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Cuba: Identidad y Africanía Cultural

Este documento resume la profunda influencia africana en la cultura cubana. Discute cómo Cuba no es simplemente una isla del Caribe, sino que es el resultado de la mezcla de culturas indígenas, europeas y africanas a través de la historia. También critica los estereotipos simplistas de Cuba como un paraíso tropical o un infierno revolucionario, señalando que la realidad cultural de Cuba es mucho más compleja y diversa.
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Cuba: Identidad y Africanía Cultural

Este documento resume la profunda influencia africana en la cultura cubana. Discute cómo Cuba no es simplemente una isla del Caribe, sino que es el resultado de la mezcla de culturas indígenas, europeas y africanas a través de la historia. También critica los estereotipos simplistas de Cuba como un paraíso tropical o un infierno revolucionario, señalando que la realidad cultural de Cuba es mucho más compleja y diversa.
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Penn Libraries Course Reserves

Printed: 8/31/2020 12:34:30 PM

Item 10: 98580


11111111111111111111111111111111111

ICall #: PQ7390.M68 E67 200~


Location:

Serial Information

Journal/Book Title: Ensayos


Volume: Issue:
MonthlYear:
~
t ISSN:
~
<n

~~ I Article/Chapter Title: Cuba y su profunda africania


~
o
U
= IPages: 154-1821
.~
=~
~ Monograph Information
'"
c
5 Title: Ensayos
e: Author: Nancy Morejon
;_ Date: 2005
.'" Place: Havana
I-
~ Edition:
.a
=
~
ISBN:

Barcode:
mill 1111

Course Information:

Course 10: 157796


Course Name: Caribbean Thought
Course Code: SPAN697401
Semester: 2020C

Instructor: Casamayor, Odette


Department: SPAN

Processing Location: *VANPEL T


CUBA Y SU PROFUNDAAFRICANiAl

Mirad mi escudo: tiene lin baobab,


tiene un rinoceronte y una [Olea.
NICOLAS GUILlE"I

Cuba, que no es una isla de la Polinesia -como creyo, algu-


na vez, un desnortado amigo? que asistia en la ciudad cana-
diense de Halifax a un seminario sobre tema cubano- es mas
que una isla, es mas que la Perla de las Antillas, mas que la
Antilla mayor. Cuba es un archipielago cuyas aguas todavia
albergan misterios ecologicos y que los antropologos moder-
nos no se cans an de reclamar en sus programas de estudio.
No es la geografia cubana la que detennina la esencia de su"
cultura. Exaltada su belleza en las mejores paginas de los cro-
nistas, muy particulannente en el Diario de navegacion del
genoves Cristobal Colon, Cuba ha trascendido a la historia
por sus aportes al arte y la literatura mundiales y, en los ulti-
mos afios de este siglo ya moribundo, por su desafio moral
junto a la defensa de su derccho a la sobrevida, en medio del
hemisferio occidental al que pertenece, como se sabe, desde

I Conferencia pronunciada en la Universidad Jberoamericana en el marco


del seminario E198: Las antillas espaiiolas de siglo a siglo: Cuba, en
larandilla de la Vera (Extremadura), que se celebrara en Espana del J 0
al 6 de julio de 1996.
Evidentemente, este amigo confundia a Cuba con la Martinica pues
me confes6 su adrniracion por el fundacional ensayo Le discours
an tillai s ( ed. Du Seui I, Paris, 1981), del martiniqueno Edouard Glissant
que habia leido en 1a magistral version inglesa del critico y profesor
trinitario-jamaicano Michael Dash. Alii Glissant abunda sobre ciertas
confusiones geograficas a prop6sito de los paises pequenos,

154
siempre. A pesar de la nitidez con que la imagen del caracter
cubano ha circulado por el mundo actual, esa imagen de Cuba,
de la cultura cubana, ofrece variados puntos de vista en mu-
chos casos lastimados por la adulteraci6n que algunos me-
dios masivos conforman y siguen conformando. En esas
imageries en don de casi siempre hay despampanantes mujc-
res sobre playas ahitas de luz, palmeras remotas en su altura
de ensoiiaci6n u hombres de tez triguefia husmeando enor-
mes tabacos que iran a encender en fracciones de segundos,
hay como una necesidad de pcrpetuar ante nuestra vista cl
primer paisaje que fijaron los conquistadores en sus diarios;
es decir, la presencia de un escenario despojado de violencia,
copado por una armenia de los elementos, casi inhabitado 0
artificialmente habitado, para el ojo que mira, por sirenas tro-
picales a la usanza de la antigua ltaca y de esas zonas del
Mediterraneo que han hecho sentar catedra a Fernando
Braudel. Mas alla de la simplificacion de Cuba a su condi-
ci6n insular --que la enriquece y la provec de un arsenal es-
peciftco- fisicamente hermosa, encontramos cubanos como
al desgaire, sabiamente instalados en un biotipo conccbido
sobre la base de la exclusi6n de Ia diversidad y el mestizaje
que nos caracteriza a traves de campos, pueblos y ciudades
como 10 son La Habana, Matanzas, Cienfuegos y Santiago de
Cuba. Es la imagen de una arcadia islefta,intemporal, pro-
mulgadora de las bondades de nuestro clima, nuestro suelo y
nuestra proverbial hospitalidad. Paralelamente a esta imagen
que he intentado retratarles a grandes rasgos, vamos a encon-
trar la imagen de una Isla tambien fisicamentc hermosa aun-
que acorraladas sus aguas por las barbas de Fidel Castro,
satanizada hasta el ridiculo. AUi contemplamos inmensas
multitudes en ademan de combate en donde resaltan rostros
desafiantes, a pesar del mensaje con una aureola de dignidad

155
asf como de un estoicismo numantino, Es la imagen diaboli-
ea de una Isla nunca apacible, azotada por hordas de negros y
mulatas con una expresion extraviada, en su frenesi de ven-
ganza hist6rica y, en donde a ratos, hemos percibido Jas mis-
mas turgencias de las sirenas homericas, esta vez ataviadas
con irnpccables uniformes de milicianas displicentes,
Estamos ante dos estereotipos. Uno, clamando por una in-
terpretacion paradisiaca de la bellisima geografia cubana cu-
yas palmeras resguardan del severo sol y nos lanzan al mas
despiadado habito de la modorra y la haraganeria; otro, os-
tentando la naturaleza demoniaca de un infiemo tangible cuya
eficaz certidumbre esta asegurada por el descontrol progra-
mado de hombres y mujeres de color en un disparadero
revanchista, sin proyectos educacionales ni buenos habitos
de conducta. En fin, unos salvajes tarnizados por la presencia
de dos 0 tres hombres blancos que salvarian la situacion en
caso de crisis, pero en donde nadie es eapaz de leerse un libro
o crear un programa para un ordenador. Luego, un fondo de
luna y cocoteros; superpuesto un enjambre de banderas con
la cnsefia nacional. Ambos estereotipos obnubilantes, cega-
dores como gafas de sol, del justo punto medio, del justo punto
eritieo que tanto nuestra heroiea historia como nuestra cam-
biante circunsttancia actual requieren. Ni paraiso, ni infier-
no, Cuba es un acontecirniento real integrado por hombres y
mujeres, ancianos, jovenes y nifios cuya serial de progreso y
eambios sociales nutren ese noble sentimiento por las utopias
que, desde tiempos medievalcs, ha venido persiguiendo la
humanidad toda.
De todos modos, estos estereotipos me son ahora utiles para
esta conferencia extrernefia pues su cjemplar antinomia ha de
servirme no solo paraexplicar mi reehazo a su nefasta propa-
gacion sino para Hamar la atencion sobre el fenomeno de la

