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Módulo 4

El paciente traumatizado

4.1 Biomecánica del trauma.


Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública.
Información médico-legal
AUTORES: María Arántzazu Menchaca Anduaga,
Antonio Hernando Lorenzo, Juan Carlos González Luque
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal

ÍNDICE:
1.- Introducción

2.- Definición e importancia del patrón lesivo en la


biomecánica del impacto, en la asistencia sanitaria
y en la investigación de accidentes
2.1 Mecanismos de lesión
2.2 Mecanismos lesivos en accidentes de tráfico:
accidentes de automóvil

3.- Patrón lesivo en choque frontal

4.- Patrón lesivo en choque lateral

5.- Patrón lesivo en alcances posteriores

6.- Patrón lesivo en vuelco

7.- Bibliografía

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal

1.- INTRODUCCIÓN
En este capítulo se tratarán los patrones lesionales para accidentes de automóvil y su aplica-
ción en la medicina de urgencias y emergencias.

2.- DEFINICIÓN E IMPORTANCIA DEL PATRÓN LESIVO EN LA


BIOMECÁNICA DEL IMPACTO, EN LA ASISTENCIA SANITARIA
Y EN LA INVESTIGACIÓN DE ACCIDENTES.
La Biomecánica de Lesiones, trata de explicar los mecanismos de producción de lesiones
corporales en el ser humano mediante la aplicación de los conocimientos de diversas ciencias
(Física, Ingeniería, Medicina, Psicología, etc.), que determinando los factores humanos y físicos
que han podido intervenir en la producción del accidente, la dirección principal de fuerza, la in-
tensidad de las fuerzas que se han liberado en una determinada colisión, la resistencia de los di-
versos tejidos del cuerpo humano y la protección determinada por dispositivos de seguridad
pasiva (cinturones de seguridad, bolsas de aire y asientos de seguridad infantil en automovilistas,
cascos en motoristas o ciclistas, etc.), orientan a la aparición de un tipo u otro de lesiones.

En algunos casos será posible determinar con certeza o excluir con certeza una determinada
hipótesis relativa al mecanismo de producción de las lesiones, y en otros casos (pocos), será asi-
mismo imposible determinar la forma de producción de las lesiones.

Sin embargo, en la mayoría de casos, sí que será posible establecer una explicación de la
forma de producción de las lesiones, y sobre todo, determinar una probabilidad de que estas le-
siones se hayan producido de una forma concreta, así como también se podrá explicar que habría
podido ocurrir en el caso de que hubiesen intervenido elementos distintos a los que estaban pre-
sentes en el accidente en estudio, (tal como sería el caso de tomas de decisión diferentes a las
tomadas por los intervinientes, o utilización de dispositivos de protección correspondientes a se-
guridad pasiva).

La comprensión de los mecanismos de producción de lesiones en accidentes de tráfico, tiene


una importancia decisiva, pues la sospecha de una lesión, tanto desde el punto de vista asisten-
cial, como del preventivo, el ámbito médico-legal, etc., permitirá su confirmación o exclusión, con
los consiguientes efectos.

En el ámbito de la medicina asistencial de emergencia prehospitalaria como en la hospitalaria,


si se sospecha una lesión, considerando las fuerzas actuantes, la dirección principal de impacto,
las deformaciones del vehículo, la posición en el mismo, el efecto de dispositivos de seguridad
pasiva o su ausencia, etc., se ganará tiempo en la actuación médica y se dirigirán los gestos diag-
nósticos y terapéuticos de forma preferencial a las lesiones más graves potencialmente tratables,
con la consiguiente mejora en la supervivencia y la reducción de morbilidad y secuelas.

En el ámbito de la prevención, la investigación de lesiones mediante la reconstrucción mecá-


nica y médica de los accidentes, ayudará al diseño y fabricación de vehículos con elementos más
eficaces de seguridad activa y pasiva.

Desde la perspectiva médico-legal, el establecimiento o no de un nexo causal entre el acci-

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4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal

dente y las lesiones, y su explicación, orientarán a la justicia, y a las partes implicadas en el ac-
cidente en aspectos relativos a posibles concurrencias en la producción de las lesiones y/o en su
agravación o reducción.

2.1 Mecanismos de lesión

Los mecanismos de lesión corresponden a unos de los cinco siguientes, sean solos o com-
binados.

• Flexión: Suelen producir fracturas transversales en huesos largos, o fracturas acuña-


miento vertebrales.
• Extensión: Pueden producir también fracturas óseas (ej. fractura “del ahorcado” de la
vértebra C2 o axis) y/o luxaciones articulares.
• Tracción: Suele producir desgarros cutáneos, musculares, luxaciones, etc.
• Compresión: Se debe a la aplicación de una fuerza en sentido longitudinal, al quedar la
cabeza comprimida contra el suelo por el resto del cuerpo que la empuja, produciendo
un fenómeno de émbolo, pudiendo producirse fracturas o lesiones cervicales, ej. en
vuelco; es un mecanismo que explica las fracturas por estallido de cuerpo vertebral.
• Torsión: Suele producir fracturas espiroideas, p. ej. al ocurrir un giro brusco del cuerpo
sobre la pierna fija, que actúa de eje.
• Otros mecanismos de lesión, que se pueden producir en accidentes de tráfico, vienen
dados por la Explosión o por Quemaduras.

2.2 Mecanismos lesivos en accidentes de tráfico: accidentes de automóvil

• En el caso de un accidente de automóvil en el que éste colisiona contra un obstáculo,


se produce un primer impacto o impacto inicial, que es el de el automóvil contra el objeto,
sea éste fijo o móvil.

• El segundo impacto es el de los ocupantes contra alguna estructura interior del vehículo,
caso de no salir despedidos, como puede ser el golpe del tórax contra el volante en el
caso de un choque frontal de un conductor no sujeto por cinturón de seguridad.

• El tercer impacto, es el de los órganos internos entre sí, como ocurre por ejemplo, al gol-
pear los órganos móviles intraabdominales (bazo, hígado, etc.), contra otras estructuras
intraabdominales.

• Por último, durante el transcurso del accidente, pueden movilizarse a gran velocidad ele-
mentos sueltos del interior del turismo, que pueden golpear a los ocupantes (cuarto im-
pacto).

Los accidentes de automóvil, según la dirección del impacto se clasifican en colisiones y


choques frontales, colisiones y choques laterales, colisiones por alcance, vuelcos y atrope-
llos.

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3. - PATRÓN LESIVO EN CHOQUE FRONTAL


El desplazamiento de los ocupantes delanteros de un automóvil, en el caso de colisión o cho-
que frontal, y si no van sujetos por cinturón de seguridad, puede referirse a conductor o acompa-
ñante. Además, los ocupantes de plazas traseras, en el caso de viajar sin hacer uso de
dispositivos de retención, pueden sufrir lesiones en este tipo de accidentes, y agravar las lesiones
de los ocupantes de asientos situados por delante de ellos.

En el caso del conductor, el desplazamiento sigue en general, una de dos posibles formas:

• El desplazamiento abajo y debajo (inmersión), en el cuál se produce un impacto inicial


de las rodillas contra el salpicadero, pudiendo producirse fracturas conminutas de rótula,
fractura diafisaria a uno o más niveles de fémur, y posible fractura-luxación posterior de ca-
dera, por rotura de la ceja posterior del cotilo (debe tenerse en cuenta la proximidad del
nervio ciático a éste nivel, que puede lesionarse); para el caso de conductores.

Ante el hallazgo de un número considerablemente mayor de lesiones en cadera derecha


respecto a la izquierda, se ha postulado un mecanismo de transmisión de fuerza a la cadera
derecha desde el pedal del freno, cuando el conductor, ante la inminencia de la colisión,
pisa desesperadamente el freno, con su cadera derecha ligeramente flexionada, en abduc-
ción y rotación interna (Monma Hiroaki, Sugita Takehiko).

• Las lesiones en los pies y tobillos suelen producirse bien, por atrapamiento de los pies y
los tobillos contra los pedales, por transmisión de fuerza desde los pedales al pie, por trans-
misión de fuerza desde el paso de rueda con intrusión del lecho de rueda, por aplastamiento
del compartimento de la pierna o bien, por deformación brusca del panel metálico inclinado
sobre el que reposan los pies, trasmitiéndose una sobrecarga axial brusca con producción
de fractura de metatarsianos, fracturas uni, bi o trimaleolares de tobillo, etc. (Morgan R. M.
Eppinger R.H.), siendo más frecuentes las lesiones en antepié, seguidas de las lesiones
en tobillos, medio pie y retropié (Richter M, Thermann H y cols).

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Temporalmente, el choque frontal suele detener el vehículo en aproximadamente unos 130-


150 msg. Analizando este período, el impacto inicial de miembros inferiores contra el salpicadero
se ha producido alrededor de los 50-60 msg. Unos 15-20 msg después, el tórax golpea contra el
volante, pudiendo producirse fracturas costales con o sin volet, fracturas esternales y lesión de
órganos internos intratorácicos (corazón, pulmones, grandes vasos, etc.) por compresión y por
otros mecanismos que se comentarán más adelante.

En el desplazamiento tipo arriba y encima, el cuerpo tiende a salir en una dirección oblicua
y hacia arriba, golpeando la cabeza contra el parabrisas, espejo retrovisor o marco interno del
parabrisas.

Dependiendo de la posición del cuello, en mayor flexión o extensión, se podrán producir ade-
más de fracturas craneales y lesiones encefálicas, lesiones cervicales de diverso tipo (fracturas,
luxaciones vertebrales, desgarro y rotura de ligamento longitudinal anterior, de ligamento interes-
pinoso, etc.) que pueden condicionar lesiones inestables de columna y/o lesiones medulares
altas.

Aunque las fracturas de cráneo son relativamente infrecuentes (menos del 4%) en impactos
frontales, se ha descrito una reducción de alrededor de la tercera parte de las lesiones craneo-
encefálicas y faciales, en ocupantes de automóvil con airbag y cinturón de seguridad respecto
a conductores y ocupantes que no utilizaban cinturón de seguridad, tras impactos frontales, siendo
la mayor eficacia del airbag en colisiones con delta-v (cambio de velocidad) entre 10 y 45 km/h.
(Pintar FA y cols), habiéndose descrito recientemente una mayor gravedad de lesiones craneo-
encefálicas en población obesa (Tagliaferri F. y cols), tras sufrir una colisión frontal.

Las fracturas vertebrales se han reducido merced al uso de cinturón de seguridad, pero varios
artículos han referido fracturas de columna vertebral, especialmente a nivel torácico bajo o lumbar
alto tras colisiones a velocidades moderadas, en ocupantes con cinturón de seguridad tras im-
pactos frontales.(Richards D, Carhart M y cols), aunque son infrecuentes en estas circunstancias,
y suelen asociarse a lesiones intraabdominales, habiéndose postulado un efecto de “inmersión”
o deslizamiento hacia delante y debajo del cinturón abdominal. Se han descrito fracturas tipo fle-
xión-compresión (acuñamiento anterior) y fracturas de elementos posteriores, tipo “Chance”.

Los mecanismos son:

a. Flexión-compresión, siendo quizás las más frecuentes y las de menor gravedad; se pro-
ducen por un mecanismo de flexión-compresión del pilar anterior de la columna. La vértebra
es aplastada en su mitad anterior, adopta una forma en cuña más o menos acentuada. Las
columnas media y posterior no se alteran, confiriéndole a la columna la estabilidad propia
de este tipo de fractura. La imagen de TC puede mostrar compresión vertebral anterior, con
fractura de la cara ventral de la vértebra, aplastamiento de la cara vertebral superior, o cra-
neal, aplastamiento de la cara vertebral inferior, o caudal, aplastamiento de ambas caras
vertebrales. O aplastamiento de una de las caras vertebrales laterales.

b. Las fracturas por estallido (“Burst”), representan un 30% de las fracturas por compresión.
Se producen al soportar una carga ejercida a lo largo del eje vertical de la columna; la frac-
tura es por aplastamiento y generalmente se mantiene el paralelismo y horizontalidad de
las caras superior e inferior del cuerpo vertebral. La fractura compromete simultáneamente
el pilar o columna anterior y medio, y es inestable. En fracturas de este tipo, se producen
lesiones neurológicas en el 50% de los casos.

La radiografía lateral y la tomografía axial computarizada pueden mostrar fractura del muro

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posterior, fragmentos óseos dentro del canal raquídeo, distancia interperpendicular dismi-
nuida, fractura de cortical interna de las láminas y ocupación del canal raquídeo por cuerpos
extraños. A nivel de L3, obstrucciones de hasta un 60% de la luz del canal pueden no pro-
vocar lesión neurológica, pero a nivel T12, un 25% de ocupación ya pueden producirla. A
todo nivel, ocupaciones de un 75% necesariamente presentan lesión neurológica.

c. Las fracturas por flexión-disrupción: son poco frecuentes y se producen por un meca-
nismo de flexión sobre un eje transversal a nivel de la vértebra lumbar. Es el típico caso
provocado por el antiguo cinturón de seguridad en su sujeción abdominal. El daño óseo
compromete las columnas media y posterior. Generalmente, la columna anterior resiste la
flexión de la columna y se constituye en el eje de la bisagra. La fractura de Chance presenta
un trazo de fractura que compromete de lleno el cuerpo vertebral, con un trazo horizontal
generalmente ubicado en la mitad de su espesor.

d. Las fracturas-luxaciones corresponden a las lesiones de mayor gravedad entre todas las
fracturas de la columna. Son producidas en accidentes de alta energía, choque de vehícu-
los, aplastamientos, caídas de elevada altura, etc.

En fracturas de este tipo, se comprometen las tres columnas vertebrales, combinándose


mecanismos de compresión, tensión, rotación y cizallamiento; por lo tanto, debe conside-
rárselas desde el primer momento como fracturas inestables y plantear la posibilidad de
tener que ser reducidas y estabilizadas.

Las lesiones torácicas y abdominales se pueden producir en cualquiera de los dos tipos de
desplazamientos, especialmente en ocupantes (conductores y acompañantes), que no utilizan
cinturones de seguridad, aunque muchas referencias al tipo de lesiones sufridas corresponden a
los años de la década de los 1980, en que la tasa de uso de cinturón de seguridad en los [Link]
era menor del 50% y los automóviles no disponían de airbag; actualmente, los automóviles van
equipados con airbag y el uso de cinturón de seguridad supera el 80%, por lo que los estudios
deben ser actualizados (Gabauer D.J. y Gabler H. C.) .

Las lesiones torácicas comprenden fracturas costales y de esternón, volet torácico, contusión
pulmonar, rotura traqueobronquial, contusión miocárdica o traumatismo cardíaco cerrado, lesiones
de grandes vasos, (ej. rotura de aorta), etc. constituyendo la denominada “lesión por desacelera-
ción“ (Swan K. G. y cols.). La mortalidad se incrementa cuando se asocian varias de estas lesio-
nes, llegando prácticamente al 100% cuando había tres o mas lesiones de este tipo.

La lesión de aorta torácica, produce muerte “in situ”, en más del 85% de pacientes, suele
asociarse a otras lesiones, tales como fracturas, lesiones de víscera/as, traumatismos craneoen-
cefálicos, fracturas de pelvis, etc. (Tatou E, y cols), pudiendo existir lesiones múltiples en aorta
(Williams J. S y cols), produciéndose la mayoría de las roturas en la aorta descendente, en
la zona del istmo aórtico.

Respecto a los mecanismos de rotura de aorta torácica, se han referido muchas teorías (Katyal
D. y cols) para explicar la patogenia de la rotura traumática de aorta. Una de las teorías más
aceptadas, refiere una combinación de compresión torácica directa y deceleración frontal rápida,
que produce tracción sobre el istmo aórtico, el punto en el cual, el cayado aórtico móvil se une a
la aorta torácica descendente proximal que está fija.

Otros autores han descrito el “efecto de pala” –shovelin- que se produce cuando un impacto
en la parte torácica baja o abdominal superior, produce un desplazamiento hacia arriba del me-
diastino y la torsión en el istmo.

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La teoría de “pellizco óseo” –osseous pinch-, establece que la aorta descendente proximal es
atrapada entre el esternón, costillas superiores y clavículas anteriormente, y la columna vertebral
posteriormente.

Finalmente, la teoría “de martillo de agua” (water-hammer), que establece que la rotura trau-
mática de aorta se produce por una elevación aguda de la presión aórtica, después de un impacto
torácico significativo, que no ha recibido amplia aceptación.

Para los conductores, las lesiones serían asociadas y simultáneas en aorta y en las otras le-
siones toraco-abdominales, por compresión debida a la desaceleración del cuerpo en el momento
en que el conductor se desliza hacia delante y se flexiona contra el volante. Para los acompa-
ñantes del asiento delantero, el mecanismo es la hiperextensión caudocraneal de la aorta torácica
en el momento en que el cuerpo se detiene por el tablero, pero la cabeza sigue hacia delante a
gran velocidad; los vasos carotídeos tiran del arco aórtico al mismo tiempo que las arterias inter-
costales fijan la parte torácica de la aorta y tiran de ella hacia abajo.

La incidencia de contusión miocárdica es difícil de valorar, por la simple razón de que el


diagnóstico es a menudo impreciso. Han existido diversos criterios, tales como presencia de arrit-
mias que requieren tratamiento farmacológico, otros criterios tales como mecanismo lesivo, ele-
vación enzimática, trastorno de contractilidad en el ecocardiograma, etc., habiéndose referido
incidencias variables entre el 0% y el 76% de pacientes, dependiendo de los criterios utilizados
para establecer el diagnóstico (Bertinchant JP, y cols), asociándose a fractura esternal y volet to-
rácico .

El cinturón de seguridad, evitaría estos tipos de desplazamiento, disminuyendo por tanto la


posibilidad de ocurrencia de las lesiones mencionadas.

El “air-bag” o bolsa de aire, es un dispositivo que se activa al detectarse una deceleración de


una determinada intensidad. Detectada esta deceleración brusca, un dispositivo pirotécnico pone
en ignición unos gases acumulados en el interior de una bolsa que producen el hinchado rápido
de la bolsa de aire –a una velocidad superior a 300 km/hora- y que se interpone entre el cuerpo
del conductor y el volante. Este hinchado se produce aproximadamente a partir de los primeros
16-20 msg. tras el impacto, es decir, unos 40 msg. antes de que el tórax de el conductor haya co-
menzado a desplazarse hacia delante, impidiendo, por tanto, el contacto con el volante, aumen-
tando aproximadamente entre un 7% y un 17% las posibilidades de supervivencia del conductor
en caso de choque frontal, caso de ir sujeto por el cinturón de seguridad.

El air-bag no sustituye al cinturón de seguridad, sino que lo complementa (el desplazamiento


hacia delante del tórax y la cabeza del conductor, aún en el caso de ir sujetos por cinturón de se-
guridad, puede no evitar su contacto contra el volante, salpicadero, parabrisas, etc.).

La diferencia de masas en un choque frontal entre dos vehículos que circulasen con la misma
velocidad y en sentido contrario, explicaría la mayor mortalidad en los ocupantes del vehículo de
menor peso.

El factor edad, condiciona de forma principal la gravedad y el riesgo de muerte de los lesiona-
dos tras colisiones frontales, y así Miltner E, y Salwender HJ., refieren que los factores que de-
terminaron el nivel de gravedad de lesiones en ocupantes de automóviles, con cinturón de
seguridad tras colisiones frontales, fueron la velocidad equivalente de energía (EES), el cambio
de velocidad (delta-v), la máxima profundidad de deformación, el ángulo de colisión y la edad, y
así a una EES de 50 kms/h, la probabilidad de sufrir lesiones mortales fue un 30%-40% más alta
para ocupantes de mas de 59 años que para los de menos de 20.

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4.- PATRÓN LESIVO EN CHOQUE LATERAL


Katyal D. y cols., definen el impacto lateral como “un choque contra el lado del automóvil
entre las posiciones de las 2 y las 4 del reloj en el lado del pasajero o entre las 8 y las 10 en el
lado del conductor”. En este estudio, el 50% de los choques laterales se produjeron en cruces y
el 71% de éstos ocurrieron durante un intento de giro a la izquierda.

En el caso de choque lateral, y a igualdad de velocidad de impacto por el automóvil incidente,


las lesiones son más graves que en el choque frontal, al estar más próximo el cuerpo del con-
ductor al automóvil incidente y/o a las estructuras internas de la puerta que es deformada, pro-
duciendo su intrusión y golpeando directamente el hemitórax correspondiente al lado que ha
sufrido el impacto.

Se suelen producir fracturas costales en ese hemitórax con lesiones intratorácicas, fracturas
de pelvis, y lesiones craneoencefálicas, debidas a que el movimiento de la cabeza es mediante
una inclinación lateral, tendiendo a acercarse al automóvil incidente, -según la tercera Ley de
Newton-, pudiendo golpear la cabeza contra la ventanilla, el marco de la puerta o incluso el capó
del automóvil que golpea.

Debe recordarse la asociación de lesiones, de forma que fracturas costales altas, (de la 1ª
a la 3ª), al estar muy protegidas indicarían un mecanismo de alta energía de impacto, pueden
asociarse a lesión de grandes vasos intratorácicos (Katyal, D. y cols), suponiendo esta lesión,
como causa principal o asociada a otras, alrededor del 50% de las muertes en este tipo de coli-
sión, habiéndose encontrado en el 21% de los fallecidos.

Después del primer estudio epidemiológico de rotura traumática de aorta (RTA) realizado por
Parmley y cols en 1.958, estudios de Greendyke, Sevitt y Landevall apoyaron el concepto de que
los choques frontales eran la fuerza de dirección principal que llevaba a RTA. Estudios más re-
cientes, han demostrado que los choques laterales pueden producir patrones graves y únicos de
lesión. Así, estudios de Siegel y cols, Dischinger y cols, y McLellan y cols, han demostrado que
los accidentes de automóvil por impacto lateral producen lesiones significativamente más graves
a nivel torácico y abdominal cuando se comparan con lesiones de víctimas en choques por im-
pacto no lateral.

Pruebas biomecánicas sobre modelos de cadáver, han demostrado un movimiento lateral del
corazón móvil relativo a la aorta descendente proximal fija, lo que lleva a una lesión por desgarro
en el istmo. Además estudios de autopsia realizados por Careme sugieren, que la deformación
interna grave de la pared torácica durante el impacto lateral produce contras de choque, que des-
plazan el corazón hacia delante en el tórax llevando a una fuerza de desgarro en el istmo. Estos
dos mecanismos se han invocado para explicar la rotura de aorta en colisiones laterales.

Las fracturas costales medias pueden producir contusión pulmonar, contusión miocárdica, etc.
Las fracturas costales bajas (9ª a 12ª) pueden producir rotura hepática en el lado derecho, rotura
esplénica en el lado izquierdo o rotura diafragmática.

Las estructuras circulares suelen partir a dos niveles –similar a lo que ocurre al comprimir un
aro modelo “hoola-hoop” contra el suelo- por lo que deben buscarse fracturas a dos niveles en
costillas, en pelvis, etc.

El patrón de daño al vehículo, es importante en el contexto de la posición del ocupante. Com-


binando los elementos de delta-v, dirección de fuerza, aplastamiento del vehículo e intrusión del

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vehículo, con el conocimiento de la posición del ocupante y la utilización o no de dispositivos de


sujeción, se puede deducir la acción de las fuerzas así como su magnitud sobre la estructura del
cuerpo humano (Horton D. J. y cols,), siendo elementos importantes para comprender el tipo y
gravedad de lesiones sufridas en caso de impactos laterales, habiéndose visto que una delta-v
superior a 32 km/hora se aparejó a un riesgo 6,5 veces superior de sufrir rotura traumática de
aorta.

El impacto en el lado de la víctima tuvo una probabilidad 2,3 veces superior de producirla y
una intrusión superior a 37,5 cm se asoció a una probabilidad 3,2 veces superior.

5.- PATRÓN LESIVO EN ALCANCES POSTERIORES


Este tipo de impactos, supone el segundo tipo de siniestro más numeroso, frecuente en ámbito
urbano, y produce lesiones cervicales como consecuencia del “efecto latigazo”; se agrupan ge-
néricamente bajo el nombre de “esguince cervical”, en colisiones a baja velocidad, o lesiones a
niveles mas bajos de columna vertebral, en colisiones a velocidades más elevadas, asociadas
en general, en estas situaciones, a otras lesiones corporales más graves.

Sus consecuencias suponen un coste económico muy elevado, ya que hasta el 60% de los
gastos de compañías de seguros, por lesiones corporales secundarias a accidentes de tráfico,
se deben a este tipo de accidente -Alonso J., Comunicación personal-.

Desde el punto de vista médico, el “esguince cervical” constituye un desafío, dado que en mu-
chos casos constituye un “cajón de sastre” en el que se incluyen diferentes entidades clínicas,
con distinto grado de complejidad lesiva, el diagnóstico es incierto desde el punto de vista de ob-
jetivación de lesiones, el curso clínico es variable y el pronóstico es difícil de establecer en muchos
casos, habiendo sido objeto de intentos de clasificación para clarificar su significado, tales como
la clasificación de la Whiplash Québec Task Force (Spitzer WO y cols).

El conocimiento de su incidencia en los distintos países es variable, en sus comparaciones re-


gionales, nacionales e internacionales, no tanto en cuanto a su sustantividad real que, es enorme,
sino por la falta de una deseable uniformidad en la recopilación de datos, la ausencia de criterios
normalizados para establecer una información adecuada, un diagnóstico correcto o el mismo uso
apropiado de la terminología (British Columbia Whiplash Inciative. Natural Course of Injury and
Pathophysiology).

El denominado “esguince cervical”, o en lengua inglesa referido como “whiplash” (E. Crowe,
1928), se puede incluir en ese grupo de las denominadas “enfermedades de la civilización”, y así,
se ha descrito por algunos autores que “El dolor cervical es al automóvil lo que el dolor lumbar es
para el mundo del trabajo” (Walter Q. y cols).

El “esguince cervical”, es un término genérico, que se conoce con diferentes denominaciones


en la literatura médica (contractura cervical, cervicalgia postraumática, síndrome de latigazo cer-
vical, esguince cervical, etc.), y se refiere a un síndrome caracterizado por una serie de síntomas
–dolor de cabeza (cefalea), o de cuello, mareos, náuseas, vértigos, trastornos de la articulación
temporomandibular etc.-, y de signos –contractura de la musculatura cervical o de los trapecios,
limitación de la movilidad del cuello, perdida de fuerza en extremidades superiores, etc.-. Estos
síntomas y signos pueden existir en diverso número, y tener un grado de intensidad variable.

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Se debería a una acción brusca sobre la columna vertebral cervical, con afectación de dife-
rentes estructuras –músculos, tendones, vasos sanguíneos, nervios, discos intervertebrales, etc.,-
que habrían sufrido tensiones de estiramiento y compresión de diferente grado, en el curso de
un movimiento violento y brusco del cuello, tras la desaceleración brusca producida al colisionar
frontalmente el automóvil, que conducía la lesionada, con una fase inicial de flexión de la cabeza
sobre el tórax, y una fase secundaria de extensión del cuello.

Generalmente, esta lesión se produce tras un alcance trasero, con una fase inicial de extensión
del cuello y una fase ulterior de flexión, aunque puede producirse en cualquier tipo de colisión en
la cual, el cuello se vea sometido a movimientos bruscos y violentos, en cualquiera de sus ejes.

El binomio formado por la unidad funcional cabeza–cuello es el segmento más móvil del cuerpo
humano en la actividad de conducir un vehículo, con o sin accidente. Es también soporte de la
estructura que anima el espíritu. Constituye pues, un padecimiento propio de la vida moderna de
las sociedades desarrolladas.

En una colisión por alcance, el cuerpo tiende a dirigirse hacia delante por transmisión de la
energía del vehículo incidente al respaldo del asiento y a los ocupantes del automóvil alcanzado.
Este desplazamiento solidario del asiento con el tronco, no se ve acompañado del mismo movi-
miento en la cabeza, que debido por una parte, a que tiene el centro de gravedad en una situación
relativamente posterior, y a que tiende a retardar su movimiento respecto al del tronco, pivotaría
hacia atrás sobre el cuello, produciendo una hiperextensión, lo que se podría evitar mediante el
reposacabezas situado adecuadamente. El uso del cinturón de seguridad, aumentaría la produc-
ción de estas lesiones, aunque desde luego protegiendo de la producción de otras lesiones más
graves.

Para la explicación de la producción de estas lesiones, se deben tener en cuenta las fuerzas
transmitidas al cuello, lo que obligaría a una reconstrucción cuidadosa del accidente, con deter-
minación del cambio de velocidad (delta-v) experimentado por el vehículo. Por ejemplo, una
Delta -V (cambio de velocidad) de 7,8 km/h., comunica una aceleración vectorial a la masa de la
cabeza de 4,3 g Cholewicki (1997) describe como en colisiones entre 3–10 g, los ligamentos cer-
vicales experimentan elongaciones por encima del rango de la tolerancia fisiológica.

Una velocidad de impacto de unos 12-13 km/h, produce una aceleración del ocupante 2,5
veces superior a la del vehículo (Thompson y cols., 1989); otros investigadores han demostrado
que puede llegar a ser 5 veces mayor (West y cols, 1993; Rosenbluth W, Hicks L, 1994).

Por otra parte, Szabo TJ, Welcher JB y cols. realizaron 10 pruebas con Delta V entre 8 y 10
Km/h y no observaron lesiones en sus voluntarios. Se observaron Delta V de alrededor de 9,6
Km/h y la aceleración pico en cabeza varió entre 5,2 y 14,8 G.

En los accidentes a baja velocidad, los siguientes factores afectan al tipo y grado de lesiones:
El ángulo del accidente –o dirección principal de fuerza-, el grado de giro de la cabeza, el diseño,
la elasticidad y el “balance” pre-existente de daño o lesión cervical, -tal como la degeneración
discal o actrices ligamentosas-, el movimiento de la columna, la fuerza y tensión previa de los
músculos cervicales e incluso la longitud del cuello (Watts, Atkinson y Hennessy). Estos autores
se refieren a la relación entre la velocidad de colisión y la producción de lesiones en columna, y
comentan que el umbral para lesiones en cuello, por un mecanismo de “latigazo cervical”, estaría
por debajo que el que se había establecido previamente –sobre unos 15 km/h para población
sana-, ya que otro efecto importante es el estiramiento rápido de las columnas vertebrales de los
ocupantes del vehículo alcanzado, que contribuye al impulso precoz hacia arriba sufrido por el
cuello.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal

Por otra parte, se ha descrito que la correlación entre el cambio de velocidad de la colisión y
los síntomas no siempre es buena, (Elbel M, Kramer M.), así como una mayor importancia de los
factores psicológicos del accidentado frente a los factores técnicos del accidente (Richter M, Fe-
rrari R).

La introducción por parte inicialmente de fabricantes suecos de automóviles, de reposacabe-


zas “activos”, que acercarían su posición a la parte posterior de la cabeza en caso de alcance
posterior, reduciendo la excursión de la cabeza hacia atrás, y por tanto disminuyendo la produc-
ción de estas lesiones –a menos de la mitad-, supondría un avance en la prevención de estas le-
siones (Viano D.C. Olsen S.).

Es muy importante la posición correcta de los reposacabezas, (el borde superior a la altura de
la coronilla e inclinado hacia delante al máximo) ya que la posición defectuosa (lo más bajo po-
sible e inclinados al máximo hacia atrás), favorecería la angulación en hiperextensión de la ca-
beza, con el agravamiento consiguiente de lesiones.

Respecto a las colisiones por alcance a alta velocidad, debe tenerse en cuenta que los ac-
cidentes por alcance, suponen un porcentaje muy pequeño de los accidentes que producen le-
siones graves o mortales; siendo, estas lesiones graves, las zonas más frecuentemente afectadas
cabeza y tórax, por contacto contra el interior del automóvil o el volante, en el caso del conductor
(James M. B., Decker R. L), refiriéndose un porcentaje de muertos y heridos graves (MAIS 4+),
de un 17% para accidentes por alcance con un cambio de velocidad –delta V- de 35 a 62 km/h.
en el vehículo alcanzado.

El término MAIS indica la lesión con un nivel máximo en la escala


de gravedad AIS (Abbreviated Injury Scale o Escala Abreviada de
Gravedad), y que es una escala para medir la gravedad de lesio-
nes, y que va desde:
• 0 – ausencia de lesión • 4 – lesión muy grave
• 1 – lesión leve • 5 – lesión crítica
• 2 – lesión menos grave • 6 – lesión mortal
• 3 – lesión grave

En general, son necesarias velocidades de colisión por alcance muy altas para producir lesio-
nes graves o mortales en los ocupantes del automóvil alcanzado, (Nadjem H, Ropohl D), con pa-
trones de lesiones que comprenden traumatismo extenso de partes blandas (hematomas
subcutáneos, bolsa llenas de sangre, “degollamientos”) no discernibles desde el exterior sobre la
parte dorsal del tronco, la mayoría en la zona lumbosacra; fracturas costales dorsales múltiples,
a menudo combinadas con fracturas de columna (incluyendo sacro y coxis) y/o pelvis; roturas de
aorta en las zonas típicas de predisposición; roturas de hígado y bazo (particularmente en las su-
perficies viscerales), aunque se deben tener en cuenta otras circunstancias del accidente, tales
como, grandes diferencias de masas entre los vehículos implicados (Ej. alcance de tractocamión
a turismo), que hacen que la energía cinética disipada en la colisión sea muy alta.

360
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal

6.- PATRÓN LESIVO EN VUELCO


El vuelco es un accidente grave, y así la frecuencia de lesión grave es un 36% más alta en
vuelcos, que en accidentes sin vuelco. El 4% de los accidentes en los [Link]. son vuelcos, pero
los vuelcos suponen el 20% de los accidentes mortales. Aproximadamente las 2/3 partes de las
muertes en vuelcos suponen eyección.

Un estudio realizado en el Centro de Investigación de Accidentes (CIREN), de San Diego, Ca-


lifornia, [Link]., por A. Brent Eastman del Scripps Memorial Hospital, La Jolla y David B. Hoyt,
del UCSD Medical Center Children’s Hospital y publicado en 2005, indicaba que los conductores
de automóviles sin cinturón de seguridad que habían sufrido vuelcos, tenían 1,8 veces más le-
siones vertebrales que los que sí usaban cinturones de seguridad y 4,7 veces más lesiones ver-
tebrales y traumatismos craneoencefálicos combinados, que los que sí usaban cinturón de
seguridad.

Si el ocupante de un automóvil que vuelca no está sujeto por cinturón de seguridad, puede
golpear con cualquier parte del interior del compartimento del vehículo. Pueden producirse lesio-
nes en cráneo y cuello por impacto contra el techo, y son frecuentes las lesiones a nivel de co-
lumna vertebral, pudiendo producirse fracturas o luxaciones vertebrales.

Los equipos de asistencia médica a víctimas de accidentes que han sufrido un vuelco, deben
extremar las medidas de control de columna cervical y de inmovilización del resto de columna,
guardando un alto índice de sospecha de posibilidad de lesiones a éste nivel, debiendo recordar
que hasta en un 10% de casos existen lesiones en columna a más de un nivel en el mismo pa-
ciente.

El vuelco puede acompañarse de expulsión del vehículo, lo cual agrava enormemente el ac-
cidente, ya que la mortalidad de los ocupantes despedidos es de tres veces superior respecto a
los que permanecen en el interior del vehículo.

Aunque en el vuelco, dadas sus características, se pueden producir todo tipo de lesiones, las

361
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal

fracturas vertebrales, a menudo asociadas a lesión medular, son de las mas características (In-
amasu J., Guiot B.H), habiéndose observado mayor frecuencia y gravedad de la lesión vértebro-
medular -asociación a lesión medular- así como mayor gravedad por otras lesiones asociadas
en los ocupantes no sujetos por cinturón de seguridad.

En los vuelcos, los ocupantes de los asientos traseros, que con frecuencia son niños y viajan
sin dispositivos de retención, sufren lesiones por contacto con los asientos delanteros, con ma-
teriales desprendidos del turismo con las ventanillas o con otras partes del vehículo (Bodiwala
G.G. y cols), saliendo, por otra parte, despedidos por las ventanillas laterales (Carlson G. y cols).

Un evento muy grave y que se asocia a los vuelcos, es la eyección de ocupantes desde el in-
terior del automóvil. Green P. D. y cols vieron que la eyección del asiento trasero era peligrosa;
así, la eyección aumenta importantemente el riesgo de muerte por lesión grave en un factor de
4,5 y 3,6, respectivamente. La eyección también supuso el 29% de muertes en los ocupantes no
sujetos por cinturón; se ha visto que el uso de dispositivos de sujeción es una medida extrema-
damente efectiva para reducir la mortalidad en vuelcos (Evans L., Frick M.C.).

Se ha referido que de los ocupantes de automóviles y camionetas con lesión medular, el 70%
habían sufrido vuelco, mientras que el 39% habían resultado eyectados del vehículo. Sólo el 25%
usaban cinturón de seguridad.

Las lesiones medulares se asocian mucho más al vuelco que a otros tipos de accidente, según
estudios de [Link]. (Thurman DJ. Burnett CL). y Australia (Wigglesworth E.C), habiéndose re-
ferido también que entre los factores que confieren mayor gravedad al accidente, están la no uti-
lización de cinturón de seguridad, la eyección y el tipo de accidente, -vuelco-, (Singleton M, Qin
H, Luan).

En el vuelco existiría una serie de criterios para tratar de definir su gravedad y riesgo.
Así, es interesante determinar el “evento más dañino” ocurrido en el transcurso del accidente, tal
como puede ser la existencia de una colisión previa, tipo embestida lateral, o una detención brusca
- poste, árbol, etc.-, (“detención brusca o detención progresiva -“arrested “ vs “non arrested”-).

Es interesante también tratar de determinar la distancia total de vuelco, mediante la identifi-


cación de la zona de elevación - “Trip”-, la distancia de vuelo - “Airborne”-, y los puntos de impacto
con el suelo “Ground Impact“.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.1 Biomecánica del trauma. Accidentes de tráfico como problema de Salud Pública. Información médico-legal

Debe tratar de identificarse, en base a la reconstrucción del accidente, la velocidad inicial en


el momento del comienzo del vuelco, (Trip), y en la fase final, sobre todo si el vehículo resultó
detenido bruscamente por impacto con algún obstáculo.

Un estudio de las deformaciones del vehículo, tanto en el exterior como en el interior, en


techo, zonas laterales, la existencia y grado de intrusión en el habitáculo, y zonas de contacto
corporal con el interior del vehículo, orientarán hacia la posibilidad de lesiones.

Uno de los criterios mas importantes para la gravedad del vuelco es el número de cuartos
de vuelta dados (una vuelta indica cuatro cuartos), así como el tipo de vuelco, “de campana”
- “End-Over-End”- o el tipo mucho más frecuente “en tonel” o “Barrel”.

En la inspección se deben buscar los puntos de contacto, teniendo en cuenta la posición en


el asiento del vehículo, el lado de inicio del giro –lado próximo al ocupante (Drive) o lado contrario
al giro (Trail)-; ya que el ocupante del lado contrario al giro experimentará mayor velocidad angular,
y, por tanto, posible riesgo mayor de lesiones.

Es fundamental realizar la inspección sobre la utilización de los dispositivos de retención


(cinturón de seguridad, pretensores, etc.), así como sobre la activación o no de airbag según el
tipo (frontal, lateral, de cortinilla, etc.), y sobre sillas o dispositivos de retención infantil.

Debe esclarecerse la existencia de eyección, pues, como se ha comentado, esta circunstan-


cia, “per se” es un determinante principal de gravedad del accidente.

