pero su móvil vibró sobre la
mesa. Movió carpetas y alguna libreta, pues por alguna razón, en algún
momento el teléfono había ido a parar debajo de una de ellas. El aparato
se movía sobre la madera, encendiendo y apagando la luz de la pantalla
con insistencia antes de que Harry lo tomará entre sus manos.

'Mamá', anunciaba en la pantalla.

Largó un suspiro antes de presionar la tecla verde para aceptar la llamada.


Se dejó caer sobre la silla cuando se llevó el teléfono a la oreja.

—Hola, mamá —contestó.

Y no tardó en reconocer la voz de su progenitora al otro lado.

—Hola, cielo. —Annette, había sonreído tras tomar una larga bocanada de
aire—. ¿Qué tal estás?

Harry rascó su sien con la parte de atrás de un lápiz. Aquella pregunta


siempre era algo compleja de contestar.

—Bien —resumió con la más sutil y fácil respuesta—. Iba a ordenar


apuntes ahora.

—Oh, genial —respondió la mujer de inmediato—. Sí...

Y ahí el alfa, irremediablemente, frunció el ceño. Annette ya lo había


llamado el día anterior para preguntar por exactamente lo mismo. Es más,
la mujer lo solía hacer cada dos días, últimamente cada tres. Era raro que
se volviera a poner en contacto con él para solamente preguntar "qué tal".

—Mamá —dijo con cautela—, ¿todo bien?4

Escuchó un resoplido del otro lado. Annette había vuelto a tomar aire con
pesadez.

—Harry...1

Pero la mujer se quedó ahí, no pudo pronunciar algo más.

Realmente, se encontró con que no sabía cómo decir algo así. Menos a su
hijo...

—Mamá —pronunció de nuevo, poniéndose más recto en su asiento—,


¿qué pasa?

Su pregunta salió seria, acompañada incluso de un nudo que tironeó en el


centro de su vientre.

Annette supo que tenía que hallar de una vez el valor de hablar.

—Cariño, te llamo porque ha ocurrido algo. Ni siquiera sé cómo se dan


estas noticias. Ojalá no tuviera... —Suspiró—. Menos a ti, mi amor, pero
creo que querrás saberlo. Louis, él... Sé que os lleváis bien y...

Pero Harry fue el que esa vez no la dejó continuar.

Fue su pecho el que se agitó sin remedio cuando su madre pronunció el


nombre de su vecino. El lápiz que tenía en una mano cayó al suelo y
siquiera fue capaz de darse cuenta de ello. Había abierto los ojos de par en
par, apretado más el móvil contra su oreja...

—¿Louis? ¿Qué pasa con él? —Su corazón martilleaba exigente. Su


garganta incluso se comenzaba a secar—. ¿Le ha pasado algo a Louis?
Si no, ¿qué hacía su madre llamándolo para hablarle de él? Una película
se reprodujo de un momento a otro demasiado rápido en su mente. Louis
montado en skate, la voz de Louis a través del teléfono o sus mensajes.
Louis entre las sombras de su casa de la playa. Los ojos de Louis, el toque
de Louis, el olor de Louis... Louis la última vez que hablaron, también a
través del teléfono; la última vez que coincidía con que a partir de ahí todos
sus días fueran más caóticos.

Una vibración comenzando a calentar el final de sus cuerdas vocales...

—A él como tal no le ha pasado nada. Ha sido a su padre. Él... el padre de


Louis falleció ayer, cariño.197

Y silencio.

El más duro. Más seco. Más sentido.

Y el frío.

Porque Harry sintió cada parte de su cuerpo helarse, como si hubiera sido
la sensación que dejaba una horrible bofetada. Notó que su pecho incluso
había dejado de latir por un segundo para luego arremeter con más fuerza.
Intentó pronunciar algo, mas su voz no salió, siquiera oyó si su madre
había dicho algo más.

El padre de Louis había muerto.

¿Ayer? ¿Dónde estaba él ayer? ¿Qué había pasado ayer?

Louis.

Su padre había muerto.

Dios, él... Louis estaría... Destrozado.

En su mente no albergaban más ideas.


Se había levantado de la silla frente a su escritorio, separando apenas el
teléfono de su oído. Dio una vuelta sobre sí mismo, sintiendo la respiración
pesada, dando un manotazo a un montón de papeles que tenía sobre el
escritorio. Buscaba algo, pero no sabía exactamente el qué.

—¿Harry? —Era la voz de Annette. Comenzando a angustiarse,


pronunciaba sin cesar el nombre de su hijo.

—¿Harry? ¿Qué te pasa?

Esa vez fue Niall el que preguntó.

El rubio se había percatado de los movimientos toscos y torpes del otro. Se


había deshecho de sus cascos, dejando la revista a un lado.

Harry dio otra vuelta sobre sí, mas no contestó. Realmente, era incapaz de
escuchar la voz de su madre cerca de su oído; mucho menos la de su
amigo. Seguía buscando algo, revolviendo entre todo lo que había sobre su
escritorio, había clavado la vista incluso en la cama.6

Niall se comenzó a impacientar cuando Harry, una segunda vez que le


preguntó, tampoco contestó.

—Hermano, ¿qué pasa? ¿Con quién estás hablando?

El ojiverde se había llevado ambas manos a la cabeza, dejando caer sin


cuidado su teléfono encima de la cama. El aparato tuvo la suerte de chocar
contra el colchón y quedarse ahí y Annette apenas se escuchaba ya desde
el otro lado.

—Las llaves —pronunció Harry por primera vez, con un hilo de voz fino y
demasiado bajo.
El alfa había tirado de sus cabellos, deshaciendo todo lo que tocaba;
buscando. Después de escasos minutos que había concebido como
eternos, había descubierto qué era lo que necesitaba hallar.1

Las llaves de su coche.

Había también sacado de debajo de la cama su bolso de mano, ese que


siempre usaba en sus pequeños viajes. Caminó hacía su armario, sacando
ropa que quizás no era ni suya, sin percatarse del todo de lo que hacía.

Sentía que el tiempo estaba yendo demasiado rápido, quizás lento... Fuera
como fuese sentía que no lo podía dejar pasar.1

—Harry —volvió a llamarlo Niall. El otro había hecho una pila de ropa que
metió sin cuidado en su bolso—. ¡¿Qué estás haciendo?!14

El rubio había gruñido alto, llamando por puro instinto la atención del otro.
Niall tiró de uno de sus hombros para que se volteara a mirarlo. Los ojos de
Harry estaban oscuros, opacos y también perdidos. Logró enfocar por un
momento al otro alfa antes de intentar balbucear, de llevar su vista de
nuevo a la habitación, a su cama, al bolso deformado lleno de ropa...

A las llaves de su coche que acababa de encontrar en una cazadora.

—Louis —dijo, sintiendo que su amigo lo apretaba más del hombro. Él se


quería deshacer del toque—. Su padre... Su padre falleció. Ayer, Niall. El
padre de Louis falleció ayer. Yo... dios, yo... Tengo que ir. Tengo que coger
esto y tengo que ir a Pylmouth. Tengo que estar en Plymouth.9

Pronunciarlo en voz alta hizo que cada resquicio de su sistema se volviera


a helar. De nuevo sintió un latigazo en su pecho, lo complicado que era
tener un ritmo de respiración normal...
Niall pestañeó durante dos segundos, sintiendo cierta sensación incómoda
al oír senda noticia; aquella punzada inevitable que cualquier persona con
apenas una dosis de empatía vivía...

—Louis —habló de nuevo Harry, sin dejar siquiera a su amigo reaccionar—


. Louis adoraba a su padre. Él tiene que estar... dios, necesito estar con él.
Necesito ver cómo está. Estará mal, Niall. Louis estará fatal. Estará
derrumbado.

El ojiverde se había cubierto el rostro con las palmas de sus manos,


exhalando con desespero, sintiendo las sacudidas en el pecho. Era aquella
sensación... la de imaginar a Louis, la de tan siquiera visualizar al omega
derrotado, con unos ojos tristes, húmedos y acabados. Estaba evocando
aquella imagen del menor en su cabeza y sólo se le encogía más el
corazón.1

Cada pálpito, ansiedad y sentimiento de desespero era por eso. Él mismo


no podía controlar un ritmo de respiración normal. Sus manos comenzaban
a temblequear sintiendo que debía hacer mil cosas a la vez.

Niall llevó su vista a la Blackberry que volvía a vibrar sobre la cama de su


compañero. Harry la ignoraba por completo mientras se dirigía a cerrar la
cremallera de su bolso. El rubio dio dos pasos hasta observar la pantalla y
darse cuenta de que en ella estaba el nombre de la madre de Harry.

No dudó en contestar él mismo.

—¿Annette? Soy Niall.

La mujer resopló del otro lado, con una congoja de desespero y


desconcierto alojándose en su pecho...
—¡Niall! ¡Menos mal! ¿Está Harry contigo? Dime que no ha hecho ninguna
locura, sé que está alterado, sé que quiere coger el coche y venirse. Por
favor, cálmalo antes, no dejes que conduzca en ese estado.8

La mujer había hablado de corrido, sin apenas respirar entre cada frase.

—Sí. Él está como ido. Le he preguntado y me ha dicho lo que ha pasado.


Es horrible, yo...

—Louis es su amigo, creí que debía saberlo porque seguro que el chico es
incapaz de coger un teléfono en estos momentos. No lo sé... No sé si debí
esperar a contárselo, no puedo hacer nada desde aquí. No querrá que lo
vayamos a buscar.

La omega lucía desesperada. Sabía que su hijo no sería inmune a la


noticia, mas no que fuera hasta incapaz de finalizar la llamada con ella. No
dudaba que Harry se quisiera presentar allí, en el fondo no, los detalles de
su hijo no se limitaba a afrontar una situación así con una simple llamada.
Pero el mejor amigo de Harry sonaba preocupado, sintiendo incluso la
necesidad de intervenir en todo aquello.

—No te preocupes, Annette. Yo lo acompañaré a Plymouth. Yo conduciré,


no dejaré que se vaya así.75

Harry ya se había colgado el asa de su bolso en el hombro. Apretaba con


fuerza las llaves de su coche en la mano...

—Oh dios, Niall, muchísimas gracias. Te lo agradezco de corazón. De


verdad... dios.

Annette suspiró de puro alivio, con aquel molestar todavía constante. Se le


pasaría cuando tuviera a su hijo cerca, eso lo sabía, más si conocía el
estado de su cachorro, ese que inexplicablemente podía sentir casi en el
pecho.

—Dile que se tranquilice, por favor. Os estaremos esperando. Os quiero


mucho, chicos. Tened cuidado, por favor.

—Lo tendremos. Nos vemos en unas horas, Annette.

Y ahí ella supo que esas serían las más angustiosas cuando asintió antes
de que el amigo de su hijo colgara la llamada.

Niall había tomado una pesada bocana de aire cuando fue más rápido que
Harry al llegar a la puerta de la habitación. El otro ya estaba dispuesto a
salir.

—Hey —llamó el de ojos cian, posicionando una mano en la nuca tensa del
otro alfa—. Te voy a acompañar, ¿está bien? Tú no puedes conducir así
hasta Pymouth así que lo haré yo. —Harry apenas atinó a asentir, mas sí a
apretar más las llaves del coche en su puño cuando Niall las intentó
tomar—. Harry, ¿quieres que vayamos en tu coche o en el mío? —El
ojiverde seguía sin enfocarlo del todo, así que el rubio le presionó el cuello
con la misma mano que lo tenía sujetado—. ¿Harry?

—En el mío —musitó entonces el de ojos verdes.

—Pues dame las llaves porque yo voy a conducir. —Harry parpadeó antes
de inhalar lentamente por la nariz. Aflojó su puño, tendiéndole la llave al
otro—. Bien, ahora espérame cinco minutos y nos iremos, ¿de acuerdo?
Cinco minutos y nos vamos, hermano.8

El aludido asintió.
Niall fue rápido en buscar una mochila y meter un par de prendas de ropa,
lo básico. Se aseguró de llevar efectivo en su billetera y tomar los teléfonos
móviles de ambos antes de salir.1

El ojiverde siguió luego a su amigo. Confiaba en él, le gustaba hacerlo.


Niall era el único capaz de entenderlo, o al menos eso creía, pues,
¿siquiera él mismo lo hacía? ¿Acaso aquella sensación que le arrollaba
entero tenía explicación?

Sólo era capaz de pensar en Louis.17

Sólo era capaz de imaginar el dolor de Louis. De comparar su nimia


sensación con la de él.

Y le asfixiaba. Le ahogaba el tan sólo pensarlo.17

Y no imaginaba siquiera lo que sería entonces sentirlo. Tampoco se


planteaba no hacerlo.1

Porque necesitaba llegar a donde estaba. Por Louis; por él mismo. Por la
propia sensación que le apretaba ya sin compasión el pecho.
Just stop your crying, it will be alright
It's only that the end is near
We gotta get away from here68

Just stop your crying, have the time of your life


Breaking through the atmosphere
And things are pretty good from here
Remember everything will be alright
We can meet again somewhere
Somewhere far away from here
57

—PAN-PAN —pronunció claro, apretando con los dedos el transmisor


inalámbrico—. PAN-PAN PAN-PAN. Aquí Porta Elyse, Porta Elyse, Porta
Elyse. —Una inspiración profunda cuando, con la vista fija en la pantalla
del panel de mandos, anunció las coordenadas de su posición—. Nos
precipitamos hacia las peñas de Gilstone. Por la fuerza de la marejada
parece imposible controlar la embarcación. Corremos riesgo de daño en el
casco si continuamos aproximándonos. Atentos a siguientes
retransmisiones. Cambio.10

La llamada estaba dirigida a todas las estaciones.

Era una de urgencia.

Recordó al viejo Andrew cuando sintió una vez más la fuerza de otra ola. El
timón agarrotado cuando sus manos se aferraban a él. Recordó al viejo
porque esa mañana le había avisado de que él no saldría con su buque a
faenar.2

A esas horas, las condiciones meteorológicas no habían prevenido una


situación de alerta. Él y otros patrones habían salido con sus
embarcaciones.

Porque George Tomlinson creía que conocía el mar.115

Era un patrón meticuloso en su trabajo, se conocía aquellas aguas y, como


él los llamaba, también sus "obstáculos". Reconoció muy rápido el islote de
St Agnes. Se sabía incluso el nombre de las peñas que habitaban cerca.
Creyó reconocer la de Gilstone cuando precisamente se percató de que, a
causa del viento y las furiosas olas, tomaban rumbo hacia allí. El cielo se
había tornado gris muy rápido; gotas de lluvia chocando con saña contra la
cubierta, acompañadas de una marejada que poco a poco se volvía más
airada. Sus marineros lo habían advertido...1
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accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

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Donde Harry se enamora de un ángel.

Justo cuando una ola irrumpió a babor.

—¡Patrón!16

La frente de George se había perlado de sudor... El timón se escapaba de


sus manos, el mar arremetía contra ellos, enrabietado, haciéndole cambiar
constantemente el rumbo. Habían incluso perdido por momentos la
comunicación por radio.

Tomlinson había sido marinero durante años. Comenzó en su profesión


con apenas quince años, conociendo antes al mar que a sí mismo. Una
vida dedicada a ello y donde apenas ese año iba a cumplir diez siendo
patrón de la embarcación Porta Elyse, el arrastradero que cada día
abastecía de pescado fresco al puerto de Plymouth.4

Sí, debido a su experiencia, se había encontrado antes con marejadas


malas. Siendo marinero vio a compañeros caer por la borda. Vio
desespero, angustia... Mas cuando ascendió a patrón nunca tuvo grandes
sustos, nada que no saliera de fallos en el motor, nada que no se arreglara
con un simple aviso para que los asistieran.

Nada que no arreglara que la mejor opción fuera quedarse en tierra.1

Sin embargo, fue ese día en el que decidió confiar en el mar Céltico que
tanto creía conocer; el que estimaba un compañero.

Fue ese día en el que quizás se equivocó.29

Todo pasaba demasiado rápido aunque la percepción de cada acción tras


las consecuentes sacudidas fuera más lenta. Había usado la radio cuando
la misma retomó conexión, advirtiendo del riesgo, haciendo todo lo que
estaba a su alcance, gritando a su tripulación, velando por su seguridad...
Aferrándose con fuerza a los brazos del timón cuando sintió aquella
violenta vibración del suelo bajo sus pies. Todo había chirriado, sonando
como un golpe seco, casi ensordecedor. Justo cuando las alarmas saltaron
y las luces rojas comenzaron a adornar el panel de mandos.1

Porque a pesar de todo sabía que debía mantener la calma. Porque acaba
de embarrancar contra aquella peña que hacía apenas cinco minutos supo
identificar.

No volvieron entonces a llamarlo.

Observó aquellos paneles que exigían decisiones con sus luces


parpadeantes y pitidos estrambóticos, comenzando a sentir algo que poco
a poco le oprimía el pecho.

En el casco del barco se había abierto una vía de agua debido al impacto.

Estrujó en su mano el transmisor tras presionar el botón de emergencia,


contando incluso los cinco segundos, esos que garantizaban que la
emisión de socorro había sido emitida.

Su voz no tembló cuando tuvo de nuevo que hablar. No tembló en ningún


momento.5

—MAYDAY, MAYDAY, MAYDAY. Aquí Porta Elyse. Hemos chocado


contra las peñas próximas a St Agnes. Se ha abierto una vía en el casco.
Se ha abierto una vía en el casco. Solicitamos rescate de tripulación.
Cambio.

Esa vez, rogaba porque la conexión de radio no volviera a fallar. Rogaba


porque no...

—MAYDAY, MAYDAY, MAYDAY —repitió al realizar el llamado una


segunda vez.5
Las luces de emergencia no cesaron cuando sus oídos apenas ya
percibían el chillido de la alarma. No, el mar nunca lo había traicionado de
esa manera, pero sabía qué hacer. Quizás por experiencia, por
profesionalidad... Su trabajo iba de la mano de la presión, de no aferrarse a
lo material y calcular con frialdad.2

Su respiración errática cuando con el puño presionó el pulsador que


ordenaba el cierre de escotillas en la popa. Su buque se estaba llenando
de agua, el panel le indicaba que el boquete se ensanchaba por la presión
de corriente que se colaba.5

Porque sabía que la embarcación, en minutos, se comenzaría a hundir.1

El cierre de escotillas ocasionaría que esto comenzara a suceder en la


popa del barco, haciéndoles ganar tiempo. Necesitaba tiempo para que
todos subieran a cubierta, para que agarraran los salvavidas...

Dejó el caos de la sala de mandos atrás cuando corrió por los pasillos,
buscando a las ocho personas que formaban parte de su tripulación. Debía
advertirlos; era su trabajo, su deber.

Era el patrón que también velaba por ellos.

Le gritó a dos marineros que únicamente preguntaban qué pasaba, que


histéricos exigían saber si se estaban hundiendo...

—¡A cubierta!

George los había empujado, reconociendo cada cara entre los pasillos
iluminados con aquellas luces rojizas y parpadeantes.

—¡Subid a cubierta!

La sensación de asumir el peso de sus decisiones asediando...


—¡Las cámaras!

Su cabeza yendo mucho más rápido de lo que corrían sus piernas. Los
marineros apercibiéndolo mientras chocaban con las paredes para
obedecer a su patrón... El sonido ensordecedor de hierro chocando entre sí
cuando algo sacudió de nuevo el buque.

George cayó de rodillas dirigiéndose a las cámaras donde su tripulación


trabajaba. Debía evacuarlos, informarles del peligro, ponerlos a salvo...
Porque el volumen de agua que se colaba por la rotura del casco estaba
haciendo lo suyo; levantar el buque por la proa.21

Y ese mar bravo y furioso; ese que engullía...1

—¡Sterlyn!57

Aquel grito hizo a George cambiar de dirección en su carrera. Debían


desalojar lo más rápido posible la zona de las cámaras donde se
almacenaba el género pescado en contenedores frigoríficos. Había
reconocido la voz de su marinero, Peter, ese canoso que llevaba
demasiados años trabajando junto a él.

—¡Patrón!

George jadeó cuando llegó al pasillo donde el marinero fue a su encuentro.

—¡A cubierta! Peter, hay que subir a cubierta. He cerrado escotillas,


¡tenemos todos que subir!2

El hombre siquiera se inmutó, mas sí tragó saliva cuando se encontró con


los ojos de su patrón. En aquella tripulación todos eran betas, porque
controlaban mejor su naturaleza, porque sabían actuar con mayor
asertividad, porque ninguno se impondría... Peter asintió, con respiración
errática y unas manos que se enterraron en su cuero cabelludo.4
—Sterlyn todavía está en las cámaras. Los demás también...

El canoso Peter hizo alusión a su compañero, luciendo de nuevo alterado


cuando otro crujido hizo vibrar las paredes bermejas que los rodeaban.

Pero George levantó el mentón, incapaz de achicarse. No en ese


momento.

—Ve a decirle al resto que suban. Os quiero a todos en cubierta, ¿me has
oído? Yo iré a por el chico. ¡Vamos!

George había sujeto entre sus manos el rostro sudoroso de su marinero,


quien tras segundos asintió. Confiaba en él, en aquel hombre que incluso
había ido a su casa a pasar la tarde de un domingo... Confiaba ciegamente
en él.13

Peter apretó el hombro de su patrón antes de girar para cumplir con lo


ordenado, apoyándose en las paredes de los largos pasillos para poder
ignorar la vibración constante en el suelo.

George apretó sus puños antes de volver a correr hacia la cámara del final
del pasillo. El ambiente todavía embebido por aquellas luces rojas e
intermitentes, por aquellos crujidos...

—¡¿Sterlyn?!16

Lo siguiente entonces sucedió demasiado rápido.

El cuerpo del patrón impactando con las cimbreantes superficies cuando un


temblor más fuerte batió toda la estructura. El Porta Elyse se hundía sin
que fuera una decisión, sin que se pudiera evitar...

—Patrón...
El llamado llegó débil cuando George se intentó estabilizar, notando el
suelo alzado, viendo los pasillos que antes eran rectos convertidos en
pendientes.3

Sterlyn era un muchacho, beta, de apenas veintiún años. Sólo un aspirante


a marinero...

La respiración de George se cortó cuando lo vio atrapado, cuando vio al


chico tirado en la cámara, con sus piernas aplastadas por uno de los
contenedores de pescados. Contra la pared que cada vez se inclinaba un
poco más...46

George supo justo ahí que la realidad también podía ser concebida como la
más tremebunda pesadilla.

—Te sacaré de aquí. Vamos, ¡te sacaré de ahí!

Sólo veintiún años recién cumplidos, de tez pálida y cabello rubio... Sterlyn
miró a su patrón, sin entender por qué no sentía dolor, notando que podía
perder la conciencia si miraba a sus pies...8

—Patrón...

—¡Voy a quitar esto de aquí!1

Porque el muchacho era incapaz de emitir siquiera un quejido mientras


observaba al más mayor intentando empujar aquel contenedor que podía
llegar a pesar una tonelada... No, era físicamente imposible que George lo
quitara, que tan siquiera lo moviera.1

¿Pero cómo se le explica eso a la razón en una situación así?

El beta intentó buscar algún objeto para hacer presión, intentó con su
hombro, intento maldiciendo.
Pidiendo por favor...1

—Patrón —insistió entonces el inexperto marinero, observando cómo el


otro ya caía de rodillas a su lado—. Yo... yo sabía que este trabajo no era
para mí. Yo sabía que esto en el fondo me daba miedo.2

Porque la voz del joven salió rasposa y temblorosa, acompañada de unos


ojos igual de perdidos que cristalinos. Porque cuando lágrimas brotaron de
los orbes de Sterlyn, él apenas lo notó.

Y fue justo ahí que George supo que él también tenía miedo.

Que estaba muerto de miedo.8

—No...

—Me voy a morir.13

Los crujidos pasando a segundo plano, porque cualquier cosa lo haría ya


que era la mera conciencia, golpeada por la realidad, la que decidía gritar.

Porque aquello era real. Por mucho que exigiera que todo parara, era real
que el mar los reclamaba.

—No. Vamos, chico. No.

Quiso decirle que sí valía para aquello, que si lo aceptó en su tripulación


fue porque le vio potencial, porque quizás se vio a él mismo; joven e
inexperto, pero con ilusión. Con ganas de aprender, con ojos soñadores...10

Sí, quiso hacerlo, pero otra sacudida hizo temblar todo a su alrededor.

El frío del agua del mar cubriendo entonces sus tobillos. Paralizando,
helando...
Una presión ejercida en su pecho cuando algo hizo a George caer de
espaldas. Los contenedores corriendo entonces por la cámara, chocando
con saña... Él perdiendo por momentos la conciencia cuando la vasta
vibración y sacudida hizo que se golpeara la cabeza.

Sin rastro entonces del joven marinero...

—Sterlyn —susurró el beta, luchando con una repentina visión borrosa—.


Sterlyn, ¡no!3

Porque sólo había agua. Fría; rauda.

Y ahogó un grito, porque las lágrimas de rabia también acudieron, porque


no era justo, porque no entendía, porque si tuviera la oportunidad
cambiaría cada una de sus decisiones de ese día.4

No era justo que aquel chico con toda su vida por delante muriera así. Que
él... no pudiera hacer nada.13

El nudo que se formaba en la boca de su estómago no tenía compasión a


la hora de oprimir; mucho menos el vacío que sentía en el pecho. La
garganta seca, sus manos temblando...

El hormigueo comenzando en la yema de sus dedos, extendiéndose por


toda su epidermis; presionando en sus sienes.

—No...

Negó porque ya se había levantado a pesar de la fuerza del agua que se


colaba.

Negó con la cabeza cuando se sintió impotente cuando quiso también


llorar, cuando las rodillas le querían fallar.

—No, no, no...


Cuando se vio atrapado, sin salida cuando uno de los contenedores, tras la
última sacudida, había bloqueado la única puerta de salida de la cámara.66

Negó.

Negó mientras lo volvía a golpear, destrozando sus nudillos, creando


punciones de dolor en sus hombros. Chilló mientras temblaba, mientras el
frío se hacía con él y el mar que lo había traicionado le restaba todo
movimiento, el que en todo momento era igualmente inútil.1

Estaba atrapado en aquella cámara, con el volumen de agua subiendo.

Sí, negó hasta que supo que era en vano... Que eso nada cambiaba.

Porque buscó otra salida y no la halló. La buscó aun sabiendo que no


existía.4

Porque acabó con sus fuerzas al no dejar de golpear. Golpeó aun sabiendo
que no servía de nada.

Porque chilló, maldijo y lloró.

Sólo porque quería vivir.3

Era la impotencia de estar frente a lo que le iba a arrebatar lo que más


quería. Era el pelearse con aquel mar que se fue contra él, con aquel que
siempre hizo juego con sus ojos.

¿Por qué siempre creyó que eso no le pasaría? ¿Cómo fue tan iluso de
creerse cómplice de una bestia como aquella?

El maravilloso y poderoso mar...9

¿Cómo se suponía que se debía afrontar al hecho de que se encontraba


conociendo su final?
En su mente se agolparon entonces tantas cosas... Logros, recuerdos,
metas que no se cumplieron y tantas otras que sí lo hicieron; deseos que ni
siquiera sabía que tenía, pues, al fin y al cabo, ¿qué era la vida? ¿No era
toda esa serie de infortunios que jamás fueron planeados?2

Tantas imágenes reproduciéndose, pintándole una sonrisa tenue


acompañada de ojos vidriosos; de vista perdida.1

Tantas, tantas imágenes...

Cuando conoció a Marjorie en aquella tienda de telas donde él había ido


con unos amigos a buscar lentejuelas para un disfraz y ella una tela para
confeccionar su última falda. En Gales, porque ellos siempre fueron de
allí.41

Sí, sonrío al recordar.

Sabía que se enamoró de ella desde que enfocó la vista en sus orbes color
miel. Marjorie entonces le hizo saber mucho después que sus ojos azul añil
también fueron lo primero que la cautivó.6

Cuando se asentaron en Plymouth, esa ciudad costera de la que George


había quedado prendado siendo marinero. Cuando la familia de Marjorie no
estuvo de acuerdo en que él no fuera un alfa. Cuando ellos solamente se
enamoraron más y de la mano decidieron que ese entonces debía ser su
nuevo hogar. Que si no los aceptaban pues huirían.5

Porque era simple. Se amaban. Se amaban y ya. ¿Qué importaba lo


demás?2

Y miró la brújula de su brazo, ese único dibujo que adornaba su piel con
tinta. El tatuaje de una brújula que apuntaba hacia la palabra "Hogar".180

La miró, no pudo dejar de hacerlo.


Más imágenes. Tantas...

La cara de su omega; cómo derramó lágrimas de alegría cuando lo buscó


con aquella prueba de embarazo en la mano. Cuando decidieron el nombre
de aquel milagro, de aquel amor tan puro que nació hacia alguien que ni
siquiera conocían. Cómo decidieron llamarlo Louis.25

Su Louis, su hijo, su amor.118

Sus ojos aguándose mientras se miraba aquella palabra tatuada. Porque el


propio George era la brújula y ellos su única dirección.2

Hogar.18

¿Le dijo suficientes veces a su hijo lo que lo quería? Esperaba que sí. Lo
amaba. Amaba a su niño; amaba a su familia. Eran su orgullo, su
respiración, su anhelo, su deseo...5

Los amaba y... Le hubiera gustado tanto pasar un poco más de tiempo con
ellos. Le hubiera gustado cantidad de cosas porque, joder, tenían todavía
tanto que hacer juntos...6

No era justo.16

No, no lo era, aunque ya se hubiese escrito.

No...

Porque cerró los ojos y besó su antebrazo derecho, sintiendo de nuevo el


frío del mar rozando su piel, mojando ya su rostro, engatusándolo en su
leve vaivén...11

Pensó en Marjorie.

Pensó en Louis.
Iban a ser fuertes. Tenían que serlo.19

Porque el ruego final fue ese, sólo ese.5

Él iba a descubrir qué había después del último aliento; iba a averiguar si
existía una forma de efectivamente seguir junto a ellos. Porque sin
palabras siempre se los prometió.10

Siempre lo haría.
149

...

Jamás había sentido un peso tan demoledor sobre sus hombros. Un peso
que no era literal, pero que estaba seguro de que sí tenía más voluntad
que cualquier otra fuerza.

Ni siquiera llegaba a sentir lo cansado que se encontraba. Las


consecuencias de pasar horas en carretera, encerrado en su coche, el que
percibió como un cubículo donde el tiempo pasaba demasiado despacio.
Donde su mente lo traicionaba, atosigándolo con cantidad de imágenes.
Con la vista también fija en su teléfono móvil.

Porque en algún momento intentó contactar a Louis, pero la llamada si


quiera dio señal.

Ahora, se encontraba en el centro de los asientos traseros del coche de su


padre, quien conducía mientras era Annette la que ocupaba la posición de
copiloto. Niall, por su parte, había preferido quedarse en la casa de los
Styles.
La llegada fue caótica. Annette los recibió, percatándose al instante de la
angustia que asistía a su hijo. Harry entonces sólo exigió que se marcharan
a donde debían en esos casos, negándose a tomar una ducha, algo de
comer o si quiera un vaso de agua. Patrice fue el que entonces anunció
que sacaría el coche del garaje.

Ya no llovía, pero las calles de Plymouth continuaban mojadas, con


charcos enormes que habían dejado tras de sí las riadas. La noche había
caído, aportando un aspecto más lúgubre a todo escenario.14

Los tres en silencio, con Annette mirando a cada momento hacia atrás,
percatándose de la vista perdida de Harry. Durante todo el trayecto la llevó
clavada en el cristal frontal, pestañeando únicamente cuando el
limpiaparabrisas saltaba para eliminar las gotas que todavía se escurrían.

Con un único pensamiento...

Nunca había estado en un tanatorio. Se descubrió asombrado cuando


experimentó el rechazo hacia tal palabra; hacia su significado. Los
imaginaba fríos, de paredes blancas... De hecho, más que fríos, los creía
helados. Estaba seguro de que en sitios así debía salir vapor de la boca al
hablar. O, ¿acaso alguien hablaba en un lugar así? ¿Se debía hacer? No lo
sabía, no sabía nada e inexplicablemente se sentía algo patético por eso.10

O demasiado afortunado.

¿Louis habría estado antes en un sitio así? Si pensaba en eso la punzada


que se había alojado en la boca de su estómago quemaba un poco más.

Fue incapaz de tragar saliva cuando su padre se adentró en el parking del


lugar. Había silencio, demasiado silencio cuando bajaron del coche y él
apenas atinó a dar un paso. Fue Annette la que tomó su brazo tras
sobárselo con mimo, pronunciando un simple '¿vamos?' al que Harry
respondió con un asentimiento de cabeza. Patrice guiándolos hacia el
ascensor que daba al edificio...

Definitivamente, Harry no se lo imaginaba así. Las paredes eran de tonos


grises cuando llegaron a lo que supuso que era la recepción. Madera
lacada en la misma, personal uniformados con funestos trajes negros
además de una... ¿Pantalla?1

Tuvo que frenar en seco. Verdaderamente, ¿aquello era un tanatorio? No


sabía con qué se podía llegar encontrar, pero definitivamente con algo así
no. Frunció el ceño, con la quemazón en el centro de su vientre latente.
Sus padres observándolo en silencio.31

¿Por qué había "recepcionistas"? Qué demonios iban a... No lo entendía.


Sintió ganas de vomitar, de refregarse los ojos para comprobar si así todo
se aclaraba un poco. En realidad, ¿cómo debían ser aquellos lugares sino?
Eran silenciosos, casi sin olor. Se había mentalizado con que iba a sentir
una ola de emociones, de sensaciones; porque eso era a lo que más le
temía. ¿Cómo iba a evitar el notar en su pecho la angustia y dolor que
debía habitar en aquel lugar si la naturaleza lo había diseñado para ello?

¿Cómo lo hacía la gente?

Annette apretó la mano de Harry cuando sin palabras le indicó que


avanzaran. Él lo hizo, asumiendo que quizás lo que debía hacer era no
buscar comprenderlo. Patrice fue el que se acercó a la recepción, donde un
trabajador asintió indicándole algo en aquella pantalla. Su padre asintió
antes de volverse a dirigir a ellos.

—Primera planta.

¿Cuántas tenía ese edificio? El alfa sacudió la cabeza. Mejor era no


entender...
—Harry —lo llamó su madre, volviéndole a acariciar con cariño el brazo—.
¿Estás bien? Seguro que...2

—Sí.

Y caminó, sin saber a dónde, con su padre alcanzándolo para poder guiarlo
de nuevo. Subieron unas escaleras, con escalones enormes con motivos
en mármol beige. Las paredes esa vez siendo de tonos cremas. Patrice era
el que subía primero. Annette iba detrás de él.

Como un niño arropado porque se podía caer.1

No, Harry jamás se pudo llegar a imaginar cómo era un sitio así. Cantidad
de aromas, sensaciones y presiones que engatusaban de repente el
ambiente aunque hacía minutos no hubiera percibido nada. Murmullos,
grupos de gente callada o que hablaban muy bajo. Muchos se abrazaban a
sí mismo mientras que otros simplemente estaban. Con sus poses
normales; como si se ubicaran en cualquier otro lugar.

Vio gorras marineras. Vio personas que juraría que le sonaban, de la


ciudad o de encontrárselos en algún lado. Distinguió a vecinos de su
urbanización, a los del supermercado o la tienda de zapatos del centro.
Juró que muchas caras les eran conocidas y estaba seguro de que la de él
para ellos también porque muchos se le quedaron por un momento
viéndolo.

A pesar de que el pasillo era largo, ellos se quedaron en la primera


sección. Era como un cuarto con una pequeña recepción de dos sofás
blancos. Había gente en la entrada, en grupos, hablando, murmurando
algo. Annette saludó a algunas, pero Harry se veía incapaz de intentar
hacer lo mismo. Era su padre el que se habría paso entre las personas.1

Fue entonces cuando aquello que le preocupaba sucedió.


Una presión en el pecho; su padre también aflojándose el nudo de la
corbata al sentirla... Era como una bofetada de sentimientos; una sacudida
de presiones. Era llanto y desconsuelo que creaban un vacío amargo.17

Era horrible.

Como cuando su corazón se encogió al reconocer por primera vez a


alguien, sin siquiera cavilarlo. Era Marjorie, la madre de Louis, sentada en
uno de aquellos sofás.17

Los ojos de Harry escocían, siendo incapaz de respirar normal, de exhalar


a tiempo...

Sí, era la madre de Louis, con la vista perdida en algún lugar, asintiendo a
algo que le decía una mujer que le besaba un hombro y apretaba su mano.
Estaba rodeada de gente que sólo tenía intensión de arroparla. De amigos,
esa familia que sí se escoge. Su pelo castaño amarrado en una coleta
baja, hecha sin mucho esmero. Sus ojos hinchados, surcados en tonos
bermejos a juego con la punta de su nariz. Labios secos y de un rosa
palo...

Una estampa que sí se podía llegar a imaginar, una que quedaba


demasiado lejos de cómo golpeaba la real.1

—Marjorie... —Fue su padre el que habló, arrodillándose a los pies de la


omega, quien tras varios segundos consiguió enfocarlo—. Mi familia y yo te
presentamos nuestras más sentidas condolencias. Lo sentimos muchísimo.

Harry definitivamente quería vomitar.2

¿Era eso lo que se decía? Acaso aquello... ¿Calmaba?51

Marjorie alzó la mirada hacia la figura de sus vecinos, viéndose cansada,


como si cada movimiento fuera agotador, como si sus músculos no
contestaran... Harry sintió finalmente humedad en sus ojos cuando la mujer
esbozó una media sonrisa que con esfuerzo se pintó en sus comisuras.
Ella asintió, intentando remojar sus labios.

—Muchas gracias. De verdad... Muchas gracias.14

Harry no podía explicar la sensación en el pecho; el sentir una mínima


parte de lo que la omega estaba viviendo. Nunca en su vida supo lo qué
era ser verdaderamente un alfa hasta ese momento. Nunca, a su vez, le
había contrariado tanto serlo.

—Marjorie. —Annette se atrevió a tomar el espacio de un pequeño asiento


que un hombre dejó al lado de la omega cuando asintió ante las palabras
de la familia recién llegada—. Mi más sentido pésame. En estos momentos
ninguna palabra es un alivio. Sólo... Puedes contar con nosotros para lo
que necesites. Nos tienes al lado. Nunca lo dudes.5

Porque no hacía falta que detrás existiera una amistad para aquello. Se
suponía que hasta que no llegaban momentos así eran cuestiones que ni
se planteaban. Eran familias vecinas, que al fin y al cabo podían coincidir
día a día, tropezando con un simple 'buenos días'.

Marjorie tomó la mano de Annette cuando esta se la sujetó, apretándosela;


comprobando que ambas compartían un tacto frío. Las dos asintieron.
Marjorie de nuevo intentando esbozar aquella sonrisa.

Harry sintiendo un latigazo en su columna vertebral cuando su vecina lo


enfocó entonces de frente. El joven alfa quiso hablar, repetir algo parecido
a lo que pronunciaron sus padres, pero se vio incapaz. Sabía que sus
cuerdas vocales eran insuficientes para pronunciar vocablo. Su saliva se
había evaporado, la punzada hacía que todo raspara...1
—Louis —dijo entonces Marjorie, con la vista todavía fija en Harry.
Pronunciar aquel nombre ocasionó que su voz sonara de repente algo más
débil. Pero tomó una bocanada de aire antes de seguir—. Tú eres amigo
de Louis, ¿verdad?4

Porque mientras, a Harry, oír aquel nombre le había supuesto que sus
piernas temblaran, que el ardor arremetiera con más fuerza...

Así que sólo asintió, con mandíbula tensa y hombros rígidos.

La omega que le hablaba dejó escapar un suspiro. Sus ojos aguantando de


repente lágrimas que se agolpaban...

—Puedes... ¿Puedes hacerme un favor? —Harry, sin pensarlo, asintió de


nuevo — Louis está dentro. Lleva demasiadas horas dentro, no quiere salir
y... Debe hacerlo. No ha comido nada. Siquiera se ha sentado. Él... —La
mujer, por enésima vez, se rompió. Luchando con sus lágrimas y el temblar
en su voz; tomando fuerza en cada inspiración—. Quizás a ti te escucha.
Quizás lo hace porque no te espera. Sácalo un momento de aquí para que
tome el aire. Por favor. ¿Lo podrías aunque sea intentar?5

Annette había abrazado por los hombros a la omega cuando esta agachó
la cabeza rendida tras terminar de hablar. Mientras, el pecho de Harry solo
latía furioso, con su cabeza intentando procesar las palabras de la omega.

Louis estaba dentro.

Él había ido por Louis.

Él quizás podía ayudar a Louis.1

Su vista viajó hacía la puerta de madera entornada, de donde entraba y


salía más gente. Marjorie había salido hacía unos momentos de allí,
acompañada de sus amigos, quienes insistieron en que no era sano
permanecer tantas horas frente aquella vitrina. Ella lo hizo aunque durante
horas se negara porque su hijo era incapaz de reaccionar.1

Porque Louis no la abrazaba, no se movía, no hablaba. Él... sólo estaba


allí.46

Harry sintió un picor en la garganta cuando intercambió una mirada con sus
padres antes de volver a asentirle a la mujer. Sintió frío al encaminarse a la
puerta, sabiendo que se toparía con aquello lúgubre, olvidando a la vez
todos sus planteamientos de cómo sería en realidad un tanatorio, pues, al
fin y al cabo, ¿qué importaba? Era material, simples instalaciones que
encerraban aquello incapaz de moldear.

El dolor...

Cruzó la puerta, topándose con una luz amarillenta, dos pequeños sillones
y un corto pasillo. No se equivocó en que sentiría helarse... Hombres que
limpiaban sus lágrimas tras fijar la vista en aquel cristal. Betas canosos que
se llevaban las manos a la boca negando con la cabeza, mirando al techo,
volviendo a negar... Compartiendo el silencio.11

Su cuerpo paralizando al ver la cantidad de coronas de flores, de gorras y


nudos marineros. Los mensajes en las bandas que adornaban aquellas
coronas... Los leves hipidos que a veces escapan en la propia ausencia de
sollozos. El ataúd cerrado que precedía aquellos detalles de respeto y
recuerdo eterno.

Porque precisamente esas eran las cosas que se quedaban corta ante
cualquier estampa que se imagine.

Peor que triste.

Peor que amargo.


Harry visualizó demasiado rápido el cuerpo menudo que se abrazaba a sí
mismo, al lado izquierdo de aquella cristalera. Un cuerpo encogido que
vestía ropas anchas.36

Una figura por la que Harry hubiera caído de rodillas.6

Caminó hacia él sin ser consciente de que daba sendos pasos, apretando
sus puños porque sus manos temblaban y sudaban, apresando un suspiro
en su garganta cuando oteó su perfil. El perfil de Louis.4

Pálido y con ojeras marcadas. El hueso de su pómulo alzándose orgulloso


mientras sus pestañas espesas abrazaban a media asta sus singulares
ojos azules y opacos. Sus finos labios apretados, igual de blanquecinos
que su tez.61

Sí, Harry hubiera caído de rodillas porque la sacudida que dio su pecho
superó cualquier otra sensación. Porque sentía el dolor y la desolación.
También la confusión.7

La incredulidad...

Se acercó a él, impensado, caminando hasta llegar a su lado, sin desclavar


la vista de aquel semblante que tenía la absoluta capacidad de estrujarle
debajo del pecho.1

Louis entonces tardó exactamente cuarenta segundo en mirarlo. Harry lo


supo porque inconscientemente los contó.3

Verlo de frente era multiplicar por dos la presión. Sus ojos añiles casi sin
vida, entreabiertos, como si sus párpados ya no tuvieran fuerza de actuar.
Louis miró de frente a Harry, quien no se movió, sino que aguardó junto a
la punción de sus sienes.
Louis lo miró, sí. Por primera vez se atrevió a levantar la vista de aquel
cristal, sin saber por qué, siendo únicamente algo que hizo sin siquiera
lucubrar. Estaba demasiado agotado para hacerlo.

Fue algo que sintió sin tener razón para explicarlo o siquiera negarlo.

Era Harry.

Harry estaba allí.

¿Cómo? ¿Por qué estaba allí?

Preguntas vagas que pasaron con demasiada fugacidad por su cabeza.


Porque no, tampoco tenía la suficiencia de buscarles contestación.

—Lou...

Todo sucediendo entonces demasiado rápido...2

"Lou", así lo llamaban de cariño, así recordaba que su padre lo nombraba


cuando de pequeño hacía alguna travesura. También cuando lo miraba de
aquella otra forma. No sabía por qué lo hacía, ¿por qué llamarlo con amor
cuando era un niño tan revoltoso? De mayor... también lo llamaban así.
Cuando tiraba todos los libros que apilaban en las estanterías porque no
tenía la paciencia de quitarlos uno a uno cuando únicamente quería el que
se encontraba en la punta de abajo. Cuando apartaba la verdura y la
escondía en la servilleta... Cuando juraba que había ordenado su cuarto y
en realidad había amontonado todo bajo la cama. Aun así, su padre en
esos momentos lo llamaba Lou. ¿Ahora quién lo llamaría así?60

Sí, fue demasiado rápido cuando sintió la humedad en sus ojos y por
primera vez sus hombros cayeron. Cuando llenó en un suspiro involuntario
sus pulmones de aire y concentró las últimas fuerzas que le quedaban para
estar de pie en dejar escapar un sollozo desgarrador de su garganta.32
Las lágrimas brotando en cascada y su cuerpo desvaneciéndose cuando
su vista únicamente enfocaba a Harry.

Harry...

El que lo sostuvo en sus brazos cuando vio que sus rodillas fallaban. El alfa
abrió los brazos para pegarlo a su regazo, para prácticamente sostener su
peso. Louis enterrando en el acto el rostro en su pecho mientras sentía la
confortante sensación de no mantenerse erguido por sí mismo. Ya no
podía más, no quería hacerlo. Ya no tenía más fuerza para eso.63

Los sollozos que escaparon de su garganta cuando cerraba los ojos y


únicamente visualizaba el ataúd y las flores, aquella imagen que se había
grabado a fuego en su mente porque durante demasiadas horas se negó a
observar otra cosa.2

¿Quién le volvería a decir Lou? No lo sabía. Le atormentaba no saberlo.4

Se sentía tan perdido.1

Harry lo sostuvo, estrechándolo entre sus brazos, manteniendo sus manos


en la baja espalda del omega, en el vibrar angustioso que le ocasionaba
saberlo así. Louis se había rendido, atreviéndose a caer aun sin la certeza
de si lo iban a recoger.4

Sin la certeza de que Harry jamás hubiera permitido que rozara el suelo.20

—Shhh... Estoy aquí, Louis. Estoy aquí por ti. —Su mano sobándole la
espalda, aportando un calor nimio—. Tranquilo, Louis. Tranquilo...

Porque el omega era incapaz de pronunciar vocablo, francamente apenas


alcanzaba a oír o entender. Sólo quería rendirse, cumplir aquella voluntad
que creyó inservible; llorar.
Louis lloró mientras Harry lo movía fuera de allí, mientras demasiados
pares de ojos caían sobre el alfa y omega. Mientras murmullos lastimeros y
lamentos empáticos acompañaban la escena. Patrice apartándose cuando
fue Marjorie la que, igual de derrotada, quiso asistir los clamores de su hijo.
Cuando fue Annette la que le volvió a apretar la mano y con un nudo en la
garganta le susurró palabras consoladoras ya que la mujer, por su parte,
también sentía la necesidad de rendición.

Sí, Harry lo sacó de allí, enfocando su vista en el pasillo que conectaba las
secciones, percatándose de que justo enfrente había una especie de patio
descubierto, con una fuente sin agua que adornaba el centro de la
estancia. El alfa tampoco estaba en las condiciones de plantearse mucho
más. Caminaron hacia allí, lejos de los cuchicheos y el ambiente denso,
cruzando la puerta que conectaba con el patio.2

La brisa de la noche rozándoles el rostro, con únicamente dos farolas


iluminando la zona. Louis se había aferrado a las solapas de la chaqueta
que vestía el alfa, ahogándose en cada quejido que tironeaba en su
garganta, siendo incapaz que respirar sin hipidos mientras Harry le sobaba
la espalda, con su voluntad crispada por tenerlo así entre sus brazos. Roto,
en un llanto desgarrador.2

¿Qué podía hacer? ¿Qué podría hacer aparte de desesperarse?

Necesitaba perderse en el olor a tierra mojada que lo estaba atiborrando.


El picor en su garganta, ese sabor avinagrado que podía llegar a degustar
en sus papilas gustativas... El olor de Louis, la esencia de Louis cubierta de
angustia.5

Se podía llegar a volver loco.1

—Ya está... Ya está, Louis.1


Luchar con aquello que le exigía que lo calmara y la razón que se
manifestaba en su parte más humana; el omega necesitaba ese desahogo,
necesitaba llorar aunque eso al alfa lo desarmara.

Minutos largos en un silencio que sólo era interrumpido con los quejidos de
Louis, con su dolor expresado en la forma más vulnerable. Sintiendo el
vacío en el pecho, la latente incredulidad y la rabia convertida en
impotencia.

Era un sentimiento que se encerraba en el propio cuerpo y razón, una


sensación de negación constante. Una realidad incapaz de aceptar, en la
que únicamente se quería ver encerrado a causa de una pesadilla.2

Quería despertar. Sólo esperaba que despertara de una vez...3

—No... No lo voy a ver más.60

Las palabras sonaron secas cuando Louis las pronunció, permitiendo que
Harry lo estrechara más entre sus brazos. Aquella frase descorazonadora
que arrancó que lágrimas del alfa también corrieran por sus propias
mejillas.10

No lo iba a ver más, eso era lo más duro, interiorizar tal hecho al
enfrentarse a una perdida, a la desaparición de un pilar. Siquiera le había
dado las buenas noches a su padre la noche anterior, había subido tarde
del garaje cuando George ya se había acostado porque como cada día, se
levantaba a las cinco de la mañana. Se arrepentía de tantas cosas, le
atormentaba cada decisión, cada cuestión a la que no le encontraba
explicación...21

La angustia de un niño que voltea tras echar a correr y no encuentra a su


papá, siendo al instante consciente de que se ha perdido.
¿Quién no lloraría?15

Harry hundió su nariz en el pelo revuelto del omega, sin cesar en frotarle la
espalda, sabiendo que una vibración se calentaba sin remedio en su
garganta.

Él mismo le dijo a Louis que estaría dispuesto a todo por él. No mintió. Se
refería a estar con él, a verlo reír, a formar parte de su vida... No entraba
verlo roto y por eso dolía. No entraba oírlo llorar y por eso desesperaba.
Agradecía poder estar ahí para sujetarlo de la misma manera que rogaba
porque el omega no tuviera que pasar por algo así nunca más.3

Louis lloró durante eternos minutos sobre su pecho, sintiendo algo de calor
en sus frías extremidades.

Desmoronado...

Harry gruñó todavía abrazado al omega cuando sintió la puerta que daba a
aquel patio abrirse. Era su madre, junto a dos individuos que muy rápido
identificó como betas. Annette le hizo un gesto de cabeza junto a un
ademán con la mano.

Llevaban más de tres cuartos de hora fuera y Harry siquiera se había


percatado.

El vibrar en su faringe sin cesar hasta que fue Louis el que se removió de
entre sus brazos, haciéndolo pestañear.

No dejó que se separara de él, así que caminaron juntos, siguiendo a


Annette y los dos hombres. Louis clavando su vista en el suelo cuando su
llanto hizo un amago de sofocarse en un hipido.

—Cielo... —Fue Marjorie la que habló. Estaba de pie junto a los mismos
sofás donde Harry la había visto en todo momento.
La omega estiró los brazos cuando su hijo irremediablemente alzó su vista
al escucharla. Harry notando un frío en el pecho cuando el omega se
separó de él, dejando vacío en el hueco perfecto en el que había encajado.
El alfa apretó los puños mientras su mandíbula se tensaba contra su
voluntad.25

La parte humana...

Louis necesitaba el calor de su madre, el único consuelo que no era


promovido por la empatía. El compartir el mismo tormento... La omega
articuló un 'gracias' dirigido al ojiverde antes de cerrar los ojos cuando más
lágrimas cayeron por sus mejillas al abrazar a su hijo.1

—Quiero ver a papá. Quiero estar con papá...104

Nudos en la garganta formándose cuando el omega volvió a gimotear,


desgarrado. Marjorie asintió, depositando demasiados besos en la cabeza
de Louis...

—Sí, mi amor.2

La despedida. Como todas, injustas, indeseadas, aborrecibles...

Louis no volvió a mirar Harry porque era incapaz de enfocar a conciencia.


Se dejó dirigir con su madre, quien entró de nuevo en aquella habitación
donde la realidad no cesaba en ser vasta e indolente.

Harry observó con tensión en sus músculos cómo el omega se alejaba de


él, cómo las personas volvían a murmurar, volviendo al mismo ambiente, a
aquella pseuda normalidad.

Fueron sus padres los que voltearon a verlo, encontrándose con el verde
de los ojos de Harry más oscuro. Su pecho subiendo y bajando a causa de
una respiración poco acompasada. Su vista fija en ningún punto...5
Con nada hubiera sido capaz de imaginar todo aquello.

Annette pretendió pronunciar algo mientras Patrice aguardaba callado. Esa


vez fue Harry el que sentía que se asfixiaba. Esa vez era él el que
necesitaba aire...

Dio media vuelta, encaminándose hacia aquel patio donde había estado
hacía escasos minutos. Un gruñido grave emergiendo de su garganta
cuando apoyó las manos en sus rodillas y se inclinó hacia adelante para
tomar una profunda bocanada de aire. Su corazón tamborileando con agite
cuando la punzada en su cabeza solo se acrecentaba.

Era incapaz de imaginar un miedo mayor, de lidiar con el torbellino de


sensaciones que lo acudían. Él... él quería llorar de sólo imaginarse
viviendo una perdida así. Si a Annette o Patrice les pasara algo, él... él...

Lloró con sólo lidiar con la idea.14

Lloró porque esa fuera la realidad de Louis.30

Lloró porque se dio cuenta de que nunca estaría preparado para los
topetazos que daba la vida.3

Sus dedos barriendo las lágrimas de sus ojos cuando pudo tomar una
profunda bocanada de aire para meramente lograr serenarse.

La angustia en el semblante de Annette cuando vio a su hijo volver a


entrar.

—Mamá, yo... Me quiero quedar esta noche aquí. Quiero estar aquí por si
me necesita.5

La mujer apretó sus labios, asintiendo casi sin ser consciente de ello,
movida por la única necesidad de aquietar a su cachorro.42
La vista perdida de Harry cuando se topó con la de su padre...

—Está bien —concedió el alfa de mayor edad, apretando el hombro de su


hijo.
El cuarto golpecito de su frente contra el cristal de la ventana le hizo cerrar
los ojos e inspirar hondo por la nariz. Se podía decir que hasta al propio
reloj le pesaban las horas. El clima seguía sombrío y el silencio se había
apropiado de toda estancia, en cualquier momento.
1

George Tomlinson fue incinerado el 27 de marzo de 2008. Sus cenizas y


las de cuatro de los nueve marineros que iban a bordo del Porta Elyse
fueron arrojadas al mar en el puerto de Plymouth. El ayuntamiento de la
ciudad había decretado tres días de luto por la tragedia.95

Aquel era el tercero.

Harry se alejó de la ventana de su habitación pasando ambas manos por


su cabellera. Se paseó en círculos como un león enjaulado antes de
volverse a abalanzar sobre el cristal.

Daba igual las veces que viera aquella imagen; la punzada en el pecho
siempre sería la misma. Porque era una de Louis, sentado en las escaleras
del porche trasero de su casa, con una cajetilla de tabaco vacía a su lado.
Mirando a la nada. Sólo allí.50

La casa de los vecinos de Harry no tuvo movimiento hasta la noche


anterior, donde antes de que oscureciera llegaron Louis y su madre. Harry
no supo qué debía hacer, pues no veía al omega desde aquella noche
donde se desmoronó junto a él en el funeral. Recordaba que cuando las
horas pasaron, al llegar de tomar un poco el aire, se encontró con Louis
durmiendo apoyado en el hombro de su madre, totalmente vencido por el
agotamiento. Fue ahí donde Marjorie les propuso a sus vecinos que se
marcharan, pues ya sólo quedaban pocos allegados, era la última noche de
velatorio ya que a la mañana siguiente, demasiado temprano, sería la
cremación.

Harry había aceptado irse, movido por la confusión y los consejos de los
mayores. Entendía la necesidad de privacidad; debía añadirle a eso que
Louis no le había vuelto a hablar, envuelto en aquel estado ausente que lo
atosigaba. Fueron demasiadas cosas y él también estaba agotado. Sin
embargo, no durmió bien a pesar de que Niall intentara distraerlo con
conversaciones banales tras haber escuchado todas y cada una de las
angustias de su amigo.

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su ventana desde que descubrió que desde allí podía ver al omega. Niall
había resuelto todo con demasiada simpleza, con un improvisado "vete a
hablar con él". El alfa entonces se quiso tirar de los pelos porque aquello,
sin más, no podía ser tan sencillo, ¿no?26

Era desesperante.

Debía volver a Londres, por Niall y el bien de que ambos no siguieran


perdiendo clases. Su amigo le había jurado que no se preocupara por eso,
mas su conciencia era la que pesaba. Nunca se le dio bien eso de asumir
que otros renunciaran a algo por él. Niall lo había ayudado y no podía estar
más agradecido por eso, sin embargo, todo ello hacía que la presión
también aumentara. ¿Qué se suponía que debía hacer con Louis? Era
totalmente frustrante no saber cómo actuar; no saber si la cantidad de
cuestiones que lo atormentaban iban a tener respuestas.2

No sabía si debía molestarlo. No sabía si ir a buscarlo se consideraba en si


molestarlo. No sabía si el luto se respetaba de otra forma...2

Definitivamente, Harry bufó volviéndose a dar otro golpecito contra el cristal


de la ventana.

—Ve.

Dio un brinco cuando escuchó aquella voz en el marco de la puerta. Era la


de Annette.57

La omega entró en el cuarto de su hijo, pintando una sonrisa amable; de


esas de madre tan gratificantes. Jugueteaba con su alianza, vestida en una
traje color crema que la hacía lucir impecable. Harry sonrió, dejando
escapar un suspiro.

—No sé si...

—Prueba.68

Annette se encogió de hombros cuando su hijo agachó la cabeza. Ella


aprovechó entonces para revolver el cabello, tirando incluso de su cabeza
hacia abajo para alcanzar a darle un beso.

—¿Y si lo molesto? ¿Y si no quiere hablar? Quizás prefiere estar solo...2

—¿Y si no?35

La omega fue sobria en su contestación adornada con un tono natural.


Harry dejó escapar otra sonrisa algo cansada.
No dijo más, de hecho disfrutó de los mimos de la mujer. Era reconfortante
esa sensación; la de estar en casa, la calidez familiar. Como si estuviera en
una fortaleza, seguro.

Sabía que siempre se regocijaría de aquello. Lo sabía más que nunca.

—Mamá —comenzó cuando Annette lo miró con una mirada amorosa. Su


madre era hermosa, siempre lo pensaría. Con su pelo azabache y aquellos
ojos que se asemejaban al color turquesa. Su sonrisa sincera; pura—. A mí
Louis... —Inspiró cuando ella entonces asintió—. A mí Louis me gusta.76

Él no necesitaba decirlo, más bien quería. Quería pronunciarlo con la


misma naturalidad con la que lo sentía en el pecho.7

Así que Annette volvió a asentir, manteniendo la misma sonrisa.1

—Lo sé, cariño. —Harry dejó escapar otro resoplido. Su madre volvió a
acariciarle las mejillas—. Y está bien. Él es un buen chico. Ojalá no
estuviera pasando por todo esto. Ojalá tú no te vieras en esta tesitura. Sé
que es difícil.24

El alfa asintió, bufando por enésima vez, con el alborozo de un niño al que
su madre le daba la razón. Un niño protegido.

—Hiciste bien en venir —habló de nuevo Annette—. Estoy segura de que


él lo ha valorado. Hemos hecho lo que podíamos. Este ahora es el
momento más difícil... Hay personas que quieren hablar y otras
simplemente escuchar.

¿Y si no volvía a Londres y se quedaba por meses en el regazo de su


madre? Desde ahí todo era más fácil.53

—Sí... Debería ir, sí. Además, no me podría quedar con el...


—"Qué pasaría" —completó la mujer, haciendo comillas con los dedos—.
Eso lo sacaste de mí, cielo.17

Ambos rieron y Harry dejó un cariñoso beso en la mejilla de su madre.


Alargaron aquellos mimos un poco más, hasta que se oyó la puerta del
cuarto de invitados abrirse. Annette entonces le guiñó un ojo a su hijo,
saliendo ambos de la habitación para la omega hablarle de algo de un
pastel al irlandés, quien asintió encantado. Harry más de una vez había
fruncido mucho el ceño por el entusiasmo de su amigo para con su madre.
Niall demasiadas veces le advirtió también que si iba a ser igual de celoso
con sus parejas tendría tremendos problemas. El ojiverde entonces sólo se
limitaba a bufar.38

El frío de la calle se podía soportar con una simple sudadera. Harry largó
un suspiro tras peinar sus rizos hacia atrás. Nunca había tenido el pelo tan
largo, debía hacer algo con él... Sacudió la cabeza por precisamente estar
pensando en su pelo en un momento así. Culpaba a sus traicioneros
nervios por ello. Quería gruñirle a su mismísima histeria, sí. Maldita sea, se
estaba dirigiendo a la casa de los Tomlinson.24

Cerró los ojos cuando abrió la pequeña verja principal. Hundió las manos
en los bolsillos de su sudadera cuando subió las escaleras del porche de la
entrada. Las sacó cuando se arrepintió y volvió a bajar los escalones. Se
las llevó a la cabeza al resoplar.

Bien, sabía que Louis estaba a pocos metros, justo detrás de la casa.
Sabía que podía llegar hasta él bordeando el jardín. Sí, porque de nuevo
miles de preguntas retóricas de si lo molestaría, si debía tocar el timbre o si
sería muy descarado entrar así, lo asistieron. Giró dos veces sobre sí
mismo antes de intentar serenarse.
Louis estaba allí. Lo sabía. Sentía.39

Sus pulmones empapándose del aroma a tierra mojada que sin más se
recreó en su mente. Su garganta cosquilleando cuando se encaminó a
bordear la casa... Su corazón colaborando con martilleos cuando sintió lo
avinagrado en sus papilas. Cuando justo ahí chistó y se remojó los labios.12

Louis, sentado en los peldaños del porche trasero de la casa. Louis, allí tan
cerca.

Sintió el sudor en las manos cuando el omega levantó apenas el rostro. No


importó lo sigiloso que intentó ser Harry. Él lo sintió.29

El de ojos añiles se removió en su asiento, volviendo a clavar la vista en


sus zapatos. Eso que cosquilleó cuando Harry ya se encontraba tan
cerca...1

—Hola, Louis.

Voz grave, algo raspada y también temblorosa aunque hubiera


pronunciado sólo dos palabras. El aludido únicamente escondió sus manos
bajo los puños de su ropa.

—¿Me puedo sentar?

Louis probablemente no esperaba que el recién llegado volviera a hablar.


El propio Harry definitivamente tampoco.

Un viento sacudió el ambiente, arrastrando perezosas hojas secas. Harry


miró hacia ellas y cuando de nuevo observó a Louis, lo vio asentir. Su
corazón volviendo a latir furioso cuando caminó hasta aquel porche.
Cuando tomó asiento junto al otro...
Cuando el lodo con aquel toque a jengibre se hizo más presente. Cuando
el sabor picante emanó al final de su garganta; aquellos sin sentidos que
ya tanto le gratificaba notar.4

Otra ráfaga de aire cuando ambos permanecieron en silencio, cuando


Harry lo miró de reojo y sintió el cosquilleo en la epidermis y tensión en los
músculos. Porque ya había sentido todo eso antes...

—Gra... —El omega se cortó cuando su voz sonó extremadamente afónica.


Carraspeó—. Gracias por haber venido desde Londres.

El alfa pestañeó, percibiendo la saliva pesada al tener que pasarla. Inspiró


cuando se percató de que Louis hablaba, pero sin mirarlo.

—No me tienes que agradecer nada.

Vivió el calor en sus sienes cuando volvió a sentir el aluvión de cuestiones


que acosaban cualquier intensión de acción.

Era raro querer arropar a alguien que quizás no se dejaba; que quizás no
quería.28

Era duro controlar a su alfa, ese que se mostraba más primitivo que nunca.
Gruñiría por cobijarlo, por llevárselo, esconderlo... Pero era el propio Louis
el que transmitía el rechazo, el que se envolvía en aquella película fina, la
que sería una falta de respeto resquebrajar.

—Sí tengo. Gracias por venir.1

El omega tragó saliva a duras penas, mirando de reojo que la cajetilla de


tabaco que lo separaba del alfa continuaba vacía. Necesitaba un cigarro.
Lo necesitaba desde hacía un rato. Sin embargo, volvió a perder la vista en
la punta de sus desgastadas zapatillas. Era fácil quedarse perdido en un
punto. Las cápsulas que llevaba dos días tomando eran buenas para eso,
la psicóloga les había dicho que los haría descansar mejor, a él y a su
madre. Y sí, Marjorie dormía, como justo en aquel momento donde se
suponía que Louis también debía estar haciendo lo mismo.1

Mas él no podía. Tampoco lo decía.18

Estaba bien poder concentrar su mente en un color o cualquier


pensamiento leve. En un tejido, mancha... En su tabaco consumiéndose.
Cómo se encendía con la pequeña llamarada del mechero y aspirar el
humo para sentir su pecho caliente. Tragarlo y después de un buen rato
soltarlo, notando cómo volvía a subir por su garganta.

Sí, estaba bien.

—Yo... Debo regresar a Londres. Quizás mañana o pasado.

Louis había encontrado el mechero sobre el escalón donde estaba


sentado. Lo había buscado en su chaqueta vaquera, hurgando con pereza
cada bolsillo. Cuando lo tuvo en sus manos se centró en el tacto del
plástico contra su dedo pulgar.

Harry lo había observado, mordiendo su labio inferior.

—Sí.

Mas fue una afirmación vacua, pronunciada porque sí. Harry hubiera jurado
que se la había dirigido a sus zapatos. La vista de Louis seguía clavada en
ellos.

—Louis... Me gustaría que me llamaras para cualquier cosa que necesites.


Si quieres hablar o si te apetece que te cuente algo. Yo... Yo si quieres
también lo haré. Me gustará hablar contigo. Me gustaría estar ahí para ti.
Para lo que necesites.80
Harry dudó en volver a repetir todo lo que había pronunciado, pues Louis
seguía mirando a la nada. Abrió y cerró la boca dos veces, notando el
sudor en las palmas de las manos. También la pequeña presión en el
pecho.

—Sí.17

Louis había comenzado a mover las puntitas de sus pies, de un lado al


otro, quedamente.19

—Dime si necesitas algo, Louis, lo que quieras. Háblame. Si vuelvo a


Plymouth te buscaré si quieres. Sólo... —Se comenzaba a encontrar
perdido, divagando en aquel pozo de preguntas adecuadas o no. Y Louis
encima seguía allí. Él sólo estaba—. ¿Cómo estás? Dime si necesitas...5

Pero enmudeció cuando Louis ladeó el rostro e hizo un amago de mirarlo.


El omega exhaló cuando sus ojos divagaron por pereza. Justo ahí Harry
tuvo tiempo de observar sus marcadas ojeras. El cabello del omega le caía
sobre la frente, molestándole en los ojos, pero no se lo retiraba con de
costumbre. Su rostro pálido, mas sus labios con un nimio color rosado.
Lucía agotado; también demacrado. Era como si hubiera perdido diez kilos
en dos días, como si de verdad pudiera desaparecer entre las ropas
anchas que acostumbraba vestir.

Harry ni parpadeó cuando el otro se movió, alzando la cajetilla de tabaco


vacía.

—Se me acabaron. De resto bien. Mamá está durmiendo. Está bien.

El alfa tuvo que apretar los labios cuando Louis volvió a perder su mirada
en el jardín. Los ojos incluso se le quisieron aguar.

—¿Necesitas...? ¿Quieres que te traiga una?


—Sí. No me apetece salir. No me apetece que pregunten. —Un silencio
donde Louis sí pestañeó—. Que lo sientan.3

Y sonrió. Algo igual de breve que artificial. Algo que hizo que el vello de
Harry se erizara.

—Te la traeré. Lo que necesites, Louis.

—¿La puedes dejar aquí? —El de ojos añiles palmeó el escalón a su lado,
allí donde había descansado la otra.

Harry definitivamente descubrió que la tirantez en el pecho era más bien


una punzada de dolor.

No sabía de qué.

—Claro. —Su voz saliendo ronca cuando Louis volvió a asentir, lo hizo
durante unos segundos hasta que hizo un amago de levantarse—. ¿Ya te
vas?

—Sí.

Harry sintió el cosquilleo en la nuca cuando se movió con torpeza al


intentar también levantarse. Lo hizo, pero Louis continuó entonces sentado.

—Lo...

—Quiero dormir —interrumpió el omega, con un hilo ronco de voz.

—Sí, claro... Descansar... —Era como hablar con un holograma de Louis.


Como si no fuera él. A Harry no le llevó demasiado descubrir que estaría
bajo los efectos de alguna pastilla, de esas relajantes, a las que se acudían
en situaciones como aquellas—. Louis, no sé cuándo podré volver a
Plymouth, pero te llamaré, ¿de acuerdo? Si me dejas, lo haré cada día.5
El alfa entonces se puso de cuclillas frente a él, interrumpiendo su vago
campo de visión. Por primera vez, el omega lo enfocó. Louis lo miró y se
fijó en su pelo, pudiéndose centrar únicamente en un rizo desecho que se
había escapado.9

—Sí, vale.

—¿Sí puedo llamarte?

Un rizo de un color tan castaño... Louis quiso sonreír, pero no le salió.34

—Sí. Llama.7

El propio Harry fue el que asintió cuando el otro retiró de nuevo la mirada.
Esa vez la enfocó en sus manos. En ellas tenía el mechero y la cajetilla de
cigarros.

—Louis, ve a descansar, ¿sí? Va a empezar a refrescar y te puedes


enfermar aquí fuera. Yo iré a por esto.

Sus dedos temblaron cuando retiró del regazo del omega el pedazo de
cartón que ya había arrugado. El toque con su mano fue frío. Los dedos de
Louis estaban helados... Asintió perdido antes de ponerse de pie,
apoyándose en la baranda de madera para impulsarse.
Sorprendentemente, apenas se tambaleó. Harry lo observó a los pies de la
misma escalera, alzando su vista para encontrarse con aquella que
permanecía opaca.1

El alfa no lo pensó demasiado cuando cubrió con sus enormes palmas los
puños del menor. Le hubiera sujetado las manos hasta calentarlas, pero
sintió demasiado rápido la tirantez de las mismas, así que únicamente
realizó aquel movimiento rápido para besarlas. Harry besó el dorso de las
manos de Louis en un instante fugaz; lo que tardó el otro en recogerlas.8
Así que el mayor de nuevo asintió, dando dos pasos hacia atrás cuando
fue el omega el que dio media vuelta, dirigiéndose hacia la puerta que
conectaba con el interior de su casa.

No se despidió, no dijo más.1

Harry deseaba verlo de nuevo. Se sentía mal; dolía... Lidiar con la


impotencia nunca fue su fuerte, más en un tema que no podía controlar.1

Le consiguió el paquete de tabaco gracias a Niall, él siempre solía tener


uno consigo. Se lo dejó en el porche, con aquella presión latente en el
pecho, deseando que el tiempo pasara rápido, que arrastrara así todo lo
que debía. La dejó allí pensando en la promesa de una llamada, palpando
la angustia; digiriendo el rechazo.

También con la condena de que iba a ser incapaz de desistir con él...

...

Abril, 2008
Un mes después10

En Londres llovía, como siempre. Daba igual cuándo dirigiera la vista hacia
el exterior, siempre vería todo empapado.9

Londres era clases, lluvia, trabajos y horas de estudio para rendir los
exámenes. Era más sombrío porque apenas recorría otro camino que no
fuera de la facultad a la residencia.
Londres también era cansancio y decepción cuando el teléfono sonaba
pero la pantalla no mostraba el nombre que esperaba. El mismo nombre
que no daba tono cuando él lo llamaba.82

Harry comenzó con dos llamadas al día que nunca dieron señal. Continuó
con una cuando sí la dio pero nadie contestó. Una cada dos días cuando
dejar mensajes en el contestador tampoco sirvió.

Hubo momentos en los que se desmoronó, gruñendo porque no sabía qué


más hacer. Porque su mente debía estar en su vida mientras su corazón se
evadía a donde aparentemente no lo querían. Y claro que razonó con el
espacio, con darle tiempo, ser empático, tener comprensión con la
situación, por supuesto que sí, pero con todo ello también las semanas
pasaban, eran pesadas, pero volaban, tanto que prácticamente ya iba a
hacer un mes de todo aquello. Un mes donde pegar ojo algunas noches
era un reto, donde estar pendiente del teléfono movil se había convertido
en una enfermiza obsesión. Llegó a salir hasta de clases cuando pensó
que el mismo vibraba en su bolsillo. Llegó a gritarle a algún inocente
teleoperador que sólo le ofrecía cambiar de tarifa.3

Y como siempre, en Londres solo llovía y eso por alguna extraña razón lo
exasperaba. Niall hacía lo que podía, lo comprendía a su manera, trataba
de darle su espacio... Pero como amigo también le molestaba todo aquello.

Consideraba que no era justo aunque Harry siempre buscara la excusa


perfecta para justificar.

—Hey, ¿te vienes?33

Era un jueves por la mañana cuando el rubio habló. Acababa de salir del
cuarto de baño, ya arreglado. Harry se encontraba sentado en su escritorio.

—¿Adónde?2
Niall suspiró, buscando en su propia mesa las llaves para guardarlas en un
bolsillo de su cazadora. Rodó lo ojos cuando se giró a ver a su amigo.

—A la reunión de las becas, Harry. ¿Lo recuerdas? Llevamos una semana


hablándolo. Hoy es la reunión informativa donde nos presentan esas
empresas del extranjero do-14

—¡Joder! Es verdad —interrumpió, levantándose a trompicones de su silla.


Niall volvió a suspirar, dirigiéndose hacia la puerta principal del cuarto.

—Tienes cinco minutos. Mueve ese culo.

Harry se apresuró a vestirse. Olvidó su billetera, pero sí volvió atrás cuando


se percató de que también se había dejado atrás el teléfono. Niall prefirió
callar una vez más.

22

...

Mayo, 2008
Un mes después12

Cuando Harry olvidaba su teléfono en el cuarto ya no se ponía tan


nervioso. Volvía a por él, pero más por el hábito de tenerlo siempre
consigo. Había planeado volver a Plymouth a principios de junio, justo
antes de comenzar los exámenes finales. Intentaría relajarse, desconectar
y volver con las pilas recargadas para finalizar su segundo año de
universidad. Niall también tenía listos sus billetes para volverse dos
semanas a Dublín.2

Así que todo era un caos.


Maletas, ropa sucia, borradores de trabajos y clases optativas con horarios
matadores. ¿Cómo era legal salir de la facultad a las nueve de la noche?
Harry no lo sabía, pero ya estaba acostumbrado. Había incluso
adelgazado. Probó unas semanas ir al gimnasio y al principio pareció que
todo transcurría bien hasta que las agujetas fueron más insoportables de la
cuenta, por lo que optó por mantener las dietas de ensaladas y batidos de
frutas. Niall aseguraba que se estaba quedando "fofo" y Harry juraba que
después del verano hasta le coquetearía por el cambio que iba a dar.
Pensó en retomar el voley, quizás apuntarse a piscina...11

—¿Has visto mis calzoncillos de Superman?15

Harry puso los ojos en blanco al oír a su amigo. Él se encontraba


ordenando apuntes mientras Niall tenía el detalle de intentar preparar su
maleta de viaje.1

—Afortunadamente no. ¿La lavadora no ha hecho un bien a la humanidad


y los ha engullido?2

El ojiverde gruñó por lo alto cuando en su rostro aterrizó otro calzoncillo.


De Batman.1

—Son los más cómodos que tengo, ¿de acuerdo?

—¡Niall, por dios! Qué asco...

—¡¿Asco?! Deberías probarlos. Quizás tienes que dejar de usar esos slips
apretaditos y llevar la huevera un poco más... sueltecita.78

Harry pestañeó, boquiabierto.

—Basta...5
—¡Es la mejor sensación del mundo! Obviamente no te lo vas a poner una
noche donde mojes, ¡no hay que ser cutre! Aunque bueno, el otro día
cuando quedé con Oscar... ya sabes, no tenía planeado que pasara nada
así que llevaba los de Iron Man y no veas cómo se-56

—¡Niall! —bufó el ojiverde entre dientes—. He dicho que basta.

El rubio hizo una mueca de disgusto, colocando sus calzoncillos bien


doblados en la maleta.

—Que genio... No se te puede decir nada, de verdad.

—Bueno, si quieres háblame de lo que llevaba puesto Oscar, no tú.

Esa vez fue Niall el que soltó un gruñido bajo. A continuación enarcó una
ceja, casi divertido.

—Uy sí, como si te fueras a inmutar...2

Y Harry le enseñó el dedo medio mientras el rubio lo amenazaba con tirarle


otro calzoncillo. Típico.3

Lo cierto fue que Niall finalmente no aguantó mucho más organizando su


equipaje. Arrastró la maleta bajo la cama antes de dejarse caer sobre el
colchón, luciendo exageradamente agotado.

Harry también acabó con sus apuntes. Masajeó su cuello antes de imitar a
su compañero de cuarto y caer en su propia cama. Quiso cerrar los ojos
pero la voz cantarina de su amigo volvió a retumbar.

—No tengo ganas ni de bajar a cenar. ¿Pedimos chino?

Fue increíble, porque la barriga de ambos alfas rugió ante la mera


mención.8
—Por esas cosas te sigo aguantando. A veces tienes ideas brillantes,
hermano.

Niall rió con una escandalosa carcajada, de esas tan suyas, las que se
volvían contagiosas. Fue él mismo el que hizo el pedido que llegaría en
veinte minutos. Harry se hubiera adormitado en la espera, pero el irlandés
se caracterizaba por su ser dicharachero...6

—Oye, ahora que vuelves a Plymouth, sí le vas a contar a tus padres


nuestros planes, ¿no?

Harry abrió los ojos, girándose para ver al otro. Dejó escapar un leve
suspiro.

—Sí, claro. Ya sabes que contárselo por teléfono me parecía bastante frío,
es algo importante. Mi madre se sigue sin entender con el Skype. —Ambos
soltaron una carcajada ante la mención. Harry negó incluso con la cabeza.

Echaba tanto de menos a Annette...

—Sí, sólo recuerda que es a finales de junio cuando debemos decidirnos.

—Lo sé.

Niall suspiró.

—Porque nos vamos a decidir, ¿verdad?

—Claro que sí. Ya lo hemos hablado.3

Un guiño cómplice antes de que fuera el irlandés el que diera un bote de la


cama para recibir la cena de ambos.

Harry únicamente inspiró, clavando su vista en el techo. Casi tres meses


después, le seguía poniendo los pelos de punta la idea de volver a casa.
Casi tres meses donde jamás le contestaron una llamada.
61

...
1

Junio, 2008
Un mes después4

Había mandado a limpiar la casa entera. Las alfombras aspiradas y por


alguna extraña razón, hasta las lámparas brillantes. La nevera atestada de
comida al igual que el congelador. Hasta en el salón ya estaba servido el té
con pastas.

Cómo no tener todo impecable si por fin llegaba su niño...28

Annette le había exigido a su marido que llegara antes del trabajo. El alfa
tuvo que aceptar las amenazas de su omega, además de que por supuesto
también se moría por ver a su hijo. La mujer había dado órdenes a todos,
desde a Harry que se encontraba en camino (recibió tremenda reprimenda
sobre seguridad vial) hasta a Nancy, la adorable cocinera que también
deseaba volver a ver al muchachito de la casa.

Y por supuesto, Annette lloró cuando ella misma abrió la puerta del coche
cuando su hijo apenas aparcó. Cantidad de besos y gritos puestos en el
cielo porque el alfa seguro que no se estaba alimentando bien. También
cantidad de halagos por lo guapo que estaba y lo bien que le quedaba el
pelo con aquella banda... De nuevo manotazos exigiéndole saber qué era
de lo que se estaba alimentando. La omega se podía decir que pasaba de
una histeria a otra, y Harry a eso ya estaba acostumbrado. Le gustaba y
francamente hasta lo extrañaba.
Serían dos semanas en Plymouth hasta tener que volver de nuevo a
Londres.15

Descargaron las maletas y entraron en la casa entre más arrumacos. El


alfa llenó sus pulmones del aroma a hogar, del olor de su madre; aquella
inevitable paz... Tomaron el té con pastas, Harry hasta repitió mientras su
madre comenzaba con su batería de preguntas, como si no hablaran cada
dos días por teléfono, como si la omega no lo supiera todo ya... Porque
igual le fascinaba volver a oír cualquier cosa de la boca de su hijo.4

—Bueno... Hay algo que os quiero comentar a ti y a papá. Pero mejor por
la noche, los tres juntos en la cena.

La mujer había enarcado una ceja, llevando una mano a cubrir su boca.

—¿Es algo malo?

El alfa de inmediato negó.

—Para nada, es algo bueno. A mí me lo parece al menos.

—Oh bien, entonces lo contarás nada más tu padre entre por la puerta.
Hasta la cena no aguanto.15

Harry negó, sin más opciones que aceptar la decisión que ya había tomado
su madre. La entendía, en eso ambos también eran iguales.1

—Oye, mamá, otra cosa. —Se aclaró la garganta al dejar su taza vacía a
un lado—. Has sabido algo de... ya sabes.

Annette largó un suspiro, ofreciéndole una cálida sonrisa a su hijo. Harry


aguardó, notando cómo los nervios le trepaban por el esófago. Se tensó.6

Sí, la mujer sabía a qué hacía referencia. En algunas de sus llamadas


hablaron de eso.
Su madre no había olvidado aquella especie de confesión que le había
hecho. A Harry le gustaba Louis y en su momento ella respondió simple,
con la mera certeza de que eso ya lo conocía. Tal hecho no llegó a ser algo
que la mantuvo alguna noche en vela. ¿Cómo lo había descubierto? No
tenía una idea clara de ello, simplemente lo sabía, conocía a su hijo. Se
sabía de memoria los detalles y miradas de Harry, sus temas de
conversación o el simple estado del mismo aquella noche que podía llegar
a tachar como una de las más tristes. También los había visto juntos en
aquel patio; había reconocido entonces la urgencia de Harry. Quizás
simplemente había que estar ciego para no verlo. Quizás por eso también
era un tema que nunca comentaba con su marido.2

Annette se preocupó por todo aquello, recordaba el semblante de su hijo


después de aquella vez que ella misma le alentó a que fuera a hablar con
Louis. Le costaba olvidar cómo a Harry le llevó recuperar un tono de voz
más animado en las llamadas o cómo el mismo simplemente cambiaba
cuando ella se aventuraba a preguntarle por el omega. Fue Harry el que al
principio llegó a preguntarle por él, por si su madre sabía algo. Fue Harry el
que después de eso también se limitaba a contestar con un "no" seco
cuando era la omega la que sacaba el tema. Fue Harry el que finalmente
fomentó que Annette no le volviera a preguntar.

Sin embargo, quizás en aquel momento era distinto. Ya no habían tantos


kilómetros, ya tornaba a un tema que no podía ser considerado como tabú
si su dolor de cabeza, literalmente, se encontraba en la casa de al lado.

La omega tomó una de las manos de su hijo, regalándole una caricia antes
de hablar.
—Lo cierto es que sí nos hemos enterado de algo. Fue hace solo dos días,
no quise decirte nada porque ibas a venir y porque bueno, no sabía si lo
querrías saber...69

Harry sintió la ola de nervios rompiendo en el centro de su vientre. Se


percató de inmediato de la tirantez que asistió sus hombres...1

—¿Qué ha pasado? Yo... Sí, estoy aquí. Quiero saber.

Su madre suspiró.

—Hacía mucho tiempo que no coincidía con Marjorie. No es que hayamos


hablado mucho después de lo que pasó pero nació de ella contarme que él
y su hijo se... mudan.104

Inconscientemente, Harry retiró las manos de la caricia de su madre.


Necesitaba pasárselas por la cabeza.

—¿Qué? ¿Se van de Plymouth?

—Oh, no, sólo se van de la urbanización. Tampoco quise preguntar por


qué, la vi algo afectada por ello. Supongo que me lo quiso contar porque la
casa ya tiene colocado el cartel de se vende.1

Harry tragó saliva. Le costó, pero lo hizo. El martilleo en su pecho


comenzaba a ser molesto.

¿Un cartel? ¿La casa de Louis tenía un cartel de que se vendía? Tenía que
ver eso con sus propios ojos, tenía que... Joder, no sabía qué se suponía
que tenía que hacer. ¿Acaso el verbo adecuado era "tener"? No,
definitivamente no si se enteró de ello como un vecino más, como un rumor
que poco a poco se va extendiendo por el vecindario. Porque claro, eso era
lo que Louis lo había considerado, ¿no? Terminar como un vecino más al
que saludar de vez en cuando, como si no fuera uno con el que había
compartido momentos íntimos, confesiones, horas de conversación, risas...
Llegaron a tener un acuerdo. Llegaron a tener... algo.34

Harry gruñía de la cantidad de veces que había olvidado su orgullo; su


dignidad. Cualquiera en su sano juicio hubiera entendido las señales.
Cualquiera vería que Louis no quería saber nada de Harry, que podía rozar
lo enfermizo la insistencia del último. Sí, cualquiera, pero era la propia
versión en la cabeza del alfa la que le mostraba cierto rayito de esperanza,
la que le decía que Louis no era así, que Louis tenía que tener un motivo,
que lo llamaría a pesar de todo, que volvería a cogerle el teléfono porque...
porque esos cualquiera que lo veían desde fuera no habían sentido las
sacudidas en el pecho. Nadie más que él sintió lo que supuso sostener al
omega entre sus brazos cuando este lo eligió para desmoronarse. Nadie
más que él podía explicar la sensación absurda de unión, la que
complementó todo regocijo que suponía atenderlo, fuera cual fuese la
manera.48

Sí, nadie más que él porque al parecer Louis eso no lo sentía.57

Una unión no correspondida; un amor no atañido. Porque sí, si aquello no


era también amor, ¿entonces qué diablos significaba esa palabra? Había
demasiados omegas si se trataba de algo físico o de instintos. Había más
preocupaciones, pero ninguna llegaba a atosigarlo hasta en sueños. ¿Qué
iba a ser sino si fantaseaba con su aroma, si gimoteaba cuando lo
extrañaba? Si era su pecho el que marcaba el ritmo y sus emociones las
que dominaban el raciocinio. Era amor porque él estaba dispuesto a
lanzarse al océano sin salvavidas, aunque fuera el otro el que ni siquiera
parecía tener intensión de nadar.11

Porque Harry se enamoró de Louis.41


Y Louis no se había enamorado de Harry.

—¿Qué te parece? —La voz de Marjorie salió tras aclararse la garganta,


mas nadie contestó.1

—Si quieren los puedo dejar solos. Piénsenlo con calma.

La omega asintió entonces con una sonrisa amable. Quien había hablado
por segunda vez fue una joven, vestida con un traje de dos piezas.
Sujetaba un maletín en la mano derecha al igual que una carpeta con
papeles en la izquierda. Era una agente inmobiliario.

La trabajadora, beta, salió del piso que acababa de enseñarle a sus


posibles clientes. Marjorie suspiró una vez estuvo a solas con su hijo.

Era el tercero que visitaban. Se habían decantado por un barrio, no lejos


del puerto, bien comunicado por transporte público. Solían ser edificios de
no más de cinco plantas y dos habitaciones por vivienda; de alquiler. Un
barrio también con precios razonables.

Louis permanecía estático frente a la ventana de lo que podrían destinar a


que fuera el salón. Sólo se inmutó cuando su madre le posó una de sus
manos en un hombro.

—¿Louis?

Él pasó saliva.12

—Está bien. Muy parecido a los otros que hemos visto. Este está bien.

Marjorie tomó una bocanada de aire antes de posar su frente allí donde
había tocado a su hijo. Una mimosa caricia que también le regaló a su
brazo...

Estaban a punto de vender su casa, el día anterior habían tenido una


reunión satisfactoria con unos posibles compradores; una familia que
acababa de trasladarse a Plymouth por negocios.

Pero todo era más complejo de lo que parecía.

Tomar la decisión de mudarse les llevó cerca de dos meses, no era algo
que no tuvieran que pensar en frío. No era una que desearan, sino que se
volvió necesaria. Cuando Marjorie y George compraron su casa fue cuando
al beta lo ascendieron a capitán en su profesión. Eso les otorgó el beneficio
de mejorar en su nivel adquisitivo, que siempre fue medio y algo limitado.
Ese también fue el gran orgullo de George, formar una familia en una gran
casa, en un buen barrio, viviendo bien, acomodados, pudiendo cumplir
antojos... Sin embargo, en todo ello la realidad era más cruda. Los
Tomlinson habían pedido una hipoteca, pagaban una cuota mensual
elevada por ella, una que con el sueldo del beta sí podían costear. Con la
ausencia de ese todo se volvía un poco más cuesta arriba. Marjorie
simplemente trataba de adelantarse a lo que vendría.12

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♔ miss sugar pink ♔ {l.s | traducción}


Por alwayzslarry
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Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
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créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

Everytime I get this high I feel like art O...


Por suganevertops
17.9K 1.6K

Donde Louis es un fotógrafo que empieza a perder la vista, y quiere retratar con su cámara todas
las imágenes más hermosas que ha visto para memorizarlas antes de quedar totalmente ciego.
Harry le mostrará que la imagen más hermosa que debe recodar es su propio retrato, por lo que
hará al ojiazul apreciar su belleza de una manera poco convencional.
-Harry, me siento horrible ¿Sabes?-
-Toma. Cada vez que pruebes esto te sentirás hermoso-
Harry Tops.
Louis Bottom.

Love is lost on you [l.s. omegaverse]


Por harrydragqueen
4.2K 488

Un alfa y un omega en un concierto. Miles de posibilidades. Una sola pasión.

Endúlzame. (l.s.) [TERMINADA]


Por DrugBlue
140K 18.6K

Louis 15 | Harry 16.


«cualquiera en su sano juicio estaría loco por ti.»
#325 en Fanfic {25.12.16}

fight me?; larry español


Por divasa
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NOTA IMPORTANTE:
Esta historia no es mía. Originalmente esta historia se encuentra en inglés. Todos los derechos
de esta historia van para whatmakeslarrybeautiful (tw:@OWildeLarry)

No podrían mantener la cuota de un coche, la hipoteca y otros pagos que


la familia antes sí asumía. Marjorie ya no trabajaba, hacía años lo había
dejado, poco después de que naciera Louis. No fue solo por cuidar de él o
por dejar su oficio al ser una omega ya emparejada, sino simplemente
porque se lo podían permitir, porque con ello se pudo meter en otros temas
que le apasionaban; la caridad, ayudar, ser presidenta de consejos
estudiantiles cuando su hijo se formaba en la educación pública... Y todo
seguía bien con eso. Llegaban a todo.

Pero ya no.

La pensión de viudedad que recibiría la omega no sería ni un tercio de la


cantidad con la que estaban acostumbrados a vivir. Si tiraba de ahorros se
quedaría pronto sin ellos, no era una opción porque serían prioridad para
pagar los estudios de Louis. No si consideraba que debían tener ese
colchón para hacer frente a cualquier otro imprevisto, pues el mercado
inmobiliario no se hallaba en su mejor momento en aquel tiempo. La venta
les traería beneficios pero no que superaran el valor original de la
propiedad. La agente se los había advertido, no era rentable vender,
tampoco lo sería en un año, pero no tenían otra opción. Debían enfrentar la
pérdida económica y mediar desde cero su estilo de vida, el cual cambiaría
por completo. Marjorie prefería eso que no seguir con el que ya tenían
porque a la larga les pasaría factura con deudas que serían incapaz de
asumir.23
Y todo aquello a su vez era duro, por supuesto que sí. Los rumores se
extendieron rápido, muchos decían que se mudaban para no lidiar con los
recuerdos, porque la casa sería muy grande para los omegas. En cambio,
nada más lejos de la realidad, eso era lo que precisamente más costaba;
abandonar los recuerdos. A ella lo que le dolía era tener que dejar atrás
todas las risas que se escondían en las paredes de su primer hogar, donde
formó una familia de verdad. Le dolía dejar su habitación, donde todavía la
ropa de su marido colgaba en el armario. Le dolía dejar aquel pasillo con
un tizne en la pared, ese que Louis hizo siendo pequeño, cuando los
cuadernos se le quedaban cortos al pintar. La cocina, el comedor donde
sucedieron tantas celebraciones... Era probablemente lo más duro si
encima de perder a su pilar no podía mantener la sombra de cantidad de
vivencias, con ellas uno de sus grandes logros. Pero la omega también
sabía que todo ello era mantener con cariño el pasado, mas no asegurar
un futuro. Lo más importante era eso, era su hijo e intentar garantizar su
bienestar, construir un nuevo hogar si era necesario. Sólo trataba de ser
realista, trataba de hacerlo lo mejor posible...38

—Cojamos esta casa, mamá. Para nosotros es suficiente.45

Que el menor volviera a hablar era algo que la mujer no se esperaba


cuando se sumergió en sus pensamientos. Marjorie largó un suspiro,
pretendiendo también una sonrisa. Era una casa pequeñísima si la
comparaban con la de ellos. Una pequeña cocina abierta al salón-comedor
que conectaba con el pasillo que daba a las dos habitaciones con sus
respectivos cuartos de baño. Les sobrarían muchos muebles que ya
poseían, sería un reto intentar adornar el piso con ellos.1

—Sí, cielo. A mí también me lo parece.


Otra caricia en el brazo del menor, quien llenó sus pulmones de aire antes
de voltear a ver a su madre, serio.

—Estaremos bien, ¿verdad?67

Marjorie ya había asumido que no podría evitar la punzada en el pecho


cuando los ojos de Louis la enfocaran. Quizás era un sinsentido, pero
notaba que ahora aquella mirada se parecía más a la de George. El mismo
añil en los orbes, la misma forma de inspeccionar...13

—Claro que sí, vamos a estar bien aquí. Solo hace falta decorarla un poco,
una mano de pintura para que todo no sea tan blanco, quizás comprar una
mesa más pequeña...

La omega había intentado mantener un tono risueño, contagiárselo a su


hijo, quien apartó la mirada a pesar de también asentir.

—¿Crees que a papá le hubiese gustado?55

La voz de Louis salió débil; miró a su madre tras cuestionar. La omega


apretó los labios, sintiendo la picazón en los ojos cuando decidió apretar
una de las manos de su hijo.

—Seguro que sí. De hecho, nuestro primer piso en Gales era muy parecido
a este. —Ella sonrió, recordando aquel único y pequeño hogar que
pudieron alguna vez permitirse. Sólo vivieron en él seis meses antes de
cometer la locura más dulce de escapar a Plymouth—. Todo va a salir bien,
cariño. Lo haremos por él, ¿de acuerdo?9

Louis agitó la cabeza como afirmación. Sus ojos azules se humedecieron


entonces casi al instante.

—Mamá, ¿es normal llorar aún, verdad? Yo constantemente no puedo


evitarlo.25
No lo preguntaba por él, sino por su propia madre, quien parecía estar
luchando con las comisuras de sus labios, con intentar no pestañear... Las
lágrimas emanaron de los ojos de ambos cuando la omega envolvió a
Louis en un abrazo cálido y apretado. Tenían que seguir, por ellos y por
George, porque Marjorie estaba segura de que los escalofríos que sentía
en su espalda tras cada decisión tomada eran él. Era George alentándola,
prometiéndole que todo saldría bien. Tenía que ser él...30

—Sí es normal, Lou. Claro que es normal.

...
2

Julio, 2008
Un mes después65

Era una gozada disfrutar de una temperatura media de veintitrés grados en


pleno mes de julio. Era un verdadero lujo poder pasear por el centro.
Quizás sonaría típico pero su zona favorita de la ciudad era el paseo que
daba al antiguo faro, la torre Smeaton. También perderse por el parque
West Hoe... Era lo que se necesitaba después de tanto tiempo en Londres.
El césped, el sonido del mar y sus olas, el graznido de las gaviotas... Olía a
verano y a helado. La risa de los niños reinando y el chirrido de los
columpios mientras esquivaba a los más mayores que no dudaban en
recorrer el paseo con sus bicicletas.15

Suspiró.

Volvía a estar en casa tras acabar su segundo año de carrera, el cual


había superado con matrícula de honor. Era satisfactorio ver que todo
esfuerzo tenía su recompensa por mucho que a veces costara. Sí, volvía a
estar en Plymouth, pero como siempre, por un tiempo limitado. La próxima
parada no volvería a ser Londres.82

Había salido a pasear, pues más tarde quedaría con su padre en la


empresa. Por alguna razón que desconocía, Patrice había insistido en
presentarle unos socios. Eso también lo incomodaba hasta el punto de
ponerlo algo nervioso. No se le daba bien eso de que "fardaran de hijo" por
muy bien que se sintiera el que sus padres le recordaran lo orgulloso que
estaban de él.

Perdió la vista en dos niños que parecían inspeccionar una bicicleta a la


que se le había salido la cadena. Como adulto que era, ¿debía ayudarlos?
Era extraño llegar a ese punto en la vida donde se asumían unas
responsabilidades que antes se ignoraban. Era extraño asumir, en sí. Se
suponía que estaba en su hogar, lo asumía porque siempre fue así, porque
lo identificaba, era costumbre hacerlo, y sin embargo también era raro. Allí
no estaban sus amigos, no tenía una rutina, en el fondo era como si no
encajara del todo en la ecuación. Todo se sentía a su vez tan ajeno... En
Londres era simplemente él, mientras que en Plymouth era una sombra de
quien se formaba en la capital, algo mezclado con el Harry de allí. Un Harry
con el que cada vez era más complicado identificarse.

Era frustrante no poder explicar sus propias cávalas, mas si comprender el


paso enorme que era formar su propia vida, sus necesidades, lidiar con
preferencias que nunca imaginó que tendría. Que Annette pusiera el grito
en el cielo cuando salía sin avisar, adaptarse al horario de comidas en
casa, a la absurda comodidad de que le lavaran la ropa... La madurez, esa
caprichosa que obligaba a uno mismo a plantearse todo, absolutamente
todo.
Esbozó una sonrisa cuando uno de los críos consiguió encajar la cadena
de la bicicleta de nuevo. Fue el menor de ellos, quien lo celebró con unas
cuantas palmadas mientras el otro lo miraba asombrado. Debía tener ocho
o nueve años, el mayor quizás le llevaba dos o tres.44

Prefirió tragar saliva y reanudar su paseo.

Sí, la madurez de ver que lo que antes se creían problemas podían tornar a
algo absurdo. Descubrir por ende todos aquellos que ni siquiera se
pensaba que existían. Aquel en particular que hacía que Harry recorriera
las calles con la necesidad de mirar a todo el mundo a la cara, como si
fuera a reconocer una, como si la vida fuera tan cruda... No era algo que
planeara, sino un un acto innato, inconsciente. Quizás la resignación de
mantener cantidad de preguntas sin respuestas. La de rendirse con el acto
de llevar su teléfono móvil siempre consigo. Ya no lo hacía.35

Louis se había mudado y no sabía a dónde. En las dos semanas que hacía
un mes pasó allí no se lo topó, a la única que pudo ver, y de lejos, fue a
Marjorie. Y aceptar eso se sintió como una cruz; fue duro ver que podía
llegar ni a inmutarse por ello.8

Porque la razón se cansaba, la de Harry estaba agotada. Porque el deseo


de respuestas también podía volverse indiferente.51

Llamó su atención un grupo de personas que organizaban un corrillo


alrededor de alguien que parecía dar un pequeño espectáculo. No era raro
que en verano cantidad de puestos de artesanos se armaran en el paseo,
al igual que artistas callejeros que mostraban sus habilidades al formar
figuras con globos para los más pequeños, magos que realizaban trucos
con cartas o astutos que eran capaces de tragarse una vara con fuego,
como en aquel caso. Cantidad de murmullos de asombro ante la habilidad
del joven de cabello largo, liso y castaño que se movía con gracia
sujetando las varas. Harry se abrió un hueco entre la multitud para
observar el espectáculo. Niños miraban igual de pasmados que aterrados
mientras sus padres observaban con suficiencia o sincera admiración.
Cantidad de ojos se posaban sobre el joven que sonreía mientras
jugueteaba con el fuego. El artista parecía estar demandando un
voluntario.

Harry sonrió cuando la mayoría de gente se apartó y el joven tuvo que


negar que cantidad de niños sí quisieran ayudarlo. Su frente estaba
perlada de sudor mientras recorría los semblantes de su público intentando
encontrar al indicado. Lo hizo.

Y justo ahí, al ojiverde se le pudo caer la sonrisa que mantenía al suelo.41

Porque la vida nunca le dejaría de sorprender, porque a lo mejor la misma


no era tan mala con él si le otorgaba aquello que innata e
inconscientemente buscaba. Porque le dio tiempo a pensar que quizás fue
un ingenuo en no creer que el golpe de las casualidades lo podría llegar a
asestar por segunda vez.

El artista había elegido a un ayudante entre el público, uno que no había


visualizado hasta ese momento, pues Harry se abrió paso, poniéndose de
puntillas entre el barullo para observarlo mejor. Era un chico menudo, no
muy alto, vestido con un chándal Adidas y una gorra hacia atrás. De ojos
añiles y que sujetaba un skate con una mano. Era un omega, porque lo
reconoció; entre la cantidad de gente lo hizo. Tierra mojada, mar y
especias... Claro que lo reconoció. Era Louis.24

Porque la vida era otra caprichosa; si se lo planteaba hasta bufona.


Louis había aceptado la vara del artista poco convencido, por supuesto tras
haberse negado dos veces. Con sus mejillas arreboladas se vio obligado a
ceder tras oír los ánimos del resto del público. Fue en ese preciso instante
cuando Harry se olvidó de que presenciaba una actuación, podía jurar
incluso que el resto de gente se había evaporado. Porque sólo se pudo
centrar en un perfil.7

Era él, estaba allí. Louis estaba a metros de él.

Notó el cosquilleo arremeter en sus tripas, la punzada en el pecho y el


sofoco aumentando. Sólo se fijaba en la muñeca menuda, algo huesuda,
que se aferraba a su tabla mientras miraba con cierta desconfianza. En su
cuerpo rígido, también en los cabellos que se escapaban de su gorra. Se
veía tan pequeño aunque sus ropas fueran enormes, se veía tan...83

Notó un rugido bajo a su lado que llamó su atención. Era un hombre de no


más de cuarenta años que lo miraba con ojos ámbar desafiantes, mientras
su hija se abrazaba a su pierna. Harry pestañeó, sacudiendo la cabeza y
separándose de allí. El ojiverde no se había percatado de la vibración en
sus cuerdas vocales y la energía que seguramente emanaba; una de alfa.
Había sacado su lado más irracional, el absurdamente incontrolable. Se
pasó ambas manos por el cabello cuando tomó una ligera bocanada de
aire. Brincó incluso en el sitio cuando el público estalló en aplausos y
chiflidos. Se percató de que aquel joven que dominaba el fuego hacía
reverencias al público mientras agradecía, pasando un sombrero donde los
espectadores no dudaban en depositar dinero. Harry también lo hizo, se
sacó de inmediato cinco libras de su cazadora. ¿Cuánto tiempo había
pasado? La improvisada función había acabado y él no se había percatado
de nada.
La gente se empezó a marchar, abriendo aquel medio círculo que habían
armado. Lo hacían al mismo ritmo que a Harry se le entrecortaba la
respiración. Visualizó a Louis, sacando unas monedas de un bolsillo de su
pantalón para también dejarlas en el sombrero. Recibió otra reverencia por
parte del joven, quien con gráciles movimientos seguía agradeciendo su
merecida recompensa.

El bullicio de las gaviotas pareció entonces resonar con escándalo.

Louis soltó un suspiro cuando una pequeña sonrisa se escapó de sus


labios. Decidió alzar la vista, sin buscar nada, quizás planteándose seguir
con su camino. Sí, alzó la vista para ser presa de aquel antojadizo destino
que lo obligó a toparse con otra que era verdosa, casi cetrina.

El alfa se podía haber llegado a torcer por la explosión de chispas que notó
en el centro de su vientre. Sí, podría, pero sólo se limitó a dar media vuelta.
Harry giró sobre sus talones y se dispuso a caminar, siendo incapaz de
pestañear, de destensar sus nudillos o liberar la presión en sus hombros
encogidos.192

Harry se alejaba y la garganta de Louis en ese momento se desecó.


Porque lo vio.1

Los expertos llegan a asegurar que cuando un cuerpo está sometido a


presión, la realidad se percibe a cámara lenta. Cuando alguien se enfrenta
a algo que le causa una significativa impresión puede llegar a jurar que los
sucesos acaecieron en minutos mientras la realidad era que transcurrieron
en escasos segundos. El omega pudo prometer que estuvo demasiado
tiempo estático cuando realmente permaneció así por cinco segundos y
medio.13

—¿Harry?87
Su voz no fue una gran proyección, pero había conseguido dar un paso
enfocando la espalda del alfa, quien frenó en seco.

Una ola calurosa barrió el sistema del omega, una que no tuvo nada que
ver con la propia sensación térmica. Sus dedos restregándose contra el
skate que sujetaba mientras sentía el cosquilleo en el resto de sus
extremidades, pues Harry se giró, prácticamente a cámara lenta mientras
conseguía al fin parpadear. Louis pudo verse como en la escena de una
película; toda la gente parecía haber desaparecido, ya no había rastro del
artista que los había apelotonado allí. Eran Louis y Harry, frente a frente, a
unos metros.39

El ojiverde se notó los labios extremadamente secos cuando tuvo la


necesidad de remojárselos.

—H-hola Harry.5

Al menor le costaba mantener la mirada, pronunciar aquello por segunda


vez fue un reto. Ni hablar de lo que supuso entonces que sus piernas se
movieran para dar dos pasos más para acercarse al otro.

—Hola Louis.23

Increíble fue que pronunciar su nombre le ocasionara un hormigueo en la


lengua, incluso en la garganta. Sentía que en si tampoco iba a ser capaz
de decir mucho más...

—¿Qué tal? N-no sabía que estabas en Plymouth.33

'Ni muchas otras cosas'4

Harry enarcó una ceja, casi como un acto reflejo mientras Louis optó por
morderse la lengua, sintiendo de inmediato la necesidad de apartar la vista.
No fue la mejor forma de empezar la conversación, lo tuvo claro al instante.
—Sí, ya ves...

Se merecía la hostilidad y el omega dejó escapar un suspiro por ello. Mirar


de frente a Harry era enfrentarse a muchas cosas, demasiadas. No fue
complicado adivinar que sus recorridos en el camino eran opuestos, Harry
lo subía mientras él ya lo bajaba. Tragó saliva cuando los ojos verdes lo
enfocaron, interrogantes, inquisitivos.1

—Harry —exhaló—. ¿Te apetece tomar algo? ¿Hablar?100

Notó la tensión recorriéndole la nuca y el repentino temblor en las canillas.


Louis Tomlinson no era una persona que solía dar explicaciones, pero la
persona que tenía en frente era la única con la merecía hacer una
excepción.17

—Está bien.160

...

La terraza estaba concurrida, pero no les costó mucho que les facilitaran
una mesa. Habían caminado un par de metros, en silencio hasta que el
menor señaló aquella cafetería improvisada en el paseo. Imitaba el estilo
de un coqueto puesto en la playa.

Se sentaron el uno frente al otro, Louis pidió un refresco de naranja


mientras Harry prefirió no tomar nada. El skate del omega descansó a los
pies de la mesa, mientras el otro se decantaba por acariciarse los nudillos.

Aquello era surrealista.

Harry tuvo que pestañear varias veces, ahogando risas sarcásticas que
morían al final de su garganta. Era de risa, era de locos. Encontrarse a
Louis así, como si la vida se estuviera tronchando de él, como si todo
aquello fuera un juego de simulación. Sin duda debía serlo, alguien debía
estar pasándoselo pipa poniéndolo en aquella situación.31

Acababa de aceptar hablar con Louis después de prácticamente haberse


tropezado con él. Estaba malditamente sentando frente a él, observando
cómo jugueteaba con una servilleta de papel mientras se mordisqueaba
nervioso el labio inferior. Y era irónico. Porque hacía un mes, quizás
incluso un poco menos, hubiese tenido una artillería de preguntas y
reclamos, hubiese escuchado con ganas, exigido, hasta mostrarse más
frío. Sin embargo, en tal momento se hallaba en blanco, recordando
vagamente todo aquello que le llegó a molestar. Lo sabía, pero podía jurar
que antes lo tenía más esquematizado, creyó haber tenido sus argumentos
en una posición más sólida.5

Louis soltó un resoplido cuando terminó de romper la segunda servilleta de


papel.

—¿Ya has acabado la universidad?1

Harry pasó saliva al notar el azul de la mirada de Louis enfilándolo.

—El segundo año.

—¿Te ha ido bien?7

—Sí, afortunadamente me ha ido genial.

Louis dejó la marca de sus paletas en su labio inferior. Se sentía sofocado,


pero incapaz de asegurar si la bebida de naranja bajaría por su garganta.
Estaba seguro de que se atragantaría, lo podía llegar a hacer de sólo verse
allí.1

Era consciente de que tenía mucho que decir. Porque inexplicablemente le


había nacido, porque el que estaba sentado frente a él era Harry. Sí, Harry,
el que llevaba el pelo más largo, en rizos que casi le rozaban los hombros,
el que parecía más grande, algo que ni le sorprendía porque siempre tenía
la misma impresión, siempre notaba que el alfa lucía más ancho, que sus
ropas cada vez se le ceñían más al cuerpo. Sus rasgos más perfilados,
pero siendo los de siempre, con aquellos hoyuelos escondidos y el lunar
junto a la boca. Los labios llenos... Las pestañas abrazando aquel verde
que parecía que podía llegar a llamear. Todo enmarcado con cejas
finas...84

Tuvo que recordarse que debía inhalar.

—Harry, yo...

—No tienes que hacer esto si no quieres. De hecho no tenemos por qué
estar aquí, no pasa nada, Louis. Da igual.235

La voz del alfa, legrada, consiguió turbar al menor. Harry, en su posición,


sólo trataba de poner orden a sus ideas. Ya había tenido suficiente con la
sacudida que había sido verlo. No lo hacía hacia casi cuatro meses, tiempo
en el que la última imagen que tenía de él era una con vista perdida, de un
ser casi acabado. Louis continuaba tan delgado como lo recordaba y
efectivamente su mirada se seguía perdiendo más de la cuenta. Claro que
su pecho retumbaba, claro que las manos le sudaban... Lo tenía que mirar
dos veces para creérselo. Debía serenarse el doble de ellas para poder
hablar.3

Porque la garganta le cosquilleaba, porque el condimentado olor de Louis


lo estaba colmando, casi aturdiendo. Porque era él, era ese omega, el
chico que había puesto parte de su vida de cabeza. ¿Cómo debía actuar
sino?
—Es que yo sí quiero hacerlo. —Louis agachó la cabeza al hablar,
jugueteando con sus dedos entrelazados tras haber hecho pedazos una
tercera servilletita—. Siento que te lo debo.7

Harry pudo inflar el pecho, vanidoso al estar de acuerdo con eso.


Únicamente asintió.28

—Te escucho.5

El alfa era bueno disimulando la ansiedad, pues era lo que verdaderamente


sentía ante la irónica realidad en la que parte de sus dudas se iban a
solventar. ¿Louis de verdad le iba a dar una explicación? ¿Debía sentir
alguna especie de emoción por ello? ¿A su vez por qué no podía dejar a un
lado el pinchazo de rencor? De dolor... Quizás porque había pasado
demasiado tiempo, porque la molestia y el silencio fueron algo constante.
Quizás eran esos los síntomas de tenerlo delante.

Porque quizás por fin miraba a los ojos a la persona de la que


irremediablemente se había enamorado.52

—Me llevó... —El omega tuvo que aclararse la garganta antes de


proseguir. La vehemencia en la mirada del otro lo podía llegar hasta
marear—. Me llevó cerca de una semana adivinar que la cajetilla de tabaco
no apareció por arte de magia en mi porche. Creí por días que aquella
conversación que tuvimos la había soñado. —Harry sólo frunció el ceño.
Quería dejarlo seguir hablando—. Estuve como dos semanas sin salir de la
cama. No me apetecía. Sólo lo hice para comer y acompañar un poco a mi
madre. A ella le hacía bien verme por la casa.

El alfa sintió el frío recorriéndole cada vértebra. Vio el semblante de Louis


ensombreciéndose, se percató de lo que le costaba mantener la mirada.

—¿Y tus clases?


—Me reincorporé a final del trimestre, pero no pude recuperarlo todo. Me
presentaré en septiembre a algunas asignaturas para no perder el año. Los
profesores me repetirán las pruebas prácticas.

El alfa asintió, pasando saliva.

Se suponía que debía decir algo, pero nada salió.

—Sé que me llamaste.2

Louis lució derrotado, también avergonzado cuando volvió a hablar para


pronunciar aquello. Harry se tensó.

—Lo hice. Lo intenté cada día durante semanas.57

En realidad el término apropiado podía ser meses.

—Yo... no recordaba ni que tenía teléfono móvil. Cuando lo hice vi las


llamadas, lo tuve muchas veces en mis manos cuando sonó, pero no
contesté.15

El puñetazo fue más duro de lo que imaginaba. Ardió más de lo que Harry
se esperaba.39

—Está bien.17

Louis entonces resopló, casi exasperado.

—No sabía qué decirte. No sabía cómo dar una explicación de por qué no
había contestado antes, Harry.4

Un pequeño hoyuelo se marcó en una de las mejillas del mayor. Una


sonrisa triste...3

—No quería una explicación. Yo sólo quería saber cómo estabas.144

Louis definitivamente tuvo que agachar el rostro. Una vez más.10


—No quería hablar con nadie, no quería que me preguntaran. Nuestra vida
cambió demasiado.

Harry debía tragar saliva, intentando ignorar las cuchilladas imaginarias


que ocasionaban cada palabra. Pensaba llamarse exagerado por ello, pero
quizás lo que le costaba cavilar era el golpe de realidad en el que él no era
útil para Louis, donde una llamada no solucionaba nada, no ayudaba en
nada. Quizás todo aquel tiempo había olvidado el simple detalle de que
quizás no cabía en su vida.23

—Os mudasteis.33

Podía sentir la agitación del omega, de hecho fue una sorpresa no


impresionarse por ello. Aquello inexplicable a pesar del tiempo que había
pasado...

—Sí. Cuando tuvimos que tomar esa decisión, yo sí que no estaba. No


tuvimos otro remedio. Mi madre no recibió la paga que merecía, las
facturas se iban a acumular y nos mudamos, no lejos de aquí. A un piso.

El alfa no debía decirle lo que le hubiese gustado saber eso por él. No
debía confesarle que le nacía gruñir cuando oía a los nuevos vecinos en su
jardín.1

—Era mi hogar, ¿sabes? —continuó Louis, fallando en el intento de


procurar una sonrisa—. Todavía olía a nuestra familia cuando nos
marchamos, cuando dejamos muchos muebles que no nos cabían...

Otra punzada en Harry fue vehemente. Intentó resoplar.2

—Siento mucho eso, Louis. Yo es que no sé qué más decir. Sé que ya


nada sirve. —El omega asintió, volviendo a juguetear con sus pulgares.
Más clientes como ellos pululaban a su alrededor, al igual que los
camareros que atendían las mesas. Sin embargo, cuando hablaban,
cuando Harry miraba a Louis, sentían que todos se esfumaban—. Pero me
gusta verte así. Me gusta haberte encontrado con tu skate.

Pues eso era renovar la última imagen que tendría de él en su cabeza.49

—Francamente es la primera vez que salgo con él. Quise probar.

Harry dibujó entonces una sonrisa tenue en sus labios. Louis en ella se fijó.

—Es un buen día para ello.

Y se fijó también el gesto del mayor, quien llevó una mano a su cabello
para peinarlo hacia atrás. De repente fue todo un alboroto de rizos que se
acomodaban uno encima del otro. Louis quiso decirle que se veía bien, que
le gustaba ese look. No lo hizo.56

Un silencio interrumpido por las olas del mar que se volvían a escuchar a lo
lejos. De nuevo las gaviotas, el correteo de los camareros, el sonido de
jarras chocando...

—Pues yo... —Harry comenzó a hablar de nuevo, sin saber siquiera por
qué—. Yo estaré un año fuera.11

Louis alzó de inmediato la cabeza. Lo miró de frente.

—¿Qué?2

—Me voy a Panamá.291

La frente del menor se arrugó. Abrió y cerró la boca dos veces; habló a la
tercera.

—¿A Panamá? —Sonó extremadamente interrogante, sin dejar de


pestañear—. Eso está... lejos.2
Los hoyuelos de Harry se asomaron sólo por un momento.

—En América Latina. —Suspiró—. Es algo complejo, pero básicamente


nos acogimos al programa de becas de formación internacional. Mi mejor
amigo y yo. Nos vamos juntos. Haré prácticas en una empresa, iré a
algunas clases allí y tengo la posibilidad de impartir algunas asignaturas de
mi universidad a distancia. Con ello podré graduarme antes, quizás en tres
años o tres años y medio en vez de cuatro.1

El omega finalmente sintió una picazón en sus ojos por esa vez llevar
demasiado tiempo sin parpadear.95

—Wow, eso es... interesante. Se ve algo enorme, no sé. —Intentó tragar


saliva—. ¿Cuándo te vas?

—En septiembre. El siete de septiembre.96

Louis hizo puños con sus manos. Sentía las palmas exudando.

—Y... ¿y tu familia? Tu madre...5

—Oh sí, bueno, eso es algo con lo que todavía estoy lidiando. Me apoyan
pero obviamente es duro para ellos. Mi madre quiere aprender a hacer
cualquier tipo de videoconferencia y otras veces parece que sólo quiere
esconderme el pasaporte, agasajarme con otras opciones que le queden
más cerca...2

Harry rió y el omega lo imitó escasos segundos.

—Imagino...

Y entonces sucedió, el intercambio de miradas que duró más tiempo de la


cuenta. Un duelo en el que ninguno cedía o se rendía. El alfa remojó sus
labios mientras el otro trataba de mantener una respiración regular. Un
forcejeo entre un mar y una esmeralda; uno donde finalmente venció la
piedra preciosa. Louis tuvo que plegar sus párpados, mirar las puntas de
sus dedos...15

—Louis... —Harry lo intentó, pero se cortó. Se vio obligado a hacerlo—.


