0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas9 páginas

Evolución del Teatro en Latinoamérica

Este documento resume la historia del teatro en varios países latinoamericanos. En México, el teatro se basó en modelos europeos hasta el siglo XX cuando surgieron grupos de vanguardia. En Argentina, el teatro gauchesco se hizo popular, y luego surgieron dramaturgos realistas y vanguardistas. En Uruguay y Chile, el teatro fue afectado por regímenes militares. En Perú y Colombia también surgieron dramaturgos importantes que exploraron temas sociales.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas9 páginas

Evolución del Teatro en Latinoamérica

Este documento resume la historia del teatro en varios países latinoamericanos. En México, el teatro se basó en modelos europeos hasta el siglo XX cuando surgieron grupos de vanguardia. En Argentina, el teatro gauchesco se hizo popular, y luego surgieron dramaturgos realistas y vanguardistas. En Uruguay y Chile, el teatro fue afectado por regímenes militares. En Perú y Colombia también surgieron dramaturgos importantes que exploraron temas sociales.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

BALLET

(MOVIMIENTOS TEATRALES LATINOAMERICANOS)

México

A partir de la época colonial, el teatro se basó completamente en los


modelos europeos. A finales del siglo XVII, destacó en México Sor Juana
Inés de la Cruz, autora de Los Empeños de una Casa, comedia de enredo
con influencia de Calderón de la Barca, cuya acción transcurre en Madrid
con personajes típicos de las comedias de la época; Amor es más laberinto,
en la cual recurre a personajes de la Mitología griega, y El cetro de José y
El Divino Narciso (1688), autos sacramentales en los cuales intervienen
personajes mexicanos.

Aunque nacido en Taxco de Alarcón, Juan Ruiz de Alarcón realizó sus


estudios y su trabajo en España. Escrita bajo una concepción moral a la
manera griega clásica, su obra se diferencia de la de sus contemporáneos
en una mayor meticulosidad en la preparación de la trama y los versos, así
como en la aguda observación psicológica del carácter. En sus obras los
vicios son condenados, a diferencia de las comedias de Lope de Vega, en
las cuales el final feliz, a toda costa, es el fin perseguido. Sus personajes no
son como los de Lope, derivados de las necesidades de la trama, o
simbólicos como los de Calderón de la Barca. Ruiz de Alarcón construye la
acción a partir del carácter de los personajes, que sirve de impulso para
proyectar el mundo interior y el mecanismo de cada obra. Entre sus textos
más importantes están: Las paredes oyen (1628) y Ganar amigos (1634).

Varios años después de la independencia se reanuda una producción


dramática digna de mención. Autores importantes de este periodo
son Manuel Eduardo de Gorostiza, con su obra Contigo pan y
cebolla (1833), comedia en la que satiriza el sentimentalismo de los
románticos, y Fernando Calderón (1809-1845)con A ninguna de las tres
(1849), obra muy influida por el espíritu romántico del dramaturgo español
Bretón de los Herreros. De tal influencia, aunque trasladada a escenarios y
personajes mexicanos, surgieron autores como José Joaquín Gamboa, quien
en la década de 1920 escribió La venganza de la gleba, obra de temática
social en la que se trata la desigualdad, la opresión entre clases y el
derecho de pernada como uno de tantos abusos y formas de explotación
que los latifundistas ejercían sobre los campesinos. En 1902 fue fundada la
Sociedad de Autores Dramáticos que se interesó por organizar lecturas de
obras de autores mexicanos.
Tal circunstancia fomentó la aparición de dramaturgos que, sin embargo,
tenían que competir con el teatro llegado de España. Fue en 1928, con la
formación del grupo teatral Ulises, cuando se inició un movimiento de
vanguardia y renovación teatral encabezado por Xavier Villaurrutia y
Salvador Novo, quienes, junto con Rodolfo Usigli, se dedicaron a la
traducción de obras de importantes autores contemporáneos como Henrik
Ibsen, August Strindberg, Luigi Pirandello, Henri Lenormand, Bernard
Shaw, Antón Chéjov, Eugene O'Neill y otros muchos. Más tarde, en 1932,
se formó el grupo del Teatro de Orientación, fundado por el dramaturgo
Celestino Gorostiza, preocupado por las innovaciones escénicas. Fue este
grupo el que introdujo las técnicas de directores teatrales como Gordon
Craig, Max Reinhardt y Erwin Piscator. En la década de 1950, Salvador
Novo funda el Teatro la Capilla y presenta las obras de Samuel Beckett y
Eugène Ionesco.

