Modulo 4
Modulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE:
1.- Introducción
7.- Bibliografía
350
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
1.- INTRODUCCIÓN
En este capítulo se tratarán los patrones lesionales para accidentes de automóvil y su aplica-
ción en la medicina de urgencias y emergencias.
En algunos casos será posible determinar con certeza o excluir con certeza una determinada
hipótesis relativa al mecanismo de producción de las lesiones, y en otros casos (pocos), será asi-
mismo imposible determinar la forma de producción de las lesiones.
Sin embargo, en la mayoría de casos, sí que será posible establecer una explicación de la
forma de producción de las lesiones, y sobre todo, determinar una probabilidad de que estas le-
siones se hayan producido de una forma concreta, así como también se podrá explicar que habría
podido ocurrir en el caso de que hubiesen intervenido elementos distintos a los que estaban pre-
sentes en el accidente en estudio, (tal como sería el caso de tomas de decisión diferentes a las
tomadas por los intervinientes, o utilización de dispositivos de protección correspondientes a se-
guridad pasiva).
351
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
dente y las lesiones, y su explicación, orientarán a la justicia, y a las partes implicadas en el ac-
cidente en aspectos relativos a posibles concurrencias en la producción de las lesiones y/o en su
agravación o reducción.
Los mecanismos de lesión corresponden a unos de los cinco siguientes, sean solos o com-
binados.
• El segundo impacto es el de los ocupantes contra alguna estructura interior del vehículo,
caso de no salir despedidos, como puede ser el golpe del tórax contra el volante en el
caso de un choque frontal de un conductor no sujeto por cinturón de seguridad.
• El tercer impacto, es el de los órganos internos entre sí, como ocurre por ejemplo, al gol-
pear los órganos móviles intraabdominales (bazo, hígado, etc.), contra otras estructuras
intraabdominales.
• Por último, durante el transcurso del accidente, pueden movilizarse a gran velocidad ele-
mentos sueltos del interior del turismo, que pueden golpear a los ocupantes (cuarto im-
pacto).
352
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
En el caso del conductor, el desplazamiento sigue en general, una de dos posibles formas:
• Las lesiones en los pies y tobillos suelen producirse bien, por atrapamiento de los pies y
los tobillos contra los pedales, por transmisión de fuerza desde los pedales al pie, por trans-
misión de fuerza desde el paso de rueda con intrusión del lecho de rueda, por aplastamiento
del compartimento de la pierna o bien, por deformación brusca del panel metálico inclinado
sobre el que reposan los pies, trasmitiéndose una sobrecarga axial brusca con producción
de fractura de metatarsianos, fracturas uni, bi o trimaleolares de tobillo, etc. (Morgan R. M.
Eppinger R.H.), siendo más frecuentes las lesiones en antepié, seguidas de las lesiones
en tobillos, medio pie y retropié (Richter M, Thermann H y cols).
353
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
En el desplazamiento tipo arriba y encima, el cuerpo tiende a salir en una dirección oblicua
y hacia arriba, golpeando la cabeza contra el parabrisas, espejo retrovisor o marco interno del
parabrisas.
Dependiendo de la posición del cuello, en mayor flexión o extensión, se podrán producir ade-
más de fracturas craneales y lesiones encefálicas, lesiones cervicales de diverso tipo (fracturas,
luxaciones vertebrales, desgarro y rotura de ligamento longitudinal anterior, de ligamento interes-
pinoso, etc.) que pueden condicionar lesiones inestables de columna y/o lesiones medulares
altas.
Aunque las fracturas de cráneo son relativamente infrecuentes (menos del 4%) en impactos
frontales, se ha descrito una reducción de alrededor de la tercera parte de las lesiones craneo-
encefálicas y faciales, en ocupantes de automóvil con airbag y cinturón de seguridad respecto
a conductores y ocupantes que no utilizaban cinturón de seguridad, tras impactos frontales, siendo
la mayor eficacia del airbag en colisiones con delta-v (cambio de velocidad) entre 10 y 45 km/h.
(Pintar FA y cols), habiéndose descrito recientemente una mayor gravedad de lesiones craneo-
encefálicas en población obesa (Tagliaferri F. y cols), tras sufrir una colisión frontal.
Las fracturas vertebrales se han reducido merced al uso de cinturón de seguridad, pero varios
artículos han referido fracturas de columna vertebral, especialmente a nivel torácico bajo o lumbar
alto tras colisiones a velocidades moderadas, en ocupantes con cinturón de seguridad tras im-
pactos frontales.(Richards D, Carhart M y cols), aunque son infrecuentes en estas circunstancias,
y suelen asociarse a lesiones intraabdominales, habiéndose postulado un efecto de “inmersión”
o deslizamiento hacia delante y debajo del cinturón abdominal. Se han descrito fracturas tipo fle-
xión-compresión (acuñamiento anterior) y fracturas de elementos posteriores, tipo “Chance”.
a. Flexión-compresión, siendo quizás las más frecuentes y las de menor gravedad; se pro-
ducen por un mecanismo de flexión-compresión del pilar anterior de la columna. La vértebra
es aplastada en su mitad anterior, adopta una forma en cuña más o menos acentuada. Las
columnas media y posterior no se alteran, confiriéndole a la columna la estabilidad propia
de este tipo de fractura. La imagen de TC puede mostrar compresión vertebral anterior, con
fractura de la cara ventral de la vértebra, aplastamiento de la cara vertebral superior, o cra-
neal, aplastamiento de la cara vertebral inferior, o caudal, aplastamiento de ambas caras
vertebrales. O aplastamiento de una de las caras vertebrales laterales.
b. Las fracturas por estallido (“Burst”), representan un 30% de las fracturas por compresión.
Se producen al soportar una carga ejercida a lo largo del eje vertical de la columna; la frac-
tura es por aplastamiento y generalmente se mantiene el paralelismo y horizontalidad de
las caras superior e inferior del cuerpo vertebral. La fractura compromete simultáneamente
el pilar o columna anterior y medio, y es inestable. En fracturas de este tipo, se producen
lesiones neurológicas en el 50% de los casos.
La radiografía lateral y la tomografía axial computarizada pueden mostrar fractura del muro
354
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
posterior, fragmentos óseos dentro del canal raquídeo, distancia interperpendicular dismi-
nuida, fractura de cortical interna de las láminas y ocupación del canal raquídeo por cuerpos
extraños. A nivel de L3, obstrucciones de hasta un 60% de la luz del canal pueden no pro-
vocar lesión neurológica, pero a nivel T12, un 25% de ocupación ya pueden producirla. A
todo nivel, ocupaciones de un 75% necesariamente presentan lesión neurológica.
c. Las fracturas por flexión-disrupción: son poco frecuentes y se producen por un meca-
nismo de flexión sobre un eje transversal a nivel de la vértebra lumbar. Es el típico caso
provocado por el antiguo cinturón de seguridad en su sujeción abdominal. El daño óseo
compromete las columnas media y posterior. Generalmente, la columna anterior resiste la
flexión de la columna y se constituye en el eje de la bisagra. La fractura de Chance presenta
un trazo de fractura que compromete de lleno el cuerpo vertebral, con un trazo horizontal
generalmente ubicado en la mitad de su espesor.
d. Las fracturas-luxaciones corresponden a las lesiones de mayor gravedad entre todas las
fracturas de la columna. Son producidas en accidentes de alta energía, choque de vehícu-
los, aplastamientos, caídas de elevada altura, etc.
Las lesiones torácicas y abdominales se pueden producir en cualquiera de los dos tipos de
desplazamientos, especialmente en ocupantes (conductores y acompañantes), que no utilizan
cinturones de seguridad, aunque muchas referencias al tipo de lesiones sufridas corresponden a
los años de la década de los 1980, en que la tasa de uso de cinturón de seguridad en los [Link]
era menor del 50% y los automóviles no disponían de airbag; actualmente, los automóviles van
equipados con airbag y el uso de cinturón de seguridad supera el 80%, por lo que los estudios
deben ser actualizados (Gabauer D.J. y Gabler H. C.) .
Las lesiones torácicas comprenden fracturas costales y de esternón, volet torácico, contusión
pulmonar, rotura traqueobronquial, contusión miocárdica o traumatismo cardíaco cerrado, lesiones
de grandes vasos, (ej. rotura de aorta), etc. constituyendo la denominada “lesión por desacelera-
ción“ (Swan K. G. y cols.). La mortalidad se incrementa cuando se asocian varias de estas lesio-
nes, llegando prácticamente al 100% cuando había tres o mas lesiones de este tipo.
La lesión de aorta torácica, produce muerte “in situ”, en más del 85% de pacientes, suele
asociarse a otras lesiones, tales como fracturas, lesiones de víscera/as, traumatismos craneoen-
cefálicos, fracturas de pelvis, etc. (Tatou E, y cols), pudiendo existir lesiones múltiples en aorta
(Williams J. S y cols), produciéndose la mayoría de las roturas en la aorta descendente, en
la zona del istmo aórtico.
Respecto a los mecanismos de rotura de aorta torácica, se han referido muchas teorías (Katyal
D. y cols) para explicar la patogenia de la rotura traumática de aorta. Una de las teorías más
aceptadas, refiere una combinación de compresión torácica directa y deceleración frontal rápida,
que produce tracción sobre el istmo aórtico, el punto en el cual, el cayado aórtico móvil se une a
la aorta torácica descendente proximal que está fija.
Otros autores han descrito el “efecto de pala” –shovelin- que se produce cuando un impacto
en la parte torácica baja o abdominal superior, produce un desplazamiento hacia arriba del me-
diastino y la torsión en el istmo.
355
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
La teoría de “pellizco óseo” –osseous pinch-, establece que la aorta descendente proximal es
atrapada entre el esternón, costillas superiores y clavículas anteriormente, y la columna vertebral
posteriormente.
Finalmente, la teoría “de martillo de agua” (water-hammer), que establece que la rotura trau-
mática de aorta se produce por una elevación aguda de la presión aórtica, después de un impacto
torácico significativo, que no ha recibido amplia aceptación.
Para los conductores, las lesiones serían asociadas y simultáneas en aorta y en las otras le-
siones toraco-abdominales, por compresión debida a la desaceleración del cuerpo en el momento
en que el conductor se desliza hacia delante y se flexiona contra el volante. Para los acompa-
ñantes del asiento delantero, el mecanismo es la hiperextensión caudocraneal de la aorta torácica
en el momento en que el cuerpo se detiene por el tablero, pero la cabeza sigue hacia delante a
gran velocidad; los vasos carotídeos tiran del arco aórtico al mismo tiempo que las arterias inter-
costales fijan la parte torácica de la aorta y tiran de ella hacia abajo.
La diferencia de masas en un choque frontal entre dos vehículos que circulasen con la misma
velocidad y en sentido contrario, explicaría la mayor mortalidad en los ocupantes del vehículo de
menor peso.
El factor edad, condiciona de forma principal la gravedad y el riesgo de muerte de los lesiona-
dos tras colisiones frontales, y así Miltner E, y Salwender HJ., refieren que los factores que de-
terminaron el nivel de gravedad de lesiones en ocupantes de automóviles, con cinturón de
seguridad tras colisiones frontales, fueron la velocidad equivalente de energía (EES), el cambio
de velocidad (delta-v), la máxima profundidad de deformación, el ángulo de colisión y la edad, y
así a una EES de 50 kms/h, la probabilidad de sufrir lesiones mortales fue un 30%-40% más alta
para ocupantes de mas de 59 años que para los de menos de 20.
356
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
Se suelen producir fracturas costales en ese hemitórax con lesiones intratorácicas, fracturas
de pelvis, y lesiones craneoencefálicas, debidas a que el movimiento de la cabeza es mediante
una inclinación lateral, tendiendo a acercarse al automóvil incidente, -según la tercera Ley de
Newton-, pudiendo golpear la cabeza contra la ventanilla, el marco de la puerta o incluso el capó
del automóvil que golpea.
Debe recordarse la asociación de lesiones, de forma que fracturas costales altas, (de la 1ª
a la 3ª), al estar muy protegidas indicarían un mecanismo de alta energía de impacto, pueden
asociarse a lesión de grandes vasos intratorácicos (Katyal, D. y cols), suponiendo esta lesión,
como causa principal o asociada a otras, alrededor del 50% de las muertes en este tipo de coli-
sión, habiéndose encontrado en el 21% de los fallecidos.
Después del primer estudio epidemiológico de rotura traumática de aorta (RTA) realizado por
Parmley y cols en 1.958, estudios de Greendyke, Sevitt y Landevall apoyaron el concepto de que
los choques frontales eran la fuerza de dirección principal que llevaba a RTA. Estudios más re-
cientes, han demostrado que los choques laterales pueden producir patrones graves y únicos de
lesión. Así, estudios de Siegel y cols, Dischinger y cols, y McLellan y cols, han demostrado que
los accidentes de automóvil por impacto lateral producen lesiones significativamente más graves
a nivel torácico y abdominal cuando se comparan con lesiones de víctimas en choques por im-
pacto no lateral.
Pruebas biomecánicas sobre modelos de cadáver, han demostrado un movimiento lateral del
corazón móvil relativo a la aorta descendente proximal fija, lo que lleva a una lesión por desgarro
en el istmo. Además estudios de autopsia realizados por Careme sugieren, que la deformación
interna grave de la pared torácica durante el impacto lateral produce contras de choque, que des-
plazan el corazón hacia delante en el tórax llevando a una fuerza de desgarro en el istmo. Estos
dos mecanismos se han invocado para explicar la rotura de aorta en colisiones laterales.
Las fracturas costales medias pueden producir contusión pulmonar, contusión miocárdica, etc.
Las fracturas costales bajas (9ª a 12ª) pueden producir rotura hepática en el lado derecho, rotura
esplénica en el lado izquierdo o rotura diafragmática.
Las estructuras circulares suelen partir a dos niveles –similar a lo que ocurre al comprimir un
aro modelo “hoola-hoop” contra el suelo- por lo que deben buscarse fracturas a dos niveles en
costillas, en pelvis, etc.
357
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
El impacto en el lado de la víctima tuvo una probabilidad 2,3 veces superior de producirla y
una intrusión superior a 37,5 cm se asoció a una probabilidad 3,2 veces superior.
Sus consecuencias suponen un coste económico muy elevado, ya que hasta el 60% de los
gastos de compañías de seguros, por lesiones corporales secundarias a accidentes de tráfico,
se deben a este tipo de accidente -Alonso J., Comunicación personal-.
Desde el punto de vista médico, el “esguince cervical” constituye un desafío, dado que en mu-
chos casos constituye un “cajón de sastre” en el que se incluyen diferentes entidades clínicas,
con distinto grado de complejidad lesiva, el diagnóstico es incierto desde el punto de vista de ob-
jetivación de lesiones, el curso clínico es variable y el pronóstico es difícil de establecer en muchos
casos, habiendo sido objeto de intentos de clasificación para clarificar su significado, tales como
la clasificación de la Whiplash Québec Task Force (Spitzer WO y cols).
El denominado “esguince cervical”, o en lengua inglesa referido como “whiplash” (E. Crowe,
1928), se puede incluir en ese grupo de las denominadas “enfermedades de la civilización”, y así,
se ha descrito por algunos autores que “El dolor cervical es al automóvil lo que el dolor lumbar es
para el mundo del trabajo” (Walter Q. y cols).
358
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
Se debería a una acción brusca sobre la columna vertebral cervical, con afectación de dife-
rentes estructuras –músculos, tendones, vasos sanguíneos, nervios, discos intervertebrales, etc.,-
que habrían sufrido tensiones de estiramiento y compresión de diferente grado, en el curso de
un movimiento violento y brusco del cuello, tras la desaceleración brusca producida al colisionar
frontalmente el automóvil, que conducía la lesionada, con una fase inicial de flexión de la cabeza
sobre el tórax, y una fase secundaria de extensión del cuello.
Generalmente, esta lesión se produce tras un alcance trasero, con una fase inicial de extensión
del cuello y una fase ulterior de flexión, aunque puede producirse en cualquier tipo de colisión en
la cual, el cuello se vea sometido a movimientos bruscos y violentos, en cualquiera de sus ejes.
El binomio formado por la unidad funcional cabeza–cuello es el segmento más móvil del cuerpo
humano en la actividad de conducir un vehículo, con o sin accidente. Es también soporte de la
estructura que anima el espíritu. Constituye pues, un padecimiento propio de la vida moderna de
las sociedades desarrolladas.
En una colisión por alcance, el cuerpo tiende a dirigirse hacia delante por transmisión de la
energía del vehículo incidente al respaldo del asiento y a los ocupantes del automóvil alcanzado.
Este desplazamiento solidario del asiento con el tronco, no se ve acompañado del mismo movi-
miento en la cabeza, que debido por una parte, a que tiene el centro de gravedad en una situación
relativamente posterior, y a que tiende a retardar su movimiento respecto al del tronco, pivotaría
hacia atrás sobre el cuello, produciendo una hiperextensión, lo que se podría evitar mediante el
reposacabezas situado adecuadamente. El uso del cinturón de seguridad, aumentaría la produc-
ción de estas lesiones, aunque desde luego protegiendo de la producción de otras lesiones más
graves.
Para la explicación de la producción de estas lesiones, se deben tener en cuenta las fuerzas
transmitidas al cuello, lo que obligaría a una reconstrucción cuidadosa del accidente, con deter-
minación del cambio de velocidad (delta-v) experimentado por el vehículo. Por ejemplo, una
Delta -V (cambio de velocidad) de 7,8 km/h., comunica una aceleración vectorial a la masa de la
cabeza de 4,3 g Cholewicki (1997) describe como en colisiones entre 3–10 g, los ligamentos cer-
vicales experimentan elongaciones por encima del rango de la tolerancia fisiológica.
Una velocidad de impacto de unos 12-13 km/h, produce una aceleración del ocupante 2,5
veces superior a la del vehículo (Thompson y cols., 1989); otros investigadores han demostrado
que puede llegar a ser 5 veces mayor (West y cols, 1993; Rosenbluth W, Hicks L, 1994).
Por otra parte, Szabo TJ, Welcher JB y cols. realizaron 10 pruebas con Delta V entre 8 y 10
Km/h y no observaron lesiones en sus voluntarios. Se observaron Delta V de alrededor de 9,6
Km/h y la aceleración pico en cabeza varió entre 5,2 y 14,8 G.
En los accidentes a baja velocidad, los siguientes factores afectan al tipo y grado de lesiones:
El ángulo del accidente –o dirección principal de fuerza-, el grado de giro de la cabeza, el diseño,
la elasticidad y el “balance” pre-existente de daño o lesión cervical, -tal como la degeneración
discal o actrices ligamentosas-, el movimiento de la columna, la fuerza y tensión previa de los
músculos cervicales e incluso la longitud del cuello (Watts, Atkinson y Hennessy). Estos autores
se refieren a la relación entre la velocidad de colisión y la producción de lesiones en columna, y
comentan que el umbral para lesiones en cuello, por un mecanismo de “latigazo cervical”, estaría
por debajo que el que se había establecido previamente –sobre unos 15 km/h para población
sana-, ya que otro efecto importante es el estiramiento rápido de las columnas vertebrales de los
ocupantes del vehículo alcanzado, que contribuye al impulso precoz hacia arriba sufrido por el
cuello.
359
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
Por otra parte, se ha descrito que la correlación entre el cambio de velocidad de la colisión y
los síntomas no siempre es buena, (Elbel M, Kramer M.), así como una mayor importancia de los
factores psicológicos del accidentado frente a los factores técnicos del accidente (Richter M, Fe-
rrari R).
Es muy importante la posición correcta de los reposacabezas, (el borde superior a la altura de
la coronilla e inclinado hacia delante al máximo) ya que la posición defectuosa (lo más bajo po-
sible e inclinados al máximo hacia atrás), favorecería la angulación en hiperextensión de la ca-
beza, con el agravamiento consiguiente de lesiones.
Respecto a las colisiones por alcance a alta velocidad, debe tenerse en cuenta que los ac-
cidentes por alcance, suponen un porcentaje muy pequeño de los accidentes que producen le-
siones graves o mortales; siendo, estas lesiones graves, las zonas más frecuentemente afectadas
cabeza y tórax, por contacto contra el interior del automóvil o el volante, en el caso del conductor
(James M. B., Decker R. L), refiriéndose un porcentaje de muertos y heridos graves (MAIS 4+),
de un 17% para accidentes por alcance con un cambio de velocidad –delta V- de 35 a 62 km/h.
en el vehículo alcanzado.
En general, son necesarias velocidades de colisión por alcance muy altas para producir lesio-
nes graves o mortales en los ocupantes del automóvil alcanzado, (Nadjem H, Ropohl D), con pa-
trones de lesiones que comprenden traumatismo extenso de partes blandas (hematomas
subcutáneos, bolsa llenas de sangre, “degollamientos”) no discernibles desde el exterior sobre la
parte dorsal del tronco, la mayoría en la zona lumbosacra; fracturas costales dorsales múltiples,
a menudo combinadas con fracturas de columna (incluyendo sacro y coxis) y/o pelvis; roturas de
aorta en las zonas típicas de predisposición; roturas de hígado y bazo (particularmente en las su-
perficies viscerales), aunque se deben tener en cuenta otras circunstancias del accidente, tales
como, grandes diferencias de masas entre los vehículos implicados (Ej. alcance de tractocamión
a turismo), que hacen que la energía cinética disipada en la colisión sea muy alta.
360
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
Si el ocupante de un automóvil que vuelca no está sujeto por cinturón de seguridad, puede
golpear con cualquier parte del interior del compartimento del vehículo. Pueden producirse lesio-
nes en cráneo y cuello por impacto contra el techo, y son frecuentes las lesiones a nivel de co-
lumna vertebral, pudiendo producirse fracturas o luxaciones vertebrales.
Los equipos de asistencia médica a víctimas de accidentes que han sufrido un vuelco, deben
extremar las medidas de control de columna cervical y de inmovilización del resto de columna,
guardando un alto índice de sospecha de posibilidad de lesiones a éste nivel, debiendo recordar
que hasta en un 10% de casos existen lesiones en columna a más de un nivel en el mismo pa-
ciente.
El vuelco puede acompañarse de expulsión del vehículo, lo cual agrava enormemente el ac-
cidente, ya que la mortalidad de los ocupantes despedidos es de tres veces superior respecto a
los que permanecen en el interior del vehículo.
Aunque en el vuelco, dadas sus características, se pueden producir todo tipo de lesiones, las
361
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
fracturas vertebrales, a menudo asociadas a lesión medular, son de las mas características (In-
amasu J., Guiot B.H), habiéndose observado mayor frecuencia y gravedad de la lesión vértebro-
medular -asociación a lesión medular- así como mayor gravedad por otras lesiones asociadas
en los ocupantes no sujetos por cinturón de seguridad.
En los vuelcos, los ocupantes de los asientos traseros, que con frecuencia son niños y viajan
sin dispositivos de retención, sufren lesiones por contacto con los asientos delanteros, con ma-
teriales desprendidos del turismo con las ventanillas o con otras partes del vehículo (Bodiwala
G.G. y cols), saliendo, por otra parte, despedidos por las ventanillas laterales (Carlson G. y cols).
Un evento muy grave y que se asocia a los vuelcos, es la eyección de ocupantes desde el in-
terior del automóvil. Green P. D. y cols vieron que la eyección del asiento trasero era peligrosa;
así, la eyección aumenta importantemente el riesgo de muerte por lesión grave en un factor de
4,5 y 3,6, respectivamente. La eyección también supuso el 29% de muertes en los ocupantes no
sujetos por cinturón; se ha visto que el uso de dispositivos de sujeción es una medida extrema-
damente efectiva para reducir la mortalidad en vuelcos (Evans L., Frick M.C.).
Se ha referido que de los ocupantes de automóviles y camionetas con lesión medular, el 70%
habían sufrido vuelco, mientras que el 39% habían resultado eyectados del vehículo. Sólo el 25%
usaban cinturón de seguridad.
Las lesiones medulares se asocian mucho más al vuelco que a otros tipos de accidente, según
estudios de [Link]. (Thurman DJ. Burnett CL). y Australia (Wigglesworth E.C), habiéndose re-
ferido también que entre los factores que confieren mayor gravedad al accidente, están la no uti-
lización de cinturón de seguridad, la eyección y el tipo de accidente, -vuelco-, (Singleton M, Qin
H, Luan).
En el vuelco existiría una serie de criterios para tratar de definir su gravedad y riesgo.
Así, es interesante determinar el “evento más dañino” ocurrido en el transcurso del accidente, tal
como puede ser la existencia de una colisión previa, tipo embestida lateral, o una detención brusca
- poste, árbol, etc.-, (“detención brusca o detención progresiva -“arrested “ vs “non arrested”-).
362
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
Uno de los criterios mas importantes para la gravedad del vuelco es el número de cuartos
de vuelta dados (una vuelta indica cuatro cuartos), así como el tipo de vuelco, “de campana”
- “End-Over-End”- o el tipo mucho más frecuente “en tonel” o “Barrel”.
7.- BIBLIOGRAFÍA
1. Advanced Trauma Life Support. A Manual for Physicians. American College of Surgeons –Committee on Trauma.
2. The Abbreviated Injury Scale AIS, American Association of Automotive Medicine, Revision 85, Morton Grove, Illi-
nois/USA.
3. Bertinchant JP, Polge A, Mohty D et al Evaluation of incidence, clinical significance, and prognostic value of cir-
culating cardiac troponin I and T elevation in hemodynamically stable patients with suspected myocardial contusion
after blunt chest trauma . J Trauma, 2000; 48:924-931.
4. Bopdiwala G. G., Thomas P. D., Otubushin A..Protective effect of rear-seat restraints during car collisions The
Lancet, Vol. 333, No 8634, Pags 369 - 371, 18 Febr 1989.
5. Carlsson G., Ejection –A hazard in traffic accidents. Int J Vehicle Desing 1983; 4:112-115.
6. Crowe H. Injuries to the cervical spine. Presentation to the annual meeting of the Western Orthopaedic Association,
San Francisco, 1928.
7. Daffner, R.H.; Deeb, Z.L.; Lupetin, A.R.; Rothfus, W.E., Patterns of High-speed Impact Injuries in Motor Vehicle
Occupants, J. Trauma 28(4):498-501, 1988.
8. Dischinger P.C., Siegel, J.H., Ho S.M. and Kufera J.A. Effect of change in velocity on the development of medical
complications in patients with multisystem trauma sustained in vehicular crashes . Accident Analysis & Prevention,
Volume 30, Issue 6 , November 1998, Pages 831-837.
9. Elbel M, Kramer M, Huber-Lang M, Hartwig E, Dehner C. Deceleration during ‘real life’ motor vehicle collisions - a
sensitive predictor for the risk of sustaining a cervical spine injury?. Patient Saf Surg. 2009 Mar 8;3(1):5.
10. Evans L., Frick M. C. reductions through eliminating occupant ejection from cars. Accident Analysis & Prevention,
Volume 21, Issue 2, April 1989, Pages 169-182.
11. Gabauer D.J. y Gabler H. C. Comparison of roadside and vehicle crash test injury criteria in frontal crash tests, In-
ternational Journal of Vehicle Safety, Volume 3, Nº 1 / 2008, p.1 - 13.
12. Horton TG, Cohn SM, Heid MP, Augenstein JS, Bowen JC, McKenney MG, Duncan RC Identification of trauma pa-
tients at risk of thoracic aortic tear by mechanism of injury, J Trauma. 2000 Jun; 48(6):1008-13; discussion 1013-4.
363
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
13. Inamasu J., Guiot B.H. Thoracolumbar junction injuries after rollover crashes: difference between belted and un-
belted front seat occupants. European Spine Journal, Vol. 18, No. 10 /Oct 2009, Pag. 1464-1468.
14. James M. B., Decker R. L., Warner Ch Y., Severe and Fatal Injuries in Rear Impacts,41st Annual
Proceedings of the Association for the Advancement of Automotive Medicine, Orlando, Florida, November 10-11,
1997.
15. Katyal, Deepak; McLellan, Barry A.; Brenneman, Frederick D.; Boulanger, Bernard R.; Sharkey, Philip W.; Waddell,
James P. Lateral Impact Motor Vehicle Collisions: Significant Cause of Blunt Traumatic Rupture of the Thoracic
Aorta The Journal of Trauma. 42(5):769-772, May 1997.
16. Loo GT, Siegel JH,., Dschinger, PC.,... Airbag protection versus compartment intrusion effect determines the pat-
tern of injuries in multiple trauma motor vehicle crashes. J. Trauma 41, 935-951, 1996.
17. Miltner E, Salwender HJ, Influencing factors on the injury severity of restrained front seat occupants in car-to-car
head-on collisions, Accid Anal Prev. 1995 Apr; 27(2):143-50.
18. Monma Hiroaki ; Sugita Takehiko. Is the mechanism of traumatic posterior dislocation of the hip a brake pedal
injury rather than a dashboard injury. Injury 2001, vol. 32, no3, pp. 221-222 (5 ref.) .
19. Morgan R. M, Eppinger R. H, Hennessey B. C. Ankle Joint Injury Mechanism for Adults in Frontal Automotive Im-
pact. SAE Paper Number: 912902, October 1991.
20. Nagy K, Rodman G, Fulda G, et al. Guidelines for the diagnosis and management of blunt aortic injury: an EAST
Practice Management Guidelines Work Group. J Trauma 2000; 48:1128-1143.
21. Nadjem H, Ropohl D, Pollak S. Injury pattern in fatal automobile accident passengers due to rear-end collisions
Arch Kriminol. 2002 May-Jun; 2005 (5-6):138-46.
22. Nance, Michael L. Elliott, Michael R. Arbogast, Kristy B. Winston, Flaura K. Durbin, Dennis R. Delta V as a Pre-
dictor of Significant Injury for Children Involved in Frontal Motor Vehicle Crashes, Annals of Surgery. 243(1):121-
125, January 2006.
23. Nikolic S., Atanasijevic T, Mihailovic Z, Babic D, Popovic-Loncar T. Mechanisms of aortic blunt rupture in fatally in-
jured front-seat passengers in frontal car collisions: an autopsy [Link] J Forensic Med Pathol. 2006 Dec;
27(4):292-5.
24. Otte, D.; von Rheinhaben, H.; Zwipp, H., Biomechanics ofth Injuries to the Foot and Ankle Joint of Car Drivers and
Improvements for an Optimal Car Floor Development, 35 Stapp Car Crash Conference, SAE 922514, 1992.
25. Pattimore,
th
D.; Ward, E.; Thomas, P.; Bradford, M., The Nature and Cause of Lower Limb Injuries in Car Crashes,
Proc. 34 Stapp Car Crash Conference, SAE 912902, 1991.
26. Pintar FA, Yoganandan N, Gennarelli TA, Airbag effectiveness on brain trauma in frontal crashes. Annu Proc Assoc
Adv Automot Med. 2000; 44:149-69.
27. Richards D, Carhart M, Raasch C, Pierce J, Steffey D, Ostarello A.. Incidence of thoracic and lumbar spine injuries
for restrained occupants in frontal collisions. Annu Proc Assoc Adv Automot Med. 2006; 50:125-39.
28. Richter M, Ferrari R, Otte D, Kuensebeck HW, Blauth M, Krettek C. Correlation of clinical findings, collision pa-
rameters, and psychological factors in the outcome of whiplash associated disorders. J Neurol Neurosurg Psy-
chiatry. 2004 May; 75(5):758-64.
29. Richter, M.; Krettek Ch. Otte, D. Wiese, B.; Stalp M. Ernst S. Pape, H. Ch. Correlation between Crash Severity,
Injury Severity, and Clinical Course in Car Occupants with Thoracic Trauma: A Technical and Medical Study. Journal
of Trauma-Injury Infection & Critical Care. 51(1):10-16, July 2001.
30. Richter M, Thermann H, von Rheinbaben H, Schratt E, Otte D, Zwipp H, Tscherne H. [Fractures of the foot region
of car drivers and passengers. Occurrence, causes and long-term results, Unfallchirurg. 1999 Jun;102(6):429-3.
31. Rosenbluth W, Hicks L. Evaluating low-speed rear-end impact severity and resultant occupant stress parameters.
J Forensic Sci. 1994 Nov; 39(6):1393-424.
32. Swan, K. G. Jr., Swan, Betsy C. Swan, Kenneth G. Original Articles: Decelerational Thoracic Injury, J. of Trauma,
November 2001 - Volume 51 - Issue 5 - pp 970-974.
33. Szabo TJ, Welcher JB y cols. Human Subject Kinematics and Electromyographic Activity During Low-Speed Rear-
End Impacts, SAE Paper 962432, 1996.
34. Siegel JH, Mason-Gonzalez S., Dschinger, PC , et. al. Safety belt restraints and compartment intrusions in frontal
and lateral motor vehicle crashes: Mechanisms of injuries, complication, and acute care costs. J. Trauma 34, 736-
759, 1993.
35. Siegel JH, Mason-Gonzalez S., Dschinger, PC , et. al. Causes and cost of injuries in multiple trauma patients re-
quiring extrication from motor vehicle crashes. J. Trauma 35, 920-931, 1995.
36. Siegel, J.H.; Mason-Gonzales, S.; Cushing, B.M.; Dischinger, P.C.; Soderstrom, C.A.; Read, K.M. et al. A Prospec-
tive Study
th
of Injury Patterns, Outcomes and costs of High Speed Frontal Versus Lateral Motor Vehicle Crashes,
Proc. 34 AAAM, pp 289-313, 1990.
364
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal
37. Singleton M, Qin H, Luan. Factors associated with higher levels of injury severity in occupants of motor vehicles
that were severely damaged in traffic crashes in Kentucky, 2000-2001, Traffic Inj Prev. 2004 Jun; 5(2):144-50.
38. Smith JA, Siegel JH, Siddiqi SQ. Spine and spinal cord injury in motor vehicle crashes: a function of change in ve-
locity and energy dissipation on impact with respect to the direction of crash, J. Trauma. 2005 Jul; 59(1):117-31
Spitzer W. O., Salim R. Skovron M.L. y cols. Monographie Scientifique du Groupe de Travail Québécoise Sur.
1995. Les Troubles associés a l’entorse cervicale ( TAE C). Redefinir le “whiplash” et sa prise en charge.
[Link]/fmc/publications/ taec.
39. Spitzer WO, Skovron ML, Salmi LR, et al. Scientific monograph of the Quebec Task Force on Whiplash-Associated
Disorders: redefining “whiplash” and its management. Spine. 1995; 20(Suppl 8):1S–73S.
40. Tagliaferri F., Compagnone, Ch. Yoganandan, N. Gennarelli, Th. A. Traumatic Brain Injury After Frontal Crashes:
Relationship With Body Mass Index. The Journal of Trauma: Injury, Infection, and Critical Care: March 2009, Vol.
66, No 3 - pp 727-729.
41. Tatou E., Steinmetz E. y cols. Surgical outcome of traumatic rupture of the thoracic aorta, Ann Thorac Surg 2000;
69:70-73.
42. Thurman DJ. Burnett CL, Beaudoin DE, Jeppson L, Sniezek JE, Risk factors and mechanisms of occurrence in
motor vehicle-related spinal cord injuries: Utah, Accid Anal Prev. 1995 Jun: 27(3): 411-5.
43. Viano D.C. Olsen S. The effectiveness of active head restraint in preventing whiplash. J Trauma 2001; 51: 959-
969.
44. Walter Q. y cols., 1995, Monographie Scientifique du Group de Travail Québécoise sur les Troubles associés à
l´entorse cervicale (TAE c). Redefinir le «whiplash» et sa pris en charge.
45. Watts A. J., Atkinson D. R., Hennessy C. J., Low Speed Automobile Accidents: Accident Reconstruction and Oc-
cupant Kinematics, Dynamics, and Biomechanics. Lawyers & Judges Pub., Tucson, AZ, 1996.
46. Elbel M, Kramer M, Huber-Lang M, Hartwig E, Dehner C. Deceleration during ‘real life’ motor vehicle collisions - a
sensitive predictor for the risk of sustaining a cervical spine injury? Patient Saf Surg. 2009 Mar 8; 3(1):5.
47. Williams J. S., Graff J. A. , Uku J.M. Steinig J.P. Aortic injury in vehicular trauma. The Annals of Thoracic Surgery,
Vol 57, 726-730.
365
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- Objetivos
2.- Introducción
6.- Resumen
7.- Bibliografía
368
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
1.- OBJETIVOS
• Conocer y aplicar el orden de prioridades en la atención al paciente politraumatizado.
• Adquirir los conocimientos necesarios para reconocer situaciones de compromiso vital.
• Aprender cuales son las etapas en la atención de los pacientes traumatizados.
• Realizar una evaluación rápida y eficaz del paciente politraumatizado, valoración primaria y
secundaria.
• Predecir las complicaciones que nos pueden surgir durante la realización de las valoraciones
y anticiparse a ellos o minimizar su impacto.
2.- INTRODUCCIÓN
Los accidentes de tráfico son la tercera causa de muerte en España, precedidos por las enfer-
medades cardiovasculares y por las neoplasias malignas1, siendo, la traumática, la principal causa
hasta los 40 años.
Según datos ofrecidos por la DGT, de los 85.503 accidentes de tráfico con víctimas en 2010
en España, se ocasionaron 2478 muertos, 11.995 heridos graves y 108.350 heridos leves. A pesar
de que siguen siendo cifras demasiado elevadas, en la última década se ha producido una re-
ducción de un 55% de accidentes de tráfico y del 55% de los heridos graves en relación a 2001.
Continúa siendo más frecuente los accidentes en zona urbana (54%) pero con mayor gravedad
en carretera (78% fallecidos y 64% de heridos graves)2. Siendo un 33% en edades comprendidas
entre los 15-35 años.
El concepto politraumatizado incluye a todo aquel paciente que presenta una o más lesiones
óseas mayores y/o afectación de una o más vísceras, entrañando repercusiones respiratorias y/o
circulatorias que lo colocan en una situación crítica de riesgo vital, que precisa valoración y tra-
tamiento inmediato, y la necesidad de establecer prioridades terapéuticas3.
La supervivencia del paciente politraumatizado depende principalmente del tiempo que tarda
en ser atendidos, por eso la asistencia que prestemos en los primeros instantes debe tener una
estructura clara y organizada con el objetivo de establecer las prioridades de actuación, la esta-
bilización respiratoria y hemodinámica, el diagnóstico y el tratamiento inicial del paciente traumá-
tico.
Se requiere una gran formación, experiencia y capacidad de trabajo en equipo por parte del
personal sanitario de prehospitalaria que atiende a este tipo de pacientes, por ello en la Comuni-
dad de Madrid se exige el título de Experto de Enfermería en Urgencias Extrahospitalarias (334
h) y un mínimo 90 horas de formación continuada trianual.
369
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
• Primer periodo:
La muerte sucede en los primeros segundos o minutos tras el accidente, debido a causas di-
fícilmente tratables, ocasionada por lesiones masivas o estructuras vitales como apnea por
lesiones cerebrales, de tronco, de médula alta, lesiones cardiacas o de grandes vasos u obs-
trucción de la vía aérea y corresponde al 10% de la mortalidad. Es la “mortalidad inmediata o
in situ” En esta etapa, dada la severidad de las lesiones, sólo podemos actuar con medidas
preventivas y con repercusión social (campañas de concienciación, uso del cinturón de segu-
ridad…).
• Segundo periodo:
Comprende la denominada “golden Hour” (hora de oro) del trauma, donde todas las medidas
extrahospitalarias y hospitalarias que se hagan dentro de ese periodo van a ser decisivas para
la supervivencia del paciente, por este motivo cobra una mayor importancia nuestra actuación.
Este periodo, denominado “mortalidad precoz”, comprende desde los primeros minutos hasta
algunas horas después del accidente. En él hasta un 77% de los pacientes fallecen en las pri-
meras horas, siendo las causas evitables, tales como problemas respiratorios, hipoxia, hemo-
rragias, shock, si son detectadas y tratadas precozmente. En esta etapa una actuación eficaz,
temprana y organizada puede disminuir de manera importante las cifras de mortalidad. Recor-
dar que la “hora de oro” es del paciente y no nuestra.
• Tercer periodo:
Es una etapa tardía, en que la muerte ocurre varios días o semanas después, debida a sepsis,
fracaso multiorgánico y/o complicaciones postquirúrgicas. Ésta representa el 13% de la mor-
talidad global y se conoce como “mortalidad tardía”.
La asistencia prehospitalaria sigue una secuencia de actuación que está dividida en once
fases bien definidas de actuación, más conocido como undecálogo de actuación:
• Fase de preparación o alerta: compuesto por unos planes de emergencia, unos proto-
colos, teléfono único, centro de coordinación y medios técnicos y humanos.
• Fase de respuesta: activación y puesta en marca de la emergencia y del recurso más
idóneo.
• Fase de aproximación: llegada al lugar de intervención, valorando y controlando la es-
cena.
370
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
Existen mecanismos lesionales considerados de gravedad por la forma del siniestro, que
pueden hacer presuponer un peor pronóstico dada la violencia del suceso. De ahí que sea
fundamental el conocimiento de la biomecánica de las lesiones para poder identificar con
precocidad la existencia de las patologías más severas. Estos son4:
• Impacto a alta velocidad.
• Caída desde una altura >6 metros.
• Muerte de otras personas en el mismo accidente.
• Atrapamiento con más de 20 min de extricación.
• Intrusión del vehículo en el interior del compartimiento de pasajeros (>30 cm en el sitio
del ocupante o >45 cm en cualquier otro sitio).
• Expulsión del paciente del vehículo.
• Motorista o ciclista arrollado por un vehículo (a >32 Km/h).
• Atropello de peatón por vehículo (a > 32 Km/h).
1. Revised Trauma Score (RTS): utiliza como valores predictorios la frecuencia respiratoria,
la tensión arterial sistólica y la escala de Glasgow.
371
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
Puntuación 4 3 2 1 0
Escala de coma de
15-13 12-9 8-6 5-4 3
Glasgow
2. Rapid Acute Phisiologic Score (RAPS): es un score de fácil cálculo antes y después del
traslado del paciente grave, siendo un gran predictor de la mortalidad (validado con el
APACHE II realizado a las 24 horas del ingreso). Incluye cuatro variables fisiológicas:
frecuencia cardiaca, presión arterial media, frecuencia respiratoria y escala de coma de
Glasgow (GCS).
3. Rapid Emergency Medicine Score (REMS), que es una modificación del RAPS que in-
cluye dos nuevos parámetros, la edad y la saturación periférica de oxígeno.
4. Trauma Index Revisited (TIR): sistema de clasificación con un alto índice de predicción,
es una buena herramienta para la clasificación de los traumatismos graves, valora la
zona afectada, el tipo de lesión, el estado neurológico, la tensión arterial sistólica y el
pulso y la respiración.
5. Prehospital Trauma classification System (PHTCS): establece cuatro grados y en función
del grado que se adquiera, cuanto más grado tenga, menos grave es el paciente y menos
recursos y personal especializado requerirá en el hospital. Evalúa las características de
la lesión, la situación neurológica, la situación respiratoria y la situación cardiovascular.
6. CRAMS: valora la circulación, la respiración, el abdomen y tórax, los movimientos y la
conversación. Rango 0-10, con un Crams ≤8 equivale a trauma grave.
Escala de
Circulación Respiración Tronco Motor Habla
Crams
Relleno capilar
2 normal Normal Normal Normal Normal
o TA > 100
Relleno capilar Respuestas
1 retrasado Anormal Sensible Dolor confusas o
o TA < 100 > 85 inapropiadas
Defensa
Abdominal
Sin
Sin relleno capi- Tórax
0 Ausentes res- Ininteligible
lar o TA < 85 inestable
puesta
Herida pe-
netrante
372
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
Dentro de las fases de actuación vamos a ver más detenidamente la evaluación primaria y
secundaria.
Nos permite detectar e identificar aquellos problemas que constituyen un riesgo vital inmediato
para el paciente iniciando precozmente su tratamiento. Seguimos una sencilla regla nemotécnica
que es el ABCDE.
B Respiración (BREATHING)
C Circulación (CIRCULATION)
E Exposición (EXPOSURE)
373
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
4.2 B: Respiración
Nuestro objetivo es comprobar y asegurar una ventilación adecuada de los pulmones con
el objetivo de favorecer el intercambio gaseoso alveolo-capilar por difusión y conseguir una
máxima oxigenación de los tejidos y la eliminación del dióxido de carbono tóxico.
La permeabilidad y/o aislamiento de la vía aérea no garantiza de por sí que el paciente esté
respirando o ventilando, por lo que comprobamos y valoramos todos los elementos que in-
fluyen, como los pulmones, la pared torácica y el diafragma; para ello expondremos el tórax
del paciente y evaluaremos la ventilación mediante la auscultación, inspección, palpación
y percusión.
• Auscultación: auscultaremos ambos hemitórax para verificar el flujo de aire en los pul-
mones (Roncus, sibilancias, crepitantes, roces pleurales, zonas de hipoventilación, etc.).
• Percusión: valoraremos el sonido mate o timpánico, masas sólidas o líquidas.
• Inspección: veremos el número y profundidad de de los movimientos, las asimetrías y
defectos musculares, tiraje y retracción de los espacios supraclaviculares, intercostales
y costales, respiraciones paradógicas (debidas a fatiga muscular e incapacidad del dia-
fragma para contraerse).
• Palpación: buscaremos asimetrías, frémito vocal, tumoraciones, etc.
Tipos de respiración:
• Bradipnea: respiración lenta (<12 respiraciones/minuto).
• Eupnea: ratio respiratorio normal (de 12-20 respiraciones/minuto).
• Taquipnea: respiración acelerada (>20 respiraciones/minuto).
• Hiperpnea o hiperventilación. Aumento de la frecuencia y amplitud de las respiraciones.
• Respiración de Kussmaul. Es una hiperventilación más marcada, característica de los
pacientes que presentan acidosis.
• Respiración de Cheyne-Stokes: Se manifiesta por una alternancia entre la hipoventi-
lación y la hiperventilación mediada por pausas de apneas de 20 a 30 segundos de du-
ración entre ellas; la amplitud y la frecuencia de la respiración aumentan progresivamente
hasta un máximo y después disminuye hasta llegar a una nueva pausa de apnea. Ca-
racterística en pacientes con disfunción hemisférica bilateral difusa de localización dien-
cefálica.
• Respiración de Biot. Se caracteriza por ser irregular tanto en frecuencia como en am-
374
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
plitud aunque inicialmente se haya apreciado alguna ritmicidad con pausas de apnea.
Cursan con hipoventilación y por daño en el sistema nervioso central generalmente son
predictorias de parada respiratoria.
En la inspiración, el aire entra en los pulmones (al expandirse el tórax y bajar el diafragma),
y en la espiración, sale el aire (al volver el tórax a su posición inicial y subir el diafragma).
Al bajar el diafragma durante la inspiración, se comprimen las vísceras abdominales y el
abdomen tiende a protruir. En una respiración normal observaremos como su tórax se ex-
pande y su abdomen protruye ligeramente (respiración costo abdominal). En algunos casos
especiales como pueden ser las mujeres embarazadas o los pacientes con ascitis la respi-
ración será predominantemente costal, mientras que si presenta dolor en el tórax, será ma-
yoritariamente abdominal.
4.3 C: Circulación
En este aparado de la evaluación primaria deberemos valorar el control de las hemorragias
externas, gasto cardiaco y el estado de perfusión.
4.3.1 Hemorragia:
La hemorragia es la causa de muerte más importante secundaria al trauma sobre la
que debemos incidir en los primeros momentos de la asistencia, por ello el control de
la pérdida sanguínea es una de las máximas prioridades en la asistencia del paciente
traumatizado.
Las hemorragias externas pueden ser de tres tipos: capilares, venosas y arteriales;
en general las que causan un compromiso vital son las arteriales y en algunos casos
las venosas según su gravedad o mal control del sangrado.
Para el control del sangrado de la hemorragia externa, aplicaremos presión directa
con gasas o apósitos directamente sobre la superficie de sangrado, hasta lograr de-
tener el mismo; esta presión directa en muchos casos nos limita al tener las manos
ocupadas, por lo que en caso de necesidad, podremos utilizar un vendaje compresivo
realizado con compresas y venda elástica o podremos utilizar las férulas neumáticas
siendo preferibles las transparentes para poder ver el sangrado.
El uso de torniquetes está indicado en casos de amputación traumática, miembros
catastróficos y hemorragia grave no controlada por presión directa o vendaje com-
presivo; se ha comprobado una mejora de la efectividad en el manejo de los torni-
quetes por parte de los cirujanos tras las experiencias militares en Afganistán e Iraq10
a pesar de la isquemia distal que producen. Los torniquetes deben estar siempre vi-
sibles y se anotará la hora de colocación.
El uso de pinzas hemostáticas o clamps para controlar la hemorragia de los vasos
sangrantes está desaconsejado ya que hace perder mucho tiempo y se favorece la
lesión de otros elementos adyacentes como venas y nervios.
