Léxico Hispánico en Documentos Leoneses
Léxico Hispánico en Documentos Leoneses
Y LÉXICO HISPÁNICO 1
Biblioteca
1
Para la realización de este trabajo se ha contado con la financiación del Ministerio de Ciencia y
Tecnología al proyecto con número de referencia BFF2002-0267.
2
J. M. FERNÁNDEZ CATÓN, Index, donde se reúnen en dos tomos para cada uno de los archivos de la
catedral de León y del monasterio de Sahagún todas las formas que figuran en la correspondiente
documentación hasta el año 1300.
JOSÉ R. MORALA 2
referidos en este caso a los diversos monasterios benedictinos cuyos archivos ya se han
editado (Carrizo, Otero de las Dueñas, Gradefes, San Esteban de Nogales).
Si a este corpus histórico reflejado en la documentación le añadimos la aparición
reciente de algunos trabajos como el Atlas Lingüístico de Castilla y León (ALCyL) 3 o el
compendio de léxico leonés que la profesora J. Le Men 4 está editando en esta misma
colección de Fuentes y Estudios, se comprenderá que en estos momentos estamos en
disposición de poder comprender y explicar mucho mejor el léxico leonés lo que, por
las especiales características que este tiene, supone también un mayor conocimiento del
léxico hispánico general, y, en particular, del español, entendido este término en su
sentido más amplio.
LOS INVENTARIOS
Para comprobar el interés que la rica documentación leonesa tiene a la hora de
estudiar el léxico hispánico, analizaremos en las páginas siguientes tres pequeños
fragmentos de otros tantos inventarios o testamentos. He entresacado únicamente
algunas frases en las que el texto se refiere al ajuar doméstico o a los instrumentos y
aperos propios de una casa rural. Aunque evito fraccionar demasiado el texto para evitar
distorsionar la enumeración original, quedan fuera de estas notas otras series léxicas tan
interesantes y ricas en este tipo de documentos como puedan ser las referidas al ganado
doméstico, a los productos textiles o a los aperos de labranza propiamente dichos.
Por otra parte, dado que se trata de documentos que nada tienen que ver entre sí,
no podemos esperar más coincidencias entre ellos que las que depare la necesidad
común de tener que inventariar una serie de objetos, algunos de ellos relativamente
habituales en la época. Sin embargo, incluso tras una lectura apresurada de los
fragmentos siguientes, resulta fácil hacerse una idea clara del importante filón de datos
que se esconde en una documentación tan abundante y variada como la de los fondos
medievales leoneses.
3
M. ALVAR, ALCyL. No se trata de un atlas tan completo como otros debidos al mismo autor pero sí que
contiene elementos suficientes como para fijar algunas isoglosas léxicas de interés entre leonés y
castellano. Un ejemplo puede verse en J. R. MORALA, De la complejidad.
4
J. LE MEN, Léxico. Un versión anterior, aunque con un inventario de voces incompleto, puede verse en
J. LE MEN, Repertorio.
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 3
Por último, el tercer fragmento que recojo está integrado por unas pocas líneas
tomadas de un testamento relativamente amplio, escrito en la ciudad de León en el año
1316 y cuyo original se conserva en el archivo catedralicio 7 .
Item quatro mesas, la vna de pies postiços, τ dos calderas, la vna grande τ la otra
pequena, τ dos bacines de latón e vn acetre; τ vna coruinera de ffierro τ vna sartén de
ffierro τ vnos grediles τ vn paellon de cobre τ vn trauessero de ffierro; τ dos espetos τ
tres coberteras τ tres cuyares τ vnas pregancias τ dos candelarios de ffierro; τ vna ssierra
τ vna açuela τ vn machado τ vn foçil τ vna açada τ vn acadón; τ vn mortero de cobre
con ssúa mano de ffierro; τ sseys arcas τ dos escanos τ vna siella grande; τ cinqº lechos,
los dos encoriados τ los tres en sogados, τ vna massera τ siete pichetes τ vna maça de
ffierro.
5
El texto, conservado inicialmente en el monasterio de Otero de las Dueñas (León), ha sido editado en
varias ocasiones. Aquí utilizo la última versión del mismo publicada en una edición facsímil en J. M.