Argentina

Como en el resto de los países latinoamericanos, el teatro Argentino acusó


una gran dependencia del teatro europeo (español, italiano y francés) hasta
finales del Siglo XIX. En 1886, el Circo de los hermanos Carlo encargó a
Eduardo Gutiérrez la adaptación de su novela Juan Moreira (1879) para ser
presentada como espectáculo ecuestre-gauchesco-circense. El papel
principal estuvo a cargo del actor José Podestá, quien más tarde
perfeccionó la adaptación de Gutiérrez; con esta obra se inicia el teatro
argentino basado en temas de espíritu nacional apoyados en la figura del
gaucho, que conforma todo un ciclo en la literatura no sólo argentina, sino
también uruguaya.

Las obras del ciclo gauchesco sitúan su acción en La Pampa y tratan de los
abusos e injusticias sufridos por los gauchos, la defensa de valores sociales
y los conflictos con las autoridades debidos a la desigualdad social. El
realismo se estableció con Florencio Sánchez, que, aunque nacido
en Uruguay, ganó su prestigio internacional en Argentina con obras como
Barranca abajo (1905). Samuel Eichelbaum es uno de los autores de más
fuerte personalidad en el teatro argentino de principios del Siglo XX. Llevó
la crudeza del naturalismo al teatro con una fuerza dramática excepcional
como puede apreciarse en La mala sed (1920), Un guapo del novecientos
(1940) y Dos brasas (1955). En contraposición con el realismo se sitúa el
teatro de Conrado Nalé Roxlo con comedias como El pacto de Cristina
(1943) o La cola de la sirena (1944), dramas de vuelo poético y más
cercanos al simbolismo.

Durante la década de 1930 se formó el Teatro del Pueblo, grupo teatral que
mostró gran interés por la experimentación y la búsqueda de nuevas
técnicas escénicas que dejaron a un lado el teatro de autor para centrarse
en la figura del director. Esto tuvo como consecuencia la formación de un
nuevo público, más intelectual y menos popular, interesado por la
renovación vanguardista. Surgieron entonces una serie de dramaturgos
importantes como Roberto Arlt con La isla desierta (1937), obra inquietante
acerca de la burocracia atrapada entre sus deseos y ansiedades y el mundo
cotidiano e inmóvil en que se desarrolla su actividad. Otros dramaturgos
importantes son Carlos Gorostiza, con El puente (1949), Agustín Cuzzani y
Andrés Lizárraga.

Oswaldo Dragún, muy atento a la problemática socioeconómica, utiliza una


vigorosa técnica expresionista y recursos brechtianos en obras como La
peste viene de Melos (1956) e Historia de mi esquina (1959). Griselda
Gambaro y Eduardo Pavlovski representan la renovación vanguardista
surgida a partir de la década de 1960, en la cual se alcanzó una gran
libertad de expresión respecto a los problemas sociopolíticos. Ricardo Monti
es otro de los autores tardíos destacados de este movimiento, con obras
como Los siameses (1967), El campo (1968), Una noche con el señor
Magnus e hijos (1970) e Historia tendenciosa de la clase media argentina
(1971).

El régimen militar y su censura dieron paso a obras grotescas y simbólicas


alusivas a la situación social; a este ciclo pertenecen La nona (1977), de
Roberto Cosa, y Telarañas (1977), de Pavlovski. Otros esfuerzos de
protesta contra el régimen fueron los realizados por el Teatro Abierto,
fundado en 1981, dedicado a representar obras de autores reconocidos y de
jóvenes valores, entre los que destaca Eugenio Griffero con El príncipe azul
(1982), que trata sobre los roles sociales rígidos que llevan a la traición de
los más auténticos y vivos sentimientos. Con el restablecimiento de la
democracia, la fórmula teatral imperante perdió su sentido y la escena
volvió a ser ocupada por los autores ya consagrados, como Gambaro, La
mala sangre (1982); Pavlovski, con Potestad (1985), y Roberto Cosa con
Los compadritos. A partir de 1983 han surgido nuevos nombres como Juan
Carlos Badillo, Daniel Dátola, Nelly Fernández Tiscornia, Emeterio Fierro y
Carlos Viturelo.

