Entendiendo el Golf: Guía Completa
Entendiendo el Golf: Guía Completa
por
Joan Perich
I-Introducción…2
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V – Capitulo cuarto – El juego…49
I - Introducción
II - ¿Qué es esto?
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Hay jugadores que les basta con 12 palos, y otros que si dejaran
llevar 17, llevarían 18.
Cuando ya llevas algunos meses dando varapalos, te das cuenta
que cada hierro hace una distancia más o menos concreta, y con
eso y un bizcocho, puedes aventurarte a elegir un hierro nueve
cuando estas a 100 metros del green, porque esa distancia es la
que haces normalmente con ese palo. Otra cosa es que ese día
hayas desayunado mejor o peor, o que la ejecución del golpe
haya sido ideal, pasable, o como siempre. Si todo sale bien, la
bola reposará en el green. Y así se juega a esto. En el tee de
salida ya hemos comentado que vienen marcadas las distancias
hasta el objetivo. A lo largo de la calle suelen también venir
marcadas las distancias de 200, 150 y 100 metros hasta el
principio de green, lo que nos ayudara como mínimo, a elegir el
palo adecuado. Solo es cuestión de hacer números y elegir el
arma correcta, todos los demás factores ya dependerán
únicamente de nosotros.
Hay que tener en cuenta que hemos desarrollado nuestro ejemplo
en un día templado de primavera. Los factores climatológicos son
muchas veces determinantes en el juego. Pensemos que esto lo
inventaron en Escocia y por supuesto no quieren ni oír hablar de
dejar de jugar por mal tiempo (Si no, no jugarían nunca). Las
reglas solo contemplan la suspensión de un torneo de golf en
caso de; tormenta eléctrica (Se han frito miles), de viento de tal
magnitud, que sea imposible mantener la bola en reposo en el
green, o en caso de inundación completa del hoyo. Y si no es así,
a jugar se ha dicho.
Y claro, no es lo mismo jugar con 20 grados una tarde de mayo y
una ligera brisa, que el 15 de febrero a 2 bajo cero y con un viento
helado que corta el cutis. O una tarde de agosto a 38 grados a la
sombra. En fin, que el juego tiene muchas variantes.
Otra cosa que llama la atención al espectador de una partida de
golf, es que la gente lleva guantes. Ya sea verano o invierno
siempre con el guante. Y eso es lo más curioso, llevan solo uno. Y
casi todos en la mano izquierda. Y claro, eso les provoca una de
las putadas de ser golfista: En verano van siempre con una mano
blanca como la leche, que al lado de la otra que esta negra como
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el carbón, de las horas que ha pasado golfeando, pues canta
como una almeja.
El guante tiene varias funciones. La principal es sujetar
firmemente el palo, o mejor dicho, el “grip”, otra palabreja que
describe la empuñadura del palo. Una zona recubierta de material
gomoso para facilitar el agarre. De esta forma la combinación
guante-grip, crea una sólida sujeción aun en circunstancias de
sudor o de acción violenta. De todas formas han salido, salen y
saldrán palos volando debido a la violencia que emplean algunos
jugadores noveles al golpear la bola, lo que crea una de las
muchas situaciones cómicas que se producen en este deporte. La
cara de tonto que se te queda cuando se te escabulle el palo y lo
mandas más lejos que la propia bola.
De guantes, como del resto de material, encontramos de infinidad
de tipos y calidades, incluso existen modelos con una especie de
rejilla transparente en su parte superior para evitar en lo posible
el problema del que hablábamos antes, de que al no darle el sol
durante el verano, se nos quede la mano albina. Algunos
jugadores se toman la molestia de quitarse el guante entre golpe y
golpe, otros patean sin guante, pero el engorro de estar poniendo
y sacando hace que la mayoría de golfistas vayan las 5 o 6 horas
con el guante puesto.
Los zapatos son otra parte importante en la indumentaria
golfística. Su peculiaridad es que llevan clavos en las suelas. La
razón es muy simple: En un recorrido ondulado de césped
húmedo, conviene estar firmemente pegado al suelo, porque sino,
lo más fácil es pegar un resbalón y dar al traste con un bonito
fémur, o una practica rotula. Además, al hacer el “swing”, que es
la madre del cordero en esto del golf, es muy interesante tener los
pies en el suelo, y no volando. Los zapatos de golf, a parte de
llevar clavos, se caracterizan por ser impermeables. Característica
que se agradece, principalmente en invierno y en días de lluvia.
Los clavos de los zapatos de golf eran hasta no hace mucho de
metal. Eran auténticos pinchos que destrozaban literalmente los
parqués, mosaicos, y terrazos de las casas club. También
destrozaban los greens en pies poco cuidadosos, de ahí que
algunos campos empezasen a prohibirlos, hasta que la misma
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industria se ha decantado por los tacos de goma, mucho más
cómodos y respetuosos con las superficies sensibles.
Se podría decir que con el equipamiento que hemos descrito
hasta ahora se podría salir a jugar tranquilamente al golf sin temor
de ser acusados de no estar al día. Aun así, la parafernalia que
puede llegar a usar un golfista es infinita, como infinito es el
mercado que lo alimenta. Yo personalmente quedo perplejo
cuando llega a mis manos un catalogo de golf. Desde increíbles
artefactos ortopédicos para ensayar el swing sin separar el codo
del esternón y las manos de la barbilla, con los que hay que
atarse como si no tuvieras remedio, hasta mini-péndulos donde
cuelga una bola para entrenar el driver, que por cierto, al primer
zambombazo, mandas bola, péndulo y jaula de canario a 80
metros más allá del coche del vecino. Entre los dos ejemplos
encontramos más madera. Esterillas con dos agujeros que
simulan un green, bolas horadadas que no vuelan, llaveros
cuenta-golpes, libros tan inútiles como este, palos con el grip de
cambio de marchas, redes para perforar a cañonazos, más libros,
y más videos. Todo con un único fin, darte esperanza y hacerte
pensar que puedes hacerlo mejor en el campo.
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siempre juegas en un terreno de juego idéntico, lo bonito del golf
es que nunca juegas en las mismas condiciones, y ya no hablo
ahora de condiciones meteorológicas, sino que cada campo es
diferente entre si. No solo las medidas de las calles, que suelen
ser parecidas, sino la distribución y sobretodo el entorno. Unos
tendrán más lagos, otros más pendientes y otros más bosques.
Cada campo presenta unos retos que superar, y por eso al
aficionado le gusta visitar nuevos campos de golf. Los hay que
están mejor cuidados que otros, con más detalles, con el diseño
más adecuado al profesional o al amateur. Ahí es donde el
propietario de un nuevo campo debe tomar su primera gran
decisión. Hemos conocido campos sencillamente geniales desde
el punto de vista de la dificultad. Campos donde es muy difícil
cumplir con tu handicap, pero en el que los profesionales y
aficionados de buen nivel disfrutan del reto. Por el contrario los
principiantes salen con el vestido de cordero y acaban con una
tarde de frustración total. Al otro lado están los campos
“asequibles”, recorridos donde es fácil, o debería serlo cumplir con
nuestro handicap. Ahí los que somos malos disfrutamos de lo
lindo, pero claro, los que le dan bien a la bola, no acaban de llenar
sus ansias. Ese problema corresponde al diseñador del campo,
que debe decidir que tipo de campo quiere y quien quiere que
sean sus principales clientes. Lo ideal es jugar con los tees de
salida y las posiciones de la bandera en el green, y tener la
suficiente versatilidad como para cambiar la dificultad de un hoyo
en función del torneo que se celebre, pero esa capacidad de
adaptación la tienen muy pocos campos en el mundo. Esta claro,
si pones un enorme lago en la calle del 1, al que solo puedas
superar con un vuelo de bola de 160 metros, habrás hecho un
hoyo espectacular, pero los cientos de aficionados y principiantes
que manden su bola al agua, simplemente no lo pasaran bien.
Todo aficionado que se precie es un diseñador de campos de golf
en potencia (un poco como los aficionados al fútbol, que son los
mejores entrenadores). Quien no ha soñado alguna vez en
construir uno a uno 18 hoyos de ensueño, con árboles aquí y allá,
lagos por doquier, bunkers tremendos y caídas en el green que no
pasarían ninguna revisión técnica por mucho que dejáramos
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crecer la hierba. Los grandes diseñadores (que son pocos y se
forran) son capaces de engendrar autenticas maravillas en
terrenos muchas veces desolados, o con una orografía imposible.
Ellos consiguen ese equilibrio del que hablábamos antes, entre la
dificultad y la diversión, y no como nosotros que simplemente
crearíamos un recorrido infernal, imposible de jugar. Uno a uno se
estudian los hoyos, la caída del hierro, la distancia del driver,
poniendo en esas zonas bunkers de calle que esperan ansiosos
para tragarse nuestras relucientes bolas. Se estudia así mismo el
siguiente golpe, la zona de caída, las pendientes de la calle, el
viento predominante, y la posibilidad de dejar algún árbol a la
derecha de la calle para dificultar el golpe natural de los buenos
jugadores, que juegan la bola de derecha a izquierda. Y así hasta
el infinito, un diseñador puede elaborar su “producto” hasta la
perfección, aunque luego te llega Tiger, y te rompe todos los
esquemas. La aparición del Sr. Woods, unido a la vertiginosa
progresión del material de golf, ha dejado cortos el 90% de los
campos del mundo. Antes un buen pegador, hacia con su driver
unos 220 metros de promedio. Con la aparición de las nuevas
bolas y de la tecnología de fabricación de las maderas 1, con la
utilización de metales cada vez más ligeros y resistentes,
consiguen que ese mismo jugador consiga 50 metros más. Eso ha
destrozado el diseño de la mayoría de campos del planeta. Donde
antes había un bunker de calle que recogía los golpes de 200
metros, ahora hay un hoyo solitario, donde solo van a parar las
hormigas para hacer su nido, de lo tranquilo que esta. Hasta los
pegadores más mediocres, superan con facilidad a la pobre
trampa de arena. Y no solo es eso. Aquel par 5 de 420 metros, al
que solo llegaban de dos los mejores, ahora ve impotente como la
gente tiran de dos con apenas un hierro 8. Eso ha provocado una
epidemia de rediseños, que en función de la economía del club,
son pequeños parches para seguir teniendo un recorrido
competitivo. Otra cosa son los grandes campos del mundo. Los
escenarios de los circuitos Europeo y Americano de profesionales,
llevan a cabo autenticas remodelaciones de sus recorridos, en
parte porque a nadie le gusta que todo el mundo haga 15 bajo par
en su campo, y en parte para intentar frenar el endiablado juego
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de los grandes maestros, con Tiger Woods a la cabeza. Lo que
pasa, es que ahí se equivocan, porque como bien dice el padre de
la “bestia”, cuanto más complican los campos para Tiger, más
posibilidades tiene de ganar, y eso es de Perogrullo. Si complicas
el campo para el número 1, ¿que le estas haciendo al numero 4?,
¿y al numero 98?
En el mundo del golf hay una autentica preocupación por el futuro
de este deporte, principalmente en el terreno profesional. En los
últimos años el avance técnico ha sido superior a siglos enteros
de evolución. Desde que apareció la famosa Titleist Pro-V, la
industria de las bolas de golf ha dado un salto de gigante en
cuanto a distancia y precisión.
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de batalla, al reto, a la superación intima. Aquí es conveniente
tener la cabeza bien amueblada, porque es tal la
pasión que despierta este deporte que puede tranquilamente dar
al traste con nuestro futuro laboral y/o familiar. De hecho existe un
termino que describe la soledad que sufren las esposas de los
golfistas; Las Viudas del Golf. En el terreno laboral comentar que
en los Estados Unidos, donde juegan muchísimo más que aquí,
existen reglas muy claras en la contratación de ejecutivos por
parte de las empresas. Si contestas en el test correspondiente
que juegas a golf, malo. Si además dices tener un handicap bajo,
peor todavía. Allí creen, y no sin parte de razón, que para tener un
handicap bajo
necesitas muchas horas de golf a la semana, y eso, claro, es
incompatible con el buen rendimiento laboral. Otra cosa son los
negocios que se realizan entre tee y green. Negocios de todo tipo.
Suele ser habitual encontrar en el campo empresarios más o
menos importantes, que mientras le dan a la pelotita están mucho
más receptivos que en su despacho de la quinta planta. Además
están solos, sin intermediarios, secretarias ni asesores. Buen
momento pues, para introducir tu tarjeta de vendedor de
ascensores para hospitales en su bolsa de golf. En ese caso esta
bien invertido el partido del miércoles por la mañana, cuando tus
compañeros están haciendo cola frente al despacho del gerente
de la Clínica El Esguince. En la realidad y a un nivel más humano,
las ventajas son más terrenales. Conoces en un torneo al dueño
del restaurante La Gaviota, que al comentarle que tu niña va a
hacer la comunión y necesitas un buen sitio para hacer el convite,
se te ofrece generosamente y a un precio de amigo. Al mismo
tiempo le comentas que tienes una empresa de pintura y
automáticamente te propone hacerle un presupuesto para pintarle
el restaurante. Así son la mayoría de negocios que se producen
en el golf, acabas conociendo a muchísima gente y todos pueden
ofrecerte algo. Las 5 ó 6 horas que suele durar un campeonato
crean amigos, enemigos y clientes, y eso le gusta a la gente.
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IV – Palos, garrotes y minifaldas
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puede completar en poco más de dos horas, extremo este muy
interesante para la gente que no puede permitirse pasar 6 horas
“ausente” de sus obligaciones. Se usan para su práctica una
media de cinco palos y se caracteriza por un juego técnico y muy
divertido. Otra ventaja es que es muy económico. De hecho no
requiere por nuestra parte ninguna inversión, ya que es el mismo
club el que te facilita con el precio del “green-fee”, o precio de la
partida, todo lo necesario para jugar, es decir, palos y bolsa.
Únicamente debemos utilizar un tipo de calzado deportivo de
suela plana, para no dañar la superficie del green. Así que
tenemos en el extremo inferior, económicamente hablando, una
opción que nos permitirá iniciarnos en este mundillo, por lo que
nos cuesta jugar al tenis, o ir al gimnasio. En el otro extremo
tenemos todas las posibilidades que pueda permitirse nuestro
bolsillo. Exclusivos juegos de palos de 6.000 euros, o hacernos
socios del campo El Hoyo Negro, en el que solo pueden jugar los
miembros del club, comprarnos nuestro propio cochecito, etc, etc.