Si tenemos la sospecha de hemorragia interna, buscaremos el posible origen del san-
grado (tórax, abdomen, pelvis, MMII, etc.) y realizaremos el traslado lo más pronto
posible al centro hospitalario útil con reposición durante el traslado de líquidos calien-
375
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
CLASE
VARIABLE I II III IV
Frecuencia cardiaca
< 100 < 100 >120 >140
(lat/min)
Frecuencia respiratoria
14-20 20-30 30-40 >35
(resp/min)
376
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
Los signos clínicos que evaluaremos para conocer el estado de perfusión del paciente
son: el pulso, el color de la piel, la humedad, la temperatura y el relleno capilar.
4.4 D: Neurológico
Con una rápida evaluación neurológica queremos valorar la función cerebral del paciente,
que está relacionada con la oxigenación y perfusión cerebral, para ello vamos a evaluar el
nivel de conciencia y el estado de las pupilas.
Para evaluar el nivel de conciencia seguiremos la regla nemotécnica del AVDN (Alerta, Ver-
bal, Dolor, No responde) y sobre todo como indicador más importante, la escala de coma
de Glasgow (Tabla V), aceptada internacionalmente por tener carácter predictorio y pronós-
tico, especialmente en el apartado de la mejor respuesta motora. La GCS (escala de coma
de Glasgow) valora tres campos, 1) la apertura de ojos, 2) la mejor respuesta verbal y 3) la
mejor respuesta motora; esta escala se ve limitada con pacientes con afasia, edemas par-
pebrales, problemas oculares, intubación, uso de sedantes y relajantes, problemas mentales
previos, etc.
377
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
Las modificaciones en el estado de conciencia implican retroceder varios pasos atrás y vol-
ver a evaluar el ABC (apertura vía aérea, ventilación y circulación).
Esta disminución del nivel de conciencia puede ser debido a varios factores:
• Lesión del Sistema nervioso central.
• Hipoxia o hipoperfusión cerebral.
• Alteraciones metabólicas (iones, glucemia, convulsiones).
• Ingesta de tóxicos (drogas, alcohol, venenos).
378
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
4.5 E: Exposición/ambiente
Se debe retirar o cortar la ropa del paciente que sea necesaria con control de la columna
vertebral, para tener una completa visión del alcance de las lesiones que ha sufrido, ya que
en muchos casos, por no querer movilizar o por la rapidez en la asistencia a la víctima, han
pasado muchas lesiones desapercibidas al quedar ocultas o enmascaradas al absorber la
ropa el sangrado.
En este apartado y siempre que nos sea posible por la gravedad del paciente y por su si-
tuación, intentaremos preservar la intimidad del paciente para ello si está consciente le in-
formaremos del procedimiento que vamos a realizar y le protegeremos de miradas
exteriores; este punto es uno de los fallos más habituales observados en la asistencia ex-
trahospitalaria, lo cual genera un aumento de la ansiedad con sus correspondientes altera-
ciones en el estado respiratorio y hemodinámico del paciente, a sumar con la propia
producida por las lesiones traumáticas.
379
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
Vamos a explorar al paciente desde la cabeza a los pies y le interrogaremos (si su estado lo
permite).
Esta valoración será determinante para la elección del Centro hospitalario útil, así como una
vez ya en el hospital receptor, ésta guiará la derivación desde la urgencia a radiología, quirófano
o la UCI; de igual manera esta evaluación nos decantará por la elección del medio de transporte
más idóneo, terrestre o aéreo.
Nuestra función consistirá en realizar una rápida anamnesis del paciente, si está consciente
el paciente le podremos interrogar para recopilar toda la información necesaria, teniendo
en cuenta la posibilidad de que se pueda quedar inconsciente y ya no nos pueda facilitar
más información, por lo que en este caso o en el que ya estuviera inconsciente a nuestra
llegada, preguntaríamos a acompañantes, amigos o testigos del accidente. Para realizar la
anamnesis correctamente podemos seguir la regla nemotécnica AMPLIA.
• A: alergias a los medicamentos.
• M: medicamentos que de forma habitual o recientemente está tomando el paciente, es-
pecialmente anticoagulantes, inhibidores plaquetarios, betabloqueantes, antiepilépticos,
antidiabéticos, etc.
• P: patología previa o antecedentes personales médicos y quirúrgicos, enfermedades o
problemas de salud que pueden afectar a su situación como paciente traumático.
• LI: libaciones y últimos alimentos, hora de la última ingesta, dato importante conocer
para tener en cuenta a la hora de inducir la anestesia en quirófano por riesgo de bron-
coaspiración.
• A: ambiente y eventos relacionados con trauma, sucesos que han ocasionado la lesión.
Además la historia deberá reflejar el mecanismo que ha producido la lesión, el uso de dis-
positivos de protección (por ejemplo, cinturones de seguridad, cascos, etc), y una puntua-
ción de dolor.
Con respecto al tipo de lesiones, se pueden clasificar en dos grandes grupos: trauma ce-
rrado y trauma penetrante.
380
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
INSPECCIÓN
AUSCULTACIÓN
PERCUSIÓN
PALPACIÓN
5.2.1 Cabeza:
A nivel de los ojos, identificaremos la agudeza visual, el tamaño de las pupilas, he-
morragias conjuntivales, traumas penetrantes y lentes de contacto que retiraremos
en caso de estar presentes o cuerpos extraños que hayan podido penetrar.
En pacientes con fracturas craneales que sospechemos que la lámina cribiforme esté
rota, se introducirá la SNG por la boca, como se ha comentado.
5.2.2 Cuello:
5.2.3 Tórax:
Los signos que podemos valorar son el dolor, dificultad respiratoria o hipoxia y los rui-
dos respiratorios.
1. Inspección: valoraremos la pared anterior, lateral y posterior del tórax en busca de
lesiones como el neumotórax abierto y tórax inestable o volet costal, para ello pal-
paremos toda la caja torácica incluyendo las clavículas, costillas y esternón, este
último cuando se haya fracturado, la presión sobre él es muy dolorosa al igual que
cuando se produce la desinserción costocondral.
5.2.4 Abdomen:
A nivel extrahospitalario es más importante el constatar que existe una lesión a nivel
abdominal por el elevado sangrado que se puede producir y que va a requerir de vo-
lumen sanguíneo y de unidad quirúrgica que del diagnóstico específico. El abdomen
es una zona de reevaluación continua ya que según vaya apareciendo el sangrado
interno se irán manifestando los signos, pudiendo estar éstos ausentes en los prime-
ros momentos o incluso durante nuestra primera evaluación. Tendremos especial con-
sideración en el caso de las mujeres embarazadas como más adelante veremos en
el capítulo correspondiente.
7. Fosa ilíaca derecha o región inguinal derecha: zona del ciego y apéndice.
9. Fosa ilíaca izquierda o inguinal izquierda: región del colon sigmoideo o sigma.
5.2.6 Espalda:
Exploraremos la zona de la espalda para valorar las lesiones que quedan ocultas a
nuestra visión por encontrarse el paciente en decúbito supino, para ello le lateraliza-
remos sobre una superficie rígida y le inspeccionamos, auscultamos y palpamos en
busca de heridas y de fracturas vertebrales a nivel de la columna dorsal y lumbar. Si
el paciente estuviera en decúbito lateral y no hubiera habido ningún compromiso en
el ABCDE, aprovecharíamos para explorarlo antes de colocarlo en decúbito supino
sobre el medio de inmovilización más adecuado.
5.2.7 Extremidades:
a. Inspección: observaremos todos los huesos y articulaciones de las extremidades
superiores e inferiores en busca de evidencias de lesiones abiertas, cerradas o pe-
netrantes, evidenciándose por sangrado, laceraciones, deformidades, impotencia
funcional, contusiones, hematomas, equimosis, etc.
b. Palpación: recorreremos todas las extremidades determinando la presencia de
dolor, crepitación, movimientos anormales, sensibilidad, relleno capilar distal y pre-
sencia de pulsos periféricos (según la zona afectada iremos de la parte más distal
a la más proximal, radial, cubital, braquial, pedio, poplíteo y femoral). Valoraremos
además el color y la temperatura como signos de isquemia tisular e inflamación.
384
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
385
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
Tenemos que tener en cuenta que dentro del contexto del paciente traumático también
pueden cohabitar otras patologías que potencien la gravedad de nuestro paciente.
Se pueden valorar los reflejos y signos meníngeos sobre todo en pacientes incons-
cientes, para ello comprobaremos los reflejos involuntarios como el corneal (mantener
los párpados abiertos y tocar la cornea con la punta de una gasa); reflejo faríngeo
(tocar la parte posterior de la faringe con una torunda de algodón y comprobar si le
provoca naúseas) reflejo oculocefálico, signo de Babinski (si flexiona el 1er dedo hacia
arriba y el resto hacia fuera, es positivo).
Valoraremos las respuestas motoras y sensitivas empezando por verificar la movilidad
espontánea de las cuatro extremidades, valorando asimetrías y movimientos anor-
males; la presencia de mioclonías, asterixis o temblor suele ser indicativo de afecta-
ción cortical difusa de tipo tóxico-metabólico. Si no observamos movimientos
espontáneos deberemos aplicar un estímulo doloroso y ver la respuesta. La presencia
de parálisis o paresias sugiere la existencia de lesiones a nivel SNC o medular.
Nos alarmarán especialmente los movimientos de flexión o extensión anormales que
pueden ser:
a. Decorticación: es la flexión y aducción de los miembros superiores e hiperextensión
de los miembros inferiores. Se produce por una lesión en las estructuras profundas
de los hemisferios cerebrales o en la porción superior del mesencéfalo.
6.- RESUMEN
Los objetivos son identificar y resolver lesiones vitales y prevenir lesiones. La secuencia co-
mienza con la evaluación de la escena, una vez evaluada la situación y los posibles riesgos y ne-
cesidades empezamos con la evaluación primaria, que se centra en las alteraciones que pueden
amenazar la vida del paciente en este momento; continuamos con la evaluación secundaria que
es una evaluación completa desde la cabeza hasta los pies a fin de identificar otras posibles le-
siones graves que podrían amenazar la vida del paciente o causar su discapacidad en fases pos-
teriores, y en función de todo ello tomaremos la decisión del tipo de transporte más idóneo
(terrestre o aéreo) y del centro útil, por lo que podemos entender el medio de transporte como la
“antesala” de urgencias, teniendo en cuenta la fisiopatología del transporte sanitario.
El Hospital debe ser informado con antelación de la llegada del paciente y de las características
más importantes sobre su patología y tratamiento practicados en el lugar del accidente o en su
386
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
traslado, para poder estar preparados en la sala de urgencias destinada a tal fin. En esta fase
de valoración se debe hacer hincapié en el control de la vía aérea, de hemorragias y del shock.
Todas estas actuaciones nos permitirán proporcionar una mejor perspectiva en vida y calidad de
vida a todo paciente traumatizado.
La hora de oro (golden hour) es la hora decisiva con la que cuenta el paciente desde que se
ha producido el accidente hasta instaurar las medidas hospitalarias/quirúrgicas necesarias para
el tratamiento definitivo del paciente. Este es una de los parámetros que desde la extrahospitalaria
podemos participar más activamente, acortando los tiempos de intervención y estabilización y
agilizando el transporte al centro hospitalario útil.
Si el paciente es capaz de mantener una mínima conversación coherente sabremos que está
consciente, que su vía aérea está permeable y el cerebro perfundido; a partir de este momento
nos dirigiremos a él por su nombre, creando de esta manera un pequeño vínculo, que nos ayudará
a conseguir un ambiente más favorable y a reducir en parte la ansiedad que se le ha generado
por esta situación extraña y anómala para él.
Reflejaremos todos los datos observados desde nuestro inicio de la intervención hasta la lle-
gada al hospital en nuestro informe de enfermería para poder realizar una trasferencia satisfac-
toria; ésta es la única manera de no perder ningún dato relevante que pudiera omitirse por exceso
de datos en la transmisión oral al enfermero receptor y de obtener una cobertura legal, en caso
ser requerida nuestra actuación por orden judicial (es preferible escribir de más que de menos).
7.- BIBLIOGRAFÍA
1. Fernández Ayuso, D., Aparicio Santos, J., Pérez Olmo, J. L., Serrano Moraza, A. Emergencia prehospitalaria y res-
cate. 2ª Ed., Madrid. Arán. 2008. p. 428.
2. Siniestralidad vial. España 2010. DGT. Observatorio Nacional de Seguridad Vial. Madrid. 2011 Disponible en:
[Link]
fras_siniestralidadl011.pdf.
3. Valoración inicial de enfermería al politraumatizado. 1ª ed. Sevilla. 2006. p.13-15.
4. Soporte Vital Avanzado en Trauma para Médicos. ATLS manual del curso para estudiantes. 8ª Ed. Estados Unidos
de América, 2008. p. xviii-xix; 2-3.
5. Gómez Martínez V., Ayuso Baptista F., Jiménez Moral G., Chacón Manzano M.C. Recomendaciones de buena
práctica clínica: atención inicial al paciente politraumatizado. SEMERGEN. 2008. 354-56.
6. PHTLS: soporte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario (6ª ed.). Madrid Elsevier 2008.
7. NANDA. Diagnósticos Enfermeros: definiciones y clasificación. 2005-2006. MMV Ed. Madrid. 2007.
8. Fundamentos de Cuidados Críticos en Soporte Inicial, FCCS (Fundamental Critical Care Support). 3ª Ed. Society
of Critical Care Medicine. AWWE. 2008.
9. Morillo Rodriguez J. Manual de enfermería de asistencia prehospitalaria urgente. 1º ed. Madrid: Elservier; 2007.
10. Owens BD, Kragh JF, Wenke JC, et al. Combat wounds in operation Iraqi freedom and operation enduring freedom.
J Trauma 2008;64(2):295–303.
11. Legome E, Shockley L.W. Trauma: A Comprehensive Emergency medicine Approach. United Kingdom at the Uni-
versity Press, Cambridge. ISBN 978-0-521-87057-3. 2011.
12. Fernández Ayuso D., Molano Alvarez, E., Duque Duque, F., Pérez Olmos JL. Cuidado integral al paciente crítico.
De la extrahospitalaria a la UCI. Madrid. Elsevier. 2009.
13. Wilson. CW., Grande. CM, Hoyt, BD. Trauma Emergency Resuscitation Perioperative Anesthesia Surgical Mana-
gement. Informa Healthcare. USA. 2007.
14. Pacheco Rodriguez, A., Serrano Moraza, A,. Ortega Carnicer, J., Hermoso Gadeo, FE. Manual de emergencia mé-
dica prehospitalaria. Madrid. Arán. 2001.
387
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado
15. Demetriades E, Newton E.J.. Color atlas of emergency trauma. 2nd ed. United Kingdom at the University Press,
Cambridge. ISBN 978-1-107-00152-7. 2011.
16. Rodriguez Montes JA, El politraumatizado diagnóstico y terapéutica. Madrid. Universitaria Ramón Areces.2008.
17. Hernández Galán, JA., et al. Asistencia Urgente Extrahospitalaria. Eunate. 2002.
18. Newverry, L. Manual de Urgencias de Enfermería. 6ª Edición. Barcelona: Elsevier Mosby; 2007.
19. González Posada, MA, Quintana Diaz, M. Fluidoterapia en el paciente politraumatizado. Fresenius Kabi. Barce-
lona. 2008.
[Link]
PACIENTE%20POLITRAUM%C3%[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.
388
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- OBJETIVOS
2.- INTRODUCCIÓN
3.- VÍA AÉREA
3.1 Traumatismo maxilofacial
3.2 Traumatismo de cuello
3.3 Traumatismo laríngeo
3.4 Signos de obstrucción
4.- VENTILACIÓN
4.1 Signos de ventilación ineficaz
10.- RESUMEN
11.- BIBLIOGRAFÍA
390
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
1.- OBJETIVOS
• Conocer e identificar los indicadores predictivos de riesgo de compromiso de la vía aérea.
• Identificar de manera precoz los signos y síntomas de instauración de obstrucción aguda de
la vía aérea.
• Aprender cuales son las técnicas para la permeabilización de la vía aérea.
• Realizar una evaluación rápida de la eficacia de la ventilación y oxigenación realizada en la
vía aérea permeable.
• Identificar y conocer el método o dispositivo más eficaz para asegurar un soporte ventilatorio
adecuado al paciente traumatizado.
• Conocer la importancia de establecer en cuanto nos sea posible una vía aérea definitiva, así
como mantener correctamente oxigenado al paciente en todas las etapas que comprende la
realización de la técnica.
2.- INTRODUCCIÓN
La consecuencia más común que causa con más celeridad la muerte en los pacientes trau-
matizados es el aporte insuficiente de sangre oxigenada al cerebro y a órganos vitales, por lo que
nuestra primera actuación en la asistencia prehospitalaria, debe estar encaminada a la permea-
bilización de la vía aérea y a la aplicación del soporte ventilatorio que fuera preciso.
Como norma general y por su particular condición, a todo paciente traumático inicialmente se
le debe administrar oxígeno y posteriormente ajustar su aporte según la patología traumática que
presente mediante pulsixiometría y capnografía.
En el paciente traumático podemos identificar una serie de causas de muerte evitable en re-
lación con el manejo de la vía aérea, siendo algunas de estas:
• No reconocer los indicadores de afectación de la vía aérea, retrasando así la prioridad de ac-
tuación sobre la misma.
• Dificultad para establecer una vía aérea permeable.
• No reconocer cuando los dispositivos empleados para permeabilizar/aislar la vía aérea están
correctamente colocados.
• Movilización involuntaria de un dispositivo de vía aérea colocado en el paciente.
• No haber evaluado el riesgo de broncoaspiración por contenido gástrico y no tener disponible
de manera inmediata el equipo de aspiración.
Recordemos que la patología traumática es dinámica y por tanto cambiante en el tiempo, por
lo que debemos realizar continuas reevaluaciones de su estado a fin de anticiparnos a los cambios
que agraven su proceso(1) .
391
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
A pesar de todo ello el manejo de la vía aéra extrahospitalaria es un tema controvertido. Hay gru-
pos que han desarollado protocolos de Secuencia de Intubación Rápida con diferentes resultados,
algunos contradictorios. Winchell encontró una significativa reducción de la mortalidad con la in-
tubación traqueal prehospitalaria(2). Cooper mostró una disminución de las complicaciones rela-
cionadas con el trauma y Hicks demostró una reducción de la hipoxemia durante el traslado al
centro hospitalario(3). Sin embargo, en un estudio prospectivo Grant [Link] et al demostró
que la intubación prehospitalaria está asociada a un incremento de la mortalidad en pacientes
politraumatizados que fueron ingresados en el hospital con TCE no letal (4).
Los pacientes con alteración del nivel de consciencia son considerados de riesgo, con una vía
aérea potencialmente comprometida, por lo que generalmente finalizan con un aislamiento defi-
nitivo de ésta, con el fin de asegurar una correcta oxigenación, prevención de la hipercapnia y
evitar la aspiración del contenido gástrico o sanguinolento, derivado de las heridas producidas
por el traumatismo.
Las fracturas más comunes en los traumatismos faciales son las de los huesos propios de
la nariz, pudiendo presentar deformidad, equimosis, edema, epístaxis y crepitación a la pal-
pación.
392
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Las fracturas de la línea media facial las podemos dividir en fractura Le Fort de tipo I, II y
III(5) según su alcance y regiones óseas afectas; en las fracturas que abarcan de forma bi-
lateral la región mandibular es frecuente la perdida de la simetría facial y la cara suele estar
aplanada, presentando el paciente incapacidad de ocluir la mandíbula, manifestando dolor
o parestesias locales además de presentar crepitación a la palpación y deformidad en es-
calón. Una complicación de este tipo de fracturas se presenta en los pacientes en decúbito
supino por el riesgo de obstrucción de la vía aérea por la lengua al perder su soporte óseo
quedando ésta con cierta inestabilidad.
Las arterias carótidas y las venas yugulares internas cruzan la región del cuello en la parte
anterior de la tráquea y una herida penetrante en esta zona puede producir una hemorragia
severa ocasionando obstrucción y desplazamiento de la vía aérea, teniendo que recurrir a
la elección de una vía aérea quirúrgica de emergencia si no fuera posible la intubación en-
dotraqueal.
Un paciente con traumatismo en la tráquea y con obstrucción parcial de la vía aérea a pesar
de la gravedad de esta lesión, inicialmente puede ser capaz de mantener permeable esta
vía y de presentar una adecuada ventilación, aunque si sospechamos un compromiso de
la vía aérea, deberemos conseguir una vía aérea definitiva ya que la pérdida de la perme-
abilidad puede producirse en cualquier momento y entonces tendríamos que recurrir a un
acceso quirúrgico precoz de emergencia.
Para detectar una obstrucción de la vía aérea vamos a contemplar una serie de signos que
podremos valorar de manera objetiva(7,8).
393
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
4.- VENTILACIÓN
La permeabilización de la vía aérea no es suficiente si no podemos garantizar una adecuada
ventilación del paciente y ésta puede estar alterada por una obstrucción de la vía aérea como ya
hemos comentado y por depresión del sistema nervioso central (SNC); cuando estemos seguros
de que tenemos la vía aérea permeable y no mejora la respiración tendremos que identificar otras
causas y tratarlas.
Tendremos especial atención en traumatismos torácicos con fracturas costales que pueden
presentar una respiración paradójica, una ventilación rápida y superficial, que de no solventarlo,
el paciente manifestará un estado de hipoxemia; los pacientes con una patología de base previa
de carácter pulmonar tienen tendencia a presentar una ventilación comprometida; un traumatismo
craneoencefálico severo y lesiones de la médula espinal cervical pueden cursar con patrones
respiratorios anormales, si se ha producido una sección completa a nivel de C3 y C4 el paciente
presentará una respiración abdominal y una parálisis de los músculos intercostales, siendo muy
probable que el paciente precise ventilación mecánica asistida.
Para valorar la efectividad de la ventilación vamos a constatar una serie de signos de ma-
nera objetiva.
394
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
En pacientes que tengan casco cuando sufren un accidente, extremaremos las medidas de
inmovilización cervical bimanual ya que como veremos en el capítulo de inmovilizaciones, la ma-
niobra de retirada de casco si no se realizan con un cuidado exquisito movilizaríamos en exceso
el cuello, favoreciendo así la posibilidad de lesión medular.
Lo ideal en la realización de esta técnica sería que fuera realizada por dos sanitarios,
uno estabilizaría bimanualmente la columna cervical y el otro colocaría los dedos de
una mano por debajo de la mandíbula a nivel mentoniano colocando el 1er dedo en la
parte posterior de los incisivos inferiores, a modo de realizar una pinza que nos per-
mita elevar el mentón; la otra mano la colocaría en la región frontal para ayudar a evi-
tar la hiperflexión de la columna cervical.
La aspiración es una parte muy importe para el mantenimiento de la vía aérea per-
meable, ya que un paciente traumático puede no ser capaz de eliminar sus propias
secreciones, los vómitos, la sangre o los cuerpos extraños, por lo que será necesario
su aspiración. Deberemos tener la precaución de realiza la aspiración de manera in-
termitente y por espacio de tiempo corto para no facilitar la hipoxemia al paciente.
Para la aspiración a través del tubo endotraqueal deberemos emplear unas sondas
flexibles de una longitud de unos 50-55 cm para sobrepasar la vía aérea artificial, en
cambio para aspirar la orofarínge cuando hay un volumen importante de secreciones
o cuerpos extraños, se debe emplear la sonda rígida de punta de amígdala o Yan-
kauer(6,7,8,9).
396
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Hay que elegir el tamaño correcto para cada paciente. La mascarilla laríngea evolu-
cionó a la mascarilla laríngea ProSeal que incorpora un segundo tubo lateral al tubo
de la vía aérea y cuyo extremo distal se localiza en la punta de la máscara; este tubo
tiene la finalidad de separar el tracto respiratorio del digestivo, pudiendo así introducir
una sonda orogástrica al estómago para vaciar su contenido al exterior.
397
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Foto 6. Fastrach
Foto 7. Combitubo
Evolución del Combitube que permite una inserción laríngea a ciegas siendo éste un
dispositivo extraglótico pudiendo encontrar dos modelos, en uno de ellos se ha incor-
porado un acceso para permitir el drenaje del contenido gástrico. La ventaja que
aporta este dispositivo es el menor riesgo de trauma en la hipofaringe y que para su
colocación no precisa de una manipulación importante de la cabeza ni de la columna
cervical.
Se la conoce también como Gum Elastic boggie (GEB), es una guía o estilete semi-
flexible de poliéster trenzado recubierto de una resina (evita los traumatismos larín-
398
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
geos). Inicialmente fue diseñada para el apoyo en las intubaciones difíciles en quiró-
fano, aunque a día de hoy su uso se ha extendido al ámbito extrahospitalario por ser
de gran ayuda sobretodo en las vías aéreas difíciles que no podemos visualizar las
cuerdas vocales por laringoscopia directa (7,15,16).
El uso de la GIO está indicado en pacientes con Mallampati clase III, epiglotitis rígida
y en la intubación de pacientes con inmovilidad cervical, que va a ser el caso que nos
afecte en cuestión, habiendo conseguido una tasa de éxito en el ámbito extrahospi-
talario de un 80% en pacientes que tuvieron una laringoscopia directa difícil.
Los indicadores que nos sugerirán la necesidad de una vía aérea definitiva están basados en
la clínica que presente el paciente (Ver Tabla I); el oxímetro de pulso y la capnografía son herra-
mientas muy útiles para determinar la necesidad o urgencia por establecer una vía aérea definitiva
así como de la efectividad lograda.
Hay tres clases de vía aérea definitiva, la intubación orotraqueal, intubación nasotraqueal y
vía aérea quirúrgica.
399
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
400
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
maniobra de BURP (Back Up, Right, Position or pressure) que nos ayuda en la intubación
a visualizar la cuerdas vocales al desplazar de forma manual y externa la laringe mediante
presión sobre el cartílago tiroides en tres direcciones: Atrás hacia las vértebras cervicales,
arriba y ligeramente a la derecha del paciente.
Una vez hayamos comprobado la correcta ubicación del tubo, lo fijaremos para que no se
desplace ya que podría extubarse o progresar a una intubación selectiva del bronquio de-
recho al introducirse en exceso. Durante el traslado comprobaremos que el tubo no se ha
desplazado con los movimientos, volviendo ser de utilidad la auscultación, la oximetría y la
capnografía.
La intubación cara a cara o face to face(8) la realizaremos cuando no nos sea posible colo-
carnos en posición caudal al paciente, siendo algunas de estas situaciones el encarcela-
miento dentro de un vehículo, en derrumbes que haya quedado atrapado el paciente, etc.
401
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Este dispositivo dispone de una luz tipo LED de baja temperatura que funciona a ba-
tería, este LED se debe encender al menos durante 30 segundos antes de su uso,
para evitar que se empañe.
La pala del Airtraq se insertará en la boca en la línea media y pasar sobre el centro
de la lengua. Para contribuir a su introducción, se puede utilizar un dedo para abrir la
boca. Algunas diferencias anatómicas (mandíbula pequeña, cuello corto, torso pro-
minente) pueden dificultar su introducción.
402
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Este monitor de pantalla a diferencia de otros sistemas de guiado (como por ejemplo
el Airtraq, visto anteriormente), puede regularse y trabajar en diferentes posiciones,
abarcando rangos de 0º a 120º, permitiéndonos de esta manera la intubación desde
cualquier posición siendo esto muy útil en escenarios con un espacio restringido o un
acceso limitado al paciente.
Algunas de estas palas especiales disponen de un canal de succión para poder aco-
plar una sonda de aspiración, siendo esto muy útil en traumatismos con un sangrado
abundante que nos dificultan la visión en la cavidad oral.
Anillodeajuste
Monitor Dianaconobjetivo
Pantalladel
monitor
Botónencendido
Punta
Entradacatéter
desucción Paladeelevación
deepiglotis
Guíatubo Ventanaexterior
endotraqueal
Salidaparacatéterdesucción
403
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Indicaciones:
Cuando fallan todos los métodos alternativos de vía aérea, en trauma facial severo,
obstrucción orofaríngea (ej. ingestión de tóxicos cáusticos, quemaduras vía aérea por
inhalación de humos, edema lingual o laríngeo, cuerpos extraños), lesiones penetran-
tes cervicales sangrantes en las regiones C1 y C2, e intubación oral o nasal imposi-
ble.
Esta técnica está contraindicada en niños menores de 10-12 años (6,7,8,11) (según au-
tores) por el riesgo de lesionar el cartílago cricoides que es el único soporte diametral
de la tráquea superior.
404
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Para Valorar a priori si vamos a tener que realizar una intubación difícil utilizamos la regla ne-
motécnica de LEMON/LIMON(6,7,8,11,17) (Look externally, Evaluate, Mallampatti, Obstruction, Neck
Mobility).
• E: Evaluar (Evaluate) Nos guiamos por la regla 3-3-2 para ver la facilidad o dificultad en la ali-
neación de los ejes de la faringe, laringe y boca.
- 3 Distancia existente entre los incisivos superiores y los inferiores, con la boca completa-
mente abierta debe ser al menos de 3 dedos.
- 3 La distancia entre el hueso hioides y el mentón tiene que ser al menos de 3 dedos.
- 2 La distancia entre la escotadura tiroidea y el suelo de la boca debe de ser de al menos 2
dedos.
405
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Clase I: Visibles paladar blando, Clase II: Visibles paladar blando, Clase III: Visibles paladar blando Clase IV: Sólo paladar duro
úvula, fauces, pilares amigadalinos úvula y fauces y base de la úvula es visible
• N: Movilidad del Cuello (Neck), en los pacientes traumáticos no se les puede pedir ni forzar
a mover el cuello, de hecho al tener colocado un inmovilizador cervical, no van a poder mover
el cuello y eso ya nos sugiere que van a ser más difíciles de intubar.
La evaluación que hemos hecho del paciente y de la experiencia que se posea nos harán de-
cidir si se va a precisar una intubación asistida con fármacos o por el contrario dada su urgencia
y situación crítica no son necesarios los sedante o bloqueadores neuromusculares.
406
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
- Fuente de oxígeno.
- Material de aspiración.
- Laringoscopio y palas de diferentes tamaños.
- Tubos endotraqueales y dispositivos para fijarlos tras su colocación.
- Bolsa mascarilla autoinflable.
- Medicación para SIR.
- Material para acceder a vía aérea quirúrgica y vía aérea alternativa.
2. Canalizar 1 ó 2 vías venosas, preferiblemente 2 de calibre grueso.
3. Monitorización cardiaca y pulsioximetría.
4. Preoxigenar al paciente con oxígeno al 100% (durante 3-5 minutos). Si la ventilación
es efectiva se administrará mediante mascarilla facial con reservorio; en caso de ven-
tilación inefectiva se administrará con bolsa-mascarilla autoinflable, con reservorio y
toma de oxígeno, aplicando maniobra de sellick.
5. Maniobra de Sellick, para reducir el riesgo de aspiración. Es la presión sobre el cartílago
cricoides con los dedos índice y pulgar, que produce el cierre mecánico del esófago,
evitando con ello el paso de aire al estómago, la distensión gástrica (mientras se ventila
al paciente) y el paso de contenido gástrico a la vía aérea. Dicha maniobra ha de man-
tenerse durante toda la secuencia.
6. Administración de un inductor (de elección el Etomidato (0,3 mg/kg) en pacientes he-
modinámicamente inestables y con TCE) o sedante (Midazolam: 0,2-0,3 mg/kg). En pa-
ciente hemodinámicamente estables puede emplearse Propofol (1-2,5 mg/kg) o
Tiopental (3-5 mg/kg).
7. Administración de un relajante muscular de acción rápida, de elección la Succinilcolina
(1 a 2 mg/kg), que produce la acción en menos de 1 minuto y el efecto no es prolongado
(menos de 5 minutos).
8. Realizar la intubación orotraqueal. Inflar el balón de neumotaponamiento y fijar el tubo
tras comprobar la correcta posición del mismo, mediante auscultación y capnografía.
Reevaluación continua de la colocación del tubo durante el traslado y cada vez que se
movilice al paciente.
9. Retirar la presión sobre el cartílago cricoides (Sellick).
10. Ventilar al paciente.
• Atropina: 0,01-0,02 mg/kg en pacientes pediátricos, para evitar el estímulo vagal que
produce la intubación. También disminuye la producción de secreciones con lo que se
favorece la visualización de la glotis.
• Lidocaína: 1,5 mg/kg en pacientes con TCE, 2-3 minutos antes de la administración de
un relajante muscular, ayuda a contrarrestar el aumento de la PIC y la respuesta hiper-
tensiva que se presenta durante la laringoscopia e intubación.
• Fentanilo: 1-3 microgramos/kg. Analgésico opioide de elección en pacientes traumatiza-
dos.
407
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
Se prima la permeabilización y establecimiento de una vía aérea definitiva con extremo control
e inmovilización de la columna cervical con las maniobras y dispositivos ya explicados y si esto
no fuera posible, se recurriría a la vía aérea quirúrgica.
408
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
9.1 Pulsioximetría
9.2 Capnografía:
Método no invasivo que mide el nivel de CO2 exhalado al final de la espiración (ETCO2) y
aporta datos para valorar la ventilación, el estado hemodinámico y el metabolismo del pa-
ciente; mantiene una relación más estrecha con la PaO2 que la pulsioximetría, sin embargo,
en determinados casos como hipotensión severa, el aumento de la presión intratorácica o
del espacio muerto pueden alterar la precisión de la medición.
Existen dos tipos básicos de capnógrafos: los que emplean la técnica de la “corriente prin-
cipal” o “main-stream” (que analiza el CO2 espirado en el paciente intubado) y los que em-
plean la técnica de “side-stream” o “corriente lateral” (que permite el análisis tanto en el
paciente intubado como en el paciente consciente a través de gafas nasales) (21).
Indicaciones:
• Confirmar la correcta colocación del tubo endotraqueal; ayuda a identificar si el tubo está
en esófago o en tráquea (en esófago la ETCO2 es nula).
409
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
• Monitorizar la posición del tubo cada vez que se movilice al paciente y durante el traslado
del mismo.
10.- RESUMEN
Las características derivados de la patología traumática que entrañan un riesgo de compro-
miso de la vía aérea, comprenden el traumatismo maxilofacial, traumatismo de cuello, trauma-
tismo laríngeo, traumatismo torácico y la obstrucción por cuerpos extraños. Los signos más
llamativos de obstrucción de vía aérea vendrán marcados por alteraciones en el nivel de cons-
ciencia como agitación y estupor, por cianosis y ruidos respiratorios anómalos.
No solamente debemos de tener en cuenta la permeabilidad de la vía aérea, sino que tendre-
mos que saber valorar la eficacia de la ventilación para evaluar el riesgo o compromiso respiratorio
del paciente traumático.
A la hora de permeabilizar y asegurar una vía aérea en el paciente traumático, debemos siem-
pre hacer un control exhaustivo de la columna cervical.
Las técnicas de permeabilización de la vía aérea comprenden las maniobras manuales de ele-
vación del mentón y levantamiento mandibular y el empleo de dispositivos como cánulas oro/na-
sofaríngeas, mascarilla laríngea, fastrach, tubo esofágico, tubo laríngeo, guía de intubación
Orotraqueal.
En las técnicas de vía aérea definitiva contemplamos la intubación Orotraqueal con laringos-
copio simple, óptico y video fibrolaringoscopio, la intubación nasogástrica y la vía aérea quirúrgica
(cricotiroidotomía con aguja y cricotiroidotomía quirúrgica).
El término de vía aérea definitiva comprende el alojar un tubo a nivel traqueal con un balón de
neumotaponamiento hinchado conectado a un soporte ventilatorio con oxígeno. Si existiera algún
riesgo que comprometiera la vida del paciente no dudaríamos en recurrir a instaurar una vía aérea
definitiva.
410
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático
11.- BIBLIOGRAFÍA
1. Fundamentos de Cuidados Críticos en Soporte Inicial, FCCS (Fundamental Critical Care Support). 3ª Ed. Society
of Critical Care Medicine. AWWE. 2008.
2. Winchell RJ. Hoyt DB:Endotracheal intubationin the fields improves survival in patients with severe head injury.
ArchSurg.1997;132:592-597.
3. Cooper KR, Boswell PA. Reduced functional residual capaci abnormal oxygenation of patients with severe head in-
jury. Chest 1983;84:29-35.
4. Grant [Link] et al. Endotracheal intubation in the field does not improve outcome in trauma patients who pre-
sent whitout an acutely lethal traumatic brain injury. [Link] 2003;54;307-311.
5. Caubet Biayna, J.: Fracturas de mandíbula. Cirugía Oral y Maxilofacial. Manual del Residente. Autores: Martín-Gra-
nizo López. Pág: 469-485. Smith-Kline-Beecham, 1997.
6. William C. Wilson,Christopher M. Grande, David B. Hoyt. Trauma Emergency Resuscitation and Perioperative Man-
agement. First Edition, Volume 1 pag 912. ISBN9780824729196. Informa Healthcare USA, Inc.
7. Soporte Vital Avanzado en Trauma para Médicos. ATLS manual del curso para estudiantes. 8ª Ed. Estados Unidos
de América, 2008. 27-58.
8. PHTLS: Soporte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario (7ª ed.). Madrid Elsevier 2011.133-167.
9. Fernández Ayuso, D., Aparicio Santos, J., Pérez Olmo, J. L., Serrano Moraza, A. Emergencia prehospitalaria y res-
cate. 2ª Ed., Madrid. Arán. 2008. p. 428.
10. Morillo Rodriguez J. Manual de enfermería de asistencia prehospitalaria urgente. 1º ed. Madrid: Elservier;2007.
11. Practice Guidelines for Management of the Difficult Airway. Anesthesiology 2003, 98: 1269-1277.
12. Keller C, Brimacombe J, Bittersohl J et al. Aspiration and the laryngeal mask airway: three cases and a review of
the literature Brithish Journal of Anesthesia 2004; 93: 579-82.
13. López A, Valero R, Pons M, Anglada T. Awake intubation using the LMA- Ctrach in patients with difficult airways.
Anesthesia 2009; 64:387-91.
14. Frass M: The Combitube. En: Airway Management: Principles and Practice. Benumof JL. Ed Mosby 1996.
15. Rosenblatt WH: Airway Management. In: Clinical Anesthesia. Fourth Edition. Barash, Cullen, Stoelting, 2001, pp
595-638.
16. Orlando Hung MD, Adam Law MD, Advances in Airway Management. Canadian Journal of Anesthesia 2006, 53:
628-631.
17. Elpidio Calvo, M., del Rió Gallegos, F. Guía práctica de Urgencias y Emergencias. Ed Aymon. Ed.1ª. 2008.
18. Fernández Ayuso D., Molano Alvarez, E., Duque Duque, F., Pérez Olmos JL. Cuidado integral al paciente crítico.
De la extrahospitalaria a la UCI. Madrid. Elsevier. 2009.
19. [Link]
Video fibrolaringoscopio AWS. Ultimo acceso Junio de 2012.
20. Gómez Martínez V., Ayuso Baptista F., Jiménez Moral G., Chacón Manzano M.C. Recomendaciones de buena
práctica clínica: atención inicial al paciente politraumatizado. SEMERGEN. 2008. 354-56.
21. [Link] Microstreeam. Ultimo acceso Junio de 2012.
22. Madrid V, Company R. Intubación dificultosa. Fibrobroncoscopio. Act Anest Reanim 1996; Vol 6 (1): 30-45.
23. Newverry, L. Manual de Urgencias de Enfermería. 6ª Edición. Barcelona: Elsevier Mosby; 2007.
24. Rodriguez Montes JA, El politraumatizado diagnóstico y terapéutica. Madrid. Universitaria Ramón Areces.2008.
411
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- Objetivos
2.- Introducción
8.- Resumen
9.- Bibliografía
414
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
1.- OBJETIVOS
• Comprender la definición de shock y distinguir los diferentes tipos que de él pueden aparecer
en el paciente politraumatizado.
• Entender la importancia de la fisiopatología del shock para poder actuar con eficacia.
• Reconocer la situación de hipovolemia mediante el conjunto de signos clínicos de forma pre-
coz, intentando no llegar a la situación de shock descompensado.
• Manejar de forma adecuada la terapia intravenosa con fluidos en el paciente con shock hipo-
volémico.
• Conocer los factores de riesgo que pueden empeorar el estado del paciente en shock.
• Tomar conciencia de las limitaciones del tratamiento extrahospitalario y realizar un traslado rá-
pido para iniciar cuanto antes el tratamiento definitivo del paciente.
2.- INTRODUCCIÓN
Los accidentes constituyen, en los países industrializados, la primera causa de mortalidad en
menores de 45 años(1,2). El 65% de las muertes se producen en el lugar del accidente o durante
el traslado al hospital y, aproximadamente un 30% de ellas, son debidas a hipovolemia(1). Por otra
parte, la situación de shock hemorrágico juega un papel importante en el desarrollo de grandes
complicaciones del paciente traumatizado, como son el fallo multiorgánico y la sepsis.
No existen pruebas de laboratorio para el diagnóstico de shock, sino que nos basaremos en
la observación clínica y la objetivación de una inadecuada perfusión de los órganos, provocando
hipoxia tisular y fallo metabólico celular.
En la mayoría de los pacientes traumatizados aparece cierto grado de hipovolemia que puede
dar lugar a shock hipovolémico (el más importante y principal). Sin embargo, no es raro en el pa-
ciente traumatizado el shock cardiogénico debido a contusiones cardiacas, taponamiento, rotura
cardiaca, etc. El shock neurogénico aparece como consecuencia de lesiones de las vías simpá-
ticas descendentes en la médula espinal cervical o torácica alta, o bien como consecuencia de
lesiones extensas del SNC y por tanto no debemos pensar en la etiología neurogénica ante le-
siones cerebrales aisladas(4). El shock séptico es frecuente en las fases tardías del paciente trau-
matizado y no debe pensarse en él en las fases iniciales del tratamiento.
415
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
Cuando se produce una pérdida sanguínea en el organismo, éste reacciona con una serie de
acciones que intentan compensar esa situación de hipovolemia. Estas acciones se van a dar
tanto a nivel de grandes vasos como en los más pequeños.
4.1 Macrocirculación
4.2 Microcirculación
A nivel celular, la disminución del flujo sanguíneo determina una hipoxia tisular, faltando oxí-
geno y nutrientes esenciales para generar energía, adenosín trifosfato (ATP) mediante el
metabolismo aeróbico por parte de la célula, lo que dará lugar a un aumento del metabo-
lismo anaerobio, produciéndose una acidosis metabólica por acumulación de ácido láctico.
Además esta hipoxia tisular provocará un aumento de la permeabilidad de las células en-
doteliales favoreciendo el edema intersticial. Se produce además un daño mitocondrial y
rotura de los lisosomas con liberación de enzimas que digieren otros elementos intracelu-
lares. Entran sodio y agua en la célula dando lugar al edema celular(4,5).
416
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
Existen diferentes estudios que relacionan, ya desde hace años, la asistencia prehospita-
laria al shock hipovolémico con la aparición del FMO. Así una asistencia precoz con un so-
porte respiratorio y circulatorio adecuados, puede dar lugar a la disminución del FMO(6). Por
otra parte, el hecho de que aumente la supervivencia en la asistencia prehospitalaria al
traumatizado grave (que en otras circunstancias podrían no haber sobrevivido), ocasiona
una elevación del número de pacientes en FMO(7).
El objetivo final del tratamiento del shock es adecuar la perfusión tisular y no la normaliza-
ción únicamente de las constantes hemodinámicas, eso se consigue con la reposición del
volumen perdido con líquidos, compensando las pérdidas del espacio intravascular. Por ello
el uso de agentes vasopresores está contraindicado(4), inicialmente, en el shock hemorrágico
hasta no haber repuesto la volemia.
Por ejemplo, las fracturas de huesos largos (tibia, húmero) tienen una pérdida de apro-
ximadamente 750 ml (0,5-1,5 l.); las del fémur de 1500 ml (1-2,5 l.) y las de pelvis 2000
ml (1-5 l.) teniendo la complicación añadida de ser sobre todo en forma de hematoma
retroperitoneal.
2- Aparición de edema tisular, que se produce siempre en los tejidos blandos, dependiendo
de la magnitud de la agresión (por activación del sistema de respuesta inflamatoria con
liberación de múltiples citoquinas), y a expensas de líquido extracelular, que está en equi-
librio con el plasma sanguíneo. Debido a esto, la aparición de edema produce disminu-
ción del volumen plasmático.
417
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
De ahí que “cualquier paciente traumatizado que esté taquicárdico y frío, se encuentra
en shock mientras no se demuestre lo contrario”.
La diuresis es un buen indicador de perfusión renal, sin embargo, dado que los tiem-
pos de traslado son relativamente cortos y que los medios de asepsia no son los ide-
ales en el ámbito extrahospitalario, se retrasará el sondaje vesical, en general, hasta
llegar al hospital. Si el traslado fuese prolongado (>1 hora) sería obligado la medición
y control de la diuresis).
El uso del hematocrito o la hemoglobina no es útil para determinar las pérdidas agudas
de sangre; de forma que pérdidas masivas de sangre pueden producir cambios míni-
mos en el hematocrito; y a su vez un hematocrito normal no descarta el sangrado
agudo.
El índice de shock (FC/PAS, normal de 0,5 a 0,7) nos da un mayor grado de diagnós-
tico que la frecuencia cardiaca y la presión arterial de forma aislada, de manera que
cuando está elevada de una forma persistente (> 0,9), indica un deterioro de la función
del ventrículo izquierdo con una mayor mortalidad. Por otro lado una cifra de PAS
418
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
Pérdidas sanguíneas
en ml hasta 750 750-1500 1500-2000 2000 ó más
% de volumen san-
guíneo perdido hasta 15 % 15-30 % 30-40 % 40 % ó más
Frec. Cardiaca < 100 > 100 > 120 > 140
419
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
1- Shock cardiogénico:
La disfunción miocárdica puede aparecer por traumatismo directo cardiaco, tapo-
namiento cardiaco o más raramente, por infarto asociado a la lesión traumática.
La presencia de lesión por deceleración, las contusiones esternales o las heridas
penetrantes torácicas nos harán pensar en la posibilidad de afectación cardiaca.
Un uso correcto del eco-FAST, también en extrahospitalaria, puede ser muy útil
420
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
para la identificación de líquido pericárdico, que podría ser la causa del shock por
taponamiento cardiaco. También pueden presentar shock obstructivo por neumo-
tórax a tensión.
2- Shock neurogénico:
El trauma craneal aislado no produce shock. Si éste ocurre, habrá que buscar otros
factores etiológicos. Las lesiones del tronco cerebral o de la médula causan una
pérdida del control simpático del tono vascular produciendo shock neurogénico.
Típicamente en el shock neurogénico se produce hipotensión sin taquicardia ni va-
soconstricción periférica, sino más bien tendencia a la bradicardia y extremidades
templadas, sobre todo por debajo del nivel lesional y sin alteración del nivel de con-
ciencia a causa del shock. Los pacientes en esta situación deberán ser tratados
como hipovolémicos y no se debe administrar drogas vasoactivas hasta estar se-
guro de tener un adecuado volumen circulante. Normalmente estos pacientes no
responden a la administración de fluidos y son necesarias las drogas vasoactivas.
3- Shock séptico:
Es raro en el periodo inmediatamente posterior al traumatismo. Los pacientes que
tienen un mayor riesgo son los que sufren heridas abdominales penetrantes en los
que se ha contaminado la cavidad peritoneal.
Los pacientes sépticos con volumen circulante adecuado están calientes periféri-
camente, con presión del pulso amplia y prácticamente con TAS cercana a la nor-
malidad.
Los pacientes sépticos evolucionados con hipotensión y afebriles son difíciles de
diferenciar de los que sufren hipovolemia pura, ya que estarán taquicárdicos, ta-
quipnéicos, con signos de vasoconstricción cutánea y disminución de la amplitud
del pulso.
Al igual que cualquier otro paciente traumatizado, la valoración inicial se realizará mediante
el ABCDE valorando aquellas lesiones de riesgo vital; llegando al diagnóstico de la situación
de shock durante esta primera valoración e instaurando el tratamiento de forma simultánea,
siendo fundamental la detención de la hemorragia y el reemplazamiento del volumen per-
dido.
1- Oxigenación y ventilación:
Deben diagnosticarse rápidamente las lesiones que cursen con una urgencia vital ase-
gurando la permeabilidad de la vía aérea y una adecuada ventilación.
Es prioritario el mantener una vía aérea permeable y administrar oxígeno de forma que
la Pa O2 sea superior a 80 mm Hg (Sat.O2>95%). Si la situación del paciente así lo
indica se procederá a la intubación endotraqueal y ventilación mecánica(11), siendo ne-
cesario realizarlo de forma precoz ante un paciente claramente en shock. Debe colocarse
una sonda nasogástrica u orogástrica para mejorar la ventilación. Hay que tener en
cuenta que la ventilación mecánica puede disminuir el gasto cardiaco.
421
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
422
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
debatida, tendiendo más a una mayor restricción, a pesar de todo lo que se había publi-
cado anteriormente.
Las soluciones electrolíticas isotónicas siguen siendo las ideales para la resucitación en
su fase inicial, tanto el suero fisiológico (salino al 0,9%) como el ringer lactato(4).