Uruguay

Durante las décadas de 1970y 1980 destacó la actividad de El Galpón,


grupo que se caracterizaba por el cuidadoso trabajo de dirección y la
preparación de actores. Al desintegrarse, a mediados de 1980, varios de
sus miembros afincados en México fundaron Contigo América, dirigidos por
Blas Braidot.

El régimen militar instaurado a partir de 1973lanzó al exilio a los


dramaturgos más importantes comprometidos con la situación político-
social. Tal situación paralizó casi completamente la actividad teatral del
país. Autores importantes son Jacobo Langsner, con obras como La gotera
(1973), Esperando la carroza (1974) y La planta (1981); y Víctor Manuel
Leites, con Doña Ramona (1974), que alcanzó gran éxito
en México representada por el grupo Contigo América, que realizó una
interesante propuesta escénica llevada a cabo en la planta baja de una
vivienda.
Durante la representación los espectadores se situaban en butacas
apoyadas en los muros, de tal manera que ninguno poseía el mismo punto
de visión, lo cual daba la impresión de estar asistiendo como espectador
accidental a la actividad cotidiana de los personajes. Las dictaduras
militares han afectado de diversos modos a la producción teatral
en Sudamérica: en algunas ocasiones la han hecho desaparecer; sin
embargo, en otras, su censura ha estimulado la búsqueda de nuevos
recursos dramáticos y escénicos.

Chile

Dentro del panorama teatral chileno destacan Egon Wolf con su obra Los
invasores (1964), que, escrita bajo la concepción del teatro del absurdo,
resulta ser una violenta farsa en la cual enfrenta a representantes de la
clase burguesa con la 'turba de desarrapados', carente incluso de los
recursos más elementales, que invaden sus casas. Otro de los autores
consagrados es Jorge Díaz, inscrito también en la corriente del absurdo
muy en la línea de Eugène Ionesco.

El cepillo de dientes (1960) y Réquiem por un girasol (1961) son sus dos
obras más conocidas e importantes. A principios de la década de 1970 la
creciente actividad de creación colectiva minó la creación dramática hasta
que el golpe de Estado censuró toda referencia a la realidad socio-política
chilena. Surgieron entonces varios grupos que se encargaron de la
renovación teatral. Entre los más destacados se cuentan el Teatro Imagen y
el Taller de Investigación Teatral, además de los dramaturgos Luis Rivano,
Jaime Miranda y Marco Antonio Miranda.

Perú

Es importante resaltar el trabajo del dramaturgo Sebastián Salazar Bondy


(1924-1965) con El fabricante de deudas (1962) y Rabdomante (1965). En
todas ellas aborda temas de la realidad social de su país en tono de farsa y
basado en técnicas brechtianas.

Colombia

Es uno de los países donde la actividad teatral a nivel de propuestas


escénicas de creación colectiva se ha desarrollado con más fuerza.
Destacan los trabajos experimentales de Enrique Buenaventura (La tragedia
de Henri Christophe, 1963) a la cabeza del Teatro experimental de Cali
(TEC). Otros grupos importantes son La Candelaria y El Búho. Tiene gran
importancia a nivel internacional el Festival Teatral de Manizales.

Venezuela

En este país destaca la actividad del grupo Rajatabla, así como la labor del
autor Román Chalbaud; su obra Los adolescentes (1961) es ganadora
del Premio Ateneo de Caracas; también destacan Caín adolescente (1955),
Réquiem para un eclipse (1957) y Sagrado y obsceno (1961), que
constituyen todas ellas una crítica contundente a la realidad sociopolítica
venezolana. Isaac Chocrón, quien además de dramaturgo ha destacado
como empresario teatral y como profesor universitario, formó parte, junto
con Cabrujas y Chalbaud, del Nuevo Grupo, creado a partir de 1967.

Este grupo consideraba primordial la figura del autor y la consideración al


texto dramático. Chocrón es uno de los renovadores del teatro venezolano
con obras como Mónica y el florentino (1959), Animales feroces (1963) y La
revolución (1972). Entre sus ensayos sobre teatro destacan: El nuevo
teatro venezolano (1966), Tendencias del teatro contemporáneo (1968) y
Sueño y tragedia en el teatro norteamericano (1984). La creación del
Nuevo Grupo fomentó la aparición de nuevos autores, como Elisa Lerner,
José Antonio Rial, Edilio Peña y Néstor Caballero.

