Sinna
Sinna
Sinopsis
En un mundo donde habitan criaturas místicas, un príncipe se aventura a redescubrir la vida y la
felicidad antes de que se convierta en el nuevo monarca de Yuuei. Su viaje lo llevara a encontrarse con
una de estos seres mágicos, ambos compartirán aventuras mientras descubren un nuevo sentimiento.
¿Acaso un humano y una sirena pueden amarse?
Introducción:
Serendipia
A la orilla de aquella playa solitaria había llegado él, arrastrado por la corriente tal vez; ese ser mítico
que despierta incertidumbre y algo de miedo entre los marineros, reposaba en la suave y blanca arena
sin conocimiento de su alrededor y lo que podía llegar a provocar; las escamas verdosas brillaban con
el sol, mostrando pequeños destellos leves que se tornaba azules, como si estuviera cubierto de joyas
preciosas que eran bañados de vez en cuando por la marea de esa tarde. Los cabellos negros mojados se
pegaban a su rostro pálido. La espuma del mar arrastraba con el un líquido rojo. Aquella criatura se
estaba desangrado. Una herida profunda se veía entre las escamas. Sin embargo su rostro tranquilo lo
hacía parecer que solo tomaba una siesta.
Aún tenía miedo, creía que lo que veía no era real, recordaba todas las historias de esas criaturas
"sirenas o tritones". Si es que esta era una cosa o la otra, porque lo que tenía enfrente no se veía como
los que el conocía. En los relatos se contaba que eran seres mitad pez, con pieles y escamas grisáceas,
como las sardinas; decían que no tenían ni un solo pelo y que sus ojos eran grandes y vacíos, contaban
que poseían garras afiladas y dientes puntiagudos de tiburón, no tenían nariz ni orejas porque no las
necesitaban, en las imágenes de sus libros se veían como monstruos temibles. No, este se veía
diferente, se veía... ¿adorable? No daba miedo como las que el conocía, pero aún así no se fiaba de ella.
Si, tenía una aleta y escamas, pero estas se veían coloridas y vistosas; no tenía garras pero podía ver en
sus manos una especie de membranas entre los dedos –como la de algunas aves acuáticas– y una
especie de branquias bajo el cuello, cerca de las orejas; otra cosa diferente, según el las sirenas y
tritones no tenían orejas, aunque distinto a las de los humanos, estas tenían aletas verdes y además tenía
una nariz respingona.
Se armó de valor, miro a su alrededor como buscando algo y se detuvo cuando lo encontró, tomo una
rama que la marea había arrastrado hasta ese lugar, y como lo hacían los niños con algún animal que
encontraban tirado, decidió picarlo un poco. Unos golpes en la cara y nada paso. Unos cuantos golpes
más en los costados del torso y brazos, pero nada pasaba. Volvió a mirar la herida en su aleta, las
escamas se pintaban de un rojo tan colorido; hizo un último intento y golpeó cerca de la herida. Un leve
quejido fue suficiente para asustarlo y que cayera al piso arrastrándose para alejarse del cuerpo frente a
el, una vez estando más calmado y comprobando que aquel ser no se movía, se puso de pie y una vez
mas se acercó de a poco. Movió su hombro con su mano –pues del susto perdió la rama– y la criatura
volvió a quejarse; de inmediato el se alejó otra vez poniéndose en guardia.
Estaba vivo.
No sabía si era peligroso como le contaron; pero estaba lastimado, así no podría dañarlo, quiso creer.
ɷʚ♥ɞɷ
Shōto Todoroki era el príncipe de Yuuei. A sus 17 años partió de su reino en busca de aventuras y
gloria. El rey Enji III había dado permiso de salir al mundo al menor de sus hijos, con la promesa de
que al volver dentro de 4 años seria todo un hombre, listo para tomar el trono. Y es que tras la muerte
de su hermano mayor Todoroki Natsou y la repentina huida de Touya, su otro hermano, el era el
siguiente heredero sucesor, toda la responsabilidad había caído en el. A Shōto no le importaba ser rey,
aunque sabía de sus responsabilidades para con su pueblo y no pensaba defraudarles. La muerte de su
hermano le había dolido y el hecho de que Touya abandonará sus responsabilidades solo por rebeldía lo
ponía de mal humor.
El amaba su reino, cuando su madre aun vivía le gustaba pasear por la ciudad cercana al palacio, no
podía disfrutar mucho debido a la guardia real que siempre los acompañaba por ordenes de su padre,
pero aun así, ya fuera comprando baratijas o algo de comida, saludando a los pobladores o simplemente
caminando tomado de la mano de su madre, eran momentos mágicos si estaba con ella. Eso se había
terminado cuando ella se fue y ese enorme lugar en el que vivía se volvió mas frió y solitario; no era un
secreto que en el palacio, que el amor escaseaba entre la familia real. No podía soportarlo, por eso al
alcanzar una cierta edad, pidió permiso para salir y explora el mundo, quería aprovechar al máximo su
estancia fuera de su prisión. Quería redescubrir la felicidad y ver la vida el mismo.
Había pasado los primeros dos años navegado con un par de marineros dispuestos por su padre y uno
que otro voluntario, conociendo lugares mágicos. Islas llenas de vegetación y animales exóticos.
Participo en batallas contra piratas que osaban asaltarlos en alta mar y otras veces había defendido
pueblos de bandidos que atormentaban a los habitantes llevándolos ante la justicia y aprisionándolos en
las cárceles de su reino, que visitaban cada que capturaban malhechores; siempre saliendo ilesos y
victoriosos, sobraba decir que el era un prodigio en la batalla, toda su niñez su padre lo obligo a
practicar en los entrenamientos junto a los guerreros del reino, ese aprendizaje le sirvió para ahora
guiar en batalla a sus hombres y llevarlos la gloria.
Llego a visitar lugares llenos de vida y algunos no tanto. Conoció gente cálida y amable, como nunca
había visto en casa, y otros lugares con pobladores que le recordaban a su hogar. Para esas fechas la
leyenda del príncipe y sus heroicas aventuras al lado de su tripulación eran conocidas por casi todo el
reino, cortesía de los pobladores salvados o de alguno de sus marineros boca floja en alguna cantina,
adonde algunas veces iban para que se distrajeran un rato, donde Shōto había conocido lo peor de la
humanidad muchas veces. Aunque algunas historia eran exageradas por el cocinero Kaminari Denki, un
rubio divertido, de ojos color miel que se embriaga cada vez que visitaban las tabernas, el no
participaba en las batallas pero siempre exageraba sus relatos de más y a veces inventaba, todo para
seducir a las señoritas que atendían dichos lugares, aunque nunca le hacían caso pues estas estaban más
interesadas en el príncipe que en el.
La historia más famosa era la de su enfrentamiento contra el pirata Gentle y la Brava, un par de
corsarios que asaltaban navíos de comerciantes, el había puesto fin a los atracos tras capturarlo, fue su
primer gran hazaña y la más mencionada, no le sorprendería que eso hubiera llegado a oídos de su
padre.
Así era su vida y le gustaba, aunque todas esas emociones fueron interesantes, aun no podía sentirse
completo; tendría que pasar los últimos dos años buscando lo que le faltaba. Hasta que su
contramaestre, Kirishima Eijiro, un pelirrojo de brillante sonrisa y buen carisma; le había dicho que
sería bueno desembarcar en una isla cerca. El dijo que era su hogar y le gustaría que su futuro rey lo
conociera.
Así la embarcación del príncipe se dirigió a una nueva aventura, rumbo a las islas Chiba, famosa por
avistamientos de criaturas monstruosas en sus aguas; pero eso no lo detenía, si se encuentran una de
esas bestias lucharía contra ella y se alzaría victorioso como siempre.
Pero al llegar no había ningún monstruo marino ni nada similar, y tras unos días de haber arribado,
salio a caminar por la playa una tarde, sin armas, sin compañía, solo él.
Y aquí estaba.
Capítulo I:
Dime Quien Eres
No sabía porqué lo había hecho, pero su curiosidad y buen corazón lo motivaron a llevarlo a la cabaña
que tenía por habitación. Una pequeña choza de madera oscura y opaca por el tiempo; dentro solo había
una cama, dos sillas, una mesa con frutos y una vasija de agua, una pequeña estufa hecha de piedra que
funcionaba a base de leña con una chimenea, además de un baúl que contenía sus pertenencias y uno
más con herramientas y otros utensilios de cocina y medicina. Estaba apartada del poblado porque así
lo había querido él, lejos del bullicio de la gente.
La verdad lo había pensado mucho; esa criatura podría ser peligrosa, pero se estaba muriendo. Al final
lo tomo en brazos como pudo, cuidando no lastimar más la herida. Aún alerta con cada queja del
extraño ser, lo llevo cargando desde esa playa hasta su casa.
Lo depositó en la cama con cuidado y busco entre sus pertenencias trapos y hierbas que llevaban
consigo en los viajes, producto de lo que recogían en cada lugar al que iban. En un cuenco de madera
coloco las hierbas que usaba para curar heridas y cortes en batalla, mezclándolas con agua para hacer
una especie de pasta para untar, acerco la mesa a los pies de la cama para tener mejor acceso a los
utensilios, tomo una pequeña charola llenándola de agua limpia y humedeció el trapo para limpiar la
herida. Con los pequeños toques la sirena se movió un poco por el dolor. Shōto se tenso pero aún así
siguió con su labor, siendo más cuidadoso esta vez.
Nunca fue bueno en estas cosas. Siempre que el estaba lastimado su madre lo cuidaba y curaba sus
heridas; la echaba de menos. Con el tiempo su hermana Fuyumi se encargaba de cuidarlo; claro, hasta
que fue comprometida con el príncipe Iida Tensei del reino vecino, un matrimonio arreglado para
fortalecer los lazos de paz entre reinos. Entonces ella también se había ido y él volvía a estar solo. Pero
no olvidaba esos cuidados que le brindaron de pequeño, esos que ahora mismo trataba de brindarle a su
invitado.
Después de limpiar un poco con la toalla tomo el ungüento y lo aplico en la laceración. Esta vez la
criatura se removió con mayor fuerza azotando con su aleta lo que había en la mesa y casi golpeado al
príncipe en la cara, suerte que este pudo esquivarlo.
Tras esas palabras apenas audibles volvió a cerrar sus ojos y quedarse quieto como al principio. Shōto
estaba sorprendido, ¡le hablo en su lengua! ¡podía comunicarse con él!, aunque ahora estaba
inconsciente otra vez. Una pizca de emoción inundo al príncipe, si era una criatura con la cual se podía
razonar, tal vez podría aprender más fácil de ella. Después de el pasado shock, tomo unas vendas y
envolvió con sumo cuidado la herida, no quería despertarlo o lastimarlo de nuevo; con eso termino sus
curaciones.
Recogió el desastre que había provocado hace unos minutos, y se acercó a la cara del ente para
comprobar su estado, entonces se dio cuenta que estaba sudando y con las mejillas rojas. Temeroso
toco la frente y así noto la fiebre que este tenía, probablemente por alguna infección. Volvió a llenar la
charola de agua y con un paño nuevo se dedicó a ponerlo en su frente para refrescarlo, por último
cubrió su cuerpo con una sábana.
Paso la noche cuidando de el sentado en una de las sillas al lado de la cama, hasta que la respiración se
normalizo y sus mejillas dejaron de estar rojas, volviendo esa tonalidad amarillenta a su rostro, solo así
se permitió dormitar un poco, porque aunque era diferente a él, esa criatura fascinante merecía vivir.
ɷʚ♥ɞɷ
No se dio cuenta cuando se quedo dormido, las aves mañaneras comenzaban a entonar sus cantos, y la
claridad de la mañana se hacia presente; al abrir los ojos no vio a la criatura en la cama. Se levanto tan
rápido poniéndose alerta buscando a su alrededor desesperado. Entonces lo vio, en una esquina de la
cabaña agazapado y envuelto en la sabana estaba la criatura mitad pez, mirándolo con unos ojos muy
abiertos, temeroso, temblaba levemente, no sabia si era el miedo o por lo fresco de la mañana.
De forma calmada y recordando que probablemente podía entenderlo, levanto los brazos en son de paz.
El pareció reaccionar a aquello, ladeo la cabeza para observarlo mejor, aun no se movía y seguía
temblando. Shōto entendió que aun le temía, no quería asustarlo más, iba a tratar de decir algo para
tranquilizarlo y ganar su confianza, pero entonces noto algo diferente. De entre la sabana se asomaba
un pequeño... ¿pie? ¿Que era lo que estaba pasando?, acaso no el día de ayer tenia una aleta por pies.
—¿Q-que, que es eso? —Pregunto señalando a dicha extremidad. —¿Puedes hablar? Pue- claro que
puedes, ayer te escuche... ¿Que eres?
El solo lo miraba con esos ojos grandes, que ahora notaba eran violeta. Se estaba impacientando, creía
que estaba perdiendo la cabeza, que todo lo había imaginado, pero, entonces ¿Como es que había un
extraño en su morada con la misma cara que la criatura de ayer en la playa? No, el sabía muy bien lo
que había visto.
—En serio... ¿No vas a lastimarme? —Pronuncio apenas audible para el príncipe, con los labios
temblorosos y ojos brillantes rebosantes de lagrimas que amenazaban con ser derramadas en cualquier
momento.
No lo podía creer, ¿Que tenia que hacer para ganarse su confianza? ¿Por que era tan difícil? No pudo
evitar pensar que horribles suceso tuvo que pasar para ser así de desconfiado. Se calmo y respiro
hondo, miro a su izquierda, buscando en la ventana las palabras correctas para avanzar en este segundo
encuentro estando ambos conscientes.
—Como ya te dije, no voy a dañarte, si fuera así, no te habría traído aquí y curado esa herida tuya. —
Señalo a sus pies. —Ahora, ¿Me dirás quien eres?, ¿Que hacías en esa playa? —Hizo una pausa y miro
a sus pies y segidamente a su cara. —Y... ¿eres un tritón?
—¡No!
Silencio, eso aconteció tras la rápida y desesperada respuesta. Shōto no sabia si hablar o esperar a que
el dijera algo más, quizás fueron demasiadas preguntas. Algo que le inquietaba era el hecho de que si le
tenia tanto miedo, ¿Por que no había huido?
—Entonces... —Lo animó a continuar, pero el se mostraba renuente. Estaba perdiendo la paciencia,
pero entonces hablo.
¿Una sirena? Shōto se habia equivocado y termino confundiendola con un chico, pero, ¿Que no eran lo
mismo? Bueno, al menos le había respondido algo, eso ya era un avance.
—Unos hombres en un barco atacaron a mi gente, ellos... ellos... —Su voz se corto y los sollozos
comenzaron a inundar la habitación.
Aunque no había terminado su relato, Shōto se hacia una idea de lo que pudo haber pasado. Los
últimos seis meses se la había pasado tras la pista de unos piratas traficantes de especies místicas.
Probablemente ellos tenían algo que ver. No es que el fuera a ser el rey de esas criaturas, pero esos
piratas las vendían como armas, se decía que algunas tenían poderes místicos muy peligrosos. Fuere lo
que fuere él no creía en la esclavitud de ninguna especie, y menos ahora sabiendo que posiblemente
una de ellas estaba frente a él, lastimada y temerosa de todo.
—Esta bien. —Dijo para calmarla. —Yo no soy como ellos, no voy a dañarte, ¿Puedes decirme que
paso?
—Estábamos... Estábamos todos en los arrecifes de Shinzouka, cuando esos hombres aparecieron.
Trate de huir como me dijo mi madre, pero uno de ellos me atravesó la aleta con un arpón. —Shōto se
acerco con un vaso de agua que acababa de servir, con menos miedo que antes lo tomo. —Pude
liberarme, pero a los demás... yo... no se que paso con ellos. Entonces nade lejos, pero de pronto perdí
el conocimiento.
—Si paso mucho tiempo fuera del agua puedo tener piernas, pero nunca había estado tanto tiempo
fuera del agua, no se usarlas.
Eso podía explicar porqué no huyó al despertar, probablemente despertó y se arrastro hasta la esquina
por el miedo.
Aparto el vaso después de que le diera unos sorbos y se dispuso a tomarla en brazos, aunque al
principio pareció asustarse, cedió con facilidad ante sus brazos; rodeo su cintura y tomo sus piernas
para levantarla, era tan liviana. Cuando la coloco en la cama, tomo la sabana para abrigarla mejor,
entonces noto que estaba desnuda, y se veía como una chica humana.
—No tienes ropa. —Afirmo mientras se daba la vuelta para darle privacidad, no lo noto pero su rostro
se cubrió de un leve tono rojo. —Eso es un problema.
Rebusco entre su baúl, saco una camisa blanca y unos pantalones marón y se los tendió a la chica. No
es como si no hubiera visto cuerpos humanos desnudos antes, pero no se sentía bien aprovecharse de
alguien que parecía inocente.
Aun con movimientos torpes la de ojos violeta se puso las prendas, teniendo dificultades al ponerse el
pantalón en la pierna izquierda, donde estaban las vendas y el ungüento sobre una pequeña lesión; pero
entonces había otro problema, estas le quedaban grandes, tendría que ir al pueblo a comprar algo a su
medida, eso y unos zapatos.
—¿Tienes un nombre? —Pregunto cuando termino de vestirse. —Yo me llamo Nozomi, Midoriya
Nozomi ¿Y tú?
Capítulo II:
Curiosidad
Más tarde salió a por la ropa de Nozomi, compro lo que creía era de su talla, incluidos zapatos. Iba de
regreso a la cabaña, la mañana estaba tan tranquila, las olas del mar se podían escuchar cerca, y los
rayos del sol comenzaban a calentar de a poco el poblado de Chiba; los mercaderes empezaban a abrir
sus puestos ofreciendo todo tipo de productos, observo los locales de verduras, carnes y panaderías, se
detuvo a pensar si debía llevarle algo de comer a su invitada, pero no sabia que era exactamente lo que
comía. Compro unos cuantos pescados, algunas papas y pan, esperaba fuera suficiente.
No se topo con ninguno de sus hombres mientras hacia sus compras, probablemente estarían
divirtiéndose o dormidos, aun era temprano; habían acordaron que su estancia en la isla seria como
unas pequeñas vacaciones, por lo tanto no lo molestarían por un rato, así que tenia todo el tiempo del
mundo para lidiar con Nozomi.
Llego a casa y al entrar la vio sentada en la cama, viendo por la ventana hacia el mar, los rayos dorados
del sol le daban directo en la cara, la brisa marina que se colaba por la ventana mecía sus cabellos sin
prisa alguna, su rostro se veía mejor que ayer, pero su mirada estaba apagada; las joyas de sus ojos no
tenían brillo.
Como si lo hubiera descubierto, la joven sirena volteo a verlo, le dedico una pequeña sonrisa cuando lo
reconoció y se removió en la cama para estar más cómoda frente a el.
—¡Volviste!
—Si, traje tu nueva ropa. —Menciono mientras levantaba las bolsas de tela con sus compras para
mostrárselas. —¡Ah! y también traje algo de comer, no se nada sobre la dieta de una sirena pero
compre pescado, papas y pan.
Coloco las compras en la mesa y estaba buscando algún recipiente para colocarlas, después encendería
la estufa para cocinarlas, mientras le pediría a Nozomi que se cambiara de ropa; si, era un buen plan. Se
dio la vuelta para darle la bolsa con las prendas pero la escena que se encontró lo sorprendió.
Miraba incrédulo a la chica que se había acercado a la mesa y de entre las bolsas saco un pez que ahora
estaba comiendo como si nada. Nozomi lo miro aun con la boca llena saboreando la carne cruda, suerte
que ya no tenia escamas ni cabeza.
—¿Cómo así?
—Siempre lo he comido así, las sirenas y tritones comemos peces y algunas algas.
Aun desconcertado Shōto lo dejo pasar, se dispuso a cocinar para si mismo, ya que Nozomi lo comería
crudo al parecer, aun le causaba algo de conflicto ver a la chica comer carne así pero entendía que era
parte de sus hábitos y la dejo. Cuando termino de preparar lo suyo se sentó a la mesa frente a la chica
ojivioleta, la sirena no dejaba de mirarlo con curiosidad, como queriendo preguntar algo.
—¿Que ocurre?
—¿Eh?
—¿Por qué me miras así? Si quieres decir algo, dilo. —Dijo llevándose un bocado y masticándolo sin
prisa
Le estaba costando hablar. Shōto tenia cara de aburrido mientras seguía comiendo y eso no le estaba
facilitando las cosas a la pequeña sirena. Masticaba lento a la espera de lo que quería pedirle, Nozomi
se daba ánimos mentales para llenarse de valor y pedirle otro favor.
Shōto dejo de masticar para procesar sus palabras, trago el bocado y se dirigió a la chica.
El príncipe hizo una mueca con los labios, llevo una mano al mentón y desvío la mirada, símbolo de
que estaba pensando. ¿Como la llevaría hasta Shinzouka si no podía caminar? ¿Tendría que enseñarle o
mejor la cargaba? Si le enseñaba tardaría más, no sabia que tan rápido aprendía la pelinegra, y si la
cargaba no estaba tan seguro de llegar hasta el arrecife, que dilema.
—Tal vez no sea buena con las piernas, pero he salido del agua unas dos o tres veces, ¡se que puedo
caminar, no causare molestias!
Se puso las nuevas ropas y con un poco de ayuda empezó a dar unos paso, no tardo mucho tiempo
hasta que por fin comenzó a caminar con mayor facilidad. El arrecife no estaba cerca, probablemente
estaría a dos o tres horas de la cabaña.
Apenas llegaron a Chiba, Eijiro los llevo a recorrer cada lugar de la isla, uno de ellos fueron los
arrecifes de Shinzouka, suerte que Shōto recordaba bien el camino.
Nozomi podía moverse con mayor naturalidad, estaban listos para partir. El principie tomo un pequeño
morral, guardo algo de fruta, una cantimplora y un paño, coloco su espada en la funda en su cintura y
abrió la puerta de la cabaña.
—¡Que si!
—Bien. —La miro dudosa. —Si te cansas puedo cargarte.
Se dio la vuelta y salio de casa; Nozomi no dijo nada, solo agacho la mirada mientras sus mejillas se
cubrieron de un tenue rojizo, se quito los zapatos y salio tras de Shōto después de cerrar bien la puerta,
empezando así su travesía.
—Como quieras.
Después de su pequeña discusión comenzaron a avanzar por la playa, recorrerían toda la costa hasta
llegar a los arrecifes.
Al principio todo trascurría normal, aunque no hablaban de nada. Nozomi miraba la playa con ojos
soñadores, caminaba entre la arena y veía las huellitas que dejaba en ella con emoción, sus nuevos pies
eran fantásticos; siempre le gustaba verlos y tocarlos cuando salia del agua, aunque era en contadas
ocasiones, ellos se la vivían en el océano.
A veces se adelantaba y otras se detenía a ver las conchas y crustáceos en la arena, todo con sorpresa y
entusiasmo, como ella hacia las cosas. Para el príncipe era como estar con una niña, hiperactiva y
curiosa, le gustaba eso de la sirema. Le recordaba a lo infantil que era él cuando salia a pasear con su
madre.
—¡Mira! ¡mira esto Todoroki! —Decía el pelinegra con emoción mientras corría devuelta hacia el
sosteniendo algo entre sus manos.
—Ten cuidado, no te vayas a ca... —Justo antes de terminar su advertencia la pequeña había tropezado
y caído de cara al suelo; cuando se acerco a él Nozomi levanto la cara llena de arena mirándolo con
ojos vidriosos, Shōto suspiro y dijo. —Te lo iba a decir.
—¡No importa! ya estoy bien ¡mira! —Se levanto y sacudió la arena para luego mostrar una sonrisa
que deslumbro al príncipe.
Y siguieron su camino. Había olvidado lo que quería mostrarle, de todos modos lo perdió al tropezarse.
No, ahora su curiosidad estaba puesta en otra cosa, algo que la intrigaba desde que despertó en aquella
cama sin saber donde o como llego hasta ahí. Eso que picaba su curiosidad tanto, era la apariencia de
Shōto; había visto humanos antes, incluso los de su especie podían ser peculiares, pero no como aquel
chico, quería saber ¿Por qué tenia el cabello de dos colores?, ¿Y por qué sus ojos también tenían dos
colores distintos?, Además ¿Que era esa cicatriz en su rostro al rededor de su ojo izquierdo?, ¿Le
dolería mucho?, ¿Cómo paso?, Esas solo eran unas cuantas preguntas, también quería saber ¿Por qué
era rojo y blanco su cabello?, ¿No podía ser verde y blanco?, ¡¿O negro y azul?!, y sus ojos, le gustaban
los ojos azules, le recordaban al mar, pero los ojos grises se le hacían un poco tristes, le recordaba a las
nubes de tormenta, siempre le daba miedo cuando estas aparecían, todo en el mar se agitaba y se ponía
oscuro, y justamente el tenia el derecho gris y el izquierdo azul.
—Eh... ¿yo?
—Si, tú.
—¡No, no, no!, no es nada. —Negó efusivamente moviendo los brazos y la cabeza para después seguir
caminando a su lado.
Shōto suspiro, sabia que pediría algo, justo como en la cabaña; pensando que estaba cansada y que
ahora quería que la cargara se animo a decir.
—Yo me preguntaba, ¿Por qué tienes el cabello de dos colores?, digo se te ve genial y todo pero, ¿Por
qué justamente esos colores?, Y tus ojos, me encanta como se te ven pero, ¿Por qué son de colores
distintos? es decir... —De la nada la chica empezó a hablar y hablar, parecía que no se callaría nunca, el
bicolor apenas y recordaba algunas de las preguntas y su cara estaba completamente seria, como si
estuviera desconectado, con la boca un poco abierta mientras miraba a la sirena.
De pronto volvió a la realidad tras la última pregunta, "¿Por qué tienes una cicatriz?" Desvío la mirada
al mar pensando en su respuesta.
—Yo...
Le costaba responder, Nozomi lo noto, esa expresión triste, tal vez dijo algo que lo incomodo. "¡oh
Poseidón!" Pensó; si es que a veces era una tonta. Se sintió terrible tras llegar a esa conclusión,
nerviosa trato de disculparse, pero no tenia previsto que Shōto decidiera responder a sus preguntas, el
príncipe había resuelto que era tiempo de dejar atrás sus miedos tras la historia de su cicatriz.
—Cuando tenia 10 años, mi madre murió en un incendio, mi hermano mayor y yo estábamos con ella.
—Hizo una pausa e Nozomi podía hacerse una idea de la trágica historia. —Yo logre sobrevivir, pero
ellos no.
Su rostro afligido la motivo a abrazarlo y disculparse una vez más por hacerle recordar tan trágicas
memorias.
—Descuida, creo que es tiempo de superarlo. —Una pequeña sonrisa se dibujo en los rostros de ambos.
—¿Cuales eran las otras preguntas? Las olvide.
Capítulo III:
La Cruel Realidad
Cuando llegaron lo primero que hicieron fue gritar desde la orilla, llamando por algún sobreviviente
que al igual que ella volviera en busca de los suyos, no recibían respuesta de ningún tipo, pasaba del
medio día y el clima cálido se mezclaba con la leve brisa marina. La pelinegra desesperada y cansada
de no obtener respuesta se quito los pantalones y se tiro al mar; en unos segundos aquella chica volvió
a la forma en que la encontró Shōto el día anterior en la playa. Por un instante el príncipe se asusto,
pero valientemente y sin saber porque, se lanzo tras de ella. Nadaba claramente más lento, y por unos
segundos la perdía de vista, solo para ver una aleta verde sumergirse en el agua varios metros delante
suyo, y cuando por fin la alcanzo pudo ver el arrecife bajo el agua clara.
La escena que estaba frente a sus ojos era algo desconcertante para Shōto, el agua turquesa se movía
lenta y calmada, no muy profundo se alcazaba a ver algunos restos de cuerpos, ya no quedaba rastro de
sangre porque el mar se encargo de borrarla, algunas rocas que sobresalían también guardaban restos de
lo sucedido, él estaba acostumbrado a las batallas, la sangre y esas cosas, pero la chica que flotaba a su
lado no era tan fuerte.
Con esos ojos violetas estaba viendo frente a ella la cruel realidad de la emboscada. Nozomi no hacia
nada, solo se movía para mantenerse a flote. Ya no quedaba nada, solo pedazos de seres que alguna vez
fueron su familia.
Shōto nado hasta su lado y la tomo de un brazo para alejarla de aquella escena. Si no fuera por él, se
hubiera quedado más tiempo viendo lo que quedaba en Shinzouka.
Estaban sentados en la arena, ambos mojados y con dos piernas. No se atrevían a hablar; una porque
rompería en un llanto desesperado si lo hacia y el otro porque no sabia que hacer o decir; llevaban así
desde que salieron del mar.
Nozomi derramaba lagrimas en silencio, ni siquiera lo notaba, miraba el lugar donde pasaba los
mejores momentos con los suyos, recordaba a su madre Inko, a sus amigos, Ochako, Tsuyu, Shindo,
Aoyama, Momo y Kacchan. Aun se debatía mentalmente si Toshinori, había perdido contra esos
piratas, no lo creía de ese modo, confiaba en él, le gustaba llamarlo All Might, porque era muy fuerte,
como un héroe de cuento.
Ahora solo podía recordar los juegos de pequeño con su madre; las expediciones que hacia con sus
amigos, fingiendo ser una gran aventurera explorando todo Shinzouka; recordaba las veces que
Kacchan la hacia llorar y como aun así ella lo admiraba y lo seguía por su gran fortaleza. Ahora
ninguno estaba y no sabia si los volvería a ver, se había quedado sola.
El bicolor quería hablarle, no le gustaba verla tan callada, aunque se conocían de hace poco, le gustaba
que la pequeña hablara y le sonriera mientras murmuraba cosas inentendibles para ella. Pero no era
buena con las emociones ni las palabras, en realidad le costaba mucho relacionarse con la gente, quería
ayudarla y consolarla pero no sabia como hacerlo, era frustrante ese sentimiento.
—¿Y que voy a hacer ahora? —Dijo la sirena mirando aun el mar.
Nozomi estaba dando el primer paso, ¿Por qué Shōto no podía consolarla?, ¡Que alguien le dijera
como! Aun con tantas inseguridades se acerco a Nozomi para abrasarla, eso era lo que ella había hecho
cuando le contó de su madre, así que pensó seria lo correcto.
Entonces algo hizo clic en su cabeza; recordó a su madre y hermano. Nozomi acababa de perder a toda
su familia y amigos, podía imaginar el sentir de la chica comparándola con la perdida sufrida en aquel
incendio, sentía empatía con ella, la abrazo más fuerte contra si, imaginando el dolor por el que estaba
pasando, quería aligerar la carga que él a sus 10 años vivió y sintió también, no quería que aquella ser
mágica terminara como él, no podía imaginar que Nozomi dejara de sonreír y hablar sin parar, el
mundo seria más fatídico si la chica dejaba de ser quien era solo por estar triste.
—Ellos ya... no están. Me he quedado solo. —Murmuro por lo bajo mientras las lagrimas bajaban por
sus mejillas y su labio inferior temblaba, intentando contener sus sentimientos, pero no lo estaba
logrando.
—...¿De verdad? —Pregunto mientras levantaba el rostro y se limpiaba las lagrimas. —¿Te quedaras
conmigo?
Los ojos violetas llenos de esperanza lo miraban fijamente, la pregunta lo había tomado por sorpresa.
Ellos no eran iguales, pertenecían a mundos diferentes, pero aun con todo eso, esa pequeña ser le
agradaba, se estaba encariñando con ella. Y aunque no sabia bien que haría después, se atrevió a jurarle
estar a su lado.
—Te lo prometo.
Se dedicaron una pequeña sonrisa el uno al otro para sellar la promesa que recién hicieron.
ɷʚ♥ɞɷ
El camino devuelta a la cabaña fue silencioso, Nozomi ya no corría ni saltaba emocionada con cada
cosa que veía como antes, caminaban a pasos lentos, sin prisa, disfrutando de la compañía mutua, cada
uno enfrascados en sus propios pensamientos, Nozomi pensando en lo ocurrido y Shōto preguntándose
como ayudarla a volver a ser como antes.
Cuando llegaron a la cabaña, algunos de sus hombres estaban esperándolo afuera de esta, siendo más
específicos eran Eijiro, Denki e Iida Tenya, –hermano del esposo de Fuyumi; que había partido con él
porque lo consideraba su amigo– cuando lo vieron llegar a lo lejos corrieron a su encuentro. El
príncipe de lentes y cabello negro azulado se adelanto a los otros dos.
—¡Príncipe Todoroki! —Gritaba Iida mientras desde atrás los otros movían sus brazos en señal de
saludo.
Shōto no sabia que decir, ni siquiera se molesto en corregir a Iida por no llamarlo por su nombre;
ambos eran príncipes y amigos, no quería que lo llamara por un titulo; pero en esos momentos estaba
más preocupado por como les iba a explicar que la chica a su lado era una sirena y que la había salvado
justo ayer en la playa mientras daba un paseo. Sin duda tenia que pensar algo ingenioso para que no
sospecharan, no es que desconfiara de ellos, pero no sabia como se lo tomarían.
Demonios.
—Mmm... nunca la había visto por aquí antes. —Dijo por primera vez Eijiro mientras observaba
pensativo a Nozomi. —Aunque desde que partí a alta mar hace dos años y medio no se bien de la
población de Chiba.
Se encogió de hombros restándole importancia; lo dicho por el pelirrojo calmaba al príncipe un poco.
Sabia que no podía mentirles, por lo que creyó conveniente contarles una verdad a medias.
—Si, ella es Midoriya Nozomi, naufrago aquí después de ser atacada por piratas.
—¡Acabaremos con esos bribones que osan lastimar a la gente! —Agrego Denki.
—¡No se saldrán con la suya! —Apoyo Kirishima. —Danos todos los detalles y nosotros nos
encargaremos de perseguirlos y hacer que paguen.
Esto ultimo se lo dijo a una sorprendida Nozomi; esas personas se veían amables igual que Shōto, todos
estaban dispuestos a ayudarla, se sentía feliz, y después de lo del arrecife pudo sonreír otra vez. El
príncipe noto esa sonrisa, ese diminuto gesto lo animo a apoyar la idea de sus compañeros.
Nozomi lo pensó solo unos segundos, solo para volver a sonreír y asentir de manera efusiva en señal de
que cooperaría con ellos.
ɷʚ♥ɞɷ
Ya dentro de la cabaña Denki preparo algo que comer para todos, mientras la pelinegra daba los
detalles de aquellos que masacraron todo lo que más amaba; antes de entrar Shōto le susurro que por
ahora no dijera nada de que era una sirena, la chica obedeció. Mientras avanzaba el relato todos se
convencían de que eran los contrabandistas de especies míticas que estaban buscando, el barco con
velas negras y el mascaron de proa descrito como un millar de manos talladas en la madera de esta,
aunado a la adscripción de los tripulantes se los confirmaba. Sin duda alguna, se trataba del famoso
Shigaraki.
Pero algo que no se le escapaba al príncipe Tenya, era el porqué atacaron a la chica y su gente, ¿Que
tenia que ver en todo esto?
—Pero, ¿Que era lo que querían obtener de la joven Midoriya y los suyos? —Se atrevió a cuestionar.
—Tal vez solo fue mala suerte la de cruzarse en su camino. —Dijo Denki mientras servia la comida.
Shōto agradecía el comentario del chico rubio pero ahora le preocupaba el hecho de que la comida
estaba servida y perfectamente cocinada; era un estofado de res, y la sirena solo había comido peces y
algas toda su vida, ademas de que los consumía crudos.
Con toda la curiosidad del mundo, Nozomi tomo la cuchara como pudo, Shōto aun algo nervioso le
hacia señas desde el otro lado de la mesa, explicándole como usarla; la pequeño comprendió y
sumergió la cuchara en la comida para después llevarla a su boca frente a los sorprendidos –y algo
asustados– ojos heterocromáticos. Pero para la sorpresa del príncipe esta había hecho una cara de gozo,
para después elogiar la comida. Todos lo atribuyeron a que no había probado alimento decente en días
debido al incidente; exceptuando al rubio que había dicho que sus platillos eran así de exquisitos
siempre porque él los preparaba; digno de los dioses, había dicho.
Al terminar de comer y habiendo llegado la tarde los tres chicos se retiraron a divertirse en lo que
quedaba del día; pues mañana mismo zarparían en busca de los corsarios, que gracias a las indicaciones
que Midoriya les había dado, podían rastrearlos más fácilmente; eso se había decidido en la cabaña,
Eijiro daría aviso a los demás marineros.
Esa noche Nozomi ocupo nuevamente la única cama en la cabaña, Shōto había acomodado una
improvisada en el piso para él.
Miraban el techo a oscuras; Todoroki se preguntaba que hacer con la sinera, le había prometido estar
con ella, pero mañana zarparían en busca de Shigaraki.
—...Mañana nos iremos de la isla. —Rompió el silencio. —No es bueno que te quedes aquí, así que
pensé... ¿Te gustaría venir con nosotros?
Nozomi se levanto para mirarlo recostado en el piso, no podían distinguir sus rostros en lo oscuro pero
si reconocían sus siluetas.
—Se que puede ser peligroso, pero te protegeré en todo momento. —Trato de convencerla.
Nozomi seguía contemplando su silueta en silencio, estaba feliz de que Shōto quisiera llevarla consigo,
sentía que podía volver a tener un hogar, ahí donde el príncipe estuviese.
Se recostó luego de decir aquello. El bicolor no dijo nada más y ambos cayeron dormidos luego de un
rato, esperando por el día de mañana que auguraba un nuevo comienzo para ambos.
Capítulo IV:
Tritón Dorado
Se vio obligado a huir de Shinzouka tras ser perseguido por varios de los piratas. Lo habían seguido
incluso en un pequeño bote de remos, pero él era más rápido nadando y los perdió tras unos minutos.
Con algo de astucia se defendió de ellos, incluso salio ileso y logro herir a un par de ellos. Estaba
seguro de que con los daños que les provoco a esos bastardos la pasarían muy mal.
Se detuvo al no verlos más. Estaba solo, lejos de su hogar, flotando en el inmenso mar, sus cabellos
rubios se levantaban sobre su cabeza y se mecían por el agua como las algas marinas, sus manos y aleta
dorada se movían tranquilamente para mantener su posición y no hundirse, se veía calmado aunque
tenia el ceño levemente fruncido; con sus ojos rojos llenos de fiereza miraba en dirección al arrecife,
debatiéndose si volver y enfrentarlos de nuevo o esperar al siguiente día para volver.
Conocía las indicaciones de Toshinori Yagi –el líder de los tritones–; si algún incidente como ese
llegaba a ocurrir lo primero que debían hacer era escapar, a él no le gustaba huir de nada, era fuerte,
valiente, nada detenía a Katsuki Bakugo; pero no era ningún tonto, él sabía que todos acatarían las
ordenes en caso de ser encontrados o emboscados por humanos, si volvía estaría desobedeciendo las
ordenes dadas y además se arriesgaba a ser capturado, aun estando molesto por no poder hacer nada, no
le quedaba de otra más que esperar.
Ya era tarde, el sol comenzaba a ocultarse y el cielo se pintaba de tonos naranjas por sobre la superficie
del agua, se dedico entonces a buscar un lugar donde dormir.
Nado hasta el fondo y encontró un cumulo de corales tabla, la luz en el agua comenzaba a irse, el coral
se veía cómodo y el rubio estaba demasiado cansado por el día de hoy, tanto física como mentalmente.
No tenia sueño, observaba como los peces se ocultaban entre el resto de corales, para resguardarse en la
noche, cerro los ojos deseando que el mañana llegara pronto para reunirse con los suyos.
ɷʚ♥ɞɷ
La templada marea de la mañana lo despertó; un pez loro nadaba justo frente a sus ojos adormilados, se
veían cansados aun. Recordó entonces donde estaba y el porqué, se levanto tan aprisa que asusto al pez
y a otros más pequeños que no había notado a su alrededor.
Salio nadado lo más rápido que pudo devuelta a Shinzouka, su pulso estaba acelerado, señal de lo
nervioso que estaba.
Salio a la superficie por lo baja que estaba la marea esa mañana, el reflejo azul le daba en la cara; desde
afuera por sobre el agua clara pudo ver a uno de sus compañeros, su rostro estaba pálido y tenia los
ojos cerrados.
Su mayor temor se estaba haciendo realidad, una parte de él lo entendía y quería alejarse de ese lugar;
pero la razón aun lo acompañaba y comprendía que tenia que verificar si estaba con vida o... ni siquiera
quería pensar en eso.
"Por favor que solo este dormido."
Se acerco por debajo del agua y estando más cerca pudo notar que era Ojiro, un chico rubio igual que
él. Lo toco y sintió lo frió que estaba su piel, no era por el agua, lo sabía; lo movió un par de veces más
pero no respondía, acerco sus dedos al cuello del chico para tomar su pulso y confirmo lo que temía,
irremediablemente había muerto.
Nado lejos para intentar calmarse, ahora más que nunca debía ser fuerte; era momento de mostrar de
que estaba hecho.
Tras unos minutos salio a la superficie para comenzar a llamar a todos, gritaba lo más fuerte que pudo
para ser escuchado, llamaba el nombre de sus padres y de los más cercanos para él, incluso nombro a
Nozomi, que no le agradaba del todo; al no recibir respuesta se sumergió y aunque no le gustaba
hacerlo, comenzó a entonar la melodía que usaban para llamarse entre si, un canto que todos conocían
y entendían a la perfección; Katsuki repitió la suave armonía un par de veces pero no obtuvo respuesta.
Se armo de valor y volvió para tomar el cuerpo de Ojiro con cuidado y llevarlo a lo profundo del mar,
donde reposaban a sus muertos. Repitió la acción un par de veces con algunos cuerpos más. Era difícil
tener que ver los rostros ahora sin vida de sus amigos, pero no podía dejarlos ahí, quería que
descansaran en paz.
Solo había llevado a los cuerpos enteros, no era tan fuerte como creía porqué no podía soportar llevar
los restos de sus compañeros desmembrados devuelta al fondo del mar.
Cuando termino su labor noto que no estaban los cuerpos de su padre o madre, ni tampoco el de
Toshinori, Tsuyu, Momo, la señora Midoriya y Deku –como solía decirle a Nozomi–, casi era medio
día y si no estaban para ese entonces solo quería decir que habían sido capturados o se habían perdido,
eso ultimo lo pensó refiriéndose a la pelinegra; con ese pensamiento y algo de esperanza, decidió dar
una vuelta por toda la isla para buscar mejor.
Y así lo había hecho, rodeo toda la costa de Chiba, incluso las que estaban próximas a los
asentamientos humanos, claro que tomo sus precauciones, no confiaba en ninguno de esos bípedos.
Patrullo la isla más de una vez, recorrió todo el lugar durante el día, pero no había nada. Se estaba
desesperando, Toshinori nunca dio indicaciones de que hacer si solo uno de ellos quedaba con vida,
suponía que no lo creía necesario, pero ahora él lo necesitaba.
No había comido por estar buscando, pero igual no tenia hambre, se le revolvía el estomago por todos
los hechos acontecidos, ni siquiera sentía el cansancio de haber buscado todo el día.
Se dirigió a unos islotes más al norte de Shinzouka y se sentó en una roca que sobresalía del mar.
Miraba la puesta de sol, los tonos naranjas, rosas y a veces rojos pintaban tanto el cielo como al mar,
era una bella vista; pero a él se le hacia nostálgica. Las olas se movían lentamente, el mar estaba en
calma, pero su alma era una tormenta; su aleta agitaba el agua lentamente, como si tuviera pereza de
hacerlo; las ondas asustaban a cualquier pececillo que quisiera acercarse.
Los rayos que se tornaron dorados le daban de frente, hacían destellar sus escamas, las cuales brillaban
tanto como el oro, un brillo intenso que nadie podía apreciar. El viento movía su corto cabello aun
húmedo y sus ojos rojos vicios y opacos estaban fijos en el horizonte, donde pronto se ocultaría el astro
rey.
Los minutos pasaban rápido y por primera vez en lo que iba de lo sucedido se permitió soltar solo unas
cuantas lagrimas, se estaba quebrando; no había nadie que lo viera, no tenia porqué fingir la fuerza que
en esos momentos ya no tenia. Pero al menos frente a si mismo quería mantener la faceta de fortaleza
que siempre mostraba, lo cual no estaba consiguiendo.
Sin saber la razón, comenzó a cantar; ese canto que las sirenas tocaban con sus voces cuando estaban
tristes, el era un tritón pero de igual forma podía hacerlo.
La melodía lastimera se perdía entre las olas que danzaban en completa calma, nadie podía escucharlo,
el viento se llevaría sus lamentos muy lejos.
El sol se había ido, abandonándolo como todos, y ahora solo quedaba un triste muchacho sentado sobre
una roca, bajo un cielo despejado, lleno de estrellas resplandecientes, millares de luces estaban sobre él,
era aun más hipnotizante ver el reflejo de estas en el agua. Brillaban como nunca antes las había visto,
solo para él, pero no podía apreciarlas. La luz de la luna empapaba todo Chiba y sus alrededores.
Llevaba un rato así, cantando y viendo a la nada, derramando gotas saladas que eran nada comparadas
con el mar; recordaba a todos sus compañeros y las cosas que hacían, sus memorias estaban llenas de
momentos junto a ellos, solo se estaba torturando al traer de vuelta viejas remembranzas.
El cansancio se apoderaba de él, ya era bastante noche y estaba más agotado que el día anterior.
Salto al agua y se adentro en el profundo mar para buscar algún coral cómodo en el cual dormir. Esta
vez había sido más fácil conciliar el sueño.
ɷʚ♥ɞɷ
Era de mañana, su segundo día en soledad.
Su estomago comenzó a doler y hacer ruidos extraños, símbolo de que tenia hambre; el día anterior no
probo bocado alguno. Nado un rato hasta que vio un banco de atún, se acerco acechándolos,
sincronizando su nadar con el de ellos. Como un depredador experto logro atrapar lo suficiente para
saciar su hambre.
Tras haber comido podía pensar mejor. Tenia que idear un plan para buscar a su familia, algo le decía
que estaban vivos, tenia que ser así.
A lo lejos vio un barco de vela; por un segundo creyó que era el mismo que los ataco, pero lo descarto
al no ver el feo adorno en el navío. Este era diferente, se veía pulcro y las velas aunque estaban
gastadas aun guardaban un tono blanquecino. Las banderas con símbolos extraños en color rojo, le
recordaba a las de un castillo cerca del océano donde iban una temporada determinada.
La estúpida Deku estaba con ellos, no se veía feliz ni triste, no había expresión en su rostro, no sabia si
la habían atrapado y ahora era prisionera, o el porqué tenia dos piernas, eso lo confundía, ¿Qué estaba
haciendo? No podía acercarse a averiguarlo así como así, no confiaba en ellos. Por un instante pensó en
dejarla a su suerte y empezar su búsqueda por otro lado, pero recordo que se suponia devia cuidar de
ella y tal vez la pelinegra tuviera más información que le ayudara en su persecución. En definitiva tenia
que reunirse con ella.
Primero rescatar a esa inútil Deku del montón de humanos con los que estaba. No tenia mucha idea de
como lo haría, pero sin duda algo bueno se le ocurriría, era Katsuki de quien hablamos después de todo.
Capítulo V:
Rescate
Todo estaba listo desde muy temprano; en el puerto de Chiba un barco de vela se preparaba a zarpar.
Las provisiones estaban dispuestas desde el día anterior y los marineros se movían de un lado a otro
acatando las ordenes que se les daban. Las velas comenzaban a ser Izadas; Mina Ashido, una pelirosa
de ojos amarillos, soltaban las amarras mientras Jiro –la seria de cabello negro y corto– con ayuda de
Toru –la chica rubia simpática de ojos azules– recogía el ancla, ellas tres eran las primeras y únicas
mujeres en ser participes de una embarcación del reino de Yuuei; el rey Enji III nunca permitió a las
mujeres participar en sus expediciones, pero ahora era Shōto Todoroki quien era capitán de dicha
embarcación, y que para llevarle la contra a su padre deicidio admitirlas en el viaje, le gustaba desafiar
al viejo de vez en cuando; además las chicas habían demostrado ser hábiles en el ámbito marino.
Cuando recién partían estuvo a punto de estrellar la nave con los de su padre que aguardaban en el
muelle –esta vez si era un accidente, podrá ser muy bueno en combate, pero al maniobrar un barco
era su primera vez–, las chicas que estaban en el puerto, habían saltado a su rescate y en un segundo el
navío estaba a salvo navegando hacia la aventura; así le demostraron que no se arrepentiría de llevarlas
consigo.
En el mulle se encontraban Iida, Shōto e Nozomi subiendo la escalinata de madera mientras Sero Hanta
–el oficial de puente pelinegro de sonrisa peculiar– gritaba a Denki que se apresurara a abordar. El
cocinero se estaba despidiendo de una chica que conoció en la isla, la había cortejado desde que llego y
por primera vez no lo habían rechazado, la verdad es que solo lo había aceptado tras ella ser rechazada
por Tetsutetsu, un chico tan varonil como Kirishima pero con el cabello plateado. Denki le juro a la
joven volver a Chiba al terminar su aventura y ella prometió esperarlo.
La información que el conserje Mineta había conseguido sobre el paradero de Shigaraki, fue de utilidad
para no iniciar la búsqueda a ciegas; gracias a esto se dirigían a las aguas de Dagobah. Desembarcarían
en las costas de Musutafu y se adentrarían a tierra firme, en algún lugar de esas tierras fuera de los
limites del reino de Enji Todoroki estaba el escondite de los corsarios. Si lograban encontrar su guarida
probablemente hallarían a las criaturas raptadas, y entre ellas podría estar la familia de Nozomi.
Ahora estaban surcando el mar rumbo a lejanas tierras inexploradas, llegarían a dicho lugar en cuatro
días y tres noches.
Nadie sospechaba que Nozomi era una sirena y que el verdadero motivo de unirseles era de un posible
rescate y no una venganza. Solo Shōto lo sabia y esperaba el momento justo para contarles la verdad.
Desde que salieron del puerto, la pelinegra se la paso al lado del príncipe, que le mostraba cada cosa en
el barco y le explicaba el funcionamiento de estas. La chica era bastante curiosa y a veces se ponía a
hablar mucho, como si hiciera notas de todo lo que le decía el de cabello bicolor. Y como no iba a estar
maravillada, si para Nozomi era la primera vez que estaba en un barco.
Shōto no le tomaba importancia a los desvarios apenas audibles que soltaba la chica, pero la miraba
embelesado todo el tiempo, mientras le explicaba cada duda que surgía de la singular muchacha. Así se
pasaron todo el día juntos, conociéndose un poco más, Nozomi se adentraba en el mundo humano, en el
mundo de Shōto, de manera tan sutil y natural que ninguno se daba cuenta; sin importarles la diferencia
de mundos, eran dos simples seres coexistiendo.
ɷʚ♥ɞɷ
La guardia de esa noche le tocaba a Eijiro, Sero le había pedido que lo cubriera solo esta vez. Estaba
bastante despierto, alerta a cualquier ruido o peligro; se encontraba recargado tras el timón mirando la
luna llena de esa noche, el curso había sido fijado y solo estaban siendo llevados por la corriente.
En la quietud de la noche donde solo el leve sonido del oleaje era audible, un sonido diferente rompió
la calma; el pelirrojo se puso alerta a lo que podría ser alguna amenaza. Se dirijo a cubierta bajando las
escaleras mientras desenfundaba su espada. Podía escuchar una leve melodía, ¿De donde es que
provenía? Se acerco al costado izquierdo del barco y miro el mar; no había nada ahí, solo las suaves
olas y el reflejo de las luces en el cielo, pero la melodía seguía escuchándose.
En las calmadas aguas empapado de luz de luna se encontraba alguien flotando, la armonía provenía de
esa persona. Eijiro no lograba reconocerlo, pero si estaba en medio de la nada seguro necesitaba ayuda.
Ademas, esa bella voz, lo hacia pensar que se trataba de una damisela en apuros, y sin pensarlo mucho
decidió ayudarla.
—¡Eh, por aquí! —Gritaba y agitaba sus brazos para llamar su atención.
La damisela en apuros –para Eijiro– lo miro a los ojos fijamente con picardia impresa en ellos; el canto
había cesado por un momento, y el pelirrojo corrió deprisa por una balsa de madera y la bajo al agua
con ayuda de las cuerdas y polea.
El chico se acerco al pequeño bote y acaricio sus bordes lentamente, miraba al marinero de una forma
lasciva mientras le regalaba una pequeña sonrisa, ¿Lo estaba seduciendo? Debía ser su día de suerte, no
todos los días encuentras una belleza de este tipo en medio del mar, porque si, Eijiro estaba convencido
de que esa chica de cabello corto era demasiado bonita, y algo más.
Luego la tonada volvió a escucharse; aunque estaban lejos el uno del otro, con la luz de esa noche
podían distinguir sus caras, el ser en el agua no subía al bote aun, se mantenía recargado en la madera
viendo al marinero con ojos soñadores. ¿Su canto era una forma de pago por ayudarlo? De pronto el
pelirrojo comenzó a sentirse mareado, su cuerpo estaba adormecido y su vista se nublaba, ya no
entendía lo que hacia o donde estaba.
Tras ver lo confundido que estaba el marinero, Katsuki subió a la balsa aun en su estado de tritón y
desde abajo le ordeno con voz firme y fuerte al pelirrojo que lo subiera.
Este obedeció al instante, y ya estando a bordo le mando que lo cargara y lo llevara a un camarote. El
rubio seguía siendo un tritón y era peligroso que lo vieran así, tenia que esperar un par de horas para
tener piernas y parecer uno de ellos. Solo así funcionaria su plan, tenia que darse prisa y encontrar a
Deku antes del amanecer, para eso necesitaba tener piernas para buscar en la nave, no confiaba en nadie
para hacer tal tarea.
El contramaestre lo había llevado a su habitación, lo dejo en la litera y se alejó –tenia uno privado,
privilegios de ser amigo del capitán Shōto, según los otros marinos; al igual que las tres chicas que
compartían camarote–.
El plan de Katsuki era seducir con sus cantos a uno de esos marinos, seria fácil; tal vez no era una
sirena pero tenia lo suyo como tritón; y para su suerte un pelirrojo bastante tonto había caído.
—Eres bonita.
Esas palabras brotaron en un susurro de los labios del contramaestre sin su consentimiento,
probablemente producto del hechizo que estaba sobre si. Sin embargo su cara no tenia expresión
alguna.
—¡¿Ahh?! —Katsuki puso cara de asco. —¿Pero que cosas dices pelo de mierda?
El pelirrojo no dijo nada, de todos modos no podía hacer o decir nada sin que se lo ordenara Katsuki.
En eso la aleta del tritón comenzó a cambiar, poco a poco las escamas fueron perdiéndose entre la piel
de las nuevas piernas del rubio. Las branquias desaparecieron y todo rastro de lo que era quedo atrás,
dejando un simple humano en su lugar, o eso parecía.
Eijiro lo miraba fascinado y con la boca abierta, juraría que sintió algún liquido deslizarse desde su
boca.
—¡¿Por que te quedas ahí como idiota, estúpido humano?! —Gritaba colérico mientras flexionaba las
rodillas hasta su torso y se abrazaba a si mismo para cubrir su desnudez. —Consígueme algo de ropa
inútil.
Acato de inmediato la orden y rebusco entre sus cosas. Le entrego una camisa beige y un pantalón
negro. Katsuki las tomo.
—Ahora voltéate. —Eijiro se resistió un poco hasta que el tritón volvió a gritar.
Se dio media vuelta tan rápido como pudo. El rubio se vestía con dificultad las prendas mientras le
daba una nueva orden:
—Aquí hay una pelinegra, de ojos violeta y con cara de Deku, ¿Dime donde esta?
¿Cara de Deku? Eijiro no sabia lo que era un Deku, pero no podía preguntarle a que se refería. En
cuanto al resto de la descripción, a la única pelinegra con ojos violetas que conocía era a Nozomi. Aun
de espaldas respondió al rubio.
"... Genial"
Pensó Katsuki, la muy Deku tenia que meterse en la boca del lobo, ¿Qué estaba haciendo ahí de todos
modos? Ahora tendría que rescatarla de uno de los hombres más importantes a cargo del barco.
Menudo fastidio.
ɷʚ♥ɞɷ
Le había tomado algo de tiempo, pero por fin logro dominar eso de caminar. Nada detendría a Bakugo
Katsuki.
No fue difícil que de inmediato acatara la orden, ahora estaban frente a la puerta del cuarto de Shōto,
todo estaba en silencio, y el rubio estaba listo para atacar; le dijo al marinero que se quedara quieto y
solo interviniera si él se lo pedía; cosa que no haría, porque podía hacerlo solo, era el mejor y no
necesitaba de extras.
Tomo la manija de la puerta con una mano mientras sostenía la espada del marinero con la otra, giro la
manilla y entro en el oscuro cuarto, avanzaba con sigilo, como el depredador que es.
Kirishima estaba afuera a la espera de nuevas ordenes, el rubio llevaba unos segundos adentro.
Entonces se escucho un ruido fuerte como si algo hubiese caído al piso, seguido de un grito agudo. El
sonido fue tan fuerte que los de la habitación contraria lo habían escuchado y salieron a ver lo que
ocurría.
Lo primero que vio Shōto fue a su contramaestre parado frente a su camarote con la puerta abierta.
Eijiro no le había dicho al tritón rubio que el capitán cedió su habitación a Nozomi para que estuviera
cómoda y tuviera privacidad; en su lugar el príncipe se había mudado temporalmente al camarote de su
compañero Iida. El pelirrojo omitió tal información porque Katsuki nunca pregunto.
—¡Midoriya!
—¡¿Ka-kacchan?!
Entre las penumbras y los gritos nadie entendía nada; había alguien más en la habitación, y lo habían
escuchado, alguien que probablemente la pelinegra conocía, pero no sabían bien quien era y que pasaba
entre tanto escándalo. En esos momentos el extraño no era alguien bueno ni malo, pero se mantendrían
alerta por cualquier cosa.
El desorden no solo los había despertado a ellos, para ese entonces el resto de la tripulación corría en
dirección al camarote del capitán por tanto alboroto.
Una asustada Nozomi estaba sentada en la cama, cubierta con sabanas hasta el pecho, los príncipes
estaba a un lado de la puerta cada uno, y en el piso estaba un malhumorado Katsuki enredado en un
montón de cuerdas.
Si.
El gran Katsuki Bakugo había tropezado segundos después de entrar a la oscura habitación.
Acababa de ser descubierto, su plan había fracasado, y todo por esas estúpidas cuerdas y la gritóna
malagradecida de Deku.
Capítulo VI:
No Tan Malo Como Creía
Un muchacho rubio y malhumorado estaban en cubierta atado de pies y manos; Nozomi trato de
evitar que terminara de ese modo, pero la desconfianza de Shōto hacia el polizón por irrumpir así en el
camarote, más lo que le había hecho a Eijiro, lo orillo a esa penosa situación.
—Responde de una vez, ¿Por qué entraste de ese modo a la habitación? —Dijo Shōto con total
seriedad. —¿Que buscabas?
—Todoroki, ya te dije que lo conozco, es mi amigo y no es malo. —Apelaba la pelinegra para salvar al
tritón rubio.
—Si fuera tu amigo como dices no hubiera entrado como un bandido. —Refuto Iida. —Además
¿Cómo llego a bordo?
Eijiro se puso nervioso ante la pregunta del de anteojos. Hace rato que Bakugo había quitado el
encantamiento sobre él, pero se avergonzaba de haber caído tan fácil en la trampa.
Todos buscaron con la mirada al pelirrojo, y le abrieron espacio para que pasara al frente y diera sus
explicaciones. No sabia por donde empezar, pero sabia que tendría que responder ante sus acciones,
después de todo huir a sus problemas no era nada varonil.
—Yo estaba vigilando cuando escuche unos cánticos que venían del mar.
Todos prestaban atención al relato que comenzaba. Nozomi se veía angustiadA, Bakugo tenia el ceño
fruncido y un pequeño puchero, mientras que Todoroki seguía totalmente serio con las cejas levemente
fruncidas.
—Entonces vi a una chica en el agua. —Katsuki frunció aun más el ceño con ese comentario; él no era
una chica, pero se guardo lo que pensaba. —Creí que estaba en apuros y la ayude a subir, pero de
repente los cantos me habían mareado y deje de tener el control sobre mi cuerpo. —Se miro las manos
y después miro confundido al chico atado que lo miraba devuelta con ojos rojos rebosantes de ira. —
No se que me hizo, y aunque no podía moverme o hablar sin su permiso si puedo recordar lo que paso.
Quería llevarse a Midoriya.
Todos estaban confundidos, ¿Quería secuestrarla? ¿Por qué solo a ella? Algunos miraron a la pelinegra
pensativos; solo Nozomi lo entendía, Kacchan creía que había sido capturada y estaba ahí para
ayudarla, porque aunque no lo aceptara, el rubio si podía ser un buen amigo.
Nadie tuvo tiempo de preguntar nada cuando Kirishima continuo hablando; el silencio y la intriga
volvió a inundar a todos los presentes.
Katsuki lo sabia.
Nozomi también.
Shōto sospechaba algo.
—¡Tritón! Imbécil... —Susurro el insulto dirigido al pelirrojo. Ni siquiera les dio tiempo de reaccionar
cuando el rubio ya le estaba gritando de vuelta.
La cara de Bakugo se deformo en ira y se coloreo de rojo, ¿Que era exactamente lo que había visto?
—¡Son pectorales pelos de mierda! No es mi jodido problema que no sepas diferenciar a los de tu
especie. —Cada vez gritaba más fuerte. —Además, que era lo que andabas viendo ¡Pervertido!
—¡Yo no soy ningún pervertido! —Kirishima se defiendo ante el insulto. —Yo soy un caballero, en
todo caso eres tú el pervertido. Estaba bajo tu control, y tardaste mucho en ordenarme que no te viera.
Era cierto que él nunca había visto a una chica sin ropa, pero ninguno de los hombres que conocía tenia
los pectorales tan marcados, por eso tal vez se había quedado viendo solo un poquito.
La cara del tritón rubio enrojeció otra vez y comenzó a insultar de nueva cuenta al pelirrojo; era
sorprendente que una criatura mítica tuviera tal vocabulario, ¿Donde lo habría aprendido? Los demás
solo miraban en silencio la pelea de esos dos con miedo a interferir. Shōto estaba preocupado, era
cuestión de tiempo para que ataran cabos y dedujeran que Nozomi era unA de su especie.
—¿Estas seguro de que era una sirena? —Interrumpió valiente Denki. —Yo creí que eran más feas y
feroces, que comían humanos y esas cosas de cuentos.
—¡¿A quien llamas hermosa?! —Comenzó Katsuki una nueva riña con los marinos mientras forcejeaba
para liberarse.
Para ese momento el bicolor sabia que Nozomi le había dicho la verdad. El polizón rubio no era
peligroso, –al menos no por ahora– no quedaba de otra más que decir la verdad, esperaba que se lo
tomaran con calma y no perdieran la cabeza.
La mencionada trago saliva y se preparo para hablar; aunque no sabia por donde empezar.
—Esta bien Todoroki, creo que es hora de decirles. —Primero le dijo al de ojos dispares para calmar su
inseguridad.
Shōto no muy convencido movió la cabeza a modo de afirmación, todos los miraban curiosos. Nozomi
se armo de valor para confesar quien realmente era.
—¡Ah! !También es uno de ellos! —Grito un asustado Mineta. —.¡Arrójenla por la borda!
Nozomi negó con la cabeza y se escondió detrás de Shōto. El pánico y desconcierto entre los marinos
se propagaba rápido; Todoroki no sabia quien tenia más miedo, si ellos o la pequeña sirena a sus
espaldas que se aferraba fuertemente a su manga. Tenia que arreglarlo.
—¡Vasta ya! —Grito con autoridad. —Nadie arrojara a nadie, Midoriya no va a hacernos daño y
tampoco nosotros a ella. ¿Acaso ha mostrado intensiones de dañarnos? —Nadie respondió, pero
apartaron la mirada apenados, su capitán decía la verdad. —Prometimos ayudarla a atrapar a los que la
lastimaron, y yo cumplo mis promesas. No voy a abandonarla.
Kirishima, Denki e Iida recordaron sus palabras en la cabaña de Chiba. Su capitán tenia razón, ellos
prometieron ayudarla, la pelinegra era buena y no merecía que dudaran de ella. Los tres se colocaron al
lado de Shōto e Nozomi, para demostrarles que los apoyaban.
—Todoroki tiene razón, ellos son las victimas y no merecen que los ataquemos también. Deberíamos
ayudarlos. —El pelirrojo hablo convencido.
Los demás reflexionaron y se calmaron, incluso Mineta se veía apenado. Todos estaban dispuestos a
escuchar, a ayudar.
—Midoriya, puedes terminar de contarnos tu historia .—Alentó Iida a la pelinegra a hablar. —...la real.
Nozomi aun temerosa miro la multitud que la animaban a continuar con sus miradas curiosas y
comprensivas. Suspiro para calmarse.
—Ellos nos atacaron en Shinzouka... quieran capturarnos solo por lo que somos. —Bajo la mirada y
jugueteo con sus dedos, Todoroki sobo su brazo izquierdo a modo de consuelo, dándole su apoyo. —
Por eso ellos mataron a nuestra familia...
—No los mataron a todos. —Interrumpió Katsuki. —Los cuerpos de Toshinori, tu madre, mis padres y
de otros no estaban. —Continuo sorprendiendo a la pelinegra por la información que esta desconocía.
—Tampoco se veía que hubiera restos de ellos, no asumas tan pronto que murieron.
No levanto la cara mientras decía aquello, el dolor que sentía al recordar esas imágenes se lo impedía.
Su voz sonaba calmada y seria, pero solo era una fachada para ocultar sus verdaderos sentimientos.
Nozomi sonrío.
Katsuki levanto la mirada y ambos seres marinos se miraron, las violetas llenas de esperanza y
determinación se encontraron con los rubíes cansados y llenos de ira. Katsuki entendió que esos
humanos no eran tan malos como el creía, tal vez podría confiar un poquito en ellos; no habían
lastimado a Deku, después de todo se veía en buen estado.
—¿Cual es el plan? —Pregunto más calmado para luego gritar. —¡Y podrían soltarme, montón de
salvajes! —Ahí estaba el Kacchan que Nozomi conocía.
ɷʚ♥ɞɷ
Después de llegar a un acuerdo –y aun con unos cuantos en contra, que confiaban en Nozomi pero no
en el revoltoso polizón– soltaron al rubio, y le explicaron el plan de ir a Musutafu, donde tenían
entendido se encontraba el escondite de Shigaraki.
Katsuki acepto el plan y por el resto de la noche –o mas bien mañana– se quedo en la habitación del
pelirrojo, que amablemente ofreció su alcoba para el nuevo tripulante como disculpa por confundirlo
con una chica; al principio Mina sugirió que durmiera con Nozomi, ya que eran de la misma especie y
así los vigilaran a ambos más fácil, pero Todoroki se había negado, si por el fuera lo dejaba que
durmiera en las celdas o junto con los cañones, suerte que su contramaestre Kirishima hablo antes,
total, él aun tenia que hacer guardia y la recamara estaría sola.
El resto de la noche transcurrió sin ningún otro inconveniente, y cuando los rayos del sol iluminaban la
mañana ya estaban todos despiertos y en sus puestos.
Midoriya miraba el mar desde el mástil mayor, el principie Shōto no noto cuando se había vuelto tan
hábil con los pies que ahora podía trepar tan fácilmente entre las cuerdas, lo que todavía no lograba es
que la sirena usara zapatos, ya la obligaría a usarlos por su bien al llegar a tierra firme.
Mientras, en una parte del barco Mina, Toru y Denki molestaban al rubio tritón, quien estaba de mal
humor gritándoles que lo dejaran en paz. Sentían la curiosidad de saber como se veía con cola de pez,
Kirishima era el único que lo había visto así y no quería contarles los detalles de lo que vio, como si
fuera un privilegio digno solo de él ver a Katsuki en su forma natural. Cuando no consiguieron nada
con el pelirrojo buscaron a Nozomi, pero esta escapo a las alturas, y era por eso que ahora estaban tras
el chico de explosivo carácter. Si hubieran sabido que con un poco de agua salada volvería a ser un
tritón no hubieran dudado en lanzarle un cubo con el liquido, todo con tal de saciar su curiosidad.
—Nada, solo veía como molestan a... —Dejo la frase incompleta mientras pensaba.
La sirena se dio cuenta que entre tanto escándalo Kacchan ni siquiera se había presentado, solo
asumieron que era un tritón y así lo llamaban.
—¡Kacchan!
—...¿Kac-chan?
—¡Nada! —Contesto desesperada y negando con las manos y cabeza. —¡Lo juro solo somos amigos de
la infancia! .......Y puede que sea mi guardian.
Todoroki se calmo; por un segundo sintió incomodidad en su pecho, algo que lo molesto pero no sabia
que era; él confiaba en la chica, no se veía como alguien que pudiera mentir, le dedico una muy
pequeña sonrisa que fue suficiente para que Nozomi se calmara un poco.
—!Todoroki hombre! —Se acercaba gritando Kirishima. —¿Que tal si practicamos un poco de
combate? Para estar mejor preparados para enfrentar a Shigaraki, ¡Ademas un poco de ejercicio es muy
varonil!
Se lo pensó un poco, él quería seguir charlando con Nozomi, pero al final decidió aceptar. Y así
terminaron en un combate amistoso con espadas; algunos marineros se acercaron para ver el
espectáculo, pero no tan cerca como para ser lastimados. Nozomi moría de los nervios.
El primero en atacar fue Kirishima, blandió su espada sobre el príncipe, pero este lo bloqueo y en
seguida devolvió el ataque; del mismo modo el pelirrojo lo había repelido. El espectáculo continuaba y
el sonido metálico de las espadas chocando entre si llamo la atención de más pasajeros; uno de ellos fue
Katsuki, quien se abrió paso entre la multitud para ver que ocurría. Cuando llego al frente se encontró a
un agitado y algo sudado Kirishima combatiendo con un Todoroki en las mismas condiciones; el
pelirrojo se defendía bien, podía notar que era un tipo fuerte y que no se rendía, eso se le hacía
interesante, una sonrisa torcida se dibujo en sus labios, como si le gustara lo que veía.
El tritón peliverde estaba tan sorprendido, con los ojos y boca bien abiertos, Shōto era muy fuerte,
aunque Eijiro no se quedaba atrás, ambos eran ágiles y hábiles en combate, él quería ser igual a ellos
algún día.
—Creo que estas algo oxidado. —Dijo el pelirrojo mientras se quitaba la camisa un tanto mojada en
sudor por el esfuerzo físico. Sus músculos se marcaban y relucían por el liquido corporal.
—¿En serio? Y yo que creí que lo estaba haciendo bien. —Respondió el mitad albino imitando las
acciones del otro para después beber agua y echarse un poco encima para calmar el calor.
Nozomi casi se ahoga con su propia saliva; ella también era un poquito musculosa, y había visto torsos
descubiertos antes, era una sirena, todos en su especie no usaban ropas; pero el ver a Todoroki de ese
modo, era diferente, le... le gustaba. Seguía embobada con la imagen frente a ella, los músculos se le
marcaban aun más por el esfuerzo y las pequeñas gotas de agua resbalaban traviesas por su pecho que
subía y bajaba apresurado al llenarse de aire y algunas gotas más caían por su firme y marcado
abdomen tan tortuosamente lento. Todoroki estaba concentrado, defendiéndose en la batalla, pero
Nozomi solo podía verlo a él, ¿Qué era esta nueva sensación? Hacia calor, tal vez era el sol del medio
día.
Los gritos de Denki apoyando a Kirishima y los de Tetsutetsu gritando por apuestas la sacaron de sus
extraños pensamientos e hicieron que volteara a ver la multitud a su derecha, pero no esperaba ver a
Kacchan también ahí. Se veía molesto, estaba recargado en la madera del barco y miraba fijamente al
pelirrojo. Su pie derecho se movía impaciente y juraría notar un pequeño rubor en sus mejillas, ¿Estará
enfermo? ¿O también sufría del calor de medio día?
Paso un rato y ambos combatientes estaban exhaustos, entonces decidieron dejarlo en un empate;
Denki y Toru gritaron molestos, ellos le apostaron a que ganaría Kirishima, Mina y Sero a que ganaba
Todoroki y solo Jiro había pronosticado empate, por lo que ahora estaba cobrándole a sus compañeros.
—¡Oye pelos de mierda! —Katsuki se acerco a un cansado kirishima sentado en la madera de cubierta.
—Más tarde, enséñame eso que hacían tú y el bastardo mitad y mitad.
Kirishima sonrió desde el piso y levanto su dedo pulgar a modo de decir que lo haría. Katsuki sabia
pelear, pero quería saber usar esas armas de humanos.
Se escucho gritar a Iida regañando a un Katsuki que le daba la espalda y se iba al cuarto del pelirrojo,
que ahora era como suyo.
La sirena pelinegra había visto la iniciativa de Kacchan y ella quería hacer lo mismo. Por eso se dirigió
frente al príncipe con mirada decidida y sin pena alguna por sus pensamientos anteriores. No se iba a
intimidar por la imagen de Todoroki con el torso descubierto, no, Nozomi tenia claro lo que quería; le
pediría que la enseñara a luchar como él.
Logro soltar aquello sin desmayarse o algo. El de ojos heterocromáticos veía la emoción de la chica en
las brillantes joyas violetas, estaba dando pequeños saltitos y empuñando sus manos, sus mejillas
rosadas estaban algo rojas, no pudo negarse ante aquella imagen. Tenia cierta idea de lo que quería
aprender, también había escuchado a Bakugo.
Capítulo VII:
Inefable
Llevaban practicando un rato en cubierta, a Nozomi le costaba concentrarse un poco, pero daba todo
de si para aprender lo que el príncipe le decía. Cada técnica cada movimiento, la pelinegra prestaba
total atención al de cabellos bicolores; Todoroki trataba de ser amable con la sirena que aún le costaba
sostener la espada, no quería lastimarla, con paciencia le enseñaba, y la determinación que la pequeña
mostraba era de admirar, a Todoroki le encantaba lo dedicada y perseverante que era la joven.
—¿No crees que el capitán es demasiado bueno con la chica pez? —Pregunto Toru quien acomodaba
las amarras.
—Ahora que lo dices... si. Es más atento que antes. —Respondió Mina mientras lavaba la madera de
cubierta.
—¡Y que lo digas! Por culpa de esos caprichos yo estoy haciendo el trabajo de Mineta ahora. —Dijo
enojada tallando con más fuerza el piso.
La razón por la cual Mina estaba tan molesta, es porque esa mañana Nozomi había dicho que le
gustaría algas marinas y sardinas para desayunar –a varios les pareció asqueroso, pero no dijeron
nada–, lo había dicho cómo un vago deseo y no cómo una orden que tenia que ser acatada, pero Shōto
no lo dudo ni un solo segundo cuando ya estaba mandado a Mineta a nadar para conseguir lo que la
sirena quería. Ni siquiera se detuvo a escuchar los ruegos de la chica que le pedía que no se molestara
por ella, Shōto estaba decidido a cumplir sus deseos y le ordeno a Sero que obligara al pequeño de pelo
morado si no quería; y este ni tardo ni perezoso, arrojo al de la limpieza al mar cumpliendo las ordenes
de su capitán al pie de la letra.
La cosa es que casi se ahoga, y ahora estaba recostado en su litera mientras Mina hacia su trabajo. Al
final Nozomi se había escapado para ir por su desayuno ella misma y no molestar a nadie más; solo se
dieron cuenta de lo que hizo cuando ya estaba de regreso a bordo con dos piernas y con las ropas
completamente mojadas.
Y era verdad –aunque Katsuki lo ignoraba y solo lo buscaba para que lo sirviera–, aún con sus malos
tratos el pelirrojo cumplía todas sus exigencias, ya no estaba bajo su control pero él lo hacia gustoso de
todas formas. ¿Por qué? Bueno, Eijiro había desarrollado cierta admiración por el rubio; a su ojos era
valiente y fuerte, esto último lo descubrió cuando contó su versión de la historia. Ahora quería conocer
más del tritón de explosivo carácter, estaba decidido a ser parte de su vida de algún modo. Katsuki no
se lo ponía fácil, pero a él le gustaban los retos y no se iba a rendir. Sabía que las buenas cosas cuestan
un poco más.
El tritón rubio había logrado manejar la espada con mayor facilidad, a diferencia de Nozomi. Ahora al
experto contramaestre le era un poco más difícil responder a sus ataques, aunque aún podía
controlarlos.
—Te estas volviendo muy bueno en esto, Blasty. —Dijo mientras se limpiaba el sudor con su
antebrazo.
—¡Cierra la boca pelos de mierda! —Le grito sosteniendo su espada aún en guardia. —Y deja de
llamarme así maldita sea, ¿Qué significa eso de todos modos?
—¿Blasty? Umm... es como tu carácter, explosivo, pero dicho de forma linda. —Le sonrió para luego
decir. —Como tú.
—Cállate de una buena vez. —La incomodidad de Katsuki era notoria en el leve color rosa de sus
mejillas, ese humano a veces lo hacia sentir raro.
—Claro que es la primera vez, no es tan difícil. —Le dirigió una sonrisa arrogante para después
mofarse en voz alta. —Solo los débiles inútiles no podrían con algo tan simple.
La mayoría había escuchado el comentario, Nozomi se tenso un poco y empuño la espada con más
fuerza; sabía que le estaba costando aprender y que lo dicho por Kacchan iba dirigido hacia su persona.
Todoroki miro sin ninguna emoción en su rostro al rubio que seguía entrenando con Kirishima, como si
no hubiera dicho nada malo, sin remordimiento alguno.
—Lo estas haciendo excelente Midoriya. —Trato de aminorar el comentario anterior. —A mi también
me costo al principio. —Al final de la frase había sonreído un poco.
—¡Si!
La pelinegra más animada por las palabras del príncipe se lanzo de nuevo al ataque; si Todoroki
confiaba en que podía hacerlo no lo iba a decepcionar. Entonces el metal chocando en el aire se volvió
a escuchar en el barco.
—¿Viste eso Toru? —Pregunto una sorprendida Mina. —Jamás había visto a Todoroki elogiar a
alguien.
—¡Ustedes dos! Dejen el chisme para después. —Jiro, que pasaba por ahí, las sorprendió. —¿Ya
terminaron de trabajar?
—Terminaría más rápido si Mineta me ayudara. —Se quejo la pelirosa con un puchero.
—Creo que sigue indispuesto. —Dijo cansada. —Como sea, sigan en lo suyo. —Se despidió con un
ademan para después darse media vuelta y dejarlas trabajar.
En esos momentos el mar estaba en calma, Sero manejaba el timón mientras Tetsutetsu revisaba el
curso. Se estaban acercando a unos islotes famosos por hacer encallar los buques, era el camino más
rápido hasta las costas de Musutafu, si rodeaban se tardarían más de lo planeado, y podrían perder la
oportunidad de encontrar a las criaturas míticas antes de ser vendidas; no podían arriesgarse a eso.
Nozomi y Shōto estaban cerca de un costado del barco, demasiado concentrados en su entrenamiento
como para reaccionar a tiempo, cuando la roca los golpeo el príncipe no logro sostenerse de nada y
cayo del barco sin remedio.
—¡Todoroki!
Cuando Shōto cayo al agua se había golpeado la cabeza con alguna de las rocas, seguía consiente y
quería nadar a la superficie pero su cuerpo estaba entumecido, su visión se nublo y su cabeza daba
vueltas, estaba mareado; la sangre que salia de su lado derecho se mezclaba con el liquido salado y
manchaba un poco los blancos cabellos solo para después ser lavados por el mar. Podía ver los rayos
de luz colándose bajo el agua, y la superficie con la silueta de Nozomi alejándose de a poco mientras él
descendía lento, veía las burbujas escapando desesperadas de su boca y nariz con el poco oxigeno que
le quedaba. Comenzaba a sentir frío, sus ojos le ardían y sus parpados se sentían pesados.
ɷʚ♥ɞɷ
En el barco todos se estaban reponiendo del impacto.
—Iré a revisar si no ha entrado agua a la bodega. —Corrió Mina a revisar el interior de la nave.
—¿Donde esta el príncipe Todoroki? —Pregunto Iida tras una rápida ojeada a su alrededor, revisando
que todo estuviera bien, pero no veía la peculiar cabellera por ningún lado.
Era Nozomi.
ɷʚ♥ɞɷ
El bicolor se hundía cada vez más, sus cabellos y brazos estaban por sobre su cabeza, para este punto
ya tenia los ojos cerrados. Alguien se acercaba nadando a toda prisa al cuerpo casi inerte, era la
pelinegra que ya tenia su aleta y todas las características de una sirena, nadaba veloz tratando de
alcanzar el cuerpo que caía al fondo. Cuando llego a él tomo su mano y lo acerco a su cuerpo para verlo
mejor, entonces noto la sangre fluyendo en el agua y que tenia los ojos cerrados. Se asusto ante tal
imagen, no quería pensar que lo perdería a él también. Le había prometido que se quedaría a su lado.
Tomo su rostro entre sus manos y no lo pensó dos veces cuando poso sus labios en los del príncipe para
brindarle oxigeno mientras enredaba una de sus manos detrás de su espalda y nadaba a la superficie. La
adrenalina y el miedo de perder a Shōto no la dejaba pensar en nada que no fuera el sacarlo del agua.
A mitad del trayecto el príncipe abrió los ojos y pudo ver a la pelinegra demasiado cerca, podía apreciar
su piel, se veía tan suave y blanca, las mejillas rosadas se veían algo pálidas por el azul del mar, sus
ojos violetas que miraban a otro lado menos a los suyos estaban llenos de determinación, así era como
más le gustaba; pero, ¿Por qué no lo veía a él? Quería que lo viera solo a él.
Entonces se dio cuenta que ya no le faltaba el aire; y sus labios estaban siendo presionados por algo.
Justo cuando se dio cuenta del porque estaban tan cerca salieron a la superficie, lo primero que hicieron
fue tomar una fuerte bocanada de aire para calmar la ansiedad de sus pulmones por ser llenados de
fresco aire, después Shōto tosió un poco; Nozomi lo sostenía para mantenerlo a flote, el príncipe seguía
algo mareado y aún no podía nadar por su cuenta, pero entendía lo que estaba pasando; la sirena le
acababa de salvar la vida.
—¿Estas bien? —Preocupada y agitada le pregunto la pelinegra, Shōto no respondió. Noto el liquido
rojo bajando por su frente y se alarmo. —Sigues sangrando mucho.
—Quédate conmigo. —Con los ojos cerrados logro decir en un hilo de voz cansado.
—Tranquilo, ya te tengo y no voy a soltarte; ahora estarás bien, todo estará bien. —Dijo para calmar al
príncipe, pero esas palabras también iban dirigidas a ella.
—¡Ahí están! —Grito Denki señalando el el mar cuando los vio salir del agua.
Con precisión y a toda prisa bajaron un bote para que pudieran subirlos. Cuando el bote toco el agua
Nozomi se acerco y ayudo a Todoroki a subir, lo recostó con cuidado para después acomodarse a su
lado.
—Ya vas a estar bien, descuida. —Le decía Nozomi para tranquilizarlo mientras acariciaba con cariño
su húmedo pelo.
Todoroki estaba apacible, recostado boca arriba en el pequeño bote, viendo a Midoriya y sus cálidas
sonrisas que lo calmaban. La luz del sol detrás suyo le daba un halo angelical, el príncipe se pregunto
por qué era tan bella, tan pura. Se perdió por completo ante aquella inefable imagen.
Los marinos lograron subirlos a toda prisa y con cuidado para no lastimarlos.
—¿Se encuentran bien? —Pregunto Sero para después alarmarse al ver su cabello blanco manchado. —
¡Capitán esta sangrando!
—¡Príncipe Todoroki!
Todos se acercaban preocupados y curiosos por saber que paso. Hacían un escándalo alrededor de los
dos.
—Se ha golpeado la cabeza. —Explico como pudo Nozomi entre tanto grito.
—Déjenme ver, yo se de estas cosas. —Se abrió paso Jiro con un bolso en mano a modo de botiquín.
Ella e Iida ayudaron al príncipe a bajar de la balsa y sentarse en la madera. Nozomi se quedo aún en el
bote.
—Wow...
Mientras ellos atendía al heterocromático, la atención de todos se desvío a la ojivioleta; solo llevaba
puesta su camisa mojada y su aleta estaba al descubierto, todos los marineros se le acercaban curiosos.
Todos estaban maravillados ante la apariencia de Midoriya, curiosos de su nueva fisonomía, tanto que
habían olvidado a su capitán que seguía siendo atendido por Jiro e Iida.
—B-bueno yo...
—No seas así Midoriya, déjanos verte más de cerca. —Decía Tetsutetsu mientras se acercaba
queriendo tocar su resplandeciente aleta verde jade con tonos azules.
—¡Nadie va a ver o tocar a Midoriya! —Shōto se había escapado como pudo de Iida y la pelinegra para
defender a la sirena de todos esos ojos curioso.
Pero Shōto la ignoro para tomar en brazos a Midoriya y llevarla a su habitación, la muchacha lo siguió
con todo y el maletín, tras ella también iba Iida. Cuando llego al camarote les pidió que cerraran la
puerta, dejando afuera a los curiosos, mientras el colocaba a una mojada Nozomi en la cama, para
después sentarse a su lado.
—Yo iré a calmarlos y revisar el estado del barco. Continua tú Jiro. —Iida salio de la habitación
después de eso.
Todoroki dejo que terminaran de curarle para después pedirle a la pelinegra que los dejaran solos, ella
así lo hizo.
El príncipe tenia la cabeza vendada y la pelinegra volvió a su forma humana tras unos minutos. Estaban
en silencio, la sirena se cubría con las sabanas; en eso, el príncipe se levanto a buscarle ropa y se la dio.
Mientras la chica se cambiaba aprovecho para él también quitarse esas prendas mojadas; estaba de
espaldas a la chica así que no veía si esta lo miraba. Nozomi si había visto cuando el príncipe se saco la
camisa, pero le dio algo de vergüenza y se volteo rápidamente, aunque pudo apreciar su ancha espalda
y sus fuertes brazos.
Cuando por fin ambos estaban cambiados el bicolor se acerco para darle las gracias.
—No fue nada Todoroki, actúe por impulso... —Dijo para restarle importancia. No quería decirle que le
aterraba la idea de perderle, no se sentía con ese derecho. —...Además tú hiciste lo mismo por mi en
aquella playa.
La respuesta lo desilusiono un poco, pero de todos modos ¿Qué esperaba? Solo le estaba devolviendo
el favor, eso era todo. Era como cuando él salvaba a los pobladores de los maleantes que los
atormentaban; lo hacia porque era lo justo y correcto, nada más que eso. No le dijo nada más,
simplemente se recostó a su lado para descansar.
Nozomi se mantenía al pendiente de él, hablándole de cualquier cosa que se le ocurría, contándole de
su vida y preguntándole sobre la suya; lo estaba cuidando.
Él simplemente la miraba atento, mientras, sin darse cuenta del porqué, su corazón revolotea de
emoción con cada mirada y sonrisa de la sirena, pero al mismo tiempo su mente se aturdía con nuevos
pensamientos que solo lo confundían.
Capítulo VIII:
Epifanía de Amor
Esa noche Shōto e Nozomi dormirían en la misma cama. Cuando al fin la noche llego, la sirena había
insistido en que se quedara con ella –el príncipe quería cederle su recamara por completo a la
pelinegra para su comodidad, pero la sirema se negó–, así lo podría cuidar mejor; y es que Nozomi
estaba realmente preocupada por el de cabellos bicolores, cuando lo vio caer al mar se asusto tanto que
sin dudarlo se aventó tras él.
Estaban recostados frente a frente. Shōto ahora estaba dormido, y su respiración era calmada y
tranquila, se veía tan apacible al dormir, como un inocente niño pequeño. La pelinegra aún no podía
cerrar los ojos, y aunque ya habían compartido habitación antes, nunca habían estado tan cerca; ahora
miraba al heredero de Yuuei con sus joyas llenas de un nuevo brillo.
El recuerdo de sus labios tocándose bajo el agua rondaba en su cabeza espantando el sueño, trataba de
convencerse de que eso había sido un mero impulso para salvarlo, no significaba nada más que una
simple respiración de boca a boca. Jamás en su vida hizo algo como aquello, pero ahora dudaba si en
realidad lo único que quería era besar al chico de cabello bicolor y ojos dispares.
Tan solo pensar en ello la avergonzaba, nunca antes había sentido el deseo de probar los labios de otra
persona; para su buena suerte se encontraban solos en esa habitación, a oscuras, sin nadie que pudiera
ver sus mejillas ardiendo en color rojo. Una vez más la sensación de los labios de Shōto sobre los suyos
apareció, pero esta vez era más vago, como si comenzara a olvidarlo, y ante ese pensamiento
entristeció.
Se acerco entonces al rostro del príncipe que yacía a unos centímetros del suyo, sabia donde estaba
exactamente cada parte de su cara, lo había observado todo el rato desde que se durmió; había grabando
en su memoria cada pequeño detalle que para ella era cautivador; las pequeñas pestañas que adornaban
sus ojos cerrados, esos que a veces decían lo que las palabras no, su piel pulcra cubierta por algunos
cabellos y los perfectos pómulos, sin miedo alguno acaricio levemente su mejilla derecha, moviendo
algunos cabellos albinos con cuidado para no despertarlo. De pronto su cuerpo se estaba moviendo por
si solo, era un mero impulso, una locura, pero ya no estaba pensando con claridad; cerro sus ojos
acercándose lentamente a ese magnifico ser que dormía con parsimonia, y unió sus labios una vez más.
En esta ocasión el contacto era superficial, labio sobre labio, un casto beso simple y puro, lleno de
curiosidad y desesperación por no ser olvidado. Los labios de Shōto eran cálidos y suaves, tal cual los
imaginaba cada vez que los veía curvarse en esas efímeras sonrisas que le dedicaba cuando hablaban;
sin duda ese era el mejor lugar del mundo para estar, un lugar al cual sentía que pertenecía, al cual
podría llamar hogar. Se quedo un rato así, grabando todas aquellas sensaciones en su memoria, esas que
no pudo notar antes estando bajo el agua, las nuevas emociones se mezclaban confusas y ella trataba de
entenderlas; sus mejillas y su pecho se sentían cálidos.
—¿Podrá ser acaso...? —Susurro sobre los labios contrarios después de separarse un poco.
Miraba el imperturbable semblante frente a ella, aún seguían a una corta distancia, sus respiraciones se
mezclaban. El príncipe no había despertado, Nozomi estaba feliz por eso, no sobria como soportar la
vergüenza por lo que hizo si este llegaba a enterarse.
Seguía viendo embelesada al chico que seguía durmiendo, tranquilo, ajeno a sus sentimientos; era
escalofriante tenerlo tan cerca, daría cualquier cosa por el privilegio de quedarse con él para siempre.
Siempre escuchaba sobre amores legendarios; cuando era niña algunas veces su mamá le contaba mil y
una historias de amor, donde relataba lo hermoso y doloroso que podía llegar a ser ese sentimiento
entre dos personas, y que a pesar de todo, su amor vencía cualquier adversidad. En aquel tiempo se
moría por saber lo que era amar y ser amada, pero nunca tuvo prisa de ello, esperaba paciente el
momento adecuado para averiguarlo y encontrar a su compañero. Tal precia que ahora era el momento,
ya estaba conociendo el lado hermoso del que le hablaron, y le estaba gustando.
Cerro los ojos y se acomodo para dormir, sus dudas se desvanecieron dejando la innegable verdad de
sus sentimientos por el príncipe. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y un rubor rosa le cubrió
las mejillas.
Nozomi Midoriya había encontrado al que creía se convertiría en su compañero, su legendario amante.
ɷʚ♥ɞɷ
La mañana llego, y con ella su último día navegando, cuando apareciera la tarde de ese día, estarían en
las aguas de Dagobah. Afortunadamente el barco no sufrió daño alguno, y después del incidente
lograron pasar los islotes sin mayor contratiempo.
Nozomi despertó radiante esa mañana, estaba convencida que sentía algo por el príncipe, algo muy
especial que lo llenaba de felicidad.
Shōto por otro lado aún tenia un leve dolor de cabeza, no sabia si era por el golpe o debido a los mil
pensamientos que lo atormentaban; cuando la chica pelinegra lo salvo sin dudarlo se sintió feliz, pero la
sirena le había dicho en la habitación que solo le estaba pagando el favor de la playa. De todos modos
no lograba ponerle nombre a eso que sentía cada vez que veía al pecoso.
—Midoriya, lamento que no practicáramos más ayer, pero si quieres podemos seguir ahora. —Le dijo
cuando se acerco a Nozomi.
—Pero tú todavía no estas bien Todoroki, podrías lastimarte. —Dijo notoriamente preocupada por el
príncipe. —Será mejor que descanses, yo puedo practicar con Kirishima y Kacchan.
—Ni lo sueñes Deku, consigue a tu propio rival. —De la nada apareció molesto Katsuki diciendo eso.
—Vamos Blasty, deja que Midoriya se nos una. —Rogaba Eijiro siguiendo al rubio. —Yo puedo luchar
contra ambos.
—Solo nos hará perder el tiempo, que busque a alguien más. —Dijo molesto para luego arrastrar al
pelirrojo para practicar.
La de ojos violeta miraba triste como sus compañeros se alejaban. Todoroki se sentía culpable, por su
lesión no podía seguir ayudando a la pequeña sirena; estaba apunto de hablar cuando alguien más se le
adelanto.
Ambos tomaron sus espadas y se marcharon a una parte del barco donde no molestaran o lastimaran a
nadie. Shōto se quedo observando a lo lejos como Nozomi practicaba; cada vez era mejor, sin duda
tenia talento. Se movía con gracia y agilidad blandiendo la espada, sus cortos –aunque algo mas largos
desde la primera vez que la vio– y lisos cabellos se mecían con el viento, y aunque tenían el ceño
fruncido por la concentración, a él se le antojaba como el ser más tierno y valiente. Las joyas brillaban
con coraje y determinación, le encantaba verlas, pero amaba más cuando lo veían solo a él.
—¿Disfrutando la vista?
—Si.
—...Midoriya es linda.
—¿Qué? —Volteo algo sorprendido por lo que escucho; Sero lo miraba sonriente y suspicaz, pero no
tenia idea del porqué. —¿A que te refieres?
—Tranquilo. —Levanto los brazos en son de paz. —No me interesa Midoriya. Pero parece que a ti si,
la miras como si fuera la octava maravilla.
—¿Eh?
—Bueno, cuando la miras tienes esa cara de tonto que los enamorados ponen, justo como hace un
segundo.
—¿Enamorados?
—¡Hombre! ¡¿Es que acaso tengo que explicarte el mundo?! —Respondió algo alterado, angustiado y
sorprendido, luego suspiro y continuo. —Si ya sabes... amor, parejas, besitos y cariñitos, hijos...
¿Entiendes?
Sero se marcho dejando a un Shōto sorprendido y desconcertado. ¿Acaso había caído ante los encantos
de la ser mítica?, Probablemente si, no lo había reconocido antes por que jamás lo había experimentado
o siquiera visto. Desde su niñez el amor y romanticismo eran cosas de cuento de hadas, solo en los
libros lo encontraba.
Siguió observando a Midoriya, dándose cuenta que tal vez si podía llamar amor a la calidez que sentía
en su corazón cada vez que la veía o le hablaba. ¿Pero acaso un humano y una sirena pueden amarse?
¿Seria algo mutuo? O solo una fantasía que anhelaba su solitario corazón.
—¡Oh vamos! Dame un respiro. —Le respondió un cansado y sudoroso Kirishima recostado en la
madera.
—¿Y así piensas enfrentarlos? No tienes resistencia, si sigues así solo seras un estorbo.
—¡Hemos entrenado desde que amaneció y casi sin descanso! —Refuto. —Es un milagro que sigamos
en pie.
Eijiro estaba sorprendido, ese chico estaba decidido a dominar la espada, o solo quería matarlo de
cansancio, lo que fuera lo hacia ver muy varonil –aunque lo había confundido con una chica antes–, de
cierta forma le gustaba el rubio de mirada molesta.
Aún con el cansancio en su cuerpo se puso de pie y tomo su arma para seguir practicando.
Nozomi e Iida estaban igual de cansados, pero la pelinegra tampoco quería parar.
—Puedo seguir un rato más descuide. —Sonrío confiada para después continuar la batalla.
Los demás a bordo solo podían pensar que las sirenas y tritones tenían una resistencia excepcional, ¿O
esa era otra característica de los poderes que se decía tenían?
Shōto miraba todo el tiempo a Nozomi sin que esta se diera cuenta. Los ojos heterocromáticos no se
apartaban de la pequeña sirena; soñadores se deleitaban con la figura del otro.
—¡Capitán! Son las costas de Musutafu. —Gritaba Sero pegándose a un costado de la nave. —Hemos
llegado.
Los ruidos de las espadas se detuvieron en el momento en que Tetsutetsu había anunciado que llegaron,
todos miraban las lejanas tierras que se alzaban en el horizonte.
El sol del cuarto día –desde que zarparon de Chiba– comenzaba a ocultarse, dándole paso a la luna y
las estrellas; el navío estaba ahora en las aguas de Dagobah. El ancla fue soltada y tras una discusión
con el rubio tritón, se decidió que aguardarían al amanecer para internarse en las selváticas tierras
nuevas. Bakugo no quería perder tiempo e Nozomi lo apoyaba, pero Kirishima lo convenció de esperar;
seria mejor explorar lo desconocido a plena luz del día que en la oscuridad.
Para esa noche Nozomi estaba convencida que sentía algo especial por el chico de ojos dispares. Shōto
estaba confundido; sabia que algo en la sirena le atraía, estaba seguro, pero no sabia si la pelinegra
sentía igual.
—Todoroki, ¿Te sientes mejor ahora? Puedo dormir otra vez contigo si lo necesitas, así te cuidare.
Esas palabras tomaron por sorpresa al príncipe, en definitiva se sentía mejor, el dolor había cesado hace
horas, pero no se lo diría, quería averiguar exactamente que había entre ellos dos, y esta era su
oportunidad.
Se dio la media vuelta para dirigirse a su camarote, mientras una alegre Nozomi lo seguía de cerca,
como si tuviera miedo a perderle.
ɷʚ♥ɞɷ
Después de cambiarse la ropa y de que la pelinegra se cerciorara de que Shōto se encontraba bien se
recostaron en la única cama. Esta vez estaban de espaldas, Nozomi se movía de un lado a otro, algo
inquieta, el de cabellos bicolores se debatía el como preguntarle si gustaba de él, no podía preguntarlo
directamente, ¿O si?
Cuando por fin se atrevió a hablar la pelinegra también lo había decidido; los dos dijeron el nombre del
contrario al mismo tiempo. Se rieron por tan torpe evento.
—Yo...
Las palabras eran difíciles de decir, jamás en su corta vida había tenido que declarase a alguien, ahora
no tenia a nadie a quien recurrir por consejos, tenía que ser valiente. Pero, ¿Realmente Todoroki la
amaría? Que tal si él no sentía lo mismo; no era una princesa, tenia entendido que los jovenes principes
buscaban a jovenes chicas de alta sociedad o de reinos vecinos como pareja, y ella no lo era, aunque
ese no era el problema real, lo que más la atormentaba es que ni siquiera era humana.
—Yo solo quería decirte que estoy aquí por si necesitas algo, cualquier cosa no dudes en llamarme. —
Se había acobardado. —¿Qué era lo que querías decirme tú?
Las joyas violetas se encontraron con el azul calma y el gris tormenta, estaban de frente, recostados, en
completo silencio.
Fue lo único que se le ocurrió preguntar, después de soltar aquellas palabras se arrepintió por lo tonto
que sonaba, estaba a punto de retractarse cuando Nozomi pregunto.
—¿Especial cómo?
—Creo, que algo cómo... una pareja. —Todavía dudaba de lo que decía.
Nozomi se sentó en la cama tan rápido apenas escucho la palabra pareja, ¿Por qué le preguntaba esas
cosas? Estaba tan avergonzada que ocultaba su rostro con sus brazos, su cara estaba roja y no quería
responder porque sabia su voz saldría aguda y entre tartamudeos, pero aún así lo hizo.
—Solo curiosidad. —Sin emoción aparente le respondió. La verdad es que desde la conversación con
Sero tenia dudas, ¿Qué tal si él no era el único que noto lo bella que era la pelinegra? tenia que
averiguar si había alguien más.
Por esa noche la respuesta de la chica era suficiente para acallar las dudas de su alma. Sin más se dio
media vuelta en la cama para dormir, tenia una leve sonrisa y el rostro lleno de paz.
Nozomi estaba confundida pero no se atrevía a preguntar, no quería molestarlo; se guardaría un poco
más sus sentimientos. Imito la acción del príncipe y se recostó. Podía escuchar y sentir sus latidos tan
fuerte que temía el otro también los notara; podría morir de vergüenza. Tras unos minutos por fin pudo
conciliar el sueño.
La noche avanzaba lenta, Toru hacia guardia mientras todos en el navío dormían tranquilos aguardando
al mañana. Su futuro era incierto y lleno de aventuras, tenían un largo camino por recorrer.
Capítulo IX:
Humano & Sirena
El alba se alzaba sobre el mar; Denki, Toru y Mineta estaban en el barco, los demás tomaron balsas
para llegar hasta las costas de Musutafu.
—Claro que si, es el capitán Todoroki de quien hablamos. —Dijo seguro el cocinero. —Èl siempre sale
victorioso.
La chica no dijo nada más. Entonces el rubio volvió a hablar.
—Oye, ¿Y Mineta?
—No sé, debe seguir en el camarote. Anoche estaba algo ansioso y lo descubrí comiendo por los
rincones. —Respondió sin interés la chica mientras miraba hacia la costa y suspiraba.
ɷʚ♥ɞɷ
Aún estaba algo oscuro pero los primeros rayos de sol aparecerían en cualquier segundo, la marea
estaba baja, algunos crustáceos mañaneros andaban sobre la arena; todos estaban listos con sus armas,
las espadas estaban en sus fundas, los bolsos de algunos guardaban provisiones y otros utensilios,
Tetsutetsu llevaba un arco y flechas, e Nozomi por fin se puso zapatos a petición del principie de ojos
dispares; este le había insistido tanto en que los usara o se quedara a bordo, que no le quedo de otra más
que ponérselos, pero aún los detestaba.
Las nuevas tierras inexploradas se encontraban frente a ellos, listas para recibirlos, llenas de colores,
texturas y sonidos nuevos; tendrían que investigar por su cuenta el escondite de los piratas. Según los
rumores éste se encontraba a mitad de la selva, cerca de unas antiguas ruinas.
—Creo que deberíamos armar un pequeño grupo de reconocimiento antes de adentrarnos así como así.
Los demás esperaran a su regreso para decidir como movernos. —Sugirió elocuente Iida.
—¿Y perder el tiempo? —Dijo Katsuki ansioso para después desenfundar su espada y caminar con
pesados pasos hacia la selva. —Ya perdimos demasiado ayer, si esperamos más podrían escapar.
Esperen ustedes yo voy a entrar.
—¡Espera Blasty! —Un preocupado Kirishima salio corriendo tras él. —¡Podría ser peligroso, te
acompañare!
—¡Oigan...!
—Tiene razón. No podemos perder tiempo, pero tampoco podemos arriesgarnos a entrar sin conocer el
terreno. —Todoroki había detenido a Iida que estaba a punto de correr tras esos dos. —Creo que ellos
deben ser parte del grupo. Sero, acompáñalos, si encuentran algo ayuda a Kirishima a detener a Bakugo
y después vuelve por nosotros.
—Si.
Shōto sabia de las capacidades de Sero en cuanto a orientación, con él acompañando a esos dos estaba
seguro que no se perderían, además con lo poco que conocía del rubio tritón estaba seguro que armaría
un escándalo, seguro entre los marinos lograban calmarlo.
Lo que el de cabellos bicolores no pronostico es que Katsuki y Eijiro se separarían de Sero.
Cuando el pelinegro se adentro entre los matorrales ya no encontró a ninguno de los dos, grito sus
nombres un par de veces pero no respondían, ¿Eran tan rápidos como para estar tan lejos y no
escucharlo? No lo sabia, pero no podía perder tiempo buscándolos; se encamino a rastrear el escondite
de Shigaraki y los corsarios, ya después buscaría a esos dos.
ɷʚ♥ɞɷ
—¡Detente! te digo que esperes. —Kirishima gritaba detrás del malhumorado rubio. —Ni siquiera
sabes a donde te diriges.
Katsuki se abría paso con su espada entre ramas, helechos y hojas verdes de todos tamaños, la humedad
del lugar era algo molesta, el calor de la selva y los ruidos de los animales lo aturdía; miraba para todos
lados, buscaba elegir el camino correcto, estaba así desde hace un buen rato, caminando sin rumbo,
guiándose solo por su "instinto" y con un desconcertado y preocupado Kirishima siguiéndolo. El tritón
confiaba en dicho instinto que jamás lo había defraudado, solo que olvidaba que este le era útil solo en
el agua y no en tierra firme, aún así siguió su camino.
Ya era bastante tarde y se habían perdido, pero Katsuki se negaba a aceptarlo, su orgullo se lo impedía.
—En serio Blasty, deberíamos intentar volver. —Eijiro trataba de convencerlo, tenia hambre y el cielo
comenzaba a ponerse gris. Pronto llovería.
—No, no voy a rendirme ahora. —Katsuki estaba decidido a encontrar a su familia, sin importar cuanto
tiempo le tomara.
Katsuki se detuvo al escuchar aquellas palabras. Le estaba ofreciendo su ayuda; el tonto marinero con
cabello raro al que había engañado para abordar el barco se estaba volviendo una persona cercana para
Bakugo, no se dio cuenta cuando paso... tal vez cuando practicaban.
—¡Blasty! —Grito asustado Eijiro, para luego quitarse el chaleco de piel y ponerlo sobre la cabeza de
un desconcertado Katsuki. —Cúbrete con esto.
—¿Ah...? —Seguía procesando las acciones del otro; cuando se dio cuenta de la cercanía entre ambos o
empujo para alejarse y grito. —¡No lo necesito pelos de mierda!
—En primera, soy un tritón, no un pez; y en segunda, solo con agua salada vuelvo a la normalidad.
Idiota... —Se dio la vuelta para caminar después de insultarlo. No le había gritado pero si estaba
molesto.
—Ah... bueno, tenemos que buscar un refugio de todos modos, no podemos seguir bajo la lluvia. —
Dijo el pelirrojo. —Además estamos perdidos.
Odiaba admitirlo pero el marino tenia razón, igualmente estaba cansado y hambriento, y con todo el
pesar de su orgullo decidió cooperar.
—Tú eres el humano, conoces mejor la tierra que yo. —Dijo todavía sin mirarlo a la cara. —¿Qué
propones?
Los ojos rojos de Eijiro se iluminaron, al fin estaba aceptando su ayuda, eso lo ponía feliz.
—Bueno, estamos en un terreno algo inclinado... —Se detuvo a pensar un poco. —...Esto debe ser una
montaña, y si es una montaña... tal vez encontremos una cueva donde refugiarnos.
Sonrío complacido por su deducción y comenzó a caminar cuesta arriba. Katsuki lo siguió en silencio.
ɷʚ♥ɞɷ
—Te dije que encontraría un refugio. —Kirishima decía triunfante dentro de la pequeña caverna que se
formaba debajo de una gran roca. Afuera la lluvia parecía no querer detenerse.
—Si pero tardaste mucho, ahora estamos todos mojados. —Se quejaba Bakugo. —Además es muy
pequeño y apenas cabemos los dos.
—Lo siento, pero en serio tenia que detenerme a cortar esos mangos. —Saco de su pequeño morral
unos cuantos para mostrárselos. —No creí que aquí también hubiera, creo que estamos de suerte. —
Estaba feliz y su sonrisa lo demostraba.
—¡¿Qué?! Pero si son deliciosos, tienes que probarlo. —Comenzó a pelar uno con un pequeño cuchillo
que llevaba consigo, en eso el ruido del estomago de Katsuki se escucho. —Ves, tienes hambre.
Le ofreció el fruto y el rubio lo tomo con algo de disgusto. Era amarillo y no se le antojaba para nada,
aún así le dio una pequeña mordida. El pelirrojo miraba expectante a la reacción que tendría al probar
una de sus frutas favoritas.
—¡¿Es en serio?! —Estaba sorprendido y desilusionado. —Pues es lo que hay, o lo comes o te mueres
de hambre, aquí no hay peces ni algas.
Miraba de reojo al rubio mientras fingía indignación y pelaba otro para él; el tritón seguía mirando el
fruto en sus manos, aunque no le gustaba era lo único que tenia, tendría que aguantarse ese sabor
empalagoso. Después de terminarse el primero se dio cuenta que no estaba tan mal como creía –eso o
era el hambre–, entonces pidió otro más que el marino encantado pelo para él.
El agua se escurría por los bordes de la gran roca, algunas gotas los salpicaban a veces, y empezaban a
temblar por el frío.
—Oye Blasty... ¿No tienes frío? Creo que la lluvia no se detendrá. —Decía abrazándose a si mismo y
frotando sus brazos para conseguir algo de calor.
Se estaba desesperando en ese pequeño lugar. El pelirrojo estaba cabizbajo, su ropa estaba húmeda y
aun escurría agua de ella. Se le ocurrió quitarse la camisa blanca para escurrir el agua de ella, solo se
quedo con el chaleco de cuero puesto, este no estaba tan mojado.
—Exprimo mi ropa. —Contesto mientras hacia lo dicho, luego volteo a verlo. —¿No harás lo mismo?
—¡Ya te dije que no soy un pervertido! Y ya te pedí perdón por eso... de todos modos casi no mire
nada. —Dijo lo último con un puchero en voz baja.
Eijiro seguía con frío, el rubio estaba a dos paso de él y su cuerpo tiritaba. Con disimulo el pelirrojo se
empezó a acercar, y en poco tiempo estaban rosando sus brazos, hombro con hombro; miraba de reojo a
Katsuki que no decía nada. Al no obtener alguna protesta, el marino se permitió disfrutar del tenue
calor que sentía su brazo izquierdo ante el contacto con el del otro; era tan tibio, que quería más. Con
valor se pego un poco más, suspiro cansado y recostó su cabeza en el hombro del contrario. Katsuki no
decía nada. Entonces Kirishima decidió tentar otro poco a su suerte; esta vez se acomodo mejor
pasando su brazo y la mitad de su pecho en la espalda del contrario para estar más cerca, era tan afable.
Bakugo seguía sin decir nada, ni siquiera se movía; el contacto con el pelirrojo le gustaba, calmaba un
poco el frío ambiente. Su corazón latía más a prisa, y su cara ardía.
ɷʚ♥ɞɷ
En las costas de Musutafu, esperando el regreso de los tres exploradores improvisados se encontraban
el resto de la tripulación, el astro rey se alzaba sobre ellos indicando que pasaba de medio día.
Tetsutetsu, Mina, Jiro y otros marinos se habían sentado en la arena a esperar por el regreso de sus
compañeros mientras comían algo de lo que llevaban. Iida estaba firme parado en la arena viendo hacia
la selva, a su lado estaba Todoroki quien se debatía si llevar a la pelinegra a esas desconocidas y
peligrosas tierras, no quería poner en peligro a Nozomi, pero también sabía que era persistente y no
querría quedarse atrás. Mientras, una ansiosa Nozomi jugaba con la arena y unas conchitas que
encontró; no había hablado en toda la mañana, pero ella estaba de acuerdo con Kacchan, se moría por
entrar y buscar a su familia, pero confiaba en Todoroki y sus estrategias. Aún así se estaba
desesperando y sus juegos no calmaban su ansiedad.
—Midoriya no es buena idea separarnos. —Iida se apresuro a detenerla. —Ellos podrían volver en
cualquier momento.
Rogó al príncipe de cabello bicolor, sabia que Shōto siempre la ayudaba y cumplía sus caprichos, por
eso le pedía con cara y ojos de cachorrito que le ayudara a convencer a Iida; el príncipe no se podía
negar ante esa imagen.
La cara de la sirena se ilumino; Iida estaba indignado por la respuesta del heterocromático.
—Pero Todoroki...
—Si tan preocupado estas yo la acompañare, así no se perderá. —Lo interrumpió antes de que siguiera
negándose. —Yo también necesito despejarme un poco.
El de lentes no pudo decir nada más, cuando Shōto y Midoriya ya se alejaban caminando por la playa.
La pelinegra estaba feliz, podría curiosear un rato, aunque las ansias de escapar y buscar a su familia
seguían molestándola. El príncipe de Yuuei caminaba tranquilo al lado de la sirena, y miraba el raro
caminar de esta, no se quejaba pero estaba seguro que lo haría en cualquier comento; para la pelinegra
usar zapatos era una tortura, pero le prometió a Shōto que los usuaria en tierra firme.
En los pensamientos de ambos estaban los hechos de los días anteriores. A Nozomi la atormentaba el
haberle robado un beso al príncipe mientras dormía y sus recién descubiertos sentimientos hacia él;
mientras que a Shōto lo molestaban las palabras de Sero que seguían muy presentes en su mente, pero
se negaba a aceptarlo, no creía que un humano y una sirena pudieran estar juntos, no de la forma que el
quería.
—Todoroki ¿Puedo quitarme los zapatos? —Por fin se había quejado. —Son molestos.
Su boca formo un puchero pero no le contesto nada, pues no quería abusar de lo bueno que era el
príncipe con ella, se aguantaría un rato más los zapatos.
Ya estaban un poco lejos de los demás, casi no se podían ver a lo lejos, Nozomi se debatía si confesarle
a Todoroki sus sentimientos; esta vez se prometió que no se acobardaría, pero, ¿Y si era demasiado
pronto? ¿Y si el no la quería de vuelta?
Estaba decidida a ser más valiente después de lo de Shinzouka, pero esto era más difícil de lo que creía.
De reojo miraba de vez en cuando al mitad albino, su perfil perfecto e imperturbable, tan sereno;
Nozomi caminaba a su izquierda y solo podía ver su cabello rojo y su ojo azul, de ese azul turquesa que
tanto le gustaba, la cicatriz en su piel solo hacia querer acariciarla y besarla, como cuando se lastimaba
y su mamá besaba su herida para reconfortarla, así ella quería cuidar y curar a Todoroki. La nostalgia
del recuerdo de su madre la saco de sus pensamientos por un segundo, solo para después seguir
admirando a Todoroki.
Estaba enamorada, no había duda de ello, cada pensamiento que tenia del príncipe se lo confirmaba.
Como desearía que el sintiera lo mismo.
Todoroki se dio cuenta de que la pelinegra lo veía, pero malinterpreto esa mirada ilusionada que le
regalaba. Detuvo su caminar para apartar su rostro apenado y cubrir su ojo izquierdo con su mano.
—¿Qué? —Eso tomó por sorpresa a Nozomi. —¡Ah no! No es eso, yo... yo no creo que sea horrible...
tú... —Su voz se fue apagando y agacho la mirada para jugar con sus dedos.
Levanto entonces su cara, pero el rostro de Shōto expectante por una respuesta no le ayudaba mucho.
Sus ojos dispares la miraban curiosos, tan brillantes, y su cabello se mecía con la brisa, su cara era un
bello poema para ella.
—¡Buaah! Si me miras así no puedo hacerlo. —Grito con la cara completamente roja mientras se
cubría el rostro con ambas manos.
—Oh... lo siento, no se de que modo te veía. —Dijo tan tranquilo como siempre.
—Esta bien, yo... Todoroki. —Dijo quitándose las manos de la cara para mirarlo a los ojos, aún estaba
algo roja. —Me gustas... mucho.
Todoroki no tenia expresión alguna; estaba sorprendido, pero sus ojos tenían un brillo diferente. Su
corazón palpitaba de emocionó ante aquellas palabras, una parte de él quería saltar y abrazar a la
pelinegra, quería llenarla de besos, entregarse a ella, dejarse quererla.
Pero...
—Yo... no...
No termino la frase, no sabia como continuarla de todos modos, y tenia miedo, miedo de no ser lo
suficiente, miedo de que no fuera lo que ella esperaba, miedo de ser diferentes. Humanos y sirenas, ¿De
verdad pueden amarse y estar juntos?
Nozomi estaba a punto de derrumbarse, la poca fortaleza y confianza que había reunido se esfumo con
solo dos palabras; pero la frase aún no había sido terminada, la esperanza seguía ahí.
—¡Midoriya, príncipe Todoroki! —Gritaba a lo lejos Iida mientras corría hacia ellos. —¡Sero volvió
con noticias!
Nozomi vio su oportunidad de huir; un corazón a punto de romperse puede esperar, ahora su familia le
importaba más.
Todoroki quiso detenerla y aclarar las cosas de una vez. Había decidido arriesgarse e intentar amarse;
se entregaría por completo a sus sentimientos, tal vez no entendía como, pero para esas cosas solo se
dejaría guiar por su corazón, uno que creyó no tenía, o al menos así sentía... Hasta que la encontró a
ella en aquella playa.
Pero su misión era prioridad; los intereses de Midoriya eran prioridad, y lo que la pelinegra más quería
ahora era salvar a su gente.
Capítulo X:
Aceptación
Sero había llegado a la playa algo cansado y mojado por la anterior lluvia en la selva, pero venia solo.
Cuando él de lentes lo vio salir de entre las verdes ramas corrió en busca del príncipe y la sirena. Ahora
estaban todos reunidos analizando la nueva información.
—Están como a 20 kilómetros, me tomo cuatro horas llegar. No pude acercarme mucho, pero esto es lo
que conseguí. —Decía Sero mientras hacia un dibujo en la arena a modo de mapa para explicarles
mejor. —No sera difícil entrar; en la parte delantera hay dos hombres haciendo guardia y están armados
con espadas, estamos igual en ese aspecto. El problema sera el interior, no se cuantas más hay adentro...
Pero cinco de ellos salieron del lugar. —Detuvo sus movimientos en la arena para luego decir. —Una
chica bajita y rubia, un pelinegro con cicatrices de quemaduras en el rostro y cuello, también un sujeto
con una mascara negra, y un hombre pálido y delgado, de cabello celeste claro y desordenado hasta los
hombros que ocultaba su cara, el último era un tipo rubio bastante musculoso, con una cicatriz en el
rostro que va desde la frente hasta la boca. Iban solos... Así que supongo que Shigaraki sigue adentro,
aunque no hay certeza de eso; lo único que coincidía con la información que Mineta consiguió, era la
entrada de piedra cubierta por raíces. Al parecer la construcción se adentra más en la maleza, tanto que
no se que tan extensa sea...
«Además esta lloviendo por esa zona... y perdí a Kirishima y Bakugo. Por ahora, eso es todo lo que
conocemos... ¿Qué haremos?»
Se puso de pie al terminar de hablar. Todos observaban los rayones en la arena, Sero había explicado
con detalles la posición de los guardias; el sonido del mar de fondo era lo único que se podía escuchar.
—Adentro podría ser un laberinto, tenemos que ser cuidadosos; no sabemos si las demás sirenas y
tritones estén allí. —Interrumpió la calma Todoroki hablando pensativo.
Todos quedaron callados una vez más, esperando a sus ordenes. Los príncipes analizaban la situación
con cuidado, tenían que estar bien preparados y asegurarse de que cada movimiento fuera el mejor, de
no ser así, terminarían siendo derrotados y en el peor de los casos muertos.
Contaban con el factor sorpresa, una emboscada era la mejor opción, aunque ya era algo tarde, si se
daban prisa podrían llegar antes de que el último rayo de luz desapareciera; la oscuridad seria su aliada,
cuando todos estuvieran durmiendo y solo unos cuantos se mantuvieran de guardias, entonces seria el
momento perfecto para atacar.
—Entonces ese sera el plan. —Dijo Todoroki una vez explicado sobre la encrucijada. —Prepárense a
partir.
Todos tomaban sus armas o comían algunos bocadillos que llevaban consigo. El único inconveniente
era encontrar a Kirishima y Bakugo, pero si todo salia bien los buscarían después, o incluso con algo de
suerte los encontrarían en el trayecto.
Caminaban entre la maleza, la humedad era molesta pero podían soportarla. Midoriya no se acercaba al
príncipe de ojos dispares, se refugiaba entre Jiro y los otros. Shōto quería aclarar las cosas de una vez,
antes de que iniciara la batalla, pero no podía porque la pelinegra no se lo permitía.
Midoriya sabia que su conversación no estaba terminada, sentía que el príncipe la buscaba con la
mirada todo el tiempo, pero quería aplazar lo más que podía el desenlace de su charla. Si, estaba
ansiosa de saber su respuesta, el resto de la frase inconclusa del príncipe, pero también le tenia miedo al
rechazo, a conocer el lado amargo de esas historias de amor que su madre le contó.
Se amaban y se añoraban, pero no podían estar juntos, su relación estaba confusa pero más unida que
nunca. Los demás no sabían nada de lo que ocurría entre ellos dos; y así avanzaban a la nueva aventura,
adentrándose más en la selva para rescatar a la familia de la sirena pelinegra.
ɷʚ♥ɞɷ
De vuelta en medio de la jungla, entre ramas aún mojadas, ruidos de animales salvajes y aves coloridas
sobrevolando entre los arboles, andaban dos chicos.
—No seas tan negativo, seguro encontramos el escondite de Shigaraki. —Lo animaba el pelirrojo. —Y
si no es así, confió en que nos vendrán a buscar.
—¿Cómo estas tan seguro? —Dijo mientras cortaba ramas para abrirse paso, espantando uno que otro
insecto.
—El capitán Todoroki jamás abandona a sus hombres. —Defendió muy seguro el contramaestre; quien
veía todo a su alrededor curioso.
Siguieron su camino hacia ninguna parte, a veces Kirishima molestaba al rubio con preguntas que para
Katsuki eran bastante tontas; también le hablaba sobre su vida aunque no le hubiera preguntado. Todo
lo que decía lo hacia con tanto animo y una sonrisa. Bakugo a veces se sentía cegado por la
personalidad tan resplandeciente del marino; ahora creía que no todos los humanos eran malos, todavía
no estaba del todo convencido, pero tal vez pueda darles una oportunidad. Al menos se la daría al
pelirrojo.
—¡Bakugo cuidado!
Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no noto la espada que se dirija a él hasta que fue
empujado.
Kirishima logro salvarlo. Pero recibió un corte en su hombro izquierdo; no era tan profundo porque
logro desviarlo un poco con su arma, además que el chaleco de cuero también había ayudado, pero ya
comenzaba a sentir el cálido líquido manchando su ropa.
Sin importarle mucho eso, sostenía su espada firme contra el rubio de ojos azules que los había
atacado, el desconocido se veía fuerte, bastante fuerte, pero no permitiría que dañara a Blasty.
Bakugo seguía en el piso, impactando por lo rápido que ocurrieron las cosas, su espada estaba perdida
en el suelo entre los matorrales, pero él solo podía ver al pelirrojo interponiéndose entre su atacante y
él, defendiéndolo valiente.
—¿Quién eres y por qué nos atacas? —Respondió con otra pregunta Eijiro.
—Yo pregunte primero. —Apuntándole con su espada. —¿Dónde los tienen?
Ni Kirishima ni el tritón sabían de que estaba hablando, tal vez los estaba confundiendo.
—Escucha estúpido, no sé de que demonios estés hablando pero no tenemos tiempo como para
perderlo contigo. —Busco su espada, y cuando la encontró la tomo para luego ponerse de pie, Katsuki
ya estaba bastante harto de ese sujeto. —Tengo una familia que rescatar. Fuera de mi camino.
—Es curioso, yo también. —Volvió a decir sarcástico y desconfiado el extraño rubio. —Ahora
díganme ¿Dónde los tienen?
—Espera Bakugo. —Lo detuvo antes de que se le fuera encima. Por las palabras del extraño, Eijiro se
daba una pequeña idea de lo que podría estar pasando, solo tenia que indagar un poco. —Tal vez
estemos del mismo lado.
—Yo me llamo Kirishima Eijiro y el es Bakugo, nos perdimos buscando el escondite de Shigaraki. —
Menciono mientras bajaba lentamente su espada a modo de que confiara en que no quería pelear, si no
hablar. Entendía que era algo sumamente peligroso, si el de ojos azules llegaba a ser uno de los piratas
estarían en serios problemas, pero tenía que arriesgarse a intentarlo. —Estamos en una misión de
rescate.
Katsuki estaba anonadado, quería golpear al pelirrojo, pero la sangre en su hombro se lo impedía y
también lo preocupaba un poco, ¿Cómo podía siquiera confiar en un desconocido que los había
atacado? y solo por unas sospechas, además le acababa de dar demasiada información.
Pero entonces sin darle tiempo de regañar a su compañero, el desconocido pareció comprender y bajo
su espada también, rosando la hoja de metal con la vegetación, se rasco apenado la nuca para
disculparse entre risas nerviosas.
—Vaya, lo siento por atacarlos. Parece que si estamos en el mismo bando. —Miro a los dos chicos y
dijo. —Me llamo Mirio Togata.
El tritón no podía creer el grado de inocencia de esos dos, ¿O es qué eran idiotas? ¿Por qué confiaban
tan fácil en otros?
Bakugo Katsuki no confiaba tan fácilmente en nadie, y menos en humanos, había aprendido eso tras lo
de Shinzouka, las personas pueden dañarte de formas crueles y dolorosas, él ya no estaba dispuesto a
darles esa oportunidad.
ɷʚ♥ɞɷ
Sero guiaba al príncipe y a los otros hasta el escondite, esperaban toparse con los dos chicos perdidos,
pero hasta el momento no habían tenido suerte. Ya era tarde, pronto el cielo se volvería naranja,
llevaban unas tres horas caminando, y el calor del lugar disminuía poco a poco, Nozomi agradecía eso,
no sabia cuanto más aguantaría tan sofocante clima; algunas grandes hojas y helechos seguían mojados
por la pasada lluvia, pero ya no había rastro de nubes en el cielo. Poco a poco los ruidos de los
animales cesaban cuando se retiraban a dormir.
Todoroki intentaba acercarse a Midoriya para terminar lo que empezaron en la costa, pero la pequeña
pelinegra huía de él, ni siquiera le dirigía la mirada, y se escabullía a conversar entre Jiro o Tetsutetsu
para no quedarse a solas con él, quería imponerse y simplemente irrumpir la amena charla para
arrástrala consigo.
Entonces vio su oportunidad; Nozomi se quedo un momento atrás para acomodar sus molestos zapatos.
—Midoriya. —Dijo a la pelinegra que estaba de rodillas aún. —Creo que tenemos un asunto pendiente.
No tenia más opción, sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, tal parece que seria temprano,
demasiado temprano para su gusto.
—Caminemos mientras hablamos para no perdernos. —Todoroki le tendió su mano para ayudarle a
levantarse.
Nozomi la acepto para ayudarse a ponerse de pie, la mano era cálida aunque algo rasposa y pesada;
estaba nerviosa otra vez, su frágil corazón latía tan aprisa y con tanta fuerza. ¿La iría a rechazar? Ese
era su mayor temor.
