Pedro Cubero Sebastián: Viaje a Polonia 1674
Pedro Cubero Sebastián: Viaje a Polonia 1674
(Uniwersytet Warszawski)
Title: The Aragonese Missionary Pedro Cubero Sebastián in Poland: an Account of the Journey
Undertaken in 1674
Abstract: The present article analyzes the chapters XVII and XVIII of the Breve relación
de la peregrinación que ha hecho de la mayor parte del mundo don Pedro Cubero Sebastián,
concerning the Aragonese missionary´s visit to Poland, in the light of the travel narrative
theory. Taking into consideration the fundamental characteristics of the genre we focus
on the documentary value of the book, as well as on the organization of its discourse. Paying
attention to the geographic coordinates and descriptions of the places visited by the traveler, we
present the detailed map of his route. We also concentrate on the country’s and its inhabitants’
image, that spreads throughout the book, in order to compare it with testimonies of the epoch
and historical documents concerning the political situation in the Kingdom of Poland
in the second half of the seventeenth century. Additionaly, we note the nuclei around which
the author organizes the narrative material and clarify the role of these episodes in his relation.
Pedro Cubero Sebastián (1645-1696) ocupa un lugar destacado entre los viajeros europeos
del siglo XVII. Es uno de los pocos que llegaron a dar la vuelta al mundo1 y el primero
en realizar su periplo en sentido inverso al tradicional, es decir, del oeste al este. Ex-dis-
cípulo de los jesuitas de Zaragoza, tras cursar los estudios de Teología en la Universidad
de Salamanca, se ordenó sacerdote para marcharse en 1670 a Roma, donde la Congrega-
ción de la Propaganda Fide le confirió la misión de visitar las comunidades de los cris-
tianos de Oriente. Nombrado en febrero de 1671 por el papa Clemente X “Predicador
Apostólico de las Prouincias Fochien, Quantum, Chamsi, de las islas Aynan del Reino
de la China, y de todas las Indias Orientales” (Cubero Sebastián 1680: 104), emprendió
un largo viaje para abrir nuevos caminos a los misioneros católicos en Asia. Recorrió Italia,
Alemania, Hungría, Constantinopla, Transilvania, Polonia, Lituania, Moscovia, Persia,
la India, Malaca, Filipinas, Nueva España, para regresar al cabo de ocho años a la Penín-
sula Ibérica y recoger sus memorias en la Breve relación de la peregrinación que ha hecho
de la mayor parte del mundo don Pedro Cubero Sebastián, publicada en Madrid en 1680.
Según sostiene Encarnación Sánchez García, Cubero Sebastián dedicó la primera
edición de su obra al rey Carlos II con el fin de obtener un reconocimiento oficial de su
viaje y gratificación económica de la corte española. La estudiosa atribuye una finali-
dad similar a la aparición, dos años más tarde en Nápoles, de la segunda edición corre-
gida del libro, intitulada Peregrinación del mundo del doctor D. Pedro Cubero Sebastián,
predicador Apostólico. Con ella el autor iba a buscar en la sede papal una recompensa
por la expedición realizada por encargo de las autoridades eclesiásticas, a las que debió
de decepcionar por no haber llegado a su destino, es decir, a las regiones chinas de Fú-
jiàn, Cantón o Saanxi (Sánchez García 2011: 217-218). La inmediata traducción italiana
de la Peregrinación del mundo a cargo de Francisco Antonio de la Serna, impresa en Ná-
poles en 1683 (cf. Arco 1947: 241-242 y Sánchez García 2011: 224-226), así como su tercera
edición castellana, que salió en Zaragoza en 1688 bajo el título Peregrinación que ha he-
cho de la mayor parte del mundo don Pedro Cubero Sebastián, permiten ver el éxito que
la relación del aragonés llegó a alcanzar entre el público áureo curioso de novedades.
El que las hazañas del sacerdote despertaran gran admiración entre sus contemporáneos
lo corroboran también los poemas laudatorios de Pedro Calderón de la Barca y Juan Ma-
tos Fragoso, que abren cada una de las ediciones castellanas de la obra, así como la cen-
sura de la princeps madrileña a cargo del cronista de Aragón, Félix Lucio de Espinosa
y Malo, quien compara el itinerario del misionero con los de Ulises, Alejandro Magno
y hasta del mismo Colón.
