Teoría heliocéntrica
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Sistema geocéntrico: órbitas de los planetas
vistas desde la Tierra. Por Giovanni Cassini.
Sistema heliocéntrico: órbitas de los planetas vistas desde el Sol. Harmonia Macrocosmica, de Andreas
Cellarius (1708).
El heliocentrismo (del griego: ἥλιος-helios «Sol» y κέντρον-kentron «centro») es
un modelo astronómico según el cual la Tierra y los planetas se mueven alrededor
del Sol relativamente estacionario y que está en el centro del universo.
Históricamente, el heliocentrismo se oponía al geocentrismo, que colocaba en el
centro a la Tierra. La idea de que la Tierra gira alrededor del Sol fue propuesta
desde el siglo III a. C. por Aristarco de Samos.1 Aunque no recibió apoyo de otros
astrónomos de la antigüedad, sí fue citado por Arquímedes en el contador de
arena.
No fue sino hasta el siglo XVI, durante el Renacimiento, cuando un modelo
matemático completamente predictivo de un sistema heliocéntrico fue presentado
por el matemático, astrónomo y clérigo católico prusiano Nicolás Copérnico, con la
publicación póstuma en 1543 del libro De Revolutionibus Orbium Coelestium. Esto
marcó el inicio de lo que se conoce en Historia de la ciencia como «revolución
copernicana». En el siglo siguiente, Johannes Kepler extendió este modelo para
incluir órbitas elípticas. Su trabajo se apoyó en observaciones hechas con
un telescopio que fueron presentadas por Galileo Galilei.
Con las observaciones de William Herschel, Friedrich Bessel y otros, los
astrónomos terminaron por aceptar que el Sol no se encuentra en el centro
del universo; en la década de 1920, Edwin Hubble demostró que formaba parte de
un complejo aún mucho mayor: la galaxia (la Vía Láctea), y que esta era tan solo
una entre miles de millones de galaxias más.
Índice
Primeras concepciones[editar]
A cualquiera que se detenga a mirar el cielo, le parecerá que la Tierra se
encuentra estática en un solo lugar mientras que todo en el cielo sale por el
Oriente y se esconde por el Poniente una vez al día. Con algo más de escrutinio,
sin embargo, se observarán movimientos más complicados. Por ejemplo, que los
puntos de salida del Sol y de la Luna cambian a lo largo del año, o que algunas
estrellas y planetas desaparecen durante muchos meses, o bien que los planetas
a veces aparentan haberse movido en dirección contraria en relación a las
estrellas de fondo (este «movimiento aparente» se conoce como retrogradación de
los planetas).
A medida que estos movimientos celestes fueron mejor observados y
comprendidos, pudieron elaborarse mejores descripciones; la más conocida fue el
«Sistema ptolemaico», que alcanzó su expresión más completa en el siglo II d. C.
El sistema ptolemaico era un sofisticado sistema astronómico diseñado para
calcular las posiciones de los planetas hasta un alto grado de
exactitud.2 Ptolomeo mismo, en su Almagesto, señala que todo modelo que
describa los movimientos planetarios es meramente un artilugio matemático, y
como no hay manera de saber cuál es real, el modelo más sencillo y que arroje los
números correctos es el que deberá utilizarse.3 Sin embargo, rechazó la idea de
una rotación de la Tierra por absurda, pues imaginaba que se crearían grandes
vientos. Sus hipótesis planetarias eran lo suficientemente convenientes como para
que las distancias de la Luna, Sol, planetas y estrellas pudieran ser determinadas
«creando órbitas celestes esféricas» como si fuesen «realidades contiguas». Esto
colocó a las estrellas a menos de 20 unidades astronómicas4 (un retroceso en
comparación con el esquema heliocéntrico de Aristarco de Samos, que desde
hacía siglos había colocado a las estrellas necesariamente al menos dos órdenes
de magnitud más lejos).
Mundo griego y helenístico[editar]
Véase también: Astronomía en la Antigua Grecia
Pitagóricos
El modelo no geocéntrico del universo fue propuesto por el
filósofo pitagórico Filolao (hacia 390 a. C.). Según Filolao, hay en el centro del
universo un «fuego central» alrededor del cual la Tierra, el Sol, la Luna y
los planetas giran con un movimiento circular uniforme. Este sistema postulaba la
existencia de un antimundo colineal con la Tierra y el fuego central, con el mismo
periodo de revolución. El Sol gira alrededor del fuego central una vez por año y las
estrellas están fijas; la Tierra muestra siempre la misma faz oculta de cara al fuego
central, por lo que este y la anti-Tierra son invisibles desde la Tierra. El concepto
pitagórico de «movimiento circular uniforme» para referirse a los movimientos
celestes permaneció inmutable por los siguientes 2000 años aproximadamente, y
fue a ellos a quienes se refirió Copérnico al mostrar que la noción de una Tierra
móvil no era nueva ni revolucionaria. 5
Heráclides Póntico (siglo IV a. C.) explicaba el movimiento diario aparente de la
esfera celeste por medio de la rotación de la Tierra. Suele decirse que creía que
Mercurio y Venus orbitaban al Sol, el cual a su vez (junto a los demás planetas)
orbitaba alrededor de la Tierra. 6