SAN FELIPE NERI, EL SANTO HERIDO POR EL AMOR
Naci� el 21 de Julio del a�o 1515 en Florencia y le pusieron el nombre de su
abuelo: Filippo (Felipe). Fue bautizado en la Iglesia de San Juan de la misma
ciudad, probablemente al d�a siguiente de su nacimiento. Su padre, Francesco Neri,
era un gentilhombre florentino, Notario de profesi�n y muy amigo de los Religiosos,
especialmente de los Padres Dominicos. Su madre fue Lucrezia Soldi, hija de Antonio
Soldi, tambi�n de familia Noble de Florencia.
Tuvieron cuatro hijos: dos mujeres (Caterina y Elisabetta) y dos varones: Antonio
(que muri� de jovencito) y Felipe que era el menor de todos. Su madre muri� cuando
�l ten�a cinco a�os y su padre se cas� en segundas nupcias con una mujer llamada
Alejandra. Su padre muri� en 1558 a los 82 a�os. Muri� pobre por haberse gastado
mucho dinero en libros de alquimia.
Felipe nunca dio problemas a sus padres y con todos era alegre y pac�fico. Desde
peque�o fue muy piadoso y sol�a ir a las iglesias, en especial a la de San Marcos
de Florencia, donde estaba el convento de los padres dominicos. Seg�n fue creciendo
todos apreciaban su amabilidad y su espont�nea sonrisa. Por eso, todos le llamaban
Pippo buono (Felipito el bueno).
Lleg� a Roma con apenas 17 a�os y busc� refugi� y alojamiento en casa de Galeotto
Caccia, compatriota florentino y director de aduanas. Se alojaba en una peque�a
habitaci�n del entretecho, donde s�lo ten�a una cama y algunos libros. Estando all�
creci� en �l el deseo de amar cada d�a m�s a Dios y llevar una vida austera y
solitaria.
Felipe aprovech� la vecindad de la Universidad Pontificia La Sapientia de Roma para
estudiar Filosof�a y Teolog�a, siguiendo s�lo las materias que �l consideraba m�s
�tiles. Era considerado uno de los mejores alumnos que en esos tiempos hab�a en
Roma. Tambi�n estudi� Teolog�a con los Padres Agustinos e hizo tales progresos que
le sirvi� mucho durante toda su vida. En Teolog�a sigui� siempre la Doctrina de
Santo Tom�s de Aquino, teniendo continuamente en la mano la Summa del Santo
Te�logo. En la Sagrada Escritura hizo grand�simos progresos. Muchas veces, en sus
tiempos libres, se iba a los p�rticos de San Pedro o San Juan de Letr�n a ense�ar a
los pobres las cosas importantes de nuestra Fe. En las clases de los agustinos
hab�a una imagen del Crucificado y cada vez que lo miraba, le hac�a llorar y
suspirar.
En aquella �poca, el comulgar cada d�a para recibir a Jes�s era para �l lo m�s
importante, sobre todo pensando que en ese tiempo la gente se contentaba con
confesar y comulgar una vez al a�o. �l, en cambio, sent�a la necesidad interior de
recibir a Jes�s y de ir a visitarlo todos los d�as.
En 1538, tres a�os despu�s de su llegada a Roma, le vino una crisis, vendi� sus
libros y dio el dinero a los pobres para dedicarse m�s a la oraci�n y al servicio
del pr�jimo, pero no entr� en ninguna Orden religiosa ni siquiera en los Cartujos,
que parece visit�. Dec�a a sus disc�pulos que los rostros de los Cartujos brillaban
al salir de la oraci�n. Tambi�n se acostumbr� a ir a las Catacumbas de San
Sebasti�n, las �nicas conocidas entonces, a orar all� entre las tumbas de los
primeros M�rtires de Roma y de quienes hab�an vivido con ellos. Ten�a 23 a�os
cuando comenz� a llevar una vida de ermita�o en Roma.
