La Matanza, 15 de Julio de 2020
Valen:
Hoy te escribí un testamento. Una carta larga para decir cosas que me quedaron atragantadas. En
general cuando escribo siento que se me ordenan las ideas, así que acá voy en búsqueda profunda
de lo que en verdad hay que poder decir.
En medio del escenario más imposible que se me pudiera haber ocurrido, aún siendo una fanática
lectora de ciencia ficción, vine a dar con vos. Conectamos pronto; teníamos mucho en común, nos
gustaban las mismas cosas y fuimos poniendo sobre la mesa, blanco sobre negro, todo lo que nos
iba apareciendo. Parece increíble pero aún en la distancia (física) nos tocamos con intensidad.
En muy poco te volviste parte de mi rutina. No había día que no tuviera, aunque en lo mas
pequeño, tu marca. Y yo, que soy una persona de costumbre, me agarré fuerte.
Hoy pensaba, me metí de lleno en una idea que tengo en el tintero hace bastante, que incluso me
aferraba a nuestros momentos creyendo que puedo escapar de la realidad. Del mundo
desordenado como está y de todo lo que eso me implica cambiar. Porque, me cuesta un montón
hacerte parte de mi mundo pero, lo más importante en mi vida es todo lo que hago para cambiarla
en comunión con lxs otrxs. Puede que suene como una cosa abstracta, ilusoria, utópica, pero el
mundo necesita ser cambiado y no espera, el momento es ahora. Y lo estamos haciendo. Soy parte
de un grupo de locxs que hacen eso, todos los días, incluso mientras duermen…
A eso le estoy escapando un poco… a que eso requiere más esfuerzo, dedicación y compromiso de
mi parte. A que quiero en la cabeza pero el cuerpo todavía se pelea con esa idea.
Ahora, habiendo hecho ese momento introspectivo, quiero pensar en vos, en nosotras y en
nuestra compañía. Y necesito decir dos cosas que, aunque me parezcan obvias, siento la
responsabilidad de dejar por escrito:
1. Te quiero, me encanta el tiempo que compartimos. Me gustás un montón. Y realmente siento
que somos geniales juntas.
2. Bajo ningún punto de vista ni circunstancia quiero que pienses que vos estás haciendo algo mal.
Me parece en serio bien que hagas según tus ganas. Ni se me ocurriría pensar que tengas que
cambiar eso (a vos tampoco se te puede ocurrir, ok?). Y en serio que te agradezco que seas sincera,
esa es la promesa más linda que nos podíamos hacer.
Fuera de lo incómodo de nuestra charla de la otra noche, esa que estuvo llena de silencios y
carente de respuestas, me parece que fue excelente. Porque creo que son esas cosas las que
ayudan a avanzar: las conversaciones sinceras, las que no esquivan los problemas, y las que
asumen que a veces las soluciones no te las puede traer otrx como servidas en bandeja. Tal vez
parezca mucho decir, pero son esos momentos los que empujan a crecer.
Un tanto creo que nos arrebatamos. Que fuimos demasiado intensas. Y que todavía tengo
encarnadas más ideas del amor romántico de las que quisiera o pudiera advertir. Es batalla dura la
de pelear con los propios monstruos.
Hoy te extrañé, bastante, pero de una manera diferente. Como si algo en serio hubiera cambiado
(para bien) en mi cabeza y en mi manera de quererte. Pensé en todo lo lindo que compartimos, en
que me empujaste a volver a leer novelas, en los momentos que inventamos formas nuevas de
cocinar juntas, y en nuestra conversación sobre el final de Toy Story 4.
Creo que estamos de acuerdo en que compartir tiene que ser algo que elegimos porque nos
aporta, nos hace sentir bien y no algo que nos hace abandonar la vida propia, la identidad de una.
Que nos compartimos, con lo que somos, lo que cada una hace… Y bueno, ahí está mi problema:
tambaleo yo.
No sé cómo cerrar esto ahora… tal vez con la propuesta de que hablemos, cuando vos quieras. Yo,
por mi parte, voy a tener ganas de seguir compartiendo con vos y de que me des tu opinión de
todo lo que aquí declaro…
Ey, te quiero un re porciento.
Atte: La piba