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365
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.2 Valoración primaria y secundaria


del paciente traumatizado
AUTORES: Manuel González León, Pilar Medina Díaz,
Fernando Abad Esteban, Ana Díaz Herrero
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

ÍNDICE
1.- Objetivos

2.- Introducción

3.- La Asistencia Extrahospitalaria


3.1 Fases de la asistencia extrahospitalaria
3.2 Tablas de priorización de gravedad

4.- Valoración Primaria


4.1 Apertura de la vía aérea con control de la columna cervical
4.2 Respiración
4.3 Circulación
4.3.1 Hemorragias
4.3.2 Gasto cardiaco y perfusión
4.4 Neurológico
4.5 Exposición/Ambiente

5.- Valoración Secundaria


5.1 Historia clínica
5.2 Examen físico
5.2.1 Cabeza
5.2.2 Cuello
5.2.3 Tórax
5.2.4 Abdomen
5.2.5 Pelvis, periné, recto, vagina
5.2.6 Espalda
5.2.7 Extremidades
5.2.8 Exploración neurológica

6.- Resumen

7.- Bibliografía

368
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

1.- OBJETIVOS
• Conocer y aplicar el orden de prioridades en la atención al paciente politraumatizado.
• Adquirir los conocimientos necesarios para reconocer situaciones de compromiso vital.
• Aprender cuales son las etapas en la atención de los pacientes traumatizados.
• Realizar una evaluación rápida y eficaz del paciente politraumatizado, valoración primaria y
secundaria.
• Predecir las complicaciones que nos pueden surgir durante la realización de las valoraciones
y anticiparse a ellos o minimizar su impacto.

2.- INTRODUCCIÓN
Los accidentes de tráfico son la tercera causa de muerte en España, precedidos por las enfer-
medades cardiovasculares y por las neoplasias malignas1, siendo, la traumática, la principal causa
hasta los 40 años.

Según datos ofrecidos por la DGT, de los 85.503 accidentes de tráfico con víctimas en 2010
en España, se ocasionaron 2478 muertos, 11.995 heridos graves y 108.350 heridos leves. A pesar
de que siguen siendo cifras demasiado elevadas, en la última década se ha producido una re-
ducción de un 55% de accidentes de tráfico y del 55% de los heridos graves en relación a 2001.
Continúa siendo más frecuente los accidentes en zona urbana (54%) pero con mayor gravedad
en carretera (78% fallecidos y 64% de heridos graves)2. Siendo un 33% en edades comprendidas
entre los 15-35 años.

El concepto politraumatizado incluye a todo aquel paciente que presenta una o más lesiones
óseas mayores y/o afectación de una o más vísceras, entrañando repercusiones respiratorias y/o
circulatorias que lo colocan en una situación crítica de riesgo vital, que precisa valoración y tra-
tamiento inmediato, y la necesidad de establecer prioridades terapéuticas3.

La supervivencia del paciente politraumatizado depende principalmente del tiempo que tarda
en ser atendidos, por eso la asistencia que prestemos en los primeros instantes debe tener una
estructura clara y organizada con el objetivo de establecer las prioridades de actuación, la esta-
bilización respiratoria y hemodinámica, el diagnóstico y el tratamiento inicial del paciente traumá-
tico.

La continuación de la cadena asistencial entre la intervención prehospitalaria con sus limita-


ciones de personal y medios y la hospitalaria debe estar muy bien coordinada para garantizar la
mejor asistencia al paciente traumatizado, para ello el hospital receptor a través del centro de co-
ordinación debería de contar con la información más relevante relativa al paciente antes de que
se saliera desde el lugar de intervención al hospital.

Se requiere una gran formación, experiencia y capacidad de trabajo en equipo por parte del
personal sanitario de prehospitalaria que atiende a este tipo de pacientes, por ello en la Comuni-
dad de Madrid se exige el título de Experto de Enfermería en Urgencias Extrahospitalarias (334
h) y un mínimo 90 horas de formación continuada trianual.

369
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

3.- LA ASISTENCIA EXTRAHOSPITALARIA


La asistencia extrahospitalaria tiene en su esencia el mismo fin que la hospitalaria, el reducir
la mortalidad del paciente traumático, aunque por tratarse de un medio no controlado cuenta con
una serie factores que hacen más complicada la asistencia sanitaria, entre ellas se encontrarían
los factores ambientales, geográficos, limitación de medios diagnósticos, desproporción entre
personal y número de víctimas, riesgos en la integridad física del sanitario por determinadas si-
tuaciones especiales (atentados, catástrofes, riesgos químicos, etc.).

La mortalidad en los pacientes politraumatizados sigue una distribución trimodal caracterís-


tica3,4,5.

• Primer periodo:

La muerte sucede en los primeros segundos o minutos tras el accidente, debido a causas di-
fícilmente tratables, ocasionada por lesiones masivas o estructuras vitales como apnea por
lesiones cerebrales, de tronco, de médula alta, lesiones cardiacas o de grandes vasos u obs-
trucción de la vía aérea y corresponde al 10% de la mortalidad. Es la “mortalidad inmediata o
in situ” En esta etapa, dada la severidad de las lesiones, sólo podemos actuar con medidas
preventivas y con repercusión social (campañas de concienciación, uso del cinturón de segu-
ridad…).

• Segundo periodo:

Comprende la denominada “golden Hour” (hora de oro) del trauma, donde todas las medidas
extrahospitalarias y hospitalarias que se hagan dentro de ese periodo van a ser decisivas para
la supervivencia del paciente, por este motivo cobra una mayor importancia nuestra actuación.
Este periodo, denominado “mortalidad precoz”, comprende desde los primeros minutos hasta
algunas horas después del accidente. En él hasta un 77% de los pacientes fallecen en las pri-
meras horas, siendo las causas evitables, tales como problemas respiratorios, hipoxia, hemo-
rragias, shock, si son detectadas y tratadas precozmente. En esta etapa una actuación eficaz,
temprana y organizada puede disminuir de manera importante las cifras de mortalidad. Recor-
dar que la “hora de oro” es del paciente y no nuestra.

• Tercer periodo:

Es una etapa tardía, en que la muerte ocurre varios días o semanas después, debida a sepsis,
fracaso multiorgánico y/o complicaciones postquirúrgicas. Ésta representa el 13% de la mor-
talidad global y se conoce como “mortalidad tardía”.

3.1 Fases de la asistencia extrahospitalaria

La asistencia prehospitalaria sigue una secuencia de actuación que está dividida en once
fases bien definidas de actuación, más conocido como undecálogo de actuación:
• Fase de preparación o alerta: compuesto por unos planes de emergencia, unos proto-
colos, teléfono único, centro de coordinación y medios técnicos y humanos.
• Fase de respuesta: activación y puesta en marca de la emergencia y del recurso más
idóneo.
• Fase de aproximación: llegada al lugar de intervención, valorando y controlando la es-
cena.

370
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

• Valoración inicial y triaje: estableceremos las prioridades de la asistencia, clasificaremos


a los pacientes por su gravedad y trataremos inicialmente los problemas que supongan
un riesgo vital para el paciente.
• Soporte vital o resucitación: maniobras encaminadas para mantener o restablecer las
funciones vitales del paciente. Comprenderá el soporte vital básico y el avanzado.
• Fase de inmovilización y movilización: manejo de los diferentes dispositivos de inmovili-
zación que evitarán un agravamiento de las lesiones por movimientos o desplazamientos
y mejorarán el bienestar del paciente.
• Fase de valoración secundaria: determinaremos minuciosamente mediante exploración
sistemática el alcance y gravedad de las lesiones en todas las zonas del cuerpo del pa-
ciente.
• Fase de estabilización: intentaremos conseguir una estabilización respiratoria y hemodi-
námica mínimas para alcanzar en las mejores condiciones el centro hospitalario elegido.
• Fase de transporte: elegiremos según estabilidad, tiempo de llegada y fisiopatología el
medio de transporte más idóneo, así como según su valoración secundaria el hospital
útil para su patología.
• Transferencia: debe ser exquisita, sin perder ningún detalle de la situación del paciente,
del estado inicial y final, la sospecha diagnóstica y tratamiento aplicado durante nuestra
intervención.
• Fase de reactivación del sistema: recuperación de la operatividad para la realización de
otros servicios.

Existen mecanismos lesionales considerados de gravedad por la forma del siniestro, que
pueden hacer presuponer un peor pronóstico dada la violencia del suceso. De ahí que sea
fundamental el conocimiento de la biomecánica de las lesiones para poder identificar con
precocidad la existencia de las patologías más severas. Estos son4:
• Impacto a alta velocidad.
• Caída desde una altura >6 metros.
• Muerte de otras personas en el mismo accidente.
• Atrapamiento con más de 20 min de extricación.
• Intrusión del vehículo en el interior del compartimiento de pasajeros (>30 cm en el sitio
del ocupante o >45 cm en cualquier otro sitio).
• Expulsión del paciente del vehículo.
• Motorista o ciclista arrollado por un vehículo (a >32 Km/h).
• Atropello de peatón por vehículo (a > 32 Km/h).

3.2 Tablas de priorización de gravedad

A nivel extrahospitalario se utilizan una serie de índices para la priorización en el traslado,


destacando entre otros:

1. Revised Trauma Score (RTS): utiliza como valores predictorios la frecuencia respiratoria,
la tensión arterial sistólica y la escala de Glasgow.

371
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

Tabla I. Revised Trauma Score (RTS Versión Traige)

Puntuación 4 3 2 1 0

Escala de coma de
15-13 12-9 8-6 5-4 3
Glasgow

PA sistólica >89 89-76 75-50 49-1 0

Frec. respiratoria 29-10 >29 6-9 1-5 0

Útil en la clasificación de pacientes graves en accidentes de múltiples víctimas

2. Rapid Acute Phisiologic Score (RAPS): es un score de fácil cálculo antes y después del
traslado del paciente grave, siendo un gran predictor de la mortalidad (validado con el
APACHE II realizado a las 24 horas del ingreso). Incluye cuatro variables fisiológicas:
frecuencia cardiaca, presión arterial media, frecuencia respiratoria y escala de coma de
Glasgow (GCS).
3. Rapid Emergency Medicine Score (REMS), que es una modificación del RAPS que in-
cluye dos nuevos parámetros, la edad y la saturación periférica de oxígeno.
4. Trauma Index Revisited (TIR): sistema de clasificación con un alto índice de predicción,
es una buena herramienta para la clasificación de los traumatismos graves, valora la
zona afectada, el tipo de lesión, el estado neurológico, la tensión arterial sistólica y el
pulso y la respiración.
5. Prehospital Trauma classification System (PHTCS): establece cuatro grados y en función
del grado que se adquiera, cuanto más grado tenga, menos grave es el paciente y menos
recursos y personal especializado requerirá en el hospital. Evalúa las características de
la lesión, la situación neurológica, la situación respiratoria y la situación cardiovascular.
6. CRAMS: valora la circulación, la respiración, el abdomen y tórax, los movimientos y la
conversación. Rango 0-10, con un Crams ≤8 equivale a trauma grave.

Tabla II. Escala de Crams

Escala de
Circulación Respiración Tronco Motor Habla
Crams
Relleno capilar
2 normal Normal Normal Normal Normal
o TA > 100
Relleno capilar Respuestas
1 retrasado Anormal Sensible Dolor confusas o
o TA < 100 > 85 inapropiadas
Defensa
Abdominal
Sin
Sin relleno capi- Tórax
0 Ausentes res- Ininteligible
lar o TA < 85 inestable
puesta
Herida pe-
netrante

372
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

Dentro de las fases de actuación vamos a ver más detenidamente la evaluación primaria y
secundaria.

4.- VALORACIÓN PRIMARIA

Nos permite detectar e identificar aquellos problemas que constituyen un riesgo vital inmediato
para el paciente iniciando precozmente su tratamiento. Seguimos una sencilla regla nemotécnica
que es el ABCDE.

Tabla III. PRIORIDADES DE ACTUACIÓN


A Apertura vía aérea con control de la columna cervical (AIRWAY)

B Respiración (BREATHING)

C Circulación (CIRCULATION)

D Discapacidad, valoración neurológica (DISABILITY)

E Exposición (EXPOSURE)

4.1 A: Apertura de la vía aérea con control de la columna cervical


Es prioritario identificar si existe compromiso de la vía aérea por lo que, lo primero que de-
bemos hacer es comprobar la permeabilidad verificando si existe alguna obstrucción total
o parcial, ya sea por cuerpos extraños, por fracturas y edemas faciales o laringo-traqueales
o por la propia relajación del músculo de la lengua. En pacientes conscientes con permea-
bilidad de la vía aérea íntegra debemos saber anticiparnos ante cualquier situación que pro-
picie el deterioro progresivo de la misma, por lo que ésta será reevaluada periódicamente.
En este apartado y tratándose de un paciente que ha sufrido un trauma con un mecanismo
lesional de alta energía, contemplaremos la posibilidad de que exista una lesión en la co-
lumna cervical, por lo que las maniobras recomendadas para la apertura de la vía aérea
son la elevación del mentón y el avance mandibular (hacia arriba y adelante). Inicialmente
nos podemos ayudar de la cánula orofaríngea (en caso de inconsciencia) conjuntamente
con la inmovilización cervical manual, manteniendo una alineación de cabeza-cuello-tronco
y posteriormente nos podremos plantear una permeabilización y aislamiento definitivo de
la vía aérea si la patología del paciente lo requiere.
En la manipulación de la vía aérea del paciente traumático extremaremos el cuidado y mi-
nimizaremos los movimientos del cuello, evitando la rotación, hiperflexión e hiperextensión
que podrían provocar una lesión medular si no la hubiere ya en zonas con fracturas verte-
brales; como norma general consideraremos que toda lesión por encima de las clavículas
es susceptible de tener una lesión de columna cervical. Un examen neurológico normal no
descarta una lesión en la columna cervical por lo que utilizaremos los dispositivos necesa-
rios para asegurar la protección de la columna cervical; estos dispositivos no se retirarán
hasta la llegada al medio hospitalario y tras valoración radiológica, excepcionalmente se
podrán retirar temporalmente si es indispensable para la realización de alguna técnica o
valoración y en estos casos se procederá a la inmovilización manual de la columna cervi-
cal.

373
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

4.2 B: Respiración
Nuestro objetivo es comprobar y asegurar una ventilación adecuada de los pulmones con
el objetivo de favorecer el intercambio gaseoso alveolo-capilar por difusión y conseguir una
máxima oxigenación de los tejidos y la eliminación del dióxido de carbono tóxico.

La permeabilidad y/o aislamiento de la vía aérea no garantiza de por sí que el paciente esté
respirando o ventilando, por lo que comprobamos y valoramos todos los elementos que in-
fluyen, como los pulmones, la pared torácica y el diafragma; para ello expondremos el tórax
del paciente y evaluaremos la ventilación mediante la auscultación, inspección, palpación
y percusión.

• Auscultación: auscultaremos ambos hemitórax para verificar el flujo de aire en los pul-
mones (Roncus, sibilancias, crepitantes, roces pleurales, zonas de hipoventilación, etc.).
• Percusión: valoraremos el sonido mate o timpánico, masas sólidas o líquidas.
• Inspección: veremos el número y profundidad de de los movimientos, las asimetrías y
defectos musculares, tiraje y retracción de los espacios supraclaviculares, intercostales
y costales, respiraciones paradógicas (debidas a fatiga muscular e incapacidad del dia-
fragma para contraerse).
• Palpación: buscaremos asimetrías, frémito vocal, tumoraciones, etc.

Con la auscultación y percusión y conjuntamente con otros signos, podemos sospechar si


existe entre otros, aire o sangre en cavidad pleural (neumotórax ó hemotórax), a su vez,
con la inspección y la palpación constataremos daños estructurales en la pared torácica
(neumotórax a tensión o abierto, hemotórax masivo, el tórax inestable o volet costal).

Todos estos problemas pueden comprometer seriamente la ventilación y por consiguiente


la vida del paciente, por tanto los tendremos que tratar inmediatamente según se vayan de-
tectando.

Inicialmente verificaremos si la respiración está presente, ausente (apnea) o si tiene una


respiración anormal, para ello tendremos que valorar la frecuencia respiratoria, ritmo y pro-
fundidad.

Tipos de respiración:
• Bradipnea: respiración lenta (<12 respiraciones/minuto).
• Eupnea: ratio respiratorio normal (de 12-20 respiraciones/minuto).
• Taquipnea: respiración acelerada (>20 respiraciones/minuto).
• Hiperpnea o hiperventilación. Aumento de la frecuencia y amplitud de las respiraciones.
• Respiración de Kussmaul. Es una hiperventilación más marcada, característica de los
pacientes que presentan acidosis.
• Respiración de Cheyne-Stokes: Se manifiesta por una alternancia entre la hipoventi-
lación y la hiperventilación mediada por pausas de apneas de 20 a 30 segundos de du-
ración entre ellas; la amplitud y la frecuencia de la respiración aumentan progresivamente
hasta un máximo y después disminuye hasta llegar a una nueva pausa de apnea. Ca-
racterística en pacientes con disfunción hemisférica bilateral difusa de localización dien-
cefálica.
• Respiración de Biot. Se caracteriza por ser irregular tanto en frecuencia como en am-

374
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

plitud aunque inicialmente se haya apreciado alguna ritmicidad con pausas de apnea.
Cursan con hipoventilación y por daño en el sistema nervioso central generalmente son
predictorias de parada respiratoria.

En la inspiración, el aire entra en los pulmones (al expandirse el tórax y bajar el diafragma),
y en la espiración, sale el aire (al volver el tórax a su posición inicial y subir el diafragma).
Al bajar el diafragma durante la inspiración, se comprimen las vísceras abdominales y el
abdomen tiende a protruir. En una respiración normal observaremos como su tórax se ex-
pande y su abdomen protruye ligeramente (respiración costo abdominal). En algunos casos
especiales como pueden ser las mujeres embarazadas o los pacientes con ascitis la respi-
ración será predominantemente costal, mientras que si presenta dolor en el tórax, será ma-
yoritariamente abdominal.

En todo momento y en previsión de posibles complicaciones tendremos preparado el aspi-


rador con una sonda de aspiración tipo Yankauer y/o sonda flexible de grueso calibre, para
utilizarla en caso de secreciones o vómitos repentinos que pudieran comprometer la per-
meabilidad de la vía aérea.

4.3 C: Circulación
En este aparado de la evaluación primaria deberemos valorar el control de las hemorragias
externas, gasto cardiaco y el estado de perfusión.
4.3.1 Hemorragia:
La hemorragia es la causa de muerte más importante secundaria al trauma sobre la
que debemos incidir en los primeros momentos de la asistencia, por ello el control de
la pérdida sanguínea es una de las máximas prioridades en la asistencia del paciente
traumatizado.
Las hemorragias externas pueden ser de tres tipos: capilares, venosas y arteriales;
en general las que causan un compromiso vital son las arteriales y en algunos casos
las venosas según su gravedad o mal control del sangrado.
Para el control del sangrado de la hemorragia externa, aplicaremos presión directa
con gasas o apósitos directamente sobre la superficie de sangrado, hasta lograr de-
tener el mismo; esta presión directa en muchos casos nos limita al tener las manos
ocupadas, por lo que en caso de necesidad, podremos utilizar un vendaje compresivo
realizado con compresas y venda elástica o podremos utilizar las férulas neumáticas
siendo preferibles las transparentes para poder ver el sangrado.
El uso de torniquetes está indicado en casos de amputación traumática, miembros
catastróficos y hemorragia grave no controlada por presión directa o vendaje com-
presivo; se ha comprobado una mejora de la efectividad en el manejo de los torni-
quetes por parte de los cirujanos tras las experiencias militares en Afganistán e Iraq10
a pesar de la isquemia distal que producen. Los torniquetes deben estar siempre vi-
sibles y se anotará la hora de colocación.
El uso de pinzas hemostáticas o clamps para controlar la hemorragia de los vasos
sangrantes está desaconsejado ya que hace perder mucho tiempo y se favorece la
lesión de otros elementos adyacentes como venas y nervios.
Si tenemos la sospecha de hemorragia interna, buscaremos el posible origen del san-
grado (tórax, abdomen, pelvis, MMII, etc.) y realizaremos el traslado lo más pronto
posible al centro hospitalario útil con reposición durante el traslado de líquidos calien-

375
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

tes 2:1 ó 3:1 cristaloides/coloides. Es importante en caso de sospecha o evidencia de


hemorragia interna no aumentar la tensión arterial con la reposición de líquidos muy
por encima de 100 mmHg. Entendiéndose lo que se llama hipotensión permisiva, ya
que favoreceríamos el sangrado y entorno a esta cifra se puede conseguir una presión
de perfusión cerebral aceptable.
Es importante conocer que en un adulto de 70 kg puede llegar a perder un volumen
sanguíneo de 1200 cc sin presentar hipotensión y con sólo una pequeña taquicardia.

Tabla IV. Clasificación hemorragias

CLASE

VARIABLE I II III IV

Pérdida sanguínea (ml) <750 750-1500 1500-2000 >2000

Pérdida sanguínea (%) <15 15-30 30-40 >40

Presión arterial sistólica


Normal Normal Disminuida Disminuida
(mmHg)

Frecuencia cardiaca
< 100 < 100 >120 >140
(lat/min)

Frecuencia respiratoria
14-20 20-30 30-40 >35
(resp/min)

Estado mental Ansioso Agitado Confundido Letárgico

4.3.2 Gasto cardiaco y perfusión:


En los primeros instantes y por la premura de la situación en la mayoría de los casos
no podremos tomar la tensión arterial instrumentalmente por lo que seguiremos las
regla de los pulsos, en el que al palpar el pulso carotideo sabremos que tenemos
una TAS > 60 mmHg, si es femoral TAS > 70 mmHg y si es radial TAS > 80 mmHg;
posteriormente y en cuanto nos sea posible realizaremos mediciones instrumentales
exactas de la tensión arterial.

Inicialmente los valores de la tensión arterial pueden no verse afectados debido a la


descarga de catecolaminas, por lo que es importante empezar lo antes posible con la
administración de líquidos regulando su volumen en función de las tensiones obteni-
das y de la sospecha clínica de la lesión.

El deterioro del estado de conciencia es indicativo aunque no determinante de la dis-


minución del volumen sanguíneo circulante, ya que éste implícitamente repercute en
la perfusión cerebral.

376
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

Los signos clínicos que evaluaremos para conocer el estado de perfusión del paciente
son: el pulso, el color de la piel, la humedad, la temperatura y el relleno capilar.

• El Pulso: valoraremos bilateralmente, la presencia, amplitud, ritmo, frecuencia


(aproximada). Estimaremos la tensión arterial sistólica según la localización del
pulso y sospecharemos de hipovolemia con taquicardia y pulso débil, aunque en
caso de tener una frecuencia normal no es absolutamente indicativa de tener una
volemia adecuada. En ausencia de pulso central instauraremos las maniobras de
reanimación cardiopulmonar avanzadas necesarias.
• El color de la piel: con una perfusión y volemia adecuada tendremos un color de la
piel rosáceo, en cambio si es más bien azulada, pálida, cérea, ésta implica una
oxigenación insuficiente y una mala perfusión. Las zonas de la piel que primera-
mente se ven afectadas son la zona de las mucosas como los labios, las encías y
los lechos ungueales.
• La humedad: una piel seca indica una buena perfusión, en cambio si está húmeda
es susceptible de una disminución de la perfusión asociado al shock.
• Temperatura: el signo indicativo de una mala perfusión es que cuando palpemos
con el dorso de la mano, la sensación sea de que la piel está fría.
• Relleno capilar: comprobaremos el relleno capilar presionando el lecho ungueal
de los dedos (generalmente el 1er dedo), con esto comprobamos el flujo sanguíneo
en una de las partes más distales del organismo. Si el relleno es superior a 2 se-
gundos nos está indicando que existe una mala perfusión aunque esta medida
puede estar influenciada y alterada su eficacia por actores como valvulopatías, hi-
potermias y fármacos vasodilatadores. El relleno capilar no lo usaremos en exclu-
siva para valorar la perfusión sino que lo haremos en conjunto con otros signos
como por ejemplo la tensión arterial.

4.4 D: Neurológico
Con una rápida evaluación neurológica queremos valorar la función cerebral del paciente,
que está relacionada con la oxigenación y perfusión cerebral, para ello vamos a evaluar el
nivel de conciencia y el estado de las pupilas.

Para evaluar el nivel de conciencia seguiremos la regla nemotécnica del AVDN (Alerta, Ver-
bal, Dolor, No responde) y sobre todo como indicador más importante, la escala de coma
de Glasgow (Tabla V), aceptada internacionalmente por tener carácter predictorio y pronós-
tico, especialmente en el apartado de la mejor respuesta motora. La GCS (escala de coma
de Glasgow) valora tres campos, 1) la apertura de ojos, 2) la mejor respuesta verbal y 3) la
mejor respuesta motora; esta escala se ve limitada con pacientes con afasia, edemas par-
pebrales, problemas oculares, intubación, uso de sedantes y relajantes, problemas mentales
previos, etc.

La máxima puntuación en la GCS es de 15 y la mínima de 3, siendo la primera un paciente


sin discapacidades y la última un paciente con el coma más profundo, ausente de respuesta;
una puntuación ≤ 8 es indicativo de aislamiento de la vía aérea.

377
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

Tabla V. Valoración neurológica en el adulto.


Escala de coma de Glasgow

Prueba Respuesta Puntuación

Apertura ocular Espontánea 4


Al estimulo verbal 3
Al estimulo doloroso 2
Nula 1

Respuesta verbal Orientada 5


Confusa 4
Inapropiada 3
Incomprensible 2
Nula 1

Respuesta Motora Obedece órdenes 6


Localiza el dolor 5
Retirada al dolor 4
Flexión al dolor inapropiada 3
Extensión al dolor 2
Nula 1

Las modificaciones en el estado de conciencia implican retroceder varios pasos atrás y vol-
ver a evaluar el ABC (apertura vía aérea, ventilación y circulación).

Esta disminución del nivel de conciencia puede ser debido a varios factores:
• Lesión del Sistema nervioso central.
• Hipoxia o hipoperfusión cerebral.
• Alteraciones metabólicas (iones, glucemia, convulsiones).
• Ingesta de tóxicos (drogas, alcohol, venenos).

Si descartamos la hipoxia e hipoperfusión, las metabólicas y los tóxicos, cualquier alteración


de la conciencia será hasta que se demuestre lo contrario, la consecuencia de una lesión
traumática del sistema nervioso central.

En la valoración de las pupilas tendremos en cuenta el tamaño, la reactividad y la forma.

Tabla VI. Pupilas evaluación primaria


TAMAÑO REACTIVIDAD A LA LUZ FORMA
MIÓTICAS REACTIVAS ISOCÓRICAS
MEDIAS PEREZOSAS ANISOCÓRICAS
MIDRIÁTICAS ARREACTIVAS DISCÓRICAS

378
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

4.5 E: Exposición/ambiente
Se debe retirar o cortar la ropa del paciente que sea necesaria con control de la columna
vertebral, para tener una completa visión del alcance de las lesiones que ha sufrido, ya que
en muchos casos, por no querer movilizar o por la rapidez en la asistencia a la víctima, han
pasado muchas lesiones desapercibidas al quedar ocultas o enmascaradas al absorber la
ropa el sangrado.

Una consecuencia directa de la exposición del paciente es la hipotermia que sobreviene a


la retirada de la ropa, por lo que se le administrará como se citó anteriormente en el apartado
de circulación, líquidos calientes (a 37-40ºC) y se le cubrirá lo antes posible con mantas
(térmicas preferentemente); de ser posible y si lo permite la patología previa del paciente y
situación climatológica, se realizará dentro del habitáculo asistencial y a una temperatura
templada adecuada.

La hipotermia es potencialmente mortal para un paciente traumatizado y debemos aplicar


las medidas necesarias para prevenir la pérdida de calor o para restaurar la temperatura
corporal; en varias intervenciones los equipos de extrahospitalaria somos directamente res-
ponsables de inducir accidentalmente esa hipotermia por la administración frecuente de lí-
quidos a temperatura ambiente, siendo ésta más problemática en épocas invernales.

En este apartado y siempre que nos sea posible por la gravedad del paciente y por su si-
tuación, intentaremos preservar la intimidad del paciente para ello si está consciente le in-
formaremos del procedimiento que vamos a realizar y le protegeremos de miradas
exteriores; este punto es uno de los fallos más habituales observados en la asistencia ex-
trahospitalaria, lo cual genera un aumento de la ansiedad con sus correspondientes altera-
ciones en el estado respiratorio y hemodinámico del paciente, a sumar con la propia
producida por las lesiones traumáticas.

Llegados a este punto y si no se ha simultaneado ya por el resto de integrantes del equipo,


procederemos a la monitorización del paciente o a las constantes que aún nos faltasen por
determinar. La información que nos va a aportar a parte de la que ya tenemos por la clínica
y por el mecanismo lesional, va a ser la de hacernos una idea del estado y de la evolución
de nuestro paciente, así mismo de cómo responde al tratamiento y cuidados aplicados.
Entre otros parámetros monitorizaremos la tensión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia
respiratoria, temperatura, glucemia, saturación de oxígeno mediante la oximetría de pulso
y capnometría con adaptador para tubo orotraqueal o gafas nasales (si está consciente).

Se efectuará un electrocardiograma especialmente si existe traumatismo torácico y man-


tendremos una monitorización electrocardiográfica continua. También se aprovechará para
la colocación de sondas urinarias y gástricas si son precisas, teniendo en cuenta sus com-
plicaciones. La colocación de sonda vesical estará contraindicada en aquellas circunstan-
cias en las que se sospeche rotura uretral (sangre en meato urinario, equimosis perineal,
hematoma en escroto, próstata elevada o no palpable y ante fractura pélvica). Y la sonda
nasogástrica estará contraindicada si se sospecha fractura de la lámina cribosa del etmoi-
des, para prevenir su paso a la cavidad craneal; en cuyo caso si debe realizarse una des-
compresión gástrica se hará por vía orogástrica.

379
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

5.- VALORACIÓN SECUNDARIA


Tiene como fin realizar una evaluación sistemática de las lesiones producidas en el paciente
haciendo un reconocimiento detallado por sistemas y aparatos y la realizaremos una vez hayamos
hecho la valoración primaria y tenga estables las funciones vitales; la haremos de manera caudal
comenzando por la cabeza y finalizando en los pies pasando por una evaluación neurológica más
profunda que la realizada en la valoración inicial.

Reevaluaremos de forma continua el ABCDE del paciente, si detectamos cualquier compro-


miso de las funciones vitales suspenda el reconocimiento secundario e intente su estabilización.
Recordemos que la patología traumática es dinámica y por tanto cambiante en el tiempo, por lo
que debemos realizar continuas reevaluaciones.

Vamos a explorar al paciente desde la cabeza a los pies y le interrogaremos (si su estado lo
permite).

Esta valoración será determinante para la elección del Centro hospitalario útil, así como una
vez ya en el hospital receptor, ésta guiará la derivación desde la urgencia a radiología, quirófano
o la UCI; de igual manera esta evaluación nos decantará por la elección del medio de transporte
más idóneo, terrestre o aéreo.

La valoración secundaria se compondrá de una historia clínica y de un examen físico.

5.1 Historia clínica:

Nuestra función consistirá en realizar una rápida anamnesis del paciente, si está consciente
el paciente le podremos interrogar para recopilar toda la información necesaria, teniendo
en cuenta la posibilidad de que se pueda quedar inconsciente y ya no nos pueda facilitar
más información, por lo que en este caso o en el que ya estuviera inconsciente a nuestra
llegada, preguntaríamos a acompañantes, amigos o testigos del accidente. Para realizar la
anamnesis correctamente podemos seguir la regla nemotécnica AMPLIA.
• A: alergias a los medicamentos.
• M: medicamentos que de forma habitual o recientemente está tomando el paciente, es-
pecialmente anticoagulantes, inhibidores plaquetarios, betabloqueantes, antiepilépticos,
antidiabéticos, etc.
• P: patología previa o antecedentes personales médicos y quirúrgicos, enfermedades o
problemas de salud que pueden afectar a su situación como paciente traumático.
• LI: libaciones y últimos alimentos, hora de la última ingesta, dato importante conocer
para tener en cuenta a la hora de inducir la anestesia en quirófano por riesgo de bron-
coaspiración.
• A: ambiente y eventos relacionados con trauma, sucesos que han ocasionado la lesión.

Además la historia deberá reflejar el mecanismo que ha producido la lesión, el uso de dis-
positivos de protección (por ejemplo, cinturones de seguridad, cascos, etc), y una puntua-
ción de dolor.

Con respecto al tipo de lesiones, se pueden clasificar en dos grandes grupos: trauma ce-
rrado y trauma penetrante.

380
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

• Trauma cerrado: generalmente se producen por accidentes de coche/moto, caídas, pre-


cipitados y agresiones con objetos contundentes.
En el caso de los accidentes de coche tendremos en cuenta si llevaba el cinturón de se-
guridad abrochado, deformación del volante, localización del impacto, deformidades del
vehículo (sobre todo aquellas que invadan el habitáculo), eyección de los ocupantes,
ubicación dentro del vehículo, si era el peatón, etc. En el caso de los motoristas además
recogeremos en nuestra historia si llevaba el casco, tipo de ropa de protección, trayec-
toria de la caída, posibles obstáculos en su camino y posición final del paciente y del
vehículo. En los precipitados estimaremos la altura de la caída a fin de calcular el tipo
de energía en el impacto. En general también nos interesará saber el tiempo transcurrido
desde el accidente y si hubo pérdidas de conciencia.
• Trauma penetrante: son producidos por armas de fuego, armas blancas (cuchillos, pun-
zones, destornilladores) y los empalamientos. Los factores que determinan el tipo y gra-
vedad de estas lesiones está relacionado con la zona anatómica afectada y con los
órganos que allí se encuentren.

5.2 Examen físico:

INSPECCIÓN
AUSCULTACIÓN
PERCUSIÓN
PALPACIÓN

5.2.1 Cabeza:

Iniciamos la evaluación secundaria con la exploración visual de la cabeza y la cara,


donde buscamos contusiones, laceraciones, asimetrías óseas, hemorragias, fracturas
y anomalías oculares. Para ello miraremos detenidamente debajo del pelo para de-
tectar lesiones en partes blandas, palparemos los huesos del cráneo y de la cara para
localizar crepitaciones, desviación o hundimiento.

A nivel de los ojos, identificaremos la agudeza visual, el tamaño de las pupilas, he-
morragias conjuntivales, traumas penetrantes y lentes de contacto que retiraremos
en caso de estar presentes o cuerpos extraños que hayan podido penetrar.

Inspeccionaremos oídos, nariz, boca en busca de sangrado o presencia de LCR e


identificaremos signos como el de Batlle (hematoma retroauricular), ojos de mapache
(hematoma periorbital), nasolicuorrea, etc.

En pacientes con fracturas craneales que sospechemos que la lámina cribiforme esté
rota, se introducirá la SNG por la boca, como se ha comentado.

5.2.2 Cuello:

Buscaremos cortes, hemorragias, contusiones, deformidades, desviación traqueal e


ingurgitación yugular. El examen del cuello incluye la inspección, auscultación y pal-
pación; en la palpación podemos encontrar enfisemas subcutáneos de origen larín-
geo, traqueal o pulmonar y si observamos la triada de crepitación laríngea, ronquera
y enfisema subcutáneo, sospecharíamos de fractura laríngea. Los pulsos carotídeos
se deben palpar y auscultar en busca de soplos. La mayoría de las lesiones cervicales
381
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

vasculares son consecuencia de traumas penetrantes, así mismo también podemos


tener disecciones y trombosis tras la aplicación brusca de una fuerza en el cuello o
de la tracción que ejerce el cinturón de seguridad.
Generalmente todo paciente que ha sufrido un traumatismo maxilofacial o craneal de-
beremos sospechar de una lesión en la columna cervical hasta que se demuestre lo
contrario, por lo que inmovilizaremos el cuello hasta que por estudios radiológicos se
descarte la lesión.

5.2.3 Tórax:
Los signos que podemos valorar son el dolor, dificultad respiratoria o hipoxia y los rui-
dos respiratorios.
1. Inspección: valoraremos la pared anterior, lateral y posterior del tórax en busca de
lesiones como el neumotórax abierto y tórax inestable o volet costal, para ello pal-
paremos toda la caja torácica incluyendo las clavículas, costillas y esternón, este
último cuando se haya fracturado, la presión sobre él es muy dolorosa al igual que
cuando se produce la desinserción costocondral.

2. Auscultación: la valoración del flujo del aire en la parte anterosuperior a la altura


del 1er y 2º espacio intercostal estará encaminada a la detección del neumotórax y
los de la base de la cara posterior al hemotórax; los crepitantes en cara posterior
nos pueden guiar a la sospecha de contusiones pulmonares Si auscultamos ruidos
cardiacos apagados con una disminución de la presión del pulso podríamos sos-
pechar de taponamiento cardiaco, que junto con el neumotórax a tensión se podría
observar una ingurgitación yugular (en caso de que no coexista hipovolemia).

3. Palpación: buscaremos asimetría de movimientos, abultamiento o hundimiento en


las estructuras óseas del tórax, rigidez, defensa, en general cualquier evidencia
que nos haga sospechar de una lesión en la zona del tórax; con la palpación tam-
bién podremos intentar descartar un enfisema subcutáneo al reconocer ese sonido
y sensación típicas. De igual manera si detectamos hematomas y contusiones
sobre el esternón podemos sospechar lesión cardiaca; con herida punzante pa-
raesternal se puede considerar un taponamiento cardiaco, con herida descendente
desde el 4º espacio intercostal posible afectación del diafragma y con herida as-
cendente (últimamente más frecuentes) neumotórax, afectación cardiaca y de gran-
des vasos. Valoraremos la trayectoria oblicua del cinturón de seguridad y las zonas
de presión que ha ejercido.

4. Percusión: buscamos hiperresonancia o matidez.

5.2.4 Abdomen:

A nivel extrahospitalario es más importante el constatar que existe una lesión a nivel
abdominal por el elevado sangrado que se puede producir y que va a requerir de vo-
lumen sanguíneo y de unidad quirúrgica que del diagnóstico específico. El abdomen
es una zona de reevaluación continua ya que según vaya apareciendo el sangrado
interno se irán manifestando los signos, pudiendo estar éstos ausentes en los prime-
ros momentos o incluso durante nuestra primera evaluación. Tendremos especial con-
sideración en el caso de las mujeres embarazadas como más adelante veremos en
el capítulo correspondiente.

En nuestra exploración zonificaremos el abdomen en 9 cuadrantes (foto 1) y según


la región afectada anatómicamente conoceremos los posibles órganos afectados.
382
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

Foto 1 distribución del abdomen por cuadrantes

1. Hipocondrio derecho: en esta región se localiza el hígado y las vías biliares

2. Región epigástrica o epigastrio: debajo se localiza el estómago.

3. Hipocondrio izquierdo: está situado el bazo.

4. Flanco o lateral derecho: se encuentra el colon ascendente.

5. Región del mesogastrio o umbilical: región del intestino delgado.

6. Flanco o lateral izquierdo: se encuentra el colon descendente.

7. Fosa ilíaca derecha o región inguinal derecha: zona del ciego y apéndice.

8. Hipogastrio o región suprapúbica: región de la vejiga urinaria cuando está


llena.

9. Fosa ilíaca izquierda o inguinal izquierda: región del colon sigmoideo o sigma.

a. Inspección: observamos el abdomen anterior y posterior en busca de lesiones ce-


rradas, penetrantes y sangrado interno, identificándolos mediante el hallazgo de
signos de erosiones, cortes, distensión abdominal (defensa), evisceraciones y he-
matomas; éstos inicialmente pueden no ser visibles o no haberse manifestado, por
lo que en general cuanto antes se presenten los hematomas y más grande sea su
extensión, más grave será el sangrado interno. Prestaremos atención al hematoma
en banda producido por el cinturón de seguridad.
b. Auscultación: a nivel del paciente traumático no nos aporta información muy rele-
vante.
c. Percusión: percutimos el abdomen en las diferentes zonas buscando zonas dolo-
rosas, comprobar timpanismo (aire) o matidez (líquido).
d. Palpación: palpamos en busca masas pulsátiles, zonas dolorosas y de defensa
abdominal.
383
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

5.2.5 Pelvis, periné, recto, vagina:


Las fracturas de pelvis pueden provocar un sangrado muy elevado y ser las respon-
sables de provocar un shock hipovolémico; las clasificaremos en: a) estables (sin
compromiso del anillo pelviano), b) rotacionalmente inestable pero con estabilidad
vertical (lesión en libro abierto) y c) rotacional y verticalmente inestable (unilateral, bi-
lateral y fractura acetabular asociada).
a. Inspección: exploraremos la región lumbar, glútea y perineal en busca de hema-
tomas, sangre en meato, equimosis inguinal, perineal y escrotal o en labios ma-
yores en la mujer (signo de Coopernail), valoraremos la impotencia funcional, el
desnivel entre ambos huesos ilíacos, rotación externa de uno o los dos miembros
inferiores y el ascenso de uno o los dos miembros inferiores. Miraremos también
si hay presencia de sangre en la ropa interior del paciente.
b. Palpación: se realizará por una única persona y una sola vez a fin de no favorecer
más el sangrado sobre todo si tenemos una pelvis inestable, realizaremos una li-
gera compresión lateral bimanual de las espinas anterosuperiores y la sínfisis del
pubis para verificar si hay dolor (signo de verneuil), si hay dolor en la abducción
del muslo opuesto al lado lesionado (signo de gosselin). Podemos realizar un tacto
rectal para comprobar el tono del esfínter anal, el estado y la sensibilidad de la mu-
cosa descartando así la presencia de sangre, de igual forma si nos encontramos
sangre en el meato urinario, nos harán sospechar de la existencia de lesión pél-
vica.
Inmovilizaremos al paciente con una faja pélvica
de presión con el objetivo de disminuir el san-
grado y la morbimortalidad.