156
profunda africania de Cuba, exeluida del primer estereotipo
(inconscientemente 0 no) as! como exacerbadamente mani-
pulada 0 profusa en el segundo, en detrimcnto de su justo
lugar. Cuba no es una isla de la Polinesia. Cuba no es una isla
que escucha la voz cneantada de Nausicaa. Cuba no es una
cola de tigre africano. Cuba eonforma un caractcr y una cul-
tura de simbiosis; de radical enfrentamiento a quien quiera
ultimarla, mediante solidos valores de un mundo moral forja-
do a Jo largo de las gestas independentistas; un caracter y una
cultura de legitimaci6n de su otredad; esa otredad que
Montaigne resolvi6 desde su indiscutida condici6n precurso-
ra del mejor humanismo europeo cuando ascvcraba: «Nada
hay de barbara ni de salvaje en esas naciones; 10 que ocurrc
es que cada eual Jlama barbarie a 10 que es ajeno a sus cos-
tumbres.»!
«La verdadera historia de Cuba es la historia de sus intrin-
cadisimas transculturaciones», estabJcci6 Fernando Ortiz en
su incomparable Contrapunteo cubano del tabaeo y el azu-
car" Este postulado nos arroja, de cuajo, en un plano que s610
es viable mediante la elucidacion de nuestro pasado cultural
y sus progresivas composicioncs. Queda, en primer termino,
nuestro primer componente, el indigena, que sufri6 el impac-
to vioJento de la Conquista tras haberse producido el «Descu-
brimiento». Su desaparici6n fisica condujo a su elirninacion
total del panorama cultural de la naci6n, sobre todo, en tiern-
pos actuales. Lucgo, podemos comprobar la incesante inmi-
graci6n de conquistadores. A Cuba Ilegaron, preferentementc,

, Michel de Montaigne: Essais, Libra 1, Capitulo XXX, 1580.


4 Fernando Ortiz: Contrapunteo cubano del tabaco y el azucar intro-
duccion de Bronislaw Malinowski, ed. Consejo Nacional de Cultura,
La Habana, 1963, p. 99.

157
andaluces, extremefios, gallegos, vascos y catalanes. Y tam-
bien otros inmigrantes representativos de la milenaria cultura
mediterranea, igualmente caracterizada por el mestizaje. A]
mismo tiernpo, hay que entcndcr con la mejor de las volunta-
des la procedencia de estos inmigrantes blancos; aunque todos
provinieran de la peninsula iberica, sabemos de las multiples
culturas que conformaron la incipiente nacion espanola. Esta
controvertida nacion, saliendo dellctargo medieval, presen-
taba al Nuevo Mundo no un perfil definido, exacto, homo-
geneo. Todo 10 contrario. Una gama de pueblos y sus
respectivas culturas -y aun mas que pueblos deberiamos
pensar en el termino etnias- engendraron las filas de quie-
nes se trasplantarian a tierras americanas. [Link] no pensar,
pues, en el doble impacto, en el doble choque que representa-
ria para estos hombres, desgarrados de sus cielos oriundos y
de la pluralidad cultural de su medio, una nueva circunstan-
cia social donde enfrentarian no ya una naturaleza abrupta,
hosti1, exuberante y antagonica a la suya natal, sino la selva
inmensa de nuevas razas, nuevas costumbres, nuevas religio-
ncs, nueva sexualidad?
.- Por otra parte, el otro componente se gesta en la tambien
diversa fuente de esclavos africanos, traidos de las costas del
continente, Llegaron a las islas del Caribe, y en especial a
Cuba, africanos oriundos de Senegal, Guinea, el Congo,
Angola, en el Atlantico, basta Mozambique, en la costa orien-
tal. Todos los grupos de esc1avos africanos, extraidos de las
costas occidentales, procedian de nucleos, tribus y etnias muy
diferentes. Hablaban idiomas evolucionados -algunos mas,
otros sin grafia- 0 no; pero, en su totalidad, respondian a
sistemas Iinguisticos muy alejados unos de otros. Las cultu-
ras negras fueron tambien diversas y de diferentes grados.
Las que se habian insertado en el sene de la propia cultura

158
iberica fueron traidas por los conquistadores y padecieron in-
finitos mestizajes a Sll vez. Nos poblaron mandingas, yelofes,
haussas, dahomeyanos, que vinieron ya con agricultura, mo-
ncda, comercio, aunque nunca can sus instituciones ni go-
biernos. Sf Ilegaron aquf sin escritura. Por supuesto que, para
1a epoca, e) concepto que hoy tenemos de la naci6n era alga
incierto e ignoto. De modo que aquellos hombres tambien
entraron a desempeftar un papel que nunca imaginaron.
Los componentes basicos resultan ser: el espafiol y el afri-
cano. No podemos subrogar otras culturas, otros componen-
tes que, en oleadas intermitentes y rninoritarias, sedimentaron
raices en suelo cubano. En Cuba, el elemento asiatico, en su
mayorfa proveniente de Macao y Cant6n y otras regiones del
que fuera imperio Celeste, ha tenido una importancia nada
desdefiable, aunque nunca con la fuerza de los componentes
basicos. El chino, traido al Nuevo Mundo en un supuesto «nue-
vo» concepto de esclavitud -el coolie-, bien y pronto supo
del oprobio de la explotaci6n esclavista.
La evolucion historica y social del pueblo cubano se afian-
za en este «tom a y daca», en ese sobrecogedor denominador
comun a toda nuestra cultura: el mestizaje.
La naturalidad con que nos acercamos al conocimiento de
esa cultura cubana supone una adrnision del componente afri-
cano como esencia fundamental de sus cimientos. Es una con-
quista rcsultante de las gestas independentistas culminadas
en la revoluci6n del 30 yen la del 59. El ejc central del siglo
xrx 10 constituyeron: la trata negrcra, la esclavitud colonial y
la independencia. Sin embargo, en medio de aqucl siglo
definidor de los antecedentes del perfil nacional, un patricio
como lose Antonio Saco ibaa concebir al pais como un deriva-
.do de Espafia, excluycndo al componente africano de esa na-
cionalidad que, compulsada por los avances de un libcralismo