Las aventuras de Cubero Sebastián volvieron a suscitar el interés de la crítica a me-
diados del siglo XX, cuando Ricardo del Arco (1947: 217-242) y Ciriaco Pérez Bustamante
(1955: 173-195) dedicaron los primeros estudios a su impresionante periplo. Clasifica-
da dentro del amplio conjunto de libros de viajes, situados a caballo entre la literatura
y la historiografía, la obra del aragonés desde el principio ha sido objeto de investigacio-
nes orientadas a examinar su dimensión testimonial. La resalta el mismo editor moder-
1 Entre sus famosos antecesores cabe recordar a Fernando de Magallanes (1480-1521) y Juan Sebastián El-
cano (1476-1526), los primeros en circunnavegar el mundo, así como al aventurero Pedro Ordoñez de Ce-
ballos (1547/1550-1634/1635), autor de una relación autobiográfica Viaje del mundo (1614).
El misionero aragonés Pedro Cubero Sebastián en Polonia: un relato del viaje realizado en 1674 265
el narrativo, que incita en el lector más el afán de contemplar la realidad reflejada que la cu-
riosidad por el desenlace final de la relación (1997: 14, 28). Aunque su eje central lo cons-
tituye la historia de lo sucedido durante la peregrinación, los frecuentes altos orientados
a dar pormenores de las regiones recorridas rompen la estructura lineal de la narración
y retardan considerablemente su ritmo, apartando al receptor del hilo conductor de la ac-
ción. La descripción minuciosa abarca todos los ambitos posibles: los lugares visitados,
naturaleza y costumbres de sus habitantes, variedad de la fauna y flora y responde al es-
quema de la figura retórica de la evidentia, cuyo propósito consiste en ofrecer una ima-
gen creíble de las cosas, ponerlas ante las ojos del lector de modo que se las represente
mentalmente (cf. Carrizo Rueda 1997: 51 y Alburquerque García 2006: 71).
En el transfondo del texto del aragonés está la función de docere (cf. Spang 2008: 26),
que consiste en dar noticias sobre las tierras lejanas y poco frecuentadas por los españo-
les. La estrategia informativa, que el autor desarrolla en su obra, permite a Cristina Pani-
zo Pifarré calificarla como “en cierto modo, una guía práctica de viajes en la que además
de señalar lo más destacado de cada lugar, ofrece útiles consejos al viajero” (2005: 3). Por
su parte, José Manuel Herrero Massari señala el doble objetivo con que cumple la rela-
ción de Cubero Sebastián: por un lado, el de trazar un completísimo dibujo de la cris-
tiandad repartida por el mundo y, por el otro, el de dar a conocer el juego de relaciones
internacionales que sustentaban el orden mundial de aquel entonces (1999: 69). El pri-
mero responde de manera natural a su condición de predicador apostólico, responsable
de difundir la verdadera fe, en cambio, el segundo revela su papel de una especie de agen-
te diplomático de la Santa Sede, que se muestra atento a la situación política actual.
Dado el carácter poco exhaustivo de los estudios dedicados a la relación del misionero,
en este artículo proponemos analizar los episodios relativos a su viaje por Polonia3, que
constituye uno de los últimos tramos de su trayecto europeo. El objeto de nuestro traba-
jo será el recorrido que don Pedro realiza desde Cracovia a Varsovia en la primera mitad
del año 1674. Su descripción abarca los capítulos XVII y XVIII de la Breve relación de pe-
regrinación, y los XIX y XX de la Peregrinación del mundo. Cabe señalar que la segunda
edición, además del cambio de numeración de los capítulos, presenta unas diferencias
con respecto a la princeps también en su longitud y contenido. En la versión napolitana
el relato de Polonia cuenta con doce en vez de catorce páginas, prescinde de varios co-
mentarios y suprime completamente una anécdota de un crimen cometido en Varsovia.