Nada.

¿Qué pretendía decir? ¿Qué fundamento tendría aquello? Se quiso reír de


sí mismo, tirarse de los pelos cuando se vio pensando en una palabra
simple, mas intensa. Una que era capaz de acoger tanto... Pensó en
"nosotros", evadiéndose a aquella conversación en su coche donde
llegaban a un acuerdo. Recordar aquello le originaba un cosquilleo en la
boca del estómago, mientras a su vez lograba identificarse con un Harry
mucho más joven, uno que había hecho aquello hacía demasiado tiempo.
Lo sentía como años.4

"En rut" ya no existía con Louis. La promesa quedó en el olvido, tornó en el


momento en el que él mismo quiso más, donde bebió, lo llamó, donde se
desmoronó por él y se olvidó de parte de su amor propio para rogarle, para
insistir. Louis era complejo, un cubo de rubik con demasiadas caras, uno
que jamás iba a conseguir encajar. ¿Qué pretendía? ¿Hablar de ellos
porque estarían demasiado tiempo sin verse? Ya lo habían estado durante
meses, ¿qué cambiaba un año?12

¿Acaso cometió la estupidez de pensar que Louis le iba a proponer


mantener un contacto? ¿Acaso se pensaba que Louis se inmutaría?9

Maldita sea, ¿realmente se pensó que aquello era una película de


Hollywood donde el protagonista se daba cuenta de que en realidad estaba
enamorado y debía correr para frenar al otro?5

—Iluso.71
No, aquello era la cruda realidad.

—¿Qué?15

Harry bufó por lo bajo, había musitado aquello de una forma casi
imperceptible.

—Nada —repitió.

Definitivamente, sentía necesaria aquella aventura en Panamá. Si fuera por


él, los meses podían pasar volando. Si fuera por él, ya estaría sentado en
el avión...11

—Gracias por haberte preocupado por mí estos últimos meses. No voy a


olvidar eso.1

Louis sonaba sincero al mismo tiempo que compungido. Sabía que muchas
de sus palabras habían lastimado al otro, pero no conocía cómo explicarlo
sino. No sabía ni cómo hablar de algo que ni él mismo entendía. Fueron
unos meses duros, pesados, unos que pasaron también con rapidez
aunque los días, esos que miraba desde su presente, los recordara largos.
Claro que supo que debía devolverle alguna llamada, pero siempre era un
nudo en la garganta el que no lo dejaba hablar, un recuerdo que golpeaba,
la angustia de contar cómo se encontraba... Pasó días sin escuchar su
propia voz, pasó días encerrado mientras Harry se cansaba. Y no lo
culpaba, era normal.3

Ahora... pasaría mucho sin verlo si es que lo volvía a hacer. Y era irónico
porque siempre reinaba la distancia entre ellos. Sin embargo, hablar de
continentes era demasiado, ¿no? Se oía tajante.6

Harry meneó la cabeza, justo cuando tomaba una bocanada de aire antes
de hablar.
—No es nada. —La picazón en su garganta se agravó de repente. El alfa
frunció el ceño, carraspeó—. Siempre te dije que contaras conmigo.

"No voy a olvidar eso". Al alfa nada le pudo sonar más a despedida.24

Un nuevo choque de miradas en el que esa vez ambos se rindieron, a la


vez.

Estaba cansado, el mayor se encontraba ya sumamente agotado. Ya no


habría cavidad para las promesas donde le aseguraba a Louis que contara
o acudiera a él. Aquella vez no las habría. ¿Para qué repetirlas si siempre
se quedaban flotando en el mismísimo limbo?2

Joder que si el amor dolía. Joder...42

—Lo sé.

El omega ya no podía levantar la mirada, claro que no.

Fue Harry el que sacó unas monedas y la dejó sobre la mesa. El menor
quiso rechistar, pero el otro negó rápidamente con la cabeza. Luego guiñó
un ojo. Tenía pendiente invitarle a algo. Que fuera en ese momento, ¿ya
qué más daba?10

Louis se puso de pies cuando Harry también lo hizo. Un sentimiento mutuo


que pesaba en el centro del pecho, que caía a los pies. Uno que el alfa
estaba seguro que iba a arrastrar, como si fuera un preso de la posguerra.4

—Debo irme. Me están esperando.

El menor de inmediato asintió.

—Claro.2

Ambos moviéndose, con absoluta torpeza.


—Cuídate, Louis.20

Y el alfa sonrió, como pudo.

—Cuídate tú, más bien.2

Y de nuevo la tensión, el maldito silencio, el peso... aquella presión en el


centro del pecho.

Y Harry bufó, oyendo ya los gimoteos de su amor propio.1

Porque dio un paso hacia adelante. Porque Harry abrazó a Louis.37

El omega entonces apenas pestañeó, apenas atinó a moverse cuando


sintió el leve apretón en su baja espalda. Su rostro de repente
encontrándose muy cerca del cuello del alfa.57

Cerca, estaba muy cerca.

Dios, debía respirar. Debía exhalar... Y exhaló. Lo hizo notando síntomas


de anestesia en la lengua, al ardor deslizándose por su garganta... El
hormigueo en el cuerpo, el frío en la espalda. Se sintió tensar cuando Harry
se separó, rápidamente o no, pues había vuelto a perder la noción del
tiempo percibido y el real.

Porque Harry esa vez sí dio media vuelta y Louis apenas conseguía
parpadear. El alfa necesitó alejarse, cerrar al fin. Mientras, Louis sabía que
ningún vocablo sería capaz de salir de su garganta. Aunque hubiese
querido pararlo era incapaz. Harry se alejaba y quizás era lo mejor, pues él
no sabía hacerlo de otro modo. Louis simplemente no sabía estar.122

Y sonrió, porque a pesar de todo con Harry siempre sería fácil. Era la
primera persona que lo veía y no le planteaba la pregunta sobre su padre,
no le cuestionó cómo sobrellevaba el duelo, pues todos lo hacían y eso era
algo qué el odiaba. Era algo que todavía le creaba un nudo en la garganta
al hablar. Sonrió porque Harry siempre era sencillo, porque todo fue como
si él supiese que no quería tocar ese tema.

Y no se equivocaba. Claro que Harry lo sabía. De nuevo, sentía.47

Se dejó caer en la silla otra vez, observando su refresco servido e intacto.

Seguir con su vida, dejar de lado aquel paréntesis que también acababa de
vivir. Era lo mejor; era lo más fácil.2

Porque Harry no era el único que se sabía poco identificado con aquel
muchacho que hizo un acuerdo en su coche. Louis también hacia tiempo
que le costaba reconocerse en cualquier decisión. Había cambiado, el
mayor golpe que podía llegar a sufrir lo obligó a hacerlo.1

Se remojó los labios con el refresco, acariciando con la yema de los dedos
la moneda que descansaba sobre la mesa. Y aspiró, sintiendo una tirantez
en las comisuras de sus labios. Notando el aroma que bailoteaba a su
alrededor.+

'Hasta la vista, niño pijo...'


Un año después400

Julio, 200951

Una tarde noche que se había quedado calurosa, pues la ciudad de


Panamá mantenía una media de treinta y un grados en pleno "veranillo".
Un ático con demasiados mandalas convertidos en cuadros que decoraban
las paredes; alfombras con estampados romboides, cortinas de hilo que
separaban las estancia, un sofá improvisado sobre unos palés apilados
y puffs en tonos cremas. Un olor a jazmín e incienso; el humo de una
cachimba con tres boquillas bailoteando en el ambiente...22

—¿Otra cerveza?

Harry negó con la cabeza, recostado en el centro del original sofá. Su


americana negra yacía doblada a su lado mientras lucía una camisa blanca
remangada sin mucho cuidado hasta los codos, con dos botones
desabrochados que dejaban entrever la cadena larga de un collar con una
cruz. Resopló, alzando los brazos para rehacerse el moño donde recogía
los rizos que ya le llegaban más abajo de los hombros.37

—No debo, ya llevo dos...1

Los ojos pardos del primero que habló viajaron hasta él, analizándolo con
cierta coquetería.84

—¿Qué más da? Ni que tuvieras que conducir...

El ojiverde marcó sus hoyuelos en una media sonrisa. Disimuló incluso una
risilla cuando apartó un botellín de cerveza ya vacío, dejándolo en el suelo.

—Tengo que conducir, José.165

—Porque quieres. En mi cama siempre hay sitio de sobra, ya lo sabes.189

Y un cómico movimiento de cejas que definitivamente le arrancó una risa a


Harry. Su amigo no tenía remedio...

José era un panameño, beta, de tez oscura y cejas pobladas que


marcaban a la perfección sus rasgos finos; barba perfectamente recortada
con pómulos alzados. Vestía una camiseta blanca de manga hueca con un
pantalón negro y holgado. Iba descalzo.40

¿Quién les hubiese dicho que se entenderían tan bien con él? Quizás
influyó que fue el primero en darles la bienvenido a la empresa y casi a la
ciudad. José era el recepcionista de Terragest S.A, la empresa de gestores
financieros internacionales donde Harry y Niall realizaban sus prácticas. La
empresa en la que prácticamente llevaban un año trabajando. Si lo
pensaban, el tiempo había pasado volando. Los meses en la capital
panameña eran fugaces, llenos de quehaceres, de independencia, de
viajes, de conocer mundo... De entrar de lleno en lo que era cumplir con
responsabilidad, trasnochar para entregar informes o asistir a reuniones
como oyentes. Tiempo en el que percibieron qué era la competitividad, el
compañerismo y también la conveniencia. Saber también lo que era tener
un sueldo a final de mes, bajo ya que eran aprendices, pero un sueldo al fin
y al cabo.7
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♔ miss sugar pink ♔ {l.s | traducción}


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Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
----------
créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

Endúlzame. (l.s.) [TERMINADA]


Por DrugBlue
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Louis 15 | Harry 16.


«cualquiera en su sano juicio estaría loco por ti.»
#325 en Fanfic {25.12.16}
✧ dancing in the dark ✧
Por cuteaspuke
2K 17

ATENCIÓN: Contenido gay está presente en la historia, contenido fuerte y lenguaje soez.
SI ERES HOMOFÓBICO NO SÉ QUE HACES ACÁ.
Bajo la oscuridad de la noche un amor se vuelve a hacer presente, un amor del pasado se hace
factible, ¿o quizá no?
«Debí haber corrido antes de que tus brazos me vuelvan a atrapar, así no estuviese con este
dolor, así hubiese seguido bailando solo en la oscuridad»
O también, la historia en la que un joven louis se enamora de harry, o quizá Harry ya estaba
enamorado mucho antes.
Bailando en la oscuridad.
Larry Stylinson.
Esta historia es absoluta y completamente inventada por mí, se basa en libros, fics y música que
escucho, no soy profesional así debo escribir muchas tonterías, es mi primera historia también...
Cover gracias @idkpamelax, por ser una gran amiga te amo infinitamente.

Mordida.
Por kittxnx
25.1K 3.5K

Bite /bahyt/ verbo [utilizado con objeto]: bit, biten o bit, biting.
1. Cortar, herir o desgarrar con los dientes.
2. Agarrar o sostener con los dientes.
❝ Louis Tomlinson; un omega de cuarenta años de edad. Felizmente casado con Frederick,
con dos hijos de por medio. Harry Styles; un alfa francés, de veintitrés años de edad, soltero y
tremendamente atractivo. Todo se sale de control cuando ellos dos se conocen e
inesperadamente comienzan una "relación amorosa" a escondidas. ❞
® Stylinson.
✧ Actualizaciones lentas.

He Is Here| LARRY STYLINSON


Por L4RRXSINDE
55.6K 8.2K

Louis es un dulce omega, enfermero de algún hospital de Alaska y amante de toda la naturaleza
que pueda haber allí.
Harry es un paciente en el estado de coma, que en un intento lento por reaccionar, comienza a
recuperar sus sentidos. No puede verlo, pero sí escucharlo.
Louis siempre es muy amable con él.
Harry tiene una omega superficial, pero muy bonita y con la que se planeaba casar antes del
accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.
Shh [L.S]
Por pinchezayn
75.5K 5.4K

Entra, yo sé que quieres.😏

Ghost Whisperer.
Por anonimoS311
182 12

Harry Styles, un joven de 19 años que tiene el don de ver espíritus. Su madre duda de su
cordura y lo encierra en un hospital psiquiátrico donde conoce a Louis Tomlinson, un joven de 20
años atormentado por fantasmas de su pasado.

José fue el primero en invitarlos a socializar, a conocer la vida nocturna de


la ciudad y presentarles gente, esos con los que ya se habían recorrido
medio país en Jeep. La vida en la oficina era una, pero fuera era otra
historia.1

Tenía al ejemplo delante de él.

Niall y Harry habían alucinado la primera vez que pisaron el ático del beta.
Quizás fue la misma cachimba la que se ganó primero el afecto del
irlandés. Sin embargo, también fueron las horas de relax y confesiones las
que definitivamente terminaron forjando poco a poco una amistad.36

—Tus constantes negativas van a fomentar que me baje drásticamente la


autoestima, Harry.

El beta había hecho unos aspavientos con las manos tras volver a hablar.
Se encontraba sentado en uno de los puffs, mirando al alfa con ceño
arrugado y una mueca en los labios.

Harry volvió a reír.

Oh sí, José también era un vanidoso, algo descarado pero siempre dentro
de unos tintes humorísticos. Un coqueto que tampoco se cansaría de
intentar meter ficha... Él lo tenía claro, no tenía problemas en mezclar la
amistad con líos de cama. Y bueno, cuando no los mezclaba simplemente
llamaba aburridos a sus amigos, continuando sin mucha más preocupación
con su vida. No se complicaba.15

—Creo que eso en ti sería imposible.

El alfa enarcó una ceja al contestar. José abrió y cerró la boca dos veces.
Rió e irremediablemente, a continuación le tuvo que guiñar un ojo.

—Ok, eso es cierto.

Francamente, todavía no había nacido la persona que le hiciera dudar al


beta de su autoestima.65

José se levantó de su asiento, tomando un botellín nuevo de una caja de


cervezas que estaba junto al sofá. Lo abrió con un mechero que sacó de
uno de los enormes bolsillos de su pantalón, mientras Harry observaba
desde su posición cómo se dejaba caer a su lado, acurrucándose sin
reparos contra su brazo.1
—Bueno, al menos háblame en ese idioma que me vuelve loco. Déjame
con las ganas, vamos.131

El alfa negó con la cabeza, notando la mejilla del beta restregarse mimosa
contra su hombro. Los enormes ojos del panameño lo miraron antes de
realizar un coqueto e inocente pestañeo.35

A Harry le era imposible no echarse a reír cada dos por tres con él.1

—Que veux tu que je te dise? / ¿Qué quieres que te diga? /18

El beta, de inmediato, dio un respingo acompañado de unas graciosas


pataditas al suelo.35

—Oh por dios, sí. Amo tus preliminares...31

Al alfa le era difícil contener la risa.

—De quoi parles-tu? / ¿De qué hablas? /3

José entonces se mordió el labio inferior, mirando al techo al alzar con una
mano su botellín de cerveza.

—Oh sí, vamos, un poco más... No puedo creer lo loco que me vuelve todo
lo europeo.70

—Tu es un peu fou, José / Estás un poco loco, José /3

Harry tuvo que controlar la carcajada cuando sintió al otro estremecerse


contra él.1

—¡Santa madre! Vuelve a decir mi nombre en francés. Vamos, sí, esto es


mejor que una mam-182

—Oh, ¡basta!
Y Harry finalmente rió, mientras intentaba tomar un poco de distancia para
con su amigo, quien de repente lo miró con cara de fingida perplejidad.

—¡Pero no cambies ahora, estaba a punto de llegar al culmen!

Era un show. José si se lo planteaba era un auténtico show...

—Tu es fou —repitió el ojiverde, dándose un golpecito con un dedo índice


en su propia sien—. Loco...1

El beta volvió a enarcar una de sus perfiladas cejas. Soltó un bufido antes
de llevarse a los labios su cerveza para darle un trago.

—Contigo cerca no me culpes.2

Y volvieron a reír. Harry se sacó de uno de los bolsillos de su pantalón de


pinza negro el teléfono móvil para chequear su correo. Frunció el ceño al
descubrir un mensaje de Niall. Era de hacía una media hora, le avisaba de
que ya iba de camino a casa de José. Habían quedado allí, pues su amigo
había ido a "hacer sus cosas".

Lo cierto fue que cuando volvió a guardar el teléfono, se sintió un golpe en


la puerta principal.

—Seguro es Niall —avisó Harry, acomodándose mejor en el sofá.

José le propinó un manotazo en un muslo antes de dar un salto de su lado


para ir a abrir. Trotó cruzando el amplio salón.6

—No quiero oír ni una palabra. ¡Ni una!

Harry se reincorporó al escuchar el grito de su mejor amigo. José volvió a


aparecer en su campo de visión, cubriéndose la boca con una mano. El
alfa quiso preguntar, pero cuando Niall apareció tras el beta entendió todo.
El "ir a hacer mis cosas" de Niall era la respuesta a dos posibles escenario;
que había ligado o que se iba a la... peluquería.

En aquel caso era la segunda opción.13

El alfa de ojos cian se encontraba plantado en mitad del salón, pisando una
de las alfombras, acto por el que José le hubiese gritado si pudiese. No lo
hacía.

Porque Niall estaba allí parado, vestido exactamente igual que Harry, con
los brazos en jarra mientras lucía un cabello tintado de rubio platino.46

Oh sí, Niall había ido a la peluquería...

José y Harry no pudieron aguantar más una escandalosa carcajada.

—¡Dije que ni una palabra! —gritó el que portaba el nuevo aspecto, sin
aflojar su rostro contraído.6

De los ojos del beta habían emanado risueñas lágrimas y


Harry definitivamente tenía que agarrarse el estómago de tanto reír...

—Técnicamente no hemos hablado.

Y unas nuevas risotadas que hicieron que Niall gruñera por lo bajo.

—Me cago en tu raza —espetó el irlandés, con un dedo acusador hacia


Harry.24

El ojiverde parecía incapaz de recuperarse del repentino ataque.

—La misma que la tuya —se defendió, alzando las palmas de ambas
manos.

Niall volvió a gruñir y José, por su parte, dio un respingo antes de


intervenir:
—Uf, creo que se me ha puesto dura.63

Las miradas de ambos alfas, anonadadas, se dirigieron a su amigo, quien


pretendía relajar el ambiente con una de sus cómicas ocurrencias. Esa vez,
el primero en mofarse fue Niall.

El rubio, más platinado que antes, se dejó caer en el sofá junto a Harry,
aceptando una cerveza que este le tendió.

—Es oficial. En este país jamás conseguiré mi rubio londinense.5

Pretendió sonar obstinado, pero sin remedio volvió a arrancar alguna risilla.

—Pensé que después de la última vez te librarías del mote de pollito, pero
lo veo complicado, ¿eh? —La opinión de Harry fue acompañada de unos
golpecitos con el codo.

Así que Niall gruñó, por tercera vez en menos de dos minutos. Esbozó una
sonrisa fingida, una corregida y brillante que ya no lucía con brackets.
Orgulloso, el alfa podía presumir que hacía unos meses se los habían
retirado.1

Y bueno, el tema de la peluquería y lo del pollito era otra historia. Sí, Niall
siempre fue aficionado a matizar su castaño con ciertos reflejos dorados,
los mismos que a veces parecían hasta naturales. Sin embargo, el nuevo
salón de belleza al que acudía no parecía pillar tal concepto. Era la
segunda vez que le pasaba...

—Vete a la mierda, Styles.

El aludido entonces sólo se llevó, con fingido dramatismo, el dorso de una


mano a la frente.
—La próxima vez avísame y te acompaño. —Fue el beta el que a
continuación habló—: Quizás en la peluquería te están entendiendo otra
cosa.

—Seguro se está liando con el idioma —repuso de inmediato Harry,


encogiéndose en el sitio porque sabía que iba a recibir un golpe de su
amigo.3

Lo hizo.

—¡Que os jodan! —chilló el rubio, indignado antes de beber a morro de su


botellín de cerveza.

José entonces no dudó en volver a replicar:

—Ay, ¡dios te oiga!136

Y de nuevo más carcajadas, por parte de los tres.

Y sin más, así solían pasar algunas tardes hasta que entraba la noche. Por
supuesto, Niall y Harry vivían en su propio piso, en un complejo
departamental no muy lejos de allí. La convivencia entre ambos siempre
fue buena a pesar de lo desastroso que podía llegar a ser el irlandés. Harry
había pasado de regañarle por tener su escritorio y cama patas arriba a
hacerlo porque no fregaba o bajaba la tapa del váter. Cuando no limpiaba
el suelo cuando le tocaba... Riñas confianzudas que nunca llegaban a
más.6

Porque también estaban creciendo, aquellos mejores amigos parecían no


estar muy dispuestos a hacerlo el uno sin el otro. El propio Niall definía no
hacerlo así como algo "raro", pues la idea de que fuera Panamá el destino
surgió así, buscando uno donde aceptaran a dos estudiantes de la misma
universidad, que trabajaran prácticamente en lo mismo...4
La aventura comenzó en Londres, siguió en América y quien sabía a dónde
los llevaría, pues justamente esa era una zona de confort de la que no les
importaba no salir.

...

Notaba las palmas de las manos sudorosas y el cosquilleo en la nuca. No


podía dejar de mover las piernas. Sentía el tembleque hasta en las rodillas.

Eran nervios.

Con las manos hacia atrás, entrelazadas en la espalda mientras inspiraba


con calma.

Se jugaba mucho. Se jugaba demasiado...

Se sentía en el mismísimo ejército, aquella situación le recordaba a algo de


eso. Se sabía observado y analizado, mas no por un teniente, sino un
experimentado mecánico. No se encontraba rodeado de otros soldados,
sino de aspirantes al mismo puesto que él.47

Porque estaba en algo parecido a su primera entrevista de trabajo...

—Ya sabéis que únicamente tengo un hueco en mi taller. Sería un mes de


prácticas, no cobraríais. Si lo superáis ya luego hablaríamos de contrato.4

El de ojos añiles asintió de inmediato, nervioso ante las palabras del


hombre canoso y algo tripudo que acababa de hablar. El mismo tenía un
lápiz descansando en una oreja, luciendo unas manos mal limpias de
grasa. La vista del hombre descansó sobre una carpeta que tenía
enganchada una hoja de papel.
El omega ya casi notaba el nudo en la boca del estómago.

No, no había sido fácil llegar hasta allí. Hacía dos meses que había
terminado su segundo año del curso. Se había orlado, mientras su madre
lloraba de emoción; emanando orgullo. Había conseguido hacerlo con
notable en la parte teórica y sobresaliente en la práctica.13

Y todo aquello también fue duro, por supuesto.

Las miradas de envidia habían menguado, desde que se reincorporó en el


segundo curso. El propio Louis tampoco fue el mismo, más que nunca,
estaba más aislado, centrado en su trabajo, siendo nefasto en las
actividades de grupo, consiguiendo incluso realizar sus prácticas de
manera individual. Pero aún así, siempre destacaba entre los mejores.11

No se fijó de nuevo en los rumores y en parte eso funcionó. De hecho, si lo


hubiese sabido, hubiera recurrido a eso mucho antes. Jamás se molestó en
hacer amigos, tampoco lo hizo en mantener a conocidos. No eran
importantes; no le apetecía.13

Y quizás por eso todos se fueron callando a su alrededor. Quizás por eso o
por pena. Al fin y al cabo, todos conocieron el motivo de sus meses de
ausencia.

Y en cambio, eso mismo también le daba igual.

Sin más, ahora estaba allí, en el taller de motos más conocido de


Plymouth, siendo aspirante a un puesto de trabajo.38

Se había jurado mil veces que era de locos.

Porque nunca se imaginó en un sitio así, a ese nivel... Nunca aspiró a


tanto. Fue uno de sus profesores el que lo llamó, pasándole el contacto de
que allí buscaban a alguien nuevo. Que se animara, que le harían una
prueba, que por probar nada perdía... Y lo hizo, histérico y con la voz
temblorosa cuando se decidió a levantar el teléfono.

Lo hizo porque también necesitaba trabajar. Necesitaba el dinero.

Haría la prueba con otros dos chicos, los cuales no conocía y lo agradecía.
No le apetecería hacerlo con ex compañeros cerca. Era mejor caras
nuevas, unas que no lo conocieran a él, era mejor...3

—Bien, me ha llegado esta Neander. —La voz del jefe del taller interrumpió
la carrerilla de sus pensamientos. Louis tragó saliva, pestañeando un par
de veces antes de centrar su atención en él—. El propietario dice que se
para, que cuando va circulando el motor se apaga solo.

El hombre paseó su vista entre los tres jóvenes que lo miraban. Enarcó una
ceja.

Louis se sentía pasmado.

—¿Luego vuelve a arrancar? —preguntó uno de los mecánicos que


también optaban al puesto.

El jefe tomó el lápiz que aguardaba en su oreja, apuntando algo en aquella


hoja. Louis quiso maldecir, al parecer el jefe esperaba eso, que le hicieran
preguntas...2

—Dice que sí, pero cuando circula se vuelve a apagar de súbito, apenas
puede andar unas millas.

El omega sintió una gota de sudor recorriéndole la nuca.

¿Él también debía cuestionar? Maldita sea, no era fácil. No cuando estaba
más que acostumbrado a permanecer siempre callado, a pasar
desapercibido...53
—¿La batería? —Louis miró hacia el otro joven de su izquierda, de reojo.
El segundo que quería el empleo también había lanzado una pregunta.3

—Nueva y llena —alegó de nuevo el mayor.

Definitivamente, el de ojos añiles se mordisqueó el labio inferior. Sintió la


mirada del jefe sobre él. Sabía que lo estaba analizando, quizás
reprobando por su actitud. También notó la mirada de los otros dos; seguro
estaban satisfechos, seguro daban por hecho que era a él al primero que
descartarían...

Pero es que Louis nunca fue de hacer preguntas. Al menos no en su


trabajo.

Echó un vistazo a la moto frente a ellos, la barrió de arriba a abajo, en


escasos segundos. Recordó las palabras del dueño del taller y asintió. No
supo entonces de dónde tomó la fuerza...

Louis, en lo suyo, siempre fue de dar respuestas.2

—El filtro del gasóleo —habló, haciendo que los otros tres lo miraran de
inmediato—. Es una moto de diésel. P-puede ser ese el fallo.35

El jefe enarcó una ceja y los otros dos lo miraron incrédulo; uno incluso
esbozando una sonrisa burlona.

—Prueba —sentenció entonces el dueño, haciéndole un ademán con la


mano. Le señaló la moto.

—¿Qué?

—Cámbiale el filtro.17
Se hizo a un lado, justo en el momento donde uno de los trabajadores le
tendía una caja de herramientas de metal. Louis parpadeó, notando cómo
las manos le exudaron aún más.1

Sus piernas temblequearon al dar un paso, mas él lo intentó disimular


levantando el mentón con seguridad. Tenía que hacerlo. Tenía que dejar
los nervios. Era esa su oportunidad, no poseería otra más.

'Estoy muy orgulloso de ti, Louis'92

Tuvo que cerrar los ojos con fuerza e inspirar.

Asintió antes de dirigirse hacia donde estaba la moto, poniéndose de


rodillas frente a ella para hurgar de inmediato en la caja de herramientas.

No era complicado, lo había hecho un millón de veces, no en el mismo


modelo pero sí en parecidos. Debía engrasar bien las piezas antes de
aflojarlas, no se fiaba directamente de su fuerza. Buscaría realizar un
trabajo limpio, mostrarse seguro en sus movimientos. Sí, estaba
convencido de que era ese el fallo, lo había visto antes. Tenía que serlo...

El dueño del taller lo observó todo el tiempo que Louis estuvo en la tarea...

Hasta que el omega sonrió.

—El filtro está obstruido, por eso el combustible no llegaba al motor y se


paraba.

El de ojos añiles colocó en el suelo la pieza, la cual mostraba con claridad


el problema. Louis no pudo haber sido más claro y conciso en la
explicación. El mayor se acercó entonces a comprobarlo. Con un pie movió
la pieza vieja que su aspirante acababa de sustituir.
—Muchachos —llamó el hombre a los otros dos que también optaban al
puesto. Los mismos habían permanecidos atentos y callados—. ¿Por qué
no vais a por un café? —El hombre les señaló una máquina que se hallaba
al fondo de la estancia que conformaba el taller.25

Asintieron, sin rechistar.

Motos de infinidad de marcas se alzaban sobre plataformas mientras


mecánicos correteaban de un lado a otro. Arrastraban ruedas, cargaban
con piezas y resoplaban retirándose el sudor de la frente. Uno de ellos, con
un tatuaje sobre la ceja derecha, rió con sorna al ver a los dos que se
dirigían a la máquina de café.2

—Tú eres... —El omega dio un respingo cuando se percató de que el


dueño se dirigía a él.

Se puso de inmediato de pie, limpiando sus manos contra la tela de los


vaqueros que vestía.

—Louis Tomlinson —respondió.

El hombre lo miró de arriba a abajo.

—¿Qué edad tienes?

—En unos meses cumpliré diecinueve.116

Por alguna extraña razón, prefería adelantar la cifra que en un futuro


cumpliría. Sentía que así quizás lo tomarían más en serio...

—¿Has estudiado?

—Sí, señor. Acabo de terminar un ciclo medio de electromecánica.

El dueño asintió, volviendo a apuntar algo en la hoja que mantenía sobre la


carpeta.
—Sabes que eso no sirve de nada, ¿no? Donde se aprende a ser
mecánico de verdad es en un taller.

El omega pasó saliva, a duras penas.

—Sí, claro.

—Este taller es mío, Louis. Llevo cuarenta años en el negocio y quizás soy
un chapado a la antigua, pero nunca trabajé con alfas, no me gustan. Soy
beta —Louis asintió de inmediato. Eso él ya lo había notado—. Tampoco
he trabajado nunca con omegas.5

Y ahí estaba, el hecho real, el trasfondo de por qué la manos le sudaban


tanto. El que daba la explicación al por qué de tantos nervios...

Se remojó los labios, notando la tirantez en el centro del vientre y la


aceleración en el pecho. Sabía que lo sabrían, que algo le dirían; su
condición estaba escrita en los documentos de identificación que había
adjuntando en el currículum. Estaba junto a su apellido, junto al nombre de
su calle...

No era algo que se pudiese ocultar.

Así que por enésima vez en su vida la maldijo. Maldijo su condición,


maldijo a su Omega...38

—Puedo hacerlo —musitó, cerrando sus manos en puño. Su voz algo más
grave.

Con la garganta casi seca...

—Ya lo veo —resolvió de inmediato el otro, devolviendo el lápiz con el que


hacía un rato escribía a su oreja—. Sólo te anunciaba que eres el
primero.203
Y Louis pestañeó.

De repente el nudo aflojó. El martilleó en el pecho se moderó...

—¿Qué? —cuestionó, atinando al fin a tragar algo de saliva—. Q-quiere


decir q-

Pero el jefe, despreocupado, lo interrumpió.

—El horario es de diez a dos y de cuatro a ocho. Ya sé que son ocho horas
y que estás en periodo de prueba pero necesito verte en acción, necesito
ver si vales para el volumen de trabajo que hay en mi taller. Si es así, te
compensaré el mes en tu primer sueldo.4

Bien, puede que en ese momento los latidos en el pecho se volvieran de


nuevo escandalosos.

Acababa... Maldita sea, le acababan de ofrecer el puesto.

Lo habían escogido a él.31

—S-sí, claro. Perfecto, sí. Me parece perfecto.1

Atropelló cada una de las palabras... No se lo podía creer, no podía hacerlo


aunque lo estuviera escuchando, aunque lo estuviese viviendo...5

—Bien. Empiezas mañana.

Por dios, se iba a quedar sin respiración.1

Asintió, con tanta efusividad que bien pudo haberse hecho daño en el
cuello.1

—Mañana... Sí, genial. Mañana.

Y entonces puede que las comisuras del jefe del taller se curvaran, sólo un
momento. El hombre hizo un amago de marcharse, mientras Louis sentía
que debía dar unas cuantas vueltas sobre sí mismo antes de ser capaz de
realizar algo más. Sin embargo, el jefe reculó.

—Sólo una cosa, Louis.

El aludido lo miró con rapidez. Esa vez sí se acordó de pasar saliva.

—Dígame.

—¿Por qué no hiciste una pregunta sobre el motor o algo así? ¿Por qué
fuiste directo al filtro?

El omega largó un suspiro tras morderse un momento el labio inferior,


nervioso.

—Bueno, es un modelo de 2005, uno de los primeros que la marca fabricó


en diesel. Este en concreto ha tenido varios fallos en los filtros por eso; no
se reforzaron lo suficiente para evitar la obstrucción en los primeros años.
La marca alemana estaba probando como quien dice, aunque igual eso no
debería ser excusa... Y bueno, igualmente, tal y como describió el fallo, he
visto que un problema así, el ochenta por ciento de las veces, es a causa
del filtro que da paso al combustible. Sólo... hilé un poco.123

El hombre, desde su posición, asintió a la explicación, haciendo una mueca


con la boca, sorprendido.

Esa vez sí sonrió abiertamente.

—Muy bien, chico. Muy bien... A las diez mañana.

—A las diez, sí.

Louis ya tampoco podía disimular la curva que se comenzaba a asomar en


sus labios.
—Por cierto... —habló de nuevo el dueño, mientras se alejaba—. Mi
nombre es Robert.26

Y el omega asintió de nuevo. Eso ya lo suponía porque ese era el nombre


del taller, porque... ¡Diablos! Porque todo el que tuviera una moto en la
ciudad lo conocía.11

Y él... él quizás iba a trabajar allí.

...

Septiembre, 2009
Dos meses después26

Llevaba más de diez minutos escuchando los sollozos lastimeros a través


de la pantalla. Se sentía exasperado. Era su alfa el que lo desesperaba.

—Mamá... Mamá, no llores. Escúchame...

Era Annette la que estaba al otro lado, con un pañuelo que presionaba
contra su nariz mientras se aferraba al brazo de Patrice, quien se
encontraba a su lado.7

—N-no —hipó la omega.

Harry bufó, pasando los dedos por su cabellera. No era la primera vez que
lo hacía, el moño ya casi le lucía deshecho.

No era fácil... Sabía que la noticia iba a caer como un jarro de agua fría
sobre sus padres; sobre todo para Annette. Ella asumía que la distancia se
acabaría ese mes.56

—Mamá, por favor... No te pongas así, no soporto verte así.


La mujer entonces dejó escapar otro sollozo.

—¿P-pero cómo quieres que me ponga?

Así que Harry resopló. La verdad era que él tampoco lo sabía...

Había llegado septiembre y con él, el fin de su estancia en Panamá.


Teóricamente era sí, pero prácticamente las cosas tornaron un tanto... La
empresa le había ofrecido ampliar sus prácticas seis más.94

Y había dudado, había dudado demasiado... Porque tal contrato solamente


se lo ofrecieron a él; porque sólo había uno, lo que significaba que el
periodo de Niall allí sí que acababa. Y por eso dudó, por supuesto, aquello
se lo ofrecieron en agosto y llevaba todo aquel tiempo dándole vueltas a la
cabeza.10

Su mejor amigo ante eso fue claro: "Hermano, te voy a echar de menos
pero si no te quedas tú lo haré yo suplantándote la identidad". Y tras ser
así, tan Niall, además añadió un "No se te ocurra dejar escapar esta
oportunidad. Te la mereces, Harry".48

Porque sí, también lo era. El convenio con su universidad en Inglaterra era


claro, si superaba dichas prácticas obtendría un significativo número de
créditos que se convalidarían por asignaturas. Era sacarse su carrera en la
práctica; sin exámenes, sin horas de estudio en las que dejarse los codos...
Era una oportunidad de oro, una con la que antes de lo pensado ya tendría
su título de empresariales bajo el brazo. Con también una experiencia, para
su edad, envidiable. Porque Harry, estando en prácticas en la empresa,
tenía incluso a becarios bajo su responsabilidad.11

Y porque era simple; Harry valía para eso.8


—Vamos, Annette... —Patrice estrechó a su omega entre los brazos,
sobándole la espalda cuando esta terminó de limpiarse un par de lágrimas
más.

—Es por mi bien, mamá, sabes que no lo haría si no estuviese seguro, si


no estuviera bien aquí... —Harry hablaba con calma, con los ojos fijos en la
pantalla.

Los programas de comunicación instantánea vía webcam habían sido el


salvavidas de Annette. La omega finalmente aprendió todas las funciones,
siendo incluso una experta en las mismas. Los ojos claros de la mujer se
enfocaron en la imagen de su hijo, quien estaba en la cocina de su
pequeño piso de Panamá.

Lo veía tan cambiado, maduro... No sólo en su aspecto físico sino en cómo


hablaba, se expresaba, miraba... Sí, su niño había crecido, encima lejos de
ella, pero también estaba segura de que si miraba con un poco más de
detenimiento podía diferenciar a su sonriente bebé de enormes ojos
verdes, aquel que arrugaba la nariz cuando hacía alguna travesura.52

Y era duro.12

—¿Lo estás, verdad? ¿Estás bien ahí?

El alfa no tardó en asentir, removiéndose en la silla, sujetando la pantalla


de su portátil...

—Sí, claro que sí. ¡Estoy genial! Me encanta este país, me encanta la
ciudad, me encanta todo.

Y Annette asintió, mas sin retirar el pañuelo de su nariz.


—Harry —lo llamó Patrice, sin soltar el agarre que tenía con su mujer—.
Sin duda, la oportunidad que te han ofrecido es muy atractiva. Además,
aprenderás muchísimo. Te puede abrir muchas puertas.

—¡Pero si no las necesita! —replicó en voz alta la omega.1

—Sí para su crecimiento, Annette —respondió de nuevo el otro,


conciliador—. Quiere hacerlo; necesita esa independencia. Además,
cuando acabe, Styl contará con un subdirector excelentemente preparado.
Si ya era el mejor, imagínatelo en unos meses.

Annette quiso dar un pisotón al suelo. Era complicado lidiar también con la
inevitable vena que la colmaba de orgullo...1

—Gracias, papá —murmuró Harry, algo cohibido, pero honestamente


agradecido.

Para él era importante que su madre lo aceptara, sobre todo el saberla


bien, el que entendiera que sólo sería un poco más...

—Pero será medio año más y... otra Navidad sin él.7

Y la omega de nuevo dejó escapar un par de lágrimas.

Harry se apresuró a volver hablar:

—Mamá, te prometo que intentaré ir, ¿de acuerdo? Quizás me dejan


escapar unos días y...

Y Annete negó, recibiendo el calor medianamente tranquilizador de Patrice.

—Lo mismo dijiste la pasada y al final nada...9

Su alfa se vio en la obligación de volver a hablar.


—Amour, ya. Tenemos cantidad de navidades por delante. Oportunidades
como estas no se encuentran todos los días. En cuanto nos demos cuenta,
ya lo vamos a tener por aquí.4

Harry ahí miró a su padre, de nuevo agradecido.

Para él también era extraño estar tanto tiempo fuera; lejos...

Pero fue lo que necesitó. Lo necesitaba.

—Se me va a hacer eterno —comentó de nuevo la mujer. Al menos su hipo


ya se había calmado y había estrujado el pañuelo de papel en una mano—.
Sabes que no vas a salir de casa cuando vuelvas, ¿verdad? No pienso
dejar que pongas un pie fuera de Plymouth. —Se le escapó incluso un
puchero—. Mi niño, te echo tanto de menos...

Y fue el encontrarse una vez más con los ojos aguados de su madre... No
era de piedra. Sintió una picazón en los propios, tanto que intentó no
pestañear. Se acercó de nuevo a la pequeña cámara, sonriendo, marcando
sus hoyuelos. Su padre asintió, guiñándole un ojo mientras seguía
arropando a su mujer.

Él suspiró.

—Y yo a vosotros, pero verás que pasará rápido. Además, seguiremos


hablando a menudo. Si eres más experta que yo en esto del Skype.

Y su pecho tamborileó cuando entonces hizo sonreír a su madre con eso.

Muchas veces el cargo de conciencia lo atacaba. Muchos días pensó en


que si todo lo que estaba haciendo era la mejor opción. Sin embargo, ¿no
era ese mismo pensamiento uno que hacía entrar en un bucle infinito? Por
esa regla de tres, a cualquier decisión que tomara le intentaría buscar una
alternativa. Vale que en su caso el dilema era estar más cerca, pero... No
fue una opción en su momento. Lo seguía sin ser.

No cambiaría nada de lo que vivió allí, el irse con Niall, el pisar por primera
vez otro continente, tener a José, al resto de amigos...

Sí, todo estaba bien, había optado por la mejor opción. Fue feliz allí, lo era
en aquel momento. Simplemente, le tocaba seguir un tiempo solo, serían
únicamente seis meses.9

Porque debía hacerlo. Aún necesitaba hacerlo.

Sólo un poco más.

...

—¡Louis! Necesito un cambio de aceite y que revises el chasis de la


Yamaha.22

El taller estaba a reventar. Era el ritmo de trabajo normal.

El chirrido de máquinas, el olor a aceite, gasolina y grasa... El correteo de


los mecánicos y el sonido de la puesta a punto de los motores.1

El de ojos añiles cogió una llave inglesa al vuelo, tras limpiarse el sudor de
la frente con un trapo que le colgaba de un hombro; blanco y algo sucio del
uso.

—¡En diez minutos! —Alzó la voz para que su jefe, quien le había dado
aquella orden, lo oyera.

—Que sea en cinco, el propietario va a venir a por ella antes de las dos.
El omega entonces bufó. Debía apurarse con el motor que estaba
inspeccionando, además de bajar de las plataformas otras dos motos que
ya habían sido revisadas.

—Tic tac, tic tac...

Alzó el rostro cuando escuchó esa típica burla de uno de sus compañeros.
Sí, era gracioso cuando Robert se apuraba de esa manera.

Arrugó la nariz, mirando con complicidad al mecánico que trabaja junto a


él, Paul, el treinteañero con aquel significativo tatuaje sobre una ceja. El
mismo decía "Frost", su apellido, en una caligrafía gótica en un tono negro
algo apagado. Otros dibujos de un león, llamas y calaveras también
adornaban con tinta su brazo izquierdo.10

Paul era beta y era el compañero con el que mejor se llevaba.

Porque a veces lo pensaba y le resultaba increíble asumir que ya llevaba


dos meses trabajando allí. Efectivamente, Louis pasó la prueba, su jefe
incluso le acortó la misma, tendiéndole un contrato a los quince días de
estar allí.2

Y eso se seguía sintiendo jodidamente increíble...

Porque también encajó; con sus compañeros al hacer frente al volumen de


trabajo, con su predisposición por escuchar, aprender... A veces lo
pensaba detenidamente y asumía que no hubiese estado mejor en otro
sitio, pues su jefe no le mintió el día que lo conoció. Todos los que
trabajaban en Robert's eran betas. E irremediablemente, eso era un alivio.

No había olores, a él no lo observaban por el suyo, no lo miraban por


encima del hombro... Y en parte también era triste; era un mero reflejo de
la sociedad con la que alguna vez se tuvo que codear. Pero debía mirar por
él.1

Ellos no lo intimidaban, no buscaban aprovecharse de su lado omega.


Hasta el propio Louis podía a veces olvidarse de ese mismo. Y era un
regalo. Era como ser normal.43

Paul fue el que bajó dos motos de la plataforma para que Louis pudiera
subir la Yamaha. Revisarla no le llevaría demasiado tiempo, la había
arreglado él mismo. El beta entonces se apresuró a echar un vistazo al
motor que el otro se vio obligado a dejar de lado.

Un barullo normal en el taller hasta que una voz estridente llamó la


atención de todos los que estaban cerca.

—¡Robert! ¡¿Cómo está mi nena?!

El de ojos añiles dio un respingo, apresurándose a desganchar la Yamaha


de la plataforma. Estaba perfecta y su dueño, alfa, acababa de venir a por
ella.

Limpió sus manos en el mismo trapo que seguía sobre su hombro y fue
rápido al caminar al fondo del taller, junto a la máquina de café.1

Paul levantó entonces la vista, observando al recién llegado, quien recibía


un apretón de manos por parte de Robert. Frunció el ceño, soltando las
herramientas para seguir al omega.

—No es justo —bufó el tatuado mientras Louis ojeaba la máquina de


bebidas.2

Chasqueó la lengua.

—Es lo mejor, Paul, así evitamos problemas.1


El otro levantó entonces ambas manos.

—Pero la moto la arreglaste tú, no otro mecánico. Tú eres el que debería


llevarse el mérito frente al cliente.

Louis lo miró de frente.

—Ya sabes lo que sucedió la última vez. No quiero volver a pasar por lo
mismo.

Su compañero entonces bufó, mientras él se limitaba a encogerse de


hombros.

Lo que pasó la última vez fue que cuando iba a realizar la entrega de una
de las motos que había arreglado, un alfa lo miró mal. Un alfa le gruñó al
reconocerlo. El mismo llamó a Robert, pidiéndole explicaciones, jurando
que no volvería a pisar ese taller y que pediría una segunda opinión en el
arreglo. Que por ello tampoco le pensaba pagar... Fue uno de los
momentos más bochornosos de su vida, se sintió impotente,
vergonzosamente intimidado... Estuvo seguro de que en ese momento
perdería el trabajo, dio por hecho que lo despedirían por aquel sofocante
altercado, sin embargo, cuando su jefe pasó junto a él, simplemente se
disculpó, palmeándole el hombro antes de indicarle que volviera al
trabajo.24

Y sorprendentemente, nadie más comentó lo que pasó. El ritmo siguió, el


taller jamás paró... Sin palabras, decidieron que mejor sería que el jefe
realizara las entregas de las motos que estaban a su cargo. Sabía que no
todos los clientes eran así, pero prefería prevenir.

—Es ridículo —rezongó Paul una vez más, dando media vuelta para volver
a su trabajo.35
Y a Louis le fue imposible no dibujar una sonrisa algo agotada en sus
labios.

Al menos, podía trabajar. Al menos, algunos sí reconocían su mérito. No


era difícil acostumbrarse. Robert se encargaba de hacer sus entregas y él
mejor se alejaba para que no lo sintieran.

Vio de lejos cómo Paul pateó una vara de metal, negando con la cabeza. El
beta podía parecer rudo, incluso pecaba de ser más mal hablado de la
cuenta, pero nada más lejos de la realidad, era un hombre transparente y
justo; un excelente compañero que le había tendido la mano desde el
primer día. Y quizás por todo eso sentía que su trabajo, de puertas para
adentro, era su ambiente. ¿Cómo no saberse bien rodeado de betas? Era
satisfactorio. Era una auténtica suerte.33

Podía jugar incluso a ser como ellos.6

Cuando dieron las dos del mediodía se oyeron suspiros sincronizados


cuando el jefe corrió el portón del taller. Esa mañana habían venido cinco
clientes a por sus motociclos mientras entraban cuatro trabajos más. Fue
un día agotador y todavía quedaba la tarde... Esperaba poder comer y
tomar una siesta de al menos media hora.

—Louis.

El aludido se giró cuando oyó la voz de su jefe a sus espaldas.

—Dime, Robert.3

El canoso se encontraba masajeándose los músculos del cuello.

—La Yamaha que arreglaste... El cliente quedó muy satisfecho y le dio esto
extra al mecánico que la reparó.10
Acto seguido, sacó del bolsillo trasero de su pantalón un sobre algo
arrugado. También manchado de grasa en las esquinas.

En un taller como aquel el blanco no dominaba en demasía.

Se lo tendió.

—¿Qué? —pestañeó el menor.

El hombre hizo entonces un mohín.

—No me voy a quedar con una recompensa que no me pertenece. Haces


un trabajo impecable, Louis, y yo... Siento que tenga que ser así.10

Observó el sobre entre sus manos, sintiéndose por un momento abrumado.


Volvió a mirar a Robert, quien parecía lucir realmente afectado por aquello
último que dijo.2

Louis tuvo que tragar saliva.

—Está bien... No te preocupes, de verdad.

El beta asintió, mirando despreocupado su reloj de muñeca. Le dedicó una


breve sonrisa a su trabajador antes de volver a dar media vuelta.

—Hasta esta tarde, chico.

Louis largó un suspiro, doblando el sobre a la mitad antes de dirigirse a la


zona de taquillas. Su mochila lo aguardaba allí. Se cambió rápidamente de
camiseta y se vistió con una sudadera ancha que olía a detergente. Era de
agradecer.

Sonrió cuando al salir vio a Paul saludando a su novia Samantha. La chica


hizo un movimiento de cabeza al verlo mientras su compañero agitaba una
mano antes de subirse a la moto con la que ella siempre iba a recogerlo.
La mujer era joven, siempre la veía mascar chicle. Era morena, con cabello
largo y trenzado. Solía vestir ropa apretada, a veces de cuero. No la
conocía mucho, pero debía admitir que pegaba bastante con Paul.31

Resopló antes de emprender su propio camino a casa. Apenas eran unos


diez minutos caminando. Estaba bien, le servía para despejarse.

El sonido de las gaviotas y una temperatura agradable, con unos rayos de


sol que calentaban con gusto sus mejillas...

Sacó las llaves de la casa de un bolsillo lateral de la mochila que colgaba


de su hombro y subió con agilidad los escalones que daban al primer piso.
Ellos vivían en la puerta enmarcada con la letra B.2

Inhaló el aroma a hogar; olía a comida así que su madre debía estar ya en
casa. Dejó el manojo de llaves en el mueble de la entrada y la mochila en
el suelo para recorrer el corto pasillo que daba al salón que conectaba con
la pequeña cocina. Marjorie estaba allí, sentada frente a la mesa del
comedor mientras algo se cocinaba al horno. Su vista estaba clavada sobre
unos papeles que sostenía.1

Se veía cansada, Louis se fijó en que volvía a tener los pies en alto.
Últimamente se le hinchaban por estar tantas horas de pie.3

El menor cerró ambas manos en puños.

—Mamá, toma...

Se acercó a ella, ocasionando que la mujer diera un bote sobresaltada.


Estaba demasiado inmersa en lo que quiera que hiciera. Pestañeó cuando
de repente vio un sobre en la mesa.

—Oh, cielo, no te oí. Lo siento... ¿Qué es esto?


Unas tenues ojeras enmarcaban los ojos color ámbar de la omega, en
cambio, la misma sonrisa cálida y amorosa de siempre apareció en la
curva de sus comisuras. Su hijo únicamente se encogió de hombros.

—Para la casa.54

Ella entonces arrugó el entrecejo, sin entender. Hizo a un lado los papeles
y tomó el sobre, abriéndolo apenas para revelar su contenido. Eran dos
billetes de cincuenta libras.

—Pero, Louis... —La mujer parpadeó. Francamente, no entendía—. Este


dinero es tuyo, te lo has ganado tú. Toma. —Negó, volviendo a cerrar el
sobre para deslizarlo sobre la mesa—. Estamos bien, cariño, guarda ese
dinero para ti.1

Y el menor, irremediablemente, apretó los labios. Sabía que cien libras no


eran mucho, pero... Quería ayudar. Sabía que lo que su madre ojeaba eran
facturas. Sabía que con el sueldo de ambos no llegaban al que alguna vez
ganó su padre... Marjorie había vuelto a trabajar, llevaba alrededor de seis
meses como dependienta en una mercería. Ella juraba que no estaba
mal...15

Y es que la realidad era que no vivían mal. Lo hacían bien, llegaban a final
de mes. Únicamente notaron el cambio en el nivel de vida. Su casa ya no
era tan grande, ya no tenían dos coches, la televisión era más pequeña,
salían menos a comer fuera y también cumplían menos caprichos... Pero
estaban bien, eran una familia a la que no le faltaba de nada.

Pero aun así, para Louis no era suficiente.3

Porque sabía que pagar su segundo curso fue duro, que su madre tuvo
que hacer malabarismos para llegar a todo y por eso él sentía esa
necesidad de trabajar, de aportar... Era un aprendiz de mecánico y le urgía
obtener más conocimientos, poder ganar más... No le gustaba que su
madre trabajara, no le gustaba que portara aquellas ojeras, que se
levantara antes que él, que la oyera quejarse por lo bajo porque estaba
cansada. Que la sintiera más tiempo de la cuenta callada.

Sintió el hormigueo en la punta de los dedos. La impotencia en su voz...

—Mamá, por favor...

—No, Louis —replicó la otra de inmediato—. Es tuyo. Date un capricho, te


lo has ganado.

El omega se dejó caer en una de la silla frente a su madre. Observó el


sobre, siendo consciente de que iba a ser muy difícil conseguir más
propinas como esas. Aquello había sido una excepción; un alfa adinerado
al que seguro le gustaba fardar.

Con eso jamás iba a ser capaz de brindar el sueldo que su madre
aportaba...1

—Estoy muy orgullosa de ti.10

Marjorie se levantó de su asiento, con sonrisa tierna, caminando hacia él


para depositarle un beso en el cabello. Eso siempre sería reconfortante,
mas no calmante.

—Gracias. —Fue lo único que el menor pudo musitar.

—¿Te apetece pasta para comer? —repuso su madre, dispuesta a zanjar


aquel tema del sobre.

Louis inspiró.

—Sí, claro.
Y así comieron en silencio, con alguna anécdota de por medio; con una
conversación sobre cualquier tema banal...

Cuarenta minutos más tarde, Louis prefirió renunciar a la hora de la siesta.


Le comentó a su madre que vería algo en la televisión cuando ella sí
anunció que se tumbaría un rato, pues también le tocaba trabajar por la
tarde.

Lo cierto fue que el omega siquiera encendió el televisor. Guardó aquel


sobre en el primer cajón de su armario, bajo la ropa interior, antes de volver
a tomar las llaves para salir de casa. Bajó de nuevo las escaleras, esa vez
de dos en dos, llegando así al garaje comunitario del edificio. Ellos no
tenían plaza, pero sí un trastero amplio que correspondía a su vivienda.
Fue su madre la que lo prefirió así, alegando que Louis tenía muchas
cosas que guardar allí.

Abrió la puerta del mismo, presionando el interruptor que encendió la


bombilla que colgaba del techo. Sí, era un amplio trastero en el que entró
una estantería donde guardaba sus herramientas y maquinaria.

Un amplio trastero en donde entraba una moto. Sólo una.46

La Aprilia estaba cubierta con un forro negro que le había comprado hacía
bastante tiempo.6

Louis resopló.

Alguna vez llegó a tener un total de tres en el garaje de su casa. Recordar


eso le hacía apretar los labios y fruncir el ceño. Siempre que bajaba a allí
permanecía un rato así.

Sus otras dos motos habían sido malvendidas por él mismo hacía un
tiempo. Ya no podía mantenerlas y en su momento el dinero le sirvió, un
dinero que en realidad no compensaba lo que en su momento invirtió en
ellas. Sin embargo, ¿qué más daba? No le quedó otra opción cuando lo
decidió, no tuvo cabeza para otra cosa...

Recorrió la vista por la estancia, observando uno de sus cascos en la balda


de la estantería. Sus apuntes de clase también estaban apilados allí, al
igual que sus cajas de herramientas. Retiró la lona que cubría la moto y
largó un suspiro que bien pudo quedarse trabado en su garganta.

Curvas perfectas y pintura brillante, casi reluciente. Aquel color...

Había arreglado por completo aquella moto, estaba lista, pero todavía no
sabía exactamente para qué. A veces le gustaba observarla, comprobar el
trabajo que sabía impecable.

Simplemente era la Aprilia. No quería ni podía venderla. No se atrevía


siquiera a sacarla.44

Era extraño, pues le nacía cuidarla, tenerla allí, observarla... Cómo si


guardara una historia, como si custodiara un secreto. Aunque fuera
absurdo, aunque tal cosa no tuviese sentido.4

Aunque aquello fueratotalmente contradictorio con el resto de sus


objetivos.
Enero, 2010
Cuatro meses después29

Se masajeó el cuello dejando escapar un suspiro, estirándose en la silla de


oficina antes de optar por poner a un lado los informes que revisaba.
Apenas eran las diez de la mañana y sentía que necesitaba otro café.12

Dos golpecitos en la puerta de su pequeño despacho le hicieron alzar el


rostro.

—Hola, belleza. —Sonrió a quien de inmediato entró sin esperar la


invitación. Era José—. No te vi llegar esta mañana.15

El panameño se había apoyado con un hombro en el marco de la puerta,


dibujando una sonrisa en su rostro bronceado mientras enarcaba una de
sus perfectas cejas. Vestía unos vaqueros ceñidos junto a una camisa y
americana negra. Era como el otro José. Lejos quedaba el que usaba
pantalones holgados, iba descalzo y fumaba cachimba.2

El alfa chasqueó la lengua antes de tomarse la libertad de acomodarse


mejor en su silla.

—Es que entré a las ocho, para compensar la ausencia de ayer.3

José, por toda respuesta, ladeó el rostro, analizando mejor a su amigo.26

—¿Ya te encuentras mejor?

—Como un roble —guiñó Harry, pretendiendo una sonrisa convincente.8

—Bueno, eso espero. Te buscaba porque tienes una videoconferencia en


la sala de juntas. Al parecer es de una empresa de Inglaterra.8

El alfa frunció el ceño al oírlo. José, por su parte, se decantó por


observarse una uña mal mordida.8
—¿De Inglaterra? ¿Cuál?45

—No sé, rey. —Se encogió de hombros el beta—. Yo aquí soy el chico de
los recados. Me dijeron que te avisara y que tenías la sala para ti.12

Harry se levantó entonces de su asiento, apilando los informes que hacía


un rato ojeaba a un lado del ordenado escritorio. Aprovechó para
abrocharse el botón de la americana negra y estirar las mangas de la
misma antes de disponerse a salir. Aquello era raro, nadie le había avisado
de una reunión; mucho menos tenía la capacidad para asistir a una él solo
por muy de su país que fuera la empresa.2

José salió primero que él, dando media vuelta antes de que el alfa tomara
el camino opuesto a él en el pasillo.

—Búscame luego y vamos a comer, hoy me apetece salir. ¿Hecho?


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—Hecho.

El beta se perdió en el pasillo adornado con cantidad de escritorios de los


secretarios. No tardó en reinar el sonido de teléfonos y puertas abriéndose
y cerrándose junto a todo lo que conllevaba el ajetreo diario de la empresa.

Llevaba en Terragest un año y tres meses; esos últimos solo. Al principio le


costó, era raro no tener a Niall de confidente, no trabajar junto a él.
También lo fue al vivir solo, al tener que acostumbrarse un poco más al
constante silencio. Su amigo había vuelto a Londres, a los últimos seis
meses de clases presenciales que le quedaban para obtener el título.
Según el rubio, allí fardaba de amigo e iba a todas las fiestas que se perdió
mientras se quejaba de que a su nuevo compañero de habitación le olían
los pies. Oh, y por supuesto, también hablaba orgulloso de que había
recuperado su color de pelo.33

Hablaba con él con regularidad, pero sin duda no era lo mismo que tenerlo
todo el día cerca. A veces le entraba la nostalgia, se preguntaba qué
hubiera pasado si hubiese tomado otra decisión. Qué hubiera pasado si
estuviese en Londres... Sin embargo, como ya sabía, todos esos "y sí" no
eran una opción donde estancarse. Estaba bien, tanto que incluso a veces
se veía en la situación de lidiar con un pensamiento precisamente
contradictorio. Daba por hecho que sería extraño volver a Inglaterra, dejar
atrás una ciudad tan dispar como era Panamá. A veces se sorprendía
pensando en los detalles de que tenía muy interiorizado el conducir del
lado izquierdo o el uso de la moneda. Ni hablar de la temperatura, la gente,
sus calles y en si el estilo de vida. Ese ritmo más pausado, sin tanta prisa
en el día a día...3

Se frotó ambos párpados con los dedos índice y pulgar de una mano antes
de llegar a la sala de juntas. La pared de la misma era una cristalera
transparente adornada con el logo de la empresa. Tal y cómo imaginaba,
estaría solo en aquella reunión totalmente improvisada y de la que era
totalmente ajeno. Tomó una botella de agua de la pequeña
nevera Smeg que se ubicaba en una esquina de la estancia y bebió la
mitad de un trago. Todavía sentía algo de letargo en el cuerpo...2

La enorme mesa rectangular, con portátiles cerrados frente a cada asiento,


tenía sólo uno abierto en el que la presidía. Harry se posicionó frente a él,
acomodándose en la silla tras dejar la botella de agua helada a un lado.
Largó un suspiro antes de aclararse la garganta y presionar la tecla de
reanudar la llamada. Automáticamente, su cámara se activó y esperó
pocos segundos hasta que la del otro lado también lo hiciera. Cuando vio el
rostro que lo recibió con una sonrisa parpadeó dos veces, pasmado.

—¿Papá?57

Y efectivamente, Patrice asintió en su pantalla.

—Buenas tar-, digo, ¡buenos días ahí! Muchas gracias por atenderme,
señor Styles.68
En cambio, el ojiverde seguía pestañeando, sin apartar la vista de la
imagen de su progenitor.

—Ah no, eso no te lo permito, el señor Styles sigues siendo tú. Siento una
tonelada de años encima con ese calificativo. —Ambos rieron, aunque
Patrice lo mirara ceñudo cuando hizo aquella alusión a la edad—. Papá...
No esperaba que fueras tú, de hecho venía asustado porque no me habían
avisado de nada de esto. ¿Por qué no me lo dijiste? Me hubieras llamado a
mi número o hablábamos cuando estuviera en ca-

—Oh no, ni hablar —rezongó rápidamente el mayor. Se aclaró incluso la


garganta antes de proseguir—. No le llamo en esa calidad. Le llamo como
director general de la empresa francesa Styl. ¿Tiene el placer de
conocerla?

Harry disimuló la sonrisa que se quiso asomar en sus labios. Su padre era
un experto en usar aquel tono profesional, en tratarlo de usted de repente.
Él también carraspeó antes de desabrocharse de nuevo el botón de la
americana para moverse con mayor libertad -y pseuda profesionalidad- en
la silla que ocupaba.7

Entrecerró un ojo al comenzar a hablar.

—Hm, me quiere sonar... Styl S.A. es una compañía energética francesa,


cuyo objeto social es el refino y comercialización de productos petrolíferos
y derivados. Tiene su sede en Lyon, Francia, además de también
desarrollar su actividad en Bélgica, Alemania e Inglaterra. En este último
país su sede se ubica en Plymouth. ¿Me equivoco?32

Patrice no pudo disimular otra sonrisa. Unos hoyuelos parecidos a los de


su hijo afloraron en sus mejillas.31
—Veo que es conocedor de ella... Así es, su información carece de alguna
errata. —El hombre también se estiró en su silla antes de continuar—. Y
haciendo referencia a su último dato... Efectivamente, Inglaterra es el país
en el cual Styl tiene un mayor desarrollo económico y comercial, siendo la
número uno en estaciones de servicio del país. De eso precisamente
quería hablarle.

—Lo escucho.

Harry diferenció que su padre estaba en su despacho, ese que había


visitado mil veces desde que era pequeño. La primera vez que se sentó en
la ostentosa silla donde él se encontraba, sus pies apenas rozaban el
suelo.

—A pesar de este dato, Styl nunca ha sido una compañía que prescinda de
innovaciones que le permitan la diferenciación. Es por ello que hace
alrededor de seis meses se ha creado un nuevo proyecto...

Harry entonces lo miró sorprendido, arrugando la frente antes de replicar.

—¿Un nuevo proyecto? ¿Hace seis meses? ¿Y por qué me estoy


enterando ahora, papá?49

Patrice largó un suspiro al ver el nuevo y repentino semblante de su hijo.


Cuando hacía eso se parecía tanto a Annette. A la implacable Annette...4

Al parecer, la reunión formal de los Styles ya había cesado.

—Porque no era el momento. Tú ibas a seguir ahí en Panamá y pensaba


hablarte de ello en septiembre, pero nos dijiste que te quedabas más
tiempo. Te lo comento ahora porque sólo quedan dos meses para que
vuelvas y... te quiero en él.16

A Harry le llevó un par de segundos asentir.


—¿De qué trata el proyecto?

Patrice entrelazó ambas manos tras erguirse en su posición, clavando la


vista en la pantalla.

—La idea surgió en Lyon. Queremos invertir en la investigación y el


desarrollo de nuevos carburantes, unos que recuperen potencia en el
motor y que a su vez lo limpien y protejan. Unos carburantes que por ende,
mejoren la conducción y reduzcan el consumo y la contaminación.282

El ojiverde pestañeó un par de veces, estudiando cada una de las palabras


de Patrice.

—Eso es algo... ambicioso, papá.

El mayor asintió, con sonrisa orgullosa.

—Faltan las últimas firmas para llevarlo a cabo.

—¿Ya? ¿Pero cuándo empezaría? ¿Sería en Lyon?

¿Se suponía que su padre lo querría allí?14

—Está previsto para agosto, quizás septiembre... Y no, no se va a


desarrollar en Lyon. Los laboratorios se encontrarían en Londres. Allí se
llevarían a cabo los ensayos.1

Harry prensó los labios, quedándose esa vez un poco más pensativo de la
cuenta.

—Bueno, no sé qué más aportar... Quiero decir, está claro que hablamos
de una gran inversión, pero a su vez es atractivo. Styl sería pionera en ese
tipo de investigación. Lo único que no entiendo es... Bueno, como tú has
dicho, se trataría de un laboratorio y yo sé bastante poco de todo lo que
tenga que ver con batas blancas y esas cosas.3
Patrice, irremediablemente, sonrió.

—No tendrías que ponerte ninguna bata, Harry. —Suspiró—. Sólo quiero
que seas el director de ese proyecto, que supervises el trabajo y que no se
tome ninguna decisión sin que tú previamente la hayas firmado. —Nada
más escuchar a su padre, el joven alfa ya lucía boquiabierto—. Escucha,
hijo. Tendrás personal a tu cargo, porque obviamente en este proyecto
existen dos partes, la técnica y la de investigación. Tú conoces los
objetivos y operaciones de nuestra empresa, estarás formado para
entonces. Sabrás lo que queremos; lo que nuestros clientes quieren.1

Tragó saliva, Harry no supo cómo, pero definitivamente atinó a hacerlo.

—Papá... Lo que me estás diciendo es algo... dios, es algo enorme. No sé


si yo...32

—Sí lo estarás —se adelantó el otro—. Claro que estarás preparado.


Cuando vuelvas de Panamá trabajaremos en ello. Viajaremos a Lyon y
visitarás las instalaciones que prácticamente ya están arrendadas en
Londres. Harry, tu nombre me vino a la cabeza cuando surgió la primera
idea de esto. Confío en ti. No quiero a otra persona ahí. Quiero que tu
nombre esté cuando Styl comercialice por primera vez los nuevos
carburantes.2

La garganta del alfa se había casi desecado, no iba a mentir. Apenas había
vuelto a Inglaterra, siquiera le habían expedido su título y ya... Tuvo que
resoplar. Claro que asumía que la empresa familiar sería la primera que
pisaría; donde se especializaría, mas no a ese nivel. No trabajaría con su
padre tal y cómo lo imaginaba, lo haría prácticamente solo. Sería, como
quien dice, el jefe de un equipo. Un maldito equipo...

Finalmente, tuvo que volver a tragar saliva.


—Ya has vivido en Londres —repuso su padre al ver que el otro podría
comenzar a boquear como un pez—. Supongo que eso es un plus, ¿no?
Será solamente durante el tiempo que duren los ensayos. Es algo que
todavía no se puede estimar al cien por cien. Quizás sea un año, dos... No
lo podemos saber aún: Faltan bastantes reuniones para eso. Reuniones
donde quiero que estés.8

Y el ojiverde asintió por enésima vez, por pura inercia.

Joder, aquello era atractivo, cualquiera con su experiencia mataría por ello.
Era algo que sin duda había que aprovechar.

Eran también las ventajas de ser el hijo del jefe...

Y a pesar de eso, igualmente sentía que necesitaría un par de días para


asimilarlo.

—Y... —comenzó Harry, rascándose la sien—. Una duda tonta que tengo.
¿No te dan miedo los gritos de mamá cuando le digas que me vas a
mandar a Londres? El otro día cuando hablé con ella juró que, si de su
mano estaba, no saldría de Plymouth hasta los veinticinco.10

Padre e hijo no pudieron evitar la carcajada incluso antes de que el menor


terminara de hablar. En situaciones así, había que mirar los riesgos de
todos los frentes...3

O quizás también era otra forma de aceptar aquel reto...

—Tendremos un par de meses para que se haga a la idea. Intenta ser


guarro y desordenado que quizás no le importa que te alejes un tiempo.30

Y de nuevo más risas. Sabría que Annette, en un futuro, se las cobraría


todas y cada una.1
Harry tuvo entonces que suspirar tras calmar la última carcajada.

—Papá, entonces ese proyecto va a requerir de personal. De


bastantepersonal.67

Patrice, en la pequeña pantalla, asintió, tomando algunos papeles de su


escritorio.

—Sí. Hay borradores de posibles organigramas. Ya sabes, dirección,


recursos humanos...1

Harry no lo dejó seguir.

—Tengo un nombre.57

Su padre alzó una ceja.

—¿Cuál?

—Niall Horan.238

El mayor entonces sonrió, apuntando incluso la recomendación en algún


documento. Y Harry resopló, sin ser del todo consciente todavía. ¿En
dónde se iba a meter?

Sería una aventura, una que sin duda le creaba un cosquilleo en la boca
del estómago.

Uno que a su vez le hacía estar orgulloso. Orgulloso de valer.

...

Marzo, 2010
Dos meses después42
Humo bailoteando, gente hablando por encima de la música que emanaba
del tocadiscos y demasiada cerveza. También la presencia de media
oficina en el ático de José... Era un viernes cinco de marzo y su contrato
había finalizado y con ello también su estancia en Panamá. El lunes a
primera hora cogería un avión que lo devolvería a Inglaterra, así que todo
aquello era una fiesta de despedida que su amigo había organizado casi
sin su permiso.43

Hubo lágrimas cuando la cantidad ingerida de alcohol aumentó entre los


asistentes. Las secretarias de dirección estaban allí, le habían incluso
hecho una tarta. El jefe de relaciones públicas también se había pasado al
igual que los encargados de la cafetería. Nadie se quiso perder la
despedida del "segundo europeo". Porque, oh sí, cuando Niall se fue, él
mismo organizó algo así y pasaron tres días arreglando la casa de José
tras eso. Esa vez, acorde a la personalidad de Harry, fue una reunión más
íntima, con menos música latina y más espacio donde mantener una última
conversación.59

El alfa dejó a un lado su cerveza cuando quiso dirigirse al cuarto de baño.


En cambio, no llegó a él cuando al cruzar el pasillo sintió que alguien lo
abrazaba por detrás. Fue José.66

—¡Qué susto! —se quejó cuando el beta dio un brinco para posicionarse
frente a él.2

El panameño sostenía un botellín vacío. Una sonrisilla se pintaba en sus


labios mientras intentaba enfocar a Harry.3

—¿Adónde ibas? ¡¿Te escapas de tu fiesta de despedida?!

El otro de inmediato negó, riendo.

—Claro que no, iba un momento al baño.3


Y al beta rápidamente se le iluminaron los ojos.91

—Oh, qué buena idea...

Harry dio un respingo cuando sintió, de la nada, la mano de su amigo en la


cintura. José mantenía aquella reluciente sonrisa cuando optó por
acercarse sin pena a su boca. No la rozó, pero sí le mantuvo la mirada
mientras cepillaba con los dientes su propio labio inferior.97

El alfa, inconscientemente, contuvo la respiración.

—¿Entramos al baño los dos?80

El beta no dudó entonces en posar otra mano al otro lado de la cintura


ajena.22

—José...

—Te voy a echar de menos, Harry. Ya sé que el lunes voy a estar de mal
humor en la oficina. Se va a notar tu ausencia. Yo la voy a notar tanto...74

Harry apretó los labios cuando sintió el aliento del otro aún más cerca. José
no había tenido reparos en pegar por completo su cuerpo contra el suyo.
Lo notó entero; notó cómo de nuevo se acercaba peligrosamente a su
boca. El beta sonrió, remojando sus labios antes de ponerse de puntillas
para alcanzarlo.50

Los ojos de Harry se agradaron cuando sintió un beso en una comisura,


cuando su amigo lo miró coqueto antes de dejarle otro superficial que sí fue
a parar a sus labios. Todo justo antes de que el beta enterrara su rostro en
el cuello del alfa...85

El ojiverde sintió que un escalofrío le recorrió la espalda. Se sentía incapaz


de moverse, paralizado por aquella iniciativa de su amigo, quien había
bebido, pero no hasta el punto de no ser consciente de sus acciones.
Precisamente, José sabía perfectamente qué estaba haciendo.5

Sus músculos se tensaron cuando sintió los labios gruesos del beta en la
clavícula. Su lengua lo recorrió hasta el lóbulo de la oreja. Sin embargo, él
seguía con hombros rígidos y brazos quietos. Era José... En el fondo, ¿por
qué no dejarse llevar? Podía ser fácil, olía a colonia, a una fresca. Su tacto
era cálido, sus caricias eran expertas, sabía dónde tocar...98

—Nunca... —susurró el beta contra la oreja que le acababa de


mordisquear—. Ni aunque fuera un omega, de esos que huelen tan bien y
vuelven loco a los alfas... Ni aun así, serías capaz de hacer esto.18

Porque Harry no se había alejado ni lo había empujado, de hecho, hasta


había ladeado el cuello para permitirle el acceso. Pero únicamente un
movimiento de cabeza cuando el resto de su cuerpo seguía agarrotado.9

Harry arrugó el entrecejo cuando José se separó, con sonrisa tranquila y


mirada cálida; incluso amorosa. Acarició el rostro del alfa, a quien
visiblemente se le relajó un poco el cuerpo. Quiso hablar, pero el beta se lo
impidió presionando un dedo contra sus labios.14

—Ese omega del que te enamoraste, Harry... No sé si se merece esa


suerte. Quizás sí y por eso le eres tan fiel, pero... Cualquiera daría todo
porque tú le profesaras ese sentimiento y en cambio... Estas así, siendo
hasta incapaz de dejarte tocar. ¿Qué te hizo ese chico, eh? ¿Qué te hizo
para que después de tanto tiempo no te lo puedas sacar de la cabeza?272

Harry sintió sus piernas trémulas con cada palabra que pronunciaba su
amigo. No se esperaba aquella mención. Santo dios, por supuesto que no
se la esperaba. Eso era un tema que no se tocaba, que jamás se
mencionaba. De hecho, José lo conocía porque Niall alguna vez se fue de
la lengua, porque por una razón que desconocía surgió aquella noche de
confesiones, pero nada más. Él les hizo prometer que se quedaría ahí, que
no se pronunciaría más.1

Harry no quería hablar de eso más.

Porque el silencio se mantuvo durante meses, durante más de un año.1

Era su calvario, era su propio secreto; uno que si analizaba, no guardaba ni


con él mismo. Harry, simplemente, no pensaba. Harry en ese tema había
aprendido a ser el mejor de los autómatas.1

—No lo sé —susurró bajito, sin apartar los ojos de los pardos que lo
miraban con cariño.33

José sonrió con empatía antes de volverle a acariciar el rostro. Dejó un


sonoro beso en la mejilla derecha del alfa, uno que hizo que el cuerpo
enorme apenas se terminara de destensar.1

'No lo sé' se repitió mientras recibía un abrazo de su amigo.3

Porque un océano y un cambio de continente habían sido sus trincheras y


en tres días, volvería al territorio del que escapó. Sin saber qué sentía
porque no tenía la decencia ni de compartirlo consigo mismo. Porque lo
archivó, lo mantuvo, lo llevó a un segundo plano.6

Pero ahora volvería a Inglaterra; volvería a pisar Plymouth y sólo quería


que el autómata permaneciera latente.

Sólo eso...

11

...
Le dolía la espalda, el cuello y se había pasado las últimas dos horas del
vuelo gruñendo por lo bajo por eso. Había decidido ir en turista y se
arrepentía de ello. Su padre le había repetido en más de una ocasión que
él mismo le pagaba el billete en primera clase, pero había sido él el que se
negó.34

Así que no podía dejar de maldecir también por eso...

Justo al lado le había tocado una familia, con dos niños que lloraban más
que dormían, notando en todo momento el desespero de la madre omega,
quien llevaba a un bebé cogido mientras su otro hijo sí ocupaba un asiento.
Harry agradeció tanto que le hubiese tocado pasillo... Aquel había sido el
vuelo más largo de su vida.16

Cuando el avión por fin tocó tierra fue a media noche y tuvo que contener
la respiración por ello. Había llegado a Bristol, sus padres estaban allí, por
supuesto habían ido a recogerlo, así que todavía quedaba el camino en
coche hasta casa.19

Por suerte, sus dos maletas aparecieron en la temida cinta y, tras colgarse
su bolsa de mano en el hombro, sintió el nudo en el estómago cuando se
encaminó con todo su equipaje hacia la salida.

Dejando atrás una etapa alucinante de su vida... Una que lo había hecho
crecer y que jamás olvidaría.3

Dejó Panamá con lágrimas; su amigo José no las pudo contener mientras
lo amenazaba con que no lo olvidara, con que lo llamara... Y arribó a su
país con esas mismas agolpándose en sus ojos cuando vio a su madre,
guapísima como siempre, con las manos cubriendo su rostro porque no
podía creerse que por fin estuviera allí. Soltó todo abrazando a sus padres,
respirando la familiaridad, el hogar... Calmando el anhelo, recibiendo el
afecto...17

Porque estaba en casa.38

Su hogar de toda la vida había sufrido algunas modificaciones. A Annette


se le había dado por pintar y re decorar. Había tirado incluso una pared. Se
lo contó todo hablando de conceptos abiertos y un diseñador que
contrató... Hasta las puertas y sus picaportes eran diferentes.2

Sin embargo, su habitación estaba igual y su cuerpo entero cosquilleó


cuando miró su cama, la cual ahora era una doble que enmarcaba el centro
de la habitación. Aquello había sido un cambio que hicieron bastante
tiempo antes de que se marchara. Su escritorio ya no estaba, lo habían
trasladado al despacho de su padre para ganar espacio y, ahora, ese
mismo escritorio había sido sustituido por uno de madera maciza, contiguo
al de Patrice. Porque ya le había comentado que trabajarían varias horas
allí.3

Y Annette ahora sí sonreía todo el día, respiraba el aroma de su alfa y su


cachorro, colmada, tranquila, feliz... Y Harry por supuesto se dejó
consentir. Comía más de la cuenta, aun sabiendo que echaría por la borda
todos aquellos meses de gimnasio. Soportó a su madre, quien divertida
estaba deseosa de cubrir la ahora melena de su hijo con trenzas mientras
le entraba la nostalgia y le rogaba que "dejara de crecer". Harry lucía
ancho, igual de alto y con sus facciones más marcadas. Más maduras.32

Y los días pasaron aunque le llevó unos cuantos recuperarse del jet lag. Le
costó hacerse de nuevo a eso de llevar varias capas de ropa para combatir
al cambiante frío, a salir siempre con un paraguas por si acaso... Fue raro
el no tener de repente una rutina establecida, el tener incluso la comida
siempre hecha al igual que la colada; como por arte de magia. Cuando
vivía en Londres y volvía a Plymouth aquello ya era raro y en ese momento
más después de pasar un año y medio de total independencia.3

También había hablado con Niall, quien lo puso al día de novedades y lo


invito/exigió a ir a visitarlo a Londres. Harry igualmente tenía que ir a la
universidad para arreglar el papeleo de su título, pero lo había pospuesto
para el siguiente mes y para entonces Niall ya estaría en Dublín. Aquel
esperado reencuentro debía esperar sólo un poco más.7

Así que empezó a trabajar en casa, en el despacho que ahora compartía


con su padre. Sólo echaba un vistazo a toneladas de documentos durante
aquellas noches donde le era complicado conciliar el sueño. También
visitaba por las mañanas la empresa, donde su padre le entregaba más
papeleo para que ojeara. No le había mentido, el proyecto en el que se
vería implicado era cada vez más una realidad. Aquellos dos meses en los
que estuvo en Panamá, había avanzado a pasos agigantados. Los
laboratorios y oficinas de Londres ya eran una realidad, podía ver fotos y
vídeos de los mismos. Las primeras reuniones con promotores ya estaban
programadas, al igual que unos viajes exprés a Francia y Bélgica. Se vio
de repente metido de lleno en asuntos de carburantes, estudiando planes e
informándose sobre laboratorios. Annette se quejó por ello, porque ni a una
semana de su llegada ya lo veía ocupado, pero a Harry eso le gustaba, y
en parte necesitaba. Tener la mente en funcionamiento era una ventaja
frente a la cantidad de cambios.

Aquel día hacía una buena temperatura en Plymouth. Se había vestido con
un traje negro de dos piezas y una camisa blanca de algodón, sin corbata.
Porque también aquel día se llevaría a cabo la primera reunión. Agentes de
Londres habían viajado a su ciudad para cerrar el primer contrato y se
encontraba en la empresa, en el despacho de su padre, esperando a que
saliera de otra junta que había tenido a primera hora de la mañana. No se
sentó en la silla de él, pero sí ocupó la de enfrente en el escritorio mientras
jugueteaba con un bolígrafo.

Estaba nervioso, pero tener a Patrice le daba una infinita tranquilidad. Y a


su vez era extraño, porque toda su vida fantaseó con que un día
sería grande, que se haría mayor y haría aquello. Que aprendería con él...
Quizás era que el tiempo había pasado mucho más rápido de lo que
esperaba. De hecho, si se paraba a pensarlo, jamás se imaginó que su
etapa en la universidad y formación sucedieran de una forma tan fugaz. Él
juraría que fue ayer cuando partió a Londres por primera vez y pisó su
primera clase...30

Largó un suspiro y justo ahí, también sintió una tirantez en la boca del
estómago.13

Se giró en su asiento cuando de repente oyó el sonido de unos tacones en


el pasillo.

Se levantó del mismo antes de que la puerta del despacho se abriera de


golpe.

Era la secretaria de su padre.

—Harry... —jadeó la mujer al verlo—. T-tú padre...14

El alfa sintió un ardor de lo más incómodo en el centro del vientre. Sin


motivo aparente, el aliento se le esfumó.

—¿Qué pasa? —espetó, interrumpiendo el apuro de la mujer.

—S-se ha desmayado en mitad de la junta. Se... dios, se quejó de un


brazo... No sabemos qué le pasó.247
Quizás la secretaria dijo algo más, pero Harry no la oyó cuando
prácticamente la arrolló al salir disparado del despacho. No sentía sus
piernas cuando corrió por los pasillos de las instalaciones de la empresa
que se conocía como la palma de la mano. Desde tan pequeño había
correteado por allí...

Pero no, no sentía ninguna articulación mientras parecía una bala abriendo
y cerrando puertas. Una velocidad insana hasta que una enorme bola de
pánico lo golpeó cuando llegó a aquella sala de juntas y vio a cantidad de
personas amontonadas. Algunos se llevaban las manos a la cabeza, otros
abanicaban, hablaban por teléfono... Harry apartó de un manotazo una silla
cuando dos hombres se apartaron al verlo llegar.

Y sintió otro golpe, imaginario. Negó.

Se le cayó el alma a los pies, dejando de sentir el resto de su cuerpo


mientras un frío sí lo invadía cuando visualizó a su padre tendido en el
suelo.6

Y cayó de rodillas, junto a él, con las manos temblando y la respiración


contenida. Tomó su rostro siendo incapaz de parpadear. Su voz... Siquiera
sabía si la mantenía.2

—La ambulancia está de camino —anunció alguien que fue incapaz de


identificar.

—Sí, llegan en menos de tres minutos.

—¡Que sea rápido, por dios!2

Escuchaba cada murmullo muy lejano y quizás el tiempo pasó


excesivamente rápido cuando un paramédico lo apartó al llegar. El alfa
cayó hacia atrás como una roca, notando su vida en si a cámara lenta
mientras venía que a su padre le cortaban la camisa para poder practicarle
un masaje cardiaco.

Santo cielo, ¿de verdad aquello era real?1

Sentía frío, que no podía parpadear y que todo se evaporaría. La boca


seca; los latidos dolorosos en el pecho. Sentía ficticio el no estar soñando.

Volvió a negar. Negó demasiadas veces.

Hasta que un pitido le devolvió una bocanada de aire.

Casi tan rápido como lo avisaron de que ahora sí debían correr.

...

Decir que estaba agotado era quedarse vergonzosamente corto. Le dolían


las manos, las plantas de los pies y la jaqueca comenzaba a molestarlo.
Resopló antes de colocarse una gorra, cerrar su taquilla y llevarse al
hombro un asa de su mochila.6

—¡Hasta mañana, Louis! —lo despidió Paul cuando cruzó el portón


principal.42

Agitó una mano con una sonrisa cuando, como siempre, su compañero se
subió a la moto que su novia arrancó tras también saludarlo con un
movimiento de cabeza. A él por el contrario le tocaba caminar y a las ocho
y diez de la tarde ya las calles se iluminaban con luces amarillentas que
emanaban las farolas. Era agradable que apenas hiciese frío y pudiera
vestir una simple chaqueta vaquera. Aún así, hundió sus manos en los
bolsillos de su pantalón de chándal, no sin antes colocarse los auriculares
tras darle al play al reproductor de su teléfono móvil. Con un poco de
música parecía que el camino era muchísimo más corto.5

A esa hora las calles mantenían el último ajetreo del día mientras las luces
se comenzaban a encender en las casas. Las bocacalles también
empezaban a oler a comida.

Como siempre, subió los escalones de su edificio con agilidad tras abrir el
portón principal. Aunque eso precisamente sonara contradictorio, quizás
era que tenía demasiadas ganas de tomar una ducha y meterse en la
cama. Ese día había arreglado el motor de dos motos mientras que por la
tarde había presenciado por primera vez lo que era desmontar una
auténtica y maravillosa Harley Davidson. Esa le había tocado a Paul y él no
dudó en adelantar parte de sus arreglos para poder estar presente en el
trabajo de su compañero. La primera vez que Robert le comentó que sus
estudios no servirían de mucho no estuvo muy de acuerdo, en cambio,
después de tanto tiempo llegó a descifrar a qué se refería exactamente. Al
maestro lo hacía la práctica, y sin duda eso era algo que aprendía día a
día. ¡Una maldita Harley! Jamás tuvo la oportunidad de recibir una clase
práctica de cómo tratar una reliquia así.17

Sí, sin duda había sido un día demoledor, pero también de lo más
gratificante.

Como era costumbre, soltó su mochila en la entrada tras abrir la puerta


principal. Se retiró los auriculares de los oídos antes de percatarse de que
el rumor de la televisión se oía de fondo. Dejó las llaves en el mueble y se
adentró en el pasillo para descubrir que nadie se encontraba viendo las
noticias que estaban puestas en la pantalla.2
—¡¿Mamá?! ¡Hola! —saludó mientras su vista viajaba hasta una manzana
verde, casi brillante, que se encontraba en el frutero que adornaba el
centro de la mesa del comedor.1

—¡Hola, cielo! ¡Estoy en mi cuarto!

Louis se relamió los labios antes de darle un mordisco a aquella fruta que
pilló al vuelo. Giró sobre sus talones para ir en busca de su madre.1

La puerta de la habitación estaba abierta y Marjorie tenía algunas prendas


de ropa regadas por la cama doble. Parecía estar guardando algo en el
bolso que normalmente usaba para salir.

—Hola —repitió la omega cuando lo vio llegar, con una sonrisa de


tranquilidad—. ¿Qué tal te ha ido hoy?

Sin embargo, Louis frunció el ceño.

—Bien —contestó con simpleza—. ¿Vas a salir?

Marjorie entonces se mordió con fuerza el labio inferior para a continuación


dejar escapar un suspiro que llevaba tiempo conteniendo. La mujer miró a
su hijo, cerrando el bolso de mano que hacía un momento arreglaba.
Vestía una ropa diferente a la que usó durante el día en el trabajo.24

Se sentó en la cama sabiendo que la vista de Louis estaba sobre ella.

—Cariño, es que esta tarde me he enterado de algo... Una amiga en


común me ha dicho que el marido de Annette, que Patrice Styles sufrió un
infarto y se encuentra en el hospital.140

Ella entonces hizo una pausa, respirando con pesadez.


Louis tragó demasiado grueso el bocado de manzana que masticaba.
Porque justo en ese momento también pudo sentir cómo se le cerró el
estómago...

—Al parecer fue esta mañana —prosiguió Marjorie—. Yo... dios, estoy
preocupada por Annette. A veces nos hemos encontrado, hablamos un
poco y... Esa familia se portó de maravilla con nosotros cuando pasó lo de
papá. Quiero estar ahí y enterarme personalmente de cómo está Patrice.1

Pestañeó. Louis sentía que era lo único que podía hacer. Un hormigueo se
había apoderado de sus extremidades y un frío de su espina dorsal.

De repente, ya no sentía la jaqueca.3

—P-pero... —atinó a comenzar a balbucear—. ¿Está bien? ¿Se va a poner


bien?

Marjorie sólo resopló.

—No lo sé, por eso quiero ir a verlos al hospital.

Louis se tuvo que apoyar en el marco de la puerta; mirar a un punto fijo.5

Le llevó largos instantes concebir todo como una bofetada.1

Y aun así contó hasta tres.

La angustia, el miedo, el frío y el tembleque en las rodillas. El encogimiento


en el pecho y el nudo en el estómago... Que la mente no pudiera mantener
un único pensamiento. Él todo eso ya lo había vivido, todo eso era revivir lo
que sintió con su padre. Y recordó el rostro de la que fue su vecina, el de
su marido; el que estaba mal...

Ni se inmutó cuando su madre pasó a su lado y depositó un beso en su


mejilla tras haberle colocado la gorra con cariño.
Ella no iba a forzarlo a absolutamente nada... Jamás sería capaz.

Porque la saliva en la boca de Louis se había evaporado, toda fuerza había


incluso mermado.

Porque vio imágenes, como una película antigua, de esas que se


rebobinaban...

Un olor, un abrazo y un pecho en el que apoyarse.60

Un porche, unos cigarros y el roce suave en el dorso de una de sus


manos.1

Silencios demasiado largos junto a una despedida...

Hasta la vista.91

Tuvo que exhalar cuando sintió que sus pulmones se quedaban sin el
oxígeno.

Había recordado muchas caras y ahora sólo visualizaba unos ojos.

Verdes.10

Harry. Unos ojos verdes como los de Harry.13

Los ojos de Harry.20

E inhalar. Más de una vez.

Harry sintiendo lo mismo que él. Su familia rozando la desesperación que


en ocasiones seguía siendo su realidad; parte de él.3

Así. De repente. ¿Por qué?

¿Qué hacía la vida? ¿Por qué?4

—Mamá —la llamó con un hilo de voz, casi afónico.


Ella dio entonces media vuelta, observando cómo su hijo se erguía.

—Te acompaño. V-voy contigo.122

Marjorie no dudó en acercarse a él, ladeando el rostro con preocupación.

—¿Estás seguro?4

Louis siquiera fue consciente de lo rápido que asintió.+

—Sí.233

Seguía teniendo frío, uno que no daba tregua y se alojaba en su sistema


hasta llegar a encaramársele en todo el pecho.16

Seguía sintiendo que las horas no pasaban.

Seguía pensando que era una sandez no despertar de una vez de aquella
maldita pesadilla.

Sentía la tensión y tirantez dentro de él, en aquella parte primaria de


sensaciones inexplicables. Era su Alfa, alterado, al acecho, nervioso... Su
Alfa angustiado y sabiéndose impotente. Soltó un gruñido bajo y cauteloso
cuando Annette apretó su mano, acomodando mejor la cabeza contra su
hombro. Sí, todo aquello era su alfa desesperado por notar a su madre,
omega, en aquel estado.

Terror. Dolor. Agotamiento...4

Annette llevaba horas sin retirarse una mano del cuello, como si cuidara
aquella zona que en ocasiones escocía, alineándose con el vacío helado
que albergaba en el centro de su pecho.67
Era el lazo.40

Supo que algo iba mal aun en la distancia. Patrice todavía no se había
quejado del primer dolor y a ella, en su hogar, ya se le había caído al suelo
una taza de té. La omega también se desplomó, notando el dolor, la
angustia, sabiendo que a su alfa le había pasado algo malo. Así era cómo
funcionaba la naturaleza, la unión manifestada en una forma que la razón
jamás iba a poder explicar.1

La Omega de Annette estaba consumiéndola en absolutamente todos los


sentidos.

Y Harry se iba a volver loco por eso. Por todo.

Su madre se apoyaba contra él, luciendo ojerosa y con vista perdida,


hipando a ratos cuando las lágrimas corrían sin permiso por su rostro. Y él
se volvía a decir que aquello no podía estar pasado, que no era real... Sólo
llevaba tres semanas en casa, todo eso no estaba en los planes, era otro
sentimiento el que debía reinar en su familia. No se explicaba cómo pasó
todo. Por qué pasó...

—Trabaja mucho —llegó a murmurar su madre, con voz pastosa, en medio


de otro apretón de manos a su hijo.

Harry notó la punzada de desasosiego arremetiendo.

—Mamá...

Pero ella negó con la cabeza, volviendo a hablar:

—Yo se lo decía, que debía parar un poco, dormir más, estar más en
casa... Pero él me decía que todo estaba bien, que podía con todo. —Justo
ahí, la voz de la omega se quebró. Un sollozo murió en el fondo de su
garganta—. Y ahora... Oh, Patrice. No me puedes hacer esto, Patrice.20
La vibración en las cuerdas vocales del alfa no había cesado, menos en
aquel estado de su madre. No dudó en abrazarla cuando la omega contuvo
otro lamento, enterrando los labios en su cabello, balanceándola
quedamente en el contacto. Siseó, aun sabiendo que ahí su naturaleza era
nula, que sólo actuaba para transmitirle el inmenso vacío y temor que
atacaban a la mujer.
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créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

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-Toma. Cada vez que pruebes esto te sentirás hermoso-
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aprendiendo, porque teme no volver a pisar una institución de aprendizaje en su vida.
Con una madre despechada y un hermanito a quien salvar, Louis no puede reservarse ni su
propia virginidad.
Pero entonces, llega él, vestido con una camisa blanca y un chaleco de lana color gris, con una
corbata atada vagamente, anteojos, rizos, y unos ojos verdes que te hacen cambiar de parecer.
''¿Por qué él siempre está dormido los miércoles por la mañana?''
Ésta no es la típica historia cliché de maestro-alumno, por su puesto que no.
|| Muchas gracias a la hermosa de @harrytakeacat por la preciosa portada<3 ||

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NOTA IMPORTANTE:
Esta historia no es mía. Originalmente esta historia se encuentra en inglés. Todos los derechos
de esta historia van para whatmakeslarrybeautiful (tw:@OWildeLarry)

Y eso era ansioso, desesperante...

Se negaba a pensar en lo peor, se negaba en rotundo, siquiera se permitía


que aquella idea rondara por su mente.

—Se va a poner bien, mamá. Él es fuerte, se va a mejorar, va a salir de


esta. Te lo prometo...35

La omega, por toda respuesta, tembló entre los brazos de su hijo, rozando
de nuevo con sus dedos la marca que no dejaba de arderle en el cuello.

Patrice había sido ingresado tras estabilizarlo de un ataque al corazón. Los


médicos habían detectado una obstrucción en las arterias, procediendo a
administrar el tratamiento adecuado. Ahora, tocaba esperar a cómo
evolucionaba al mismo, manteniéndolo en la unidad de vigilancia intensiva.
Estaban sentados en la sala de espera de la zona de urgencias del
hospital, la cual era amplia, de pasillos largos en color crema y baldosas
blancas en el suelo. Era Harry el que gruñía a cualquiera que los
observara, pues Annette se negaba a caminar para intentar despejarse,
siquiera a tomar algo de agua. Decía que no podía.

Hubiera dado cualquier cosa por ser el único en lidiar con aquella
pesadumbre, por eliminar el dolor que sabía que su madre estaba
sintiendo. Annette se había consumido en un par de horas, su rostro lucía
agotado, las fuerzas se le habían esfumado... Sus familiares de Lyon
habían sido informados y estaban de camino. Amigos de la familia ya
habían llamado y se habían pasado por allí, prometiendo que estarían
cerca y disponibles a cualquier hora.
Harry clavó su vista en las puertas por las que no habían vuelto a salir los
médicos y rogó, le pidió a la vida que todo estuviese bien. Le pidió ver a su
padre, le pidió a ese mismo que fuera fuerte; que, efectivamente, no les
hiciera eso.19

Cerró los ojos, inspirando hondo por la nariz al notar el calor de su madre
contra su brazo. Al notar un nuevo hormigueo que le calentó la boca del
estómago...93

Y sintió también un apretón más fuerte de ella en la mano que le sostenía.

Y el frío se calmó un poco, sólo un ápice antes de sentir un sabor


amargo.49

Abrió los ojos y miró a la omega, quien le había devuelto una fugaz sonrisa
tras haber permanecido unos instantes con la vista perdida a lo largo del
pasillo. Ella volvió a sostener su mano, de esa forma maternal; innata a
pesar de todo...

Hasta que el inesperado y efímero calor tornó a incómodo. Porque Annette


había vuelto a mirar hacia el final del pasillo y Harry la imitó.29

Él también miró y todo se paró.35

Un pitido en los oídos; su sistema entero deteniéndose.22

Porque todo levitó...

Ilusorio.

Utópico.

No.182

Tanto que tuvo que exhalar con escándalo al quedarse sin aire.
Y negó otra vez. No lo hizo en voz alta, era incapaz, pero su cabeza fue la
que chilló diciendo que no.

No podía ser, eso no... ¿Dónde estaba el autómata? ¿Qué había pasado
con él? ¿Qué había pasado con todo?1

¿Se suponía que la sensación iba a ser la de poder caer de rodillas?

No.20

No podía haber salido así de lo más hondo de sus pensamientos; de los


resquicios de su conciencia. No podía... ¿por qué ahora? ¿Por qué él?2

Negó.

¿Por qué Louis?

¿Por qué era él el que estaba al final de aquel pasillo? ¿Por qué se estaba
acercando a ellos?13

Pareciendo increíble, esa vez fue su madre la que lo sujetó a él.

Marjorie y su hijo caminaban a paso ligero, preguntando a algún celador


que le indicó aquella zona de urgencias. Louis, por su parte, era el que no
levantaba la vista de sus propios pies. Con la misma ropa que llevaba
hacía un rato, sólo se había retirado la gorra para estrecharla entre las
manos. Se aferraba a ella como si la misma fuera un auténtico bote
salvavidas.35

El momento en el que dijo sí, su razón asumió el escenario en el que a lo


mejor él no estaría. Hacía demasiado tiempo que no lo veía ni escuchaba
algo de él. ¿Panamá era el país a dónde se fue?

'Sabes que sí, ¿a quién pretendes engañar?'53


O quizás estaba en Londres, él siempre estaba allí. Quizás se encontraba
de camino, quizás tendría tiempo. No sabía exactamente para qué, pero
quería contar con ese.

—Allí están, Annette y su hijo.

En cambio, no lo iba a tener, y por supuesto, también pudo boquear por


eso. Dejar de caminar, hacerlo aun con la repentina presión que le reinó en
el pecho, pero se siguió acercando, asumiendo el aluvión de sensaciones
que había sufrido desde que su madre le dio la noticia. Le nacía salir
corriendo de allí, pero era otra atracción más fuerte la que lo obligaba a
seguir dando los pasos necesarios mientras retorcía su gorra entre las
manos. Era esa fuerza la misma que le daría en algún momento la voluntad
de alzar el rostro. Tendría que hacerlo.

Porque Harry estaba allí. Iba a ver a Harry.5

Y después de un año y ocho meses, Harry volvería a mirar a los ojos a


Louis.1

Y en tal momento parecía no haber rastros del autómata...2

Manos sudaban y rodillas temblaban. Bocas secas y un hormigueo en la


faringe. Presión en el pecho y el nudo que apretaba en el vientre... El déjà
vu de sin sentidos; el lodo removido, las hojas de libro y el punto de
jengibre. El amargor de un toque a vinagre, quizás de manzana. La guinda
con aquello que picaba; a especias que ardían.7

Louis no levantó la vista del suelo, aun cuando estuvieron a medio metro
del alfa y su madre.1

Una mirada cómplice entre las mujeres, una que hizo que a Annette se le
volvieran a aguar los ojos y Harry se tornara nervioso por eso. Él clavó su
vista en Marjorie, quien le dedicó una mirada cargada de compunción
cuando fue cautelosa al querer acercarse a la omega. El alfa entonces se
puso de pie, luciendo alto e imponente. Con ceño fruncido, garganta seca y
aparente gesto impertérrito.3

Su madre le apretó una vez la mano.

—Harry...6

Su nombre pronunciado fue el detonante para que Louis sintiera sus


extremidades flojas. Para que al fin levantara la cabeza...35

Y una corriente de chispas; un calor que barría al frío y viceversa, como


una marejada caprichosa y embravecida.

Marjorie se había atrevido a pasar junto al alfa para tomar asiento al lado
de Annette, quien recibió el afecto con una sonrisa agradecida, sin apartar
una mano de su cuello. Harry no se había movido.

Louis había tenido que alzar aún más el rostro para atreverse a enfrentarlo,
pues el alfa era facciones duras y chispeantes ojos verdes, con el cabello
anudado en un moño en la coronilla; enfundado en el mismo traje negro
que había lucido durante todo el día. Y el omega en cambio era un cabello
que lucía algo más despeinado a causa de la gorra, más corto que hacía
tiempo. Los mismos rasgos pulcros, con nariz pequeña y labios finos. Ojos
claros y añiles enmarcados en pestañas cortas y cejas que siempre lucían
naturalmente peinadas. Llevaba una camiseta azul marina de cuello
redondo que parecía realzar todo aquello. Sus manos seguían perdiéndose
en las mangas de las chaquetas que vestía...81

Así que Harry inspiró, notando aquel aroma con el que tanto había
fantaseado invadiéndolo. Porque las dos miradas se encontraron; chocaron
como en un accidente imposible de predecir, manteniéndose en silencio.
Fueron incapaces de pronunciar vocablo al ser presas del ritmo
descontrolado de los latidos que mandaban, como si no hubiera pasado
tanto tiempo, pero a la vez sí, identificándose vagamente con quienes se
conocieron e interactuaron en el pasado. Ambos estaban cambiados, como
si fueran otros.5

Porque Harry y Louis lo eran, mas no sus Alfa y Omega.87

—¿Cómo está? —habló Marjorie, sobando la espalda de Annette, quien


sólo negó.

—Aún no han salido a decirnos algo.

—Verás que pronto lo harán.

—Oh, gracias por venir, Marjorie...

Harry actuó como movido por un resorte cuando volvió a percibir el quejido
que aquella declaración le supuso a su madre. Quiso volver a sostenerla,
pero una tirantez más grande le molestaba en el centro del vientre. Notaba
que en sus hombros había caído un saco de toneladas de ladrillos. Su alfa
únicamente quería gruñir por lo bajo ante el desconcierto.

Porque Louis, por su parte, siquiera podía entreabrir sus labios secos.

—¿Familiares de Patrice Styles?39

Los cuatro giraron ante el llamado de un hombre joven y de bata blanca, de


hecho, fue Harry el primero que llegó hasta él dando dos zancadas.
Annette también se levantó, ayudada por Marjorie. El alfa no dudó
entonces en sostener a su madre con posesividad, conteniendo el bufido
que quería lanzarle al médico que permaneció callado.4
—Por favor, cómo está... —gimoteó Annette, haciendo que su hijo
definitivamente gruñera.

El recién llegado asintió.

—Al paciente se le ha sometido a un procedimiento endovascular para


dilatar las arterias obstruidas y restablecer el flujo sanguíneo. Hemos
esperado a su evolución y me es grato comunicarles que la misma es
favorable... Patrice ha respondido bien a la intervención aunque debe
seguir en observación.128

Harry tuvo que sujetar más fuerte a su madre cuando a la misma le fallaron
las piernas tras soltar un sonoro resoplido. Fue como si el peso se
esfumara y el nudo aflojara. Llorar ante las buenas noticias... Ante la
presión de las horas de anhelo. El alfa también suspiró, cerrando los ojos
con fuerza, dando gracias mientras experimentaba aquella tranquilidad, el
repentino sosiego...

Patrice era fuerte, sabía que saldría de aquella. Tenía que ser así.

—¿Podemos verlo? —consiguió articular Annette tras sorber por la nariz,


con las manos aferradas al agarre de Harry.

El médico pareció pensarlo un momento.

—Sólo una persona y únicamente cinco minutos. Pasará la noche vigilado


hasta ver cómo evoluciona mañana.

La mujer asintió frenética.

—Irá mi madre —dictaminó Harry de inmediato—. ¿Estás bien? ¿Puedes


ir?
—Sí. Claro que sí. Es lo único que quiero y puedo hacer en estos
momentos.

El alfa volvió a gruñir por lo bajo cuando el médico posó una mano en la
espalda de Annette para ayudarla. Las normas eran estrictas, sólo uno
podía cruzar aquella puerta que él miró con inquina cuando su madre se
perdió tras ella después de regalarle una caricia en el rostro.

—Estará bien. Seguro que tu padre se recuperará.

Harry dio un respingo al escuchar a Majorie, quien lo miraba con sonrisa


amable y ojos sinceros. Él asintió.

—Muchas gracias, de verdad.

Ella tragó saliva, mirando de reojo a su propio hijo, quien había


permanecido estático a dos pasos de ellos. Había observado toda la
escena con semblante nervioso.

Hasta que Harry lo volvió a observar.3

Louis luchó con sus cuerdas vocales, con ser capaz de pronunciar algo,
aunque fuera separar los labios, pero todo parecía más fuerte que él.7

—Voy a por... unos cafés —comentó Marjorie, haciendo que los dos más
jóvenes la miraran de inmediato—. Harán bien. Vuelvo enseguida.61

Louis hincó la vista sobre la mujer cuando esta pasó junto a él, dejándole
una caricia fugaz en uno de sus brazos. Su madre no tardó en perderse a
lo largo del pasillo por el que hacía unos momentos ambos habían llegado.
Así que el omega, por primera vez, pudo temblar.

Estaba en el mismo espacio con Harry. Estaba a solas con Harry.29


Y había hecho de todo menos eso a lo que supuestamente fue; porque en
ese mismo momento también se preguntó qué fue exactamente a hacer
allí...

El alfa, por su parte, se dejó caer en los asientos que hacía un rato
ocupaban. Cuando Louis volvió a sentir su mirada sobre él, contuvo la
respiración al imitarlo, tomando asiento a su lado.

A Harry no le habían dejado de exudar las palmas de las manos, en ningún


momento.

—N-no te esperaba...43

Su voz sonó grave, y siendo sincero consigo mismo, siquiera había sido
consciente de lo que había pronunciado.

Louis, irremediablemente, notó una corriente de chispas en su espina


dorsal.

—Me lo dijo mi madre y... quise venir. No sabía si ibas a estar.

El omega tampoco era muy consciente de si eso era lo que de verdad


quería contestar.

—Volví hace tres semanas, más o menos.

Louis sólo asintió, atreviéndose a mirarlo a los ojos. Estaba demasiado


cambiado, pero seguía siendo Harry... Los mismos ojos de Harry. El mismo
olor de Harry. Fuerte, seguro, imponente...

Era Harry siendo él; siendo alfa.3

—¿Cómo estás? Digo, tu padre mejorara. Seguro.


—Sí, él es fuerte, yo lo sabía... Nos dio un buen susto. —Notó cómo el
omega pasaba saliva, jugueteando con la gorra que aún sostenía en las
manos—. Gracias por venir, Louis.

Su nombre le hormigueó entre los labios y el aludido también vivió la leve


sacudida.5

Y le hubiera dicho más, quizás un de nada o que no tenía por qué


agradecer, quizás una tregua en la que buscar las palabras adecuadas,
pero el alfa se levantó de inmediato y él inconscientemente lo imitó cuando
la puerta frente a ellos se volvió a abrir y Annette apareció, abrazándose a
sí misma con ojos húmedos.3

—Mamá —musitó Harry, controlando su fuerza para rodearla con cuidado


con sus brazos.

—Lo vi. No está consciente y lo tienen enchufado a cantidad de cables y a


una máquina escandalosa, pero dicen que es normal. Dicen que hay que
esperar. Que mejorará.

Harry volvió a lidiar muy rápido con aquella presión en el pecho. Su madre
se había vuelto a echar a llorar.

—Claro que sí. Lo hará.

Marjorie apareció entonces junto a ellos, con una bandeja de cartón donde
portaba cuatro cafés. Annette le agradeció con la mirada el gesto,
buscando su mano para recibir un leve apretón. Louis sonrió nervioso
cuando la mujer también lo miró a él.

Volvieron a tomar asiento, hablando poco, sólo lo hacían las omegas entre
ellas. Annette ya no se cubría con recelo la marca de su cuello y resoplaba
tranquila mientras calentaba sus manos con el vaso de café.
Harry no pronunció vocablo y Louis tampoco; él sólo observaba.9

Fue Marjorie la que al cabo de un rato anunció que se marcharían cuando


Harry pudo convencer a su madre de que fueran a casa a descansar. Ella
se negaba a alejarse de allí donde estuviera su alfa, pero entró en razón
con que necesitaba una ducha y comer algo para poder pasar el día
siguiente también allí.

—Adiós —musitó Louis cuando su madre ya se hubo adelantado.

Harry entonces alzó el rostro.

—Adiós —contestó tras haber apretado sus labios.77

Dio por hecho que el torrente de sensaciones mermaría cuando el omega


tomara distancia, mas no pasó. Su pecho seguía latiendo igual de furioso,
el nudo se enroscaba con más fuerza aun viendo cómo se alejaba por
aquel pasillo en el que, contra todo pronóstico, Louis se giró un momento
para dedicarle una última mirada.

115

...

Era la tercera vez que iba a buscar el mismo neumático, se había


equivocado en dos ocasiones en el tamaño. Bufó arrastrando la pieza
correcta hasta su puesto de trabajo, retirándose el sudor de la frente
cuando tomó las herramientas necesarias para trabajar.1

—Chaval, hoy estás en las nubes, ¿eh?40


Puso los ojos en blanco al escuchar la socarronería de Paul. El beta
portaba con agilidad una moto y paró a su lado mientras le sacaba brillo a
uno de los espejos retrovisores de la misma.

Louis se limitó a mirarlo de reojo, mientras aflojaba los tornillos de la rueda


que se disponía a cambiar.

—No estoy en las nubes.20

Su compañero rió.

—Como tú digas...

Paul dio media vuelta. Antes de dar un paso Louis lo frenó.

—Paul —llamó—, ¿podrías hacerme hoy un favor?

El beta enarcó una ceja divertida antes de volver a mirarlo.

—Dispara.27

El de ojos añiles largó un suspiro tras mordisquearse el labio inferior.

—¿Podrías cubrirme? Me gustaría salir media hora antes y no quiero estar


llamando a Robert, quizás lo molesto y...29

El beta entonces hizo un ademán con la mano, asintiendo. Hoy su jefe no


pasaba el día en el taller.

—Así que salir antes, ¿eh? Pillín... Está bien, sólo me debes una par de
cervezas. Media hora es un trabajazo.23

Paul le guiñó un ojo al hablar, la exageración era fiel a su personalidad.


Louis rió.

—Hecho.
El beta no dudó en dar media vuelta para seguir con el trabajo y Louis hizo
lo mismo para volver a su arreglo. Le quedaban menos de cuarenta
minutos para su nueva hora de salida.

Y eso hacía que, irremediablemente, volviera a sentir el hormigueo.

Iba a ir de nuevo al hospital, se presentaría allí sólo un momento para


preguntar por el estado de Patrice.

Sólo eso. Nada más.50

La noche anterior le había costado conciliar el sueño, había sentido todo


como una ola de sensaciones que lo dejó a la deriva. La realidad de
reencontrarse con Harry superó a cualquier idea vaga que pudo llegar a
hacerse en un corto periodo de tiempo. Encontrarlo tan diferente pero aun
así reconocerlo; las cuatro palabras que cruzaron... Quizás consultarlo con
la almohada lo ayudó a ver todo con mayor raciocinio, pues no debía ser
para tanto verlo, había pasado bastante tiempo desde la última vez, había
llovido demasiado desde entonces. Ambos ya no parecían lucir los mismos;
Harry ya no era un simple universitario, se le veía profesional, con un
aspecto renovado, maduro... El propio Louis consideraba que él tampoco
era el mismo, aunque precisamente no vistiera trajes. Él seguía siendo fiel
a su estilo, pero se sabía bastante distinto al de hacía casi dos años.26

Lavó sus manos concienzudamente una vez estuvo delante del lavamanos.
Le llevó un rato retirar toda la grasa de los dedos y de bajo las uñas cortas.
Con la misma espuma de la pastilla de jabón se lavó el rostro y el cuello.
Se peinó con las manos el cabello revuelto y se cambió la camiseta por
una que siempre tenía de repuesto en su taquilla. Si optaba por pasar
antes por casa no le daría tiempo a todo. Aquello tendría que valer.
Confiaba en estar medianamente presentable.6
Se despidió de Paul y algún compañero más cuando se llevó su mochila al
hombro y salió del taller. Ese día haría una excepción y tomaría un taxi
hasta el hospital, pues no le salía tan a cuenta ir andando.

Repasó mil veces lo que podía decir al llegar, asumiendo que todo debía
resumirlo en un simple concepto; normalidad. Le interesaba de verdad el
estado de Patrice, algo inexplicable le exigía que calmara la incertidumbre.
Le había afectado sentir a Annette en aquel estado, era algo innato en su
naturaleza, no lo podía controlar. Le había pasado lo mismo al percibir el
imponente aire de protección de Harry para con ella.1

Sí, durante todo el trayecto en taxi buscó mil formas de darle una
explicación a aquella necesidad de ir al hospital. Sin embargo, cuando se
bajó del mismo y se dispuso a entrar en el edificio, supo que simplemente
no la tenía del todo forjada.

El mismo pasillo de paredes color crema, esa vez algo más concurrido por
todo tipo de enfermeros y algún paciente... Se aferró entonces a las asas
de su mochila, encogiendo los hombros a cada paso que daba. Iría a la
misma sala que la noche anterior y sino probaría a preguntar en el
mostrador de información o...

—¿Louis?

Pero contra todo pronóstico, frenó en seco. Lo habían llamado y había


reconocido aquella voz. Cómo no... Era la mismísima de Harry.47

Harry estaba en aquel mismo pasillo, sacando un café de la máquina


expendedora. Iba tan centrado en su camino que ni siquiera fue consciente
de que se lo había topado.

Se tuvo que morder con fuerza el labio inferior al girar a mirarlo.


Sí, era el alfa, con un pantalón vaquero, camiseta básica blanca y sobre la
misma un abrigo oscuro que le llegaba a la altura de las rodillas. Su cabello
recogido en un moño igual al de la noche anterior... Esa vez, lucía también
algo ojeroso.3

Louis contuvo un momento la respiración.1

—Hola... ¿qué tal? Yo... venía a ver qué tal estaba tu padre. ¿Tú cómo
estás?

El omega se mordió la lengua en dos ocasiones mientras hablaba. Apretó


las asas de su mochila con más fuerza cuando el alfa ladeó el rostro al
oírlo.

De todas las personas con las que esperaba encontrarse, Louis no estaba
en la lista. Y a un rumor en su pecho eso no le molestaba en lo absoluto.

—Yo bien. Mi padre... —Suspiró, esbozando una media sonrisa—. Está


mejor. Han dejado entrar a mi madre y está con él. Todavía no se
despierta, pero los médicos dicen que se va a recuperar y que tendrá que
cuidarse mucho.

El omega no fue consciente del repentino paso que dio hasta acercarse a
él.

—Oh, eso es genial. Me alegro muchísimo, Harry.

Su nombre también le pudo quemar en los labios.

—Gracias, Louis. De verdad, gracias por venir y preocuparte.

El aludido sólo tragó saliva.

—No es nada.1
Harry hundió las manos en los bolsillos de su abrigo, olvidándose incluso
del café que se disponía a sacar. Había concebido las últimas veinticuatro
horas como surrealistas, desde el susto que le dio su padre viéndolo
tendido en el suelo hasta la desazón que vivió con el estado de su madre.
Jamás se había sentido tan perdido y sobrepasado... Jamás si a todo eso
encima le sumaba la repentina presencia del omega; el que se atrevía a
irrumpir en esa parte de su vida que tenía archivada.11

Y como siempre, venía a poner todo patas arriba, dejando atrás las
trincheras, los silencios... ¿Acaso debía olvidar todo lo que pasó? Era
surrealista, tan surrealista verlo nervioso frente a él... Con su aroma
particular, con aquella manía de no poder dejar las manos quietas. Su
mochila no había dejado de subir y bajar en su espalda.5

—¿Quieres ir a comer? Creo que mi cuerpo no tolera más café.13

El de ojos añiles dio entonces un respingo al oírlo.

—¿A comer?1

—Sí. A la cafetería del hospital, tampoco quiero ir lejos. Si te apetece,


quizás podemos hablar...

Hablar.30

Louis soltó de golpe las dos asas de su mochila.

—Sí, está bien. Me parece bien.

Harry contuvo un suspiro antes de hacerle un ademán con la mano,


invitando al omega a que pasara primero.2

'Vas a ir a comer con Harry. Vas a hablar con Harry'88


Ambos optaron por unos sándwiches ya envasados y unos zumos de frutas
del self-service de la cafetería. Louis había fruncido el ceño al ver una
pasta de judías y Harry igual con unos refritos recubiertos de demasiado
aceite.14

Al omega fue al que le tocó elegir con torpeza una mesa alejada del bullicio
del resto de clientes. Cuando ambos tomaron asiento frente al otro, Louis
notó que se le fue todo apetito mientras Harry se veía todavía en la
necesidad de dejar escapar demasiados suspiros contenidos.3

Y sin remedio, los dos sonrieron cuando Louis derramó un poco de zumo al
abrir su envase. Harry enarcó una ceja, pasándole un par de servilletas.23

—Gracias. —El menor se sonrojó, tras haber limpiado la mancha en la


bandeja—. ¿Crees que esto estará bueno?1

Harry únicamente se encogió de hombros.

—No sé. La verdad es que tampoco tengo mucha hambre.

—Yo tampoco —repuso el otro, encontrándose con la mirada verde que lo


aguardaba.

Y otro escalofrío.

Hablar.

—Y... —carraspeó de nuevo Louis—. Bueno, así que has vuelto, ¿eh?43

Harry dejó escapar un enésimo resoplido. Francamente, agradeció la


iniciativa por parte del otro. Se sentía algo agotado, también torpe...

—Sí, al final estuve un año y medio fuera. —Mordisqueó su labio inferior—.


No sé si recuerdas que en principio era un año, pero me ofrecieron un
contrato y bueno... Ahora he vuelto y trabajaré con mi padre.
El omega asintió. Sí que recordaba aquel detalle, mas no se lo hizo saber
directamente.