159
humanista, combatia la trata por horror al negro y a los episo-
dios de Haiti de fines del siglo XVll.l. Y asi impulsaron la idea
de una nacion en donde desapareceria todo vestigio demo-
grafico de africanos esclavos. La negrofobia de Jose Antonio
Saco fue proverbial y su concepcion de la nacion cubana as!
10 demuestra, pues excluia con una fuerza sin nombre posible
la huella de la cultura negra en el ser fisico y espiritual de
Cuba. EI miedo al negro, que nacio de la presencia de Toussaint
Louverture en el marco ideologico que desbordara la Revolu-
cion Francesa de 1789 en su primera etapa, marcola psi colo-
gia de este patricio cubano. Su pensamiento permanecio vivo
durante todo el siglo. Su patriciado postulo un independentis-
rno que condenaba la trata (no la esclavitud) porque en su
scno albergaba el mas eficiente surtidor de africanos esclavi-
zados jamas previsto, Las fuentes historicas de la epoca re-
gistran -para la epoca de Saco- un incremento bastante
turbador de la entrada de esclavos negros a las costas euba-
nas, oficial 0 extraoficialmente. Gran paradoja es que Saco
escribiera una de las mas documentadas y enjundiosas histo-
rias de la esclavitud, obra maestra, de obligada eonsulta, de la
historicgrafia cubana del XIX. Es el momenta en que la
sacarocracia, mediante ciertas rnanifestaciones artisticas y li-
terarias, comienza a valerse de otro arquetipo, cs decir, del
indio, centro aglutinador de las culturas precolombinas. Ani-
quilado, extenninado, sobre todo a partir del establecimiento
de las tristemente celebres encomiendas, el indio cubano solo
dejo vocabJos, comidas, abalorios que hoy estimulan la avi-
dez de la arqueologiaisletia contemporanea. Esta modalidad
de pensamiento antiespanol y antinegro erigio un indio alll
don de no 10 habia, negando la existencia del esclavo africa-
no, pivote indiscntible de la lucha econ6mica y el desarrollo
de las ideas en aquel siglo de confrontaciones.

160
Alejo Carpentier ha registrado una afirmaei6n que con He-
va un resorte clave en la construeci6n de esa piramide cuya
profunda africania emerge hoy con claridad. Para 61, fueron
los cimarrones los que nos mostraron el camino hacia el amor
a la libertad que era decir en aquel entonees a la independen-
cia. Decia Alejo: «Resulta que el negro que lJega a America
aherrojado, encadenado, amontonado en las calas de buques
insalubres, que es vendido como mercancia, que es sometido
a la condicion mas baja a la que puede ser sometido un ser
humano, resulta que va a ser ese precisamentc el germen de la
idea de independonciaw'
Burlada y virtualmente atrofiada, la independencia no lle-
go a buen termino. La cultura ofieial del siglo xx heredo ese
micdo al negro y, durante mucho tiempo, ese costado cubano
fue vejado, marginandose como a un signo barbaro del que
rto solo tenlamos que avergonzamos sino arrepentirnos. Sin
embargo, la dec ada del treinta saco al negro de su encierro
para amoldar una expresi6n con visos nacionales que sellara
un arte y una literatura partiendo de la asunci6n del compo-
ncnte africano. Toda una epoca de reconocimiento y sacudida
cultural nacia, Estabamos ante esa expresion mulata que hoy
Ie da la vuelta al globo en su cubania universal mas alla y por
encima de tonos y tintes de piel. Bajo los auspicios de Fer-
nando Ortiz, una pleyade de obras y creadores salian a la pa-
lestra publica enarbolando cl lugar de una cxpresion hija de
aquel componente, reacei6n que fue tarnbien un catalizador
de orden social que tambien contribuyo a remover eostras de
prej uicio racial cuando no de un racismo embozado. As! florece

S Alejo Carpentier: «La cultura de los pueblos que habiran en las tierras
del Mar Caribe», en Anales del Caribe, La Habana, a. I, nurn, I. 1981,
p.201.

161
la gran poesia de Nicolas Guillen junto a creaciones del pro-
pio Carpentier, Emilio Ballagas, Jose Z. Tallet, Marcelino
Arozarena, Regino Pedroso, Alejandro Garcia Caturla e Ig-
nacio Villa (Bola de Nieve). Es el momento de la irrupcion del
son en su complejidad formal dentro y fuera del pais. Era una
sefial de cubania al calor de la Revolucion del 30.
La cultura negra del Nuevo Mundo iba a inaugurar un vas-
to esccnario geografico cuyas cabezas de playa dan al Caribe.
Una nueva sensibilidad marco ellenguaje y las nociones de
una sociedad altamente acriollada cuyo componente europeo
tarnbiencxhibia su fijador segun la procedencia: portuguesa,
francesa, britanica 0 espanola. La Afroamerica nuestra pro-
pondria una estetica particular y conseguiria aunarla a una
voluntad de establecer proyectos nacionales que en Cuba flo-
rcccria con nuevos brios desdc 1959. Para Guillen, por ejcm-
plo, la cultura cubana presenta tambien esta doble faz
afrohispana. Oigamos este punto de vista suyo:

Asi, pues, de esc olcaje negriblanco nace nuestro perfil


nacional, que ha ido cristalizando por los medios mas
diversos y cuyos primeros sintomas aparecen a fines del
siglo XVIII y comienzos del XIX, El criollo que murio in-
genuamente en 1762 combatiendo contra los ingleses en
el sitio de La Habana, y 10 hizo como si hubiera nacido
en la lejana peninsula, no es el mismo que medio siglo
mas tarde pidc, como [Felix] Varela, que Cuba sea «tan
isla en 10 politico como 10 es en la naturaleza», Tratase
de un dcscendiente de espafioles y en menor grado de
africanos, cs cierto, pero su mentalidad se diferencia del
pensamiento coloriial en busca de una afirmacion pro-
pia. No pasaria mucho tiempo sin que se produjera cl

162
primer estallido revolucionario, el del 68 (Varela habia
muerto quince an os antes), y la c1ase rica criol1a, dividi-
da, ofreciera un numeroso flanco progresista, liberal, que
rompio abiertamente con Espana. Llevados a la lucha
por sus amos, los esclavos se incorporan a ella, y tam-
bien much os negros y mulatos libres, que forman parte,
con los blancos, de llna comunidad de cultura surgida a
10largo del proceso que hemos tratado de dibujar en sus
lineas mas generales. Porque aunque desde el punto de
vista social y economico siempre existio una insalvable
diferenciacion entre blancos y negros, la nacionalidad
cubana se debe a entrambos elementos y es consecuen-
cia de una vasta, caudalosa, irresistible transculturacion
afrohispana.'