FERNÁNDEZ CATÓN, Documentos selectos, pp. 33 y 85. Ahí se ofrecen detalles del complicado periplo
que el documento original vivió en las últimas décadas hasta que, hace sólo unos años –en 1995– y de la
mano de J. M. FERNÁNDEZ CATÓN, ha vuelto de nuevo al archivo de la Catedral de León, de donde faltaba
desde comienzos del siglo XX.
6
C. CASADO LOBATO, Colección diplomática del Monasterio de Carrizo. Al documento, que en la
edición figura en el Tomo II con el número 596, se le han añadido algunas correcciones mínimas en su
lectura, cambios que no afectan a las voces que aquí trato.
7
El mencionado documento figura con el número 2880 en la edición preparada por J. A. MARTÍN
FUERTES, Colección documental del archivo de la Catedral de León, T. XI (1301-1350),. Se sigue
sustancialmente esta edición si bien se han repuesto las grafías doble ss y doble ff, que el editor suprimió
en beneficio de las correspondientes simples, así como el signo tironiano que figura en el original para
indicar la conjunción copulativa.
JOSÉ R. MORALA 4
En primer lugar habría que deslindar las variantes de interés propiamente léxico
de aquellas que se explican únicamente por cambios gráficos que, en especial en el
documento más antiguo, remiten a usos peculiares y específicos de la época a la hora de
escribir. En esa línea estarían las alteraciones entre sorda y sonora en las oclusivas que,
en unos casos, mantienen la sorda originaria (sequr y no segur; filato y no filado …) y,
en otros, prefieren la forma romance (segar y no secare). Incluso en una misma palabra
(cadnato < CATENATU, candado) 8 pueden convivir aparentemente ambas soluciones.
En realidad, aunque el origen de estas variantes estribe en el conocido proceso
de sonorización de las sordas intervocálicas, su traducción en la lengua escrita se
convierte en un problema de índole más gráfica que fonética. Sólo entendiéndolo así
podemos analizar correctamente una forma como conga, en el mismo documento, que
no es otra cosa que una pequeña cuenca –o cuenco– de latón 9 y en la que la sonora g,
que aquí carece de cualquier justificación fonética como sucedía en los ejemplos citados
en el párrafo anterior, representa sencillamente la alternancia gráfica entre sorda y
sonora que los notarios leoneses de lo siglos IX, X u XI acostumbraban a prodigar en
sus escritos 10 .
Fuera de estos siglos, las variaciones entre sordas y sus correspondientes sonoras
han de ser analizadas con precaución pues, lejos de constituir una mera variación
gráfica, pueden estar indicando alternancias fónicas reales. Es el caso de bregancias en
el inventario de Carrizo que aparece como pregancias en el testamento de la catedral 11 .
A primera vista, el cambio no parece muy diferente a los que vemos en prauo por brauo
o en brobria por propria que figuran en otros documentos leoneses. Hay sin embargo
alguna diferencia esencial. Estas últimas alternancias se registran sólo en los textos más
antiguos, de escritura visigótica, que hacen de la variación gráfica casi una marca de
estilo. Por el contrario, el caso de bregancias / pregancias se documenta en textos
8
Probablemente el amanuense está acostumbrado a convertir en t escrita lo que sería una pronunciación
/d/, por ejemplo, en la terminación del participio (nominatas, exitum, confirmatos …), donde sí es capaz
de realizar la latinización gráfica. No obstante le resulta mucho más difícil reconocer el mismo proceso en
la otra oclusiva dental del término por lo que opta por escribirla sin latinizar; de ahí esa especie de híbrido
evolutivo que leemos en cadnato.
9
Con la grafía esperable, conca, figura, por ejemplo, en un texto de Sahagún –el editado con el nº 1902–,
un documento original del año 1103.
10
De la compleja relación entre grafía y fonología en los documentos leoneses más antiguos me he
ocupado en J. R. MORALA, Grafías reales, lecturas imposibles.
11
Se trata de una voz específica de León para denominar las cadenas que penden del centro de la
chimenea y de las que se cuelga el recipiente puesto sobre la lumbre del llar u hogar (J. LE MEN, Léxico,
s. v. abregancias)
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 5
12
Más de una veintena de formas diferentes llegan a documentarse hoy para esta palabra leonesa. J. LE
MEN LOYER, La voz abregancias / pregancias; J. LE MEN, Léxico, s. v. abregancias
13
ASCIOLA, analizado ya como diminutivo de ASCIA, se documenta por primera vez en las Etimologías de
San Isidoro (I. VELÁZQUEZ, Latine Dicitvr, Vvlgo vocant, p. 478).