Comenzaron a caminar detrás de todos por el sendero que habían dejado entre el ramaje, tomando su
distancia algo apartados. El príncipe de cabello bicolor no sabia por donde empezar, pero su decisión
estaba tomada.
—Yo... la verdad no esperaba que me dijeras que te gusto. —Nozomi sintió que su corazón se agrietaba
con esas palabras; pero entonces el príncipe continuo. —A lo largo de mi vida he tenido varias de esas
declaraciones... —Hizo un pausa, la pelinegra se desanimo más, era obvio que semejante adonis fuera
tan popular entre las de su especie. —Pero siempre las rechazaba.
—Quiero que sepas que no se nada sobre el amor, nunca he estado interesado en nada de eso, pero tú...
—Detuvo su andar y el de la sirena para que se vieran de frente. —No se que me hiciste.
Nozomi se asusto, ¿Y si estaba suponiendo que lo hechizo o algo como Kacchan lo había hecho con
Kirishima? No, tenia que aclarar eso.
—Juro que no te he hecho nada raro, jamás he usado mis poderes en ningún humano o criatura viviente
y jamás lo haré, además ni siquiera sé cantar bien y es poco probable que te pusiera bajo mi control...
—Comenzó a parlotear sin parar, Shōto la miraba en silencio, fascinado con todo lo que ella era.
Claro que el bicolor sabia que no estaba bajo ningún hechizo, al menos no uno mal intencionado o
puesto a propósito; el amor era algo que no se busca sentir o hacer sentir, simplemente aparece sin
buscarlo o pedirlo, puede ser algo afortunado o fatídico, jamás se sabe que es lo que el corazón querrá.
Tal vez eran de mundos diferentes, tal vez eran de estatus opuestos y quizá Shōto no sabia como amar,
pero ambos habían reconocido ese sentimiento que los unía. Ambos estaban enamorados.
—Lo sé. —Nozomi dejo de murmurar cuando escucho esas dos palabras. —Sé que lo que sentimos fue
solo algo que paso, ninguno lo busco. —Sonrío con ternura y los ojos violetas se iluminaron por aquel
gesto.
—Midoriya, también me gustas. —Le dijo al fin con voz dulce mientras se acercaba y tomaba su mano.
Nozomi sentía que su cuerpo se volvía liviano y flotaba hacia el cielo, su frágil corazón estaba
eufórico, lleno de dicha, y sus ojos se empañaban con lagrimas de felicidad.
La burbuja color rosa de la sirena exploto y ahora su enamorada alma caía en picada devuelta a tierra.
Su feliz sonrisa se borro y esta vez si iba a llorar y con más ganas. Pero Todoroki continuo:
—Te amo.
Tan fácil había sonado aquello; aún así Nozomi podía saborear el cariño impreso en esa simple frase.
No aguanto más y las lagrimas cayeron como cascadas de sus violetas ojos. No se contuvo y salto a
abrazar al príncipe, Shōto la recibió gustoso. Ni siquiera había podido responderle pero esperaba que
sus acciones hablaran por si solas, mientras seguía estrujándola entre sus brazos con cariño.
Ambos habían aceptado el amor del otro; pero Todoroki no sabia que hacer ahora, e Nozomi estaba
demasiado feliz como para pensar en su relación de ahora en adelante. El príncipe tenia entendido que
lo siguiente seria comenzar a salir para conocerse más y volverse cercanos, quizá besarse para sellar su
reciente confesión, era lo que había escuchado; pero estaban en medio de una misión muy importante,
además no sabia cual era la costumbre de las sirenas; entonces recurriría a lo que siempre hacia, ir
directo y preguntar.
—Entonces... ¿Puedo comenzar a cortejarte? —Menciono mientras se separaban un poco para verse de
frente; tal vez no había escogido las palabras adecuadas, porque el rostro de Nozomi se volvió rojo. —
¿Estas bien? Tu rostro esta muy rojo.
Cuando la sirena escucho aquellas palabras casi se desmaya de la vergüenza, no es que no hubiera
pensado en eso, pero creía que les tomaría más tiempo. Lo que el príncipe dijo tenia otro significado en
su mundo. "Cortejar", era como ellos llamaban al preludio de aparearse: las parejas se tomaban un par
de días u horas para después comenzar el acto que daría como resultado un nuevo ser. No creyó que el
príncipe quisiera tener hijos con ella tan pronto; no es que no le gustara la idea, después de besarlo esa
noche en su camarote ya fantaseaba con pequeños tritones albinos o pelirrojos, igual de guapos a su
padre humano.
—T-to-todoroki... si quiero, s-si quiero ser c-cortejada por ti. —Le había costado decir aquello, su
rostro seguía bastante rojo y le ardía, pero tenia una expresión decidida.
El príncipe se acerco y acaricio su roja mejilla izquierda rebosante de color. Se acerco más y
lentamente unió sus bocas; la dicha invadió sus almas, la realización de un acto tan simple pero lleno
de sentimientos descolocaba sus corazones. Los labios dulces y esponjosos de Nozomi encajaban a la
perfección con los cálidos y suaves de Shōto. El de cabellos bicolores paso su mano derecha por la
cintura de la pelinegra y profundizo más el beso, siguiendo sus deseos mordisqueo un poco el labio
inferior de la sirena; Nozomi se sorprendió, abrió su boca soltando un leve grito, y entonces la ansiosa
lengua de Todoroki se adentro en su boca, sus lenguas danzaban en un húmedo y pasional primer
encuentro, como podía la pelinegra seguía su juego. No era el beso perfecto, pero para ellos si que lo
era.
Se separaron lentamente, sus frentes estaban juntas y ambos tenían los ojos cerrados tratando de
normalizar su respiración.
—¿Eh...?
Entonces recordó su realidad; estaba en medio de la selva y estaba ahí para rescatar a su familia, no
veía posible tener un bebe en ese momento. ¿En que cosas estaba pensando? Sera mejor que se diera
prisa o se perderían.
—¡Si! —Dijo como soldadita gritando decidida y con las mejillas ardiendo en carmín.
—¡Si! —Grito un vez más, Nozomi se dio la media vuelta, su corazón latía emocionado, su cara seguía
roja, caminaba bastante recta y tambaleándose para alcanzar al resto que ya estaban muy adelantados.
Ansiaba rescatarlos para pedirle consejos a su madre, ahora más que nunca la necesitaba, nunca había
estado con alguien antes y no estaba tan seguro de que hacer.
Shōto veía feliz a la pelinegra; al terminar su rescate y apresar a Shigaraki podría estar con Nozomi de
forma más normal.
La tarde estaba llegando a su fin, la noche llegaría en cualquier momento y ya estaban cerca de la
guarida, las rocas y grandes raíces de los arboles comenzaban a verse con más frecuencia, los animales
empezaban a dormir dándole paso a las criaturas nocturnas, la ranas comenzaban a croar, y el fresco de
la noche se sentía en la piel.
Él, al igual que ellos estaba en medio de un rescate. Pero el rubio se encontraba solo.
Provenía de las tierras del noreste, era un humano cualquiera, un simple granjero que se había
enamorado de un elfo, un personaje bastante tímido de ojos y cabellos negros, con orejas puntiagudas;
era su adoración, su eclipse.
Se conocieron por casualidad cuando era tan solo unos niños. Mirio tenia una personalidad radiante,
siempre lleno de energía y curiosidad. Su padre, Sir Nighteye, estaba orgulloso de él, y había inculcado
en el pequeño Mirio un sentido de responsabilidad y compasión por los demás. Así, cuando el pequeño
creció y se quedo solo, este iba por la vida ayudando a todo el que podía.
Un día su curiosidad lo había llevado a explorar el bosque Lemieater. En esa ocasión se encontró con
un pequeño pelinegro que lloraba desconsolado bajo un tronco hueco; su sentido de heroísmo lo obligo
a acercarse y brindarle ayuda. Al principio le costo ganarse su confianza, el pequeño le tenia miedo a
todo, hasta a su sombra, pero tras un rato de ruegos logro que saliera de su escondite. Entonces pudo
notar sus puntiagudas orejas y sus grandes aunque temerosos ojos; su nombre era Tamaki Amajiki, y se
había extraviado porque quería alejarse de todo y todos, se estaba escondiendo de las personas, porque
les tenia una gran fobia. De algún modo Mirio se las ingenio para volverse amigos, había sido difícil
pero al final lo consiguió, y ayudo al elfo a encontrar el camino de regreso a su hogar.
Después de eso el rubio visitaba de vez en cuando el bosque con la esperanza de encontrarlo otra vez, y
Tamaki se perdía a propósito para ser encontrado y devuelto a casa por Mirio. Pero las cosas se
complicaron cuando los elfos se enteraron de sus encuentros; a ellos no les agradaban los humanos, y
cuando la familia de Tamaki se opuso a dicha relación, él tomo la iniciativa de enfrentarlos y aunque
obtuvo algunos golpes a modo de castigo, nunca se rindió. Fue puesto a prueba varias veces y logro
superar cada uno de los retos impuestos por la gente del pelinegro, demostrando que él era un humano
de fiar, solo así permitieron que ellos dos siguieran viéndose.
Con el permiso de los elfos la relación entre los chicos se hizo cada vez más estrecha, hasta que nuevos
sentimientos comenzaron a surgir entre ellos.
El tiempo transcurría lento y el amor entre los dos floreció como botones de primavera, sin interesar
que Mirio no fuera un elfo o que Tamaki no fuese una chica, eso no importo; al final había logrado
casarse con el chico que más amaba, los elfos ya lo habían aceptado antes, y la unión fue bajo las
creencias de Tamaki. Formaron un hogar; tras la muerte de su padre Mirio ya no tenia nada que lo atara
a los humanos, por lo que se mudo a las villas de elfos en medio del bosque junto a los demás, y con la
bendición de el Dios Frey, señor de los elfos, habían engendrado al primer fruto de su amor, una
pequeña niña de grandes ojos rojos y cabello blanco con reflejos azul claro; a veces era valiente como
su padre humano y otras más tímida como el elfo.
La vida de Mirio era perfecta, tenia a su eclipse y su pequeño sol para alegrar su vida.
Pero Shigaraki y sus hombres le había quitado todo eso; entro en el bosque y capturo todo lo que podía,
y destruyo lo que no logro llevarse consigo. Se había llevado a su eclipse y a la pequeña Eri.
Los elfos eran pacíficos, por lo que no estaban listos para luchar, los que no fueron capturados estaban
heridos o muertos. El rubio no se encontraba en la aldea, fue cuando recién regresaba que noto el
desastre y a lo lejos vio a Shigaraki y sus hombres marchándose. Su hogar estaba destrozado y cuando
se dio cuenta que su familia no estaba ya era demasiado tarde; con esa desolada imagen y lagrimas en
los ojos Mirio les prometió –a sus dos soles y a si mismo también– buscarlos por todo el mundo si era
necesario, dando su vida incluso.
Por eso ahora estaba allí, en medio de la selva, buscando a ciegas un indicio de donde podrían tener a
su familia.
Bakugo lo comprendía, entendía su sentir más que nadie, él también vio la devastación que dejaban los
piratas a su paso, pero no le dijo nada sobre su historia. Ahora sabían porque los había atacado
creyéndolos parte de los corsarios que se ocultaban en algún lugar de la selva. Kirishima estaba
emocionado y ya lo admiraba, para él era muy varonil rescatar a su amado e hija de esos piratas, y
ahora también él quería ayudarlo.
Pero... el pelirrojo no entendía una cosa; en su mundo solo las chicas se embarazaban, y Mirio había
dicho que su pareja era un chico... entonces ¿Cómo es que tuvieron una hija? Se moría de la curiosidad
pero no quería ser impertinente preguntando cosas tan personales. Sin embargo no sabia disimular bien,
y el de ojos azules lo había descubierto.
—¡Ah! No, todo esta bien. —Dijo para después sonreír nervioso.
Bakugo también notaba algo raro en su compañero, el pelirrojo se veía inquieto, como un niño pequeño
que quiere hacer algo pero teme pedir permiso.
—¿De verdad?
—Si.
La mirada del marino se ilumino de entusiasmo tras oír la afirmación, pues ahora podría saciar su
curiosidad.
—Yo... me estaba peguntando. —Titubeo un poco para luego exponer su duda. —Si dices que tu
esposo es un chico... ¿Cómo es que tuvieron una hija? Digo, tengo entendido que solo las hembras se
embarazan, así que me preguntaba... ¿Cómo es eso posible?
Bakugo estaba apunto de golpear al pelirrojo por tan tonta pregunta, el tritón conocía bien esa
respuesta; pero las risas del de ojos azules lo distrajo de hacerlo.
—Bueno... asumí que todos lo sabían, perdón por no aclararlo. —Dijo riendo nervioso para luego
enseriarse y explicarse. —Según tengo entendido, entre todas las criaturas fantásticas, el sexo de la
persona... es decir, como hombre o mujer... eso no define quien se embaraza a la hora de procrear.
—Lo que quiero decir, es que no importa si es ella o él, todos pueden concebir un hijo en sus entrañas
sin importar que. —Regreso su vista al pelirrojo para terminar de decir. —Solo es decisión de ellos con
quien hacerlo.
El marino estaba sorprendido, con la boca bien abierta. Bakugo lo miraba con fastidio, como si lo dicho
por Mirio fuera de dominio de cualquier humano, pero no era así, el rubio humano tenia tal
conocimiento gracias a los elfos. Bakugo lo sabia porque las criaturas míticas se conocían bien entre si.
—¡¿Entonces aunque sean chicos pueden embarazarse?! —Pregunto Eijiro sorprendido y emocionado.
—Pues... si.
—¿Qué?
—¡¿Embarazarte?! —Pregunto desesperado para después pensar por un segundo y gritar nuevamente.
—¡¿Midoriya también?!
—¡Agh! ¡Claro que puedo y deja de preguntar por Deku que es obvio!
Con molestia por la mención de la pelinegra el tritón comenzó a caminar. Kirishima no dijo nada más,
el asombro todavía estaba presente, su nuevo descubrimiento aún era algo que lo sorprendía, además
sentía una indescriptible emoción.
Katsuki caminaba malhumorado y cortando con furia las hojas en su camino, el pelirrojo lo siguió.
Mirio iba detrás, mientras reía por la actitud de ambos. En definitiva podía notar que algo había entre
esos dos, aunque no lo dijeran.
ɷʚ♥ɞɷ
—Estamos cerca. —Dijo Sero inspeccionando el lugar.
Aunque ya estaba oscuro aún podían distinguir el lugar entre las sombras; caminaron unos pasos más y
se escabulleron entre unos helechos y hojas para ocultarse. A lo lejos podía verse una especie de
entrada de piedra, cubierta por el tiempo con enormes raíces, y justo como lo había relatado el oficial
Sero, dos hombres armados custodiaban la entrada en forma cuadrada y tallada con diversas figuras,
acompañadas de un par de antorchas a cada lado que alumbraban bien el acceso.
Shōto hizo algunas señas con las manos para que Mina y Tetsutetsu se colocaran en posición. Él y los
demás se quedaron escondidos, aguardando a que la primera parte del plan funcionara.
—¡Eh chicos! —Tranquila y aliviada caminaba hacia los dos hombres corpulentos que cubrían sus
rostros con mascaras de tela negra. —Llevo un rato perdida y me alegra por fin encontrar a alguien.
Los dos sujetos se miraron confundidos; sin duda no esperaban ver a una indefensa chica por esos
rumbos. Mina se acercaba cada vez más, hasta que estuvo a unos pasos de uno de los dos centinelas.
Entonces un muy leve silbido rompió en el viento y el guardia a su derecha cayo al piso tras soltar un
agónico quejido. El que quedaba en pie miro asombrado a su compañero e hizo amago de acercarse,
olvidando por unos segundos la presencia de la chica, que aprovechando la distracción, en un rápido
movimiento saco una daga que sirvió para hacer un exacto y profundo corte en el antebrazo derecho del
hombre, para después alejarse con la guardia en alto.
El bandido estaba enfurecido, dio un par de pasos desenvainando su espada y en un enardecido grito
ataco a la chica pelirosa; quien ágilmente logro esquivarlo, él maleante estaba apunto de blandir su
espada nuevamente contra Mina, pero no termino de hacerlo cuando repentinamente cayo al suelo.
El primer paso había sido logrado con éxito en un abrir y cerrar de ojos. La flecha que el peliplateado
disparo, dio exacto en la garganta del bandido, dejándolo fuera de combate al instante; y el corte hecho
por Mina logro desangrar al otro hombre en minutos, por si fuera poco ambas armas estaban bañadas
en un potente veneno.
Midoriya miro asombrada y temerosa todo aquel acto; tomaba fuertemente la mano de Todoroki, y
estaba feliz con el contacto del príncipe, pero los nervios seguían presentes.
—Buen trabajo. —Dijo Todoroki soltando la mano de Nozomi. —Sero, Mina, Tetsutetsu y yo
entraremos. Iida y los demás encárguense de los cuerpos; ustedes se quedaran a hacer guardia en caso
de que alguien aparezca. Ya saben que hacer...
—Yo voy contigo. —Hablo con convicción Midoriya, deteniendo al príncipe antes de entrar. Sabia que
era peligroso, pero simplemente no podía quedarse a esperar.
—Midoriya...
La sirena no espero a escuchar más negativas cuando se hecho a correr dentro de la guarida, no tenia
caso seguir discutiendo, no podría convencer al príncipe de ese modo. A Todoroki no le quedo de otra
más que seguirla. Llevar a Nozomi consigo era peligroso, pero no podía detener a la terca muchacha,
de todas formas no quería apartarse de ella y no confiaba a nadie más para su cuidado... esperaba no
equivocarse. Se apresuro a alcanzarla, no sin antes dirigirse a los que aguardarían afuera.
—Cuento con ustedes. ¡Andando! —Grito con voz de líder el heredero de Yuuei.
—Así sera. —Respondió decidido el de lentes mientras asentía, viendo como los cinco partían a lo
desconocido.
Cuando por fin alcanzo a Midoriya ls reprendió un poco, no podía gritarle de todos modos. Tomo su
mano y con sigilo se adentraron más en el oscuro túnel. Atrás quedaron Iida, Jiro y los otros.
Caminaban a prisa, el sonido de sus botas en el rocoso y húmedo suelo hacia un leve eco. Todoroki
encabezaba la marcha valiente; con la mano derecha sostenía su espada lista para cualquier
enfrentamiento, y con la izquierda estrujaba fuertemente la mano de la sirena. La mantenía cerca,
temeroso de perderla se aferraba a ella. Nozomi seguía el paso de Shōto, Mina estaba detrás de ella y al
final venían Tetsutetsu y Sero.
Solo habían pasado unos segundos desde que entraron y lo único que encontraban eran las lamparas de
oxidado metal con velas que alumbraban los pasillos rocosos de una luz naranja. Parecía que no había
nadie más.
ɷʚ♥ɞɷ
—Por cierto Mirio. —Hablo Kirishima. —Ese tal Shigaraki... ¿Se ve tan amenazante como dicen que
es?
Tras escuchar la pregunta Bakugo se volteo unos segundos curioso a mirar al de ojos azules, luego
siguió la marcha; Mirio lo pensó un poco para después responder.
—La verdad, yo solo lo vi a lo lejos, cuando ya era demasiado tarde... —Hizo una pausa dolido y luego
continuo. —Pero no, no en realidad, es decir... su piel maltratada, seca y pálida da más pena que miedo.
—Pauso otra vez para reír. —Parece más un loco con esa sonrisa y ojos rojos. Ademas el cabello
despeinado y largo no le ayuda mucho, le da un aspecto de vagabundo.
Aunque Mirio reía los dos chicos pusieron muecas confundidas y se miraron entre si.
—¿Estas seguro que es así como luce Shigaraki? —Pregunto suspicaz Katsuki.
—¡Claro que si! Jamás olvidare la cara del desgraciado que secuestro a mis dos soles. —Dijo con ira
recordando al bandido que se llevo a su familia.
—¿Qué ocurre? —Mirio estaba confundido por las expresiones de los dos chicos.
—La información que nos dio ese extra estaba mal. —Respondió el tritón mientras aceleraban su paso
en medio de la fría noche en busca de la guarida o del príncipe Todoroki, lo que se toparan primero. A
lo que se refería Katsuki es que ellos creían que el tal Shigaraki era un tipo calvo, lleno de cicatrices y
con un parche en el ojo derecho, eso era lo que les contaron.
Bakugo tenia un mal presentimiento, su semblante serio así lo hacia saber. Kirishima y Mirio no le
dijeron nada, pero ambos sabían que pasaba algo malo.
Un estrepitoso ruido a su izquierda llamo su atención, asustando a las aves y animales que chillaban y
huían despavoridos del lugar del estruendo. Sus miradas buscaban desesperadas un indicio de lo que
había sido aquello.
—¡Allá! —Señalo el marino una columna de humo que se alzaba entre los árboles y contrastaba con la
luz de la luna.
—Debe ser allí. —Sin pensarlo Bakugo se dispuso a seguir el rastro, con los otros dos siguiéndolo.
ɷʚ♥ɞɷ
En el lugar de la explosión todo era caos. La entrada de piedra estaba cubierta con enormes restos de
rocas que impedían su entrada o salida.
Iida estaba desesperado. Todoroki, Midoriya y los otros seguían adentro. Jiro y los demás no sabían
bien que hacer, la explosión los tomo por sorpresa.
Entonces de entre la oscura noche aparecieron Bakugo, Kirishima y Mirio, que se acercaron a la luz
que brindaba la única antorcha sobreviviente.
—N-no lo sé. —Respondió nerviosa Jiro. —De la nada todo se vino a bajo.
—¿Y los demás? —Bakugo no obtuvo respuesta, todos estaban en shock. —¡Respondan maldición!
—Estaban adentro. —Iida respondió tras salir de su estupor. —Nunca creímos que tuvieran algo capaz
de hacer explotar las cosas... —Ttrataba de entender lo ocurrido. —No lo sabíamos... yo, no...
—No, te equivocas. —Hablo serio el príncipe Tenya. —La información que Sero y Mineta...
—...¿Qué?
—Lo que oíste, la descripción de Shigaraki estaba mal, y quien sabe que cosas más. —La voz de
Katsuki sonaba bastante molesta.
El tritón en serio estaba enojado; no solo lo habían dejado atrás, si no que ahora todo era confusión, y
cada vez veía más difícil el rescatar a su familia.
—Esto podría ser una trampa. —Hablo por primera vez Mirio, que aunque era un extraño para varios,
no le tomaban importancia debido a la situación actual. —Tenemos que calmarnos y ver que es lo que
sabemos hasta ahora, para poder hacer algo.
A Kirishima e Iida les pareció una idea con lógica. Por ahora lo mejor era analizar el panorama, no
tenían idea de lo que había ocurrido o de lo que acontecía adentro; pero sin duda debían actuar cuanto
antes.
Capítulo XII:
Traidores
Solo habían pasado unos minutos; en la cavernosa guarida la humedad y el calor eran sofocantes,
pero todavía no se topaban con nadie, Midoriya creía que era buena suerte, pero los demás ya estaban
presintiendo algo realmente malo, su experiencia les decía que algo no iba bien. Entonces llegaron a un
pasillo que se dividía en dos caminos, Shōto dudaba si separase o no, pero estaban a contratiempo y no
veía otra opción.
—Tetsutetsu y Mina a la izquierda, los demás iremos a la derecha, ya saben que hacer. —Ordeno con
voz baja, pero lo suficientemente clara para que los demás escucharan.
Las indicaciones en la playa fueron claras: quien encuentre a los rehenes, los sacaría de ese lugar sin
importar que. La prioridad era liberarlos; se encontrarían más tarde en el navío, cuando todo hubiese
terminado.
Tras lo dicho, los dos marinos se fueron por donde les indico. Tomo la mano de Midoriya con más
fuerza y se encamino junto con ella y Sero por el pasillo que les correspondía.
ɷʚ♥ɞɷ
Al salir del pasadizo por el que andaban, Mina y el peliplateado llegaron a una sala no muy grande que
era apenas iluminada por lamparas y antorchas, pero el fuego de estas era azul; había jaulas vacías y
algunos estantes llenos de frascos de vidrio con extraños contenidos que no sabrían identificar, además
de estanques rebosantes de agua y otros medio vacíos, algunos estaban cuarteados y sus goteras
mojaban el rocoso piso. Tetsutetsu tropezó con algunas de las cadenas regadas por doquier, provocando
más ruido del que querían; Mina le regaño. El lugar se veía descuidado, abandonado; exploraban
curiosos entre las cosas, mirando a través de la sucia agua que reflejaba el azul de las velas.
Era un tanque mucho mayor al resto, no se distinguía nada en el, la luz no traspasaba tan gris y sucia
agua. El marino se acerco curioso a donde señalo su compañera, pero no logro ver nada extraño.
—¿Hola? —Dudando hablo Tetsutetsu. —Si hay alguien aquí, no queremos lastimarlos... !Auch! —Se
quejo.
—¡Tonto! Que tal si son los piratas. —Lo regaño y afirmo la pelirosa.
—¿Qué se te ocurrió ahora genio? —Su tono de burlona fue ignorado por su compañero que ya estaba
gritando otra vez.
—¡Midoriya Nozomi y Katsuki Bakugo nos enviaron!... —El silencio fue la respuesta. —¡Auch! ¡Ya
deja de golpearme!
Ninguno pudo responderle, sus quijadas seguían desencajadas; esa mujer, era idéntica a Bakugo, al
parecer ellos habían lograron encontrar a las sirenas y tritones de Shinzouka.
—¡¿Donde esta Nozomi?! —Desesperada al oír el nombre de la sirena, la mujer pelinegra buscaba
ansiosa con la mirada detrás de ellos.
—Ella... ella esta con el príncipe Todoroki... pero nos han enviado a nosotros. —Dijo Mina.
Ambas sirenas retrocedieron desconfiadas, bien podría ser una trampa. Ambos chicos notaron la
desconfianza; no podían permitir que les tuvieran miedo, sabían que tenían que rescatarlos a como
diera lugar... por sus amigos.
—Pueden confiar en nosotros, ellos son nuestros amigos... —Trato de convencerlas Mina para luego
pensar un poco y corregir. —Bueno, Midoriya lo es; Bakugo... Bakugo es especial, no se si su forma de
demostrar que nos aprecia es a base de insultos, pero al menos no nos ha matado.
Sonrió nerviosa después de eso. La rubia de inmediato se dio cuenta que si era de Katsuki de quien
hablaban, y con menos temor se acerco a ellos.
—¿Entonces van a sacarnos de aquí? —Pregunto esperanzada mientras más sirenas y tritones salían a
la superficie.
Ambos marinos miraban a todas partes buscando desesperados una forma para liberarlas, en todo el
lugar no había más que telas y cachivaches oxidados, también habían tratado de sacarlos del estanque
de varias maneras pero sin tener éxito alguno. Las cosas se les estaban complicando.
—Yo los puedo ayudar. —Con voz rasposa los sorprendió un chico de entre las sombras que se
encontraba encadenado, él había escuchado todo aquello logrando ver algo de esperanza entre los
marinos. Fue tanto el susto que Tetsutetsu soltó un agudo y nada varonil grito mientras se abrazaba de
Mina. No hubieran notado al chico de entre los rincones si este no hubiera hablado; tenia el cabello
purpura y desordenado, además de unas notorias ojeras bajo los ojos del mismo tono que su pelo. —Si
me liberan a mi también, claro.
ɷʚ♥ɞɷ
Tres jóvenes deambulaban entre los pasillos, las horas transcurrían y ya habían dado varias vueltas al
lugar, pero aún no se encontraban con nadie. Las lamparas iluminaban bien su camino y la tensión era
cada vez mayor, ahora Todoroki temía más por la seguridad de la sirena, tal vez hubiera sido mejor
dejarla en el barco o con Iida.
De pronto al final del pasillo por el cual andaban, resplandecía con más fuerza un portal y estaban a
punto de llegar a donde sea que conducía este. Con cautela y a prisa aceleraron el paso hasta atravesar
al otro lado.
Justo cuando estuvieron dentro de la sala, una espada se cruzo frente a la cara del príncipe, y con el
metal de la suya lo bloqueo exitosamente, mientras colocaba a la pelinegra detrás suyo. Sero ya estaba
a su lado, y en guardia sostenía el arma apuntando a los adversarios. Los rodeaban solo cuatro, dos de
ellos cuidaban el lugar por donde habían entrado, dejándolos sin opciones de escapar; los dos restantes
estaban frente a ellos, pero solo uno lucia despreocupado.
—Pero mira nada más que tenemos aquí. —Hablo de forma burlona un hombre castaño que cubría su
rostro con una especie de mascara alargada, como un pico con costuras amarillas. —El principito
Todoroki.
—¿Hm? ¿No sabes quien soy? —Decía calmado. —¿Acaso ese enano no te hablo de mi? Ah... —
Exhalo cansado. —Como sea... terminemos con esto. Dame a la sirena que tienes contigo.
Todoroki se tenso al oír todo aquello; primero por la mención de alguien que tenia que contarle sobre él
y luego porque quería llevarse a Nozomi ¿Cómo es que conocían de ella en primer lugar?
—¿Acaso no tenias una de esas bestias contigo? —Le pregunto, pero ni Shōto o Sero respondieron. —
Bien, quédense callados... Mineta.
El desconocido llamo a uno de sus marinos, y solo entonces se dieron cuenta que el pequeño de cabello
morado estaba al fondo de ese gran salón vacío, lleno de columnas que sostenían el alto techo. De
inmediato lo supieron, los había traicionado.
—Y bien ¿Donde esta lo que nos prometiste? —El de la mascara ignoro la pregunta anterior para
dirigirse al pequeño que ahora tenia toda la atención de la sala.
—S-si. —Le respondió Mineta al pirata con miedo. —Es esa chica... la de cabello negro. —No dudo ni
un segundo en sus palabras. —Ella es.. Ella es la sirena.
Nozomi estaba asustada, ahora los piratas la veían a ella. El príncipe seguía protegiéndola con su
cuerpo, pero eran rebasados en numero; entonces desenvaino su espada, y estando aún detrás del
bicolor se coloco en guardia. Si Todoroki no iba a rendirse y entregarla sin antes pelear, entones ella
tampoco lo haría, lucharía para quedarse al lado del príncipe.
—Ah... Creí que se vería más... como un pez. —Dijo decepcionado mientras observaba a la pelinegra
de pies a cabeza. —Me llamo Kai Chisaki por cierto... pero puedes llamarme Overhoul.
Dicho eso se lanzo contra el príncipe a luchar, mientras otros dos de los piratas atacaron a Sero, y el
último se dirigía a atrapar a Nozomi.
—¡Midoriya aléjate!
—No te distraigas.
De un momento a otro las armas danzaban en una acalorada lucha por asestarle un golpe mortal a su
contrario. Chisaki era bueno, demasiado, a Shōto le estaba costando mantener el ritmo. Apenas unos
minutos y ya tenia unos cortes en sus brazos, la sangre comenzaba a brotar ansiosa, y él contrario
apenas tenia unos cuantos rasguños.
Mientras, Sero se defendía como podía de los dos que lo atacaban; eran más torpes pero al ser mayoría
le daban problemas. En una astuta maniobra se coloco entre ambos, para luego esquivar el ataque del
pirata que fue a dar en el pecho del otro. Y con eso había derrotado al corsario, ahora estaban parejos,
en un combate uno a uno.
En cuanto la batalla inicio Mineta había desaparecido por unas escaleras de granito que conducían a un
orificio en lo alto de la rocosa sala.
Midoriya huía y escapaba por todo el lugar del que la perseguía, perdiéndose entre las columnas de la
sala, como podía bloqueaba los ataques del otro, no tenia tiempo de atacar solo de defender; luchar de
verdad, era más difícil que en los entrenamientos. A diferencia de las practicas, esto ahora era por su
libertad, por su vida.
—Ríndete de una vez, yo le daré mejor uso a esa pez que tú. —Trato de convencerlo el de la mascara.
—Las personas no son objetos que puedas usar. —Respondió desafiante el príncipe.
—Ja... ¿De veras? Porque conozco gente que paga muy bien por ellas.
Lanzo un ataque después de decir aquello, continuando con la batalla. De vez en cuando miraba de
reojo por la sala en busca de la pelinegra, calmándose cuando la encontraba defendiéndose valiente.
—¿Por qué te interesa tanto? —Hablo Chisaki devolviendo su atención al combate. —¿Acaso ya
probaste la piel de la pequeña?
Eso era todo, Todoroki no aguanto más tales palabras y con mayor fiereza lo embistió con su espada;
nadie iba a tocar a su Nozomi, nadie la lastimaría, no si él podía evitarlo.
—¡Ya te dije, que no, son, objetos! —Decía cada palabra acompañada de una nueva agresión. Mismas
que eran detenidas por el otro.
—¿Qué dices?
—¡JAJAJAJA! Eres un Iluso principito. —La batalla se detuvo un segundo mientras Chisaki se
burlaba, luego le asesto un corte al brazo de Todoroki que lo descoloco haciéndolo retroceder. —
¿Cómo esperas ser un digno rey si ni siquiera sabes lo que pasa en tu propio palacio? ¡Oh! Es verdad,
huiste de tus responsabilidades como próximo monarca.
No solo la espada de Chisaki era afilada, su lengua era igual de mortífera, y atacaba sin cesar con
palabras.
—Yo no huí de nada. Y pienso volver para tomar el lugar que me corresponde.
El metal chocando volvió a sonar feroz ataque tras ataque. El semblante de Todoroki estaba lleno de
determinación, pero sus heridas comenzaban a arder. Chisaki se sentía venturoso, ocultando una sonrisa
de medio lado tras la mascara.
—Veo que aún no lo entiendes. —Dijo fastidiado para luego soltar un golpe maestro. —El rey de Yuuei
nos ha comprado muy buenos especímenes.
Todos en la sala escucharon el grito del bicolor distrayéndoles en el acto; Sero aprovecho para acabar
con su contrincante y correr a ayudar a Midoriya, entendía que ella era la prioridad, no era necesario
que su capitán se lo dijera.
—Lo que oíste. Se suponía que era un secreto, pero ya que vas a morir... creí conveniente que supieras
la verdad.
El acero del arma resonó en el piso cuando fue soltada. En un rápido movimiento Todoroki que tenia la
guardia baja fue atacado, y la espada del pirata atravesó su estomago. Podía sentir el frió metal
atravesando su carne y el cálido liquido escapando con su vida.
—Espero te guste este lugar, porque sera tu tumba. —Susurro para luego sacar su arma sin ningún
cuidado del cuerpo del príncipe, logrando arrancarle un agónico gemido.
Se alejo de él y miro a su alrededor; sus hombres estaban acabados, solo quedaban Sero, la pelinegra y
él. Midoriya soltó su espada y corrió hacia el príncipe que cayo al suelo, lo tomo entre sus brazos
acunando su rostro, mientras el marino se colocaba frente a ellos para defenderlos de Chisaki.
—Todoroki, mírame, por favor mírame. —Decía desesperada con la voz quebrada y a punto de soltar
lagrimas.
El mencionado parecía querer decir algo, pero no se entendía bien el que era.
—Tranquilo, no te esfuerces. —Las lagrimas descendieron por sus rosadas mejillas, le dolía la garganta
y su voz se oía desesperada. —Solo quédate conmigo, no cierres los ojos, ¿Si?
No obtuvo respuesta, solo una mirada angustiada. Todoroki quería decirle que huyera, que se salvara;
pero ya no podía pronunciar palabra.
La sirena sostenía al príncipe entre sus brazos; descubría con cuidado su rostro, apartando las hebras de
distinto color; se alarmo al ver la sangre que salia de su boca, sus ojos lo veían entrecerrados y le
costaba respirar. Entonces las lagrimas saladas cayeron con más fuerza, una a una manchaban la
cicatriz y todo el rostro del bicolor. A Todoroki le dolía verla así, sufriendo por él, tanto que olvido lo
de su padre solo para concentrase en el exquisito ser ante él; y entonces pensó, que si eso era lo último
que vería en su vida, estaba encantado con la imagen, aunque le dolía que hubiera lagrimas y no una
sonrisa en el bello rostro.
—Que bella escena. —Decía irónico el de la mascara para luego hablar malicioso. —La bestia llorando
por la muerte de su príncipe, tan de cuento de hadas.
—¡Midoriya trata de detener el sangrado! —Dijo Sero perdiendo de vista a Chisaki para ver la sangre
manchando la ropa en el abdomen de su capitán.
—¡Si! —Respondió mientras recostaba con cuidado al bicolor para luego rasgar parte de su ropa y
hacer presión donde se concentraba la mancha roja.
—Tal vez deban morir juntos. —Hablo situado desde el hueco en lo alto mientras sostenía una
antorcha. Antes de desaparecer arrojo dicho objeto desde su lugar y de inmediato el piso comenzó a
arder siguiendo un camino hasta fuera del pasillo por el cual llegaron a la sala, y un aroma peculiar
inundo el lugar.
—Pólvora... —Adivino Sero, —¡Abajo! —Grito para cubrir justo a tiempo el cuerpo de la pelinegra y
el príncipe.
+Capítulo XIII:
Melifluo
Los dos marinos y las sirenas lograron salir sanos y salvos gracias al chico de pelo y ojos purpura. Su
nombre era Hitoshi Shinso, él pertenecía a un grupo de ninifos que habitaban en lo profundo de la
jungla; estos a diferencia de las ninfas, se pasaban gran parte de su vida en el árbol Afnin que les dio la
vida, ya fuera durmiendo o haciendo cualquier otra actividad en completa soledad. Era muy raro que
alguno de ellos se separara de su hogar; pero en esa ocasión Shinso salio a recolectar hierbas
medicinales cuando fue capturado hace dos días debido a que fue visto merodeando la guarida de los
piratas, pero no tenia idea de quienes eran sus captores.
Tras liberarlo, los marinos esperaron a que las cinco sirenas y dos tritones —que se encontraban
capturados—, se cubrieran con mantas viejas que encontraron y a que tuvieran pies para poder caminar.
La prioridad había sido sacarlos del lugar, como le indicaron Mina y Tetsutetsu; ellos se encontrarían
más tarde con el capitán Todoroki y los otros en el barco. Así Shinso los guió entre los pasillos hasta la
salida y luego por entre la maleza hasta una extraña casa construida en el interior del tronco de un árbol
gigante —el cual era él que les dio la vida—, este estaba rodeada de más de ese tipo; el poblado de
Saitama era donde los ninifos moraban dentro de algunos Afnin. Para los marinos, ver los gigantescos
árboles eran algo impresionante, nunca habían tenido oportunidad de apreciarlos antes, y el interior era
todavía más fascinante. Las casas estaban bien hechas, con recamaras y muebles de madera; ventanas,
telas, velas y demás utensilios adornaban la morada. Al verlos llegar, los pobladores los ayudaron
cuando el de cabello morado se los pidió.
Pero al estar a punto de entrar al refugio de Shinso —para resguardarse por lo que quedaba de la noche
—, una explosión los alertó de que algo no iba bien. Por eso tras dejar a las sirenas en la casa al
cuidado de Mina, Tetsutetsu regreso en medio de la oscura noche al escondite de los corsarios; guiado
únicamente por la columna de humo que contrastaba con la luna.
Le tomó un poco de tiempo, y sin darse cuenta llego al mismo lugar por donde habían entrado. Ahí
estaban todos sus compañeros moviendo con cuidado y desesperación una a una las rocas de la
destrozada entrada.
—¡¿Estás bien?!
Las preguntas por parte de todos no se hicieron esperar, el barullo que armaron al verlo lo confundía y
no sabia quien preguntaba qué.
Todos guardaron silencio ante el desesperado grito. Iida ordenó a los marinos que siguieran excavando,
mientras Mirio, Kirishima, un ansioso Bakugo y él, prestaban atención a Tetsutetsu.
—Mina y yo nos separamos de los otros —explicó—, logramos rescatar a siete sirenas y un ninifo...
pero ellos eran los únicos en la bodega.
Todos sintieron un poco de consuelo. Pero Mirio entristeció al escuchar eso; entendía lo que
significaba, sus dos soles seguían desaparecidos; pero él no pensaba darse por vencido. Tetsutetsu
describió a los que rescato, Bakugo estaba aliviado al escuchar la descripción de su madre, al menos
ella estaba a salvo. Luego el marino agregó:
—Cuando estábamos adentro avanzamos mucho por los pasillos, si seguimos desde aquí nunca
lograremos sacarlos —hizo una pausa para pensar y luego continuó—: Conozco otra entrada, esta más
cerca de donde nos separamos. Síganme.
Así lo hicieron apenas Iida dio la orden de detener los trabajos e iniciar una nueva marcha; dejaron todo
para seguir al marino por un rato entre la espesura de la jungla. El peliplateado explico con más detalles
el interior del lugar durante el trayecto; esperaban encontrar pronto a los tres que seguían perdidos y
rogaban se encontraran bien. 2
Les tomó aproximadamente media hora cuando llegaron a la otra vía; esta estaba intacta. Se adentraron
al oscuro sitio, hasta que encontraron una sobreviviente antorcha en el piso que les sirvió para iluminar
su paso en medio de la oscura madrugada; entonces comenzó una nueva búsqueda.
ɷʚ♥ɞɷ
Bastante lejos ya de Musutafu, navegando en un viejo y gastado barco de vela negra y mascarón en
forma de manos talladas, estaban en la bodega dos de los piratas.
—Si —hablo el hombre de la mascara en forma de pico, mientras estaba recargado relajado en uno de
los barriles—. Aunque no estoy seguro de que sobreviva.
Al oír eso sonrío complacido. Su plan podría funcionar si el Todoroki menor sobrevivía. 3
—Hmm... No puedo creer que te tomaras tantas molestias —decía resignado por las acciones del otro
—. ¿Tanto le odias como para actuar a espaldas de Shigaraki?
Tras esa respuesta Chisaki no dijo nada más. Le intrigaba saber sobre los planes de su compañero, pero
no veía necesario preguntar, de ahora en adelante se dedicaría a observar en silencio; pues su parte ya
había concluido.
—Ya vamos —respondió sin ganas para ponerse de pie y caminar seguido de su compañero.
—Ah, por cierto ¿Qué hacemos con el enano de cabello morado? Ya esta pidiendo su pago —habló de
nuevo el bandido.
—Ah, veamos... —Se detuvo a pensar mientras el otro abandonaba la bodega, quedando a solas con el
pirata—. Mátalo —dijo finalmente reanudando así su marcha. 3
Mimic —como se hacia llamar el bucanero— asintió en silencio para después dirigirse a cumplir su
tarea. 1
ɷʚ♥ɞɷ
Todo estaba a oscuras, y el polvo en el aire les dificultaba respirar.
Sero estaba despertando, no sabia cuanto tiempo estuvo inconsciente; debajo se escuchaban unos
sollozos acompañados de una casi imperceptible melodía, y sobre él había un muro que no cayó por
completo sobre su cuerpo gracias a una columna. Recordó entonces que debajo suyo debían estar
Midoriya y su capitán.
—¿Se encuentran bien? —dijo con voz ronca para asegurarse de haberlos protegido.
—S-si —menciono entre quejidos Nozomi deteniendo sus rotos cantos—, T-todo-roki —comenzó a
llorar y su voz se quebró.
Entre sus brazos aún sostenía el cuerpo del príncipe, había hecho presión en la herida todo el rato, pero
su mano estaba demasiado húmeda y apenas sentía el leve respirar de Shōto. Aunque Nozomi estaba
sano y salvo no podía moverse debido a lo estrecho del lugar. La angustia era demasiada, sentía la vida
del otro escapando de entre sus manos y él no podía hacer nada, solo derramaba lágrimas rogándole a
Poseidón que no apartara a Todoroki de su lado, mientras intentaba aminorar el dolor del otro con la
tonada que su madre le enseño para curar el sufrimiento.
Sero se removió y se arrastró entre el hueco en el que se encontraba, con sumo cuidado de no aplastar a
los que estaban debajo suyo. Avanzó a gatas hasta que una tenue luz se podía ver al final entre los
escombros; atrás quedaron los dos jóvenes y los llantos se perdían a la distancia conforme más
avanzaba, casi estaba llegando al final cuando escucho unos gritos a lo lejos. Era la voz de Jiro.
ɷʚ♥ɞɷ
Iida y los otros lograron sacarlos de los escombros y posteriormente los llevaron a Saitama guiados por
el peliplateado. Shōto se encontraba muy grave, apenas respiraba y estaba inconsciente, logró resistir
tanto gracias a la voz de Midoriya, que sin saberlo había curado un poco el cuerpo de Todoroki con su
canto. Jiro logro vendar su herida para mantenerlo estable en el trayecto de regreso a Saitama, e
improvisaron una camilla con telas y palos para transportar el cuerpo del príncipe; Midoriya tenía una
pequeña crisis nerviosa pero se mantenía fuerte y aún era consciente de lo que ocurría. Ese estado tan
deplorable del tritón los entristecía a todos, incluso a Bakugo; la mayoría tenia entendido que el
príncipe y el tritón se gustaban, aunque no tenían conocimiento real de su relación. Sero podía moverse
bien, el caminaba a la par de todos junto a Iida, mientras le relataba en breve lo ocurrido. 1
Cuando llegaron a la aldea Todoroki fue atendido como es debido por un curandero —el ninifo se
especializaba en eso—, de cabellos negros y ojeras más marcadas que el pelimorado. Shota Aizawa era
su nombre, y habían logrado detener la hemorragia gracias a su magia y algunas hierbas; también
suturo y desinfecto la herida con ayuda de Jiro, y cuando su trabajo estuvo terminado se retiró. Solo
esperaban que sobreviviera hasta la noche de ese día. 1
Nozomi, ni bien llegaron paso de la presencia de los demás cuando reconoció a su madre entre la
multitud que los recibía, y fue directo a abrazarla, mientras lloraban por la felicidad del reencuentro y
desahogándose de todo lo que habían vivido. Después, cuando le permitieron entrar a ver a Shōto, no se
despegaba del lugar donde yacía el bicolor; su madre lo acompañó en silencio todo el tiempo.
Ya era de mañana, y el sol se asomaba entre los árboles de la jungla, el príncipe seguía dormido, pero
su salud estaba más estable, aunque tenía algo de fiebre. El tritón cuidaba del príncipe, cambiando los
paños húmedos de su frente, arropándolo o acomodando su almohada de paja cuando este se removía
incomodo.
—¿Es así de importante para ti, Nozomi? —calmada habló la peliverde entrando al cuarto con algunas
extrañas comidas que los humanos le habían dado. Le extendió el plato a su hijo, se sentó a su lado
removiéndose incómoda por sus nuevas ropas y comenzó a probar la comida, haciendo algunos gestos
debido a que era la primera vez que lo probaba.
—Demasiado... tan importante como respirar —susurro aceptando el alimento—, él me prometió que
saldríamos después de esta... mamá, me enamore... y él me aceptó como su pareja.
Las lagrimas cayeron entre hipidos tras esas últimas palabras, mientras contemplaba el rostro del
príncipe. La mujer a su lado se sorprendió un poco, su bebé estaba creciendo. Esa mirada llena de
tristeza y angustia por ver así al humano le daba a entender que lo que le decía el pecoso era verdad. Su
pequeño estaba enamorado.
—Eso quiere decir que... ¿No volverás a Shinzouka con nosotros? —algo triste le preguntó.
Ella tenía entendido que Todoroki era un príncipe, el próximo líder de su pueblo, eso había escuchado,
por lo cual no podría alejarse de su reino; entonces lo más lógico era que llevara a Nozomi con él.
—Mamá... yo...
—Esta bien, lo entiendo —hablo calmada ante la duda en su hijo. Nozomi no había pensado en eso
pero que su madre lo apoyara lo reconfortaba-, —si quieres ir con él, yo te apoyo.
—Más le vale que cuide bien de ti —dijo con algo de angustia, para luego romper el tenso momento
con una broma—, y espero tener nietos pronto. 9
—¡Ahh mamá! —Nozomi avergonzado se cubría la cara completamente roja; afortunadamente Shōto
no podía escuchar eso, o en serio moriría de vergüenza. Mientras, su madre reía divertida... extraño
tanto su risa.
—Sobre eso... Todoroki mencionó algo... pero no estoy muy seguro si seré un buen padre...
—Lo serás —disipó sus dudas antes que dijera algo más—. Ambos aprenderán juntos...
—Solo espero que se recupere pronto —musitó el peliverde viendo preocupado al chico que dormía
ajeno a la conversación.
—Se pondrá bien, se ve que es fuerte —lo consoló—, recuerda las historias que te conté —Nozomi ya
no estaba tan seguro; eso de que el amor lo puede todo ya no le parecía tan real, entonces con voz
calmada su madre continuó—: Si es, entonces será.
Los ojos verdes iguales a los suyos lo miraron apacibles, mientras sobaba su espalda con cariño. A lo
que se refería su madre, es que si en el destino estaba que ellos dos se conocieran y se enamoraran,
entonces no habría adversidad que no pudieran superar juntos. Él quiso creer que así seria. Rogaba que
fuera así.
ɷʚ♥ɞɷ
En el segundo piso de la extraña casa dentro del árbol, se encontraban el resto de sirenas y tritones.
Bakugo estaba con su madre, y aunque pareciera que a veces no tenía sentimientos, Katsuki si que
había extrañado a la rubia, y mucho. Igual que Nozomi, recién llego se dejó envolver por los brazos de
su madre, claro que ninguno fue tan efusivo como los peliverdes. Pasado el reencuentro noto a los
demás, un par de extras sin importancia para él, pero que para Nozomi eran sus amigos: Shindo,
Aoyama y Momo, fueron los únicos que reconoció, también estaban otras dos chicas, pero nadie más
que ellos siete fueron rescatados. No estaban ni Toshinori ni su padre. 1
Con una profunda tristeza Mitsuki le explicó que el rubio tritón y otros más fueron llevados a otro lado;
y su padre...
Katsuki demostró una vez más esa fortaleza de la que se jactaba al oír las palabras de su madre. Al ser
trasladados a esos estanques muchos no habían sobrevivido. Uno de ellos fue Masaru Bakugo. No
derramo lagrimas en frente de nadie, mas sin embargo permanecía callado y apartado de todos,
guardando su dolor solo para sí. Incluso ignoraba al pelirrojo, quien intento varias veces hablar con él,
Bakugo no le grito como a los demás que trataban de consolarlo, pero tampoco le hablaba. Al final el
marino termino charlando con la madre de éste.
—¡Ah! S-si... yo, bueno... —no sabía bien que decirle. Era la madre del tritón que le gustaba y eso lo
ponía nervioso.
—Está bien, aunque es un tanto... Gruñón.
—Sí —dijo soñador volteando a ver al chico explosivo que miraba la maleza por la ventana sentado
junto a los maderos de la pared—, pero así me gusta.
Mitsuki no dijo nada, solo observo como el pelirrojo veía con devoción a su hijo. Y el marino al darse
cuenta de sus palabras reacciono y su rostro se tiñó del mismo tono que sus cabellos.
—¡Y-yo... no, es que! Quiero decir —aclaró su garganta—, es un buen compañero, fuerte y valiente,
nunca se rinde, lo admiro mucho y... —comenzó a desvariar de los nervios.
—Tranquilo. Se ve que también le gustas, no a cualquiera lo deja acercarse cuando está triste —eso
sorprendió a Eijiro, no sabia como pero esa mujer se dio cuenta de los sentimientos de ambos en tan
poco tiempo—. Tienen mi bendición, y buena suerte. 2
La mujer se alejó dejando a un sorprendido Eijiro. El pelirrojo no se lo podía creer; su suegra lo había
aceptado. En esos momentos la mente del marino voló al futuro imaginándose una vida con el rubio
tritón. Eso lo hacía feliz.
ɷʚ♥ɞɷ
La noche había llegado de nuevo, afuera la lluvia lo cubría todo, y en la habitación el chico que yacía
recostado comenzó a despertar. Sus párpados pesados se abrían lentamente, su abdomen dolía y estaba
desorientado, como si despertara de un profundo sueño que no podía recordar. La tenue luz de las velas
teñía de naranja el lugar; él no lo noto pero justo al lado dormía el peliverde, en una cama hecha de
mantas acomodadas en el piso de madera.
—¿D-don... de...? —Su voz era rasposa, su garganta estaba seca y le costaba hablar.
—¡Todoroki! No te levantes, quédate quieto. —Despertó alarmado el tritón al escuchar los quejidos del
heredero de Yuuei.
De inmediato el pecoso sirvió el líquido en un cuenco de madera, que se encontraba en una pequeña
mesita junto a la ventana, y con cuidado lo ayudó a beber. Nozomi estaba aliviado, ver a Todoroki
despertar era sin duda lo mejor después de tanta angustia.
—Iré a llamar a Jiro para que te revise —dijo mientras colocaba el vaso devuelta en la mesita y se
levantaba listo para salir en busca de la pelinegra.
Pero el débil agarre en su mano lo hizo voltear a ver a Todoroki que lo miraba suplicante.
—No te vayas... Nozomi, p-por favor, quédate aquí, conmigo —logró decir con más fluidez esta vez.
El sonido de la lluvia no impidió que el tritón escuchara aquella petición, y sus mejillas enrojecieron
tan solo al escuchar su nombre salir de los perfectos labios de Todoroki. Sabiendo que tal vez lo que
hacía estaba mal, se permitió complacer al príncipe y se sentó entre las mantas en el suelo para quedar a
la altura de la cama.
—Siempre me quedaré a tu lado —acarició su mejilla derecha con ternura—, yo te cuido. Cualquier
cosa que necesites solo pídemelo.
El mitad albino sonrío, no cabía duda en su ser de que el amor entre ellos dos era puro y sincero. 5
—Perdón.
—¿Mh? —murmuró confundido. Nozomi no entendía bien a que se refería—. No tienes nada por que
pedirme perdón Todoroki.
—Llámame Shōto —le dijo. Eso sorprendió al pecoso—. Y si tengo mucho porque pedirte perdón...
yo... te puse en peligro, pudimos haber muerto allá; si yo te perdiera no se si podría... 2
—Pero no pasó —lo interrumpió—, no pasó y ahora estamos bien... estas bien, eso es lo único que me
importa.
El pulgar del peliverde acariciaba celoso la mejilla del príncipe, y éste correspondía el gesto en la mano
de su compañero. Ambos se veían con fervor, estando agradecidos de estar juntos, de estar vivos.
—En serio no sé que hubiera hecho si resultabas lastimado, estaba tan asustado.
—Imagina como me sentí cuando Chisaki te hirió. El terror de verte así... el miedo de perderte... —su
voz se fue apagando y desvío la mirada al terminar la frase mientras su vista se nublaba y unas cuantas
lagrimas caían de las esmeraldas.
—Perdón —rogó otra vez limpiando con cuidado las saladas gotas.
—Deja de pedirme perdón. También fue mi culpa, yo fui el que entro aun sin tu permiso.
—¿Tu familia...?
—Están bien —le aclaro para calmar el repentino sobresalto—, Mina y Tetsutetsu lograron rescatarlos,
bueno... a algunos —entristeció al recordar a los que faltaban, pero reanimó su tono de voz después—.
Estoy ansioso por que conozcas a mi mamá.
—¿Por qué?
—Ya deja eso —lo interrumpió—. Le agradaras. Ahora duerme otra vez que ya es de noche y necesitas
descansar.
—Ya he dormido mucho.
El peliverde estaba acomodándose bajo la atenta mirada dispar, que no se apartaba de cada simple
movimiento que hacía, aguardando el momento en poder externar sus deseos al tritón.
Las mejillas de Nozomi ardieron como siempre y su corazón latía desbocado de emoción por tan
repentino pedido. en cambio, Nozomi solo atino a respiro profundo y luego asintió levemente para aun
con temor, acercarse tembloroso y posar sus labios sobre los contrarios.
—Ahora a dormir —susurro tras romper el contacto, mismo que lleno de paz sus corazones.
Todoroki asintió con una sonrisa en su rostro, para después ambos con las mejillas algo acalorados se
acostaran a dormir. Pero cuando Todoroki lo vio recostarse en la madera lo invito a compartir la cama
que usaba para que estuviera más cómodo, y posteriormente le obligó cuando Nozomi se negó a dicha
invitación. Haciendo un espacio en la cama, el peliverde se recostó frente a Todoroki. Ambos trataban
de dormir y otra vez la habitación se inundó con el envolvente sonido de la lluvia cayendo afuera.
Pasaron unos minutos pero Todoroki simplemente no podía dormir. Entonces el recuerdo de su madre
arrullándolo con canciones de cuna lo obligo a abrir una vez más los ojos.
—¿Que ocurre Tod... S-shōto? —corrigió Nozomi, que aún lo vigilaba en silencio.
Midoriya se sorprendió y sus mejillas estallaron nuevamente en color carmín. Él creía que no era bueno
en eso, por eso jamás lo intentaba, incluso cuando estaban atrapados bajo los escombros le costo un
poco hacerlo; pero ahora ya no podía negarse a nada que le pidiera su príncipe. Asintió apenado, y sin
mirarlo comenzó a entonar una vieja canción de cuna que su madre tarareaba cuando él era pequeño;
era su favorita y nunca podría olvidarla.
Todoroki se permitió perderse entre la voz del tritón que lo arrullaba con ternura.
Nozomi no dejo de cantar hasta que Todoroki estaba profundamente dormido. Se dio cuenta entonces
que podría acostumbrase a eso, a cantarle todas las noches para que pudiera dormir. El amor que sentía
por Shōto crecía cada vez más, tanto que cría sus sentimientos terminarían ahogándolo, pero estaba
bien, no le molestaba en lo más mínimo. Miro una ultima vez el apacible rostro frente a él.
—Te amo —dijo en un arrullo para luego cerrar los ojos y dormir.
Shōto sonreía mientras estaba profundamente dormido, soñando con un paraíso en el que Nozomi
pronunciaba una y otra vez las palabras susurradas, solo para él.
Capítulo XIV:
Nuevos Horizontes
Justo después de la tragedia, cuando llegaron a Saitama; Iida, Tetsutetsu, Mirio, Sero y Shinso hablaron
sobre lo que había ocurrido esa noche. Esperaron a que Todoroki se repusiera un poco, y a la mañana
del tercer día en Musutafu se reunieron en la habitación que ocupaba el príncipe para discutir sobre lo
que hasta ahora sabían y cual seria su siguiente movimiento. En la pieza estaban los ya mencionados—
menos Shinso y Tetsutetsu—, acompañados de Nozomi, Katsuki y Eijiro.
Después de que Mirio se presentara y contara su historia al príncipe y el tritón, Sero explico la
situación de lo que hasta ahora sabían, incluido lo que el pelipateado y el ninifo les dijeron.
—No puedo creer que Mineta nos haya traicionado —decía un frustrado Kirishima sentado en la
madera del piso junto a Nozomi y la cama del príncipe.
—A mi no me sorprende en lo más mínimo de ese extra —bufo molesto Bakugo recargado junto a la
puerta, y a su lado Mirio.
—Si tan solo hubiera sabido de Shigaraki... Él paso justo frente a mi y ni siquiera me di cuenta... —Se
culpo Sero mientras daba vueltas por la habitación.
—No tenias forma de saberlo... no seas tan duro contigo. —Le consoló Midoriya.
—Además estaban mejor armados, y aunque hubiésemos sabido dudo que los resultados fuesen
distintos —menciono Iida apoyando al peliverde, quien se encontraba sentado en un banquillo—,
supongo que la pólvora la obtuvieron de oriente... no se cómo lograron hacerse de ella si ni siquiera al
reino de Yuuei o a Idaten quisieron venderles los orientales.
—Ese no es el asunto ahora —intervino Mirio—, aún tenemos gente que rescatar. —Apretaba sus
puños, decidido y nostálgico por los que faltaban. Los piratas habían huido y era evidente que no
volverían a la destruida mazmorra—. Y lo peor que ahora no sabremos donde buscar... —dijo con
frustración, angustiado de si su familia estaria con bien, sus azules ojos reflejaban la pena de su
ausencia—. Estoy como al principio.
—Sera más difícil si no sabemos ni en donde empezar... —murmuro Kirishima apartando la vista
abatido. Bakugo gruño fastidiado y los demás guardaron silencio.
—Tal vez si —hablo Todoroki que seguía recostado—, antes de que Chisaki me hiriera... menciono a
uno de sus clientes... podemos empezar buscando por ahí.
De cierta forma Todoroki estaba apenado de revelar aquello; ya que él había sido el único que logro
escuchar a Chisaki y no quiso contarle a Nozomi cuando recién despertó para no agobiarlo. Se sentía
culpable de que su propio padre tuviera que ver con gente como esa, aunque una parte de él no se
sorprendía.
—¡Eso es genial! En cuanto te recuperes partiremos a investigarlo —exclamo con emoción el pelirrojo
levantándose de donde se encontraba.
—¡¿Es en serio?! ¡Si esperamos al bastardo mitad y mitad solo perderemos más tiempo! —grito
exasperado Bakugo acercándose al pelirrojo. Aunque ya habían rescatado a los suyos todavía quería
encontrar a Toshinori, además que había despertado un leve sentimiento de venganza en él.
—¡No llames Bastardo al príncipe, tú insolente! —reprendió Iida al tritón mientras se ponía de pie y
movía exageradamente sus brazos. Shōto ni se inmuto por el insulto.
—¡Ahhh B-blasty! —interrumpió a tiempo kirishima cubriendo la boca del otro con sus manos.
Mientras ellos seguían peleando y el pelirrojo trataba de calmar al explosivo chico, Sero e Nozomi los
miraban con temor; entretanto Mirio pensaba como ayudar, puesto que a él también le interesaba
moverse lo más rápido posible, la angustia de saber perdidos a Tamaki y Eri estaba muy presente,
atormentándolo.
—Si nos dices el nombre del cliente podríamos investigar mientras tú sigues recuperándote —sugirió el
rubio granjero—, así perderemos menos tiempo.
Los que peleaban detuvieron su alegato al oírlo hablar. La atención se centro en él de inmediato.
—Creo que es una buena idea —dijo acercándose Iida al príncipe—, Todoroki ¿Podrías decirnos a
quien tenemos que buscar?
—No hace falta buscar —hablo al fin—, mañana mismo partiremos a donde Enji Todoroki.
—¡Pe-pe-pero..! —Nozomi no encontraba cómo convencerlo de que siguiera en reposo más tiempo.
Claro que él también quería encontrar cuanto antes a los que faltaban, pero de igual forma le
preocupaba la salud del mitad albino.
—¿Por qué iremos a donde el rey? —confundido Kirishima interrumpió los balbuceos del peliverde—
¡Ah! ¡¿No me digas que te estas rindiendo?!
—¿Entonces?
De un momento a otro todo se volvió en un pesado silencio, solo se escuchaba en la habitación el ruido
del exterior, los sonidos de los animales y algunas voces de los ninifos. Expectantes todos esperaban a
que el príncipe continuara.
—Enji... el rey de Yuuei... —corrigió—. Chisaki dijo que él es quien les ha comprado criaturas
mágicas.
—Debe ser un error. El rey Enji... —Iida aún no podía creerlo—. Chisaki tal vez estaba mintiendo.
—Si el mismo rey de Yuuei esta involucrado, entonces esto sera más complicado de lo que creímos —
preocupado hablo Mirio.
—Sea el rey o un bufón, le cortare la cabeza si hace falta con tal de obtener el paradero de esos piratas
—hablo molesto el rubio tritón.
El peliverde no sabia bien de quien hablaban, pero si llevaba el apellido de Shōto entonces era un
familiar del príncipe, y temía que las palabras de su amigo hirieran al chico de cabello bicolor. Pero a
Todoroki no podría importarle menos eso, estaba demasiado apenado y enfadado, con su padre y
consigo mismo por ser tan descuidado y no notarlo antes, tal vez si no se hubiera marchado en busca de
libertad... Pero si no fuera por eso... Jamás habría conocido al adorable ser que ahora era su pareja, su
Nozomi. No, sin duda no podría arrepentirse de eso.
—No sabemos si estaba mintiendo o no... no podemos creer en la palabra de un sucio malhechor. —El
de lentes aun se mostraba escéptico.
—Por ahora es todo lo que tenemos, deberíamos empezar por ahí. Príncipe Todoroki, se que se
encuentra grave aún, pero entenderá que no puedo seguir esperando mucho tiempo —Mirio trataba de
dar a entender su preocupación al mitad albino—, mi familia aun corre peligro.
—¡Pero Todoroki...!
—Si p-pero...
—Puedes quedarte con él si tanto te preocupa. —Después de eso se dio la media vuelta molesto, para
salir del lugar.
Los demás lo imitaron saliendo de la habitación para avisar a los demás y prepararse a volver al navío.
Mirio agradecía que apresuraran las cosas, aunque claro que le preocupaba la salud de Todoroki. Iida e
Nozomi estaba en la misma situación, temerosos por el bienestar del príncipe; pero la orden estaba
dictada, solo les quedaba ayudarlo y cuidarlo en lo que regresaban a alta mar.
El peliverde se quedo con el mitad pelirrojo en la habitación para ayudarlo a alistarse mientras Aizawa
lo revisaba una ultima vez, aplicando un poco de su magia en la herida, pues pronto partirían a nuevos
rumbos y necesitaba reponerse pronto.
Mientras Todoroki abotonaba su camisa después de la revisión, Nozomi se ajustaba sus molestos
zapatos.
—Nozomi...
—¿Si?
—Ahora que tu familia esta a salvo... —Se pensó un poco el como continuar, pues cierta duda
molestaba al de ojos dispares—. No quiero obligarte a nada, y entenderé si es que quieres volver a
Shinzouka con ellos; eso estará bien... yo respeto tus decisiones y volvería por ti.
—¿No quieres que valla contigo? —le dijo algo triste dejando de lado lo que hacía, pues sin que se lo
preguntaran él ya había tomado su decisión. Creía que Todoroki lo llevaría consigo siempre.
—No es eso —le aclaro—, es solo que no me gustaría que renuncies a lo que en realidad quieres solo
por mis egoístas deseos.
—Lo que en realidad quiero es estar a tú lado por siempre —respondió más tranquilo—, así que esta
bien que me lleves contigo. 5
Con esas palabras disipo las dudas del príncipe, luego acuno su rostro entre sus manos para depositar
un dulce beso en su nariz que le saco una leve risita a ambos, misma que le provoco dolor al príncipe
por la aún sensible herida, haciendo que el tritón se disculpara apenado.
ɷʚ♥ɞɷ
Al medio día se abastecieron con nuevos suministros y se despidieron de Shinso y de la amable gente
de Saitama, ambos agradecidos por la ayuda brindada. La guarida de los piratas estaba destruida, por lo
que no volverían a molestar a nadie de esa zona.
Nozomi presento a su madre con el príncipe y ahora caminaban entre verdes ramas de vuelta al mar.
Shōto era asistido por el peliverde que lo ayudaba a pasar sobre rocas o enormes raíces. En cierto punto
comenzó a charlar con la sirena de cabellos verdes. Para sorpresa del príncipe, esta no le reclamaba por
nada; se le hacia una mujer muy dulce y maternal, de buen corazón igual al tritón. Sin dejar pasar la
oportunidad, Todoroki le pidió perdón por arriesgar a Nozomi y pidió permiso de llevarlo con él,
prometiéndole que lo protegería; Inko veía la determinación en el gris y azul de sus ojos, sabiendo así
que podía estar tranquila de que su Nozomi estaría bien. 2
Aunque las cosas ya estaban más calmadas, el peliverde tritón estaba distraído, con la mente distante y
su vista perdida en alguna ave que revoloteaba con colorido plumaje, mientras caminaba con pasos
monótonos siguiendo a los demás; Todoroki se dio cuenta de eso gracias a lo expresivo que solía ser el
tritón.
—Yo... —dudo; desde hace rato que sobre-pensaba sobre el rey, los piratas y sus amigos que seguían
perdidos; no quería tocar el tema del padre de Shōto, pero al final, Nozomi se permitió confiar sus
inquietudes a Todoroki—. ¿De verdad crees... que el rey sepa algo? ¿Crees que los encontremos?
—Tengo fe en que sera así —afirmo—, y aun si Chisaki miente, de algún modo los encontraremos —
prometió—, ya veras que esta vez todo saldrá bien.
Nozomi asintió confiado en las palabras del otro, sintiéndose menos agobiado; de cierta forma,
Todoroki lograba calmarlo.
ɷʚ♥ɞɷ
El volver a la costa les había tomado más tiempo del previsto; las 4 horas de recorrido se convirtieron
en 6, debido a la carga de las provisiones, por lo que llegaron al final del día. El cielo se teñía del ocaso
conforme el sol caía al mar. Y en la playa se encontraban los marinos y sirenas.
—Sabes que siempre estaremos por las aguas de Chiba, Nozomi. Cuídate mucho ¿Entendido? —
Después de eso envolvió al pecoso con cariño entre sus brazos.
Nozomi estaba triste; recién había recuperado a su familia y ya tenían que separarse de nuevo, aunque
no veía otra alternativa. Pero no solo se iría con Todoroki por su enamoramiento; no, también se
marchaba en busca de Ochako, Toshinori y Tsuyu, quienes aun estaban desaparecidos. 13
—Si... estaré bien —dijo correspondiendo el abrazo y soltando unas pocas lagrimas.
Todoroki observaba la enternecedora despedida y se sentía un tanto culpable por separarlos así; pero
gracias a Nozomi sabia que no lo estaba obligando a nada. De todas formas se vio exigido a calmar a la
preocupada madre de su ahora pareja.
—Cuidare bien de él —menciono acercándose Shōto al par que ya comenzaba a llorar—, puede confiar
en mi señora Midoriya —volvió a recalcar—, no tiene porque preocuparse.
El de ojos dispares asintió en una última silenciosa promesa. La mujer se despidió y dio las gracias por
última vez igual que los demás.
Mientras algunos marinos subían a los botes, Mitsuki comenzaba una riña con su rubio hijo, quien
extrañamente había estado muy calmado todo el camino.
Las palabras subidas de tono sorprendían un poco a Kirishima. Jiro, Mina y Tetsutetsu, miraban
anonadados la verbal lucha de esos dos, ahora entiendan de donde es que el rubio tenia tan colorido
léxico. La razón por la cual discutían era porque Mitsuki le pidió al pelirrojo marino que controlara a su
pequeño y le tuviera paciencia, y el tritón aun reacio a aceptar en voz alta sus sentimientos por
Kirishima había comenzado la disputa. La cual termino cunado Eijiro intervino. 2
Tras unos minutos las sirenas y tritones partieron devuelta a su hogar, perdiéndose entre las aguas
teñidas de colores naranjas por el atardecer, dejando atrás sus piernas y ropas.
Así mismo los marinos volvían a la embarcación en las mismas valsas que habían dejado en la arena
tan solo unos días atrás, ahora estaban acompañados de Mirio que miraba al mar y el barco asombrado,
ya que era la primera vez que veía algo así.
Sin necesidad de alguien más se presento; y los dos marinos de inmediato lo llenaron de preguntas que
gustoso respondía. Mina después les relataría todo lo sucedido para que ellos quedaran sorprendidos;
aun más por lo de Mineta, ahora entendían por que la ausencia del pelimorado, al menos ahora podían
dejar de preocuparse.
Esa misma noche se pusieron en marcha de regreso al reino de Yuuei, donde los aguardaba el castillo
del rey Enji III; esta vez el viaje les tomaría aproximado dos semana, aunque la ruta que seguirían era
tranquila y la corriente los llevaría con calma devuelta a casa.
Su aventura en Musutafu había llegado a su fin; jamás esperaron todo lo que les ocurrió, pero ahora que
todo era calma podían ver las cosas de forma más positiva. Las sirenas estaban a salvo, consiguieron un
nuevo aliado y destruyeron uno de los escondites de los piratas, liberando del peligro a más seres
míticos. Sin olvidar que nuevas verdades fueron reveladas. Ahora devuelta a casa, Todoroki estaba
acompañado de Nozomi, ambos listos para enfrentar toda clase de retos y pruebas que encontraran en
Yuuei; y con un creciente amor que parecía no tendría fin... del cual se encargarían de cuidar y
descubrir con calma. 6
ɷʚ♥ɞɷ
Sobre un acantilado a la orilla del mar, se encontraba un prospero castillo. Las imponentes paredes de
piedra gris se levantaban firmes resguardando al rey y sus secretos. Paresia ser un lugar solitario y frió,
inmenso. La decoración simple y elegante hacia ver todo cómo un palacio normal, las sobrias pinturas
de la familia real adornaban algunas de las paredes blancas, las estatuas de piedra caliza y los muebles
de caoba estaban siempre impecables, las habitaciones estaban hechas y la comida nunca faltaba en la
mesa del rey. Pese a que contaba con servidumbre—que mantenían el lugar en orden—, y algunos
guardias, las solitarias habitaciones permanecían siempre en silencio; todo al rededor del palacio se
veía solitario, y así se sentía, cada habitación o patio del inmenso lugar estaban cerrados al mundo.
Un imponente hombre de cabellos rojos y ojos turquesa, que vestía bastante elegante con una
aterciopelada capa en color vino, un traje azul oscuro y anillos de oro en sus dedos, todo a juego con la
dorada corona incrustada en rubíes, se paseaba orgulloso por los pasillos opacos, sus firmes pasos
resonaban en el piso de mármol negro, mientras veía el tempestuoso mar por las ventanas descubiertas
por las gruesas telas; eso lo molesto.
—¡Les he dicho que cierren las cortinas! —bramo enardecido. Un grito que podía escucharse
perfectamente en todos lados—, ¡Rumi!
Tras nombrarla, la mujer de tez morena y cabellos largos y blancos apareció apresurada a cerrar las
cortinas cómo exigía el rey. Una vez quedando oscuro el corredor, iluminado solo por los candelabros,
la mujer se retiro y el rey prosiguió sus pasos hasta una enorme puerta de madera, tallada con algunas
figuras e incrustada con pequeñas piezas de oro. Entro para encontrarse con una sala en forma de
hexágono, que lo único que contenía en su centro era un solitario piano color marrón que no había sido
tocado en años, rodeado de enormes ventanas cubiertas con las mismas gruesas cortinas, iluminado con
candelabros fijados a las paredes. Cerro entonces la puerta de madera y paso del piano para abrir un
pasadizo oculto que mostraba las escaleras en forma de caracol; mismas que con elegante porte
descendió hasta llegar al fondo... donde yacían los secretos del rey.
Capítulo XV:
Cuenta Cuentos
El primer día de regreso transcurrió sin mucho inconveniente, la calma del mar los llevaba tranquilos
devuelta a Yuuei. Iida, Todoroki, Mirio y Kirishima discutieron sobre la posible traición del rey, y para
el final del día ya tenían una parte del plan armado. Por lo que el resto del viaje el príncipe pasaba
mayor tiempo con el chico de simpáticas pecas.
Algunos días Nozomi practicaba el combate, ayudado por Iida—y algunas veces por Kirishima, cuando
Kacchan se lo prestaba, eso decía el rubio—; pues el peliverde estaba decidido a dominarlo a la
perfección, y así en el futuro ganar cualquier combate. Cuando Todoroki se recupero por completo, este
se unió a las practicas para ayudar al tritón.
Para la primer semana navegando, el de ojos dispares estaba curado de su herida y la calma reinaba
entre la tripulación. En todo ese tiempo Nozomi ya dormía junto a Todoroki, pero contrario a lo que
creyó cuando le dijo que lo "cortejaría", el príncipe no hacia nada por tocarlo, salvo dormir abrazados
después de que Nozomi le arrullara con su voz, aun incluso cuando el tritón se le insinuó un par de
veces.
Shōto se tomaba su tiempo para conocerse mejor, disfrutando de las cosas simples entre ellos.
Era ya el cuarto día de la primera semana, y Todoroki tenia planeada una cena romántica, todo a modo
de sorpresa, esa fue la idea que Sero le había dado, y con ayuda de los demás marinos—y a escondidas
de Nozomi—, armo en cubierta una mesa para dos con unas cuantas velas encendidas y vino—reservas
de cuando estuvieron en Chiba, aunque para el tritón solo se sirvió agua ya que encontraba
desagradable aquel líquido oscuro.
Se sentó a esperar paciente la llegada del peliverde; ya todos se habían retirado a dormir, salvo por
Tetsutetsu que timoneaba el barco por esa noche, pero que no interferiría entre esos dos. Toru y las dos
marinas ayudaron al tritón para que se viera más lindo ante los ojos de Shōto esa noche—si eso era
posible—, y cuando estuvo listo se paseo por cubierta con unos pantalones oscuros y una liviana
camisa de seda blanca, esta le quedaba algo larga y holgada, siendo ondeada por el viento, el clima se
sentía perfecto para la noche de los amantes. Sus verdes risos se movían con clama, enmarcando su
tierno rostro, todo eso bajo un mar de brillantes estrellas.
Cuando Todoroki lo vio quedo enamorado una vez más. Se levanto entonces de la mesa para acercarse
a observarlo mejor, se veía divino. Una risa se le escapo al ver que no llevaba puestos los zapatos, al
parecer aún los detestaba. 4
Nozomi se sonrojo.
El peliverde la acepto, dejándose llevar hasta la mesa y se sentó a donde le indico. Midoriya estaba
expectante, jamás había vivido algo como aquello. En eso el rubio cocinero apareció con los platillos
de la noche, y después de servirlos se retiro deseándoles bon appetit. Nozomi comenzó a probar la
comida; era deliciosa como siempre le parecía. Mientras terminaban de cenar, hablaban de cualquier
cosa que se les ocurriera hasta que Nozomi tuvo un ataque de curiosidad. 3
—¿Cómo es?
—Mmm... —Todoroki pensaba que podría decirle; pues para él, el palacio de Yuuei no era un hogar.
Aunque...—, bueno... hay un pueblo cerca del palacio; su gente es buena, son amigables y cuando
paseaba con mi madre por sus calles siempre me sonreían y regalaban cosas... Ellos amaban a la reina...
—Recordó nostálgico. Nozomi lo noto enseguida, culpándose a él y su curiosidad, ahora Shōto se veía
triste.
—Debe haber más... dime más —hablo tratando de cambiar sus pensamientos.
El príncipe rebusco un poco más entre sus memorias, encontrándose con el recuerdo de él y su madre
rodeados de un jardín rebosante de vida. Era a donde iban cuando estaban fuera de la prisión—como
llamaba al palacio—, ¿Cómo lo había olvidado?
—Existe un lugar... uno secreto —dijo recordando con una sonrisa. Nozomi se emociono ante la
palabra secreto—, es un jardín lleno de todas las flores que puedas imaginar.
—¿Flores?
—Si. Creo que en Musutafu no había ninguna... —Guardo silencio mientras pensaba y removía los
restos de comida en su plato. El tritón le miraba con ojos curiosos—. Existe de muchos tipos y
tamaños: hay pequeñas que caben en una uña y otras tan grandes como la palma de tu mano —Nozomi
seguía sorprendido por lo que le contaba—, están llenas de colores y dulces olores; son muy suaves al
tacto y hermosas... igual a ti. 7
De pronto una melodía comenzó a sonar. Era Tetsutetsu que tocaba casual un laúd mientras veía hacia
el mar, en un intento de darles privacidad. Todoroki lo comprendió. 13
—¿Quieres bailar?
—Yo... —Nozomi no sabia que responder, ni siquiera sabia a que se refería con eso—. Yo nunca...
—Yo te enseño. —Se puso de pie para tenderle su mano otra vez. El tritón acepto dudoso.
Lo llevo hasta el centro del barco; sostenía su mano mientras tomaba su derecha para ponerla en su
hombro, y después tomar su cintura y acercarlo a su cuerpo. El pequeño se emociono con la cercanía,
su pecho se sentía cálido. Todoroki comenzó a moverse lento con la melodía, e Nozomi seguía
torpemente los pasos.
—¡Lo siento! —grito apenado al pisarlo; pero al no llevar zapatos Todoroki ni lo sintió. 1
—Sube —dijo con calma para luego ayudarlo a que pusiera ambos pies sobre los suyos y pasara sus
brazos tras su cuello, mientras él lo abrazaba por la cintura—. Así, bailare por los dos. 4
Todoroki se mecía lento con la melodía, disfrutando el momento, la cercanía de sus cuerpos; la
diferencia de alturas era perfecta, entonces sus ojos se encontraron bajo las luces nocturnas. Azul
calma, gris tormenta... Nozomi se dio cuenta de la perfecta combinación, jamás había visto ojos tan
bonitos que lo vieran de ese modo, con un brillo especial, diferentes; se sentía privilegiado... amado.
El príncipe estaba maravillado ante el tritón. Las inocentes mejillas sonrojadas resaltaba las manchitas
en su bello rostro, y su mirada soñadora estaba puesta solo en él, viéndolo con cariño, como le gustaba,
regalandole pequeñas sonrisas fugaces; en ese momento solo existían ellos, en un pedacito de cielo.
En un impulso se acerco valiente a los rosado labios que lo llamaban a probarlos, deteniendo su danza,
aún con la música de fondo a coro con las olas del mar. El beso era lento y casto, labio sobre labio; sus
ojos estaban cerrados al mundo, pero ellos podían ver con el amor de sus corazones, sintiendo cada
sensación. La calidez de su pasión. 18
—Te amo Shōto —susurro con dulzura al separarse, manteniendo sus ojos cerrados y sus frentes cerca,
y esta vez Todoroki estaba despierto para poder escuchar.
La dicha invadió al príncipe de inmediato, quien estrecho con cariño a Nozomi entre sus brazo para
levantarlo solo un poco sobre el suelo y comenzar a dar vueltas eufórico. El tritón reía divertido al igual
que el príncipe, y cuando Todoroki se detuvo, este le beso otra vez, y otra y otra.
—Yo también te amo tanto, tanto, Nozomi, soy tan afortunado de haberte encontrado. 13
El lento baile continuo por un rato más hasta que las velas se extinguieron. Tal vez parecía que era muy
pronto para decir aquellas palabras, pero ellos solo expresaban lo que sentían y ya no podían acallar.
Esa noche bajo un cielo lleno de diamantes su lazo se fortalecía más. 2
ɷʚ♥ɞɷ
Los detalles por parte de Todoroki no terminaron ahí, y consentía al peliverde cada vez que tenia
oportunidad. Nozomi estaba encantado con todo lo que Shōto hacia por él, mientras por las noches
arrullaba al príncipe con su canto; entonces pensó que en su mundo tal vez esa era la manera de
cortejar, aunque eso ya no importaba mucho, él esperaría paciente a descubrir cada emocionante etapa
de su amor, y aunque no lo entendía muy bien, le gustaba demasiado. 6
Los días seguían pasando y los marinos evidentemente notaban que había algo entre ellos dos, aunque
también sospechaban de Kirishima y Bakugo; sin embargo ninguno se entrometía entre sus relaciones,
ni siquiera Iida o Toru y Mina, todos acordaron silenciosamente dejarlos ser, viéndolos felices a la
distancia. Quien no disfrutaba mucho de aquella acaramelada pareja era Mirio, pero eso solo era porque
le recordaba a él y Tamaki; echaba de menos a su eclipse y a la pequeña Eri, cada vez que los veía los
nostálgicos recuerdos lo atacaban. Todos los días rezaba al señor Frey por que estuvieran bien. Aún así
se alegraba por los tórtolos.
Algunas veces el pequeño tritón también le hablaba sobre su vida, contándole sus aventuras debajo del
mar de cuando era un niño; a veces le decía cosas a propósito para sacar pequeñas sonrisas del príncipe
que para él brillaban más que el sol, le gustaba hacerlo sonreír, y ver esos bonitos labios que le decían
que lo quería curvarse en felicidad.
Después del tercero que le robo en el 5to día de la segunda semana, el pequeño se ocultaba del príncipe
entre la bodega, sabia que Todoroki lo estaría buscando solo para obtener un poco más de él.
Entonces unas voces conocidas se acercaban a su escondite y él se removió para ocultarse mejor.
Eran Kacchan y Kirishima, quienes venían buscando un lugar solitario donde hablar, el pelirrojo
rogando al rubio molesto. Nozomi se quedo escondido y callado, pues no quería molestarlos.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque es algo solo entre tú y yo Blasty. —Tomo sus manos para trasmitirle la calma que sus
palabras llenas de verdad le decían.
—No se si creerte.
—Tú eres mi secreto, nadie sabrá de esto... jamás se lo contare a nadie, justo como me lo pediste —le
prometió—, pero nunca dudes de que esto es algo serio.
Katsuki no dijo nada, simplemente se dejo besar por el pelirrojo.
Nozomi estaba sorprendido, su amigo de la infancia tenia algo con el contramaestre, y no solo eso, si
no que su actitud era completamente diferente estando con él, era... más calmado, tal parecía que
Kirishima logro apaciguar la tormentosa alma. 1
—Prometo que nadie lo sabrá —juro con una deslumbrante sonrisa en su rostro, confiado en que así
seria.
—Esta noche... me leerías un cu... —dudó—, un c-cuento —pidió el rubio con un leve sonrojo. 10
Luego de la breve charla volvieron a cubierta, cuidadosos de que nadie les viera. Nozomi seguía
escondido, algo sorprendido y confundido. ¿Qué era un cuento? Tal vez esa noche le preguntaría a
Todoroki.
Pero la respuesta que el príncipe le diera nunca seria en realidad de lo que hablaban los amantes
secretos. Katsuki había caído por el marino, y al igual que Nozomi dormía en el camarote del príncipe,
él lo hacia en el de Kirishima; pero la mención de ese "cuento" frente a los demás marinos, era lo que
había molestado al rubio. Los otros no lo entendieron, nadie más que ellos dos lo entendería; una clave
que inventaron, solo para ellos.
Esa noche en las habitaciones del barco había dos tipos de cuenta cuentos; Kirishima, y Todoroki. El
segundo, tomando más literal la pregunta del peliverde y después de que Nozomi explicara el origen de
su curiosidad, tomo un libro para comenzar a leerle. Se recostaron en la amplia cama, y el peliverde se
acomodo en el pecho del de cabellos bicolores para escuchar atento. El regazo del príncipe era tan
calientito, a Nozomi le gustaba escuchar las historias en la voz de Todoroki pues sonaban tan
perfectamente, atrapándolo en maravillosos mundos. Shōto abrazaba el cuerpo del menor, arropándolo
contra si mismo y calmándolo, haciéndolo sentir a salvo, mientras acariciaba con calma y cuidado su
brazo, arrullándolo con cada frase, hasta que finalmente el sueño lo venció. 4
Entonces beso los rebeldes cabellos cuando lo vio dormitar, después dejo el libro en una pequeña
mesita de noche y apago la vela para al fin recostarse y descansar. Ambos abrazados, acurrucados bajo
las mantas.
Jamás se cansaría de consentir a su pequeño, cada día junto a él era maravilloso. Las noches a su lado a
veces podían ser un reto; sus instintos de hombre comenzaban a despertar. Él quería respetar a Nozomi,
pero sus sentimientos eran cada vez más fuertes y sus deseos también, ansiaba probar más de Nozomi
que simples besos. Pero no quería pervertir al puro ser que dormía en sus brazos. 11
Esa noche, en el paraíso de Todoroki la dulce voz de Nozomi clamaba su nombre una y otra vez, con
tintes pecaminosos, entremezclados con imágenes impuras del menor. 8
Navegaban así, en calma; ahora solo les quedaban dos días de viaje antes de arribar a Yuuei.
Capítulo XVI:
Buenas Noches
Al amanecer del penúltimo día, Todoroki se sentía descansado y feliz.
Ese día el heredero de Yuuei tenia planeado para después de practicar, una merienda especial para
Nozomi. Como estaban en un barco no tenían mucho que hacer, por ahora hacia lo que podía con lo
que tenia, ya ansiaba llegar a tierra firme para sorprender al peliverde con más detalles —además de
arreglar de una vez la intriga que Chisaki planto en su ser y cumplir la promesa de rescatar a toda la
familia y amigos de Nozomi.
El sol se alzaba sobre el mar, la brisa era fresca y el chico de pecas curioseaba por todo el navío como
siempre, entonces vio a Todoroki que estaba tras el timón, observando tranquilo el horizonte; y se
acerco por su espalda para cubrirle los ojos con sus manos a modo de juego.
—Tú eres el único que hace estas cosas. —Se dio la vuelta para abrazarlo y besarlo. 7
Las risitas nerviosas del tritón eran melodía bendita para Todoroki, y las mejillas levemente sonrosadas
resaltaban las manchitas de su rostro. Ahí estaba otra vez, ese deseo impuro que invadía su mente cada
vez que Nozomi lo besaba, cada vez que lo acariciaba y se arropaba a su lado bajo de las sabanas.
Todoroki trataba de controlarse; Nozomi no lo sabia, pero no tendría que convencer mucho a Todoroki
para que estuviera con él. 6
—¿Esta todo bien Todoroki? —dijo para llamar su atención al verlo algo distraído.
El príncipe sonrió.
—No me llames así —caprichoso se quejo mientras robaba otro inocente beso de los labios del
peliverde.
Entre caricias se acerco peligrosamente a su labios otra vez, iniciando un dulce beso. Sus bocas jugaban
ansiosas, degustando la esencia del otro. Amaban tanto la sensación de sus labios al besarse, sus manos
acariciándose, abrazándose. Volvió a sentir esa emoción, de la que Todoroki quería más y más. Sin
darse cuenta y perdiéndose entre el beso y sus deseos, las manos inquietas del príncipe descendían por
la cintura del tritón, acariciando con descaro sus glúteos y apegando más su cuerpo al suyo. 2
—Shh... —le acallo—. Nos van a escuchar —murmuró para luego apresar su boca otra vez. Pero los
pocos que rondaban en cubierta parecían no prestarles atención.
El peliverde se calmo un poco y se dejo hacer entre los brazos de Shōto. Retomaron los besos que iban
aumentando de tono; Todoroki no podía parar, no quería hacerlo de todos modos. Sus respiraciones se
escuchaban algo agitadas cuando se separaban por un poco de aire, solo para volver a besarse después.
2
—Amm... —carraspeo una nueva voz obligando a la pareja a separarse abruptamente—. No quisiera
interrumpir... pero Todoroki, tenemos nuevas cosas que discutir —hablo Iida haciendo movimientos
raros con sus brazos. Nozomi le daba la espalda apenado, mientras Todoroki lo atendía aun con la
respiración alterada. 1
El otro solo asintió y se retiro bajando las escaleras. El bicolor se volteo entonces hacia Nozomi para
despedirse a regañadientes, no sin antes robarle un ultimo beso como a veces lo hacia con él el tritón.
—Te veré más tarde pequeño.
Midoriya se quedo sonrojado, enamorado, mirándolo alejarse. Eso había sido nuevo, más...
Apasionado.
Cuando calmo su acalorado sentir, decidió pasear por cubierta; caminaba tranquilo cuando vio a
Kacchan que observaba unos delfines nadando a la par del barco. Recordó la conversación que escucho
por error el día anterior; no estaba interesado en su vida privada, solo tenia sus dudas en cuanto a los
humanos y sus "cortejos", creía que tal vez Kacchan sabría algo que él no.
—¿Qué te están contando? —Se acerco temerario sacando cualquier tema de conversación. Los
delfines eran de los animales más inteligentes en el mar, y por esto algunos de ellos se comunicaban
con las sirenas.
—Que te importa Deku. ¿Qué el bastardo mitad y mitad no te da la suficiente atención? Largo —le dijo
con cansadas palabras para después ignorarlo y voltear su vista de nuevo al agua, pero los risueños
animales ya no estaban. Ahora nadie podría escuchar sus inquietudes. 8
El peliverde frunció el ceño y hizo un pequeño puchero, él solo quería charlar con su amigo de la
infancia. Sin estar muy consiente de lo que hacia se aventuro a revelar el secreto de su amigo.
—¡¿Qué dijiste estúpido Deku?! —Alterado por la palabra "cortejo" y tras sentirse descubierto, sujeto
del cuello de la camisa a Nozomi ni bien este había terminado de hablar.
—¡Ahh! ¡Por favor no me mates! —rogó mientras cubría su rostro temeroso de su amigo.
Los gritos y lloriqueos habían llamado la atención de todos, pero para mala suerte del peliverde, ni
Kirishima o Shōto se encontraban en cubierta; ellos junto con Mirio, Iida y Sero se reunían unas
cuantas veces para repasar o hacer mejoras en el plan. Justo a donde se acababa de marchar el bicolor.
—¿Qué esta pasando? —Mina se acerco curiosa a los tritones, atraída por los gritos.
—Nada. No esta pasando nada —bufo el rubio para después decirle apático al peliverde—: Porque no
le preguntas a la extra, Deku. Al parecer ella sabe más, a mi déjame en paz. —Entonces soltó a Nozomi
y se fue dejándolos solos. Claramente estaba molesto con ambos.
—Si, no fue nada —Ambos se sonrieron— Kacchan... ¿También esta molesto contigo?
—¿Hm? ... No lo sé. Se puso mal después de lo que hablábamos las demás chicas y yo —decía
mirando pensativa en dirección a donde se había ido el rubio.
—Ah... b-bueno...
Y ahí iban otra vez, las mejillas de Nozomi se encendieron en rojo y los murmullos y manoteos
empezaron. El pequeño no sabia bien que responder, él creía que todo lo que hacia Todoroki era para
"cortejarlo" tal vez ellos lo llamaban "salir" pero no sabia cuanto tiempo le tomaba a los humanos ese
proceso, o que nuevas cosas tenia preparado Todoroki para él, por eso se había acercado a Katsuki;
quería saber si todos los humanos actuaban de igual manera, porque él solo estaba siendo guiado a
ciegas por el mitad albino, aunque Todoroki lo confundía, como hace unos segundos o cuando entre
sueños lo llamaba. Entonces creyó conveniente preguntarle a Mina, pues ella era humana, tal vez pueda
ayudarle.
—¡Claro!
Ante la afirmativa respuesta se sintió más confiado, y después de darle vueltas al asunto, decidió
preguntar algo simple.
—Oh... —Mina lo pensó detenidamente, luego su expresión cambio a una de asombro—. ¡Oh! ¡¿Estas
diciendo que no sabes si sales con Todoroki o no?!
—Ah, no yo...
Hizo dramáticas poses para luego arrastrarlo con las otras marinas a discutir sobre su romance con el
capitán. Midoriya no sabia en lo que se estaba metiendo. 1
ɷʚ♥ɞɷ
En la cabina del capitán se debatía sobre la mesa, el posible implicamiento del rey con los piratas, así
como que todo lo dicho por Chisaki podría ser falso. Esta vez sobre-estudiaban cada posibilidad y sus
consecuencias, querían estar bien preparados, esperando obtener menos sorpresas.
Terminada la reunión, Todoroki estaba apunto de salir para ir en busca de Nozomi, pues tenia algo
importante que decirle sobre su llegada a Yuuei, pero fue detenido por Kirishima.
—Capitán... ah digo, Todoroki —corrigió recordando que no le gustaba ser llamado por títulos—, se
que esto sera una indiscreción a tu vida privada, pero... —dijo dudando. Eijiro entendía que Todoroki
estaba con el tritón peliverde, por lo tanto compartían situación—. ¿Cómo es que haces para mantener a
Midoriya feliz? Nunca se enoja contigo y yo no se que hacer para evitar que Blasty se moleste; estoy
desesperado ¡Ayuda! 12
Dicho eso se colgó de las ropas del príncipe en un acto de genuina desesperación, sorprendiendo un
poco al de cabello bicolor. Kirishima no lograba entender que esa mañana ellos dos estaban bien,
viviendo su secreto romance, pero de pronto Blasty comenzó a actuar distante y agresivo, más de lo
normal, incluso cuando estaban solos.
Y aunque Todoroki no tenia ni la menor idea de como ayudarle con Bakugo, dijo lo primero que se le
ocurrió.
—Mm... Si tú lo dices —Él no podía entender los gustos del pelirrojo, pero no era quien para juzgarlo o
decirle algo, entonces pensó en algo que quizá le ayudase—. Podrías hacerle una cena como la que yo
le organice a Midoriya... aunque fue Sero quien me ayudo.
—Si, de seguro le gustará... Creo... —Se detuvo ante el recuerdo de Nozomi mencionándole de los
cuentos que Eijiro leía a Katsuki por las noches—. Creo que yo también debería darte las gracias.
—Nozomi estaba bastante complacido con los cuentos que le leí anoche, eso fue gracias a que te
escucho hablar de eso con Bakugo. Oh, lamento que nos enteráramos así. 10
Todoroki dijo todo eso bastante serio, pero Kirishima de inmediato se puso nervioso, su rostro
competía con el color de su pelo y comenzaba a tartamudear.
—B-bueno... 3
Se sentía descubierto, y algo incomodo por las declaraciones del mitad albino, ¿Cómo podría escapar
de esa situación? ¿Y eso quería decir que Midoriya y Todoroki ya habían tenido algo más? No quería ni
preguntar, además, la tranquila expresión del otro no le daba ni una pista.
—¿Eh? —dijo confundido, ¿de que hablaba realmente Todoroki? Aunque, se sentía extrañamente más
aliviado—. No, yo... no creo tener ningún libro —hablo con verdad, pero entonces la sospecha surgió
en Todoroki.
—¡¿Qué tú Qué?! —grito sorprendido—. Ay no, ahora la imagen vendrá a mi mente, no no no no. 11
—¿Qué tiene de malo? —Todoroki no estaba entendiendo porque Kirishima se tomaba de los cabellos
desesperado.
—De esas cosas no debería enterarme —decía caminando de un lado a otro para luego señalar acusador
con su dedo indice al de cabello bicolor—. Y tú no deberías andar diciéndolas así a la ligera. Son cosas
intimas.
—¡Oh dios! —Se golpeo la frente con la palma de la mano. Eijiro estaba incomodo y sorprendido,
¿cómo era posible que esos dos no hablaran de esas cosas? Ahora tendría que tener la "charla" con
Todoroki, aunque está era una especial—. Veamos... 23
De un momento a otro, el pelirrojo comenzó a llenarlo con nueva información sobre los tritones que
había obtenido gracias a Katsuki, aunque por la prisa de terminar aquella incomoda situación resumió
todo como pudo, incluso olvido mencionar lo del embarazo. 5
Poco a poco, Todoroki sentía como el conocimiento lo iluminaba. Cada nueva verdad que era contada
por el contramaestre lo hacia entender más y más las charlas que tímidamente el peliverde sacaba de
vez en cuando, esas que habían cesado ya hace días. Se dio cuenta entonces que todo ese tiempo
Nozomi, su Nozomi había querido intimar con él, pero ni siquiera lo había entendido, si tan solo se
hubiese dejado guiar por sus sentidos como hace unas horas, tal vez él e Nozomi... Se sentía tan tonto,
pero es que él no había notado nada, y lamentablemente una palabra no ayudaba mucho, tal vez debería
preguntar más o leer entre lineas... Pero las cosas aun podían tener arreglo, ¿no? Después de todo
Nozomi no se negaba a sus caricias; ya arreglaría sus errores luego, por ahora se sentía más tranquilo,
la culpa de tener fantasías con el tritón había desaparecido gracias a la charla con el pelirrojo. 11
ɷʚ♥ɞɷ
—¿Seguras que esto le gustara a Todoroki? —dijo confundido mientras sostenía un trozo de ropa
blanca que las marineras le habían entregado, para el lucia demasiado pequeño, y no le encontraba
forma alguna.
—Carisma por cierto —completo Toru la frase de la pelirrosa, a lo que Jiro suspiro cansada. 15
—¿Se supone que me lo debo de poner? Porque no creo que esto me quede, se ve muy pequeño. —
Señalo un corsé con una muy diminuta cintura, aunque el no tenia idea de lo que era.
—Te veras divino con esto puesto, ¿Verdad Jiro? —dijo Mina a la chica que permanecía callada,
tratando de no inmiscuirse tanto en sus asuntos.
—Seguro que si —respondió, la pelinegra no sabia ni porque ellas tenían esas cosas de todos modos, o
siquiera porque la arrastraron a ella en todo eso, si estaba más perdida que el mismo Todoroki.
—S-si pero, no estoy seguro de esto —Nozomi no entendía como esos raros trozos de tela le serian de
ayuda—. Yo no quiero obligar a nada a Todoroki. Creo que mejor no, además...
—Ni hablar —refuto Toru—, él prometió cortejarte, y ahora que nos has explicado de que va la cosa, es
su responsabilidad como caballero cumplir su palabra. 5
—Yo no creo que el capitán supiera lo que decía —dijo con certeza Jiro.
—Pero lo dijo y eso es lo único que importa —Mina resto importancia a lo dicho por la pelinegra para
continuar aconsejando al peliverde que sostenía curioso la ropa—. Midoriya, tú solo usa esto en la
noche y ya, ¿entendido?
—No tienes que decirlo, siempre estaremos dispuestas a ayudarte, ¿cierto chicas? —pregunto Mina.
—¡Claro!
Luego de la charla y consejos, el peliverde salio bastante confundido del camarote de las marinas,
llevando las ropas consigo. Tenia planeado seguir sus indicaciones, después de todo ellas eran las
humanas. Se dirigió a la habitación que compartía con el príncipe y las guardo en un baúl, en eso
Todoroki entro sorprendiéndolo.
—¡Ah Todo...! digo, Shōto, ¿qué sorpresa? —hablo entre risas nerviosas poniéndose de pie.
—¿Qué tienes ahí? —Señalo el baúl todavía abierto. Al darse cuenta el tritón lo cerro antes de que la
heterocromática mirada se posara en su contenido—. ¿Estas escondiendo algo? 3
—N-no nada —contesto, pero eso no dejo conforme a Todoroki que lo miraba suspicaz, por lo que se
vio obligado a contarle una verdad a medias—. Es... una sorpresa... y no puedes verla.
El rostro del mitad albino se ilumino de felicidad y asombro. Nozomi le había preparado una sorpresa,
a él. No podía sentirse más dichoso y ansioso por saber que era. 8
—Luego, luego —menciono risueño mientras lo tomaba del brazo para distraerlo y llevarlo lejos del
baúl—. Dime, ¿para que me necesitabas?
De a poco Nozomi comenzaba a sentirse cómodo en el mundo humano, probando nuevas cosas y
descubriendo otras. La merienda fue buena, como siempre Denki había hecho un buen trabajo con ello.
Ahora estaban conversando sobre cualquier banalidad, aunque era Nozomi quien más hablaba, Shōto se
dedicaba a escucharlo con devoción. Más tarde practicarían un poco de combate, antes de que cayera la
tarde. 2
ɷʚ♥ɞɷ
La noche estaba en apogeo. El príncipe se había retrasado a la hora de dormir debido a que tenia que
arreglar los horarios de los marinos para hacer guardia.
Esos minutos extra fueron aprovechados por Nozomi que ya estaba en la habitación. Quien nervioso
veía el baúl abierto; estaba dudando si usar eso o no. Todoroki ya le había visto desnudo antes, ¿por qué
usar algo como "Lencería" seria diferente? Claro que en aquel entonces se acababan de conocer, pero...
¿No seria mejor simplemente quitarse la ropa y ya? Bueno, el no era humano y no entendía como
funcionaban esas cosas; quizá si deba usar la ropa. Pero... ¿Y si eso era cómo un tipo de encantamiento
o algo? Él no quería obligar a Todoroki a nada, si fuera el caso ya hubiera utilizado su canto hace
mucho. No, él no era como las sirenas que les gustaba divertirse con los marineros. Él de verdad amaba
a Todoroki... ¿Todoroki lo amaría igual? Pero que cosas estaba pensando, claro que lo hacia, ese no era
el problema, la cosa era si insinuarse una ultima vez al príncipe, o seguir esperándolo... Entonces, ¿qué
hacer?
Los dilemas del tritón eran grandes. El tiempo se agotaba, y en cualquier momento Todoroki aparecería
por la puerta y él aún no estaría listo.
Con todo y sus dudas tomo una decisión y comenzó a desvestirse. Las prendas resbalaron por su piel
hasta el suelo. Con cuidado tomo las bragas y se las coloco; ahora tenia que ponerse lo que para él lucia
como un instrumento de tortura. Justo como le había explicado Mina, intento de varias formas
colocarse la prenda, pero tras un rato se rindió ante la complicada labor, esperaba que eso no
disminuyera su efecto. Devolvió toda la ropa que no usaba al baúl, y encendió unas velas para luego
colocarse en alguna extraña posición sobre la cama, justo como le habían explicado. Estaba lleno de
nervios, algunas dudas rondaban su cabeza, pero solo dejaría que pasara lo que tuviera que pasar, bueno
o malo; aunque con Todoroki nada podría parecerle errado. 12
Espero, espero y espero. Pero Todoroki se estaba tardando demasiado, entonces comenzó a sentir algo
de frío, y por un segundo pensó en buscar ropa que lo abrigara e irse a dormir, pero no quería
desaprovechar los consejos de Mina, este seria su ultimo intento; por lo que busco una de las camisas
del príncipe con la cual abrigarse para luego volver a la cama.
Se sentó nuevamente entre las suaves telas, retomando la misma posición, se dedicó a esperar una vez
más, perdiendo su mirada en la luz de las velas que se derretían, para entretenerse un rato. 2
—Lamento la demora, pero esq... —Entro de pronto el príncipe y no pudo continuar hablando al ver a
un Nozomi sobre la cama sonrojado y usando una de sus camisas, la prenda no estaba abotonada, por lo
que podía ver perfectamente la piel de seda que había conocido en su primer encuentro y sus delicadas
piernas descansaban semienvueltas entre las sabanas—. ¿Nozomi?
Capítulo XVII:
Cortejarte
Todoroki regresaba fastidiado a su habitación; le había tomado más tiempo del que habría querido, ya
que Kirishima se negaba a hacer guardia esa noche pues se había reconciliado con Blasty—quien sólo
estaba un poco resentido por las palabras de Mina, eso y que el tritón quería las mismas atenciones que
el príncipe le daba a Deku, cosa que Eijiro ya había arreglado—, por lo que después de una larga
negociación llegaron a un acuerdo. 4
Él creía que para ese entonces Nozomi ya estaria dormido, pero vio algo de luz por debajo de la puerta
del camarote, tal vez Nozomi lo estaria esperando. Con esa idea en mente entro disculpándose por la
tardanza. Pero al ver la exquisita imagen ante él las palabras murieron en su boca.
Estaba justo ahí, frente a él; semi recostado, sus brazos sosteniendo su peso en la cama y las sabanas
destendidas por debajo de sus rodillas, ambas piernas juntas pero algo levantadas, recelosas ocultando
su intimidad. Algunas velas iluminaban desde un rincón la cama donde yacía un sonrojado Nozomi,
mordiéndose el labio inferior de los nervios, usando solamente una de sus camisas. La prenda dejaba
ver parte de su pecho y se deslizaba dejando al descubierto uno de sus hombros, desde la punta de los
pies hasta sus alborotados cabellos, Nozomi lucia como un ángel, etéreo, tal cual en los sueños de
Todoroki, ¡no! Mejor que sus sueños. El bicolor se permitió observar a detalle la obra maestra; algo que
por respeto no había hecho al conocerle. Pero ahora era diferente, conocía de las inquietudes del
peliverde, mismas que él tenia pero trato de ignorar. 8
—¿Nozomi?
El mencionado se sobresalto, se sentía más nervioso que antes y la vergüenza teñía sus mejillas; pero
Nozomi no se retractaría de sus decisiones. No, este seria su último intento. Entonces las delicadas
piernas del tritón se entreabrieron solo un poco para mostrar la tela de un blanco tono que cubrían su
intimidad.
—Shōto —lo llamo con voz baja, mirándolo con lascivia y extendió su mano hacia el príncipe,
invitándolo a acercarse—, te estaba esperando. —Una tímida sonrisa acompaño la frase.
Todoroki sentía que se incendiaba. ¿Era en serio? O solo era otro de sus locos sueños. Sin duda tenia
que comprobarlo; entonces se acerco lentamente, tratando de no espantar su fantasía. Subió a la cama y
gateo hasta el peliverde, viéndolo a los ojos, expectante y temeroso de despertar, hasta estar a
centímetros de su rostro. 11
—¿Es un sueño?
Nozomi rió juguetón mientras acaricio el rostro de su pareja, cubriéndose las mejillas que rojas
resaltaban sus pecas.
—Oh Nozomi, me encanta —murmuró cerca de sus labios sabiendo lo que quería. 17
No espero más y se aventuro a besarlo. Se acomodo con cuidado sobre el peliverde, mientras acariciaba
las descubiertas piernas. Nozomi se recostó mientras enredaba los dedos en el cabello del otro para
profundizar el beso; Shōto mordió levemente el labio del menor, quien soltó un suave gemido
entreabriendo más la boca para darle acceso a la traviesa lengua del bicolor, que ansiosas exploraba su
cavidad; sus lenguas se entrelazaban, probándose, saboreando su amor.
Tras el acalorado beso se separaron en busca de aire; sus respiraciones agitadas, mientras la intensa
mirada heterocromática se perdía en la esmeralda llena de deseo.
—¿Estas seguro? Una vez que inicie no voy a detenerme —le advirtió—. Nozomi, voy a tomar todo de
ti.
El tritón suspiro.
—E-esta bien —decía agitado—. Soy todo tuyo, Shōto. Entrégate a mi.
Esas palabras en su voz fueron todo lo que necesitaba. Con el permiso del otro, Todoroki cazo sus
labios otra vez, mientras quitaba la camisa por completo del pecho del tritón para luego sujetar sus
manos contra la cama; comenzando a repartir besos por toda la piel de seda. Un beso por cada peca que
encontraba. ¿Cómo es que no se lanzo a devorarlo en aquella cabaña? Lamió entonces un rosado botón
que ya estaba bastante erecto para luego chuparlo y morderlo con cuidado. Nozomi se estremeció ante
la humedad, soltando melodiosos sollozos mientras inconscientemente abría más sus piernas. Cuando
hizo aquello Shōto noto que sus pezones—y su propio miembro—no eran lo único erecto; soltó las
manos que aprisionaba y descendió entre besos y caricias hasta su vientre para luego quitar con
desespero la blanca prenda. De inmediato la erección de Nozomi salto a su vista, mientras este se
mantenía con los ojos cerrados, jadeando y muy sonrojado. Todoroki, sentía las ansias de probar el
miembro de su pareja; tomo sus piernas y alzo una para besar y morder el muslo interior de estas.
—Nozomi...
Ambas miradas se encontraron entonces, no había más que deseo en sus iris, la mirada dispar advertía
de su siguiente movimiento. Entonces descendió por su piel entre besos hasta el falo donde primero
beso la punta para luego lamerlo a su antojo y engullirlo completo, paseando su lengua desde la base
hasta la punta. 1
Los jadeos y sollozos del tritón inundaban la habitación, temblaba y sujetaba las sabanas con fuerza
mientras Todoroki separaba sus piernas. Nozomi nunca había sentido algo como aquello, la cálida boca
de Todoroki lo hacia sentir en la gloria y su entrada comenzaba a sentirse húmeda, ansiosa,
preparándose a recibir al príncipe.
Todoroki no respondió, y antes de que el peliverde terminara el bicolor le dio la vuelta; Nozomi
inundado en deseo, apoyo sus rodillas y rostro en las mantas para quedar expuesto ante el príncipe,
arqueando su espalda tanto como podía, ofreciéndose para ser tomado. Todoroki se deleitaba con la
vista. La aprisionada y dolorosa erección del mitad albino rogaba ser liberada en la húmeda entrada que
se contraía, ansiosa por ser llenada.
Se deshizo de su prenda superior y desabotono un poco su pantalón; se agacho entonces hasta el cuello
del otro para repartir besos, Nozomi volteo su rostro para buscar la boca del príncipe, unieron sus
labios y entrelazaron su dedos; Nozomi guiado por su instinto restregaba desesperado su trasero en la
entrepierna de su pareja. 4
—Estas ansioso —afirmó al terminar el beso. Entonces acaricio uno de sus glúteos y llevo su índice a
su entrada, indroduciendolo de a poco, provocando suspiros al contrario. Cuando un segundo dedo fue
introducido el tritón gimió en respuesta. La humedad era palpable para Shōto, quien movía sus dígitos
en el interior de su pareja, y con su otra mano masturbaba el miembro de Nozomi, provocando
entrecortados suspiros. Todoroki repartía besos por las pecas en sus hombros y espalda, mordiendo de
vez en cuando la piel.
—Sho-shōto —le rogó con voz lasciva, sus mejillas ardiendo y su ojos entrecerrados, nublados en
deseo, se froto una vez más contra él—, lo quiero. 9
Todoroki dejo su labor para sujetar con una mano las muñecas de Nozomi, separo las piernas del tritón
mientras desabrochaba por completo sus pantalones, liberando al fin su palpitante miembro bañado en
pre-seminal. Volvió a inclinarse para hablarle al oído, y su erección rozo por entre los glúteos del
peliverde, empapándose en los fluidos del otro, el tritón jadeo ante la caricia y movió sus caderas
buscando ser penetrado, haciendo fricción en el miembro de Shōto.
El contrario se estremeció ante su cálido aliento y gruesa voz; solo pudo responderle con jadeos cuando
Shōto comenzó a besar y morder su cuello, acariciando desde su pecho hasta su erección.
Todoroki sujeto al pequeño debajo suyo, pues este se movía impaciente. Cuando el peliverde se quedo
quieto, el bicolor coloco su miembro en la húmeda entrada, comenzando la lenta intromisión. Nozomi
mordió fuertemente su labio, sentía como era llenado poco a poco, el falo de su pareja abriéndose paso
dentro de él, no podía ver pero lo sentía grande, sus piernas temblaban pero Todoroki lo sujetaba con
fuerza, dolía un poco al ser su primera vez, pero estaba demasiado excitado, tanto que su dolor se
confundía con el placer. 6
—Nozomi...
La voz grave de Todoroki estremeció al pequeño, enviando una oleada de placer que revoloteo en su
vientre, provocando que su entrada se humedeciera más y que sus caderas comenzaran a moverse
impacientes.
El bicolor de inmediato comenzó las embestidas, y tomando fuertemente de las caderas al peliverde
comenzó el vaivén. Primero lento, entrando y saliendo, sintiendo lo estrecho que era Nozomi,
aprisionando su miembro, contrayendo su esfínter reacio a soltarlo cuando se retiraba, solo para
recibirlo gustoso cuando volvía a entrar.
La temperatura aumentaba, el sudor perlaba sus cuerpos y los jadeos agudos y graves se
entremezclaban con el de sus cuerpos al unirse.
Repentinamente Todoroki salio de su interior para darle la vuelta; abrió sus piernas y volvió a
acomodarse entre ellas.
Robo un beso desesperado, acallando los gemidos y penetrándolo de una sola estocada, Nozomi se
estremeció y comenzaron de nuevo las embestidas. Esta vez un tanto más desesperadas.
—Te amo... Nozomi... Te amo... —decía entre jadeos, tratando de recuperar el aliento, mientras repartía
simples besos en su cuello y rostro.
Nozomi estaba igual, su pecho lleno de pequeñas mordidas subía y bajaba tratando de regular su
respiración.
Unieron sus labios otra vez, en un beso lento y afable, mientras Todoroki se retiraba de su interior,
provocándole un ultimo quejido que quedo atrapado entre el beso.
—Lamento no haber entendido antes tus deseos, y complacer tus necesidades —dijo repartiendo más
besos y mirándolo a los ojos.
—Cortejarte. 7
—¡Ah! eso... yo... —Aparto el rostro algo apenado, sus mejillas ardían otra vez.
—De ahora en adelante, dime cada vez que me necesites —Lo tomo de la barbilla atrayendo su rostro
para que le viera y un tierno beso fue dado en las rojas mejillas del peliverde—. Estoy aquí para
cumplir tus deseos —dijo para aprisionar sus labios.
Algo en esas palabras encendieron de nuevo a Nozomi, quien en un rápido movimiento invirtió las
posiciones quedando el mitad albino abajo. Midoriya le veía travieso pero tímido y sonrojado, montado
arriba de él, con los verdes cabellos revueltos y las marcas por su cuello y torso.
—En ese caso... ¿Puedes tomarme otra vez? —pidió suavemente, paseando su dedo índice por el pecho
del príncipe. 16
Esa noche en alta mar, los dos amantes crearon su paraíso perfecto más de una vez. Entregados en
cuerpo y alma a su amor. 4
ɷʚ♥ɞɷ
La última mañana llego al fin.
La brisa salada se sentía en el aire y algunas gaviotas sobrevolaban el barco, símbolo de que estaban
cerca de tierra firme. Todos trabajaban en cubierta, y aunque ya casi era medio día, ni Shōto o Nozomi
habían salido del camarote.
—¿Dónde esta el capitán? Necesito consultar algo con él —preguntaba Denki, quien se paseaba por el
barco con un par de peces en la mano y un cuchillo en la otra.
Mina—quien lavaba la cubierta— escucho todo eso; y haciendo cuentas y algunas observaciones noto
que también faltaba Midoriya. Algo hizo clic en su mente para dejar lo que hacia y salir en busca de las
otras marinas. Solo para encontrarlas en la bodega re-acomodando algunos barriles. 1
—¿Qué?
Las dos chicas seguían confundidas mientras Mina las miraba emocionada.
—¡Oh! Espera... ¡¿Es por eso que ninguno ha aparecido por la mañana?! —Toru al fin había entendido,
y se acerco expectante a la pelirrosa en busca de una respuesta.
—¡Si, si!
Las dos chicas estaban sorprendidas y sonrientes; mientras Jiro aún no sabia por que tanta emoción.
—Pasa que soy la mejor consejera amorosa del reino, que digo reino, ¡del mundo! —Se alabo a si
misma Mina, muy orgullosa de si.
—Así es mi querida Jiro, cuando toda esta odisea termine, abriré un consultorio y me convertiré en
casamentera. Y mi primer historia de éxito serán la familia real. 8
—Pero ellos dos ya estaban saliendo desde antes sin tu ayuda, ¿no? 1
—Jiro, Jiro, Jiro... Jiro —menciono en forma desaprobatoria mientras pasaba su brazo por los hombros
de la pelinegra—. Si, ya estaban saliendo, pero, ¿quién logro que esos dos tuvieran su luna de miel
adelantada?
—¡Fuiste tú Mina! 4
—¡Exacto Toru! —señalo emocionada a la marina que respondió acertada—. Por lo tanto eso me hace
una excelente casamentera. Pero descuiden que las incluiré en mi negocio; ustedes pueden llevar el
registro de clientes, citas y esas cosas.
—¡Si!
Mina estaba bastante segura de que su negocio seria un éxito. Aún no estaba confirmado que Todoroki
y Midoriya hayan intimado pero ella ya se sentía victoriosa teniendo el primero de sus éxitos como
consejera. Toru la apoyaba y estaba igual de emocionada, mientras Jiro les seguía el juego y suspiraba
cansada. 1
—¡Mina! —Un grito en la voz de Iida se escucho hasta la bodega, asustando a la mencionada—. ¡No
deberías dejar el trabajo a medias, es algo muy irresponsable!
—Ah... Creo que sera mejor volver al trabajo —hablo la pelinegra para volver a mover barriles junto a
Toru.
Mina suspiro para volver a cubierta con pasos monótonos, solo por esto es que extrañaba y odiaba a
Mineta, ahora ella tenia que hacer el trabajo por ese sucio traidor.
ɷʚ♥ɞɷ
La puerta de madera estaba siendo tocada insistentemente desde hace un buen rato, sin que eso le
importara realmente.
Comenzaba a despertar. Las sabanas eran tibias y el mullido colchón demasiado cómodo para moverse.
Entre sus brazos descansaba un pequeño que se pegaba a su cuerpo en busca de calor.
Sonrió al ver la peculiar cabellera, risada y enredada. Hundió su nariz en ella y aspiro el dulce aroma
del tritón.
—No digas tonterías pelos de mierda. ¡Quítate! —gruño una voz molesta, y luego la puerta fue
golpeada con mayor insistencia—. ¡Bastardo mitad y mitad, Deku de mierda, dejen sus porquerías para
después que ya estamos por llegar!
—Oye viejo dales privacidad —Era la voz de Kaminari—. Nosotros no los molestamos a ti y a
Kirishi... 6
—¡Kirishima salvame!
—¡Bakugo, no puedes matar a la tripulación! —La voz de Iida se alejaba junto a las otras.
Los gritos tras la puerta estaban irritando a Todoroki, y el pequeño tritón comenzaba a removerse, a
punto de despertar por el escándalo.
—Buenos días bello durmiente —hablo con encanto mientras besaba su frente.
—Buenos días Shō —dijo aún algo adormilado, para luego sonreír.
—Ya es bastante tarde, ¿tienes hambre? ¿Te traigo algo de desayunar? —Ofreció mientras se levantaba
y se vestía.
Nozomi se cubrió con las sabanas al ver el desnudo cuerpo de su pareja, no es que fuera algo nuevo,
anoche lo había visto muy bien, aunque se avergonzaba un poquito de su comportamiento, el cuerpo de
Todoroki todavía tenia algunas marcas de rasguños y mordidas, además que sus caderas dolían un
poco. Estando debajo de las sabanas noto que él estaba igual. Aún cubierto por las telas respondió con
un cohibido si.
—Si, en un segundo salgo —respondió. Busco al pequeño oculto y lo beso cuando lo encontró.
Al salir se encontró con el rubio, él era el único, los gritos de los demás se oían por todo el barco. Lejos
se podía comenzar a distinguir las tierras de Yuuei. Entonces pidió a todos que se prepararan a arribar.
Mientras buscaba—y salvaba— a Denki para que preparara algo rápido para Nozomi.
Cuando volvió a la habitación el pequeño seguía envuelto—aunque había aprovechado para vestirse—,
mientras él llevaba en una bandeja el desayuno del tritón.
—¡¿En serio?! —grito descubriéndose, pues estaba demasiado emocionado porque al fin podría
rescatar a sus amigos y conocería el hogar de Shōto.
—Si, pero antes come —Todoroki le entrego el platillo que de inmediato Nozomi probo—, mientras...
Hay algo de lo que olvide hablarte. 9
Midoriya dejo de masticar para mirar el serio semblante del príncipe, eso lo preocupaba un poco.
—Cuando lleguemos al palacio te presentare como mi amigo ante mi padre —pauso para mirar el
desconcierto en el peliverde—. No lo tomes a mal, tú y yo seguimos siendo pareja, esto solo es para
protegerte, y si por mi fuera le gritaría al mundo que te amo y que pasare el resto de mi vida junto a ti...
Pero, es que aún no sabemos si podemos confiar en él. Ni siquiera le mencionaremos que eres un tritón.
Nozomi, perdón...
—Ah si... Tampoco podremos dormir en la misma habitación, ¡pero te visitare todas las noches! —
Shōto odiaba hacer eso, no quería separarse nunca de él—. Y te llevare a conocer el jardín de mamá, no
creas que lo he olvidado.
De pronto se escucho la voz de Tetsutetsu anunciando que habían arribado. Nozomi dejo de lado su
comida y se levanto para conocer el lugar; se tambaleo un poco, pues estaba algo resentido por sus
juegos de la noche anterior, aún así Todoroki le ayudo para salir y ver el castillo frente a ellos.
Habían llegado al fin. Yuuei los recibía con campos verdes y cielos despejados, listo para ser testigo de
más aventuras y de su amor.
Capítulo XVIII:
Bienvenidos a Yuuei
El oscuro lugar era bastante frió; las paredes opacas estaban cubiertas de moho, el duro suelo se
sentía húmedo y los grilletes eran molestos, por si fuera poco la magia de estos no les permitían
escapar.
—Shh ya, ya, todo estará bien —La abrazo con más fuerza, tratando de calmarla entre sus brazos. La
pequeña se aferraba a sus ropas, acurrucándose y ocultándose temerosa del mundo—, papá pronto
vendrá y todo estará bien... Estaremos bien.
Llevaban meses en cautiverio, siendo trasladados de un lugar a otro, con un futuro incierto y temerosos
de su final. Ellos no eran los únicos en el calabozo, por lo menos había un par de hadas, unos cuantos
elfos y dos jóvenes chicas que habían llegado hace poco. Cada celda estaba conectada por un largo
pasillo iluminado por fuego azul, el pasadizo conducía a unas escaleras que probablemente llevaban a
la libertad tan ansiada por todos en la prisión.
Unos pasos resonaron en el lugar, y una aguda voz tarareaba una canción que se acercaba cada vez más.
Él sujetó a la pequeña con mayor fuerza, en un intento de protegerla con su cuerpo.
Pero en el umbral de las escaleras se podía ver la figura de una chica un tanto bajita, con el cabello
recogido en dos chongos por sobre su cabeza.
—¡¿Cómo están mis prisioneros favoritos?! —grito eufórica con una sonrisa siniestra. Según tenia
entendido, esa chica era una aprendiz de hechicería, la culpable de haber inhibido sus poderes con
aquellos grilletes mágicos—. Espero la estén pasando bien; hoy les traje sorpresas.
La chica sostenía un bolso entre sus manos, que mostró orgullosa para luego pasearse feliz por el
corredor. La luz azul dejo ver sus brillantes ojos amarillos y los pequeños colmillos que sobresalían en
la mueca de su boca. Paso de lado la celda donde ellos se encontraban para llegar hasta el fondo, y se
detuvo frente a los barrotes que la separaban de su interior.
ɷʚ♥ɞɷ
El muelle de Yuuei era un poco más grande que el de Chiba, se podían contar más de un barco como en
el que habían navegado. Nozomi miraban con asombro el lugar. Desembarcaron a unos metros del
acantilado donde en la cima se alzaba imponente el castillo del rey. Algunas personas los estaban
recibiendo, gustosas de tenerlos de vuelta. Las señoritas gritaban eufóricas al ver a los valientes
marinos y los hombres los vitoreaban, pues como había supuesto Todoroki, las historias de sus hazañas
habían llegado a oídos de los pobladores del reino, por eso todos habían corrido a su encuentro desde
Eiyuu cuando unos pescadores avisaron de la llegada del príncipe Todoroki al reconocer el navío a la
distancia. Nozomi no podía creer lo popular que era Shōto en su tierra natal, sin duda seria un muy
querido rey.
De entre todos los marinos, Kaminari descendía primero con un porte orgulloso, dispuesto a ser
perseguido por todas las chicas, pero fue ignorado apenas Todoroki toco tierra. El pobre rubio no podía
creer que él fuera desplazado así como así. 1
—¿Es en serio? ¿Otra vez? —exclamo sorprendido viendo como todas rodeaban a los demás, en
especial al mitad albino—. Pero si él ya ha sido ocupado por Mid... 2
—¡Cierra la boca estúpido! —Bakugo apareció para golpearlo antes de que hablara de más, pues
Todoroki les había pedido guardar silencio por la seguridad del tritón.
—¡Ah! Pero no tenias por que golpearme —dijo mientras se sobaba la cabeza, pero Bakugo lo ignoro.
—Kaminari, si Blasty no te hubiese golpeado seguro habrías cometido un grave error. —Apareció
Kirishima saliendo del gentío, ignorando algunas mujeres que salieron huyendo apenas ver la expresión
de odio que les dirigía el rubio tritón; a él ni siquiera se le habían acercado porque todo su ser gritaba
un claro y amenazante: "aléjate o te matare".
—Si pero...
—Debes ser más cuidadoso Denki —lo interrumpió Sero para regañarlo.
—Pero...
—¡Oigan! ¿Deberíamos adelantarnos o también nos presentaremos ante el rey? —Volvió a interrumpir
Mina al quejumbroso rubio.