Recordemos que Ortiz, aun antes de haber arribado al con-


cepto de transculturacion de que ya les hable-> que parte del
de acculturation del profesor de Yale, Bronislaw Malinows-
ki- habia propugnado el uso de los prefijos afro e hispano
con el fin de nombrar, de caracterizar, distinguiendolos, aque-
110s fen6menos sociales y etnol6gicos en cuya naturaleza
aflorase con mayor enfasis 10afro 0 10hispano, segun el caso.
De ahi la importancia del vasto proceso de transculturaci6n
que es fundidor, no reductor de influencias recfprocas. Ese
toma y daca es irreversible en el nuevo producto conseguido,
No se trata de inventariar 10 afro y 10hispano, cada uno por su
lado, como faetores aislantes. No es que cada cubano blanco

6 Nicolas Guillen: Prosa de prisa (/929-1972), tomo Ill, selccci6n, pro-


logo y notas de Angel Augier, cd. Artc y Literatura, col. Lctras Cuba-
nas, La Habana, 1976, pp. 288-9.

163
reclame, cxclusivamente, el cornponente hispano de su inte-
gridad. No. No se trata de que cada cubano negro reclame,
excluyentemente, el componcnte africano de su africania. No.
Tampoco se trata de que aquellos cubanos, rnulatos desde el
punto de vista racial, ensalcen simultaneamente la dualidad
de su condicion mestiza como factores aislantes. No. Cual-
quiera de estas conductas seria esterilmente regresiva, enaje-
nada y enajenante en relacion con una nacionalidad cuyos
pilares son ya irreversibles. La cubania es un estado de ani-
mo mas alla del color de la piel, del origen de clase, de la
procedencia geografica 0 la filiacion ideologica. Ella nos iden-
tifica, trascendiendo inc1uso posiciones politicas, en esc ges-
to com partido en la cadencia de los aires; en la practica del
choteo; en el ejercicio de un ritmo asincopado para la danza y
la musica; en la destreza para la oralidad pluridirnensional;
en la agilidad subrepticia para sobrevivir y en la asuncion del
riesgo para resistir, defendiendo asi todo intento de poner en
peligro eso que llamamos, precisamente, cubania.
Siendo como es, y como se ha probado, e1 factor etnico un
factor decisivo en la consecucion de cualquier proyecto na-
cional, cree en la modernizacion de su contexto sociopolitico
en la Cuba de tin de siglo, en la Cuba de fin del milenio. Los
acontecimientos que dieron al traste con elllamado socialis-
mo real de los paiscs de Europa Oriental nos deben haber
abierto los ojos en muchos sentidos. En el vortice de aquella
debacle, simbolizada poria caida del muro de Berlin, en 1989,
quedo como un punto obligado de referencia el caos y la con-
siguiente vulnerabilidad de aquellas naeiones donde este fac-
tor etnico habia side limitado a una uniformidad visib1emente
reductora. Como proclamaba el mexicano Benito Juarez, «el
respeto al derecho ajeno es la paz». Armenios, lituanos y
kirguises, entre otros, comprobaron el heeho historico de que

164
aun cohabitando una misma lengua (pues, como se sabc, la
lengua es tarnbicn una suerte de patria), s610 poseian una to-
rre que aunque com partida en sus cimientos eran puros fue-
gos artificiales, fuegos fatuos que se apagaron un buen dia, de
la noche a la manana. Cuidado, entonces, con la uniformaci6n
planificada y programada del factor etnico porque es cngafto-
sa. Estos distintos procesos que desembocaron en una con-
tienda belica como la de Bosnia-Herzegovina (es decir, una
de las mas absurdas e inexplicables del final del siglo, rni-
man do casi al borde de un ataque de nervios eiertas paginas
de Samuel Beckett 0 Eugene lonesco) son una prueba feha-
cientc de 10 que he venido afirmando. POl' supuesto, siendo
esta contienda un capitulo europeo no ha sido tildada de lu-
eha tribal. Para el martiniquefto Edouard Glissant, «las rivali-
dades casi siempre sangrientas entre etnias son una constante
de la herencia colonial para muchas naciones nuevas del Ter-
cer Mundo. La superacion de estas rivalidades no se avizora
todavia».' Habria que colegir ahora que son tambien extensi-
vas a Europa Oriental. No son exclusividad de las llamadas
nuevas naciones,
. La historia del continente africano esta plagada de infinitas
luchas tribales. S610 en America pudo alcanzar Africa un sfm-
bolo de unidad gracias a la diaspora que sus descendientes
entretejieron en busca de su liberacion. El haitiano Jacques
Roumain ostentaba un Africa dolorosa «como la astilla en la
herida»! pues esa identificaci6n de un Africa unica es aquella
que se reconoce en el desarraigo yen la tortura de todo tipo. No
por azar, el gran poeta Aime Cesaire, amigo de los surrealistas

7 Edouard Glissant: op. cit., p. 232.


B Citado por Nancy Morejon en Fundacion de la imagen, ed. Lctras
Cuban as, col. Giraldilla, La Habana, 1988, p. 214.

J 65
y, particularmcnte, de Andre Breton, clamaba por un Africa
multiple y una convocando a Afroamerica y, de modo esen-
cial, a los propios africanos hacia un ideal de diaspora
panafricana en su sentido mas amplio y humano, que pudiese
brindar esa dimension cuya existencia comprueba un enonne
cuerpo de obras de arte y literatura expresadas a traves de un
multilinguismo que adelanto esa condicion como moderna
modalidad sine qua non les hubiera sido imposible perdurar
durante el siglo xx. Y esa misma complejidad etnica que al-
gunos, desde sus centros hegernonicos, llaman tribal, se pro-
dujo, asimismo, de una forma u otra -y hoy revive con
renovada energia- en la Espafia anterior a la aventura triun-
fat del almirante genoves. Imposible entonces dejar de aso-
ciar el factor etnico con las culturas originarias de los dos
componentes basicos de nuestra nacionalidad. Si Africa no
es en este aspecto una abstraccion, tampoco 10 es Espana.
Los conflictos linguisticos que se han desgajado en su sene
en tiempos modernos y no medievales fijan sus respectivas
coordenadas literarias, desagregandolas pero enriquecien-
dolas. No hay modernidad posible; no hay entrada imperuo-
sa al balbuciente siglo XXI, sin el entendimiento humane
razonable del factor etnico en cuyo corazon late agitado otro
factor insoslayable, a mi juicio derivado del primcro, que es
el lingulstico, Una metafora se impone; cs la de esta torre de
Babel que debera ser comprendida en su totalidad, en su di-
versidad; que deberemos comprender y amar mas, mucho mas
que admitirla con esa tolerancia reticente, la cual unicamentc
nos ensefia el camino de la arrogancia, 1aestulticia y el aisla-
miento, con vocacion de ghetto fascista, de esas extrafias cul-
turas emergentes.
La africania de Cuba no emplazo al factor linguistico, 0
sea, al idioma. Junto al resto de las Antillas mayores (con