—Estás... cambiado.49

Sorpresivamente, Louis no dejaba de pensar en cómo se vería sin aquel


moño que ahora lucía. Por dónde le llagaría el pelo... Era lo que más le
llamaba la atención.36

—Tú también —contraatacó el mayor—. Te veo distinto.

Louis optó entonces por vagar la vista por algún punto de la mesa.

—Estoy trabajando...

—¿Ah, sí?

—Sí, pero no en el supermercado ni nada de eso. Lo dejé hace bastante.


Terminé mi curso y estoy en un taller. Soy mecánico.16

El alfa no pudo disimular una sincera expresión de sorpresa.

—¿En serio? Eso es genial. Es lo que querías. Me alegro mucho por ti,
Louis.1

El calor no tardó en aparecer en las mejillas del otro.7

Sus miradas volvieron a conectar, como un imán titubeante. Louis notaba


que debía mantener demasiados suspiros... Porque era estúpidamente
increíble aquella sensación; lo fácil que siempre sería con Harry, quien por
su parte se encontraba riéndose de sí mismo.8

Apenas dos frases y aquella mirada azul para echar todo por tierra... Tenía
frente a él a su tema tabú, a su máximo dolor de cabeza. Meses en otro
continente, forjando un nuevo día a día en otra ciudad, en conocer en
gente, en intentarlo con ellas para al final volver a Plymouth y sentir todo
como si nada...23

El sentir normal que le siguieran temblando las canillas por quien tenía
frente a él.6

Parecía irreal el rendirse así con su propia voluntad. Tenía la necesidad de


burlarse de sí mismo por ello.

—¿Te vas a quedar en Plymouth? —cuestionó el menor tras humedecerse


los labios.

—Sí, una temporada. Más o menos hasta finales de año o quizás más.
Ahora no dejaré a mi padre solo.

El otro de inmediato asintió.

—Claro.

Harry chasqueó la lengua, removiéndose apenas en su asiento.

—Louis... —Los ojos del alfa serían capaces de llegar a enfilar los del
otro.20

—¿Sí?

—Me ha gustado verte. Que vinieras.1

El río de sensaciones no pasaba desapercibida por el omega. Le atacaba


en el centro del vientre, incluso en la yema de los dedos...2

Tan fácil...14

—No podía no venir, Harry.

Quiso tocar un tema que todavía escocía y quizás precisamente por eso no
halló las palabras adecuadas. Recurrir a que fue el sentimiento de empatía
el que lo abrumó; el imaginar que tan sólo rozara aquello que fue sin
remedio su realidad. Si a Patrice le hubiese pasado algo grave... Prefería
no pensarlo, pero inexplicablemente, era eso mismo lo que le decía que
debía estar para él, de la misma manera en la que Harry estuvo en su
momento a la inversa.

Louis pretendió abrir la boca, no sabía exactamente para decir qué, pero el
teléfono sonando del mayor los sobresaltó a ambos. Harry dejó de
observarlo para rápidamente contestar la llamada. Era de Annette...

—¿Sí? —cuestionó Harry, con la mirada curiosa del omega sobre él—.
¿Qué? ¿Cuándo? —Un breve silencio—. Pero, ¿está bien? ¿Ahora? —
Louis no podía dejar de removerse en su asiento, con ceño fruncido—.
Vale, voy para allá.

Cuando el alfa colgó, su semblante parecía contraído. Louis no dudó en


cuestionarle, sintiendo el apuro de la confusión.

—¿Qué pasa?

Harry lo miró después de haber perdido por un instante la vista en algún


punto.

—Mi padre se ha despertado y ha preguntado por mí. Quiere verme y los


médicos han dicho que sí.

Louis entonces no pudo disimular unos ojos abiertos de par en par.

—¡Eso es genial!

—Sí —comentó el mayor con torpeza, levantándose de la silla que


ocupaba, con el teléfono móvil todavía en la mano—. Sí, debo ir.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó el omega, sin pensarlo
demasiado, poniéndose de pie también a su lado.62

Harry no dudó en mirarlo de frente, exhalando, disimulando incluso el


comienzo de una tenue sonrisa.

—Sí.37

Ambos tomaron el ascensor para llegar lo más pronto posible a aquella


zona del hospital, habían dejado incluso la comida intacta. Louis no podía
despegar los ojos de la figura de Harry, quien lucía extremadamente
inquieto. Se mordisqueaba más de la cuenta el labio inferior y parecía no
saber muy bien qué hacer con las manos.5

Cuando llegaron, Annette los recibió con una sonrisa casi radiante. La
mujer parecía haber recuperado todo color en el rostro, la de la noche
anterior era sólo una sombra de aquella. Louis sonrió.

—Puedes entrar, cielo. Una enfermera te guiará dentro.

El alfa asintió nervioso, quitándose el abrigo para dejárselo a su madre,


pues había notado un repentino calor. Agradeció la caricia de ella en su
espalda y dejó escapar un sonoro resoplido antes de dar media vuelta. Se
adentró en aquel pasillo donde lo esperaba una enfermera, tras sentir un
cálido cosquilleo en el fondo del estómago cuando se cruzó con la mirada
de Louis. Cuando también le sonrió...21

El pasillo era más estrecho tras la puerta que el día anterior se había
pasado horas observando. Lo habían hecho caminar por él hasta llegar a
una zona donde le obligaron a lavarse las manos y vestir un gorro y una
especie de delantal de papel y cuerpo entero color azul.5

—Intenta no tardar mucho, necesita descansar.


Harry de inmediato asintió, con labios prensados y un nudo que le
comenzaba a apretar el vientre. La enfermera se alejó tras abrirle la puerta
corredera en la que de inmediato entró. Un olor fuerte inundó sus fosas
nasales y el pitido de una máquina le hizo pestañear.

Su padre estaba allí, con cantidad de cables conectados, tal y como ya


había advertido su madre. Notó también otro nudo en la garganta cuando
Patrice ladeó el rostro y lo miró, dibujando una sonrisa leve en su
semblante.

Harry se apresuró a llegar hasta él, sintiendo una picazón en los ojos.

—Papá...

No tardó en tomar sus manos entre las suyas. Patrice las tenía heladas,
pero eso no había mermado su sonrisa. El ojiverde podía sentir que las
piernas le fallarían en cualquier momento.

—Hijo... ¿cómo estás?

—¿Cómo estoy yo? Más bien cómo estás tú, papá. Nos has dado un susto
enorme.

El hombre se limitó entonces a chasquear la lengua. Era más que evidente


que sus movimientos eran pesados.

—Lo sé, lo sé. Lo siento. Vaya hotel de cinco estrellas me he buscado,


¿eh?

Harry intentó reprimir una sonrisa.

—Eres increíble...

Quiso incluso reír, pero el nudo en la garganta le apretaba cada vez más.
Su padre volvió a observarlo.
—Hijo, creí que... No lo contaría. Cuando sentí el dolor en el brazo pensé
que era el final.

Harry de inmediato negó.

—No. No digas eso, papá.

Pero fue su padre el que lo acalló con un siseo.

—Y quizás lo sea, Harry, por primera vez me encuentro débil, siento


que...30

—Que no, papá, deja de decir eso —volvió a interrumpir su hijo, negando.
No quería oírle decir eso. Eso no—. Es normal ahora, pero vas a estar
bien, los me-

—Sólo escúchame un momento, Harry —intervino esa vez su padre. El


menor apenas atinó a tomar una angustiante bocanada de aire—.
Escúchame... Cuando sentí el dolor en el brazo y la punzada en el pecho,
mientras me quedaba sin fuerzas, viví eso de que sólo se me pasó por la
cabeza las cosas importantes. En ese momento, quienes me vinieron
fueron Annette y tú. Vi la sonrisa de tu madre y con eso te juro que me
podía llegar a ir en paz... Luego te vi a ti y no sé si lo soñé todo este
tiempo, pero cuando cierro los ojos sólo te veo en un momento concreto,
cuando tenías unos quince años. —Harry únicamente frunció el ceño, pero
lo dejó seguir—. Hay algo que no te he contado.15

—¿Qué? —balbuceó el aludido.2

Patrice tuvo que tomar aire varias veces antes de proseguir.7

—¿Recuerdas la primera vez que probaste el champán? Ese es el


momento con el que he estado soñando. —Su hijo asintió vagamente.
Seguía sin comprender—. Hace un tiempo atrás me di cuenta de que en el
mueble de la entrada no estaban las llaves de la casa de la playa. Tú
siempre tuviste una copia, pero de repente la otra desapareció. —Justo en
ese momento, el ojiverde notó todo su cuerpo helarse—. Un día decidí ir a
la casa para ver qué ocurría, quise hacerlo antes de preguntarte
directamente, pero nunca llegué a entrar porque vi tu coche y una moto
aparcada fuera.201

Harry se sentía boquear, su cuerpo entero había comenzado a temblar...

—P-puedo explicarlo, papá...67

Pero Patrice negó, una vez más.

—Escucha... Cuando probaste aquel champán por primera vez yo te dije


que estaba seguro de que algún día encontrarías a la omega indicada,
¿verdad? —Harry asintió, con una picazón cada vez más latente en los
ojos—. Pero a ti no te gustan las omegas, ¿no es así? A ti te gusta el hijo
de los Tomlinson.185

Harry no pudo responder, sentía que si lo hacía dejaría escapar un


gimoteo. Notaba que se asfixiaba.

—Harry, cuando creí que era el final pensé en la sonrisa de Annette, pero
todo este tiempo también me he atormentado con la tuya. Tu madre tiene
razón, ¿verdad? Soy un chapado a la antigua porque cuando descubrí eso
no lo quise aceptar, quise confiar en que sería otra cosa, en que sería algo
pasajero... Pero luego el padre de Louis falleció y vi cómo tu alfa estaba
totalmente sometido a lo destrozado que se encontraba ese omega. Vi
cómo me sentiría yo si viera a Annette sufrir de esa manera... Y lo siento,
Harry, siento ser el viejo que se da cuenta de esas cosas cuando parece
que la vida le da la última oportunidad. Porque justo antes de perder el
conocimiento me di cuenta de que lo único que quería si dejaba este
mundo era que tú fueras feliz con quien [Link] eres un muchacho
excepcional y quien elijas para que esté a tu lado también lo será.309

Patrice apoyó la cabeza en la almohada tras largar un suspiro al terminar


de hablar. Harry no se había movido de su posición, notando el nudo en la
garganta más grande; la presión en el pecho más fuerte.

Daba por hecho que había decepcionado a su padre, pero... Él quería que
fuera feliz. Quería que lo fuera porque en parte estaba seguro de que se
iba a marchar. Para siempre.12

—G-gracias por esto, papá, pero... yo soy feliz, ¿de acuerdo? Y mamá y yo
necesitamos seguir siéndolo contigo. No quiero que pienses que estás
débil porque vas a estar bien... Por mamá, hazlo por tu omega. Si tú te vas
ella lo hará detrás de ti y si vosotros lo hacéis yo entonces no sabré seguir.
Soy todavía un crío, papá, me tienes que enseñar muchas cosas, me
tienes que enseñar a vivir...73

Patrice cerró los ojos con fuerza cuando Harry se abrazó de súbito a su
pecho. Quizás no hacía eso desde que tenía ocho o nueve años.1

En ese momento sí que pudo sentir que su corazón latía con fuerza.

—Mi chico... —murmuró—. Tengo que salir de esta por vosotros. Sólo por
vosotros la vida merece la pena.19

Fue al cabo de unos minutos cuando la enfermera irrumpió, anunciando


que la jornada de visitas debía cesar por ese día. Patrice había asentido
agotado y recibió con gusto un beso en el dorso de una de sus manos por
parte del menor. Un intercambio de miradas entre padre e hijo donde
pudieron llegar a resumir aquella sincera conversación...
Se necesitaban y Patrice pondría toda su voluntad para seguir allí. Y Harry
así comenzaría a ser feliz...9

Se deshizo de aquellos ropajes de papel, agradeciendo a la enfermera que


le indicó de nuevo la salida. Se sentía mareado, colmado de emociones. El
nudo al final de su garganta no había cesado y sus ojos seguían secos
aunque cristalinos.

Cuando salió al pasillo seguía sintiéndose incapaz de levantar la vista del


suelo.

—Hey, ¿qué tal? Annette, digo, tú madre salió un momento porque llegó la
mía y... —Louis calló de inmediato cuando vio que el otro no se movía de
su posición—. ¿Harry? ¿Estás bien? ¿Pasó algo?

Louis estaba allí, se había quedado...86

El alfa negó con la cabeza, sin dirigirle aún la mirada.

El omega frunció el ceño al notar una agitación en su propio pecho al


querer analizarlo. Aun guardaban la distancia, pero la misma se vino abajo
cuando Harry por fin alzó el rostro, luciendo sus ojos verdes aguados;
labios apretados y una expresión más que compungida. Justo en ese
momento, el omega dio un paso histérico hasta acercarse a él, con el
corazón en un puño y una repentina punzada que también se alojó en sus
sienes.49

—Harry, ¿qué pasa? ¿Tu padre no está bien? ¿Llamo a alguien?

El ojiverde de nuevo, únicamente negó.

—Está bien. Él está bien. Va a mejorar, pero...1


Louis no podía abrir más los ojos mientras lo observaba; mientras la
confusión y el desespero lo consumían.

—¿Qué?

Y una nueva mirada que cayó sobre él como una lanza.

Los ojos del alfa lo buscaron en el momento que se cruzó de brazos para
sostenerse a sí mismo. El menor sintió el cosquilleo en la espina dorsal, el
rechazo hacia las lágrimas que acumulaba el otro en sus orbes. ¿Por qué
lloraba? No le gustaba.23

—Pero tuve miedo. Creí que... dios, Louis. No, no... —Su voz
entrecortándose. Las lágrimas a punto de derramarse—. ¿Cómo superaste
esa angustia? ¿Cómo lidiaste con el miedo? No me imagino cómo tú... Si...
Oh dios, lo siento mucho. No debería haber dicho eso. Yo sólo, sólo...

Sólo era que no se había derrumbado. El alfa se había mantenido como un


pilar para su madre, para él mismo, pero tras la conversación con Patrice
toda aquella entereza se desarmó como una mismísima torre de naipes.

Él también tenía derecho a tener miedo, a necesitar caer por un

momento.

—No te preocupes, está bien, no pidas perdón... Tranquilo. —Louis sentía


que no sabía qué hacer con las manos. Aquella confesión le había
quemado bajo la piel, lo había removido hasta sacudirlo—. Has estado bajo
mucha presión, tranquilo. Desahógate...28

Y fue Harry quien entonces ahogó un sollozo, ocasionando que el omega


se acercara a él todavía más histérico. Los preciosos ojos de Harry
parecían una pintura de acuarelas y el Omega de Louis era el que quería
jadear de impaciencia por ello.44
Harry derrumbado. Aunque lo necesitara acababa de descubrir que eso era
demasiado para él, pues el propio Louis no era el único que actuaba ante
eso.

Una corriente eléctrica fue capaz de sintonizarlos cuando las manos del
omega viajaron hasta el rostro del otro, borrando con sus dedos el rastro
de las lágrimas. Sintió como el cuerpo enorme del alfa se relajaba con el
simple toque; que con ello llegaba a reprimir incluso una sacudida. Harry lo
lograba enfocar como si todo a su alrededor se hubiera desvanecido, como
si no existiera nada más.116

Y lo tocó, Harry apretó ambos puños, encerrando en ellos parte de tela de


la chaqueta del omega, consiguiendo así pegarlo a él. Louis, en completa
sumisión se dejó. Dio los pasos necesarios para que su cuerpo se pegara
de lleno al del otro.148

Todavía sostenía entre sus manos el rostro del mayor, quien


irremediablemente se había tranquilizado, luciendo una mirada aguada,
mas sin lágrimas que le bañaran el rostro. Louis no sabía qué estaba
haciendo ni qué estaba pasando, se encontraba perdido en el olor de
Harry, en aquella sensación que volvía todo un poco más seguro.4

Porque Harry mordió con fuerza su labio inferior y Louis contuvo la


respiración cuando el alfa llevó el rostro a su cuello y aspiró, llenándose de
él, abrazándolo en un acto totalmente involuntario.198

Porque Louis se volvió a dejar, cerrando los ojos y conteniendo un jadeo


que le podría haber llegado a estremecer entero.9

'Te necesito aquí'56

'Estoy aquí'
Abril, 2010
Dos semanas después16
Se había pasado las manos por la cabeza hasta chocarlas con el moño de
la coronilla ya dos veces. La americana negra que llevaba estaba
desabrochada. Camisa blanca y pantalón pitillo negro. Unas botas del
mismo color que acababan en punta...8

Una mano en la cintura mientras daba otra vuelta, con un teléfono móvil
pegado a la oreja.6

—No, no, como comprenderá mi padre no podrá acudir a la reunión de la


semana que viene. —Puso los ojos en blanco—. ¿A la de la siguiente?
¡Pues tampoco! Él ha... —calló, apretando los labios un momento—. Ya, sí,
pero... Sí, yo en ese caso me podría responsabilizar, pero... —
Definitivamente, tuvo que apartarse un momento el aparato de la oreja—.
Sí, está bien, envíemelo mejor por email. Bien, gracias.

Colgó la llamada, soltando un sonoro resoplido mientras miraba al techo.


Quizás era la sexta o séptima que había atendido esa mañana. Llevaba
desde las ocho con dos teléfonos móviles en las manos.

Su padre... Él había tenido la fantástica idea de entregarle el suyo para que


pospusiera citas y diera algún tipo de explicación más personal que el trato
que daría su secretaria con respecto a su ausencia. Styl no se iría a pique
si Patrice no estaba unas semanas al mando, pero evidentemente el alfa
era incapaz de pensar lo mismo.10

Por alguna razón que en ese momento olvidó, Harry aceptó la petición de
su padre. Sólo sería contestar algunas llamadas cordiales, disculparlo...
pero nada más lejos de la realidad. Todo eran solicitudes de reuniones,
cancelaciones de vuelos, reservas de hoteles, re programar juntas que sí
se debían celebrar... El ojiverde sentía que no daba abasto.

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bibliotecario misterioso que intenta protegerlo de la noche.
////
warnings: adicciones, tortura, muerte, angst, etc
parejas: larry , liamxdanielle (se imaginan lo viejo que es este fic), insinuaciones de ziam

Dio un respingo cuando el móvil de su padre volvió a sonar. Giró sobre sus
talones, dando un gracioso paseíto por los pasillos de la sala de espera del
hospital. Ya iría por el tercer tono y era un número que le sonaba ya haber
atendido.

—¿Y si lo dejo sonar? —pronunció quejoso, en voz alta.15

—¿Ya hablas solo?76

El alfa se volteó hacia la voz que había hablado de repente a sus espaldas.
La había reconocido.

Sonrió. El móvil dejó de repicar.

—Louis... Hola. Eh... sí. —Sus hoyuelos marcándose mientras se rascaba


nervioso la nuca—. Creo que me voy a volver definitivamente loco.5

El omega sonrió, enterrando las manos en los bolsillos de su sudadera. Su


mochila, como siempre, le colgaba en la espalda. Ladeó el rostro antes de
volver a hablar.14

—¿Mucho trabajo?

Harry optó por largar un suspiro.

—Bastante. Mi padre decidió que era una buena idea dejarme al mando de
su teléfono para que pospusiera reuniones y... Dios, es agotador.

Louis rió, sin apartar la vista de la expresión del mayor.

—¿Es cansado ser el jefe, eh? —Ambos se tuvieron que burlar del
comentario—. ¿Patrice cómo sigue?
—Pues se queja bastante de que la comida está sosa y que un yogurt no
puede ser considerado postre. —Se encogió de hombros—. Y mi madre lo
pilló esta mañana a punto de comerse una galleta cuando debía ir a
hacerse un análisis de sangre, así que... Creo que está bastante bien. Da
guerra. Amargado también porque lo han mandado a bajar de peso y hacer
ejercicio. Y a trabajar menos... No sé qué lleva peor.2

Louis no pudo controlar que sus comisuras se volvieran a curvar. Rió sin
pena cuando Harry también lo hizo, negando con la cabeza ante las
ocurrencias del mal enfermo de Patrice.16

Lo habían pasado a planta hacía tres días y los médicos habían jurado que
estaban satisfecho con su evolución. Tener una habitación propia y
cuidados por parte de todos lo había comenzado a animar. Tomaba una
estricta medicación y debía hacer caso a cada una de las indicaciones de
los profesionales. Su familia se estaba encargando de ello.

—Sin duda eso suena a que está mucho mejor. Sobre todo lo de comerse
galletas a escondidas...22

Harry se llevó una mano al rostro de sólo recordarlo. Los gritos y la


reprimenda de Annette fueron colosales. Se podía decir que a Patrice
todavía le duraba el refunfuño por ello.2

—Sí... —terminó de reír Harry, sin desclavar la vista del omega—. ¿Y tú


qué tal?4

Louis hizo aquella manía de juguetear con las asas de su mochila.41

—Bien, entro en un rato a trabajar, ya sabes...

Harry de inmediato asintió. Sí, sí que había llegado a saber... Desde la


última vez, Louis se había presentado en más de una ocasión en el
hospital. No iba todos los días, pero sí cada dos, siempre al mediodía,
después de salir del trabajo. A veces lo hacía antes de ir a casa a comer,
otras después...

No le había buscado un motivo. Simplemente lo hacía.19

Y Harry siempre lo agradecía. Ojeroso o no, siempre estaba por allí y


coincidían.

Louis se mordisqueó nervioso el labio inferior cuando se percató de que


llevaban más tiempo de la cuenta en silencio. Los ojos de ambos no se
despegaban. Pestañearon cuando un teléfono volvió a sonar. Harry bufó
por lo bajo, comprobando que esa vez era el suyo. Cuando vio el nombre
en la pantalla también soltó un suspiro de alivio.30

—Esta sí que la debo contestar... Dame sólo un minuto.1

Le había hecho un gesto con la mano al otro, a punto de llevarse el móvil a


la oreja.

—Claro.

—¿Hola? Oh dios, no sabes cuándo me alivia escuchar tu voz... —comentó


Harry, ya alejándose de la sala de espera.34

Louis volvió a asentir. También frunció el ceño.113

—¡Oh! Que cariñoso estás hoy, hermano. Creo que ya hemos hablado de
que algo entre tú y yo sería raro...55

Harry colocó los ojos en blanco por enésima vez en el día al escuchar la
voz del otro lado del aparato.

—Ugh, déjate de payasadas, Niall. Llevo toda la mañana hablando con


señores demasiado prepotentes que se creían que con darme un segundo
de su tiempo me hacían un favor... Dime al menos que me llamas para
darme una buena noticia.2

—¡Escuchar mi voz ya debería ser una buena noticia! —exclamó—. Y


puede que la tenga... Pero primero, dime, ¿cómo está tu padre?18

Harry entonces sonrió, aflojando su expresión.

—Bien, está muchísimo mejor... El médico nos ha dicho que si sigue así en
menos de una semana le pueden dar el alta.

—Oh, ¡eso es fantástico! Justo a tiempo para conocer al jefazo.37

Pestañeó.

—¿Cómo?

—¡Que sí que voy a Plymouth! Llego el veintiséis de abril, así que vete
preparando el cuarto del hijo postizo de tus padres.74

Harry se vio entonces en la obligación de soltar una carcajada.

—¿El veintiséis? Genial... Oh sí, genial. Adelantaremos muchísimo


entonces. Ya sabes, no quiero que mi padre se esté preocupando por el
trabajo. Acaba de sufrir un infarto y él sigue pensando en el proyecto y...
dios. Tiene que parar.

—Pues ahí estaremos para hacernos cargos de él —comentó su amigo,


con aquella característica vigorosidad.3

Niall se había enterado del proyecto de los nuevos carburantes


exactamente dos días antes de que Patrice sufriera el infarto. Había sido
Harry el que le informó de ello; de que quería que trabajara mano a mano
con él. Su mejor amigo no había dudado en pronunciar un rotundo sí,
entusiasmado. Aquel trabajo emocionaba al propio Harry, lo llenaba de
nervios e ilusión y también de una importante carga de responsabilidad,
pero Patrice había confiado en él y su cabeza hubo un momento que no
estuvo centrada en otra cosa. Debían realizar dos viajes a Lyon y Bruselas,
a los cuales su padre iba a acudir y en ese momento era algo que se
mantenía en el aire por su estado de salud. Era uno de los tantos planes
que posponer... Era una carga colosal de trabajo que sin duda la percibiría
más llevadera si el loco de Niall estaba a su lado. El irlandés debía acudir a
reuniones, firmar su contrato...

—Gracias, Niall —comentó en medio de un suspiro el ojiverde.

—No hay por qué darlas. Íbamos a hacer algo grande, ¿recuerdas?38

Y ambos sonrieron. Eran increíbles las vueltas que daba la vida. Los años
que ya habían pasado desde aquella ebria promesa...21

—Claro que sí.1

El alfa paseó su vista por el pasillo en el que caminaba mientras hablaba.


Algunos enfermeros correteaban, mas en un ambiente tranquilo. Dio dos
pasos más para llegar a ver la sala de espera. Louis parecía distraído
mientras leía un cártel sobre las normas del hospital.

—Bueno, ¿y alguna novedad más en la ciudad de mi ginebra favorita?1

La voz de Niall le hizo apartar la vista. Frunció el ceño mientras analizaba


la cuestión.

—Eh, ¿novedad? No, todo normal. Igual...6

Se mordió el labio inferior cuando su mirada volvió sin remedio al omega.


Esa vez volvía a sujetar las asas de su mochila mientras se miraba las
puntas de los pies.55
—Uhm, está bien...2

—Bueno Niall, te dejo que ahora mismo me suena el otro teléfono —


comentó Harry, mirando a aquel que se había referido con cierta inquina—.
¿Hablamos, sí? Llámame para cualquier cosa.1

—Ok. Lo mismo, hermano.

Resopló cuando por fin hubo colgado. Miró a los dos teléfonos en sus
manos y se decidió silenciar ambos, sólo por un rato.2

Alzó la vista y se encaminó hacia la sala de espera.

—Lo siento...

Louis se giró al escucharlo, negando de inmediato mientras esbozaba una


sonrisa.

—No es nada. —Harry también sonrió—. ¿Un café?2

—Por favor...

...

—¿De verdad así se ve un motor desmontado?

El alfa había arrugado el ceño mientras ojeaba la foto que Louis le había
mostrado en su propio teléfono móvil. Habían optado por sentarse en la
barra de la cafetería del hospital, con dos cafés con leche en vasos de
plástico.17

Harry le había vuelto a preguntar a Louis por el trabajo, y este le había


comenzado a contar sobre un encargo de ese mismo día. El alfa se había
mostrado sorpresivamente interesado, le había hecho hasta preguntas y
también mostrado confuso cuando el omega usaba palabras demasiado
técnicas. No sabían ni cómo habían llegado al punto donde Louis le
mostraba algunas fotos de sus trabajos.37

—Es bastante simple —habló el menor, mientras hacía un mohín.

Harry dio un sorbo a su café y lo miró casi anonadado.

—¿Simple? Se me da bien armar cosas, pero algo así...

Y esa vez el que definitivamente se mostró sorprendido fue Louis.

—¿Ah, sí? —No había podido evitar el sonreír cuando cuestionó aquello
con el mismo todo de voz que usó el otro. Enarcó incluso una ceja,
mirándolo divertido. Harry lo enfocó de inmediato.

—Oye pues sí, no me mires así. De pequeño cogía cualquier reloj y los
desarmaba y volvía a armar.14

El ojiverde se mostró orgulloso mientras el otro contenía las ganas de reír.

—Ajá, y...3

—Está bien —se sinceró el alfa, divertido—. Siempre me sobraban piezas,


lo admito. Creo que por eso ahora tenemos una indecente colección de
puzzles en el trastero. Seguro que mis padres los encontraron más
didácticos.4

Louis se llevó el dorso de la mano delante de la boca para disimular una


enorme sonrisa. La idea de Harry armando algo... Simplemente no se lo
imaginaba. El alfa, por su parte, parecía resignado.2

—Yo era más de recortables —habló Louis cuando su risa cesó.

Miró de frente a Harry, quien le devolvió el gesto con profundos ojos


verdes.
—Sí, de motos. Siempre apuntaste maneras.

Las comisuras de ambos se curvaron una vez más. Louis incluso se


sonrojó. Estaban seguros de que a sus mentes había acudido el mismo
recuerdo. Cuando eran unos críos; cuando se conocieron...15

—Sí, la verdad es que sí... —comentó con un deje melancólico el menor.


Había optado por fijarse de nuevo en su café.

Le ponía más nervioso de la cuenta notar que Harry lo observaba.

Terminaron sus bebidas calientes en silencio, Harry incluso miró


despistado su teléfono y Louis lo imitó, pero echando un vistazo a su reloj
de pulsera.3

—Me tengo que ir ya —habló cuando se dio cuenta de que su hora de


entrar a trabajar se acercaba.

Harry se irguió entonces en su asiento, asintiendo con la cabeza y


apartando los pequeños vasos vacíos.

—Claro. Gracias por ve-

—Deja de agradecerme.

Sus miradas volvieron a conectar, como si tuvieran la fuerza absurda de un


imán. Harry largó un suspiro mientras los hoyuelos se le volvían a marcar
en las mejillas. Louis se fijó en ellos, al igual que en el lunar junto a la boca.
Tuvo que parpadear; apartar la vista.49

—Ten un buen día entonces —rectificó el mayor.

Louis había optado por agacharse a por su mochila, la cual descansaba en


el suelo. Bajó del taburete y Harry lo imitó, planchando con las manos su
americana.
Louis subió la mirada por última vez.

—Tú también.1

Nuevas sonrisas y un suspiro por parte del omega antes de dar media
vuelta, apresurándose hacia la salida.

Harry se aclaró la garganta, destensando inconscientemente los hombros.

—Nos vemos... —murmuró para sí, chasqueando la lengua antes de


comprobar con cierto horror que tenía tres llamadas perdidas en el móvil de
su padre.11

Vuelta a la realidad.

10

...

Una semana más tarde, en un cuarto de hospital, se aguantaban sonrisas


al mismo tiempo que se daban severas indicaciones.2

—¿Estás escuchando? Patrice, ¿lo estás oyendo? —había repetido


Annette por enésima vez, con los brazos en jarra.37

—Sí, Annette... —replicó el aludido, con cierto cansancio y sonrisa fingida.1

Él estaba sentado en la cama, su omega a su lado. El doctor de bata


blanca frente a ellos... Y Harry luchando con las comisuras de sus labios al
otro lado de la habitación.1

—Es importante que sigas las indicaciones, Patrice —volvía a advertir el


médico—. No queremos volver a verte por aquí...1

La mujer incluso dio un respingo.


—¿Lo oyes? Es importante. Sí, repítaselo, doctor. Dígale lo importante que
es.43

Harry definitivamente tuvo que taparse la boca. Patrice estaba a punto de


hacer hasta un puchero.20

—Amour...24

—Eh... —balbuceaba el médico ante la determinación de la omega.

El alfa buscó un poco de ayuda en su hijo.

—Mamá, lo hemos oído todos y nos encargaremos de que se cumpla —


pronunció el ojiverde, acercándose a su madre y abrazándola de paso por
los hombros para sobárselos con mimo.

—¡Vamos que si se va a cumplir! —replicó la mujer, haciendo reír de nuevo


a Harry.

Patrice no se atrevió a decir nada. El doctor tampoco.3

Finalmente, había llegado el día en que le daban el alta. Habían sido largas
semanas en el hospital tras lo sucedido. Cantidad de pruebas, indicaciones
y comprobar con ilusión, y también algo de miedo por si todo se torcía, que
Patrice evolucionaba muy bien. Que su corazón cooperaba después del
terrible susto.

—Pues sólo queda que firmes por aquí, Patrice.

El hombre recibió feliz los documentos que certificaban que podía volver a
llevar una vida normal, pero con unas cuantas restricciones. No veía la
hora de volver a estar en su casa, dormir en su cama... Dejar de sentir que
su familia debía turnarse para pasar el tiempo con él y que Annette sobre
todo durmiera mejor porque se negaba a dejarlo solo en las noches.
—Muchísimas gracias por todo —pronunció con sonrisa sincera.

Annette brillaba por sí misma y Harry lo hacía de sólo verla a ella. De ver a
Patrice bien, siendo el de siempre, ese hombre arreglado y confiado. El
mismo que también rezongó cuando un celador les ofreció una silla de
ruedas para que les fuera más cómodo acceder al parking. Patrice lo había
mirado abatido, con incluso un gruñido contenido. Harry para variar quería
echarse a reír y Annette por supuesto reprobaba la actitud de su marido,
prácticamente obligándolo a que usara la silla.1

En la cual, por supuesto, se sentó y recorrió los pasillos del hospital a la


hora de abandonarlo.1

Fue justo antes de encaminarse hacia los ascensores de la planta cuando


la familia Styles frenó. Harry incluso dejó de burlarse del semblante que
llevaba su padre.

—Oh... —murmuró el mismo por lo bajo.9

—Hola, Louis —saludó primero Annette, con una sonrisa.

Harry carraspeó, notando unos nervios absurdos en la boca del estómago.


Se habían topado con el omega al doblar una esquina. Louis se había
acalorado notablemente, buscando a Harry de inmediato con la mirada.26

—H-hola, yo... –Tuvo que aclararse la garganta; lidiar con los nervios—.
Me alegra verlo tan bien —finalizó, mirando ruborizado a Patrice.

El mayor sólo enarcó una ceja y sonrió, mirando de reojo a un Harry que no
podía dejar los pies quietos.88

—Muchas gracias.
Louis sonrió como pudo, Patrice volvió a echar un vistazo a los dos más
jóvenes. Annette finalmente raccionó.

—Bueno, nosotros mejor vamos bajando que en los ascensores seguro


que hay que hacer cola. ¿Nos vemos abajo, Harry?9

El alfa parpadeó un par de veces.

—Sí, ya voy.

Patrice miró hacia su mujer, la cual le propinó un golpecito en un hombro


antes de empujar la silla de ruedas.24

Harry tuvo que resoplar cuando miró de frente y a solas a Louis.2

—¿El alta? —cuestionó el de ojos añiles, deshaciéndose también de la


vergüenza que le supuso toparse así con la familia.2

Harry sonrió.

—Sí, nos lo dijeron esta misma mañana. La verdad que fue algo que nos
tomó por sorpresa. Las pruebas que le hicieron ayer salieron fenomenal.

—Eso es genial. A él la verdad que se le ve fantástico.

Louis hizo una seña al camino por el que los padres del otro se habían
marchado.

—Sí. Te quería avisar por si hoy o quizás mañana venías, pero, bueno...

La cuestión era que no tenía cómo.

Louis tragó saliva, rascando su nuca. Nervioso al entender. Él siempre se


presentaba por allí, pero nunca habían hablado de qué pasaría cuando ya
no fuera necesario.

—Ya... No tengo el mismo número de antes.


Harry únicamente asintió; no se le ocurrió que otra cosa hacer. No era
precisamente un tema que lo hiciese sentir cómodo, que no le hiciera
recordar... De hecho no sabía qué podía esperar. Qué quería esperar.

Louis se descolgó un asa de la mochila para hurgar en un bolsillo lateral.


De allí saco algo rectangular y un bolígrafo. Se apoyó en la propia pared
para escribir algo. El alfa lo observaba curioso antes de recibir aquello que
el otro le entregó, conteniendo un suspiro.77

Era una tarjeta con el nombre del taller donde Louis trabajaba. Por detrás,
había garabateado su número de teléfono.14

El alfa tuvo que pasar saliva.

—Robert's... —leyó en voz alta—. Deberías comentarles que te hicieran


una con tu nombre.3

—¿Con mi nombre? —preguntó el omega, confuso—. Para qué...

—Seguro que más gente acude al taller —se adelantó entonces el otro,
encogiéndose también de hombros.66

Louis lo miró ruborizado, negando de inmediato con la cabeza. ¿Su propia


tarjeta de mecánico? No, estaba seguro de que eso no obtendría
beneficios en cualquier caso. No si prefería esconderse tras realizar sus
arreglos...21

Pero todo eso era demasiado largo de explicar, así que sólo volvió a negar.

Harry le echó otro vistazo a la tarjeta, volteándola en más de una ocasión,


sintiendo la misma pregunta rebotando en su cabeza...

¿Qué esperar?
Louis había vuelto a aparecer; en calidad de humano, ofreciendo su apoyo.
Sin más. Louis apareció ante el miedo de que Harry pasara por algo
parecido a lo que él pasó con su padre. Sin embargo, no fue así, y Harry lo
pudo llegar a percibir entonces como un intercambio de favor, como el
devolverle ese detalle. No era descabellado pensar que Louis volvería a
desaparecer. Estaba acostumbrado a que lo hiciera. Se había obligado a
pensar a que no debía esperar más.52

Se había obligado a controlar la idea de verlo algún día, en pensar en cuál


vendría. Se había obligado a hacerse a la idea de que no iba más veces de
la cuenta a por un café, siempre a la hora de comer, cruzando siempre el
mismo pasillo.

Ciertamente, no esperaba nada; después de dos años el autómata no lo


hacía. Pero ahora tenía aquella tarjetita entre sus manos.5

Y era confuso.

Y no sabía si lo quería entender.

No tenía ganas de volver a sucumbir a los "y sí..." y entrar en un laberinto


donde volver a perderse.

Esa vez no, por mucho que fuera una debilidad, por mucho que admitiera
que con él todo funcionaba distinto. Las ideas que creía firmes se venían
abajo. Su autómata reaccionaba, vagando alrededor de un sentimiento
donde quizás nada había pasado o dónde precisamente actuaba así
porque sí lo había hecho.

No sabía cómo explicarlo, era incapaz... Eran demasiadas cosas; fue lo de


su padre, luego el trabajo, la constante presencia del omega... ¿Cómo
encontrar siquiera un momento para entenderse a sí mismo?
El silencio había reinado de repente y Louis ya no sabía qué más decir;
cómo controlar los nervios.

Harry habló.

—Mi número sí sigue siendo el mismo.52

Ser simple. Quizás decir con rodeos eso que ni siquiera sabía si quería
pronunciar.

—Oh, bien, sí... Lo tengo.

Louis disimuló el tartamudeo con una sonrisa. El otro resopló.

—Debo irme, apuesto que mi padre querrá hasta conducir y... Mi madre
tiende a desesperarse demasiado ya que actúa como si le hubiesen dado
el alta tras un simple resfriado.

El ojiverde hizo un ademán con la mano cuando el de ojos añiles de


inmediato asintió.

—Claro, yo sólo me daba un salto. Me alegra mucho que por fin vuelvan a
casa.

—Sí, por fin...

Harry guardó la tarjeta en el bolsillo trasero de sus vaqueros.

—Oye, ya sé que me has dicho que no te agradezca, pero aprecio que


hayas estado. De verdad. Gracias.

Era absurdo cómo de repente le costaba mirarlo a los ojos. Quizás era que
efectivamente aquella tontería de verse a menudo acabaría... Quizás era la
tontería de afrontarlo.
Después de que se dieran aquel abrazo; que cayera ante él cuando no
pudo más y se derrumbó.5

Que Louis se percatara entonces de que no volviera a caer.7

—De nada.

El alfa sonrió cuando el otro se apartó. Louis iba a dejarlo ir, no sabía qué
más decirle; él tampoco había buscado más explicaciones.14

En cambio, sí tenía algo claro.

—Harry —lo llamó, haciendo que el otro se girara.

—¿Sí?

—Sólo que... Bueno, que ahora... con mi nuevo número... Sí contesto a las
llamadas. Siempre contesto a las llamadas.321

El ojiverde se quedó un momento quieto.

Asintió. Y Louis también.

—Bien.

—Tú... —El omega se tuvo que aclarar la garganta—. ¿Tú las contestas?1

Harry esa vez sí que no apartó la vista.

—Siempre.128

Y una última sonrisa, muy breve, antes de que ambos tomaran caminos
opuestos.11

Demasiado que pensar, que entender... Todo aquello que no habían


hablado porque no era el momento o quizás simplemente no sabían qué
decir.9
Horas que pasaron, que se hicieron llevaderas porque Louis en el taller
siempre lograba desconectar. Centrarse en el trabajo, en aprender un poco
más, hablar de temas banales con sus compañeros y reírse de cosas
absurdas, teniendo conversaciones que siquiera se planteaban.

Aquella tarde fue tranquila y a las ocho en punto estuvo fuera. Llegó
temprano a casa, justo en el momento en el que su madre se sentaba en el
sofá con un tazón de sopa. Sonrisas cálidas, una breve charla de cómo
había ido el día, pues Louis siempre prefería darse una ducha antes de
también sentarse a cenar con ella.

Ese día no fue diferente. Entró a su habitación, tirando la toalla con la que
se venía secando el pelo sobre la cama. Comprobó unos mensajes de Paul
en su teléfono móvil que le hablaban del trabajo. El último era un chiste
malísimo sobre algo de lo que hablaron ese día.33

Largó un suspiro, echando un vistazo a la estantería blanca ubicada frente


a la cama. Ojeó los lomos de los libros de la primera balda. Todos eran de
mecánica, algunos los conservaba desde los catorce años...

Hasta que su mirada se paró sobre uno.

Apretó los labios cuando lo tomó; fue el primero que tuvo. Su padre se lo
había regalado hacía años. Echó un vistazo a algunas páginas, llegando a
última, antes de la contraportada.

Tuvo que tragar saliva.

Allí seguía. Un papelito de hacía bastante tiempo. Arrugado, con un


número de teléfono garabateado. También un nombre.49
Harry.

70

...

Niall había llegado a Plymouth con una energía desbordante y casi


contagiosa. Había traído incluso souvenirs de Irlanda... Los mejores
amigos se recibieron por todo lo alto tras no terminar de acostumbrarse a
estar tanto tiempo sin verse. Llevaban años viviendo juntos y tras aquellos
meses tenían demasiado que contarse, revivir aquella complicidad...13

Patrice cada día estaba mejor, volviendo a su vida diaria, recibiendo


también reprimendas de Annette cuando se pasaba más tiempo de la
cuenta con documentos en las manos. No había vuelto a la oficina, pero
prácticamente recluía a su hijo en el despacho de su casa para darle
indicaciones, contestar llamadas y programar nuevos viajes, pues quien sí
estaba yendo a diario a Styl era Harry.

La primera reunión sobre los nuevos carburantes ya se había celebrado y


Niall estuvo presente. Todo en Londres marchaba de maravilla y faltaba
cerrar los acuerdos en Francia y Bélgica. Habían acordado una
videoconferencia con las oficinas de Alemania para acelerar todo el
proceso, pues todo indicaba que comenzar el trabajo en Londres podría
llegar a adelantarse uno o dos meses.

Aquel día, tenían la segunda reunión con una persona que también había
viajado exclusivamente a Plymouth. Niall y Harry serían los encargados de
recibir las propuestas del nuevo jefe de recursos humanos del proyecto.
Después de aquel encuentro, él sería el primero en trasladarse de nuevo a
la capital para reunirse con aquellos que trabajarían en los laboratorios.
Era increíble como aquello que hacía meses su padre le comentó se volvía
día a día una realidad. Era increíble cómo ahora tenía su propio despacho
en la empresa por la que se formó, esa en la que desde niño soñó
trabajar...1

Niall estaba también allí, sentando frente a su escritorio mientras terminaba


de comprobar unos informes.

El móvil del ojiverde sonó, haciendo que despegara la vista de su


ordenador portátil. Cuando vio la pantalla tuvo que negar con la cabeza.

—Mi padre no deja de mandarme mensajes. Apenas ha empezado la


reunión y ya me pregunta que cómo va.3

El alfa se quejó en voz alta, decidiendo de inmediato que aún no le


contestaría.

Niall, por su parte, frunció el ceño.

—¿Tu padre manda mensajes?

Harry alzó la vista, observándolo divertido.

—Estamos en 2010, Niall, ¿quién no manda mensajes?113

El irlandés volvió a mostrarse confuso. Niall había vuelto a aparecer con


nuevo look. Los meses lejos de Londres le habían hecho deshacerse poco
a poco de su rubio teñido. Se había dejado crecer el pelo, el cual era de un
color castaño. Todavía conservaba algunos reflejos dorados y también
lucía gafas para ver de lejos, aquellas que durante toda su etapa
universitaria se negaba a usar. Por ese motivo, su astigmatismo había
aumentado, obligándolo a que ahora sí que las tuviera que llevar. El alfa
había sido claro en la idea de usar lentes de contacto, sin embargo, le
gustaba admitir que las gafas le daban un toque más profesional; fardaba
incluso de verse sexy.88

Harry siempre se veía en la obligación de poner los ojos en blanco de sólo


oírlo...

—El mío es que se ha quedado en contestar a todo lo que le escribo con


un "ok" —comenzó a decir justo antes de encogerse de hombros—. Seguro
que si un día le escribo, "hey papá, la mafia china me ha secuestrado", él
respondería "ok".217

El ojiverde soltó una carcajada. Las ocurrencias de su amigo eran tan...


únicas.

—Te aseguro que mi padre manda más que eso —se quejó, apartando el
teléfono del escritorio—. Se pone neurótico a la hora de delegar.

Niall rió, apartando aquellos documentos que ya había releído dos veces.

—Bueno, y a todo esto, a quien esperamos ya llega tarde, ¿no?1

Harry cerró su portátil, comprobando la hora en un reloj de pared que


adornaba el despacho.

—Sí, diez minutos. Le habrá surgido algo.

—¿Tienes el gusto de conocerlo?

—No, pero la empresa donde trabajó antes ha colaborado con Styl y viene
recomendado exclusivamente para el proyecto. Al parecer es bueno.1

Niall hizo una mueca al escucharlo, encogiéndose de hombros.

—¿Cómo se llama?3
Su amigo decidió comprobarlo en unos papeles que descansaban sobre la
mesa para no equivocarse. Asintió cuando lo recordó al leer.

—Liam Payne.345

—No me suena...78

Harry quiso hacer un mohín, Niall echarle un vistazo a aquellos papeles,


pero el ruido de la puerta del despacho abriéndose de repente les hizo dar
un bote. Ambos alfas miraron hacia ella. Harry incluso se puso de pie.

Fue un hombre con una americana azul cielo y una camisa blanca debajo.
Pantalón color tabaco, remangados justo a la altura de los tobillos. Unos
zapatos náuticos azul marino...

Y no venía solo.6

—¡Bueno días! Perdonen el retraso. —El hombre se colocó el pelo tras


hablar. Lo llevaba engominado hacia atrás, imposibilitándole el movimiento.
Era castaño, a juego con sus ojos—. Tuve un problema con el taxista. No
sabía que en esta ciudad eran tan... ¿Rurales? ¿Rudimentarios? ¡El
tercero que paré fue el que aceptó llevarnos!14

Harry y Niall lo observaban, este último incluso bocabierto.7

—Ay, qué educado yo, ¿no? —comentó de nuevo el recién llegado,


ironizando—. Soy Liam Payne, encantado.1

No dudó entonces en acercarse a los otros dos, extendiendo una mano.

Liam Payne era beta.174

El ojiverde tuvo que parpardear.25

—Harry...
—Oh sí, ¡Harry Styles! He oído mucho de ti. —Recibió un apretón de
manos del mismo a modo de saludo. A continuación, miró a Niall—. Y tú
eres...

El irlandés atinó entonces a levantarse de donde seguía sentado.

—Niall Horan —se presentó, en otro apretón de manos.

Liam arrugó el entrecejo.

—De ti no he oído hablar. —El alfa alzó una ceja—. Pero estaré encantado
de conocerte yo mismo —aclaró de inmediato, justo antes de guiñarle un
ojo.92

Harry reprimió una sonrisa al percatarse de que su amigo se quedó


boquiabierto. Aún más.35

Liam Payne era un ser... cuanto menos extravagante. Hablaba rápido y


gesticulaba bastante al hacerlo. Poseía andares delicados y a simple vista
parecía alguien de naturaleza nerviosa.40

Pero eso no era lo que más llamaba su atención. Esa no era la razón por la
que Harry y Niall no dejaban de verlo entre extrañados y algo
anonadados.3

—¡Oh, sí! —exclamó el beta cuando se percató en qué se fijaban los


otros—. Yo soy Liam Payne y esta preciosidad de aquí es Donatella. Di
hola, mi amor.142

Acto seguido, Liam agitó la pequeña patita del Chihuahua que llevaba
cogido en el brazo izquierdo. Un perro negro y marrón; minúsculo y que
temblaba. Que llevaba también un lazo en el cuello del mismo tono que la
americana de su dueño.156
Harry se tuvo que llevar una mano a la boca para ocultar la repentina risa,
sobre todo al ver la cara de Niall.

—¿Donatella? —preguntó el irlandés, sin salir del asombro de todo lo que


era Liam Payne—. ¿Como la de Versache?49

—Es Versace —corrigió seguidamente el beta, en un impecable acento


italiano—. Y sí, como ella. Es un encanto, lo que ahora está un poco
estresada. Los viajes en avión nunca los lleva muy bien.43

Liam acarició al animal, que miraba todo a su alrededor.

Definitivamente, Niall era incapaz de cerrar la boca.2

—Claro... —Decidió aportar Harry tras aclararse la garganta. Niall volteó a


verlo y se vio en la obligación de hacerle una seña para que disimulara—.
Bueno, señor Payne, si le parece...

—¡Ah no! —trinó de repente el beta, interrumpiéndolo—. ¿Cómo que señor


Payne? Ni llego a los treinta, querido. Dime Liam. Sólo Liam. Apenas os
llevaré un par de años...33

De hecho eran seis. El beta tenía veintiocho.18

—De acuerdo, Liam. —Rio Harry, caminando por el despacho—. ¿Damos


comienzo a la reunión?

—Claro. Donde digas.

—Seguidme...

Niall al fin pareció pestañear.

—¿Pero el perro también viene?68


Había optado por señalar el animal, el cual soltó un agudo ladrido. El alfa
retiró incluso la mano al ver los diminutos dientes que mostró el
Chihuahua.1

—Por supuesto —contestó Liam con simpleza, dejando un beso en la


cabeza de su mascota para tranquilizarla—. Por cierto, no le digas la
palabra con p-e-r-r-o. No le gusta... Odia ese término. Le agobia.259

Niall volvió a quedarse anonado cuando el otro dio media vuelta, siguiendo
a Harry hasta la puerta. Su amigo le hizo otra seña cuando también pasó
junto a él. Le indicó a Liam que la sala de juntas estaba justo enfrente y el
beta se encaminó hacia allí con elegancia.5

El irlandés bufó cuando recibió otra mirada de su amigo.

—¡¿Qué?!

—Tira... —gruñó el ojiverde por lo bajo, dándole un empujón en un hombro.

Definitivamente, Liam Payne era un personaje singular que usaba la misma


cantidad de diminutivos que palabras técnicas. En la reunión programada
se avanzó en el desarrollo del organigrama y contactos. Se fijaron fechas
nuevas y se habló de los futuros contratos de los empleados. Liam se
mostró profesional en todo momento, fomentando la idea de que si todo
seguía avanzado al mismo ritmo, la fecha del comienzo del proyecto en
Londres tendría que adelantarse.

El comité no duró más de una hora y media. Harry para entonces se


mostraba satisfecho, también sonriente por lo mucho que se había cerrado.
Habían tomado café, charlado incluso que cómo comenzó aquella idea o
cómo Liam terminó involucrado.
Nuevos apretones de manos para despedirse antes de que acordaran que
no sería necesaria una segunda reunión tal y como ya estaba estipulado.
Liam volvería antes de lo previsto a Londres.

—Será un placer trabajar con vosotros —sonrió el beta con entusiasmo—.


Las cosas no pueden pintar mejor...

Volvía a sostener a su perro en un brazo. Le había guiñado el ojo a ambos


antes de hacer un gracioso aspaviento con una mano.

—Genial —sonrió también Harry, mientras abandonaban la sala de juntas.

El beta se negó a que lo acompañaran a la salida. Hizo que su pequeño


perrito los "despidiera" con una pata antes de dar media vuelta en dirección
a los ascensores. Los alfas también se habían despedido agitando una
mano.8

—Harry —espetó Niall una vez estuvieron solos—. ¿De dónde demonios
ha salido ese?50

El ojiverde dejó al fin escapar una sonora carcajada.

—No tengo ni idea, pero ha sido una muy buena recomendación. ¿Te diste
cuenta lo difícil que fue decidirnos por una de sus tres propuestas? Eran
todas buenísimas...

Habían caminado de nuevo hacía el despacho. Harry rodeó el escritorio


para sentarse en su silla mientras su amigo se dejaba caer en la de
enfrente.

—Sí, sí... Pero me refiero a toda la parafernalia del perro estresado con
nombre de... —Negó con la cabeza—. ¿Es que se lo va a traer al trabajo?

Su amigo únicamente se encogió de hombros.


—No sé. Al menos se le ve educado al animal.29

Niall volvió a lucir boquiabierto.

—¿Educado? Lo sentó en una silla, Harry. Y ni apartó el cojín...56

—Bueno, Niall, ¿qué más da? Con o sin perro, Liam Payne trabajará con
nosotros.

Unas cejas alzadas también como respuesta y una sonrisa ladeada antes
de que el ojiverde clavara la vista en la pantalla del ordenador. Liam Payne
había aparecido para cerrar mil asuntos y Harry no podía sentirse más
satisfecho por ello.

—La que nos espera...

—Vamos, se le ve divertido.

—Divertido... —refunfuñó por lo bajo, cruzándose incrédulo de brazos.21

Harry no tardó en recibir un llamada de su padre, en la cual le explicó lo


bien que había salido todo. Las fechas de los viajes ya estaban cerradas y
Liam había acordado mandarles informes del panorama en Londres.

A las seis en punto de la tarde, Niall suspiró cansado tras revisar por
tercera vez una propuesta.

—Oye, ¿y si salimos hoy por ahí?

Cuando Harry le dirigió una mirada, pudo comprobar cómo sus ojillos cian
casi brillaban.

—¿Salir? Oh vamos... No estoy para esos trotes.35


—¡¿Trotes?! —casi chilló—. Acabas de sonar a octogenario. No sé, tomar
algo, conocer a alguien de por aquí... Nunca me presentaste a alguien de
Plymouth.15

Harry negó con la cabeza.

—Porque sabes perfectamente que no conservé casi ninguna amistad.12

El otro chasqueó la lengua.

—Bueno, pues conocemos a gente juntos... Anda, Harry, salgamos con


alguien, conocer a algún o alguna omega... ¿Por qué no?29

—Niall...1

—¿Sabes cuánto hace que no...?10

—¡Oh, ya está bien! —bufó definitivamente el ojiverde cuando su amigo


hizo un gesto con el dedo de una mano y el índice y pulgar de la otra en
forma de "o".42

Niall tuvo que reírse de lo escandalizado que lució Harry. Decidió mejor
cambiar de tema.

—Bueno... ¿Sabes de lo que sí me alegro? De verte bien. —Harry


entonces lo miró—. Quiero decir, estaba seguro de que al volver a aquí me
llamarías a los dos días porque te habías topado con... ya sabes quién. Me
alegro de que después de tanto tiempo hayas cerrado de una vez esa
etapa.81

El alfa hacía referencia a lo que siempre le afectó a Harry regresar a casa.


Eso siempre era sinónimo de que algo sucedía con cierto omega, sobre
todo en las últimas ocasiones.
Harry tuvo que carraspear, mirándose un momento las yemas de los
dedos.

Quizás había algo que no le había comentado a su amigo... Que sí que se


había vuelto a topar con Louis.

—Bueno, verás... Respecto a eso...12

Niall frunció el ceño.

—¿Qué?

Harry se mordisqueó el labio inferior. Largó un suspiro.

—Sí que me he vuelto a cruzar con él.

El otro no tardó en erguirse en su asiento, pero Harry fue incapaz de


mirarlo directamente.

—¿Cómo?

Cuando al final lo hizo, Niall lucía un semblante serio.

—Cuando sucedió lo de mi padre, Louis apareció en el hospital. Yo no lo


esperaba. Simplemente se presentó con su madre para saber cómo estaba
todo. Apenas hablamos ese día, pero al siguiente volvió, luego a los dos y
así hasta que nos fuimos de allí. —Niall parecía incapaz de decir algo—.
Nos tomamos algún café juntos; hablamos de muy poco. Él ahora es
mecánico y le va muy bien. No sé, siempre tratábamos temas muy banales.
A veces no sabíamos ni qué decir.1

Terminó resoplando, estirándose en su silla mientras su mejor amigo


parecía procesar todo.

—No me lo contaste...4
—Porque sabía qué ibas a opinar.2

El otro enarcó una ceja.

—¿Qué iba a opinar? —se preguntó con cierta retórica—. ¿Qué quieres
que opine después de lo mucho que te jodió? ¿Qué quieres que te diga?74

—No lo sé, Niall.

—¿Has vuelto a hablar con él?

—No, pero me dio su número de teléfono y yo le recordé el mío.1

El irlandés parpadeó un par de veces.

—Espera, ¿estás pensando en llamarlo?

Harry se removió en su asiento.

—No. O bueno, no lo sé. Él me preguntó si yo contestaba las llamadas y...


No sé, quizás esta vez debería llamar él.

—¡¿Llamar él?! Por dios, Harry, ¿te estás oyendo?49

Bufó.

—Sí, claro que me estoy oyendo. ¿Crees que no he pensado en todo lo


que pasó? Claro que sí, pero... Es que no sé cómo explicarlo. Yo no me
siento el mismo de entonces y a él también lo vi distinto. No sé si quizás las
cosas ahora se pudieran dar a otro ritmo.

Niall se pasó ambas manos por la cabeza. No dejaba de cuestionar a su


amigo con la mirada.

—¿A otro ritmo? ¿Con él? Creo que no estamos hablando de la misma
persona. Hablamos del que pasó de ti después de que tú movieras cielo y
tierra por él. Aceptaste tener una relación absurda con él; que te llamara
sólo cuando le interesaba. ¿De verdad te estás ilusionando de nuevo? ¿De
verdad, Harry? —El aludido apretó los labios. El de ojos cian siguió
hablando—. Han pasado casi dos años. Dos. Y lo que deberías hacer es
dejarlo ir de una vez. ¿Qué te piensas que él no tendrá a nadie? ¿Te
piensas que no habrá estado con otros alfas en todo este tiempo? ¿Te
crees que no habrá utilizado a otro como a ti?81

Y fue ahí cuando Harry sí se irguió.7

Un gruñido se calentó en el fondo de su garganta. Niall también se alzó.53

—No tienes ni idea de él. No lo conoces —casi escupió.74

—¿Y tú sí? ¿Sabes? A quien sí conozco es a ti. A quien también se fue a


Panamá para de paso tomar distancia con él. Conozco al que en las
primeras borracheras seguía llorando por él. Conozco al que ha sido
incapaz de estar con otro omega por dos putos años.77

Harry definitivamente no pudo controlar el gruñido.3

—Es mi vida.59

—Por supuesto, pero sólo te hago ver que estás siendo un ingenuo si
todavía piensas que ese omega va a cambiar por ti. Te ha jodido y volverás
a perder la poca dignidad que te queda para volver a rogarle.70

Los ojos de Harry eran una lanza sobre los de Niall.

—Tú no lo puedes llegar a entender. Existe algo. Es algo inexplicable con


él.

—¡¿Inexplicable?! —Rió con sorna—. Vamos, ¡ten un poco de amor propio!


Por una vez, Harry. Tenlo. Bájate ya de la nube romántica. ¿Acaso te ha
llamado? ¿Eh? No lo va a hacer. ¿Vas a estar otros dos años esperando?
Mientras él seguro está con otros, ¿tú vas a seguir siéndole fiel cuando por
su parte jamás tuvieron nada?14

Harry entonces se puso de pie. Niall no tardó en imitarlo.

Sus alfas estaban en alerta. En una situación que jamás se había dado...57

Se miraban desafiantes, Niall no pensaba recular, en eso no.


Fueron meses los que vio a su mejor amigo mal, sufriendo y quejándose
por un amor no correspondido. Él mismo fue testigo de cómo le colgaron
las llamadas y cómo se ilusionaba para recibir una constante negativa. El
propio Harry le confesó mil veces que se había equivocado con él, que no
debió dejarle entrar tanto a su vida. Pero en ese entonces, el daño estaba
hecho, las decisiones no se podían tornar.21

Y en ese momento sí.

Para Niall, Harry iba a volver a caer en un juego donde saldría perjudicado,
pues su amigo no había soltado; después de dos años seguía siendo
incapaz. ¿Qué garantía tenía? Ninguna. No le cabía en la cabeza, no podía
apoyar que Harry estuviera caminando a ciegas hacia una pared con la que
se iba a estampar. Otra vez. Se lo quería hacer ver para evitarle el golpe.
Para evitar volver a lo mismo.13

—Son mis decisiones, Niall, por mucho que seas mi amigo no tienes
derecho a meterte en ellas.41

La tensión volvió a ser dueña del ambiente cuando se mantuvieron por


largos instantes la mirada, en silencio.3

—Genial —musitó—. Pues no me pienso meter, pero tampoco me busques


cuando necesites con quien hablar cuando todo esto salga mal. —Ambos
se quedaron viendo. El irlandés también contuvo un gruñido innato ante el
mero hecho de sentirse amenazado. Apartó la silla con brusquedad antes
de dirigirse a la puerta principal—. Me voy. Dile a tus padres que
agradezco la habitación de su casa, pero que prefiero irme a un hotel.

—Niall... —pronunció Harry con voz grave, pero la puerta ya se había


azotado.41

Soltó otro gruñido cuando él también empujó su propia silla.

Era la primera vez que discutía con su mejor amigo.

Era la primera vez que ni siquiera sabía si en algún momento tuvo algo de
razón...

49

...

No se había tranquilizado y no podía dejar de respirar hondo cada vez que


notaba el vibrar en el pecho.

No estaba acostumbrado a pelear. No lo estaba...

—Una habitación individual, ¿verdad?1

Pestañeó cuando la recepcionista le había hecho la pregunta por segunda


vez, con sonrisa apurada. Niall se limitó a asentir con la cabeza.13

No sabía si era absurdo, si dio un espectáculo o si efectivamente tenía


algún derecho... Sólo lo intentaba hacer lo mejor posible, hacía lo que
sentía, lo que a la inversa pensaba que le gustaría recibir. En general,
nunca se le dio bien eso de ser amigo, de mantener uno, de quedarse en
su vida... Nunca.
Creció en un barrio de Dublín, fue a un colegio público y se crió
prácticamente con su abuela porque su hermano mayor debía coger
demasiados autobuses para ir al instituto. Sus padre se mataban a trabajar
para que no les faltara de nada, pero cuando su abuela falleció, todo se
torció un poco. Su familia decidió mudarse a un pueblo, a una casa más
modesta, donde Niall y su hermano pudieran ir al mismo instituto sin gastar
tanto en transporte público. Y no estuvo mal, su familia siempre era una
entusiasta que se empeñaba en superar las adversidades. Fue ahí donde
no conservó a ningún amigo de su anterior colegio y los del nuevo
instituto... Bueno, la gente no era igual. Había competencia, se juzgaban
demasiado y mientras intentaba encajar, uno le preguntó si de verdad era
un alfa; que por qué no actuaba entonces de otra manera, que por qué no
lo parecía... Calló durante los años que él mismo se empezó a creer todo
aquello, cuando le gritaban que quizás era así porque se crió con "su
abuelita". Y no lo entendía, así que se preocupó en no confiar en nadie; en
no esperar nada de nadie. Nunca se le había dado bien ser un buen amigo,
nunca había tenido la oportunidad de practicarlo. Pero en casa, la vida les
aguardaba aquel regalo, aquellos euros que su padre siempre invertía en
jugar con la suerte. Hasta que esta les tocó y todo cambió. Lloraron de
felicidad al acabarse los problemas, al aspirar a más, a cumplir sueños que
siempre pensaron que serían eso, simples sueños. Inalcanzables...25

Su hermano prefirió no salir de Irlanda, sobre todo después de tener a su


primer hijo, algo temprano. Niall en cambio sí quería cumplir aquella ilusión
de formarse, de viajar, de conocer otros sitios... Y por supuesto que lo hizo,
pero con miedo. Estaba aterrado, confiado en que fantasmas del pasado
se revivirían, pero con idea de que contaba con una ventaja. Podía ser un
nuevo él. Nadie lo conocía, ¿por qué no empezar de cero? ¿Por qué no
mostrarse de esa forma que jamás se atrevió a mostrar? Se cruzó con
Harry el primer día de clases, ambos igual de perdidos y descubriendo que
serían compañeros. En ese entonces, jamás imaginó que lo terminaría
llamando hermano de corazón. Al principio no esperó nada, que Harry
sería una amistad pasajera como el resto de personas que habían pasado
por su vida, que lo buscaría sólo para alguna fiesta, como los demás, como
siempre le había pasado. Pero Harry se quedaba y le preguntaba por él y
escuchaba lo que tenía que decirle. Con Harry se sintió algo así como
exclusivo, sintió lo que era que alguien lo buscara porque "¿A quién se lo
iba sino a contar el primero?". Y descubrió que eso era alucinante.
Descubrió que tenía incluso miedo de perderlo.44

Y vivieron juntos momento que sabían que jamás iban a olvidar. Sin darse
cuenta también crecieron, maduraron... Y para Niall fue especial; fue
importante. Porque era él mismo y porque por fin alguien lo entendía.
Porque descubrió que quizás sí que valía.2

Porque a veces se piensa que el amor es importante, que el duelo de un


desamor es duro, pero nunca se habla del vacío inmenso y eterno que se
queda cuando un cómplice de sueños, es decir, un amigo, se va...72

Y quizás se sentía inmaduro al pensar que acababa de joder la relación


con su mejor amigo. No sabía si estaba siendo un exagerado, si con esos
pensamientos hacía justicia a sus veintidós años... Quizás ya no le
interesaba a Harry. Quizás no se arreglarían. Únicamente sentía que le
habló con el corazón. Hizo lo que le hubiera gustado que hicieran con él.
Sin embargo, recordó que una vez se acostumbró a que esos mismos
detalles tontos lo conseguían dejar solo. Recordó, porque la inseguridad y
la razón eran traicioneras, que no sería tan descabellado que una vez más
volviera a perder.1
La recepcionista le había pedido su documento de identidad y se había
disculpado porque el proceso tardaría un poco más ya que la impresora se
le acababa de estropear. Él sólo asintió, leyendo sin mucha gana un folleto
del hotel. Era una casa rural, de sólo dieciséis habitaciones y un ambiente
de lo más acogedor. La noche era carísima, pero fue lo más cercano y con
habitaciones disponibles que encontró cuando echó un vistazo en internet
con su teléfono. La recepción estaba tranquila bajo un hilo de música
agradable. Bajaría al restaurante a cenar algo y luego se iría a dormir. No
quería pensar en mucho más.

No quería tener cabeza para más. Ya había removido demasiado.

Sí, todo bien, normalizado, hasta que sintió una humedad en el bajo de su
pantalón. De hecho no supo ni cómo, había escuchado también algo
diminuto chocando contra el parquet...16

—¿Donatella? ¿Mi amor?112

El alfa dio un respingo. No podía ser. No... Se negaba a mirar hacia abajo
y...

No. Mierda...1

Era el Chihuahua. El maldito chihuahua le había meado en la pierna.27

—¡Donatella! —volvió a escuchar cuando el animal echó a correr en otra


dirección.3

Niall tuvo que cerrar sus manos en puño y abrir los ojos con incredulidad al
ver el pequeño charco en el suelo.3

—Me... ¡Me ha meado!29

—Oh, ¡Donatella! Chica mala. ¡Chica mala!95


Por supuesto, era el extravagante de Liam Payne. Con su misma
americana azul; aquella vestimenta que destacaba. Se acercaba con los
brazos en alto hacia él.

—¡Lo siento! No sé qué le ha pasado, ella no suele... Un momento —calló


al analizarlo mejor—. ¡Pero si yo te conozco! De la reunión de Styl... Tú
eras Neil.78

—Niall —masculló.1

—¡Eso! Niall... ¿También te estás quedando en este hotel? ¡Ay que


fantástico! Y yo amargado porque iba a cenar solo... Odio cenar solo en los
hoteles, es como... Uy, mira ese, cena solo en un hotel.115

No se lo podía creer...

—¿Q-que hablas de cenar? ¡Tu perro me acaba de mear! Además, ¿no es


una hembra? ¡¿Cómo es posible que me haya meado la pierna?!35

Liam siseó cuando su pequeña mascota soltó un gruñido por lo bajo.

—Si es una hembra, pero un poco ruda...65

Niall volvía a mirar al otro casi anonadado.

—¿Ruda? Mi pantalón olerá a orín y... ¡No tengo otro!4

—¿No tienes otro? ¿Tú también te quedas sólo una noche? Ay, mi amor,
igual siempre hay que echar una muda de más en la maleta... Pero bueno,
te puedo prestar un pantalón si quieres. Yo me traje tres.11

El de ojos cian se sentía trinar.

—¡No quiero ningún pantalón! Educa a tu perro —espetó señalando al


animal, que soltó dos ladridos histéricos.21
—¡No le digas así te dije! La pone nerviosa... Seguro que se acordó al
verte y por eso te hizo pipí.44

Niall estaba a punto de tirarse de los pelos...1

—¿Todo bien?

Los dos giraron cuando la recepcionista habló a sus espaldas. Sonriente,


sostenía la documentación de Niall y lo que parecían ser las llaves de su
habitación. El alfa murmuró algo por lo bajo cuando las tomó. Quiso volver
a abrir la boca, pero otra voz lo interrumpió.5

Liam...

—Oh sí, cielo, sólo hace falta una fregona por aquí... Nada importante.2

La chica pareció confusa, Niall volvió a mirarlo incrédulo.

—Disfrute su estancia —pronunció con sonrisa nerviosa la recepcionista.

Niall giró entonces sobre sus talones, encontrándose una sonrisa triunfante
por parte del beta.

—Bueno, ojitos claros, entonces... ¿Cenas con nosotros? —Se había


señalado a sí mismo y al Chihuahua de su regazo, que ya lucía más
tranquilo.

¿Ojitos claros? Frunció el ceño.10

—¿Eh?

—¡Cenar! Venga vamos, ya había reservado una mesa bajo el ventanal


con las mejores vistas. ¡Yo siempre soy muy precavido! Vamos, vamos.21

"Genial" masculló con sarcasmo para sí mismo. Genial...


Se estiró entre las sábanas cuando la luz que se colaba por la ventana le
dio de lleno en la cara. Gruñó con escándalo, escondiendo la cabeza bajo
la almohada. Sus huesos crujieron al estirarse y soltó otro bufido cuando su
teléfono móvil vibró en la mesa de noche.10

Frunció el ceño cuando por un momento no reconoció el cuarto. Claro...


estaba en el hotel. Arrastró la sábana con él, y con un ojo medio abierto
leyó que quien lo llamaba era Harry.7

Suspiró.

—Hola... —Oyó nada más descolgar.

—Hola —contestó, intentando disimular la voz pastosa.

—¿Qué tal?2

Se rascó la cabeza, cayendo de espaldas en la cama.

—Bien, me acabo de despertar. Me quedé dormido, pero ya iba a salir para


la empresa. Creí que hoy entraba a la-

—Niall —lo cortó—. ¿Podemos hablar?9

El de ojos cian tomó aire por la nariz, notando unos repentinos nervios en
la boca del estómago.
—Sí.

Harry calló un par de segundos.

—Siento lo de ayer...

Él también resopló.

—Lo siento yo, Harry. Sé que me puse algo intenso. Estuve fuera de
lugar...11

—No, Niall. ¿Sabes? Sí tienes derecho a meterte porque lo has vivido


conmigo y porque tienes razón en que luego eres tú el que soporta todo.59

Silencio.

El irlandés se mordisqueó el labio inferior.

—No dije en serio lo de que no me buscaras cuando todo saliera... mal.9

—Lo sé.

—Es que no quiero que caigas en lo mismo y verte mal de nuevo. No


mereces la misma mierda.51

Esa vez, quien dejó escapar un resoplido fue Harry.

—Ya... Realmente necesito un consejo. No sé qué hacer con Louis, no sé


cómo frenar esta tontería porque... sí joder, tenías razón, me estoy
ilusionando de nuevo y me da miedo.61

Niall asintió.

—¿Qué es lo que quieres con él?46

Al otro le llevó unos instantes contestar.

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recuperar sus sentidos. No puede verlo, pero sí escucharlo.
Louis siempre es muy amable con él.
Harry tiene una omega superficial, pero muy bonita y con la que se planeaba casar antes del
accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

♔ miss sugar pink ♔ {l.s | traducción}


Por alwayzslarry

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Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
----------
créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

—No lo sé... No quiero buscarlo, no quiero entrar en lo mismo. Quiero...


que él me llame, que me demuestre algo. Que me demuestre por qué me
preguntó si yo contestaría alguna llamada suya.64

Niall ya se había sentado en la gigantesca cama. Sólo vestía ropa interior y


la sábana descansaba sobre sus muslos.33

—Es que ahora le toca a él, Harry. Él apareció de nuevo, ¿no? Él siguió
yendo al hospital... Pues que te demuestre para qué. Que te diga si se va a
quedar.47

—Sí... siento que eso es lo que quiero. No ir tan a ciegas.1

—Bien, pues en ese caso sólo espera. No te obsesiones tampoco. Deja


que él dé el paso.7

Silencio de nuevo.

Harry sonreía del otro lado.

—Gracias, Niall. Sé que lo que dijiste fue porque te preocupas por mí.
Porque me quieres.1

El otro también sonrió. Sin remedio.

—Oh, como sigas por ahí vamos a entrar en celo...109

Y rieron. Con ganas. A Niall incluso le podía llegar a doler la cara.1


—Creí que estarías enfadado.

Harry chasqueó la lengua.

—No puedo enfadarme por algo así. Eres mi mejor amigo y... Eso también
tiene que estar primero que cualquier otra cosa.24

—Bien. —Apretó los labios. Se podía decir que un buen término para
definirlo era abrumado—. Tú también lo eres... Para mí.1

—Es cierto que no sé qué habrá hecho Louis todo este tiempo. Siempre lo
conocí a medias, es verdad, pero eso no puede cambiar cómo me he
sentido yo. No cambia lo que siento por él. Si Louis está cerca siempre voy
a tropezar con él. No sé ya si es Plymouth, si es el país... Pero es algo
superior a mí, ¿entiendes? Louis es algo así como una debilidad. Y no sé si
es sano, pero no lo puedo evitar. Va más allá... Lo siento con mi alfa.
Siento que él... —Resopló—. Pero como siempre, es algo que no depende
sólo de mí.7

Niall tragó saliva, notando cuan afectado estaba su amigo. Harry siempre
sería esa persona transparente; fiel a sí misma...3

—Es él el que te debe decir ahora qué siente. Dejar de marearte. Tú no


quieres ser sólo su amigo ni tener una relación cordial y ya. Él tiene que
asumirlo de una vez.9

—Sí... Es eso exactamente.

Niall volvió a asentir y Harry exhaló.

El silencio esa vez duró poco.


—Bueno, ¿entonces? —habló el ojiverde—. ¿Vas a volver o qué? Deja el
papel de esposo despechado. Esta noche deberíamos ir a tomar unas
cervezas...

La sonrisa de Niall fue entonces más amplia que todas las anteriores.

—Oh, sí que voy. Me han pegado un sablazo por la habitación y tampoco


es para tanto. Y oh por dios, Harry, el hotel, no sabes... —Se cubrió con
una mano el rostro de sólo recordar.

—¿Qué?

—Me encontré al loco del perro... ¡También se está quedando aquí! —


bufó—. Y nada más llegar a recepción, va la rata esa con nombre de
diseñador y, ¡me mea en la pierna! Yo no me lo podía creer... Luego
aparece el tal Liam formando el gran espectáculo, quitándole todo hierro al
asunto diciendo que fue culpa mía porque le llamé perro al perro. ¡¿Te lo
puedes creer?!90

Harry ya se había comenzado a reír a carcajadas nada más escuchar la


segunda frase.

—No... ¿Su perro te meó? Pero, ¿y luego?

—Luego... ¡Oh por dios! Luego insistió en que fuera a cenar y dios mío,
creo que todavía tengo jaqueca. Habla sin parar, de mil cosas. Me contó
orgulloso que le hace sesiones de fotos al perro, que si lo presenta a
concursos, que si lo acompaña a todos lados... Apenas tuvimos una
conversación normal sobre el trabajo. Te juro, no paraba de hablar y
claro... se ofreció a pagar algunos cócktails y me tuve que dar a la bebida
para seguir allí. No perdí la consciencia, pero casi. Por último no recuerdo
bien de qué hablamos, pero... te lo juro, es un personaje, hermano.18
Su amigo definitivamente se estaba retirando lágrimas de risa.

—¿Ves? Yo sabía que os ibais a llevar bien...

Niall bufó.

—Ugh, sólo espero no encontrármelo de nuevo.4

—Bueno, aún te queda bastante en Londres...

—Ni me lo recuerdes —gruñó—. Ese perro va a mear todas las oficinas, yo


ya lo advierto.

El otro ya no podía más, Niall también tuvo que reír.

—Por cierto —comenzó Harry cuando su risa se hubo calmado—, la


semana que viene se ha cerrado la reunión en Lyon. Primer viaje.

Alzó una ceja.

—Oh, ¿vamos a Le France con los Styles?7

—Con sólo un Styles. Mi padre irá a la de Bruselas, el mes que viene.

—Entonces serás mi intérprete...12

Ambos soltaron otra risotada.

—Probablemente. A ver si te apuras a aprender francés.2

—¿Te recuerdo mi estrepitoso fracaso cuando intenté aprender búlgaro? El


alemán sí se me da mejor —se quejó, con fingido dramatismo.

—¡Es que a quién se le ocurre aprender búlgaro! El francés es más fácil


que el alemán.62

—Dijo el bilingüe...4

Niall había puesto los ojos en blanco, Harry sólo negó con la cabeza.
Colgaron tras acordar que se verían en poco más de una hora en Styl.

Estaban bien, sin darse alguna explicación más... Y Niall no podía dejar de
sonreír.

...

Mayo, 2010
Tres semanas después24

Iba por el segundo cigarro y prácticamente se le había consumido entre los


dedos. Estaba en un descanso en el taller, era media mañana y no podía
apartar la vista de su móvil. Estaba en la pantalla de contactos.2

Por la H.118

Se había visto bastantes veces en aquella situación. Memorizó en su


momento el número de teléfono y ya habían pasado un par de semanas
desde la última vez que hablaron.1

Estaba nervioso.

Tragó saliva dos veces seguidas antes de resoplar. Era absurdo el nudo en
el estómago y que no pudiera mantener las piernas quietas.4

Era absurdo todo.

—Vamos, es Harry... —bisbiseó para sí mismo, entre dientes.16

Se suponía que era fácil, como siempre.5

Y también se suponía que nada era como antes. Eso también lo agradecía
en parte.3
Su dedo pulgar vacilaba sobre la pequeña pantalla táctil. La opción de
llamada estaba ahí. Quiso dar otra calada al cigarro, pero ya sólo le
quedaba el filtro.6

Bien...

Entro en pánico cuando su dedo lo traicionó y vio el "Llamando" en la


pantalla. Ya había dado el primer toque.101

El segundo...1

Se lo llevó a la oreja.

Se olvidó de inhalar.7

—¿Diga?40

De exhalar...3

—Hola —atinó a mascullar.11

Se oyó un breve silencio del otro lado.

—¿Louis? H-hola...64

Se tuvo que levantar del muro donde estaba apoyado. Caminar en


círculos...12

—¿Qué tal? —cuestionó, cerrando un ojo.31

—Eh... bien. ¿Y tú?8

La voz de Harry sonaba aún más gruesa a través del aparato. Casi ni lo
recordaba...7

—Bien también. Tú... ¿Tú padre qué tal?12


Y por supuesto, se mordió la lengua. Estaba seguro de que no existía
nadie más en el mundo que le preguntara tanto por Patrice. Pero no sabía
por dónde tirar...32

—Bien —contestó tras aclararse la garganta—. Está fenomenal. Ha vuelto


al trabajo, a ser el mismo... Cuidándose, por supuesto.

Louis asintió. A los dos segundos se dio cuenta de que el otro no podía
verlo.20

Se mordió con fuerza el labio inferior.

—¿Y tú?9

¿No le había preguntado eso ya? Deseó darse de cabezazos contra la


pared más próxima.61

En cambio, para su sorpresa, creyó oír a Harry reír...

—Con bastante trabajo, ya sabes... Sigo pegado a un teléfono las


veinticuatro horas del día. Viajes, reuniones...

—Oh, ¿no sigues en Plymouth?

—Sí, sí estoy aquí. Todavía me quedan unos meses.

Se quiso dar un golpe en la frente cuando únicamente volvió a asentir.12

—Ah, bien... —pronunció tras carraspear—. Yo estoy en un descanso


ahora. Quise llamarte antes para ver qué tal todo, pero... bueno, estuve
liado y tampoco quería molestarte, con el trabajo...

Esa vez, Louis negó para sí mismo. Se había trabado en la segunda frase
y hasta tartamudeó.

Todo aquello no podía ser una buena idea...


—No molestas. Me alegra que hayas llamado, Louis.50

Inspiró antes de quedarse callado. No sabía qué decir. ¿A quién se le


ocurría hacer una llamada en la que no sabía qué decir?46

Oyó cómo Harry se apartaba el teléfono, ruido de fondo y unas voces


lejanas con las que parecía hablar. Volvió a mordisquearse el labio,
dispuesto a disculparse por llamarlo a una mala hora. Quizás se
encontraba ocupado; ni siquiera había pensado en eso...1

Cuando fue a abrir la boca, Harry volvió a hablar:

—¿Louis?

—¿Sí?

Un silencio, brevísimo.

—Querrías... ¿Ir a cenar?323

Y otro no tan breve.

Los ojos de Louis se abrieron de par en par.

—¿A cenar? —musitó.14

—Sí, el viernes o algo así. O bueno, cuando puedas.

Aquel nudo en el estómago decidió entonces manifestarse. Más.

—Eh, sí... el viernes. Quiero decir que sí, que el viernes puedo.58

—¿Te gustaría?35

Louis volvió a dar otra vuelta.

—Sí. Sí, a cenar...

Harry pareció suspirar del otro lado.


—Bien. Puedo pasar a buscarte si quieres.42

—V-vale. Te puedo enviar la dirección de mi casa.

—Perfecto.

El menor volvió a asentir. Por tercera vez, se le había olvidado que el otro
no lo veía.23

—P-pues hasta el viernes entonces.11

Necesitaba apartarse el cacharro de la oreja de una vez. Por el bien de su


raciocinio, nervios y capacidad para respirar con normalidad. Para hablar
como una persona corriente...7

—Hasta el viernes, Louis.17

Colgó.

¿Qué demonios había...?

Surrealista.2

No se esperaba aquello. Iba a cenar con Harry. ¿Estaba preparado para


cenar con Harry?6

No tenía explicación para nada...

—¡Otra vez en las nubes!20

Dio un brinco en el sitio cuando sintió una fuerte palmada tras él.

—¡Joder, Paul! Qué susto...1

Se llevó una mano al pecho, maldiciendo algo más cuando su compañero


rió, sacándose una cajetilla de tabaco de un bolsillo. Se apoyó en el mismo
muro donde él antes estaba y le ofreció un cigarro, pero se negó.1
El tatuado dio una calada profunda y le hizo una seña a Louis para que lo
atendiera.

—Ha llegado Robert. Dice que quiere hablar con todos.18

El omega enarcó una ceja.

—¿Ahora?

—Sí.

—¿Pasó algo? —cuestionó, confuso.

—Ni idea.

Esperó que Paul se terminara el tabaco mientras intentaba limpiarse los


dedos recubiertos de grasa seca con el borde de su vieja camiseta.
Entraron de nuevo al taller, comentando algo sobre unos nuevos repuestos
que debían estar por llegar.2

Al cabo de diez minutos, Robert salió de su despacho, apagando la luz.


Hacía tiempo que no pasaba tanto tiempo por allí, pero el resto de sus
compañeros decía que no era tan extraño, que otras veces lo hacía cuando
optaba por trabajar fuera. Efectivamente, los hizo llamar a todos,
pidiéndoles que dejaran un momento lo que estaban haciendo.

Eran un total de ocho mecánicos y fue raro que en el taller se escuchara a


esa hora tal silencio.2

Paul se cruzó de brazos cuando todos hicieron un medio círculo alrededor


de su jefe. Louis se posicionó a su lado.

No iba a mentirse, se preocupó por un momento.7

—Muchachos... —comenzó el beta canoso tras largar un pesado resoplido.


Todos lo miraron—. La verdad que no sé cómo empezar. Sabéis que he
estado ausente las últimas semanas, o incluso el mes entero y no sabéis lo
orgulloso que estoy de que a pesar de eso el trabajo se haya sacado
adelante, que nuestros clientes quedaran satisfechos. —Suspiró,
llevándose una mano a la frente—. Lo cierto es que mi ausencia no ha sido
por mí mismo sino por... Mi esposa. Ella ha enfermando y hemos estado en
tratamientos, ha necesitado cuidados... Voy a ser franco. No está bien, las
cosas no están saliendo como deberían y necesitamos un tratamiento más
costoso. Si no hago nada mi compañera de vida se me irá y... —Robert
tuvo que callar un momento, prensar los labios y volver a coger aire—
...para hacer algo lo único que tengo es este taller. Este taller que es mi
vida. Y me duele. Me duele lo que tengo en casa y esta decisión, pero son
nuestros únicos ingresos y me voy a tener que ver en la obligación de
traspasarlo. No puedo trabajar más, ya estoy viejo, sabía que esto pasaría
algún día porque no tengo herederos. Este momento ha llegado casi diez
años antes de los previsto, pero no tengo otra opción, muchachos. Os juro
que he tratado de buscarla, pero no la tengo.16

El hombre terminó de hablar, dejando caer los hombros, casi derrotado.

Se hizo un silencio sepulcral.

Louis no pudo pasar saliva.

—¿Cuándo? —preguntó uno de los mecánicos.

Robert lo miró, afligido.

—Apenas voy a informarme de los trámites, pero quizás en un mes o dos.


No lo sé.

Y más murmullos. Suspiros...

El omega observó de reojo que Paul tampoco se había inmutado.


—Lo siento —volvió a pronunciar el jefe, llevándose la otra mano a la
cabeza.

—No es tu culpa, Robert.

—Sentimos mucho lo de tu mujer.

Fueron otros compañeros los que hablaron. El de ojos añiles sintió de


repente un vacío formándosele en la barriga.3

—Gracias. Gracias, muchachos.

—Si necesitas cualquier cosa... —comenzó Louis, en voz baja.

Robert le sonrió, triste.

—Estamos aquí —completó Paul por él.

Todos entonces asintieron, completamente de acuerdo.

—Haré lo imposible porque podáis mantener vuestros puestos de trabajo.


Os lo juro. Lo imposible. —Robert se notaba afectado; emocional. Tenía
que respirar hondo varias veces antes de atreverse a hablar—. Sois los
mejores en lo que hacéis.1

Un ambiente denso se adueñó entonces del lugar. Robert recibió algunos


abrazos y palmadas en la espalda, sobre todo de los mecánicos que
llevaban años junto a él. Louis lo miró cohibido, dedicándole una sonrisa
compresiva y sincera.

Sólo cuando el taller se volvió a poner en marcha, no fue consciente de


todo aquello.

¿Se quedaría sin trabajo? Era algo que ninguno sabía, todos habían
acordado seguir sacando el trabajo, esperar... Robert prometió que los
avisaría de todo.
¿Tendría entonces un nuevo jefe? Robert era un hombre leal, no se
merecía pasar por aquello... En todo el tiempo que llevaba trabajando para
él jamás lo había visto tan derrumbado. No era justo.26

¿Cuándo lo era la vida?8

Apretó los puños.

Recibió una palmada en la espalda por parte de Paul, quien seguidamente


se encogió de hombros. No necesitaban decir más, tocaría esperar a
aquellos meses, confiar en que todo mejorara.

Pero el problema era que a Louis nunca le gustó no tener respuestas.


Nunca le gustó resignarse.

...

El viernes había llegado.106

Había sido una semana rara, larga... El ambiente en el taller era silencioso,
aunque en ocasiones también cargado de murmullos. Algunos hablaban
algo entusiasmados, convencidos de que Robert encontraría una solución,
que no los dejaría sin trabajo. Otros se preocupaban por quién sería
entonces el que tomaría las riendas del taller; si sería de confianza. Una
minoría aseguraba que cuando llegara la hora optarían por buscar empleo
en otro sitio.5

Louis buscó en internet todas las condiciones de un traspaso. El nuevo


propietario no estaría en la obligación de mantener en su puesto a los
trabajadores y eso, irremediablemente, lo ponía nervioso. Él... ¿Dónde iba
a trabajar sino? No se imaginaba en otro lado, sin Paul o sin los chicos.3
¿Y si su nuevo jefe era un alfa? ¿Y si no le gustaba? Sólo de pensarlo se
le ponía el vello de punta...16

El propio Paul fue el que le recomendó que no pensara en eso, que


probablemente tendrían dos meses de margen donde debían seguir
trabajando, sobre todo para hacerle todo más fácil a Robert. Y sólo por eso
estuvo de acuerdo.

Debía intentar centrarse en otra cosa, por primera vez en su vida, posponer
los problemas. Debía desconectar y sobre todo porque aquella noche tenía
una... cena.47

Sí, era impensable que aquella histeria no arrasara con cualquier otra
preocupación.

Se había duchado, su pelo se estaba secando al aire y él se encontraba


con los brazos en jarra delante de su armario, abierto de par en par.33

Se había repetido unas cien veces la palabra "surrealista". ¿Él preocupado


por qué ponerse? ¿Desde cuándo?37

En sí, si indagaba un poco más... ¿Desde cuándo se iba por ahí a cenar?4

A cenar con Harry...2

Por vez ciento una volvió a gritar "surrealista".

En cambio, había tenido una especie de iniciativa. Hacía un rato le había


mandado un mensaje tras también escribirle la dirección de su casa.

"Hola, Harry. Me preguntaba adónde iremos a cenar..."31

El otro no había tardado en contestar:

"Me sé un sitio que te encantará. Apuesto que ni lo conoces, abrieron


hace poco"6
Fue justo ahí donde otra bombilla se le encendió. ¿Cómo iba a conocer los
sitios que seguro regentaría Harry? Fue ahí donde también se plantó
delante del armario.

"Eso ya lo veremos :P... me refería a que si es de etiqueta o esas


cosas"236

Sí, se sintió estúpido y se notó ruborizar al mandar el mensaje.4

"Etiqueta? Jajaja, sólo ve normal, Louis. Paso por ti a las diez?"49

Tuvo entonces que enarcar una ceja incrédula al leer la pantalla. Normal
para Harry era usar camisas y elegantes americanas, lo recordaba. Él
ahora parecía vestir así. De hecho, Harry siempre llevó ese estilo. Para él,
"normal" era ir en chándal y gorra, con una camiseta cualquiera que no
tuviera el cuello muy estirado.46

"Sí, a las diez"

Harry no contestó más y él tiró el móvil por algún lado antes de volver a
bufar, apartando otra corriente sudadera. Se iba a morir de la vergüenza si
el alfa lo llevaba a esos sitios caros donde había más cubiertos que mesa.
Se iba a sentir fuera de lugar. Sin embargo, agradeció que fuera el otro el
que también eligiera, pues él a donde más acudía era a alguna
hamburguesería...34

Vale que se quedara con hambre porque no iba a saber abrir una langosta
o algo así y vale que por ello encima le costara la mitad del sueldo, pero al
menos debía intentar ir decentemente vestido. Que no lo miraran
por eso también.27

Rebuscó hasta dar con unos vaqueros que recordaba tener por algún lado.
Aparecieron, algo arrugados y dio gracias a que fueran negros, pues
confiaba en que eso le restara un poco de aspecto informal. Encontró
también una camiseta blanca, con un pequeño bolsillo en el pecho que no
la hacía ver tan básica. Odiaba tener que llevar una chaqueta; que no
hiciera ya calor de verano... Estaba seguro de que no tenía ninguna
decente para ir a cenar dios sabía dónde. Refunfuñó sacando la única que
no era deportiva; una vaquera. Tendría que servir. De zapatos optaría por
aquellas Vans negras y rojas que no se había puesto tanto.84

Su pelo siempre sería un caso aparte. No sabía lucirlo sin gorra, así que
optó por usar algo de gomina, muy poca, que se sorprendió no tener
caducada en el mueble del baño. De resto, no usó colonias. No le
gustaban.44

Guardó su cartera en la chaqueta, las llaves de casa y se quedó mirando el


móvil para comprobar que quedaban cuatro minutos para las diez. Quizás
debía ir bajando...7

Marjorie no pudo reprimir la sonrisilla cuando Louis se despidió de ella. Lo


halagó por su aspecto y su hijo optó por salir rápido de casa, notándose
enrojecer. Ella ya se había enterado que salía con Harry, Louis se lo había
dicho el día anterior, por la noche, justo antes de comentar que estaba muy
cansado y que se iba a dormir.37

Bajó los escalones del edificio y hundió las manos en los bolsillos de la
chaqueta cuando estuvo fuera. Quiso comprobar la hora, pero un coche
que circulaba despacio aparcó justo enfrente de su portal. Se acercó.2

Esperaba un automóvil granate, pero Harry salió de un BMW gris de ese


mismo año. Le sonrió, marcando sus hoyuelos y saludándolo con una
mano.76

Louis lo observó entonces de abajo a arriba.


Unas botas marrones, pantalón pitillo negro y camiseta verde caqui bajo un
abrigo largo y marrón sin abrochar.50

Luego, su escrutinio frenó en seco.

Harry... llevaba el pelo suelto. Unos rizos que parecían deshechos a


propósito, de un largo considerable; por debajo de los hombros. La media
melena le descansaba tras las orejas para evitar que se le fuera hacia la
cara. También estaba peinada hacia atrás, formándole un pulcro tupé.75

Tuvo que tragar saliva.

Qué guapo.54

Volvió a frenar.

Pestañeó, escandalizado.

Se aclaró sin remedio la garganta cuando el alfa estuvo a tres palmos de


él.

—Hola —habló Harry, frotándose las manos por el frío.

—Hola —atinó a pronunciar, llevando su vista a las baldosas del suelo un


momento. Luego se la devolvió—. Puntual...1

—Claro. —El ojiverde sonrió —. ¿Vamos? Tenemos mesa para las diez y
cuarto.

Louis inspiró.

—Vamos.

El omega fue el primero en dirigirse a la puerta del copiloto. Harry, tras


unos instantes, también abrió la de su lado.
—¿Nuevo coche? —preguntó Louis una vez se hubo abrochado el cinturón
de seguridad.

Dentro, olía fuerte. Olía a Harry.123

A algo fresco, dulzón, pero sin llegar a empalagar. A limpio; a madera. A


pinar.30

El alfa hizo un mohín antes de arrancar.

—Vendieron el mío cuando me fui a Panamá. Este consume menos. Y lo


estoy pagando yo.2

Louis negó con la cabeza, escondiendo una sonrisa.2

Clavó la vista en el cristal gran parte del camino. Harry había callejeado
hasta dirigirse a las fueras, dejando el puerto atrás. No hablaron mucho,
pero no se hizo incómodo ya que llegaron en apenas diez minutos.

Harry le sonrió antes de que se bajaran del coche. El menor se había fijado
en cómo se hacía con una mano el pelo hacia atrás.70

Aparcaron en el propio parking del restaurante, con el cual se encontraron


al pisar la acera. Louis entonces tuvo que ladear el rostro.

Tenía un cartel luminoso, en tonos verdes y rojos. El vinilo de un cactus


enorme adornaba el escaparate donde se podía comprobar que el sitio se
encontraba bastante lleno. Una música singular emanaba del lugar...19

Harry no lo había llevado a un restaurante donde había más cubiertos que


platos principales, sino a un mexicano. Un casual y elegante mexicano.275

Se le escapó una sonrisa.3

—¿Qué? ¿Conocías el sitio? —preguntó el alfa algo nervioso, señalando


hacia la entrada.
—La verdad es que no.

—¿Te gusta este tipo de comida? Si no, podemos ir a otro lado, yo so-

—Harry —lo cortó, girándose hacia él—. Sí me gusta. Venga, vamos


dentro.36

Efectivamente, una mesa para dos los estaba esperando. Tenía bastante
intimidad, alejada de las más grandes y también escandalosas. Les tocó
una camarera de rasgos latinos y pelo negro y larguísimo amarrado en una
coleta. Se fiaron de lo que ella les recomendó para tomar de entrantes.31

Louis no dejó de ojear la carta cuando una fuente de nachos se sirvió en el


centro de la mesa.13

—No sabía que un guacamole pudiese estar tan fuerte —comentó el


omega tras llevarse un nacho bien untado a la boca.25

Harry rió.

—Menos mal que le dijimos a la camarera que no se pasara.

—Si pillas ese jalapeño estarás muerto.106

—Mejor lo ponemos a un lado...38

Louis se tuvo que cubrir la boca cuando Harry usó su tenedor para
apartarlo hacia la zona por la que él cogía.2

—¿Y dónde te aficionaste a este tipo de comida? —comentó mientras la


boca se le hacía agua al rebañar otro nacho en queso fundido—. ¿En tu
estadía por Latinoamérica?12

Harry tragó lo que masticaba, negando con la cabeza.


—No, en Panamá no pica tanto, pero si debo admitir que por allí aprendí a
valorar sabores nuevos.12

Se habían pedido también unas cervezas y ambos dieron un sorbo a la


vez.45

—¿No saliste de Panamá? —preguntó de nuevo Louis.

—Sí, sí lo hice. Visitamos Costa Rica, Medellín y Bogotá en Colombia y


precisamente en México fuimos a La Riviera Maya.359

Louis enarcó ambas cejas.

—Oh, ese lugar tiene que ser espectacular.

Harry asintió.

—Sin duda lo es. Es mágico, como entrar a otro mundo... No sé cómo


describirlo.43

De nuevo, volvieron a devorar la fuente de nachos.2

El alfa lo miró unos segundo antes de esa vez cuestionar él.

—¿Y tú? ¿Qué ha sido de ti estos años?3

Louis suspiró.

—Pues la verdad que no tan interesante. Estudié, terminé el curso y


comencé a trabajar. —Harry asintió, sin quitarle los ojos de encima—. Mi
madre también trabaja y bueno...

Louis estuvo a punto de chuparse los dedos, pero tomó rápido una
servilleta.29

—¿Bueno qué?
El omega miró al otro cuando le hizo la pregunta. Sus ojos verdes lo
observaban curiosos.

—No me gusta.

Harry calló un momento.

—¿Por qué?

—Antes no lo hacía y mi sueldo no es suficiente para que precisamente


esté como antes.

El de ojos añiles decidió de repente que prefería no comería más.

—No... ¿No estáis bien?22

Harry se sintió incómodo al lanzar la pregunta, de hecho esperaba una


expresión de Louis que indicara que se había excedido. Pero el omega
resopló, alzando el rostro. Él mismo había sacado el tema...

—Llegamos, pero siento que no es suficiente. —El mayor aguardaba


atento sus palabras—. Me gustaría que mi madre tuviese las comodidades
de antes, que con mi sueldo llegáramos, que no tuviéramos que ahorrar
tanto por qué pasará el día de mañana... Nos hemos vuelto más
precavidos.

El alfa lo observó unos segundos, en silencio.

El bienestar del dinero... Un terreno de lo más injusto. Fue inevitable no


compararse con Louis por un momento. Tocó madera cuando se imaginó
en la misma situación que él. Si su padre desaparecía, tanto él como
Annette podrían seguir con la misma calidad de vida; seguirían teniendo la
misma estabilidad económica. Sin embargo, sabía que en un momento así
eso sería en lo último en lo que pensaría. En su caso, su madre se
apagaría hasta un punto que... No podía ni pensarlo.

En resumidas cuentas, era tan dispar el comparar ambas situaciones...

—Bueno, quizás lo importante es que llegáis bien, ¿no? —Harry jugueteó


nervioso con el tenedor sobre su plato vacío—. Quizás suena a tópico,
pero... El dinero sólo viene y va. Lo importante es...

—¿La salud? —se le escapó a Louis. Había empleado en el tono


demasiada ironía.18

El alfa no respondió, apartándole algo incómodo la mirada. No quería decir


en voz alta que para él sí lo era, que qué importaba lo demás.5

Demasiado dispar....3

—Lo siento —pronunció el omega tras un resoplido—. Es sólo que


precisamente ahora estoy más preocupado por eso. Q-quizás pierdo el
trabajo. —Harry no dudó entonces en inclinarse sobre la mesa,
mostrándose atento. Louis suspiró—. Mi jefe nos ha dicho esta semana
que su esposa está enferma. Necesita un tratamiento costoso y lo único
que posee para enfrentarlo es el taller. Va a traspasarlo.

—Bueno... —Harry pensó un momento qué decir—. ¿Ya están los trámites
hechos? —Louis negó—. En ese caso deberá consultar bien las cláusulas
con un abogado, una buena gestoría... Al nuevo propietario le sería mucho
más fácil mantener a los mecánicos. Ya conocen cómo funciona el
negocio.14

—Ya, pero el nuevo propietario también puede cambiar por completo la


forma de trabajo del taller. Algunos ya han afirmado que se irán cuando
Robert, mi jefe, también lo haga. Y yo... no sé, me agobia muchísimo todo
esto.

Harry buscó que lo mirara a los ojos.

—En cualquier caso, Louis, los cambios en el trabajo también son buenos,
ampliar currículum... Estoy seguro de que no tendrías problemas en
conseguir un puesto en otro taller.

El omega de inmediato negó, mostrándose algo incómodo.

—En ninguno estaré tan bien como ahí. Estoy cómodo. Encajo. —Harry
arrugó el entrecejo. Él resopló—. Todos mis compañeros son betas. No me
ven menos, no me juzgan.8

El alfa no aflojó ni un ápice su expresión. Ambos callaron cuando la


camarera apareció con el plato principal. Habían optado por carne
sazonada con la que se armarían ellos mismos los tacos.40

—¿Y quién sí te juzga?13

Louis se arrepentía a cada segundo de haber compartido aquello. Nunca le


gustó hablar de eso...

—¿Crees que los omegas se dedican a lo mismo que yo? No, yo soy el
raro en eso. Estudié con alfas a los que les molestaba con mi sola
presencia. Yo soy el que se tiene que callar siempre y esconderse.3

Harry había tragado saliva lentamente. Sin ser consciente de ello, sus
manos se habían cerrado en puños y la mandíbula se le había tensado. No
podía dejar de fruncir el ceño.1

—¿Y por qué callas? No te escondas. Tú vales más que ellos. Plántales
cara.6
—¿Para qué? —rezongó—. Es una pérdida de tiempo. Yo sólo quiero
pasar desapercibido. Ser normal. No lo tendré fácil en ningún otro lado. No
sé... —Agitó la cabeza—. ¿Podemos cambiar de tema?5

Louis optó por tomar una de las tortillas y montar su primer taco.3

—Claro.

El alfa prefirió no decir más. Su cabeza se había enfocado en el término


"normal" que empleó el otro. En imaginarlo rodeado de otros alfas que se
molestaban con su presencia...

¿Por qué?

Fue consciente de que una tensión se había apropiado también de sus


hombros. Debía relajarse y aflojar su expresión, lo sabía. Louis podía llegar
a notar lo contraído que se encontraba.

No podía ignorar la extraña sensación que le tironeaba en el pecho.1

Optaron por comer tras dar un trago a sus jarras de cerveza. En sí, el
ambiente no tardó en relajarse cuando Louis se tuvo que reír ante la cara
de Harry al primer mordisco.

—Pica... —se había quejado el alfa, poniéndose colorado122

El otro se tuvo que tapar la boca llena.

—Pero está bueno —dijo tras tragar.

De postre, decidieron ir más a por algo más internacional... Unas bolas de


helado de limón. Louis había comentado que era uno de sus favoritos y
Harry concordó con que también lo era de él.41

Fue tras unos minutos cuando la conversación se retomó, con un tema


totalmente distinto...
—¿Tienes pareja?205

La cucharilla de postre de Harry se le resbaló de entre los dedos al oír tal


cuestión. Clavó los ojos en Louis, quien no levantó la vista de su helado.
43

Se aclaró la garganta.

—No. —El omega lo miró—. ¿Y tú?

—¿Yo? No... No.2

Había respondido casi escandalizado.

—Lo dices como si fuera una locura —repuso Harry, empuñando de nuevo
la cucharilla, con confianza.1

—Es una locura —afirmó.32

—¿Que tengas pareja?

—Sí.

—¿Por qué?

Louis notó cómo sus mejillas enrojecían.

—Porque no me interesa. No sirvo para eso. —Harry entonces lo siguió


observando en silencio. Louis se removió en su asiento—. No se me da
bien mantener cualquier tipo de relación. Creo que lo pudiste comprobar.10

El alfa se remojó los labios con la lengua.2


—Creo que eso es algo que está en tu cabeza. Muchas veces se te dio
bien.6

El de ojos añiles no tardó en negar.

—No...

—Por ejemplo —lo interrumpió Harry—... cuando fuiste el primero en


felicitarme por mi veinte cumpleaños. Ahí se te dio muy bien.112

El choque se miradas no tardó entonces en darse. Louis se olvidó de su


postre; no podía apartar los ojos del mayor.12

—Uno de febrero.65

Las comisuras de Harry se curvaron al instante.

—¿Ves? Se te da bien, Louis.10

Estaba seguro de que el verde en los orbes del alfa nunca había sido tan
intenso...3

—Es sólo una fecha, un detalle...4

—Las relaciones se basan en los detalles. Cualquiera. Por simple


cordialidad, amistad, romántica... —Se volvió a humedecer los labios—.
¿Crees que a mí sí se me dan bien las relaciones?2

—Sí.

Ni siquiera había pensado la respuesta.

—Bueno... —Se le escapó una sonrisilla—. Lo cierto es que no me sé tu


cumpleaños.8

Y Louis también sonrió.


—Veinticuatro de diciembre.3

Harry enarcó una ceja.

—Nochebuena... buen regalo. Está bien, yo también tengo que pulir mis
detalles.36

El menor tuvo que suspirar para aflojar aquello que le molestaba a


toquecitos en el pecho.1

—Tú tienes más que el de saberte un cumpleaños.

—¿Sí?

Los hoyuelos del alfa no podían estar más marcados. Llevaban un rato
así.8

—Sí. Tú siempre... estás. No sé cómo lo haces, pero apareces.12

Se mantuvo un rato el silencio tras oír aquello. Le resultó curioso que


justamente fuera el omega el que empleara aquel término. "Aparecer".

—Creo que eres la primera persona que me dice algo así. De hecho,
muchas coinciden en que nunca estoy porque precisamente no me quedo
quieto en un sitio.

—Y es cierto también. —Se encogió de hombros—. Pero quizás el que te


muevas tanto hace que consigas eso. Estar.

No se preocuparon por apartarse de nuevo la mirada después de eso.


Harry no supo qué contestar, sólo volver a sonreír.1

Los ojos de Louis eran tan... tranquilizadores.3

—¿Volverías a cenar conmigo? —se aventuró a preguntar el mayor.


Siquiera se lo pensó dos veces antes de pronunciarlo—. Otro día.14
Louis pasó saliva, jugueteando con el borde de la servilleta; lo primero que
encontró.

—S-sí. ¿Por qué no?24

—Si quieres llámame tú. Podemos cuadrar un día, quizás fin de semana.1

—Vale, sí.2

Harry se fijó en la servilleta del otro.

—Para la semana que viene estaré en Bruselas, pero vuelvo el jueves.1

El omega se mostró sorprendido.

—¿Bruselas?

—Sí, unas reuniones de trabajo. El mismo por el que me trasladaré a


Londres a finales de julio o ya agosto.

El de ojos añiles asintió de inmediato. Recordó que efectivamente, Harry ya


le había dicho que le quedaban algunos meses en Plymouth.5

El silencio volvió a reinar; el menor sentía la mirada verde sobre él.

Decidió romperlo.

—Harry, siento no haber contestado a las llamadas. Tú no querías


explicaciones. —El alfa no había tornado en ningún momento su expresión.
Se había quedado pasmado—. Y yo las doy. Por todo.4

No supo qué decir. Eso no se lo esperaba.

Pero quizás, demasiado rápido, también entendió por dónde iba.

—Yo siento haberte llamado en un estado muy poco sobrio. —Notó


entonces una mueca divertida en Louis—. Y haberte agobiado. Entiendo
que después de eso desaparecieras. Lo entiendo de verdad. Siento... dios,
siento que eso lo hizo un Harry de hace diez años y sólo han pasado dos.

Años en los que no habían liberado ciertas cargas...8

—También me pasa. Siento que hay cosas que fueron hace tanto...2

Harry tuvo que apartar la mirada cuando se dio cuenta de que se había
fijado más de lo debido en los labios del omega.55

—Supongo que maduramos, ¿no? —comentó—. Un Harry y Louis nuevos.

—Diferentes —aportó el menor.12

—Diferentes.1

Los postres se quedaron a medio comer y Louis decidió esconder la


servilleta bajo un plato cuando comprobó que la había arrugado
demasiado. Pagaron la cuenta a medias cuando ambos quisieron hacerse
cargo de ella. Lo decidieron tras romper en una carcajada al ver que casi
compitieron por ver quién la tomaba antes.22

Salieron en silencio del restaurante y Harry encendió la calefacción en el


coche cuando comprobó de reojo que el omega escondía las manos bajo
las mangas de su chaqueta vaquera.10

Cuando llegaron a su casa, Louis se sorprendió cuando el otro también


bajó del coche. Pretendía acompañarlo al portal...98

Estaba haciendo polvo su labio inferior de tanto mordisqueárselo cuando


se giró a mirarlo.

—Buenas noches.

Harry sonrió.
—¿Te lo pasaste bien?

El otro sintió de la nada un escalofrío.19

—Sí, claro que sí... ¿Y tú?

—Genial.

Tuvo que tomar una bocanada de aire antes de boquear.

—S-si quieres llámame para la próxima. Después de tu viaje. —Intentó una


sonrisa—. Contesto...22

—Sí, ya sé que contestas.9

El perfil de Harry era hechizante. Se había vuelto a peinar el pelo suelto


con una mano. Apenas los iluminaba la luz de una farola...6

—Buenas noches, Louis.

—Buenas noches, Harry.

Sin embargo, ninguno se movió.159

Louis notó el tamborileo en el pecho y Harry había aspirado.

No pareciera que fuera a llover, pero podría perfectamente hacerlo. Se


sentía así.25

Un nuevo latigazo, suave, que le cosquilleó a lo largo de la columna


vertebral cuando el mayor se movió, pero no para dar media vuelta, sino
para inclinarse hacia él.83

Se paralizó.

Luego, su mejilla ardió. El alfa había depositado allí un beso corto, apenas
un roce antes de dar media vuelta.280
No se atrevió a moverse del portal hasta que la imagen del BMW se
desdibujó a lo largo de la calle, en mitad de la noche.

Después, tuvo que largar todo el oxígeno contenido en sus pulmones,


rozando con la yema de los dedos su mejilla.27

De repente, ya no hacía tanto frío.

98

I've got a hundred million reasons to walk away


But baby, I just need one good one to stay

Todos en el taller brincaron cuando oyeron la vara de metal chocar contra


el suelo con escándalo. Louis arrugó el entrecejo, comprobando que fue
Paul el que por tercera vez aquella mañana irrumpía con un peculiar mal
genio. Su compañero había tenido muy poco cuidado con cada material
que desechaba e incluso se vio envuelto en una enzarzada discusión con
otro mecánico por dicha actitud. El omega no lo entendía y había sido
demasiado escueto con las palabras que intercambió con él esa mañana.20
—¡Mierda!7

De nuevo, fue Paul el que maldijo. Se había dado un golpe al no accionar


bien el seguro de una de las máquinas. El mecánico que se encontraba
más cerca fue hacia él para comprobar cómo estaba, pero de nuevo el beta
fue tosco, haciendo un ademán con la mano al alejarse hacia la zona de
taquillas y baño.14

Louis bufó por lo bajo antes de abandonar lo que estaba haciendo para
seguirlo. Se colocó mejor su gorra hacia atrás y se limpió un poco la grasa
de las manos con la camiseta.

Cuando llegó donde el otro, Paul tenía la mano lastimada bajo un chorro de
agua fría. Tragó saliva cuando se encontró ya tras él.1

—¿Se puede saber qué te pasa hoy?

El beta siquiera se inmutó cuando oyó la voz a sus espaldas.14

Louis había levantado el mentón, sin aflojar ni un ápice el entrecejo. Sabía


que lo que le unía a Paul era una relación laboral aunque a veces se
contaran algo más y bromearan. También era cierto que era al que más
confianza le tenía. No pretendía que le contara sus problemas a él y no a
otro, pero le preocupaba de verdad. Paul siempre estaba de buen humor y
vacilaba con todos. De hecho, sus ausencias se notaban y...

—Samantha está embarazada.118

Los pensamientos del omega frenaron en seco cuando oyó senda


declaración.

Abrió y cerró la boca dos veces. Puso los ojos como platos.

—¡Vas a ser padre!6


No supo siquiera por qué lo exclamó. Era la primera vez en su vida que le
tocaba reaccionar a una noticia así. Paul se giró, secándose las manos con
servilletas de papel. Únicamente asintió y Louis pestañeó un par de veces.

—¿Pero entonces? —comenzó de nuevo el omega—. ¿No estás contento?


¿Qué pasa?1

El otro largó un pesado resoplido antes de hablar.


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—Estoy contento —admitió—. No lo buscamos. Sucedió y... sólo estoy


preocupado. Maldita sea, no es el mejor momento.

Louis comenzó a relajar su expresión.

—Por el trabajo. Es el traspaso, ¿no?

—Si me quedo sin trabajo no sé qué voy a hacer. ¿Tú sabes la de gastos
que conlleva tener un hijo? Tenemos que mudarnos también. Vivimos en
una mierda de estudio que está genial para nosotros, pero ahora con un
bebé... Tenemos que comprar una cuna, juguetes, un parque de esos para
meterlo y, oh sí, esa cosa para limpiarle el culo, ¿cómo se llama?71

—¿Cambiador? —aportó dudoso.

—¡Eso! Y un carrito, más ropa que es carísima y eso que las usan dos
semanas y luego ya no les sirve y... dios.38

Se terminó por llevar las manos a la cabeza.

—Paul, tranquilo. Sé que lo del trabajo es algo que nos tiene a todos
preocupados, pero no sé, quizás puedes hablar con Robert, explicarle la
situación y que hable con el nuevo propietario y...

Pero el beta ya estaba negando con la cabeza.

—No pienso poner a Robert en un compromiso. Él ya tiene bastante con lo


suyo. —Resopló una vez más—. La verdad que no sé qué haré, Louis. El
hermano de Samantha... Bueno, él me ofreció algo.1

—¿Vas a dejar el taller antes de tiempo?

—No —negó de inmediato—. Es algo a parte del taller. Una oportunidad


que sólo se da cada seis meses. Mira, no puedo esperar dos más para
saber qué va a pasar. Me conocen en otros talleres y no tengo
precisamente buena fama allí. La lie en su momento y estaba muy jodido
antes de conocer a Robert. Si espero a que me echen esta oportunidad se
irá a la mierda, así que necesito meterme desde ya en ese plan b que no
me hace ni puta gracia. Es un mundo en el que no quiero volver a entrar.

Louis había apretado los labios, confuso.

—Vale, sí, te entiendo. ¿Y en qué consiste ese plan b?


Paul entonces se mantuvo callado. Quiso pronunciarse, pero quizás fue por
el semblante del otro por lo que no lo hizo.34

Negó con la cabeza.

—Es mejor que ni lo sepas.77

—¿Qué? Pero, Paul...

—Volvamos al trabajo. ¿Por favor? Necesito centrarme en él y dejar de


comportarme como un capullo. Debería pedirle perdón a Ben por el
espectáculo de antes...3

Louis tuvo que ladear una sonrisa. Paul soltaba demasiadas palabrotas y
su aspecto podía ser el de alguien rudo; sus tatuajes sin duda lo eran, pero
nada más lejos de la realidad. Era una persona considerada que, a su
criterio, no se merecía la angustia de aquella incertidumbre. Suspiró,
dejando que Paul pasara delante.

—Paul —lo llamó antes de salir.

El beta se volteó a verlo.

—Igual vas a ser un muy buen padre.35

El tatuado disimuló la sonrisa que se quiso alojar en sus labios. Asintió en


agradecimiento, notándose más abrumado que hacía unos instantes.

Louis también volvió al trabajo después de eso, mas sin poder quitarse
aquel tema de la cabeza.

...

—Tienes razón, hermano, que él dé el primer paso, sí, no me voy a


agobiar...68
Harry tenía los ojos en blanco. Escuchar a Niall con aquel tono de voz
intentando "imitar" el suyo ya era agotador.

—¿Otra vez con eso?

El irlandés incluso se aclaró la garganta antes de volver a entonar una voz


más grave que la suya.

—Sí Niall, tienes razón, quiero que me busque y...57

Oh, ¡era ya el colmo!

—¡Te recuerdo que él me llamó primero!3

El otro entonces no tardó en romper en carcajadas. Harry dejó escapar un


gruñido por lo bajo.

Se encontraban en Bruselas, justamente en una de las salas de reuniones


que el hotel había puesto a su disposición.1

—Harry —comenzó Niall, con una mano sobre el estómago por la risa—.
Tardaste como un minuto y medio en invitarlo tú a cenar.90

El otro alfa bufó en respuesta, estirándose en su silla.

—Ugh, Niall, ha pasado ya una semana, ¿vamos a seguir con lo mismo?

—Por supuesto —contestó su amigo con elocuencia—. Me reiré de eso


cada vez que me acuerde. Como ahora.37

Harry puso de nuevo los ojos en blanco.

—Ya te he dicho que me emocionó que llamara, ¿de acuerdo? Al final de


cuentas sí que tuvo él la iniciativa y yo pues ganas de verlo. Fin.

Niall, evidentemente, tenía que volver a hablar con socarronería.


—Minuto y medio...23

—¡Oh, vamos! ¿Y qué hacía? Ya vi como un milagro que él llamara. Sí, no


me pude controlar, sentía que era ese momento o nunca. A él se le notaba
nervioso y no iba a tener la iniciativa.

—Sí, ya, lo de no poderte controlar ya lo sé. Literalmente casi me tiras un


zapato para que saliera del despacho.49

Harry abrió la boca incrédulo.

—¡¿Otra vez?! No te tiré un zapato, ¡fue una bola de papel!5

Una vez más, Niall terminó emitiendo una risotada. Debía admitir que le
encantaba regocijarse de aquel Harry apurado para explicarse.2

—Bueno, bueno, señor "no control", ¿entonces? ¿La próxima cita?253

Había cambiado su tono, levantando incluso sus cejas en un cómico


movimiento.