5.2.6 Espalda:
Exploraremos la zona de la espalda para valorar las lesiones que quedan ocultas a
nuestra visión por encontrarse el paciente en decúbito supino, para ello le lateraliza-
remos sobre una superficie rígida y le inspeccionamos, auscultamos y palpamos en
busca de heridas y de fracturas vertebrales a nivel de la columna dorsal y lumbar. Si
el paciente estuviera en decúbito lateral y no hubiera habido ningún compromiso en
el ABCDE, aprovecharíamos para explorarlo antes de colocarlo en decúbito supino
sobre el medio de inmovilización más adecuado.

5.2.7 Extremidades:
a. Inspección: observaremos todos los huesos y articulaciones de las extremidades
superiores e inferiores en busca de evidencias de lesiones abiertas, cerradas o pe-
netrantes, evidenciándose por sangrado, laceraciones, deformidades, impotencia
funcional, contusiones, hematomas, equimosis, etc.
b. Palpación: recorreremos todas las extremidades determinando la presencia de
dolor, crepitación, movimientos anormales, sensibilidad, relleno capilar distal y pre-
sencia de pulsos periféricos (según la zona afectada iremos de la parte más distal
a la más proximal, radial, cubital, braquial, pedio, poplíteo y femoral). Valoraremos
además el color y la temperatura como signos de isquemia tisular e inflamación.
384
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

5.2.8 Exploración neurológica:


Reevaluaremos el nivel de conciencia con la escala de Glasgow y el tamaño, forma
y reactividad de las pupilas, si observamos una disminución en la puntuación obtenida
en la realizada en la evaluación primaria, sospecharemos de un deterioro en el estado
neurológico que nos hará revisar la oxigenación y la perfusión cerebral (ABC); si no
encontramos ninguna anomalía en ellos entonces será más acuciante el llegar cuanto
antes al centro hospitalario útil por la necesidad urgente de sangre y cirugía. Los sig-
nos que valoraremos para constatar una alteración del nivel de conciencia y de afec-
tación neurológica serán: inquietud, confusión, irritabilidad, letargia, cambios de
personalidad, cefalea, perturbaciones visuales (visión borrosa, doble y fotofobia), etc.
Además comprobaremos la orientación del paciente en espacio, tiempo y persona.
En la exploración pupilar tendremos en cuenta que en un sujeto sano o con lesiones
supratalámicas, las pupilas son intermedias, isocóricas y normorreactivas, salvo que
haya defectos en la transmisión de la luz o traumatismo ocular antiguo. Las anomalías
en las pupilas indican un problema entre el tálamo y el bulbo, excepto en las pupilas
farmacológicas por medicamentos tópicos o sistémicos (como en el caso de los opiá-
ceos (miosis) o la dopamina en dosis altas (midriasis)) y por las pupilas anóxicas (mi-
driáticas y arreactivas), que aparecen durante e inmediatamente después de una
parada cardíaca, normalizándose después salvo lesión diencefálica grave.
La anisocoria puede deberse a midriasis o miosis unilaterales. La pupila midriática,
se manifiesta normalmente por lesión del III nervio craneal y es un signo precoz de
herniación uncal. La exploración pupilar nos revelará importantes datos sobre la afec-
tación cerebral como así podemos observar en la tabla VII.

Tabla VII. ESTADO PUPILAR ETIOLOGÍA DE LA LESIÓN


PUPILAS LESIÓN ETIOLOGÍA
Lesión hemisférica bilateral,
Herniación transtentorial inicial
DIENCEFÁLICA Coma metabólico
MIÓTICAS REACTIVAS
Herniación transtentorial establecida
TEGMENTO Hipotensión o hipotermia severa
MESENCEFÁLICO Lesiones vasculares
MEDIAS
VENTRAL Intoxicación barbitúricos
NO REACTIVAS Intoxicación succinilcolina

Intoxicación por opiáceos


PROTUBERANCIAL
PUNTIFORMES Hemorragia protuberancial
REACTIVAS

PERIFÉRICA III PAR Herniación uncal o transtentorial


MIDRIASIS UNILATERAL
ARREACTIVA
Herniación transtentorial inicial
TECTUM Anoxia cerebral grave
MESENCEFÁLICO Intoxicación anticolinérgicos, atropina
MIDRIASIS BILATERAL DORSAL Intoxicación cocaína o anfetaminas
ARREACTIVAS
Uso simpaticomiméticos
HIPOTALÁMICA
Ó SIMPATICO Herniación transtentorial
MIÓTICA UNILATERAL CERVICAL
REACTIVA

385
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

Tenemos que tener en cuenta que dentro del contexto del paciente traumático también
pueden cohabitar otras patologías que potencien la gravedad de nuestro paciente.
Se pueden valorar los reflejos y signos meníngeos sobre todo en pacientes incons-
cientes, para ello comprobaremos los reflejos involuntarios como el corneal (mantener
los párpados abiertos y tocar la cornea con la punta de una gasa); reflejo faríngeo
(tocar la parte posterior de la faringe con una torunda de algodón y comprobar si le
provoca naúseas) reflejo oculocefálico, signo de Babinski (si flexiona el 1er dedo hacia
arriba y el resto hacia fuera, es positivo).
Valoraremos las respuestas motoras y sensitivas empezando por verificar la movilidad
espontánea de las cuatro extremidades, valorando asimetrías y movimientos anor-
males; la presencia de mioclonías, asterixis o temblor suele ser indicativo de afecta-
ción cortical difusa de tipo tóxico-metabólico. Si no observamos movimientos
espontáneos deberemos aplicar un estímulo doloroso y ver la respuesta. La presencia
de parálisis o paresias sugiere la existencia de lesiones a nivel SNC o medular.
Nos alarmarán especialmente los movimientos de flexión o extensión anormales que
pueden ser:
a. Decorticación: es la flexión y aducción de los miembros superiores e hiperextensión
de los miembros inferiores. Se produce por una lesión en las estructuras profundas
de los hemisferios cerebrales o en la porción superior del mesencéfalo.

b. Descerebración: se manifiesta por una hiperextensión, aducción y rotación interna


de los miembros superiores e hiperextensión de los inferiores. La lesión está si-
tuada en el en mesencéfalo o puente. La situación de descerebración fuera del
contexto del accidente cerebro vascular o crisis convulsiva, suele indicarnos una
afectación de las estructuras vitales y por consiguiente de la magnitud de la lesión.

6.- RESUMEN

Una correcta asistencia extrahospitalaria al paciente politaumatizado es primordial ya que más


la mitad de los fallecimientos se producen durante la primera hora. El Dr. Robert Adams Cowley
en Maryland estableció bajo esta premisa que el tiempo que se invierta en la escena prehospita-
laria para estabilizar al paciente no debe exceder a diez minutos.

Los objetivos son identificar y resolver lesiones vitales y prevenir lesiones. La secuencia co-
mienza con la evaluación de la escena, una vez evaluada la situación y los posibles riesgos y ne-
cesidades empezamos con la evaluación primaria, que se centra en las alteraciones que pueden
amenazar la vida del paciente en este momento; continuamos con la evaluación secundaria que
es una evaluación completa desde la cabeza hasta los pies a fin de identificar otras posibles le-
siones graves que podrían amenazar la vida del paciente o causar su discapacidad en fases pos-
teriores, y en función de todo ello tomaremos la decisión del tipo de transporte más idóneo
(terrestre o aéreo) y del centro útil, por lo que podemos entender el medio de transporte como la
“antesala” de urgencias, teniendo en cuenta la fisiopatología del transporte sanitario.

El Hospital debe ser informado con antelación de la llegada del paciente y de las características
más importantes sobre su patología y tratamiento practicados en el lugar del accidente o en su

386
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

traslado, para poder estar preparados en la sala de urgencias destinada a tal fin. En esta fase
de valoración se debe hacer hincapié en el control de la vía aérea, de hemorragias y del shock.
Todas estas actuaciones nos permitirán proporcionar una mejor perspectiva en vida y calidad de
vida a todo paciente traumatizado.

La hora de oro (golden hour) es la hora decisiva con la que cuenta el paciente desde que se
ha producido el accidente hasta instaurar las medidas hospitalarias/quirúrgicas necesarias para
el tratamiento definitivo del paciente. Este es una de los parámetros que desde la extrahospitalaria
podemos participar más activamente, acortando los tiempos de intervención y estabilización y
agilizando el transporte al centro hospitalario útil.

Si el paciente es capaz de mantener una mínima conversación coherente sabremos que está
consciente, que su vía aérea está permeable y el cerebro perfundido; a partir de este momento
nos dirigiremos a él por su nombre, creando de esta manera un pequeño vínculo, que nos ayudará
a conseguir un ambiente más favorable y a reducir en parte la ansiedad que se le ha generado
por esta situación extraña y anómala para él.

Reflejaremos todos los datos observados desde nuestro inicio de la intervención hasta la lle-
gada al hospital en nuestro informe de enfermería para poder realizar una trasferencia satisfac-
toria; ésta es la única manera de no perder ningún dato relevante que pudiera omitirse por exceso
de datos en la transmisión oral al enfermero receptor y de obtener una cobertura legal, en caso
ser requerida nuestra actuación por orden judicial (es preferible escribir de más que de menos).

7.- BIBLIOGRAFÍA
1. Fernández Ayuso, D., Aparicio Santos, J., Pérez Olmo, J. L., Serrano Moraza, A. Emergencia prehospitalaria y res-
cate. 2ª Ed., Madrid. Arán. 2008. p. 428.
2. Siniestralidad vial. España 2010. DGT. Observatorio Nacional de Seguridad Vial. Madrid. 2011 Disponible en:
[Link]
fras_siniestralidadl011.pdf.
3. Valoración inicial de enfermería al politraumatizado. 1ª ed. Sevilla. 2006. p.13-15.
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de América, 2008. p. xviii-xix; 2-3.
5. Gómez Martínez V., Ayuso Baptista F., Jiménez Moral G., Chacón Manzano M.C. Recomendaciones de buena
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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.2 Valoración primaria y secundaria del paciente traumatizado

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PACIENTE%20POLITRAUM%C3%[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.

388
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.3 Vía aérea en el paciente traumático


AUTORES: Manuel González León, Belén Muñoz Isabel, Víctor Martín Rodríguez,
Juan Carlos Nieto Fernández, Fernando Abad Esteban
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

ÍNDICE
1.- OBJETIVOS
2.- INTRODUCCIÓN
3.- VÍA AÉREA
3.1 Traumatismo maxilofacial
3.2 Traumatismo de cuello
3.3 Traumatismo laríngeo
3.4 Signos de obstrucción

4.- VENTILACIÓN
4.1 Signos de ventilación ineficaz

5.- MANEJO DE LA VÍA AÉREA EN EL PACIENTE TRAUMATIZADO


5.1 Técnicas de mantenimiento de la vía aérea
5.1.1 Maniobra de elevación del mentón
5.1.2 Maniobra de avance mandibular
5.1.3 Sistema de aspiración
5.1.4 Cánula orofaríngea
5.1.5 Cánula nasofaríngea
5.1.6 Mascarilla Laríngea (ML)
5.1.7 Mascarilla Laríngea Fastrach (MLF o ILMA)
5.1.8 Tubo Esofágico multifenestrado (COMBITUBE)
5.1.9 Tubo Laríngeo (TL)
5.1.10 Guía de Intubación Orotraqueal de Eschmann (GIO)

6.- VÍA AÉREA DEFINITIVA


6.1 Intubación orotraqueal.
6.1.1 Laringoscopio óptico AIRTRAQ
6.1.2 Video Fibrolaringoscopio flexible
6.2 Intubación Nasotraqueal.
6.3 Vía aérea quirúrgica
6.3.1 Cricotiroidotomía con aguja
6.3.2 Cricotiroidotomía quirúrgica

7.- VÍA AÉREA DIFÍCIL


7.1 Secuencia de intubación rápida (SIR)

8.- ESQUEMA DE MANEJO DE LA VÍA AÉREA

9.- VALORACIÓN DE LA OXIGENACIÓN Y VENTILACIÓN EN EL


PACIENTE TRAUMÁTICO

10.- RESUMEN

11.- BIBLIOGRAFÍA

390
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

1.- OBJETIVOS
• Conocer e identificar los indicadores predictivos de riesgo de compromiso de la vía aérea.
• Identificar de manera precoz los signos y síntomas de instauración de obstrucción aguda de
la vía aérea.
• Aprender cuales son las técnicas para la permeabilización de la vía aérea.
• Realizar una evaluación rápida de la eficacia de la ventilación y oxigenación realizada en la
vía aérea permeable.
• Identificar y conocer el método o dispositivo más eficaz para asegurar un soporte ventilatorio
adecuado al paciente traumatizado.
• Conocer la importancia de establecer en cuanto nos sea posible una vía aérea definitiva, así
como mantener correctamente oxigenado al paciente en todas las etapas que comprende la
realización de la técnica.

2.- INTRODUCCIÓN
La consecuencia más común que causa con más celeridad la muerte en los pacientes trau-
matizados es el aporte insuficiente de sangre oxigenada al cerebro y a órganos vitales, por lo que
nuestra primera actuación en la asistencia prehospitalaria, debe estar encaminada a la permea-
bilización de la vía aérea y a la aplicación del soporte ventilatorio que fuera preciso.

Como norma general y por su particular condición, a todo paciente traumático inicialmente se
le debe administrar oxígeno y posteriormente ajustar su aporte según la patología traumática que
presente mediante pulsixiometría y capnografía.

En el paciente traumático podemos identificar una serie de causas de muerte evitable en re-
lación con el manejo de la vía aérea, siendo algunas de estas:

• No reconocer los indicadores de afectación de la vía aérea, retrasando así la prioridad de ac-
tuación sobre la misma.
• Dificultad para establecer una vía aérea permeable.
• No reconocer cuando los dispositivos empleados para permeabilizar/aislar la vía aérea están
correctamente colocados.
• Movilización involuntaria de un dispositivo de vía aérea colocado en el paciente.
• No haber evaluado el riesgo de broncoaspiración por contenido gástrico y no tener disponible
de manera inmediata el equipo de aspiración.

Recordemos que la patología traumática es dinámica y por tanto cambiante en el tiempo, por
lo que debemos realizar continuas reevaluaciones de su estado a fin de anticiparnos a los cambios
que agraven su proceso(1) .

“ANTE UN PACIENTE TRAUMÁTICO CRÍTICO, DEBEMOS SIEMPRE ANTICIPARNOS A ÉL,


SI VAMOS POR DETRÁS SIGUIENDO SU EVOLUCIÓN NUNCA LE ALCANZAREMOS”.

391
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

A pesar de todo ello el manejo de la vía aéra extrahospitalaria es un tema controvertido. Hay gru-
pos que han desarollado protocolos de Secuencia de Intubación Rápida con diferentes resultados,
algunos contradictorios. Winchell encontró una significativa reducción de la mortalidad con la in-
tubación traqueal prehospitalaria(2). Cooper mostró una disminución de las complicaciones rela-
cionadas con el trauma y Hicks demostró una reducción de la hipoxemia durante el traslado al
centro hospitalario(3). Sin embargo, en un estudio prospectivo Grant [Link] et al demostró
que la intubación prehospitalaria está asociada a un incremento de la mortalidad en pacientes
politraumatizados que fueron ingresados en el hospital con TCE no letal (4).

3.- VÍA AÉREA


Para identificar de manera precoz un compromiso relacionado con la vía aérea, tendremos en
cuenta los mecanismos lesionales considerados de gravedad por la forma del siniestro, así como
el tipo de traumatismo que presenta nuestro paciente, que pueden hacer presuponer un desenlace
potencialmente mortal(1,6,7,8).

En referencia al compromiso de la vía aérea haremos especial hincapié a los traumatismos


maxilofaciales, cervicales y laríngeos, de igual manera identificaremos los signos de obstrucción
completa o parcial de la vía aérea derivados de los traumatismos anteriores, ya sea por cuerpos
extraños, por fracturas y edemas faciales o laringo-traqueales o por la propia relajación del mús-
culo de la lengua.

Los pacientes con alteración del nivel de consciencia son considerados de riesgo, con una vía
aérea potencialmente comprometida, por lo que generalmente finalizan con un aislamiento defi-
nitivo de ésta, con el fin de asegurar una correcta oxigenación, prevención de la hipercapnia y
evitar la aspiración del contenido gástrico o sanguinolento, derivado de las heridas producidas
por el traumatismo.

Un paciente inconsciente con un traumatismo craneoencefálico, un traumatismo torácico con


afectación de la función ventilatoria o trastornos de la consciencia por ingesta de alcohol y/o dro-
gas van a presentar una hipoventilación que tendrán como consecuencia un aumento del nivel
de CO2, acidosis y finalmente la muerte, por lo que son susceptibles de precisar una intubación
endotraqueal definitiva.

3.1 Traumatismo Maxilofacial

El compromiso de la vía aérea puede ser secundario a cambios estructurales en la anatomía


del paciente a consecuencia del traumatismo o a la obstrucción de la vía aérea por objetos
o líquidos; los cambios estructurales pueden derivar de fracturas de los huesos faciales o
hematomas o edemas en los tejidos que comprometen la nasofaringe y la orofaringe y la
obstrucción de la vía aérea puede ser debida al desplazamiento de piezas dentales o frag-
mentos óseos al tracto respiratorio, así como de sangre, secreciones o coágulos producidos
por las hemorragias ocasionadas en el traumatismo.

Las fracturas más comunes en los traumatismos faciales son las de los huesos propios de
la nariz, pudiendo presentar deformidad, equimosis, edema, epístaxis y crepitación a la pal-
pación.

392
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

Las fracturas de la línea media facial las podemos dividir en fractura Le Fort de tipo I, II y
III(5) según su alcance y regiones óseas afectas; en las fracturas que abarcan de forma bi-
lateral la región mandibular es frecuente la perdida de la simetría facial y la cara suele estar
aplanada, presentando el paciente incapacidad de ocluir la mandíbula, manifestando dolor
o parestesias locales además de presentar crepitación a la palpación y deformidad en es-
calón. Una complicación de este tipo de fracturas se presenta en los pacientes en decúbito
supino por el riesgo de obstrucción de la vía aérea por la lengua al perder su soporte óseo
quedando ésta con cierta inestabilidad.

3.2 Traumatismo de Cuello

Las arterias carótidas y las venas yugulares internas cruzan la región del cuello en la parte
anterior de la tráquea y una herida penetrante en esta zona puede producir una hemorragia
severa ocasionando obstrucción y desplazamiento de la vía aérea, teniendo que recurrir a
la elección de una vía aérea quirúrgica de emergencia si no fuera posible la intubación en-
dotraqueal.

Un paciente con traumatismo en la tráquea y con obstrucción parcial de la vía aérea a pesar
de la gravedad de esta lesión, inicialmente puede ser capaz de mantener permeable esta
vía y de presentar una adecuada ventilación, aunque si sospechamos un compromiso de
la vía aérea, deberemos conseguir una vía aérea definitiva ya que la pérdida de la perme-
abilidad puede producirse en cualquier momento y entonces tendríamos que recurrir a un
acceso quirúrgico precoz de emergencia.

3.3 Traumatismo Laríngeo

Es un tipo de traumatismo poco frecuente y es debido a un golpe contundente en la región


cervical anterior, teniendo como consecuencia una obstrucción aguda de la vía aérea. La
triada de signos que se producen son: ronquera, enfisema subcutáneo y fractura palpa-
ble(6,7,8); el paciente puede presentar un cambio de voz a un tono más grave, en la palpación
podernos observar un enfisema subcutáneo y una contusión cervical o pérdida de la promi-
nencia del cartílago tiroides (nuez de Adán).

La intubación endotraqueal, si no es guiada con un endoscopio flexible y realizada rápida-


mente, estaría contraindicada por el riesgo de alterar los fragmentos de la fractura, por lo
que para un paciente con este tipo de traumatismo y con compromiso de la vía aérea, la
cricotiroidotomía quirúrgica aunque no es el procedimiento de elección, puede salvar la vida
del paciente.

La respiración ruidosa es indicativa de obstrucción parcial aunque puede evolucionar a com-


pleta de manera súbita, presentando una ausencia de ruidos respiratorios; si el nivel de
consciencia está deprimido el constatar la obstrucción severa de la vía aérea va a resultar
más difícil, por lo que si observamos un trabajo respiratorio más exacerbado podremos de-
terminar la obstrucción de la vía aérea de una lesión en el árbol traqueobronquial.

3.4 Signos de Obstrucción

Para detectar una obstrucción de la vía aérea vamos a contemplar una serie de signos que
podremos valorar de manera objetiva(7,8).

393
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

• Inspección: miraremos en la boca si de manera evidente se visualiza algún cuerpo ex-


traño o presenta alguna deformidad anatómica importante, valoraremos el nivel de cons-
ciencia, ya que un estado de agitación-excitación incluso de agresividad nos puede hacer
sospechar hipoxia (no caer en el error de confundirlo con una intoxicación); en cambio
un estado de estupor nos hace sospechar hipercapnia. La cianosis presente en lechos
ungueales y mucosidades nos lleva a sospechar hipoxia, aunque como éste es un signo
tardío, daremos prioridad a la utilización de la pulsixiometría a la hora de valorar la obs-
trucción de la vía aérea. Finalmente comprobaremos si existe tiraje y retracción de los
espacios supraclaviculares, intercostales y costales, respiraciones paradógicas (debidas
a fatiga muscular e incapacidad del diafragma para contraerse).

• Auscultación: buscaremos sonidos anormales, los ruidos procedentes de la vía aérea


superior no son favorables y en algunas ocasiones los podremos oír según nos acer-
quemos al paciente. La obstrucción funcional de la laringe se manifiesta por una disfonía
y el estridor, ronquera o gorgoteo pueden ser debidos a una obstrucción parcial de la fa-
ringe o de la laringe; un edema o inflamación en la vía aérea va ser una situación de
emergencia que va a requerir de una acción inmediata para desobstruir y permeabilizar
la vía aérea.

• Palpación: Constataremos que la tráquea se encuentra correctamente alineada.

4.- VENTILACIÓN
La permeabilización de la vía aérea no es suficiente si no podemos garantizar una adecuada
ventilación del paciente y ésta puede estar alterada por una obstrucción de la vía aérea como ya
hemos comentado y por depresión del sistema nervioso central (SNC); cuando estemos seguros
de que tenemos la vía aérea permeable y no mejora la respiración tendremos que identificar otras
causas y tratarlas.

Tendremos especial atención en traumatismos torácicos con fracturas costales que pueden
presentar una respiración paradójica, una ventilación rápida y superficial, que de no solventarlo,
el paciente manifestará un estado de hipoxemia; los pacientes con una patología de base previa
de carácter pulmonar tienen tendencia a presentar una ventilación comprometida; un traumatismo
craneoencefálico severo y lesiones de la médula espinal cervical pueden cursar con patrones
respiratorios anormales, si se ha producido una sección completa a nivel de C3 y C4 el paciente
presentará una respiración abdominal y una parálisis de los músculos intercostales, siendo muy
probable que el paciente precise ventilación mecánica asistida.

4.1 Signos de ventilación ineficaz

Para valorar la efectividad de la ventilación vamos a constatar una serie de signos de ma-
nera objetiva.

• Inspección: perciba si existe limitación de la elevación del tórax o si tiene asimetría en


los movimientos inspiratorios/espiratorios, un trabajo respiratorio exacerbado es repre-
sentativo de un problema incipiente en la ventilación del paciente que va a precisar de
una actuación precoz para evitar un desenlace fatal.

394
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

• Auscultación: auscultaremos ambos campos pulmonares en busca de zonas de hipo-


ventilación o ausencia de ruidos respiratorios en ambos hemitórax que nos harán sos-
pechar una lesión torácica.

Anteriormente utilizábamos el oxímetro de pulso para conocer la saturación de oxígeno y


la perfusión a nivel periférico para determinar la presencia de una obstrucción de la vía
aérea, pero esto no nos va a resultar de utilidad para valorar la calidad de la ventilación. En
este caso será de gran ayuda el uso de la capnografía y capnometría no invasiva valorando
el CO2 al final de la espiración.

5. MANEJO DE LA VÍA AÉREA EN EL PACIENTE TRAUMÁTICO


En el manejo prehospitalario de la vía aérea es prioritario, independientemente del método de
control de vía aérea que se utilice, una estabilización simultanea de la columna cervical en posi-
ción neutra a fin de evitar movimientos del cuello que ocasionarían lesiones medulares a nivel
cervical(9,10); haremos especial hincapié en los pacientes que presenten una lesión cervical ines-
table o en los pacientes que supongamos un riesgo de lesión, manteniendo estas maniobras de
inmovilización cervical hasta que sea descartada la lesión medular por examen clínico y pruebas
radiodiagnósticas(1,7).

En pacientes que tengan casco cuando sufren un accidente, extremaremos las medidas de
inmovilización cervical bimanual ya que como veremos en el capítulo de inmovilizaciones, la ma-
niobra de retirada de casco si no se realizan con un cuidado exquisito movilizaríamos en exceso
el cuello, favoreciendo así la posibilidad de lesión medular.

5.1 Técnicas de mantenimiento de la vía aérea

En un paciente en decúbito supino con un estado de consciencia deprimido la lengua se


vuelve flácida y se apoya sobre la pared posterior de la hipofaringe bloqueando así la vía
aérea. Al ser un paciente traumático no podemos hacer una hiperextensión del cuello por
el riesgo que ello conlleva, en cambio como la lengua está unida a la mandíbula, si despla-
zamos ésta hacia delante, también desplazaremos la lengua liberando así la obstrucción y
salvando el riesgo de lesión; posteriormente la vía aérea se puede mantener permeabilizada
con el uso de dispositivos como la cánula oro o nasofaríngea.

5.1.1 Maniobra de elevación del mentón:

Lo ideal en la realización de esta técnica sería que fuera realizada por dos sanitarios,
uno estabilizaría bimanualmente la columna cervical y el otro colocaría los dedos de
una mano por debajo de la mandíbula a nivel mentoniano colocando el 1er dedo en la
parte posterior de los incisivos inferiores, a modo de realizar una pinza que nos per-
mita elevar el mentón; la otra mano la colocaría en la región frontal para ayudar a evi-
tar la hiperflexión de la columna cervical.

5.1.2 Maniobra de avance mandibular:

La técnica consiste en colocar los dedos 2º y 3º en el ángulo mandibular inferior y los


pulgares sobre los huesos malares, y con ese mismo ángulo avanzaremos la mandí-
395
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

bula hacia adelante, con la precaución de mantener en todo momento la alineación


cervical neutra.

Foto 1. Elevación del mentón Foto 2. Avance mandibular

5.1.3 Sistema de aspiración:

La aspiración es una parte muy importe para el mantenimiento de la vía aérea per-
meable, ya que un paciente traumático puede no ser capaz de eliminar sus propias
secreciones, los vómitos, la sangre o los cuerpos extraños, por lo que será necesario
su aspiración. Deberemos tener la precaución de realiza la aspiración de manera in-
termitente y por espacio de tiempo corto para no facilitar la hipoxemia al paciente.
Para la aspiración a través del tubo endotraqueal deberemos emplear unas sondas
flexibles de una longitud de unos 50-55 cm para sobrepasar la vía aérea artificial, en
cambio para aspirar la orofarínge cuando hay un volumen importante de secreciones
o cuerpos extraños, se debe emplear la sonda rígida de punta de amígdala o Yan-
kauer(6,7,8,9).

Foto 3. Aspirador de secreciones y sondas

5.1.4 Cánula orofaríngea:

Se utiliza para permeabilizar la vía aérea en un paciente que es incapaz de hacerlo


por si mismo por un bajo nivel de consciencia, no utilizar en pacientes conscientes ya
que puede producir laringoespasmo, arcadas, vómitos (con riesgo de broncoaspira-
ción), debido a la estimulación del reflejo nauseoso; si el paciente lo tolerara sería in-
dicativo de que precisa intubación (tener especial precaución con los pacientes
simuladores entrenados).

La técnica de inserción más habitual consiste en colocar la cánula con la concavidad


hacia arriba e introducirla hasta el paladar blando, donde haremos una rotación de
180º hasta colocarla en su posición anatómica, quedando ésta por encima y detrás

396
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

de la lengua; el sentido de introducirla de esta manera es para evitar arrastrar la len-


gua hacia atrás que bloquearía la vía aérea. En niños se introducirá en su posición
anatómica sin rotación de la cánula para evitar heridas y erosiones en la cavidad oro-
faríngea.

Foto 4. Cánulas orofaríngeas

5.1.5 Cánula nasofaríngea:

Dispositivo blando de goma que lubricaremos previamente y se inserta por uno de


los orificios nasales quedando alojada en la orofarínge posterior; si en su inserción
observamos alguna resistencia, la retiraremos y lo intentaríamos por el otro orificio.
En fracturas craneales con sospecha de rotura de la lámina cribiforme, utilizaríamos
la cánula orofaríngea.

5.1.6 Mascarilla Laríngea (ML):

Dispositivo supraglótico que es empleado cuando los intentos


de intubación han sido infructuosos o presenta dificultad para
la ventilación bolsa-válvula-máscara. Se trata de un anillo hin-
chable de silicona conectado diagonalmente a un tubo de sili-
cona; se forma un sello de baja presión entre la ML y la
apertura glótica permitiendo el paso a tracto respiratorio, pero
hay que tener en cuenta que no provee al paciente de una vía
aérea definitiva y que si no se posee un mínimo de entrena-
miento corremos el riesgo de ubicarla en una posición inco-
rrecta, no cumpliendo la ML con su cometido (6,12).

Foto 5. Mascarilla Laríngea

Hay que elegir el tamaño correcto para cada paciente. La mascarilla laríngea evolu-
cionó a la mascarilla laríngea ProSeal que incorpora un segundo tubo lateral al tubo
de la vía aérea y cuyo extremo distal se localiza en la punta de la máscara; este tubo
tiene la finalidad de separar el tracto respiratorio del digestivo, pudiendo así introducir
una sonda orogástrica al estómago para vaciar su contenido al exterior.

5.1.7 Mascarilla Laríngea Fastrach (MLF o ILMA):

La máscara laríngea Fastrach (ILMA) es un tubo rígido anatómicamente curvado lo


suficientemente ancho para permitir insertar internamente un tubo endotraqueal; el
tubo está unido a un asa de metal rígido a modo de calzador que facilita la inserción

397
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

y ajuste de la posición con una sola mano, en su parte


más distal acaba en un anillo hinchable de silicona; este
modelo avanzado de mascarilla laríngea está indicado en
el manejo de la vía área difícil.

La Fastrach permite la ventilación a través del dispositivo


previo a la inserción del tubo y necesita una apertura
bucal mínima de 2 cm.; con este dispositivo la movilidad
de la columna cervical es mínima, por ello se está convir-
tiendo en uno de los dispositivos alternativos más utiliza-
dos en la asistencia extrahospitalaria.

Foto 6. Fastrach

La tasa de éxitos con la ILMA es de un 90-95% y si se


combina con un fibroscopio de un 99-100% (6,12,13).

Para la inserción del tubo endotraqueal a través de orificio de la Fastrach se reco-


mienda realizar de forma rutinaria la 2ª parte de la Maniobra de Chandy: elevar la
MLF desde la pared faríngea posterior, usando el mango metálico, lo que previene el
choque del TET con los aritenoides y minimiza el ángulo entre la apertura de la MLF
y la glotis.

5.1.8 Tubo Esofágico multifenestrado (COMBITUBE):

Es un tubo con doble lúmen esofágico y traqueal, se in-


troduce a ciegas en la cavidad orofaríngea de forma que
en la mayoría de los casos la punta se alojará en esó-
fago (14). Hay que tener el suficiente entrenamiento para
discernir cual de los tubos obstruye el esófago y cual per-
mite el paso de aire a la tráquea, para ello nos resultará
muy útil el disponer de un medidor de CO2 al final de la
espiración para constatar la correcta ubicación del dis-
positivo. En la actualidad el uso de este dispositivo ha
quedado en un segundo plano.

Foto 7. Combitubo

5.1.9 Tubo Laríngeo (TL):

Evolución del Combitube que permite una inserción laríngea a ciegas siendo éste un
dispositivo extraglótico pudiendo encontrar dos modelos, en uno de ellos se ha incor-
porado un acceso para permitir el drenaje del contenido gástrico. La ventaja que
aporta este dispositivo es el menor riesgo de trauma en la hipofaringe y que para su
colocación no precisa de una manipulación importante de la cabeza ni de la columna
cervical.

5.1.10 Guía de Intubación Orotraqueal de Eschmann (GIO):

Se la conoce también como Gum Elastic boggie (GEB), es una guía o estilete semi-
flexible de poliéster trenzado recubierto de una resina (evita los traumatismos larín-

398
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

geos). Inicialmente fue diseñada para el apoyo en las intubaciones difíciles en quiró-
fano, aunque a día de hoy su uso se ha extendido al ámbito extrahospitalario por ser
de gran ayuda sobretodo en las vías aéreas difíciles que no podemos visualizar las
cuerdas vocales por laringoscopia directa (7,15,16).

Físicamente es un estilete de unos 60 cm. de longitud y 15 French de diámetro per-


mitiendo introducirse en tubos de al menos 6 mm. de diámetro interno. La técnica de
inserción comienza con la introducción de la pala del laringoscopio seguidamente de
la GIO a ciegas, deslizando la punta angulada por debajo de la epiglotis y percibiendo
el resalto por arrastre de esta punta en los cartílagos traqueales, confirmando así su
ubicación en la traquea; posteriormente lubricamos el extremo proximal e introducimos
el tubo endotraqueal y una vez inflado el balón de neumotaponamiento y retirada la
GIO, comprobamos su correcta ubicación por auscultación y capnografía.

El uso de la GIO está indicado en pacientes con Mallampati clase III, epiglotitis rígida
y en la intubación de pacientes con inmovilidad cervical, que va a ser el caso que nos
afecte en cuestión, habiendo conseguido una tasa de éxito en el ámbito extrahospi-
talario de un 80% en pacientes que tuvieron una laringoscopia directa difícil.

Foto 8. Guía de Intubación Orotraqueal de Eschmann

6.- VÍA AÉREA DEFINITIVA


Cuando nos referimos al término de vía aérea definitiva, nos referimos a que hemos alojado
un tubo en la tráquea con un balón de neumotaponamiento y que lo hemos conectado a un sis-
tema de ventilación asistida enriquecido con O2, de esta forma conseguimos ya no solo una per-
meabilización de la vía aérea sino también un aislamiento de la misma (1,6,7,8,15,17).

Los indicadores que nos sugerirán la necesidad de una vía aérea definitiva están basados en
la clínica que presente el paciente (Ver Tabla I); el oxímetro de pulso y la capnografía son herra-
mientas muy útiles para determinar la necesidad o urgencia por establecer una vía aérea definitiva
así como de la efectividad lograda.

Hay tres clases de vía aérea definitiva, la intubación orotraqueal, intubación nasotraqueal y
vía aérea quirúrgica.

399
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

Tabla I. Indicaciones Vía Aérea Definitiva.

Pérdida de reflejos protectores - Disminución del nivel de conciencia GCS ≤ 8


- Parálisis neuromuscular
- Actividad convulsiva persistente
- Apnea

Riesgo de broncoaspiración - Hemorragia


- Vómito
- Secreciones abundantes

Riesgo de obstrucción de vía aérea - Traumatismos faciales, maxilares severas


- Lesión laríngea o traqueal
- Hematoma en cuello
- Edema laríngeo
- Estridor
- Inhalación de humo/ quemaduras vía aérea

Insuficiencia respiratoria - Hipoxemia grave a pesar de O2


- Hipercapnia
- Hipoventilación
- Taquipnea
- Cianosis

6.1 Intubación Orotraqueal

Foto 9. Intubación Orotraqueal

Ha sido el método tradicional más empleado en el aislamiento de la vía aérea en pacientes


traumáticos y en aquellos que presenten un problema de oxigenación importante o un pa-
ciente con un compromiso ventilatorio severo que precise de ventilación asistida (7,8,15,17,18).
El método empleado va a depender de la urgencia (Orotraqueal vs Nasotraqueal) o nece-
sidades del paciente, como la posición del paciente (caudal, cara a cara (8)).

La técnica más utilizada es la Orotraqueal en la que introduciremos el tubo endotraqueal


guiado por laringoscopia directa a través de las cuerdas vocales, durante el proceso nos
podemos ayudar de dos maniobras, la maniobra de SELLICK, para reducir el riesgo de as-
piración presionando sobre el cartílago cricoides con los dedos índice y pulgar, consiguiendo
el cierre mecánico del esófago, evitando con ello el paso de aire al estómago, la distensión
gástrica (mientras se ventila al paciente) y el paso de contenido gástrico a la vía aérea; y la

400
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

maniobra de BURP (Back Up, Right, Position or pressure) que nos ayuda en la intubación
a visualizar la cuerdas vocales al desplazar de forma manual y externa la laringe mediante
presión sobre el cartílago tiroides en tres direcciones: Atrás hacia las vértebras cervicales,
arriba y ligeramente a la derecha del paciente.

Una vez introducido el TET (tubo endotraqueal) inflaremos el balón de neumotaponamiento


y comprobaremos la correcta ubicación del mismo; para ello auscultaremos bilateralmente
ambos hemitórax y descartaremos ruidos o borborismos en epigastrio y visualizaremos la
elevación y depresión simétrica del tórax. También podremos comprobar si hay condensa-
ción de vapor de agua en el TET en la fase de espiración, aunque como método más fiable
sería el empleo de un capnógrafo para detectar el CO2; si medimos CO2 en el aire espirado
comprobamos que la intubación ha sido un éxito y si la medición de CO2 es negativa, sig-
nificará que hemos colocado el tubo en vía esofágica (6,7,8).

Foto 10. Capnógrafo

Foto 11. Sonda de capnografía paciente intubado

Una vez hayamos comprobado la correcta ubicación del tubo, lo fijaremos para que no se
desplace ya que podría extubarse o progresar a una intubación selectiva del bronquio de-
recho al introducirse en exceso. Durante el traslado comprobaremos que el tubo no se ha
desplazado con los movimientos, volviendo ser de utilidad la auscultación, la oximetría y la
capnografía.

La intubación cara a cara o face to face(8) la realizaremos cuando no nos sea posible colo-
carnos en posición caudal al paciente, siendo algunas de estas situaciones el encarcela-
miento dentro de un vehículo, en derrumbes que haya quedado atrapado el paciente, etc.

Foto 12. Intubación Cara a Cara


(Face to Face)

401
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

6.1.1 Laringoscopio óptico AIRTRAQ:

Es un dispositivo para el abordaje de la vía respiratoria anatómicamente difícil, que


puede ser utilizado de forma rápida, fácil y segura; posee un canal que finaliza en una
lente distal y la imagen se transmitirá a un visor proximal a través de una combinación
de lentes y un prisma, en lugar de utilizar fibra óptica, permitiéndonos visualizar la
epiglotis, estructuras vecinas y las cuerdas vocales; funciona con cualquier estilo de
tubo endotraqueal: estándar, reforzado o espiralado o con preforma. El convencional
puede utilizar tubos cuyo diámetro interno varíe entre 7,0 mm y 8,5 mm y para una
apertura bucal mínima de 18 mm.

Este dispositivo dispone de una luz tipo LED de baja temperatura que funciona a ba-
tería, este LED se debe encender al menos durante 30 segundos antes de su uso,
para evitar que se empañe.

La pala del Airtraq se insertará en la boca en la línea media y pasar sobre el centro
de la lengua. Para contribuir a su introducción, se puede utilizar un dedo para abrir la
boca. Algunas diferencias anatómicas (mandíbula pequeña, cuello corto, torso pro-
minente) pueden dificultar su introducción.