En vista de estas carencias, a diferencia de otros investigadores, en este artículo nos ceñi-
3 Pedro Cubero Sebastián no es el primero en ofrecer al lector español informaciones detalladas sobre
el Reino de Polonia. Las recogen escritos italianos publicados en la centuria anterior tales como la Relatio-
ne delle cose di Polonia intorno alia religione (1565), del nuncio papal Giulio Ruggieri, y Relationi univer-
sali (1595), del jesuita Giovanni Botero, accesibles en el siglo XVII también en su versión castellana. Entre
los textos de autoría española que recogen recuerdos de viajes por Polonia destacan la Embajada de don
Francisco de Mendoza, Almirante de Aragón por don Philipe Segundo rey de España, al Rey de Polonia
(1597), la autobiografía picaresca Vida y hechos de Estebanillo González (1646), y una relación de 1670 que
Cezary Taracha atribuye al conde Fernán Núñez (1995: 197). De los asuntos políticos polacos tratan tam-
bién los extensos pasajes de la Monarchia Ecclesiastica o Historia universal del mundo (1576, 1588), de Juan
de Pineda, la Historia general del mundo (1601-1606), de Antonio de Herrera y Tordesillas, así como la Ter-
cera y Quarta parte de la Historia pontifical y catholica (1609, 1613), de Luis de Bavia.
El misionero aragonés Pedro Cubero Sebastián en Polonia: un relato del viaje realizado en 1674 267
4 La misma información la pone en su relación el conde Fernán de Núñez (cf. Taracha 1995: 201).
5 Localidad lituana de Kadzyń, situada cerca de la frontera con el Gran Ducado de Moscovia, errónea-
mente identificada por Ramón Alba Sanz con Andrúsovo (2006: 100).
la abundancia de miel, que las abejas fabrican en troncos y no en colmenas como en Espa-
ña y, aludiendo a su propia experiencia, nota que los polacos elaboran a base de miel una
bebida suave, que en grandes cantidades emborracha como el vino. Igual que el italiano,
observa la ausencia de viñedos en Polonia y añade la información sobre la mala calidad
de la cerveza polaca en comparación con la alemana e inglesa porque le falta la hierba
llamada lup (¿levístico?). Coincide con Botero al describir los cultivos de lino y cáñamo,
así como la cría de ganadería bovina y ovina, pero cuestiona su opinión con respecto
a las cabras evocando sus propios recuerdos: “vi en ella pocas cabras; tengo para mi, que
como las cabras sean inclinadas a andar por peñascos, y riscos; allí no los hay, por ser
toda tierra llana, como he dicho” (153-154). Para terminar, confirma las palabras del je-
suita al reconocer que vio en Polonia una gran cantidad de lagos ricos en peces sabrosos.
Como hemos podido ver, las sospechas de Sánchez García no carecen de fundamento.
Cubero Sebastián efectivamente ensancha sus comentarios con pasajes procedentes de tex-
tos ajenos, pero, al mismo tiempo, pretende actualizar la información que proporciona a sus
lectores, la corrige, si es necesario, y agrega sus propias observaciones. Sin embargo, también
hay casos en que no verifica los datos sacados de los escritos provenientes del siglo anterior
y su falta de actualidad le lleva a incurrir en errores. Eso ocurre cuando presenta Craco-
via, la primera ciudad polaca que visita, como “cabeça del Reyno y Corte del Serenissimo
Rey de Polonia” (154). Es de señalar que la urbe es calificada como “cabeça” de Polonia por
el padre Botero (1603 I: 74) y todavía en la Embajada de don Francisco de Mendoza, Almi-
rante de Aragón por don Philipe Segundo rey de España, al Rey de Polonia, de 1597, pode-
mos leer que es la “ciudad más principal de todo el reino… lugar en que los reyes residen
de ordinario” (Mendoza 1862: 444-445). No obstante, dicha información pierde actualidad
en la centuria siguiente, ya que, debido a los graves daños que el Castillo Real de Cracovia
sufrió durante el incendio de 1595, el rey Segismundo III Vasa decidió trasladar la capi-
tal a Varsovia. Por ello, Estebanillo González, atento a ofrecer en su autobiografía de 1646
las noticias más recientes, no duda en fijar la sede de la corte polaca en Varsovia, mientras
que presenta Cracovia como ciudad “adonde se coronan los reyes de aquel reino” (Gonzá-
lez 1978: 434). También en la relación atribuida al conde Fernán Núñez, fechada entre 1670
y 1673, leemos que Cracovia “fue residencia ordinaria de los Reyes” (Taracha 1995: 201).