—Me dijo que lo llamara. —Resopló—. Es que, ¿ves? A Louis le cuesta


más eso de coger el teléfono y planear algo, así que bueno, tendré que
ocuparme yo. Porque me dijo que sí que volvería a salir conmigo.

La sonrisilla de Harry no se hizo entonces esperar. Fue consciente de lo


precipitado que se mostró la última vez. Su amigo se había llevado las
manos a la cabeza cuando él pronunció la palabra cena. Pero, ¿qué hacía?
Casi le dio algo cuando escuchó la voz del omega a través del aparato. Era
una mañana movida en la que ni siquiera miró el número en la pantalla
cuando contestó.8

A su mente en sí le había costado asimilar que Louis efectivamente lo


llamó.
Louis, Louis, Louis. ¿Cómo sacárselo de la cabeza? Era imposible, sobre
todo después de la última vez. Él tampoco era experto en relaciones, pero
debía admitir que aquella cena no pudo haber ido mejor. Sintió que el otro
le dejó ver un poco más de él, que se pusieron al día con pocas palabras y
que... dios, se moría por volver a repetirlo. Antes de asistir a aquel
encuentro ya se había ilusionado y había asimilado demasiado rápido que
tras eso no habría vuelta atrás. Era consciente de que se estaba
arriesgando y que a veces su consciencia le advertía por ello. Pero era fácil
caer al vacío con Louis. Algo más fuerte que él era lo que mandaba en
eso.43

A la posibilidad de darse de bruces ya se había resignado. Supo que no


podría escapar de ella desde el momento que decidió aferrarse a él cuando
visitó a su padre por primera vez en el hospital.

Niall en aquel momento había chasqueado la lengua.

—Me vas a salpicar miel. Estás que pareces sacado de una comedia
romántica de Julia Roberts.17

El alfa había hecho incluso una mueca de disgusto. Harry enarcó una ceja.

—Ya te llegara el momento a ti, hermano, y me voy a reír. Te aseguro que


me voy a reír a carcajadas...88

Lo señaló con un dedo en su advertencia y el otro, con absoluta madurez,


le sacó la lengua en respuesta.2

—Sí, sí, lo que tú digas, pero suéltalo. ¿Cuándo vuelves a quedar con él?

—No lo sé. Que el viaje aquí en Bruselas se haya alargado me descalabró


un poco los planes. Pensaba mandarle un mensaje para decírselo.

Niall dio un respingo en su asiento.


—¡Oh! ¿Necesitas que organicemos un comité para el mensaje de texto
perfecto?48

Harry tuvo que reír.

—No...

—Si quieres lo armo en un momento, no hay problema. —Se encogió de


hombros. Harry puso los ojos en blanco—. Pues nada, te dejó ahí
empalagándote con tu miel. Yo me voy a comer algo que tengo un hambre
que me muero. ¿Tú no? —Miró su reloj, rascándose con un bolígrafo la
sien—. Y apenas son las once.3

El ojiverde negó con la cabeza.

—No, yo no tengo. Y da igual la hora que sea, Niall, tú siempre tienes


hambre.48

El aludido pestañeó.

—También es verdad —admitió resuelto, poniéndose de pie—. Pues dado


que queda una hora para la reunión voy a inspeccionar un poco el hotel.
Quizás yo también encuentro por ahí a alguien para invitar a cenar. —
Guiñó un ojo—. Deséame suerte, ¿no?6

Harry ya tenía más que asumido que el otro no tenía remedio.

—Suerte, hermano.

Niall salió en mitad de otra carcajada, planchando con sus manos la


inmaculada chaqueta de su traje azul marino.

Harry suspiró.

Tomó la Blackberry que descansaba en la mesa, reposando mejor la


espalda en la silla de oficina. A veces no sabía si debía agradecer el
encontrarse tan ocupado y que los días pasaran con tal rapidez, pues eso,
por suerte o por desgracia, le hacían pensar menos en él. No podrían
quedar aquel fin de semana. Las reuniones en Bruselas estaban siendo
fructíferas, pero más largas de la cuenta. Una junta había sido pospuesta y
otras se realizaron en dos días diferentes y no en uno como ya estaba
estipulado. Según su padre, eran asuntos a los que se debía hacer;
contratiempos que poco a poco los consideraría su día a día.4

Se aclaró la garganta antes de abrir el menú de mensajes.

"Hola, Louis, el viaje a Bruselas se ha alargado más de la cuenta y no


podré estar en Plymouth este fin de semana. Crees que podamos
quedar para el siguiente? Espero que todo te vaya bien en el trabajo.
Has sabido algo de ese tema?"23

Entrecerró un ojo cuando presionó la tecla de enviar. Ya no pensaba tanto


en los pequeños textos, pues había asumido que mandara lo que mandara,
terminaría viéndolo ridículo. O demasiado correcto, informal, serio, quizás
con exceso de confianza...5

Definitivamente los odiaba. Prefería el cara a cara.41

Dejó el teléfono a un lado, convencido de que no obtendría pronta


respuesta. Hizo crujir sus dedos, dispuesto a centrar su atención en unos
documentos sobre la mesa, pero su móvil vibró.6

Y el centro de su vientre cosquilleó.

"Hey, hola. Qué lástima lo de este fin de semana. El siguiente estoy


libre, podemos acordar algo si quieres. Y lo de mi trabajo sigue todo
igual, toca esperar. Gracias por preocuparte, Harry"84
Sus hoyuelos habían aparecido casi al instante. Le sonreía sin remedio a la
pantalla. ¿Cómo evitarlo?40

Ese Louis le encantaba. Más de lo normal.45

No le dio tiempo a releer el mensaje por tercera vez, pues otro le entró. Del
mismo remitente.

"Espero que al menos aproveches para hacer algo de turismo por


Bruselas :P Me han dicho que los gofres con chocolate ahí están muy
buenos"226

Harry se vio en la necesidad de rectificar. Le fascinaba ese Louis.

Sus dedos teclearon prácticamente solos.

"Tendré en cuenta tu recomendación, te lo aseguro. Te llamaré la


semana que viene"3

De repente, no supo si debía dejar a aquellos dedos hacer tanto...

"... Tengo ganas de verte"237

Pero lo hizo, porque antes de darse cuenta había añadido eso último antes
de darle a enviar. Ni siquiera pensó. En momentos así ya se había dado
cuenta de que no se le daba muy bien.

Volvió a abrir el menú de mensajes, pero esa vez seleccionó a Niall como
destinatario.

"Sabes si hay una tienda buena de chocolate belga cerca del


hotel?"102

O quizás podría preguntarlo en recepción. Todavía tenía libre una hora...


Al fin y al cabo, comprar un regalo no tenía por qué llevarle mucho más
tiempo.

45

...

Las noticias llegaron mucho antes de lo esperado. Robert lo había


mandado llamar.

Hacía menos de una hora que había comenzado a trabajar cuando su jefe
apareció por el taller con una carpeta en la mano. Tenía mejor aspecto que
la última vez que lo vio; sus ojeras ya no lucían tan marcadas. Sintió un
nudo en el estómago y la mirada de todos sobre él cuando Robert se le
acercó, pidiéndole que fuera a verlo cuando tuviera un hueco libre.

Y francamente, no se pudo volver a concentrar.

Dejó las herramientas a un lado cuando se pasó ambas manos por el


rostro. Habían pasado dos semanas desde que se enteraron del traspaso.
Se suponía que iban a tener más tiempo, que el margen era mínimo un
mes más...

Paul no dijo nada cuando Louis pasó delante de él, camino al despacho.
Nadie dijo nada.

La mano le tembló al tocar la puerta y el nudo apretó más cuando el beta lo


recibió. Era un cubículo pequeño. Dos estanterías en la pared del fondo y
un escritorio de madera archivadores apilados, carpetas y papeles sueltos.
Louis tomó asiento una la silla de oficina con un pata reforzada en cinta
aislante. Robert suspiró y también se sentó frente a él.
—Louis...

—¿Me van a echar?1

El omega no dejó siquiera empezar al otro. El mayor soltó un pesado


resoplido, perdiendo la vista en una taza de café frio.

Louis no podía pasar saliva.

—Lo siento. —Negó con la cabeza—. Hay alguien muy interesado en el


taller, me ha dado incluso una señal. Es de Bristol, y tiene talleres allí; sus
propios mecánicos... Va a prescindir de los que tengan menos de tres años
de contrato. Quiere unificar la plantilla.6

Seguía sin pestañear. No podía.

—Le dije que todos mis mecánicos eran buenos y no lo dudó, pero que él
también lleva años trabajando con los suyos. Sois tres los que no podréis
seguir. Yo... —Se pasó ambas manos por la cabeza—. Lo siento de
verdad. Sois buenos en lo que hacéis, no es por otra cosa. Es decisión del
nuevo propietario.

—Está bien —consiguió espetar.

Se le había helado el cuerpo y notaba un nudo en la garganta que no le


dejaba hablar.

Se iba a quedar sin trabajo. Lo iban a echar.27

Justo la semana en la que su madre le anunció que había conseguido que


le redujeran la jornada. Estaba contenta y él también de que sólo fuera a
trabajar por las mañanas. El ahorro había dado sus frutos y los gastos se
estaban estabilizando. El propio Louis no le dijo nada a Marjorie del cambio
que podría haber en su trabajo porque... ella estaba tan risueña ese día y
él sentía tan fuerte que era su deber el fomentar que su madre se
mantuviese así. Que él acarreara con los gastos; que aportara su sueldo
entero. Sin él, Marjorie tendría que volver a trabajar por las tardes y eso
Louis no lo quería. No quería permitirlo.

Y ahora se iba a quedar sin trabajo. Tenía que hacer algo. Tenía que...

—Podrás trabajar hasta final de mes. Te pagaré tu sueldo íntegro y la


liquidación. En junio vendrá el nuevo propietario.

Sólo atinó a asentir.

Hasta final de mes. ¿Y luego? Sentía los latidos del corazón casi en la
garganta. ¿Y luego qué? A veces se preguntaba qué hacía en aquel taller.
Robert había tenido un trato especial con él y estaba seguro que no habría
otro así.

A él siempre lo juzgaban.8

No le darían la oportunidad frente a otros.

Él... no sabía hacer otra cosa. ¿Quizás volver al supermercado? Era un


trabajo de mierda con un sueldo de risa. No llegaría con eso y su madre...
Ella estaba tan contenta. No le podía decir que perdería el trabajo. Tenía
un mes para arreglarlo, pero, ¿cómo?

¿Qué otro taller iba a confiar en un simple omega? Él no se veía de otra


forma.22

Porque se olvidó de la validez que una y otra vez Robert le recordó que
poseía. Porque no hizo caso a que él se encargaría de realizarle una carta
de recomendación. Porque no escuchó las veces que le dijo que lo sentía,
pero también estaba seguro de que se lo rifarían allá fuera.
Porque no lo habían echado por ser omega, pero sí estaba convencido de
que se estancaría por ello.1

Asintió por enésima vez cuando Robert lo acompañó a que abandonara el


despacho. Se sentía un autómata. Su cabeza iba a mil, incapaz de asimilar
todo lo que acontecía. Apretó los labios cuando Robert llamó a otro
compañero, Mario. Él tenía dos hijos y Louis sintió de repente ganas de
vomitar, sobre todo cuando todas las miradas del resto de mecánicos se
posaron sobre él. No se atrevió a levantar la suya del suelo y se dirigió de
inmediato a los baños, apretando los puños. No iba a llorar aunque tuviera
ganas de ello. No se lo iba a permitir. No.24

Eso no.

Dejó correr el chorro de agua fría y no se atrevió a mirar su reflejo en el


espejo. No se atrevió a nada.

—¿Louis?

Cerró los ojos con fuerza cuando escuchó la voz de Paul a sus espaldas.
Esa vez lo había seguido él.

Le llevó un par de segundos deshacer el nudo de su garganta.

—Paul —llamó—. ¿Hace cuánto trabajas aquí?

El beta se mostró confuso.

—Unos cuatro años, más o menos. No recuerdo. ¿Por qué?

Louis cerró el grifo y se giró.

—Entonces no te preocupes porque no vas a perder el trabajo.2

—Qu-
—Los que llevamos menos de tres años sí —se adelantó a decir—. El
nuevo propietario, de Bristol, tiene sus propios mecánicos y va a reunificar
la plantilla o algo así, no lo sé. Sólo sé que me voy a la calle.30

Paul había arrugado el entrecejo y tensado la mandíbula al oírlo. De


primeras, no supo qué sentir o cómo reaccionar ante tales noticias.

—E-eso es una mierda. No es justo. Por mucho que tenga a sus pringados
de mecánicos no saben cómo trabajamos aquí. Lo van a joder todo.

Finalmente, el beta optó por trinar. Tiró el paño que descansaba en su


hombro al suelo antes fruncir aún más el ceño. Dio incluso una vuelta
sobre sí mismo.

—Es el nuevo propietario. Si quiere cambiar cómo se trabaja, puede.

—Es una mierda. Un reverenda y auténtica mier-8

—Paul —lo interrumpió de nuevo—. Mira lo positivo por tu lado, ¿no? Tu


bebé ya no vendrá en mal momento.

El beta relajó apenas su expresión, aún contraído cuando se topaba con la


del omega, quien lucía sin remedio cabizbajo.

Resopló.

—Tú trabajas de puta madre, Louis. Vas a encontrar un puesto en


cualquier lado. Te puedo pasar unos contactos, pero no digas que me
conoces porque saben que yo soy un capullo, pero tú vales.3

En cambio, el otro se encontraba ya negando.

—Es una mierda como tú dices. No voy a conseguir nada, Paul.

—¿Qué? ¿Cómo que no? Aquí en menos de un mes ya estabas hecho y


siendo uno más.
—Todo esto fue una excepción —replicó—. ¿Sabes cuánto me costó venir
siquiera a la entrevista? Tú mismo lo dijiste, Robert es diferente y como
mismo te recogió a ti, lo hizo conmigo. Él no juzga, pero en otros lados sí.
Hay opciones mejores que yo, siempre las hay.

Paul negó.

—¿Porque seas omega te crees que no te van a contratar? —Louis arqueó


una ceja con evidencia—. ¿Lo has intentado acaso? Yo la jodí de otras
formas, Louis, no es comparable. Sí, Robert es un tío de puta madre, pero
no tiene que ver en que tú no hubieras conseguido trabajo en otro lado.

—Me van a juzgar —aseguró de nuevo—. Me mirarán por encima del


hombro. Tú has visto que no puedo siquiera entregar un encargo.17

—Eso pasó una vez y sí, aquel tío era una mierda estirada, a cualquiera de
nosotros nos miraba por encima. Tú fuiste el que después de eso prefirió
esconderse cuando no todos los clientes son así, te lo dije mil veces.

Louis se pasó ambas manos por el cabello.

—Sólo sé lo que he vivido. Desde los quince años. Esta oportunidad fue
una excepción y ahora estoy jodido. Ahora no sé qué voy a hacer...2

Paul no podía más que observarlo con desasosiego.

—¿Tan poco confías en ti o es que tienes exceso de afán de


protagonismo? —Louis de inmediato lo miró—. ¿Crees que todos se paran
a identificarte? ¿Todo el tiempo? No dudo que los críos a los quince años
fueran unos cabrones y sí, hay adultos también cabrones, pero te estás
resignando sin haberlo intentado.56

El otro no tardó entonces en dar un paso, entrecerrando los ojos al mirarlo.


—Tú hace una semana estabas igual. Te compadecías sin intentarlo.

Paul no destensó su semblante.

—Te he dicho que lo mío es completamente diferente.

—¿Por qué?

Y el tatuado bufó, dando otra vuelta en el sitio. Eso era precisamente algo
de lo que ya no hablaba.

El silencio no tardó en reinar. Louis volvió a abrir el grifo del agua para
lavarse las manos y empapar su rostro. Le hubiera gustado pensar que
todo aquello era un mal sueño; tardar un poco más en salir de la zona de
confort. En cambio, era la sonrisa de su madre la que se le venía a la
mente.

Y todo aquello era real.

—Paul —volvió a llamarlo, sabiendo que a pesar del silencio y el ambiente


denso su compañero aún seguía allí—. Tú hablaste de un plan b para
ti...115

El beta de inmediato dio un respingo.

—No.

—Ahora yo lo necesito —anunció, girándose de nuevo hacia él—. No


confío en nadie y lo necesito de verdad. —El otro continuaba negando—.
Por favor. Tú has dicho que quizás fuera no me juzgan, ¿no? ¿Entonces?

Paul bramó por lo alto.

—¡Es que no tiene nada que ver una cosa con la otra! Me la suda lo que
seas, pero esa opción... No, simplemente no.32
—¿Por qué? —quiso saber—. Yo también estoy jodido. Mi sueldo es el
más importante de mi casa. M-mi madre redujo su jornada y si yo pierdo
esto... Por favor, Paul. Ella estaba feliz con eso, necesito algo para tirar
estos próximos meses. Hasta pensar qué hacer. Sólo dime de qué era ese
plan b del que hablabas. Para ti era una opción.

—Para mí lo era porque no tenía de otra, ¿entiendes? También te dije que


era un mundo en el que no quería volver a entrar.

—¿Qué mundo?3

—Louis, no.

—Paul, por favor. Sólo dime. ¿Se gana bien?6

—Se gana muy bien, pero no vale la pena. También pierdes. Mucho.

El de ojos añiles prensó sus labios antes de inspirar hondo por la nariz.

—Ayúdame —pidió—. En realidad estamos en las mismas, Paul. Tú no


ibas a tener otra opción y yo en este momento tampoco la tengo.

—Tú sí la tienes. Tienes miles de opciones.2

—No —negó acercándose un poco más al otro—. Por favor. Si las tengo
ahora mismo no estoy preparado para enfrentarlas.17

El beta chasqueó la lengua, comenzando a exasperarse.

—¿Eres consciente de que todo lo que dices está únicamente en tu


cabeza?2

Louis entonces endureció su semblante.

Eso no lo quería escuchar.

—Por favor —insistió—. ¿Me juzgarían ahí?


—No. Todo eso les importa una mierda.

Louis asintió.

—Bien.

—No pienso dejar que te metas ahí.26

—¡Paul! Te lo estoy pidiendo por favor. Sólo necesito un colchón hasta que
encuentre algo. Tú dijiste que esa oportunidad sólo se presentaba cada
seis meses. Yo lo necesito ahora.

El beta seguía negando. Resopló mirando al techo un par de veces,


esquivando los ojos suplicante del otro. Para él era una locura. El otro no
tenía necesidad, ni los medios, ni...

Paró un momento. Decidió tirar por ahí.

—Necesitas una moto —declaró.166

Sin embargo, jamás se esperó que recibiría la siguiente respuesta, pues


Louis tragó saliva antes de mirar a los ojos del beta.

—Tengo una moto.24

Paul maldijo por lo bajo.

—Eres terco, ¿verdad? No me piensas dejar tranquilo.

—Por favor...

Louis era insistente y no pararía hasta saber. Hasta salirse con la suya.

Hasta que Paul finalmente terminó aflojando los hombros; ya lamentándose


antes de empezar a pronunciarse.

96
...

Se retiró el sudor de la frente, resoplando con pesadez. Hacía calor. Por


alguna razón que ni el parte meteorológico se explicaba, el día se mantenía
sofocante. Llevaba bebida su segunda botella de agua helada y apartó la
llave inglesa, comprobando que el motor no perdía más aceite. Probó a
ponerlo en marcha, haciéndolo rugir mientras aceleraba sin meter ninguna
marcha. Sonaba de maravilla y algunos de sus compañeros lo
corroboraron haciéndole una seña.1

Rellenó el parte del arreglo, llevándolo a continuación al casillero de los


mismos.

Lo iba a echar de menos. Asumía que en ningún sitio iba a estar mejor que
allí.

Era imposible.26

Largó un suspiro, tomando el documento de nuevas entradas. Un fallo en


el alternador de una Suzuki. Tomaría esa; se le daba bien. Cogió las llaves
antes de memorizar los dos últimos números de la matrícula, sólo por
manía.

—¡Louis!

Se giró cuando escuchó que lo llamaban. Era Paul, quien se acercaba a él


con el ceño bien fruncido.

—Fuera están preguntando por ti —volvió a decir antes de que el otro


contestara.5
—¿Por mí? No creo...

—Hasta tu apellido dijo el señorito. Louis Tomlinson.81

El omega enarcó ambas cejas.

—¿Lo conoces?

—No, pero vaya pintas lleva.35

Louis guardó las llaves de su próximo arreglo en el bolsillo trasero de sus


vaqueros desgastados, los únicos que muy de vez en cuando se ponía
para trabajar. Tomó el paño que le colgaba de un bolsillo para limpiarse las
manos mientras se dirigía a la entrada del taller. Paul decidió seguirlo.
Vestía una camiseta azul marina y una gorra roja hacia atrás.4

—¿Lo conoces tú? —preguntó esa vez Paul, cuando ya estuvieron fuera.

Cuando Louis también había frenado en seco. Sus ojos abriéndose de par
en par mientras se atragantaba con su propia saliva.3

No supo si quiso reír por el "vaya pintas" de su compañero, pues se trataba


de Harry, con su pantalón negro, camisa blanca y chaqueta de traje
también oscura. Unas botas marrones y moño perfecto en la coronilla.4

Tuvo que exhalar.

—S-sí, sí lo conozco.

El beta entonces relajó el ceño, mirándolo de reojo.1

—Que callado te lo tenías —murmuró cuando ya el alfa se había percatado


de la presencia de ambos—. Cuidado no te vayas de narices.117
Louis lo miró con ojos bien abiertos, haciendo una mueca cuando su
compañero le señaló el borde del portón principal. Paul únicamente se
encogió de hombros antes de volver a adentrarse en el taller.

Y el omega, por su parte, volvió a perder el aliento cuando miró a Harry.

Harry en la entrada del taller...10

—Hola —saludó el mayor mientras el otro se acercaba a él.

Se mordisqueó con disimulo el labio inferior, fijándose en el otro. Louis no


tardó en sonrojarse por ello.10

Debía estar horrible y asqueroso. Sin ser consciente de ello, ya se estaba


frotando las puntas de los dedos manchados de grasa negra con el trapo.
Rogó por no tener algún rastro en la cara, pues a veces se manchaba al
retirarse sin cuidado el sudor. Y encima ese día hacía calor. No se olisqueó
las axilas por vergüenza. Si hubiese sabido aquello, antes de salir lo
hubiera hecho.67

—¿No le caí muy bien a tu compañero? —volvió a hablar el alfa,


pretendiendo un deje risueño.2

Louis pestañeó.

—¿Eh? ¿A Paul? Oh no, es un poco bruto sólo. N-no lo tengas en cuenta.


—Harry se rascó entonces la barbilla, ladeando una sonrisa—. Qué
sorpresa.1

Lo señaló y el ojiverde pareció ruborizarse.

—Oh, es que... Bueno, pasé por aquí con el coche y vi el nombre de la


calle y que me sonaba y recordé la tarjeta. —Tragó saliva—. No quiero
interrumpir tampoco, sólo te vine a traer una cosa.5
En realidad, fue algo más planeado que eso, pero el otro no tenía por qué
saberlo.52

El menor había ladeado el rostro, curioso.

—En realidad tengo diez minutos. Puedo adelantar mi descanso.

Los hoyuelos del otro no se demoraron en aparecer.

—Genial.2

Un choque breve de miradas que les hizo a ambos dejar escapar otra
sonrisa.12

Louis no tardó en hacerle una seña hacia el muro donde siempre


destinaban a la zona de descanso o fumarse un cigarro. Algo más apartado
de la entrada; no los veían desde dentro.

—¿Traerme una cosa? —preguntó de inmediato el omega, mirando curioso


al otro.

Harry asintió mientras sus mejillas adoptaban un tinte más bermejo. Louis
enarcó sin remedio una ceja por ello. Hurgó en el bolsillo de su chaqueta,
sacando un sobre levemente abultado. Louis reconoció rápidamente la
bandera de Bélgica en el papel dorado.10

Sonrió al tomarlo. Quiso decir algo, pero una corriente en su espina dorsal
se lo impidió por un momento.

Definitivamente rió cuando descubrió su contenido.

—Chocolate belga —murmuró alzando la vista. Harry asintió—. Gracias...27

Tenía forma de llave y olía delicioso aún dentro del envoltorio. Una nueva
pegatina en francés sobre el mismo certificaba su procedencia.7
Esa vez, la corriente se asentó en el centro de su vientre.

—Tenías razón, los gofres con chocolate derretido eran una delicia. Más
difíciles de traer también.

Ambos rieron. Louis lo hizo por qué no sabía qué más decir.5

—Muchas gracias, de verdad.

Tuvo que tragar saliva cuando notó a Harry más cerca. ¿Realmente se
había aproximado o eran cosas de él?20

—No es nada.

Inspiró, notando las chispas más insistentes. Olía demasiado bien de


repente y el otro había llevado sus manos a los bolsillos de su pantalón,
pretendiendo una pose despreocupada.

—¿Y qué tal por allí?

—Bien, bastante bien. Las reuniones parecían interminables al principio.


Los belgas son algo tiquismiquis.13

—Yo he oído que los franceses son bordes.17

Harry abrió la boca sorprendido.

—Menos mal que no soy francés. —Tuvo que reír cuando Louis le hizo una
mueca—. Bueno, sólo un poco. Yo nací aquí. En cambio, te puedo decir
que lo de los franceses es un mito. Lo de los belgas no.2

Louis negó con la cabeza, mirando un momento el chocolate entre sus


manos. Era más sencillo que mantener la vista todo el tiempo en Harry.2
—Y-yo he estado ocupado... —confesó, jugueteando con el plástico del
envoltorio—. Te quería mandar un mensaje, pero de verdad que estos días
han sido... —Resopló—. Caóticos.

Cuando alzó la vista volvió a creer que Harry estaba demasiado cerca.2

—¿El traspaso?

Quiso abrir la boca, mas calló. Siquiera había recabado en qué se estaba
refiriendo al trabajo en el taller en general, pues lejos de amainar pareció
multiplicarse, como si los clientes hubiesen adivinado que eran los últimos
días del Robert's tal y como lo conocían.1

No, en ningún momento pensó en todo el tema del traspaso. Él


normalmente no pensaba en otra cosa.

—No, eso sigue igual.2

Y quizás por eso también mintió.

Se lo podía haber contado a Harry, de hecho la última vez no le fue difícil


hacerlo. Sin embargo, lo veía diferente en esa ocasión. Decirle que ya
tenía un pie fuera no era lo mismo; contarle su alternativa tampoco una
opción, pues sabía que el alfa le iba a preguntar.26

No pudo mantenerle mucho la mirada después de eso.

—Vaya...

—Tenemos —comenzó antes de que el otro dijera algo más—... Una salida
pendiente.

Cuando le devolvió la mirada pudo deleitarse con el cambio drástico de su


expresión. Los ojos verdes se iluminaron por un momento.

—Sí —se apresuró a decir—. Ya la hemos pospuesto dos semanas.


—Estamos a martes —confirmó el omega.

Harry se tuvo que aclarar la garganta.

—¿Qué haces el sábado?18

Louis inspiró.

—Nada.

Harry sonrió.

—¿Te apetece una cena?7

—¿Esta vez elijo yo el sitio?

—Me parece bien —rió el mayor.

Sus miradas volviéndose a conectar por un instante fugaz, mas intenso.


Louis siempre sentía que debía retirarla y se mordisqueó el labio inferior
por ello.

—Creo que se me agotaron los diez minutos —comentó el alfa, echando


un vistazo a su reloj—. Yo también debo volver al trabajo. Me he
escaqueado un rato.8

Louis asintió, de nuevo sonriendo. ¿No se suponía que había pasado por
allí por casualidad?42

Prefirió callar.

—Está bien. A mí me espera una Suzuki.

—Suena simpática.

—Ruge un poco —replicó encogiéndose de hombros—. Demasiada


japonesa.1
Ambos volvieron a reír cuando se movieron del apoyo en el muro.

Y Louis, sin remedio, se sintió paralizar.

Harry volvía a estar cerca. Muy cerca. Tan cerca como la vez que lo
despidió en el portal de su casa.

El martilleo en el pecho pareció entonces no estar dispuesto a darle


tregua.1

Contuvo el aliento cuando sintió el roce en su mejilla. Los labios de Harry


en su mejilla.94

Otro beso en su mejilla.7

Luego, su aliento sobre los labios...77

—Hasta el sábado.43

Fresco.

Era menta. Tenía que ser menta. Quizás poleo...

Pestañeó cuando el alfa se alejó, humedeciéndose los labios con un


raspón rápido con la lengua.

—H-hasta el sábado —repitió, carraspeando tras hablar. No le salió para


nada sutil.4

Harry volvió a marcar sus hoyuelos antes de dar media vuelta,


encaminándose hacia su coche, aparcado a pocos metros de allí.

A Louis le llevó un par de segundos volver a moverse. Harry... ¿por qué


hacía eso? ¿Y por qué él mismo no era consciente de ello hasta que se
veía en tal situación? Le temblaban apenas las rodillas y el nudo en el
estómago era ya excesivamente molesto. Sacudió la cabeza, fijándose en
el chocolate de sus manos, luchando sin darse cuenta con sus comisuras
cuando la palabra "detalles" irrumpió con cierto escándalo en su mente.14

'Pulir detalles'7

Se colocó la gorra antes de volver a entrar al taller, dirigiéndose a la zona


de taquillas para guardar su regalo. Inspiró al meterlo en su mochila, con
cuidado de no aplastarlo y recordando que debía tenerlo en cuenta cuando
se fuera más tarde. Sacó las llaves de la Suzuki del bolsillo trasero e hizo
rodar el llavero en un dedo índice.

Cuando volvió a su zona de trabajo Paul lo esperaba, con cara de pocos


amigos.1

—¿Qué pasa? —se adelantó a preguntar.

El beta siquiera se movió del sitio.

—Me han llamado —anunció, señalando su teléfono móvil en la mano


izquierda.

Louis entonces también frenó.

Hablaba del plan b.

—¿Ya?

—El sábado —volvió a decir, con rostro contraído, como si en realidad no


quisiera pronunciarlo.127

Realmente lo hacía.

—¿El sábado? ¿Justo este sábado? —El otro asintió—. Joder...

—Louis, no tienes que ir, no estás comprometido. Mándalo a la mier-5

—No, Paul —interrumpió—. Ya hablamos de esto.38


El beta únicamente bufó por lo bajo. Maldiciendo también.

Para Louis, siempre era fácil hablar con Harry, tanto que por un momento
osó olvidarse de aquello que día a día le hacía dudar a la par que
atormentarse. A veces era una locura y otras sólo un momento en el que
ganar. Harry llegaba y con un chocolate y su mera presencia le hacía
olvidar aquello que justamente iba a comenzar el sábado.10

El mismo sábado...
"Hey, me ha surgido un contratiempo y me temo que tenemos que
cancelar lo del sábado. En general los fines de semana siguientes los
tendré ocupados. Lo siento"246

Releía por tercera vez el mensaje que acababa de llegarle. Era miércoles
por la mañana y se encontraba en su despacho. Realmente tenía un día
atareado por delante.

Le había prometido a Niall que sacaría los billetes de ambos para volver a
Londres. Su amigo partiría sin uno de regreso, al contrario que él. En dos
semanas, el irlandés comenzaría a trabajar en las oficinas de allí mientras
que Harry se reincorporaría a finales del próximo mes. El inicio del proyecto
de los carburantes efectivamente se adelantó mucho más de lo esperado.
Había acordado ir con Niall para visitar algunos pisos de alquiler a los que
ya le había echado el ojo por internet. Ambos estuvieron de acuerdo en
que era hora de tener una independencia, por lo que prescindirían de
compartir el mismo espacio. Su amigo ya tenía casi apalabrado un ático en
la zona financiera de Londres; la City. Harry, por su parte, tenía
programadas dos visitas a otras viviendas en edificios próximos.3

Sí, tenía demasiado que planificar aquella mañana, pero llevaba más de
cinco minutos sin despegar la vista de su teléfono.

Suspiró antes de atreverse a teclear.


"Parece que últimamente el destino no está de nuestra parte. Yo debo
viajar a Londres entre semana así que no sé qué días nos vendrían
bien. Podemos ir escribiéndonos y planificar algo..."88

Resopló con aún más pesadez cuando seleccionó la opción de enviar.


Sabía que no tenía derecho o quizás confianza para preguntarle a Louis
sobre sus planes. Sabía que al otro quizás ni le interesaba cuan apretada
tenía su agenda... Se sentía un maldito quinceañero totalmente
descentrado de sus obligaciones porque la persona que le gustaba entraba
en escena.

Se retiró las manos del rostro tras haber soltado la Blackberry sobre la
mesa. Había vuelto a vibrar.

"Claro, estaremos en contacto. Tendré ganas de verte"165

Sus ojos abriéndose de par en par y una tos repentina que se originó
cuando fue incapaz de tragar saliva con normalidad.

—Oh, mierda, no me digas eso...99

El cosquilleo en el centro del vientre mientras se acercaba más a la


pantalla para leer la última frase y corroborar que no era producto de su
imaginación.

Se iba a volver loco, majareta...16

—¡Buenos días, señor Styles!

Dio un brinco en el asiento y su móvil chocó de nuevo contra la mesa al


escuchar el saludo y el ruido de la puerta abriéndose de súbito. Entrecerró
los ojos al ver al sonriente que rápidamente tomó asiento en la silla frente a
él.
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—Niall —masculló—. No me llames así. ¡Y por qué entras así!

El de ojos cian pareció confundido.

—Ni que te fuera a encontrar en bolas. Te recuerdo que las paredes son de
cristal. Te vi jugando ahí con el móvil, así que me dije no puede estar
ocupado —chasqueó la lengua, haciendo un ademán sin importancia con
una mano—. Bueno, deja la ofensa, ¿ya tienes los billetes?8

Harry volvió a bufar por lo bajo.

—No, me iba a poner con ello ahora.

—¡Pues venga! Para algo te pago...13

El otro enarcó una ceja.

—Mi empresa es la que te paga a ti.24

—¡Mi empresa! —chirrió conteniendo una carcajada—. Qué rápido te


haces el heredero, maldita sea. Luego dices que no te gusta que te llamen
jefe.56

Tuvo que reír cuando Niall se deslizó con silla y todo hasta él, dándole un
empujón para hacerse con el control de su ordenador portátil. Harry colocó
los ojos en blanco, dejándolo hacer y observando de reojo su teléfono. El
otro ni se percató de que se dedicó a releer varias veces cierto mensaje
mientras le parloteaba sobre hoteles y horarios de vuelos.6

...

Era sábado por la noche y no dejaba de fijarse en el reflejo que le devolvía


el espejo del cuarto de baño.

Llevaba una gorra negra hacia atrás, camiseta blanca con un estampado
en la parte frontal y pantalón de chándal también negro. No había cenado;
en todo el día en general le costó probar bocado. Pronto sería media noche
y en un mensaje en el móvil tenía la dirección a la que se debía dirigir.

Estaba nervioso.53

El casco de la moto descansaba sobre su cama. Se había dedicado horas


antes a subirlo del trastero. Las llaves aguardaban sobre la cómoda.

Comprobó la hora, releyó la dirección que desde la primera vez se había


memorizado y largó un suspiro al vestir la chaqueta vaquera y colocarse el
casco en el antebrazo. Hizo el menor ruido posible al salir y bajó con
paciencia los escalones hasta salir a la calle.

La Aprilia estaba aparcada delante de su portal.

Toqueteó sus manillares y contuvo un resoplido cuando pasó una mano


por el cuero del asiento. Lo había tapizado él mismo. Vio los destellos del
color metalizado del carenado, el cristal impoluto del parabrisas, los
neumáticos prácticamente nuevos... Era preciosa.1

Se subió a ella, enfundándose en la protección del casco y colocando bien


sus piernas cuando se agachó para echar mano del acelerador. Cerró los
ojos cuando rugió debajo de él. El motor sonaba nuevo; deseoso y Louis se
estabilizó cuando retiró a palanca de freno. Los espejos retrovisores ya
estaban en su sitio, así que tragó saliva cuando se incorporó con ella al
tráfico de la calle.

No era difícil, podía hacerlo. Quizás en otra cosa no, pero sabía que podía
con ello. Paul sólo era un exagerado, se lo había repetido mil veces. No
caería en lo mismo que él; lo suyo sería más limpio.71

Los termómetros marcaban los quince grados y se podía decir que era una
noche agradable. El silencio inundaba las calles cuando se alejó de la
ciudad. Agradeció haber comprobado en internet cómo se llegaba a aquel
polígono lleno de naves y escasa iluminación; el mismo hecho que hizo
que le resultara más fácil encontrar el punto de encuentro.

Los aromas a alfas y cantidad de omegas le golpearon las fosas nasales.


También el de gasolina, cigarros y alcohol. Risotadas y humo de otro olor
que precisamente no era tabaco.66

Sintió el nudo en el estómago cuando apagó el motor de su moto.

—Louis.1

Se sacó el casco al reconocer la voz de Paul a sus espaldas. El tatuado


vestía una chaqueta de cuero negra, al igual que el resto de sus ropas. A
unos metros tras él reconoció también a Samantha. No entendió qué hacía
allí.3

—Tienes que ir a hablar con ellos —espetó el beta cuando el otro estuvo
frente a él—. Dile que ya traes una. Te dirán que por ello la primera son
quinientas. Acepta aunque oigas ochocientas.16

Pasó saliva, aferrándose al casco y levantando el mentón.


—Vale.

Sintió una punzada en el vientre cuando notó otra bofetada de olores.


Demasiados alfas. Algunos lo miraban.

—Louis —lo llamó de nuevo el beta—. Joder, ten cuidado.42

Se limitó a asentir.

Habló con ellos. Llegaron a un acuerdo cuando lo miraron de arriba abajo,


mas sin mencionar nada.

Le hicieron entregar doscientas libras y aceptar las normas regidas por la


clandestinidad. Por la adrenalina de la misma.

Louis esa noche se fue a casa con mil libras más y las piernas todavía
temblando.165

No durmió.

80

...

Junio, 2010
Una semana después3

Le sonrió a la mujer que guardó el contrato de alquiler que acaba de firmar.


Tomó las llaves de su nuevo piso en Londres y resopló tras estrecharle la
mano a la agente que insistió en recordarle que la inmobiliaria estaría a su
disposición en el número de la tarjeta que le había entregado al principio de
la cita. Agradeció para sí mismo cuando por fin se fue. Si el aroma de una
mujer alfa ya le resultaba amargo ni hablar cuando estaba combinado con
el de un perfume caro.4
Echó un vistazo a su futuro hogar por aproximadamente dos años, o quizás
menos. Era coqueto y acogedor. Nada más entrar se encontraba el
pequeño salón con un sofá azul de tres puestos y una televisión sobre un
mueble bajo enfrente. Justo detrás se encontraba la cocina de ambiente
rústico pero toque moderno. Los muebles eran de madera y la encimera de
cuarzo gris. La barra americana separaba las estancias aportándole un
característico toque de encanto. A continuación y mano izquierda se
encontraba el pequeño pasillo con un cuarto minúsculo para la colada al
fondo y otra puerta que daba al dormitorio con baño en suite. El vestidor
era perfecto integrado al fondo del cuarto decorado con muebles blancos y
una cama king size.6

Que estuviera totalmente amueblado y equipado con electrodomésticos


fueron los detalles que le hicieron decantarse por aquel piso en la quinta
planta de un edificio residencial en el centro de Londres. También contaba
con plaza de garaje en un parking público, hecho que le sería ideal en la
mudanza, pues sabía que usaría muy poco el coche ya que podría ir
caminando a las oficinas. Moverse en metro siempre era la opción más
efectiva en la ciudad.

Compraría lo básico para dejar el piso equipado a su vuelta. Ropa de cama


y quizás unas conservas de comida que aguantaran un par de semanas.
Un neceser de aseo para los dos días que pasaría allí y deshacer el bolso
de mano que se había llevado consigo para comprobar que podía ya dejar.

Niall, quien también había firmado su contrato de alquiler por aquel ático
que lo había enamorado, lo llamó en medio de la reorganización de la
casa, diciéndole que se verían en las oficinas, donde les aguardaba una
improvisada reunión con Liam Payne. El beta ya llevaba más de una
semana en las oficinas de Styl y se quedaría bajo el mandato de Niall el
tiempo que Harry estuviese fuera. Los refunfuños del irlandés no se habían
hecho esperar por eso. Harry le tuvo que colgar cuando se quejaba por
enésima vez la presencia de cierto chihuahua.40

Después de dos años fuera, el ojiverde recordó lo que era habitar la capital
de Inglaterra. Su ambiente ajetreado, el tráfico, los montones de turistas y
el ambiente; esa perfecta combinación de lo viejo y nuevo de la ciudad. A
veces era estresante, pero él había aprendido a acostumbrarse a ello y
acelerar el paso cuando cruzaba las calles, esquivando a esos asiáticos
que siempre se tomaban fotos en las icónicas cabinas telefónicas. Y eso
que para él eran de lo más corrientes...43

Las oficinas Styl se ubicaban en dos plantas de uno de los edificios más
emblemáticos de la zona de la City. La primera la habían destinado a los
laboratorios donde se llevarían a cabo los estudios de los carburantes. Niall
lo esperaba con cara de pocos amigos en la segunda, la de oficinas.2

Olía a nuevo, con pasillos de ventanales inmensos cubiertos por persianas.


Escritorios medios habitados por los primeros secretarios y los despachos
comenzándose a amueblar...

—Ya está aquí —masculló su amigo, tras saludarlo con un breve abrazo.

—¿Quién?

El alfa de ojos cian resopló.

—El loco del perro.46

Harry puso los ojos en blanco.

—Claro que está aquí, Niall. Trabaja aquí.


—Revisa las nóminas que firma, Harry, seguro que le tiene una al
murciélago.4

—¿Qué murciélago?

—¡El perro! —espetó tras un siseo—. Entre que es de ese color y esas
orejas que tiene... En serio, míralo de frente, parece uno.34

Harry contuvo la risotada, propinándole un golpe en el brazo a su amigo.

—Como Liam te oiga decir eso a ti es a quien le retira la nómina. Es tu jefe


de personal, no lo olvides.1

Tras colocarse las gafas, el otro ya se encontraba gruñendo por lo bajo.

—No pudimos buscar a uno con todos los tornillos puestos.

—Oh vamos, como si a ti no te faltaran unos cuantos.1

Optó por ignorar al irlandés cuando quiso volver a replicar. Efectivamente,


tuvieron una reunión con un Liam que salió de su despacho rebosante de
alegría. Vestía todo de blanco con una americana rosa pastel y un pañuelo
azul en la misma. Su mascota lo seguía en todo momento de cerca,
obedeciendo a su dueño cuando le chistó por gruñirle a Niall.1

—Entonces, ¿podemos decir que el próximo lunes empieza todo esto?

El beta sonrió ampliamente cuando escuchó la pregunta de Harry.

—El lunes se incorpora todo el equipo técnico y antes de este fin de


semana llegan los materiales. Deberías echarle un vistazo a los
laboratorios, no podría estar en manos de mejores profesionales.

El ojiverde se atrevió a largar un suspiro.


—Parece mentira que después de tantos meses de trabajo... Es que
prácticamente fue ayer cuando mi padre me habló de todo esto y ahora ya
es una realidad.1

—Y tú estás al mando —guiñó Liam—. ¿O debería llamarle jefe?

Harry negó de inmediato.

—¡No! Por favor no. Si no quieres que te llame señor Payne, dime Harry.
Sólo Harry.1

El otro soltó una carcajada.

Niall los miraba a ambos en silencio, con ceño fruncido.26

—Está bien, está bien, sabes por donde atacar —protestó el beta—. Sólo
Harry. ¿Has vivido antes en Londres?13

—Oh, sí, Niall y yo estudiamos aquí. —El aludido torció una sonrisa. Se
había cruzado también de brazos—. De hecho lo venía pensado de
camino, que qué fácil es acostumbrarse al caos de esta ciudad, o yo lo veo
así al menos. Tú mismo viste cómo es Plymouth.

Liam no tardó en llevarse una mano al pecho.

—Con perdón, ¡pero ni me lo recuerdes! Tiene su encanto, pero que los


taxistas me miraran mal por querer subir con Donatella, a mí me dejó
anonadado. Eso sí, el hotel muy bonito.1

El ceño de Niall, por imposible que pareciese, se arrugó aún más cuando
Liam lo miró de soslayo.10

—Yo es que soy de Londres —añadió a continuación el mayor de los


tres—. Cuando se es de aquí es raro vivir luego sin caos.1

—Me imagino —opinó el ojiverde con una sonrisa, conciliador.


Liam no tardó en anunciar que debía volver a sus informes si no quería que
se le acumulara el trabajo. Harry lo felicitó y agradeció de nuevo por él,
acordando que se verían al día siguiente. Cuando Niall se disponía a
levantarse para despedirlo, el beta ya había dado media vuelta tras tomar a
su mascota del suelo.4

El irlandés pestañeó cuando Harry se había dispuesto a ordenar la mesa


de los documentos que habían quedado por allí regados.

—¿Qué fue eso? —bramó el alfa en voz alta.

—¿El qué?

—Eso. —Señaló la puerta—. Ahora resulta que ni me dice adiós y... —Hizo
una evidente mueca de disgusto—. ¿Acaso antes te estaba coqueteando
con lo de llamarte jefe y no sé qué? Menudo... ¡Descarado!10

El semblante de Harry había brotado a uno de lo más risueño.

—¿Coquetearme? ¿Pero qué dices?

—Nunca te das cuenta de esas cosas. Tenías a media facultad detrás de ti


y tú nunca te enterabas. Eso fue un coqueteo, Harry.13

—No lo creo así...

—Lo fue —insistió, interrumpiéndolo—. Parece mentira. Y encima ni se


despide. ¡Vaya educación! Bueno, ni al murciélago ese que tiene lo enseñó
a mear en la calle, qué se puede esperar...23

Harry realmente no daba crédito a aquel rebote de su amigo.

—Cualquiera que te oye diría que estás celoso.67

A Niall se le pudo caer la mandíbula al suelo por lo mucho que abrió la


boca.
—¡¿Qué?! ¡Celoso yo! ¡¿Por ese?! Hermano, vuelve a Plymouth, la
polución no le hace bien a tus neuronas.19

Harry, para variar, volvió a reír al oírlo. Él se había referido a celoso por la
confianza de Liam, no al revés.2

—Yo tampoco me despediría de ti con ese genio que te gastas, ¿eh?


Anda, dale una oportunidad, si se le ve majo, hasta regañó al perro por
gruñirte.

—Ese chucho es el que la tiene cogida conmigo, yo no le hice nada.35

Harry negó, golpeando a su amigo con unas carpetas para que dejara de
una vez el tema. Hizo que lo invitara a un café y Niall no tardó en contarle
entusiasmado las vistas de su nueva casa y que debía ir sólo por eso a
visitarlo.

Días en Londres que como siempre pasaron volando antes de tener que
volver de nuevo a Plymouth. Las semanas se le escapan y no era
consciente de lo mucho que eso en el fondo también le agobiaba.

Al final iba a tener tan poco tiempo con Louis...

Porque no, en ningún momento el omega se había evadido de sus


pensamientos.

14

...

11

Volvía a ser sábado y Louis estaba mirándose de nuevo en el espejo del


baño. Pronto sería media noche.
Sabía que iba a poder con ello. Sabía que otra vez iba a ser fácil.9

No estaba dispuesto a llevarse menos. Si lo hacía, podía ser la última vez y


todo sería realmente sencillo. El lunes era su último día en el taller y con
aquel dinero de respaldo podría comunicárselo a su madre. Podría ver la
situación desde otro ángulo.

O eso creía, pues era la responsabilidad que nadie le había impuesto la


que hablaba por él. Era todo aquello que a veces se negaba a escuchar.1

Estaba seguro de que aquella noche tampoco volvería a dormir, pero no le


importaba si se traía consigo otro fajo de billetes.7

Estaba seguro de que podría.12

La preciosa Aprilia volvía a esperarlo y se subió a ella con más confianza


que la última vez. Hizo rugir el motor antes de arrancarla y callejeó sin
miedo a equivocarse en la dirección a la que se dirigía.

Salió convencido de que todo saldría igual que la última vez.

Pero qué equivocado estaba...174

Porque quizás olvidó de que allí en las normas no mandaba nadie y las
provocaciones por ello estaban a la orden del día. Que con ellas también
llegaban las atractivas propuestas que invitaban a conseguir altas sumas
de dinero, pero a un precio que estaba convencido de que no pagaría.

Pero erró.

Louis perdió.

Se dejó arrastrar por aquella clandestinidad, los voceos y el hostigamiento.


Por un reto absurdo donde perdió. Lo perdió todo.44
Y esa noche tampoco pudo dormir. No influyó el temblor en sus piernas,
sino los sollozos de impotencia que se agolpaban en su garganta.

Paul le había recordado que no se confiara. No le hizo caso.1

Paul le dijo en su momento que también se perdía. No lo escuchó.

Y ahora ya era tarde.

Dos semanas en las que perdió más que ganó; en las que ante sus ojos se
desvaneció mucho más.

69

...

Al día siguiente, los golpes en la puerta le hicieron quejarse contra la


almohada. Atinó a ver la hora, comprobando que eran las diez de la
mañana. Recordaba que la última vez que la miró eran las ocho...

—Louis.

Era la voz de Marjorie al otro lado de la puerta.

Le dolía la cabeza y la claridad le molestaba horrores. Cuando se quiso


levantar y se vio vistiendo la misma ropa que la de la noche anterior, la
realidad se encargó de golpearle.

No había sido un sueño.

—Louis, por favor, quiero hablar contigo.6

Se apresuró a cambiarse los vaqueros desgastados por un pantalón que


usaba para estar por casa. La misma camiseta ella no la notaría.
—Voy a entrar.

Marjorie cumplió su palabra cuando no dudó en abrir la puerta de la


habitación de su hijo. Louis estaba de pie junto a la cama.

—Hola.

Su madre no aflojó ni un ápice su expresión.

—Buenos días —musitó. Su vista no tardó en recorrer el cuarto que en


otras ocasiones siempre lucía medianamente ordenado—. Louis, ¿a qué
hora llegaste anoche?

El omega no tardó en morderse la cara interna de una mejilla. Apartó la


mirada.

—Tarde.

Marjorie tuvo que pasar saliva.

—¿Ya no me cuentas adónde sales?

Su tono, lejos de ser severo, sonó desgastado.

Louis notó un nudo formándosele en la garganta.

—Porque no los conoces.

—¿No los conozco? ¿Son tus compañeros del taller? ¿Fue con Harry? Sí
los conozco, me has hablado de ellos antes.

—No fue con ellos ni tampoco con Harry. —Sintió la irremediable molestia
en el centro del vientre—. Ya no soy un crío, mamá. No entiendo a qué
viene este numerito de con quién salgo o dejo de salir.17

La omega, por pura inercia, reculó. Louis jamás le había hablado así.
Jamás le había mirado así.

—No eres un crío, pero estoy preocupada y aún vives bajo mi techo.20

Louis dio un respingo.

—¿Bajo tu techo?49

Su tono cargado de ironía, la misma que hizo que Marjorie volviera a


retroceder, notando los ojos aguándose.15

A Louis le ardieron entonces las sienes. Volvió a hablar:

—No, lo siento —negó dando un paso hacia delante, pero su madre no se


movió del sitio—. No quise decir eso, mamá. Lo siento.

Marjorie era incapaz de pestañear. Sabía que entonces las lágrimas se le


escaparían.

—¿Qué te pasa, Louis?

Lo que lanzó su madre fue una pregunta, pero él la recibió como una
bofetada. Quizás por su tono agotado; quizás por su mirada, como si lo
desconociera.

Dos semanas para que su madre también lo viera así...

—Mamá —murmuró con una picazón también en los ojos—. Lo siento, lo


intenté hacer bien, pero... He perdido el trabajo. El taller va a cambiar de
dueño y no quieren mantener a alguien con poca experiencia.

Marjorie se remojó los labios.

—¿Y por eso sales de casa de madrugada?

Louis agitó la cabeza.


—No, eso no tiene que ver. Yo siento lo del trabajo, pero... —Sorbió por la
nariz, dirigiéndose a la cómoda y abriendo el primer cajón, donde guardaba
camisetas. Hurgó en él—. Tengo esto. Puede compensarlo un mes...

Los ojos de Marjorie se volvieron a humedecer cuando tomó aquello que su


hijo guardaba con recelo. Observó su semblante atormentado mientras se
aseguraba de que abriera aquel sobre arrugado. Louis no dejaba de
morderse nervioso el labio inferior.

La omega comprobó que en su interior había mil libras.

—¿De dónde has sacado esto?

El menor no levantó la mirada.

—De unos arreglos extra.

—No pagan más de la mitad de un sueldo por unos arreglos. —


Comenzaba a sentir un golpeteo rápido en el pecho—. ¿De qué es este
dinero?

Pero el aludido sólo negó. Otra vez.

—Conseguiré algo. Puedo arreglarlo. No nos va a faltar el dinero, eso va a


servir. No tienes que volver a trabajar por las tardes, no tie-

—Louis, mírame —demandó la omega, tirando el sobre a la cama—.


Mírame —pidió por segunda vez cuando su hijo no lo hizo a la primera.
Tuvo que luchar con la tirantez cuando se encontró aquellos ojos idénticos
a los que en otra mirada ya le hubieron enamorado—. No lo necesitamos,
¿me oyes? Louis, por favor, necesito que dejes esa preocupación por el
dinero. Vendimos nuestra casa y lo hicimos para estar bien. Sí, yo trabajo,
pero para que no se me caiga la casa encima, ¿lo entiendes? Estamos
bien, Louis, yo estoy mejor y por eso quise dedicar las tardes a otras
cosas. Y tú lo sabes, te lo he dicho, pero no me escuchas, cielo. No
escuchas cuando te lo digo y no entiendo por qué. Si quiero que trabajes
es por ti, para que hagas lo que te gusta y crezcas en lo que quieras. No
quiero que me des tu dinero, Louis, no quiero que lo dejes en la mesa del
comedor. No, cariño. Quiero que lo tengas para ti; que te consientas. Eso
es lo que quiero, Louis. Escúchame de una vez, por favor.57

Pero él negó. Negó cuantas veces pudo.33

Si su padre hubiera estado ahí no vivirían en esa casa.

Si su padre hubiera estado ahí no hubiera pasado todo eso. Si él fuera


como su padre, si ganara como él, no hubieran tenido que renunciar a
nada.2

Pero él no era su padre. Él sabía que no le llegaba ni a la suela de los


zapatos.16

Aunque estuviesen ahí, las lágrimas no se le derramaron cuando Marjorie


lo abrazó. La omega ahogó un sollozo cuando acarició la espalda de su
hijo y dejó en beso en su cabellera.

—Sólo escúchame alguna vez, Louis. Vendrán más trabajos, preocúpate


por encontrar el mejor para ti porque el dinero da igual. Estamos bien. Ya
no sé cómo decírtelo, mi amor.

Pero ese recordatorio había llegado demasiado tarde. Nunca los oía; esa
vez tampoco.

Él ya había perdido.

100

...
Era lunes y el último día de Robert como propietario de su taller.3

Lágrimas de emoción habían acudido al último discurso que dio el beta


frente a, según él, el mejor equipo de trabajo que había tenido nunca.
Abrazos entre los que se quedaban, se marchaban por voluntad propia y
los que lo hacían porque no tenían otro remedio. Un último aplauso cuando
se realizaron las últimas entregas y las plataformas se quedaron vacías de
trabajo. Las máquinas en su sitio al igual que las herramientas. Un silencio
sepulcral que se daba tan pocas veces... La última también fue cuando
escucharon atentos a su jefe.

Taquillas abriéndose y cerrando por última vez y despedidas con promesas


de que seguirían en contacto; cantidad de todas esas que la mayoría de
veces no se cumplían.

Estaba llenando su mochila con camisetas que guardaba en el cubículo.


También un gel, desodorante y alguna herramienta. Unas revistas sobre
mecánica que ni recordaba que tenía allí...

—Hey.

Fue Paul el que le habló.

Exhaló antes de cerrar la taquilla, necesidad de pasar el candado.

—Hola.

Se oyó el cierre de la cremallera de la mochila mientras el otro resoplaba.

—¿Qué tal?

Louis lo miró sólo un instante antes de dar una vuelta, dándole la espalda.
—No tienes derecho a enfadarte contigo —pronunció de nuevo el
tatuado—. Te dije en qué te metías, te lo advertí. De hecho, el día que te lo
conté todo lo hice para que también recularas, pero no lo hiciste.

Louis resopló con pesadez antes de volver a mirarlo.

Tenía razón.

—No estoy enfadado contigo, Paul, sólo estoy jodido. No tengo trabajo.
Necesito trabajar.5

El beta se masajeó el cuello con una mano, mostrando su desazón y


desespero. No era grato ver a Louis así. Era un chaval trabajador que
según él no se lo merecía. Que según él sólo quería ayudar en su casa y a
su madre.

—Samantha trabaja en un bar —comenzó dudoso el mayor—. Es


camarera y es obvio que en el local buscarán a alguien cuando ella ya no
pueda ir. Libra los jueves y quizás pueda hablar con el dueño y... Mira no
sé, por probar. No es lo tuyo, claro que no, pero si lo necesitas hasta que te
salga algo en otro taller lo puedes coger.39

Louis había pestañeado un par de veces.

—Yo no sé nada de ser camarero, ¿me pondrían problemas?

El otro se encogió de hombros.

—No, sólo es servir cañas, atender alguna mesa... Son cosas que se
aprenden rápido. Yo me hubiera metido ahí si no hubiese tenido la suerte
de seguir aquí.7

Louis asintió.

Camarero... Le serviría. Sí, volvió a asentir.1


Paul resopló, abriendo su taquilla para rebuscar algo en ella. Cuando lo
encontró lo aplanó con las manos antes de entregárselo. Era una tarjeta
negra con el nombre del bar que le acababa de mencionar. "Sirens".15

—Gracias.

El omega la tomó, releyendo el nombre.

—Llama mañana por la tarde y quizás das con el dueño. Le diré a


Samantha que hoy le diga que vas de nuestra parte.

—Lo haré.

Paul se rascó una ceja, allí donde tenía la piel tatuada con su apellido.
Louis no lo había vuelto a mirar.

—Oye, siento lo d-53

—Da igual —lo interrumpió de inmediato el omega—. No quiero hablar de


eso.5

—Vale.

Se llevó la mochila al hombro, echando un vistazo por última vez a aquella


estancia. Paul lo acompañó a la salida. El taller echaría el cierre hasta el
día siguiente.

—Espero que me vengas a ver, ¿eh? Ya sabes a qué horas son mis
cigarritos de descanso.4

A Louis se le escapó un momento una sonrisa.

—Sí, claro que me pasaré.


Un abrazó breve con unas cuantas palmadas en la espalda antes de que
Paul le apretara un hombro. Louis no tardó en dar media vuelta, negándose
a leer el rótulo de la entrada del que fue su primer trabajo.1

Fue al llegar al muro que hacía esquina cuando se detuvo un momento.


Fue al recordar un aroma a chocolate.

Y a menta.

A algo dulce que no empalagaba.

Se miró las puntas de los pies mientras se remojaba los labios secos con la
lengua. Se descolgó el asa de su mochila para buscar en un bolsillo lateral
su teléfono móvil.

Hacía tiempo que no veía a Harry.4

Realmente le apetecía ver a Harry.26

Algo le cosquilleaba en el estómago de sólo pensarlo. Se olvidaba del resto


de sólo hacerlo.6

"Hola! Estás en Plymouth?"

Aguardó hasta que le entró un mensaje. Se hubiera quedado mirando


aquella pantalla por horas.

"Sí, como en casa en ningún sitio :)"29

Inspiró.

"Te gustaría que nos veamos este fin de semana? O el viernes como
la otra vez... Esta vez estaré libre de verdad"13

Se pellizcó los dedos, esperando volver a obtener pronta respuesta.

"Me encantaría. Retomamos esa cena pendiente el viernes?"


Sintió el martilleo en el pecho.

"Perfecto. Hasta este viernes, Harry"2

"Hasta el viernes"

Rió cuando vio que aquello último iba acompañado del emoticono de un
beso.41

Sintió también estúpido el sonrojarse.

Ese efecto que sin remedio Harry tenía en él... no lo podía evitar; no podía
ignorar que le hacía bien. Era como salir de su mundo y ser otro él que sólo
podía salir con Harry.

Siempre era Harry.

62

...

Cuando llegó el jueves, Louis salió a las nueve de la noche de su casa sin
decirle a su madre a dónde iba.9

Se vistió de negro tal y como le habían dicho por teléfono. Aquella noche le
harían la prueba para sustituir a Samantha.48

Marjorie salió de su cuarto cuando escuchó la puerta principal cerrarse.


Inspiró, cerrando sus manos en puños; notando aquella sensación que
últimamente permanecía latente en su pecho. Preocupación.

Louis por primera vez le mentía, ella lo sabía.


Su niño por primera vez se perdía y tenía la necesidad de hacer lo
imposible para impedirlo.1

Se remangó su suéter antes de abrir con cuidado la puerta de la habitación


de su hijo. Sabía que iba a invadir su espacio e intimidad, pero era algo
superior a ella. Era algo más que le decía que actuara. La cama estaba a
medio hacer, con el edredón estirado; Louis siempre odió esa tarea. La
estantería con algún libro movido y unas herramientas colocadas sin
mucho cuidado. La mochila que siempre llevaba descansaba a los pies de
la cama.

Por inercia, decidió mirar en el primer cajón de la cómoda, encontrándose


con el mismo sobre blanco con mil libras en su interior. Sintió un escalofrío
antes de devolverlo a su lugar. Cuando miró el resto de cajones comprobó
que únicamente se trataba de ropa; nada de sobres con dinero. Echó un
vistazo encima del mismo mueble, apartando unas revistas. Sin querer,
una golpeó la pila de gorras del menor. Cuando estas cayeron hacia un
lado se percató de qué era lo que había debajo de ellas.

Era algo que le resultaba familiar y que no recordaba. Algo que le creó un
nudo en la garganta.

Un pequeño baúl de madera con un nudo marinero. Lo había visto alguna


vez en el despacho de George.

Lo tomó, sentándose en el borde de la cama cuando sus piernas


parecieron querer fallar. Parecía una locura, pero juraría que olía a él, al
que fue su pareja, al gel en su cuerpo; a aquel aroma que
irremediablemente hacía que pudiera escuchar incluso su risa cantarina.
Besó el nudo marinero tallado en la madera y, tomando una bocanada de
aire, abrió el pequeño baúl.20
Lo hacía únicamente por el bien de lo más que quería en el mundo; se lo
repetía una y otra vez.

Dentro había una pluma que también le resultaba familiar. Unos dados,
algún pin y tuercas que no sabía identificar. También un manojo de dos
llaves que examinó con detenimiento. No las había visto nunca y parecían
de una casa y no una moto. Revolviendo un poco más vio unos recortables
y dos papeles más. Uno era una tarjeta negra con el nombre de un bar.
Otro un papel viejo, casi amarillento, con un número de teléfono y un
nombre escrito a su lado. Harry.51

Tuvo que contener la respiración.

"Sirens Bar, jueves". Louis había escrito el día de la semana con su letra
tras redondear la hora de apertura que estaba allí impresa. Las diez.5

Las manos, sin poder explicárselo, le comenzaron a sudar. Se levantó de la


cama con la pequeña caja aún entre laS manos. Más decidida que hacía
un momento, abrió las puertas del armario, revolviendo, m dispuesta a
encontrar algo más. Sólo halló más ropa hasta que en una de las baldas se
topó con el casco de la moto, ese que Louis siempre guardaba en el
trastero. También encontró un chocolate en forma de llave, intacto y sin
abrir. Chocolate belga.10

Salió de la habitación, llevándose una mano a la frente y dejando todo


sobre la mesa del comedor. Inspiró hondo antes de volver a pasarse las
manos por la cabeza, hundiendo bien sus dedos en el cuero cabelludo. Dio
dos vueltas sobre sí misma, hablando sola.

Luego, tomó el teléfono de casa.22

Marcó por primera vez el número y aguardó notando como las manos
también le habían empezado a temblequear.
—¿Diga?

Inspiró de alivio, llevándose una mano a la boca.

—Harry —murmuró—. H-Hola Harry, soy Marjorie, l-la madre de Louis...71

—Sí —contestó el otro de inmediato—. ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?2

—Es Louis. Y-yo he encontrado tu número y, dios, no sé qué estoy


haciendo ni cómo explicar esto pero he encontrado una tarjeta y Louis se
ha vuelto a ir sin decirme dónde. Siento que va a pasarle algo y... —Su
voz, sin remedio, se entrecortó—. ¿Podrías venir a mi casa? Por favor, sé
que él te escucha.2

La voz al otro lado no se hizo esperar.3

—Ya estoy saliendo para allá.


—Marjorie —pronunció cuando la omega abrió la puerta principal de su
casa.

—Oh, gracias por venir, Harry.

Él negó, saludándola en un apretón breve con un brazo. Ella no tardó en


invitarlo a pasar hasta el salón.

Harry echó un vistazo al acogedor pasillo que daba al comedor. La


estancia era cálida; olía a algún aceite esencial, pero en las paredes
también se recargaba aquel aroma que reconocería en cualquier lado.7

Louis.27

No dudó ni un segundo en actuar cuando la omega pronunció aquel


nombre por teléfono. Fue cuestión de instantes que en sus hombros se
alojara una pesadez; un saco de ladrillos que impactó con fuerza.15

Inspiró hondo por la nariz cuando Marjorie lo miró con sus ojos color miel
mientras se frotaba las manos con nerviosismo.5
—¿Qué ha pasado? —se aventuró el alfa—. ¿Dónde está Louis?2

Se tuvo que poner de nuevo en alerta cuando la omega resopló.

—No lo sé. Lleva dos semanas muy raro. —Parecía que las palabras
peleaban en su garganta para poder ser pronunciadas—. Al parecer el
taller cambió de dueños y no lo volvieron a contratar.

Su voz entrecortándose mientras Harry arrugaba el entrecejo...

—¿Perdió el trabajo? —espetó turbado—. Y-yo no lo sabía. No me lo dijo.31

¿No se suponía que le había dicho que todavía no sabía nada? Comenzó a
notar la exudación en las palmas de las manos...

—A mí tampoco me lo dijo hasta el último momento, cuando apareció con


un sobre con mil libras. Nunca me explicó de dónde lo sacó.

Harry, por puro intento de amainar el histerismo que comenzaba a crecerle


en el pecho, se llevó las manos a los bolsillos del pantalón. Luego tiró de
los bordes de su chaqueta negra. Estaba en el despacho de casa en el
momento de la llamada, sin todavía haberse quitado la ropa de todo el día.7

Intentó entender algo; hilar.

Habían despedido a Louis y luego apareció con un sobre con dinero. Esa
noche, se había ido sin decir nada... Olía a problemas por todos lados. Y
por ello sintió más presente el golpeteo en el pecho.24

—P-pero, ¿dónde está ahora?

La omega pareció más acongojada.

—Entré a su habitación y busqué entre sus cosas, sé que está mal, pero no
sabía qué más hacer... Él nunca se ha comportado así. Lou no está bien,
no me escucha.4
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Ésta no es la típica historia cliché de maestro-alumno, por su puesto que no.
|| Muchas gracias a la hermosa de @harrytakeacat por la preciosa portada<3 ||

✧ dancing in the dark ✧


Por cuteaspuke

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ATENCIÓN: Contenido gay está presente en la historia, contenido fuerte y lenguaje soez.
SI ERES HOMOFÓBICO NO SÉ QUE HACES ACÁ.
Bajo la oscuridad de la noche un amor se vuelve a hacer presente, un amor del pasado se hace
factible, ¿o quizá no?
«Debí haber corrido antes de que tus brazos me vuelvan a atrapar, así no estuviese con este
dolor, así hubiese seguido bailando solo en la oscuridad»
O también, la historia en la que un joven louis se enamora de harry, o quizá Harry ya estaba
enamorado mucho antes.
Bailando en la oscuridad.
Larry Stylinson.
Esta historia es absoluta y completamente inventada por mí, se basa en libros, fics y música que
escucho, no soy profesional así debo escribir muchas tonterías, es mi primera historia también...
Cover gracias @idkpamelax, por ser una gran amiga te amo infinitamente.

"No está bien".

¿Louis no estaba bien? ¿Por qué?30

—¿P-por qué dices eso? —reclamó de inmediato.

—Porque está obsesionado con... el dinero, con ayudar cuando no hace


falta. —Ella suspiró, llevándose una mano al pecho mientras miraba al
otro—. Yo empecé a trabajar porque me sentía sola y necesitaba
relacionarme, salir de aquí y estar distraída. No lo hice por por necesidad.
Y se lo dije mil veces, pero Louis no lo escuchaba.1

—Él me dijo que no le gustaba que trabajaras.

—Oh, dios. —Se cubrió el rostro con ambas manos—. Yo se lo repetí mil
veces, Harry, pero se centraba en conseguir más, en volver a estar como
antes. Sin motivo aparente, se le metió en la cabeza que no era suficiente.
Sí, nuestra vida cambió por completo, pero vendimos nuestra casa para
vivir tranquilos, eso era lo que yo quería, pero Louis lo vio todo de una
forma distinta. Tenemos dinero, pero a él eso no le basta. Louis... no deja
de compararse con su padre. Todo el tiempo. Ganar como él, ocupar ese
sustento cuando no hace falta, te juro que no hace. Yo quiero que trabaje y
se forme por él mismo, para que haga lo que le gusta, pero no lo quiere
entender...

Marjorie se terminó rompiendo.

Harry se acercó cauteloso a ella cuando las lágrimas recorrieron sus


mejillas. La respiración del alfa se había acelerado y su epidermis
cosquilleaba al verla así. También sentía la presión en sus sienes.

—Tiene que entrar en razón —declaró.16

Ella entonces se giró hacia la mesa del comedor, de donde recogió una
tarjeta negra que le entregó al otro antes de abrazarse a sí misma.

—Encontré esa tarjeta. Escribió jueves y él salió hoy. —Agitó la cabeza—.


Iría yo, pero... No es lo mismo. T-tú eres...64

La miró.

—No te preocupes. Voy a ir a buscarlo.14

Marjorie suspiró.

—Él... Te aprecia. Siente algo muy especial por ti. —Tragó saliva,
observando los ojos verdes clavados en ella—. No me lo ha dicho, pero lo
veo. También te he visto a ti. Sé que él no está preparado y no sabes la
impotencia que siento al ver a mi niño tan perdido. S-siempre le dijimos que
nada iba a cambiar, que no importaba cómo fuera. Quizás fue ese propio
vínculo con George; el que Louis lo admirara tanto desde pequeño. —Tuvo
que contener un sollozo para poder seguir hablando—. Pero para George
era su niño y amaba que dijera que su papá era su ídolo. —Negó, presa de
los recuerdos y la pena. De la pérdida—. No sé qué hice mal después de
que él nos dejara. No lo sé...4

Harry le sobó los hombros con afecto sincero, haciendo que lo mirara
cuando ella bajó la cabeza.

—No has hecho nada mal. Él sólo tiene que entender... Yo lo voy a ayudar.
Voy a ir a buscarlo, no le va a pasar nada. Jamás lo permitiría, ¿de
acuerdo?59

Ella asintió a pesar de lo mucho que también eso le costó. Era su niño, el
que siempre quiso proteger. Hizo su función de madre lo mejor que pudo;
nadie le había enseñado. Se dejó llevar por su instinto, ese que apostaba
por dar amor y crear unión. Pero ahora... tenía que delegar y apostar
también por aquel mismo instinto, por cómo se le cambiaba la cara a su
hijo cuando se mencionaba el nombre de Harry. Por cómo cambiaba
cuando el alfa estaba presente. Cómo su cuerpo se relajaba, se
preocupaba y buscaba con la mirada. Ella todo eso también lo había
sentido en algún momento.21

—Avísame, por favor —pidió, apretando una de las manos del más joven.

—Claro que sí —prometió antes de leer para sí la dirección en la tarjeta


negra con letras plateadas.

"Sirens Bar"
9

...

Tuvo que anunciarse dos veces con uno de los alfas de seguridad del local.
Tras mirarlo de arriba a abajo poco convencido y hacer una llamada que
duró menos de un minuto, lo dejaron pasar tras entregarle una placa
plateada que ponía "Staff". Le habían dicho que se dirigiera a la barra. Él
ya sabía que ahí debía preguntar por un tal Kevin.80

Cuando entró tuvo que tragar saliva.2

Demasiada gente y olores. Música alta y luces de neón cambiantes que


daban vida al ambiente festivo. El ruido de copas chocando y cuerpos
bailando al son de aquellas canciones pop. Vio a unos cuantos camareros
que pasaron por su lado, sin siquiera pararse a mirarlo aunque llevaran los
mismos atuendos que él. Llevaban en alto bandejas donde depositaban los
vasos vacíos abandonados en las mesas.12

No tardó en localizar la barra circular que enmarcaba el centro del lugar.


Donde también se apelotonaba toda la gente. Caminó decidido,
esquivando a algunos y pidiendo paso en mitad del gentío. A los que le
ponían mala cara, él le enseñaba la placa enganchada a su camiseta
negra. No tardó en llegar a la barra, con todo el mundo colgado.1

—¡Dos cervezas!1

—¡Tres mojitos!22

—¡Échale un poco más de ron!21

Louis frunció el ceño ante la cantidad de gritos. Dos hombres de treinta y


pocos años eran los que hacían frente a todos aquellos pedidos. Uno era
moreno, con un piercing en la ceja y el otro estaba completamente
rapado.37

—Perdona, busco a Kevin —preguntó Louis, cuando el que era moreno


estuvo cerca de él.4

Creyó que debería alzar más la voz, pero el hombre, sin mirarlo, señaló al
otro que se manejaba con las botellas de alcohol.
Como pudo, volvió a caminar entre la gente para poder llegar.

—Hola, ¿Kevin? —El rapado lo miró—. S-soy Louis.

Se sintió estúpido cuando le enseñó aquella placa que le habían dado en la


puerta.

—Pasa por aquí.

El omega retrocedió un paso cuando el tal Kevin levantó una parte modular
de la barra y lo dejó pasar.5

—El que viene a sustituir a Samantha, ¿no? —El omega asintió al oírlo—.
Vale, yo soy Kevin, el encargado, y ese de ahí es Marc, ¡hey! —llamó. Era
el primero al que Louis preguntó—. Vete a hacer refuerzo fuera, ya llegó el
nuevo. —Únicamente levantó un pulgar, terminando de cobrar y apuntar
algo en la caja antes de salir por donde Louis acababa de entrar—. ¿Sabes
cómo va esto?2

El de ojos añiles sintió los nervios.

—L-la verdad es que es la primera vez que... Bueno, no he sido antes


camarero.11

Kevin únicamente enarcó una ceja.

—¿Sabes servir cervezas del grifo?21

Él asintió, dudoso. Conocía eso de inclinar la jarra para controlar la


espuma...

—Harás eso. Yo te diré cuántas, ¿de acuerdo? Si te piden otra cosa me


señalas a mí.2

—¡Eh, Kevin! —gritó un hombre tras la barra. Louis brincó.


—¡Que te esperes, coño! —vociferó el nombrado—. Bueno, ¿te quedó
claro? —volvió a dirigirse al menor, quien asintió—. Encárgate de quitarme
trabajo y ya.1

Louis pestañeó cuando Kevin dio media vuelta, tomando un trapo que no
supo de dónde sacó para limpiar la barra y escuchar las peticiones del
pelotón de gente. Él localizó el grifo de cerveza y caminó hasta allí.

Inspiró hondo.

Le costó reconocer a Kevin como beta, pero no tanto como al tumulto que
se agolpaba frente a él. La música cambiaba al igual que las luces. La
gente voceaba y reía alto. Frente a él había dos chicas besándose tras dar
un trago a sus copas. Más allá, más personas haciendo lo mismo. Se
repegaban y bailaban.

Y había ruido, demasiado. Confiaba en poder escuchar a Kevin.

Se retiró el sudor de la frente por el calor que también habitaba el lugar


antes de dar un respingo.

—¡Nuevo! ¡Te he dicho que dos cervezas!

Asintió apurado antes de tomar dos jarras bajo el grifo. Sintió la presión al
abrirlo y dejar que el líquido dorado cayera.

Rogó también para que aquella dichosa espuma no se formara de más...

Cuando las quiso comprobar, dudoso, ya habían desaparecido de la barra,


arrastradas por Kevin.1

Vale, quizás no era tan difícil. Lo pudo hace dos veces más.

—No puedo creer qué tenemos por aquí...46

—¿Es omega?2
—Chico...

Tragó saliva cuando escuchó los murmullos.3

Se volvió a centrar en otras tres cervezas que le había pedido el


encargado.

Quizás no hablaban de él. Había mucha gente...4

—Eh, ¡Kevin! Sin duda vamos a salir ganando con el cambio. Con el genio
que se gasta Samantha...45

Tuvo que servir dos jarras más. Consideraba que se estaba pasando con la
espuma, pero al parecer no importaba...9

La música había subido más el volumen, o al menos eso le parecía. La


gente estaba saltando más, agolpándose contra la barra.

—Eh, chico, una cerveza por aquí.1

Alzó la vista al hombre que se acababa de dirigir directamente a él. Tenía


ojos azules y le guiñó uno tras remojarse los labios.32

Se estremeció.

—S-se la tienes que pedir a...

—¡Nuevo, joder! —chilló Kevin desde la otra punta—. ¡Te he dicho que dos
cañas!58

El omega asintió de inmediato, colocando los vasos bajo el grifo.

El hombre que antes le habló se inclinó aún más sobre la barra. Sabía que
no le quitaba la vista de encima.3
—Oh, ¿te enseño? —habló una vez más el desconocido, cuando Louis
tuvo que tirar el contenido de lo que intentó servir. Le había salido sólo
espuma.5

Sentía de repente que las manos le temblaban. Nunca se supo concentrar


si lo miraban. No si comenzaba a sentir aquella presión en el pecho...23

El hombre había estirado un brazo sobre la barra.2

—Que carita...46

—Pero qué monería. Cuando quieras vente a este lado de la barra.

Se tuvo que alejar cuando otro desconocido se colgó del de ojos azules.
Eran alfas.9

—¿Qué? ¿Te enseño a servir la cerveza?7

—¿Qué edad tienes?1

—¡Nuevo!

—¿Cómo te llamas?10

—Pero no te quedes tan callado...1

No pudo más.15

Dio media vuelta, notando la ansiedad treparle por la garganta. Había cada
vez más ruido, las risotadas eran molestas y la gente gritaba demasiado.
¿Por qué? Y las luces no paraban de cambiar y las caras de colores le
agobiaban. Las miradas sobre él...

Boqueó.
—Kevin —pronunció cuando caminó hasta el encargado, quien lo miró
ceñudo mientras ponía hielos en tres vasos de tubo a la vez—. L-los
clientes no dejan de decir-8

—¿Y? —reclamó sin dejarlo terminar.62

—N-no sé...

—Louis era tu nombre, ¿no? Mira, aquí se viene a trabajar, si te estás


quejando a esta hora, ¿qué vas a hacer cuando estén borrachos? Estás en
un bar, no en una guardería, aunque a veces parezca lo mismo.6

Tuvo que inspirar hondo por la nariz.

—¡Eh, chico! ¡El omega! Anda, ponme una cerveza...

Se oyeron de nuevo risotadas por parte de alguno tras la barra. Kevin se


apresuró a servir vodka en los vasos frente a él.2

Demasiado ruido ensordecedor. Demasiados olores.

Hacía calor, las luces cambiaban y el corazón cada vez le golpeaba más
contra el pecho. Notaba la respiración acelerada y el sudor en la nuca.12

Era ansiedad. Iba a tener un ataque de ansiedad en cualquier momento.61

¿En qué segundo pensó que aquello sería una buena idea? ¿En qué
momento pensó que valdría? No le gustaba la gente ni los desconocidos.
Ese ambiente... ¿Por qué se le ocurrió meterse ahí?6

Lo estaban mirando. Lo estaban juzgando.

Se estaban riendo de él.

Le estaban gritando que era omega.22

Se estaban insinuando...1
—N-no puedo hacer esto. Hay demasiada gente, no puedo...3

—¿Qué? —contestó el rapado, mirándolo por primera vez.

—Que no puedo. —Tenía que tomar grandes bocanas de aire para poder
hablar—. L-lo siento por Paul y Samantha, sé que hablaron contigo para
esto, pero no puedo...

—Acabas de llegar —se quejó, ignorando por complejo las quejas de los
clientes por la tardanza.5

—N-no puedo —repitió Louis.

—Pues entonces vete, no estoy para perder el tiempo. Sal por la salida de
personal, cruzando los reservados —acto seguido se volvió a girar hacia la
barra. Terminó de servir las copas antes de disponerse a llenar tres vasos
más con hielo—. Y antes de llamar a un sitio, sé primero consciente de
dónde te vas a meter. Si no te sabes mover en la noche, no salgas.

Kevin le dio la espalda antes de vocearle a un camarero que pasó cerca.

No, él definitivamente no sabía moverse ahí. Ni siquiera sabía por qué


imaginó que podía salir bien. No creía que habría tanta gente y ruido. Él no
estaba acostumbrado a eso. No sabía...

Se quería ir de allí.

Quería estar en casa.5

Se apresuró a salir de detrás de la barra, sin mirar a otro lado y


encogiéndose mientras pasaba entre la gente.8

No le gustaba rozarse, volvían a gritar... Sentía la presencia de alfas y


cantidad de omegas que buscaban; que quería que los identificaran.

Se estaba quedando sin aire.2


Agradeció cuando observó la señal de los reservados y una flecha que
debajo señalaba una salida. Jamás había anhelado tanto la calle y el aire
fresco. El frío... Necesitaba fumarse un tabaco que no tenía.1

La zona de reservados era sin más un pasillo con cubículos con sofás.
Podían separarse con cortinas.

Al fondo estaba la puerta doble con un nuevo cartel verde que señalaba la
salida.1

Pero no llegó hasta ella.

214

...

Inspeccionó con la mirada aquel bar tras entrar. Gente bailaba, hablaba
alto y abarrotaba las mesas mal colocadas. Casi ni recordaba el bofetón de
olores que eran los sitios como aquellos. Al cabo de un rato todos se
acaban acostumbrando, pero era raro.13

—Disculpa —llamó cuando un camarero con bandeja en alto pasó por su


lado—. Estoy buscando a alguien.

El camarero era omega y lo miró de reojo.

—¿Has visto la cantidad de gente que hay aquí? Si no me das más datos
dudo poder ayudarte.7

Harry rebuscó en un bolsillo de su chaqueta.

—Se llama Louis. Le dieron esta tarjeta y lo citaron hoy jueves.

—¿Para trabajar?
El alfa pasó saliva.3

—Eso creo.

Con maestría, el chico recogió cuatro vasos a la vez de la mesa más


próxima.

—Pregunta en la barra por Kevin, es el encargado.3

Asintió.

—Muchas gracias.

Le dieron un repaso con la mirada antes de que se alejara en dirección a la


barra. Lo miraron también mal cuando se coló por uno de los extremos.
Visualizó a un rapado que apurado servía los pedidos de la gente.

—Oye tío, no te cueles...

—No voy a pedir nada. Sólo necesito hablar un momento con el


encargado.

—¡Kevin!4

Harry se giró, comprobando que efectivamente el rapado era a quien


buscaba. Otro hombre acababa de entrar tras la barra, comenzando a
escuchar los pedidos del otro extremo.

Harry se volvió a mover hasta llegar a él.

—Perdona —alzó la voz.

—Hay más gente antes que tú —replicó el beta.1

—No, yo estoy buscando a Louis. Louis Tomlinson. ¿Lo conoces? Creo


que lo habían citado aquí.
El encargado del bar lo miró de frente.

—¿El omega?12

A Harry le pudo llegar a dejar de molestar hasta el sonido de la música.


Notó un hormigueo naciendo en la garganta.

—Sí.

Kevin volvió a retirarle la mirada.

—Ya se marchó. Vino a hacer una prueba, pero no aguantó.

—¿Qué? ¿Hace cuánto se fue?

—¿Crees que tengo tiempo para estar mirando la hora? No lo sé.

Harry tuvo entonces que contener un gruñido.9

Kevin caminó hacia el otro lado de la barra, ignorándolo por completo. El


alfa se separó de ella, abriéndose paso entre la gente que reía con sus
copas alzadas.

Sacó su teléfono móvil.

Por supuesto, había intentado llamarlo, pero nadie contestó. Había tratado
incluso con mensajes.

"Louis, dónde estás?"5

Tecleó un segundo texto casi sin pensar.

"Dime dónde estás, por favor. Estoy en el Sirens Bar. Estás yendo a
casa? No vayas solo, puedo pasar por ti"18

Volvió a darle al botón verde de llamada, pero esa vez le redirigió


directamente al buzón de voz.
Esa vez sí gruñó.1

Le molestaba que la gente lo empujara, así que se alejó observando aún la


pantalla del aparato.

¿Cómo iba a buscarlo? No sabía si se había ido caminando, si tomó algún


taxi, si se fue con alguien... Le comenzaba a doler entre los ojos.3

Razonó que debía volver a salir para optar por callejear con el coche. Lo
buscaría por todos los caminos que podría haber tomado o, ¿quizás
preguntar a alguien más si lo reconocía o vio cómo se fue? Podría
cuestionar a alguno de seguridad en la entrada...

Se quiso poner en marcha, pero la punzada en sus sienes ardió de


repente.41

Se fijó en el cartel que señalaba la zona de reservados.

79

...

Fueron unos ojos azules lo primero que vio después de sentir el tirón en un
brazo.2

Eran los mismos que ya había contemplado en la barra.4

—Hola, chico...61

Había sucedido todo muy rápido.

Era dos alfas, los mismos que se habían dirigido antes a él, mientras servía
cervezas. Uno acababa de correr la cortina.40

El reservado tenía un sofá en "L" y una mesa de cristal en el centro.


Louis comprobó muy rápido que su boca estaba seca cuando los cuerpos
de ambos se colocaron en la única salida.1

—¿Qué haces? —le inquirió al que tiró de él.2

Fue consciente de que las rodillas le temblaron cuando la mirada ajena


cayó sobre la suya.

—Oh, salió con carácter.

—Y tras la barra parecía tan sumiso.44

El otro alfa tenía los ojos oscuros.

Comenzaba a oler fuerte.2

Quiso dar un paso, pero los otros dos también se adelantaron, intimidantes.

—Dejadme salir —demandó, agradeciendo que su voz no se entrecortara.3

—¿O qué? —cuestionó con socarronería el de ojos cristalinos.23

Fue su Omega el que se removió en respuesta. Él calló.

—Huele... diferente —secundó el otro alfa.41

Su amigo, o lo que diablos fueran, estuvo de acuerdo, asintiendo.

—No es dulce —puntualizó ladeando el rostro.

—No me termina de gustar, pero él... Mira esa cara. Omega bonito.56

Sintió ganas de vomitar. Se estaban acercando a él.

No le podía estar pasando eso.1

—Un muñequito.72
Seguían caminando, como si fueran dos cuerpos enormes que se
convertían en apisonadoras. A Louis sólo le nacía recular.

—Dejadme en paz —susurró bajo.

Odió susurrar bajo. Odió que no le saliera la voz.

Los otros hombres sonrieron. Claro que no lo iban a dejar en paz. ¿Así
cómo así? No...

Ya reconocía la sensación dominante y el tirón en el centro del vientre.


Reconocía las ganas que tenían sus rodillas de flexionarse y rendirse.2

Chocó contra el sofá.

—Por favor...

—Me encanta cuando se ponen así.51

El de ojos más oscuros estuvo de inmediato de acuerdo.

—Si oliera mejor... Sólo eso le falta. Este pica en la garganta.59

Louis sintió el pánico invadirlo cuando uno alzó una mano hacia él.1

—No me toques. Por favor...

—Mira que ojitos —comentó uno cuando el omega cayó en el sofá al no


poder retroceder más—. A ver, abre esa boca...45

El nudo en la garganta le dificultaba hasta respirar.

Se estaba repitiendo mil veces que no le podía estar pasando aquello. Que
era imposible que sus articulaciones se le quedaran flojas y la fuerza lo
abandonara así...

—No... —repitió, notando la humedad en los ojos.


Uno en entonces adoptó una pose más amenazante. Apretó la mandíbula,
y enfocándolo con mirada firme lo hizo encogerse más en el sitio.

Fue la rudeza en su voz la que terminó de helarlo entero.

—He dicho que abras esa boca.30

Quería tocarle la cara y él no podía hacer nada. Su cuerpo no respondía y


los otros...1

Era insoportable.

No quería que se acercaran. No podía dejar de removerse.1

Estaba muerto de miedo. Podían hacer lo que quisieran con él y no quería.


Por dios, eso no...

Fue su Omega el que se sacudió desesperado. Fue el que lloriqueó


convulso.30

Pidiendo ayuda.9

Llamando a alguien.110

Las lágrimas bañaron su rostro cuando sus labios se separaron en contra


de su voluntad y uno de ellos definitivamente llevó una mano a su rostro.6

Luego, el tiempo se detuvo por un instante.3

El llanto se seguía agolpando en su garganta cuando algo más potente le


hizo sacudirse.3

Un gruñido. Alto, fuerte.323

No lejos de allí.1
El alfa que lo iba a tocar se giró. Al otro en cambio no le importó y lo siguió
mirando.3

El tiempo se detuvo un momento para que después todo sucediera


demasiado rápido.1

Los oídos de Louis incluso se taponaron.

La cortina del cubículo se desenganchó gracias a un tirón desde fuera. El


omega se encogió aún más en el sitio cuando escuchó de cerca un
segundo rugido.27

Notaba la sangre caliente recorriendo sus venas. El temblor en la piernas,


el quererse apartar aún más...

Las enormes ganas de llorar cuando se atrevió a alzar la vista.

—Harry...93

Fue él el tercer alfa que irrumpió allí.7

Los iris verdes no estaban; únicamente pupilas dilatadas habitaban sus


ojos. Rizos que se le escaparon del moño y su pecho ancho, mucho más
de lo normal, subiendo y bajando gracias a la respiración errática. Su
mirada depredadora viajando de un alfa a otro.72

Harry sentía fuego en su interior y tensión en cada músculo al ver aquello


con sus propios ojos.9

Ira.2

Querría rugir.

Lo volvió a hacer.25
Enfocó a Louis cuando este tembló de nuevo al oírlo. El omega... se veía
frágil, diminuto frente a los otros dos. Sentía su miedo; estaba aterrado y
llorando. Estaba sacudiéndose y tenía frío porque aquellos dos lo habían
asustado.10

Habían asustado a Louis. Habían hecho que sus preciosos ojos azules se
llenaran de lágrimas.131

Le habían quitado la sonrisa y lo habían obligado a que se encogiera


temeroso en aquel asiento. En aquella tela que no tenía por qué rozarlo;
allí todo olía a alfas, a otros omegas, a la unión de desconocidos...6

Habían tocado a Louis y sus manos se convirtieron en puños por eso. La


mandíbula se le tensaba hasta doler y la rabia se le arremolinaba sin
tregua en el pecho. Sentía la pesadez.3

Sus cuerdas vocales vibrando porque era incapaz de dejar de gruñir.

Habían humillado a Louis. Él había ido a buscarlo, lo había encontrado así,


y era su instinto más animal el que estaba respondiendo a ello.35

Se sentía la angustia del omega en el ambiente y en su propio pecho se


anidaba la tirantez que eso ocasionaba.

—Ven.52

El omega separó la espalda del sofá, sin poder desfijar la vista de Harry.
Quería llorar, derrumbarse, y no sabía si las piernas le responderían hasta
caminar hacia él.1

Pero lo intentó.

Cerró los ojos al escuchar otro rugido del ojiverde cuando uno de los alfas
pretendió un movimiento. Se sentía sometido entre ellos. Su Omega
gimoteaba en su interior, aterrado, viéndose absolutamente manejable a la
voluntad que quisieran imponerle.

—Ni te atrevas a tocarlo.67

Abrió los ojos cuando sintió el tirón en el brazo y quiso jadear por ello. Sin
embargo, al instante sintió el calor y la vibración del otro pecho. Estaba en
los brazos de Harry.81

Harry lo estaba abrazando con una mano, estrechándolo contra él.

Harry seguía gruñendo.

Apretó la tela de su camisa mientras continuaba bramando. Ya no olía a los


demás. Sólo a él. Estaba enfadado, sentía su cólera; un sentimiento que no
había nunca experimentado. Era bruto, pero aun así, jamás se había
sentido tan seguro. A pesar del odio que también respiraba. A pesar de los
gruñidos...24

No supo en qué momento comenzaron a caminar, pues se sintió arrastrado


por Harry y totalmente cubierto por su cuerpo. No abrió en ningún momento
los ojos, siquiera escuchó la música o los quejidos de la gente cuando el
alfa volvía a gruñir, empujándolos a su paso.34

Tampoco notó el frío de la calle; era imposible con el calor que emanaba el
otro cuerpo. No quería mirar nada.

Así que quiso sollozar cuando sintió un tirón suave que lo separó apenas
de la calidez.2

—Sólo entra al coche, por favor Louis.1

Se sabía sin fuerzas, pequeñísimo a su lado.2


Tembló al notar el frío al deslizarse en el asiento. La puerta del copiloto se
cerró y en el segundo que decidió abrir los ojos, la otra se abrió para
mostrarle a un Harry que se abalanzaba de nuevo sobre él.22

Quería el calor; que él se llevara el frío con tan sólo un roce. Volvía a oler
fuerte, mucho más que antes. Quería eso casi tanto como la necesidad que
tuvo de ladear el cuello cuando el alfa enterró su rostro en él y se llenó de
su aroma, volviendo a gruñir.114

Se tuvo que agarrar a la chaqueta ajena cuando el otro lo tocó, palpándole


el rostro, cuello, hombros y luego la cintura.

—¿Te tocaron? Dime que no te tocaron.29

Sabía que la voz no le iba a salir, así que únicamente negó con la cabeza.

—¿Estás bien? Dime que no te hicieron nada.24

Su olor y aquella voz grave, profunda y demandante. Volvió a negar y se


aferró a él cuando también sintió su lengua húmeda recorriéndole el
cuello.184

El corazón se le iba a salir del pecho en cualquier momento. Sólo quería


gimotear, afianzarse...9

—Enciérrate —musitó el alfa, separándose para mirarlo con los ojos


todavía negros. Más rizos le caían sobre el rostro—. Enciérrate, no abras a
nadie.123

Sintió la histeria invadirlo cuando Harry dejó de tocarlo por completo.2

—¿Qué? —consiguió articular, afónico—. No. ¿Adónde vas?

—Te asustaron. No se va a quedar así.215

Quiso boquear con desespero.


—No, no te vayas. No me dejes solo.

Harry volvió a gruñir, con la angustia haciéndolo presa.

—Enciérrate. Vengo rápido. No se va a quedar así —repitió.18

—Harry...

—Fais-le, s'il te plaît / Hazlo, por favor /170

El alfa ya no distinguía. Se había dejado llevar al completo por el fuego que


se le había concentrado en la boca del estómago. Su voz era grave y antes
de salir del coche volvió a mirar a Louis. Estaba bien. Olía a él y no a los
demás.11

Se hubiera vuelto loco si eso hubiese sucedido.8

El omega se apresuró a bajar los cierres del coche desde dentro. Siquiera
se había percatado de que el automóvil estaba aparcado justo en la calle
de enfrente del bar. Sus ojos se aguaron casi sin remedio cuando
reconoció el cuerpo de Harry. Andaba a zancadas y su espalda ancha no
tuvo cuidado en empujar a quien quiera que se topara cuando volvió a
ingresar en el local.5

Tembló de frío. Se sacudió cuando un sollozo escapó de su garganta.

Fueron los tres minutos con cuarenta y ocho segundos más largos de su
vida.52

Harry había entrado, arrollando a aquellos que hicieran el mínimo intento


de impedirle el paso. Fue directo a los reservados y jaló de nuevo de la
cortina del mismo cubículo. Los alfas seguían allí.2

No dudó ni un instante el irse contra ellos.25


Tumbó a uno que se había sentado en aquel sofá en forma de "L". Rugió
cuando su puño impactó en el pómulo del otro y se sacudió cuando alguien
tiró entonces de sus ropas, haciéndolo chocar contra la mesa de centro
que se hizo añicos tras el choque con el peso de su cuerpo.1

Jamás en su vida se había peleado; nunca se planteó si sabía hacerlo. Eso


lo hubiese pensado Harry, mas no su Alfa en aquel momento.33

Uno gruñó al abalanzarse contra él, propinándole un golpe en la cara que


le ardió al instante. Que le hizo tomar más fuerzas.8

Lo tumbó de una patada y cuando se iba a ir de nuevo contra el que lo tiró


sobre la mesa volvió a sentir otro tirón en un brazo. Uno del que por
supuesto se intentó soltar. Estaba fuera de sí.15

De repente, en la zona de reservados ya no estaban sólo ellos tres, sino


cantidad de espectadores, dos camareros y otros dos alfas de seguridad
que consiguieron parar los golpes con sólo alzar un puño.

Harry rugió cuando sintió el dolor en las muñecas mientras lo arrastraban.


Empezaba a perder de vista a los otros. A los que habían asustado a Louis.
También estaban siendo reducidos.

—¡Nunca lo volveréis a tocar! ¡Nunca! Je vais m'en occuper, bande


d'enfoirés / Yo me ocuparé, panda de hijos de puta /160

Dio un par de manotazos al aire cuando lo soltaron fuera del local. El alfa
de seguridad le gruñó, amenazante, y él se tambaleó para no caerse tras el
severo empujón. Hubiera rechistado, luchado por volver a entrar porque
consideraba que no le había hecho nada a aquellos, pero Louis estaba
cerca. En la acera de enfrente, encerrado en su coche.
No quería tardar más, quizás estaba temblando o seguía asustado... Dio
media vuelta, cruzando la calle en dirección a su BMW, al cual de quitaron
el cierre desde dentro cuando quiso abrir la puerta.

—Louis. —Se volvió a abalanzar sobre él, comprobando que seguía de una
pieza.

El omega lo miró.

—Harry, tu ceja... Estás sangrando.

—¿Estás bien?

Louis jadeó de desespero. Era un hilo fino de sangre que parecía haber
sido retirada sin cuidado.

—Nos vamos de aquí —anunció el alfa, sentándose en su asiento, sin


esperar que el otro contestara.1

Gruñó aun así por tener que separarse de él. Quería pegarlo a su pecho
hasta dejar de notarlo alterado, pero tenía que conducir y alejarlo de allí.
Antes de poner el coche en marcha se encargó de abrocharle el cinturón
de seguridad, oler de nuevo su cuello y calentar otro gruñido cuando se
encontró con sus ojos llorosos.

Lo habían asustado tanto...57

Condujo con los nudillos volviéndoseles blancos de tanto apretar el volante.


Las calles estaban prácticamente desérticas.

En el trayecto, el omega no habló ni tampoco gimoteó.

Harry, por su parte, no dejó de gruñir.3


Louis sintió un estremecimiento cuando reconoció dónde habían aparcado
después de haber conducido durante un rato que a él se le pasó
demasiado rápido.12

Estaban en la Bahía de Whitsand.172

El alfa apagó el motor y no tardó en salir del coche, rodeándolo a prisas


para abrirle la puerta. Se arrodilló a sus pies mientras le quitaba el cinturón.

—¿Estás bien? —repitió.

Louis sintió ganas de volver a echarse a llorar.

—S-sí.

Se fijó en la herida de su ceja y tragó saliva cuando le rozó el rostro con los
dedos. La piel de Harry ardía.13

No dijo nada cuando el mayor abrió la guantera y tomó el llavero con dos
llaves. El propio Louis bajó del coche y dejó que Harry lo volviera a
sostener en un abrazo protector, pegándolo a él mientras se dirigían al
interior de la casa de la playa.31

Olía a cerrado; se sentía en las partículas de polvo que se suspendían en


el ambiente. El ojiverde retiró la sábana que cubría el sofá y le hizo un
ademán. Observó cómo el omega tomaba asiento, con ceño fruncido;
como si temiera que se pudiera romper...

—Harry...

—Aquí, dime.

El alfa se atrevió a rozar el mismo sofá. En sus ojos todavía se seguía sin
notar el verde.
—Estoy bien. T-tú tienes que curarte la ceja. Tienes el pómulo también
hinchado...

Sin embargo, el alfa ya se encontraba negando.

—No me duele.21

Y era verdad. Era incapaz de sentir el golpe de la espalda o las heridas en


el rostro.

Quiso replicar, pero Harry le hizo otra seña para que lo esperara. Fue a la
cocina y tras lavar un vaso se lo trajo lleno de agua. Se quitó su propia
chaqueta y se la pasó por los hombros, sin siquiera preguntar.10

—Tienes frío —aseguró.24

Era uno soportable, pero la prenda olía a Harry, estaba caliente y era
incapaz de no sentirse reconfortado por eso.5

Permanecieron en silencio y el mayor se sentó sobre la pequeña mesa de


madera frente al mueble donde el otro estaba. No le quitaba los ojos de
encima y Louis suspiraba a cada segundo que le veía recuperar el verde
en su mirada. Observó cómo se rehízo el moño cuando el pelo le molestó
en la cara. Fue rápido, con una habilidad asombrosa, sin retirarle en ningún
momento la vista de encima.

—G-gracias por llegar —pronunció el omega, con voz entrecortada. Harry


de inmediato se irguió—. ¿C-cómo supiste...?10

—Tu madre —contestó—. Me llamó.

Arrugó la frente.

—¿Mi madre? C-cómo...

—Encontró una tarjeta. Estaba muy preocupada, Louis.


El aludido siquiera atinó a decir algo más. Un nudo se había vuelto a
apropiar de su garganta y sus ojos amenazaron muy rápido con volver a
aguarse.1

—No llores —pidió el alfa, nervioso, acercándose con cautela—. Por


favor.37

Louis negó, con la molestia de aquello que todavía trepaba por su


garganta.

—Lo he hecho todo mal... Todo mal.28

Harry se movió como un resorte cuando vislumbró las primeras lágrimas en


los orbes añiles. Le angustiaban. Lo hacían hasta doler.3

—No, shh... —Sin pedir permiso se sentó a su lado, atrayéndolo de nuevo


a su pecho—. Ya está, ya está todo bien. Estás bien.

—Y-yo me lo busque, Harry. N-no puedo más, estoy cansado de hacerlo


todo mal. E-estoy cansado de perder.64

El alfa negaba mientras lo abrazaba, con la desesperación emergiendo en


cada poro de su piel.1

—No sé cómo llegaste ahí, pero no tienes que volver a hacerlo. No. —Lo
meció contra él, hundiendo la nariz en su pelo; notando el ardor en su
propia epidermis—. Tu madre me lo contó, Louis. Me dijo que no la
escuchas. —El omega volvió a negar—. No estáis mal y tú no te tienes que
parecer a nadie, no tienes que lograr nada. Eres tú y eres perfecto.9

—N-no...1

—Sí, eres perfecto. Perfecto, Louis.119


—Perdí el trabajo en el taller. Lo perdí todo. Quería trabajar ahí, pero me
dio ansiedad. Me decían cosas, había mucha gente...

Harry volvió a gruñir al estrecharlo.

—Todo eso da igual. No hay nada más importante que tú. Que estés
bien...3

Lo abrazó hasta que su llanto se calmó. Hasta que Louis se llenó del calor
y se colmó de aquella sensación que tranquilizaba. Hasta que normalizó su
olor.

Hasta que Harry se deleitó con aquello que tanto había extrañado. La
picazón en la garganta y el aroma a tierra mojada. La cantidad de gustos
tanteando sus papilas gustativas...9

Sólo cuando el omega se removió levantó el mentón que descansaba


sobre su cabeza.

Louis ya no lloraba. Habló:

—Necesito ir al baño. —Sorbió por la nariz—. Quiero lavarme la cara...

—Claro.

El menor no se retiró de los hombros la chaqueta que lucía enorme sobre


él.

—Lou —llamó el alfa—. Toma, llama a Marjorie y dile que estás bien. Le
dije que la avisaría, pero seguro que se queda más tranquila al oírte a ti.7

El omega pestañeó cuando tomó el teléfono móvil del otro. Bastó palparse
el pantalón para en ese momento darse cuenta de que había perdido el
suyo.

—¿Nos vamos a quedar aquí?


Harry enseguida sintió los músculos agarrotarse.

–Oh, no —se apresuró a contestar—. Cuando quieras te puedo llevar a tu


casa. N-necesitabas, bueno, necesitábamos tranquilizarnos y...

—Harry —lo interrumpió—. No. S-si te parece bien... Nos quedamos. Me


quiero quedar. Contigo.272

El alfa notó entonces el martilleo fuerte en el pecho.3

—Vale. Sí.3

—Llamaré a mi madre y le diré que estoy bien. Gracias. —Agitó en su


mano el móvil que el otro le había entregado.

—Tómate tu tiempo. Estate tranquilo...

Louis asintió.

Se perdió escaleras arriba, donde ya sabía que se encontraba el cuarto de


baño. Sólo cuando desapareció de su campo de visión el alfa resopló.

Apoyó la frente en las palmas de las manos. Notaba una punzada


comenzando en las sienes y la pesadez haciéndose dueña de su cuerpo.
Jamás se había sentido de aquella forma. De hecho, si lo recordaba, lo
podía vivir todo a cámara lenta. Volvía a palpar los golpes por el repentino
ardor en sus nudillos y la molestia en el centro de la espalda. Los hombros
se los notaba cargados y experimentaba en todo momento aquel calor que
no lo abandonaba. Estaba sofocado.54

Caminó hacia la cocina, sirviéndose un vaso de agua que se bebió de un


trago. Unas gotas de sudor bañaban su frente y el ardor no lo abandonaba
debajo de la piel. Inspiró hondo por la nariz, cerrando los ojos con fuerza
cuando el aroma de Louis lo golpeó. Su ropa olía a él. Todo olía ya al
omega.2

Hurgó en el bolsillo trasero de su pantalón, sacando su billetera. Volvió a


exhalar mientras buscaba aquel compartimento, detrás de las tarjetas. Una
pastilla en su envoltorio. Soltó la billetera sobre la encimera y con la ayuda
de otro vaso de agua se tragó la cápsula. Se aseguró de que efectivamente
había palpado que tenía otra más en el mismo sitio. Le ayudarían.69

Al cabo de un rato subió los escalones tras haber dudado de si hacerlo o


no. Ya no escuchaba la voz lejana de Louis. Tampoco el agua correr o
alguna puerta abrirse y cerrarse. El pasillo del segundo piso era pequeño.
Sólo tenía dos puertas, una era del baño y la otra del dormitorio. Louis
estaba en ese último, sentado en el borde de la cama, observando el móvil
del mayor entre sus manos.

Alzó la vista al sentirlo.

—¿Hablaste con ella? —se adelantó el alfa. Le habló desde la puerta, sin
atreverse a entrar.

—Sí. —Se mantuvo en silencio un momento—. Lloró. Estaba contenta de


oírme. No le conté nada, pero sabe que algo pasó y...

Calló para evitar una nueva quemazón en los ojos. Harry se removió en su
posición.

—Intenta descansar, da igual eso ahora.

Louis dejó el teléfono a un lado y señaló la mesilla de noche.

—Encontré alcohol en el baño. He traído papel —lo miró dubitativo,


sabiendo que se encontraría la mirada firme del otro—. Se te puede
infectar. La herida...42
Harry frunció el ceño, alzando una mano que tocó su ceja. Apenas le
molestó el roce.

Louis lo miró preocupado, y se hubiera negado, no se había visto la herida,


pero estaba seguro de que no sería para tanto. En cambio, entró en la
habitación y se sentó en la cama cuando Louis tomó el bote de alcohol.
Cerró los ojos al percatarse de que el omega tragaba saliva, nervioso
mientras lo abría.

—El papel absorbe bastante el líquido, pero es que no hay algodones.


Espero que no te raspe mucho.

Harry ni se inmutó mientras Louis le retiraba con cuidado la sangre seca.


Lo empapó bien dos veces antes de presionar el antiséptico contra el corte.
No sabía nada de ese tipo de cuidados, pero estaba seguro de que no
necesitaría puntos o algo así. Había dejado de sangrar y la zona
únicamente se encontraba hinchada. Su pómulo estaba igual, le hubiera
dicho que ahí sí debía aplicar hielo, pero Harry abrió los ojos de repente y
se sintió quedar afónico.30

Notó un hormigueo en los dedos cuando dejó lo que usó para curarlo a un
lado.

—Ya está.

—Gracias.

Él negó.

—¿Te duele?

—No.

Los latidos se le aceleraron cuando notó la mirada esmeralda sobre él.


—¿L-les golpeaste? —La mandíbula del alfa se tensó. Asintió—. Te podían
haber hecho más daño. Eran dos...

Harry bufó con poco disimulo.

—Como si eran cinco. Te asustaron, se aprovecharon de...

Calló cuando se percató de la expresión del omega. Él mismo supo que no


controló la vibración en sus cuerdas vocales. Se intentó tranquilizar.

—Si no hubieras aparecido no sé qué...

—Ni lo digas. No, no pienses en eso. Me vuelve loco.87

Louis se encogió en el sitio, aflojando los hombros mientras suspiraba. Se


había quitado la chaqueta de Harry y la había dejado sobre la cama. Sin
embargo, permanecía embargado de su esencia. La presencia del alfa se
hacía notar. Estaba alerta y sólo con ella se podía permitir dejar de
temblar.1

Había llorado en el baño. Había llorado al hablar con su madre. Lloró por
las últimas dos semanas; por no reconocerse y por saberse tan perdido.
Pero estaba allí y le gustaba. Le aterró por un momento la idea de
separarse de Harry. Era de locos, pero necesitaba aquellos gruñidos bajos
que a veces el otro no podía disimular.15

Necesitaba el verde en su mirada, aquel que ya había recuperado del todo.


El alfa estaba mejor, más sosegado.

—Harry. —El aludido no tardó en observarlo—. P-podrías... —Su voz no


colaboró y tuvo que carraspear—. ¿Podrías abrazarme otra vez?58

El semblante entero del aludido se aflojó. En un segundo. Todas sus


articulaciones quedaron trémulas mientras se deslizaba en la cama,
asintiendo con labios prensados. Tenía el corazón casi en un puño. Su
cuerpo enorme también podría llegar a temblar.

Inspiró cuando Louis se acopló a sus brazos. Cuando fueron prácticamente


uno y el aroma ajeno los golpeó.15

Harry lo había extrañado tanto. Tanto... No había otro como él. Nada olía
como Louis. Su olor de omega... Se hubiera ido contra aquel bar entero por
él. Los hubiera sacudido uno a uno, así terminara destrozado. Valía la pena
por aquel cuerpo menudo y manos temblorosas que estaban encerrando
en un puño parte de la tela de su camisa blanca. Valía la pena por tenerlo
así. Louis estaba tranquilo y a salvo entre sus brazos.46

Y el omega también exhaló. Se dejó llevar por la frescura de Harry; no


pensó en otra cosa. Dejó que su ser lo dominara. Después de mucho
tiempo se volvió a rendir. Y no le importó.2

No le importó porque se sentía bien. Lo reconfortaba, lo hacía olvidar todo


para centrarse en la única prioridad de respirarlo. Porque era como un
arrullo; como flotar. Dejaba de convivir con la tensión para sólo inspiraba
tranquilo. Era calmante; anestesiante. Suave, como el roce de una pluma...
Y quería gimotear por eso. Asistir al clamor de su pecho.3

Durante días quiso ver a Harry y ahora lo tenía allí. Había aparecido para
sacarlo del momento más aterrador de su vida. Y era confuso. Porque si lo
recordaba quería llorar y volver a hostigarse. A culparse. Pero en sus
brazos... todo tornaba a liviano.2

Louis no fue consciente de que había enredado una de sus manos en el


cuello del otro. Acariciaba el pelo de su nuca, sabiéndose cómodo,
hundiendo los dedos con cuidado en la melena recogida. Respiraba
tranquilo, sintiendo un cosquilleo en la garganta. Podría quedarse dormido
así, estaba seguro de que sería el sueño más placentero, mas no quería.34

Su nariz había comenzado a rozar el cuello de Harry hasta llegar al hueso


de su mandíbula. Olía tan bien... Su piel era tan cálida. Notaba las caricias
del alfa en su cintura y la presión en la baja espalda. Lo mecía.87

Un estremecimiento los recorrió a ambos cuando Louis separó los labios al


llegar a la barbilla ajena. Le hormigueaban y Harry fue incapaz de pasar
saliva al notarlos. El omega tenía los ojos cerrados, perdido en el vaivén de
dejarse llevar.59

Porque era tan fácil...2

—Harry...

—Eres perfecto —repitió el alfa, volviéndose a embeber de él.57

Louis se estremeció al oírlo.

Harry. Siempre Harry...31

Contuvo un jadeo cuando sintió la mano del alfa ascender hasta su cuello.
Lo acarició con la palma y le cosquilleó la piel con el roce de las yemas de
los dedos. El pulgar se deslizó por su mandíbula y se tuvo que aferrar a
ese mismo brazo cuando Harry le besó la frente. Luego, la punta de la
nariz.39

Estaban tan cerca.68

Un roce más en una mejilla. En la otra. Delicado...39

El ser del omega sacudiéndose cuando sintió otro toque suave en una de
sus comisuras. Se aferró entonces más a su brazo, jadeando con la boca
abierta. Con los ojos aún cerrados, era como flotar sobre una barca a la
deriva de un mar en calma.8

—Perdón... —susurró el mayor, separando sus labios de las comisuras.76

Se moría por besarlo, pero el otro le había negado tal acto hacía tiempo, y
era incapaz de no respetarlo. Sentía en sí que no podía siquiera rozarlo sin
un permiso previo. Era más fuerte que él. La tentación sometida; verdugo
de la voluntad.50

Louis entonces abrió los ojos.

Era Harry, con sus labios secos y mejillas sonrojadas. Con el pelo
alborotado porque él mismo le había deshecho el moño de la coronilla. Era
Harry con sus ojos sinceros e infinita paciencia. Su sonrisa tranquila, entre
las marcas donde se formaban sus hoyuelos y aquel lunar junto a la boca.4

Era él.3

—Y-yo nunca he besado a nadie p-porque de pequeño veía películas


donde los protagonistas lo hacían cuando llegaba el final. Cuando se
escogían y decidían pasar el resto de la vida juntos. Se suponía que así
funcionaba una historia romántica.214

—Siento no haberte dado una historia romántica.91

Y era esa voz grave de Harry, la que pocos caracterizarían de


aterciopelada. Él lo hacía.7

—No, tú... —negó, mirándolo a los ojos y angustiándose al toparse con un


rostro contraído—. Tú siempre me diste más que eso. Tú siempre
estuviste. Ya te lo dije, siempre estás.46
Sintió sus ojos cristalizarse aun con la ausencia de las lágrimas. Harry
respiró hondo, volviéndole a acariciar el rostro, siendo mimoso en el toque
con un pulgar.

—Primero... empecé por querer conocerte. Quise ser un colega, un amigo,


luego tu amante... Alguien especial para ti. Quise serlo todo. Supongo que
fui un ambicioso —Louis quiso a hablar, pero el alfa le acarició también los
labios—. Porque contigo siempre voy a quererlo todo, ya lo asumí. Ya
asumí que por mucho que busque, nadie es como tú. Que fui hecho para ti.
Que soy un alfa que se vuelve loco por tu Omega. Porque no, no me voy a
escudar en él. Los dos... Los dos estamos locos por ti. Estoy loco por ti.461

Su Omega fue el que gimoteó en respuesta, sin embargo fue Louis el que
sintió que se podría echar a llorar de nuevo.

Estaba rendido.

Porque a pesar de que jamás lo reconoció en voz alta, él también estaba


loco por Harry.171

Porque sí, se acostó con él sin controlarse a sí mismo, sin poder entender
la necesidad en su cuerpo. Sin dominar lo único que no había perdido. Su
primer beso, algo que para él se convirtió en lo más íntimo porque lo
podría elegir.1

Porque quería ser consciente; tener agudos todos sus sentidos antes de
dar esa autoridad.

—Dame un beso —susurró bajito, llevando una mano a uno de los


costados del alfa.390

Se pegó un poco más a él. Sintió cómo lo hizo estremecer.

Porque el corazón de Harry se había vuelto loco en aquel momento.2


—N-no quiero que te arrepientas...58

Louis de inmediato negó, con desazón.

—H-Harry, por favor... Bésame.181

Su interior explotó en una corriente de chispas que recorrió todo su flujo


sanguíneo. Fue Harry el que esa vez no disimuló el gimoteo que emergió
del fondo de su garganta.1

Fue Harry el que volvió a abrir las palmas de sus manos para rozarle con
una la cadera y con la otra una mejilla.

Se permitió deleitarse con su aliento, como si el mismo fuera la hebra de la


miel más selecta. El punto de azúcar que convertía el almíbar en caramelo.
Era caliente y sin probarlo ya hormigueaba. Izaba su vello; le provocaba
cosquillas en la nuca. Sonrió ante el quejido que dejó escapar el omega
cuando descendió la mano hasta acariciarle el cuello. Gozó el pestañear un
momento y deleitarse con una imagen preciosa; una que no fue capaz de
recrear ni en sus mejores sueños, y eso que había tenido muchos así. La
de Louis, con los ojos cerrados, mejillas arreboladas y los labios finos
entreabiertos.25

Louis esperando un beso de él.60

El cosquilleo emanó desde lo más profundo de su ser cuando se remojó


sus propios labios antes de acercarse a los ajenos. Rompió toda distancia,
respiraron el mismo aire y tocó el paraíso con la punta de esos mismos
cuando tuvo la osadía de rozar los finos.37

Cuando besó a Louis.357

Temblaron el uno contra el otro. Un roce cálido, superficial al principio.


Harry dejó pequeños besos hasta que Louis se atrevió a hacer lo mismo.
Docenas de caricias cortas en las que se colaba el aliento y la necesidad
de estar más pegados.23

La expiraron.

Fue Harry el que se topó con la lengua del omega cuando este se quiso
humedecer los labios. Fue el alfa el que entonces volvió a gemir. Lo
abrazó, realizando aquella tarea de remojárselos con la de él. Un toque
suave, íntimo y estimulante que hizo al otro jadear. También abrir la boca.19

Los gemidos que morían en la garganta, aquellos que fomentaban aún más
el encuentro. Los labios de Louis cerniéndose de una vez sobre los de
Harry, valientes. Lenguas tímidas que se tocaban por primera vez; que se
reconocían en medio de la batalla más dulce. Forcejeos tiernos que hacían
temblar las piernas y cosquillear las vértebras de la columna. Una a una.
Que creaban un nudo en el estómago que únicamente se aflojaba con
sutiles aleteos.48

Los síntomas de un beso, dos, tres... De nuevo docenas de ellos que eran
en todo momento deseados. El alfa sabía a menta y el omega a especias
que picotean sus papilas, haciéndolo salivar. Más. Compartir gemidos,
caricias y más roces de sus labios...4

La lucha de sus lenguas.12

Se deslizaron en la cama casi sin darse cuenta, con Louis aferrado a sus
ropas mientras buscaba el contacto con el humedecido músculo. Harry, en
respuesta, lo atraía más hacia él.37

Era dar vida a cantidad de sus sueños mientras palpaba el regocijo de que
la realidad era capaz de superar cada uno de ellos.4
Se besaron hasta que se veían obligados a separarse en busca de una
bocanada de aire. Se besaron, relevando dos años de ausencia de los
mismos. Derribando inseguridades, quemando cada una de las palabras
que no se dijeron.44

Hasta que los labios dolieron y se los dejaron hinchados. Hasta que
sonrieron en mitad de ellos. Hasta que sus narices optaban por acariciarse
antes de volver a empezar.77

Hasta perder la noción del tiempo.