166
excepcion de Jamaica) cuya experiencia colonial de raiz eu-
ropea proviene de Espana, Cuba- contrariamente a los pro-
cesos linguisticos del resto de las islas del Caribe- no crco
un creole, es deeir, una tercera lengua cornpuesta a su vez por
morfcmas y sintaxis de la lengua del europco colonizador, de
algunas etnias precolombinas y los restos de aqucllas lenguas
que trajeron consigo en los barcos negreros los futuros escla-
vos manumitidos. El caso del papiamento (lingua franca y
restos de lenguas africanas) es el mejor ejemplo para definir,
o explicar esta practica de nuestra civilizacion regional. En-
tre los elogios que Miguel de Unamuno declara a Nicolas
Guillen tras la lcctura de su pocrnario Songoro cosongo ( 1931),
hay uno que llama la atenci6n: la capacidad unamuniana para
captar la genialidad de Guillen al aprchender el signo de un
factor etnico trasladado a una lengua que, si bien transcultu-
rada, por ello mismo, expresaba el sustrato de un alma nacio-
nal. En su carta, Unamuno confiesa haber percibido la obra
del cubano sobre todo en su dimension Iinguistica. Oigamos:

Haee ya tiempo, senor mio y compafiero, desde que rcci-


bl y lei -apenas recibido- su Songoro cosongo, que
me propuse escribirle. Despucs 10 he vuelto a leer -se
10 he lcido a amigos mios y he oido hablar de usted a
Garcia Lorca. No he de pondcrarle la profunda imprc-
sion que me produjo su Iibro, sobrc todo «Rumba», «Ve-
Iorio de Papa Montero» y los motivos del son [sic]. Me
penetraron como a poeta y lingiiista [el subrayado cs
mio]. La lengua cs poesia. Y mas que vengo siguiendo e1
scntido del ritmo, de la rnusica verbal, de los negros y
mulatos. No solo en los poetas negros norteamericanos,
que gusto con fruicion, sino hasta en los que cantan en

167
papiamento -lengua, como sabe, de los de Curazao-
que he aprendido. Es el espiritu de la carne, el senti-
miento de la vida directa, inmediata, terrenal. Es, en el
fondo, toda una filosofia y toda una religion."

Entre las lecciones que brindaba la poesia del mulato cuba-


no estaba la de ahondar y brindar una alternativa a la expre-
sion linguistica de la profunda africania de nuestro ser
nacional. Sin embargo, el espafiol que se habla y se escribe en
Cuba se afilia a las caracteristicas generales del cspanol de
America. El cuerpo lexical de nuestro idioma, insuflado por
vocablos congos y yorubas, ha mantenido la esencia de la len-
gua hablada en las regiones del sur peninsular. Los acentos
locales del habla cotidiana no la cnrareccn sino que la dotan
de una especificidad que no la oculta sino que la brinda tal
como ocurre en Mexico, Venezuela 0 Argentina. La cadenciosa
especificidad del espafiol de Cuba tiene mucho de la sincopa
de nuestros ritmos, de antecedente africano, de ese mordaz
choteo, de esa capacidad tan ingeniosa para crear metaforas
inauditas como por ejemplo llamar a una caja de cervezas
«una jaula de lagartos»,
La oralidad de la cultura afrocubana, para decirlo con pala-
bras de Ortiz, es un hecho incuestionable en el mundo de hoy;
integrandose por derecho propio en el marco de los procesos
similares que tambien hoy distinguen sobremanera a este fe-
nomeno del ambito caribeno. Excepcional y comunitaria, la
oralidad del negro cubano ha preservado, en el plano litera-
rio, aquellos valores prelogicos inherentes a un Africa mitica

9 Miguel de Unamuno: «Carta a Nicolas Guillen», en Nancy Morejon:


Recopilacion de textos sobre Nicolas Guillen, ed. Casa de las Ameri-
cas, Serie Valoraci6n Multiple, La Habana, 1974, p. 324.

168
que solo ha tornado fuerza y caracter a partir de los afios se-
senta. Esa oralidad cubana, parte integrante de esa manifes-
tacion antillana, alcanza lIDO de sus maximos exponentes en
las obras de Romulo Lachataficre, Teodoro Diaz Fabelo, Lydia
Cabrera, Miguel Barnet, Rogelio Martinez Fure y Natalia Bo-
livar. El disglose de una manifestacion linguistica nos lleva,
en sus obras, a develar el misterio de una cantera rnitologica
solo comparable a la que ha producido en nuestro hemisferio
el genio de los haitianos a traves del vodu Ysu pintura primi-
tiva, asi como el genio de los brasilefios, espeeialmente los de
Bahia a traves de su candomble. Vodu, candomble 0 santeria
proyeetan un denominador cornun que es la mitologia de ori-
gen yoruba, la eual sobrevivio easi de manera similar en Hai-
ti, Brasil y Cuba. La santeria cubana, polo finisecular de esta
triads, ejerce aqui su condicion de agente provocador de este-
tica al igual que sus homologas haitiana y brasilefia.
La funcion del mite en la cultura cubana conternporanea,
su existencia misma, comprueba el estallido y florecimiento
de esa flor oeulta de nuestra identidad. Como nunca antes,
salieron ala luz publica cantos, tonadas, a traves de los secu-
lares patakines. La percusion de la santeria ocupo un nuevo
espaeio en la eseena teatral y aun en varios estilos de la musi-
ca popular. Esta libcracion de los tambores lIamados batd 0
su incorporacion a agrupaciones musicales de corte experi-
mental, es deeir, de nuevo tipo, es altamente perceptible eo
ese modo isleno de acometer toda la ritmica de la musica po-
pular cubana, en especial de 1abailable. Esa presencia de los
mitos influye y eondieiona gran parte de nuestra escuela de
danza moderna y, desde su fundacion, del repertorio del Con-
junto Folklorico Nacional.
El rnito, entre nosotros, engrosa las filas del pensarniento
por irnagenes e inc1uso Uega a ser la espina dorsal de 10 que

169
Levy-Bruhl Ilarno, para su intima escamio, «pensamiento pri-
mitivo». El poeta Miguel Barnet -autor de un clasico de la
literatura latinoamericana contemporanea, Biografia de lin ci-
marron (1966)- dec1araba en un texto sobre la funcion del
mito en la cultura de nuestra isla, que son los mitos traidos
pOTlos eselavos afrieanos los que han rnoldeado, en verdad,
la cultura popular nacional. Los mitos cubanos, de origen
yoruba, se ajustan a los rasgos basicos universales; parten del
misterio de como se crearon el mundo, el planeta, los seres
humanos y los propios dioses; esa explicacion de la creacion
expresa sus concepciones cosmoteogonicas y ejemplifica nor-
mas de conducta, vigentes 0 no. Apunta Barnet:

El mito en la cultura cubana es, en rigor, de origen afri-


cano [... ] Los mitos mas esotericos se van filtrando, ha-
ciendose populares, asimilando ingredientes profanos.
Van perdiendo esa medula religiosa para, sin desvirtuar-
se, sin perder su belleza, convertirse en una historia po-
pular aceptada y hasta funcional. Funcional porque,
aunque el mito fuere de marco religioso, sirve al pueblo
para explicar muchas cosas.'?