La punta la colocaremos en la vallécula para elevar la epiglotis, de igual manera a


como cuando utilizamos el laringoscopio de MacIntosh. Durante la progresión del Air-
traq se aplicará cierta elevación que nos permitirá identificar la úvula y la epiglotis
mientras realizamos la intubación. Una vez identificada la epiglotis introduciremos el
TET por el canal sin relajar la elevación del Airtraq para no perder la exposición de
las cuerdas vocales. Una vez que el balón haya pasado por la glotis, se puede insuflar
el neumotaponamiento y conectar el circuito de respiración. Para separar el TET del
canal guía podemos introducir un dedo entre el canal y el TET y empujar hacia abajo
hasta separarlo completamente.

Foto 13. Introduciendo el Airtraq

6.1.2 Video Fibrolaringoscopio flexible(19):

Es un dispositivo que por sus características nos permite visualizar la apertura de la


glotis en una pantalla a color de alta resolución, facilitando la identificación de las es-
tructuras y referencias anatómicas sin necesidad de alinear el eje oral, faríngeo y tra-
queal, lo cual es de suma importancia en el contexto del manejo cervical de la vía
aérea de una paciente traumático.

402
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

Este monitor de pantalla a diferencia de otros sistemas de guiado (como por ejemplo
el Airtraq, visto anteriormente), puede regularse y trabajar en diferentes posiciones,
abarcando rangos de 0º a 120º, permitiéndonos de esta manera la intubación desde
cualquier posición siendo esto muy útil en escenarios con un espacio restringido o un
acceso limitado al paciente.

A este dispositivo se le acopla una pala de laringoscopio especial para intubación


guiada, que nos permite colocar el tubo endotraqueal antes de comenzar la técnica.
La guía del tubo endotraqueal dirige a éste hacia la apertura glótica que es mostrada
en la pantalla por una diana con unas marcas (según modelos), eliminando de esta
forma la necesidad de utilizar un estilete guía (fiador) en el interior del tubo endotra-
queal.

Algunas de estas palas especiales disponen de un canal de succión para poder aco-
plar una sonda de aspiración, siendo esto muy útil en traumatismos con un sangrado
abundante que nos dificultan la visión en la cavidad oral.

Anillodeajuste
Monitor Dianaconobjetivo

Pantalladel
monitor

Botónencendido
Punta
Entradacatéter
desucción Paladeelevación
deepiglotis

Guíatubo Ventanaexterior
endotraqueal

Salidaparacatéterdesucción

Foto 14. Video Fibrolaringoscopio flexible:

6.2 Intubación Nasotraqueal

La intubación Nasotraqueal realizada a ciegas precisa de respiración espontanea por parte


del paciente, aunque podría aplicarse a un paciente en apnea. Una contraindicación relativa
serían los casos con traumatismos faciales, de la base de cráneo y de la lámina cribiforme.
Sospecharemos alguna de estas lesiones si presentan hematomas periorbitales (ojos de
mapache), signo de Battle (hematoma retroauricular) o pérdida de líquido cefalorraquídeo
por nariz u oídos (rinorraquia o otorraquia). No es utilizada como primera elección por dichas
complicaciones relativas (6,7,8).

403
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

6.3 Vía Aérea Quirúrgica

Cuando no conseguimos intubar la tráquea por motivos de obstrucción, ya sea mecánica o


física, por edema de glotis o espasmo laríngeo, hemorragia orofaríngea, etc., y el tubo no
puede progresar por las cuerdas vocales, la alternativa que tenemos es la vía aérea quirúr-
gica de emergencia; es preferible la cricotiroidotimía a la traqueostomía por ser más sencilla
de realizar, requiere menos tiempo y el sangrado que se produce es mucho menor. Dentro
de la cricotiroidotomía podemos realizar la quirúrgica o la punción con aguja.

6.3.1 Cricotiroidotomía con aguja(1,6,7,8,11)

La cricotiroidotomía es un procedimiento de emergencia y sólo debe realizarse cuando


es imprescindible mantener permeable la vía aérea, después de que hayan fracasado
los intentos de intubación orotraqueal o nasotraqueal. No es una vía definitiva de ven-
tilación prolongada, por tanto se debe reemplazar con la cricotiroidotomía quirúrgica
una vez se haya logrado estabilizar al paciente.

Se inserta una aguja a través de la tráquea y alojamos en la misma un catéter de


plástico de grueso calibre, al cual le conectaremos una fuente de oxígeno a 15 L/min
con un conector en “Y” abriendo una salida lateral entre la fuente de oxígeno y la co-
nexión al catéter. Se tapa la conexión durante 1 segundo y se destapa durante 4 se-
gundos. Esta técnica no puede ser mantenida durante mucho tiempo por la retención
de CO2 que se produce llevando al paciente a un estado de hipercapnia, siendo esto
mucho más perjudicial en el paciente con traumatismo cráneoencefálico severo; má-
ximo 35-45 minutos mientras se consigue una vía aérea definitiva.

Indicaciones:
Cuando fallan todos los métodos alternativos de vía aérea, en trauma facial severo,
obstrucción orofaríngea (ej. ingestión de tóxicos cáusticos, quemaduras vía aérea por
inhalación de humos, edema lingual o laríngeo, cuerpos extraños), lesiones penetran-
tes cervicales sangrantes en las regiones C1 y C2, e intubación oral o nasal imposi-
ble.

6.3.2 Cricotiroidotomía quirúrgica(1,6,7,8,11)

Realizaremos una incisión en la membrana cricotiroidea, entre la laringe (cartílago ti-


roides) y el cartílago cricoides, al ser una piel muy fina el acceso es muy sencillo; con
un bisturí se amplía horizontalmente la incisión utilizada para la cricotiroidotomía
percutánea, se expone la membrana cricotiroidea con una pinza hemostática y se in-
troduce el dilatador del equipo de cricotiroidotomía (técnica de Seldinger) a través de
ella. Si no se dispone del equipo especial se inserta un tubo endotraqueal N° 4.5 ó
5.0 de diámetro interno hasta cuando haya pasado el balón de neumotaponamiento
y verificamos la ventilación en ambos pulmones. Recordemos que esta técnica no es
una técnica inicial de abordaje de la vía aérea.

Esta técnica está contraindicada en niños menores de 10-12 años (6,7,8,11) (según au-
tores) por el riesgo de lesionar el cartílago cricoides que es el único soporte diametral
de la tráquea superior.

404
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

7.- VÍA AÉREA DIFÍCIL


Para predecir si una vía aérea es difícil buscaremos previo a la intubación aquellos factores
que sospeche que me van a dificultar las maniobras de intubación como pueden ser: trauma en
columna cervical, trauma maxilofacial o mandibular severo, artritis de la columna cervical, escasa
apertura bucal y alteraciones anatómicas como cuello corto y obeso o musculado, retrognatia o
prognatismo; o también serán significativos los signos evidentes como una boca pequeña o man-
díbula prominente, trauma facial oclusión mandibular alterada, obstrucción de la vía aérea y la
más común, tener colocado una inmovilización cervical por haber sufrido un trauma cerrado.

Para Valorar a priori si vamos a tener que realizar una intubación difícil utilizamos la regla ne-
motécnica de LEMON/LIMON(6,7,8,11,17) (Look externally, Evaluate, Mallampatti, Obstruction, Neck
Mobility).

• L: Mira (Look) las características que me van a dificultar la intubación o ventilación.

• E: Evaluar (Evaluate) Nos guiamos por la regla 3-3-2 para ver la facilidad o dificultad en la ali-
neación de los ejes de la faringe, laringe y boca.

- 3 Distancia existente entre los incisivos superiores y los inferiores, con la boca completa-
mente abierta debe ser al menos de 3 dedos.
- 3 La distancia entre el hueso hioides y el mentón tiene que ser al menos de 3 dedos.
- 2 La distancia entre la escotadura tiroidea y el suelo de la boca debe de ser de al menos 2
dedos.

Foto 15. Apertura incisivos Foto 16. Distancia hioides y mentón

Foto 17. Distancia tiroides/suelo de la boca

405
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

• M: Mallampatti, lo utilizamos para ver el grado de hipofaringe que es visible; a un paciente en


supino consciente se le pide que abra completamente la boca y saque la lengua mientras ins-
peccionaremos la hipofaringe con la luz del laringoscopio desde arriba.

Clase I: Visibles paladar blando, Clase II: Visibles paladar blando, Clase III: Visibles paladar blando Clase IV: Sólo paladar duro
úvula, fauces, pilares amigadalinos úvula y fauces y base de la úvula es visible

Foto 18. Clasificación de Mallampatti

• O: Obstrucción (Obstruction), buscaremos cualquier situación que pueda llegar a obstruir la


vía aérea y que nos dificultará la técnica de intubación como epiglotitis, absceso periamigdalino
y traumatismos.

• N: Movilidad del Cuello (Neck), en los pacientes traumáticos no se les puede pedir ni forzar
a mover el cuello, de hecho al tener colocado un inmovilizador cervical, no van a poder mover
el cuello y eso ya nos sugiere que van a ser más difíciles de intubar.

La evaluación que hemos hecho del paciente y de la experiencia que se posea nos harán de-
cidir si se va a precisar una intubación asistida con fármacos o por el contrario dada su urgencia
y situación crítica no son necesarios los sedante o bloqueadores neuromusculares.

7.1 Secuencia de Intubación Rápida (SIR):

Es el procedimiento de elección para la intubación endotraqueal en la asistencia prehospi-


talaria(1,6,7,8,11,17). El objetivo es conseguir, de forma rápida y en las mejores condiciones, el
acceso y control de la vía aérea del paciente en situación de urgencia. Mediante laringos-
copia e intubación endotraqueal (evitando la utilización de la ventilación manual con bolsa-
mascarilla) y aplicando la presión cricotiroidea (SELLICK), se reduce el riesgo de distensión
gástrica, minimizando la posibilidad de regurgitación de contenido gástrico y broncoaspira-
ción.

La intubación orotraqueal en extrahospitalaria es un procedimiento de urgencia. En condi-


ciones ideales, se deberían cumplir las horas de ayuno recomendadas para proceder a la
intubación endotraqueal. Esto no es posible en las urgencias extrahospitalarias, en las que
se considera que todos los pacientes son “estómagos llenos” y están en riesgo de aspira-
ción, especialmente los pacientes politraumatizados y las embarazadas a partir de la se-
mana 14 de gestación. Por ello se emplea la secuencia de intubación rápida, que previene
el riesgo de aspiración.

PASOS A SEGUIR EN LA SIR:

1. Comprobar disponibilidad y operatividad del material necesario:

406
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

- Fuente de oxígeno.
- Material de aspiración.
- Laringoscopio y palas de diferentes tamaños.
- Tubos endotraqueales y dispositivos para fijarlos tras su colocación.
- Bolsa mascarilla autoinflable.
- Medicación para SIR.
- Material para acceder a vía aérea quirúrgica y vía aérea alternativa.
2. Canalizar 1 ó 2 vías venosas, preferiblemente 2 de calibre grueso.
3. Monitorización cardiaca y pulsioximetría.
4. Preoxigenar al paciente con oxígeno al 100% (durante 3-5 minutos). Si la ventilación
es efectiva se administrará mediante mascarilla facial con reservorio; en caso de ven-
tilación inefectiva se administrará con bolsa-mascarilla autoinflable, con reservorio y
toma de oxígeno, aplicando maniobra de sellick.
5. Maniobra de Sellick, para reducir el riesgo de aspiración. Es la presión sobre el cartílago
cricoides con los dedos índice y pulgar, que produce el cierre mecánico del esófago,
evitando con ello el paso de aire al estómago, la distensión gástrica (mientras se ventila
al paciente) y el paso de contenido gástrico a la vía aérea. Dicha maniobra ha de man-
tenerse durante toda la secuencia.
6. Administración de un inductor (de elección el Etomidato (0,3 mg/kg) en pacientes he-
modinámicamente inestables y con TCE) o sedante (Midazolam: 0,2-0,3 mg/kg). En pa-
ciente hemodinámicamente estables puede emplearse Propofol (1-2,5 mg/kg) o
Tiopental (3-5 mg/kg).
7. Administración de un relajante muscular de acción rápida, de elección la Succinilcolina
(1 a 2 mg/kg), que produce la acción en menos de 1 minuto y el efecto no es prolongado
(menos de 5 minutos).
8. Realizar la intubación orotraqueal. Inflar el balón de neumotaponamiento y fijar el tubo
tras comprobar la correcta posición del mismo, mediante auscultación y capnografía.
Reevaluación continua de la colocación del tubo durante el traslado y cada vez que se
movilice al paciente.
9. Retirar la presión sobre el cartílago cricoides (Sellick).
10. Ventilar al paciente.

Medicación adicional en SRI:

• Atropina: 0,01-0,02 mg/kg en pacientes pediátricos, para evitar el estímulo vagal que
produce la intubación. También disminuye la producción de secreciones con lo que se
favorece la visualización de la glotis.
• Lidocaína: 1,5 mg/kg en pacientes con TCE, 2-3 minutos antes de la administración de
un relajante muscular, ayuda a contrarrestar el aumento de la PIC y la respuesta hiper-
tensiva que se presenta durante la laringoscopia e intubación.
• Fentanilo: 1-3 microgramos/kg. Analgésico opioide de elección en pacientes traumatiza-
dos.

407
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

8.- ESQUEMA DE MANEJO DE LA VÍA AÉREA


Este esquema es aplicable a situaciones de urgencia y emergencia en pacientes que sufre
una insuficiencia respiratoria aguda o están en apnea y precisan de una vía aérea permeable
para ventilarlos, en pacientes con traumatismos severos con riesgo de compromiso respiratorio.

Se prima la permeabilización y establecimiento de una vía aérea definitiva con extremo control
e inmovilización de la columna cervical con las maniobras y dispositivos ya explicados y si esto
no fuera posible, se recurriría a la vía aérea quirúrgica.

408
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

9.- VALORACIÓN DE LA OXIGENACIÓN Y VENTILACIÓN


EN EL PACIENTE TRAUMÁTICO
En el manejo del paciente traumatizado crítico y durante el establecimiento de una vía aérea
definitiva, es prioritario mantener una oxigenación y ventilación adecuadas, para prevenir la hi-
poxemia (causa de muerte en el paciente traumatizado) que se manifestará en el paciente en
forma de cianosis en los lechos ungueales y en la piel peribucal. La cianosis es un signo tardío
de la hipoxia. La pulsioximetría permite detectar de forma temprana estos cambios en la oxige-
nación del paciente. La capnografía permite valorar la eficacia de la ventilación del paciente.

9.1 Pulsioximetría

Método no invasivo que determina la saturación de la oxihemoglobina (oxígeno transportado


por la hemoglobina en el interior de los vasos sanguíneos) y la frecuencia cardiaca. Pro-
porciona también información acerca de la perfusión periférica del paciente, pero no asegura
que la ventilación sea adecuada, ni informa del estado del equilibrio ácido-base (no sustituye
a la gasometría arterial). Puede establecerse una relación entre los niveles de saturación
de O2 medidos por pulsioximetría y los niveles de PaO2. Se puede considerar aceptable
un nivel de pulsioximetría del 95% que equivale a PaO2 > 70 mm Hg; por debajo del 90%
de saturación la PaO2 se produce un deterioro grave de la oxigenación arterial (PaO2: 60
mm Hg) (6,7,8,11,17,20).

En algunas ocasiones, los datos de pulsioximetría pueden interpretarse de forma errónea


o menos precisa:
• Movimiento excesivo del paciente, puede simular una onda de tipo vascular.
• Estados de shock, vasoconstricción importante e hipotermia, enfermedad vascular peri-
férica; son situaciones asociados a mala perfusión de los tejidos.
• Anemia.
• Intoxicación por monóxido de carbono.
• Exposición del fotodetector a una luz brillante.

9.2 Capnografía:

Método no invasivo que mide el nivel de CO2 exhalado al final de la espiración (ETCO2) y
aporta datos para valorar la ventilación, el estado hemodinámico y el metabolismo del pa-
ciente; mantiene una relación más estrecha con la PaO2 que la pulsioximetría, sin embargo,
en determinados casos como hipotensión severa, el aumento de la presión intratorácica o
del espacio muerto pueden alterar la precisión de la medición.

Existen dos tipos básicos de capnógrafos: los que emplean la técnica de la “corriente prin-
cipal” o “main-stream” (que analiza el CO2 espirado en el paciente intubado) y los que em-
plean la técnica de “side-stream” o “corriente lateral” (que permite el análisis tanto en el
paciente intubado como en el paciente consciente a través de gafas nasales) (21).

Indicaciones:
• Confirmar la correcta colocación del tubo endotraqueal; ayuda a identificar si el tubo está
en esófago o en tráquea (en esófago la ETCO2 es nula).

409
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

• Monitorizar la posición del tubo cada vez que se movilice al paciente y durante el traslado
del mismo.

Foto 20. Monitorización Capnografía Foto 21. Gafas nasales Capnografía


no invasiva Smart capnoline

10.- RESUMEN
Las características derivados de la patología traumática que entrañan un riesgo de compro-
miso de la vía aérea, comprenden el traumatismo maxilofacial, traumatismo de cuello, trauma-
tismo laríngeo, traumatismo torácico y la obstrucción por cuerpos extraños. Los signos más
llamativos de obstrucción de vía aérea vendrán marcados por alteraciones en el nivel de cons-
ciencia como agitación y estupor, por cianosis y ruidos respiratorios anómalos.

No solamente debemos de tener en cuenta la permeabilidad de la vía aérea, sino que tendre-
mos que saber valorar la eficacia de la ventilación para evaluar el riesgo o compromiso respiratorio
del paciente traumático.

A la hora de permeabilizar y asegurar una vía aérea en el paciente traumático, debemos siem-
pre hacer un control exhaustivo de la columna cervical.

Las técnicas de permeabilización de la vía aérea comprenden las maniobras manuales de ele-
vación del mentón y levantamiento mandibular y el empleo de dispositivos como cánulas oro/na-
sofaríngeas, mascarilla laríngea, fastrach, tubo esofágico, tubo laríngeo, guía de intubación
Orotraqueal.

En las técnicas de vía aérea definitiva contemplamos la intubación Orotraqueal con laringos-
copio simple, óptico y video fibrolaringoscopio, la intubación nasogástrica y la vía aérea quirúrgica
(cricotiroidotomía con aguja y cricotiroidotomía quirúrgica).

El término de vía aérea definitiva comprende el alojar un tubo a nivel traqueal con un balón de
neumotaponamiento hinchado conectado a un soporte ventilatorio con oxígeno. Si existiera algún
riesgo que comprometiera la vida del paciente no dudaríamos en recurrir a instaurar una vía aérea
definitiva.

Valoraremos la oxigenación y ventilación del paciente traumático a través de la oximetría de


pulso y la capnografía (CO2 al final de la espiración).

410
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.3 Vía aérea en el paciente traumático

11.- BIBLIOGRAFÍA

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4. Grant [Link] et al. Endotracheal intubation in the field does not improve outcome in trauma patients who pre-
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10. Morillo Rodriguez J. Manual de enfermería de asistencia prehospitalaria urgente. 1º ed. Madrid: Elservier;2007.
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24. Rodriguez Montes JA, El politraumatizado diagnóstico y terapéutica. Madrid. Universitaria Ramón Areces.2008.

411
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.4 Shock de origen traumático


AUTORES: Fernando Abad Estaban, Susana Cabrejas Agejas, Ismael Muñoz Muñoz
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

ÍNDICE

1.- Objetivos

2.- Introducción

3.- Definición y tipos de shock

4.- Fisiopatología del shock hemorrágico


4.1 Macrocirculación
4.2 Microcirculación

5.- Shock hemorrágico en el paciente politraumatizado


5.1 Definición de hemorragia
5.2 Cambios en la distribución de líquidos corporales
en los tejidos traumatizados
5.3 Valoración inicial:
5.3.1 Reconocimiento del shock: tipo I, II, III, IV
5.3.2 Etiología
5.4 Manejo inicial del shock hemorrágico
5.5 Evaluación de la respuesta y tratamiento definitivo
5.6 Uso de drogas vasoactivas

6.- Diagnósticos de enfermería

7.- Intervenciones de enfermería

8.- Resumen

9.- Bibliografía

414
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

1.- OBJETIVOS
• Comprender la definición de shock y distinguir los diferentes tipos que de él pueden aparecer
en el paciente politraumatizado.
• Entender la importancia de la fisiopatología del shock para poder actuar con eficacia.
• Reconocer la situación de hipovolemia mediante el conjunto de signos clínicos de forma pre-
coz, intentando no llegar a la situación de shock descompensado.
• Manejar de forma adecuada la terapia intravenosa con fluidos en el paciente con shock hipo-
volémico.
• Conocer los factores de riesgo que pueden empeorar el estado del paciente en shock.
• Tomar conciencia de las limitaciones del tratamiento extrahospitalario y realizar un traslado rá-
pido para iniciar cuanto antes el tratamiento definitivo del paciente.

2.- INTRODUCCIÓN
Los accidentes constituyen, en los países industrializados, la primera causa de mortalidad en
menores de 45 años(1,2). El 65% de las muertes se producen en el lugar del accidente o durante
el traslado al hospital y, aproximadamente un 30% de ellas, son debidas a hipovolemia(1). Por otra
parte, la situación de shock hemorrágico juega un papel importante en el desarrollo de grandes
complicaciones del paciente traumatizado, como son el fallo multiorgánico y la sepsis.

No existen pruebas de laboratorio para el diagnóstico de shock, sino que nos basaremos en
la observación clínica y la objetivación de una inadecuada perfusión de los órganos, provocando
hipoxia tisular y fallo metabólico celular.

3.- DEFINICIÓN Y TIPOS DE SHOCK


El shock puede definirse como la situación en la que una disminución profunda y generalizada
en el aporte eficaz de oxígeno y de otros nutrientes a los tejidos determina inicialmente una lesión
celular reversible y posteriormente, si se prolonga su estado, un daño irreversible de éstas. Se
trata por tanto de una alteración en la circulación que ocasiona una inadecuada perfusión tisular,
bien por un bajo flujo sanguíneo o bien por una distribución anómala de éste(3).

En el paciente traumatizado puede aparecer cualquier tipo de shock.

En la mayoría de los pacientes traumatizados aparece cierto grado de hipovolemia que puede
dar lugar a shock hipovolémico (el más importante y principal). Sin embargo, no es raro en el pa-
ciente traumatizado el shock cardiogénico debido a contusiones cardiacas, taponamiento, rotura
cardiaca, etc. El shock neurogénico aparece como consecuencia de lesiones de las vías simpá-
ticas descendentes en la médula espinal cervical o torácica alta, o bien como consecuencia de
lesiones extensas del SNC y por tanto no debemos pensar en la etiología neurogénica ante le-
siones cerebrales aisladas(4). El shock séptico es frecuente en las fases tardías del paciente trau-
matizado y no debe pensarse en él en las fases iniciales del tratamiento.
415
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

4.- FISIOPATOLOGÍA DEL SHOCK HEMORRÁGICO


La perfusión de un órgano dependerá de la presión de perfusión y que a su vez va a depender
del gasto cardiaco (cantidad de sangre que el corazón bombea en un minuto) y de la resistencia
vascular sistémica. El gasto cardiaco se determina multiplicando la frecuencia cardiaca por el vo-
lumen sistólico (sangre que se bombea en cada contracción cardiaca) que dependerá a su vez
de: precarga (volumen que le llega al corazón), contractilidad miocárdica (fuerza con que la sangre
es expulsada del corazón) y postcarga (resistencia vascular sistémica).

Cuando se produce una pérdida sanguínea en el organismo, éste reacciona con una serie de
acciones que intentan compensar esa situación de hipovolemia. Estas acciones se van a dar
tanto a nivel de grandes vasos como en los más pequeños.

4.1 Macrocirculación

Ante una situación de hemorragia severa, lo primero que se produce es la disminución


brusca del volumen de sangre circulante, que se traduce en una disminución de la presión
arterial sistémica lo cual desencadenará el estímulo de barorreceptores de las grandes ar-
terias (carotídeos y aórticos) dando lugar a una respuesta adrenérgica con liberación de
catecolaminas endógenas (Adrenalina:Noradrenalina = 5:1), produciéndose en primer lugar
una taquicardia para intentar mantener el gasto cardiaco y provocando vasoconstricción ar-
teriolar de piel, pulmón, riñón y área esplécnica (por predominio de receptores alfa), au-
mento del tono venoso, aumento de ADH y aldosterona. Se produce también vasodilatación
del miocardio y cerebro (predominio de receptores beta). La dilatación de los vasos mio-
cárdicos tiene un efecto inotrópico y cronotrópico positivo sobre el corazón. Debido a la va-
soconstricción arteriolar se produce un aumento de las resistencias sistémicas periféricas
y un enlentecimiento del flujo sanguíneo local provocando hipoxia tisular, disminución de la
presión hidrostática y del volumen de retorno, disminuyéndose el volumen de eyección e
incrementando la hipotensión sistémica, cerrándose así el círculo vicioso del shock hipovo-
lémico.

4.2 Microcirculación

A nivel celular, la disminución del flujo sanguíneo determina una hipoxia tisular, faltando oxí-
geno y nutrientes esenciales para generar energía, adenosín trifosfato (ATP) mediante el
metabolismo aeróbico por parte de la célula, lo que dará lugar a un aumento del metabo-
lismo anaerobio, produciéndose una acidosis metabólica por acumulación de ácido láctico.
Además esta hipoxia tisular provocará un aumento de la permeabilidad de las células en-
doteliales favoreciendo el edema intersticial. Se produce además un daño mitocondrial y
rotura de los lisosomas con liberación de enzimas que digieren otros elementos intracelu-
lares. Entran sodio y agua en la célula dando lugar al edema celular(4,5).

En la circulación mesentérica, la disminución del flujo sanguíneo conduce a una estenosis


capilar (por inflamación de las células endoteliales y la adhesión de PMN). La interacción
de PMN con el endotelio vascular ocasiona la activación de mediadores inflamatorios y la
aparición de radicales libres de oxígeno. Todos estos factores mantienen e incluso empe-
oran la hipoperfusión y la hipoxia, que aún produciéndose durante un corto periodo de
tiempo, provocan la destrucción de la integridad de la mucosa intestinal, dando lugar a una
translocación bacteriana con paso de endotoxinas a la circulación sistémica. De este modo,

416
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

se favorece la aparición de graves complicaciones del shock hipovolémico, como son la


sepsis y el fracaso multiorgánico (FMO).

Existen diferentes estudios que relacionan, ya desde hace años, la asistencia prehospita-
laria al shock hipovolémico con la aparición del FMO. Así una asistencia precoz con un so-
porte respiratorio y circulatorio adecuados, puede dar lugar a la disminución del FMO(6). Por
otra parte, el hecho de que aumente la supervivencia en la asistencia prehospitalaria al
traumatizado grave (que en otras circunstancias podrían no haber sobrevivido), ocasiona
una elevación del número de pacientes en FMO(7).

El objetivo final del tratamiento del shock es adecuar la perfusión tisular y no la normaliza-
ción únicamente de las constantes hemodinámicas, eso se consigue con la reposición del
volumen perdido con líquidos, compensando las pérdidas del espacio intravascular. Por ello
el uso de agentes vasopresores está contraindicado(4), inicialmente, en el shock hemorrágico
hasta no haber repuesto la volemia.

5. SHOCK HEMORRÁGICO EN EL PACIENTE TRAUMATIZADO

5.1 Definición de Hemorragia

Es la pérdida aguda de parte del volumen sanguíneo. El volumen sanguíneo es aproxima-


damente el 7 % del peso corporal en el adulto (para 70 Kg serían 5 litros de volumen san-
guíneo). En las personas obesas éste se calculará estimando el peso ideal; y en los niños
se calculará el 8-9 %del peso(8).

5.2 Cambios en la distribución de líquidos corporales en los tejidos traumatizados

Los traumatismos de partes blandas y fracturas óseas afectan a la situación hemodinámica


de dos formas:

1- Pérdidas sanguíneas en el lugar del daño tisular.

Por ejemplo, las fracturas de huesos largos (tibia, húmero) tienen una pérdida de apro-
ximadamente 750 ml (0,5-1,5 l.); las del fémur de 1500 ml (1-2,5 l.) y las de pelvis 2000
ml (1-5 l.) teniendo la complicación añadida de ser sobre todo en forma de hematoma
retroperitoneal.

2- Aparición de edema tisular, que se produce siempre en los tejidos blandos, dependiendo
de la magnitud de la agresión (por activación del sistema de respuesta inflamatoria con
liberación de múltiples citoquinas), y a expensas de líquido extracelular, que está en equi-
librio con el plasma sanguíneo. Debido a esto, la aparición de edema produce disminu-
ción del volumen plasmático.

En los estados de hipoperfusión mantenidos se produce, además, la aparición de edema


celular, que va a repercutir de igual forma que el intersticial sobre el volumen circulante.

417
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

5.3 Valoración inicial

5.3.1 Reconocimiento del shock

Es importante buscar los signos precoces de una inadecuada perfusión tisular. La


tensión arterial sistólica (TAS) no será de gran utilidad inicial ya que se requiere una
pérdida de más del 30% del volumen sanguíneo para que ésta se reduzca, en un pa-
ciente previamente sano. Se trata por tanto de un buen indicador pero tardío.

Valoraremos especialmente presión del pulso, frecuencia cardiaca, signos de vaso-


constricción cutánea, frecuencia respiratoria, nivel de conciencia, y diuresis.

La presencia de una disminución de la presión del pulso supone la existencia de una


pérdida de volumen sanguíneo y la puesta en marcha de mecanismos compensado-
res, como la taquicardia y la vasoconstricción cutánea, que son los más precoces(9).
Estos signos de vasoconstricción (frialdad, sudoración, palidez, relleno capilar alar-
gado) son de especial interés en la asistencia prehospitalaria por su precocidad y
mayor especificidad que la taquicardia.

De ahí que “cualquier paciente traumatizado que esté taquicárdico y frío, se encuentra
en shock mientras no se demuestre lo contrario”.

La valoración de la taquicardia varía con la edad, considerándose patológica si mayor


de 160 en el lactante, 140 en el preescolar, 120 en el escolar y 100 en el adulto.

En el anciano la taquicardia puede no presentarse a veces, por estar tratado con


b-bloqueantes o por defecto en la respuesta a las catecolaminas.

El relleno capilar, valorable en el lecho subungueal (normal hasta dos segundos en


pacientes sanos sin vasculopatías previas o hipotermias), es específico y útil en el
medio prehospitalario. La taquipnea es también otro signo inespecífico.

Nivel de conciencia: si sólo es causado por hipovolemia, cuando aparece el deterioro


nos habla de un paciente en situación muy grave, con una importante disminución de
la presión de perfusión cerebral.

La diuresis es un buen indicador de perfusión renal, sin embargo, dado que los tiem-
pos de traslado son relativamente cortos y que los medios de asepsia no son los ide-
ales en el ámbito extrahospitalario, se retrasará el sondaje vesical, en general, hasta
llegar al hospital. Si el traslado fuese prolongado (>1 hora) sería obligado la medición
y control de la diuresis).

El uso del hematocrito o la hemoglobina no es útil para determinar las pérdidas agudas
de sangre; de forma que pérdidas masivas de sangre pueden producir cambios míni-
mos en el hematocrito; y a su vez un hematocrito normal no descarta el sangrado
agudo.

El índice de shock (FC/PAS, normal de 0,5 a 0,7) nos da un mayor grado de diagnós-
tico que la frecuencia cardiaca y la presión arterial de forma aislada, de manera que
cuando está elevada de una forma persistente (> 0,9), indica un deterioro de la función
del ventrículo izquierdo con una mayor mortalidad. Por otro lado una cifra de PAS

418
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

menor de 90 mm Hg es un marcador demasiado tardío, como hemos comentado, y


no es sensible para hemorragia y shock, por lo que en la actualidad se considera hi-
potensión en el paciente traumático cuando la PAS es menor de 110 mm Hg(10).

Efectos directos de la hemorragia(4):

El Colegio Americano de Cirujanos clasifica la hemorragia en cuatro clases, depen-


diendo del porcentaje de volumen sanguíneo total perdido (tabla 1).

Tabla 1: clasificación de hemorragias según pérdida de volemia

CLASE I CLASE II CLASE III CLASE IV

Pérdidas sanguíneas
en ml hasta 750 750-1500 1500-2000 2000 ó más

% de volumen san-
guíneo perdido hasta 15 % 15-30 % 30-40 % 40 % ó más

Frec. Cardiaca < 100 > 100 > 120 > 140

Tensión arterial normal normal disminuida disminuida

Presión del pulso normal disminuida disminuida disminuida

Relleno capilar normal retrasado retrasado retrasado

Frec. Respiratoria 14-20 20-30 30-35 > 35

Diuresis ml/h. 30 ó más 20-30 5-15 ausente

Nivel de conciencia ansioso intranquilo confuso confuso-letárgico

Reposición cristaloides cristaloides cristaloides cristaloides


de volumen + +
sangre sangre

Colegio Americano de Cirujanos

1- Clase I. Pérdida de hasta el 15 %.


Síntomas clínicos mínimos. Discreta taquicardia. No hay cambios en la amplitud
del pulso, TA o frecuencia respiratoria. El relleno capilar es normal.
En pacientes sanos esta pérdida de sangre no precisa reposición alguna. El reclu-
tamiento de líquido intersticial y otros mecanismos son capaces de recuperar el
volumen sanguíneo en 24 horas. Sólo en casos en los que exista pérdida de fluidos
por otras causas, esta pérdida sanguínea puede producir síntomas y la reposición
de líquidos es suficiente para corregirlo.

2- Clase II. Pérdida sanguínea del 15-30 %.


En un hombre de 70 Kg representa entre 750-1500 ml.
Los signos clínicos que aparecen son taquicardia, taquipnea, caída de la amplitud
del pulso (diferencia en TAS y TAD). Esa caída de la amplitud del pulso se debe al

419
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

aumento de la TAD (producido por la vasoconstricción sistémica) y a que la TAS


no presenta cambios importantes.
Otros síntomas que pueden aparecer son: intranquilidad, ansiedad, relleno capilar
anómalo y diuresis disminuida (20-30 ml /h.).
Algunos de estos pacientes van a precisar transfusiones de sangre, pero inicial-
mente pueden ser corregidos con líquidos.

3- Clase III. Pérdida sanguínea del 30-40 %.


Esta pérdida sanguínea puede suponer en un hombre de 70 Kg entre 1500-2000
ml. Siempre presenta los signos típicos de inadecuada perfusión tisular: taquicar-
dia, taquipnea, alteraciones del nivel de conciencia y caída de la TAS.
En el paciente previamente sano esta es la mínima cantidad de pérdida sanguínea
que produce una caída en la TAS y siempre va a requerir reposición de sangre.
Esta sintomatología aparecerá con menores pérdidas de sangre si existieran pér-
didas de líquidos por otras causas.

4- Clase IV. Pérdida sanguínea de más del 40 %.


Se trata de una situación crítica. Causa gran taquicardia, TAS muy baja, la presión
del pulso disminuye e incluso puede ser inapreciable. Desaparece la diuresis y se
produce depresión del nivel de conciencia. Piel fría y pálida.
Estos pacientes requieren transfusiones inmediatas y solución quirúrgica a su san-
grado de forma urgente.
Cuando los pacientes presentan una hipotensión clara, con afectación del nivel de
conciencia y signos de vasoconstricción cutánea, hablaremos de shock descom-
pensado, en el que ya los mecanismos fisiopatológicos del organismo para man-
tener cifras tensionales en rangos normales han fallado.

5.3.2 Etiología del shock:

La hemorragia es la causa más frecuente de shock en el politraumatizado por lo que


se tratarán inicialmente como si fueran hipovolémicos y debemos ir a buscarla, cuando
no sea un sangrado externo evidente, en cuatro compartimentos, que son torácicos,
abdominales peritoneales, retroperitoneales y ante fracturas de huesos largos con le-
siones de partes blandas.

Mientras se produce la reposición de volumen se tratará de identificar al pequeño nú-


mero de pacientes que estén en shock por otras causas (shock no hemorrágico) y los
factores que puedan complicar la situación de shock hipovolémico.

Un alto índice de sospecha y respuesta anómala al tratamiento nos sugerirán otras


formas de shock.

1- Shock cardiogénico:
La disfunción miocárdica puede aparecer por traumatismo directo cardiaco, tapo-
namiento cardiaco o más raramente, por infarto asociado a la lesión traumática.
La presencia de lesión por deceleración, las contusiones esternales o las heridas
penetrantes torácicas nos harán pensar en la posibilidad de afectación cardiaca.
Un uso correcto del eco-FAST, también en extrahospitalaria, puede ser muy útil

420
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

para la identificación de líquido pericárdico, que podría ser la causa del shock por
taponamiento cardiaco. También pueden presentar shock obstructivo por neumo-
tórax a tensión.

2- Shock neurogénico:
El trauma craneal aislado no produce shock. Si éste ocurre, habrá que buscar otros
factores etiológicos. Las lesiones del tronco cerebral o de la médula causan una
pérdida del control simpático del tono vascular produciendo shock neurogénico.
Típicamente en el shock neurogénico se produce hipotensión sin taquicardia ni va-
soconstricción periférica, sino más bien tendencia a la bradicardia y extremidades
templadas, sobre todo por debajo del nivel lesional y sin alteración del nivel de con-
ciencia a causa del shock. Los pacientes en esta situación deberán ser tratados
como hipovolémicos y no se debe administrar drogas vasoactivas hasta estar se-
guro de tener un adecuado volumen circulante. Normalmente estos pacientes no
responden a la administración de fluidos y son necesarias las drogas vasoactivas.

3- Shock séptico:
Es raro en el periodo inmediatamente posterior al traumatismo. Los pacientes que
tienen un mayor riesgo son los que sufren heridas abdominales penetrantes en los
que se ha contaminado la cavidad peritoneal.
Los pacientes sépticos con volumen circulante adecuado están calientes periféri-
camente, con presión del pulso amplia y prácticamente con TAS cercana a la nor-
malidad.
Los pacientes sépticos evolucionados con hipotensión y afebriles son difíciles de
diferenciar de los que sufren hipovolemia pura, ya que estarán taquicárdicos, ta-
quipnéicos, con signos de vasoconstricción cutánea y disminución de la amplitud
del pulso.

5.4 Manejo Inicial del Shock Hemorrágico

Al igual que cualquier otro paciente traumatizado, la valoración inicial se realizará mediante
el ABCDE valorando aquellas lesiones de riesgo vital; llegando al diagnóstico de la situación
de shock durante esta primera valoración e instaurando el tratamiento de forma simultánea,
siendo fundamental la detención de la hemorragia y el reemplazamiento del volumen per-
dido.

En todos los pacientes traumatizados en shock, el tratamiento se iniciará pensando que se


trata de una situación de hipovolemia.

1- Oxigenación y ventilación:
Deben diagnosticarse rápidamente las lesiones que cursen con una urgencia vital ase-
gurando la permeabilidad de la vía aérea y una adecuada ventilación.
Es prioritario el mantener una vía aérea permeable y administrar oxígeno de forma que
la Pa O2 sea superior a 80 mm Hg (Sat.O2>95%). Si la situación del paciente así lo
indica se procederá a la intubación endotraqueal y ventilación mecánica(11), siendo ne-
cesario realizarlo de forma precoz ante un paciente claramente en shock. Debe colocarse
una sonda nasogástrica u orogástrica para mejorar la ventilación. Hay que tener en
cuenta que la ventilación mecánica puede disminuir el gasto cardiaco.