Inicialmente se suministrará una sobrecarga de volumen que consistirá en 1000-2000
ml de solución isotónica en el adulto y de 20 ml/Kg para el niño, siendo estos calientes,
entre 37 y 39º C(2,4,13) para evitar la hipotermia. Posteriormente, según los cambios he-
modinámicos que se produzcan, se continuará la reposición de volumen.
Dentro de la fluidoterapia existen distintas posibilidades en el tratamiento:
423
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
424
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
Se utilizarán los mismos signos y síntomas que para el diagnóstico del shock. Así la eleva-
ción de la presión arterial, el incremento de la presión del pulso y la normalización de la fre-
cuencia cardiaca nos indicará que el paciente está mejorando; sin embargo no nos informa
del estado de perfusión de los órganos. La mejoría del nivel de conciencia y de la perfusión
periférica indica un mayor aporte de sangre a los tejidos, pero sus cambios son difíciles de
evaluar; no así la diuresis, que es un excelente indicador de la perfusión renal (siempre y
cuando no esté interferido por el uso de diuréticos). Por ello, es uno de los principales pa-
rámetros a monitorizar.
En el adulto una diuresis de 50 ml/h indica una adecuada perfusión renal, y en los niños
menores de un año debe ser de 2 ml/Kg/h(13). Si las diuresis son menores, la cantidad de lí-
quido utilizado en el tratamiento ha sido insuficiente y precisaremos aumentar la velocidad
de las infusiones y reevaluar al paciente para buscar otras causas de shock.
En las fases tempranas del shock hipovolémico se produce una moderada alcalosis respi-
ratoria debida a la hiperventilación que no requiere tratamiento. Sin embargo en el shock
evolucionado aparece acidosis metabólica severa debido a la producción de ácido láctico
derivado del metabolismo anaerobio. Esta acidosis debe ser tratada con reposición de flui-
dos y no con bicarbonato, salvo que el pH baje a cifras peligrosas (< 7.2).
Una vez infundidos los líquidos que se habían indicado en el manejo inicial del paciente, se
valorarán las necesidades de continuar o no con más fluidos. Así podremos identificar aque-
llos pacientes con una hemorragia mayor de lo estimada, aquellos que continúan sangrando
y precisan de cirugía para su control o incluso aquellos cuya causa de shock sea no hemo-
rrágica.
425
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
Necesidad de más
cristaloides baja alta alta
Preparación de
sangre clasificar y cruzar isogrupo emergencia
Necesidad de
intervención
quirúrgica posible probable muy probable
En estos casos sería de gran utilidad la medición de la PVC, que estaría muy baja en pa-
cientes exanguinados y normal o alta en otras patologías.
426
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
Reposición de sangre
El uso de sangre fría puede provocar irritabilidad miocárdica (arritmias) e hipotensión, por
lo que debe ser calentada antes o durante la infusión.
• Dopamina (DA):
2-5 mg/Kg/min: actúan sobre receptores dopaminérgicos predominante con aumento del
flujo renal y esplácnico (estimulación de la diuresis y natriuresis). Puede aumentar la
contractilidad cardiaca.
5-10 mg/Kg/min: Predominio efecto β1 mayor efecto cronotrópico y aumenta la TA.
10-20 mg/Kg/min: actúa sobre receptores α y β.
427
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
>20 mg/Kg/min: actúa sobre receptores α, con acción vasoconstrictora (aumenta TA).
Conlleva peligro de arritmias.
1ampolla: 200 mg en 5 ml. Diluir 200 mg en 245 ml de SG 5% o de SSF, iniciando el
ritmo de perfusión según el efecto que queramos conseguir:
Ej para una persona de 70 Kg:
<25 ml/h (efecto dopa predominante, diurético).
25-50 ml/h (efecto b1, aumenta la contractilidad).
>50 ml/h (efecto a1, vasoconstrictor)(28).
• Dobutamina (DB):
Incrementa la automaticidad del nodo sinusal. Aumenta la conducción intraventricular.
Efecto inotrópico positivo.
Vasodilatación periférica (estímulo β2).
1ampolla: 250 mg en 20 ml. Diluir 250 mg de DB en 230 ml SG 5% o de SSF, a dosis de
2-20 mg/Kg/min. No usar con TAS < 80 mm Hg.
Ej para una persona de 70 Kg:
iniciar perfusión a 10 ml/h e ir aumentando según necesidades hasta 80 ml/h.
• Noradrenalina (NA):
Es un precursor de la adrenalina. Agonista directo sobre receptores a1 y 2 y b1. A dosis
bajas produce, sobre todo, estimulación cardiaca y a dosis mayores vasoconstricción
periférica.
Rango dosis: 0,03-5 µg/Kg/min.
Existen datos que sugieren que debería usarse de forma precoz como fármaco inotrópico
de elección y no como alternativa en casos refractarios a dopamina y volumen.
1 amp: 10 mg. Diluir 20 mg de NA en 250 ml de SG 5% o de SSF
Ej. para una persona de 70 Kg:
inicio a 5-10 ml/h, y seguir con dosis progresivamente crecientes para producir vaso-
constricción periférica y remontar TA.
• Adrenalina:
Catecolamina endógena derivada de la NA.
Agonista sobre receptores b1 y 2 y a produciendo tres efectos fundamentales: inotro-
pismo, aumento de resistencias vasculares sistémicas y broncodilatación.
Droga de elección en RCP, anafilaxia grave y en casos de asma persistente junto a
b-agonistas. En shock séptico refractario a DA, NA y DB.
1 ampolla: 1 mg. Diluir 1 mg de adrenalina en 250 ml de SG 5% o de SSF a un ritmo de
15 a 60 ml/h.
428
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
Inotropismo
Cronotropismo
GC
VD Dosis beta
Consumo O2
Alfa: > 50
ml/h Beta: 25 - 50 10 - 80 10 - 15
Dopa: <25
10.-Hipotermia.
11.-Riesgo de infección.
14.-Náuseas.
429
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
2.- Limpieza ineficaz de las vías aéreas, riesgo de aspiración: incapacidad para toser de forma
eficaz aumentando el riesgo de aspiración:
• Valorar si existe reflejo tusígeno y nauseoso.
• Valorar factores causales: presencia de tos no productiva o secreciones viscosas, dolor o
temor al dolor al respirar o toser, fatiga, debilidad o somnolencia.
• Reducir o eliminar estos factores causales: estimulación para respirar y toser, postura ade-
cuada, valorar tratamiento analgésico.
• Colocar al paciente en decúbito lateral si es posible.
• Limpiar secreciones de la boca y garganta con un pañuelo o aspiración suave.
3.- Deterioro del intercambio gaseoso: estado en el que un individuo experimenta un desequi-
librio entre la captación de oxígeno y la eliminación de dióxido de carbono en el área de la
membrana alveolocapilar:
• Mantener vía aérea permeable.
• Animar al paciente para que haga respiraciones profundas.
• En caso de tener un pulmón afectado (hemoneumotórax, fracturas costales) colocar al pa-
ciente “con el lado bueno hacia arriba”.
• Consultará con el médico la necesitad de oxigenoterapia.
• Proporcionará el soporte ventilatorio prescrito por el facultativo.
• Reconocer signos tempranos de hipoxia: irritabilidad, cefalea, confusión, agitación, presión
de pulso disminuida, taquicardia, vasoconstricción cutánea.
4.- Deterioro de la respiración espontánea: incapacidad del individuo para mantener la respi-
ración adecuada necesaria para la vida:
• Colocar al paciente de forma que permita la máxima expansión torácica.
• Vigilar el efecto de los agentes sedantes.
430
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
5.- Perfusión tisular inefectiva: estado en el cual el individuo experimenta, o está en alto riesgo
de experimentar una disminución en la respiración a nivel celular, debido a una disminución
de sangre en los capilares:
5.1. - Cerebral:
· Valorar continuamente: alteraciones en el estado mental (somnolencia, agitación,
etc.) anomalías del habla, cambios en la reacción pupilar, escala de Glasgow.
· Comunicar al médico estos cambios en caso de producirse.
5.2. - Cardiopulmonar:
· Monitorización y pulsioximetría.
· Valorar en todo momento: disnea, dolor en el pecho, arritmias, patrón respiratorio,
ensanchamiento nasal, relleno capilar mayor de dos segundos, características del
esputo.
5.3. - Renal:
· Colocación de sonda vesical con técnica estéril.
· Valorar y registrar características de la orina: color (posible hematuria), cantidad.
6.- Disminución del gasto cardiaco: la cantidad de sangre bombeada por el corazón no es su-
ficiente para satisfacer las demandas metabólicas del organismo.
• Coger dos accesos venosos periféricos tan gruesos como sea posible. Puede ser intere-
sante canalizar al menos uno de ellos en la región de la cava inferior (miembros inferiores)
si se sospecha lesión de la cava superior. Valorar riesgo de tromboembolismos.
• Vigilar signos y síntomas de disminución del gasto cardiaco: alteración en la precarga (dis-
tensión de venas yugulares, fatiga), en la postcarga (cambios en la coloración de la piel,
disnea, oliguria, piel fría y húmeda, reducción de pulsos periféricos, relleno capilar > 2”, va-
riaciones en los valores de TA media) en la contractilidad (ansiedad, crepitantes), en el ritmo
y frecuencia cardiaca (taqui/bradiarritmias, cambios en el ECG, palpitaciones).
• Valorar posibles etiologías (hipovolemia, arritmias).
• Realizar las órdenes de tratamiento médicas.
431
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
9.- Alteración de la perfusión periférica: disminución del aporte de oxígeno a nivel periférico:
• Comprobar pulsos distales, presión arterial disminuida.
• Valorar: temperatura y color de la piel en extremidades afectadas, alteración en la sensibi-
lidad.
• Buscar contusiones, inflamaciones o edemas que puedan comprometer la perfusión perifé-
rica.
• Comprobar vendajes compresivos en caso de ausencia de pulsos periféricos.
• Colocar al paciente de manera más antiálgica posible y favorecer el flujo arterial.
432
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático
11.- Náuseas:
• Conocer efectos secundarios de la medicación utilizada (analgésicos, sedantes).
• Colocar al paciente en postura lateral de seguridad si no está contraindicado.
• Si el paciente ha perdido reflejo tusígeno, valorar el aislamiento de vía aérea.
• Administrar tratamiento antiemético según prescripción.
• La conducción no deberá ser brusca y se deberá ir a una velocidad adecuada.
• Mantener al paciente en dieta absoluta.
8.- RESUMEN
La hipovolemia de origen hemorrágica es la causa más frecuente de shock en el paciente trau-
mático, por lo que siempre pensaremos en ésta como primera etiología, sin embargo no hay que
olvidar que puede darse cualquier otro tipo de shock en estos pacientes.
Una asistencia precoz con un adecuado soporte respiratorio y circulatorio serán fundamentales
para dar un tratamiento óptimo y evitar en ellos las graves complicaciones que pueden darse,
como son la sepsis y el fracaso multiorgánico. Para ello es importante descubrir los signos pre-
coces de shock, (la taquicardia y los derivados de la vasoconstricción cutánea); evitando centrar-
nos en un diagnóstico basado en cifras disminuidas de tensión arterial de forma inicial.
Es importante recordar que las drogas vasoactivas están contraindicadas en estos pacientes
de forma inicial hasta no haber repuesto la volemia.
Evitaremos en lo posible que siga perdiendo sangre cohibiendo las hemorragias, no sobrecar-
gar de volumen a estos pacientes, intentando que sean fluidos calientes para evitar hipotermia y
tener en cuenta que muchos de ellos necesitarán sangre y cirugía para su estabilización, por lo
que es importante realizar un traslado a un centro útil y sin excesivas demoras.
9.- BIBLIOGRAFÍA
1. Perales y Rodríguez de Viguri N., Renes Carreño E., Fernández Álvaro P., Corres Peiretti MA. Asistencia prehos-
pitalaria al traumatizado grave. En: Perales y Rodríguez de Viguri (eds) Avances en Emergencias y Resucitación
I. Barcelona: EdikaMed, 1996; 65-92.
2. Montero Pérez, FJ., Jiménez Murillo, L., y Roig García, JJ. Atención inicial al paciente politraumatizado. En: Jimé-
nez Murillo, L., Montero Pérez, FJ., Medicina de urgencias y emergencias. Guía diagnóstica y protocolos de ac-
tuación. 4ª ed. Barcelona. Elsevier. 2009; 874 – 889.
3. Fernández-Arruty Ferro, S., Rubio Alonso,FJ., Concepto y fisiopatología del shock. Definición de shock. En: Navío
Serrano, AM. Manejo del paciente en shock en urgencias, actualización. Barcelona. EdikaMed SL, 2012; 11-13.
4. Colegio Americano de Cirujanos Comité de Trauma. Soporte Vital Avanzado en Trauma para Médicos. ATLS. Ma-
nual del curso para estudiantes, octava edición. Shock. 2008; 59-77.
433
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático
5. Sinistierra Aquilino, JA., Alonso Lasheras, JE., Navío Serrano, AM. Fisiopatología y mecanismos compensadores
del shock. En: Navío Serrano, AM. Manejo del paciente en shock en urgencias, actualización. Barcelona. EdikaMed
SL, 2012; 14-21.
6. Faist et al. FMO in politrauma patients. Journal of Trauma 1983.
7. Regel et al. Treatment results of patients with multiple trauma. Journal of Trauma 1995.
8. López Campos V, Fonseca San Miguel F .Shock en la enfermedad traumática. En: Hernando Lorenzo A, Rodríguez
Serra M, Sánchez-Izquierdo Riera JA. Soporte vital avanzado en trauma. Barcelona. Ed Masson. 2000; 89-107.
9. Bertrán Georges. Prioridades en el paciente politraumatizado. En: Alted López E. Atención al Paciente Politrau-
matizado. IDEPSA. 1992, 35-42.
10. Strehlow MC. Early identification of shock in critically ill patients. Emerg Med Clin N Am. 2010; 28: 57-66.
11. Álvarez Fernández J.A., Burillo Putze G., Yuste García P., Martinez Sagasti F., Reyes Alcaide S., Franco Arroyo
J., Espinosa Ramírez S. Asistencia inicial al accidentado. Medicine (7ª ed) 1999; 120: 5608-5618.
12. González V, Cuadra ME, Usero MC, Colmenar G y Sánchez MA. Control de la hemorragia externa en combate.
Prehospital emergency care (ed. esp.), Vol 2, Nº 4, 2009.
13. Comité de trauma del Colegio Americano de Cirujanos. Shock. En: PHTLS: Prehospital Trauma Life Support. So-
porte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario Ed. Elsevier. Barcelona. 2008.162-193.
14. Quesada Suescun A., Casafont Morencos J.I., Durá Ros M.J., Rabanal Llevot J.M., Teja Barbero J.L.. Atención
inicial hospitalaria al paciente traumatizado grave. En: Avances en emergencias y resucitación II. EDIKA MED.
1997, 109-119.
15. Soriano Rodríguez, F., Torres Murillo, JM., Cañero Criado, J., Fluidoterapia y hemoterapia en el shock. En: Navío
Serrano, AM. Manejo del paciente en shock en urgencias, actualización. Barcelona. EdikaMed SL, 2012; 110-126.
16. González Posada, MA, Quintana Diaz, M. Fluidoterapia en el paciente politraumatizado. Fresenius Kabi.
[Link]
CIENTE%20POLITRAUM%C3%[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.
17. García Gil D. (editor) Fluidoterapia en urgencias. En: Manual de urgencias. 2000. 973-977.
18. Barón J. F. Crystalloid versus Colloids in the Treatment of Hypovolemic Shock. 443-466.
19. F., Roberts I., Tasker R., Akpa E. Hypertonic versus isotonic crystalloid for fluid resuscitation in criticlly ill patients.
20. Godet A. Shock traumático. Bases iniciales de tratamiento. En: Triginer C. Politraumatizados. Ed. MCR, S.A.
1992, 77-91.
21. Regidor Sanz E, Chico Fernández M. Manejo del shock en trauma. En: Alonso Fernández MA, Chico Fernández
M, Sánchez-Izquierdo Riera JA, Toral Vázquez D. Guía para la atención del trauma grave. Madrid. Ed. Ergon;
2009.
22. Bickell WH, Wall MJ, Pepe PE, et al. Inmediate versus delayed fluid resuscitation for hypotensive patients with-
penetrating torso injuries. N Engl J Med 1994; 331 (17):1105-1109.
23. Shock. Manual del Curso de Asistencia Inicial a pacientes politraumatizados. Fundación Marqués de Valdecilla.
1992, 38-54.
24. Martinez Landeras V. Shock en el paciente politraumatizado. En: Manual de asistencia al paciente politraumatizado.
Ed. ELA. 1993, 47-62.
25. García Gil D. (editor) Valoración y manejo inicial del politraumatizado. En: Manual de urgencias. 2000. 33-43.
26. Martinez Tenorio P. et al. Compendio de guías y vías clínicas de manejo en la urgencia extrahospitalaria de la Co-
munidad de Madrid. Ed. Arán. Madrid 2009.
27. Benito C, Hernandez EMª, Miracle AL, Gracia V. Shock. En: Carlavilla AB, Castelbón FJ, García JI, Gracia V, Ibero
C, Laluenza A. et al. Manual de Diagnóstico y Terapéutica Médica. 6ª ed. Madrid. MSD. 2007. p: 49-58.
28. Navalpotro Pascual, S., Ramiro corrales, C. Farmacología cardiovascular. Síndrome coronario agudo e insuficien-
cia cardiaca. Metas de Enferm may 2011 14(4): 51-58.
29. JM. Wilkinson, et al. Manual de diagnósticos de enfermería. Editorial Pearson 2008.
30. Carpenito LJ. Diagnóstico de enfermería. Editorial McGraw Hill-Interamericana, 1995.
31. Mi Ja Kim et al Diagnóstico de enfermería y plan de cuidados. Editorial Mosby, 1994.
32. Fernández Ayuso D. et al. Manual de enfermería en emergencia prehospitalaria y rescate. 2ª edición. Editorial
Arán. Madrid 2008.
ABREVIATURAS:
• GC: gasto cardiaco • TAM: tensión arterial media
• PAS: presión arterial sistólica • TCE: traumatismo craneoencefálico
• PVC: presión venosa central • VC: vasoconstricción
• SNC: sistema nervioso central • VD: vasodilatación
434
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- Objetivos
2.- Introducción
3.- Anatomofisiología del traumatismo craneoencefálico
3.1 Definición
3.2 Anatomía
3.3 Fisiología de la circulación cerebral
3.4 Fisiopatología del TCEG (Traumatismo craneoencefálico
grave)
3.5 Mecanismos y tipos de lesión
4.- Reconocimiento primario y tratamiento inicial
4.1 Evaluación y tratamiento inicial
4.2 Evaluación secundaria y cuidados de mantenimiento
4.2.1 TCE severo: paciente inconsciente
4.2.2 TCE leve y moderado: paciente consciente
5.- Evacuación y Traslado
6.- Transferencia
7.- Posibles diagnósticos de enfermería en relación con el TCE
8.- Resumen
9.- Bibliografía
TRAUMATISMO FACIAL
1.- Introducción
2.- Clasificación
3.- Cuidados de enfermería en la urgencia extrahospitalaria
3.1 Reconocimiento primario
3.2 Reconocimiento secundario
3.3 Otros cuidados de enfermería
4.- Bibliografía
436
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
1.- OBJETIVOS
• Conocer la fisiopatología del Traumatismo Craneoencefálico Grave (TCEG) y las causas que
pueden empeorar su pronóstico, incidiendo sobre aquellas en las que podemos intervenir en
la urgencia extrahospitalaria.
• Diferenciar los distintos tipos de TCE e identificar los problemas de salud que conlleva cada
uno de ellos con el fin de proporcionar los cuidados adecuados desde una perspectiva física,
psicológica y social.
2.- INTRODUCCIÓN
El Traumatismo Craneoencefálico (TCE) grave es una de las principales causas de morbimor-
talidad en el mundo industrializado, y la causa más común de muerte en traumatismo cerrado.
Afecta más a varones debido a los diferentes roles y conducta social de uno y otro sexo, aunque
en el caso de atropellos, hay una pequeña incidencia mayor en mujeres en algunos puntos de
España(1). La edad de máximo riesgo se sitúa entre los 15 y los 24 años(2), sin embargo a partir
de los 75 años, se produce otro pico debido presumiblemente a las caídas en nuestros mayores(3).
Se estima que por cada 250-300 TCE leves, hay 15-20 moderados y 10-15 graves, lo que conlleva
altos gastos económicos y sociales.
A pesar de esto, la mortalidad por TCE ha disminuido en los últimos años, entre otras causas,
por la mejora en los cuidados críticos del paciente desde la primera hora, a todos los cuidados
intrahospitalarios. Para continuar mejorando estos resultados, es fundamental el entrenamiento
y actualización del personal que desarrolla su actividad en la urgencia extrahospitalaria, entre el
que se encuentra el personal de enfermería, hacia el que va dirigido este manual.
En función del valor obtenido tras clasificar el TCE según la escala de Glasgow (GCS) po-
demos hablar de TCE grave (incidencia 10%), TCE moderado (10%) y TCE leve (80%).
437
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
3.2 Anatomía
El encéfalo se compone de cerebro, cerebelo y tronco del encéfalo, y está recubierto por:
líquido cefalorraquídeo, meninges (piamadre, aracnoides y duramadre), cráneo y cuero
cabelludo (fig. 1).
Surco central
Lóbulo frontal
Lóbulo parietal
ANTERIOR POSTERIOR
Lóbulo
occipital
Surco lateral
Protuberancia
Tronco del encéfalo
Bulbo raquídeo
Entre el cráneo y la duramadre, discurren las arterias meníngeas, cuyo sangrado dará
lugar al hematoma epidural. Entre la duramadre y la aracnoides, se encuentran las venas
cerebrales, que si se lesionan, producen el hematoma subdural. Por último, entre la arac-
noides y la piamadre (membrana unida íntimamente al cerebro) se encuentra el espacio
subaracnoideo, ocupado por LCR. El sangrado en esta zona se denomina hemorragia
subaracnoidea (fig. 2).
Espacio epidural
Espacio subdural
Cráneo
Membrana aracnoides
Piamadre
unida directamente a la superficie
del cerebro y no separable
El cráneo es una estructura cerrada y rígida, compuesta por tres elementos: parénquima
cerebral (85%), sangre (venosa y arterial) (7%) y líquido cefalorraquídeo (LCR) (8%). La
presión intracraneal (PIC) (Normal 15 mm de Hg), depende del equilibrio entre estos tres
componentes.
El cerebro, tiene unos mecanismos de autorregulación que permiten mantener un flujo san-
guíneo cerebral (FSC) constante (50ml/min/100gr) que se mueve en márgenes muy peque-
ños, a pesar de los cambios de la presión arterial (PA) sistémica (si hay subida de PA, se
produce vasoconstricción y si hay bajada de la PA se produce vasodilatación).
438
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
• Lesión primaria. Sólo podemos intervenir con la prevención. Son las que se producen
como consecuencia de la agresión mecánica inicial y estarán en relación con el meca-
nismo de producción y la energía transferida. Pueden presentarse en forma de lesión
celular, desgarro, retracción axonal y alteraciones vasculares. Hay lesiones focales como
la contusión cerebral, en relación con fuerzas inerciales directamente dirigidas al cerebro,
y lesiones difusas, como la lesión axonal difusa, en relación con fuerzas de estiramiento,
cizallamiento y rotación(4).
439
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
b) Mecanismos intracraneales:
- HTIC: Es el más frecuente y está asociado a peor pronóstico tanto en mortalidad
como en alteraciones funcionales. Se producen lesiones cerebrales tanto por com-
presión mecánica como por lesiones isquémicas e hipóxicas. La consecuencia
final de una HTIC no controlada sería la herniación del encéfalo a través del orificio
del tentorio, con compresión del tronco cerebral, hidrocefalia, isquemia y muerte
cerebral.
- Vasoespasmo cerebral.
- Convulsiones.
- Hiperemia cerebral.
- Edema cerebral: puede crear problemas de espacio, y compresión de los vasos
sanguíneos, disminuyendo el FSC y provocando isquemia.
• Lesión terciaria. Inmediatamente después del traumatismo y en las horas o días si-
guientes, tiene lugar una producción excesiva de metabolitos y de neurotransmisores
(inocuos a concentraciones normales), que provocan lesiones del tejido cerebral. Aun-
que algunos autores lo incluyen en el daño secundario(4),otros lo clasifican como daño
cerebral terciario(5).
Fractura craneal
Aumentan el riesgo de meningitis.
abierta.
440
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
Lesiones Fracturas de
A la palpación crepitación en la zona de fractura.
de cara la línea media
Asimetría facial.
y cuello facial.
(cont.)
Se deben a un golpe seco en la región cervical anterior.
Lesiones Se puede observar: un tono de voz más bajo, contusión cervical
laríngeas. o pérdida de la prominencia del cartílago tiroides. A veces, enfi-
sema subcutáneo en cuello.
Lesiones Las arterias carótidas irrigan la mayor parte del encéfalo y las
de vasos venas yugulares lo drenan, y la lesión de cualquiera de ellas
cervicales. puede provocar una hemorragia intensa.
441
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
442
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
Es una etapa donde los cuidados de enfermería se realizan de forma interdependiente con
el resto del equipo, colaborando tanto en la movilización e inmovilización como en la esta-
bilización del paciente.
Tabla II: Sedación y relajación para IOT (cálculo práctico para 70 kg de peso) (16) (17)
TIPO DE DOSIS ADMINISTRA-
FÁRMACO RITMO EN LA PRÁCTICA
FÁRMACO INICIAL CIÓN
INDUCCIÓN A LA SEDACIÓN
Amp. de 15 mg
Poner en
(en 3 ml)
*Midazolam una jeringa
0.15 – 0.35 + 7 ml pasar en
Benzodiacepina de 10 ml 15 mg
Dormicum ® mg/Kg de S.S.F. 20 ó 30 sg.
+ 7 ml de S.S.F. y
También amp.
pasar en 20 ó 30 sg.
5mg en 5 ml.
RELAJACIÓN QUÍMICA
relajante entre
Vecuronio muscular 10mg (un vial) + 7-10 ml Puede dar hipoten-
0.1 mg/Kg
Norcurón® no 10 ml de S.S.F. en sión y bradicardia
despolarizante bolo IV
443
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
Otras alternativas a la IOT pueden ser la cánula orofaríngea1 con ventilación mediante
balón de reanimación2, la mascarilla laríngea o combitube, o la punción cricotiroidea en
caso de trauma facial importante o rotura traqueal. (8)
La inmovilización de columna cervical se debe realizar con collarín cervical semirrígido
tipo Minerva. Se tendrá la precaución de no colocarlo muy apretado para no impedir el
drenaje venoso cerebral, lo que podría tener como consecuencia el aumento de la PIC.
“La colocación de collarín cervical no es obligatoria si se inmoviliza de forma correcta
cabeza y cuello”(2).
B. Ventilación
La existencia de hipoxia es un factor predictor de mala evolución en el TCE, por lo que
es importante mantener una correcta ventilación. Para conseguirlo, debemos:
• Asegurar una ventilación efectiva y oxigenación con mascarilla de efecto venturi o
ventilación mecánica, tras IOT, para prevenir la hipoxia.
• Monitorizar pulsioximetría manteniendo una Sat. O2 >95 %.
• No se aconseja hiperventilación de forma rutinaria3 porque al disminuir la PCO2 se
produce vasoconstricción e isquemia. Sólo en el caso de signos evidentes de HTIC o
caída en el GCS de 2 puntos.
• Monitorizar con capnografía: el aumento de PCO2 produce vasodilatación (aumento
de edema cerebral) y la disminución de PCO2 produce vasoconstricción (isquemia).
Se consideran normales valores de 35 – 40 mm de Hg. En caso de HTIC, la PaCO2
no debe ser menor de 30 mm de Hg. (2)
C. Circulación
La valoración se realizará de forma rápida como en cualquier otro traumatizado: pulsos,
relleno capilar y color de piel (normocoloreada, palidez, cianosis).
Sabemos que la hipotensión arterial es un indicador de mal pronóstico en la evolución
del TCE. La existencia de un único episodio de hipotensión (PAS<90mmHg) en fases
tempranas, está asociada con el doble de mortalidad.
445
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
- Pupilas
· Valorar tamaño, simetría y respuesta a la luz, así como la dilatación o fijación
pupilar.
· Se registrará:
- Si hay o no trauma orbitario.
- Asimetría: diferencia mayor de 1 mm.
- Si existe diferencia en la contracción – relajación pupilar entre una y otra pu-
pila.
- Si la pupila no responde.
E. Exposición
• Se valorarán las lesiones externas descartando lesiones sangrantes y lesiones aso-
ciadas. Debemos palpar el cráneo en busca de scalps, deformidades, hematomas,
446
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
heridas abiertas con pérdida de masa encefálica, pérdida de sangre y/o líquido cefa-
lorraquídeo por nariz o por oídos. (10)
• Es conveniente desnudar al paciente para hacer la valoración completa, pero esta
maniobra puede demorarse hasta que podamos proporcionarle un medio en el que
mantenga la temperatura corporal, y esté asegurada su intimidad.
Una vez el paciente en un ambiente seguro (UVI móvil, ambulancia, Centro de Salud) se
le desnudará y se realizará una valoración de la cabeza a los pies en busca de lesiones
asociadas. Como los principales objetivos en esta fase, siguen siendo mantener la mejor
oxigenación, conseguir la normotensión y conservar la perfusión cerebral, con el fin de evitar
el edema cerebral o la isquemia, si el paciente se encuentra en estado crítico, no se demo-
rará el traslado por completar la evaluación, y se realizará en camino. En esta etapa, se
continuará con el tratamiento farmacológico y valoraremos otras necesidades de cuidados
que no hayan sido cubiertas con anterioridad.
• Cuidados respiratorios
• Cuidados cardiovasculares
- Monitorización cardiovascular: TA, monitorización electrocardiográfica.
- Si no se ha podido antes, canalizar dos vías venosas periféricas, preferible-
mente de grueso calibre (14-16 G.) y asegurar bien las vías.
• Prevención de la HTIC
- Los síntomas típicos del aumento de presión intracraneal van a ser dolor de ca-
beza, alteraciones de la visión y deterioro del nivel de conciencia (11). En el caso
del paciente intubado, sospecharemos de HTIC si encontramos hipertensión
con bradicardia, bajada de 2 puntos de la escala de Glasgow y/o anisocoria.
• Control de glucemia
- Realizar glucemia capilar. Las soluciones glucosadas están desaconsejadas por
aumentar el edema cerebral, salvo si es preciso tratar un cuadro de hipoglu-
cemia(2).
448
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
• Cuidado de la piel
- Tras desnudar completamente al paciente, abrigarle colocando sábana y manta
encima. No debe estar hipotérmico pero la temperatura del paciente debe man-
tenerse < 37ºC. Si hipertermia, valorar antipiréticos (paracetamol, dipirona, ibu-
profeno) (8).
- Evitar puntos de presión, siendo los más frecuentes la barra de la camilla a nivel
de los pies y collarines de tamaño no adecuado.
- Atención a los ojos, cerrando los párpados y colocando una gasa humedecida
con suero fisiológico .
Son pacientes que están conscientes, con un Glasgow mayor o igual a 9, donde los
cuidados irán enfocados a suplir aquellas áreas no cubiertas, será una relación de
ayuda.
449
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
En su domicilio, podrá:
- Ponerse hielo en la zona inflamada (envuelto en un paño para proteger la piel).
- Tomar paracetamol para el dolor de cabeza, no aspirina. No usar sedantes.
- Puede beber y comer de forma habitual. No tomar alcohol en 3 días.
• TCE moderado: precisará un diagnóstico radiológico (TAC) por lo que debe ser de-
rivado al hospital, según su estado, en ambulancia de SVB o SVA con monitoriza-
ción constante para observar posible deterioro. Es frecuente que el paciente tenga
amnesia lagunar, desorientación temporoespacial y haga preguntas repetitivas.
1- Cuidados respiratorios
Oxigenación: mantener Sat. O2> 95 %. Poner mascarilla con reservorio o mas-
carilla de alto flujo con efecto Venturi.
Monitorización de pulsioximetría.
2- Cuidados cardiovasculares
Monitorización cardiovascular.
3- Cuidado de la piel
Tras desnudar completamente al paciente para la valoración secundaria, abri-
garle colocando sábana y manta encima.
4 - Confort y seguridad del paciente (movilizaciones, postura…)
Se colocará al paciente en decúbito supino con cabecero elevado 15 -30º. Si
en esta posición el paciente se agita, no está contraindicado trasladarle en po-
sición de Fowler.
450
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
- Una vez estabilizado, requiere traslado con monitorización constante y reevaluación cada
5 minutos.
- Destino: Centro hospitalario útil, de tercer nivel con neurocirugía y UCI. El traslado inter-
hospitalario de estos pacientes aumenta la mortalidad un 20%.
6.- TRANSFERENCIA
451
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
• Deterioro de la memoria r/c hipoxia aguda y/o interrupción del flujo cerebral m/p incapacidad
para recordar información sobre los hechos.
• Riesgo de aspiración r/c reducción del nivel de conciencia y/o depresión de los reflejos nau-
seoso y tusígeno.
8.- RESUMEN
Como hemos visto a lo largo del tema, la lesión cráneoencefálica es un trastorno dinámico y
evolutivo, donde la asistencia prehospitalaria, en los primeros minutos tras el impacto, tiene
una gran importancia para prevenir o corregir los factores que provocan una lesión secundaria,
fundamentalmente la hipotensión y la hipoxia.
9. BIBLIOGRAFÍA
1. Gálvez M, Aguila B, Campos MM, Calle MJ, Saraiba J. Perfil de los pacientes con traumatismo craneoencefálico
grave en la provincia de Málaga. Tempus Vitalis 2009;9(1):20-29.
2. Martín C, Vila B, Canabal R, Muñoz MA, Navarrete P. Traumatismo craneoencefálico. En: Canaba A, Perales N,
Navarrete P, Sánchez-Izquierdo JA, (editores). Manual de soporte vital en trauma. 2ª ed. Madrid: Elsevier Masson;
2007. p. 113-130.
3. Zink EK, McQuillan K. Tratamiento del traumatismo craneoencefálico. Nursing 2006;24(8):8-15.
4. Alted E, Bermejo S, Chico M. Actualización en el manejo del traumatismo craneoencefálico grave. Med Intensiva
2009;33(1):16-30.
5. Boto GR, Gómez PA, De la Cruz J, Lobato RD. Revisión de los ensayos clínicos sobre prevención del daño neuro-
lógico en el traumatismo craneoencefálico grave y análisis de su fracaso terapéutico. Neurocirugía 2005;16:39-49.
6. Biarge AN, Sojo J, Luís Yagüe J. Manejo extrahospitalario del TCE. Compendio de guías y vías clínicas de manejo
en la Urgencia Extrahospitalaria de la Comunidad de Madrid, SUMMA 112. 1ª ed. Madrid: Arán; 2009. p. 153-162.
7. García-Rama L, Ruiz S. Traumatismo craneoencefálico. En: Fernández D, Aparicio J, Pérez JL, Serrano A (coord..).
Manual de Enfermería en Emergencia Prehospitalaria y Rescate. 2ª ed. Madrid: Arán; 2008. p. 447-452.
8. Prehospital Trauma Life Support Committee of the National Association of Emergency Medical Tecnicians en cola-
boración con the Committee on Trauma of the American Collage of Surgeons. PHTLS. Soporte vital básico y avan-
zado en el trauma prehospitalario. 6ª ed. Barcelona: Elsevier; 2012.
452
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
453
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
TRAUMATISMO FACIAL
1.- INTRODUCCIÓN
Se entiende por traumatismo maxilofacial aquel cuya lesión afecta a la estructura ósea
facial y/o a los tejidos blandos de la cara, incluyendo el pabellón auricular. Con frecuencia
este traumatismo se presenta asociado a lesiones craneales, cervicales y torácicas. Su incidencia
es mayor en el sexo masculino y en edades comprendidas entre los 20 y los 45 años.
La etiología más habitual la constituyen los accidentes de tráfico seguidos de las agresiones
y los accidentes laborales. En cuanto al mecanismo de producción, puede ser directo o indirecto.
Es raro que las lesiones maxilofaciales por sí mismas pongan en peligro la vida del pa-
ciente salvo que provoquen una obstrucción de la vía aérea por distintas circunstancias, como
la desestructuración ósea, las fracturas, las deformidades, la presencia de cuerpos extraños, la
acumulación de vómitos, sangre, etc. Otra complicación que puede aparecer son las hemorragias
abundantes por la gran vascularización de la cara. Esta misma circunstancia justifica que las su-
turas de las heridas puedan prolongarse hasta 24 horas después de producirse la lesión.
2.- CLASIFICACIÓN
• Afectación de tejidos blandos: lesiones superficiales, heridas simples o heridas complejas.
• Afectación ósea: las fracturas de los huesos nasales son las más frecuentes.
• Les siguen en incidencia las fracturas mandibulares. Mención especial merecen las fracturas
de la línea media facial o fracturas de Le Fort (tabla I), en las que se distinguen tres tipos dife-
rentes (la más frecuente Le Fort tipo II) que comparten entre ellas el presentar maloclusión
de la boca.
454
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
B. Control de la ventilación.
• Oxigenación: control de la ventilación asistida.
• Frecuencia respiratoria: 10 resp./min en adultos, 20 en niños y 25 en lactantes.
• Volumen de 350 a 500 ml.
• Monitorización con pulsioximetría y capnometría.
• Cuidados del paciente intubado.
D. Valoración neurológica.
E: Exposición.
Se procederá a la inspección del cuero cabelludo, la cara, el cuello y la boca. Incluirá una
inspección intraoral. Una evaluación extraoral, y la palpación de los maxilares.
• Evaluación intraoral:
- Si hay problemas de visualización se lavarán las heridas con suero fisiológico, eli-
minando la sangre y los cuerpos extraños mediante irrigación.
455
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
• Evaluación extraoral:
- Cuero cabelludo: presencia de contusiones, hematomas o heridas.
- Cara: se buscarán asimetrías, hematomas, tumefacción o crepitación.
- Conducto auditivo externo: posible otorragia (sangre) u otorrea (LCR), signo de Battle
(hematoma sobre la apófisis mastoides del temporal) o heridas en el pabellón auricu-
lar.
- Ojos y párpados: valorar agudeza visual, vía lagrimal, movilidad del globo ocular y
heridas palpebrales.
- Fosas nasales: explorar si existe rinorrea, edema, hematoma, epístaxis, deformación,
crepitación.
- Buscar heridas en la mejilla: lesión del conducto de Stenon (drenaje de la parótida,
a nivel del segundo molar superior).
- Evaluación de la función motora y sensitiva.
.
• Confort y seguridad del paciente: proporcionar una postura lo más cómoda posible
que asegure la vía aérea permeable, el control de hemorragias y la tranquilidad del pa-
ciente. Normalmente la posición de Fowler, si no existe contraindicación por otros trau-
mas asociados, será la más confortable. Sujeción mecánica del paciente, mediante
correas, a la camilla de la ambulancia.
456
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial
4.- BIBLIOGRAFÍA
1. Prehospital Trauma Life Support Committee of the National Association of Emergency Medical Tecnicians en cola-
boración con the Committee on Trauma of the American Collage of Surgeons. PHTLS. Soporte vital básico y avan-
zado en el trauma prehospitalario. 6ª ed. Barcelona: Elsevier; 2012.
2. Gómez LM, Pueyo J, Redondo LC. Atención integral en accidentes de tráfico. Jaén: Formación Alcalá; 2006.
3. Alamillos Granados FJ, Dean A, Castro JA, Jiménez L. Traumatismos maxilofaciales. En: Medicina de urgencias y
emergencias. Jiménez L, Montero J, (ed.). 4ª ed. Barcelona. Elsevier, 2010; 909-912.
4. Comité de trauma del Colegio Americano de Cirujanos. ATLS. Programa avanzado de apoyo vital en trauma para
médicos 8ª edición; Chicago 2008.
457
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- Objetivos
2.- Introducción
6.- Transferencia
8.- Resumen
9.- Bibliografía
460
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
1.- OBJETIVOS
• Conocer conceptos básicos de anatomía y fisiología vertebral y medular.
• Identificar los mecanismos lesionales y las zonas más vulnerables al daño traumático.
• Conocer el manejo del paciente con traumatismo vertebral y/o medular en la urgencia extra-
hospitalaria, desde su correcta movilización e inmovilización, a la estabilización de sus funcio-
nes vitales y el tratamiento específico de la lesión medular.
• Saber los cuidados específicos de enfermería de la persona afectada por un trauma espinal
y medular desde una perspectiva biopsicosocial.
2.- INTRODUCCIÓN
Los traumatismos en la columna, y las posibles lesiones que se producen, adquieren una im-
portante relevancia social por las secuelas que pueden tener, sobre todo en la lesión medular,
por su potencial carácter invalidante.(1)
Sobre la etiología, es conocido que la lesión médulo-espinal traumática (LMET) está influida
por condicionantes locales. Es curioso conocer cómo mientras que en Sao Paolo la causa más
frecuente es la herida por arma de fuego, en Malasia es la caída de cocoteros. En los países oc-
cidentales la causa más importante es el accidente de tráfico, con un 76 % de los casos, seguida
de los accidentes deportivos (17 %) en natación (importante las lesiones por zambullida), rugby
o equitación, y el resto se producen por otras causas como accidentes laborales, domésticos o
agresiones.(2) (1)
En las dos últimas décadas, en España se ha reducido la mortalidad por traumatismos ver-
tebrales asociados a LMA (lesión medular aguda), con un incremento de la supervivencia y calidad
de vida de estos pacientes. Podríamos considerar los siguientes factores:
• Mejor asistencia en el lugar del accidente, con profesionales sanitarios de la emergencia
prehospitalaria (médicos, enfermeros y técnicos) que garantizan una correcta inmovilización
y movilización en el lugar de los hechos.
• Tratamiento precoz “in situ”, continuado por centros sanitarios adecuados, en los que se ha
mejorado la disponibilidad de diagnóstico por imagen (TAC, Rx).
• Avances en el tratamiento intensivo de las alteraciones cardiovasculares, pulmonares, gas-
trointestinales, urológicas e infecciosas(1).
• Medidas preventivas aplicadas por la Dirección General de Tráfico respecto al límite de ve-
locidad y la seguridad pasiva (cinturones de seguridad, chalecos reflectantes, triángulos),
así como mejoras en seguridad de los vehículos (arcos de seguridad, mayor número de “air
bags”) que han contribuido a la reducción del número de accidentes y, por lo tanto, de la in-
cidencia de lesiones.
Debemos tener en cuenta que las personas que sufren un trauma de columna suelen tener
otras lesiones asociadas: TCE (33%), torácicas (53%), miembros (67%), (2) (3) que pueden desviar
la atención, y hacer que el trauma de columna no reciba los cuidados que necesita. Estudios re-
alizados en UCI de hospital ponen de manifiesto que en pacientes con múltiples lesiones pasan
desapercibidas las lesiones de columna en un 20–30% (4).
461
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
La columna vertebral es una estructura ósea, formada por 33 vértebras, que se apilan unas
sobre otras en forma de “S”, permitiendo una extensa gama de movimientos y una fuerza
máxima.
La columna vertebral se divide en cinco regiones, que empezando por la parte superior, se-
rían: columna cervical C1 (Atlas), C2 (Axis), hasta C7, columna dorsal (D1 a D12), columna
lumbar (L1 a L5), sacro (formado por 5 vértebras fusionadas) y cóccix (formado por 4 vér-
tebras fusionadas).
La columna cervical es la más flexible para permitir la movilidad de la cabeza, y por lo tanto,
la más vulnerable a las lesiones (55%). Le siguen en incidencia las uniones de la región
dorso lumbar y lumbo sacra (curvas de la S).
La médula espinal, que pertenece al Sistema Nervioso Central, es una prolongación del ce-
rebro que comienza en la base del tronco del encéfalo, atraviesa el agujero occipital, y dis-
curre por el canal medular hasta la altura de L1- L2. Está irrigada por las arterias espinales
y vertebrales. Mide aproximadamente 43 cm de largo y 1,8 cm de grosor.
462
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
A medida que la médula espinal desciende, se ramifica en pares de nervios que salen de
cada vértebra por los agujeros de conjunción. La médula tiene 31 pares de nervios espina-
les, que a su vez están formados por dos raíces, una dorsal responsable de los impulsos
sensitivos, y otra ventral que conduce los impulsos motores.
En base a la zona que controla cada raíz se establecen los dermatomas, que se definen
como la zona sensitiva de la superficie del cuerpo de la cual es responsable una raíz ner-
viosa. Los dermatomas ayudan a determinar la altura de la lesión en la médula espinal ([Link].
C-5: área sobre el deltoides, T-4 a la altura de los pezones o T-10 a nivel del ombligo).
La médula espinal está rodeada de líquido cefalorraquídeo (LCR), que actúa como amorti-
guador de los traumatismos que se producen durante los movimientos rápidos e intensos,
y está protegida por una vaina de duramadre que se prolonga hasta la segunda vértebra
sacra.
3.3 Fisiopatología
La columna vertebral tiene dos funciones: ser la estructura que mantiene al individuo en
posición erecta, y contener y proteger la médula espinal. La columna ósea puede soportar
fuerzas de hasta 1360 julios en condiciones normales, pero un desplazamiento de alta ve-
locidad o un gran impacto pueden superar con mucho esta cantidad y producir lesiones.
La médula también tiene dos grandes funciones: recoger la sensibilidad periférica para
trasmitirla hasta el cerebro y el cerebelo, y conducir las órdenes motoras desde el encéfalo
a los músculos periféricos. A todo ello añadimos las funciones de arco reflejo o de los nú-
cleos funcionales encargados de la micción a nivel lumbar(1). En cuanto a la lesión medular,
se producen dos tipos de lesiones:
• Lesión secundaria: es la que se produce después del daño inicial y comprende despla-
zamientos de fragmentos óseos y/o procesos como inflamación, isquemia, hemorragia,
cascada de activación de radicales libres, cascadas enzimáticas y alteraciones de la
bomba Na+/K+.
Las fuerzas que actúan sobre la columna vertebral van a producir distintas lesiones, al pro-
vocar determinados movimientos de flexión, extensión, inclinación lateral o rotación, más
allá de los límites normales.
El principal problema del traumatismo en la columna vertebral es que ésta pierda su esta-
bilidad, que sea una columna inestable. Según Whitesides y Shah(5)(6), consideramos co-
lumna inestable cuando se cumplan 2 de estas 3 condiciones:
• Pérdida de la integridad del cuerpo vertebral por fracturas múltiples.
• Pérdida de la integridad de los ligamentos o arco posterior.
• Pérdida de la estabilidad de la columna por angulación o traslocación.
• Columna cervical: En esta porción se produce el porcentaje más alto de lesiones. Po-
demos diferenciar:
464
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
• Columna dorsal: La región dorsal alta y media presenta una baja incidencia de lesiones
por la resistencia que le confiere la articulación con las costillas. Cuando se producen
lesiones, fundamentalmente por hiperflexión, suelen ser estables, aunque debido a la
mayor estrechez del canal raquídeo en esta zona, las lesiones medulares, cuando exis-
ten, son completas.
• Columna dorsolumbar (D11-L1): Esta zona tiene una alta incidencia de fracturas por
la menor movilidad de la columna dorsal respecto a la lumbar. Se producen por meca-
nismo de hiperflexión y rotación y suelen ser inestables. La lesión medular es poco fre-
cuente pero cuando aparece puede producir paraplejia.
• Columna lumbosacra: La médula, como tal, termina a nivel de L1, por debajo encon-
tramos únicamente raíces nerviosas (cola de caballo). Las lesiones se producen por
compresión e hiperflexión de los cuerpos vertebrales. Son fracturas inestables.
• Lesión completa
Se caracteriza por una ausencia de función motora y sensitiva por debajo de la lesión.
Aunque en un primer momento no podemos hablar de lesión completa, cuando se pro-
duce diferenciamos dos síndromes:
- Síndrome radicular: propio del segmento lesionado como consecuencia de la des-
trucción de la sustancia gris.
- Síndrome sublesional: debido a la interrupción de todas las vías nerviosas con la apa-
rición de un cuadro de tetraplejia o paraplejia dependiendo del nivel lesional.
• Lesión incompleta
Se caracteriza por presencia de función motora y/o sensitiva por debajo de la lesión.
Aparece sólo la clínica del Síndrome sublesional, presencia de :
- Síndrome medular anterior: presenta parálisis y anestesia infralesional para el dolor
y la temperatura, estando conservada la sensibilidad propioceptiva (relativa a la res-
465
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
1. Shock medular: Es un fenómeno neurológico que tiene lugar durante un período va-
riable e impredecible después de una lesión medular (habitualmente 48 horas). Se
produce la pérdida de todas las funciones sensitivas y motoras, flacidez, parálisis y
ausencia de reflejos por debajo del nivel lesional.
466
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
Figura 1 Figura 2
Cuidados:
• Si IOT:
- Se realizará con un ayudante sujetando firmemente la cabeza evitando la flexoex-
tensión del cuello, se retirará el collarín para mejorar la visión de la laringe y se
procederá a la IOT.
- Se realizará sedación y relajación previamente(8).
