APÓCRIFOS
Libros escondidos o secretos, que se suponen escritos por inspiración directa de Dios o de un
ser sobrenatural y narran lo que ha de suceder al fin de los tiempos; se les atribuye gran
antigüedad y autoridad.
(1) Apocalípticos. Gran parte de los libros apocalípticos son apócrifos, por tema y doctrina.
Pues bien, el Ap no es libro escondido sino público; ha sido revelado a un profeta conocido
(Juan) y debe transmitirse abiertamente en la Iglesia: quiere ser canónico y abierto a Iglesia:
quiere ser canónico y abierto a 8.19; 22,6-20).
(2) Evangelios populares. Textos de tipo legendario y piadoso que pretenden rellenar el hueco
que han dejado los evangelios canónicos, ofreciendo para el conjunto de los fieles una noticia
más detallada de la infancia de Jesús o de la pascua. Ellos no quieren diluir la encarnación
como los gnósticos. No intentan superar o destruir la historia, sino al contrario: quieren fijarla
de manera piadosa, edificante, para alimentar así la fantasía y vida interna de los fieles.
Durante muchos siglos estos textos, algunos tan conocidos como el Protoevangelio de
Santiago, el PseudoMateo o El evangelio árabe de la infancia, han servido para fortalecer, al
mismo tiempo, la curiosidad y la vida espiritual de los creyentes. Son como novelas edificantes
que interpretan la vida de la Virgen María o la infancia de Jesús partiendo de modelos
biográficos del Antiguo Testamento de la espiritualidad eclesial (monástica) del tiempo. La
Iglesia los ha aceptado como libros de piedad, sin darles un valor canónico o vinculante. Estos
evangelios apócrifos respetan de manera general el valor de la encarnación, pero corren el
riesgo de entenderla de un modo milagrista, hasta doceta. Jesús niño aparece a veces como un
sabio universal que puede resolver todos los problemas; es un joven caprichoso que va
haciendo milagros sin más fin que demostrar su propia autoridad de Hijo de Dios y hombre
perfecto. En ese aspecto, tomados al pie de la letra, estos relatos corren el riesgo de hacernos
olvidar el auténtico evangelio de la cruz y encarnación que Pablo ha proclamado de manera
tan intensa y que reflejan, de formas convergentes, paralelas y distintas, los evangelios
canónicos (Mc y Mt, Lc y Jn).
(3) Textos gnósticos. Una parte considerable de los apócrifos han sido escritos o reescritos
desde una perspectiva gnóstica*, como ha puesto de relieve la colección de textos
encontrados en Nag Hammadi. En esa línea ha empezado a situarse ya el Evangelio* de Tomás;
en ella fundan su mensaje textos más tardíos como el Evangelio de Felipe, el Evangelio de
María, el Diálogo del Salvador o el Apócrifo de Santiago. Frente al riesgo que presentan la
gnosis y los mismos evangelios apócrifos, la Iglesia ha recibido y presentado ante los fieles los
cuatro evangelios canónicos y ellos resultan más fiables, pues resguardan la encarnación
histórica del Hijo de Dios, frente a los peligros de idealización y desencarnación de los
«evangelios gnósticos». Los evangelios canónicos testifican y proclaman de manera suficiente
el escándalo del Cristo, frente a todas las curiosidades milagrosas de los evangelios apócrifos
de tipo popular.
Cf. G. ARANDA (ed.), Literatura judía intertestamentaria, Verbo Divino, Estella
1996; A. DÍEZ MACHO (ed.), Apócrifos del Antiguo Testamento, Cristiandad, Madrid
1982-1984; A. PIÑERO (ed.), Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. I. Tratados
filosóficos y cosmológicos. II. Evangelios, hechos, cartas. III. Apocalipsis y otros escritos, Trotta,
Madrid 1997-2000; A. SANTOS OTERO, Evangelios Apócrifos. Textos
griegos y latinos, BAC 148, Madrid 1975; R. TREVIJANO, La Biblia en el cristianismo
antiguo. Prenicenos. Gnósticos. Apócrifos, Verbo Divino, Estella 2002.