14
Aunque no puedo detenerme aquí en este detalle, desde luego no puede pasarse por alto la alternancia
gráfica entre las formas del tipo de azada y las de açada. Por el étimo, lo esperable son sólo estas últimas.
Sin embargo, la indiferenciación gráfica entre unas y otras seguramente tenga algo que ver con la
confusión que en el Norte de la Península se daría desde antiguo entre sorda / sonora en algunos de los
pares de sibilantes. Para las confusiones gráficas entre sordas y sonoras en los documentos leoneses puede
verse J. R. MORALA, Las sibilantes.
15
Así, por ejemplo, en el DECH (s. v. azada) se da por sobrentendido que la forma leonesa antigua sería
únicamente la que presenta la grafía x mientras que la que tiene ç es castellana.
JOSÉ R. MORALA 6
EL LÉXICO
Con textos como los mencionados arriba, sin embargo, lo que más llama la
atención no son las variantes gráficas o las diferentes soluciones que para esta o aquella
secuencia de fonemas presentan. Lo que resulta más interesante de analizar es, sin duda,
la información léxica que los inventarios, testamentos, noticias y otros documentos
similares habitualmente nos proporcionan. Veamos, de forma más detenida, el uso que
se hace de algunas palabras y lo que textos como estos nos aportan para el conocimiento
del léxico iberorrománico.
16
dos azadas; II payares xenos de paya menuda … (Sh-1699, 1245)
17
X. LL. GARCÍA ARIAS, Gramática, pp. 190-192.
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 7
SEGUR Y MACHADO
18
En ambas aparece también otra variante, destral, que no interesa aquí.
19
En el LHP se registra un caso en Oña de 1011 y en el CORDE hay ejemplos antiguos procedentes de
los fueros de Madrid, Cuenca, Navarra, Úbeda, Burgos … etc.
20
J. LE MEN (Repertorio, s. v. machado) pese a la falta de marca geográfica en el DRAE considera esta
voz “característica del área occidental de la Península”, ya que existe tanto en gallego como en portugués
y, por lo que toca al área leonesa, se encuentra representada desde Asturias, al Norte, hasta Extremadura
en el Sur.
JOSÉ R. MORALA 8
FOÇIL
21
Otro ejemplo, ahora en un inventario del monasterio de Carrizo (León), lo analizamos en J. R. MORALA
y J. LE MEN LOYER, Un inventario medieval, pp. 565.
22
Mientras que en el Norte de León se documenta focil con el sentido de ‘hoz para cortar leña’ (A. R.
FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Los Argüellos, p. 73), al Sur de la provincia, en el curso medio del Esla y
comarcas como Los Oteros, me consta que hocil se refiere a una especie de machete, útil para trocear la
leña no demasiado gruesa. Por su parte el DALL registra focil para Asturias sin marca geográfica y con el
significado de ‘aperiu que se compon d’un mango curtiu y una pieza curvada con corte na parte cóncava’.
23
Se trata de un relato titulado “La pega y sus peguitos” recogido en 1920 en Toro (Zamora) y editado en
una colección de Cuentos populares españoles. Pese a ser una narración muy breve, los dialectalismos
léxicos quedan de ya manifiesto desde el propio título: pega ‘urraca’, peguito ‘cría de la urraca’ y siguen
luego con hocil, ponjo ...
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 9
incorporarse a la entrada hoz, hayan de ser revisados con detalle los ejemplos leoneses
citados bajo fusil en el DECH.
PAELLÓN
24
El diccionario académico no incorpora paella hasta la edición de 1899 y lo hace indicando
expresamente el origen catalán del término y la procedencia valenciana del plato.
25
La lectura del original permite descartar cualquier posible lectura del tipo de pailón, derivado de paila
que también registra el DRAE. La presencia de la doble ll es, desde luego, incuestionable.
26
Al menos en la voz estudiada aquí, paellón, no cabe preguntarse por la falta de diptongación de la /ě/
pues en el derivado se trata d euna vocal átona. De todas formas, esto no explica el porqué encontramos
hoy, por ejemplo, pallieya, junto a formas como paílla. Es posible, por ejemplo que, una vez diptongada
la /ě/ en la forma simple (padiella), donde sí es tónica, y perdida luego la /-d-/ (paiella) acabara por
perderse también la /y/ en la que habría consonantizado la /i/ como ocurre en otros casos en los que la /y/
queda en contacto con vocal palatal. Es posible también que paella sea una forma regresiva a partir del
paellón que hemos documentado aquí.