- Para movilizar menos el cuello, se realizará la maniobra de Sellik de forma cuida-
dosa ya que, de lo contrario, se pueden producir desplazamientos posteriores de
cuerpos vertebrales cervicales.
468
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
C. Circulación
• Valoración:
- Valorar estado de conciencia, color y temperatura de la piel, amplitud de pulso,
frecuencia cardíaca y relleno capilar.
- En principio, como en cualquier traumatizado grave, cuando aparezcan signos de
shock, se presumirá que el paciente con lesión medular tiene un shock hipovolé-
mico hasta que no se demuestre lo contrario. Hay que tener en cuenta que la lesión
puede anular las respuestas fisiológicas a la situación de shock circulatorio (taqui-
cardia, vasoconstricción). Aún así, podemos encontrar (3):
· El paciente presenta hipotensión severa y taquicardia: posiblemente se trate de
un shock hipovolémico. Se debe administrar el volumen suficiente para con-
seguir una presión arterial media (PAM) de 85-90 mm de Hg.
· El paciente presenta hipotensión severa, bradicardia, piel caliente y seca (shock
neurógeno). Indicada la administración moderada de líquidos y si no responde,
drogas inotrópicas (dopamina) (11) (12).
Cuidados:
• Vía periférica de grueso calibre (nº14- 16) considerando las mejores vías de acceso
periférico la vena antecubital y las venas del antebrazo.
• Infusión de líquidos IV para mantener una buena perfusión tisular, comenzando por
cristaloides.
469
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
Además de continuar con el tratamiento farmacológico previo o iniciar otros según el estado
y evolución del paciente, valoraremos otras necesidades de cuidados que al priorizar en la
etapa anterior quizás no hayan sido cubiertas. Debemos recordar que la patología traumá-
tica es dinámica, va cambiando con el tiempo de forma que el paciente puede irse deterio-
rando progresivamente por lo que son necesarias las reevaluaciones continuas hasta la
llegada al centro hospitalario. (12)
A. Cuidados respiratorios
• Si el paciente está intubado:
- control de la ventilación asistida:
· Frecuencia respiratoria: 10 resp./min en adultos, 20 en niños y 25 en lactantes.
· Volumen de 350 a 500 ml.
4. En lenguaje coloquial ha ido acuñando el término de “cuchara”
470 5. En España y en el SUMMA es más popular el uso de camilla telescópica encontrando estudios donde demuestran que estas camillas tienen la
misma eficacia que las tablas rígidas(20)
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
B. Cuidados cardiovasculares
• Monitorización cardiovascular (controlar por monitor): TA cada 15 minutos, FC, ritmo
cardíaco. Así mismo continuar valorando la presión de pulso, relleno capilar y el as-
pecto de la piel (fría, sudorosa, pálida).
• Según estado hemodinámico, y según orden médica, continuar con la administración
de fluidos y/o preparar drogas para controlar FC (atropina) y TA (dopamina).
471
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
3 Valoración refleja
· Reflejos tendinosos.
· Cutáneo-abdominales.
· Cremastérico6: responsable del priaprismo.
· Anales: disminución o abolición del tono del esfínter anal.
· Reflejo cutáneo plantar, presencia o no de Babinski.
4 Valoración del shock medular y/o neurógeno (9) sin olvidar la posibilidad de shock
hipovolémico enmascarado por la lesión medular.
· Podemos encontrar hipotensión, bradicardia, aumento de la capacidad venosa
con la piel caliente y bien perfundida, disminución del retorno venoso central,
edema pulmonar, éstasis venoso en MMII, además de flacidez, pérdida de re-
flejos y alteraciones sensitivas y/o motoras por debajo de la lesión.
5 Escala de A.S.I.A. 7(American Spinal Injury Association): evalúa si hay lesión me-
dular y su pronóstico. Consta de cinco grados nominados de la A a la E de grave-
dad decreciente:
A. ausencia de función motora y sensitiva por debajo de la lesión, incluyendo seg-
mentos sacros S4 y S5 (Lesión completa).
B. función sensitiva conservada. Función motora ausente. (Lesión incompleta).
C. preservación de función motora infralesional. La mayoría de los músculos clave
tiene un valor menor de 3. (Lesión incompleta).
D. preservación de función motora infralesional. La mayoría de los músculos clave
tiene un valor mayor de 3. (Lesión incompleta).
E. función sensitiva y motora normal.
D. Cuidado de la piel
• Alteración de la termorregulación:
- Los pacientes afectados de shock medular son poiquilotermos por la denervación
simpática y al principio puede acentuarse la hipotermia. Abrigar al paciente. Tras
desnudar completamente al paciente para realizar la valoración secundaria, abri-
garle colocando sábana y manta encima. Poner la calefacción del vehículo.
• Alteraciones cutáneas:
- Es una causa importante de muerte en estos pacientes. Debemos prevenir las úl-
ceras por presión desde el principio. Evitar puntos de presión, siendo los más fre-
cuentes la barra de la camilla a nivel de los pies y collarines de tamaño no
adecuado. Si el traslado es largo, valorar proteger los pies con botines.
Destino: Centro hospitalario de alto nivel en lesión medular si el paciente está estable, aunque
el trayecto sea más largo. Posteriormente, una vez evaluada la lesión, se puede remitir a un hos-
pital especializado como el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo (9).
El traslado se realizará en SVA bien sea en helicóptero (preferible si hay una importante dis-
tancia) o en UVI móvil de forma terrestre, a una velocidad constante evitando las aceleraciones
y desaceleraciones bruscas, solicitando si fuera preciso apoyo policial (18). Realizar preaviso hos-
pitalario.
6.- TRANSFERENCIA
La transferencia hospitalaria puede ser un momento crítico de desorden. No deben retirarse
los dispositivos de inmovilización hasta que no hayan sido sustituidos por otros de similares ca-
racterísticas, por el hecho de querer recuperar el material (9). Recordar que se trata de un paciente
traumático agudo, que además tiene una lesión medular.
2. Limpieza ineficaz de la vía aérea relacionada con la falta de fuerza de la musculatura ab-
dominal y torácica manifestado por tos y dificultad para expectorar.
3. Ansiedad relacionada con proceso agudo y desenlace incierto manifestado por inquietud,
agitación, angustia.
6. Riesgo de aspiración r/c reducción del nivel de conciencia y/o depresión de los reflejos nau-
seoso y tusígeno.
474
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
8.- RESUMEN
El traumatismo vertebral puede o no ir asociado a lesión medular. De cualquier forma todo
paciente traumatizado grave, sobre todo si tiene alteraciones del nivel de conciencia, se tratará
como un lesionado medular hasta que no se descarte con pruebas de imagen.
9.- BIBLIOGRAFÍA
1. Fonseca F, Casalduero JL, Domínguez JM. Traumatismo vertebral y medular. En: Canaba A, Perales N, Navarrete
P, Sánchez-Izquierdo JA, editors. Manual de soporte vital en trauma. 2ª ed. Madrid: Elsevier Masson; 2007. p.
131-146.
2. Espinosa R. Lesión médulo espinal traumática. En: Quesada A, editor. Recomendaciones Asistenciales en Trauma
Grave. SEMES. 1ª ed. Madrid: Edicomplet; 1999. p. 139-149.
3. Molano E, Burgos R, Gallego S. Traumatismo raquimedular. En: Fernández D, Aparicio J, Pérez JL, Serrano A,
editores. ; 2008. p. 481-495.
4. Roldán A. Enfermería y lesionado medular: un texto sencillo para un cuidado complejo. 1ª ed. Madrid: ASEPEYO;
2002.
5. Muñoz D, Silva L. Valoración inicial de enfermería al politraumatizado. 1ª ed. Alcalá de Guadaira: MAD; 2006.
6. Whitesides TE, Shah SG. On the management of unstable fractures of the thoracolumbar spine. Spine
1976;1(4):245-248.
7. García A, Méndez MC. Atención de enfermería en el paciente politraumático. 1ª ed. Alicante: ECU; 2009.
8. Sedación en la intubación extrahospitalaria. Disponible en: [Link] Recu-
perado el 3/05/2012, 2012.
9. Pérez MI, Gutiérrez MC, Laguna E, Santamaría A, Redondo C. Intervención interdisciplinar en los traumatismos
de columna. Semergen 2007;33(10):544-548.
10. Díez LD, Barrado L, Blanco P, Barroso S, Espinosa S. La capnografía en los servicios de emergencia médica. Se-
mergen 2009;35(3):138-143.
11. Jiménez L, Montero FJ. Compendio de medicina de Urgencias: guía terapéutica. 1ª ed. Madrid: Elsevier; 2004.
12. Abad F, Morillo J. Asistencia prehospitalaria al politraumatizado. En: Morillo J, editor. Manual de enfermería de
asistencia prehospitalaria urgente. 1ª ed. Madrid: Elsevier; 2007. p. 363-401.
13. Prehospital Trauma Life Support Committee of the National Association of Emergency Medical Tecnicians en co-
laboración con the Committee on Trauma of the American Collage of Surgeons. PHTLS. Soporte vital básico y
avanzado en el trauma prehospitalario. 6ª ed. Barcelona: Elsevier; 2012.
14. Kronvall E, Sayer FT, Nilsson OG. Methylprednisolone in the treatment of acute spinal cord injury has become
more and more questioned. Lakartidningen 2005 Jun 13-26;102(24-25):1887-8, 1890.
15. Lee HC, Cho DY, Lee WY, Chuang HC. Pitfalls in treatment of acute cervical spinal cord injury using high-dose
methylprednisolone: a retrospect audit of 111 patients. [Link]. 2007;68 Suppl 1:S37-41; discussion S41-2.
16. Bracken MB. Steroids for acute spinal cord injury. Bracken [Link] Database Syst Rev. 2012 Jan
18;1:CD001046.
17. SEMICYUC. Soporte vital avanzado en trauma: traumatismo vertebral y medular. 2006; Disponible en:
[Link] Recuperado el 7/04/2012.
475
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal
18. Pimentel L, Diegelmann L. Evaluation and management of acute cervical spine trauma. Emerg Med Clin North
Am. 2010 Nov;28(4):719-38 Gilarranz JL. Manual de procedimientos Samur Protección Civil. 2003:789.
19. López B. Atención de enfermería al lesionado medular. Disponible en:
[Link]
Recuperado el 7/04/2012.
20. Krell JM, McCoy MS, Sparto PJ, Fisher GL, Stoy WA, Hostler DP. Comparison of the Ferno Scoop Stretcher with
the long backboard for spinal immobilization. [Link] 2006 Jan-Mar;10(1):46-51.
476
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1. Objetivos
2. Introducción
2.1 Definición
2.2 Incidencia
2.3 Fisiopatología
2.4 Etiología
3. Tipos de traumatismos torácicos
3.1 Lesiones que amenazan la vida
3.2 Lesiones potencialmente letales
3.3 Otras lesiones con escaso riesgo de muerte
4. Obstrucción de la vía aérea
5. Neumotórax
5.1 Neumotórax a tensión
5.2 Neumotórax simple
5.3 Neumotórax abierto
6. Hemotórax
6.1 Hemotórax simple
6.2 Hemotórax masivo
7. Volet Costal/ Tórax Inestable
8. Taponamiento Cardíaco
9. Contusión Pulmonar
10. Traumatismo Cardíaco
10.1 Contusión miocárdica
10.2 Rotura cardiaca
11. Traumatismo de grandes vasos
11.1 Traumatismo de aorta torácica
12. Rotura de la vía aérea: tráquea y bronquios
13. Traumatismo del diafragma
14. Traumatismo esofágico
15. Fracturas costales
16. Fractura de esternón
17. Lesiones superficiales de la pared torácica
17.1 Hematomas torácicos
17.2 Heridas superficiales de la pared torácica
18. Otros cuadros de traumatismo torácico
18.1 Embolia gaseosa
18.2 Asfixia traumática
19. Indicación de toracotomía
20. Cuidados de enfermería en la urgencia extrahospitalaria ante
un paciente con traumatismo torácico
20.1 Diagnósticos de enfermería
20.2 Intervenciones NIC- CIE
20.3 Objetivos NOC- CRE
21. Resumen
22. Bibliografía
478
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
1. OBJETIVOS
En este capítulo nos centraremos en las particularidades del paciente con traumatismo torá-
cico, pero no debemos olvidar que generalmente nos encontramos frente a un paciente politrau-
matizado y lo debemos tratar como tal.
Además, este tipo de pacientes pueden estar en un entorno hostil y de riesgo tanto para ellos
como para el personal que acude en su ayuda. Deberemos identificar los peligros y minimizar los
riesgos.
Por lo tanto, el personal de enfermería debe identificar precozmente y resolver tan pronto como
sean posibles tanto las lesiones que comprometen la vida del paciente como las potencialmente
letales.
Tendrá que conocer la biomecánica y fisiopatología del traumatismo torácico así como todas
las lesiones que se pueden presentar en este tipo de pacientes y la manera de resolverlas ade-
cuadamente mediante el trabajo en equipo.
2. INTRODUCCIÓN
2.1 Definición
El Traumatismo Torácico es todo traumatismo que lesiona o altera alguna de las estructuras
del tórax (caja torácica, pulmones, corazón, grandes vasos y resto de estructuras medias-
tínicas). La ausencia de lesiones torácicas externas y/o fracturas costales, no excluye la
existencia de lesiones intratorácicas que pueden comprometer la vida1. Su presencia en un
politraumatizado se considera marcador de gravedad2.
Todo este abundante y variado tipo de lesiones traumáticas del tórax en algunas ocasiones
pueden presentarse aisladas, pero lo habitual es que vayan asociadas. En un traumatismo
torácico grave raramente se dará solamente una lesión sino que serán varias y, habitual-
mente, a diferentes niveles.
Cualquier lesión por debajo de la mamila se considera tanto una lesión torácica como ab-
dominal.
2.2 Incidencia
Las lesiones torácicas pueden presentar implicación directa en el pronóstico vital del pa-
ciente traumatizado; pero, sin embargo, pueden resolverse de forma rápida y con pocos
medios3.
En más del 25% de los fallecidos por politraumatismos se presenta el trauma torácico como
lesión esencial4, siendo la tercera causa de morbi-mortalidad en este tipo de pacientes. Aun-
que la mortalidad aislada es baja, se eleva considerablemente cuando se asocia a lesiones
extratorácicas (craneales, abdominales y ortopédicas), lo que ocurre en más del 66% de
los casos.
479
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
La necesidad de cirugía inmediata es baja (10-15%)5 por lo que en la mayoría de las situa-
ciones pueden ser solucionadas por el personal de urgencias en primer lugar y posterior-
mente en el hospital.
Por orden de frecuencia, las lesiones que se producen en un traumatismo torácico asientan
en:
• La pared torácica (50-70%). De todos los traumatismos torácicos, los más frecuentes
son las fracturas costales6.
• Los pulmones (20%).
• Otras estructuras intratorácicas (18-20%). Entre éstas, el corazón (7-9%), el diafragma
(7%), el esófago (0,5-7%) y los grandes vasos (4%).
2.3 Fisiopatología
La hipoxia tisular resulta del aporte inadecuado de oxígeno a los tejidos debido a hipovole-
mia, a alteraciones de la ventilación/perfusión pulmonar y a cambios en las relaciones de
la presión intratorácica.
La acidosis puede ser mixta. Una primera acidosis respiratoria, por ventilación inadecuada,
y una posterior acidosis metabólica, causada por hipoperfusión tisular con aumento en la
producción de ácido láctico8.
Dado que la hipoxia es la característica más grave, el objetivo de las intervenciones está
dirigido a impedir o corregir dicha alteración.
2.4 Etiología
La etiología de este tipo de lesiones traumáticas puede ser muy variada: desde accidentes
de tráfico (63-90%) y precipitaciones al vacío (segunda causa), a accidentes domésticos,
deportivos o laborales, agresiones, heridas de arma blanca o de fuego, etc.
480
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
Este tipo de lesiones deben ser reconocidas y tratadas durante la valoración primaria,
puesto que pueden ocasionar la muerte del paciente en pocos minutos, sin dar tiempo a
llegar al hospital.
• Contusión pulmonar.
• Contusión miocárdica.
• Rotura traumática de aorta y grandes vasos.
• Lesión del árbol traqueobronquial.
• Rotura diafragmática.
• Rotura esofágica.
• Neumotórax simple.
• Hemotórax simple.
• Fracturas costales aisladas.
• Fractura de esternón.
Las distintas lesiones que nos podemos encontrar en un traumatismo torácico son:
• Lesiones de la Pared Torácica: Tejidos blandos, heridas abiertas, fractura esternal, frac-
turas costales, Volet costal, fracturas claviculares, etc.
• Lesiones Pulmonares: Contusión pulmonar, heridas penetrantes, cavitación traumática,
hematoma pulmonar, aneurisma traumático de arteria pulmonar, hemorragia Intrabron-
quial, fístulas arteriovenosa, etc.
• Lesiones Traumáticas del Espacio Pleural: Hemotórax, neumotórax, hemoneumotórax,
neumomediastino, lesiones del conducto torácico, empiema postraumático, etc.
• Lesiones de la Vía Aérea Gruesa: Cerradas, penetrantes, fístula traqueobronquial, fístula
traqueoesofágica, etc.
• Lesiones Diafragmáticas: Cerradas agudas, abiertas agudas, hernia diafragmática
aguda, hernia diafragmática traumática crónica, etc.
• Lesiones Cardíacas: Heridas penetrantes, contusión cardiaca, rotura cardiaca, tapona-
481
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
A continuación describiremos más detalladamente las principales lesiones que nos podemos
encontrar así como los aspectos más importantes a conocer por la enfermería de emergen-
cias.
Según las lesiones concretas que se encuentren por el tipo de traumatismo presentado se es-
pecificarán las medidas a tomar respecto a la vía aérea. Prestar especial atención a los pacientes
con disminución del nivel de conciencia, ya que la causa más frecuentemente evitable de mor-
talidad en el paciente traumatizado es precisamente la obstrucción de la vía aérea por caída de
la lengua sobre ésta, y con maniobras muy básicas puede ser fácilmente solucionado.
5. NEUMOTÓRAX
El neumotórax es el paso de aire hacia el espacio pleural, producido por una solución de con-
tinuidad. El aire puede provenir de la atmósfera o de diversas estructuras internas (parénquima
pulmonar, lesiones de la tráquea, lesiones de los bronquios y, raramente, lesiones del esófago).
El neumotórax actúa como una lesión ocupante de espacio entre la pleura visceral y parietal,
y es una complicación frecuente del traumatismo torácico, tanto cerrado (más del 40% de los
casos) como penetrante (20% de los casos).
• Fisiopatología
La ocupación por aire del espacio pleural, debido al efecto de válvula unidireccional de la lesión
que impide la salida del aire, provoca el colapso del pulmón afecto9. Cuando el colapso es
total, la tensión del aire pleural provoca compresión y desviación del mediastino, así como des-
viación de la traquea hacia el lado contralateral, con la consiguiente limitación severa de la
ventilación y repercusión hemodinámica por dificultad del retorno venoso, llevando aparejado
un bajo gasto cardiaco.
482
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
Se produce una entrada masiva de aire en el espacio pleural por escapes masivos de aire
(estallidos pulmonares, roturas traqueobronquiales, etc.) o por escapes pequeños pero con-
tinuos (laceraciones pulmonares). Esta importante ocupación aérea aumenta la presión in-
trapleural por encima de la atmosférica, provocando un colapso total del pulmón. El riesgo
vital es inmediato.
Las causas más comunes son los traumatismos torácicos cerrados, los neumotórax simples
tratados con ventilación con presión positiva y la colocación de vías centrales en la vena
subclavia o yugular interna.
• Clínica:
Disnea, ansiedad extrema, taquipnea, dolor torácico, taquicardia, sudoración, hipoven-
tilación, abolición del murmullo vesicular del lado lesionado, timpanismo a la percusión,
hipomovilidad del hemitórax afecto, desviación de la tráquea hacia el lado contralateral,
ingurgitación yugular (por desviación y compresión mediastínica) si no existe hipovolemia
asociada, hipotensión, signos de inestabilidad hemodinámica o shock. Puede acompa-
ñarse de enfisema subcutáneo masivo, cianosis tardía, etc.
• Diagnóstico:
El diagnóstico debe basarse en la clínica y el mecanismo lesional, y nunca esperar a la
confirmación radiológica.
• Tratamiento:
Realizar una valoración inicial del paciente para una rápida identificación de esta lesión,
mortal en pocos minutos si no se pone tratamiento.
- Toracocentesis terapéutica:
Si existe Neumotórax a tensión se realizará descompresión inmediata con aguja, aun-
que la toracocentesis supone un procedimiento temporal.
Los riesgos de la descompresión con aguja son mínimos y puede beneficiar en gran
medida al paciente, pues mejora la oxigenación y la circulación10.
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su
temor, e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará,
si es posible, en posición anti-Trendelemburg de 30º11 considerando su comodidad y
confort, y evitando posibles lesiones secundarias.
La vía de acceso de elección es la anterior (2º espacio intercostal a nivel de la línea
medioclavicular). El acceso lateral (4º-5º espacio intercostal en la línea axilar anterior)
se utilizará cuando no sea posible el acceso anterior, aunque tiene un mayor riesgo
de lesión parenquimatosa12.
Tras limpiar la zona de forma extensa con povidona yodada, se puede utilizar alguno
de los dispositivos específicos que se encuentran en el mercado o se realiza punción
con angiocateter del nº 14 en 2º espacio intercostal línea medioclavicular (borde su-
perior de la costilla inferior) del lado afecto perpendicularmente a la piel, hasta alcan-
zar el espacio pleural. Se retira la aguja y se conecta el catéter a una llave de tres
483
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
pasos con alargadera (muy útil) y se aspira con una jeringa de 10 ml con 5 ml de
suero fisiológico13. Si existe neumotórax, se observará burbujeo en la jeringa.
Tras esto, se retira la jeringa (se oye la salida de aire), y se une la llave a una válvula
unidireccional tipo Heimlich o se conecta a un equipo de venoclisis cuyo extremo distal
se encuentre con un sello de agua.
Fijar bien todo el sistema a la piel, para que se mantenga hasta que se haya eliminado
totalmente el neumotórax.
Hay que recordar que este tratamiento no es definitivo, ya que lo único que se hace
es convertir un neumotórax a tensión en un neumotórax simple, por lo que siempre
quedará un deterioro de la ventilación.
Hay que extremar la precaución en pacientes con ventilación asistida (manual o con
respirador). Si el diagnóstico presuntivo de neumotórax a tensión es incorrecto, la in-
serción del catéter puede crear un neumotórax que evolucione a tensión con la ven-
tilación a presión positiva.
- Drenaje torácico
Tras la toracocentesis de urgencia es necesario realizar una toracocentesis con tubo,
ya que el tratamiento de elección y definitivo de un neumotórax a tensión es la tora-
costomía inmediata con tubo torácico.
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su
temor, e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará,
si es posible, en posición anti-Trendelemburg de 30º con el brazo del lado afecto se-
parado del tórax considerando su comodidad y confort, y evitando posibles lesiones
secundarias. Se debe sujetar el brazo para evitar cualquier movimiento durante el
procedimiento.
La vía de acceso de elección es el 4-5ª espacio intercostal línea axilar anterior, ya
que la inserción más baja conlleva riesgo de punción de algún órgano abdominal.
Además, se elige esta localización en el paciente traumatizado por la frecuente aso-
ciación con hemotórax.
Limpiar la zona con povidona yodada de forma extensa y delimitar un campo estéril.
Anestesiar la zona de forma local, aunque se hayan administrado analgésicos sisté-
micos.
Realizar una incisión con bisturí de 2-3 cm sobre la costilla siguiente al espacio inter-
costal seleccionado. Realizar disección con unas pinzas romas en el tejido subcutáneo
en dirección craneal, avanzando despacio hasta llegar al borde superior de la costilla.
Colocar la punta de las pinzas sobre la costilla superior y dirigirla hacia la cavidad
pleural. Penetrar en la cavidad pleural realizando cierta fuerza sobre las pinzas, pero
evitando una introducción excesiva. Cuando se accede a la cavidad pleural se nota
pérdida de resistencia, así como la salida de aire o líquido. Abrir la punta de las pinzas
para aumentar el tracto. Quitar las pinzas e introducir el dedo por el agujero para com-
probar la presencia de adherencias. Si las adherencias son laxas se pueden romper
con el dedo. Si las adherencias son firmes hay que buscar otro lugar de inserción del
tubo torácico.
El tubo torácico de elección en adultos debe ser de 28 Fr salvo que se sospeche que
existe además hemotórax acompañante, en cuyo caso se pondrá un 32 Fr.
Se calcula la cantidad de tubo que se debe introducir midiendo la distancia entre la
incisión cutánea y el ápex del pulmón y se marca con unas pinzas. Este punto debe
484
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
quedar unos 4-5 cm proximal a los orificios del tubo torácico. Sujetar el extremo distal
del tubo con unas pinzas, e insertar el tubo junto con las pinzas en la cavidad pleural.
Usar las pinzas para dirigir la punta del tubo en dirección posterosuperior. Soltar las
pinzas y avanzar el tubo torácico hasta que todos los orificios queden dentro de la ca-
vidad pleural.
Fijar el tubo a la piel con una sutura, asegurándose que también quede cerrada la in-
cisión para evitar fugas, y aplicar un vendaje oclusivo (gasa vaselinada) sobre ambos.
Conectar el tubo de tórax a un drenaje. El drenaje torácico de elección deberá tener
preferiblemente sello de agua y aspiración continua. Si no es posible, se puede colocar
una válvula de Heimlich (la flecha del dispositivo debe señalar hacia fuera del pa-
ciente) o un equipo de venoclisis cuyo extremo distal sea un sello de agua.
Si el neumotórax no es controlado (no existe reexpansión y/o se produce fuga man-
tenida) hay que realizar broncoscopia para detectar lesiones traqueobronquial o ate-
lectasia asociada.
Se produce por pequeñas lesiones pulmonares causadas por los fragmentos de las fracturas
costales, por fuerzas de deceleración o por un aumento brusco de presiones intraluminales,
con lesión del parénquima, del trayecto traqueobronquial, o menos frecuente, del esófago.
También se puede producir de forma espontánea.
• Clínica:
Los signos respiratorios son leves o casi imperceptibles. Dolor torácico de tipo pleurítico,
disnea, taquipnea, hipoventilación, auscultación normal (si el neumotórax es laminar) o
disminución del murmullo vesicular, timpanismo a la percusión, hiperresonancia, enfi-
sema subcutáneo frecuente que comienza en el foco de fractura, etc. Puede existir di-
versos grados de insuficiencia respiratoria (incluso no haberla). El aumento de presión
en vía aérea nos indica un posible neumotórax.
• Diagnóstico:
El diagnóstico se basa en la clínica, pero se confirma con una radiografía en espiración
forzada.
• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente, y posterior estabilización, las medidas específicas
serán:
- Tratamiento conservador:
Si es menor del 20% y/o limitado al vértice se puede hacer tratamiento conservador
hasta la reabsorción, controlando estrechamente al paciente.
485
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
La comunicación directa y continua entre el espacio pleural y el exterior a través de una he-
rida permite la entrada de aire atmosférico en la inspiración y la salida en la espiración. La
herida succionante hace un ruido característico en cada movimiento respiratorio que se de-
nomina traumatopnea.
Si la herida no es muy grande, la ocupación del espacio pleural no es completa, por lo que
se provoca un neumotórax simple.
Si la herida presenta un tamaño mayor a 2/3 del diámetro de la traquea, el aire pasará pre-
ferentemente a través de ésta ya que provoca menor resistencia que la vía aérea, hasta
que se igualen las presiones atmosférica e intratorácica. La herida abierta actuará como
una válvula unidireccional que permite el paso de aire durante la inspiración pero impide la
salida durante la espiración, provocando un neumotórax a tensión. Aumenta la gravedad si
existe cierto grado de obstrucción en la vía aérea superior.
• Clínica:
El paciente se puede encontrar asintomático hasta la ocupación de un 40% del espacio
pleural de un hemitórax. Luego se puede observar dolor en el lugar de la lesión, trauma-
topnea, distensión venosa en cuello, enfisema subcutáneo, disminución de los movi-
mientos respiratorios, ausencia de murmullo vesicular e hiperrresonancia, shock o
patología cardiorrespiratoria.
• Diagnóstico:
El diagnóstico es clínico, pero luego se necesita una confirmación radiológica.
• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente se debe realizar un tratamiento rápido de esta le-
sión, sobre todo si la herida presenta un gran diámetro. Las medidas específicas serán:
- Tratamiento de la herida:
Se desaconseja la manipulación de lesiones de tejido blando, tanto manual como ins-
trumentalmente, por provocar agrandamiento del orificio, o una lesión de estructuras
subyacentes, transformando un orificio cerrado en abierto, provocando sangrado se-
vero, etc.
Se debe cerrar la herida con un apósito lubricado e impermeable (gasa vaselinada)
que cubra ampliamente el defecto de la pared, el cual será cerrado por 3 de los cuatro
lados o un dispositivo que cumpla esta función (tipo parche de Asherman). Así se con-
sigue un mecanismo valvular que permite la salida de aire por la herida mientras el
486
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
paciente espira, pero impide la entrada de aire por la herida cuando el paciente inspira.
Nunca se debe cerrar el apósito por los cuatro lados, ya que se crearía un neumotórax
a tensión.
- Drenaje torácico:
Tras la atención de la herida, se colocará un drenaje torácico lo antes posible en un
lugar diferente y alejado de la herida.
Si la lesión es pequeña puede ser suficiente una toracostomía en el 2º espacio inter-
costal del lado afecto.
Si la lesión es mayor o está asociada a hemotórax es necesario un tubo ³ 32 Fr en el
5º espacio intercostal línea axilar anterior, dirigido posteriormente y hacía el vértice
pulmonar. Se colocará válvula unidireccional tipo Heimlich y bolsa de drenado.
Si el paciente no mejora, hay que sospechar una rotura de la vía aérea gruesa.
6. HEMOTÓRAX
Se trata de la ocupación por sangre del espacio pleural. Suele ser consecuencia del sangrado
de los tejidos adyacentes o del parénquima pulmonar.
Se puede producir por traumatismo cerrado (contusión) o por traumatismo penetrante (herida
incisa).
• Fisiopatología:
Cuando la sangre se acumula en el espacio pleural, se producen dos consecuencias. Por una
parte, la pérdida de sangre del sistema circulatorio provoca hipovolemia, con la consecuente
disminución del transporte de oxígeno a los tejidos. Por otra parte, la ocupación del espacio
pleural provoca un colapso parcial o total del pulmón afectado, con la consiguiente afectación
respiratoria.
• Tipos:
Según protocolo terapéutico: simple o masivo.
Según lugar: unilateral o bilateral.
487
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
costales. Usualmente estos sangrados se autolimitan, por lo que la persistencia del san-
grado sugiere origen arterial (intercostales, mamarias...).
• Clínica:
Prácticamente ausente. Puede presentar disminución de murmullo vesicular en la base
del pulmón, hipoventilación en la base pulmonar, matidez a la percusión, etc. No presenta
deterioro hemodinámico significativo.
El primer signo puede ser la aparición de sangre al drenar un neumotórax.
• Diagnóstico:
La clínica suele dar un diagnóstico de sospecha, pero la confirmación es por radiografía
simple de tórax, siendo visibles cantidades superiores a 200-300 ml.
La existencia de niveles hidroaéreos es diagnóstica de hemoneumotórax.
• Tratamiento:
En la emergencia extrahospitalaria, tras la valoración y estabilización del paciente, el tra-
tamiento dependerá de la clínica.
Si la clínica no es muy importante se puede realizar un tratamiento conservador, pero
manteniendo un control constante del paciente.
Si la clínica es sugerente de un acúmulo importante de sangre se tratará como un he-
motórax masivo, realizando un drenaje torácico.
En el hospital también se realizará reposición de sangre, ya que el sangrado proveniente
de focos de fracturas costales se prolonga varios días.
Se trata de una acumulación rápida de sangre en el espacio pleural producida por la rotura
de un gran vaso (como vasos intercostales, mamaria interna, aorta torácica, cava, arteria
pulmonar o sus ramas, subclavia, etc), rotura cardiaca, rotura mediastínica, grandes esta-
llidos pulmonares, rotura del parénquima pulmonar, etc, por lo que presenta un riesgo vital
inmediato.
Es más frecuente en los traumatismos abiertos, pero no se debe excluir en cualquier tipo
de traumatismo.
Para hablar de hemotórax masivo deben cumplirse alguno de los siguientes criterios:
• Drenado inicial es > 1.500 ml.
• Drenado supera los 500 ml/hora las 3 primeras horas.
• Drenado supera los 200 ml/hora las siguientes horas, durante más de 4 horas.
Puede acumularse en teoría hasta el 40-50% de la volemia, por lo que se asocia con una
tasa elevada de mortalidad.
488
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
• Clínica:
Dolor, disnea, hipoventilación, disminución o ausencia de ruidos respiratorios en la base
pulmonar, matidez a la percusión del hemitórax afecto, insuficiencia respiratoria, etc. Se
necesita una gran cantidad de sangre para que se llegue a desplazar el mediastino y se
produzca ingurgitación yugular. La pérdida de sangre se complica por la hipoxia y puede
llegar a provocar shock (hipotensión, mala perfusión periférica, oliguria, etc)
• Diagnóstico:
El diagnóstico de sospecha se realiza por la clínica, pero la confirmación necesita una
toracocentesis diagnóstica (5º espacio intercostal línea media axilar) y una radiografía
de tórax.
• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente, las acciones específicas de este tipo de lesión
serán:
- Reposición de volemia:
Se necesitan dos vías periféricas de gran calibre para administrar una perfusión rápida
de cristaloides y coloides. En el hospital también se utilizará sangre.
- Drenaje torácico:
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su
temor, e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará,
si es posible, en posición anti-Trendelemburg de 30º con el brazo del lado afecto se-
parado del tórax considerando su comodidad y confort, y evitando posibles lesiones
secundarias. Se debe sujetar el brazo para evitar cualquier movimiento durante el
procedimiento.
La vía de acceso de elección es el 4-5ª espacio intercostal línea axilar anterior, ya
que la inserción más baja conlleva riesgo de punción de algún órgano abdominal.
Además, se elige esta localización en el paciente traumatizado por la frecuente aso-
ciación con neumotórax.
Realizar la colocación del tubo torácico como se ha explicado en el neumotórax a ten-
sión.
El tubo torácico de elección en adultos debe ser de grueso calibre (32 Fr)15 para faci-
litar la salida de sangre y evitar los coágulos, dirigiendo la punta de éste en dirección
posteroinferior y fijar el tubo.
Conectar el tubo de tórax a un drenaje. El drenaje torácico de elección deberá tener
preferiblemente sello de agua y aspiración continua. Si no es posible, se puede colocar
una válvula de Heimlich o un equipo de venoclisis cuyo extremo distal sea un sello
de agua.
Hay que tener en cuenta que el tubo se puede obstruir por coágulos (hay que recam-
biarlo) o que el hematoma puede llegar a coagularse.
Si el drenaje a través del tubo es masivo (1500 ml de sangre en los primeros momen-
tos o si el ritmo de drenaje es de 200-400 ml/h en las primeras cuatro horas) se debe
clampar, facilitar la hemostasia por compresión y proceder a toracotomía de emer-
gencia (necesaria en el 10% de los casos). Es eficaz en un 5-30% de los casos de
PCR por traumatismo penetrante.
489
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
La zona lesionada presenta movimiento paradójico respecto a la pared torácica, hacia dentro
en la inspiración (presión intrapleural menor que la presión atmosférica) y hacia fuera durante la
espiración (presión intrapleural mayor que la presión atmosférica). Puede originarse un movi-
miento de “bamboleo mediastínico”, que se desplazará hacia el hemitórax contralateral (sano)
durante la inspiración y hacia el lado de la lesión durante la espiración.
Suele ser de localización anterior (participan los cartílagos costales) o lateral, pero también
se puede producir en la zona central (las líneas de fracturas están situadas cada una en un he-
mitórax, a veces con la participación del esternón fracturado) o posterior (no crea una zona ines-
table por la potente musculatura y por la inmovilización del decúbito y de la escápula).
• Fisiopatología:
El movimiento paradójico del tórax tiene como resultado una disminución de la ventilación, con
hipoxia e hipercapnia. Pero lo más importante es el dolor intenso, que produce una limitación
de movimientos respiratorios, aumento del trabajo respiratorio, colapsos alveolares, disminu-
ción de la capacidad vital, disminución de la capacidad residual funcional, disminución de la
compliance pulmonar, atelectasia y deterioro respiratorio. El mayor compromiso proviene de
la lesión pulmonar subyacente (contusión pulmonar).
• Clínica:
Dolor, disnea, taquipnea, aumento del trabajo respiratorio, respiración superficial, dificultad
para toser, retención de secreciones, crepitación y aumento de dolor a la palpación sobre arcos
costales, hemoptisis, aumento de las resistencias de vías aéreas, etc.
Al principio el espasmo de los músculos intercostales puede impedir que se produzca un mo-
vimiento paradójico significativo, pero cuando estos músculos se agotan, el segmento batiente
suele hacerse más visible. El movimiento paradójico es especialmente grave si la parte ines-
table es la anterior y/o existe una fractura transversal del esternón.
Más importante es la detección de las lesiones asociadas, mediante sus correspondientes sig-
nos y síntomas: contusión pulmonar, neumotórax, lesión hepática y esplénica, lesión diafrag-
mática, lesión esternal, insuficiencia respiratoria aguda por dolor, etc.
• Diagnóstico:
El diagnóstico es clínico, mientras que la confirmación es radiológica (10% pasan desaperci-
bidas, ya que no se ven las fracturas de cartílagos ni las desinserciones condrocostales).
• Tratamiento:
El principal objetivo será tratar la contusión pulmonar subyacente para lograr una adecuada
ventilación del paciente. Para ello administraremos oxígeno en función del estado del paciente.
490
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
8. TAPONAMIENTO CARDIACO
Se define por el llenado de una cantidad pequeña de sangre a presión en el saco pericárdico
(100-300 ml). Esta sangre suele proceder de una rotura cardiaca o de grandes vasos.
Se produce tanto por traumatismos torácicos penetrantes (más frecuente) como por trauma-
tismos cerrados. Dentro de los traumatismos penetrantes, las lesiones por arma blanca (lo más
frecuente) suelen afectar a una sola cámara cardiaca mientras que las lesiones por arma de fuego
generalmente afectan a más de una cámara.
En general, las cámaras derechas del corazón son las más lesionadas, por estar más próximas
a la pared anterior.
Las lesiones torácicas que cursan con taponamiento cardíaco tienen una alta letalidad (50-
80%). Además, suelen asociarse a otras lesiones de diversa gravedad.
• Fisiopatología:
El saco pericárdico es una estructura fibrosa difícil de distender de forma aguda, llenándose
de sangre por una rotura cardiaca o vascular. Cuando el corazón se contrae durante la sístole,
penetra más sangre en el saco pericárdico, que comprime aún más el corazón y no permite
que se expanda por completo durante la diástole. Esta compresión restringe la actividad car-
diaca e interfiere en el retorno venoso y llenado del corazón, comprometiendo el gasto cardíaco
y la perfusión.
• Clínica:
Cursa con la triada de Beck (disminución de TA, aumento de la presión venosa central y tonos
cardiacos apagados e incluso inaudibles), herida torácica entre línea media clavicular derecha
491
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
y medio axilar izquierda, taquicardia, taquipnea, ingurgitación yugular, que puede estar ausente
por hipovolemia asociada, hipotensión refractaria a la perfusión de líquidos, pulso paradójico
(disminución de la PAS durante la inspiración superior a 10 mmHg), signo de Kussmaul (in-
cremento de la presión venosa durante la inspiración espontánea), ECG inespecífico (dismi-
nución del voltaje y alteraciones de la repolarización, fundamentalmente alteraciones del ST-T),
shock, etc.
Los signos se pueden confundir con un neumotórax a tensión izquierdo.
La actividad eléctrica sin pulso, en ausencia de hipovolemia y neumotórax a tensión, es su-
gestiva de esta lesión.
• Diagnóstico:
Se basa en la clínica (lo más importante), ya que se debe actuar con rapidez.
La pericardiocentesis urgente es tanto diagnóstica como terapéutica. Pero luego se debe re-
alizar ecocardiograma y ventana pericárdica.
• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente, las medidas urgentes específicas serán:
- Fluidos IV:
Es la primera medida para aumentar la presión venosa y mejorar el gasto cardiaco. Se
deben canalizar dos o más vías periféricas tan gruesas como sea posible, una al menos en
miembros inferiores ante la posibilidad de lesión de cava superior o sus grandes ramas,
pero valorando el riesgo de trombosis/embolismo.
- Pericardiocentesis:
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su temor,
e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará, si es posible,
en posición anti-Trendelemburg de 30-45º considerando su comodidad y confort, y evitando
posibles lesiones secundarias.
Se realizará una monitorización electrocardiográfica continua para ayudar a la realización
de la técnica.
Si es posible, se puede insertar una sonda nasogástrica para descomprimir el estómago,
evitando una posible perforación gástrica.
La vía de acceso de elección es el abordaje subxifoideo, en el margen esternocostal iz-
quierdo 1 a 2 cm por debajo del borde izquierdo de la unión condroxifoidea. Pero también
se pueden utilizar otros abordajes como el paraesternal o el apical.
Limpiar la zona ampliamente con povidona yodada y colocar un campo estéril. Anestesiar
la zona aunque se hayan administrado analgésicos por vía intravenosa.
Utilizar un catéter nº14 largo unido a una llave de tres pasos y una jeringa de 20 ml con 5
ml de suero salino; también se puede usar un kit de pericardiocentesis. Puncionar la piel
entre el apéndice xifoides y el margen costal izquierdo, con un ángulo de 45º y dirigiendo
la punta hacia el hombro izquierdo del paciente. Avanzar el catéter unos 4-5 cm mientras
se realiza aspiración con la jeringa hasta que se produzca el retorno de sangre, se noten
los latidos cardiacos o se produzca un cambio brusco en la morfología de las ondas del
ECG. Si las ondas del ECG muestran un patrón de daño miocárdico, hay que extraer la
aguja lentamente hasta que el patrón se normalice.
492
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
- Ventana pericárdica:
Es una alternativa a la pericardiocentesis. Se hace a nivel subxifoideo y preferiblemente en
quirófano.
- Toracotomía de emergencia:
Indicada en casos de shock refractario y sospecha de lesión cardiaca penetrante, así como
en los casos de parada cardiaca presenciada con el fin de dar masaje cardiaco interno, ya
que el externo es ineficaz (preferiblemente en quirófano y por personal entrenado).
9. CONTUSIÓN PULMONAR
Una contusión pulmonar es una zona del pulmón que, tras un traumatismo, presenta pérdida
de la integridad vascular con hemorragia intraparenquimatosa, intersticial y alveolar, edema in-
traalveolar e inactivación del surfactante, dando lugar a hipoxemia, al colapso alveolar y a la con-
solidación secundaria del parénquima pulmonar.
Es la lesión potencialmente letal más frecuente. Sobre todo se observa en pacientes jóvenes,
delgados y con gran elasticidad de la caja torácica (severas lesiones internas en ausencia de
fracturas costales).
Se suele producir por mecanismos de desaceleración o por impacto directo sobre la caja to-
rácica. Aunque también se puede producir por un traumatismo penetrante o por una onda expan-
siva.
Se observa en la zona del traumatismo o de forma contralateral, con más frecuencia en posi-
ción periférica.
493
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
• Fisiopatología
La cantidad de líquido intersticial aumenta en la zona correspondiente a las paredes de los
capilares y alvéolos, con la consiguiente disminución del transporte de oxígeno a través de las
membranas engrosadas. La hemorragia en el interior de los sacos alveolares impide la oxige-
nación del segmento afectado.
El colapso capilar determina un aumento de la resistencia vascular pulmonar con fallo cardiaco
derecho, y el colapso alveolar un aumento de las resistencias aéreas. Todo ello condiciona in-
suficiencia respiratoria, con hipoxemia e hipercapnia.
Las consecuencias fisiopatológicas de esta lesión son un aumento en el gradiente alveolo-ca-
pilar de oxígeno y una disminución de la complianza pulmonar.
• Clínica:
La sintomatología inicial de un paciente con contusión pulmonar puede no ser destacable, para
posteriormente aparecer un rápido deterioro de la oxigenación en las 4-36 primeras horas.
La clínica incluye cierto grado de taquipnea, hipoxemia, distrés respiratorio, hipoventilación,
estertores crepitantes, disminución del murmullo vesicular, hemoptisis (bastante constante),
febrícula, broncorrea, etc.
Las complicaciones más frecuentes son atelectasia y neumonía.
• Diagnóstico:
El diagnóstico es radiológico, pero se puede sospechar por los antecedentes traumáticos y la
clínica.
• Tratamiento:
Tras la valoración y estabilización del paciente, las medidas específicas de este tipo de lesión
son:
- Soporte ventilatorio:
Según la insuficiencia respiratoria que presente el paciente puede llegar a ser necesaria
una intubación y ventilación mecánica, siendo mejor la ventilación mandatoria intermitente
y PEEP (equilibran en mayor grado la ventilación y el riego pulmonar, mejoran el estado
hemodinámico y favorecen el reclutamiento alveolar) que la ventilación controlada o ayuda
habitual. Valorar la ventilación por presiones tipo BIPAP.
Solo el 15% de los que presentan contusión pulmonar de manera aislada requerirán intu-
bación endotraqueal.
Existe una mayor necesidad de intubación si el paciente presenta EPOC o insuficiencia
renal.
- Restricción de líquidos:
Evitar la sobreinfusión de líquidos para evitar acumulaciones adicionales del contenido in-
tersticial si no existen otras lesiones.
494
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
La pared anterior del ventrículo derecho es más vulnerable por su cercanía al esternón, se-
guido de la parte anterior del tabique interventricular y la porción anterior apical del ventrículo
izquierdo; sin embargo, las altas presiones en ventrículo izquierdo hacen que las lesiones
valvulares más frecuentes sean la aórtica y la mitral.
La lesión pericárdica y el hemopericardio con o sin taponamiento pueden ocurrir hasta una
semana tras el trauma.
• Clínica:
La sintomatología es muy variada, incluso el paciente se puede encontrar asintomático.
Puede presentar disnea, dolor precordial que no cede con nitroglicerina, taquicardia des-
proporcionada al traumatismo o hemorragia, roce pleural, irregularidades del ritmo (FA,
extrasístoles auriculares o ventriculares ), descompensación cardiaca con edema agudo
de pulmón con corazón de tamaño normal, soplos cardíacos, disminución del gasto car-
díaco, disfunción ventricular, arritmias graves y shock cardiogénico.
• Diagnóstico:
Se sospecha por el mecanismo lesional, la clínica y la inestabilidad hemodinámica no
atribuible a hipovolemia.
El ECG debe ser seriado. Puede aparecer cualquier tipo de arritmia, como taquicardia
sinusal (la más común), alteraciones inespecíficas de ST-T, Q de necrosis, TSV, bloqueo
de rama (sobre todo derecha), disfunción del nodo sinusal, extrasistolia, etc. Pero casi
equivalen a diagnóstico el surgimiento de FA, contracciones ventriculares prematuras
múltiples y trastornos de conducción. Los resultados normales no excluyen contusión
cardiaca, ya que pueden presentar un ECG normal el 30% de los pacientes.
El taponamiento con frecuencia no agranda la silueta cardiaca, si bien el ensanchamiento
de la vena ácigos mayor orienta a este diagnóstico.
Las troponinas cardiacas pueden estar elevadas, sin embargo su uso en el diagnóstico
de lesiones cardiacas cerradas no es concluyente, no ofreciendo mayor información que
la que nos aporta el ECG.
495
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
• Tratamiento:
El pronóstico en general es bueno y pocas veces se requieren medidas terapéuticas es-
pecíficas. Deben ser monitorizados durante las primeras 24 horas por el riesgo de sufrir
arritmias súbitas.
El manejo inicial es igual a todo politraumatizado.
Las arritmias se deben tratar según el protocolo específico, utilizando drogas vasoactivas
y antiarrítmicos (como en la cardiopatía isquémica).
La rotura cardiaca sucede sobre todo a nivel del ventrículo derecho, aunque también se
produce en el septo, el pericardio, las válvulas, etc.
Se puede producir por traumatismo cerrado, pero es mucho más frecuente en los trauma-
tismos penetrantes.
La letalidad de esta lesión es muy elevada in situ. Los pacientes que sobreviven en un pri-
mer momento presentan la rotura de una cámara de baja presión.
• Clínica
Se manifiesta como arritmias, IAM, inestabilidad hemodinámica, shunt izquierda-derecha,
taponamiento cardiaco (pericardio cerrado) o shock hemorrágico y hemotórax masivo
(pericardio abierto).
• Tratamiento
El tratamiento en el medio extrahospitalario es principalmente sintomático, utilizando los
protocolos específicos en cada caso.
El tratamiento de elección es la reparación quirúrgica diferida (6-8 semanas), pero en
caso de rotura pericárdica o insuficiencia cardiaca debe ser precoz.