Si bien es una verdad el caracter transculturado de la cultu-


ra nuestra mediante sus dos vertientes, la hispana y la africa-
na, seria provechoso detenernos sobre este sugerente y aun
insondable fenomeno del mito.
Desde mi primera juventud, en medio de aqueUa explosion
de valores provenientes de la religiosidad latente en la pobla-

10 Miguel Barnet: «Funcion del mito en la cultura cubana», en Union, La


Habana, a. VI, num, 1, marzo de 1968.

170
cion, escuche hablar del termino sincretismo que se aplicaba
con el fin de explicar, de alguna manera, la adaptaci6n que
habian hecho los esclavos a sus dioses africanos remodelan-
dolos a la usanza de los dioses catolicos. Sincretismo solo era
algo referido a Jos aspectos religiosos de nuestra identidad.
Se hablaba poco, apenas se usaba el termino de transcultura-
ci6n tan bien delimitado por Don Fernando en el prologo a SU
Contrapunteo cubano del tabaco y el azucar.
Cuando en Cuba hablamos de mitos, debe tenerse la plena
certeza de que se esta hablando de la mitologia yoruba y de
que esta es el sustento principal de la santeria cubana. Al ho-
mologar vodu y candomble (para las expcriencias respectivas
de Haiti y Brasil), parto de la premisa de que en estos tres
grandes complejos de religiosidad americana subyace una
fuente de denominaci6n cornun que no es otra cosa que la
mitologia yoruba.
Los ritos y ceremoniales pucden set muchos, diversos, con-
tradictorios, pero siempre la raiz de cada dios, de cada avatar,
de cada camino, sera una raiz compartida, pues los mismos
dioses apenas habran sido capaces de cambiar sus nombres.
Santeria, vodu y candornble evidenciaran ese vasto proceso
de transculturaci6n que Ortiz adelantara para englobar, en su
aspecto mito16gico -trascendiendolo- cl termino de sin-
cretismo, a las claras mucho mas limitado. En este sentido, es
obvio que contemplamos, de entrada, una supuesta dualidad
linguistica pues los nombres de dioses y mitos son un pro-
ducto afrancesado para el vodu; se hispanizan en Cuba y
llegan a aportuguesarse en Brasil. Sin embargo, en el plano
musical y danzario, pennanecen extraordinariamente igua-
les las manifestaciones de estos mitos. Las letras de los can-
tos ritualcs han perdurado intactas no solo porque se
conserven trozos enteros de antiguas epopeyas sino porquc

171
se conservan las formas linguisticas correspondientes al esta-
do de desarrollo de las lenguas africanas segun el periodo en
que fueron arrancados de sus latitudes originarias yorubas.
Bien sabemos que fue la religion de los yoruba la que nutrio 0
sirvio de savia a estos complejos religiosos nacionales, es de-
cir, de nueva indole, extcndidos en Cuba, Haiti y Brasil. La
funcion gregaria de estos mitos en su complejidad respectiva
no permanecio intacta sino que se vio compel ida a integrar
ese vasto proceso de transculturacion en sus versiones 11n-
guistica y cultural.
Entro ahora en un dominic sumamente delicado. Como afir-
me con anterioridad, Cuba no creo --como el resto de las
Antillas de estructura colonial francesa 0 britanica-e- un ter-
cer idioma, 0 sea, un creole. Para nadie es un secreto la exis-
tencia de un desgarrador conflicto Iinguistico en estas areas,
sobre todo en el plano de la creaci6n literaria. EI creole fue
apartado de la vida civil y politica de las Islas; confinado a su
funci6n de vehiculo de costumbres vernaculas; despojado de
toda funci6n comunicativa en terminos tecno16gicos 0 de una
supuesta «vida civilizada». Solo en nuestros dias podemos
apreciar la urgente implantacion del habla popular (el creole)
en las funciones burocraticas de estos paises. Hay una emer-
gencia de una literatura afincada y, en muchisimos casos, solo
manifiesta en lengua creole. Las historias literarias oficialistas
(provinieran de los centros hegemonicos 0 incluso de su pro-
pia periferia) han excluido, sistematicamente, la produccion
literaria en creole. Los estudiosos del fen6meno siempre es-
tan alertas para descubrir cuando algun emisario de esta opre-
S10ncultural se vanagloria de que en su isla de turno solo se
habla la lengua de Moliere 0 la de Shakespeare. Existe todo un
c6digo de condueta que alicnta tras ese idioma popular que es el
creole. Cualquiera de estos estudiosos tendria que admitir

172
que hay dos lenguas que conviven: la metropolitan a y el
creole.
En el caso de Cuba, muchos se preguntan si no es una ne-
gacion de los cubanos el admitir la existencia en Cuba de un
creole s610 empleado en el marco de csa religiosidad latente
en los ceremoniales de la santeria. En varias zonas del ambito
caribefio, he debido enfrentar este punto. Y, naturalmente, me
he visto enfrascada en una franca polemica que me ha indica-
do muchas cosas. Entre otras, la primera es que no existe un
estudio ni comparado ni sistematico de Ia historia linguistica
de nuestro pais en relacion con la realidad linguistica del Ca-
ribe en el sentido de que no hemos side capaces de crear un
creole. Hemos incorporado, como nadie duda, una infinita
cantera, todo un glosario de vocablos de procedencia africa-
na, incluso ya desglosados segun sus etnias originarias (conga,
yoruba, arara) que se han acriollado, es decir, que se han como
que infiltrado en el cuerpo del gran arbol lexical hispano. E1
habla popular cubana registra una infinidad de terminos, gi-
ros, incluidas tonalidades foneticas que remiten al antecedcn-
te afrieano de nuestra cubania, As] las cosas, seria tan iluso
como falso afirrnar que en Cuba existe un creole 0 que esos
restos de lenguas africanas, fijas en el repertorio de patakines,
mitos y ceremoniales, tienen una vida de comunicaci6n. Ni
ahora ni antes la tuvicron fuera del ritual al que respondian.
Si uno entra a un rito de la santeria cubana, sorprendentemente
va a escuchar cantos cuyas letras no responden a ninguno de
los patrones 0 signos de la lengua espafiola. La cuestion esta
en comprender que estas lenguas confonnan un codigo cerra-
do, s610 vivas en el momento mismo del ritual, en el momen-
to mismo de iniciar un viejo himno de Ife, 0 de Benin. N ingun
religioso puede comunicarse en la vida cotidiana a traves de
las palabras que 1e sirven para entonar su canto mfstico; no