En su descripción de la antigua capital polaca Cubero Sebastián sigue, como la ma-
yoría de los autores de los relatos de viajes, el esquema medieval de laudibus urbium6,
informando de la ubicación de la ciudad, su antigüedad, fundadores, monumentos y ferti-
lidad de los campos. Empieza por localizar la urbe a orillas del río Vístula, a poca distan-
cia de las salinas Vacanas Obeliscas7, coincidiendo con Botero en que los polacos sacan
mucha riqueza del comercio de la sal. También evoca la leyenda que identifica al mítico
fundador de la ciudad, rey Craco (Krak), con Graccus, tribuno romano del siglo II a.C.,
a quien erróneamente atribuye el cargo de cónsul. Dicha anécdota la recogen las crónicas
medievales polacas8, a través de las cuales la noticia se difunde también entre los autores
6 Para más información sobre la influencia del paradigma de laudibus urbium en la descripción de ciuda-
des en los libros de viajes, cf. Pérez Priego 1984: 227.
7 Nombres deformados de las salinas Bochnia y Wieliczka, llamadas por Botero “Bocena” y “Valisca” (1603 II: 21).
8 El primero en presentarla fue Wincenty Kadłubek (1150/60-1223), quien sostenía que tras las guerras
contra los romanos, los polacos eligieron a Graccus como su rey (1862: 7, 11).
El misionero aragonés Pedro Cubero Sebastián en Polonia: un relato del viaje realizado en 1674 269
19 El Colegio de San Pedro fue fundado en 1621 a instancias de los jesuitas polacos por el rey Segismun-
do III Vasa (1566-1632) (cf. Załęski 1896: 9-24).
10 Los primeros colegios de la Compañía fundados en Braniewo (1564) y en Vilna (1570), además de con-
tribuir al desarrollo del sistema educativo polaco, tenían por objetivo atraer a la fe católica a los herejes
y cismáticos que vivían en esas tierras. Para más información, cf. Hochleitner 2004-2005: 269-280 y Obi-
rek 1996: 34-43, 177-186, 253-257, 262-265.
11 Se trata de la actual capilla de la Santa Trinidad de la Iglesia de San Pedro y San Pablo, en cuya bóve-
da se conserva una serie de policromías alusivas a la vida y actividad misionera de San Francisco Javier
(cf. Małkiewicz 1985: 47). Para más información sobre la representación de San Francisco Javier en dicho
templo, cf. Samek 1998: 247-248.
12 Probablemente se trata de la torre llamada Baszta Senatorska, gravemente dañada durante la invasión
sueca de 1655-1656.
13 La Universidad de Cracovia, creada en 1364 con el nombre de Academia de Cracovia, gozaba de mucho
prestigio entre las universidades de la Europa renacentista (cf. Grabowski 1866: 38-45).
no la llama “insigne” (74), reservando este adjetivo para el Colegio de San Pedro, que
encabeza la corta lista de los centros académicos de Cracovia. De esta manera, el autor
da a entender que el colegio desempeñaba un papel primordial en la formación de los jó-
venes polacos, mientras que, en realidad, ni siquiera tenía derecho a impartir clases
a los estudiantes seculares14.
Dada su condición de sacerdote no es nada sorprendente que la mirada de Cubero
Sebastián se detenga con más frecuencia en los centros de culto religioso de Cracovia.
Cabe señalar que los que presenta hasta entonces no habían sido objeto de comentarios
de los viajeros extranjeros15. Le llaman la atención las ruinas de la antiquísima, pero
muy pequeña Iglesia Mayor, situada sobre la colina cerca del castillo real16, dos templos
ubicados en la plaza mayor de la ciudad: la iglesia de Nuestra Señora17 y la de San Juan
Bautista18, así como algunos conventos. Esta vez, su comentario se reduce a una mera
enumeración de dichos monumentos. El misionero no se preocupa por dar pormenores
de la ubicación exacta de la iglesia de San Juan Bautista, que se encuentra un poco aleja-
da de dicha plaza, ni especifica a qué órdenes pertenecen los monasterios19. Parece que
el autor intencionadamente abrevia este pasaje para no dar sensación de monotonía ni
causar el aburrimiento de sus lectores.