Conllevan una mortalidad inmediata en torno al 80% y una mortalidad hospitalaria en las pri-
meras 48 horas del 50%.
496
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
Los traumatismos torácicos cerrados presentan lesión de aorta torácica en el 15% de los
casos. Los mecanismos de producción más frecuentes son: deceleración (rotura de istmo
o aorta ascendente) y compresión externa (rotura de istmo o aorta descendente).
• Clínica
Dolor torácico (irradiado a la zona interescapular, epigastrio y hombro izquierdo), dife-
rencia de tensión arterial entre ambos brazos o entre miembros superiores e inferiores,
hemotórax izquierdo, hipotensión, taquicardia, disminución de pulsos periféricos y/o cen-
trales, soplo sistólico áspero retroesternal o interescapular, paraplejia (por bajo flujo por
debajo de la lesión), oliguria (por bajo flujo por debajo de la lesión), shock, etc.
A veces la rotura de la aorta se produce dentro del pericardio, originando un tapona-
miento cardíaco.
Los síntomas tardíos de complicaciones son: aneurismas y fístulas (la más frecuente
entre la aorta torácica y el ventrículo derecho).
• Diagnóstico.
El diagnóstico se basa principalmente en la clínica, necesitando confirmación con TAC,
aortografía y ecografía. Existen algunos datos en la radiografía simple de tórax que pue-
den sugerir lesión aórtica: ensanchamiento mediastínico, casquete apical izquierdo, frac-
turas de costillas altas, hemotórax izquierdo, etc. En estos casos realizar TAC helicoidal
con contraste intravenoso y protocolo específico para reconstrucción.
• Tratamiento:
El tratamiento se basa en una estabilización hemodinámica, manteniendo la tensión ar-
terial sistólica entre 100-120 mmHg con vasodilatadores, beta-bloqueantes (labetalol),
etc.
Hay que evitar los esfuerzos, como vómitos, maniobra de Valsalva, etc, ya que pueden
aumentar la presión intratorácica hasta más de 200 mmHg.
El dolor se puede controlar con sedantes y analgésicos.
El tratamiento definitivo es quirúrgico.
497
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
El mecanismo de producción son traumatismos torácicos o del cuello tanto cerrados como pe-
netrantes. También pueden tener un origen yatrogénico.
La sección del árbol traqueobronquial por traumatismo cerrado se produce por tres mecanis-
mos: compresión anteroposterior del tórax, aumento de presión en las vías aéreas con la glotis
cerrada en el momento del impacto (teoría más aceptada) y desaceleración rápida que produce
una fuerza de cizallamiento.
Las lesiones, más bien transversales, se localizan generalmente a unos 2,5 cm de la carina
(80%).
En los bronquios, se lesiona con más frecuencia la zona proximal de los bronquios principa-
les.
• Fisiopatología
La rotura de la vía aérea puede llegar a provocar una alteración importante de la respiración,
con la consiguiente hipoxia, que puede ser muy severa.
• Clínica
La sintomatología depende del lugar y severidad de la lesión y del grado de obstrucción de la
vía aérea.
El 10% de los pacientes con rotura del árbol traqueobronquial no tiene signos clínicos. Los
síntomas generales son disnea, disfonía, tos, hemoptisis, dolor esternal, respiración ruidosa
(alto riesgo de obstrucción de la vía aérea), enfisema subcutáneo (a veces importante) que se
extiende desde la región supraclavicular al cuello y la cara, fractura de los tres primeros arcos
costales, hemoptisis, etc.
En las lesiones de laringe y de la tráquea superior podemos encontrar estridor, crepitación a
la palpación, enfisema subcutáneo e insuficiencia respiratoria, neumotórax bilateral, etc. Puede
haber roturas parciales que cursen sin neumotórax ni neumomediastino.
La rotura de tráquea cursa con neumotórax bilateral, neumomediastino masivo, progresivo y
persistente, fuga continua de aire por los drenajes pleurales o atelectasia pulmonar.
La rotura de los bronquios principales presenta la clínica de neumotórax unilateral, pero no se
resuelve con tubo de drenaje.
• Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la radiografía de tórax con enfisema subcutáneo y mediastínico, a
veces asociado a fractura de las primeras costillas. También se puede utilizar el TAC y la bron-
cofibroscopia.
498
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
• Tratamiento
Tras la valoración inicial del paciente, las medidas específicas son:
- Soporte ventilatorio:
En las roturas de laringe y tráquea superior puede ser necesario intubación orotraqueal o
traqueotomía de urgencia. Es preferible una IOT precoz a una traqueotomía dificultosa.
La intubación orotraqueal en el caso de lesiones distales podría agravar el escape aéreo
por lo que es preferible la ventilación espontánea. En los casos más graves se procederá
a intubar el bronquio no afecto de manera selectiva, teniendo en cuenta que hay que variar
los parámetros habituales de la ventilación mecánica.
La causa más común de lesión traumática del diafragma es el traumatismo penetrante; las le-
siones por traumatismo cerrado son raras (aproximadamente el 4%).
Las heridas diafragmáticas deben sospecharse cuando las lesiones externas se encuentran
por debajo del 5º espacio intercostal en la parte anterior del tórax o del 7º espacio intercostal en
la espalda. También hay que tener en cuenta que una herida en el epigastrio o en el abdomen
superior puede penetrar hacia arriba produciendo perforación del diafragma. En el caso de las
lesiones penetrantes las roturas suelen ser pequeñas y sin herniación inicial de vísceras abdomi-
nales a la cavidad torácica.
Las heridas diafragmáticas también pueden producirse por aumento de la presión intraabdo-
minal. La rotura diafragmática tras traumatismo cerrado se sitúa, característicamente, en la zona
posterior del hemidiafragma izquierdo, con paso de vísceras abdominales al tórax (estómago,
bazo, hígado, asas intestinales). El hemidiafragma derecho es menos susceptible de lesionarse
porque se encuentra protegido por el hígado.
Habitualmente, estas lesiones están asociadas a otras importantes lesiones abdominales, pél-
vicas y torácicas.
499
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
• Clínica
Si la lesión es pequeña, puede cursar sin síntomas. En caso contrario, las manifestaciones
clínicas incluyen signos y síntomas respiratorios y digestivos (menos frecuentes porque su
aparición es tardía) como disnea más o menos intensa (a la auscultación suele haber hipofo-
nesis), insuficiencia respiratoria, enfisema subcutáneo, herida soplante en el abdomen, aus-
cultación de ruidos hidroaéreos en el tórax, dolor epigástrico o subcostal, posible matidez en
la percusión, abdomen con aspecto excavado, palpitaciones, bajo gasto severo, náuseas, vó-
mitos, hematemesis, abdomen agudo, etc. Pueden pasar desapercibidas, especialmente si el
paciente se somete a ventilación mecánica.
• Diagnóstico
En el diagnóstico es fundamental la sospecha clínica, ya que muchos pacientes se diagnosti-
can tardíamente.
La radiografía simple, la ecografía y el TAC son poco sensibles para el diagnóstico. Los estu-
dios con contraste son más útiles, siendo la RMN la técnica de elección.
Con frecuencia, el diagnóstico se realiza durante una laparotomía por otras causas.
• Tratamiento
A nivel prehospitario trataremos las complicaciones inmediatas, que suelen ser respiratorias.
Aunque en España se utiliza muy poco en extrahospitalaria, el pantalón antishock debe ser
utilizado con precaución en esta patología, sobre todo el segmento abdominal, porque puede
agravar el cuadro.
El tratamiento es quirúrgico y consistirá en la reparación precoz, para prevenir la necrosis de
una víscera herniada y/o la severa afectación cardiorrespiratoria
Toda herida del diafragma izquierdo (independientemente del tamaño, localización, lesiones
asociadas, etc) requiere tratamiento quirúrgico, porque la presión negativa intrapleural y la pre-
sión positiva intraabdominal ejercen un flujo constante hacia el tórax que hace que las vísceras
se hernien, tarde o temprano, hacia la cavidad torácica.
En las heridas del diafragma derecho el tratamiento depende de la localización. Si la herida
es posterior la interposición del hígado impide la hernia.
• Clínica
Puede ser asintomático al principio, pero desarrolla posteriormente un cuadro clínico de me-
diastinitis aguda. Debemos sospecharlo ante dolor torácico irradiado a cuello o epigastrio, dis-
nea, disfagia, fiebre, enfisema mediastínico y/o cervical, neumomediastino posterior,
neumotórax o hemotórax izquierdo, aparición de contenido intestinal por el tubo pleural, de-
rrame pleural, shock desproporcionado a la lesión aparente, etc.
500
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
• Diagnóstico
El diagnóstico se realiza por endoscopia o por estudios radiológicos con contraste.
• Tratamiento
Tras la valoración y estabilización del paciente, el tratamiento consistirá en atender a la clínica
que presente el paciente.
El tratamiento hospitalario se basa en antibioterapia de amplio espectro, fluidoterapia y en oca-
siones reparación quirúrgica, pudiendo realizar una derivación de los segmentos esofágicos
proximal y distal a la lesión al exterior.
Los factores que influirán en el grado de la lesión son la fuerza, el lugar, la dirección y distri-
bución del impacto. Esto determina el número de fracturas, el grado de desplazamiento y la aso-
ciación con otras lesiones torácicas.
La presencia de fracturas costales múltiples en un paciente joven implica una mayor transfe-
rencia de energía que en un paciente adulto.
Las fracturas simples raramente ponen en peligro la vida del paciente, pero las lesiones de
las estructuras subyacentes pueden resultar mortales.
• Fisiopatología:
El desplazamiento de los fragmentos óseos puede producir lesiones en la pleura parietal y vis-
ceral, parénquima pulmonar, vasos intercostales, grandes vasos, órganos intratorácicos, etc,
con el consiguiente hemotórax, neumotórax, contusión pulmonar, etc.
• Tipos de fracturas:
- Superiores. Las fracturas de la 1ª y/o 2ª costilla precisan una gran violencia (la 1ª es corta,
robusta y muy protegida). Se asocian a lesiones extratorácicas severas (vasculares, maxi-
lofaciales o neurológicas) y lesiones de aorta, troncos supraaorticos y del árbol traqueo-
bronquial, fracturas cervicales y dorsales.
- Medias. Las fracturas de la 3ª a la 7ª costilla son las más frecuentes. Se asocian a hemo-
neumotórax simple, enfisema subcutáneo, laceraciones del parénquima pulmonar con he-
motórax masivo y/o neumotórax a tensión.
- Inferiores. Las fracturas de la 7ª a la 10ª costilla son poco frecuentes. Se asocian a lesiones
hepáticas, esplénicas o renales y desgarros diafragmáticos. Los arcos posteriores son los
más afectados.
• Clínica:
Dolor, que se acentúa con la inspiración profunda, con los movimientos o al presionar sobre la
501
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
• Diagnostico:
El diagnóstico de presunción a veces es clínico, pero se diagnostica con una radiografía simple
de tórax.
• Tratamiento:
El pronóstico lo determinan las lesiones asociadas.
Si existe una fractura aislada de una o pocas costillas el tratamiento consiste en medidas de
soporte, control del dolor con analgesia con AINES (evitando la analgesia con opioides sisté-
micos ya que pueden producir depresión ventilatoria y de la tos), mantener la hidratación para
fluidificar las secreciones y fisioterapia respiratoria10. La analgesia regional, a través de bloqueo
intercostal, extrapleural o con analgesia epidural, se ha mostrado eficaz en la mejoría de la
mecánica respiratoria. El uso de estos métodos de analgesia regional deben ser especialmente
considerados en caso de pacientes con múltiples fracturas, edad avanzada o enfermedad pul-
monar subyacente.
Los vendajes compresivos y la fijación externa están contraindicados porque favorecen la hi-
poventilación.
• Clínica
Puede estar ausente o presentar hematoma, deformidad, crepitación y dolor en zona esternal.
• Diagnóstico
El diagnóstico se realiza mediante radiografía lateral de tórax.
El diagnostico de complicación cardiaca es obligado, realizando ECG, CPK-MB, ecocardio-
grama, etc.
502
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
• Tratamiento
El tratamiento debe centrarse en las lesiones asociadas.
La fractura aislada de esternón se trata con analgesia (principalmente intravenosa pero puede
realizarse también infiltración anestésica del foco de fractura), reposo y fisioterapia respirato-
ria.
La reducción quirúrgica raramente es necesaria, quedando reservada para aquellos casos de
deformidad severa.
Los hematomas torácicos suelen ser visibles, muy llamativos y molestos durante los prime-
ros días posteriores al traumatismo, pero normalmente no implican alteración funcional res-
piratoria, y, por lo tanto, el pronóstico es leve y no necesitan tratamiento. Casi siempre se
producen por contusión torácica.
Las heridas de la pared torácica pueden ser superficiales, afectando tan solo a las partes
blandas. Pueden ser más o menos extensas y habitualmente no revisten gravedad. El tra-
tamiento será la limpieza quirúrgica y sutura si es necesario.
Las heridas penetrantes de la pared torácica, por el contrario, suelen ser importantes en la
medida que interesen a las estructuras subyacentes: pleura, pulmón, grandes vías aéreas,
corazón y grandes vasos. En estos casos, siempre son lesiones de gravedad y requieren
tratamiento quirúrgico reglado.
Lesión común en los traumatismos torácicos penetrantes, pero en ocasiones puede produ-
cirse en los traumatismos contusos (onda expansiva). Indica la existencia de una fístula
bronco- venosa.
Debe sospecharse en: traumatismo penetrante y signos neurológicos focales sin lesión
obvia craneal, colapso vascular súbito tras instaurar ventilación mecánica o extracción de
espuma con sangre del enfermo (pronóstico infausto).
503
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
Se caracteriza por petequias y tinte rojizo intenso o azulado en cara, cuello, hombros y
parte superior del tórax. También se observa distensión yugular y edema masivo, incluso
cerebral, y hemorragia en las conjuntivas.
Se debe a la elevada presión venosa que fuerza la salida de sangre al tejido intersticial, al
lado derecho del corazón y a las venas de la parte superior del tórax y el cuello. La presión
se transmite a los capilares del encéfalo, la cabeza y el cuello, y provoca microrroturas vas-
culares. Como consecuencia de la extravasación de hematíes en el cerebro y pulmones,
pueden aparecer trastornos neurológicos y/o ventilatorios.
El tratamiento esencial consiste en una temprana asistencia ventilatoria. Hay que tener en
cuenta que se producen muchas lesiones asociadas. El color cede a los pocos días.
504
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
Realizar una valoración inicial (ABCDE), prestando atención a la vía aérea en todo momento,
ya que es prioritaria. Recordar que nos encontramos ante un paciente politraumatizado, por lo
que el punto A de la valoración inicial incluye control cervical.
Desde el punto de vista de la enfermería, la valoración inicial consistirá en una toma de cons-
tantes vitales burda, como estimación de la frecuencia cardíaca (bradicardia, taquicardia, etc),
estimación de la frecuencia respiratoria (taquipnea, bradipnea, disnea intensa, etc), estimación
de la tensión arterial (presencia de pulso radial, femoral y/o carotídeo), etc., así como detectar la
presencia de hemorragias importantes para su control inmediato.
Si durante la valoración primaria se detecta algún problema que amenaza la vida del paciente
hay que iniciar rápidamente la estabilización de las funciones vitales. Para ello, se valorará la per-
meabilidad de la vía aérea (realizando intubación precoz si es necesario), se administrará oxígeno
a alto flujo para obtener una saturación de oxígeno mayor del 95%, se canalizará una vía venosa
y se administrará líquidos, medicación y analgesia según las necesidades del paciente. Los tres
pilares farmacológicos del traumatismo torácico son la sedación-relajación-analgesia.
Durante la valoración primaria hay que detectar y corregir las lesiones torácicas con grave
riesgo de muerte, como neumotórax a tensión, taponamiento cardíaco, hemotórax masivo, volet
costal, etc. Si se detecta alguna de estas lesiones, hay que corregirla inmediatamente, siendo
nuestra función la preparación del paciente y la ayuda al médico durante la técnica.
La enfermera debe informar y explicar al paciente los pasos que se seguirán para realizar la
atención, disminuyendo su temor en la medida de lo posible.
Desde este primer momento, la enfermera debe crear una relación empática con el paciente.
Para ello no hay nada mejor que hablarle por su nombre, permitirle expresar sus sentimientos,
realizar un contacto visual continuo, velar por su seguridad y comodidad, contribuir a la preser-
vación de su intimidad, etc.
Una vez que el paciente se encuentra en la cabina asistencial, habrá que realizar una revalo-
ración primaria, ya que se puede producir un gran cambio en la situación clínica del paciente.
Hay que realizar una toma de constantes vitales completa, ECG continuo, capnografía, etc (si no
se había establecido antes). En relación al traumatismo torácico hay que prestar atención a la
correcta ventilación y oxigenación.
Durante esta valoración secundaria se pueden detectar diversas lesiones torácicas, algunas
de las cuales pueden resultar potencialmente mortales para el paciente, por lo que se procederá
505
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
Los tres problemas fundamentales en el tratamiento del trauma torácico son: hipoxia, shock y
dolor.
Una vez que se ha realizado esta valoración, es imprescindible tapar al paciente para evitar la
hipotermia, muy frecuente en los pacientes politraumatizados, y para preservar su intimidad.
Antes de iniciar el traslado, hay que explicarle las incomodidades inherentes al mismo, como
ruido de sirenas, badenes del camino, etc. Este punto es muy importante si el traslado va a ser
aéreo, ya que en muchos casos puede ser la primera vez que vuela, hay que indicarle la forma
de comunicación no verbal que se puede emplear, la necesidad del uso de cascos para disminuir
el ruido intenso, etc., y además, las personas suelen asociar este tipo de traslado a una gran gra-
vedad.
También habrá que vigilar el confort del paciente. Pequeños gestos como colocarle los brazos
en una posición cómoda, evitar que la mascarilla de oxígeno le golpee en los ojos, preguntarle
por la calefacción de la cabina asistencial, etc., hacen que el paciente se encuentre más a gusto
en un medio totalmente hostil para él y le ayudan a comprobar que alguien se preocupa por él y
sus necesidades.
Si la persona realiza alguna pregunta “comprometida” sobre su estado de salud o de otras per-
sonas presentes en el accidente nunca se le debe mentir. Habrá que valorar qué verdad se le
puede contestar para que pueda iniciar un duelo funcional.
La transferencia en el hospital tiene que ser tanto oral como escrita, para evitar la pérdida de
información. Si el paciente está crítico, la información oral se debe centrar en las lesiones que
están amenazando la vida del paciente, y dar por escrito el resto de la información. Si el paciente
se encuentra estable, la información verbal puede ser más detallada.
506
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
En todo caso, hay que conseguir que los cuidados iniciados en extrahospitalaria se mantengan
y mejoren en el hospital. Para que la transferencia al hospital no sea muy traumática para el pa-
ciente, puede ser bueno presentarle a la enfermera que le va a atender en un primer momento,
informarle de cuales van a ser los siguientes pasos, donde se queda su ropa y documentación,
si están o no avisados sus familiares, etc.
507
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
• Temor.
• Riesgo de desequilibrio de la temperatura corporal.
508
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico
• Transporte.
• Ventilación mecánica.
21. RESUMEN
El traumatismo torácico es aquel en el que se lesiona o altera alguna de las estructuras del
tórax. Estas lesiones pueden presentar implicación directa en el pronóstico vital del paciente con
una elevada incidencia.
La hipoxia es la característica más grave y el objetivo de las intervenciones está dirigido a im-
pedir o corregir su aparición.
Dentro de los distintos tipos de lesiones que podemos encontrar, las de mayor importancia
son las que amenazan la vida del paciente (obstrucción de la vía aérea, neumotórax a tensión,
neumotórax abierto, hemotórax masivo, volet costal, taponamiento cardiaco y contusión pulmonar
grave bilateral). Debemos reconocerlas y proceder a la estabilización de las funciones vitales del
paciente durante la valoración primaria con la mayor rapidez posible con maniobras como per-
meabilización de la vía aérea, aporte de oxígeno y canalización de vía venosa. Los tres pilares
farmacológicos serán sedación-relajación-analgesia.
Además debemos conocer otras lesiones que se pueden presentar puesto que algunas de
ellas son potencialmente letales.
509
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico
Una vez estabilizado el paciente debe ser trasladado, del mejor modo posible, a un centro útil
en función de las lesiones que presenta.
Del mismo modo, habrá que realizar una correcta transferencia, registro e información tanto a
los compañeros, familiares y/o al propio paciente.
22. BIBLIOGRAFÍA
1. Sánchez-Izquierdo Riera JA, Caballero Cubedo R. Traumatismo torácico. En Hernando Lorenzo A, Rodríguez Serra
M, Sánchez-Izquierdo Riera JA. Soporte Vital Avanzado en Trauma. Barcelona: Ed Masson; 2000. p. 155-170
2. Olaciregui Echenique I, Rezola Arcelus E, J. Landa Maya J, Muñoz Bernal JA. Traumatismo torácico, neumotórax,
hemoptisis y tromboembolismo pulmonar. [monografía en internet] Asociación española de pediatría. Protocolos
diagnóstico terapéuticos: Neumología. San Sebastián; 2009 [acceso 16 de mayo de 2012] Disponible en:
[Link]/protocolos/neumologia/[Link]
3. Loeches ML, Moreno AL. Atención al paciente politraumatizado. Madrid: FUDEN; 2002
4. Arredondo López B, Garrido Miranda, JM. Traumatismo torácico. En Garrido Miranda JM. Atención al politrauma-
tizado. Tercera Edición. Jaén: Ed. Formación continuada Logoss; 2000. p. 255-281
5. Arrabal Sánchez R, Moreno Sánchez A, Mesa Cruz P. Traumatismo torácico. [monográfico en internet] Málaga [ac-
ceso 16 de mayo de 2012] Disponible en: [Link]/usuarios/jraguilar/[Link]
6. Molinera de Diego, E. Calviño Vispo, I. De Luis, G. Urgencias de Enfermería en el Politraumatizado. FUDEN: Ma-
drid; 2004
7. ATLS. Soporte vital avanzado en trauma para médicos. Manual del curso para estudiantes. Octava edición. Chi-
cago: Colegio Americano de Cirujanos Comité de trauma; 2009.
8. Rodríguez, JC. El traumatizado en urgencias. Ediciones Díaz de Santos: Madrid; 2000
9. Irwin RS, Rippe JM. Medicina intensiva. Madrid: Ed. Marbán libros; 2006
10. PHTLS. Soporte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario. Septima edición. Barcelona: Ed. Elsevier;
2012.
11. Reichman EF. Simon RR. Urgencias y emergencias de bolsillo. Madrid: Ed Marban libros;2007.
12. Manual de Procedimientos SAMUR; 2012
13. Seco Olmedo I, Rabanal Llevot JM, Quesada Suescun A, del Molar Vicente-Mazariegos. Toracocentesis y drenaje
torácio. En: Carrasco Jiménez MS, Ayuso Baptista F. Fundamentos básicos de anestesia y reanimación de urgen-
cias, Emergencias y Catástrofes. Vol 3. Madrid: Ed. Arán; 2007.p.453-458.
14. Martín de Santos García Consuegra MA. Traumatismo torácico. En Fernández Ayuso D, Aparicio Santos J, Pérez
Olmo JL, Serrano Moraza A. Manual de enfermería en emergencia prehospitalaria y rescate. Segunda edición.
Madrid: Ed Arán; 2008. p. 457-474
15. Benito Puncel C, Sánchez-Izquierdo Riera JA. Trauma torácico. En: Alonso Fernández MA, Chico Fernández M,
Sánchez-Izquierdo Riera JA, Toral Vázquez D. Guía para la atención del trauma grave. Madrid. Ed. Ergon; 2009.
16. Hermoso Gadeo F, Serrano Moraza A, Pacheco Rodriguez A, Pérez Belleboni A. Pericardiocentesis. En: Carrasco
Jiménez MS, Ayuso Baptista F. Fundamentos básicos de anestesia y reanimación de urgencias, Emergencias y
Catástrofes. Vol 3. Madrid: Ed. Arán; 2007.p. 459-469.
17. Luis, MT. Diagnósticos enfermeros. Un instrumento para la práctica asistencial. Tercera Edición. Ed Harcourt Brace:
Madrid;1998
18. García Hernández AM. NANDA. North American Nursing Diagnosis Association. Desde su nacimiento hasta nues-
tros días. Revista de Enfermería ENE [revista en internet] 2007 agosto [acceso 17 de Mayo de 2012]. Disponible
en:[Link]/.../ENE-RevistaDeEnfermeria-Num-0-agosto2007pags-17-36. pdf .
510
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE:
1.- Objetivos.
2.- Introducción.
3.- Anatomía.
4.- Clasificación.
8.- Resumen.
9.- Bibliografía.
512
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
1.- OBJETIVOS
• Reconocer los signos y síntomas más importantes en la valoración del paciente con trauma
abdominal.
• Identificar con una rápida y completa valoración los signos y síntomas relacionados con la ne-
cesidad de cirugía inmediata.
• Adquirir los conocimientos necesarios para identificar el tipo de traumatismo abdominal (las
posibles complicaciones que puedan aparecer y su manejo en enfermería).
2.- INTRODUCCIÓN
La evaluación del traumatismo abdominal representa un reto para el profesional de urgencias
extrahospitalarias, debido a la dificultad que entraña realizar un diagnóstico certero, unido a la
elevada mortalidad previsible que presenta este tipo de lesiones (1).
Se entiende por traumatismo abdominal aquellas lesiones que son producidas por un agente
externo sobre el abdomen, pudiendo causar daño tanto a órganos como tejidos contenidos en él.
Su pronóstico está determinado por la rápida detección de las lesiones, así como el control de
las hemorragias y la prevención de contaminación de la cavidad peritoneal(2).
Es por este motivo, que el profesional debe prestar especial atención a la valoración inicial y
secundaria, realizar una correcta estabilización hemodinámica, y trasladar a un centro sanitario
de forma precoz, ya que el tratamiento definitivo de las lesiones será quirúrgico en la mayoría de
los casos (3,4).
El traslado de este tipo de pacientes se debe realizar a un centro útil que asegure un trata-
miento quirúrgico definitivo, cursando además un preaviso hospitalario, lo que reduce de forma
significativa el tiempo quirúrgico. De esta forma se podrán ir acortando tiempos para el tratamiento
quirúrgico definitivo, que pueda requerir las potenciales lesiones que presente el paciente.
pasen inadvertidas en el medio prehospitalario, pero sus complicaciones causan una elevada
mortalidad (6-8).
Las principales causas del traumatismo abdominal son los accidentes de tráfico, laborales y
las agresiones por arma blanca. Aunque en los últimos años la población se ha concienciado de
la importancia de la utilización del cinturón de seguridad, su uso indebido puede causar lesiones
abdominales importantes (9).
513
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
3.- ANATOMÍA
El abdomen está delimitado por la parte inferior del diafragma (aunque está enmarcado en el
tórax, cobra especial importancia en el traumatismo abdominal), la pared abdominal anterior, es-
palda y pelvis. Está protegido por la parte inferior de la parrilla costal, los músculos abdominales,
la columna vertebral, los músculos paravertebrales y la pelvis. Alberga los órganos principales
del aparato digestivo, endocrino y genitourinario, así como los vasos sanguíneos más importantes
del sistema circulatorio.
• Cavidad peritoneal: denominada también cavidad verdadera. Ésta, a su vez, se puede sub-
dividir en cavidad peritoneal superior e inferior. La primera alberga el hígado, bazo, estó-
mago y colon transverso. Está protegida por la parte baja de la parrilla costal. La cavidad
peritoneal inferior contiene el colon ascendente, descendente, sigma e intestino delgado.
• Cavidad o espacio retroperitoneal: contiene los vasos sanguíneos principales, como la aorta
descendente y la vena cava inferior; el páncreas, riñones, uréteres y gran parte del duodeno.
El traumatismo localizado en este espacio cobra especial importancia en la valoración inicial,
ya que los signos y síntomas precoces pueden pasar desapercibidos.
• Cavidad pélvica: contiene la zona más baja del espacio retroperitoneal. Contiene los órga-
nos reproductores femeninos (de forma externa los masculinos), vasos ilíacos, vejiga y
recto.
Para facilitar la valoración abdominal, se puede dividir en cuatro cuadrantes, trazando dos lí-
neas imaginarias, una transversal al eje vertebral, a la altura del ombligo; y otra sagital, desde el
apéndice xifoides hasta la sínfisis del pubis (Figura I)
Existe otra división tradicional, definiendo nueve regiones con dos líneas transversas y dos
parasagitales, quedando cada cuadrante con una denominación: hipocondrio derecho, epigastrio,
hipocondrio izquierdo, flanco derecho, mesogastrio, flanco izquierdo, fosa ilíaca derecha, hipo-
gastrio y fosa ilíaca izquierda (10) (Figura II).
514
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
4.- CLASIFICACIÓN
Según existencia de solución de continuidad, se puede clasificar en:
La incidencia de los traumatismos abiertos es menor, supone entre el 10-20% de los casos y
son producidos por arma blanca (60%), por arma de fuego un 20% y el resto se producen por
asta de toro, empalamientos, etc. Las lesiones que suelen producirse son en el intestino delgado
(30-50%), en el hígado (24%) y en el bazo (14%).
Se clasifica según el agente causal, y teniendo en cuenta que supere o no la cavidad ab-
dominal. Este tipo de traumatismos laceran o cortan los órganos afectados, según el tipo
515
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
de agente causal. El traumatismo penetrante es cada vez más frecuente debido al aumento
de violencia en nuestra sociedad. En España son más frecuentes las lesiones producidas
por arma blanca que por arma de fuego (11,12).
El daño causado dependerá del arma utilizada, ya sea de baja, media o alta energía. Las
de baja energía son las armas blancas utilizadas con la mano, tales como un cuchillo o una
navaja, mientras que se consideran de media y alta energía las armas de fuego, tales como
pistolas, rifles y escopetas.
Las heridas causadas por arma de fuego son más lesivas que las causadas por arma
blanca, y la mayoría de ellas precisan tratamiento quirúrgico. Los proyectiles lanzados
por un arma de fuego causan diversas lesiones a su paso por el cuerpo, produciendo
cavitaciones. En primer lugar aparece una cavidad temporal, que acompaña al pro-
yectil en su penetración. La capacidad de causar lesiones depende del tejido despla-
zado, produciendo con frecuencia mayor lesión en hígado y bazo. En segunda
instancia se produce una cavidad permanente, que es el trayecto de la herida y se
corresponde con el desgarro tisular.
Es interesante recabar el mayor número de datos posible acerca del tipo de arma uti-
lizada (pistola, rifle, escopeta de posta o perdigones,…), la distancia del arma, número
de disparos, contexto en que se ha producido y la posición del paciente, ya que orien-
tará a determinar la gravedad de la lesión.
En el medio extrahospitalario resulta difícil identificar con exactitud los órganos afec-
tados, lo realmente importante es reconocer que tanto vísceras, como grandes vasos,
pueden ser causantes del compromiso vital secundario a un shock hipovolémico; ór-
ganos como el hígado o bazo y vasos como la aorta o la cava pueden producir pérdi-
516
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
das hemáticas importantes. Debido a la existencia de órganos huecos, como los in-
testinos, vesícula biliar o vejiga, pueden verter su contenido hacia la cavidad peritoneal
o al espacio retroperitoneal, liberando en estos espacios su contenido, enzimas di-
gestivas y bacterias que pueden producir peritonitis (y de forma más tardía desembo-
car en una sepsis).
Hay que prestar soporte psicológico tranquilizando al paciente, para evitar movimien-
tos no deseados y que se pudiesen producir más lesiones.
5.1.4 Evisceración
Imagen 1
517
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
La valoración del trauma abdominal cerrado supone un gran reto para los profesionales de
emergencias prehospitalarias. Suponen una amenaza para la vida, y para la situación he-
modinámica del paciente, ya que se diagnostican con mayor dificultad que las asociadas a
traumatismos penetrantes o traumatismos abdominales abiertos; en nuestro medio, es más
frecuente que el trauma penetrante, produciendo más lesiones asociadas; está asociado a
una mayor mortalidad (16).
Dada la dificultad que entraña diagnosticar este tipo de traumatismos, cobra especial im-
portancia conocer el mecanismo lesional, intentando recabar el mayor número de datos po-
sible para averiguar cómo se ha producido. Así, en el caso de encontrarse ante un accidente
de tráfico, será importante conocer si el impacto ha sido de gran, moderada o poca intensi-
dad; en qué asiento viajaba, para observar con qué objetos se ha podido golpear, si el vo-
lante está deformado, etc. Habrá que buscar signos de inestabilidad hemodinámica, tales
como shock sin tener causa aparente, signos o marcas del cinturón de seguridad, signos
peritoneales defensa involuntaria, hipersensibilidad a la percusión o la palpación, o ruidos
intestinales disminuidos o ausentes), o lesiones en partes blandas en abdomen, flancos o
espalda. La presencia de señal del cinturón de seguridad se relaciona con una incidencia
mayor de lesiones viscerales, en comparación con pacientes que no presentan la marca.
La exploración física tiene poco valor diagnóstico, pero habrá que buscar contusiones, abra-
siones o hematomas.
• Las lesiones viscerales, son de vital importancia, ya que condicionan la estabilidad he-
modinámica del paciente. Se pueden clasificar a su vez en víscera maciza (bazo, hígado,
páncreas), víscera hueca (intestino delgado, grueso, duodeno, vesícula biliar y vejiga) y
órganos de sostén. Aquí se podrían incluir las lesiones de grandes vasos, por la gravedad
que entrañan: vasos mesentéricos, porta, cava, suprahepática, ilíacas y tronco celíaco.
518
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
• Hígado: es el segundo órgano más lesionado. La gravedad que entraña depende del
grado de afectación o lesión hepática, desde la aparición de pequeños hematomas sub-
capsulares, laceraciones en el parénquima a lesiones de las venas hepáticas. Es un ór-
gano muy revascularizado, por lo que su sangrado puede desembocar en una situación
de shock.
• Lesiones de vísceras huecas: se puede producir desgarro del intestino delgado por fuer-
zas de desaceleración con cizallamiento; lesiones vesicales por contusión; si la vejiga
se encontrase llena en el momento del traumatismo, podría protuir en la cavidad abdo-
minal causando una lesión mayor, y la orina alcanzar el abdomen. También pueden pro-
ducirse lesiones por estallido, debido a un aumento intenso de las fuerzas de presión.
• Diafragma: la lesión que se diagnostica con más frecuencia es la del hemidiafragma iz-
quierdo, aunque ambas mitades se pueden romper; debido a la situación anatómica que
presenta el hígado, el hemidiafragma derecho se encuentra más protegido. El trauma-
tismo de diafragma es de difícil diagnóstico, excepto cuando se presenta una clínica de
compromiso respiratorio debido a la herniación del contenido abdominal hacia la cavidad
torácica. En el medio prehospitalario, su diagnóstico se basará en forma de sospecha.
Se suele lesionar por elevaciones bruscas de la presión intraabdominal (17,18).
La incidencia de las lesiones del anillo pélvico varían entre el 3-8%. Las fracturas pél-
vicas se asocian a una alta mortalidad que varía entre el 10-42%, dependiendo de la
severidad de las fracturas y de las lesiones asociadas. La alta mortalidad está rela-
cionada con el sangrado pélvico no controlado, en más del 40% de los casos (20).
Estas fracturas se producen por traumatismos de alta energía, lo que indica la gra-
vedad de la lesión; suelen estar asociadas a lesiones de estructuras viscerales, vas-
culares intraperitoneales y retroperitoneales. Se debe hacer una rápida valoración
para instaurar un tratamiento inmediato y evitar o disminuir una posible hemorragia o
shock hipovolémico.
519
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
En estos traumatismos los signos más característicos son dolor lumbar, crepitación
en las últimas costillas y hematomas o equimosis en la región lumbar.
520
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
Todo profesional que preste asistencia in situ, debe prestar atención a las medidas de seguri-
dad, tanto activa como pasiva; especialmente en aquellos entornos en que pueda existir riesgo,
como puede suceder en el contexto de una reyerta. Hay que mantenerse alerta, sopesando la
necesidad de presencia de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, no entrando en zonas
que no estén aseguradas (27).
521
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
Se debe realizar una anamnesis detallada: preguntar sobre lo sucedido, circunstancias en que
se ha producido el trauma; tiempo que ha transcurrido desde que sucedió el incidente (agresión,
accidente de tráfico, etc.), lo que ha durado el rescate, cuánto tiempo ha estado atrapado. Recabar
información sobre antecedentes personales (enfermedades, intervenciones quirúrgicas previas),
si ha tenido alergias previas a medicamentos, si toma algún tipo de medicación; tiempo que ha
transcurrido desde que realizó la última comida; hábitos tóxicos.
Se debe intentar tranquilizar al paciente y estar en todo momento cerca de él, no abandonán-
dole mientras dure el proceso; responder a las preguntas e interrogantes que pueda plantearse,
de cara a fomentar relajación y tranquilidad en la medida de lo posible.
Se llevará a cabo una monitorización de constantes vitales: tensión arterial, frecuencia cardí-
aca, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, capnografía, temperatura y monitorización
electrocardiográfica.
Administración de oxigenoterapia a alto flujo, para intentar mantener una saturación de oxígeno
superior a 95%. Valorar si va a precisar aislamiento de la vía aérea, mediante intubación orotra-
queal, ante situaciones de inestabilidad hemodinámica.
Iniciar perfusión de líquidos mediante fluidoterapia, con un ritmo de infusión en función del es-
tado hemodinámico del paciente. El objetivo a conseguir es una presión arterial que mantenga la
perfusión de los órganos vitales, pero sin llegar a normalizarla. En ausencia de traumatismo cra-
neoencefálico asociado, la presión arterial sistólica que se debe mantener es 80 – 90 mm Hg. Y
en caso de inexistencia del mismo valores de al menos 110-120 mm. Hg. Ante una tensión arterial
superior, se podría romper los tapones hemostáticos naturales que se producen con las hemo-
rragias, provocando un mayor sangrado. Una resucitación agresiva en hemorragias no controla-
das se asocia a un aumento de mortalidad. La fluidoterapia de elección serán cristaloides, una
buena opción puede ser el Ringer Lactato ya que su composición es la que más se asemeja al
contenido de electrolitos en sangre; pero el suero salino fisiológico se considera también acepta-
ble. En cuanto al ritmo de infusión, se administran de 1000 a 2000 ml, inicialmente, calentándolos
previamente a 39ºC si es posible, ya que la administración de fluidoterapia fría o a temperatura
ambiente contribuye a la hipotermia y favorece la hemorragia. En caso de estar ante una situación
de shock hipovolémico de grado III – IV, administrar coloides, como el hidroxietilalmidón al 6%.
La utilización de una sonda nasogástrica no sólo es útil como tratamiento para realizar un va-
ciado gástrico, sino también como método diagnóstico, de cara a comprobar la existencia de san-
gre en región digestiva. No obstante, se deberá valorar su colocación, ya que puede estar
522
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
contraindicado su uso debido a la existencia de otras lesiones, como TCE o trauma facial, en
cuyo caso el sondaje será orogástrico.
No se debe administrar líquidos por vía oral, de cara al posible tratamiento quirúrgico.
Se abrigará al paciente, cubriéndole con una manta y/o sábanas, para prevenir la hipotermia.
Hay que estar reevaluando constantemente la situación hemodinámica, ya que puede cambiar
debido a la existencia de lesiones no aparentes o lesiones internas.
Debido a las características intrínsecas del traumatismo abdominal, se debe atender a unas
medidas específicas, como la valoración del abdomen con un examen físico, realizado de una
forma meticulosa, precisa y sistemática. Para ello, se valorará mediante la inspección, palpación,
percusión y auscultación.
523
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
Continuando con la exploración física, se debe realizar una exploración perineal, en búsqueda
de: hematomas peri-anal y genital (indican una posible fractura pélvica); sangre en el meato (po-
sible rotura uretral); rectorragia, hematoma escrotal. Se podría realizar un examen rectal, para
valorar el tono del esfínter. Resulta importante intentar conocer la cantidad de sangre existente,
para valorar una posible perforación intestinal; examen de la próstata, si ésta está alta o desviada
o no es palpable, por una posible disrupción uretral; exploración de la vagina, posibles heridas o
desgarros.
De vital importancia resulta asimismo realizar una valoración de la pelvis. Debe palparse lo
menos posible; se realizará sólo una vez, porque puede aumentar el sangrado y el dolor. En caso
de palparla, se realiza por delante y por detrás, con una presión suave en dirección antero-pos-
terior con las manos sobre la sínfisis del pubis y después mediante presión medial sobre ambas
crestas ilíacas; con el objetivo de buscar deformidades, movilidad anormal o dolor. Se sospechará
de hemorragia cuando existan signos de inestabilidad.
En ausencia de otras lesiones, y en el caso de que no haya otros traumatismos que lo con-
traindiquen, se posicionará en una postura cómoda para el traslado, y que disminuya la tensión
abdominal, adquiriendo una postura antiálgica tal como posición de fowler con las piernas ligera-
mente flexionadas; o en trendelemburg en caso de shock hipovolémico refractario a medidas y
en ausencia de otros traumatismos que contraindiquen dicha postura.
• Estudios de laboratorio, mediante analítica sanguínea, para conocer los valores de: exceso
de bases, lactato, hemoglobina, hematocrito. Los leucocitos, las enzimas pancreáticas o he-
páticas, no son suficientemente específicas. No hay estudios que nos permitan correlacionar
un valor para un diagnóstico de una lesión específica. Se realizará una analítica de orina, para
detectar la presencia de sangre en el tracto urinario (macroscópica y microscópica)(29).
• Otras pruebas de imagen son la radiografía de tórax, radiografía simple de abdomen, y la ra-
diografía A-P de pelvis.
524
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
Valoración de la escena
• Medidas de seguridad (activa y pasiva).
• Averiguar mecanismo lesional.
• Determinar impresión de gravedad.
Medidas generales
• Valoración inicial (A, B, C, D, E).
• Anamnesis.
• Monitorización de constantes vitales.
• Administración de oxigenoterapia.
• Canalización de acceso venoso.
• Fluidoterapia: Ringer lactato o S. fisiológico, según TA.
Coloides en shock hipovolémico grado III - IV.
• Analgesia – control del dolor.
• Valorar colocación de SNG /SOG y SV.
• Abrigar.
• Reevaluar.
• Traslado a centro sanitario óptimo: valorar SVB o SVA.
• Transferencia verbal y escrita en centro receptor.
• Cuidados brindados y tratamiento administrado.
Medidas específicas
• Trauma abdominal cerrado:
- Valorar estabilidad hemodinámica.
- Priorizar traslado: terrestre vs. aéreo.
• Trauma abdominal abierto:
- Fijar objetos empalados.
- No reintroducir vísceras.
- Cubrir herida con apósito /gasas estériles.
525
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
CÓDIGO DIAGNÓSTICO
00004 Riesgo de infección.
00024 Alteración de la perfusión tisular.
00044 Deterioro de la integridad tisular.
00046 Deterioro de la integridad cutánea.
00114 Síndrome del estrés del traslado.
00132 Dolor agudo.
00146 Ansiedad.
00148 Temor.
Las intervenciones (NIC) que deberá realizar el profesional de enfermería, a partir de los diag-
nósticos mencionados son:
• Administración de analgésicos.
• Administración de medicación.
• Administración de medicación: intravenosa.
• Administración de medicación: intraósea.
• Apoyo emocional.
• Aumentar el afrontamiento.
• Control de hemorragias.
• Cuidados de las heridas.
• Cuidados en la emergencia.
• Disminución de la ansiedad.
• Disminución de la hemorragia: heridas.
• Disminución del estrés por traslado.
• Escucha activa.
• Gestión de líquidos.
• Inmovilización.
• Irrigación de las heridas.
• Manejo de la hipovolemia.
• Manejo del shock.
• Manejo de líquidos / electrolitos.
• Manejo del dolor.
• Monitorización de signos vitales.
• Oxigenoterapia.
• Prevención de infecciones.
526
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
Por último, los resultados de enfermería (NOC) en respuesta a las intervenciones mencionadas
son:
• Aceptación: estado de salud.
• Afrontamiento de problemas.
• Control del dolor.
• Equilibrio hídrico.
• Equilibrio electrolítico y ácido base.
• Estado circulatorio.
• Estado respiratorio: intercambio gaseoso.
• Función sensitiva – cutánea.
• Hidratación.
• Integridad tisular: piel y membranas mucosas.
• Nivel de ansiedad.
• Nivel de dolor.
• Nivel de miedo.
• Nivel de movilidad.
• Perfusión tisular: periférica.
• Perfusión tisular: órganos abdominales.
• Signos vitales.
8.- RESUMEN
El traumatismo abdominal representa el porcentaje más alto de muerte evitable en el paciente
politraumatizado. Esto supone que el profesional de enfermería que trabaja en urgencias extra-
hospitalarias debe tener la capacidad para realizar una rápida valoración del estado del paciente
y de los mecanismos de lesión, que llevarán a sospechar lesiones asociadas, para proporcionar
un correcto tratamiento que mantenga al paciente estable hemodinámicamente y permita efectuar
un traslado rápido y seguro al centro hospitalario más adecuado.
No se debe olvidar que las lesiones que se producen en la cavidad intraabdominal en muchos
casos, cursan sin signos aparentes y que un paciente con lesiones muy graves se puede inesta-
bilizar en muy poco tiempo, por lo que se hará una valoración constante para no pasar por alto
ningún signo, ni síntoma.
También se debe tener presente que en la mayoría de los casos, el tratamiento definitivo en el
paciente con traumatismo abdominal se realizará en el medio hospitalario, con la finalidad de
poder realizar una ecografía de forma precoz como medio diagnóstico, y disponer de cirugía o
527
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
9.- BIBLIOGRAFÍA
1. Fernández Ayuso D, Aparicio santos J, Pérez Olmo JL, Serrano Moraza A. Manual de enfermería en emergencia
prehospitalaria y rescate. 2ª edición ed. Madrid: Editorial Arán Ediciones, S.L.; 2008.
2. Aguaviva Bascuñana JJ. Traumatismo abdominal. In: Aguaviva Bascuñana JJ, editor. Soporte Vital Avanzado Po-
litraumático. 1ª Edición ed. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza; 2003. p. 159-171.
3. American College of Surgeons. PHTLS, Prehospital Trauma Life Support. 7ª Edición ed. Esselvier. Madrid: 2011.
4. American College of Surgeons. ATLS, Advanced Trauma Life Support. 8ª Edición. Manual del curso para estu-
diantes. 2008.
5. Cuevas del Pino D, Estebaran Martínez MJ. Traumatismo abdominal. In: Julián Jiménez A, editor. Manual de Pro-
tocolos y Actuación en Urgencias. 2ª Edición ed. Toledo: FISCAM; 2004. p. 931-936.
6. Azaldegui Berroeta F, Alberdi Odriozola F, Txoperena alzugaray G, Arcega Fernández I, Romo Jiménez E, Tra-
banco Morán S. Estudio epidemiológico autópsico de 784 fallecimientos por traumatismo. Proyecto POLIGUITA-
NIA. Med Intensiva 2002;26(10):491-500.
7. Carreras González A, Goyanes Sotelo C, Elizari Saco MJ. Traumatismos graves por accidente de tráfico en la
edad pediátrica. Causas y lesiones más frecuentes. Emergencias 2002;14:17-20.
8. Jiménez-Gómez LM, Almunategui I, Sánchez JM, Colón A, Pérez MD, Sanz Mea. Lesiones inadvertidas en el po-
litraumatizado: análisis de un registro de trauma. Cir Esp 2005;78(5):303-307.
9. Petrone P, Pardo M, Ramicone E, Asensio JA. La señal del cinturón de seguridad como indicador de lesiones. Cir
esp 2004;76(4):252-255.
10. Arrese Cosculluela MA. Atención prehospitalaria a la enfermerdad traumática. 1ª Edición ed. Toledo: FISCAM;
2007.
11. Jenifer L. Isenhour, John Marx. Advances in abdominal trauma. Emergency Medicine Clinics of North America.
2007: 25:713-733.
12. Alonso Fernández, M.A.; Chico Fernández, M.; Sánchez Izquierdo Riera, J.A.; Toral Vazquez, D. Guía para la
atención del trauma grave. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid: 2009.
13. Delgado Alcalá V, Cuevas del Pino D, Estebaran Martínez MJ. Tratamiento urgente de heridas (heridas por arma
blanca y de fuego). In: Julián Jiménez A, editor. Manual de protocolos y actuación en urgencias. 2ª ed. Toledo:
FISCAM; 2004. p. 945-957.
14. Vizuete Gallango FJ, Fernández Herrera MT, Herrero Rísquez JA, González López J, Pavón de Paz MT, Serrano
Gil N. Traumatismo abdominal: Guía de actuación en una unidad móvil. SESCAM. Nure investigación. 2006 Marzo
- Abril;21.
15. López González JI. Esquemas prácticos en medicina de urgencias y emergencias. 2ª ed. Madrid: Publimed; 2006.
16. Canaval Berlanga A, Perales Rodríguez de Viguri, N., Navarrete Navarro P, Sánchez-Izquierdo Riera J. Manual
de Soporte Vital Avanzado en Trauma. 2ª Edición ed. Barcelona: Editorial Eselvier Masson; 2007.