27
X. LL. GARCÍA ARIAS, Gramática histórica, pp. 161-165.
JOSÉ R. MORALA 10
28
M. GARRIDO, Las viejas palabras. Ensayo de un vocabulario tradicional cabreirés, p. 62. Esta forma
parece ofrece ciertas dudas respecto al uso que hace de las dos consonantes palatales. Parecería más
lógico payiella, en la línea de lo documentado en Asturias.
29
J. R. FERNÁNDEZ GONZÁLEZ (Ancares, p. 341) hace derivar directamente del latín las variantes
ancaresas como paílla / paínlla.
30
M. GUTIÉRREZ TUÑÓN, Vocabulario, p. 119.
31
J. NEIRA, Diccionario, s. v. sartén.
32
I. ALONSO ESTRAVÍS, Dicionário, s. v. pailla.
33
Tras una búsqueda en el CORDE, el único caso de paell* que aparece en la época medieval es el del
testamento leonés que comentamos aquí.
34
Ambos testamentos tienen en común el habernos llegado no en su redacción original sino copiados en
una especie de tumbo conocido como Códice 40 cuyo amanuense no se caracteriza precisamente por ser
respetuoso con la grafía original (J. R. MORALA, Originales y copias, pp. 1336-1337). Aunque tanto
paellis como patella son formas que resultan aceptables en algún momento de la evolución, cabe por
tanto también la posibilidad de que en la copia no se respetara la forma que aparecería en el documento
original.
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 11
quizá una sartén’ representan resultados patrimoniales del latín PATELLA en el área
leonesa.
GREDILES
35
J. R. MORALA, Y J. LE MEN LOYER, Un inventario medieval, pp. 565.
36
En cuanto al significado antiguo, el DECH propone como étimo último de grial la voz creta, de donde
gredale o gradale, sosteniendo que inicialmente se trata de piezas de cerámica, lo que no encaja con
nuestros grediles, siempre metálicos.
37
X. LL. GARCÍA ARIAS, Contribución, p. 315.
38
Ya se ha visto en el caso de PATELLA > paella que la evolución /-t-/ > /-d-/ > ø no es en absoluto
desconocida en el antiguo domini leonés. La forma con /-d-/ de este derivado la tenemos documentada en
JOSÉ R. MORALA 12
los documentos, con cambio en la vocal de la sílaba átona inicial, se podría interpretar
como ‘parrilla’ 39 , lo que tampoco debe extrañar en el contexto junto al que se cita, en el
que figuran objetos domésticos de metal que no son necesariamente recipientes, como
ocurre con las menciones a sartén o paellón, sino que se refieren a otros utensilios
también metálicos y que suelen hallarse igualmente en el entorno del llar u hogar
(travesero, espetos, pregancias …)
PICHETE
El diccionario académico registra las voces pichel y pichella para indicar un tipo
de vaso o jarro, generalmente de estaño 40 . Según se indica en el DECH (s. v. pichel) se
trata de una palabra de origen francés que, aunque está documentada desde el siglo XIII,
no parece haber sido nunca de mucho uso. En el mismo artículo J. Corominas y J. A.
Pascual dan también el asturiano pichete documentado en el siglo XVI, que
representaría, con cambio de sufijo, otra variante de ese mismo galicismo. El DLLA 41
recoge el asturiano pichete –pero no pichel– referido a un tipo específico de vaso (‘con
tapa más ancha pela boca que na base’). Por su parte en gallego 42 se registra tanto pichel
‘vasilla, xeneralmente de estaño, usado para o viño’ como picheta ‘recipiente de estaño
coa garganta mais estreita que o pichel’.
El testimonio de la documentación leonesa nos demuestra que pichete, referido a
un objeto metálico, quizá un vaso o un jarro, es voz conocida desde el siglo XIII en el
área leonesa. A los siete pichetes mencionados entre los objetos de la cocina en el
inventario de 1316 hay que añadir, al menos, otra cita anterior (1274), también de un
testamento de la catedral de León:
Item esto ye elo que me deuen: Fernán Gil C morauedís sobre un pichete de plata, e
deuo a ele XIII morauedís. CL-2341 (1274)
el gallego gradil, con significados como ‘dente o pua da grade’ o ‘aparello con que se arrastra a terra de
un lugar a outro’ (I. ALONSO ESTRAVÍS, Dicionário, s. v. gradil).
