Hijo del notario Pietro (Petracco) di Ser Parenzo, pasó su infancia en el pueblo de Incisa in Val
d'Arno, cercano a Florencia, pues su padre había sido desterrado de Florencia por los güelfos
negros en 1302 a causa de sus relaciones políticas con Dante, que era güelfo blanco. El notario
y su familia marcharon luego a Pisa y a Marsella. La familia llegó a Aviñón en 1312 y Francesco
se instaló en Carpentras, donde aprendió humanidades con el profesor toscano Convenevole
da Prato. Pasó toda su juventud en la Provenza, asimilando la lírica trovadoresca, y empezó a
estudiar Derecho en Montpellier a comienzos del otoño de 1316; allí conoció a varios
miembros de la familia Colonna, y luego pasó a la Universidad de Bolonia; ya entonces
manifestó un gran amor por la literatura latina clásica, en especial por Cicerón; pero su padre,
enemigo de esas lecturas, que veía poco provechosas, arrojó esos libros al fuego en 1320; la
leyenda cuenta que la desesperación de Petrarca fue tal que tuvo que sacar lo que quedaba de
ellos de la chimenea.
Tras la muerte de su padre regresó a Provenza e hizo los votos eclesiásticos menores. El 6 de
abril de 1327, viernes santo, vio por primera vez a Laura, la mujer que idealizaría en sus
poemas, en Aviñón. Poco se sabe de ella, aunque es muy posible que fuese la dama Laure de
Noves, casada con un antepasado del marqués de Sade y, por tanto, llamada tras su
matrimonio Laure de Sade (1310-1348). Por ella sintió una pasión pura y constante, como la
que Dante Alighieri había sentido por Beatrice Portinari, la Bice de La Divina Comedia. Vivió
entre 1337 y 1353 en Vaucluse o Fontaine de Vaucluse, un lugar con la fuente más caudalosa
de Francia, en las cercanías de Aviñón. Tuvo dos hijos, Giovanni y Francesca (en 1337 y 1343,
respectivamente), sin poder asegurarse si fueron fruto de una o dos relaciones. Nunca los
referenció en sus obras directamente, teniéndose constancia de que el varón, que murió
joven, le dio disgustos a diferencia de su hija, quien le proporcionó la alegría de varios nietos.1
Petrarca terminó sus días en Arquà; según afirma la tradición, lo encontraron muerto sobre un
libro que estudiaba.
El 26 de abril de 1336 Petrarca, junto a su hermano y otros dos compañeros, escaló el monte
Ventoso de los Alpes, de 1909 metros, y más tarde escribió una memoria del viaje en forma de
carta a su amigo Francesco Dionigi. Como en ese tiempo no era usual escalar montañas sin fin
práctico alguno, se considera ese día la fecha de nacimiento del alpinismo como deporte y a
Petrarca como uno de los precursores del mismo.