17. Del Arco C, Isasia T, La Hulla F, Fernández Escribano M, Culebras J, Terriza D. Abdomen agudo por rotura diferida
de diafragma. Emergencias 2000;12:47-49.
18. Sales Mallafré R, López Sánchez S, Buñuel Viñau A, Manzana Ferré R, Amorox Le Roux J, Zaporta Martí P. He-
motórax debido a desgarro esplénico y rotura aguda de diafragma. Emergencias 2000;12:345-347.
19. Martínez-Segura JM, Escuchuri-Aisa J, Lozano Sanz O, Maraví-Poma E, Ramos Castro J. Traumatismo abdominal
cerrado con sección pancreática. Med Intensiva 2005;29(2):110-113.
20. Tintinalli JE, Stapczynski ea. Medicina de Urgencias. 6ª edición ed. Madrid: Mc Graw-Hill Interamericana; 2006.
21. Mary M, Bailey RN. Sin tropiezos en el tratamiento de las facturas pélvicas. Nursing 2007:31-33.
22. Gerencia de Urgencias, Emergencias y transporte sanitario SESCAM. Traumatismo abdominal. In: Gerencia de
Urgencias, Emergencias y transporte sanitario SESCAM, editor. Esquemas prácticos en medicina de urgencias y
emergencias. 2ª Edición ed. Madrid: Publimed; 2006. p. 331-332.
23. Merlo González VE, Árbol Linde F, López Onega P, Contreras Rosina C, Sarmiento EJ. Rotura vesical extraperi-
toneal traumática. Emergencias 2001;13:348-350.
528
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario
24. Jiménez Murillo L, Montero Pérez FJ. Atención inicial al paciente politraumatizado. In: Montero Pérez FJ, Roig
García JJ, Jiménez Murillo L, editors. Medicina de Urgencias y Emergencias. Guía Diagnóstica y Protocolos de
Actuación. 3ª edición ed. Madrid: Editorial Eselvier España; 1999. p. 734-746.
25. SUMMA 112 Comunidad de Madrid. Compendio de Guías y Vías Clínicas. 1ª Edición ed. Madrid: Editorial Arán
Ediciones, S.L.; 2009.
26. Quesada Suescun, A, Rabanal Llevot, J.M. Actualización en el manejo del trauma grave. Ed. Ergón. Madrid: 2006.
27. de la Fuente Gutierrez, F.J., Zamora salido M. Paciente politraumatizado. In: Garrido Miranda JM, editor. Urgencias
y Emergencias para personal sanitario. 14ª Edición ed. Jaén: Formación Continuada Logoss, S.L.; 2008. p. 127-
163.
28. Espina Boixo MA, Rdrigo Díaz I, Bravo Romero FJ, García Lobato MR. el manejo del dolor en los pacientes trau-
matizados en emergencias. Emergencias 2004;16:80-84.
29. Blank-Reid C. Traumatismo abdominal: detección de las lesiones. Nursing 2005;Agosto-Septiembre:10-15.
30. Mínguez Platero J, García Bermejo P, Ruiz López JL, Millán Soria J. Manejo del trauma grave en la Comunidad
Valenciana. Emergencias 2007;19:195-200.
31. Gerencia de Urgencias, Emergencias y transporte sanitario del Servicio de salud de Castilla la Mancha. Guía asis-
tencial de urgencias y emergencias extrahospitalarias. 1ª Edición. 2011.
32. García Hernández AM. NANDA. North American Nursing Diagnosis Association. Desde su nacimiento hasta nues-
tros días. Revista de Enfermería ENE [revista en internet] 2007 agosto [acceso 16 de mayo de 2012]. Disponible
en:[Link]
33. Prescripción de enfermería [Internet]. Madrid: Consejo General de Enfermería, 2012 [acceso 16 de mayo de 2012].
Disponible en: [Link].
34. Carpenito, L.J. Diagnósticos de enfermería. Aplicaciones a la práctica clínica. 9ª Edición. Ed. Interamericana - Mc.
Graw Hill. Madrid: 2003.
529
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- Objetivos
1.1 Principal
1.2 Secundarios
2.- Introducción
7.- Resumen
8.- Bibliografía
532
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
1.- OBJETIVOS
• Adquirir los conocimientos necesarios para conseguir el mantenimiento de la estabilidad he-
modinámica del paciente y preservar la integridad de la extremidad evitando secuelas futuras.
• Saber reconocer las manifestaciones clínicas de los traumatismos ortopédicos y pautas de ac-
tuación.
• Conocer las pautas y prioridades de actuación en un paciente con una amputación, así como
los criterios de viabilidad para el reimplante de dicha extremidad.
2.- INTRODUCCIÓN
Aunque es muy frecuente la afectación musculoesquelética tras un traumatismo contuso, es
raro que suponga un riesgo vital para el paciente. Sin embargo, sí es frecuente que una lesión
ortopédica muy llamativa pueda distraernos de ver lesiones de riesgo vital que sean mucho menos
aparentes.
También consideraremos que los cuidados que vamos a realizar al paciente deben iniciarse
y/o preverse antes del traslado al centro hospitalario, sobre todo antes de movilizar al enfermo
ante la limitación de espacio dentro de la ambulancia para la realización de determinadas técnicas
sanitarias.
Realizaremos el transporte en el medio más conveniente, ya sea terrestre o aéreo y para ello
533
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
previamente llevaremos a cabo la inmovilización de la extremidad con los dispositivos que mejor
se adapten a la lesión. Como máxima seguiremos la norma: “para movilizar a un paciente, primero
tenemos que inmovilizarlo”.
En definitiva, ante lesiones muy severas ortopédicas lo fundamental es salvar la vida del pa-
ciente, después intentar salvar la extremidad y por último salvar la función de ésta.
En pacientes que presentan este tipo de lesiones, una vez realizada su estabilización desde
el punto de vista vital, se debe realizar una inmovilización en las mejores condiciones posibles
con el uso de técnicas y dispositivos de inmovilización hasta la llegada al hospital, donde se hará
el diagnóstico y tratamiento definitivo. De esta manera se intenta minimizar la lesión secundaria
en el tejido vascular y nervioso que podrían propiciar la aparición de secuelas funcionales poste-
riores.
Por último realizaremos todas las técnicas y cuidados previos al traslado y antes de movilizar
al paciente, debido a la dificultad de maniobrabilidad dentro de la cabina asistencial (colocación
del colchón de vacío, retirada de dispositivos de extricación como inmovilizador espinal, etc.) por
lo que es importante la previsión de complicaciones en determinadas lesiones1, 2
Las lesiones en extremidades pueden ser muy variadas; dependiendo de varios factores,
entre ellos la causa y gravedad, se pueden dividir en:
3.1.1 Esguinces:
534
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
3.1.2 Luxaciones:
3.1.3 Fracturas:
Pérdida de continuidad de un tejido óseo. Abarca desde una pequeña fisura hasta la
rotura total del hueso con desplazamiento de los dos extremos del hueso fracturado.
Clasificación de las fracturas.
535
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
• Patrones de fractura:
- Fisura: se debe a un traumatismo mínimo sin ocasionar un desplazamiento im-
portante de los fragmentos óseos. Pueden ser completas o incompletas.
- Fractura en tallo verde: frecuentes en niños. El hueso se fractura de manera
incompleta por el lado opuesto al que actúa la fuerza causante, se fractura por
su lado convexo y se abarquilla por su lado cóncavo.
- Transversas: el trazo de fractura es en ángulo recto con el eje mayor del hueso.
Son lesiones inestables. Presentan mínimo acortamiento y desplazamiento.
- Oblicuas: la línea de fracturas tiene un ángulo oblicuo de 30º o más. En las
fracturas espiroideas el trazo de la fractura gira en espiral bordeando al hueso
en espiral, causadas por traumatismo indirecto mediante fuerzas de torsión.
- Conminuta o multifragmentarias: existencia de dos o más fragmentos óseos.
Muy inestables. Debidas a traumatismos de alta intensidad y posibilidad de le-
siones en vasos y nervios.
· Espiroidea en cuña por fuerzas torsionales y la oblicua en cuña debida a
traumatismo directo o indirecto, el fragmento en ambas tienen forma de “alas
de mariposa”. Existe cierto contacto entre fragmentos.
· Espiroideas complejas, segmentarias complejas (o fracturas dobles) y frac-
turas irregulares (múltiples fragmentos irregulares). No poseen contacto entre
ellos y son muy inestables.
- Impactadas: es cuando un fragmento se introduce en otro hueso por la línea
de fractura (fractura de cadera).
- Por aplastamiento (o compresión): por consecuencia de la compresión de un
hueso trabecular por encima de sus límites de elasticidad (vértebras).
- Por arrancamiento: en el hueso se produce una contracción muscular brusca
y potente en las regiones de inserción ósea o ligamentosa provocando la frac-
tura ósea.
- Intraarticulares: se presentan dentro de una articulación o en su superficie.4
CLÍNICA DE FRACTURAS:
• Dolor a la movilización.
• Deformidad
• Acortamiento del miembro ( en huesos largos)
• Inflamación local.
• Crepitación
• Impotencia funcional
536
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
3.1.4 Amputación:
Es una separación total del tejido de una extremidad, quedando sin nutrición ni oxi-
genación, ésta puede ser total o parcial y se diferencia del arrancamiento (o avulsión)
que es el desgarro de los tejidos blandos junto con lesión vasculo -nerviosa, añadién-
dose fractura abierta y un sangrado intenso. La amputación traumática completa se
define como la separación total de un segmento del miembro del resto del cuerpo.
a. Lesiones con Riesgo Vital: Son aquellas lesiones en las que su gravedad implica un com-
promiso vital para el paciente y por ello requieren cuidados inmediatos. Diferenciaremos
entre el riesgo vital inmediato que es el asociado a la pérdida de volemia y el riesgo vital
tardío asociado a aplastamientos y fracaso multiorgánico por sepsis.
• Pérdida masiva de más de un 40% del contenido hemático (fractura única o múltiple).
• Lesiones vasculares en regiones proximales de las extremidades con o sin fractura
asociada. Son más graves debido al alto riesgo de alteración de la integridad vascular
del resto de la extremidad y en general cuanto más proximal sea la lesión mayor po-
sibilidad de lesión a órganos adyacentes al tronco.
• Extremidad catastrófica o lesiones complejas por transmisión de mucha energía
(aplastamiento de miembros).
• Fracturas abiertas tortuosas, contaminadas, sangrantes y con posibilidad de shock
séptico.
537
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
3.3.1 Anamnesis:
Se realiza siguiendo las prioridades según los criterios de riesgo vital, mediante el
ABCDE.
En la primera valoración de un traumatizado grave hay que valorar y tratar los princi-
pales problemas que pueden poner en riesgo la vida para el paciente.
1. Apertura de la vía aérea con control cervical.
2. Comprobación de una adecuada ventilación.
3. Comprobación del estado circulatorio y hemodinámico descartando la posibilidad
de signos de shock. Control de hemorragias. Conseguir accesos venosos de gran
calibre.
4. Valoración del estado neurológico, con el uso de Escala de Coma de Glasgow y
tamaño, simetría y reactividad pupilar.
5. Exposición para descubrir lesiones ocultas.
538
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
y vascular que la movilidad del miembro esté presente y conservada, por eso hay que
tener en cuenta la posibilidad de mecanismos defensivos en un traumatismo que pue-
den dificultar la exploración en el caso de que un paciente esté consciente y se mues-
tre poco colaborador.
Dentro de todos ellos, los que más eficacia han demostrado a nivel hemostático son
el Combat gauce y el WoundStat, aunque son los dos que requieren un entrenamiento
mayor para su uso.
Otro de los métodos para el control de las hemorragias que no conseguimos cohibir,
será el uso de los torniquetes como más adelante en la sección de amputaciones
comentaremos.
539
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
En primera instancia, las primeras actuaciones que se realizarán a la llegada al lugar del
accidente, será un control eficaz de la hemorragia junto con la canalización de una o varias
vías venosas de gran calibre, la permeabilización de la vía aérea y la administración de oxí-
geno. Posteriormente administraremos analgesia para el alivio del dolor inicial y para la pos-
terior reducción, inmovilización y traslado del paciente5.
3.4.1 Alineación:
Antes de realizar ninguna movilización de una fractura tenemos que verificar que no
hay ningún problema previo vasculo-nervioso, verificando que existen pulsos perifé-
ricos y sensibilidad cutánea conservadas o por el contrario, poder diagnosticarlas pre-
cozmente y no empeorarlas. Posteriormente realizaremos una analgesia adecuada a
la lesión para poder realizar una correcta movilización. Para poder conseguir una
buena alineación tenemos que realizar una tracción axial de la fractura y de esta ma-
nera evitamos que durante el transporte se produzcan lesiones secundarias.
3.4.2 Inmovilización:
Se realiza con la aplicación de maniobras y uso de materiales para colocar al paciente
en la postura más cómoda durante el transporte al hospital, que aporten apoyo y cierta
estabilidad al foco de fractura y reduzcan el dolor sin producir nuevas lesiones tanto
en estructuras blandas como en nervios y vasos.
Durante la inmovilización se debe administrar una pauta de analgesia que permita ali-
viar el dolor así como permitir después la movilización del miembro para así realizar
la alineación mucho menos dolorosa.
Debemos retirar cualquier objeto que pueda comprometer la circulación de miembros
540
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
3.4.3 Material específico: Los dispositivos de inmovilización más empleados son los si-
guientes:
• Férulas neumáticas:
La colocación es correcta cuando cubre una articulación por encima y otra por de-
bajo del foco de fractura y deja a la vista la parte más distal de la extremidad para
poder valorar el relleno capilar y los signos de perfusión distales.
Su uso está recomendado para fracturas cerradas de miembros superiores e in-
feriores a la vez que nos permiten cohibir el sangrado de hemorragias en las ex-
tremidades.
Los cuidados de su uso es valorar periódicamente la sensibilidad, coloración y tem-
peratura de los dedos. Es importante que vigilemos que no estamos comprimiendo
el flujo arterial proximal.
• Férula M.E.I®.
En el adulto se puede emplear como inmovilizador de miembros inferiores en fle-
xión, sobre todo para la fractura de fémur y/o cadera de una persona atrapada en
un vehículo accidentado que esté en sedestación.
• Férulas de vacío.
Al ir eliminando progresivamente el aire se irá moldeando la férula al cuerpo per-
mitiéndonos inmovilizar la extremidad y formar un soporte rígido a su medida. Son
las ideales para la inmovilización de fracturas abiertas.
• Férulas de tracción.
Este dispositivo permite alinear y estabilizar los fragmentos de una fractura del
miembro inferior, evitando que se originen lesiones secundarias durante el trans-
porte.
Se debe prestar especial atención a la pelvis y a la ingle para evitar una presión
elevada en los genitales y en la arteria femoral al presionar con la base en dichas
zonas del paciente; comprobaremos la sensibilidad y la presencia de pulsos dis-
tales en la extremidad.
Su uso está indicado en fracturas distales del fémur, fracturas proximales de tibia
y peroné y contraindicadas en fracturas de pelvis, cadera, rodilla, tobillo y pie.
• Férulas rígidas.
Su forma es invariable, por lo que lo que deben amoldarse a la parte corporal que
va a inmovilizar. Pueden ser de madera, plástico o metal recubierto.
541
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
Los factores más importantes que influyen directamente en la gravedad del síndrome compar-
timental son el tiempo, el valor de la presión, la liberación de factores tisulares y la tensión arte-
rial.
En primer lugar se produce la isquemia muscular y nerviosa durante la fase inicial o de agresión
y si el mecanismo lesional continúa, se llegará finalmente a la necrosis de los mismos.
Al liberarse potasio, se produce una hipercaliemia pudiendo afectar a los potenciales de acción
y con ello a la contracción cardíaca ocasionando un fallo cardíaco si no se trata.
Al mismo tiempo que la liberación del contenido de los miocitos, se altera el equilibrio del agua
endógena en el intersticio muscular, provocando hipovolemia, menor perfusión y potenciándose
la insuficiencia renal anteriormente descrita y shock.
542
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
Los signos y síntomas precoces de necrosis nerviosa es la parestesia que puede evolucionar
a anestesia total del miembro afecto y finalmente degenerar en una parálisis; la necrosis ocasiona
una alteración de las fibras musculares convirtiéndolas en tejido fibroso inelástico o contractura.
La Contractura Isquémica de Volkman son todas aquellas secuelas morfológicas y funcionales
de un síndrome compartimental que es mal tratado o tiene mala evolución. Tiene secuelas a nivel
neurológico, cutáneo, articular y muscular.
El diagnóstico se basa por la clínica y la exploración física. Pero lo más certero y preciso sería
la medición de la presión intracompartimental mediante sensores electrónicos, siendo el valor
normal inferior a 10 mmHg.; cuando se encuentra por encima de 35-40 mmHg es indicativo de
fasciotomía. Si esta presión se mantiene durante 8 horas se termina produciendo lesiones tisu-
lares irreversibles.
Las fasciotomías son técnicas que consisten en la descompresión de un compartimento me-
diante la realización de una apertura completa del mismo, dicha herida se dejará abierta y se cu-
brirá con un paño estéril, examinándose a los 3-5 días en quirófano y suturándose la piel en el
caso de que el edema hubiese disminuido y se puedan aproximar los bordes sin tensión.
Este síndrome sólo se puede tratar de manera definitiva en el hospital.
Cuando detectemos los síntomas característicos que se suelen asociar a las fracturas, debe-
remos realizar exploraciones circulatorias, motoras y sensitivas y repetirlas regularmente para
detectar su evolución en el medio extrahospitalario.
4.1 Aplastamientos
El síndrome de aplastamiento prolongado (SAP) se manifiesta en personas que han sido li-
beradas de grandes compresiones mecánicas de parte o todo su cuerpo, padeciendo las
complicaciones relacionadas por la toxemia traumática, y cursando con compromiso circu-
latorio, con edematización del área afectada e inestabilidad hemodinámica y shock. En los
pacientes con SAP, la complicación más frecuente y complicada por su evolución clínica es
la insuficiencia renal aguda (IRA).
Las partes del cuerpo que estén comprimidas más de 15 minutos a una presión de 40-60
mmHg presentarán alteraciones a nivel muscular y nervioso, si el periodo de tiempo au-
mentara a 4 horas los efectos a nivel local serían de necrosis, isquemia y rabdomiolisis.
En el SAP podemos distinguir tres etapas:
• 1ª Etapa: el paciente es liberado de la compresión y los primeros síntomas son, dolor
local, alteración del movimiento de la extremidad afectada, pérdida de la sensibilidad y
parálisis de la misma. Presentará palidez cutánea y se pueden producir petequias, flic-
temas locales, eritema en el margen del área y vesículas en zona aledaña.
543
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
Las primeras medidas que deberemos aplicar serán el tratar la insuficiencia respiratoria
aguda, el embolismo graso y la hemorragia o el shock que de no ser tratados conllevarían
la muerte temprana del paciente.
Las prioridades del tratamiento en previsión de la IRA (factor indicativo más importante de
morbimortalidad), estarán encaminadas a la restitución de la volemia con estricto control
hemodinámico, la prevención de la hiperpotasemia, corregir la vasoconstricción y eliminar
la mioglobina tóxica; para ello debemos considerar la reposición suficiente de volumen, la
administración de manitol y alcalinos.
Como recomendación general debemos manipular lo menos posible e inmovilizar las ex-
tremidades lesionadas a fin de no favorecer la liberación de más cantidades de sustancias
tóxicas al torrente sanguíneo.
544
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
La primera causa de pérdida del miembro es la amputación quirúrgica generalmente por en-
fermedades vasculares, la segunda causa es la debida a las amputaciones traumáticas en per-
sonas que trabajan en el campo e industrias, aquellas que usan equipos eléctricos (sierras
eléctricas, podadoras, etc.); también su incidencia es alta en personas que conducen motocicletas.
La edad ronda entre los 15 y los 40 años, más frecuente en varones, aunque cualquier persona
puede ser víctima de este tipo de amputación.
Dependiendo del grado de lesión en tejidos blandos, nervios y vasos puede ser limpia como
en las amputaciones en guillotina con bordes de la herida definidos y lesión muy focalizada de
nervios, vasos y tejidos. En este tipo de amputaciones es más probable la reimplantación del
miembro.
En el caso de las amputaciones por aplastamiento, existe una importante lesión de todo tipo
de tejidos pudiendo existir daño extenso del borde de la herida, por ello como debe extirparse
todo el tejido dañado hace más dificultosa el reimplante y se obtienen menores posibilidades de
rehabilitación funcional completa de ese miembro.
Otro tipo de amputaciones es por arrancamiento ocasionando una sobredistensión tisular, los
tejidos blandos tales como nervios y vasos se visualizan como lesiones múltiples en la zona de
lesión haciendo que el pronóstico sea malo para el reimplante.
Las técnicas de microcirugía vascular actuales permiten el reimplante en una amputación trau-
mática de los dedos de las manos y de los pies junto con la de miembros.
Los datos clínicos del paciente que pueden influir para la posibilidad de reinserción y que se
recogen en las hojas de traslado son: 9
• Edad y sexo.
• Características de la amputación.
• Nivel de la amputación.
• Enfermedades concomitantes.
• Antecedentes personales importantes.
• Tratamiento actual.
545
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
Las amputaciones conllevan una importante pérdida de sangre, aunque en el medio extrahos-
pitalario es posible que no haya una gran hemorragia debido a la vasoconstricción que se produce
en el muñón.
5.1 Actuación
Se debe iniciar realizando una anamnesis del paciente recabando la mayor cantidad de in-
formación del paciente intentando sobre todo recoger la información anteriormente citada
que puede influir en el reimplante del miembro. Es importante establecer el mecanismo le-
sional y el tipo de amputación de que se trata, ya que nos puede dirigir hacia la viabilidad
del miembro y al posible reimplante.
546
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
Al realizar la estabilización inicial del paciente con la inserción de vías periféricas e inicio
de la fluidoterapia para la reposición de la volemia, es posible la aparición de nuevo del
sangrado ya que al remontar la tensión arterial se puede favorecer la rotura del tapón he-
mostático. Dicha hemorragia se puede prevenir con la aplicación de compresión directa o
vendaje compresivo con gasas estériles sobre el muñón para cohibir el sangrado favore-
ciendo la hemostasia reservándose los torniquetes para hemorragias incoercibles por otros
medios.
Se debe determinar y anotar la hora cero o el momento en que se produce la lesión para
determinar el tiempo de isquemia caliente y la hora a la cual aplicamos las medidas de is-
quemia fría para la conservación del miembro amputado.
Foto 2
Aplastamiento por vuelvo de un vehículo
con desgarro y sangrado activo controlado
con torniquete
547
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
En casos de hemorragia que hayamos aplicado un torniquete en los que no haya amputa-
ción de la extremidad, si el traslado es superior a 30 minutos no se retirará el torniquete y
si es inferior se valorará su retirada si no existen signos de shock hipovolémico, inestabilidad
hemodinámica o el ratio rescatadores/pacientes es adecuado.
Foto 3
Pierna catastrófica con hélice incrustada
y torniquete improvisado.
Tras la estabilización se inicia la analgesia con opiáceos i.v. lenta. La analgesia no solo
alivia el dolor sino que disminuye la contracción muscular y favorece la estabilización de la
fractura y con ello la disminución del dolor.
Al terminar la valoración inicial, se determina el lugar y momento más indicado para realizar
la valoración secundaria.10
Se deben eliminar los restos de material debido al alto riesgo de infección al ser una herida
abierta con alta exposición de estructuras internas (huesos, músculos, vasos) al medio
ambiente. En aquellas lesiones traumáticas producidas en sitios como granjas, vertederos,
acequias o mataderos se deberá prever la posibilidad de infección grave por gérmenes
anaerobios que pueden dificultar la viabilidad del miembro amputado. Entre estos gérmenes
se encuentran Bacillus sp. y el Clostridium Perfringens, aunque la mayoría de las infecciones
548
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
La realización del lavado e irrigación con antiséptico (que no coloree para no enmascarar)
de la herida y del muñón es un procedimiento muy controvertido en la actualidad. La prio-
ridad que tenemos ante un paciente con una amputación, es la estabilización y el traslado
urgente al hospital por lo que algunos autores desaconsejan el lavado si la llegada al hos-
pital es inminente. El lavado y desbridamiento quirúrgico final se realizará en el quirófano.
En los casos de amputaciones completas, el segmento amputado se lava con suero fisio-
lógico, se envuelve en compresas estériles húmedas empapadas en suero Ringer Lactato
o Salino estéril para asegurar la hemostasia y su protección; a continuación lo introducire-
mos en una bolsa de plástico o contenedor seco, sumergiéndolo en un recipiente con hielo
picado, de esta manera conseguiremos conservarlo bajo isquemia fría a 4 grados centígra-
dos para intentar retrasar el metabolismo anaerobio celular, con lo que se podrá preservar
hasta 4-12 horas según tipo y localización anatómica de la lesión; se evitará el contacto di-
recto del hielo con los tejidos ya que puede producir quemaduras por congelación irrever-
sibles. No se debe utilizar nunca hielo seco como agente de enfriamiento, debido a que
incrementa la formación de cristales y de la lesión tisular. El contenedor del miembro am-
putado deberá ser identificado con el nombre del paciente y la parte del cuerpo que contiene
y se debe enviar al hospital junto con el paciente.
Hay que aplicar paños estériles en los dispositivos de inmovilización (férula neumáticas,
colchón de vacío, etc.) intentando una correcta estabilización y alineación ósea, acolchán-
dolo ya que disminuirá el dolor y de manera secundaria evitará lesiones en el foco de frac-
tura debida a la sección arterial y nerviosa. Inmovilizamos en la posición más anatómica
posible e iniciamos el traslado. Si hubiera que movilizarle se haría en bloque.
La valoración del paciente empleando la escala Trauma Score Revisado (TSR) nos permite
la categorización por su nivel de gravedad y el pronóstico de la lesión y un buen predictor
de la mortalidad en el trauma. Se realiza a partir de la Escala de Coma de Glasgow, la ten-
sión sistólica y la frecuencia respiratoria, siendo este último unos de los datos que más fre-
cuentemente se olvidan de registrar por parte de los profesionales de la extrahospitalaria y
nos imposibilita la obtención de los resultados de esta tabla.
549
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
Puntuación 4 3 2 1 0
5.2 Reimplantes
En el transporte sanitario aéreo hay que considerar una serie de atenciones y cuidados
que proceden de la diferencia en la altura, presión y temperatura que va a influir en la fisio-
patología del paciente y en el material electromédico.
En este tipo de lesiones en las que existe un alto riesgo de compromiso vital o de pérdida
funcional del miembro, se debe elegir como hospital receptor aquel que disponga de espe-
cialidades para el tratamiento quirúrgico, es decir aquel que disponga de Unidad de Cirugía
Vascular o Unidad de Reimplantes bien para prever que el paciente va a ser operado de
urgencia o que precisa cuidados vitales avanzados continuados. Por ello se debe elegir co-
rrectamente el hospital receptor, trasladando toda la información útil disponible y así ase-
gurarse una óptima recepción del paciente.
La solicitud de traslado a un centro útil debe ser inmediata tras la valoración del paciente y
sus lesiones. En la Comunidad de Madrid se contacta con la ONT (Organización Nacional
de Transplantes) ante la eventualidad de que se esté cursando otro reimplante fuera de la
Comunidad. A su vez nos ponemos en comunicación con el Centro de Coordinación de Ur-
gencias para que se pongan en contacto con el Hospital de La Paz, avisando al Servicio de
Cirugía Plástica de guardia y al Servicio de Urgencia de dicho Hospital.
550
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
Grado I Herida abierta menor a 1 cm2; fractura ósea simple con trituración mínima.
Grado III Heridas mayores que 10 cm2, con gran daño al tejido,
resultando difícil cubrir hueso o elementos de osteosíntesis
expuestos; trituración de hueso. Dividido en 3 subgrupos:
Grado IIIC Lesiones Grado IIIB con daño vascular mayor que requiere reparación.
Las posibilidades de éxito también dependen en gran medida del nivel de amputación, me-
canismo lesional, grado de lesión tisular y tiempo de isquemia caliente13.
No están indicados los reimplantes de un solo dedo salvo que se trate de motivos estéticos
o funcionales, sean niños con gran capacidad de regeneración o se trate del 1º dedo que
es el responsable de la función prensil.
a) Indicaciones de reimplantes:
• No existen indicaciones absolutas.
• Los pacientes no deben padecer enfermedades crónicas excluyentes para la realiza-
ción del reimplante.
• Miembros con tiempos de isquemia menores de 6 horas y de un máximo de 20 horas
(según parte amputada), si se ha hecho isquemia fría del segmento desde la hora
cero de la lesión.
551
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
b) Contraindicaciones absolutas:
• Presencia de lesiones con riesgo vital.
• La existencia de enfermedades crónicas excluyentes para el procedimiento de reim-
plante.
• Aplastamientos importantes con desvascularización masiva.
• Tiempo de isquemia caliente superior a 6 horas.
c) Contraindicaciones relativas:
• Tiempo de isquemia >12 horas.
• Amputaciones por avulsión.
• Lesiones múltiples asociadas.
• Contaminación severa.
• Fractura de tibia tipo IIIC de Gustilo.
• Imposibilidad de reconstrucción por interrupción total del nervio tibial posterior en
adultos.
• Edad >55 años.
552
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
7.- RESUMEN
En la asistencia extrahospitalaria el manejo del trauma ortopédico es muy diferente al realizado
en los servicios hospitalarios, debido a que el personal sanitario en este medio está sometido a
unas condiciones medioambientales, de seguridad y de presión social entre otros, que pueden
hacer muy adversas las tareas de prestación de ayuda sanitaria al paciente y en algunas situa-
ciones en menoscabo de nuestra seguridad personal y del paciente.
Las particularidades de la asistencia extrahospitalaria hace que se necesite en alguna que otra
ocasión tener que hacer uso de la improvisación debido a las características de la situación, del
tipo de paciente y los medios disponibles.
En los pacientes que presentan este tipo de lesiones, es primordial la estabilización de las le-
siones que puedan comprometer su viabilidad. Después de una valoración primaria y secundaria
y con una correcta estabilización hemodinámica deberemos trasladarlo de manera rápida y segura
a un hospital útil y en el medio de transporte más idóneo, por ello el uso de dispositivos y manio-
bras de inmovilización durante el traslado es importante porque se podrían agravar las lesiones.
Antes del traslado es importante ser previsores con las posibles complicaciones que nos pueden
aparecer y anticiparnos a ellas mediante la realización de las técnicas que controlen cualquier si-
tuación que nos complique la llegada al hospital donde recibirá los cuidados definitivos.
553
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
laria mejore sus cuidados y se puedan aumentar los pronósticos favorables de patologías que
hasta hace pocas décadas tenían un final funesto e invalidante, permitiendo que lesiones muy
traumáticas consigan una funcionalidad casi o igual a la que poseían.
8.- BIBLIOGRAFÍA
1. Frame S. Traumatismo osteomuscular. En: Soporte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario (PHTLS).
5ª Edición. Madrid. 2004. p. 272- 286
2. Soporte Vital Avanzado en Trauma para Médicos. ATLS manual del curso para estudiantes. 8ª Ed. Estados Unidos
de América, 2008
3. Serrano Simoneau J, Morillo J. Asistencia prehospitalaria a pacientes con alteraciones musculoesqueléticas. En:
Morillo J. Editor. Manual de enfermería de asistencia prehospitalaria urgente. Madrid: Elsevier; 2007. p.341- 344.
4. McRae R, Esser M. Tema [Link]ía patológica y consolidación de las fracturas. En: Tratamiento práctico de frac-
turas. Madrid. Elsevier. 2003. p 36-48.
5. Corral Torres E. Manejo prehospitalario del trauma grave. En: Pacheco A. Manual de emergencia médica prehos-
pitalaria. Madrid. Arán. 2001. p.179-196
6. Villa Bastías E. Del Fresno Asensio A. Síndrome Compartimental agudo. Hospital Universitario Virgen de la Victoria.
Málaga
7. Kring D. “Rabdomiolisis. Cómo tratar este peligroso trastorno desencadenado por la rotura masiva del tejido mus-
cular” En: Revista Nursing. 2006. Volumen 24, Número 4.
8. Blank-Reid C,”Amputaciones. Cuál debe ser nuestra respuesta para salvar la vida del paciente y rescatar su miem-
bro amputado”. Revista Nursing 2004, Volumen 22, Número 2.
9. Protocolo reimplantes de extrahospitalaria de SUMMA112 Comunidad de Madrid. 2011.
10. Mañanes González,E; López Sánchez. Mª T. Traumatismo de extremidades. En: Fernández Ayuso D. Manual de
enfermería en emergencia prehospitalaria y rescate. 2 ed. Arán.2008
11. Díez Fernández. M; Traumatismo ortopédico. Atención extrahospitalaria. En: Fernández Ayuso D. Cuidado integral
al paciente crítico. De la extrahospitalaria a la UCI. Madrid. Elsevier 2009. p. 212-215
12. Gustilo RB, Merkow RL, [Link] of open fracture.J Bones Joint Surg Am.1999:72:299-304
13. Jiménez Pérez. C, Crespo Velasco. P, Trauma ortopédico. Reimplante de miembros. En: Serrano Moraza. A, editor.
Manual de Helitransporte [Link]. Elsevier. 2008 .p 244-251
14. Wilson. CW., Grande. CM, Hoyt, BD. Trauma Emergency Resuscitation Perioperative Anesthesia Surgical Mana-
gement. Informa Healthcare. USA. 2007.
15. Owens BD, Kragh JF, Wenke JC, et al. Combat wounds in operation Iraqi freedom and operation enduring freedom.
J Trauma 2008;64(2):295–303.
16. Serrano Moraza, A., Fernández Ayuso, D. Manual de helitransporte sanitario. 1ª ed. Elsevier. 2009.
17. Legome E, Shockley L.W. Trauma: A Comprehensive Emergency medicine Approach. United Kingdom at the Uni-
versity Press, Cambridge. ISBN 978-0-521-87057-3. 2011
LECTURAS RECOMENDADAS
18. Eslava Echavarren E, Goya Arrese A, García S. Amputación traumática de extremidades. Libro electrónico de
temas de urgencia. Servicio Navarro de Salud. Disponible en:
[Link]
aumatologia%20y%20Neurocirugia/Amputacion%[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.
19. Pérez Bernal JB. Actualización en trasplantes 2005. Hospitales universitarios Virgen del Rocío. Sevilla. Sevilla:
Egea Impresores SL, 2005. Disponible en: [Link]
net/CmsHUVR/galerias/documentos/publicaciones/trasplantes/[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.
20. Pérez Hernández MA, Terán Saavedra P, Casado Pérez C. Reimplantes [del miembro superior]. En: Manual de
Cirugía Plástica. Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Disponible en: [Link]
[Link]/documentos%20manual%[Link]. Ultimo acceso noviembre 2011.
554
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes
21. Vega García C, Camporro Fernández D. Reimplante y amputaciones del miembro inferior. En: Manual de Cirugía
Plástica. Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Disponible en: [Link]
cumentos%20manual%[Link]. Ultimo acceso noviembre 2011.
22. González Posada, MA, Quintana Diaz, M. Fluidoterapia en el paciente politraumatizado. Fresenius Kabi.
[Link]
CIENTE%20POLITRAUM%C3%[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.
555
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- Traumatismos en embarazadas
1.1 Objetivos
1.2 Introducción
1.3 Cambios anatómicos y fisiológicos en la embarazada
1.4 Mecanismos de lesión
1.4.1 Traumatismos cerrados
1.4.2 Traumatismos penetrantes
1.4.3 Quemaduras y lesiones eléctricas
1.5 Valoración
1.6 Tratamiento, diagnósticos y cuidados de enfermería
1.7 Resumen
3.- Bibliografía
558
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
1.2 Introducción
Actualmente la principal causa de muerte no obstétrica durante el embarazo son los trau-
matismos. La causa más común de muerte fetal es el shock materno, que se asocia a un
índice de mortalidad fetal del 80%. El desprendimiento placentario es la segunda causa
más común de muerte fetal, con tasas fetales de mortalidad del 30-68%.1
La mujer gestante puede sufrir las mismas lesiones que la mujer no embarazada, con la di-
ferencia de que los cambios anatómicos y fisiológicos pueden modificar la respuesta orgá-
nica al traumatismo, por lo que la evaluación puede ser especialmente difícil. Se debe tener
en cuenta que tratamos en todo momento con dos o más pacientes, y que el feto puede su-
frir tanto lesiones directas como secundarias a las alteraciones maternas, por lo que es prio-
ritario estabilizar a la madre.
559
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
• Alteraciones en el flujo uterino: El aporte sanguíneo del útero en una mujer no emba-
razada es de aproximadamente 60 ml/min, y en la gestación pasa a ser de 600 ml/min.
Este dato es importante porque ante situación de hipovolemia, se va a producir una va-
soconstricción de la arteria uterina para mantener el adecuado aporte vascular cerebral
y cardiaco materno. Son imprescindibles maniobras agresivas para restaurar el volumen,
manteniendo una adecuada oxigenación fetal. Por otro lado, si se lesionan los vasos
uterinos se producirá una rápida y masiva hemorragia materna.2,3
Repercusión de la
Órgano Alteraciones
alteración
560
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
561
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
Nos centraremos en las lesiones relacionadas con el abdomen, ya que el resto no se dife-
rencia respecto a la mujer no gestante. En caso de necesitar poner un tubo de tórax, éste
debe colocarse dos espacios por encima de un paciente no gestante, es decir en el cuarto
espacio intercostal linea media axilar. A mayor estado de gestación, más importantes son
las lesiones2,3.
Están producidos por golpes directos sobre la pared abdominal (volante, air-bag, sal-
picadero), también por fenómenos de aceleración y desaceleración, contragolpe…
• Abruptio Placentae.
Es la principal causa de muerte fetal tras un traumatismo, 60-70%. Consiste en el
desprendimiento de la placenta no previa de su inserción decidual, de manera par-
cial o total. Los signos y síntomas varían según el grado de desprendimiento, pero
en un desprendimiento parcial la hemorragia puede no ser llamativa.2,4,5
562
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
• Placenta previa.
Es la inserción total o parcial de la placenta en la parte inferior del útero, pudiendo
ocluir el orificio cervical interno. Puede ser de inserción baja, marginal o completa,
por lo que un traumatismo puede producir hemorragia importante, se conoce como
“agua de lavar carne”. 2,4,5
SUFRIMIENTO FETAL No Si
• Fractura pélvica.
Mayor frecuencia en accidentes de tráfico y precipitaciones, con peores consecuen-
cias a mayor edad gestacional por ser una zona muy vascularizada. Puede acompa-
ñarse de hemorragia retroperitoneal, uretral, vaginal y desgarro visceral. En el tercer
trimestre el feto ha descendido a la pelvis ósea, existiendo mayor riesgo de fractura
de cráneo así como deformidades en el canal del parto.2,4
• Hemorragia fetomaterna.
La posibilidad de hemorragia es cinco veces mayor en la gestante que sufre algún
tipo de traumatismo, produciéndose paso de la circulación fetal a la materna. Se pro-
duce anemia fetal, muerte por exanguinación fetal y sensibilización Rh en mujeres
Rh – y el feto Rh+.2,4
• Lesiones intraabdominales.
El útero grávido protege a las vísceras abdominales, pero puede producirse rotura
esplénica, hemorragia retroperitoneal, lesión renal y laceración hepática.2,4
• Rotura uterina.
Poco frecuente, la mortalidad materna ocurre en el 10% de los casos. Casi siempre
provoca la muerte fetal. Asociada con un traumatismo abdominal frontal severo, con
fracturas de la pelvis y edad gestacional próxima a término. Clínica variable, desde
pequeñas molestias abdominales en mujer hemodinámicamente estable, a un gran
dolor uterino en una mujer con shock hipovolémico. Esta lesión puede acompañarse
de otras lesiones viscerales. Aumenta el riesgo si la paciente tiene antecedentes de
cesáreas o cirugías uterinas 2,4
• Contracciones uterinas.
La frecuencia e intensidad están relacionadas con la gravedad de la lesión y la edad
gestacional.2,4
563
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
Suelen producirse heridas por arma de fuego, arma blanca, o enclavamiento de algún
cuerpo extraño. El útero es un órgano diana para estas lesiones, dependiendo de la
localización de la herida esperaremos unas lesiones viscerales u otras. La proximidad
del feto y la placenta a la pared anterior abdominal, les hace muy susceptibles.
El acercamiento inicial a la gestante con quemaduras debe ser igual que si no estu-
viera embarazada. El manejo depende de la localización, extensión y profundidad de
las quemaduras. Del total de pacientes atendidos en las unidades de quemados las
embarazadas representan el 4% (ver capítulo del paciente quemado).
En las gestantes con quemaduras severas (con más del 50% de la superficie corporal
afectada), debe provocarse el parto para salvar a la madre y mejorar la supervivencia
fetal.
• Herida eléctrica
Las pacientes gestantes con estas lesiones deben ser tratadas como si no estu-
vieran embarazadas. El pronóstico fetal es incierto (pocos casos publicados).3
1.5 Valoración
TRATAMIENTO: 6,7,8
Tras la valoración inicial del paciente: ABCDE, con control de la columna cervical:
564
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
Evacuación y traslado:
Tener en cuenta que “siempre actuaremos como si la paciente tuviese lesiones de co-
lumna vertebral y/o medular, con un cuidado exquisito a nivel cervical, mientras no se de-
muestre lo contrario”.
SUPINO LATERAL
565
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
Fotografía 1
Tablero espinal:
Fotografía 2
Fotografía 3
566
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
CONSIDERACIONES ÉTICO-LEGALES
En nuestro medio, el ideal de que este tipo de actuaciones se realice con un equipo inters-
disciplinar, con neonatólogo, anestesista, gineco-obstetra es una utopía. La decisión estará
a cargo del médico de emergencias. Debe realizarse el consentimiento informado, pero si
no fuera posible, el médico puede iniciar la cesárea perimortem, puesto que el paro cardio-
rrespiratorio materno se incluye dentro de la jurisdicción de emergencia o consentimiento
implícito, es decir que esta situación autoriza al médico para actuar en pro de salvar la vida
de la madre, del feto o ambos, aunque no haya un permiso escrito o verbal 10,11
DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA: 12
• Patrón de respiración ineficaz.
• Riesgo de limpieza ineficaz de la vía aérea.
• Trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de Aspiración.
• Riesgo de disminución del gasto cardiaco.
• Disminución del gasto cardiaco.
• Riesgo de déficit de volumen de líquidos.
• Perfusión tisular alterada: cerebral, general,…
• Riesgo disfunción neurovascular periférica.
• Alteración sensorial / de la percepción.
• Riesgo de alteración de la eliminación urinaria.
• Eliminación urinaria alterada.
• Incontinencia fecal.
• Integridad cutánea alterada.
• Integridad tisular alterada.
• Alteración de la mucosa oral.
• Alteración de la dentición.
• Riesgo de infección.
• Deterioro de la movilidad física.
567
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
CUIDADOS DE ENFERMERÍA: 13
1.7 Resumen
La mejor manera de atender al feto es tener perfectamente asistida a la madre, por ello
siempre antepondremos la terapia de la madre sobre la del feto.
Aún en casos de traumatismo leve materno sin una aparente afectación abdominal, se re-
comienda su traslado hospitalario para observación.
568
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
Al finalizar este capítulo el lector será capaz de proporcionar una atención específica a la
población anciana frente a un politraumatismo, teniendo en cuenta las consideraciones es-
peciales por los cambios anatómicos y fisiológicos del paciente.
• Hacer una valoración del mecanismo lesional.
• Realizar una valoración completa y una constante reevaluación que nos lleve a diagnos-
ticar las posibles lesiones para tratarlas de forma precoz y prevenir posibles complica-
ciones.
• Proporcionar un tratamiento y unos cuidados de enfermería de acorde con las lesiones,
enfermedades previas y fármacos habituales.
• Proporcionar apoyo tanto al paciente como a la familia.
2.2 Introducción
Debemos tener en cuenta los cambios fisiológicos, las enfermedades crónicas y los trata-
mientos que están recibiendo a la hora de manejar a estos pacientes (tratamientos con
beta-bloqueantes que enmascaran taquicardias, anticoagulantes orales, antiagregantes pla-
quetarios...). Estos cambios condicionarán los mecanismos de lesión, los traumatismos que
tendrán y el tratamiento que habrá que proporcionarlos.
569
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
570
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
571
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
Los mecanismos de lesión son parecidos a los que producen traumatismos en personas
más jóvenes, lo que sí varía es la frecuencia y el patrón de la lesión.
Hay que tener en cuenta los cambios fisiológicos en el anciano antes citados y tener pre-
sente las patologías previas como causa del trauma (ictus, infartos…)
• Caídas: son los accidentes más frecuentes, suelen producir lesiones ortopédicas. Prin-
cipal causa de mortalidad por traumatismos y discapacidad en mayores de 75 años.
Suelen producirse por razones propias del envejecimiento, inestabilidad postural, tras-
tornos del equilibrio y coordinación, pérdida de fuerza muscular, la disminución de la agu-
deza visual, pérdida auditiva, pérdida de memoria lo que hace que les dificulte recordar
y evitar riesgos ambientales. Los procesos agudos y crónicos preexistentes, la hipoten-
sión postural, la medicación sobre todo cuando hay cambio de dosis, contribuyen a las
caídas. 16,17,18
• Accidentes de tráfico: es la causa principal de muerte secundaria a traumatismo en
ancianos entre 65-74 años.
La demencia, pérdida de memoria, la disminución de capacidad para resolver situaciones
potencialmente peligrosas, el deterioro de la agudeza visual y auditiva, hacen más lenta
la identificación y la reacción. 16,17,18
• Atropellos: los ancianos comprenden el grupo con mayor tasa de mortalidad entre el
grupo de pacientes de cualquier edad. 16,17,18
Las causas vienen siendo las mismas explicadas en los casos anteriores.
• Violencia: el abuso, el maltrato, los asaltos violentos, se incrementan en la población
anciana que necesita ayuda para las actividades de la vida diaria.
Todo lo descrito anteriormente contribuye a ello.
El diagnóstico de esto es complicado; hay que sospechar cuando hay un patrón de lesión
incompatible con el mecanismo descrito. 16,17,18
• Quemados: en ancianos aumenta la tasa de mortalidad por fuego en el domicilio cau-
sado al cocinar, calentadores, tabaco, fallos eléctricos, agua caliente en los baños…
Una peor cicatrización hace que estos traumatismos sufran complicaciones, y se retrase
la recuperación.
Al disminuir la percepción del dolor produce quemaduras mas graves. 16,17,18
2.5 Valoración
572
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
TRATAMIENTO: 6,7
Tras la valoración inicial del paciente: ABCDE con control cervical:
• Monitorizar: TA, FC, SPO2, FR, ECG.
• Administrar oxigenoterapia a alto flujo. Intentar mantener SPO2 por encima de 95%.
• Valorar IOT en pacientes hemodinámicamente inestables.
• Canalizar 1 ó 2 vías venosas periféricas de grueso calibre e iniciar perfusión de líqui-
dos de acuerdo con el estado hemodinámico del paciente. Un error frecuente es la
idea errada de pensar que presión arterial y frecuencia cardiaca “normal” indican nor-
movolemia. La presión arterial aumenta con la edad. Así, de esta manera, una tensión
sistólica de 120 mm Hg puede indicar hipotensión en un anciano cuya tensión suele
estar en 160 -170 mm Hg. Si fuese necesario canalizar vía central evitaremos el ac-
ceso femoral en el traumatismo abdominal.
• Sueroterapia:
- Utilización de cristaloides (suero fisiológico) instaurado con precaución y evitando la
sobredosificación (riesgo de edema agudo de pulmón).
573
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
Evacuación y traslado:
1. Oxigenoterapia:
- Administrar oxígeno lo antes posible incluso en pacientes con enfermedades pulmo-
nares crónicas.
- Debido a las características del anciano valoraremos la posibilidad de la intubación
temprana en comparación con el resto de la población en general.
- Atentos ante la posibilidad de que el paciente tenga prótesis dental. Ésta será retirada
previamente a la intubación orotraqueal. La falta de dentadura puede interferir con el
logro de un buen sellado de máscara facial.
2. Circulación:
- Para la reanimación inicial se utilizan soluciones isotónicas con electrolitos. El Ringer
Lactato es el fluido inicial de preferencia.
DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA: 12
• Patrón de respiración ineficaz.
• Riesgo de limpieza ineficaz de la vía aérea.
• Trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de Aspiración.
• Riesgo de disminución del gasto cardiaco.
574
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
CUIDADOS DE ENFERMERÍA: 13
575
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
2.7 Resumen
En la actualidad la población en nuestro país es cada vez más longeva, tienen una mayor
calidad de vida y además más activa. Esto hace que los traumatismos sean una causa im-
portante de morbimortalidad.
3.- BIBLIOGRAFIA
576
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana
18. Comitê de Trauma Prehospitalario Del Colégio Americano de Cirujanos. PHTLS. Soporte Vital Básico y Avanzado
en El Trauma Prehospitalario. 6ª edición. Barcelona: Mosbyc Inc y Elsevier Imprint S.A. 2008.