Cuba

En Cuba destaca la labor de Virgilio Piñera, que con Electra Garrigó (1948)
se convirtió en el autor más importante de su país. A estas siguieron varias
obras grotescas, a la manera del teatro del absurdo, estilo que dominó toda
su primera producción y que abandonó más tarde para lograr un realismo
profundo y conmovedor a la manera de Chéjov con Aire frío (1959). Otros
autores cubanos de renombre internacional son Abelardo Estorino, con El
robo del cochino (1961), y José Triana, con La noche de los asesinos
(1966), farsa violenta y catártica en consonancia con el teatro del absurdo.
En 1968 fue fundado el grupo de Teatro Escambray, que basaba su trabajo
en técnicas brechtianas y cuya meta era lograr espectáculos de creación
colectiva con gran carga ideológica. El gran logro del teatro latinoamericano
puede ser sintetizado en la superación de las influencias culturales a las
que se ha visto expuesto constantemente, pero, sobre todo, a la
adecuación con su realidad social, para cuya transformación ha sido
instrumento puntual y constante.
ZARZUELA
La zarzuela es una forma de música teatral o género
musical escénico surgido en España que se distingue principalmente
por contener partes instrumentales, partes vocales (solos, dúos,
coros...) y partes habladas, aunque existen excepciones en las que
estas últimas, las partes habladas, están completamente ausentes. El
término «zarzuela», aplicado al género musical y teatral, procede
del Palacio de la Zarzuela, palacio real español situado en las
proximidades de Madrid y en el que se hallaba el teatro que albergó
las primeras representaciones del género.
De una manera reductora y errónea se ha asimilado la zarzuela a
la opereta, género de origen francés, principalmente por contener
partes habladas o declamadas, pretendiendo así que «la zarzuela es
la opereta española». Pero la zarzuela es históricamente muy anterior
y esa característica ya se encontraba en otros géneros europeos,
también muy anteriores a la opereta y no necesariamente anteriores
a la zarzuela. En realidad en ese sentido la zarzuela sería más bien el
equivalente español del opéra-comique francés o
del singspiel alemán. Dichos géneros de Francia y del mundo
germánico se caracterizan por producir representaciones teatrales y
musicales en las que, a diferencia de la ópera propiamente dicha, se
alterna música con partes habladas o declamadas. La flauta
mágica de Mozart, por ejemplo, no es una ópera sino un singspiel y,
por consiguiente, tanto sentido tiene decir que «la zarzuela es la
opereta española» como decir que «el singspiel es la zarzuela
vienesa». A pesar de todo, ha habido zarzuelas del género
grande que por no tener partes habladas son parecidas al grand
opéra francés o a la ópera seria italiana. Por lo tanto la zarzuela se
definiría de una manera más adecuada, y más simple, como el
arte lírico y escénico propiamente hispánico, pues aunque naciera en
España, al poco tiempo de su aparición se extendió a la casi totalidad
del mundo hispánico.
HISTORIA
Parece ser que los primeros autores que aportaron a este nuevo
estilo de teatro musical fueron Lope de Vega y Calderón de la Barca.
Según las investigaciones, Calderón de la Barca es el primer
dramaturgo que adopta el término de zarzuela1 para una obra suya
titulada El golfo de las sirenas que se estrenó en 1657 y que
representaba la vida de un joven aventurero que emprendía un largo
viaje lleno de misterios y peligros.
Lope de Vega escribió una obra que tituló La selva sin amor, comedia
con orquesta. Según el autor era «cosa nueva en España». En el
prólogo de la edición de 1629 se lee: «Los instrumentos ocupaban la
primera parte del teatro, sin ser vistos, a cuya armonía cantaban las
figuras los versos en aquella frondosa selva artificial, haciendo de la
misma composición de la música las admiraciones, quejas, iras y
demás afectos…». Sin embargo, sólo se conserva la música suficiente
en la obra Los celos hacen estrellas de Juan Hidalgo de
Polanco y Juan Vélez de Guevara, que se estrenó en 1672. Con esta
obra se puede tener una idea de cómo era este género en el siglo
XVII y como marcó la diferencia para las siguientes doctrinas del
género.
Con el advenimiento de la dinastía de los Borbones, desde principios
del siglo XVIII, se pusieron de moda los estilos italianos en diversas