421
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

2- Control del sangrado y accesos venosos:


Cualquier sangrado externo será inmediatamente controlado mediante compresión di-
recta sobre el punto de sangrado o bien con férulas neumáticas (a ser posibles transpa-
rentes para poder valorar si continúa sangrando). En extremidades se facilitará esto
mediante la elevación del miembro si no hay contraindicación por fractura u otras lesio-
nes.
El uso de los torniquetes ha vuelto a ser muy debatido en los últimos años por su mayor
uso en zonas bélicas(12). Sin embargo su uso en situaciones civiles está mucho más res-
tringido, estando tan sólo indicado en aquellas situaciones de amputaciones completas
que no puedan ser controladas mediante compresión directa, ante presencia de miem-
bros catastróficos en los que no podamos contener la hemorragia, si vamos a tener im-
posibilidad de ver al paciente y por lo tanto controlar la hemorragia, o cuando el torniquete
lleva más de 6 horas colocado(13).
La utilización de agentes hemostáticos como el HemCom®, Chitosan®, el Quitck Clot® o
el Combat Gauze, tienen buenos datos de supervivencia mediante su utilización en el
control de hemorragias externas en situaciones de combate; no se contemplan sobre
actuaciones civiles, aunque se empieza a proponer su utilización ante casos de víctimas
en masa (12).
Si nos encontramos ante una sospecha de sangrado interno, en general no será posible
su estabilización prehospitalaria, debiendo priorizarse el traslado urgente a un centro
hospitalario con servicio de cirugía, dando preaviso de la llegada. Hay que tener en
cuenta que, en estas circunstancias, la estabilización es fundamentalmente quirúrgica,
evitando en lo posible el retraso en nuestra llegada.
Cuando la sospecha del sangrado sea por fracturas de huesos largos o fractura pélvica,
la inmovilización es fundamental, no sólo para reducir el dolor, sino también para evitar
el sangrado, utilizando una sábana pélvica o similar, intentando cerrar el anillo pélvico,
disminuyendo el sangrado.
En función de la Ley de Poiseuille, obtendremos un mayor flujo cuanto mayor sea el diá-
metro y menor la longitud del catéter; por lo que se recomienda la canalización de dos
vías periféricas gruesas y cortas en extremidades (tan gruesas como sea posible, pre-
feriblemente del nº14 G)(14). Sólo en el caso de que esta canalización no sea posible, el
Colegio Americano de Cirujanos recomienda como segunda alternativa la canalización
de vías centrales (femoral, yugular o subclavia), con catéteres gruesos (introductores de
8,5 a 10 F).
Como tercera alternativa, segunda en los niños, se establece la vía intraósea. Los lugares
para su implantación en adultos son: tibia distal, fémur distal, esternón (entre 2º y 3er es-
pacio intercostal), cresta ilíaca e incluso en tercio medial de clavícula. La aparición de
pistolas intraóseas está haciendo que cada vez se considere la vía intraósea como de
segunda elección en situaciones extrahospitalarias en adultos, así como su utilización
en región proximal de la tibia.
A la hora de escoger el lugar de punción habrá que tener en cuenta la integridad del vaso
a canalizar o de los tejidos circundantes.

3- Tratamiento inicial con fluidos:


La fluidoterapia es considerada en esta patología como un fármaco, ya que será el tra-
tamiento inicial de elección para intentar revertir la situación de shock hemorrágico.
La reanimación con grandes volúmenes de fluidos está, en la actualidad, siendo muy

422
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

debatida, tendiendo más a una mayor restricción, a pesar de todo lo que se había publi-
cado anteriormente.
Las soluciones electrolíticas isotónicas siguen siendo las ideales para la resucitación en
su fase inicial, tanto el suero fisiológico (salino al 0,9%) como el ringer lactato(4).
Inicialmente se suministrará una sobrecarga de volumen que consistirá en 1000-2000
ml de solución isotónica en el adulto y de 20 ml/Kg para el niño, siendo estos calientes,
entre 37 y 39º C(2,4,13) para evitar la hipotermia. Posteriormente, según los cambios he-
modinámicos que se produzcan, se continuará la reposición de volumen.
Dentro de la fluidoterapia existen distintas posibilidades en el tratamiento:

• Perfusión con grandes volúmenes (cristaloides vs coloides):


- Soluciones cristaloides isotónicas (suero salino fisiológico y ringer lactato): son
las recomendadas por el ATLS, siendo el salino fisiológico el más utilizado. Sólo el
50% del cristaloide transfundido permanece en el espacio intravascular al cabo de
15 minutos(15) y tan sólo el 33% va a permanecer al cabo de una hora(13), siendo
por ello por lo que se proponía la administración de tres veces lo perdido (regla de
“tres por uno”). Si la situación de shock está asociada a la presencia de un TCE,
será de primera elección la administración de suero salino fisiológico ya que el rin-
ger lactato es algo más hipotónico y por tanto favorecería la aparición de edema
cerebral. La solución salina muestra una predisposición a provocar acidosis hiper-
clorémicas si se utilizan en grandes dosis, agravándose la situación en caso de
existir una función renal defectuosa. Sus efectos secundarios son los derivados de
la sobrecarga de volumen que provocan (EAP, edema intersticial), por lo que se
evaluará durante su infusión el estado cardiopulmonar, ingurgitación yugular o cre-
pitantes en bases.
- Coloides: pueden ser naturales (albúmina) o sintéticos (almidones, dextranos, ge-
latinas), presentan un efecto volumétrico del 65-70% del total infundido, siendo
éste su mecanismo de acción. Como efectos secundarios provocan reacciones
alérgicas, alteraciones en la agregación plaquetaria, en la función renal y en la in-
munidad.
En la actualidad hay una mayor tendencia al uso de hidroxietilalmidón (HEA) por
la ausencia de reacciones anafilácticas, a pesar de que tampoco está exento de
efectos secundarios cuando se utilizan de forma prolongada (efectos sobre la he-
mostasia, con actividad antitrombótica disminuyendo la agregación plaquetaria y
facilitando la lisis del trombo; fracaso renal agudo sobre todo en aquellas personas
ancianas con nefropatía previa y deshidratación e hiperamilasemia). En la actuali-
dad, con los diferentes HEA de medio y bajo peso molecular o no presentan dichos
efectos secundarios o son mínimos(16).
La poligelina (Hemocé) no produce alteraciones en la hemostasia, ni fallo renal;
sin embargo puede ocasionar reacciones anafilactoides(17) (0,1% de los casos),
provoca liberación de histamina por lo que se recomienda profilaxis antihistamíni-
cos en asmáticos y administrarla con precaución en enfermos tratados con digital.
Además es incompatible con productos sanguíneos(18).
En general, ante situaciones de shock hemorrágico severo, lo que se suele hacer
es infundir cristaloides y coloides de forma simultánea y con una proporción de 2:1
respectivamente (p ej. 1000 ml de cristaloides y 500 ml de coloides), hasta que po-
damos ponerle sangre.

423
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

• Perfusión con pequeños volúmenes:


- Suero salino hipertónico: Solución con una elevada concentración de ClNa (la
más utilizada es al 7,5%)(19,20). Una infusión aproximadamente del 10% de la pér-
dida sanguínea es suficiente para restablecer la situación hemodinámica del pa-
ciente. La dosis será de 4-6 ml/kg en bolo, preferiblemente por vía periférica,
aunque también puede emplearse por vía central o intraósea. Sin embargo su
efecto es de corta duración (menos de 1 hora). Cuando se asocia a Dextrano 70
al 6% se consigue prolongar sus efectos (pasando a ser una solución hiperosmó-
tica e hiperoncótica), pero estos tienen grandes efectos secundarios sobre la coa-
gulación (disminución de la adhesión plaquetaria, induce fibrinólisis y disminuye el
fibrinógeno). Por ello ahora se están añadiendo almidones HEA 0,5 al 6%, con lo
que se prolonga la acción del suero salino hipertónico hasta las 7-8 horas, sin tan-
tos efectos secundarios.
Su mecanismo de acción se basa en el efecto de relleno intravascular, por lo que
su efecto como expansor de volumen extracelular es muy efectivo. Sin embargo,
se hablaba más que por sus efectos como expansor de volumen, por sus efectos
terapéuticos; ya que produce una disminución del agua a nivel cerebral y extrace-
rebral, reduce la PIC, aumenta el flujo cerebral, tiene un ligero efecto inotrópico
positivo, produce una venoconstricción, disminuye las resistencias periféricas
(sobre todo a nivel esplécnico y renal), facilita la oxigenación tisular (al disminuir el
edema celular endotelial) y actúa sobre el síndrome de respuesta inflamatoria
(SRIS) disminuyendo la respuesta inflamatoria por citoquinas, disminución de la
translocación bacteriana y disminución de la respuesta neuroendocrina al shock(16).
El tipo de paciente que más se beneficiaría con este tratamiento sería aquella per-
sona joven, sana previamente, en el que se asocia hipovolemia y aumento de la
PIC, por su mayor capacidad para disminuir la presión intracraneal dado su efecto
hipertónico. Es la llamada “resucitación con pequeños volúmenes”.
A pesar de todos estos beneficios, un análisis de varios estudios en los que se uti-
lizaba suero salino hipertónico, no ha podido demostrar una supervivencia mayor
que cuando se realizaba el tratamiento con cristaloides isotónicos(13).

• Perfusión con sustitutos sanguíneos:


Se han estudiado transportadores alternativos de oxígeno, como son las hemoglobi-
nas modificadas y los perfluorocarbonos. Los beneficios de las hemoglobinas modifi-
cadas (el Hemopure y la hemoglobina bovina polimerizada) son la disponibilidad, la
conservación a temperatura ambiente, la disminución del riesgo de transmisión de
enfermedades infecciosas y la no necesidad de tipar la sangre. Sin embargo presen-
tan múltiples efectos secundarios como son la vasocostricción, pueden empeorar el
síndrome de reperfusión y pueden producir interferencias con pruebas de laboratorio.
Los perfluorocarbonos tienen el inconveniente de precisar altas concentraciones de
FiO2 con incremento del riesgo de toxicidad pulmonar (13,21).

• Reposición precoz vs retrasada:


En algunas patologías(22), se recomienda retrasar la reposición de fluidos hasta des-
pués del tratamiento quirúrgico definitivo de las lesiones, ya que se consigue un au-
mento de la supervivencia y una disminución de las complicaciones; sobre todo, en
aquellos pacientes con heridas penetrantes por arma blanca o de fuego, en tórax.

424
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

En definitiva, el objetivo final del tratamiento es tanto el control de la hemorragia (mediante


compresión, tratamiento quirúrgico, etc), como la reposición de la sangre perdida. Mientras
esto se consigue vamos a intentar mantener la estabilidad hemodinámica y mejorar el aporte
de oxígeno a los tejidos, sin empeorar la situación. Esto lo conseguiremos manteniendo la
PAS en torno a 90 mm de Hg, (lo que se denomina “hipotensión permisiva”) sobre todo en
aquellos traumas penetrantes con hemorragia no controlada, para evitar que se salten los
pequeños trombos que se van formando en los vasos lesionados perpetuando así el san-
grado y favoreciendo la coagulopatía(2) y evitando, además, los efectos derivados de la so-
breinfusión de volumen. Tan sólo si existe TCE añadido al shock se intentará mantener
una PAS de unos 120 mm Hg (TAM>90 mm Hg) para procurar proporcionar una adecuada
presión de perfusión cerebral.

5.5 Evaluación de la respuesta y Tratamiento definitivo

Se utilizarán los mismos signos y síntomas que para el diagnóstico del shock. Así la eleva-
ción de la presión arterial, el incremento de la presión del pulso y la normalización de la fre-
cuencia cardiaca nos indicará que el paciente está mejorando; sin embargo no nos informa
del estado de perfusión de los órganos. La mejoría del nivel de conciencia y de la perfusión
periférica indica un mayor aporte de sangre a los tejidos, pero sus cambios son difíciles de
evaluar; no así la diuresis, que es un excelente indicador de la perfusión renal (siempre y
cuando no esté interferido por el uso de diuréticos). Por ello, es uno de los principales pa-
rámetros a monitorizar.

En el adulto una diuresis de 50 ml/h indica una adecuada perfusión renal, y en los niños
menores de un año debe ser de 2 ml/Kg/h(13). Si las diuresis son menores, la cantidad de lí-
quido utilizado en el tratamiento ha sido insuficiente y precisaremos aumentar la velocidad
de las infusiones y reevaluar al paciente para buscar otras causas de shock.

En las fases tempranas del shock hipovolémico se produce una moderada alcalosis respi-
ratoria debida a la hiperventilación que no requiere tratamiento. Sin embargo en el shock
evolucionado aparece acidosis metabólica severa debido a la producción de ácido láctico
derivado del metabolismo anaerobio. Esta acidosis debe ser tratada con reposición de flui-
dos y no con bicarbonato, salvo que el pH baje a cifras peligrosas (< 7.2).

Una vez infundidos los líquidos que se habían indicado en el manejo inicial del paciente, se
valorarán las necesidades de continuar o no con más fluidos. Así podremos identificar aque-
llos pacientes con una hemorragia mayor de lo estimada, aquellos que continúan sangrando
y precisan de cirugía para su control o incluso aquellos cuya causa de shock sea no hemo-
rrágica.

Las posibles respuestas a la sobrecarga inicial(4,23,24,25) de 2000 ml de cristaloides en adultos


o 20 ml/Kg en niños a pasar en 10-15 min. serán (tabla 2):

425
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

Tabla 2. Respuesta a la sobrecarga inicial de líquidos

Resp. rápida Resp. transitoria Sin respuesta

Signos vitales regresa a la mejoría transitoria permanecen


normalidad con recurrencia anormales

Pérdida estimada mínima (10-20%) moderada y severa (>40%)


continuada (20-40%)

Necesidad de más
cristaloides baja alta alta

Necesidad de sangre baja moderada - alta inmediata

Preparación de
sangre clasificar y cruzar isogrupo emergencia

Necesidad de
intervención
quirúrgica posible probable muy probable

A) Rápida respuesta a la sobrecarga inicial de líquidos:


Con los fluidos administrados inicialmente se estabilizan y permanecen así a pesar de
reducir las infusiones. Son pacientes con pérdidas hemáticas inferiores al 20 % del vo-
lumen sanguíneo. No se indican nuevas sobrecargas de volumen pero habrá que reser-
var sangre cruzada. Son un pequeño grupo.

B) Respuesta transitoria a la sobrecarga inicial de líquidos:


Son la mayoría de los pacientes, en los que responden inicialmente a la sobrecarga,
pero cuando se reduce la velocidad de infusión vuelven a presentar deterioro hemodi-
námico.
Suelen ser pérdidas hemáticas entre el 20-40 %. Hay que mantener la sobrecarga de
fluidos y está indicada la transfusión sanguínea urgente.

C) Respuesta mínima o falta de respuesta a la sobrecarga de fluidos:


Son un pequeño número de pacientes y en ellos el médico debe decidir entre dos posi-
bilidades:
1- El diagnóstico de shock hipovolémico es correcto y el tratamiento se debe de basar
en más sobrecarga de líquidos, transfusión inmediata y cirugía.
2- En muy pequeño porcentaje el diagnóstico es incorrecto, se trata de un shock no he-
morrágico, y se debe cambiar de tratamiento.

En estos casos sería de gran utilidad la medición de la PVC, que estaría muy baja en pa-
cientes exanguinados y normal o alta en otras patologías.

426
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

Reposición de sangre

Dada la capacidad de transportar oxígeno, la sangre sigue siendo el líquido de elección a


utilizar en pacientes con shock hemorrágico descompensado. La indicación de la transfusión
se basa en la respuesta a la sobrecarga inicial de volumen, teniendo en cuenta los siguien-
tes principios:
• La sangre cruzada es la idónea, pero se tarda aproximadamente una hora en el proceso
y su obtención en los bancos de sangre. Debe reservarse sangre cruzada para los pa-
cientes estabilizados.
• La sangre del isogrupo ABO y Rh puede tardar aproximadamente 10 minutos en obte-
nerse. Pueden existir incompatibilidades de grupos menores. Estaría indicada en situa-
ciones de urgencia vital como puede ser en caso de respuesta transitoria.
• Si la sangre isogrupo no está disponible se recurrirá a sangre del grupo O, indicada sólo
en situaciones de hemorragias masivas, y empleando del grupo Rh negativo en mujeres
en edad reproductiva.

El uso de sangre fría puede provocar irritabilidad miocárdica (arritmias) e hipotensión, por
lo que debe ser calentada antes o durante la infusión.

Por el propio trauma y la hemorragia ya se producen consumo de los factores de coagula-


ción y coagulopatía temprana. Además podrían aparecer problemas de coagulación en las
transfusiones masivas (más de 6 unidades de concentrados de hematíes); se trata de un
problema de dilución de las plaquetas y factores de coagulación más que de una coagulo-
patía propiamente dicha. Cada unidad de concentrado de hematíes eleva un 3% el hema-
tocrito y 1 gr/dl la hemoglobina a un adulto de 70 Kg. Lo primero en valorar ante problemas
de coagulación es el recuento plaquetario. Aproximadamente, por cada 6 concentrados de
hematíes van a necesitar 2 unidades de plaquetas(15). Si continúa el sangrado, puede tra-
tarse de defectos en los factores lábiles (VIII, fibrinógeno). Este problema se corrige infun-
diendo plasma fresco. Se necesitará 1 unidad de plasma fresco congelado por cada 5
concentrados de hematíes. Aquellos pacientes con TCE grave son particularmente propen-
sos a presentar alteraciones de la coagulación debido a la liberación de sustancias por parte
del tejido neuronal lesionado, sobre todo tromboplastina tisular.

5.6 Uso de drogas vasoactivas(26,27)

El uso de drogas vasoactivas no está indicado en un principio y se limitará exclusivamente


cuando el paciente no responda al tratamiento con volumen o el shock no tenga origen he-
morrágico. Siempre bajo criterio médico. De elección se debe utilizar noradrenalina, y a
falta de ésta, dopamina.

Los fármacos más frecuentemente utilizados son:

• Dopamina (DA):
2-5 mg/Kg/min: actúan sobre receptores dopaminérgicos predominante con aumento del
flujo renal y esplácnico (estimulación de la diuresis y natriuresis). Puede aumentar la
contractilidad cardiaca.
5-10 mg/Kg/min: Predominio efecto β1 mayor efecto cronotrópico y aumenta la TA.
10-20 mg/Kg/min: actúa sobre receptores α y β.

427
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

>20 mg/Kg/min: actúa sobre receptores α, con acción vasoconstrictora (aumenta TA).
Conlleva peligro de arritmias.
1ampolla: 200 mg en 5 ml. Diluir 200 mg en 245 ml de SG 5% o de SSF, iniciando el
ritmo de perfusión según el efecto que queramos conseguir:
Ej para una persona de 70 Kg:
<25 ml/h (efecto dopa predominante, diurético).
25-50 ml/h (efecto b1, aumenta la contractilidad).
>50 ml/h (efecto a1, vasoconstrictor)(28).

• Dobutamina (DB):
Incrementa la automaticidad del nodo sinusal. Aumenta la conducción intraventricular.
Efecto inotrópico positivo.
Vasodilatación periférica (estímulo β2).
1ampolla: 250 mg en 20 ml. Diluir 250 mg de DB en 230 ml SG 5% o de SSF, a dosis de
2-20 mg/Kg/min. No usar con TAS < 80 mm Hg.
Ej para una persona de 70 Kg:
iniciar perfusión a 10 ml/h e ir aumentando según necesidades hasta 80 ml/h.

• Noradrenalina (NA):
Es un precursor de la adrenalina. Agonista directo sobre receptores a1 y 2 y b1. A dosis
bajas produce, sobre todo, estimulación cardiaca y a dosis mayores vasoconstricción
periférica.
Rango dosis: 0,03-5 µg/Kg/min.
Existen datos que sugieren que debería usarse de forma precoz como fármaco inotrópico
de elección y no como alternativa en casos refractarios a dopamina y volumen.
1 amp: 10 mg. Diluir 20 mg de NA en 250 ml de SG 5% o de SSF
Ej. para una persona de 70 Kg:
inicio a 5-10 ml/h, y seguir con dosis progresivamente crecientes para producir vaso-
constricción periférica y remontar TA.

• Adrenalina:
Catecolamina endógena derivada de la NA.
Agonista sobre receptores b1 y 2 y a produciendo tres efectos fundamentales: inotro-
pismo, aumento de resistencias vasculares sistémicas y broncodilatación.
Droga de elección en RCP, anafilaxia grave y en casos de asma persistente junto a
b-agonistas. En shock séptico refractario a DA, NA y DB.
1 ampolla: 1 mg. Diluir 1 mg de adrenalina en 250 ml de SG 5% o de SSF a un ritmo de
15 a 60 ml/h.

428
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

Tabla 3: drogas vasoactivas

DOPAMINA DOBUTA NORA

Inotropismo   

Cronotropismo  

GC   

VC Dosis alfa 

VD Dosis beta

Consumo O2   

mg/Kg/min 0.5 - 20 2 - 20 0.03 - 5

Alfa: > 50
ml/h Beta: 25 - 50 10 - 80 10 - 15
Dopa: <25

GC: gasto cardiaco, VC: vasoconstricción, VD: vasodilatación

6.- DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA (29,30)

1.- Perfusión tisular inefectiva (renal, cerebral, cardiopulmonar, gastrointestinal, periférica).

2.- Riesgo de déficit de volumen de líquidos.


2.1.- Déficit de volumen de líquidos.

3.- Disminución del gasto cardiaco.

4.- Alto riesgo de alteración de la función respiratoria.

5.- Deterioro del intercambio gaseoso.

6.- Limpieza ineficaz de las vías aéreas.

7.- Patrón respiratorio ineficaz.

8.- Deterioro de la respiración espontánea.

9.- Riesgo de aspiración.

10.-Hipotermia.

11.-Riesgo de infección.

12.-Deterioro de la integridad cutánea.

13.-Alteración de la perfusión periférica.

14.-Náuseas.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

7.- INTERVENCIONES DE ENFERMERÍA(31,32)


1.- Alto riesgo de alteración de la función respiratoria: riesgo de experimentar una amenaza
al paso del aire a través del aparato respiratorio; patrón respiratorio ineficaz:
• Conocer patologías previas si es posible y tratamiento habitual del paciente.
• Valorar presencia de factores causales: traumatismo torácico, craneoencefálico, abdomi-
nal.
• Monitorización y control de pulsioximetría.
• Valorar patrón respiratorio: respiración espontánea o no, sensación de disnea, taquipnea,
aumento de trabajo respiratorio con el uso de musculatura accesoria, incapacidad para pro-
nunciar palabras o frases, cianosis central o periférica.
• Auscultación: sonidos respiratorios normales, disminuidos o ausentes, presencia de crepi-
tantes o sibilancias.
• Valorar estado neurológico: mediante la escala de Glasgow.
• Descripción de la tos: eficaz o ineficaz, cantidad y aspecto del esputo.

2.- Limpieza ineficaz de las vías aéreas, riesgo de aspiración: incapacidad para toser de forma
eficaz aumentando el riesgo de aspiración:
• Valorar si existe reflejo tusígeno y nauseoso.
• Valorar factores causales: presencia de tos no productiva o secreciones viscosas, dolor o
temor al dolor al respirar o toser, fatiga, debilidad o somnolencia.
• Reducir o eliminar estos factores causales: estimulación para respirar y toser, postura ade-
cuada, valorar tratamiento analgésico.
• Colocar al paciente en decúbito lateral si es posible.
• Limpiar secreciones de la boca y garganta con un pañuelo o aspiración suave.

3.- Deterioro del intercambio gaseoso: estado en el que un individuo experimenta un desequi-
librio entre la captación de oxígeno y la eliminación de dióxido de carbono en el área de la
membrana alveolocapilar:
• Mantener vía aérea permeable.
• Animar al paciente para que haga respiraciones profundas.
• En caso de tener un pulmón afectado (hemoneumotórax, fracturas costales) colocar al pa-
ciente “con el lado bueno hacia arriba”.
• Consultará con el médico la necesitad de oxigenoterapia.
• Proporcionará el soporte ventilatorio prescrito por el facultativo.
• Reconocer signos tempranos de hipoxia: irritabilidad, cefalea, confusión, agitación, presión
de pulso disminuida, taquicardia, vasoconstricción cutánea.

4.- Deterioro de la respiración espontánea: incapacidad del individuo para mantener la respi-
ración adecuada necesaria para la vida:
• Colocar al paciente de forma que permita la máxima expansión torácica.
• Vigilar el efecto de los agentes sedantes.

430
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

• Intubación y estabilización de vías aéreas: colaborar con el médico en la técnica: facilitar


material, insuflación mínima necesaria del balón con aire para aislar vía aérea minimizando
daño traqueal, comprobar buena colocación del tubo auscultando ambos hemitorax, obje-
tivando movimientos simétricos, capnografía dentro de los límites normales, en caso de di-
ficultad en la entrada de aire o exceso de secrecciones: aspirar con técnica aséptica,
preoxigenar al 100% antes de la aspiración, utilizar un catéter estéril con diámetro igual a
la mitad del tubo endotraqueal, aplicar presión negativa intermitente durante menos de 15”
por paso, preoxigenar y permanecer con el paciente hasta que recupere signos vitales ba-
sales, colocar cánula de guedel para que el paciente no muerda el tubo y cierre el paso al
aire, realizar una buena sujeción del tubo endotraqueal y cánula de guedel para evitar mo-
vilizaciones (si el paciente está correctamente sedado y relajado no precisa cánula de gue-
del y en caso de mantenerla hay que prestar atención ante la aparición de úlceras por
presión en lengua y cavidad oral), comprobar conexiones de tubuladuras respiratoria en
caso de fuga, colocar sonda nasogástrica unida a bolsa reservorio para descomprimir es-
tómago y facilitar expansión torácica.
• Proporcionar soporte ventilatorio mecánico según prescripción médica.
• Comunicar al médico cualquier cambio en el estado del paciente o constantes vitales.

5.- Perfusión tisular inefectiva: estado en el cual el individuo experimenta, o está en alto riesgo
de experimentar una disminución en la respiración a nivel celular, debido a una disminución
de sangre en los capilares:
5.1. - Cerebral:
· Valorar continuamente: alteraciones en el estado mental (somnolencia, agitación,
etc.) anomalías del habla, cambios en la reacción pupilar, escala de Glasgow.
· Comunicar al médico estos cambios en caso de producirse.
5.2. - Cardiopulmonar:
· Monitorización y pulsioximetría.
· Valorar en todo momento: disnea, dolor en el pecho, arritmias, patrón respiratorio,
ensanchamiento nasal, relleno capilar mayor de dos segundos, características del
esputo.
5.3. - Renal:
· Colocación de sonda vesical con técnica estéril.
· Valorar y registrar características de la orina: color (posible hematuria), cantidad.

6.- Disminución del gasto cardiaco: la cantidad de sangre bombeada por el corazón no es su-
ficiente para satisfacer las demandas metabólicas del organismo.
• Coger dos accesos venosos periféricos tan gruesos como sea posible. Puede ser intere-
sante canalizar al menos uno de ellos en la región de la cava inferior (miembros inferiores)
si se sospecha lesión de la cava superior. Valorar riesgo de tromboembolismos.
• Vigilar signos y síntomas de disminución del gasto cardiaco: alteración en la precarga (dis-
tensión de venas yugulares, fatiga), en la postcarga (cambios en la coloración de la piel,
disnea, oliguria, piel fría y húmeda, reducción de pulsos periféricos, relleno capilar > 2”, va-
riaciones en los valores de TA media) en la contractilidad (ansiedad, crepitantes), en el ritmo
y frecuencia cardiaca (taqui/bradiarritmias, cambios en el ECG, palpitaciones).
• Valorar posibles etiologías (hipovolemia, arritmias).
• Realizar las órdenes de tratamiento médicas.

431
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

7.- Riesgo de déficit de volumen de líquidos/déficit de volumen de líquidos: riesgo o pérdida


de líquidos a través de rutas anormales:
• Valorar signos y síntomas de hipovolemia: reducción del volumen y presión de pulso, cambio
en el estado mental, reducción en la producción de orina, aumento de frecuencia cardiaca,
reducción de la TA.
• Control de hemorragias externas.
• En caso de necesitar transfusión sanguínea el acceso IV no debe retrasar el traslado al
hospital.
• Administración y control de líquidos, medicación y oxigenoterapia según prescripción mé-
dica.
• En caso de hemorragia externa abundante limpiar con solución salina estéril, tapar con
gasas estériles y realizar vendaje compresivo.

8.- Deterioro de la integridad cutánea, riesgo de infección:


• Inspeccionar de cabeza a pies en busca de lesiones.
• Valorar características de la herida: ubicación, dimensiones, profundidad.
• En caso de heridas profundas evitar el uso de antisépticos fuertes.
• Si el sangrado traspasa el vendaje, añadir encima más apósitos sin retirar los que están
puestos.
• Inmovilización del miembro afectado comprobando la existencia de pulso periférico.
• Valorar dolor y uso de analgesia.

9.- Alteración de la perfusión periférica: disminución del aporte de oxígeno a nivel periférico:
• Comprobar pulsos distales, presión arterial disminuida.
• Valorar: temperatura y color de la piel en extremidades afectadas, alteración en la sensibi-
lidad.
• Buscar contusiones, inflamaciones o edemas que puedan comprometer la perfusión perifé-
rica.
• Comprobar vendajes compresivos en caso de ausencia de pulsos periféricos.
• Colocar al paciente de manera más antiálgica posible y favorecer el flujo arterial.

10.- Hipotermia: leve entre 32-35º C, moderada 30-32ºC, grave <30ºC.


• Valorar signos de hipotermia: lechos ungueales cianóticos, palidez, piel fría, piloerección,
relleno capilar lento, temperatura corporal inferior al rango normal, temblores, taquicardia.
• Actuar sobre los factores relacionados: retirar al paciente de un entorno frío, retirar ropa hú-
meda y proporcionar ropa seca, crear ambiente cálido donde sea atendido.
• Mantener la temperatura corporal del paciente en al menos 36º C.
• Utilizar un termómetro de rango bajo.
• Mantener al paciente continuamente monitorizado.
• Tener en cuenta que la pulsioximetría en una extremidad muy fría no es valorable.
• Evaluar problemas médicos que contribuyan a la hipotermia: hipoglucemia.

432
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.4 Shock de origen traumático

• Utilizar técnicas de calentamiento central: sueroterapia IV caliente (40-42 º C).


• No administra medicamentos IM o SC a un paciente hipotérmico.

11.- Náuseas:
• Conocer efectos secundarios de la medicación utilizada (analgésicos, sedantes).
• Colocar al paciente en postura lateral de seguridad si no está contraindicado.
• Si el paciente ha perdido reflejo tusígeno, valorar el aislamiento de vía aérea.
• Administrar tratamiento antiemético según prescripción.
• La conducción no deberá ser brusca y se deberá ir a una velocidad adecuada.
• Mantener al paciente en dieta absoluta.

8.- RESUMEN
La hipovolemia de origen hemorrágica es la causa más frecuente de shock en el paciente trau-
mático, por lo que siempre pensaremos en ésta como primera etiología, sin embargo no hay que
olvidar que puede darse cualquier otro tipo de shock en estos pacientes.

Una asistencia precoz con un adecuado soporte respiratorio y circulatorio serán fundamentales
para dar un tratamiento óptimo y evitar en ellos las graves complicaciones que pueden darse,
como son la sepsis y el fracaso multiorgánico. Para ello es importante descubrir los signos pre-
coces de shock, (la taquicardia y los derivados de la vasoconstricción cutánea); evitando centrar-
nos en un diagnóstico basado en cifras disminuidas de tensión arterial de forma inicial.

Es importante recordar que las drogas vasoactivas están contraindicadas en estos pacientes
de forma inicial hasta no haber repuesto la volemia.

Evitaremos en lo posible que siga perdiendo sangre cohibiendo las hemorragias, no sobrecar-
gar de volumen a estos pacientes, intentando que sean fluidos calientes para evitar hipotermia y
tener en cuenta que muchos de ellos necesitarán sangre y cirugía para su estabilización, por lo
que es importante realizar un traslado a un centro útil y sin excesivas demoras.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.4 Shock de origen traumático

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Arán. Madrid 2008.

ABREVIATURAS:
• GC: gasto cardiaco • TAM: tensión arterial media
• PAS: presión arterial sistólica • TCE: traumatismo craneoencefálico
• PVC: presión venosa central • VC: vasoconstricción
• SNC: sistema nervioso central • VD: vasodilatación

434
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial


AUTORES: Susana Navalpotro Pascual, Celia Ramiro Corrales, Ana Nuria Biarge Ruiz
Dibujos: Germán Cosmen Schortmann
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

ÍNDICE
1.- Objetivos
2.- Introducción
3.- Anatomofisiología del traumatismo craneoencefálico
3.1 Definición
3.2 Anatomía
3.3 Fisiología de la circulación cerebral
3.4 Fisiopatología del TCEG (Traumatismo craneoencefálico
grave)
3.5 Mecanismos y tipos de lesión
4.- Reconocimiento primario y tratamiento inicial
4.1 Evaluación y tratamiento inicial
4.2 Evaluación secundaria y cuidados de mantenimiento
4.2.1 TCE severo: paciente inconsciente
4.2.2 TCE leve y moderado: paciente consciente
5.- Evacuación y Traslado
6.- Transferencia
7.- Posibles diagnósticos de enfermería en relación con el TCE
8.- Resumen
9.- Bibliografía

TRAUMATISMO FACIAL

1.- Introducción
2.- Clasificación
3.- Cuidados de enfermería en la urgencia extrahospitalaria
3.1 Reconocimiento primario
3.2 Reconocimiento secundario
3.3 Otros cuidados de enfermería

4.- Bibliografía

436
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

1.- OBJETIVOS
• Conocer la fisiopatología del Traumatismo Craneoencefálico Grave (TCEG) y las causas que
pueden empeorar su pronóstico, incidiendo sobre aquellas en las que podemos intervenir en
la urgencia extrahospitalaria.

• Diferenciar los distintos tipos de TCE e identificar los problemas de salud que conlleva cada
uno de ellos con el fin de proporcionar los cuidados adecuados desde una perspectiva física,
psicológica y social.

• Colaborar dentro de un equipo multidisciplinar en la estabilización, tratamiento y cuidado


del paciente con TCE.

2.- INTRODUCCIÓN
El Traumatismo Craneoencefálico (TCE) grave es una de las principales causas de morbimor-
talidad en el mundo industrializado, y la causa más común de muerte en traumatismo cerrado.
Afecta más a varones debido a los diferentes roles y conducta social de uno y otro sexo, aunque
en el caso de atropellos, hay una pequeña incidencia mayor en mujeres en algunos puntos de
España(1). La edad de máximo riesgo se sitúa entre los 15 y los 24 años(2), sin embargo a partir
de los 75 años, se produce otro pico debido presumiblemente a las caídas en nuestros mayores(3).
Se estima que por cada 250-300 TCE leves, hay 15-20 moderados y 10-15 graves, lo que conlleva
altos gastos económicos y sociales.

En los últimos años, se han producido importantes avances en conocimientos fisiopatológicos


que no se han correspondido con avances en el terreno terapéutico. En la Hipertensión Intracra-
neal (HTIC), la complicación más grave del TCE, a pesar de las investigaciones sigue habiendo
importantes controversias a la hora de su tratamiento y aún no se ha conseguido un fármaco
neuroprotector eficaz(4).

A pesar de esto, la mortalidad por TCE ha disminuido en los últimos años, entre otras causas,
por la mejora en los cuidados críticos del paciente desde la primera hora, a todos los cuidados
intrahospitalarios. Para continuar mejorando estos resultados, es fundamental el entrenamiento
y actualización del personal que desarrolla su actividad en la urgencia extrahospitalaria, entre el
que se encuentra el personal de enfermería, hacia el que va dirigido este manual.

3.- ANATOMOFISIOLOGÍA DEL TRAUMATISMO CRANEOENCEFÁLICO


3.1 Definición

El Traumatismo Cráneoencefálico (TCE) es una lesión producida por el impacto violento


sobre la cara y el cráneo.

En función del valor obtenido tras clasificar el TCE según la escala de Glasgow (GCS) po-
demos hablar de TCE grave (incidencia 10%), TCE moderado (10%) y TCE leve (80%).
437
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

3.2 Anatomía
El encéfalo se compone de cerebro, cerebelo y tronco del encéfalo, y está recubierto por:
líquido cefalorraquídeo, meninges (piamadre, aracnoides y duramadre), cráneo y cuero
cabelludo (fig. 1).

Surco central
Lóbulo frontal

Lóbulo parietal

ANTERIOR POSTERIOR

Lóbulo
occipital

Surco lateral

Lóbulo temporal Cerebelo

Protuberancia
Tronco del encéfalo
Bulbo raquídeo

Entre el cráneo y la duramadre, discurren las arterias meníngeas, cuyo sangrado dará
lugar al hematoma epidural. Entre la duramadre y la aracnoides, se encuentran las venas
cerebrales, que si se lesionan, producen el hematoma subdural. Por último, entre la arac-
noides y la piamadre (membrana unida íntimamente al cerebro) se encuentra el espacio
subaracnoideo, ocupado por LCR. El sangrado en esta zona se denomina hemorragia
subaracnoidea (fig. 2).

Espacio epidural

Espacio subdural
Cráneo

Espacio subaracnoideo Periostio


Una capa funcional
Duramadre

Membrana aracnoides

Piamadre
unida directamente a la superficie
del cerebro y no separable

3.3 Fisiología de la circulación cerebral

El cráneo es una estructura cerrada y rígida, compuesta por tres elementos: parénquima
cerebral (85%), sangre (venosa y arterial) (7%) y líquido cefalorraquídeo (LCR) (8%). La
presión intracraneal (PIC) (Normal 15 mm de Hg), depende del equilibrio entre estos tres
componentes.

El cerebro, tiene unos mecanismos de autorregulación que permiten mantener un flujo san-
guíneo cerebral (FSC) constante (50ml/min/100gr) que se mueve en márgenes muy peque-
ños, a pesar de los cambios de la presión arterial (PA) sistémica (si hay subida de PA, se
produce vasoconstricción y si hay bajada de la PA se produce vasodilatación).

438
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

También la concentración de O2 y CO2 van a influir en el FSC, ya que el cerebro tiene la


capacidad de adaptar el FSC al consumo de O2 cerebral (acoplamiento flujo/consumo).
Además, los valores de Pa CO2 en sangre modifican el FSC. La hipercapnia (PaCO2 > 45
mm de Hg) produce vasodilatación mientras que la hipocapnia (PaCO2 < de 35 mm de Hg)
produce vasoconstricción.

El fin último de la autorregulación cerebral es mantener una presión de perfusión cerebral


(PPC) adecuada (60 mm Hg) que se obtiene de la siguiente fórmula: PPC= PAM-PIC, siendo
PAM la presión arterial media (PAM = (PAS –PAD) /3 +PAD.), y PIC, la presión intracraneal.
Por otro lado, el flujo sanguíneo cerebral (FSC), depende a su vez de la PPC y de las re-
sistencias vasculares cerebrales (RVC). Aplicando la fórmula FSC=PPC/RVC, deducimos
que si disminuye la PPC tienen que disminuir las resistencias para mantener el flujo san-
guíneo cerebral; así mismo, si aumentan las RVC, tiene que aumentar la PPC para mante-
ner el FSC.

3.4 Fisiopatología del TCEG (Traumatismo craneoencefálico grave)

La lesión cerebral traumática es dinámica y evolutiva, al menos durante las primeras 48


horas.

Como consecuencia del traumatismo craneoencefálico, se producen distintos tipos de le-


siones (primarias, secundarias y terciarias), que suelen asociarse a la alteración de los me-
canismos de protección fisiológicos (acoplamiento flujo/consumo y alteración de la
autorregulación), lo que coloca al cerebro en una situación de alta vulnerabilidad ante cual-
quier cambio. Podemos diferenciar:

• Lesión primaria. Sólo podemos intervenir con la prevención. Son las que se producen
como consecuencia de la agresión mecánica inicial y estarán en relación con el meca-
nismo de producción y la energía transferida. Pueden presentarse en forma de lesión
celular, desgarro, retracción axonal y alteraciones vasculares. Hay lesiones focales como
la contusión cerebral, en relación con fuerzas inerciales directamente dirigidas al cerebro,
y lesiones difusas, como la lesión axonal difusa, en relación con fuerzas de estiramiento,
cizallamiento y rotación(4).

• Lesión secundaria. Consiste en una serie de agresiones sistémicas o intracraneales


que aparecen en minutos, horas o días posteriores al TCE. Sobre la prevención y trata-
miento de este tipo de lesión se va a centrar la actuación en la urgencia prehospitala-
ria.
Se produce por dos tipos de mecanismos:
a) Mecanismos sistémicos:
- Hipotensión: Es la alteración secundaria más frecuente y la de mayor repercusión
sobre el pronóstico. Se reduce la PPC dando lugar a isquemia cerebral e infarto.
- Hipoxemia: Se pueden producir lesiones cerebrales irreversibles en tan sólo 4-6
minutos de anoxia cerebral. Empeora mucho el pronóstico si se asocia a hipoten-
sión.
- Hipertermia.
- Hipoglucemia/ Hiperglucemia: La hiperglucemia aumenta la acidosis por liberación
de lactato por lo que no debe ser mayor de 180 mg/dl. La hipoglucemia en neuro-
nas isquémicas puede desarrollar lesiones irreversibles.