Sólo ellos dos, no importaba nada más. No querían que importara.1

Se besaron hasta caer rendidos.46

El omega cerró los ojos, venciéndose poco a poco a la somnolencia


mientras sentía aún el mimo en sus comisuras; aquel que ya no se retraía.
Hasta volver a abrazarse y subyugarse así a aquel día, con una sonrisa
pintada y la sensación que colmaba. Con el calor.+

Con los brazos de Harry a su alrededor.

La luz entraba por las ventanas sin cortinas del dormitorio. Harry estaba
sentado en la cama y no podía dejar de mirarlo. Louis seguía dormido.39

Se acomodó de lado después de que él dejara de ser el cuerpo al que se


abrazaba. Una mano bajo la almohada mientras tenía medio rostro
enterrado en la misma. Respiración acompasada, tranquila... Sus párpados
a veces parecían hacer fuerza, sin embargo no despertaba. Harry miraba
atento cuando eso ocurría, aun notando al omega tranquilo. El pelo le caía
en la frente y no se había contenido el retirárselo más de una vez. De
acuerdo, también debía admitir que lo hacía porque le encantaba el
contacto. El menor tenía una piel cálida, suave... A veces deslizaba un
dedo índice hasta acariciarle la nariz. Luego, se quedaba observando sus
labios; los que por fin había probado. Los que eran tan acordes a él.
Tímidos al principio y luego demandantes. También pícaros. A veces
salados cuando se posó en ellos alguna lágrima, pero definitivamente
picantes en su estado natural.79

—¿Cuántas más cosas escondes? —murmuró el alfa volviendo a posar la


yema de un dedo en la punta de su nariz.66

Había recabado que Louis era como un libro que tenía más y más capítulos
y que cuando creía que llegaba al final, aparecían más páginas, como por
arte de magia.56

También había asumido que él quería leerlas todas. Quería cada uno de
los ejemplares.43

Retiró el toque cuando el omega se removió, volviendo a apretar más los


párpados. Sacó el brazo de debajo de la almohada y soltó un quejido bajo
antes de comenzar a abrir los ojos.3

—Hola... —susurró Harry, tranquilo.

Louis tuvo que pestañear un par de veces más.1

—Hola —consiguió articular, descubriéndose la voz somnolienta y ronca—.


¿Q-qué hora es?

—Cerca de las once y media. Has dormido casi doce horas.52


Louis se fijó en la sábana que lo cubría de hombros para bajo. ¿Doce
horas? Eso era una locura...

—Dios... —gimoteó notando el letargo—. ¿Y t-tú?

Harry dibujó una sonrisa encantadora.

—Yo algunas menos. Salí a comprar algo de comida, aquí no había nada.
Pero tardé sólo diez minutos y te escribí una nota por si te despertabas. No
quería dejarte solo.10

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De repente, el semblante del alfa tornó a uno serio.

—Ni siquiera me enteré —confesó.1

Llevaba semanas durmiendo una media de cuatro o cinco horas. A veces


se notaba cansado, pero la cafeína ayudaba.49

—¿Te quieres duchar? —volvió a hablar Harry. El otro todavía se notaba


entumecido—. Conseguí que saliera agua caliente y hay toallas. Huelen
raro, pero hacen su función.26

No pudo evitar no sonreír.

—Sí, lo necesito. He dormido demasiado...

—Necesitabas descansar.
Fue inevitable el fijarse en los ojos verdes que lo inspeccionaban con
calma.

Que los suyos viajaran entonces a los labios ajenos...53

—Te espero abajo —volvió a hablar el alfa, haciendo que el colchón se


moviera cuando se levantó.

—Vale.

Se mantuvieron la mirada hasta que el mayor abandonó el cuarto,


entornando la puerta al adivinar que quizás deseaba algo de intimidad.

Louis largó un pesado suspiro al saberse solo. Se estiró en la cama,


sintiendo la necesidad de que un poco de agua fría le cayera en la nuca.
No acostumbraba a dormir tanto.3

No acostumbraba a dormir tan bien.11

Llevaba la ropa del día anterior y no supo en qué momento se había


quitado los zapatos. Se sonrojó al darse cuenta de que todo indicaba que
lo había hecho Harry. Se levantó y acomodó la sábana para después
cruzar el pequeño pasillo que daba al cuarto de baño. Efectivamente,
estaba diferente al día anterior. Alguien había corrido la pequeña cortina de
la ventana alta y rectangular. Dos toallas se encontraban sobre una
estantería blanca.14

Se desnudó y sacudió la ropa. Dejó que el agua fría cayera sobre él, dando
un respingo por eso. Luego, el vapor de la caliente empañó cristales y
azulejos.4

Cuando hubo terminado y bajó los escalones, con el pelo aún mojado y lo
más peinado posible con sus dedos, escuchó a Harry en la cocina.
Hablaba por teléfono.
—No, esta tarde tampoco estaré. Podemos aplazarlo hasta el lunes. No,
para eso llama a Londres, ya lo están llevando allí. Bien, de acuerdo. —
Harry alzó la vista al sentir a Louis ingresando en la estancia—. Hasta el
lunes —se despidió rápido, sin apartar la vista.5

El omega tomó asiento en la minúscula mesa de dos puestos. El otro le


sonrió.

—Deberías haber ido a trabajar, ¿no? —se adelantó a hablar el recién


llegado.

—Lo he arreglado y mandé un poco de trabajo a Londres. Nada


preocupante.

Otra sonrisa encantadora que hizo que a Louis le cosquillearan las palmas
de las manos. Apartó la mirada.

—Deberías haber ido...

—Louis. —Se las ingenió para que de nuevo lo observara—. No iba a


dejarte solo.1

Resopló al mismo tiempo que una procesión de aleteos arribaba a su


estómago. Se mordisqueó también el labio inferior.1

—Fui a una tienda que no está lejos de aquí —comenzó de nuevo el alfa,
levantándose para señalar una bolsa de papel que descansaba en la
encimera—. No tenía mucho... Pan, unas naranjas y zumo. También traje
patatas de bolsa. —Se encogió de hombros—. Ah, y ramen. Nunca falla.13

Tuvo que curvar sus comisuras cuando el otro hizo un ademán,


enseñándole todo lo que le había nombrado.

—Lo comimos una vez.46


Y nada más pronunciar aquello, sintió también el furioso rubor en las
mejillas. Los hoyuelos de Harry no tardaron en marcarse.4

Lo habían hecho, sí. En una situación tan diferente...1

—¿Te apetece? ¿Caliento agua?4

—Sí, está bien.

Harry no tardó en dar media vuelta, tanteando los cajones de la pequeña


cocina. Recordaba dónde estaban los cazos, así que optó por tomar el que
lucía menos viejo. Lo enjuagó bien antes de llenarlo de agua y encender la
estufa.1

Louis no le podía quitar los ojos de encima.26

El alfa era ancho, tanto que parecía estar tanteando una cocina de juguete.
Llevaba la camisa blanca remangada hasta los codos y también se había
quitado los zapatos, yendo únicamente en calcetines. El pantalón negro se
abrazaba estrecho a sus piernas.3

Leía atento las instrucciones del botecito de la comida preparada mientras


sacaba de la bolsa una barra de pan.5

El omega no controló el suspiro.72

—Harry —lo llamó, haciendo que se girara. Sus ojos verdes lo enfocaron
atentos—. Te lo iba a contar. Que perdí el trabajo en el taller... C-cuando
me llevaste el chocolate ya lo sabía, pero no... No sé por qué no te lo dije.
Era reciente; me daba vergüenza. N-no lo podía asumir aún.

No le aguantó más la mirada después de pronunciar aquello último. El alfa


no tardó en moverse, arrodillándose frente a él.85
—Hey, no pasa nada. —Louis se estremeció al sentir un roce en su
barbilla. Harry quería que lo mirara de nuevo—. Está bien.

—Te lo iba a decir en la cena de... —Se quedó un momento pensativo—.


Hoy. La que se hubiera dado hoy.

Harry ladeó el rostro. Sonrió.

—La cambiamos por un almuerzo de ramen. No está tan mal.24

Era imposible que aquella naturalidad no se le contagiara. Estaba tan...


tranquilo. Había tanto silencio; ese que a veces aparentaba un arrullo.

—Se suponía que me tocaba a mí escoger el sitio...

—¿Tenías ya alguno en mente?

Vio normal que una mano de Harry se posara en una de sus rodillas.20

—S-sí. Te iba a decir que aparcaras por mi casa y fuéramos caminando a


un restaurante del puerto. Pescado fresco, mejor que el fish and chipsese
que habrás comido en Londres.48

Harry río. Una risa cantarina y apacible.

—Apuesto que me hubiera encantado. Aunque siempre podemos ir un día


de estos.

Sus dos piscinas añiles enfocaron las esmeraldas que no se desfijaban de


él. Podría temblar bajo su escudriño.

—S-sí.

Harry se humedeció los labios muy despacio antes de volverse a poner de


pie. Sabía que el agua no había hervido aún, pero le pareció buena idea
observarla hasta que lo hiciera.8
Louis, por su parte, sentía que el corazón se le saldría del pecho en
cualquier momento.53

Comieron en el sofá, riendo cuando el alfa se lamentó de haber comprado


un preparado asiático que a su gusto picaba más de la cuenta. Louis
entonces cedió a darle el suyo de pollo. Rieron aún más alto cuando Louis
comentó que era un exagerado y no picaba tanto. También se acabaron las
cuatro naranjas, amargas, que había traído. Louis no podía evitar la sonrisa
que se le formaba al ver el semblante frustrado del otro.21

Y recogieron todo y Harry volvió al pequeño salón, estirándose tras dejar el


móvil en la mesa. Volviendo a llamar la atención del omega cuando decidió
deshacerse el moño y desenredar su media melena con los dedos.

—Tienes el pelo bastante largo —comentó Louis desde el mueble. Estaba


sentado en postura india.39

Harry bufó.

—Oh sí, se está convirtiendo en un fastidio últimamente.

Entrecerró un ojo mientras sentía el jalón de un par de mechones


enredados.5

—Te queda bien.2

El alfa sonrió, llevándose un par de rizos detrás de las orejas.


Acostumbrada a dormir con el pelo suelto y tantas horas con el moño le
tironeaba.10

—Mi mejor amigo dice que soy Tarzán con traje, por eso me lo recojo.147
Louis no pudo controlar la carcajada. Por alguna razón recordó tal escena
de la película animada. Se podía dar un aire quizás... Harry enarcó una
ceja cuando lo vio reír de nuevo.2

Le gustaba que riera.9

—Bueno, los moños también te quedan bien.25

Se sentó a su lado, notando la mirada del omega sobre él.

Se sentó cerca.

—Gracias.2

Se remojó los labios secos y se fijó en que Louis miraba su boca, lo que
mandó un mismísimo corrientazo a su espina dorsal.57

Louis en realidad se estaba fijando en su lunar, ese que parecía haber sido
pintado con la punta fina de un pincel, en un toque firme. Se fijó en su
barba escasa y que Harry rasuraba cada mañana. Quizás se le notaba más
porque ese día no lo había hecho. El vello duro se asomaba por la zona del
bigote y su mandíbula cuadrada. Los rizos le caían a la altura de sus
clavículas.45

En un acto reflejo, llevó su mano a la melena cuando parte de esta se le


escapó de detrás de una oreja. Harry no dejaba de observarlo, como si
contuviera la respiración. No consiguió pasar saliva cuando le acarició el
pelo suave y castaño. Louis quiso enredar los dedos en los ricitos, o
hacérselos hacia atrás para formarle aquel tupé que él siempre se formaba
con aquel ademán tan suyo.25

No dejó de acariciarlo ni cuando se percató de que el alfa se estaba


acercando a él.8
Quiso cerrar los ojos al inspirar y notar la bofetada de un aroma a pinar y
madera recién cortada. Ese punto dulce y lenitivo. Hipnótico.30

El mayor ladeó el rostro cuando sintió la mano de Louis deslizarse por su


rostro. Se estaba raspando la palma con la escasa barba. Estaba llevando
su pulgar a aquel lunar.1

Estaba admirando la perfecta forma de sus labios llenos.22

Jadeó cuando sintió la mano de Harry en su cadera. Lo quería empujar


apenas, así que se dejó llevar, obteniendo un punto de apoyo en su pecho
cuando sus labios ya estaban a escasos centímetros. Lo iba a besar y se
iba a dejar.9

Porque si no lo hubiera hecho el alfa, se hubiera aproximado él...41

Notó la vibración en las cuerdas vocales del alfa cuando él gimió al sentir el
toque en su boca. Ya sabía que cuanto antes la abriera, antes sentiría el
hormigueo en todo el cuello. Era la lengua de Harry la que lo hacía vibrar.
Experimentaba una sensación de mareo, como si fuera a caer al vacío; esa
que se contrarrestaba con el toque de sus manos en las caderas o baja
espalda.11

Se besaron despacio, hasta que Louis tornó su postura a otra en la que


estaba tumbado sobre su pecho. Cerró los ojos al sentir los dedos del alfa
en su nuca, acariciando justo donde comenzaba su cabello. Los aromas y
la sensación de paz... Se dejó hacer y también le acarició los rizos,
notando que los labios de Harry a veces volvían a reclamar los suyos.
Besos cortos en mitad de un momento donde simplemente se disfrutaban,
comenzando a romper con la vergüenza de no haber estado antes así.
Riendo con timidez cuando se hacían cosquillas o Louis contemplándolo al
cabo de un rato cuando notó la respiración de Harry calmada y adivinó que
se había dormido. Él, aunque pensara que no lo conseguiría por la
cantidad de horas que ya había descansado, también lo hizo. Se acurrucó
junto a él.113

Rindiéndose poco a poco al sueño asumió que todo era culpa de los
brazos del alfa. No era su culpa el sentirse flotar y agradecer el silencio por
ello. Podía jurar incluso que oía a lo lejos las olas de mar.

Tomaron una siesta, los cogió muy rápido la noche y más tarde comieron
aquellas patatas que no estaban tan malas.

Se volvían a besar también.59

Normalizando, planeando... como si se acabaran de tirar de un avión. Sin


dar explicación.

—Debería ir a por algo de cenar, nos quedamos sin provisiones.16

Fue Harry el que habló, comprobando en su reloj de pulsera que era


imposible que las horas se le hubiesen pasado tan rápido.

Louis lo miró de soslayo. Hacía un rato habían estado de acuerdo en que


sus cuerpos demandaban comida de verdad. El alfa había comentado
también el buscar algo para desayunar al día siguiente. El omega entonces
se mordió el labio, sintiéndose ruborizar. Sin hablarlo, ya habían decidido
que se quedarían allí otra noche más.41

—¿Quieres venir? —dijo de nuevo Harry.

Louis se notó aún más colorado.

—Y-yo... bueno, te iba a decir que si en lo que ibas me prestabas tu


teléfono para volver a llamar a mi madre. P-pero si quieres te acompaño...
No le importaba, pero tras aquel último pensamiento no pudo evitar pensar
en su madre. La última vez que habló con ella la escuchó sollozar y a pesar
de que supiera que estaba bien, quería que lo oyera más tranquilo. Quería
decirle de su boca que se quedaba con Harry.33

—Oh, claro, ahí te lo dejo. —Señaló el aparato que ya yacía sobre la


mesa—. Yo vengo pronto entonces.

Louis, aún sentado en el sofá, asintió. Observó cómo Harry se ponía la


chaqueta del traje negro.

—Estaré bien —habló y el otro lo miró—. No hace falta que vayas


corriendo.

El alfa sonrió, enarcando una ceja y soltando un suspiro conciliador.

Vacilaron con que Harry prometiera que iba a leer mejor los ingredientes de
los productos para no volver a equivocarse. Nombraron algo de comida
china y Louis se sintió salivar por ello. Harry, antes de irse, comprobó en su
móvil que un restaurante no quedaba muy lejos de allí. También ubicó en el
mapa un supermercado.

Louis lo acompañó a la puerta, donde recibió un beso en una de las


comisuras antes de que Harry saliera, encaminándose al coche.108

Suspiró.2

Siempre tenía la necesidad de suspirar. ¿Se acostumbraría a aquello


alguna vez? Los cosquilleos en el centro de su vientre arremetían con
fuerza cuando el otro estaba cerca. Cuando únicamente notaba su aliento
caliente...1

Se rascó la cabeza, mirando al techo cuando se dio cuenta de que no


podía disimular la sonrisa. Luego, se fijó en la puerta antes de volver al
salón. Había un papel pegado. La nota que Harry le dejó horas atrás...

"He ido a comprar algo de comida, ya estoy llegando. No te vayas, por


favor.
H"

32

Sonrió una vez más.

¿Adónde se iba a ir? Quizás sí hubiera entrado en pánico al no encontrarlo.


Más bien, ahora que lo pensaba, le había reconfortado encontrar al alfa a
su lado. Cuando despertó de la improvisada siesta le pasó igual...5

En todo aquello ya no había marcha atrás.22

Tomó el móvil de Harry al volver al sofá y tecleó rápido antes de resoplar y


llevárselo al oído.

—¿Louis?

Sonrió.

—Hola, mamá.

Marjorie pareció ahogar un chillido bajo al otro lado.6

—Hola, mi vida, ¿cómo estás?

—Bien, muy bien. E-estoy con Harry.3

Se sintió tonto cuando sus mejillas se volvieron a arrebolar por eso. Se


suponía que estaba solo; no tenían por qué. De hecho, prefirió tener esa
intimidad para evitarse ese apuro, pero al parecer no había forma.
—Genial, cielo. ¿Y estáis bien? ¿Estás bien con él?9

—Sí, estoy muy bien. Él me hace bien, mamá.4

—Lo sé.20

—Ha salido a comprar comida ahora y quise llamarte. —En lo poco que
hablaron el día anterior, una de las pocas cosas que le dijo fue que había
perdido su móvil—. Mamá, y-yo quería disculparme por...1

—No, cielo —lo interrumpió—. Cuando vuelvas a casa lo hablaremos, ¿sí?


Está todo bien. Yo sólo quiero saber que estás bien.13

El nudo en su garganta no tardó entonces en formarse.

—G-gracias. Y gracias por llamar a Harry. N-no me molesta que hayas


mirado mis cosas.2

Marjorie disimuló la voz ronca al tener que absorber por su nariz.

—Eres todo lo que tengo, Louis. Siempre voy a hacer lo que sea para
protegerte.29

Ambos asintieron, callados. Tenía ganas de verla y darle un abrazo. Tenía


que pedirle muchas veces perdón...

—Louis —volvió a decir su madre. Él afirmó—. Hoy llamó tu amigo Paul a


casa. Me dijo que te estaba intentando localizar y le comenté que habías
perdido el móvil.5

Paul... seguro que se había enterado de lo que pasó la otra noche en el


bar.

—Oh, sí, debería llamarlo... ¿Me puedes dejar su número?


Lo apuntó en las notas del teléfono mientras su madre se lo dictaba a
través del manos libres. Habló un poco más con ella, asegurándose de que
estaba bien y tranquila. Al colgar no dudó en marcar el número de Paul.

—¿Quién es? —contestó la voz conocida del otro lado.

—¿Paul? Soy Louis.

—¡Louis! —exclamó el beta, tan alto que se tuvo que separar un momento
el teléfono—. ¿Dónde estabas? He estado llamándote. Tu número no da
señal.

—Ya, es que perdí el teléfono anoche, en el bar... Bueno, supongo que ya


te has enterado.1

—¿Enterarme de qué? ¿Pasó algo? A Samantha no le toca ir hasta dentro


de un rato. Nadie le ha dicho nada.

Frunció el ceño.

—¿Ah, no? ¿Entonces por qué me llamabas?

Paul carraspeó.

—Me tienes que contar qué pasó, definitivamente, pero es que me he


enterado de algo, Louis. La tuya...4

El cuerpo del omega no tardó en helarse.

—¿Qué?

—Hoy se juega la tuya. Quien gana se la lleva.131

El corazón le comenzó a latir tan fuerte que casi lo notaba en la garganta.

—N-no, es imposible. Hoy es viernes, hoy no hay...


—Cuando es de exhibición sí. Algunos viernes se hace una excepción y las
ponen de laurel. Así se le llama.

Louis comenzó a sentir una punzada incluso en las sienes.

—¿Cuándo? ¿A qué hora?

—Dos horas antes de lo habitual. En el mismo sitio. ¿Vas a ir?27

Le faltaba la respiración.

Se juró no volver a pisar aquel sitio, pero... ¿Cómo no hacerlo? Era más
fuerte que él. Era una opción para recuperarla; recuperarse.30

—Estoy en Whitsand —espetó—. N-no tengo cómo llegar. No tengo


dinero...

–¿Qué? —replicó Paul—. ¿Qué coño haces ahí sin dinero?

—Larga historia, pero tengo que ir Paul. Tengo que intentarlo.28

El beta no tardó en asentir.

—Lo sé. Hagamos una cosa, coge un taxi y ve allí. Yo te lo pago al llegar.
No pensaba ir pero si tú vas sí.81

Asintió. El lío en su cabeza no lo dejaba cavilar mucho más.

—V-vale, sí. Gracias, Paul.48

Su amigo asintió del otro lado. No tardaron en despedirse.

Sólo cuando se levantó del sofá sintió el enorme mareo. ¿Qué iba a hacer?
Era una locura, pero tenía que hacerlo. Tenía que intentarlo.8

Intentó dar otro paso y esa vez la pesadez nació en el pecho.


Harry. Iba a mentirle a Harry otra vez. Se iba a ir y el alfa se volvería loco.
El alfa que llevaba un día entero cuidándolo, mimándolo... Sintió sin
remedio la picazón en los ojos.120

No quería hacerle eso, pero sabía que no había otra opción. Algo dentro de
él le decía que si se lo contaba no lo iba a dejar marchar. Por supuesto que
no le permitiría cruzar la puerta...7

Volvió a tomar el móvil, con las lágrimas emborronándole la visión. Borró la


nota que escribió con el número de Paul e hizo lo mismo con el último
registro de llamadas.

Quería romper en llanto. Los labios le escocían.

No sabía si Harry lo iba a odiar. En tal caso lo entendería.3

Él ya lo hacía. Lo hacía porque la mera idea dolía.

Debía caminar carretera abajo y rogar para que un taxi apareciese pronto.
Rogar por que no se topara con Harry.8

Recordó que en la cocina había visto un bolígrafo, y con el corazón


latiéndole furioso hasta doler, giró la nota que el alfa le había escrito esa
misma mañana, aprovechando el papel blanco por detrás.

"Lo siento, Harry. Te prometo que este es el último secreto. Si me dejas te


lo explicaré. Lo siento. Louis"

82

El dolor de cabeza era inhumano. Le ardían las sienes y notaba asfixiarse


tras cada bocanada de aire. Comprobó incluso que las manos le temblaban
cuando dejó la nota en la mesa del salón, junto al móvil y el bolígrafo.
No tenía nada más que tomar, sólo calzarse los zapatos que estaban junto
a la puerta y salir.1

Lo hizo.

Caminó rogando un perdón y aclamando suerte. Caminó jurando que


volvería a serle fiel a la promesa que estaba a punto de romper.3

Sería la última vez.

76

...

Había optado por unas tarrinas de arroz, ternera con pimiento y dos rollitos
de primavera. Compró incluso un vino dulce. No sabía si a Louis le
gustaba, pero confiaba en que había elegido uno acorde a cualquier
paladar. Para desayunar, optó por tomar café y unas magdalenas del
supermercado.306

Iba en el coche caminó a la casa, con la tripas rugiéndole por el olor a


comida que desprendían las bolsas que descansaban en el asiento del
copiloto.

Aparcó donde siempre, y se apresuró a bajar del coche con las compras,
sonriendo al ver la luz a través de la ventana del salón. Era ya noche
cerrada.5

Fue al abrir la puerta cuando supo que algo no andaba bien.28

—¿Louis? —llamó.
No lo sentía. No tenía que verlo para notarlo.38

Miró en la cocina, olisqueó la subida de las escaleras y con dos zancadas


llegó al salón. La botella de vino fue la que hizo el ruido al estallarse contra
el suelo cuando la bolsa se deslizó de sus dedos...19

Había visto el papel encima de la mesa. Lo leyó y el alma escapó de su


cuerpo.

Louis se había ido.

—No, no, no me puedes hacer esto. Por favor no. ¡Louis! —llamó a pesar
de saber que nadie contestaría—. ¡Louis!209

Usó incluso su voz de alfa, pero él no estaba.34

Comprobó el teléfono, releyó la nota y dio una patada al sofá, gruñendo.


Notaba el calor arremolinándosele en el pecho. La tensión en sus nudillos y
los rugidos que ya querían escapar de su garganta.

Sentía el calor; que podía llegar a ver rojo.3

Giró sobre sí mismo, sacando la billetera de un bolsillo, hurgando en ella


hasta dar con la cápsula que se tragó sin la necesidad de agua. Luego, dio
un portazo antes de correr hasta su coche.40

Los neumáticos chirriaron contra el asfalto cuando dio los volantazos


necesarios para incorporarse a la carretera. Su mente era un caos de ideas
y pensamientos; de una vocecilla que le releía una y otra vez aquella nota.
¿El último secreto? Louis no le había dicho todo en lo que estaba metido.
Al parecer aquel asqueroso bar no era lo único.

El bar...2
No dudó en aumentar considerablemente la velocidad, apretando con saña
el acelerador mientras decidía encaminarse hacia allí. De nuevo al Sirens
Bar.44

Le dolían los músculos, el fuego ya apresaba su cuerpo. La mandíbula le


tironeaba por la presión ejercida. Sus huesos podían llegar a crujir tras
cada movimiento y rugía ante el hecho de no poder controlarlo. Era más
fuerte que él.

Aparcó justo en la calle de enfrente, unos puestos más atrás que la noche
anterior. No se preocupó ni de poner el seguro al coche cuando se bajó
dando un portazo.

Acababan de abrir y un ápice de raciocinio lo asistió cuando reconoció en


la puerta el alfa de seguridad que ya lo había echado de allí. Se giró antes
de que lo viera.

Controló su respiración, abriendo y cerrando los puños mientras intentaba


pensar. Alzó el rostro al oír las risas de un grupo de gente que caminaban
en su dirección.

No se lo planteó demasiado cuando escuchó que uno saludaba al de


seguridad. Cuando comprobó de reojo que ese miraba hacia otro lado y se
pegó a una mujer del grupo, consiguiendo entrar al local.

Su mirada no tardó en localizar a quien buscaba tras la barra.2

Un gruñido hizo que el encargado del bar alzara la vista.

—Louis. Louis Tomlinson. ¡¿Dónde está?!

El tono demandante y agresivo del alfa hizo al otro ponerse en alerta.


—¿Qué? —musitó confuso—. Eres el de ayer... Ya te dije que se fue. ¿De
qué vas?1

Los nudillos de Harry crujieron.

—Está metido en algo más a parte de este bar. ¿Sabes qué es?

—No —contestó ceñudo—. No sé nada.

Un nuevo gruñido emergió de su garganta.

—Joder, ¡¿cómo que no?!

Volvía a estar fuera de sí. La desesperación lo estaba haciendo dominando


poco a poco. Alguien tenía que saber; debía saber dónde buscarlo...

—No —repitió el rapado, en tono severo—. Y te aconsejo que te relajes...

—¡No voy a relajarme! —rugió—. Ayer dos tipos de tu bar lo tenían


acorralado, ¡¿qué clase de seguridad hay aquí?!10

El beta se mantuvo callado. Detrás de Harry habían aparecido dos


camareros y les hizo un gesto.

—¿Por qué tanto interés en ese omega? —demandó, haciéndole frente—.


Ya te he dicho que no sé nad-

Los ojos de Harry entonces llamearon, tanto que le hicieron callar.

Esa vez el gruñido sí que fue ensordecedor.

—¡Porque es mi omega! ¡Mío! ¡Es mi omega!585

Después de sentir la ira emanando, notó el jalón en uno de sus brazos. Los
de seguridad estaban tirando de él.

Y aun así se consiguió soltar.


El beta había llamado a dos camareros más.

—¡Esperad! —interrumpió una voz adusta y femenina. Harry no supo de


dónde salió. Era de una mujer alta, tatuada y que llevaba el pelo
trenzado—. Yo sé dónde está Louis.113

—¿Samantha? —inquirió uno de los de seguridad.

—Suéltalo un momento, joder —volvió a decir ella.

—¡¿Dónde está?!8

Harry fue el que demandó la información. Se acercó a la mujer con dos


pasos largos, y los otros alfas no tardaron en seguirlo, gruñendo por lo alto.
Samantha les hizo un ademán con una mano.

—En el polígono de East Hill —declaró sin apartarle la vista al ojiverde—.


En carreras ilegales de motos.185

Fue la primera vez en la última media hora que el alfa sintió algo parecido
al frío.

...

In time we hide
In the masquerade of heroes
A million lies behind blue eyes
In the masquerade of heroes7

You don't what life is


until you die for it
In the masquerade of heroes
23

Paul le había pagado el taxi cuando llegó, tal y como habían acordado. Le
debía una buena suma.

Olía a gasolina, el humo del tabaco danzaba y el sonido de las risotadas no


se hizo esperar. Habían simulado la salida y llegada con los dos bidones
de siempre y la marca blanca en el suelo que cada semana retocaban. Era
un circuito circular a través del polígono. El que llegaba antes ganaba.

Era una carrera Laurel.1

Se le llamaba así porque los espectadores podían apostar por los que
corrían mientras que quien ganaba se llevaba el laurel; una moto que no
poseía.

Louis sintió el ardor en el estómago cuando visualizó una Yamaha y


Aprilia.3

Su Aprilia.30

—Ya te inscribí para la tuya —le anunció Paul. Él asintió—. Pocos van a
apostar por ti...2

—Me da igual —espetó—. Yo la quiero a ella.25

Estaba claro que si el ganador había recibido un gran número de apuestas


se llevaba una proporción de las mismas, otorgada por los organizadores.
Él no la quería.

Estaba tan preciosa como siempre y un casco aguardaba sobre el asiento.


Parecía que en el tiempo que no estuvo con él no le habían hecho nada.
No tenía ni un rasguño.
—Louis, escucha —volvió a hablar el beta—. Estaba tranquilo por la
carrera, sé que puedes hacerlo, pero... Joder, Louis, quien corre en la
Yamaha es Jiang, el puto japonés que tiene la más mala hostia que he
conocido. Ten cuidado porque no es limpio.149

Al omega le costó tragar saliva. Las piernas le temblaban y la idea de dar


media vuelta rondaba seductora por su cabeza, pero era ver a su moto y
recuperar toda valentía. Sus años de trabajo.9

—¡Corredores! —gritó una voz femenina que hizo que el gentío vitoreara—.
A sus puestos. Cinco minutos.4

Sintió un apretón en un hombro por parte de Paul. Le siseó un suerte antes


de ir con la multitud que aclamaba adrenalina entre silbidos.2

Caminó hasta la salida, encontrándose con su moto. Acarició el asiento y


luego los manillares, la palanca de freno... Sus curvas perfectas y el
carenado que brillaba. Le había costado tanto encontrar aquel color
verde... Ahora sabía por qué se empecinó tanto en él. Tenía una mirada del
mismo tono muy reciente, casi clavada en su mente.53

Se colocó el casco antes de subirse a ella. Cuando escuchó un gruñido


bajo procedente de su derecha, estuvo a punto de sentir una arcada.6

Era el tal Jiang y lucía enorme. Ojos rasgado, piel tostada y pelo lacio y
negro que le caía en el rostro. Alfa. Lo miró con una sonrisa ladina,
palmeando la Yamaha. Él también ansiaba su laurel.60

Tomó una profunda bocanada de aire, concentrándose en el asfalto


pobremente iluminado. Era su tercera carrera y tenía que ganar

En la primera venció y se llevó mil libras. En la segunda perdió y a cambio


le exigieron un dinero que no tenía. La única solución era dejar su moto, de
mucho más valor. Fue ahí cuando Paul apareció, recordándole aquello de
que allí se podía perder mucho más. Se prometió entonces no volver a
entrar, pero pasó lo que jamás pensó que sucedería: la oportunidad de
recuperarla. No podía decir que no.1

Una omega, rubia y de ojos claros pasó entre ellos. Jiang se fijó con
descaro en ella y Louis se permitió poner los ojos en blanco. Llevaba una
falda corta de cuero negro y un top de colores que dejaba a la vista parte
de sus femeninos encantos. Tenía dos pañuelos naranjas en las manos.
Cuando sus dedos los soltaran daría comienzo la carrera.21

Pusieron en marcha los motores de las dos motos y la Aprilia rugió bajo él.
Como siempre, potente y furiosa cuando la aceleraba. Tenía bien
empuñado los manillares y se recostó sobre ella, sin desfijar la vista de la
omega que indicaría la salida.3

El público aclamaba, aplaudía y chiflaba y justo ahí notó el calor en el


pecho...

—¡Louis!116

Se giró casi automáticamente. Hubiera reconocido aquella voz en cualquier


parte.

—¡Louis, por favor!24

Era Harry.61

El pulso se le disparó al visualizarlo. Quiso gimotear cuando un hombre tiró


de él.

Harry le gruñó.2

Paul se acercó.3
La respiración se le estaba acelerando y el bullicio de la multitud se hacía
más presente.1

—¡Tres! —gritó el gentío.4

Iban a hacer una cuenta atrás.

—¡Louis, no lo hagas!

Harry le gritaba desesperado, con la chaqueta cayéndole por un hombro


debido a los empujones. Estaba con su traje y pelo suelto, desentonando
entre todos aquellos que encontraban diversión en las carreras
clandestinas. Recordó el personaje animado que él había mencionado
horas atrás y se permitió sonreír.9

—¡Dos!

Louis miró a la mujer que marcaría el instante de la salida. Jiang estaba


haciendo rugir su motor y el de ojos añiles no dudó en hacer lo mismo.

Pero aun así podía escuchar los gritos de Harry.2

Tuvo que usar todas sus fuerzas para no correr a su encuentro. Era algo
dentro de él lo que le obligaba. Le rogaba que atendiera los llamados. Se
tuvo que concentrar en no levantar las manos de los manillares; de
apretarlos con ahínco.4

—Lo siento... —murmuró para sí mismo, con todas sus fuerzas.81

—¡Uno!1

Los pañuelos naranjas cayeron y los neumáticos de las motos chirriaron al


deslizarse sobre el pavimento.

Supo que Harry volvió a gritar, pero se debía concentrar en el circuito.


Debía ignorar el dolor en el pecho.21
La velocidad, adrenalina y el mirar de reojo que iba a la misma altura que
Jiang. Sabía cuándo tumbarse sobre su Aprilia para jugar con la
aerodinámica. Se giraba lo justo y necesario en las curvas, notando el
golpeteo en el pecho cuando el motor rugía a medida que metía más
marchas. Se habían preocupado por iluminar el polígono con algún bidón
con fuego.5

Sabía que debía centrarse en el asfalto. Era a una vuelta, podía con ello.

El tañido de los motores y velocidad irrumpían en el silencio de la noche.


Eran chirridos estridentes los que cortaban el aire.

Aceleró cuando vio de reojo que Jiang se acercaba a él, en un vaivén


controlado sobre la Yamaha.6

'No es limpio'1

Claro que no lo era. Descifró muy rápido que pretendía tumbarlo.3

Dejó de acelerar antes de llegar a la siguiente curva, dándole seguridad al


japonés, que volvía a tantearse a su lado. Louis tragó saliva, encogiéndose
un poco más. No estaba permitiendo ni que las manos le sudaran.8

Jiang estaba más cerca.

No lo vio, pero el japonés sonrió.

Louis entonces aceleró, abriéndose en la curva y cruzándose delante de la


Yamaha, evitando así el empujón. Fue el otro corredor el que se tambaleó,
mas sin llegar a chocar.27

Louis aceleró aún más en la recta, aprovechando la ventaja. Oía el rugir de


la otra moto tras él y no dejó de apretar los manillares de la suya.1

—Vamos, preciosa.
Podía escuchar el bullicio a lo lejos. Las luces viéndose más próximas...

El corazón le latía con fuerza.

'Yo... T-te he traído una moto'


'Esa moto es de ciento veinticinco cilindradas, yo sólo trabajo con las de
cincuenta'
'Eh... No entiendo nada de eso pero supongo que igual no te viene mal
para aprender, ¿no?'187

Tuvo que sonreír. Sonrió mientras dejaba que el viento frío arrastrara las
lágrimas que se escaparon de sus ojos.2

No quería perderlo ahora a él. No quería... ¿Le dejaría que se lo explicara?


¿Estaría cuando llegara a la meta?10

Aceleró y la moto vibró bajo él cuando cerró los ojos un instante, pasando
entre los dos bidones y cruzando la línea blanca del suelo.1

Había ganado la carrera.335

Sintió un vacío en los oídos que se destapó con los gritos de los
espectadores que se acercaron de inmediato a él. Oyó incluso el bramido
de Jiang, quien rebasó la meta sólo unos segundos después.

No pudo respirar con normalidad al recibir las felicitaciones. Le aplaudían y


él sólo atinó a quitarse el casco, tomando una profunda bocanada de aire.
Se sentía mareado.

Alzó el rostro sólo para buscarlo.

Caras que no había visto en su vida interrumpían su campo de visión.


Zarandeos que ignoraba al jadear, llenando de oxígeno sus pulmones
mientras rogaba por encontrarse con aquella mirada. Sólo eso...
La buscó con desespero.

Boqueó.

Deseó topársela... Y la halló.46

Harry estaba allí, de pie. Nadie lo rodeaba y sólo miraba hacia él. Los
brazos caían rendidos a los lados de su cuerpo y respiraba hondo. Su
pecho subía y bajaba errático.14

Louis empujó a todo el mundo, abriéndose paso. No hubo más ruido, sólo
estaba aquella figura.1

Sólo estaba Harry.3

Quiso gimotear, pero fue la mirada del alfa la que entonces lo heló. No se
encontró con sus preciosos ojos verdes, sino con unos negros.114

Con unos labios secos que se separaron para hablar...

—¿Carreras ilegales, Louis? —Se paralizó entero al oírle la voz tosca—.


¿De aquí sacabas el dinero? ¡¿Es esta la solución a perder el trabajo en el
taller?!

El Omega de Louis se revolvió en su interior.

—Harry...

—Y no me lo dijiste. ¿Tampoco sabías cómo? ¡¿También me ibas a contar


esto en la cena?!68

Su tono de voz iba aumentando tras cada frase. El menor no supo siquiera
si el suyo saldría cuando quiso contestar.

—E-es la última. No iba a correr más.

Harry dio un paso adelante, calentando aún más la vibración del pecho.
—¡¿La última?! ¡¿Pero qué tienes en la cabeza, Louis?! Te vas y no me
dices nada. Me dejas una nota y piensas que me quedo tranquilo. ¿Tan
importante es el dinero? ¿Tan mal vives, Louis? ¡¿Por qué esa maldita
obsesión?!85

Se pudo haber encogido sobre sí mismo. Los ojos oscuros se clavaron en


el como una lanza. Una con espinas.

—N-no es por el dinero. —Quiso decir algo más, pero su voz se entrecortó.

—¿Ah, no? ¡¿Y por qué es?! ¡¿Por qué has cometido esta locura?!18

Negó con la cabeza, notando la humedad en sus ojos. Las manos le


estaban comenzado a temblar.3

—Tenía que recuperarla —susurró, luchando consigo mismo para que le


saliera la voz—. Es lo más valioso que tenía. T-tenía que intentarlo y he
podido...42

—¿Qué dices?

—La Aprilia —volvió a murmurar—. L-la moto que me regalaste, la que era
de tu padre... La aposté la última vez y la perdí. No pude no venir al saber
que quien ganaba la carrera se la llevaba. Es mi moto, y-yo la arreglé. Es lo
único bueno que tuve por mucho tiempo.73

Los hombros del alfa se atrevieron a relajarse, mas no su expresión y


mandíbula todavía tensa.

—Una moto no vale todo esto.6

Los ojos añiles fueron los que esa vez enfocaron al otro.

—Sí vale. M-me recordó a ti todo este tiempo. Yo la cuidé. Es lo único que
tengo para volver a ser yo... No podía no luchar por ella. No podía...67
Se rindió, dejando que las lágrimas empaparan su rostro. No sabía de qué
otra forma explicarse.

Haber perdido la moto fue como perder también a Harry. Quizás fue por
eso que se atrevió a sacarla, porque el alfa había vuelto a irrumpir en su
vida. Era como tener dos versiones de él.31

No podía tener a Harry y no aquello que, sin nunca ser consciente, lo había
suplido todo el tiempo. Aquel tiempo que él mismo marcó por cobardía;
siseando para sí mismo un hasta luego.6

Exhaló agotado cuando escuchó un gruñido grave muy cerca de él.3

—Maldita sea, Louis. ¿Y-y si te hubiera pasado algo? ¡¿Eh?! —El aludido
negó, sin tener respuesta. Ya no tenía más formas para contestar—. Si te
hubiera pasado algo yo... yo me muero. Me muero.50

Gimió cuando sintió el calor a su alrededor. Cuando pudo jurar que había
sido hasta levantado del suelo.5

Gimió cuando fue consciente de que eran los brazos de Harry los que lo
estaban envolviendo. Lo estaba abrazando con fuerza. Era su pecho
fuerte, caliente y vibrante lo que estaba de repente contra su mejilla.11

Era su olor, ese que le estaba mareando. Era su protección y sus gruñidos
demandantes.1

—Tenía que recuperarla —gimoteó contra él, reconociendo sus manos


enormes en la espalda—. Era la oportunidad para volver a estar bien, te lo
juro. N-necesito esa moto. Me la diste tú, yo la arreglé...6

Harry volvió a gruñir, estrechándolo contra él y hundiendo la nariz en sus


cabellos para aspirar.
—Estás bien —aseguró con voz profunda.

—Estoy bien, Harry, no me ha pasado nada y he ganado. N-no quería


hacerte esto.25

No podía evitar el gimoteo que quería escapar en todo momento de su


garganta. Una calidez abrazaba su pecho, acunándolo.

—Si te pasa algo me muero —repitió el alfa, con la vibración haciendo eco
en sus cuerdas vocales.49

—No, Harry, estoy bien. Mírame, estoy bien.

Se intentó remover para que lo viera, pero al parecer el alfa se estaba


conformando con enterrar el rostro en su cuello. No dejaba de gruñir por lo
bajo, emanando posesividad. No se separaba de él, había vuelto a hacer
aquello de lamerle el cuello y Louis se tuvo que sacudir en respuesta.88

Sentía una innata necesidad de jadear. El fuego le estaba abrasando la


piel.

—H-Harry, estás ardiendo...241

El alfa sólo lo apretó más contra él.

—Louis...

Ambos se giraron cuando una voz ajena se acercó a ellos. Harry lo dejó
separarse sólo un momento.1

Era Paul y Harry rugió.

—¡No lo toques!116

El alfa se movió amenazante cuando el beta, con un casco colgando de su


antebrazo, tuvo la intensión de tocar el hombro del omega.1
—Paul —pronunció Louis, notando cómo las manos del alfa apretaban sus
caderas.8

El tatuado retrocedió un paso. Miró al de ojos añiles, dubitativo.

—Las llaves de la moto son tuyas...

Las tenía en la mano, y estiró un brazo para poder acercárselas. Louis


consiguió sacar el suyo y Harry, pareciendo una sombra enorme tras él,
volvió a gruñir, con la mirada negra fija en lo que consideraba una
amenaza.1

—G-gracias —pronunció el omega cuando alcanzó las llaves. El alfa había


estado a punto de enseñar incluso los colmillos—. Por favor, Paul, ¿me
puedes conseguir otro casco?20

—Toma el mío —musitó de inmediato el beta. No arriesgó el volverse a


acercar, así que se descolgó el que traía consigo, dejándolo en el suelo.36

El alfa pretendió un nuevo rugido.21

—Harry, no pasa nada... —Fue Louis el que le tocó la mejilla que ardía,
obligando a que lo mirara.

—Que no te toque.174

Paul no dijo nada al retirarse, de hecho, no había nadie más a su


alrededor. Cualquiera sentiría el aura que los envolvía.

—Vamos a la casa —pronunció Louis. El agarre en sus costados se había


afianzado—. Los dos, vamos.46

Vislumbró que la frente del mayor comenzaba a perlarse de sudor.8

—Al coche.3
El calor le estaba comenzando en cada zona que Harry apretaba.4

—No, no puedes conducir así.

Tuvo que controlar un gimoteo cuando, en un movimiento demasiado


rápido, el alfa le lamió una de las comisuras de los labios.45

—Sí puedo. Tienes que estar a salvo.9

El gemido murió en su garganta cuando se tuvo que apoyar en los brazos


ajenos. Intentó que lo enfocara.

—Estás temblando...

—Non / No /29

—Estoy a salvo. Estoy contigo —repitió, deseando que por un instante le


creyera—. Pero tenemos que irnos en la moto. Yo conduciré.

El alfa volvió a negar, empujándolo por la baja espalda para que volviera a
estar cerca de su pecho. Quería hundir una vez más el rostro en su cuello.3

Estaba caliente.10

—Harry —vocalizó tras un jadeo —, e-estás...

—En rut —sentenció en mitad de otro gruñido—. Et tu sens si bon... / Y tu


hueles tan bien... /533

Su voz...5

Louis tembló ante el delicioso acento. Tembló porque le confesó aquello


que ya sabía; que ya sintió.3

Harry estaba en celo.45

—Confía en mí. V-vamos en la moto.5


Consiguió que entrelazaran sus manos y que por un momento lo mirara.

—Nadie te toca —volvió a amenazar, hosco.94

—Nadie me va a tocar. Vamos...36

Se sentía minúsculo al arrastrar el cuerpo del alfa, a su criterio, ahora más


colosal. Parecía que le iba a pisar los talones en cualquier momento.
Recogió el casco de Paul del suelo y apretó la mano a la que se aferraba
cuando llegaron junto a la moto. Prefirió darle el casco que había usado él
a Harry.1

—Ven, póntelo.3

Se estremecía al toparse con los ojos opacos. Le consiguió enfundar en la


protección, pero el alfa no se lo dejó amarrar cuando rugió al sentir su olor
tan cerca.

Contuvo un suspiro cuando se subió a la Aprilia y Harry lo imitó.1

—A-agárrate a mí.

Le estrechó la cintura, posando la barbilla sobre su hombro derecho. La


vibración de su pecho no se calmaba.12

Iba a ser difícil, Louis tenía que concentrarse; conducir con el alfa en celo
aferrado a él.4

Inspiró hondo al poner la moto en marcha, haciendo bramar al motor. Se


tumbó apenas, y haciendo acopio de toda fuerza y voluntad, arrancó en
dirección al tráfico de la calle.

Con la moto.18

Con Harry.
If your world falls apart
I'd start a riot
If night falls in your heart
I'd light the fire
In the dark, when you sound the alarm
We'll find each other's arms

17

Fue el trayecto más difícil de su vida.52

Harry se había abrazado a sus caderas, sin despegar una mejilla de uno de
sus hombros. En su espalda podía sentir la vibración constante en su
pecho. También el calor.31

Se sorprendió pensando que tres carreras más contra Jiang hubieran sido
más sencillas que aquello. Sus manos se aferraban con fuerza a los
manillares de la moto mientras el bramido del motor acababa con el
silencio que habitaba las calles. Era imposible que sintiera el frío de la
noche. Se repitió más de diez veces que se debía centrar en la carretera y
trazar en su cabeza la vía más rápida para llegar a Withsand. Pero Harry
gruñía a sus espaldas y él se veía en la obligación de aminorar la velocidad
para no perder el control.9
Y aun así llegaron.26

Louis frenó delante de la casa, y cuando el motor dejó de rugir bajo ellos,
sintió rápidamente la ausencia de calor. Harry se bajó de la moto,
deshaciéndose del casco para soltarlo sin cuidado en el suelo. Louis no
tardó en también quitarse el suyo.4

—Vamos.19

El alfa no hablaba, únicamente se limitó a sacar las llaves de la chaqueta


para que Louis las tomara, sin saber cómo era que las piernas le seguían
funcionando. La imponente presencia de Harry tras él mandaba una
corriente de chispas a todo su sistema.1

Abrió la puerta, conteniendo la respiración al oír el "click" de la cerradura.


Harry pasó al pequeño vestíbulo sin siquiera rozarlo. No fue siquiera
consciente de que metió las llaves en el casco y lo dejó en el suelo. No fue
consciente de nada cuando apenas se giró y sintió una mirada lóbrega
sobre él. Harry, con el abrigo mal puesto y la camisa con los primeros
botones desabrochados; de hecho los dos primeros lucían arrancados.51

Todo el cuerpo de Louis se sacudió cuando aspiró.3

Lo respiró.1

Alfa.84

—Harry...10

El nombre fue pronunciando en mitad de un gimoteo y el aludido no tardó


en moverse, acorralándolo entre sus brazos contra la pared. Sus palmas
aprisionaban la madera y Louis perdió el aliento cuando lo tuvo a
centímetros de él. El otro también lo estaba aspirando y volvía a rugir por
eso.76
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#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

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Louis Bottom.

El mayor terminó convirtiendo sus manos en puño, cerrando los ojos tan
fuerte que pequeñas venas se marcaron en sus sienes. Presionaba sus
labios entre sí, como si intentara ahogar un mugido.21

Louis realmente se olvidó de cómo respirar. Boqueaba, y escuchó muy de


cerca el sonido tosco que dejó escapar el alfa cuando él llevó una mano a
su pecho.4

—Harry, tu olor... Estás ardiendo.7

El aroma que emanaba el alfa podía definirse como una tela fina de satén
que jugaba a acariciarlo mientras lo enredaba. Poco a poco le inmovilizaba
los brazos, luego las piernas...5

—Da igual. —Louis se sintió temblar cuando los ojos negros lo enfocaron
de repente—. ¿Estás bien? Ya estás a salvo.

Harry parecía frustrado. Parecía pelear consigo mismo.37


Louis arrugó el entrecejo.

—Estoy bien. Deja de preguntarme eso cuando tú...

Un gruñido bajo lo interrumpió.

—Me da igual, me da igual. —Los puños del alfa presionaban tan fuerte la
madera que esta podía llegar a crujir—. Yo puedo controlarlo porque
necesito ser más humano que animal. Puedo hacerlo, pero no si estás
cerca. Si tú estás cerca no. Dios, tu olor... —Pareció aflojar por un
momento los hombros, pero rápidamente prensó los labios sin dejar de
mirarlo—. Eres tan bonito.32

Los latidos del omega se dispararon.18

—Harry, yo... yo me siento...43

El aludido volvió a bramar.

—No pasa nada, Louis. Yo quiero que estés bien.15

Louis se dio cuenta de que cuando pretendió acercarse más al otro, este
reculó. La voz del alfa era dura; mucho más grave de lo normal.8

—P-pero tu celo...

—Yo nada —repuso de inmediato—. No, yo no. No voy a arruinar este


momento por el celo. —La vibración en sus cuerdas vocales se acentuó al
pronunciar la palabra—. Estoy harto de los celos, estoy cansado de sólo
tenerte así. Prefiero irme, pasarlo solo, da igual, ya me acostumbré porque
no quiero otros omegas. No los quiero. Ninguno huele como tú; no son tú.31

El menor sintió muy rápido que algo dentro de él se deshacía. Un quejido


se trabó en su garganta cuando Harry definitivamente se alejó de él. Bajó
los brazos, mas sin deshacer los puños de sus manos. Bufaba por lo bajo y
parecía que le costaba una simple inspiración.

El alfa dio dos pasos más hacia atrás y el omega llegó a sentir que el ansia
lo invadía. ¿Se iba a ir? ¿Así? ¿Adónde?5

Fue él el que de nuevo se acercó.

—Déjame ayudarte.65

Harry sustituyó los gruñidos por un gimoteo seco al oírlo. Volvió a cerrar los
ojos, negando y tropezando con el barandal de la escalera al querer
retirarse más.3

—No, tú mereces más. Yo quiero más contigo. Esta vez tengo que hacerlo
diferente; tengo que tratar que tú...76

—No tienes que hacer nada. Estoy aquí.

Su voz era un hilo filo. Harry siquiera lo miraba.

—Quiero que estés aquí —declaró el alfa, con mandíbula tensa—. Quiero
que estés a salvo. Hoy casi me muero, hoy ca-3

Louis negó y el otro calló al sentirlo un paso más cerca.

—Yo quiero que estés también aquí.

—No, yo no. Así no. Yo... perdón por estar así. Perdón.72

Algo apretaba el pecho del omega cuando el otro se alejaba de aquella


forma. Harry quería darle más; ese era su juicio para tomar distancia aun
estando así.
Louis notó sus propios ojos acuosos. Harry lucía angustiado, y... ¿Cómo
podía disculparse por entrar en celo? ¿Cómo podía aun así pensar en su
bienestar?40

—Deja de pedirme perdón —pidió afónico—. Por favor, tú no tienes por


qué pedir perdón. Tú no.7

Un lamento escapó del omega y el alfa de inmediato lo miró, tirando a bajo


parte del trabajo de su propia voluntad. Sus rodillas temblaron cuando vio
cómo el de ojos añiles se quedaba sólo a centímetros de él.

—Louis... —rogó.3

Los síntomas eran más fuertes a cada minuto. No siguieron el método


habitual; no arribaban poco a poco. Le dolía el cuerpo entero, sobre todo la
espalda. Notaba latigazos en toda la columna mientras el calor se
concentraba en sus sienes, donde justo se creaba el ardor; la incomodidad
que lo barría entero. Le molestaba la ropa. Le molestaba la piel. Desde la
nuca, el sudor resbalaba hasta su pecho.

Y encima, lo único que paliaba apenas la sed era la picazón en la garganta.


Era el olor a jengibre. Era la sensación de estar bajo la lluvia.1

Era la tierra mojada. Era el sin sentido de siempre.19

Con él no podía controlarlo igual. Con él no...

—Quédate aquí conmigo —susurró Louis, llevando una mano hasta la


mejilla izquierda de Harry. Quemaba—. Déjame... estar contigo.54

Fue un acto involuntario el que se acurrucara contra el tacto.

—No, así no. Mereces más.1

—Merezco aquello que quieras ofrecerme, Harry.69


—Que no, tú...8

Pero calló. Calló porque Louis lo estaba acariciando con el pulgar. Se


estaba acercando a él hasta el punto de pegar su pecho contra el suyo.
Hasta el punto de notar las sacudidas que encerraba el propio omega.

Louis llevó la otra mano a la mejilla libre y, alzándose de puntillas, negó.


Con un siseo y sin separar su mirada de la opaca, negó.

—Quiero que me beses otra vez.84

El gimoteo de Harry no se hizo esperar.14

—¿Q-qué?4

Louis se humedeció sus propios labios, se pegó más al otro cuerpo y volvió
a acariciar con los pulgares cuando sintió el impetuoso y repentino agarre
de Harry en su cintura. Sus manos ya no eran puños, sino dedos que se
enredaban en el bajo de su camiseta. Era la mezcla perfecta de quienes
eran.10

Alfa y omega que demandaba estar juntos.31

Louis queriendo besar a Harry...9

—Yo también quiero besarte a ti —murmuró bajo, fijándose en los labios


llenos, enjugados y ajenos—. ¿Me dejas besarte?98

Harry únicamente mantuvo la respiración por tres segundos antes de


asentir.

Fueron las manos de Louis las que se deslizaron por su rostro hasta
enredar los dedos en los cabellos rizados. Fue el alfa el que entonces
gimió al sentir la suavidad. El menor besó sus labios antes de que ambos
abrieran a la vez las bocas para convertir sus alientos en uno solo. Sus
lenguas chocando con ímpetu cuando Harry aflojó todo su cuerpo para
centrarse en únicamente estrecharlo contra él.1

Siempre tuvo su olor. Ahora poseía su sabor.31

Lo besó con hambre. Rugió bajo contra sus labios mientras probaba una
vez más su saliva. Se sentía un león yéndose contra la jaula que lo
mantenía cautivo. Sus dientes participaban en el encuentro casi tanto como
su boca. Quería chupar sus labios y a la vez morderlos. Quería de nuevo
su lengua contra la de él. Quería acariciarle el cuerpo entero.15

Louis juraría que estaba levitando. A su juicio, el suelo bajo sus pies había
desaparecido y no había más que el probar a Harry. No existía más que su
pecho, ese que sentía contra el suyo mientras jalaba con delicadeza sus
cabellos. ¿Seguiría de puntillas? No lo sabía. No le importaba. Su ser
reaccionaba a aquella necesidad que brotaba del alfa. Por su piel también
rodaba el calor; el cosquilleo allí donde Harry tocaba porque ya había
arrugado suficiente la tela de su camiseta. Estaba rozando la piel de su
espalda...8

Se quedaba sin aire, pero el alfa no lo dejaba de besar. No permitía que


sus labios se separaran por más de dos segundos. Lo acariciaba con su
lengua, rozándole el paladar y tirando de su labio inferior hasta
mordisquearlo para volver a empezar.12

Y una mismísima corriente eléctrica era la que lo asistía por todo eso.

Sentía el hormigueo por todo el cuerpo.

Sentía que se estaba humedeciendo.47


—Arde —trastabilló Harry para pronunciar, justo después de que Louis
gimiera tras haberle chupado el labio inferior—. Cette fois c'est différent/
Esta vez es diferente/ —jadeó—. Más fuerte que los otros...83

Louis perdió cualquier rastro de sentido.2

Sus manos se desenredaron de los rizos castaños para viajar a los


hombros del alfa, donde acarició el camino largo de sus brazos,
deshaciéndose del abrigo oscuro que vestía. Harry lo dejó de tocar un
momento para dejarlo caer al suelo. Luego, volvió a atacar su boca con
tanta fuerza que Louis se hubiera tambaleado si no le hubiese vuelto a
acariciar la espalda. Se movió con él, caminando hacia el lado opuesto de
las escaleras, aprisionándolo esa vez contra el barandal.1

Con un punto de apoyo, Harry llevó las manos a su propia camiseta. Todo
ardía. El fuego lo estaba consumiendo; podía llegar a doblarlo de dolor.1

—L-la vas a romper, espera...47

Harry gruñó de satisfacción cuando las manos de Louis acariciaron las


suyas. Enterró el rostro en el cuello del omega mientras este, con dedos
temblorosos, le desabrochaba los botones que le quedaban a la camisa. La
tela también se deslizó por los brazos marcados y Louis gimió al sentir los
mordisqueos que le daba al lóbulo de su oreja. Gimió por verlo a él.40

Su torso marcado y pezones erizados. Su pecho subiendo y bajando


gracias a la respiración entrecortada. Dos lunares en su estómago, vello
escaso en sus pectorales y los huesos de la cadera alzándose. Era ancho,
de hecho mucho más que con la ropa. Sus brazos con bíceps marcados;
los dedos largos de sus manos...113
Harry lo volvió a besar, acariciando su cuello para alzarle de nuevo el
rostro. Su boca ya se abría obediente para recibir la lengua húmeda. Se
retorcía porque el calor de Harry ya transfería a su propia piel.1

Ahogó un quejido de sorpresa cuando definitivamente el suelo sí


desapareció bajó sus pies. Harry lo había levantado en un solo movimiento,
y Louis atinó a agarrarse a sus hombros y afianzar las piernas en sus
caderas. El alfa gimoteó de nuevo cuando lo sostuvo por las nalgas.95

Louis besó la barbilla del otro, perdido en la manera en la que lo apretaban.


Le acarició con los pulgares la nuca, topándose con el sudor frío que allí se
concentraba. No supo en qué momento Harry había subido las escaleras
con él. No supo cuándo volvió a tocar el suelo y cuándo demandó esa vez
él la boca del otro. Cómo se separaron sólo un segundo cuando Harry le
quitó la camiseta. Él únicamente había levantado los brazos para ayudar
en la tarea.

Tampoco fueron conscientes de en qué momento se subieron a la cama en


la que habían dormido la noche anterior. Sus labios no se despegaban y
por ello la función del raciocinio se veía poco a poco más anulada.14

Los dos estaban de rodillas sobre las sábanas y Harry gemía al tocar la
cintura desnuda del menor. Su piel pálida, suave y lampiña. El ardor leve y
latente en sus papilas gustativas...11

—Podría pasarlo así —consiguió articular Harry, con un mano en un


costado de Louis y la otra posada en su cuello—... besándote. Si te beso
me puedo llegar a calmar, te lo juro. Déjame besarte. Más. Quiero besarte
más.97

Su lengua lamió entonces las comisuras de los labios hinchados del


omega.
¿Pasar un celo a base de besos? Maldita sea, parecía una locura, mas él
juraba que con los de Louis podría.23

—Oh, Harry...74

Louis volvió a llevar las manos al pelo del alfa. Se pegó a él, recibiendo su
lengua con gusto y gimió cuando un toque en su espalda le hizo sacudirse.

—Eres tan delicioso, Lou. Hueles tan bien; sabes tan bien... Laisse moi
t'embrasser / Déjame besarte /. Laisse moi t'embrasser...88

Se deshacía en sus labios, contra su pecho...

Aunque sonara revelador, Louis sabía que sus besos, por muy pasionales
e ígneos que fueran, no cubrían la verdadera necesidad. Ya una vez había
sentido a Harry en celo. Una vez en la que él también lo estaba. En aquel
momento no pudo siquiera identificar los síntomas al estar perdido en los
propios. En ese momento era tan distinto... Los resumiría como urgencia;
una que a pesar de todo el alfa sabía controlar.1

—Harry... —llamó mientras este había bajado un momento a lamer su


cuello—. ¿N-no quieres...?39

No pudo terminar la frase. El alfa rugió.

—Beso. 21

—Nos besaremos mientras. —Pudo pronunciar contra sus labios, antes de


sentir la presión en los suyos—. Estás ardiendo. Estás sudando.
Tiemblas...1

Sus manos volvieron a acariciar la piel ajena. Harry consiguió mirarlo con la
frente perlada de sudor y labios abotargados.
—¿Cómo quieres que no tiemble? Te estoy tocando. Dieu, te estoy
besando...168

Un jadeo alto escapó de la garganta del omega cuando volvió a sentir las
lamidas en su cuello y caricias en las caderas. Su corazón golpeaba furioso
contra el pecho mientras intentaba tragar saliva. Se había pegado a Harry y
fue inevitable no sentir el roce contra su estómago. El ronce del bulto en su
pantalón.14

Dejó que lo volviera a besar, jugueteando lo que quisiera con su lengua. Se


permitió oírlo gruñir mientras sus manos temblorosas viajaban hasta el
botón de su pantalón. Una electricidad lo barrió entero cuando volvió a
rozarlo. Cuando bajó su bragueta.6

Harry no pudo más y se abalanzó sobre él, haciendo que cayera de


espaldas en la cama mientras seguía de rodillas entre sus piernas. Louis lo
miró y se atrevió a jalar de nuevo de su pantalón. Sin apartarle la vista,
Harry hizo lo mismo con el suyo. Se desnudaban el uno al otro, tirando de
toda prenda que obstaculizara la tarea de estar piel con piel.8

—No he estado con nadie después de ti —dijo Harry mientras Louis movía
los pies para desenredarse el pantalón de los tobillos. Observó su piel
desnuda—. Nadie es como tú. Nací para ti.276

Louis se pudo atragantar con aquella declaración. Sintió la humedad en los


ojos cuando el alfa se cernió sobre él, rozando una pierna con las suyas.
Estaban desnudos. Estaban pegados.8

—Y-yo tampoco.77

Harry se movió como un resorte al oírlo. Sus ojos negros lo enfocaron casi
embelesados.
Nadie había tocado lo mismo que él. Nadie lo había saboreado.34

Él tampoco había querido que nadie lo hiciera. Él nunca quiso a nadie


más.1

Gruñó cuando le apretó la carne de los muslos y Louis, perdido en un


jadeo, separó las piernas. El omega clavó las uñas en su espalda, llegando
a morder un hombro del alfa mientras se notaba temblar de necesidad.11

—En rut... Tu... —Harry le lamió un pezón al balbucear—. ¿C-cómo los


pasaste?84

El otro abrió los ojos. Harry le estaba preguntando cómo había pasado sus
celos.5

Sus dolorosos e irregulares celos.2

—Se me descontrolaron; nunca fueron puntuales —gimió—. Me encerraba


y m-me tocaba. —Otro gemido más fuerte cuando Harry volvió a sobarle un
muslo—... como tú me enseñaste.45

Un rugido posesivo emanó del pecho del alfa cuando le separó por
completo las piernas. Estaba a su merced y sólo le bastó bajar un
momento la mirada cuando el otro cuerpo se irguió para comprobar el
calibre de la urgencia. Harry era enorme, como siempre, y lo estaba
demandando. Estaba literalmente salivando por él.34

Volvió a sus pezones cuando su mano se volvió a perder entre sus piernas.
Le arrancó un quejido más fuerte cuando mordió la aureola sonrosada al
toparse con sus dedos la humedad que se concentraba en las nalgas del
omega. El flujo caliente resbalaba entre el pliegue de sus nalgas y Louis se
aferró a sus brazos cuando Harry decidió tantearlo.32
Se volvía a llenar los pulmones de su esencia. La vibración de sus cuerdas
vocales sólo se agravaba...

Cuando abrió los ojos ante un espasmo, se dio cuenta de que el alfa lo
observaba cautivado.13

—Estoy aquí —aseguró Louis, alzando una mano para tocarle la cara.

Harry, a pesar de todo, volvió a acurrucarse contra el toque.7

—Tu es ici. Tu es avec moi / Estás aquí. Estás conmigo /91

Lo besó cuando acarició con dos dedos su entrada. Cuando Louis alzó sus
caderas.

Se podía acabar el mundo en aquel preciso momento. A él le parecería


bien.18

—Perdón por haberte asustado. Perdón...

Porque jamás se supo tan a salvo. Tan a gusto.7

Las últimas horas parecían haber sucedido hacía demasiado tiempo. Se


había perdido en aquella noción. Su vida... ¿qué era antes su vida? Estaba
con Harry. Estaba de nuevo y a la vez de una forma nueva con Harry.

El alfa se movió, volviéndose a poner de rodillas en el colchón. Louis alzó


las caderas y Harry lo jaló hasta alinearse cerca de él, jadeando ya de
dolor. Un brazo le sirvió como punto de apoyo antes de observar a Louis,
quien asintió. Con labios hinchados y mejillas arrebolados asintió mientras
también le murmuraba que lo hiciera.11

La espalda de Harry se tensó.


Labios ardiendo cuando el alfa reunió toda su fuerza y le siseó al león que
atronaba en su interior. Sus dedos se marcaron en la piel de las caderas de
Louis cuando empleó la fuerza justa para deslizarse en él.1

Louis abrió la boca, incapaz de emitir sonido alguno cuando lo sintió. Era
suave, como si todavía pidiera permiso; uno que definitivamente le fue
concedido cuando los músculos del omega se relajaron y largó un gemido
sonoro.40

Ya no eran dos jóvenes que no entendían la urgencia y trataban de tantear


a la necesidad.3

Eran dos adultos.60

Harry se mordió su labio inferior hasta hacerse daño cuando dio la primera
estocada. Su Alfa era el que bramaba desesperado y sus caderas la que
concentraban el deseo de volver a arremeter.1

Lo hizo.5

Cayó sobre Louis, buscando su boca para aplacar los jadeos. Lo penetraba
mientras el otro se aferraba a su torso. Le quemaba por dentro; le hacía
temblar y, maldita sea, no dolía y no quería que al alfa le doliera más. Él
mismo quiso mover sus caderas, pero los movimientos de Harry eran
incapaces de permitírselo. La cama vibraba con cada golpe de pelvis y
cualquier sonido que poseía la capacidad de tornar a erótico.56

Los dientes participaban y Harry tuvo que apoyar su frente en el pecho del
omega cuando se sintió salivar más de la cuenta. Louis cerró los ojos,
enterrando los dedos en su pelo mientras el otro, con espalda arqueada, lo
seguía penetrando.19
Los lamentos escaparon de su garganta cuando empezó a sentir el mareo.
La habitación dio vueltas, su cuerpo estaba empapado de sudor y su boca
totalmente seca. Los cosquilleos le estaban comenzando a nacer en la
boca del estómago al igual que el hormigueo en la punta de los dedos.

Se iba a correr. Iba a volver a sentir un orgasmo de verdad y Harry


también. Harry lo anudaría y... oh dios, ¿cómo se sentiría esa vez? Ya casi
ni se acordaba, ya casi...27

Gimió más alto. Gimió hasta quedarse sin voz.37

El placer explotó en su interior, recorriendo todo su cuerpo a la par que


llegaba a escuchar el aullido animal de Harry. El orgasmo los había
golpeado a la vez; fuerte, rabioso, demandante. Louis boqueó en busca de
aire mientras Harry continuaba temblando contra él, aferrado a su cuerpo
mientras trataba de controlar los espasmos. Cuando levantó el rostro fue el
omega el que lo beso. Su nudo formándose...41

Toda la fuerza del alfa lo abandonó, dejando su cuerpo como un peso


muerto que se recuperaba dando largas bocanadas de aire. Se acopló en
el hueco del cuello del otro mientras recibía caricias en la espalda y el
fuego, por un momento, le daba una tregua.

Louis estaba agotado, pero lo sujetó fuerte contra él.5

Harry cayó un momento rendido antes de volver a contener un aullido.21

Las sábanas de la cama se habían despegado del colchón. El cobertor


estaba hecho un ovillo en alguna esquina y, con el único reflejo de la luna
colándose por el cristal de la ventana, se volvieron a besar.5

Volvieron a gemir.
Hasta caer rendidos. Sin separarse ni un momento.

57

...

Se despertó cuando un rayo de sol dio directo en su cara. Soltó entonces


un quejido bajo, revolviéndose contra la almohada. Notó el tacto de las
sábanas en sus caderas e hizo una mueca antes de conseguir abrir los
ojos. Sintió un calor en las mejillas cuando lo primero que enfocó fue su
ropa interior en el suelo. Observó su cuerpo desnudo y la tela arrugada
sobre él. Luego, se giró. Su pulso al instante acelerándose...4

Harry le daba la espalda y la sábana también le caía en las caderas.


Tanteó el colchón, comprobando aquello que de repente había llamado su
atención. Estaba empapado y, comprobando con más detenimiento, la
espalda de Harry también lo estaba. Las gotas de sudor se acumulaban en
la curva de su columna vertebral y frunció el ceño.12

Se deslizó de la cama hasta el suelo, vistiendo su bóxer oscuro antes de


volver a subir a la cama. El alfa no se movía y parecía encogido sobre sí
mismo.

Se sintió alarmado cuando lo vio sacudirse.

—Harry —lo llamó posando una mano en su hombro. Estaba tibio y


pegajoso debido al sudor—. Harry, despierta.1

Al alfa le hicieron falta dos sacudidas más fuertes para apenas moverse.

—¿Qué? —murmuró con voz ronca—. ¿Qué pasa? Louis...1


El omega abrió aún más los ojos cuando se giró y le vio el semblante.

—¿Estás bien? Estas empapado de sudor. Estás pálido.

Harry frunció el ceño tras necesitar unos segundos para asimilar lo que el
otro le decía. Se intentó erguir, pero la cabeza le dio vueltas y sus hombros
cayeron de nuevo contra la cama. Los brazos incluso le pesaban.39

—Sí... —dijo chasqueando la lengua—. Se me pasará en un par de horas.

Louis lucía ansioso.

—¿El qué? ¿Qué tienes?3

No consideraba que aquello fuera normal. Antes... no recordaba haberlo


visto así.

—Son los síntomas.

—¿De qué?

La voz de Harry era legrada mientras Louis, vigoroso, no dejaba de


reclamar una esclarecedora explicación con la mirada.

—De las pastillas que me tomé para que se me retrasara el celo.


Funcionan, pero mi cuerpo luego las rechaza.43

—¿Qué? Pero, ¿por qué tomas tal cosa? No puede ser sano. No son
supresores, ¿qué son?1

Hasta donde conocía, era evidente que los alfas no los necesitaban. ¿Por
qué medicarse si sus celos incluso duraban menos?

—Inhibidores —resolvió tras tragar saliva con dificultad—. Pueden llegar a


retrasar el celo de un alfa hasta una semana. Yo nunca aguanto tanto,
pero... Las he tomado antes. —Se encogió de hombros—. No era el
momento. Lo de antes de ayer, lo de anoche... Aun así no pude más.
Estaba demasiado nervioso; demasiado histérico.2

Louis calló un instante, entendiendo. Se mordisqueó el labio inferior antes


de ladear el rostro.

—¿Y las otras veces que los has tomado?

—No quería entrar en celo. No me apetecía pasar el dolor.

Se mostró aun así confuso.

—Pero...

Harry suspiró.

—No quería necesitar a alguien. No quería atenderlo. Lo retrasaba un par


de días, arreglaba todo y luego me encerraba. No quería.8

Intentó incorporarse de nuevo, pero otro mareo acudió a él. Sentía algo de
frío y a la vez calor en el centro del pecho. Observó el semblante de Louis
y se permitió pretender una sonrisa.

Cuando el primer celo llegó al arribar a Panamá, le gruñó a Niall que se


callara su opinión de buscar alguna compañía. Agradeció que para
entonces ya conocieran a José porque lo echó del piso de ambos durante
dos días. Las pastillas ayudaban, pero le dejaban aquellos síntomas de
fiebre y pesadez en el cuerpo. Normalmente sólo le nacía dormir.1

Al segundo celo, Niall lo obligó a escucharlo, presentándole un documento


(descargado de Google) con todas las contradicciones de tomar con
regularidad aquellas cápsulas. Llegados a ese punto, lo intento. Harry
intentó estar con otros omegas, sí, pero con sólo percibir sus esencias
emanaba el rechazo. Después de eso, lo que aborreció fue al celo en sí.
Sin él estaba bien; lo llevaba bien.4

—Oh, Harry... —se quejó Louis, inspeccionándolo mejor.11

El alfa se permitió entonces sonreír de verdad.

—¿Estás preocupado por mí?58

Louis abrió y cerró la boca antes de bufar.

—Pues claro que sí. No es sano que estés así. —Llevó una mano hasta su
frente—. Tienes fiebre.

—He llegado a cuarenta y dos grados, pero soy alfa. —Hizo un inocente
mohín—. Lo puedo aguantar. Sólo me aletarga un poco.2

—¡¿Aletarga un poco?! —exclamó el otro—. Santo dios... Voy a por unas


toallas y agua fría.4

Antes de que Harry pudiera abrir de nuevo la boca, Louis saltó de la cama
y salió rápidamente del cuarto. Bajó las escaleras y en la cocina llenó dos
vasos de agua fría antes de volver a subir. Del baño trajo dos toallas
pequeñas que encontró en el mueble. Una la empapó bien bajo el grifo.22

Harry únicamente lo observaba.

—Esto debería ayudar —habló mientras dejaba una de las toallas sobre la
frente. Harry se estremeció al sentir el frío y aceptó la otra para retirarse el
sudor del cuerpo—. Porque no te puedes levantar para darte una ducha,
¿no?

Lo miró de soslayo.

—Louis, estoy bien.


En realidad había estado mejor. Sentía escalofríos, una punzada en las
sienes a la que ya se había acostumbrado y cierto vértigo cada vez que
pretendía moverse.

—Pero si sigues blanco.28

—Anda, ven.

Palmeó el otro lado de la cama y Louis colocó los brazos en jarra. Arrugó la
nariz cuando siguió la mirada que le estaba echando el otro. Seguía
únicamente en ropa interior... Con mejillas afiebradas bordeó la cama y se
sentó a su lado. Le congratuló darse cuenta de que el verde había vuelto a
los ojos que lo miraban sin perderse detalle alguno.

—¿Y tú? ¿Estás bien?

El omega pestañeó al oírlo. Dibujó una sonrisa tímida cuando se dio cuenta
de que Harry buscaba a tientas una de sus manos. No tardó en ofrecerle el
contacto.23

—S-sí.

Algo apretó su pecho cuando lo notó tan débil. Sonreía mientras cada
parpadeo parecía costarle un mundo. Aun así, se esforzó por acariciarle
con un pulgar la muñeca. El alfa reprimió un suspiro cuando Louis le retiró
un par de rizos que le caían en la cara. Fue inevitable el perderse en
aquellas esmeraldas que tanto había extrañado.13

Harry había pasado cerca de doce horas en celo, quizás catorce, el omega
no tenía ni idea de qué hora podía ser. Sus pupilas seguían algo dilatadas,
pero no hasta el punto de ocupar todo el iris.

Harry se relamió los labios, pestañeando somnoliento ante las acaricias


que Louis le dejaba mientras jugueteaba tranquilo con sus rizos.1
—Deberíamos hab-

Hablar. Iba a decir hablar, pero Harry lo interrumpió con voz pastosa y una
mirada que luchaba por enfocarlo.

—Vente conmigo a Londres.233

Louis frenó el movimiento de los dedos en sus cabellos. Sintió un latido


seco en el pecho.

Lució boquiabierto.

—¿Qué?

—Tengo que irme en unas dos semanas. Vente conmigo.32

No sabía por qué se sentía más descompuesto. Si por la templanza del alfa
o...

—P-pero, ¿yo en Londres? —habló afanado, frenando sus propios


pensamientos—. ¿Contigo? Qué, por qué...18

—¿Y por qué no? ¿No has pensando en salir de Plymouth? Un tiempo,
unas semanas... Vente conmigo.15

—N-no sé qué decir.10

Y era verdad. Su mente se sentía colapsada.

—Di que sí.38

Una sonrisa agotada se dibujó en el desmejorado rostro del alfa.

—Qué fácil... No sé, Harry. Tengo que mirar; tengo que...

—¿Tienes algo que hacer?

El omega suspiró.
—No, no tengo trabajo.

Harry asintió, volviendo a parpadear.

—Claro que tenemos que hablar. Quiero hablar todo contigo, Louis. Pero
no en unas horas y ya. Quiero hablar durante días; quiero tenerte delante
para hacerlo. También quiero... bueno, estar contigo y ya. Disfrutar de tu
compañía. —Louis tuvo que exhalar al escuchar lo resuelto que sonaba—.
Piénsalo. Sé que no tienes mucho tiempo, pero... ¿Lo puedes pensar?11

Harry alzó una mano para retirarse la pequeña toalla de la frente. Louis
comprobó que estaba caliente. Resopló, recabando que todo apuntaba a
que la fiebre le estaba aumentando. Llegar a cuarenta y dos grados... era
de locos.1

Notó un cosquilleo en la nuca cuando se percató de la vista que lo


aguardaba.

—Sólo si te terminas el agua e intentas dormir un poco más para que se te


baje la fiebre.11

Harry sonrió, con un genuino brillo en sus orbes. Se apresuró a alargar el


brazo hasta el vaso de agua que se encontraba a su lado, en la mesilla.
Bebió todo de un trago e hizo lo mismo con el segundo vaso. Louis asintió
al verlo y Harry no tardó en acurrucarse contra la almohada, cerrando los
ojos al moverse para no notar tanto el mareo. Los hoyuelos de su sonrisa
todavía marcados al volver a mirar al otro...41

—Dormir... —reprendió Louis.

—Perdón —soltó antes de apretar los ojos; con la sonrisa todavía pintada
en los labios.157
Tuvo que pasar unos diez minutos hasta que la respiración de Harry se
volvió acompasada, soltando algún ronquido bajo. Louis largó un suspiro,
comprobando su tez todavía pálida. Claro que debía sentirse agotado con
aquella fiebre de caballo. Recordó la vez que él llegó a treinta y nueve y
creyó morirse, pero claro, Harry, como ya había dicho, era alfa y poseía la
dureza de uno. Apretó los labios. Alfa. Un alfa que definitivamente también
lucía inocente con los rizos alborotados, dejando escapar bufidos tranquilos
mientras se abrazaba a la almohada.16

Se mordió el labio inferior y un escalofrío le recorrió la espalda. Relamerse


era como volver a sentir el sabor de aquel que se acurrucaba con tal
inocencia. Claro que poseía su sabor; estaba también impregnado de su
olor. Todo emanaba la esencia de ellos. Harry lo había besado tantas
veces durante tantas horas... Había saboreado su lengua, mordido sus
labios y lamido sus comisuras. Sentía las mejillas arder de sólo recordarlo.
También colaboraba en eso la fuerza insolente de los cosquilleos en la
boca de su estómago.2

Le fue imposible no mirarlo dormir mientras cumplía su parte del trato;


pensar. Pensar en la repentina propuesta.

Era... de locos. Era inverosímil; irreal. Todo lo era, pero seguía sin poder
dejar de mirarlo. Probablemente, aquella propuesta había sido más
resultado de la fiebre que el buen juicio, pensó.5

Se levantó de nuevo de la cama, sintiendo esa vez un repentino tirón en el


coxis. Sus mejillas no tardaron en adoptar nuevos tonos bermejos y
agradeció de verdad que Harry estuviera durmiendo. Sus labios le
devolvían el sabor de ambos y su propio cuerpo el recuerdo del consentido
encuentro. Y aunque sonara irónico, se sentía ligero con eso.12
Cruzó el pequeño pasillo en dirección al cuarto de baño, llevándose
consigo la toalla que Harry se retiró de la frente. Se miró un momento al
espejo tras volver a enjuagarla, viéndose en la obligación de recabar un
momento en su reflejo. Observó el tono en sus pómulos y el pelo revuelto
que pedía a gritos que lo lavara para intentar darle algo de forma. Luego,
se fijó en sus labios. Estaban rojos y cuando se los palpó también suaves.
Contuvo la respiración al ver una marca violácea debajo de su clavícula
derecha. Bajó el rostro y se fijó en que había más por su torso. Al lado de
un pezón, dos a los costados, una bajo el ombligo y dos más en sus
caderas.51

Sintió calor.

Podía revivir los instantes en que los labios de Harry cepillaban su piel.

Parpadeó un par de veces, sacudiendo la cabeza antes de abrir el grifo,


ahuecar sus manos con agua para mojarse el rostro y cuello. También
orinó y se permitió entrar un momento en la ducha para lavar sus zonas
íntimas. Todavía sentía algo de humedad. Se hubiera duchado entero,
pero... olía bien. Era la unión de ambos y, bueno, pensó que lo podía hacer
más tarde.8

Entró de nuevo al cuarto para volver a colocar la toalla mojada en la frente


de Harry, quien seguía durmiendo plácidamente. Aún en ropa interior, bajó
al primer piso, largando un suspiro pesado cuando miró a su alrededor. La
casa silenciosa de siempre. Se fijó en la bolsa que había en el suelo del
pequeño salón, justo al lado del sofá. Un ligero aroma a alcohol fue lo que
terminó de llamar su atención. Se trataba de una botella de vino rota y el
líquido parecía haber sido absorbido por la madera. Comprobó que en el
interior había comida. Comida china. El nudo en su estómago no tardó en
formarse cuando la escena se formó en su cabeza. Una que estaba seguro
de que no estaba lejos de la realidad.10

Harry llegando y no encontrándolo. Harry viendo la nota que vislumbró


sobre la mesa, tal y donde él la había dejado. La bolsa de su cena
deslizándose de las manos de Harry cuando entonces la leyó.14

Ignorando una presión que también trepó a su pecho, tomó la nota,


arrugándola con una mano. Después, se arrodilló en el suelo, abriendo la
bolsa con cuidado para sacar las tarrinas de comida. Los rollitos de
primavera eran insalvables al estar en una bolsa de papel que se había
calado con el líquido. En la cocina limpió el resto y el olisqueó los envases,
comprobando que a pesar de todo no tenía mala pinta. De hecho el de la
ternera hizo rugir sus tripas. Como pudo, limpió también el desastre del
suelo y se deshizo de los cristales rotos.

Suspiró al terminar de ordenar un poco el salón y de refilón miró por la


ventana, comprobando que su moto seguía aparcada fuera. Su Aprilia... Un
estremecimiento recorrió su espina dorsal de sólo recordar la noche
anterior. El saber que la podía recuperar, la carrera, que quisieran tumbarlo
en la misma y aun así ganar... El ansia de luego encontrarse con Harry.

Le había confesado que aquella moto había sido clave en la manutención


de sus recuerdos. Nunca lo dijo en voz alta, como todo lo que tenía que ver
con él, pero siempre supo que aquella moto era la perfecta combinación de
lo que fue y lo que quería. Era algo que quizás no sabía explicar con
palabras. Pero cuando decía que la necesitaba, no mentía.1

Horas más tarde, cuando Harry se removió en la cama y despertó, Louis


estaba a su lado.
—Hey, ¿cómo estás? —preguntó el omega, desplazándose para otearlo
mejor.1

Sabía que despertaría porque llevaba un rato observando cómo se


revolvía, soltando algún gimoteo o gruñido bajo.

Harry parecía desconcertado cuando lo enfocó.

—Louis —pronunció firme—. Bien...

Frunció el ceño mirando a su alrededor. La toalla se había escurrido de su


frente; Louis se la había cambiado un total de tres veces. El alfa parecía
haber recuperado un poco el color.

—¿Tienes hambre? —preguntó el omega animoso—. He salvado la


comida de ayer.

Sin embargo, el alfa intentó tragar saliva. Sus ojos observaban con cautela.

Negó.

—Quiero ducharme. Tengo calor aún.

—¿Estás...?

—Acompáñame —dijo volviéndolo a escrutar con la mirada—. Dúchate


conmigo.166

Louis sintió el calor asistirle de repente. La vista sobre él era abrumadora.


Sin decir más palabra, Harry se levantó de la cama y la sábana se deslizó
por su cuerpo, dejando al descubierto su desnudez. El omega contuvo un
jadeo al ver la erección del alfa, quien esperó con labios apretados que se
levantara. Lo hizo, siguiéndolo hasta el cuarto de baño donde el mayor no
tardó en meterse en la ducha, abriendo el agua. Louis lo miró nervioso,
pues no despegaba sus ojos de él. Él seguía sólo con su bóxer y se hizo
un lío con sus dedos al bajárselo.1

Harry calentó la vibración en su garganta cuando entró al mismo espacio


que él.

El agua estaba fría y pudo haber replicado por eso, sin embargo, los
brazos del mayor a su alrededor hicieron que diera un respingo. Su piel
volvía a estar ardiendo. Con la nariz, Harry le acarició el esternón hacia su
garganta. Sintió el deseo casi tangible.

Todavía no habían pasado las veinticuatro horas del celo de Harry. Si


estaba sofocado ya no era por la fiebre.

Le besó el cuello y Louis gimió al sentir la presión contra su propio


miembro. El alfa le besó la mandíbula y una mejilla. También uno de los
párpados que decidió cerrar. Se aferró a sus brazos cuando sintió una
pequeña mordida en la punta de su nariz.44

Luego lo besó.

Las manos del alfa se deslizaron hacia sus nalgas, amasando la piel. Lo
besaba con hambre mientras era Louis el que esa vez cerraba sus brazos
alrededor de la cintura ajena. Sus lenguas en una ardua batalla... Otra
más.4

—Harry...

La respuesta llegó en forma de gruñido.

—No me puedo contener. —Sus manos deslizándose entre ellos. Louis le


clavó las uñas cortas en los hombros cuando notó que acariciaba su
erección—. Estaba soñando contigo.22
Si el alfa no lo agarraba caería redondo al suelo de la ducha. Las piernas le
fallaban.5

—No te contengas...56

Gimió cuando el mayor le mordió el labio y lo levantó del suelo. Se sentía


maleable en sus manos; lo alzaba como si fuera... No pudo seguir
pensando cuando su espalda impactó contra los azulejos fríos y Harry
chupó el lóbulo de su oreja izquierda. Se agarró a sus hombros aunque
realmente sintiera que no hacía falta, pues el alfa lo tenía sujeto con suma
precisión.5

Fue cuestión de segundos el sentir el tirón; el sentirse lleno. Jadeó con la


boca abierta, sintiendo por enésima vez que el aliento se le esfumaba.63

—Ah... Harry. Por dios, Harry, ahí...80

El alfa se ahogaba en gemidos, desesperado con cada estocada. El agua


caía entre sus cuerpos mientras empujaba. Los jadeos contra la boca del
otro. Con la respiración errática y la necesidad emanando.2

El fuego extinguiéndose...2

La electricidad, el mareo y el abismo abriéndose a sus pies. Contuvieron el


grito cuando le dieron la bienvenida al orgasmo que arribó como un
vendaval. Louis enterró el rostro en el cuello de Harry, dejando que este
fuera el que los sujetara a ambos.

Los minutos pasando lentos mientras el resuello volvía a ellos y el agua se


deslizaba por sus cuerpos. La ducha, al final, duró más de una hora.52

Al alfa le costó separarse y, gruñón, dejó que el omega le enjuagara el pelo


con jabón mientras sus ojos tornaban a un verde tranquilo. Poco a poco
aflojaba el agarre de sus caderas, dejando que el agua fría cayera en su
nuca. Louis tuvo que salir cuando le castañetearon los dientes. Esperó a
Harry envuelto en una toalla.5

Media hora más tarde estaban sentados en el sofá. Habían calentado el


arroz tres delicias y la ternera con pimiento y picoteaban con sus
respectivos tenedores los dos platos de comida.9

Harry ya no tenía fiebre, de hecho su semblante era el de siempre. Comía


en silencio mientras el otro lo miraba de reojo. Tenías la media melena
mojada tras las orejas y vestía únicamente su ropa interior. Louis igual,
pero encontró su camisa negra envuelta entre las sábanas y se la puso.3

—Deberíamos ir a por tu coche cuando estés bien.

Harry tragó antes de mirarlo, suspirando.

—Estoy bien.

—¿Dónde lo aparcaste?

—Por allí, en el polígono. No recuerdo bien. Cuando vi a la gente me bajé.

Louis torció el gesto.

—Quizás alguien ha sustituido tus neumáticos por ladrillos...64

El otro lo miró entonces de soslayo y se encogió de hombros.25

El omega dejó su tenedor sobre la mesa y se giró lentamente hacia él.


Notó el malestar invadirlo, y no precisamente porque aquel flamante BMW
se quedara sin ruedas.12

—Harry... —comenzó—. Lo siento. Siento lo que pasó ayer. El haberme ido


así.
El silencio duró un buen rato. Harry también dejó su tenedor antes de
mirarlo.

—Nunca había tenido tanto miedo como cuando llegué y vi que no


estabas.45

Aquello fue como una patada imaginaria detrás de las rodillas.32

Ya se había figurado su semblante; la botella de vino rompiéndose o sus


ojos al leer la nota. Ahora, recrearlo con aquella mirada y tono de voz
pesaroso podía llegar a matarlo.2

—P-perdón... Perdóname. No había planeado nada de eso, te lo juro.


Llamé a mi madre y ella me dijo que Paul había intentado localizarme. Yo
pensé que era por lo que había sucedido en el bar, pero me dijo lo de la
carrera... Él las odia; meterme ahí fue toda mi culpa. Yo le obligué a que
me hablara de ellas, pero Paul también sabía lo que me supuso a mí
perder la Aprilia.

A Harry le llevó un rato recordar el rostro de aquel tal Paul. Era el beta. Lo
había detenido cuando quiso correr hacia Louis cuando lo vio subido en la
moto. Recordaba haberle gruñido también. Varias veces.7

Resopló.

—Esa no es la solución a tus problemas —expresó con cierta dureza—. Tu


madre cuando empezó a trabajar no lo hizo por necesidad, sino para
despejarse y salir porque echaba de menos a tu padre. Tú lo sabías. Lo
sabes perfectamente. ¿Por qué entonces hacías ver que era porque
estabais mal?3

Louis se sintió afligido cuando el nudo en su garganta tironeó.

Abrirse con Harry... Trata de explicar lo que a veces ni él mismo entendía.2


—Éramos dos... omegas. Solos.24

Las palabras fueron pronunciadas en un tono de voz bajo. El alfa se


removió en su asiento.

—¿Y? ¿Sois menos? ¿Tenéis que depender de alguien?7

Louis negó, con labios prensado. Si pestañeaba sabía se le derramarían un


par de lágrimas. En otra ocasión se hubiera flagelado por eso. ¿Ya qué
más daba?

—No puedo ofrecer lo mismo que mi padre. Él era... Él lo dio todo por
nosotros. Nos dio todo y lo perdimos.8

—No lo perdisteis. ¿Sabes de algo que me he dado cuenta mientras


viajaba y estaba lejos de mi familia? Que ellos siempre nos van a proteger.
Siempre. Tu madre lo hizo; suplió a tu padre. Tomó la decisión que vio
correcta para seguir con esa tranquilidad que él les dio. Tú, Louis... Tú no
tenías que sustituir a nadie.

Su labio inferior tembló.

—Y-yo sólo quería ser como él.28

—Pero eres tú. No renuncies a eso. No dejes que los demás te perdamos
porque te queremos a ti. Como tú eres...52

Se sintió peor cuando vio el rostro ensombrecido de Harry.

Él no era el único que estaba cansado.

—Mientras corría entendí lo que me dijiste aquella vez. Eso de que el


dinero no es lo importante. —Ambos se escuchaban atentos—. Porque si a
tu padre le hubiera pasado algo, tu madre se hubiera ido con él. Y en mi
caso... si mi padre siguiera con nosotros nada de esto hubiera pasado. —
Harry se aproximó a él cuando vio que no le sostuvo más la mirada—. M-
me perdí sin él porque arreglé la moto y él no estaba para enseñársela.
Porque todavía oigo su voz y no lo encuentro y porque... porque te alejé de
mí. Me alejé de todos. Por eso cuando supe que habías vuelto y que tu
padre estaba mal me asusté tanto. No quería que pasaras por lo mismo
que yo. No quería... —La voz se le entrecortó—. Tú siempre estabas,
Harry. Siempre me recogías cuando caía y lo sigues haciendo aunque no
te merezca.15

El alfa de inmediato sacudió la cabeza, casi rendido.

—Tengo miedo de que desaparezcas —confesó—. Siento que en cualquier


momento lo vas a hacer.33

La mirada acuosa del omega lo sacudió entero. Quería rozarle la barbilla,


pero recordó que antes debía pedir permiso.3

Y Louis lo entendió, claro que lo hizo. Entendió que pensara que se


volvería a esfumar. ¿No lo había hecho ya? ¿Cuántas veces? Debía decir
a su favor que un gran número de ellas siquiera fue consciente.

Sin embargo, ya no quería desaparecer. ¿Cómo demostrárselo? ¿Cómo


ganarse su confianza? Harry en realidad no necesitaba permisos...

Tuvo que tomar una profunda bocanada de aire antes de atreverse a


pronunciar:

—Q-quiero irme contigo a Londres.232

Harry se podía haber hecho daño en el cuello de la forma en que en lo


observó.49

—¿Qué?18
Sí, pensó que quizás Harry estaba demasiado embutido por la fiebre; que
quizás ni podía recordar que le había hecho esa propuesta, así que
entonces se la haría él...

—Contigo... Irme contigo.4

El alfa permanecía tan atónito...1

—¿L-lo dices en serio? ¿De verdad? —Louis asintió—. ¿V-vienes a


Londres? ¿Estás seguro?3

—No quiero desaparecer, de verdad que no. Se acabó el bar, las


carreras... Tengo la moto.4

'Y ahora quiero tenerte a ti'117

Quería tenerlo a él.2

Harry se deslizó hasta él, y con manos convulsas sujetó las de Louis.2

—¿Vas a dejar que te atrape? —cuestionó enfocando el mar de su


mirada—. ¿Te vas a conformar conmigo?85

Sabía que se refería a él como tal y no al de sus recuerdos. No al fantasear


con el color de sus ojos mientras lo intentaba encontrar en un catálogo de
pinturas...3

Era tener a Harry por fin.5

Se pronunció antes de atraerlo hacia sí y besarlo; antes de perderse en


uno más de sus abrazos:9

—Sí.
Julio, 2010
Una semana después24

No apartaba la vista de la carretera aunque a veces fuera inevitable que


mirara a su izquierda por el rabillo del ojo. Lo había hecho varias veces, al
fin y al cabo era un viaje de aproximadamente cuatro horas y en la
última él se había dormido.1

También debía confesar que le gustaba mirarlo para comprobar en sí que


era real.47

—Louis —susurró cuando el semáforo cambió de ámbar a rojo—. Louis, ya


entramos en Londres.82

Aunque fuera domingo, el tráfico de la ciudad los había recibido.1

El BMW estaba atestado de maletas en los asientos traseros. De Harry


eran tres, una en exclusiva preparada por Annette con todo aquello que
consideraba necesario para la emancipación; desde toallas a trapos de
cocina. La mujer había insistido en que se llevara incluso algún escobillón.
Harry entonces se encargó de recordarle que en Londres había tiendas
para comprar todo eso. Ella obviamente no lo escuchó.51

De Louis en cambio sólo había una maleta que se usaba por primera vez.
También se llevó su mochila de siempre, llena a sus pies en el asiento del
copiloto. Harry sonrió cuando lo vio revolverse en el asiento, restregándose
somnoliento un ojo con el dorso de una mano.2

Sí, claro que sonreía. Todo era... increíble. Louis había aceptado irse con
él a Londres.

Louis y él estaban en Londres.119


Cuando el omega le confesó aquello, le llevó unos instantes asumir que
realmente le había hecho tal propuesta. Recordaba el malestar de la fiebre
y que Louis se había preocupado por él. Sabía que había dicho más cosas
de las que debía, pero, absurdamente, le había salido bien. El de ojos
añiles se había aferrado a él tras declarar aquello, repitiendo demasiadas
veces que no iba a desaparecer. Que lo perdonara. Que confiara en él. Y
por supuesto, el alfa se rindió. Cayó a sus pies y entre besos lo celebró.
Rieron también. Se prometieron mil cosas; Louis incluso se prometió a sí
mismo que tenía que convencer a Harry; que tenía que transformar aquel
semblante que a veces tornaba a incrédulo, que se preguntaba si en
realidad no cambiaría de opinión.

Se lo prometió y lo cumplió.3

Fue al día siguiente cuando abandonaron la casa de la playa. Harry, a


regañadientes, volvió a subirse en la moto y con asombro descubrieron que
su coche mantenía las cuatro ruedas a pesar de haber pasado la noche en
el desierto polígono de East Hill. Fue entonces cuando también bromearon,
pues Harry se montó en su coche para seguir a Louis, que iba en su moto,
pareciendo que lo escoltaba hasta su casa. Fue entonces cuando también
prometieron verse cada día de la nueva semana.20

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∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
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#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.

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NOTA IMPORTANTE:
Esta historia no es mía. Originalmente esta historia se encuentra en inglés. Todos los derechos
de esta historia van para whatmakeslarrybeautiful (tw:@OWildeLarry)
Lo cumplieron.93

Cuando Harry se reincorporó al trabajo fue todo una locura. Tuvo que
adelantar los asuntos aplazados del viernes pasado y asistir a dos
reuniones por videoconferencia con Londres, descubriendo asimismo que
el traslado a allí, cuanto antes se diera iba a ser mejor. Niall se había
encargado de gruñirle por eso. Cantidad de acuerdos requerían su
aprobación y todo se demoraba más si él debía darles el visto bueno desde
Plymouth.

Y mientras estaba Louis. Hasta que el omega no le anunció a Marjorie su


decisión no fue consciente de lo que realmente haría. Le nació dudar por
un momento al imaginarse a su madre sola, sin embargo, fue ella la que
precisamente le pidió que lo hiciera; la que le dijo que no pensara en nada
más y se fuera con Harry si era lo que sentía, pues la única explicación que
fue capaz de darle su hijo para explicar aquel giro de ciento ochenta grados
en su vida, fue que no lo quería perder. El alfa se iría sí o sí y aunque
pareciera de locos, él no sabría qué hacer. ¿Pasar semanas sin verlo?
¿Limitar todo a llamadas y mensajes? Eso de repente no era siquiera una
opción. Después de tres noches con él no lo era, así que le hizo caso a su
madre y, sin más, se fueron a comprar una maleta de viaje.63

Y Harry y él sí se vieron todos los días. A veces iban a cenar u otras no


salían del coche. El omega dejaba que el otro hablara y le contara de la
empresa y los cambios en el traslado. A veces también escuchaba algo
sobre las reuniones. Asentía y planeaban hasta que estuvieron de acuerdo
en que debían viajar el domingo siguiente. Las piernas de Louis temblaron
cuando Harry apareció ese día con un estilismo más que informal. Un
simple pantalón negro, camiseta azul y pelo suelto; con unas gafas de sol
Ray Ban a modo de diadema. Sí, le tembló todo cuando lo miró con
aquellos ojos llenos de ilusión y lo besó, sin pedir permiso, con una sonrisa
que se dibujó en sus labios antes de separarse. Antes de preguntarle si
estaba listo; si lo ayudaba con la maleta. Horas atrás lo estaba y ahora...
ahora ya habían llegado.91

El omega soltó un gracioso quejido, desperezándose y quejándose por lo


bajo porque se le había dormido un brazo gracias a la postura que adoptó
contra el cristal de la ventana. No estaba cansado, pero no acostumbraba a
viajar tantas horas en coche y terminó mareándose cuando quiso leer algo
en su móvil nuevo. Las primeras horas fueron hablando, comentando algo
de gustos musicales. Cuando Harry se percató de que el otro se
adormitaba tras comentarle que no había sido buena idea ojear la página
web del canal de noticias en el teléfono, lo dejó.51

—Buenos días —bromeó el alfa, metiendo la primera marcha en la palanca


de cambios ya que el semáforo había vuelto a cambiar a verde.7

Eran las siete de la tarde para ser exactos.

—Me dormí —declaró Louis, sobándose el cuello.10

—Ajá...3

El omega entonces fue consciente de lo que el otro le había dicho hacía


apenas un minuto. Ya habían entrado a Londres. Se sintió tonto cuando
pegó su nariz al cristal, ojeando las calles oscuras porque ya comenzaba a
caer la noche cerrada. Se notó enrojecer cuando vio absurda la idea de
encontrarse con el Big Ben de frente, como si la gigantesca ciudad sólo
tuviera eso que mostrar. Lo cierto fue que con lo que se encontró fueron
casas con tejados a dos aguas y chimeneas que expulsaban humo. Con un
tráfico llevadero a pesar de todo mientras las líneas de tren pasaban por
encima de su cabeza. Había hecho viajes con sus padres cuando era
pequeño, recordaba vagamente uno a Escocia, sin embargo, jamás había
estado en la capital de Inglaterra.

—Llegaremos en unos cuarenta minutos.2

Louis asintió mientras fijaba su vista en un autobús rojo de dos pisos y


luego en los ciclistas que circulaban ordenados por el carril bici. No lo
había observado todo ni cinco minutos y ya era consciente de lo diferente
que era Londres de Plymouth. Cantidad de gente se agolpaba en los pasos
de peatones, esperando que su semáforo cambiara a verde, como si
aquello se tratara de una mismísima carrera de relevos. Comenzaron a
aparecer edificios altos e iluminados y más y más gente que correteaba
calle arriba o calle abajo. Cláxones sonando y demasiadas personas
pegadas a sus teléfonos móviles. ¿De verdad era domingo en Londres? Se
suponía que las tiendas estaban cerradas, mas no los locales de ocio y
restauración.4

—A veces da gusto verla así —comenzó Harry—. Hoy es cuando la ciudad


está tranquila.23

Louis se giró de inmediato.

—¿Esto es tranquilo?

El otro no tardó en reír.

—Créeme que sí. La mayoría son turistas, así que imagínate esto entre
semana, cuando se le sumen los apurados londinenses.16

El omega se limitó a tragar saliva.

Fue al adentrarse a la zona de la City cuando el ambiente sí relumbró más


deshabitado. Louis volvió a pegar la nariz a la ventana, alzando la vista
hacia las colosales edificaciones. Una en concreto, de forma circular, llamó
en demasía su atención. Había también grúas inmensas con nuevas
construcciones casi a acabar.7

Sentía que había entrado en una dimensión futurista en tan sólo unos
segundos.

—El parking no está lejos de aquí. —Señaló el ojiverde.

Condujo apenas diez minutos más y Louis abrió mucho los ojos, dando un
bote en el asiento.6

—¡El puente! ¡¿Estamos cruzando El Puente de Londres?! P-pero si se ve


desde aquí El Puente de la Torre, Harry. ¡Míralo!42

El alfa tuvo que soltar una carcajada baja cuando Louis, por enésima vez,
se encoló al cristal. Efectivamente, una de las figuras más emblemáticas de
la ciudad se alzaba justo al lado. Iluminado en tonos fríos, se enmarcaba a
la perfección en el cielo oscuro. Louis lo concibió mucho más grande de lo
que lo llegó a imaginar al verlo en la televisión o fotos.22

—Si te apetece luego podemos ir a dar un paseo.2

Harry tuvo que adivinar que el otro había asentido, pues seguía
embelesado mirando todo a su alrededor.

El parking privado no quedaba lejos del edificio donde vivirían, ubicado en


el municipio de Southwark. Harry no tardó en comentarle que gracias a la
ubicación podía permitirse ir caminando al trabajo, cruzando aquel mismo
puente que había dejado al omega fascinado. Cuanto menos, fue cómica la
escena en la que tuvieron que arrastrar cuatro maletas. Por suerte, sólo
debían caminar dos calles mientras Louis volvía a observar embelesado
todo a su alrededor, siguiendo al mayor.
Cuando dieron con el elegante edificio, el omega permaneció en silencio
mientras Harry abría las puertas y adivinaba qué llave era la del ascensor.
Cuando por fin arribaron a la silenciosa vivienda, el menor continuó en
silencio mientras el otro arrastraba las maletas. Entró algo cohibido
siguiendo a Harry, quien rió al encontrarse en la barra de la cocina una
nota de Niall.2

"Que envidia de mejor amigo tienes. Te he llenado un poco la nevera y te


compré papel higiénico. De nada y, ¡bienvenido! Nos vemos mañana en la
oficina, haré como en las películas y llevaré donuts y café mientras nos
quejamos de los negocios.
PD: el grifo del fregadero gotea"29

Cuando alquiló el piso se encargó de darle una copia de las llaves a Niall
ya que él ya vivía en la ciudad. Su amigo le comentó que iría a echar un
vistazo, mas no que había tenido aquellos necesarios detalles, sobre todo
el del papel higiénico. Sí, definitivamente tuvo que reír con ganas.

—¿Todo bien? —cuestionó Louis con timidez.10

Harry se volteó a mirarlo, sonriente.

—Sí, mi amigo Niall nos ha hecho una pequeña compra y al parecer el grifo
gotea. —Louis frunció el ceño y el otro hizo un ademán divertido—. Pero sí,
todo está bien. Perfecto. ¿Te enseño la casa? La verdad que se ve sola, es
decir, es pequeña aunque creo que suficiente.

El de ojos añiles se limitó a asentir.

Abrieron alguna ventana para ventilar y tal y como aseguró el alfa, las
estancias se enseñaron enseguida.
—Y este el dormitorio. El baño es esa puerta de ahí y aquí detrás el
armario vestidor. —El omega lo seguía en todo momento—. Yo ocuparé
estas baldas. ¿Te vale a ti con esas?

Louis no tardó entonces en notar sus mejillas enrojecer. Harry le había


señalado casi medio vestidor, mucho más grande que cualquier ropero que
había tenido.

—Claro. N-ni siquiera necesito tanto.

Había metido parte de su ropa en la maleta y estaba seguro de que no iba


a necesitar la cantidad de perchas que allí colgaban y ni hablar de la zona
del zapatero... Él sólo se llevó dos pares, no solía usar muchos más. Eran
tres si contaba los que llevaba puestos.42

—¿Te gusta la casa? —Harry se rascó nervioso la nuca, mostrándose


inquieto—. ¿Crees que estarás cómodo?

El omega dejó de contar para sí los pares de zapatos que cabrían en


aquella balda y miró a Harry. Sus ojos verdes lo observaban con cautela y
sólo pudo suspirar.

—Es muy acogedora. Sí que estaré cómodo.

—Bien. —Se había mordisqueó el labio inferior tras hablar. Luego, caminó
de nuevo hasta el dormitorio, donde sacó algo de un bolsillo lateral de una
de sus maletas—. Pues hay algo que debo darte.

Louis aguardó curioso antes de comprobar que Harry le tendía un manojo


de dos llaves. Las miró unos instantes antes de alzar de nuevo la vista.
Asintió y Harry le sonrió, algo azorado.

Louis también volvió a suspirar.


—¿Te das cuenta de que es la segunda vez que me das... llaves?19

Harry jugueteó nervioso con sus propios dedos.

—Es verdad. —Se encogió de hombros, con un ligero rubor esparciéndose


por sus mejillas—. Creo que estaría bien que me pasara a lo tradicional,
¿no? Flores, quizás bombones...10

Louis rió de inmediato, negando.

—Tú eres de llaves y motos. Diferente. —Tuvo que agachar la cabeza


cuando esa vez sintió él el calor en el rostro.

Y Harry dio un paso, acercándose.

—¿Cumplen al menos su objetivo?

Lo sintió definitivamente cerca, así que Louis lo miró de nuevo.

—¿Qué objetivo?

—No sé, el de hacer que pienses en la persona. En hacer ilusión...68

El menor se quedó por un momento sin aliento.

—Sí que lo cumplen, Harry.1

Notó los latidos fuertes contra el pecho al sentir una caricia en un brazo.
Harry lo observaba atento mientras lo veía toquetear las llaves.

—Odio el tema de deshacer la maleta y todo eso —dijo el ojiverde—. ¿Te


parece si nos lo quitamos ya de encima? Luego podemos comer algo aquí
y salir a dar una vuelta.

—Me parece —concordó Louis, en mitad de una sonrisa.


El pequeño piso no tardó en convertirse en un caos de maletas y objetos
regados por cualquier lado. Harry se había traído libros que descansaban
en pila sobre el sofá. En la barra de la cocina había toallas y más enceres
mientras el dormitorio lucía patas arriba. Mientras doblaba sus sudaderas,
Louis recabó en algo que ya sabía; en aquello que volvía más real el estar
allí. Él y Harry quedaron por muchos días, mas sin sacar algo en claro.
¿Cuánto se suponía que iban a estar allí? No lo sabía; era algo que nunca
hablaron. El alfa, en mitad de alguna conversación sobre el trabajo, le
había dicho que el proyecto se podía alargar a dos años. Él en cambio
había ido allí para probar; para suplir aquella inherente necesidad que
nació sin más.7

La de no saberse separados.1

Louis no se imaginaba sin Harry y Harry, en sí, sólo quería estar con Louis.
Estaba enamorado de él. ¿Cómo no iba a desear tenerlo cerca después de
todo lo que pasó? Después de saberlo en peligro. Después de dar por
hecho que lo perdería.66

Y ahora lo tenía allí.1

Ordenaba con lentitud su parte del vestidor porque se quedaba más tiempo
de la cuenta observando cómo el omega decidía qué estantes usar o
probaba a poner unas camisetas en perchas mientras arrugaba mucho el
ceño. Estaba seguro de que tenía que pasar varios días para hacerse a
aquello, pues partía de la base de que todavía se pellizcaba cuando era
Louis el que se acercaba a él, buscando un simple contacto o un beso.14

Les llevó más de una hora organizar todo y planear qué necesitarían
comprar. Acordaron ir al día siguiente al supermercado e ir apuntando en
una lista lo que poco a poco se les fuera ocurriendo. Pudieron guardar las
maletas vacías bajo la cama y resoplaron exhaustos cuando el pequeño
piso ya no parecía un frente de batalla.2

—Lou —llamó el mayor—. ¿Qué lado de la cama prefieres?23

El aludido dio sin remedio un respingo.2

—¿Lado de la cama? M-me da igual... Uhm, el izquierdo mismo.6

Harry sonrió.

En la casa de la playa también habían dormido así.8

—Está bien.

—P-pero si quieres usa tú ese. Quiero decir, dije el izquierdo por decir uno,
pero si lo quie-

Calló cuando el alfa volvió a estar cerca de él, rozándole un brazo.

—Me gusta el lado derecho. —Sonrió conciliador. El otro inspiraba—.


¿Estás bien o esto es demasiado para ti?5

Quizás demasiada organización. Demasiadas preguntas de ámbito


doméstico...5

—No, está bien —aseguró el menor—. Es... raro, pero está bien.1

Harry asintió.

—Quiero que estés bien. —La acaricia en el brazo de Louis ascendió hasta
el hombro y luego a un lado de su barbilla—. Estás nervioso.1

Fue una afirmación y el otro se vio en la obligación de suspirar.

—Me pones nervioso.83

Harry lució entonces tensó.


—Yo... ¿Hice algo mal? No quiero...61

En cambio el otro ya se encontraba agitando la cabeza, aproximándose


apenas para mirarlo mejor a los ojos.

—No, Harry. Creo que tú no puedes hacer algo mal.31

Al alfa se le marcaron rápido los hoyuelos al oírlo. Louis no tardó en alzar


una mano para tocarle las puntas de la melena. Contuvo el aliento cuando
entonces sintió un toque en su baja espalda.22

Sólo se habían besado después de pasar el celo de Harry. Aquella noche


que le aseguró que se iría con él, al alfa le volvió la fiebre al cabo de un par
de horas y Louis, como pudo, lo volvió a cuidar, permitiendo que lo
abrazara cuando comenzó a balbucear al llegar los primeros sudores.

Hablar de los lados de la cama era dar significado a que volverían a


compartir más de tres noches.1

El omega se remojó los labios y tragó saliva cuando observó cómo Harry
se acercaba a él, aspirando su cuello. Se le escapó un gimoteo bajo por
ello; uno casi inevitable ante el mismísimo aroma del alfa. Protector y
fuerte. Tibio y a la vez calmado.

—Me gusta que estés aquí, Lou.10

Fue un susurro breve que sintió muy cerca de su boca. Cada vez que
acortaba de esa manera su nombre sentía que se le cerraba el estómago.
Se quedaba sin aliento.1

—Y a mí me gusta estar aquí.5

Asintió apenas cuando la nariz de Harry rozó la suya. Abrió la boca para
recibir el beso y se puso de puntillas para abrazarlo con cuidado por el
cuello. Las caricias en su baja espalda tornaron a más cálidas. Un beso
suave donde Louis luchó con el nudo en su garganta al sentir la vibración
en el pecho ajeno. El alfa era el que gruñía de sólo tenerlo así. Podían
concebir todo como una locura; estar en Londres a veces lo parecía, pero
bastaba saberse en sus brazos para normalizar cualquier situación.49

Quería estar con él.13

Comieron unos sándwiches antes de tomar los abrigos e ir a dar una


vuelta. Dieron un paseo hasta La Torre de Londres y desde allí volvieron a
ver El Puente. Louis se mostraba fascinado y Harry, con lo que sabía,
improvisó un divertido recorrido con algunas indicaciones. El mayor sólo lo
observaba, sonriendo ante el semblante que adoptaba cuando le
comentaba cómo reaccionaría al ver el resto de sitios significativos de la
ciudad.3

Llegaron de nuevo al piso bastante tarde y los nervios volvieron a flotar en


el ambiente cuando se adentraron en el dormitorio. Fue Louis el que tomó
una camiseta y pantalón de chándal viejo para entrar en el baño y
cambiarse. Sabía que sus acciones podían carecer de sentido, pero se
repitió una y otra vez delante del espejo que no sabía de qué otra forma
actuar. Suponía que la situación cambiaría poco a poco y... que
definitivamente Harry conseguiría hacérselo todo más fácil, pues cuando
salió ya estaba metido en la cama, con también ropa holgada y cómoda,
manteniendo un libro frente a él. Con un nudo en el estómago se metió en
la cama, observándolo de reojo cuando el alfa también lo miró.2

—Ha sido un día ajetreado.

Se mordió el labio inferior tras decir aquello y Louis se tuvo que remover
bajo el edredón blanco.2
—Sí, lo ha sido. Debes estar agotado de conducir.9

—Es un trayecto al que ya estoy hecho.

El alfa sonreía y el omega largó un suspiro cuando lo sintió dejar el libro en


la mesilla, apagar la luz y acurrucarse también contra el colchón. A pesar
de estar oscuro, podían verse.

—Mañana saldré sobre las siete y media. Espero no despertarte.

—No te preocupes por eso, estoy acostumbrado a madrugar.1

—Intentaré venir temprano, podemos salir a comprar o a pasear...

—Sí, suena bien.

—Bien.

Louis se volvió a remover cuando sintió una caricia tímida del alfa. No tardó
en acoplarse a un costado y cerrar los ojos al sentir cómo dejaba un beso
en sus cabellos. Los aspiró, sabiendo que no tenían por qué decirse nada
más. Acurrucarse junto a él era sencillo; tanto que no fue consciente de en
qué momento se quedó dormido.

71

...

Apuntó mentalmente que debía comprar gel de baño, espuma de afeitar y


unas esponjas. El reloj marcaba las siete y cuarto de la mañana cuando
salió de la ducha. Se colocó su ropa interior y con una toalla a modo de
turbante en la cabeza volvió a la habitación, intentando hacer el menor
ruido posible. En el vestidor se puso uno de sus trajes negros con camisa
blanca y tomó unos zapatos para calzárselos justo antes de salir. Fue a
ingresar de nuevo al dormitorio cuando dio un bote al ver a Louis,
observándolo divertido.51

—¿Te desperté?

El omega negó de inmediato.

—Buenos días.

A Harry le bastó dos segundos reparar en lo que tanto se fijaba el otro.


Tenía una maldita toalla morada en la cabeza... Se jaló el pelo cuando se
la intentó quitar con rapidez, sabiendo que sus mejillas se estaban
comenzando a sonrojar. Sus rizos cayeron aún húmedos por su rostro,
totalmente despeinados.19

—B-buenos días.

Louis se sobó un ojo, sonriendo cuando Harry le dio un momento la


espalda para buscar algo en una de las cómodas. Peinó su cabello con un
peine negro y se echó un spray antes de usar sus dedos para estirarlo y
formar su habitual moño en la coronilla.6

—¿Ya te vas?47

Harry asintió antes de acercarse a la cama.

—Sí, entro a las ocho y hoy es día de organizar muchas cosas. ¿Estarás
bien?