Ya desde el principio de estar en Roma se sent�a inclinado a hablar en plazas,
escuelas y lugares p�blicos de cosas espirituales a toda clase de personas
(especialmente a j�venes calceteros, sastres, plateros, zapateros, estudiantes y
aprendices de artes y oficios). Les invitaba a servir a Dios y, con su natural
alegr�a, los atra�a hac�a Dios. Buscaba cada d�a a los pecadores. A muchos
convirti� a hacer penitencia y a otros a entrar en la vida religiosa.
EL MILAGRO DEL CORAZ�N
Estando un d�a, V�spera de Pentecost�s, en las Catacumbas de San Sebasti�n, el a�o
1544, recibi� el Milagro del coraz�n. Su coraz�n creci� y se le quebraron algunas
costillas. Hac�a oraci�n al Esp�ritu Santo del que era muy devoto. Mientras oraba
al Esp�ritu Santo, se le apareci� un globo de fuego que entr� por la boca al pecho,
donde sinti� un gran fuego de amor. No pudiendo soportarlo, se ech� en tierra como
buscando refrigerar aquel fuego que sent�a. Despu�s se levant� y se sinti� lleno de
una alegr�a ins�lita e inmediatamente todo su cuerpo comenz� a temblar. Poni�ndose
la mano en el pecho, se dio cuenta de que hab�a como un tumor, como de un pu�o de
grande, aunque no sent�a dolor. De d�nde proced�a este tumor, o lo que fuese, se
manifest� en su muerte, ya que encontraron dos costillas rotas, levantadas y
separadas sin que nunca, durante 50 a�os que sobrevivi�, se unieran, ni regresaran
a su lugar. Desde ese momento le comenz� la gran palpitaci�n del coraz�n que le
dur� toda la vida. Eso le ocurr�a cuando hac�a oraci�n, celebraba Misa, daba la
absoluci�n, comulgaba o hablaba de cosas de Dios�
Algunos m�dicos le daban algunas medicinas para sus palpitaciones y �l dec�a, como
burl�ndose: �Ruego a Dios que les d� inteligencia para que puedan entender mi
enfermedad�, no queriendo descubrir abiertamente que su enfermedad no era natural,
sino ocasionada por el amor de Dios. Por eso, sol�a decir a veces: �Estoy herido
por el Amor�
El a�o 1548, el 16 de Agosto, junto con el Padre Persiano Rosa, su confesor,
comenz� la Confraternidad de la Sant�sima Trinidad de los peregrinos y de los
convalecientes en la Iglesia del Sant�simo Salvador. Se juntaba con algunos
compa�eros, en total unos quince, todos sencillos y pobres, y hac�an ejercicios
espirituales y hablaban de cosas de Dios. Todos los domingos, y especialmente en
Semana Santa, ten�an Exposici�n del Sant�simo para la oraci�n de las Cuarenta
Horas, donde Felipe hablaba lleno de esp�ritu y convert�a a muchos. En un serm�n
convirti� a 30 j�venes, a pesar de que algunos hab�an ido a burlarse de ver hablar
a un seglar.
EL SANTO BROMISTA
Felipe algunas veces hac�a travesuras de ni�os para que pudieran tomarlo por loco y
as� ser m�s humilde y la gente no lo alabara por sus milagros. Un d�a, en la
procesi�n de los m�rtires san Pap�as y san Mauro, le tir� de la barba a un guardia
suizo. Otras veces, San Felipe Neri se quitaba las gafas y se las pon�a en la nariz
de mujeres y ni�os en la iglesia. Tambi�n daba palmadas amistosas a toda clase de
personas.
En ocasiones, hac�a como que se luc�a con una capa forrada de pieles o dec�a
expresiones toscas, lejos de la cortes�a de la �poca. En fin, hac�a bromas para que
no lo tomaran en serio ni lo tomaran por Santo.
SACERDOCIO POR AMOR A LAS ALMAS
Su confesor, el Padre Persiano Rosa, le persuadi� para hacerse Sacerdote y poder
confesar y hacer mayor fruto espiritual. Al principio se excus�, exponiendo su
incapacidad y, sobre todo, porque quer�a servir a Dios como laico, pero al fin, por
obediencia a su confesor, acept�. Y en el a�o 1551, teniendo 36 a�os, en diversos
d�as recibi� la tonsura y las cuatro �rdenes Menores. El mismo a�o recibi� el
S�bado Santo el Diaconado. Y fue ordenado de Sacerdote el 23 de Mayo de ese a�o
1551 en la Iglesia de Santo Tom�s por el Obispo Giovanni Lunelli, que era Vicario
General del Papa Julio III.