—Mmm... Mejor le preguntamos a Todoroki —sugirió Jiro que llegaba a su lado acompañada de Toru.
—Si, solo esperemos a que los dejen en paz —menciono Toru mientras los demás asentían, viendo
como Tetsutetsu, Iida e incluso Mirio eran aclamados y llenados de elogios; mientras Todoroki trataba
de alejar a todos de un curioso y risueño Nozomi, procurando que no lo empujaran o apretaran tanto.
ɷʚ♥ɞɷ
Tras haber pasado el escándalo, la gente se retiro poco a poco, los regalos junto con algo de equipaje
fueron colocados en una carroza que Enji Todoroki había enviado a por ellos, además de algunos
caballos para los demás marinos.
Decidieron poner en marcha lo planeado: se separarían para cubrir mejor las tareas. Mina, Jiro y Toru
irían al pueblo de Eiyuu para instalarse en su casa y acondicionar un lugar para los nuevos huéspedes
—ayudadas por Tetsutetsu—, mientras esperaban para dar comienzo a la nueva búsqueda. Entretanto,
Sero, Kaminari y Mirio se pasearían por el lugar para tratar de reunir algo de información —aunque el
rubio cocinero solo buscaría alguna taberna para alardear de sus historias en alta mar y embriagarse un
rato.
Los restantes se dirigieron al palacio en el carruaje guiado por caballos. Midoriya había quedado
asombrado por los animales, le parecían tan majestuosos; Todoroki le prometió que más tarde le
enseñaría a montar uno.
Pero ahora, a punto de cruzar las puertas hacia el castillo, el tritón estaba nervioso por conocer al padre
del mitad albino, y aunque se presentaría como su amigo, tenia miedo de ser rechazado; ni siquiera
podía disfrutar del nuevo paisaje. Los campos verdes se movían con la suave brisa, los frondosos
arboles que adornaban el lugar eran más pequeños que los de Musutafu, pero había muchos al rededor
del camino, estaba cruzando un pequeño bosque. entre el follaje podía escuchar algunas aves cantar,
pero el galope y relinchar de los caballos los apocaba de vez en cuando. Entre el pasto que rodeaba el
camino podía ver alguna que otra mancha de color rosa, a veces azules, y otras amarillas; todo eso
enmarcado por el azul del cielo. La quietud de Yuuei era confortante, pero a él no le ayudaba a calmar
sus nervios.
Ambos príncipes estaban bastante serios, descansaban tranquilos pero ansiosos por encontrarse con el
monarca de Yuuei, y aunque no preguntarían de frente, esperaban hallar respuestas a las palabras de
Chisaki. 4
El rubio tritón se veía molesto como siempre, pero internamente ansioso de decapitar al rey de ser
necesario, todo con tal de lograr sus objetivos. Entretanto, Kirishima se veía más relajado, pensando en
posibles estrategias para calmar a su rubia pareja de ser necesario, pues sabia de su temperamento. 2
El viaje fue corto, cruzaron la cerca que aislaba al castillo del exterior. El jardín era bastante simple, y
en el piso un camino de piedra que rodeaba una fuente, los guiaba hasta el portón del palacio; el
carruaje se detuvo cuando estuvieron frente a la puerta. Bajaron uno a uno con calma, frente a ellos
estaban los guardias, atentos a cualquier orden que el príncipe les diera, y algunos sirvientes
comenzaban a bajar el equipaje y tomaban sus espadas para guardarlas; mientras, Todoroki envió a su
hombres a descansar, solo lo acompañarían Iida, Kirishima y los dos tritones.
El lugar se veía bastante grande; Nozomi estaba asombrado, levantaba su vista para ver los inmensos
muros del castillo, construido a base de grandes bloques de piedra, que le daban un aspecto gris claro,
casi blanco. En la cima, cerca de una torre, ondeaba un pequeño estandarte rojo.
Cuando al fin entraron, Todoroki se veía un tanto incomodo, pero con un porte decidido. Iida y
Kirishima aguardaban tranquilos al encuentro con el rey. Los tritones veían curiosos el inmenso lugar,
las paredes pulcras, tan altas, algunas armaduras de brillante metal que sostenían diversas armas se
hallaban recargadas en las columnas de los muros que separaban los amplios ventanales. En el techo
colgaban tres grandes candelabros, atados con cadenas a uno de los muros; las velas iluminaban bien el
oscuro lugar, reflejando su luz en el blanco a su alrededor. Los ventanales estaban cubiertos por esas
enormes telas negras. El piso era brillante y oscuro, cubría cada espacio de la inmensa sala que incluso
era más grande que la que Nozomi recordaba en Musutafu. El lugar se sentía frío, pese a que afuera el
sol de los últimos días de verano estaba en apogeo, volviendo cálido el ambiente. Avanzaron hasta el
centro del salón tras bajar unos cuantos escalones. Se dirigían a unas escaleras que parecían llevar a la
planta alta, pero entonces, al final de estas apareció un hombre de cabellos rojos, con ropajes pulcros,
portando un traje oscuro acompañado de unas botas color marrón; esta vez no llevaba la corona.
—Padre —hablo Todoroki, dirigiéndose al hombre que le veía con una inusual calma, para luego
pasear su mirada escrutante por los demás compañeros del príncipe.
Las cosas se sentían un poco tensas. Entonces Iida y Kirishima hicieron una reverencia, Nozomi copio
la acción; incluso el rubio los imito —muy a su pesar y algo obligado por el pelirrojo marino.
—Así que decidiste volver antes —dijo mientras descendía uno a uno los escalones—, ¿acaso te
aburriste de jugar al explorador?
—Nada de eso —respondió de inmediato el Todoroki menor, con algo de ira contenida—, simplemente
encontré lo que buscaba antes de tiempo.
—Eso me alegra —menciono al llegar a su lado, volteo a ver detrás del mitad albino y notando las
pocas personas que lo acompañaban dijo—: ¿No te designe más hombres cuando partiste de aquí?
¿Dónde están los demás?
Padre e hijo se miraron, Nozomi estaba sorprendido e incomodo con la situación, ¿era eso normal entre
los Todoroki? Mientras, Iida esperaba no tener que intervenir, no le gustaba para nada cuando esos dos
peleaban. Kirishima estaba asombrado del valor del mitad albino, siempre lo estaba cada vez que había
una disputa por diferencia de opiniones entre ellos, pues Todoroki siempre defendía su punto de vista
ante su padre. Bakugo simplemente esperaba ver sangre correr. 10
Las cosas no pasaron de unas miradas desafiantes —para suerte de unos y desgracia de otros—,
entonces Enji paseo su fría mirada por entre los extraños.
—Son amigos —hablo de inmediato Shōto—, ellos se nos unieron en el camino y me acompañaron en
mi viaje.
Se viro para acercarse al peliverde, le dedico una tierna mirada y una leve sonrisa, misma que sirvió
para calmar un poco al tritón, cuando estuvo a su lado lo tomo por la espalda y se volteo a su padre
para decir:
—Él es Midoriya Nozomi, un amigo. —Le costo decir eso, negar al peliverde era algo difícil.
—E-es un placer. —El mencionado se inclino nuevamente, tal y como lo habían hecho los demás tan
solo unos minutos antes. Todoroki vio entonces al rubio para presentarlo con apatía.
—Y él es Bakugo Katsuki.
A diferencia de Nozomi el rubio no había hecho ninguna reverencia, ni siquiera había contestado, y no
pensaba hacer nada hasta que Eijiro intervino nuevamente, forcejeando un poco para obligarlo a hacer
una leve reverencia. El rey hizo una mueca con disgusto, pensando en que su hijo había triado a unos
bárbaros como amigos, al menos el peliverde se veía más decente; de todos modos una mujer era lo que
debió traer, necesitaba una compañera con la cual gobernar, pero ya se encargaría de eso después. 14
—Como sea. Pueden ir a instalarse en alguna recamara en el área de servicio, más tarde los veré a ti y a
Iida en el comedor para la cena.
Dicho eso recibió una ultima reverencia a modo de despedida; entonces Kirishima tomo a Bakugo para
que lo siguiera fuera del castillo, ya que esas habitaciones estaban en otro edificio—él ya tenia una
recamara en aquel lugar, misma que compartiría con su pareja—. Enji estaba a punto de retirase cuando
escucho a Shōto decir:
—Midoriya, tú puedes tener una recamara en el segundo piso, no tienes porque ir con ellos. —E invito
al peliverde a que lo siguiera, en eso el rey volteo con cara de desconcierto, viendo como ambos se
dirigían hacia las escaleras.
—¿Por qué el se quedara en el castillo? —pregunto llamando la atención de los chicos, deteniendo
incluso a Iida, quienes eran los únicos en el lugar—. ¿De casualidad tu amigo es un príncipe de tierras
lejanas o goza de un titulo?
Midoriya estaba asustado, creía que seria descubierto en cualquier omento, pero se mantenía firme al
lado del príncipe. Por otra parte Iida estaba nervioso, no creyó que el bicolor haría algo tan temerario
sin esperar a que sospecharan de ellos; pero sorprendentemente el Todoroki menor estaba en calma,
como siempre.
—No necesita nada de eso. Es un buen amigo y a él le debo incluso mi vida... —pauso recordando la
vez que lo salvo al caer del barco y golpearse la cabeza—. Confío en él, por eso quiero darle una
habitación en el castillo.
El silencio reino unos segundos; luego el rey suspiro, parecía convencido de aquellas palabras. 1
—Bien. Los esperare a los tres en la cena —dicho eso se retiro por un pasillo, el mismo que llevaba a la
habitación del piano; solo esperaba que la repentina llegada de su hijo no causara problemas. 1
Todoroki observo cada movimiento de su padre hasta que lo perdió de vista, entonces el de lentes se
acerco a ellos.
—Lo sé. Pero conozco al viejo, puedo manejarlo un poco. —Nadie dijo nada más.
Decidió llevar a Nozomi a su nueva habitación, pidiéndole que lo siguiera por las escaleras. Iida se fue
por otro corredor, guiado por una sirvienta de cabellos blancos y piel morena.
Nozomi seguía a Shōto por los pasillos del segundo piso; aún tenia algo de frió y se abrazaba a si
mismo en busca de calor. Sus pasos y los del príncipe resonaban en el piso; podía ver algunas pinturas
en la pared, no reconocía a nadie, pero si notaba el cabello rojo que se repetía en la mayoría de retratos,
y los estoicos rostros con ojos azules impregnados en fiereza. Muchas de las cosas que se encontraban
en el hogar de Todoroki se precian a las que descansaban debajo del mar: algunas sillas, mesitas o
bandejas doradas. Nozomi no dejaba de ver a su alrededor. Los candelabros alumbraban su camino, tal
paresia que en todo el lugar las ventanas permanecían cubiertas. 3
—Esta de aquí es mi habitación —dijo sacándolo de sus pensamientos y señalando una puerta—,
puedes venir cuando quieras.
El tritón asintió feliz. Entonces revisando que no hubiera nadie cerca, el príncipe tomo su mano para
llevarlo por entre el pasillo a la recamara contigua.
—Esta de aquí sera tuya. —Abrió la puerta para dejarlo pasar primero.
El lugar era más grande que el camarote que habían compartido, incluso la cama era mayor y ahora no
tendría a Todoroki para compartirla, las mantas eran de un tono beige y se veían bastante suaves; la
cama estaba cubierta con una extraña armazón y telas del mismo color—Nozomi no lo entendía pero
eso era un dosel—, pudo notar también un sillón, una mesita con velas y un espejo en la pared, además
de un armario recargado en una de las paredes de color grisáceo, en el piso había una alfombra marrón.
—Y mira esto —dijo entusiasmado mientras descubría las cortinas, revelando el azul de las olas, y un
pequeño balcón—, tienes vista al mar, además este balcón esta conectado al mio, así podre visitarte
todas las noches... Si así tu lo deseas, no quiero que pienses que... 3
—Claro que me gustaría que me visitaras, así no estaría solo en esta gran habitación.
Todoroki no lo pensó dos veces y lo beso. Ahora que estaban bajo el techo de su padre cada momento a
solas era valioso, y esos instantes serian los únicos donde podría abrazar y besar a su pareja; esperaban
poder ocultar su gran amor entre cuatro paredes.
—Nozomi... —susurro al separarse; el tritón lo veía con esos expresivos ojos verdes que tanto amaba,
se permitió perderse en ellos y olvidar por completó lo que quería decir—. Mandare a que te traigan
ropa para la cena —dijo lo primero que se le ocurrió. El peliverde miro lo que llevaba puesto como
reflejo—, y vendré por ti más tarde para ir al comedor.
Midoriya asintió y miro por la ventana con algo de nostalgia. Todoroki interpreto aquello, el peliverde
seguía preocupado por sus compañeros que seguían en las garras de Shigaraki.
—Se que lo haremos —dijo para permitirse ser besado por ultima vez, antes de que Todoroki lo dejara
solo en la habitación, prometiéndole que todo saldría bien esta vez y susurrándole que lo amaba.
Contemplaba el suave oleaje mientras el cielo cambiaba de color al atardecer, manchando de tonos
rosas y naranja el agua. Suspiro para calmarse.
—All Might, Ochako, Tsuyu... Espérenme, ya estamos aquí y pronto los encontraremos. 4
ɷʚ♥ɞɷ
Kaminari se había separado de sus compañeros apenas pudo. El rubio se encontraba ahora en una
taberna, tomando tarros y tarros de cerveza, alardeando de todas las nuevas historias de las hazañas del
principie —y según él, suyas también.
—¿En serio tú hiciste eso? —hablo algo incrédulo un hombre de barba castaña, sentado al fondo de
lugar.
—¡Por supuesto! Con estas manos... —se las mostró—. Yo derrote a uno de los piratas más
peligrosos... Shigaraki —dijo atropellado por la gran cantidad de alcohol que había tomado y que ya le
pasaba cuentas. 6
De inmediato todos comenzaron a reír a carcajadas, mientras Kaminari gritaba ofendido asegurando
que decía la verdad.
—Deja de inventar cosas y mejor vete a casa chico, ya has tomado mucho por hoy —hablo otro desde
una mesa junto a la ventana.
—Bueno, bueno —tomo otro trago del licor—, ustedes ganan, no derrote a Shigaraki... Pero si le hice
una cortadita.
—Si es cierto que eres tan valiente —dijo una nueva voz—, ¿por qué no vas y detienes a los bandidos
que subastaran esclavos mágicos?
Las risas cesaron por el comentario del primer hombre, que aunque lo dijo sin pensar y a modo de
broma, podría traerles problemas si los malhechores llegaban a enterarse. La noticia de la supuesta
subasta habían llegado entre rumores a todas las personas con dinero en el reino, ocultando la ubicación
para aquellos nobles que no se prestarían a participar en tan ruines actos. Después se esparció entre
toda la población. Recientemente, los rumores habían llegado a Eiyuu.
—¡Ah!, ¡¿si?! —grito Kaminari—. Dime donde es que están y en este mismo instante iré a detenerlos
—hablaba valiente, intentando desenvainar su espada, y fallando en ello porque olvido que la dejo
entre sus cosas junto a Mina y las demás en la casa de estas—. ¿Y mi espada? ¿Quién de ustedes la
robo? ¡Devuélvanla!
La tensión se rompió por las acciones del ebrio chico, y las risas inundaron nuevamente el local,
dejando olvidado aquel peligroso tema.
Después de que Kaminari se calmara un poco, se sentó en silencio a seguir tomando, pues al parecer ya
nadie quería escuchar sus historias, todos lo tomaban por un ebrio que desvariaba. Estaba algo
mareado, y tenia sus mejillas rojas; entonces el cantinero se le acerco con un nuevo tarro.
—Si es cierto que tú has luchado contra Shigaraki y de verdad te interesa lo de la subasta... Yo podría
decirte más.
El rubio no creía que alguien lo tomara enserio, ¿eso era bueno o malo? De todos modos no estaba mal
recibir información extra, se suponía que lo habían enviado para eso, después de todo.
—Ah, si si —dijo mientras acepto el trago—, ese hombre debe ser arrestado, por eso dime todo lo que
sepas.
Capítulo XIX:
Descubrimientos
Sero y Mirio paseaban por el lugar; algunas casas de piedra y techos de paja o madera tenían las
ventanas abiertas y se podía escuchar el ruido desde dentro de ellas; las empedradas calles no eran
diferentes, por todo el lugar la gente se veía bastante animada a pesar de que la noche estaba a punto de
caer. Los niños corrían y reían mientras jugaban, y los más grandes se reunían al rededor de juglares,
comerciantes o cualquiera que ofreciera algo interesante de ver.
Kaminari se separo de ellos cuando apenas llevaban unos minutos recorriendo las calles de Eiyuu. Pero
sin darle mucha importancia, los dos siguieron en lo suyo. 2
No sabían exactamente que era lo que estaban buscando, pero se mantenían con la esperanza; al menos
Mirio así lo creía. Entonces el barullo de la gente llamo la atención de Sero, quien se acerco curioso por
ver lo que generaba aquel alboroto. Mirio le siguió de cerca y se abrieron paso entre la gente hasta
poder ver claramente a un chico que vestía completamente de negro, la camisa de manga corta dejaba
ver sus brazos, cuello y parte de su cara cubiertos de vendas grisáceas, pero en su rostro podían
distinguirse algunas cicatrices de quemaduras que el vendaje no lograba ocultar; por último, llevaba un
turbante negro que escondía su cabello. Estaban frente a un espectáculo, él era un tragafuego. Sostenía
unas antorchas y escupía llamas de un peculiar tono azul, que lograban asombrar al publico. Los
aplauso y risas seguían, era hipnotizarte ver aquel peligroso acto. 9
—Deberíamos seguir y buscar a Kaminari —le dijo a su compañero, pero este solo veía con curiosidad
al chico de llamas azules, al igual que el resto de espectadores—. ¿Sero?
—¡El chico escupe fuego! —exclamo con asombro—. Es sorprendente... Pero... —Sero no podía
entenderlo, pero algo en él se le hacia familiar; no podría distinguirle bien entre todas esas ropas y
vendajes, pero de algún modo, sentía que le conocía.
—¿Estas escuchándome?
—Aunque no creo haber visto espectáculo similar alguna vez... ¿Estaré confundido?
Mirio suspiro, se estaba cansando de ser ignorado, y Sero parecía estar empeñado en recordar algo que
a los ojos del rubio solo los hacia perder el tiempo, por lo que estaba a punto de gritarle molesto y
arrastrarlo de ahí para continuar andando. Pero antes de que eso sucediera, una voz resonó a lo lejos;
era apenas audible, pero pudieron entender que llamaba sus nombres.
—¡Eh! Shico-os —Un rubio que trastabillaba al caminar se acercaba a ellos—. ¡Sero! ¡Mirio! Les ten...
go noticias —decía arrastrando las palabras junto a su alma.
—¿Kaminari, dónde estabas? —Sero pregunto al rubio que se sostenía de él apenas llego a su lado,
pero no obtuvo respuesta alguna; entonces percibió el característico olor del alcohol—. No me digas,
¿fuiste a tratar de conseguir novia a alguna taberna?
—No, no... —dijo ofendido, pero luego rectifico—. Bueno en un inicio si... ¡Pero! Yo... Conseguí
algo... —se explico como pudo mientras se tambaleaba y Sero trataba de mantenerlo en pie—. Algo
importante sobre los piratasss —parloteo en voz baja.
—Eso es bueno —hablo con calma Mirio—, pero sera mejor que nos lo cuentes en otro lugar.
El de ojos azules miro con cautela a la multitud que seguía entretenida con el espectáculo de aquel
joven, mientras se apartaban del gentío arrastrando al rubio que se tambaleaba feliz.
Entre Sero y él, llevaron a Kaminari hasta el lugar donde las chicas les dijeron que estarían.
Apenas habían llegado a la casa de piedra y tejado de madera, dejaron a Kaminari sentado junto a la
mesa de la estancia, mientras Tetsutetsu trataba de mantenerlo consiente en lo que Toru preparaba un
remedio para que se le pasara la ebriedad y así les pudiera contar que era eso tan importante que había
descubierto.
—Vamos viejo no te duermas aún —decía el peliplateado moviendo el casi inerte cuerpo de su amigo,
logrando que mínimo abriera un ojo.
—Kaminari, ¿ya te encuentras mejor? —pregunto Jiro mientras sostenía un vaso con lo que había
preparado Toru.
—Hmm... —se quejo el rubio tumbado en el banco y la cara recostada en la mesa. El brebaje había
funcionado y ya se sentía mas despierto, pero tenia un sabor tan horrible que le provocaron nauseas.
—No debiste de tomar así, ¿qué haremos si esa cabeza tuya olvida eso tan importante que averiguaste?
—regaño Sero, que de inmediato comenzó a darle palmaditas en el rostro para que no se quedara
dormido—. ¡Oye! No te duermas, ¿me estás escuchando? ¡Oye Kaminari! 3
—Bien, antes de que vuelvas a dormir —dijo Mirio mientras tomaba una silla para sentarse a un lado
de Denki—, cuéntanos que es lo que sabes.
—¡Ah si! —El rubio cocinero se puso serio, y aún con algo de flojedad hablo—: Cinco semanas —
todos, incluso él, guardaron silencio solo un segundo—, exactamente en cinco semanas se realizara una
subasta de criaturas míticas.
—¿La información es confiable? —cuestiono Mirio apenas escucho lo dicho por el desorientado chico,
no quería arriesgarse a otro error. En esos precisos momentos su eclipse y Eri podrían estar sufriendo.
—Mmm... Bueno...
—No me digas: Estabas demasiado ebrio para recordar —adivino Mina, mientras Jiro y Sero lo veían
con reproche.
—No, no... El cantinero se veía que le tenia resentimiento a Shigaraki... —Los gestos en su rostro
daban a entender que en serio trataba de recordar la charla en el bar, pero solo lograba que le doliera la
cabeza y se llevara las manos al lugar del malestar; Toru vio eso y salio de la sala por más brebaje para
la ya casi próxima resaca del rubio.
—¿El viejo de la cantina al centro de Eiyuu? —le cuestiono Tetsutetsu, a lo que Kaminari asintió en
una respuesta muda. Con esa confirmación el de cabellos plateados continuo—: Conozco al viejo desde
que era un niño, no creo que mintiera... Siempre fue buena persona.
—Si —empezó a decir nuevamente Kaminari—. Dijo algo... Algo de que no solo eran bandidos que
aprisionaban y vendían seres mágicos, si no que también cometían otros crímenes... No sé. Tal vez él
fue otra de sus victimas; estoy seguro que me contó su historia pero no puedo recordarla bien...
—Pero la subasta, ¿dónde sera? —interrogo Mirio, anticipándose a la perdida de memoria que
comenzaba a sufrir el rubio.
—¡Ah si! Dijo que seria por las tierras del señor feudal del noreste.
—Son las tierras de Shiketsu —afirmó Toru quien entraba a la habitación con más brebajes para el
rubio; quien de inmediato puso cara de asco y se alejo del nuevo vaso que le ofrecía la chica.
El señor feudal del noroeste, no era otro que Lord Inasa Yoarashi; un joven robusto, de ojos negros con
forma rasgada, y con el cabello casi rapado de color negro. Apenas llevaba tres años en el puesto de
señor feudal. Pero según recordaba Sero, él no se llevaba bien con la familia real a pesar de ser un
hombre justo y recto. Si tenían que visitar sus tierras, esperaba que estuviera de su lado.
—¿Recuerdas algo más, Kaminari? —Se acerco Jiro cerciorándose de que su compañero no hubiese
olvidado nada importante, mientras los demás se retiraban a preparase para la cena.
—Amm... No, eso es todo lo que me dijo... ¡Esperen! —grito de pronto asustando y deteniendo los
movimientos de todos, que ya estaban por salir de la estancia.
Todos estaban callados por lo dicho, no se esperaban algo así, y no podían imaginar que era lo que le
habían hecho para que tuviera tal rencor. Salvo Mirio, quien podía hacerse una idea de lo que los
piratas pudieron hacerle, y de como se sentía aquel hombre.
—Bien, mañana lo discutiremos con los demás —anuncio decidido Sero rompiendo un poco el tenso
ambiente.
—Bueno... Eso es culpa de Kaminari, no llego a tiempo para cocinar —explico la chica—; y de todos
modos no creo que pueda, ¡míralo ya se durmió! 3
Ya mañana se encontrarían con Todoroki, Midoriya y los otros quienes estaban en el castillo.
ɷʚ♥ɞɷ
Antes de todo lo ocurrido en Eiyuu; y justo como le había dicho, Todoroki envió a que le llevaran ropa.
Una chica de cabello rosa algo cortos y de ojos amarillos apareció en su puerta, con un montón de telas
y haciéndole medidas a todo su cuerpo. Nozomi estaba muy confundido, pero intentaba seguirle la
corriente. Según le explico, ella se llamaba Hatsume Mei, y era una costurera en el palacio. A la chica
pelirosa le encantaba crear diversos vestuarios, esa era su pasión. Más tarde, habiendo tenido las
medidas del peliverde, Mei se marcho para que el tritón pudiera cambiarse y alistarse para la cena con
el rey Enji. 3
Midoriya estaba nervioso, no podría ocultarlo aunque tratara; pues el primer encuentro con el padre de
Todoroki no fue del todo bueno, tal parecía que el hombre intimidante de ojos turquesa no le quería
viviendo bajo su mismo techo. De cierta forma entendía su desconfianza: que de buenas a primeras su
hijo llevara un extraño a casa era algo fuera de lo normal. Pero esperaba que con el tiempo —y
habiéndole confesado de su romance con Shōto—, lograra aceptarlo como parte de su familia. Nozomi
le daba el beneficio de la duda, y en el fondo esperaba que lo dicho por Chisaki fuera falso. No quería
ver sufrir a su príncipe... a su Shōto. Por que se dio cuenta —cuando le hablo de su futuro como rey y
de su familia—, que aunque el mitad albino dijera detestar a su padre, sabía que lo apreciaba... Así solo
fuera un poco, pero lo hacia. Y de ser verdad la traición del rey, eso dañaría al de cabellos bicolores. 6
Mientras pensaba en todo y nada, termino de vestirse los pantalones oscuros, la camisa beige y el
chaleco verde opaco, y muy a su pesar se puso unas molestas botas café oscuro. Empezaba a creer que
nunca se acostumbraría a esas torturas para sus nuevos pies; ya echaba de menos su aleta, —pues nunca
había pasado tanto tiempo en tierra—, y esperaba escaparse un día a la playa para nadar un poco.
Tras unos segundos su puerta fue tocada, y al abrir se dio cuenta que era Todoroki, quien estaba parado
fuera del marco de esta, vistiendo un elegante traje de pantalones blancos, saco y botas azules, ambos
con detalles dorados; ¿se veía más guapo que antes o estaba imaginando? 1
—¿Listo?
—¿Qué? ¿Por qué, te sientes mal o algo? —dijo con preocupación por lo decaído que lucia, para luego
acercarse y poner su mano en la frente del peliverde, buscando algún indicio de fiebre o malestar en el
menor. Por la cercanía del príncipe a su rostro, las mejillas del tritón se sonrojaron—. Estas rojo,
¿podría ser fiebre? Si es así puedo pedir que te revise un medico o...
—¿Entonces?
—Es solo... Que estoy algo nervioso —confesó su preocupación, mientras seguían en el portal de su
habitación. Midoriya apartaba la mirada.
Entonces Todoroki se adentro para tomar su barbilla con su mano derecha y lograr que el peliverde lo
viera. Las esmeraldas brillaban, pero su mirada se veía angustiada; le sonrío y le beso con calma y
cuidado. Nozomi se sobresalto pero lo acepto de inmediato, dejándose consolar por los labios del mitad
albino. 10
—Todo estará bien, no tienes de que preocuparte —dijo con voz suave para tranquilizarle una vez
terminado el beso.
—P-pero...
—Pero nada. El viejo no te molestara, confía en mi, no dejare que nada te pase.
Dicho eso, el tritón pudo respirar con seguridad; asintió y le regalo una pequeña sonrisa. Con mayor
animo ambos salieron de la habitación, caminando algo separados para evitar que los descubrieran.
Midoriya seguía a Todoroki por los silenciosos pasillos, se detuvieron frente a una puerta de madera
simple y entonces el príncipe la abrió para darle acceso. El tritón respiro hondo por ultima vez,
calmado así sus nervios, recordando las palabras de su pareja. Entraron a la sala donde ya se
encontraban Iida y el rey, sentados en la amplia mesa rectangular, repleta de distintas carnes, verduras,
frutas y vino, adornada con unas cuantas velas que alumbraban bien el lugar.
Shōto lo guió hasta un asiento colocado lejos de su padre —que como era el rey y anfitrión, estaba en
la cabecera de la mesa—, pues quería evitar que Nozomi se sintiera incomodo y no disfrutara la
comida. Él se sentó entre ambos, claro que a distancias algo retiradas. Entonces los sirvientes entraron
con las bandejas que traían los platillos principales de esa noche. Todoroki esperaba no fuera nada
extraño, pues hasta el momento Nozomi no había probado mucha variedad de comidas humanas, por lo
que no sabia que era lo que le disgustaba.
—Todoroki —susurró bajo, llamándole por su apellido para evitar llamar la atención de los demás—.
¿Kacchan y Kirishima? —pregunto por sus amigos que faltaban, pues él no sabia que en el mundo
humano... En el mundo de Shōto, los sirvientes y demás que no fueran amigos o la familia real, comían
en lugares aparte; Todoroki se lo explico de forma rápida, mientras los vasallos que servían los
alimentos servían de distracción. Nozomi no pregunto más.
Comenzaron a probar el jabalí que se preparo para la cena. El mitad albino estaba al pendiente de las
reacciones del tritón, calmándose al notar que a Midoriya le había gustado y comía feliz, utilizando
correctamente los cubiertos como le había enseñado ya hace tiempo.
Enji noto algo raro entre esos dos, pero lo atribuyo a que eran buenos amigos. De todos modos quiso
indagar un poco. 8
—Y... ¿De dónde es que se conocieron? —Rompió el silencio, todos en la mesa voltearon a verlo; Iida
se puso un poco tenso, obligándose a tomar unos sorbos de vino. Midoriya se acababa de llevar un
bocado a la boca, por lo que solo lo veía con una de sus mejillas abultada por la comida que masticaba.
Mientras tanto, Todoroki lo observaba serio, con una mueca imperturbable, pidiéndole en silencio que
se explicara mejor; a lo que el rey dijo—: Tú y Midoriya, es así como se llamaba, ¿no? 4
El silencio volvió. Nozomi estaba inquieto, pues la respuesta que Todoroki dio fue un tanto simple pero
había sido la verdad, ¿no sería eso demasiado obvio?; Iida se veía más calmado, no sabia que tramaba
su amigo, pero confiaba en su criterio.
—Él quería algo de aventura —se apresuro a responder Shōto—, solo eso.
La tensión entre esos dos era palpable. Enji no dijo nada, pero suspiro hastiado y volvió a comer al
igual que el resto en la mesa. La actitud de su hijo llegaba a serle molesta, lo cansaba tanto que a veces
prefería ignorarlo. Ingenuamente había creído que después de su viaje habría madurado un poco, y que
su actitud para con él seria un poco menos hostil, pero tal parecía que había empeorado. ¿Qué más
quería su ingrato hijo? Ya había cumplido su capricho de dejarle libre un tiempo, ¿por qué aún se
mostraba reacio a obedecerlo? Si seguía así, tal vez nunca se convertiría en el rey que él esperaba. No
podía permitirse un segundo fallo si pensaba retirarse dentro de poco.
—¿Las aventuras al lado de Shōto fueron entretenidas, Midoriya? —insistió, pues ya comenzaba a
sospechar más. Puso énfasis en el nombre del peliverde, para que su hijo evitara responder esta vez; el
mitad albino solo lo miro sin expresión alguna.
—Amm... Bueno, si —respondió con duda. Nozomi veía con temor al pelirrojo.
—¿No lo metió en líos o si? —cuestiono curioso. Esta vez Shōto lo miro con enfado, mientras Iida se
acomodaba las gafas, estresándose más a cada momento con el rumbo que tomaba la inofensiva
charla .
—N-no...
—¿Atraparon muchos bandidos? Por que escuche un par de historias a lo largo de estos años, pero...
No creo haber escuchado que mencionaran a algún peliverde.
—Bu-bueno yo...
—Dudo que prestarán atención a los que me acompañaban si todos sus ojos estaban puestos en mi —
intervino Todoroki, pues era cierto que al ser él un príncipe la mayoría siempre estaba al pendiente de
sus actos. Entonces tomando las palabras de su padre aprovecho para sacar otro tema a la conversación
—. Y no. No atrapamos tantos; en realidad, aún quedan unos cuantos sueltos. —Volvió a llevarse otro
bocado a la boca, tragándolo con calma, esperando paciente la respuesta a lo dicho.
—¿No habían terminado ya tus expediciones y cacerías? —cuestiono con duda a su hijo, mientras
tomaba un poco de vino.
Midoriya se encontraba perdido en aquella conversación pero Iida sabia a donde quería llegar Shōto, no
creyó que fuera a actuar tan pronto, ¿eso seria bueno?
—Si, lo hicieron. Solo me lamento de no haber atrapado a Shigaraki —soltó sin más con una inmutable
mueca; Nozomi se estaba alterando e Iida veía atento las reacciones del rey—. No has oído nada de él,
¿o si?
Enji se mostraba inmutable, pero su mirada denotaba más fiereza que antes. Bebió otro sorbo de su
copa antes de hablar:
—Bien —El sonido de la copa vacía al ser depositada en la mesa fue lo último que se escucho,
logrando asustar a más de uno—. Pero no tiene caso discutir estas cosas durante una tranquila cena.
—Ah... Ya veo —dijo sin ánimos el mitad albino, dando a entender que se rendía.
Volvieron entonces a comer en tranquilidad. Nozomi sospechaba que Shōto había obtenido algo de
aquella conversación, e Iida estaba seguro de que así era.
El rey no volvió a cuestionar nada más y pidió a un vasallo que le sirviera más vino. Finalmente en
silencio terminaron de cenar, para luego retirarse a dormir.
ɷʚ♥ɞɷ
Todoroki no hablo con nadie sobre lo que había notado en aquella tensa charla. Pero esa misma noche,
estando solo en su habitación y sintiéndose intranquilo de no poder confiar en su propio padre, no podía
conciliar el sueño. Por lo que se armo de valor y en medio del fresco clima, cruzo el balcón hasta la
ventana de Nozomi. Toco el cristal un par de veces hasta que este despertó y le dejo entrar.
—¿Qué ocurre?
—No quiero hablar de eso... No por esta noche —Todoroki todo lo que quería era estar al lado de la
persona que más amaba, y sentir esa cálida calma que solo Nozomi le transmitía. Un tanto desesperado
lo tomo del brazo hasta llevarlo a la cama, donde ambos se acomodaron bajo las tersas sabanas,
mientras el bicolor se acurrucaba entre los brazos de Nozomi y enterraba su rostro en su pecho,
aspirando su aroma y escuchando el latir de su corazón. Pudo respirar tranquilo al fin—. Solo entre tus
brazos puedo estar bien... Por favor, no me sueltes... 1
—Jamás haría algo así —afirmó con ternura para consolarlo, estrechándole más contra su pecho. En
esa situación, Todoroki le parecía como un pequeño asustado, y no pudo evitar sentirse enternecido—.
Duerme tranquilo —susurró besando sus cabellos desiguales—, yo velare tus sueños.
El tritón asintió aunque Todoroki no podía verle y su voz comenzó a escucharse por el recinto. Con su
suave melodía el príncipe pudo dormir al fin. Pero ahora era él quien no podía descansar; estaba
preocupado, Todoroki no le quiso contar nada y él no quiso insistir. Pero ya empezaba a temer lo peor.
Eso era lo que justamente no quería ver; no quería que Shōto estuviera triste.
En la oscura recamara y cubierto por las sabanas, mientras Todoroki se aferraba entre sueños a su
cuerpo, Nozomi acariciaba los cabellos bicolores esperando a que el cansancio lo venciera a él también.
Ya tendría que esperar a mañana para saber que era lo que atormentaba a su príncipe.
Capítulo XX:
Nubes en los Campos de Eiyuu
La mañana se poso en las fértiles tierras de Yuuei. Todoroki despertó entre los cálidos brazos de
Nozomi, recargado en su pecho escuchaba los latidos de su corazón. No quería moverse, pero
indiscutiblemente tenían que levantarse.
Más tarde emplearía alguna excusa para visitar Eiyuu y con ello a sus amigos, así podría contarles de
sus sospechas. Se levanto aún sin ganas, beso a su pareja para despertarla y después de arreglarse,
ambos bajaron a desayunar. Afortunadamente nadie los vio salir juntos de la misma habitación, ya que
como siempre, el gran castillo parecía estar completamente vació, sin vida. Su suerte perduró al no
encontrarse con el rey en el comedor, pues al parecer tenia asuntos más importantes que atender esa
mañana, eso le habían dicho; por lo que antes de salir dejo un recado a su padre excusándose por su
ausencia -en caso de que preguntara por él.
Para Iida y Kirishima no fue difícil montar a caballo; el problema eran los dos tritones que no sabían ni
como acercarse a los animales. Nozomi veía con asombro al corcel blanco de Todoroki; entonces, un
tanto temeroso se acerco y lo acaricio un poco, ante el contacto el animal se dejaba hacer dando
pequeños relinchidos de gusto. Midoriya sonrió, acariciando con más confianza al corcel. Mientras,
Bakugo veía con desconfianza al animal de pelaje café, al que se suponía debía subir.
Después de rechazar al pelirrojo, coloco su pie en el estribo* como vio que habían hecho hace unos
momentos, e intento subir de varia maneras, pero simplemente no hallaba la forma. Dejo de forcejar
cuando quedo atorado con la mitad de su cuerpo de un lado y las piernas colgando del otro; el caballo
se mantenía quieto, esperando a que su jinete pudiera subir correctamente. Los demás veían la
lamentable situación. Iida esperaba paciente, Kirishima soltaba pequeñas carcajadas mientras bajaba de
su caballo y Midoriya reía nervioso, dejando de lado los mimos que le hacia al blanco pelaje.
-Kacchan, deberías dejar que te ayuden... -sugirió el peliverde acercándose cauteloso a su amigo de la
infancia. Todoroki estaba a su lado sosteniendo las riendas del blanco animal, sin inmutarse en lo más
mínimo, solo esperando a ayudar a Nozomi.
-Si pero...
Entonces Midoriya dejo de insistir y Bakugo comenzó a removerse para tratar de acomodarse. Lo
estaba haciendo bien, se sentía orgulloso de sí mismo, ya tenia una pierna casi del otro lado, solo tenia
que levantar su cuerpo y sentarse sobre la rudimentaria silla de montar, pero le estaba costando otra
vez. De repente sintió una mano sobre sus glúteos y cadera, para luego ser empujado y al fin poder
sentarse a cabalgar. Estaba apunto de gritarle al descarado que se atrevió a tocarlo, pero al voltear
desistió al ver al pelirrojo que sonreía feliz de haberlo ayudado.
-¡No necesitaba tu ayuda pelos de mierda, ya casi lo tenia! ¡Y no vuelvas a tocarme sin mi permiso!
Eijiro ignoro sus gritos y amenazas, subió a su caballo y tomo las riendas del de Katsuki, listo para
partir.
ɷʚ♥ɞɷ
Recorrían el mismo camino del día de ayer, Nozomi podía reconocer algunos árboles que había visto
ayer por la vereda; el día se sentía tranquilo. En el cielo se podían ver unas cuantas nubes blancas, y la
brisa en el campo se podía escuchar claramente, pues nadie decía nada; los caballos caminaban con
calma, al parecer no tenían prisa alguna. Kirishima y Bakugo venían hasta atrás, un tanto apartados de
ellos, por lo que el peliverde no sabia de que estarían hablando.
Todoroki estaba calmado como siempre, feliz de sentir la calidez del cuerpo de Nozomi tan cerca de él,
justo como cuando dormían esa mañana, y de vez en cuando acercaba el cuerpo de su pareja al suyo,
provocando que las mejillas del tritón se encendieran en carmín; suerte que le estaba dando la espalda
al mitad albino, así no podría ver su apenado rostro, solo esperaba que el fuerte latir de su corazón no lo
delatara. Midoriya intentaba despejar su mente de las emociones que le provocaba la cercanía del
príncipe; su piel cosquilleaba donde el otro ponía sus manos, evocando las pasadas emociones de su
noche en alta mar. Su rostro ardía y movía su cabeza con desespero, tratando de borrar esas imágenes,
intentando concentrarse en su presente y distrayéndose con las cosas a su alrededor: las aves
revoloteaban por el claro cielo y podía escuchar sus melodiosos cantos, la suave brisa refrescaba su
acalorado rostro y mecía sus cabellos, poco a poco se estaba relajando. Todoroki suspiro entonces y
apretó el agarre por sobre la cintura del tritón, recordándole la cercanía de sus cuerpos; al parecer el
mitad albino no se lo estaba poniendo fácil.
-Estamos próximos a llegar -rompió la quietud del momento Iida, pues todo el camino había visto los
sonrojos de Midoriya-. Me adelantare si no les molesta.
Todoroki simplemente asintió, y de inmediato el pelinegro avanzo más a prisa para darles algo de
privacidad. La verdad es que se sentía fuera de lugar entre las parejas. 10
A lo lejos podían verse unas cuantas casas de piedra y techos de paja o madera. Los sonidos de un
pueblo con vida comenzaban a inundar los oídos de Nozomi. Sus ojos resplandecían de emoción, ya
quería ver como era el lugar. Recordó entonces que ellos solo se dirigían a ver a sus amigos, por lo que
no podría curiosear por allí. Pero él en serio, en serio quería ver más de aquel lugar.
-¿S-shōto?
-¿Hmm? -murmuró.
-Después de ver a los demás... -dijo entre dudas-. ¿P-podrias, mostrarme más de Eiyuu? -Nozomi
volteo a verlo con las pecosas mejillas un tanto sonrosadas, entonces sus miradas se encontraron y
Todoroki curvo levemente sus labios, su respuesta era evidente.
-Claro que puedo. Más tarde pasearemos por Eiyuu -El tritón devolvió la sonrisa, una que era tan cálida
que hacia revolotear el alma del príncipe.
El de ojos desiguales robo un fugaz beso de los labios de Nozomi para luego abrazarlo por la espalda
con cariño, recargando su cabeza entre el cuello y hombro de su pareja. Midoriya aún con las mejillas
rosa, acaricio los cabellos del otro, disfrutando del contacto.
-Yo también te quiero -dijo con cariño. Shōto respondió repartiendo besos por toda su mejilla izquierda,
provocándole risas al tritón.
ɷʚ♥ɞɷ
Por fin habían llegado a la casa donde ya les esperaban. Kirishima les había guiado hasta el lugar. El
trayecto por el pueblo fue agradable; los pobladores saludaban a Todoroki -quien andaba a pie por las
calles al lado de Nozomi mientras sostenía las riendas del caballo-. El peliverde veía como el mitad
albino era rodeado de algunos niños y señoras, todos demostrándole aprecio a su futuro rey. Tal vez
algunas se pasaban de cariñosas, el tritón comenzaba a sentirse intranquilo al ver como algunas mujeres
más jóvenes le regalaban cosas o se acercaban con las mejillas sonrosadas a saludarle. Pero el sabía que
Todoroki le amaba solo a él, por lo que no se permitió sentirse celoso.
Dentro de la casa, se reunieron en la estancia; estaban todos sentados en los banquillos al rededor de la
mesa. Mientras se acomodaban, Nozomi tenia la mirada puesta en la ventana, viendo las actividades
que los pobladores realizaban.
Mirio comenzó a relatar lo que Kaminari les contó el día de ayer -el pobre chico seguía en cama, pues
su resaca no le permitía levantarse.
Cuando Mirio dejo de hablar los rostros de todos estaban serios. Nozomi y Bakugo se sentían
impotentes por como eran tratados sus amigos: simple mercancía para el consumo humano. Kirishima
y Todoroki se sentían apenados al ver las expresiones de los tritones; mientras tanto, Iida ya estaba
pensando en lo que harían después.
-Los humanos son despreciables basuras, no merecen ni siquiera el estar vivos -soltó Bakugo con odio
en cada palabra.
-¡K-kacchan!
-Es la verdad, Deku. No te atrevas a defenderlos -Nozomi no pudo refutar nada, también odiaba a los
piratas, pero sabía que no todos los humanos eran malos; Shōto y sus demás amigos eran maravillosos
seres que estaba feliz de haber conocido. Sin embargo, Katsuki seguía furioso. Ahora de verdad iba a
matar a los piratas tras haber escuchado lo de la subasta. Los demás no le dijeron nada, de cierto modo
dejaron que se desahogara todo lo que quisiera al menos con palabras. Pero Kirishima lo veía con una
lastimera expresión; pues le dolía que Blasty dijera eso sabiendo que el también era un humano, y él no
era malo. Cuando Bakugo se dio cuenta de eso, reconoció el error que había cometido bajo el manto de
la ira, entonces dijo en voz baja para que solo lo escuchara el pelirrojo-: Tú no pelos de mierda. Tú me
agradas, así que quita esa cara.
De inmediato Eijiro volvió a tener su expresión relajad y feliz; si hubieran estado solos habría saltado a
abrazar y besar a su pareja, pero sabía que al rubio no le gustaban las demostraciones de amor en
publico, y después de su osadía al ayudarlo a subir al caballo, sus noches de cuentos estaban en peligro
de terminar, por lo que no quería arriesgarse. 6
Ante el mutismo de la mayoría, Todoroki vio que era buen momento para contar lo que descubrió
durante la cena con su padre.
-Podemos estar seguros de que no podemos confiar en el rey -al decir eso todos mostraron rostros
afligidos, esperando a que el príncipe explicara el por qué de sus palabras-. Ayer durante la cena,
logramos sacar el tema de Shigaraki... -pauso para pensar bien sus palabras. La atención de todos
estaba puesta en él, expectantes a sus palabras; Nozomi tenia la vista apartada, toda esa situación lo
hacia sentir realmente mal, por sus amigos, por Todoroki-. El viejo siempre comienza a beber cuando
se topa con algún tema que quiere evitar para no revelar lo que sabe; eso lo se porque desde que era
niño lo hace y me ha aconsejado de esto... Dijo que el hacerlo sirve para ganar tiempo y poder pensar
en calma las respuestas correctas -concluyo su explicación. Todos para ese entonces sabían que no
podrían contar con su apoyo, por lo que no quedaba de otra más que su segunda opción-. Es evidente
que no quería que nos enteráramos de lo que en realidad sabe.
-Entonces... -hablo Sero-. Si la implicación del rey es cierta; solo nos queda atrapar a los piratas, para
que confiesen ante el clero* y los demás nobles de la traición del rey.
-Sera la única forma de derrocarlo -continuo Todoroki con una expresión decidida.
-Bueno... Al parecer tendremos que ir a las tierras de Shiketsu para darles captura -dijo Tetsutetsu.
-Deberíamos ir un par de semanas antes... Para investigar mejor -sugirió Jiro, siendo poyada por Mina y
Kirishima.
Iida asintió con convicción, todos estaban convencidos de que esta vez si los atraparían. Especialmente
Bakugo y Mirio; el primero porque ya quería tenerlos de frente para matarlos con sus propias manos y
el segundo porque ansiaba recuperar a su familia.
Todoroki no estaba muy feliz con tener que visitara a Inasa; pues a este nunca le había terminado de
agradar el de cabellos bicolores. El príncipe tenia entendido que Inasa idolatraba a su padre, aunque
ahora lo detestaba y por consiguiente a él también. Nunca logro entender el por qué, y aunque
encontraba un poco tonto el pensar del Lord nunca dijo nada, solo esperaba que eso no interfiriera en el
rescate. Odiaría que por su causa todo se arruinara, no quería defraudar a Nozomi. Ahora que volvía su
atención a los presentes, podía ver al peliverde con la mirada perdida, triste. No le gustaba verlo así.
Pero antes de intentar acercarse al pequeño para animarlo, tenia un favor que pedirle a Sero, por lo que
fue a hablar con él en privado.
Después de haber acordado su partida en un mes, cada cual volvieron a sus actividades. Iida y Sero le
explicaban a Mirio como seria el terreno a visitar, pues el forastero aún no conocía a donde se
dirigirían. Tetsutetsu junto con Mina intentarían despertar a Kaminari, mientras Toru y Jiro salían a
comprar provisiones. Kirishima y Bakugo decidieron volver al castillo -aunque fue más una orden del
rubio-, pues el tritón quería seguir practicando el combate. Quería sacar toda la frustración, y que mejor
que a base de golpes; después de todo, eso le serviría de practica para matar a esos desgraciados piratas.
Nozomi seguía inmerso en sus pensamientos, tanto que no podía darse cuenta de lo que acontecía a su
alrededor. Solo estaba ahí, sentado, con la vista perdida por la ventana pero sin ver nada realmente. Se
estaba consumiendo en tristeza y culpa. Se sentía impotente, quería llorar; él estaba a salvo y feliz, al
lado del amor de su vida, disfrutando cada segundo, y sus amigos probablemente estaban sufriendo. Se
sentía como un verdadero monstruo sin alma o corazón. En cierto punto se sentía culpable de su
momentánea felicidad. 3
-Nozomi -le llamó Todoroki. Sus verdes ojos estaban brillosos por las lagrimas que luchaba por
contener. Al observarle de ese modo la interpretación del mitad albino fue errada esta vez-. Tranquilo,
ya veras que todo saldrá bien, lograremos rescatarles al fin -dijo para calmarlo, pero el tritón comenzó a
soltar sus lagrimas una a una.
-S-shō... -balbuceo, pero su voz sonaba temblorosa por el llanto, no podría si quiera formar una frase-.
N-no es eso... Yo... S-solo...
-Esta bien. -Abrazo entonces al pequeño, acurrucándolo entre sus brazos para que pudiera desahogarse.
Estuvieron así un rato, los demás no dijeron nada cuando los vieron y siguieron en sus cosas.
-Quiero, salvarlos... -dijo cuando después de unos minutos logro apaciguar su llanto. Sus ojos un tanto
rojos por las lagrimas derramadas le veían con determinación, transmitiéndole su inquebrantable deseo.
-Y lo harás -Limpio unas cuantas lagrimas que se mantenían sobre las pecas de sus mejillas-. Pero
primero necesitas calmarte, y ponerte bien, ¿si?
-No puedo estar bien hasta saber que ellos están a salvo.
-Con estar preocupado y triste no lograras nada -Nozomi lo miro atento-. No podemos hacer nada más
que estar listos dentro un mes.
-Pero... Ellos están sufriendo y yo... -su voz se entrecorto, la garganta le ardía, como si un nudo en el
pecho le impidiera el habla-. Me siento tan culpable -expreso su pesar-, yo estoy bien... Feliz a tu lado
y...
-No tienes por que sentir culpa -le interrumpió tomándolo del rostro y acercándose a él, aunque
Nozomi apartaba la mirada para no perderse en esos ojos de distinto color que desesperados buscaban
que los viera-, así es el amor -pero no podía resistirse, y el tritón lo miro con atención al escuchar esas
palabras-. Basta con una mirada para hacer que todo el dolor y tristeza del mundo desaparezca -le
explicó, y el peliverde sabía de la verdad en sus palabras, porque era justo lo que ahora sentía, sentía
que todo estaba bien si tan sólo se mantenía viendo los perfectos ojos de distinto color-. No debes sentir
culpa por vivir el amor. Ya veras que cuando los encontraremos todo mejorara, y ellos estarán bien...
No puedo asegurarte que no la estén pasando mal, pero el vivir preocupado todo el tiempo solo te
desgastara y te hará miserable. Así no podrás ayudarlos cuando el momento llegue... -Midoriya se
estaba calmando de apoco con las palabras certeras de Todoroki. Sabia que el bicolor tenia razón, lo
mejor era estar en calma, listo para enfrentar cualquier adversidad. Asintió más relajado, regalándole
una pequeña sonrisa al príncipe. Shōto estaba feliz de que Nozomi se sintiera mejor. Entonces beso su
roja nariz y dijo-: ¿Quieres dar esa vuelta por Eiyuu que me pedías en el camino?
El peliverde asintió; pero aun tenia había cosa que le preocupaba, por lo que antes de salir le pregunto:
-¿T-tú estas bien? -El príncipe le miro con desconcierto-. Tu padre... él...
-Yo estoy bien -le respondió en calma sabiendo que se refería a lo de anoche-, yo estaba preparado para
esa posibilidad... Solo que aún guardaba algo de esperanza... No importa ya.
Nozomi se cercioro de que en verdad le decía la verdad, pero Todoroki insistía en que era mejor salir a
dar esa vuelta que le había pedido en el camino. El tritón desistió después de un rato, de todos modos él
también debía distraer su mente de tan negativos pensamientos. Tenia que confiar en que sus amigos
estarían a salvo, y dejar de sentirse culpable, pues desafortunadamente no podía ser todo como el
quería.
Se despidieron entonces de Sero, Mirio e Iida; diciéndole a este último que se adelantara al castillo
cuando terminara, pues ellos tardarían en volver.
ɷʚ♥ɞɷ
Nozomi paseaba maravillado con todo lo que encontraba en Eiyuu. Había probado cosas nuevas; la
comida era diferente, pero de todo lo que degusto, las manzanas rojas y jugosas fueron sus favoritas.
La gente del lugar era amable con él, los niños que se acercaban a saludar a Todoroki le sonreían
también a él; todos lo trataban como un humano más... A veces se preguntaba, ¿cómo reaccionarían al
saber que él era una criatura mágica? ¿Se asustarían?, ¿o lo aceptarían como Shōto y los demás?
Prefería no pensar en eso y disfrutar un poco del lugar. Las molestas mujeres que se acercaban con las
mejillas sonrosadas a saludar al príncipe aparecieron de nuevo, esta vez con más frecuencia; el no era
celoso, pero aunque confiaba en Todoroki, no estaba tan seguro de darle su confianza a ellas. ¡Todas lo
veían con los mismos ojos ilusionados que él siempre le dedicaba! No podía estar imaginando eso, ¿o
si?, no. Al parecer en Yuuei había varias que gustaban de su pareja; ¿cuántas más serian? Esperaba
fueran pocas. 8
Después de pasear un poco por las calles de Eiyuu -y dejando de lado los coqueteos de las señoritas-, se
dirigieron a un campo abierto, un poco alejado de las casas.
Entonces, la mirada del tritón se lleno de asombro al ver como un montón de nubes se movían por entre
el campo de trigo.
Todoroki se acerco confundido por lo que decía; sonrió enternecido por la inocencia del peliverde.
-¿Qué es eso? -pregunto confundido viendo al bicolor, pero luego aparto su vista al ver que una de ellas
se acercaba a su lado. Era más pequeña y blanca que las otras.
-¿Puedo tocarla? -volvió a cuestionar mientras veía con ilusión al pequeño cordero que pastaba junto a
él.
Todoroki lo pensó un poco, temeroso de que pudiera dañar al tritón, pero al final dijo que si,
cerciorándose de estar cerca por si cualquier cosa pasaba.
El pequeño animalito bramaba feliz, e Nozomi sonreía deleitándose con lo suave que era el animal,
hundiendo sus manos entre la esponjosa lana. Al príncipe le gustaba la escena, ver al peliverde feliz era
su mayor goce.
-Es tan genial -anunció contento Nozomi-. Estoy seguro que a Kacchan y los demás les gustaría esto.
Entonces se recordó que cuando salieron de casa de Mina no vio ni a su amigo ni a Kirishima; solo
estaban Sero, Iida y Mirio.
-Ellos volvieron al castillo hace rato -respondió en calma desde donde vigilaba-, dijeron que quieran
practicar un poco para estar listos a partir a Shiketsu.
-¡¿Qué?! -grito mientras se ponía de pie a toda prisa, espantando al corderito y sorprendiendo a
Todoroki-. ¡Es verdad! Deberíamos estar preparándonos también, ¡ah y yo aquí perdiendo el tiempo!
¡Vamos, nosotros también debemos entrenar! -Tomo de la mano al bicolor y lo arrastro devuelta a
donde habían dejado el caballo en la casa. 2
Si, el Nozomi decidido y alegre de antes ya estaba devuelta, y eso ponía contento a Todoroki.
Se alejaron entonces del amplio campo, dejando a las nubes pastar con calma.
Pero ninguno había notado a los dos que los observaban escondidos a la distancia. En la esquina de una
vieja choza de madera, unos ojos turquesa no dejaban de ver a los dos chicos que de a poco se perdían
entre las casas de Eiyuu. 2
-¿Ese es el príncipe Todoroki? -pregunto una aguda voz al que no apartaba la vista del camino que
siguieron Nozomi y Shōto.
-Si.
-No lo sé -respondió inmutable. En realidad si que se hacia una idea. Chisaki le había contado del tritón
peliverde que parecía ser muy cercano al príncipe.
-Pues creo que es lindo -dijo en éxtasis la rubia; sus mejillas se sonrojaron y hacia esa mueca rara otra
vez, como una sonrisa, pero una más siniestra, digna de ella-. ¡¿Podríamos capturarlo?!, me muero por
tener a ese pequeño peliverde conmigo y...
-No -cortó de una los desvarios de su peculiar compañera. Desde que se conocieron al ser ambos
aprendices de hechicería y ser tomados como pupilos del mago Stain, Himiko Toga siempre se le había
hecho una chica demasiado escandalosa y un tanto loca. Fue una sorpresa para Dabi el reencontrase
con la chica como aliados al unirse a Shigaraki. Por ahora tenia que lidiar con sus arranques
imprudentes y controlarla de hacer locuras-. Ya terminamos aquí. Sera mejor volver por ahora. Vamos,
Toga.
Dicho eso se dio la media vuelta para retirarse de Eiyuu. Su compañera lo siguió sin muchas ganas, ella
de verdad deseaba tener a ese pequeño pecoso de cabellos verdes y alborotados. Tal vez seria en otra
ocasión.
Capítulo XXI:
Un Lugar Especial
Era el cuarto día de la tercer semana antes de partir a Shiketsu. Los tritones habían desarrollado una
especie de competencia, y a diario entrenaban en el patio de armas para volverse más fuertes. Cuando
Kirishima no podía luchar contra el rubio, este retaba a Nozomi; decía que así sabría cuanto había
dejado atrás al peliverde. Midoriya también se había vuelto más fuerte con la ayuda de Todoroki; quien
veía orgulloso a su pareja darle batalla al rubio en cada enfrentamiento. Sin embargo, algunas veces
Midoriya era vencido por Kacchan, pues repentinamente se sentía mal en mitad del combate. Como
justo ahora, que tenia que estar descansando unos segundos porque sentía que todo le daba vueltas. 24
—Eres un inútil Deku —se mofo aún con la respiración entrecortada por el esfuerzo de la pasada lucha
—, si te vas a poner así en Shiketsu sera mejor que te quedes, solo nos estorbaras.
Nozomi no tenia tiempo ni de sentirse mal por las palabras de Kacchan, quien se retiro después de ver
que su contrincante no le diaria más batalla, y aunque se hacia una idea del porque Nozomi se sentía
tan mal, no quería inmiscuirse en sus asuntos.
Todoroki ya estaba al lado del peliverde, preocupado cuando lo vio perder el equilibrio y caer. Mientras
el resto de soldados seguían en sus cosas y otros más se retiraban al termino de su entrenamiento.
—¿Te encuentras bien? —pregunto preocupado, pero Nozomi no le respondió, solo estaba quieto
mientras respiraba y miraba al piso—. ¿Te duele algo? ¿Quieres que busque ayuda...?
—No, no. Ya estoy mejor —le dijo sonriente para calmarlo cuando al fin el malestar paso. Entonces
pudo ver a Todoroki angustiado junto a él.
—¡AHH! ¡TODOROKI NO! —grito alarmado, mientras cubría con sus manos la boca del príncipe
para que nadie más lo escuchara; su cara estaba completamente roja y se sentía tan avergonzado, y
aunque no había muchas personas cerca que los escucharan, no quería que dijera en voz alta que ambos
dormían juntos y que a veces hacían más que dormir—. N-no es eso —tartamudeo cuando el bochorno
pasó—, ya me siento bien, sera mejor olvidarlo. 13
—Pero...
—Prometo que si me siento mal otra vez te lo diré, ¿si? —Pedía con ambas manos juntas a modo de
plegaria para que el mitad albino cambiara de tema, sus mejillas ardían y ya se estaba incomodando.
Todoroki simplemente asintió murmurando un monosílabo. Y aunque seguía un tanto intranquilo, por
esta vez dejaría pasar aquello; pues ahora conocía que Nozomi podía ser un tanto obstinado y a veces
era mejor no insistirle, pero de todos modos lo mantendría vigilado. 4
—Oye —Llamo su atención para cambiar de tema—, tengo todo listo para que más tarde visitemos ese
lugar que te prometí.
Nozomi lo miraba curioso, mientras Todoroki sonreía levemente esperando la reacción del pequeño.
Entonces recordó y sumamente entusiasmado dijo:
—Si —Acaricio sus cabellos revolviéndolos más de lo que ya estaban, logrando sacar algunas risas del
peliverde. Shōto reía de igual manera; en verdad que le alegraba que Nozomi estuviese tan
entusiasmado de conocer un lugar tan importante para él; en ese lugar estaban sus mejores memorias de
la infancia al lado de su madre y de sus hermanos, solo en ese mágico lugar podían estar todos juntos y
felices. Se puso de pie y ayudo a Nozomi a levantarse—. Esta tarde iremos allí, después de comer.
—¿Y podre montar a caballo? —pregunto entusiasmado, pues desde hace días que había comenzado a
aprender. 3
Todoroki al principio no había querido enseñarle, porque eso significaba que no podría abrazarlo por la
espalda al cabalgar juntos, pero el tritón había insistido tanto que no le quedo de otra más que
complacer sus deseos como fiel sirviente. 3
—Si, si podrás.
—¡Si! —exclamó feliz alzando los brazos, mientras corría dentro del castillo a cambiarse, pues sabia
que estaba próxima la hora de la comida.
Todoroki solo lo siguió en silencio. Amaba cuan alegre podía ser Nozomi. El peliverde hacia que los
días en el palacio dejaran de ser fríos y monótonos; pues el pequeño tenia una habilidad innata para
hacer amigos que sorprendía al heredero de Yuuei. Incluso algunos sirvientes ya le querían y le
ayudaban a él y a Todoroki a esconder su romance del rey; porque muy cuidadosos no habían sido, y en
más de una ocasión algún siervo les había encontrado por los rincones del castillo de formas... Muy
cariñosas. 6
Midoriya también se había vuelto un buen amigo de Hatsume —la costurera—, quien le hacia cientos
de vestuarios que Nozomi casi no usaba, pero que agradecía de sobremanera. Algunas veces Todoroki
sentía celos de que la chica pelirosa estuviera midiendo y tocando partes del cuerpo del tritón, por lo
que se aseguro de estar presente cada vez que la chica quería experimentar con nuevos estilos en el
vestuario de Midoriya; solo para estar seguro de que no lo tocara tato. 1
La interacción entre Midoriya y el rey era casi nula, pues el de ojos heterocromáticos procuraba no
dejarlos solos mucho tiempo, y siempre aparecían él o Iida cada vez que Enji quería interrogar al
peliverde para conocerlo mejor. El tritón agradecía eso.
Si, Nozomi Midoriya podría alegra cualquier lugar al que iba como si fuera un pequeño sol.
ɷʚ♥ɞɷ
Desde una de las ventanas que daban al patio de armas, Enji observó toda la escena entre Midoriya y su
hijo. El rey se dirigía al comedor cuando vio que una de las ventanas dejaba entrar algo de luz; se
disponía a cerrarla pero algo llamo su atención. Era el hecho de que esos dos se estaban volviendo
demasiado cercanos, y le preocupaba que por pasar tanto tiempo a su lado dejara olvidados sus deberes
como futuro rey. 3
Por eso a penas vio que entraban se dirigió a buscarle. Termino de cerrar la cortina y camino por los
corredores hasta dirigirse a las escaleras para llegar a la planta baja. Cuando al fin estuvo en el amplio
salón de la entrada, logro escuchar la voz de Shōto a lo lejos, y camino en su dirección.
—Shōto —dijo cuando lo encontró hablando con un sirviente. Afortunadamente para el de cabellos
bicolores, no le escucho cuando le pedía al joven vasallo que no sirviera sopa de almejas al peliverde
porque estas le provocaban nauseas. Enji camino hasta él—, necesito hablarte unos minutos.
—Seré breve —Observó con desdén a su vasallo, obligándolo a retirarse con solo una mirada—. Pero
no aquí. —Luego se giro para que su hijo lo siguiera.
Caminaron hasta la biblioteca. Una amplia sala con las paredes tapizadas de estantes rebosantes de
libros de distintos tamaños y grosores, en el centro se encontraba una larga mesa de caoba y un par de
sillas recubiertas de una acolchada tela roja. Ya dentro, el patriarca Todoroki tomo asiento y se puso
cómodo, esperando a que su hijo le limitará, pero el bicolor se quedo de pie al otro lado de la mesa que
les separaba, dándole a entender que no se quedaría mucho tiempo. Enji suspiro cansado. No tenia caso
intentar fraternizar; sería mejor ir al punto.
—Pronto te convertirías en rey, y no tendrás tiempo para pasear con tus amiguitos —hablo serio,
mientras la mirada heterocromatica yacía perdida en las escaleras metálicas que llevaban a los estantes
superiores—, los deberes de un líder no son tarea fácil Shōto.
—Lo sé.
—Espero que sea así —Se removió en su asiento, pues esta vez quería hablarle de otra cosa—. Por
cierto, sabes que el Clero y los nobles piden que un rey este casado para gobernar, ¿verdad? —El de
ojos dispares exhalo cansado y cerro los ojos con pesar para luego asentir; ya sabia por donde iba la
cosa—. Entonces lo pondré fácil: o escoges a una buena dama para desposarla o lo haré yo.
—Tengo suficiente tiempo para eso —dijo tajante mientras daba unos pasos para ponerse frente a él—.
Apropósito... —hablo decidido a cambiar el tema, pues tenia que aprovechar que ya estaban ahí—.
Quería informarte que partiré a Shiketsu dentro de unos días.
—No me acabas de decir que tomaras en serio tu papel como futuro rey, y ya esperas irte de nuevo por
allí.
—Solo serán un par de días, y sera la última vez que este fuera por motivos personales.
Ambos se miraban en completo silencio; por una pequeña ventana en lo alto que estaba abierta se podía
oír a lo lejos el leve tiritar de las aves. Enji golpeteaba la mesa con sus dedos, escrutando en las
palabras de su hijo, buscando un motivo que no lograba encontrar.
—Al parecer no le agradamos —afirmó; lo que decía era la verdad, las relaciones con las tierras de
Shiketsu no habían sido del todo buenas al tomar las riendas del lugar el Lord Yoarashi. Enji apenas y
podía recordar la cara del joven noble una vez que asistió al castillo hace ya varios años, no entendía
que era lo que pretendía Shōto—. Cuando sea rey, quiero llevarme bien con todos los señores feudales
del reino —se explico, dejando en sorpresa al rey—. No quiero que en un futuro puedan intentar algo
contra la corona.
Tras meditarlo solo unos segundos, Enji quedo convencido con las palabras del mitad albino. Puede
que después de todo su hijo no fuera una completa decepción, y que ya comenzara a pensar en su futuro
como monarca de Yuuei. Tal vez no todo estaba perdido para Enji, y si seguía así, podría mantener sus
planes.
Se dio la media vuelta sin esperar más palabras de su padre y salio del recinto dejándolo solo. Enji iría
luego al comedor.
ɷʚ♥ɞɷ
Después de comer y cuando el atardecer llego, Todoroki le pidió que lo esperara en la entrada del
castillo mientras iba a buscar los caballos para montar, pues planeaban visitar ese lugar especial del
príncipe. Se alisto para su salida y en un descuido cuando se dirigía a la entrada, termino en un pasillo
diferente al que se supone recorrería. Midoriya estaba perdido. Él ya conocía mejor el lugar, y era
difícil que se perdiera, pero se había sentido extraño otra vez; estaba seguro de que vomitaría o algo, y
sin darse cuenta comenzó a caminar tomando otro camino.
Se detuvo en uno de los pasillos y se sostuvo de una de las gruesas cortinas, las nauseas comenzaban a
pasar poco a poco. Nozomi comenzaba a preocuparse, pues esos malestares eran cada vez más seguido,
¿se estaría enfermando?, o tal vez...
Sus mejillas estallaron en rojo, y una pequeña sonrisita se dibujo en sus labios. ¿Podría ser a caso... que
estuviera encinta? 31
Llevo una de sus manos a su bajo vientre, esperanzado en que tal vez era eso; después de todo había
intimado con Todoroki más de una vez y este había dejado su semilla dentro de él, seguro que en
alguna de esas ocasiones había logrado concebir. Eso lo ponía feliz... ¡Y nervioso! ¿Cómo lo tomaría
Todoroki? Bueno, fue tan descuidado, ¡que ni siquiera le había dicho que podía embarazarse!; pero no
podían culparlo, cuando descubrió que estaba enamorado vivía en un mundo aparte, uno color de rosa
donde todo era bello y perfecto. Comenzaba a entender por que decían que el amor te volvía un tonto
sin remedio. Pero pese a sus sospechas no pensaba contarle nada a Todoroki aún, no hasta estar seguro
de estar esperando un hijo del mitad albino... Un hijo de Todoroki... Creciendo dentro de él... Eso
sonaba lindo. 3
Sacudió su cabeza para dejar de hacerse ilusiones. Por ahora tendría que esperar un poco a contarle;
además, aún tenia que rescatar a sus amigos. 1
Estaba tan absorto con sus ideas que no noto cuando ya se sentía mejor; y tras haber descansado unos
minutos más ya estaba listo para regresar a donde se suponía debería esperar. Pero entonces pudo ver
de soslayo una silueta bastante conocida, no sabia si eran secuelas de su malestar y había visto mal,
pero le pareció que era el rey, quien con prisa entro en una habitación que él jamás había visto por
dentro —no es como si conociera todas las habitaciones del inmenso lugar, pero es que nunca había
estado por esos lados del castillo—, en su curiosidad decidió seguirle, y tras esperar unos minutos se
acerco a la inmensa puerta de madera con incrustaciones doradas. Abrió lentamente el portón;
esperando no ser descubierto. Asomo de a poco su cabeza buscando al que había visto entrar, revisando
con sus verdes ojos cada rincón de la sala. Pero en la habitación con forma hexagonal solo pudo ver
cortinas negras, una alfombra blanca que cubría una parte del mármol negro y candelabros alumbrando
el lugar, además de un mueble de extraña forma en color marrón, jamás había visto algo así antes. Pero
el rey no estaba por ninguna parte. No entendía como era eso posible, si el estaba seguro de verlo
entrar. ¿O es que acaso si lo había imaginado? Con cautela abrió más la puerta, dejándola entreabierta
para entrar al fin.
Se paseo por el lugar, hasta llegar al mueble extraño; no se veía como una mesa, aunque tenia un
pequeño banquillo enfrente; entonces comenzó a acariciarlo, curioso de encontrar cual era el
funcionamiento de este. La madera se sentía fría pero suave ante su tacto, delineaba con cuidado cada
parte de aquel mueble hasta que en un descuido toco una parte que de inmediato provoco un sonido
extraño que resonó por todo el lugar.
Una voz lo sorprendió haciéndolo dar un pequeño salto del susto, para luego girarse a ver quien lo
había descubierto. Del sobresalto su mano se recargo más del mueble y se produjo un sonido todavía
mayor.
—Ah, y-yo...
—Si él te ve aquí se enojara —dijo bastante nerviosa, viendo a todos lados como si buscara algo; no le
dio tiempo de que preguntará quien se enojaría, cuando lo tomo de la mano para sacarlo de la sala antes
de que una tragedia ocurriera. 8
De pronto Midoriya se vio jalado por la mujer de cabellos blancos y piel morena —si recordaba bien,
su nombre era Rumi, aunque le gustaba que la llamara Mirko—, quien con desespero cerro la puerta y
apresurando los pasos lo llevo lejos de la habitación. 1
Se detuvieron cuando estuvieron justo en la entrada del castillo, donde Todoroki dijo que le esperara.
—Ya estamos a salvo —resoplo aliviada la mujer para luego verlo con un poco de molestia—.
Escuche, esa sala es muy importante para los Todoroki y por ningún motivo debes entrar sin la
autorización de la familia real ¿Entendido?
Nozomi simplemente asintió, prestando atención a todo lo que decía, pero más curioso de saber
exactamente porqué estaba prohibida la habitación. Estaba a punto de soltar un montón de preguntas,
pero un grito desde dentro que llamaba el nombre de la morena se lo impidió.
—Ay no —suspiro cansada para luego hablar con prisa—: que no se vuelva a repetir. Si alguien le
pregunta, usted estuvo todo el tiempo aquí afuera.
Nozomi asintió por última vez antes de que Mirko regresara corriendo al castillo.
El peliverde se quedo solo al fin, mientras veía por donde la mujer se fue. Estaba muy confundido,
¿había hecho algo muy malo? Esperaba que no; ni siquiera quería contarle a Todoroki, si ese lugar era
tan importante como decía Mirko, no quería que Shōto se enojara con él por su atrevimiento.
Después de unos minutos apareció Todoroki, con su corcel blanco y uno marrón con manchas blancas
para él. Cuando vio al animal de inmediato olvido lo que había ocurrido; le encantaba ese caballo, y
amaba pasear con él.
ɷʚ♥ɞɷ
El príncipe lo llevo un poco más allá del pueblo; pasando por entre todas las casa y los campos dorados
de trigo que eran iluminados por el sol de esa tarde. Anduvieron cabalgando entre risas y sonrojos por
parte del peliverde, hasta que finalmente llegaron hasta unas rejas que se extendían a lo largo frente a
ellos. Solo la puerta estaba descubierta; tal precia que con el paso del tiempo la maleza se había
apoderado del resto.
Todoroki bajó de su caballo y ayudo a Midoriya con el suyo. Entonces se dirigió a la reja, donde
amarro a ambos corceles y después la abrió. El príncipe se coloco a un lado para dejar entra al pecoso
primero. De inmediato Midoriya se adentro lleno de curiosidad, y lo primero que vio fue una serie de
piedras esparcidas por el suelo que formaban un camino dentro del jardín, al rededor de la pequeña
vereda había varios arboles con flores blancas, y algunos matorrales más pequeños con botones en
color rosa. El tritón sonrió feliz y maravillado; ese lugar era sin duda bastante bonito, nunca había visto
algo así antes.
—Esas de color rosa y blanco son flores —susurró en su oído mientras señalaba el lugar y aprisionaba
su cintura con su mano libre—. Pero tú eres más bonito que ellas —Beso su mejilla para luego soltarlo
y volver donde la reja para cerrarla. El gesto provoco que las mejillas del tritón ardieran como al
principio que comenzaban a salir; al parecer nunca se acostumbraría a las bonitas palabras que le decía
Shōto—. Ven, tenemos que caminar un poco —dijo el de ojos dispares tomándolo de la mano para
adentrarse en el lugar.
Nozomi estaba ansioso, ya quería ver a donde lo llevaba. Entretanto, el mitad albino disfrutaba de las
expresiones de asombro de su pareja; sus ojos brillaban más que las esmeraldas, y una tierna sonrisa
adornaba sus labios. El suave viento hacia flotar algunos pétalos blancos de entre los arboles de
manzano, que al estar ya en otoño perdían sus flores para darle paso a los frutos. Le parecía esa la
escena más bella de todas; su Nozomi estaba caminando en esa vereda mientras le tomaba de la mano y
algunos pétalos caían entre sus revoltosos cabellos verdes. Sonrió ante el panorama y siguió su camino.
Ciertamente la entrada le había parecido demasiado bonita al pequeño peliverde, eso hasta que llegaron
al final del sendero, donde podía verse un pequeño estanque rodeado de más de esos arbustos con flores
rosas; algunos eran más grandes que parecían los arboles de flores blancas del camino, y otros eran tan
pequeños que apenas tenían algunos botones. Esas no eran las únicas que podía ver, pues también había
algunas con pétalos lilas, purpuras y solo algunas rosas rojas, las más pequeñas eran unas azules que se
perdían entre lo verde del pasto. Todoroki se encargo de nombrar algunas de las flores que el tritón
veía.
Nozomi se paseo un rato por el lugar; se quedo hipnotizado viendo a unos pececillos nadar en el
estanque que había en mitad de todo el bello lugar. Mientras Todoroki termino de acomodar algunas
mantas en el césped junto a una cesta con comida que había preparado previamente. Cuando Midoriya
se dio cuenta camino con una sonrisa pintada en su rostro hasta estar al lado del mitad albino.
—Sorpresa —hablo mientras lo invitaba a sentarse junto a él—. Tarde un poco en traerte porque estaba
bastante descuidado, pero al fin logramos arreglarlo; Sero y Tetsutetsu me ayudaron. ¿Te gusta?
—¡Si! Me encanta —Nozomi corrió a su lado, para abrazarlo y besarlo. Todoroki le recibió gustoso.
A Nozomi le encantaba ese lugar secreto que Todoroki había decidido compartir con él. Se sentía feliz,
y por ahora se permitiría disfrutar al lado de su pareja. Se dejarían envolver una vez más en ese mágico
mundo color de rosa al que se transportaban todos los enamorados, perdiéndose en la compañía que
ambos se brindaban, lo único que necesitaban para estar en paz.
Así comenzaron a crear un recuerdo más. Una perfecta cena para dos, rodeados de bellas flores con
exquisitos perfumes. Pero esa era sólo una parte de lo que el de ojos dispares tenia planeado para esa
tarde.
Capítulo XXII:
Azaleas Bajo la Luna
Después de la pequeña cena —la cual para sorpresa del peliverde fue preparada por Todoroki—, se
recostaron sobre la manta a esperar la puesta de sol que podría ser admirada en unos minutos más.
Estaban abrazados viendo el cielo que comenzaba a teñirse de rosa, dejando que poco a poco las
estrellas se asomaran.
—Me encanta aquí Shō —dijo mientras se acurrucaba entre los brazos de su pareja—, todo es tan
bonito y tranquilo.
—Me alegra que te gustara. —Entonces beso su frente, provocando unas risitas al otro—. Las azaleas
eran las favoritas de mamá, por eso el lugar esta lleno de ellas en su mayoría.
—¿Cuáles son? —preguntó sentándose de golpe para mirar curioso a su alrededor. Shōto se acomodo
con calma a su lado.
—Las de color rosa claro. —Señalo las que rodeaban el estanque. El peliverde veía a los matorrales
llenos de flores que se reflejaban en el agua, le parecía que eran muy bonitas—. Recuerdo que cuando
venia con mis hermanos... —continuó, llamando la atención del pequeño tritón—. Mamá nos contó que
este jardín fue un regalo de mi padre, cuando se entero de que ella estaba embarazada de Natsuo —hizo
una pausa mientras tenia la vista fija en el estanque, donde el agua se agitaba al caer pétalos dentro de
ella, volviendo borroso el reflejo de las estrellas que apenas se podían ver; y se rió pensando en lo
increíble que sonaba lo que acababa de contarle—. Es raro de creer que mi padre pueda tener un gesto
de tal magnitud...
—Me parece que es algo lindo —le dijo dando un fugaz beso en su mejilla.
—Si —respondió sonriente, embobado por el gesto del tritón—. Sabes, según tengo entendido, las
azaleas rosas representan la feminidad y la fertilidad, por eso son perfectas para regalarle a quien esta
gestante. 13
—¿Q-qué? —balbuceo sonrojándose y asustándose tras escuchar aquello: "Azaleas rosas para quien
esta embarazada", pues él podría estar esperando un bebe en ese preciso momento. Shōto seguía viendo
los pétalos caer así que no se percató de sus expresiones—. ¿A qué t-te refieres?
—¿Lo de las flores?, solo es algo que recordé —respondió simple—. Ese es el significado que le dieron
a esa flor. 1
Nozomi pudo relajarse con su respuesta. Sentía y sabía que lo mejor era contarle de sus sospechas de su
posible embarazo... Si, era el momento justo para que hablaran.
Pero no lo haría, no ahora. No le gustaba mentirle de esa forma, pero no veía otra opción; porque sabia
que Todoroki podía llegar a ser muy sobreprotector y jamás le permitiría ir a Shiketsu con él, incluso
seria capaz de encerrarlo en la torre más alta y vigilarle hasta cuando dormía. E Nozomi Midoriya no
era de los que se quedaban quietos, y menos cuando alguien importante para él estaba en peligro... Solo
esperaba no equivocarse y que Shōto pudiera entenderlo. 22
Mientras miraba el perfil del príncipe con algo de tristeza por mentirle así, un nuevo temor cruzo por su
mente; acaparando toda su atención, le asechaba creciendo de apoco con el pasar de los segundos.
—Shōto... —musito llamando la atención del otro, y para deshacerse de la tortuosa duda pregunto—: A
ti... ¿T-te gustaría... tener hijos?
El silencio se le estaba haciendo eterno, pues el mitad albino no respondió de inmediato y el tritón
comenzaba a temerse lo peor; el nerviosismo aumento cuando Todoroki lo miro.
—¿Hijos? —cuestiono pensativo aun sin mirarlo, la pregunta era más para si mismo que para su
compañero; pues se dio cuenta, que hasta ese momento jamás había pensado en eso.
—Yo... —Todoroki no sabia que responder. ¿Qué si quería ser padre? La verdad es que eso le asustaba
un poco; le temía a convertirse en uno como el suyo, alguien frió y distante. Y aunque desde muy joven
se prometió que si alguna vez llegaba a tener hijos jamás seguiría los pasos de Enji Todoroki, el miedo
seguía ahí—. Tal vez... —respondió simple.
Entonces ambas miradas se encontraron bajo la luz de la luna que ya estaba en apogeo.
—¿De verdad? —dijo esperanzado. Los ojos de Nozomi estaban acuosos y un poco brillantes; tal
parecía que derramaría lagrimas en cualquier momento. Esa vaga respuesta le hacia feliz, pues de
confirmar sus sospechas, Shōto podría ponerse contento.
Pero Todoroki malinterpreto aquella mirada. Y al reflexionar sobre su respuesta se dio cuenta de sus
torpes palabras: pues si ambos eran chicos, era probable que no pudieran concebir entre ellos, y él le
acababa de decir que quizás si quería tener hijos propios. ¡Pero si era un tonto sin tacto! Ahora su
Nozomi estaba triste. 3
Pero no podría estar más equivocado. Las lágrimas de Nozomi que amenazaban con caer eran de
felicidad pura.
—Por favor no llores; lo siento, y-yo, es que... —hablo nervioso intentando corregir sus palabras, pero
Nozomi simplemente sonrió para acercarse a besarlo. Un simple beso que trasmitía cariño y que le
decía que todo estaba bien. Estando más clamado Todoroki volvió a hablar al separarse—. Lo siento...
Es solo que, no se si seria un buen padre. Y me asusta convertirme en alguien como el mio.
Midoriya le comprendió, entendía que Todoroki estuviera asustado como una vez él lo estuvo; aunque
eran diferentes temores que se disiparon gracias a las palabras de su madre. Pero Todoroki no tenia a
nadie que le ayudara con sus inquietudes. Nozomi sabia que tenia que ayudarlo; y aún estando cerca y
viéndose a los ojos, acaricio la mejilla del príncipe, pasando su pulgar por el contorno de su cicatriz.
—Tú no seras como él —le dijo—; no le conozco del todo bien, pero a ti si, y puedo asegurarte que tú
eres bueno. Todoroki Shōto seras un buen rey... Y un buen padre —decretó con seguridad—. Yo se que
tu actuar y tus decisiones serán buenas, y no importa quien sea tu padre, eso no define quien eres; tú
solo eres Shōto... —Sus mejillas y las del bicolor estaban teñidas en rosa; las bonitas palabras de
Nozomi llegaron hondo en el alma del príncipe—. Así que no pienses que seguirás el mismo camino. 8
Todoroki estaba enternecido, y viendo la verdad grabada en sus palabras logro sentir una vez más la
calma que su alma necesitaba, esa que solo Nozomi era capaz de trasmitirle; era increíble como con tan
simples palabras podía derribar sus dudas y temores cual frágiles naipes. El peliverde ahuyentaba a los
demonios de sus miedos, dejando en su lugar quietud y afecto. Sentía que todo estaba bien estando a su
lado.
Se deshizo de la molesta distancia que separaba sus cuerpos y comenzó un beso que aunque inocente
en un inicio se torno pasional de apoco; intentando transmitirle todo el cariño que sentía por él.
Avivando el calor de su amor bajo los ojos de la luna de octubre.
—Nozomi... —ronroneo sobre su labios al separarse, mientras acariciaba con ternura la mejilla del
menor, aun con esa cercanía le miro a los ojos—. Te amo tanto... que incluso ahora esas palabras
quedan cortas para expresarte todo mi cariño y lo importante que eres para mi.
Los ojitos verdes brillaron como siempre que escuchaba al príncipe profesar su amor por él; las pecosas
mejillas bañadas de rojo no se quedaron atrás.
—Yo se de tus sentimientos; no hacen falta palabras —le dijo con cariño—. Pero no dudes que yo
siento lo mismo por ti, mi Shōto.
Sus labios se unieron una vez más. Encajando perfectamente, hambrientos uno del otro se movían en
un acompasado baile en el que sus lenguas se encontraron gustosas, disfrutando con calma su amor.
Poco a poco y sin perder el contacto de sus bocas recostó al peliverde, mientras se acomodaba sobre él.
Cunado se separaron Todoroki se encontró con las esmeraldas del peliverde brillando en deseo, algunos
traviesos pétalos caían a los costados de su rostro y algunos más quedaban enredados en los verdes
cabellos. Ambos se veían a los ojos, cómplices, sabiendo lo que seguía.
ɷʚ♥ɞɷ
Midoriya sonrió suavemente; su cuerpo deseaba unirse al Todoroki aun cuando su alma permanecía
fundida con la del príncipe. Incluso con toda esa pasión en su corazón... Aun así...
—¿E-esta bien que hagamos e-esto aquí? —preguntó cohibido, esperando que la sensatez de Todoroki
reaccionara, ayudándole a mantener la suya—. ¿No deberíamos v-volver? Se esta haciendo tarde y...
—Todo esta bien —susurró con voz rasposa, acercándose a sus labios, confundiendo los pensamientos
del tritón—. ¿No dijiste que te gustaba aquí?
—No menciones al viejo justo ahora —lo interrumpió, pues no quería pensar en nada más que ellos dos
juntos—. Nadie nos extrañara si nos quedamos un rato más... —le dijo para luego robar un fugaz beso
—. Si tú quieres... —trato de persuadirle; mientras en un impulso el bicolor se froto sin pudor contra el
cuerpo del menor. 3
El peliverde podía sentir el bulto bajo los pantalones de Todoroki que golpeaba contra su bajo vientre.
Se sentía tan caliente.
Nozomi trataba de ser sensato, en serio que lo intento. Pero la tentación de tener a Shōto tan cerca, de
sentir el bisbiseo de sus palabras sobre sus labios... No pudo resistirse más, y sin remedio sucumbió a
él.
—Si quiero —respondió, y Todoroki le sonrió complacido—. Por favor, bésame otra vez —pidió en un
arrullo, y su orden de inmediato fue cumplida. Unieron sus labios una vez más, sus bocas hambrientas
no parecían querer parar. Mordieron, chuparon y saborearon los labios del contrario. Todoroki seguía
enloqueciéndolo, haciendo presión con su aprisionada erección sobre su pierna derecha. El peliverde no
se quedo atrás, y sus ansiosas manos delinearon los costados y el pecho del príncipe, sintiendo por
sobre la estorbosa tela los marcados músculos; oh por Poseidón tenia tan buenos recuerdos de ellos. Y
mientras él se ahogaba en las sensaciones que despertaba su tacto, Todoroki termino el beso, solo para
recorrer su cuello con sus labios. Nozomi ladeo entonces su cabeza para darle mejor acceso a esa parte
tan sensible de su cuerpo; algunos jadeos escapaban de su garganta cundo el aliento del bicolor
golpeaba contra su piel—. Sho-ah~ —Cubrió con desespero su boca para acallarlos.
—No te contengas —dijo apartando su mano, depositando un efímero beso en el dorso de esta—; me
encanta escucharte gritar mi nombre. 6
La sonrisa coqueta del príncipe que acompaño a sus palabras lo enloqueció aún más. De pronto,
Nozomi empujo al bicolor solo para quedar encima de él. Todoroki estaba sorprendido, sus mejillas
estaban ardiendo; para el tritón era todo un privilegio verle sonrojado. Podía apreciar el pecho del
príncipe subir y bajar al llenarse de oxigeno.
Nozomi descendió hasta quedar abajo de sus caderas, sentándose entre las piernas del príncipe, y sin
pudor alguno paseo su mirada por la entrepierna de su pareja, donde la pasión de Todoroki ya estaba
despierta; al ver aquello se obligo a tantear con su mano izquierda su propia intimidad; la dolorosa
erección que guardaba bajo sus propios pantalones y la humedad de su interior le quemaban. Recargo
sin temor su mano derecha en la pierna de Todoroki, y recorrió travieso desde sus rodillas, acariciando
por sobre la tela sus muslos, hasta tantear el bulto en su entrepierna; donde sin pena presiono solo un
poco, arrancando un jadeo áspero de la garganta de Todoroki.
—Nozomi... —gruño con una sonrisa de medio lado, entusiasmado por la juguetona actitud de su
pareja.
—¿P-puedo? —pido con un sonrojo mientras se relamía los labios un poco ansioso, aún sin despegar la
vista de donde su mano estaba.
Nozomi río apenado, mordiendo su labio inferior. Se acomodó mejor en su lugar, y sin más pena dejo
salir el miembro erecto de Todoroki. Pudo observarlo unos minutos bajo la luz de esa noche, antes de
que su lengua pudiera tocarlo.
La luna se sonrojo y oculto a todo el cielo nocturno tras las nubes; mientras Nozomi degustaba feliz la
virilidad del bicolor, recorriendo con su lengua desde la base hasta la punta, cubriendo la piel con su
boca, besando y chupando a su antojo. 8
—Nozomi... Nozomi... ah~ —clamaba su nombre entre jadeos, mientras lo tomaba fuerte de los verdes
cabellos siguiendo los movimientos con sus caderas, hasta terminar.
A Todoroki le encantaba sentir su boca sobre su piel, lo volvía loco de verdad; pero prefería su cálido
interior.
Le ayudo a que se quitara los pantalones, dejando que se montara sobre él; mientras mordía con
desespero sus labios y marcaba su piel, cubriendo cada peca en su cuerpo por sus besos, recorriendo los
lugares que ya conocía bien. Entonces desabotono la camisa de Nozomi y llevo uno de sus rosados
botones a sus labios, mientras le veía con lascivia impresa en los iris de distinto color; provocando que
las emociones del tritón se encendieran.
Nozomi jadeo, sintiendo la humedad entre sus glúteos y las ansias que lo obligaban a frotarse contra la
erección de Todoroki, buscando con desespero satisfacer sus deseos. Estaban ardiendo. Entonces la
lluvia se derramo sobre ellos, refrescando así un poco sus cuerpos. El agua mojaba sus ropas; las
gotitas escurrían por el pecho del tritón, resbalando lento sobre su piel, mientras el bicolor las recogía
con su lengua. Todoroki acaricio una de las piernas de Nozomi, y después la tomo para ayudarle a
acomodarse mejor sobre él. Guió sus caderas hasta que su entrada estuvo justo sobre su miembro; las
llevo entonces hacia abajo, permitiendo hundirse entre sus paredes. Lento, disfrutando las sensaciones,
la entrada de Nozomi devoraba su miembro.
El peliverde se sujetaba fuerte de los hombros de su pareja mientras unían sus cuerpos, enterrando
inconsciente sus uñas en la piel. Cerro los ojos y hecho su cabeza hacia atrás dejando que las gotas
golpearan su rostro, soltando un suspiro al sentirlo por completo dentro suyo, llenándolo. Bastaron
unos momentos para que comenzara el vaivén de sus caderas.
Midoriya lo estaba montando con desespero. Justo como le gustaba hacer el amor; arriba y abajo, una y
otra vez sin descanso. Todoroki amasaba y apretaba sus glúteos, ayudando así a llegar más profundo en
su interior. Sus cabellos se pegaban a su cara por el agua, y los gemidos se perdían entre besos. Pero
Todoroki quería más. Entonces cambio de posición aún sin salir de su cuerpo. Ahora Nozomi estaba
bajo él, con las piernas bien abiertas, recibiendo las incesantes embestidas, mientras Todoroki le
sujetaba con una mano de la cadera para marcar el ritmo y con la otra tomaba su miembro para darle
placer; todo eso era parte de su paraíso. Nozomi se estremecía con cada embestida, con cada toque; y
Todoroki disfrutaba de las expresiones de su pequeño. Hasta que finalmente el peliverde sintió la
semilla del mitad albino inundando su interior, soltando así un último jadeo y terminando él también
entre sus cuerpos.
Recuperaban el aliento; las gotas que los empapaban se detuvieron. Las nubes se fueron y el cielo
nocturno se asomo otra vez.
Todoroki salió del interior del tritón, dejando que el semen resbalara por entre sus glúteos. Se recostó a
un lado de Nozomi y le envolvió con sus brazos, mientras el peliverde se aferraba a su pecho,
manteniéndose caliente entre sus brazos, disfrutando la quietud del momento. 4
—Crees... ¿Crees qué nos estén buscando? —le cuestionó rompiendo así el silencio—. ¿Crees, que
notaran tu ausencia?
—Puede ser —respondió mientras se separaba sólo un poco para ver su rostro y acariciarlo con cariño,
removiendo algunos cabellos verdes que húmedos se pegaban a su frente—. Pero no pasara nada.
Simplemente nos perdimos por culpa de la lluvia. 3
Midoriya rió por su comentario, y Todoroki se deleito con esa melodía que tanto amaba escuchar.
Luego se volvió a acurrucar entre sus brazos. Ya nada importaba; Nozomi se perdió una vez más entre
el amor que sentía por Todoroki.
Estuvieron así unos minutos más; luego se limpiaron y sin remedio vistieron sus ropas mojadas, ya que
no tenían más que ponerse —pues ni la lluvia ni hacer el amor estaban planeados— para después
buscar sus caballos en la entrada del jardín.
Por esa ocasión, Nozomi volvió al castillo en brazos de Shōto, mientras él llevaba las riendas de ambos
corceles; pues el tritón estaba algo cansado y solo quería dormir por lo que restaba de la noche.
ɷʚ♥ɞɷ
Lejos del jardín de azaleas, un monasterio se ocultaba entre un marchito bosque. Parecía ser una noche
tranquila en aquel lugar. Se sentía frió y la luz de la luna no alcanzaba las habitaciones de aquel sitio,
pero a ninguno de sus residentes les importaba mucho.
En una de las salas se encontraban cinco personas, mientras una lampara de tiritante fuego sobre la
madera de una mesa alumbraba un poco su entorno, y los chillidos de los roedores se escuchaban por
las esquinas del polvoriento suelo. Su líder, Shigaraki, se encontraba sentado frente a la mesita en
medio de la sala; estaba recargado sobre la superficie, con una mano cubriendo su rostro y rascando su
cuello con la otra para calmar así su ansiedad.
—¿Entonces ya está todo listo, Kurogiri? —cuestionó al que consideraba como su mano derecha.
—Si, los pagos de los nobles que asistirán ya han sido cobrados
—reportó puntual; pues para asegurarse de posibles emboscadas escogieron cuidadosamente a sus
compradores, asegurándose así de que nada saliera mal—. Sólo falta elegir cuáles mercancías se
exhibirán. 1
—Toga —llamó entonces a la chica que distraída estaba sentada en un banquillo, con los brazos
recargados en sus rodillas y su cabeza en sus manos, soñando despierta con el bonito peliverde que
había visto hace días; Dabi le miraba con cautela, recargado en una de las frías paredes rocosas
esperando a oír su respuesta—. ¿Ya escogiste entre los fenómenos? 4
—¿Ah? —respondió sin mucha idea, saliendo de sus fantasías. Al peliceleste le molesto su falta de
atención.
—Tengo a un montón de inútiles aquí —murmuró fastidiado, lacerando con sus uñas la piel de su
cuello; le estresaba tanta ineptitud—. Lárgate de una vez a hacer tu trabajo.
—¡Si! —De un salto se puso de pie, dispuesta a cumplir sus ordenes; pero había un problemita—.
Exactamente, ¿cuál trabajo?
—¡Solo desaparece de mi vista! —grito molesto, tirando al piso la lampara que alumbraba el lugar; la
luz se extinguió al instante, volviendo más oscuro el sitio. El ruido del cristal rompiéndose sorprendió a
todos y asusto a los ratones.
Dabi creo un poco de fuego aun desde su lugar; mientras Toga salio de la sala ignorando los berrinches
de su deplorable jefe. Total, luego le preguntaría a alguno de sus compañeros que era lo que hablaban
cuando ella no prestaba atención; mientras podía seguir fantaseando un rato más.
—Y tú Twice, ¿ya lograste contactar a Chisaki? —cuestionó a un hombre que portaba una máscara de
tela negra y gris, quien estaba en una esquina tratando de alejarse del malhumorado peliceleste.
—Ah, no... —respondió esperando que no se alterara nuevamente—. Desde que llegamos a Yuuei,
desapareció.
Shigaraki bufo con la respuesta; se sentía burlado. Ese bastardo les había abandonado como si sólo
estuviera jugando con ellos, desapareciendo sin más cuando se aburrió de estar de su lado. Nadie se lo
esperaba. Salvo por alguno que ya conocía de las intenciones de Chisaki de abandonarlos, porque ellos
ya no representaban ningún interés para él o sus aliados.
—Pero al menos detuvo al Todoroki menor —puntualizo Twice, pues todos creían que efectivamente,
Chisaki había logrado detener al príncipe Todoroki y sus aliados en la destruida guarida de Musutafu.
Solo dos de ellos le habían visto con vida. Una de ellos estaba demasiado ocupada en sus retorcidas
fantasía como para prestarle atención a algo más, y el otro simplemente no tenia en sus planes
compartir dicha información.
—Tenia que matarlo, pero no tenia por que destruir todo el lugar —refuto Kurogiri.
Shigaraki ya no les prestaba atención, pues había algo más de todo eso que quería comprobar.
El mencionado lo miro unos segundos, manteniendo las llamas azules ardiendo en su mano derecha.
—Hmm —murmuró pensativo, analizando todas las posibilidades hasta llegar a una conclusión—, tal
vez aún no se enteran.
El de las cicatrices no dijo más, permaneciendo tranquilo en su lugar. Pero Kurogiri no se quedo
tranquilo con eso y dijo:
—No lo creo, a ese anciano dejaron de interesarle nuestros tratos desde hace un rato. No creo que de
pronto se le de por traicionarnos —dijo el de la mascara restándole importancia. 2
—Twice tienen razón, Kurogiri —hablo el chico que sostenía las llamas azules—; él rey debe estar
demasiado ocupado con otros asuntos.
—Deberíamos andarnos con cuidado de todas formas —sugirió nuevamente Kurogiri a Shigaraki—, lo
importante por ahora es terminar con esto, para buscar nuevas mercancías después; todavía tenemos
que recuperar lo perdido en Musutafu. 1
El peliceleste le dio la razón. Aunque de todos modos no creía que Enji Todoroki hiciera algo contra
ellos, y ya no tenia que preocuparse por su hijo menor, por lo que no veía mayor complicación en sus
planes; ya una vez acordadas sus prioridades dio por terminada la reunión. Cada quien se fue por su
lado, dejando el monasterio en una temporal calma por esa noche.
Así paso la noche; y a la mañana siguiente el único que pregunto por él, fue su padre, pero Shōto pudo
justificar su retardo gracias a la lluvia. Nadie más se inmiscuyo en los asuntos de los amantes.
Midoriya continuo con sus entrenamientos, y para su fortuna sus mareos disminuyeron un poco, siendo
reemplazados por simples nauseas matutinas. A Nozomi le costaba ocultar sus malestares pues
Todoroki siempre estaba al pendiente de él, cuidándolo. 4
ɷʚ♥ɞɷ
El tiempo se movió a prisa, y en el patio de armas, Kirishima, Iida, los tritones y algunos soldados se
habían reunido para alistarse antes de encontrarse con los demás en Eiyuu y así partir rumbo a
Shiketsu. 4
Todoroki se estaba retrasando debido a que fue llamado por su padre en el último momento. Mientras,
Midoriya se encontraba concentrado acomodando las riendas de su caballo, su espada ya estaba
enfundada y acomodada en su cinturón; solo esperaba a que llegara el príncipe y dieran la orden para
partir. En esos momentos el peliverde no podía dejar de sentirse ansioso y nervioso, estaba lleno de
determinación. Pero entonces sintió como su vista se nublaba y perdía el equilibrio, obligándolo a
recargarse como pudo en su caballo antes de que cayera; respiro hondo un par de veces, esperando a
que su malestar pasara pronto. Se quedo así unos minutos, mientras era ignorado por sus compañeros
que seguía en lo suyo.
Pero aquel gesto fue notado por Bakugo, que aunque no le interesaban en lo más mínimo los problemas
de Midoriya, no pudo evitar acercarse para hablar seriamente con el peliverde.
—¿En serio piensas ir así? —pregunto mientras le quitaba las riendas de las manos y terminaba de
hacer lo que Midoriya no pudo al sentirse mal.
—¿Así, cómo?
—No quieras tratarme como un estúpido —dijo con molestia—. Te dejaste embarazar por el bastardo
mitad y mitad, ¿no es así? 11
La afirmación de Bakugo tomo por sorpresa a Midoriya; ya que él planeaba guardar el secreto solo para
si mismo. La cara del peliverde se coloreo de rojo y comenzó a tartamudear con nerviosismo.
—Por favor. No nací ayer —ironizo mientras le devolvía las riendas—, es más que evidente.
—P-pero... Aún... Y-yo... —murmuró frases incompletas, mientras apartaba la vista y tomaba las
cuerdas para luego hablar en voz baja—. To-todavía no es seguro.
—Es seguro que solo seras un estorbo si los síntomas continúan; sabes bien que nos enfrentaremos a
más peligros... —le advirtió ignorando la negativa anterior; Bakugo no necesitaba una confirmación, si
hace días que ya lo sospechaba—. Es increíble que el bastardo te dejara ir sabiendo que es peligroso
para esa cosa —mascullo con palabras toscas mientras señalo su plano vientre. 1
El peliverde cubrió el lugar señalado con su mano, acariciándolo con cariño como si ese gesto lo fuere
a proteger de todo peligro; y con la mirada un tanto culposa dijo:
—El no lo sabe.
—¡No! —lo interrumpió antes de que dijera esa horrible palabra que le hacia revolver el estomago; él
no pensaba perder a su hijo, de ninguna manera lo permitiría—. Yo se cuidarme, para eso estuve
entrenando todo este tiempo. Tú mismo viste que me he vuelto más fuerte y... 4
—Yo solo vi que te ponías a descansar a cada rato porque te "sentías mal" —dijo irónico las últimas
palabras.
Midoriya sabía que lo que le decía Bakugo tenia cierta verdad; pero él era terco y quería ayudar.
—Pe-pero no puedo quedarme aquí sin hacer nada. No los dejare cargar con toda la responsabilidad; yo
quiero ayudar... Se que puedo —dijo esperando que lo entendiera—. Por favor Kacchan no le digas a
nadie, ¿si?, por favor —rogó por su silencio mientras juntaba sus manos como si dijera una plegaria.
El rubio no estaba convencido del todo, y no quería tener nada que ver si todo terminaba en una
horrible tragedia; pero de cierta forma entendía que quisiera ir, porque probablemente si él estuviera en
su lugar, también insistiría en acompañarlos así le faltaran incluso las piernas.
—Haz lo que quieras, Deku —le dijo dándole la espalda para marcharse a lo suyo; pues por ir al lado
del peliverde no había terminado de guardar ni su espada.
—Gracias Kacchan —murmuró mientras veía que se alejaba, pero su amigo lo ignoro; entonces se
permitió preocuparse por él también, y alzando un poco la voz para que lo escuchara a la distancia
pregunto—: ¿Y que hay de ti? ¿Tú... Tú estas bien?
—¿Mh? —Detuvo su andar y se dio media vuelta, viéndolo con fastidio sin entender a que se refería—
¿Qué demonios estas diciendo?
—B-bueno... —balbuceo como si aquello le ayudara a encontrar las palabras adecuadas para evitar la
furia del rubio—. Tú y Kirishima...
—¿Insinúas que soy tan descuidado como tú? —cuestiono molesto mientras regresaba sobre sus pasos
hasta quedar a su lado. Nozomi retrocedió intimidado por la actitud de su amigo, hasta chocar su
espalda con el caballo detrás; Bakugo le miro una última vez con soberbia y enojo—. Yo no soy tan
estúpido como para quedar embarazado en una situación como esta.
Midoriya no le respondió; mas en cambio bajo la vista apenado, mientras el rubio chasqueaba la lengua
con fastidio, volviendo al fin a lo suyo.
El pecoso se quedo cabizbajo, pensando en que Bakugo tenia razón; ¿cómo había sido tan descuidado?
No debió dejarse guiar por sus bajas pasiones, no hasta que todo estuviera más tranquilo. Pero ya no
había vuelta a tras, solo le quedaba ser fuerte ante cualquier cosa que pudiera pasar. Porque estaba
dispuesto a rescatar a sus amigos, y en esta ocasión tendría mayor cuidado; escucharía a Todoroki en
todo momento —ya que el mitad albino siempre estaba cuidándolo y tenia mayor experiencia en
combate—, sabía que si no hacia locuras podría estar a salvo, pues no solo debía cuidar de si mismo,
sino que también de su hijo. No permitiría que nada malo le pasara. Esta vez, todo iría bien.
—¡Muy bien! —De repente se escucho la voz de Iida gritar entre todos, distrayéndolo de sus
pensamientos—. ¡Todos a montar que es hora de partir!
Entonces con renovada confianza y convicción subió a su caballo; Todoroki apareció a su lado ya
montado en su corcel blanco. El mitad albino se había perdido de toda la charla entre los tritones por
estar discutiendo con su padre; y aunque el bicolor seguía un poco enfadado, no dejaría que los planes
de su padre le afectaran. Por ahora solo debía concentrase en su última aventura; esperando que todo
saliera bien y cumpliendo al fin la promesa de rescatar a los amigos de Nozomi. Ya se encargaría del
rey al volver.
—¿Listo? —pregunto con una sonrisa al peliverde, transmitiéndole calma y ocultando todos sus
problemas con la misma.
Ambos comenzaron así su cabalgata hasta Shiketsu. Nozomi rogaba encontrar la fortaleza para ser de
ayuda y no un estorbo como había insinuado Bakugo.
ɷʚ♥ɞɷ
El camino había sido largo y cansado, pero Midoriya junto la fuerza necesaria hasta llegar al castillo
del señor feudal de Shiketsu.
En esta ocasión ni Kaminari ni Jiro los acompañaron; ellos esperarían en Eiyuu, pues acordaron
conveniente tener a alguien en casa que estuviera al pendiente de cualquier nuevo suceso, y vigilara al
rey —ya que Kaminari tenia conocidas dentro del castillo que estaban dispuestas a cooperar con él. 2
Las tierras vastas no se veían muy diferentes a las que rodeaban el castillo de los Todoroki; con los
campos de trigo, algunos arboles y el cielo nuboso. El pequeño poblado —que por esa tarde ya estaba
en calma—, lucia similar al de Eiyuu, las casa de madera y las calles amplias eran familiares para la
mayoría. El castillo de piedra que estaba un tanto alejado del caserío, no era más grande que el de la
familia real, pero contaba con todo lo necesario y podía resistir perfectamente a cualquier batalla.
Aún montando a caballo, cruzaron el puente rocoso hasta llegar a la enorme puerta del lugar. Nozomi
pudo ver un pequeño riachuelo que pasaba por debajo del cruce; al otro lado ya les esperaba Inasa,
quien había sido advertido de las visitas por uno de sus vasallos.
—¡Es una grata sorpresa tener invitados, aunque sea a estas horas! —saludo alzando la voz, recibiendo
con una sonrisa a los forasteros que llegaban a su morada a tan tardes horas.
El joven robusto de ojos rasgados, llevaba puesto un traje en color guinda y una capa beige. Yoarashi
Inasa era sin duda un noble justo, tenaz y cordial, aunque podía verse un tanto intimidante y ser un
poco duro.
—Lamentamos la hora de llegada —se disculpo Iida, siendo el primero en desmontar, y dedicándole
una pequeña reverencia; mientras detrás se podía apreciar a Todoroki ayudando a Midoriya a bajar de
su caballo.
Inasa les reconoció al fin, y aunque su energética actitud se desvaneció por unos segundos al ver la
característica cabellera bicolor, rápidamente se repuso para recibirles como era debido.
—¡Ah, su alteza Iida y el príncipe Todoroki! —escandalizo haciendo una exagerada reverencia—.
¡Sean bienvenidos a Shiketsu!
Midoriya, Bakugo y Mirio estaban igual de desconcertados; los demás ya lo habían visto antes y
conocían de su entusiasmada actitud, por lo que simplemente sonreían algo incómodos.
—Bueno, enviare a que preparen habitaciones para ustedes y sus compañeros —dijo levantándose y
sacudiéndose un poco para volver dentro del amurallado sitio—. ¡Pero no se queden ahí, adelante
pasen!
Ante sus palabras le siguieron sin prisa. Y una vez dentro y mientras esperaban a que sus habitaciones
estuvieran listas, Yoarashi pidió que sirvieran algo de cenar a sus invitados. Durante la breve cena
Todoroki podo sentir una que otra gélida mirada de Inasa hacia él, aunque este le ignoraba la mayor
parte del tiempo, pues estaban más ocupado en conocer mejor a los nuevos rostros.
Por esa noche acordaron que esperarían al otro día para explicar mejor el motivo de su visita, a lo que
Inasa estuvo de acuerdo; y de ese modo, después de satisfacer su hambre se retiraron a dormir.
ɷʚ♥ɞɷ
Pese a todas sus preocupaciones, Midoriya y Todoroki pudieron dormir bien en sus respectivas
habitaciones; y esa mañana ya estaban todos reunidos en el comedor del castillo. Inasa ofrecía un buen
desayuno para todos los presentes, mientras discutían sus asuntos.
—Me alegra tenerlos aquí, siempre es grato recibir a sus altezas —dijo refiriéndose al bicolor y el de
lentes, mientras tranquilo mordía otro trozo de pan.
—Si —carraspeo Iida, dejando de lado su plato—, en esta ocasión estamos aquí por asuntos de vital
importancia.
Todos estaban en silencio al rededor de la gran mesa de madera, algunos como Tetsutetsu, Mina, Sero,
Toru y Kirishima, seguían comiendo sin ninguna preocupación. Bakugo observaba curioso como el
pelirrojo podía estar desayunando tan a gusto, y una efímera sonrisa se le escapo al pensar que lucia
lindo cuando comía.
Mientras, Todoroki y Mirio estaban más calmados, prestando mayor atención a lo que se decía que a lo
que había en sus platos. Midoriya estaba igual que ellos, la verdad es que tenia nauseas esa mañana, y
no quería probar nada.
—Soy todo oídos, y si puedo ayudar en algo, cuenten con ello —hablo con convicción tras haberle
escuchado decir, para después sonreír.
Aún sabiendo que no era bien recibido, Todoroki tomo la palabra para explicar su situación.
—Bueno, si has oído hablar de Shigaraki y toda su cuadrilla, sabrás que son de los más buscados en
Yuuei —explico y el de cabellos negros asintió con semblante serio—. Tenemos información de que
realizaran su siguiente golpe por esta zona —soltó sin más, esperando alguna reacción de parte del otro.
Iida y Mirio le veían expectantes, los tritones también aguardaban la reacción del otro, quien se
mantenía estoico mirando al mitad albino. Los demás seguían comiendo, pero parte de su atención
estaba en la charla del momento.
—Lo sé —dijo sorprendiendo a los que le veían. Yoarashi, como cualquier otro habitante de Yuuei,
había oído hablar de ellos—. Y si están aquí por lo que creo, déjenme decirles que llegan en buen
momento. —Entrelazo sus dedos y recargo los codos en la mesa.
Sus palabras dejaron sorprendidos a los presentes, deteniendo incluso a los que comían sin culpas.
Mina y Toru voltearon a mirarle. Bakugo frunció el ceño con sospecha, y Midoriya trago pesado; no
sabiendo si era por el nerviosismo o sus ya acostumbradas nauseas matutinas.
Ante el estupor de todos, Yoarashi se dio cuenta que sus palabras podían ser malentendidas; por lo que
se apresuro a explicarse mejor.
Tras oír aquello todos pudieron respirar, pues habían contenido el aliento temerosos de llevarse una
sorpresa más.
—Uff, ya era hora de escuchar buenas noticias —le siguió Mina, para luego volver a su desayuno.
—Si; de hecho, logre ser invitado a dicho evento —informó, sorprendiendo a todos una vez más.
—Así es. Hace poco que pagamos la cuota de asistencia, y la ubicación ya fue confirmada.
Midoriya sonreía feliz con esa confirmación; Mirio estaba igual, incluso Bakugo sonreía, mientras
algunos celebraron con gritos o aplausos.
—¡Eso es una muy buena noticia! —escandalizo Kirishima, mientras se ponía de pie impulsado por la
emoción del anuncio. Pero Bakugo le obligo a sentarse enseguida.
—Propongo un brindis —hablo Tetsutetsu llevando su bebida a lo alto—. ¡Por que la fortuna al fin nos
sonríe!
Mina y kirishima sentados a su derecha y Toru y Sero frente a él, le siguieron el festejo; felices con las
buenas nuevas chocaron sus copas intercambiando sonrisas de jubilo.
—Entonces, nosotros también ayudaremos —dijo el de cabellos bicolores volviendo su vista a Inasa.
—¡Por supuesto príncipe Todoroki! —le dijo con energía el noble—. Aunque aun no me agrada del
todo, un poco de ayuda siempre es bienvenida.
El bicolor no dijo nada, menos al ver como Nozomi volvía a sonreír con el comentario; no le molestaría
nada si es que eso hacia feliz a su pequeño. Iida y Mirio imitaron a Midoriya —aunque sus risas eran
más bien incomodas—, esto mientras los demás seguían en lo suyo y Bakugo no dejaba de cuestionarse
un pequeño detalle.
—Pero... —se dirigió a Inasa el rubio tritón cuando el escándalo ceso un poco—. ¿Cuántos lugares
logro conseguir exactamente? —cuestiono sabiendo que probablemente no todos podrían entrar a dicho
evento; y el quería asistir si o si.
—Solo tengo cuatro, incluyendo el mio —respondió confirmando las sospechas del de ojos rojos—.
Los sobrantes son para dos guardias y un invitado.
Nuevamente el silencio se hizo presente. Pero esta vez era uno de análisis puro; algunos sobrepensando
lo que aquellas palabras representaban y otros más tratando de entender de que se habían perdido por
estar celebrando antes de tiempo.
—Entonces, no podremos apoyarles desde adentro —afirmo pensativo Mirio, quien igual que Bakugo
quería estar presente por si llegaba a ver a su familia.
Ambos príncipes y Midoriya también esperaban participar en aquello, por lo que igualmente ponían
atención a la conversación.
—Me temo que no —respondió el de ojos afilados, desalentándolos con sus palabras solo para agregar
después—. Pero no hay problema con eso; necesitaremos refuerzos desde fuera, por si intentan escapar.
Y les necesitaremos aún más cuando logremos ubicar su escondite.
—¿Tiene un escondite aquí? —interrogo Nozomi sorprendido.
—Tienen varias por todo Yuuei, y quien sabe donde más —respondió su duda; mientras miraba
acusador a Todoroki, como si el supiera algo; pero este no había entendido aquella mirada. 5
—Mientras eso pasa, creo que sera mejor si vamos de apoyo —hablo elocuente Iida, apartando su plato
que para entonces ya estaría frío—; ellos podrían reconocernos de Musutafu; sobre todo a los que los
que se toparon de frente en su anterior escondrijo.
—Entonces el bastardo mitad y mitad no entrara —sentenció Bakugo, ganándose una mirada
desconcertada de algunos y de molestia por parte de otros ante el apodo con el que llamo al heredero de
Yuuei.
—En ese caso, tampoco Midoriya o Sero deben entrar —comento Mirio, pues tenia entendido que los
mencionados ya se habían topado con los piratas antes.
Midoriya no estaba muy conforme con aquello, pero lo aceptaba sabiendo que representaba menor
peligro para él o su bebe.
Mirio e Iida asintieron sabiendo que aquello era lo mejor. Mientras el resto comenzaba a entender e hilo
de la conversación.
—Más tarde les daré los detalles y nos organizaremos mejor —hablo Inasa—. Por ahora, coman
tranquilos.
Midoriya ya quería saber que papel le tocaría en todo aquel embrollo; estaba entusiasmado por ayudar
y apresar a los que le habían hecho daño a su gente. Aún sentía las nauseas por lo que solo jugueteaba
con la comida, esperando que el tiempo pasara.
—¿No vas a comer? —pregunto Todoroki al notar que el plato de Nozomi estaba intacto y enfriándose.
—¡Si! —se apresuro a responder—. Solo estoy demasiado ansioso, pe-pero ya voy a comer, ¿ves? —
dijo llevándose un bocado a la boca, tratando de no devolver la comida y disimulando las arcadas. 11
—Si no te gusta, puedo pedirles que te preparen algo más —sugirió—; estoy seguro que no se negaran
si yo se los pido.
—No, no. De verdad, estoy bien —rechazo el gesto, para intentar seguir comiendo.
No muy convencido, el príncipe no insistió más. Y Midoriya agradecía eso, que Todoroki respetara sus
decisiones aunque él no estuviera del todo de acuerdo con ellas; al tritón le gustaba ser escuchado y que
su opinión se respetara. Era una de las muchas cosas por las cuales amaba al de ojos dispares.
Y aunque engañar a Todoroki se sentía mal, Midoriya esperaba que Shōto le siguiera amando cuando se
enterara de la verdad y que pudiera comprender sus motivos.
ɷʚ♥ɞɷ
Habían pasado un par de días desde su última salida; y harta de estar encerrada en el sórdido lugar,
siendo regañada por Shigaraki y aburrida de ver a sus temerosos invitados en jaulas y vitrales, decidió
dar una vuelta y despejar su mente, respirar algo de aire fresco y buscar buen alimento que no
encontraría entre esas sucias paredes.
Dejo su habitación, dispuesta a salir sin avisar a nadie; no era la primera vez que se desaparecía sin que
notaran su ausencia, esta no seria la excepción. Tarareaba una cancioncilla mientras abría la chirriante
puerta trasera, y dio un paso fuera.
—¡Ah, Toga! —llamaron su nombre antes de que dejar el lugar, ella volteó algo curiosa—. Saldrás de
nuevo, ¿puedo ir contigo esta vez? —pidió el de mascara gris y negra.
—No, no, estoy bien sola —respondió sonriente mientras seguía su camino.
—Si.
—... Ups mentí —se disculpo con una sonrisa divertida mientras se daba la vuelta para proseguir su
camino, entonces se despidió—. Adiós Twice. 4
El mencionado se hinco dramáticamente ante la negativa de la chica rubia, mientras la dejaba ir; para
ese entonces ya creía que su compañera nunca le dejaría pasar tiempo con ella.
—Oye Twice —le hablo, a lo que el otro se puso de pie feliz, creyendo que tal vez había cambiado de
opinión—. Hazme un favor, ¿si?
Ella sonrió.
—Cuida a mis amigos por mi.
No espero respuesta y salió al bosque, pues ella ya quería estar lejos divirtiéndose con su magia y
algunos simples mortales. Ese había sido su pasatiempo las últimas semanas: jugar con la magia.
Twice, aún algo desconcertado, corrió a cumplir su pedido cuando entendió a que se refería con sus
"amigos". El pobre hombre se sentía encantado de serle útil a su amiga, y eso le bastaba.
Capítulo XXIV:
Condesa de Shiketsu
Justo como había dicho, Inasa y sus hombres lograron encontrar la ubicación exacta de donde se
refugiaban los piratas tan solo dos días después de su llegada; con esta nueva información, ese mismo
día se organizaron para ver quienes acompañarían a Yoarashi, y cuales irían al otro punto. De ese modo,
decidieron que se dividirían en dos grupos para sorprenderles: unos se dirigirían al monasterio
abandonado en medio del bosque, y los otros a una vieja iglesia situada entre las ruinas de lo que
anteriormente fue pueblo de Shiketsu —la locación anterior, no la actual que se hallaba más cerca del
castillo y el rió.
Mirio, Bakugo y Kirishima asistirían al evento principal; ellos fueron escogidos para ocupar los otros
tres puestos junto a Inasa, quien se presentaría como un comprador más. La decisión fue tomada tras
varias discusiones; basándose en que ellos tres no habían sido vistos por los piratas y que de ese modo
seria más complicado que los reconocieran. Los demás irían al monasterio y capturarían a todo aquel
bandido que encontraran en el sitio. Midoriya se quedaría afuera en esa ocasión. El peliverde siendo
más consiente del peligro, acataría la orden de solo entrar cuando el lugar fuese asegurado; su único
deber seria reconocer y liberar a los rehenes; esta vez haría caso a las indicaciones de Todoroki, pues no
quería que se repitiera lo de Musutafu.
Ese era el plan acordado para dentro de cinco días. Ya solo aguardaban a que llegara la fecha acordada,
el día de la subasta.
Por ahora, tenían tiempo apara prepararse. Pasaba del medio día, y varios ya se encontraban en el patio
de armas; habían ido a combatir con los hombres de Inasa, pues querían medir sus habilidades. Bakugo
estaba bastante entusiasmado con eso, sobretodo después de que uno insinuara que no eran rivales para
ellos, ese simple comentario había molestado en sobremanera al rubio que de inmediato salto a la
acción. Sus compañeros solo se mantenían apoyando al rubio de carácter explosivo; en especial
Kirishima, quien estaba orgullosos de lo fuerte que se había vuelto el rubio.
Lamentablemente el peliverde tritón no podía estar igual de animoso, puesto que ahora tenia una
insaciable hambre que se había sumado al cumulo de síntomas de su embarazo secreto. Así que por esa
ocasión y después de disculparse con los soldados, decidió ir en busca de alimento. Todoroki había
querido acompañarlo, pero Nozomi se negó; argumentando que el de cabellos bicolores también
debería divertiste un poco y que nada malo pasaría si solo iba a visitar la cocina. Así, Todoroki también
midió fuerzas con Tenya e Inasa; aunque el ultimo combaten lo había perdido. 6
Después de eso —y mientras descansaba—, Todoroki noto que Midoriya ya llevaba un buen tiempo
desaparecido, por lo que algo preocupado fue en su búsqueda. Sabia que no debía de estar muy lejos si
seguía dentro del castillo.
Sus pasos resonaban en los pisos de pedrera, y su mirada se posaba en cada rincón de los pasillos
grisáceos; la buena iluminación que se colaba por los altos ventanales descubiertos le permitía buscar
mejor al escurridizo peliverde. Andaba deambulando así, esperando toparse con él; y si tenia suerte,
podían escabullirse y tener un rato a solas. 4
Entonces un ruido lo alerto cuando pasaba por una sala. Y creyendo que podía ser a quien buscaba, se
encamino al lugar de donde provenía el escándalo.
Cruzo el pasillo esperando ver a Nozomi, pero solo se encontró con una mujer de cabellos castaños que
portaba un vestido celeste con mangas largas y flojas; quien hincada recogía los pedazos de un jarrón
que yacía roto en el suelo.
—Oh, lo siento tanto si le moleste —dijo apenada, levantándose del piso para estar a su altura.
—Bueno, lamento decepcionarlo, pero soy solo yo. —La chica se señalo, mientras sonreía—. Me llamo
Camie Utsushimi, Condesa de estas tierras. 8
—Ah si, creo recordarla —hablo acercándose para ayudarla con el desastre que provoco—. Es usted la
prima de Inasa, ¿no es así?
—Ah... ¡Si! —Ella asintió feliz, para terminar de recoger los pedazos y colocarlos en la mesita donde
anteriormente estaba el jarrón—. Es halagador que mi príncipe me recuerde; y lamento no haber podido
recibirlo como es debido junto a mi primo. 3
—No se preocupe, el se disculpo por su ausencia.
—Si, él... Él dijo que usted se lo pidió —le aclaro algo confundido ante su desconcierto.
—¡Ah claro! Perdone, es que soy algo distraída —se disculpo para luego soltarse a reír.
—No hay problema —dijo restándole importancia—. Aunque, todos la hacíamos en su viaje.
—Si, si... —Movía su mano frente al rostro del príncipe, como si ese gesto borrara el comentario del
bicolor—. Bueno, es que extrañaba tanto mi hogar que decidí volver antes jajaja... Sorpresa —dijo
sonriente. 1
Todoroki estaba algo desconcertado; pues no recordaba que fuera tan escandalosa. Aunque cuando la
conoció en aquella fiesta de su padre hace ya años no tuvo la oportunidad de entablar una conversación
decente con ella. Tal vez esa era su verdadera forma de ser, misma que no se había detenido a entender
en aquella reunión.
Movió la cabeza para deshacerse de esos pensamientos sin importancia, pues él solo estaba interesado
en encontrar a Nozomi y confirmar que se encontraba bien.
—A propósito, ¿ha visto a un chico de cabellos revoltoso en color verde? Es bajito, tiene pecas en las
mejillas y se ve bastante lindo.
—Umm... No creo haberlo visto —negó después de pensarlo un rato, con las mejillas algo rosa. 3
—Bien, gracias de todos modos. Y tenga más cuidado con los jarrones.
Dicho eso se alejo dejando a la chica, quien algo apenada mantenía una pequeña sonrisa en los carnoso
labios. Ella solo se quedo ahí parada, esperando a que se marchara.
Pero ninguno se percato de un curioso peliverde que miraba toda la escena con cautela —aunque por la
lejanía no logro escuchar su conversación—; Midoriya se había ocultado al ver que Todoroki no se
encontraba solo, pues no quería interrumpirle.
Espero tranquilo a que la chica se fuera para así acercarse al bicolor, pero toda su calma se esfumo al
ver como la castaña se sonrojo cuando Todoroki le dijo algo. Entonces frunció el ceño y miro suspicaz
la escena a unos metros. Él no era celoso, al menos eso creía. Y si, estaba consiente de lo atractivo que
era su pareja y que por eso varias estarían interesadas en él; si es que hasta ese fue uno de sus mayores
miedos antes de confesarle su amor. Le había aterrado saber que de entre todas esas pretendientes,
Shōto pudiera tener a alguien mejor que él para compartir el resto de su vida. En su momento dejo de
importarle, pues la confianza entre ambos era mucha; pero ahora sus dudas volvían, viendo
materializados sus temores en aquella bonita chica de cabellos castaños. 3
Espero paciente, y cuando el príncipe ya no estaba más por ese pasillo, vio como ella comenzó a
caminar rumbo a su dirección; si salia de detrás de esa esquina podrían encontrarse y hablar con ella. Y
aunque no estaba seguro de lo que estaba haciendo, así lo hizo.