Justo igual que el que se compra un juego de esquís de Teflón-
Titanio-Grafito, con mono Goretex-Espacial, para ir a esquiar a la
estación más “in”, o el que se hace importar el ultimo modelo de
equipo de buceo de los USA, para verle el culo a los arenques. El
abanico de precios que podemos emplear en el golf, no es ni más
ni menos que en cualquier deporte, exceptuando, claro, las
canicas y su prima la petanca, y aun así, el otro día mi padre
(petanquero de pro) me dijo que quería comprar no sé que leche
de bolas de petanca, carísimas, que las hacían en Francia, y que
se paraban en seco.
Y es que los zorros de los industriales se la saben larga. En el
submundo de los palos, corren las leyendas como en el
mismísimo lago Ness. Que tal palo la levanta más, que tal otro
tiene mejor trayectoria. Que uno la frena y el otro la rueda. Que la
varilla tal, te ira mejor para jugarla de dentro a fuera, que con esos
grados ni la moverás, y así, hasta el mareo más absoluto. Ahí
estaba Seve de nuevo, con 7 añitos, haciendo diabluras con su
único hierro. Un hierro tres al que habían cortado la varilla a la
altura del chavalito. Con ese pedazo de herramienta, nuestro
campeón, aun alevín, daba golpes que para si quisiéramos
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muchos de nosotros, cargados de tecnología, de off-set, de punto
dulce y de aleaciones de los cojones. Como con todo, aquí lo que
importa no es la flecha, sino el indio. Es similar a la discusión que
tienen los cazadores con sus armas. Que si mi escopeta es
Checa, y tiene un equilibrio perfecto. Pues la mía es Navarra, y te
quito los conejos de dos en dos.
Con la bolas, tres cuartos de lo mismo. Es verdad que
últimamente las bolas han experimentado un avance tecnológico
palpable, incluso para los más torpes, pero de eso a que existan
miles de variedades solo puede responder a un interés comercial
por parte de los fabricantes. De una misma marca encontramos
bolas más duras, menos duras, con más vuelo, con efecto
pronunciado, bolas para señora, para abuelete, para imbécil y
para toreros. Total, un caos donde el jugador se pierde
irremediablemente. Aquí entra un poco el marketing. Jugar con la
bola de Tiger Woods, no mejorará una leche nuestro juego, pero
quedaremos como auténticos expertos frente a contrincantes y
observadores externos. Otra cosa es que jueguen con nosotros.
Ahí ya la cagamos, porque nuestro nivel sale a relucir al segundo
hoyo, si no en el primero. Y no hay peor situación, ya os lo digo
yo, que estar usando material de alta calidad y jugar con el culo.
El comentario que se puede adivinar a nuestra espalda es
siempre el mismo: ---Mira este, mucho driver Callaway, mucha
Pro-V, pero es una patata...--- Y al otro extremo, tenemos al
jugador modesto, económicamente hablando, al que encuentras
un día en el tee de salida, que esta jugando con los palos que tu
desechaste hace tres años, porque eran de principiante, y con
bolas a las que ya ha saltado el nombre de la marca, de tortazos
que lleva. A la que lleváis tres hoyos, ya te saca 8 golpes de
ventaja. Y eso que tú, llevas un juego de palos, de los que un solo
hierro cuesta más que todo el equipo del fulano en cuestión.
Cuando lleváis 10 hoyos, te das cuenta de porque tu usas
siempre bolas nuevas, y el sujeto siempre bolas muy usadas. Tu
has perdido ya tres hermosas Pro-V, de 5€ la pieza, mientras que
nuestro amigo sigue jugando con la misma bola marrana y vieja,
que seguro lleva 15 torneos sin ver el fuera de límites.
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De hecho existe una prospera industria alrededor de los que
pierden bolas. Fundamentalmente en los lagos de los campos de
golf, cada año se “ahogan” millones de bolas, la mayoría en
perfecto estado, es más, muchas solo reciben un único golpe, el
jodido golpe que las ha mandado a la compañía húmeda de las
ranas. De este hecho desgraciado y natural, se aprovechan, en
primer lugar el club, y por extensión, empresas que han
convertido la falta de puntería de muchos golfistas en un lucrativo
negocio. En asociación con los clubes, estas empresas, una o dos
veces por año, por medio de artilugios mecánicos, o con la
participación de buzos, vacían los estanques de enormes
cantidades de bolas de todo tipo y condición. Estas son
seleccionadas y vendidas posteriormente, al mismo jugador que
las lanzó al agua, eso si, a un tercio de su precio original,
aproximadamente. Pero poco han tardado a correr la voz, de que
estas bolas no sirven, porque el efecto del agua las ha
perjudicado. Esto, evidentemente, lo dicen los fabricantes de
bolas, y también hay que decirlo, algunos profesionales de este
deporte. Yo, particularmente, juego con bolas recuperadas, que
es como se llaman, y también con bolas nuevas, y tengo que
decir, que no noto ninguna diferencia entre las resucitadas, y sus
primas de fábrica. Eso si, para mandar la bola fuera límites, no
hace falta notar mucho la diferencia. Los profesionales,
seguramente puedan notar alguna ligera sensación, pero claro,
resulta que a los “Pros”, les regalan de fabrica las bolas, con lo
que me parece que poco han usado ellos esas bolas pasadas por
agua. Aunque si hacemos caso a lo que cuentan, no me
extrañaría un pelo que encontraran diferencias, porque dicen que
muchos de los grandes jugadores, de una caja de 12 bolas de las
más caras del mundo, desechan de 6 a 8, porque no las
encuentran ideales, después de efectuarles un minucioso
examen. Pues que me las envíen a mí, que con esas bolas
descartadas yo me siento el rey del green. Mi consejo, ausente
por completo de autoridad, es que no debemos preocuparnos del
tipo de bola que juguemos. Sobretodo si nuestro handicap es aun
de 2 cifras. A ese nivel, solo debemos fijarnos en la dureza de la
bola; dura si queremos metros, y blanda si queremos control con
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los hierros cortos. Y sobretodo, si somos de los que necesitamos
más de cinco bolas por vuelta, lo fundamental, es que sean
baratas. No hay peor sensación cuando vas al agua, o pierdes la
bola, que a parte de apuntarte unos cuantos golpes de más, que
estropean sin remedio nuestra tarjeta, multiplicar la perdida
económica que llevamos en bolas durante el recorrido. Cuando
lleguemos a handicap 10, y veamos como tenemos que empezar
a cambiar bolas de puro viejas que están, es el momento de elegir
bolas más caras y claro, mejores.
En el campo hay que vestir correctamente. Esta afirmación, la
encontramos en varias circunstancias en el mundillo del golf. La
podemos encontrar en algunos paneles informativos de algún
club, otras veces lo encontramos escrito en la parte posterior de la
tarjeta de juego, y por supuesto es una de las normas no escritas
del golf. Cuando aterrizas en este deporte, este tema te llama la
atención, porque dices; ¿vestir correctamente?, ¿cómo?, ¿con
que? La duda te asalta y los primeros días te embarga una
sensación, de que todo el mundo te mira. ¿Debería haberme
puesto corbata? ¿Este polo naranja, no será muy atrevido? Esta
norma, antigua, viene a poner un criterio de buen gusto en el
vestir para la práctica del golf. Más que recomendar lo que te
pones, intenta evitar que el “guiri” finlandés, ande por el campo en
calzoncillos, porque se esta ahogando de calor con los 39 grados
de Málaga. Intenta impedir que la Señora Anastasia, se venga a
jugar con los zapatitos de tacón, y deje el green como un queso
gruyere. En definitiva, y como las normas de etiqueta, es una
recomendación a la gente, para que se use una indumentaria más
o menos formal. Esa indumentaria ideal, esta formada por unos
zapatos de golf, o calzado de suela plana, pantalón o bermudas, y
polo ó camisa con cuello. O sea que en camiseta no quedaremos
bien, ni con zapatos de fútbol, ni con bañador. De hecho, no es
difícil cumplir esa norma, pues la mayoría de los mortales,
llevamos a diario el equipo ideal, a parte claro, del calzado.
Otra cosa son las señoras. Ahí, las normas son un poco más
flexibles, porque si bien se contemplan igualmente unas
limitaciones en las prendas que se pueden llevar, no sé porque
nadie le dice a esa chica del tee del uno, que con esa minifalda
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esta incumpliendo las normas. Y eso que cuando se agacha para
marcar la bola, sus compañeros de partido parecen perder la
concentración, porque uno esta metiendo la bandera en su bolsa
de palos, el otro esta pateando con el Blaster en la mano, y el
tercero dice haber perdido la lentilla mientras husmea el suelo del
green. Pero bromas a parte, las normas de corrección en el vestir
y nuestras queridas damas, son un complemento perfecto, porque
la verdad están todas guapísimas con sus atuendos deportivos,
sus zapatitos claros y sus accesorios Nike, Titleist o Callaway.
V - El Juego
En este capitulo, quizás el más técnico de la guía, intentaremos
hacer humano el complicado mecanismo de jugar a golf en serio,
de aplicar los resultados a nuestra tarjeta, de las diferentes
modalidades, de aplicar el handicap, y de enterarnos
minimamente de complicados conceptos como el slope del
campo.
Si en un principio la técnica del golf es sencilla (darle castaña a la
bola con un palo), cuando hablamos de competición, la cosa
comporta una serie de actividades paralelas, que complican el
deporte en su estado puro. Cuando nos enfrentamos a nuestro
primer torneo, a parte de intentar infructuosamente, que no se
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note el tembleque ridículo de las piernas, nos encontramos con
una serie de “novedades” que hasta el momento no habíamos
tenido oportunidad de conocer. De entrada, cuando hemos ido a
recoger nuestra tarjeta de juego a la casa club, vemos como han
llenado las casillas de resultado con minúsculos puntitos que
representan nuestro handicap. Así que han repartido mis 22
puntos de handicap proporcionalmente en los dieciocho hoyos del
recorrido. ¿Y porque me dan 2 puntos en el 1, 12, 15 y 18 y solo
uno en el resto? Pues porque los hoyos también tienen handicap,
como nosotros. Cada hoyo tiene una “presunta” dificultad, y en
función de esa dificultad, un hoyo (el más fácil) será el handicap
18, y el otro (el más difícil) tendrá el handicap 1. Entre medio
estarán el resto, cada uno con una dificultad diferente a los
demás. Ese dato suele ser visible en los tees de salida y en su
defecto en las tarjetas de juego. Así pues, podremos comprobar
que nuestra tarjeta tiene un punto en cada uno de los 18 hoyos, y
1 más en los hoyos con handicap 1, 2, 3 y 4, totalizando de esa
manera los 22 puntos de handicap que tenemos. Todo esto,
tranquilos, viene controlado y puesto al día por la Federación,
aunque el último responsable de su handicap es el propio jugador.
Eso quiere decir, que si un día vamos a un campeonato, y por
error nos aplican un handicap distinto al que tenemos en realidad,
estamos en la obligación de anunciarlo y pedir la rectificación.
Otra sorpresa es que en el tee de salida del primer hoyo,
debemos entregar nuestra tarjeta a un tipo gordo, al que no
conocemos de nada y que encima juega en nuestra categoría y
contra nosotros. ¿Como puede ser eso? ¿Cómo vamos a permitir
que un “enemigo” apunte nuestros golpes? Aquí esta la primera
demostración del excelente “Fair Play” que impera en el golf. Uno
de tus contrincantes apunta tus resultados de la misma forma que
tu, debes apuntar los de otro contendiente. Raramente se
producen conflictos en ese aspecto, ya que tú, aparte de apuntar
los resultados de la Sra. Repipi, vas apuntando al mismo tiempo
los tuyos propios. Al final del recorrido es extraño que no cuadre,
y en caso de discrepancia, uno se suele acordar de donde esta el
error. Con la experiencia, ya sueles contrastar con tu marcador en
la mitad del recorrido, donde en caso de haber discrepancias con
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el resultado de algún hoyo, la memoria guarda aun frescos los
antecedentes. Una buena práctica es contrastar hoyo por hoyo
antes de apuntar el resultado en la tarjeta. ¿Has hecho 6? Si, en
efecto, seis. Y de ese modo cuadra seguro. Pero sigamos
analizando nuestra tarjeta. ¿Que pasa en el hoyo en que tenemos
punto? Pues, que si lo terminamos con 5 golpes, le restamos uno,
y representa que lo hemos hecho en 4 golpes. Si tenemos dos
puntos en ese hoyo, significara que a efectos del torneo, lo
habremos conseguido en tres golpes y así sucesivamente. En la
tarjeta se suele apuntar el resultado “bruto”, y ya el comité de
competición se encarga más tarde de restar los puntos de nuestro
handicap. Este ejemplo esta basado en la modalidad llamada
“stableford”, en honor de un tipo que se aburría de jugar a golf a
golpes simples, y se invento una modalidad donde se perdonan
los grandes descalabros. Luego hablaremos de ello. En la
modalidad “stroke play”, o por golpes, nuestro handicap no viene
a base de puntitos, sino que sencillamente se descuenta del
resultado final. Así, si nuestro handicap es 22 y nuestro recorrido
ha sido completado en 100 golpes, nuestro resultado “neto”, será
de 78 golpes. En otras modalidades de juego el handicap se
aplica de diferentes maneras. Cuando se juega por equipos o en
parejas, a veces el resultado depende de complicadas formulas
matemáticas, que persiguen la igualdad de oportunidades entre
jugadores de nivel dispar. En todos los torneos existen diferentes
categorías de juego. De esta forma los jugadores compiten entre
los de su mismo nivel de handicap. Y por supuesto, siempre
encontramos la categoría “scratch”, que es la pura, la que no
contempla descuento de ningún golpe, tantos haces, tantos
cuentas. Esta categoría es paralela a las otras, es decir, todos
juegan en su categoría, y además, en la scratch. Es costumbre al
finalizar los torneos, decir tus dos resultados, el limpio, o sea,
quitando el handicap, y el bruto, eso es, los golpes reales que
hemos realizado. No hace falta decir, que al principio, uno tiene
una tendencia poco disimulada a proclamar únicamente el
resultado limpio, ya que suele ser más presentable que el
resultado scratch, y ahí si que el golfista no se diferencia del
pescador, o el cazador, si se le puede poner un poco de salsa a
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nuestro resultado, pues se le pone, y decir que hemos hecho 5
sobre par, queda mejor que decir que hemos hecho 40 golpes
más con nuestro handicap 35. Otra cosa es el mareante delirio
que les pilla a todos los golfistas una vez han terminado su ronda.