439
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

b) Mecanismos intracraneales:
- HTIC: Es el más frecuente y está asociado a peor pronóstico tanto en mortalidad
como en alteraciones funcionales. Se producen lesiones cerebrales tanto por com-
presión mecánica como por lesiones isquémicas e hipóxicas. La consecuencia
final de una HTIC no controlada sería la herniación del encéfalo a través del orificio
del tentorio, con compresión del tronco cerebral, hidrocefalia, isquemia y muerte
cerebral.
- Vasoespasmo cerebral.
- Convulsiones.
- Hiperemia cerebral.
- Edema cerebral: puede crear problemas de espacio, y compresión de los vasos
sanguíneos, disminuyendo el FSC y provocando isquemia.

• Lesión terciaria. Inmediatamente después del traumatismo y en las horas o días si-
guientes, tiene lugar una producción excesiva de metabolitos y de neurotransmisores
(inocuos a concentraciones normales), que provocan lesiones del tejido cerebral. Aun-
que algunos autores lo incluyen en el daño secundario(4),otros lo clasifican como daño
cerebral terciario(5).

3.5 Mecanismos y tipos de lesión. Tabla I

Se producen en accidentes de tráfico, por cortes con elementos


del vehículo o el parabrisas al no llevar el cinturón, o accidentes
laborales cuando hay un atrapamiento del pelo en alguna
Heridas en máquina.
cuero
cabelludo.
Es una zona muy vascularizada que puede dar hemorragias
importantes, incluso shock hipovolémico (arrancamiento de una
zona extensa del cuero cabelludo) en niños.

Son causadas por un traumatismo cerrado o penetrante (armas


Lesiones de fuego, impacto intenso).
de cara
y cuello.
Fracturas lineales (la mayoría) que se de-
tectan sólo por examen radiológico.

Fracturas con hundimiento: pueden pal-


Fracturas Fractura craneal parse en la exploración.
de cráneo. cerrada.
La fractura sin hundimiento en sí misma
tiene poca importancia, pero aumenta el
riesgo de tener una hemorragia intracra-
neal.

Fractura craneal
Aumentan el riesgo de meningitis.
abierta.

440
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

Son las más frecuentes.


Fracturas na-
Se acompaña de edema, hematoma, epístaxis y
sales.
deformidad ósea a la palpación.

Se caracterizan por mala oclusión dentaria.


Lesiones Fracturas
A la palpación, crepitantes y deformidad en
faciales. mandibulares.
“escalón”.

Lesiones Fracturas de
A la palpación crepitación en la zona de fractura.
de cara la línea media
Asimetría facial.
y cuello facial.
(cont.)
Se deben a un golpe seco en la región cervical anterior.
Lesiones Se puede observar: un tono de voz más bajo, contusión cervical
laríngeas. o pérdida de la prominencia del cartílago tiroides. A veces, enfi-
sema subcutáneo en cuello.

Lesiones Las arterias carótidas irrigan la mayor parte del encéfalo y las
de vasos venas yugulares lo drenan, y la lesión de cualquiera de ellas
cervicales. puede provocar una hemorragia intensa.

Acumulación de sangre entre la primera cubierta


protectora del cerebro (la duramadre) y la parte
interna del cráneo, generalmente por rotura de
arteria meníngea media. (2%)
Se produce por golpes de baja intensidad (pelotazo
de tenis, puñetazo).
Hematoma
epidural. A veces encontramos una pérdida de conciencia
que se recupera, y posteriormente se deteriora. Si
empeora el nivel de conciencia, encontramos una
pupila perezosa y dilatada, y hemiparesia o
hemiplejia del lado contrario, ir al hospital.
Un diagnóstico precoz con una evacuación rápida
del hematoma augura una buena recuperación.

Acumulación de sangre entre la duramadre y la


Hematoma aracnoides. Está causado por una hemorragia
subdural. venosa de las venas comunicantes que discurren
Lesiones Hemorragia por el espacio subdural(30%).
encefálicas. intracraneal.
Sangrado de los vasos del encéfalo en el espacio
subaracnoideo, por debajo de la membrana
aracnoides.
Según el tamaño y localización estará indicada la
evacuación quirúrgica o se realizará tratamiento
médico conservador para favorecer que se
reabsorba el hematoma.
Hematoma Dado que no suele causar efecto masa, en principio
subarac- no necesita cirugía para la descompresión, pero su
noideo. presencia puede indicar otras lesiones como
contusión cerebral (63-73 %) o hematoma subdural
(44%). (2,3)
Los síntomas se corresponde con aumento de la
PIC (disminución del nivel de conciencia,
modificación del diámetro pupilar, déficit motores) y
en algunos casos los típicos de irritación meníngea
(rigidez de nuca, cefalea).

441
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

Reacción inflamatoria del tejido cerebral que puede ir


acompañada de hemorragia microscópica del propio encéfalo.
El mecanismo lesional suele ser el traumatismo cerrado, aunque
también puede ocurrir en traumatismos penetrantes como
disparos, y puede afectar a regiones alejadas del lugar del
Contusión golpe, al lado contrario, por una “lesión de contragolpe”. (Por
cerebral. ejemplo, una típica caída en la ducha con golpe en la región
occipital puede provocar alteraciones en la zona frontal).
Se observa en un 20 – 30% de los TCE graves y también en
algunos moderados con Glasgow entre 9 – 13 que pueden
evolucionar con el tiempo a un TCE grave al aumentar el efecto
masa provocado por la hemorragia y/o el edema cerebral.

Lesión en el cerebro que puede producir un dolor de cabeza


intenso, a veces acompañado de mareos, náuseas y vómitos,
con alteración de los niveles de conciencia o pérdida de
Lesiones conocimiento.
de cara Suele ocurrir cuando el cerebro sufre una sacudida durante el
y cuello. proceso de aceleración y desaceleración, lo que altera
temporalmente su función.
Conmoción
cerebral. La principal característica va a ser la amnesia postraumática.
Otros síntomas pueden aparecer como cefalea, fatiga, vértigos,
mareos, mirada ausente, alteraciones del comportamiento,
irritabilidad, alteraciones visuales, pérdida de memoria, dificultad
de concentración, insomnio y ansiedad.
Estos síntomas remiten normalmente con el paso del tiempo,
información importante de trasmitir a los familiares al alta de
enfermería.

Lesión directa de los axones a consecuencia de las fuerzas de


Lesión cizallamiento, aceleración y desaceleración y rotación que se
axonal ejerce sobre el cerebro.
difusa. Se clasifica en leve, moderada y severa según los signos de
disfunción del tronco encefálico y la duración del coma.

4.- RECONOCIMIENTO PRIMARIO Y TRATAMIENTO INICIAL (6)


(basado en guías del SUMMA)
Ante un TCE, será prioritario:

• Valorar el escenario y mecanismo lesional de forma rápida.


• Identificar, valorar y tratar las lesiones con riesgo vital.
• Reconocer de forma precoz la lesión encefálica grave.
• Corregir la hipoxia y la hipotensión.

Como en cualquier paciente traumatizado se abordará al paciente con el ABCDE:

442
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

4.1 Evaluación y tratamiento inicial

Es una etapa donde los cuidados de enfermería se realizan de forma interdependiente con
el resto del equipo, colaborando tanto en la movilización e inmovilización como en la esta-
bilización del paciente.

A. Vía aérea y control cervical


La obstrucción de la vía aérea es la causa más frecuente de muerte evitable en el pa-
ciente traumatizado (7).
Apertura de la vía aérea con control cervical bimanual (el TCE grave se asocia a lesión
cervical en un 12%). Toda persona con TCE grave se tratará como una persona con po-
sible lesión medular hasta que no se descarte en el hospital con pruebas de imagen.
Limpieza manual y/o aspiración de la vía aérea si precisara (piezas dentarias, sangre,
tierra…).
En pacientes con Glasgow ≤ 8, aislamiento de la vía aérea con intubación orotraqueal
(IOT), previa sedación y relajación (tabla II), salvo Glasgow igual a 3. Realizar la manio-
bra de Sellick para ayudar a la intubación.

Tabla II: Sedación y relajación para IOT (cálculo práctico para 70 kg de peso) (16) (17)
TIPO DE DOSIS  ADMINISTRA-
FÁRMACO RITMO EN LA PRÁCTICA
FÁRMACO INICIAL CIÓN
INDUCCIÓN A LA SEDACIÓN

Amp. de 15 mg
Poner en
(en 3 ml)
*Midazolam una jeringa
0.15 – 0.35 + 7 ml pasar en
Benzodiacepina de 10 ml 15 mg
Dormicum ® mg/Kg de S.S.F. 20 ó 30 sg.
+ 7 ml de S.S.F. y
También amp.
pasar en 20 ó 30 sg.
5mg en 5 ml.

*Etomidato Bolo, de 7 Usar vía gruesa.


0.2 – 0.3 Amp. de 20 mg a 10 ml en No en niños
Hypnomidate hipnótico
mg/Kg en 10 ml. al menos 1 menores
® minuto. de 10 años

RELAJACIÓN QUÍMICA

Poner en 20-30 sg.


*Succinilco- entre
relajante 100mg (2 ml) Duración corta
lina 1 a 1.5 7-10 ml
muscular + 8 ml de 3- 5 min. por
mg/Kg en
Anectine ®) despolarizante de S.S.F. lo que se utiliza en
bolo IV
la intubación rápida

relajante entre
Vecuronio muscular 10mg (un vial) + 7-10 ml Puede dar hipoten-
0.1 mg/Kg
Norcurón® no 10 ml de S.S.F. en sión y bradicardia
despolarizante bolo IV

*Estos fármacos son de vida media corta que no alteran la PIC

443
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

Otras alternativas a la IOT pueden ser la cánula orofaríngea1 con ventilación mediante
balón de reanimación2, la mascarilla laríngea o combitube, o la punción cricotiroidea en
caso de trauma facial importante o rotura traqueal. (8)
La inmovilización de columna cervical se debe realizar con collarín cervical semirrígido
tipo Minerva. Se tendrá la precaución de no colocarlo muy apretado para no impedir el
drenaje venoso cerebral, lo que podría tener como consecuencia el aumento de la PIC.
“La colocación de collarín cervical no es obligatoria si se inmoviliza de forma correcta
cabeza y cuello”(2).

B. Ventilación
La existencia de hipoxia es un factor predictor de mala evolución en el TCE, por lo que
es importante mantener una correcta ventilación. Para conseguirlo, debemos:
• Asegurar una ventilación efectiva y oxigenación con mascarilla de efecto venturi o
ventilación mecánica, tras IOT, para prevenir la hipoxia.
• Monitorizar pulsioximetría manteniendo una Sat. O2 >95 %.
• No se aconseja hiperventilación de forma rutinaria3 porque al disminuir la PCO2 se
produce vasoconstricción e isquemia. Sólo en el caso de signos evidentes de HTIC o
caída en el GCS de 2 puntos.
• Monitorizar con capnografía: el aumento de PCO2 produce vasodilatación (aumento
de edema cerebral) y la disminución de PCO2 produce vasoconstricción (isquemia).
Se consideran normales valores de 35 – 40 mm de Hg. En caso de HTIC, la PaCO2
no debe ser menor de 30 mm de Hg. (2)

C. Circulación
La valoración se realizará de forma rápida como en cualquier otro traumatizado: pulsos,
relleno capilar y color de piel (normocoloreada, palidez, cianosis).
Sabemos que la hipotensión arterial es un indicador de mal pronóstico en la evolución
del TCE. La existencia de un único episodio de hipotensión (PAS<90mmHg) en fases
tempranas, está asociada con el doble de mortalidad.

Por lo tanto se debe evitar y/o corregir la hipotensión. Para ello:


• Canalizar vía: en principio no tiene por qué ser de grueso calibre, pero dado que puede
haber traumatismos asociados, y antes de que sea más complicado, se canalizarán
dos vías de calibre 14 – 16 G. Se eligen con preferencia las venas cefálica, mediana
o cubital dado su fácil acceso y porque permiten administrar gran cantidad de fluidos
en poco tiempo si fuera preciso. No obstante, si no se pudiera canalizar una vía, no
supondrá un retraso en el traslado del paciente crítico, aunque merece la pena con-
siderar en 2ª opción la vía intraósea. (9)
• Mantener la TAS entre 110- 120 mm de Hg para conseguir una buena perfusión ce-
rebral y evitar lesiones secundarias.
- Si las constantes vitales están dentro de los límites normales, se administrarán lí-
quidos intravenosos a una velocidad de 125 ml/h, dosis que será ajustada si el pa-
ciente presenta signos de shock, (ver tema de Shock hipovolémico). Las soluciones
indicadas son los cristaloides como salino isotónico al 0,9%.

1. Popularmente denominado “guedel”


444 2. También llamados mascarilla-válvula-bolsa. Popularmente denominado “ambú”, nombre de una de las marcas comerciales que distribuye balo-
nes de reanimación.
3. Aunque se haya utilizado la hiperventilación desde hace más de 40 años, en estudios más recientes, aunque no concluyentes, se observa una
vulnerabilidad a la isquemia del tercer al quinto día de evolución. (4)
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

- Deben evitarse soluciones glucosadas e hipo-osmolares en la reanimación con lí-


quidos, ya que pueden aumentar el edema cerebral: NO se debe utilizar ni Sueros
glucosados ni Ringer Lactato (aumenta acidosis, lo que aumenta iones Hidrógeno
que a su vez producen vasodilatación).
- No se recomienda usar soluciones hiperosmolares en el medio extrahospitalario,
ni suero salino hipertónico como forma de reponer volumen, aunque sí se esté uti-
lizando en el medio hospitalario(4).
- La hipotensión, no está justificada si sólo existe el TCE, salvo en:
· Scalps muy extensos (sobre todo en niños).
· Hematomas epidurales en niños.
· Estadíos terminales con disfunción del bulbo raquídeo.
• Si hay hemorragia externa, se debe tener en cuenta que tanto la anemia como la hi-
potensión son causas de lesión cerebral secundaria. Las medidas locales que se pue-
den realizar son(8):
- Aplicar presión directa o vendaje compresivo, mediante gasas o compresas esté-
riles sujetas por una venda elástica. No se aplicarán vendajes compresivos en frac-
turas craneales abiertas o con hundimiento, a no ser por una importante
hemorragia, ya que puede aumentar la PIC y la lesión cerebral.
- Si no se controla la hemorragia, se puede aplicar presión directa en los bordes de
la herida del cuero cabelludo, con lo que se consiguen buenos resultados.
- Cuando exista un hematoma extracraneal, se puede ejercer una pequeña presión
directa o aplicar hielo sobre el área inflamada.
- Si la hemorragia procediera de las venas yugulares o arterias carótidas, se realizará
presión directa en la zona.

D. Examen neurológico y función cerebral


• La exploración neurológica se debe realizar tras estabilizar al paciente (control de la
hipoxia, hipotensión e hipoglucemia) y antes de la administración de sedantes, rela-
jantes y analgésicos. Valorar la posible asociación de drogas y alcohol que pueden
enmascarar la valoración.
• Tanto un GCS por debajo de 8, como la presencia de anisocoria y la falta de reactivi-
dad pupilar, nos alertan de lesión encefálica grave, por lo que será prioritario actuar
antes de continuar con la valoración del paciente.
• Exploraremos:
- AVDN: El paciente está “Alerta”, responde al estímulo “Verbal”, responde a la es-
timulación de “Dolor”, o “No responde”.
- Nivel de conciencia:
· Mediante la escala de Glasgow (GCS) y con evaluaciones seriadas cada 15 mi-
nutos, para ver la evolución.
· Su valor clasificará el TCE en leve (14-15), moderado (9-13) o grave (3-8), y
nos guiará en el manejo y la derivación hospitalaria.
· La respuesta motora será la que tenga mayor valor pronóstico. Son signos de
mal pronóstico:

445
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

· Flexión anormal con rigidez, flexión de brazos,


puños cerrados y piernas extendidas (decorti-
cación) (fig.3).

· Extensión anormal con extensión rígida de bra-


zos y piernas, inclinación de los dedos de los
pies hacia abajo y arqueo de la cabeza hacia
atrás (descerebración) (fig. 4).

- Pupilas
· Valorar tamaño, simetría y respuesta a la luz, así como la dilatación o fijación
pupilar.
· Se registrará:
- Si hay o no trauma orbitario.
- Asimetría: diferencia mayor de 1 mm.
- Si existe diferencia en la contracción – relajación pupilar entre una y otra pu-
pila.
- Si la pupila no responde.

· Se sospechará de aumento de la PIC si en un paciente inconsciente encontra-


mos:
- Descenso de la puntuación de GCS de 2 puntos o más.
- Pupilas perezosas o arreactivas de forma bilateral o unilateral.
- Aparición de hemiplejia o hemiparesia.
- Triada de Cushing: hipertensión, bradicardia y respiración irregular.
- Signos de herniación: cuando a la triada de Cushing se le añade midriasis
arreactiva tanto unilateral como bilateral.

E. Exposición
• Se valorarán las lesiones externas descartando lesiones sangrantes y lesiones aso-
ciadas. Debemos palpar el cráneo en busca de scalps, deformidades, hematomas,

446
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4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

heridas abiertas con pérdida de masa encefálica, pérdida de sangre y/o líquido cefa-
lorraquídeo por nariz o por oídos. (10)
• Es conveniente desnudar al paciente para hacer la valoración completa, pero esta
maniobra puede demorarse hasta que podamos proporcionarle un medio en el que
mantenga la temperatura corporal, y esté asegurada su intimidad.

Finalizada la valoración inicial, se trasladará al paciente a un ambiente seguro movilizando


de forma correcta y utilizando los dispositivos adecuados según el caso (corsé espinal4,
tabla espinal corta, tabla espinal larga, camilla telescópica); si hay sospecha de traumatismo
de columna, se tendrá colocado el colchón de vacio sobre la camilla para el traslado. De-
bemos preservar la intimidad del paciente, y evitar la hipotermia.

4.2 Evaluación secundaria y cuidados de mantenimiento

Una vez el paciente en un ambiente seguro (UVI móvil, ambulancia, Centro de Salud) se
le desnudará y se realizará una valoración de la cabeza a los pies en busca de lesiones
asociadas. Como los principales objetivos en esta fase, siguen siendo mantener la mejor
oxigenación, conseguir la normotensión y conservar la perfusión cerebral, con el fin de evitar
el edema cerebral o la isquemia, si el paciente se encuentra en estado crítico, no se demo-
rará el traslado por completar la evaluación, y se realizará en camino. En esta etapa, se
continuará con el tratamiento farmacológico y valoraremos otras necesidades de cuidados
que no hayan sido cubiertas con anterioridad.

4.2.1 TCE severo: paciente inconsciente

Se corresponde con pacientes con TCE grave a quienes tenemos monitorizados y,


normalmente, con ventilación asistida a través de tubo orotraqueal. Están en una si-
tuación de suplencia total, y por lo tanto los cuidados de enfermería se dirigirán a
suplir las necesidades no cubiertas.

Las medidas generales se dirigirán a garantizar una oxigenación adecuada, conseguir


el control hemodinámico con PAM>90 mm de Hg, mantener al paciente en posición
alineada con una elevación de la cabeza entre 15-30 º, controlar el dolor y la agitación,
asegurar sedación y favorecer la normotermia.

• Cuidados respiratorios

- Oxigenación: control de la ventilación asistida.


· Frecuencia respiratoria: 10 resp./min en adultos, 20 en niños y 25 en lactan-
tes.
· Volumen de 350 a 500 ml.
· Cuidado con valores de PEEP superiores a 15 cm H2O, pues puede aumen-
tar la PIC.

- Monitorización con pulsioximetría y capnometría.

- Cuidados del paciente intubado.


· Comprobar posición del tubo, asegurar fijación y señalizar el punto correcto
de colocación como referencia.
· Control de la presión del balón de neumo-taponamiento (18 - 22 mm de Hg).
4. Corsé espinal denominado también chaleco de extricación tipo Kendrick o Ferno-ked 447
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

· Aspiración de secreciones por TET con técnica esteril, evitando aumentar la


PIC para lo cual se realizará hiperoxigenación antes y después de la aspira-
ción, se hará en menos de 15 segundos y no más de 3 aspiraciones segui-
das(11). Aspirar por boca al final.

• Cuidados cardiovasculares
- Monitorización cardiovascular: TA, monitorización electrocardiográfica.
- Si no se ha podido antes, canalizar dos vías venosas periféricas, preferible-
mente de grueso calibre (14-16 G.) y asegurar bien las vías.

• Prevención de la HTIC
- Los síntomas típicos del aumento de presión intracraneal van a ser dolor de ca-
beza, alteraciones de la visión y deterioro del nivel de conciencia (11). En el caso
del paciente intubado, sospecharemos de HTIC si encontramos hipertensión
con bradicardia, bajada de 2 puntos de la escala de Glasgow y/o anisocoria.

• En caso de HTIC, las posibles opciones terapéuticas son (paciente intubado):


- Sedación: dosis bajas de benzodiacepinas, como midazolam IV tanto en pe-
queños bolos como en perfusión.
- Parálisis química: bloqueantes neuromusculares IV tipo Bromuro de Vecuronio,
a dosis de 0.08 – 0.1 mg/Kg (Se disuelve el vial de 10 mg en 10 ml de S.S.F.,
y se pone de 5.6 a 7 ml para paciente de 70 Kg) (9), con el fin de mantener al pa-
ciente bien adaptado al respirador).
- Osmoterapia: Manitol de 0.25 a 1 g/Kg (evitar en pacientes con TAS < 90 mm
de Hg). Vigilar mantener euvolemia y valorar poner sonda vesical tipo Foley si
el traslado es largo (algunos autores no lo recomiendan en la fase prehospita-
laria) (4) .
- Si signos de herniación, está indicada la hiperventilación controlada: Mantener
una ETCO2 entre 25 y 30 mm de Hg, con una frecuencia de 20
respiraciones/min, 25 resp/min en niños y 35 resp/min. en lactantes. “La hiper-
ventilación profiláctica no es útil en el TCE y la hiperventilación terapéutica, si
se realiza, debe interrumpirse si desaparecen los signos de HIC” (8) (3).

• Control de glucemia
- Realizar glucemia capilar. Las soluciones glucosadas están desaconsejadas por
aumentar el edema cerebral, salvo si es preciso tratar un cuadro de hipoglu-
cemia(2).

• Atención a la eliminación: valorar sondajes


- En paciente con TOT, se puede considerar insertar una sonda orogástrica para
descomprimir el estómago, pero evitar SNG(12). Algunos autores sólo consideran
contraindicada la SNG en el caso de sospecha de fractura de la base del cráneo
(13)
.
- Si tratamiento con Manitol (0.25 – 1 gr/Kg), considerar sondaje vesical.

448
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

• Cuidado de la piel
- Tras desnudar completamente al paciente, abrigarle colocando sábana y manta
encima. No debe estar hipotérmico pero la temperatura del paciente debe man-
tenerse < 37ºC. Si hipertermia, valorar antipiréticos (paracetamol, dipirona, ibu-
profeno) (8).
- Evitar puntos de presión, siendo los más frecuentes la barra de la camilla a nivel
de los pies y collarines de tamaño no adecuado.
- Atención a los ojos, cerrando los párpados y colocando una gasa humedecida
con suero fisiológico .

• Confort y seguridad del paciente (movilizaciones, postura…).


- Analgesia y sedación:
· Analgesia.
· Cloruro mórfico (de elección) 3-6 mg/h.
· Fentanilo: 50 - 100 µgr/Kg/h (puede aumentar la PIC).
- Sedación
· Midazolám (2) (1) .
· Dosis de carga: 0.3 mg /Kg.
· Perfusión 0.1 mg /kg.
· Propofol (sólo pacientes hemodinámicamente estables, con PAM > 90 mm
de Hg), 3-4 mg/kg/h.
- El TCE se beneficia de una postura en decúbito supino con el cabecero elevado
15 - 30º para evitar la HTIC (2), si no hay sospecha de lesión cervical. La cabeza
debe estar alineada y en posición neutra.
- Una vez el paciente colocado en el colchón de vacío, sacar el aire para inmovi-
lizar al paciente. Si el inmovilizador de cabeza fuera de un tamaño mayor al ne-
cesario, se puede inmovilizar la cabeza mediante sueros cubiertos con
compresas y si fuera necesario alguna venda de gasa, en forma de rodetes,
que se acoplarán al colchón de vacío. También pueden resultar útiles, los inmo-
vilizadores de cabeza pediátricos.
- Sujeción mecánica del paciente mediante correas a la camilla de la ambulancia.
Valorar inclinación y tipo de posición de la camilla (suspensión neumática para
traumatizados, anti-trendelemburg).

• Atención a aspectos psicosociales.


- En estos casos suele ir Policía o Guardia Civil al lugar de los hechos, sobre todo
si se trata de un accidente de tráfico. Debemos trabajar en colaboración con
ellos, informándoles sobre el lugar a dónde se va a realizar el traslado y obte-
niendo la información que ellos hayan recogido (filiación, teléfono de contacto,
placa con información sobre alergias, MCP, o patologías del paciente).

4.2.2 TCE leve y moderado: paciente consciente

Son pacientes que están conscientes, con un Glasgow mayor o igual a 9, donde los
cuidados irán enfocados a suplir aquellas áreas no cubiertas, será una relación de
ayuda.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

Según el tipo de TCE se adoptarán distintas medidas:

• TCE leve: aquellos pacientes que tengan un Glasgow de 14 ó 15. Diferenciamos


dos tipos:

- TCE leve de alto riesgo: pacientes en tratamiento con anticoagulantes, antece-


dentes de intervención neuroquirúrgica, 14 puntos en GCS, edad superior a 60
años, fractura de cráneo o traumatismo ocasionado por crisis convulsiva. Debe
realizarse TAC por lo que se derivarán al hospital por sus medios o en SVB.

- TCE leve de bajo riesgo: no requerirá traslado al hospital, pero sí necesitará


educación sanitaria. Se derivará a su domicilio bajo observación de la familia
durante 24 horas, y acudirá al hospital si(6) (4):
· Sintiera somnolencia o dificultad para despertarse. Se le despertará cada 2
horas.
· Náuseas o vómitos.
· Convulsiones.
· Dolor de cabeza intenso.
· Focalidad neurológica: debilidad o pérdida de sensibilidad, conducta extraña,
etc.
· Cambios de una pupila respecto a la otra, cambios en la visión.
· Salida de líquido acuoso o sanguinolento por nariz u oídos.
· Cambios en el pulso y/o la respiración.

En su domicilio, podrá:
- Ponerse hielo en la zona inflamada (envuelto en un paño para proteger la piel).
- Tomar paracetamol para el dolor de cabeza, no aspirina. No usar sedantes.
- Puede beber y comer de forma habitual. No tomar alcohol en 3 días.

• TCE moderado: precisará un diagnóstico radiológico (TAC) por lo que debe ser de-
rivado al hospital, según su estado, en ambulancia de SVB o SVA con monitoriza-
ción constante para observar posible deterioro. Es frecuente que el paciente tenga
amnesia lagunar, desorientación temporoespacial y haga preguntas repetitivas.
1- Cuidados respiratorios
Oxigenación: mantener Sat. O2> 95 %. Poner mascarilla con reservorio o mas-
carilla de alto flujo con efecto Venturi.
Monitorización de pulsioximetría.
2- Cuidados cardiovasculares
Monitorización cardiovascular.
3- Cuidado de la piel
Tras desnudar completamente al paciente para la valoración secundaria, abri-
garle colocando sábana y manta encima.
4 - Confort y seguridad del paciente (movilizaciones, postura…)
Se colocará al paciente en decúbito supino con cabecero elevado 15 -30º. Si
en esta posición el paciente se agita, no está contraindicado trasladarle en po-
sición de Fowler.

450
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

Sujeción mecánica del paciente, mediante correas, a la camilla de la ambulan-


cia.
5- Educación sanitaria: si estuviera la familia, o si fuera hacia el hospital, explicarle
que hay que ver la evolución del estado del paciente. A veces, de forma transi-
toria, son normales las preguntas repetitivas debido a la desorientación tempo-
roespacial que produce la conmoción cerebral.
6- Atención psicológica: el paciente tiene amnesia de sucesos recientes. Por ello,
habrá que apoyarle, explicarle y centrarle sobre quién es, dónde está y qué ha
ocurrido, normalmente de forma reiterada.
7- Atención a aspectos psicosociales: dada la desorientación temporoespacial de
estos pacientes y su posible deterioro, es conveniente conseguir un teléfono
de contacto de algún familiar y anotarlo en el informe de Enfermería.

5.- EVACUACIÓN Y TRASLADO


• TCE grave y moderado

- Una vez estabilizado, requiere traslado con monitorización constante y reevaluación cada
5 minutos.

- Destino: Centro hospitalario útil, de tercer nivel con neurocirugía y UCI. El traslado inter-
hospitalario de estos pacientes aumenta la mortalidad un 20%.

- La conducción se realizará a una velocidad constante evitando las aceleraciones y desace-


leraciones bruscas.

6.- TRANSFERENCIA

• Se produce cuando el personal de asistencia prehospitalaria llega al hospital. Se debe re-


alizar de forma personal y directa al facultativo y enfermero receptor que se hagan cargo
del paciente, informando de forma oral y escrita sobre el mecanismo de lesión, la valoración
inicial del paciente, y su evolución durante el traslado, así como el manejo, tratamiento mé-
dico, y cuidados de enfermería llevados a cabo (10).

• Se informará, si es posible, la filiación del paciente, antecedentes personales y alergias. Si


por el estado del paciente no fuera posible, muchas veces los datos de filiación son recogi-
dos por policía o guardia civil. Así mismo, se notificarán las características del accidente,
lugar que ocupaba el paciente dentro del vehículo, si llevaba medidas de protección pasivas
(airbag, cinturón seguridad), número de heridos graves o personas fallecidas.

• La transferencia hospitalaria puede ser un momento crítico de desorden. No se justifica la


retirada del material de inmovilización sin ser reemplazado por otro con las mismas presta-
ciones en el hospital, por el hecho de querer recuperar el material en la transferencia del
paciente(14).

451
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

7.- POSIBLES DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA EN RELACIÓN


CON EL TCE (15) (10)
• Perfusión tisular inefectiva: cerebral r/c hipovolemia y/o interrupción del flujo cerebral m/p
cambios en las reacciones pupilares y/o alteración del estado mental y/o debilidad o parálisis
de las extremidades.

• Deterioro de la memoria r/c hipoxia aguda y/o interrupción del flujo cerebral m/p incapacidad
para recordar información sobre los hechos.

• Riesgo de aspiración r/c reducción del nivel de conciencia y/o depresión de los reflejos nau-
seoso y tusígeno.

• Patrón respiratorio ineficaz r/c disfunción neuromuscular y/o deterioro musculoesquelético


m/p disminución de la ventilación por minuto y/o alteración de la relación inspiración y es-
piración.

8.- RESUMEN
Como hemos visto a lo largo del tema, la lesión cráneoencefálica es un trastorno dinámico y
evolutivo, donde la asistencia prehospitalaria, en los primeros minutos tras el impacto, tiene
una gran importancia para prevenir o corregir los factores que provocan una lesión secundaria,
fundamentalmente la hipotensión y la hipoxia.

La correcta asistencia prehospitalaria combinada con una intervención neuroquirúrgica ade-


cuada, mejoran el pronóstico de los pacientes con TCE moderado a grave.

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16. Huidobro M. 112 fármacos intravenosos en emergencias. 2ª ed. Torre Don Jimeno: Formación continuada Logos;
2006.
17. Ramiro C, Navalpotro S. Farmacología práctica en la Urgencia Extrahospitalaria.
18. La Tabla RaNa: sedación y relajación. Metas de Enferm oct 2011; 14(8): 50-58

453
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

TRAUMATISMO FACIAL
1.- INTRODUCCIÓN
Se entiende por traumatismo maxilofacial aquel cuya lesión afecta a la estructura ósea
facial y/o a los tejidos blandos de la cara, incluyendo el pabellón auricular. Con frecuencia
este traumatismo se presenta asociado a lesiones craneales, cervicales y torácicas. Su incidencia
es mayor en el sexo masculino y en edades comprendidas entre los 20 y los 45 años.

La etiología más habitual la constituyen los accidentes de tráfico seguidos de las agresiones
y los accidentes laborales. En cuanto al mecanismo de producción, puede ser directo o indirecto.

Es raro que las lesiones maxilofaciales por sí mismas pongan en peligro la vida del pa-
ciente salvo que provoquen una obstrucción de la vía aérea por distintas circunstancias, como
la desestructuración ósea, las fracturas, las deformidades, la presencia de cuerpos extraños, la
acumulación de vómitos, sangre, etc. Otra complicación que puede aparecer son las hemorragias
abundantes por la gran vascularización de la cara. Esta misma circunstancia justifica que las su-
turas de las heridas puedan prolongarse hasta 24 horas después de producirse la lesión.

2.- CLASIFICACIÓN
• Afectación de tejidos blandos: lesiones superficiales, heridas simples o heridas complejas.
• Afectación ósea: las fracturas de los huesos nasales son las más frecuentes.
• Les siguen en incidencia las fracturas mandibulares. Mención especial merecen las fracturas
de la línea media facial o fracturas de Le Fort (tabla I), en las que se distinguen tres tipos dife-
rentes (la más frecuente Le Fort tipo II) que comparten entre ellas el presentar maloclusión
de la boca.

TABLA I: FRACTURAS DE LE FORT.


FRACTURAS DESCRIPCIÓN REPERCUSIÓN
DE LE FORT DE LA FRACTURA CLÍNICA
Disminución entrada de aire
LE FORT I Fractura longitudinal del maxilar a nivel por las narinas.
o de Guérin del suelo de las fosas nasales. Hematoma/edema en la
orofaringe.

Fractura en forma de pirámide, donde


el vértice se sitúa a la altura de los hue-
LE FORT II Obstrucción de la vía aérea
sos propios de la nariz y los lados dis-
o piramidal por hemorragia intensa.
curren por cada uno de los maxilares,
disociándolos de la cara.

Fractura que discurre desde los huesos Obstrucción de la vía aérea.


LE FORT III propios a la hendidura esfenomaxilar TCE
o disfunción pasando por la cavidad orbitaria, dando (salida de LCR por las
craneofacial lugar a la disociación de la cara con narinas).
respecto al cráneo.

454
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

3.- CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN LA URGENCIA


EXTRAHOSPITALARIA
Siguiendo el protocolo de actuación del traumatismo grave, y en colaboración con el equipo
multidisciplinar, respecto al traumatismo facial nos centraremos en los siguientes puntos:

3.1 Reconocimiento primario


Se seguirá la secuencia ABCDE.
A. Asegurar vía aérea permeable con control cervical:
Proceder a la limpieza de la cavidad orofaríngea.
En caso de inconsciencia, colocar cánula orofaríngea. Valorar intubación orotraqueal
(IOT). Si se tratara de un traumatismo maxilofacial severo de tercio inferior, donde la IOT
sea infructuosa se procederá a la intubación nasotraqueal (si no se sospecha fractura
de la base del cráneo) o al acceso quirúrgico de la vía aérea mediante cricotiroidotomía
o traqueotomía.

B. Control de la ventilación.
• Oxigenación: control de la ventilación asistida.
• Frecuencia respiratoria: 10 resp./min en adultos, 20 en niños y 25 en lactantes.
• Volumen de 350 a 500 ml.
• Monitorización con pulsioximetría y capnometría.
• Cuidados del paciente intubado.

C. Control circulatorio y de las hemorragias:


• En caso de hemorragias externas, se debe hacer compresión directa o vendaje com-
presivo.
• Si están afectadas arterias importantes (carótida interna, carótida externa, rama facial
o rama maxilar), se hará ligadura quirúrgica lo antes posible.
• En caso de epístaxis se puede hacer taponamiento nasal anterior o posterior con
adrenalina.

D. Valoración neurológica.

E: Exposición.

3.2 Reconocimiento secundario

Se procederá a la inspección del cuero cabelludo, la cara, el cuello y la boca. Incluirá una
inspección intraoral. Una evaluación extraoral, y la palpación de los maxilares.

• Evaluación intraoral:
- Si hay problemas de visualización se lavarán las heridas con suero fisiológico, eli-
minando la sangre y los cuerpos extraños mediante irrigación.

455
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

- Se inspeccionarás asimismo las posibles avulsiones dentarias, teniendo en cuenta


que las piezas pueden haber sido deglutidas o aspiradas. En caso de encontrar la
pieza dental, tiene la posibilidad de ser reimplantada en los primeros 30 minutos. Para
su traslado, el diente se colocará dentro del alveolo si se puede, simplemente en la
boca del paciente o en su defecto, introducido en leche. Evitar tocar la raíz con los
dedos.
- Controlar anomalías en la oclusión.

• Evaluación extraoral:
- Cuero cabelludo: presencia de contusiones, hematomas o heridas.
- Cara: se buscarán asimetrías, hematomas, tumefacción o crepitación.
- Conducto auditivo externo: posible otorragia (sangre) u otorrea (LCR), signo de Battle
(hematoma sobre la apófisis mastoides del temporal) o heridas en el pabellón auricu-
lar.
- Ojos y párpados: valorar agudeza visual, vía lagrimal, movilidad del globo ocular y
heridas palpebrales.
- Fosas nasales: explorar si existe rinorrea, edema, hematoma, epístaxis, deformación,
crepitación.
- Buscar heridas en la mejilla: lesión del conducto de Stenon (drenaje de la parótida,
a nivel del segundo molar superior).
- Evaluación de la función motora y sensitiva.
.

• Evaluación de maxilares mediante palpación maxilares buscando crepitación o defor-


midades en escalón.
- Se inmovilizarán las fracturas, sin que afecte a la permeabilidad de la vía aérea, con
vendajes que eviten movimientos de las fracturas durante el traslado.

3.3 Otros cuidados de enfermería

• Atención a la analgesia y sedación: valorar uso de analgésicos opiáceos, así como


sedantes que pueden ayudar a sobrellevar una situación tan estresante como es el
trauma facial en algunos casos.

• Confort y seguridad del paciente: proporcionar una postura lo más cómoda posible
que asegure la vía aérea permeable, el control de hemorragias y la tranquilidad del pa-
ciente. Normalmente la posición de Fowler, si no existe contraindicación por otros trau-
mas asociados, será la más confortable. Sujeción mecánica del paciente, mediante
correas, a la camilla de la ambulancia.

• Atención psicológica: la deformación facial altera de forma importante la imagen cor-


poral de la persona y su autoimagen. Aunque muchas veces no son conscientes de esa
alteración en el momento, nuestra actitud debe consistir en prestar apoyo sin mostrar
rechazo, transmitiendo el posible carácter temporal de la lesión y comentándoles que
recibirán una atención cualificada en un centro hospitalario de referencia con especia-
lidad en maxilofacial.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.5 Traumatismo craneoencefálico y facial

• Traslado a centro útil: se realizará a un centro hospitalario con posibilidad de atención


al paciente mediante especialidad de maxilofacial, además del resto de especialistas
que precise por las lesiones asociadas que presente. El tratamiento definitivo de estas
lesiones es quirúrgico y debe realizarse lo antes posible.

4.- BIBLIOGRAFÍA
1. Prehospital Trauma Life Support Committee of the National Association of Emergency Medical Tecnicians en cola-
boración con the Committee on Trauma of the American Collage of Surgeons. PHTLS. Soporte vital básico y avan-
zado en el trauma prehospitalario. 6ª ed. Barcelona: Elsevier; 2012.
2. Gómez LM, Pueyo J, Redondo LC. Atención integral en accidentes de tráfico. Jaén: Formación Alcalá; 2006.
3. Alamillos Granados FJ, Dean A, Castro JA, Jiménez L. Traumatismos maxilofaciales. En: Medicina de urgencias y
emergencias. Jiménez L, Montero J, (ed.). 4ª ed. Barcelona. Elsevier, 2010; 909-912.
4. Comité de trauma del Colegio Americano de Cirujanos. ATLS. Programa avanzado de apoyo vital en trauma para
médicos 8ª edición; Chicago 2008.