—Suena a que me estás abandonando a mi suerte en mitad del desierto,


Harry. Claro que estaré bien.5

El otro rió.
—Bien. Ya sabes que hay comida en la nevera y bueno, apunta todo lo que
necesites, ¿de acuerdo? Puedes llamarme cuando quieras y si sales
pues... Sólo recuerda cómo volver.2

—Creo que para eso te esperaré, tengo miedo de perderme.36

Sus miradas llevaban un rato fijas en el otro. Louis lucía algo despeinado y
con los ojos todavía hinchados.

—Nos vemos en unas horas entonces —anunció Harry, con toda su


atención depositada en él.3

—S-sí. Ten un buen día.

Harry asintió antes de hundir los nudillos en el colchón para poder


aproximarse a él y darle un beso cálido de despedida. Louis lo observó con
sus ojos añiles cuando se separó, intentando contener un resoplido
mientras llevaba su atención a las sábanas blancas. Olía fresco y a Harry.
La luz de la nueva mañana se colaba por la ventana y él... debía admitir
que fue una primera noche en la que durmió de maravilla.49

No intentó volver a conciliar el sueño, así que se adentró en el cuarto de


baño con los azulejos todavía húmedos por el vapor del agua caliente de la
ducha. Curioso se dirigió luego a la cómoda donde Harry se había
preparado, comprobando que aquel spray que había usado se trataba de
agua de mar. Y olía a Harry. Se tomó incluso el atrevimiento de atomizarse
un poco en una muñeca antes de salir al salón. Todavía lucía vacío y el
mueble de la televisión sólo estado adornado con unos cuantos libros. Eran
de economía, contabilidad y uno en especial más arrugado titulado con
"Cómo ser un buen líder". No le sorprendía de Harry. De hecho, era
demasiado Harry. Lo tomó para ojearlo antes de adentrarse en la cocina.
Sería una mañana larga, buscaría cómo entretenerse o quizás ordenar. Se
fijó también en el grifo del fregadero antes de enarcar una ceja. Decidió de
repente que una de las cosas que necesitarían comprar era un par de
herramientas.57

...

Niall entró como un huracán en su despacho, con una caja de Dunkin


Donuts en las manos y dos cafés encima, portados magistralmente sin
perder el equilibrio. El alfa dejó todo sobre el escritorio antes de abrir los
brazos de par en par.143

—¡Hermano!3

Harry rió mientras se levantaba de su silla y se dirigía a corresponder el


abrazo.

—¿Qué tal?

Fingió una tos cuando el irlandés le dio golpes en la espalda y casi lo


levantó del suelo.

—¡Ahora mejor! Maldito traidor, me tenías aquí solo y muerto de hambre.


¡A desayunar!6

Rieron tomando asiento y Harry agradeció el trago al primer café de la


mañana.

Fue cuestión de segundos el notar unos ojos claros y expectantes clavados


sobre él.

—Gracias por la compra, Niall. Y por el papel de baño... La verdad que


cuando quieres te portas.4
El otro únicamente alzó una ceja tras dar un primer mordisco a un donuts
glaseados. Tras dos mascadas tragó.

—Ya, ya... ¿Eso es lo que tienes que decir? Desembucha.51

—¿Qué quieres que te diga?

Niall podía haber llegado a lucir hasta indignado.1

—¡¿Cómo que qué?! Pareces un alfa emparejado. Bueno, eres un alfa


emparejado. Has venido con Louis, lo has dejado en tu pisito nuevo antes
de salir, ¡¿y me preguntas qué quiero que me digas?! Pues todo,
evidentemente. Cuéntame absolutamente todo.90

Su amigo rió antes de darle otro sorbo al café. Claro que venía preparado
para tal interrogatorio, pues incluso le había rogado que por favor no se lo
hiciera por teléfono.

—Pues... bien, ¿qué quieres que te diga? Estoy feliz. Pensé que le costaría
o que sería más extraño, pero veo a Louis bien y... eso me tiene tranquilo.
Feliz.17

Se había encogido de hombros tras hablar con cierto deje soñador. Niall,
por su parte, había hecho una mueca antes de espetar:

—Bucólico.101

Harry enarcó entonces una ceja, viendo cómo su amigo atacaba un


segundo dulce.

—Oh, vamos, ¿para eso querías saber?

—Es que esperaba más drama —declaró haciendo un mohín—, pero todo
estás saliendo a pedir de boca, ¿no? Me alegro por eso, hermano. Me lo
hubieras dicho antes y no sé, podría haberles llenado la cama de pétalos
de rosa —el ojiverde colocó los ojos en blanco, pero no tuvo tiempo de
replicar—. ¿Cuándo me lo vas a presentar oficialmente? Dudo que se
acuerde de mí. ¿Lo hace? ¿Lo vas a traer un día a que conozca la
empresa?8

—Sí, tenía pensado invitarlo un día, cuando el trabajo se normalice un


poco. Supongo que ahí lo verás.

—¡¿Tan tarde?! —casi chilló Niall.

—No quiero agobiarlo, ya son demasiados cambios para él.

—Uhm, bueno... Así que has vuelto a Londres para ni siquiera verme más
a menudo y no me lo presentas. ¡Me parece fatal!3

—Tus celitos me van a comenzar a preocupar...21

—No son celos, pero ya vives una vida marital y pues a uno le da
nostalgia.93

—No vivo una vida marital.15

—Vivís juntos.4

—Por la situación, pero todo va más lento que eso. Estamos probando...2

A veces a Harry era eso mismo lo que le daba vértigo. Temía que la propia
situación complicara las cosas; que forzara su relación. No llevaba ni una
hora fuera de casa y ya sentía deseos de llamarlo para ver si estaba bien.33

Fue el ojiverde el que decidió cambiar de tema y abordar otros más


profesionales mientras Niall devoraba el tercer donuts. A su pesar, tuvo
tres reuniones esa mañana cuando Liam Payne apareció con su nueva
secretaria. Le llevó un rato centrar toda su atención en el trabajo. Había
llegado la hora de oír hablar de carburantes y nuevas juntas con
proveedores y personal.

Cuando por fin dieron las dos de la tarde, se encontraba sacando las llaves
para abrir la puerta del piso. Había conseguido salir antes y hacía
demasiado tiempo que no tenía tantas ganas de llegar a casa.8

Louis estaba sentado en el sofá cuando alzó la vista al sentirlo.1

—Hey...13

—Hola.

El alfa descubrió muy rápido que se podía acostumbrar a aquello. Louis,


allí, con un libro en sus manos y recostado en el sofá.31

—¿Cómo estás? —Louis se removió cuando Harry lo saludó con un beso.

—B-bien. Vi la televisión y he estado leyendo. —Harry asintió. Parecía que


una deslumbrante sonrisa no tenía intención algunas de abandonar su
rostro—. T-también arreglé el grifo que goteaba.3

—¿El grifo? —cuestionó confuso. Le llevó unos instantes recordar que era
el de la cocina el que tenía el problema—. ¿En serio?1

—Sí. —Se estaba volviendo habitual eso de sentirse sonrojado—. Hay que
ponerle una goma nueva, pero conseguí apretarlo. Quizás hay que
comprar algunas herramientas básicas. Llave inglesa, alicates...3

Harry lo observaba casi fascinado.70

—Claro.

Lo invitó a comer una vez se hubo quitado la chaqueta del traje. Acordaron
que más tarde harían unas compras y quizás visitar algo, pero los planes
se vieron significativamente truncados cuando el móvil de Harry se atestó
de llamadas que debía atender sí o sí. Su secretaria se trataba de poner al
día mientras Liam cerraba reuniones de última hora para el día siguiente.
Al final llegaron antes a casa cuando les cogió la noche y Louis se encargó
de guardar las pocas compras mientras Harry necesitó su portátil para
mandar algunos e-mails.

Cuando se quisieron dar cuenta, ya se volvían a preparar para meterse de


nuevo en la cama.

—Siento el día de hoy. Ha sido de locos...

Esa vez era Louis el que ya se estaba acomodando contra la almohada


cuando Harry apartó el edredón.

—Es normal. Eres el jefe, ¿no?

—Ya, pero quería estar más tiempo contigo; sorprenderte con mis nefastas
dotes de guía turístico.14

Louis se mordió el labio inferior, sonriendo sofocado.

—Habrá más días. Si te quitas trabajo ahora tendrás otros momentos


libres, ¿no?

El alfa se deslizó entre las sábanas, enfocando al omega mientras estiraba


las piernas.

—Tienes razón.

Louis tuvo que respirar hondo cuando sintió los dedos de Harry en su
frente, apartándole el pelo. Conocía aquella mirada, así que se aproximó
con timidez, inspirando tranquilo cuando percibió el calor. Una caricia en su
brazo antes de notar la nariz de Harry contra la de él. No tardó en notar su
lengua contra la suya cuando llegó a acariciarle las caderas. El hormigueo
se asentó en la boca de su estómago mientras sus labios se deslizaban
tranquilos contra los del alfa.65

—H-Harry...7

El nombrado soltó un gruñido bajo cuando el omega gimoteó su nombre.


Lo notaba temblar bajo su cuerpo, casi de la misma manera en la que
percibía su turbación. Su garganta picaba junto a todo a aquello que
portaba el nombre de Louis. Sabía que estaba nervioso; siempre que lo
tocaba sentía que sus músculos se tensaban casi a la par que se
relajaban. Besó sus labios superficialmente antes de hacer los mismo en
su nariz y luego la frente. No tardó entonces en sentir la mejilla del omega
contra su pecho.7

—Buenas noches, Lou.66

—Buenas noches...

37

...

Era de noche y llovía. No se veía nada. Su ropa estaba empapada y sentía


que se asfixiaba.8

El agua salada raspaba en su garganta.

No podía mantener el equilibrio. Sus rodillas chocaban contra la madera


del suelo cada vez que se intentaba poner de pie. Quería agarrarse a algo,
pero las cuerdas estaban muy lejos. Venía otra ola.44

"¡Louis!"7
Se giró a buscarlo, pero no lo encontraba. Había reconocido la voz, pero no
había nadie.1

"¡Louis, me tengo que ir!"29

El buque era inmenso. No tenía fin y las olas seguían arremetiendo con
fuerza. No podía permanecer de pie; las manos le dolían y estaba helado.

"¡¿Papá?!"80

Quería encontrarlo, lo estaba oyendo. Maldita sea, ¡era su voz!

"¡Papá, dónde estás!"

"¡Ayúdalo!"9

"¡¿Papá?!"

Pero otra ola golpeó con fuerza. Vio el timón solo, girando sin rumbo
mientras el barco caía en el brutal bamboleo del mar. La tormenta los
engullía y él no podía levantarse.2

"¡Ayúdalo!"3

Era su padre. Su padre le gritaba que ayudara a alguien, pero no entendía


a quién.13

Sin embargo, cuando giró lo vio.3

Sintió que volvía a caer contra el suelo, no por la agresividad de las olas,
sino porque sus piernas perdieron toda fuerza. Se supo como una
marioneta de cuerdas rotas.

"¡Harry! ¡Harry, no!"53

Él estaba allí, agarrado a una de las cuerdas, a punto de caer al mar.


"¡Agárrate!"10

Parecía que no tenía voluntad.

"¡Ya voy! ¡Agárrate por favor!"

Parecía que no lo oía. Sus rizos ondeaban al viento mientras se alzaba


ante el imponente mar. Louis quería llegar hasta él, pero no encontraba las
fuerzas. Chocaba contra el suelo cada vez que se intentaba levantar.3

Y Harry acababa de resbalar. Sólo se agarraba con una mano...5

"¡No, Harry! ¡No me dejes! ¡Aguanta!"37

Quería que lo mirara, pero no lo hacía. Era como si él tampoco tuviese


fuerzas.

Iba a caer al mar. Lo iba a perder...3

—¡Louis! ¡Louis, despierta!37

La voz de Harry sonó más alta cuando sus rodillas volvieron a estrellarse
con la madera de la cubierta. No tenía sentido. Él no lo quería mirar...3

Sintió que lo sacudían mientras una nueva ola arremetía.

No vio más a Harry.2

"¡No!"1

—¡Louis, por favor!1

Pero era su voz la que continuaba oyendo. ¿Qué estaba pasando? No lo


entendía. Lo seguían sacudiendo...

Quería gritar.1

—¡Harry, no! ¡Harry!1


—Louis, tranquilo. ¡Despierta, por favor!16

Cayó a la realidad de forma brusca, casi dolorosa. Sus ojos de repente se


encontraron con unos verdes y angustiosos.3

Con aquellos que quiso salvar.

—¡Harry! —volvió a exclamar su nombre, incrédulo al saberlo tan cerca.1

—Estoy aquí, cariño. Ya está, fue un sueño. Ya está, estoy aquí...114

Sintió la calidez tras un movimiento. El ojiverde lo estaba estrechando


contra él, firme, aspirando su olor mientras lo mecía con mimo. Le llevó un
par de instantes más reconocer la habitación, la cama y el lío de sábanas.2

Todo había sido un sueño. Más bien una pesadilla, pero aun así sus ojos
estaban anegados en lágrimas. Había sido demasiado real; él vio cómo
resbaló y desapareció, probablemente al ser engullido por el mar. Lo vio
antes de eso rendido...

—No te vayas —balbuceó mientras un sollozo escapaba de su garganta—.


Tú también no.132

Harry sólo lo envolvió con más fuerza. Un gruñido de alerta se encerraba


en su pecho mientras trataba de tranquilizarlo. Louis se había aferrado a su
camiseta cuando decidió enterrar el rostro en su cuello.2

—No me voy a ningún lado. Sin ti no...95

El alfa hundió la nariz en el cabello ajeno antes de aspirar. Quería cubrirlo


con su cuerpo y garantizarle que nada iba a pasar. Daría su vida por ello.2

—H-había agua; era un barco y tú ibas a caer y yo n-no podía hacer nada.
Yo quería per-4
—Shh, no —lo interrumpió, dejando besos en su coronilla—. No voy a caer.
Estoy aquí contigo, Louis. Estamos bien.15

Tembló contra él, todavía incrédulo. Harry era real; ese era el Harry real y
no aquel que parecía acabado.

—Te necesito.65

La declaración del omega fue pronunciada en un gimoteo tan bajo...

—Y yo a ti.30

Mas la de Harry en un tono firme. Le sobó la espalda hasta que Louis tuvo
la valentía de separarse un momento para alzar el rostro empapado en
lágrimas. El mayor no tardó en barrerlas con sus pulgares.

—Es algo... desde muy adentro. —El omega había vuelto a susurrar,
tocándose el pecho.

Harry se permitió asentir con calma mientras le acariciaba las mejillas.


También esbozó una sonrisa suave.4

—Ya. Mi Alfa también te necesita.44

—Es... él.38

Harry respiró tranquilo.

—No es ningún "él", Lou. Es tu Omega; es parte de ti.49

El aludido sólo sintió una corriente en su espina dorsal e intentó tragar


saliva.

—A veces... Hace lo que quiere. A veces no lo entiendo. No lo quiero.19

—No lo apartes de ti. Así es más sencillo entenderlo.


El de ojos añiles tuvo que agachar la cabeza. Hablar así de su propia
veda... No sabía cómo hacerlo.31

Se estremeció cuando sintió un toque en su barbilla. Harry quería que


volviera a levantar la cabeza.

—Los dos —habló el alfa—. Si tú me dejas, los dos vamos a entender y


querer a tu Omega.115

Harry le acarició la cara al sentir la mirada azul clavada sobre él. Le borró
el resto de las últimas lágrimas, dándole un beso corto en la frente.

Pero Louis no se movía. Él sólo lo observaba.

—Estás bi-38

No pudo pronunciar nada más cuando sintió de repente los labios del
omega contra los suyos. Suaves, como un roce aterciopelado. Sin remedio,
un gruñido se comenzó a calentar en el centro de su pecho. Fueron sus
manos las que decidieron viajar hasta las caderas del otro para ayudar a
que se pegara más a él, ayudado por los labios que se entreabrían con
timidez; albergando el calor y anhelo de la unión. Sus lenguas
encontrándose con recelo, reconociéndose para al instante chocar. Una y
otra vez. Y otra. Y otra vez... Caricias que se colaban en el momento y sus
pechos pegados con la certeza de que era una sandez que no pudieran
estar más juntos.24

Los brazos de Louis enroscándose en el cuello de Harry, quien lo


estrechaba entre los suyos, notando incluso los latidos sincronizados con
los de él. Había sacado algo en claro cada vez que era lo omega el que lo
buscaba de esa forma. No llevaba toda su vida besándolo, pero sabía que
ya no podría seguir si no pasaba el resto de ella haciéndolo.10
—No te vayas —había pronunciado de nuevo Louis, con aliento caliente
sobre su boca.6

El alfa lo estrechó aún más cuando se dejó caer hacia atrás, descansando
sobre las almohadas; llevándoselo consigo.5

Harry entonces tuvo el atrevimiento de perder el contacto con sus labios


sólo un momento. Lo miró.1

—¿Cómo me voy a ir? Llevo años esperándote y comparando todo a lo


que sentía contigo, aun cuando nunca te llegué a tener. ¿Cómo me voy a
ir, Louis? Cómo me voy si lo que a mí me angustia es no tenerte.216

El omega dejó escapar un gimoteo cuando el otro perdió el rostro en su


cuello y aspiró, llenándose de él. Acariciando sus mejillas, paseando las
manos por su cuerpo menudo; rozando la piel que se escondía debajo de
la camiseta.5

No había nada como el olor de Louis y, para Louis, no había nada como el
cuerpo de Harry sobre el suyo. Nada como sus manos que al principio
parecían torpes, pero luego decididas. Su esencia; la seguridad que le
brindaba.8

Llevaba días luchando con aquel fuego que se concentraba bajo su piel
cuando Harry lo tocaba; cuando lo protegía. Ya no podía más.1

Mordió su labio inferior cuando Harry arrastró su camiseta y palpó con sus
nudillos la epidermis ardiente. Sus ojos se clavaron un momento en él, y no
pudo más que boquear. Harry le estaba pidiendo permiso para seguir y él
sólo podía asentir, encerrando cantidad de suspiros en su garganta cuando
el alfa se encaramó mejor sobre él para descender, levantando la prenda
poco a poco para dejar besos cálidos en la piel expuesta. Besos donde
primero rozaba bien sus labios.8
Louis notaba el corazón casi en la garganta. Sentía que las manos le
temblaban y todo el cuerpo le cosquilleaba. Sentía ardor en sus sienes y
que no podía dejar las piernas quietas. Harry había ascendido hasta sus
pezones para humedecerlos con la lengua y torturarlos con sus labios.
Tuvo que separar la espalda del colchón, ahogar otro gimoteo y tomar un
puño de las sábanas para hacer su cuello hacía atrás, donde luego Harry
depositó un beso y también pasó la lengua mientras volvía a inspirar. Justo
cuando luchaba por quitarle la camiseta. El mayor también se quitó la suya
cuando Louis tiró del borde de la prenda.12

Sus labios chocando de nuevo con algo más que frenesí. Sus torsos piel
con piel y la necesidad cargando cada vez más el ambiente.1

Era algo distinto. Era otro tipo de carencia la que necesitaban paliar. Sólo
quería a Harry tocándolo, besándolo, gruñendo por lo bajo cuando él emitía
aquellos lloriqueos cargados de placer.4

Porque era eso; sólo por placer. Sólo por excitación.1

Sólo porque era Harry y lo quería más cerca. Lo quería traspasando su


piel. Sólo a él, sin ningún celo de por medio.79

Volvió a gemir cuando sus labios no se encontraron con los otros. Se


removió cuando el alfa le levantó las caderas y arrastró el resto de su ropa.
Cuando él mismo fue el que se encargó de que esta no se quedara
enrollada en sus tobillos.

Su cuerpo desnudo ardía, pero sabía que sería sólo un momento, pues el
tacto de Harry siempre refrescaba y él, precisamente, era incapaz de dejar
de tocarlo. La palma enorme del alfa acarició sus piernas y le sobó los
muslos, sintiendo el ardor en su propio sistema; sintiendo que el corazón le
podría llegar a explotar en cualquier momento. Porque estaba deseoso y a
la vez nervioso. Porque sentía que aquel cuerpo era un cristal que se debía
palpar con cuidado. Uno que debía admirar másde lo que ya lo hacía.6

–Mírate —murmuró el alfa con la voz ronca, recibiendo otro gemido en


respuesta que calentó aún más la vibración en su pecho.35

Sus labios recorrían cada rincón, besaban cada lunar. Su lengua era la que
probaba toda la decorosa piel.17

Harry también tuvo que apretar las sábanas cuando fue Louis el que
levantó sus rodillas y separó las piernas. Se revolvía contra el colchón y
Harry sólo pudo deshacerse de su incómodo pantalón y rasgar su propio
bóxer cuando también tiró sin cuidado de él.8

Se podría volver loco.2

Lo iba a hacer.9

Louis jadeó cuando sintió la calidez; cuando notó su miembro acogido por
aquellos labios; remojado con aquella lengua. Sintió la necesidad de
enterrar los dedos en los cabellos de Harry, quien le tenía rodeado los
muslos con sus brazos. Su cabeza subía y bajaba en un perfecto vaivén
que no lo dejaba estarse quieto. Lo hacía revolverse al notar el fuego
dentro de él. Sentía la humedad entre sus piernas, que estaba empapando
las sábanas y que Harry lo hacía chillar. No había sentido nada igual.41

Jamás.3

—Mmm, Harry...60

Se dio cuenta de que apenas guardaba saliva en la boca y que el aire


raspaba con cada inspiración. La lengua del alfa era insistente en su carne
sensible. Casi tanto como sus labios. Casi tan fuerte como el respingo que
dio al sentir un toque en sus nalgas y la pronta injerencia en su interior. Los
dedos de Harry; dos dedos largos de su mano derecha que se
humedecieron al momento, con la primera corriente de electricidad cuando
empujó.23

Su cuerpo estaba empapado y su torso no se podía estar quieto mientras


sus piernas también querían retorcerse. No había nada como aquello, no
había sentido algo así nunca...

—No voy a poder más. Harry... Harry...7

Al alfa le volvía loco que pronunciara así su nombre.1

Gruñó en respuesta, succionando más.

Introduciendo más.

Más fuerte. Más intenso.1

Precisamente lo que quería era que no pudiera.9

Louis se había destrozado el labio interior y supo que estaba cerca cuando
su cuerpo ya daba espasmos involuntarios. Todo le hormigueaba y tenía
frío y calor al mismo tiempo. Sentía oleadas que lo barrían entero,
dejándolo con suspiros a medio soltar.

Una presión en su nuca que paralizaba y hasta dolía. Una presión que se
alivió de repente, con el cosquilleo que sintió como una explosión en la que
se abandonó. Fue el orgasmo el que recorrió todo su cuerpo y le hizo
gimotear el nombre del alfa una y otra vez. Y otra. Y otra vez.8

Nada igual. Jamás.

Así no.1

Harry podía rugir de satisfacción y saborear sus propios labios. Quería


lamerse los dedos, pero sólo dio un lengüetazo entre sus piernas con el
que recogió más sabor justo cuando Louis tuvo el último espasmo. Justo
cuando lo miró y vio su carita sonrojada y extasiada. Justo cuando volvió a
cubrirlo con su cuerpo y se alineó en su entrada. El omega dio un respingo
al sentirlo en su cuello, al notar su propio aroma embriagándolo. Al percibir
los temblores en el cuerpo enorme de Harry cuando notó de nuevo el roce
entre sus nalgas. Y gimió, notando su necesidad; abrazándolo cuando
volvió a tiritar contra él.15

Abrió más las piernas y Harry se las alzó.1

—Sí. Sí...11

Y los dos gimieron. Otra vez.37

No se había recuperado del primer orgasmo cuando el alfa dio la primera


estocada, encajando a la perfección. Como siempre.6

El propio Louis enganchó las piernas a sus caderas y rasguñó la espalda


de músculos tensos. Notaba cerca su propio olor y el de él. Vio su rostro
contraído y ojos cerrados mientras una gota de sudor se deslizaba por su
frente. Los labios le brillaban.5

Era única. Esa imagen... Sólo de él.18

El placentero tirón en sus caderas y la punzada en el coxis con cada


movimiento. El acariciarle el rostro a Harry, el cual se llegaba a relajar y
destensar casi a la vez. No podía dejar de mirarlo. Su expresión, sus
inhalaciones para llenarse de él y cada movimiento con su cuerpo entero.9

El alfa levantó el cuello, estaba cerca, y Louis también se estaba quedando


sin respiración. Todo su ser, inconscientemente, ya se estaba preparando.

—Mírame —demandó el omega, casi sin aliento cuando los espasmos


arribaron con más fuerza.93
Harry lo hizo. Sus ojos verdes...

Tragó las últimas gotas de saliva antes de entreabrir los labios para recibir
la boca del otro. Sus lenguas lidiando una batalla donde el premio era más
placer. Donde se ahogaban los jadeos del nuevo orgasmo.2

Harry se apoyó con un codo en la cama, perdiendo las fuerzas ante el


torrente que lo barría. Louis le acarició el rostro, dejando morir el último
gemido de su garganta contra sus labios. El nudo extendiéndose y ellos
acoplándose para poder consentir la unión. Sus cuerpos dejando de
temblar y los labios depositando besos cortos. Sus respiraciones
normalizándose y el sentirse allí; en el lugar adecuado. En el momento
idóneo.50

Louis se dejó abrazar por Harry, perdiéndose en el silencio que por primera
vez reinó; con la madrugada como única testigo junto a los latidos que se
volvían a sincronizar.12

Fue el omega el primero en caer rendido, sin despegarse de su piel. Fue


Harry el que se separó a pesar de que su propio cuerpo pareciera
demasiado a gusto. Tiró de las sábanas para cubrirlos a ambos, aunque
Louis durmiera arropado por su pecho, pues no lo soltó.19

No lo podía soltar.1

Jamás.26

No había barcos; no iba acaerse por la borda. Al menos no iba a hacerlo


sin él.
—Harry...33

Había intentado llamarlo dos veces mientras se removía con cuidado entre
sus brazos. Se habían dormido hacía apenas dos horas. Louis no sabía
exactamente qué hora era, pero suponía que de madrugada ya que ni un
rayo de luz se colaba por la ventana.1

Suspiró cuando el alfa soltó un bufido, aferrándolo más a él.

—Harry, necesito ir al baño. —Lo movió por cuarta o quinta vez y el aludido
al fin abrió los ojos, desorientado—. Baño...1

Tuvo que pestañear un par de veces más para entender lo que había dicho
el omega. Su cuerpo se tensó.

—¿Estás bien? Te acompaño.144

Las mejillas de Louis se enrojecieron al instante.2


—Estoy bien. Sólo necesito lavarme. —Se mordió el labio inferior, incapaz
de sostenerle la mirada. Harry había encendido la luz de su mesilla—. Es
sólo que m-me siento húmedo. No me es cómodo...6

Un gruñido no tardó en emerger del pecho de Harry. Se las arregló para


removerse entre las sábanas, pegando a Louis de nuevo a él.1

—Si me dices eso no te dejo salir de la cama.135

Estaban desnudos; sentía su cuerpo caliente. El omega quiso jadear


mientras era aquella vibración del pecho ajeno la que no lo dejaba pasar
saliva.5

Harry... se sentía muy alfa.58

—Hueles tan bien —volvió a hablar el mayor, acariciándole la cadera con


una mano mientras perdía la nariz en sus cabellos despeinados.29

Louis sólo podía sentir una punzada ardiente en la boca del estómago.
Cosquilleaba ligeramente.4

—Será sólo un momento. Me siento incómodo...7

Dejó que el alfa lo inspeccionara un poco más antes de notar cómo


aflojaba el agarre. Desfrunció el ceño y dejó que Louis se deslizara de la
cama completamente desnudo.

Harry intentó controlar el gimoteo al verlo.107

Louis respiró hondo al entrar al cuarto de baño. Se dio cuenta de que le


hormigueaban la yema de los dedos y plantas de los pies. Le llevó unos
segundos caminar hasta el lavamanos. Cada paso era en sí incómodo.
Jamás había estado tan empapado. Sus piernas resbalaban con cada
movimiento; sentía el flujo en sus zonas más íntimas.2
Agradeció la existencia del bidé y se lavó lo más rápido que pudo,
secándose luego a conciencia con una toalla que tiró al cesto de la ropa
sucia. Prefirió no mirarse al espejo antes de volver a salir.12

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Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
----------
créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

Harry estaba sentado en su lado de la cama, con las sábanas cayendo


sobre sus muslos. Louis sintió otro cosquilleo en la espina dorsal al verlo.
La luz de la mesilla le iluminaba ligeramente el perfil.

—Ven...41

El omega tragó saliva antes de volverse a subir a la cama. A pesar de su


desnudez, Harry lo miraba a los ojos.5

Sentía que sus mejillas jamás habían lucido tan rojas.

—H-hay que cambiar las sábanas.31

Un bofetón de olores lo había asestado cuando se apoyó en el pecho del


alfa. Olía a ellos. La tela estaba literalmente empapada de ellos.10

—Mañana —prometió el alfa—. ¿Te encuentras bien?

Louis tuvo que largar un suspiro cuando sintió caricias suaves en uno de
sus brazos.

—Sí.1

Harry gruñó satisfecho cuando volvió a acostarse y se llevó a Louis con él,
haciendo que descansara en el hueco de su cuello.8

—¿Pesadillas?18

—Ninguna.

—Bien.
El omega cerró los ojos y el otro dejó un beso en su frente. Apagaron la
luz.2

—¿Dormimos? —preguntó Harry, bajito.23

Louis asintió con la cabeza, rozando su nariz con la piel ajena. El dueño de
esta, al rato, buscó a tientas una de sus manos para entrelazarla con la
suya.89

Se quedaron profundamente dormidos.

17

...

La tercera vez que despertaron Louis estaba solo en la cama. Se


desperezó, comprobando que la claridad ya entraba por la ventana. Harry
salía en ese momento del vestidor con el pelo mojado.

—Buenos días —saludó con un sonrisa que le podía haber partido el rostro
en dos.39

—Hola...

A Louis lo interrumpió su propio bostezo mientras el alfa se sentaba un


momento en la cama. Aceptó el pequeño beso que depositó en sus
labios.42

—Pareces cansado —apuntó el menor mientras el otro se hacía con


destreza un moño—. Tienes ojeras...19
—Estoy genial —aseguró, con la sonrisa todavía atildando su expresión.
Alargó un brazo hasta acariciarle una mejilla—. Genial. No quiero irme,
pero tengo una reunión a primera hora. Hoy también intentaré salir antes.
Estaré aquí a la hora de comer y podemos salir por ahí. ¿Te gustaría ver
Londres hoy?7

—¿Me vas a enseñar la ciudad?

—Sí, lo que nos dé tiempo. Es muy grande.60

Louis se vio contagiado por aquel semblante risueño.1

—Vale.1

—Deberías dormir un rato más. La nevera está llena. Desayuna luego, ¿de
acuerdo? Me tengo que ir...11

Parecía que anunciaba su partida más para él mismo que para Louis.6

Realmente no quería irse.4

—Sí, ten buen día.

Harry se mordisqueó el labio inferior.1

—Y tú. Llámame para cualquier cosa. No llegaré tarde.2

—Lo sé...

—Mira si necesitas algo y esta tar-4

—Harry, todo está bien. Se te va a hacer tarde.

Louis sonrió tranquilo mientras el ojiverde resoplaba.

—Vale, me voy.4
Pero como era de esperarse, no se movió. Louis titubeó antes de
acercarse, planchando con nerviosismo las solapas de la chaqueta de su
traje con las manos. Luego lo besó en una comisura de los labios.61

—Estás guapísimo —murmuró Harry cuando se hubieron separado.122

El omega ya empezaba a sentir aquel calor familiar en el rostro.1

—M-me acabo de despertar. Eso es imposible.10

—No lo es. Te estoy viendo.90

Un suspiro se trabó entonces en la garganta del de ojos añiles.1

—Basta, Harry...6

El alfa sonrió, siendo todo hoyuelos al levantarse de la cama. Guiñó un ojo


antes de caminar a la cómoda y ponerse su reloj de pulsera.1

—T-tú... —Louis se aclaró la voz, totalmente sofocado cuando Harry volvió


a mirarlo—. Tú también estás muy guapo. —Lo dijo casi de corrido, antes
de clavar la vista en algún punto de la habitación—. T-ten cuidado.5

Harry hubiera vuelto a la cama para besarlo de nuevo, sí, sin duda lo
hubiese hecho, pero entonces sí que no iba a llegar. En realidad siquiera
saldría de nuevo de entre las sábanas y... tenía la maldita reunión.4

Debía centrarse y estar a todo aunque su voluntad -y su alfa- gruñeran por


lo bajo por aquel omega.1

—Lo tendré.

Louis asintió cuando escuchó sus pasos hasta la puerta. Luego, se dejó
caer hacia atrás en la cama.
Sonrió.

60

...

—¿De verdad que no quieres una foto en la cabina?46

—Claro que no, Harry. No lleguemos a ese nivel de turistas, por favor.
Además, ¡es una simple cabina!1

—Pero la única en la que se ve el Big Ben al fondo.

Al omega se le escapó una carcajada cuando el otro se encogió de


hombros con teléfono y cámara activada en mano. Harry se había
mostrado muy dispuesto cuando hizo fila detrás de unas asiáticas con
sombrilla de estampado "I Love London".

—Por favor, somos ingleses, ¡nos van a echar del país! —El alfa enarcó
una ceja—. ¿Tú tienes una foto en esa cabina?2

—Niall fue el que insistió...86

Louis negó con la cabeza, tirando del brazo de Harry mientras las dos
asiáticas, sonrientes, les decían adiós en su idioma.33

Aquella tarde, el alfa había conseguido volver temprano. Louis lo esperaba


preparado, vestido con una sudadera verde y uno de los únicos vaqueros
negros que tenía. Se dijo también que debía comprarse un par más. Harry,
por su parte, cambió su camisa por una camiseta también blanca y sus
zapatos por sus habituales botas marrones antes de salir a las calles.18
Louis probó por primera vez lo que era viajar en el metro de Londres,
sopesando una concisa opinión: agobio. Había abierto los ojos con
asombro cuando llegaron a la primera estación. Harry se movía con
agilidad, mirando algún panel de información mientras comprobaba su
reloj. Sacó una tarjeta de viajes para Louis y le recomendó que no se
separara de él cuando subieran y bajaran las gigantescas escaleras
mecánicas. El omega a veces no era consciente de a qué niveles
descendían para realizar los cambios de líneas. Todo parecía llevar un
orden; la gente sabía por dónde caminar para dejar espacio a los que iban
más apurados. En Londres, fuera la hora que fuera, siempre había alguien
corriendo.4

Le nacía repegarse con cierto disimulo a Harry cuando se llegaba a sentir


algo atosigado por la cantidad de personas; por la cantidad de olores de los
que en realidad nadie parecía percatarse. A él le molestó el de dos alfas y
unas omegas que encima iban perfumadas. Pero de nuevo, nadie lo
miraba a él. Se sentía nervioso y supo que se podría llegar a percibir
cuando Harry apretó con mimo su cintura.20

Pudo respirar tranquilo cuando volvieron a la "superficie" y se fijó en que el


alfa aguardaba atento su reacción, pues su primer contacto con uno de los
emblemas de la ciudad londinense fue literalmente encontrárselo de frente
al salir de la estación de Westminster. Tuvo que alzar el rostro para
observar el Big Ben por primera vez.

Vieron el London Eye desde el puente y dieron un paseo hasta Trafalgar


Square y luego otro un poco más largo hasta el mítico punto de encuentro
del Buckingham Palace. El tráfico, la gente y la cantidad de turistas... Sin
duda, todo estaba a un nivel que Louis jamás se imaginó.32
—Me gustaría que vieras Camden Town, pero quizás deberíamos ir en
coche.5

—¿Por qué? ¿Está muy lejos?

Harry hizo una mueca. Se encontraban paseando por el Green Park.5

—No tanto en realidad. Desde aquí se puede coger un bus que tarda una
media hora.

Louis se volteó a mirarlo con las manos hundidas en los bolsillos de su


sudadera.

—No es tanto.

—¿Te apetece ir? ¿No estás cansado?

El de ojos añiles alzó una ceja, divertido.

—¿Cansado? ¿Tanto te pesan los años?1

Harry rió, irguiéndose con vitalidad para andar dando pasos firmes. Hizo
otra mueca que definitivamente hizo reír también a Louis. Adentrarse en el
parque de diecinueve hectáreas era cuanto menos curioso. Aquel parecía
ser el punto de encuentro de excursiones con guías turísticos, paseos o
una buena zona para hacer ejercicio. El bullicio nunca paraba y Louis fue el
que prefirió sentarse un momento en un banco para observarlo todo
mejor.4

Harry bromeó antes de acompañarlo.

—¿Te gusta? —se aventuró a preguntar.

—Sí. Todo es... una locura. Es diferente en sí.

—Muy diferente.
Le sonrió cuando notó un toque sutil en su espalda. Le hacía placenteras
cosquillas con un pulgar y él no pudo decir nada al respecto.17

Más asiáticos sacando fotos, familias, personas paseando a sus perros y...
parejas. Harry notó que el omega se tensaba por un momento. Le bastó
llevar su mirada a donde observaba para entenderlo. O algo así. No lejos
de donde estaban, en otro banco, había dos hombres que reían mientras
se contaban algo. Uno tenía el vientre hinchado y el otro se lo acariciaba
con mimo.60

Harry no tardó en observar de reojo cómo Louis apartó la mirada,


frunciendo el ceño.72

—¿Vamos? —cuestionó el menor.

El otro de inmediato se levantó.

—Vamos.4

Caminaron en silencio hasta la parada donde un autobús rojo de dos pisos


anunciaba su parada en Camden Town. El omega volvía a observar el
trayecto con ojos sugestivos mientras Harry se dedicaba a observarlo a
él.15

El barrio más alternativo de Londres sí que era una zona para ver con otros
ojos...

—Hoy no nos dará tiempo a verlo entero; podríamos venir un domingo. ¿Te
apetece pasarnos por algunos puestos?

Louis no tardó en asentir. Se había quedado embelesado viendo las


fachadas de los edificios. Zapatos, figuras de dragones que salían por las
ventanas o un mismísimo elefante las adornaban. Parecía no tener fin en
los colores extravagantes, más cantidad de gente, vendedores... Había de
todo, desde recuerdos de la ciudad hasta ropa, música, comida...3

Louis se paró a observar una tienda de camisetas que tenía un cártel con
finos y profesionales diseños de tatuajes.17

—¿Hacen tatuajes aquí? ¿Es legal?

Harry soltó una risilla cuando el otro ladeó el rostro.

—Los harán en la segunda planta —señaló—. Claro que no los van a hacer
en la tienda.

Louis se mordisqueó la cara interna de una mejilla.

—Son bonitos. ¿Tú tienes tatuajes?10

—No. Tú tampoco.42

El omega se sintió enrojecer. Claro que sabía que no tenía. Se habían visto
desnudos...6

Suspiró, sonriendo mientras decidía reformular la cuestión.

—Bueno. ¿Te gustaría tener alguno?2

—No sé, la verdad no creo. No llaman mucho mi atención. ¿Y tú?21

—Tendría que pensar primero muy bien qué hacerme, pero, ¿por qué no?6

Harry asintió, estando de acuerdo antes de volver a andar por las calles.1

—¿Algún recuerdo de la ciudad? —Los abordó una chica sonriente,


morena y con dos piercings en una ceja—. Hola, guapo.

Se había dirigido a Harry, quien negó de inmediato con la cabeza.

—No, gracias, somos de aquí.


—Tengo muchas más cosas en mi tienda...35

Louis ya había enarcado una ceja, pero ella ni siquiera había recabado en
su presencia. Era omega. Harry volvió a negar, haciendo un educado
ademán antes de alejarse. El de ojos añiles únicamente atinó a aflojar su
expresión cuando sintió un toque del alfa en su baja espalda.65

Comieron algo en uno de los puestos justo antes de que comenzara a caer
la noche. Esa vez usaron el metro para volver al piso.1

Resoplaron cansados al entrar y dirigirse al dormitorio. Harry había optado


por quitarse las botas nada más entrar por la puerta y no tuvo reparos en
desnudarse delante del omega. Louis suspiró porque llegados a ese punto
sabía que era absurda esa manía de ir al baño a cambiarse. Simplemente
debía ir haciéndose poco a poco...38

El alfa se quitó el reloj, soltó su melena y tras peinarla con los dedos, dejó
su pecho al descubierto mientras buscaba un pantalón de pijama. Louis se
había deshecho de su sudadera.

El paseo por Camden fue cuanto menos revelador. Pasearon por tiendas
de lo más particulares mientras había sido incluso testigo de cómo le
coqueteaban a Harry. Recordaba también haberse quedado mirando un
escaparate que lucía ropa interior sugerente, tanto para chicas como para
chicos. De hecho, había sido un omega rubio y de ojos claros el que le
había invitado a entrar. Él evidentemente se negó, reencontrándose con
Harry, que miraba unas chaquetas vintage.5

Todo aquello... simplemente no existía en Plymouth. Las calles, la gente o


el ambiente en sí. Lo de "muy diferente" se podía llegar incluso a quedar
corto.1
Se descalzó mientras veía cómo Harry se sentaba en la cama. Tras peinar
su pelo hacía atrás con una mano, estaba organizando la ropa que metería
en la cesta para lavar. Entendía que lo miraran por la calle. Entendía que
se interesaran por él. Claro que lo hacía. Era guapo, imponente,
educado...8

—¿Harry?

El alfa alzó de inmediato el rostro, sonriéndole.

—Dime.26

Largó un suspiro antes de apartar los zapatos y acercarse a la cama. Dudó


al aguantarle la mirada y le llevó un rato volver a abrir la boca.

El otro aguardó paciente.

—Yo... —No sabía siquiera cómo iba a plantear aquello—. Yo tengo un


aroma diferente, ¿verdad? No soy como otros omegas.

Harry dejó a un lado la camisa y lo miró, aflojando los hombros. Palmeó la


cama.

—Ven. —El omega se sentó entonces a su lado, sabiéndose ruborizado—.


Tu aroma es mejor que cualquier otro.9

Se vio en la necesidad de removerse.

—Oh, vamos...6

—Es en serio. No es dulce, sino... no sé describirlo. No hay palabras para


compararlo. Es único. Te diferenciaría en cualquier parte. Es tan tú...44

Harry sonrió al sentir el picante en la garganta. Tierra mojada y el toque a


especias porque el otro estaba cerca.19
Ya le había dado tiempo a hacerse a todo eso.

—A algunos alfas les molesta. Me lo decían. No les gustaba.

—No sé qué sensaciones me da eso. Por una parte es estúpido. Sí, sin
duda lo es. Es...

Se mostraba realmente frustrado. Bufó por lo bajo y un gruñido se formó al


final de su garganta. Eran sentimientos contradictorios. Por un lado, algo
hervía en su interior de sólo imaginarse a Louis en una situación donde
otro alfa le recriminara algo así. Era su instinto el que reaccionaba a eso.
No se podía imaginar cómo reaccionaría si fuera testigo de algo así. O
bueno, más bien sí.1

Apretó los puños.2

Louis para él era perfecto; la esencia con la que soñó durante años, hasta
el punto de ser él el que rechazara los aromas dulces y frescos. En sí,
echaba de menos lo que sentía con él. Lo hacía todo el tiempo que estaba
lejos de Louis.5

—Es estúpido —reafirmó el ojiverde en mitad de un gruñido.

El omega agachó la cabeza, negando, y Harry sintió la tensión apresando


su cuerpo. Le levantó el mentón, dispuesto a jurarle lo especial que debía
sentirse o los imbéciles que eran los otros; lo que él hubiera estado
dispuesto a hacer o...5

—Me gusta gustarte a ti.214

La declaración del menor lo hizo pestañear, frenando la carrerilla de sus


pensamientos. Louis se había apartado con nerviosismo el pelo de la
frente. Entrelazó sus manos y también llegó a juguetear con el bajo de su
camiseta.1
Harry tuvo de suspirar.

—Me encantas —afirmó, alzando una mano para acariciarle el cuello.


Sintió cómo Louis se estremecía bajo sus dedos—. Deberías sentirte
orgulloso de ser diferente. Eres único. —Se acercó a sus labios—.
Delicioso...16

Louis inspiró, llenándose de aquel soplo mentolado que siempre envolvía el


hálito de Harry, quien había movido su mano hasta acariciarle el labio
inferior con el dedo pulgar.

Se vio en la necesidad de apoyarse en su pecho desnudo.

Abrió la boca cuando el alfa lo buscó. Sus lenguas chocaron con gusto y un
gimoteó escapó cuando mordisqueó también su labio inferior. Notó una
presión en su espalda y un gruñido posesivo por parte del mayor.6

Notó el instinto.1

Louis quería decirle que para él Harry también era único, mas no sabía
cómo. No encontraba las palabras.9

—Otros omegas cuando toman supresores se les disimula el aroma. A ti


no... Nunca se te fue.32

Louis boqueó cuando sintió los besos húmedos por su mandíbula.1

—No —consiguió articular—. ¿Eso también me hace diferente?2

—Único —corrigió una vez más.39

Los dientes del alfa le rozaron la piel y él se vio en la necesidad de


agarrarse a los brazos que comenzaban a envolverlo. Estaba
prácticamente sobre su pecho.
—L-los supresores ahora me los inyecto cada tres meses. Cuando los
celos se me descontrolaron, el médico me recomendó ese tratamiento.
Ahora me vienen a los cinco meses. Ya... no me dominan tanto.54

Harry volvió a gruñir, dejando un beso en una de sus mejillas.

—¿Cuándo vas a tener el próximo?

Louis se sorprendió por que aún pudiera pensar encaramado de aquella


manera sobre él.

—En agosto.52

Harry gruñó. Otra vez.

—Queda poco. ¿M-me vas a dejar...?106

Había deslizado una mano bajo la camiseta del otro, consiguiendo rozar la
piel.1

—Pensaba en ti. Siempre. Claro que te dejaría...63

El alfa asintió antes de volver a demandar su boca. Lo besó con hambre.


Lo besó hasta que los labios le ardieron.4

Hasta que su cuerpo abrasó.

—H-Harry, para mí los supresores son importantes. Cuidarnos...75

Louis había conseguido hablar, aferrándose a sus hombros.

—Lo sé —bisbiseó—. Para mí también. Si no lo hicieses tú, lo haría yo.82

El omega tembló contra él. Quería besarlo más después de eso. Quería
disfrutarlo; aprender a hacer las cosas bien. Quería saber demostrar. Eran
jóvenes; claro que no querían otra cosa.29
Apenas estaban descubriendo lo que era haber nacido para estar juntos...56

Los besos tornaron a más húmedos cuando la ropa empezó a estorbar.


Louis estaba seguro de que Harry estaba dejando nuevas marcas de besos
en su piel.4

—Mmm... C-cambié las sábanas.3

El omega gimió cuando recordó la tarea de aquella mañana. Harry le había


mordido el lóbulo de su oreja izquierda.

—Sí. —Le costaba incluso hablar. Acababa de quitarle la camiseta.

—Podemos cambiarlas otra vez.11

—Sí, definitivamente podemos.

—Ah...

Echó la cabeza hacia atrás cuando notó la presión en sus caderas y los
labios ajenos rodando por su pecho. Los rizos le cosquilleaban la piel y él
quería enterrar sus dedos en los alborotados cabellos.1

—Dime dónde te gusta que te toque.118

La voz del alfa era ronca mientras rozaba su nariz por uno de sus
pectorales. Podía llegar a ronronear de gusto al darse de cuenta de que el
omega olía a él.4

—En cualquier lado. Tus manos —jadeó—... en cualquier lado.4

—Quiero que me lo digas. Eres precioso, Louis. Tu cuerpo es perfecto.


Quiero que disfrutes; quiero que sientas lo que podemos ser fuera del celo.
El placer...140
Se estremeció cuando Harry le acarició ambos pezones con sus dedos
pulgares, mientras le recorría con sus manos enormes los costados. Louis
se abrazó a él.3

—Me gusta q-que me beses el cuello —confesó, exponiéndoselo mientras


Harry apoyaba un codo en la cama con él todavía encima—. Que me
acaricies las caderas. Lo que hiciste la otra vez... dios, Harry. Cuando lo
recuerdo me tiembla el cuerpo. Me arde hasta el estómago.113

El mayor sonrió.

—¿Quieres que vuelva a hacerlo? —le preguntó mirándolo a los ojos—.


¿Quieres mi boca?27

Le había acariciado el trasero por encima de la ropa. Estaba haciendo lo


mismo con su erección.10

—S-sí. Ah, sí...

Harry terminó relamiéndose los labios antes de volver a besarlo. Se irguió


con él, haciendo que se volviera a sentar en la cama.

—Quítate la ropa. Déjame verte.4

Louis soltó un jadeo con la boca abierta. Sus labios rojos e hinchados...21

El alfa se levantó del colchón sin desclavar la vista de él. Pudo fijarse en el
bulto de su pantalón.

No perdió detalle cuando se puso de rodillas ante él.14

Louis, notando los latidos de su corazón casi en la garganta, se


desabrochó el botón, tirando de la prenda junto a la ropa interior.

—Oh, por dios...


Encogió los dedos de los pies y arqueó la espalda cuando al abrir las
piernas sintió a Harry entre ellas. Dejó besos en el interior de sus muslos,
le acarició el vientre y sacó su lengua para lamer con tortuosa paciencia su
miembro excitado. Louis abrió aún más la boca y le apartó el pelo cuando
su cuerpo se sacudió. La boca del alfa lo acogía entero, sin esfuerzo. La
calidad de su lengua húmeda y aquella forma de cerrar de la manera justa
sus labios.53

El movimiento de su cabeza.2

No, definitivamente aquello no era el celo. Era otro tipo de fuego el que se
arremolinaba en su interior y corría como lava volcánica por su flujo
sanguíneo. Era otra necesidad la que cubría de espasmos su cuerpo.2

Era el deseo por el alfa. Por su olor, por la manera en que lo miraba y lo
tocaba. Por cómo lo besaba y lo engatusaba con su lengua hasta el punto
de desear más y más.1

Besar a Harry era sintonía. Consigo mismo; con él. Con lo que su ser le
pedía que fuera.3

Era como claudicar y aun así estar a gusto. Sentirlo correcto.

Tiró del alfa cuando este lo miró tras volver a juguetear con su lengua. Un
tinte bermejo cubría sus mejillas cuando Harry se alzó y Louis demandó su
boca. Sabía a él mismo. Sabía a ellos7

No podía dejar las manos quietas mientras se dejaba caer hacia atrás en la
cama. Abrió sus piernas y el otro se volvió a acoplar entre ellas. Louis
emitió un quejido al notar que todavía llevaba puesto el pantalón.2

—E-estoy...2

La voz se le cortó cuando Harry mordisqueó la piel bajo sus clavículas.1


—¿Cómo estás?9

Su tono ronco y sugerente.

Dominante.5

—Mojado. Estoy empapado. A veces solamente me besas y ya me siento


así.155

Fue apresado por dos brazos fuertes alrededor de su cabeza mientras él


mismo se atrevía a bajar la bragueta del pantalón de Harry.5

—Perfecto.

Sus piernas se enredaron en sus caderas cuando notó el miembro


palpitante del alfa en su ingle. Su cuerpo estaba tan preparado; tan
anhelante... Harry casi rugió cuando lo comprobó.8

Le besó el cuello, dejando un rastro de saliva con su lengua. Él le había


dicho que le gustaba tenerlo ahí.1

Podía salivar mucho más de lo normal estando ahí.6

—T-también me gusta que hables francés —Louis no supo de dónde le


salió la voz—. No te entiendo pero... Me gusta cuando lo haces.187

Harry sonrió contra su piel mientras le acariciaba las nalgas suaves. Louis
siempre era suave. Lampiño y de tinte lechoso; sonrosado en sus partes
más sensibles. Lo miró a los ojos cuando le alzó las caderas y probó a
deslizarse con cuidado, luchando por no gruñir, por no volverse loco... Era
precioso.17

Era de él.21
—Oh, chéri, je vais t'enseigner le français. Demande-moi ce que tu veux,
parce que je te le donnerai tout / Oh, cariño, te enseñaré francés. Pídeme
lo que quieras porque te lo daré todo /124

Louis gimió alto al sentirlo. Casi chilló al oírlo. Su cuerpo se adoptaba a él


como esa pieza rota que aun así sigue encajando. Que apenas se nota que
lo estuvo cuando se vuelve a pegar con adhesivo.1

Harry entrelazó sus manos con las de Louis al arremeter con la primera
embestida.13

—Omega précieux. Omega parfait / Omega precioso. Omega perfecto /86

Era tan fácil llegar a la gloria. Una y otra vez...1

Porque de tocar el paraíso nadie se ha cansado.

59

...

Olía a jabón cuando salió del cuarto de baño y esa vez encontró a Harry
metiendo las sábanas bajo el colchón. Lo vio poner los brazos en jarra,
satisfecho con el resultado.52

Él llevaba una camiseta de estar por casa y un pantalón holgado de


chándal. Harry su ropa interior y una camiseta blanca, vieja y con el cuello
estirado. Acababan de cenar tras darse una ducha y suspiraron tranquilos
al meterse en la cama.1

Había elegido el lado izquierdo, pero siempre terminaba en el centro,


donde Harry estiraba un brazo que le servía de almohada.1
—Me gustaría enseñarte la empresa.

—¿Hm?

—Donde trabajo. ¿Te gustaría? —Harry posó sus labios en la frente del
omega mientras este se removía—. Niall está deseando que aparezcas por
allí.1

Se mantuvo unos instantes en silencio antes de contestar.

—Sí, estaría bien.

—No quiero que te agobies. Si lo ves demasiado precipitado no hay


problema.1

Louis se giró para poder mirarlo a los ojos.

—No, me parece bien, quiero decir... Quizás ves poco a tu amigo o incluso
quieres salir con otra gente. Lo entiendo, Harry.16

—Hey. —El otro se mordió el labio inferior al sentir un toque en su


cadera—. Si salgo me gustaría que vinieras conmigo. Uhm... ¿Quizás no te
he dicho lo suficiente que siempre estoy deseando estar contigo?1

El omega sintió la curva en sus comisuras y tuvo que esconder el rostro


levemente enrojecido.6

—Vale, pues empecemos por conocer dónde trabajas. En realidad tengo


curiosidad.

La repentina sonrisa de Harry hizo que hasta sus ojos verdes se


iluminaran.2

—¿Mañana?2

Louis suspiró, riendo.


—Mañana, está bien.

...

Optó por una bandeja donde cabían cuatro vasos de café en vez de dos
como llevaba habitualmente. Los secretarios lo saludaron al igual que la
recepcionista central cuando llegó a la planta, decorada con un cartel de
bienvenida con el logotipo de la marca Styl. No compró donuts por
vergüenza; no sabía si le gustaban.53

Harry le había mandado un mensaje de que hacía un rato habían llegado y


estaban en su despacho y que más tarde le enseñaría mejor las
instalaciones. Niall planchó su chaqueta con la manos antes de su
colocarse mejor las gafas sobre el puente de su nariz. Cuanto menos,
tildaba de curiosos aquellos nervios por conocer por fin al famoso Louis. Lo
había visto hacía años y recordar el estado en que lo hizo lo podía llegar a
avergonzar un poco. En realidad, conocía más al omega por boca de Harry
que por cualquier otro contacto.17

Suspiró doblando la esquina, pasando de largo por su despacho para


dirigirse directamente al de su mejor amigo.

El famoso Louis...19

Estaba seguro de que lo hubiera juzgado en otras circunstancias. De


hecho, consideraba tener una opinión formada de él que en su momento
supuso una severa discusión. Ahora, se podía llegar a dar cuenta de que él
no conocía a Louis y que el propio Harry tampoco lo hacía hasta llegados a
aquel punto. Su amigo había cambiado desde que volvió de Plymouth.
Conservaba su esencia, era el mismo en sí, pero con la diferencia de que
ahora reía más. Reía todo el tiempo. Se mostraba tranquilo, si estaba
pendiente de su teléfono móvil era con unos ojillos brillantes y no
decepcionados. Harry en sí brillaba y le contaba y le pedía opinión,
repitiéndole que estaba feliz y él, como su mejor amigo y autoproclamación
de hermano, también lo estaba.49

Ahora sí.3

Tocó dos veces la puerta antes de recibir un adelante. Rió porque él


siempre entraba por confianza y se sorprendió de haberse acordado de las
amenazas de Harry.2

"Niall, por dios, controla tus payasadas. No me lo espantes".116

Él, por supuesto, se mostró ofendido ante la poca confianza depositada,


así que bueno, compró café.1

El ojiverde se estaba levantando de su escritorio cuando entró con su


resplandeciente sonrisa de dientes perfectos.

—¡Buenos días!2

Localizó al omega tras Harry. También se había levantado de una silla.2

—Buenos días, Niall. ¿Traes café?1

—Cuatro para ser exactos. —Se encogió de hombros—. No había


bandejas de tres.

Ambos alfas rieron tras palmearse los hombros con camaradería.2

—Hola. —Louis saludó a Niall cuando este se fijó en él, ofreciéndole uno
de los cafés—. G-gracias...
—No hay de qué... —Sonrió también, extendiendo su mano—. Niall.

—Louis.25

Sonrieron divertidos cuando Harry enarcó una ceja con comicidad. Era
curioso verlos presentándose cuando ambos habían oído hablar mucho del
otro.48

Decidieron caminar hacia un sofá de tres plazas que también adornaba el


espacioso despacho. Frente a él había una pequeña mesa de café.

—Llegasteis temprano —apuntó Niall, desabrochándose un botón de la


chaqueta antes de tomar asiento.13

—A las ocho, como siempre.1

—Vaya madrugón le hiciste hacer al pobre. Las excursiones deberían ser a


partir de las diez, Styles.4

El aludido colocó los ojos en blanco.

—A lo mejor hacemos una a los laboratorios a la diez y tú te quedas aquí


arriba al mando, Horan. Buena recomendación.

Niall soltó una carcajada escandalosa que hizo al propio Louis echarse a
reír. Harry bebió también de su café.18

—Y bueno, ¿qué te parece Londres?

El omega se frotó las manos antes de contestar.

—Me gusta. En gigantesca y el tráfico, la cantidad de gente... Es muy


diferente.10

El otro asintió.
—Oh sí, yo soy de Dublín y también lo noté. Plymouth es muy diferente, sin
duda alguna.

Louis asintió y Harry abrió la boca:

—Plymouth es un refugio a este caos. Yo termino echando de menos el


mar, el sonido de las gaviotas...

Niall volvió a reír y Louis lo miró con sonrisa dulce en los labios.6

—¿Y qué? ¿Ya llevaste a Louis a comer la mejor pizza del mundo en
Piccadilly?20

—Aún no, pero lo haré.

—Deberíamos ir a tomar algo un día. Me dijeron de un bar por allí cerca


que hace unos cócteles. —Se besó los dedos índice y el pulgar—... de
escándalo.11

Harry negó con la cabeza y Louis fue el que volvió a reír. Recordaba
levemente a Niall y no quería adelantarse a decir que tras un par de
palabras le caía bien, pero tenía bastantes papeletas. Además, era el mejor
amigo de Harry. ¿Qué mejor criterio que ese?3

Los tres miraron hacia la puerta del despacho cuando se escucharon unos
golpecitos del otro lado.17

—Adelante —dijo Harry poniéndose de pie. Los otros lo imitaron.2

Se oyó un pequeño ladrido y Niall ya tenía los ojos en blanco cuando Liam
Payne, con americana verde menta, camisa blanca y pantalón azul marino
con unas náuticas del mismo tono, ingresó en la estancia. Louis alzó una
ceja al ver que también cargaba a un Chihuahua.13
—¡Buenos días! Oh, estáis los dos —apuntó cuando vio a los alfas—.
Harry. Niall... —pronunció a modo de saludo.6

—Liam... —correspondió el irlandés—. Murciélago...132

Donatella soltó un ladrido agudo y el beta lo fulminó con la mirada. Niall


sonrió divertido, casi orgulloso de su hazaña.7

—Buenos días, Liam —decidió hablar Harry.

Louis no sabía por qué se quería echar a reír.22

—Oh, hola —habló de nuevo el beta cuando recabó en la presencia del


omega.4

—Él es Louis —intervino Harry de nuevo—. Está... de visita.48

El nombrado sonrió, extendiendo una mano.

—Encantado. —Donatella se removió en los brazos de su dueño para


olisquearle los dedos, dando lamidas tímidas mientras su cuerpecito negro
temblequeaba mientras movía la cola—. Hola, ¿bonita?16

Liam se iluminó como un árbol de Navidad.67

—Sí, es una hembra. Ay, le caes muy bien.52

—Atención al momento Disney —masculló Niall, recibiendo un codazo por


parte de Harry.60

Liam lo volvió a mirar con ceño fruncido. Él le guiñó un ojo.12

—Pues bienvenido, Louis —apuntó el beta, ignorando lo demás—. Harry,


yo venía a comentarte que hoy entré más tarde porque me pasé primero
por la primera planta. Al parecer ha habido un cambio de planes y es hoy
cuando vienen los proveedores.
El alfa enarcó una ceja.

—¿Hoy? Estaba planeado para mañana, ¿no? —Caminó hasta su


escritorio, comprobándolo en las anotaciones que había hecho esa
mañana su secretaria en la agenda.

—Sí, pero desconozco qué habrá pasado. Sólo sé que llegan en diez
minutos.

—¿Diez minutos? —bufó—. Niall...

—Te cubriría, hermano, pero sabes que quieren hablar contigo.

Louis ladeó el rostro cuando se percató de que el alfa lo miró.

—Harry, ve. Por dios, nos podemos ver luego. Te espero aquí...

No iba a aceptar un no por respuesta. Estaba en su trabajo...

—¡Oh, café! —exclamó Liam cuando vio uno intacto sobre la mesa—. Yo le
puedo hacer compañía.34

Harry caminó hacia Louis mientras Niall comprobaba algo en su teléfono.

—Lo siento. No tardo.

El omega negó.

—Tarda lo que haga falta. Estás trabajando y yo sólo vine a mirar.

El alfa sonrió, regalándole una caricia en un codo. Luego se giró, saliendo


con Niall tras él. Liam le había repetido que fuera tranquilo porque sus
informes de esa mañana podían esperar. El beta dejó a su pequeña
mascota en el suelo antes de tomar asiento junto a Louis. El animal
correteó juguetón hasta los pies de este.12

—Si te molesta le digo que se quite.1


—No, para nada, me gustan los animales.40

El Chihuahua se había puesto patas arriba mientras acariciaban su barriga.


Su colita se meneaba con energía.20

—¡Normal! A quién no le gustan, ¿verdad? —Ambos sonrieron y Liam


apartó su café—. Bueno, Louis, ¿y de dónde eres?

Supo enseguida que Liam le amenizaría gratamente la espera.3

Harry volvió a aparecer casi una hora más tarde, con Niall y su secretaria.
De uno recibía indicaciones mientras a la otra se las daba. Para entonces,
Liam había invitado a Louis a otro café, hablado de temas banales y de
perros tras enseñarle unas cuantas fotos de Donatella en su teléfono móvil.
El animal incluso se había acurrucado a su lado.2

Liam Payne, sin remedio, ya le caía bien.47

Harry dibujó una sonrisa en su bonito rostro al verlo. El omega hizo lo


mismo.6

—Se ha pospuesto para mañana a las nueve y media, señor Styles.

Era la secretaria la que hablaba mientras apuntaba en su agenda los


cambios de última hora. Louis no la había conocido antes. Era de estatura
media y con una cabellera rubia hasta mitad de la espalda. Labios rojos,
nariz pequeña y ojos color ámbar. Su cuerpo esbelto vestido con una falda
de tubo negra y una camisa blanca. Era omega.

—Perfecto, Chloe, gracias.29

Ella asintió nerviosa antes de alejarse. Niall le sonrió coqueto. Donatella


ladró bajándose del sofá.7
—Oh, mi gran amiga —bufó el irlandés mientras el animal correteaba hacia
sus pies. Frenó cuando su dueño le chistó.6

—Hora de volver al trabajo —anunció Liam, recogiendo a su perro del


suelo.

Niall dejó salir primero a la secretaria y luego hizo un exagerado ademán


en forma de reverencia para que pasara el beta, quien le arregló el cuello
de la camisa con autosuficiencia antes de perderse a lo largo del pasillo.30

Harry resopló cuando todos abandonaron por fin el despacho.

—Esta empresa es un show. Si mi padre se presenta aquí nos pone a


todos de patitas en la calle.8

Louis rió caminando hacia él. Harry lo imitó, remojándose los labios.1

—¿Señor Styles? —cuestionó ladeando el rostro.53

El otro entonces sonrió, toqueteándose la nuca.

—Le he dicho que no me llame así, en general no me gusta, pero dice que
no le sale de otra forma.1

Louis continuaba analizándolo. Sus ojos entrecerrándose...

—Señor Styles —repitió—. Serás niño pijo...296

Los hoyuelos del alfa se marcaron casi al instante. Algo en su vientre


cosquilleó.1

Lo besó.
—Quién es el niño pijo ahora, ¿eh?37

—¿Qué?7

—¿No me dices así? Niño pijo. Pero aquí el niño duro es el que no sabe
freír un huevo.58

Louis frunció el ceño aún más de lo que ya lo tenía. Estaban en la cocina


tras decidir que prepararían algo rápido para desayunar. Era sábado.

El aceite estaba caliente y Louis tuvo problemas con la cáscara cuando


quiso abrir un huevo.35

—Bueno... sí, tienes razón. La verdad que me avergüenza un poco.


Debería saber hacerlo, casi tengo veinte años. Diablos, claro que debería.6

Realmente estaba frustrado. Harry, a su lado, lo miraba divertido. Quizás


se había acostumbrado a que a sus padres les gustara cocinar y Marjorie
siempre tuviera algo preparado. Él a veces ayudaba a pelar las verduras,
cortar algo...9

—Veinte años... —habló el alfa, sacando dos huevos más del cartón para
descascarillarlos—. Yo estoy cada vez más cerca de los veintitrés.90
Louis se apartó cuando el aceite borboteó.

—En febrero.5

Harry entonces sonrió, mirando al otro de reojo. Lo había dicho de forma


casual.5

—Bueno, si quieres puedo enseñarte —volvió a hablar Harry mientras


colocaba los huevos ya fritos en un plato.

—Vale.

Louis seguía con el ceño fruncido.1

—Me puedes decir los platos que quieres aprender a hacer y... lo
intentamos. No soy un experto, pero Niall siempre fue nefasto en la cocina
cuando estuvimos en Panamá. Aprecio mi vida, así que aprendí a hacer
alguno para no morir de colesterol. Creo que también salvé su vida.8

Fue imposible que el omega no esbozara una sonrisa.

—Me parece bien.

—O sino yo puedo cocinar y tú friegas —continuó mientras echaba sal y


algunas especias—. Odio eso.75

—Pero eso no soluciona nada, seguiría siendo yo el torpe.1

—No eres torpe.

—Lo dijiste tú...

—De hecho te dije duro. —El alfa frunció el ceño antes de girarse hacia
él—. ¿Yo sí soy un niño pijo?

Ya habían apagado la vitrocerámica y apartado la sartén del calor.


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factible, ¿o quizá no?
«Debí haber corrido antes de que tus brazos me vuelvan a atrapar, así no estuviese con este
dolor, así hubiese seguido bailando solo en la oscuridad»
O también, la historia en la que un joven louis se enamora de harry, o quizá Harry ya estaba
enamorado mucho antes.
Bailando en la oscuridad.
Larry Stylinson.
Esta historia es absoluta y completamente inventada por mí, se basa en libros, fics y música que
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Cover gracias @idkpamelax, por ser una gran amiga te amo infinitamente.

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"Cuando el mundo está sometido en el caos, gracias a que tres súper potencias, llamados La
Alianza, se juntaron para destruirlo y cuando el grupo de visionarios capaz de detenerlo cuenta
con menos recursos de los que creían posibles, sólo hay una persona que puede salvarlos.
El destino del mundo cae en una persona con un don inusual, con un nulo conocimiento de
peleas y armas y que está en medio de una guerra, tratando de ganarla."
Enero 2016.

louis' the type of bottom


Por louhearted

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❝louis es el tipo de pasivo que...❞


©louhearted

Ghost Whisperer.
Por anonimoS311

182 12

Harry Styles, un joven de 19 años que tiene el don de ver espíritus. Su madre duda de su
cordura y lo encierra en un hospital psiquiátrico donde conoce a Louis Tomlinson, un joven de 20
años atormentado por fantasmas de su pasado.

—Harry, tu siempre serás el niño pijo de... ¿Ahora eres el niño pijo
empresario? El señor Styles.66

El aludido tuvo que reír por el retintín en la voz del otro al pronunciar eso
último.

—Me gustaba cuando me llamabas así.6

—¿Señor Styles?70

Harry ladeó el rostro, mostrando una expresión que podría incluso pecar de
tierna.17

—Ya, Lou... Sabes a qué me refiero.2

El omega se cruzó de brazos.

—Niño pijo.42

El alfa apoyó una mano en la encimera, cepillando su labio inferior con los
dientes antes de mirar de nuevo al de ojos añiles.1

—Sí. Es una tontería, pero... no sé, me sentía especial o algo así.27

Louis tragó saliva, sonriendo y negando con la cabeza. Harry se le había


acercado, con una ceja alzada en la expresión divertida.

—Niño pijo... —repitió Louis, batiendo sus pestañas mientras el otro


asentía.2

Sonreían.
—Aunque nunca fui pijo.56

—Oh, vamos...4

—¡Es verdad! ¿Por qué soy pijo?

Louis se vio en la necesidad de controlar la carcajada.

—Mírate. Siempre aplicado en tus colegios privados, arreglado y con tu


coche para todos lados. Ahora con el proyecto de la empresa de tu
familia... y con secretaria y todo.9

El alfa identificó cierta ironía en su tono. De nuevo.1

—Ajá, ¿y eso es ser pijo?1

—Para mí sí.1

—Ya...4

Harry se mordió el labio cuando tuvo que luchar con sus comisuras. Louis
se había girado, rebuscando algo en la cocina. Apartó un poco de pan y
removió los platos con los huevos fritos. Estaba repentinamente ofuscado y
eso el alfa lo notó. Se acercó con cautela, notando cómo Louis daba un
respingo cuando le depositó un beso en la nuca. Bufó, pero también lo
sintió relajarse casi al instante.69

Acarició el largo de uno de sus brazos...

—N-no me hagas así...8

El alfa volvió a dejar otro beso.

—¿Por qué?

—P-porque... yo estaba enfadado.100


—¿Por qué estabas enfadado?

Louis terminó soltando un pesado resoplido al voltearse. El semblante de


Harry era risueño. Sus ojos verdes brillaban y su sonrisa era preciosa.25

—No lo sé. —Le apartó la vista, aun sintiendo el toque del alfa en su
brazo—. T-tu secretaria es bonita.31

Se quiso morder la lengua tras haber pronunciado aquello. ¿Qué estaba


diciendo? ¿A qué venía eso? Deseó tirarse de los pelos.3

—¿Ah, sí? No me he fijado.102

Un suspiro se obturó al final de su garganta. Notó el nudo en su estómago;


algo revolviéndose.1

—Olía dulce...28

Le cosquilleaba la nuca.

—Que insulso.57

Tuvo que levantar la vista y observar el semblante despreocupado del


otro.1

—¡Harry!

—¿Qué?

—Ay, no sé —volvió a bufar.226

Se sentía ridículo y sus mejillas comenzaban a arder por eso. Si la tierra se


abría en ese momento y se lo tragaba no le importaría en lo más mínimo.2

—No tienes por qué estar c-7

—No estoy celoso.139


Cerró los ojos cuando notó indispensable el interrumpirlo. ¿Por qué
demonios se había metido en una conversación así?

Celos. Él ni sabía qué eran, o al menos no en ese sentido. Había sentido


anhelo por ser diferente, sí, por ser otro tipo de persona. Tener otra
naturaleza...4

Ahora era un anhelo diferente; uno provocado por precisamente aquello


que no podía cambiar.

—Oh, bien, porque no tendrías por qué.29

Dio otro respingo cuando el alfa cerró los brazos alrededor de su cintura.
Quería que lo mirara, pero él se seguía sabiendo abochornado. Inspiró y
olía a Harry. Olía a pinar, a fresco, a hierbabuena...47

Suspiró y un gimoteo bajo lo acompañó.

—Lo siento...

—¿Por qué? —preguntó Harry afianzando el contacto.

—Por...

No sabía por qué. ¿Por caer en sus instintos? ¿Por ser presa de las
inseguridades? Sacudió la cabeza frustrado; turbado.

—Tú eres bonito.133

Tembló.

Todo era en sí confuso porque no entendía la sensación. Se volvía a sentir


ridículo.

Cuando Harry rozó con su nariz su mandíbula, fue el Omega de Louis el


que esa vez gimió primero. Luego lo hizo él.34
El alfa buscaba su boca, así que abrió la suya para recibirlo. Olía tan bien;
se sentía tan cálido... Sus manos eran tibias en su cintura. Podía llegar a
jurar que flotaba sobre el suelo.3

Algo dentro de él se volvía a revolver y hormigueaba en su columna


vertebral.

—Harry...

Había murmurado sobre los labios llenos y ajenos. Había lamido con
timidez su lunar junto a la boca.33

—¿Qué? —Harry lo aferraba a él, conteniendo una sacudida—. Dímelo.


¿Qué?4

No encontraba las palabras. No se le daban bien...

Estiró los brazos y se colocó de puntillas antes de engancharse al cuello


del mayor. Se escondió en su cuello y aspiró. Refregó su mejilla contra la
piel.

Olía a él.1

Olía a ellos.5

—Estoy para ti. Sólo para ti —habló una vez más Harry, con voz ronca y un
gruñido grave trabado en el pecho—. Íbamos a entenderlo, ¿recuerdas?31

Entender a su Omega.

Louis vibró entre sus brazos mientras el alfa arrugaba la tela de su


camiseta. Buscó su lengua porque quería; necesitaba sus besos.
Prácticamente se encaramó sobre él.1

—C-cama —consiguió balbucear el menor—. En la cama.46


Volvió a restregar su mejilla cuando Harry lo alzó con un movimiento y él
acopló las piernas alrededor de sus caderas. Podía temblar contra él.
Podía sentir que se calmaba.3

No sabía exactamente qué era lo que tenía que calmar, pero se sentía
apacible.

Cuando cayeron en el colchón ya la camiseta de Harry no estaba. Louis


era el que se deshacía de su propio pantalón.10

—Para ti...1

Soltó un quejido al escuchar a Harry. Mugió impaciente cuando era la


necesidad la que comenzaba a decretar.62

Era otro él; era el que por mucho tiempo repudió y hasta controló. Pero de
repente ya no. Con Harry era imposible; con Harry era más manso y
convertía todo en menesteres; exigencias. Y eran suaves y las llegaba a
entender; llegaba a saber cómo aquietarlas.10

Porque era fácil. Estando con Harry era todo tan fácil...3

Se pudo llegar a ahogar en el primer gemido cuando enterró medio rostro


entre las sábanas. Se podía ver superado con cada caricia y toque. Con
cada espasmo de placer.

Con oír a Harry...

Al final desayunaron mucho más tarde, pero no les importó.85

Y Louis no se ofuscó.

24
...

—¿Al final vienen el miércoles? Sí. —Aguardó la respuesta del otro lado—.
De Berlín, genial. Los recibes tú y haremos la reunión cuando yo salga de
la junta a las diez. Perfecto. Habla con Liam, quiero que esté presente. ¿Ya
lo sabe? Genial. Bien. Gracias, Niall. Sí, todo bien. No, eso no... ¡Niall! —
masculló entre dientes—. Bien, nos vemos mañana. —Río—. Cállate. Sí,
sí, hasta mañana...3

Colgó y al fin se dejó caer en el sofá. Estaba en el salón del piso, era por la
noche, y Louis se encontraba sentado al otro lado. Acababa de levantar la
vista de un libro y lo miraba entre distraído e interrogante.8

—Las cosas de Niall. —Trató de restarle importancia—. Primero me llama


para decirme que se encontró a Liam por la calle y lo llevó a un museo y
luego terminamos hablando de trabajo y... —Negó con la cabeza—. Es
Niall.13

Había sido cómico el inicio de la llamada. El irlandés le habló medio


indignado porque iba a hacer unas compras y terminó en una exposición
en el National Gallery. Al final le continuó contando algunas obras que vio,
y sorpresivamente no se quejó mucho del beta. Evidentemente, Harry se
burló de eso. Luego, volvieron a temas de trabajo.3

—El miércoles hay una reunión importante. —Louis arqueó una ceja,
interesado—. Hay que probar los carburantes que se están desarrollando
en el laboratorio y Niall consiguió unos prototipos de motores de una marca
alemana.3

El omega dejó el libro a un lado.1


—¿Ah, sí?1

Desde que hablaba con su amigo, el alfa tenía cierto tema rondando por su
cabeza.1

—Si todo sale bien podríamos cerrar un trato importante. —Mordió su labio
inferior—. Contratar mecánicos y ampliar la planta. Es algo que no se
planteaba hasta dentro de tres meses, pero todo ha salido bien...10

—Oh, eso e-

—Lou.1

El omega calló cuando Harry subió una pierna al sofá y lo contempló


atento.1

—¿Qué?

—Tú... eres mecánico.26

El omega abrió y cerró la boca dos veces.

—De motos —puntualizó.1

—Sí, las motos también usan carburantes, quiero decir, no sólo


deberíamos contemplar un prototipo de coches.3

Louis arrugó el entrecejo, confuso.

—¿Y qué quieres decir? Yo... soy mecánico, sí, pero casi sin experiencia.
Aún tengo en mi currículum que soy ayudante.2

—Bueno, ¿y?1

Se removió en el sofá.
—Harry, el proyecto de Styl es algo muy serio. H-hay profesionales y una
marca alemana y... No, no entiendo.1

El alfa había ladeado el rostro, apoyando un brazo en el respaldar del sofá.

—Los prototipos de motores nos los facilitaría esa empresa, pero Styl
podría buscar sus propios profesionales.3

—¿Estás sugiriendo que yo sea uno de ellos?

El ojiverde se quedó un momento pensativo.

—¿Por qué no? Entiendes de motores; de motos. Esa sección estará al


mando de los ingenieros del laboratorio.2

El omega continuaba pasmado. Era como si le costara asimilar lo que el


otro decía.

—Yo... no sé qué decir. Yo trabajo ensuciándome las manos y


reemplazando piezas y... —Negó—. No, no creo que pueda.4

—Espera que tenga la reunión; que todo se clarifique un poco. Sólo


piénsalo, yo no lo veo tan descabellado. Confío en ti. Yo tampoco pensé en
su momento que podría estar a cargo de esto y mira, extrañamente lo
estoy.2

—Lo haces bien...2

—No lo sé. —Chasqueó la lengua—. A veces siento que algo puede salir
mal o no daré la talla en alguna reunión. O que llamo demasiado a mi
padre para consultarle ciertas decisiones. Esto es lo único que tiene mi
familia y ahora hay un poquito en mis manos y... me da miedo. Hace
apenas seis meses era un empleado más y ahora algo así como el jefe y
no sé, es extraño.3
—¿Te sientes presionado?

—A veces sí. No es porque alguien me presione en sí sino por mí mismo.


Quiero que esto salga bien, ayudar a mi padre y quitarle trabajo después
de lo que le pasó. Quiero que las empresas con las que nos reunimos se
lleven una buen impresión y vean profesionalidad y no... No sé, no a
alguien joven. —Dibujó una sonrisilla mirando al otro—. A un niño pijo que
no sabe lo que hace.8

Louis abrió los ojos, acercándose a él.

—Harry, tú no das esa impresión. No eres ese tipo de niño pijo. No pienses
eso. No es así.3

El alfa suspiró, centrándose en la mirada azul que no perdía detalles de su


expresión.

—Parezco el señor Styles, ¿no?19

El otro rió.

—Sin duda sí.1

Suspiraron tranquilos tras mirarse un rato más a los ojos.

—Oye, Harry, respecto a todo eso... He estado pensando en que quizás


debería buscar trabajo, independientemente de tu propuesta, yo ya había
pensado que...

Harry pareció espantado de repente.

—No te lo dije por eso, Louis. No es necesario que tú...

—Ya lo sé —interrumpió—. Lo digo porque llegará un momento en que los


ahorros se me agoten y en todo este tiempo no hemos hablado de pagar el
alquiler o las facturas a medias y... yo siempre estoy aquí y gasto y no
hago nada y no sé. Me es raro. No estoy acostumbrado a no hacer nada.16

El alfa respiró hondo antes de volver a hablar:

—Lo entiendo, pero vayamos por partes, ¿de acuerdo? Respecto al


alquiler o facturas no tienes por qué preocuparte. Eres algo así como mi
invitado y... No quiero que gastes tus ahorros en eso. —Louis quiso abrir la
boca, pero él prosiguió—. No, escucha, a mí no me supone nada, ¿de
acuerdo? Y te quiero aquí y te quiero bien, sin que pienses en eso. En
cambio, sí que entiendo que quieras hacer algo más que estar aquí. ¡Por
supuesto! Lou, que yo te ofrezca el proyecto en Styl es porque, bueno, si
me nombran la palabra mecánico me vienes tú a la cabeza y sé que te
gusta tu trabajo y a veces no se necesita otra cosa porque a cualquier lado
a donde vayas te volverán a formar para hacerte a ese sitio. Si prefieres un
taller podemos también buscarlo, yo te ayudo. Sólo quiero que estés
cómodo y sin preocuparte de lo que no debes.13

Louis largó un suspiro pesado tras oírlo. Realmente continuaba sin saber
qué decir; no sabía cómo digerir todo aquello.

—Tendría que pensar... Todavía me cuesta moverme en la ciudad. No sé...

El alfa asintió.

—Piénsalo con calma. Piensa también en mi propuesta. Te seguiré


informando e insistiré. Si tengo que pelear con algún taller para llevarte a
mi empresa tal vez lo haga.3

Louis se llevó una mano a la boca al echarse a reír. Agitó la cabeza y


también disfrutó de la expresión risueña del otro.
Tal proposición no se la esperaba, por supuesto que no. Y daba vértigo y
era imposible no verla como algo que se le escapaba de las manos. Era
una situación para consultar con la almohada; era algo por lo que debía
aguardar.25

—Bueno, ya veremos. Tú ten esas reuniones y... veremos.

—Claro que sí. De momento sólo piénsalo.

...

Frunció el ceño comprobando el calendario del salón, luego fue hacia el


baño para hurgar en su neceser; ese en donde se llevó lo básico de aseo
personal. Cepillo de dientes, hilo dental, desodorante... Sacó la pequeña
cajita que debería contener tres jeringas y no sólo una. Le tocaba dentro de
una semana. Ya debía comprar sus supresores.

Recordaba haber visto una farmacia no muy lejos del piso. No tenía que
coger metro y no parecía mala idea salir solo. De hecho ya lo había hecho
al supermercado o a andar por los paseos del río. El problema era que la
farmacia la recordaba lejos.

Buscó su teléfono y abrió el menú de mensajes.

"De 0 a 10 cuánto crees que me pierda si voy a ese pequeño centro


comercial del que me hablaste? El que una vez vimos por fuera"72

No quiso nombrarle la farmacia o explicarle a qué iba por mensaje. La


respuesta de Harry demoró entonces menos de diez minutos.

"No tienes que coger metro así que espero que un 0! Recuerdas el
supermercado donde siempre vamos? Pues si sigues recto verás una
óptica. Gira a la izquierda y caminando recto te lo encontrarás de
frente"7

Asintió memorizando la simple explicación.

"Pillado. Gracias!!"1

El móvil volvió a vibrar.

"Si tienes problemas llámame, tengo mañana de leer y leer papeleo"

Iba a contestar, pero le entró otro mensaje.

"Oye, recordarías cómo venir a la empresa? Hoy me apetece comer


fuera y cerca hay un sitio que hacen unas hamburguesas buenísimas.
Nos podemos ver aquí y vamos"5

Eran las doce, así que calculó que le daba tiempo de sobra.

"Vale :) Nos vemos ahí"76

¿Harry sabría que las hamburguesas eran de sus comidas preferidas?


Estaba bien que a él también le gustaran.

Tomó su cartera, se puso una sudadera y se aseguró de tener las llaves


encima antes de salir. El camino fue ameno y con orgullo podía decir que
no se perdió siguiendo las explicaciones de Harry. Le gustaba callejear
Londres y fijarse en los edificios; en aquella esencia caótica, mas adictiva.
La ciudad tenía ese algo que hacía que irremediablemente se acabaran
enamorado de ella.2

Encontró la farmacia a la primera, junto a un herbolario y una pequeña


tienda de libros y revistas. Un tintineo anunció su llegada e hizo cola tras
dos señores. Cuando fue su turno, una mujer tras unas gafas de cerca que
casi colgaban de la punta de su nariz le sonrío. Debía ser beta porque olía
a algún perfume. Su pelo era de un marrón chocolate que se alzaba en
rizos.

—¿En qué puedo ayudarte?

—Quería supresores. Esta marca. —Sacó de un bolsillo de su pantalón el


nombre que arrancó de la cajita que ya tenía.

La mujer lo contempló, asintiendo.

—¿De seis meses o tres?

—Tres.

Ella asintió de nuevo antes de retirarse un momento a por el pendido.


Tardó menos de dos minutos y Louis ya sacaba el dinero de su cartera.

—¿Sigues un tratamiento?

El omega alzó la vista hasta la mujer, quien seguía sonriendo tranquila.10

—Eh... Sí.

—¿Has oído hablar de los supresores en parches? Si quieres puedo


dejarte un folleto. Son nuevos.21

Pestañeó antes de asentir.

—Uhm, sí, de acuerdo.

—¿Alguna otra cosa?

Se mordisqueó el labio inferior antes de volver a decir que sí. Esa vez fue
la farmacéutica la que le recomendó cuál era la mejor opción por la que se
debía decantar.22
Llegó a Styl cuando el reloj estaba cerca de marcar las dos menos cuarto
pasadas. Tuvo que volver a hacer el camino hasta el piso para ubicarse,
pero al menos así no se perdió; siguió el mismo que la primera vez que fue
con Harry. En el edificio debía tomar los ascensores hasta la quinta planta.
Cuando llegó a la recepción principal preguntó por Harry y le dijeron que el
señor Styles estaba en su despacho.5

Intentó no poner los ojos en blanco.3

—¡Oh, Louis!3

Frenó el camino por el pasillo cuando escuchó su nombre. También sonrió.

—Hola, Liam. ¿Qué tal?4

El beta llevaba unos papeles en la mano. Vestía una de sus americanas de


colores y se rascó la barba cuidada antes de contestar.6

—¿De nuevo de visita? ¡Qué maravilla! Yo muy bien, ¿y tú?1

—Bien también.

Liam asintió sonriente antes de ojear su reloj de pulsera.

—Te tengo que dejar que tengo que llevar estos documentos. Pásate otro
día y tomamos otro café. ¡Oh! Supongo que vas a ver a Harry, dile que si
se va antes de que vaya a llevarle unos informes a su despacho dimito y...
Oh, bueno no, olvídalo que tampoco eres el chico de los recados, ¿verdad?
Yo mismo lo amenazaré con mi dimisión, no te preocupes.33

Louis tuvo que reír por lo rápido que hablaba el otro. También por lo mucho
que gesticulaba. Se terminaron despidiendo, medio apalabrando aquel
café.6

Fue al llegar al despacho de Harry cuando volvió a fruncir el ceño.


—Buenas tardes.

Chloe. Por alguna extraña razón, el nombre de la secretaria de Harry le


vino rápido a la mente cuando esta lo saludó.

—Hola, venía a ver a Harry.

Hubiera entrado directamente, pero fue ella la que lo abordó. Su escritorio


estaba junto a la puerta.

—¿Tiene cita?34

Enarcó una ceja.2

—Eh... no, pero me está esperando. No vengo por trabajo.3

Ella se mostró sorprendida antes de hacerle una seña con la mano y tomar
el teléfono de su mesa para apretar un número. Él prefirió alejarse.

—Señorito Styles... —masculló entre dientes.9

—Oh, lo siento —volvió a hablar la rubia, con el rostro ligeramente


enrojecido—. P-pase, por favor. Disculpe...75

Él trató de esbozar una sonrisa. Falló un tanto en el intento y llamó


igualmente a la puerta antes de abrirla.

—Lou.

Su vientre cosquilleó en el centro cuando vio al alfa aproximándose a la


entrada del despacho. Tenía la chaqueta del traje desabrochada y su
sonrisa no podía estar más adornada con hoyuelos.7

—Hola...
Quiso decir algo más, pero un beso corto sobre sus labios lo interrumpió.
Se estremeció al instante ante el repentino toque mimoso en un brazo.
Harry lo miraba atento con sus ojos verdes.8

—Siento eso. Ya le he dicho que a ti te recibiré siempre y que por supuesto


no necesitas anunciarte.

El omega lo miró y Harry hizo un ademán para que se sentaran en el sofá.

—Está bien. No pasa nada...

El otro volvió a sonreír.

Louis se sentía cálido...2

—Y cuéntame, ¿te perdiste?8

El menor negó de inmediato, apartando la pequeña bolsa que en todo


momento colgaba de su muñeca izquierda.

—No, llegué a la primera.

Mostró una sonrisilla orgullosa mientras el alfa abría la boca, fingiendo


sorpresa.1

—Es que mis explicaciones son muy buenas —presumió—. ¿Compraste


entonces?2

Volvió a asentir. Era absurdo sentir nervios por decirle exactamente qué
compró. Se sabía hasta ridículo.39

—Fui a la farmacia —comenzó—. A por mis supresores.7

Harry se percató de que Louis le había retirado la vista mientras


jugueteaba con el asa de la bolsa blanca. Llegó a ver la cajita.

—Oh, bien —dijo natural—. ¿Sólo eso compraste?1


Louis suspiró. Quería besar a Harry cada vez que él tenía aquella facilidad
de hacerle todo más sencillo.4

Sabía en sí que el complicado era él.4

—Sí... Compré algo más.

Rebuscó en la bolsa y apartó el folleto para llegar a la otra cajita.

—¿Esto? —preguntó Harry tomando el papel.

—Oh, no, eso es un folleto informativo que me dio la farmacéutica. Me


habló de unos supresores en parche...

El alfa leyó las letras impresas y arrugó el entrecejo.

—Disimulo eficaz de la esencia... —citó lo que estaba escrito.12

—La señora dijo que eran nuevos. Quizás como van sobre la piel sí que
funcionan...

Harry tuvo que apartar el folleto, como si le molestara en las manos.1

—No necesitas disimular ninguna esencia. Quiero decir, tú... Bueno, que si
son mejores que las inyecciones... O sea, que si es por eso sí, pero no por
los del olor y... —Deseó de verdad morderse la lengua—. Que bueno, ¿qué
fue lo otro que compraste?9

Louis tuvo que reír cuando el alfa pestañeó dos veces.

—No tenía pensado cambiar de supresores...50

El ojiverde dio un respingo.

—Oh, bien.
El menor volvió a sonreír y sacó de la bolsa su segunda compra. Harry
miró la caja con curiosidad.1

—Son unos chicles —declaró de nuevo el omega—. Para dejar de


fumar.214

El otro lució gratamente impresionado.

—¿En serio?

Su adicción por el tabaco no había mermado. Era cierto también que desde
que llegó a Londres las cajetillas le duraban más. Sólo fumaba por las
mañanas y prefería hacerlo en la calle, pues respetaba el piso de Harry y
que él no lo consumiera.

Se encogió de hombros antes de dar cualquier explicación.

—Fumo por... no sé, creo que ya es manía. Antes me relajaba.3

Harry asintió.

—Es mejor para tu salud, así que a mí me parece una decisión excelente.6

—Sí... La farmacéutica me dijo que estos no saben tan mal y te ayudan con
la ansiedad por la falta de nicotina. Que no lo deje de golpe y que empiece
a consumir cada vez menos hasta que lo pueda sustituir por los chicles.1

Harry había escuchado atento.3

—Bueno, si eran para relajarte tal vez debes buscar otra cosa que lo
haga.85

Louis lo miró con expresión interrogante.

—¿Otra cosa?

—Sí, ¿no hay nada que te relaje igual?2


El alfa se había removido en el sofá. Louis sintió un hormigueo en su
espina dorsal.

—¿Eso va con doble sentido?46

El ojiverde sonrió.3

—¿Doble sentido? No sé, yo sólo pregunté...70

Definitivamente, el mayor se estaba acercando a él. Se había remojado


incluso los labios.3

—Cuando estoy contigo... a veces me olvido.6

—¿Ah, sí?

Ya sentía su aliento cercano.

Atinó únicamente a asentir.

Harry estaba casi rozando sus labios cuando le acarició la cintura. Cerró
los ojos. Quiso tomar una bocanada de aire antes de abrir la boca y...

Sintieron el ruido de la puerta abriéndose de golpe.51

—¡Harry! Dime que no te has marcha... —Era Liam, y casi se atragantó


cuando los vio—. ¡Ay perdón! ¡Perdón! Harry, yo pensé que ya te habías
ido y... Tenía que entregarte... ¡Ay, olvídalo! Te lo entrego mañana, sí, a
primera hora y toco antes de entrar. Dos veces. —Alzó esa misma cantidad
de dedos—. Aunque Chloe no esté yo llamo dos veces, sí. Yo... yo no
estuve aquí. ¡Tampoco voy a dimitir! Desaparezco, sí, ¡me voy! ¡Adiós!95

Cuando la puerta se volvió a cerrar la cara de Harry era un poema. Louis,


por su parte, se sentía absolutamente sofocado. También estaba
boquiabierto.3
—Qué vergüenza...1

Al otro lado de la entrada en la que acababa de irrumpir, Liam todavía


estaba apoyado en el pomo. Una sonrisilla divertida adornaba su
expresión.44

Al dar media vuelta no pudo dar ni un paso, pues se topó con alguien que
iba con la vista fija en su teléfono móvil.

—¡Ah!

—¡Niall!70

El beta tuvo que hacer malabares para que la carpeta que llevaba no
resbalara de sus manos. El alfa se colocó mejor las gafas de vista. Con
ceño fruncido arrugó la nariz. Olía de repente a un perfume fresco y
masculino.

Olía bien.69

—¡Hay que caminar con la vista al frente!6

Niall se rascó la sien.

—Perdón... —dijo quejoso—. Igual, ¿qué hacías ahí en la puerta?1

El aludido hizo un ademán.

—P-pues porque salía, Niall, salía...

—Oh, genial, eso quiere decir que Harry está. Tengo que hablar con él...

—¡No! —El alfa casi dio un brinco ante el repentino grito—. Quiero decir,
que ahora imposible porque Harry está ocupado.

Niall frunció su expresión.


—¿Ocupado?

—Ocupadísimo.156

Liam chasqueó la lengua cuando el otro bufó.

—Pero...

—Seguro que lo que le venías a decir no es nada que no pueda esperar a


más tarde. ¡O a mañana!

—Bueno, igual...

—Que está ocupado, no seas pesado. —Niall quiso abrir la boca, Liam por
supuesto siguió hablando—. Además, me tienes que acompañar a mi
despacho. Te iba a enseñar algo.17

—¿Enseñar algo?

—Sí. —Sonrió—. ¿No quieres saber?

El beta se alejó de la puerta, sintiéndose triunfal en su manera de desviar


la atención. Decidió caminar tras volverle a hacer una seña al alfa.
También le guiñó un ojo.

Niall lo siguió.16

En el despacho, Harry se había echado a reír porque Louis no se apartaba


las manos del rostro.25

—Hey...

—No sé quién de los tres terminó peor. Al pobre Liam casi le da algo.

Harry volvió a soltar una carcajada al oírlo.


—No es para tanto. Bueno, cuando se emociona entra como un terremoto,
parece que cogió esa manía de Niall; él es igual.5

El menor lo miró de reojo.

—¿Tu secretaria no está?

El alfa comprobó su reloj.

—No, ya se fue a comer.

—Ah...4

—Bueno —habló de nuevo—. Estábamos hablando de algo tú y yo —fingió


pensárselo—. Ah sí, de otras cosas que te relajen.34

El ojiverde volvía a estar cerca.

—Sí... Que sí podía que hubiera otras cosas.

—Las hay...

—Ajá.

Su aliento a menta...

—¿Por ejemplo? —murmuró.3

Louis se estremeció.

—Por ejemplo cuando me besas.70

—Genial. Me ocuparé de ello.19

Tuvo que sonreír contra sus labios una vez se presionaron con los suyos.
Abrió la boca y sus lenguas se rozaron casi al instante. De nuevo tembló
cuando se apoyó en un brazo de Harry.3

Sí, el alfa podría encargarse. Lo haría.2


Y Louis estaba seguro de que realmente sería fácil dejar de fumar.

21

...

Las tardes en la empresa estaban comenzando a ser también ajetreadas.


Las semanas pasaban y las reuniones se acumulaban. Planear futuros
viajes y recibir las propuestas de varias empresas para el teste de las
primeras muestras de carburantes estaba empezando a ser algo caótico.
Normalmente salían todos a las cuatro, pero Harry a veces adelantaba el
trabajo para hacerlo a las dos y llegar a comer con Louis. Últimamente eso
era más difícil que ocurriera. Era el jefe y tenía que hacer alusión a lo que
ello conllevaba. Eran unas semanas en las que debía ser el último en
marcharse...1

Se masajeó el cuello mientras daba un sorbo al segundo café de la tarde.


Acababa de hablar sobre la última junta con Niall, quien a veces insistía en
salir a la misma hora que él. Era algo de agradecer.1

Jugueteaba con un bolígrafo hasta que sintió su móvil vibrando sobre la


mesa. Llevó la vista a la pantalla e irremediablemente sonrió. Siempre lo
haría al ver aquel nombre.9

—Hola...

Se tuvo que morder el labio inferior cuando su tono tornó a risueño.

—Hola —saludó también Louis—. ¿Molesto?

—Tú nunca.

Supo que estaba sonriendo al otro lado.1


—Verás... estaba en la cocina y me di cuenta de que hay pocas existencias
para cenar. No me apetecen mucho esas ensaladas preparadas con las
que tienes la nevera atestada así que... voy a comprar. ¿Te apetece algo
para estar noche?1

Se había acomodado mejor en su silla, sintiendo en todo momento el tirón


en sus comisuras.

—Me parece bien, el día que he tenido hoy no se presta para cenar
ensalada. Compra lo que te apetezca a ti.

Louis pareció pensativo.

—¿Vas a llegar tarde?

—Espero que no. ¿Tú vas a cocinar?

El omega bufó. Sabía que se estaba burlando de sus dotes culinarias.

—Podría...8

Bueno, la última vez que lo intentó, de hecho no salió muy bien. Se le


pasaron un tanto los espaguetis, quedando algo pastosos con la salsa (de
bote).

—Bueno, si quieres... —El alfa se interrumpió cuando oyó unos toques en


la puerta—. Un segundo —le pidió a Louis, alejando apenas el teléfono—.
Adelante.

Su secretaria apareció tras abrir con cuidado la puerta.

—Le venía a decir que ya me marcho.69

Él asintió.

—Claro, Chloe, gracias por quedarte hasta tan tarde hoy.12


—Es mi trabajo —correspondió ella con una sonrisa—. Hasta mañana.

—Hasta mañana, pasa buena noche.

La omega volvió a asentir antes de salir. Harry quiso abrir la boca cuando
se volvió a llevar el móvil a la oreja, pero Louis habló.

—Bueno, te noto ocupado... Siento la interrupción. Ya vendrás. Quizás


salgo a comprar algo para cenar yo y ya.208

El alfa no tardó en alzar una ceja.

—¿Ya no quieres cenar conmigo?6

—¿Qué más da en realidad? —contestó de corrido—. Es una tontería. Se


puede cenar cualquier cosa.46

Harry pasó la lengua por su labio superior.

—Louis...

—¿Qué?7

Volvía a sonar tosco, y aunque fuera algo con lo que luchara, no podía
evitar que un hormigueo se asentara dentro de él.3

Estaba celoso. Por alguna extraña razón, se mostraba enfurruñado cuando


su secretaria salía a colación. Normalmente lo intentaba disimular rápido...7

—Tengo ganas de llegar y verte. Tengo tantas ganas de pasar el tiempo


contigo.7

Escuchó a Louis resoplar y chasquear la lengua. Casi se lo imaginaba


dando vueltas en círculos con el teléfono en la mano.

Era justo lo que estaba haciendo.20


—Deja de hacer eso.

—¿El qué? —cuestionó resuelto.

—Eso —espetó—. Agh, el problema lo tengo yo. No sé, el maldito se


descontrola y... soy ridículo.78

"El maldito" era su Omega. Louis a veces también se escudaba en que no


entendía en sí ciertos cambios de actitud.

—No lo eres. No voy a... bueno, a admitir lo que en el fondo me puede


gustar porque...20

—Harry —lo corto el otro, con cierto tono mortificado.

—Lo sé, lo sé... Te echo de menos, Louis. Miro las horas y las condenadas
parece que no pasan. ¿Qué tal si sí que vas a comprar algo al
supermercado y lo cocinamos esta noche al horno? No sé, quizás unas
lasañas congeladas; nadie tiene por qué saberlo. Un buen vino...5

Intuyó que al omega se le tuvo que escapar una sonrisa.

—Eso... suena bien.

—Genial, porque me muero de ganas.3

Resopló.

—Está bien, pero compra tú el vino. Yo de eso no sé mucho.

—Sin problema.

—Bien.

Maldita sea, sí que se moría de ganas de verlo.

—Hasta dentro de unas horas entonces, Louis.1


—Hasta luego. —No se apartó aun así del teléfono móvil—. Ten cuidado.1

Él asintió. Siempre se lo decía y siempre lo tenía.

Le costó volver a concentrarse. Pensaba en Louis; no era difícil evadirse


por él. Sabía que cambiaba poco a poco y cada día le mostraba algo más
de él. A veces incluso algo nuevo.

La convivencia le había descubierto que Louis era pésimo en la cocina,


pero que en cambio le gustaba hacer las coladas. Que tenía una manera
específica de apilar los libros y colocar la manta del sofá. No le gustaba
mucho hacer la cama, así que únicamente estiraba el edredón aunque la
sábana quedara arrugada debajo. Que mojaba más de la cuenta el suelo
del baño cuando se duchaba, o que apretaba por el medio el tubo de la
pasta de dientes.74

Y a Harry todo eso le fascinaba.24

Porque Louis se soltaba y siempre le hacía alguna broma. Y le encantaba


verlo sonreír. Observarlo interesado cuando salía alguna moto en la
televisión o cuando estaban en la calle. Harry entonces le preguntaba
sobre modelos o cuál era mejor. Sólo por oírlo hablar con aquel vigor.3

Y en las noches... era su momento favorito. A veces lo buscaba a tientas y


se volvía de nuevo otro Louis. Era uno que buscaba una caricia o no se
reprimía en expresar aquello que le gustaba. Y se escondía en su cuello.
Se rendía poco a poco.41

Harry a veces no se daba cuenta de lo mucho que él también lo hacía.

o había valido la pena; quizás fue el precio que tuvo que pagar para llegar a
r así. Porque quería a ese Louis; ese que estaba cada vez más en paz consigo
mo. Ese que se alzaba de puntillas y cuando le robaba un beso lograba ponerse
a vez menos colorado.31

Le dijo en su momento que estaba loco por él y lo ratificaba. Sin duda lo


estaba.

Decidió levantarse de su asiento y estirarse un poco. Pasaría por el baño


para remojarse la cara antes de revisar la última carpeta de propuestas e
irse. Echó un vistazo al ordenado escritorio de Chloe al salir y se fijó en que
había colocado un marco de fotos nuevo. Sonrió.1

También debía decirle a Louis que si alguna vez se había fijado en su


cuello. Quizás no lo había hecho. Su secretaria hacía una pareja preciosa
con aquella alfa de tez oscura y pelo negro y rizado.206

Caminó hacia el baño y resopló una vez estuvo delante del espejo. Entraría
a uno de los cubículos, pero primero quiso comprobar hasta donde podían
llegar ya sus ojeras. Fue al apoyarse en el lavamanos cuando rozó algo
que le resultó familiar.

Unas gafas de vista. Juraría que eran las de Niall.48

Oyó algo en el cubículo del baño de los minusválidos. La puerta no tenía el


pestillo puesto desde dentro.156

—¿Niall?9

Se encaminó hacia allí. Él supuestamente seguía en la empresa. Quizás le


había pasado algo...

Fue al empujar la puerta cuando sus ojos se abrieron como platos. Se


quedó boquiabierto.6

Eso no se lo esperaba. No se lo esperaba para nada...64


Bueno, quizás un poco, pero... Intentó volver a cerrar de nuevo la puerta,
pero quería a su vez sonreír y... Niall lo acaba de ver.37

—P-perdón...

Esa vez le tocaba disculparse a él, pues vio a Niall en una situación que
tampoco le resultaba muy escandalosa. ¿Cuántas veces lo habría
encontrado así? Desde que lo conocía quizás podía decir que alguna
docena. Pero ahora estaba en su empresa.2

Y con quien se estaba liando era con su jefe de personal...151

Niall estaba besando el cuello de Liam mientras este toqueteaba sus


caderas. Supo que para entonces el de ojos cian se había quedado blanco
y casi paralizado. El beta había agradecido que el otro no pudiera verle la
cara.6

No se creía aquel momento.

Harry reculó en sus pasos antes de dar media vuelta, dejándolos allí.
Decidió que podía usar el baño más tarde y se olvidó de que pretendía
lavarse la cara.

Cuando llegó a su despacho ya se estaba riendo. Niall y Liam... ¡Lo


mataría! Oh sí, lo fusilaría pero por no contárselo antes. ¿Él enterarse así?
Sí, lo iba a escuchar.25

Casi pudo contar mentalmente los minutos que pasaron hasta que la
puerta de su despacho fue de nuevo abierta con escándalo. Una versión
absolutamente sofocada de su mejor amigo apareció con brazos en alto.14

—¡Harry! —Sus ojos parecía que se iban a salir de las cuencas.

El otro alzó una mano. Entrecerró los ojos y lo señaló. Niall casi sudaba...1
Quería efectivamente proceder a inquirirle todo aquello, pero algo salió
primero y sin remedio de su boca:

—¡Lo sabía! ¡Sabía que acabaríais así!121

El alfa hizo nuevos aspavientos con las manos.

—Ay, hermano —lloriqueó, dejándose caer en la silla libre frente al


escritorio—. Creo que ya sí me volví loco.82

Harry definitivamente río. Rió a carcajadas.

Agosto, 2010
Una semana después16

La habitación estaba a oscuras. Todas las estancias lo estaban. Eran las


tres de la madrugada del primer sábado del mes.1

Harry estaba gruñendo.88

A Louis le había comenzado la fiebre cuando él llegó de trabajar. Lo había


encontrado durmiendo en el sofá. Sus rodillas prácticamente temblaron al
percibir aquella esencia, teniendo que reunir toda su fuerza de voluntad
para no trepar sobre él y mantenerlo cerca de su cuello. El omega había
soltado un gimoteo cuando él le susurró que estaba ardiendo. Louis le dijo
que tenía sueño; que lo llevara a la cama. Harry no se separó de él.52
Su Alfa era el que bramaba en su pecho, casi rasguñándole el tórax. Louis
durmió durante horas y se negó a beber agua cuando, tras revolverse,
Harry se la ofreció preocupado. Comenzaba a temblar y a jadear sofocado.
Su aroma ya se enredaba en el ambiente. Picoso, casi empalagoso y
denso. Arenoso...46

A omega. Al particular Omega de Louis.2

Harry notaba los latidos de su propio pecho acelerados. Estaba nervioso.5

Estaba histérico.16

Louis estaba entrando en su ciclo de celo y él lo estaba presenciando. Veía


cómo sus labios finos se entreabrían en busca de una bocanada fresca de
aire. Cómo sus mejillas se teñían de rojo y el pelo se le empezaba a pegar
a la frente debido al sudor. Cómo se removía porque le sobraba la ropa.37

Y estaba aterrado.5

Ya había estado con Louis en celo. Hacía mucho tiempo; reconocía su olor.
Reconocía todo y su Alfa rugía posesivo por eso. Él había sido el primero y
el único. Soñó con ello muchísimas veces, pero ahora era distinto. Maldita
sea, claro que era distinto.61

Ahora se besaban, ahora estaban juntos y no tenía que correr a un


llamado. Ahora ya no tenía que averiguar qué le pasaba. Ahora se lo
contaba y él... Él era el alfa que le había abierto sus sentimientos y se
había expuesto. Era el alfa al que Louis le había dicho que le permitía
pasar con él su celo.36

Se lo había dicho antes de entregarse a sus besos y al placer porque sí.1

Antes de hacer el amor.147


Claro que ahora todo era diferente. Claro que tenía derecho a estar
nervioso.

—H-Harry...

Louis respiró hondo, boqueando cuando se revolvió en la cama. El alfa casi


saltó sobre él.1

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recuperar sus sentidos. No puede verlo, pero sí escucharlo.
Louis siempre es muy amable con él.
Harry tiene una omega superficial, pero muy bonita y con la que se planeaba casar antes del
accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
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////
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Las flores de su jardín crecían más vigorosas y fuertes a medida que las regaba con la sangre de
una nueva víctima.
Pero su insaciable locura lo llevaba a querer conseguir más muertes.
Fue entonces cuando el florista se topó con un bello tatuador.

—Aquí.6

Estaba comenzando a despertar, arqueando la espalda. Llevaba casi un


año y medio conociendo cada uno de los síntomas que ya no lo tomaban
por sorpresa. Agradeció todo ese tiempo la función de los supresores, pues
sus emociones ya no podían controlar sus celos y tampoco hacerlo entrar
de sopetón en él. Su Omega había aprendido a prepararse.15

—Harry —repitió en un ronroneo—. Harry...

Seguía con los ojos cerrados y acababa de enterrar medio rostro en la


almohada.

El alfa no podía más que encaramarse sobre él. La vibración en su


garganta se acrecentaba. Lo tenía acorralado contra su cuerpo.1

—Aquí, cariño —murmuró—. No va a doler.103

Louis tembló al sentir aquel aliento en su oído.


—N-no va a doler. No va a doler...

—No. Estoy aquí para ti. Siempre para ti.53

Abrió los ojos.1

—Siempre —reincidió el omega.97

Era parecido a su primera vez, cuando Louis apareció jadeante en la


puerta de su casa. En aquel entonces ya ese encontraba adolorido. Ahora
Harry estaba allí desde el principio.33

En aquel entonces eran jóvenes y no entendían. No comprendían aquella


necesidad. Louis porque era la primera vez y el otro porque no había
sentido jamás una atracción igual. Era algo demente; imposible de explicar.
Algo por lo que siempre se sublevaría.14

En sí, sabía que por Louis caería en cualquier momento de rodillas. Ya lo


había hecho.6

Dejó que el omega lo abrazara y gimiera contra el hueco de su cuello al


olisquearlo. Quería sacudirse.1

Olía a alfa de verdad. Olía a ese alfa.16

Al de sus recuerdos.1

—Harry, Harry, Harry... —Podría gemir con cada vez que pronunciaba su
nombre—. Tu olor, tu olor...50

No se podía estar quieto bajo él. El alfa llevaba una camiseta blanca de
algodón y estaba tirando de ella.3

—Te voy a hacer el amor, Louis —prometió ahogando un gruñido—. Y no


va a doler. No va a doler.208
—No va a doler —volvió a repetir.

Le creía.

Ardía, pero con Harry su sistema se atemperaba porque él era fresco. Él le


daba frío a su piel.3

El alfa se deshizo de su propia camiseta tan pronto como lamió la


mandíbula de Louis. No tuvo cuidado al estirarle el cuello de su camiseta al
quitársela luego al omega. Tampoco al oír el sonido de la tela rasgada del
bóxer. No podía pensar en otra cosa cuando lo tuvo desnudo y Louis abrió
las piernas para él. Sus nalgas empapadas; su esencia segregando. Su
boca con labios hinchados...4

Lo besó.9

Contuvieron los gemidos del otro cuando las manos comenzaron a rodar
por la piel. Louis estaba ardiendo, así que vibraba ante el toque fresco que
el alfa transfería a todo su ser. Su lengua demandaba con urgencia la del
otro mientras no dejaba de friccionar sus piernas con las ajenas.1

Estaban pegados y no dolía. Él no le mintió. No iba a dejar que le doliera.1

Harry... él nunca mentía.56

Gimió alto cuando el mayor le recorrió con una mano el pecho, apretando
con dos dedos sus pezones sonrosados. Erizados. Louis no quería dejar ir
su boca, pero sí deseaba su lengua en otros lados. Y era un suplicio.5

Harry se deshizo de la poca ropa que aún llevaba puesta antes de rugir
ante el contacto piel con piel. Su evidente erección hizo al otro lloriquear en
mitad de un espasmo. Volvía a abrir las piernas para él.1
Tiró de sus caderas hasta alinearse en su entrada. Louis contenía la
respiración. Louis estaba controlando el fuego que aún no abrasaba su
flujo sanguíneo.

—Sólo tengo en mi cabeza la imagen de cómo te habrás tocado todo este


tiempo. Y quizás me gustaría verla, pero no puedo más. No me imagines
más. Ya no...87

Louis asentía, sin saber muy bien a qué. Todos los sonidos eran un barullo
en su cabeza. Sus propias manos toqueteaban su cuerpo y buscaban su
entrada. Harry las había detenido, besándole los dedos.

—H-Harry...

Había gemido tantas veces su nombre... Cuando el ardor era insoportable


y caía incluso en la inconsciencia. Cuando sus dedos no eran suficiente.
Cuando sus sienes dolían.15

Pero eso fue en el pasado. Le había dicho que ya no...

Abrió la boca y casi se ahogó en un jadeo cuando sintió el miembro de


Harry entre sus nalgas. Se estaba empapando con sus flujos, creando
fricción y también desesperación. El alfa lo volvió a besar. Entrelazó sus
manos con las de él y se dejó.33

Eran un barquito de papel que aguantaba las primeras olas. Contra todo
pronóstico lo hacían.57

Louis mordió su labio inferior cuando lo sintió deslizarse. Se comenzaba a


quedar sin fuerzas ante la sensación. Borrar el ardor de aquella manera,
con el olor y el gruñido protector que lo estaba cubriendo; un cóctel
completo de naturaleza y unión.7

De lo que necesitaba.
De lo que quería.

Harry podía llegar a aullar de gusto. La estrechez que siempre lo volvería


loco y aquella urgencia de atenderlo. Sentía su celo en la piel; en su
delicioso ser. Le dejó la marca de sus dedos en los muslos y mordió su
labio con la primera estocada.21

Los dejó a ambos sin respiración.

Se asfixiaba, pero no importaba. Louis se contraía y Harry gemía. Le


temblaban las piernas, así que optó por movimientos en círculo, sin salir de
él.8

Louis le arañaba la espalda. Louis boqueaba.

Lleno. Siempre era eso; siempre él.1

Sentirse lleno.

—Nudo, nudo...126

Colmado; rebosado.1

Harry gruñó con un sonido aún más animal. Le daría todo.3

Apretó el agarre antes de volver a arremeter. Louis llevaba su cabeza hacia


atrás, perdido en la fuerza de cada embestida.

Harry observaba su cuello. Harry salivaba.262

Quería traspasar su piel, llegar más al fondo y quedarse allí. Quería su


orgasmo y más placer. Quería que Louis también gimiera porque no existía
dolor. Él no caería rendido hasta que no lo hiciera el omega.18

El alfa apoyó la frente en el pecho del otro mientras la saliva se escurría


por sus comisuras. El gruñido era más grave en cada penetración.13
Querían aquella nada de escasos segundos.

En dos arremetidas más la tuvieron.

Louis se corrió bajo él mientras el otro seguía con su movimiento de


caderas. Vio cada espasmo y cómo se abandonaba en lo que su cuerpo le
exigía.

Hasta que no pudo más.1

Harry lo volvió a besar cuando, en la última embestida, se dejó ir, notando


su nudo formándose.1

Notando cómo Louis gemía sin más.8

—¡Ah! Sí, sí, sí...50

Sus bocas chocaron de nuevo cuando Louis terminó de afianzar las


piernas en las caderas del alfa. Sus cuerpos resbalaban; rebosaban. El
semen se escurría entre ellos mientras Harry decidía lamer desde una
clavícula de Louis hasta sus orejas, donde le mordisqueaba el lóbulo.
Luego, hacia lo mismo en el otro lado.13

El alfa no dejaba de gruñir posesivo; sediento.5

Louis... él estaba hermoso. Rendido sobre la almohada. Jadeante y con los


ojos cerrados. Con el cuerpo perlado de sudor.5

—No voy a salir de ti —murmuró Harry, haciéndolo estremecer—. Cuando


baje, no voy a salir y no va a doler.120

—No te vayas...

—No me voy.9
Fueron uno durante horas. Louis lo demandaba con soniditos que hacían al
otro ponerse en alerta. Horas donde sus cuerpos resbalaban y la piel se
erizaba.

El omega había rodado en la cama, levantando sus caderas. Harry lo había


abrazado desde atrás, encaramándose a su espalda mientras la mordía,
dejándolo lleno de marcas de sus labios. Sus caderas chocaban en aquella
posición y Louis, perdiendo la fuerza en sus rodillas, quería más.
Necesitaba más.14

Un vaivén de sus cuerpos en cada embestida o movimiento profundo. Ya


Harry no quería ni abandonar su cuerpo, sino únicamente empujar en
busca de más profundidad. Su placer era secundario, pues lo único que
quería ver era que el omega se ahogara en gemidos y no espasmos de
ardor.14

Le besaba el cuello, le mordía los labios y salivaba una y otra vez sus
pezones. En demasiadas posiciones. Durante demasiadas horas. Cuando
Louis caía rendido y su cabeza daba vueltas, dejaba que se aferrara a su
cuello y lo respiraba. Dormía en intervalos y Harry había conseguido al fin
que bebiera algo de agua.12

También había dejado que frotara su mejilla contra él. Que frotara su
cuerpo entero.34

Era su naturaleza omega demandándolo. Marcaba a Harry con su olor y el


alfa gruñía satisfecho, pues ya se había encargado de que Louis también
oliera a él.82

Pasaron horas entre las sábanas. Durmieron, se besaron y volvieron a ser


uno. Cuando cayó la noche del día siguiente, el que despertó fue Harry
cuando sintió el peso del otro sobre sus caderas.36
Quiso decir algo y acariciarle un costado, pero Louis lo observaba
cautivado. La piel recubierta de las marcas de sus labios e incluso dedos.
De sus uñas. Lo miraba con sus ojos azules abierto de par en par.17

—Lou...12

Mas su boca fue la que lo calló.7

El omega lo besó, apoyándose en su cuerpo mientras llevaba una mano


hacia atrás y tomaba su miembro. Él mismo se encargó de penetrarse.
Resbalaban, y con Louis encima era una sensación totalmente
indescriptible. Siguió un ritmo suave, dando saltitos firmes mientras se
apoyaba en su estómago. Harry lo observaba perdido; disfrutando de cómo
el otro buscaba su liberación.263

De cómo gimió al encontrar ese punto.4

Se repitió mil veces que era precioso. Se repitió que estaba seguro de que
él había nacido para adorarlo.8

El alfa llevó una mano hacia su miembro sonrosado. Louis jadeó con
desespero cuando le acarició la punta con el pulgar.