Desde el principio de su sacerdocio comenz� a ejercer, con el debido permiso, el
Ministerio de la confesi�n, fomentando en todos la frecuente confesi�n y comuni�n.
Era tanto su deseo de salvar almas que se pasaba la mayor parte del tiempo
confesando durante el d�a y parte de la noche. Antes del alba ya estaba disponible,
confesando incluso en su habitaci�n.
A sus amigos y penitentes les ped�a que fueran a visitarlo despu�s de comer al
mediod�a y en su habitaci�n los recib�a y les propon�a alg�n caso moral a modo de
conferencia, o les hablaba sobre la virtudes y los vicios o sobre la vida de los
Santos. Pero los asistentes fueron creciendo en n�mero y, quedando peque�a su
habitaci�n, tom� otra m�s grande a sus expensas.
As�, en el a�o 1558 obtuvo un lugar en la Iglesia de San Jer�nimo de la Caridad
para reunir a los del Oratorio. Y cada d�a, despu�s del comer, al mediod�a, se
reun�an para las pl�ticas espirituales. Y despu�s los llevaba a alg�n lugar abierto
para la recreaci�n y, si era d�a de fiesta, los llevaba a alguna iglesia para rezar
V�speras o Completas. As� comenz� en la Iglesia de San Jer�nimo de la Caridad la
Congregaci�n del Oratorio con sacerdotes diocesanos, no religiosos, sin votos, pero
que viven en comunidad. Despu�s de sus oraciones y pl�ticas espirituales, los
enviaba algunos d�as a servir a los hospitales, dividi�ndose en tres grupos: uno
iba al hospital de San Juan de Letr�n; otro al de la Virgen de la Consolaci�n; y
otro al Hospital del Esp�ritu Santo; llevando algunas cosas para consolar a los
enfermos corporal y espiritualmente. Cada d�a enviaba unos 40 de sus disc�pulos.
AP�STOL DEL SANT�SIMO SACRAMENTO
En las v�speras de las fiestas principales llevaba a cuanto ni�o pod�a a la Iglesia
de la Minerva (Santa Mar�a sopra Minerva) de los Dominicos o a San Buenaventura de
los Capuchinos para que asistieran a Maitines y pasaran la noche prepar�ndose para
la Comuni�n de la ma�ana. En algunos d�as del a�o, especialmente en los Carnavales,
los llevaba a visitar siete iglesias para alejarlos del peligro de las fiestas
mundanas. A partir del a�o 1559 inaugur� las peregrinaciones a las siete iglesias,
que en principio eran a las siete Bas�licas Mayores de Roma. Gracias a su
influencia, se foment� en Roma la Devoci�n de las Cuarenta Horas de adoraci�n al
Sant�simo. Cuando los adoradores terminaban su hora de adoraci�n, les dec�a: �nimo,
la hora ha terminado, pero no la de hacer el bien.
Jes�s Eucarist�a era para �l el centro y la esencia de su vida espiritual. No s�lo
era el alimento de su alma, sino tambi�n su medicina para las enfermedades del
cuerpo. Amaba tanto a Jes�s que en la celebraci�n de la Misa temblaba de emoci�n,
se extasiaba y hasta las hostias consagradas se le escapaban de las manos para ir
al comulgante. Su alegr�a era tanta que con raz�n dicen algunos testigos que �l
ve�a a Jes�s y la Gloria del Cielo. De ah� podemos comprender que la fuente de
tanta alegr�a espiritual que transmiti� en su vida era la Sagrada Eucarist�a, Jes�s
vivo y amigo que le esperaba siempre en este Sacramento y a quien visitaba siempre
que pod�a para demostrarle su amor y cari�o.
Para comulgar quer�a que las hostias fuesen grandes y gruesas, no porque entendiese
que con la mayor cantidad de las especies sacramentales se aumentara la gracia del
sacramento, sino por el gusto y consuelo que experimentaba en tener en el pecho por
m�s tiempo aquella compa��a.