—Hola —le dijo cuando al girar por el pasillo se encontraron de frente.
—Ah... si —mascullo algo desconcertado por el termino "bonito" que uso para dirigirse a él. Pero no
estaba para nimiedades, él la había visto sonrojarse al hablar con Todoroki, y quería saber exactamente
por qué.
—Uh, el príncipe Todoroki te estaba buscando... ¿Eres uno de sus sirvientes? —cuestionó ella antes de
que él pudiera hablar.
Midoriya respiro profundo, y dejo que un ataque de celos se apoderara de él, nublando su juicio; ¿cómo
se atrevía a insinuar algo así? ¿Acaso ella también quería saber si Todoroki se encontraba soltero? ¿A
ella le gustaba su príncipe? No, no, él tenia que aclarar las cosas. Respiro hondo una vez más, y sin
antes pensarlo dijo con una sonrisa:
—Lamento decepcionarla pero no, no soy su sirviente. Yo soy su noov-aaa~ mmm... —balbuceo antes
de terminar la frase; en último momento se dio cuenta que estaba a punto de decir que eran pareja y
todo por un ataque de celos. Y es que hasta ese momento y aunque le doliera, ante la mayoría de los
soberanos de Yuuei ellos eran solo amigos.
—Su... a-amigo... ¡Si! Eso —casi grito sus palabras, y la otra solo sonrío feliz. Los celos de Nozomi se
encendieron otra vez al creer que se alegraba de saber que Todoroki estaba soltero; entonces creyó
conveniente aprovechar su titulo como "amigo" del príncipe, y con algo de inocencia mientras
jugueteaba con sus manos se puso a hablar—: Y, como buen amigo del príncipe es mi deber saber
cuales son las intenciones de las personas que están a su alrededor. Dime, ¿cuáles son tus intenciones
con Todoroki?
—¿Mis intenciones?
—Si si, ¿se te hace guapo? ¿Estas interesada en él o algo? —Insistió con evidente desespero.
—Bueno, no te voy a negar que es atractivo... —le confeso con una sonrisa mientras miraba pensativa
hacia ninguna parte—. Y bueno, es un príncipe y seguramente el sueño húmedo de toda chica —
concluyó sin mucho interés. Pero esas palabras habían logrado que el pánico se desatara dentro del
pobre tritón. Justo como lo temía, había más de una detrás de su Todoroki—. Pero... —continuó—. No
estoy interesada en él.
—Gracias a Poseidón —susurró por lo bajo para si mismo, soltando un suspiro de alivio; logrando así
que Camie no entendiera sus palabras. Midoriya ahora se sentía en calma—. Cr-creo que sera mejor
que me vaya, f-fue un gusto conocerte... amm...
—Soy Camie.
—Camie, fue un placer —mintió y sonrío. Al principio no fue un placer, fue una molestia y estaba
celoso de ella.
Una vez terminada la breve charla y sin darle tiempo a que preguntara por su nombre, se decidió a
buscar a Todoroki, que gracias a la chica sabia que también le estaba buscando. Pero entonces ella lo
detuvo.
—Si, al príncipe Todoroki —le aclaro—; yo se que te esta buscando y también se por donde se fue.
—Ah, n-no sera necesario, pero gracias. —Se negó a la compañía de la chica; de todos modos él había
visto por donde se fue Todoroki.
—Insisto —dijo tomándole del brazo para arrástralo junto a ella—. Mientras puedes hablarme de ti.
Dime, ¿cuál es tu nombre?
—Midoriya... Mi-midoriya Nozomi —respondió nervioso por la cercanía de la chica, pues él no había
compartido su espacio personal con nadie más que el de cabellos bicolores. 10
Se perdieron así entre los pasillos, manteniendo una amena conversación por parte de Camie, quien
mantenía la promesa de ayudarle a buscar a Todoroki. Nozomi, sin muchas opciones acepto la ayuda de
la castaña.
ɷʚ♥ɞɷ
—¡Blasty eso fue genial! —alabo al rubio que descansaba sentado a su lado, recargado bajo la sombra
de un árbol en el patio de armas. Bakugo estaba agotado después de derrotar a siete oponentes al hilo
—. Fue increíble como los esquivabas y luego esos movimientos y... y... —Kirishima no sabia que más
decir de lo emocionado que estaba ante la hazaña de su pareja; avivando el ego del rubio, y provocando
que aumentar el rojo de su cara.
—¿Y qué esperabas? Es de mi de quién estas hablando —dijo sonriendo altanero, para después
ignorarle y tomar un poco de agua, mientras posaba su mirada en los que seguían luchando en la
lejanía. 3
—Lo sé —afirmó regalándole una de esas sonrisas que tanto le gustaban al rubio, mientras la sombra
de las ramas se movía por sobre sus cuerpos—. Eres mi fuerte, valiente y varonil tritón... al que tanto
amo. —Bakugo escupió el agua ante aquel cursi comentario, apartando su rostro apenado y cubriéndolo
con su brazo mientras con el mismo limpiaba los restos de agua de su barbilla—. ¿Estas bien? —
consultó el pelirrojo preocupado. 4
Bakugo asintió y no dijo nada durante unos segundos, permitiendo que el sonido del metal al chocar y
las risas y gritos de sus compañeros fuese lo único que se escuchara.
—Tengo hambre —dijo al fin, cambiando el tema para evitar el bochorno en su rostro—, mejor vamos
a buscar algo que comer. —Entonces se puso de pie, obligando al otro a imitarlo para seguirlo.
—¡Claro! —Acepto gustoso, sin importarle que no respondiera a sus palabras, pues sabia que Bakugo
no era del tipo romántico o si quiera cariñoso.
Cruzaron por entre los demás que descansaban y reían entre si. Tetsutetsu llamo a Kirishima para
retarlo a un duelo, pero este se negó.
Como pudo alcanzo al rubio que caminaba apurado rumbo a la cocina. Hasta que se detuvo mientras
miraba a todos lados, como queriendo encontrar el camino correcto. El rubio chasqueo la legua con
frustración, pues no recordaba el camino al comedor.
Bakugo estaba apunto de tragarse su orgullo y admitir que se había perdido en aquellos pasillos que
parecían fáciles de recordar; pero antes de que aquel gran evento ocurriera, apareció por el corredor
Todoroki, quien al verlos corrió hasta ellos y algo agitado les pregunto:
—Y nosotros que vamos a saber —respondió de inmediato el rubio—, no se supone que lo debías de
cuidar tú, es tu noviesito después de todo —se mofo con una cínica sonrisa
El ceño de Todoroki se frunció en más angustia, pero no dijo nada ante su comentario.
—Blasty... —reprocho en voz baja el pelirrojo dándole un codazo al otro, pero Bakugo solo aparto el
rostro. Luego se dirigió a Todoroki para responderle como era debido—. Lo siento, nosotros venimos
de afuera, pero no le hemos visto.
Todoroki exhalo agobiado y paso su mano por entre las hebras bicolores, despeinándolas un poco.
Podía notarse que estaba preocupado, ambos notaron eso.
—Ese inútil de Deku seguro se perdió por alguna habitación y se quedo dormido o algo, ya aparecerá
—afirmó sereno, tratando de calmar el tenso ambiente que estaba generando Todoroki.
—Lo he buscado por casi una hora en todos lados —les confeso afligido—. Ya he revisado cada salón y
no esta.
Ambos se quedaron callados ante eso, viéndolo con preocupación; y antes de que Todoroki se fuera
para seguir buscando, la voz de Kirishima le detuvo.
—¿Ya viste por el puente? —Todoroki asintió—. O quizá fue al pueblo —dijo tratando de darle más
ideas y algo de esperanza.
—No —negó—; su caballo sigue aquí, y no creo que se fuera caminando. Además sabe muy bien que
no debe andar deambulando por ahí. —Ante la lógica de sus palabras no dijeron nada más; y Todoroki
al ver que perdía el tiempo les pidió un último favor antes de seguir su búsqueda—. Si lo ven, ¿pueden
decirle que lo estoy buscando?
—Gracias.
No espero más y los abandono para dirigirse a pedir la ayuda de Inasa; pues planeaba ampliar su
búsqueda fuera del castillo, y para eso necesitaba de él que conocía bien cada sitio en sus tierras. No le
importaba que su relación con Yoarashi fuera pésima, y que este pudiera negarse a su petición; a esas
alturas rogaría incluso para que le ayudaran a encontrar a Nozomi. 1
—¿Crees que todo este bien? —pregunto al rubio, pues a Kirishima le preocupaba la actitud de
Todoroki.
—No lo sé —respondido aún viendo el pasillo por el que se había ido el de cabello bicolor.
—¡¿Y si le ayudamos a buscar?! —sugirió enérgico al otro, quien lo miro desconcertado—. Tal vez no
busco bien por las habitaciones.
—Agh —bufo y hecho la cabeza hacia atrás para comenzar a caminar hacia ningún lado—. Sabía que
el inútil de Deku solo seria una molestia.
—Ya que —dijo resignado—. Aunque estoy seguro de que el muy estúpido se desmayo o se quedo
dormido por allí.
—Pues, veras...
ɷʚ♥ɞɷ
Había estado muy feliz desde el día de ayer, y esa mañana no era diferente. Aunque no era extraño que
estuviera sonriendo y sonrojándose sin motivo aparente; no, lo extraño es que a cada rato bajaba a los
calabozos aunque no le pidieran que revisara o alimentara a las criaturas mágicas. 5
Ahora se dirigía a buscarla por mandato de Kurogiri. Y sabiendo que la encontraría atormentando a su
rehenes, se dirigió a los calabozos; bajo con apatía los escalones hasta ver la luz azul del fuego que él
mismo había creado hace ya días, frunciendo el ceño por el molesto olor de la humedad. Ignoro a los
que se removieron temerosos, haciendo sonar sus cadenas tras las rejas; paso de largo los frasco que
aprisionaban hadas o duendes, y fue directo a la parte más profunda del lugar; el área donde guardaban
enormes estanques con agua salina.
—¿Qué demonios significa esto, Toga? —inquirió molesto a la chica que soñadora observaba el cuerpo
inerte dentro del agua—. ¿De donde lo sacaste? 2
—Ah, Dabi eres tú —dijo viéndole sin interés, para luego volver a admirar al chico en el estanque—.
¡Míralo, ¿acaso no es lindo?! 1
—Ay ya... Solo lo encontré por ahí, en uno de mis paseos —dijo simple.
—Sip.
—¿A donde es que vas a pasear, y cómo es que él estaba por estos lugares? —cuestiono nuevamente
mientras se ponía a su lado para observar mejor el cristalino tanque, donde en el agua reposaba el
mismo peliverde que habían visto en Eiyuu. Dabi todavía lo hacia allá, junto a Todoroki, y no entendía
como es que se había rencontrado con él en Shiketsu. 2
—Con algo de magia me hacia pasar por la prima de Inasa... Camie creo se llamaba, y pues tuve suerte
de encontrar tan bella criatura —explico—; ¡ni siquiera sabia que era un tritón hasta que por error su
piel toco algo de agua en el piso!, entonces me revelo su verdadera belleza. 4
—Eso explica lo que llevas puesto, pero, ¿cómo lo trajiste hasta aquí?
—¡Fue bastante fácil! De la nada cayo dormido y solo tuve que arrastrarlo hasta aquí —respondió sin
complicaciones—. Es el destino, ¿no lo crees?; que este pequeño sea para mi. Lo supe cuando lo vi en
Eiyuu —decía con una sonrisa extasiada mientras pegaba su rostro al estanque, para ver con mejor
detalle la piel pecosa que se humedecía, las escamas de su aleta y sus extrañas manos; pero sin duda, su
favorito era ese revoltoso cabello verde que flotaba acompasado como algas en el mar.
—¿Hmm? —murmuró apartando su vista del tritón, viéndolo con un puchero mientras pensaba su
respuesta—. ¡Oh cierto! También vi a ese príncipe, el de cabellos raros.
Dabi comenzaba a unir las piezas; el príncipe Todoroki en Shiketsu junto a ese peliverde, ambos en la
fortaleza del señor feudal Yoarashi Inasa, el mismo que según tenia entendido, planeaba asistir a la
subasta. Con todo eso solo pudo pensar en dos posibilidades: O estaban en una simple visita cordial o
junto a Inasa planeaban algo.
—¿Le has dicho a Shigaraki o alguien más de esto? —demando algo alterado por sus suposiciones.
—... No... —hablo con cuidado al darse cuenta de su fallo; había estado tan feliz fantaseando con el
peliverde y ahora con su nueva adquisición que había olvidado contarles que Chisaki no termino con la
vida del príncipe—. Lo olvide.
El de ojos turquesa suspiro, mientras la rubia reía algo apenada. Sobo sus cienes con calma, buscando
pensar en su siguiente movimiento.
—¡¿Qué, por qué?! —escandalizó disgustada; pues ella quería quedarse al lado del peliverde para
cuando abriera esos bonitos ojos jade que tanto le habían gustado.
—Sólo haz lo que te digo. Y mientras no este, no le digas a nadie todavía de esto —señalo al peliverde
—, o podrían quitártelo.
Toga respingo algo asustada. Ella no iba a dejar que le quitaran al bonito tritón; ella lo había ganado
por su cuenta y eso no seria justo. 6
—Bien, iré a ver que quiere —dijo resignada. Viendo como el otro salía junto a ella, acompañándola
hasta afuera de los calabozos, donde tomo otro rumbo—. ¿Qué harás tú? —preguntó antes de que se
separaran.
Dabi salio del lugar a toda prisa. Ahora tenia que comprobar algunas cosas para saber que seria lo
mejor hacer; nunca se espero que algo como aquello fuese a suceder, pero puede que Toga le haya
hecho un favor. Y oportunidades así debían ser aprovechadas.
Capítulo XXV:
Angustia
—¡Hola! Disculpe, ¿ha visto a un chico de cabellos verdes y mejillas pecosas?
—Oh, gracias de todos modos —dijo viéndolo partir, solo para acercarse a otro extraño que pasaba por
ahí—. Disculpe, ¿usted ha visto...?
—Ya me has preguntado tres veces el día de hoy —respondió de inmediato al reconocerla—; y no, no
he visto a nadie con esas descripciones.
Para ese momento ya tenía perdida la cuenta de cuantas veces había preguntado sin obtener una
respuesta alentadora. Estaba cansada de dar vueltas por todo el lugar. Suspiro y algo resignada fue a
sentarse a la orilla de unas cajas y heno que alguien dejo abandonadas en la pequeña plaza.
Apenas habían despertado, Inasa y Todoroki les informaron a todos de la desaparición de Midoriya —
ahora entendían porque tanto movimiento la tarde-noche de ayer, y porque Todoroki y algunos hombres
llegaron muy de madrugada al castillo bastante adormilados—; por eso ahora les pidieron su ayuda
para extender la búsqueda más allá de los limites del castillo, a lo que todos aceptaron. A ella junto a
Tetsutetsu y Jiro los enviaron a buscar al pueblo. Los tres decidieron separarse al llegar al lugar, para
ser más rápidos y cubrir así mayor zona.
Eso ya hace unas horas, pero el tiempo avanzaba y tal parecía que no encontrarían pista alguna; por si
fuera poco pronto anochecería.
—¿Todavía no has encontrado nada, Mina? —pregunto Tetsutetsu que se acercaba a ella.
—No —Suspiro desanimada—. Nadie parece haberle visto por aquí. ¿Qué tal tú?, ¿has tenido mejor
suerte?
—Waa~ no entiendo que esta pasando, ¿a donde pudo haber ido? ¿Por qué pasa esto justo ahora que
todo estaba saliendo tan bien? —se quejaba confundida.
—No lo sé; solo espero que Midoriya se encuentre bien, Todoroki paresia verdaderamente preocupando
—decía el peliplateado recargándose en el heno, mientras esperaban a que apareciera Jiro, y con ella
buenas nuevas.
ɷʚ♥ɞɷ
Más tarde, bajo la tenue luz de luna, cuatro hombres con gruesas capuchas buscaban con cuidado entre
las ruinas del anterior pueblo de Shiketsu. Gritaban ocasionalmente el nombre del que faltaba, pero sus
única respuesta era el canto de los grillos.
—Es inútil, no creo que este por aquí —dijo resignado el de ojos afilados al resto de sus compañeros,
viendo como el de cabellos bicolores seguía gritando el nombre de Midoriya sin obtener respuesta,
dejando que sus llamados se perdían en el silencio de aquella noche.
Inasa acepto ayudar a Todoroki cuando este acudió desesperado a él. Ciertamente el bicolor no le
agradaba mucho; pues él creía que el príncipe era un niño mimado, déspota e indiferente con todos sus
súbditos, justo como su padre —al que una vez admiro hasta que conoció su verdadera naturaleza—;
pero entonces, ¿por qué este Todoroki se le hacia tan distinto al que conoció en aquella fiesta
organizada por la nobleza? No solo su actitud era diferente, su mirada, su trato con los demás, todo era
inusual a aquel chico frió y solitario que él recordaba.
—Deberíamos volver —sugirió Mirio—, ya esta bastante oscuro y no tenemos ninguna antorcha. Sera
peligroso si seguimos buscando a oscuras.
—Es lo más sensato —dijo el de lentes.
Inasa asintió convencido de sus palabras, solo para voltear a ver a Todoroki que seguía alejándose de
ellos en su afán de encontrar a Midoriya. Si es que hasta eso le había sorprendido; podía decir que el
príncipe casi le rogó por su ayuda; tanto que al final no pudo negarse, porque entendió que aquel chico
era importante para el mitad albino, aunque no supiera la verdad tras aquel sentimiento que les unía.
Estaban todos quietos ahí, viendo como el príncipe de Yuuei seguía llamando el nombre del peliverde,
mientras se adentraba más y más entre los callejones del abandonado lugar; pero nadie se atrevía a
acercarse y acabar con sus esperanzas.
Lo vieron alejarse tras Todoroki, perdiéndose así entre las sombras de las ruinas.
Cuando estuvieron solos, sin nada más que hacer a la espera de esos dos, Iida pregunto:
—Si —afirmó volteando a sus espaldas—, de hecho ya pasamos el lugar hace rato...
Y mientras ellos seguían la conversación, Mirio se acercaba al mitad albino, pensando sus palabras para
explicar la situación al otro.
—Todoroki —le dijo, y el nombrado volteo esperanzado de que hubiera encontrado algo—. Ya es
bastante tarde...
Esa simple frase y su afligido rostro le hizo entender que quería que se rindiera.
—No, él podría estar por aquí —se negaba a desistir—, podríamos estar cerca no puedo rendirme justo
ahora...
—Te entiendo —le dijo, pues él más que nadie sabia de la desesperación de no tener a su ser amado a
su lado—; pero no puedes seguir buscando a ciegas. Debemos volver para reorganizarnos y...
—¡No! —interrumpió al otro—. ¡Izuku esta ahí afuera desamparado, y no puedo dejarlo así!... No
puedo detenerme hasta saber que esta bien. 7
—Pero así nunca lograras nada —refuto ante la desesperación del otro—, ya es bastante tarde y entre la
oscuridad solo te arriesgaras a perderte o lastimarte, y así no podrás seguir buscando.
—Pero...
—La desesperación es tu peor aliado —dijo llamando la atención del otro que tiraba de sus cabellos
bicolores debajo de la capucha gris—. Debes estar en calma para tomar las mejores decisiones. Por el
bien de los que amas.
Ante sus palabras, Todoroki comprendió que nadie mejor que él podía entenderlo. Él llevaba tanto
tiempo separado de su familia, pero se mantenía fuerte, entero, listo para actuar cuando el momento
llegara.
—Bien, ahora volvamos al castillo para ver si los demás encontraron algo.
El mitad albino asintió, y en silencio volvieron con los otros; quienes seguían charlando seriamente del
lugar de la subasta hasta que los vieron llegar a su lado. Luego buscaron sus caballos y a todo galope
volvieron a la fortaleza, esperando encontrase con mejores noticias que las que ellos se habían topado.
Mientras se marchaban, unos ojos terqueza les veían ocultos entre las ruinas. Había estado atento a todo
lo que dijeron, y se desvaneció entre las sombras tras obtener lo que buscaba.
ɷʚ♥ɞɷ
Podía sentir el fresco que producía el agua al tocar su piel, pero no sentía el suave movimiento típico
del mar. Respiraba bajo el agua, eso lo podía notar, pero no se sentía como la fresca y cristalina de las
aguas de Chiba; no, esta se sentía sucia.
Sus parpados se movieron, buscando abrirse para ver donde se encontraba. Se sentían pesados, ¿cuánto
estuvo durmiendo exactamente? Su cabeza dolía un ápice, pero al fin la luz toco sus pupilas verdes.
Movió un poco su cabeza, buscando algo que le resultara familiar. Volteo a su derecha y se removió
asustado al ver una sonrojada cara que le veía con una extraña sonrisa, los ojos ámbar estaban puestos
en él; entonces noto que el espacio en el que se encontraba era muy reducido. Estaba encerrado en lo
que parecían ser paredes transparentes, como las que cubrían las ventanas en la casa de Todoroki.
—¡Al fin despertaste! Es un alivio porque ya me estaba preocupando —alegó aliviada, y Midoriya
pudo sentir el eco resonar en el vidrio y pasar por el agua hasta entender con la vibración las palabras
de la rubia—. Oh Izuku, estoy tan feliz de que al fin veas mi verdadero yo —dijo entusiasmada
mientras se tocaba las mejillas. El tritón solo la veía con cautela—. Y tú —lo señalo asustándole,
mientras aumentaba el rojo de su cara—, aunque eres hermoso como un hombre humano, eres más
bonito de esta forma. Con tu aleta que brilla como piedras preciosas, ¡y tus manos!, son tan raras como
tus orejas. ¿Cómo se atrevieron a privar al mundo de tu exuberante belleza y alejarte del agua tanto
tiempo? —lloriqueo lo último.
Izuku cubrió instintivamente sus oídos, ocultando también las aletas* de sus dedos. Tenia miedo,
aquella rubia que mostraba sus cánidos al sonreír lo ponía nervioso; aún así se armo de valor y nado
hasta la superficie de aquel recipiente para poder hablar con la extraña, quién veía maravillada cada
movimiento que hacia.
—¿Dónde estoy? —dijo una vez su cabeza estuvo fuera—. ¿Qui-quien eres? ¿Por qué estoy aquí? —
cuestionaba temeroso, viendo a su alrededor tratando de obtener respuestas.
Entonces pudo notar los demás contenedores con agua, pero la poca luz del lugar y la oscura agua no
permitían que viera en su interior. Incluyendo el suyo pudo contar cinco estanques; era una habitación
pequeña de paredes rocosas, iluminada con antorchas de fuego azul. No había ventanas, pero logro
distinguir una pequeña rejilla en lo alto de una pared que dejaba ver algo de luz del exterior, gracias a
eso sabía que era tarde; vio también una puerta de acceso libre, y una mesita con su ropa, telas, hierbas
y cuchillos.
—¡Estas en casa! —dijo dando vueltas y señalando todo el lugar—. Ahora yo seré tu dueña, ¡¿no te
encanta?! 4
El tritón frunció el ceño mientras ella reía a carcajadas. Le molestaba que si quiera pensara que él podía
ser propiedad de alguien.
—¿O qué? —cuestionó con burla, sabiendo que en esa situación no podía hacer nada.
Izuku no pudo responder, logrando que la chica estallara nuevamente en escandalosas risas. El tritón no
entendía como había terminado en aquel sitio; lo último que recordaba era caminar por los pasillos
acompañado de Camie, luego se sintió con mucho sueño y se quedo dormido.
—¡Yo te traje cuando te desmayaste en medio de nuestra caminata! —explicó feliz—; ¡y ni siquiera
tuve que usar mi magia!... Bueno, solo una poquita para mantenerte dormido más tiempo mientras te
traía. ¡Fue bastante fácil! —alegó orgullosa solo para susurrarle con burla después—. Aunque estas
algo pesadito.
Ya recordaba: él y Camie buscaban a Todoroki. Aunque al perecer, aquella chica castaña no era Camie.
El peliverde estaba a punto de replicar cuando un grito se escucho a lo lejos. De inmediato y con algo
de temor se oculto en el agua, alejándose todo lo que podía del cristal.
—Toga —volvió a llamarla cuando estuvo en la habitación. Izuku pudo sentir las vibraciones de su voz
—. Oh, ya despertó.
—¡Si! Y nos estábamos conociendo hasta que interrumpiste —dijo algo molesta—. Más te vale que sea
importante, Dabi.
—Lo es, Shigaraki nos llama a todos —mencionó viendo al peliverde que también le miraba curioso
por su extraña apariencia.
Midoriya de inmediato comprendió su situación al entender aquel nombre. Sin buscarlo había
terminado en las garras de los mismos hombres que tenían a sus amigos.
—¿Entonces para que voy? —se quejo—. Yo quiero pasar más tiempo con Izuku —canturreo feliz
viendo al tritón que algo desesperado veía entre los estanques, como si buscara algo.
—Eres parte de nosotros —le dijo—. Solo sera un momento y después podrás volver con él.
Ante la afirmación, el de ojos turquesa cruzo la puerta, viendo como Toga caminaba tras de él. La
rubia, antes de salir sonrío al peliverde para luego lanzarle un beso, y salir corriendo apenada entre
risas tras Dabi.
Estando ya a solas, Midoriya espero unos minutos hasta volver a salir a la superficie, cuando creyó que
era seguro que nadie estaba cerca.
—¿Ho-hola? —pregunto y espero a una respuesta que jamás llego—. ¡Ochako, Tsuyu, All Might,
¿Están aquí? Soy Izuku! —dijo alzando la voz mientras se removía con desespero en el tanque de agua,
derramando un poco de los bordes. Esperaba que de los estanques saliera alguno de los que llamaba,
pero nadie respondía, solo podía ver las aguas calmadas—. ¡¿Ochako, Tsuyu?!... ¡¿Pueden oírme?!...
¡¿All Might?!... Por favor... respondan... por favor —pidió desesperado con la voz entrecortada,
mientras derramaba algunas lagrimas.
Si se suponía que estaban con Shigaraki, ¿entonces por que no había nadie más ahí? ¿Dónde estaban?
¿Por qué estaba él solo? ¡¿Qué estaba pasando?!
—Todoroki...
Cerro fuertemente los ojos mientras escapaban con mayor fuerza las gotas saladas, poniendo a nadar las
esmeraldas de sus ojos. No podía dejar de pensar en sus amigos, en Todoroki y en lo confundido y
asustado que se sentía. Entonces, buscando calmarse un poco acaricio su descubierto vientre bajo el
agua, prometiendo a la pequeña vida dentro de él que todo estría bien, que sería fuerte y lograrían salir
con bien de aquel lugar. 1
ɷʚ♥ɞɷ
Podía ver el tranquilo atardecer, con sus tonos dorados pintando el paisaje; la suave brisa movía las
ramas con calma y algunas mariposas revoloteaban entre las flores lila.
—Todoroki... —Escucho con calma llamar su nombre con la voz que tanto amaba—. ¿Qué tanto
piensas?
Sonrió y volteo a su Izquierda. Izuku estaba sentado a su lado, viéndole con esos enormes ojos color
esmeralda.
—Solo pensaba lo mucho que te amo, y lo desdichado que seria si nunca te hubiera conocido —le dijo
mientras acariciaba con cariño su mejilla cubierta de esas simpáticas manchitas—. Izuku, no te alejes
nunca de mi lado.
El peliverde se había sonrojado como siempre, mientras lo veía con devoción... con amor.
—Yo jamás me alejaría de ti; tú eres mi vida —dijo juntando sus frentes y cerrando sus ojos.
Pero de pronto, el peliverde lo empujo, y entre risas corrió por el campo verde. Izuku se detuvo para ve
si lo seguía; entonces el de cabellos bicolores se levanto para así seguirle el juego.
Corría tras de él, riendo y jugando, sin notar que el tiempo a su alrededor estaba cambiando. Las nubes
de tormenta crecían en el cielo, y ramas y troncos comenzaban a rodearles.
—¡Todoroki! —lo escucho gritar, pero esta vez no podía verlo por ningún lado; solo podía distinguir
ramas y bruma a su alrededor.
—Tod... ro... —podía percibir los gritos entre cortados rodeándolo en todas partes, y al mismo tiempo
alejándose de él.
La desesperación ahogo su ser, impidiendo que pudiera razonar, solo pensaba en encontrar a Izuku que
gritaba entre la oscuridad. Le costaba respirar y todo el lugar daba vueltas; volviendo borroso el oscuro
bosque y distorsionando la voz que lo llamaba.
—Todoro... —Ahí estaba otra vez, pero no veía nada—. Todorok... —volvió a oír—. ¡Todoroki!
—¡Izuku! —Abrió los ojos, y tomando una fuerte bocanada de aire se sentó de golpe.
—Primero trata de calmarte un poco —dijo el de lentes acercándole un vaso con agua; mismo que
rechazo.
El bicolor respiraba agitado, sus cabellos se pegaban a su frente por el sudor que provoco aquella
pesadilla. Miraba a su alrededor como si buscara algo, algo que no encontró.
Estaba sobre una cama y por la ventana podía oírse como la lluvia caía con furia, mientras algunos
relámpagos iluminaban la oscuridad de la noche para después dejar solo sus ecos. Las velas tiritaban
alumbrando en naranja la habitación; entonces recordó que Izuku estaba ahí afuera, pedido y
desamparado.
Se removió arrebatado, buscando salir de nuevo tras el peliverde.
—No, tengo que encontrar a Izuku —decía mientras se levantaba y se acomodaba los zapatos.
—Ya le buscamos por dos noches, pero no hay rastro de él —hablo el rubio buscando ayudar a
calmarlo—. Además, hay una tormenta afuera, no podemos hacer nada así.
—¡No me importa! ¡Yo!... yo, yo prometí cuidarlo. —Se dejo caer nuevamente sobre la cama; sentado
ocultaba el rostro con sus manos, lamentándose su ineptitud ante la situación.
Entendía perfectamente las palabras de Mirio, sabia bien que no podía hacer nada; Izuku había
desaparecido sin dejar rastro alguno, como si la tierra se lo hubiese tragado. Cuanto se culpaba de no
acompañarlo aquella tarde; si tan solo hubiera insistido más, si tan solo...
Pero ya nada podía hacer, y las búsquedas tampoco daban resultado; sin ninguna pista de donde podría
estar nadie podía hacer nada. Nada de lo que hacían daba resultados y varios se estaban resignando a
que no lo encontrarían; pero él todavía no se rendía.
Iida y Mirio le miraron con pesar; pues el pobre príncipe no había podido dormir o comer bien por la
angustia de saber perdido a Midoriya. 3
—Debes descansar un poco, para poder seguir buscando después... —dijo el rubio—. Sabes que pronto
se llevara a cabo la subasta, y al menos podrás rescatar a los amigos de Midoriya, es algo que él
querría.
Todoroki seguía sin moverse. Pensar en rescatar a los amigos de Izuku era algo que había dejado de
lado ante la desaparición del peliverde; pero si eso era lo único que podía hacer por ahora, intentaría
dar todo de si.
—¡Todoroki tienes que venir ahora mismo! —Irrumpió en la habitación Kirishima, dejando
sorprendidos a todos por lo exaltado que se encontraba.
—¡Kirishima deja de jugar y dime lo que sabes ahora mismo! —demandó colérico. Todoroki no estaba
para bromas o juegos, sus nervios no resistirían mucho.
—¡No estaba jugando, lo siento!, pero te lo explicare en el camino —dijo algo asustado por la actitud
del otro—, ahora solo ven conmigo.
Sin esperar más, Kirishima salio de la habitación, seguido por Todoroki que no dejaba de insistir en que
se explicara de una vez; y tras ellos Iida y Mirio seguían sus pasos tratando de escuchar lo que decía el
pelirrojo.
ɷʚ♥ɞɷ
—¡Maldito sea Chisaki! —blasfemo mientras volteaba la mesa, provocando un ensordecedor ruido
cuando los objetos de esta chocaban contra el piso—. ¿Por eso no dio la cara todo este tiempo?, ¿por
qué fallo en matar a todos esos mocosos?
Pero la ira de Shigaraki explotó en el momento en que Dabi les contaba haber visto al príncipe
Todoroki al lado de uno de los nobles que asistirían a la subasta. El de ojos turquesa también les hablo
de lo que había escuchado.
—Son solo unos aficionados, el rey se equivoco al enviarlos aquí —afirmó confiado un rubio fornido
que portaba una cicatriz en el rostro, quien se hacia llamar muscular. 1
—La subasta sera pasado mañana, no hay tiempo de pensar en algo —menciono el de quemaduras en
su cuerpo.
—Shigaraki, esta vez no son solo unos cuantos, no podemos darnos el lujo de...
—¡Eso que importa! —interrumpió los alegatos de Kurogiri—. Voy a matar a ese niño mimado, y le
enviare la cabeza a su padre, para que al fin entienda que no debe jugar conmigo —alego descolocado
en ira y locura; unas risas irónicas le siguieron a sus palabras.
—Deberías calmarte un poco, tenemos que pensar en algo pronto —hablo nuevamente Kurogiri,
preocupado por encontrar un plan que le diera la vuelta al asunto.
—¡Yo estoy de acuerdo con Shigaraki!, hay que recordarle al rey que no debe traicionarnos —dijo
nuevamente el rubio, que estaba igual de enojado por saberse perseguido.
La chica solo bufo aburrida para volverse a sentarse, ella ya quería volver con Izuku, y eso estaba
tomando mas tiempo del que le había dicho Dabi.
Por otro lado, Shigaraki seguía murmurado improperios mientras laceraba su piel en un intento de
calmarse, ideando mil formas de vengarse del rey. Dabi aguardaba paciente a las ordenes del
peliceleste.
—Les tenderemos una trampa —dijo al fin—, ellos creen que caeremos, pero en realidad serán ellos
quienes lo hagan.
—Contamos poco tiempo para planear algo de esa magnitud, además sin el armamento que Chisaki nos
brindo aquella vez sera más difícil.
—Tenemos las llamas de Dabi y la magia de Toga —refuto al comentario de su mano derecha—, no
necesitamos de la pólvora de Chisaki; ya tú te encargaras del resto.
—Considero factible una retirada —respondió de inmediato ante su pedido de planear algo. Kurogiri
pensaba con sensatez, y sabiendo que no tendrían más el apoyo del rey lo mejor seria ocultarse un
tiempo, pues era seguro que no tendrían la misma libertad de antes para llevar a cabo la
comercialización de las especies—. Shigaraki, sera más seguro de ese modo...
—¡Solo haz lo que te pedí! —grito para un segundo después calmarse—. Solo hazlo... Y ya verán con
quién se están metiendo.
Kurogiri no le respondió; se limitaría a hacer lo que le pedía, solo esperaba que un buen plan se le
ocurriera para salir bien librados.
Los demás dejaron la sala tras aquello, esperando a ser llamados para así saber cuales serian sus roles
en todo aquel embrollo.
Toga volvía al calabozo; ya se estaba impacientando de estar tanto tiempo lejos del peliverde tritón. Y
mientras caminaba feliz delirando en sus fantasías, logro ver a Dabi que andaba por el mismo pasillo
que ella.
—No dirás nada, ¿verdad? —le dijo cuando lo alcanzo, preocupada de que pudiera entregar a Izuku
para que fuera vendido también, pues ella planeaba conservarlo así fuera a escondidas de todos.
—Claro que no, yo cumplo mi palabra. Además te debo una —respondió dejando algo confusa a la
rubia—. Gracias a ti nos hemos enterado de todos sus planes, y me has facilitado el juego a mi.
Dicho eso siguió su camino, dejando a Toga con más intriga que antes. Pero no le dio importancia y se
fue a ver a su prisionero favorito. Ella se conformaba con que Dabi no dijera nada, pues solo le
importaba estar con ese bello tritón.
Capítulo XXVI:
Decisiones
—¡¿Es verdad?! —Irrumpió en la sala, esquivo algunos muebles y se dirigió de inmediato hacia Inasa,
ignorando a Sero y Bakugo que se exaltaron por el escándalo—. ¡¿Es verdad que ya saben donde esta
Izuku?! 8
Nadie dijo nada; los ensordecedores truenos se escucharon por unos segundos, y ellos solo veían lo
alterado que estaba el de cabello bicolor. Tras de él aparecieron Kirishima, Mirio y Tenya, los dos
últimos sin entender del todo la situación.
—Primero cálmate un poco —dijo levantándose de detrás del escritorio—. Todavía no sabemos si la
información es real o solo una mala broma.
Todoroki exhalo irritado, pues él quería las respuestas ya mismo, no podía detenerse a pensar cuando se
trataba de Izuku. Aún así, trato de respirar y tranquilizarse para entender mejor la situación, como
Mirio le sugirió hace días.
Kirishima fue al lado de Bakugo y Sero. Ellos fueron de los primeros en enterarse al ser despertados
por los fuertes golpes en la puerta principal —sus habitaciones estaban cerca y por eso habían
escuchado—; les pareció raro que a tan altas horas de la noche y en medio de una tormenta alguien
estuviera afuera. Cuando salieron a ver de que se trataba, se encontraron con uno de los siervos de
Inasa, el resto los llevo a la situación actual.
—¿Qué tiene eso de relevante? —alegó algo confundido el de lentes, solo para tomar lugar en uno de
los asientos en la sala. Mirio y Todoroki tampoco lo entendían—. ¿Quién la envía?
—Esa carta dice quien se llevo a Deku y su ubicación exacta —soltó de una Bakugo interrumpiendo al
otro, dejando estupefactos a los tres que desconocían ese dato. Si Todoroki ya estaba tan desesperado
no creía necesario seguir tomándose con calma todo aquello, pensó que era mejor que se enterara de
una vez.
—Entonces era verdad —musito con sorpresa Todoroki—. Si ya sabemos donde esta, ¿por qué
seguimos hablando aquí? Deberíamos ir a por él. ¡¿Dónde precisamente señala esa carta?! ¡Dime y yo
iré ahora mismo! —demandó desesperado mientras extendía la mano para que la carta le fuera
entregada.
—No es tan simple —hablo Inasa volviéndose al escritorio a buscar el manuscrito—. Además, justo
ahora hay una tormenta afuera y es imposible andar así en la oscuridad.
Un estruendo se volvió a oír, solo para recordarles que lo que les decía era verdad; allá afuera se estaba
desatando un verdadero diluvio.
—¿Qué dice la carta? —pregunto Mirio acercándose más al mueble junto a los dos príncipes.
Pese a que el candelabro de madera en el techo iluminaba bien el recinto, Yoarashi se acerco a la luz de
las velas para poder leerles lo que esta decía.
—"Izuku se encuentra ahora con Shigaraki... En medio del bosque marchito a las afueras de Shiketsu,
allí esta su escondite" —leyó, y los tres quedaron atónitos; en especial el mitad albino.
—¿Cómo... ? —Todoroki no entendía lo que decía; ni el porqué era que ese pirata tenia a Izuku, ¿en
qué momento? ¿Cómo habían dado con él, si solo había estado en el castillo? Entonces las dudas lo
inundaron, pero antes de que pudiera interrogar al otro, Mirio se le adelanto.
—¿Cómo logro Shigaraki llevarse a Midoriya? Según tengo entendido, el no salio del castillo en
ningún momento. —Volteó a ver al mitad albino para que respaldara lo que decía.
Tras escuchar esas palabras, las suposiciones y sospechas se dispararon entre todos; Bakugo de
inmediato frunció el ceño y se acerco amenazante a Inasa.
—¿Mh? —murmuro confuso, viendo como todos le veían con desconfianza. Entonces se molesto al
entender de que iba el asunto—. Me ofende que duden de mi.
—¿Entonces dices que Midoriya salio solo y se entrego a ellos? —hablo con ironía Sero.
—Yo no se como lograron entrar y llevárselo —afirmó, inflo el pecho y continuo hablando—. Jamás
me he involucrado con gente de ese tipo.
—¿Entonces como lograste ser invitado a la subasta? —Esta vez fue Iida quien lo cuestionaba,
mientras se levantada de su lugar—. De alguna forma tuviste que tener contacto con ellos para enterarte
del acto.
—Eso fue solo para atraparlos —dijo en un tono de verdad—; uno de mi siervos se entero de dicho
evento por los rumores que decían aquellos forasteros que entretenían a la gente con su magia.
—¿De quiénes estas hablando? —cuestiono el mitad albino poniéndose al lado de Iida—. ¡Dinos todo
lo que sabes de una vez!
—¡Yo no sé quienes eran! Yo no los vi —respondió igual de alterado que el otro—, solo dijeron que
eran una adivina, un traga fuego y demás sujetos extraños.
—Espera... —Se adelanto el de ojos azules—. ¿Un traga fuego? ¿Cómo lucia?
—Ya te dije que no lo sé —volvió a decir—, yo no les vi; solo es lo que la gente del pueblo y un lacayo
dijeron.
Mirio y Sero se miraron, recordando haberse encontrado con un traga fuego que andaba por Eiyuu,
después de eso se enteraron de la subasta. Ahora el pelinegro entendía porqué se le hacia tan familiar, si
de seguro lo había visto entre los piratas que acompañaban a Shigaraki en Musutafu, aunque por tantos
ropajes no logro distinguirlo bien.
—¡Ah! ¿Si?, pues trae a todos esos que dicen haberlos visto —dijo Bakugo aún desconfiado de sus
palabras.
—Esperen, podría estar diciendo la verdad —defendió Sero, llamando la atención de todos, inclusive el
mismo Inasa—. Mirio y yo nos topamos con uno de esos magos en Eiyuu, justo cuando nos enteramos
de la subasta; puede que fueran los mismos.
—¿Entonces, le creemos? —pregunto Kirishima, algo confundido con todo lo que decían.
—No del todo —dijo Todoroki, solo para volverse a Inasa y exigirle que continuara leyendo—. ¿Qué
más dice esa carta?
El de ojos afilados volvió a tomar el papel para terminar de leer. Sero, Kirishima y Bakugo ya sabían lo
que seguía, pero los últimos todavía seguían incrédulos de la inocencia del Lord.
—"Deben capturarlos antes del día de la subasta, ellos ya saben de la emboscada que planean..." 2
—¿Cómo se enteraron de eso? —interrumpió Mirio. Todoroki y Tenya volvían a dudar mientras
pensaban en lo dicho por Inasa.
—La carta no lo dice —respondió—, solo siguen un montón de locaciones de los escondites de los
piratas, dentro y fuera de Yuuei. —Dicho eso le entrego el documento a Iida, mientras Todoroki y Mirio
se acercaban para verla también.
—Dejando de lado que este bastardo nos este mintiendo, no sabemos si lo que esa carta dice sea verdad
o no —hablo Bakugo con los brazos cruzados. 8
Aquel papel y su contenido vino a cambiar sus planes y perspectivas de una, era normal que no
supieran que hacer o creer. Afuera la tempestad estaba en su máximo esplendor, mientras la tensión en
aquella sala crecía con el pasar del tiempo.
Una vez terminado de leer la caligrafía, Todoroki ya había tomado una decisión.
—¡No puedes ir así como así! —Lo detuvo Iida antes de que abandonara el lugar—. No sabes si esto es
una trampa.
—Pero...
—Todoroki tiene razón —interrumpió Mirio la discusión de los dos—. Ciertamente este papel no tiene
ninguna veracidad, pero es mejor adelantarnos a ellos que recibir una sorpresa dentro de unos días.
Sero y Bakugo parecieron convencidos con aquello; creían que seria mejor actuar de una vez ante tal
incertidumbre. Mirio también se movía por las ansias de reencontrase con su familia; si ellos se
encontraban en ese mismo lugar, temía que ante los nuevos sucesos volviesen a llevárselos lejos. 3
—Eso seria lo más rápido —dijo Inasa—; pero de ese modo no lograremos atrapar a los demás nobles
que están involucrados con ellos —explico su punto—. Y sitiar un lugar así de grande sera difícil
incluso con la cantidad de hombres que tenemos. Por eso planeábamos atacar cuando estuvieran con la
guardia baja, mientras estaban divididos por lo de la subasta.
—¿Y si no quieres que vayamos ahora porqué en realidad tu nos guiabas a su trampa? —Bakugo volvió
a sacar la duda que recaía en el de ojos afilados.
—Ya les he dicho que yo no lo sabia, esto también es una sorpresa para mi —se defendió—. Y de todos
modos, si fuera de ese modo jamás les hubiera dicho de esta carta.
—Puede que no tuvieras más opción porque estábamos presentes. —Esta vez era Kirishima quien
dudaba.
—Pude haber inventado cualquier excusa y así jamás sabrían de lo que hablaba esa carta.
Quedaron afónicos y la lluvia volvió a ser el único sonido durante unos minutos. Ciertamente, nada de
lo que había hecho cuadraba con que quisiera guiarlos a una trampa.
Los demás seguían confusos con todo el asunto, sin saber que pensar, se mantenían al margen de la
situación. Todoroki, cansado de todo ese desorden, asintió convencido y dijo:
—No. —Insistió Inasa; pues él de verdad pensaba que seria mejor buscar una solución a la supuesta
trampa, y de ese modo aún tendrían el elemento sorpresa al atacar su base. Intentaría explicar su punto,
solo esperaba que lo escucharan—. No sabemos si lo que dice la carta es verídico o una trampa más, y
si fuera verdad, aún podemos darle la vuelta si...
—¡Solo es perder el tiempo! Y si tanto te preocupa que pueda ser una trampa, pues entonces piensa
algo ahora mismo para evitarla —interrumpió exaltado volviendo hacia Inasa; Todoroki tenia en claro
que estaban sobre tiempo, sus planes anteriores ya no funcionaban y debían adaptarse a la situación
actual rápido—. Tenemos que actuar ya.
El mutismo reinó otra vez, y el ensordecedor ruido de los truenos inundó la sala. Todoroki miraba
brioso a los ojos negros del Lord, la determinación en los iris dispares daban a entender que hablaba en
serio, el heredero de Yuuei iría si o si a rescatar a Izuku; no le estaba ordenando que lo acompañara,
pero esperaba que su sentido común estuviera de su lado.
Ambos, Todoroki e Inasa se sostuvieron la mirada por unos segundos. El ambiente denso era palpable.
—No voy a arriesgar a mis hombres solo por lo que dice un pedazo de papel.
Fue esa la resolución de aquel dramático momento. Entonces los espectadores de aquel reto de miradas
pudieron respirar, pues temían que aquellos dos se fueran a los golpeas en cualquier momento.
Todoroki salio de la sala tras sus palabras, él no estaba dispuesto a perder el tiempo.
—¡Aguarden, no pueden irse solo así! —Iida fue el primero en reaccionar y salio de inmediato tras esos
dos, dejando a Inasa y los demás en la sala.
Todoroki y Mirio caminaban por los pasillos, ignorando los parloteos del de lentes que intentaba
hacerlos entrar en razón por todos los medios posibles. El rubio estaba consiente de sus actos —más
que el mitad albino—, por eso, aunque no tenia en claro lo que el príncipe planeaba, decidió
acompañarlo para evitar que cometiera más locuras en el campo de batalla.
A punto de llegar a la salida Iida se adelanto a sus pasos.
—¡¿En qué están pensando?! —regaño interponiéndose entre ellos y la puerta—. ¿Si quiera están
pensado?
—¡No! —negó parándose firme frente a ellos—. ¿Qué es lo que van a hacer ustedes dos, solos en
medio de una tormenta contra todos esos bandidos? ¡¿Eh?!
La labia en las palabras del de lentes calo hondo en Mirio, pero Todoroki aún se veía terco.
—¡Demonios Todoroki! Solo detente un segundo a pensar. —Iida estaba tan desesperado por la actitud
del bicolor que incluso le estaba costando trabajo el evitar golpearlo.
—¡Estoy pensando! —gritó en el mismo tono—. Y no pienso ir solo, tomare algunos de los soldados de
Yoarashi, no se negaran si es su futuro rey quien les ordena acompañarlo.
—Unos cuantos no serán suficientes —le dijo—, y creo que es muy negligente de tu parte arriesgar
tantas vidas sin nada seguro.
Todoroki frunció el ceño por su reproche; Mirio comenzaba a dudar del raciocino del príncipe de
Yuuei.
—Escucha... —Cansado de su actitud el de lentes trato de dialogar una vez más. Se acomodo las gafas
y dijo—: volvamos allá, y entre los dos convenceremos a Inasa para que nos de su completo apoyo.
—¡Deja por un momento tu soberbia! —escandalizó colérico—. Por el bien de Midoriya, solo esta vez
hazme caso.
La mención del peliverde parecieron ser las palabras mágicas. El de cabellos bicolores no respondió a
lo dicho por el de lentes, pero al fin se detuvo a considerar sus opciones.
—Todoroki, Iida tiene razón —apoyo el rubio las palabras del otro—; yo también estoy dispuesto a
ayudar a convencerlo.
—Bien, pero sera la última vez que se lo pedimos. Si no acepta, seguiré con lo que tenia previsto.
Entonces los tres volvieron sobre sus pasos, a intentar negociar una última vez aquel asunto.
Iida pudo respirar tranquilo otra vez; fue difícil, pero no dejaría que su amigo se arriesgara a morir tan
fácil, necesitaban la ayuda de Inasa si o si; ya sus dudas de una traición por parte del Lord no le
preocupaban más.
ɷʚ♥ɞɷ
En la sala, justo cuando los tres dejaron el recinto, Inasa volvió a sentarse tras el escritorio; cansado de
toda aquella discusión se masajeo las sienes para intentar que pasara el estrés.
—Creo que ellos tiene razón, es mejor que vayamos ahora, así evitamos cualquier sorpresa —dijo de
pronto Kirishima—. Amenos que de verdad quieras guiarnos a su trampa de la subasta.
—Yo no estoy con ellos, de verdad, jamás me aliaría con gente tan desapacible. —Inasa decía la
verdad, sus negativas eran solo por estrategia, la que él creía mejor. No obtuvo respuesta más que sus
miradas inexpresivas, decidió ignorarlas y ahondar en lo que decía el pelirrojo—. Si tanto insisten en
que sera la mejor alternativa, ¿qué es lo que proponen ustedes? —inquirió acomodándose mejor en su
asiento.
—¿De verdad vamos a confiar en ese bastardo? —susurró Bakugo hacia los otros dos para que Inasa no
le escuchara.
Se separaron ante el grito, pero el rubio tritón seguía viéndole con el ceño fruncido.
—Bueno... Creo que deberíamos enviar primero un señuelo, como una carnada, así sabremos si era una
trampa o no —sugirió el pelinegro de cabellos largos—, sera como ir de pesca... Sin ofender Bakugo. 4
—Como sea. —Restó importancia a su comentario y se dirigió a Inasa—. Sonrisa rara tiene razón —
hablo refiriéndose a Sero que de inmediato hizo una mueca desconcertado, aunque no le dijo nada—,
usar una carnada sera lo mejor, de ese modo seremos nosotros quienes les tenderemos una trampa, y el
factor sorpresa seguiría igual.
—Podría funcionar, pero seria muy peligroso para quien vaya de cebo —hablo pensativo—. De todos
modos creo que Todoroki actúa muy desesperado solo para rescatar a uno de sus siervos, bien
podríamos esperar hasta ese día para saber si la carta era real o no; no creo que huyan o escapen si
creen que no sabemos nada.
Ante su afirmación todos se quedaron callados, ahora podían entender mejor su postura ante todo el
embrollo.
Kirishima miro a Bakugo, pidiendo en silencio el permiso para contarle la verdad a Yoarashi. El rubio
negó de inmediato, pues aún no confiaba del todo en él.
—No es un sirviente más —dijo por fin Kirishima. Bakugo bufo incrédulo de que le haya ignorado, y
Sero estaba algo nervioso por lo que hacia su compañero—. Midoriya también es una criatura mágica...
es... un tritón.
Inasa quedo desconcertado, analizando lo dicho por el pelirrojo. La sala quedo en silencio una vez más,
mientras esperaban su reacción.
—Lo encontró mal herido en una playa y lo ayudo —explico Kirishima—, después, Midoriya nos
contó que su familia fue llevada por Shigaraki.... Por eso es que estamos aquí... para ayudarles. —Miro
a Bakugo tras decir aquello; el rubio apartaba la mirada afligido por el recuerdo, que aunque no era
resiente seguía calando en su ser.
Inasa se tomo un momento para digerir el corto relato. Ahora más que antes estaba atónito, jamás creyó
que alguien como Todoroki fuera a preocuparse así por algún otro ser viviente. Tal vez no debió
juzgarlo tan rápido, o al menos ahora creía que eso de que las personas cambian podía ser verdad.
—Bueno, eso solo podría explicar porqué se lo llevaron —dijo tras meditarlo.
No hubo respuesta ante su propuesta. Trastabillaba los dedos en la madera, con el semblante serio; aún
no estaba del todo convencido si lo que planteo Sero seria una buena idea, pero al menos ahora lo
estaba considerando.
—Oh vamos... Midoriya corre peligro, sus amigos y la familia de Mirio también —trato de convencerlo
el pelirrojo, pero solo logro que Inasa le viera en silencio—. Cambiarías de parecer si te dijera que
Midoriya esta embarazado. —Soltó sin pensar, todo producto de la frustración de no conseguir
respuesta favorable, y por unos segundos pudo ver el rostro pasmado de Inasa. 21
Aquella voz los sorprendió. Kirishima volteo lentamente al escuchar el conocido timbre. Entonces
Bakugo se lamento haberle contado aquel secreto a su pareja. 11
—¿Cómo es que Izuku esta...? Él... —Camino hasta el pelirrojo, pero se detuvo a unos pasos, cuando
comprendió el significado de lo que había escuchado.
Todoroki había entrado a la sala justo en el momento en que aquella verdad fue dicha. El pobre
príncipe estaba confundido, no entendía como podía ser posible lo que oía. Estupefacto, abrió y cerro la
boca un par de veces, sin que una palabra pudiera salir de toda la maraña de ideas que se formaba en su
cabeza.
Mirio e Iida venían tras de él. Por lo que también escucharon lo dicho.
—Ah... Blasty, ayuda —murmuró al rubio tritón que veía con fastidio toda la situación.
—Lo que oíste bastardo —dijo quitando del medio a Kirishima. De inmediato, Todoroki lo miro—,
Deku no te dijo nada porque es un un idiota despistado que quería venir a salvar a los demás con sus
propias manos.
—¿Todoroki? —Al verlo tanto tiempo callado, Iida se acerco a tocar su hombro, pero el mitad albino
no respondió.
—¡Y yo que iba a saber que se descompondría el bastardo mitad y mitad! —gruño molesto y se cruzo
de brazos.
—Eh Todoroki, ¿Estás bien? —Inasa se levanto de su lugar y movió su brazo frente al rostro del otro.
—¿Qué más sabes? —cuestiono, mientras el rubio tritón lo miro confundido. En esos momentos, el
heterocormático necesitaba saber todo del estado de Izuku.
—Eso es todo lo que sé, Deku no me dijo más —alegó con molestia; él no quería meterse más en los
asuntos de esos dos, ya se estaba hartando de sus dramas.
—¿Cómo es que esta... ? Olvídalo —Entonces con el ceño fruncido se dirigió a Kirishima—. ¿Por qué
no me dijiste que como tritón, también podía embarazarse? 6
Kirishima respiro hondo y aguanto la respiración. La gélida mirada del mitad albino calaba hondo.
¿Qué podía decirle? No era su culpa que Midoriya no le contara nada. Además, él no era el adecuado
para que tuvieran ese tipo de charlas.
—Cuando volvíamos de Musutafu, en el barco —aclaró—, olvidaste mencionar ese pequeño detalle.
—... ¡Ah!, si... lo lamento. —Rió apenado; Todoroki frunció el ceño, pero antes que replicara Kirishima
se defendió—. P-pero no es mi culpa, me estaba incomodando y solo quería terminar con esa charla.
De un momento a otro una pequeña discusión comenzó entre esos dos, los demás quedaron olvidados.
Iida que como los demás que no sabían nada de la condición de Midoriya, comenzó a entender la
magnitud del asunto; y temeroso a que Todoroki volviera a intentar salir en su rescate —del peliverde y
su hijo—, cerro la puerta y se quedo junto a ella para hacer guardia cuando el temperamental Todoroki
saliera de todo ese shock.
Inasa no entendían bien porque Todoroki se ponía de ese modo; mientras Sero y Mirio se mantenían al
margen de todo. En algún momento Bakugo entro también en la discusión, misma que termino cuando
Todoroki entendió que nadie era el culpable de lo que ahora estaban viviendo.
Por ahora tenia un único pensamiento en mente: tenia que rescatar a Izuku y su hijo.
Miro a Iida en la puerta, y a Mirio junto a él. Luego volvió hacia Inasa, para cumplir con lo que había
prometido: hacer un último intento de obtener su ayuda. Y aunque no le gustaba valerse de su titulo,
esta vez Izuku lo valía.
—Iremos a ese monasterio, y enfrentaremos lo que sea para recuperar a todas esas personas —hablo
decidido. Esta vez no le estaba preguntando, se lo estaba ordenando. Inasa lo miro algo disgustado,
pero antes de que refutara, Todoroki se adelanto—. Como futuro rey de Yuuei, tu rey —enfatizó—, te
ordeno ir a apresar a Shigaraki. 2
—Hm... Sabía que una persona no podía cambiar del todo —dijo resignado, pues si le ordenaban desde
un rango superior, él obedecería—. Juré servir a la corona, lealtad al reino de Yuuei, y como caballero y
señor de estas tierras cumpliré sus ordenes, alteza. —Hizo una reverencia tras decir lo último.
—Pronto amanecerá, y entonces solo faltara un día para la subasta —afirmó Bakugo, viendo por la
ventana como poco a poco el cielo se aclaraba a pesar de estar nublado. Hace rato que la tormenta paso
a ser una simple llovizna.
—Bien, despertare a mis hombres para que se preparen, partiremos antes del medio día.
Dicho eso, se dio la media vuelta dispuesto a abandonar la sala. Iida se quito de la puerta, sabiendo que
ya no era más necesario anticiparse al irracional actuar de Todoroki. Los demás imitaron a Yoarashi,
ellos también se alistarían para la batalla.
—Inasa... —lo llamo antes de que dejara el lugar; todos sin excepción detuvieron sus pasos ante la
expectante de lo que diría—. Gracias.
Yoarashi no sabia que decir; aunque era pequeña, nunca espero una muestra de humildad por parte del
mitad albino. Tal vez volvió a equivocarse en juzgar a las personas.
—Solo cumplo mi deber —respondió, y sonrió complacido con lo dicho por él otro. Verdaderamente
agradecía que su futuro rey no tuviera la actitud de un tirano.
Todoroki también fue a buscar su espada y caballo. Mientras escuchaba por los pasillos la propuesta de
Sero para sorprender a los bandidos.
En esos momentos no había nada más en su mente que rescatar a Izuku y sus amigos, sin olvidar a la
familia de Mirio; para después apresar a Shigaraki y los demás piratas, liberarando a Yuuei y el mundo
de su barbarie.
Si todo salia bien, podría demostrar la culpabilidad de su padre, y quitarlo del trono, impidiendo así que
pueda dañar a Izuku o a su futuro hijo... Su hijo; una boba sonrisa aparecía en sus labios ante aquel
pensamiento.
Capítulo XXVII:
Almas Pérdidas
Después de alimentarlo con tan insípidas sardinas —e intentar jugar algún perverso juego que
involucraba cuchillos—, Toga se había ido, dejando a un temeroso tritón en medio de la gélida agua.
Midoriya logro calmarse después de derramar un millar de lagrimas. Había logrado resistir a aquella
horrible experiencia, pero no sabia cuanto más aguantaría. Sin duda alguna, tenia que mantenerse en
calma y pensar con cuidado si quería sobrevivir. 1
Su corazón le decía que alguien lo estaba buscando. Sabía que ese debía ser Shōto, pero tenia miedo de
que nunca lo encontrara. Temía que terminaran separados, que jamás volviera a ver esos hermosos ojos
dispares que le veían con devoción mientras le decía cuanto lo amaba; a no volver a dormir entre sus
brazos, olvidando todo lo malo del mundo.
Le daba terror no poder volver a besarlo, abrazarlo y profesarle amor; a nunca más estar a su lado,
cuidar de su sueño... vivir su amor.
Le dolía en lo más profundo de su corazón el pensar que Shōto jamás se enteraría de que sería padre, o
que aquella pequeña vida nunca viera la luz. Y que todo eso en parte era su culpa por habérselo
ocultado a su pareja, por ser tan descuidado.
Pero se prometía que si lograban reencontrarse otra vez, si tan sólo pudiera despertar de aquella
pesadilla, no volvería a mentirle de ese modo; confiaría a él sus secretos, sus miedos y su vida misma.
Después de todo, Todoroki era su legendario amante, él así lo sentía.
Su madre le dijo que confiara en el destino; y que lo que tenia que pasar, pasaría. Pero si ese era su
destino: estar separados después de vivir tal pasión... Él no quería renunciar jamás en la vida a ese
amor.
No.
No podía quedarse a esperar paciente ser salvado, porque cabía la posibilidad de que eso nunca pasara.
Y no iba a permitirse alejarse de ese modo del amor de su vida... del padre de su hijo. Midoriya se
salvaría a si mismo y a todos los que al igual que él estaban encerrados en aquel olvidado lugar, y
volvería al lado de su alma gemela.
Con todo aquéllo en mente, miro por todo el lugar, pensando la mejor manera de escapar. Sabía que
aquella rubia podía usar magia, y que tal vez hubiera preparado algún truco. Pero en las horas que
llevaba en ese lugar no vio que hiciera algo extraño.
Esperaba no equivocarse, y que verdaderamente no hubiese puesto algún maleficio en él o ese lugar.
Viendo de ese modo el panorama, tenia dos opciones: Podía salir por la parte de arriba —pero la altura
era considerable desde el borde del estanque hasta el suelo, y era seguro que se llevaría un buen golpe
—, o podría romper el vidrio; así, tal vez el agua amortiguaría un poco la caída.
Lo intento una, y otra y otra vez, golpe tras golpe que solo hacia vibrar la superficie, pero que no le
hacia ningún rasguño. Aquello no estaba funcionando, sin duda era demasiado resistente, además de
que no tenia el espacio suficiente para hacerlo con tanta fuerza como hubiera querido.
El tiempo corría a prisa y él no lograba ningún avance; por si fuera poco, la presión de no saber en que
momento podría aparecer nuevamente Toga, o si habría más guardias en aquel sitio, lo acechaban en
todo momento.
Se detuvo un momento a pensar nuevamente en sus opciones. Entonces salio a la superficie, se acerco a
la orilla y calculo mentalmente la altura hasta el piso. Por la rendija podía escuchar y verse la tormenta
del exterior, mientras tomaba una decisión.
—No hay opción, verdad... —musito tomándose del vientre. Ese era su mayor temor: la pequeña vida
creciendo dentro de él podría no soportar una caída de esa altura—. Por favor, resiste pequeño... 9
Cerro los ojos y trato de darse ánimos en su mente.
Se cubrió con el agua unos segundos antes de llevar a cabo su plan; esperaba que la caída no fuera tan
dolorosa, pero más que nada, esperaba que aquello no fuera a dañar al pequeño dentro de él.
Se armo de valor y volvió a la orilla en la superficie de aquel tanque. Se sujeto con ambas manos del
cristal, para levantar su cuerpo y apoyarse en su abdomen, dejando así que su torso colgara y que poco
a poco su cuerpo descendiera, acomodándose lo mejor que podía para reducir el impacto. Hasta que
llego el inevitable momento en que cayó al suelo.
Salpico el piso de agua y soltó un fuerte alarido por el golpe, el lado derecho de su cadera y hombro
fueron los que resintieron el impacto.
El dolor se apodero de él y parecía no querer marcharse; nublaba su consiente que le pedía a gritos
levantarse y continuar. Pero no podía, el escozor en su cuerpo era demasiado fuerte.
Se quedo un rato así, recuperándose, recostado sobre su lado derecho respirando pesado. Hasta que
junto la fuerza necesaria para continuar, pues no estaba dispuesto a ceder tan fácil ante la derrota.
Respiro hondo y apoyándose en sus antebrazos se coloco boca abajo para arrastrarse hasta la esquina
donde estaba la mesa con su ropa.
El rocoso suelo lastimaba sus expuestos brazos, pero más que nada su abdomen, donde poco a poco se
formaron algunos raspones sobre la pecosa piel; las escamas de su aleta protegían bien la de esa zona,
por lo que no se preocupo de lastimarse más de lo que ya estaba.
Los restos de agua salina hacían arder las pequeñas heridas. Y aunque era una corta distancia, él la
sentía eterna.
Sus esmeraldas se posaron en aquella rendija oxidada, el agua escurría por la pared y los relámpagos
encandilaban su mirada. Nunca antes en su vida se sintió tan cansado; le dolía el cuerpo producto de la
pasada caída, ni siquiera podía identificar exactamente que parte le dolía más. El miedo y la angustia le
atormentaban, pero una parte de él seguía en pie, valiente y decidido a continuar hasta que todos fueran
libres.
Cerro los ojos y sintió como sus piernas comenzaban a aparecer de entre su aleta, las escamas se
desvanecían, sus manos y orejas volvían a ser simples como las de cualquier humano y sus branquias se
esfumaron.
Ahora estaba libre de aquella prisión de agua, y tenia que pensar cual seria su siguiente obrar.
Vio una última vez la rendija, sabiendo que ese podía ser su salida a la libertad. Pero no podía irse sin
antes buscar a sus amigos, no tenia las entrañas para hacerlo; si ya estaba ahí, los buscaría a todos y los
llevaría consigo, no dejaría a nadie atrás.
Valeroso, asomo con cautela la cabeza por la puerta, observando a detalle el apacible corredor. La tenue
luz azul contrastaba con el oscuro lugar, las goteras resonaban en ecos por todas partes, pero ni un alma
parecía andar por aquel sitio.
Se sobresalto por el estruendo de un trueno, que lo obligo a salir de aquel salón con el corazón
acelerado. Para luego encaminarse por aquel pasillo mientras empuñaba fuertemente el arma.
Temeroso, pegaba su espalda a la pared, atento a cualquier sorpresa; el piso frió y desnivelado bajo sus
pies no le incomodo, los cuidadosos pasos no hacían ruido alguno, por lo que pudo avanzar así por el
pasillo.
Algunas veces se asusto con su propia sombra, y otras más con algún roedor que corría por los
rincones, pero nada grave había ocurrido hasta el momento. No parecía que hubiera alguien más ahí. 1
—Ochako... —susurró al llegar junto a un corredor en el que podían verse las rejas de algunas jaulas y
celdas—. ¿Estas aquí?
—Oye, tú —le llamo una voz femenina tras las rejas; su ojos grandes le miraban curiosa, tenia los
cabellos azul claro y una sonrisa en el rostro. Aquella chica logro sorprender al peliverde que se pego a
la pared, empuñando el filoso artefacto hacia la que le hablaba—, ¿por qué tu cabello es tan verde? 7
—Yo... —Sus palabras murieron en el momento en que vio mejor el interior de la celda; claramente se
distinguían dos personas más—. ¿Ochako...? —apenas susurró, pero no obtuvo respuesta.
—No, no, aquí no hay ninguna Ochako; yo soy Nejire Hadō, una hada* de las montañas Ryukyu —dijo
risueña, pero Izuku la ignoro, pues su vista se mantenía esperanzada en las dos personas del fondo.
Dentro, ambas siluetas se removieron solo un poco, lo justo para que algo de la luz diera sobre ellos;
entonces el peliverde noto a la pequeña niña de cabellos blancos en los brazos del mayor. 15
No, ciertamente no era Ochako, pero si pudo reconocerlos del relato de Mirio cuando estaban por
Saitama. Sin duda, ellos eran la familia de Mirio.
—Tamaki —casi grito. Se tomo de las rejas para verlos mejor; el pelinegro elfo reaccionó ante ese
nombre.
—¿Se conocen? —pregunto Nejire al elfo, pero este negó con un movimiento de cabeza.
—¿Co-cómo... s-sabes mi no-nombre? —Se levanto temeroso, cubriendo con su cuerpo a la pequeña
que se sujetaba fuerte de sus ropas.
—Conozco a Mirio, a Mirio Togata —mencionó tratando de evitar el miedo en el otro al reconocer
aquel nombre.
El sonido del metal se escucho cuando el pelinegro camino hasta donde las cadenas en sus pies le
permitieron, pero fue lo suficiente para que esta vez Midoriya le viera con claridad.
—¡¿De verdad?! ¿Esta contigo? ¡¿Dónde esta?! —Desesperado busco a sus espaldas.
—¿Pa-papi vino a salvarnos? —musito esperanzada la pequeña que era abrazada con fuerza por el
mayor.
—Él no esta aquí, yo... —No sabia como explicarle toda su situación, ni siquiera tenían tiempo para eso
—. No hay tiempo para explicaciones, yo te ayudare a volver con él... Pero primero tenemos que salir
de aquí.
Busco desesperado algo con que forzar la cerradura, entonces recorto el cuchillo que llevaba en mano,
de inmediato lo uso para intentar abrir el cerrojo.
—Bien pensado. —Lo felicito ella, mientras veía como el peliverde intentaba que la cuchilla
funcionara como llave, pero era demasiado grande para entrar en la cerradura, y harta de ver que eso no
daría resultados dijo—: Oye, mejor usa esa de allá. —Señalo la varilla oxidada de una lanza.
De inmediato el tritón corrió a tomar el metal, soltando el arma que por ahora no servia de nada. Ya con
aquel objeto en manos, su faena continuó. Primero golpeo la cerradura, pero lo dejo debido al ruido que
hacia. Después intento hacer una palanca, pero ya no tenia la fuerza suficiente para ello. Su brazo
volvió a doler por el esfuerzo, y su espalda comenzaba a molestarlo. Su fuerza le estaba abandonando.
—¡Es inútil...! —exclamó cansado, pero continuando usando la vara como llave.
Tamaki veía agobiado todo aquello, con el nerviosismo de ser descubiertos y castigados. No quería
hacer enojar a la hechicera rubia; se moriría si intentaba dañar a alguno de sus hijos. 13
Midoriya asintió, entregándole el metal para luego encaminarse hacia ningún lado, solo para detenerse
unos segundos después y voltear a preguntar:
—¿Dónde debo ir a buscar?
—Debe estar en el salón del fondo; es donde ella guarda todas sus pócimas. —Midoriya no espero más
y corrió de vuelta, pues el cuarto del que hablaba estaba justo al lado de donde él estaba atrapado—.
¡Busca un frasco con liquido azul brillante! —le grito para que supiera cual traer.
Izuku logro escucharla, repitiendo en su mente sus palabras para no olvidar lo que tenia que buscar. El
jamás había visto aquella sustancia, pero conocía de su existencia. 2
Llego apurado a la habitación, con el corazón acelerado por la carrera. Sus manos vacías comenzaron a
hurgar entre los estantes y cajones, revolviéndolo todo a su paso.
Vio frascos con liquido amarillo y morado, algunos con polvillo de hada y otros más con partes
mutiladas que no quiso reconocer; pero no veía ningún liquido azul brillante por ningún lado. Reviso
repisa por repisa, cajón por cajón, pero no hallaba nada; la adrenalina estaba desapareciendo de su
cuerpo y el dolor volvía poco a poco. Estaba perdiendo el control, la desesperación no se hizo esperar y
lo impensable cruzo su mente: la idea de rendirse lo tentaba.
Sacudió su cabeza para deshacerse de tan atroz pensar. Volviendo a revisar todo el lugar.
Tomo todos los que pudo y volvió a la celda. Los pasillos seguían sin vigilancia, por lo que no fue nada
difícil ir y venir. Cuando llego a su lado la cerradura ya estaba abierta; entre ambos —Tamaki y Nejire
— lograron abrir las rejas.
Les entrego un frasco a la de ojos azules, mismo que vertió en el metal de sus grilletes. De pronto, ante
sus ojos el acero se fundía hasta desaparecer, sin importar el hechizo que Toga había puesto sobre estos.
Claramente aquella sustancia era tan efectiva como decían; tenia el poder corrosivo para deshacer
cualquier magia en objetos. Pero era muy difícil de conseguir; sin duda era una muy preciada
mercancía para los piratas.
—En la habitación en la que me encontraba hay una rendija que lleva al exterior, es lo suficientemente
ancha como para que un cuerpo pase —explicó—, si logramos quitar la rejilla podremos salir por ahí.
—Eso podría funcionar; pero antes, tenemos que liberar a los demás —dijo Nejire a Tamaki,
refiriéndose a los elfos y hadas que estaban en las otras celdas.
Izuku asintió, pues el también tenia personas que encontrar antes de pensar en escapar.
—¿Hay más sirenas o tritones aquí? —cuestionó mientras caminaban hacia otras rejas para abrirlas—.
Estoy buscando a dos chicas y un hombre mayor.
Tamaki bajo a la pequeña Eri, la mantenía cerca mientras ayudaba a deshacerse de los grilletes de los
elfos con ayuda de la savia, mientras escuchaba atento lo que decía él peliverde. Nejire seguía abriendo
una a una las rejas.
—Hay dos jóvenes que fueron llevadas hasta el fondo del pasillo —dijo recordando a las favoritas de
su verdugo—. Ella siempre las llamaba "pececitos"
—¡¿De verdad?! ¡¡Gracias!! —no espero más; tomo uno de los frascos, recogió el cuchillo y se giro
dispuesto a correr en su búsqueda.
—¡Espera! —Lo retuvo, pues el pelinegro creía que si iba con el pecoso, este lo llevaría a Mirio—.
Iremos contigo.
—No. Sera más rápido si la ayudas con los demás —dijo—. Luego de eso vallan a la sala donde hay
cinco estanques con agua, esta al fondo de ese pasillo —señalo el lugar—, yo llegare con ustedes
después.
—Pero...
—No tenemos tiempo que perder, solo hagan eso. —Le sonrió antes de continuar su búsqueda.
Tamaki no respondió ante sus palabras, simplemente asintió y siguió con su trabajo.
Confiaría en aquel pecoso, y esperaría a que lo llevara a reunirse con Mirio. Si ya hasta podía fantasear
con el venturoso evento, imaginando su reaccionó al verlos llegar, y a él con un abultado vientre de 7
meses. El rubio no tenia ni idea de que tendrían un segundo hijo, porque se suponía seria una sorpresa
para su cumpleaños; misma sorpresa que jamás fue dada cuando la tragedia los invadió. 3
La pequeña Eri se mantenía al lado del pelinegro; mientras todos se apresuraban a su alrededor, ella
veía como aquel peliverde se alejaba de ellos, perdiéndose en la penumbra.
ɷʚ♥ɞɷ
El día pintaba para ser un tanto oscuro, las nubes de la tormenta de anoche se mantenía en el cielo.
Habían dejado los caballos atrás para ser lo más sigiloso posible; ahora caminaban entre el bosque al
punto que señalaba aquella carta.
Estaban empeñados en rescatar a las criaturas mágicas y capturar a todo bandido que se encontrara allí.
Sobre todo Todoroki; el príncipe no se tocaría el corazón para acabar con quien haya osado tocar un
solo cabello de Izuku. No perdonaría a Shigaraki ni a nadie por apartarlo de su lado. Estaba dispuesto a
terminar con todo eso y tener de vuelta al peliverde a su lado; tenia tanto que hablar con él. 1
Luego de un pequeño recorrido, el lugar se presento ante sus ojos: era un monasterio abandonado en
medio de la nada, rodeada del insípido bosque a donde quiera que voltearan.
Podían escuchar los sonidos que emitían algunos animales silvestres como la música que acompañaba
su odisea. La niebla se aglomeraba al rededor de aquel desolado sitio y el fango se pegaba en sus botas.
Se movían en silencio.
Tetsutetsu subió a la cima de un gran roble en la parte posterior de la entrada principal; era el único con
un follaje espeso que podría cubrirle bien. Estaba armado con arco y flecha para atacar desde la altura a
todo aquel enemigo que intentara escapar; su puesto era el de centinela.
Mina, Sero, Jiro y unos cuantos más se camuflaban entre los troncos de marchitos árboles en la parte
frontal; el lugar estaba sitiado, cada posible salida estaba asegurada, pero la mayor tanda de hombres
esperaba en calma frente al monasterio a tener acceso al lugar —pues las puertas de esas
construcciones solo podían ser abiertas desde dentro—. Inasa esperaría afuera junto a ellos, y una vez
que aquella gran puerta fuese abierta, entrarían a terminar con el arresto.
Por la parte trasera se encontraba una vieja puerta de madera que al parecer nadie usaba, justo como
señalo el manuscrito. Era el momento de saber si aquel que envió la carta era un aliado, o todo era una
truco más para intentar matarlos. Yoarashi contó 10 minutos en su reloj de arena, ese era el tiempo
limite que tenían para cumplir con su misión. De otro modo atacarían con todo aquel lugar.
Sabiendo eso, Iida rompió la oxidada cerradura; adentrándose silencioso, echó una rápida mirada al
interior. No había guardias, justo como prometía aquel papel.
Hizo una seña rápida para avisar que todo estaba bien y volvió a internarse. Todoroki y Bakugo le
siguieron con prisa, junto a Kirishima y Mirio.
Habían acordado que primero entrarían unos pocos. De ese modo tendrían la ventaja de la sorpresa. Se
infiltrarían para abrir la puerta principal por donde las tropas podrían entrar con mayor facilidad. Del
mismo modo, el que fueran primero tan pocos, podría comprobar que aquello no era una trampa y así
no caerían todos. Se suponía que irían simples soldados, pero la terquedad de Todoroki atacó de nuevo,
y nada ni nadie lo hizo desistir de ser él quien entrara primero. Iida, como buen amigo se ofreció a
acompañarle. Los demás también habían insistido en ir primero. Al final aquello les fue concedido.
Por el momento no parecía que fuera un engaño, por lo que en silencio acordaron seguir con el plan.
Se movían en una fila, apegándose a las paredes de cantera, con pasos sigilosos en medio de los
amplios pisos de piedra. Andaban así: Iida al frente, seguido de Todoroki, Bakugo, Kirishima y Mirio
haciendo guardia al final; todos empuñaban fuertemente sus armas.
Se detuvieron cuando se toparon con un par de guardias que jugaban a las cartas en una de las
habitaciones; aparentemente distraídos y ajenos a su presencia, reían a carcajadas mientras soltaban
improperios. Iida fue el primero en cruzar, y para su fortuna, ninguno de los bandidos notaron cunado
uno a uno pasaron de ellos para llegar al corredor principal que los llevaría a la entrada. 1
Tras pasar aquel obstáculo, comenzaron a caminar nuevamente. Planeaban rodear el patio central hasta
llegar al portón, su objetivo principal.
Sin embargo, al dar vuelta en la primer esquina se encontraron con dos de los bandidos. Bakugo se
adelanto y antes de que pudieran reaccionar ataco a uno de ellos mientras le gritaba que muriera.
Kirishima apareció detrás para derribar al otro. En un segundo se habían librado de aquel obstáculo. 7
—No necesitaba de tu ayuda pelos de mierda, lo tenia controlado —se quejó por la ayuda.
—Igual se que me amas —dijo burlón, logrando que un casi imperceptible rubor cruzara las mejillas
del rubio. 1
—No es momento para sus discusiones de pareja, tenemos que seguir —hablo Todoroki pasando de su
lado, seguido de cerca por el de lentes y Mirio.
Ninguno de los dos dijo nada y avanzo tras ellos. Pero antes de si quiera dar más de diez pasos, se
toparon con un par más de corsarios. Esta vez estaban a mayor distancia, por lo que tuvieron tiempo
suficiente de verlos y entender la situación.
—¿Cómo demonios entraron? —dijo sorprendido un rubio musculoso. La inconfundible cabellera del
príncipe de Yuuei los delataba, ya sabían quienes eran. 1
—¡¡Se han infiltrado!! ¡Tenemos polizones, tenemos polizones! —grito su compañero que de
inmediato salio corriendo a alertar al resto. 3
—No debió meterse así a la boca del lobo, su majestad —advirtió confiado en sus habilidades mientras
desenvaino su arma.
—Yo lo entretendré —se ofreció Iida dispuesto a luchar contra el bandido—. Ustedes dense prisa a
abrir las puertas —ordeno tras saberse descubiertos, pues no pasaría mucho para que tuvieran encima a
un montón de piratas dispuestos a matarlos. Ahora el tiempo corría en su contra.
Sin más tiempo que perder los demás comenzaron a moverse, mientras los dos se disponían a atacar al
enemigo.
De un momento a otro, el rugir del metal resonó; aun cuando eran dos contra uno, aquel bandido era
hábil y fuerte. Varias veces intento impedir que los demás pasaran, pero entre Mirio e Iida lograron
impedírselo.
Todoroki vio una ultima vez atrás. Pero sabía, que por el bien de ellos y de los que se encontraban
cautivos ahí, debían apresurarse a cumplir su misión. Sin voltear otra vez corrió a su destino, mientras
el canto del metal en una batalla se perdía a sus espaldas.
ɷʚ♥ɞɷ
Twice había ido a buscar a Muscular, pero estos se estaban tardando. Desesperado, Shigaraki le pidió a
Kurogiri que comenzara a hablar, ya luego se pondrían al corriente los demás.
De ese modo lo hizo, y ahora escuchaban como explicaba a detalle su nuevo plan.
El peliceleste se veía complacido con todo lo que escuchaba, deseando que llegara el día de mañana
para ponerle fin a la vida de príncipe y sus amigos. Dabi analizaba toda la información; entretanto,
Toga bostezaba aburrida con todo el palabrero.
—¡¡Nos atacan!! —apareció gritando Twice por la puerta que fue casi rota por la fuerza empleada;
respirando con dificultad por la carrera, camino desesperado frente a los ojos de todos hasta estar al
lado de Shigaraki, para soltar con sus últimas fuerzas—. ¡Es el hijo del rey! ¡El Todoroki menor y otros
más están aquí! 3
—¿Cómo paso eso? ¿Ya avisaste a los demás? —Kurogiri no podía creerlo, nadie podía; aquel
movimiento los tomo por sorpresa, sin que tuvieran nada preparado para responder.
De un momento a otro salio de la sala seguido del de mascara, dispuesto a dirigir a todos para
contraatacar.
—Seguro que estamos rodeados, el rey debió dar la orden para que atacaran cada una de las guaridas...
—afirmó el de negros cabellos—. Lo mejor sera escapar.
—¡No! No voy a rendirme ante ese mocoso, ni ante el rey —escupió lleno de odio sin siquiera
contemplar la propuesta del de cicatrices; la rubia no sabia que hacer—. Tenemos motones de oro aquí
como para dejárselos así nada más, no perderé esa mercancía. —Shigaraki sabia que no había tiempo
para transportar a las criaturas mágicas en medio de una batalla.
—Izuku... —mascullo Toga sabiendo a lo que se refería al mencionar el oro, y sin importarle la tensa
situación del momento, salio de la sala en busca del peliverde. Ellos ni siquiera la voltearon a ver. 8
—¡Si nos capturan esto se acabo! —grito desesperado a su líder; convencerlo era más difícil de lo que
parecía—. Si nos atrapan, pasaremos el resto de nuestras vidas en un sucio agujero, pudriéndonos hasta
morir.
Shigaraki no le contradijo.
Claro que entendía la magnitud del asunto, ¡por supuesto que lo sabia! Comprendía lo que podía pasar
en el peor de los casos; pero él no pensaba pasar así el resto de sus días. Le había costado tanto salir de
la miserable vida que llevaba como para perderlo todo en un abrir y cerrar de ojos, todo por culpa de un
hombre que ahora jugaba a ser un rey justo. Su odio enardeció hacia todos los Todoroki de solo pensar
que por un capricho perdería todo por lo que tanto lucho; y aunque no fue de manera justa, eso no
quitaba el sufrimiento por el que paso.
—¿En serio permitirías que te domine la ira? —Sus palabras lo detuvieron antes de salir—. ¿Te
lanzaras al ruedo sin la certeza de una victoria segura? No somos así, Shigaraki. Sabes que con el
armamento que ahora tenemos solo resistiremos un par de horas, y no sabemos que tantos favores les
dio a ellos el rey... —Su labia era impecable; sus palabras sonaban tan convincentes, logrando que el
otro se detuviera a considerar sus opciones— . Dime, ¿vas a dejar que te atrapen así de fácil? ¿O
sobrevivirías a esto para tomar tu justa venganza después? 4
Shigaraki entendía que estaban a tiempo de retirarse en caso de que el rey verdaderamente hubiese
mandado a las suficiente tropas para detenerlos. Esas solo eran suposiciones, pero no quería
arriesgarse; ellos no actuaban sin tener asegurada una victoria.
—Quizá tengas razón, sera mejor que vayamos por los túneles —dijo encaminándose rumbo a donde
decía.
Había llegado el momento de abandonar el barco, Shigaraki no seguía aquel fiel precepto de que el
capitán se hundía con la nave —incluso estando en tierra firme.
ɷʚ♥ɞɷ
—Vengan por aquí, rápido —apuro Nejire a los elfos, hadas y demás criaturas mágicas.
Ahora estaban donde el peliverde tritón les había dicho que lo esperaran. Los estanques seguían ahí. La
rendija en lo alto dejaba ver un poco de la claridad del exterior.
—¿Dónde esta el chico peliverde? —pregunto Tamaki al no verlo por ningún lado.
—No lo sé; te dijo que no tardaría —respondió mientras observaba el lugar en busca de algo que
ayudara a retirar las rejas. Cuando vio la mesa con cuchillos corrió a ella—. Mientras tanto debemos
apurarnos y desbloquear la salida.
De inmediato la ayudaron a mover la mesa para que pudiera subir a ella y así alcanzar aquel boquete.
Las maniobras para romper la rejilla comenzaron, pero a pesar de estar tan oxidadas eran bastantes
resistentes y le estaba costando trabajo.
Tamaki observaba la puerta, esperando a que apareciera el de pecas, o en su defecto, a defenderse de la
rubia hechicera o cualquiera que quisiera hacerles daño si es que los descubrían.
—Papi, ¿si el niño pecoso no viene, n-no nos llevara con papá Mirio? —cuestionó Eri, su voz estaba
llena de miedo y sus pequeñas manitas temblaban.
—Pronto veremos a papá, ya veras —dijo para calmarla; la pequeña sonrío, pues no había nadie en el
mundo en quien confiara más que sus padres, ellos la amaban y sabía que la cuidarían siempre, no tenia
tanto miedo cuando estaba con ellos.
—¡Ya esta! —exclamo Nejire llamando la atención de los dos elfos, cuando al fin rompió la reja.
Sin tiempo que perder, uno a uno comenzaron a salir por la rendija; desesperados por respirar un poco
de aire fresco y huir de aquel infierno. Nejire les ayudaba para que fuera más rápido. Hasta que solo
quedaron en la sala ella, Tamaki y Eri.
Podía huir en esos momentos y buscar a Mirio por su cuenta. Pero no le parecía justo abandonar a aquel
chico peliverde que los había salvado; además, él era el único que conocía bien donde se encontraba su
esposo. Sin embargo, quedarse en su espera, representaba un peligro para Tamaki y sus hijos.
—Solo lo esperaremos un rato más, si no, tendremos que irnos —le hablo agobiada aún desde la mesa
la de cabellos celestes—. No es seguro quedarnos tanto tiempo.
Tamaki asintió.
Esperarlo un tiempo era lo único que podía hacer; si no se apresuraba, tendría que dejarlo atrás, aunque
no quisiera. Pues no estaba dispuesto a arriesgar las vidas de los que más le importaban.
—Vamos, apresúrate... —susurraba a la nada, pidiendo que aquel peliverde apareciera junto a sus
amigos para poder escapar todos juntos. 1
ɷʚ♥ɞɷ
Tenia que darse prisa si es que quería salir de ahí. No había pasado mucho rato desde que se separo de
Tamaki, pero la agonía de no encontrar a nadie se mantenía en el aire.
—¿Uraraka? —bisbiseo por lo bajo. Los ecos de las goteras era lo único que escuchaba y su sombra se
movía reflejada por la luz del fuego; sostenía firme su arma y hurgaba minuciosamente con la mirada
cada rincón del pasillo—. ¿Estas aquí, Ochako?
—¿Izuku? 11
Escucho un murmullo de una de las celdas del fondo; apenas y se entendió, pero claramente reconoció
su nombre en esa voz.
Corrió esperanzado, mojando sus pies con los charcos del agua de lluvia; fue un corto trayecto lleno de
miedo, hasta que al fin estuvo frente a las rejas.
Pudo respirar tranquilo después de mucho tiempo. Su mirada se ilumino, las lagrimas se amontonaron
tras sus ojos y un sin fin de sentimientos le golpearon.
—¡Midoriya!, ¿también te capturaron? ¿Cómo escapaste? —Otra chica peliverde, que igual estaba
atrapada, siguió el interrogatorio. 5
—¡Tsuyu! —Ante la emoción, no pudo contestar nada de lo que se le cuestionaba. Mas corrió hasta los
barrotes, y estiro sus brazos para alcanzar a sus amigas que permanecían encadenadas; apenas pudieron
tocarse las yemas de los dedos cuando Izuku ya estaba derramando lagrimas de dicha. Pues finalmente,
las había encontrado; un peso de su alma se fue en el momento en que las vio, ahora se sentía más
ligero—. Me alegra por fin encontrarlas... yo... ¡Oh por Poseidón! No saben lo feliz que estoy de que
estén bien. Lamento haber tardado tanto... lo siento, lo siento tanto...
Sus manos estaban entrelazadas, las lagrimas no paraban de salir, e Izuku no dejaba de dar las gracias y
disculparse. Veía con tristeza e impotencia algunos vendajes en sus muñecas, o los raspones en sus
piernas por culpa de los grilletes. No podía imaginar lo que habían vivido; él llevaba solo unos días
encerrado y ya no podía con el miedo y la angustia, y ellas habían pasado por eso más de un mes. 3
—Deku, no... —Ochako estaba a punto de llorar, y Tsuyu hace rato que acompañaba a Midoriya con
sus lagrimas.
—¡De verdad lo siento! —grito—. ¡Perdón! Yo no pude hacer nada por salvarlas en Shiketsu, y tarde
tanto en encontrarlas que...
—Pero estamos bien... Estamos vivos —Interrumpió la castaña, tratando de calmarlo con el poco
temple que le quedaba—, eso es lo único que importa ahora. —Su voz se estaba quebrando.
El tritón no lograba controlar su llanto, pero aún así intento calmarse un poco para terminar con lo que
se suponía estaba haciendo ahí.
—¡¿Cómo?! Aunque logres abrir la cerradura, estas cadenas están hechizadas —escandalizó alarmada
Tsuyu, mientras sus manos se separaban y señalaba los grilletes.
—E-eso no es problema —dijo con voz temblorosa, extendiendo su mano por entre la reja para
ofrecerles el frasco de azul brillante—. E-es savia de salvia. Úsenla para derretir las cadenas.
—¿Cómo la conseguiste? —preguntó Ochako aceptando dicho objeto y maravillándose de que tuviera
algo tan necesario en su poder, pues era bien sabido entre todos los mágicos lo difícil que era conseguir
dicha sustancia. Sin que eso realmente importara, la castaña vertía apurada el liquido azulino entre el
metal, junto a Tsuyu que aún temblaba por el pasado llanto.
—E-es una l-larga historia —dijo nervioso; secándose las gotas saladas que parecían no querer parar de
brotar.
Luego, con evidente desesperación, busco algún metal como el de la lanza para abrir la celda; sabia que
el cuchillo no le serviría. Pero lo único que encontró fue la punta fina de una flecha, y con esta,
comenzó a tratar de abrir la reja. Aun con las lagrimas cayendo de sus esmeraldas, se movía apurado.
—Tengo que sacarlas de aquí... tenemos que apurarnos para después buscar a All Might. 2
Las acciones de las chicas se detuvieron solo unos segundos al escuchar aquel nombre; sus caras
afligidas no fueron vistas por el peliverde, quien seguía intentando por todos los medios abrir la reja,
provocando un tintineo entre el metal. 10
Tsuyu aparto la mirada; mientras Ochako veía con tristeza al concentrado peliverde, dando todo de si
para salvarlas de su abismo. 1
—Izuku... —musitó Ochako, pero el peliverde no la miro—. Toshinori... Él... —La castaña entendía
que tenia que decirle la verdad ahora, pero no encontraba pensar en como hacerlo. Porque sabia que al
decir aquellas palabras, Izuku sufriría demasiado con la noticia; después de todo, aquel rubio tritón de
presencia heroica era como un padre para el peliverde. Cerro los ojos, reteniendo las lagrimas que se
amontonaban en sus ojos, respiro hondo y se trago el nudo en su garganta, mientras en un último
esfuerzo dijo—: Él ya no esta más... Izuku... 13
Los sollozos de Tsuyu junto a las goteras eran el único sonido presente; en lo que Midoriya procesaba
aquellas palabras, sus acciones por sacarlas de ese desolado lugar murieron.
Tras escuchar aquello, su raciocino se dividió en dos. Una parte de él entendió aquello, y la tragedia
que representaba. Pero en su afán de protegerse del dolor, opto por pensar en que tal vez Ochako se
refería a que fue llevado a otro lado y que no estaba en esas mazmorras... ¡Si! Se convenció de que
debía ser eso. No podía aceptar que ya no estaba más en ese mundo; no lo resistiría, no podría
enfrentarse a esa realidad, le asustaba derrumbarse. 1
—Él... Ellos... —Ochako no sabia ni que decirle, no quería recordar aquel día en Shiketsu, ni tampoco
su traviesa en aquel navío—. Cuando nos llevaban en aquel barco, el intento salvarnos... Él peleo,
verdaderamente lucho... Pero aunque era fuerte... ellos... ellos...
Ochako no lo resistió más y frente a los ojos temerosos de Izuku, se rompió. Tsuyu le abrazo de
inmediato para consolarla; habían pasado por tanto todo ese tiempo, que la poca fortaleza que les
quedaba ya no era suficiente. Estaban cansadas, y se habían rendido; creían que morirían en cualquier
momento, resignadas a aceptar ese destino, hasta que apareció Izuku. Eran demasiadas emociones en
tan poco tiempo.
Midoriya no estaba mejor que ellas. Las palabras de Ochako esta vez pudo entenderlas bien, sin tener
más la opción de negar la verdad; porque eso era lo único que era, una trágica y dolorosa verdad. 1
Toshinori... All Might, ¡su más grande héroe...! El que fue como una figura paterna en su niñez, quien
protegía a todos y nunca perdía. Ese al que aspiraba a ser junto a Kacchan... Él, ya no estaba más...
Había llegado tarde, le había fallado. ¡A todos les fallo! Se sentía un inútil, ¡era un inútil!, justo como
decía Kacchan.
El nudo en su garganta no le dejaba respirar, el dolor de perder a más de las personas que amaba, con
las que creció y convivió... ¡Todas!, una a una se las arrebataron. Ingenuamente creyó que esta vez
habría un final feliz, en el que nadie muriera y los malos terminaran encerrados.
Sus lagrimas hablaron lo que no podía con palabras; la tormenta cayó de entre sus esmeraldas. Su
mente dejo de funcionar y olvido lo que estaba haciendo; se dejo arrastrar por la tristeza.
Se mantuvo de pie pero con el alma rota, frente a aquella celda, presenciando como sus amigas
buscaban la fortaleza que ya no tenían.
Tsuyu fue la primera en recomponerse un poco, levantando la mirada justo a tiempo antes de presenciar
otra tragedia.
—¡¡¡Midoriya cuidado!!!
Capítulo XXVIII:
Almas Pérdidas, Encontradas
Lamentaba lo que hacia, pero Tamaki ya había esperado por el peliverde tritón demasiado tiempo;
aguantando varios minutos de angustiosa incertidumbre, decidieron continuar muy a su pesar. 7
Se escabulleron por el hueco en lo alto, hasta que los tres estuvieron fuera; no importo la humedad del
fango, las secas hojas que se pegaba a sus desgastadas ropas, o lo incomodo que fue trepar hasta ese
lugar para salir, porque finalmente, respiraban la libertad.
Comenzaron a correr desesperados, sin voltear atrás, querían alejarse lo más que podían de ese infierno.
Pero apenas se internaban en el bosque, se encontraron con un montón de humanos que impidieron su
paso; algunos portando armaduras y filosas espadas. El elfo de inmediato se sobresalto, escondiendo a
la pequeña Eri tras él, colocándose en alerta junto a Nejire. Que aunque no tenían la fuerza suficiente,
podían hacer uso de sus poderes para defenderse, ya viéndose liberados de todo hechizo que se los
impedía.
Estaban rodeados; y no sabían si aquellos hombres querían hacerles más daño. Pero se mantendrían
alerta, aunque sin saber como reaccionar o escapar de esa encrucijada.
—¡No les hagan nada! Podrían ser más criaturas mágicas —dijo un hombre alto, abriéndose paso entre
los demás; los dos mayores se alarmaron por lo dicho, mientras la pequeña se aferro con fuerza al
pelinegro elfo—. Mi nombre es Yoarashi Inasa, soy el señor feudal de estas tierras, y estamos aquí para
detener a los bandidos dentro de ese monasterio —explicó señalando el lugar a sus espaldas.
Inasa y los demás, sospechaban que ellos tres eran como los anteriores que habían salido a hurtadillas
de entre el suelo. Tetsutetsu les había visto y de inmediato aviso a los otros para que comprobaran que
no eran parte de los piratas que estaban escapando.
Y aunque al inicio ninguno confiaba en el otro, ambos se dieron cuenta que no había nada que temer.
Los soldados dedujeron que su aspecto descuidado no se debía a otra cosa más que un encierro en
contra de su voluntad y ante ello bajaron sus armas para darles libertad. Algunos huyeron, otros más se
quedaron para ser socorridos. De eso ya hace un buen rato.
—Nosotros no tenemos nada que ver con ellos —dijo Nejire—, solo queremos irnos y volver con
nuestras familias.
Sin saberlo, Nejire había confirmado sus dudas; justo como lo habían pensado, eran más rehenes que
escapaban de aquel lugar.
—Entiendo.
Hizo unas señas para que los demás les dejaran pasar, abriendo el paso hacia el bosque.
Ellos se movieron con pasos cautelosos, aún sin despegar la vista de las armas que ya no les apuntaban.
—¡Antes de que se vallan! —hablo Mina que también se encontraba ahí—. ¿Saben que esta pasando
allá adentro?
—Nosotros solo escapamos cuando tuvimos la oportunidad —respondió Nejire con recelo—, no
sabemos si ya nos han descubierto o lo que sea que este pasando adentro.
—¿Ustedes son los últimos? —cuestionó entonces Jiro, pues el tiempo se estaba agotando y todos
estaban con la incertidumbre de si todo marchaba de acuerdo al plan, o si sus compañeros estaban bien.
—N-no somos los últimos. —Ahora fue Tamaki quien hablo—. Aún falta un chico peliverde y sus
amigos...
—¡Entonces Midoriya si esta allá adentro! —afirmó Sero tras oír aquel simple detalle de su cabello,
que parecía describir al pecoso tritón.
—¡¿También viste a Todoroki, Iida o Bakugo?! —inquirió la pelirosa, sin siquiera recordar que
seguramente ellos no los reconocieran por sus nombres, aun así continuó—. ¿Y Kirishima o Mirio?
Ese último nombre llamo la completa atención de los elfos. ¿Cuál era la posibilidad de que hablara de
su Mirio?, el mismo que aquel pecoso dijo conocer, y que parecía ser amigo de todos esos extraños. 4
Con en rostro afligido, Tamaki volteó atrás; sujetando su redondo vientre y abrazando a la pequeña Eri.
Habían estado tan cerca, Mirio había ido a buscarle y ya estaba por encontrarlo. No pensaba volver a
entrar, si no estaba loco; solo que ahora estaba con miedo de lo que pudiese pasarle al rubio, pues no
soportaría más infortunios.
—¿Papi, que pasa? —preguntó Eri que apenas y comprendía algo de todo aquéllo.
Tamaki no respondió, no sabia que decirle para calmarla si ni siquiera podía tranquilizarse a sí mismo.
Por lo que simplemente abrazo a la pequeña y se mantuvo de pie viendo el silencioso sitio. Rezando al
señor Frey porque dejara a Mirio volver a él.
ɷʚ♥ɞɷ
Dentro del amurallado lugar, corrían Bakugo y Kirishima detrás de Todoroki; se movían a toda prisa
por el pasillo que conducía hasta la entrada. A su derecha estaban una serie de columnas que les
separaban del patio principal, pero no tenían tiempo de detenerse a observar la fuente que adornaba el
atrio. La puerta estaba demasiado cerca, y pronto podrían tener más ayuda al abrirla.
Entonces, Bakugo se detuvo de imprevisto tras escuchar un grito que provenía de un corredor que los
demás habían pasado por alto.
Miraba con sus rabies el lugar, que en su interior lucía desolado. Agudizo todos sus sentidos, pero
aunque lo intento, no podía ver nada más que una oscuridad profunda; escuchaba una suave brisa que
soplaba dándole de lleno en el rostro y movía sus cabellos rubios. Pero no se oía nada más. 5
Su respiración era agitada por la recién carrera y su espada colgaba en su mano derecha; no sabia si
aquello había sido real o solo se confundió. El tritón dudaba si entrar o no, ni siquiera entendía porque
se detuvo, él no era de esos que actúan por impulso, aquello no tenía sentido.
Mas en cambio estaba ahí, dudando, dejando que los demás avanzaran y él quedara solo.
Un hombre venia corriendo por aquel pasillo; logro ver al rubio tritón que seguía de pie frente al
pasadizo sin estar consciente de su alrededor. Una sonrisa se le escapo al malhechor cuando no pudo
reconocerlo, pues así supo que ese era uno de los forasteros que buscaban y para su suerte, estaba solo.
El lamento volvió a escucharse y sin dudarlo esta vez, Bakugo corrió en su dirección, seguido de aquel
bandido que estaba dispuesto a herirle.
Justo unos segundos antes de eso, Kirishima dejo que Todoroki se adelantaran y volvió tras sus pasos,
alarmado al no ver al rubio a su lado. Pudo calmarse un poco cuando lo diviso a lo lejos parado sin
hacer nada, comenzó entonces a trotar para llegar hasta él antes de que alguien más le viera.
Estaba a unos metros cuando noto al corsario que veía a Bakugo, quien sin darse cuenta de nada se
adentro en aquel lugar. El pelirrojo corrió aún más a prisa al ver como su Blasty era seguido por aquel
hombre, temiendo lo peor si es que no llegaba antes que él.
Todo fue tan rápido; no creyó tardar ni un minuto en llegar al portal del pasillo cuando escucho el claro
bramar del metal en medio de una lucha, seguido de un agónico quejido. La sangre se le heló y por un
segundo se temió lo peor.
—¡Bakugo! 1
ɷʚ♥ɞɷ
Midoriya volteo justo a tiempo para esquivar aquella arma que amenazaba con arrebatarle la vida. 3
Unos mechones de cabello cayeron al suelo junto con el metal que sostenía para tratar de abrir la
cerradura; mientras él termino tirado y arrastrándose para alejarse lo más que podía de aquel
enmascarado que aun guardaba intenciones de matarlo.
Por el suelo encontró el cuchillo que había desechado al creerlo inútil para abrir la reja; lo recogió de
inmediato, apuntándole con el objeto filoso, al hombre dispuesto a arremeter contra él.
Uraraka reacciono ante el grito de Tsuyu. Ya había terminado de derretir sus cadenas; le paso el resto de
la savia a la peliverde mientras ella se levanto a recoger la punta de la flecha. Estaba por atacar al
extraño que se mantenía cerca, pero cuando lo noto, aquel enmascarado ya estaba corriendo tras el
peliverde que huía esquivando los ataques, alejándose más de ellas.
—¡Izuku! —gritó, pero ya no pudo ver más a ninguno de los dos; ambos desaparecieron por uno de los
corredores.
Desesperada, comenzó a intentar abrir la reja; de algún modo tenia que ayudar a su amigo, y lo primero
era salir de ahí.
ɷʚ♥ɞɷ
—¡Bakugo! —gritó cuando lo vio, para luego correr a su lado—. ¿Estás bien? ¿No te hirió?
—Pues claro que no, este inútil no era rival para mi —dijo zafándose del otro que rebuscaba e
inspeccionaba entre su cuerpo algún daño, ignorando por completo al inconsistente hombre en el suelo
—. Y ya suéltame pelos de mierda, tenemos que ser cuidadosos —respondió volviendo a caminar por
aquel desolado corredor, no sin antes preguntar con fastidio y burla—: ¿Y que paso con el "Blasty", con
el que tanto me llamas?
—Es que me preocupe tanto, que no pude ni pensar —se disculpó entre risas, mientras Bakugo lo
ignoraba y él se disponía a seguirlo, hasta que noto por donde es que iban—. ¡Blasty, por aquí no es,
tenemos que volver con Todoroki!
—Ya lo sé, pero escuche un grito y... —No termino de hablar cuando efectivamente, volvió a oírse de
nueva cuenta ese chillido.
Sin más que esperar o pensar, volvieron a correr guiados por el escándalo, pues sabían bien que podría
ser alguno de los rehenes.
Cuando llegaron al final del corredor, se toparon con muro que marcaba el final del pasillo; por un
segundo creían que todo había sido en vano, pero por suerte, Bakugo volteo a sus lados notando una
puerta a su derecha, adentrándose presurosos a bajar aquellas escaleras que descendían a lo que parecía
ser los calabozos.
ɷʚ♥ɞɷ
Entre tanto, Todoroki llego a la puerta principal. Estaba solo; no noto en que momento Kirishima y
Bakugo lo habían dejado, pero no tenia tiempo para ir a buscarlos.
Sus pasos veloces resonaban en el suelo; a la distancia se vio frente a frente con uno de los bandidos,
reconociéndose de inmediato como enemigos. Por fortuna solo era uno de ellos.
De inmediato ambos sujetaron sus armas con fuerza, corriendo a su encuentro con las intenciones de
derribar a su contrincante. Uno empeñado en cumplir el trabajo que desempeñaba en aquel lugar y el
otro decidido a completar su misión.
El acero resonó cuando sus armas chocaron; una, dos, tres veces bramo el metal con fiereza. Todoroki,
atento a los movimientos del enemigo, bloqueaba con eficacia los ataques del otro. Pero no tenia
tiempo como para jugar en modo de defensa, tenia que atacar y terminar rápido con esa distracción.
Blandió ágilmente la hoja del metal, tan rápido que el otro apenas podía seguirle el ritmo. La bravura
con la que peleaba era alimentada de solo pensar que eran ellos quienes le habían apartado de Izuku.
Golpe tras golpe, hacia gala de los conocimientos en el arte del combate, de los que muchos le
admiraban.
Finalmente el príncipe pudo ver la victoria cuando uno de los fieros golpes logro descolocar al bandido,
que se tambaleo hacia su derecha en un intento de no perder el equilibrio. El príncipe aprovecho esos
momentos con la guardia baja del otro para colocarse a su espalda y dar un certero corte tras sus
rodillas.
Aquel malhechor gruño de dolor y cayó al piso. Estaba derrotado; aquel atinado ataque le impediría
volver a levantarse y luchar.
Sin tiempo que perder, el de cabellos bicolores se dirigió a cortar aquellas gruesas y resistentes sogas
que mantenían la puerta cerrada. Aquel gran madero fungía también como puente levadizo, impidiendo
la entrada del enemigo.
El estruendo de la madera al tocar el suelo fue tal, que no necesito salir a buscar a Inasa cuando este y
los otros ya estaban entrando al lugar.
—Te pasaste con un minuto —le dijo al estar a su lado—, de todos modos, buen trabajo.
—Creo que no fue ninguna trampa, después de todo se sorprendieron cuando nos descubrieron.
Inasa rió un poco; no le contesto, peri si hizo un gesto de que lo comprendía, para luego seguir a sus
hombres que ya comenzaban a entrar de uno en uno, para apoyarlos en la captura de los bandidos.
Poco después los gritos de batalla se escucharon, pues el inminente arresto había dado inicio.
Así, comenzaron a caer uno a uno los que se encontraban en aquel abandonado monasterio. Algunos
intentaban huir, pero fueron capturados afuera por los demás que estaban de apoyo; otros más se
mantenían firmes al pelear, pero esta vez, Todoroki y los otros los superaban en numero. Kurogiri no
pudo hacer nada contra eso en tan poco tiempo, él y muchos más fueron derrotados antes de siquiera
llegar a los túneles.
El príncipe de Yuuei sabia que aún no era seguro andar por el monasterio, todavía faltaba atrapar a
Shigaraki que seguramente estaría en alguna de las habitaciones. Pero él estaba demasiado preocupado
por encontrar a Izuku, volver con Iida y Mirio para ayudarlos, además de buscar a Kirishima y Bakugo.
Eran demasiadas cosas y tan poco tiempo. Algo estresado, ordeno sus ideas, y guiado por el deber se
disponía a volver para apoyar a Mirio e Iida, y posteriormente buscar a Izuku.
De ese modo llamo a un par de soldados para que lo acompañaran a volver sobre sus pasos al lugar
donde aquellos dos libraban una batalla. Los hombres avanzaron por donde él les indico, pero antes de
que los siguiera una voz lo detuvo.
—¡Todoroki! —llegó gritando Sero—. Midoriya se encuentra en los calabozos bajo tierra.
—¿Qué? —dijo volteándose a verlo para cuestionarle cuando el pelinegro estuvo a su lado—. ¿Cómo
estas tan seguro?
—Encontramos a la familia de Mirio —Apareció Jiro a su lado—. Ellos escaparon con ayuda de
Midoriya, pero él sigue allí adentro.
Todoroki comenzó a caminar sin perder tiempo; sabia que ellos dos le seguían de cerca, atentos a sus
ordenes.
—Ustedes irán de apoyo para Mirio e Iida, yo iré por Izuku —demandó firme. Pues aunque le
preocupaban sus compañeros, el tritón representaba un mayor interés. Él y su hijo eran su prioridad en
aquel lugar.
Se encamino entonces por aquel pasillo, ignorando los montones de hombres que ya eran capturados
por los soldados.
ɷʚ♥ɞɷ
—¿Cómo saliste de tu pecera? —cuestiono lanzando otro ataque. Midoriya solo corría de un lado a
otro, evitando que aquella arma lo tocara—. Si Toga se entera se pondrá triste. Se una buena mascota y
vuelve a tu lugar. 11
El arma de Twice se movió hacia él; y desesperado al ver que no seria tan rápido para escapar, coloco
su brazo izquierdo para protegerse, fue lo único que pudo hacer.
Un alarido del más puro dolor se le escapo cuando el arma se entero en su carne. 3
—Tal vez debería matarte, ella no va a extrañarte de ese modo —dijo cerca de su rostro. Pero Izuku
aprovecho para hacerle un corte en la cara con el filoso objeto que había recogido antes y que mantenía
agarrado firme con su derecha; ante eso Tiwce retrocedió—. ¡Bromeaba, bromeaba, no cortes la
mascara, no, no! —lloriqueo cubriéndose el rostro y soltando su espada. 1
El tritón se puso de pie y tomo entre sus temblorosas manos aquella arma cubierta por su sangre.
—Quédate ahí... ¡O verdaderamente destruiré tu mascara! —amenazó a Twice que se arrincono en una
esquina cubriéndose el rostro. 4
El pirata no le dijo nada, se quedo quieto mientras el peliverde se movía cauteloso sin despegar su vista
de él; temeroso de que intentara algo más, apuntaba el arma con su mano izquierda, mientras con la
otra cubría su herida sangrante.
Midoriya estaba intentando volver a la celda donde había dejado a sus amigas, tenia que sacarlas de ese
lugar antes de que aparecieran más de los bandidos. Echó una rápida mirada, para distinguir por cual
camino podía volver; en esos instantes descuido a Twice, que sin importarle estar desarmado se
encamino hacia él.
—Si —masculló ante un anonadado Izuku, que de inmediato sostuvo el arma con ambas manos, sin
importarle ya más su herida. Temeroso veía como se movía el otro, acercándose más y preparándose a
atacar—, yo creo qu... —Cayó inconsciente al suelo antes de terminar lo que decía, sorprendiendo al
peliverde, quien enmudecido veía el cuerpo tendido ante él.
No dejaba de temblar; su cuerpo rígido se mantenía alerta con la adrenalina corriendo por sus venas.
La respuesta se le fue otorgada al levantar la vista. Entonces se encontró con la peculiar cabellera de
distinto color, quien sostenía un madero que uso para golpear a Twice justo antes de que lo atacara. 20
—¡Todoroki! —Soltó su arma y corrió a sus brazos sin importar mancharlo con el rojo liquido en sus
manos, comenzando a llorar en el acto, aliviado por verlo ahí—. Te extrañe tanto, t-tenia tanto miedo,
Shōto, c-creí que jamás te volvería a ver y yo, yo... —No podía continuar hablando, pero se aferraba
con fuerza al cuerpo del otro, quien no le decía nada. 10
Aún con las lagrimas en sus ojos se separo de él para verlo. Todoroki se veía inusualmente calmado,
con una pequeña sonrisa en los labios.
—¿Co-cómo me encontraste? —dijo al darse cuenta que había aparecido justo en el momento indicado.
No entendía bien lo que ocurría, pero estaba feliz de verlo. 1
Tomo su mano, dispuesto a llevárselo. Midoriya ahogo un quejido, pues lo lastimo al tomarlo casi por
la herida de su brazo.
—No, espera, tengo que volver por Ochako y Tsuyu, tenemos que ayudarlas, ¡vamos! —Intento
soltarse de su agarre, provocando que más sangre brotara, pero al de mirada dispar no le importaba y lo
sujetaba con mayor fuerza. 1
—Primero te pondré a salvo a ti —decía mientras lo arrastraba cada vez más lejos de las dos chicas;
notablemente desesperado por llevarlo lejos del lugar—, ellas estarán bien.
—¡No! —grito liberándose de su agarre, sin importar el dolor que se provoco—. ¡Tú prometiste que las
ayudaríamos!
—¡No seas terco! —gritó buscando atrapar su mano nuevamente, pero Izuku se alejo—. Vas a venir
conmigo ahora mismo porque tú me perteneces ahora. 10
Izuku le miro extrañado, pero no pudo contestarle; no creía que le estuviera gritando de ese modo y que
traicionara su promesa de rescatar a sus amigos.
—¿Todoroki? —menciono una una nueva voz. Midoriya vio como aparecían bajo las azulinas luces
Kirishima y Kacchan; sorprendiéndose de que ellos dos también estuvieran ahí. El pelirrojo viendo al
mitad albino suspicaz dijo—: ¿Cómo llegaste tan rápido aquí? 7
Todoroki no respondió; observaba a los dos chicos, sin aparente expresión. El peliverde
verdaderamente no entendía lo que estaba pasando, mientras Kirishima trataba de buscarle lógica a lo
que veían sus ojos. Sin embargo, Bakugo no necesito pensarlo mucho para llegar a una conclusión. 2
—¡Deku, aléjate de él, ese no es el bastardo mitad y mitad! —grito alertando a todos, mientras se
colocaba en guardia sin despegar la vista del falso Todoroki, Kirishima le imito. 2
En el razonar de Bakugo, no había manera de que llegara antes que ellos si tiempo atrás corrían a su
lado. Ahora Todoroki debía estar abriendo la puerta, y según veían, ese sitio tenia una sola entrada que
ellos mismos habían usado, simplemente no había manera de que ese fuera el bastardo mitad y mitad
que conocía, aunque no entendiera como era posible estarlo viendo.
Izuku estaba verdaderamente desconcertado; se sujetaba la herida en su brazo mientras tembloroso
retrocedió alejándose cada vez más del que en un inicio creyó era su amante.
—¿De que hablan? —inquirió en duda el bicolor, soltando una pequeña risa de burla—. Yo soy
Todoroki, que no me ven. —Extendió sus brazos, mostrándoles que efectivamente era el verdadero,
pero ni Bakugo o Kirishima desistieron de apuntarle con sus armas; luego volteo a ver a Izuku que lo
miraba con terror—. Izuku soy yo, no tienes que temerme —dijo tendiendo su mano hacia el peliverde
—; vamos, soy tu amigo, ¿recuerdas?
Las cejas del peliverde se fruncieron en respuesta; sus piernas chocaron con el metal en el suelo y con
cuidado se agacho a recoger la espada, para luego apuntarle con ella.
—Todoroki no es mi amigo —afirmó seguro, mientras veía como la sonrisa se desvanecía de los labios
del falso príncipe—. Él es el amor de mi vida.
—Oh vaya, eso es un problema —mencionó bastante calmado, mientras frente a los ojos de todos se
revelaba su verdadera forma y dejando salir su femenina voz dijo—: porque planeaba llevarte conmigo,
Izuku.
De un momento a otro las antorchas cayeron al suelo, aturdiendo su mirada y perdiendo por momentos
de vista al enemigo.
Bakugo blandió la filosa cuchilla contra la rubia, pero la luz que proyectaban las bailarinas llamas no le
permitía distinguir bien a su oponente, provocando que irremediablemente fallara.
—¡Midoriya, abajo! —grito Kirishima que corrió tras la rubia cuando Bakugo erro el golpe.
Izuku obedeció, pero Toga también se agacho, y en consecuencia el ataque de Kirishima fue a dar a la
pared, ocasionando un fino crujir.
El peliverde se arrastro lejos; pero de inmediato y con espada en mano, atesto un golpe contra la
hechicera que seguía sobre él. La rubia detuvo el ataque con el madero que todavía no soltaba.
Entonces, desesperado la golpeo en la cara con su pie, obligándola a alejarse por el impacto, llevándose
la espada incrustada entre la madera.
—¡Blasty!
—¡Ya se! —gruño sabiendo a que se refería. Toga cayó cerca de sus pies, y nuevamente el rubio alzo su
espada contra ella—. ¡Deja de moverte, maldita sea! —escandalizó cuando nuevamente utilizó el
madero para defenderse. Y mientras él liberaba su arma la rubia se alejo para recobrar el aliento.
Izuku se levanto como pudo, recargándose contra la pared. Kirishima se coloco frente a él, listo para
correr a la ayuda del rubio.
—¡Izuku! —Apareció Ochako y tras ella venia Tsuyu; quienes se encontraron con aquella escena que
se congelo unos segundos ante su llegada. Cuando lograron abrir la celda, ambas habían corrido en
busca del peliverde para ayudarlo.
Bakugo sonrió al verlas, pues se alegraba de que estuvieran bien; solo para gritar después.
—¡Aléjense de aquí, corran! —Mantenía su vista fija en la rubia que sostenía su nariz sangrante por el
golpe de Midoriya.
—¡Izuku, estas sangrado! —Señalo horrorizada Tsuyu al ver el brazo del pecoso.
—Midoriya, llévalas a un lugar seguro y escondanse hasta que vallamos por ustedes —dijo el pelirrojo
—, nosotros nos encargaremos de ella.
—P-pero... —Intento negarse Izuku; él no quería abandonarlos, no entendía lo que sucedía pero no
podía dejarlos con la rubia hechicera. Por si fuera poco, la tensión de la situación comenzó a afectarle;
ya no sabia si era por los golpes que había recibido, o por el shock de saber perdido para siempre a
Toshinori, pero sentía como las fuerzas se le escapaban, como si fuese a quedarse dormido otra vez. 3
—No, Izuku, no te iras —hablo desesperada; tomo el arma que seguía incrustada en aquel madero y se
puso de pie dispuesta a impedir que se llevaran al peliverde. Ella no iba a perder a aquel bonito tritón,
no después de probar un poco de lo que su retorcida imaginación podía anhelar—, tú eres mio.
—¡Muévete ya y deja de ser un estorbo, Deku! —gritó el rubio interponiéndose entre ellos y Toga, ya
que estaba más cerca.
Detuvo uno, dos golpes de la rubia; Kirishima vino en su ayuda, ambos trataban de derribarla, evitando
que se acercara a los demás.
Uraraka y Asui corrieron a socorrer a Midoriya; quien se mantenía quieto recargado en la polvorienta
pared. La sangre seguía brotando, escurriendo entre su brazo hasta el suelo. Para el peliverde, las
imágenes comenzaban a verse borrosas y la poca luz del lugar le molestaba; las voces de sus amigas y
la del metal chocando se entendían entre estática.
—¡Váyanse! —Esquivo el ataque mientras gritaba; Kirishima estaba desesperado al ver que no se
movían.
—Izuku, tenemos que movernos a un lugar seguro —decía la castaña tomándolo del brazo para que se
apoyara en ella.
Así, dejaron atrás a una Toga que gritaba y pataleaba desesperada en el suelo, mientras Kirishima
intentaba sujetarla y Bakugo se aseguraba de que Twice siguiera inconsciente, atándolo con las telas de
su propia ropa para impedir su escape si llegaba a despertar.
ɷʚ♥ɞɷ
Cuando Todoroki se dirigía a buscar los calabozos acompañado de Sero y Jiro, se encontró con aquel
rubio gigantón que había intentado detenerlos.
Los soldados que envío por delante ayudaron a detenerlo. Aquel bandido se encontraba amarrado y
custodiado por dos hombres. Mirio se mantenía de pie, con apenas algunos rasguños, mientras Iida se
encontraba sentado siendo atendido por las lesiones un tanto graves que recibió.
Uno a uno fueron cayendo los corsarios, quienes eran llevados atados y encadenados por los soldados
de Inasa.
—Lo lograste —dijo el de lentes a verlo llegar; Todoroki asintió en silencio. Entonces noto que
faltaban un par de personas—. ¿Dónde están Kirishima y Bakugo?
—Aún no lo sé, ¿ustedes están bien? —preguntó a ambos, pues antes de volver a correr tras Midoriya
quería cerciorarse de su estado, ellos eran su responsabilidad y no podía desentenderse de ese modo.
—Estamos bien, pero esto todavía no ha terminado —afirmó Mirio, dispuesto a salir a buscar a Tamaki
—, todavía no encontramos a mi familia ni a Midoriya —dijo al heterocromático, quien volteo a ver a
Sero, pero antes de poder hablar, alguien se adelanto.
—Ah, sobre eso —interrumpió Jiro—, creo que ya hemos encontrado a la tuya.
—¿En verdad? ¡¿Dónde están?! —De inmediato se acerco a ella para que le dijera todo lo que sabia.
—Esta afuera con Mina —Apenas respondió, Mirio salio corriendo, con la pelinegra siguiéndolo para
llevarlo justo a donde estaban.
—Ahora mismo estábamos por buscarlo —dicho eso, él y Sero se encaminaron en busca de los
calabozos donde se suponía seguía Izuku.
El de lentes sólo vio como se alejaban, mientras seguía siendo atendido por un soldado.
ɷʚ♥ɞɷ
Se alejaron rumbo a un pasillo buscando distanciarse de la caótica situación; guiadas por la azulina luz
caminaban con un Izuku a rastras. La tensión del momento no les dejaba pensar con claridad. Por ahora
solo querían llegar a un lugar seguro y ocultarse del peligro.
Los gritos de la rubia a sus espaldas, se mezclaban con los ecos de las goteras; parecía que a Bakugo y
Kirishima les estaba costando trabajo mantenerla quieta.
Midoriya seguía consciente, pero se veía notablemente pálido y eso les preocupaba a sus compañeras.
—Por allá —Señalo con la poca fuerza que le quedaba. Midoriya había visto una salida y no dudo en
que fueran a ocultarse tras ella.
Se dirigieron al lugar marcado sin cuestionar nada. Era una habitación que Izuku reconocía muy bien;
con los cinco estanques y aquella rendija sin rejas en lo alto. Ya ni siquiera le importo no ver a Tamaki
y los demás en aquel lugar.
Dentro, Ochako recostó al peliverde en el suelo, mientras Tsuyu rompía algunas de las telas que
encontró en una mesa para vendar la herida, apretando con fuerza al rededor de esta; su prioridad, era
detener el flujo de sangre.
Izuku se retorció y quejo por el dolor, pero aguanto sabiendo que era necesario. 1
—Deku, resiste un poco —decía la castaña con los ojos repletos de lagrimas, buscando devolver algo
de esperanza al pecoso—, vas a estar bien ya veras.
Pero Izuku, apenas pudiendo concentrarse en sus palabras, se mantenía respirando con dificultad; la
adrenalina se marchaba de su cuerpo, dándole paso al dolor. Su brazo le molestaba, su hombro se sentía
incomodo y su espalda y cadera ya le pasaban cuentas de todo lo que había aconteciendo. Ni siquiera
podía formular habla alguna.
"Por favor que este bien... Poseidón, por favor, por favor, por favor..."
Rogaba en su pensamiento, pero ya no era por sus amigos o por el mismo. A medida que los malestares
aumentaban, más temía por la vida que pequeña crecía dentro de él. 5
—Creo que logre detener el sangrado —dijo Tsuyu refiriéndose a su brazo al ver que las telas lograron
su cometido.
—Vez Izuku, estarás bien —trato de animarle la otra. Pero el peliverde no dio respuesta inmediata; mas
sujetaba con fuerza su mano, aferrándose fuerte a la vida.
—¿Qué hacemos ahora? —cuestionó con clara preocupación Tsuyu, mientras veía por el lugar en busca
de algo que les ayudara.
—Ochako... —Las sorprendió con voz liviana, solo para desvanecerse entre sus brazos un segundo
después.
—¡Izuku! —escandalizo cuando el peliverde cerro sus ojos y dejo de sostener su mano, sus alarmas se
encendieron entonces—. ¡Oye, Izuku! Despierta, despierta por favor...
Y mientras ellas buscaban despertar al peliverde, sin que se dieran cuenta, se presento un extraño ante
ellas.
Atraído por los gritos de pánico, se dirigió a aquel salón, solo para encontrarse con la desgarradora
escena. 1
—¡Izuku! —Corrió a su encuentro, sin importarle las miradas temerosas de las otras cuando notaron su
presencia; acuno entre sus brazos aquel rostro que tranquilo mantenía los ojos cerrados, pero lejos de
ser una inocente siesta, aquello auguraba un mal porvenir—. Por favor abre los ojos, por favor, por
favor, mírame otra vez con ese bello color en tu mirada. —Acariciaba con su pulgar las pálidas mejillas
sin obtener respuesta favorable. Entonces sintió su alma romperse y su corazón atravesado por mil
espadas de fuego. Y el miedo a perder al amor de su vida logro que derramara lagrimas por primera vez
en tantos años—. No, no, pequeño, no te vayas, no... 6
Todoroki lloraba inconsolable junto al cuerpo del peliverde, aferrándose a este. Cuando él y Sero
habían encontrado lo que parecían ser los calabozos, se toparon con Bakugo y Kirishima quienes
capturaron a dos bandidos. Sero se quedo con ellos, pero el salio corriendo cuando Bakugo le explico
un poco de lo que había pasado y el como se encontraba Izuku. Pero jamás creyó que estuviera tan mal;
cuando lo vio inerte entre los brazos de la castaña pensó lo peor, sus entrañas parecieron revolverse y
sintió como si su alma dejara su cuerpo. 2
No podría aceptar el haberlo perdido para siempre. No otra vez. No podría vivir sin él, sin ellos. No
quería renunciar de nueva cuenta a la persona que más amaba. Quien le mostró cariño, confianza y
despertó la parte humana que dormía en él desde la perdida de su querida madre.
Derramó lágrimas como si aquello fuese a hacer una diferencia. Como un niño pequeño que volvía a
estar sólo, se aferró con fuerza al motivo de su amor.