—Harry...

—Córrete, cariño.54

—Oh, Harry, no duele. No duele...30

Bombeó su mano, ahuecó la erección y cerró los ojos cuando Louis volvió
a saltar sobre él, derrumbándose al buscar su lengua porque había
alcanzado su propio orgasmo. Otro más.1

El alfa no dejó de acariciar su erección hasta que Louis dejó de temblar. Se


pudo separar de él, pues no había anudado. No le importó.10
El menor era un lío de sábanas y sudor. Su corazón bombeaba con fuerza
cuando Harry lo atrajo hacia él.

—Vamos a darnos un baño.3

Louis no dijo nada cuando Harry lo cargó. Se limitó a agarrarse a su cuello,


escondiendo de paso el rostro en su pecho. El alfa llenó la tina de agua
tibia y Louis tembló ante el contacto con ella. Estiró los brazos para que
Harry no se alejara. No lo hizo; se metió con él en la bañera.38

—¿Estás bien?4

La pregunta fue un susurro. Harry también disfrutaba del agua y la espuma


que se empezaba a formar tras el chorro de gel de baño que echó. Louis
estaba recostaba sobre él y se limitó a asentir. Cerró los ojos, dejando que
el agua bailoteara a su alrededor. También sintió unas caricias en su
espalda.16

El calor mermaba y tener al otro tan cerca le hacía bien. No quería


moverse de ahí.

Harry lo cuidó, se preocupó por que comiera algo y cambió las sábanas.
Quitó también el edredón porque a Louis le daba calor. Dejó que se
aferrara a su torso y le volvió a hacer el amor de madrugada, cuando Louis
gimoteó por última vez.68

El lunes fue más tarde a trabajar, firmando unos papeles en los que dejaba
las decisiones de esa tarde a cargo de Niall. Louis estaba mejor, sólo algo
débil y somnoliento. El alma se le había caído a los pies cuando tuvo que
dejarlo, a pesar de que el omega fuera el que dijera que debía ir.1
Aquella tarde se dedicaron a dormir y pedir comida a domicilio. Harry
incluso le gruñó y despachó rápido al repartidor, pues Louis acababa de
aparecer en el salón por primera vez.50

—¿Bien?

El menor asintió con una sonrisa. Harry se sentó a su lado en el sofá,


sacando las tarrinas de comida de la bolsa, notando cómo una cabeza se
apoyaba en su hombro. Se permitió darle un beso en la coronilla antes de
empezar a comer.

...

Tres semanas más tarde, Harry salía de una reunión. Su secretaria iba a
un lado dando explicaciones. Niall iba más atrás comentando algo con
Liam.53

—¿Busco vuelos para esta semana o para la próxima?

Chloe era la que había preguntado, con agenda en mano. Harry miró de
reojo a su mejor amigo. Era él el que debía llevar eso.

Puso los ojos en blanco cuando vio que le estaba susurrando algo al
beta.29

—¿Niall? —cuestionó el ojiverde.

El aludido dio un respingo.

—¿Qué? ¿Eh? Dime, Chloe.


Ella soltó una risilla mientras Liam se rascaba la nuca, escondiendo el
rostro. Desde que Harry los había pillado en el baño había intentado evitar
el contacto visual, aun cuando el propio Niall le aseguró de que estaba
conforme con que encontraran liberar la tensión que había entre ellos de
aquella manera. Aun así, Harry trató de ser profesional advirtiéndole al alfa
que esperaba que su relación personal no afectara en el trabajo.16

—El viaje a Colonia...42

Niall enseguida se aclaró la garganta, simulando que se arreglaba el nudo


de la corbata negra a juego con su traje.

—Oh, sí, para esta semana. El viernes hablé con la empresa y nos esperan
los tres días, Harry.

Este asintió. Se encaminaban a su despacho, así que en el camino Liam se


desvió hacia el suyo. Niall le guiñó un ojo.7

Chloe se quedó en su escritorio y Harry entró a su zona de trabajo. El


irlandés seguía tras él.

—Miércoles, jueves y viernes son buenos días, así no los hacemos esperar
más de una semana. Ya sabes cómo son los alemanes.

El otro resopló, haciéndole una seña para que tomara asiento frente a él.

—¿No es precipitado? Hoy es lunes.

—Veo muy tarde dejarlo para la semana que viene, Harry —insistió.

El de ojos verdes volvió a resoplar.

—Mañana es la reunión con la empresa de Berlín y nosotros debemos ir a


Colonia. Son todos alemanes, ¿no se pueden poner de acuerdo entre
ellos? Creo que incluso uno con los que nos vamos a reunir tiene acciones
en ambas empresas.2

Su amigo rió.

—Ich weiß nicht —pronunció Niall en alemán.159

Había dicho "no lo sé". Harry bufó cuando el otro rió aún más alto. Seguía
teniendo problemas con aquel bendito idioma. Cuando las reuniones eran
de proveedores belgas o franceses iba todo mucho mejor. Sólo para él,
claro.13

Al día siguiente tenía la reunión con los mecánicos que proveía la marca de
motores que testarían las primeras muestras del nuevo carburante. Si todo
salía bien, podría mandar los primeros resultados a Plymouth. El viaje a
Colonia era otra reunión con una empresa de la misma naturaleza.5

—Te tengo que hacer una propuesta sobre el viaje a Colonia.2

Niall dejó de juguetear con un bolígrafo y lo miró.

—Dime.1

—No te va a gustar...21

—Bueno, dispara.5

Harry resopló antes de abrir la boca.

...

3
Ese mismo día, a la noche, Louis estaba doblando la manta del sofá
mientras Harry sacaba unas pizzas del horno. Acababa de contarle las
últimas novedades en el proyecto de Styl.

—Bueno, el viaje seguro que se te hace corto.

El alfa resopló, retirándose una manopla mientras buscaba el cortapizza en


un cajón.1

—Ojalá —espetó—. La verdad que no tengo nada de ganas...

Louis le sonrió, sacando dos platos de la alacena.

—Oh, qué sacrificio... Viajar.2

Harry enarcó una ceja al oír aquel tono cargado de ironía.

—¿Has ido alguna vez a Alemania?4

Ya habían llevado las pizzas, servilletas y platos a la mesa frente al sofá


del salón. Louis negó.

—Nunca he ido al extranjero.4

—Si no pisara únicamente el aeropuerto, hotel y la empresa, te diría que


vinieras conmigo.1

El omega lo miró de inmediato. Sintió calor en sus dos mejillas.

—Claro que no, Harry. Además, aunque no fuera así vas por trabajo.

El otro resopló.

—Mañana tengo una junta con la firma que nos suministrará los motores.
—Louis lo volvió a observar—. El miércoles se van a pasar por el
laboratorio. Yo no estaré, Niall tampoco, y Liam es el que se va a encargar
de ello...
El de ojos añiles asintió. Siempre se mostraba interesado cuando Harry le
hablaba de trabajo. Le gustaba ser la persona que a veces necesitaba para
desahogar el estrés del día a día.7

—Seguro qu-

—Lou —interrumpió el mayor—. Son mecánicos que comprobarán cómo


funciona el carburante en los motores. Ya nos han preguntado si asistirá un
mecánico por nuestra parte y sé que aún no me has dicho nada y tampoco
quiero presionarte, pero me gustaría que estuvieras ahí.46

Louis pestañeó un par de veces.

—¿Q-qué? ¿El miércoles? P-pero si tú ni siquiera estarás...7

—Liam sí. Puedes ir con él.4

—Harry...

—Piénsalo. ¿Por favor? Me gustaría estar yo presente y si hubiese sido


así, te lo hubiera ofrecido igual. Ya sabes que me gustaría que trabajaras
con nosotros, Louis.1

Lo miró a los ojos verdes. Lo enfocaban con cierta esperanza.1

En ese tema siempre dudaría.

—De acuerdo... Me lo pienso. Q-quizás deberías dejarme el número de


Liam para acordar ese día si...4

—¡Sí!2

La sonrisa del alfa fue resplandeciente; todo hoyuelos mientras asentía.


Louis tuvo que suspirar, también sonriendo.12
Harry se encargaría de advertir al propio Liam y dejarle escrito en grande
su número de teléfono. No quería presionar a Louis, pero le era imposible
lo que le aliviaba a la par que ilusionaba que él tan siquiera se lo planteara.
El representante de la marca le podría hablar de motores y el alfa confiaba
de verdad en él. En su criterio. Algo le decía que no tendría opción de
arrepentirse.3

Harry viajó el miércoles a primerísima hora de la mañana. Eran las cinco


cuando llevó su maleta de mano hasta la puerta del piso. El taxi que lo
llevaría al aeropuerto estaba abajo. Niall ya se encontraba en él y acababa
de avisarlo.

No quiso despertar a Louis hasta el último momento.

—Lou...

El omega se removió somnoliento.

—¿Ya te vas?

El otro asintió mientras él se sentaba en la cama, frotándose un ojo.

—Sí. Hasta mañana...

Sonrió antes de dejar que le besara los labios.

—Ten cuidado.16

—Siempre. ¿Te mando un mensaje al llegar?3

—Sí.

Lo volvió a besar.

—Voy a estar todo el día ocupado, así que te llamaré por la noche, ¿de
acuerdo?
—Perfecto.

Mordió su labio inferior cuando el móvil del alfa volvió a vibrar. Era Niall.

—El taxi está bajo, me tengo que ir.

—Un momento...

Harry se quedó quieto cuando Louis se puso de rodillas en la cama y lo


abrazó. Enterró el rostro en su cuello y aspiró y acarició su mejilla contra la
tela de su camisa. El alfa gruñó bajo y lo estrechó también contra él.138

Se volvieron a robar un beso antes de que el alfa saliera. Esperaba


encontrarse con un Niall exasperado en el taxi, pero se topó con otro de
ojos todavía hinchados por el sueño que movía las cejas con comicidad. Le
dijo algo de alfa marcado. Harry le comentó que desde cuando él olía, por
el contrario, a cierto perfume desde tan temprano. El irlandés se encogió
de hombros, guiñándole un ojo pícaro antes de parlotear durante todo el
camino.39

Louis quiso dormir un poco un más, mas no pudo una vez supo que la
cama iba a estar vacía. Se dio una ducha, recogió, desayunó tranquilo y
cuando pasaron un par de horas y fueron las siete de la mañana, le informó
a Liam mediante mensaje que se verían en Styl. No le había confirmado a
Harry tal decisión y él tampoco le preguntó. Suponía que hasta esa
mañana no lo tendría lo suficientemente claro. En realidad no sabía en qué
se iba a meter, pero tenía que ver con Harry y... no podía sacarse de la
cabeza tres palabras en concreto: "Confío en ti".7

Quedó con Liam a las nueve y media y el beta lo recibió nada más se
abrieron los ascensores. Tomaron un café y jugueteó con Donatella antes
de que el otro la dejara en su despacho. La reunión se llevó a cabo a las
diez, con los ingenieros del laboratorio, Liam, él y el representante de la
marca. Vio surrealista estar allí y llegaba a sentirse algo incómodo al
imaginar que Harry no estaría cerca. El representante era un alfa alemán
con acento marcado. Captó toda su atención cuando empezó a usar
términos que manejaba a la perfección. Liam incluso le facilitó una carpeta
con todas las especificaciones de las pruebas que se realizarían en un
futuro. Asistieron a una demostración de un modelo en el laboratorio y
Louis expuso su opinión cuando se la pidieron. El beta lo había presentado
como el mecánico de Styl. Él trató de no ponerse colorado cuando tuvo que
hablar.38

Acordaron otra junta para la semana que viene, en la cual estaría Harry. Se
tuvo que despedir pronto de Liam cuando este le anunció que debía
atender unos asuntos en su despacho. Para entonces, él ya no tenía
mucho más que hacer allí.

Le aseguró al beta que se conocía la salida cuando este lo dejó en los


pasillos de la segunda planta. Cuando Liam desapareció, él dudo unos
instantes antes de dirigirse al despacho de Harry. Tal y como suponía, su
secretaria no estaba. Contuvo la respiración antes de atreverse a abrir la
puerta.7

Sonrió cuando el ambiente le olió a él. Realmente no había pensado por


qué se encaminó hacia allí. Le gustaba recordarlo tras la mesa, a pesar de
saber lo estúpido que podía sonar eso. Quizás lo hizo por ver qué se
sentiría el trabajar cerca de allí, a tan sólo una planta. En el fondo lo
continuaba viendo como una posibilidad remota. No sabía si era abusar; no
sabía si sería lo correcto. Lo que había entre ellos todavía avanzaba a
pasitos y... temía que eso pudiera estropearlo. Temía en sí que algo lo
hiciera.21
Caminó hasta el escritorio y cuando quiso acariciar la madera, sintió que el
corazón se le paralizaba cuando escuchó que la puerta se abría.

Se llevó una mano al pecho y en parte suspiró de alivio cuando se topó de


nuevo con Liam.

—¡Ah! ¡Qué susto, maricón! —chilló el beta, haciendo aspavientos con las
manos.180

—¡Liam! Tú sí que me has asustado...6

El beta incluso se abanicó con la carpeta que llevaba consigo.1

—¿Qué haces todavía por aquí? Pensé que te marchabas.

Louis no supo qué contestar y se sintió ridículo cuando se dio cuenta de


que se estaba poniendo colorado. Liam se había adentrado en el
despacho, dejando la carpeta en el escritorio ordenado. Soltó una sonrisilla
antes de volver a mirar al omega.

—Yo vine a dejarle esto a Harry, así lo ve cuando llegue, que luego se me
olvida y se pone a gruñir. —Rió—. No, en realidad él no es de esos. —Se
encogió de hombros—. Bueno, ¿y tú qué?17

Louis pestañeó.

—¿Yo? Nada, yo...

Liam volvió a sonreír.

—Oh, ya entiendo, se nota la ausencia de Harry, ¿eh? Sí, ha sido un día


raro sin tenerlo pululando por ahí. No he tenido a nadie a quien deshacerle
el moñito y sacudirle el pelo...42

El omega abrió los ojos.4


—¿Qué? ¿L-le deshaces los moños a Harry?80

Para cuando terminó de pronunciarlo, ya Liam reía escandalosamente.1

—La verdad no, ¡era broma! Moría por ver tu cara.92

—¿Mi cara? Qu-

—Nada, nada... Hay que ver como estos chicos nos han dejado solos,
¿eh?7

Louis entonces suspiró. No tenía caso que le ocultara qué hacía ahí. De
hecho, quizás hablaba con uno que lo comprendía. O algo así. Harry por
supuesto le había contado la extraña relación que mantenía su mejor
amigo con el jefe de personal de su empresa.4

—Bueno, llegan mañana...

Se sorprendió de cómo él mismo usó un tono que parecía querer quitarle


hierro al asunto.

El otro frunció el ceño.

—¿Mañana? Ah bueno, Harry sí, es cierto. Menudo drama montó Niall por
eso. Que qué iba a hacer él solo en Colonia dos días, que si se iba a
aburrir... Y yo le dije pues chico no sé, visitas la catedral, te das un paseo
por el río y te comes unas salchichas de esas con curry, las cuales yo no
probaría ni aunque me pagaran. Qué horror...80

Liam había comenzado a hablar rápido, en esa forma tan suya. Louis
entonces se mostró confuso.

—Espera, espera... ¿Cómo que Niall dos días solo en Colonia? ¿No se
viene mañana con Harry?
—No, Harry lo arregló todo para él sólo pasar una noche fuera. Asistió a
una única reunión y luego dejó a cargo a Niall. Tiene que hacerle un poco
más la pelota a los alemanes hasta firmar el contrato. La verdad que el
ojitos claros es bueno en eso. No culpo a tu Harry por encomendarle tal
misión.41

Louis volvía a parpadear.

—Yo... no sabía eso.

Harry le dijo desde el principio que sólo estaría un día y medio de viaje.

—¿Ah no? —El beta hizo una mueca—. Bueno, serán cosas de alfas de
negocios. Yo es que ya ni trato de entenderlos, la verdad. —Se miró las
uñas antes de comprobar su reloj de pulsera. Ya eran las dos—. Bueno,
pues yo iba a ir a comer, que este cuerpo no se mantiene solo. ¿Te
vienes?43

Louis sonrió ante el tono resuelto del otro. Le caía tan bien...6

—Vale.

—¡Divino! Espérame que voy a por Donatella a mi despacho que está


tomando la siesta y nos vamos, ¿sí? Así chismorreamos algo más de la
reunión de hoy.78

Louis río una vez más, negando con la cabeza.

—Claro.

Media hora más tarde, los dos se encontraban en el mismo restaurante al


que Louis fue una vez con Harry. Tomaron asiento en la terraza y Liam
hizo que le trajeran un cuenco con agua mineral del tiempo a Donatella. Sí,
fue muy específico en la indicación. Cuando echaron un vistazo a la carta,
el beta se decantó por una ensalada César sin salsa. Louis había optado
por una hamburguesa.27

—Qué suerte lo tuyo, yo huelo eso y se me va todo a los muslos.97

El omega rió ante el comentario. El camarero acababa de servirles sus


platos.

—Pero qué dices, si estás genial.7

Liam hizo un exagerado ademán.

—Porque me cuido. Y me castigo —señaló—. Ayer arrasé yo solo con una


tarrina de helado de nueces de Macadamia. ¡Voy a estar comiendo verde
dos semanas!29

Tiró con orgullo de su americana azul marina. Louis no tardó en soltar una
carcajada que el beta acompañó.

Le dio el primer mordisco a su hamburguesa mientras el otro aliñaba su


comida con un poco de aceite y limón. Donatella se había echado bajo la
silla de su dueño, buscando un poco de sombra. La temperatura era
agradable y daba gusto poder comer fuera. Louis observó al beta, quien
picoteaba su ensalada. Se fijó sin remedio en un chupetón que también se
asomaba bajo su camisa, pues se había desabrochado hacía un momento
el primer botón. Ahora entendía por qué lo llevaba abotonado en la reunión.
Recordó el día que Harry llegó muerto de risa porque se había encontrado
a él y a Niall en el cuarto de baño. También le vino a la mente aquel "nos
han dejado solos" que el propio Liam antes le soltó.11

Tenía curiosidad por todo aquello que le había contado Harry. Se


mordisqueó el labio inferior antes de atreverse a por fin hablar.

—Liam, no me gustaría ser indiscreto o parecer metiche, pero...


El beta de inmediato lo miró.

—Me encanta lo indiscreto y lo metiche, así que suéltalo.155

Reprimió una sonrisa antes de suspirar.

—Tú y Niall estáis... Juntos, ¿no?

Quizás ya se estaba arrepintiendo de su atrevimiento. Asimismo, Liam no


mostró ni un ápice de sorpresa. Por el contrario, resopló.

—Uy, la pregunta del millón es esa. —Suspiró con cierta pesadez, dejando
el tenedor a un lado antes de dar un trago a su vaso de agua—. Algo así. A
veces creo que sí, otras que no... No lo sé. Se queda muchas noches en mi
loft; ha dejado incluso un par de camisas. Dijo que me llamaría estando de
viaje y de hecho lo hizo al llegar, pero... No sé. A mí Niall me gusta. Niall
me encanta y por lo que me ha dicho yo también le gusto a él, pero... No
sé.76

El omega arrugó el entrecejo.

—¿El qué no sabes?

—Si lo nuestro funcionaría. A mí me encantaría que fuera algo serio, pero


no sé si saldría bien. Ambos tenemos unas personalidades que chocan,
pero a la vez nos... Atraemos. Mucho.9

—Bueno, todo es probar, ¿no? A mí me parece que hacéis muy buena


pareja.

Liam le sonrió.

—Oh, eres encantador, Louis. —Se mantuvo unos segundos en silencio—.


Las relaciones como la tuya con Harry son mucho más sencillas.89

Esa declaración tomó al omega por sorpresa.


—¿Sencillas? Lo dices porque eres...

—Beta. Los alfas siempre terminan prefiriendo omegas.66

Tuvo que aguardar un momento, buscando las palabras exactas que


quería emplear. Apoyó los codos en la mesa.

—No creo que en eso manden las condiciones, Liam. Mi padre era beta, mi
madre es omega y tuvieron la historia más bonita que he conocido. Creo
que deberíamos mirarnos de una vez como personas, ¿no? Mi relación con
Harry no es fácil por eso. Mi relación con él ha sido de todo menos fácil, te
lo aseguro.76

El otro se mantuvo unos instantes pensativo.

—Tienes razón... Supongo que yo tampoco tengo la autoestima demasiado


alta. No lo sé. ¿Sabes? Niall me gusta de verdad y... es más joven que yo,
es un dramático, ligón y a veces insoportable, pero... Es que me gusta.
Tanto. No sé qué hizo conmigo. Apenas llevamos un mes y medio con
esto.18

Liam parecía de esas personas que ocultaban cantidad de inseguridades


tras una fuerte personalidad. Louis había tenido que sonreír cuando lo
escuchó hablar del alfa. Los ojos le habían brillado casi al instante, y una
sonrisa igual de melancólica que traicionera se había escapado de sus
labios.18

Louis estaba seguro de que iba a volver a ser indiscreto, pero quizás era lo
que Liam precisamente necesitaba expresar. Él tampoco era experto en
esos temas.1

—¿Estás... enamorado de él?

Liam únicamente resopló.


—Y creo que sin remedio.77

—Deberías decírselo.2

El otro negó.

—No lo sé, no es fácil. ¿A ti te lo es decir esas cosas?2

Casi dio un respingo en la silla cuando el beta lo miró. Una incomodidad lo


asistió.

—¿A-a mí? Bueno...7

Liam chasqueó la lengua, cayendo en sus propios pensamientos. Había


mirado al suelo porque su pequeña mascota había soltado un ladrido,
subiéndose a sus piernas en busca de una caricia. Ladró dos veces más.

—Sí, mi vida, lo sé... —La perrita pareció tranquilizarse y correteó a beber


de su cuenco de agua—. Louis, y si... Sólo dime qué opinas. ¿Y si le
compro un cepillo de dientes a Niall para que lo deje en mi casa? No es
como una proposición de que se venga a vivir conmigo, ¡claro que no! Sino
una señal de que quiero ir en serio y que no me importa que se pase tantos
días por mi casa. Y bueno, obviamente tiene que ser en la mía ya que a la
suya no vamos desde que Donatella se hizo pipí en el suelo y él lo pisó.
¡Menudo drama montó! Desde entonces...86

—Liam —lo cortó Louis. El beta había comenzado a gesticular y hablar de


corrido—. Lo del cepillo de dientes me parece una muy buena idea.2

El beta entonces sólo pudo suspirar de alivio.

Louis pudo sacar algo en clave de aquella breve conversación, pues luego
prefirieron cambiar de tema. Había gente que compraba un cepillo de
dientes para ir a una casa nueva y había otra que se llevaba su propio
cepillo... Como él.

42

...

Había sonreído cuando su móvil vibró en la mesa del salón. Se sentó en el


sofá, aceptando de inmediato la llamada.

Era Harry.

—Hola. —Oyó enseguida del otro lado.7

—Hola...5

Una sonrisa escapó de sus labios cuando escuchó su voz. Se estaba


mordiendo la cara interna de una mejilla.

—¿Qué tal? ¿Qué tal tu día? Cuéntame.

Harry también sonreía.

Louis titubeó nervioso.

—Bien, muy bien. Hoy fui a la empresa. A la reunión...

No tardó en escuchar una risa acompañada de algún golpe más.

—Puede que de algo me enterara —tintineó—. Gracias, Louis. Ahora


cuéntame. ¡Cuéntame todo!10

—Conocí al mecánico de la marca alemana...

—¿Y qué tal? ¿Te habló bien del proyecto? Quiero saber tu opinión.
Harry estaba ansioso y Louis, por su parte, se mordisqueaba el labio,
dudoso. ¿A quién más que a Harry debía contarle sus impresiones? Quería
su punto de vista profesional...

—Creo que... Bueno, no sé si el tipo de motores que quiere usar son los
más idóneos. —Rascó su sien antes de resoplar—. Es algo denso de
explicar.

Podía jurar que Harry seguía sonriendo. Casi podía imaginarse a la


perfección sus hoyuelos.

—Bueno, señor Tomlinson, estaré encantado de tener una reunión con


usted para estudiar su punto de vista. Me atrevo incluso a lanzarle el reto
de que me muestre una propuesta mejor.93

Su tono sonó más que profesional.

—Tonto...2

Louis se removió en el sofá. Harry volvió a hablar:

—Bueno, ¿y que más has hecho?

—Fui a comer con Liam, hablamos y poco más. Luego vine a casa.76

Se hizo entonces un silencio al otro lado. Siquiera sintió la respiración del


alfa.

—¿Harry?

Carraspeó.

—Sí, lo siento. Es que... Eso último sonó muy bien. —Un breve silencio—.
Casa.232
Un cosquilleo caliente no tardó en asistir la boca del estómago del omega.
Volvió a sonreír. No podía dejar de hacerlo.

—Es raro estar aquí sin ti.

—¿Has quemado la cocina mientras te hacías la cena?12

Louis alzó una ceja.

—Claro que no. Me preparé un sándwich. —Oyó a Harry carcajearse—. ¿Y


tú por ahí?44

—Bien, la reunión ha ido muy bien. Mañana tenemos una comida y listo, a
las cinco de la tarde cogeré el avión de regreso.

El omega se toqueteó la barbilla.3

—Mh... ¿Harry?

—Dime.8

—¿No pensabas decirme que en realidad ese viaje de negocios era más
largo y que le encargaste todo a Niall para venirte antes?22

Pudo imaginar la cara de Harry en ese momento. Ojos como platos y labios
llenos entreabiertos.16

—¿Q-qué? ¿Quién?

—Liam.8

El mayor suspiró.

—Sí, bueno, se dio la oportunidad y lo arreglamos así...

Louis estiró sus piernas en el sofá, cambiándose el móvil a la otra oreja.

—¿Y eso? ¿No te gusta Colonia?8


—Colonia es una ciudad preciosa, pero... Bueno, no quería estarme tanto.

—No me vas a decir por qué, ¿no?

—Es que no esperaba que me pillaras —admitió—. Me daba vergüenza


decirte que no quería estar tanto tiempo lejos... de ti. —La respiración que
esa vez tornó fue la del omega—. Se me hace raro dormir en esta cama de
hotel. Huele todo a limón.131

Dijo aquello realmente frustrado y Louis se vio en la necesidad de tomar


una bocanada de aire.

—Yo estoy en el sofá ahora —anunció despacio—. A mí también se me va


a hacer la cama bastante grande.19

El alfa entonces no vaciló:

—Te eché de menos hoy.19

Maldita sea, realmente sentía el hormigueo en el vientre. Era una


molestia... satisfactoria.2

—Nos vimos esta mañana.1

—A las cinco. Son las once de la noche; han pasado dieciocho horas.23

—Diecisiete, recuerda que ahí es una hora más. Son las diez...10

—Igual es demasiado.2

El menor se aclaró la garganta. Jugueteó incluso con la tela de su


camiseta.

—Harry...

—Dime.2
Siempre lo llamaba igual; en el mismo tono.

Él siempre respondía lo mismo.

—Llevo... Llevo puesta una camiseta tuya.211

—Oh. —La vibración no tardó en trepar por su faringe—. Bien, sí. Me


gusta. Yo extraño tu olor, Louis. El cuello de mi camisa ya no huele.48

—Me alegra que ya vengas mañana. Lo siento por Niall...

—Él se apaña.11

Se le salió una risa.

—Creo que Liam no opina lo mismo —apuntó divertido.

—Ya sé que se las va a cobrar. Seguro que se tomará alguna semana


sabática, pero bueno, vale la pena.2

¿Valía la pena que su amigo lo abandonara unos días? ¿Con el volumen


de trabajo que tenía la empresa?

¿Valía la pena por verlo únicamente dos días antes? Podría refutarle
aquello, en cambio, fue la propia sensación en su interior la que no lo dejó.

—Oye, ¿qué opinas de ellos?

—¿De ellos? ¿De Niall y Liam?

—Sí. Eres el mejor amigo de uno.

Distinguió que largaba un suspiro.

—Hablas de su relación, ¿no? Es rara, muy rara. Nunca pensé que Niall se
llegaría a tomar una en serio, y te puedo decir que con Liam es lo más
cerca que ha estado de ello. Empezaron como el perro y el gato, valga la
redundancia, y ahora parece que no se pueden despegar. Son tan
diferentes que estoy seguro de que por eso se gustan.

Harry incluso recordó los diez minutos que se pasó su amigo al teléfono
tras aterrizar en la ciudad alemana. Por su culpa llegaron más tarde al
hotel.4

El omega se quedó unos instantes pensativo antes de seguir indagando.

—¿Niall va en serio?

—No lo quiere admitir, pero va mucho más en serio de lo que cree y me


alegra porque es algo que no está eligiendo sino sintiendo. Creo que ni él
mismo es consciente de lo mucho que le gusta. No sé, creo que en un día
me lo ha nombrado cada hora.13

Louis sonrió. Tras haber escuchado la versión de Liam, saber eso le


parecía tierno.

—¿Alguna vez le echó para atrás que Liam fuera beta?4

—¿A Niall? —cuestionó el alfa de inmediato, casi riendo—. Claro que no, a
él eso le da igual. A mi amigo le gustan todos. —Sabía que el propio Niall
estaría de acuerdo con eso si lo oía—. Él se lanza y luego reconoce. Te
aseguro que de Liam le chocó más su personalidad, su perro, sus ropas de
colores...20

El menor asintió. Sabiendo eso, algo le decía que todo iría bien. Que lo del
cepillo de dientes podría funcionar...6

—Te preguntarás por qué tanto interés pero... Bueno, Liam me cae muy
bien.

—Deduzco que algo de eso hablaste con él hoy.


Volvió a juguetear con el borde de la camiseta de Harry. Le quedaba
holgada.20

—Sí, también ahora supongo que es algo que no debería haberte contado.

—Tranquilo, seré una tumba.

Ambos rieron.

—Deberías irte a dormir —recomendó Louis tras unos minutos.13

Harry, a su pesar, se mostró de acuerdo.

—Sí... Te llamo mañana desde el aeropuerto, ¿vale?

—Vale. Espero que tengas un buen día mañana. Cuídate.

—Lo haré. Y gracias.

—Buenas noches, Harry.

—Buenas noches, Louis.15

Estaba a punto de separarse el teléfono de la oreja cuando lo volvió a oír.3

—Sólo una cosa. —Se apresuró Harry a decir—. La camiseta mía que
llevas puesta, ¿cuál es?54

Otro cosquilleo. Esa vez asistió la nuca del omega.

—La que usas a veces de pijama, esa blanca que tiene el cuello estirado.68

—Oh, ya sé. Bien... Ahora sí, buenas noches.21

—Buenas noches —repitió.

Soltó el móvil, dejándolo caer sobre el sofá. Volvió a estirarse en él,


aflojando una sonrisilla. Sus comisuras se estiraban por pura inercia.
Había sido un día extraño sin Harry; sin que llegara a la hora de siempre y
le propusiera salir o ir a comer fuera. Habían acordado que algún día
debían ir al cine, pues echaban una película que llamaba la atención de
ambos. El alfa pronunció también algo del teatro.12

Por planear, habían dicho que debían salir de Londres algún fin de
semana. Quizás Manchester, Liverpool...4

Salió de sus pensamientos cuando sintió que su teléfono vibraba de nuevo.


Se imaginó por un momento que podía ser Harry, pero su sonrisa no
mermó cuando vio un "Mamá" en la pantalla.1

—¡Mamá! —dijo en voz alta a modo de saludo.16

—Hola, cielo, ¿cómo estás?

Marjorie... Le reconfortó al momento escuchar su tono de voz. La solía


llamar cada dos días. Esa vez él se había retrasado tres.

—Muy bien. Genial... Harry se ha ido de viaje. Acababa de hablar con él.

—Oh, bien. ¿Y cómo está él? ¿Estáis bien?

—Sí, muy bien, mamá. Pero cuéntame tú, ¿qué tal? ¿Cómo está todo por
Plymouth?

Supo que sonrió.

—Pues como siempre, cielo. Plymouth siempre está igual, aunque con
unos días más que agradables. Llegamos a treinta grados.25

—Aprovecharás para ir a la playa —comentó animoso.

—¿A la playa? Oh, no. Me quedo en casa. Quizás compre uno de esos
ventiladores de pie. Está haciendo algo de calor.
Sí, recordaba que debido a la orientación de la vivienda, recibía de lleno los
rayos de sol en verano.1

—¿Y el trabajo?

La sintió suspirar.3

—Bien. Bueno... me van a dar vacaciones, creo que unos quince días.6

—Oh, eso está bien. Podrás descansar.

—Sí, descansar...24

Louis apretó los labios.

—Mamá —llamó—. Va todo bien, ¿verdad?

—Claro que sí, Lou. A veces te echo bastante de menos, pero claro que
todo va bien. ¡Tendré vacaciones!22

No iba bien.49

Conocía perfectamente a su madre. Él era consciente de que no era capaz


de engañarla, pero quizás ella se olvidaba de que a la inversa sucedía
exactamente lo mismo.

No era la primera vez que por teléfono le preguntaba qué había cenado y
ella comentaba que nada porque se le había pasado la hora. Una vez la
había llamado un lunes y el miércoles, cuando volvió a llamarla, le dijo que
había comido lo mismo que el primer día que habló con ella.

Antes, en verano, se podían llegar a pasar el día entero en la playa.


George era el que preparaba la comida que se llevaban en la nevera
portátil. Los helados siempre los tomaban cuando hacían una parada en la
ciudad.
Sin su padre, entendía que ellos dos ya no volvieran a la playa. Entendía
que su madre sola tampoco lo hiciera. Él tampoco lo haría.

Era eso. Marjorie se escuchaba sola. Aunque lo disimulara; aunque tratara


de aparentar aquel tono de entusiasmo.3

El cosquilleo que se había asentado en su vientre se sustituyó por un nudo


que tironeó hasta de su garganta.

Si le daban vacaciones en el trabajo, ¿qué haría? Lo echaba de menos.


Primero su padre y ahora él... Sabía que en algún momento iba a pasar;
que no permanecería siempre bajo su regazo. Sin embargo, quizás no le
dejó tiempo para que lo asumiera. Él mismo a veces se lo tenía que
recordar.4

Louis también echaba de menos a Marjorie e imaginársela triste era algo


que creaba una picazón en sus ojos. A ella le encantaba cocinar, variar en
el menú...3

Esa vez hablaron como siempre, Louis contándole algo de sus andaduras
en Londres, esa vez evitando el tema de que ese día había ido a una
reunión referente a la propuesta de trabajo de Harry. Se despidieron
también rápido, con el menor prometiéndole que la llamaría al día
siguiente.

Cuando colgó sintió un vacío indescriptible.

Quizás debía hablar con Harry. Quizás debía compartir aquella sensación
con él y preguntarle qué le parecería si volvía unos días a Plymouth.22

Quizás...

No lo sabía, pues la realidad era que en ese momento, si tuviera la


capacidad de dividirse, lo haría sin duda alguna. La idea de estar sin Harry
no aflojaba aquello que estrujaba. La de seguir escuchando a su madre de
aquella manera tampoco.11

Hundió los dedos en su pelo mientras resoplaba. Pegó la mejilla a su


hombro y respiró la esencia de la tela.+

Tenía que hablar con Harry.

Septiembre, 2010
Dos semanas después43

Llegaron tarde a casa. Era un viernes por la noche y habían ido a aquel bar
en Piccadilly que tenía a Niall fascinado. Lo nombró por días, al igual que el
plan de que salieran los cuatro a cenar. Ya había sido la segunda que
organizaban. Harry y Louis siempre tenían que esperar por Niall y Liam,
quienes venían refunfuñones por quién tuvo la culpa del retraso. El beta
aseguraba que habían pasado tarde a buscarlo mientras Niall juraba que,
aun así, no estaba listo y tenía que esperarlo por diez minutos más. Liam
ante eso ponía los ojos en blanco, haciendo que hablaba despreocupado
con Louis. El alfa, por su parte, bufaba porque sabía que detestaba que lo
ignoraran. Al final era Harry el que le daba una palmada en el hombro,
anunciándole que ya le había pedido una cerveza. Luego, las
conversaciones no tardaban en tornar.25

Era media noche cuando abrieron la puerta del piso. Harry dejó los zapatos
en la entrada y Louis se dirigió al baño para cambiarse. Fue el alfa el que
se quedó por la cocina, tomando un vaso de agua y comprobando unos
mails en su teléfono. Le entró al instante un mensaje de Niall, avisándole
que ya habían llegado a casa. Le hizo prometer que lo avisaría ya que,
como era de esperar, se pasó con la ronda de cocktails. Todos se pidieron
uno, menos Louis que prefirió su refresco. El irlandés se bebió tres,
mostrándose más dicharachero y cariñoso con Liam, quien lo tuvo que
acompañar a casa.31

Cuando fue a dejar el móvil sobre la encimera, le entró un nuevo mensaje.


Niall de nuevo:

"Notas menos raro a Louis?"87

Resopló.

Sabía que no había sido buena idea comentarle eso a su amigo cuando
ambos fueron al baño. De hecho, había sido el de ojos cian el que lanzó la
pregunta. Él también lo había notado. Fue justo después de que hablaran
de trabajo y los mecánicos que se incorporarían en menos de un mes.
Liam había mirado con incertidumbre a Louis, quien se limitó a agachar la
cabeza.

Harry era el único que sabía que eso seguía sin tener respuesta.

Iba a contestar el mensaje, pero no supo qué teclear. Lo cierto era que
Louis había permanecido callado en el camino de vuelta. Estaba seguro de
que Niall no se molestaría por eso. De hecho, apostaba que ya se
encontraba ocupado con el beta. O dormido. Precisamente él conocía muy
bien las fases de ebriedad de su mejor amigo.2

Dejó a un lado el teléfono y se quitó la chaqueta del traje, dejándola sobre


el sofá. Cuando entró a la habitación, desabrochándose los botones de las
mangas de la camisa, vio que Louis estaba sentado en su lado de la cama.
No se había puesto el pijama.4

Se permitió entonces observarlo unos instantes.3

—¿Louis?

El omega alzó la vista al oírlo. Sonrió.

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Pero su insaciable locura lo llevaba a querer conseguir más muertes.
Fue entonces cuando el florista se topó con un bello tatuador.

—¿Todo bien? —El alfa volvió a hablar, avanzado con pasos cortos hacia
él—. ¿Sucede algo?

Louis se movió apenas del sitio, rodándose de donde estaba para, sin
palabras, invitarlo a sentarse. Harry lo hizo.

Tenía el ceño fruncido y Louis suspiró. Sabía que estaba inquieto; no


quería que fuera así.

—Estoy bien —aseguró.3

Harry se olvidó de las mangas de su prenda, dejándolas desabrochadas y


sin remangar. Louis volvió a sonreír al verlo, estirando sus manos para él
mismo enrollar la tela.53

El alfa no dejaba de observarlo.

—Has estado muy callado al volver a casa —dijo cuando Louis le rozó una
mano al terminar con las mangas—. ¿Te molestó algo en la cena?
Oyó que Louis dejaba escapar un suspiro que llevaba demasiado tiempo
contenido.

Lo miró.2

—No, claro que no. Por supuesto que no —se encargó de aclarar,
adornando su rostro con una sonrisa floja—. Niall y Liam son geniales.

Sintió un hormigueo recorriéndole la espalda cuando Harry tomó sus


manos y se acercó cauteloso a su cuello. Rozó su nariz con la piel antes de
aspirar. Antes de volver a mirarlo a los ojos.42

Louis también lo respiró. Sus músculos cediendo...

—¿Entonces? Cuéntame —pidió el ojiverde, con voz suave y expresión


tranquila—. Fue por lo del trabajo, ¿verdad? Los mecánicos...3

Louis contuvo el aliento. Negó.

—Eso... Es complicado. A-ahora mismo no me veo.

—Está bien, está bien. Sabes que no pasa nada.

Y el omega asintió, dejando caer sus hombros mientras Harry sabía que
había algo más.

Esa noche, el tocar el tema del trabajo sólo fue un recordatorio. Uno de los
tantos porqués que hacían que no lo aceptara. Louis alzó los ojos para
toparse con los de Harry. Su mirada suplicante y preocupada fue capaz de
comenzar a hurgar un hueco en el centro de su estómago.1

—Mi madre —soltó, bajando la vista—. Me ha tenido algo preocupado


estas últimas semanas.36

Harry no pasó saliva.


—¿Ya le dieron vacaciones en el trabajo?

—Sí, y dice que no va a salir.

Harry sabía que su garganta, en sí, se había cerrado.

Siempre se juró que las veces que el omega se mostraba esquivo cuando
hablaban de su madre era para evitar esa conversación, donde se
nombraba que la echaba de menos. Y era lógico. Harry lo entendía.1

Sin embargo, era su mirada la que esa vez le decía otra cosa. Era algo que
podía sentir; que caminaba de puntillas por su intuición.1

—Harry, yo... —A Louis se le quebró la voz dos veces, mientras lo que


exageraba los nervios de Harry era que no lo mirara—. He pensado que
quizás debería volver unos días a Plymouth. Hablar con ella. —La molestia
en Louis se despuntó cuando se atrevió a ver al alfa a los ojos. Eran
opacos—. Antes de venir por supuesto que me apoyaba y lo sigue
haciendo, pero la conozco muy bien y sé que nunca me va a admitir que se
siente sola. Llevo dos meses aquí y desde que... —Inspiró—. Desde que
mi padre no está nunca nos hemos separado tanto tiempo.43

No sabía si dio muchas o pocas explicaciones. No sabía si Harry querría


todo así. De sopetón.2

Él... seguía incapaz de asegurar si le saldría la voz.

—Lo entiendo.44

Louis sintió un frío en el pecho cuando el otro se separó apenas, mirando


al suelo.41

Y una mortificación apresó sus cuerdas vocales, tensándolas hasta hacerlo


boquear.
—Harry...

—Dos meses —dijo de inmediato—. Se me han pasado volando. Ni


siquiera era consciente.28

Era su Omega el que se retorcía. Estaba seguro de que era él el que


tironeaba. Quería explicaciones de por qué el alfa albergaba tal desazón.
Sentía el nimio vacío.14

Él también las quería.

—Si pudiera...

—¿Has estado bien? —preguntó Harry. Ni siquiera había oído que el otro
habló—. ¿Estamos bien?50

¿Por qué estaba teniendo aquella conversación? ¿Por qué tuvo la idea de
que aún no tendría que enfrentarse a ella? Harry no comprendía.

—Estamos genial. Estoy contigo...

Silencio.

Louis se removió, tocándole un brazo y agachando la cabeza para chocar


con su vista perdida.

—¿Vas a... ?36

Esa vez, lo tuvo que interrumpir Louis:

—Escucha. Déjame hablar. Si pudiera dividirme lo haría. —Vio cómo Harry


resoplaba—. Es un momento difícil. Sólo trato de hacerlo lo mejor posible.6

Sus ojos picaban.1

—Nunca te haría elegir, Louis. Ni por esto ni por nada.55


Louis sonrió, leve y con la pesadez aún más latente, expandiéndose por
toda su caja torácica.

Eso él ya lo sabía. Porque quizás lo que precisamente le pesó fue


evocarlo.

Harry negó con la cabeza. Claro que nunca lo haría elegir. No creía que
valiera tanto. Él sí estaba acostumbrado a decantarse, en cambio, no le
cabía en la cabeza que alguien lo hiciera por él.46

Al omega no le salió más la voz.

—¿Querrás volver? Aquí.1

—Sí.1

—Bien. Sí, bien.1

Se suponía que esa afirmación debería haberlo aliviado.

No lo hizo.38

Quería decirle a Louis que aún no se había ido y ya un malestar se había


hecho con su pecho. Quería decirle que lo entendía, y que por eso mismo
también se sentía egoísta. Decirle que ni él mismo se comprendía.1

Claro que sabía que las cosas con él iban a ser lentas, que le prometió que
se entenderían, probar, hablar... Y quizás fue por eso que el tiempo se le
pasó tan rápido. Quizás por eso se planteaba si al final habían conseguido
algo.

Quizás le debería haber dicho más en aquellos meses. Recordarle lo que


sentía; lo que suponía la mera idea de no saberlo cerca.4

Pero, maldita sea, eso Louis ya lo sabía. Claro que lo sabía y a su vez
entendía.
¿No era el mismo Harry el que se decía que él había nacido para Louis? Lo
único que quería era hacerle bien. Facilitarle la vida.2

Por supuesto que no le haría elegir. Jamás.

—¿Quieres que te lleve?

Dolió.12

A los dos le dolió.155

—No. Sé que hay un tren. No es necesario.

—Sí, hay un tren.

Louis quería negar con la cabeza. Quería no estar en aquella situación.1

Realmente deseaba dividirse.

¿Por qué no aceptar el trabajo en Styl? Porque eso sería firmar el acuerdo
que lo ataría a allí. Porque no podía hacerlo si sentía a una parte de él con
algo pendiente, e importante, a kilómetros de allí.15

—Harry. —Esperó a que este lo mirara. Su voz temblaba—. Te voy a echar


de menos. Serán unos días. Hablaremos.31

Harry sólo lo miró, pretendiendo una sonrisa. Le había dicho que volvería.
Que lo echaría de menos. Que llamaría.2

Y aun así eso no calmaba.50

—Yo también te echaré de menos. Yo también.

Fue Louis el que buscó su pecho para abrazarlo. Y Harry lo acogió,


hundiendo su nariz en sus cabellos, llenándose de él; de eso que
aquietaba.7
Esa vez no lo hizo.29

Era una roca más fría la que se había alojado en su ser. Y debía ser así.2

Haría lo que fuera por él; por verlo bien y tranquilo.1

Incluso el decirle hasta pronto con una sonrisa cuando era un sentimiento
más fuerte e inexplicable el que se encargaba de exigirle.

Sí, haría cualquier cosa.

—Todo va a estar bien, Lou.

71

...

Estiró el cuello de su camisa azul cielo y se aseguró de tener bien


abrochados los botones de las mangas. Gracias al reflejo de las puertas
metálicas del ascensor, se metió mejor le prenda por dentro de los
pantalones, echándose una sonrisilla a sí mismo. Liam tenía razón, ese
color le favorecía. Iba a juego con sus ojos. Cuando se subió en el
ascensor se peinó mejor el cabello castaño frente al espejo. Ese día no
usaba gafas ya que llevaba unos días probando lentillas de contacto.13

Cuando llegó a la planta saludó con un asentimiento a la primera


recepcionista, bajo el cartel del logotipo Styl. Luego, caminó por el pasillo.
No se dirigía a su despacho.

Sonrió de lado al reconocer el aroma a perfume. Liam tenía tres que eran
sus favoritos y al parecer, ese día se había puesto uno que al alfa le
gustaba especialmente. Adoraba cómo olía por las mañanas.19
Dio dos toques en la puerta antes de oír el 'adelante'.

—¡Buenos días! —Niall sonrió ampliamente, justo antes de sentir unas


patitas cortas corriendo hacia sus piernas—. Hola, murciélago. Qué
amorosa estás hoy.74

Evidentemente, fue sarcasmo. El pequeño Chihuahua había ladrado con


histeria al verlo.3

—Donatella, ya.1

Ambos llevaron su atención a Liam, sentado tras su escritorio. La perrita


soltó un bufido antes de corretear a su cama de tono verde pastel, situada
en una esquina del despacho.8

Niall no tardó en tomar asiento frente al beta.

—Buenos días a ti también.

Liam dejó escapar un resoplido.

—Buenos días, Niall.

El alfa no desdibujaba de su rostro aquella sonrisa resplandeciente.

—¿Qué tal? Te mandé un mensaje antes de salir de casa.

—Sí. Lo vi.41

—¿Y no me contestas? —No esperó a que el otro respondiera—. Me han


dicho que ese restaurante hace un entrecot a la pimienta que está de
muerte. Si salimos hoy media horita antes llegamos sin problemas.

Ojeó incluso su reloj de pulsera. Liam había suspirado. Otra vez.

—Hoy mejor no.1


El alfa arrugó el entrecejo.

—¿A la noche? —El beta alzó la vista, inspirando—. ¿Mañana?

Pero de nuevo negó.

—Mejor no.54

Niall prensó sus labios antes de erguirse en el asiento. Miró de reojo a la


mascota de Liam, que estaba acurrucada, mirando atenta hacia ambos.2

El de ojos claros pasó saliva.1

—Liam —llamó—. ¿Qué pasa?3

Al aludido le llevó largos segundos poder levantar el rostro. Su americana


negra estaba apoyada en el respaldar de su silla. Camisa blanca
remangada hasta los codos y su barba perfectamente recortada. Hubiera
lucido como siempre, podía ser el mismo Liam que irradiaba alegría, pero
era su mirada la que así no lo hacía.4

—Creo... —Se tuvo que cortar al pronunciar el vocablo. Carraspeó al tomar


aire, intentándolo de nuevo—. Creo que será mejor que eso no suceda
ningún día.152

Niall ladeó el rostro.

—¿Qué?1

El beta se podía llegar a atragantar con las palabras que se agolpaban en


su garganta. Irónicamente, después era incapaz de balbucir alguna.

—Niall...

—¿Por qué? ¿No quieres salir a comer conmigo? ¿P-por qué?

A los dos les costó callar, mirándose a los ojos.


—Niall, creo que lo nuestro... Creo que es mejor dejarlo aquí.139

El alfa entonces se apoyó en la mesa. Ceño fruncido y ojos bien abiertos.


No atinaba siquiera a parpadear.

—¿Dejarlo aquí? ¿Por qué? ¿Q-qué hice? ¿Hice algo mal?23

—No, Niall...

—¿Es por el perro? Digo, por el murcié... Digo, po-42

—No... —A Liam se le escapó incluso una sonrisa triste—. Claro que no es


por eso.3

—¿Entonces? ¿Qué pasó?2

Tenía una respuesta concisa para ello. En cambio, el problema radicaba en


que no sabía de dónde reunir el valor para decirla en voz alta.

—Pasó que... —Se remojó los labios antes de seguir—. Que esto no va a
ninguna parte.9

El alfa no comprendía. Negó.

Se negaba a entender.

—¿No va a ninguna parte? Eso... ¿Eso lo has decidido tú solo?4

Liam terminó exhalando, casi rendido.

—Es obvio, Niall —contestó—. Y no es tu culpa. Esto es cosa mía.6

—¿El qué es cosa tuya? Liam. —Hizo que lo mirara—. Por favor,
explícame. N-no entiendo.3

Sus ojos claros y la forma en que lo enfocaba... Al beta, irremediablemente,


le molestó algo en el pecho.
—Esto que tenemos —comenzó—. No vamos al mismo lado, estoy seguro.
Sólo trato de frenarlo antes de que se me vaya más de las manos.26

—¿Estar conmigo es algo que te va de las manos?

Suspiró cansado.

—Sí, Niall. Todo el tiempo.

Llegó a bufar.

—¿Por qué? Déjate de rodeos, por favor. ¿Qué pasa? ¿Qué sucedió?
¿Quizás discutimos mucho? —Liam volvía a negar—. Es que no entiendo.
A mí lo que se me está yendo de las manos es esto. Estábamos bien.6

Había levantado incluso los brazos, suplicante.

—Niall, tú eres de Júpiter y yo de Marte. Lo digo así por ponerlo fácil. A la


larga esto no va a salir bien porque... Porque yo voy a querer más y tú... Tú
querrás otra cosa diferente.58

El alfa cerró los puños.

—¿Me lo has preguntado? ¿Me has preguntado qué quiero yo? Estás
decidiendo por mí.26

El beta dejó caer los hombros.

—Es obvio.

—¡¿El qué?!1

—Niall...

—No, Liam. Me estás dejando. O algo así, no lo sé. —Se frotó el rostro con
las manos, aún confundido—. Trato de entender por qué.1
—Nos llevamos seis años.139

—¿Y? ¿Eso ha sido un problema hasta ahora?5

—No, pero lo será. No sólo eso será un problema.1

Liam volvía a negar con la cabeza. Tuvo que tomar una bocanada de aire,
pasándose también ambas manos por el rostro. Se levantó de su asiento
ya que las piernas le empezaban a temblequear.

Niall lo imitó.

—Para mí no es un problema.1

El otro sólo se mostró más mortificado.

—Niall. —Se tuvo que fijar mejor en el color de su camisa. En lo guapo que
lo encontraba. Y suspiró. Tuvo que hacerlo prácticamente rendido—. Estoy
enamorado de ti. Me enamoré como un maldito adolescente de ti.78

El alfa contuvo la respiración, sin dejar de mirarlo.

—¿Te enamoras de mí y me dejas?76

—¡Oh, vamos! —El beta caminó en círculos—. S-sólo trato de protegerme.


Por una vez en mi vida trato de ahorrarme lo que sé que vendrá. —Sabía
que la mirada de Niall demandaba una nueva explicación a sus
declaraciones—. Soy beta, Niall. Soy beta. Está bien tener una relación
conmigo un par de años, querernos... Pero cuando venga la otra fase todo
se va a torcer. No puedo dar hijos. Y me gustan los hombres y, dios, yo
tampoco quiero hijos y... y siempre me vengo a enamorar de alfas, aunque
me diga que no y discuta con ellos para autoconvencerme de que no me
gustan. Y bromeo, y no lo tomo en serio. Pero, mierda, contigo se fue todo
de control p-porque también me peleas y me buscas y... Sólo sé cómo va a
acabar esto, Niall. Lo sé y no quiero alargarlo porque luego duele más. Y
no quiero que contigo me duela. No quiero.97

Los ojos del alfa no dejaron en ningún momento de enfilarlo.

—¿Quién te hizo eso? —preguntó—. ¿Quién te dejó porque no podías


darle hijos?73

Liam resopló. Sus ojos comenzaban a cristalizarse.

—E-es normal. Yo lo entien-

—No —cortó—. No es normal, Liam. ¿Eso crees? No. Es normal que algo
se rompa porque se acaba el sentimiento o las ganas de estar, pero no
porque no le puedas dar hijos. ¡Claro que no! ¿Eso te hizo creer?21

Niall contenía un gruñido. Liam únicamente retrocedió.

—Es algo que creo yo.

El alfa se acercó.

—Pues no estoy de acuerdo. No lo estoy. S-si tú y yo lo dejamos es porque


no nos aguantamos más. Porque probablemente adoptarás más
murciélagos enanos como ese. —Apuntó a Donatella, que lo miró—. Sí,
traerás más y yo te haré elegir entre ellos o yo cuando orinen las alfombras
y tú, obviamente, me pondrás las maletas en la calle. Y estaremos días sin
hablarnos y nos echaremos de menos y no nos lo diremos porque en eso
somos iguales. Y, maldita sea, ¿sabes qué? Ni aun así lo dejaremos
porque yo volveré a aparecer con mi maleta y un juguete para esos bichos.
Así están entretenidos para que nos dejan en paz, como cuando le compré
el hueso con pito a esta. Porque vuelves a asumir sin preguntarme, Liam.
Yo no quiero hijos, lo he dicho siempre. Eso no es una prioridad en mi vida.
¿Sabes la de planes alternativos que hay a eso? ¡Millones! La vida, para
mí, es más que eso. Para mí y muchas personas. No es tan raro. Y sí, es
cierto que todos me decían que con el paso de los años cambiarás de
opinión, pero, ¿sabes? No lo he hecho. Sigo pensando igual. Sin embargo,
algo que quizás nunca he compartido es otra cosa que sí que deseaba
encontrar. A alguien especial. La gente dice que se llama enamorarse, de
hecho he estado escuchando a mi mejor amigo quejándose por años de
eso. Y a veces me daba envidia y me decía, bueno, en algún momento
aparecerá alguien. Alguien, Liam. No un omega, una beta... Alguien.
Alguien que deseara ver a todas horas y con quien quisiera estar. Alguien
que hiciera que me cosquilleara el cuerpo entero. Que me creara calor en
el vientre cuando sonriera con mis cosas. Alguien que me aguantara. Así
que bueno, supongo que es el momento de traducir todo eso del dialecto
Niall Horan al de las personas normales y decir que estoy enamorado de ti,
Liam. Y que no quiero que me dejes.393

El alfa dio otro paso cuando se fijó en que una lágrima descendía del rostro
del que estaba frente a él.4

Por enésima vez, volvía a negar con la cabeza.1

—¿No qué? —preguntó Niall, dando otro paso—. Es sí. Te quiero. Quiero
todo de ti. Perros enanos, extravagancia, discusiones que llevamos tan
bien... Discusiones que me encantan. Reímos todo el rato, Liam, y a mí me
encanta reír. Soy un payaso.8

El otro tuvo que absorber por la nariz antes de poder decir algo.

—Sí que lo eres. Eres un payaso.6

—Y tú también. Un poquito —aclaró—. No tanto como yo...5

—Ya —sonrió, limpiándose una lágrima—. Yo soy el cursi.


—Oh sí, eres un cursi.

—Ojitos claros...71

—¿Ves? Lo más cursi que oí en mi vida.34

Seguían a una distancia prudencial y Liam dio un pisotón flojo en el suelo.

—Maldita sea... ¿Cómo me haces esto? ¿C-cómo dices todo eso y no te


quedas ni temblando? ¿Eh? Maldita sea, Niall. —El alfa aguardaba
atento—. Te quiero.27

El alfa no tardó en esbozar una de esas sonrisas perfectas. Brillantes.

—Me quieres —arrogó—. Y yo te quiero a ti. ¿Por qué estamos entonces


tan lejos?3

—Porque tengo miedo.9

Niall se acercó un poco más. Liam no se movió.

—Bueno, yo te lo voy a quitar. Confía en mí. Soy un desastre en todo, sí,


menos en la vida que quiero y con quien la quiero llevar. —El beta
pestañeó—. Y, bueno, tengo a esa persona enfrente.64

Liam volvía e retirarse lágrimas traicioneras del rostro. Su corazón llevaba


rato bombeando con fuerza.1

—Oh, Niall...4

—¿Qué? —Sonrió—. ¿No me vas a besar? ¿No vas a tirarte a mis brazos
como en las películas? Vamos, me he declarado. Te estarás derritiendo...44

El beta levantó un puño.

—Eres idiota.2
—Tu idiota —puntualizó.5

—Mi idiota de ojitos claros.161

Los mismos no tardaron en ponerse en blanco.1

Liam sonrió, acercándose mientras Niall acabó con el resto de distancia.


Abrazándolo cuando se encogió. Sonrió al sentir el perfume y calidez.
Cuando su pecho también se aceleró. Fue el beta el que cerró sus brazos
alrededor de sus caderas y el alfa el que le alzó el mentón para
encontrarse con sus labios salados por las lágrimas. Y los besó. Los besó
hasta volverlos dulces; su sabor natural. El beta gimió bajo cuando lo
escuchó soltar uno de sus gruñiditos satisfechos. Y sonrió contra él.16

—¿Dónde has estado toda mi vida? Loco desquiciado...4

Niall rió antes de robarle otro beso.

—Pues creciendo, ya sabes...140

Por supuesto, se llevó un golpe en el brazo por eso.2

Lo volvió a besar cuando Liam pretendió hablar, con ceño ya fruncido. Sus
labios rozándose con dulzura y la dosis justa de travesura.2

—No te vas a librar de mí —susurró Niall, mimoso contra la caricia que


dejaba el otro en su nuca.

—Ya. Ya estoy viendo que es imposible.4

Lo quiso volver a besar, pero se escuchó un ladrido a los pies de ambos.

Niall bufó cuando Liam sonrió y tomó a Donatella del suelo. El cuerpecito
negro del Chihuahua temblequeó contento cuando lamió la mano de su
dueño. El perro se mantuvo quieto cuando fue el alfa el que le regaló
entonces una caricia en la cabeza; algo tosca ya que le dejó ambas orejas
hacia atrás. Niall ante eso rió, burlón.3

—¿Sabes cómo comenzó esto? —dijo Liam, enfocando al otro, quien


enarcó una ceja al oírlo. Se acercó a su escritorio, sacando algo del primer
cajón que luego le tendió.

—¿Un cepillo de dientes? —preguntó al tomarlo. Estaba en su envoltorio y


sin abrir.26

—Según yo era una forma de pedirte algo serio, pero luego me vinieron las
dudas y... —Resopló—. Era para que lo dejaras en mi casa.14

Niall continuaba observando el objeto. Pestañeó un par de veces.

—Pero tenemos un problema con esto. —Liam dejó a su mascota en el


suelo, mirándolo preocupado—. Yo uso cepillo eléctrico.87

El beta abrió la boca.

Volvió a golpearle en un brazo.

—¡Imbécil!

Niall rió con escándalo.

—Ven aquí...

Al final el cepillo cayó al suelo y fue Donatella el que se hizo con él,
llevándolo a su cama para custodiarlo.26

El alfa retrocedió hasta sentarse de nuevo en la silla frente al escritorio.


Liam se dejó caer en sus rodillas, abrazado a su cuello mientras el otro le
acariciaba con lentitud la espalda.7
—Yo te compro un cepillo eléctrico, insoportable. Que eres un
insoportable...9

—Ajá...

Rieron. Se iban a volver a besar, pero ambos pararon en el camino cuando


el móvil de Niall sonó. Lo tomó de uno de los bolsillos de su pantalón.3

—Harry —anunció y Liam se acomodó mejor en sus piernas—. Un


mensaje. Dice que si puedo ir a su despacho.

Liam suspiró.

—¿Cómo está?4

—Ido —contestó, haciendo un mohín.5

—¿Cuánto hace que Louis se fue?8

—¿Una semana? Creo. Bueno, menos. Hoy es viernes y se fue el lunes


por la mañana.87

El beta se abrazó un poco más a su cuello.

—Pero volverá. ¿Por qué Harry está así? ¿No le dijo que volvería?4

—Sí —respondió, rozando su barbilla con el hombro del beta—. El asunto


es que con ellos lo simple siempre se vuelve complejo.41

—Pero si se adoran. No hay más que verlos.2

—Ya, pero es Louis el que siempre complica un poco las cosas. Si fuera
por Harry, bueno, ya serían un alter ego de La Casa de la Pradera.42

El beta rió.
—Mira que eres tonto. ¿Cómo se te ocurren esas cosas? —Niall se
encogió de hombros—. Bueno, igual, ¿por qué dices que Louis complica
las cosas?

—Porque siempre duda mientras Harry quiere todo con él. Y pienso como
tú, ambos son bastante 'angustias' porque sí, no hay más que verlos.10

—Yo estoy seguro de que Louis volverá. Se fue a visitar a su madre, ¿no?

—Sí, pero el asunto es que ella está sola, ya sabes que el padre de Louis
falleció y... Bueno, entiendo en parte que la situación sea un poco más
compleja por eso.2

—Ya...

De nuevo, les interrumpió el móvil de Niall. Esa vez era una llamada
entrante.

Harry.

—¿Sí? —contestó el alfa.

No tardó en recibir la respuesta de su amigo:

—¡¿No viste mi mensaje?! ¿Dónde estás?59

Liam se alejó cauteloso. Había escuchado a la perfección aunque Niall


tuviera el teléfono pegado a la oreja.

—Sí, sí, lo acabo de ver y ya voy para allá. ¿Sucedió algo?

La respuesta de Harry demoró entonces un poco más.23

—Sólo ven.5

Niall volvió a asentir al colgar. Picoteó los labios de Liam antes de dejar
que se levantara de sus piernas.8
—Nos vemos luego —prometió sonriente.

El otro no se quería sonrojar.

Lo hizo.2

—Muy bien.

—E iremos a cenar —añadió—. Entrecot a la pimienta.

El beta alzó una ceja.

—¿No querías ir a comer eso?

—Decidí que mejor vengo a buscarte y comemos en tu casa. Antes


podemos pasar a por mi nuevo cepillo de dientes.

Liam rió queriendo decir algo, pero un nuevo beso en sus labios lo
interrumpió. Luego, Niall abandonó su despacho tras guiñarle un ojo. El
mayor únicamente suspiró.

En menos de cinco minutos, un Niall sonriente tocaba la puerta del


despacho de Harry. Dio un brinco cuando el mismo le abrió de sopetón,
haciéndolo pasar.

—¿Qué...?

—¡Gracias por tu rapidez!12

Lo dijo con sarcasmos. Excesivo sarcasmo.6

El de ojos cian pestañeó confuso, observando cómo su amigo daba un


paseíto a zancadas frente a su escritorio. Dudó si sentarse o no en el sofá.

Se cruzó de brazos.

—¿Harry...?
—No sé qué hacer —escupió el ojiverde, dando otra vuelta.

—¿Uh? ¿Con qué?

Incluso gruñó.

—Ya es viernes. Cinco días, Niall. Cinco días y me voy a volver loco.131

El alfa había gesticulado con las manos. El otro aflojó su expresión. Lo


entendió, dejando que Harry diera dos vueltas más.

Parecía un león enjaulado. Un león gruñón, confuso y también ojeroso. Los


últimos días se había llegado a pasar cerca de doce horas en la empresa.

—¿Louis? —pronunció Niall, bajito y casi cerrando un ojo.12

Harry frenó. Su amigo pudo dar un brinco por la forma en que de inmediato
lo miró.

—¡Sí! ¡Claro qué es Louis! ¡Louis! —Se llevó ambas manos a la cabeza—.
Y-yo me voy a volver loco.21

Respiró con pesadez, apoyándose en su escritorio. Niall aprovechó para


acercarse a él.

—Oye, Harry, tranquilo. —El nombrado siquiera lo miró—. ¿Has hablado


con él?24

Tragó saliva.1

—Ayer.

—¿Y?

—Y está bien —rezongó—. Como estos últimos días. Su madre contenta,


me habla de Plymouth, yo de aquí... —Gruñó—. Y me callo cuánto es que
lo echo de menos.23
Harry le dio un golpe a la mesa. El otro ladeó el rostro.

—Pero, ¿por qué te callas?

Para Harry, era liberador no tener que, precisamente, callar siempre. Fue
por eso que llamó a Niall. No fue por ningún tema de trabajo y podía
juzgarse a sí mismo por eso, realmente podía, pero simplemente no
aguantaba más. Ya no.

—¡Porque no quiero cagarla! ¡Porque me da miedo no sentir al mismo


Louis! ¡Porque...! Joder. Porque tengo miedo.27

Llevó la vista al suelo. El otro le tocó el hombro.

—¿Miedo a qué? Harry, mírame. —Su amigo obedeció—. ¿Miedo a qué?

Tardó un minuto de reloj en responder.

—A que no vuelva.117

Niall resopló con pesadez, vagando la vista por la estancia. Harry había
apretado los puños.

—Te dijo que lo haría, ¿no?

Harry quiso sonreír, mas no le salió.

—¿Y si cambia de opinión? ¿Y si ya lo ha hecho y no me lo dice?1

—Vamos, Harry... —Apretó de nuevo su hombro. Había perdido el contacto


visual con él—. Hey, hermano, te estás comiendo la cabeza mucho más de
lo que deberías.

Harry se removió, irguiéndose para volver a dar una vuelta en círculo.

—Ya ni sé estar en casa, Niall. Lo siento y me pone mal. Me pone de mal


humor no encontrarlo y que la cama ya no huela a él. Que cada estancia
pierda el aroma también me pone de mal humor. S-siento estos días sin él
mucho más largos que todo el tiempo que estuvo aquí. —Bramó—. ¡Y eso
no tiene maldito sentido!15

—Harry... —llamó paciente.

—¡¿Qué?!9

—¿Se lo has dicho?

—¿El qué?

—Todo eso.

Sacudió la cabeza, volviéndose a apoyar en la mesa.

—Con Louis no puedo ir así. No. A distancia nosotros no funcionamos.


Nunca lo hicimos.34

Niall se remojó los labios.

—Sabes que esto no es como años atrás, ¿no?2

—¿Qué?1

—Tú dices que así no funcionáis y yo digo que vuestra situación ya no es


la de años atrás. ¿Es eso? ¿Piensas que sois los mismos? No estamos en
la universidad, Harry. Louis ya no es ese desconocido para ti. —Hizo una
mueca, despreocupado—. Tú tampoco serás el mismo para él.5

Harry resopló. Se sabía y relucía agotado.

—No, no somos los mismos.77

—Entonces, ¿por qué estoy viendo a ese Harry que detestaba? —El otro
enarcó una ceja—. Sí, perdona que te lo diga, pero así es. Es
desesperante verte en ese estado "Louis". Te vuelves además
insoportable.15

Suspiró con pesadez, llevando una mano a la nuca para apretársela. Harry
alzó la vista, encontrándose con la sosegada de su amigo.

Era bueno contar con Niall. Era tranquilizador y fue por eso que se pensó
muy bien lo que a continuación iba a decir.

—Es mi omega. Louis es mi omega. No sé vivir sin él. Siempre ha existido


esto entre nosotros. Siempre ha sido algo inexplicable. Nuestras
condiciones mandando sobre nosotros siempre nos advirtieron. Esa forma
de sentirnos, de calmarnos... De sincronizarnos.119

El de ojos claros asintió. Lo sabía. Claro que lo sabía.2

Claro que Harry siempre lo supo.1

—Díselo.4

—Él lo sabe, Niall. Por supuesto que lo sabe. —Una sonrisa amarga atildó
pronto su expresión—. Por eso huyó siempre de mí.30

—Se vino contigo a Londres, Harry. No huye de ti.1

—Pero ahora volvió a Plymouth. A su zona de confort. —Bufó,


despeinándose cuando, desesperado, se volvió a pasar las manos por la
cabeza. Su moño lucía casi deshecho—. Quizás se da cuenta de que está
bien sin mí. Quizás se da cuenta de que no quiere un alfa y que volver es
seguir alimentado algo que lo hará dudar de nuevo y... y no se vuelve a
aceptar. Puede volver a renegar.24

El irlandés colocó los brazos en jarra, observándolo.15


—Yo no sé si Louis quiere un alfa o si está o no preparado para eso, pero
es evidente que te quiere a ti. No se trata de la condición, sino de ser
humanos. Volverá por ti.38

Harry sintió un escalofrío al oír aquel "te quiere". Pudo llegar a sonreír con
amargura por eso.

—¿Y si no? —indagó.1

—Si no... Pues todo es más simple.

—¿Simple?

El alfa asintió, entusiasta.

—Preséntate en Plymouth. Dile todo esto y si ya lo sabe, pues


recuérdaselo.48

Con expresión confusa, Harry se irguió.

—¿Que vaya a Plymouth?4

—Sí. Vas, se lo dices y te vuelves.

—¿Cómo que se lo digo y me vuelvo?8

Sabía que era fácil que Niall alucinara y brotara con ideas locas que para él
precisamente dotaban de sentido. No se imaginó que a ese punto también.

—Y ni lo avises —continuó—. Cuando estés llegando le dices que pasas


por su casa y boom, se lo sueltas.15

Dio incluso una palmada. Harry abrió y cerró la boca dos veces.

—Eh...
—Yo lo hice —volvió a decir el castaño—. No estaba planeado y lo hice.
Y... joder, siempre tuviste razón. ¿Recuerdas eso que te decía de ver el
resto de flores del jardín? ¡Bah! En cuanto te enfocas en una el resto deja
de tener los colores que llaman tu atención. Y sí, a veces es nuestro
instinto, pero otras son los sentimientos más humanos. Al final, llega un
punto en el que ambos se encuentran y no te dejan ver más.18

Harry era incapaz de parpadear.

—¿Niall... ?2

—Fue Liam —resolvió—. Yo tampoco sé en qué momento. No lo sé, te lo


juro. Pero ese maldito loco ha estado a punto de dejarme y... dios, no. Me
angustia pensarlo. Me angustia el no saberlo en su despacho. Cerca. Me
angustia el pensar que no me abrirá la puerta de su casa, o no oír sus
quejas cuando me meto con el murciélago. —Sonrió—. Lo perseguiría,
Harry. Perseguiría a Liam hasta que escuchara lo que tengo que decirle.
Porque ahora entiendo todo esto, joder. ¿Qué haces aquí? Ve a decírselo
a Louis. Dile el porqué de tu mal humor. Dile por qué no puedes dormir.84

'Porque me falta'5

—Me falta... —repitió en voz alta—. Me voy a Plymouth. Sí, es v-viernes.


Sí, me voy.45

Niall sonrió. Amplio. Deslumbrantemente.2

—¡Lárgate!28

—Joder, Niall, joder... —se quejó, ojeando su escritorio. Si tenía que tomar
algo, no recordaba qué—. Joder, se suponía que yo me iba a reír cuando
tú te enamoraras. Se suponía que el que tenía experiencia en eso era yo.16
—Oh, hermano, ¿todavía no sabes que yo las cosas las hago siempre por
todo lo alto?16

—Serás...8

Levantó una mano, pero se encontró con un Niall que abría sus brazos,
mientras elevaba con comicidad ambas cejas. Harry lo abrazó, resoplando
con pesadez. Quizás, sólo quizás, tomando un poquito de fuerza para lo
que iba a hacer. Era de locos, estaba seguro. Sabía que lo más probable
era que se arrepintiera en mitad de camino. Sabía que entonces razonaría
que, llegados a ese punto, no valía la pena dar media vuelta.8

Y sí, quizás era una locura. Quizás lo agobiaba y no respetaba su decisión.


No lo sabía, pero se juraba que sólo lo molestaría un momento.

Sólo uno.

Le diría; le recordaría que, sin más, estaba enamorado de él. Que no era
imposible, pero sí tremendamente aburrido e insípido vivir sin él.1

¿Insípido? Harry sonrió ante su pensamiento. Era verdad. Vivir era


insulso.2

Una vida sin color. Sin picazón...8

Se lo diría y volvería, tal y como había dicho Niall. Porque ese tipo de
cosas no se podían decir por teléfono. Porque ese tipo de cosas no debían
hacerse esperar.3

Ya había esperado más de dos años.2

Iría, lo vería y se lo diría. Verlo... Se moría por hacerlo. Por tocarlo.

Sí, se iba a Plymouth. A donde todo nació.8

Donde, quizás, todo volvía a iniciar.


Sonrío al ver cómo su madre tomaba su pelo castaño y se lo recogía en
una coleta que trabó con una pinza. Estaba en la cocina. Si pensaba en
ella, esa era una de las imágenes que venían a su mente. La recordaba
siempre de esa manera, arreglándose el cuello de la blusa para colocarse
el delantal, lavarse concienzudamente las manos y rebuscar en la nevera.
Comprobó la receta en uno de sus libros antes de sacar también la tabla de
cortar.38

Louis suspiró, alejándose hacia el salón. Paseó su vista por el mueble de la


televisión y acarició con la yema de los dedos aquel portarretrato junto a la
pantalla. Creía recordar que su madre le había dicho que allí él tenía unos
ocho años. Había puesto los ojos bizcos y sacado la lengua mientras se
colgaba de los hombros de sus padres. Sí, le encantaba esa instantánea.
Recordaba que a George también. Siempre que la veía se burlaba de su
cara, intentando imitarla.47

Se fijó en el azul de los ojos y la sonrisa de su padre. Debía admitir que


todo el mundo tenía razón. Se parecía mucho a él.24

Exhaló antes de que la picazón en los ojos molestara un poco más,


optando por encaminarse un momento a su cuarto. Apartó la maleta de la
entrada y echó un vistazo a su cómoda prácticamente vacía si la
comparaba a como siempre estuvo. Se había llevado algunas de sus
gorras a Londres. Las que dejó, Marjorie las guardó en el armario para que
no cogieran polvo. No había mucho más allí, un pequeño baúl que fue de
su padre, las llaves de la moto y un billete de tren. Lo tomó, leyendo su
nombre impreso y la ciudad de destino.

Londres.

Un billete a Londres para el día siguiente.214


Tomó aire, mordiéndose el labio inferior para disimular aquella sonrisa que
tiraba de sus comisuras.1

Harry no sabía nada. Quería darle una sorpresa.382

Lo había estado notando algo escueto en los últimos días que habló con él.
Ya lo conocía, y lo cierto era que él tampoco era bueno en eso de
mantener una conversación congenia por teléfono. No cuando sabía que
podía expresar más con un contacto físico. Era nefasto hablando.23

Pero lo echaba de menos. Lo echaba malditamente de menos.20

Se despertaba en las noches, tanteando la cama para buscarlo. Se


desvelaba luego al no encontrarlo. Pensaba en él, imaginándolo
durmiendo, como las veces que Harry lo despertaba por los ronquiditos que
emitía muy cerca de su oreja cuando lo abrazaba inconsciente hasta
pegarlo a él. Su respiración tranquila cuando Louis entonces le acariciaba
el pelo, apartándole los rizos que siempre le caían en la cara.107
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❝ Louis Tomlinson; un omega de cuarenta años de edad. Felizmente casado con Frederick,
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bibliotecario misterioso que intenta protegerlo de la noche.
////
warnings: adicciones, tortura, muerte, angst, etc
parejas: larry , liamxdanielle (se imaginan lo viejo que es este fic), insinuaciones de ziam

♔ miss sugar pink ♔ {l.s | traducción}


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Louis monta a Harry en la silla de su oficina con uno de sus co-trabajadores en la habitación.
Sólo un escritorio los separa.
----------
créditos a @goldengukkie (ao3) gracias por dejarme traducirlo♥
crédito al dibujo en la foto ♥

Oh, sí, lo echaba de menos. Tanto que llegaba a molestar.

Su garganta raspaba al recordar sus besos. Al fantasear con los muchos


que les faltaban.7

Dejó el billete sobre la cómoda, figurando el momento en el que, en poco


más de veinticuatro horas, llamara a Harry para decirle que qué tal le
parecería pasarse por la estación. Por supuesto, se negaba a tomar solo el
metro hasta casa.2

Casa.108

Un escalofrío lo recorría entero. Ahora, tenía más de una.1


Ahora tenía a Harry y tenía tanto que decirle...1

—¡Louis! —Se asomó al pasillo al oír que su madre era la que lo llamaba—
. ¡Louis, tu móvil está sonando!15

Se dirigió de inmediato hacia allí, comprobando al tomarlo que se trataba


de un mensaje. Sus dedos entonces hormigueando...

Era Harry.3

"Esto te va a sonar rarísimo, pero calculo que en una hora y media


llegaré a Plymouth. Presiento que en breve me quedaré sin batería, así
que no te podré avisar. Nos vemos a las cinco en tu portal?"173

Se acaloró. Sintió las mismísimas gotas de sudor en la nuca.

Boqueó incluso.

¿Harry en Plymouth? ¿Iba para allá? Tuvo que releer el mensaje unas tres
veces más. Literalmente, se dejó caer en una de las sillas del comedor.
Sus ojos eran incapaces de parpadear. No los desclavaba de la pantalla.1

—¿Louis? —preguntó su madre al verlo—. ¿Qué pasa?

Él alzó el rostro, aún boquiabierto.

—Harry —espetó—. Harry viene para acá. A-a las cinco está aquí.69

Marjorie apartó una sartén del fuego.

—¡¿Qué?! —Caminó hacia su hijo, secándose las manos en el delantal—.


Pero, ¿y eso? ¿Pasó algo?4

—No sé...

—¿No te dijo nada?


—No.

Seguía alucinando.

—¿Y no le vas a preguntar?2

Quizás eso era una buena idea. Le llevó un rato asentir.

—Sí, preguntar...22

Marjorie enarcó una ceja mientras Louis andaba con el teléfono. Contuvo el
aliento cuando se lo llevó a la oreja y casi se le salió el corazón por la boca
cuando quien saltó del otro lado fue el buzón de voz. El número al que
llamaba estaba apagado o fuera de cobertura.1

Recordó lo de la batería.1

Sólo en ese momento, cayó de verdad en todo aquello. Harry estaba


yendo. En una hora y media iba a verlo. En una maldita hora y media
estaría en su portal.

Estaba loco. ¡Rematado! Demente. Su corazón no podía dejar de palpitar


con fuerza. Tuvo que respirar hondo cuando apartó el teléfono y miró a su
madre.3

—¿Te vas a ahorrar el viaje en tren? —preguntó ella, sonriendo.34

Louis rió.

—Está loco. No sé qué hace...87

Marjorie volvió a encaminarse a la cocina tras dejar una caricia en el


hombro de su hijo.

—Se ve que no eres el único que ha estado echando de menos.


Él volvió a sonreír, sabiendo que sus mejillas se habían también ruborizado
con cierta furia.6

Harry estaba loco. Cuatro horas de viaje en coche para... ¿Para qué?
¿Para verlo? Un cosquilleo caprichoso se alió con el calor que ya reinaba
en su ser.28

Lo iba a matar. ¡Estaba chiflado!61

Fue incapaz de comer todo lo que le sirvieron, únicamente lo hizo porque


su madre le había hecho el gusto de cocinar uno de sus platillos favoritos.
Él mismo se lo había rogado. Marjorie había fomentado, poco a poco, parte
de su histeria, preguntándole si aunque sea imaginaba por qué el alfa se
presentaba allí. Cuando Louis resopló más de dos veces nervioso, ella se
limitó a reír.1

A las cinco...

La famosa hora y media pasó lenta. Ni hablar también de los minutos. El


segundero parecía avanzar con pereza mientras las agujas tampoco
colaboraban. Se cambió de ropa y comprobó, sin saber por qué, su billete
de tren otra vez. También abrió y cerró sus maletas ya preparadas. En tres
ocasiones.7

Y el maldito reloj no avanzaba.11

Se repitió cerca de una docena de veces que mataría a Harry. Y también


que debía comprarle un cargador para el coche. Llegó incluso un momento
en el que no sabía qué era todo lo que cruzaba por su cabeza.26

Los nervios se habían hecho por completo con él.15


Las palmas le exudaban y no podía estarse quieto. Caminaba en círculos
bajo la mirada divertida de su madre. Le había comentado un par de veces
que le terminaría haciendo un hoyo al suelo.8

Él, por su puesto, bufaba más mortificado.

Aunque no tanto como cuando quedaron cinco minutos para que fueran las
cinco de la tarde.

El estómago se le cerró y sus rodillas temblaron cuando Marjorie le dejó un


beso en la sien, sobándole con mimo la espalda.

—Sólo dile lo que me has dicho a mí.149

Él casi se encogió en el sitio. Qué fácil se veía desde fuera. Qué fácil...

La temperatura era agradable cuando pisó la calle. El hueco en la boca de


su estómago absolutamente insoportable.

Aquello no podía ser sano. No recordaba haber estado nunca tan


nervioso.10

Cada vez que un coche pasaba se le cortaba la respiración. Se llevaba las


manos a la cabeza e inspiraba mirando al cielo. Su móvil aguardaba en
unos de los bolsillos. No había vuelto a sonar.1

No dejaba de repetirse que le iba a dar algo.

Y lo pudo casi jurar cuando reconoció el BMW gris al final de la calle. Los
latidos los sintió entonces casi en la garganta.68

'Harry, Harry, Harry'25

Se estacionó a dos pasos de su portal, en un hueco amplio entre dos


coches. Louis se sorprendió al poder dar dos pasos cuando la puerta se
abrió.
—Harry.

Con una camisa blanca y los primeros botones sin abrochar. El pelo
recogido y unas gafas de sol a modo de diadema. Pantalones oscuros y
sus botas marrones, las más desgastadas. Louis tuvo que sonreír.92

Tuvo que hacerlo porque su corazón no era el único que decidió


deshacerse.8

El alfa caminaba hacia él. Semblante cansado, mas precioso con aquellos
dos hoyuelos adornando una sonrisa.3

Era Harry. Estaba allí.

—Puntual...

No supo por qué dijo eso. Tuvo que pasar un par de segundos para
asimilar que realmente lo pronunció en voz alta.

Eran las cinco.

—Siempre —contestó la voz ronca. Louis se estremeció—. Hola.34

Su sonrisa preciosa. Perfecta.11

—Hola...4

Tembló cuando se acercó. Cuando lo sintió.

Su interior revolviéndose al sentir la calidez en el pecho y el aroma a él. A


pinar.

Y la tierra mojada...11

Harry se remojó los labios con la lengua cuando no pudo más y cortó toda
distancia, llevando con cuidado las manos al rostro de Louis.29
—Hola —repitió.4

El otro me aferró a sus muñecas.1

—Hola.56

Inspiraron a la vez y Louis sonrió, olvidando cuántas veces se había dicho


que lo llamaría loco. En su lugar, le había dicho hola dos veces.
Alucinante.1

No quería pronunciar nada más.

Contuvo el gimoteo cuando Harry tiró de él y lo pegó a su cuerpo. Lo hizo


chocar con sus labios.70

Un beso suave, torpe y asfixiado. Louis abrió la boca y vibró al paladear


también su sabor.3

Harry gruñó. Sin siquiera querer.3

Se aferró a él, dejando cantidad de besos cortos en sus labios. Sus


alientos calientes siendo uno solo mientras trataban de tomar bocanadas
cortas de aire. Sus frentes se rozaron cuando Harry abrió los ojos primero,
topándose con los añiles que pestañeaban.1

Lo volvió a besar.8

Únicamente cuando se separaron, lo miró de arriba abajo. Louis se sonrojó


ante el escudriño.1

Llevaba un jersey de punto color beige que le quedaba como un guante.


También unos vaqueros que se había remangado en los tobillos. Aún no le
convencía mucho, pero le habían insistido que así era cómo se llevaban.
Que le quedaba especialmente bien.35

—Estás muy guapo —dijo el alfa, observándolo una y otra vez.71


Louis se supo excesivamente sofocado.

—Gracias —respondió azorado—. H-he invertido algo en ropa. En cambiar


de estilo un poco...28

Harry sentía los latidos fuertes en el pecho.

—Precioso —murmuró—. Cualquier cosa te queda bien.106

Y se miraron, mordiendo sus labios.

Estaban nerviosos.

Louis quería que su renovación de armario fuera también una sorpresa.


Ahora, al tener a Harry enfrente, no dejaba de repetirse que quizás la idea
había sido demasiado tonta.6

Un escalofrío lo recorrió cuando el alfa tocó uno de sus brazos.

—¿Vamos al coche? —dijo—. Vine... a hablar contigo.24

Louis se sintió estoico al no boquear.1

—S-sí. Yo también quiero hablar contigo.10

El mayor se tensó casi al instante, pudiendo jurar que notó hasta un tirón
en el cuello. Los músculos agarrotándose...22

Su saliva no pasó cuando le hizo un ademán a Louis para que caminara


delante de él. Tomó su asiento, empuñando bien el cinturón de seguridad
cuando se lo abrochó. Harry no dejó de mirarlo mientras rodeaba el coche
para llegar a tomar el volante. Le echó otra mirada antes de disponerse a
arrancar.3

Louis sintió la desazón de Harry.1

Harry palpó la inquietud de Louis.3


Condujo hasta salir del puerto, tomando la carretera que daba a la playa.6

—Mira esas nubes —habló el omega cuando se fijó en aquellas que lucía
rojizas y perfectamente enmarcadas en el cielo.

Harry se percató de que podía apartarse a un lado del camino, accediendo


a un pequeño sendero poco transitado. La inmensidad del mar se abría
ante ellos y el alfa se vio con la necesidad de suspirar cuando paró el
motor.1

Plymouth era precioso. Brindaba una sensación de libertad inexplicable.

Cuando Harry se giró a mirar al otro, algo se sacudió muy dentro de él. Sí,
el mar daba libertad; dicha al observarlo. Casi tanto como la mirada de
Louis.8

Entendió por qué no había echado tanto de menos esa inmensidad. Al


menos no como otras veces.1

El omega se quitó el cinturón de seguridad y el otro lo imitó. Louis no sabía


si era la mejor manera. No sabía si tenía un plan. Cualquiera que hubiera
llegado a pensar ya lo había olvidado.

La picazón en la garganta y las especias arduas que se colaban


seductoras en sus sentidos... Harry supo que realmente sí, los días sin
Louis habían sido mucho más largos de lo que por sí ya percibió.

Louis tenía que hablar también con él y estaba histérico por eso.4

Miró a su alrededor, ensalivándose las comisuras de los labios. El menor


posó una mano en uno de sus brazos rígidos.

—Tú primero —dijo Louis, con una sonrisa que se esforzaba por ser
serena.10
Él también se moría de nervios.

—¿Yo? B-bueno... Yo...7

Se quiso morder la lengua. De hecho, lo hizo.

Y se le quebró la voz.

—No esperaba que vinieras. ¿Me avisaste por el camino?

—Sí. No era algo que estaba pensado, simplemente lo decidí y... —


Resopló—. Te escribí cuando hice una parada en Bristol.2

Louis se mordió los labios. Pensaba en su billete de tren, y precisamente


por eso quería que el otro hablara primero.2

—Ya estás aquí. —El alfa asintió, autómata—. Cuéntame.

En la interminable hora y media de espera, a Louis le dio tiempo también a


preocuparse. Llegó a pensar en los padres de Harry; en si estarían bien.
Todo en un mero intento de darse algún tipo que explicación. Pero, como le
gritaba algo muy dentro de él, el alfa había ido por él. Única y
exclusivamente por él.2

Harry sudó.

—Estoy nervioso, Louis. —El omega le dio todo el tiempo del mundo para
obtener la fuerza de proseguir. Harry se repitió que era fácil. Que tenía que
serlo—. Estoy histérico, de hecho. —Remojó sus labios—. Venía feliz por
volver a verte, por... —Negó con la cabeza, inspirando—. Te he echado de
menos. Estos días he pensado mucho y, ¿sabes? Creo que siempre te
digo lo que quiero, pero no lo que no. —Louis no apartaba la vista de él.
Siquiera pestañeaba—. No quiero oír que te vas a quedar aquí. No quiero
oír que quizás no te planteabas volver conmigo porque... dios, necesito que
vuelvas conmigo. No sé estar sin ti. La cama se me hace inmensa. La casa
se me cae encima. Y estoy muerto de miedo porque ahora mismo me digas
que te vas a quedar aquí. Pero a la vez... Sé que suena contradictorio, pero
lo aceptaría si eso es lo que quieres porque yo lo único que deseo es que
estés bien. Que seas feliz, Lou. P-pero te lo tenía que decir antes. Te tenía
que recordar que no sé vivir sin ti. Lo tienes que saber.208

Harry juró que lo había hecho fatal.2

Sin embargo, Louis no encontraba el aliento.1

Louis, a su vez, sonrió.3

—Harry... —Su voz quebrándose cuando el alfa se removió, mirándolo con


aquellos ojos verdes cargados de incertidumbre—. Sé que tienes miedo —
declaró, tocándose su propio pecho—. Yo también lo tenía. Me pone
nervioso esto. Pero... —Su sonrisa tornó a tranquila. Porque sabía tan
tonta aquella duda... Veía tan absurdo que Harry dudara—. No te voy a
decir que me quedo aquí. No, no te lo voy a decir porque no puedo mentir.
Era lo que quería hablar contigo; lo que quería decirte. Me iba a volver a
Londres, Harry. Había comprado un billete para mañana.56

Los ojos del alfa se abrieron de par en par.7

Y su pulso se aceleró.

Y algo en su interior detonó en una corriente de chispas, calor, frío...

En una sonrisa.8

—Louis... Louis, ¿en serio? —Su voz temblaba. Se podía llegar a ahogar—
. ¿Q-querías volver conmigo? ¿Querías volver a casa?183

Por toda respuesta, el omega soltó una risilla.


—Claro que quería volver a casa. Te dije que lo haría, ¿no?

Harry asintió. Con frenesí. Asintió cantidad de veces.

—S-sí.

—Sólo quería darte una sorpresa —dijo, encogiendo los hombros—. Yo


también he dormido mal estos días. Y te he echado de menos. Mucho.9

El alfa seguía asintiendo.4

—Bueno, i-igual no me arrepiento de venir. Yo... yo necesitaba verte.


Necesitaba que lo supieras. Que te quiero conmigo.7

A Louis se le trabó un suspiro.1

—Yo también me alegro de que vinieras. Esperar menos para también


verte...4

Harry tembló. Louis se irguió.

—Ven aquí.4

Tiró de uno de sus brazos y Louis se encaramó sobre la palanca de


cambios y el freno de mano. El alfa entonces lo besó. Saboreó sus labios
antes de hacer para atrás su asiento. Les dio algo más de espacio y, por
inercia, Louis se acomodó mejor en su regazo.71

—Me hiciste falta —balbució el menor, con labios rojos y mordisqueados


con mimo.26

—Y tú a mí —juró, besándolo de nuevo—. Me haces feliz. Me haces tan


feliz...62

Algo explotó. Algo en su interior que los unió, haciéndolos sentir


exactamente lo mismo.11
Deseo, miedo y esperanza. Ganas, congoja y sosiego.6

Calor.

Calor de hogar.34

El mismo que se arremolinó años atrás. Tras la primera sonrisa y broma


infantil. Tras el primer susto y mirada furtiva. Desde el primer qué tal.
Desde el primer 'niño pijo'. Desde que se buscaron porque era la necesidad
la que demandaba al otro. Desde un pacto. Desde el peor derrumbe.55

Porque siempre era el mismo. Siempre eran ellos.2

Su refugio. Su destino.17

El sentimiento mudo que siempre se manifestó en calor. En ese que se


acoplaba a lo que precisaban.4

Ese que se volvía enorme cuando estaban juntos y también entraban los
roces. Que se fortalecía con cada beso y caricia.1

Porque era irrompible.1

Era Louis.20

Era Harry.19

—Oh, Harry —repitió en voz alta, notando un beso suave en su barbilla.


Cuando lo miró, sus propios ojos brillaban. Las lágrimas se anegaban—.
Siento que debería estar toda la vida pidiéndote perdón por tardar tanto
con esto.81

Se le escapó un gimoteo débil; sentido.

—No —advirtió el alfa, rozando su nariz con la mejilla tibia del otro—.
Pásala conmigo. Simplemente pasa la vida conmigo.160
Louis asintió, notando cómo dos lágrimas escapaban de sus ojos. Harry las
barrió con sus propios labios.

—Eres tú. Sólo existes tú. Sólo te necesito a ti.68

Harry vibraba bajo él. Lo abrazaba más contra sí.3

—Me enamoré de ti mucho antes de yo mismo darme cuenta, Lou. Seguí


enamorado de ti cuando llegué a pensar que te había olvidado. Siempre lo
he estado. Durante años. Siempre lo estaré.80

Louis volvió a llorar.32

Ya no le molestaba hacerlo. Ya no se sentía mal porque eso le aliviara.

Por Harry. Todo era por Harry.

—Contigo es fácil —pudo decir, recibiendo otra caricia que retiraban sus
lágrimas—. Es fácil entenderme. Estar cómodo. —El alfa tocó mimoso su
cuello, mientras sus ojos verdes también se cristalizaban—. Soy omega,
Harry. Soy omega.286

El otro sonrió con mirada aguada.

Y volvió a asentir.

Volvió a sonreír.

Lo volvió a abrazar.

—Mi omega —imploró, con Louis ya prácticamente de rodillas sobre él.


Aferrado a él—. Sé mi omega. —Se estremeció entero cuando el mismo
enterró el rostro en su cuello, humedeciéndolo con su lengua—. Eres mi
omega.290

Gruñó.8
Louis le había rozado con los dientes la piel y él, si fuese capaz, lo
adheriría a su ser. Si fuera posible, dejaría que lo atravesara. Que lo
rigiera.68

—Alfa...181

Gruñó tan alto...19

Demandó su boca con hambre, exigiendo el encuentro con su lengua


mientras Louis colaba una mano por dentro de su camisa. Sintió en las
palmas de sus manos la vibración del pecho del mayor, quien sólo
necesitaba más de su sabor.1

Su cuerpo reaccionaba; ardía.

Louis gimoteaba, removiéndose menesteroso; apurado.

No eran sólo ellos. Era lo más primario de su condición. La sentencia


natural.

Lo que comenzó con todo aquello...

Esa vez, era la necesidad de contacto sin necesariamente estar en celo.


Era diferente.7

—Vamos a la casa de la playa —consiguió murmurar el alfa. Louis se


negaba a perder el contacto con su piel—. Estamos cerca, vamos allí.38

El omega se abrazó más a su cuello.

Negó.

—No, aquí. Te quiero aquí. No puedo esperar. Aquí...208

Harry acabó dejando escapar un rugido y Louis gimió satisfecho por eso.1

Era la pieza perfecta. Harry era todo lo que lo hacía funcionar.2


—E-es incómodo —dijo. Ya había intentado tirar de su jersey, sin éxito.
Louis sí se había deshecho de dos botones—. No puedo...1

—¿Atrás? Vamos atrás.67

Louis sólo esperó diez segundos en el asiento del copiloto antes de que
Harry se moviera. Antes de sentir el tirón en su mano.

La noche caía, la carretera vacía y aquel sitio apartado. Cristales tintados y


sus bocas encontrándose por enésima vez.

El cielo.

El mar.

Sólo esos eran los testigos.117

Lágrimas que continuaban rodando para morir en la boca ajena. Prendas


que sobraban porque, más que nunca, el calor se expandía demandante;
exigente. Lava que viajaba bajo la piel y se emanaba en inspiraciones,
besos, caricias...4

Sus pechos rozándose mientras las manos, temblorosas, se deshacían de


botones y cierres de pantalón. Lenguas que se negaban a separarse y
salivas que formaban una sola.9

Corazones que latían al mismo compás. Que se aceleraban a la vez.5

Louis gimió cuando la boca del alfa succionó su piel. Cuando lo exigió en
pequeñas mordidas que comenzaban en su cuello y acababan a ambos
lados de sus pezones.27

Prendas que se enredaban en los tobillos y volaban tras un movimiento


seco.3

Humedad, roces, gemidos y deseo.


Lo animal.7

Lo humano.4

Louis abrió la boca, llevando su vista al techo cuando Harry lo acarició. Sus
dedos tanteando sus nalgas. Únicamente asintió, apoyándose en sus
hombros para tomar impulso con las rodillas y alzarse. El alfa acarició su
propia erección antes de delinear con la otra mano su cintura.28

Una nueva lágrima derramándose cuando el omega dejó caer sus caderas
con cuidado, sintiéndolo poco a poco. Respiraciones ahogadas y besos
cortos que devolvían a cuenta gotas el resuello.22

Harry quitó sus lágrimas. Louis lo besó para interrumpir las de él.3

Para oírlo cuando rodó por primera vez sus caderas.3

Se sentía lleno. Se sentía él.5

Completo.2

Se miraron la segunda vez que Louis se movió. Y la tercera. Y la cuarta.


Cuando tuvieron que gemir con la boca abierta, comenzando a encoger los
dedos de los pies mientras se apretaban la piel. Sonriendo. Besándose
más despacio en cada intromisión.27

Harry sudaba mientras los espasmos se atascaban en su garganta. Louis


caía cada vez más rendido, pues cada movimiento era un pequeño paso
para cruzar la línea de la sensación más placentera.4

El alfa tomó sus caderas, boqueando por aire; por liberarse. El omega lo
observó y, colgándose de su cuello, volvió a hacerlo. Volvió a rodar.6

Hasta que todo fue mudo.2

Fuegos artificiales sordos.2


Hasta que incluso se mareó.1

Sonrieron, gimieron y dejaron que sus cuerpos se abandonaran al orgasmo


que les dificultaba aún más la respiración.1

Labios hinchados y ellos siendo incapaces de separarse.1

Harry lo anudó, recibiendo un ronroneó por parte del otro, que escondía el
rostro en su cuello.38

Recuperaron el aire. Flotaron.8

Las lágrimas sólo fueron un rastro.2

—Te quiero.
131

...

Soltó una carcajada mientras se enredaba aún más entre las sábanas.
Trató de tirarle de algún rizo, pero Harry era más rápido que él. Lo hacía
sentir una pluma. Podía con él con un solo brazo...38

—¡Que no me hagas cosquillas!6

Esa vez el que rió alto fue el alfa.

—¡Me metiste un dedo en la nariz!113

—¡Fue de broma! ¡Broma!6

Louis estalló en más carcajadas, revolviéndose al sentir aquello que lo


hacía retorcerse, intentando con todas sus fuerzas apartar los dedos de
Harry.7
Fue imposible.

Estaban en una cama que conocían a la perfección. Sabían incluso cuál


era la mejor postura para que los muelles del colchón no se les clavaran. Y
estaban desnudos, cubiertos únicamente por una sábana.25

Estaban en la casa de playa. Su casa de la playa. Harry había conducido


hacia allí, sin separar a Louis de su pecho.32

Y habían vuelto a hacer el amor. Esa vez, se les colaron menos lágrimas.41

El mayor tuvo compasión con Louis, dejando las cosquillas cuando le


terminó suplicando que parara. Lo besó, volviendo a su lado de la cama
antes de tirar de él para que descansara de nuevo en su pecho.2

Habían pasado un par de horas y había anochecido del todo.

—Eres un tramposo —se quejó Louis, pellizcándole la piel.3

El otro le besó la frente, removiéndose cuando sintió uno de los muelles del
colchón en el centro de la espalda.

—Voy a cambiar este colchón —bufó—. Bueno, voy a cambiar muchas


cosas. Sí.14

Louis enarcó una ceja, alzando el rostro para poder mirarlo.

—¿Muchas cosas?67

—Sí. La cocina realmente necesita muebles nuevos. El salón igual...

—El sofá me gusta.44

Harry sonrió, observándolo.2

—Lo podemos dejar. A mí también me gusta.1


Le traía... recuerdos.18

Louis se sonrojó.

—¿Y qué más vas a cambiar?

—Del dormitorio todo y en el baño también los grifos.

—Menos mal que es pequeña porque prácticamente quieres hacerla


nueva.

El alfa lo estrechó más contra sí.

—Y pintar las paredes —añadió—. ¿Qué color crees que quedaría bien?

Miró a su alrededor.

—¿Blanco?

—Sí, estas son cremas y parece todo más antiguo, ¿no?6

—Supongo —respondió Louis, encogiéndose de hombros—. Al estar cerca


del mar pues, no sé, supongo que el blanco le pega más.1

—Tienes razón.2

El omega se removió, apoyándose aún más en el cuerpo del otro.


Encaramado totalmente sobre él, dejó un beso suave en sus labios. Harry
le acarició con los dedos el rostro. Se remojó los labios antes de volver a
hablar:4

—Nos podemos quedar aquí cuando vengamos a Plymouth. Traer cosas


y... hacerla más nuestra.55

—¿C-cómo?

Frotó con el índice y pulgar el lóbulo de su oreja izquierda.1


—Cuando vengamos de visita. Podemos venir más. Cada fin de semana o
cada dos...1

Louis no pudo disimular la sonrisa.2

—¿En serio?

Harry suspiró.

—Podemos quedar a comer con Marjorie —propuso sonrojado—. ¿Cómo


ha estado estos días?5

Louis lo quiso besar, en cambio, no desdibujó la sonrisa de su rostro al


contestar.

—Hablé con ella. Está bien y sabe que es normal que me extrañe. Yo
también lo hago.

—Por supuesto que es normal —puntualizó el mayor.

—Incluso me dijo que vine muchos días a visitarla. —Rió—. Pero cuando le
dije que estaba preocupado me dijo que tenía razón y que trataría de
buscar algo más que hacer. También hizo un poco de drama porque dijo
que se apuntaría a piscina o alguna actividad que, según ella, ya es de
señora mayor.2

Harry negó con la cabeza, también riendo.

—Pero si está genial. ¿Qué edad tiene?

—La misma que tu madre creo —dedujo—. ¿Cómo está ella?

—Bien, se va a ir de viaje con unas amigas la semana que viene. De


hecho, me pregunta bastante por Marjorie.

—Sí, a mi madre le cae muy bien.


—A la mía igual. —Mordisqueó su labio inferior—. Deberíamos... organizar
algo. Todos. —Louis ladeó el rostro—. Sí, sé que suena muy formal, pero
podría estar bien.31

—No, no —interrumpió—. Me parece una buena idea.

Harry lo pensó un poco más.

—Bueno, si Annette se entera que estuve aquí y no pasé por casa me


mata. Debería ir mañana. También me apetece verla.9

Louis asintió, acariciándole él esa vez un hombro.

—Claro que sí.

—Aunque el domingo hay que regresar a Londres. El lunes hay trabajo.

Volvió a asentir.

—Sí, debemos volver.

Harry casi palpó un calor en el pecho, ese que traspasaba la piel. Todo lo
que implicara un "nosotros" lo hacía.7

—Oye, cuéntame lo de ese billete de tren.

Las mejillas del omega se volvieron más bermejas al escucharlo.1

—Iba a irme mañana. Hubiese llegado por la tarde... Pretendía darte una
sorpresa o algo así. —Apoyó medio rostro en el pecho ajeno—. Si me
hubieras dicho que venías, eso que me hubiese ahorrado.1

El alfa rió.

—Te dije que no lo planeé. Y bueno, si tú me hubieras dicho, yo también


me hubiese ahorrado el camino.
El menor se volvió a erguir para mirarlo.

—Somos tontos.103

—Mucho.1

Se besaron de nuevo.

Harry se perdió en el cuello de Louis, lamiéndolo y haciendo que se


estremeciera.46

Hacer que sus padres se encontraran. Verlos, actuar con ellos... Podía dar
vértigo. Sin embargo, cualquiera lo tacharía de loco por en el fondo
desearlo.3

Sonrió cuando los ojos azules y sugestivos de Louis lo enfocaron.

—A trabajar el lunes... —comenzó el menor a tantear.4

—Sí. Adivina cuántas reuniones tengo.

Fingió pensarlo.

—¿De tres a cinco?

—¡Sí! —Bufó—. Justo tres.

Louis, de nuevo, le acarició los hombros.

—Yo... creo que tendré una con Liam.

—¿Con Liam?

Había fruncido el ceño. Lo primero que pasó por su mente era que se
llevaban muy bien y... Contuvo un momento el aliento.4
—Sí, bueno, cuando vaya con mi currículum puede que me manden con el
jefe de personal. Quizás tiro de cuña ya que lo conozco, a ver si me puede
colar. ¿Crees que es ético? No mucho, ¿no?59

Harry no parpadeaba.1

—Lou... —Se aclaró hasta la garganta—. ¿Currículum? Vas a... En serio


vas a... ¡¿De verdad?!59

Tuvo que reír.

—Lo he estado pensando y me gustaría intentarlo. Lo hablé con mi madre


—añadió sonrojado—. Metí en la maleta algunos libros que tenía aquí. De
mecánica. Voy a ser franco, Harry, no quiero favoritismo ni nada de eso.
Que me hagan la prueba como a los demás. Yo soy un mecánico más de...
¿De calle? No sé, pero si no valgo para el puesto estará bien. Igual
buscaré otra cosa. Quiero trabajar y que... ahorremos.22

Se había vuelto a sonrojar al decir eso último.

Harry... él lo observaba fascinado.

—Gracias, Louis. Gracias. —Lo abrazó y fue el menor el que se acurrucó


contra él—. Dios, me hace tanta ilusión.

—Gracias a ti por esa oportunidad. Pero bajo lo que te he dicho. No quiero


favoritismos ni nada de eso. Por favor.

—Claro que no. Pero, bueno, igual eres de los mejores. El jefe de personal
de Styl se dará cuenta de eso. No hay duda.6

El omega quiso protestar, pero Harry prefirió interrumpirlo con otro beso.

En el fondo sabía que no tendría ese trato. Confiaba en ellos.


Y también, quizás, confiaba un poquito en él. En demostrar que sí podía
valer. Trabajar mano a mano con la empresa alemana que proveería los
motores a Styl... eso era un sueño. Cualquiera de su profesión pelearía por
ello.

Rodaron en la cama, quedando esa vez Harry encima. Rozó su nariz con la
del otro mientras le acariciaba la cadera. Louis le enredó las manos en el
cuello.2

—Harry...

—¿Hm?

—Cuando volvamos a Londres... —Inspiró, jugueteando con su labio


inferior—. Me gustaría ir a Camden Town.12

Harry sonrió, marcando sus hoyuelos. Louis se los acarició.10

—Iremos a Camden Town.

36

...

Louis rió cuando Harry también se bajó del coche, a pesar de haberse
despedido ya. Eran las diez de la noche y acababa de aparcar frente a su
casa. Harry partiría a la suya, pues había llamado a Patrice para
comunicarle que estaba en la ciudad. Su padre prometió que no dejaría
que Annette se acostara hasta que él llegara.

El omega también suspiró porque lo estaba acompañando al portal. Eso le


trajo recuerdos.5
—Nos vemos mañana —recordó el alfa.

Habían acordado organizar una especie de cena con sus familias. Irían a
un restaurante conocido del puerto. Louis aún se lo tenía que plantear a
Marjorie.3

Asintió a lo que Harry le dijo.

—Oye, ¿tienes cinco minutos? Me gustaría enseñarte algo.13

—Claro.

Lució nervioso cuando entraron al edificio. Tomaron el ascensor y


descendieron hasta el garaje. Louis buscó la llave que abriría la puerta de
su trastero mientras Harry lo seguía de cerca, observando todo con ojos
curiosos.55

Pulsó el interruptor de la luz y la bombilla titiló antes de alumbrar por


completo la estancia.

—Hay bastante polvo —advirtió el omega.

Harry se hizo a un lado, dejando a Louis moverse por el espacio.


Evidentemente, lo que llamó la atención fue aquello que estaba protegido
por un forro negro. Ocupaba gran parte del trastero, entre estanterías de
madera y baldas atestadas.24

Louis toqueteó nostálgico una caja de herramientas junto a su casco. Harry


le sonrió cuando luego quitó aquella lona negra que destapó la moto.

La Aprilia.

—¿No es preciosa? —suspiró Louis, acariciando el asiento.

Harry colocó un espejo retrovisor que se había ladeado.


—Lo es.

—Es mi mayor trabajo. El más grande. Estoy muy orgulloso de tenerla.

Algo continuaba tironeando las comisuras de Harry.

—No es para menos. Apenas recuerdo cómo era antes —juró, observando
mejor el cuerpo de la moto—. Y eso que llevaba viéndola toda mi vida. La
recuerdo siempre aparcada. Mi padre casi ni la usaba. Si la ve así... uf, le
daría algo. Y te diría cuánto quieres por ella, ¡por supuesto!

Louis sonrió, exhalando.

—Me llegaron a ofrecer buenas sumas por ella, pero no acepté. —El alfa lo
miró—. No quería venderla. No podía. Harry, en realidad tener esta moto
me cambió la vida. Y no exagero. Me dio un reto más. Cuando mi padre no
estaba, fue esto por lo único que me levanté. Fue lo único que me dio
ganas de algo. No paré hasta acabarla.12

—Lou...

Pero él negó. Necesitaba continuar hablando.

—La pinté también. Yo mismo. Y fue un desastre porque no tenía ni idea


de pintura. Tuve que cambiarle un asiento nuevo ya que pinté el cuero. —
Tuvo que sonreír, nostálgico al recordar—. Y elegí este color. Verde. Te
parecerá una tontería, pero no lo entendí hasta hace relativamente poco.
Creí que era una manía mía por la moto, pero no. Quería un verde en
específico. Uno difícil de conseguir. Sí, fue realmente complicado.79

Fue al alzar la vista cuando se encontró con el tono con el que tanto
fantaseó.7

Harry hubiera hablado, pero sabía que Louis tenía algo más que decir.
Lo hizo.

—Como el de tus ojos. —Se estremeció al pronunciarlo. Al acariciar de


nuevo el carenado—. Me recordaba a ti. Todo. El tenerla como un reto, el
saber que fue de tu padre; que tenía que ver contigo. No me arrepiento de
haber peleado por ella. —Elevó el mentón—. Sé que no la volveré a perder
porque todo eso pasó. Ahora, sólo quiero quedarme con todo lo bueno que
me dio.26

El silencio se sostuvo unos instantes. Los suficientes que necesitó Harry


para acercarse a él.

—Estoy muy orgulloso de ti —comenzó, llevando una mano a su mejilla. El


menor se acurrucó casi rendido contra ella—. Pensabas en mí...25

—Siempre.16

El alfa se acercó hasta besarle la frente antes de volver a mirarlo.1

—Llevémosla a Londres.6

—¿Qué?

—La moto. ¿No te gustaría? La verdad que sería mucho más fácil de usar
en el tráfico de la ciudad. ¿Te imaginas? —Louis apenas parpadeó—. ¿Te
gustaría conducirla? Se le puede dar un par de kilómetros.

El omega únicamente lo observaba. Miraba a Harry, luego a la Aprilia y de


nuevo a Harry. Se acomodó más contra el toque que el otro mantenía con
su mejilla.

—Hay... hay que comprarte un casco.5

Harry rió. Amplio, contagiando al otro.

Y lo besó.
Sus labios encontrándose mientras se abrazaban, junto a una sensación
vibrante bajo el pecho. Con eso que se extendía por todo el ser.3

Harry picoteó cantidad de veces los labios de Louis mientras este se


colgaba de su cuello, observándolo con aquellos ojos que evocaban al
mismísimo mar.4

—Te quiero.28

Y temblaron. A la vez.1

Esa vez, lo había pronunciado Louis.

Ceño fruncido, labios prensados y mandíbula tensa. Harry enarcó una ceja
cuando Louis cerró un ojo en una leve expresión de dolor. Tenía un gruñido
atascado en la garganta.91

—Listo. Vengo en un momento.6

El de ojos añiles asintió sonriente cuando la persona que habló salió. Al


girarse a mirar al alfa, su expresión tornó incluso a divertida.

Y suspiró.

—Me engañaste el día que te conocí.31

Harry dio un respingo, con el mismo semblante de pocos amigos.1


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«cualquiera en su sano juicio estaría loco por ti.»
#325 en Fanfic {25.12.16}
—¿Qué? ¿Por qué?2

—Me diste a entender que no eras un alfa que gruñía, ¿recuerdas? Pero lo
haces todo el tiempo.127

Acto seguido, el omega alargó un brazo para dar un toque donde el


entrecejo del mayor se arrugaba. Con dos dedos.31

—No me gusta que te duela.40

—Es un dolor que vale la pena. No es para tanto.104

Harry le acarició la mano que él alzó, besándole los nudillos mientras


observaba cómo se fijaba en su otra extremidad. Louis suspiró también,
conteniendo las ganas de tocarse la piel recién tatuada de su antebrazo
derecho.192

—Es muy bonito —aseguró de nuevo, poniéndose a su lado para verlo


desde su perspectiva.

—¿Sí? —dijo Louis emocionado—. ¿Te gusta? A mí me encanta, me


recuerda a él. Es como si mirara su brazo. Me hace bien. Mi madre y yo
fuimos su hogar y yo también quiero indicar el mío así.69

Era una brújula la que ahora adornaba con tinta su piel. Una brújula cuya
aguja marcaba hacia la palabra "Hogar".148

Harry le besó la coronilla.

—Es precioso, Louis.2

Él se acurrucó en su toque hasta que el tatuador, alfa, apareció de nuevo


en la habitación. El ojiverde lo volvió a mirar mal mientras limpiaba el
diseño, lo forraba con papel transparente y le daba un par de indicaciones
a Louis de cómo cuidarlo.19
Estaban en Camden Town y hacía cuatro días que habían vuelto de
Plymouth, con un par de maletas más, la Aprilia y un Harry y Louis a los
que cada vez les costaba más estar tiempo separados. Aunque ya no lo
estarían tanto porque el omega entraría la semana siguiente a trabajar en
Styl. Había firmado ya el contrato.81

La vida de Harry y Louis cambiaba y ellos lo hacían con ella. Una unión
fuerte y demandante que se basaba en confianza, respeto y aceptación.
También en amor.36

Promesas mudas que se hacían cada noche al meterse en la cama. Que


morían en besos y renacían en caricias. En palabras que se pronunciaban
por primera vez; que llegaron para quedarse.39

Louis agradeció una vez más el trabajo del tatuador antes de salir del
estudio, situado en el segundo piso de una tienda de ropa de segunda
mano. Le era imposible dejarse de mirar el brazo. Se moría por tocarlo,
pero sentía la piel aún adolorida. Llevaba en la otra mano el casco de la
moto y se giró a mirar a Harry antes de salir a la calle. Resopló con una
sonrisa al ver que él no llevaba nada en las manos. Se mordisqueó
también el labio cuando un 'que guapo' pasó de nuevo por su mente. La
media melena del alfa lucía suelta y peinada hacia atrás. Llevaba una
camiseta azul cobalto, vaquero oscuro y botas negras.52

Se aclaró la garganta.

—Harry...

—¿Mh?

—¿Tu casco...?
—¡Ah, mierda! —farfulló, dando media vuelta—. La falta de costumbre,
¡ahora vengo!65

Louis pestañeó cuando vio cómo subía a toda velocidad los escalones del
edificio y los volvía a bajar acalorado, abrazándose sonriente al casco gris
que el día anterior habían comprado para él. Sintió su toque en la cintura
antes de ponerse de nuevo en marcha. Tenían la moto en un parking
cercano.9

—¿Te duele? —insistió el ojiverde, batallando para colgarse el casco en el


antebrazo. Luego, miró al omega.3

—No, no me duele.14

Harry asintió satisfecho, afianzando el agarre. Era fácil acostumbrarse a


caminar así.

Echaron un vistazo a algún puesto y pasaron por una farmacia a por una
pomada que a Louis le habían recomendado. La bolsita de la misma
colgaba de la muñeca de Harry cuando llegaron a los aparcamientos.1

—Bien... —balbució el alfa, con ceño fruncido y toqueteando su asiento.2

Louis lo miró de reojo, divertido.

—¿Tienes miedo?

—¡¿Miedo?! —replicó de inmediato—. Claro que no. ¿Miedo? No, Lou.


Súbete tú primero y... arráncala y todo eso.95

—¿Me vas a decir cuándo arrancarla? —Era imposible que una sonrisa no
estuviese queriendo escapar de sus labios.

—¡No! No, no...19

Harry estaba intentando desabrochar el cierre de su casco.


—¿Necesitas ayuda?

—¡Ya está! —expresó orgulloso cuando oyó el click. Se hizo el pelo hacia
atrás antes de encajárselo—. Puesto.31

No, definitivamente Louis no podía borrar la sonrisa pintada en su rostro.


Harry... parecía un niño grande cuando quería, sonriente porque había
conseguido ponérselo bien. El día anterior se había encontrado con ciertos
problemas, teniendo que gruñir cuando le tiró de un par de mechones de
pelo.40

Y bueno, aunque le dijera que no, Louis creía que no se sentía cien por
cien seguro yendo en moto.1

—Te queda muy bien —halagó—. ¿Está bien abrochado?2

El otro alzó la barbilla, dejándole ver que así era.40

—Eso creo.