Gracias a esta selección del material narrativo, la descripción de Cracovia que ofrece
el viajero contribuye a consolidar en la mente de sus lectores la imagen de la lejana Polo-
nia como un país integrado dentro de la órbita de la cultura cristiana. El mismo objetivo
lo cumple el relato de su desplazamiento a Varsovia, adonde parte en busca de la cor-
te real que, por razones antes mencionadas, no llega a encontrar en Cracovia. Este re-
corrido le permite no solo disfrutar de los pintorescos paisajes y el tiempo primaveral,
sino también, o sobre todo, pasar revista a las congregaciones religiosas que halla en su
camino: los camadulenses, filipenses y escolapios. Su itinerario progresa a través de sus
monasterios y casas, gracias a lo cual puede suministrar información detallada sobre su
localización, importancia y el trato personal que mantiene con los respectivos monjes.
Las relaciones de la estancia de don Pedro en los conventos suelen empezar con un pu-
ñado de noticias básicas sobre las órdenes religiosas en cuestión. Abarca la descripción
de los hábitos de los monjes e información sobre los fundadores de las congregaciones.
En el pasaje dedicado a los camadulenses, el aragonés se fija en su vestimenta blanca y, para
14 En virtud del breve papal de 1634, que ponía fin al conflicto entre la Universidad y los jesuitas de Cra-
covia, los últimos estaban autorizados a impartir clases exclusivamente a sus clérigos (Załęski 1896: 9-24,
98-101, 134-146 y Obirek 1996: 289-290).
15 El nuncio papal Giulio Ruggieri en su descripción de Cracovia menciona únicamente la Catedral del cas-
tillo real con el sepulcro de San Estanislao (1991: 176).
16 Auque el autor no proporciona más datos sobre el templo en cuestión, podemos suponer que se refie-
re a la iglesia de San Miguel (s. XII) o la de San Jorge (s. XIII), situadas dentro del recinto del castillo real.
Ambas cayeron en ruina y fueron desmontadas en el siglo XVIII.
17 La basílica de Santa María, erigida en el siglo XIV sobre el lugar del templo románico destruido por
la invasión tártara de 1241.
18 La iglesia de San Juan Bautista, levantada en el siglo XII, reconstruida en el siglo XVII y transformada
en la sede de la congregación de Vírgenes de Presentación de la Beata Virgen María.
19 Por invitación de los monarcas polacos en Cracovia se instalaron los franciscanos, dominicanos y car-
melitas (Grabowski 1866: 143-144, 156-15, 200-202).
El misionero aragonés Pedro Cubero Sebastián en Polonia: un relato del viaje realizado en 1674 271
20 En la tercera jornada de la comedia El gran duque de Moscovia y el emperador perseguido Lope presen-
ta una escena de audiencia del zarévich Demetrio ante el rey polaco.
21 Posiblemente se trata del Santuario de Nuestra Señora Rosa Mística del Monte Santo, cerca de Gostyń
Wielkopolski, adonde el noble polaco Adam Florian Konarzewski llevó a los filipenses en 1668 (cf. Kościół
i klasztor o.o. Filipinów na Świętej Górze k. Gostynia 1971: 9).
y concordia entre los Ministros de Cristo, es la piedra imán, que atrae las más bárbaras
naciones del mundo a nuestra Religión” (Cubero Sebastián 1680: 157).
En comparación con los elogios de los camadulenses y filipenses, los comentarios
de Cubero Sebastián sobre los padres de la Órden de los clérigos regulares pobres de la Ma-
dre de Dios de las Escuelas Pías, que le reciben con afabilidad en su colegio de Varsovia,
son más bien lacónicos. El aragonés esta vez se limita a aclarar que los padres llamados
Piarum Scholarum llevan hábitos parecidos a los de los jesuitas, pero “de estameña bur-
da, el manteo muy corto y van descalzos a manera de Recoletos” (157). Esta actitud, bas-
tante tibia, puede deberse al abandono de la óptica religiosa en el episodio de su estancia
en Varsovia22, sustituida ahora por un enfoque eminentemente político.