Y mientras estaba recargado en su pecho, lamentándose el haber llegado tan tarde, logró sentir la
esperanza latir por unos segundos, devolviéndole el alma al cuerpo. 9
—¿Q-quién eres tú? —cuestionó al fin Ochako, quien veía como el otro buscaba desesperado con sus
dedos algo en el cuello del peliverde. 5
—Izuku y yo... él es el amor de mi vida —afirmó el bicolor tras calmarse al notar que aún tenía pulso y
respiraba. Entonces, sin tiempo que perder y sorprendiendo a las otra dos mientras se limpiaba los
restos de lagrimas, tomo al pequeño entre sus brazos para cargarlo y salir a buscar ayuda—. Izuku sigue
con vida. Tenemos que sacarlo de aquí para que lo atiendan correctamente.
Ochako, extrañada de la situación acepto que lo tuviera entre sus brazos para así levantarse y salir de
aquel lugar.
—Pero... ¿A dónde lo llevas? Afuera... —Temerosa, Tsuyu buscaba alguna explicación antes de que se
llevara a Midoriya, ella no sabia que afuera ya todo estaba bien.
—El lugar fue asegurado y ya nadie puede lastimarles —explicó mientras andaba por el pasillo a toda
prisa, seguido por ambas chicas—. Ahora son libres, pero mi prioridad es salvar a Izuku...
Ellas no respondieron; no sabían como o que fue lo que ocurrió. Mas en cambio confiarían en aquel
hombre, quien parecía ser el único capaz de salvar a Midoriya en aquellas circunstancias; sus palabras
sonaban verdaderas, como si su vida fuera a escaparsele si Midoriya no sobrevivía.
Con el corazón acelerado y la sangre helada por la angustia, se dirigió con el liviano cuerpo en brazos
hasta la salida, empeñado en buscarle ayuda y encontrarla a tiempo para así salvar su vida.
Esperando a que su bella sonrisa volviera a iluminar su triste corazón después de sobrepasar aquella
desgarradora odisea. 9
Cuando Mirio se rencontró con su familia, fue de los eventos más dichosos de su vida. 9
Tanto, que no pudo evitar derramar lagrimas mientras se fundían en un abrazo familiar. Con sus fuertes
brazos envolvía a sus grandes amores. La pequeña Eri lloraba mientras se aferraba más al rubio,
repitiendo una y otra vez que lo había extrañado; Tamaki se encontraba igual, llorando de felicidad y
agradecido de que estuviera a salvo, de que estuvieran juntos.
Aquella alegría solo se acrecentó cuando vio el vientre del elfo. No hubo mucho que decir; aunque en
un principio se sorprendió, Tamaki se encargo de explicarle las cosas. Mirio no pudo estar mas feliz,
pues dentro de poco habría un integrante más en la familia. Parecía ser que el señor Frey lo
recompensaba con tan bello regalo después de tanta amargura.
Finalmente, aquellos días y meses de angustia veían su fin. Mirio ahora podría dormir, respirar y comer
sin remordimientos ni pesar. Pues ahora tendría a su familia a su lado por siempre.
La enternecedora escena fue vista tanto por Jiro y los demás soldados, quienes se mantuvieron al
margen de aquello.
Resignado, volvió sobre sus pasos para informar de eso a los demás. Solo para encontrarse en los
pasillos a un Todoroki corriendo con un Izuku inconsciente entre sus brazos, temblando y gritando por
ayuda a alguno de los soldados que atendían a Iida anteriormente. Pero ellos poco podían hacer si no
tenían las herramientas adecuadas en ese lugar.
Inasa, al ver al peliverde sangrando y la desesperación de Todoroki, lo envió devuelta al castillo, no sin
que antes mandara alguno de sus hombres con él para que llevara a la curandera del feudo con ellos.
Sero lo acompaño también.
Y así lo hicieron. Llegaron hasta donde habían dejado los caballos y a todo galope volvieron al castillo
de Shiketsu, donde una habitación fue designada para atender a Midoriya.
En todo momento Todoroki se mantuvo a su lado, hasta que apareció aquella viejecita, dispuesta a
prestar sus servicios al mismísimo príncipe quien era el que así lo demandaba. 4
De inmediato entro a la habitación con un maletín repleto de hierbas, brebajes y demás rudimentarios
utensilios médicos, para intentar salvar la vida de Midoriya. Pidió asistencia de algunas sirvientas y
echó a Shōto de la sala, quien con los nervios alterados poco era de ayuda ante la crítica situación.
Sero —que se mantuvo al lado de la pareja—, veía con preocupación desde su lugar recargado en la
pared, al mitad albino dando vueltas como animal enjaulado. 2
El príncipe no podía abandonar aquel corredor, esperaría todo el tiempo que fuera necesario hasta saber
que Izuku se encontraba bien; ni siquiera se había cambiado la camisa un tanto manchada de sangre.
Sin despegar la vista de aquella puerta, se mordía el dedo pulgar y con su mano libre tiraba de sus
cabellos, revolviendo las hebras de colores y enredándolas. Ni siquiera se separo de su lugar cuando los
demás volvían después de unas horas al terminar con el arresto en medio del bosque.
—¿Cómo esta? —preguntó Kirishima que venia caminando hacia él, junto con Bakugo y Mina detrás.
—No lo sé, apenas llego Chiyo y me echaron del lugar para comenzar a atenderlo —respondió
angustiado volviendo a pasar su mano entre sus cabellos, revolviéndolos aún más —, a veces ha salido
alguna sirvienta a buscar más agua o medicinas, pero lo único que dicen es que sigue inconsciente; yo,
no se que pensar... —explicó a los otros que le miraban con afligidos rostros. 15
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Basado en la versión de Walt Disney's Pictures del Jorobado de Notre Dame, en la canción "Luz
Celestial" dentro de la misma, y de la novela "Notre Dame...
Esconderse en el bosque nunca fue buena idea, sobre todo porque los animales salvajes no dudarían en
atacarlo. Si no hubiese sido por aquel joven que apareció de la nada...
No puedo ser un héroe, así que los admiro desde lejos. Pero con él es una historia completamente
diferente.
No sé cómo, pero tengo esta enorme colección sobre él. Jugue...
Bakugo solo apartaba la mirada, cruzado de brazos y alejado de los demás, sin expresión aparente.
—Midoriya es fuerte, seguro que no se dejara vencer tan fácil —dijo Sero por primera vez en todo el
rato, sin lograr calmar al de cabellos bicolores.
—Ambos se salvaran, ya veras —siguió apoyando Mina, refiriéndose tanto a Midoriya como a su hijo,
pues para ese momento ya no era ningún secreto su estado; mientras Kirishima palmeo su hombro para
reconfortarlo.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Tsuyu y Ochako fueron llevadas a otro lugar del castillo para descansar, mientras esperaban a recibir
noticias de su compañero. Como no tenían heridas físicas graves que atender, aguardaban en un simple
salón junto a Nejire y algunas criaturas mágicas que habían aceptado la ayuda de esos humanos sin
resentimientos, alimentándose de buena comida después de tanto tiempo.
Mirio en cambio, estaba con su familia en otra de las habitaciones. Descansaban tranquilos los tres,
dichosos de estar finalmente juntos.
La pequeña Eri se había quedado dormida hace unos minutos y Tamaki permanecía a su lado al borde
de la cama. Ellos también sabían de lo que había ocurrido con Midoriya, y como ahora estaba luchando
por salvar su vida.
—Creo que debería ir a ayudar —dijo con voz decaída a Mirio—, después de todo es en parte mi
responsabilidad por abandonarlo.
Tamaki sentía culpa e impotencia por no haber esperado más tiempo por el peliverde, pues creía que tal
vez con sus conocimientos pudo haber hecho algo para aminorar el estado en el que ahora se
encontraba, él de verdad se arrepentía de dejarlo a su suerte.
—No digas eso —se sentó frente a él y paso uno de sus mechones tras su oreja—, de haber esperado
más tiempo alguien pudo descubrirlos también y quien sabe que les habría hecho. Lo hiciste para
protegerlos, cualquiera hubiera hecho lo mismo.
Su mirada enternecida se paseo entre sus dos hijos, regalando una caricia al que aún no conocía.
—Pero...
—No hay peros —mencionó viendo a los ojos de su esposo, buscando calmarlo de toda la tensión que
no era buena para el bebe—, deja de preocuparte por el pasado y ahora descansa, que ambos lo
necesitan. —Sobaba su vientre sobre la tela, sintiendo un suave golpe en el lugar que toco—. Oh ¡¿Lo
sentiste?! —gritó emocionado viendo a Tamaki, quien le hizo señas de guardar silencio para que no
despertara a Eri.
Luego ambos sonrieron entusiasmados con aquel efímero movimiento bajo la tela de sus ropas.
—No ha dejado de moverse desde que nos reencontramos —musitó pasando su mano sobre la de Mirio
que descansaba en el lugar donde se volvía a mover.
—Es increíble —bisbiseo con alegría el rubio. Hacia tanto que no vivían algo así, que las sensaciones
eran igual de maravillosas que la primera vez que lo sintió con Eri hace ya tanto tiempo.
Aquello llenaba de dicha a Tamaki, saber que a Mirio le hacia ilusión lo de su hijo. 2
Pero también recordaba que Midoriya corría peligro de perder al suyo —porque si, ahora ellos también
estaban al tanto de eso—, y él deseaba la felicidad de quien lo salvo, deseaba que también viviera la
dicha que ahora sentía. No podía simplemente sentarse y ser egoísta.
—Mirio...
—¿Qué ocurre? —cuestionó volteando a verlo, solo para notar la seriedad en su rostro.
—Pero tienes que descansar —respondió preocupado—. El bebe ha estado bajo mucho estrés y nece...
—Estaremos bien, ya estamos bien —aseguró tomándole de las manos, pues él ya estaba decidido en
ayudar también—; él nos rescato y es lo menos que puedo hacer... devolverle el favor y salvarlo a él y a
su hijo. Yo se que jamás me perdonaría si al menos no le ayudo con eso, no podría con la culpa de que
por salvarnos predio algo tan importante. 3
Tamaki no podía imaginar lo doloroso que seria perder a un hijo, pero si conocía el miedo a ello. Y
aunque todavía no fuera visible, Midoriya sabía que existía y ya le tenia cariño; nadie como él para
entender por lo que pasaría aquel peliverde si algo malo le pasaba a la pequeña vida que silenciosa
crecía dentro de él.
Mirio no sabia que responder. Entendía que Tamaki podría ser de ayuda; él, como elfo, tenia
conocimientos de medicina que los humanos no. Pero no quería que se expusiera a más cansancio; sin
embargo, tampoco quería que sus compañeros perdieran a su hijo o incluso la vida misma de Midoriya.
No le deseaba eso a Todoroki ni a nadie.
—¿Seguro qué estarás bien? —Se cercioro una última vez antes de dar su consentimiento. Tamaki
asintió y sonrió. Mirio solo pudo suspirar resignado—. Bueno, pero si te sientes mal o algo promete
que descansaras y no te sobre-exigirás.
—Esta bien, te llevare con ellos y volveré para cuidar a Eri, ¿si?
Recibió un segundo asentimiento por parte del pelinegro, para luego salir rumbo a donde atendían a
Midoriya. No sin antes comprobar que su hija siguiera descansando tranquila.
De ese modo se presentaron afuera de aquella habitación donde Todoroki seguía plantado como fiel
guardia a la espera de noticias.
Tamaki ingreso después de que alguien se ocupara de abrirle la puerta, una vez explicado el motivo de
estar allí.
—Tamaki lograra salvarlos, ya veras que si —dijo el rubio al ver el estado de paranoia del príncipe.
Pues nadie como él que conocía las habilidades de su esposo, tenia plena confianza en que conseguiría
un resultado favorable.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
La noche había llegado y finalmente la anciana Chiyo, Tamaki y las demás ayudantes habían terminado
su trabajo. 1
Como había sido desde el comienzo, Todoroki seguía ahí afuera a la espera de buenas nuevas. Y al ver
salir a la ancianita decaída y con cara de fatiga salto a interrogarla.
—¿Cómo esta Izuku? ¿Qué paso? ¿Están bien? Dígame que están bien por favor —rogaba con los ojos
dispares vidrioso por el llanto que amenazaba con desatarse.
Chiyo le miraba compasiva. Nunca antes vio a un hombre tan desesperado y al borde del llanto, mucho
menos a un príncipe.
—Él esta estable por ahora —dijo para calmarlo, pero Todoroki quería saber más—, todavía sigue
inconsciente, pero logramos curar todas sus heridas visibles, habrá que esperar a que despierte.
Aquello de cierto modo amortiguo un poco su angustioso corazón, pero aún había algo que le
preocupaba y que la curandera no había mencionado. 1
—¿Y que hay del...? —pauso ante el miedo de que aquello no le fuese dicho porque no tuvo desenlace
bueno. De todos modos junto el valor para preguntar, trago el nudo en su garganta y continuo—.
Izuku... él estaba...
No. No pudo continuar hablando. El miedo le paralizo como nunca antes lo había hecho, su manos
temblaron y apretó los ojos para no llorar.
La mujer noto aquello; aunque en un principio no entendió lo que quería decirle, pronto pensó que
quizá se refería la asunto del que el elfo le había hablado. Por su edad avanzada y tantas horas de
trabajo seguido, había olvidado mencionarle aquel detalle.
—Ah claro, el chico estaba embarazado, es verdad —hablo y Todoroki respiro hondo con temor—. Fue
verdaderamente difícil y aunque apenas tiene un mes de gestación, ese otro chico de cabellos negros
logro salvarlo también. 17
El júbilo regocijo su ser y las lagrimas fueron las que dieron fe de ello, acompañadas de una sonrisa
llena de gozo. Nunca antes había estado tan agradecido por algo. Saber que ambos estaban bien le
permitió volver a respirar, volver a sentir algo de paz.
—Gracias, gracias, de verdad muchas gracias. —Sin previo aviso, abrazo a la pequeña mujer que
sorprendida rió ante la emoción del joven—. ¿Puedo pasar a verlo? —pregunto al separarse, todavía
sonreía aunque ya se estaba limpiando las lagrimas con su antebrazo.
—Espera a que salgan los demás y podrás entrar. —Todoroki asintió más sereno; Chiyo, luego de
reponerse del abrazo que desacomodo un poco sus ropas dijo—: Por cierto, lo que paso fue demasiado
peligroso para ambos, por lo que se quedara en reposo varios días o semanas y desde ahora su
embarazo es de alto riesgo, así que sera mejor que lo pase en cama la mayor parte del tiempo —
Todoroki prestaba especial atención a todo y asentía convencido de cumplir cada uno de sus mandatos
—, deberá alimentarse bien y estar en un ambiente calmado, nada de aventuras durante 8 meses,
¿entendido? 6
Chiyo sonrió con su respuesta; no sabia cual era exactamente la relación de esos dos, pero se alegraba
de que alguien se preocupara tanto por aquel que había ayudado a salvar durante tantas horas.
Entre tanto, las tres mujeres que sirvieron como ayuda a Chiyo, salieron de la habitación, dejando solo
al elfo arreglando los últimos detalles.
Lo primero que vio fue a Tamaki terminando de guardar algunas hierbas y cosas que no sabría
identificar. Quien al verlo llegar se apresuro para después salir y dar algo de privacidad a la pareja.
Su Izuku descansaba en aquella cama cubierto en vendas y parches por entre su cuerpo, resaltando las
curaciones de su brazo izquierdo. Arropado con unas mantas limpias para brindarle calor, estaba
perfectamente acomodado entre los cojines.
Se acerco lento, solo para distinguir mejor a la luz de las velas el rostro de su amante; con los ojos
cerrados y las mejillas pálidas, sin ese bonito color rosa en ellas, sus pecas apenas eran perceptibles.
Los labios desteñidos y resecos, sin la bella sonrisa que tanto le gustaba.
—Izuku... —susurró sentándose en la cama, mientras acaricio la tibia piel de su rostro; pero el
peliverde no reacciono como siempre: haciendo gestos para luego abrir sus ojos y verle con un brillo
especial como cada mañana al despertar. Nada ocurrió como en sus memorias.
Ante el melancólico recuerdo, beso su frente y siguió acariciando su rostro con ternura, esperando
paciente a que decidiera abrir los ojos.
—Fuiste muy valiente —musitó para que le escuchara entre sueños—, y te amo tanto por eso... por
favor despierta pronto.
Entonces su mirada viajo hasta su plano vientre y no se resistió a tocarlo; con cortesía y fascinación su
suave tacto recorría la superficie sobre la tela. Aún no era visible o palpable, dándole la sensación de
ser algo inverosímil y utópico, pero que en verdad era más real que su existencia misma.
Todoroki Shōto se convertiría en padre al lado de Midoriya Izuku. Y si antes llego a tener dudas de si
quería tener hijos, ya no las tenia más; porque cuando pensó que podrían perder al fruto de su amor, se
asusto de igual manera que cuando creyó a Izuku perdido para siempre. Todoroki descubrió que a pesar
de todos sus miedos y defectos, jamás se negaría a cuidar y ver crecer a una nueva vida que llevaba
parte de él.
—Tú también fuiste muy valiente —arrulló con voz liviana al no nacido, dejando un beso sobre la tela
tras sus palabras.
Pese a lo bien que pintaban las cosas, todavía no podía sentirse del todo victorioso; no hasta que Izuku
recobrara la conciencia. Mas en cambio ya podía respirar con menos dolor, esperando paciente a que el
tritón despertara. 1
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Kirishima estaba bastante cansado de ese día. Al menos por ahora ya sabían que Midoriya se
encontraba fuera de peligro —lo cual les habían comunicado a todos Tamaki y Chiyo.
Aunque aquello logro liberar la angustiosa tensión de varios, no fue así con Bakugo, quien seguía
bastante serio después de abandonar el monasterio en medio del bosque.
Al pelirrojo ya comenzaba a preocuparle verlo tan callado y tranquilo —no es que fuese del todo
diferente, si todavía les gritaba a los demás al dirigirles la palabra y mantenía su característico ceño
fruncido.
Pero para Kirishima, quien logro ganarse la confianza —y más — del rubio tritón, aquellas expresiones
vacías le decían que algo le estaba pasando.
Al principio creyó que era porque estaba preocupado por Midoriya —después de todo eran amigos,
¿no?—, pero, aquel mutismo se parecía más bien como el que le había visto en Musutafu al enterarse
de que su padre había muerto. En aquella ocasión, Bakugo le dijo que estaba bien, y que no necesitaba
que se preocupara por él, ya que al fin y al cabo en aquel entonces no eran nada más que compañeros.
Aquella vez, el rubio había logrado lidiar con la tristeza de la perdida él solo, sin necesidad de
compartir su sentimientos con nadie, porque él era fuerte y nada iba a doblegarlo.
Pero tal vez estaba guardando demasiado, y quien sabe desde cuando.
Lo cierto era, que no solo sintió algo de culpa por dejar que Deku los acompañara y que terminara casi
muriendo —porque bien sabia que el que lo raptaran no había sido culpa de nadie—, lo peor fue saber
que Toshinori había muerto. Era como revivir una segunda perdida de un padre, porque aquel rubio
tritón de sonrisa heroica era su más grande admiración de niño —al igual que lo era de Deku—, se
sentía un completo fracasado, que aunque el arresto transcurrió con éxito y aquellas extras estaban a
salvo, eso no le quitaba el mal sabor de boca de una victoria a medias.
—Si —contestó acomodándose bajo las sabanas junto a él, dándole la espalda y cerrando los ojos para
dormir—, solo estoy algo cansado, ya duérmete.
Kirishima no le respondió, mas simplemente se recostó a su lado y le abrazo por la espalda, dándole un
ligero beso en la nuca acompañado de un susurro que clamaba amor por el rubio.
Seguía sospechando de aquella tranquilidad en su pareja, pero sabiendo como era, solo debía darle
tiempo para que él decidiera confiarle sus sentir una vez más.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Ya podía oír el tiritar de las aves mañaneras colándose por la ventana. Los restos de comida se
enfriaban en la mesita, porque él solo había mordisqueado una manzana de desayuno. su ropa sucia del
día anterior estaba en un rincón; mientras aguardo al lado de Izuku se cambio para que se encontrara
con una buena versión de él al despertar.
Había pasado toda la noche a su lado, velando su sueño y dormitando sentado en una silla junto a la
cama. Pero al parecer, Midoriya no planeaba despertar ese día tampoco.
Unos suaves golpes en la madera lograron espantarle el sueño que volvía a atacarle por milésima vez
en todo el rato. Se levanto de su lugar parra abrir y ver de quien se trataba.
—Ah, hola —dijo aquella castaña que ahora reconocía como Ochako y tras ella su amiga peliverde,
Tsuyu—. S-solo queríamos saber como esta Izuku —mencionó esperando que aquel que les juro ser el
amante de su amigo les dejara verlo.
—Todavía no ha despertado, pero si gustan pueden entrar a verlo —hablo con voz débil por el
cansancio, mientras se aparto de la entrada para darles acceso.
Las dos de inmediato entraron, yendo hasta donde descansaba el peliverde, felices de que aquel
humano fuese tan amable.
Todoroki estaba por cerrar la puerta cuando apareció Iida para impedirlo.
Y aunque al de lentes verdaderamente le interesaba la salud del tritón, esa no era la razón por la que
estaba ahí.
—Bueno, solo venia a avisarte que Inasa logro capturar a los nobles que asistieron hoy a la supuesta
subasta —contó, todavía sin despertar el interés en el mitad albino—. También quiere hablar contigo...
con todos —corrigió—. Se trata de Shigaraki. Él no fue capturado. Por más que buscaron él y otros
lograron escapar, al parecer por unos túneles subterráneos. —Bien, aquello logro captar un poco su
atención, Todoroki le miraba esperando a que continuara—. Por si fuera poco, ninguno de los piratas
confiesa estar involucrados con el rey; al contrario, dicen que él fue quien nos envío.
Demonios.
Aquello si le sorprendió, pues no se creía que se les estuviera complicando todo nuevamente. ¿Qué
clase de suerte era la que gozaba su padre?
Todoroki entendía que aquello representaba un problema para sus planes. Si ninguno acusaba al rey
directamente, no podrían acudir ante el clero para que le destronaran.
—No lo sé —contestó el de lentes igual de preocupado—, por eso necesitamos que estés también tú
para decidir que hacer.
Sin duda tenia que estar presente para informarse de lo que se sabia hasta el momento y cual seria su
actuar; por la seguridad de Izuku aquel asunto debía ser resuelto cuanto antes, no podía exponerlo ante
su padre cuando el embarazo se le empezara a notar. Era su deber protegerlo; pero no quería dejarlo
solo ahora mientras esperaba a que despertara.
Se lo pensó un poco y miro dentro de la habitación a las chicas que se sentaron a un lado de la cama del
peliverde. Parecía estar en buenas manos, por lo que no muy conforme con lo que haría entro solo un
poco y dijo:
Ellas asintieron; y antes de irse junto con Iida, se acerco a besar su frente y le dedico una última mirada
cargada de cariño a Midoriya. Sin importarle que los presentes le vieran en aquella demostración del
más puro afecto hacia el peliverde.
Algo apenadas por las acciones del otro, lo vieron irse y cerrar la puerta tras aquello.
—Ese humano de verdad quiere a Midoriya, ¿no es así? —mencionó Tsuyu a una Uraraka que seguía
asombrada por aquel gesto y por aquella mirada; una de esas que gritaban el amor que sentían por su
pareja, de esas que siempre escucho hablar en cuentos de legendarios amantes pero que jamás había
visto, hasta ahora.
Por unos segundos se quedaron en silencio, viendo por donde se había marchado Todoroki.
Entonces, los quejidos y gestos entre sueños del peliverde, llamaron la atención de ambas, ¿podría ser
que acaso fuera a despertar justo ahora?
De inmediato se pusieron alertas, sin saber si esperar a que abriera los ojos o salir corriendo en busca
de Chiyo y Tamaki para que lo atendiera en caso de que se sintiera mal. Pero solo le vieron expectantes
y con la emoción de que pronto estaría mejor.
Para Izuku todo era confuso, las voces se oían lejanas y sus sentidos comenzaban a despertar de poco
en poco. Extrañamente se sentía muy ligero y cansado, que quería dormir más tiempo. Sus parpados se
despegaban con lentitud y por entre las espesas pestañas podía ver dos siluetas que no lograba
identificar. Su cuerpo adormecido comenzó a sentir los pequeños malestares, casi imperceptibles
punzadas en su brazo y caderas. Se sentía incomodo, tanto que no quería abrir los ojos, pero algo le
decía que tenia que hacerlo. Y así lo hizo.
—¡Izuku! —Ni bien enfoco bien la imagen cuando ya tenia a Ochako saltando sobre él para abrazarle
aun estando recostado, pero cuidando de no aplastarlo—. Que alegría que estés bien, nos tenias muy
preocupados a todos.
El tritón, todavía atontado por su recién despertar, ni siquiera podía distinguir donde estaba, pero la voz
de la castaña logro que recordara lo que ocurría antes de quedarse dormido.
—¡Ochako, Tsuyu! Tenemos que escapar antes de que nos encuentren —gritó con voz ronca. Asustado,
intentaba ponerse de pie, pues lo último que recordaba es que tenían que salvarse. Entre quejidos de
dolor por sus heridas, forcejeo con Ochako que no le permitió enderezarse.
—No, no, calma Izuku, no te levantes —dijo empujando contra la cama su cuerpo para que no se
esforzara sabiendo lo delicado que seguía.
Midoriya no comprendía por que se veían tan calmadas, ni tampoco entendió la pequeña risa que salio
de la garganta de su amiga. ¿Qué era tan graciosos? ¡Si para él todavía seguían en peligro! 8
—Midoriya, no tienes de que preocuparte, ya estamos a salvo —dijo la peliverde para su sorpresa—.
Lograron rescatarnos después de que te desmayaras.
El de pecas estaba sorprendido y aliviado con lo que le contaban, ¿entonces era por eso que ya no
sentía tanto dolor en su cuerpo? Y ahora que lo notaba mejor, estaba en una de esas habitaciones del
hogar de Yoarashi, su brazo estaba vendado y el lugar donde se hallaba recostado era cómodo. ¿De
verdad los habían salvado?
—P-pero... ¿Ustedes están bien? —cuestiono desde su lugar ya un poco más tranquilo.
—Si, no te preocupes por nosotras —hablo con calma; y aunque ambas le sonreían, aquellas muecas no
eran ni las sombras de la felicidad que él recordaba. Los vestigios de su pasado encierro seguían
atormentándolas. Él quería volver a verlas felices.
—Es por ti por quien deberías preocuparte —dijo la peliverde caminando a la puerta—; dinos, ¿quieres
que busquemos a Tamaki o la curandera?
—Yo... me siento... —No termino la frase cuando algo mucho más importante ocupo su cavilación.
Desesperado llevo sus manos hasta su plano abdomen; y aunque aquello no le haría saber si estaba bien
o no porque aún no se notaba nada, él seguía tentando ansioso esa zona.
—Tu bebé también esta bien, estate tranquilo —le confirmo la castaña al ver la desesperación en su
rostro, sonriéndole con cariño para que no se preocupara más. Tsuyu se movió cerca de ellos, pero sin
sentarse por si tenia que salir a buscar a alguien.
Izuku pudo respirar por un segundo, calmándose al saber que sus ruegos fueron escuchados y todo
estaba bien; pero no pudo evitar sorprenderse por que ellas supieran de su estado.
—Oh, bueno... —Ochako desvió la mirada pensativa, buscando las palabras correctas para explicarse.
—Cuando te atendían, ese elfo, Tamaki, ayudo a salvarlo a él también—explicó Tsuyu al ver el enredo
en el que estaba la castaña, volviendo al lado de la cama—, fue él y otra humana quienes nos dieron la
noticia a todos de que ambos ya estaban fuera de peligro.
Al escuchar aquello, Izuku no pudo evitar sentirse agradecido con el esposo de Mirio y aquella humana
por salvarlos, no olvidaría agradecérselos más tarde.
Unos segundos después volvió a pensar mejor lo que le contaban. Si les dijeron a Todos...
—¡¿Todoroki también lo sabe?! —escandalizó con sorpresa, tratando de sentarse pero desistiendo al
percatarse de su brazo resentido bajo los vendajes.
Izuku lamentaría si fuese ese el modo en que se enterara, por medio de terceros y no de su viva voz;
pero ahora que cabía en lo posible de que la noticia había sido revelada sin tacto alguno y de sorpresa,
temía que Shōto no se lo hubiera tomado de una buena manera, que estuviera molesto o que ya no le
quisiera por ocultárselo cuando le había pedido que confiara en él.
La verdad es que pensó cientos más de cosas alejadas de la realidad, pero que por la paranoia del
momento a él se le antojaban muy coherentes. Como por ejemplo, que una de las razones para que ya
no le quisiera fuera por que le daría un hijo, algo que Todoroki ya le había dicho no seria un problema
en un futuro.
Midoriya se estaba ahogando con todas sus teorías, deducciones y posibles escenarios, hasta que la voz
de Ochako lo volvió al momento actual.
Izuku ahogo un gemido de terror y paso saliva con dificultad. ¿Qué habrá pensado Todoroki? ¿Le
seguiría queriendo?
—Él... Él n-no se veía m-molesto conmigo, ¿o si? —interrogó esperando que no le dijeran que lo
odiaba.
—Mmm... No. En realidad, él no se separo de ti hasta hace unos minutos que tuvo que atender una
urgencia —le contó Tsuyu.
—¡¿De verdad?! —escandalizó sorprendido y esperanzado de que el mitad albino estuviera a su lado
sin estar verdaderamente molesto.
—Si, incluso te miraba como contaban las historias de nuestra infancia, esas de los amantes que se
profesaban amor eterno. —Un suspiro se le escapo al recordar tan cursis relatos. Al recordar el pasado
que no volvería más.
Izuku estaba verdaderamente feliz con lo que escuchaba. Lamentaba no poder haberlo visto, pero sin
duda el saber que lo acompaño en todo momento y que no se alejo de su lado al enterarse de su estado
lo llenaba de una enorme dicha, haciéndole sentir amado y cuidado, como solo Todoroki era capaz.
Debía confiar en su amor.
—Oh, de hecho, fue él quien te encontró y te saco en sus brazos cuando te desmallaste —siguió
relatando Tsuyu, provocando que las mejillas pecosas se ruborizaran—. Lloro incluso cuando creyó que
estabas muerto.
El corazón del tritón se conmovió y aunque no podía ni levantarse, deseo salir corriendo para
encontrase con él en ese preciso instante; para abrazarlo, besarlo y gritarle que lo amaba, que lo
extrañaba y que siempre permanecería a su lado, para tener su reencuentro como era debido, para que
finalmente sus almas volvieran a estar completas.
Logro ocultar su sonrisa bajo las sabanas, pero aquel sonrojo no paso desapercibidos para sus amigas,
quienes creyendo que podría ser alguna complicación más, decidieron buscarle ayuda.
—Iré a buscar a Tamaki —mencionó Tsuyu, recibiendo un asentimiento por parte de Ochako.
—Lo traeré también —mencionó abriendo la puerta; y mientras salia, escucho un "gracias" de parte de
su amigo.
Izuku seguía enredado en las cobijas, con los ojos cerrados imaginando volver a ver a Shōto; sin poder
evitar la euforia de saber que pronto se verían otra vez. Que vería esos bellos ojos de azul calma y gris
tormenta que tanto amaba. Ya anhelaba volver a estar entre sus brazos y besar su labios.
—Oye, Izuku —llamó su atención Ochako que hasta el momento observaba los extraños gestos del
pecoso. El mencionado abrió los ojos para observar como la castaña le veía con curiosidad y diversión,
entendiendo de inmediato que quería preguntarle algo—. Ese tal Todoroki, es él el padre del hijo que
esperas, ¿verdad? 2
El pecoso respiro hondo y abrió con sorpresa los ojos. El bochorno coloreo su rostro de un rojo intenso
y por la vergüenza se cubrió con las sabanas. Escondiéndose de la vista de su amiga.
—¿Q-qué?
—Vamos, soy tu amiga y puedes decirme —Ochako trató de arrebatarle las cobijas mientras reía
divertida—, además fue él quien dijo que se amaban, no fue difícil adivinar.
—¡¿E-él dijo eso?! —preguntó asomando uno de sus ojos por entre la tela.
—Si lo hizo y tienes que contarme como se conocieron y como es que terminaste enamorado de un
humano —dijo más animada que antes, pues de verdad que le gustaría escuchar sobre el amor en boca
de alguien cercano a ella.
Al ver algo de brillo en su amiga después de lo que había vivido le daba esperanza de que podía volver
a ser la misma de antes. Y si su extraña historia de amor era lo que quería oír, con gusto cumpliría su
deseo —aunque omitiría ciertos detalles privados. 2
Ochako asintió varias veces, mientras se ponía cómoda para escuchar todo lo que Midoriya tenia para
contarle.
De un momento a otro, los recuerdos volvían a Izuku solo para salir en forma de palabras.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Tamaki había revisado a Midoriya para cerciorarse que se encontraba bien; lo puso al tanto de los
cuidados que necesitaría y después se retiro antes de que apareciera Todoroki.
Tsuyu llego donde la sala y toco la puerta antes de poder entrar. Al reconocerla, el bicolor se puso
alerta, pues algo le decía que se trataba de Izuku.
No paso mucho tiempo para que Todoroki saliera corriendo del salón apenas las palabras "Izuku" y
"despertó" llegaron hasta sus oídos.
No le importo más la charla que estaban teniendo en esos momentos, ya luego se pondría al corriente;
de igual forma, Iida y los demás también estaban presentes, ya podría confiar en que ellos le darían los
detalles que se perdió después.
Se dirigía casi corriendo a la habitación, con la respiración agitada y esquivando a uno que otro
sirviente. No estaba pensando en nada más que en estrecharlo entre sus brazos y poder hablar con él.
Eso era lo único que quería, sentirlo de nuevo a su lado.
Se mantuvo unos segundos en el portal, observando a Izuku que recostado le veía, en un inicio
sorprendido por el escándalo y luego sonriente al reconocerle. Los rayos de sol que se colaban por la
ventana daban de lleno sobre la cama de Midoriya. Creando una perfecta imagen con sus tonos dorados
sobre su cuerpo.
—¡Izuku! —Se movió hasta él, ignorando a Ochako que en silencio abandonaba la escena. 4
La puerta se cerro y él se inclino hasta estar a la altura de la cama, recorriendo su rostro con la mirada,
notaba uno a uno cada detalle que amaba: cabellos revoltosos, rizados y verdes. Mejillas regordetas
cubiertas de simpáticas constelaciones. Ojos brillantes, relucientes esmeraldas llenas de fervor,
derramando ríos de felicidad. Y unos labios con la más bella sonrisa pintada, deslumbrante y
conmovedora... Era como ver un ángel; era su Izuku, que ya estaba sano y salvo, justo frente a él.
Entre hipidos de su llanto, el tritón extendió su mano temblorosa hacia su mejilla izquierda, que poco a
poco también se humedecía de la emoción. Izuku tanteó con cuidado su piel, limpiando con su pulgar
las gotas saladas. El suave tacto lo obligo a ladear la cabeza en busca de más afecto.
Beso su mano con delicadeza, y sin soltarla, se levanto a buscar un efímero contacto entre sus labios.
—Yo tamb...
—Te amo —repitió con dulzura y esta vez beso su frente—. Te amo, te amo, te amo, Izuku... —clamó
incansable cual mantra; regalando un beso por cada declaración.
Izuku reía feliz con los mimos que le daba por todo el rostro. Hasta que sus bocas se encontraron
nuevamente, permitiéndose cerrar sus ojos para dejar que sus otros sentidos tuvieran el protagonismo.
Todoroki mantenía el contacto limpio y caso; para luego desesperado tomar su boca, mordiendo y
jalando el labio inferior de su pareja.
Sus lenguas se tocaban y el aliento se les agotaba. Las emociones se desbordaban y el tiempo parecía
detenerse entre un beso que tanto anhelaron sus almas, abrazándose para no separarse nunca más, con
simples actos su cariño se expresaba sin necesidad de palabras. 3
Terminaron el beso, pero se mantuvieron a centímetro el uno del otro. Los cabellos bicolores caían
sobre los verdes e Izuku pasaba sus brazos por su cuello; la mirada dispar veía con fervor aquellos
ojitos tiernos que a gritos le decían que lo amaba. Se sonreían en silencio, disfrutando la compañía
mutua.
Puede que la posición incomodara a Todoroki que sentado en el borde de la cama se inclinaba sobre el
cuerpo del tritón, pero no le importaba con tal de estar de nuevo con él.
—De verdad te eché de menos —susurró, por que no hacia falta mayor voz para que le oyera—.
También te amo, mi Shōto —declaró al fin, mientras acariciaba sus cabellos.
—Yo también los extrañe —respondió en el mismo tono dulce, sin apartarse o quitar esa boba sonrisa
de enamorado.
El que hablara en plural sorprendió a Izuku, que aunque ya había sido advertido de que el príncipe
conocía de su estado, aquella declaración le tomo desprevenido.
—¿D-de verdad? —habló apenado apartando la mirada, soltando su agarre para que Todoroki se
pudiera levantar y estar más cómodo—. ¿De verdad, no te molesta que yo este...?
—Jamás me molestaría nada que venga de ti. —Esta vez descendió hasta su vientre y con cuidado beso
sobre la tela—. No voy a negar que me tomo por sorpresa. Este pequeño revolvió todas las emociones
en mi —mencionó con su mano en donde se mantenía creciendo su futuro hijo.
—Lamento q-que te enteraras así —dijo cundo Todoroki comenzó a acariciarlo a él—, yo... lamento
haberlo ocultado, perdón por ponerlo en peligro... —Con cada disculpa su voz se apagaba.
—Yo tenia miedo —Todoroki detuvo sus caricias al oír aquello, pero luego continuó.
—Al principio... es que lo mal entendí todo cuando me dijiste que querías cortejarme y no lo pensé
bien que tal vez te referías a algo más y yo creí que de verdad querías tener... —se detuvo ante la
velocidad con la que se explicaba, pues si seguía así terminaría murmurando mil cosas y al final
Todoroki no le entendería ni una, y él no quería eso—. Yo mal entendí tus palabras esa vez, y pensé que
de verdad querías tener hijos conmigo.
—Y lo quiero —dijo para calmarlo—, aunque me sorprendió que fuera tan rápido.
—Lo siento —se disculpo recibiendo un beso en la frente—, después empece a comprender de que se
trataba, me tomo mucho tiempo pero ya entiendo más de tu mundo.
Todoroki se mantenía en silencio, viéndole con ternura esperaba con paciencia a que continuara, por
que sabía que eso no era lo único.
—Fue por eso que después pensé que tal vez no lo querrías —dijo refiriéndose a su confusión.
—Si...
Otro breve silencio en el que Izuku se preparaba para decir más; ahora el príncipe le acomodaba los
cabellos con sus dedos.
—También lo oculte porque si te decía no me dejarías acompañarlos, y yo quería ver que ellos
estuvieran bien... yo, quería salvarlos... —Su mirar se entristeció; porque no había logrado rescatarlos a
todos.
—Y los salvaste.
—Pero...
—Hiciste todo lo que pudiste y más. Te esforzaste y no te rendiste —le dijo sabiendo que se echaría la
culpa de la muerte del tritón al que quería como un padre; de eso y más se había enterado cuando
estaba en la reunión y le avisaron que Izuku ya había despertado. Podía entender su sentir, pero no iba a
permitir que la tristeza arrebatara sus sonrisas—; no eres un dios para cambiar el pasado... ¿O si? —
dudó de sus palabras, pues para él bien podría ser algún ser divino.
—No, no soy ningún dios —Izuku río, para verlo con esa sonrisa que tanto le gustaba—, yo solo soy un
tritón.
Nuevamente las palabras cursis provocaban vergonzosos bochornos que coloreaban sus mejillas.
El tono relajado pero serio en las palabras de Todoroki provocaron que volviera a reír. Verlo así,
despertaba en el príncipe su lado más protector; quería salvaguardar para siempre esa alegría de la
persona que más amaba en el mundo, y la de su hijo cuando lo conociera.
—Quiero mantenerlos a salvo de todo y todos, que nunca más vuelva a ocurrir algo como esto. No
quiero que nos vuelvan a separar... porque a partir de ahora seremos una familia.
—Puedo ponerlos en una torre alta custodiada por un feroz dragón escupe fuego, así nada los lastimara
—refuto de forma seria. 4
—Te sera muy difícil encontrar uno de esos por aquí —dijo risueño por lo que él creía una broma.
Entonces Izuku se temió que de verdad lo estuviera considerando; a veces, con el semblante tan neutral
de Todoroki no sabía si bromeaba o iba en serio. Aunque ya empezaba a asustarse, Todoroki casi nunca
bromeaba.
—Deja de jugar así, no te diré y tú no me encerraras en una torre —respondió risible; pues tal vez
estaba ante la primer broma de su pareja.
—¿Por qué no? Anda, dime donde encuentro un dragón —siguió empeñado con su plan de protección a
Midoriya.
—Si no me dices, juro que le pondré alas a una lagartija y de algún modo la entrenare para que se
vuelva feroz. 16
De un momento a otro, la atmósfera melancólica y llena de sentimiento paso a ser una más natural,
llena de risas y bobas charlas, al menos así se sentía.
Fuera de la habitación se podía oír la felicidad, desplazando a la angustia que en antaño se vivió.
Así es como se dio el rencuentro de los amantes, entre lagrimas, besos, caricias y risas.
Continuará...
-ɷ ʚ♥ɞ ɷ-
N/A;
Hey!! ¿Qué dijeron, está ya mató a Izuku... o al bebé? Pues nOOO! En mi guardia xD
Bueno, ahora si entramos a la recta final de la historia, pero tranquilos que prometo más emociones
uwu 7
Muchas gracias por leer votar o comentar 💜💖 ( ˶˘ ³˘(ᵕᵕ ꒳ᵕ)*₊˚♡
-yummikyo🌸
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Dos semanas transcurrieron desde que Todoroki y Midoriya volvían a estar juntos. 10
Dos semanas en las que Izuku se la paso en cama para mejorar su salud, mientras era mimado por
todos, quiénes le hacían compañía a toda hora. Algunas veces eran Tetsutetsu, Mina y Jiro los que
pasaban con él las tardes; contándole de los avances que tenían siguiéndole la pista a Shigaraki —
gracias a ellos es que el peliverde se había enterado que aún tenían problemas con aquello, pese a que
Todoroki quería que no se preocupara por esas cosas y trataba de evitar el tema—. También estaban a
su lado Ochako y Tsuyu, con quiénes conversaba en las mañanas, junto a Tamaki y la pequeña Eri; se
había encariñado mucho con la pequeña elfo a pesar de la timidez que mostraba al principio. Midoriya
siempre tenia a alguien para alegrar su días mientras se reponía.
Por si fuera poco, Todoroki estaba a su lado todo el tiempo —o al menos la mayor parte de el—;
aunque el bicolor también se ocupaba del problema de Shigaraki y los bandidos apresados que se
negaban a confesar sus crímenes, nunca le falto tiempo que dedicar al peliverde. 3
El príncipe se encargo de ser su fiel sirviente la mayor parte del tiempo. Llevaba el desayuno, comida o
cena hasta su cama, le ayudaba a cambiar su vendas, asearse, darle sus medicamentos y conversaba de
simples cosas para entretenerlo. A veces le relataba historias viejas plasmadas en papel, al mismo
tiempo que empezó a enseñarle a leer y escribir en su lengua —Izuku mostraba bastante interés y un
rápido aprendizaje. 5
Los antojos y el apetito del tritón aumentaron con el paso de los días, y Todoroki se vio varias veces en
la tarea de conseguir cada uno de los extraños antojos que su bebé tenía; buscando en el lago algunos
peces para que Izuku pudiera comer feliz o improvisando una de las recetas que Kaminari solía
prepararles. En una ocasión, tuvo que enviar por algas marinas hasta las costas de Eiyuu; no había sido
fácil para Tetsutetsu conseguirlas, pero finalmente Izuku pudo comerlas después de un día del pedido. 3
Todos esos esfuerzos valían la pena para el príncipe, quien en las noches era arrullado por los suaves
cantos del peliverde. Izuku le regalaba suaves caricias estando abrazados mientras disfrutaba del
melifluo canto hasta quedar dormidos. Cuánto había extrañado estar entre sus brazos; en esos
momentos, eso era lo único que necesitaba después de un largo día. El estar al lado de Izuku era lo más
mágico que podía haberle pasado.
Pero también, en esas dos semanas se suponía debían volver a Eiyuu al terminar su visita diplomática
para con Yoarashi, o eso era lo que Todoroki había acordado con su padre. Pero nada había transcurrido
de acuerdo a lo planeado; pese a que capturaron a los bandidos y rescataron a las criaturas mágicas, no
lograban obtener la confesión que involucraba al rey con un montón de piratas buscados por todo el
reino. No tenían nada para confrontar al rey frente al clero y las castas más importantes de la nobleza.
Por si fuera poco, en las condiciones del tritón, era casi imposible realizar un viaje sin poner en riesgo
su salud, y el bicolor no se arriesgaría a ello; de todos modos, Todoroki no quería volver con un Izuku
embarazado y exponerlo ante un hombre en el cual ya no confiaba. Algunos sugirieron que Midoriya se
quedara un tiempo en Shiketsu, mientras ellos regresaban para no levantar sospechas; planearon que el
peliverde viajara meses después cuando ya fuera menos riesgoso para él, pero Todoroki se negó
rotundamente a apartarse de su lado.
Ante la terquedad del mitad albino, no les quedo de otra más que esperar; nadie quería llegar a donde el
rey y explicarle que el príncipe no volvía con ellos, ninguno sabría dar una razón convincente de su
ausencia.
Por eso mismo, Todoroki escribió personalmente a su padre, informándole que su estadía se extendería
un tiempo más, poniendo de excusa el fortalecer sus relaciones con el feudo de Shiketsu —sin olvidar
mencionarle también aquel desagradable tema por el cual discutían antes de partir.
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terapéuticos. Además, aunque haya gente a la que le cueste creerlo, es mu...
Ser omega no es fácil. Que tu destino sea junto a un beta es complicado. Abandonarlo todo por
amor...es imposible.
AU/TodoDeku/romance/drama/ ambientado en el universo d...
Pero el tiempo que había ganado el príncipe, estaba pasando demasiado rápido.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Era temprano y Todoroki volvía de una pequeña reunión en la que el feudo del sur —regida por
Fumikage Tokoyami—, confirmaba por medio de una carta haber encontrado y neutralizado dos de los
escondites mencionados en el manuscrito que delataba dichos lugares. Hasta el momento, con ayuda de
otros nobles habían abatido 9 de las 21 guaridas que marcaba, pero en ninguno se encontraba Shigaraki
—aún no sabían quien había enviado aquella carta sin sello pero sin duda lo agradecían—; también
habían ofrecido recompensas y cerraron los caminos fuera del reino, todo para intentar atraparlo
cunado intentara salir de Yuuei. Fueron muchos los esfuerzos y pocos los resultados; no obstante, no se
rendían en su búsqueda de cumplir con la justicia.
Pero por ahora, Todoroki solo esperaba disfrutar de la ternura de Izuku antes de dirigirse al
interrogatorio en un intento más de lograr una confesión. Hasta el momento ninguno había hablado,
negándose a cooperar con ellos, ninguno actuaba por su cuenta sin que su líder les ordenara; solo el
llamado Twice mencionó por error que fue el rey el causante de su arresto, que él lo planeo todo, pero
esa mentira más bien favorecía a Enji.
Todoroki suspiro resignado, cansado de todo aquello; le dolía la cabeza de solo pensar en más
problemas.
Llegó al fin a la habitación y entró sin siquiera tocar antes. Encontró a un Izuku semi recostado con un
libro entre sus manos tratando de leer algunas palabras. Cerro la puerta y camino hasta dejarse caer en
su regazo, cerro los ojos y soltó un largo suspiro de cansancio.
El peliverde dejo lo que hacia y de inmediato acomodó algunas de las hebras bicolores que se
mezclaban entre si por entre su frente.
—Algo así —le respondió sin moverse, dejándose consentir por su pareja—. Te extrañe.
—Oye... —habló acaparando la atención del príncipe, mientras dudaba en si pedirle algo o no.
—Puedes pedirme lo que quieras, yo te lo cumpliré —mencionó ante la espera, adivinando esa actitud
de cuando tenia algún antojo.
—Estaba pensando... Ya hace semanas que mis heridas han mejorado, y Chiyo dijo que ya podía
caminar aunque sea un rato y... —Todoroki podía adivinar que era lo que quería, y no, esta vez no era
comida—. Me gustaría salir aunque sea unos minutos al patio, quiero respirar aire fresco.
—... Pero Izuku, esta la ventana abierta siempre —dijo viendo el exterior por el marco en la pared; para
Todoroki aquello era lo mismo. La verdad es que tenia miedo de que algo les pudiera pasar estando
afuera, incluso temía cuando se asomaba a la ventana, el aire era muy fuerte y podría enfermarlo, ¡o
peor! La atura era considerable y en un descuido podría caer... Aunque tal vez estaba siendo algo sobre-
protector.
—¿No?
—No —respondió como si fuera lo obvio y Todoroki no lo estuviera notando—. Yo quiero estar
rodeado de la naturaleza, y aunque no es lo mismo que estar en el mar, es lo que más se acerca.
Cierto, Izuku había mencionado varias veces que le gustaría volver al agua; algo bastante normal para
un tritón o sirena encinta. Según le explico, en su estado sentía la necesidad de buscar un lugar que se
le hiciera más cómodo y seguro, en aguas templadas para pasar los 7 meses de embarazo —eso también
le sorprendió, el ciclo de gestación era diferente al humano, y se pregunto, ¿que más seria diferente?
¿Su hijo nacería con pies o con una aleta? De todos modos amaría a ese bebé. 5
Todoroki no podía cumplirle el capricho de volver al mar, no hasta que estuviera mejor para viajar tan
larga distancia. Por lo que abatido de fracasar en ese aspecto, no le quedo de otra que aceptar lo que le
pedía.
—¡¿En serio?! —Entusiasmado sus ojos brillaron y sus manos se volvieron dos puños que agitaba en el
aire ansioso por una respuesta positiva.
—Si, de verdad.
—¡Gracias!
Todoroki se vio envuelto en un efusivo abrazo que no tardo en corresponder. Oh, cuanto amaba ser
envuelto entre sus brazos de esa forma.
Izuku no se espero aquello; él creyó que caminaría a su lado hasta estar afuera —lo normal—, pero
como siempre, Todoroki se empeñaba en que no hiciera más esfuerzo del necesario. 2
Ahora estaba entre sus brazos como una damisela en apuros; se sujetaba de su cuello, y estando tan
cerca su rostro podía ver como un aura de satisfacción y altivez invadía a Todoroki que parecía soltar
chispas de felicidad. Se escondió entre su pecho todo el camino; ocultando su rostro apenado de todo
aquel que se encontraban por los pasillos. Se moría de vergüenza de que los vieran de aquel modo, pero
al parecer al príncipe le encantaba aquello.
Después de un rato sintió al fin el viento revolotear sus cabellos, entonces noto que al fin estaban en el
patio. Miro el inmenso cielo azul y algunos de los árboles que ya habían perdido su follaje al llegar el
invierno. Pese a que el clima era más fresco, el sol lograba mantener cómodo el ambiente afuera.
Todoroki lo llevo bajo la sombra de un viejo roble, lo acomodo en el pasto seco y se sentó a su lado.
Con las piernas flexionadas y la vista al frente, Izuku suspiro tranquilo. La calma que se sentía en el
ambiente era única. La suave briza le daba en el rostro y el sol de las 9 calentaba su piel. El tiritar de
algunas aves lo ponían a soñar despierto, imaginando cuando volviera a nadar entre las tibias aguas del
mar.
Las risas a la lejanía llamaron su atención y una sonrisa se le escapo al ver a Eri jugando con Nejire a lo
lejos. La de cabellos celestes había invocado a unas cuantas de sus compañeras pequeñas; diminutas
hadas, elementales que revoloteaban al rededor de Eri dejándole pequeñas flores por sus cabellos.
Nejire se había quedado más tiempo con ellos, porque se encariño de la pequeña elfo y su padre,
diciendo que no quería volver a estar sola en las montañas Ryukyu.
—Sho... —le llamo en un susurro, sin apartar la vista de las que jugaban a unos metros; su corazón
hablaba sin estar muy consiente de ello.
—¿Qué ocurre? —Aunque ya estaban cerca, se inclino más hacia él, listo a atender cualquiera que
fuera su inquietud.
Izuku no respondió de inmediato, su mirada seguía perdida en la tierna escena ante él. Dejando volar su
imaginación, una sonrisa se le escapo.
—¿Te gustaría...? —pauso distraído cuando vio algunas gotas de cristalina agua flotando entre Eri y las
hadas; el destello de cada una al reflejo del sol era algo hipnótico. Todoroki seguía viéndole solo a él,
porque para el príncipe no había mejor distracción que Izuku—. ¿Te gustaría que fuera niña o niño? —
terminó de preguntar sin mayor expresión. Se veía tranquilo sin apartar la vista de aquel espectáculo de
magia. 4
Todoroki fue sorprendido. No podía responder por que no sabia que decir. La verdad, no había pensado
en eso; él solo quería que estuvieran sanos, tanto Izuku como el bebé.
Al ver que la respuesta estaba tardando, Midoriya volteo a verle, encontrándose con un Todoroki
pasmado. Manteniéndose quieto, observaba el pasto, parpadeando de vez en cuando.
—¿Todoroki? —Ladeo su cabeza curioso de saber que era lo que tanto pensaba.
Y como tampoco respondió, no resistió levantar su mano acercándola lento al que aún no se movía de
su lugar y con el dedo indice picoteo un poco la mejilla derecha del príncipe. Riendo cuando Todoroki
se alejo sorprendido por el inesperado contacto.
—¿Tanto te divierten mis mejillas? —Su suave voz calmo un poco las carcajadas. Todoroki limpio con
su pulgar algunas lagrimas alegres que se asomaban por la comisura de sus ojos.
—Si, son suaves y me gustan —respondió con una sonrisa, dejando que Todoroki terminara lo que
hacia—. Entonces, ¿qué dices?
—¿Hm?
—¿Niño o niña?
Ah, claro, la pregunta. Todoroki lo contemplo unos segundos mientras pensaba, el bello rostro
sonriente esperaba ansioso una respuesta.
Las mejillas pecosas se colorearon de carmín, y oculto su rostro entre su manos. Una boba y diminuta
sonrisa apareció en los labios del príncipe; como le encantaba provocar todo aquello en Izuku. El
viento soplo y arranco unas de las ultimas hojas secas del árbol, que sin pena alguna caían sobre ellos.
—SI lo es; dime, ¿qué te gustaría a ti? —Aparto las manos de su rostro teñido en vestigios de un rosa
claro.
—Umm... —Izuku se puso serio de inmediato, murmurando cosas inentendibles llevo su mano hasta su
mentón; concentrado fantaseaba en lo que seria el futuro, hasta que su rostro se ilumino pareciendo
encontrar la repuesta correcta, miro los ojos desiguales que expectantes esperaban saber su respuesta,
entonces vivaz dijo—: ¡Una niña! 25
Todoroki sonrió.
—¿A mi? —inquirió algo extrañado con lo que decía. Pues una niña parecida a él no era lo que había
imaginado.
—¡Si! —escandalizó feliz—. Me gustaría que tuviera tu mirada, tu tranquilidad e inteligencia, que
fuera tan guapa como tú y que su cabello fuera tan liso de manejar, ¡es que nunca se enreda! 15
Todoroki sonrío con lo último; varias veces se encontró recostado con un Izuku buscando entremezclar
las hebras de diferente color, pero sin nunca conseguirlo; tarde o temprano su cabello volvía a esa
perfecta división de colores que tanto le caracterizaba. 1
—Si es lo que quieres, yo estaré bien con eso. —Robó un beso de su labios y enseguida quito algunas
hojas que se habían atorado en los cabellos del peliverde.
—Pero aunque deseé mucho eso, al final sera una sorpresa —dijo manteniéndose quieto mientras
Todoroki terminaba lo que hacia.
—¡Izuku, Izuku! —La pequeña Eri venia corriendo hacia ellos, dejándose caer frente al peliverde que
estaba feliz de verle—. ¿Saliste a jugar también?
—Ah, si, algo así —respondió mientras la niña se recargaba en su rodillas y él le acariciaba con ternura
los largos cabellos.
—¿Ya estas mejor? ¿Puedo jugar contigo también? —Sus grandes ojos rojos le miraban con ilusión.
No se pudo negar ante tal mirada y feliz movió la cabeza, respondiendo a sus dos preguntas con un si.
La elfo salto de alegría, provocando risas entre los mayores. Nejire llego a su lado para asegurarse que
la pequeña no fuera muy brusca con el tritón; no quería que terminara lastimado o algo, aunque
Todoroki también seguía ahí para cuidarlo.
El príncipe se mantenía en silencio a su lado, contemplando lo bueno que era Midoriya con esa niña.
Imaginando lo maravilloso que seria cuando ellos tuvieran a la suya.
Al imaginarlo con su hijo entre sus brazos no podía evitar sentirse dichoso. Pese al largo camino que
tenían por delante, ambos encontraban en el otro la fuerza que necesitaban para seguir adelante. 4
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Termino de leer la última de las cartas que le había enviado su hijo. Su semblante era inexpresivo, y un
suspiro de fatiga escapo de su garganta. Tiro el papel en la mesa, se recargo en el cómodo sillón y miro
al frente; la puerta abierta del balcón dejaba ver el inmenso mar azul que se mezclaba en el horizonte
con el cielo. Se mantuvo unos segundos así, como si aquella vista fuera lo más interesante del mundo. 5
Habían pasado otras dos semanas desde la fecha en la que se suponía debía volver Shōto. Pero lo único
que ocurrió fue que recibió otra carta en la que se disculpaba por su actual retraso. Por unos segundos
llego a pensar que escaparía y se volvería un fugitivo como Touya, pero la última parte de la carta borro
aquel pensamiento.
Shōto escribió prometiéndole que después de su cumpleaños numero 20 asumiría el trono y en cuanto a
lo de escoger una esposa, seria el mismo príncipe quien la elegiría en su momento.
¿Había leído bien? "¿En su momento?" ¿Ese niño creía que le iba a dar más libertades? Ni hablar. Si lo
dejaba por su cuenta seguro nunca se casaría. 6
Le enviaría una respuesta esta vez, haciéndole saber de sus planes —mismos que ya estaban siendo
llevados a cabo. 6
Una vez sellado el sobre, se dirigió a buscar a base de gritos a un mensajero para que la llevara hasta
Shiketsu. Luego de eso busco a un escriba* para ordenarle que se encargara del resto, sin olvidarse de
darle las direcciones a donde ser enviados aquellos textos.
Una vez vio que ya todo estaba dispuesto según sus ordenes, se encamino a la habitación del piano,
apoyada de Mirko quien cargaba una caja de tamaño considerable. La madera se veía un tanto pesada;
aún así la morena podía llevarla perfectamente por su cuenta.
La mujer de blancos cabellos era una de los sirvientes más fieles al rey; ella conocía de algunos de sus
secretos, había estado presente escuchando por los rincones las reuniones del rey y Shigaraki;
conociendo también aquello que se escondía en dicha habitación que en antaño fue al favorita de la
reina, esa donde un piano solitario se mantenía abandonado. 3
Mirko no estaba conforme con las acciones del rey, pero no se atrevía a contradecirlo, ella solo era un
mueble en aquel castillo, como todos los demás sirvientes; nada de lo que vieran u oyeran les era
permitido ser contado a nadie, y ellos guardaban todo aquello por la lealtad que tenían con la familia
real.
La morena deseaba en secreto que el Todoroki menor tomara el trono de una vez; ella tenia algo de fe
en que seria diferente a su padre, lo supo cuando lo vio llegar junto a aquel peliverde que se gano a
todos en el castillo —exceptuando al rey. 5
Pero mientras eso ocurría, tenia que aguantar los mandatos del soberbio hombre de cabellos rojos y
ojos celestes.
—¡Date prisa! —gritó al ver que se quedaba atrás, distraída con todos sus pensamientos.
La morena se apresuro a cruzar la puerta, para después abierto el pasadizo, bajar las escaleras junto al
rey.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Midoriya vea por la venta el patio del castillo. El mes de diciembre estaba llegando a su fin, y ellos se
estaban preparando para volver a Eiyuu al fin.
Después de que Todoroki recibiera aquella carta de su padre se había puesto bastante molesto; Izuku
quiso intentar calmarlo, pero el mitad albino simplemente lo beso y le dijo que solo necesitaba unos
minutos a solas. Lo cierto era que Todoroki no quería descargar su ira con el peliverde, porque sabia
que le tomaría un rato volver a la normalidad, y mientras eso ocurría él andaría por la vida con el ceño
fruncido y un tono de voz bastante hostil, pero es que era algo involuntario; por suerte aquel humor
solo le duro unas horas, en las que se la paso combatiendo con algunos de los soldados de Inasa.
Izuku había visto toda aquella escena desde la ventana con preocupación —aunque ya no sabía si era
por Todoroki o por los pobres soldados que terminaron un tanto heridos por causa del príncipe.
Volvió a abrir sus ojos, recargado en el marco de la ventana, vio a lo lejos a Kacchan caminando al lado
de Kirishima. Al parecer iban caminando a la salida, podía suponer que se dirigían al pueblo a
aprovechar su último día en Shiketsu. Le alegro ver a Kacchan más relajado, haciendo sus típicas
muecas y caminando como si el fuera lo único realmente importante en el lugar.
Fue hace apenas unas semanas, pero ellos dos pudieron hablar a solas; aunque en un principio el rubio
se negaba a que se le acercara, finalmente la insistencia de Midoriya dio resultado. Bakugo no tuvo de
otra más que acceder y contenerse a golpearlo —no le agradaba para nada el peliverde, pero no era un
salvaje inconsciente como para hacerle más daño físico del que ya había sufrido, o de eso se convenció
—; Deku termino tocando aquel tema que a ambos les había afectado: Toshinori Yagi. No fue una
charla bastante larga, Bakugo no estaba dispuesto a compartir mucho de sus sentimientos con el
peliverde, no como había hecho con Kirishima. De todos modos había llegado a buenos términos,
aceptando el dolor de perder a aquel quien admiraban y la resignación para mantenerse fuertes y seguir
adelante, viviendo para honrar su memoria. 4
Al parecer, Bakugo sintió su mirada en ellos, porque en tan solo unos segundos sus miradas se
encontraron a lo lejos. Izuku sonrió, mas Katsuki se mantuvo serio, después se volteo a ver al pelirrojo
para decirle algo y seguir su camino.
Izuku se alegraba de que Kacchan tuviera a alguien como Kirishima que le apoyaba y le quería tanto
como amante y amigo.
Encontró entonces a Ochako charlando con Iida. Su amiga parecía llevarse bien con aquel caballero de
lentes —en realidad, Ochako se llevaba bien con todos, era parte de su personalidad burbujeante que
poco a poco volvía a recuperar—; incluso la castaña una vez les contó a Tsuyu y a él que aquel humano
de estricto actuar se le hacia un tanto lindo —aunque puede que estuviera hablando a través de sus
deseos de vivir un romance como el que le había contado Izuku—; pero aquello pintaba más a ser algo
platónico una vez que Ochako y Tsuyu volvieran a casa. Ambas chicas deseaban volver a las aguas de
Shizuoka, donde sabían por el peliverde que estaban los que había rescatado antes que ellas. 9
De todos modos, Izuku creía que serian una buena pareja si es que el destino volvía a juntarles.
Se movió incomodo en su lugar, dándose cuenta que ya llevaba bastante en esa posición; se levanto de
la silla se estiro y movió a la cama. Pero se detuvo frente al espejo al ver su reflejo. La camisa se
levanto un poco cuando paso sus brazos sobre su cabeza, entonces pudo apreciar ese pequeño bulto que
comenzaba a notarse.
Sus labios se curvaron levemente y sus manos se posaron sobre su piel, mientras veía por el espejo su
perfil, buscando el angulo en que se notara más. Ahora tenia tres meses y estaba a cuatro de conocer a
su hijo o hija.
Estaba tan concentrado fantaseando hasta que escucho por la ventana el claro sonido del relinchar de
caballos. Curioso volvió a asomarse por esta, solo para ver uno de esos transportes jalados por caballos
que había visto antes; ¿una carreta? Si es que recordaba bien eso era lo que eran.
Entonces vio a Inasa salir junto a más sirvientes que empezaban a bajar cajas grandes forradas de
alguna tela roja que lucia bastante suave; una por una fueron llevadas adentro. Luego la puerta
principal se abrió y una castaña de ropajes celestes salio a encontrarse junto al dueño del lugar.
Ahogo un grito y sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La imagen le gritaba que lo que veía era
nada más ni menos que una ilusión producto de aquella rubia que se suponía estaba encerrada en las
celdas. Se calmo al recordar aquello, no podía ser ella si Inasa le estaba recibiendo tan tranquilo.
Escucho el rechinar de la puerta tras de él; y al voltear tardo medio segundo en reconocerle.
—¡Shōto! —Corrió a sus brazos, en busca de la protección que ayudara a calmar su pánico.
El bicolor lo recibió gustoso; guardándolo entre sus brazos lo mantuvo cerca, sobando su espalda en
busca de calmar aquello que identifico como miedo en su voz.
Todoroki camino con él y se acerco un poco a ver afuera, encontrándose con Inasa y Camie entrando al
castillo. De inmediato entendió que la apariencia de la chica fue lo que le trajo un mal recuerdo, lo
mismo paso al principio con él. Una vez Izuku despertó desorientado asustándose ante la memoria en la
que Toga tomaba los rasgos del bicolor; afortunadamente aquello solo había ocurrido solo una vez y no
se repitió más.
Tomo entre sus brazos el angustioso rostro pecoso y con calma dijo:
—Toga esta encerrada y ya no puede hacerte daño, ya no hay que temer. —Dejo un suave beso en su
nariz, su mejilla y por ultimo sus labios, luego acaricio con su pulgar las manchitas de sus inflados
cachetes.
—Si, lo sé... es solo que no pude evitar el recuerdo. —Aparto la mirada mientras Todoroki volvió a
envolverle con sus brazos, trasmitiendo serenidad con ello, Izuku no tardo en corresponder el abrazo.
—Quiero borrar todas esas malas memorias y cambiarlas por buenas —susurró afable.
Todoroki deseaba lo mejor para Izuku; un futuro venturoso, lleno de alegrías y amor. Cerro los ojos
anhelando que aquello se cumpliera, porque por ahora, aún veía algunos muros que le impedían
contemplar aquel esperanzador paisaje.
—Izuku —musitó y el mencionado levanto su rostro para verle—. ¿Seguro que quieres acompañarnos?
—preguntó por milésima vez.
Todoroki estaba preocupado por su estado de salud; sabían que tenían la opción de que Midoriya se
mantuviera oculto en Shiketsu mientras él arreglaba los asuntos con su padre, pero el peliverde insistía
en ir con ellos por dos buenas razones: la primera es que quería volver al mar, su instinto se lo pedía; y
la segunda era que necesitaba mantenerse junto al padre de su bebé, pues eso le hacia sentir seguro.
Todoroki respiro resignado. Al parecer no podría resolver los problemas con su padre antes de que
Izuku se enterara, si tan solo atraparan a Shigaraki o alguno de los prisioneros se dignara a hablar...
Pero no, la suerte seguía del lado de su padre.
—Bien... —Llevo a Izuku hasta la cama para que ambos se sentaran a hablar—. Pensaba arreglarlo
todo antes de contártelo porque no quería que te preocuparas, pero ya que no lo logre, prefiero
explicártelo ahora antes de que te tome por sorpresa después y creas algo que no es.
Lo miro unos minutos, buscando la mejor manera de explicárselo todo. En algún momento su vista se
posó en la pequeña pancita que ya se notaba, y gracias a ello encontró motivación para hablar.
—En la carta que envío mi padre... —Sus miradas se encontraron—. No solo ordenaba que volviera de
inmediato; también me informaba que en mi cumpleaños realizaría un baile... —hizo una pausa al ver
la mirada esmeralda algo confusa.
—Un baile... ¿Cómo aquella noche en la cubierta del barco? —preguntó al recordar lo que era su
primer baile juntos.
—Izuku yo te amo, y no habría nadie más con quien quisiera compartir mi vida que contigo —se
apresuro a decir, tomando su mejilla con cariño—. Perdón que te lo diga así; yo planeaba pedirte
matrimonio de forma más romántica, lo siento —dijo apenado apartando la mirada.
Eso era otra cosa que le había arruinado aquel baile: proponerle matrimonio a Izuku en medio del
jardín de su madre —que pensaba regalárselo ahora a él.
Todoroki volteo a verlo anonadado. ¡Era verdad! Izuku no conocía el significado de aquella palabra;
seguro por eso no había reaccionado antes.
—Lo lamento, yo creí que... —intentó disculparse pero lo dejo al ver la carita confundida del peliverde,
tomo sus manos con más cariño y dijo—: El matrimonio, o casarse, es cuando dos personas deciden
pasar el resto de sus vidas juntos y realizan una pequeña celebración para que todos se enteren de eso;
es una mera formalidad, pero a los humanos nos gusta hacer esas cosas.
Izuku lo entendió rápido. Se sonrojo y le dedico una sonrisa al comprender que Todoroki al igual que él
quería estar a su lado por siempre, que quería unir sus vidas y pasar así el resto de ellas hasta la muerte;
pero le entristeció que el rey planeara que fuera otra quien ocupara su lugar, volviendo algo decaído su
animo.
—No se lo permitiré —respondió antes de que terminara—, no dejare que nadie nos separe Izuku,
nunca más. —El bicolor se oía y veía valeroso.
—Pero, ¿qué harás? —consultó, Izuku no podía ver ninguna respuesta al problema que ahora
enfrentaban.
—... ¿Cómo?
—No sera fácil —dijo suspirando abatido—, pero creo que si accedo a ser el rey que él quiere,
dejándolo libre de toda acusación de traición a Yuuei, podre hacer un trato para que seas tú quien
gobierne a mi lado, como mi pareja.
—No —negó desesperado separado sus manos y tomando distancia—. Yo no podría ser feliz a costa de
tu infelicidad.
—Tú eres mi felicidad, ustedes son mi felicidad no necesito nada más que eso —se apresuró a decir
tratando de atrapar su rostro entre sus manos para que le viera. 2
—No —dijo negándose al contacto, estando a punto de llorar—, eso solo te volvería infeliz —Todoroki
no supo que responder, solo lo veía con pesar. Pero el tritón comenzaba comprender todo lo que aquello
podría ocasionar; que el rey convirtiera a su hijo en alguien igual a él y que probablemente siguiera
teniendo contacto con personas como Shigaraki—. Y no solo sera tu infelicidad, tu reino sufriría igual
que con tu padre... ¿Te, te volverías, un traidor?... Tú dijiste que temías convertirte en alguien como él,
¿por qué ahora dices que aceptarías algo así? —alegó desesperado.
—Por ti.
—No quiero —mencionó con la voz temblorosa y el ceño fruncido, poniéndose de pie buscando
alejarse más de Todoroki—. No quiero que nadie tenga que sufrir para que yo sea feliz a tu lado.
—Izuku...
—Busquemos otra solución —propuso desesperado sin dejarlo terminar mientras se limpiaba las
primeras lagrimas—, yo... yo no me acercare al palacio y me mantendré oculto mientras encuentran las
pruebas para quitarlo del trono, así no tendrás que preocuparte por nosotros porque estaremos bien.
El bicolor lo miro con aquella ternura de siempre. El agradecía el optimismo del peliverde, y
compendia que lo que planeaba hacer estaba mal, era traicionarse a si mismo y a su pueblo, todo por
asegurar el bienestar de su hijo e Izuku; solo esperaba que su padre aceptara sus términos. Porque
hablaba en serio cuando dijo que se sacrificaría a si mismo con tal de que Izuku estuviera bien y feliz a
su lado.
Era egoísta, pero a veces el amor era así; el ser egoísta era una de las tantas locuras y errores que se
podían cometer por amor. 1
—¿Pero y si no encontramos las pruebas a tiempo? —dijo Shōto poniéndose a su altura, dejando mudo
al otro—, ¿y si tengo que casarme con alguien antes de que eso ocurra?
Izuku tembló ante aquella posibilidad, respiro con miedo y su mirada se movía desesperada por toda la
habitación; ahora que entendía el termino, tenia miedo de que los obligaran a estar separados por
siempre.
—Tiene que haber otra opción —fue lo único que pudo decir.
—Pero...
—Prométeme que no dejaras que haga lo que quiera contigo, encontraremos otra solución y no tendrás
que ceder a sus deseos —interrumpió acercándose a él para tomarlo de las manos, rogando con la
mirada por lo único que quería escuchar, sus ojos derramaban lagrimas y su mente ya no sabia que
pensar. 4
—Izuku...
Ante aquello Todoroki lo abrazo, y temeroso de que tantas emociones le hiciera daño al bebé, no le
quedo de otra más que aceptar a lo que pedía para calmarlo.
—Lo prometo —dijo sintiendo al otro temblar entre sus brazos—. Prometo que encontrare una
solución a esto y nadie nos separara.
Todoroki no le mintió cuando le prometió encontrar una solución para que nadie los separara, pero
jamás juro que no llevaría a cabo su plan, mismo al que Midoriya se negaba. Ya había tomado una
decisión, y no le importaba que tanto pudiera sufrir él en el futuro con tal de que Izuku y su hijo
estuvieran a salvo.
Se mantuvieron juntos; en silencio Izuku dejaba que Shōto lo calmara con suaves caricias y besos,
mientras el alma del bicolor pedía perdón por aquella promesa que el tritón creía era de otra forma. 6
Continuará...
-ɷ ʚ♥ɞ ɷ-
*Escriba es la persona que se encargaba de redactar a mano todos los documentos por mandato del rey
u otra autoridad.
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Izuku ya se encontraba en el carruaje junto a Ochako y Tsuyu. Estaban listos a volver a Eiyuu; se
habían despedido de Inasa y Camie —poco después descubrieron que la joven había vuelto para
alistarse antes del baile de la familia real, al que había sido invitada junto a su primo—. Lo único que
ponía triste al peliverde, era que Mirio, Tamaki, Eri y Nejire, se quedaban en Shiketsu, y que por un
tiempo, no se verían mas. 15
Como el elfo estaba próximo al alumbramiento, decidieron que lo mejor seria esperar a que el nuevo
miembro de los Togata naciera estando en un lugar tranquilo; ya después harían el largo viaje hasta su
hogar en el bosque Lemineater. De todos modos, en ese tiempo, Mirio podía continuar con los
interrogatorios apoyando a Inasa; quien prometía mantenerlos informados de cualquier nuevo avance o
suceso por medio de cartas.
—Buena suerte —dijo Mirio a Todoroki, mientras cargaba a Eri que se aferraba a su cuello; a su lado se
encontraban Tamaki y Nejire.
Todoroki simplemente asintió y paso a ver a Inasa, dejando de lado a Camie y los demás.
—Bueno, al parecer resulto ser una persona completamente diferente a lo que yo creía, su alteza —
mencionó con respeto Yoarashi, acercándose al mitad albino que mantenía un semblante serio—.
Lamento haberle juzgado de ese modo; creyéndolo igual a su padre.
De pronto, Inasa reverencio al príncipe de Yuuei, de esa forma tan típica suya en la que pegaba la
cabeza al piso; se estaba disculpando con el menor de los Todoroki, quien incómodo esperaba a que
terminara, pues al parecer nunca se acostumbraría a tan energético actuar. Camie se sorprendió un poco
por aquello, entretanto algunos veían con risas nerviosas. 7
El noble de ojos afilados, se sentía más tranquilo conociendo mejor al que seria su futuro rey. Inasa
confiaba que seria un rey justo.
Pero aquellas palabras no hicieron sentir bien al mitad albino, que aunque acepto su disculpa, no podía
evitar tener remordimientos por lo que aún no hacia pero que ya estaba decidido a llevar a cabo.
—Ah... Esta bien, no tienes que hacer una reverencia —hablaba tratando de que dejara esa actitud.
—Espero que tengas suerte con el rey —expresó Inasa mientras se enderezaba, sorprendiendo al mitad
albino quien por un segundo creyó que conocía de su plan, pero se calmo cuando sonriente, Inasa
continuo—, tal vez encuentren ustedes primero alguna solución a todo esto.
—Si —fue su respuesta; con voz cansada y un tanto afligida, que el otro no noto.
—Nos veremos dentro de unos días, mi príncipe —interrumpió Camie llegando al lado del bicolor,
dedicándole una tenue sonrisa. 4
Todoroki respondió con un asentimiento, sin mayor expresión en su rostro; mientras, Izuku observa
todo desde su lugar en el carruaje. 2
—¡Oye bastardo, date prisa! —Bakugo, que ya estaba montado en uno de los caballos le estaba
apurando a gritos.
Todos ya estaban listos y solo esperaban al mitad albino; por eso el rubio estaba tan molesto, pues una
vez aprendió a montar —y contrario a Izuku— a él no le gustaba para nada andar sobre aquellos
animales, era incomodo y cansado. Aunque tenia la opción de ir en el carruaje, se negaba a compartir
espacio con el peliverde, y si la distancia no fuera tanta, hubiese preferido caminar.
—Por favor, Bakugo, te he pedido que le tengas más respeto al príncipe Todoroki —regaño Iida
moviendo sus manos frenéticamente hacia el rubio, quien chasqueo la lengua y volteo para gritarle
ahora a él, mientras Kirishima trataba de calmarlo y Mina junto a Jiro y Tetsutetsu se alejaban un poco
de la escena. 4
A parecer Iida no se cansaría de intentar disciplinarlo y el rubio jamás dejaría sus insultos para con los
demás.
—Creo que es hora de que me vaya —hablo Todoroki viendo el alboroto de lejos.
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Una vez todos listos, comenzaron a avanzar para dejar las tierras de Shiketsu.
Izuku se apresuro a asomar la cabeza para despedirse una última vez de sus amigos que se quedaban.
—¡Adiós señor Izuku! —los risueños gritos de Eri sacaron sonrisas tanto en el peliverde como en los
demás; no solo por llamarlo "Señor", sino también por la alegría que la pequeña reflejaba.
Tamaki y Nejire también se despedían. Y Mirio veía contento a la pequeña entre sus brazos que seguía
gritando por un adiós.
Kirishima estaba enternecido; no convivió mucho con la niña, pero aquella pequeña se había robado su
corazón, al igual que el de todos. Volteo a su derecha para encontrarse con Katsuki que se mantenía
inmutable ante lo que acontecía a sus espaldas, desesperado por finalmente llegar a Eiyuu y bajarse de
ese caballo.
—Oye Blasty —dijo de pronto Kirishima; el nombrado solo volteo a verlo con su típica cara de
molestia—, los niños son muy agradables, ¿no es así? —preguntó casual. 9
Bakugo de inmediato frunció el ceño ante un Kirishima que se mantenía sonriente y relajado. El rubio
sabia que ese era otro intento más de convencerlo para tener uno. Hace tiempo habían hablado de eso;
Katsuki no creía que fuera el momento de tener hijos, y según él, ya habían llegado a un acuerdo con
ese tema. Pese a haber tenido relaciones sexuales, el rubio tritón no dejaba que terminara dentro de él,
evitando quedarse embarazado; Kirishima respetaba su decisión, pero no podía evitar querer conocer de
esa alegría que podía ver en Todoroki y Mirio al saberse padres. 16
—¿Qué tienen de agradables? —inquirió de pronto Bakugo mientras seguían avanzando por el camino.
El golpeteo de los caballos al andar resonaban.
—Bueno... —El pelirrojo trataba de pensar en algo ingenioso, algo a lo que Katsuki no pudiera
resistirse—. Si tú y yo tuviéramos uno, seguro seria alguien fuerte, inteligente, varonil y muy guapo —
dijo y sonrió galante. El rubio miro extrañado al otro, como si sus palabras no tuvieran sentido alguno y
tratara de encontrarles algo de lógica, enarco una ceja con duda. Entonces Kirishima creyó que había
fracasado... otra vez. Pero en esta ocasión, desesperado y sin pensarlo mucho, agregó—: Y... y... Y
seguramente seria el niño más genial de todos... ¡Incluso que el de Midoriya! 16
Sudaba de los nervios y quería golpearse la cabeza contra la pared —si hubiera una cerca—, ¿qué era
lo que acababa de decir? Eso ni era lo que le había preguntado en un inicio; realmente no quería decir
eso del bebe de Todoroki y el peliverde, ¡pero estaba desesperado y ya no sabia a que recurrir!
Deseo haberse quedado callado cuando Bakugo no le respondió, ahora el rubio se veía más confundido
que antes, y quien sabe si hasta molesto. Kirishima exhalo derrotado al no obtener contestación; al
parecer tendría que olvidarse de ser padre por un tiempo más. Pero...
—Hablaremos de eso después —mascullo Katsuki mientras apuraba la cabalgata; dejando atrás a Eijiro
porque el necesitaba tiempo a solas para pensar. 4
Por primera vez, aunque fue apenas audible, el pelirrojo escucho algo diferente a un rotundo no, y eso
lo ponía esperanzador.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Hace unas horas, Shigaraki y Dabi había llegado hasta su morada tras encontrarse sin un lugar a donde
ocultarse. Esto después de que la mayoría de sus escondites en el reino de Yuuei fueran encontrados,
destruidos y despojados de todos sus botines. En ese momento, Shigaraki creyó en lo que Dabi les
había planteado, y reconoció que el rey, verdaderamente le había traicionado; se estaba deshaciendo de
ellos, quitándoles todo lo que tenían para luego apresarlos y encerrarlos de por vida.
La ira cegó la razón del peliceleste, que sin Kurogiri a su lado para hacerlo pensar antes de actuar, juro
que arrebataría la vida de Enji Todoroki como venganza. Era por eso mismo que no habían dejado
Yuuei todavía, porque tenían una deuda que cobrarle al rey. Y Dabi le ayudaría con eso. 20
El joven que convocaba llamas azules se encargo de buscar un refugio temporal y aunque se tardo en
encontrarlo, lo había hecho a tiempo.
Los reclamos de Shigaraki no fueron tomados en serio por Chisaki; quien luego de aceptar su "error"
por no matar al príncipe de Yuuei, dejo que sus viejos aliados se quedaran en su morada —aunque no
les había prometido ofrecer más ayuda que esa—, escucho atento todo lo que le contaban: de como el
rey ahora era su enemigo y aunque él estaba al tanto de las recompensas sobre sus cabezas, nunca
imagino que el príncipe ya les estuviera pisando los talones. Al parecer esta vez si estaban en serios
problemas.
Y después de tan funesto encuentro, el de ojos dorados volvía a su despacho; con pesado andar entro y
azoto la puerta, para después sentarse en la silla del otro lado del pulcro escritorio, soltando un largo
suspiro de cansancio. No llevaban ni un día y ya estaba fastidiado de sus nuevos huéspedes.
Tratar con el peliceleste era de lo peor, más ahora que actuaba irracional y casi sin control. Al menos
con Dabi no era lo mismo, él se comportaba mejor.
De pronto, como si lo hubiera invocado con el pensamiento, su puerta se abrió, para dejar ver a uno de
sus nuevos problemas.
—Pensé haberte dicho que yo me quedaría fuera de todo esto —reprochó de inmediato desde su lugar
mientras veía como se cerraba la puerta—, ya te ayude en Musutafu, no creí que volverías a pedir mi
ayuda.
—Si bueno, mis planes van de maravilla, como puedes ver —decía despreocupado mientras hurgaba en
los estantes de la pared, bajo la atenta mirada dorada—; y ahora, tú estas en ellos. —Lo señalo.
Chisaki se mantuvo inmutable, viendo en aparente calma como uno de sus libros era ojeado.
—¿Es que no puedes hacer nada sin mi? —indago con tono burlón, poniéndose cómodo se recargo en
el respaldo de la silla, mientras quitaba sus blancos guantes con cuidado—. ¿Acaso el príncipe
Todoroki no hizo lo que esperabas?
—Si, si. Pero esta tardando demasiado y yo ya espere un largo tiempo —respondió fastidiado, dejando
en su lugar el grueso libro y caminando hasta estar frente a Chisaki, recargo ambas manos en la madera
y dijo—: ¿Vas a ayudarme o no? 8
El de ojos dorados se lo pensó un poco. Estaba ayudando a ese joven desfigurado de forma gratis.
Bueno si, le debía una cuando le salvo la vida con eso poderes suyos, pero aquella deuda fue saldada
con el favor de contarle al príncipe de los sucios negocios de su padre; ya no tenia porque seguir
ayudándolo. Pero, debía admitir que todo esa situación era demasiado interesante de ver y ahora podría
hacerlo en primera fila. 3
—Si. Mucha.
—No.
—¿No? ¿Y como piensan hacerlo? —preguntó nuevamente; pues lo que le contaba sonaba
descabellado: que ellos dos se enfrentaran al rey de Yuuei en su propio castillo rodeado de guardias, eso
sonaba algo imposible.
—No tiene mucha ciencia —respondió acomodándose mejor en la madera del escritorio, encendiendo
una vela que estaba a su lado con uno de sus dedos—; entramos, causamos un alboroto, Shigaraki tiene
su venganza con el rey y después yo tomo lo mio —explicó a la brevedad encogiéndose de hombros;
Chisaki se mantenía viendo la llama azul, asimilando el simple y burdo plan. 12
Sonaba descabellado, ¿en realidad funcionaria aquello? La verdad, es que ya ansiaba verlo; si
resultaban victoriosos o muertos le daba igual, él solo tenia ganas de un buen espectáculo, y sabia que
esos dos podían proporcionárselo.
—Bien, les daré toda la que quieran —sus palabras alegraron al pelinegro quien sonrió con satisfacción
—. Ya puedes ir a decirle que tienen mi apoyo.
—Oye... —le llamo antes de salir, pues la curiosidad le picaba, había cosas que no encajaban en lo que
le contaron y en las que no dejaba de pensar, mismas que Shigaraki no se detenía a reflexionar. El otro
detuvo su mano de girar la perilla y le miro a la espera de que continuara—. ¿Cómo es que el rey los
traiciono? ¿Por qué ahora?
La mueca de burla apareció en sus labios y el sonido de la puerta sonó cuando fue abierta.
Luego de aquello salio del salón, dejando al otro viendo la puerta, pensando en lo que le dijo.
—Ese bastardo.... —susurró para si, riendo ante la astucia del joven de ojos turquesa; apago la vela de
su escritorio en un soplido—. Traiciono a los suyos e incrimino al rey, todo para su conveniencia. 2
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Se encontraron con Kaminari y Toru a su llegada en Eiyuu, con el sol a punto de caer en el horizonte.
Por el camino, hubo un momento en el que Izuku sintió algunos dolores en el vientre, probablemente
por lo cansado del viaje. Todoroki se había asustado, pero afortunadamente nada malo paso; el bulto en
su vientre se mantenía ahí y aquello solo fue un susto.
Es por eso que, aunque ya se encontraban en Eiyuu, el príncipe esperaría hasta el otro día para
presentarse frente al rey. Todoroki quería estar bien seguro de que Midoriya estuviera bien, en un sitio
cómodo y seguro; su salud y la de su hijo eran su prioridad. Al mismo tiempo que quería mantenerlos
lejos de su padre.
Por suerte, Tetsutetsu conocía de un lugar al sur del acantilado donde se levantaba el castillo. Por esas
costas, había una cabaña abandonada que nadie reclamaba, a la que él solía visitar como escondite
cuando era mas joven, estaba cerca del mar y el tritón podría ir a el sin mucho esfuerzo.
Ese mismo lugar, era en el que ahora se encontraban. Todoroki terminaba de darle los últimos toques
junto al peliplateado, Mina, Iida y Kirishima; quienes apurados se movían de un lado a otro tratando de
dejar la pequeña cabaña lo más cómoda posible para sus futuros huéspedes.
Mientras, Izuku esperaba en la playa, junto a Ochako y Tsuyu que le hacían compañía. Ellas habían
acordado quedarse a su lado un tiempo más antes de volver a Shizuoka; el bicolor les agradecía eso,
pues él no podría estar tanto tiempo con el peliverde ahora que volvería junto al rey, y saber que Izuku
estaría acompañado lo hacia sentir más tranquilo. De todos modos el volvería diario a esa cabaña para
asegurar la salud de Midoriya.
—El agua se ve bastante bien —dijo Asui, recibiendo un asentimiento de Ochako que jugaba con sus
dedos en la arena.
Tsuyu, al igual que Ochako y Midoriya, querían volver a sentir el agua en su piel, esas calmadas aguas
que ahora se teñía de dorado por el reflejo de la tarde. Ellas estaban a su lado, porque no querían dejar
solo al pobre peliverde que se moría por sumergirse entre las olas mientras ellas si iban a disfrutar. En
cambio, Bakugo hace rato que decidió entrar y alejarse a las profundidades; el rubio también extrañaba
sentirse libre en el lugar donde nació y creció, y contrario a ellas, no sentía ningún remordimiento por
dejar al peliverde atrás. 4
Izuku tenia que aguardar a que su hogar temporal estuviera listo por esa noche; Todoroki le pidió que
esperara solo un poco antes de hacer más movimientos bruscos, temía que algo malo fuera a pasar y
esta vez de verdad. El príncipe tenia planeado pasar la noche en vela cuidando de él si era necesario.
—No tienen que esperarme, pueden ir si quieren —habló Midoriya, quien se limitaba a contemplar el
mar, enterrando sus descalzos pies en la arena.
—Esta bien, Deku, mañana iremos todos juntos —respondió Ochako, ahora concentrada en apilar unas
piedrecillas para entretenerse—. Además, queremos ayudarte con aquello que nos contaste —mencionó
refiriéndose a los planes del peliverde.
Cuando Izuku se entero de que Todoroki quería pasar el resto de su vida a su lado, se le ocurrió buscar
aquel regalo que entre los suyos representaba amor eterno: una perla negra, tan extraña e imposible de
encontrar, o eso se decía. 6
Pero él estaba decidido a encontrarla para el cumpleaños del príncipe, que en unos días más se
celebraría. Esa era la forma en que le diría a Todoroki que pasaría su vida entera a su lado. Tal vez no
era mucho como la dichosa ceremonia del "matrimonio" de la que hablo Todoroki; pero para él aquel
presente significaba mucho.
—Gracias por ayudarme, de verdad. —Izuku era feliz de contar con su apoyo.
El tritón simplemente sonrió, sin percatarse del mitad albino que se acercaba a ellos. Ochako le vio
antes haciéndole una seña a Izuku para que volteara; y cuando lo hizo, se puso de pie al reconocerlo.
—Ya esta todo listo, pueden entrar si quieren —dijo todavía caminando hasta ellos.
La joven pareja quedo sola en la playa, bajo la puesta de sol y el sonido de las olas a sus espaldas. La
suave brisa era fresca, el olor a sal era embriagador. 4
Todoroki veía como Izuku un tanto precipitado se movía de aquí para allá pero sin realmente cambiar
de lugar.
—¿También quieres ir a ver? —preguntó curioso de saber por que tanta ansiedad.
—¿Esta todo bien, Izuku? —consultó preocupado, tomándolo de los hombros para que se quedara
quieto, colocando su mano en su pequeño vientre y revisando minuciosamente sus expresiones; noto el
brillo en sus ojos, ese que le hacia saber al mundo que estaba saludable y lleno de vida.
Su mirada se clavo el las olas que calmadas arrastraban algunas caracolas hasta la orilla.
Todoroki se calmo, por un segundo creyó que algo andaba mal con su hijo. Se limito a contemplar su
perfil, y acomodo algunos cabellos que eran desacomodados por la viento. 2
—Me gustaría que esperaras un poco más o a que yo pueda estar para acompañarte, pero creo que eso
seria demasiado —mencionó sabiendo que no podía pedirle que se mantuviera más tiempo alejado del
mar—. Si gustas, puedo quedarme todo el tiempo que quieras a tu lado, mañana podremos ir juntos y
así te cuidare.
—Pero tienes que ir al castillo, entiendo tus responsabilidades y no puedo retenerte de este modo —
dijo mientras el príncipe acaricio su mejilla y apegaba sus cuerpos, volviendo más íntimo el momento.
—Sho... —musitó a centímetros de su rostro, mientras Todoroki buscaba sus labios e Izuku apartaba el
rostro apenado.
—No dejaras que desatienda los asuntos de un rey, ¿verdad? —mencionó tras rendirse al intentar
besarlo.
—Yo se que seras un rey bueno y jamás abandonarías a tu pueblo, ni a nosotros —afirmó.
Las pupilas del príncipe se deleitaron con la bella sonrisa del tritón; deslumbrante sol que cegaba a
cualquiera, opacando el crepúsculo que se asomaba en el horizonte.
Nuevamente, esas palabras de confianza le causaban remordimiento. Todos confiaban en él, excepto él
mismo. 7
La idea de derrocar a su padre de forma pacifica, parecía no tener mucha esperanza ahora; y al menos
por un tiempo, le auguraba un futuro sin Izuku a su lado, sin su hijo. Él no quería eso y era por tal
motivo que planeaba ser una marioneta de su padre, una sombra de su abominable ser. Porque, ¿cómo,
en esas condiciones podría ser un buen rey para todos y al mismo tiempo mantener a salvo a su
familia? Todoroki no podía ver una respuesta a lo que Izuku le decía con aquella seguridad, con esa
bella aura angelical.
Izuku le beso entonces; un dulce beso que alegro su alma, dejándolo descansar por unos segundos de
todo eso que lo agobiaba.
—Si, estoy seguro —canturreo risueño—, tranquilo, estaremos bien. —Acarició aquella pancita que era
cada vez más notoria.
—Solo ten cuidado. ¿De acuerdo? —Tomó su mejilla y robo un pequeño beso.
—Lo tendré; para mi el mar es el lugar más seguro de todos —respondió para calmar su preocupación
—. No te preocupes. Además, Ochako y Tsuyu me acompañaran.
—Bien. Por ahora vamos a dentro, quiero mostrarte el lugar —dijo finalmente tomándolo de la mano.
Izuku se vio arrastrado por Shōto; echó una última mirada al mar y se adentro en su nuevo hogar
temporal. No quería que el día de mañana llegara, no quería separarse de Todoroki, pero al menos por
un rato tendría que ser así; mientras, se limitaría a disfrutar cada segundo a su lado, procurando hacerlo
sentir amado, al igual que él se sentía a su lado.
Inconscientemente, Izuku podía sentir que Todoroki lo necesitaba más que nunca. Y por esa noche,
Izuku dejo que Todoroki velara su sueño; el príncipe se mantuvo viendo su calmado semblante
acompañado de la tranquila respiración y suspiros que entre sueños escapaban de su alma.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
La noche fue buena, Izuku pudo descansar y Todoroki se calmo al saber que estaría bien por el resto del
día.
Para esa mañana, Shōto y los demás se habían marchado, dejándolo solo a él junto a sus dos amigas —
Bakugo volvió junto a Kirishima—, y ahora ellos tres se disponían a sumergirse entre las olas.
El primero fue Izuku, que sin importarle lo fría que estaban las aguas por el invierno, se adentro más y
más en las profundidades.
El agua envolvía todo su cuerpo, sentía como sus cabellos flotaban y su verde aleta se movía libre entre
el mar; era tan relajante, se sentía tan liviano. El azul celeste estaba por todos lados, el cristalino liquido
dejaba que algunos rayos de sol iluminaran todo, sacando destellos en la superficie. No era muy
profunda, por lo que veía la arena en el fondo, junto a algunos crustáceos y estrellas de mar esparcidas
por el lugar; se acerco hasta una de ellas solo para verla más de cerca. Algunas burbujas escaparon de
su boca. 3
Siguió su exploración ya sin esperar a sus amigas; no sabia que tan lejos estaban o si lo habían seguido,
pero seguro pronto lo encontrarían.
Disfrutaba nadar; en algún momento se coloco boca arriba a la superficie, aún debajo del agua,
logrando notar ese pequeño bulto que sin toda la ropa era más fácil de apreciar. Sonrió feliz de saber
que en un par de meses más conocería a su hijo o hija.
En un movimiento vio a lo lejos un grupo de tortugas marinas; y sin esperar nado hasta estar a su lado.
Poco a poco se alejo junto a sus nuevos compañeros de nado, tocando sus caparazones y moviéndose
entre ellos; le gustaba nadar así con peces y delfines, como cuando era más joven.
Entonces llego a un punto en el que sabía no debía de continuar, o terminaría completamente alejado de
tierra firme. Probablemente estaban emigrando a aguas más templadas, y aunque a él le hubiera
gustado hacer igual, no pensaba abandonar jamás esas costas en las que sabia se encontraba Todoroki.
Tenia que aprender a vivir entre la tierra y el mar.
Se quedo entonces flotando en medio de todo ese azul, su aleta moviéndose y su brazos también,
mientras veía alejarse a aquellas tortugas. Sintió de pronto escalofríos que le recorrieron toda la espalda
hasta la nuca, lo fresco de esas aguas no le gustaba mucho, no eran tan agradables como las de
Shizuoka. Nado a la superficie para bañarse con algo de sol y así quitar aquel frío.
Cuando descubrio sus ojos y frente de los cabellos humedos que se pegaban a ella, pudo notar que
estaba frente al acantilado donde se levantaba el castillo de los Todoroki. Se encontraba un tanto
alejado, pero aún podía notar la roja bandera ondeante; un vago recuerdo de su infancia llego hasta él,
donde aquel castillo de banderas rojas y extraños símbolos era apreciado desde el mar cuando ellos
pasaban una temporada en aquellas aguas.
Su sorpresa fue evidente; sin saberlo, en su infancia había estado muy cerca de Todoroki sin siquiera
notarlo.
—¡Izuku! —le llamo Ochako que apareció a su lado; venia con Tsuyu, ambas lo estuvieron buscando
algo desesperadas—. ¡Nos asustamos al no verte por ningún lado! —gritó con evidente preocupación.
Como el peliverde se adelanto a ellas, no lograron ver que rumbo tomo. Afortunadamente ya lo habían
encontrado y podían relajarse al saber que estaba bien.
—Lo lamento —se disculpó con risas nerviosas—, no pude resistir el nadar por el amplio mar.
—Lo entendemos, pero la próxima espera para que te acompañemos —dijo Tsuyu ya más calmada; sus
largos cabellos flotaban en el agua.
—Bueno, al menos ya te encontramos —habló sonriente Ochako para romper el ambiente de regaño
que comenzaba a sentir Izuku—. ¿Ya encontraste la perla? —preguntó de pronto.
¡Cierto! Estaba tan emocionado de volver al mar que se olvido de su regalo.
—Todavía tenemos tiempo, si no logramos encontrarlo hoy, habrá más días —le tranquilizo Tsuyu.
—¡Juguemos a ver quien la encuentra primero! —gritó Ochako para sumergirse y comenzar así su
diversión.
Izuku se quedo riendo en su lugar, feliz de verlas divertirse. Miro una última vez al castillo, donde
sabia debía estar Todoroki, buscando una forma de permanecer juntos, enfrentando al futuro que le
tenia preparado su padre.
—Buena suerte, mi amor... —susurró a la nada, dejando que la brisa del mar arrastrara sus palabras
hasta aquel castillo.
Sin saberlo, Todoroki necesitaría de su aliento para lo que estaba por enfrentar.
Continuará...
-ɷ ʚ♥ɞ ɷ-
**lo de la perla negra y que significa "amor eterno" es de una leyenda Polinesia.
N/A;
Hola?? ... Hey! Volví...
Espero les gustara el capitulo ^^ y perdón si encuentran errores xd
Y reapareció Chisaki 👀 ... por cierto, en este cap una escena se conecta y responde a otra del cap 13
melifluo. Y si, hay muchos spoilers entre esas escenas jajaj (por si al igual que yo tiene mala memoria
ps' se los recuerdo aquí para que no se sientan tan perdidos xD)
Y bueno, ahora las publicaciones serán los sábados o domingos pero puede que no sea constante (mi
trabajo me está quitando más tiempo que nada ahora que renunció mi compañera xd con horas extra no
me da tiempo a tener listos capítulos cada semana) y si les llegan notificaciones antes, es porque ando
corrigiendo los primeros capítulos xp 2
Muchas gracias a todos por leer, de verdad espero estén disfrutando la historia (○'3`)ノ⌒♡*:・。.💖
💘💕💗💕💖💕
🌸🌼💗 💕 🌼🌻💖 🌸💕 2
-Yummikyo🌸
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Todoroki no podía creer lo que le contaba su padre, quien quitado de la pena y con toda la tranquilidad
del mundo se mantenía comiendo aquel jabalí asado, mientras él trataba de procesar lo dicho. 2
Enji ya había decidido cuando Shōto asumiría el papel de rey, y organizo un baile para anunciar su
compromiso a todos los nobles de su reino. Se había cansado de, según él, la actitud infantil de su hijo,
y pensaba presionarlo para que fuera eso que él siempre aspiro para él.
—Ya te dije que yo mismo buscaría una pareja, no necesito que tú te entrometas —refutó levantando la
voz.
—Y elegirías una -interrumpió sus alegatos—, una de las doncellas que asistirán al baile, puedes
escoger a quien quieras, yo no me opondré. 5
El ruido de los cubierto fue lo único que se escuchaba; el príncipe se quedo callado meditando sus
palabras. Podría escoger a quien quisiera, eso había dicho, siempre y cuando asistiera a ese dichoso
baile. Si era así, no tendría que exponer a Izuku, no tendría que traicionar a su pueblo. Eso quiso creer.
—¿Quién yo quiera? 2
—Es lo que te estoy diciendo, ¿no? —respondió con molestia, sin siquiera notar la expresión aliviada y
suspicaz de su hijo.
El rey bufó fastidiado y dejo de comer para mirar a Shōto. ¿Cómo quería que le explicara que podría
escoger a quien quisiera de esas doncellas que él mismo había seleccionado para su hijo?
—Tienes mi palabra, de que aceptare a quien quieras desposar durante ese baile.
El príncipe sonrió como nunca su padre lo había visto antes, y sin decir más se dispuso a salir del
comedor.
—Espera —le detuvo la rasposa voz—, quiero que conozcas a alguien antes.
Se limpio con una servilleta de tela para dejar su almuerzo y levantarse frente a la extrañada mirada del
príncipe, que le vio llegar hasta su lado y abrir la puerta, haciendo un movimiento con la cabeza para
que lo siguiera, pero sin darle mayor explicación.
Todoroki frunció el ceño ante aquella evasión de respuesta y sin comprender mucho, siguió la orden.
Anduvo tras su espalda, rebuscando en su pensar que era eso que le quería mostrar su padre y que
aguardaba en el jardín.
Cruzaron los solitarios pasillos hasta el exterior; en el patio el sol apenas calentaba el frió ambiente, las
olas se oían a lo lejos, acompañadas de los chillidos de las gaviotas.
La rama estaba seca, pero los arbustos se mantenían impecables con sus cortes y formas, sin ninguna
flor como era de costumbre.
Enji se detuvo de súbito y él del mismo modo. Dirigió la dispar mirada a donde su padre veía, y noto a
unos metros a una mujer que no reconoció porque estaba de espaldas. Sentada en el suelo tras algunos
arbustos tarareaba una bella canción.
Se movieron nuevamente hasta estar más cerca de ella, y aunque el mitad albino se hacia una idea de lo
que representaba aquello, no quería creer totalmente que se trataba de eso.
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le empapaba hasta los huesos. No obstante, no podía imaginar que de...
—Perdone la interrupción —dijo Enji a unos pasos de la joven, quien se sorprendió y apresurada dejo
la melodía inconclusa para colorase de pie ante sus nuevos acompañantes, sacudiendo y acomodando
sus blancas prendas.
—No tiene de que disculparse, su alteza —respondió educada haciendo una reverencia.
Ella era bonita, de cabellos largos y verdes, que asemejaban vides cubiertas de espinas; aquella chica
desprendía un aura tranquila. 13
—Shōto, ella es Shiosaki Ibara, princesa de Kanagawa —le presento, a lo que la mujer saludo elegante
al joven príncipe—; princesa, este es mi hijo, Todoroki Shōto.
—Es un honor conocerlo al fin —pronunció con fina voz la joven, agachando la cabeza con respeto.
El de cabellos bicolores no dijo nada, mas paso su mirada molesta de la joven a su padre; ahora
confirmaba sus sospechas y no estaba nada feliz con ello, y pensar que hace unos minutos le había
dicho que no se metería en su elección de pareja.
—Bueno, los dejo para que se conozcan mejor —dijo relajado, palmeo el hombro del bicolor y antes de
irse le susurró—: Es una chica educada y vino desde muy lejos para conocerte antes, trátala bien. 2
El príncipe no tenia expresión alguna y no se había movido de su lugar; de reojo vio la sonrisa de
satisfacción de su padre, que se retiraba a quien sabe donde.
No pudo evitar sentirse molesto, pero sabia que aquella joven no tenia culpa de nada. Solo estaba
siendo un peón más en ese mundo de falsedad y poder.
Cuando ya no vio a su padre suspiro profundo y miro a Shiosaki, quien se mantenía en perfecta calma,
conservando el porte elegante que solo alguien perteneciente a la realeza posee; como le habían
enseñado a ser desdé muy niña, igual que a él.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Izuku estaba feliz en aquella cabaña en compañía de sus amigas; el sonido del mar podía apreciarse con
claridad. Para ese momento, ya habían encontrado la extraña perla y solo faltaba esperar a que el
cumpleaños de Todoroki llegara para entregársela. 6
Ahora se mantenía dentro de su hogar temporal, descansado en el suelo con una pequeña cobija para
apaciguar el frió que le dejaba estar nadando tanto tiempo en el mar; sostenía un liviano retazo de tela
donde el pequeño objeto negro brillaba. Sonreía imaginando que a Todoroki le gustaría su regalo;
pasaba su mano por su abdomen creciente y suspiraba enamorado de vez en cuando.
Ella, junto a Tsuyu, estaban afuera cuando vieron a lo lejos la típica cabellera acercándose y de
inmediato la castaña corrió a avisarle al tritón.
—Gracias —dijo mientras guardaba receloso la perla, pues quería que fuera una sorpresa.
Ochako salio e Izuku se mantuvo quieto a la espera de que Todoroki cruzara por la puerta. Aunque lo
había visto esa misma mañana, el peliverde estaba ansioso por verle de nuevo. Ahora con su embarazo,
estaba más demandante de atención y afecto por parte de Todoroki, quien no se negaba a mimarlo en
ningún momento.
Fue poca la espera, cuando de un momento a otro la familiar presencia apareció frente a sus ojos;
Todoroki no espero para correr a sus brazos, abrazarlo y besarlo tanto a él como a su vientre. 3
—De verdad que los extrañe —ronroneo caprichoso, dejando que Izuku acariciara su tibia mejilla.
—También te hachamos de menos —mencionó envolviéndolo entre sus brazos; buscando transmitir su
amor, se quedaron así unos segundos.
—Sabes que aún es pequeño para que pueda sentirlo moverse —dijo sintiendo las caricias en esa zona
—, pero si, nos hemos sentido bien. Quédate tranquilo.
—Si, para los últimos meses sólo prevalecen el apetito y las ganas de sentirme protegido —explicó.
Todoroki suspiro y se acomodó a su lado. Podía sentirse más relajado una vez comprobado su
condición.
—Lo sé —susurró cerca de su oído. Izuku sabía que Todoroki los amaba y los cuidaría bien, no dudaba
de ello, sabía que sería un buen padre, un buen compañero de vida.
Unas cuantas caricias y besos silenciosos siguieron antes de que el peliverde interrumpiera la paz que
Todoroki estaba viviendo junto a ellos. Pero es que Midoriya de verdad quería saber que había ocurrido
en el castillo.
El de cabellos bicolores se encontraba recostado a la altura de su vientre, pasando su brazo por debajo
de este para acercarlo más a su cuerpo, mientras el peliverde se mantenía sentado acariciando y
jugueteando con sus cabellos.
—Si... —respondió soñoliento, para luego levantarse con evidente preocupación dirigida a su vientre
—. ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal?
—¿Qué paso... con tu padre? —cuestionó con algo de duda, pero sin arrepentimiento. Izuku quería
saber para poder ayudar también.
Todoroki sabia que esa pregunta llegaría tarde o temprano; resignado se acomodo mejor a su lado,
preparando con cuidado sus palabras. Para ese momento el príncipe ya sabia exactamente que decirle.
Midoriya esperaba expectante a una respuesta, rogando que no fuera nada tan malo.
—El viejo dijo... —pauso unos segundos para replantearse lo que diría; Izuku se acerco más a él,
animándole con la mirada a continuar hablando—. Bueno, el planea anunciar mi próxima ascensión a
rey en el baile de mi cumpleaños, y... -otra pausa que dejó intrigado al otro.
—Izuku... —Tomó sus manos y con semblante serio dijo—: Si asistes a ese baile, podre elegirte como
mi compañero de vida. 7
—... ¿Eh? —Fue lo único que pudo decir, aquello lo tomo por sorpresa.
—Dijo que podría elegir a quien quiera para desposar, con la condición de que sea alguno de los
asistentes al baile —continuó el príncipe—, y si tú estas en el, podre elegirte a ti. —Todoroki se oía
entusiasmado, como si todas las respuestas a sus problemas se fueran esfumado con lo que le contaba.
Todoroki estaba convencido que si Izuku se presentaba esa noche de su cumpleaños, él podría
escogerlo como su esposo, y que, gracias a la propuesta de su padre, este no se negaría a su elección,
pues tendría que cumplir su palabra—. Izuku, si te presentas esa noche, podremos estar juntos para
siempre, fue esa la promesa del viejo —termino de decir esperanzado en un futuro juntos.
—¿De verdad? —fue la respuesta del tritón. Que aunque no entendía muy bien, solo necesitaba
escuchar que estarían juntos para siempre para aceptar cualquier propuesta; aunque claro, seguían
existiendo dudas—. Pero, ¿cómo es eso?
—Te daré una invitación —anunció ignorando que Izuku quería más explicaciones, pues temía contarle
de las doncellas que Enji había invitado al castillo con motivo de emparejarlas con él. Rebusco entre
sus ropas, para sacar una pequeña carta con el distintivo sello real y la extendió a Izuku quien la tomo
sin entender mucho, viendo por todos lados aquel simplón papel—, es un pase para que te dejen entrar
—dijo ante su desconcierto e Izuku lo miró—. Tienes que presentarla a los guardias esa noche, con esto
te dejaran entrar sin problema alguno, después búscame por el salón principal, yo estaré esperándote. 2
—No. Pero no estarás solo —habló sereno para calmar aquel semblante angustioso—, puedes llevar
cinco acompañantes; además, Iida, Kirishima y los demás estarán ahí también, no tienes nada que
temer.
El saberse rodeado de sus compañeros calmo un poco su temor; la briosa mirada de Todoroki también
lo llenaba de ánimo, provocando que sus labios se curvaran, sostuvo con firmeza sus manos.
Se aventuro a besarlo para sellar aquel augurio de buen futuro que añoraban. Izuku no se negó a ello,
dejo que los labios de Todoroki acariciaran los suyos, delineando sus sentimientos con el simple
contacto. Un beso que reconfortaba almas y apaciguaba corazones.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Dos parpadeos y Todoroki estaba cumpliendo veinte años ese día, y pronto, asumiría el puesto de rey.
17
Izuku asistiría esa noche al castillo como Shōto le había dicho; pero, antes que nada, el bicolor había
mandado por Chillo —la curandera de Shiketsu—, para que ella se asegurara de que nada iba mal con
el embarazo del peliverde, y cerciorase así de que era seguro para él asistir al baile. Una vez que Chillo
confirmo que todo iba bien con el pequeño Todoroki que estaba en camino, el príncipe había pedido a
Mei —la costurera en el palacio—, que diseñara un nuevo atuendo para Izuku. Mismo que la pelirosa
confeccionó con genuino entusiasmo y que entregaría esa misma tarde.
Ahora se encontraba en la cabaña de Midoriya, junto a Ochako y Tsuyu. Mei estaba segura que ese
sencillo pero elegante traje en color esmeralda le quedaría magnifico a Midoriya.
O eso fue lo que creyó, hasta que aquella pancita impidió que el traje cerrara como debía ser. Hatsume
no conocía de su nuevo estado, ni las nuevas medidas del joven, por eso es que ahora se encontraban en
un problema.
—¡Vaya! Yo te recordaba más delgado —dijo sorprendida con lo que veía—. No creí que engordaras
tanto en tan poco tiempo.
—¡No estoy gordo! —Se quejó el peliverde que se encontraba a medio vestir sentado en una de las
camas, con mejillas infladas y rosas por el bochorno de las palabras de Mei.
—¡No, solo esta rellenito de amor! —gritó desde fuera de la habitación la voz de Denki, que junto a
Mina y Sero esperaban a que estuviera listo para llevarlo a donde el plació. 8
Tanto Izuku como Ochako y Mei voltearon a ver la puerta cerrada. Mientras Tsuyu se mantenía viendo
todas las telas que había traído consigo la pelirosa costurera.
—¡No es cierto, no le hagan caso! —gritó ahora Mina tratando de que no descubrieran que espiaban la
conversación, aunque ya fuera tarde para eso.
Izuku se cubrió el rostro apenado, mientras afuera se oía como entre tropezones y regaños se alejaban
Sero y Mina, llevando a rastras al rubio que se quejaba por querer seguir escuchando la conversación.
—Bueno... —habló Mei cuando los alegatos cesaron-. Entonces creo que tendré que preparar otro traje
—canturreo feliz tomando más tela y tijeras, acomodando mejor las lamparas en la mesita del lugar
para tener mejor visión—. Aunque con esta poca luz sera más complicado... ¿Me ayudas? —preguntó a
Tsuyu, extendiéndole algo del material; la peliverde simplemente atrapo algunas telas antes de siquiera
poder contestar.
De un momento a otro Mei comenzó a extender las azules, verdes y blancas sedas; sin olvidar antes
medir el cuerpo de un cohibido Izuku, quien no esperaba volver a pasar por todo eso de nuevo.
—Pero... —interrumpió sus trabajos la castaña—. Aunque hagas otro traje más grande, ¿no se notara
igual su panza? —cuestiono Ochako, deteniendo toda acción de Hatsume, quien al fin dejo en paz a
Midoriya.
Parecía ser que la pelirosa estaba procesando sus palabras que ni se movía.
—¡Cierto! —escandalizó al darse cuenta—. Se vera raro que solo sea más grande en el área de su
estomago —mencionó viendo más de cerca el vientre del peliverde, quien incomodo se cubría con los
brazos.
—¿Y si también le haces uno de estos? —dijo de pronto Tsuyu, quien ajena a todo sostenía uno de los
vestidos que habían traído para ellas. 4
—Pero esos son para chicas... —murmuró sin mucho pensar, no entendía porque confeccionaría una
falda para un chico, eso era nuevo.
—Podría funcionar si no lo haces tan ajustado de la cintura —Ochako paso de ella para ver mejor aquel
vestido rosa que se supone ella usaría—. Es amplio y puede esconder bien su vientre si es lo que
queremos, así nadie lo notara. 14
Izuku se mantenía en silencio viendo todo lo que planeaban; él solo quería asistir a dicho baile y
encontrarse con Todoroki para poder estar juntos por siempre, nada más. Realmente no le importaba
mucho lo que fuera a usar.
—Bueno, esto sera algo nuevo —dijo Hatsume tomando el vestido y el traje, paseando su mirada de
uno a otro mientras su mente ya comenzaba a maquinar nuevas ideas para su futura creación—.
¡Seguro esto sera algo magnifico! ¡Mi obra maestra!
Midoriya se asusto un poco con los gritos de la chica, Ochako no estaba muy segura de que haría
Hatsume, pero Tsuyu tenia ánimos de cooperar.
Izuku se resigno, si eso haría que llegara más rápido con Todoroki podría aguantar lo que fuera que Mei
planeara.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Todoroki estaba listo desde hace un par de horas; con su pulcro traje blanco con detalles dorados y la
mitad del cabello peinado, el príncipe arranco suspiros de algunas sirvientas. 3
El momento había llegado, y ni su padre ni sus mil intentos de emparejarlo con Ibara o Kendo —la
afamada hija de un conde de uno de los reinos vecinos—, darían frutos para ese entonces; él tenia en
claro lo que quería desde hace meses y no planeaba cambiar de opinión.
Por ahora se había escabullido hasta el balcón de su habitación, esperando la hora en que tendría que
regodearse de toda esa gente rimbombante de la alta sociedad, y eso le hacia sentirse abatido. Lo único
que le reconfortaba era que entre toda esa banalidad se encontraría su Izuku; como un trago de fresca
agua en un día caluroso, así se sentía estar a su lado.
Suspiro y alzo la vista al cielo nocturno que destellante de luz de luna reflejaba su resplendor en el
amplio mar. La brisa fría no lo molestaba, el sonido de las olas lo relajada.
Rogaba por que al final de la noche pudiera saberse comprometido con el peliverde; ese era su deseo de
cumpleaños.
Izuku era su primer y último amor, si no era él no seria más nadie. Se juro bajo esa noche de enero. 3
Continuará...
—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
N/A;
Llevo rato tratando de actualizar y nada mas wattpad no me deja TAT) pero bueno, aquí esta: tarde,
aburrida y corta pero segura¿ xd no es ni la mitad de lo que planeaba para este capítulo, pero si no, no
lo tendría listo hasta el próximo domingo >A<) y no quiero que esperen (si alguien espera :c) perdonen
los errores o comentenlos y yo lo arreglo >w*)b
Bueno, espero les gustara algo ^^ nos vemos hasta el otro domingo (mañana no, el otro xd) 5
-Yummikyo🌸
XXXIII. En llamas
781 102 154
Autor: Mon_Alice
por Mon_Alice
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Sostenía el dorado antifaz; le miraba como la cosa más importante del mundo, pero en realidad solo era
el objeto donde su vista descansaba mientras su mente agobiada se alejaba en un mar de pensamientos.
18
Estaba a punto de salir y enfrentarse a su futuro. Uno donde en sus ideales se convertía en un rey sabio
y justo, donde era un buen padre y vivía al lado de Izuku.
Aquel futuro estaba a tan solo unos pasos de ser real.
—Shōto... —una suave voz que no había escuchado en mucho tiempo llamaba su nombre.
Volteo de inmediato al reconocerla, encontrándose con una sonrisa que recordaba de su infancia.
—También te extrañe —correspondió el gesto, pues ya no le era tan difícil exteriorizar sus emociones.
Había extrañado tanto a su hermana, todos esos años lejos no cambiaban nada entre ellos, su lazo se
mantendría intacto sin importar que o quienes se interpusieran, porque así era ser hermanos.
—¡Pero mira nada más que grande estas, y tan guapo! —exclamó al separarse; con los ojos vidriosos le
veía de pies a cabeza, no se podría creer que tantos años dejarán a su pequeño hermanito convertido en
un hombre—. Ya no eres como recordaba —mencionó derramando algunas lágrimas, el bicolor no supo
como tomar aquellas palabras—, parece que los años te han hecho bien, y me alegro de eso.
No sabría explicarlo, pero Shōto parecía más lleno de vida que cuando ella le vio por última vez; algo
en él era diferente, como si aquel manto melancólico y sin matices poco a poco se desvaneciera de la
alma del príncipe, pronto, tal vez, volvería la alegría de ese pequeño que sonreía acompañado de su
madre con las cosas más simples de la vida.
—¿Ha venido Tensei también? —preguntó el bicolor por el mayor de los Iida, y esposo de su hermana,
quien ya gobernaba el reino de Idaten, pasando las montañas nevadas del norte.
—No. Un rey no siempre pude dejar su reino, es un trabajo arduo, pero Tensei se esfuerza mucho —
mencionó con una sonrisa.
Aquella pregunta no sorprendió en nada a la joven reina de Idaten; cuando se separó de su hermano,
este le comentó que temía que su vida se volviera similar a la de su madre: con un esposo frío que
parecía no amarla; pero contrario a eso, su esposo le idolatraba y respetaba, tal vez no se casaron por
amor, pero aprendieron a convivir en armonía. Ella se sentó a feliz.
—Si, él es un buen hombre, no te preocupes por mi —dijo mientras acomodaba algunas partes de su
traje, dispuesta a cambiarle de tema dijo—: Esta noche, no solo se celebra tu cumpleaños.
—Si... —fue una respuesta sin mucho animo, como resignación a algo de lo que no podía escapar, de
eso se dio cuenta Fuyumi.
—Te deseo la mejor de las suertes hermano; tal vez sea difícil en momentos, pero tienes que recordar,
que no estarás solo —sus suaves palabras daban algo de esperanza al príncipe—, estás rodeado de
amigos, ¿no? Eso es lo que he escuchado de tus aventuras. Y cuando tengas a tu esposa, sera alguien
más en quien puedas confiar. Shōto, debes elegir alguien con quien sepas puedan ser un equipo, que
juntos, serán invencibles.
Aquellas palabras no hicieron más que recordarle a una única persona, por la cual sonreía, justo como
ahora.
—Lo sé —contestó pensando en Izuku; porque sin duda alguna, así se sentía a su lado: invencible.
Capaz de hacer cualquier cosa; el amor era la fuente más grande del poder y querer que una persona
podría conocer—. Y ya he elegido a alguien —confesó. 1
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—¡¿En serio?! ¿Quién es? Dime, dime, quiero saber —comenzó a presionarlo, pues de verdad moría
por conocer de aquella alma que logró cautivar el interés del siempre serio Todoroki Shōto.
—Te lo presentaré más tarde —dijo sin complacer la curiosidad de su hermana, quien se quejo un rato
más pero sin lograr que su hermano dijera siquiera el nombre de esa persona especial; el príncipe
quería que fuera una sorpresa, que se enamorara de la personalidad de Izuku tan solo con conocerlo.
—Mi hijo —contestó dejando mudo al otro. Era verdad que sabía de la existencia del pequeño Haruno
Iida de 3 años, pero jamás le había visto en persona, tanto que a veces olvidada su existencia, las
anécdotas relatadas en cartas nunca serían lo mismo a la convivencia en persona, eso lo sabía bien
Fuyumi—, es hora de que conozca a su tío, ¡vamos! 4
De inmediato Todoroki fue arrastrado a alguna de las habitaciones; Izuku llegaría un poco más tarde,
había pedido que fuera de ese modo para que no tuviera que pasar tanto tiempo entre esa gente, por lo
que no le importaría pasar un par de horas con el pequeño, él también quería conocerlo después de
todo.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Jamás imagino sentirse cómodo enfundado en aquellas telas; eran livianas, frescas, suaves y muy
espaciosas. Mei había logrado cortar y coser en tiempo récord aquel atuendo para Midoriya —claro,
con algo de ayuda por parte de Ochako y Tsuyu. 12
Cuando al fin estaban todos listos a partir, Tetsutetsu y Denki dudaron si era una buena opción el llevar
al tritón vestido o disfrazado de mujer, pero ni Mina o las demás le vieron mayor problema; Midoriya y
su hijo podrían pasar desapercibidos para el rey, ya que además, el dichoso baile era uno de mascaras,
así no le reconocerían como el amigo del príncipe que portaba un vestido. 5
Sin más discusiones ni retrasos, llegaron al castillo; el sol se había ocultado hace rato y en la entrada
del gran lugar podía verse uno a uno entrar a los más distinguidos nobles del reino de Yuuei, vistiendo
fastuosos trajes y vestidos adornados con piedras preciosas y peinados vistosos por parte de las damas.
Todo aquello se veía deslumbrante y nuevo para Izuku y sus dos amigas; quienes con algo de asombro
observaban todo aquel esplendor, imaginando como sería el resto al entrar al lugar; Izuku ya lo conocía
y les había contado de ello a Ochako y Tsuyu, pero estas seguían con la incertidumbre de ver lo
relatado por ellas mismas. 2
El carruaje en el que viajaban se detuvo antes de llegar a la puerta principal, pasando la fuente del
patio; y desde su lugar, ya podía escucharse la suave melodía que acompañaría el resto de la noche. Por
unos segundos dejaron de imaginar lo que pasaría para comenzar a vivir el momento.
—Ponte esto —dijo de pronto Denki, entregándole el antifaz blanco que cubriría parte de su cara—. Te
anunciaremos como la hija de algún Duque. 4
—¡¿Qué?! ¿Por qué no simplemente puedo ser Izuku Midoriya? —cuestionaba al no comprender
porque tenía que ser la hija de alguien que no conocía, para él era algo absurdo.
—Si, ¿por qué no? —hablo Ochako a su lado, acomodando los pliegues del vestido rosa que usaba; ella
como Tsuyu estaban emocionadas de conocer más de cerca el mundo humano, y esta vez, no el lado
malo, sino aquel que el peliverde contó.
—Tenemos que hacer que crean que realmente es una dama de la nobleza —alegó Mina.
—Además, "Izuku" no es un bonito nombre para una niña —se quejó Denki poniéndose pensativo—
¡Ya sé! Pongamosle Anacleta. 8
—Ese es un pésimo nombre, de verdad Kaminari, ¿cómo se te ocurrió eso? —regañaba Tetsutetsu,
mientras el rubio se encogía de hombros sin realmente importarle, mientras Izuku no sabía ni que
pensar.
—¿Y si se presenta con el nombre de la señora Midoriya? —sugirió Tsuyu a los tres que ya
comenzaban un debate sobre el nombre de la hija de algún Duque ficticio.
De inmediato la atención se dirigió a ella y un breve mutismo los rodeo mientras se pensaba si aquello
era algo viable.
—Me gusta la idea —con voz risueña, rompió el silencio Izuku—, me gustaría usar su nombre, no creo
que nadie sospeche.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Midoriya tenía aquel papel en sus manos, la máscara ya colocada ocultaba bien sus pecas, pero no así
sus verdes ojos, que curiosos vean esa misma entrada por la que meses atrás cruzó al lado de Todoroki.
Parecía como si hubiese pasado tanto tiempo, pero los nervios de reencontrarse con el padre de
Todoroki eran los mismos; rogaba porque no le reconociera así, y que tampoco notara su nueva
anatomía, porque, ¿cómo le explicaría su condición sin revelar su verdadero ser?
Denki y Tetsutetsu entraron antes para encontrarse con Toru, Jiro, Kirishima y Bakugo; quienes eran
parte del evento gracias a Todoroki.
Izuku sujeto con más fuerza la invitación y junto a ella ese retazo de tela que guardaba receloso el
regalo para Shōto. Aspiró hondo una última vez para calmar sus nervios, la esencia salada en la brisa
llegaba hasta ese lugar gracias a los frescos vientos de esa noche; la tela clara se meció, difuminando
así la pancita bajo esta; sintió un poco de calma y miró decidido la entrada.
Izuku Midoriya estaba listo para demostrarle a Todoroki que pasaría el resto de su vida a su lado.
—Vamos, ya quiero ver de todo eso que nos contaste —mencionó en un susurro Ochako a su lado,
regalándole una sonrisa aún notoria bajo el antifaz rosa.