19. Jiménez Murillo L, Montero Pérez F. J. Medicina de Urgencias y Emergencias. Guía Diagnóstica y Protocolos de
Actuación. Atención inicial al paciente politraumatizado. 3ª edición. Madrid: Elsevier España S.A. 2006.
577
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE
1.- Objetivos
2.- Introducción
3.- Definición de lesión por onda expansiva o blast injury
4.- Tipos de blast
5.- Etiología del blast
6.- Mecanismo lesional
7.- Fisiopatología y clínica
7.1 Blast primario o aéreo
7.2 Blast secundario o sólido
7.3 Blast terciario
7.4 Blast cuaternario
8.- Formas anatomoclínicas
8.1 Generalizadas
8.2 Torácicas
8.3 Abdominales
8.4 Craneoencefálicas
8.5 Auditivas
8.6 Oculares
8.7 Traumatológicas
8.8 Roblemas psicológicos
8.9 Pacientes embarazadas
9.- Pruebas complementarias
10.- Valoracion y tratamiento
10.1 Valoración primaria
10.2 Valoración secundaria
11.- Diagnósticos de enfermería
12.- Intervención de enfermería
13.- Resumen
14.- Bibliografía
580
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
1.- OBJETIVOS
Al igual que en las intervenciones de enfermería, en este apartado haremos hincapié en las
peculiaridades de este tipo de pacientes, por eso hemos planteado objetivos relacionados con
blast injury, dejando complicaciones comunes a otros pacientes referidas a los capítulos corres-
pondientes.
• Conocerá los riesgos potenciales de lesión existentes en una situación de blast injury para
prevenir y evitar el aumento de número de víctimas o empeoramiento de las existentes.
2.- INTRODUCCIÓN
El aumento del terrorismo y accidentes por deflagración, tanto domésticos como industriales,
por onda expansiva, causan un incremento en la morbimortalidad, discapacidad y alteraciones
psicopatológicas provocando grandes daños económicos y sociales.
Como ejemplo más llamativo, en el atentado de Madrid del 11 de Marzo de 2004 el número de
afectados fue 2062. De ellos, el 9% falleció en el lugar de los hechos. 454 fueron atendidos en
puestos médicos avanzados o centros de atención primaria. Las restantes 976 personas heridas,
el 53% fueron hospitalizadas durante 24 horas o más, el 47% dados de alta el mismo día y el 1%
fallecieron inmediatamente después de ingresar19.
Los Servicios de Urgencias Médicas Extrahospitalarias deben estar preparados para atender
cualquier incidente de estas características.
El personal de enfermería debe dirigir su actuación de acuerdo a los protocolos del paciente
politraumatizado y a los planes de catástrofes e incidentes de múltiples víctimas vigentes en su
Servicio y Comunidad Autónoma.
581
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
• Accidentes pirotécnicos
2.- Si se produce en lugar cerrado o abierto, siendo el cerrado más peligroso al reflejarse la
onda en las paredes.
582
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
Al atravesar el cuerpo, la onda expansiva puede generar daños principalmente en los ór-
ganos que contienen aire como son el pulmón, oído y tracto grastrointestinal.
Los mecanismos por los cuales se puede producir la lesión son:
• Por el impacto de la onda expansiva, las partículas situadas en un medio de mayor den-
sidad pasan a otro de menor densidad (paso del líquido al aire).
Sabemos que la zona líquida del pulmón no se puede comprimir al contrario que la zona
alveolar que al estar formada por gas si es comprimible. Esto genera una diferencia de
presiones que aumenta mucho más debido a la presión del blast originando el paso del
líquido de la zona de mayor presión a la de menor presión (alveolo). En la clínica se vería
con las típicas hemorragias pulmonares.
Con presiones menores de 150 kPa se producen lesiones menos dañinas como posible
ruptura de la membrana timpánica. La severidad aumenta cuando las presiones son ma-
yores, pudiendo ocasionar lesiones pulmonares graves y hasta la muerte con presiones
mayores de 550 KPa.
• El efecto succión que se produce después de la onda de hiperpresión provoca otra onda
de menor intensidad y más duradera lo que vuelve a ocasionar daños.
Son las causadas por los objetos que la explosión lanza contra las víctimas, pudiendo tra-
tarse desde trozos de metralla a piedras, etc. Dependiendo de la velocidad y tamaño de
éstos, causarán lesiones de mayor o menor gravedad.
Son las lesiones que se producen cuando la víctima es proyectada por la onda expansiva.
Estas lesiones generalmente son de mucha gravedad y se suelen producir en grandes ex-
plosiones cuando las víctimas están muy próximas al foco.
583
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
Incendio
17% 61% 35% Quemaduras, Lesión por inhalación
Estructuras
De los 312 pacientes atendidos en los atentados del 11-M en el Hospital Gregorio Marañón
de Madrid, 243 pacientes fueron evaluados, de los cuales 27 eran críticos. Las lesiones que
presentaron fueron8:
• Perforación tímpano: 99 de los pacientes evaluados (41%) ,18 de los críticos (67%).
- Unilateral 27 de los evaluados(11%), 1 crítico.
- Bilateral 72 de los evaluados(29%), 17 críticos.
• Torácicas: 97 de los pacientes evaluados(40%), 24 de los críticos (89%).
• Fracturas costales : 18 de los pacientes evaluados (7%), 7 de los críticos (26%).
584
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
8.1 Generalizadas
585
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
8.2 Torácicas
8.3 Abdominales
Se suelen asociar a otras lesiones, generalmente torácicas. Las más frecuentes son hemo-
rragias difusas, estallidos, perforaciones, hematemesis y melenas. Aunque no haya clínica
de patología abdominal ésta no se debe descartar totalmente por lesión diferida en íleon
terminal. Si hay contractura abdominal nos obliga a mantener una actitud expectante aunque
puede ser causada por patología torácica.
8.4 Craneoencefálicas
8.5 Auditivas
8.6 Oculares
8.7 Traumatológicas
que van acompañadas de lesiones muy severas a las cuales es difícil sobrevivir. En el caso
de fracturas, éstas son más frecuentes en miembros inferiores y van acompañadas de gra-
des destrozos musculocutáneos.
El shock emocional es lo más frecuente. Las patologías residuales tienen una alta incidencia
y producen grandes incapacidades.
El blast abdominal es raro en pacientes embarazadas puesto que la protege el útero grá-
vido. El feto es el más perjudicado. Las mayores lesiones se producen en el útero debido
al cambio de densidad existente entre el endometrio y la placenta produciéndose abruptio
placentae o rotura uterina. Hay que tener alto índice de sospecha ante el shock materno
puesto que aunque la madre se encuentre normovolémica, el feto estará hipovolémico.
• ECO FAST si es positiva nos puede ser útil para acelerar otras pruebas diagnósticas o tra-
tamiento quirúrgico. Si es negativa no es excluyente de patología grave puesto que el he-
matoma puede llegar a producirse pasadas 12-36 horas.
Valoración de la escena
587
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
Como sanitarios nos coordinaremos con los cuerpos de rescate y seguridad (bomberos y
policía o guardia civil). Nos guiaremos por los planes de catástrofes de la Comunidad Au-
tónoma. Tanto los cuerpos de seguridad como los bomberos tienen que garantizar la segu-
ridad y estabilidad del escenario así como la valoración de peligros. Esta función la
deberemos suplir nosotros hasta su llegada al escenario del suceso.
El triage será rápido y sencillo. Un ejemplo a utilizar es el método START que es de tipo
funcional.
La atención a los heridos seguirá los pasos ABCDE de todo paciente politraumatizado. Aquí
haremos referencia a las peculiaridades de estos pacientes:
• En el apartado de A (vía aérea con control cervical) hay que tener en cuenta la posible
rotura alveolar con el riesgo de embolia gaseosa. Si hay sospecha de ésta se trasladará
al paciente, en la medida de lo posible, en decúbito lateral izquierdo y se valorará la po-
sibilidad de trasladar a un centro útil con oxígeno hiperbárico.
• Se intentará demorar la intubación endotraqueal y en caso necesario, si es posible, se
elegirá CPAP evitando el uso de PEEP. Serían aceptables saturaciones mayores del
90% con hipercapnias permisivas. Hay autores que recomiendan no intubar hasta que
el pH no sea menor de 7.20 a nivel intrahospitalario, siempre dependiendo del estado
clínico del paciente.
• En el apartado C (circulatorio) el acceso intravenoso no debe retrasar el traslado al cen-
tro útil. La administración de volumen se realizará mediante bolos de 20 ml/kg en función
del pulso arterial periférico y nivel de conciencia.
Habrá que realizar una reevaluación continua para ver la evolución del paciente mante-
niendo siempre un alto grado de sospecha. Se monitorizarán las constantes vitales como
TA, FC, FR, SatO2, ETCO2, ritmo cardiaco, carboxihemoglobina si precisa, etc. Evitar hi-
potermia.
Evaluación secundaria completa de cabeza a pies, incluyendo la espalda.
ESCALAS DE VALORACIÓN:
Para una buena coordinación y entendimiento entre profesionales, conviene conocer las
diferentes escalas de valoración de gravedad. Las más útiles en este caso son el Glasgow
Coma Score, el Trauma Score Revisado y el ISS (Injury Severity Score).
588
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
• Patrón de intercambio:
1. Riesgo de infección.
2. Riesgo de alteración de la temperatura corporal.
2.1.- Hipotermia.
3. Alteración de la perfusión tisular (especificar): renal, cerebral, cardiopulmonar, gastrointes-
tinal, periférica.
4. Riesgo de desequilibrio del volumen de líquidos.
4.1.- Déficit del volumen de líquidos.
5. Disminución del gasto cardiaco.
6. Deterioro del intercambio gaseoso.
7. Limpieza ineficaz de vía aérea.
8. Patrón respiratorio ineficaz.
8.1.- Dificultad para mantener la respiración espontánea.
9. Riesgo de lesión.
9.1. Riesgo de asfixia.
9.2. Riesgo de traumatismo.
10. Alteración de la protección.
10.1. Deterioro de la integridad tisular.
• Patrón de comunicación
1.- Trastorno de la comunicación verbal.
• Patrón de movimiento
1.- Trastorno de la movilidad física.
• Patrón de la percepción
1.- Alteración sensoperceptiva (especificar): visuales, auditivas, olfatorias, táctiles y cinestési-
cas.
2.- Confusión aguda.
• Patrón de sensaciones
1.- Dolor.
2.- Temor.
3.- Ansiedad.
4.- Náuseas.
589
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
Hemos agrupado los diagnósticos que comparten intervenciones comunes para hacer la lectura
más amena y práctica a nuestros lectores.
.
2.- Triage: Tener en cuenta posibles lesiones internas o embolia gaseosa, estos pacientes
pueden empeorar rápidamente, con reevaluaciones continuas, fijándonos en: enfisema
subcutáneo, disminución del nivel de conciencia, hemoptisis, taquipnea, disnea, dolor torá-
cico, abdominal, otorragia, simetría de movimientos pulmonares, hematuria, hematemesis,
hematomas en zonas de declive.
590
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
6.- Hipotermia
• Valorar la presencia prolongada a un ambiente frio.
• Valorar signos de hipotermia: piel fría, palidez moderada, tiritona, confusión mental, som-
nolencia, inquietud, disminución de pulsos periféricos y número de respiraciones por mi-
nuto.
• Separar al paciente del ambiente frío.
• Taparlo y proporcionarle un ambiente cálido y confortable.
• Utilización de sueroterapia IV caliente.
8.- Dolor
• Ayudar a conseguir la posición más antiálgica posible.
• Inmovilizar miembros dolorosos.
• Utilizar mantas o almohadas para apoyar la parte dolorida y reducir la tensión muscular.
• Favorecer la relajación con un buen control de la respiración.
• Enseñar métodos de distracción durante la aplicación de algún procedimiento doloroso
(contar objetos, pensar en algo que le resulte agradable, etc.).
• Consultar con el médico el uso de analgesia y valorar su eficacia.
• Pedirle al paciente que catalogue el dolor antes y después de la analgesia.
• Comunicarle al paciente posibles efectos secundarios de la analgesia (los narcóticos
pueden producir sequedad de boca, náuseas, vómitos, sedación).
9.- Movilización y traslado del paciente: deberán ser lo más rápido, seguro y confortable
para el paciente.
• Valoración continúa del paciente.
591
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
13.- RESUMEN
Lo primero que hay que tener en cuenta ante una situación de estas características es que nuestra
actuación debe ser en equipo y coordinada con el resto de cuerpos intervinientes. En caso de in-
cidentes con múltiples víctimas, se deberán seguir las instrucciones del jefe de dispositivo sani-
tario.
Lo más importante en la atención de blast injury se basa en la reducción de riesgos potenciales,
un buen triage y una evacuación rápida el centro útil.
El enfermero debe estar preparado para una actuación eficaz, donde la rapidez no disminuya la
calidad asistencial.
14.- BIBLIOGRAFÍA
1. Gilarranz Vaquero JL. Actitud ante el atentado terrorista. Puesta al día en urgencias, emergencias y catástrofes
2001; 2 (4): 165-171.
2. Martin Rodrígues F, Delgado Benito JF. Manual básico de gestión sanitaria en accidentes con víctimas en masa:
método ECCSET. Fundación Enfermería Castilla-León. Valladolid, 2006.
3. Álvarez Leiva C, Chulia V, Hernando Lorenzo A. Manual de asistencia sanitaria en las catástrofes, Madrid: Edito-
rial Libro del Año, 1992.
4. Procedimiento de actuación del SAMU-Asturias para la asistencia en catástrofes y accidentes de múltiples victi-
mas. Servicio de Salud del Principado de Asturias. Oviedo, 2006.
5. Cabanal Berlanga A et al. Manual de Soporte Vital Avanzado en Trauma. Plan Nacional de Resucitación Cardio-
pulmonar de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias. Barcelona: Elsevier
Masson; 2007.
592
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury
6. Quesada A, Rabanal JM. Procedimientos técnicos en urgencias y emergencias (vol I-II). Ed Ergon SA. Madrid,
2003.
7. Prehospital trauma life support committee of the national association of emergency medical technicians. Soporte
Vital Básico y Avanzado en el Trauma Prehospitalario (PHTLS). Septima edición. Ed. Elsevier España. Madrid,
2012.
8. Peral J, Turégano F, Sanz M et al. Crit Care Med 2005; 33:S107-12.
9. Vargas Fernández D., Barranco Martos A. Diplomados sanitarios enfermeros de urgencias. Vol IV. Ed CEP 2010.
10. Luis Rodrigo, MªT. Los diagnósticos enfermeros, revisión crítica y guía práctica. 8ª edición. Ed. Elsevier Masson
2008.
11. Phillips YY. Primary blast injuries. Annals of Emergency Medicine 1986, 106: 1446–1450.
12. Rodriguez P, Serra JA. Coordinación general de las actuaciones en el hospital. Medicina Clínica (Barcelona)
2005; 124 (S1): s3-s7.
13. De Paula Rodríguez Perera F. Gerente el 11 de marzo de 2004, Hospital General Universitario Gregorio Mara-
ñón, Madrid, España. Medicina Clínica (Barcelona) 2005; 124 (S1): s1-s2.
14. Gutierrez de Ceballos JP. et al. 11 March 2004: The terrorist bomb explosions in Madrid, Spain: an analysis of
the logistics, injuries sustained and clinical management of casualties treated at the closest hospital. Critical Care
Medicine 2004. 8 (DOI 10.1186/cc2995).
15. Rodriguez Rodriguez JC, Navidad Vera R. El politraumatizado, aspectos generales (monográfico en internet).
Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias. 2007. (citado 10 febrero 2008). Edición elec-
trónica disponible en: http:// [Link]/[Link]. Marzo 2012.
16. Centro Para el Control y prevención de enfermedades. CDC. Lesiones por onda expansiva: datos esenciales.
2006. Edición electrónica disponible: [Link] Marzo 2012.
17. Patiño JF. Trauma por explosiones y bombas. Departamento de cirugía, Fundación Santa Fe. Bogotá. Edición
electrónica disponible: http//[Link]/Guias/[Link]. Mayo 2012.
18. Traumatismos por onda expansiva: blast. [Link]. Disponible en:
Htpp://[Link]/Saludalia/[Link]/urgencias/doc/documentos/doc/traumatismo_onda_1.htm.
Mayo 2012.
19. Arcos González P., Castro Delgado R. Terrorismo y salud pública. Gestión sanitaria de atentados terroristas por
bomba. Ministerio de sanidad y consumo, Instituto de salud Carlos III, CDC, Universidad de Oviedo. Fundación
para la cooperación y salud internacional Carlos III. Madrid 2007.
20. Fernández Ayuso et all. Manual de enfermería en emergencia prehospitalaria y rescate. Arán 2008.
21. Carpenito L [Link]óstico de enfermería. Editorial McGraw Hill-Interamericana,1995.
22. Mi Ja Kim et al. Diagnóstico de enfermería y plan de cuidados. Editorial Mosby, 1994.
593
Módulo 4
El paciente traumatizado
INDICE:
1.- Objetivos
2.- Introducción
4.- Valoración
4.1 Valoración de la escena
4.2 Valoración del paciente
4.2.1 Valoración inicial
4.2.2 Valoración secundaria
[Link] Monitorización
[Link] Anamnesis
[Link] Valoración de las lesiones
[Link] Quemaduras según el agente causal
7.- Resumen
8.- Bibliografía
596
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
1.- OBJETIVOS
• Dotar al profesional de enfermería de los conocimientos necesarios para el manejo integral
del paciente quemado en su fase aguda en la urgencia extrahospitalaria.
• Reconocer las situaciones con riesgo vital derivadas del traumatismo térmico y prevenir la le-
sión adicional.
• Determinar la gravedad de las quemaduras, reconocer la necesidad de aislar la vía aérea, así
como la localización anatómica de quemaduras graves.
• Facilitar al profesional de enfermería un plan de cuidados que le permita dar al paciente los
cuidados necesarios para estabilizar y prevenir las complicaciones del quemado.
2.- INTRODUCCIÓN
La quemadura es una lesión tisular producida por agentes físicos externos, que pueden ser
térmicos, eléctricos, químicos y/o por radiación. Ocasiona fundamentalmente la pérdida de líqui-
dos, de calor y de la función protectora de la piel frente a microorganismos. Las quemaduras son
una de las circunstancias más devastadoras que pueden surgir en el campo sanitario. Represen-
tan un atentado en todos los aspectos del paciente, tanto físico como psíquico y social.
En la actualidad, las quemaduras suponen un problema con un alto índice de frecuencia, tanto
en países desarrollados como en países en vías de desarrollo, afectando a cualquier grupo de
edad, desde la edad más temprana, hasta la más avanzada. Todos hemos experimentado el dolor
que incluso las quemaduras más pequeñas pueden producir. En grandes quemados este dolor y
el estrés que produce no se limita al hecho inmediato, ya que las cicatrices son de larga duración
tanto a nivel físico como psicológico, pudiendo ocasionar discapacidad crónica.
Es por todo esto que las quemaduras precisan de unas consideraciones especiales, porque
aunque sean de pequeño tamaño y profundidad provocan en la víctima un gran malestar, lo que
puede provocar una mayor inestabilidad en el paciente. Las quemaduras suponen un reto, tanto
para el personal médico como para el resto del personal sanitario, siendo muy importante el ma-
nejo multidisciplinar para la resolución de todos los problemas a los que se enfrenta un paciente
quemado.
597
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Las causas más usuales de quemaduras son por líquidos calientes (escaldaduras), el fuego,
productos químicos, electricidad, radiaciones (radioterapia o radiación solar). En todos los grupos
de edad son más frecuentes en hombres, salvo en ancianos, donde la población femenina es la
predominante.
En niños hasta 4 años las quemaduras más frecuentes son las escaldaduras al tirarse líquidos
calientes o por el agua del baño. En adolescentes se asocian con frecuencia a actividades ilícitas
y uso de acelerantes o electrocuciones. Los adultos se queman por fuego con más frecuencia y
un alto porcentaje de ellos por causas laborales. Los ancianos tienen mayor riesgo de escalda-
dura, quemaduras por contacto y por fuego.
Son criterios de gravedad la extensión, profundidad, localización de la lesión, edad, estado fí-
sico previo del paciente y algunos agentes causales. Debe recordarse que el paciente quemado
es un paciente con traumatismo severo y que pueden existir otras lesiones orgánicas asociadas.
Así, la valoración inicial estará encaminada a descartar la presencia de otras lesiones que com-
prometan la vida del paciente o que supongan la necesidad de intervenciones quirúrgicas poste-
riores. El shock que se establece tras el traumatismo obliga a una resucitación de forma prioritaria,
asegurando la estabilidad hemodinámica y una ventilación pulmonar adecuada (2).
Por otro lado debemos retirar al paciente de la fuente productora de la quemadura. Una de las
principales reglas a seguir en la asistencia a nivel extrahospitalario con cualquier paciente, es la
autoprotección de los propios reanimadores, para evitar posibles lesiones sobre nosotros mismos
derivadas de la actuación. Así pues, es primordial que los equipos destinados al rescate de víc-
timas en situaciones de fuego, hagan la zona segura para nosotros antes de iniciar la atención
de estas víctimas (3).
Deberá detenerse el proceso de la quemadura, antes de iniciar cualquier tratamiento, para evi-
tar su extensión en superficie y profundidad. En el caso de lesiones eléctricas es necesario apagar
la fuente productora. Si no fuera posible sería necesario la utilización de materiales no conducto-
res para separar a la víctima de la fuente. Es fundamental conocer que si la fuente es de alto vol-
taje, no debemos acercarnos por la posibilidad de que exista arco eléctrico. En este tipo de
lesiones siempre debemos prestar especial atención a la aparición de arritmias graves y a la po-
sible lesión asociada de la médula espinal en la caída del electrocutado u otra lesión traumática
por la contractura muscular tetánica producida (4,3).
Durante todo el manejo del paciente habrá que ser muy cuidadoso en preservar las máximas
medidas de asepsia posibles para prevenir la infección por microorganismos, sobre todo en nues-
tro medio fuera del hospital. Es importante no olvidar que, en los incendios, sobre todo en espacios
cerrados, la causa principal de muerte es la intoxicación por humos y gases tóxicos (CO, cianuro,
etc.), aunque aparentemente el paciente no presente lesiones dérmicas por quemaduras (5,3).
Las lesiones por quemaduras producen una sensación de dolor de las más intensas descritas
y desgraciadamente, existen evidencias muy importantes que sugieren que está infra-tratado,
sobre todo en niños. El manejo del dolor en quemados, tanto agudo como crónico, es un reto que
requiere un plan cuidadoso de su manejo, y ayudaría a evitar problemas potenciales en pacientes
a menudo críticos y/o con alteraciones psicológicas.
El dolor basal, así como el dolor producido por los procedimientos realizados deberá tratarse
en el momento adecuado. Una combinación de drogas a menudo proporciona una analgesia de
mayor calidad. La probabilidad de desarrollar dolor crónico y sufrimiento a lo largo de su vida
puede reducirse con una analgesia apropiada, agresiva y administrada en el momento preciso.
En el estado agudo, tienen dolor de base constante y además dolor por procedimientos frecuen-
598
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
El enfrentarnos a un paciente quemado crítico puede suponer una de las situaciones más es-
tresantes a las que se enfrenta un equipo en la emergencia extrahospitalaria, por el gran dolor e
inestabilidad en la que solemos encontrar al paciente, y por el entorno en el que se suele hacer
el primer acercamiento, que puede ser en el mismo lugar del incendio o en la calle en condiciones
atmosféricas muy duras. Por lo que es de vital importancia que el equipo de asistencia esté pre-
parado y entrenado en la resolución rápida y segura de este tipo de emergencias, ya que las le-
siones por quemaduras más o menos graves son frecuentes en nuestro medio.
A través de este plan de cuidados, pretendemos que el personal de enfermería mejore sus co-
nocimientos y habilidades a la hora de abordar este tipo de pacientes, tomando conocimiento de
la importancia y gravedad que suponen este tipo de lesiones, así como intentar llegar al interior:
dolor, sentimientos, miedos, etc., del paciente que padece esta patología.
3.1. Epidermis
Es la capa más externa. Es más gruesa en las palmas y en las plantas, y menos en los
párpados, y su función es mantener la piel hidratada, así como de protegernos de la radia-
ción solar. Se trata de una capa sin vasos.
3.2. Dermis
Forma la mayor proporción de la piel y constituye el verdadero soporte de este órgano.
Tiene un espesor de unos cuatro milímetros. En la dermis se encuentran también los ane-
jos cutáneos, que son de dos tipos: córneos (pelos y uñas) y glandulares (glándulas sebá-
ceas y glándulas sudoríparas). También se encuentran los vasos sanguíneos que irrigan la
piel y las terminaciones nerviosas.
Las fibras que constituyen el armazón de la dermis dan lugar a la tersura, la flexibilidad y la
elasticidad de la piel.
599
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
3.3. Hipodermis
Es la capa más profunda de la piel. También se llama tejido celular subcutáneo o panículo
adiposo. Se halla constituida por gran multitud de adipocitos. La grasa forma un tejido me-
tabólico muy activo que además protege al organismo proporcionándole amortiguación y
aislamiento térmico.(7, 8)
4.- VALORACIÓN
Teniendo en cuenta las peculiaridades de la asistencia realizada en los servicios de emergencia
extrahospitalarios dividiremos este apartado en dos puntos, valoración de la escena y valoración
del paciente. Por ello nos centraremos exclusivamente en los problemas que comportan riesgo
vital, cuando nos enfrentamos con pacientes potencialmente críticos, o problemas en los que po-
demos plantearnos objetivos e intervenciones desde nuestro ámbito de actuación.
Este punto sólo tiene sentido cuando es el servicio de emergencias el que acude al lugar
del incidente a prestar asistencia.
600
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Esta valoración se hará después de haber solucionado todas las alteraciones encon-
tradas en la valoración primaria. Debe ser una valoración sistemática cráneo-caudal
en la que además se instauren las medidas de monitorización y valoración específicas
de las lesiones encontradas.
[Link]. Monitorización
El paciente quemado precisa monitorización de constantes vitales, que dado
el entorno en que nos centramos se realizará de manera no invasiva. Se mo-
nitorizará tensión arterial, frecuencia cardiaca, frecuencia respiratoria, tem-
peratura, saturación de oxígeno, cooximetría y electrocardiograma, con 12
derivaciones, que es de extrema importancia sobre todo ante quemaduras
eléctricas. Cuando esté disponible deberá hacerse también una gasometría
arterial con determinación de pH e iones, aunque los desequilibrios electro-
líticos no suelen aparecer en estas fases tan tempranas.
[Link] Anamnesis
Debemos procurar hacerla de manera rápida para conocer la hora cero en
la que se ha producido el accidente, el tiempo que ha estado la víctima ex-
puesta y el agente causal de las quemaduras. Si el estado del paciente lo
602
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Los factores de riesgo que más se asocian a mortalidad son edad mayor de
60 años, más del 40 % de SCQ y presencia de quemadura inhalatoria (13).
Es en este punto donde se deben recoger los datos necesarios para com-
pletar la valoración de enfermería por dominios, teniendo en cuenta sobre
todo aquellos que son relevantes por el estado del paciente y aquellos en los
que podemos plantear objetivos e intervenciones en el entorno de actuación
que nos ocupa.
En todo paciente que ha sufrido una lesión térmica podemos definir varios
diagnósticos de enfermería sólo por la lesión sufrida. Factores inherentes al
paciente como patologías y condiciones previas y otros inherentes al pro-
blema de salud actual harán que varíen los diagnósticos de enfermería que
seleccionemos para cada paciente. La evolución del paciente hará que apa-
rezcan nuevos diagnósticos en los días siguientes a la quemadura.
603
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Dérmica Dérmica
Superficial Espesor total
superficial Profunda
Epidermis
Dermis
superficial
Dermis
profunda
Tejido celular
subcutáneo
604
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Localización: identificar las partes del cuerpo que están quemadas, te-
niendo en cuenta que algunas localizaciones son más graves como cara,
cuello, pies, genitales, pecho femenino, zonas de pliegues articulares y
manos por el riesgo de secuelas funcionales y estéticas que implican (14).
Las quemaduras en manos, pies, genitales y zona perianal tienen mayor
riesgo de infección.
Agente causal: cada agente implica unos riesgos diferentes, que supo-
nen cambios en la fisiopatología y no sólo a nivel local, por ello se des-
arrolla en un punto específico de la valoración.
• Quemaduras térmicas: Son las más frecuentes (80% de los casos), son
lesiones producidas por la acción del calor y se pueden subdividir en cua-
tro grupos de acuerdo con el mecanismo de producción:
- Quemaduras por contacto, pueden ser causadas por contacto con un
material sólido caliente, suelen comprometer poca superficie, pero son
en general profundas. Por contacto con un líquido caliente (escaldadu-
ras), o por gases calientes, es la causa más frecuente en los niños, de
hecho este tipo de lesiones térmicas es la tercera causa de morbilidad
hospitalaria en nuestro entorno(15). Suelen ser extensas pero de menor
profundidad. A no ser que sean quemaduras por malos tratos. En el
caso de los niños la mayoría de los accidentes ocurren en los domici-
lios, en la cocina y con líquidos calientes (15).
- Quemaduras por fuego directo son lesiones producidas por la acción
directa de las llamas sobre la piel. Suelen ser de variada extensión, y
casi siempre de mayor profundidad. Se asocian a menudo con lesión
por inhalación de humos cuando se producen en espacios cerrados,
por la presencia de humo o de sustancias tóxicas producidas en la es-
cena del accidente (CO, gas cianhídrico, aldehídos, fosgeno, material
particulado).
- Quemaduras por radiación ionizante frecuentes por exposición a radia-
ciones ultravioleta, nucleares y radioterapia.
605
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Definimos como gran quemado a aquellos pacientes que sufren quemaduras graves y/o de
gran extensión, precisando medidas generales de soporte vital avanzado (18). Se deben considerar
como gran quemado o quemado grave, y por tanto tener en cuenta que precisará medidas espe-
ciales de reanimación e ingreso en unidades de grandes quemados, los siguientes casos:
• Pacientes con más del 10% SCQ de tercer grado.
• Pacientes con más del 25% SCQ en adultos o del 20% SCQ en edades extremas, de 2º
grado.
• Todos los pacientes con quemaduras que involucran cara, ojos, orejas, manos, pies, periné
o genitales se consideran también quemaduras mayores.
• Otro factor a tener en cuenta es el riesgo de infección relacionado con la localización de la
lesión. Las quemaduras en manos, pies, periné o genitales se consideran quemaduras ma-
yores ya que tienen mayor riesgo de infectarse debido a la abundante flora bacteriana que
normalmente coloniza dichas zonas.(19)
• Todos los pacientes con lesiones inhalatorias con/sin quemadura asociadas.
• Pacientes con quemaduras eléctricas de alto voltaje con signos de rabdomiolisis, o quími•
cas.
• Pacientes quemados con traumatismos concurrentes (TCE)
• Pacientes de alto riesgo con quemaduras: diabetes, embarazo, EPOC, cáncer, alteraciones
psiquiátricas… (20)
• Quemaduras circunferenciales, ya que pueden poner en riesgo el miembro afectado o in-
cluso la correcta ventilación del paciente si es el tórax el afectado.
• Quemaduras en niños menores de cinco años, en este caso hay que considerar y valorar
la posibilidad de que se trate de malos tratos, ya que esto sucede en un 10% de los casos(18).
607
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Es preciso reconocer cuando estamos tratando con un paciente gran quemado para poder re-
alizar las correctas maniobras de resucitación y prevenir las posibles complicaciones de este tipo
de pacientes. (21)
5.1 Fisiopatología
Las lesiones por quemaduras en los tejidos provocan una serie de cambios fisiopatológicos,
que están en relación directa con la SCQ y con el tiempo de exposición. Debemos tener en
cuenta al analizar los cambios fisiopatológicos que pueden producir estas lesiones que las
quemaduras son lesiones dinámicas y que su profundidad y extensión va a variar según el
tratamiento inicial aplicado y la rapidez con la que lo hagamos. Cuando hablamos de las le-
siones dérmicas y su repercusión sobre la fisiología, debemos agrupar los efectos en dis-
tintos apartados: (17)
• LA PIEL: Tras una lesión por quemadura se desencadena una respuesta inflamatoria,
en primer lugar local, que puede seguirse de una respuesta inflamatoria sistémica cuando
la SCQ supere el 25- 30%(17). Tiene dos funciones fundamentales: barrera protectora contra
la pérdida de agua y calor, y prevención de la colonización bacteriana. La pérdida de agua
a través de la piel, puede producir deshidratación y como consecuencia una situación hi-
pertónica con hipernatremia importante. Asociada a la evaporación de agua existe una
gran pérdida de calor, lo que desencadenará hipermetabolismo, y, así mismo, aumento de
consumo de oxígeno, que asociado a un gran gasto de energía, intentará compensar la
hipotermia desencadenada. Una complicación aunque más tardía, pero no menos impor-
tante es la pérdida de capas cutáneas y la alteración inmunológica, que facilita el riesgo
de colonización bacteriana. Las infecciones pueden llegar a provocar la muerte del paciente
en las semanas siguientes al accidente, por lo que es muy importante que se traten las le-
siones de la manera más aséptica, y si es posible, con técnica estéril.
• SISTEMA VASCULAR: En las primeras 24-48 horas aparece hipovolemia y shock hipo-
volémico por el trasvase de agua, sodio y proteínas al espacio intersticial. Se desarrolla
un importante edema tisular. Se produce alteración en la permeabilidad microvascular
(tanto en el tejido sano como en el quemado), hay aumento de la presión hidrostática in-
travascular y disminución de la presión hidrostática intersticial con aumento de la presión
osmótica intersticial. Ello conlleva el aumento del trabajo cardíaco y la disminución del
volumen de retorno venoso, provocando así la lesión orgánica, siendo lo más llamativo
el fracaso renal agudo y el fallo multiorgánico.
Aparece también depresión miocárdica, (independiente del estado del volumen intravas-
cular).
Cursa con una disminución de la contractilidad, un aumento de las resistencias vascula-
res sistémicas y una disminución del gasto cardíaco.
• APARATO RESPIRATORIO:
- Lesiones por inhalación de humos: puede aparecer desde edema hasta necrosis y
desprendimiento del epitelio con ulceración. Puede inducir una respuesta inflamatoria
con abundante exudado que puede producir obstrucción de la vía aérea de pequeño
calibre, con formación de atelectasias e incremento de sobreinfección pulmonar.
- Intoxicación por monóxido de carbono (CO). El CO tiene una afinidad mayor por la
Hemoglobina que el oxígeno, formando carboxihemoglobina (COHb) e impidiendo
el transporte normal de oxígeno. Desplaza la curva de disociación de la Hb hacia
la izquierda, inhibiendo la liberación de oxígeno a los tejidos. Empeora la actividad
de enzimas intracelulares al unirse a la citocromo oxidasa. Todo ello causa hipoxia
tisular y acidosis metabólica. El diagnóstico lo haremos en base a la historia, ha-
llazgos neurológicos y niveles de COHb. Tanto la PaO2, pulsioximetría y SaO2
pueden ser normales, y no son un buen indicador de intoxicación por CO. Debemos
usar un cooxímetro, que mide el porcentaje de Hb, oxihemoglobina, carboxihemo-
globina y metahemoglobinemia. La sintomatología en relación con los niveles de
carboxihemoglobina aparece en la tabla 4.
Tabla 4
Niveles de COHb Síntomas
>50% Muerte
Para tratar la intoxicación con cianuro en las víctimas de los incendios, se utiliza
un antídoto la hidroxicobalamina, que logra tasas de supervivencias de hasta un
67%. Los criterios de empleo de la hidroxicobalamina y la dosis recomendadas se
reseñan en la tabla 5.
Tabla 5
Criterios de empleo:
- Paciente que ha inhalado humo de incendio (restos de hollín en boca,
faringe o esputo) y
- Tiene alteraciones neurológicas (confusión, coma, agitación, convulsio-
nes) y además
- Presenta alguna de las siguientes circunstancias:
· Bradipnea (< 12 r.p.m.) o parada respiratoria o cardiorespiratoria.
· Shock o hipotensión.
· Lactato > 8 mmol/L o acidosis láctica
Dosis inicial:
Administración intravenosa* de hidroxicobalamina: 5 g (2 viales) a pasar en
15 min en adultos o 70 mg/kg de peso en niños. Puede repetirse la megado-
sis una vez (5 g más-2 viales) si persiste sintomatología o existe inestabili-
dad hemodinámica o el paciente está en parada cardíaca.
* La vía intrósea es posible, aunque por el momento, no hay experiencia en humanos.
- Lesión térmica directa de la vía aérea que afecta sobre todo al tracto respiratorio su-
perior por exposición a altas temperaturas. Produce inflamación y edema a nivel de
epiglotis y laringe, pudiendo producir una obstrucción crítica de la vía aérea. Debemos
tener en cuenta que las lesiones inflamatorias progresan durante las primeras 24-48
horas, pudiendo ser asintomáticas en las fases iniciales. Además, la reposición agre-
siva de líquidos favorece la formación de edema, incrementando el riesgo de obstruc-
ción de la vía aérea. o la aparición de edema pulmonar.
- Restricción torácica severa: las quemaduras extensas de segundo y tercer grado, an-
terolaterales o circunferenciales torácicas se asocian a un aumento del trabajo respi-
ratorio, hipoventilación, dificultad para eliminar secreciones y formación de
atelectasias. Esto puede provocar un estado de insuficiencia respiratoria y dificultad
para la ventilación mecánica, generando presiones elevadas por disminución de la
compliance torácica. Las escarotomías pueden ser necesarias para reducir la restric-
ción de la pared torácica.
Por todo esto es preciso reconocer cuando estamos tratando con un paciente gran quemado
para así poder realizar las correctas maniobras de resucitación y prevenir las posibles com-
plicaciones en este tipo de pacientes.
5.2. Tratamiento
El gran quemado debe considerarse y ser tratado como un politraumatizado, siguiendo los
mismos algoritmos para su atención. Se debe seguir el mismo esquema de actuación ex-
puesto en la valoración.
610
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
611
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Para la sedoanalgesia del paciente y la intubación precoz se seguirán las ordenes médicas,
aunque lo más usual en este tipo de paciente es:
• Analgesia con:
Cloruro mórfico: 0.1-0.2 mg/kg en bolus o en perfusión: 10-50 microg/kg/h.
Fentanilo: 50-100 microg en bolus o en perfusión: 1 microg/kg/h.
• Sedación:
Midazolam: 0.1-0.3 mg/kg en bolus o en perfusión. 0.05-0.2 mg/kg/h.
Etomidato: 0.3-0.5 mg/kg en bolus 20mg/1 min. Perfusión no recomendada.
• Relajación muscular:
Succinilcolina: 1-1.5 mg/kg.
Vecuronio: 0.1-0.2 mg/kg en bolus o en perfusión.1-2µg/kg/h
En quemaduras muy extensas cubriremos las lesiones con apósitos estériles (este gesto
además de prevenir las infecciones, disminuye el dolor, al tapar las terminaciones nerviosas
que están expuestas), nunca vendarlo, solo tapar la lesión tratando las heridas con la má-
xima esterilidad/asepsia posible, para prevenir futuras infecciones.
Como primera medida para detener el proceso de la quemadura se debe retirar al herido
de la fuente de lesión, retirar ropa y joyas de zonas afectadas, excepto si se encuentra ad-
herida a la piel (12).
612
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
Debe hacerse con agua corriente templada durante 20 minutos, que deben ampliarse en
caso de productos químicos, puede usarse la inmersión o irrigación. Evitar el uso de agua
muy fría ya que limita el flujo sanguíneo a la zona e induce hipotermia. (23)
Para enfriar la lesión se pueden usar también apósitos de gel de agua o suero fisiológico (14).
Retirar cadenas, pulseras y anillos que puedan producir compresión si se edematiza el
miembro.
Tras enfriar la lesión se deben limpiar los restos de suciedad visible con agua y jabón anti-
séptico suave (13,14, 23) como clorhexidina diluida, evitando el uso de antibióticos (12). Es ne-
cesario desbridar los restos de piel muerta de flictenas abiertas y de aquellas grandes o
frágiles. Las flictenas pequeñas se pueden dejar intactas (13,23). La evidencia para desbridar
las flictenas es pobre, pero sin hacerlo no se puede valorar la profundidad correctamente (13).
• Quemaduras dérmicas profundas. Puede ser útil la Sulfadiazina argéntica (13), que dis-
minuye la colonización bacteriana de las quemaduras, aunque su uso puede retrasar la
cicatrización y no ha demostrado disminuir la incidencia de infecciones locales ni sepsis
(24)
. No aplicar sulfadiacina argéntica si se va a derivar el paciente a otro servicio porque
dificulta la valoración posterior (23).
El uso de apósitos biológicos es mejor sobre todo en niños porque reduce el dolor y permite
la valoración a través del mismo(13). Algunos autores desaconsejan el uso rutinario de anti-
sépticos y pomadas antibióticas porque contribuyen a la selección de cepas resistentes y a
macerar las lesiones(14). La sujeción del apósito se debe realizar con un vendaje tubular o
elástico suave, pudiendo usarse un apósito secundario adhesivo en quemaduras poco ex-
tensas (14). Si la lesión afecta a una articulación, mantener en hiperextensión para evitar re-
tracciones.
613
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
El cambio de apósitos debe realizarse a partir de las 24-48 horas y ese es el momento de
valorar de nuevo la profundidad de la lesión. A partir de este momento se podría iniciar el
uso de productos tópicos como sulfadiazina argéntica(12). A partir de este cambio de apósito
el resto se realizarán dependiendo del tipo de cura realizada y del estado de la evolución
de la lesión. Será necesario cambiar el apósito inmediatamente en caso de aparición de
dolor, herida con mal olor o apósito empapado en exudado. (12)
En todo paciente quemado se debe valorar que esté correctamente inmunizado frente a té-
tanos.
De manera general se debe recomendar al paciente (14):
• Cambios de apósito cada 48 horas, más frecuentes en quemaduras dérmicas profundas (13).
• Mantener la región lesionada en reposo y elevada.
• Protección solar tras la curación durante al menos un año.
• Patrón respiratorio ineficaz (00032) r/c deterioro de la percepción o cognición, deterioro mus-
culoesquelético, dolor y/o ansiedad, m/p disminución de la ventilación por minuto, disnea o
disminución de la capacidad vital.(26)
• Disminución del gasto cardiaco (00029) r/c alteración del volumen de eyección, alteración
de la precarga, alteración de la postcarga, alteración del ritmo cardíaco m/p edemas, piel fría,
prolongación del tiempo del relleno capilar, bradicardia o taquicardia, ansiedad, agitación. (25)
• Síndrome de estrés del traslado (00114) r/c deterioro del estado de salud, experiencia im-
prevista y sentimientos de impotencia m/p ansiedad, inseguridad, pesimismo, frustración.(25)
• Ansiedad (00146) r/c estrés, amenaza de cambio en el estado de salud, amenaza del auto-
concepto m/p sentimientos negativos sobre sí mismo, verbalización de esos sentimientos, di-
ficultad para tomar decisiones...(25)
614
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
• Deterioro de la integridad tisular (00044) r/c agentes térmicos, productos químicos o radia-
ciones m/p lesión con destrucción tisular (tejido subcutáneo y mucosas).(25)
• Dolor agudo (00132) r/c agentes lesivos biológicos, químicos, físicos, psicológicos) m/p ob-
servación de evidencias de dolor, informe verbal de dolor, dilatación pupilar cambios en la pre-
sión arterial, cambios del pulso, cambios de la respiración, diaforesis, conducta expresiva,
mascara facial.(25)
7.- RESUMEN
El gran quemado es un enfermo en el que su manejo y estabilización en la urgencia extrahos-
pitalaria se hace difícil por la inestabilidad en la que se encuentra, por las grandes complicaciones
que pueden suceder en un corto periodo de tiempo como la asfixia por inhalación de humos, la
entrada en shock por dolor, por hipotermia o por hipovolemia.
Esto hace que si no actuamos rápido entre en un proceso potencialmente letal, por lo que el
tratamiento inicial con una intubación orotraqueal precoz y la reposición de líquidos templados
para evitar la hipotermia así como la sedoanalgesia se hacen de vital importancia para este tipo
de pacientes. Por ello es prioritario que tengamos equipos entrenados en este tipo de urgencia
vital para reconocer los signos y síntomas que pueden desencadenar un desenlace fatal y poder
prevenirlos.
8.- BIBLIOGRAFÍA
1. Hettiaratchy S, Dziewulski, [Link] of burns. Introduction. BMJ VOLUME 328 5 JUNE 2004.
2. Hernando Lorenzo A, Rodríguez Serra M, Sánchez-Izquierdo JA. Soporte vital avanzado en trauma. En: Peinado
Rodríguez MJ, Avellanas Chavala ML, editores. Traumatismo térmico: Quemaduras. Barcelona: Masson;2003.p.203-
8.
3. Manual de Procedimientos SAMUR Protección Civil. En: [Link]/samur. Procedimiento de actuación
conjunta bomberos y Samur-Protección civil. Madrid: SAMUR- Protección Civil; 2009.
4. Manual de Procedimientos SAMUR Protección Civil. En: [Link]/samur. Procedimiento de Manejo del
paciente electrocutado. Madrid: SAMUR-Protección Civil; 2009.
5. Manual de Procedimientos SAMUR Protección Civil. En: [Link]/samur. Procedimiento de Manejo del
paciente con intoxicación por humos. Madrid: SAMUR-Protección Civil; 2009.
6. Abdi S, Zhou Y. Manejo del dolor en pacientes quemados. Current Opinion in Anaesthesiology. 2002; 15:563-7.
7. Traumatismo por quemaduras: lesiones producidas por el calor y el frío. En PHTLS: Soporte Vital Básico y Avanzado
en el Trauma Prehospitalario. 6a Edición en español. Elsevier España, S.A. 2009; 13: 333-354.
8. Armijo, M.; Camacho, F. Dermatología. Tomo 1. (2ª ed.). Madrid: Grupo Aula Médica S.A., 1991.
9. Prehospital Trauma Life Support Committee On Trauma Of Emergency Medical Tecnicians En Colaboración Con
The Committee On Trauma Of The American College Of Surgeons. [Link] vital básico y avanzado en el
trauma prehospitalario. 6a edición. Barcelona: Elsevier, 2008.
10. The committee on Trauma of the American College of Surgeons. ATLS. Programa avanzado de apoyo vital en
trauma para médicos.7a edición. Barcelona: Elsevier, 2005.
615
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras
11. Lindford AJ, Lim P, Klass B, Mackey S, Dheansa BS, Gilbert PM. Resuscitation tables: a useful tool in calculating
pre- burns unit fluid requirements . Emerg Med J 2009;26:245–249.
12. Hudspith J, Rayatt S. ABC of burns. First aid and treatment of minor burns. BMJ VOLUME 328;19 JUNE 2004.
13. Enoch S, Roshan A, Shah M. Emergency and early management of burns and scalds. BMJ 2009;338:b1037.
14. Petit i Jornet J.M., Teixidó i Vidal X. Guía de actuación para la atención del paciente quemado. BINOM-I s.c.p. 2005.
15. Abad P, Acosta D, Martínez Ibáñez V, Lloret J, Patiño B, Gubern Ll, Carol J, Boix Ochoa J. Departamento de Cirugía
Pediátrica, Unidad de Quemados, Hospital Materno Infantil «Vall d’Hebron», Barcelona. Quemaduras en la infancia.
Trascendencia social a las puertas del 2000. Cir. Pediatr. 2000;13:97-101VOL. 13, No 3, 2000 pg 97-101.
16. Lorente J.A., Esteban A. Cuidados intensivos del paciente quemado. El accidente eléctrico. ( A. Rico, P. Holguín)
Barcelona 1998. Springer- Verlag Ibérica. pag 136-150.
17. Servicio de Anestesiología y Reanimación- Hospital Juan Canalejo (A Coruña). PBL no14: Atención Inicial Al Gran
Quemado. Diciembre 2005.
18. Rodríguez Franco E, Sánchez de la Ventana AB, Municio Hernández P, Biarge Ruiz AN, Cepas Vázquez MJ, Sáez
Tomé ME. Compendio de Guías y Vías Clínicas de manejo en la urgencia extrahospitalaria de la Comunidad de
Madrid: Manejo de las quemaduras en la urgencia extrahospitalaria. 1a Edición. Madrid: Aran, 2009.
19. García Torres, V. Quemaduras. Tratamiento de urgencia. Madrid: Duphar, 2002.
20. Fernández Ayuso, D et al. Manual de enfermería en emergencia prehospitalaria y rescate. (2ª edición). Madrid:
Arán, 2007.
21. Santos, F.X. et al. ¿Quemaduras? 100 preguntas más frecuentes. Madrid: EDIMSA, 2000.
22. Ward PA and TILL GO. Pathophysiologic Events Related to Thermal Injury of Skin. Advances in Understanding
Trauma and Burn Injury. Vol.30,No. 12 Supplemente. pg 75- 79 1990 december.