Sí lo estaba. Louis se mordió el labio.3

Pestañeó un par de veces antes de alzarse de puntillas para fingir que lo


comprobaba por sí mismo. Tras rozar el seguro, elevó la mano hasta una
mejilla del alfa. No tardó entonces en sentirse rodeado por sus brazos.17

Tampoco en ver cómo cerraba los ojos con una sonrisa mientras se
remojaba los labios. Fue él el que tuvo cuidado para encajar el rostro y
darle un beso suave, acariciando sus narices al separarse. Harry le dio otro
beso antes de soltarlo del todo.95

Louis se colocó la protección antes de subirse en la moto, prender el motor


y retirar la palanca de freno. La estabilizó, sintiendo cómo Harry se
apoyaba en uno de sus hombros para subirse.8
Y se le volvió a escapar una risa.5

La primera vez que se subieron los dos a la moto, Harry literalmente trepó.
Estaba convencido de que él era muy grande y sería un estorbo en la
conducción, a pesar de que el motociclo tuviera el suficiente espacio;
mucho más que cualquier otra. Harry seguía insistiendo en que le
dificultaría la visión o "algo así". El omega le recordó que no era la primera
vez que se montaban, pero ante eso el otro, sonrojado y algo balbuceante,
contestó que no lo recordaba bien. Louis también se puso entonces
nervioso.80

En ese momento, el mayor contuvo un resoplido mientras ocupaba su


asiento y se agarraba a las caderas de Louis. Lo cierto era que luego esa
posición no le incomodaba para nada. El omega hizo rugir el motor antes
de meter la marcha y circular despacio hasta salir del parking.6

Conducir su moto siempre fue algo que le fascinó, pero hacerlo en una
ciudad como Londres, y con Harry a sus espaldas, era algo más complejo
de explicar. Cruzar el Puente de La Torre, ceder el paso a los transeúntes,
o no necesitar que el otro le indicara el camino a casa porque ya se lo
sabía de memoria. En sí, hacía mucho que ya no se perdía. Claro que esa
sensación era, cuanto menos, difícil de explicar.28

Porque era como tenerlo todo. Su recuerdo y Harry.2

La libertad; su lugar.41

Había un espacio para su moto en el parking donde Harry tenía alquilada


una plaza para su coche, cerca del edificio donde vivían. Circular por
Londres seguía siendo una locura y la mejor opción era usar el metro. Aun
así, se prometieron que harían muchas más escapadas con la Aprilia.4
Llegaron a casa con hambre y optaron por pedir sushi. Louis de lo único
que tenía ganas era de que las horas pasaran para poderse retirar el
plástico de su tatuaje. Y cuando lo hizo se enamoró. Otra vez. Su corazón
latiendo con fuerza mientras observaba por enésima vez las líneas
perfectas. Un dibujo fiel a la foto que le llevó al tatuador, donde su padre
tenía un brazo extendido y se le veía a la perfección.27

—¿Te echo la crema?117

Sonrió al oír la voz de Harry, cauteloso mientras miraba su reflejo en el


espejo. Estaban en el baño.3

Por supuesto que sonrió mientras asentía, sintiendo un beso en un


hombro, el calor de Harry... Sus ojos se habían aguado al mirarse la
brújula. Presentía que eso pasaría durante un tiempo, al menos hasta que
se acostumbrara. Aquellos trazos de tinta eran demasiado especiales para
él.5

Estiró el brazo mientras el alfa calentaba el ungüento con sus dedos antes
de rozarle con suma delicadeza la piel. Se había incluso concentrado en la
tarea.3

Y Louis lo miraba. No podía dejar de hacerlo. A él y luego a su brazo.2

"Hogar".
135

...

Intentó hacer una carne al horno. Realmente lo intentó. Miró la receta en


internet y siguió todos los pasos, pero olvidó que la función del horno que
tenían era arriba y abajo y él no lo puso sólo arriba como advertían las
indicaciones, y tampoco recordó el aceite en el fondo de la fuente y... No le
salió. Fue todo un desastre, con una cocina llena de humo cuando, mucho
antes de lo que debía esperar, empezó a oler a chamuscado.31

Se frustró de verdad por eso.2

Terminó haciendo una pasta con salsa pesto de bote. Harry le había
comentado algo de no cenar carbohidratos, pero se hizo un lío y olvidó si la
carne fresca que compró esa mañana también lo sería. Total, que en pocas
palabras no se arriesgaba a quemar otro plato y se negaba también a
comer las ensaladas preparadas.3

Harry ese día llegó tarde y agotado. De nuevo se había tenido que quedar
hasta tarde en la empresa, adelantando trabajo. Se iba el último, pero todo
cansancio se esfumaba cuando llegaba a casa y lo veía. Louis, adormitado
en el sofá o trasteando en la cocina. Saliendo del dormitorio con el pijama
puesto, sonriente porque había hecho la cena. Con sus ojos añiles
contemplándolo atentos mientras le preguntaba cómo le había ido el día.
Harry caminaba entonces hacia él y lo besaba, esperando que el otro se
abrazara a su cuello y girara el suyo para que pudiera rozar la nariz contra
su piel.54

Aquella noche, esa escena no fue una excepción.3

—Hice pasta —murmuró en su oído.2

Harry lo estrechó más.2

—Qué rico, amor.422

Louis dio un respingo. Harry carraspeó.8

"Amor". Nunca lo había llamado así. Le salió sólo mientras cerraba los ojos
y disfrutaba de él. De su esencia acidulada que picaba con gusto en la
garganta.27
El omega se separó despacio, volviendo a pegar sus talones al suelo.
Cuando lo miró, en su vientre se concentraba una procesión de mariposas;
un cosquilleo estuoso. Las mejillas de Harry se habían encendido
levemente, e intentó morderse el labio o abrir la boca para decir algo, pero
no le dio tiempo cuando los labios de Louis volvieron a posarse sobre los
suyos, junto a un gimoteo mimoso que hizo que al recién llegado le costara
volver a soltarlo.56

Cenaron la pasta, comentando que sería el último fin de semana libre antes
de que Louis comenzara su jornada en Styl. Era franco con Harry,
asegurándole que todo ese proceso lo ponía nervioso. Estaba deseoso de
comenzar el trabajo, pero las llamadas de Liam no mermaban su histeria.
El beta se encargaba de telefonearlo para recordarle qué debía llevar, o
simplemente con la excusa de preguntarle su talla de ropa para el mono de
trabajo que usaría. Excusas porque luego le hablaba de cualquier cosa
mientras planeaban cenas o almuerzos en su primera semana. Y lo cierto
era que todo eso en el fondo le gustaba. Formar parte de algo; volver a
tener compañeros. Tener a Harry...14

Se podía morir de nervios, pero también de ganas. Estaba deseoso de


probar; de demostrar cuánto valía. Era por eso que uno de sus libros de
mecánica que se trajo de Plymouth en el último viaje, siempre descansaba
en su mesilla de noche.4

Se encontraba echándole un vistazo a uno ya en pijama cuando sintió a


Harry deslizándose entre las sábanas. Llevaba una camiseta y un bóxer
debajo. Todo de blanco.9

Le gustaba cuando iba así.9


—¿Crema? —murmuró el mayor, acariciándole el brazo para ojear su
tatuaje.12

Dejó el libro a un lado.

—Me la eché después de ducharme. —Sonrió—. Ya no me molesta nada.

El alfa le besó la piel.1

—Genial.

Inevitablemente, enterró los dedos en sus rizos, masajeándole con ellos el


cuero cabelludo. Al oírlo ronronear de gusto, sonrió.15

Le gustaba que se acurrucara así contra él y que le naciera tocarlo y


acariciarlo. Parecía innato. Le encantaba en sí ver la expresión relajada de
Harry; el brillo en sus ojos cuando lo miraba.7

Porque era precioso. Precioso como todo él.11

Louis tenía que sonreír porque nunca se imaginó de esa manera; con esa
necesidad de ofrecer un contacto. Con las ganas de tocarlo o de verlo
sonreír. Porque él le hacía todo más fácil. Lo dejaba a la deriva...19

Le decía amor como si nada. Se le escapaban los te quiero y cantidad de


cariño. Y él se sacudía y su Omega se retorcía. Las rodillas le temblaban y
un suspiro trepaba por su garganta, enredándose hasta llegar a ahogarlo si
no lo emitía.25

Porque sí, suspiraba todo el tiempo y quizás eso mismo hacía que él se
expresara diferente. La boca se le secaba al pensar en apodos cariñosos.
El corazón se le aceleraba mientras trataba de digerir el torrente de
sentimientos.1

Porque quería a Harry. Adoraba a Harry.52


Estaba completamente enamorado de él. No podía ser de otra manera. No
se paraba a buscarle una explicación. Simplemente era así. Sabía que era
así.26

Inhaló cuando el alfa se removió, acariciándole el brazo tatuado. Estaba


mirando la brújula mientras rozaba con sus dedos la zona.1

Louis cerró un momento los ojos. Inspirando. Llenándose.1

El corazón martilleando...1

—Me gusta que la aguja de una brújula sea la que marque mi hogar —lo
pronunció bajito, notando poco a poco la mirada del otro sobre él—. Porque
es variable y a la vez permanente. Como un tatuaje.7

Una sonrisa preciosa se dibujó en Harry, mientras se erguía para mirarlo


mejor.1

—¿Para tu padre tenía el mismo significado?1

Sus ojos y olor. Louis quería estar tan cerca de él... Nada se compara a
eso; a ese momento.1

—Sí. Significaba volver siempre a casa. A nosotros. ¿Sabes? Mi hogar


siempre va estar en Plymouth, donde está mi madre. —Calló, viendo cómo
asentía—. Pero lo bueno de las agujas de las brújulas es que cambian y
eso es lo que también significa para mí. Es permanente en casa, con mi
familia, pero también debo seguirla cuando me marque Londres. O donde
quiera que tú estés.224

La voz le tembló cuando vio la mirada verde cristalizándose. Se acercó a


él, buscando su cobijo; acariciándole las mejillas tibias antes de notar sus
labios demandantes. Harry dejó escapar un gruñido cuando le chupó el
labio inferior al besarlo. Sus yemas hundiéndose entonces en la piel. Sobre
la ropa.29

Louis boqueó cuando los besos rodaron por su barbilla. Cuando la lengua
de Harry humedeció el camino de su mandíbula y descendió a su cuello,
gruñendo. Suave y mimoso para tornarlo a más grave cuando volvió a
lamer y delineó su cintura con una mano.39

Louis respiraba hondo, sabiendo que boquearía en cualquier momento


porque era su corazón el que palpitaba con fuerza. Porque sus manos no
se podían estar quietas...13

—Harry... —gimió.6

El alfa bramó. Una gota de sudor bañó su frente cuando cerró los ojos con
fuerza, tragando la saliva que se le había amontonado en la boca. Prensó
los labios antes de separarse, alzando el rostro para rozar su nariz con la
mandíbula de Louis y besarle una mejilla.11

El omega seguía con la respiración errática, sobre todo cuando vislumbró


las pupilas dilatadas.4

Harry estaba rígido; controlando la fuerza.1

A su Alfa.26

—Harry, tú quieres... —La voz era un hilo fino—. ¿Q-quieres marcarme?


¿Sientes ganas de ello?501

En respuesta recibió una caricia, también controlada.1

Los labios llenos lo recorrieron y él abrió la boca para recibirlos. El cuerpo


era enorme comparado con el de él. Su aroma fresco lo engatusaba. Lo
atontaba.2
Al alfa le temblaba la voz. Mantenía la mandíbula tensa mientras intentaba
tomar una bocanada de aire. Sus manos en puños y entrecejo fruncido...
Quería posar su frente en el pecho del omega para respirarlo, sintiendo los
latidos de su corazón. Siempre hacía eso cuando salivaba más de la
cuenta.10

Cuando tenía la necesidad de rozar los colmillos contra la piel de su


cuello.29

—Descubrí ese deseo contigo, Louis. —Notó cómo a este se le cortaba el


aliento. Cómo el cuerpo se le agarrotaba—. Pero no voy a hacerlo. No voy
a hacer nada que tú no quieras. Yo sólo necesito estar contigo, lo demás
me da igual. Se puede esperar, que nunca suceda... Da igual. Mientras
esté contigo no importa.157

Cerró los ojos, concentrándose en el aroma del omega y en abrir sus


puños para volver a acariciarlo. Era difícil lidiar con aquella fuerza, pero se
había acostumbrado; había tenido la suerte de saber cómo tranquilizarlo
desde el momento en que lo sintió por primera vez. Era su ser animal y
demandante el que reclamaba al otro. Que le exigía que oliera más a él.2

Pero eso nunca fue una opción. No con Louis. Siempre renegó de su
Omega, y se entregaba a él a cuenta gotas. Le regalaba porciones de sí
mismo y jamás pasó por su cabeza revelarle ese deseo. Por supuesto que
no. Eso podía esperar; eliminarse. No se arriesgaría a perder a Louis por
eso, una marca debía ser decisión de dos. No lo concebía de otra manera.
Su relación con él estaba por encima de todo eso.17

La unión y aceptación de Louis con su propio Omega tenía prioridad.35


Resopló cuando el menor le acarició un brazo y buscó con delicadeza sus
labios, dejando un beso suave, deslizándose debajo de él. Mirándolo a los
ojos.2

—Harry —llamó de nuevo, en un murmullo.2

Él le besó la punta de la nariz.1

—Dime.26

Le tocó el rostro.1

—Te quiero.103

El suspiro murió en su garganta cuando volvió a temblar. Harry no atinaba


a tragar saliva; siquiera a pronunciar algo.1

Sus ojos lo hicieron por él.1

Sus pupilas habían disminuido de tamaño cuando el verde de sus ojos


tornó a agua marina. Cuando lo miró de aquella forma.4

Las lágrimas se le estaban acumulando, sin tregua.24

Todavía creía estar viviendo un sueño cuando esas dos palabras salían de
la boca de Louis. Cuando recababa en que se las dedicaba a él.11

Era verdad. Los sueños se cumplían, quizás.6

Louis lo quería.1

—Me quieres —repitió en voz alta, emocionado.66

El menor también quería llorar. Algo pesaba en su pecho cuando el otro se


mostraba así. Una faceta susceptible, sincera, tierna... Su transparencia en
todos los sentidos.5
Alfa. El mejor alfa.43

—Sí —prometió Louis en mitad de otra caricia—. Eres todo. Siempre me lo


has dado todo. Quiero; necesito estar contigo. Y... yo soy un desastre. No
sé si lo estoy demostrando bien. No sé si llegaré a hacerlo, pero necesito
todo lo que me das. Cómo me miras, cómo me tocas y cómo me besas.
Todo. Lo necesito todo.114

Porque nunca imaginó que iba a ser capaz de amar de esa manera. En sí,
nunca imaginó que así era el amor. Un sentimiento que se colaba con
extrema sutileza y hacía soñar con sonrisas, con pensarlo todo el tiempo...
Con despedirlo porque en su momento se veía incapaz de corresponderle.
Porque también había descubierto que el amor le daba miedo, sin
embargo, también era justo ahí cuando el sentimiento permanecía latente;
aferrado a los recuerdos.10

A sus ojos.1

A su tono de voz.1

A su olor.2

Si Harry sufría, él lo haría con él. Si Harry reía, él también quería reír. Si
Harry lloraba, él también derramaría sus lágrimas.39

Porque ya no se imaginaba funcionando de otra manera. El alfa lo


levantaba, sujetaba y alentaba a caminar, pues tomado de su mano, todo
tenía otro sentido. Era más fácil. La vida tomaba color, su pecho se
calentaba y las esperanzas se retomaban.4

—Te amo —escapó de los labios de Louis.447

Era más fuerte que él. El sentimiento abrumador...3


—Te amo, Louis.148

La voz de Harry era ronca. Su cuerpo entero cosquilleaba. El omega lo


besó despacio mientras una lágrima corría por su mejilla izquierda. Sus
piernas se enredaban bajo la sábana blanca mientras tocaba las puntas de
sus rizos sueltos.2

Quizás el término amar también se llegaba a quedar corto.13

Porque era más. Mucho más.2

—Debería darme miedo, ¿verdad? Debería dudar ante la idea de dejar que
mi omega se someta a tu alfa. A llevar esa unión.20

Harry negó.

—No, yo no quiero...2

—No, escúchame. Debería hacerlo porque nunca me acepté. Porque


siempre quise lo que no podía tener, sin fijarme en el resto de
posibilidades. Sin fijarme en ti. Tú mismo me lo dijiste y tenías razón. Eres
una parte de mí, Harry. Lo siento; siento que no puedo querer a otra
persona que no seas tú. Siento que sólo contigo puedo desear llevar una
marca en el cuello que me una más a ti, que me haga sentirte un poco
más. Mi Omega lo necesita. Ya... ya no lo ignoro. Es mío y tengo la
necesidad de atenderlo.164

Harry lo miraba con intensidad. Contenía el aire en sus pulmones.1

—¿Quieres que te marque?71

—Quiero todo. Quiero ser omega; sentirlo. Quiero ser tu omega.318

Gruñó.5

—Mi omega. Eres mi omega.91


Parecía luchar consigo mismo mientras lo proclamaba. Se relajó cuando
Louis tocó su pecho y lo besó tras acercarse a él.2

Lenguas chocando y suspiros paliando la conmoción. Una sed que se


calmaba mientras el ardor volvía a nacer en la boca del estómago de
ambos.2

Louis tiró de la camiseta blanca de cuello estirando de Harry. Él mismo se


la quitó. Era tibio contra su cuerpo mientras lo besaba y enterraba sus
dedos en el cuero cabelludo.3

Harry también tiraba de su prenda.2

—Alfa...27

—Tu alfa.112

Tenía algo atascado en la garganta. Algo más fuerte que lo ahogaba y lo


hacía temblar. Desear.2

Gimotear.1

Él mismo se quitó su camiseta, sintiendo al instante los nudillos de Harry


recorriendo su estómago. Rozando luego sus pezones.1

—Sí. Eres mi alfa, Harry. Mío.115

Suyo.8

El ojiverde se tragó un rugido. Estaba entre sus piernas cuando le besó la


frente, la nariz y luego los labios. Louis también se había quedado en ropa
interior, y sentirlo agravaba aún más la vibración que se encarcelaba a lo
largo de su garganta.5

—¿Sabes, Louis? —consiguió balbucear—. Creo que tú a mí me marcaste


el día que casi me atropellas con tu skate, hace años. ¿Lo recuerdas?
Estuviste siempre, pero desde ahí empecé a soñar con tu olor. Me
marcaste y ni siquiera me di cuenta. El resto de veces que aparecías sólo
te grababas más a fuego. Una y otra vez.141

Louis gimió; un sonido más animal que humano.16

Omega.11

Se revolvía bajo él mientras un pulgar de Harry se restregaba con la punta


sensible de uno de sus pezones. La otra mano jugaba con el borde de su
bóxer.1

Sentía la erección de Harry contra un muslo.2

—Te amo. Te amo tanto, Harry. Me das todo. Me enseñas a vivir...67

Sus uñas cortas recorrían la espalda del mayor. Las puntas de la melena
rozaban sus hombros.3

Lo sentía tan cerca...1

—Mon amour. L'amour de ma vie. / Mi amor. El amor de mi vida /250

—Sí —gimió—. Sí, sí...7

—Confía en mí.7

—Siempre.30

Las caricias recorrían sus pieles, los besos se orquestaban al compás de


sus lenguas y la saliva se deslizaba con sensualidad.1

Se miraban embelesados.1

Se admiraban.1
Louis también se irguió, besándole la piel del pecho y enroscando su
lengua en las areolas, mientras paseaba los dedos por el vello corto de sus
pectorales. Las respiraciones se entrecortaban, los gemidos se
arremolinaban...3

—Tu olor. Tu olor me vuelve loco, Louis. Eres único y eres para mí. Ma vie
/ Mi vida /58

Louis se sentía perdido entre las caricias y los espasmos totalmente


involuntarios de su cuerpo. Allí donde el alfa tocaba, él vibraba. Se retorcía,
jadeaba...3

—Eres tan grande. Tus brazos, tu pecho, tus muslos...83

El otro gruñía al oírlo. Porque su cuerpo acorralaba al menudo, pálido y


lampiño. Con las curvas de sus caderas, donde encajaba a la perfección la
palma de su mano y apretaba.14

Porque se estaba volviendo loco al ver cómo Louis extendía su cuello y


pataleaba con las sábanas porque sus poros ya emanaban el calor. La
nuca se le empapaba poco a poco en sudor.5

—Me encantas, eres precioso, me encantas...12

Le tuvo que besar el cuello, apretando la mandíbula cuando solamente


posó los labios. Louis le rasguñó los brazos.4

Era una sensación abrumadora. Era palpar la inmensa necesidad de que


Harry lo tocara. Todo el tiempo. Que se rozara, lo pegara a él y le dejara
incluso las marcas de sus dedos.1

El omega gemía. Un quejido caprichoso y demandante ya que, a pesar de


todo, sentía que no estaban lo suficientemente pegados.3
—Harry... alfa, Harry...4

Lo oyó rugir.2

—¿Qué, cariño?25

—Márcame.326

Llegaba a arder que no pudiera sentirlo más.3

Porque era eso, quería más. Ya era necesidad.1

—Louis...3

Harry salivaba por él; gemía de gusto al sentir su sabor. Su lengua ya se


restregaba por su yugular.4

—Muérdeme. Lo necesito. Por favor, muérdeme.66

Pedírselo por favor cuando era el alfa el que llevaba semanas controlando
ese instinto... Reflejos que ni siquiera sabía que guarecía. Porque Louis,
sin saberlo, también lo enseñaba. Hacía que su naturaleza brotara a
borbotones.2

Le enseñaba a ser alfa. Su alfa.2

—No dudes —jadeó Louis, totalmente perdido en el caudal de


sensaciones—. No mandamos en esto. Te quiero. Te amo. Lo siento tanto
que duele; me duele no estar más unido a ti. Me desespera.61

Porque habían nacido para estar así.34

Su pecho subía y bajaba errático, necesitado de oxígeno. Porque se


aceptó gracias a Harry y ahora era su Omega el que lo exigía. El que le
prometía que con ello alcanzaría el equilibrio.5

Dejar de huir, de sufrir, de sentirse perdido...2


Ya no.4

El alfa olisqueó su piel mientras el ambiente se cargaba con las


respiraciones entrecortadas y la vibración del pecho. Delineó sus colmillos
con la lengua y se sacudió cuando Louis enganchó las piernas a sus
caderas, abrazándose también a su cuello. Nuevas lágrimas manaron de
sus ojos y Harry fue consciente de que de los suyos también cuando sintió
el sabor salado posado en sus labios.12

Pero sólo lo fue un momento. Sólo uno.1

Estiró la piel de Louis con una mano, tres dedos más arriba que su alzada
clavícula derecha. Lamió. Esperó que arremetiera una nueva ola de calor.12

Dejó escapar más lágrimas...5

Lo mordió.526

Louis ahogó un grito al notar el calor; el corrientazo en toda su espina


dorsal. Sentía que se asfixiaba, que el aire había abandonado sus
pulmones y que el calor se concentraba en sus sienes.5

Los colmillos de Harry apretaron. Sus labios succionaban y la saliva se


escurría... La marca se formaba. Irremediablemente; sin marcha atrás.34

El alfa lo había marcado entre lágrimas, deseo y cariño. Porque era Harry y
no podía hacerlo de otra forma. Tenía que hacerlo con amor; devolviéndole
poco a poco el aire.36

Fue al sentir su lengua contra la herida cuando Louis se volvió a sacudir.


Lo siguiente fue tela rajándose, mientras su cuerpo se movía mangoneado
con maestría. Sus nalgas empapadas...3
Harry había roto la ropa interior de ambos y alzó las caderas del omega,
sin separarse ni un segundo de su cuello. Sin ser consciente de su fuerza.2

Le rozó la piel, buscó a tientas su entrada y sin caricia previa lo penetró.


Porque no hacía falta que palpara. Resbalaron a la perfección.56

Con estocadas firmes le comenzaba a hacer el amor.26

—Anúdame, anúdame...112

Harry jadeó cuando la voz ronca de Louis fue la que habló, con una
sensación punzante en su interior mientras el alfa continuaba succionando
la marca.5

El omega se sentía rodeado. Envuelto.3

Lleno.1

Harry arremetía con la fuerza justa, gimiendo cada vez que la fricción con
las paredes que lo acogían lo dejaba sin aliento.2

Rozar el orgasmo besando a Louis era la gloria. Hacerlo mientras atendía


su mordida era otro tipo de paraíso.43

Se derramó en su interior, con un gemido gutural y agudo, notando cómo


las segregaciones de ambos se deslizaban por sus piernas hasta gotear en
las sábanas.5

Louis se derrumbó sobre el colchón, aflojando por completo sus


extremidades mientras el nudo del alfa se acoplaba muy dentro de él. No
supo entonces si fue sueño o si por el contrario perdió el conocimiento. Su
cabeza daba vueltas cuando cerró los ojos y lo único que sintió fue el olor
de Harry; la vibración. A él, en sí, en su ser. En cada inspiración y latido,
como si su corazón se hubiese detenido un instante para volver a bombear
en sincronía con el de él.32

Sentía el calor, la unión, la incertidumbre...1

El lazo.155

Harry también se había rendido contra el cuerpo del otro, hundiendo,


receloso, el rostro en la mordida. Lamió la poca sangre que emanaba y
encajó de nuevo los dientes mientras el omega comenzaba a respirar con
tranquilidad, en el cobijo de su alcoba y la ropa de cama que había sido
tantas veces deponente de su unión. Esa vez no fue la excepción, aquel
rincón volvía a ser capaz de testificar en la más importante.7

Un omega marcado.33

Cuando pasaron un par de horas, Louis consiguió removerse. La garganta


raspaba y Harry emitió un quejido al sentirlo. Había sido incapaz de
quedarse dormido; su instinto no se lo permitía. Tendido en la cama,
consiguió acurrucar a Louis en su regazo, con acceso total a su cuello.67

—Harry...1

—Aquí. ¿Estás bien? ¿Te duele? ¿Estás bien?38

Su voz era más grave de lo normal y el omega negó. No era dolor la


palabra exacta para describir lo que experimentaba. El alfa lo examinó
entonces desconfiado. Olisqueó la mordida y pasó la lengua por ella,
ocasionándole al otro un estremecimiento de pies a cabeza.11

Era una marca preciosa; perfecta. Harry había hundido sus dientes a la
primera, creando un oval impecable, todavía sonrojado en las huellas que
dejaron los dientes. Cuando sanara, sería una marca sonrosada y
saludable. Rozagante.69
—Huele bien... Huele todo tan bien.1

Louis no abría los ojos mientras murmuraba. Lo hacía bajo, buscando a


tientas el toque del otro.1

El pecho de Harry fue el que vibró en respuesta.1

—Huele a nosotros —masculló—. Hueles a mí y yo huelo a ti. Está


sanando.8

—Se siente tan cálido...1

Lo inspiró.1

—Lo sé. Me siento... me siento alfa. Más que nunca. Eres mío. Eres mi
omega —juró—. Y yo soy tuyo, como siempre. T-todo esto que siento no
me cabe en el pecho.81

Y Louis sonrió. Rendido, levemente adolorido y palpando por primera vez


el sentimiento de aquel nexo.8

—No me sueltes —pidió–. No me sueltes, Harry.7

—Jamás. No te voy a soltar jamás.9

La primera promesa que le hacía a su omega. Moriría antes de faltar a ella.


61

...
2

Las primeras horas se sintió mareado y con algo de frío. Harry no durmió
por atenderlo, con su naturaleza posesiva emanando en cada uno de sus
movimientos. Tampoco se levantaba de la cama. Lamía la marca y dejaba
que el omega se acurrucara en su pecho, con el vibrar trepando en todo
momento por su faringe. Bebieron agua, comieron poco y el alfa se
desnudó cuando Louis demandaba el contacto piel con piel para regular su
temperatura. El cuello ardía menos con el paso de las horas y la piel pasó
de amoratada a únicamente colorada en un transcurso de veinticuatro
horas.20

Louis sentía en su ser la protección, como si fuese suya, y era por ello que
regalaba caricias tranquilizadoras y susurros donde aseguraba que estaba
pasando. Que estaba bien, pero que no lo soltara.1

Y a pesar de lo primitivo, Harry, en silencio, le untó la crema en su tatuaje


la segunda noche, asegurándose de que quedara bien cubierto. Louis,
medio adormitado, había sonreído al verlo.1

'Estoy marcado en todos lados. Estoy unido a él'23

Cuando llegó el domingo, Louis consiguió salir de la cama, con el deseo de


dejar de sentir el cuerpo entumecido. Notaba las articulaciones trémulas y
Harry insistió en acompañarlo en cada paso que daba. Se metió con él en
la ducha y el otro se vio en la necesidad de encaramarse a su cuerpo para
que sus constantes gruñidos cesaran. Tras largos minutos, descubrió que
la mejor forma de apaciguarlo era subiéndose a sus caderas, distrayéndolo
con sus labios mientras le murmuraba que quería de otra forma su
atención. Tras dos orgasmos, el alfa cedió. Sus pupilas ya no estuvieron
tan dilatadas y Louis besaba satisfecho su mandíbula, enjabonándole el
cabello y parte del cuerpo.58

Era una sensación nueva en la que eran sus Alfa y Omega los que en todo
momento respondían. Era notar la calidez y el leve desasosiego a la vez;
hacerse a ello poco a poco. Louis sabía que no sería difícil.1
Se observaba la marca en el espejo del baño cuando Harry apareció
despeinado y con aspecto cansado, portando la crema que debía ponerse.
Louis se volteó a verlo, suspirando enamorado.6

Ya no podía ser de otra forma.2

—Hoy vas a dormir. Temprano —advirtió—. Te voy a cuidar yo.41

En respuesta, obtuvo dos hoyuelos adorables. Al final ninguno se tuvo que


cuidar cuando se quedaron profundamente dormidos, envueltos en los
brazos del otro.4

Justo después de pronunciarse otro te amo.


20

...
1

Octubre, 2010
Un mes después91

Firmó dos documentos y acordó la prueba de motor para el día siguiente,


después de la junta con los ingenieros. Su compañero le pasó unos
guantes que rechazó, poniendo divertido los ojos en blanco antes de entrar
en la sala. El supervisor de la marca alemana apuntaba las indicaciones
que Louis le dictaba mientras hacía las comprobaciones de motor. Por otro
lado, el mecánico de coches hacía lo mismo.2

O más bien, la mecánica de la marca. Fue una sorpresa descubrir que era
omega cuando se la presentaron. Omega y mecánica, como él. Había sido
inevitable que hubiesen hecho buenas migas. Quizás era Londres o su
predisposición de abrirse; encararse a la vida. Pero la realidad, poco a
poco, le demostraba que nada se asemejaba a la bola de cristal donde
había estado tanto tiempo encerrado.15

Lavó sus manos cubiertas de grasa en un lavamanos que se accionaba


con el pie e intercambió un par de palabras con sus compañeros antes de
despedirse hasta el día siguiente. Ya era medio día de un miércoles entre
semana.

Se cambió el mono de trabajo por unos vaqueros negros y un suéter azul


que dejaba entrever sus clavículas. Le sonrió al reflejo que le devolvía el
espejo tras lavarse la cara y peinarse el pelo hacia un lado. Como siempre,
se dirigiría a los ascensores. Esperaba que Harry ya hubiese salido de su
reunión.3

Saludó en el camino a algunos directivos y se arregló el borde de sus ropas


cuando llegó a la puerta de su despacho.

—Hola, Chloe —saludó con una sonrisa.46

—¡Louis! —correspondió ella entusiasmada—. ¿Qué tal? Harry acaba de


llegar, creo que la junta no fue muy bien...28

La secretaria torció el gesto, terminando de recoger sus cosas mientras se


colgaba su bolso en un hombro. Era su hora de comer.

—Oh, gracias por la advertencia —respondió el de ojos añiles con una


sonrisa—. Nos vemos mañana.

—Hasta mañana. Ten buena tarde.

Ella se alejó mientras Louis se dirigía a la puerta del despacho, abriéndola


despacio.

Mordisqueó su labio inferior antes de sentirlo.


—Lou.

Su alfa.7

Sonrió al notar el tirón en una muñeca. La puerta se había cerrado tras él y


un Harry algo refunfuñón llevó pronto los labios a su cuello. Él sólo lo
estiró.26

—Mmm... —ronroneó—. ¿Qué ha pasado?

Sus manos ya recorrían los brazos trajeados del mayor.

—Un día nefasto —resumió—. Y la reunión un asco. Los cabrones de la


competencia querían hacer algo parecido al proyecto de Styl y... —bufó—.
No sé, quizás se pensaban que era idiota y no me percataría de eso. ¿Se
creen que no sé dirigir mi propia empresa? Seguro que por eso cambiaron
la reunión en Plymouth y prefirieron tenerla conmigo. ¿Se pensaban que yo
no me daría cuenta y mi padre sí?12

Harry definitivamente estaba molesto. Dos palabrotas en un par de frases...


Louis lo atrajo hacia él. Sabía cuan necesaria era su presencia.2

—Hey, tranquilo. ¿Los mandaste a paseo?9

—Por supuesto —gruñó—. No nos interesa ningún trato con esa empresa.

—Bien, no la necesitamos.20

—Claro que no, ni siquiera sé por qué accedí a reunirme con ellos. Tratar
el precio de los carburantes, decían. No sé cómo me lo creí.30

—No pienses en eso, sólo fue tiempo perdido.

—Ya, pero me... fastidia.

Louis sujetó su mentón.


—Eres más inteligente que ellos. Seguro que esos están bufando más que
tú.

Harry resopló.

—Ven aquí. Te extrañaba.

Louis sonrió, estremeciéndose cuando sintió un lametón en su cuello. Harry


no había dejado de tener esa manía.85

—¿Vamos a comer? —preguntó el omega, jugueteando con dos botones


de su camisa.8

—Vamos —respondió, soltándolo para tomar sus cosas del escritorio—.


¿Tu día qué tal?

Se mordisqueó el labio inferior.

—Interesante. Te cuento mejor al llegar a casa.

—¿No me cuentas ahora?

—Es que te tengo que enseñar...69

Puso los ojos en blanco cuando el alfa levantó coqueto una ceja. Le dio un
golpe en el brazo mientras ya caminaban por el pasillo.21

—¿Sigue en pie ir a Plymouth este fin de semana? —preguntó Louis.

—Claro. ¿Pasamos a buscar a tu madre nada más llegar?

Entraron al ascensor.

—Oh, no. Me dijo que Annette pasará por ella antes. Van a cocinar las dos.
O algo así.36

Harry enarcó una ceja, sonriendo complaciente.


—Genial.

Marjorie y Annette ahora se llevaban mejor que antes. Siempre se habían


tenido estima, pero poco a poco también aprendían a considerarse buenas
amigas. Por supuesto, eso a sus hijos les fascinaba.8

Fueron al restaurante de siempre, donde pedían dos hamburguesas que se


comían en la terraza. A veces optaban por ir directamente a casa y hacer
algo rápido. Como podían se organizaban, pues ambos entraban a las
ocho a trabajar y Harry era el que precisamente no sabía a qué hora salía.3

Sus vidas se acoplaban poco a poco; hacía justo un mes que empezaron a
aprender a cómo hacerlo. Harry era el que principalmente agradecía tener
cerca al omega, bajo la tranquilidad de que sólo tomando un ascensor
podía encontrarlo. Después de marcarlo, se había vuelto más protector y le
costó de verdad no gruñirle a cualquier alfa durante las primeras semanas.
Hasta le bufó a Niall cuando se acercó a darle la bienvenida el primer día.
Liam por supuesto había hecho un show por eso mientras su mejor amigo
se carcajeaba de él.45

El lazo que los unía sólo había intensificado la atracción y sincronía que
siempre existió. No había sido raro habituarse a sentir un segundo
sentimiento confinado en el pecho. Para ellos no.6

Louis había encajado en su sección como mecánico principal de Styl. Se


tuvo que acostumbrar a asistir a reuniones y elaborar informes. A que
escucharan su opinión y la tuvieran en todo momento en cuenta. A que no
se realizara un trabajo sin contar antes con su aprobación.26

Y eso era extraño. Y fascinante.3

Aquel día, al llegar a casa, Louis puso una lavadora mientras Harry
descongelaba algo para cenar. Se cambiaron también de ropa mientras el
alfa abría su portátil y el otro se sentaba a su lado en el sofá, junto a la
libreta en la que llevaba semanas garabateando. Aparentemente, Harry no
tenía derecho a ojearla.19

El de ojos añiles sonrió de lado ante de pasar dos dedos por la espalda del
mayor.

—¿Sí? —Mordisqueándose el labio, Louis sacudió su libreta gris y Harry


apartó el ordenador—. Oh, ¿me vas a enseñar por fin qué hay ahí?11

Alguna vez fingió molestarse porque el otro se mostrara receloso con su


contenido.

—Puede...

Harry se sentó como indio en el sofá.4

—Muéstrame.4

Louis había descubierto en poco tiempo que era incapaz de decir que no a
cierta sonrisa con hoyuelos. Sabía que Harry estaba ansioso.5

—Llevo garabateando aquí desde antes de irme a Plymouth —comentó


para posicionarlo en el tiempo—. Es algo que hice hace tiempo y la verdad
que no pretendía nada, pero hoy... Ashton me comentó algo.67

Ahston era el representante de la marca alemana fabricante de


automóviles.12

—¿El qué?

Louis suspiró.

—Me tengo que remontar a hace mucho para que entiendas. —Abrió una
hoja de su libreta, acercándose a Harry—. Cuando estudiaba, una vez
hicieron una especie de concurso; crear un prototipo de motor. Yo... lo hice.
—Sonrió—. Incluso tú, sin saberlo, me ayudaste. Cuando hablábamos por
teléfono.136

El ojiverde alzó una ceja y asintió.

—Me acuerdo.1

—Yo estaba orgulloso de eso, de verdad creía que valía. Hice una
maqueta y un dossier que demostraba que mi propuesta era viable, pero...
Nada salió como esperaba.15

—¿Por qué?

—Cuando llegué el día de la presentación a mi taquilla, mi trabajo no


estaba.21

—¿Qué?

—Me lo robaron, ni siquiera lo usaron. Sólo... desapareció.12

Vio a Harry respirar hondo por la nariz, después de erguirse.1

—¿Quién lo hizo?5

—Ni siquiera importa. Fue uno que me tenía envidia.65

El alfa finalmente gruñó. Cuando abrió y cerró los puños dos veces, Louis
lo tocó. Presentía que iba a reaccionar así.1

—¿Por qué no me lo dijiste? Lo hubiera...26

Calló cuando el omega le acarició una mejilla.

—Porque no quería ni podía hablar de eso. Me puso muy nervioso, tanto


que entré en celo y... te llamé.23
El otro no tuvo que pensar demasiado. Los recuerdos acudieron rápido a
su mente.

—Sí. Estabas raro, fue ese día... Dios, Louis, ¿por qué no me lo dijiste?2

Volvió a acercarse a él, esbozando una sonrisa floja.

—Porque no era el mismo de ahora —simplificó en un suspiro.6

—Me enfada que te hayan hecho eso. Muchísimo.56

—No, espera, quizás fue por algo. —El otro ladeó entonces el rostro, sin
entender—. Ashton me habló de unos motores... —Señaló de nuevo la
libreta, mostrándole a Harry una página donde habían varios dibujos—. No
le he dicho nada, pero he estado reescribiendo todas esas ideas,
corrigiendo muchas cosas y añadiendo otras que ahora sé... Digo, ya no es
un proyecto de instituto.

—¿De qué trata?

—Un motor de bajas emisiones. Yo... en su momento fui más allá y creé,
en sí, un modelo automovilístico. Neumáticos con baja resistencia de
rodadura, sistemas de retención, arranque automático... —Harry echó un
vistazo a la cantidad de páginas con esos borradores—. Ahora estoy
estudiando qué pasaría si ese modelo usara los nuevos carburantes de
Styl.52

El mayor se mantuvo un momento callado.

—Louis —masculló—. Tienes que malditamente enseñarle esto a Ashton.

El omega disimuló una sonrisa.

—Aún tengo que trabajar mucho...


—No, Lou, se lo tienes que enseñar. Él trabaja para una marca alemana
muy importante. ¿Sabes lo que eso significa? Te pueden comprar esta
idea.2

—Harry...

—No, escucha. Tienes que hacerlo, y-yo te ayudo a ello. Styl te va a


respaldar y...3

—¡Harry! —interrumpió—. Escúchame tú a mí. Si estoy esbozando todo


esto no es para nada. Claro que se lo enseñaré a Ashton, pero primero
tengo que acabarlo, redactarlo... Todo esto está en sucio. Quizás me lleve
un par de meses, pero lo haré. Lo intentaré.

Lo siguiente que sintió después de hablar, fue un tirón hasta el regazo de


Harry.2

—Yo te voy a ayudar. En lo que quieras. Sé hacer maquetas.156

Louis lo besó.1

—Quizás sale mal y todo esto es tiempo perdido, pero lo quiero intentar, de
verdad.

—Claro que lo harás. Y no va a salir mal. Eres bueno en esto, cariño. Eres
el mejor.7

—Bueno...

—No acepto réplicas.5

Sus labios, de hecho, se encargaron de cortarlas.

—Gracias —susurró el menor.

—No me las des. Estoy orgulloso de ti. Mucho.67


Se estremeció entero cuando Harry buscó la marca de su cuello y la besó.
Una calidez no tardó en acogerle el pecho mientras cerraba los ojos,
embargándose también de su olor. De aquella sensación de protección.1

—Te quiero.1

Louis rió.

—Y yo te quiero a ti.1

No supieron cómo terminaron abrazados, pero permanecieron así por un


buen rato. El omega se estremecía cada vez que el otro rozaba la punta de
la nariz con su cuello.

—Lou...

—¿Mh?

Estaba demasiado cómodo recibiendo caricias en su baja espalda.

—Dentro de dos meses y seis días es tu cumpleaños.65

Abrió los ojos, separándose apenas de él.

—¿Qué...?

—El primero que paso contigo —prosiguió—. Me gustaría hacerte un


regalo inolvidable, pero creo que no soy muy bueno.24

Le entraron ganas de besarlo de nuevo.

—Oh, Harry, no seas tonto, no tienes que regalarme nada.

—Pero quiero. —Exhaló cuando el omega juntó su nariz con la de él—.


Quiero llevarte a París.108

Louis se paralizó. Se atragantó incluso con su saliva.1


—¿Cómo?

—París. Voy a llevarte a París el día de tu cumpleaños.7

Su corazón se había acelerado. Se tuvo que separar de su regazo para


poder observarlo mejor.

—Pero, ¿estás loco? ¡¿París?!

Harry rió.

—Oui, ma vie. / Sí, mi vida /61

—Ma vie —intentó repetir, imitando su exquisito acento.53

—Tu es ma vie, Louis. Seulement toi / Tú eres mi vida, Louis. Solamente tú


/79

Y tembló.

Porque lo entendió. Porque Harry había empezado a enseñarle las frases


más amorosas del francés.32

Y Louis podía decirle mil más, en cualquier idioma, pero siempre sintiendo
que se quedaba vergonzosamente corto. Había sentimientos que ni la
fuerza ni razón explicaban. Lo sabía muy bien, así que hizo algo que podía
resumirlo; como siempre creyó que acababan las historias románticas.

"Cuando se escogían y decidían pasar el resto de la vida juntos"44

Sonrió.

Sí, al final era así como funcionaban.

Besó a su alfa. Lo besaría el resto de su historia.


194

EN RUT

Marzo, 2011141

Mordió su labio inferior, tamborileando los dedos sobre el botón que


llamaba al ascensor.14

—Vamos, vamos...2

Estaba ansioso y dio un brinquito cuando las puertas se abrieron. Presionó


con entusiasmo la planta que anunciaba las oficinas de Styl. Todavía
llevaba el mono de trabajo puesto.29
Correteó por los pasillos hasta el despacho del fondo, pasando de largo por
el de Liam. No vio a Chloe en su mesa, así que no dudó en abrir la puerta
sin llamar.

—¡Harry! Te teng-36

Calló cuando vio al ojiverde brincar detrás de su escritorio y


automáticamente se puso colorado. Estaba reunido con alguien al que no
conocía y lo había interrumpido.71

—P-perdón...

—Lou —pronunciaba ya Harry, acercándose a él—. ¿Qué pasa? ¿Estás


bien?

Asintió, todavía sofocado.

—S-sí, venía a contarte algo, pero no sabía que estabas... pensé... ay,
perdón.95

Llevó su mirada al tercer hombre que se levantaba de su asiento. Se


abrochó la chaqueta mientras los miraba, curioso.

—Jason, él es Louis, el mecánico de Styl y mi pareja.114

El de ojos añiles sentía las mejillas definitivamente ardiendo.1

—Encantado.5

El omega le extendió la mano y el hombre la aceptó de inmediato, con


sonrisa amable.

—Jason trabaja en otra planta —simplificó Harry.8

—Estábamos haciendo algún plan para cambiar el mundo —bromeó a


continuación el nombrado.5
Los tres soltaron una risilla y Louis quiso proponer que lo buscaría más
tarde, pero Jason no tardó en anunciar que ya se marchaba.1

Se sintió acalorado aun estando a solas con Harry.1

—Ay perdona, realmente creí que estabas solo.

El alfa negó, con una sonrisa excesivamente adorable.

—Te sentí antes de que entraras. ¿Qué pasó?223

Louis suspiró, retomando en cuestión de segundos la emoción que


instantes atrás contenía. Y sonrió tan amplio que Harry se contagió. Estaba
seguro de que cada día se enamoraba más de aquellas arruguitas a los
costados de los ojos.66

—Tengo dos noticias. La primera es que hablé con Ashton hoy. —No podía
dejar de gesticular—. Estábamos hablando de los motores y me preguntó
por mi propuesta y... ¡Ay! No sé exactamente cómo pasó todo. Me hizo
preguntas, yo las respondí, incluso garabateamos algunas cosas y dijo que
la próxima semana vienen a Londres unos directivos de Berlín y... —Dio un
saltito—. ¡Quiere que tenga una reunión con ellos, Harry!144

El aludido abrió la boca de par en par.

—¡¿Qué?! ¿En serio? Dios, Louis, ¡eso es increíble!

Él sacudía las manos.

—Estoy histérico. Me da muchos nervios... Llevo meses trabajando en eso.


Nada más lo supe, te lo tenía que contar.27

Harry no aguantó mucho más y se acercó.

—Ma vie, pero si sabíamos que esto iba a pasar. Lo harás genial, eres el
mejor.85
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NOTA IMPORTANTE:
Esta historia no es mía. Originalmente esta historia se encuentra en inglés. Todos los derechos
de esta historia van para whatmakeslarrybeautiful (tw:@OWildeLarry)

Ghost Whisperer.
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182 12

Harry Styles, un joven de 19 años que tiene el don de ver espíritus. Su madre duda de su
cordura y lo encierra en un hospital psiquiátrico donde conoce a Louis Tomlinson, un joven de 20
años atormentado por fantasmas de su pasado.
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Por agusrocchi

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Las flores de su jardín crecían más vigorosas y fuertes a medida que las regaba con la sangre de
una nueva víctima.
Pero su insaciable locura lo llevaba a querer conseguir más muertes.
Fue entonces cuando el florista se topó con un bello tatuador.

He Is Here| LARRY STYLINSON


Por L4RRXSINDE
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Louis es un dulce omega, enfermero de algún hospital de Alaska y amante de toda la naturaleza
que pueda haber allí.
Harry es un paciente en el estado de coma, que en un intento lento por reaccionar, comienza a
recuperar sus sentidos. No puede verlo, pero sí escucharlo.
Louis siempre es muy amable con él.
Harry tiene una omega superficial, pero muy bonita y con la que se planeaba casar antes del
accidente.
Louis se enamora. Y Harry sigue luchando por despertar.
Pero en una fracción de segundo... todo puede cambiar.
Un descontrol cardíaco, una vida, una mentira, una amenaza, un hombre bien vestido y una
orden que cumplir.
∆Omegaverse∆
∆PUEDE CONTENER ESCENAS SEXUALES∆
[Sin correcciones]
#509 en FANFIC el 15/03/2017.
#318 en FANFIC el 29/03/2017.
#468 en FANFIC el 01/05/2017.
#387 en FANFIC el 03/05/2017.
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Donde Harry se enamora de un ángel.

Drop the game. [Larry Stylinson] [AU]


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"Cuando el mundo está sometido en el caos, gracias a que tres súper potencias, llamados La
Alianza, se juntaron para destruirlo y cuando el grupo de visionarios capaz de detenerlo cuenta
con menos recursos de los que creían posibles, sólo hay una persona que puede salvarlos.
El destino del mundo cae en una persona con un don inusual, con un nulo conocimiento de
peleas y armas y que está en medio de una guerra, tratando de ganarla."
Enero 2016.

Endúlzame. (l.s.) [TERMINADA]


Por DrugBlue
140K 18.6K

Louis 15 | Harry 16.


«cualquiera en su sano juicio estaría loco por ti.»
#325 en Fanfic {25.12.16}

Con gusto, Louis se acopló entre los brazos de su alfa. Hacía tiempo que
no se sentía tan emocionado, y en su regazo todo se volvía un poco más
nimio. Dejó que Harry soltara un gruñido al rozar su nariz con su cuello. Él
hizo lo mismo.26

—¿Me acompañarías? Al sitio aunque sea.1

El otro sonrió antes de besarle una mejilla.

—Claro que sí.5

—Estoy nervioso.

—¿Por qué? Eres el mejor —insistió.16

El omega lo miró de frente, prácticamente colgando en sus brazos. No


tardó mucho más en darle un beso.

—¿Y cuál era la otra noticia? Dijiste que tenías dos —volvió a decir Harry.

Louis pestañeó, separándose de él.

—Sí —sonrió, sacando su teléfono móvil de un bolsillo del mono de


trabajo—. ¿Recuerdas a mi amigo Paul? Trabajaba conmigo en el taller.54

—Sí, me has hablado de él.

Mordió su labio inferior.

—Hoy me ha mandado una foto. Mira, ha sido papá de una niña.131


Harry observó de inmediato la pantalla del teléfono. Era una foto de un
bebé arrugado y adormilado, con la manitas echas puño sobre el rostro.
Paul había adjuntado la imagen con el mensaje de: "Alguien quiere
conocerte por Plymouth".26

El alfa sonrió.

—Oh, qué bonita, ¿no? ¿Cómo le han puesto?

—Gabriela. Definitivamente tengo que ir a conocerla.83

Harry pasó una mano por su cintura.1

—Tendremos que hacer un viajecito este fin de semana...10

Louis sonrió antes de volver a guardar su móvil. Había hablado por teléfono
con Paul, contagiándose realmente de la felicidad de su amigo, quien
orgulloso no dejó de elogiar que Samantha lo había hecho genial. Se moría
por volver a verlo.1

—Eso estaría muy bien. —A Harry se le marcaron los hoyuelos—. Ahora


tengo que volver al trabajo...

El alfa bufó.

—¿Ya? Pero si estás aquí, quédate un poquito más...34

El omega rió.

—Me he escaqueado. Y descaradamente, además.17

Harry se las apañó para volverlo a envolver entre sus brazos.3

—Poquito...17

Louis estremeció cuando le volvió a rozar el cuello. Su marca picó un


momento. Detestaba cuando era tan tramposo...29
"Detestaba".4

—Harry... —Apretó los labios—. Me tengo que ir. Además, seguro que
tienes alguna reunión de señor Styles pronto.1

El aludido miró su reloj de pulsera y gruñó.

—Quiero vacaciones.46

La risa cantarina de Louis llenó de inmediato la estancia.12

—Y yo. Ya queda poco.

—Podríamos planearlas...

—Bueno, en realidad no queda tan poco. Venga, Harry, no seas así... —El
alfa hubiera pataleado. Louis suspiró y se acercó a su oído—. Esta tarde...
podríamos pasar por ese restaurante que nos gusta tanto y pedir comida.
Luego, por la tienda de vinos a por ese afrutado que me gusta. Ir a casa,
ver una peli...62

Dos dedos del omega recorrían mimosos un hombro del otro.

—Tú sí sabes cómo animarme.8

—Sí, sí sé...16

Harry tuvo que tragar saliva cuando el tono de voz de su omega fue algo
más grave. No tardó en robarle un beso más corto de lo que hubiese
deseado.

—Nos vemos luego —prometió Louis cuando se separó.

—Ten un buen día, guapo.95


El omega le guiñó un ojo antes de salir del despacho, y tuvo que suspirar
mientras rozaba una mejilla con la tela de su ropa. Olía a él y se sentía
cálido. No podía evitar que sus comisuras tironearan.6

Claro que iba a ser un buen día.

...

Enero, 2012190

Aquel clima continental húmedo hizo que hundiera una mano enguantada
en un bolsillo amplio de su abrigo. La otra sostenía su maletín nuevo. Lo
estaba estrenando y todavía ponía los ojos en blanco porque únicamente
portaba en su interior una carpeta, pero había sido Harry el que se lo
regaló con una sonrisa llena de hoyuelos y ojos verdes centelleantes,
alegando también que así se vería más profesional. Que alguien como él
debía llevarlo en ocasiones así.31

Bajó los escalones del edificio, escuchando a Ashton a hablar por teléfono
tras él. Le había dicho también que en un momento se volverían a ver para
ir juntos al hotel. Levantó el rostro, contemplando el largo de la calle. Aquel
tráfico le recordaba siempre al de Londres.

Hizo también un gracioso gesto con una pierna, colocando la tela que se le
abrazaba a los muslos. Estaba convencido de que nunca se iba a
acostumbrar a llevar traje. También lo había comprado junto a un eufórico
Harry, quien insistió en que le favorecían los de tonos azules. A lo que
Louis por supuesto sí se negó fue a llevar corbata...45
Antes de pisar la acera sintió que su móvil vibraba en un bolsillo. Hasta ese
momento no supo lo útiles que eran los guantes que funcionaban en
pantallas táctiles. Sonrió sin remedio cuando vio el nombre que se
anunciaba en la pequeña pantalla.

—¿Hola? —contestó tras morderse la cara interna de una mejilla, ladeando


apenas la cabeza mientras caminaba por la acera.

—¡Lou! Hola, ¿qué tal? ¿Cómo ha ido hoy?

Tuvo que suspirar al oír su voz. Un cosquilleo también se atildaba en su


estómago.4

—Acabo de salir. Estoy esperando al taxi que me llevará al hotel. ¿Tú


cómo estás?

—Oh, bien. —Louis oyó cómo rascaba su barbilla—. ¿Y tú?

Tuvo que reír cuando le repitió la pregunta.14

—Estoy bien —canturreó conciliador—. Hace un poco de frío por aquí y...1

El alfa se tragó entonces el gruñido, interrumpiéndolo.28

—Abrígate —aulló—. O compra otro abrigo, sí. Vi que por la noche pueden
llegar a bajo cero. ¿Tiene calefacción la habitación?66

—Harry...

—Deberías preguntar en recepción, sino que te la cambien. Maldita sea,


estos alemanes están demasiados acostumbrados al frío —bufó—: Una
reunión en pleno enero...59

—Harry...
—¡Solo a ellos se les ocurre! Da igual la empresa que sea. —Louis
suspiró—. Todos son igua-

—Alfa —pronunció y el otro, por fin, calló. Y también volvió a gruñir—.


Estoy bien. Ni siquiera me puedo mover con el abrigo que llevo, y no te
preocupes porque la habitación es perfecta y tiene calefacción. Si Berlín
llega a bajo cero esta noche, no me enteraré.106

Al otro le llevó unos segundos responder. Louis volviendo a sonreír...

—Te echo de menos. Estás muy lejos, no me acostumbro.37

Al otro lado, Louis miró un momento al cielo, dejando que el frío acariciara
su cara. Oía el tráfico de última hora de la tarde de fondo, y algunos pitidos
porque un semáforo había pasado a verde y el primer conductor tardó más
de dos segundos en arrancar. Louis dio otra vuelta con el teléfono pegado
a la oreja derecha.2

Para él también era difícil estar separados, pero ambos descubrieron en un


periodo de un par de horas, sin hablar, que más lo era para el alfa. Había
salido esa mañana temprano del aeropuerto de Londres Heathrow, con
destino Berlín. Era la primera vez que requerían su presencia en la ciudad.

—Lo sé, yo tampoco lo hago. Pero sólo será una noche, mañana ya estaré
en Londres.

—A las once —declaró con firmeza—. Te iré a buscar al aeropuerto.

Louis se mordió el labio.

—Ya, ya me lo has dicho. —Sonrió, volviendo a dar otra vuelta en su


paseito por la acera—. ¿Sabes? Te compré una taza. Bueno, dos para
tener a juego.78
—Louis...

—Pero estas son bonitas, te lo juro. No es como la que elegí en


Amsterdam que...90

—Debería haber ido contigo —dijo Harry—. Si tienes que volver a viajar iré
contigo. Arregló aquí todo con Niall, pero, te lo juro, es superior a mí.29

Sin su permiso, los hombros de Louis se aflojaron.

—Oh, Harry, yo también lo siento. Estás tenso y tengo que lidiar con mi
propio... —Resopló—. Sólo no quería que perdieras el trabajo ahí. Te
necesitan.21

—Te necesito a ti. El lazo... No puedo tenerte lejos tanto tiempo. Sé que
estás nervioso, inseguro... Tengo que estar ahí.55

Era otra cordura la que precisamente coordinaba eso. Su instinto. Tener


lejos a su omega no era una opción y se había dicho estúpido, cada hora,
por creer que lo sobrellevaría mejor.

Porque no, no lo hacía. Era nefasto.1

—Tú también tienes trabajo, Harry. No puedes renunciar a él por el mío.

—Unos días sí, que se apañen. Pero es un hecho, tengo que ir contigo.
Tienes que cargar con tu alfa gruñón.85

Harry sonrió cuando escuchó la risa del omega.

—Mi alfa gruñón... —Tuvo que callar cuando oyó que lo llamaban. Ashton
ya abría una puerta del coche—. Te tengo que dejar, ya está aquí el taxi.6

—¿Hablamos cuando llegues al hotel? Me tienes que contar mejor qué tal
la junta de hoy, y si firmaron.
Sonrió de nuevo.

—Desde que llegue te llamo. ¿Ya estás en casa?

—Voy saliendo para allá.

—Pues hablamos en un rato —prometió, ya encaminándose al vehículo


que lo esperaba—. Te quiero.3

Tras eso, sintió en su pecho un tirón que no le pertenecía precisamente a


él.79

—Y yo a ti, Lou. Enciende la calefacción...7

Negó con la cabeza antes de soltar una risilla y colgar. Estaba deseando
llegar al hotel.1

Mantuvo el teléfono en la mano antes de que el taxi se adentrara en las


calles berlinesas. Perdió su vista mientras atravesaban la del 17 de Junio.
Vio la Columna de la Victoria; al fondo la Puerta de Brandeburgo. Ashton,
en su asiento, atendía una nueva llamada.4

Harry podía decir lo que quisiera, pero él estaba enamorado de aquel país.
Ya habían visitado Munich y Berlín juntos, en una escapada a finales del
año pasado. Y lo cierto era que su alfa se quejaba bastante del idioma y el
clima. "Este frío se mete más en los huesos", sonreía al recordar su voz
diciendo eso.10

Era la segunda vez que visitaba la capital alemana y lo hacía solo porque
viajar, en sí, ya no lo veía tan complicado o ajeno. De hecho, le gustaba.
Por regla general, se ubicaba incluso mejor que Harry. En Barcelona,
España, le pasó, al igual que en sus escapadas a Amsterdam o
Luxemburgo. El alfa le llevaba la ventaja en Bélgica y Francia, lo debía
admitir, pero ya verían si en Italia sucedía igual. Habían decidido que las
vacaciones de ese año serían en Venecia.117

Mordió su labio inferior, toqueteándose el pecho mientras respiraba


tranquilo.1

Sí, tendrían que hacer algunos malabares para que su alfa gruñón lo
acompañara a nuevos viajes que pudieran surgir. Lo cierto era que no
sabía cuántos se podrían dar de ahí en adelante, pues Harry siquiera le dio
tiempo a contarle que quien firmó en realidad fue él.

Porque ahora era un Louis Tomlinson con nueva tarjeta. Era uno de los
diseñadores de la última apuesta de motor del fabricante alemán
perteneciente al grupo industrial más reconocido del mercado europeo.

127

...

Febrero, 2013179

El bullicio de la gente hizo que se aflojara el cuello de la camisa con un


dedo. Miró su corbata y se replanteó si fue una buena elección el usar una
de color verde. Lo hizo porque el logotipo de Styl tenía esos tonos y
porque... bueno, ese siempre fue su color. Louis también le había dicho
que definitivamente tenía que usar esa.1

Subió los tres escalones que ascendían a la tarima y se aclaró la garganta


para sí cuando notó la mirada de cientos de personas sobre él. Respiró
hondo, llevó la vista al frente y dejó las dos hojas de papel blanco bajo el
micrófono frente a él.

Había llegado el momento.1


—Buenas tardes a todos y gracias por estar aquí; por acompañarme en
este día tan importante. —Hizo una breve pausa, el silencio reinando
cuando los altavoces dejaron por un momento de proyectar su voz—. Seré
franco, todo lo que pensaba decir hoy lo tengo apuntado en estos papeles.
Estuve semanas escribiéndolos. Más bien, fueron dos años y medio
recopilando ideas de lo que querría decir cuando llegara este momento, y
casi que me lo he aprendido y repetido mil veces. Creo que hasta mi pareja
ha tenido pesadillas con ello. —Rió al igual que el público que lo
escuchaba. Louis, entre ellos, se sonrojó y negó con la cabeza, sin quitarle
ni un momento los ojos de encima—. Y bueno, ahora me doy cuenta de
que no puedo hacer esto mientras los leo, así que si me lo permiten, los
dejaré a un lado y me iré un poco por las ramas.42

»Recuerdo a la perfección el día que estaba en Panamá y me dijeron que


tenía una videoconferencia. Pensé de todo menos que sería de mi padre.
Salí de aquel minúsculo despacho al que Niall y yo llamábamos caja de
zapatos. —No tardó en oírse la risa cantarina de cierto irlandés—... y me
encontré a esa cara conocida, hablándome de un proyecto nuevo en el que
me quería poner al mando. Así, sin anestesia. —Patrice, también presente,
le sonrió a su hijo, quien suspiró—. Crecí admirando a mi familia y
correteando por nuestra empresa, en Plymouth. Me gustaba sentarme en
la silla de su despacho, tomar su pluma y fingir que yo también "firmaba
contratos importantes". —Calló un momento al sentir un tirón en el pecho.
Su omega se estaba emocionando—. Y fue así cómo decidí lo que quería
ser de mayor. Quería formar parte de esto, quería valer. Cuando a veces
hago un barrido de todos estos años, pienso que quizás era un chico algo
solitario, empollón y demasiado curioso. Y así llegué a la universidad; así
crecí. Estar al frente de este proyecto me ha hecho seguir creciendo como
persona y profesional. Porque he aprendido de todos; de mi padre, mis
amigos... Mi mejor amigo. Aprendí de cada una de las personas que me
han ayudado y trabajado conmigo, ofreciéndome, gratuitamente, cantidad
de buenos consejos. Aprendí incluso de los que me quisieron poner
piedras en el camino. Porque sí, de todo se saca una enseñanza. Styl nos
ha dado mucho a todos; Londres nos ha enamorado. Y lo digo en muchos
sentidos, créanme. Es por todo ello que hoy es un día tan especial. Hoy es
un día para celebrar, porque después de todo este tiempo, puedo decir que
la compañía energética francesa, Styl S.A, ha finalizado con éxito su
investigación y desarrollo en carburantes que recuperan potencia en el
motor, mejoran la conducción y reducen el consumo y la contaminación.
Los primeros carburantes que limpian y protegen, Styl, los comercializará
en Inglaterra, Francia y Bélgica el próximo año, con posibilidad de
expansión a otros países de la Unión Europea.129

Cuando pronunció la última palabra, la sala de conferencias ya había


estallado en aplausos. Los invitados se pusieron de pie y Harry,
irremediablemente, viajó su vista hasta la primera fila, donde Annette era
un desastre de lágrimas y aplausos. A su lado, Patrice apretaba los labios,
totalmente abrumado. Incluso Liam se limpiaba las lágrimas mientras le
daba un golpe en el brazo a Niall por reírse de ello.57

—Me miró cuando dijo lo de los consejos. Yo le he dado muchos, ¿de


acuerdo?11

El alfa de ojos cian, riendo, le pasó una mano por la cintura antes de
besarle una mejilla.18

Harry también sonreía, aún en el entarimado. Volvió a llevarse una mano al


pecho, notando aquello que se encerraba en su ser. Era orgullo y le
pertenecía a Louis, quien no dejaba de aplaudir con ojos añiles brillosos.47
Estaba orgulloso de él, y Harry pudo jurar que no existía mejor sensación
que esa.2

—Y todo esto —habló de nuevo, por encima de los aplausos de los


presentes, que de inmediato cesaron—... es también gracias al grupo de
profesionales que trabajaron con nosotros. Nuestros ingenieros,
investigadores, mecánicos... Esos que día a día se dejaban la piel.14

Esa vez, quien comenzó otros instantes de aplausos fue Harry,


dedicándoselo únicamente a ellos. Sus trabajadores chiflaron y Patrice fue
el que se abrió paso entre la gente para subir junto a él. Un abrazo
caluroso entre padre e hijo le robó nuevas lágrimas a Annette, quien no
despegaba una mano de su pecho.7

—Te quiero, hijo. No puedo expresar con palabras lo orgulloso que estoy
de ti.45

—Gracias, papá. Todavía nos quedan muchos objetivos que alcanzar


juntos.10

Patrice restregó sus ojos antes de asentir, sobando la espalda de Harry.


Era su turno de palabra.

Marjorie también estaba allí, y besó la sien de Louis antes de también


felicitar a Harry cuando se acercó a ellos. Luego, se apresuró a ir junto a la
hiposa de Annette.

Louis no tardó en corresponder el abrazo de su alfa cuando este extendió


los brazos.

—Lo has hecho genial —consiguió pronunciar, con una voz rota por el
nudo en la garganta.

—¿Sí?
Lo apretó más contra sí.

—Sí, tonto, claro que sí.5

Se dieron un beso suave en los labios antes de girarse cuando Patrice


comenzó a hablar. En cambio, Louis tuvo que alzar la vista hacia el perfil
de Harry. Él también lo miró.20

—Estoy muy orgulloso de ti.32

—Gracias, Lou. —Lo volvió a abrazar—. Y yo de ti. No sabes el sentido


que tiene todo sólo porque estás aquí conmigo.

Por supuesto, se volvió a emocionar, aferrándose a su brazo.

Una nueva ovación no tardó en llenar el salón cuando el director general de


Styl terminó de hablar. Más tarde, fueron el sonido de copas brindando y
nuevas felicitaciones. Risas por parte de Niall, quien se hacía fotos junto a
Harry para la prensa local que también había sido invitada al acto.
Entrevistas breves para la radio y accionistas que se acercaban,
interesados, a los miembros de la familia Styles.

Marjorie charlaba animada con Annette, planeando la cantidad de sitios


que debían visitar ahora que pasarían unos días en Londres. Patrice, por
su parte, hablaba con Liam y otros directivos. Incluso su familia de Lyon
había acudido a la ceremonia.4

Louis aguardaba con una copa de champán en la mano, listo para brindar
cuando sintió los ojos de Harry sobre él. Esa vez la celebración era gracias
a un nuevo logro.1

Uno más de los tantos que vendrían.

22
...

Julio, 2014166

—Buenos días...4

Dos dedos, simulando un par de piernas, recorrieron la espalda desnuda


de Louis, quien estaba bocabajo y completamente abrazado a la
gigantesca almohada blanca de la cama king size de la habitación de hotel.
Harry, tras él, le besó entre los omoplatos, tirando de las sábanas de
seda.49

Volvían a estar en París.5

—Hm...

Louis no movió ni un músculo en el quejido.

—Lou, a desayunar.

Harry rió cuando lo vio incapaz de abrir los ojos. De hecho, enterró por
completo el rostro en la almohada.

—No.7

—¿Cómo que no? —soltó el mayor en una risa—. Vamos, son las diez.
Tenemos una hora antes de que cierre el buffet.

—No...

—Pero qué... —Harry se irguió mejor, sacudiéndole un hombro—. Oh,


venga, no seas dormilón.1

Louis separó un momento la frente de la mullida almohada.

—Estamos de vacaciones, se supone que uno de mis derechos es dormir


hasta tarde.53
—Y hemos dormido hasta tarde. Además, estar de vacaciones también
implica desayunar. Dios, esos croissants rellenos, la fruta, los crepes con
chocolate...32

Lo estaba tratando de tentar, pero al parecer no acabó de funcionar...1

—¿Mh? —casi mugió.

—Vamos, Louis, tengo hambre.

Esa vez dejó un beso en su otro hombro desnudo.

—Pues cómeme a mí —balbució el omega contra la almohada.218

—¿Qué?

—Que me comas a mí —repitió más claro, cayendo de nuevo contra la


suavidad de la cama.35

Harry se quedó quieto y una de sus cejas se alzó.1

Louis se acurrucó mejor, dejando escapar un ronroneo de gusto contra la


ropa de cama. No escuchó más al otro, así que relajó su respiración.
Hubiese sido capaz de volver a dormir en un lapsus de segundos...1

Pero no fue así.1

Su cuerpo dio un respingo cuando sintió el tirón en las sábanas y el calor


en su espalda. Luego, el roce entre sus nalgas.64

—Harry —gimió ahogado. El otro no le respondió—. Ah, qué haces...54

Las manos del alfa amasaban su piel. Intentó girarse para buscarlo, pero
no lo encontró. Se había metido debajo de las sábanas.3
—Cumplir los deseos de mi omega. —La voz se oyó aplacada por la
posición y donde estaba—. Mi omega ha dicho que me lo coma y eso
haré.125

Louis se vio apretando el cobertor y enterrando el rostro en la almohada;


esa vez por otros motivos. Harry había dado un lengüetazo en su entrada
mientras deslizaba una mano por su entrepierna.25

—Eres... un tramposo.

El alfa no respondió más y Louis definitivamente optó por no volverse a


dormir. En contraposición, gimió.6

Cuarenta y cinco más tarde, compartieron miradas cómplices en la entrada


del comedor. Quien les dio la bienvenida, les anunció que podían
desayunar tranquilos aunque pasaran de las once. Louis arregló su pelo
alborotado y sin duchar, pues optaron por ponerse la ropa del día anterior,
desayunar y luego subir de nuevo a arreglarse.91

Harry salivó tomando un plato antes de ir a la zona fría del buffet. Louis lo
siguió, olisqueando el aire cuando sintió el aroma a chocolate.

Habían decidido pasar tres noches en París, en una especie de


vacaciones. Seguían viviendo en Londres, con constantes viajes a
Plymouth y Berlín. Cuando la presencia de Louis se hizo más necesaria en
la capital alemana, Harry no dudó en tomarse unos meses más relajados.
El proyecto de Styl en Londres había acabado, así que parte de su trabajo
era de mano derecha de su padre. El último año, en sí, había sido de
viajes. Cuando Harry debía acudir a Bélgica o Francia, era Louis el que lo
acompañaba, sin embargo, cuando este precisó quedarse un periodo de
tres meses en Berlín, Harry no dudó en también irse con él. Todo fue un lío
de aeropuertos, alquileres de viviendas temporales y hoteles, pero en
ningún momento les importó.2

Fue Louis el que tuvo la idea de volver a París después de tres años.
Usualmente viajaban más a Lyon, pero la capital francesa tenía un
significado más especial para ellos. Se alojaban en el mismo hotel donde
celebraron su veinte cumpleaños. Harry había conseguido incluso que les
dieran la misma habitación. Les apetecía volver a pasear bajo la Torre
Eiffel, perderse en sus distritos (literalmente ya que nunca se aclaraban
con las líneas de metro), o cenar en Le Train Bleu.7

Louis sonrió, viendo cómo Harry llevaba café y zumos de naranja a una
mesa que ya había escogido. Él se apresuró a ir a donde preparaban
los crepes. Su estómago rugía demandante de sólo olerlos.

Una chica morena, pecosa y de ojos marrones sonrió al verlo, vertiendo el


preparado de la mezcla en una inmensa crepera eléctrica. Él se relamió los
labios al verlos. Sus ojos brillando mientras lo doblaba en el plato...4

—Vous prenez du sucre dans votre crêpe? / ¿Va a querer azúcar en su


crepe? /25

Louis pestañeó. La miró con horror.

—¿Qué? Eh... Pardon? Excusez moi? —Se mordió la lengua porque no


recordaba de qué forma se decía. Aunque lo cierto fuera que no sabía qué
quería decir ya que no le había entendido nada—. Je ne... — Terminó
bufando, alzando un dedo que según él significaba que esperara. La chica
frunció el ceño, con el crepe aún en la mano—. ¡Harry!94

Al girarse, lo encontró llenando su plato de croissants rellenos.12

—¿Eh?
—¡Harry, ven aquí! N-no entiendo que me dice la chica de los crepes. No
veas la cola que estoy formando...43

El ojiverde rió, y también se tambaleó cuando el otro le tiró de un brazo. Su


desayuno casi cayó al suelo. Louis prácticamente lo echó frente al
mostrador donde se preparaban los dulces.

—Oui? / ¿Sí? / —preguntó Harry dudoso. La chica no tardó en repetir la


pregunta al ver que tras él estaba Louis. El alfa se giró de inmediato al
oírla—. Louis, ¿no sabes que sucre es azúcar? Te lo he dicho, eso sí que
te lo he di-50

—¡Harry! No, no quiero azúcar —gruñó, con las mejillas ya arreboladas—.


S-sólo chocolate.5

—Il prenait juste chocolat. Trop de chocolat, s'il vous plait / Sólo tomará
chocolate. Bastante chocolate, por favor /12

La muchacha tras el mostrador asintió, tendiéndoles tras unos instantes un


apetitoso crepe relleno y cubierto de chocolate. Louis tomó su desayuno,
refunfuñando por lo bajo.1

—Merci beaucoup! / ¡Muchas gracias! / —dijo ella, animosa.21

—Merci beaucoup! —imitó Harry, con el mismo tono de voz—. Bonne


journée / Ten buen día /30

La chica no tardó en sonrojarse, asintiendo y sonriendo nerviosa. Louis


empujó a Harry.43

Se sentaron luego en una mesa bajo un ventanal. El alfa mordía


un croissant mientras revolvía su café, expresando algo ininteligible al
masticar. Debía ser de gusto. El omega, por su parte, daba un sorbo a su
zumo de naranja, con ceño fruncido y mirando de reojo hacia el comedor.
Procedió después a cortar lo servido en su plato. El cuchillo se embadurnó
del dulce amarronado...7

—Ma vie —habló Harry—... como te pongas celosín, iremos a desayunar a


la cama. Otra vez.125

El de ojos añiles hizo flotar el vaso de zumo que pretendía dirigir a sus
labios.

Lo miró y se atragantó.

—Tonto.4

—Guapo.
45

...

Abril, 2015186

Se miró al espejo, alisando con sus palmas la chaqueta color tabaco de


cuello en uve y botones marrones. Debajo, una camisa blanca y los
pantalones del mismo tono que el resto del traje. Se colocó la media
melena tras las orejas, comprobando que el acondicionador había
hidratado bien sus puntas. Colocó su tupé hacia atrás y esbozó una sonrisa
satisfecha.14

Al girarse, se encontró a Louis frente a otro espejo.

—Sigo sin ver lo de la pajarita. —El omega bufó, moviendo dicho accesorio
alrededor de su cuello.21

Harry se mordisqueó el labio, acercándose a él.

—Te queda estupenda, la tienes que llevar.1


Alzó también sus manos hacia la misma, colocándola bien bajo el cuello de
la camisa azul cielo, del mismo tono que la pajarita. Sobre ellas un traje
beige que se abrazaba perfectamente a su cuerpo.15

—Qué guapo —siseó entonces Louis, mirando al alfa de arriba abajo.12

El aludido sonrió. Louis le metió un dedo en un hoyuelo.66

—Tú sí que estás guapo, mírate. —Tomó sus manos—. Bonito.73

El menor alzó entonces una sonrisa coqueta, tirando del borde de la


chaqueta de traje de Harry y atrayéndolo hacia él para dejarle un beso en
los labios. Las manos del mayor viajaron rápido a las nalgas del otro. Louis
sonrió cuando lo oyó ronronear.31

—Me encanta este traje —volvió a silbar el alfa.1

Lo habían tenido claro en la segunda prueba en la tienda de sastrería.


Harry había tenido una especial fijación en cómo se ceñía ese a sus
caderas y, por ende, al trasero.5

—Todavía no entiendo el antojo con que las parejas vinieran combinadas.8

Harry rió.

—¿No lo entiendes? ¿En serio? —Lo miró incrédulo—. Conociendo a


Liam, ¿no lo entiendes?99

Louis también se tuvo que echar a reír, y admitir:

—Está bien, su afición por los colores tenía que verse reflejada en algún
lado.

—No se podrá quejar de que no seguimos sus reglas.

Louis se balanceó.
—Quién lo diría, ¿eh? La boda de Liam y Niall.272

—Absolutamente. Nuestros amigos se casan.32

Era ese el motivo de tales atuendos. Liam y Niall se casaban y ellos


estaban en Irlanda para participar en el inolvidable momento. En una
casona a las afueras de Dublín, se llevaría a cabo el evento que Liam
había ya considerado como el del siglo. La finca contaba con doscientos
sesenta mil metros cuadrados y alojamiento en la finca para todos aquellos
que viajaron para estar presentes en la boda. Dos salones cubiertos y tres
carpas al aire libre donde se llevaría a cabo el banquete. Adornos florales,
carteles de bienvenida y un flujo constante de camareros con bandejas en
alto y asistentes que se aseguraban de que todo estuviera perfecto.13

Realmente, nadie apostó por que ese momento llegaría algún día.20

Lo cierto fue que la relación de Liam y Niall resultó ser de lo más inestable
en los últimos años. Fue en el segundo cuando comenzaron ciertos
problemas. El carácter de ambos hombres los había llevado a más de una
discusión absurda donde no llegaban a ningún punto y era el orgullo de
ambos el que ganaba. Más tarde, fueron los celos y ciertas inseguridades
el foco de conflictos. Liam había comenzado a montar ciertas escenas
cuando Niall contrató a una bonita omega como asistente. Una no
marcada. Niall discutió por activa y por pasiva que no tenía por qué
reclamarle por eso, y en respuesta obtuvo una invitación a abandonar el
piso que hacía menos de tres meses comenzaron a compartir. En ese
momento, quien escuchó los lamentos de un alfa igual de enfadado que
afligido fueron Louis y Harry. Niall durmió en su sofá por dos noches, pues
fue a la tercera cuando Liam llamó para que hablaran.13
Como esas, hubo bastantes más. Una cuerda floja constante donde
estallaban y juraban acabar su relación. Era ese el momento donde Harry y
Louis precisamente apostaban por cuánto duraría esa vez la narrativa. A
veces era Liam el que se aparecía con Donatella en el piso de sus amigos,
reclamando ver a Louis y obligando a Harry a abandonar el salón ya que lo
consideraba "del otro bando". Efectivamente, el alfa en esos momentos se
iba a atender la llamada de su mejor amigo, donde angustiado le hablaba
de lo exagerado que era Liam, que no se llevó la comida de la perra y que
por eso debía volver. Y que por favor también le confirmara que estaba en
su casa poniéndolo verde con Louis. Harry tenía que sonreír cuando lo
escuchaba suspirar tranquilo por eso.51

Todos, para entonces, tenían claro que esos dos no tenían remedio, y que
a pesar de sus múltiples diferencias, poseían algo más grande, puro y
simple. Estaban enamorados; completamente perdidos por el otro.4

Destinados.29

Fue Niall el que le pidió matrimonio a Liam, y por lo que contaban, había
sido muy en su línea. El beta quería reclamarle por qué había estado raro
los últimos días, pues escondía su teléfono y se iba a hablar bajito al baño.
Obviamente, Liam estaba sacando las peores conclusiones mientras el otro
simplemente planeaba una cena fantástica que rematara en fuegos
artificiales después de que hincara la rodilla en el suelo. Sin embargo, la
pedida no fue para nada así. Liam le alzó la voz en el salón de su casa,
pidiéndole que le dijera qué tramaba. Y Niall se pudo haber inventado una
excusa, pero el anillo aguardaba en un bolsillo de su pantalón, así que no
tardó en arrodillarse frente a él, haciéndole la pregunta. Sin fuegos
artificiales: 'Que si te quieres casar conmigo, maldito loco'179
La respuesta a eso fue lágrimas, cantidad de afirmaciones, besos y una
boda organizada en menos de seis meses porque no podían ni querían
esperar más. Que se celebrara en Irlanda fue un regalo que el beta quiso
hacerle a su futuro marido ya que sabía que él amaba su tierra, familia y la
esencia de aquellos campos. Hasta allí viajó la familia de Liam, amigos de
Londres y por supuesto de Plymouth. Estaban todos.4

Harry y Louis se tomaron de la mano antes de salir de sus habitaciones. Se


encontraron con sus padres al bajar las escaleras. Annette se hallaba de lo
más emocionada por la boda de su "hijo postizo".11

El sol calentaba con gusto la media mañana, y el sonido de los pájaros


amenizaba el ambiente, al igual que las fuentes colocadas y los distintos
arreglos florales. Tenían que reír cuando se topaban con la tipografía de
letra que anunciaba cada detalle de la boda, junto a las dos "mascotas",
que eran, ni más ni menos, que los propios Niall y Liam hechos dibujos
animados. El del alfa era un sonriente dibujo de ojos claros, con una
camiseta de estampado que anunciaba un "Futuro Sr. Payne". El de Liam
era un rapado con barba frondosa y tez más oscura. Una americana verde
pastel decía "¡Seré el Sr. Horan!". Como era de esperarse, una caricatura
de Donatella también estaba en mitad del dibujo. Así habían sido las
originales invitaciones y cada detalle de la decoración. Todos apostaban
que la tarta de, seguro, tropecientos pisos, también llevaba aquel motivo.40

Los jardines se abrieron paso, acogiendo en bancos largos y de madera a


los invitados. En medio, una alfombra estrecha y blanca acababa en un
altar en forma de arco de medio punto, adornado con telas transparentes y
más flores. Bajo él, un juez que aguardaba paciente.
Los invitados comenzándose a impacientar, pues ya había llegado la hora
y un piano de cola sonaba de fondo, con una melodía que acompañaba la
llegada del primer novio.

Niall, sonriente, caminaba enfundado en un elegante traje gris, con


un botonier en tonos amarillos en la solapa izquierda de la chaqueta.
Chaleco en el mismo color, camisa blanca y una corbata con sutiles rayas
en tonos plomizos y azul claro. Su piel brillaba con los rayos de sol.
Llevaba unas gafas de vista en tono madera y el pelo castaño peinado
hacia atrás.24

Era su sobrino de ocho años el que acompañaba a su tío al altar, y con ello
comenzaron a brotar las primeras lágrimas, junto a murmullos de emoción.
Los flashes de las cámaras sonando y dos profesionales grabando cada
instante desde distintos ángulos.33

Liam llegó justo después. Las miradas de todos viajaros a la niña, de unos
cinco años, que caminaba a su lado. También era su sobrina y todos
sonrieron con dulzura cuando la vieron con una correa de la que tiraba
Donatella y un nuevo compañero. Un Lulú de Pomerania de pelo marrón y
esponjoso trotaba algo más alocado junto a la Chihuahua; el nuevo
integrante de la familia de apenas seis meses y todavía algo travieso. Se
llamaba Batman, y fue Niall el que había elegido el nombre.
Evidentemente, eso le causó otra discusión con su pareja, la cual valió la
pena ya que el pequeño perrito portaba incluso una placa con el logotipo
del superhéroe.56

Los ojos de Niall, automáticamente, se humedecieron al ver aquella


escena. Porque era simple; era lo que quería. La alocada familia que
habían creado, llena de anécdotas, sueños cumplidos y planes de futuro.19
Liam caminaba orgulloso, moviendo los dedos de sus manos con disimulo,
intentando liberar así los nervios. Vestía un traje azul acero, con camisa
blanca y corbata turquesa. El botonier de su solapa era idéntico al de Niall.
En sus ojos marrones se veía reflejada la ilusión; felicidad. Buscó el
contacto con los claros, sus ojitos claros, y notó las rodillas temblar. El
remolino de sentimientos brotando...8

Las respiraciones se contuvieron cuando ambos novios se tomaron de la


mano en el altar, incapaces de dejar de sonreírse. El pequeño Batman
quiso ir a juguetear a los pies de Niall, pero un tirón de uno de los niños lo
pudo evitar a tiempo. Incluso Donatella soltó un ladrido.

Era todo tan de ellos... El ambiente, las promesas y la esencia. Las


lágrimas de emoción y el juramento que hacían frente a sus familiares. Una
muestra de amor más; el deseo más puro.5

—Sí quiero.

—Por supuesto que quiero.12

El estallido en risas y aplausos cuando los novios decidieron no esperar a


que se lo consintieran y se besaron, estrechándose entre sus brazos y
dejando escapar cantidad de lágrimas.7

También cantidad de "Te amo".

Las madres lloraban mientras chiflaban. Louis sonreía mientras veía cómo
Liam tomaba en brazos a sus perros, orgulloso mientras posaba para las
fotos y recibía la lluvia de felicitaciones.1

Sólo cuando sintió una punzada en el pecho, miró a su izquierda, donde


estaba Harry. Le tocó un brazo.
—¿Harry? —Lo vio prensar sus labios y apoyó la cabeza en su hombro—.
Oh, amor...55

El alfa seguía fingiendo una expresión impertérrita.2

—No estoy llorando.158

Louis dibujó entonces una sonrisa dulce en sus labios, rozando su mejilla
con el brazo trajeado.

—¿Cómo que no estás llorando? Sí que lo estás porque mi alfa no es uno


rudo, sino uno que se emociona. Que es perfecto... —Batió sus pestañas
antes de levantar la mirada—. ¿O es que acaso lo he perdido por ahí?25

Cuando fingió que miraba a su alrededor, como buscando algo, oyó una
risilla y a continuación un beso en su sien. Una mano de Harry no tardó en
deslizarse también por su cintura.6

—Es que estoy muy feliz por él. Se lo merece.41

Louis descansó medio rostro en el torso cálido del mayor, quien


precisamente acababa de intercambiar una mirada con Niall. El recién
casado no tardó en esquivar a algún invitado para que un abrazo de su
mejor amigo fuera el siguiente. Louis también terminó soltando un par de
lágrimas.

El banquete se celebró bajo unas carpas inmensas, en mesas circulares


repletas de invitados. Música en directo, cantidad de camareros y
anécdotas que arrancaban carcajadas que combinaban con el tintineo de
las copas al brindar.3

La velada tornó a fiesta tras un par de horas, cuando los niños y los de
mayor edad se retiraron a la casona a descansar. El alcohol había hecho
que algunos invitados llevaran las corbatas de diadema mientras hablaban
de servir más cocktails. Liam y Niall no se separaron ni un segundo.
Bailaron, comieron y se volvieron a emocionar al partir la tarta.
Presumieron también de su próxima luna de miel, que comenzaba al día
siguiente en Las Bahamas.11

Louis portaba dos copas de champán antes de sentarse en el regazo de


Harry, quien sonrió antes de picotear sus labios.6

—Hola, guapo —saludó el omega, con las mejillas ligeramente


arreboladas.18

El ojiverde le acaricio la espalda.

—Hola, precioso.1

—Ugh, no vale, ¿tú siempre tienes que decir algo más bonito?20

Louis bufó antes de llevarse su copa a los labios. Harry lo imitó, riendo.1

—Realmente puedo. Me lo pones muy fácil, mírate...15

Quiso protestar, pero el otro dejó la copa en una mesa cercana para luego
hacer lo mismo con la de Louis, quien pestañeó antes de sentir un beso en
sus labios. No tardó en abrazarse entonces al cuello de Harry, quien le
acarició un brazo hasta entrelazar sus manos.1

Soltó un gruñidito cuando el omega gimoteó al separarse de su boca.

—¿Debería colocar un anillo en tu dedo, Louis?217

El aludido abrió los ojos de golpe.

—¿Qué? —casi escupió—. S-se suponía que yo estaba más afectado que
tú por el alcohol.
Harry rió, mirando hacia los ojos añiles. Suspiró notando aquella esencia
de su omega.

—Es en serio. Estar aquí hoy, que nuestros amigos se hayan casado... No
lo sé. Me ha hecho pensar.

—¿En qué? ¿En casarnos? —Harry se encogió de hombros. Él tragó saliva


lentamente—. Realmente, ¿qué significa casarse en nuestro mundo?

—Una unión... ¿Que se hace por amor? No sé. ¿Un motivo para celebrar?

Louis pareció pensárselo.

—Sí, para estar juntos toda la vida, ¿no?1

—Sí, claro. Sí.

El menor se acomodó mejor, pasando una mano por el hombro del otro.

—Bueno, entonces, acorde a su significado, tú y yo estamos casados


desde hace cinco años aproximadamente. Mes arriba, mes abajo... —Rió—
. Nosotros ya vamos a pasar el resto de nuestra vida juntos.88

Ambos sintieron el estremecimiento cuando Louis bajó el cuello de su


camisa y acarició su marca.2

Contuvo el aliento cuando Harry le apretó las caderas.

—Mi omega.22

Harry besó el trozo de piel, notando los dedos de Louis clavándose en su


hombro.

—Alfa. —Hizo que lo mirara a los ojos—. Entiendo que ellos se casen, que
por ejemplo tus padres lo hicieran porque eran otros tiempos, ya sabes. La
boda, la marca en la noche de bodas... Nosotros sólo lo hicimos de otra
forma. Ahora es distinto, la gente lo hace... como quiere.16

—Maldita sea, hasta en eso fui poco romántico. Te debería haber dado un
anillo y montar algo como esto en Plymouth. Ya conocíamos a Liam,
seguro que lo hubiera organizado tal cual.4

La risa cantarina de Louis lo iluminó por completo.1

—Eres un payaso —murmuró contra sus labios—. Nuestro momento fue


perfecto y no lo cambio por nada. Tenía que ser en aquel instante. No
mandábamos nosotros sino la naturaleza, como siempre.5

—Bendita naturaleza. Bendito instinto...54

Besó una vez más su cuello.

—No es nuestro estilo todo esto. —Señaló con un dedo índice a su


alrededor—. No lo necesitamos.30

—Ya, es lo que sentía, pero... No sé, quería también oírtelo decir.

El omega toqueteó las puntas de su melena.

—Con el dinero que te ahorras, llévame de viaje. Quiero volver a


Sudamérica.101

Harry soltó una carcajada, pellizcándole el trasero.

—Que listo me saliste. —Louis le sacó la lengua, burlón—. Tú lo que


quieres es pasar directamente a la luna de miel.38

—Sinceramente, Liam lleva como un mes poniéndome los dientes largos


con el pedazo de viaje que van a hacer por el Caribe.

El alfa enarcó una ceja.


—Así que el Caribe, ¿eh? Hace tres meses estábamos en Tailandia, no me
das ni un respiro.3

—Como si no te gustara... Esta vez invito yo.

Se estremeció cuando su omega le susurró aquello al oído. Se tuvo que


morder el labio para luego besarlo.

Quedaban pocos en la fiesta, y los recién casados, sin chaquetas y


dándose más besos de la cuenta, se encontraban despidiéndose de todos
porque se iban a estrenar la cama para al día siguiente coger un avión.39

Louis entrelazó los dedos con los de Harry y se acurrucó en su pecho,


riendo cuando vieron a Niall haciendo un bailecito descoordinado tras
tropezarse con una silla. Liam había corrido tras él, con Donatella en
brazos. Niall tomó luego a la Chihuahua, dejando que le lamiera la punta
de la nariz. El otro perrito dormía debajo de una mesa.20

Harry y Louis soltaron entonces un suspiro bastante coordinado, sonriendo.

...

Diciembre, 2016185

Olía a pastel de manzana con el toque justo de canela. Olía a pino nada
más entrar al salón, donde un árbol lucía cargado de bolas y luces de
colores. La cocina inundada del calor que dejaba del horno tras abrirse y
cerrarse para bañar al pavo que llevaba horas cocinándose. La fuente de
ponche era la que adornaba la mesa del comedor, preparada para cinco
comensales.7

Louis respiró hondo, abrochándose la cremallera de su abrigo antes de


abrir la puerta principal. Era su madre la que cocinaba con Annette, quien
le daba indicaciones a Patrice de cómo cortar los embutidos. Harry,
ataviado con un delantal, se estaba encargando de decorar una tarta. Él se
había conseguido escaquear cuando terminó el ponche y colocó las tazas.9

Salió al porche de la casa de los Styles e inspiró hondo cuando el frío rozó
sus pómulos. El resto de casas iluminaban la urbanización; se oía incluso
alguna risa en las calles. Aquellos horrorosos adornos de jardín
luminosos... No entendía cómo con los años no pasaban de moda. Bajó las
escaleras del porche y caminó por el jardín, oyendo el estruendo de algún
petardo y risas que se perdían junto al sonido de los últimos coches que
circulaban para llegar a tiempo a la última cena del año. Aún quedaban
unas cuatro horas.8

Enterró las manos en su abrigo, pisando con cuidado el césped húmedo.


Elevó la vista hasta fijarla en la casa de al lado y suspiró.

Siempre lo hacía, eso parecía ser otra cosa que tampoco cambiaba con el
paso de los años. Ya no quedaba rastro de un cercado verdoso de metal,
pues los vecinos de los Styles habían levantado un muro rodeado de
frondosos setos. Apenas llegaba a ver algo del jardín o garaje. El color de
la fachada tampoco era el mismo, sin embargo, las ventanas sí. La que
alguna vez fue la de su habitación se encontraba abierta, mostrando el
cuarto iluminado. Al parecer la luz del pasillo del segundo piso también
estaba prendida...27

Inspiró, cerrando un momento los ojos y aferrándose a sí mismo. Le


echaba la culpa de aquel sentimiento a las fechas especiales que siempre
celebraban en casa de sus suegros. Era más cómodo reunirse ahí, pues a
pesar de que su madre se hubiera mudado cerca, era una casa más
pequeña. También, sabía que a Harry le gustaba volver al hogar donde
creció. Adoraba que él sí tuviera eso.12
Cuando volvían a Plymouth, su casa de la playa los esperaba, ahora de
paredes blancas y cocina nueva, al igual que el resto de los muebles.
También era pequeña, pero suficiente para ellos. Y, por supuesto,
totalmente especial. Tenían allí ropa, cantidad de libros y la mayoría de sus
pertenencias. Habían construido incluso una zona para la lavadora y
secadora. Estaban completamente enamorados de su coqueta morada.16

Porque veían el amanecer desde su habitación y bajaban a la playa por las


tardes. Horneaban cualquier cosa para la cena y tomaban vino para luego
acurrucarse en la cama nueva, donde los muelles ya no eran una
molestia.2

Sonrió cuando la brisa, en mitad de los recuerdos, volvió a rozar su cara.


Cuando abrió los ojos, los tenía húmedos. Suspiró sobando su pecho.
Harry aparecería en cualquier momento. Sentiría aquel diminuto vacío y lo
buscaría para envolverlo en sus brazos, sin decir nada. Le besaría la
coronilla y esperaría a que Louis le dijera que volvieran a entrar.13

Siempre era así.

Cerró de nuevo los ojos y esperó; pronto sentiría el calor. Inspiró hondo por
la nariz, abrió y cerró los puños debido al frío, tragó saliva y... notó un golpe
flojo detrás de las rodillas.

Cuando se giró, tenía un balón a sus pies.13

—¿Qué... ?

—¿Toques de dedos?133

Volvió a bajar la vista. Era un balón de voleibol y sonrió amplio cuando lo


tomó.8

—Ni siquiera te acordarás...


Harry cerró la boca y colocó las manos en su cintura.

—¡Prueba! Tu deporte favorito nunca se olvida.20

Louis enarcó una ceja.

Se intentó poner en posición para golpear la esfera, que salió disparada


con muy poca fuerza.

—¡Ja! —dijo Harry tras corretear—. Mira y aprende.2

El omega aguardó el tiro, que no fue perfecto, mas si enfocado. Golpeó


como pudo con los puños, y Harry lo llamó tramposo por eso.

Soltó una carcajada cuando hizo al mayor correr más de la cuenta con un
puñetazo al balón algo más fuerte. Se rindió cuando finalmente Harry
demostró que había conseguido más toques.2

Louis dejó de respirar agitado al verlo caminar hacia él.

Llevaba un abrigo negro y largo, sin abrochar. Pantalones negros, botas


del mismo tono y un jersey amarillo debajo. Miró con cierta nostalgia cómo
ahora llevaba hacia atrás su pelo corto. Los rebeldes rizos habían
desaparecido a principios de ese mismo año ya que Harry llevaba tiempo
alegando que cada vez era más complicado mantener su melena y que por
ello también le apetecía un cambio. A Louis eso le supuso un par de ceños
fruncidos e intentos de agasajarlo para lo contrario. Amó aquellos rizos y
melena suelta, pero debía también admitir que a su alfa todo le quedaba
bien y estaba guapísimo con su nuevo aspecto. Le encanta además que
siguiera teniendo aquella manía de peinarse con una mano, como cuando
se hacía los rizos hacia atrás.73

Harry le dedicó una sonrisa al percatarse de que lo miraba. Tal y como


Louis esperaba, el alfa abrió los brazos, sin decir nada más.
Era un año más que se iba; que habían pasado juntos. Era algo que
agradecían, pues percibían cada instante como un regalo. Viajes, trabajos
entre Alemania e Inglaterra, intimidad, o peleas tontas que siempre
arreglaban antes de meterse en la cama. Cantidad de confianza y amor en
el trascurso de los años, en una unión que no había perdido ni un ápice de
intensidad.2

Harry lo acunó entre sus brazos, dejando un beso en su cabeza. Volvían a


oír de fondo carcajadas y vecinos que tenían bastante alto algún disco
antiguos de villancicos. La calidez acogió al omega con rapidez.8

Sonrió cuando oyó las tripas de Harry rugir y le dio un beso en la barbilla
antes de mirarlo.

—¿Vamos dentro?

El alfa asintió, volviéndolo a abrazar antes de encaminarse al interior de la


casa. Una mesa puesta y su familia los esperaban.

...

Agosto, 2017305

Se zambulló bajo el agua, esperando ver la pequeña pelota flotando en la


superficie. Cuando la golpeó para que rebotara fuera de la piscina, se vio
contagiado por aquella risa infantil. La pequeña, de unos cuatros años, se
paseaba con su flotador por fuera de la piscina, pendiente siempre de su
pelota roja. Había tenido un especial interés en que Harry jugara con ella
cuando este recogió uno de sus juguetes del agua. El alfa no se opuso en
ningún momento a ello, de hecho, los padres de la niña se lo habían
agradecido. Ambos tenían que lidiar con unos gemelos de menos de un
año, demandantes desde sus carritos. Además, Louis había preferido irse a
echar una siesta en una tumbona mientras que él no tenía sueño. No le
había importado interrumpir sus largos en la piscina, pues la niña era
adorable aunque le llamara "señor".89

Se encontraban de vacaciones en la isla croata de Hvar, situada en el mar


Adriático. Alojados en un resort con todo incluido, bajo una temperatura de
treinta grados, su única preocupación era comer y untarse suficiente
protector solar para que el sol no les quemara la piel. Gracias a ello ya
lucían más bronceado, aunque Harry asegurara que el tiraba más a "tono
gamba".17

No habían podido viajar por placer desde finales del año anterior. Hacía
apenas un mes, Louis había terminado su último trabajo, al igual que él los
viajes a Lyon. Prefería que su padre no se moviera de Plymouth, así que
se organizaban como meramente podían. Asimismo, ya habían acordado
que el siguiente año no sería así. Querían algo de estabilidad, pisar más su
casita de la playa y trasladarse a Londres para únicamente visitar a Liam y
Niall en su residencia de las afueras. El alfa ahora trabajaba en una
empresa de construcción y Liam en una automovilística. Habían dicho
cantidad de veces que debían volver a irse juntos de vacaciones y Harry
realmente quería que eso sucediera pronto. La última vez eso sucedió en
la costa de Portugal, el mismo año que sus amigos se casaron.23

Harry rió cuando su compañera de juegos le enseñó algunas de sus


muñecas. Eran sirenas y ella juraba que podían nadar. Se tiraron al agua y
la pelota voló un par de veces más. Harry tuvo que disculparse en varias
ocasiones por incomodar con ella a algún que otro turista.4
Prometió ver a la pequeña más tarde y ella, entusiasmada, le dijo que para
entonces traería más juguetes. Harry salió de la piscina con su bañador
negro chorreando. Peinó su pelo corto hacia atrás con las manos y cuando
buscó su par de tumbonas, se fijó en que Louis lo miraba sobre sus gafas
de sol. Con un cómico bailecito se acercó hacia él, logrando que se quejara
cuando también lo salpicó. El omega llevaba un bañador gris y se
encontraba tumbado. Recibió por eso un vistazo de arriba abajo por parte
del recién llegado.18

El bronceado en su nariz y mejillas lo hacía ver guapísimo...

—¿Has ligado? —preguntó Louis juguetón, retirándose las gafas de sol


mientras el alfa se sentaba en la tumbona de al lado.

—Sí, he quedado esta tarde para hacer de La Sirenita. Tomaremos


compota en la velada de más tarde.68

El omega no tardó en soltar una sonora carcajada.

—El papel de tritón te va que ni pintado.24

Harry sacó el pecho, fingiendo orgullo mientras Louis lo miraba divertido,


mordisqueando su labio inferior. Echó un vistazo a la mesa de centro, bajo
la sombrilla con forma de palmera, y le tendió la crema protectora.

—Hay que echarse cremita —dijo Harry, imitando el tono de voz de un


infante.43

El omega rió

—Se le veía adorable.

Había señalado hacia la pequeña de la piscina. El mayor asintió.

—¿Me echas?14
Louis negó divertido mientras Harry se levantaba para sentarse a su lado,
colocándose de una manera que le fuese cómoda. El bote hizo un cómico
sonido cuando derramó la crema en la espalda del mayor y comenzó a
masajear.13

—Qué rico...37

Se había encargado de secarse el cuerpo antes, pero su bañador seguía


chorreando. Louis torció una sonrisa:2

—Te veías monísimo saliendo del agua como una foquita.67

Harry entreabrió un ojo.

—Así que no estabas durmiendo, ¿eh?

—¿Con el jaleo que teníais formado? Nos van a terminar vetando. Y a tu


cita también.17

El alfa se carcajeó mientras una mano de Louis aún recorría su espalda.

—Tengo un encanto natural, no lo puedo evitar.26

El otro colocó los ojos en blanco.1

—Esto ya está.

Harry apartó el protector y se giró sin levantarse de la tumbona. Louis le


sonrió y lo atrajo hacia sí para besarlo. Harry correspondió sorprendido y
mimoso. En un beso más largo de la cuenta, Louis acunó su rostro.

—¿Eres feliz?3

La pregunta tomó totalmente por sorpresa al ojiverde. Tuvo que pestañear


un par de veces.

—Inmensamente —respondió—. ¿Y tú?


—Más que eso. —Hizo una breve pausa—. Lo tenemos todo, ¿verdad?26

—¿Para ser feliz? —El de ojos añiles asintió—. Te tengo a ti, así que sí.34

Harry besó el dorso de su mano. Louis suspiró nervioso.

—Estabas realmente adorable con esa niña subida a tus hombros,


Harry.125

Tragó despacio...

—¿Sí?

—Sí.

Dos preciosos hoyuelos se encargaron de enmarcar una sonrisa


deslumbrante. Louis buscaba que le volviera a tomar de la mano...

—¿Recuerdas...? —Carraspeó; suspiró para poder seguir—: Lo hemos


hablado...69

—Sí, lo hemos hecho.

Un intercambio de miradas más y Louis sintiendo las mejillas rojas. El


pecho del alfa se había acelerado discretamente.1

—Harry...15

—Dime.9

El omega soltó el aire, apretando aún más las manos ajenas.

—Sabes lo que estoy queriendo decir. Lo sabes...129

Volvió a sonreír.

—Pero quiero oírtelo decir a ti.17

Lo miró a los ojos, encontrando en aquella ilusión verde el último empujón.


—¿Y si ya llegó ese momento? Y sí... ¿Y sí sólo dejamos de verlo como
algo que pasará algún día y...? Quiero decir, yo voy a cumplir veintisiete, tú
ya tienes veintinueve...142

—Ajá...

—Estamos en un buen momento, dijimos que queríamos algo de


estabilidad. Tenemos ganas de asentarnos en Plymouth...2

Harry asentía en todo momento con la cabeza.

—Sí.

—Y... no sé. Lo he estado pensando realmente. Creo que estamos


preparados para ello. Tenemos todo; hemos crecido todo este tiempo.
Hemos viajado, cumplido nuestras metas por separados, los sueños en
pareja...25

—Sí, amor, sí. —Volvió a besar el dorso de su mano—. Sólo... dilo.65

Louis tembló. Porque sentía un calor que no tenía nada que ver con la
sensación térmica, y veía cómo Harry se acercaba a él, con aquella
expresión soñadora.

Tomó aire y buscó entrelazar sus dedos con los de él. De nuevo.

—Cachorros —murmuró—. Bebés...370

—Bebés —repitió el alfa, más cerca de sus labios.11

—Sí.

—Sí.
Quiso sonreír, pero los labios del alfa ya habían impactado con los suyos.
Lo apretó de inmediato contra su cuerpo, notando aquella picazón que le
inundaba el pecho a ambos.

Que hacía que su vello izara, la piel hormigueara...

—Papás —consiguió articular Harry tras un jadeo—. Ser papás.81

—Sí, ser papás.3

Lo volvió a besar.

Louis soltó un grito de sorpresa cuando sintió que su cuerpo flotaba de


repente. No supo cómo Harry se levantó tan rápido y se giró para alzarlo
en volandas. Atinó a aferrarse de inmediato a su cuello, intentando asimilar
qué era lo que ocurría.2

El ojiverde, sin más, caminaba con él en brazos.

—¡Harry, bájame! ¡¿Qué haces? —Puso los ojos como platos cuando se
fijó en que medio resort los miraba—. ¡Qué vergüenza! ¡Bájame!34

El otro seguía caminando a grandes zancadas, así que de poco le sirvió


intentar patalear. Entraron al interior del hotel así y Louis escondió el rostro
al notar cantidad de miradas. Niños reían y los trabajadores contenían la
intención de acercarse, preocupados.6

Harry correteó para entrar en un ascensor repleto de más gente. Louis


juraba que lo asesinaría.

—Te voy a matar... —masculló entre dientes.

—¡Vamos a ser papás! —chilló finalmente el mayor, saliendo del cubículo


cuando paró en su planta.125
Louis se sonrojó aún más cuando oyó algún chiflido y felicitación de
fondo.75

Harry caminaba rápido por el pasillo, acercando la pulsera inteligente de su


mano hasta el censor del picaporte de la puerta, que se abrió
automáticamente. Louis volvía a patalear para que lo bajara.1

—¡Estás loco!3

A pesar de los forcejeos, el alfa lo depositó con cuidado en la cama del


centro de la habitación.

—Cachorros —pronunció trepando sobre él—. ¿De verdad?

Louis entonces exhaló, hundiendo la cabeza en el colchón. Veía el pecho


del otro subir y bajar errático.

—De verdad —respondió con cuidado—. ¿Te imaginas...?1

—Sí. Sí que lo hago, Lou. Lo imagino.

—Me da vértigo. Pero a la vez me ilusiona y da miedo, y... dios.4

—Lo sé, lo sé. Yo... e-estoy temblando y ni siquiera... Oh, cariño.5

—Cachorros —volvió a decir, tocando su rostro.2

—Sí. Sí, sí, sí. Nuestros. Con tus ojos... tu sonrisa, tu piel, tu pelo.75

El omega notó pronto un nudo en la garganta.1

—No, tu pelo —pidió, hundiendo sus dedos en el cabello corto de Harry—.


Y tu sonrisa. Tiene que ser la tuya.30

Harry se acurrucó en las caricias. Sus orbes brillaban...

—Te amo.1
—Te amo, Harry.52

Sus labios no aguantaron más.1

Louis gimió cuando el alfa demandó su boca. Gruñía bajo mientras le


acariciaba la cintura y apoyaba con cuidado su cuerpo. El menor le
rasguñó la espalda antes de subir a su nuca. Sus lenguas luchando con
ansia y cierto descaro...4

Buscó aferrarse a las telas que cubrían la cama cuando Harry mordisqueó
su marca, refregando bien sus labios contra la piel; lamiendo cada trazo.
Contuvo el aliento cuando su alfa se paró a observarlo. Una mirada limpia y
llena de devoción, con sus labios humedecidos y mejillas rojas.4

Louis habló:

—H-hoy me tocaban mis supresores. Si no me los inyecto... No sé. No sé


cuánto tardaremos, pero... —Gimió al sentir una caricia suave en sus
pezones—. D-después de llegar a casa, en dos semanas, tendremos
nuestros celos. Sincronizados...71

—Lo sé.

Llevaba años siendo así. Después del lazo, el Alfa de Harry se sincronizó
con el ciclo de su omega. Dos días cada cinco meses que era totalmente
de ellos.5

—Sin supresores —aseguró el de ojos añiles.

—Sí, sin ellos. Te voy a hacer el amor sin que los tomes y... V-vamos a ser
papás.86

—Sí, amor. Papás.24


Harry gruñó antes de volver a besarlo. Su corazón bombeaba con fuerza
mientras las manos le temblaban al acariciarlo.

Como si fuera la primera vez; como si lo saboreara de una forma nueva.1

—Quiero intentarlo ya, aunque no haya celo. —Le mordisqueó el lóbulo de


la oreja tras murmurar, ensalivándolo—. Vamos a practicar.142

—S-sí...

Harry quiso tomar aire, pero las piernas de su omega le envolvieron rápido
las caderas. Refregaron la única prenda de ropa que llevaban, jadeando a
la par.

Sus bocas se demandaban sedientas mientras las manos se recorrían


despacio. Louis lo obligó a rodar en la cama, colocándose sobre sus
caderas y lo miró a los ojos antes de chuparse con lascivia el labio inferior.8

Harry gruñó más alto cuando sintió el toqueteó en sus cintura y Louis tiró
del elástico de su bañador. Lo recorrió por sus piernas y él mismo se lo
quitó moviendo con frenesí los pies. Luego, fue Louis el que se deshizo de
los suyos.

Y se deslizó sobre él.

Su boca formó una perfecta "o" cuando sostuvo el miembro excitado del
alfa entre sus manos. Rozó una mejilla con la punta antes de pasear con
lentitud su lengua. Los años le habían enseñado a moverse con cierto
erotismo. A saber qué, cómo y dónde tocar para que su alfa gimiera así. Y
era tan satisfactorio...61

Louis sintió el tirón en sus cabellos. Sus parpados plegados mientras


cerraba los labios de aquella manera, ensalivando... Harry podía llegar a
aullar, sobre todo cuando Louis lo miró con aquella inocencia y mejillas
bermejas. Con aquella gota de sudor surcando su sien...2

No pudo más.

—Ven aquí, ven aquí...

Dejó escapar un gimoteo cuando Louis se separó, lamiendo en mitad de


una sonrisa la punta de su miembro hinchado.

Se lo comió a besos, mangoneando su cuerpo a su antojo; moviéndose


como un desesperado cuando el menor se puso de rodillas en la cama y lo
miró por encima de un hombro.9

Los dedos de Harry se enterraron en sus caderas cuando fue tras él y lo


obligó a inclinarse apenas. Sus nalgas firmes arañadas por sus uñas cortas
mientras dos dedos viajaban para enterrarse entre ellas.2

Louis boqueó por aire cuando sintió la intromisión. Su cuerpo ya estaba


preparado; su entrada lubricada por el deseo hacia su alfa. Harry rugió,
alineándose tras su espalda después de lamerse los dedos humedecidos
tras la innecesaria pero sugestiva inspección.

Las veces así no podía esperar mucho más. Los preliminares lo


impacientaban y el fuego en la boca de su estómago lo incitaba. Esperó el
gemido de Louis para él bramar en el suyo cuando por fin fueron uno.5

La estrechez de siempre, los latigazos en la espina dorsal y el repiqueteo


sincronizado bajo el pecho...

El omega rodaba sus caderas, enderezándose para llevar una mano hacia
atrás mientras Harry besaba su nuca. Las rodillas de ambos apretaban el
colchón en cada embestida. El sudor resbalándose seductor por sus
pieles...
—Oh, Harry, sí. Ahí. Justo ahí, bebé.61

La voz muriendo, ahogada en un gemido de puro placer.

—Precioso, mi precioso. Tan bueno, ma vie. Tan delicioso, tan mío...39

Si hablaba, a Louis le nacía gemir más alto. Sus dos manos estaban
jugueteando con la punta de sus pezones.4

—Ah, Harry...

—Sí, amor. Dámelo.30

—N-no puedo... Ah, no puedo más.

Su cuerpo se aflojó por completo cuando recibió otra estocada. Apenas


acarició su propio pene antes de correrse entre gemidos que asfixiaban.
Cerró con fuerza los ojos y los volvió a abrir a los segundos por culpa de
los espasmos. Todo dio vueltas, juró ver colores; quedarse sin aire.

Harry embistió dos veces más con fuerza antes de acompañarlo,


aferrándose a sus caderas y mordiéndole un hombro cuando el placer
también lo colmó. Todo su ser vibraba mientras el nudo se formaba,
jadeando de satisfacción mientras Louis se dejaba caer hacia delante.7

Compartían el mismo calor en el pecho. El vibrar. El sentimiento de hogar;


pertenecer. Louis cerró los ojos, sabiéndose protegido. A gusto.12

Plegaron sus párpados mientras las palabras que se dijeron en la piscina


retumbaban en sus mentes. Lo habían hablado muchas veces, avocando a
un futuro próximo, estando de acuerdo en que antes de un paso tan
importante, tenían muchas cosas que hacer.

Disfrutarse, amarse, perderse y encontrarse.

Descubrir, rechazar, adorar, desear...


Lo habían hecho todo. En su justo momento.13

Recorrieron el mundo de la mano. Se acompañaron y apoyaron,


cumpliendo cada uno de sus propósitos. Los motores que Louis diseñó
circulaban en las calles, Harry había logrado que Styl se comercializara en
nuevos países...

Alcanzaron estabilidad, respeto y una unión inquebrantable. Designada.17

Ahora, sólo querían soñar con algo de ambos; que dependiera de los dos.
El fruto de su amor. Habían bromeado con que cuando ese momento
llegara, debían tener más de uno ya que los dos eran hijos únicos. Habían
fantaseado con comprar una casa nueva cuando no entraran todos en una
cama. Con llenar su hogar de risas.15

Se adormitaron cuando cayó la tarde y deslizaron sus cuerpos bajo las


sábanas. Envuelto entre los brazos de Harry, Louis se removió,
encontrándose con su rostro tranquilo y dormido. Le acarició una mejilla
con dos dedos, fijándose en que sus manos descansaban sobre su vientre.

Era una sensación abrumadora el tan solo imaginarlo. El miedo de que


alguien le pudiera hacer daño a esa pequeña parte de ambos, o no saber si
llegaría a entender sus llantos, miradas... Quizás el no saber calmarlo. ¿Lo
oiría cuando se echara a llorar? ¿Cómo iba a saber si algún día se
quedaba con hambre? ¿Y si le dolía algo? Los bebes eran tan pequeños
e... indefensos.17

Cuando alzó la vista de su vientre, se encontró con aquellos ojos verdes;


con el tono que tanto amaba.

—Lo vamos a hacer genial —susurró el alfa—. Sólo lo sé.36


Quizás tenía demasiadas preguntas, quizás las dudas lo atosigaban, pero
era afortunado porque lo tenía a él, a su compañero de vida, dispuesto a
buscar juntos la solución a cada duda.

—Sí. Lo vamos a hacer estupendamente. —Sonrió cuando inspiró tranquilo


y fue acogido por aquella inexplicable paz—. Haremos que esté orgulloso
de quién es. Omega, alfa... beta.52

Algo les apretaba fuerte el pecho. A ambos.10

—Por supuesto que sí, cariño. Es nuestro bebé, va a ser perfecto.4

—Perfecto.6

Louis volvió a cerrar los ojos, abrumado cuando el otro lo abrazó, besando
su frente.

Aún no lo conocía, no sabía cuándo irrumpiría en sus vidas, pero lo que era
seguro era que ya lo amaba.29

Enroscado en la calidez de los brazos de su alfa, cayó dormido, perdido en


el latido tranquilo del pecho en el que se escondía.

Durmió y soñó con que estaban en la cama de su casa, en Plymouth, con


sábanas blancas y los primeros rayos de sol de la mañana colándose por
la ventana. Soñó con un olor tranquilo. La mezcla perfecta; bergamota.37

Soñó con unos brazos protectores alrededor de él, por meses.

Soñó con un espacio entre él y Harry. Con la respiración tranquila de un


cuerpo pequeño que buscaba el calor de ambos.27

Soñó con unos ojos azul añil y unos hoyuelos adornando una boquita de
labios finos.16

"George Styles-Tomlinson"192
Soñó con una familia. Con ellos protegiendo a su primer cachorro mientras
le hacía a su ídolo ese tributo.15

Con Harry diciendo que sí cuando lo pronunciara por primera vez en voz
alta. Que por supuesto que llamarían a su hijo George.

Soñaba con una sonrisa pintada en el rostro. Porque veía a Harry luchando
por que le dijera a él papi y a Louis papá.2

Cuando despertara, quizás no recordaría todo aquello, pero lo cierto era


que lo que vagaba por cada recoveco de su inconsciencia, estaba
destinado a hacerse realidad.1

Todo. Absolutamente todo.

'¿Qué quieres ser de mayor, Louis?'72

El secreto siempre estuvo en cambiar la respuesta de aquella inocente


pregunta.37

'Feliz'

262

FIN

En Rut
La incertidumbre de su naturaleza lo torturó hasta los quince años.  
Quería ser beta; la vida lo hizo omega. 
Y ahí es donde
* GUÍA MODIFICADA PARA SOLVENTAR PREGUNTAS FRECUENTES 
 
109 
El Omegaverse es un género de novelas que se inició en 
distint
Otra característica de los alfa está basada en los cánidos. Se trata de que 
poseen una especie de nudo o una protuberancia e
Son  (https://www.wattpad.com/story/25782551-%E2%9C%A7-dancing-in-the-dark-%E2%9C%A7)igual a los humanos comunes. Los hombres
2K  17  (https://www.wattpad.com/story/25782551-%E2%9C%A7-dancing-in-the-dark-%E2%9C%A7)
ATENCIÓN: Contenido gay está presen
(https://www.wattpad.com/story/32384891-sexo-en-un-ba%C3%B1o-p%C3%BAblico) (https://www.wattpad.com/story/111118383-love-is-
♔ miss sugar pink ♔ {l.s | traducción} 
Por alwayzslarry  (https://www.wattpad.com/story/82411162-%E2%99%94-miss-sugar-pink
Asimismo, los omega tienen una característica muy importante que son los 
celos, que ocurren cada tres meses y dura tres días
por qué seguirlos. 
 
 
Los Lazos85 
Esta parte es altamente importante. Los lazos, conexiones o uniones se 
basan en que el

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