No sé porque razón, todo el mundo te quiere contar su recorrido.
Evidentemente, un recorrido lleno de desgracias y mala suerte.
Que si no hubiera sido por el golpe aquel… o por el árbol del 16, o
por el lago, o por el mal bote en el 8… En definitiva, un sinfín de
lamentaciones en las que cae hasta el más pintado. Todo el
mundo se acuerda de los golpes desgraciados que le han
impedido hacer el resultado de su vida. Claro que nadie se
acuerda del “churro” que ha metido en el 14, cuando ha
embocado de 50 metros, habiendo dado un golpetazo horroroso
con el canto del palo, y la bola se ha colado milagrosamente
después de pasar rodando por el bunker de la izquierda y de
haber rebotado en el alcornoque del final de green. La suerte, que
la tienes por regla general, buena y mala en un recorrido, suele
ser recordada únicamente en su faceta negativa. Pero así son las
cosas, y nadie, repito, nadie, ha podido evitar soltar la batallita de
la mala suerte alguna vez al acabar su recorrido.
Un día, vamos a un torneo al Club de la Bandera Negra, y cuando
nos dan la tarjeta, vemos pasmados como siendo nuestro
handicap de 22, en la tarjetilla solo aparecen 19 puntos. Resulta
que existe un handicap real y un handicap de juego. Alarmados,
preguntamos a los que saben, el porque de tamaña injusticia. La
respuesta es simple. Este campo es más fácil que otros, y por
tanto tiene un valor “slope” inferior, y a partir de ahí y con una
calculadora sale un handicap de juego para cada jugador, con lo
que la “injusticia” es para todos igual. Eso nos tranquiliza hasta
que nos acordamos de la madre del que decidió que este campo
era fácil, ya que llevamos cuatro hoyos jugados y aun no hemos
sumado ni un punto. Eso de los puntos es propio del sistema
Stableford. Una modalidad que se introdujo en los años treinta,
con el objetivo fundamental de acelerar el juego.
El sistema Stableford se basa en la adjudicación de puntos en
función del resultado de cada hoyo. En un par 5 hacer 5 golpes te
proporciona 2 puntos. Hacerlo en solo 4, es decir, hacer “birdie”,
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te da 3 puntos. Si hacemos “eagle”, o sea tres golpes, tendremos
4 puntos en el zurrón. 5 puntos, son los que obtendremos si
realizamos un “albatros” o “doble Eagle”, y si lo metemos en uno
(en sueños) nos darán 6 puntos. Por la parte alta del resultado,
solo tendremos un miserable punto, si conseguimos meterla en
seis golpes “boggie”. Todo lo que pase de ahí, es sinónimo de
levantar bola, ya que no importa los golpes que demos, que
seguirán representando cero puntos. Ese es el detalle que hace
que el juego no se retrase, ya que sobretodo los principiantes,
suelen tener accidentes de 8, 10 o más golpes por hoyo. A eso se
le llama hacer “raya”, porque en la casilla correspondiente a ese
hoyo, nuestro marcador, en lugar de apuntar el número de golpes,
pone una bonita raya negra. El sistema de handicap en este caso,
representa que si en un hoyo hacemos el par, y en ese hoyo
teníamos un punto de handicap, nuestro resultado será
equivalente a tres puntos, dos por el propio par, más uno de
regalo, vamos, igualito que si hubiéramos hecho un magnifico
“birdie”. En otra circunstancia, si en un par 5 hacemos 8, y resulta
que tenemos 2 puntos de handicap en ese hoyo, el resultado final
será 6, con lo que habremos salvado un punto de oro. El par
Stableford de un campo de 18 hoyos, es de 36 puntos, o sea dos
por hoyo. Si conseguimos 39 puntos, significara que hemos
jugado 3 golpes bajo par, con lo que para el próximo torneo,
podemos ir preparándonos para jugar con menos handicap. En
Stroke Play, o juego por golpes, o Medal Play, que todo quiere
decir lo mismo, no hay puntos en los hoyos. Si haces 7 en el par
3, apuntas 7, si haces 23, pues 23, mientras tus compañeros de
partido se han dormido de aburrimiento bajo los pinos. Al final,
con una simple resta, obtendrás tu resultado limpio. 140 golpes,
menos 35 de handicap, igual a ciento cinco, o lo que es lo mismo,
terriblemente desastroso. Cada vez que nuestro resultado neto
sea bajo par, nuestro handicap se vera afectado.
Existen unas tablas donde queda detallado el bajón de handicap
que nos aplicaran, ya que la cantidad varía en función de nuestra
categoría.
34
También existen las bajadas que se denominan “por apreciación”,
en las que te pegan el bajonazo por el morro, o sea, que
consideran que eres más bueno que lo que indica tu handicap.
Aunque parezca mentira también existen subidas por apreciación,
extremo este que descubrí un día fisgoneando en tarjetas de
actividad por Internet. Cabe decir que la Federación Española de
Golf, a través del portal de Internet Golfspain, te permite saber
como tienes el handicap, e incluso hacer un repaso a tus tarjetas
de juego, a las tuyas y a las de todo el mundo. Un buen día, me
entere que nuestra presidenta del senado, Esperanza Aguirre, era
aficionada al golf. La curiosidad mató al gato y me provoco un
interés inmediato en saber como jugaba esta mujer. Busqué en su
ficha de actividad y descubrí asombrado como la Señora
Presidenta era handicap 5. Realmente tiene nivel, me dije. La otra
cosa que me llamo la atención, fue esa subida de handicap por
apreciación. De 5,1 a 5,7. ¿Será que te suben cuando llevas
jugando mal muchos torneos? Ese extremo no lo hemos podido
contrastar, pero la Señora Aguirre llevaba en ese momento 10
campeonatos sin bajar del par. También llama la atención la
cantidad de torneos que juega Esperanza, un promedio de 4
torneos por mes. Lógico por otra parte para mantener un handicap
tan bajo. Pero nada que decir, en los fines de semana uno puede
hacer lo que quiera, y por supuesto una de las mejores cosas que
35
se pueden hacer es jugar al golf. Ojalá algún día coincidamos en
algún torneo, y de esa manera pueda darme algún consejo de
cómo bajar hasta handicap 5. De todas formas, será difícil
coincidir, porque viendo los torneos que ella juega y los que juego
yo, pues la cosa no da para soñar mucho. Ella juega por ejemplo
la “Copa de los Sres. Marqueses de la Esperanza”, mientras que
mi ultimo campeonato fue el “III Torneo primer viernes de mes de
Jugadores sin Campo”. No hay color, pero la esperanza es lo
último que se pierde. ¿O era lo primero?
Cuando empiezas en esto te dan un handicap altísimo. Puede
llegar a 48, que es el máximo permitido. Claro, esto nos da en la
modalidad stableford, dos puntos por hoyo, más uno extra en los
doce hoyos más difíciles, en los que totalizaremos 3 puntos por
hoyo. Vamos, el sueño del golfista medio. La tarjeta parece que
tenga un ataque de sarampión, toda llena de puntos. El handicap
nos lo da en teoría un profesor, que nos acompañara en unos
recorridos de practica y verá nuestro nivel. Aunque en los últimos
tiempos, el tema se hace bien, menos bien y mal. Yo he visto
adjudicar handicaps a ojo de buen cubero, y aquí es donde
aparece la figura del “submarino”. El sumergible, también llamado,
“camuflado”, “tapado”, “emboscado”, y “cabrón” a secas, es el
nombre que se le da al jugador que teniendo un nivel de juego de,
pongamos, handicap 15, obtiene y consiente un handicap 35.
¿Que ocurre?, pues que al primer campeonato que va, como
además es tonto del culo, hace 12 más, y eso se traduce en 23
bajo par, o lo que es lo mismo, en 59 puntos stableford. Ni que
decir tiene, que el sujeto en cuestión es despreciado
abiertamente, primero, por sus compañeros de partido, que no
paran de apuntarle pares mientras murmuran pestes, y más tarde
en la entrega de trofeos, donde los comentarios, ya sangrantes,
de los demás jugadores, alcanzan el volumen suficiente y más,
para que el interesado se quiera fundir bajo tierra. De hecho todos
hemos sido un poco “tapadillos” con nuestro primer handicap,
pero hay casos que claman al cielo. Ahora las cosas se han
puesto un poco más serias, sobretodo en Catalunya, donde los
jugadores hábiles que procedían del Pitch & Putt, obtenían
handicaps claramente superiores a los que les correspondían,
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muchas veces, eso si, en contra de su propia voluntad. Ahora los
que proceden del golf “pequeño”, lo tienen muy mal, porque les
aplican un coeficiente corrector que los deja inútiles para la
competición.
A parte de las modalidades Stableford, y Stroke Play, hay una
gran variedad de tipos de juego, que si bien son menos habituales
que las dos primeras, pueden llegar a ser mucho más divertidas.
Por ejemplo, los torneos por parejas. Aun respetando las reglas
de las dos modalidades por antonomasia, el juego a dos, tiene
toda una serie de componentes que lo hacen muy interesante. El
formato Fourball, se juega en pareja, si puede ser que se lleven
bien, donde cada uno juega su bola y se elige el mejor resultado
de los dos. Se apunta ese resultado en la tarjeta y se sigue hasta
el siguiente hoyo. En esta modalidad es importante no tener
demasiado sentimiento de culpa, porque si te sale un mal partido,
te da la sensación de que tu amigo/pareja/pariente, te va a matar.
Hay otras modalidades más crueles que se juegan por parejas,
como el Foursome. Digo crueles porque en esta modalidad la
pareja juega con una sola bola, y deben ir dando los golpes
alternativamente. Claro, si ese día no das ni una, el sentimiento
de culpa es tan enorme, que no te deja vivir. No solo estropeas
sus fenomenales golpes, sino que le obligas a jugar desde sitios
inverosímiles, con el resultado de un torneo de pena. Aquí el
compañero suele tomar una actitud de comprensión. Tranquilo, te
dice, no te preocupes, yo también he fallado algún golpe. Claro,
no te jode, piensas, los que te he mandado al pantano, al bosque,
a la tapia, al árbol y al canal de riego que luego has tenido que
solventar tú. Hasta que finaliza el partido es un no acabar de
lamentaciones, por tu parte, y de consolación por parte de tu
pareja. Pero, ¡ah!, amigo, cuando acaba el torneo. Estas
tranquilamente cogiendo una patatita frita del aperitivo que han
preparado, cuando sin que se de cuenta de tu presencia, oyes a
tu pareja como esta hablando con la rubia Sra. Quemedices.
Paco, fatal oyes. No ha dado ni una. Suerte que yo he aguantado
al final, porque si no, aun estaríamos jugando. Notas que te sube
un calor por el cuello y disimuladamente te apartas de la escena
porque seria violentísimo que descubriera que le has descubierto.
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Y eso, no es tan infrecuente como podría parecer. En las distintas
modalidades de pareja, es obvio que siempre hay uno que juega
mejor que el otro. Pues es dificilísimo, que la razón se imponga a
la pasión. Claro que hay casos flagrantes de mal juego, pero por
poco que la cosa haya estado nivelada, oyes a los dos por
separado y tendrás dos bonitas versiones de los hechos. Siempre
claro, el que ha fallado ha sido el otro. Y es una sensación que
tienes. Yo lo he experimentado. Seguramente pocas veces he
estado a la altura de mis parejas de juego, pero la sensación que
me he llevado ha sido que no me han jugado bien. Otra cosa es tu
nivel de caballerosidad y tus indiscreciones sobre el tema.
Hay más formulas de juego en grupo, como el Greensome. Esta
modalidad es más agradecida, porque se sale del tee con una
bola cada uno, y automáticamente se descarta la peor de las dos,
jugando de nuevo ambos jugadores desde donde ha quedado la
mejor situada. El procedimiento se repite hasta completar el hoyo
con las dos bolas y se suele apuntar el resultado total. De esta
modalidad, como de las demás, existen variantes. La más
conocida es la Greesom Chapman, donde los golpes se juegan
alternos, es decir, yo salgo con mi bola y tú con la tuya. Yo sigo
jugando con la tuya y tu con la mía. Eso si, tu juegas desde el
bosque y yo de la mitad de la calle. Hacemos el segundo golpe y
volvemos a cambiar, y así hasta que terminamos, yo embocando
y tu con un ataque de nervios. Otra variante divertida es el
Scramble. Pueden jugar equipos de tres o más jugadores, y
siempre eligiendo la mejor bola y jugando todos de nuevo desde
ese punto.
Volviendo al terreno de la competición individual, no podemos
dejar de hablar de la modalidad más fuerte. El Match Play. En
Match Play es donde salen los nervios de acero, o los dolores de
vientre más vulgares. Es la competición hombre a hombre, (o
mujer a mujer), cuerpo a cuerpo, es el duelo bajo el sol, el
desafío. Aquí el campo pasa a un segundo termino porque da lo
mismo hacer tres, que treinta y tres, mientras hagas un golpe
menos que tu competidor.
El reglamento es sencillo. Salen los dos jugadores y el que dé
menos golpes gana el hoyo, o un punto. Así hasta que uno de los
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dos gane la mayoría de los dieciocho hoyos. Los hoyos que se
empatan no cuentan, así que un partido de match play, puede
acabar en el hoyo 10 (con un 10-0), o puede necesitar infinitos
hoyos para encontrar un ganador. En el desarrollo de un partido
match play existen multitud de argucias, estrategias y reglas, que
diferencian esta modalidad de las demás. Si en los partidos por
golpes o por puntos, las infracciones al reglamento se basan por
lo general en golpes de penalidad, en match play representan la
perdida del hoyo en juego. La táctica para presionar al contrario
es amplia y densa, y por ello en esta modalidad es más probable
que gane el que mejor preparado psicológicamente este, que el
que mejor juego disponga. Es una de las modalidades que se
emplean para la celebración de la famosa Ryder Cup, el choque
entre los mejores jugadores de Estados Unidos y de Europa, y es
una de las modalidades donde el publico de golf, deja de ser
publico de golf y pierden toda la flema para animar a sus
jugadores y abuchear a los contrarios. También es la formula de
juego de la variante llamada “Skin Game”, o juego de apuestas,
donde a cada hoyo se le asigna un valor en metálico. Por ejemplo
ponemos que en cada hoyo los dos contrincantes se apuestan 2
euros, uno por cada jugador. Entonces se inicia el juego y el
ganador del primer hoyo se adjudica los primeros dos euros. En el
segundo hoyo los dos hacen par, con lo que la apuesta para el
segundo hoyo se suma a la del tercero, que tendrá un valor de
cuatro euros. Así sucesivamente hasta completar el recorrido de
los 18 hoyos.
