Duende
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
Para otros usos de este término, véase Duende (desambiguación).
Duende Martinico en el grabado "Duendecillos" de los Caprichos de Francisco de Goya.
Los duendes son criaturas mitológicas fantásticas de forma humanoide pero del
tamaño de un niño pequeño que están presentes en el folclore de muchas
culturas. La etimología de su nombre proviene de la expresión "duen de casa" o
"dueño de casa", por el carácter de los duendes al "apoderarse" de
los hogares y encantarlos,1 o bien del árabe "duar de la casa" ("que habita,
habitante").2y estos llegan a vivir de 13 a 15 años.
En Castilla y León la palabra duende define a un tipo de ser sobrenatural de
la cultura popular equivalente al goblin de otros folclores europeos (del francés
normando gobelin, nombre originado en el de un fantasma que se decía asoló el
pueblo de Evreux en el siglo XII),3 de naturaleza maliciosa hacia los humanos.
Índice
1Historia
2Por región
o 2.1Europa
o 2.2España
2.2.1Los duendes castellanos
2.2.2Los duendes cántabros
2.2.3Los duendes asturianos "apabardexu"
2.2.4Las lamias
o 2.3América
o 2.4Asia
3San Patricio
4Literatura
5Televisión y cine
6Véase también
7Referencias bibliográficas
o 7.1Notas al pie
o 7.2Bibliografía de España
o 7.3Bibliografía de México
o 7.4Bibliografía de Bolivia
Historia[editar]
Los duendes son criaturas mágicas relacionadas en algún caso con las hadas que
no forman parte de la tradición cristiana, aunque algunos demonólogos de los
siglos XVI y XVII, y al menos desde la segunda mitad del siglo XV, los
consideraban un tipo de demonio.
Físicamente, se suele describir a los duendes como personajes de baja estatura
(con altura no superior a un metro) y aspecto humanoide, con largas orejas
puntiagudas y piel verdosa. Se caracterizan por ser seres elementales, cuidadores
de la naturaleza y el bosque y muy escurridizos.4 En la mitología de muchas
culturas se les supone algún tipo de poder o conocimiento sobrenatural además
de una personalidad bromista o maliciosa, por el cual son culpados de todo tipo de
daños menores en el entorno doméstico o rural. Según esta definición, serían
considerados un tipo de duendes los gnomos, los trasgos, el tomte sueco,
el leprechaun irlandés o el poltergeist alemán.
Cubierta del libro La princesa y el duende, de George MacDonald.
Este tipo de supersticiones ligadas a los hogares fueron difundidas por todo
el Imperio romano, ya que su religión pagana afirmaba que había unos dioses
menores, los lares o genius loci, que habitaban una casa a la que estaban ligados
con la función de protegerla. A veces estaban asociados a la familia que construyó
la casa o que la habitó desde que fue construida, esto explicaría su frecuente
relación con los fuegos del altar familiar u hogar, los pucheros o las alacenas. A
esto habría que sumar una noción semejante por parte de los druidas, quizá
todavía presente en la creencia germánica en los Kobold. Pero esta tradición se
presenta también en el folklore de todas las naciones eslavas, donde son
llamados domovik, e incluso en el japonés, donde unas criaturas en todo
semejantes se denominan zashiki-warashi. Por lo demás, los djinn de los pueblos
semíticos poseen características muy parecidas. La superstición, por otra parte,
podría tener una etiología bastante elemental: una justificación maravillosa o
imaginativa de los ruidos desconocidos que se producen en las alacenas, sótanos
o cuevas subterráneas cerradas de las casas, casi siempre debidos a la presencia
de pequeños roedores o depredadores en busca de alimento.
Es más, aparte de su origen supersticioso, la leyenda de la llamada "gente
pequeña", como los denominaba en su famoso manuscrito el párroco
escocés Robert Kirk,5 o "duendes", está tan arraigada en unos lugares concretos
de Europa (islas británicas) que algunos han llegado a teorizar la posible
existencia de un pueblo humano de pequeña estatura ya desaparecido en estas
ubicaciones, lo que ha convertido en más probable el descubrimiento reciente
del hombre de Flores y el ya conocido pueblo pigmeo en África.[cita requerida]
El primero en proponer esta explicación fue David MacRitchie (1861-1925), un
folclorista escocés, en su obra The Testimony of Tradition; este tipo de leyendas (y
muchas otras) se habrían fundado en la existencia histórica de un pueblo que
habitaría en cuevas o que sería subterráneo en las Islas Británicas, resto de
gentes antiquísimas de tecnología muy primitiva, quizás neolítica, quienes, ante la
llegada de pueblos más civilizados y mejor armados, se habrían ocultado en la
oscuridad. Esta teoría habría sido completada en The Witch-Cult in Western
Europe (1921) por la doctora Margaret Murray (1863-1963).
El alquimista y médico suizo Paracelso (1493-1541) escribió sobre numerosos
tipos de criaturas ni humanas ni divinas en su grimorio Philosophia Occulta (1570),
a los que llama genéricamente elementales y denominó gnomos (elemento
tierra), ondinas (elemento agua), silfos o sílfides (elemento aire)
y salamandras (elemento fuego):
No pueden clasificarse entre los hombres, porque algunos vuelan como los espíritus, no son espíritus,
porque comen y beben como los hombres. El hombre tiene un alma que los espíritus no necesitan. Los
elementales no tienen alma y, sin embargo, no son semejantes a los espíritus, éstos no mueren y
aquéllos sí mueren. Estos seres que mueren y no tienen alma ¿son, pues, animales? Son más que
animales, porque hablan y ríen. Son prudentes, ricos, sabios, pobres y locos igual que nosotros. Son la
imagen grosera del hombre, como éste es la imagen grosera de Dios… Estos seres no temen ni al agua
ni al fuego. Están sujetos a las indisposiciones y enfermedades humanas, mueren como las bestias y su
carne se pudre como la carne animal, y son virtuosos y viciosos, puros e impuros, mejores o peores.
Los duendes corresponderían a los gnomos y silfos y habitan mundos propios no
muy alejados del nuestro, aunque invisibles para nosotros porque nuestros
sentidos son poco sutiles y poco desarrollados y por tanto no aptos para
observarlos. Sin embargo todas esas criaturas, según Paracelso, tienen en común
ser seres interdimensionales y atemporales, viven en comunidades jerarquizadas,
son invisibles para los hombres, pero no para algunos animales y niños, son
juguetones y tramposos y enormemente interesados en algunos aspectos
sexuales de los humanos, a quienes a veces raptan cuando son niños; viven
muchos más años que los hombres, pero sin llegar a ser inmortales: 500 años o
más, éticamente neutros, inteligentes, y les aterroriza el hierro y el acero. Poseen
tres grandes festividades: la del mes de mayo, la del 24 de junio (solsticio de
verano) y la del mes de noviembre.