39
Entre los derivados de grada el DECH da como forma antigua gradilla ‘parrilla para asar’ que, con
cambio de sufijo, representaría en cuanto al significado una solución muy similar a la leonesa.
Probablemente ocurra lo mismo con un graíya documentado en Huelva y que hoy significa ‘umbral’ pero
tal vez antes se refiriera a un ‘enrejado’ similar al que forma la parrilla (DECH, s. v. grada).
40
J. L. PENSADO (Galicismos, p. 579) cita entre los galicismos usuales en Galicia en el siglo XVI a los
picheleiros ‘hojalateros’, lo que demuestra la identificación de estos objetos con el material del que están
hechos.
41
DLLA, s. v. pichete.
42
I. ALONSO ESTRAVÍS, Dicionário, s. v. pichel y picheta.
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 13
MASERA Y ARTESA
En el DRAE figura masera ‘artesa grande’ sin marca geográfica alguna, por lo
que podría deducirse que masera y artesa son dos sinónimos usados en el castellano
general. La realidad es bien distinta y se ha demostrado que la voz masera es usual sólo
en el ámbito noroccidental de la Península y que mantiene, respecto al otro término,
artesa, diferencias de sentido que impiden hacerlas equiparables 44 . En otro lado hemos
analizado ya esta voz en un contexto muy significativo para tratar de precisar su
significado histórico en el ámbito leonés 45 .
Por lo que se refiere a los inventarios que aquí analizo, encontramos masera en
el texto de Carrizo y massera en el testamento de León 46 y lo más interesante es que, en
el primero de ellos, la enumeración recoge tanto artesa como masera lo que obliga a
pensar que, para quien redacta (o dicta) el texto del inventario, no se trata de dos
sinónimos –la repetición tendría poco sentido– sino de objetos distintos que han de ser
mencionados específicamente. Una situación no muy diferente a la que persiste en la
actualidad en el área leonesa donde, aunque se trate de recipientes similares, la
oposición léxica establece una diferencia que, más que con la forma, tiene que ver
43
X. LL. GARCÍA ARIAS, Contribución, p. 322.
44
En el DECH (s. v. masa) se indica expresamente que masera es voz occidental, aunque lo da como
sinónimo de artesa. Un resumen actualizado de los datos procedentes de los vocabularios dialectales
puede verse en J. LE MEN, Repertorio, s. v. masera.
45
J. R. MORALA, y J. LE MEN LOYER, Un inventario medieval, pp. 563-564.
46
De nuevo se hacen presentes aquí las dudas de los notarios leoneses entre las grafías sorda y sonora, en
este caso para la apicoalveolar /s/. La grafía correcta, a tenor del étimo, sería massera pues se trata de un
derivado del lat. MASSA.
JOSÉ R. MORALA 14
XUMAZO
47
En el inventario de Carrizo mencionado arriba se especifica que la artesa es “pora bever el ganado”,
mientras que la masera se cita junto a unas peñeras, una especie de cedazo para quitar impurezas de la
harina antes de comenzar a hacer el pan. J. R. MORALA, y J. LE MEN LOYER, Un inventario medieval, pp.
563-564. Si realizamos una búsqueda en el CORDE, la mayoría de los casos de masera que encontramos
tienen el sentido de recipiente que se le da en el área leonesa. Por el contrario, cuando se refiere a un tipo
de paño (el DRAE da como 3ª acepción ‘paño de lienzo con que se abriga la masa para que fermente’)
“unas maseras de lienço”, el texto es de procedencia castellana (Toledo, 1582).
48
El DLLA da tamabién la voz llumazu pero, a juzgar por su significado (‘pieza transversal del treme del
carru …’), lógicamente no se trata del mismo objeto.
49
J. R. MORALA, La isoglosa histórica de /pl-/ en León; J. R. MORALA, Resultados de Pl-, Kl- y Fl-; J. R.
MORALA, Norma gráfica.