Una variante divertida del Skin Game, es jugarlo con tres o cuatro
jugadores. Cada uno apuesta por cada hoyo, pero solo gana
aquel que consigue el mejor resultado en solitario, con lo que el
número de hoyos empatados es elevado, y con ellos el montante
que llega a cantidades excitantes. Muchas veces uno de los
componentes del grupo debe salvar a los demás empatando el
hoyo y como no, recibe los ánimos y felicitaciones (en caso de
embocar) del resto de jugadores, bien, del resto, menos del pobre
que tiene ganado el hoyo si fallas. En el siguiente hoyo pasas de
ser héroe a villano, porque el putt que tiras es para ganarles a
todos. Ahí sale la mala leche de algunos, que tosen, silban, o
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dejan caer la bandera en el justo momento en que tu putter va a
impactar la bola. A pesar de esas argucias, esta modalidad es de
las más divertidas que pueden jugar un grupo de amigos.
Las apuestas están bien para no perder interés en el juego.
Cuando se juega por jugar, es fácil dejarse llevar por la
monotonía, y el hecho de apostar alguna pequeña cantidad, le da
al juego un punto más de emoción. No es que el golf por si solo
pueda llegar a aburrir, pero el jugador que esta acostumbrado a
las competiciones, cuando realiza rondas de practica, con amigos,
a veces de un nivel inferior, puede llegar a caer en el
aburrimiento. Creo que sobre el tema de las apuestas, todo el
mundo asume que hay dos principios básicos que deben
respetarse. Uno es no volverse loco, y competir por cantidades
razonables. Normalmente el equivalente a lo que cuesta una
ronda de cervezas en la casa club para los jugadores del grupo.
Otra es pagar o cobrar siempre una apuesta. Si por lo que sea,
perdonamos, o nos perdonan una apuesta, ya no tendrá sentido
volver a jugar otro día, porque el aliciente de la apuesta habrá
desaparecido. Hay que cobrar aunque le hayamos dado una
paliza a nuestro mejor amigo, y hay que pagar, aunque se nos
haya ido la mano apostando, y al ganador le dé reparo cobrarnos.
Para jugarse la pasta en el golf hay todavía más modalidades que
las oficiales y todas sus hermanas. Hay que ver lo que se llegan a
inventar para que los dineros cambien de bolsillo, y eso si, para
que el combate sea lo más divertido posible. Hay modalidades
que intentan equilibrar al máximo la suerte de los diferentes
jugadores. “La formula Nassau”, es una de ellas y se basa en que
se reparte la apuesta en tres trozos. Una parte de la apuesta la
ganara el jugador que juegue mejor los primeros 9 hoyos. La
segunda parte se la llevara el mejor jugador de los últimos 9
hoyos, y la tercera parte el que consiga mejor resultado final. De
esta manera puede repartirse mejor la gloria de la tarde, o no,
porque un solo jugador puede ser el ganador de las dos parciales
y por tanto del global. Es útil esta modalidad para que los
jugadores no bajen la guardia a mitad del partido, pues es
precisamente en la salida del hoyo 10 donde empieza una nueva
competición. A mi una de las modalidades “informales” que más
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me gustan es el “Bingo Bango Bongo”, o una variante de este que
consiste en lo siguiente: En cada hoyo se juegan tres puntos, o
tres euros, lo que se prefiera. El primer euro, lo gana aquel que
realiza el mejor golpe de salida (el driver más largo en calle, o el
mejor aproach en pares tres). El segundo euro el que consigue
llegar a green en regulación (de 1 en pares 3, de dos en pares 4,
y de 3 en pares 5). Y el tercer euro es para el que emboca el putt
más lejano. Esta modalidad permite, además de divertirte y poner
emocion a la partida, entrenar golpes necesarios para la mejora
del juego en todas la facetas, lo unico malo, es que hay un
jugador (el pringado), que no para de llevar las cuentas, sumando,
restando y dejando la tarjeta como el cuaderno de un mocoso de
4 años.
Existen muchas otras modalidades, tanto de juego como de
apuesta, pero la mayoria son derivaciones de lo ya visto o
simplemente son absurdas, como la llamada [Link], en la
que se apuesta por los metros que faltan por terminar los 18
hoyos, en el momento en que se pierde un Match Play. O sea si
perdemos en el hoyo 16, y quedan aun por jugar 17 y 18,
deberemos sumar los metros de ambos hoyos. Si el diecisiete es
un par 3 de 135 metros, y el dieciocho un par cuatro de 370, nos
da una suma de 505 metros. A 5 céntimos el metro, o a lo que
queramos, pues nos da una ganancia de 25 euros y pico.
Aquí lo bueno seria acabar en el diez y nos forramos.
41
VI - Lo mejor y lo peor del golf
Para algunos lo mejor del golf puede ser un simple golpe. Un
unico driver, por ejemplo, que hemos dado en el hoyo 16 y que
nos ha dejado babeantes de satisfacción al ver como subía, como
se elevaba como un boeing para caer lejos, muy lejos de forma
suave en medio de la calle. Ese sólo golpe llena a muchos de los
jugadores que yo conozco para todo el día. No hace falta dar ni
una bola más, ni bien ni mal para llevarte ese gustito grabado en
la retina. Para otros la máxima satisfacción esta en un buen
resultado. Otros se contentan con derrotar a sus compañeros de
partido, y si puede ser ganándoles algo, pues mucho mejor. Los
bucólicos se conforman con tener un buen día, y que las azaleas
presenten un buen tono en sus flores. Estos andan por todo el
campo embobados, y te dicen constantemente si has visto el
jilguero melenudo, o el lagarto copernicus del estanque de la
derecha. Pero, ¿y los que no pertenecen a ninguna de estas
familias? ¿Como se divierte aquel que no se divierte en el campo?
Pues para ellos esta el famoso hoyo 19. Con ese “ingenioso”
nombre se conoce normalmente la casa club, o mejor dicho, el bar
de la casa club. Ya en los tiempos de su descubrimiento, el golf
poseía este postrer hoyo, para más gloria del jugo de malta
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escocés. En ese recinto, que lo mismo da que sea grande,
pequeño, moderno o antiguo, siempre van a parar la mayoria de
jugadores después de sus verdes batallas. Es el marco donde se
cuentan las escaramuzas del día. Que si hoy me ha fallado el
putter, que a mi no me ha salido bien ninguna madera, y que yo
he quedado atascado en el bunker del 12. Ahí tienes que tener
paciencia, porque todo el mundo cree que su recorrido y su
explicación paso a paso, es muy interesante, y por tanto te la
cuentan de cabo a rabo. Cuando uno te viene y empieza: Mira, en
el uno…, prepárate para 10 minutitos de mala suerte, corbatas, y
rebotes llenos de infortunio. Suerte que cuando acaban su historia
te preguntan, ¿Y a ti, como te ha ido? Tú, conocedor de lo pesado
que puede ser radiografiar los 18 hoyos, le dices, psé, regular.
Pero algo dentro de ti te esta presionando para que cuentes lo
mal que te han ido los hierros cortos, unos hierros que dominas
claramente pero que hoy parecías haber olvidado del todo su
manejo. Si, mira he jugado bien, pero los hie… Perdona, te dice, y
tu interlocutor te da la espalda para saludar a la pelirroja del
pantalón ceñido. Los que viven del resultado andan como locos
preguntando como le ha ido a todo el mundo que les parece que
les pueden hacer sombra en la clasificación final. Si a la pregunta
de cómo te ha ido, el interlocutor no añade el resultado, no tienen
ningún rubor en preguntarlo directamente. ¿Limpio o bruto?,
añaden aún si el pobre interrogado no ha sido claro en sus
respuestas. Cuando tienen a su presa estadísticamente en el
zurrón, se van a por otra, y así hasta que su sed de control sobre
el torneo queda saciada. O frustrada, porque el bizco del rincón,
ha hecho 3 puntos más que el favorito preguntón, y claro, se le ha
terminado el ansia encuestadora de golpe. Si tienes suerte y
quedas primero, siempre habrá una voz para decir que siempre
ganan los mismos, da lo mismo que no hayas ganado nunca, la
voz, que sale del rincón y que todo el mundo escucha, lo afirma
rotundamente. Tú niegas con la cabeza, pero todas las miradas
se vuelven inquisidoras, como si tuvieras alguna culpa de haber
jugado mejor que los demás. Pero eso solo suele ocurrir cuando
no estas en tu territorio. Cuando es tu club el marco de un triunfo,
los vítores y aplausos pueden con las reticencias de los
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envidiosos de turno, que siempre y en todos lados hay. Con la
compañía de una cerveza y al lado de tus amigos, el partido
vuelve a tomar vida. Las anécdotas de la vuelta, los comentarios
sobre los respectivos compañeros de partido, y alguna acción
interesante del juego, llenan las horas más dulces de un día de
golf.
También es habitual que los restaurantes de las casas club
tengan un alto nivel gastronómico, con lo que puedes encontrarte
que una jornada de golf contemple, juego, ducha, aperitivo y
comida, y que al final, no sepas con que parte de la mañana te
quedas, porque si llevas 12 o 13 hoyos jugando mal, ya estas
pensando en esas perdices al grill, o ese rape al horno con
patatitas al estilo pescador. Y eres feliz. Y tus compañeros de
partido te ven con cara de satisfacción mientras llevas fallados
tres putts. Cuando te colocas para dar el cuarto golpe en green, te
preguntan, ¿Mariano, estas bien?, y tu que ya piensas en el
hojaldre con nata y chocolate que ponen de postre, les dices,
Estoy de muerte, y embocas tranquilamente. Realmente se me
hace difícil elegir que faceta de un día de golf me gusta más, pero
seguro que el hoyo 19 figura entre mis favoritos. Hay una película
que se llama “La leyenda de Bagger Vance” dirigida en el año
2000 por Robert Redford, que ningún golfista debería perderse. A
parte de ser una bonita historia con final feliz, en ella se adivina
por primera vez en un film, el autentico espíritu del golf. Que
existe una fuerza desconocida que se filtra en la sangre de los
golfistas, es una realidad demostrada. Y si no, cuéntenme como
se llegan a hacer las locuras que se hacen por escaparse a jugar
unos hoyos. Ningún estamento antes conocido por el principiante,
le obligaba a la sarta de mentiras, juegos malabares y equilibrios
que hace el golfista con su agenda, su familia y amigos para
cuadrar el tiempo libre. Ese virus es poderoso y de influencia
creciente. Y es que el golf, de entrada, es un psicólogo que de
una forma firme y tajante te saca lo mejor y lo peor de ti mismo.
Dicho de una manera sencilla, te pone en tu sitio. No hay como
jugar una partida de golf para saber que tipo de persona eres.
Será por eso que en Estados Unidos es tan habitual realizar
negocios en los campos de golf. Si somos impacientes, en el
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juego quedara reflejado, si tenemos nervios de acero, en los
momentos difíciles quedara demostrado. Se verá si somos
generosos ó tacaños, de reflejos lentos o rápidos. Un buen
observador, puede sacar conclusiones muy fidedignas de la
personalidad de un jugador de golf. Sabremos si eres meticuloso,
si respetas el medio ambiente, si estas en buena forma, si comes
mucho o poco, si te gustan las chicas, si tienes pulso, si cuidas tu
forma de vestir, si eres ordenado y limpio con tus cosas, si eres
previsor, y así hasta tropecientos detalles más que aparecen a lo
largo de las 5 horas que suele durar un partido. Cinco horas en
las que tienes que sortear muy diferentes situaciones. Es, como si
dijéramos, un examen de personalidad. Si mandamos tres bolas
seguidas al agua, y estamos delante de gente que no te conoce
muy bien, ¿como reaccionaras? Puedes estallar con un ataque de
indignación, arrojando el palo contra el suelo y renunciando a
terminar el hoyo. Puedes, con una sonrisa, seguir tirando bolas al
agua hasta quedarte sin reservas. Ó puedes, asumir tu desgracia,
renunciar a terminar el hoyo, y seguir hacia el siguiente tee con la
mejor actitud posible. La primera reacción, revelaría en nosotros
un tipo que rompe definitivamente la baraja cuando hay
problemas. La segunda actitud, es la del demasiado conformista,
peligroso por acostumbrarse a perder. La tercera demostraría la
personalidad más equilibrada. Sabemos perder, pero hasta cierto
punto, y siempre con buen humor. Cada situación que se nos
presente en un campo de golf, dirá mucho de cómo somos en
función de si reaccionamos de una manera o de otra. Claro que
no debería ser esta una de nuestras preocupaciones. En principio
uno va al campo de golf a evadirse y disfrutar de muchas cosas,
no a que le psicoanalicen, pero, no esta de más saber que en este
jodido juego salen a relucir muchos de nuestros defectos, y
algunas de nuestras virtudes. No seré yo quien asegure que no
hay individuos capaces de dar una imagen falsa de si mismos en
un campo de golf, evidentemente, pero son pocos. El guarro que
va impecablemente vestido a jugar, difícilmente demostrara que
es un guarro, pero a poco que nos fijemos, veremos como no
limpia la cara del palo cuando lo pone en la bolsa, o como tira al
suelo el envoltorio del Kit Kat, o incluso como no es capaz de
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pasar el rastrillo por el bunker una vez usado. Tampoco quiero yo
acusar a la gente por las primeras impresiones, pero los golfistas
que me estén leyendo entenderán perfectamente de que les
hablo.
En la película que les comentaba antes, hay una escena donde
Jack Lemmon, se pelea con la bola interpretando a un anciano
jugador. El poder del golf reside entre otras cosas en que puede
jugarse a cualquier edad, y en esa escena Jack Lemmon no esta
jugando (en solitario) por diversión, ni por afición, si no que juega
simplemente porque esta esperando a la muerte, y no se le ocurre
mejor forma de esperarla, que en un hermoso campo lleno de
verdes y bañado por las luces tibias del atardecer. Un deporte que
te pueda permitir esperar a la muerte mientras lo practicas, no me
dirán que no tiene su encanto. Porque si, puedes también hacerlo
con el ciclismo, pero si con 85 años, nos vamos a dar una vuelta
en bici, más que esperar, lo que hacemos es ir a buscarla. Lo que
intento explicar es que este bendito deporte da las mismas
satisfacciones a cualquier edad. No necesitas competidores de tu
mismo nivel, de hecho no necesitas competidores. Tú y el campo.