173
hay, de hecho, una comunicacion colectiva que desconozca 0
prescinda del uso del espanol aun en su uso diario, cs decir,
en su naturaleza de lengua hablada. Los que hayan asistido a
cualquier cercmonia de la santeria habran escuchado rezos,
acornpanados de sus cantos, no pronunciados en espafiol. Sin
embargo, para solicitar cualquier servicio, para pedir cual-
quiet" gcstion concreta, todos deberan expresarse en lengua
espanola, claro que en su tono hispanoamericano, en su 1n-
confundible aire ultramarine. Es 10 mismo que ocurria cuan-
do asistiamos a misa en cualquier iglesia catolica. EI cura
oficiaba en latin pero el sermon deberia ser pronunciado en la
Iengua de la mayoria, que es ademas la lengua materna de los
cubanos: la espanola. La poblacion negra y mulata de Cuba
no posee otro idioma como algunos eruditos a la violcta
pretenden afirmar. El cspanol de America, pasase por Mexi-
co, Cuba 0 la Argentina, ha clamado su espccificidad y, no en
balde, ha gestado una literatura, la hispanoamericana, que en
sus period os mas significativos ha bebido y reverenciado la
mejor tradicion de la literatura peninsular. Asimisrno, esa li-
tcratura peninsular, ya dcsde fines del siglo X1X, habia abierto
brazos, oidos y manos a la cstetica hispanoamericana para asi
enriquecer la lcngua y ponerla a circular de modo incesante al
ritmo de un mundo vertiginosamcntc modemo. As! 10 han
dernostrado las obras mas trasccndcntalcs tanto de la llamada
Generacion dcI98 como de la del 27. Dos poeticas y una misma
lengua han sido la divisa de una historia literaria compartida,
desde entonces, entre ambas riberas del Oceano Atlantico.
La religion atraveso campos minados; disparo sus radares
hacia la vida civil y, trasmutada en formas culturalcs, copo
zonas claves del arte y la literatura cubanos conternporaneos,
liberando una infinidad de valorcs hasta el momento desco-
nocidos. Esa explosion estetica iba de 1a mano con las innu-

174
merables contradicciones de una epoca estremecida por el fi-
nal del siglo y, claro esta, por la inrninencia de un siglo XXI
como sonara el Che en su disefio utopico de una America
Latina en manos de las mayorias, en manos de los que descan
restituir una sabia equidad de plenos poderes, sexos y razas,
con el fin de proerear una humanidad de nuevo rostro, Las
artes escenicas, las artes plasticas, la musica (culta y popu-
lar), la danza, no solo evidencian dicha explosion sino paten-
tizan que el lado tangible de su africania es imposible de
desgajarsc de los sentimientos nacionales de nuestro imagi-
nano.
Repasando los conceptos de Femando Ortiz, volvcremos a
comprobar que la cultura cubana es una resultante que inclu-
ye en su entidad dos fuentes primicias: la hispana y la africa-
na, en un toma y daca irreversible. II En el plano de la historia
nacional, los dos heroes mayores de la independencia reflejan
esta verdad. Son ellos mismos una metafora de un contexte
sociohistorico nacido de una estructura ya conocida. El poeta
Jose Marti y el general Antonio Maceo son paradigmas de una
cubania que alcanza incuestionables niveles de sublimacion.

II Aun intelectuales como Jorge Mafiach concebian nucstra idcntidad


como un resultado de la combusti6n racial entre blancos y negros. En
plena republica, Maflach confirmaba que: «Llevamos en In mas a de In
sangre una herencia nada rcmisa al cruce VOIUplUOSO, de la cual da fc
bastante la extensi6n =-ostensible y disimulada - de nuestro mesti-
zaje. Y lejos de vemos en el caso de reprocharle al negro el haber side
motivo de un problema cruento como el de la Guerra Civil norteame-
ricana, tenemos que agradecerle todo 10 que han significado en nues-
tra historia un [Antonio] Maceo, un Guillermon [Moncada], un Juan
Gualbcrto G6mez, amen del cuantioso y oscuro contingcntc gucrrero
de su propia raza.» Ver su articulo «El problema negro», en Pasado
vigente, ed. Tropico, La Habana, 1939, pp. 123-4.

] 75
Mas alia de diferencias politicas, ideologicas 0 meramente
culturales, los cubanos que residimos en la Isla 0 aquellos
que conforman una suerte de diaspora esparcida por el mun-
do, asumimos a estas dos figuras tutelares como los principa-
les gestores de una cubania no negociable.
Ademas de Antonio Maceo, los mejores amigos de Marti
fueron los negros eubanos Rafael Serra" y Juan Gualbcrto
Gomez." Con el auxilio de ambos, aunque fundamentalmen-
tc con la gestion y asistencia del segundo en 10 que toea a la
Isla, logro fundar, organizar, movilizar y difundir los ideales
del Partido Revolucionario Cubano. Mal interpretado y rna-
nipulado hasta la saciedad, el postulado martiano que reza:
«Hombre es mas que blanco, mas que mulato, mas que negro.

12 Con su gcnio habitual Marti dijo de Rafael Serra: «Y cuando, con cl


corazon clavado de espinas, un hombre ama en el mundo a los mis-
mos que 10 niegan, ese hombre es epico.» Ver Pedro Deschamps
Chapeaux: Rafael Serra y Montalvo (biografia), ed. Union, La Haba-
na, 1976, p. 19.
13 El ideal indcpcndentista de Juan Gualberto Gomez estuvo conforma-
do por premisas martianas. Ferviente luchador contra la segregacion
racial que, a partir de la guerra hispano-cubana-americana (1898), ya
iba invadiendo la vida civil de las ciudades de provincia. sobre to do
en el este de la Isla; hcredero de las luchas abolicionistas pues el mis-
mo habia sido hijo de esclavos que habian comprado su libcrtad, Juan
Gualberto G6mez fue un patriota en cuyo ideario alumbra el equili-
brio del componente africano de nuestra identidad. Su periodismo,
que influyo poderosamcnte en el del joven Nicolas Guillen. asi 10 de-
muestra. Todavia hoy palpita en la memoria coleetiva del pueblo cu-
bano, su memorable voto contra la Enmienda Platt que el aguila
imperial quiso imponer a la Constitucion de la Republica recien estre-
nada en los albores del siglo xx. Ver Juan Gualberto G6mez: Por Cuba
Libre, seleccion y prologo de Emilio Roig de Lcuchsenring, ed. Cien-
cias Sociales, La Habana, 1974.

176
Cubano es mas que blanco, mas que mulato, mas que negro»,"
sirvio para que algunos se permitieran ellujo de confundir y
confundirse, al pretender abstraer del concepto de cubania
uno de sus principales factores etnicos." Todas las cr6nicas
martianas en los Estados Unidos durante el primer Iustro de
Ia dccada de los noventa, por ejemplo, 10 muestran como un
observador acucioso de las confrontaciones raciales (sumi-
nistradas por todo tipo de inmigrantes). As! fundamentaba el
mas transparente de sus principios, el que defendio a capa y
espada a 10 largo de su incesante lucha en favor de Cuba: «El
alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma
y color. Peca contra la humanidad el que fomente y propague
la oposici6n y el odio de las razas.x" La naci6n martiana asu-
mi6 consecuentemente el factor etnico de origen africano. En-
sayos suyos como «Nuestra America» (1891) Y «Mi raza»
(1893) asi 10 proclaman. La Cuba de Marti tenia clara con-
ciencia del horror de la esclavitud, inequivocamente conde-
nada en sus celebres Versos sencillos:
El rayo surca, sangriento,
El lobrego nubarron:
Echa el barco, ciento a ciento,
Los negros por el porton.