manifestaciones artísticas, incluida la música y la danza en los
centros de convivencia de la plebe. Las zarzuelas se convirtieron en
obras estilísticamente parecidas a las óperas italianas, como por
ejemplo las obras de Antonio de Literes. Pero al llegar el reinado
de Carlos III, amante de las buenas representaciones teatrales, los
problemas políticos provocaron una serie de revueltas contra los
ministros italianos llevando el conflicto a la toma de ayuntamientos y
disturbios frecuentes (como, por ejemplo, el motín de Esquilache)
(i.e. Squillace), hecho que repercutió en las representaciones
teatrales y de nuevo se volvió a la tradición popular española
representada, en esta ocasión, por los sainetes de don Ramón de la
Cruz, cuya primera obra representada de este género fue Las
segadoras de Vallecas (1768), con música de Rodríguez de Hita.
El auge de la zarzuela y su fama le llegó en el siglo XIX, a partir de
1839, con varios músicos entre los que destacan Francisco
Barbieri y Emilio Arrieta. Muchas veces el éxito de la obra se debía a
una o más canciones que el público aprende y da a conocer
oralmente a los demás por medio de representaciones acústicas,
como ocurría con los cuplés. La estructura de la obra siguió siendo la
misma: números hablados, cantados, coros, que se aderezan con
escenas cómicas o de contenido amoroso que, generalmente, son
interpretadas por un dúo. Abundaba el género costumbrista y
regionalista y en los libretos se recogía toda clase de modismos,
regionalismos y jerga popular para asegurar que la interpretación
fuera un éxito.
Al contrario que las escenas españolas, ambientadas en la Corte o en
aldeas, la zarzuela cubana describía imágenes y costumbres
coloniales, utilizando las suaves cadencias musicales que dan
a Cuba tanto reconocimiento mundial. Tema popular era el señorito
rico, hijo del dueño del ingenio, que, aunque comprometido con una
joven de su clase, cortejaba a la joven mulata, zalamera y atrevida,
con quien tenía amores prometiéndole matrimonio. El final era por lo
general truculento, con desengaños, pasión, celos y lágrimas. Estos
impresionantes finales no restaban un ápice a la belleza de la música,
antes bien ponían énfasis en las habilidades y talentos histriónicos y
musicales de los artistas de la interpretación teatral y musical del
Divino Maestro.
Hacia mediados del siglo se adoptan temas costumbristas, populares,
cómicos y bailes españoles; algunos músicos respetados de este
período son Emilio Arrieta, Federico Chueca, Fernández
Caballero, Tomás Bretón y Ruperto Chapí.
Después de la Revolución de 1868, el país entró en una profunda
crisis (sobre todo económica) que se reflejó también en el teatro: el
espectáculo teatral se convirtió en un entretenimiento caro, al
alcance de pocos bolsillos. Fue entonces cuando el Teatro
Variedades de Madrid tuvo la idea de reducir la duración de la
representación, para abaratar el precio del espectáculo: la función
teatral, que hasta entonces duraba unas cuatro horas, se redujo a
una hora, lo que se llamó teatro por horas. La innovación tuvo un
gran éxito y los compositores de zarzuelas se acomodaron al nuevo
formato, creando obras mucho más cortas cuyo verdadero triunfo
tardó diez años, hasta 1879. A las zarzuelas de un solo acto se las
clasificó como género chico y a las de dos o más actos, género
grande. La zarzuela grande se mantuvo en el Teatro de la
Zarzuela de Madrid, aunque con poco éxito y poco público. A pesar de
esto, en 1873 se abrió un nuevo teatro Apolo de Madrid, que
compartió los fracasos con el anterior, por querer hacerle un lugar
para el drama y la comedia, hasta que no tuvo más remedio que
cambiar el espectáculo al género chico en el que triunfó durante
decenios
BANCO DE BALLET

 Lago de los cisnes - Piotr Tchaikovsky


 Romeo y Julieta - Sergei Prokofiev
 Giselle - Adolphe Adam
 El cascanueces - Poitr Tchaikovski
 La Bailarina del Templo - Ludwig Minkus
  La Consagración de la Primavera - Igor Stravinsky
 Sueño de una noche de verano - Felix Mendelssohn
 La bella Durmiente - Piotr Tchaikovsky
 Don Quijote - Ludwig MinkusLa
 Cenicienta - Sergei Prokofiev
 DOÑA FRANCISQUITA- Amadeo vives
 Canción del Sembrador- Piacido Domingo
 La Dolorosa- Alfredo Kraus
 Alma de Dios- Alfredo Kraus
 Romanza de Angelita- Montserrat Caballé

También podría gustarte