Tengas 8 o 85. El campo espera igual, con sus laberintos, a
grandes y chicos. Y allá, en lo alto de la colina, ves un instante
mágico de aquellos que a veces se nos cruzan. Un momento
donde han desaparecido los achaques, el mal rollo de la familia,
las babas del cabrón de tu jefe, y ves como el sol, está
reflejándose en el lago del valle, mientras dos patos realizan un
largo y acompasado amerizaje. Es tan bello que te quedas
pasmado como si tuvieras que fabricar una postal con todo
aquello.
Dicen algunos, que el golf es capaz de extraerte de mil
problemas. Otros en cambio dicen que para jugar bien a golf, es
necesario tener la mente clara y exenta de problemas. Podría ser
que ambos puntos de vista tuvieran algo de razón. Sé de buena
tinta que el golf ha servido para solucionar infinidad de problemas
de integridad emocional. Como si de un bálsamo se tratara, el
hecho de sumergirte en este deporte, con sus múltiples facetas,
especialidades, tensiones, penas y alegrías, tiene la capacidad de
dejar fuera del tee del uno, bastantes de los problemas cotidianos
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que llevamos encima. Para simplificar, el deporte del golf es tan
intenso emocionalmente que es capaz de desbancar, aunque sea
por unas horas, las inquietudes que habitualmente habitan en
nuestro “coco”. Y eso, que yo lo he vivido en propias carnes, hace
que seas un poco más feliz. Por otro lado, aquel que le pida al golf
resultado, éxito, ó triunfo, deberá tener también un equilibrio
emocional óptimo. Sin saber como, el día que tienes dolores de
cabeza, no das pie con bola, que aquí seria, palo con bola. Si no
tenemos la mente fresca el buen golf no sale, pero claro, eso solo
le afecta al que pretende ganar o jugar bien. Yo me quedo con la
faceta terapéutica de este deporte, porque el hecho de no hacer
las cosas bien cuando tenemos problemas, es habitual en muchas
actividades humanas. Claro que no todo es salud en el golf. Que
podemos decir de las numerosas lesiones que produce ese swing
terrorífico que tenemos. Hemos de entender que el giro que da
nuestro cuerpo con espalda brazos, caderas y piernas al hacer el
swing, no puede presagiar nada bueno, y más cuando nuestra
inexperiencia provoca que hagamos un movimiento
extremadamente violento. Las lesiones de espalda, codos,
muñecas y caderas son las más frecuentes, y creanme, no hay
pesadilla más terrible para un golfista que el medico le diga que
debe estar varias semanas sin jugar. Tanto profesionales como
aficionados coinciden en que uno de los aspectos más tristes del
golf, son las lesiones. El pro porque tiene que comer, y el amateur
porque no puede vivir sin el. La cuestión es que aun no siendo un
deporte de alto riesgo, sus característicos movimientos de palo
hacen obligatorio que tomemos unas mínimas precauciones.
Sobretodo en invierno merece la pena dedicar unos minutos al
calentamiento de las partes implicadas, y es que aunque parezca
mentira, hay gente que tiene una ansiedad tan elevada por
empezar a dar garrotazos que no prestan atención a esas
medidas de precaución. A pesar de ello, a medida que nos
hacemos mayores, nos acabamos acostumbrando a los achaques
propios del golf, y a convivir con ellos. En una encuesta realizada
a los profesionales del circuito senior europeo, más del 85% de
los jugadores, reconocían jugar con dolor en alguna parte de su
cuerpo, y un 10% aseguró que seguirían jugando después de
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muertos. Bien, esto último es una exageración, pero no crean que
la cosa esta mucho más para allá. El proceso del achaque es el
siguiente: Un día te duele mucho la muñeca al realizar el golpe.
No le das importancia y sigues jugando. El siguiente día vuelve a
aparecer el dolor al dar el primer golpe. Que raro, piensas, en
toda la semana no me había dolido. A pesar del dolor puedes
seguir jugando y cuando llevas unos cuantos hoyos parece que la
articulación se calienta y no molesta tanto. Sin embargo, pasan
las semanas y cada vez molesta más al dar los primeros golpes.
Finalmente, los amigos te dicen, mejor que te lo hagas mirar, no
sea que tengas algo que pueda agravarse. Vas al medico, te mira
y te receta un anti-inflamatorio, tranquilizándote. Te recomienda
calentar un poco antes de dar los primeros golpes. Pasan los días
y sigue doliéndote, así que los amigos, te recomiendan la visita a
un fisio-terapeuta con fama de hacer milagros. El fisio, te da unos
masajes y te cuenta que hay un no sé cuantos que roza con no sé
qué y que provoca dolor. Te dice que de momento dejes de jugar.
Asistes durante 15 días a las sesiones de masaje y acupuntura
del especialista, pero el dolor sigue allí. Es más, con el meneo
que te da, aun sales más dolorido. Cansado y nervioso por no
poder ir con tus amigos al campo, vuelves al medico y le cuentas
la aventura con el fisio. Finalmente y viendo la mala evolución del
tema te manda al hospital a hacer radiografías. Estas demuestran
que no tienes absolutamente nada en la muñeca. El medico te
dice que te sigas tomando el anti-inflamatorio y que vuelvas a
jugar al golf. Y de esta manera adoptamos el achaque, porque si
bien es cierto que al dejar de prestarle atención a la muñeca, esta
dejó de molestar en gran medida, no es menos cierto que de vez
en cuando vuelve el dolor para recordarnos que vamos en el
mismo barco, muñeca, molestia y nosotros. Imagino que solo
cambiando la muñeca por cualquier otra parte del cuerpo, más de
uno se habrá sentido identificado con la historieta, y es que quien
más quien menos, va acompañado de las heridas de “guerra”,
sobretodo los que ya llevamos más de 40 años celebrando la
Pascua.
Como deporte el golf tiene estos inconvenientes, pero también
tiene virtudes, y muchas. A pesar de los que lo acusan de no ser
48
un deporte en si, el golf requiere buena forma física. Existen
campos donde debes estar fuerte, muy fuerte para afrontar un
recorrido de 18 hoyos. Si dejamos aparte a los que utilizan medios
mecánicos para su práctica, el golfista en general, es un
hombre/mujer en buena forma física. El promedio de 5,5
kilómetros que tienen los recorridos de golf, a los que debemos
sumar los enlaces entre hoyo y hoyo, más el kilometraje necesario
para encontrar la bola, más las curvas que hacemos para llegar a
green, nos da una bonita suma de metros, que ponen en forma a
las más pintadas de las piernas. Otra ventaja es que el pulmón
encuentra en todo ese recorrido, oxigeno por doquier, bien, y
algún que otro polen alérgico, todo hay que decirlo, pero en
cuanto a la pureza del aire, pocos competidores tiene el golf, y si
no, que se lo pregunten al ciclista que chupa rueda del Pegaso del
82, que suelta más humo que la banda de Bob Marley.
Pero como hemos comentado en otro momento, la virtud
terapéutica más importante del golf, bajo mi modesta opinión, es
la capacidad anti- estrés que tiene. Alguien me dirá: ¿Anti estrés?,
¿Y ese tío que está jurando en hebreo, y lanzando el palo contra
el pino? Exactamente, le diré. La capacidad que tiene el golf de
absorber nuestra atención y de mover resortes que muchas veces
no utilizamos, por normas sociales, o por una natural contención
emocional, en el campo se desatan en una tormenta de
autenticidad. Nadie se imagina lanzando una sartén contra la
campana extractora porque se le ha roto un huevo al freírlo, o si
nos entra la tentación, nos frenamos. Pero en el campo he visto
yo a los más calmados, a los más cerebrales y fríos, como
escupen adrenalina a borbotones. Ese proceso de llenar de
energía a uno para luego soltarla de un hachazo, produce en
nuestro ánimo un relax difícil de explicar. Es como las baterías del
teléfono móvil, que a base de ir cargando un día tras otro sin
llegar a descargar nunca, produce el llamado efecto memoria, que
impide una carga realmente efectiva. Como las baterías, el
golfista va al campo a descargarse completamente de los
problemas cotidianos y a cargarse de diversión y todo tipo de
emociones, que muchas veces desembocan en una descarga
eléctrica de mala leche que nos deja listos y frescos para volver a
49
la cruda realidad. Ese proceso es extremadamente beneficioso,
sobretodo para los que dedican sus actividades a trabajos
sedentarios y con gran carga intelectual. A ver, tampoco les iría
mal un par de horitas de squash, para que vamos a engañarnos,
pero contra gustos no hay disputas, además, al abuelo no
podemos llevarlo al squash, porque se nos clava en el tercer
minuto.
Lo que esta claro es que el golf tendrá siempre amigos y
enemigos. Acérrimos amantes y empecinados detractores, pero
quizás es de todos los deportes el que más “enemigos” tiene. A la
cabeza de los anti-golf, están los colectivos que defienden la
naturaleza, (como si un campo de golf fuera de asfalto) con
argumentos como el impacto medio ambiental, el consumo de
agua y/o la especulación urbanística. Esta claro que las posturas
están muy enfrentadas, y yo creo que no deberían estarlo tanto.
Entiendo que si se produjera una aproximación, si los verdes
visitaran campos de golf, incluso si dieran unas bolas, si quedase
claro el impacto que puede tener en una zona concreta la
construcción de un campo de golf, muchas opiniones se
acercarían. Pero muchas veces se opina, se lucha sin
conocimiento de la realidad del otro. Si un ecologista no quiere
saber nada de golf porque está convencido que es un deporte
elitista y sectario, y tiene la firme convicción que no pisará en su
vida una instalación de ese tipo, difícilmente podrá estar a favor
de la construcción de campos de golf. Será estéril que le
expliquen que el impacto al medio ambiente podrá tener más o
menos incidencia, o que se tomarán medidas de cualquier tipo,
que su predisposición será siempre negativa. Es como si yo
tuviera una espina clavada con los bancos, y por una extraña
razón tuviera algo que decir sobre la construcción de nuevas
sucursales. Pues a la mierda, si yo no tengo un duro, pues a
pelear por impedir nuevos sacacuartos. Al otro lado del ring está
el especulador inmobiliario, el millonario que quiere apostar al 25
a la ruleta y que le den 35 veces su inversión. A este le preocupa
muy poco el jilguero de pico colorado, los pinos de 80 años o el
riachuelo que baja cristalino por la cañada. Este quiere meter 200
chales de alto standing rodeando un campo de golf, que muchas
50
veces también importa poco. La cuestión es ganar billetes y por la
vía rápida. Este piensa que los verdes son todos un grupito de
flipados que lo que buscan es meterse en sus propiedades para
hacer de okupas. Y claro, frente a estas posturas tan radicales
poco entendimiento puede haber. Unos tienen que entender que
el golf puede ser un importante motor de la economía turística y
de servicios, y que en muchas ocasiones no solo respeta el medio
ambiente si no que lo potencia notablemente. Y los otros tienen
que entender que el negocio puede hacerse igual pero con
respeto. Respeto a los recursos naturales, al equilibrio territorial,
en definitiva al sentido común, que por desgracia es el menos
común de los sentidos.
El golf es grande. Grande y bueno, y no debe ser usado ni por
especuladores ni por soplagaitas. Solo debe jugarse.
51
VII - Los 34 mandamientos
60
bola extraviada, que marca y numero tiene la que estamos
buscando.
También encontramos en esta regla la forma correcta de proceder
en caso que nuestra bola se encuentre en un obstáculo, un lago,
o una zona de densa vegetación.
La 13. La bola se jugara como se encuentre. Ese es el principio,
Luego están las mil y una excepciones que son capaces de
encontrar los jugadores. De hecho, lo bonito del golf, es que a
veces tienes que dar golpes imposibles, y con ayuda de San
Socket, se convierten en posibles. Pero existe una aburrida
tendencia a mejorar la posición de la bola, con la vana esperanza
de que le darán mejor si queda limpita, elevadita, y bendita.
Bendita sea la regla de invierno, dicen algunos, en alusión a una
extensa regla que permite en los meses fríos, colocar la bola con
la mano, para su correcto golpeo una vez liberada del barro que
se supone lleva en invierno.
El dueño de mi club, nunca declara la regla de invierno, y estoy
con el. Si realmente no hay problemas de mantenimiento en el
campo, como zonas embarradas, o sin hierba, no hay razón para
aplicar una regla que parece hecha para los usuarios de la
guardería.
Otro punto interesante de esta regla es el que indica que el
jugador no podrá construirse una colocación. Eso quiere decir que
uno no puede ir rompiendo ramas del joven pino a los pies del
cual ha quedado escondida nuestra bola. Uno puede colocarse de
forma natural para poder dar el golpe, pero sin acondicionar el
lugar ni la zona por donde se supone que tiene que pasar la bola.
Pues bien, he dicho que es interesante, porque ni Dios hace caso
de esta pobre regla. Los ves como auténticos Rambos pisando
ramas, apartando follaje, empujando con la cabeza, en un número
contorsionista que tiene por fin dejarse un golpe limpio de polvo y
paja.
Es una lastima que este aspecto lleve a la gente a buscar
ventajas donde debería haber habilidad únicamente.
Regla catorce. Golpear la bola. Esta regla te advierte que la bola
debe ser golpeada y no empujada ó acucharada ni arrastrada, y
que si le damos dos veces a la bola en un golpe (situación más
61
habitual de lo que parece), tendremos un golpe de penalidad. Es
decir que si en el transcurso de un golpe, le damos seis veces a la
bola tendremos la misma penalidad que si le damos dos. Siempre
he tenido la duda de que ocurriría si a mi amigo Olivillas, que es
capaz de dar más de doscientos toques de bola con un Blaster sin
que se caiga al suelo, le diera por salir del tee golpeado la bola sin
parar hasta llegar al green y la dejara caer en el agujero. ¿Que
resultado tendría en ese hoyo? ¿Seria un hoyo en uno, más un
golpe de penalidad? O sea un dos, que si es en un par cinco,
pues Albatros, ahí es nada. Pero me temo que no colaría esta
interpretación de la regla. Seguramente te aplicarían infracción
por jugar la bola en movimiento, que es otro de los puntos que
contempla la regla 14. Únicamente podemos jugar la bola
moviéndose, cuando esta ha ido a parar a un río o corriente de
agua, y la bola se marcha. Además, nos invitan a jugarla
enseguida, sin esperar a ver si la corriente la deja en mejor
situación. Pero no se asusten, podemos si queremos sacarla del
agua y proceder como se contempla en las reglas cuando vamos
a un obstáculo de agua.