23. Benson A, A Dickson WA, Boyce DE. ABC of wound healing. Burns. BMJ VOLUME 332 (649,652) 18 Marzo 2006.
24. Hussain S and Ferguson [Link] sulphadiazine cream in burns. Emerg Med J 2006 23: 929-932.
25. Nanda Internacional. Diagnósticos enfermeros. Definiciones y clasificación 2009-2011.1a Edición. Barcelona: El-
sevier,2009.
26. Nanda Internacional. Diagnósticos enfermeros. Definiciones y clasificación 2006-2010.1a Edición. Barcelona: El-
sevier,2006.
616
Módulo 4
El paciente traumatizado
ÍNDICE:
1.- Objetivos
2.- Introducción
3.- Equipos para la inmovilización de la columna
3.1 Collarín cervical
3.2 Inmovilizador de cabeza
3.3 Camilla de cuchara
3.4 Tablero espinal
3.5 Camilla tipo combicarrierâ
3.6 Dispositivo de extricación kendrick
3.7 Férula MEI
3.8 Colchón de vacío
4.- Equipos para la inmovilización de extremidades
4.1 Férulas neumáticas
4.2 Férulas de vacío
4.3 Férulas tipo MEI
4.4 Férula de tracción
4.5 Fijación pélvica
5.- Principales técnicas de movilización e inmovilización
en pacientes traumáticos
5.1 Inmovilización para la extracción en un vehículo
5.2 Movilización desde el suelo
5.3 Inmovilización para el transporte
5.4 Retirada de casco
5.5 Transferencia hospitalaria
6.- Cuidados de enfermería, consideraciones especiales
ante las técnicas de movilización e inmovilización
6.1 Diagnósticos de enfermería
6.2 Intervenciones NIC
6.3 Objetivos NOC
7.- Bibliografía
618
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
1.- OBJETIVOS
2.- INTRODUCCIÓN
Uno de los aspectos fundamentales en el manejo prehospitalario del paciente traumático in-
cluye la inmovilización y movilización adecuadas, con el fin de evitar el empeoramiento de las le-
siones iniciales y por supuesto, impedir la aparición de nuevos daños.
La inmovilización de todas las lesiones debe hacerse de forma sistemática (2) asegurándose
que llegará al hospital en las mismas condiciones en que se ha encontrado al paciente. Es muy
importante realizarla en el mismo lugar del accidente, salvo que exista riesgo vital, tanto para el
paciente, como para los intervinientes.
Al hablar de inmovilización, hay que distinguir entre la realizada para la extricación del paciente
y la realizada para el transporte de la persona (3).
En cualquier tipo de inmovilización hay que tener en cuenta las siguientes premisas:
• El paciente traumatizado debe moverse siempre como un bloque (cabeza-cuello-tronco).
• Los materiales utilizados para la inmovilización deben cumplir los siguientes requisitos:
- Deben inmovilizar.
- No tienen que tener efectos secundarios, ni yatrogenia.
- No impedir el acceso a la vía aérea, ni la realización de técnicas de soporte vital.
- Deben ser cómodos (dentro de lo posible).
- Tienen que ser válidos para cualquier tipo de persona (adultos, niños, embarazadas,
etc.).
• En el caso que la gravedad del paciente, riesgo de la situación, etc, lo permita, siempre hay
que inmovilizar antes de movilizar.
619
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
La movilización cuidadosa y el empleo de las técnicas apropiadas son cruciales en todo pa-
ciente traumático.
620
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Descripción
El collarín tipo Philadelphia se asienta en tórax, parte posterior de columna dorsal, cla-
vícula y trapecios y dispone de apoyo mentoniano, pero permitiendo cierta apertura de
la boca del paciente. Además este tipo de collarines dispone de una abertura anterior
que permite la visualización de la zona traqueal y el acceso a pulsos carotídeos. (Figura
2).
• Procedimiento
Para su colocación se requiere al menos de dos sanitarios.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose durante todo el procedimiento.
En primer lugar, realizar una estabilización manual de la cabeza con alineación y ligera
tracción de ésta con ambas manos, de manera que la cabeza del paciente mantenga
una posición neutra que descomprima el eje axial (Figura 3) Esta maniobra no se debe
abandonar hasta que no se coloque, además del collarín, un inmovilizador de cabeza u
otro dispositivo que inmovilice por completo la columna.
621
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
A continuación, proceder a medir el cuello del paciente, con la mano de otro interviniente
y la misma medida se traslada al collarín para ajustarlo a la medida adecuada (Figuras
4 y 5). En la actualidad los más utilizados son los llamados collarines multitalla que ofre-
cen varias medidas posibles.
Introducir el collarín por la parte posterior del paciente deslizando la lengüeta más larga
del collarín por debajo del cuello(6), ajustar la parte delantera y antes de cerrarlo asegu-
rarse que el apoyo mentoniano queda bien centrado.
Una vez comprobada la correcta posición del dispositivo, se cierra el collarín con otra len-
güeta (Figura 7). Si es necesario modificar la posición, se debe repetir el proceso desde
el principio para evitar deslizar el collarín sobre el cuello del paciente y que éste rote.
Hay que tener en cuenta que el collarín rígido no inmoviliza completamente, por eso son
un complemento a la inmovilización y debe ir acompañado de una estabilización manual
de la cabeza o de otro tipo de inmovilizadores de columna y/o cabeza (Figura 8).
622
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Complicaciones de la técnica
- Aumento de la lesión preexistente por incorrecta estabilización manual o error en la
colocación del collarín.
- Flexión del cuello si el collarín es pequeño y extensión si es demasiado grande (7).
- Obstrucción de la boca y la nariz y pérdida de la inmovilización si el collarín queda
suelto.
- Compresión de los vasos de la región cervical, de la vía aérea e incomodidad para el
paciente si el collarín queda muy apretado.
• Descripción
Está formado por una base rectangular con velcro en los dos extremos, que se deberá
fijar mediante unas cinchas que lleva incorporadas al tablero espinal o camilla de cu-
chara. También presenta dos piezas laterales almohadilladas en forma de trapecio con
un orificio que permite la visualización de las orejas y que el paciente pueda oír y dos
cinchas que fijan la parte frontal y mentoniana respectivamente y que van ancladas a la
base rectangular (Figuras 9 y 10).
623
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Procedimiento
Su colocación siempre es posterior a la del collarín cervical.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose, durante todo el procedimiento.
Introducir la base rectangular por debajo de la cabeza del paciente. Si se va a utilizar un
tablero espinal se puede colocar esta base previamente.
Colocar las dos piezas laterales a ambos lados de la cabeza, comprobando que los agu-
jeros coinciden con las orejas de la persona. Si se está utilizando un tablero espinal, el
lado recto se colocará hacia el paciente; mientras que si se está utilizando la camilla cu-
chara, el lado angulado se colocará hacia el paciente.
Después, poner la cincha mentoniana (ésta irá alrededor del apoyo para el mentón del
collarín, no del paciente) y posteriormente la frontal (8), fijándolas a la pieza rectangular
(Figura 11).
• Complicaciones de la técnica
Si la base no está fijada al tablero espinal o la cabeza del paciente no queda correcta-
mente fijada, la inmovilización no será adecuada y se pueden llegar a producir lesiones
secundarias.
Las cinchas frontal y mentoniana se deben colocar adecuadamente para evitar disconfort
del paciente.
Está indicada para la movilización del paciente en decúbito supino desde el lugar del suceso
hasta la camilla de traslado o para traslados entre camas o camillas.
En cualquier caso sólo puede utilizarse para períodos de tiempo cortos y nunca se utilizará
para traslado, puesto que puede producir dolores occipitales, sacros, escapulares y cefa-
leas, así como aumentar las lesiones, el malestar y la ansiedad del paciente.
• Descripción
Como su nombre indica, es una camilla de aluminio o de plástico rígido que consta de
dos partes articuladas entre sí, a la cabeza y a los pies del paciente (Figura 12).
624
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Procedimiento
Son necesarios un mínimo de tres sanitarios para realizar la maniobra.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose, durante todo el procedimiento.
Medir con la camilla cerrada la altura del paciente poniéndola a lo largo de éste. La parte
más ancha va en la zona de cabeza y abdomen, y la estrecha en la zona de las piernas.
Abrir la camilla y separar ambas palas, poniendo cada una a un lado del paciente. Nunca
pasándolas por encima del paciente (Figura 13).
El sanitario que está en la cabeza dirige la maniobra y moviliza ésta a la vez que el resto
de sanitarios para seguir manteniendo al paciente en bloque. Se movilizará al paciente
en bloque de forma lateral, mediante un sanitario que le sujeta por los hombros y la pel-
vis, el otro que le coge por la pelvis y las rodillas, y el tercer sanitario pone la pala co-
rrespondiente debajo del paciente, asegurándose que la cabeza del paciente coincide
con la zona para la cabeza de la camilla (Figura 14).
Volver a colocar al paciente en decúbito supino y repetir la operación con la otra pala
(Figura 15).
Una vez puestas ambas palas, cerrar los anclajes, primero el de la cabeza del paciente
y después el de la parte inferior, asegurándose que la ropa no sea empujada a la línea
media y dificulte el cierre. Tener cuidado con los pacientes con el pelo largo, ya que se
les hacer daño al cerrar el anclaje superior (Figuras 16 y 17).
625
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Colocación de camilla
de cuchara. Figura 17
Una vez depositado el paciente sobre la camilla de traslado, abrir primero el anclaje inferior
y después el superior. Retirar ambas palas volteando al paciente de forma lateral.
• Complicaciones de la técnica
Inadecuada movilización en volteo lateral del paciente, que pueda aumentar sus lesio-
nes.
Cierre inadecuado de los anclajes, con el riesgo de apertura de la camilla.
Asegurarse durante todo el procedimiento de no coger parte de la ropa o incluso la piel
del paciente.
Malestar y ansiedad del paciente, provocando la desestabilización de las constantes he-
modinámicas y respiratorias.
Está indicado, al igual que la camilla de cuchara en la movilización del paciente desde el
lugar del suceso hasta la camilla de traslado. Si el trayecto hasta el hospital no es largo y
no se va a utilizar el colchón de vacío, se podría realizar el traslado con el tablero. De hecho,
626
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
otra de sus utilidades es el traslado de la gestante en decúbito supino con cierta inclinación
hacia el decúbito lateral izquierdo.
El tiempo máximo que puede estar el paciente sobre una tabla sin acolchar es de 2 horas,
salvo que el paciente refiera una gran incomodidad, en cuyo caso se quitará realizando el
procedimiento de lateralización.
• Descripción
Es un tablero de madera o plástico rígido que abarca todo el cuerpo del paciente (Figura
18), aunque también hay una versión corta para inmovilizar solo la columna.
Los tableros espinales de plástico son más livianos y, además, permiten la realización
de radiografías.
Existe un tablero espinal pediátrico caracterizado por la presencia de una pequeña de-
presión a nivel occipital, cuyo fin es que una vez colocado el niño no se produzca una hi-
perflexión del cuello manteniendo su columna cervical en posición neutra (Figura 19).
• Procedimiento
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose durante todo el procedimiento.
Colocar al paciente sobre el tablero, ya sea volteándole lateralmente o utilizando la téc-
nica de puente holandés (Ver punto 5 de este capítulo), en función del espacio del que
se disponga y las circunstancias en que se encuentre al paciente.
Fijar al paciente al tablero mediante cinchas (2 en tórax y 1 en miembros inferiores) o la
“araña” (Figura 20).
627
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Complicaciones de la técnica
Inadecuada realización del volteo lateral o del puente holandés.
Fijación incorrecta del paciente al tablero.
Es un tipo de camilla, poco extendida en la actualidad en España, que combina las venta-
jas de la camilla cuchara (Figura 21) con las ventajas del tablero espinal largo (Figura 22).
• Descripción
Es un chaleco semirrígido con unas bandas metálicas. Dispone de una parte superior,
en forma de aletas, para la cabeza con una almohadilla y unas cinchas que se pueden
retirar (barbuquejos), una parte para el tórax con tres cinchas de diferentes colores que
628
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
van ancladas al dispositivo, dos asideros en la parte posterior y otras dos cinchas en la
parte inferior del dispositivo que servirán para fijar la pelvis (Figura 23).
Dispositivo de inmovilización de
columna Kendrick. Figura 23
• Procedimiento
Se necesitan al menos dos sanitarios.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose durante todo el procedimiento.
En primer lugar, un sanitario sujetará la cabeza del paciente desde atrás (Figura 24),
mientras que otro sanitario colocará el collarín cervical. Para ello, hay que medir el cuello
del paciente (Figura 25) para conocer la talla de collarín adecuada (Figura 26). Se coloca
el collarín (Figura 27) y se comprueba que está centrado sobre el mentón del paciente
(Figura 28).
629
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Collarín: comprobación
de la colocación. Figura 28
Aunque se haya colocado el collarín, el sanitario se quedará detrás del paciente ocu-
pándose de que la cabeza permanezca alineada y en posición neutra.
A continuación separar al paciente ligeramente del respaldo del asiento del vehículo para
poder deslizar entre medias la férula espinal. Se introduce el dispositivo hasta hacer tope
(Figura 29); previamente se sueltan las dos correas largas que servirán para pasar pos-
teriormente por las ingles. Se dejan las aletas superiores a la altura de la cabeza y las
inferiores por debajo de las axilas.
Colocar la almohadilla en la zona occipital del paciente, valorando que el paciente no
pueda realizar una extensión excesiva del cuello.
Poner las aletas superiores a ambos lados de la cabeza y fijarlas con las correas frontal
y mentoniana, ésta última irá colocada alrededor del apoyo mentoniano del collarín. (Fi-
gura 30).
Después, desplegar las correas torácicas, una a una en su color correspondiente (Figura
31) abrochándolas en sus anclajes sin apretarlas demasiado. No se deben ajustar hasta
el instante antes de la extracción, para evitar al paciente sensación de ahogo o aprisio-
namiento, y facilitar una correcta ventilación.
Por último, pasar las dos cintas inferiores por debajo de los glúteos rodeando las ingles
y abrochándolas en su correspondiente lugar con la precaución de no comprimir los ge-
nitales (Figura 32).
Antes de comenzar la extricación apretar todas las correas y asegurarse de que están
bien abrochadas.
Se debe realizar una evaluación de extremidades, intentando dar soporte con férulas a
las fracturas antes de la extracción.
Para la extricación, colocar el tablero espinal o la camilla de cuchara sobre el borde del
vehículo apoyándolo sobre el suelo. Uno de los intervinientes deberá sujetarlo para que
no se deslice (Figura 33).
Se comienza girando al paciente, manteniendo en todo momento el eje cráneo -cérvico
– dorso – lumbar alineado, de tal forma que la espalda quede enfrentada al exterior del
vehículo (Figura 34), salvando el salpicadero del vehículo hasta que quede totalmente
horizontal. En ese momento y con ayuda de unos asideros del que la férula dispone, se
desliza al paciente sobre el tablero.
Una vez que el paciente se encuentra en la camilla de cuchara o en el tablero espinal,
trasladarle a la camilla de traslado (Figura 35).
Cuando el paciente se encuentra sobre la camilla de traslado, al menos se deben liberar
las correas de tórax e ingles inmediatamente para no comprometer, sobre todo, la ven-
tilación y facilitar la valoración (Figura 36).
630
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
631
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Complicaciones de la técnica
Inmovilización inadecuada de la cabeza.
Movilización excesiva del paciente para colocar el dispositivo.
Las cintas no queden lo suficientemente ajustadas al paciente, por lo que la inmoviliza-
ción no será adecuada.
Las correas queden muy apretadas y comprometan su ventilación.
Inadecuada movilización de las piernas que provoque una flexión a nivel lumbar.
Hay ocasiones en que se produce una falsa colocación del dispositivo entre la espalda
y el asiento, ya que se engancha en el pantalón o falda de los pacientes; para evitarlo,
se puede facilitar la inserción del dispositivo desplazando el asiento hacia atrás unos
centímetros.
Por cuestiones de deformidad o accesibilidad al vehículo puede resultar más fácil proceder
a la extracción por el portón trasero del vehículo; para ello, se abate completamente el
asiento del paciente, se introduce el tablero o camilla de cuchara en el interior, y se procede
de la misma forma que se ha descrito con anterioridad.
Se utiliza siempre con un collarín cervical y su técnica de colocación es la misma que la del
chaleco de Kendrick.
La diferencia con el corsé espinal de adulto estriba en que se divide en dos partes totalmente
separables: una parte toraco –lumbar y otra cervical, de forma que las láminas metálicas
de la parte cervical están metidas dentro de la parte del tórax, pudiéndose hacer más grande
o más pequeña según el tamaño del niño. Además, no presenta correas para la sujeción a
la altura de la pelvis (arnés) y la cinta para la sujeción cefálica está en el propio dispositivo
(Figuras 37, 38 y 39).
632
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Su indicación es la inmovilización del paciente, así como el minimizar las vibraciones que
se producen durante el traslado.
• Descripción
Es un colchón relleno de bolitas de poliespán que, mediante una válvula a la que se
conecta una bomba de aspiración, se extrae el aire que existe entre las bolitas amol-
dando el colchón a la forma del paciente (Figura 40).
Colchón de vacío.
Figura 40
Para proceder a su uso, se deberá haber hecho previamente una revisión del mismo, ya
que no podrá realizar su función correctamente si está pinchado, o no se dispone de un
sistema para realizar el vacío.
Existe un colchón de vacío pediátrico, cuya única diferencia es el tamaño.
• Procedimiento
Tras desenrollar el colchón sobre la camilla de traslado, repartir las bolitas dando unos
golpes sobre el colchón.
Siempre es aconsejable poner una sábana por encima del colchón por higiene.
633
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
634
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Complicaciones de la técnica
Disconfort del paciente por arrugas en el colchón.
Compromiso respiratorio y/o hemodinámico por apretar en exceso el colchón alrededor
del paciente.
En los traslados aéreos hay que tener en cuenta que, con la altura, al disminuir la presión
atmosférica, el colchón de vacío puede perder consistencia y, por lo tanto su rigidez.
Tienen como ventaja que son permeables a los rayos X (9), por lo que se puede mantener
la inmovilización hasta saber con seguridad el tipo de lesión que presenta el paciente.
• Descripción
Las férulas neumáticas están compuestas por materiales de plástico, tela o caucho. Po-
seen una válvula para inflado y cierre, y se abren y cierran con conexiones tipo cremallera
o velcro.
Tienen forma anatómica y diferentes tamaños, según el miembro que se quiere inmovi-
lizar. Existen para brazo, antebrazo, muñeca – mano, pierna larga, pierna corta y pie –
tobillo (Figuras 47 y 48).
635
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Férula neumática para miembro superior Férula neumática para miembro inferior
Figura 47 Figura 48
• Procedimiento
Para su colocación es necesario al menos 2 sanitarios.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, joyas, relojes, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos) (10) previa a la
manipulación.
Valorar la presencia de heridas en toda la zona que va a ser cubierta por la férula. Si
existen se irrigan con suero fisiológico y se cubren con apósitos estériles.
Seleccionar la férula adecuada al tamaño del miembro, las características de la lesión y
la situación clínica general del paciente.
Alinear la fractura con una ligera tracción longitudinal en el eje del miembro y colocar la
extremidad en posición anatómica. Aprovechar este momento para inspeccionar la cara
posterior de la extremidad.
Comprobar la existencia de pulso distal y sensibilidad.
Introducir la férula totalmente deshinchada y con la cremallera totalmente abierta. Si no
dispone de ella, colocar la férula como si fuera un calcetín con movimientos suaves evi-
tando el movimiento del foco de fractura en todo momento.
La férula debe cubrir la articulación proximal y distal al foco de fractura.
Una vez colocada en su sitio, cerrar la cremallera, abrir la válvula de inflado e introducir
aire mediante los propios pulmones del sanitario o por cualquier otro dispositivo, hasta
que la férula adquiera consistencia pero sin realizar una compresión excesiva.
636
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Durante el inflado mantener la tracción aplicada sobre el miembro y revalorar los pulsos
periféricos y la sensibilidad.
Cuando se obtenga la consistencia adecuada (el dedo haga una ligera marca en la su-
perficie de la férula), cerrar la válvula para evitar cualquier escape de aire y dejar de trac-
cionar el miembro.
Tras terminar la técnica, realizar una vigilancia continua de los signos de alarma de com-
presión neurovascular, como frialdad de los dedos, retraso en el relleno capilar del lecho
ungueal, parestesias, dolores que no disminuyen a pesar de la inmovilización o medica-
ción y cianosis distal.
Levantar la zona inmovilizada por encima del nivel de corazón para disminuir la inflama-
ción, si es viable por el resto de lesiones que presenta el paciente. Si la férula de inmo-
vilización se coloca en los miembros superiores es necesario la aplicación de cabestrillos
mientras que si la férula se coloca en los miembros inferiores mantendremos el miembro
elevado mediante mantas o sábanas.
Durante el traslado, valorar la necesidad de analgesia. Hay que tener en cuenta que el
paciente necesitará una dosis extra de analgesia durante la transferencia en el hospital
(Figura 49).
• Complicaciones de la técnica
Las férulas neumáticas no son eficaces en fracturas de húmero o fémur, ya que no in-
movilizan la articulación proximal a la fractura.
Estas férulas no son muy adecuadas para las fracturas abiertas, anguladas o con afec-
tación articular (11), ya que para su correcta colocación es necesario que el miembro se
encuentre en posición anatómica, y esta colocación puede ser errónea. Se encuentran
dentro de las llamadas férulas rígidas, por lo que no se amoldan bien a las deformidades
de las fracturas, sino que la parte del cuerpo se debe amoldar a la férula.
No deben hincharse con dispositivos de presión positiva, ya que se podría producir el
estallido de la férula.
El inflado excesivo de la férula puede provocar problemas de circulación y, si el paciente
la lleva mucho tiempo puede llegar a producirse un Síndrome Compartimental.
Se pueden pinchar con excesiva facilidad, sobre todo dentro de los vehículos, con la
consecuente pérdida de aire y de inmovilidad del miembro fracturado.
En los traslados aéreos hay que tener en cuenta que a mayor altura mayor expansión
de los gases, por lo tanto es necesario un inflado menor para evitar un compromiso vas-
culonervioso en la extremidad, e incluso, una explosión de la férula.
637
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Son similares a las férulas neumáticas en prestaciones, pero presentan algunas ventajas
añadidas: inmovilizan algo más y su material es más resistente, por lo que su uso es muy
frecuente.
• Descripción
Se trata de un saco neumático relleno de material aislante con doble cámara, amoldán-
dose a la extremidad fracturada y consiguiendo un soporte rígido tras realizar el vacío.
Presentan cinchas de velcro para ajustarse al miembro fracturado. Poseen una válvula
para la extracción de aire (se adquiere consistencia) y cierre, y una bomba de vacío (se
puede sustituir por un aspirador de secreciones).
Existen diferentes tamaños, según el miembro que se quiere inmovilizar (Figura 50).
• Procedimiento
Para su colocación es necesario al menos 2 sanitarios.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, joyas, relojes, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos) previa a la ma-
nipulación.
En caso de heridas o fracturas abiertas, éstas deben ser irrigadas con suero fisiológico
y cubiertas con apósitos estériles antes de colocar la férula.
Seleccionar la férula adecuada al tamaño del miembro, las características de la lesión y
la situación clínica general del paciente. La férula debe cubrir la articulación proximal y
distal al foco de fractura.
Alinear la fractura con una ligera tracción longitudinal en el eje del miembro.
Comprobar la existencia de pulso distal y sensibilidad.
638
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Complicaciones de la técnica
Las férulas de vacío no son eficaces en fracturas de húmero o fémur, ya que no inmovi-
lizan la articulación proximal a la fractura.
A la hora de realizar un traslado aéreo, es necesario tener en cuenta que con la altura,
al disminuir la presión atmosférica, pueden perder consistencia y, por lo tanto, no inmo-
vilizarían lo necesario.
La férula tipo MEI está indicada para inmovilizar, previa a su extracción, lesiones osteoarti-
culares del miembro inferior, sobre todo fracturas de fémur, de un paciente sentado en el
interior de un vehículo accidentado (con el miembro en flexión), donde las férulas conven-
cionales no pueden ser aplicadas.
639
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Para esta indicación sólo se utiliza la base del inmovilizador pediátrico MEI, encargado de
inmovilizar la porción toraco – lumbar del niño.
• Descripción
Se separan las dos partes de la férula de inmovilización pediátrica MEI y se utiliza la
parte que inmoviliza la zona toraco – lumbar (base).
La base del inmovilizador pediátrico MEI está compuesta de un material rígido articulado,
o férula base, con tres cinchas y tres anclajes contralaterales (Figura 52).
• Procedimiento
Para su colocación es necesario al menos 2 sanitarios.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, cinturón, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos), previa a la ma-
nipulación.
En caso de heridas o fracturas abiertas, éstas deben ser irrigadas con suero fisiológico
y cubiertas con apósitos estériles antes de colocar la férula.
Comprobar que la férula es adecuada para la lesión que presenta el paciente, su situa-
ción clínica, etc., antes de iniciar la técnica.
Realizar una ligera pero firme tracción longitudinal sobre el fémur desde la articulación
distal (rodilla), elevando discretamente el miembro.
Comprobar la existencia de pulso distal y sensibilidad.
Introducir la férula totalmente desplegada rodeando el foco de fractura.
Una vez colocada en su sitio, cerrar las cinchas de cada color, manteniendo la tracción
aplicada sobre el miembro y revalorar los pulsos periféricos y la sensibilidad.
Cuando la férula inmovilice perfectamente la fractura, se puede proceder a la extracción
del paciente del vehículo (Figura 53).
Tras terminar la extricación del paciente, realizar una vigilancia continua de los signos
de alarma de compresión neurovascular, como frialdad de los dedos, retraso en el relleno
capilar del lecho ungueal, parestesias, dolores que no disminuyen a pesar de la inmovi-
lización o medicación y cianosis distal.
Durante el traslado, valorar la necesidad de analgesia. Hay que tener en cuenta que el
paciente necesitará una dosis extra de analgesia durante la transferencia en el hospital.
640
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Complicaciones de la técnica
La base de la férula MEI es rígida, por lo que no se adapta completamente a las fracturas
anguladas o abiertas.
No se debe utilizar en caso de fractura de pelvis, lesión de la cadera con gran desplaza-
miento, lesión significativa de la rodilla, avulsión o amputación del tobillo y del pie, fracturas
de tibia y/o peroné distal.
Esta férula consigue una tracción mecánica lineal, fija y continua sobre la extremidad, que
ayuda a realinear el hueso fracturado y permite reducir los espasmos musculares de la ex-
tremidad lesionada.
• Descripción:
Se basa en un cojinete que se apoya en la ingle y un correaje que se fija al tobillo, el
cual va a ser sometido a tracción mediante una polea hasta que el miembro esté alineado
y estabilizado (Figura 54).
Férula de tracción
Figura 54
641
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
La férula de tracción está diseñada para realizar una tracción mecánica evitando el uso
de pesos de tracción (Figura 55).
La férula también posee dos barras simétricas de estructura metálica, entre las cuales hay
cuatro tiras con velcro para fijarla a la pierna, que se disponen dos por encima de la rodilla
y dos por debajo de la rodilla.
En el extremo superior de la férula tiene un rodete de goma dura que se sitúa a nivel de
la tuberosidad isquiática, con una cinta que fija la férula a nivel de la raíz del muslo.
• Procedimiento
Se necesitan, al menos, dos sanitarios para su correcta colocación.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Colocar al paciente sobre la camilla de traslado antes de aplicar la férula de tracción.
Retirar la ropa, calzado, cinturón, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por
presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos) previa a la ma-
nipulación.
En caso de heridas o fracturas abiertas, éstas deben ser irrigadas con suero fisiológico
y cubiertas con apósitos estériles antes de colocar la férula.
Comprobar que la férula es adecuada para la lesión que presenta el paciente, su situa-
ción clínica, etc., antes de iniciar la técnica.
Realizar una tracción longitudinal del miembro desde el tobillo hasta que la tracción sea
adecuada.
Ajustar la longitud correcta de la férula utilizando como guía la pierna no lesionada.
Introducir la férula bajo el miembro lesionado, colocar el rodete de goma dura del extremo
superior de la férula a nivel de la tuberosidad isquiática, y fijar la férula a nivel de la raíz
del muslo con la cincha correspondiente sin apretar demasiado.
Fijar el brazalete de tracción especial alrededor del tobillo y unirlo al dispositivo de trac-
ción situado en el extremo inferior de la férula.
Realizar la tracción del miembro afecto mediante la polea de la férula hasta que la ex-
tremidad esté estabilizada.
642
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Colocar las cuatro cinchas de velcro existentes entre las dos barras simétricas de la es-
tructura: dos por encima de la rodilla y dos por debajo de la rodilla.
No colocar ninguna correa en el lugar donde se sospeche la fractura.
Realizar una vigilancia continua neurovascular de la extremidad.
Colocar el tacón de apoyo, que sostiene la férula con el pie más alto que la raíz del
muslo.
Durante el traslado, valorar la necesidad de analgesia. Hay que tener en cuenta que el
paciente necesitará una dosis extra de analgesia durante la transferencia en el hospital
(Figura 56).
Colocación de la férula de
tracción. Figura 56
• Complicaciones de la técnica
La férula de tracción debe aplicarse con especial cuidado en la pelvis y en la ingle para
evitar la presión excesiva en los genitales.
No se debe dejar la férula puesta más de dos horas, ya que la lazada del tobillo provoca
una importante presión en la piel y puede producir necrosis (12).
El dispositivo PELVI-FIXâ (13), previene la hemorragia interna masiva en el caso de una frac-
tura de pelvis al cerrar el anillo pélvico por presión.
El neopreno acolchado protege el sacro de necrosis por presión y así permite la aplicación
prolongada del dispositivo. En muchos casos no se requiere más que fijación externa y el
paciente puede llevar el dispositivo puesto hasta que se hayan curado las fracturas.
• Descripción
El equipo (PELVI-FIXâ) se compone de una bolsa de color naranja (Figura 57) que con-
tiene cuatro dispositivos de diferentes medidas: pequeña, mediana, grande y extra
grande (Figura 58).
643
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
La bolsa naranja lleva una solapa para calcular la medida adecuada del dispositivo.
Cada dispositivo está hecho de neopreno acolchado y lleva tres correas de velcro, de
color azul, amarillo y rojo, para su fijación (Figura 59).
Dispositivo PELVI-FIXâ.
Figura 59
• Procedimiento
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, cinturón, etc., para evitar las lesiones por presión.
Desplegar la bolsa naranja, retirar el dispositivo PELVI-FIXâ de la medida extra grande
(XL) y colocar la bolsa con los tres dispositivos restantes al lado lateral del paciente en
posición supina (boca arriba), a la altura de la pelvis (trocánter mayor).
Si resulta difícil encontrar los trocánteres mayores, se pueden localizar al estrechar el
brazo del paciente al lado lateral del paciente en posición supina. Donde el espacio entre
la base del pulgar y la muñeca toca la pelvis, ahí es donde se encuentra el trocánter
mayor del fémur.
Cubrir la pelvis con la solapa medidora y determinar la medida adecuada del dispositivo
a la altura del ombligo, donde las líneas con las indicaciones de las medidas coinciden
con el ombligo (Figura 60).
Una vez determinada la medida adecuada, desplegar el dispositivo PELVI-FIXâ selec-
cionado y posicionar el dispositivo por debajo de las nalgas del paciente en posición su-
644
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
pina, con el centro del dispositivo (la correa de en medio) a la altura de los trocánteres
mayores del fémur del paciente.
Se aprietan las correas de velcro firmemente para fijar el dispositivo alrededor de la pelvis
y para rejuntar los huesos de la pelvis fracturada.
El orden recomendado para apretar y fijar las correas de velcro es apretando primero la
correa de en medio, después la correa de abajo y al final la correa de arriba.
Tras la aplicación del dispositivo, trasladar al paciente con el colchón de vacío o el tablero
espinal (Figura 61).
• Complicaciones de la técnica
Hay que aplicar la fuerza apropiada, ya que una fuerza escasa no evita la hemorragia,
mientras que una fuerza excesiva puede provocar el colapso del anillo pélvico.
Evitar la existencia de arrugas en el dispositivo, ya que pueden provocar heridas por pre-
sión.
Teniendo en cuenta estos factores, con una valoración de la escena y una valoración inicial
del paciente adecuadas, se procederá a realizar una extricación con material específico,
con unas medidas mínimas de inmovilización o bien sin ningún tipo de equipamiento. En
todo caso, la movilización del paciente debe realizarse siempre en bloque, manteniendo
alineado el eje cráneo – cérvico – dorso – lumbar, y siempre que las lesiones lo permitan,
se deberá inmovilizar antes de movilizar (14).
Se deberá tener en cuenta el nivel de dolor que presenta el paciente, procediendo a anal-
645
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Otra premisa a tener en cuenta es si la persona accidentada está atrapada en el interior del
vehículo o no. En dicho caso, el sanitario deberá coordinarse con el equipo de bomberos
para llevar a cabo la extricación, con el menor riesgo tanto para ellos como para el paciente.
• Maniobra de Reutek.
Es una maniobra de movilización rápida de emergencia. Se realiza sin utilizar un equi-
pamiento específico, pero es muy recomendable disponer de un collarín rígido o semi-
rrígido, para inmovilizar mejor la zona cervical.
Está indicada en aquellas situaciones en que existe riesgo para el paciente o los resca-
tadores (fuego, riesgo de derrumbamiento, de explosión, ahogamiento, etc.) o situaciones
en las que el paciente requiera maniobras de soporte vital de forma inmediata.
Se trata de una maniobra que con habilidad se puede realizar con un único rescatador.
Se introducen los antebrazos bajo las axilas del paciente (Figura 62), cogiendo el ante-
brazo contralateral del paciente con la mano más distal del rescatador. Con la mano libre
se sujeta el mentón (Figura 63). El sanitario eleva y gira el paciente hacia él, con la es-
palda enfrentada al vehículo apoyándola con la cara anterior del tronco del rescatador
(Figuras 64 y 65); posteriormente se arrastra el cuerpo en bloque, procediendo a depo-
sitarlo sobre una superficie plana en el exterior del vehículo (15).
646
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Para movilizar a un paciente desde el suelo, se deberá tener en cuenta la postura inicial en
la que se encuentra, si está en decúbito lateral, decúbito prono o decúbito supino.
Para poder realizar una correcta valoración, y proceder a la movilización hacia la camilla o
medio de transporte, hay que colocar al paciente en la posición de decúbito supino, ya que
es la postura anatómica que va a permitir además aplicar las técnicas necesarias para la
estabilización y manejo del paciente.
Por lo que si se encuentra en decúbito lateral o prono, hay que moverlo, entre varios miem-
bros del equipo, siempre en bloque, para mantener el eje de la columna alineado. General-
mente, un miembro del equipo se colocará a la cabeza, realizando una sujeción cervical y
manteniendo el eje. Esto debe realizarse a pesar de haber colocado el collarín cervical.
Esta persona será la que dirija la coordinación del volteo, adquiriendo una visión global de
la situación y comprobando que se mantiene la alineación corporal.
Volteo desde decúbito prono: colocación de Volteo desde decúbito prono: colocación
las manos para la sujeción cervical. Figura 66 de los sanitarios. Figura 67
647
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Volteo desde decúbito lateral: colocación Volteo desde decúbito lateral: colocación
de los sanitarios. Figura 69 en decúbito supino. Figura 70
Una vez que el paciente se encuentra en decúbito supino, y tras la valoración adecuada de
todas las lesiones que presente, se procederá a la inmovilización de las fracturas o luxacio-
nes con los elementos más adecuados previa a la movilización.
Para movilizar desde el suelo a la camilla de transporte, se pueden utilizar la camilla de cu-
chara o el tablero espinal.
Si se usa el tablero espinal la colocación del paciente se puede realizar de dos maneras,
dependiendo de la situación concreta en la que se encuentre.
Uno de estos métodos es el volteo lateral, que consiste en lateralizar al paciente, para poder
introducir el tablero. Para ello, antes de iniciarla, se debe pensar sobre qué costado se va
a hacer girar al paciente, en función del espacio disponible y de las posibles fracturas de
extremidades.
Un sanitario sujeta la cabeza, mientras que otros sanitarios se encargan de coger al paciente
por el hombro y la pelvis y por la cadera y la rodilla. En un solo tiempo y a la orden del sa-
nitario que se encuentra en la cabeza, se mueve a la persona hacia el resto de los sanitarios
hasta la posición de decúbito lateral (Figura 71).
Antes de acoplar a la espalda del paciente la tabla espinal se puede aprovechar para realizar
una exploración del resto de la columna vertebral. Posteriormente se coloca el tablero en
la espalda del paciente (Figura 72) y, tras una nueva orden del sanitario que se encuentra
en la cabeza, se vuelve a situar al paciente en decúbito supino.
648
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Colocación tablero espinal con volteo lateral: Colocación tablero espinal con volteo lateral:
lateralización del paciente. Figura 71 colocación del tablero. Figura 72
Para ello, se posicionan dos o tres sanitarios por encima del paciente, con las piernas abier-
tas sobre éste, le cogen por las axilas / hombros, pelvis y rodillas (Figura 73), y con un mo-
vimiento coordinado por el sanitario que esté a la cabeza, levantan unos centímetros del
suelo.
Otra persona deberá estar preparada para introducir el tablero por debajo en el momento
oportuno (Figuras 74,75 y 76). Una vez que el paciente está centrado sobre el tablero es-
pinal, el sanitario que está en la cabeza indicará el momento de depositar al paciente en el
tablero con un movimiento coordinado.
Colocación tablero espinal con puente holandés: Colocación tablero espinal con puente holandés
colocación de los sanitarios. Figura 73 preparación del tablero espinal. Figura 74
Colocación tablero espinal con puente Colocación tablero espinal con puente
holandés: introducción del tablero espinal. holandés: introducción del tablero espinal.
Figura 75. Figuras 76
649
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Un ejemplo de este tipo de movilización sin material, sería la técnica de bandeja desde un
lado. Consiste en un levantamiento en bloque del paciente en tres tiempos. Para ello, al
menos tres sanitarios se colocarán arrodillados a lo largo del paciente (Figura 77). Uno su-
jetará cabeza y cuello, mientras que otros dos o tres cogen el tronco y los miembros infe-
riores. El sanitario que se encuentra en la cabeza es el encargado de dar las órdenes de
movilización, para que ésta sea coordinada.
En un primer tiempo, la persona se lleva desde el suelo hasta la rodilla flexionada y levan-
tada de los sanitarios (Figura 78). En un segundo tiempo, los sanitarios se ponen de pie
manteniendo al paciente como un bloque (Figura 79). En el tercer tiempo, los sanitarios
acercan el paciente a su tronco, para así trasladarle sin esfuerzo a la camilla de transporte
(Figura 80).
Otro ejemplo de este tipo de movilización sin material sería la técnica de bandeja desde los
dos lados del paciente. Consiste en un levantamiento en bloque del paciente. Se necesitan
al menos cinco sanitarios, uno se colocará en la cabeza del paciente, dos a la derecha y
dos a la izquierda, sujetando tronco y miembros inferiores. El sanitario que se encuentra en
la cabeza es el encargado de dar las órdenes de movilización. En un único tiempo la per-
sona debe ser levantada del suelo y posteriormente ser depositada en la camilla de trans-
porte (Figuras 81 y 82).
650
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
El objetivo principal es lograr una correcta y completa inmovilización desde el lugar de in-
tervención hasta llegar al hospital, manteniendo la mayor comodidad del paciente.
El material que cumple con gran acierto estas premisas es el colchón de vacío (Ver punto
3 de este capítulo).
Según los últimos datos registrados, el número de víctimas mortales por accidente de mo-
tocicleta en España han aumentado desde el año 2003 al 2009; pero sin embargo han des-
cendido los casos en que no llevaban puesto el sistema de seguridad principal de este
medio de transporte, desde un 11% a un 3%. En nuestro país ha aumentado en número de
motoristas, pero probablemente gracias al grado de concienciación de los conductores,
cada vez usan más el casco, como principal elemento de protección (16).
El personal sanitario debe quitar el casco en el paciente que ha sufrido un accidente, para
poder realizar una valoración completa y exhaustiva, para disponer de un correcto acceso
a la vía aérea y para poder realizar una correcta inmovilización de la columna cervical. En
el caso de que un paciente indicase que no se le retirase el casco, habría que explicarle los
beneficios que ello conlleva, y que se trata de personal sanitario entrenado en esta técnica.
La única contraindicación de esta maniobra es el desconocimiento de la técnica.
Una de ellas se coloca por encima de la cabeza del paciente, y será el que retire el casco.
651
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Antes de comenzar la retirada del casco se procederá a soltar o cortar la correa de fijación
de éste.
El otro sanitario se coloca en un lateral, introduciendo las manos por dentro del casco y co-
locando una sobre el mentón, y la otra en la región occipital para realizar una sujeción ma-
nual del cuello (Figura 83).
Hay que tener en cuenta que la expansión lateral del casco facilita su extracción (Figura
83), que para liberar la nariz se debe hacer un ligero giro elevando la parte anterior (Figura
84) y que se debe sostener la cabeza, moviendo la mano inferior hacia el occipucio con-
forme se va retirando el casco, porque tiende a caer hacia atrás (Figura 85).
Retirada del casco: sujeción manual del Retirada del casco: liberación de
cuello y expansión lateral del casco. Figura 83 la nariz. Figura 84
Una vez que el casco ha sido totalmente extraído, se intercambia la sujeción que se estaba
realizando entre los dos sanitarios, y se coloca el collarín cervical. Se recomienda colocar
un almohadillado por debajo de la cabeza, si se cree que va a quedar una angulación del
cuello, para conseguir una correcta alineación. Hay que recordar que se debe mantener la
estabilización manual de la cabeza hasta que se coloque un inmovilizador de cabeza.
652
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
En el caso de que esto no ocurra se procederá a hacer levantamiento del paciente desde
la posición de decúbito con la camilla de palas o tablero espinal largo, para trasferirlo a la
cama, camilla o dispositivo hospitalario que decida el equipo receptor. No es segura ni con-
veniente la transferencia mediante “la sabanilla”.
Si durante la valoración primaria se detecta algún problema que amenaza la vida del paciente
puede ser necesario extricar al paciente sin ningún tipo de inmovilización, e iniciar rápidamente
la estabilización de las funciones vitales.
Si el paciente no presenta problemas vitales inmediatos se le informa y explica los pasos que
se seguirán para realizar la atención, disminuyendo su temor en la medida de lo posible.
Hay que recalcar que la inmovilización se realiza para disminuirle el dolor y evitar otras lesio-
nes. También hay que indicarle que se debe mantener muy quieto durante todo el proceso, por
lo que todo lo que requiera debe indicarlo verbalmente.
Si el paciente presenta alguna herida en las zonas que van a ser inmovilizadas, se debe irrigar
la herida con suero fisiológico y cubrirla con un apósito estéril antes de colocar el material de in-
movilización.
Tras ello, se realizará la inmovilización con todo el material necesario, para evitar las lesiones
secundarias a la atención. Durante ella se tratará de acompañar al paciente durante todo el pro-
ceso, evitando dejarle solo.
Si el paciente requiere una extricación, hay que protegerle para que no sufra algún tipo de le-
sión (como caída de cristales, etc.).
Siempre hay que considerar que es mejor para la persona una inmovilización excesiva que
una falta de inmovilización, es decir, si se tiene duda de si el paciente presenta una lesión o no,
se tratará como si la tuviese hasta que el examen radiológico demuestre lo contrario.
653
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
Por todo ello, únicamente se van a citar algunos diagnósticos posibles en esta situación:
CÓDIGO DIAGNÓSTICO
00004 Riesgo de infección
00035 Riesgo de lesión
00038 Riesgo de traumatismo
00043 Protección ineficaz
00044 Deterioro de la integridad tisular
00046 Deterioro de la integridad cutánea
00085 Deterioro de la movilidad física
00114 Síndrome del estrés del traslado
00132 Dolor agudo
00146 Ansiedad
00148 Temor
• Administración de analgésicos.
• Administración de medicación: intravenosa (iv).
• Aplicación de frío.
• Apoyo emocional.
• Contacto.
• Control de hemorragias.
• Control de infecciones.
• Cuidados de las heridas.
• Cuidados de tracción/inmovilización.
• Disminución de la ansiedad.
• Disminución de la hemorragia: heridas.
• Escucha activa.
654
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
• Inmovilización.
• Irrigación de heridas.
• Manejo del dolor.
• Manejo de medicación.
• Monitorización de los signos vitales.
• Precauciones circulatorias.
• Protección de los derechos del paciente.
• Transporte.
Los objetivos que cualquier enfermera de emergencias debe intentar conseguir (en colabo-
ración con el paciente o mediante suplencia) son:
• Control de la ansiedad .
• Control del dolor.
• Control del miedo.
• Estado de los signos vitales.
• Nivel de comodidad.
• Nivel del dolor.
• Perfusión tisular periférica.
7.- BIBLIOGRAFÍA
1. Gómez de Segura Nieva JL, Zaballos Asla ME. Libro electrónico de temas de urgencia. Traumatología y Neuroci-
rugía. Material y técnicas para la correcta inmovilización de heridos. Retirada de casco[monografía en Internet].
Navarra: Servicio Navarro de Salud. [acceso 10 de mayo de 2012]. Disponible en: [Link]
BLICACIONES/Libro%20electronico%20de%20temas%20de%20Urgencia/[Link]%20y%20Neurociru-
gia/Inmovilizacion%20y%20retirada%20de%[Link].
2. Muñoz Castellano J. Manejo prehospitalario de la lesión medular. Emergencias, 2007; 19: 25-31.
3. Garrido Miranda JM. Urgencias y emergencias para personal sanitario. Cuarta edición. Jaén: Ed Formación conti-
nuada Logoss; 2000.
4. Garrido Miranda JM. Atención al politraumatizado. Tercera Edición. Jaén: Ed. Formación continuada Logoss; 2000.
5. PHTLS. Soporte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario. 7ª edición. Barcelona: Ed. Elsevier; 2012.
6. Piedra de la Llana F, Medina Villanueva A, Concha Torre A. Serie monográfica Manejo inicial del politraumatismo
pediátrico (IV).Inmovilización y movilización del niño politraumatizado [monografía en Internet]. [acceso 10 de mayo
de 2012]. Disponible en: [Link].
7. Fernández Ayuso D, Sánchez Vega P, Sánchez Gómez N, Mayoral González G, Barra Galán A. Anexo 2: Inmovili-
zación,movilización y técnicas de apoyo al rescate sanitario. En Fernández Ayuso D, Aparicio Santos J, Pérez Olmo
JL, Serrano Moraza A. Manual de Enfermería en Emergencia Prehospitalaria y Rescate. 2 ªedición. Madrid: [Link]án;
2008. p.759-770.
8. Casal Angulo, C. Carmona Simarro, JV. Material de inmovilización y su utilización [monografía en internet] [acceso
10 de mayo de 2012]. Disponible en [Link]
655
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático
9. Mora Pérez F. Manual de formación y consulta para técnico sanitario en emergencias y primeros intervinientes. Ma-
drid: Ed Arán; 2008.
10. Kidd PS, Sturt P. Manual de urgencias en Enfermería. Madrid: Ed Elsevier; 1998.
11. Proehl JA. Enfermería de urgencias. Técnicas y procedimientos. Tercera Edición. Madrid: Ed. Elsevier; 2005.
12. Molinera de Diego E, Calviño Vispo I, De Luis G. Urgencias de Enfermería en el Politraumatizado. Madrid: Ed
FUDEN; 2002.
13. QuickSeal Hospital Supplies S.L. Instrucciones de uso del dispositivo Pelvi-Fix. Barcelona; 2010.
14. Martín Álvarez F, Prieto Baez B, Gómez Núñez MP, Reyero Hernández MM. Inmovilización de un politraumatizado:
técnica y material. Puesta al día en Urgencias, emergencias y catástrofes 2009; 9: 218-228.
15. Martín Jiménez ML, Martínez Cámara F, Cruz Acquaroni MM. Inmovilización y movilización de accidentados. En:
Arrese Cosculluela MA. Atención prehospitalaria a la enfermedad traumática. Madrid: Ed. Fiscam; 2007. p. 53-74.
16. Dirección General de Tráfico. Ministerio del Interior [sede web]. Informe accidentes mortales en carretera año 2010,
datos provisionales. Observatorio Nacional Seguridad Vial 2010. [acceso 10 de mayo de 2012]. Disponible en:
[Link].
17. Luis MT. Diagnósticos enfermeros. Un instrumento para la práctica asistencial. Tercera Edición. Madrid: Ed Harcourt
Brace;1998.
18. García Hernández AM. NANDA. North American Nursing Diagnosis Association. Desde su nacimiento hasta nuestros
días. Revista de Enfermería ENE [revista en internet] 2007 agosto [acceso 10 de mayo de 2012]. Disponible
en:[Link]/click/[Link]?d=3.
19. Prescripción de enfermería [Internet]. Madrid: Consejo General de Enfermería, 2012 [acceso 10 de mayo de 2012].
Disponible en: [Link].
656