A diferencia de Cracovia, la nueva capital polaca no despierta la admiración de Cube-
ro Sebastián. Incluso sostiene que no es ciudad “ni tiene cosa memorable, más que el estar
allí entonces la Corte del Sereníssimo Rey de Polonia” (157). No es de extrañar que Var-
sovia defraudara sus expectativas, pues hasta finales del siglo no consiguió recuperarse
de los saqueos sufridos durante la invasión sueca de 1655-1656. Lo confirma la descrip-
ción de la ciudad, atribuida al conde Fernán Núñez, que destaca su pobre arquitectura,
hace caso omiso al arruinado castillo real y sitúa la residencia del monarca en las afueras:
Aunque don Pedro pasa en la capital casi dos meses, y no unos diez días como en Cra-
covia, su relación prescinde de los comentarios sobre sus monumentos tanto religiosos
como profanos. Tampoco se plantea el tema de su historia ni la situación geográfica,
a pesar de que Botero le proporciona ciertos datos: la llama ciudad principal de la región
de Masovia y la ubica “en el riñón del reino” (1603 I: 74). El único elemento procedente
de la tradición de laudibus urbium que el autor recoge en el relato de Varsovia es la des-
cripción de las costumbres de sus habitantes. Y estas resultan verdaderamente decepcio-
nantes. El aragonés critica las bárbaras prácticas de los criados del verdugo que captan
perros en las calles y los ahogan en el río para quitarles el pellejo. También refiere a sus
lectores, a modo de aviso, una historia sobre el robo y asesinato del tabernero italiano,
que termina con el prendimiento de uno de los criminales y su degollamiento en la pla-
za de Varsovia. Es interesante observar que dicha anécdota fue expurgada de la edición
napolitana del libro posiblemente por ser el jefe de dicha banda un paisano italiano.
En su relación de Varsovia Cubero Sebastián desplaza el punto de gravedad del dis-
curso hacia los acontecimientos políticos que él mismo presencia o conoce de oídas. Con-
22 Es de observar que el misionero usa el nombre deformado de la ciudad llamándola “Versavia”, lo cual
revela cierta semejanza fonética con el vocablo polaco Warszawa o con su versión italiana Varsavia, ya que
en esta lengua suele comunicarse durante su viaje por Polonia.
El misionero aragonés Pedro Cubero Sebastián en Polonia: un relato del viaje realizado en 1674 273
23 Este fue un sepulcro provisional del rey, quien, de acuerdo con la tradición polaca, iba a ser enterra-
do oficialmente en Cracovia pocos días antes de la coronación de su sucesor, o sea, el 31 de enero de 1676
(Przyboś 2007: 239).
24 Para más información, cf. Ruggieri 1991: 153-156, Botero 1603: 22, Herrera y Tordesillas 1601: 22-23,
Bavia 1609: 345-347, Taracha 1995: 205.
25 Cristina Panizo Pifarré confunde la batalla de Cauillens con la que puso fin al asedio de Viena del 12
de septiembre de 1683 (2005: 2).
26 En 1674 la función de embajador de Alemania en la corte polaca fue encomendada a Christoph Leopold
von Schaffgotsch. Pedro Ronquillo lo llama en sus cartas al marqués de los Balbases conde Schaffcugger
(Rodríguez Villa 1874: 229-335).
27 Ronquillo fue agente de los Habsburgo enviado a Varsovia oficialmente para dar el pésame por la muer-
te del rey Miguel, pero su verdadera misión, como se desprende de sus cartas, consistía en apoyar la elec-
ción del duque de Lorena al trono polaco (Rodríguez Villa 1874: 229-335).