457
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.6 Traumatismo de columna y médula espinal


AUTORES: Celia Ramiro Corrales, Susana Navalpotro Pascual, Salvador Espinosa Ramírez

Dibujos: Germán Cosmen Schortmann


Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

ÍNDICE
1.- Objetivos

2.- Introducción

3.- Anatomofisiología de la lesión vertebral y medular


3.1. Anatomía vertebral
3.2. Anatomía de la médula espinal
3.3. Fisiopatología
3.4. Mecanismos de lesión
3.5. Lesiones de columna
3.6. Lesión medular

4.- Reconocimiento primario y tratamiento inicial


4.1. Evaluación y tratamiento inicial
4.2. Evaluación secundaria y cuidados de mantenimiento

5.- Evacuación y traslado

6.- Transferencia

7.- Posibles diagnósticos de enfermería en relación


con el trauma de columna

8.- Resumen

9.- Bibliografía

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

1.- OBJETIVOS
• Conocer conceptos básicos de anatomía y fisiología vertebral y medular.
• Identificar los mecanismos lesionales y las zonas más vulnerables al daño traumático.
• Conocer el manejo del paciente con traumatismo vertebral y/o medular en la urgencia extra-
hospitalaria, desde su correcta movilización e inmovilización, a la estabilización de sus funcio-
nes vitales y el tratamiento específico de la lesión medular.
• Saber los cuidados específicos de enfermería de la persona afectada por un trauma espinal
y medular desde una perspectiva biopsicosocial.

2.- INTRODUCCIÓN
Los traumatismos en la columna, y las posibles lesiones que se producen, adquieren una im-
portante relevancia social por las secuelas que pueden tener, sobre todo en la lesión medular,
por su potencial carácter invalidante.(1)

Sobre la etiología, es conocido que la lesión médulo-espinal traumática (LMET) está influida
por condicionantes locales. Es curioso conocer cómo mientras que en Sao Paolo la causa más
frecuente es la herida por arma de fuego, en Malasia es la caída de cocoteros. En los países oc-
cidentales la causa más importante es el accidente de tráfico, con un 76 % de los casos, seguida
de los accidentes deportivos (17 %) en natación (importante las lesiones por zambullida), rugby
o equitación, y el resto se producen por otras causas como accidentes laborales, domésticos o
agresiones.(2) (1)

En las dos últimas décadas, en España se ha reducido la mortalidad por traumatismos ver-
tebrales asociados a LMA (lesión medular aguda), con un incremento de la supervivencia y calidad
de vida de estos pacientes. Podríamos considerar los siguientes factores:
• Mejor asistencia en el lugar del accidente, con profesionales sanitarios de la emergencia
prehospitalaria (médicos, enfermeros y técnicos) que garantizan una correcta inmovilización
y movilización en el lugar de los hechos.
• Tratamiento precoz “in situ”, continuado por centros sanitarios adecuados, en los que se ha
mejorado la disponibilidad de diagnóstico por imagen (TAC, Rx).
• Avances en el tratamiento intensivo de las alteraciones cardiovasculares, pulmonares, gas-
trointestinales, urológicas e infecciosas(1).
• Medidas preventivas aplicadas por la Dirección General de Tráfico respecto al límite de ve-
locidad y la seguridad pasiva (cinturones de seguridad, chalecos reflectantes, triángulos),
así como mejoras en seguridad de los vehículos (arcos de seguridad, mayor número de “air
bags”) que han contribuido a la reducción del número de accidentes y, por lo tanto, de la in-
cidencia de lesiones.

Debemos tener en cuenta que las personas que sufren un trauma de columna suelen tener
otras lesiones asociadas: TCE (33%), torácicas (53%), miembros (67%), (2) (3) que pueden desviar
la atención, y hacer que el trauma de columna no reciba los cuidados que necesita. Estudios re-
alizados en UCI de hospital ponen de manifiesto que en pacientes con múltiples lesiones pasan
desapercibidas las lesiones de columna en un 20–30% (4).
461
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

3.- ANATOMOFISIOLOGÍA DE LA LESIÓN VERTEBRAL Y MEDULAR

3.1 Anatomía vertebral

La columna vertebral es una estructura ósea, formada por 33 vértebras, que se apilan unas
sobre otras en forma de “S”, permitiendo una extensa gama de movimientos y una fuerza
máxima.

La mayoría de las vértebras están formadas por:


• Cuerpo vertebral (parte anterior): soporta la mayor parte del peso. Los cuerpos verte-
brales más distales, son más gruesos y fuertes pues deben soportar una carga mayor.
Entre los cuerpos vertebrales, se sitúa el disco intervertebral, de tipo cartilaginoso, que
actúa absorbiendo los traumatismos.
• Arcos vertebrales: formados por pedículos y láminas.
• Apófisis espinosas y transversas: lugar donde se insertan los músculos y ligamentos.
• Agujero vertebral: alineado con el del resto de las vértebras, da lugar al canal medular,
por el que discurre la médula espinal.

La columna vertebral se divide en cinco regiones, que empezando por la parte superior, se-
rían: columna cervical C1 (Atlas), C2 (Axis), hasta C7, columna dorsal (D1 a D12), columna
lumbar (L1 a L5), sacro (formado por 5 vértebras fusionadas) y cóccix (formado por 4 vér-
tebras fusionadas).

La columna cervical es la más flexible para permitir la movilidad de la cabeza, y por lo tanto,
la más vulnerable a las lesiones (55%). Le siguen en incidencia las uniones de la región
dorso lumbar y lumbo sacra (curvas de la S).

3.2 Anatomía de la médula espinal

La médula espinal, que pertenece al Sistema Nervioso Central, es una prolongación del ce-
rebro que comienza en la base del tronco del encéfalo, atraviesa el agujero occipital, y dis-
curre por el canal medular hasta la altura de L1- L2. Está irrigada por las arterias espinales
y vertebrales. Mide aproximadamente 43 cm de largo y 1,8 cm de grosor.

La médula está formada por:

1. Materia gris (células nerviosas) con la forma central en H:


- Fascículos nerviosos ascendentes; trasladan los impulsos sensitivos desde las dis-
tintas partes del cuerpo al cerebro. Los fascículos que transportan las sensaciones
de dolor y temperatura, se cruzan al otro lado de la médula. Sin embargo los que tras-
ladan la información de posición, vibración y tacto fino se encuentran en el mismo
lado de la médula.
- Fascículos nerviosos descendentes: transportan los impulsos motores desde el cere-
bro al resto del cuerpo, controlando el movimiento y el tono muscular. Se cruzan en
el tronco del encéfalo, por lo que el lado izquierdo del cerebro controla la función mo-
tora del lado derecho del cuerpo y viceversa.

2. Materia blanca (cordones y vías nerviosas), que envuelve a la sustancia gris.

462
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

A medida que la médula espinal desciende, se ramifica en pares de nervios que salen de
cada vértebra por los agujeros de conjunción. La médula tiene 31 pares de nervios espina-
les, que a su vez están formados por dos raíces, una dorsal responsable de los impulsos
sensitivos, y otra ventral que conduce los impulsos motores.

En base a la zona que controla cada raíz se establecen los dermatomas, que se definen
como la zona sensitiva de la superficie del cuerpo de la cual es responsable una raíz ner-
viosa. Los dermatomas ayudan a determinar la altura de la lesión en la médula espinal ([Link].
C-5: área sobre el deltoides, T-4 a la altura de los pezones o T-10 a nivel del ombligo).

La médula espinal está rodeada de líquido cefalorraquídeo (LCR), que actúa como amorti-
guador de los traumatismos que se producen durante los movimientos rápidos e intensos,
y está protegida por una vaina de duramadre que se prolonga hasta la segunda vértebra
sacra.

3.3 Fisiopatología

La columna vertebral tiene dos funciones: ser la estructura que mantiene al individuo en
posición erecta, y contener y proteger la médula espinal. La columna ósea puede soportar
fuerzas de hasta 1360 julios en condiciones normales, pero un desplazamiento de alta ve-
locidad o un gran impacto pueden superar con mucho esta cantidad y producir lesiones.

La médula también tiene dos grandes funciones: recoger la sensibilidad periférica para
trasmitirla hasta el cerebro y el cerebelo, y conducir las órdenes motoras desde el encéfalo
a los músculos periféricos. A todo ello añadimos las funciones de arco reflejo o de los nú-
cleos funcionales encargados de la micción a nivel lumbar(1). En cuanto a la lesión medular,
se producen dos tipos de lesiones:

• Lesión primaria: es la que aparece en el momento del impacto o aplicación de la fuerza


y causa compresión medular, lesión medular directa o interrupción del aporte sanguíneo
hacia la médula.

• Lesión secundaria: es la que se produce después del daño inicial y comprende despla-
zamientos de fragmentos óseos y/o procesos como inflamación, isquemia, hemorragia,
cascada de activación de radicales libres, cascadas enzimáticas y alteraciones de la
bomba Na+/K+.

3.4 Mecanismos de lesión (2)1

Las fuerzas que actúan sobre la columna vertebral van a producir distintas lesiones, al pro-
vocar determinados movimientos de flexión, extensión, inclinación lateral o rotación, más
allá de los límites normales.

Así según el mecanismo de producción de la lesión, podemos distinguir:

• Lesiones por mecanismo de flexión


- Frecuentemente localizadas en la columna torácica y lumbar.
- El mecanismo de flexión comprime el cuerpo vertebral y determina una fractura de su
parte anterior, por lo que la vértebra toma un aspecto cuneiforme; sin embargo, como
el complejo ligamentario posterior permanece indemne y los fragmentos del cuerpo
vertebral quedan impactados, normalmente la fractura es estable.

1. Diseñado en base a la clasificación elaborada por el Dr. Espinosa


463
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

• Lesiones por flexión y rotación


El complejo ligamentario posterior se rompe y por ello el cuerpo vertebral inferior no
puede ser comprimido, pero se pueden originar dos tipos de lesiones inestables capaces
de causar compromiso medular:
- Luxación pura: a nivel cervical, ya que las carillas de las apófisis son casi horizonta-
les.
- Fractura luxación: se rompe el complejo ligamentario posterior, se luxan las articula-
ciones intervertebrales o se fracturan las apófisis articulares. Al mismo tiempo, por
acción de la fuerza rotatoria, tiene lugar una fractura casi horizontal. Es la fractura
más frecuente y la más proclive a provocar paraplejia. Se localiza en la zona dorso
lumbar T11, T12, L1 y L2.

• Lesiones por extensión


Son poco frecuentes y ocurren principalmente en el raquis cervical. Es el típico latigazo
(flexión seguida de violenta extensión).
- Suelen ocurrir dos tipos de lesiones:
· Fracturas del arco posterior.
· Luxación posterior, facilitada por la rotura del ligamento vertebral común anterior.

• Lesiones por compresión axial


Ocurren principalmente por caídas de pie o de cabeza. La fuerza es transmitida a lo largo
de los cuerpos vertebrales y uno de ellos estalla por penetración brusca de un disco.
Todos los ligamentos permanecen indemnes, dando lugar a una fractura estable. No obs-
tante el estallido del cuerpo vertebral puede provocar que un fragmento se desplace, y
en la columna cervical un fragmento posterior desplazado puede provocar tetraplejia.

El principal problema del traumatismo en la columna vertebral es que ésta pierda su esta-
bilidad, que sea una columna inestable. Según Whitesides y Shah(5)(6), consideramos co-
lumna inestable cuando se cumplan 2 de estas 3 condiciones:
• Pérdida de la integridad del cuerpo vertebral por fracturas múltiples.
• Pérdida de la integridad de los ligamentos o arco posterior.
• Pérdida de la estabilidad de la columna por angulación o traslocación.

3.5 Lesiones de columna

• Columna cervical: En esta porción se produce el porcentaje más alto de lesiones. Po-
demos diferenciar:

- Columna cervical superior:


· C1 (Atlas). Suele producirse por compresión axial. Frecuentes por zambullidas en
aguas poco profundas. Suelen ser fracturas inestables que, o bien producen la
muerte del paciente o no producen lesión medular pues el canal a este nivel es
mucho mayor que la médula.
· C2 (Axis). La fractura más típica es la de la apófisis odontoides, que puede dar
lugar a fractura estable o inestable, pero no suele ir acompañada de lesión medular.

464
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

Se produce por hiperextensión o hiperflexión del cuello.


La fractura del arco posterior de C2 (fractura del ahorcado) se produce por un me-
canismo de tracción asociado a una extensión, es una lesión inestable y está con-
traindicada la tracción durante su manipulación. Aparece en autolisis y accidentes
de tráfico, al golpear la barbilla contra el salpicadero o el volante, o la frente contra
el espejo retrovisor.

- Columna cervical inferior (C3 a C7):


El mecanismo de producción es variado y es frecuente que se asocien flexión-sobre-
carga axial, extensión- sobrecarga axial y flexión-rotación. Las lesiones en las que
domina la hiperflexión, son las que tienen mayor incidencia de lesión medular porque
la compresión del cuerpo vertebral induce a una invasión del disco intervertebral en
el canal medular.

• Columna dorsal: La región dorsal alta y media presenta una baja incidencia de lesiones
por la resistencia que le confiere la articulación con las costillas. Cuando se producen
lesiones, fundamentalmente por hiperflexión, suelen ser estables, aunque debido a la
mayor estrechez del canal raquídeo en esta zona, las lesiones medulares, cuando exis-
ten, son completas.

• Columna dorsolumbar (D11-L1): Esta zona tiene una alta incidencia de fracturas por
la menor movilidad de la columna dorsal respecto a la lumbar. Se producen por meca-
nismo de hiperflexión y rotación y suelen ser inestables. La lesión medular es poco fre-
cuente pero cuando aparece puede producir paraplejia.

• Columna lumbosacra: La médula, como tal, termina a nivel de L1, por debajo encon-
tramos únicamente raíces nerviosas (cola de caballo). Las lesiones se producen por
compresión e hiperflexión de los cuerpos vertebrales. Son fracturas inestables.

3.6 Lesión medular

La lesión de la médula espinal se puede presentar como:

• Lesión completa
Se caracteriza por una ausencia de función motora y sensitiva por debajo de la lesión.
Aunque en un primer momento no podemos hablar de lesión completa, cuando se pro-
duce diferenciamos dos síndromes:
- Síndrome radicular: propio del segmento lesionado como consecuencia de la des-
trucción de la sustancia gris.
- Síndrome sublesional: debido a la interrupción de todas las vías nerviosas con la apa-
rición de un cuadro de tetraplejia o paraplejia dependiendo del nivel lesional.

• Lesión incompleta
Se caracteriza por presencia de función motora y/o sensitiva por debajo de la lesión.
Aparece sólo la clínica del Síndrome sublesional, presencia de :
- Síndrome medular anterior: presenta parálisis y anestesia infralesional para el dolor
y la temperatura, estando conservada la sensibilidad propioceptiva (relativa a la res-

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

puesta a los estímulos originados por el propio organismo, relativos a movimientos y


posición espacial) y el tacto fino. Mal pronóstico.
- Síndrome medular central: la médula aparece como si hubiera sido comprimida tem-
poralmente en el sentido anteroposterior, sobre el espacio intervertebral. Esto produce
una hemorragia central y necrosis. Tiene varios grados de preservación motora y sen-
sitiva en las EEII y es frecuente que puedan caminar, (mucha afectación en EESS en
comparación con EEII y con recuperación primero de EEII, luego función vesical y por
último EESS).
- Síndrome medular posterior: tienen pérdida de la sensibilidad profunda y el tacto li-
gero, conservando relativamente intacta la función motora.
- Síndrome de hemisección medular (Brown-Sequard): es rara, pero en su forma pura
daría pérdida motora (tracto corticoespinal) con pérdida de sensibilidad propioceptiva
(cordones posteriores) ipsilaterales; con pérdida contralateral del dolor y temperatura
(haz espinotalámico). Siendo frecuentes variaciones en su presentación clínica.

• Manifestaciones clínicas según el nivel en la LMA (7).


- Nivel cervical:
· Parálisis de todas las extremidades Las lesiones cervicales, producen tetraplejia,
que se caracteriza por la presencia de plejia o paresia de miembros inferiores,
tronco y miembros superiores. En función del nivel de la lesión, los miembros su-
periores se verán más o menos afectados. Así en el nivel más bajo, el C-8, hay
afectación de la movilidad de los dedos.
· Hipoxemia y fallo respiratorio. Los pacientes con lesiones por encima de C4, van
a requerir estar conectados a un sistema de ventilación mecánica permanente,
bien sea con presión positiva, respirador o mediante generadores de presión ne-
gativa, como son los marcapasos diafragmáticos. En las lesiones por debajo de
C4, la insuficiencia respiratoria, sobreviene por la falta de movilidad de musculatura
accesoria respiratoria y la imposibilidad de toser. Esto último, también se produce
en las lesiones dorsales altas.
· Retención vesical e incontinencia intestinal. Distensión abdominal (se da hasta en
niveles lumbares).
· Bradicardia, sudoración, aumento de la temperatura, hipertensión paroxística y ce-
falea. Se da en lesiones por encima de D10.
- Nivel dorsal:
· Parálisis de los miembros inferiores.
· Retención vesical e incontinencia intestinal. Distensión abdominal.
- Nivel lumbar:
· Parálisis de los miembros inferiores, vejiga y recto.
· Los músculos son flácidos durante la fase de shock espinal.
· Actividad muscular espástica (fase posterior).
En todos los niveles, puede haber problemas sexuales.

Como consecuencia de la lesión medular, pueden aparecer dos tipos de shock:

1. Shock medular: Es un fenómeno neurológico que tiene lugar durante un período va-
riable e impredecible después de una lesión medular (habitualmente 48 horas). Se
produce la pérdida de todas las funciones sensitivas y motoras, flacidez, parálisis y
ausencia de reflejos por debajo del nivel lesional.
466
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

2. Shock neurógeno: Se produce en lesiones superiores a D10, por afectación de las


fibras nerviosas del sistema simpático. A nivel cardíaco produce bradicardia y a nivel
vascular, por atonía de la pared, produce vasodilatación (disminución de las resis-
tencias vasculares sistémicas) aumento del espacio vascular e hipovolemia relativa.
Clínicamente se caracteriza por hipotensión, bradicardia y piel seca y caliente.

4.- RECONOCIMIENTO PRIMARIO Y TRATAMIENTO INICIAL


Ante un trauma de columna, será prioritario:
• Primeros cuidados para mantener la vida: reanimación de funciones vitales.
• Correcta movilización e inmovilización.

No obstante, desde este primer momento debemos tener en cuenta que:


• Todo traumatizado debe ser valorado y tratado como lesionado medular de forma profiláctica
desde la primera asistencia hasta que sea descartada dicha lesión con pruebas de imagen.
• Debemos prestar atención a los signos y síntomas más significativos de lesión medular.
• Las prisas no son buenas: una mala intervención en los primeros minutos puede tener con-
secuencias para toda la vida. El 25% de las lesiones medulares provocadas tras el accidente
son consecuencia de la mala manipulación de los heridos.
• Algunos pacientes están inconscientes pero la mayoría están conscientes: ¡cuidado con los
comentarios!

Como en cualquier paciente traumatizado se abordará al paciente con el ABCDE:

4.1 Evaluación y tratamiento inicial

Es una etapa en la que los cuidados de enfermería se realizan de forma interdependiente


con el resto del equipo, colaborando tanto en la inmovilización como estabilización del pa-
ciente.
A. Vía aérea y control cervical
• Paciente inconsciente: abrir vía aérea con sujeción cervical y elevación del mentón.
Si el paciente vomita o tiene muchos restos se aspirará la cavidad orofaríngea.
• Paciente consciente: vía aérea permeable, si no hay otro problema asociado.
• Inmovilización de cabeza y cuello:
- Alinear la cabeza del paciente en una posición neutra (a menos que esté contrain-
dicado2), traccionar suavemente si está el paciente sentado o de pie para evitar
que el peso de la cabeza comprima el eje axial.
- Colocar collarín semirrígido3 tipo Philadelphia entre dos personas, la primera man-
tiene la tracción y sujeción de la cabeza, mientras la segunda coloca el collarín.
Se continuará con la estabilización manual de la cabeza hasta que no se realice
toda la inmovilización del tronco.
- Collarín con la medida adecuada, ya que si es demasiado corto permitirá la flexión
2. Está contraindicada la alineación de la cabeza si: hay resistencia al movimiento, espasmo de la columna cervical, aumento de dolor, comienzo o
467
incremento de déficit neurológico o compromiso de la vía aérea o ventilación (13) p. 237
3. El collarín de elección es el de apoyo mentoniano, semirrígido y con orificio anterior por si precisa cricotiroidotomía y para poder reevaluar la
cara anterior y lateral del cuello (5)
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

y si es muy grande provocará hiperextensión, a la vez que dificultará la permeabi-


lidad de la vía aérea. Asimismo se debe colocar correctamente, pues si está muy
apretado puede comprimir los vasos del cuello, y si está muy suelto es ineficaz.
- Si está tumbado, habrá que llevar la cabeza a una posición neutra alineada con
ayuda de una almohadilla uniforme (pueden ser sábanas o un cojín duro). Si se
trata de un adulto o niño mayor, se colocará en la zona occipital del paciente adap-
tando la altura en cada caso. En cambio, en los niños menores de 7 años, dado
que anatómicamente tienen una cabeza en proporción mayor a su cuerpo, para
conseguir esta alineación neutra deberemos colocar el almohadillado por debajo
de los hombros y el tronco (fig. 1y 2).

Figura 1 Figura 2

- En caso de lesión por extensión (ahorcados) está contraindicada la tracción en la


inmovilización del cuello.
- Si vomita el paciente, habrá que moverlo en bloque de decúbito supino a decúbito
lateral.
B. Ventilación
La ventilación puede estar comprometida dependiendo del nivel y de la musculatura afec-
tada:
• Por encima de C4, necesitará intubación endotraqueal (IET) o traqueostomía porque
no funcionan los músculos respiratorios.
• De C5-D12, se administra a todos los pacientes oxígeno para que la hipoxia reactiva
no aumente la lesión medular. Normalmente el paciente conserva la inspiración dia-
fragmática, pero puede presentar parálisis de los músculos intercostales y abdomi-
nales “respiración abdominal” (bamboleo toracoabdominal y abolición de la tos y
expectoración). No obstante, si hay lesiones dorsales asociadas a traumatismos to-
rácicos se debe valorar la ventilación asistida.

Cuidados:
• Si IOT:
- Se realizará con un ayudante sujetando firmemente la cabeza evitando la flexoex-
tensión del cuello, se retirará el collarín para mejorar la visión de la laringe y se
procederá a la IOT.
- Se realizará sedación y relajación previamente(8).
- Para movilizar menos el cuello, se realizará la maniobra de Sellik de forma cuida-
dosa ya que, de lo contrario, se pueden producir desplazamientos posteriores de
cuerpos vertebrales cervicales.

468
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

- Si la IOT es dificultosa, puede ser de primera elección la mascarilla laríngea tipo


Fastrach (9) .
- Si el paciente ventila bien, asegurar una oxigenación efectiva con mascarilla de
efecto venturi o con reservorio.
- Monitorizar con pulsioximetría y capnometría(10) .

C. Circulación
• Valoración:
- Valorar estado de conciencia, color y temperatura de la piel, amplitud de pulso,
frecuencia cardíaca y relleno capilar.
- En principio, como en cualquier traumatizado grave, cuando aparezcan signos de
shock, se presumirá que el paciente con lesión medular tiene un shock hipovolé-
mico hasta que no se demuestre lo contrario. Hay que tener en cuenta que la lesión
puede anular las respuestas fisiológicas a la situación de shock circulatorio (taqui-
cardia, vasoconstricción). Aún así, podemos encontrar (3):
· El paciente presenta hipotensión severa y taquicardia: posiblemente se trate de
un shock hipovolémico. Se debe administrar el volumen suficiente para con-
seguir una presión arterial media (PAM) de 85-90 mm de Hg.
· El paciente presenta hipotensión severa, bradicardia, piel caliente y seca (shock
neurógeno). Indicada la administración moderada de líquidos y si no responde,
drogas inotrópicas (dopamina) (11) (12).

Cuidados:
• Vía periférica de grueso calibre (nº14- 16) considerando las mejores vías de acceso
periférico la vena antecubital y las venas del antebrazo.
• Infusión de líquidos IV para mantener una buena perfusión tisular, comenzando por
cristaloides.

D. Valoración neurológica y de la lesión espinal traumática


• En principio se valorará el nivel de conciencia mediante la escala AVDN y posterior-
mente con escala de glasgow.
• No olvidar permanecer con tracción mantenida en el cuello mientras dure la valora-
ción (mínimo dos personas).
• Sospecharemos de LM (lesión medular) si encontramos en la exploración alguno de
estos signos:
- Signos motores: debilidad o parálisis de extremidades y músculos del tronco.
- Signos sensitivos: alteración o ausencia de sensibilidad en tronco y extremidades.
- Signos externos: abrasiones, laceraciones o deformidades en cabeza, cuello o co-
lumna.
- Dolor: sensibilidad dolorosa a la palpación de la columna o cuello.

469
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

E. Extricación del lugar, inmovilización y movilización a la ambulancia y exposición


del enfermo
Dirigidos a prevenir la lesión espinal secundaria y disminuir los efectos de la lesión es-
pinal primaria.
Consistirá en una correcta inmovilización de la columna y una disciplinada movilización
del paciente:
• Inmovilización cervical (ya realizada en la fase A): con collarín cervical semirrígido
tipo Philadelphia e inmovilización lateral de cabeza con dispositivos tipo Dama de
Elche.
• Extracción del lugar del accidente moviendo al paciente en bloque: nos ayudaremos
de inmovilizadores de columna para sacar a la persona del lugar del accidente.
- Si está sentado:
· Chaleco de extricación tipo Kendrick (Ferno-ked®).
· Tabla espinal corta.
- Si está tumbado:
· Camilla telescópica4 5.
· Tabla espinal larga.
· Inmovilizador de cabeza tipo Dama de Elche.
• En la ambulancia/ UVI móvil, colocamos en la camilla el colchón de vacío donde se
realizará la valoración secundaria.
• Preservar intimidad, evitar hipotermia, abrigar al paciente y llevarlo lo antes posible a
un ambiente seguro.

En el caso de traumatismo de columna penetrante, no se producen fracturas de columna


inestable por lo que no está indicada la inmovilización salvo que se reconozca una defi-
ciencia neurológica (13).

4.2 Evaluación secundaria y cuidados de mantenimiento

Además de continuar con el tratamiento farmacológico previo o iniciar otros según el estado
y evolución del paciente, valoraremos otras necesidades de cuidados que al priorizar en la
etapa anterior quizás no hayan sido cubiertas. Debemos recordar que la patología traumá-
tica es dinámica, va cambiando con el tiempo de forma que el paciente puede irse deterio-
rando progresivamente por lo que son necesarias las reevaluaciones continuas hasta la
llegada al centro hospitalario. (12)

En esta fase además de mantener la monitorización y continuar los cuidados iniciados en


la fase previa, dirigiremos nuestros esfuerzos a valorar y tratar lesiones asociadas, realizar
cuidados de prevención y enfocar nuestros esfuerzos, una vez estabilizado el paciente, a
un trasporte adecuado.

A. Cuidados respiratorios
• Si el paciente está intubado:
- control de la ventilación asistida:
· Frecuencia respiratoria: 10 resp./min en adultos, 20 en niños y 25 en lactantes.
· Volumen de 350 a 500 ml.
4. En lenguaje coloquial ha ido acuñando el término de “cuchara”
470 5. En España y en el SUMMA es más popular el uso de camilla telescópica encontrando estudios donde demuestran que estas camillas tienen la
misma eficacia que las tablas rígidas(20)
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

- Cuidados del paciente intubado:


· Fijación del tubo, señalizar punto correcto de colocación.
· Control de la presión del balón de neumo-taponamiento (18 - 22 mm de Hg).
· Aspiración de secreciones por TET si precisa.
· Pulsioximetría y capnometría: se considera normal una pulsioximetría mayor
de de 98% (lo normal 100%) y una capnografía de 35 – 40%.
• Si no está intubado:
- Valorar la frecuencia respiratoria, el tipo de respiración, el trabajo respiratorio y si
hay afectación de la musculatura respiratoria.
- Pulsioximetría: se considera normal una pulsioximetría mayor de 95%.
- Según el resultado, pensar en el mejor dispositivo para el paciente (mascarilla con
reservorio, mascarilla de alto flujo con efecto Venturi, gafas nasales).
• Colocar SNG para descomprimir el estómago y mejorar la ventilación.

B. Cuidados cardiovasculares
• Monitorización cardiovascular (controlar por monitor): TA cada 15 minutos, FC, ritmo
cardíaco. Así mismo continuar valorando la presión de pulso, relleno capilar y el as-
pecto de la piel (fría, sudorosa, pálida).
• Según estado hemodinámico, y según orden médica, continuar con la administración
de fluidos y/o preparar drogas para controlar FC (atropina) y TA (dopamina).

C. Exploración física, valoración neurológica y cuidados neurológicos


• C.1. Exploración física: se desnuda al paciente y se colabora en la exploración de
la cabeza a los pies, palpando y valorando dolor, crepitación, deformidades, contrac-
turas musculares, movilidad activa y pasiva de miembros, sensibilidad. Para la explo-
ración de la parte posterior se debe colocar de lado al paciente, movilizándole en
bloque, para mantener alineado el eje de la cabeza-tronco-pelvis(12).
• C.2. Evaluación neurológica: colaborar en la realización de la exploración, y deter-
minar de forma aproximada el nivel y la afectación de la lesión. En el ámbito extra-
hospitalario es suficiente una evaluación somera de los nervios craneales y espinales
motores y sensititivos, tono rectal y los reflejos con el objetivo de detectar algún déficit
neurológico (9).
1 Valoración motora.
· Contracturas musculares voluntarias.
· Respuesta involuntaria a los estímulos dolorosos.
· Tono muscular o resistencia muscular a los movimientos pasivos.
2 Valoración de la sensibilidad.
En el examen sensorial (puntos sensitivos clave) se identifican los dermatomas
(zona sensitiva que corresponde a una raíz nerviosa) y en el examen motor (mús-
culos clave) se identifican los miotomos (grupo de músculos inervado por una sola
raíz raquídea, representados por un músculo clave).
· Dolorosa .
· Táctil.

471
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

3 Valoración refleja
· Reflejos tendinosos.
· Cutáneo-abdominales.
· Cremastérico6: responsable del priaprismo.
· Anales: disminución o abolición del tono del esfínter anal.
· Reflejo cutáneo plantar, presencia o no de Babinski.
4 Valoración del shock medular y/o neurógeno (9) sin olvidar la posibilidad de shock
hipovolémico enmascarado por la lesión medular.
· Podemos encontrar hipotensión, bradicardia, aumento de la capacidad venosa
con la piel caliente y bien perfundida, disminución del retorno venoso central,
edema pulmonar, éstasis venoso en MMII, además de flacidez, pérdida de re-
flejos y alteraciones sensitivas y/o motoras por debajo de la lesión.
5 Escala de A.S.I.A. 7(American Spinal Injury Association): evalúa si hay lesión me-
dular y su pronóstico. Consta de cinco grados nominados de la A a la E de grave-
dad decreciente:
A. ausencia de función motora y sensitiva por debajo de la lesión, incluyendo seg-
mentos sacros S4 y S5 (Lesión completa).
B. función sensitiva conservada. Función motora ausente. (Lesión incompleta).
C. preservación de función motora infralesional. La mayoría de los músculos clave
tiene un valor menor de 3. (Lesión incompleta).
D. preservación de función motora infralesional. La mayoría de los músculos clave
tiene un valor mayor de 3. (Lesión incompleta).
E. función sensitiva y motora normal.

• C.3. Cuidados específicos


- Cuidados de la LMA:
· Administrar oxígeno.
· Monitorización de TA, FC, Sat. O2 y FR.
· Asegurar vía venosa.
· Si shock neurógeno: reposición moderada de líquidos (riesgo de edema pulmo-
nar), administración de inotropos positivos (dopamina) y atropina si bradicar-
dia.
· Se colocará sondaje vesical (SV) y se controlará diuresis horaria, con el objetivo
de conseguir flujos superiores a 0.5 ml/Kg/hora.
Tratamiento con corticoides: es un tema controvertido y aunque algunos autores
ponen en duda su eficacia (14), otros lo dejan a la decisión del neurocirujano o
traumatólogo (13), y en otros estudios posteriores vuelven a abrir el debate (15). 8
En el 2002 encontramos una revisión sistemática sobre el tema y en Chrocrane
plus 2008 (16), donde se concluye que su uso es beneficioso en las primeras 8
horas. No obstante, tanto la National Association of Emergency Medical Service
of Physicians (17) como la Sociedad Española de Paraplejia ya no recomiendan
su uso. En nuestro ámbito, su uso será a criterio del médico del equipo, pero en
caso de administración, se debe poner conjuntamente una protección gástrica
tipo ranitidina y seguir dosis recomendada en NACIS III 9.
472 6. Cremastérico: lámina muscular fina que se extiende a lo largo del cordón espermático, prolongación del músculo oblicuo menor.
7. Para determinar la función motora se utiliza la escala de gradación musculo sensorial de la ASIA, que establece seis grados de 0 (parálisis
total ) a 5 (fuerza normal) de los músculos clave
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

· Atención a la eliminación: valorar sondajes


Colocar SNG para descomprimir estómago y mejorar la ventilación. Además
estos pacientes frecuentemente presentan íleo paralítico (5). Se debe colocar
sin flexionar el cuello.
Colocar SV para control exhaustivo de diuresis y para evitar rebosamiento
por vejiga neurógena.

D. Cuidado de la piel
• Alteración de la termorregulación:
- Los pacientes afectados de shock medular son poiquilotermos por la denervación
simpática y al principio puede acentuarse la hipotermia. Abrigar al paciente. Tras
desnudar completamente al paciente para realizar la valoración secundaria, abri-
garle colocando sábana y manta encima. Poner la calefacción del vehículo.
• Alteraciones cutáneas:
- Es una causa importante de muerte en estos pacientes. Debemos prevenir las úl-
ceras por presión desde el principio. Evitar puntos de presión, siendo los más fre-
cuentes la barra de la camilla a nivel de los pies y collarines de tamaño no
adecuado. Si el traslado es largo, valorar proteger los pies con botines.

E. Confort y seguridad del paciente (movilizaciones, postura, analgesia)


• Colocaremos al paciente sobre el colchón de vacío en decúbito supino, con una pos-
tura alineada neutra (cabeza, columna, brazos y piernas) y se sacará el aire para in-
movilizarlo. El colchón de vacío ayuda a completar la inmovilización y amortigua las
vibraciones(9).
• El inmovilizador de cabeza tipo Dama de Elche, podrá ser sustituido bien por el mismo
colchón de vacío o por rodetes de toalla, sábanas o los inmovilizadores de cabeza
pediátricos para individualizar la inmovilización (13).
• Analgesia: tras la valoración, administrar medicación garantizando que el paciente no
tenga dolor.
• Proporcionar una buena temperatura ambiental y abrigar al paciente, ya que los afec-
tados por lesión medular son poiquilotermos como consecuencia de la denervación
simpática, y en los momentos iniciales la hipotermia se puede acentuar por la vaso-
dilatación cutánea (2).
• Asegurar al paciente: poner los cinturones de sujeción a la camilla asegurando antes
el tronco que la cabeza (13).
• En caso de TCE asociado, elevar cabecero 15 – 30º (en posición antitren).

F. Atención a aspectos psicosociales


• El paciente con lesión medular en la mayoría de los casos está consciente. En el caso
de que sienta que su movilidad y/o sensibilidad están alteradas, sentirá gran angustia,
por lo que debemos ser cautelosos a la hora de hacer cualquier comentario a nuestro
alrededor. Según el paciente demande información, debemos explicarle que se trata
de un cuadro agudo que no tiene por qué ser definitivo.
• Tener en cuenta:
- No hacer comentarios inoportunos.
- Información a demanda y la misma por todo el equipo.
473
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

5.- EVACUACIÓN Y TRASLADO


Requiere un traslado con monitorización continua.

Destino: Centro hospitalario de alto nivel en lesión medular si el paciente está estable, aunque
el trayecto sea más largo. Posteriormente, una vez evaluada la lesión, se puede remitir a un hos-
pital especializado como el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo (9).

El traslado se realizará en SVA bien sea en helicóptero (preferible si hay una importante dis-
tancia) o en UVI móvil de forma terrestre, a una velocidad constante evitando las aceleraciones
y desaceleraciones bruscas, solicitando si fuera preciso apoyo policial (18). Realizar preaviso hos-
pitalario.

6.- TRANSFERENCIA
La transferencia hospitalaria puede ser un momento crítico de desorden. No deben retirarse
los dispositivos de inmovilización hasta que no hayan sido sustituidos por otros de similares ca-
racterísticas, por el hecho de querer recuperar el material (9). Recordar que se trata de un paciente
traumático agudo, que además tiene una lesión medular.

7.- POSIBLES DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA EN RELACIÓN


CON EL TRAUMA DE COLUMNA(19)
1. Patrón respiratorio ineficaz relacionado con (r/c) disfunción neuromuscular y/o deterioro
musculoesquelético manifestado por (m/p) disminución de la ventilación por minuto y/o al-
teración de la relación inspiración y espiración.

2. Limpieza ineficaz de la vía aérea relacionada con la falta de fuerza de la musculatura ab-
dominal y torácica manifestado por tos y dificultad para expectorar.

3. Ansiedad relacionada con proceso agudo y desenlace incierto manifestado por inquietud,
agitación, angustia.

4. Dolor agudo r/c traumatismo manifestado por verbalizaciones y gestos de dolor.

5. Riesgo de hipotermia relacionado con poiquilotermia.

6. Riesgo de aspiración r/c reducción del nivel de conciencia y/o depresión de los reflejos nau-
seoso y tusígeno.

7. Riesgo de deterioro de la integridad cutánea relacionado con la incapacidad de movimien-


tos.

474
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

8.- RESUMEN
El traumatismo vertebral puede o no ir asociado a lesión medular. De cualquier forma todo
paciente traumatizado grave, sobre todo si tiene alteraciones del nivel de conciencia, se tratará
como un lesionado medular hasta que no se descarte con pruebas de imagen.

Aunque en los últimos años se ha reducido el índice de lesiones y se ha mejorado el pronóstico


de las personas afectadas, siguen siendo traumatismos que provocan importantes secuelas e
implicaciones en la vida cotidiana. De ahí la importancia de hacer en el medio prehospitalario una
correcta valoración, movilización e inmovilización del paciente, y administrar el tratamiento ade-
cuado de forma precoz con el objetivo de minimizar las consecuencias de la lesión primaria y evi-
tar que aparezca la lesión secundaria.

9.- BIBLIOGRAFÍA
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P, Sánchez-Izquierdo JA, editors. Manual de soporte vital en trauma. 2ª ed. Madrid: Elsevier Masson; 2007. p.
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Grave. SEMES. 1ª ed. Madrid: Edicomplet; 1999. p. 139-149.
3. Molano E, Burgos R, Gallego S. Traumatismo raquimedular. En: Fernández D, Aparicio J, Pérez JL, Serrano A,
editores. ; 2008. p. 481-495.
4. Roldán A. Enfermería y lesionado medular: un texto sencillo para un cuidado complejo. 1ª ed. Madrid: ASEPEYO;
2002.
5. Muñoz D, Silva L. Valoración inicial de enfermería al politraumatizado. 1ª ed. Alcalá de Guadaira: MAD; 2006.
6. Whitesides TE, Shah SG. On the management of unstable fractures of the thoracolumbar spine. Spine
1976;1(4):245-248.
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perado el 3/05/2012, 2012.
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11. Jiménez L, Montero FJ. Compendio de medicina de Urgencias: guía terapéutica. 1ª ed. Madrid: Elsevier; 2004.
12. Abad F, Morillo J. Asistencia prehospitalaria al politraumatizado. En: Morillo J, editor. Manual de enfermería de
asistencia prehospitalaria urgente. 1ª ed. Madrid: Elsevier; 2007. p. 363-401.
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17. SEMICYUC. Soporte vital avanzado en trauma: traumatismo vertebral y medular. 2006; Disponible en:
[Link] Recuperado el 7/04/2012.

475
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.6 Traumatismo de columna y médula espinal

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19. López B. Atención de enfermería al lesionado medular. Disponible en:
[Link]
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the long backboard for spinal immobilization. [Link] 2006 Jan-Mar;10(1):46-51.