Regla 15, jugar bola equivocada. Si por error confundimos nuestra
bola con la de otro jugador, o simplemente, con cualquier bola que
se cruce en nuestro camino, y nos liamos a jugar con ella, no solo
seremos objeto de castigo, sino que deberemos desandar el
camino que hayamos hecho con la bola intrusa. Aquí me asalta
otra duda maliciosa. Si en el hoyo uno, al dar el segundo golpe
nos equivocamos de bola cerca del Rough, seguimos jugando
hasta el green del 18, y visto que vamos 32 arriba del par,
decidimos damos cuenta de nuestro error, asumir el castigo de 2
golpes, y volver al uno a realizar nuestro segundo golpe, que será
nuestro cuarto por la penalidad, ¿seria legal? Esto significaría en
la práctica realizar todo un segundo recorrido, porque los golpes
dados con la bola equivocada no cuentan. Claro, estamos
hablando de un caso casi imposible, por lo poco practico y porque
la gente no tiene tanto rostro, pero factible, ¿no?
La regla 16 hace referencia al green y a todo lo que se cuece en
su interior. Su delicada superficie es la zona donde sin excepción,
siempre podemos marcar y levantar la bola para limpiarla, o
62
simplemente para no estorbar a los compañeros. Dada su
fragilidad el green se ve a menudo con daños, ya sea de la misma
bola, "piques", de anteriores hoyos, o de marcas de zapatos.
También a veces se observa como el ser humano puede llegar a
tal punto de estupidez, que es capaz de golpear violentamente la
alfombra natural provocando horribles heridas a la sensible
superficie. Las reglas únicamente permiten al jugador reparar los
piques de las bolas y los restos de antiguos hoyos. Cualquier otro
daño, incluidas marcas de clavos, no se pueden tocar. Otra
curiosidad es que si nos queda la bola colgando del hoyo,
indecisa en la caída, disponemos de 10 segundos desde que
hayamos llegado a su altura para ver si finalmente cae. Pero si la
bola cae después de esos 10 segundos, no habrá servido de nada
porque nos castigaran con un golpe. Así, que si hemos contado
hasta nueve y no ha caído, ya lo mismo da darle el último
empujoncito. Ni que decir tiene que todos esos que dan saltos,
pisotean con fuerza, soplan con la mano y otros intentos
artificiales de hacer caer a la bola, están más prohibidos que
meterla con la mano. Tramposos.
Con el numero 17 tenemos la regla que habla de la bandera. No,
no se trata aquí de banderas patrias, ni nada por el estilo. La
bandera en el golf tiene poco de sentimental, es más, anda por el
suelo cada dos por tres, y queda, pobrecita mía, hecha unos
zorros. Pero, bueno. La utilidad se le reconoce, y mucho. Desde la
distancia, la bandera nos indica donde esta el hoyo, hacia donde
sopla el viento en el green y algunas veces si el hoyo y ella misma
esta delante, atrás, o en el centro del green. El libro de las reglas
nos dice que la bandera, y por extensión su mástil, no puede ser
tocado por la bola una vez entremos en green. Si tocar la bandera
desde fuera de green suele ser indicador de un gran tiro, desde
green nos puede traer problemas, así que este donde este la
bandera, mejor no golpearla con la bola si estamos pateando.
Las reglas 18 y 19, nos hablan del movimiento involuntario de la
bola. También nos describen qué forma parte del equipo del
jugador, y qué es causa ajena. Estos dos principios, delimitan la
responsabilidad de mover, tocar o influir en la bola de forma
accidental. Para que nos entendamos, si le damos bastonazo a la
63
bola y esta rebota contra nuestra bolsa de palos, la ley nos
castigara. Si el mismo golpe, abre la cabeza del árbitro, la ley nos
ignorará, más que nada porque el árbitro es causa ajena, y
nuestra bolsa, parte de nuestro equipo. Una vez, cuando
empezaba a jugar, en un torneo, salio de entre las matas un
mozalbete que había visto mi bola desde un sendero que
bordeaba el campo. En un visto y no visto, desaparecieron bola y
chaval. Mi cabreo fue mayúsculo, en parte porque era el tee del
uno y mi bola solo tenía un solo golpe de antigüedad, y en parte
porque el capullo que me marcaba, era un listillo que aseguraba
que debía repetir el golpe. Dado que ese primer golpe había sido
excelente, pedí la presencia de un árbitro. Como de árbitros
andábamos escasos y se estaba produciendo una aglomeración
de jugadores, me obligaron a jugar de nuevo desde la salida. Por
supuesto que la repetición fue lamentable. Suerte que a alguien
se le ocurrió sugerir que también jugara otra bola, ésta dropada
desde la zona donde el chaval había cogido mi primera bola. Una
vez embocadas las dos bolas, apareció el juez, que dio por valida
la primera bola, ya que el chaval, era causa ajena del juego.
También era causa ajena mi marcador, ajenado del todo, a quien
desde ese día, he tenido un cariño especial.
Siguiendo con la regla 20, diremos que ésta nos alecciona sobre
el bello arte de dropar y de aliviar. Si uno quiere saber como
aliviarse, debe leer la regla 20. No es lo mismo aliviarse detrás de
una encina, que tras unas cañas. Aliviarse con o sin papel. Lo
mejor es venirse a jugar aliviado del todo, ya que no siempre
encontraremos las condiciones ideales en el campo. Aun así, si
nos vemos en la obligación de hacerlo, aquí os cuento las cuatro
líneas básicas. El jugador puede dropar, colocar, y/ó reponer la
bola, en determinadas circunstancias. Fundamentalmente esa
posibilidad se ofrece al jugador cuando su bola reposa en lugares
donde por causas ajenas al juego y al campo, realizar el siguiente
golpe tal como reposa representaría una injusticia. Es el caso de
la "regla de invierno" donde se permite colocar la bola en calle,
debido al mal estado de la hierba. Otros casos son cuando un
elemento artificial, impide nuestro golpe o dificulta nuestra
colocación. Así mismo debemos dropar cuando vamos a un
64
obstáculo de agua, cuando perdemos la bola, y cuando se declara
injugable, entre otras situaciones. Colocar la bola, difiere de
dropar, en que cuando colocamos, lo hacemos con la mano,
directamente en el suelo. Al dropar, debemos dejarla caer desde
la altura de los hombros con el brazo extendido. Reponer la bola,
es lo que hacemos en el green, o sea, la marcamos, la
levantamos, la limpiamos, y finalmente la reponemos en el mismo
punto donde estaba. O dos dedos más alante, en el caso de
Valiente.
Precisamente de limpiar la bola, habla la regla 21. Quien no ha
visto alguna vez su bola fantásticamente colocada en calle, lista
para el siguiente golpe, pero con un pegote negro de barro justo
donde debemos dar el golpe. Lo primero que haces, es mirar a
derecha e izquierda, a ver si eres objeto de atención por parte de
tus compañeros. El diablillo que llevamos dentro nos dice,
empújala un poco capullo. Solo con dar un cuarto de vuelta para
cualquier lado, el pegote ya no molestaría. Pero, no. No te
atreves. Lanzas la pregunta del millón: ¿Sabéis si se coloca?
Evidentemente, estamos en julio, y no, no se coloca. Como que
las reglas te permiten levantar una bola previamente marcada,
para identificarla, o comprobar su estado, o para no interferir en el
juego de otro compañero (regla 22), algunos, a pesar de la
prohibición expresa de limpieza, simplemente al reponerla le dan
un simple giro de 90 grados, con lo que el pegote ya mira a las
antípodas. Pero vamos, malo si te ven marcar una bola en medio
de la calle. Como si no hubieras visto que es la tuya. A los que
buscan ventajas en el campo se les ve a la milla, y no es
precisamente simpatía lo que despiertan. Solo podemos limpiar la
bola en el green y en determinadas circunstancias, y creanme,
tampoco influye tanto como parece el pegote de las narices.
Regla 23. Impedimentos sueltos. Bonita frase. La preferida de
algunos. Los impedimentos son cosas que podemos retirar de
nuestro camino, vamos, del camino de la bola. Se definen como
pequeños objetos naturales como piedras, ramas, hojas, insectos
y similares. Algunos jugadores suman a la lista, cualquier cosa
que les moleste, incluida arena, tierra, chuletas y cualquier vegetal
vivo de menos de un palmo, que es pisado, o arrancado
65
directamente. Oye Valiente, que no puedes arrancar esa mata,
gritas. Como que no, si está suelta, te dice con la mata en la
mano. Todo lo considerado impedimento suelto, puede retirarse
de nuestra línea de juego. Cosas como la arena, o montoncitos de
tierra no son impedimentos sueltos, excepto en el green, donde
podrán ser retirados. Como curiosidad las reglas nos hablan en
este punto de que el hielo manufacturado, no es impedimento
suelto, si no que se considera una obstrucción. Como que de esta
ultima también nos podemos aliviar, no vale la pena ir dejando
cubitos de hielo para perjudicar al contrario.
Precisamente es la regla 24 la que define las diversas formas de
obstrucción. Si el impedimento tiene raíces naturales, la
obstrucción las tiene artificiales. De obstrucciones las hay
movibles e inamovibles. Las movibles pueden ser, a parte de
cubitos de hielo, carretillas, bancos, automóviles, maquinaria, o
una bolsa de palos, dentro de la cual me quedo una bola en el
2001. Lanzaba yo a green en el hoyo 18 de Vallromanes, cuando
mi bola, demasiado palo, golpeo violentamente en el soporte que
llevan los carritos de golf para llevar la tarjeta, y con una parábola
perfecta se introdujo en la bolsa de palos de un jugador que había
terminado ya su recorrido. Suerte que ese día teníamos la
presencia de un arbitro, porque dudo que nadie hubiera sabido
que hacer. Las obstrucciones inamovibles son igualmente
artificiales, pero fijas. Vallas, bancos, cajas de ahorro, aspersores,
carreteras y bordes de camino artificiales, etc. Tanto si se mueve
como si no, la obstrucción nos permite aliviarnos, una moviendo la
propia obstrucción, otra moviendo la bola. Si te queda dentro de la
obstrucción, como mi caso, se coge la bola se retira la
obstrucción, y se repone la bola en el suelo. Eso si, la obstrucción
inamovible debe impedirnos la colocación, o el propio golpe, no
vale decir que la valla de publicidad que tenemos a 100 metro nos
molesta. Eso lo podremos hacer cuando seamos profesionales.
Regla 25. La regla 25 nos habla de fenómenos extraños.
Situaciones anormales con resultados anormales. ¿Que pasa
cuando por culpa del barro mi bola desaparece tragada por la
tierra? ¿Y si la lluvia ha dejado charcos a lo largo del campo?
Estas y otras situaciones son contempladas por esta regla. Y
66
como en todas, la gente las usa para desmarcarse un poco de sus
competidores. Algunos ventajistas, cuando notan el terreno un
poco húmedo, aprovechan la más mínima oportunidad para
aliviarse por "agua accidental". Otros, intentan convencer a su
marcador, que aquel hoyo que le molesta para el swing es
producto de un animal de madriguera, extremo contemplado por
la regla, y no un hoyo natural del campo. Aún así, esta regla es
muy útil para solucionar problemas con el mal tiempo, que donde
inventaron esto del golf, tenían mucho.
La siguiente en el libro de reglas es la 26. Aquí nos explican las
particularidades del obstáculo de agua. Bajo este topónimo se
encuentran, lagos, charcos, océanos, embalses, ríos, pantanos,
arroyos y cualquier otra zona que decida el club, tenga o no tenga
agua. Se diferencian dos tipos de obstáculo de agua, el frontal y el
lateral. Su diferencia es que en uno puedes dropar por donde ha
entrado la bola, y en el otro debes dropar detrás del obstáculo. O
sea que es más jodido el frontal. Este se delimita por estacas
amarillas, y el lateral con rojas. En ambos casos se puede, a parte
de dropar, jugar la bola dentro del obstáculo. Si tiene agua lo
tendremos mal, pero siempre hay un valiente que se descalza y
que intenta sacar esa bola que tiene un palmo de agua porque lo
vio en la tele y allí la sacaron a la primera. Después de tres golpes
y de chorrearle hasta el carné de identidad, se rinde y la dropa a
dos palos. Existe una extraña ley que hace que cuando mandas
una bola al agua, la siguiente se solidariza y también va al agua.
Si eliges una tercera, sigue teniendo ese sentido corporativo, y así
hasta que dejas las Pro-Uves de a 6 la pieza y coges la
Boomerang, hay que joderse ponerle ese nombre a una bola de
golf. La bola mala nunca va al agua. Pero mi amigo Carlitos, no
quiere creerlo, y es la alegría del buzo coge-bolas.
Peor es el fuera límites, que ahí no se dropa, si no que se repite el
tiro y ya estas de tres. De eso y de perder bolas nos habla la regla
27.
Como dice su nombre estar fuera de límites es estar en la nada,
en el limbo. No sirve, no hay nada que hacer. Todo el perímetro
del campo esta delimitado por unas horribles estacas blancas, y
en su defecto con muros o alambradas que lucen sus pinturas de
67
guerra, todas con el blanco de protagonista. Casi siempre ir fuera
límites, es sinónimo de perdida de bola, o lo que es peor, de 5
minutos de rastrear matorrales, acantilados o campos de patatas
para ayudar al infeliz a recuperar su bola. Independientemente de
que se pueda encontrar, el fuera límites siempre comporta
obligatoriamente la repetición del tiro con un golpe de penalidad,
vamos, que perdemos golpe y distancia. Podemos asegurar que
es la situación que más miedo da de todas las que se producen
en un campo de golf. Algunos campos tienes más zonas de fuera
de límites que otros, y en el mundo profesional, raramente
encontramos esos límites. En parte porque juegan en campos
más grandes, en parte porque se quejan y les cambian el apellido
al limite, en parte porque el publico hace de barrera humana que
aprieta pero no ahoga.