De ordinario, el entones Padre Felipe deseaba, despu�s de celebrar la Misa, estar
algunas horas retirado en oraci�n. Sin embargo, para confesar a alguien o
consolarlo o visitar un enfermo o ayudar un alma, dejaba su gusto y su retiro y
sol�a decir que era dejar a Cristo por Cristo.
Marcelo Benci, un testigo coet�neo de San Felipe Neri manifiesta: Cuando el Padre
celebraba Misa, temblaba siempre y lloraba, yo lo he visto muchas veces. Despu�s de
comulgar en la Misa, se encerraba y estaba dos y hasta tres horas en oraci�n. Yo he
visto que el Padre llenaba el c�liz de vino y, cuando el Padre estaba a punto de
comulgar, hac�a apagar las luces y cerrar la ventana y la puerta de la capilla.
Mientras yo apagaba las luces, vi muchas veces el c�liz lleno de sangre. Despu�s me
iba fuera con los otros y el Padre se quedaba una hora y media o dos y, una vez,
hasta tres horas. Nos mandaba a todos a comer.
SU AMOR POR LA VIRGEN MAR�A
A la Virgen Mar�a acostumbraba a llamarla su amor, su consuelo y dispensadora de
todas las gracias celestiales. Y, enternecido con estos afectos...., con aquella
candidez con que los ni�os tratan a sus madres, le hablaba con la misma frase
infantil, llam�ndola Mamma mia.
Era fervorosamente devoto del Sant�simo Rosario de Nuestra Se�ora y lo tra�a
siempre en la mano y con �l. Juzgaba que no pod�a haber Altar, aunque fuese
dedicado a otro Santo, donde no estuviese juntamente alguna imagen o retrato de la
Soberana Virgen y, por ello, orden� que en todos los altares de las Iglesias de la
Congregaci�n se pintase alg�n Misterio de esta Se�ora para que as� fuese reconocida
y venerada por todos. Por el mismo motivo resolvieron despu�s los Padres que el
retrato del Santo se pintase con la imagen de la Virgen.
SU DEVOCI�N POR LOS SANTOS Y LAS RELIQUIAS
El Padre Germanico certifica.: Ten�a una devoci�n especial a los Santos. Le he
visto much�simas veces leer sus vidas y mandar a sus hijos espirituales que
contaran vidas y ejemplos de Santos. S� que llevaba consigo reliquias de distintos
Santos y tambi�n ten�a algunas en su habitaci�n en un lugar decente. Y consigui�,
por medio del Cardenal Cusano, los cuerpos de San Pap�as y San Mauro, que hizo
llevar con mucho honor (en 1590) a la Iglesia de la Vallicella desde la Iglesia de
San Adriano.
LAS ALMAS DEL PURGATORIO
San Felipe Neri tuvo experiencias con personas que iban al Cielo o ya estaban en �l
y tambi�n con Almas que todav�a estaban sufriendo en el Purgatorio. Fabrizio
Massimo declar�: Cuando muri� Marco Antonio Cortesella, su hijo espiritual, el
Padre Felipe hab�a dicho que se le hab�a aparecido en la hora de la muerte y que le
hab�a visto ir al Cielo. Lo mismo sucedi� en la muerte de Patrizio Patrizi, tambi�n
hijo espiritual. El Padre Gallonio me dijo que, despu�s de la muerte de este
Patrizio, se encomendaba a sus oraciones y dec�a: �Santo Patrizio, ruega por m�
SUPERIOR DE LA CONGREGACI�N DEL ORATORIO
El 19 de Junio de 1587 fue nombrado el Padre Felipe Neri Superior General de la
Congregaci�n y confirmado como Superior perpetuo. No quiso que se comprometieran
con votos ni juramentos. Si quer�an hacer votos, pod�an irse a cualquiera de las
�rdenes existentes. El Instituto estaba basado en la oraci�n, en la palabra de Dios
y en la frecuencia de los Sacramentos.