El misionero aragonés Pedro Cubero Sebastián en Polonia: un relato del viaje realizado en 1674 275
ban parte del motín de la victoriosa batalla de Khotin. Sus comentarios sobre el número
exacto de los representantes del Senado, a saber, trece obispos, veintiocho Palatinos y más
de treinta Castellanos que “eligen dos Mariscales, para que como Comissarios, refieran
al Senado lo que piden” (160), guardan una notable semejanza con la relación del jesuita
sobre la elección del rey Esteban Batory (1575/1576) (Botero 1603 II: 22). Las afirmaciones
de don Pedro de que, asistiendo a la elección de Sobieski, contó a los miembros del Sena-
do resultan poco fidedignas, si tomamos en cuenta el caos que reinó durante las reunio-
nes de la Dieta, del cual el mismo autor advierte a sus lectores:
estos días se junta la dieta en aquellos campos, es tanta la multitud, el ruido, y con-
fusión, que mi pluma no se atreue a escriuirlo, porque los embiados de los que pre-
tenden, tienen sus Comissarios, y Agentes: en fin todo era vna confusion. (Cubero
Sebastián 1680: 160)
Probablemente bajo la influencia del texto de Botero (1603 II: 22) el misionero incu-
rre en una grave incongruencia que consiste en atribuir al primado la tarea de proclamar
a Sobieski electo como nuevo rey, mientas que, a causa de la recién muerte del arzobispo
de Gniezno, Kazimierz Florian Czartoryski (1620-1674), lo sustituyó en este acto el obis-
po de Cracovia Andrzej Trzebnicki (1607-1679) (Jemiołkowski, 2000: 424-426). El fa-
llecimiento silenciado por el aragonés del primado, pilar de la fracción prohabsburga
en Polonia, resultó crucial para el resultado de la elección, de modo que Pedro de Ron-
quillo en su correspondencia secreta atribuyó a este hecho el total fracaso del proyecto
de la corte de Viena (Rodríguez Villa 1874: 333-334). Prosiguiendo con su error, Cube-
ro Sebastián insiste en que el primado celebró en la Iglesia Mayor de San Juan Bautista
la solemne misa. Durante ella el nuevo rey prometió con juramento guardar los privi-
legios y libertades de la nobleza y defender la patria. Luego, todos los presentes le pres-
taron homenaje a Sobieski, sentado en el trono sobre las gradas a la derecha del altar,
le besaron la mano y cantaron el Te Deum laudamus. El misionero aclara que dicha ce-
remonia no equivalía a la coronación, que iba a realizarse en Cracovia cuando Polonia
se libarese del peligro otomano, de acuerdo con el deseo expresado por el mismo rey28.
Gracias a la ayuda del nuncio papal Francesco Buonvisi (1626-1700), arzobispo de Te-
salónica, residente en Varsovia entre 1672 y 1675, Cubero Sebastián llega a asistir a tres
audiencias ante el monarca polaco, celebradas en un palacio fuera de la ciudad29. Es-
tas reuniones le bastan al hábil observador para presentar una característica de Sobies-
ki: “(hombre) de hermosa presencia, alto, y robusto de cuerpo; su cara muy hermosa,
y grave, muy afable, y benigno en su conversacion” (Cubero Sebastián 1680: 161). El ara-
gonés se fija en el original traje del rey, dado que refuerza su imagen de gran guerrero:
“con ornatos Reales a lo Polaco, que son muy graues, por llegar hasta los pies, representaua
28 La coronación de Juan III Sobieski tuvo lugar dos años más tarde, el 2 de febrero de 1676 (Podhoro-
decki 2010: 113).
29 Probablemente se trata del palacio de Ujazdów, localizado en aquella época fuera de los límites la ciu-
dad y utilizado, a raíz de la destrucción del Palacio Real de Varsovia, como residencia del monarca hasta
la fundación del palacio de Wilanów en 1677.
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30 Esta idea no supone una novedad para el receptor español, ya que desde principios del siglo XVII
la transmite la mayoría de las relaciones dedicadas a los asuntos polacos. Para más información ver Rela-
cion verdadera en que se da cuenta como el Rey de Polonia en dos batallas campales ha vencido al gran Tur-
co, el orden de la guerra, el numero de los muertos, como los Turcos huyeron del exercito del Rey. Barcelo-
na, Estevan Libreros, Gabriel Graells, 1622. BDRS 0001999; y Relacion de los felices sucessos que ha tenido
la Magestad de Vladislao Quarto, Rey de Polonia, y las pazes que ha hecho con el gran Turco, las capitula-
ciones dellas, las plaças que le entregaron, y las embaxadas que para ello se embiaron. Valencia, Silvestre
Esparça, 1635. BDRS 0001181.
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