Otra situación que jode mucho y que también se contempla en
esta regla es la perdida de bola. No hay nada más frustrante que
ver claramente que nuestra bola ha ido a la zona de arbustos
bajos, y que al llegar allí no demos con ella. A veces parece que
las muy zorras se escondan de nosotros. Y era buena, dice el
infeliz dueño, como alentando a sus compañeros a que no
abandonen la búsqueda. En todo caso, las reglas no nos permiten
buscar más allá de 5 minutos, pero muchos de nuestros
compañeros de partido no invertirán más de un par de minutos en
ayudarnos, y si la zona de pérdida es de fuerte subida o bajada, ni
eso. Si perdemos la bola, debemos repetir el tiro desde el punto
donde la jugamos por última vez, excepto cuando la hemos
perdido en un obstáculo de agua. También se contempla en la
regla veintisiete, la figura de bola provisional. Esta la podemos
jugar siempre que tengamos dudas de que nuestra primera bola
pueda estar perdida o fuera de límites. También la usamos para
realizar golpes de prueba. Es decir, tienes un golpe de cine para
llegar de dos en el par cinco, tienes que sobrevolar un lago y tres
bunkers. Ante la imposibilidad de éxito jugamos un hierro 8 a
colocar. Tan pronto como ha aterrizado la bola, anunciamos
nuestro deseo de jugar una bola provisional, por si hemos perdido
la primera. El novato que juega por vez primera con nosotros nos
mira atónitos y nos dice: Pero, pero, si su bola esta en medio de la
68
calle. ¿Que dices? le dices. Me parece que te confundes. Y le
arreas a la madera 3 con una bola de recuperación para probar si
algún día te saldrá el golpe de tu vida. De momento no. Ha ido al
agua. Renuncias a jugar más provisionalidades y te diriges a tu
bola buena, que sigue esperándote tranquilamente. El novato
empieza a entender que te gusta probar ese golpe, y que la
formula de hacerlo es esa.
Regla 28. Bola injugable. En cualquier momento podemos
declarar que una bola es injugable. Únicamente contará nuestra
opinión en ese sentido. Si estamos a tres dedos del hoyo, a punto
de embocar y decidimos dar la bola como injugable, tenemos
derecho a hacerlo. El unico lugar donde no podemos declarar
nuestra bola inútil es en el obstáculo de agua. Pero ¿para qué
declarar un bola injugable? Pues muchas veces es un ahorro de
golpes importante. Imaginemos que nuestra bola ha ido a parar a
una zona de densos arbustos bajos. Tenemos la seguridad de
que estaremos dando palos dos horas y la bola no saldrá de la
mini selva. Entonces, antes de dar el primer golpe, declaramos la
bola injugable y bajo un golpe de penalidad podremos dropar la
distancia de dos palos, hacia una zona más limpia. Vamos, es
como hacer un cortafuego, perdemos un golpe, pero sabemos
que la sacaremos a la primera. Para el bunker tampoco vale,
excepto si nuestra decisión se basa en repetir desde el punto
donde dimos el ultimo golpe.
De la regla veintinueve hasta la treinta y dos, el reglamento nos
habla de diversas modalidades de juego, como el Threesomes, el
Foursomes y diversas variantes de Match Play y juego por
grupos.
La penúltima regla, eso es, la 33, especifica el ámbito de
actuación, y responsabilidades del comité de competición,
máximo órgano disciplinar en cualquier campeonato. Aún así, el
comité no tiene potestad para incumplir o excluir ninguna regla de
golf. Otra cosa es la aplicación de las reglas locales, aunque estas
deberán seguir el criterio de la autoridad rectora del país, en este
caso de la federación de golf.
Finalmente, la última regla hace referencia a reclamaciones,
disputas y decisiones. Vamos, al departamento de justicia del golf.
69
El árbitro, si ha sido designado por el comité de competición, es la
máxima autoridad sobre el campo, siendo sus decisiones
definitivas. O sea que cuidadín con los jueces en el campo. Vale
más darles un traguito de agua cuando aprieta el calor, que
discutir con ellos y hacernos los enterados. Si no existe arbitro, es
el comité de competición el que tiene la última palabra. Solo si
este no se pronuncia o no sabe pronunciarse, el problema puede
llegar a instancias más altas. De todas formas, cada año hay
cuestiones que dada su compleja forma de entenderlas, provocan
discusiones y reclamaciones a las más altas instancias
normativas del país.
A estas 34 reglas, se le suman unos cuantos apéndices donde se
contemplan diversos temas como las reglas locales y condiciones
de la competición, además de diversas modificaciones a las
reglas en si que se van produciendo año tras año. Por ejemplo
antes no podías embocar con el putt mientras sostenías la
bandera en la mano y esta se apoyaba en el suelo. Ahora ya si
puedes hacerlo. Poco a poco, las antiguas reglas del golf se van
modernizando, van dejando de lado siglos de inmovilismo y se
adaptan a los nuevos tiempos. El sentido común aún nos dice que
queda algún ejemplo de inoperancia, como que no puedas
arreglar unas marcas de clavos en el green, o que puedas
penalizar por tocar con tu bola la bolsa de palos. Leyes todas ellas
confeccionadas hace mucho tiempo y que conviene ir poniendo al
día.
70
VIII – Diccionario canalla
Agua accidental: Liquido no previsto en el plano y que molesta.
Algunos la ven incluso con los ojos cerrados, y por supuesto
dropan. Si se te tumba la cerveza, ésta pasa a convertirse
milagrosamente en agua accidental.
72
Bandera: Cada green tiene una y algunos dos. Generalmente
dispone de un mástil para que se vea de lejos. Aunque a la
mayoria no les sirve de nada verla ni a 5 metros.
Bola Vieja: Bola valiente. Suele tener que afrontar los peores
golpes y las situaciones con más riesgo. Sus marcas demuestran
que ha pasado por muchos greenes y por muchos bunkers. Bola
de jugador bueno. Bola de jugador agarrado. Bola de jugador
pobre.
Bola injugable: Bola que esta en tan mala situación que hay que
tener dos dedos de frente y declararla injugable. Si nos las damos
de Tiger y queremos hacer milagros con nuestro hierro siete,
estaremos dando palos hasta que se ponga el sol. Para algunos,
cualquier clase de bola.
75
Chip: Patata que te sirven en la casa club y que debería ser
crujiente y sabrosa. 2-Pequeño golpe cerca del green que suele
preceder a otro pequeño golpe cerca del green. Golpe que
después de darlo te hace recordar que tienes un putter. Si lo
metes te conviertes por unos minutos en el rey del mambo.
76
discute cuando le dices que has hecho par, y te recuenta los
golpes y el muy desgraciado te demuestra que has hecho bogey.
77
para alcanzar la máxima distancia con el driver, o con cualquier
otro palo.
78
Fairway: Zona que conviene coger en los golpes de salida. En
cristiano es coger calle, o sea ni bunkers, ni Rough, ni otras
zarandajas. Con su traducción literal tenemos bastante para
entender que es por donde debemos ir siempre. En caso de
colocarse, únicamente se coloca ahí. Los premios al drive más
largo solo se dan si la bola no sale del Fairway.
82
Obstáculo de Agua lateral: Riachuelo en el que
afortunadamente pocas veces hay agua, pero del que salen unas
matas de metrodiez que esconden toda la fauna que salió en su
día en El Hombre y la Tierra. Puede ser enorme, de hecho me
consta que el océano pacifico es obstáculo de agua lateral de
muchísimos campos de Estados Unidos. Suerte que al tener
estacas rojas podremos dropar a dos palos de donde ha salido la
bola, y así nos evitaremos tener que ir a dropar al Japón.
Pitch: Palo que sigue al hierro nueve. Con este palo en la tele
dejan la bola dada desde 100 metros. Con este palo algunos
dejamos la bola a 100 metros de donde estaría dada. Hierro que
junto al putter forman el conjunto de palos necesario para jugar la
modalidad de Pitch&Putt.
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Swing: Movimiento fundamental para la practica del golf. De
ejecución extremadamente compleja. Movimiento del palo para
golpear la bola o ensayar el tiro. Arte de hacer efectivo un
movimiento diabólico. Arte de hacer elegante un movimiento
efectivo. Cosa que se pierde fácilmente. Cosa que se recupera
difícilmente.
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IX – No te rías que es peor
Poca fe
Un hombre jugaba solo al golf en una tarde de primavera y se
dispone a afrontar un espectacular hoyo 3 donde destacaba una
impresionante laguna de más de 150 metros. Al ver el peligro
nuestro hombre guarda su bola nueva en la bolsa y saca una vieja
bola llena de arañazos colocándola en el tee. Cuando estaba
preparándose para hacer un swing de práctica, siente una voz
desde las alturas que le dice " hombre de poca fe, guarda la bola
vieja y pon la nueva sobre el tee". El hombre extrañado, mira
hacia arriba y obedece. La voz sigue diciendo, "haz un swing de
prácticas", el hombre obedece y hace un swing de practicas. La
voz finalmente dice, “sabes qué, mejor vuelve a poner la bola
vieja”.
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Pecado
Después de ir a la iglesia un domingo, uno de los fieles se acerca
al cura y le pregunta, ¿Padre, es pecado jugar al golf los
domingos?
Hijo, dice el cura, poniendo su mano en el hombro del muchacho,
precisamente te vi el otro día jugando al golf, y es un pecado que
juegues cualquier día.
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Golf celestial
Eran dos abueletes enamorados del golf que hacen un pacto para
que el primero que muera comunique al otro si existen campos de
golf en la otra vida. Después de unos meses muere uno de ellos.
Pasan las semanas y evidentemente no hay noticias del fallecido.
Pero una noche, mientras dormía en la cama, el viejo vivo tiene
una aparición. Su compañero, vestido completamente de golfista
le llamaba. Mi querido amigo, tengo buenas y malas noticias para
ti. ¿Ah, si? Cuenta, cuenta, empieza por las buenas. Las buenas
son que efectivamente, hay fantásticos campos en el cielo. La
mala noticia es que tenemos salida mañana a las 8.
Cariño
Una mujer le pregunta a su marido,
-Pepe, si yo muriera, ¿te casarías de nuevo?
-Si, supongo que si
-¿Y ella viviría en mi casa?
-Pues, seguramente
-¿Y dormiría en mi cama?
-Mujer, es posible
-¿Y guardaría su ropa en mi armario?
-Seria lógico, ¿no?
-¿Y conduciría mi coche?
-Podría ser
-¿Y usaría mis palos de golf?
-No, eso no creo
-¿Por qué no? - Pregunta emocionada.
-Porque es zurda
Castigo divino
Era un cura al que le encantaba jugar al golf, pero apenas tenia
tiempo para ello. Un sábado por la mañana se levanta y decide
jugar, así que llama al obispo y le dice que tiene un ataque de
laringitis y que no puede dar misa. El obispo le dice que se tome
unos días de descanso. El cura coge sus palos y se va al campo.
Se va al primer hoyo, asegurándose de que nadie lo ve. Golpea la
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bola con su madera 3. Le sale un golpe perfecto, La bola sale
recta como una flecha, cae antes del green y va rodando hasta
meterse en el hoyo. El cura empieza a dar saltos de alegría dando
gracias a Dios y gritando aleluya.
Va al segundo hoyo y le ocurre lo mismo. Mete la bola de un
golpe. El cura no se lo puede creer, mientras mira a todos lados.
Mientras, Dios y San Pedro lo observan desde las puertas del
cielo.
Señor, dice San Pedro, este sacerdote ha roto todos los votos de
su congregación y ha caído en el vicio, y encima lo premias. ¿Por
qué?
Dios sonríe y dice:
-Lo estoy castigando
San Pedro lo mira confuso,
-No entiendo, dice.
-Mira, en cuanto acabe de jugar, habrá hecho 18 hoyos en uno,
¿crees que podrá ir a contárselo a alguien?
Pesada carga
Un hombre llega a casa un sábado por la tarde, después de jugar
al golf. Según llega se mete en la cama y no se despierta hasta el
día siguiente a las 3 de la tarde. Su mujer le pregunta por qué
está tan cansado. El le contesta, Bueno, ¿te acuerdas de
Domingo, mi compañero de golf?, pues le dio ayer un infarto en el
hoyo 4.
-¡Eso es terrible! dice ella.
-Y que lo digas, dice él, los catorce hoyos siguientes fueron drive,
arrastrar a Domingo, hierro 8, arrastrar a Domingo, putt, arrastrar
a Domingo...
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más tarde terminan el recorrido. Más tarde, en la cafetería se
acercan amenazadoramente a los cuatro que les habían hecho ir
tan lentos. El director del club ve la escena e interviene:
-Qué van a hacer, ¿no se dan cuenta de que estos cuatro
hombres son ciegos?
Tras escuchar esto, los cuatro se sienten ridículos y tratan de
arreglar la situación.
-Lo siento, dice el primero, yo pagaré sus green fees.
-Y yo pagaré sus carritos, dice el segundo.
-Yo les invitaré a lo que quieran, dice el tercero.
-¿Y usted? ¿No dice nada?, le pregunta el director a Willy.
-¡Al diablo con ellos! Podían haber venido a jugar de noche.
Perrito piloto
Un hombre y su amigo están jugando al golf. El amigo, que lleva
consigo un perro pequeño tiene un putt de 2 metros y lo mete, el
perro se pone a dar saltitos sobre sus patitas traseras.
El hombre, asombrado, dice:
-Oye, ese perro es increíble.
-Si, siempre lo hace cuando meto un putt, dice el amigo.
- Asombroso, ¿Y si lo fallas?, pregunta el hombre
-Si lo fallo da volteretas.
-¡¡No me digas!! ¿Y cuantas volteretas da?
-Bueno, depende de la patada que le dé
Genio
Una pareja de golfistas están jugando una tarde en un exclusivo
campo, rodeado de lujosísimas mansiones de millones de euros.
En el hoyo 3, el marido le dice a la esposa: -Querida, ten cuidado
cuando golpees, porque si rompes una ventana nos puede costar
una fortuna.
La esposa golpea y la pelota vuela hasta partir en mil pedazos el
ventanal más grande de la casa más lujosa de la urbanización.
El esposo refunfuñando se dirige a la casa, toca la puerta y una
voz desde adentro le dice:
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-Adelante...
El hombre abre la puerta y mira que hay vidrio esparcido por toda
la casa y una botella rota a un lado del salón. Un hombre,
elegantemente vestido, sentado en un sofá les dice:
-¿Son ustedes los que han roto mi ventana...?
-Sssii..., en realidad lo sentimos mucho.
Bueno, la verdad me han hecho un favor... soy un genio que he
estado atrapado en esa botella más de mil años, por lo que estoy
dispuesto a conceder tres deseos, pero como son dos, haremos lo
siguiente:
Les voy a dar un deseo a cada uno y el otro me lo guardo para
mí...