El peliverde devolvió el gesto y asintió más tranquilo, caminó unos cuantos pasos a su lado antes de ser
anunciados. Tras el iban Mina y Tsuyu.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Todoroki se estaba aburriendo; si no fuera porque Izuku aparecería en cualquier momento, ya se habría
escabullido para irse a dormir —como solía hacer en su infancia—, o a pasar más tiempo con su
sobrino; el encantador niño pelinegro de ojos grises era igual de amigable que su hermana, se sentía
aliviado de haberle agradado, eso era como una prueba de que tal vez a su hijo también le gustaría. 2
Se mantenía firme al lado de su padre, quien serio se mantenía en el trono, vigilando desde su puesto a
cada uno de sus invitados.
Iida le había acompañado un tiempo hasta que se decidió a buscar algo que comer. El príncipe no se
mezclaba entre los demás porque desde su posición podría ver mejor la llegada del peliverde. Ni
siquiera podía despegar la mirada dispar de la puerta principal; bajo ese dorado antifaz su semblante se
mantenía tranquilo, aunque en realidad, moría por verlo de nuevo, a su Izuku.
—Deberías invitar a bailar a alguna de las señoritas —mencionó repentinamente Enji mientras
saludaba de lejos a personas que ni siquiera recordaba o reconocía.
—Estoy bien así, gracias —respondió cortante.
El rey hizo una mueca de disgusto y se saco esa molesta mascara que le hacia sentir ridículo, pero
Shōto ni siquiera lo volteo a ver por seguir concentrando su atención en la entrada. 3
—Te has llevado bien con Ibara, ¿por qué no vas con ella y..?
—Te digo que estoy bien —interrumpió—, más tarde invitare a alguien, gracias.
Ambos se encontraban irritables; uno porque su hijo no hacía exactamente lo que quería y el otro
porque no le dejaban de presionar en ningún momento.
—Si sigues así te quedaras soltero por siempre —masculló mientras tomaba algo de vino que le ofrecía
un vasallo. 6
Izuku... ¿Por qué estaba tardando tanto? Ese lugar estaba casi lleno pero ni el peliverde ni alguno de los
que envió por él habían aparecido aún; ¿Habría pasado algo malo? ¿Su hijo estaría bien? No quería
preocuparse de más, pero era casi inevitable. Por alguna razón quería estar al pendiente del peliverde,
incluso más que antes; y aunque cada día —y noche— pasaba algunas horas junto a él, no le eran
suficientes, Todoroki necesitaba estar cuidándole cada segundo.
Su preocupada mente se distrajo solo unos minutos, cuando una voz repiqueteo anunciando la llegada
de nuevos invitados.
Mentiría si dijera que aquello no le sorprendió. Escuchar el nombre de la madre de Izuku fue algo
inesperado, pero lo fue aún más ver a aquella mujer de antifaz blanco, con cabellos cortos pero rizados
y el vaporoso pero ligero vestido. 1
¿De verdad esa era la madre de Izuku? No, aquello era imposible. Entonces, ¿era ese Izuku? ¿Por qué
usaba un vestido y no el traje que se suponía Hatsume confeccionó?
—¿Midoriya? —cuestionó Enji algo dudoso, escudriñando a la pequeña mujer que avanzaba por el
salón en busca de alguien, mientras se seguía anunciando la llegada de más nobles—. No recuerdo
invitar a nadie con ese apellido. 5
Por la sorpresa, Shōto había olvidado que era lo que tenia que responder, ni siquiera podía pensar en
algo coherente como respuesta, pero aún así dijo lo primero que se le vino a la boca.
—Yo lo hice —su padre le miró esperando a que se explicara mejor—. Yo... los Midoriya... Ellos son
unas buenas personas, les conocí en mis viajes y quise invitarles también.
Los murmullos de pláticas y la melodía de los instrumentos se escucharon mientras Shōto trago grueso,
esperando porque aquello sonara convincente.
—Ese amigo tuyo... el que ya no regreso contigo, ¿no era él un Midoriya? —dijo pensativo al recordar
mejor aquel nombre. 2
—Ah... si, él es un Midoriya —respondió, aunque titubeó en un inicio, recuperó aquel semblante
inexpresivo y serio que le caracterizaba. Enji se mantenía con esa expresión dura, y sin que se lo
pidiera, el Todoroki menor dijo—: Es su hermana. 1
Casi se quiso morder la lengua por eso, trago saliva y espero alguna reacción, cualquiera. ¿Le habrá
creído?
—Si no mal recuerdo, dijiste que no tenia un titulo —hablo altivo, percibiendo de algún modo la
mentira y el nerviosismo de su hijo.
—Yo nunca dije eso —refutó seguro de su palabra—, yo dije que no importaba si tenia un titulo o no
para ser mi amigo. —Su respuesta dejó mudo a su padre, y antes de que pudiera pensar en más
preguntas que hacerle, se decidió a escapar de ahí—. Iré a saludar y bailar un rato, con tu permiso.
Reverencio y se arrebató el antifaz antes de perderse entre la gente en busca de Izuku, correspondiendo
con cortesía a uno que otro saludo, sin darse cuenta que seguía siendo vigilado por la fría mirada de su
padre.
El príncipe había perdido de vista al tritón por la tonta charla con su padre; pero sin tiempo que perder
avanzo buscando esa silueta tan familiar recubierta de aquellas finas sedas.
—¡Todoroki! —llamó su nombre la energética voz bajo la negra tela que cubría parte de sus ojos—.
Finalmente nos vemos de nuevo, ¿eh?, ¿Te han llegado mis informes? Lamento no tener buenas
noticias o algún avance. Por cierto, ¿por qué no has respondido mis cartas? —preguntó llegando hasta
él.
Todoroki asintió, y en un descuido miró a sus lados, pues no dejaría de buscarlo ni aunque se detuviera
a hablar con cada noble en el baile.
—¿A quien buscas? —preguntó al notar su falta de atención, comenzando a rebuscar por sobre las
cabezas de los presentes a ese joven pecoso—. ¿Y ese chico peliverde? ¿También esta por aquí? Tengo
algo que decirle.
—Nunca dejas de sorprenderme —dijo para después reír—. Ellos se encuentran bien, solo querían que
les diera las buenas nuevas —habló al fin, dejando más incertidumbre en el contrario—; Mirio y
Tamaki han tenido a su segundo hijo, es por eso que no vinieron, apenas hace unos días que le
conocieron. Es un niño fuerte con gran parecido a Mirio, su nombre es Itsuki, Itsuki Togata —comenzó
así a relatar, dejando más tranquilo a Todoroki, que se alegraba de saber aquello. Finalmente una buena
noticia. 2
—Creo que Izuku se alegrará de saber eso. —Una pequeña sonrisa acompañó sus palabras.
—¿Dónde esta él? Me es raro que no este contigo, ustedes siempre estaban juntos —decía recordando
los días que pasaron por su hogar, y aunque en un inicio atribuyó aquello a su amistad, al final
comprendió que eso era algo más.
—¡Ah, claro! —dijo enérgico para reverenciarlo como solo él sabía: con la frente hasta el suelo—.
Perdón por retenerlo de este modo. 2
—No, esta bien no tienes que... —Todoroki se rindió, jamás se acostumbraría a aquello, simplemente
se despidió y se alejó para seguir buscando a Izuku.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Midoriya caminaba con cuidado por el salón, rebuscando con su mirada la peculiar cabellera de distinto
color, porque entre esa mascarada, no podría saber por sus rostro quien era quien.
El lugar se veía más pequeño con tanta gente, no conocía a nadie y se había separado de con los que
venia para ir en busca de Todoroki, pero todavía no le encontraba.
El lugar se veía tal cual la última vez: paredes y pisos pulcros; ventanas cubiertas por gruesas cortinas,
candelabros que iluminaban bien cada rincón y lleno de guardias y sirvientes; la comida no podía faltar.
—¿Todoroki, dónde estas? —en un susurro pregunto en medio del bullicio que aun no comenzaba.
Suspiro abatido para empezar nuevamente la búsqueda. Estaba por volverse cuando dio un pequeño
brinco del susto al sentir que alguien le tocaba por el hombro, y sin pensarlo mucho volteo creyendo
que tal vez se trataba de Todoroki, pero la desilusión pinto su rostro bajo la máscara al ver que
simplemente era un extraño hombre mayor, con vestimentas finas y un antifaz que ocultaba bien su
identidad.
—Lamento haberle asustado jovencita —se disculpó inclinando su cabeza cortes; Izuku no sabia que
decir, ni siquiera quería hablar—; la he visto desde que llego y me preguntaba... 2
—¡Maldito Deku, ¿Qué haces vestido así?! —interrumpió la conocida voz de su amigo, quien con clara
molestia se acercaba intimidante hasta su lugar. 2
—¡Ka-kach...!
—¡Nada de Kachan! Mueve tu jodido trasero, el bastardo mitad y mitad esta buscándote —dijo sin
dejarle terminar; estaba fastidiado por tener que encontrar al, según él, inútil Deku, y todo porque el
príncipe bastardo no podía encontrarlo por sus propios medios.
—Pero que bárbaro —se horrorizo—. Descuide señorita, yo le protegeré de este salvaje —dijo de
forma despectiva. Izuku no sabia que decir y Bakugo se veía más enojado con el pasar de los segundos.
—¿Protegerlo? ¡¿Usted?! ¡Ja! Que buen chiste —Bakugo estaba dispuesto a dar pelea, no dejaría que
nadie le desafiara sin arrepentirse de eso después. 1
—Espera Kachan...
—¡Hola! ¿Todo bien por aquí? —Kirishima se acercaba al ver el escándalo que comenzaba a llamar la
atención de unos cuantos, no podía dejar que ni Blasty o Midoriya se vieran envueltos en algo que
llamara de más la atención del rey.
Izuku pudo respirar más tranquilo; agradeció la presencia del pelirrojo, él no sabría bien como actuar
para evitar una lucha en medio del castillo, menos si era Bakugo participe de esta.
—¡¡¿Bárbaro?!!
—Espera Blasty —masculló Eijiro para calmar al rubio que estaba por matar a aquel desdichado
hombre que osaba insultarlo; Bakugo no hablo más, pero no despegó su intimidante mirada escarlata
del noble. Entonces, viendo que todo estaba más calmado, Kirishima se dirigió a él—: Lamento los
inconvenientes mi Lord; el baile esta por dar inicio, puede seguir disfrutando de el sin inconvenientes.
—Así lo haré —respondió altivo, mirando con desprecio a un Bakugo que rechinaba los dientes
conteniendo sus ganas de arrancarle la cabeza.
Estaba por volverse para invitar a la joven del antifaz blanco cuando vio que esta se encontraba
acompañada de alguien más.
Y es que en medio de todo ese escándalo, Todoroki había logrado encontrar a Midoriya. Esos cabellos
revoltosos eran inconfundibles, y todas sus dudas se esfumaron al notar el color de sus ojos.
Sin llamar su atención, se acercó hasta él ignorando a las discusiones de los demás, para tomar su
mano, depositar un beso en ella y decir:
—Pero Shōto, sabes que no se bailar —susurro con preocupación, observando a su alrededor a la gente
que curioso murmuraba inentendibles cosas; por suerte el otro caballero se había retirado al ver al
príncipe con la joven que pretendía en un inicio. 4
—Solo tienes que seguirme, y veras que todo ira bien —afirmó confiado, transmitiendo calma en su
voz, luego extendió su mano, invitando a tomarla—. Ven.
Fue así como se vio llevado hasta estar a mitad del salón, sintiéndose cohibido por todos esos ojos
curioso.
Todoroki pasó su mano por la espalda de Izuku y acercó sus cuerpos; una sonrisa escapó al sentir ese
pequeño bulto bajo la tela. Todoroki ya no usaba el antifaz, por lo que él peliverde podía ver
perfectamente aquellas facciones que reflejaban genuina felicidad. Las verdes pupilas brillaban
asombradas; las fugaces sonrisas del príncipe eran tan únicas y deslumbrantes. Todoroki sabía que bajo
esa máscara las mejillas pecosas debían estar teñidas de un jovial rosa.
La suave música dio inicio a un nuevo vals, y sin realmente importar nada más, Izuku siguió con fervor
cada movimiento que Todoroki hacia. No hubo error en ninguno de los pasos que daban, juntos se
movían en perfecta gracia.
Sus miradas se encontraban perdidas en la del otro, no hacía falta palabra alguna que describiera el
gozo que sus enamoradas almas sentían en esos momentos. Se encontraban completos, inmersos en su
propio mundo perfecto, danzaban como si el tiempo se hubiera detenido; cada momento era más
complicado el aguardar sus ansias de besarse y abrazarse.
—Aquí no. —Detuvo la danza y mirando alrededor a las parejas que se les había unido, tomó la mano
de Izuku para llevarlo lejos de ahí. 4
Se escabulleron por las escaleras, siendo vigilados por los toscos ojos turquesa del rey.
No estaba muy feliz con lo que veía, él planeaba que su hijo terminara casado con la princesa Shiozaki;
al menos su consuelo era que esa chica tenía un título respetable como la hija de un Duque, el problema
es que no recordaba de que reino eran los Midoriya. 12
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Cruzaron por los pasillos hasta llegar al balcón que daba vista al mar en la parte superior del castillo;
lejos del escándalo, las olas en movimiento era lo único que se oía.
Todoroki no perdió tiempo y arrebató la máscara que impedía deleitar sus pupilas con el bello rostro
del peliverde; le contemplo solo unos segundos, acariciando con el pulgar parte de las pecas que
cubrían sus mejillas.
—Shō...
No termino de decir cuando el príncipe ya le estaba besando. Izuku estaba casi de puntitas,
embriagándose con los labios que hambrientos tomaban los suyos, cumpliendo sus anhelos. Dulce y
apasionado, así era besar a Todoroki.
—Por unos instante creí que algo malo les habría pasado, me preocupe al ver que no llegabas.
—No debiste hacerlo —hablo enternecido por la importancia que les daba Todoroki—, sabes que
estamos bien, Chillo dijo que el bebé esta saludable. 2
—No pude evitarlo cuando ustedes son lo que más me importa. —Su mano busco por la tela su vientre.
—Solo fue un problema con el vestuario, eso es todo —dijo recibiendo gustoso las caricias.
—Bueno... es que... era algo ajustado —las mejillas se tiñeron de un rosa pálido al contraste de la luz
nocturna; estaba apenado de decirle que no le había quedado por estar un poco más rellenito.
—Igual el vestido te queda bien —dio un cumplido acompañado de un beso en la mejilla del tritón.
—Gracias —musitó, tomando valentía mientras tanteo la tela que guardaba el presente para el príncipe
—. Shōto... yo, te he traído algo.
—¿Para mi? —su pregunta recibió un asentimiento firme, Izuku no le veía al rostro, mas jugueteaba
nervioso con algo entre sus manos—. ¿Qué tienes ahí? 1
—Es un regalo por tu cumpleaños... Bueno, no solo por eso, es para demostrarte que te amo y quiero
pasar el resto de mis días a tu lado; se que no es tan grande como una de esas celebraciones de las que
me hablaste, y tampoco es "matrimonio", pero de verdad es muy especial para mi... no es mucho pero
representa todo lo que siento por ti...
—Cualquier cosa estará bien, Izuku, no necesito nada más que a ustedes —interrumpió cuando el tritón
comenzaba a murmurar cosas sin parar—, podremos tener un "matrimonio" después. —No estaba muy
seguro de haber entendido, pero parecía ser como si el tritón le estuviera pidiendo casarse.
Izuku, más tranquilo que antes, extendió las manos para que viera lo que estas guardaban; con cuidado,
Todoroki desenvolvió aquella tela, solo para encontrarse con un reluciente y negro objeto, pequeño y
delicado, le estaba siendo entregado como un regalo.
—Es, una perla... —afirmó.
—La llamamos Te Ufi... Entre los míos, simboliza amor eterno, es... es una ofrenda que se le da a la
persona con la que decidimos compartir nuestras vidas... —término aquella frase sin titubear, pero con
el rostro completamente rojo—. E-espero te guste. 3
Todoroki se quedo sin palabras, Izuku se tomó la molestia de ir y buscar una perla para jurarle así amor
eterno, no podía sentirse más bendecido.
Al no escuchar respuesta y algo temeroso levantó la vista para encontrarse a Todoroki con una sonrisa
boba y lágrimas derramándose de los desiguales ojos. Midoriya se alarmó al creer que tal vez no le
había gustado su regalo; pero aquellas lágrimas eran símbolo de genuina felicidad y no había mejor
llanto en el mundo que ese, el de la dicha y el amor.
—También te amaré eternamente —juro a centímetros de sus labios, antes de que Izuku pudiera decir
otra cosa—, los amare hasta el fin de los tiempos —decretó antes de besarlo. Un beso que aceptaba sus
sentimientos, que sellaba esa promesa de eterna fidelidad. 1
El viento soplo ondeando las telas del vestido, pero el escalofrío por su espalda no le importo. La
criatura en su vientre podía sentir el amor que sus padres se tenían y por primera vez, se volvió
participe de la magia que envolvía a la pareja.
—Eso fue...
—Se movió —confirmó con alegría lo que ambos notaron—. Shō, ¡se movió!
La emoción de los padres no se hizo esperar; entre risas y júbilo ambos buscaban hallar una nueva
señal por parte de su hijo. 2
Pero antes de que pudieran volver a sentirlo, el gélido de la noche erizo la piel del tritón.
—Creo que es la emoción —mencionó para que el otro no se preocupara, pero su cuerpo volvió a tiritar
con una nueva brisa.
Sin más tiempo que perder y aún con las emociones a flor de piel, Todoroki le llevo de nueva cuenta a
dentro, para que buscara algo con que abrigarse.
Felices y hablando de lo que recién había ocurrido, se dirigían a la que había sido la recamara de Izuku,
para buscar algo que le abrigara mejor. Esperaban volver a sentir a su hijo.
—Shōto —detuvo su andar la gruesa voz; al ver de quien se trataba el príncipe oculto al peliverde con
su cuerpo—, te estaba buscando. 1
—En un momento estoy contigo —dijo estando a punto de continuar rumbo a la habitación.
—Tiene que ser ahora —ordenó revisando si era esa chiquilla Midoriya la que se ocultaba tras su hijo.
—De acuerdo —aceptó de mala gana al ver que podría reconocer a Izuku en cualquier momento; y sin
permitirle a su padre ver al que escondía a sus espaldas, volteó hacia el peliverde para decirle con voz
queda—: ve a buscar algo con que abrigarte, te alcanzaré después.
Izuku conocía bien el lugar por lo que no se perdería. Asintió y sin siquiera detenerse a ver al fiero
hombre al otro lado del corredor se apresuró para cambiar sus ropas.
Cuando al fin estuvieron los dos solos, el rey le pido al de ojos dispares que lo acompañara hasta el
salón principal, donde continuaba el baile; pues Enji encontró descortés que se fuera sin siquiera
entablar conversación con alguna de las otras damas que emocionadas esperaban por él.
Volvían en silencio, con los pasos retumbando por el castillo. A punto de llegar a las escalares, el
sonido de las risas, conversaciones y la música hicieron que Todoroki se diera cuenta que su padre lo
llevaba de vuelta a la dichosa fiesta.
Pero el menor de los Todoroki no se podía permitir dejar a Izuku solo tanto tiempo; para esos
momentos ya se encontraba listo para decirle a su padre que ya había elegido a un compañero y que ya
podría anunciarlo a todos esos banales hombres que solo estaban ahí con la esperanza de que alguna de
sus hijas fuese la elegida.
—Padre... —pronunció antes de llegar a las escaleras, pero fue lo único que pudo decir cuando un
fuerte estruendo hizo retumbar todo el lugar.
Los cuadros en la pared cayeron al suelo y una de las ventanas que estaba cerca se rompió dejando
cientos de cristales regados por el suelo; los gritos de pánico no se quedaron atrás cuando un nuevo
estruendo se oyó y aquel peculiar aroma llegó hasta ellos.
—¡Fuego, hay fuego en el palacio! —se escuchó un grito desesperado seguido de otro estallido.
Su cuerpo se movió solo, sin importarle el caos que crecía a cada momento, él solo tenía una cosa en
mente.
—Izuku... —Corría volviendo tras sus paso, esquivando los adornos del pasillo que caían tras más
explosiones; esperaba que se encontrarán bien, era ese su principal preocupación. 13
Continuará...
—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
N/A;
En el fic Izuku creció sin un padre, el que la historia mencionara su nombre fue cosa mía.
No di muchos detalles del vestido de Izuku para que ustedes pudieran imaginar el diseño y color que
quieran ^^ 3
Espero les gustara el capítulo, el siguiente será algo especial y revelará varias cosas al fin 👀
Nos leemos en la próxima actualización! 5
-Yummikyo🌸
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—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
La larga espera llegaba a su fin, para él, quien espero por tanto, podia casi saborear aquel futuro con el
que soñó cuando joven... antes de que el mundo los separara.
El caos se esparcía entre los distinguidos invitados, podía escuchar el melodioso ruido mientras
avanzaba por el pasillo que sus memorias guardaban; hace rato que perdió a su compañero, pero eso ya
no le importaba, él solo quería volver a verlo.
Tras sus espaldas, los gritos y llantos de las damas retumbaban a coro con las explosiones.
En la entrada principal, una mujer de cabellos blancos con mechas rojas corría entre la multitud con un
pequeño entre sus brazos que se aferraba a sus ropas buscando calmar su llanto. Un joven pelirrojo
junto a uno rubio guiaban a un par de personas entre las brumas de polvo y escombros, todos en busca
de una salida. El príncipe de Idaten tomaba de la mano a una joven castaña de vestido rosa, que
acompañada de una peliverde, avanzaban a paso veloz de todo el drama; se aseguraba con la mirada de
que tanto Fuyumi y su sobrino salieran del lugar, después volvería para ayudar a los demás. 1
Las llamas estaban consumiendo parte del salón principal, la biblioteca y el comedor ya estaban bajo el
manto rojo. La sala del baile estaba ya casi desierta, las incesantes llamas carmesí se colaban poco a
poco en el lugar, devorando las gruesas cortinas, envolviendo las relucientes armaduras y manchando
las pulcras paredes con su negro hollín.
El infierno se abría paso apresurado, pero todavía estaba lejos de aquella sala del piano, a donde él se
dirigía.
Mientras a la lejanía del trágico cuadro, un solitario hombre veía desde un pequeño bote en el mar
como las llamas sobre el acantilado iluminaban todo a su alrededor.
Él era un simple observador; Chisaki se deleitaba con el espectáculo, justo como había dicho.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Recuerda muy bien su infancia; aquellos días en los que él y sus hermanos eran sometidos a rigurosas
clases que para ellos no tenían sentido. El aprender más de un idioma, la etiqueta y el combate no eran
nada divertido para niños tan pequeños. Los tutores amargados con caras largas y rugosas no les hacían
más divertida la vida; para ellos que solo querían reír y jugar, el futuro no era algo de lo cual temer, no
necesitaban agobiarse a tan pronta edad con el abrumador monstruo de la preocupación de la vida
adulta.
Enji Todoroki no lo entendió, él simplemente quería hijos fuertes, valientes... un digno sucesor. Preparó
desde muy jóvenes a sus hijos; así solo uno tomara el puesto de rey, deseaba que su descendencia fuera
de lo mejor en cualquier aspecto. Él aspiraba a una perfección inalcanzable, misma que le volvía
soberbio y un tanto cruel. Dejo la crianza de sus hijos en manos de tutores y pocas veces les permitió
pasar tiempo con su madre.
Pero para ese pequeño pelirrojo, hubo cosas que pudo disfrutar a pesar de todo.
Esas prácticas a medio día con espadas y armaduras eran para él como un juego, uno en el que
imaginaba ser un grandioso guerrero que salvaba a la gente de feroces dragones; aunque su juego no
era del todo inofensivo, pues tanto él como Natsuo —su hermano—, terminaban con heridas delicadas
que no eran propias de un simple juego. Era su hermana Fuyumi quien a veces curaba sus heridas,
cuando su madre estaba "indispuesta", según su padre.
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únicos testigos, las estrellas. ˚◦
【 Drabbles inspirados en las temáticas...
Por primera vez desde su debut como actor de voz, Midoriya fue capaz de obtener un papel
protagónico. Y no era solo eso: el anime en cuestión se trata de un prometedor s...
Las tardes en que la reina tocaba el piano encerrada en aquella sala, eran de las más tranquilas en sus
memorias. Las bellas melodías apaciguaban el desolado castillo. No sabían que eran aquellos
momentos los únicos en los que la reina no se la pasaba llorando por los tratos de su esposo;
sintiéndose condenada, sus hijos eran lo único que le daba un poco de alegría.
Recuerda también aquel buen tiempo en que su padre se volvió más permisivo; fue cuando Shōto
nació. Su madre se notaba más feliz, y si lo hubiera sabido, se habría dado cuenta que esas sonrisas si
eran genuinas, de las que no se le habían visto en mucho tiempo. Claro que ellos también se alegraban
de tener un hermanito pequeño, y como siempre que un nuevo Todoroki venía al mundo, la celebración
en Yuuei se desato. Sus memorias no le mentían cuando a ellas venían esos coloridos días de bonanza
en el castillo.
Por esa época, cuando el pequeño Shōto Todoroki crecía, a ellos, además del itinerario diario de clases
y prácticas, se les concedió visitar el lugar secreto de la reina. De algún modo, su mamá logró
convencer a su padre de dejarles salir. Y de esa forma fue durante un tiempo, en el que les llevó lejos
del castillo, su lugar secreto que se volvió como el paraíso para los hermanos Todoroki. Cada día sin
falta, por las tardes eran llevados más allá del pueblo, para poder jugar entre las azaleas del jardín y el
estanque, con banales juegos y risas, como cualquier pequeño de su edad.
Aquella, fue sin duda alguna una bella etapa, de la cual estaba agradecido. Pero, conforme crecía y la
bruma de la inocencia se desvanecía, más notaba todo aquello que estaba mal en su vida.
Su amada madre no era realmente feliz con la vida que tenía, aquellas sonrisas eran falsas, ocultando
las lágrimas que le dejaban el desamor de su esposo. Y aquel hombre que se suponía debía cuidarlos y
amarlos, no les veía más que como herramientas, objetos de los cuales podía o no estar orgulloso;
poniéndoles a competir para alcanzar esa perfección que él nunca pudo.
Como el niño que era, lloro tanto por la falsa realidad que inocente creyó, cuestionándose si las
palabras de amor por parte de su madre también eran falsas, si sus hermanos serían igual a él o a los
demás, si realmente él solo estaba ahí para complacer las expectativas del rey.
De algún modo, se convenció de que en ese castillo nunca podría sentir el amor de una familia, no
viviría la vida que él desearía, si no la que se le impusiera; y una noche, a la tierna edad de doce años,
ocultó sus miedos, tomó algunas de sus cosas y silencioso se despidió de los que amaba para escapar de
casa, con la esperanza latente de que en algún lado podría hallar algo diferente, algo genuino, su
propósito su razón de vivir... No sabía bien que era, pero se sentía como si tuviera que intentar ir en
busca de ello.
Era tan joven, que pensó que todo estaría bien, no necesitaba de nadie más que él.
Por si mismo aprendió, que no era fácil vivir por su cuenta a tan corta edad. Lejos del cobijo de su
hogar, pasó noches frías y solitarias contemplando el infinito cielo; solo él y su alma. Vagando por las
tierras de un reino que ya no era suyo, buscaba una nueva morada, llena de aquello que aún no sabía
distinguir, pero que en el fondo de su alma anhelaba.
El hambre le obligó a robar un poco de comida, recibiendo golpes como castigo a ese acto mal visto,
pues al parecer, no importaba que estuvieras muriendo, las reglas de la sociedad eran inquebrantables,
tuvo que aprenderlo de ese modo.
Comprendió que no cualquiera estaba dispuesto a ayudar a un forastero como él, porque en un mundo
lleno de depredadores, todos tienen miedo incluso de un cordero.
Incontables veces pensó en volver a casa, en estar junto a su madre y sus hermanos, extrañaba sobre
todo al menor de ellos: Shōto era un pequeño tranquilo y curioso de la vida, y como los demás
pequeños Todoroki, era feliz jugando en aquel jardín al lado de su madre; apenas y tenía cuatro años,
pero algo le decía que en un futuro, se entenderían muy bien. Pensó también, si su padre le echaría de
menos... seguramente no, de eso se sintió seguro.
Resistió las ansias de volver, con la esperanza de encontrar aquello que poco a poco iba olvidando,
entre una realidad más fría que la suya misma en el castillo, vivió así: más solo que antes, el viento
calando en su delgado cuerpo y su corazón endureciendose de poco en poco. Y en sus momentos más
desesperados, se mantuvo fuerte a pesar de sentirse tan roto.
Hasta que en una ocasión, un poco de suerte le llegó al fin, o al menos de ese modo lo había sentido.
Cuando más cansado y hambriento estuvo, y aquello que buscaba quedó en el olvido, un hombre le
ofreció al fin, sin pedir nada más a cambio, un poco de su comida. Ese hombre que todos tachaban de
un malvado hechicero, a quien despreciaban por las barbaries que llegó a cometer; ese mismo fue quien
le brindó una oportunidad después de tanto tiempo. 1
Aunque desconfiaba de esa apariencia de pordiosero —misma que ahora él también portaba—, la
mirada descolocada y la sonrisa desquiciada no eran señal de confianza; su cara larga por la falta de
una nariz, reflejaba una mezcla de decepción y odio. En su mundo siempre le advirtieron que se alejara
de personas así, pero Stain fue el único que entre toda su soledad le ofreció algo de genuina compasión,
¿por qué entonces tenía que repudiarlo y huir despavorido de él? 3
Logró superar su momento de duda, aceptó su ayuda y lo siguió, como un cachorrito al que alimentan
en la calle, que sigue a esa persona que ante sus ojos es como su salvador. 1
Le acompañó hasta lo profundo de un bosque; la morada del hechicero era simple: en medio del
arbolado lugar, una choza de paja y piedra se mantenía protegida con magia de invitados indeseados.
Paso unas noches en ese lugar, rodeado de los verdes helechos dormía en el musgo, con el croar de
ranas como canción de cuna, esperando desde fuera a que algo de compasión reapareciera en el hombre
para tener algo más que comer.
No fue sencillo, pero con algo de empeño, logró hacerse de algo de su confianza: comida por trabajo,
ese fue el trato, mismo que aceptó. Con todo el entrenamiento que había tenido hasta ese entonces, no
fue complicado hacer tareas como cortar leña o cazar algún animal silvestre. Una extraña convivencia
se dio entre los dos; uno porque buscaba compañía y algo que aún no sabía y el hechicero porque veía
en él una mente joven a la cual transmitir sus creencias.
Stain le dio una vida nueva, una perspectiva diferente y un nuevo nombre. Así inician sus recuerdos
como Dabi, el aprendiz de hechicería.
No le tomó tanto comprender los ideales de Chizome Akaguro —su nombre real—, y entendió el
porqué de esa reputación que la sociedad le había dado.
Tal y como se decía, él mago no era una buena persona. Con sus habilidades no hacía más que
atormentar a cualquiera que se le pusiera enfrente, aunque no solo iba por ahí haciendo el mal porque
si. No, no; en su retorcida cabeza, solo castigaba a las personas que él mismo juzgaba como: almas
putrefactas.
"despreciables hipócritas, falsas almas que aparentan ser lo que no; gente poderosa jactándose de ser
cultos y buenos solo para ser glorificados, pero que en realidad son insensibles ante el sufrimiento de
otros, a esos son a los que yo castigo..."
Fueron esas palabras las que terminaron por afianzar sus ánimos de seguirlo. Entendió cada frase,
porque él vio en su padre a una de esas almas putrefactas. Y aceptaría gustoso los preceptos de vida del
malvado hechicero. Tal vez, era ahí donde estaba su lugar.
Es así como se decidió a vivir a su lado; en un inicio, aprendiendo las bases de la magia, e
increíblemente, no se vio obligado a torturar a ningún inocente criatura, al contrario, lo que primero
aprendió, fue a cuidar de la vida, de las plantas, de los pequeños seres que les rodeaban, pidiendo
disculpas y dando las gracias cada vez que tenía que tomar la vida de alguno para mantener la suya.
Finalmente se sentía pleno con lo que hacía. Cada día aprendía algo nuevo y podía pasear libre por todo
el mundo si quería, sin presiones ni expectativas puestas en él, sin más lecciones que no le gustaban,
sentía que se estaba acercando a lo que buscaba al salir de casa, aunque aún extrañaba a los suyos.
Una ocasión, él y Stain se encontraron con una extraña joven rubia; quien atormentada en locura,
amenazaba con arrebatar la vida de alguna criatura que él jamás había visto antes.
De complexión pequeña debido a lo joven que era, y cabellos rubios cenizos, les miraba con ojos
alertas un joven de más o menos su edad; las rojas plumas esparcidas por el suelo pertenecían a ese par
de alas tras su espalda. ¿Qué era lo que veía exactamente? 7
Y mientras él se mantenía en su fascinación con aquel ser, la joven rubia se volvía más inestable. Aquel
paseo matutino por el bosque en busca de hierbas medicinales se convirtió en una de las situaciones
más tensas en su corta vida. Pero afortunadamente no se encontraba solo en ese entonces. Con gran
maestría, Stain logró controlar la situación, dejando libre al joven alado y fuera de combate a la rubia
que después conocería como Toga, su compañera en el arte de la hechicería.
Aquella joven, deslumbrada con la fuerza del hechicero se aferró a seguirle y convertirse en su
aprendiz y aunque no era del agrado de Stain debido a su impulsiva y poco madura forma de ser, este se
compadeció de la huérfana que se había criado en las calles y le aceptó como una más de sus
aprendices; de algún modo logró verla como una víctima más del mundo, algo que debía reparar
aunque no lo hubiese causado él, como el mártir que era, sabía que tenia que tomar esa responsabilidad.
De esa forma es como el tormento llamado Himiko Toga apareció en su vida. Y de aquel al que habían
llamado "hijo de Horus", no volvió a saber por un tiempo, pues una vez se vio fuera de peligro, voló
lejos del bosque y su alcance.
Ahora que aprendía la hechicería, no le sorprendió que en el mundo existieran criaturas como esa, pero
es que jamás había visto una tan de cerca.
"Los hombres halcón o hijos de Horus son de las más extrañas creaciones, probablemente sean una
especie más antigua que la nuestra. De los principios de los tiempos quizás... Ahora los describen como
dioses de la realeza, la guerra y la caza. Ganarse los dones de uno de ellos augura fortuna para el
hombre, pero también puede llevarle a la muerte; pocas veces se han visto tan de cerca, fuimos
afortunados de seguir con vida..."
Cada cosa que Stain les contaba era más fascinante que la anterior; aquellos seres no podían ser
tomados a la ligera, ellos eran especiales, verdaderamente él entendía la grandeza de la existencia de
criaturas como esas y la fascinación que generaban en los mortales era inconmensurable.
Pero Toga no vio más allá de un bonito plumaje que podía usar para jugar; debido a esa actitud, fue
reprendida incontables veces. Su caprichosa forma de ser representaba un gran desafío para Stain,
quien quería transmitirle a ella también sus convicciones, pero tenía que enderezarla de todo el daño
que las almas putrefactas le habían ocasionado. Un reto como nunca había encontrado, esas fueron las
palabras que usó, así lo recordaba él.
A pesar de todo, ambos jóvenes eran talentosos, y aunque todavía no comprendían por completo la
visión de Stain, este tenía fe en que algún día, así sería.
Entretanto, ellos aprendían a desarrollar habilidades mágicas. Y cuando Dabi descubrió su afinidad al
fuego, comenzó a especializarse en el control de este. Pero el precio que tuvo que pagar no fue menor
que el del hechicero. Como él, que perdió su nariz como parte del cobro a sus poderes, el joven
Todoroki vio manchado su cabello de un oscuro negro y su piel lacerada con el doloroso fuego azul. En
cambio Toga, con la habilidad de copiar la forma física de otros, perdió el sentido del gusto; nada de lo
que comiera nunca jamás tendría un buen sabor, pero esto poco le importo, ella solo quería sentirse
poderosa y adorada, así fuese a la fuerza; el precio que pago no significo nada para ella. 1
Pese a todo lo que hasta ese entonces había sido su vida, la remembranza de volverlo a ver fue la mejor
de todas. En los momentos de vacilación, cuando creía que tal vez no debió huir de casa, cuando no
estaba seguro de realmente estar haciendo bien con su vida, escapaba a las faldas de las montañas, para
entre los suaves cantos del viento borrar sus dudas. Fue en una de esas ocasiones cuando le encontró
otra vez; sin mucho que hacer, el joven rubio de alas rojas estaba ahí, descansando sobre una gran roca.
Antes de que él pudiera hablar, el hombre halcón se adelantó a preguntarle lo que Dabi era. Cierto, que
antes de conocer la magia él no se veía tan peculiar. Sin embargo, al ver que no le temía ni un poco,
decidió que quería volverse cercano de alguien tan magnífico como él.
Su fascinación y curiosidad le llevaron a ignorar aquella advertencia por parte de Stain y terminó por
acercarse cada vez más a ese joven de nombre Hawks. Cada semana, al menos dos o tres veces se
dirigía rumbo a las montañas, con el pretexto de despejar su mente, se iba volviendo más cercano a la
criatura fantástica, hasta el punto de ser amigos. 2
De algún modo terminaron en una extraña relación de compañerismo, nada más allá de eso en un
inicio; compartiendo historias de sus vidas y conocimientos del mundo. Fue Hawks quien aportó más a
la sed de conocimiento; Dabi no creía que estuviera frente a uno de los últimos de su especie, quienes
perseguidos durante siglos por los humanos, llevó a todos los hijos de Horus al borde de la extinción,
debido a los mismos cuentos que auguraban grandeza para quienes se hacían con uno de ellos.
Pero por fortuna, él estaba ahí, frente a él... una de las pocas maravillas que nadie más que Dabi tendría
la dicha de admirar.
Y mientras él deleitaba al joven rubio con sus nuevos trucos de magia, este le hacía compañía y a
veces, le llevaba consigo por los aires.
Dabi voló junto a Hawks, y desde aquella perspectiva, comenzó a darse cuenta, que aunque nada en su
mundo había sido perfecto, no tenía que darle vueltas al asunto y rebuscar para hallar algo de felicidad.
No era necesario, nunca lo fue. Esos pequeños detalles, como el pasar tiempo junto al despreocupado
joven, o al lado de su familia en el jardín, jugando e imaginando con su hermano en medio de aburridos
entrenamientos, todo aquello era parte de lo que buscaba sin saber.
Tarde se dio cuenta ya no podía hacer nada para cambiar su pasado. No se arrepentía de nada, porque
de ser asi, jamas habria vivido y conocido el mundo de esa manera. Ahora que sentía encontró lo que
tanto busco, se aferraría a ello con todas sus fuerzas; se aferraría a Hawks, y a ese calor en su pecho
que quemaba como sus llamas al estar al lado del joven rubio. 3
Pronto descubrió que podía amar... pero nunca supo si podía ser amado igual.
La peor parte en sus recuerdos, es cuando aquellos cuentos sobre los dones que los hijos de Horus
brindaban a los humanos, reaparecieron solo para amenazar la vida de Hawks.
Recién comenzaba, a voces se oía hablar de él y su séquito de bandidos. Como la bruma de un mal día
se esparcía a prisa por todo Yuuei. Y un desdichado día, sus sombras les alcanzaron a ellos también.
Hawks fue llevado por aquel a quien entre susurros y con temor nombraban como Shigaraki, el más
grande comercializador de criaturas mágicas. Los despiadados piratas que asaltaban a los comerciantes,
que tomaban las riquezas de los pueblos, sus mujeres y el licor; todo en busca de poder y fortuna. 3
Todo fue peor cuando su maestro Stain también pereció en manos de esos hombres al negarse a formar
parte de los suyos como le invitaban, y ni siquiera con el uso de su magia pudo evitar su final.
Jamás vio barbarie igual, nunca antes vio como una vida era arrebatada en manos de otro de su igual.
Ni siquiera los entrenamientos en el castillo eran tan crueles.
Desconcertado por ver terminada la paz en su vida, una vez más se encontró perdido; sin saber que
hacer, al lado de la joven rubia que reía desquiciada con todo lo que pasaba, él se atormentaba
desesperado pensando que no podía permitirse que alguien como Hawks terminara de extinguirse en
manos de almas podridas. Y aunque lo medito lo más que pudo, no le quedó de otra, no vio mayor
opción.
Aquella dorada tarde, el castillo de los Todoroki vio llegar a un extraño viejo conocido hasta él; más
alto, con la piel deforme y el alma angustiada, rogando por que su padre le ayudara a rescatar al que
robo su corazón. No estaba siendo racional, a penas hace unas horas todo iba perfecto en su mundo, y
ahora se adentraba a la fuerza en su viejo hogar para llegar frente a su padre.
No tuvo compasión con lo guardias, haciéndolos a un lado con su fuego, ya no le importaba nada más
que Hawks y le hubiese gustado pensar más allá de su amor. Pero aquel sentimiento hacia el hombre
halcón era mayor a cualquier cosa. Dabi estaba por cometer su más grande error, orillado a el por el
destino o su amor, no podía encontrar más culpable que sí mismo.
Ante el escándalo de los guardias y sus gritos llamando a su padre, la familia real se presentó ante él.
No olvidaría aquel último momento.
Su madre lloró cuando le vio; más grande, cambiado por el mundo, pudo sentir como aquellos ojos
grises veían su alma y todo lo que tuvo que vivir solo. La alegría de saber que estaba bien y la tristeza
de saber en lo que se había convertido se mezclaban en sus cristalinas lágrimas, y una vez más, su
padre le impidió ir a abrazarla, les negó un último encuentro. Rodeado de todos esos guardias,
amenazado con espadas se vio a si mismo mal recibido en el lugar que le vio crecer.
Enji le miro con desprecio y decepción; algo en esa dura mirada no le gusto.
Sus hermanos no se encontraban distintos a su madre; ellos estaban sorprendidos, con algo que quiso
creer era felicidad de que volviera. Natsou no decía nada, pero lucía esperanzado, como aliviado de
volverlo a ver. Fuyumi abrazo a su madre con una sonrisa, como queriendo decirle que ya todo estaría
bien, que no tendría que pasar más noches en vela pensando en Touya.
Su mirada fue a dar entonces a las nanas, quienes mantenían al pequeño Shōto lejos de la escena, aún
así, pudo escuchar como pregunto quien era él. Claro que preguntaría quien era, si era demasiado joven
para recordarlo, y por si fuera poco, él ya no era el mismo que había visto cuando pequeño.
Mientras Fuyumi y Shōto eran llevados del lugar por órdenes de su padre, y sin realmente saber
porque, se inclinó para rogar por su ayuda, esperando una poca de consideración que muy en el fondo,
sabía su padre no tenía.
"Tú no eres más mi hijo, eres una vergüenza y no mereces ser llamado un Todoroki; no se lo que eres
ahora, pero quiero que te largues de aquí. No te ayudaré a salvar a ninguna mascota tuya... "
Palabras que terminaron por extinguir lo último de Touya Todoroki. Palabras que jamás deseó haber
escuchado, porque después de eso solo quedo el Dabi que Stain había formado.
Sin prestar atención a los ruegos de su madre, quien suplicaba a su esposo por que no tratara de ese
modo a su hijo, vio en persona como era golpeada para evitar así que interviniera; Natsuo, quien estaba
más cerca, fue quien la protegió.
Se vio echado de su hogar por los guardias que en antaño velaban por su cuidado. Contemplando
incrédulo al hombre sin sentimientos al que alguna vez llamaba padre... A la familia rota en la que
había crecido. A su triste madre llorar sin filtros frente a todos y a su joven hermano que temblando por
impotencia y algo de temor, trataba de ser valiente y calmar la situación, interponiéndose a Enji.
Todo lo que su familia siempre fue se mostraba sin tapujos ante sus ojos. La venda de la inocencia no
podía protegerlo más, no en ese punto.
Fue entonces, cuando sin ningún aviso, la ira contra Enji se encendió y las bravas llamaradas en el
castillo aparecieron.
No quería lastimar a su familia, no quería lastimar a nadie inocente; no lo pensó detenidamente, cuando
solo deseaba que ese orgulloso hombre escarmentara de sus acciones. Quería castigarlo como Stain le
había enseñado.
No era justo su destino... nunca lo fue. Ahora cargaría con la culpa de extinguir la viva llama de
inocentes.
Probablemente fue el tiempo, o quizás solo el miedo de lo que había hecho; pero por unos segundos, no
sintió absolutamente nada. Como si ya no fuera él, como si no fuera humano; la culpa parecía
desvanecerse de apoco, anestesiando su dolor podía pensar con más claridad lo que había hecho, lo que
estaba viviendo y como no sentía emoción alguna de todo eso... ¿En qué se había convertido? Acaso,
¿era una alma podrida más?
Los siguientes días a la tragedia el luto se extendió por todo Yuuei, y el ocultó su vergüenza en el
bosque, sin saber lo que era, lo que había hecho y que sería de él de ahora en adelante. Solo una vez
más con su alma; olvidando la culpa de terminar con la vida de dos miembros de su familia y la derrota
de saberse inútil al querer ayudar a Hawks.
Fue entonces cuando Toga reapareció, solo para llenarlo con sus malas ideas.
Ella había quedado asombrada —como siempre— ante la fuerza de otros, frente la crueldad de
Shigaraki y los suyos al asesinar a Stain, y en su grandioso deseo de igualarlos, le propuso a Dabi
unirse a esos bandidos. Estaban solos, sin una guia o un propósito, y ella no veía mejor opción que esa.
Dabi no tomó del todo bien la sugerencia; no se sentía gustoso de verse involucrado con aquellos que
atormentaban a almas inocentes como la de Hawks. Y aunque en un inicio se negó, una pizca de
esperanza surgió en su mente. Inverosímil idea que ante tanta desdicha se sentía como la briza fresca en
medio del ardiente infierno: unirse a Shigaraki, y así, desde dentro, ayudar a escapar a Hawks. Ese fue
el juicio más razonable que se le pudo ocurrir y se aferró a él, para poder continuar. De todos modos,
no estaría mal que su podrida alma se mezclará con sus iguales, pensó. 3
Su idea no era del todo mala y fue puesta en marcha de inmediato, pues no tenía tiempo que perder. Fue
una suerte que fueran aceptados fácilmente gracias a sus habilidades.
Estar entre esa despreciable gente no era lo mejor, pero podía sobrevivir. Toga se adaptó de inmediato;
y mientras él aguantaba el asco de convivir con seres despreciables y aprendía poco a poco a volverse
tal cual ellos, indagaba y se acercaba cada vez más a donde el paradero de Hawks, que por lo que era,
fue guardado para una ocasión especial, eso era lo que se decía entre los piratas.
Nunca pensó que sus manos podrían mancharse tanto de rojo y verse tan normales impregnadas en
tiritante azul. Pero a esas alturas y para él, cualquier cosa valía la pena.
En tanto Dabi por sus medios veía casi realizadas sus metas, el rey Enji Todoroki, se encontraba con la
dificultad económica que aquel incendio había dejado. Los impuestos y las riquezas de Yuuei no eran
suficientes, Enji se veia obligado a buscar ayuda por fuera de un modo u otro. Y fue asi, como termino
haciendo lo necesario para que el reino no tuviese una deuda con algún reino vecino. Tomó la salida
fácil cuando esta se presento. Según él, hizo lo que un rey tenía que hacer, para no exponer su
soberanía ante otros.
De ese modo el rey de Yuuei se vio envuelto en tratos con Shigaraki, dándole completa libertad para
hacer de las suyas, a cambio de una parte de las riquezas que pudiera generar. Ambos obtuvieron toda
la grandeza que quisieron, mientras muchos sufrian, Yuuei prosperaba a base de sucias artimañas.
Tal parecía que las almas putrefactas se reunían entre ellas, eso le dio gracia. Decepción fue lo que
Dabi sintió por su padre, por lo que sabia que hacia a escondidas, mientras algunos ingenuos le daban
su apoyo y otros más le temían o despreciaban.
De Hawks todavía no sabía nada. Pero ya se había ganado la confianza de entre muchos de los piratas,
acumulo favores con otros bandidos con el pasar del tiempo y pronto formó parte importante de aquella
podrida organización. Ahora conocía cada sucio secreto, cada movimiento y sus planes.
Se acercaba lento pero seguro, al lugar donde cautivó estaba el hijo de Horus. Solo para enterarse de
que Hawks había sido entregado al rey como ofrenda al sellar su alianza. 6
Todo ese tiempo buscándolo, y era una vez más Enji Todoroki quien venía a arruinarle los planes.
Pero en esta ocasión, no salto impulsivamente hacia él; mas en cambio guardó su odio, lo cultivó con el
tiempo, esperando y averiguando, planeando paciente por algún día recuperar a Hawks y ver al rey
acabado. Aprendió de sus errores y maduro con ellos.
Pasó el tiempo aguardando paciente, acrecentando la distancia entre ellos y el rey, volviendo inestable
la relación. En esa época, pudo oír del príncipe Todoroki que en busca de aventura apresaba bandidos.
Solo una vez le vio en acción, pero era una suerte que su hermano no le recordara. Ese joven valiente le
traía recuerdos nostálgicos, le recordaba a él mismo en su juventud... Aunque a él le salieran las cosas
mal.
La fortuna le saludo cuando Shōto, sin descanso comenzó su persecución a Shigaraki y los suyos al
saber de todo lo que eran causantes. Y se pregunto, ¿cómo reaccionaría al saber que su padre era parte
de ellos? 1
No olvidaría al incauto que por un poco de oro llevó a su hermano de vuelta a ellos, era una suerte que
el mundo se librará de gente así. Tomo a Shōto y lo puso a prueba; cobro a Chisaki uno de los favores
que le debía y empujo a su hermano justo a donde quería.
No espero que resultara tan bien; cuando Shōto se enamoró de una de las criaturas que ellos perseguían
y cuando el príncipe odio a cada uno de los involucrados, incluso a su mismo padre. eso fue una
victoria sin realmente serlo. Si las cosas no hubieran sido como eran, ahora estaba convencido de que
ellos pudieron llevarse muy bien.
Las cosas solo mejoraron cuando aquel peliverde llegó hasta ellos, le daba un poco de lastima y su
alma recordó a Hawks, pero guardo eso para si, no dejaría que la nostalgia le dominara, tenía que
concentrarse en sus movimientos. Le debía aquel perfecto escenario a Toga, lastima que tuviera que
perecer en una celda por el resto de sus días.
Pero cuando descubrió los planes de su hermano, vio la oportunidad que siempre espero.
Traicionó a Shigaraki e inculpó al rey; la distancia que con los años había logrado crear le fue
favorecedora en esos momentos. Ahora, el que había sido el más grande aliado de Enji Todoroki, iba
tras su cabeza. Aquella carta, fue la mejor de sus jugadas, porque al fin, podía sentir que su venganza
estaba por ser consumada.
Los que una vez arruinaron su perfecta vida se destruirían entre sí. De ese modo lograba concebir su
victoria perfecta; restablecer la vida en paz que perdió.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Con el alma liviana, caminaba rumbo a esa habitación donde su madre solía pasar horas interpretando
las más bellas canciones al piano; esa misma habitación del piano donde un pasadizo secreto se hallaba.
He ahí donde por años, el rey oculto aquel joven que forjaría la alianza con Shigaraki. Escondido del
mundo, Hawks permanencia en manos de Enji.
Pero no... Tanto tiempo cambiaron muchas cosas, y él ya no era el único interesado en aquel joven.
Continuará...
—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
N/A;
-Yummikyo🌸
XXXV. Prefacio de nuestro fin
679 87 109
Autor: Mon_Alice
por Mon_Alice
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Mentiría si dijera que no se sentía angustiado. De algún modo, una extraña sensación apareció en su ser
una vez se separó de Todoroki. Y sin voltear atrás, no prestó atención a lo que sea que el rey necesitara
del príncipe, mas se apresuro a llegar a su habitación. 6
Prácticamente corrió entre los pasillos; con el eco de sus pasos siguiéndole, se encerró una vez estuvo
dentro de la pieza. A pesar de que todo estaba bien, el nerviosismo que le generaba encontrarse con el
rey no era fácil de superar. Respiro profundo una y dos veces, recargándose en la madera cerró los ojos,
ocultando entre las telas el bulto en su estómago.
Cuando se sintió más sereno, se deshizo de sus zapatos y se sentó sobre el colchón, planeando esperar a
Todoroki ahí volteo la vista a la ventana que por alguna razón se mantenía abierta. No había ruido
alguno, el calmado oleaje se escuchaba distante pero cerca, y cualquier eco de la música en el baile
quedó en segundo plano. Pudo incluso quedarse dormido con tan sereno ambiente; pero no aguanto
permanecer mucho en aquella posición. De algún modo no podía estar del todo tranquilo, aquel extraño
sentir seguía presente. Por eso se levanto buscando ignorar el mal presentimiento, y se dirigió al
armario para rebuscar entre sus ropas, cambiarse y al mismo tiempo abrigarse.
La ventana abierta en su balcón permitía que el gélido ambiente le erizara la piel una última vez y la luz
de luna acariciara su figura. No se detuvo ni un segundo a contemplar el perfecto cielo de la noche.
Aquellas finas telas se deslizaron hasta el piso; y por un momento, vio reflejada la sombra de su figura
a su costado en la pared. Quién diría que le sería grato verse de ese modo. Inevitable sonrió. 1
Pronto aquel fastuoso vestido fue reemplazado por sus típicos pantalones, camisa y un simpático
chaleco de verde pino que su amiga Mei había hecho solo para él.
Antes de siquiera poder terminar de abotonar su camisa, sintió un pequeño golpe desde sus entrañas. Su
vista bajo entonces a su vientre, y aunque en un inicio se sorprendió, respiro y enternecido llevó su
mano donde el tenue movimiento de su hijo era más perceptible.
—Tranquilo, volveremos con papá pronto —arrulló con suave voz, a lo que el pequeño pareció hacer
caso, permitiendo que Midoriya continuara abrigándose y calzarse aquellos zapatos que a esas alturas
todavía consideraba como molestos.
Termino de vestirse y aquella extraña sensación de angustia y algo más no se apartaba de su alma; y
aunque Todoroki dijo que lo alcanzaría después, sentía que tenía que salir de ese lugar ya mismo.
Ambos: su hijo y él, necesitaban reunirse con el de mirada dispar. Era una corazonada, algo que no
lograba comprender, pero de algún modo no estaría tranquilo si solo se quedaba ahí.
No tardó en decidirse por sus instintos y seguirlos. Se encaminó a la puerta y estando a punto de correr
en busca de Todoroki, se tomó unos segundos antes de que su mano tocara la manija; de pronto un
escalofrío recorrió su espalda y acto seguido sintió cimbrar todo a su alrededor. Por un instante, lo
confundió con uno más de sus mareos, pero pronto entendió que no se trataba de eso, porque en esta
ocasión además, podía escuchar estruendos y lejanos gritos que solo acrecentaban ese pesar en su ser.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
—¿Qué haces tú aquí? —interponiéndose a su paso en el pasillo, le cuestionaba con osadía y mirada
cargada en fiereza—. ¿Qué demonios quieres esta vez? 1
En el largo corredor, el iris turquesa se encontró con su igual; ambas miradas llenas de bravura, después
de tanto tiempo, estaban frente a frente otra vez.
—Tranquilo, tranquilo —dijo con voz relajada, acompañada de una brizna de burla, levantó las manos
en son de paz—, solo he venido por algo y después me iré. Esta vez no necesito nada de ti; así que solo
apártate, padre. 1
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Dio un paso en calma y sin tiempo que perder, el rey desenfundo su espada; se mantenía alerta pero sin
amenazar del todo al más joven.
A las espaldas de Dabi, el tiritante naranja del fuego se veía cada vez más cerca de su posición, pero
Enji no se distraía en ello.
—No tienes derecho a llamarme de ese modo —dijo sin apartar la vista de la cínica sonrisa en el
desfigurado rostro del que alguna vez fue su hijo—; no es momento para tus tonterías, Touya.
Seguramente, tú causaste todo esto —acusó sin temor a equivocarse.
—Supones bien —respondió acercándose a pasos pausados y sin prisa, sus manos comenzaban a
cansarse y adormecerse, por lo que agitó un poco los dedos—. Vamos viejo, no quieres salir herido —
advirtió comenzando a encender sus manos en flamas azules.
Se había topado en mal momento con el rey, no lo había planeado pero ya era inevitable; maldecía a
Shigaraki por no encontrarlo primero. Ahora, tenía que lidiar con él armado solo con su magia y una
daga que guardaba en su cinto. Estaba en desventaja contra el hombre que era experto en el combate,
pero la astucia de Dabi no dejaba al descubierto su inferioridad, al contrario, le hacía ver confiado.
Aquel apreciable ímpetu molesto al rey. ¿Quién se creía para amenazarle de ese modo y con esa
actitud? Ese chiquillo era aún peor que Shōto, pensaba.
—Largo de aquí.
—¿Recuerdas aquel regalo que forjó tu alianza con Shigaraki? —preguntó ignorando la orden de su
padre mientras bajaba lento los brazos, avanzando con cautela en dirección a él, poco más de un metro
les separaba—. Es mi... amigo.
—¿Y que con eso? —Detuvo el andar del otro al extender su espada frente a su rostro.
A Enji no le gustaba que lo desafiaran, no le gustaba que mencionara a ese joven y tampoco que fuera
ese el motivo por el que Touya volvía a su vida.
—Solo, vine a visitarlo... —dijo sonriente, tratando de sonar inocente; pero aquella máscara no duró
mucho—. Quiero... quiero que lo devuelvas —demandó dejando ver en su mirada una parte de su alma,
esa parte que apreciaba más que un amigo al hijo de Horus.
—Hm, y dices... que solo es un amigo —se mofó de tan banal excusa; Enji pudo leer a su hijo fácil. 1
Dabi no respondió, su rostro no necesitaba interpretación alguna; era claro, se llevaría a Hawks por las
buenas o por las malas. 1
Por unos instantes, solo se escucho el rugir del fuego y el crujir de algunos muebles que eran
alcanzados por este. Las gruesas cortinas que siempre mantenían aquel corredor en penumbras pronto
serían alcanzadas también; en cualquier momento la luz de la verdad invadiría al castillo en compañía
del fuego del destino.
El destello del metal reflejo ambas miradas antes de que el rey sonriera.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Cuando volvió a sentir aquellos estruendos, Midoriya salió al fin para ver de que se trataba. Solo para
encontrarse con el pasadizo un tanto desordenado. Nada estaba en su lugar; algunos de los retratos y
adornos habían caído al suelo, mientras los candelabros seguían meciéndose de un lado a otro sobre su
cabeza, y él se sujetaba vacilante de una de las paredes mientras se encaminaba a donde escuchaba
aquel fragor.
Se detuvo un segundo cuando escuchó una explosión más. Aquel presentir volvió con más fuerza, y se
planteó el hecho de si continuar en busca del príncipe o volver a la habitación y refugiarse, aquello
podría ser peligroso para él y su hijo; tal vez por eso sentía las ansias de reunirse con Todoroki y salir
del castillo.
Se mantuvo inmóvil, paralizado por la incertidumbre, sujeto su vientre y respiro hondo un par de veces,
logrando calmar la inquietud y nerviosismo que se instalaba en su cuerpo. Pero no lograba calmar al
bebé que no dejaba de moverse; a pesar de ser tan pequeño, también podía sentir el miedo, o así lo
interpretó Midoriya.
—¡Izuku! —resonó de pronto su voz como ecos distantes. 1
El tritón levantó su rostro y este se iluminó al verlo correr hasta él; como si hubiera presentido que le
necesitaban, Todoroki apareció para calmar su angustia. 2
—Gracias al cielo estás aquí. ¿Están bien? ¿No te ocurrió nada? ¿Cómo están? —agitado por la carrera,
cuestionó apenas estuvo a su lado sin dejar al otro hablar.
Podía notarse el alivio en sus pupilas, desplazando la aflicción que sintió cuando todo comenzó. El
príncipe le inspecciono rápido y se puso a la atura de su vientre para comprobar que todo estuviese bien
con el bebé.
—Estamos bien —dijo para calmar al otro, dejando que este le revisara hasta que estuviera
completamente tranquilo—. ¿Qué ha ocurrido? —Izuku se sentía desconcertado, por eso trato de
averiguar apenas tuvo oportunidad.
Pero Todoroki seguía ocupado, sintiendo el ligero pero inquieto movimiento en el vientre de Midoriya.
"Nada de aventuras por lo que resta de su embarazo" recordó, eso era lo que Chiyo le había dicho en
Shiketsu; y la situación actual no encajaba en el panorama de sosiego al que se suponía el tritón debía
encontrarse.
El mitad albino no respondió a la pregunta del peliverde, mas se ergio, beso su frente y tomo su mano
con firmeza.
—Hay que salir de aquí —habló recuperando el aliento, para luego, a paso veloz y cuidadoso
encaminarse rumbo a las escaleras principales—. Este lugar no es seguro.
—¿Qué ocurrió? Escuche gritos y el lugar tembló —aseguró preocupado, moviéndose tras el príncipe
que avanzaba con agilidad entre el pasillo, pronto estarían frente a las escaleras.
—No estoy seguro... —respondió cubriéndose con el antebrazo la boca y nariz por el humo que
apareció de pronto; aquello sin duda no era una buena señal—. Maldición —blasfemó y se detuvieron
al ver que las escaleras y toda la parte baja del lugar estaban bajo el manto de las llamas, el tiritante
naranja apenas era visible entre el gris del ambiente—. Hay que buscar otra salida.
Protegiendo a Midoriya del humo se dispuso a sacarlo de ahí cuanto antes. Pero no espero que el buen
corazón y preocupación del tritón le acusara problemas.
-¡¿Pero que paso?! ¿Y los demás? —Izuku reconoció el lugar de inmediato. Tan solo unos minutos
atrás, el salón estaba lleno de vida; la música sonaba y aquellos nobles y sus amigos estaban allí, pero
sus ojos no veían nada más que el caluroso infierno—. Tenemos que ayudarlos pronto. —Forcejeo
intentando soltarse del agarre de Todoroki; en su mente, todas aquellas personas estaban atrapadas en el
fuego, sufriendo.
—Izuku, no, tenemos que salir, no hay paso por el salón —refutó afianzando su agarre cuando intento
correr de su lado; no se permitiría soltarlo, porque de hacerlo, Izuku era capaz de sumergirse entre las
flamas, y no iba a arriesgarse a que les pasara lo que a él... o lo que a su familia.
—Pero, ¡Todoroki! —gritó desesperado dando un tirón más, sin embargo, el príncipe no le soltó a pesar
de sentirse desconcertado al ser llamado por su apellido después de tanto. Izuku no razonaba, no podía
entender cómo es que el bicolor permitiría que alguien muriera.
—Escúchame...
—¡No, tenemos que ir! Suélta-me —forcejeo una vez más, tosiendo poco después debido al humo que
estaba inhalando.
—¡Izuku! —la firme voz detuvo todo intento del peliverde por soltarse de su agarre. Solo entonces se
detuvo a ver a Todoroki; su mirada temerosa y el semblante angustiado no eran coherentes con la
postura firme y valerosa que ostentaba—. Por mucho que quisieras salvarlos, no hay garantía de que
puedas hacerlo... solo seria ponerte en riesgo a ti y al bebé —la labia cargada de verdad en sus palabras
apaciguaron el desespero del tritón y Todoroki aprovecho para alejarlo del deletéreo lugar—. Por favor,
Izuku, no te alejes de mi. No voy a soltarte, así que no me pidas eso, porque es mi deber y mayor
prioridad mantenlos a salvo, a ambos. 2
Su mano se aferró con más fuerza a la suya, la osadía en aquellos ojos tan peculiares era de admirar, tan
decididos a cumplir con su palabra, brillaban en vehemencia.
Midoriya no pudo responder a eso, porque entendió, que a pesar de cuan rebasado se sentía Shōto por
la situación, guardaba la compostura para mantenerlos con vida. Entonces apretó fuertemente los ojos
para no pensar y no llorar, se sujetó con fuerza a la mano que le sostenía con firmeza y asintió para
hacerle saber al otro que haría exactamente lo que él quisiera.
Todoroki agradecería que dejara de lado aquella terquedad y heroísmo, solo por esa ocasión.
—Andando —dijo para encaminarse por otra salida, la única que existía y conocía.
Pues tras ver las escaleras principales bloqueadas, el razonar del príncipe lo orillo a intentar huir por la
parte posterior del castillo, donde, desde su posición en la parte alta, unas escaleras más simples
llevaban directo a la planta baja, junto a la cocina y comedor; cerca de ahí, se hallaba la salida del
castillo rumbo a los dormitorios de la servidumbre.
De ese modo llevó a Izuku tras de él, manteniéndolo cerca, no había soltado su mano en ningún
momento, teniendo especial cuidado en donde pisaban, pues por aquella zona, los vidrios de los
ventanales habían cedido quedando regados por todo el lugar, junto a las relucientes armaduras que
ahora no eran nada más que estorbos en su camino.
—Cuidado al pisar —advirtió al tritón, quien solo asintió aunque el príncipe no le pudo ver.
No sabían si alguna nueva detonación podría darse, por lo que se mantenían alertas, cuidadosos a cada
paso que daban.
De las ventanas rotas, las gruesas y negras cortinas ondeaban por los aires saliéndose del castillo,
permitiendo así que algo de luz de luna entrara, ya que el fresco viento apagó todas las lámparas de
aceite del pasillo, dejando en un oscuro tétrico el lugar. Incluso podía oírse el olear estando tan cerca
del mar; el tritón no pudo evitar voltear un segundo en aquella dirección, ese pasaje y esas ventanas
estaban al lado del acantilado, afuera aguardaba una larga caída a las frías aguas saladas. El deseo de
resguardarse entre ellas no se dejó esperar, la criatura en sus entrañas secundo el deseo y se sacudió
provocando algo de dolor; pero Midoriya no se quejo para no distraer a Todoroki, a sus espaldas, no
podría ver los gestos que hacía.
El príncipe más preocupado por poner a salvo al tritón, se mantenía avanzando; pero no podía evitar
sentirse extraño. Jamás espero ver de nuevo, el que era su hogar solo de nombre de ese modo: tan...
destrozado. Aquel hogar, del que poco quedaba, agonizaba una vez más ante sus ojos. Para Todoroki
era como revivir aquellas tristes memorias del pasado; una infancia y familia pérdidas. Podía ver las
imágenes, recordar los sonidos y reconocer los sentimientos de un niño de diez años en medio de la
tragedia. Si no lograba despejar su mente, sentía que se volvería loco.
Apuro el paso queriendo volver a su realidad, la de poner a Izuku y su hijo fuera de peligro. Por suerte
para él, estaban cerca de aquellas escaleras.
Pero, antes de siquiera llegar al portal de la escalinata, el blanco humo les alertó deteniendo así sus
pasos.
—¿Ha-hay más fuego? —tartamudeo sus sospechas a espaldas del príncipe, para luego toser debido al
molesto humo.
—No... no debería —masculló incrédulo, escuchando el quejar del tritón que cubría su boca tratando de
no inhalar más; desesperado busco en el bolsillo de su traje, solo para encontrarse con aquella tela que
recelosa guardaba el presente de Izuku. Dejo la pequeña perla en su bolsillo y extendió el paño para
que el peliverde cubriera su boca y nariz—. Quédate un segundo aquí —dijo llevando al tritón unos
pasos atrás, junto a un muro, cerca de una de las ventanas que dejaban entrar aire fresco—, iré a ver
que ocurrió, no tardare. 3
—¡No me dejes! —rogó con temor—. ¿Qué hay de eso de no separarme de ti?
Entre el humo, la poca visibilidad y los escombros, ambos sabían que no era la mejor idea para que el
peliverde estuviera, ¿pero que lugar en ese castillo era seguro ahora? Ninguno tal vez.
Izuku, reacio a separarse, soltó su mano y le miró rogando por que volviera pronto por él.
—No lo haré.
Todoroki retiró la tela de su rostro y un último beso fue su despedida. Izuku deseo que fuera eterno,
deseo su final feliz; el pequeño en sus entrañas se removió impaciente como si también dijera "no te
demores".
El esmeralda de sus ojos y la peculiar mirada se encontraron. No hubo más palabras, las ventanas de
sus almas eran claras, ambos podían leer su sentir en el mirar del otro. Solo eso basto para saber que
todo estaría bien.
Entonces Todoroki respiro hondo, tomó aquel lienzo de las manos de Izuku y cubrió su boca y nariz,
para luego adentrarse al humo entre el corredor a ver que había ocurrido con aquella vía de salida.
Esperando por que el incendio no la hubiese alcanzado también.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Fuera del palacio, la desesperación de todos era evidente; no había pasado mucho, pero el desconcierto
aún no se dispersaba. El gélido de la noche se colaba entre los finos trajes de las damas que delgados
no les protegían mucho; temblando por miedo o frío, se podía ver al cúmulo de gente frente al palacio,
incluso los más valientes varones de las nobles familias se notaban petrificados.
Ellos no lo sabían, pero eran parte de una bella postal para un hombre que montado en una balsa a lo
lejos en el mar observaba paciente al desenlace de aquella puesta.
—¡¿No queda nadie más adentro?! —preguntaba Iida de entre todos, tras asegurarse de que tanto su
sobrino como la hermana de Todoroki se encontraban a salvo.
Él, junto a Tetsutetsu y Jiro, se aseguraban de que toda la gente junto a ellos en el salón estuviese fuera
del castillo. Mina ayudaba a Kaminari, quien resultó con algunos raspones por los empujones
desesperados antes de que una parte de la estructura colapsara dejando atrapados a varios que no
alcanzaron a salir.
Los que salieron a tiempo se encontraban en el patio frontal; hincados en la hierba lloraban mientras
contemplaban las llamaradas. Pocos eran los que caían en cuenta de lo que habían perdido.
Iida, no muy consciente aún, no perdió tiempo y se dispuso a cerciorarse del bienestar de sus
compañeros con una rápida inspección visual a su alrededor.
Pudo ver a Inasa y su prima Camie socorriendo a otros nobles, incluso Bakugo estaba ayudando junto a
Kirishima. Pero entre más veía, más comenzaba a notar la magnitud del acto que frente a sus ojos se
mantenía en pleno apogeo.
—¿¿Dónde está Izuku?! —alarmada, era Ochako que advertía del faltante.
—Sigue adentro —intervino pesarosa Tsuyu—, Midoriya y el príncipe Todoroki no estaban en el salón
cuando inició el incendio.
—¡El rey sigue dentro! —gritaban desesperados algunos guardias tratando de acercarse al castillo para
cumplir con su misión de salvaguardar al rey, pero las llamaradas se los impedían. 4
Solo entonces Iida advirtió de sus ausencias, contemplando el enardecido castillo envuelto en fuego; lo
más seguro es que siguieran dentro y para ese momento era casi imposible adentrarse para buscarlos
por la entrada principal.
—Varios sirvientes también están ahí. —Esta vez era Mei la que hablaba; la joven no lograba encontrar
a algunos de sus amigos, por lo que suponía seguían atrapados.
La situación se tornaba peor con el pasar de los minutos. Y ni Midoriya o Todoroki aparecían entre la
multitud, confirmando las sospechas de que seguían atrapados en el castillo.
Acongojado por no encontrar una rápida solución, Tenya chasqueo la lengua tratando de idear algo
deprisa, pero el angustioso jadeo de Ochako le distrajo, la joven castaña veía con lágrimas mientras
cubría su boca a donde su amigo seguía cautivo.
Lo que se decía, no solo logró descolocarles a ellos, varios nobles más, incluidos aquella princesa de
radiantes y bellos cabellos verdes temían por los que quedaron atrapados en la tragedia. Todas las
miradas estaban puestas en aquellas llamaradas, todos paralizados por el miedo, algunos sintiéndose
inútiles y otros más sin creer lo que ocurría.
—¡Mi hermano y padre siguen dentro, ¿verdad?! —fue el despavorido grito de Fuyumi lo que volvió
un poco a Iida en sí.
Llevaba al pequeño Haruno en brazos; la ahora reina de Iidaten no podía ocultar el temor de perder a
los últimos miembros de su familia —que sin saber aún de la reaparición de Touya, los tres se
encontraban en peligro—; Iida, Inasa, Tetsutetsu junto a Mina y los demás guardias sabían que debían
de moverse a prisa para como mínimo intentar aminorar el incendio.
Es así como el Lord de Shiketsu reaccionó primero y comenzó a dar órdenes para que de los pozos los
sirvientes y todo aquel en buenas condiciones, tomaran los cubos de madera y comenzarán así un bao
intento de apagar aquel infierno.
Y aunque se organizaron de prisa y eran eficientes, no les eran bastos sus esfuerzos. Ni siquiera cuando
algunos pobladores de Eiyuu aparecieron para ayudar atraídos por la luminaria en la que se encontraba
envuelto el castillo.
—No creo que lo logren a tiempo —se escuchó murmurar a uno de los invitados, un monje de las
tierras del sur que solo se dedicaba a observar y rezar para que todo saliera con bien.
—¡Cierre la maldita boca! —gritó colérico Bakugo quien le escucho—. ¡Si no ayuda no opine!
El monje no dijo más, simplemente agacho la cabeza ante los coléricos gritos del rubio; pero quien sí
respondió fue quien menos se espero.
—¡¿Eh?!
Era la voz de Kirishima quien lucía decidido, viendo fijamente el incendio, en especial las partes en
donde de vez en cuando el agua lograba abrir huecos entre las llamaradas. Bakugo sabía lo que pensaba
ese tonto de pelo raro —como él le llamaba—; no fue el único al que se le ocurrió, pero aún así,
aquellas brechas no era suficiente para poder entrar, no sin correr el riesgo de sufrir quemaduras o algo
peor.
—Más te vale no estar pensando ninguna estupidez —advirtió, sin notar como Iida y los demás se
reunían sin ellos.
-—Blasty, no podemos perder tiempo —rebatió volteando a verle—, seguro que puedo escabullirme
por algún lugar y...
—Y morir quemado —le interrumpió molesto; él lo había pensado también, aunque no fue el único, sin
embargo, sabía que aquella entrada no sería la idónea en esa circunstancias.
—¡¿A dónde demonios crees que vas?! —gritó al ver como el humano que había escogido de pareja se
dirigía envalentonado directo a las llamaradas—. ¡Pelo de mierda, vuelve acá!
—¡Kirishima! —llamaba desesperado tras del pelirrojo, pero este no se detenía—. ¡Si te mueres te
mato! —amenazó, pero no le respondió. 16
Eijiro solamente frunció el ceño mientras Bakugo se plantó firme en su lugar, viendo al terco de su
novio empeñado en entrar y buscar a sus amigos —y al rey—; al parecer, el pelirrojo planeaba
mostrarle al rubio tritón que no era ningún debilucho, que nada le pasaría.
Pero Bakugo no pensaba arriesgarse, y con todo el bochorno que su alma podía sentir gritó:
—¡Bien, tú le explicaras a nuestro hijo cómo es que su estúpido padre humano murió por terco! 27
Katsuki pudo respirar tranquilo sabiendo que sus palabras habían funcionado y que no tendría que criar
a su hijo solo después de todo. Lo había pensado mucho, pero al final, decidió que tal vez si amaba lo
suficiente a ese torpe y "varonil" humano... tanto, que podía procrear con él; y aunque no era esa la
forma como quería contarle, decidió que tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. 2
—¿Kirishima? —pronunció con duda al ver que este seguía ahí parado sin voltear a verle, gritarle o
alguna otra reacción.
Estaba por hablar, aunque no sabia que decir, cuando al fin Eijiro se movió.
—¿Qué?
—¡Blasty! —Y ahí estaba la tan ansiada reacción; Kirishima se dio la vuelta, con esa carita empapada
en lágrimas y los vidriosos ojos llenos de dicha al saber su sueño hecho realidad: una familia junto a su
Blasty—. ¿De verdad seremos padres?
—¿Eh? —fue lo único que pudo decir antes de que el pelirrojo le saltara encima para besarlo y
abrazarlo.
—¡Ah, Blasty soy tan feliz! —lloriqueaba aferrándose al cuerpo del rubio tritón—. ¡Prometo ser el
mejor padre, esposo y hombre de este mundo y de los otros habidos y por haber y así por el resto de mi
vida, amén! 11
Como si de un golpe de realidad se tratara -y mientras la guardia real seguía intentando apaciguar las
llamas con ahora también la ayuda de campesinos-, Inasa, Iida y los demás venían a su encuentro.
—No quisiéramos interrumpir pero, si quieren, pueden venir con nosotros también —habló Mina
deteniéndose a su lado mientras los demás pasaban de largo.
Y es que mientras ellos discutían, la pequeña e improvisada reunión había terminado con alguna nueva
idea para intentar entrar y buscar a los que seguían atrapados.
—¿Qué planean ahora? —interrogó Bakugo siguiéndoles de cerca cuando comenzaron a caminar,
mientras llevaba a Kirishima pegado consigo.
—¿Kirishima esta bien? —extrañado, fue Sero quien le cuestiono al ver lo bobo que lucía su amigo
abrazado del rubio; Denki solo reía pero Jiro termino con eso al lastimar más su brazo herido.
—Esta bien. Ahora respondan —demandó sin inmutarse por ser apresado en los brazos del otro.
Aun extrañados por la peculiar escena, Mina se dispuso a hablar mientras apresurados pasaron los
muros del costado derecho del castillo, dejando atrás el bullicio del patio delantero, se encaminaron
directo a la parte posterior de este, donde el patio de armas colindaba con las habitaciones de la
servidumbre.
—Bueno... Primero planeamos ir a la puerta que da al patio de armas —explicó apresurando el paso—,
pero la costurera, Mei, recordó que hay una entrada más por la parte posterior del castillo.
Lo que decía era cierto, tanto Bakugo como los demás se pasaron por esa entrada más de una vez.
—Además, por ahí será más rápido llegar al segundo piso para buscarles también —dijo Jiro—, de
seguro las escaleras principales del salón deben estar arruinadas.
—Es solo de uso para los sirvientes, ya sabes, pero será más fácil acceder desde ahí mientras intentan
apagar el fuego del frente —completo Kaminari.
Y sin más que decir, se apresuraron a llegar por la parte de atrás del castillo, confiados de que podrían
ser de ayuda desde ahi.
Pero sus desilusionados y sorprendidos rostros no se hicieron esperar al ver que el panorama en aquella
zona no pintaba bueno. Incluso Kirishima por fin soltó a Bakugo.
—No puede ser... —masculló Iida al ver el desastre y cómo sus planes se veían impedidos.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Todoroki avanzaba cauteloso; cubriendo su boca y nariz con el paño, trataba de distinguir entre lo
espeso del aire, solo para toparse con las escaleras por las cuales pensaba huir junto a Izuku
completamente destruidas, los escombros de la planta baja apenas se distinguían entre el alumbrar de
un pequeño incendio que parecía crecer a cada momento. Seguramente, aquello lo causo una de las
varias detonaciones.
Sin realmente saber que hacer, se mantuvo observando estupefacto la escena. Su única ruta de escape
ya no existía.
Su mente parecía estar en blanco y pronto el paño que sostenía resbaló de sus manos; era tanto el
desconcierto que no le importo cuando sus ojos escocieron y la respiración se le complicó. Fue al toser
cuando decidió apartarse y volver junto a Midoriya, quien le esperaba paciente donde le había dejado,
con el corazón en la mano.
—¡Shōto! ¿Qué ocurrió? ¿Te encuentras bien? —se apresuró a preguntar apenas estuvo junto a él, pues
aquella tos de verdad que no se oía bien.
—Si, si... es solo... —Todoroki no sabia que decir, ¿cómo le explicaba que no tenía ni idea de como
sacarlos del castillo? Se sentía un fracasado.
—¿Qué pasa? —le pregunto una vez más, preocupado, acunando su rostro entre su manos, busco una
silencioso respuesta en tan peculiar iris.
Todoroki contemplo esos ojitos esmeraldas con destellos de temor, temblorosas pupilas que luchaban
por retener lágrimas. El príncipe no pudo sostenerle la mirada o siquiera responderle; sentía como si les
estuviera fallando.
Entonces, inconsciente miró la ventana buscando huir de Izuku. Los rotos vidrios y las gruesas cortinas
seguían ondeando firmes, abriéndose paso al exterior, donde las aguas calmadas se mantenían a la orilla
del acantilado. Un espejo del cielo atrapó por segundos su atención.
—Shōto, vuelve a mi —escucho ligero en los labios de Izuku, y solo entonces sus miradas se
reencontraron, sin culpas, sin miedos.
El príncipe le contempló un momento, con el poco alumbrar de la luna, distinguía las facciones del
tritón y se permitió despejar su mente; reviso cada centímetro de su cara: los labios algo desteñidos,
pero de carnoso rosa, la pequeña pero perfilada nariz cubierta de diminutas estrellas que se extendían
por sus mejillas, y no olvido sus ojos, enmarcados por delgadas pestañas; claro podía ver en ellos la
preocupación. Y mientras él se mantenía hipnotizado con aquella imagen, una de las manos que
sujetaba su rostro descendió hasta tomar la suya; Izuku le guió hasta que pudo sentir su vientre.
No aparto su mirada del rostro de Midoriya, se quedó contemplando sus expresiones aun cuando sintió
a su hijo dentro del peliverde; inquieto, moviéndose casi imperceptible.
Y como si fueran palabras mágicas, Todoroki despertó de su trance, más calmado, seguro de lo que
tenía que hacer, pero aún sin responderle lo que había encontrado tras todo ese humo.
Miro una vez más por la ventana, e Izuku le imitó sin saber todavía lo que maquinaba la mente de
Todoroki. Pero, antes de que siquiera le contara lo que pensaba, el príncipe pudo distinguir por el
rabillo del ojo una silueta al final del pasillo.
Si no hubiera volteado a tiempo, jamás podría comprobar a lo que se enfrentaban. Pues casi
imperceptible, cual fantasma, aquel al que tanto buscaban pasaba de su parecencia con relajada actitud.
Las pupilas de Todoroki se contrajeron advirtiendo el peligro; solo unos segundos bastaron para que la
poca calma que Izuku había logrado transmitirle se derrumbara; pero, ¿cómo podía sentirse tranquilo si
se encontraba en medio de un incendio junto a Izuku y Shigaraki?
Las ansias de poner a salvo al tritón eran inmensurables. No le tomo mucho entender que lo mejor sería
evitar un confortamiento directo. Solo perdería tiempo, no podía dejar a Izuku más en un lugar que
pronto terminaría consumido por el fuego; además, no tenía arma alguna, con lo único que contaba a la
mano eran las baratijas de las armaduras regadas por el piso y no conocía de lo bueno o malo que era su
oponente en batalla. Aquel razonar le obligó a mantenerse quieto, aguantando la respiración como si
eso hiciera que el otro no advirtiera su presencia. El sudor frío que recorrió su nuca le hizo temblar. El
tiempo pareció alargarse mientras su corazón iba más a prisa.
Que se fuera rápido, rogó su inconsciente.
Solo habían pasado unos segundos, pero entre la tensión se habían vuelto eternos.
Su tormento llegó a su fin cuando la silueta de Shigaraki se desvaneció tras una de las paredes,
entonces el príncipe pudo respirar más ligero. El destino estaba regalándole valioso tiempo para pensar;
por esa ocasión, fueron bendecidos, y Shigaraki no les había notado.
—¿Shot...?
Antes de que terminara de hablar, cubrió desesperado su boca, sin despegar su peculiar mirar de donde
había pasado Shigaraki. Tenía miedo que incluso el nervioso palpitar de su corazón los delatara y
atrajera al bandido.
Izuku, sin entender lo que ocurría, se mantuvo quieto, viendo lo tenso en la postura del príncipe. Él
jamás se dio la vuelta, él no pudo ver a Shigaraki y por tanto, no era consciente de la amenaza.
Expectantes, ambos esperaron quietos por corto tiempo. Y aunque el mitad albino aún no sentía que
fuera seguro, retiro su mano de la boca de Izuku, pero sin apartar su vigilante vista del corredor.
Fue entonces que el pecoso noto a alguien más en el pasillo; absteniéndose de preguntarle al príncipe
de su pasado actuar, se soltó de él para ir al encuentro de Mirko. Solo entonces el de mirada dispar le
prestó atención.
—¡Mirko! —dijo aliviado de verla con bien—. ¿Te encuentras bien? ¿Todavía hay más personas en el
castillo? —preguntó apresurado, sin notar que sus casi imperceptibles gritos ponían más nervioso al
príncipe, quien de inmediato volteo a vigilar el corredor. 1
—Yo estoy bien; ustedes, ¿por qué siguen aquí? —dijo asustada y sorprendida cuando les vio,
olvidándose por unos segundos del protocolo al dirigirse a algún miembro de la familia real o siquiera
responder correctamente el cuestionar del tritón—. Mi príncipe, debe salir del castillo —habló
dirigiéndose a donde el de cabellos bicolores seguía viendo fijamente por donde se había ido Shigaraki.
—Baja la voz —regañó—. No podemos salir por la sala principal, ni tampoco por la de los vasallos...
Estamos atrapados —concluyó para sorpresa de la morena.
Entonces solo reino el ruido de las cortinas ondeantes y el casi imperceptible oleaje; Izuku se tomó del
vientre y aguanto los gestos o quejas que pudieran delatarle. Todoroki volvió su vista por el corredor y
Mirko se enfrascó en sus pensamientos.
Ella no podía creer lo que le contaban, no pensó que estuviera todo tan mal. Cuando escuchó aquellas
detonaciones, de inmediato corrió en busca del rey para recibir indicaciones sobre su encomienda; sin
embargo, tras no encontrarlo por ningún lado, decidió hacerse cargo ella misma —si no es que el
mismo Enji ya se le había adelantado.
Ingenuamente creyó que todos habían logrado escapar, por lo que sin recelo se dirigía apurada rumbo a
las escaleras posteriores que solía usar junto a los demás sirvientes. Una vez más se equivocó, pues un
nuevo obstáculo se le presentó tras enterarse que esa salida había desaparecido víctima de las
detonaciones, ahora ya no tenía más opción.
En cambio ahora, la compañía del príncipe y su amante le ponían en un dilema; estaba apurada, y entre
su deber con los secretos del rey y con poner a salvo a su príncipe no lograba ponerse de acuerdo.
—¿No hay otra salida? —intervino Izuku algo agitado, pues cada vez le era más difícil respirar.
Todoroki no pasó por alto la debilitada voz del tritón, atribuyéndole erradamente al humo que
silencioso se acercaba a ellos a cada segundo, recuerdo fehaciente de lo que debían escapar.
Apartó su vista vigilante -confiando en que Shigaraki no volvería por ahora-, y una vez más, asemejo
las ventanas rotas a su costado izquierdo; en esta ocasión, la idea de escapar descendiendo con ayuda
de las cortinas se palpaba con más claridad en su pensar, el agua podría amortiguar la caída, si es que
las filosas rocas no les recibían antes.
Y mientras Todoroki se carcomía el pensamiento en como sacar a Izuku de ese lugar y si sería esa o no
una buena idea, el tritón respiraba profundo buscando que aquel malestar pasara pronto; cubría su
pequeño vientre en forma protectora y aunque no percibía dolor alguno, sentía como si fuese a
desvanecerse en cualquier momento; no podría decir cuanto más se mantendría consciente. Trataba de
mantenerse entero para ser de ayuda y no una molesta carga, Izuku de verdad intentaba conservarse
fuerte.
—Yo se por donde podemos salir —dijo de pronto, llamando la atención del de cabellos bicolores,
aunque el tritón apenas pudo voltear a verle—; síganme. 11
Continuará...
—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
N/A;
Perdonen el retraso ㅠ A ㅠ) pero al fin está aquí otro capitulo UwU
Y bueno, al fin tuvimos algo más del kiribaku aquí y tal vez parezca apresurado o salido de la nada (👶),
pero es que no me alcanza inspiración para escribir más de su amors xD perdón por dejarlos de lado y
no darles tanto desarrollo... quizá después haga un extra o algo de todas esas escenas que corte para no
desviarme en la historia principal y el tododeku.
¿Les gustaria algo asi como un "crónicas de tritón" ? También pondría incluir del miritama o alguna
otra ship que salga por ahi ¿Qué opinan? 11
Bueno, espero estén disfrutando de estos últimos capítulos :3
Sinceramente no se cuando vuelva a actualizar xd aunque espero tardar menos, ya tengo compañera en
el trabajo y así menos estrés y esas cosas, lo que es igual a más tiempo libre para escribir! osi >:3
Por cierto, revisando los capítulos me di cuenta que el de "cortejarte" tiene 1k de lecturas y subiendo
7w7 es de los pocos (junto a los primeros) que tienen esa cantidad D: Que pena, pero gracias por sus
lecturas (/w\)
-Yummikyo🌸
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(N/A; Pueden reproducir la música en multimedia, o buscar la canción "Isabella's Lullaby - cover by
AmaLee" para disfrutar la lectura en la parte EndeHawks y la escena final uwu) 1
—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
En un rápido movimiento el rey se deshizo de la estorbosa pero lujosa capa a juego con su traje,
mandándola demasiado cerca donde Dabi. El manto guinda en el aire impedía la vista del pelinegro,
quien anticipando cualquier engaño, desplegó sus llamaradas para apartar la tela de su camino. 7
El abrazador azul se encamino a donde su amo dictaba; y antes de que cayeran al suelo las cenizas de
seda, la espada del rey, impetuosa atravesó las llamas en busca de dañar al pelinegro.
Apenas vio salir de entre el azul el metal, Dabi, se apartó sabiendo que de no hacerlo su vida terminaría
ahí. Una llamarada a tiempo hizo retroceder a Enji y Dabi aprovecho a tomar distancia también.
—Hey, cuidado con eso —habló con aparente tranquilidad; no le sorprendería si es que su intención era
matarlo, después de todo, era mutuo—. Al menos deja que yo también tenga una —dijo refiriéndose al
arma—, no sería justo que solo tú tengas; ¿dónde está tu honor y justicia? ¿Ah? —se mofo sabiendo
que aquello no existía en aquel hombre. 2
—Eso es para los débiles. —Dabi sonrió con tan petulante respuesta, pero no estaba sorprendido—.
Además, no es como que estés muy indefenso que digamos —agregó refiriéndose a su fuego azul.
—Me atrapaste —concedió—, si tengo un par de ases bajo la manga. —Llevó la mano al cinto de su
pantalón, donde desenfundo una pequeña daga que aunque nunca usaba, siempre llevaba consigo—.
Creo que tendré que llevármelo a la mala, ¿no es así? —dijo para sí mismo pero en voz alta,
anticipando el inicio de una batalla por causa del amor. 8
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
—¿Por qué estamos aquí? —cuestionó Shōto al verse dentro de la biblioteca y, a veces, estudio de su
padre. Con la ansiedad de que aquel que vagaba por los pasillos no le hubiera seguido, miraba
insistente la puerta.
Ni Todoroki o Midoriya lograban imaginar una sola razón por la cual Mirko los llevó hasta ese lugar;
con la mirada puesta entre centenares de libros, su mente buscaba razón lógica.
La morena no respondió al príncipe; mas apresurada, intentaba mover uno de los estantes sin tener
mucho éxito con ello. Izuku trato de ayudar, pero al ver esto, Todoroki, corrió en su ayuda sin
reprochar, apartando al Tritón que respiraba agitado.
Era bastante pesado, pero con un poco de esfuerzo, el mueble comenzó a moverse al fin. Pronto,
Midoriya pudo ver un hueco en la pared que era descubierto de a poco en poco; ¿era esa una salida?
—¿A dónde lleva? —preguntó el príncipe al haber apartado el estante por completo.
—A la salida —confirmó la morena tomando una lámpara de aceite de las que había olvidadas en la
sala, para luego adentrándose valiente por el pasadizo para así comenzar a descender las estrechas
escaleras de caracol—. Dense prisa, esto se cerrará en cualquier momento. 2
Todoroki lo pensó solo un segundo antes de volverse hacia Izuku y tomarle la mano para seguir a la
morena rumbo a lo desconocido.
Cuando los tres estuvieron dentro, justo como dijo Mirko, el pasaje se cerró.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
—Olvídate de él —dijo antes de asestar otro golpe que fue perfectamente esquivado.
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•ADAPTACIÓN•
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de su desacuerdo con la boda, su mayor enemigo Shiga...
—¿Estas de broma? —Dabi apenas podía seguirle el ritmo defendiéndose con la daga; sus llamas eran
una gran ventaja no lo negaría, sin ellas, hace rato que su vida habría sido alcanzada por la espada del
pelirrojo.
Hasta el momento solo habían logrado hacerse heridas superficiales el uno al otro: cortes y quemaduras
de primer grado; por si fuera poco, el calor en el estrecho pasillo aumentaba no solo gracias a Dabi,
sino también producto del incendio que se acercaba más a ellos. El humo ya les comenzaba a rodear, y
aunque les era molesto respirar, ellos resistían, ninguno estaba dispuesto a perder.
—Yo no bromeo —contestó su ronca voz aguantando una vez más las ganas de toser.
Su pecho subía y bajaba, símbolo del cansancio de una batalla, una que en antaño hubiera ganado en
menos tiempo, pero los años no pasaban en vano, ya no era tan resistente como en su juventud.
Dabi no se veía mejor, el combate cuerpo a cuerpo no era su fuerte, nunca lo fue; según su padre, él
siempre fue demasiado débil... un cuerpo tan frágil. Pero eso cambió cuando obtuvo su poder; desde
entonces dependía de este y jamás se vio enfrentado a alguien que pasara de el.
Sin duda alguna, hasta en los que él creía eran sus últimos momentos, el maldito viejo era una completa
molestia.
Su plan no estaba yendo del todo bien, se suponía que Shigaraki sería quien acabaría con el rey, no él;
él debería estar rescatando a Hawks de su prisión, conduciéndole a un porvenir lleno de ventura y
dicha... Pero no. Al contrario, estaba atorado en ese corredor.
—Solo hazte a un lado —masculló iracundo por el tiempo que estaba perdiendo, si no se apresuraba
quedaría atrapado en ese infierno.
Entonces, dirigiendo una nueva llamarada hacia su rival, una sonrisa se dibujó cuando el rey no tuvo
tiempo de apartarse; el fuego terminó lastimando parte de su cara y brazo derecho que uso para
cubrirse. 18
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
—¿Dónde demonios está, dónde demonios está? —se preguntaba mientras andaba por los oscuros y
solitarios pasillos—. Debería estar aquí, se supone que estarías aquí. —Rasguñaba su cuello con más
fuerza, tanta que la sangre comenzaba a brotar, pero no calmaba la desesperación que sentía—. Aparece
ya, aparece ya...
Arrastraba una especie de ballesta que había recogido de una de las muchas armaduras que servían de
decoración en el castillo; con ella, planeaba cobrar su venganza contra el rey.
Todo le había salido bien; en cuanto vio al rey dejar el salón del baile, dio marcha al plan de su
venganza.
—¿A dónde es que fuiste maldito viejo traidor? —decía volviendo al punto de partida en la escalera
principal.
Era imposible que alguien quedara vivo entre tanto fuego; y no podía entender cómo es que Enji
Todoroki no se encontraba por ninguna parte de la planta alta del castillo.
Shigaraki no contemplo, que Enji solo había ido a buscar a Shōto, y cuando le encontró, volvían al
salón cuando apenas ellos comenzaron su alboroto de fuego y pólvora. Era evidente que estando tan
cerca de las escaleras, el rey lograra llegar al salón y después ir al pasadizo que conducía a la
habitación del piano, donde ahora se enfrentaba con Dabi.
Para la mala fortuna del bandido, él había quedado atrapado entre los pasillos y habitaciones de la
planta alta del castillo. Ambas vías de acceso estaban destruidas o eran imposibles de usar —de eso se
encargó Dabi, de que no hubiera escapatoria para ninguno— y por desgracia para Shigaraki, él no
conocía aquel pasaje que Mirko y el rey si.
—Maldita sea —reía desquiciado al no entender lo que estaba pasando, ¿por qué no encontraba a ese
bastardo en ningún lado?
Con las llamaradas y el humo escalando hasta su posición, busco desesperado donde pudiese respirar.
Así llegó hasta las ventanas rotas del corredor que conectaba con la salida de la servidumbre; ahí donde
las cortinas ondeaban en dirección al acantilado, a la luna y el mar.
Se detuvo a ver por estas, con la retorcida sonrisa, se dio cuenta de que si no salía pronto, moriría
irremediable.
Y se quedaría ahí, maldiciendo su destino, mientras veía el majestuoso cielo nocturno, los últimos
momentos antes del alba, antes de que su vista distinguiera un punto fijo en el mar, una conocida
silueta en la balsa. Antes de que sonriera, antes de que...
—Oh, vaya.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
La hueca pared se abrió dejando entrar a Mirko en la sala del piano, todo estaba tal cual debía: el piano
marrón en el centro de la sala hexagonal, las gruesas cortinas cubriendo los enormes ventanales y los
candelabros que solían alumbrar la sala, mismos que permanecían apagados.
—¿Qué hacemos aquí? —inquirió tras salir del pasaje. La verdad, es que esa habitación fue en la
última en la que pensó terminar.
Por su parte, Izuku, reconoció aquel lugar de inmediato. Aquella vez que siguió al rey hasta perderlo en
esa sala y donde Mirko le encontró; no cabía duda de que era la misma.
Confundido, se aferró al brazo del príncipe y avanzó con él a donde la de cabellos blancos rebuscaba
entre la pared. Para ese momento, la criatura en su seno se encontraba más calmada, pero el miedo y los
casi imperceptibles dolores persistían. El tritón ahora estaba desesperado por sumergirse en el mar, pero
lo único que podía hacer era intentar calmarse al lado del príncipe. Por fortuna, aquello parecía
funcionarle.
—Por favor, no pregunte más —pidió sin parar de tantear la pared—. Debemos apurarnos, el humo se
puede oler cerca —dijo advirtiendo de lo que podía estar ocurriendo tras la puerta, sin realmente
imaginarse el dilema que ahí se encontraba.
—¡Lo tengo! —soltó alegre mientras un nuevo pasadizo se abría frente a ella, sorprendiendo a los dos
jóvenes que no se creían que hubiera uno más en el castillo; y, al mismo tiempo, dudando si esos dos
serían los únicos—. De prisa, no hay tiempo que perder. —Tras aquello, tomó la lampara y presurosa
bajo uno a uno los escalones hasta irse perdiendo en la profunda oscuridad.
Si no quieran quedarse atrás, tanto Izuku como Shōto debían apurarse a seguirla.
—Izuk...
—Vamos —interrumpió con convicción la duda en las palabras del príncipe. Fue entonces que sus
miradas se encontraron fugaces y sin palabras se dijeron que pase lo que pase, ambos saldrían de esta,
invencibles, confiaban uno en el otro, y estaban listos para seguir.
De ese modo, todavía tomados de la mano, volvieron a seguir a la morena por el nuevo pasaje
desconocido.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Enji se encontraba mal herido, descansando de rodillas en el suelo a una distancia prudente de su
oponente, no apartaba la vista de este. Las feas laceraciones que había ganado durante la batalla ardían
como el infierno; el mismo infierno que comenzaba a rodearle por completo. Los pulmones le escocían
por el humo que aspiraba y la sangre brotaba cual manantial, mientras las gruesas cortinas que tanto se
esmeró por que permanecieran cerradas, se veían consumidas hasta extinguirse por las llamaradas,
dejando a la luz nocturna colarse y perderse entre todo ese naranja resplandeciente.
El rey sabía que el abrasador fuego pronto alcanzaría también la sala del piano, y no podía permitir
aquello, dejar pasar más tiempo sería imperdonable. Tenía que asegurarse con su propios medios que
estaría a salvo; por eso, desesperado se vio obligado a hablar, a pesar de que la poca energía que le
quedaba debía guardarla para terminar el combate.
—Lárgate de una buena vez... Ya te dije... que aquí no hay nadie para ti... Él no esta más aquí —apenas
pronunció con voz cansada sin despegarle la dura mirada.
—¿Y crees que le creeré a un embustero como tú? Mírate, estás acabado maldito viejo —se burló, y
aunque se encontraba igual de exhausto aguantando el dolor en la piel producto de su magia, aquella
cínica sonrisa de victoria no se apartaba de su rostro; Dabi ya podía sentir que sus pupilas acariciaban
nuevamente la inmaculada imagen de aquel alado ser, y eso para él valía cualquier sacrificio.
Pero para sorpresa del hechicero de fuego, el Todoroki mayor rió cansado, como con burla arrastrando
cada sonido, preparándose a soltar un golpe. Aquello no era buen augurio.
—No estoy mintiendo, no esta vez —respondió mientras se levantaba apoyado en su espada. Por
alguna razón, se podía palpar la verdad entre su venenosa lengua. Y Dabi sintió miedo, miedo de la
honestidad del rey.
El azul que comenzaba a predominar, fue decayendo poco a poco hasta casi extinguirse. En la mente
del que una vez fue un príncipe, solo cabía la idea de que su padre, el rey, había terminado por
extinguir la grandeza de aquel que el tiempo no le dio oportunidad de querer.
Sin embargo, la parte insatisfecha de su alma que clamaba por aquel final feliz se negó a ver la verdad
en la voz de Enji. No estaría tranquilo hasta comprobarlo, su necio corazón veía la esperanza que el
amor crea cuál venda ante los ojos del hombre.
Encendió nuevamente su ira y corrió a encontrarse con su anhelo, aún si tenía que pasar por encima de
su padre, no le importo. Mientras que el rey ya le esperaba listo con la filosa espada entre sus manos y
la misma fiereza o mayor que la de Dabi, alimentada por un sentimiento. 4
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Mirko fue la primera en entrar, de inmediato encendió una lámpara que alumbraba mejor y después
dejo la que ya llevaba para ponerse a buscar. Se notaba apurada, como queriendo que no notaran lo
inevitable.
Entonces aparecieron Todoroki y Midoriya. Confundidos cruzaron el umbral hasta ver con más detalle
el lugar: Unas sala amplia de paredes rocosas ennegrecidas por el tiempo, sin ventanas pero con dos
puertas, una de ellas por la cual cruzaron. Notaron algunos baúles repletos de telas y libros, varios de
ellos cerrados y otros abiertos; juguetes de madera regados por el piso, y en la mesita del fondo,
muñecas de trapo como las que solía usar Fuyumi de niña. Incluso podrían jurar, que vieron unas
cuantas plumas rojas en medio de todo el desorden. Notaron también en una esquina, una cama repleta
de sábanas revueltas, como amontonadas, cubiertas por velos guinda que llevaban hasta el techo,
mientras más de esas diminutas pero distinguibles plumas rojas se esparcían por la cama. 2
Y ahí era donde Mirko buscaba entre las sábanas, susurrando el nombre de alguien que no podía ser
escuchado por la joven pareja.
—Mirko, exijo saber que pasa aquí —demandó harto de no entender nada.
Pero sus palabras solo hicieron que la morena detuviera su búsqueda y aún sin voltear a verlos dijo:
—Por favor, no me pregunte más —rogó en un murmullo apenas audible en el que se notaba la
angustia del dilema en el que se encontraba; debía obediencia su príncipe, pero aún mayor a su rey—,
solo hago mi trabajo.
Todoroki se estaba desesperando y Midoriya miró con temor el ceño fruncido en el príncipe, pero antes
de que alguien pudiera hacer o decir nada, de entre los baúles, juguetes, telas y libros, un diminuto ser
corrió hasta Mirko para sorprenderla.
—¡Rumi! —gritó saltando de su escondite hasta llegar y abrazar los pies de la mujer. 15
—Aquí estabas —habló agachándose a su altura para levantarla con cuidado y tomarla en brazos—. Me
asustaste cuando no te vi en la cama. —Aliviada la abrazo frente a los confundidos ojos de Midoriya y
Todoroki.
El príncipe intuía lo que veía, pero no sabía decir a ciencia cierta lo que era. Aquel plumaje rojo, de
unas pequeñas vero vigorosas alas, ¿era ella una criatura mágica?
En cambio, el tritón si que lo sabía, lo supo desde que la vio y estaba asombrado; por un segundos hasta
olvidó sus malestares físicos de la impresión, pues aún entre los míticos, esa pequeña era un mito.
—Hijo de Horus —murmuró con sorpresa y cierto temor. Todoroki apenas pudo oírle, pero no tuvo
tiempo de preguntar más cuando la plática de los otros le robó la atención.
—Perdón —se disculpó la pequeña con un puchero; escondida entre el hueco de su cuello, se separó
para preguntar—: ¿Dónde esta papá? 14
—El... —Mirko calló de inmediato, pues no sabia donde es que estaba el rey; ella lo pensaba junto a la
pequeña y probablemente fuera del castillo, pero al encontrarla en la habitación era evidente que seguía
dentro, o que solamente no podía tener acceso a la sala. No quería ser tan pesimista, pero estaba segura
que de ninguna manera dejaría sola a la pequeña en medio de todo ese caos. No por nada la había
cuidado durante esos años, no por nada, planeaba llevarla lejos de su mundo cuando se retirara del
trono dejando a su hijo en su lugar. Enji Todoroki deseaba que la prueba de su fugaz amor tuviera la
libertad y seguridad que Hawks no. 20
Se quedó callada, viendo los enormes ojos turquesa contemplándola ansiosos por una respuesta. Una
que no tenía.
—Quiero... No. Te ordeno que me digas quien es ella —dijo de pronto Todoroki al no aguantar más no
enterarse de nada, parecía como si todos supieran algo, incluso Izuku, quien al ser parte criatura
mágica, conocía más de la pequeña niña que la propia Mirko y el rey juntos—. ¿Qué es un hijo de
Horus, a quien llama padre? —inquirió desesperado por respuesta, pero ella no contestó. Izuku le miró
sin saber que decirle, soportando las ganas de salir corriendo rumbo al mar temeroso del castigo de los
dioses al estar tan cerca de la niña; mientras la pequeña, al verlos como desconocidos, se escondía otra
vez en los brazos de la morena—. ¿Acaso eres tú la madre? —volvió a preguntar.
Mirko apartó la mirada, y aunque no se sentía del todo bien, Izuku intervino.
—¿Qué?
—Cuando uno de ellos nace, su madre muere —explicó lo que sabía de la leyenda a su pareja—, por
eso es que hay tan pocos... Por eso y... —Izuku no quiso hablar de aquellos cuentos en los que se
contaban las calamidades que la humanidad cometió hasta llevar a los hombres halcón a la casi
extinción; no quiso recordar el miedo. Eso, y que el bebé en su vientre comenzaba a moverse
desesperado nuevamente, provocándole incomodidad—. Dicen que de las cenizas de la madre es que se
alzan ellos. Son de las criaturas más antiguas y mágicas, ellos te bendicen pero también te maldicen...
Shōto, ellos son lo más cercano a una deidad en persona —mencionaba viendo a la pequeña temeroso,
mientras se tomaba el vientre con una mano y con la otra se aferraba al brazo de Todoroki. Su pueblo
sabia que de cometer una falta contra los hijos de Horus, las calamidades les azotarían, y Midoriya no
quería ni pensar lo que aquella pequeña habría sufrido en ese lugar que parecía una prisión; y eso que
no sabía nada de su padre, Hawks. 5
El bicolor no entendía mucho de lo que decía, pero si se acercó al tritón cuando el apretón en su brazo
se intensificó.
—Él dice la verdad —habló de pronto Mirko—. Su padre... un hombre halcón, murió dándole vida a
esta pequeña —dijo acomodando mejor a la rubia entre sus brazos, quien curiosa, observó al que sin
saberlo era su hermano—. Su nombre es Yuriko, Todoroki Yuriko.
—... ¿Qué? 9
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
El agónico grito murió ahogado entre toda la sangre que brotó por su boca. Se sujetó fuerte al hombre
frente a sí, mientras sentía el calor empaparlo y el dolor atravesándolo.
Entonces, por un instante, juro verle oculto entre las llamaradas a su alrededor. Tan majestuoso como
en antaño, el joven de cabellos dorados y alas escarlata le veía solo a él.
—Sabes, de los pocos humanos que he conocido, tú eres el único que me agrada —dijo sonriente,
sentado en la gruesa rama de aquel árbol, mientra el sol que se colaba entre las ramas contrastaba con
sus alas.
Al rememorar aquello, una sonrisa se poso en sus labios, y antes de que la risa se le escapara, la
respiración se le corto y más sangre escurrió.
—Mi querido hijo... —La sonrisa cansada pero dulce de la mujer le envolvió en un escenario tibio y
blanquecino, calmado.
Antes de que pudiera recordar la frase completa, la filosa espada abandonó su cuerpo y se llevó una
parte de su vida; la fuerza en sus piernas le traicionaron, y no cayó al suelo gracias a que fue sostenido
por el pelirrojo. 12
—¡Corre Touya, corre! —gritaba un pequeño de cabellos blancos tras de él, huyendo de la pequeña
niña de lentes y revoltosos cabellos blancos y mechones rojos que estaba por atraparlos.
—¡Los alcanzare a ambos! —decía entre risas la pequeña princesa, y el reía a coro con ella.
—Tengan cuidado —dijo la mujer que sentada en medio del jardín, llevaba en brazos a un pequeño
bebé de cabellos bicolores.
—¡No nos atraparas! —afirmó él, haciendo trompetillas de burla con la boca—. ¡Corre, Natsuo, corre.
Que no te atrape Fuyumi!
Lo recuerdos le golpearon otra vez, las risas se perdían en ecos distantes y su mente viajaba cada vez
más lejos de su cuerpo y su presente. Ya ni siquiera sentía dolor, solo el frió que se colaba hasta sus
huesos; a pesar de estar rodeado por el fuego, la muerte le abrigaba con su gélido manto.
—No te aferres más a mi —musitó una voz conocida por él—. Que yo ya soy libre.
Lo recostó en el suelo, con la delicadeza que nunca tuvo con él; observando el rostro del que era su
hijo, su traje se impregnaba del granate líquido, siendo la prueba de su crimen y la mancha de afrenta
contra los suyos.
Observo atento y acongojado los azules ojos de Dabi, destellantes de beatitud ante los últimos
momentos de su vida. Enji se preguntó, si acaso habría visto el cielo, y si seria tan maravilloso como
para que una sonrisa en los lacerados labios se pintara al final; nunca sabría cuáles fueron los
pensamientos que le acompañaban en la muerte, pero deseaba que fueran buenos.
Una funesta lágrima fue derramada antes de que el último suspiro de Dabi... de Touya Todoroki fuese
dado.
Defendió lo último que quedaba del amor torcido que había tenido por aquel joven magnifico. Protegió
a su hija, al costo de su propia sangre.
Y aunque ahora se veía libre de impedimentos para correr al lado de Yuriko, ya era demasiado tarde
para ello. La batalla se prolongó más de lo que había previsto, el fuego estaba por todos lados, la puerta
de la sala del piano había sido alcanzada y seguramente su interior también, ya no era esa una ruta
viable, aunque Enji no podía darse cuenta. Por si fuera poco, su cuerpo estaba en pésimas condiciones.
No solo eran las quemaduras que deformaban y ennegrecen su piel, sino que Dabi había logrado asestar
algunas cuchilladas que dieron de lleno en los costados de su pecho y parte de sus brazos. La sangre
huía de su cuerpo y dejaba al dolor como único residente, moverse en esas condiciones era un calvario,
y si no era atendido pronto, corría con la suerte de morir.
Suspiro abatido tras cerrar los ojos del que una vez fue su hijo. Y pese al dolor —tanto físico como
anímico—, se levantó dejando olvidada su espada por el piso manchado de hollín, para encaminarse a
la sala del piano. Se irguió orgulloso así, sosteniéndose el costado derecho para evitar perder el vital
líquido, se hecho a andar a paso lento.
La madera de los marcos crujía presa del clamor de las llamas, los retratos derretían sus colores a su
paso y las cuerdas de los candelabros se rompían dejando que cayeran al suelo. Las cortinas se
redujeron a cenizas y los ventanales descubiertos reventaron por el calor, pero él nunca lo noto.
Incluso cuando sus ropas fueron alcanzadas por las llamaradas y su mano se empapo de rojo mientras
se adormecía su cuerpo, no se detuvo...
Avanzo.
Y, avanzó.
No pudo saber de la crisis financiera que enfrentó la nación, ni como las cosas en el próspero reino
empezaron a tornarse más difíciles. Todos sabían lo arduo que seria reconstruir aquel castillo, y lo
indefensos que se encontraban en esos momentos no era un secreto; pero Hawks de eso no se enteró.
De todos modos, no podría hacerlo en aquella prisión. Pequeña y oscura, el hombre halcón se había
resignado a pasar el resto de sus días como sus antecesores: Como un amuleto de fortuna para los
humanos, un simple trofeo que moriría en cautiverio.
Sonreía viendo al cielo por aquella rendija, soñando con los días de libertad que vivió en la montaña
que fue su hogar.
Pero a diferencia de él, que ignoraba lo que ocurría en el mundo, sus captores estaban al tanto de todo.
Shigaraki se acercaría al rey para negociar aconsejado de Kurogiri, discutirían y luego se alejarían
dándole tiempo de tomar una decisión; misma que no tardaría en llegar.
Enji no logró obtener apoyo de nación alguna; ninguno de los tratos eran justos para su gente, y por si
fuera poco, algunos reinos enemigos veían en esos tiempos oportunidades para invadir sus territorios.
Era ese, bajo su reinado, el peor escenario para Yuuei, y ante tanta presión, sucumbió a la tentación. No
quiso admitirlo, pero aquel chiquillo de aspecto deplorable le brindaba una buena oportunidad. Le
financiarían para reconstruir el palacio sin que el pueblo se viera afectado por los impuestos o las
guerras, ya que, además les brindarían armamento a sus soldados que más tarde serían fuente clave en
un pequeño intento de declaración de guerra que no pasó a mayores. Y todo a cambio de dejarlos
comercializar criaturas mágicas por el reino. Un precio justo para todos, para todos menos para esos
seres míticos que se ocultaban del mundo y que Yuuei junto a más naciones acordaron no perseguir o
hacerse de ellas para su beneficio.
Fue así como los bandidos surcaron los mares y las fértiles tierras del reino, aumentando su poder,
riqueza y ambición de forma proporcional. Fue tanta la codicia, que en cierto punto los pobladores de
Yuuei fueron volviéndose parte de las víctimas. E incluso así, el rey no pudo hacer nada.
Mas en cambio, su silencio fue recompensado por los mismos bandidos, quienes le entregaban una
pequeña parte del botín, con la que el reino pudo prosperar frente al mundo.
Lo que pensaba o sentía el rey era un completo misterio, quien solo se dedicaba a su subyugado pueblo,
dándoles falsas esperanzas, y al que sería su nuevo sucesor. De ese modo separó a Fuyumi de Shōto. Al
cumplir dieciocho, envió a su hija al reino de Idaten como parte de un matrimonio arreglado; cerró las
puertas del castillo, y solo se enfoco en su trabajo como gobernante, en inmortalizar su nombre entre
las naciones y el tiempo. Lo mismo planeo para el nuevo príncipe a la corona; Todoroki Shōto creció
alejado de una niñez normal, formado para ser el mejor, las expectativas puestas en él eran grandes.
Y en medio de toda esa aparente normalidad, y la apatía que el rey mostraba al mundo, llegó a sus
manos el que sería la salvación de su corazón y la perdición de su mente y alma.
Shigaraki le estaba entregando a un Hijo de Horus así sin más; de esas criaturas que decían ser tan
especiales, amuletos andantes de buena fortuna. No es como que él creyera en los cuentos que les
rodeaban o si quiera en su existencia, pero, si había algo de lo que no podría negar, es de lo maravillado
que quedó al verlo en su poder.
A pesar de las cadenas que apresaban sus brazos, de lo delgado y descuidado que se veía con las
desgastadas telas, aquellas majestuosas alas escarlata y la expresión despreocupada de sus adormecidos
ojos, despertaban cierto interés en el rey.
Fue fortuito, el aprecio que fue sintiendo hacia él, hasta que en un punto se dio cuenta que no era otra
cosa más que deseo. Enji Todoroki, después de tanto tiempo, deseaba poseer aquel cuerpo. 3
Recluido en aquel infierno, para Hawks no fue difícil ceder ante los deseos del que había sido
nombrado como su nuevo dueño. Había sido llevado a una prisión del castillo, que subterráneo, entre
pasajes daba a las costas cercanas al acantilado —casi por el muelle—; Enji ordenó acondicionar el
lugar para su comodidad. Aquello fue sin duda una sorpresa para el joven, quien jamás espero recibir
tanto. Una cómoda cama en un lugar limpio pero oscuro, comidas decentes que le dejaban satisfecho, y
un montón de baratijas que le fueron entregadas para su entretenimiento, ayudaron a su pronta
recuperación del encierro de los piratas.
Ahí, sentado sin ninguna compañía en medio de la soledad, pensó que tal vez no era tan malo su
destino. Para alguien que estaba listo a morir, lo que le estaba tocando vivir era de lo mejor.
Pero la fascinación de Enji por el joven solo crecía más y más con el tiempo. Las visitas de perversión
carnal cada vez eran más frecuentes, duraban más, y pronto pasaron de lo físico a algo más emocional.
—¿Cómo es que no me odias? —cuestionó una ocasión al terminar el acto sexual, curioso de ver que el
otro era tan dócil y podía mantenerse a su lado sin ninguna muestra de repudio. 3
—¿Por qué estás tan seguro de eso? —devolvió el cuestionar acomodándose mejor entre la tela.
Le miró entonces con los pequeños ojos cansados, con esa expresión aburrida y rendida que no le
gustaba nada a Enji; le hacía creer que era él, el único que sentía, y el que más perdía, el que se
enamoraba.
—No te odio —afirmó para consuelo del rey, suspiro y miro ese techo que se había vuelto su nuevo
cielo.
Enji no dijo nada, no pregunto más. Aquel día tomó sus ropas y dejo solo a Hawks, para no volver a
verlo en un par de semanas.
Ese tiempo lo uso para reflexionar, y para confundirse más. ¿Por qué se había sentido tan aliviado
cuando dijo que no lo odiaba? ¿Qué quería exactamente de aquel joven? ¿Qué... Qué era ese
sentimiento? 3
Para cuando volvieron a encontrarse, el rey aún no había descubierto respuesta alguna. Se mantenía
disfrutando de Hawks, pero ya no solo era su cuerpo, ahora también quería su alma.
El hombre halcón era muy hablador, siempre tenía algo que decir, y para ser honesto, a Enji no le
molestaba. Era entretenido escuchar de la vida del que había vuelto su amante, y para Hawks, aquellos
momentos eran los únicos en los que tenía contacto con otra persona, al menos una que no solo estaba
de paso para llevarle comida o ropa, como era Rumi —o Mirko, como comenzó a decirle él, mismo
apodo que después ella usaría siempre—; la joven morena no se quedaba a charlar, y no quería
ayudarlo a escapar. Varias veces intentó convencerla, le prometió riquezas y fortuna, le prometió todo
eso que decían que él podía otorgar, pero ella no aceptó. Y él se resignó.
Hubo una vez, en que el Todoroki le había golpeado presa de la desesperación; Enji se sentía como el
esclavo y no al revés. ¿Por qué se tenía que enamorar de él? 5
Su arrepentimiento no tardó en llegar, cuando vio la mejilla irritada del rubio, con los dedos de su mano
marcados de un rojo vivo; y al reconocer su falta contra aquel que decía amar, busco su perdón
desesperado. Hawks vio ahí su oportunidad y dijo:
De inmediato Enji supo que no podría cumplirlo, pues ya no era capaz de renunciar a él.
Hawks suspiro resignado; pedía imposibles, lo sabía, pero tal vez aquello sólo representaba una
oportunidad diferente, y astuto como era, volvió a pedir:
El de ojos turquesa se sorprendió y por unos instantes pensó en negarse, pero al final, el remordimiento
le ganó, y terminó por ceder de buena gana.
—Bien, dime cuales son. —De inmediato Hawks salto en la cama de felicidad, se olvidó del punzante
dolor de su mejilla y con una sonrisa se acercó hasta él.
—Quiero que dejes de ser tan frío y distante —pidió para asombro del pelirrojo, quien frunció el ceño
confundido—, quiero que confíes en mí si es que quieres que yo confíe en ti —se explicó mejor—.
Aunque esto no sea una relación real, deseo poder ver tú alma y que tú veas la mía —concluyó dejando
boquiabierto al rey. 6
Jamás se espero algo como aquello, y aunque le dolió escuchar en voz del rubio que su relación no era
verdadera, el que buscara que sus almas se conocieran ya era motivo de gran dicha para el rey. Y tal vez
de ese modo, aquella falsedad se volvería auténtica. Efímero sonrió ante la idea, y asintió para que el
segundo pedido le fuese dicho.
—También quiero... —Hawks dudó de sus palabras, pero era algo que deseaba desde hace mucho—.
Quiero que cortes lazos con Shigaraki. —Sin duda aquel pedido dejó más sorprendido a Enji,
probablemente pensaría que eso era una locura—. Abandónalos a su suerte; sin mi de su lado pronto
perderán todo lo que han logrado. La fortuna que me acompaña ahora es tuya, ellos ya tuvieron
bastante de mi... Por favor, déjalos.
Por primera vez, los ojos adormilados de Hawks se mostraban diferentes; era suplica lo que había en
ellos. Y es que aunque no quisiera, la buena fortuna que rodeaba la existencia del hijo de Horus había
favorecido a los bandidos, de algún modo el destino se acomodo para que ellos tuviesen el camino libre
para cometer sus fechorías. Pero por fortuna, Hawks ya no estaba en sus manos, por lo que esa
protección divina ya no estaba más de su lado, ahora pertenecía al rey Todoroki, y para ellos, solo
quedaba el castigo, la otra cara de la moneda de los dones de los hijos de Horus de los que casi nadie
hablaba.
El de mirar turquesa lo pensó y dudo. Sin embargo, podía confiar en sus palabras; pues desde que
estaba a su lado hace más de medio año, las cosas en el reino marchaban mejor; que decía, si nunca
antes habían experimentado tal prosperidad, era evidente que algo había cambiado y eso no podía ser
nada más que Hawks.
Finamente, el Todoroki aceptó, y desde entonces la distancia entre los piratas y Yuuei se fue
acrecentando, hasta el punto en el que no llegaron a reunirse más; sin saber que eso sería aprovechado
por el que se hacía llamar Dabi.
A partir de entonces fue como magia en medio del cuento de terror. Hawks se volvió más expresivo con
el rey, más descarado. Podía bromear con él pese a que el pelirrojo no era muy expresivo; le escuchaba
cuando le contaba de los dilemas y desplantes que sufría con su ingrato hijo —porque para ese
momento ya conocía la historia del hombre de mirada fría; el mismo le había contado de su difunta
esposa y los hijos que engendraron en el falso matrimonio—, tanto escucho del pequeño Shōto que en
cierto punto deseo conocerlo, aunque fuera imposible eso, ya que él era el secreto del rey, de quien
nadie nunca se enteraría. Y como su vida ya no era tan mala, se rindió de convencer a Mirko para que
lo ayudara a escapar, y en cambio, se volvieron amigos. Con ella también podía charlar cuando el rey le
dejaba solo por días o semanas para hacerse cargo de sus deberes, o de su hijo —quien se enteró,
pronto partiría en un viaje buscando aventuras y libertad. Hawks nunca había envidiado tanto a alguien.
Fue así, como en una tarde en la que despertaba de una siesta, se enteró que pronto iba a morir.
Pero no se entristeció, al contrario, se alegró. En ese tiempo, Enji estaba enamorado de Hawks y de eso
no cabía duda; el pobre rey creía que Hawks le amaba igual, y puede que no se equivocara, pero si
había una cosa por la que jamás se podría poner en duda el amor del rubio, era la libertad. Hawks
amaba y añoraba su libertad. Y para el hijo de Horus, la muerte era quien lo llevaría a ella.
No negaría que no amo a la pequeña que crecía en su vientre, pero comprendía su naturaleza que le
obligaba a separarse de ella al momento del alumbramiento. El día que su hija naciera, él moriría. Esa
era la ley de los suyos.
—Me gustaría que se llamara Yuriko si es niña, y es es un él... Mmm... Que se llame como tú —dijo
sobando su pequeña pancita.
Y Enji, quien aún no sabía nada de su muerte, se mantenía a su lado en silencio, observando cuidadoso
la figura de su amante, logrando percibir la ternura que se colaba a su alma.
—Y desearía que fuera libre. Que conociera el mundo, lejos de su crueldad y tiranía, que no fuera
perseguido. —Las palabras eran dichas con el más puro deseo de que se volvieran realidad, y eso
agrieto el duro corazón de piedra del rey, quien al fin comprendió lo que había sufrido el rubio, y que
jamás querría para su hijo—. Puedes prometer, que lo protegerás del mundo y que no lo encerraran
jamás...
La respuesta nunca llegó a sus oídos, por lo que inevitable volteo a verlo, solo para encontrarse con esa
expresión dolida; cabizbajo evitaba la mirada del rubio por la vergüenza de sus actos egoístas.
—Gracias.
Tras aquella promesa, Hawks pudo ser libre un veintiuno de julio en el que nació la pequeña Yuriko.
Fue una sorpresa para todos, que el cuerpo del rubio se incendiara antes de que de sus cenizas surgiera
el llanto de un bebé.
—Tengo... que.. protegerla... —Se arrastraba agonizante por la sala—. Se lo... pro-meti... —Envuelto
en llamas, cayó al suelo agonizando. 14
A duras penas logro abrir la puerta y entrar a la sala; el piano estaba incendiándose, las cortinas ya no
existían y las llamaradas se escapaban por las ventanas.
Hasta ese entonces, Enji Todoroki no había podido cumplir la última promesa que le hizo a Hawks. No
a tiempo. Malamente planeo escapar con su hija a un sitio en el que nadie pudiese dañarla o juzgarla,
donde realmente fuese libre. A un lugar muy muy lejos de Yuuei.
Pero tras la muerte del hijo de Horus, la buena fortuna que le brindaba se había ido con él. Nada en su
plan salia como quería. Shōto no parecía interesado en volverse rey, en casarse o seguir sus paso como
le había preparado. Estaba tan desesperado, que incluso había acelerado las cosas hasta el punto de
organizar aquel dichoso baile. Y si el heterocromático fuese menos rencoroso y desconfiado, Enji pudo
haber aceptado al tritón como la pareja de su hijo con tal de que siguiera sus deseos y ocupara el trono,
para así él poder cumplir con su promesa. 27
Su último pensamiento fue su amor por Hawks y un bello sueño en el que los tres podían vivir como al
rubio le hubiese gustado: libres del mundo. 3
Quedó así olvidado el rey, en medio del infierno, todos lo recuerdos, buenos y malos, todos los secretos
fueron consumidos por las llamas.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ 1
Mirko no se atrevió a hablar más después de mencionar el nombre de la pequeña Yuriko, no le importo
cuanto insistiera el de cabellos bicolores o la asustada expresión del tritón quien parecía saber incluso
más que ellos dos. Ella guardó fiel silencio como el rey le había ordenado, que aunque no sabía de él,
esperaría a que pudiera reencontrarse con su hija y que fuera él quien contara la verdad a los suyos. No
obstante, todo reclamo por parte de Shōto quedó olvidado cuando el característico aroma a quemado se
coló hasta ellos; fue entonces que reordenaron sus prioridades y se apresuraron a salir por aquella otra
puerta, que entre rocosas grutas por el acantilado, llevaba a una salida hasta las costas por el muelle de
Eiyuu.