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 15
Concedo / ètiam ibidem lectos palleos IIIes, almuzallas IIIes, plumazos palleos III. CL-42
(917)
genabes XII, palleas IIIes, tramsirgas III, polimatas laneas VI; plumazos XIIIim, VI palleos
et VI es / tramsirgos; CL-75 (927)
duo lectos palleos, XIII plumacos paleo[s], duas scalas argenteas. Sh-153 (957)
con dúas colchas bonas blancas de algodón e bonas sáuanas e bona cocedra de fluxer e
dos xumazos de fluxel. CL-2096 (1250)
V cozedras –e ela una ye de fruxel e un xumazo de fruxel–. CL-2311 (1271)
dos almadraques, vno de fruxiel e otro de borra, e vna alcoçedra de pluma e vn bon
xumaço de lino. CL-2628 (1300)
Como puede verse, la búsqueda en los surtidos archivos leoneses ofrece a cada
paso la posibilidad de encontrarnos ante verdaderas reliquias léxicas que nos permiten
reconstruir de forma mucho más razonada la historia del léxico hispánico, ya sea en su
versión más general ya lo sea en la de aquellas voces exclusivas del área leonesa o
comunes a todo el occidente peninsular. Tal vez sea en estas últimas donde resulte más
imprescindible el recurso a la documentación leonesa. Como hemos visto, por ejemplo,
en machado, pichete o masera, no es extraño que, voces que son de uso claramente
restringido, figuren en el DRAE sin notación geográfica alguna cuando en realidad son
occidentalismos que se han incorporado al castellano desde el área leonesa. En estos
50
En documento de la catedral de León de 1293 figura “vna [coc]edra, dos llumazos, vna archa e vnas
pregancias” CL-2574.
51
Una comprobación similar puede hacerse en el CORDE académico donde figuran casi una treintena de
casos de xumazo / xumaço, todos del ámbito leonés. La forma castellana llumaço, que también se registra
en esta fuente, tiene en la mayoría de las ocasiones otro significado que nada tiene que ver con el que aquí
nos interesa.
JOSÉ R. MORALA 16
Fuentes:
CASADO LOBATO, CONCEPCIÓN, Colección diplomática del Monasterio de Carrizo, T. I
(969-1260), T. II (1260-1299 e índices), León 1983 (Colección Fuentes y Estudios
de Historia Leonesa, nº 28 y 29).
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línea: [Link]
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HERRERO DE LA FUENTE, MARTA, Colección diplomática del Monasterio de Sahagún
(857-1230), Tomo II (1000-1073), León 1988 y Tomo III (1073-1109), León 1988
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Leonesa, nº 59).
MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, JOSÉ MARÍA, Colección diplomática del Monasterio de Sahagún
(siglos IX y X), León 1976 (Colección Fuentes y Estudios de Historia Leonesa, nº
17).
DOCUMENTACIÓN LEONESA Y LÉXICO HISPÁNICO 17
RUIZ ASENCIO, JOSÉ MANUEL y JOSÉ ANTONIO MARTÍN FUERTES, Colección documental
del archivo de la Catedral de León, Tomo IX (1269-1300), León 1994 (Colección
Fuentes y Estudios de Historia Leonesa, nº 55).
RUIZ ASENCIO, JOSÉ MANUEL, Colección documental del archivo de la Catedral de
León (775-1230), Tomo III (986-1031), León 1987; Tomo IV (1032-1109), León
1990 y Tomo VIII (1230-1269), León 1993 (Colección Fuentes y Estudios de
Historia Leonesa, nº 43, 44 y 54).
SAEZ, EMILIO y CARLOS SAEZ , Colección documental del archivo de la Catedral de
León (775-1230), Tomo II (953-985), León 1990 (Colección Fuentes y Estudios de
Historia Leonesa, nº 42).
SAEZ, EMILIO, Colección documental del archivo de la Catedral de León (775-1230),
Tomo I (775-952), León 1987 (Colección Fuentes y Estudios de Historia Leonesa,
nº 41).
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42.
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DLLA, vid. Academia de la Llingua Asturiana.
DECH, vid. J. COROMINAS Y J. A. PASCUAL.
FERNÁNDEZ CATÓN, J. M., M.C. DÍAZ Y DÍAZ, J. A. PASCUAL RODRÍGUEZ, J. M. RUIZ
ASENCIO, J. R. MORALA RODRÍGUEZ, J. A. FERNÁNDEZ FLÓREZ y J. M. DÍAZ DE
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