A todos los Sacerdotes les aconsejaba celebrar la Santa Misa todos los d�as, lo que
no era costumbre en aquellos tiempos. A algunos de sus penitentes les daba permiso
para comulgar todos los d�as, a otros tres o cuatro veces por semana o solamente
los domingos y fiestas, seg�n su fervor.
CARISMAS SOBRENATURALES
Era tanto su amor a Dios que con frecuencia se extasiaba y hasta se elevaba de la
tierra en contemplaci�n de la divinidad. Cuando iba por la calle, estaba tan
abstra�do en Dios que, cuando alguien lo saludaba, para que respondiera al saludo
deb�an avisarle, tir�ndole de la ropa.
Cuando el padre Felipe daba la absoluci�n en la confesi�n, le temblaba la mano y lo
mismo cuando celebraba la Santa Misa, que parec�a que saltase por su gran devoci�n�
Una vez entre otras, celebrando Misa en la habitaci�n del Se�or Alessandro Corvini,
que estaba muy enfermo y era su hijo espiritual, se elev� m�s de lo acostumbrado,
mientras le�a.
San Felipe fue bendecido tambi�n por el don de la bilocaci�n, la gracia de estar en
dos lugares al mismo tiempo, pero destac� por el don de la Ciencia Infusa, gracia
especial de Dios mediante la cual conoc�a las Verdades de la Fe de modo
sobrenatural hasta el punto de asombrar a grandes Te�logos de su tiempo.
ENFERMEDAD Y MUERTE
San Felipe Neri ten�a por costumbre en sus enfermedades mandar limosnas para
celebrar Misas en los Dominicos de la Minerva, en la Iglesia de los Jesuitas o de
los Capuchinos. En su �ltima enfermedad hab�a vomitado mucha sangre y los m�dicos
lo ten�an ya desahuciado. Sin embargo �l mejoraba y se re�a de ellos, diciendo: �Yo
tengo otros m�dicos que no sois vosotros�. Se refer�a a la ayuda de las Misas.
Muri� el d�a de la Fiesta del Corpus Christi, 26 de Mayo de 1595.
OLOR DE SANTIDAD
Despu�s de muerto, el cuerpo de San Felipe, fue lavado, vestido con los ornamentos
sacerdotales y llevados por los padres a la iglesia procesionalmente. A pesar de
ser de noche, antes del amanecer, en un momento se llen� de gente que lloraba.
Algunos lo tocaban con rosarios, otros le besaban la mano, otros cog�an rosas que
hab�an puesto sobre su cuerpo.
Por �ltimo tuvieron que defender su cuerpo para evitar que le quitaran pedazos de
ropa o cabellos y otras cosas para tenerlas de reliquias. A una hora conveniente se
tuvo la Misa cantada en la iglesia. Estuvieron presentes Cardenales, Arzobispos y
muchos otros Prelados con numeros�simo pueblo. Todos quer�an ver su cuerpo, pues
era conocido y amado por toda la ciudad de Roma. En la noche se cerraron las
puertas de la iglesia y no se sent�a ning�n mal olor. Para satisfacer al pueblo fue
preciso tener su cuerpo tres d�as seguidos en la iglesia y, a pesar del calor del
mes de Mayo, no se sent�a mal olor, sino que muchos dec�an que se sent�a un olor
bueno y suave.
De inmediato, el mismo a�o de la muerte de San Felipe Neri fue abierto el primer
Proceso para recibir los testimonios de los testigos que lo conocieron, entre ellos
Obispos, Cardenales y gente de diversas clases sociales. A los cinco a�os despu�s
de su muerte, fue impresa por Privilegio Apost�lico del Papa Clemente VIII su Vida
escrita en lat�n y lengua vulgar, compuesta por el Padre Antonio Gallonio.
El Papa Pablo V declar� Beato a Felipe Neri el 11 de Mayo de 1615 dando facultad
para celebrar su Oficio y celebrar su Misa propia el 26 de Mayo de cada a�o. Lo
canoniz� Gregorio XV el 12 de Mayo de 1622, en uni�n con cuatro espa�oles: San
Isidro Labrador, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de
Jes�s. Su Fiesta se celebra el 26 de Mayo, d�a de su muerte. Es Patrono de Roma y
se le llama El Ap�stol de Roma.
Fuente: [Link]