Y cuando la claridad del alba se asomo al fin ante sus ojos, Mirko, dichosa de haber cumplido su deber
con la familia real, se tiró en la arena con la pequeña Yuriko en brazos. Quien le abrazaba fuerte,
temerosa y curiosa, mientras observaba con los despiertos ojos turquesa todo a su alrededor al ser esa
su primera vez fuera de la prisión que le vio nacer.
En cambio, Todoroki se sintió aliviado frente a la idea de que Izuku se hallaba a salvo. El peliverde, a
quién las fuerzas se le escapaban, vislumbro el mar como un sueño bendito; tan cerca de él, quiso
correr de la mano del príncipe y tirarse a las olas para resguardarse y buscar el alivio que el constante
dolor en su vientre le generaba.
Pero cuando lo intento, el mismo agarre que mantenía con Todoroki se lo impidió. Fue entonces que su
mirada de jade paso del oscuro mar, al angustioso rostro del príncipe y después sobre el acantilado,
donde ya morían las humeantes llamaradas devorando lo último del castillo.
Izuku se aferró entonces a Shōto, quien petrificado, no podía apartar su vista perpleja del castillo. ¿Y
como podría hacerlo?, si sus viejas memorias eran desempolvadas ante sus ojos. Recuerdos de una
niñez rota.
El peliverde le miró con tristeza, pues podía leer la agonía en su iris, pero esta vez el no podía curarla,
aunque quisiera, ni siquiera sabía si podría salvarse a sí mismo. 6
—Shō...to...
—¡Izuku!
Fue ese el momento en el que el tritón llego a su límite; cansado de todo lo acontecido, las fuerzas por
fin se le terminaron.
—¡Izuku, mírame, abre los ojos por favor! —decía desesperado tocando su rostro, apartando los verdes
cabellos que la gélida brisa arrastraba por su cara—. No, por favor no —lloró—, no ahora por favor —
lloró frente a Mirko y la que era su hermana—. Se supone que ya estábamos a salvo, se supone que
estaríamos bien, que estarías bien.
Camino entre la marea, sumergiéndose y empapándose sin que la fría agua le molestara. Quizá era por
el cansancio, o tal vez por el dolor que representaba su llanto, pero no pudo ir tan profundo como
hubiera querido. Aún así, apenas en la parte profunda del mar, se dejó caer para que el agua llegara al
tritón; y antes de que este volviera a su forma natural, se deshizo de toda la estorbosa tela que pudiera
impedírselo.
Observó a través de la cristalina agua su rostro apacible, mientras sus lágrimas bajaron y se perdieron
con el demás salado líquido; incluso ahora las escamas verdosas de su aleta brillaban más que cualquier
piedra preciosa... más, incluso que el día que le encontró en aquella playa solitaria. Quien imaginaria
que volverían a verse en dicho escenario, en otras circunstancias y con más sentimientos atando sus
almas.
Sus manos se colaron entre las olas, y mientras una sostenía su rostro, la otra cubría protectora el
vientre de Izuku.
—Papi va a cuidarte bebé —musito sonriente entre el llanto al sentir el incesante movimiento—. Voy a
cuidarlos, Izuku —juró ante el mar como testigo.
Un príncipe desconsolado abrazaba al cuerpo de su amante en medio del dorado mar revestido por los
primeros rayos de la mañana; una joven aguardaba a la orilla con una pequeña en brazos.
Y del muerto castillo de los Todoroki, un cuerpo caía inadvertido al estrepitoso mar; un hombre en un
bote a la distancia que había observado todo le encontraría para desaparecer con el cuerpo, y olvidado
por todos no volvería a saberse más de él.
Continuará...
Continuará 18
—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
N/A;
Uff! La inspiración si que me pegó un poquito fuerte con el drama en el EndeHawks y el final del
capítulo, ¿eh? Su historia está resumida pero creo se entiende y quedo decente¿
Bueno, solo espero les gustara el capitulo UwU) y ahora yo me voy a escribir y tratar de hacer milagros
con el bebé del TodoDeku xd
Nos vemos en el final de esto ¡¡Wuuuh~🎉!!
Hasta la próxima ^^
-Yummikyo🌸
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Todos se habían resignado, y estaban convencidos, de que nadie pudo haber sobrevivido al incendio
que al llegar el alba comenzaba a morir. 4
Ninguno había podido hacer mucho; ni los guardias, o Inasa que junto a Iida y los demás intentaron
sofocar el fuego para entrar al rescate de sus compañeros atrapados.
En algún punto, los pobladores de Eiyuu habían llegado hasta el castillo, orquestados por el fuego que
era visible desde la distancia; y así, entre más manos que ayudaran, lograron controlar parte del
incendio del salón principal.
Pero las esperanzas se les acabaron cuando el palacio, consumido en su totalidad por las llamaradas,
comenzó a desmoronarse frente a sus incrédulos ojos; fue entonces que en medio de la desalentadora
escena, uno de los guardias gritó por alguien que se había arrojado al mar desde lo alto del castillo. No
perdieron tiempo y en tan solo segundos, curiosos y demás socorristas se habían apresurado para
intentar ayudarlo; con la latente fe que se encontrara vivo, corrieron al desfiladero del acantilado.
Sin embargo, cuando llegaron a la orilla, no pudieron ver nada más que el flamante oleaje reflejando el
áureo de las cenizas.
Algunos dijeron de que se trataba del rey, otros más aseguraron que era el príncipe, pero realmente
nadie acertaría nunca a hablar de Shigaraki. Y en lo que se ponían de acuerdo en especulaciones y antes
de que siquiera se armara un equipo para buscar el cuerpo, éste ya se había desvanecido, dejando atrás
solo la blanca espuma reluciente, el mar bramando, y el fulgor de las olas contra el acantilado. Ante tal
escenario, no quedó más rastro de aquel que desesperado se arrojó desde tal altura.
Fue entonces, que pasando la vista por el paisaje, Bakugo logro distinguir una inconfundible —pero
para él molesta— cabellera bicolor que apenas era notable a esa distancia.
Más tardó en anunciarlo, que los demás en reconocerlo; y tras ello, se arremolinaron a correr hasta
aquella playa junto al muelle. Entre gritos y nada de organización anunciaban su misión por donde iban
pasando, acarreando más y más personas que lejos de ayudar, solo iban a curiosear.
Y gracias al escándalo, Mirko logró advertirse de su llegada, para antes de que pudieran ver a la
pequeña Yuriko, correr con ella en brazos a ocultarse entre las grutas por donde habían escapado del
castillo.
Mientras que algunos corrieron al mar para llegar junto a Todoroki, otros se quedaron en la arena sin
saber que ocurría, pero sintiendo desde ya lo que se avecinaba; una profunda tristeza y temor... Temor a
lo desconocido, o al funesto futuro quizá.
Bakugo fue de los que se negó inconsciente a entrar al mar; paralizado, no pudo moverse más al
escuchar los gritos del bicolor cuando Inasa y Sero intentaron apartarlo de lo que parecía ser el cuerpo
de alguien en el mar. Entonces, temiendo que se tratara del que vieron saltar, Kirishima junto a
Kaminari y Mina se apresuraron a ayudar; y dejando atrás al rubio, entraron de lleno al frío oleaje de la
mañana. 2
Todos los que siquiera se acercaron pudieron verlo, a través de la cristalina agua, acostado y tranquilo
bajo el cuidado del de cabellos bicolores, un ser mágico parecía estar durmiendo tranquilo.
Ahora entendían el llanto del príncipe, y quienes no sabían sobre Todoroki y Midoriya, se asustaron y
salieron corriendo de vuelta a la playa.
—No deberíamos volver por el príncipe —sugirió un guardia—, podría ser peligroso.
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ੈ✩‧˚ Ellos siempre amaban cuando el anochecer caía y simplemente demostraban su amor. Con los
únicos testigos, las estrellas. ˚◦
【 Drabbles inspirados en las temáticas...
—No lo sé, ni siquiera se movía... creo que ya está muerto —hablo un campesino que se les había
unido por el camino.
Y mientras los murmullos crecían entre los aldeanos, los gritos desesperados de Todoroki
estremecieron a todos cuando uno de los guardias trato de apartarlo del que yacía entre sus brazos.
Fue así como Bakugo comprendió, que por el dolor en su voz, seguro se trataba de Deku; y aunque no
se llevara del todo bien con el príncipe ni el peliverde, se le heló la sangre al imaginar en lo peor. Las
caras afligidas que miraban al príncipe no le hacían pensar mejor. Kaminari no se acercó más y junto a
Inasa y Jiro se alejaban dándole espacio al príncipe; Mina estaba llorando y solo Iida junto a Kirishima
parecían querer ayudar al mitad albino.
Y en lo que él seguía inmóvil contemplando todo, aparecieron Ochako y Tsuyu, quienes les siguieron
desde el castillo al ver a todos tan apurados por lo que parecía ser la reaparición del príncipe Todoroki;
ya que ellas sabían, que donde estuviera Todoroki, seguro también estaría Izuku.
Fueron sus gritos los que despertaron a Bakugo de su estupor. Que desconcertado por lo que pudiera
estar pasando entre el agua y aún nervioso por lo que escuchaba de todos esos extras, se movió a prisa
hacia ellas, y deteniendo a la castaña del brazo exclamó:
—No te atrevas a entrar. —Le detuvo a centímetros de la orilla, deteniendo con ello también a Tsuyu.
—Si tocas el agua cambiaras y todos estos humanos sabrán lo que eres —susurró cauteloso de que
alguien pudiera escucharles, pues los comentarios que habían dicho no eran los más amigables a su
parecer, él solo quería proteger a los suyos, aunque pareciera descabellado viniendo de su parte.
Entonces Ochako miro a los demás en la playa, como murmuraban y veían con miedo hacia el agua;
con eso pareció detenerse a pensarlo, y Bakugo relajo su agarre creyendo que la había convencido.
Pero el viento soplo helando la piel, volviendo a Ochako las ansias de correr a averiguar si se trataba de
Izuku y si es que se encontraba bien.
—¡Blasty, es Midoriya! —Regresaba Kirishima para confirmar sus sospechas; llamando la atención de
los tres míticos, se planto frente a ellos con angustiada expresión y dijo—: No se mueve y se ha
transformado, Todoroki ni siquiera puede decir algo coherente y no sabemos como ayudar ¿¡Qué
hacemos?!
Desesperado al verse inútil entre los que corrieron junto a Todoroki para socorrerlo, Kirishima volvía
con el único que creía podía ayudar.
Ante tales afirmaciones y sin mayores dudas, Ochako se soltó de su agarre, tomando desprevenido al
rubio que parecía estar conmocionado.
—No me importa quien pueda verme; es lo que soy y no voy a ocultarme —le dijo con furia decidida,
sin dudar un segundo o apartar la vista de los desconcertados rubíes—, yo tengo que ayudar a Izuku.
Dicho eso, se apartó de su lado a correr al mar, sin importar que las ligeras telas del vestido que portaba
se humedecieran o que en pocos minutos su cuerpo cambiaría de forma; ella tenía muy claro sus
prioridades.
—¿Blasty? —Kirishima le miró preocupado al verlo tan inmóvil, tan inexpresivo ante lo que ocurría.
Y mientras ellos se quedaron en la arena, Tsuyu corrió a socorrer a Midoriya junto a la castaña, quien
ya hecha una sirena de aleta rosa oro, se encontraba preguntándole cosas al príncipe que no dejaba de
llorar o apartar la vista del tritón. Tsuyu no hizo más que quedarse a un lado; yendo más en lo profundo
del mar, flotaba esperando por que Ochako la llamara a ayudar.
Era un desastre, nadie entendía nada y la mayoría tenían miedo de acercarse; poco a poco los guardias
y voluntarios que habían acompañado a Iida y los demás volvían al muelle sin más remedio, en lo que
otros se quedaban maravillados a contemplar la escena.
Luego de un rato, Ochako entendió parte de lo que pasaba después de varias preguntas y respuestas
vagas por parte del príncipe. No tenía la certeza de que despertara pronto, pero su pulso era estable, y lo
más seguro es que necesitara un poco de tiempo para reponerse, pues debido al estrés de los hechos, era
seguro que había terminado así. Entendió también, que no podrían hacer mucho en tierra por Izuku, por
lo que desesperada, trataba de convencer a Todoroki de que le dejara llevase al peliverde más profundo
en el mar, quizá a Shiketsu donde sabían estarían los demás y pudieran socorrerlo; no lo sabía, pero ella
solo quería ayudarlo y era evidente que en lo profundo del mar seguro que podría. Su único
impedimento era el lamentable príncipe que se negaba a entregárselo, a separarse de ellos.
—Prometo que cuando este mejor, lo llevaré de nuevo a la cabaña —juró para que se lo entregara.
—No. No, no. Yo prometí no separarme de él. —Con voz temblorosa, se negaba a soltarlo y apartarse
de su lado, aún sabiendo que seguro ella podía hacer más que él.
—No será por mucho, por favor, prometo devolverlo —rogaba prometiendo algo que no sabría si
podría cumplir, pero que desesperada era la única manera que se le ocurría de convencerlo. Le tomó
entonces de la mano, apartándola del peliverde para tenerlo más cerca a ella, pero Todoroki volvió a
sujetarle contra sí, impidiendo que se lo llevara—. Por favor, déjame ayudarlo... —pidió una vez más,
viéndolo con esos vivos ojos marrón que al igual que sus palabras pedían que confiara en ella.
Todoroki la miró suplicante, pidiendo silencioso otra forma que no implicara separarse de ellos, pero la
nula respuesta lo hizo evidente; tendría que dejarlo ir. Confiaba en sus intenciones y su razón le decía
que la dejara llevárselo, pero todavía así, algo en él se negaba a soltarlo.
El príncipe escuchó a Iida aún sin voltear a verlo; con duda, con amor y algo de añoranza no apartaba
la mirada de Iuku.
Suspiro profundo tomando fuerza, y apretó fuerte los ojos antes de volver a ver por última vez al que
entre sus brazos seguía inconsciente.
No quería soltarlo, de verdad, no podía separarse de ellos... ¿De dónde es que sacaría fuerza para
alejarse de ellos? ¿Por qué tenía que pasar esto, por qué ahora? ¿De verdad... De verdad no podía
quedarse a su lado?
La respuesta estaba más que implícita. Aunque quisiera, era imposible acompañarlos a donde irían; él
no aguantaría mucho debajo del agua.
Y por eso, con todo el dolor de su alma, le dejo ir.
—Los estaré esperando en la orilla —musito entregando al tritón, no sin antes darle un beso en los
labios y acariciar la piel de su vientre, en un silencioso hasta luego. 1
Una parte de él se desprendió desgarradora cuando Ochako ayudada por Tsuyu tomaron al peliverde
lejos de él; un hueco en su corazón que solo seria llenado a su regreso se abrió sin ser advertido,
oscuro, le consumiría sin ser advertido.
Todoroki finalmente asintió dejándolas irse, viendo como su gran amor se alejaba junto a las dos
sirenas a lo profundo del mar se quedó mudo en su lugar.
No le quedó más que confiar y esperar; sabía que estaría bien, ellas lo cuidarían y se lo devolverían
pronto en aquella playa como le dijeron.
No sabiendo que su deseo era muy grande de cumplir, rogó por que volviera a verlo antes de que se
pusiera el sol de ese día.
—Todoroki... —Iida fue el primero en hablarle, pero el de ojos dispares no espero a sus palabras de
aliento y se levantó para correr a la cabaña, donde aguardaría fiel al regreso del tritón.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Pasarían así un día y una noche en las que Todoroki apenas durmió o comió; sentado en aquella playa,
no despegaba ojo del mar, por si era ese el momento en que volvían.
Fue en ese mismo tiempo que comenzaron los trabajos para remover los escombros del castillo, y
recuperar los cuerpos de las vidas perdidas en el siniestro.
Entre sirvientes, invitados, un joven desconocido y el rey Enji, fueron 21 las personas que habían
muerto. Y pese a que los cuerpos estaban irreconocibles por el fuego, lograron distinguir a Enji
Todoroki de entre los demás, gracias a las joyas en los anillos que portaba como monarca. Los demás
quedarían sin identificar, solo suponiendo sus identidades por los que llegarán a faltar.
Para el quinto día, la noticia de la muerte del rey corrió por todo Yuuei, desde el este hasta el oeste y
sus fronteras, pasando a oídos de los reinos vecinos, y sumiendo a los pobladores en divididas
opiniones: entre los que lamentaban la pérdida de su rey, pero que no le echaban de menos, y los que
verdaderamente sentían el luto de su partida —ellos representaban la mayoría, pues provenientes de las
zonas más lejanas al castillo, poco conocían de su persona, mucho menos los secretos de su alma.
Y pese a que eran un reino próspero, el temor de un futuro incierto comenzó a rondar los corazones de
todos los pobladores ante el fantasma de sus memorias pasadas con un siniestro similar. Puede que esta
ocasión no fuera como la última vez —en la que desprotegidos, sin aliados o recursos económicos,
estaban ante la merced de cualquier enemigo—, pero al menos aquella ocasión contaban con el cobijo
de un líder; un rey que, aunque déspota y frío, supo guiarlos a la grandeza en la que se encontraban
ahora. Ellos desconocían las condiciones en las que lo había hecho, los sucios aliados y sus secretos;
sumidos en la ignorancia, es que ahora lloraban su partida y añoraban su mandato.
Fuyumi, que no guardaba rencor alguno a su padre, acudió en representación de los Todoroki al que
fuere el último adiós de su padre: un funeral sencillo a las afueras de Eiyuu, que daría a inicio a una
semana entera de luto en el reino.
Solo ella y su hijo —que ya no portaba el apellido Todoroki—, fueron vistos en tal evento; y antes de
que Fuyumi se molestara con su hermano por no acudir a dicha ceremonia, entendió sus sentimientos
mientras varado en aquella playa aguardaba día y noche, llorando a la espera de su amante tritón.
Ella se enteró de su historia luego de que Tenya la reuniera con él tan solo unas horas luego de su
separación con Izuku; comprendiendo así, que Shōto no se encontraba listo para dar la cara ante su
reino o cualquier otro.
El pobre príncipe estaba hecho un lío; entre la muerte de su padre, presenciar la destrucción de su
hogar, descubrir a su media hermana y haber perdido a Izuku, el incompleto corazón que cargaba en su
pecho no entendía lo que sentía: ira, tristeza, añoranza, quizás esperanza... Sus emociones ahogaban su
razonar, nunca antes se había visto tan abrumado por su sentir. Era evidente que así no podría pensar,
no podría ser un rey ni mucho menos un líder. 2
Por eso, protectora y comprensiva como era Fuyumi, decidió quedarse en su tierra por más tiempo,
cubriéndole las espaldas a su pequeño hermano hasta que su alma volviera a verlo en aquella playa
junto a Izuku. Y aunque ya no tenia autoridad alguna en Yuuei, seguía siendo parte de la familia real de
esas tierras, por lo que ella, valiente, dio la cara ante el pueblo, los nobles y el clero, en lo que aparecía
el príncipe heredero.
De ese modo, durante dos semanas aguanto incesables discusiones en las que se disputaba el futuro del
reino; de quienes apoyaban a su hermano y de los que dudaban de su capacidad y proponían a un
consejero personal que le manejara y le guiara mientras aprendía sin la rienda de su padre. Ella, junto a
Inasa, le defendieron en todo momento incluso cuando algunos dudaron de que el príncipe siguiera con
vida al no presentarse de inmediato ante ellos; gracias a eso y a que muchos aseguraban haberlo visto,
es que concedieron prórroga para que apenas se presentara en el castillo arreglaran lo necesario para
que fuera nombrado como nuevo rey.
El de mirada desigual había prometido a su hermana ir en cuanto Izuku volviera, pero el tiempo pasaba
y pasaba, y el peliverde no regresaba. Sobra decir, que Todoroki no se despegó de su lugar en todo ese
tiempo.
Muchos se temieron lo peor, pero nadie se atrevía a ir en contra del esperanzado príncipe; es por eso
que Toru, Jiro y Mina aguardaban con él por Izuku, es por eso que ni Fuyumi o Inasa, ni siquiera Iida,
señor de la disciplina y lo correcto, se atrevían a arrastrarlo lejos de la playa para que atendiera sus
deberes para con el pueblo de Yuuei.
Y pese a las justificaciones que los tres últimos daban e inventaban al clero respecto a su retraso, al
cumplirse el primer mes se perdió la paciencia a la espera del mitad albino y las discusiones acaloradas
entre los señores feudales dieron revuelo nuevamente; llevando a dos días enteros de debates incesantes
en los que al final se llegó al unánime acuerdo de iniciar los trabajos para la reconstrucción del castillo
—lo que implicaba aumentar los impuestos—, y del mismo modo, se anunció que en ausencia del
perdido príncipe, se llevaría una votación a puerta cerrada para nombrar a uno de los nobles al mando
temporalmente del trono.
Ante tal evento, Fuyumi no pudo quedarse de brazos cruzados esperando paciente más tiempo, y antes
de que las votaciones para elegir a un gobernante temporal se llevaran a cabo, corrió a la playa donde
pocos sabían se encontraba Shōto, dispuesta a convencerlo de por unos minutos, poner orden a su
errante reino.
Y justo como suponía, apenas llegar a la playa, lo encontró sentado en su eterna vigilia. Solitario,
contemplando la infinidad del mar.
Un suspiro se le escapo y con el las palabras que pudieran ayudarle a convencerlo de dejar su lugar;
pero lejos de acobardarse, reunió la compostura necesaria y avanzó sigilosa, con pasos que apenas se
hundían en la arena, se plantó a sus espaldas, esperando el momento justo en que su presencia fuera
advertida.
Pero eso jamas paso; el de cabellos bicolores jamás apartaría la vista del mar. Y cuando al fin lo
comprendió, la pena en su corazón le estrujo fuerte.
—Shōto...
La suave voz que llamaba a sus espaldas fue reconocida de inmediato, y dejando de lado su guardia, el
heterocromático volteo a verla apenas unos segundos antes de girarse de nuevo al mar, con las pupilas
vacías pero con un apenas perceptible brillo de esperanza.
Un breve silencio se acomodó entre ellos cuando apelo por un minuto de su atención; dejando que las
gaviotas presumieran sus cantos, no se movió hasta que el bicolor diera respuesta favorable.
Entonces el Todoroki menor asintió leve, dando a entender que escucharía lo que fuere que necesitara.
Y tras la afirmación, la de lentes suspiro y acomodo las telas de su vestido para sentarse al lado del
príncipe.
Estando tan cerca, no pudo evitar sentir esa pesada aura que cada día creía más en su hermano.
Todos lo percibían, sin duda alguna era tristeza. Una tristeza que se había alojado en el hueco de su
lamentable corazón.
—Si... —respondió en automático, mientras su semblante se volvía más lamentable, más nostálgico.
Fuyumi conocía bien el por qué de su agonía. Ya ni siquiera se podía mencionar nada relacionado con
el mar porque de inmediato el mitad albino adoptaba aquella decaída actitud. Era demasiado
lamentable verlo así.
—Shōto, no puedes continuar de este modo —habló preocupada no solo por la actitud apagada de su
hermano, o la falta de atención al mundo que lo rodeaba, sino también acongojada por su salud.
Era tal el desgaste reflejado en su rostro, que no pudo evitar posponer el principal motivo de su
encuentro.
Y es que el príncipe poco dormía y apenas comía —así le habían informado Kirishima y Tetsutetsu,
quienes junto a Iida, a veces le acompañaban en su espera en la playa—, y ahora que comprobaba con
sus propios ojos lo que le decían, no podía permitirse seguir viéndolo así: con la piel delgada, ojeras
marcadas y una palidez que apenas era cubierta por los rayos del sol al permanecer en la arena
esperando por Izuku.
—Pero, ¿y si él vuelve y yo no estoy? —dijo pensando en que Fuyumi quería apartarlo de su lugar de
vigilia—, no puedo irme de aquí hasta que sepa que esta bien, que ha vuelto.
—Te entiendo, pero, ¿has pensado lo triste que estará cuando te vea en estas condiciones?, yo se que es
difícil... pero al menos mantente sano y fuerte para cuando vuelvan a verse —trató de convencer a su
hermano, quien al oír la mención de Izuku pareció reaccionar y reflexionar—. Sabes que este no es un
buen lugar para ti. ¿Al menos duermes en la cabaña?
El de mirada dispar no respondió, pues bien sabía que había días que prefería dormir a la intemperie
por si era esa la noche que Izuku volvía. Fuyumi comprendió la silenciosa respuesta, y resignada,
exhalo antes de mencionar lo que quería decir en primer lugar. Pues bien sabia que los regaños de
madre preocupada poco podrían hacer en su hermano.
>>Solo venia a decirte que los nobles está desesperado por tu regreso, y el clero ya debate el poner a
alguien en tu lugar, pues dudan de que siquiera estés con vida... —No hubo reacción alguna a sus
palabras, por lo que continuó—. Inasa y yo poco podemos hacer con nuestro testimonio sin prueba
alguna contra el tiempo, necesitamos que vuelvas pronto —mencionó volteando su vista al horizonte,
disfrutando de la marea y sus olas, esperando que alguna de sus palabras convenciera en algo a su
hermano.
Pero el bicolor ni se inmuto por lo dicho; y es que el príncipe no se sentía con ánimos de lidiar con
responsabilidades de tal índole, no tenía la entereza en esos momentos, necesitaba tiempo, necesitaba a
Izuku... y entonces, tal vez podría.
—Dije que estaría con ellos la próxima semana, cuando Izuku vuelva.
Sorprendido por lo que oía, el Todoroki menor volteo a verla, pues para él, el tiempo corría
relativamente lento, tanto así, que semanas o meses se volvían uno solo, pero su espera se tornaba
eterna. Inclusive a veces realmente dudaba si es que Izuku no era parte de un sueño idílico que jamás
podría ser realidad. La cabeza le daba vueltas y saludaba a la locura.
Lo había tenido todo: amor, una familia y prontamente un hijo, solo para que el destino lo alejara de
ello en menos de un segundo. ¿Cómo entonces podría recordar las promesas hechas a su hermana si
todo lo que había en su mente era Izuku?
—Lo lamento —dijo apenado, pues seguramente su hermana tuvo que vérselas contra el clero y nobles
para dar explicaciones de su ausencia durante todo ese tiempo, y no se equivocaba.
—Descuida, agendaron una nueva reunión en dos días para decidir al que estará en el trono en tu
ausencia. Seguro que estarán encantados de verte en esa ocasión.
Sutil, Fuyumi acababa de envolverlo en un nuevo compromiso; el príncipe rió ante la astucia de su
hermana, pero aquella mueca en sus labios se desvaneció enseguida tras comprender lo que implicaba.
—Pero...
—Lo sé; no quieres que la playa se quede sola —cortó cualquier excusa que estuviera por darle—, pero
no estás solo y lo sabes, ¿acaso no han estado aquí Kirishima o Sero, esperando y dándote su apoyo?
El menor no respondió, pues bien sabía que aquello era verdad. Pues incluso Bakugo, harto de según
él, ver su miserable rostro, se ofreció a ir y buscar al peliverde en el mar. Pero que como no había ido
tan lejos, no logró hallar rastro de ellos. Aun así, Todoroki agradeció el gesto.
>>Sabes que siempre habrá alguien dispuesto a cubrir tus espaldas —continuó Fuyumi—. Esta playa
no se quedará nunca sola; y si él vuelve en tu ausencia, te prometo que podrás correr a su lado sin
importar que tan importante sea de lo que hable el clero.
El príncipe no pareció muy convencido, pero agradeció la propuesta de su hermana y sus palabras que
le calmaban. Era verdad, Izuku volvería y todos le estarían esperando; el apoyo que tenia de todos sus
amigos le hacía más llevadera su espera, se sentía menos solo.
De todos modos aún tenía dos días antes de que fuese obligado a dejar la cabaña, podía esperar
tranquilo por su alma unos días más.
La verdad es que ese sentido de responsabilidad en él le gritaba porque no pospusiera más la dichosa
reunión, que no abandonara a su pueblo ni a su hermana. Inclusive pensó en lo que seguramente Izuku
le diría...
El peliverde era de esos que dejaban de lado sus problemas y miedos para ayudar a otros, anteponiendo
siempre a los demás por sobre sí mismo, Todoroki no siempre apoyaba esa actitud, pero si la reconocía
como una de las muchas cualidades de peliverde. Quien seguramente le animaría a asistir.
Y fue así como con un leve asentir, le indico a su hermana que estaba de acuerdo con su propuesta, y
que esta vez no le dejaría plantada.
—Gracias —susurró alegre de que su hermano aceptara; y aunque aún quería hablar más con él, ya no
quiso agobiarlo con temas tan formales.
Entonces la brisa volvió a soplar llevando hasta ellos el característico salado del mar y sin más que
discutir, disfrutaron de la calma en aquella playa.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Luego del luto por la muerte del rey, aparecieron por Yuuei los rumores de la muerte del príncipe, y de
una guerra que ya había comenzado pero de la que nadie sabía.
Mirko sabía que el príncipe no había muerto; sin embargo, lo que había pasado con su rey le dejó en
una terrible encrucijada: ella no tenía manera de contactarse con el mitad albino, por lo que tuvo que
hacerse cargo de la pequeña Yuriko sola. No es que le molestara cuidar a la niña —si ese fue su trabajo
desde que la vio nacer—, pero es que no sabía si era correcto entregarla a los hermanos Todoroki.
Ellos no eran malas personas, de hecho todo lo contrario; incluso Todoroki había elegido a un tritón
como su pareja de vida —Mirko bien sabía de su romance, pero al ser ella solo una sirvienta, guardaba
su secreto así como lo hacía con los de su rey—, comprendía que de su parte no habría problema
alguno, ni el o Fuyumi se negarían a cuidarla y darle todo lo que por derecho le correspondía.
Pero, no podía evitar pensar, que lo más seguro es que mantuvieran oculta a la pequeña hija de Horus.
Ya fuera para protegerla del mundo o solo para evitar que fuera señalada por tan peculiares
características que no eran fáciles de ocultar como las de Midoriya; fuera lo que fuere, lo cierto es que
como miembro de la familia real, de los Todoroki, no tuviera esa completa libertad que Hawks tanto
había deseado para ella.
Con esos pensamientos, fueron días, semanas en las que oculta en una granja abandonada a las afueras
de Eiyuu, se debatió entre ir y buscar al príncipe o huir con la pequeña como sus padres querían hacer;
de ese modo tal vez cumpliría el deseo de Hawks de que su hija, pudiera ver y vivir la libertad como el
hijo de Horus había hecho en su infancia.
Finalmente tomó una decisión cuando se cumplió un mes luego del incendio.
Escribió una carta dirigida a Shoto, donde expresaba el motivo de sus actos, dejando claro el lugar al
que se marcharía por si algún día quisieran buscar a Yuriko.
De ese modo fue entregada a un paje que guardaría dicho manuscrito hasta pasada la primavera.
Y así, ella se marchó lejos junto a la pequeña, a donde siempre le contaba Hawks historias; en un lugar
lejos de Eiyuu o Yuuei, más allá de las montañas del reino de Idaten, donde los hijos de Horus no eran
perseguidos, de donde Hawks nunca debió salir en primer lugar.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
—Debemos nombrar a alguien más como rey, es obvio que el príncipe está muerto —aseguraba Vlad,
señor feudal de las tierras ubicadas al suroeste, quién no se creía esos cuentos de que el príncipe
volvería pronto para tomar sus responsabilidades como rey—. Propongo que iniciemos con las
votaciones ya.
El golpe en la mesa alertó a todos, poniendo de inmediato a Inasa a sudar ante la tardanza del Todoroki.
—¡Pero si él está vivo! Les digo que lo vimos ese día después del incendio —rebatió Inasa, quien a
falta del ausente apoyo de Fuyumi, trataba de defender el derecho del bicolor como futuro rey.
—Ah, ¿Sí? ¿Y entonces por qué nadie más le ha visto? ¿Por qué no aparece de una buena vez?
—Oh, esta vez vendrá, pronto aparecerá —aseguraba viendo nervioso la gruesa puerta, rogando por
que las palabras de Fuyumi se cumplieran de una vez.
—¿Y qué nos lo asegura? —rebatió Nezu, único representante del clero en la reunión.
—¡Está muerto que, a mi no me engañan! —Vlad interrumpió cualquier excusa que Inasa fuera a decir.
Él se negaba a creer en las excusas que les habían dado durante esos meses. Que el príncipe estaba
enfermo, que se encontraba indispuesto, ¡patrañas, él no les creía más nada!
Era Tokoyami —Lord de las tierras Darksho del sur—, quien esta vez le daba la razón al hombre
robusto de cabellos platinados.
—Pero...
—Si esta vivo o no, eso lo sabremos con el tiempo —interrumpió Sorahiko, conocido también como
Grand Torino por sus años mozos, Lord regente de las tierras de Yamanashi—. No perdamos el tiempo
discutiendo que si vive o no. Ahora lo primordial es decidir el rumbo del reino, y para ello debemos
nombrar a un gobernante temporal. Ya hay varios aldeanos quejándose por los impuestos al no poder
costearlos por ver arruinadas sus cosechas en el sureste de Yuuei. La construcción del castillo está
atrasada y por si fuera poco, los poblados más cercanos a las fronteras están temerosos de sufrir alguna
amenaza de ataque por los reinos vecinos —explicó las situaciones más graves a tratar—. Alguien tiene
que tomar las decisiones, poner orden y hacer sentir seguro al reino.
Ante ello, Tokoyami asintió sabiendo de esos problemas en sus tierras —que al ser los más cercanos a
las fronteras, no podían evitar sentirse vulnerables—, pero antes de que pudiera mencionar siquiera
algo, la puerta de la sala donde se reunión fue abierta sin previo anuncio.
—Lamento la demora.
—¡Estaba vivo!
Nezu había saltado en su lugar, que con su tamaño de 1,45 se ocultó perfecto tras Vlad ante la sorpresa
de ver al que creía un fantasma del príncipe; pues él también era fiel creyente de los rumores de su
muerte.
—¿Qué? ...
—¡Ven, se los dije! —Señaló victorioso Inasa, quién era el único que no se hallaba sorprendido.
Todoroki no dijo mucho, ni siquiera se detuvo a contemplar sus rostros sorprendidos cuando con su
apático semblante se abrió paso entre los murmullos causados por su presencia; y ante los asombrados
ojos de todos, tomó su lugar en una de las sillas junto a Inasa.
No le importaba que su aspecto no fuera el mejor; con el cabello desordenado y portando unas simples
vestiduras dignas de cualquier pueblerino común, se acomodó el cabello despeinado mientras esperaba
a que continuaran con la reunión.
El de cabellos bicolores había reunido la suficiente fuerza para alejarse de la playa luego de que Iida,
Kirishima y Tetsutetsu se proclamaran fieles a aguardar en su ausencia, y en caso de que algo se
suscitara, correrían a sacarlo de aquella reunión. Esa fue la condición para que él ahora estuviera ahí,
con su demacrada y molesta cara, resistiendo las ansias de correr junto al mar.
Inasa notó la evidente inquietud —sin mencionar su aspecto descuidado—, y aunque aliviado de que al
fin Todoroki estuviera con ellos, se acercó curioso y con disimulo a su compañero de cabellos bicolores
para hablar luego de tanto tiempo.
¿Cómo siquiera podría estar bien si cada día que pasaba sin saber de Izuku o su hijo se sentía más
perdido y miserable? Tanto, que comenzaba a creer que pronto se volvería loco; soñando despierto con
el regreso de Izuku, el dolor en su corazón solo aumentaba al ver su mísera realidad.
—De verdad, si te sientes mal puedes ir a descansar. Con el aspecto que tienes seguro creerán lo que
decíamos de que estabas enfermo... Creo que con haberte visto se quedarán calmados.
Escuchó la sugerencia por parte del de mirada afilada, que tentadora para Todoroki, se pensó si
aceptarla.
Ciertamente se veía enfermo, todos a su alrededor lo decían; y aunque esa pudo haber sido una buena
excusa para volver a la cabaña, sabía que no tendría descanso alguno hasta que regresara Izuku a su
lado. Además, no quería decepcionar a su hermana y menospreciar la ayuda de sus amigos. Así que
contra sus deseos, venció su debilidad y antepuso su responsabilidad solo esta vez.
Suspiró resignado escuchando los murmullos que aún no cesaban, y ante la mirada de espera de Inasa,
no hizo más que negar con el semblante cansado.
Ante ello, Inasa no se atrevio a hablar más —aunque moría por hacerlo—, respetó la elección del
príncipe y guardó el cúmulo de dudas que quería preguntar, sabiendo que no era ese el momento.
El de cabellos rojo y blancos agradeció el gesto, no quería hablar de su pena, no quería más preguntas.
Sólo esperaba terminar pronto con dicha reunión para volver a su sitio en aquella playa, no deseaba
demorarse en nimiedades.
—Me alegra que esté con nosotros, pero, ¿se encuentra usted bien? —se atrevió Tokoyami a hablar
primero luego de recobrarse de la sorpresa.
—Se puede saber, ¿a qué se debe la demora de más de un mes? —inquirió el mayor de los nobles,
señor de las tierras de Yamanashi.
—Vayamos al grano —Todoroki evadió sus preguntas con tal de no perder tiempo. Había vuelto a él
ese carácter arisco y serio que tanto le distinguía antes de que emprendiera su viaje—. Mi hermana me
ha puesto al tanto de los temas principales, por lo que creo conveniente comenzar de inmediato la
reconstrucción del castillo.
—P-pero señor —intervino Vlad—, los costos del castillo son elevados y el pueblo no está en
condiciones de soportar aumentos en los impuestos; las cosechas en el sur...
—Reduciremos los costos, no elevaremos los impuesto y dejaremos que la economía en el sur se
recupere. El castillo no será uno esplendoroso e inmenso como el que edificó mi padre —irrumpió los
alegatos—, vasta con que sea resistente ante un ataque, los lujos o el tamaño es lo de menos... Ahora,
¿qué es lo que sigue?
Todos quedaron sorprendidos por tan tajante responder; salvo Inasa, quien tenía una sonrisa un tanto
orgullosa en los labios, pero en fuera de él, el resto quedó enmudecido, pues no se esperaban tan
enérgico y decidido mandato del que algunos consideraban un inmaduro príncipe.
Y antes de que Todoroki perdiera la paciencia, Tokoyami carraspeo la garganta y tomó la palabra
nuevamente.
—Hay... hay temor entre los poblados fronterizos ante amenazas de invasión por parte de reinos
vecinos. Los temores que la anterior catástrofe dejaron aún rondan sus corazones; no se sienten muy
seguros ahora que las tropas del rey comienzan a decaer en número al no tener un líder claro —explicó
—; por si fuera poco, las especulaciones de que el incendio no fue un accidente también los inquietan,
creen que podríamos estar en guerra y no saberlo... ¿Que... qué hacemos?
En cuestión de minutos, las condiciones en las que se hallaba su reino fueron expuestas ante Shōto.
Probablemente fueran las decisiones más difíciles que tendría que enfrentar en su inicio como rey, pero
no se dejaría vencer por ello. Y pese a su poca capacidad de raciocinio, Todoroki pareció pensárselo un
momento en silencio, ante la mirada expectante de todos, apartó todas sus dudas y miedos, ocultando
por unos minutos su agonía que yacía en el mar.
Repaso uno a uno lo que le fue dicho. Encontrando que decir a cada una de sus encrucijadas. Y es que
él sabía —o intuía—, cuál podría ser el origen del fuego que tanto daño había causado; sin embargo, no
encontraba palabras idóneas para expresarlo.
—¿Príncipe Todoroki?
—En cuanto a lo del incendio... Tengo mis sospechas de que se trató de Shigaraki —dijo ante el
llamado de Vlad, quién se estaba impacientando por su respuesta.
—¡¿Qué?!
—Explícate mejor, Todoroki —demandó Inasa ante el revuelo de los nobles, que por desconcierto de
las palabras del príncipe, poco les importó el tono tan informal en el que le llamó.
—Pude verlo en el castillo antes de que Mirko, Izuku y yo pudiéramos escapar... —apenas pudo
mencionar lo que guardaban sus amargos recuerdos.
—¿Entonces... eso quiere decir que Shigaraki logró escapar también? —Grand Torino se promulgó a
preguntar.
—No lo creo. Las salidas del segundo piso estaban destruidas y por donde escapamos no era de mucho
acceso o conocimiento.... Seguramente quedó atrapado.
Tras terminar de hablar, algunos susurros se escucharon, pero no fue hasta que el mayor retomo la
palabra que el orden volvió.
—Entre los cuerpos de los fallecidos no pudimos reconocer a nadie más que al rey —mencionó con
cuidado, pero el príncipe no se inmutó mucho por la mención de su padre. Le dolía su pérdida, sí, pero
sus sentimientos estaban confundidos luego de enterarse de Hawks y la hija que en secreto tuvo.
—¿Entonces lo darán por muerto o no? —Nezu se hallaba preocupado, pues si había sobrevivido,
seguro les causaría más problemas.
—En una caída de esas... y con el oleaje de esa mañana... —Grand Torino hacia sus deducciones frente
a todos—. Lo más seguro es que el cuerpo fuera arrastrado mar adentro. Pocos sobrevivirián.
—Pero, ¿cómo estaremos seguros? Y si realmente es uno de los que murió calcinado —Inasa se unió al
debate.
—Yo creo que fue él quien ocasionó todo esto —dedujo Tokoyami—. Se molesto de que pronto los
atraparíamos a todos y atacó, pero al quedar encerrado en el castillo saltó al mar desesperado.
Nuevamente las discusiones, a favor o en contra de que si vive o no, dieron inició.
—Si murió o no; de todos modos no pararemos con la persecución hasta atrapar a cada uno de sus
cómplices. Perseguiremos cada escondite hasta que no quede nada de ellos —habló firme desde su
lugar Shōto, poniéndole fin a las discusiones y sintiendo la ira de saber que por culpa de Shigaraki,
Izuku había terminado en tan mal estado, y que tantas personas habían muerto.
—Su alteza, ¿cómo piensa darles persecución?, si ya le dijimos que nuestras tropas están
disminuyendo, producto de la deserción a causa de la falta de un líder. —Nezu le recordó de los demás
problemas a los que se enfrentaban.
Y aunque fuere complicado, Todoroki ya había pensado en algo para ese problema.
—No planeaba pedir favores tan pronto... Pero, ya que tenemos alianzas con otros reinos, podemos
solicitar de su apoyo para reforzar las fronteras en lo que reagrupo las tropas de mi padre y me
nombran nuevo rey sucesor, así podre dirigirlos yo mismo.
—¿De verdad cree que querrán darnos su apoyo? —incrédulo por su plan lo cuestionó Grand Torino.
El silencio volvió a la sala ante tal declaración; todos conocían de la dichosa alianza que el matrimonio
de la princesa Todoroki represento, y por si fuera poco, también sabían de la buena amistad de su
príncipe con el menor de los Iida, que seguro también intervendría en su ayuda. Y asumiendo aquello,
nadie más se atrevió a cuestionarlo o contradecirlo; hasta que Nezu se proclamó nuevamente la palabra.
—Un momento; usted no puede ser nombrado rey hasta que cuente con una compañera que asegure el
linaje de los Todoroki, esa es la ley.
Y he aquí donde venía la parte que Todoroki más se temió, pero que a tales alturas ya estaba listo a
enfrentar y superar.
Si estaba dispuesto a defender su amor por Izuku ante su padre, bien podría hacerlo ahora ante el clero
y su representante. Todoroki Shōto lucharía por el precioso derecho de tener al tritón a su lado el resto
de su vida.
—Tengo una pareja, y con él a mi lado podré gobernar perfectamente —decretó sereno y seguro de sus
palabras.
Y aún más que antes, dejó boquiabiertos a todos en la sala por sus palabras. Quiénes entre balbuceos
trataban de procesar la recién revelación; sin dejar de mirarse unos con otros, pensando en quien y
como es que el frígido y siempre serio príncipe había conocido a alguien con quien aceptara casarse.
—Esperen, ¿escuche bien? ¿Dijo él? —con duda cuestiono Grand Torino, temeroso de que su vejez le
impidiera entender bien lo que se decía.
Pero sus ojos no le mintieron cuando Todoroki asintió reafirmando sus palabras.
—Sí —afirmó—. Mi pareja sera Midoriya Izuku. Solo con el podria pasar el resto de mi vida...
Porque... porque, yo lo amo —confesó sin pena ante topos. 8
Y es que Todoroki estaba dispuesto a gritar su amor por el tritón al mundo entero, no quería callarlo.
—Pe-pero... ¿y como tendrán hijos? ¿Acaso planea que los Todoroki abdiquen al trono a su muerte? —
Nezu no se tardó en interrogarlo, que al no saber nada sobre Izuku y su naturaleza, le abdicaba las
facultades de un simple hombre humano incapaz de procrear con otro de su igual.
—Ah... ¿Estás seguro de esto? —Inasa cuestionó en voz baja para que solo el mitad albino le oyera.
El Lord de Shiketsu intuía que Todoroki revelaría el secreto de Midoriya, y si le preguntaban, no estaba
muy seguro de que eso fuera lo más correcto ahora. Él lo había aceptado con toda calma, ni siquiera le
importo, pero no sabría decir de los demás.
—Tendré un hijo, así que no tiene que preocuparse por un heredero —habló en voz alta pasando de
Inasa. 1
—¡¿Que?! —escandalizó Vlad sin comprender—. ¿Tendrá un hijo pero se casara con otro hombre?
Nezu, ¿eso esta permitido?
—No —respondió el pequeño hombre que al igual que el resto aún no comprendía las palabras del
mitad albino—. Si quiere puede casarse con un hombre, no es impedimento en nuestro reino, pero no
será bien visto que tenga un amante mujer para solo tener hijos.
¿De verdad le creerían? ¿Cuánto más tendría que pelear para tener al tritón a su lado or siempre?
—¿Nuestro príncipe perdió la cabeza? —Vlad habló primero; él entre todos, no terminaba de entender
lo que oía en boca de Todoroki.
—Y si eso es verdad, ¿dónde es que esta él? —Tokoyami pregunto al heredero de Yuuei, interesado en
saber más del tema.
—Bueno... Él...
—¿Eso no estaría rompiendo el tratado que firmamos entre los reinos para no dar uso de las criaturas
mágicas? —soltó su duda Gran Torino antes de que Todoroki se explicara.
Y es que si su memoria no fallaba, el viejo acuerdo dictaba, que ningún reino podía dar uso de las
habilidades o poderes de cualquiera de los seres mágicos; esto no solo para impedir que les trataran de
esclavos o armas, meros objetos, sino también para evitar que algún reino tomara ventaja de otros al
contar con tan divinos poderes a su favor. Y no comprendía si el que su futuro rey contrajera nupcias
con uno de esos seres sería bien visto por los demás reinos.
Lamentablemente los más jóvenes desconocían del todo de ese acuerdo —Todoroki una vez escuchó de
él en boca de su padre; pero ahora no podía ya importarle menos el tratado al saber que su propio padre
lo había roto hace años, y que, si él lo hizo, que le aseguraba que el reino del continente vecino, o el del
norte no había enriquecido su producción de minerales preciosos con ayuda de gnomos, duende o
enanos como escucho rumores en sus viajes.
De todos modos, la mención de aquel acuerdo desató un nuevo debate entre todos; con Vlad y
Tokoyami a favor de dicho tratado, y Nezu junto a Iida defendiendo la decisión de hacer una excepción
por el bien del legado Todoroki.
Los escandalosos alegatos no hacían más que estresar al mitad albino, quien harto de los dimes y
diretes, dio orden al azotar su mano contra la madera del mesón.
—No será necesario dar razón de nuestras decisiones a otros reinos, el mundo no tiene por que saber de
la naturaleza de Izuku.
—Se lo ocultaremos a todo el reino y a los demás también —dedujo Tokoyami asintiendo convencido.
Lo que desataría una larga discusión que no tendría fin hasta entrada la tarde.
El príncipe suspiró cansado, sabiendo a donde llevaría todo aquello; y para su desgracia, no se
equivocó ante el augurio de que la reunión se alargaría, dejándolo más tiempo apartado de aquella
playa.
Sin embargo, para su buena fortuna terminaría con el dichoso resultado en el que se aceptaría a Izuku
como la pareja del príncipe, ocultando su naturaleza hasta que pudieran arreglar un acuerdo con las
naciones que en antaño habían acordado aquel tratado.
De ese modo, apenas el peliverde volviera a Yuuei, llevarían a cabo el matrimonio entre ambos, y así
mismo, daría comienzo al reinado de Todoroki Shōto como rey de Yuuei.
Por un segundo y habiendo resuelto su futuro matrimonio, Todoroki se sintió dichoso; no creyó que
aquello fuera posible. Su futuro junto a Izuku estaba asegurado.
Pero no tuvo tiempo de alegrarse como era debido, pues no todo podía ser tan bueno.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Era otra mañana más en el reino de Yuuei, las olas rugían con fuerza cuando golpeaban el acantilado y
las aves marinas entonaban sus cantos al alzarse el sol.
Como en antaño, las melodías del mar acompañaban a Fuyumi en el patio de armas, cerca de los
cuartos de la servidumbre que se habían salvado del incendio al no pertenecer al castillo.
Ella veía como de en poco se levantaban uno a uno los muros del palacio, que a paso lento comenzaba
apenas su reconstrucción luego de que su hermano apareciera en aquella reunión.
La nostalgia de saber que ya nada era como cuando niña no se hizo esperar, y suprimió las lágrimas en
sus ojos ante la latente idea de que, de toda su familia cuando era niña, solo quedaba Shōto, ella y un
hermano perdido que no sabía si volvería a ver. Y si tan solo supiera la verdad de Touya, el dolor que
está le causaría podría serle mortal al corazón.
El viento soplo fuerte despeinando sus mechones rojos por entre el blanco de su cabello, se llevaron
lejos su tristes pensamientos cuando su falda se removió por causas ajenas a la brisa matutina.
—Haruno, ten cuidado al jugar —advirtió como madre que era a su pequeño que travieso corría por
todo el patio, en compañía de Hatsume quien le cuidaba cuando ella tenía que acudir a las reuniones del
clero. Pues desde aquella vez, Shōto pocas veces volvió a presentarse a dichas reuniones.
El pequeño pelinegro, quitado de cualquier pena entre risas de diversión huyó de su madre y la
costurera pelirosa que jugaba con él desde temprano.
Y mientras ellos seguían en lo suyo, Iida, que volvía de la cabaña en la playa, se acercaba a donde
Fuyumi cuando la vio por entre el patio luego de saludar a su sobrino.
—¿Cómo esta él? —preguntó Fuyumi, mientras cuidaba de que su hijo no se acercará a los trabajos de
obra.
—Está como loco construyendo en la cabaña un especie de tanque que sugirió Bakugo —comentó con
resignación—. Pero aún no quiere volver a separarse de la playa por si regresa Midoriya y él no esta; ni
siquiera porque hemos vuelto a ofrecernos a estar en su lugar.
—Ya veo. —Suspiró con resignación volteando la vista al mar. Ya se intuia que convencerlo
nuevamente sería casi imposible—. Al menos los nobles y el clero se calmaron luego de su aparición...
Eso bastará por un tiempo.
Y es que su hermanito seguía atado a esa cabaña a la espera de su amor, con paciencia, día y noche
haciendo guardia para que cuando volviera le encontrara ahí.
—No se cuanto más espere el consejo y el clero para nombrarlo rey —dijo con preocupación el de
oscuros cabellos mientras acomodaba sus anteojos—, y lo peor es que no sabemos cuándo pueda volver
Midoriya.
—¿De verdad no hay forma alguna de saberlo, o siquiera saber que están bien? —cuestiono
esperanzada de una respuesta positiva, pero toda posibilidad murió cuando el príncipe negó.
—No sabemos a dónde pudieron haber ido... Y ni siquiera han vuelto las señoritas Ochako y Tsuyu para
decirnos algo de él... —pauso al remembrar el suceso de hace unos días—. Además, aquella vez
Bakugo y Kirishima terminaron peleando con Todoroki. 1
Sobo sus cienes ante el estrés de solo recordar aquella fea discusión; y es que para la tercer semana del
segundo mes en la que aún no volvía el peliverde, Todoroki, sumido en la desesperación y locura,
intentó ir él mismo a buscarlo entre todo el mar. Sin una dirección o siquiera una balsa, la
desesperación le hizo correr mar adentro; y de no ser porque él y Sero se encontraban ahí, seguramente
Todoroki habría acabado ahogado. 2
Fue luego de que se calmara y le hicieran entrar en razón, que corrió con Bakugo para rogarle una vez
más que fuera a buscar, y que esta vez fuera más lejos sin importar cuanto pudiera tomarle volver; ya
que, al ser él de la misma naturaleza, podría estar por más tiempo lejos en el mar.
Es ahí donde todo empeoro, pues obviamente el rubio tritón se negó al no tener ni la menor idea de a
donde es que se habían dirigido; seria como buscar una aguja en un pajar, podría tomarle días o
semanas, y nada le aseguraba que los encontrara antes de que ellos mismos volvieran. Además de que
en su condición no se sentía del todo bien, y pasarlo solo lejos del humano que era su pareja no era una
opción para él. Pero a Todoroki no le importaba más nada, y tras la negativa, la discusión fue subiendo
de nivel hasta el punto en el que Kirishima terminó por golpearlo cuando el bicolor trato de arrastrar al
rubio al mar para obligar a ir a buscarles. 1
Fue una tremenda sorpresa para todos que el siempre carismático pelirrojo, amigo del príncipe
Todoroki hiciera aquello; pero es que así como Todoroki daría su vida por Midoriya, Kirishima haría lo
mismo por Bakugo.
El pelirrojo no iba a permitir que su Blasty terminara solo o perdido en medio del inmenso mar —no
dudaba de sus capacidades, pero ahora que estaba en cinta, se había vuelto un tanto sobreprotector con
él—; por suerte, luego del incidente Todoroki comprendió mejor las cosas. Tal pareciera que aquel
golpe le devolvió algo de cordura, y luego de disculparse, volvió a su solitario lugar en la arena, a
contemplar el mar y esperar.
Después sería el mismo Bakugo quien sugeriría aquello de construir un lugar calido y humedo para que
Deku pudiera estar durante el resto de su embarazo; esto si es que el de mirada dispar no quería
apartarse de él.
—Ah, ni siquiera quiero recordar las locuras que tu hermano ha hecho en la semana —concluyó Iida
con cansancio.
Fuyumi río, pues algo de todo aquello había llegado hasta sus oídos. Sin embargo, agradeció a los diose
por que su hermano tuviera tan buenos amigos. 1
—Si... ¿Crees que logre terminarla a tiempo? —preguntó refiriéndose a eso que con tanto empeño su
hermano construía día y noche desde que Bakugo lo sugirió.
—Pues, esta muy decidido a terminarlo —contó Iida—, además tiene la ayuda de todos, así que yo creo
que lo logrará.
La seguridad en las palabras del príncipe tranquilizaron a la joven reina, pero al mismo tiempo le
sembraron nuevas dudas.
El silencio ante su duda fue llenado con las risas de su primogénito y Hatsume, junto a los ruidos de la
construcción de fondo.
Y cuando no tuvo respuesta, Fuyumi miro al que era su cuñado con preocupación de una negativa, pero
esta tampoco llegó.
Los dos se quedaron callados, sin atreverse a decir lo que tanto se temían y que ya comenzaban a creer.
Porque no había más idea que pudiera explicar el porqué ni siquiera volvían para traer noticias del
peliverde.
Entonces, en medio de ese trágico silencio, Iida se atrevió decir:
El pelinegro realmente quería creer que había otras razones detrás de su demora, donde el motivo no
fuera la funesta muerte del tritón o de su bebé.
Por eso, sonriente y confiado mantenía sus esperanzas; tal vez no tan fieras y vivaces como las del
mitad albino, pero aun así lo intentaba por su amigo, todos se mantenían confiados en que volvería.
La de mechones rojos respiro profundo, llenando de esperanza sus pulmones, y de igual forma sonrió al
pelinegro para asentir confiada en sus palabras.
—Mami, mami —corría hacia ella su pequeño Haruno—, ven a jugar con nosotros también.
Se apartó entonces del lado de Iida, quien se quedó un rato viendo a su sobrino jugar, para luego
suspirar y llevar la vista al horizonte entre el cielo y el mar.
Continuará... 16
—ɷ ʚ♥ɞ ɷ—
Hola!! Al fin, luego de mil correcciones, de reescribir esto, un bloqueo, crisis y amenaza de hiatus, al
fin lo termino ಥ∀ಥ) No estoy del todo satisfecha, pero no quería hacerles esperar más... si es que aun
esperan por esta cosita fea|ω;`) 2
Perdonen el retraso >.<) y los probables errores que pueda tener. Al final dividi el capítulo en 2 partes
porque la verdad iba a ser muy largo y no quería cansarlos. Ya se están resolviendo muchas cosas,
(perdón si esta aburrido en algunas partes pero esto era necesario xd se hace lo que se puede) Y pronto
(espero) terminaré de escribir la segunda parte.
Si tiene alguna duda o algo para comentar, este es el momento ^^ responderé todas las dudas (yo se que
a veces me enredo y no se entiende lo que escribo xd) 4
Gracias a todos por la paciencia 🙏 por leer esta historia, votar o comentar. Nos leemos en el capítulo
final, y nuevamente, tenganme paciencia que de que termino la historia, la termino ~ 💖💕 💜💕 4
-Yummikyo🌸
XXXVIII. Sempiterno
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Autor: Mon_Alice
por Mon_Alice
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El mes de Abril había arribado a las costas de Yuuei, y con el, su cálido clima prevalecía. La hierba de
los campos y árboles se revestía de fulguroso verde y coloridas flores con dulces perfumes; la suave
brisa mecía los cultivos, que a su tiempo, crecían con paciencia para brindar sus frutos cuando llegara
el día de la cosecha. Se podía respirar las tibias mañanas y las aguas templadas, que junto al acantilado,
se movían en plácida calma perfectas para navegar. 11
Yuuei mantenía sus actividades con normalidad; poco a poco se dejaba atrás cualquier temor que el
incendio había acarreado. El luto por el rey y los nobles que murieron, comenzaba a sanar al pasar el
tiempo.
Mientras, el que sería el nuevo castillo se encontraba a mitad de su construcción; que con un aspecto
más simple, la pequeña edificación se alzaba resistente, esperando pronto albergar a la familia real.
Y en lo que todo aquello ocurría, Todoroki había contado dos meses y una semana desde que su alma
partió al mar junto a Izuku. Dos meses y una semana en los que anclado en aquella playa vio alzarse y
ocultarse el sol; en los que muchas veces pareció perder la cordura y en otras mantener la fe.
Todoroki contó cada día, cada hora y cada segundo, esperando paciente por el regreso de Izuku. 5
Y en todo ese tiempo de espera, Shōto no perdió la fe, aún incluso cuando todos ya lo habían hecho.
Tampoco se rindió cuando entre el clero se discutía arreglarle un matrimonio, ni mucho menos cuando
los demonios del mal augurio le invadían. Jamás se doblegó; él se mantenía firme en su lugar de vigilia,
sosteniendo aquella férrea decisión de algun día desposar al tritón y tener una familia a su lado.
Ya había terminado hace tiempo la bañera en la que Midoriya podría sentirse como en el mar; pequeña
pero húmeda y cálida, justo como lo necesitaba y le había sugerido Bakugo hacerlo. Inclusive, Tamaki
se encontraban ya en Eiyuu —pues tras enterarse por Inasa de lo que se suscitaba por esas tierras, él
junto a Mirio y su familia decidieron moverse hasta aquella costa para que al regreso del tritón, fuera el
elfo quien le atendiera de ser necesario; ellos eligieron posponer su regreso al bosque Lemineater, para
hacer guardia junto al príncipe en la cabaña, por si ese era el día en el que Izuku volvía. 2
Pero aún teniendo todo aquello listo y con su latente esperanza, Todoroki nunca dejaba de preguntarse,
si ese sería otro día, otra semana, o un mes más sin ver su tierna sonrisa y brillantes ojos esmeralda.
El de mirada desigual solo rezaba porque no fuera así; cada día añorando que esta vez fuera diferente.
Que el día de su regreso llegara al fin.
Aquella mañana, como ya era su costumbre de diario para el príncipe, al apenas despertar de una breve
siesta se acomodo nuevamente entre la arena.
Se sentó a esperar, a mirar el azul del mar y perderse en el horizonte. Aspiró el saldo de la brisa, y sin
que le importara nada más en el mundo, las fantasías se enredaron en su mente cual traviesas
mariposas, llevándolo a su utópico mundo.
Perdida su vista en el claro azul, imaginaba el dichoso momento de volver a tener entre sus brazos al
peliverde; soñaba con su hijo, que fuerte y bello era idéntico a su padre tritón, con las simpáticas pecas
en sus regordetas mejillas, los alborotados cabellos blancos como espuma o quizá lacios verdes como
tanto quería Izuku, y como olvidar las brillantes esmeraldas o el gris de la luna como los de su madre.
Sin duda alguna, imaginaba un pequeño hermoso... o tal vez una bella princesa.
Y entre todos esos sueños, diminutas sonrisas se dibujaron en sus labios, nostalgia silenciosa de una
larga espera.
Era tan tranquilo, el sereno mar meciéndose apacible y la cálida arena bajo sus pies. El inmensurable
celeste ante toda su mirada, y la normalidad de un día más que pasaba en vano.
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Suspiro cabizbajo en lo que cerraba los ojos un segundo, para así guardar sus sueños entre sus
memorias; mientras escuchaba los silenciosos gritos de su corazón que clamaban su deseo se volviera
realidad. Como siempre, implorando sin que se le otorgara tal milagro.
Lento, sus ojos se abrieron para seguir contemplando la grandeza del mar: cristalino e infinito.
Y en medio de todo ese azul, a lo lejos, parecía verse el espejismo de una joven que no hace mucho vio
partir junto a su alma.
Se sumergía solo para salir a flote cada vez más cerca de la orilla, así la vio una y dos y tres veces sin
terminar de creérselo.
Fue entonces, que motivado por la incertidumbre de su curiosidad, se levantó despacio de su lugar entre
confusión y estupor. Sin saber que el cielo y los dioses se habían apiadado de él, avanzó unos pasos por
entre la arena buscando enfocar mejor la imagen de aquella sirena de cabellos y aleta verde.
Cauteloso, no apartó la dispar mirada de ella; a cada paso que daba más nítida era la realidad. La brisa
salada le golpeó y removió sus cabellos, ondeó la camisa blanca y le obligó a entrecerrar los ojos.
Entonces, la reconoció.
—Esto es... —masculló al notar que era Tsuyu, quien ya estaba bastante cerca por la orilla.
Y antes de que corriera a ella para preguntar por el peliverde o siquiera comprobar que no era una
alucinación, apareció una segunda persona de castaños cabellos que con paciencia ayudaba a llegar a
aquel por el que tanto aguardo. 2
Un suspiro ahogado se le escapó, y cualquier palabra que quisiera huir de su labios se ahogaron en su
garganta. Incontenibles, las lágrimas no se hicieron esperar; su corazón se estremeció y dio un vuelco
en su pecho, como un nudo que subió hasta alojarse en su garganta para luego desatarse liberador.
La espera vivida había sido una locura, un insufrible castigo que aunque corto, con agonía le atormentó
a diario. Tanto era su deseo de verle nuevamente, que incontables veces soñó con el dichoso
reencuentro; y ahora, parecía que sus ruegos habían sido escuchados.
—¡Izuku! —grito desesperado. Y antes de que sus llamados alertarán a los demás en la cabaña,
apresuró los pasos hasta hundir sus pies en el agua; mojando las telas de su pantalón, nado entre la
espuma hasta su encuentro—. ¡Izuku! 10
Aquella inconfundible voz alertó al peliverde. El revuelo en su corazón no se hizo esperar; le reconoció
de inmediato, y alejándose un poco de Ochako y Tsuyu, apenas se movió unos centímetros por el agua
cuando fue alcanzado por el príncipe.
Cuando la dispar mirada de luna y mar se encontraron con las esmeraldas, lo demás se desvaneció; no
hubo nada en el mundo más que ellos dos. 5
No verían a las dos sirenas alcanzar la arena, ni a sus amigos que llegaban a la orilla atraídos por los
gritos del príncipe; nada de eso fue notado al encontrarse en medio del agua.
Paralizado, su cara había cambiado por completo en menos de un segundo; de la deslumbrante ilusión
de un inicio cuando le vio, volvía a ese estoico rostro que parecía indiferente y confundido. Midoriya
no lo comprendía, estaba seguro que el mitad albino le recibiría con toda ternura, pudo ver sus
intenciones en su voz.
¿Entonces, por qué...? ¿Por qué se mantenía apartado de él en lugar de envolverlo con su amor?
Temiendo que el príncipe estuviera molesto consigo, se disculpó de inmediato con voz temblorosa,
mientras se enfrasco en lo que parecía una larga espera por recibir una respuesta, anhelando un abrazo
o un consuelo que nunca llegó; mas en cambio Todoroki solo parpadeaba como no queriendo creer lo
que veía, manteniéndose a flote a la distancia.
Era doloroso, para Izuku que lo sintió como un desprecio, le dolía tanto o más que el haber estado
separados.
—Dime algo... por favor —rogó en un sollozo; pero el príncipe no pudo más que abrir y cerrar la boca
un par de veces, dejando la incertidumbre en el aire.
Abatido, el peliverde bajó la vista al mar por entre sus brazos, preguntándose si ese era el motivo de tan
inesperado reaccionar.
Tras las dudas en su mente, las saladas gotas bajaron irremediables por su barbilla hasta mezclarse con
la espuma.
Pero Izuku no podría estar más equivocado; estaba llorando en vano. Simplemente, Todoroki se hallaba
una vez más consumido por sus sentimientos. Como si todo lo que tanto retuvo bajo su estoico rostro
de calma fuese removido hasta ser desbordado ante la luz. Su alma estaba siendo expuesta por lo que el
tritón provocaba en él.
Cuando le escucho sollozar fue que reaccionó; parpadeo un par de veces, y sin dejar de observar bajo el
agua el que ahora era el plano vientre del tritón, dijo:
—Izuku...
Se acercó temeroso al contemplar los brazos ocupados del pecoso, donde una pequeña criatura que
dormitaba plácida bajo el agua, se aferraba al cuerpo del peliverde. 6
—Lamento haber tardado... Lo... ¡Lo s-siento por haberte hecho esperar...! —grito con los ojos
apretados en busca de su perdón, soltando más de las incesables lágrimas—. De verdad quería volver,
pero no pude... y, y, yo...
Entonces se soltó a llorar sin poder completar sus frases, pues no encontraba palabra idónea para decir
cuanto lo lamentaba, cuanto lo extrañaba y el calvario que al igual que él había sufrido tras estar tanto
tiempo separados. Y es que Izuku se había obligado a pasar el resto de su embarazo en las profundas y
cálidas aguas de unas islas cubiertas de paz, donde alejadas de cualquier depredador o ser humano,
pudo reponerse tan solo físicamente, hasta que luego de unos meses dio a luz a su pequeño. Esa era la
razón de su retardo, pues pese a que su alma agonizaba al sentirse lejos de su gran amor, un viaje de
vuelta hasta Yuuei sería demasiado para alguien en su delicada situación.
Desesperado, comenzó a murmurar frases inentendibles. Quería hacerle entender al príncipe sus
razones, que no le odiara, que volviera a amarlos... a querer tenerlos a su lado por y para siempre.
Pero Todoroki apenas pudo escuchar algo de lo que balbuceaba; al príncipe no le podía importar menos
cualquier excusa o razón que Izuku le diera, él le amaba incondicionalmente, le amaría incluso aunque
le destrozara el corazón mil veces. Pero ese no era el caso, porque ahora, para él lo único que existía en
ese momento era la dicha de tener a Midoriya y su hijo frente a sus ojos.
Nado entonces hasta llegar a ellos; y estando tan cerca, no resistió llevar su temblorosa mano a los
apenas visibles cabellos blancos entre la cabecita del pequeño.
No podía decir nada... No podía creer, que al fin estaban junto a él.
Una vez más, era ese intrépido tritón quien le hacía experimentar las más raras y extraordinarias
emociones. Ese sentimiento dulce que se alojó en su corazón, que acompañó a su alma y desplazó el
tormento de su soledad era la más bendita de las sensaciones. Ese pequeño traía magia consigo, ahora
lo entendía.
¿Cómo podía amar tanto a alguien que recién conocía? ¿Y cómo podía amar aún más a Izuku?
Sin respuestas, se acercó valiente, y con primorosa delicadeza sostuvo por la espalda al pequeño bebé
en lo que estrechó a Izuku con todo el cariño que había guardado, con la añoranza y el anhelo que un
amante puede tener.
—Gracias a los dioses están bien, están aquí. Al fin han vuelto... —musito sin soltarlo—. Los extrañe
tanto... Pero sabía que volverían, lo sabía...
Palabras simples pero cargadas de sentimientos que Midoriya pudo leer a la perfección; palabras que le
calmaban y le hacían sentir que todo ya estaba bien, que su amor seguía intacto y más fuerte que antes.
Que no se preocupara, porque Todoroki les amaba igual o más que antes.
Apretó entonces fuerte los ojos para retener las lágrimas, dejando una sonrisa en su lugar.
—Volvimos a casa... —apenas susurro Izuku, cuando inevitable el llanto le ganó; aunque esta vez era
uno más dulce. 3
El tritón era transparente, genuino, auténtico en su sentir, y Todoroki amaba aquello. Amaba tener
devuelta al sentimental pero valiente y fuerte Izuku Midoriya.
—Esta bien, esta bien, ya estamos juntos... —consolaba sobando su espalda; de vez en cuando
acariciando sus cabellos, arrullando con cariño al tritón, queriendo calmar sus sollozos.
¿Pero cómo evitarlo? ¿Cómo después de tanta incertidumbre no podían siquiera llorar? Era necesario,
como si una parte de ellos al fin tuviera el alivio que tanto buscaban; sus almas regresaban a su sitio y
por fin tenía descanso. El dolor en su corazón era sanado con tan solo la simpleza de un abrazo, el
llanto lavaba sus penas, dejando solo dicha detrás.
Era reconfortante, un milagro intangible. Esa era la magia de su amor, uno que curaba y llenaba de
dicha bendita sus almas. No concebían su vida sin el otro. Ya no podían ocultar sus desbordantes
emociones.
—Te amo, Izuku, los amo a los dos. —Un beso entre el revoltoso verde selló su confesión; pasó su
mano con ternura por la mejilla del tritón, y mirándole a los ojos dijo—: Voy a cuidarlos bien, de
verdad lo haré. Lo juro por mi vida, lo juro ante el mar.
Izuku no pudo sentirse más dichoso por sus palabras. A pesar de todo lo que había vivido, sus tristezas
y dolores, estaba agradecido con la vida solo por permitirle vivir tan dichoso momento.
—También te amo, te amamos... —Oculto entonces su rostro entre el hueco de su cuello, oliéndolo,
sintiéndolo, apegándolo más a su cuerpo por temor a que fuera a desaparecer de nuevo.
La marea estaba calmada, el agua cristalina era revestida por el brillo del sol. Y flotando en la tibia
agua, sin soltar el abrazo se quedarían juntos, disfrutando el reencuentro.
Entonces, en medio del boyante evento y como un recordatorio, el pequeño en los brazos del tritón se
removió al sentirse abrumado por la cercanía de sus dos padres. Primero estiró sus bracitos por sobre el
agua, haciéndose espacio entre los dos que le veían con tal ternura por dicho gesto, arrancando
enternecidas risas al contemplar tan pura acción.
Izuku apenas tuvo tiempo de recomponerse de todas sus emociones para acercar a su hijo más a él; que
cuando su rostro salió del agua, hizo gestos y cubrió su pequeño y regordete rostro con las manos,
como acostumbrándose a respirar aire fresco, entre quejidos se removió a punto de llorar.
—No, no, no llores, el aire de la superficie no es tan malo —arrullo Izuku frente a los muy
maravillados ojos dispares; mientras con la palma de su mano llevó agua a los cabellos albinos
logrando que se calmara un poco—. Ya esta bien, ves que no es tan malo. 7
Jamás podría olvidar la tierna imagen del que tanto amaba sonriéndole dulce al que fuere la prueba viva
de su amor. Si era posible, se enamoro un poco más de los dos.
Cuando el bebé comenzó a calmarse al escuchar la voz del peliverde, Todoroki no resistió a tocar la
mejilla del infante. Fue un acto simple pero lleno de ternura; y aunque se removió y se quejó incómodo,
no abrió para nada los ojos.
Fue entonces que su instinto paterno alertó al de ojos dispares, y temeroso, sin tener mucha idea de su
pequeño hijo preguntó:
El miedo a una negativa fue papable en su voz; y queriendo estar completamente seguro de que su
pequeño se hallaba sano, le revisaba minucioso con la mirada. Y aunque aquello no le decía nada de la
salud del bebé, si pudo notar que no tenía una aleta como Midoriya; sus dos piernas al igual que los
dedos en sus manos se veían como las de un bebé humano. Lo único diferente eran unas pequeñas
branquias por debajo de su cuello que le ayudaban a respirar bajo el mar; fuera de eso se veía
completamente humano y saludable, lleno de vida.
Sin embargo, él no sabría si todo aquello era normal para los de naturaleza acuática.
—Estaba débil los primeros días... —confesó de pronto Izuku con algo de pesar que preocupo al otro
—. Pero apenas mejoró decidimos volver a Yuuei. Ahora se encuentra mejor... Mira.
Acomodo al pequeño entre sus brazos para que pudiera apreciarle mejor. El pequeño ahora se
encontraba más calmado, sin mayor preocupación volvía al mundo de los sueños.
Todoroki no resistió acariciar nuevamente la rosada mejilla, que contrario a sus sueños, no tenía ni una
sola de esas manchitas que Izuku feliz portaba. 1
Miró al tritón, que con sonrisa en los labios le hacía saber que se encontraba bien; sin embargo, aquello
apenas calmo al príncipe, porque una parte de él seguía con aquella angustia inexplicable.
Entonces le sonrió devuelta, y en un intento por desplazar sus pesarosos pensamientos, aprovechó para
acercarse a robar un beso de los labios del tritón, que aunque sorprendido por la acción, no tardó en
corresponderle.
Midoriya hecho de menos el contacto, Shōto también. Esa magia de un inocente beso que llenaba de
vitalidad sus almas les envolvió de inmediato. Revestidos con el manto de un amor puro, solo deseaban
estrecharse con fuerza, mimarse y jamás separarse; necesitaban su amor, necesitaban de su compañía.
—Extrañe mucho esto —mencionó el peliverde al separarse, solo para juntar sus frentes después. A
centímetros uno del otro, el cristalino azul del mar se reflejaba en sus rostros. Una vez más, aquel vivo
brillo en su iris miró con devoción de amor al príncipe, quien idolatra le veía de la misma forma—.
Estamos mejor a tu lado.
Esa era la confirmación de que, ahora, ya todo estaba bien para ellos.
Todoroki asintió con una tenue sonrisa por los labios, esta vez, una de genuina felicidad. Y aunque al
fin podía respirar liviano, de todos modos y para estar seguro, se mantendría empeñado en que Tamaki
revisara a su pequeño y a Izuku más tarde.
—¿Ya has elegido un nombre para él? —preguntó de pronto, ansioso por saber como llamar a su hijo.
Midoriya, que había sido tomado por sorpresa, se detuvo a pensarlo, pues no se esperaba aquella
interrogante tan de repente. Por debajo del agua su aleta se removió ansiosa entre el nadar del príncipe;
la simple charla sobre el nombre del bebé le emocionaba tanto.
—Entonces será mejor que lo discutamos en un lugar más cómodo —dijo sonriente en completa calma
—. Prepare algo en la cabaña para ustedes.
—¿Para nosotros?
—Si... —afirmó antes de dudar si ahora que Izuku había dado a luz, aquello que con tanto esmero
construyó sería todavía necesario—. Espero que les guste.
—¡¿Qué es?! —la curiosidad del tritón se despertó de inmediato; minucioso observó el rostro del otro
tratando de adivinar cuál era ese regalo.
Su respuesta dejó toda la curiosidad intacta en el peliverde; y antes de que pudiera preguntar o insistir
por que fuera revelada la sorpresa, Todoroki volteo al fin a donde la cabaña estaba.
Solo entonces, cuando salieron de su burbuja, pudieron notar en la playa como Jiro y Bakugo ayudaban
tanto a Ochako y Tsuyu, quienes ahora con piernas envueltas en ropas y mantas, parecían estar
contando a todos el motivo de su demora.
También se hallaban Mina junto a Sero; y más al fondo, venían llegando Toru y Kaminari. Los últimos
traían consigo algunas frazadas que seguro eran para ofrecerle a Izuku y al bebé; desde ya, Todoroki
agradeció el gesto.
—Todos estuvimos esperándolos —hablo mientras nadaba a la par del tritón, quien lento se movía a su
ritmo.
Izuku dio gracias a Poseidón por sus amigos, por haberles conocido.
Moviéndose más aprisa entre las aguas, no tardaron en arribar a la orilla, donde aún entre la marea, la
pelirosa y el escandaloso rubio se arremolinaron junto a Midoriya para ver al pequeño mitad tritón.
Todo bajo el protector cobijo del príncipe que no se apartaba de su lado.
—¡Yo también quiero verlo! —decía Toru buscando asomar la cabeza por detrás de todos.
—¿Puedo cargarlo, puedo, puedo? —pedía Mina esperanzada, pues realmente amaba a los bebés, y
aquel pequeño se veía bastante lindo. 1
—No, mejor déjame a mi, Midoriya. —Se señalo Kaminari—. Yo seré un grandioso tío y lo cuidare
bien; anda, déjame a mi, ¿si, si? 4
—No me dejen fuera de esto. —Toru intentaba meterse en la discusión por ser quien cargaría primero
al bebé del tritón, sin notar la vacilación del peliverde al no saber a quien complacer.
—Ah... bueno...
—No creo que se buena idea prestárselos, Todoroki. Son demasiado torpes y ruidoso, seguro solo
molestaran al bebé —irrumpió Sero con porte prudente, logrando un asentimiento de aprobación del
serio príncipe, quien no confiaba a los atolondrados chicos a su hijo; al menos no por ahora.
—Déjamelo a mí, así tú podrás llevar a Midoriya a la cabaña —se adelantó a decir, revelando así el
plan detrás de sus acusaciones pasadas.
—¡¿Qué?! ¿Y por qué a ti si? —se quejó Mina seguida de Kaminari y Toru, en lo que Midoriya
volteaba a ver a Todoroki luego de que se acomodara una de las mantas que habían dejado abandonadas
al comenzar la discusión.
A la distancia, Bakugo y Jiro les veían con repulsión y pena respectivamente; mientras que las dos
sirenas solo aguantaban la risa de tan cómica escena.
Cuando el mitad albino noto como Izuku estaba envuelto en las telas, no tardó en acomodar sus manos
por el cuerpo del tritón para llevarlo en brazos hasta la cabaña.
—Hay que llevarte adentro.
Beso su frente y paso de los que seguían disputándose el privilegio de cargar primero a su hijo.
El tritón no le impido el contacto, al contrario, busco apegarse más a su cuerpo; y aún con el pequeño
en su pecho, pasó uno de sus brazos por el cuello del otro.
Todoroki se dirigió así por la playa rumbo a la cabaña; la aleta del tritón, húmeda, escurría por la arena
dejando un marcado rastro. El mitad albino no perdió tiempo en apreciar cada detalle en los colores que
engalanaban las escamas relucientes.
El peliverde se dejó sumergir en su mundo; con los ojitos cerrados recargado en el pecho del bicolor, no
le presto más atención a los alegatos a sus espaldas por la playa. Nada impidió que Midoriya disfrutara
de la apacible calma que sentía entre los brazos del príncipe; era eso lo único que necesitaba para sentir
paz.
La perceptible sonrisa en sus labios no pudo ser apreciada por nadie más que Todoroki, que de igual
forma devolvió el gesto ante la anonadada mirada de sus compañeros que llegaron a ver un asomo de
su amor.
Apareció Tetsutetsu junto a ellos antes de cruzar el umbral de la cabaña, seguido de cerca por su igual
de cabellos rojos. Ambos venían de Eiyuu, por lo que la sorpresa en sus rostros al ver al tritón no se
hizo esperar.
—¡Midoriya volvió! —afirmó lo obvio Kirishima—. ¡Que alegría que al fin estés con nosotros
devuelta...! ¡¡¡Oh!!! ¡El bebé ya ha nacido! —escandalizo sorprendido al notar al pequeño bajo las
telas; arrancando unas risillas del peliverde.
Y antes de que se pusieran a preguntar o elogiar al bebé para poder verlo mejor, el príncipe se les
adelantó a decir:
—¡Ah... Si! Blasty y yo lo tenemos todo listo cada día —mencionó corriendo a abrir la puerta al notar
que Todoroki tenía los brazos ocupados.
Izuku se preguntó si aquello sería parte de su sorpresa, sin embargo su atención fue robada por el bebé
que incomodo se removió al no sentir el cálido cobijo del agua.
—¡¡Ah, no!! Ni lo menciones, eso ya está en el pasado —cortó cualquier intento de disculpa al
entender por dónde iban las cosas—. Ahora apresúrense a entrar.
Con las livianas risas del pelirrojo, el ambiente perdió cualquier rastro de tensión que pudiera haberse
formado, y aunque Izuku quedo con la duda por aquel intento de disculpa, dejó pasar el incidente y se
abstuvo de preguntar.
—Ah... ¡Ah! Él aún no llega —gritó al recordarse de lo más importante, deteniendo una vez más al
príncipe.
El mitad albino le miro confundido, pues sumido en su mundo ni siquiera se había percatado de su
ausencia; para él, ellos siempre se hallaban en la cabaña a su lado, e ignoraba que el espacio era muy
pequeño para todos —si consideraba que Mirio y sus dos hijos no se apartaban del elfo—, por eso es
que se quedaban en Eiyuu, y cada día bajaban hasta la playa a esperar junto al príncipe.
—¿Entonces, cuando llegaran? —inquirió acomodando mejor a Izuku entre sus brazos, que al oír el
nombre de Tamaki presto más atención a su charla.
—Ah, bueno...
Kirishima no sabía a ciencia cierta cuánto podía llegar a tardar, pero nunca se retrasaba más del medio
día, por lo que era seguro que ya vendrían por el camino.
—¿De verdad?
—¡Si. No tardaré, espérenme! —gritó mientras se alejaba para correr por aquel camino al pueblo en
busca del elfo.
—¿Mirio y su familia están aquí? —averiguó el peliverde—. ¿Es seguro para Tamaki y su bebé?
—Ah, es verdad. No he podido contarte —dijo Todoroki al recordar que Midoriya ignoraba que Itsuki,
el hijo de Mirio y Tamaki, ya había nacido.
Y en lo que regresaba Tetsutetsu junto al elfo, el de cabellos bicolores se dispuso a entrar con Izuku
antes de que su aleta desapareciera siendo remplazada por sus piernas al secarse el agua de su cuerpo.
Había varias cosas de las cuales contarle, y aunque no quisiera agobiarlo con todo lo que pasaba en
Yuuei, deseaba confiar en él para contarle aquello que más conflicto le causaba.
Kirishima, que ignoraba las intenciones de Todoroki, estaba por seguirlos cuando escucho el sorber de
nariz de Kaminari a sus espaldas.
Inevitable volteo a ver de que se trataba, encontrándose con Hanta y el rubio secando restos de llanto
con las mangas de sus camisas —luego de darse cuenta que Izuku ya no estaba en la orilla, corrieron
tras él al ver que Todoroki le llevaba a la cabaña, pero que no se habían atrevido a interrumpirlos con
sus caprichos para con el bebé.
—Kirishima, ¿qué no viste las miradas de amor entre esos dos? Eso fue demasiado emotivo... Yo, no
puedo... —respondió el pelinegro volviendo a limpiar sus lágrimas.
—Bro... yo quiero un romance así de bonito —lloriqueo Denki señalando a la cabaña—. Déjame entrar,
quiero seguir viendo su amor. 7
Pero antes de que siquiera dieran un paso, un jalón por el cuello de su camisa les detuvo.
—Ustedes no irán a ningún lado. Solo serán impertinentes como siempre y los molestaran.
—¿Y tú para que quieres saber eso, Kaminari? —Apareció Jiro apartando del medio a todos para dejar
que Tsuyu y Ochako, envueltas en mantas, entraran junto a Midoriya.
Siguiéndoles, estaba Bakugo detrás; que con el ceño fruncido, apartó a los dos llorones de su camino.
—¿Y por qué ellas si pueden entrar y nosotros no? —molesto, cuestiono Sero al ver como incluso Mina
y Toru se colaban a la cabaña. La última sacándoles la lengua en señal de burla.
—Ellas no son un estorbo, ni mucho menos un par de chismosos llorones como ustedes. —Bakugo se
paro en la entrada impidiendo así el paso para los tres que quedaron atrás, antes de ponerse a gritar—:
¡Ahora largo de aquí, extras!
Su temperamento intimido a todos, salvo a Kirishima, que más bien se notaba preocupado.
—¡¿Ah?! Que demonios dices pelo de mierda, ¡no estoy enojado, ¿qué no ves?! —escandalizo con más
molestia.
Tal vez Kirishima no debió decir aquello. Pero es que los gritos del rubio y su entrecejo fruncido tan
característico llegaban a confundir a cualquiera; si estaba feliz o enojado era un tanto laborioso de
saber, pues sus respuestas eran siempre igual de agresivas para todos. 2
El fuerte portazo les hizo saltar en su lugar, seguido de un tranquilo silencio en el que apenas se
escuchó el oleaje del mar. Sero y Kaminari se miraron entre sí, en lo que Kirishima seguía perplejo
viendo al madero cerrado frente a él.
—Shhh... te va a oír. —Sero cubrió la boca del rubio con susto a que Bakugo pudiera oírlos, revisando
alerta de que este no fuera a salir y desatar su furia contra ellos.
Y es que la cólera del tritón era aun mayor desde las últimas semanas en las que se habían enterado
estaba preñado —Kirishima se había encargado de contarle a todos de su dichosa fortuna, cosa que no
agradó del todo a Bakugo, quien se mostraba a la defensiva con la mayoría, y ocultando el prominente
vientre portaba ropas más sueltas—; era esa misma ira la que acababan de presenciar ante ellos.
Y él que también quería ver que pasaba con Midoriya y Todoroki. Ahora se tendria que conformar con
oír por entre las paredes junto a sus dos amigos.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
La noche estaba por caer en las costas de Yuuei, y en una habitación de la sobreviviente construcción
junto al castillo, una mujer arropaba cariñosa a su pequeño hijo.
Fuyumi había logrado que el inquieto Haruno se quedara dormido, y ahora se disponía a tomar sus
ropas de noche para descansar al fin. Sin embargo, el fuerte repiquetear de su puerta le impidió hacerlo;
y antes de que el ruido despertara al pequeño que ya dormía tranquilo, se apresuró a ver de quien se
trataba.
—Perdone que la moleste tan tarde —se disculpó Iida, que luego de recibir la noticia en boca de Sero,
se disponía a comunicarla de inmediato a su cuñada—, pero es que me acaban de avisar que Midoriya
ya ha vuelto y ahora mismo se encuentra con Todoroki.
—¿De verdad? —cuestionó estupefacta—. ¿Dónde? ¿Están en la cabaña? ¿Se encuentra bien?
—Bueno... Si, están en la cabaña. Me dijeron que Tamaki le reviso en cuanto llegó... —explicó, pero al
ver que ella no comprendía de quien hablaba continuó—: Él es un elfo que rescatamos de unos
bandidos por las tierras de Lord Inasa; dijo que Midoriya se encontraba bien a pesar de haber dado a
luz hace poco...
—¿A luz... ? ¡Ah, ¿ya ha nacido mi sobrino?! —interrumpió a Iida que contaba a detalle lo que había
explicado Sero con prisa, pues por la emoción del momento, habían olvidado avisarles por la mañana.
Estaba maravillada con lo que le contaba, que pasó por alto la mención de un elfo —criatura mágica
que nunca había visto, pero que luego de la mención de Midoriya ya no se sorprendía de su existencia.
—Creo que esta algo enfermo, aunque Sero no me dio muchos detalles... Lo mejor será que les
preguntes mañana —respondió con duda y tacto, teniendo en cuenta que no conocía todos los detalles y
prefería no esparcir falsos rumores.
Pero, ¿esperar a mañana?, no. Fuyumi no se quedaría tranquila sin saber qué era eso que atormentaba a
su sobrino, y tampoco quería esperar a conocer al tritón que robó el corazón de su hermano. Por dios
que no podía aguardar más tiempo.
Hecho una última ojeada a su hijo, y tras ver que seguía quieto, se apresuró a tomar la capa de lino que
reposaba en una silla para cubrirse del frío nocturno; acto seguido, se acercó a besar la frente del
infante cuidando no espantarle el sueño.
—Iré a verlo ahora mismo. —No importaba la hora que era, estaba dispuesta a ir en ese preciso
momento a encontrarse con su hermano.
—Pero está por anochecer... —El pelinegro solo pudo apartarse y seguirla de cerca mientras andaban
por el corredor rumbo a la salida—. Será muy peligroso que este fuera a esta hora.
—Tenya, viví toda mi vida aquí, conozco cada rincón del pueblo y sus playas; puedo cuidarme bien —
alegaba mientras ya afuera, se encaminaba rumbo a las caballerizas.
—Pero...
—Además, no tardare, volveré pronto —dijo llegando a las cuadrigas, en lo que buscaba un caballo que
montar; y aunque ella no era una experta, sabía bien como llevar las riendas gracias a que siendo niña,
aprendió a escondidas de su padre.
—Al menos déjeme acompañarla. —Se puso a su altura para ayudarle con la montura.
—Deja de hablarme con tanta formalidad, somos familia —le reprocho; y de algún modo, eso le
recordó al Todoroki menor y sus insistencias para que no le llamara por títulos o apellidos.
Iida suspiro resignado y terminó de convencerse al entender que al igual que el de cabellos bicolores,
ella era igual de aguerrida. De ese modo no hizo más que asentir con una pequeña sonrisa, para luego
terminar de preparar las monturas y así ir hasta la cabaña en la playa donde sabían se encontraban
Todoroki y Midoriya.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
La marea nocturna era calmada, la brisa fresca apenas calaba esa noche cubierta de luminarias
celestiales, y bajo el claro de la luna, dos personas llegaban a una cabaña a las orillas de aquella playa.
Les había tomado cosa de minutos llegar hasta allí; desmontaron a unos metros y luego de haber atado
las riendas de los caballos a una palma, ya se encontraban en la entrada tocando para ser recibidos.
—¿Quién es? —se oyó preguntar en la voz de un joven que Iida reconoció como Tamaki.
—Somos nosotros, Fuyumi Todoroki y Tenya Iida. —Se presentó formal como era su costumbre.
Y antes de recibir respuesta por parte de los que se encontraba dentro, la puerta se abrió dejando ver a
un Tamaki desconcertado por su visita a tales horas de la noche.
Él se había quedado cuidando a Midoriya luego de que los demás se retiraran a sus moradas —Ochako
y Tsuyu habían acompañado a Mina hasta su casa para que la joven pareja tuviera privacidad, ella se
ofreció a prestar su hogar y así tener compañeras con las cuales compartir cosas de chica, dijo la
pelirosa—; más tarde, Todoroki había salido en busca de esos frutos redondos y rojos de los que el
peliverde había dicho tenía antojo.
—Él no se encuentra... Salio hace rato en busca de manzanas —mencionó haciendo espacio para que
entraran, cerrando la puerta tras todos estar dentro.
—¿Manzanas a esta hora? ¿Dónde las conseguirá? —inquirió Iida quitándose la capa junto a Fuyumi y
poniéndolas a un lado—. Es una locura ir por manzanas a esta hora, lo más seguro es que ningún
puesto en el pueblo esté abierto ya.
Tras oír aquello, Izuku se sumergió entre el agua de la tina, apenado y un tanto culpable por ser el
causante de tal capricho —había pasado tanto tiempo desde que comió una, que no resistió hablar su
deseo en voz alta; aunque, fue también culpa del bicolor quien insistió en buscar dicho alimento y no
esperar hasta mañana para conseguirlo como sugirió Tamaki.
Mientras el tritón se ocultaba y apartaba la vista a donde su hijo dormía en la cama, Fuyumi no pudo
evitar sentirse maravillada ante él; claro que había notado las peculiares orejas de aquel pelinegro que
seguro era un elfo, pero nada podía llamar su atención más que la majestuosidad del tritón ante ella.
En su vida había visto algo igual, y ahora, su cuñado era uno de esos seres de cuento de hadas que
escuchaba y leía en leyendas. Con esa fastuosa aleta cubierta de escamas relucientes cual joyas por
causa del agua. Apenas se alcanzaba a ver por la tina, pero no pasó desapercibido sus peculiares manos
y orejas con tonos verdes tal cual su cabello o aleta misma.
Y así, asombrada, le observó de cabeza a aleta, y antes de que notara su mirada curiosa, decidió apartar
su vista para no incomodarle. Sin saber que una vez más, quedaría hechizada por alguien más de esa
naturaleza.
—B-bueno... —Fue Tamaki quien intentó responder a la pregunta de Iida—. Dijo que no tardaría —
rebatió con duda.
—Esta bien; no importa cuanto tarde, puedo esperarlo —dijo Fuyumi moviéndose al lado del bebé; que
como hechizada, no pudo evitar acercarse cuando noto el bulto envuelto en sábanas sobre la camilla al
costado de Izuku.
Las velas que daba luz al lugar apenas alumbraba al pequeño; y aunque Izuku ya había oído quién era
ella, no pudo evitar moverse instintivo hacia su hijo cuando ella se acerco de más al bebé, alertando así
a todos cuando en su desespero por alcanzar la cama derramo algo de agua al piso.
—Tranquilo, no le haré daño. Soy Fuyumi Todoroki... La hermana de Shōto —explicó intentando
calmarlo.
—¡Ah, perdón! —se disculpó de inmediato ocultándose tras las paredes de la bañera, no se atrevía a
verle de frente por miedo a que el bochorno en su cara fuera revelado; se sentía tan mal de que fuese
esa la primera impresión con la que era su cuñada, esperaba que pudiera perdonar su atrevimiento—.
Se que es su familia. ¡Fue un impulso, no lo pensé, de verdad lo siento tanto, no era mi intención!
—Descuida; así somos los padres, siempre al cuidado de nuestros hijos —sonriente, las palabras de la
joven apartaron el arrepentimiento del tritón, quien al fin pudo asomar sus ojos por el borde—.
¿Puedo... cargar a mi sobrino?
—¡Si!
Casi saltó en su lugar, contento de que no tomara a mal sus acciones y aún más porque al llamar a su
hijo su sobrino, le aceptaba en su familia.
Fuyumi se alegró del ánimo con el que se mostraba el peliverde; era evidente que era un ser de luz.
Tomó con cuidado al bebé entre sus brazos; y bajo la atenta mirada de Iida y Tamaki, descubrió un
poco su rostro solo para poder admirarlo.
Izuku vio ansioso pero firme como los dos de lentes se acercaron a conocer al pequeño, que entre las
suaves telas parecía no preocuparse por nada, en su plácido mundo de bebé.
—Se parece mucho a Todoroki —dijo primero Iida—. Aunque su cabello es todo blanco.
—¡Verdad que si! Y también tiene un mechón verde como yo —señaló con emoción Izuku.
—Oh, ¡es verdad! Esta justo por su frente. —Observó con más cuidado el de lentes.
Ciertamente, salvo por el cabello —y la característica cicatriz de príncipe—, ese bebé era idéntico a
Shōto.
Y en lo que ellos discutían los parecidos del bebé, Fuyumi no podía apartar sus ojos del pequeño, sin
poder decir nada por temor a llorar.
Tener a su sobrino en brazos le devolvía tantos recuerdos... La magia de la primera vez que sostuvo a
Haruno en su regazo, el amor que sintió por alguien tan pequeño. Y el vago recuerdo de un bebé de
cabellos mitad blanco y rojo le envolvieron junto a la imagen de una amorosa madre sonriente que
invitaba al resto de sus hijos a conocer a su nuevo hermano... Cerró los ojos un momento para guardar
tan bellas memorias.
—Es hermoso —habló con sentimiento antes de mirar al peliverde con la mirada rebosante en lágrimas
para preguntar—: ¿Cuál es su nombre?
Fue solo un segundo de silencio en el que Izuku pudo ver toda la melancolía de la Todoroki mayor,
erradamente atribuyó aquello a la muerte de su padre —como le habían contado hace unas horas—, y
sin atreverse a cuestionar el motivo de su nostalgia, respondió lo que se le pidió.
—Ese nombre le queda bien... —dijo antes de arrullar al pequeño que se removió buscando
acomodarse contra su pecho, aunque fue en vano, ya que no pasó mucho para que su llanto sobresaliera
entre todos.
Midoriya observó cuidadoso a su hijo, no sabiendo cómo pedir que se lo devolvieran sin sonar grosero;
pero es que al oír los sollozos de su primogénito, su corazón se estrujo y unas inmensas ganas de
consolarlo y calmar su llanto le invadieron. La culpa y la angustia debido a la posible condición del
bebé no se hicieron esperar.
—Ta-tal vez tenga hambre —sugirió Tamaki acercándose a tomar al infante para llevarlo hasta Izuku
tras notar la ansiedad de este.
Apenas estuvo cerca del peliverde, este no tardó en extender los brazos a recibir a su pequeño, para de
inmediato cubrirlo con besos mariposa, acomodando al pequeño en su regazo con la ayuda del elfo
dejando que la tibia agua le cobijara.
—Les daré privacidad —Iida acomodo sus gafas y se dio la media vuelta, en lo que Fuyumi se sentaba
por la cama.
Cuando el bebé al fin se calmó y viendo la compañía que ahora tenía el peliverde, Tamaki considero
prudente el retirarse.
—P-perdón... pero, y-ya que están aquí, ¿podrían cuidar de Midoriya por mi? —pidió el elfo con
vacilación—. Ya... ya es algo tarde, y... me gustaría volver con mi familia.
—Oh, claro que si, ve sin cuidado, nosotros esperaremos a Shōto y le haremos compañía, ¿Verdad,
Iida?
—Ah, ¡sí! ¡Dejanoslo a nosotros, estará en buenas manos! —gritó muy seguro de asumir tal
responsabilidad aún de espaldas a la pared con sus típicos movimientos de manos. 2
—Gracias. —Antes de despedirse, tomó un ligera manta con capucha para cubrir sus peculiares orejas
aunque fuese de noche—. Nos vemos después, Midoriya.
—Nos vemos, Tamaki, saluda a Eri y el pequeño Itsuki de mi parte —se despidió desde su lugar, sin
despegar la vista de Umi en lo que acomodaba sus ya más notorios cabellos lisos. 4
—Claro.
—Espera, espera, ¿no vendrá Mirio a por ti? —Le detuvo Iida antes de partir, apenas volteando parte
de su cara para verle.
—No. Le pedí que cuidara a los niños... y le dije que volvería solo más tarde —se explicó—. Aunque,
ahora si es demasiado tarde.
—Déjame acompañarte entonces —se ofreció Iida como el caballero que era—. No puedes andar solo
por ahí a estas horas, Mirio sin duda estaría preocupado.
—Descuida, puedo ir y venir sin problema —interrumpió acomodándose la capa que recién se había
quitado, dejando sin habla al elfo que no tuvo más tiempo de rebatir—. Midoriya, reina Fuyumi,
volveré en seguida.
Y cuando ambos estuvieron listos y luego de que Tamaki le agradeciera, dejaron la cabaña para
apresurar paso rumbo a Eiyuu.
El silencio que dejaron atrás tras su partida no se hizo esperar, pero no era uno incómodo ni mucho
menos. El peliverde seguía amamantando a Umi, sin apartar esa sonrisa de ternura que se formaba al
verlo, tomándole de las pequeñas manos, observando fascinado los tan pequeños dedos que apresaban
los suyos. Izuku estaba maravillado y enamorado de cada parte y acción que el bebé hacia.
Por su parte, la de lentes seguía observando en silencio aquella ternura, y aunque quería hacerle
montones de preguntas, se abstenía al no saber por dónde empezar sin llegar a incomodar.
Se armo de valor cuando recordó aquello que Iida no había querido contarle por no tener certeza de su
veracidad; quería comprobar ella misma que la salud de su sobrino era buena.
—Entonces... Es un niño sano, ¿verdad? —afirmó y preguntó al fin con esperanzada actitud de una
respuesta positiva, pero que en cambio, solo recibió un acongojado semblante cuando el peliverde le
vio un tanto apagado—. Verdad...
Izuku devolvió su mirar a Umi con todo el amor que un padre puede albergar en su corazón; su
nostálgica sonrisa le obligó a prepararse para su respuesta.
—Tamaki lo reviso... dijo que estaba más fuerte, pero le preocupaba que no abriera los ojos aún —
explicó dejando con la intriga a la Todoroki, quien no dijo nada esperando a que siguiera hablando—.
Umi tiene heterocromía como Shōto. Su ojo Izquierdo es verde, y el derecho gris —dijo con una risita
divertida al confesar que hasta en eso se parecía al príncipe—. Pero... es probable que no pueda ver
nada con el derecho —confesó triste en lo que Fuyumi se acercó a él tras notar el dolor en su voz; y es
que ella sabía que no había nada más horrible que saber enfermo a un hijo.
El tritón no lo decía, pero se culpaba por la posible condición de Umi. Si tan solo no hubiese tomado
todas aquellas decisiones, si no se hubiera visto envuelto en medio de tantos enredos... Una parte de él
jamás se perdonaría por ello.
La de lentes no hizo más que mirar con ternura a su sobrino, y aún sin saber los pensamientos del
pecoso se atrevió a decir:
—Yo creo que será un niño fuerte; podrá superar esto, después de todo, se trata de su hijo —mencionó
sabiendo bien de las intrépidas aventuras de su hermano y luego de escuchar de algunas del peliverde;
esos dos eran fuertes, no solo física, sino también anímicamente.
Izuku solo pudo sonreír afligido con sus palabras; él también quería creer que seria un bebé fuerte y
sano, que con amor y cuidado podrían superar cualquier reto, que Umi seria un valiente y guapo
príncipe como su padre; justo, sabio y con una vida más feliz.
Suspiro con pesadez, y con toda la ternura que podía concebir, paso una caricia por la húmeda piel de
sus mejillas, removiendo su aleta para ponerse cómodo en su lugar cuando Umi al fin se sintió
satisfecho.
Ambos adultos rieron cuando inadvertido, Umi bostezo acomodándose mejor para dormir luego de que
Izuku le ayudará a repetir como Tamaki le enseñó.
En eso, Fuyumi, que estando tan cerca del peliverde y más que fascinada por la aleta cubierta de un
verde oscuro contrastante con su pelo en lo poco iluminada de la habitación, no aguanto preguntarse,
que más heredaría su sobrino de la genética del tritón.
Por eso, luego de observar un rato como algunas de las escamas llegaban a dar destellos gracias a la luz
de la vela que de vez en cuando le alcanzaba bajo el agua, se atrevió a cuestionarlo.
—Y... ¿Umi no tendrá aleta igual a ti? —pregunto ahora viendo las aletas entre sus dedos,
comparándolas con lo normal que lucían las de su sobrino.
—No lo sé... Nunca he sabido de un tritón mitad humano... Aunque Umi tiene branquias como
cualquier otro bebé de los nuestros —respondió con cierta duda—. Bueno, por lo general la aleta y el
resto de nuestras características aparecen luego de un año... pero es probable que se tarden más o que
incluso no aparezcan... Pero...
Izuku comenzaba a murmurar todas sus teorías mientras Fuyumi escuchaba atenta cada nuevo dato que
le era proporcionado; sin embargo, a mitad de los alegatos del tritón fueron interrumpidos por el
rechinar de la puerta al ser abierta.
—Izuku, solo encontré manzanas verd-... ¿Fuyumi? —paró su parloteo al notar a quien estaba junto al
pecoso.
—Hola hermano.
—Ya sé, ya sé —detuvo cualquier alegato—. Es que cuando me dieron la noticia de que habían vuelto
no aguante y vine lo más rápido que pude. Yo quería conocer a Izuku y mi sobrino... ah, ¿está bien que
te llame así? —cuestionó al peliverde que aun con Umi dormido en sus brazos, ya estiraba su mano
derecha al oír del verde fruto.
—¡Si! —gritó, pero que al ver su atrevimiento carraspeo—, quiero decir. Si, esta bien —respondió
apenado, permitiendo que Todoroki le ayudará con el bebé, para envolverlo y secar la humedad con
algunas toallas en lo que él tomaba una manzana dando la primer mordida, derramando algo de jugo
por la comisura de sus labios.
El mitad albino sonrió al verlo disfrutar de su alimento, y Fuyumi le imitó luego de escuchar su
respuesta.
—¿Y Tamaki? —cuestiono al ver que faltaba, pues si no mal recordaba, él cuidaba al peliverde cuando
se fue.
—Era demasiado tarde, así que se fue a su casa, yo me quede a cuidarlos en tu ausencia... —mencionó
en lo que el mitad albino acomodo al pequeño entre las telas y reunió las almohadas a su alrededor para
mantener el calor confortable—. Shōto, se que no es momento, pero... ahora que han vuelto, seria
bueno que empezaras a pensar en tomar el trono... —dijo logrando tensar a su hermano consiguiendo la
atención del peliverde. Y como no tuvo respuesta alguna de su hermano, continuó hablando—: Ya ha
pasado mucho tiempo, y el clero está ansioso por no saber la fecha exacta de tu coronación...
Ella no tenía malas intenciones al decir aquello; genuino era su preocupar por todo el asunto con el
reino que la vio crecer, que solo quería ayudar a su hermano.
Por su parte, el mitad albino no hizo más que continuar arropando a Umi. Para él, aún era muy pronto
para presentar a Izuku ante el reino; no quería abrumarlo todavía más luego de haberse reencontrado —
creía que el peliverde ya había tenido suficiente al escucharlo hablar de su difunto padre, la carta que
recibió de Mirko y todas aquellas presiones por parte del clero a las que estuvo sometido esos meses
que Izuku se hallo lejos. El tritón había sido bombardeado de información apenas entraron a la cabaña;
incluso la condición de Bakugo había salido a flote en algún momento de las pláticas ante la obvia
molestia del rubio.
Además, Izuku se encontraba reciente a su parto con tan solo una semana del nacimiento de Umi, y él
solo quería que descansara y se cuidará para que cuidara del pequeño tritón también —al saber de su
ceguera, se había vuelto un poco más protector para con su hijo. 1
Por si fuera poco, el mitad albino tenía entendido que las discusiones sobre aquel viejo tratado que
prohibía todo contacto de los reinos con las criaturas míticas aún no se resolvía; pese a que Grand
Torino y Nezu seguían en discusiones, no se lograba la aprobación de dos de los ocho reinos que eran
miembros para permitir su matrimonio con el tritón. 1
Todoroki suspiro resignado, pero todavía no respondió a su hermana; y ante la mirada de duda del
peliverde, termino de acomodar a su hijo para después sentarse a la orilla de la cama.
Entonces el príncipe miró a Fuyumi, buscando como explicarle que necesitaba más tiempo.
—La construcción del castillo está casi a la mitad, pero si nos apuramos, la próxima semana podríamos
tener todo listo para la ceremonia y...
—Es demasiado pronto —interrumpió a su hermana.
—Lo sé —afirmó frente a la preocupada mirada de Midoriya que ya terminaba su manzana—. Pero
quiero que Izuku pueda descansar antes.
—¡Yo estoy bien! —se apresuró a decir—. No debes preocuparte por mi, estaré listo en una semana
para lo que sea. —La expresión decidida provocó una leve sonrisa en el mitad albino.
Aunque fue reemplazada por un gesto de preocupación, que no fue desapercibido por nadie ahí.
Y antes de responder, miró una vez más a Izuku, quien con aquellas esmeraldas le veia animándolo a
continuar, a que confiara en una vez más todas sus penas y preocupaciones, como había hecho al
contarle su sentir ante la muerte de su padre y su nueva hermana, o al confesarle con pesar que entre el
incendio perdió aquella perla que había sido su hermoso regalo.
Izuku era comprensivo y confortador, de cualquier cosa él lograba aminorar su pesar, y ante ello, el
príncipe no logro negarse al pedido de confianza que silencioso le hacía con la mirada.
—Aunque logre convencer a los nobles y el clero de contraer matrimonio con Izuku, aún... hay ciertos
impedimentos que tienen que ver con las relaciones para con otros reinos —expuso su pesar, logrando
que el peliverde se sonrojara al entender al fin a lo que se refería con la palabra matrimonio, pero que
luego cambiaría por un semblante temeroso al oír la última parte.
Los dos jóvenes eran los únicos que mantenían la decaída actitud al no estar enterados de todo lo que se
suscita en el reino —pues aunque el príncipe intentaba estar siempre presente en las decisiones, se
excluyo de muchas de las últimas reuniones al estar sumergido en su tortuosa espera.
—Creo que eso no será impedimento —rompió risible la fémina voz con el lúgubre ambiente que se
estaba formando.
—¿Qué? ¿A qué te refieres, Fuyumi?—desconcertado miro lo risueña que estaba su hermana de ser
quien les informara de las buenas nuevas.
—Bueno... En la última reunión a la que faltaste, Nezu confirmó que el tratado que impedía su unión
fue reescrito —dijo contenta ante el rostro de sorpresa de su distraído hermano. Esperaba que esto le
sirviera para que a partir de ahora estuviera más al pendiente de su reino—. Se acordaron nuevos
puntos; y entre ellos, se ha permitido que un tritón, sea parte de la familia real de una de las naciones
con las que tiene relaciones. —La alegría en el rostro de los amantes no se hizo esperar—. Así que ese
ya no es un impedimento.
Tanto Izuku como Todoroki sonrieron aliviados, incluso el peliverde no evitó chapotear un poco entre
el agua.
Ambos enamorados se miraron con ilusión y ternura, antes de que el mitad albino corriera a besar los
revoltosos cabellos verdes. Entonces las mejillas del pecoso se tiñeron de un carmín avergonzado por
que su cuñada les observara de aquella forma; pero antes de que pudieran siquiera decirse algo más, los
golpes en la puerta llamaron su atención.
Curiosos, fue el mitad albino quien atendió con cautela al llamado, solo para encontrarse con Iida al
otro lado de la puerta.
—Ah, sí —dijo dejándole pasar, sin entender el porqué de su presencia a esa hora.
—Tamaki está a salvo en su casa —anunció quitándose la capa que le cubría para dejarla a un lado en
una silla—, Mirio le estaba esperando en la entrada, así que no me demore mucho en volver —se
explicó.
Sin embargo, Fuyumi le devolvió la capa para que se la volviera a poner, imitando la misma acción al
vestirse la propia.
—Creo que será mejor que nos retiremos —guiño cómplice antes de abrigarse para salir; su plan era
dejar que los tórtolos hablaran a solas sobre su matrimonio, así estarían más cómodos—. Y ya es
bastante tarde, será mejor que vuelva para estar con Haruno.
—Ah... ¡Tienes razón! —le apoyó Iida inocente al caer en su excusa—. Fue un gusto saludarlos,
Todoroki, Midoriya y el pequeño Umi.
La atención se tornó al bebé que no hizo más que estirar una de sus piernitas fuera de la cobija, para
luego acomodarse a seguir durmiendo. Aquello arrebato irremediable un suspiro de ternura de los
presentes. 3
—Creo que si —menciono el orgulloso padre que se movió hasta su hijo para arroparle otra vez.
Izuku, recargado por la orilla de la madera y con un singular brillo en la mirada, sonrió enamorado al
ver aquella simple acción.
—Bueno... espero poder verlos mañana con una buena nueva —menciono la de lentes caminando junto
a su hermano para abrazarlo, y luego besar con cuidado a su sobrino, sin olvidar despedirse con la
mano del tritón—. Descansen.
—Hasta luego, vuelvan mañana —Izuku decía adiós desde su lugar, en lo que el de mirada dispar solo
se limitó a mover su mano antes de acompañarlos a la puerta.
Dicho eso, tanto ella como Iida abandonaron el lugar, dejando todo en una silenciosa calma.
Todoroki podía ser un poco despistado, pero había comprendido bien las intenciones de su hermana al
dejarlos solos. Entendía a la perfección que debía hablarle a Izuku sobre su futura boda, y todos esos
laboriosos detalles que el protocolo dictaba. Y aunque él esperaba que en esta ocasión pudiera volver a
pedirle desposarse de una forma más romántica, ya se temía que tal vez no fuera de ese modo.
—¿Quieres... que te ayude a secarte para ir a dormir? —dijo torpe caminando hasta el peliverde,
buscando una excusa para evadir el tema, consiguiendo así tiempo para después proponerle matrimonio
como era debido.
El tritón que nada sabía de sus ideas, simplemente asintió saliendo de la tina y acomodándose en la
orilla antes de que el otro se acercara con las toallas en mano; Izuku prefería dormir al lado de su hijo y
Todoroki antes que en aquella húmeda tina.
Fue un corto silencio en el que el pecoso se dejó envolver por las telas y los brazos de Todoroki hasta
ser llevado a la cama junto al bebé. Donde con cuidado y delicadeza, Todoroki pasaba la tela por su
cuerpo removiendo las gotas que se aferraban a su piel. Sus brazos, su espalda y su pecho, cada parte
de sí era atendida por el mitad albino. Y aunque Todoroki se mantenía tranquilo, Izuku no dejaba de
sentirse algo apenado por saber que estaba semi desnudo ante Todoroki, y que, pronto, lo estaría aún
más. Aunque su cuerpo ya fuera bien conocido por el príncipe, no evitó que sus mejillas se sonrojaran
leve.
Pero más que su bochorno, las ansias por hablar sobre "matrimonio" —como lo llamaba—, le ganaban;
tanto que las palabras cosquilleaban por sus labios en busca de escapar.
Espero a que Todoroki secara su cabello y unas partes de su aleta; vio de reojo que Umi no fuera a
despertar, y busco hablar lo más calmado y bajo para no molestar a pequeño.
—Entonces... —llamó la atención del príncipe, quien detuvo sus acciones apartando la toalla de su
cabello solo para prestarle atención—. ¿Podremos tener una de esas ceremonias de matrimonio? —Sus
ojitos no reflejaban nada más que ilusión por aquello que para los humanos enamorados era tan
especial.
En ese momento el príncipe supo que no podría esperar más a proponersele como tanto anhelo hacerlo
en el jardín de su madre; no, si no quería lastimar a Izuku que tan fascinado esperaba por una respuesta.
No resistió y beso efímero su nariz; en un parpadeo el peliverde volvía a verlo a los ojos.
—Tendremos la más bella y romántica de todas, de eso puedes estar seguro —confesó con besos
incesantes ahora entre las manchitas de sus mejillas, arrancando tímidas risas de sus labios—. Claro, si
aún quieres ser mi esposo por el resto de nuestra vida... Izuku, ¿te casarías conmigo?
—¡Sí quiero! —no dudo en sus palabras, sus vivos ojos que no se apartaban del príncipe también
gritaban lo que su voz.
—Entonces mandaré a que esté todo listo en dos semanas, no importa que el castillo no llegue a estar
terminado —dijo robándole un beso ligero a sus labios en lo que las piernas de Izuku comenzaban a
aparecer; lento, las escamas se marchaban para dejar la tersa piel a su merced.
—Dos semanas son mucho —reprochó luego de separarse, pues él no podía esperar a saber como era
hacer una de esas fiestas de matrimonio.
—Quiero que estés bien para presentarte ante el clero, y enseñarte un poco más del reino —mencionó
colando su mano por las telas que envolvían sus piernas, acariciando con cuidado su piel—. Quiero que
gobiernes a mi lado, se que tú seras un rey justo.
Izuku se sintió halagado por sus palabras, y una vez más, se sonrojo cual primera vez que el príncipe le
decía palabras bonitas.
—¡Puedo aprender rápido! La última vez ya casi aprendía a leer —rebatió el peliverde, quien disfrutaba
las caricias ahora por su mejilla—. Además, te digo que ya estoy bien, Umi y yo estamos bien —dijo
seguro al contemplar al pequeño a su lado.
—Es demasiado pronto para arreglarlo todo, no quiero que te veas tan presionado. Será mejor hacerlo a
su tiempo... —Sus palabras no convencían a Izuku, quien ya se pensaba que decir para intentar
convencerle de no hacerlo esperar—. Izuku, quiero que el reino entero festeje a nuestro lado, que todo
el mundo se entere que te amo. Sabes que el que tanta gente se entere de eso toma tiempo... pero
prometo que para el día de nuestra boda lo sabrán incluso en lo más profundo del mar —dijo
enamorado, robando más besos de sus labios entre risitas ahogadas del tritón por su último comentario.
Uno tras otro, los dulces besos envolvían a Izuku. Meloso, suave; encajando a la perfección en
armónico deleite se movían sus bocas. Las telas se escurrieron traviesas por sus hombros, pero
Todoroki no permitió que sintiera frió, pues sus brazos le cubrieron con cariño; más suaves que la
misma tela, el peliverde se dejó abrazar por su príncipe.
—Solo serán dos semanas, ¿verdad? —cuestionó a centímetros de sus labios luego de separarse,
sintiendo una de las manos del mitad albino rodear su cintura hasta llegar a su espalda baja.
—Solo dos —susurro para besarle otra vez antes de unir sus frentes—. Y después seremos tú y yo para
siempre.
Se juraron en cómplices susurros, disfrutando estar en los brazos del otro; estaban dispuestos a
compartir un beso más cuando el llanto de su hijo demandaba su completa atención.
Entonces se sonrieron con travesura y algo de bochorno por parte de Izuku, para después atender a su
adoración. Que luego de un rato de nana y arrullo por parte del peliverde, volvería a su plácido mundo
de ensueño, dejando que sus padres pudieran descansar por esa noche también.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
El tiempo se movió en un parpadeo. El cielo de aquel día brillaba más que nunca, extendiendo su
esplendor hasta el mar, cubría con su mágico manto al reino de Yuuei. Desde las fronteras del sur hasta
los bosques de Shiketsu y sin olvidar las cálidas islas de Chiba, donde el gozo y la algarabía lo invadía
todo.
Durante los últimos días, los mensajeros reales se encargaron de llevar la noticia a cada rincón del
reino, esparciendo también el nombre y descripciones del que sería compañero de vida del rey
Todoroki Shōto.
Había sido una sorpresa para el reino entero y sus vecinos, pero que luego de las decisiones divididas y
las mil historias de amor que se contaron, la población empezó a aceptar el matrimonio tan peculiar.
Emocionandose y regocijándose de que no solo tendrían reyes nuevos, sino que ahora también, tenían
un nuevo principito.
Era esa mañana de Mayo, adornada por el canto de ruiseñores y la suave brisa dulce envuelta en
perfumes florales, que se anunciaría al mundo la llegada del nuevo monarca a Yuuei. 2
En el pueblo cercano al castillo y su acantilado, los aldeanos ya se vestían con sus mejores trajes, en lo
que preparaban sus más exquisitos alimentos; los puestos en la avenida principal de Eiyuu rebosaban
de buenos frutos y diversas golosinas con aromas deleitables, mientras que sus propietarios endulzaban
los oídos de sus clientes.
Los niños podían correr con confianza, disfrutando de los entretenidos espectáculos que no se hacían
esperar: bufones, malabaristas y tragafuegos andaban por los callejones adornados en serpentinas de
colores, divirtiendo a chicos y grandes con sus inverosímiles actos. Mismos que Mirio y Tamaki
disfrutaban en lo que la pequeña Eri comía manzanas acompañada de Nejire —el hada habia vuelto a
ellos, curiosa de acercarse a esos humanos que decían no eran tan malos—; en lo que Itsuki dormía en
brazos de su padre rubio.
Jiro andaba por entre las chozas de paja y madera adornadas con banderines ondeantes junto a Mina y
Toru. Ellas estaban de visita entre el gentío, buscando algunos de los ingredientes que Kaminari les
había pedido para el banquete de la coronación —aunque claro, también estaban disfrutando de todo lo
bueno que les ofrecía su visita—; por su parte, el rubio cocinero se encontraba coqueteando con las
cocineras del castillo en lugar de ponerse a trabajar. Rodeado de Iida y los demás sirvientes que
apresuraba a todos a laborar, en lo que otros más se ocupaban de sí mismos y sus trajes. 1
Y mientras el pueblo rebosaba de júbilo y el castillo se preparaba para el gran evento; en los campos se
llevaban a cabo todo tipo de torneos y juegos para diversión de los caballeros. Donde sin duda se
encontraban Tetsutetsu, Sero y Kirishima, compitiendo por simples premios que más tarde el pelirrojo
terminaría ofreciendo al rubio tritón —aunque este no quisiera aquel cordero que el de dientes afilados
ganaría en una competencia de pulsos.
Todos se encontraban emocionados; lugareños y forasteros que venían de lejos a conocer a su nuevo
rey, disfrutaban del día antes de que la hora del gran evento llegara.
El castillo se encontraba a medio construir, pero unas secciones —como la sala del trono y la cocina—,
ya eran accesibles para sus residentes. Y es ahí, en una de las pulcras habitaciones del ala que daba al
mar, donde por el barandal blanco de un balcón, un joven de mirada ilusionada contemplaba el mar
ansioso por su gran momento.
—Esta bien, esta bien, puedo hacerlo —se dijo buscando alentarse, en lo que daba vueltas en la
recamara; yendo de la puerta a la cama para al final terminar volver a estar frente al mar—, caminare
hasta Shōto y solo haré todo lo que él. ¡Si, sera sencillo!
Miro al frente convencido, con aquel iris lleno de determinación sin un ápice de vacilación.
Dos golpes a su puerta le hicieron saltar en su lugar antes de que el rechinar de la madera alertara de su
intromisión.
—¿Estás listo, Izuku? —irrumpió en la habitación Ochako, usando un vestido de ligero verde que
llegaba hasta sus tobillos.
—¡No, no lo estoy, no puedo! —grito al reconocerla antes de tirarse a la cama desesperado y superado
por los nervios del momento—. ¿Y si lo echó todo a perder? No serviría de nada todo lo que me
enseñaron estos últimos días.
Izuku se había estado preparando arduamente a diario en lo que Todoroki se ocupaba de los asuntos
pertinentes del reino; el tritón era instruido por Nezu, para que supiera exactamente cómo actuar el día
del evento. Y pese a que todo lo que le explicaban le parecía de lo más absurdo, él terminaba por
memorizarlo para no decepcionar a nadie.
—Estuviste practicando mucho, ¡yo creo que todo saldrá perfecto! —Como siempre, la castaña con su
burbujeante actitud le llenaba de ánimos y energía.
—Espero que sea así. —Soñador, rodó sobre el colchón para sentarse a seguir mirando por el balcón al
mar.
Ochako no le escucho muy convencido; no quería que la angustia invadiera a su mejor amigo en un día
como ese, por eso, se animó a contar lo que le llevó hasta la habitación en primer lugar.
—Ah, Izuku, te tenemos una pequeña sorpresa —dijo misteriosa, pero ansiosa de revelar aquello que
tanto se esmeraron en preparar a espaldas del peliverde. 3
—¿Una sorpresa? ¡¡¿Para mi?!! —ante sus preguntas, la castaña asintió con calma para no revelar nada
aún—. ¡¿Qué es, qué es?! —Izuku no resistió la curiosidad y Ochako tampoco pudo hacerlo más.
—Espera aquí —dijo dándose media vuelta para salir al pasillo y hacer un par de señas, como si
llamara a alguien hasta ella.
Izuku trataba de ver también, pero la entreabierta puerta no le permitía mucho. Entonces, como si fuere
escuchado su deseo, la castaña se apartó para dejar entrar a una peliverde que más bajita y regordeta
que Izuku, vestía un rosa vestido y llevaba en brazos al pequeño Umi.
—¡Mamá! —gritó Izuku antes de correr unos pasos para estar a su lado—. ¡Estás aquí! No puedo
creerlo, pensé que... —el pecoso no sabía que decir de la emoción que sus lágrimas ya empezaban a
acumularse frente a la mujer que ya estaba llorando al reencontrarse con su hijo y su nieto.
—No podía quedarme fuera de un día tan especial para ti —le dijo contenta, pues según le habían
explicado, lo que celebraban aquel día no solo era el que Todoroki fuera rey, sino que también se daría
fe del eterno amor entre su hijo y el humano príncipe.
El peliverde no aguanto a sonreír y abrazar a su madre con cuidado, no sin olvidar reconocer a su
amiga por tan hermoso detalle.
Fue lo único que pudo decir antes de hacerse lío con su emociones.
—No tienes nada que agradecer, fue algo que todos estuvimos planeando —contó feliz de que la
sorpresa que tanto prepararon gustara al pecoso—, ¡hasta Bakugo participó!... bueno, algo así.
Las rasillas de burla no se hicieron esperar; Izuku ya podía imaginarse a que se refría, de todos modos
agradecía con toda su alma que su madre pudiera estar ahí ese día tan importante.
—Los dejaré solos ahora —hablo la castaña luego de un breve silencio en que ambos Midoriya
limpiaban el resto de sus felices lágrimas.
El sonido de la puerta al cerrarse despertó al bebé en brazos de su abuela, que de inmediato le arrullo
para aliviar su incomodidad. A los ojos de Inko, era tan hermoso como su Izuku, y aunque ya sabía de
la ceguera en uno de sus ojos, ella le amaba y no tenía duda en que aquello no sería ningún
impedimento para su nieto.
Luego de que Umi se calmara, se sentó en la cama junto a su hijo, notando lo feliz y nervioso que
estaba.
—Cuando fueron hasta Shizuoka para darme la noticia, no me lo pude creer —contó en lo que
acomodaba al bebé que ya despierto, no apartaba su dispar mirada de los de su abuela que con cariño le
miraba—, pero al ver a Umi supe que estaba pasando... Izuku —lo llamo viéndole de frente, notando
como las saladas gotas se aglomeraban tras sus pestañas—, encontraste tu lugar, y ahora estas haciendo
tu vida. No podría estar más feliz y orgullosa.
Las sonrisas y el llanto se mezclaban en un frenesí de emociones; ella no sabía lo duro que había sido la
travesía del pecoso por llegar a su presente, los amigos que se quedaron atrás, y los peligros que habían
vivido. Pero que de todos modos, Izuku no pensaba contarle nada de eso para no preocuparla, se
limitaría a sonreír y disfrutar de que ahora ya todo estaba bien.
—Todas esa historias de aventura y amor que escuche cuando niño, ahora se que pueden ser reales —se
atrevió a decir tras limpiar unas cuantas gotas que lento descendían por su mejilla.
—Recuerdo que aquella vez, cuando nos rescataron, estabas preocupado por tu futuro, si tu amor sería
correspondido...
—Y tú me dijiste que lo que tendría que ser, seria... Que confiara... —completó la frase al rememorar
sus palabras.
Inko asintió, agradecida de que aunque ya no era un niño, su Izuku le siguiera escuchando y confiando
en sus palabras.