14 Jose Marti: «Mi raza», en Paginas escogidas, tercera edicion, tomo T.


selecci6n y prologo de Roberto Fernandez Retamar, ed. Cicncias So-
ciales, La Habana, 1974, p. 116.
rs Si bien es indudable la profunda africania de Cuba a traves de infini-
tas manifestaciones -s610 esbozadas aqui- no es menos cicrto que,
en tiempos recientes falta una reflexion, una meditaci6n compiladora
de Ja presencia y la gesti6n de la poblaci6n negra y mulata de Cuba en
la historia de las ideas indcpendentistas. Sus aportes permanecen en
una opacidad injustificable.
16 Jose Marti: «Nuestra America», en op. cit., p. 167.

177
El viento, fiero, quebraba
Los almdcigos copudos;
Andaba Lahilera, andaba,
De los esclavos desnudos.

El temporal sacudia
Los barracones henchidos,
Una madre con su cria
Pasaba, dando alaridos.

Raja, como en el desierto,


Salio e/ sol al horizonte:
Yalwnbr6 a un esc/avo muerto,
Colgado a un seibo del monte.

Un nino 10 via: temblo


De pasion por los que gimen:
i Y, al pie del muerto, juro
lavar con su vida el crimen!

(XXX))7

La Cuba de Nicolas Guillen respira en la certeza de haber


cantado a su profunda africania. [Link] otra cosa fue para
Guillen el concepto de nacion sino una reafirmada voluntad
de sublirnar tambien el factor etnico que contribuyera a dibu-
jar nuestro perm definitive? EI asunto de la africania 0 el
africanismo de Nicolas Guillen es algo ineludible en su ex-

17 Jose Marti: «Versos sencillos», en op. cit., pp. 30-1.

178
presion, segun propusiera el argentino Don Ezequicl Martinez
Estrada. Su juicio, que evidentemente se asienta en 1a lectura
detenida de la clegia familiar «El apellido», se fundamenta,
no obstante, en la cxplicita aceptacion del rasgo nacional que
advertimos en toda su poesia. Martinez Estrada no duda, por
ello, de la cubania de Guillen, porque pudo asimilar la impor-
tancia que para N icolas tiene nuestro lade africano. Asi, decla-
ra: «Guillen trae una poesia de pueblos agrafos, de intcmperie
y espontaneidad, no una ccologia, una paideurna africana,
como se ha dicho y repetido, En todo caso, afrieana mas que
asiatica y cubana mas que africana.a"
En Guillen, Africa no es opci6n sino esencia transcultura-
da. Para terminar, oigamos su sobrecogedor poema «Son nu-
mero 6):

Yoruba soy, lloro en yoruba


lucuml.
Como soy un yoruba de Cuba,
quiero que hasta Cuba suba mi llanto yoruba:
que suba el alegre llanto yoruba
que sale de mi.

Yoruba soy,
cantando voy,
Ilorando estoy,
y cuando no soy yoruba,
soy congo, mandinga, carabali.
Atiendan, amigos, mi son que empieza asi:

IH Ezequiel Martinez Estrada: La poesia afrocubana de Nicolas Guillen.


ed. Union, col. Cuadernos, La Ilabana. 1967. p. 64.

179
Adivinanza
de Laesperanza:
10 mlo es tuyo,
10 tuyo es mio;
toda la sangre
formando un rio.

La ceiba ceiba con su penacho;


elpadre padre con su muchacho;
fajicotea en su carapacho.
jQue rompa el son caliente,
y que 10 baile la gente,
pecho can pecho,
vasa can vasa
yagua can agua can aguardientel

Yoruba soy, soy lucumi,


mandinga, congo, carabalf.
Atiendan, amigos, mi son, que sigue asi:

Estamos juntos desde muy lejos,


jovenes, viejos,
negros y blancos, todo mezclado;
uno mandando y otro mandado,
todo mezclado;
San Berenito y afro mandado,
todo mezclado;
negros y blancos desde muy lejos,
todo mezclado;
Santa Maria y uno mandado,
todo mezclado;
todo mezclado; Santa Maria,

180
San Berenito, todo mezclado,
todo mezclado, San Berenito,
San Berenito, Santa Maria,
Santa Maria, San Berenito,
jtodo mezclado!

Yoruba soy, soy lucumi,


mandinga, congo, carabalf.
Atiendan, amigos, mi son, que acaba asi:

Salga el mulato,
suelte el zapato,
diganle al blanco que no se va ...
De aqui no hay nadie que se separe;
mire y no pare,
oiga y no pare,
beba y no pare,
coma y no pare,
viva y no pare,
[que el son de todos no va a parar!
(e Son numero 6»))19

Somos un emblema de 10 real maravilloso. Fuerzas histo-


ficas y sobrenaturales, junto a una decision retadora, nos co-
locan en el centro del Golfo, can una pupila multiple para
estar y ser, sobrevivir y defender nuestra especifica difcrcn-
cia, ese particular caracter que puede veneer no importa emil
aparente imposibilidad.

19 Nicolas Guillen: «Son numcro 6», en Autologia mayor, ed. Union,


col. Bolsilibros, La Habana, 1964, pp. 129-30.

181
Cuba presenta una africania profunda que, por ella misma,
no se muerde la cola sino que alumbra nuestro camino hacia
un futuro abierto al mundo, at entrecruzamicnto natural y no
impuesto, pues nuestra cultura pcrtenece a los vaivenes de un
uni verso mareado por la justicia social y la impostergable li-
bcraci6n de nucstra alma, profundamente cubana, nueva, di-
versa y, sabre todo, como quiso cl poeta de Songoro cosongo:
«libre como el aire»,

La Habana, junio de 1996

182
~ ENSAYOS
CI.l
~ Nancy Morejon
Seleccion y pro logo
de Trinidad Perez Valdes

LETRAS
CUBANAS
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Edicion / Rinaldo Acosta


Dirccci6n artistica y disefio de cubierta / Alfredo Montoto Sanchez
llustracion de cubierta / Manuel Mendive
Composicion computarizada / Jacqueline Carbo Abreu

~ Nancy Morejon, 2005


<rJ Sobre la presente edici6n:
Editorial Lctras Cubanas, 2005

ISBN 959-10-1095-8

Instituto Cubano del Libro


Editorial Letras Cubanas
Palacio del Segundo Cabo
O'Reilly 4, esquina a Tacon,
La Habana, Cuba.

E-mail: c1c@[Link]

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