A ver ¿que deseas...? Le dice al hombre...
-Quiero un millón de euros al mes el resto de mi vida.
-Dalo por hecho, responde el genio, a partir de mañana recibirás
la primera transferencia; ¿y tu...? Le dice a la mujer.
-Quiero tener una casa en cada país del mundo.
-Es lo menos que puedo hacer por ti, a partir de mañana te
llegaran los títulos de propiedad de las casas.
-Bueno y usted que desea, pregunta el hombre al genio.
Miren, yo he estado atrapado en esa botella más de mil años y en
todo ese tiempo no he mantenido relaciones con ninguna mujer,
por lo que mi deseo es acostarme con su esposa...
Se quedan mirando el uno al otro y finalmente el marido dice:
Bueno, por un millón de euros mensuales y todas esas casas, yo
creo que podemos hacer una excepción ¿no crees?...a mi no me
importaría...
El genio se lleva la esposa a la habitación principal y después de
hacer el amor durante dos horas, le pregunta a la mujer:
-Por cierto, ¿que edad tiene tu marido...?
-35, ¿por qué...?
-Porque parece mentira que con 35 años, todavía existan capullos
que creen que los genios existen...
Abuelete
Un Octogenario, que era un golfista muy habitual, se mudó a otra
cuidad y según llegó, lo primero que hizo fue asociarse al campo
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de golf local. Inmediatamente se dirigió a jugar, pero le decían que
nadie podía jugar con él porque todo el mundo estaba ya en el
campo de juego. El insistía que quería jugar con alguien.
Finalmente, el Pro del club le dijo que jugaría con él y que cuántos
golpes quería que le diera de ventaja para hacer una apuesta. El
hombre de 80 años dijo, "No necesito golpes de ventaja, ya que
llevo un tiempo jugando bastante bien. El único problema que
tengo es salir de los bunkers".
El abuelo juega de cine y ambos llegan al tee del 18 empatados y
al par del campo. El pro puso su drive en calle y con el siguiente
golpe se puso en green, con lo que tenía dos putts para el par del
hoyo. El anciano también puso el drive en la calle, pero su
segundo golpe se fue al bunker de al lado del green. Jugó desde
el bunker, la bola se elevó limpiamente y cayó a plomo dos metros
pasada bandera, con un back-spin infernal, la bola retrocedió y se
coló en el hoyo golpeando el mástil. Birdie y partido ganado. El
Pro se acercó al bunker, donde aún estaba su oponente. Le dijo,
"Un bonito golpe, pero creía que había dicho que tenía problemas
para salir de los bunkers". "Y los tengo. Por favor, ¿me das la
mano?”
Pecera
Un hombre se encuentra en el salón de su casa, practicando
chips elevados con su sand-Wedge desde una alfombra, mientras
la asistenta está limpiando.
Primer tiro y la pelota que cae en una pequeña pecera que hay
sobre un estante. Segundo tiro y pluc! a la pecera. Tercer tiro,
igual.
La chica lo mira y asombrada le dice: ¡¡¡Señor, qué buena
puntería!!!
A lo que el golfista responde: Cállese, llevo tres tiros y no hay
maneras de pasar el puto lago.....
Hormigas
Un golfista pega un drive que va a aterrizar justo en lo alto de uno
de esos hormigueros que tienen la entrada en forma de montaña.
En vez de mover la bola, decide jugarla como estaba. Hace un
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swing bastante malo. Levanta nubes de polvo, arena y hormigas,
pero la bola, inmóvil sobre el hormiguero. Así que vuelve a
colocarse y realiza otro golpe. Vuelve a lanzar nubes de polvo,
arena y hormigas. La bola de golf ni se inmuta. Dos hormigas
sobrevivieron. Una le dijo a la otra: "¡Vaya!, ¿Y ahora qué
hacemos?". Y la otra le respondió: "No sé tú, pero yo me voy a
subir ahora mismo a la bola".
Princesa
Un hombre golpea su bola y la envía al borde de un lago. Cuando
llega a recogerla se encuentra una rana sentada encima de ella.
Como podía golpear la bola ya que ésta sólo rozaba el agua
intentó quitar a la rana de su bola. Al ir a hacerlo la rana dijo:
"Bésame y me convertiré en una preciosa mujercita que
permanecerá contigo el resto de tu vida". El hombre puso la rana
en su bolsa de golf y golpeó la bola. Cuando iba a hacer su golpe
de drive en el siguiente tee escuchó a la rana decir, "Señor creo
que no me ha entendido, he dicho que si me besaba me
convertiría en una preciosa mujercita que permanecería con usted
el resto de su vida". El hombre se volvió y le dijo a la rana, "Lo
siento preciosa, pero a mi edad prefiero una rana que habla".
Lenguaje soez
Un hombre estaba jugando solo detrás de un grupo de tres
mujeres en un fin de semana que había mucha gente en el campo
de golf, por lo que el juego iba lento. Cuando el hombre llega al
siguiente tee las tres mujeres están a punto de salir y él las
pregunta si las importaría que se uniese a ellas para acelerar un
poco el juego. Todas están de acuerdo en que es una buena idea
formar un grupo de cuatro. Todos hacen buenos golpes de salida
y andan hacia sus bolas. Las tres mujeres hacen su segundo
golpe a green y el hombre envía su bola al bunker y maldice
"MIERDA". Entonces una de las mujeres le oye y le dice que no
está dispuesta a tolerar ese tipo de lenguaje. El hombre se
disculpa y terminan el hoyo. En el siguiente tee la mujer que le
regañó hace su golpe de salida y le sale un poco hacia la
derecha. Parece que la bola se va a quedar en la calle pero
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golpea en un árbol y sale rebotada hacia dentro del bosque.
Entonces ella gritó "MIERDA" y empezó a pasear por el tee hecha
un obelisco. El hombre, viendo todo esto, la dice "creía que no
toleraba ése tipo de lenguaje". Ella se volvió y le dijo "Tu bola no
golpeó en un PUTO ARBOL".
Bolas
Un golfista, al terminar su ronda de golf, se da cuenta de que su
coche se ha roto y decide volver a casa en autobús. Se sienta al
fondo del autobús, con sus bolsillos llenos de bolas de golf, al lado
de una ancianita. La ancianita le miraba sorprendida a sus
hinchados bolsillos con expresión de duda. Finalmente, después
de muchas miradas él la dijo, "Son bolas de golf". Ella
rápidamente le contesto, "Que horror, ¿Y duelen tanto como el
codo de tenista?".
Bolazo
Una mujer salió del tee del dos, y vio con horror como la pelota se
dirigió directamente hacia unos hombres que jugaban en el
siguiente hoyo.
La pelota golpeo a uno de los hombres quien de inmediato juntó
ambas manos en su entrepierna, y cayo al suelo rodando
"agonizante".
La mujer corrió hasta donde estaba el hombre e inmediatamente
comenzó a pedir disculpas, le explico que era doctora y le ofreció
su ayuda para calmar el dolor.
- Por favor, déjeme ayudarlo. Soy doctora y se como aliviarle el
dolor si usted me lo permite.
- "Ouch, auuuu, noooo. Tranquila... el dolor se me pasara en unos
minutos." Contesto el hombre mientras permanecía en posición
fetal tirado en el césped y con las manos en su entrepierna.
Ella insistió hasta que finalmente el le permitió ayudarlo; ella
gentilmente le separo las manos y lo acostó a su lado, le
desabrocho los pantalones, y le bajó los calzoncillos.
- ¿Dónde le duele exactamente? -preguntó la dama-
- Verá, la bola me ha golpeado entre el índice y el pulgar -contestó
el hombre, levantando la mano.
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Luna de miel
Una pareja estaba en su luna de miel, a punto de consumar su
matrimonio, cuando la mujer le dice a su marido: Tengo que
hacerte una confesión, No soy virgen.
El marido dice: Eso no importa en estos días.
La mujer continúa: Sí, he estado con otro hombre.
El marido: Ya, ¿y quién es ese hombre?
Ella dice: Tiger Woods.
El: Tiger Woods, ¿el golfista?
Ella: Sí.
El marido dice: Bueno, él es rico, famoso y bien parecido.
Entiendo por qué te acostaste con él.
Entonces, marido y mujer hacen el amor apasionadamente.
Cuando han terminado, el marido se levanta y se dirige al
teléfono.
"¿Qué haces?" le dice la esposa.
El marido le dice: Tengo hambre, voy a llamar al servicio de
habitaciones para pedir algo de comer.
Ella le dice: Tiger no habría hecho eso.
El le contesta: ¿Ah no? ¿Y qué habría hecho Tiger?
Ella: Habría vuelto a la cama y me lo habría hecho una segunda
vez.
El marido cuelga el teléfono, vuelve a la cama y le hace el amor a
su esposa por segunda vez.
Cuando han terminado, él se levanta y se va al teléfono.
"¿Qué haces?" le dice la esposa.
El marido le dice: Aún estoy hambriento, voy a llamar al servicio
de habitaciones para pedir algo de comer.
Ella le dice: Tiger no habría hecho eso.
El le contesta: ¿Ah no? ¿Y qué habría hecho Tiger?
Ella dice: Habría vuelto a la cama y me lo habría hecho otra vez.
El marido cuelga de un golpe el teléfono, vuelve a la cama y le
hace el amor a su esposa una vez más.
Cuando han terminado, él está cansado y dolorido. Se arrastra
hacia el teléfono y empieza a llamar.
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Su mujer le pregunta, ¿Estas llamando al servicio de
habitaciones?
"¡No! Estoy llamando a Tiger Woods para averiguar cuál es el par
de éste hoyo...
Excusas
Los cuatro miembros de una partida de golf estaban comparando
lo que tenían que hacer para conseguir que sus mujeres les
dejaran ir a jugar los sábados por la mañana.
Uno decía: "Yo tengo que comprarle a mi mujer alguna cosa de
joyería cada año.
Otro dijo: Yo tengo que comprarle un coche nuevo cada año.
El tercero dijo: Yo tengo que llevar a mi esposa a Europa todos
los años.
El último exclamó: ¡Con mi esposa es más sencillo! Yo sólo me
levanto cada sábado por la mañana y la pregunto, bueno cariño,
¿juego en el campo de golf o jugamos dentro de casa? Ella
siempre contesta, "llévate el jersey cariño que hace frío fuera.
Tres deseos
Una partida de cuatro jugadoras llega a un par 3 y la primera
jugadora hace un hole in one. Cuando llega al green y coge su
bola del hoyo aparece un genio. El genio la felicita por el hoyo en
uno y le dice que puede pedirle tres deseos con la condición de
que todo lo que pida le será concedido también a su esposo
multiplicado por dos. La jugadora acepta y le pide al genio 1.500
millones de euros. El genio le dice: concedido, y tu esposo recibe
3.000 millones de euros. La mujer asiente.
Como segundo deseo la mujer le pide ser una gran golfista. El
genio acepta y le dice que siempre que juegue al golf con su
marido el la ganará. La mujer asiente.
Ahora el genio dice: Este es tú tercer y último deseo, por lo que te
aconsejo que lo pienses con detenimiento. La mujer no duda y le
pone al genio su palo de golf en las manos mientras le dice:
dame, dame un golpe en la cabeza y déjame medio muerta.
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Pecador
Un cura muere, sube al cielo y en la puerta le recibe San Pedro.
San Pedro le pregunta: ¿Qué es lo que hiciste en tu vida
terrenal?, y el cura le contesta: Era sacerdote. San Pedro le dice:
Ah, bien, puedes pasar. El cura dice: Bueno, hubo una vez que
usé el nombre de Dios en vano. Ya veo, dijo San Pedro, ¿y
cuando fue eso?
Verás, dijo el cura, Yo era jugador de golf con handicap 1 y un día
estaba haciendo un recorrido magnífico en un campeonato
cuando en el golpe de salida del hoyo 18 la bola se desvió hacia
la izquierda y fue a parar entre los árboles.
Ja, Ja, dijo San Pedro, entonces es cuando usaste el nombre de
Dios en vano. No, dijo el cura, la bola había caído en un sitio
plano desde el que veía el green, con lo que elegí el hierro 4 y
golpeé la bola hacia el hoyo. La bola voló recta hacia la bandera,
botó en el green y salió por la parte posterior entrando en un
bunker.
Ja, Ja, dijo San Pedro, entonces es cuando usaste el nombre de
Dios en vano. No, dijo el cura, Era buen jugador desde el bunker,
con lo que cogí mi Sand Wedge y saqué la bola del bunker
dejándola a 25 centímetros del hoyo.
San Pedro dijo, ¡¡¡Por Dios, no me digas que fallaste el jodido
putt!!!
Distancia
Un golfista novato sale al campo con un caddie y al acabar el
recorrido le pregunta que cuál es el problema que le ve a su
juego, a lo que el caddy le responde: Es muy sencillo, estás
demasiado cerca de tu bola, sobretodo después de dar el golpe.
Cabeza
Un joven estaba jugando con un cura.
En un hoyo corto el cura le pregunta ¿Qué palo vas a usar?, a lo
que el joven le responde, un hierro 8 padre, ¿y usted? El cura le
dice, voy a usar un hierro 7 y a rezar.
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El joven golpea su hierro 8 y deja la bola en green. El cura da un
topazo con el hierro 7 y la bola avanza solo unos pocos metros.
El joven le dice, no sé en la suya padre, pero en mi parroquia
cuando rezamos dejamos la cabeza quieta y mirando hacia abajo.
En corto
-Golfista: Usted debe ser el peor caddie del mundo.
-Caddie: No creo, señor, sería mucha coincidencia.
Topazos
Después de estar toda una ronda jugando con un novato que
topaba todos sus golpes, el profesor le indica que cree saber cuál
es su problema."¡¡¡Este campo debe estar unos tres centímetros
más bajo que el campo en el que sueles jugar!!!".
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Caddie
Un día, un golfista fue a jugar al golf. Después de estar esperando
un rato al lado del tee le pregunta al chico que está a su lado:
"¿Eres tú mi caddie?".
"Sí", le contesta el chico.
"¿Y eres bueno encontrando bolas?".
"Oh sí, ¡las encuentro todas!".
"Muy bien, pues empieza a correr a ver si encuentras una para
que podamos empezar".
Fin
Dedicado a Carlos, Albert, Willy y a una handicap 13 que me tiene loco; Maria.
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