—El destino y los dioses te reunieron con tu alma gemela... Los pusieron a prueba, pero al final, les
bendijeron y concedieron una prueba de su amor —las miradas esmeralda se centraron en Umi, quien
risueño mostró sus rosas encías a modo de sonrisa—. Oh Izuku, estoy tan feliz por ti —limpio las
lágrimas que volvían a salir.
El peliverde abrazo a su madre entre risas, sintiendo todo la paz del mundo al estar los tres así, tan
juntos. Amaba esa sensación de calma y cuidado que solo podía sentir al estar en los brazos de
Todoroki, pero que sin problemas su madre podía hacerle sentir también.
En eso, el eco distante del repiqueteo de las campanas del pueblo se hicieron oír por la habitación,
anunciando el pronto comienzo de la ceremonia. Y ante ello, el peliverde que no se había vestido, se
separó del abrazo apurado al recordar que pronto estaría frente a todos los nobles y demás del pueblo.
—¡Ah! No puede ser ya casi es hora, y yo aún ni me he vestido. —Nervioso, se puso de pie buscando
donde había dejado el traje que Mei le había entregado, pero que por su desespero no recordaba o
siquiera podía ver.
—En aquella silla hay unas telas —señaló su madre preocupada al ver tan alterado a su hijo.
El peliverde no perdió tiempo para revisar lo que su madre distinguió por la habitación.
Izuku se apresuraría a vestirse y calmarse para estar listo en el momento que tenga que salir.
ɷ ʚ♥ɞ ɷ
Frente al mar sobre aquel acantilado, se abrían las puertas del castillo para los nobles que presenciaran
la coronación y boda del príncipe Todoroki.
Mientras, por el camino que llevaba al pueblo, ya se podía ver a unos cuantos pobladores que alertados
por el llamar de las campanas que anunciaban el comienzo del dichoso evento, se apresuraban a llegar
hasta las puertas de la fortaleza. Todos listos para ver cuando la familia real se asomara para
presentarse ante su reino.
El oleaje sereno hacia juego con el azul del cielo. Y por dentro de las murallas, las flores de azar que
Toru y Mina se encargaron de colocar por el castillo para dar un toque romántico, adornaban los
pasillos y el salón principal del trono, sin olvidar algunas pañoletas y moños blancos entre los troncos
de los lilos que comenzaban a retoñar por los jardines.
Sin embargo y aunque la parte accesible del palacio se hallaba engalanado, la dichosa ceremonia se
celebraría en el jardín que daba al mar para evitar cualquier molestia por los trabajos de construcción;
por el patio de armas y frente a las habitaciones de la servidumbre, donde ya se hallaban acomodados
los nobles con sus rimbombantes trajes a la espera del inicio.
Nezu se encontraba de espaldas al extenso azul salado que era testigo de la unión de los nuevos reyes
de Eiyuu, y ante el, Todoroki estaba usando un flamante traje azul marino, adornado de los detalles
dorados y rojos de medallas y bandas que destacaban su posición entre todos.
La corona y los ornamentos estaban dispuestos a la izquierda del clérigo para ser entregados cuando el
momento llegara.
Todoroki se hallaba ansioso por encontrarse con Izuku, las pláticas ligeras y los risueños rostros entre
todos reflejaban el ambiente de dicha que ameno a la melodía alegre de los músicos daban ambiente al
evento; pero el pronto rey no podía dejar de ver al castillo, esperando el momento en el que el tritón
apareciera.
Y en su afán de calmar su desespero, paseo su dispar mirada por los invitados, entre los nobles que
seguían discutiendo acuerdos para con sus tierras, y las damas que coquetas no dejaban de ver a los
más jóvenes hijos de los señores feudales. Pasando su vista por sus invitados, distinguió a Kaminari y
Sero hablando con algunas condesas de reinos vecinos; Mirio y Tamaki con sus hijos al lado de Nejire
que se mantenía a su lado como fiel amiga que era del elfo. Y a Toru, Mina y Tetsutetsu que no dejaban
de degustar la comida del banquete.
Más al fondo, se hallaban Mitsuki y Kirishima —Inko no había sido la única que desde Shiketsu asistió
hasta las costas del Eiyuu; Momo e incluso Aoyama se hallaban en aquella celebración, maravillados y
cautelosos de todas aquellas nuevas experiencias en el mundo humano, buscando superar sus temores y
diferencias—; el pelirrojo y la rubia sirena se encontraban hablando muy animados sobre quien sabe
que cosas, pero que era seguro que la mayoría avergonzaban e irritaban a Bakugo, quien desesperado
apartaba la vista rumbo al mar buscando apartarse de aquellos dos en lo que terminaba de comer su
quinto o cuarto mango. ¿Estaría pensando en terminar con su molestia y arrojarse para huir al agua?
Todoroki río un poco por sus raros pensamientos e interpretaciones. 2
Para ese entonces, al rubio tritón ya se le podía notar lo avanzado en su embarazo, y era seguro que por
más que quisiera huir en ese momento, no lo haría, se mantendría junto al que había escogido amar.
La sonrisa del futuro rey no desapareció cuando encontró con la mirada a la madre de Izuku, rodeada
de Ochako, Tsuyu y otras sirenas que deslumbradas mimaban al pequeño Umi que no dejaba de ver a
todos lados con el asombro impregnado en su iris bicolor. Le habían vestido con un simpático traje
blanco bordado en seda con detalles parecidos a conchas y estrellas de mar en color verde —todo
cortesía de Hatsume, quien también se hallaba por ahí presumiendo de sus nuevas creaciones a un Iida
que parecía querer salir corriendo rumbo a la castaña amiga de Izuku, pero que por cortesía se mantenía
escuchando a la pelirosa. 3
—Ahí viene —susurró su hermana a su lado, logrando que su atención volviera al castillo mientras la
melodía cambiaba a una balada meliflua.
Sin duda era él. Incluso podría decir, que nunca antes le vio más hermoso que en esos momentos que
caminaba hasta su lado, pero que seguramente habría mañanas donde seria todavía más perfecto. 3
Le vio avanzar a paso lento, acompañado de una corte pequeña que le seguía de cerca cuidando cada
detalle de lo que hacía.
No podía haber en el mundo imagen más perfecta; Inefable, Izuku se movía sin mayor impedimento
hasta él. Con un reluciente traje de seda blanca bordado en hilos de oro, Mei había agregado un toque
de oleaje y espuma en las mangas y por los tobillos. Sus cabellos tan rizados y despeinados como le
gustaban, eran adornados con diminutas caracolas que formaban una especie de corona por sus verdes
mechones. Los dorados cintos y las joyas de esmeralda no se quedaron atrás; adornaban en impecable
armonía el cuerpo del tritón, con su deslumbrante perfección bajo el sol de mediodía.
Todoroki no era capaz de apartar su mirada del peliverde, que aunque algo tenso, tampoco miraba a
otro lado que no fuera a su amado. Con las mejillas teñidas de rosa, resaltando con júbilo cada una de
sus pecas por la nariz y las que estaban por sus labios también.
Se siguieron así con la mirada. Izuku no podía dejar de sentirse tan feliz y nostálgico a cada paso que
daba. Su historia estaba empezando, con los fuertes cimientos de un arduo pasado hasta llegar estar en
ese momento.
Su sonrisa era genuina; no olvidaba a su gente, sus raíces y todo lo que perdió un día para ganarse lo
que ahora vivía. No olvidaría a All Might, no olvidaría a sus amigos; y seguramente, tampoco se
olvidaría de vivir cada día con valentía y amor por su familia. 3
Algunos pétalos de los lilos volaron frente a él llevados por la brisa hasta el mar, y en un segundo, ya
estaba a un paso del hombre que amaba.
Izuku no vio el camino por estar maravillado con aquella cálida sonrisa que le daba la bienvenida; y por
tan bella distracción, un mal paso de sus descalzos pies se enredó con el otro haciéndolo trastabillar a
centímetros del altar, arrancando suspiros de susto por parte de todos. 7
Algunos se cubrieron o voltearon para no ver el trágico momento de la caída, en lo que otros no
apartaron miradas para enterarse de lo que pasaba; pero nada fue necesario cuando vieron al peliverde
terminar en los brazos de Todoroki, que rápido había alcanzado a atraparle antes de que se lastimara.
—Te tengo —dijo a centímetros de su rostro, todavía sosteniéndole en lo que algunos aplaudían y
vitoreaban tal acto.
—Me tienes —musito sin apartar su iris que con fulgor de amor se encontraba en la peculiar mirada de
Todoroki.
Lento, le levantó para dejarlo frente a sí, bajo la tranquilidad de todos de que nada habia pasado; y sin
soltar sus manos, estaban listos frente a Nezu para iniciar la ceremonia.
—Hoy, Yuuei se llena de júbilo y gloria... —comenzó a hablar el clérigo, dando comienzo a aquel ritual
en el que se unía a dos almas por el resto de la eternidad.
Con un sí por parte de ambos, se sellaba su amor acompañado de un beso ante toda la corte de nobles.
Tan solo para que después se nombraría a Todoroki Shōto como nuevo rey de Yuuei, ungiéndolo con
los ornamentos pertinentes antes de portar la corona que le acreditaba como monarca.
Era esa la resolución de la historia de aquel príncipe, que partió hace años en busca de aventura y algo
más al inhóspito mar; y la de un tritón, que quedó solo y varado en una playa luego de una tragedia con
su pueblo.
Se alzaría así la grandeza de un reino y la celebración se extendería una semana entera, pues ahora
pueden ver al cielo lleno de esperanza, sabiendo con certeza que están en buenas manos.
Y mientras los nuevos reyes y su príncipe saludaban a su pueblo en una lluvia de pétalos y ovaciones
adornadas por el repicar del campanario en le pueblo, en el salón principal del castillo se alzaba el
retrato del rey Shōto, junto a la familia real.
Dando así, comienzo a un reinado de prosperidad y paz; donde la historia de amor entre un rey y un
tritón se arraigaría entre las leyendas y cuentos de los corazones enamorados de sus pobladores... donde
permanecería eterna en el tiempo, sin fin.
•••
N/A;
Hey!! esta largo y me tarde mucho en corregirlo pero al fin está aquí \(*T▽T*)/ワーイ♪ ¿Que tal el
final? ¿Les gusto? Ven que no había de que preocuparse (>u< 19
Bueno... espero hayan disfrutado del fanfic tanto como yo al escribirlo; ojala les entretuviera un rato, y
al menos les sacara de la realidad un rato ^w^) así que gracias por leer hasta aquí.
No sé que más decir porque aún no me creo que terminara algo tan largo... así que guardaré el resto de
los agradecimientos y mi testamento para cuando publique el epílogo de esto ;w; sip, aún queda algo
más de esta historia por leer. 1
Nuevamente, gracias a todos por leer, y si les gusto, no olviden votar o comentar. Hasta luego
~~♡♡♡♡
-Yummikyo🌸
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Desde lo profundo en la playa hasta el comienzo del mar, la estela de sus huellas se marcaba a su
efímero paso por la arena. En algunos puntos, las marcas que dejaban sus aletas se entremezclaban con
unos traviesos pies descalzos que les seguían de cerca, a veces más rápidos a veces más lentos, se
detenían y les acompañaban en su paso hasta perderse en el agua. 1
A ellas no les causaba mayor preocupación su compañía; era su momento de empezar a vivir y nada les
detendría.
—¡Ah, se ha ido otra, se ha ido otra! —Se escuchó la infantil voz por la costa, las risas se mezclaban
con el oleaje—. ¡Mira papi, mira! —Saltaba y señalaba a las tortugas que no podía alcanzar más allá de
la espuma.
—Si, las veo, y todavía hay más —risueño respondió antes de verlo correr otra vez—. Solo no te
acerques tanto a la orilla, Umi, puedes caerte al agua —advirtió Izuku desde su lugar al verlo tan cerca
del mar.
Aquel llamado advirtió a los escoltas que esa mañana acompañaban a la familia del rey, pero que se
mantenían al margen para no irrumpir el íntimo momento.
Izuku se notaba algo nervioso y eso los ponía alertas para entrar en acción si es que corrían peligro.
Pero el tritón peliverde solo se estaba preocupando como cualquier otro padre. Y no es que Umi no
supiera nadar —aunque recién empezaba a aprender—, o que el agua fuera profunda, pero su deficiente
vista podría hacerle tropezar de mala forma y lastimarse; además, reclinado en la arena y con las manos
ocupadas, Izuku no podría cuidarlo como en la pileta del castillo si es que cambiaba sus piernas por una
aleta como hace un par de semanas descubrió podía hacerlo —le había tomado casi seis años, pero al
final, la parte mágica en Umi había despertado. 10
—Estoy bien, hoy puedo ver mejor —respondió con la mirada alumbrada en maravilla; no apartaba ni
un segundo sus iris bicolores de las pequeñas tortugas que se arrastraban por su lado.
Ese día, el ojo derecho de Umi podía ver con mayor nitidez los colores y formas a su alrededor, casi
complementando el que su otro ojo no pudiera ver nada. No tenia miedo del agua, se sentía plenamente
libre.
—Solo quería asegurarme —dijo más calmado Izuku; no deseaba arruinar el momento de felicidad de
su pequeño pero no podía dejar de estarse alerta. Así que en silencio, le observo correr de un lado a otro
en lo que sus cabellos volaban con el viento y sus pequeños deditos señalaban los caparazones recién
salidos del cascarón. Inevitable, un gesto de calma se dibujó en sus labios.
Amaba ver la sonrisa de su hijo, la felicidad que desprendía a cada momento no podía ser frenada por
nada ni nadie. Él quería cuidar esa sonrisa, esa libertad.
—¡Ah, ahora son más! —exclamó de pronto el pequeño acomodándose en cuclillas, señalando
desesperado cuando vio un grupo de doce o más pequeñas tortugas pasar por su lado—. ¡Ahí vienen
más, ¿las ven?!
—¡Yo las veo hermano! —Corriendo como podía, se acercaba una pequeña tan entusiasmada como
Umi por verlas partir al mar. 3
Ahí estaba el otro rayito de luz en la vida de Izuku, y un motivo más para no dejar la playa y ponerse a
nadar junto al mayor de sus hijos, pues ahora, no solo era uno al que, como padre, tenía que cuidar.
—¡¿No es genial, Emma?! —Sus puños fuertemente apretados y esa maravillada expresión en su rostro
saludaron a su hermana.
—¡Si, si! ¡Me gustan las totugas! —La pequeña princesa saltaba y reía escandalosa junto a su hermano.
—No, no. Se dice tortugas, Emma. Tortugas, con la ere —corrigió el mayor de los hermanos, como era
su costumbre hacer.
—¡Ahh! —exclamaba asombrada por los conocimientos de su hermano; ella siempre le estaba
siguiendo y aprendiendo de él, y no era una sorpresa el que Umi, como buen hermano mayor, le
enseñara y cuidara todo el tiempo de ella.
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ੈ✩‧˚ Ellos siempre amaban cuando el anochecer caía y simplemente demostraban su amor. Con los
únicos testigos, las estrellas. ˚◦
【 Drabbles inspirados en las temáticas...
Emma era la segunda hija del ahora rey Todoroki junto a Midoriya Izuku; una pequeña de apenas tres
años que era la viva imagen del tritón, con sus rizados y verdes cabellos que siempre despeinaba
cuando su mamá —como solía llamar a Izuku—, trataba de peinarla. Aunque inquieta y traviesa, ella
era un solecito como el tritón; alegre y curiosa.
Las pupilas esmeralda de la niña siempre brillaban llenas de asombro, manchando las mejillas pecosas
de rubores durazno, como justo ahora que se estaba divirtiendo con las tortugas y su hermano.
El tritón rió bajo al ver como Umi seguía explicándole las cosas a su hermana; la pequeña escuchaba
atenta todo lo que el mayor decía sin objeción alguna. A ella le gustaba aprender cosas nuevas y el
principito siempre trataba de guiar y ayudar a los demás en lo que le permitían sus seis años de vida.
Un líder nato que tal vez algún día podría dirigir un reino entero, aunque aún era muy joven para pensar
en eso.
—Emma, tú también ten cuidado —advirtió Izuku con preocupación, acomodando mejor lo que
cargaba en brazos. 7
Aunque a diferencia de su hermano, Emma era una niña saludable en toda la palabra, todavía no podía
nadar del todo bien y tampoco tenía una hermosa aleta que le permitiera hacerlo; pero no podía esperar
a cambiar sus piernas para así nadar libre por el mar y pasear junto a las tortugas y descubrir a donde es
que iban.
Por suerte la niña era obediente, y apenas escuchó el llamado del mayor, se alejó de las olas para ver a
otras tortugas que más lentas avanzan por la arena.
Izuku suspiro sin apartar la vista de sus dos hijos mayores, complacido con la feliz imagen de los
infantes envueltos en pláticas que involucraban tortugas y arena. Entonces volvió a acomodar entre sus
brazos al pequeño de lacios cabellos rojos y mejillas manchadas de estrellas como las suyas; que con
apenas un año de vida, no apartaba la celeste mirada de un cascarón que comenzaba a romperse. Su
hijo menor, estaba más inquieto de lo normal hoy. 8
—¡Bah! —exclamó el más pequeño de los Todoroki, señalando la nueva tortuga bebé que rodaba por la
arena, robando así la atención del peliverde.
—¿Que ocurre, Hotaru? —preguntó a su hijo como si pudiera contestarle con palabras y no balbuceos
—. ¿También te gustan las tortugas?
La respuesta, evidentemente fueron risas y pataletas de emoción; Midoriya solo sonrió complacido con
la alegría de su pequeño, pues casi nunca se le veía tan animado como ahora. Por lo general, el pelirrojo
como digno hijo de Shōto, era un bebé tranquilo, que prefería estar durmiendo que jugando y
descubriendo cosas nuevas como sus hermanos mayores.
Ante la emoción del pequeño, Midoriya se acomodo mejor para que el pelirrojo pudiera ver de más
cerca las tortugas.
—¡Papá! —gritó depronto Umi que pasó corriendo a un lado de el peliverde quien no tardo en ver a
donde es que corría.
—¡Papa, papa! —Era Emma la que ahora se apuraba al encontro del hombre alto y guapo al que tanto
amaba.
Izuku vio a su esposo agacharse a la altura de Umi para luego ser derribado en la arena, seguido de
Emma que saltaba encima para acompañarlos con las risas. Shōto no perdió el tiempo para abrazar y
besar a sus dos pequeñas adoraciones para luego tratar de sentarse.
—Lamento la demora —se disculpó—. ¿Todavía quedan tortugas por ver? —preguntó a los niños en lo
que les sujetaba fuerte para que no fueran a caer.
—Si, si, aún quedan algunas. —Saltó Umi de sus brazos para correr junto a Izuku, Hotaru le vio llegar
y agito los brazos para llamar la atención de su hermano, aunque Umi apenas palmeo con cuidado su
cabeza cuando se puso a gritar otra vez—. ¡Aquí papá, todavía quedan huevos! —escandaloso señaló
entre la arena.
El de cabellos dispares tomo a Emma con cuidado para levantarse, la acuno en su pecho y apenas
caminó unos pasos cuando volvió a sentarse; justo se había acomodado cuando el resto de los huevos
se rompían dejando salir a las últimas tortugas.
—¡Están saliendo más! —Emma trataba de acercarse lo más que podía, pero su papá le tenía bien
sujeta para que no se fuera de lleno contra la arena.
—Creo que son las últimas —mencionó Izuku viendo igual de maravillado las pequeñas huellas que se
arrastraban por la arena.
—¡Quiero verlas hasta el mar! —gritó Umi para correr por la arena otra vez.
—¡Yo también quiero, yo también! —Se removió Emma del regazo de Shōto. Con calma, el mayor
dejó que saliera de su cuidado para que alcanzara a su hermano.
—No vayas a caerte —dijo al soltar su mano.
Los orgullosos padres se quedaron en su lugar, acompañados de Hotaro que trataba de alcanzar un
cascaron vació por sus pies. Tal vez pronto tendrían que volver al castillo y a sus deberes, pero eso no
les impedía disfrutar de la vista al mar, y de ese momento en familia.
—Te tardaste mucho —hablo caprichoso Izuku—, por un segundo llegue a pensar que no vendrías —
confesó en lo que arrebataba el cascarón que Hotaru había alcanzado y estaba apunto de comer.
—Lo lamento. —Volvió a disculparse acercándose para terminar recargando su frente en su hombro; un
intento de buscar los mimos de Izuku—, de último momento recibimos una carta.
Aquello robó la atención del tritón quien volteo a verle olvidando los reclamos de su hijo por recuperar
el cascarón.
Shōto se levantó rendido al ver que la curiosidad del pecoso podría más que el apapacho que buscaba
de él, y al mismo tiempo, aprovecho para tomar al bebé que amenazaba con llorar al haberle robado el
preciado tesoro que recogió de la arena.
—Buenas nuevas. —Sonrió a su hijo, que más calmado tiraba se uno de sus mechones blancos para
entretenerse—. Mirko contestó al fin una de nuestras cartas —Izuku solo atino a abrir lo ojos y boca
con asombro, esperando a que continuara—; ella y Yuriko vendrán a Yuuei para el cumpleaños de Umi.
Con ellas, creo que podremos estar todos para la celebración.
La sonrisa en el rostro de Izuku era de ensueño; no era temor por las leyendas que se decían de los hijos
de Horus, simplemente era dicha de volver a ver a la hermana menor del ahora, rey Todoroki. Hacía
tanto que no se sabía de Mirko o Yuriko más que por las escasas cartas que de vez en cuando llegaban
gracias a un halcón mensajero; mismo halcón que Izuku aprovechaba para enviarles mil y una cartas.
A decir verdad, la última vez que les vieron, fue cuando recién se enteraron de la verdad sobre la
pequeña hija de Horus durante aquel incendio en el castillo, luego de ello, lo único que obtuvieron fue
una carta donde Mirko explicaba sus motivos al dejar Yuuei y llevarse a la niña consigo; Shōto no
había estado tan de acuerdo, pero tanto su hermana como Izuku le hicieron cambiar de parecer.
Tal vez la morena sirvienta no era quien para separar a la niña de los suyos, pero al mismo tiempo, ella
era más para Yuriko que cualquiera de los Todoroki; después de todo, el rey solo le permitió a ella verla
nacer y crecer cuando quedó huérfana de uno de sus padres. Viendo las cosas desde otra perspectiva,
Shōto aceptó dejarla ir a las supuestas tierras de donde provenía Hawks.
—¿Cuándo vendrán? ¿Llegaran a tiempo? No será muy peligroso el camino, ¿o si?... Y si enviamos a
por ellos, ¿crees que aún sea necesario? ¿Qué más decía su carta? ¿O que tal-
—No, descuida, la carta decía que lo más seguro era que cuando recibiéramos su mensaje, ellas ya
estarían en camino —interrumpió sus alegatos, sabía que si no lo hacía comenzaría a murmurar un sin
fin de cosas sin parar—, no sabemos por donde puedan estar, o si ya están aquí. —El afligido rostro de
Izuku no le gusto, aunque tierno con el pucherito en los labios rosa, no quería verlo tan decaído—. No
te preocupes por nada, que seguro ellas estarán bien. —Intrépido, robo un beso por la comisura de su
labio logrando despertar el rosa en sus mejillas—. Si pudieron irse hasta allá, seguro que también
podrán volver sin problemas, yo confió en ello.
Dicho eso, sonrío para darle toda su atención a Hotaru y ponerse a jugar con él. El pelirrojo estaba más
calmado, sentado en la arena entre las piernas de Shōto, recogía los pedazos de cascarones para
ponerlos en las manos del mayor; estaba entretenido al ver cuantos podían caber en las manos de papá,
que para él, eran enormes. 2
Izuku suspiro queriendo creer en las palabras de su esposo, y luego de ver la tierna escena entre padre e
hijo, también sonrió para voltear en busca de sus otros hijos. Umi y Emma seguían viendo las tortugas;
aunque ya la mayoría se había vuelto al mar, los niños seguían jugando ahora con unas caracolas que
habían encontrado más allá entre las rocas.
El asombro con el que Umi y Emma veían cada una le recordó a aquella primera vez que camino por la
playa junto a Shōto. Aunque no todo fue bello ese día, debía admitir que ese era uno de sus mejores
recuerdos.
—Ah si, lo olvidaba. —Robó su atención el mitad albino sacándolo de sus memorias; Izuku le observó,
todavía estaba jugando con Hotaru—. Bakugo y Kirishima también llegaron hoy.
La sorpresa iluminó su pecoso rostro. Y es que no los esperaba hasta el mismo día del festejo de Umi;
ellos siempre llegaban junto a su mamá, y los demás. Aunque Kirishima y las niñas solían visitarlos de
vez en cuando para jugar con Umi, Bakugo no era muy feliz estando cerca de Izuku o Shōto, por lo que
él prefería pasar el menor tiempo posible en Eiyuu o quedarse en Chiba, y cuando los acompañaba se
iban demasiado rápido por pedido del rubio. Sin duda era una sorpresa que llegaran antes. 4
—Si, los encontré cuando venía para acá —mencionó en calma recogiendo más cascarones para ayudar
a Hotaro—, dijeron que iban al pueblo a visitar a Mina y Toru.
—Umi estará feliz de volver a ver a Katsumi y Hinami para su cumpleaños —dijo volteando a ver al
mencionado albino que seguía jugando en la arena con su hermana sin esperar la sorpresa.
De cierto modo, Izuku también estaba feliz de poder ver a sus amigos otra vez.
Después de la boda y el nombramiento de Todoroki como rey, Bakugo volvió junto a los suyos a las
cálidas aguas de Shiketsu, por las islas de Chiba. Aunque como ahora estaba con un humano, no podía
vivir eternamente bajo el agua. Así que optaron por algo intermedio, una cabaña cerca de la costa
donde pudiera andar Kirishima, y dejara Bakugo a reposar tranquilo cuando quisiera en el agua. Como
vivían tan lejos, rara vez se veían las dos familias.
—Deberías ir a verlos —sugirió de pronto el de mirada bicolor—, los niños no han estado por el pueblo
en un rato, seguro les gustara la idea.
Todoroki cuidaba de su familia, pero no era un tirano que les mantenía aislados tras murallas por su
seguridad, ni les ponía mil guardias que no les dejaban ni respirar. No, Todoroki Shōto le daba toda la
libertad que quisieran a los suyos; con apenas diez o cinco guardias de los más altos rangos que eran de
su entera confianza, Izuku y sus hijos podían ir por el pueblo, la playa o el jardín de azaleas que ahora
pertenecía al tritón. Por eso ahora les daba la opción de ir y visitar a sus amigos.
—¿No vendrás con nosotros? —inquirió al notar que no se incluía en los planes.
Un cansado suspiro se le escapo y los cascarones cayeron de su mano cuando Hotaru intentaba
acomodar más.
—Aún tengo que atender a unos nobles del reino vecino —explicó ayudando a su hijo a poner de nuevo
los pedazos de huevo en su palma; Izuku le ayudó—, creo que son unos comerciantes, así que tardare
un rato en las negociaciones.
—Oh... —exclamó algo decaído pasándole otro cascarón al bebé—. Bueno, entonces creo que nos
veremos a la hora de la comida —dijo ahora con una sonrisa.
—No tardaré mucho esta vez; pediré que preparen salmón... o tal vez jabalí, ¿que prefieres?
Hotaru, aburrido de apilar cascarones, se volteo hacia Shōto alzando los brazos para pedir que le
cargara.
—Cualquiera esta bien, no tengo mucha hambre hoy —respondió acomodandose en su lugar para
estirar las piernas y enterrar los dedos de sus pies por la arena disfrutando de la sensación. Como
amaba andar descalzo.
—¿No tienes hambre, te sientes mal o algo? —preguntó con tono preocupado ya con su hijo en brazos.
Los cascarones quedaron olvidados a un lado.
—Si descuida, estoy bien —dijo para calma del otro—, creo que solo desayune mucho en la mañana —
confesó algo apenado entre risillas nerviosas. 5
—¡Mamá, papá! —Umi y Emma corrían con las manos llenas de caracolas y otras piedras—. Mira el
tesoro que encontramos —mencionó para dejar caer a las faldas de Izuku lo que había recogido con su
hermana.
—Esta es para ti —Emma extendía su mano con una pequeña pero blancuzca caracola.
—¡¿De verdad?! ¡Gracias! —aceptó el presente gustoso, atesorándolo como cada pequeño detalle que
venía de los que más amaba. Izuku guardaba desde el dibujo que hacían para él en clase de literatura
cuando el profesor no los veía, hasta las flores o piedritas que recogían por el camino para entregarle. 8
La peliverde se sintió complacida con la reacción de su mamá Izuku, y luego Umi repitió el mismo
gesto con su otro padre; sonriente, presentó en su mano un tesoro más, esta vez un poco más grande y
en tonos rosa pálido, algo desgastada por el pasar del tiempo.
La sorpresa en el rostro del de cabellos bicolores no se hizo esperar, aunque casi siempre era Izuku el
que se llevaba todos los regalos, a él también le hacían llegar uno que otro, y como cada vez que eso
ocurría, el quedaba completamente indefenso ante la ternura de sus hijos.
—Gracias. Oh... —apenas alcanzó a tomar su regalo cuando Hotaru ya se lo estaba arrebatando para
verlo—. No se come, Hotaru —advirtió cuidando que su recién despierta curiosidad no le motivara a
llevarse a la boca la caracola.
El pequeño pelirrojo no solía ser curioso, por lo que apenas vio unos minutos el objeto cuando ya lo
estaba devolviendo a las manos de su padre.
Entonces el de iris azul y gris guardo el regalo en su bolsillo, para más tarde llevarlo junto a la perla
negra que reposaba en un pequeño cofre en el castillo. La misma perla que Izuku le entregó en aquella
noche de su cumpleaños; increíblemente y ya habiendo dado por perdido el objeto, durante los últimos
trabajos de reconstrucción en el palacio, bajo un muy deteriorado marco, alguno de los trabajadores
reconoció el pequeño objeto negro envuelto en el paño luego de recogerlo, junto a una tecla de piano y
un pedazo de tela roja. Fue una suerte lo honrado que era el trabajador que devolvió aquellos preciados
restos a la familia real; no fue sorpresa que se le recompensara aquel acto, aunque el hombre no
buscara dicho reconocimiento.
—¿Podemos jugar otro rato en la playa? —preguntó Umi volviendo la atención del rey al presente.
—Podrían... O, podríamos ir a Eiyuu a visitar a sus tías Mina y Toru —dijo el peliverde tritón sin
revelar toda la sorpresa; el mayor Todoroki se aguanto una pequeña risa.
—¡Si! —Salto Emma, quien amaba pasar tiempo con las dos mujeres.
—Pero tía Jiro y Kaminari no estarán —confeso algo decaído, pues no era secreto que el rubio que
algunas veces cocinaba para el castillo era su tío favorito; no fue difícil para Umi escoger al que más le
hacia reír con sus comentarios y cosas.
—Ve con ellos, necesito de alguien fuerte y valiente para que cuide de Izuku y tus hermanos —le
animo Shōto con uno que otro halago.
Izuku quiso reprochar por insinuar que él se hallaba indefenso, quería sacar en cara lo bueno que era en
combate y lo inteligente y analítico a la hora de las batallas —aunque eran tiempos de paz, nunca
estaba de más revisar sus estrategias—; mas en cambio, el tritón prefirió callar y dejar que aquellas
palabras lograran su cometido: llenaran de confianza y ánimos a Umi.
—Bien, ¡lo haré! —exclamó brioso cuando olló de aquella tarea importante que se le estaba confiando:
cuidar de Izuku y sus hermanos mientras su padre no estaba. 1
—Entonces esta decidido —habló sereno el de cabellos bicolores. Con una sonrisa en los labios, asintió
una vez antes de ponerse de pie con el pequeño Hotaru en brazos; Emma le imito apoyándose en las
rodillas de Izuku para levantarse, el tritón mantuvo su lugar sentado en la playa cuando Shōto siguió
hablando—. Más tarde los veré a la hora de la comida; así que procuren divertirse mucho.
—¡Si! —gritaron con emoción Emma y Umi; el más pequeño apenas y dio unas cuantas pataletas antes
de llevar su mano a su boca.
Pronto se alistaron para ir al pieblo. Izuku se puso los molestos zapatos y ayudó a Emma y Umi a
ponerse los suyos en lo que Shōto daba instrucciones a los guardias para que escoltaran a su familia en
su visita a Eiyuu. 1
No había mucho de que preocuparse, sus amigos estarían ahí acompañando a Izuku por lo que podía
quedarse tranquilo; solo esperaba que Bakugo no intentara reñir con el peliverde, pues al parecer el
rubio seguía sintiendo algo de rechazo por quien se proclamaba como su amigo de la infancia.
No había mucho de que preocuparse, sus amigos estarían ahí acompañando a Izuku por lo que podía
quedarse tranquilo; solo esperaba que Bakugo no intentara reñir con el peliverde, pues al parecer el
rubio seguía sintiendo algo de rechazo por quien s...
—Katsumi, nos regañaran por esto —decía con cautelosa voz una rubia de lisos cabellos cortos—; si
papá Bakugo nos encuentra nos castigara otra vez —advirtió con la mirada rubí llena de angustia a su
compañera de travesuras.
—No nos atraparán, esta vez seremos más astutas que él —respondió en el mismo tono aún debajo de
la mesa.
Las pequeñas Kirishima estaban a punto de tomar el botón que yacía sobre la mesa, ese redondo y
jugoso fruto que había sido llevado desde Chiba como regalo para sus amigos en Eiyuu.
Primero los iris rojo de Katsumi se asomaron con cautela, sus cabellos rubios desordenados y en punta
se notaron a través del borde de la mesa. Entonces apareció Hinami a su lado; sigilosa, asomo la parte
superior de su rostro para encontrarse con el tesoro por el que iban, sus pupilas perdieron todo miedo y
la boca se le hizo agua en un segundo. Se relamió los labios sin hacerse daño con los filosos dientes
que heredó de su pelirrojo padre, y entonces, sin pensarlo más estiró su mano para alcanzar uno de esos
mangos.
—No —gritó quedito deteniendo el brazo de su hermana—, tía Mina esta por la puerta —señaló a la
mencionada con su mirada y entrecejo fruncido—. Hay que esperar un poco más.
Eso detuvo cualquier acción de Hinami, quien volvió a esconder su mano bajo la madera; sin duda, su
hermana melliza era la más perspicaz y atrevida.
Y luego del intento desesperado por tomar uno de los frutos, las niñas volvieron a su estado alerta de
acecho, esperando pacientes por el momento correcto para tomar el botín. La oportunidad se presentó
tan solo unos minutos después, cuando Mina vio por la ventana y salió disparada del lugar, dejando
indefensos los mangos en la mesa.
—Ahora —susurro Katsumi dando la señal para atacar.
La calmada y firme voz a sus espaldas les erizó la piel. Esa inconfundible voz; sin duda, habían sido
atrapadas.
—Na-na-nada —tartamudeó un par de veces Katsumi, pues apenas se dieron la vuelta, se toparon con
su padre rubio viéndolas de brazos cruzados; más alto que ellas, les miraba con el ceño fruncido.
El que les preguntara fue una mera formalidad, pues era evidente que Katsuki ya sabía de sus sucios
planes. Lo supo incluso desde antes de llegar a Eiyuu, cuando al salir de casa no dejo que las mellizas
probaran más de un mango cada una, era cuestión de tiempo para que las muy pillas trataran de saciar
su hambre del dulce fruto.
—Hinami —presionó Bakugo, pues sabía que su hija menor era más blanda a la hora de mentir en
medio de una travesura.
—No hemos hecho nada aún y no puedes probar lo contrario —alegó Katsumi, arrancando una
disgustada mueca del rubio mayor. Esa niña era tan terca y lista como él.
—No hace falta que lo hicieran, vi sus intenciones y eso es suficiente para...
—¡Niñas, miren quien vino de visita! —Apareció Kirishima con radiante sonrisa cruzando la puerta de
aquella habitación, y por ende, interrumpiendo el discursos del rubio tritón.
—Ah, lo siento Blasty —se disculpó apenado mientras se rascaba la nuca en medio de una incansable
lluvia de gritos.
Salvadas por su padre, Katsumi supo que era esa su oportunidad de huir. Varias veces habían visto a
Katsuki gritarle al pelirrojo, y aunque en principios se asustaban, ahora sabían que era mejor salir de la
habitación antes de que las cosas terminaran entre besos y sonrojos por parte de esos dos. Puaj, a ellas
no les gustaba ver tanta cursilería entre sus padres.
Con disimulo y perspicacia, la mayor de las niñas guió la huida. Se deslizaron sigilosas en lo que el
pelirrojo trataba de explicarle el motivo de su interrupción a Bakugo. No alcanzaron a escuchar los
motivos cuando ya estaban a salvo tras la puerta, apunto de salir corriendo en un busca de un buen
escondite para perderse un rato en lo que Eijiro calmaba al rubio tritón; no eran tontas como para
dejarse atrapar por la ira de Katsuki, ya cuando estuviera más calmado se atreverían a dar la cara.
O ese era su plan, cuando corriendo por la entrada de la casa, vieron a los dos hijos de su tío Izuku.
—Claro que estamos aquí tonto, teníamos que venir para tu cumpleaños —alegó Katsumi al llegar a su
lado.
Umi solo pudo reír algo apenado, claro que pronto sería sus cumpleaños número 7 y todos estaban tan
emocionados como él. Incluso vieron por las calles a un grupo de artistas y bufones que ya iban llegado
para animar las celebraciones en Eiyuu; sin duda alguna sería un magnífico cumpleaños.
—¡Katumi! —grito Emma abrazando a la mayor de las mellizas, quien sin dudarlo correspondió el
gesto.
Entonces apareció Mina cargando a un pelirrojo que parecía más asustado que nada, buscando con la
mirada al peliverde que le dio la vida, no sabía si dejarse vencer por el sueño o ponerse a llorar para
que lo devolvieran a Izuku. 3
Midoriya llegó enseguida para hacer señas y gestos que calmaron al ansioso bebé por volver a sus
brazos. Toru estaba justo detrás de él, buscando acercarse a Mina para cargar al pequeño también. Y en
lo que Toru trataba de hacer reír a Hotaro para convencerlo de irse a sus brazos, Izuku fue a saludar a
las hijas de sus amigos; aunque no paso de un pequeño gesto con la mano y una diminuta sonrisa
cuando la puerta que daba al comedor fue abierta de golpe, deteniendo toda palabra en su garganta.
—¡Deku! —gruño molesto apenas lo vio, antes de que alguien más robara su atención— ¡Y ustedes
mocosas, no crean que se han salvado! —señaló amenazante del castigo que estaba por imponer.
La gritería hizo temblar en su lugar a todos los que fueron nombrados por el rubio. Umi se mantuvo
firme —aunque también le temblaron las rodillas por los gritos—, estaba listo para defender a su papá
Izuku y a su hermanita que se aferró a su espalda por el ruido. Mina en cambio se alejó un poco cuando
noto el puchero de Hotaru, que seguramente estaba por llorar debido al escándalo.
—¡Bakugo, harás llorar a Hotaru y ya no podre cargarlo! —reclamo sin pensar Toru.
—¡¿Ahh?! —exclamó con la furia pintada en su rostro. Y se hubiera lanzado en contra de la pobre
chica si no es porque Kirishima ya estaba listo para intervenir.
—Wow, wow, calmemos un poco las cosas por aquí, no hace falta gritar ni castigar a nadie. —Se
interpuso en medio de todos el pelirrojo—. Fueron solo unos mangos, es normal que no puedan
resistirse a ellos. De todos modos no se comieron ninguno. —Trato de excusar a sus hijas ante su
pareja; mostrándose como el padre benevolente, dejó pensativo a Katsuki y un breve silencio en la casa
antes de que el llanto se desatara entre los brazos de Mina.
Inevitable, Hotaru se asustó tanto por los gritos que dejó de lado su faceta de bebé tranquilo. El pecoso
tritón no tardo en moverse para abrigarlo en su pecho; le arrullo para calmarlo mientras se sentaba en
una de las sillas; solo eso basto para que Hotaro apaciguara el llanto.
>>Ah, lo lamento, no queríamos hacerlo llorar —se disculpaba Eijiro, viendo como Umi, Emma e
incluso sus hijas iban a donde Izuku para ver que el bebé estuviera bien; Bakugo solo aparto la mirada
con molestia.
—Esta bien, Hotaru ya esta mejor, mira —mencionaba mostrando como el de iris celeste se aferraba a
sus ropas, con temblorosos labios y mejillas infladas pero mirada firme y decidida en no llorar más.
Era un pequeño valiente que derretía el corazón de cualquiera que le viera. A Kirishima y Mina se les
escapó un gesto de ternura.
—Blasty, discúlpate —susurro hacia su pareja conmovido por Hotaro, ni siquiera le importo que se
molestara Katsuki, porque no pudo resistirse a esa carita de sufrimiento por culpa de los gritos del
rubio.
—¡¿Ah?! ¡Yo no voy a disculparme con el estúpido Deku! —refuto iracundo, ganándose una mirada
seria por parte de Umi, a quien no le gustaba cuando su tío Bakugo le decía así a su papi.
—Con él no. Con Hotaru —susurro haciendo señas a donde el menor Todoroki se mantenía
controlando su llanto mientras recibía palmaditas por la espalda.
Bakugo podría ser un bruto salvaje, pero hasta él sabía que un bebe por mas inútil o hijo de Deku que
fuera no merecía ser atemorizado por su magnífica presencia. Así que chasqueo la lengua con
resignación —y algo de frustración—, para dar unos cuantos pasos hasta donde el peliverde y su hijo.
Izuku le miró expectante cuando lo vio agacharse hasta la altura de Hotaro, los demás se hicieron a un
lado pero seguían estando cerca para ver que pasaba luego. El rubio permanecía serio, y su escarlata
mirada se topó con aquel tierno azul que estaba inundado de gotas saladas buscando refugio bajo las
protectoras manos de su progenitor. Bakugo movió sus labios como no queriendo separarlos y su nariz
se arrugó como si le molestara algo; no podía creer que que fuera a hacer aquello. Umi en cambio,
estaba listo para lo que fuera.
—Lo lamento —dijo rápido y apenas audible pasando su mano por entre los suaves cabellos rojos. 3
Luego de que el bebé quedara encantado con el inofensivo gesto que le mostró, Bakugo se apresuró
para alejarse a cualquier otro sitio de la casa, pasando por en medio de todos para volver a la cocina a
donde los mangos seguían en la mesa. Pensando en que tal vez debería comer uno —no es que ahora le
gustaran, pero extrañamente tenía un antojo justo ahora. 7
Fue tan rápido que nadie tuvo tiempo de reaccionar; la verdad es que no creyeron que lo haría en
primer lugar. Kirishima pudo volver a respirar, e incluso se permitió reír antes de seguir los pasos del
rubio; pocos notaron cuando Umi relajo al fin su tensión.
—Gracias —respondió tarde Izuku besando la frente de su hijo, que aún sin comprender nada de
aquella situación, dejo atrás sus pucheros al sentir el gesto y se acomodo a dormir en el regazo del
pecoso tritón.
Toru dejó de insistir con Hotaru al verlo tan soñoliento, para ahora correr junto a Emma cuando vio los
nudos entre sus rizos.
—¡No!, me guta así —Se cubrió la cabeza con ambas manos para luego salir corriendo entre risas. No
dejaría que le arreglaran el cabello sin antes dar un poco de pelea, y que mejor que con un animoso
juego de atrapadas.
—¡Ah, espera, no vayas tan rápido! —salió tras de ella más temerosa por que fuera a tropezarse que
por la idea de peinar los rizos. De todos modos, le parecía un buen juego.
Izuku les vio sonriente, casi queriendo unirse a la persecución él también. Aunque descarto la idea
cuando se encaminaron tras Emma a una de las habitaciones entre carcajadas y gritos. La casa se
llenaba de vida, vida que solo los infantes daban.
—¡Vamos a jugar afuera! —sugirió de pronto Katsumi a los más pequeños que quedaron en la sala.
Ahora que las cosas estaban más calmadas, era momento de seguir con su huida —aunque tal vez ya no
fuera tan necesaria.
Y estaban por salir al pueblo, cuando Izuku se vio obligado a detenerlas con su preocupada voz:
—¿No le pedirán permiso a Kacchan? —se apresuró con Hotaru en brazos ya dormido hasta llegar a su
lado.
—No, esta bien; mientras no nos alejemos mucho, papa nos deja ir a donde queramos —explicó
Hinami en lo que Katsumi ya estaba abriendo la puerta. Deteniéndose en su lugar para verle.
—Pero... —trato de insistir Izuku agobiado por el bienestar de las niñas y el temperamental carácter de
Katsuki, no sabía si reaccionaria bien cuando viera que sus hijas habían salido a pasear sin su permiso.
Se rasco preocupado la mejilla pecosa buscando las palabras correctas para que las mellizas
entendieran su preocupación, pero antes de que las encontrara, Katsumi se adelantó y dijo:
—Además no queremos interrumpirlos ahora, papa Ei siempre quiere estar besando a papa Katsuki. —
La rubia que se parecía tanto al tritón rubio puso cara de asco y el peliverde solo atino a reír nervioso
—. Umi, ¿vienes también?
Al oír la invitación, Izuku olvido un poco la idea de ir y buscar el permiso de Kacchan para las niñas;
esta vez centró toda su atención en su hijo mayor, quien asintió feliz de ser invitado a jugar para rápido
voltear a ver al peliverde con mirada suplicante. Llenos de esperanza brillaron sus pupilas bicolores. 1
Él no podía irse sin permiso, y sabía que no debía andar por el pueblo a la ligera si no era con sus
padres o una veintena de guardias; pero esta vez quería poder ir y jugar como un niño normal. Sin
vigilancia. Se creía lo suficientemente grande como para cuidarse por su cuenta.
El tritón mayor pudo comprender sus deseos aun sin que dijera palabra.
—No puedo dejarte ir solo —esas palabras bastaron para que el entrecejo de Umi se arrugara triste—.
Sabes que solo queremos que estés a salvo.
Izuku trato de justificar su negativa de dejarlo ir solo; probablemente se ofrecería a ir también, o tal vez
más tarde cuando Emma dejara de jugar con Toru y Hotaru se haya despertado. Para entonces quizá las
niñas ya estarían devuelta por la casa luego de pasear por el pueblo.
—Pero... hoy me siento bien —recalco la idea señalando su iris gris. Comprendiendo que su
discapacidad visual era uno de los principales motivos de cuidados extras que sus padres le dieron toda
su niñez—. Déjame ir solo esta vez.
—Umi —llamó con suave voz acomodándose en una silla para estar a su altura, dejando a Hotaru en
sus piernas que no parecía quererse despertar—; no es porque hoy te sientas bien o mal, sabemos que
eres capaz de hacer cualquier cosa que te propongas y una pequeña discapacidad no te detendría —el
primogénito de los Todoroki estaba aguantando las ganas de llorar, pero Izuku quería que entendiera
que no le cuidaban tanto solo por su ceguera. No quería que se sintiera débil por eso—. También eres
un príncipe, y la gente a veces quiere aprovecharse de eso. Por eso es que no podemos dejarte aun solo
por tu cuenta.
Trato de explicarse lo más simple que podía. Umi era listo, así que no hacía falta más para comprender
los motivos de sus padres. Su mundo era peligroso, Izuku aun recordaba a los humanos que llegaron a
lastimarlo en el pasado, a los que lograron escapar y seguían por ahí libres, con la posibilidad de volver
a hacer daño; no quería que Umi pasara por ello.
El iris desigual se vio ensombrecido, clavándose en algún lugar del piso. Katsumi y Hinami se miraron
al comprenderlo también; Umi aceptaba que no era posible liberarse del cuidado extra si estaba lejos de
su familia.
—Katsumi —le reprendió en un susurro Hinami; su hermana a veces era muy directa con lo que
pensaba.
Izuku no le dio importancia; más estaba preocupado por el semblante abatido de Umi. No le gustaba
verlo triste o pensativo cuando miraba a los niños por la calle que libres subían y bajaban por doquier,
una libertad que por la seguridad de su hijo no podía tener tan fácil. No le tenían encerrado, pero
tampoco era tan libre como le gustaría al pequeño.
—Cinco guardias —dicto el número de escoltas que le acompañarían si es que decidía salir con las
mellizas a pasear.
—¿Ah? —exclamó alzando la mirada al oír la propuesta de su papá. Todavía tendría vigilancia, pero
sin duda era mucho menor que las diez o veinte personas que le seguían por todos lados cuando no
estaba acompañado de sus padres lejos del castillo.
—¡Si! —gritó de alegría, y si no fuera por que su hermanito se interponía, seguro que saltaba a los
brazos del tritón para besarlo en agradecimiento.
—¡Lo cuidaremos bien! —decreto Hinami motivada por la charla del momento, era su manera de dar
las gracias por deja ir a Umi con ellas. Izuku solo intentaba que Hotaro no se despertara.
—¡¿Qué? No, de ninguna manera. Yo las cuidare a ustedes! —refuto el principito valiente.
—Cállate, yo soy más fuerte que tú —se apuntó a la discusión Katsumi cerrando la puerta para
enfrentar a Umi—, yo cuidare de ti y mi hermana.
Cualquier rastro de angustia fue reemplazado por los infantiles alegatos y las risas que se escucharon en
la otra habitación. Hotaro se removió algo molesto para luego continuar sus sueños; entonces Izuku
aprovecho para callarlos amenazando con no dejar salir a Umi si es que no iban a llevarse bien allá
afuera. Como arte de magia, eso dejo las cosas en paz.
Con un Hotaru completamente dormido mandó llamar a los guardias que escoltarían a su hijo para
darles instrucciones.
En unos minutos, los tres niños ya habían dejado la casa rumbo a la algarabía del pueblo.
Caminaban por las calles que para ser el medio día se hallaban repletas de vida
Caminaban por las calles que para ser el medio día se hallaban repletas de vida. Y como no, si el
cumpleaños del príncipe era una fecha que se celebraba en todo el reino sin falta cada año. Por entre las
casas se paseaban las mujeres cargando canastos con verduras y pan fresco, todavía se podía oler el
exquisito aroma cuando pasaban cerca de ellas.
—Apresúrate Umi, queremos ir a ver algo —gritó Katsumi resaltando de todo el cuchicheo de la
multitud.
Umi dejó de concentrarse en los aromas y vio a las dos niñas más adelante de él por el camino.
—¿Qué quieren ver? —preguntó luego de apresurar su paso para estar a su altura.
No se detuvo a ver a los acróbatas que se balanceaban en una pierna sobre altos zancos o el que se
contorsionaba de formas vistosas por toda la plaza del pueblo.
Cuando al fin estuvo cerca de las mellizas Kirishima, noto a Katsumi mirar a todos lados como
buscando que nadie les espiara; por suerte solo había un par de niños jugando con un perro y los
acróbatas en sus trajes coloridos, bordados con figuras y escarcha para reconocerse entre sí; un par de
ellos estaban cuidando a un hombre mayor de cabellos entre blanco y celestes, con la mirada perdida,
no sabrían si su piel se arrugaba por el paso del tiempo o el maltrato en su vida. Más atrás, podian ver a
los cinco guardias que les estaban cuidando, repartiendose bien para evitar que las señoras melosas se
acercaran de más a Umi para pellizcarle las mejillas al reconocer que era el príncipe.
Cuando Katsumi vio que todo estaba en orden y nadie les escucharía, susurro contenta:
—¡¿De verdad?! —inquirió emocionado sin apartar sus ojos bicolores de la menor de las Kirishima.
Hinami asintió con la misma emoción, y aún más de escuchar ese tono orgulloso de su hermana mayor
que hace mucho antes que ella había obtenido su aleta—. ¡Eso es genial! Ah, cierto, no les he dicho,
pero yo también tengo mi aleta ahora.
—Hace unas semanas —contó—; fue cuando entre al cuarto donde papá Izu se pone a nadar y
accidentalmente mi pie descalzo tocó el agua salada que se desborda con los chapoteos.
Umi no vivía a centímetros del mar como ellas, por eso era que en el castillo, el padre de Umi —y su
tío Shōto, como ellas le llamaban aún sabiendo que eso molestaba a Katsuki—, había construido una
especie de alberca como la que se encontraba en la cabaña de la playa a la que algunas veces llegaron a
visitar. Claro que era más grande y profunda la que era utilizada por Izuku cuando tenía ganas de nadar
o refrescarse un poco.
La entusiasmada afirmación de Katsumi no hizo más que instalar la duda en Umi de si confirmar o no
sus palabras; el labio inferior del albino tembló como siempre que dudaba a la hora de mentir, más dejo
que el repicar de unos cascabeles llenaran el vacío de su ausente respuesta.
Como hace poco obtuvo su aleta, Izuku todavía le estaba enseñando a controlar sus movimientos en el
agua de la pileta en el castillo y en ningún momento había intentado hacerlo en mar abierto.
Seguramente no podría manejar las corrientes de agua solo sin el cuidado del peliverde.
—¡Si! —exclamó nervioso de que no se enteraran que aún no tocaba el agua en el mar.
—Perfecto —celebro Katsumi apretando sus puños y mirando más allá del camino trazando su próxima
aventura.
—¿Eh? —Umi no comprendió, pero no hizo falta preguntar cuando los rojos iris le veían desafiantes,
listos para explicar lo que tramaba.
—Iremos a la playa a nadar un rato, así veremos quién de los tres es mejor en el agua —decretó
Katsumi dejando algo conmocionado a Umi quien no se espero aquello, mientras la otra niña dejaba
ver los afilados dientes en su sonrisa heredara de su humano padre, símbolo de que la idea de su
hermana le parecía tan brillante—. Aunque claro que yo seré el primer lugar, siempre es bueno saber
quien de ustedes dos ira detrás de mí —se mofo en un gesto engreído.
—¡Seré yo, seré yo! —Saltó Hinami en su lugar dispuesta a ser tan genial como su hermana mayor ante
sus ojos.
Umi no podía decir nada, ¿cómo les explicaba que todavía no nadaba en el amplio mar y que tampoco
quería ir más allá del pueblo porque su papá Izuku no le había dado permiso? Aún peor, los guardias
estaban con ellos, seguramente no le dejarían ir con ellas hasta la playa sin alertar a Midoriya; no veía
manera de poder ir a esa competencia, y tampoco quería.
—Bien, eso lo decidiremos en unos minutos —Katsumi estaba entusiasmada de demostrarle a Umi
como ella y su hermana eran de buenas a la hora de nadar; después de todo, su papá Katsuki no les
había enseñado todos esos trucos por nada.
—Pe-pero... —alzó la voz el Todoroki antes de que se echaran a caminar, pero no pudo decir más que
ese torpe balbuceo.
—¿Qué pasa?
—Si, ¿que pasa, Umi? ¿Tienes miedo? —molesto volviendo sus pasos para mirar burlona al príncipe.
—Katsumi —regaño la menor de las mellizas Kirishima cuando vio la mirada afligida de Umi—. No le
hagas caso, si no quieres ir esta bien.
La sonrisa de la pequeña que buscaba reconfortar al pequeño Todoroki solo le hizo llenarse de
remordimiento. Por su culpa no podrían ir a divertirse al mar, y eso que vio lo emocionada que
mostraba Hinami con todo aquello.
—Que aburrido —se quejo Katsumi cruzándose de brazos y a la vez dando la espalda a Umi y su
hermana.
—¡No! —grito de repente captando la atención de las niñas, incluso Katsumi volteo a verle esperando
una explicación ante tal grito; entonces Umi cayó en cuenta en lo que había hecho—. N-no tengo
miedo —tartamudeo buscando tiempo para idear una excusa, misma que no encontró, por lo que se vio
en la necesidad de contar la verdad a medias—; es solo... es que los guardias no dejaran que vaya más
allá del pueblo, y aunque vuelva para pedir permiso papá no me dejara.
Los aplausos sonaron vigorosos en la plaza cuando el acto llegó a su fin; el hombre que pertenecía al
grupo de acróbatas ambulantes y que antes había tenido la mirada perdida, miraba ahora insistente al
príncipe como si quisiera recordarlo de algún lado, pero sus lagunas mentales nunca se lo permitirían.
Sin prestar atención a nada de aquello, Umi permanecía serio, pero relajado al pensar que eso le
salvaría de aquella competencia improvisada.
El viento trajo consigo el olor de algún guiso para la comida del mediodía; algo completamente
secundario junto a las risas a lo lejos.
—Entonces escaparemos de los guardias —Katsumi no se anduvo con rodeos y luego de decir aquello
comenzó a ver todo el panorama en busca de un plan que pudiera funcionar.
—¿Qué?
Umi en definitiva no se espero aquello; pensó que se rendirían y continuarían sus juegos por el pueblo.
Lastima que Katsumi era una niña terca igual a su padre, y a esa edad, siempre buscaba salirse con la
suya.
—No te preocupes Umi, mi hermana es la mejor ideando planes cuando queremos escapar de los
castigos de papá Katsu, ya veras que algo se le ocurrirá —mencionó con una sonrisa llena de confianza,
los achinados ojos así se lo hacían saber.
Umi en cambio, trago pesado en lo que recibía unas palmaditas en su hombro que intentaban animarlo.
¿Pero cómo hacerlo cuando se estaba muriendo de los nervios?
Comprendía bien que era ese el momento de decirles que todavía no aprendía a nadar en el mar y sus
corrientes; así se evitaría el arriesgado momento de enfrentarse a la bravura del agua. Pero al mismo
tiempo no quería defraudar a las niñas ni pasar el vergonzoso momento de que ellas siendo menores
que él ya le llevan tanta ventaja... Además, las burlas de Katsumi siempre eran molestas. Entonces,
¿qué hacer?
Un largo suspiro se le escapó cuando el tiempo había pasado y la mayor de las Kirishima exclamó:
No tuvo tiempo de más nada cuando ya estaba siendo arrastrado junto a las niñas para que entre
sususrros y apartados de oídos curioso Katsumi contara su magnífico plan.
Suspiro una última vez en lo que escucho cada palabra, pues se había resignado ya a nadar en el mar;
quién sabe, tal vez pueda aprender rápido y nadie notaría su inexperiencia.
—¡Sabía que podríamos escapar! —saltaba gustosa Hinami por la vereda alejándose del pueblo, pues
se habían librado de los guardias de Umi que cayeron engañados por el truco de Katsumi 3
—¡Sabía que podríamos escapar! —saltaba gustosa Hinami por la vereda alejándose del pueblo, pues
se habían librado de los guardias de Umi que cayeron engañados por el truco de Katsumi.
—¡Claro, si yo nunca pierdo! —alegó la mayor con orgullo, dejándose admirar por su hermana menor
que no dejaba de elogiarla como siempre. Volteo a sus espaldas cuando sólo oyó los parloteos de
Hinami, encontrándose con un abatido Umi que cabizbajo arrastraba los pies tras de ellas—. Date prisa,
quiero mostrarte cuan genial soy nadando lo más pronto posible —dijo para apresurar su caminata.
—Pero... ¿que va a pasar cuando de den cuenta? —vaciló Umi volteando una vez más al pueblo, donde
sus guardias se había quedado tranquilos al oírlo decir que si no lo veían, era por que se estaba
escondiendo de las mellizas tras unas cajas de heno en su afán por ganar el infantil juego.
—Deja de preocuparte, no tardaremos mucho. Te pateare el trasero en el agua y luego volveremos sin
que nadie note nada —aseguró tranquila con palabras robadas de su padre tritón.
Umi frunció el ceño molesto por la insinuación; no le gustaba ser menospreciado, que insinuaran que
no podía hacer las cosas o que otros eran mejor que él sin siquiera haberlo dejado intentar. Por eso, y
olvidándose de sus mentiras y preocupaciones se apresuró a alcanzarlas para luego dejarlas atrás y
retarles a una carrera hasta la playa.
No hubo réplica cuando las mellizas ya estaban pisándole los talones ni bien termino de lanzar el reto.
Bien, si lo más seguro era que Katsumi y Hinami fueran mejor que él a la hora de nadar, al menos le
quedaría el consuelo de haber ganado esa pequeña carrera en tierra firme.
Por la vereda resonaron sus veloces pasos y las mariposas que revoloteaban tranquilas entre las flores
de la orilla fueron ahuyentadas por su causa. No se detuvieron para ver los campos de trigo ser mecidos
por el viento, ni más al fondo los rebaños de ovejas que pastaban tranquilas, cuidados por el anciano
que dormía bajo el árbol que ni sus risas hacían despertar.
La respiración de los niños era errática y pesada a cada paso, pero aunque cansados, ninguno quería
perder el juego. Umi seguía a la cabeza; enfocando bien el camino para no tropezar, escuchaba los
reclamos de Katsumi que entre gritos juraba y perjuraba que no le iba a ganar. Podía escuchar también
a Hinami, que menos agresiva amenazaba con ganar.
Fue cuando miro hacia atrás para ver que tan cerca estaban, que sudo frío al sentir que su victoria
estaba en riesgo, pues no era mucha la diferencia que faltaba para que le alcanzara. Pero fue cuando
intentó voltear al frente, que su iris no dejó pasar las siluetas al fondo del campo.
Se detuvo en medio de la carrera dejando que ambas niñas lo rebasaran en lo que él siguió viendo aquel
punto fijo. No estaba seguro, su imperfecta visión le jugaba malos ratos y a veces no alcanzaba a ver
con claridad, pero podría jurar, que aquellos niños estaban pateando a algo entre el trigal, mientras otro
levantó una vara por sobre su cabeza como si golpeara algo.
Su respiración agitada le hacía escuchar solo su sonido, y alguno que otro bramar de los rebaños; pero
no se movió hasta que sin duda escucho el claro sonido de risas burlonas que bien conocía él.
No supo ni como o porque, que algo le impulsó a correr en medio del campo. Era como si supiera que
necesitaban su ayuda.
Cuando llego a donde los cuatro niños que parecían mayores que él, era claro que las mellizas habían
llegado a la playa y ganado la carrera, pero todo eso se le olvido cuando vio como uno de ellos tomó la
rama para picar por las costillas a un cachorro que entre la rama se hacía un ovillo ocultándose de los
abusivos infantes. 3
—Vamos perro inútil, diviertenos —mando un pelirrojo con saña, arrancando más risas burlonas de sus
compañeros.
—¡Déjenlo ya! —ordenó valiente no soportando los tratos que recibía el indefenso animal.
—¡¿Ah?!
El niño que llevaba consigo la vara estaba por acercarse a Umi dispuesto a enfrentarlo, el príncipe ya
podía sentir el doloroso golpe sobre su cabeza cuando uno más se interpuso al reconocer sus limpias
ropas.
—¡Es cierto! —exclamó el más bajo de todos y que al parecer también era más joven; aparentaba casi
la edad de Umi—. ¡Es el príncipe Todoroki!
Finalmente le habían reconocido, y no supo si alegrarse o sentirse más nervioso por eso.
—¿Y que esta haciendo en medio del campo? —cuestionó el pelirrojo sin mucha sorpresa. Toma seguía
con el ceño fruncido, aún más molesto que antes; los demás precian pasmados, más el pequeño que le
había reconocido.
—Es raro —mencionó Pedro—, siempre esta rodeado de guardias o uno de sus padres. —Echó una
mirada alrededor como buscando a los que enumeraron sus palabras.
En eso, el semblante de Toma cambio, y su sonrisa se ensanchó mientras dio unos pasos rumbo al
príncipe.
El príncipe retrocedió los mismos pasos que el otro niño dio, pues no hizo falta mucho para sentir el
inminente peligro.
—El enano tiene razón —concedió pelirrojo que quería hacer entrar en razón a su amigo—, aunque se
merezca una golpiza por interrumpir nuestra diversión, seremos castigados por tocar su real trasero.
Umi apretó los labios y sus blancas cejas se curvaron con molestia. Tenía miedo, no iba a negarlo, pero
no quería huir y dejar que le insultaran así de fácil, por ignoró sus rodillas que temblaban y se paró
firme en su lugar.
—En-entonces —tartamudeo sin mucha idea de lo que iba a hacer—, entonces, si no quieren problemas
será mejor que vuelvan a sus casas.
—Pero mira nada más —se echó a reír Toma haciendo temblar no solo a Umi, si no al más joven de su
grupo de amigos también—, ya se esta portando como todo un dictador —señaló con burla viéndolo
desde arriba, pues era un par de centímetros más alto, todos ahí parecían ser más altos que él—. Uno
pequeño, cobarde y defectuoso —agregó.
Las risas retumbaron en sus oídos haciéndole sentir pequeño y un tanto inútil. Sabía a que se refería
con sus palabras, pues no era tan secreto la condición que sufría en uno de sus ojos.
—¿El defectuoso príncipe va a llorar? —molesto Toma empujando a Umi en su hombro, haciendo que
retrocediera aún más; los demás niños se sobresaltaron un poco pero no se movieron de su lugar, ni
dijeron nada—. Eres tan inútil sin tus guardias —afirmó seguido de un empujón más; los puños de Umi
se apretaron con fuerza lleno de impotencia—. ¿Eres tan rarito porque no tienes una mamá? —otro
golpe que hizo trastabillar a Umi—. Y uno de tus papás ni siquiera es humano. Que asco. 2
—¡Toma!
El más joven de los niños grito cuando el último tirón mando a Umi contra el suelo, dejando que la
primer lágrima corriera por su blanca mejilla.
Pero no lloró porque le doliera el golpe o los raspones de sus manos contra las espigas, si no de
impotencia al no poder defender a su papá Izuku de las feas palabras de ese niño. Su papá tritón no era
raro y no por ser mitad tritón su ojo gris no podía ver; Izuku lo amaba y lo cuidaba siempre, era un ser
maravilloso y mágico, un milagro, como decía su papá Shōto. Por eso Umi no podía aceptar ni una sola
de las palabras de ese niño.
Así que alzó la vista desde su baja posición; la mirada dispar se asomo con fiereza por el flequillo
blanco y el mechón verde de su frente, quedando clavada en la burlona cara de Toma. Sabía que no
debía ser malo con los demás, siempre le enseñaron que la violencia no era la solución más idónea, que
era mejor buscar arreglar las cosas con palabras. Y aunque él quería llegar a ser un rey que aplicará la
diplomacia como Shōto, no era todavía ese el momento en el que fuera rey. Así que se levantaría y por
el honor de su papá Izuku, golpearía a ese tonto niño para ver sí así aprendía a no juzgar a otros ni
insultarlos. 1
—¡Umi! —antes de que pudiera ponerse en pie, Hinami ya estaba frente a él viéndole con sus
angustiados ojos—. ¿Estas bien? Vimos cuando te empujo —declaró volteando a ver con rencor a
Toma.
—¡¿Qué creen que están haciendo brutos?! —Katsumi fue directo a enfrentar a los niños,
interponiéndose entre ellos y su hermana junto a Umi.
—No, no, Toma —le detuvo Pedro—. Si están con él deben ser sus nuevas guardias o algo.
No tardó mucho para que las carcajadas se oyeran por todo el campo. Sujetándose de la barriga o
limpiando las lágrimas, los niños no paraban de saltar en su lugar ante la idea de que esas pequeñas
niñas estuvieran defendiendo al príncipe.
—¡Cállense ya! —alzó la voz Katsumi, pues era evidente el motivo de las risas.
—¿O qué? —retó Toma parándose enfrente de la rubia; la diferencia en sus alturas era considerable,
pero aún así Katsumi no se sintió intimidada— ¿Qué vas a hacer enana?
Mala elección de palabras. La sonrisa torcida por los labios de Katsumi no eran buen augurio.
Y antes de que alguien más pudiera volver a reír o siquiera respirar, Katsumi salto sobre el niño para
tirarlo al suelo y halar con fuerza de su cabello mientras mordisqueaba su oreja.
—¡Katsumi, no! —Hinami dejó olvidado a Umi y corrió a ayudar; pero no a su hermana, si no al pobre
niño que pataleaba entre gritos buscando zafarse del fuerte agarre de la niña.
—¡Lo va a matar! —aterrado gritó Pedro sin atreverse a acercarse para separarlos.
Solo Hinami y el más joven de los niños intentaba sujetar a Katsumi y alejarla de Toma; parecía que no
iba a soltarlo hasta arrancarle la oreja, y eso era demasiado espeluznante para unos niños de entre 7 y
12 años. Umi se quedó petrificado en su lugar, jurándose nunca intentar molestar a su amiga. Pocos se
dieron cuenta cuando el que suponía ser el mayor de entre los amigos se echó a correr al ver lo salvaje
que era Katsumi.
Tras salir de su estupor, Umi se apresuró a socorrer a Hinami y el pequeño que ya estaba llorando igual
o más fuerte que Toma al creer que su amigo se moriría en manos de aquella rubia de mirada carmesí.
Unas cuantas pataletas y lágrimas después, y al fin lograron que lo soltara; aunque eso sí, la mano de
Katsumi estaba llena de hebras rubias y la oreja de Toma ya goteaba de un rojo líquido que alteraba a
todos los presentes —menos a Katsumi, claro.
—¡Ah! ¡Mi oreja, mi oreja! —lloriqueo desesperado al ver la sangre en su mano temblorosa.
—Vámonos, Toma, vámonos —Fue el menor que entre sollozos levantaba a su amigo alarmado de que
Katsumi se soltara del agarre del príncipe y su hermana dispuesta a atacarlos de nuevo.
Forcejeo con desesperación cuando su presa se alejó entre las espigas del campo; el último era Pedro
que de vez en cuando miraba atrás para asegurarse de no ser atacado.
—Katsumi, basta.
Los forcejeos duraron unos segundos más hasta que los tres niños desaparecieron de su campo de
visión. Solo entonces que ya no representaba peligro para nadie es que la liberaron. De inmediato se
apresuró unos pasos adelante para intentar divisar si es que podía alcanzar a los niños, pero al notar que
ya no era posible se limitó a escupir saliva asqueada y soltar los cabellos en su palma que más tarde el
viento arrastro.
>>Rayos, ya se escaparon —acomodo sus ropas y luego se viró a donde su hermana y el príncipe—.
Bueno, ahora si podemos ir a nadar.
Umi y Hinami se miraron antes de echarse a reír. Era increíble como Katsumi podía ser tan fiera y
fuerte a la hora de defenderse, pero tan tranquila y animosa cuando estaba más relajada.
—¡Si, hay que ir, hay que ir! —Los filosos dientes se asomaron por la sonrisa en su labios, que entre
saltos de emoción no dio más importancia al escandaloso momento de hace unos minutos; Hinami
conocía bien a su hermana y si no quería ponerla de mal humor, era mejor no mencionar a personas que
la pusieran así.
—Bien, entonces andando.
Umi suspiro largo antes de mirar por donde los niños habían huido. Estaba feliz de que las cosas
terminarán al fin, y a pesar de que pensó en golpear a Toma, sentía cierto remordimiento y culpa por
como termino cortesía de Katsumi. Estaba decepcionado de sí mismo: no solo no arregló las cosas sin
violencia, si no que siendo el mayor no pudo hacer nada para defenderse.
Por si fuera poco, no sabía ni como sentirse ante la idea de saber que varios niños pensaban que él era
un inútil defectuoso y que su papá Izuku era algo raro. Nunca antes se había topado con personas que le
profesaran tal odio, y ciertamente se sentía angustiado. ¿Aunque le odiaran tanto, podría volverse su
confiable rey?
—¡Umi, deja de estar perdiendo el tiempo y apresurate de una vez! —interrumpió su pensar Katsumi.
—¡Ah, ya voy!
Cierto, que ahora no debía estar pensando en eso cuando se enfrentaba al hecho de que tendría que
nadar en mar abierto sin tener mucha idea del como hacerlo. Dejo todas esas nuevas preocupaciones al
notar que aún había problemas más cercanos a los que se tenía que enfrentar.
Dejo todas esas nuevas preocupaciones al notar que aún había problemas más cercanos a los que se
tenía que enfrentar
En un parpadeo llegaron a la playa dispuestas a mostrar sus habilidades bajo el agua; el entusiasmo de
las mellizas no se podía ocultar, mientras que Umi, se hallaba más silencioso de lo normal. Como
ausente, apartó la vista del traslúcido oleaje; las risas de sus compañeras se tornaron más distantes y sus
ojos se perdieron en la infinita playa que se extendía al borde del océano. Sabía que unos kilómetros
más al noreste se encontraba la misma bahía donde esa mañana vio a las tortugas salir del cascarón. Del
mismo modo, recordó las palabras de Izuku y como le advertía de no mojarse para que no fuera a
cambiar sus piernas sin él estar cerca para cuidarlo.
—¿Vas a entrar o que? —cuestionó Katsumi desde el agua, llamando su atención devuelta al mar.
Todavía se encontraba cerca de la orilla, con su playera toda húmeda pero su aleta agitándose bajo el
agua.
La mirada de fastidio y duda observaba fija al albino, que todavía sin responder, bajó la vista a sus pies
descalzos que eran amenazados a ser devorados por la marea. Instintivo retrocedió para evitarlo.
A los ojos de las mellizas, Umi lucía sereno y ausente, sin saber que en su interior todavía se debatía
fuertemente entre decir la verdad o arriesgarse a entrar al agua sin la vigilia de sus padres, sin
experiencia previa y con miedo.
—El agua esta tibia, se siente bien —Hinami, ya en las mismas circunstancias que su hermana se
recostaba en la superficie; flotando con parsimonia, se dejaba llevar por el suave oleaje más al fondo en
el mar. Claramente podía verse el dorado resplandor de sus escamas heredadas de Katsuki.
—Es que... —dudo una vez más, buscando la valentía donde tal vez no la había—. ¡Tengo que
quitarme los pantalones y no quiero que me vean! —se excuso con astucia para ganar tiempo.
Hinami se enderezó en el agua y miró a su hermana como diciéndole que él tenía razón. Si Umi se
apartó en lo que ellas cambiaban su forma, lo más correcto era que hicieran lo mismo.
—Bien, entonces te esperaremos bajo el agua —concedió Katsumi para luego terminar por sumergirse
no sin antes dar un chapoteo con su aleta dorada.
La brisa soplo trayendo consigo algo del húmedo mar; la calma en el agua era alucinante, mientras que
el príncipe se encontraba solo y completamente abrumado por la duda. Estaba inmóvil en la arena,
parpadeando de vez en vez cuando el viento soplaba con más fuerza, hacia un esfuerzo por mantenerse
apreciando el horizonte.
¿Que debía hacer? Si no entraba pronto al agua, las mellizas se desesperarían y luego irían a buscarle,
entonces tendría que explicarles porque no quería entrar a nadar, y ciertamente no tenía ganas de
escuchar las burlas de Katsumi. Además, no quería ser el único que se quedaba atrás a la hora de nadar,
se suponía que él era el mayor, él debía poner el ejemplo, y sin embargo, la brecha entre Umi y las
niñas ya era mucha.
Quería alcanzarlas, nadar libre como cualquier otra sirena o tritón... pero tenía miedo, miedo del mar.
¿Qué tal que la corriente era más fuerte que él? ¿Y si su vista fallaba y perdía la orientación? ¿Podría
marearse bajo el agua?... Tal vez él nunca podría ser como ellos, quizá era demasiado débil, demasiado
inútil...
De pronto, en medio de la amarga lluvia de sus ideas, sacudió su cabeza para despejarse de todas esas
dudas cuando se dio cuenta que se estaba paralizando. No podía llenarse de malos pensamientos ahora;
si Umi deseaba ser algún día un rey igual de tenaz como percibía a su padre de cabellos bicolores,
debía aprender a enfrentarse solo a sus retos. Le estaban esperando bajo el agua, Umi también quería ir,
anhelaba empaparse entre la tibia agua y nadar seguro como Izuku. Incluso, Katsumi siendo más joven
fue lo suficientemente valiente para enfrentarse a un niño mayor que ellos; y si ella no se acobardó, él
tampoco lo haría ahora frente al mar.
Realmente no lo pensó tanto, más bien fue un impulso de valentía e inspiración orquestado por todos
esos pensamientos, que cuando se dio cuenta, sus pantalones ya estaban olvidados por la arena junto a
sus zapatos, mientras que sus tobillos se empapaban en agua un paso a la vez.
Poco a poco, un tenue brillo se asomo por sus rodillas y muslo derecho, era un cosquilleo que ya
conocía bien. Sus manos se amoldaron para poder nadar, y comenzó a sentir la necesidad de hundir su
cabeza en el agua; eran las aletas de sus dedos y las branquias de su cuello que ya se hacían sentir. Para
cuando la marea le llegaba a los muslos, el blanquecino en sus piernas le cubría por completo; unos
segundos después perdió el equilibrio cuando no tuvo más pies para sostenerse, se sintió como si fueran
uno solo. Aún se encontraba cerca de la orilla, y aunque se asustó al principio, pudo mantenerse a flote
como le había enseñado Izuku; fue inevitable sentirse contento de haberlo hecho bien él solo. De la
alergia, se permitió incluso chapotear un poco, acompañando sus primeros aleteos en mar abierto con
risillas llenas de orgullo.
Lo había logrado.
Echó una rápida ojeada bajo el manto acuático, que al no estar tan profundo, le dejaba claramente
apreciar su cuerpo. El blanco en su aleta era tan nítido como la espuma, pero tan reluciente como una
perla; era gracioso que en la punta a por el final de su aleta, unas cuantas escamas esmeralda se
asomaron rebeldes como el mechón de su frente, símbolo de la herencia de Izuku.
La sensación del mar era completamente diferente a la pileta del castillo; era más tibia, tenía más
movimiento, y se sentía viva.
A Umi le gustaba; el miedo se iba apartando para dejar solo las maravillas que la nueva experiencia le
traían.
Movió sus manos para sentir mejor el agua; como envolvían todo su cuerpo. Y así, recostado boca
arriba, levanto su aleta por sobre el agua solo para observarla mejor, bajo los rayos directos del sol se
apreciaba mejor el destello tornasol de sus escamas, la humedad resaltaba su esplendor que la volvía
más reluciente.
Su vista se desvió entonces al celeste cielo, más infinito que el mar, se imagino nadando libre por entre
todo ese azul. Lleno de confianza, le sonrió a las nubes antes de darse la vuelta y sumergirse para
atreverse a ir más profundo en busca de las mellizas Kirishima. Ya no sentía ninguna atadura, se creía
capaz de ir a donde quisiera en todo el mar. Era como si de repente, fuera libre.
Se movía lento, el mar era diferente, y su cuerpo se sentía más pesado que cuando nadaba en el castillo;
incluso tenía que poner mayor fuerza en su aleteo pues aún no se acostumbraba al nuevo hábitat. Su
velocidad no era tan buena como la de su papá o tío Katsuki, ni que decir de su abuela o sus tías
Ochako y Tsuyu que a veces solían visitarlo. Más en cambio, se sintió contento al creer que ahora
podría ir con ellas a nadar por el océano; soñando con conocer donde su papá Izuku creció, donde
jugaba y tal vez al mismo lugar donde conoció a su padre humano. Umi ignoraba parte de la tragedia y
aventura que Midoriya tuvo que pasar para que ahora él este ahí nadando; pero sin duda alguna quería
ver con su propio ojo todos esos lugares de los que le contaba Izuku antes de irse a dormir desde que
tenía uso de razón. Cuentos mágicos que a sus tres años le encantaba escuchar y de los que nunca se
cansaría. 1
Con todos aquellos sueños en mente, siguió abriéndose paso por la tibia agua; era tan clara, que fácil
podía ver el fondo con la blanca arena, incluso algunos crustáceos andaban por el lugar. Pero nada pudo
emocionarlo más, que ver un punto fijo allá al fondo por la arena, donde aguardaban cientos y cientos
de caracolas de todos tamaños y colores; si Emma estuviera ahí, seguro que se pondría muy contenta.
No espero para nadar al fondo y estar más cerca de las conchas de colores, había una de un rosa muy
pálido que se le antojo bonita, pero antes de siquiera estar lo suficiente cerca para tomarla ente sus
deditos, un grupo de peces entre naranja y blanco paso campante nadando frente a sus ojos. Se hecho
un poco para atrás, pues su vista no era muy buena para distinguir la profundidad y casi sentía que
nadaban en su nariz.
Los traviesos parecían querer jugar con él, nadando entre sus cabellos con sus pequeñas aletas que
parecían tan frágiles le hacían cosquillas en su oreja; inevitable le sacaron un par de risas bajo el agua,
un tanto insonoras, solo burbujas corrieron de su boca en busca de la ansiada superficie. Y como si
fuera una especie de tesoro que no se debía dejar escapar, los juguetones peces fueron siguiendo cada
una de esas risas enfrascadas. Umi los vio alejarse así como vinieron, y fue cuando su pupila se deleito
con una danza de luz que se colaba por las rendijas en el agua; tiritante sobre él, era como si un fino
manto de cristal resplandeciente —incluso mejor que cualquier cachivache que había en el castillo—,
cubriera por completo el mar. Estaba presenciando el cielo debajo del agua por primera vez, y sin temor
a equivocarse, podría decir que era incluso más bello del que se podía apreciar en tierra firme.
Pero no podía quedarse admirando la inefable vista por siempre —aunque quisiera—, tenía que ir a
buscar a Hinami y Katsumi, para ello es que fue arrastrado a esa situación.
Miro curioso a su alrededor, y buscando algo que no estaba a su alcance, se dispuso a nadar más
adentrado al mar. La corriente en la orilla no era tan fuerte, pero seguro que sería un problema cuando
intentara pasar la barrera de coral; ojalá que las mellizas no hayan ido tan lejos.
Y como si sus plegarias fueran escuchadas, las encontró un poco más adelante. Katsumi nadaba de
arriba abajo, dando piruetas rápidas ondeaba su aleta y se movía de un punto a otro; era tan rápida y
perfecta en su ejecución, que daba la impresión de haber vivido bajo el agua toda su vida. Umi se
quedó fascinado de ver como rozaba la superficie del agua con la punta de sus dedos y al otro ya estaba
acariciando la arena del fondo. Se preguntó si él algún día podría nadar así de bien.
Hinami no se quedaba atrás, aunque más lenta que su hermana, la niña de filosos dientes podía saltar
fuera del agua dando escarceos y chapoteando con gracia entre cada giro, se asemejaba mucho a los
delfines que a veces veía desde su ventana en lo alto de la colina.
Umi no pudo contar el número de acrobacias que sabían hacer entre las dos; y él apenas podía controlar
su cuerpo y dirección bajo el agua.
Se dio un pequeño regaño mental, vaya que era patético, para ese momento no tenía nada que
presumirles o mostrarles para dejarlas tan impresionadas como habían hecho con él.
Las mellizas estaban tan concentradas en su nado que no pudieron advertir su presencia en el fondo del
mar; de todos modos todavía no se acercaba lo suficiente para que lo notaran.
Estaba flotando en la inmensa nada, solo un alma sin nada especial. Y con el azul claro iluminandolo,
prefirió no acercarse a ellas. No tenía que ir y fingir, porque de todos modos no tenía nada que hacer
bajo el agua, él no era ni por asomo un poco de bueno como ellas. Ahora ya se arrepentía de haber
aceptado ir hasta ahí.
Observó un último giro de Katsumi; incluso bajo el agua el dorado de las escamas brillaba como el oro
mismo, igual de valioso como sus habilidades... y él solo tenía ese descolorido blanco. Nada bueno,
igual a como era nadando.
Cuando se cansó de ser deslumbrado, se dio la media vuelta sigiloso a seguir nadando a ras del fondo.
Errante seguiría su camino por el mar sin saber a donde ir, o que hacer; tal vez lo mejor sería volver a la
playa de una buena vez, esperar a que sus piernas volvieran y después regresar a la casa en el pueblo.
Ya no le importaban las posibles burlas de Katsumi, ni que seguro al volver los guardias estarían tan
desesperados buscándole. Se sentía tan frustrado, que ni el pasado logro de poder nadar en el mar le
animaba ahora. Era imperceptible, pero el agua se volvió más salado cuando sus lágrimas se
aparecieron ante su impotencia y cobardía.
Se tallo los ojos cuando comenzó a hacerse más difícil ver, pero eso no detuvo que siguiera avanzando
cada vez aleteando más fuerte, más rápido. Era como si quisiera huir, irse lejos, devuelta al castillo y no
recordar ese efímero sueño de nadar libre en mar abierto junto a su abuela, Ochako o Tsuyu. Tal vez era
mejor enfocarse en llegar a ser algún día un buen rey; romper la brecha que recién descubrió había
entre los pueblerinos y él. Ese extraño odio que no lograba entender.
Sí, quizá ya ni siquiera debería intentar nadar junto a su padre tritón en el castillo.
Envuelto en sus planes y pensamientos, siguió aleteando con los puños y el dorso de su mano
cubriendo sus ojos; debajo de él los colores se hacían cada vez más vivos y las formas más variadas, el
nítido azul ya envolvía todo a su alrededor, incluso su piel se manchaba en el reflejo del agua del
mismo tono. Estaba nadando por sobre los corales del arrecife sin darse cuenta, pasando por los rosa
con forma de cono, los amarillos esponjosos que entre sus cavidades ocultaban uno que otro diminuto
pez y las verdes algas que bailaban con la corriente; pero él ya no era capaz de apreciar nada de eso. 1
Fue cuando al fin pasó los blancos corales que sintió como si tiraran con fuerza de todo su cuerpo. No
hubo tiempo de pensar ante tal sorpresa.
Era la marea en la barrera de coral, ese fuerte oleaje que en la superficie no lucía como la gran cosa era
el que ahora le estaba arrastrando de un lado a otro sin que pudiera controlar sus movimientos.
Trato de enderezar su cuerpo, aleteo con todas sus fuerzas y agudizó lo mejor que pudo su vista para
atravesar el burbujeante del agua que le hacía confundirlo todo, ver borroso. Estaba tan asustado y
sentía como si le faltara el aire, que no dudo en intentar ir a la superficie, pero la fuerza con la que era
arrastrado no le dejaba lugar ni para que sus branquias se abrieran como era debido para respirar.
Cuando aquella idea se instaló en su mente, algo en él negó por completo dicho futuro. No iba a
morirse así, no iba a dejar a su papá Izuku, ni a sus hermanos, su abuela Inko, ni a sus amigos... 6
—¿Por qué papá no me deja ir a nadar en el mar? —cuestionaba al ocupado hombre al otro lado del
escritorio; que al escucharlo bajo la pluma en su mano y observó el molesto semblante de su
primogénito.
—¡Pero no soy un bebé! Puedo nadar bien y el me ha visto, ya no me hundo como antes, estoy seguro
que puedo hacerlo igual de bien en el mar —alegó desesperado buscando defender su punto.
—Umi...
—Tal vez sea un inútil por lo de mi ojo —afirmó cubriendo con la mano la zona mencionada—, pero
de verdad que no me pasará nada si lo intento, déjenme demostrarles que sí puedo.
Su petición sonaba como un berrinche, pero sus palabras demostraban otra cosa.
—Nunca pienses que eres un inútil —dijo Shōto sin un ápice de duda; no era un regaño ni mucho
menos, solo quería espantar esas ideas de su hijo cuando lo escucho hablar esa despectiva palabra
refiriéndose a sí mismo—. Izuku se preocupa mucho por ti, pero no es porque piense eso —se levantó
de su lugar y acercó al menor para ponerse a su altura; las miradas heterocromáticas se encontraron
entonces—, ambos sabemos que puedes hacer cosas grandiosas y ni lo de tu ojo o un mal día podrían
detenerte. Nunca dudes de lo que puedes llegar a hacer... Es solo que se preocupa demasiado por que
estés bien. —Dio una rápida caricia a los regordetes cachetes que se inflaban con berrinche. Umi se
sentía avergonzado por las palabras de su papá, pero le fue imposible no sentir esa alegría de saber que
no le subestimaban—. Como cualquier padre, quiere que estés lo suficientemente listo para cuando
llegue la hora de enfrentar al mundo, para que no tengas miedo si un día no estamos contigo.
Umi aparto su mirada, tal vez aún era un niño pequeño, pero alcanzaba a comprender los motivos de
que le enseñaran en la comodidad del castillo antes de enfrentarse al mar real. Solo le estaban
cuidando, y eso no era del todo malo.
—Entonces seré el mejor nadador y cuando vaya al mar podre nadar mejor que cualquiera, así papá Izu
no se preocupara por mi y no tendrá que cuidarme todo el tiempo. —Decretó firme a cumplir su
palabra.
Shōto estaba complacido con el pequeño valiente que era su hijo; revolvió gustosos sus cabellos en
medio de una orgullosa sonrisa.
—Así será.
Sus ojos se abrieron de golpe ante aquel recuerdo, pero solo pudo ver la bruma de la agitada agua.
Estaba siendo arrastrado al antojo del mar, y a pesar de ser un tritón que bien podía respirar bajo el mar,
veía que se ahogaba en cualquier momento. Sentía que moría cada vez que sus branquias abrían,
imposibles de lidiar con la fuerza del agua.
Aún así, no estaba dispuesto a rendirse; les demostraría a todos que era tan buen nadador como su
papá, como su abuela o incluso su tío Bakugo. Se salvaría solo, y ni su poca visión se lo iba a impedir,
mucho menos sus miedos. Era el momento de mostrar lo grandioso que podía llegar a ser.
Entonces sus manos se enredaron en el agua, como si buscara librarse de ella no paraban de moverse.
Poco a poco distinguió las diminutas pero infinitas burbujas que envolvían su cuerpo mientras era
llevado por la marea más allá del arrecife. Luchaba para encontrar su equilibrio, aleteaba con todas sus
fuerzas para salir a flote. Pero entre más luchaba, más parecía que el mar ganaba.
Se estaba cansando, casi mareado debido a la fuerza con la que su cuerpo era desplazado.
Su siguiente pensamiento fue su padre tritón, con esa cálida sonrisa que tanto le gustaba y le hacía
sentir querido... a salvo; le observaba parsimonioso rodeado de un halo divino, y aunque en su pensar
rogó para que lo salvara, aquella fantasía no podía hacer mucho en la realidad. Pero aquella proyección
trajo consigo algo más que un bello escenario antes de morir.
Era su voz.
Un recuerdo...
—Cuando estés nadando en mar abierto —dijo mientras le sostenía los brazos ayudándole a flotar—,
nunca luches en contra de una corriente. Úsala a tu favor, ve con ella y guíala para que te lleve a donde
quieras ir...
No luches...
¿Era eso?
Ya no peleaba ni se resistía, pronto el agua dejó de presionar con fuerza contra sus branquias,
permitiéndole un rápido respiro; estaba aliviado, pero ni por eso abrió los ojos o siquiera se movió.
Continuó quieto, sintiendo exactamente la dirección en como era llevado, dejo de ver con los ojos para
percibir su alrededor en su piel.
Ah, ya comprendía.
Se mantuvo viendo con su cuerpo y con menos desesperación que antes, movió los brazos y se ayudó
de su aleta para acomodar su cuerpo a la posición de la marea. Siguió sus instintos para quedar de
espalda a la superficie, pronto pudo respirar correcto de nuevo, lo que dejo que los músculos de su
cuerpo se relajaran.
Así, en completa calma continuó nadando a la par de la corriente hasta que se acostumbró a ella. Ya
percibía nuevamente la caricia del agua viva, que gentil le cuidaba y guiaba en su nado.
Se permitió abrir los ojos entonces, topándose con el infinito azul océano se dejó maravillar por su
alrededor. Estaba orgulloso de poder nadar a su antojo sin miedo a morir como hace rato; de poder
disfrutar de las mantarrayas que iban nadando más arriba de él, o de distinguir el haz de luz que se
cuela como cortinas entre el salado líquido.
Otra vez era testigo de las maravillas que como tritón podía apreciar; tal vez deba poner más atención a
su papá y preguntarle de más trucos, así podría disfrutarlo todavía mejor, podría ser un rey en tierra y
en el mar.
En el momento en que aquella idea cruzó su mente, se recordó que no era ese el lugar donde debía
estar. Se suponía que estaba volviendo a la playa para encontrarse con sus guardias y luego volver al
castillo con sus hermanos e Izuku.
Libre de la fuerza en el agua, se apresuró a salir a la superficie; el reflejo en su piel era cada vez menos
azul conforme más cerca estaba.
Cuando alcanzo el borde, la bocanada de aire fue tan necesaria como una siesta luego de un largo día
de trabajo. Los rayos le cegaron un momento, pero no tardó en acostumbrarse. Todavía era casi medio
día, o eso pensó, el sol estaba en lo alto aunque ya se movía al occidente.
Apenas y asomaba la cabeza por sobre el agua, le era difícil mantenerse flotando que incluso tenía que
aletear con mayor fuerza. Por si fuera poco, le preocupaba no poder ver el acantilado donde estaba el
castillo. Desde la playa en la que dejó su ropa se alcanzaba a ver un poco, pero ahora no sabía cuán
lejos estaba; ¿fue un largo tiempo el que pasó siendo arrastrado o fue solo un segundo?
Continuó observando a su alrededor desesperado hasta que alcanzo a ver tierra a lo lejos que apartó la
angustia de su alma. Se había salvado.
No lo pensó más cuando ocultó nuevamente su cara y aún cerca de la superficie dirigió su nado en
dirección de aquellas montañas. El trayecto se le antojó corto cuando ya estaba aferrándose a la arena
de la orilla para luego arrastrarse con toda su fuerza contra el suave oleaje de la marea.
Tenía que llegar a donde no le alcanzara el mar si es que quería volver a ver sus piernas. Por desgracia
sus pantalones, zapatos e incluso el pequeño chaleco que portaba se quedaron en la otra playa, solo le
cubría su camisa.
Entre quejidos se movió con sus brazos sin importar lo incómodo que era aquella arena; no era tan
suave como las playas de por el castillo.
Apenas llegó unos metros lejos del agua cuando se permitió descansar sobre la áspera arena. Boca
arriba y con la respiración agitada, estaba tan cansado que cerró los ojos sin mayor preocupación.
Las gaviotas graznaban a lo lejos, las olas golpeaban las rocas y él sentía sus cabellos húmedos
pegándose en su frente. Más allá de su cabeza, las ramas de las palmeras se movían con el poco viento
del día.
—¿Estas perdido? —escuchó una femenina voz más cerca de lo que quisiera.
Sus ojos se abrieron de golpe para toparse con unos tan azules como el izquierdo de su padre humano,
salvo porque estos estaban enmarcados por doradas pestañas. La extraña le estaba sonriendo, unos
cuantos mechones rubios se le escapaban de la capucha y caían hacia su cara. 2
Aunque la voz de la joven se oía suave y no parecía haber malicia en sus facciones, el tritón no podía
sentirse calmado al saberse descubierto en ese estado. En el reino no sabían que él había heredado las
habilidades del peliverde tritón, se pensaba que era un humano común, y eso estaba bien; era mejor que
no supieran de su magia, por su seguridad, era mejor así.
No podía correr, sus piernas aún no estaban, y a como veía, todavía había rastros de humedad en sus
escamas por lo que seguro tardaría un rato en volver a tener dos pies. Su rostro se viró al mar de pronto.
—Se lo que piensas —habló la extraña antes de que hiciera algún movimiento—, pero de verdad no
hay porqué huir; yo también soy como tú —dijo, y Umi miro confundido sus piernas—, bueno, no así
como tú, pero también soy un ser mágico.
El orgullo y travesura en su voz confundió al príncipe; era como si le estuviera a punto de revelar el
secreto mejor guardado del mundo. Y antes de que pudiera preguntar, la extraña comenzó a desatar con
dificultad el nudo en su cuello que le ataba la larga capa.
Todavía no tocaba el suelo la tela cuando las vaporosas alas se extendieron por el aire libres de lo que
las aprisionaba.
—Ah, se siente tan bien ser libre al fin —se estiraba dando un par de aletos en el suelo.
La anonadada mirada de Umi no se apartó del rojo plumaje; con la boca abierta, sintió el fresco del aire
que llegaba producto del aleteo, incluso ya se estaba imaginando lo que sería volar libre por el cielo
con tan increíbles alas.
—¿Qué eres? —preguntó sin pensar, esas fueron las primeras palabras que le dedicó.
—¿Mmh?
—Todoroki Umi —respondió sin dudar, solo para arrepentirse unos segundos después al ver la
expresión de la niña.
Era evidente por el gesto en su cara que había reconocido su nombre. Nuevamente, no supo si asustarse
o no por ello; ahora sabía que había gente a la que no le agradaba del todo, ¿qué podrían hacerle si
supieran lo que era en verdad?
—¿Todoroki Umi? Entonce tu eres el hijo de mi hermano —señaló dejando sin palabras al más joven,
ella lo noto—; ah, cierto, tu no me conoces porque aún no nacías cuando yo me fui de acá. —Las risas
nerviosas eran acompañadas de un tenue aleteo que rozaba más el suelo que otra cosa—. Espera, ¿eso
quiere decir que tus papás y hermanos están por aquí?
—Bueno...
—¡Es genial! ¡Siempre quise conocerlos a todos en persona! —exclamó buscando por todos lados—.
Las cartas que leía no decían mucho, a menos que las escribiera Izuku, de todos modos no lo recuerdo
bien, sabes, yo era muy joven cuando nos presentaron.
Y mientras ella seguía hablando y buscando, Umi se mantenía anonadado entre la arena, buscando
entre sus memorias alguna recuerdo en el que le hablaran de Yuriko. Pero eran muy vagos los
pensamientos en que vio a sus padres leyendo o escribiendo cartas, como sabría cual de todas eran de
ella si ni siquiera prestaba atención; siendo tan pequeño, el solo quería ir a jugar.
—Oye, ¿seguro que están aquí contigo? No logro ver nada —Yuriko le distrajo.
—No, no están conmigo —dijo al fin para que parara la inútil búsqueda —. Yo... me perdí, ellos deben
estar en el castillo... espero —susurró lo ultimo para sí, agobiado de que pudieran descubrir su ausencia
y pensando en que algo malo le pudo haber pasado.
—Bueno... En ese caso Rumi y yo vamos para allá, podríamos ir los tres si quieres —sugirió—.
Después de todo no podemos celebrar sin la persona que cumple años, ¿no?
Umi le devolvió la sonrisa luego de mucho, ¿cómo pudo olvidar su próximo cumpleaños?
—Gracias —dijo para intentar ponerse de pie—. Ah, olvide que aún no puedo caminar —salió su voz
llena de sorpresa al verse las escamas brillantes.
—Uhhh...
Yuriko se colocó en cuclillas para verle más de cerca; estaba curiosa, y esa curiosidad incomodo un
poco a Umi.
—No hay problema, espera aquí en lo que voy por Rumi, ella seguro tiene tela extra para secarte y
ponerte. —Se levantó decidida ante su gran idea—. No te vallas a ir al mar, ya vuelvo —gritaba en lo
que recogía la capa antes de ponérsela y correr a donde las palmeras.
Umi se quedó donde estaba. Ella sin duda era algo escandalosa aunque de buenas intenciones, pero
estaba agradecido de haberla encontrado, hubiera sido un real problema quedarse solo en medio de la
nada; él no conocía esos lados y seguramente solo se hubiera perdido unas diez veces antes de
encontrar el camino a casa.
Se rió de su fortuna antes de dejarse caer nuevamente en la arena. Aspiro la salada brisa viendo el azul
del cielo y se dejó ir entre su pensamiento. Lo más seguro era que les tomaría un rato en volver al
castillo.
—Perdón —dijo a quien no podía escucharlo, era su disculpa a Izuku, quien seguramente estaría triste
de no saber de él en un rato. Nunca fue su intención preocuparle ni ponerlo triste; solo esperaba llegar a
casa antes del anochecer.
Nunca fue su intención preocuparle ni ponerlo triste; solo esperaba llegar a casa antes del anochecer
La puerta se abrió de sorpresa dejando entrar al agitado hombre.
—¿Encontraron algo? —cuestionó sin perder tiempo poniéndose de pie cargando al tranquilo Hotaro.
Para ese entonces, su angustia era insufrible.
—No, lo lamento —negó no atreviéndose a mirarlo a los ojos; fue todo lo que necesito decirle para que
todos entendieran que no había novedad.
Midoriya no tuvo el valor para cuestionar más; dejó que aquel soldado siguiera hablando, respondiendo
una a una las interrogantes de Katsuki y Mina en lo que él volvió a sumergirse en su pesar. Como ido,
regresó a sentarse en el mullido sillón con el bebé en brazos; lo acomodo en su regazo, y le sonrío a
pesar de querer ponerse a llorar, pero que no hacía para no asustarlo.
Hotaru que no alcanzaba a comprender la situación, solo balbuceaba y estiraba sus manitas hasta su
cara entre risas que casi nunca le regalaba; aquello le daba consuelo a su corazón, pero no podía
espantar sus demás miedos. Miedo de pensar a Umi herido y asustado... miedo de imaginar que no
volver a ver a su pequeño nunca más.
Las malas premoniciones no dejaban de acumularse entre sus ideas, cada una peor que la anterior. Y es
que incluso antes de que las niñas y los guardias llegaron a la casa del pueblo con tan malas nuevas, él
no dejó de sentir aquella intrusa molestia en su ser, esa misma que le gritaba que algo no iba del todo
bien.
Ahora podía entenderlo: Umi había desaparecido y nadie sabia más nada de él.
El rey ya había sido avisado de esto, por lo que apenas Katsumi y Hinami explicaron como y donde fue
la última vez que lo vieron, los guardias fueron organizados y enviados a cubrir la búsqueda por toda la
costa de Yuuei. Otros más tomaron balsas para inútilmente buscar en alta mar.
Izuku también había hecho su parte por la orilla de la playa, aunque fue devuelto por Shōto al castillo
poco después de un rato de desesperados gritos e insistente búsqueda. Y aunque el carácter terco de
Izuku le pedía porque siguiera intentando hasta hallar a su hijo, el heterocromático insistió en que debía
volver y cuidar de Emma y Hotaru quienes seguro estarían asustados; le prometió que él iría por Umi y
no descansaría hasta traerlo de vuelta a sus brazos. En otro tiempo a Izuku le habría importado nada la
palabra de Todoroki y se habría tirado de lleno a la búsqueda de su hijo, pero tambien era cierto que sus
otros hijos le necesitaban. Por eso, esta vez hizo caso. Confiaba en Shōto, eran un equipo después de
todo, y estaba seguro de que él también haría hasta lo imposible para encontrar a Umi. Es lo que los
padres hacen después de todo, su trabajo es mantener a salvo a sus niños.
—Mamá, ¿cuándo volverá mi hermano? —le preguntó de pronto Emma aburrida de estar jugando por
el piso del salón sin molestar a nadie; después de todo, Katsumi y Hinami estaban demasiado tristes
como para querer jugar con ella.
Las mellizas ya se habían disculpado con Izuku por llevarse a Umi a la playa sin permiso, aunque el
peliverde no las culpaba de nada, Katsuki si que las había reprendido y castigado porque de algún u
otro modo, también llegó a enterarse de lo que Katsumi le hizo en la oreja a un inocente niño —o es lo
que alegó la madre.
Decaídas, es que ahora se hallaban sentadas por las sillas junto a una mesita de té; Hinami sollozaba en
silencio —o eso intentaba, porque sus hipidos bien podían distinguirse de vez en cuando—, mientras
Katsumi apretaba fuerte la tela en su regazo, aguantándose las lágrimas porque según ella, las hermanas
mayores no lloran.
—Papá lo traerá de vuelta pronto —respondió Izuku suave acariciando el despeinado cabello. Emma
no dudo en dejarse hacer, regalándole algunas carcajadas antes de abrazarlo cuidando no aplastar a su
hermano.
De verdad que deseaba que Todoroki atravesara esa puerta antes del anochecer junto a Umi.
Nuevamente su instinto le decía que Umi no estaba en tierra firme; las niñas dijeron que él nunca las
alcanzó en el agua, pero que su ropa y zapatos si estaban en la playa. Se sentía aterrado de solo pensar
en lo que podía pasarle sin haber terminado de enseñarle a nadar; si tan solo lo hubiera llevado antes al
mar, tal vez ahora no estaría perdido.
—¡Si! —obediente, volvió a sus muñecos y tazas a continuar imaginando. Esta vez La pelorosa se le
unió.
En cambio, Izuku se levantó para dejarle a Hotaru a Kacchan quien ya había terminado de hablar con el
guardia que estaba por retirarse.
El bebé lejos de tenerle miedo por los gritos de en la mañana, aparentaba cierta fascinación por el tritón
rubio... o quizá solo era curiosidad.
El rubio aceptó al bebé algo desconcertado, el pequeño de inmediato se acomodó por su hombro como
si quisiera ponerse a dormir. Pero algo en el tono de voz de Midoriya no le gusto a Bakugo.
—¿A dónde piensas ir, Deku? —Le detuvo a punto de abrir la puerta.
—Solo quiero nadar un rato —confesó cabizbajo, no se atrevió a mirar atrás esperando que creyeran
que se dirigía a la pileta del castillo, pero Katsuki no era tan fácil de engañar.
—Crees que pudo haber sido arrastrado por alguna corriente. Que en verdad si entro a nadar, ¿verdad?
—afirmó, y de inmediato Izuku volteo a verle sorprendido de que supiera lo que pensaba hacer: ir a
buscarle al océano él mismo—. Iré yo, tú cuida a los niños.
—¡Iré yo, dije! —levantó la voz lo suficiente para detener en su lugar a Izuku y hacer quejar al bebé en
sus brazos.
—Ch-chicos, no pelen, ¿si? —Mina se levantó al oír el alboroto e intentó inútilmente arreglar lo
incómodo de la situación. Las niñas estaban atentas a lo que a sus ojos parecía ser una riña; Emma
estaba un tanto asustada—. Calmemonos un poco, o las niñas se asustaran.
Bakugo chasqueo la lengua, no quería causar más problemas, solo tenía la intención de ayudar en algo
ya que fueron sus hijas las que arrastraron a Umi en todo eso —aunque el niño también había tenido
cierta culpa, pero no se iba a poner a decirlo así como estaban las cosas—, por eso esperaba que el
molesto de Deku cerrara la boca y aceptara su ayuda de una buena vez. Estaba siendo demasiado
amable, que valoraran eso.
—Soy mejor que tú nadando, si algo le paso en el agua, yo podré rastrearlo mejor.
Su excusa pareció convencer a todos, Izuku estaba por agradecer y tomar a Hotaru en brazos cuando la
puerta fue abierta con violencia por un Kirishima desesperado pero extrañamente sonriente.
—¡Lo encontramos!
—Izuku —apareció por detrás Shōto seguido de un montón de guardias, y de entre ellos una pequeña
figura emergió para correr dentro de la sala.
—¡Papi!
—¡Umi!
Se agacho para recibirlo gustoso en brazos y le estrujó con sumo cuidado, hundiendo su nariz entre el
hueco de su cuello, agradecía silencioso el volver a tenerlo a su lado.
—¡Hermano volviste, volviste! —Emma saltaba alrededor, contenta de ver a todos tan felices. Katsumi
y Hinami también corrieron a su encuentro, ambas estaban aliviadas de verle bien; incluso la más
pequeña de las mellizas se permitía llorar fuerte y sonora sin restricción alguna.
—Gracias a Poseidón que estas bien —arrullaba Izuku con los ojos bien cerrados aguantando el llanto
que Umi no pudo contener.
—Shh, shh, esta bien, esta bien —consoló antes de separarse lo suficiente para ver algunas de las gotas
saladas por sus mejillas—. ¿Te duele algo? ¿Estás herido? —preguntó apurado mientras limpiaba las
saladas gotas con la tela de su camisa, para después buscar apresurado con la mirada cualquier indicio
en el cuerpo de su hijo que confirmara que su llanto era porque le dolía en algún lado.
Mas en cambio solo recibió una negativa silenciosa de Umi, quien luego de tener la cara seca cortesía
de su papá, volvió a tirarse a sus brazos para así continuar abrazados.
—Menos mal lo encontraron —hablo aliviada Mina, quien se sostenía el pecho aliviada de ver a
Midoriya de nuevo con su hijo.
—En realidad, fue él quien nos encontró a nosotros —aclaró Kirishima algo apenado cuando escucho a
su amiga. Sus palabras no tardaron en captar la atención de Bakugo, Mina y las niñas, quienes le
miraron esperando a que continuará explicando; y aunque Izuku también quería oír más, no dejo el
abrazo de su hijo.
—¿Cómo? —inquirió la de mechones rosa.
—Si. Umi ya estaba volviendo al castillo cuando Todoroki, yo y los demás guardias lo encontramos
más allá de las playas de Eiyuu.
Todos se asombraron de lo que contaba el pelirrojo. Izuku se separó finalmente de Umi solo para verlo
frente a frente; todavía lo mantenía entre sus manos, sosteniéndolo por los delgados brazos su
expresión de asombro dejó algo confundido al niño que no prestaba mucha atención a lo que decían.
—¿Es cierto eso, Umi? —preguntó curioso y un tanto contento de que estuviera tan sano como para
volver por su propio pie a casa; sin duda alguna estaba orgulloso de su valiente hijo. 3
Umi no decía nada, todavía seguía hipando por culpa de su pasado llanto; entonces Shōto decidió
intervenir y explicar las cosas.
Se acerco a donde Izuku y acarició la cabeza de Umi para asentir por él.
—Por suerte Mirko y Yuriko venían en camino al castillo cuando se encontraron con él en una playa.
—Papá, ¿quiénes son? —preguntó Katsumi tirando de la tela de Bakugo; el rubio apenas y recordaba
algo de esos nombres, así que se quedo pensativo palmeando la espalda del bebé que seguía dormido
por su hombro en lo que Kirishima le veía sonriente.
—¿Umi tiene otra tía? —esta vez fue Hinami la que más calmada de su llanto, preguntaba sorprendida.
La princesa Emma solo podía ver de un lado a otro tratando de entender lo que decían. Los mayores
rieron ante la aparente sorpresa de las más pequeñas.
—Podrán ir a conocerlas más tarde —prometió el que era rey avanzando a donde Izuku—. Pero antes,
Umi, ¿tienes algo que decir?
Palmeo el hombro de su hijo, quien ya más calmado dejaba de lado sus pucheros para poder hablar.
—Lamento haber ido a nadar sin tu permiso y hacerte preocupar —se disculpó—, no lo volveré a
hacer. Lo prometo, seré más responsable ahora. —Sus ojitos estaban llenos de determinación y
lágrimas retenidas que contrastaban con el puchero de arrepentimiento en sus labios—. Si quieres
castigarme esta bien. —Sorbió su nariz luego de eso.
¿Cómo podría castigarlo al ver lo valiente y responsable que era ese pequeño hombrecito? Finalmente
Izuku pudo dejarse llevar y soltar unas cuantas lágrimas de felicidad; su pequeño estaba creciendo,
aprendía de sus errores pero no huía de las consecuencias. Sonrió antes de negar pausado con la cabeza
y decir:
—Esta bien, lo importante es que entiendes que hiciste mal —dijo sobando el brazo de Umi—, de
todos modos no puedo castigar a quien pronto cumplirá años.
—Débil. 3
—Blasty.
Kirishima regaño por lo bajo el nada discreto comentario de su pareja que mira con cierta superioridad
al peliverde; Izuku solo se rio junto a Mina, mientras Shōto pareció algo ofendido.
—Oye —llamó Izuku a Umi luego de limpiar sus mejillas con el dorso del brazo—; te enseñaré
algunos trucos en el agua luego —prometió dejando algo maravillado al príncipe—, esta vez te llevare
al mar; creo que será mejor que aprendas ahí.
—¡Si! —Saltó Umi contagiando a su hermana, pues estaba realmente feliz de poder volver a sentir el
mar en su piel.
Izuku finalmente reconoció que tal vez había sido algo sobre-protector con Umi al retrasar sus
lecciones en mar abierto, pero ahora, con todo lo que había pasado ya no podía dejar que sus miedos
detuvieran a su pequeño y al mismo tiempo le llevarán a enfrentarse solo al mundo. Si no quería
prohibirle vivir por lo peligroso que pensaba podía ser, lo mejor era enseñar para que pudiera
defenderse bien.
—Bueno, bueno —mencionó entre ligeros aplausos Mina para calmar el alboroto—. Ahora que las
cosas están mejor, ¿por qué no vamos a ver a Yuriko? Yo nunca pude conocerla.
—¡Si! Yo quiero conocer a mi nueva tía —Emma reía emocionada tomando de la mano a su papá de
cabellos bicolores en lo que cargaba una muñeca de tela con su mano libre.
Sin más opción, el rey de Yuuei se vio obligado a seguir a su pequeña princesa, no sin antes echar una
rápida mirada a Izuku y Umi para que también le acompañaran. Y sin falto de palabras, Midoriya se
levantó tomando de la mano a Umi y así encaminarse a donde se habían quedado Mirko y la pequeña
halcón para estar más cómodas.
Los demás no perdieron el tiempo, también querían conocer a la pequeña que escapó del reino a la
partida de Enji Todoroki; además, ansiaban volver a ver a Mirko.
Bakugo caminaba atrás de ellos más preocupado en que el durmiente Hotaru no se despertara por los
molestos mimos que Kirishima le hacía a sus mejillas; Mina iba junto a ellos aguantándose la risa por
ver al pobre pelirrojo ser espantado como vil mosca del lado del rubio tritón.
Cuando llegaron a la otra habitación luego de pasar por un largo corredor bien iluminado por el claro
del día que se colaba por el ventanal, las presentaciones y abrazos comenzaron.
Mirko mimo a Emma y Hotaro como lo hacía con Yuriko o el pequeño Shōto de 4 años —a quien
conoció cuando recién comenzaba a trabajar en el castillo—; beso y estrujo sus mejillas, incluso
repartió algo de su emoción a las dos pequeñas curiosas que se ocultaban tras las piernas de Kirishima,
y alcanzó nuevamente a Umi que trataba de escapar asegurando que él ya había tenido su parte de
mimos cuando lo encontraron en la playa.
Aunque todo era algarabía, a Yuriko le costó más acoplarse al familiar ambiente. Para ella quien creció
aislada mientras estuvo en Yuuei, todos salvo Mirko eran unos extraños a conocer; claro que también
reía y jugaba gustosa —algo que heredó sin saber de Hawks, era su facilidad de encajar aquí o allá.
Era todo tan diferente de casa, que estaba fascinada por todo. Poco a poco y silenciosa, Yuriko hallaba
las respuestas que fue a buscar y tomaba sus decisiones.
En primer lugar solo estaba ahí por curiosidad; el mundo humano más allá de las montañas siempre fue
algo que le generaba cierta intriga, más aún sabiendo que uno de sus padres fue alguna vez uno; por eso
mismo anhelaba saber más de donde provenía, de los que decían ser su familia a través de cartas.
Pero ahora que estaba allí, algo en ella se sentía no encajar; no es que la trataran mal ni mucho menos,
a decir verdad le encantaba toda esa nueva atención... pero no le gustaba esconder sus alas bajo la
estorbosa y calurosa tela de su capa, tampoco estaba de acuerdo con que no pudiera volar de aquí para
allá solo para moverse de un punto a otro, no entendía por que su mera existencia la ponía en peligro
por más que Mirko se lo explicara. De cierta forma, en ese nuevo mundo se sentía como si la
aprisionaran... Como si no le dejaran ser ella.
Era tan extraño, solo llevaba un par de días en esas tierras, pero ella ya quería volver a casa. A su casa
de las montañas, más allá donde los hijos de Horus eran realmente libres de ser quien eran.
Si, su respuesta había sido encontrada. Rechazaría esa propuesta de su hermano para vivir con él y
apenas terminara la celebración del cumpleaños de Umi le pediría a Mirko regresar a las montañas.
Y aunque aquello ya estaba decidido, no iba a dejar pasar la oportunidad de saciar su curiosidad con los
humanos y su historia lo más que le fuera permitido con su reducida libertad.
Ahora se hallaba sentada en medio de la sala, por la alfombra roja más allá de la simpática mesita que
pegada a la pared sostenía un florero con preciosos lirios azules, pero ni sus dulces aromas lograban
arrebatar la atención sobre ella en lo que extendía sus alas para que una curiosa Emma pudiera
apreciarlas mejor. Mirko parecía verse orgullosa de lo bonita que estaba creciendo Yuriko, Izuku no
dejaba de hacerse una y mil preguntas en su cabeza, con las cuales no creía correcto atosigar a la
pequeña, por lo que ocultando su boca tras la palma de su mano murmuraba cientos de ideas; más
calmado, Bakugo veían con cierto respeto el rojo plumaje, pues para seres míticos como ellos, ella era
como una descendiente directa de los dioses.
El pequeño Hotaro que ya había despertado se arrastraba como podía por la alfombra; el también quería
ver más de cerca aquel rojo que se ondeaba en el aire, las suaves plumas le causaban curiosidad. De
cerca estaba Shōto cuidándolo.
Pero el bebé no era el único entusiasmado con lo sorprendente de las alas de Yuriko; por desconcertante
que fuera, Kirishima y Mina estaban igual de emocionados haciendo una y mil preguntas en lo que se
les escapaba uno que otro halago para la niña que apenada se cubría entre sus plumas. Bakugo resollaba
frustrado masajeando su cien en busca de paciencia ante el infantil actuar de su esposo. En cambio
Izuku solo podía dejar ir sus risas nerviosas interrumpiendo su murmuro. De cuando en cuando,
observaba el balcón donde Umi y las mellizas parecían estar hablando muy seriamente para ser unos
niños tan pequeños.
Aunque ninguno de los presentes se habían resistido a los encantos de Yuriko, fue Katsumi quien en un
momento llamó a su hermana para que con Umi fueran a hablar lejos del escándalo. Tanto Izuku, Shōto
y Bakugo notaron aquello, pero no se atrevieron a interrumpir en sus asuntos, más se mantuvieron
vigilantes.
Mientras en medio de la habitación Yuriko era la adoración, en el balcón los tres niños se mantenían
callados ante el imponente oleaje del mar en el acantilado.
—Umi... —fue Hinami la primera en hablar, su hermana estaba al lado mirando al infinito mar que se
permitía ver desde su lugar, ambas se hallaban apenadas, pero cada una a su manera—. Queríamos
pedirte perdón por llevarte a la playa y causarte problemas.
Las disculpas eran sinceras; las miradas apagadas y ocultas entre el piso lo hacían constar. Umi se
quedó un tanto confundido por la disculpa que no dijo nada, más su cabeza se inclinó dudoso al no
entender.
Katsumi fue la primera en verle a la cara al no escuchar respuesta, pero sabiendo como era, prefirió no
decir ni un comentario que seguramente arruinaría su intento de disculpa. Por ello, prefirió dar un
pequeño golpecillo por el hombro de su hermana para que continuara hablando.
—¡Ah! —Alzó la mirada por la sorpresa, solo para encontrarse con la misma expresión de asombro
entre los iris bicolores—. ¡Por favor no te enfades con nosotras!
Sus ojos se apretaron fuerte y sus manitas se aferraron a la tela de su playera. De verdad que se sentía
arrepentida de todo lo que pasó; Katsumi estaba igual, ninguna quería perder a su amigo por culpa de
sus travesuras.
Pero no podían estar más equivocadas. Umi estaba encantado con su amistad, y aunque a veces eran un
poco intensas, le contagiaban de ese alocado instinto de curiosidad y rebeldía que todo infante llega a
tener alguna vez. Por eso sonrió apacible y negó de inmediato antes de decir:
—No tengo nada por que enfadarme con ustedes. También fue mi culpa todo lo que paso; si no fuera
tan asustadizo les habría dicho que apenas estaba aprendiendo a nadar... no debí dejar que pensaran que
tenía algo para enseñarles.
Ahora era él quien se sentía apenado, claro que lo ocultaba bien con sus risas, mismas que ponían
felices pero al mismo tiempo desconcertaban a las mellizas que se miraban entre sí buscando
respuestas.
—¿Se volvió loco? —susurro Katsumi a su hermana, quien no supo que responder y prefirió ir directo
a preguntar.
—Umi. Entonces... ¿Seguimos siendo amigos? —Ambas niñas le miraron a la espera del veredicto;
Katsumi se ocultaba tras Hinami, aunque era la más valiente, no quería ser ella la primera en recibir la
negativa de Umi en caso de ser así.
—¿Eh, que dices? Si siempre lo hemos sido —río terminando con cualquier rastro de culpa que las
niñas pudieran tener, contagiándoles de esa tranquila alegría que desprendía.
Ahora comprendían que Umi nunca guardo ni un poco de remordimiento por sentir que le obligaban a
hacer algo que no quería, es más, ahora ni siquiera se sentían como que le hubieran obligado a algo; así
que se dejaron llevar ellas también para ponerse a reír junto a Umi.
El escándalo podía escucharse bien desde dentro. Bakugo parecía indiferente, pero Midoriya guardaba
una risilla entre sus labios; Shōto en cambio no apartaba su curiosa mirada de donde el balcón mientras
sujetaba a Hotaro para que no fuera a tirar muy fuerte de las alas de Yuriko.
—¡Ah!, Katsumi, Hinami —llamó Kirishima cuando se percató de sus risas—, vengan rápido, Yuriko
nos contara de su hogar, ¡¿no es eso increíble?!
El pelirrojo lucía más emocionado que cualquier otra persona —incluso que la pequeña Emma—, por
ello, las niñas dedujeron que si emocionaba tanto a su papá, no podían privarse de escuchar de todas
esas nuevas anécdotas.
La primera en correr fue Hinami seguida de Katsumi; se acomodaron por la alfombra frente a Yuriko,
una a cada lado de su papá, los tres Kirishima reflejaban la emocionó en sus característico ojos carmesí.
Ansiosos estaban por que las historias empezaran de una vez. Umi vino después a sentarse junto a Mina
y su hermana en los brazos de Mirko, parecía que ellas estaban un poco más calmadas, pero lo cierto es
que también morían por escuchar a Yuriko.
Y nerviosa por toda esa nueva atención, Yuriko comenzaba a hablar dejando boquiabiertos a los más
pequeños —y a Eijiro— con apenas tres palabras. Izuku se acercó para sentarse al lado de Shōto y
recargarse en su hombro; el gesto fue bien recibido por el rey de mirada dispar, quien se quedó en su
lugar permitiendo que Hotaru gateara a los brazos del peliverde tritón para acomodarse en su regazo.
Por ahora, el rey Todoroki no tenía nobles que atender ni algún tratado que firmar, así que podía
quedarse todo lo que quisiera al lado de Izuku y sus hijos, escuchando los mágicos relatos de su
hermana antes de que volviera a su hogar lejos de toda la humanidad.
Katsuki también fue a sentarse a una silla junto a la puerta del balcón, de vez en cuando mirando al
infinito azul de las olas.
Es así como poco después llegaría el día de la gran fiesta en Eiyuu, el día en que se conmemoraba el
cumpleaños del príncipe Heredero
Es así como poco después llegaría el día de la gran fiesta en Eiyuu, el día en que se conmemoraba el
cumpleaños del príncipe Heredero.
No faltaron los espectáculos ambulantes, ni la deliciosa comida; en fechas como esta era cuando podías
encontrar los mejores dulces, mazapanes y exóticas frutas de gran dulzor. Claro que tampoco faltaba la
carne y el buen licor, los banderines de verde y azul ondeaban por las calles del pueblo mientras los
juegos de fuerza y destreza entre los campesinos se llevaban a cabo en los campos de pastar como se
acostumbraba hacer.
Todos se divertían a lo grande como era de esperarse cada que había una celebración importante. 2
Umi pudo pasear toda la mañana con su familia por el pueblo para más tarde ser consentido por su
abuela Inko; la regordeta mujer no perdía oportunidad en traerle tesoros del mar a todos sus nietos cada
que los visitaba, y esta no sería la excepción. Con ella también venían su tía Mitsuki, Tsuyu, Momo y
otros amigos de Izuku; como siempre, Umi se robaba la atención de las lindas sirenas aunque no lo
quisiera —puede que su tormento estuviera por terminar, ya que ahora Hotaro y Emma también
alcanzaban a robar la atención de todos. Era gracioso saber cuántas envidias despertó Umi y ahora un
bebé entre los desdichados Sero, Tetsutetsu y Kaminari, que morían por ser rodeados de tan bellas
damas. 1
Y cuando Umi pudo liberarse de todo ese empalagoso amor, se escabulló con las Mellizas y Haruno —
su primo y príncipe de Idaten—, para poder jugar un rato en los jardines del castillo. Claro que antes
saludo a Ochako e Iida que venían acompañando a su sobrino desde tierras tan lejanas. Umi era
demasiado pequeño para recordar cuando esos dos se volvieron pareja, pero estaba seguro de que
formaban una tan linda como sus papás. 2
Aquella tarde de su cumpleaños en la que los mayores seguían en sus charlas de adultos, Umi se estaba
ocultando tras un gran jarrón que estaba por el borde del jardín cerca del acantilado. Empeñado en
ganar el juego de las escondidas, hizo señales a los guardias que les vigilaban desde los balcones y
entre los pequeños matorrales de lilos para que no le delataran al mirar tanto a donde estaba. Así que
los pobres hombres hacían lo posible por estar al pendiente de todos sus movimientos aunque fuera
viéndolo de reojo para no ser burlados como sus otros compañeros, pues ninguno quería ser degradado
de rango por no hacer bien su trabajo de cuidar al príncipe heredero.
Luego de comprobar que no le delatarían con sus insistentes miradas, Umi pudo acomodarse mejor en
su incómodo escondite. Estaba tan cerca del mar, que en ese atardecer podía apreciar bien el rielar
dorado sobre el suave mecer del agua.
¿Cómo sería estar bajo ella en esos momentos? ¿Qué nuevas tonalidades tendría el cielo marino al
atardecer? ¿El agua sería tan cálida como ahora se sentía bañado en los últimos rayos de sol?
Su imaginación voló dejando una soñadora sonrisa en sus labios; apartado en su mundo, no escuchaba
los gritos de Katsumi quejándose de ser descubierta tan pronto por Haruno.
El divertido escándalo de la pequeña Kirishima se oían hasta el balcón del castillo, donde un peliverde
cuidaba en secreto al pequeño de cabellos blancos y mechón verde que seguía soñando escondido tras
un jarrón del jardín. Luego aparecería el rey Todoroki para abrazarlo por la espalda mientras le
susurraba al oído la proeza que había lograr al hacer comer a Hotaro toda su papilla y a Emma sus
vegetales; los pequeños Todoroki ahora jugaban felices por la sala con su abuela Inko, en lo que Shōto
estaba en busca de un beso de recompensa que no le fue negado.
Así, entre besos y caricias se quedaron a contemplar la puesta de sol en lo que Umi al fin era
descubierto por el príncipe de Idaten, dejando que las carcajadas de Katsumi se oyeran con más fuerza
ahora que no era la única en perder. Sólo faltaba Hinami en ser descubierta, aunque ya era seguro que
había ganado el juego.
Por donde quiera que lo vieran, era esa una magnifica postal.
Sí, Umi se divertía en grande cada 3 de Abril. Su día más feliz del año tal vez... Pero con cada fiesta
que pasaba, el pequeño príncipe crecía también. Era nostálgico pensar que algún día esos momentos de
inocente infancia serían solo bellos recuerdos, y nada más.
Pero si de algo se puede estar seguro, es de que Umi crecería para convertirse en un hombre fuerte,
sabio y justo; rodeado de amor, y de retos... Quien sabe las mil maravillas que le deparaba el futuro al
principito del mar.
La vida era demasiado hermosa y corta. Y aunque a veces se ponga gris, Umi no se daría jamás por
vencido. Como la fuerte corriente que lo arrastra al fondo y se siente morir, él encontraría la manera de
salir a flote, para algún día poder escribir su historia... para algún día, ser sempiterno. 6
Fin.