476
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.7 Traumatismo torácico


AUTORES: Marta Madrigal Estepa, Ismael Muñoz Muñoz,
Fernando Abad Esteban, Ana Díaz Herrero
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

ÍNDICE
1. Objetivos
2. Introducción
2.1 Definición
2.2 Incidencia
2.3 Fisiopatología
2.4 Etiología
3. Tipos de traumatismos torácicos
3.1 Lesiones que amenazan la vida
3.2 Lesiones potencialmente letales
3.3 Otras lesiones con escaso riesgo de muerte
4. Obstrucción de la vía aérea
5. Neumotórax
5.1 Neumotórax a tensión
5.2 Neumotórax simple
5.3 Neumotórax abierto
6. Hemotórax
6.1 Hemotórax simple
6.2 Hemotórax masivo
7. Volet Costal/ Tórax Inestable
8. Taponamiento Cardíaco
9. Contusión Pulmonar
10. Traumatismo Cardíaco
10.1 Contusión miocárdica
10.2 Rotura cardiaca
11. Traumatismo de grandes vasos
11.1 Traumatismo de aorta torácica
12. Rotura de la vía aérea: tráquea y bronquios
13. Traumatismo del diafragma
14. Traumatismo esofágico
15. Fracturas costales
16. Fractura de esternón
17. Lesiones superficiales de la pared torácica
17.1 Hematomas torácicos
17.2 Heridas superficiales de la pared torácica
18. Otros cuadros de traumatismo torácico
18.1 Embolia gaseosa
18.2 Asfixia traumática
19. Indicación de toracotomía
20. Cuidados de enfermería en la urgencia extrahospitalaria ante
un paciente con traumatismo torácico
20.1 Diagnósticos de enfermería
20.2 Intervenciones NIC- CIE
20.3 Objetivos NOC- CRE
21. Resumen
22. Bibliografía

478
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

1. OBJETIVOS
En este capítulo nos centraremos en las particularidades del paciente con traumatismo torá-
cico, pero no debemos olvidar que generalmente nos encontramos frente a un paciente politrau-
matizado y lo debemos tratar como tal.

Además, este tipo de pacientes pueden estar en un entorno hostil y de riesgo tanto para ellos
como para el personal que acude en su ayuda. Deberemos identificar los peligros y minimizar los
riesgos.

Por lo tanto, el personal de enfermería debe identificar precozmente y resolver tan pronto como
sean posibles tanto las lesiones que comprometen la vida del paciente como las potencialmente
letales.

Tendrá que conocer la biomecánica y fisiopatología del traumatismo torácico así como todas
las lesiones que se pueden presentar en este tipo de pacientes y la manera de resolverlas ade-
cuadamente mediante el trabajo en equipo.

2. INTRODUCCIÓN
2.1 Definición

El Traumatismo Torácico es todo traumatismo que lesiona o altera alguna de las estructuras
del tórax (caja torácica, pulmones, corazón, grandes vasos y resto de estructuras medias-
tínicas). La ausencia de lesiones torácicas externas y/o fracturas costales, no excluye la
existencia de lesiones intratorácicas que pueden comprometer la vida1. Su presencia en un
politraumatizado se considera marcador de gravedad2.

Todo este abundante y variado tipo de lesiones traumáticas del tórax en algunas ocasiones
pueden presentarse aisladas, pero lo habitual es que vayan asociadas. En un traumatismo
torácico grave raramente se dará solamente una lesión sino que serán varias y, habitual-
mente, a diferentes niveles.

Cualquier lesión por debajo de la mamila se considera tanto una lesión torácica como ab-
dominal.

2.2 Incidencia

Las lesiones torácicas pueden presentar implicación directa en el pronóstico vital del pa-
ciente traumatizado; pero, sin embargo, pueden resolverse de forma rápida y con pocos
medios3.

En más del 25% de los fallecidos por politraumatismos se presenta el trauma torácico como
lesión esencial4, siendo la tercera causa de morbi-mortalidad en este tipo de pacientes. Aun-
que la mortalidad aislada es baja, se eleva considerablemente cuando se asocia a lesiones
extratorácicas (craneales, abdominales y ortopédicas), lo que ocurre en más del 66% de
los casos.

479
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

Su mayor incidencia se observa en varones de 30-40 años.

La necesidad de cirugía inmediata es baja (10-15%)5 por lo que en la mayoría de las situa-
ciones pueden ser solucionadas por el personal de urgencias en primer lugar y posterior-
mente en el hospital.

Por orden de frecuencia, las lesiones que se producen en un traumatismo torácico asientan
en:
• La pared torácica (50-70%). De todos los traumatismos torácicos, los más frecuentes
son las fracturas costales6.
• Los pulmones (20%).
• Otras estructuras intratorácicas (18-20%). Entre éstas, el corazón (7-9%), el diafragma
(7%), el esófago (0,5-7%) y los grandes vasos (4%).

2.3 Fisiopatología

Los traumatismos torácicos, por la alteración de la función respiratoria y los cambios en la


presión torácica, pueden provocar hipoxia, hipercapnia y acidosis7.

La hipoxia tisular resulta del aporte inadecuado de oxígeno a los tejidos debido a hipovole-
mia, a alteraciones de la ventilación/perfusión pulmonar y a cambios en las relaciones de
la presión intratorácica.

La hipercapnia resulta de una ventilación inadecuada causada por hipoventilación mante-


nida, cambios en las relaciones de la presión intratorácica o depresión del nivel de concien-
cia.

La acidosis puede ser mixta. Una primera acidosis respiratoria, por ventilación inadecuada,
y una posterior acidosis metabólica, causada por hipoperfusión tisular con aumento en la
producción de ácido láctico8.

Dado que la hipoxia es la característica más grave, el objetivo de las intervenciones está
dirigido a impedir o corregir dicha alteración.

2.4 Etiología

La etiología de este tipo de lesiones traumáticas puede ser muy variada: desde accidentes
de tráfico (63-90%) y precipitaciones al vacío (segunda causa), a accidentes domésticos,
deportivos o laborales, agresiones, heridas de arma blanca o de fuego, etc.

3. TIPOS DE TRAUMATISMOS TORÁCICOS


Hay muchas maneras de clasificar los traumatismos torácicos (abiertos o cerrados, penetran-
tes o no penetrantes, etc). Nosotros nos centraremos en reconocer las lesiones que se pueden
presentar y ordenarlas por la importancia que suponen en relación al compromiso vital del pa-
ciente. De este modo tendremos:

480
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

3.1 Lesiones que amenazan la vida:

• Obstrucción de la vía aérea.


• Neumotórax a tensión.
• Neumotórax abierto.
• Hemotórax masivo.
• Volet costal/tórax inestable.
• Taponamiento cardiaco.
• Contusión pulmonar grave bilateral.

Este tipo de lesiones deben ser reconocidas y tratadas durante la valoración primaria,
puesto que pueden ocasionar la muerte del paciente en pocos minutos, sin dar tiempo a
llegar al hospital.

3.2 Lesiones potencialmente letales:

• Contusión pulmonar.
• Contusión miocárdica.
• Rotura traumática de aorta y grandes vasos.
• Lesión del árbol traqueobronquial.
• Rotura diafragmática.
• Rotura esofágica.

3.3 Otras lesiones con escaso riesgo de muerte:

• Neumotórax simple.
• Hemotórax simple.
• Fracturas costales aisladas.
• Fractura de esternón.

Las distintas lesiones que nos podemos encontrar en un traumatismo torácico son:
• Lesiones de la Pared Torácica: Tejidos blandos, heridas abiertas, fractura esternal, frac-
turas costales, Volet costal, fracturas claviculares, etc.
• Lesiones Pulmonares: Contusión pulmonar, heridas penetrantes, cavitación traumática,
hematoma pulmonar, aneurisma traumático de arteria pulmonar, hemorragia Intrabron-
quial, fístulas arteriovenosa, etc.
• Lesiones Traumáticas del Espacio Pleural: Hemotórax, neumotórax, hemoneumotórax,
neumomediastino, lesiones del conducto torácico, empiema postraumático, etc.
• Lesiones de la Vía Aérea Gruesa: Cerradas, penetrantes, fístula traqueobronquial, fístula
traqueoesofágica, etc.
• Lesiones Diafragmáticas: Cerradas agudas, abiertas agudas, hernia diafragmática
aguda, hernia diafragmática traumática crónica, etc.
• Lesiones Cardíacas: Heridas penetrantes, contusión cardiaca, rotura cardiaca, tapona-

481
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

miento cardiaco, defecto septal traumático, lesiones valvulares traumáticas, aneurisma


cardiaco traumático, lesión de arterias coronarias, pericarditis postraumática, etc.
• Lesiones de Grandes Vasos: Aorta torácica, arterias braquiocefálicas etc.
• Lesiones Esofágicas: Cerradas, penetrantes, lesiones por productos cáusticos, etc.

A continuación describiremos más detalladamente las principales lesiones que nos podemos
encontrar así como los aspectos más importantes a conocer por la enfermería de emergen-
cias.

4. OBSTRUCCIÓN DE LA VÍA AÉREA


Únicamente lo citaremos puesto que para tener un mayor conocimiento del tema, remitimos al
lector al apartado específico del manual en el que se detalla la permeabilidad y mantenimiento
de la vía aérea.

Según las lesiones concretas que se encuentren por el tipo de traumatismo presentado se es-
pecificarán las medidas a tomar respecto a la vía aérea. Prestar especial atención a los pacientes
con disminución del nivel de conciencia, ya que la causa más frecuentemente evitable de mor-
talidad en el paciente traumatizado es precisamente la obstrucción de la vía aérea por caída de
la lengua sobre ésta, y con maniobras muy básicas puede ser fácilmente solucionado.

5. NEUMOTÓRAX
El neumotórax es el paso de aire hacia el espacio pleural, producido por una solución de con-
tinuidad. El aire puede provenir de la atmósfera o de diversas estructuras internas (parénquima
pulmonar, lesiones de la tráquea, lesiones de los bronquios y, raramente, lesiones del esófago).

El neumotórax actúa como una lesión ocupante de espacio entre la pleura visceral y parietal,
y es una complicación frecuente del traumatismo torácico, tanto cerrado (más del 40% de los
casos) como penetrante (20% de los casos).

La importancia depende del tamaño (porcentaje de parénquima colapsado) y de la función


pulmonar subyacente.

• Fisiopatología
La ocupación por aire del espacio pleural, debido al efecto de válvula unidireccional de la lesión
que impide la salida del aire, provoca el colapso del pulmón afecto9. Cuando el colapso es
total, la tensión del aire pleural provoca compresión y desviación del mediastino, así como des-
viación de la traquea hacia el lado contralateral, con la consiguiente limitación severa de la
ventilación y repercusión hemodinámica por dificultad del retorno venoso, llevando aparejado
un bajo gasto cardiaco.

482
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

5.1 Neumotórax a tensión

Se produce una entrada masiva de aire en el espacio pleural por escapes masivos de aire
(estallidos pulmonares, roturas traqueobronquiales, etc.) o por escapes pequeños pero con-
tinuos (laceraciones pulmonares). Esta importante ocupación aérea aumenta la presión in-
trapleural por encima de la atmosférica, provocando un colapso total del pulmón. El riesgo
vital es inmediato.

Las causas más comunes son los traumatismos torácicos cerrados, los neumotórax simples
tratados con ventilación con presión positiva y la colocación de vías centrales en la vena
subclavia o yugular interna.

• Clínica:
Disnea, ansiedad extrema, taquipnea, dolor torácico, taquicardia, sudoración, hipoven-
tilación, abolición del murmullo vesicular del lado lesionado, timpanismo a la percusión,
hipomovilidad del hemitórax afecto, desviación de la tráquea hacia el lado contralateral,
ingurgitación yugular (por desviación y compresión mediastínica) si no existe hipovolemia
asociada, hipotensión, signos de inestabilidad hemodinámica o shock. Puede acompa-
ñarse de enfisema subcutáneo masivo, cianosis tardía, etc.

• Diagnóstico:
El diagnóstico debe basarse en la clínica y el mecanismo lesional, y nunca esperar a la
confirmación radiológica.

• Tratamiento:
Realizar una valoración inicial del paciente para una rápida identificación de esta lesión,
mortal en pocos minutos si no se pone tratamiento.

El tratamiento específico de esta lesión es:

- Toracocentesis terapéutica:
Si existe Neumotórax a tensión se realizará descompresión inmediata con aguja, aun-
que la toracocentesis supone un procedimiento temporal.
Los riesgos de la descompresión con aguja son mínimos y puede beneficiar en gran
medida al paciente, pues mejora la oxigenación y la circulación10.
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su
temor, e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará,
si es posible, en posición anti-Trendelemburg de 30º11 considerando su comodidad y
confort, y evitando posibles lesiones secundarias.
La vía de acceso de elección es la anterior (2º espacio intercostal a nivel de la línea
medioclavicular). El acceso lateral (4º-5º espacio intercostal en la línea axilar anterior)
se utilizará cuando no sea posible el acceso anterior, aunque tiene un mayor riesgo
de lesión parenquimatosa12.
Tras limpiar la zona de forma extensa con povidona yodada, se puede utilizar alguno
de los dispositivos específicos que se encuentran en el mercado o se realiza punción
con angiocateter del nº 14 en 2º espacio intercostal línea medioclavicular (borde su-
perior de la costilla inferior) del lado afecto perpendicularmente a la piel, hasta alcan-
zar el espacio pleural. Se retira la aguja y se conecta el catéter a una llave de tres

483
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

pasos con alargadera (muy útil) y se aspira con una jeringa de 10 ml con 5 ml de
suero fisiológico13. Si existe neumotórax, se observará burbujeo en la jeringa.
Tras esto, se retira la jeringa (se oye la salida de aire), y se une la llave a una válvula
unidireccional tipo Heimlich o se conecta a un equipo de venoclisis cuyo extremo distal
se encuentre con un sello de agua.
Fijar bien todo el sistema a la piel, para que se mantenga hasta que se haya eliminado
totalmente el neumotórax.
Hay que recordar que este tratamiento no es definitivo, ya que lo único que se hace
es convertir un neumotórax a tensión en un neumotórax simple, por lo que siempre
quedará un deterioro de la ventilación.
Hay que extremar la precaución en pacientes con ventilación asistida (manual o con
respirador). Si el diagnóstico presuntivo de neumotórax a tensión es incorrecto, la in-
serción del catéter puede crear un neumotórax que evolucione a tensión con la ven-
tilación a presión positiva.

- Drenaje torácico
Tras la toracocentesis de urgencia es necesario realizar una toracocentesis con tubo,
ya que el tratamiento de elección y definitivo de un neumotórax a tensión es la tora-
costomía inmediata con tubo torácico.
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su
temor, e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará,
si es posible, en posición anti-Trendelemburg de 30º con el brazo del lado afecto se-
parado del tórax considerando su comodidad y confort, y evitando posibles lesiones
secundarias. Se debe sujetar el brazo para evitar cualquier movimiento durante el
procedimiento.
La vía de acceso de elección es el 4-5ª espacio intercostal línea axilar anterior, ya
que la inserción más baja conlleva riesgo de punción de algún órgano abdominal.
Además, se elige esta localización en el paciente traumatizado por la frecuente aso-
ciación con hemotórax.
Limpiar la zona con povidona yodada de forma extensa y delimitar un campo estéril.
Anestesiar la zona de forma local, aunque se hayan administrado analgésicos sisté-
micos.
Realizar una incisión con bisturí de 2-3 cm sobre la costilla siguiente al espacio inter-
costal seleccionado. Realizar disección con unas pinzas romas en el tejido subcutáneo
en dirección craneal, avanzando despacio hasta llegar al borde superior de la costilla.
Colocar la punta de las pinzas sobre la costilla superior y dirigirla hacia la cavidad
pleural. Penetrar en la cavidad pleural realizando cierta fuerza sobre las pinzas, pero
evitando una introducción excesiva. Cuando se accede a la cavidad pleural se nota
pérdida de resistencia, así como la salida de aire o líquido. Abrir la punta de las pinzas
para aumentar el tracto. Quitar las pinzas e introducir el dedo por el agujero para com-
probar la presencia de adherencias. Si las adherencias son laxas se pueden romper
con el dedo. Si las adherencias son firmes hay que buscar otro lugar de inserción del
tubo torácico.
El tubo torácico de elección en adultos debe ser de 28 Fr salvo que se sospeche que
existe además hemotórax acompañante, en cuyo caso se pondrá un 32 Fr.
Se calcula la cantidad de tubo que se debe introducir midiendo la distancia entre la
incisión cutánea y el ápex del pulmón y se marca con unas pinzas. Este punto debe

484
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

quedar unos 4-5 cm proximal a los orificios del tubo torácico. Sujetar el extremo distal
del tubo con unas pinzas, e insertar el tubo junto con las pinzas en la cavidad pleural.
Usar las pinzas para dirigir la punta del tubo en dirección posterosuperior. Soltar las
pinzas y avanzar el tubo torácico hasta que todos los orificios queden dentro de la ca-
vidad pleural.
Fijar el tubo a la piel con una sutura, asegurándose que también quede cerrada la in-
cisión para evitar fugas, y aplicar un vendaje oclusivo (gasa vaselinada) sobre ambos.
Conectar el tubo de tórax a un drenaje. El drenaje torácico de elección deberá tener
preferiblemente sello de agua y aspiración continua. Si no es posible, se puede colocar
una válvula de Heimlich (la flecha del dispositivo debe señalar hacia fuera del pa-
ciente) o un equipo de venoclisis cuyo extremo distal sea un sello de agua.
Si el neumotórax no es controlado (no existe reexpansión y/o se produce fuga man-
tenida) hay que realizar broncoscopia para detectar lesiones traqueobronquial o ate-
lectasia asociada.

Si tras estas medidas el neumotórax no se controla, se precisará toracotomía.

5.2 Neumotórax simple

Es la existencia de aire en el espacio pleural, pero escasa y limitada, no produciéndose co-


lapso pulmonar ni comprensión importante. Es el neumotórax de presentación más habi-
tual14.

Se produce por pequeñas lesiones pulmonares causadas por los fragmentos de las fracturas
costales, por fuerzas de deceleración o por un aumento brusco de presiones intraluminales,
con lesión del parénquima, del trayecto traqueobronquial, o menos frecuente, del esófago.
También se puede producir de forma espontánea.

• Clínica:
Los signos respiratorios son leves o casi imperceptibles. Dolor torácico de tipo pleurítico,
disnea, taquipnea, hipoventilación, auscultación normal (si el neumotórax es laminar) o
disminución del murmullo vesicular, timpanismo a la percusión, hiperresonancia, enfi-
sema subcutáneo frecuente que comienza en el foco de fractura, etc. Puede existir di-
versos grados de insuficiencia respiratoria (incluso no haberla). El aumento de presión
en vía aérea nos indica un posible neumotórax.

• Diagnóstico:
El diagnóstico se basa en la clínica, pero se confirma con una radiografía en espiración
forzada.

• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente, y posterior estabilización, las medidas específicas
serán:

- Tratamiento conservador:
Si es menor del 20% y/o limitado al vértice se puede hacer tratamiento conservador
hasta la reabsorción, controlando estrechamente al paciente.

485
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

- Tratamiento como neumotórax a tensión:


Si se sospecha un neumotórax mayor se tratará como un neumotórax a tensión, rea-
lizando toracocentesis diagnóstica-terapeútica siempre en dos sitios: 2º espacio in-
tercostal línea medioclavicular y 4º-5º espacio intercostal plano axilar anterior.
Casi todos los neumotórax laminados acaban requiriendo drenaje torácico, y todos si
son sometidos a ventilación mecánica o transporte aéreo, ya que puede evolucionar
a neumotórax a tensión.

5.3 Neumotórax abierto

La comunicación directa y continua entre el espacio pleural y el exterior a través de una he-
rida permite la entrada de aire atmosférico en la inspiración y la salida en la espiración. La
herida succionante hace un ruido característico en cada movimiento respiratorio que se de-
nomina traumatopnea.

Si la herida no es muy grande, la ocupación del espacio pleural no es completa, por lo que
se provoca un neumotórax simple.

Si la herida presenta un tamaño mayor a 2/3 del diámetro de la traquea, el aire pasará pre-
ferentemente a través de ésta ya que provoca menor resistencia que la vía aérea, hasta
que se igualen las presiones atmosférica e intratorácica. La herida abierta actuará como
una válvula unidireccional que permite el paso de aire durante la inspiración pero impide la
salida durante la espiración, provocando un neumotórax a tensión. Aumenta la gravedad si
existe cierto grado de obstrucción en la vía aérea superior.

• Clínica:
El paciente se puede encontrar asintomático hasta la ocupación de un 40% del espacio
pleural de un hemitórax. Luego se puede observar dolor en el lugar de la lesión, trauma-
topnea, distensión venosa en cuello, enfisema subcutáneo, disminución de los movi-
mientos respiratorios, ausencia de murmullo vesicular e hiperrresonancia, shock o
patología cardiorrespiratoria.

• Diagnóstico:
El diagnóstico es clínico, pero luego se necesita una confirmación radiológica.

• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente se debe realizar un tratamiento rápido de esta le-
sión, sobre todo si la herida presenta un gran diámetro. Las medidas específicas serán:

- Tratamiento de la herida:
Se desaconseja la manipulación de lesiones de tejido blando, tanto manual como ins-
trumentalmente, por provocar agrandamiento del orificio, o una lesión de estructuras
subyacentes, transformando un orificio cerrado en abierto, provocando sangrado se-
vero, etc.
Se debe cerrar la herida con un apósito lubricado e impermeable (gasa vaselinada)
que cubra ampliamente el defecto de la pared, el cual será cerrado por 3 de los cuatro
lados o un dispositivo que cumpla esta función (tipo parche de Asherman). Así se con-
sigue un mecanismo valvular que permite la salida de aire por la herida mientras el
486
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

paciente espira, pero impide la entrada de aire por la herida cuando el paciente inspira.
Nunca se debe cerrar el apósito por los cuatro lados, ya que se crearía un neumotórax
a tensión.

- Drenaje torácico:
Tras la atención de la herida, se colocará un drenaje torácico lo antes posible en un
lugar diferente y alejado de la herida.
Si la lesión es pequeña puede ser suficiente una toracostomía en el 2º espacio inter-
costal del lado afecto.
Si la lesión es mayor o está asociada a hemotórax es necesario un tubo ³ 32 Fr en el
5º espacio intercostal línea axilar anterior, dirigido posteriormente y hacía el vértice
pulmonar. Se colocará válvula unidireccional tipo Heimlich y bolsa de drenado.
Si el paciente no mejora, hay que sospechar una rotura de la vía aérea gruesa.

El tratamiento definitivo requiere la revisión y reparación quirúrgica.

6. HEMOTÓRAX
Se trata de la ocupación por sangre del espacio pleural. Suele ser consecuencia del sangrado
de los tejidos adyacentes o del parénquima pulmonar.

En los adultos, cada espacio pleural puede albergar 2500-3000 ml de sangre.

Asociado frecuentemente a neumotórax (hemoneumotórax).

Se puede producir por traumatismo cerrado (contusión) o por traumatismo penetrante (herida
incisa).

Clínicamente su presentación es similar a la de los neumotórax salvo por la existencia de una


matidez a la percusión del lado afecto.

• Fisiopatología:
Cuando la sangre se acumula en el espacio pleural, se producen dos consecuencias. Por una
parte, la pérdida de sangre del sistema circulatorio provoca hipovolemia, con la consecuente
disminución del transporte de oxígeno a los tejidos. Por otra parte, la ocupación del espacio
pleural provoca un colapso parcial o total del pulmón afectado, con la consiguiente afectación
respiratoria.

• Tipos:
Según protocolo terapéutico: simple o masivo.
Según lugar: unilateral o bilateral.

6.1 Hemotórax simple

Se produce por el sangrado de pequeñas laceraciones pulmonares y focos de fracturas

487
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

costales. Usualmente estos sangrados se autolimitan, por lo que la persistencia del san-
grado sugiere origen arterial (intercostales, mamarias...).

• Clínica:
Prácticamente ausente. Puede presentar disminución de murmullo vesicular en la base
del pulmón, hipoventilación en la base pulmonar, matidez a la percusión, etc. No presenta
deterioro hemodinámico significativo.
El primer signo puede ser la aparición de sangre al drenar un neumotórax.

• Diagnóstico:
La clínica suele dar un diagnóstico de sospecha, pero la confirmación es por radiografía
simple de tórax, siendo visibles cantidades superiores a 200-300 ml.
La existencia de niveles hidroaéreos es diagnóstica de hemoneumotórax.

• Tratamiento:
En la emergencia extrahospitalaria, tras la valoración y estabilización del paciente, el tra-
tamiento dependerá de la clínica.
Si la clínica no es muy importante se puede realizar un tratamiento conservador, pero
manteniendo un control constante del paciente.
Si la clínica es sugerente de un acúmulo importante de sangre se tratará como un he-
motórax masivo, realizando un drenaje torácico.
En el hospital también se realizará reposición de sangre, ya que el sangrado proveniente
de focos de fracturas costales se prolonga varios días.

6.2 Hemotórax masivo

Se trata de una acumulación rápida de sangre en el espacio pleural producida por la rotura
de un gran vaso (como vasos intercostales, mamaria interna, aorta torácica, cava, arteria
pulmonar o sus ramas, subclavia, etc), rotura cardiaca, rotura mediastínica, grandes esta-
llidos pulmonares, rotura del parénquima pulmonar, etc, por lo que presenta un riesgo vital
inmediato.

Es más frecuente en los traumatismos abiertos, pero no se debe excluir en cualquier tipo
de traumatismo.

Para hablar de hemotórax masivo deben cumplirse alguno de los siguientes criterios:
• Drenado inicial es > 1.500 ml.
• Drenado supera los 500 ml/hora las 3 primeras horas.
• Drenado supera los 200 ml/hora las siguientes horas, durante más de 4 horas.

Puede acumularse en teoría hasta el 40-50% de la volemia, por lo que se asocia con una
tasa elevada de mortalidad.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

• Clínica:
Dolor, disnea, hipoventilación, disminución o ausencia de ruidos respiratorios en la base
pulmonar, matidez a la percusión del hemitórax afecto, insuficiencia respiratoria, etc. Se
necesita una gran cantidad de sangre para que se llegue a desplazar el mediastino y se
produzca ingurgitación yugular. La pérdida de sangre se complica por la hipoxia y puede
llegar a provocar shock (hipotensión, mala perfusión periférica, oliguria, etc)

• Diagnóstico:
El diagnóstico de sospecha se realiza por la clínica, pero la confirmación necesita una
toracocentesis diagnóstica (5º espacio intercostal línea media axilar) y una radiografía
de tórax.

• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente, las acciones específicas de este tipo de lesión
serán:

- Reposición de volemia:
Se necesitan dos vías periféricas de gran calibre para administrar una perfusión rápida
de cristaloides y coloides. En el hospital también se utilizará sangre.

- Drenaje torácico:
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su
temor, e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará,
si es posible, en posición anti-Trendelemburg de 30º con el brazo del lado afecto se-
parado del tórax considerando su comodidad y confort, y evitando posibles lesiones
secundarias. Se debe sujetar el brazo para evitar cualquier movimiento durante el
procedimiento.
La vía de acceso de elección es el 4-5ª espacio intercostal línea axilar anterior, ya
que la inserción más baja conlleva riesgo de punción de algún órgano abdominal.
Además, se elige esta localización en el paciente traumatizado por la frecuente aso-
ciación con neumotórax.
Realizar la colocación del tubo torácico como se ha explicado en el neumotórax a ten-
sión.
El tubo torácico de elección en adultos debe ser de grueso calibre (32 Fr)15 para faci-
litar la salida de sangre y evitar los coágulos, dirigiendo la punta de éste en dirección
posteroinferior y fijar el tubo.
Conectar el tubo de tórax a un drenaje. El drenaje torácico de elección deberá tener
preferiblemente sello de agua y aspiración continua. Si no es posible, se puede colocar
una válvula de Heimlich o un equipo de venoclisis cuyo extremo distal sea un sello
de agua.
Hay que tener en cuenta que el tubo se puede obstruir por coágulos (hay que recam-
biarlo) o que el hematoma puede llegar a coagularse.
Si el drenaje a través del tubo es masivo (1500 ml de sangre en los primeros momen-
tos o si el ritmo de drenaje es de 200-400 ml/h en las primeras cuatro horas) se debe
clampar, facilitar la hemostasia por compresión y proceder a toracotomía de emer-
gencia (necesaria en el 10% de los casos). Es eficaz en un 5-30% de los casos de
PCR por traumatismo penetrante.
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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

7. VOLET COSTAL/ TÓRAX INESTABLE


Son fracturas costales con más de un foco de fractura en cada arco costal, de tres o más cos-
tillas contiguas. También pueden aparecer como consecuencia de fracturas costales en un solo
punto, acompañadas de desinserciones condrocostales o de fractura esternal.

Se presenta en un 12 % de los traumatismos de tórax y constituye una urgencia vital inme-


diata.

La zona lesionada presenta movimiento paradójico respecto a la pared torácica, hacia dentro
en la inspiración (presión intrapleural menor que la presión atmosférica) y hacia fuera durante la
espiración (presión intrapleural mayor que la presión atmosférica). Puede originarse un movi-
miento de “bamboleo mediastínico”, que se desplazará hacia el hemitórax contralateral (sano)
durante la inspiración y hacia el lado de la lesión durante la espiración.

Suele ser de localización anterior (participan los cartílagos costales) o lateral, pero también
se puede producir en la zona central (las líneas de fracturas están situadas cada una en un he-
mitórax, a veces con la participación del esternón fracturado) o posterior (no crea una zona ines-
table por la potente musculatura y por la inmovilización del decúbito y de la escápula).

• Fisiopatología:
El movimiento paradójico del tórax tiene como resultado una disminución de la ventilación, con
hipoxia e hipercapnia. Pero lo más importante es el dolor intenso, que produce una limitación
de movimientos respiratorios, aumento del trabajo respiratorio, colapsos alveolares, disminu-
ción de la capacidad vital, disminución de la capacidad residual funcional, disminución de la
compliance pulmonar, atelectasia y deterioro respiratorio. El mayor compromiso proviene de
la lesión pulmonar subyacente (contusión pulmonar).

• Clínica:
Dolor, disnea, taquipnea, aumento del trabajo respiratorio, respiración superficial, dificultad
para toser, retención de secreciones, crepitación y aumento de dolor a la palpación sobre arcos
costales, hemoptisis, aumento de las resistencias de vías aéreas, etc.
Al principio el espasmo de los músculos intercostales puede impedir que se produzca un mo-
vimiento paradójico significativo, pero cuando estos músculos se agotan, el segmento batiente
suele hacerse más visible. El movimiento paradójico es especialmente grave si la parte ines-
table es la anterior y/o existe una fractura transversal del esternón.
Más importante es la detección de las lesiones asociadas, mediante sus correspondientes sig-
nos y síntomas: contusión pulmonar, neumotórax, lesión hepática y esplénica, lesión diafrag-
mática, lesión esternal, insuficiencia respiratoria aguda por dolor, etc.

• Diagnóstico:
El diagnóstico es clínico, mientras que la confirmación es radiológica (10% pasan desaperci-
bidas, ya que no se ven las fracturas de cartílagos ni las desinserciones condrocostales).

• Tratamiento:
El principal objetivo será tratar la contusión pulmonar subyacente para lograr una adecuada
ventilación del paciente. Para ello administraremos oxígeno en función del estado del paciente.

490
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

Si el paciente está grave el único criterio de intubación es la insuficiencia respiratoria no con-


trolada con las medidas conservadoras.
Si la insuficiencia respiratoria es grave, se realizará ventilación con presión positiva para la
expansión forzada de los alveolos colapsados.
La analgesia es muy importante para evitar la hipoventilación secundaria al dolor. En el medio
extrahospitalario será principalmente intravenosa (fentanilo, AINEs). También puede ser anes-
tesia local de los focos de fractura, bloqueo intercostal, etc.
Otro aspecto a tener en cuenta será fluidificar las secreciones y mantener una buena hidrata-
ción.
Hay que evitar los vendajes compresivos y la inmovilización de la zona lesionada ya que pro-
ducen hipoventilación.
Se realizará ingreso hospitalario si presenta tres o más costillas rotas o fractura del esternón,
ya que puede ser necesaria la estabilización quirúrgica.
La respiración a presión positiva mantenida puede conseguir la reestructuración neumática in-
terna, aunque suele ser necesario 3-4 semanas.
Las principales complicaciones a corto y medio plazo son atelectasia y neumonía.

8. TAPONAMIENTO CARDIACO
Se define por el llenado de una cantidad pequeña de sangre a presión en el saco pericárdico
(100-300 ml). Esta sangre suele proceder de una rotura cardiaca o de grandes vasos.

Se produce tanto por traumatismos torácicos penetrantes (más frecuente) como por trauma-
tismos cerrados. Dentro de los traumatismos penetrantes, las lesiones por arma blanca (lo más
frecuente) suelen afectar a una sola cámara cardiaca mientras que las lesiones por arma de fuego
generalmente afectan a más de una cámara.

En general, las cámaras derechas del corazón son las más lesionadas, por estar más próximas
a la pared anterior.

Las lesiones torácicas que cursan con taponamiento cardíaco tienen una alta letalidad (50-
80%). Además, suelen asociarse a otras lesiones de diversa gravedad.

• Fisiopatología:
El saco pericárdico es una estructura fibrosa difícil de distender de forma aguda, llenándose
de sangre por una rotura cardiaca o vascular. Cuando el corazón se contrae durante la sístole,
penetra más sangre en el saco pericárdico, que comprime aún más el corazón y no permite
que se expanda por completo durante la diástole. Esta compresión restringe la actividad car-
diaca e interfiere en el retorno venoso y llenado del corazón, comprometiendo el gasto cardíaco
y la perfusión.

• Clínica:
Cursa con la triada de Beck (disminución de TA, aumento de la presión venosa central y tonos
cardiacos apagados e incluso inaudibles), herida torácica entre línea media clavicular derecha

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

y medio axilar izquierda, taquicardia, taquipnea, ingurgitación yugular, que puede estar ausente
por hipovolemia asociada, hipotensión refractaria a la perfusión de líquidos, pulso paradójico
(disminución de la PAS durante la inspiración superior a 10 mmHg), signo de Kussmaul (in-
cremento de la presión venosa durante la inspiración espontánea), ECG inespecífico (dismi-
nución del voltaje y alteraciones de la repolarización, fundamentalmente alteraciones del ST-T),
shock, etc.
Los signos se pueden confundir con un neumotórax a tensión izquierdo.
La actividad eléctrica sin pulso, en ausencia de hipovolemia y neumotórax a tensión, es su-
gestiva de esta lesión.

• Diagnóstico:
Se basa en la clínica (lo más importante), ya que se debe actuar con rapidez.
La pericardiocentesis urgente es tanto diagnóstica como terapéutica. Pero luego se debe re-
alizar ecocardiograma y ventana pericárdica.

• Tratamiento:
Tras la valoración inicial del paciente, las medidas urgentes específicas serán:

- Fluidos IV:
Es la primera medida para aumentar la presión venosa y mejorar el gasto cardiaco. Se
deben canalizar dos o más vías periféricas tan gruesas como sea posible, una al menos en
miembros inferiores ante la posibilidad de lesión de cava superior o sus grandes ramas,
pero valorando el riesgo de trombosis/embolismo.

- Pericardiocentesis:
Si el paciente se encuentra consciente hay que explicarle la técnica para disminuir su temor,
e indicarle que la zona se anestesiará para que no sienta dolor. Se le colocará, si es posible,
en posición anti-Trendelemburg de 30-45º considerando su comodidad y confort, y evitando
posibles lesiones secundarias.
Se realizará una monitorización electrocardiográfica continua para ayudar a la realización
de la técnica.
Si es posible, se puede insertar una sonda nasogástrica para descomprimir el estómago,
evitando una posible perforación gástrica.
La vía de acceso de elección es el abordaje subxifoideo, en el margen esternocostal iz-
quierdo 1 a 2 cm por debajo del borde izquierdo de la unión condroxifoidea. Pero también
se pueden utilizar otros abordajes como el paraesternal o el apical.
Limpiar la zona ampliamente con povidona yodada y colocar un campo estéril. Anestesiar
la zona aunque se hayan administrado analgésicos por vía intravenosa.
Utilizar un catéter nº14 largo unido a una llave de tres pasos y una jeringa de 20 ml con 5
ml de suero salino; también se puede usar un kit de pericardiocentesis. Puncionar la piel
entre el apéndice xifoides y el margen costal izquierdo, con un ángulo de 45º y dirigiendo
la punta hacia el hombro izquierdo del paciente. Avanzar el catéter unos 4-5 cm mientras
se realiza aspiración con la jeringa hasta que se produzca el retorno de sangre, se noten
los latidos cardiacos o se produzca un cambio brusco en la morfología de las ondas del
ECG. Si las ondas del ECG muestran un patrón de daño miocárdico, hay que extraer la
aguja lentamente hasta que el patrón se normalice.

492
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

Cuando se asegura que la aguja se encuentra en el espacio pericárdico, se aspira con la


jeringa tanto líquido como sea posible. La sola extracción de 5-20 ml provoca una gran me-
joría en el estado clínico del paciente y puede aumentar el volumen de eyección entre 25-
50%, aunque de forma transitoria. En el 25% de los casos, la extracción no es posible por
estar coagulada la sangre.
Cuando la jeringa está llena de líquido, se detiene la aspiración cerrando la llave de tres
pasos, se asegura la aguja al torso del paciente y se retira la jeringa. Se conecta una nueva
jeringa y se repite la aspiración.
A medida que se drena el espacio pericárdico, el epicardio se va aproximando a la punta
de la aguja. Por eso, es necesario observar continuamente el monitor cardíaco. Si se pro-
ducen ondas de lesión cardiaca, retirar la aguja lentamente hasta que se normalice el patrón
y continuar con la aspiración.
Una vez que se ha terminado de aspirar se retira la aguja dejando el catéter de plástico
unido a una llave de tres pasos cerrada. En caso de que persistan los síntomas de tapona-
miento cardiaco, se abre la llave de tres pasos y se vuelve a aspirar el saco pericárdico de
la misma forma. El catéter de plástico que queda en el saco pericárdico puede suturarse o
fijarse en este sitio, cubriéndolo con un apósito, esto permitiría descompresiones periódicas
si son necesarias hasta llegar al quirófano16
Es un tratamiento transitorio. Todos los pacientes con pericardiocentesis positiva requieren
toracotomía abierta y revisión del corazón.

- Ventana pericárdica:
Es una alternativa a la pericardiocentesis. Se hace a nivel subxifoideo y preferiblemente en
quirófano.

- Toracotomía de emergencia:
Indicada en casos de shock refractario y sospecha de lesión cardiaca penetrante, así como
en los casos de parada cardiaca presenciada con el fin de dar masaje cardiaco interno, ya
que el externo es ineficaz (preferiblemente en quirófano y por personal entrenado).

9. CONTUSIÓN PULMONAR
Una contusión pulmonar es una zona del pulmón que, tras un traumatismo, presenta pérdida
de la integridad vascular con hemorragia intraparenquimatosa, intersticial y alveolar, edema in-
traalveolar e inactivación del surfactante, dando lugar a hipoxemia, al colapso alveolar y a la con-
solidación secundaria del parénquima pulmonar.

Es la lesión potencialmente letal más frecuente. Sobre todo se observa en pacientes jóvenes,
delgados y con gran elasticidad de la caja torácica (severas lesiones internas en ausencia de
fracturas costales).

Se suele producir por mecanismos de desaceleración o por impacto directo sobre la caja to-
rácica. Aunque también se puede producir por un traumatismo penetrante o por una onda expan-
siva.

Se observa en la zona del traumatismo o de forma contralateral, con más frecuencia en posi-
ción periférica.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

• Fisiopatología
La cantidad de líquido intersticial aumenta en la zona correspondiente a las paredes de los
capilares y alvéolos, con la consiguiente disminución del transporte de oxígeno a través de las
membranas engrosadas. La hemorragia en el interior de los sacos alveolares impide la oxige-
nación del segmento afectado.
El colapso capilar determina un aumento de la resistencia vascular pulmonar con fallo cardiaco
derecho, y el colapso alveolar un aumento de las resistencias aéreas. Todo ello condiciona in-
suficiencia respiratoria, con hipoxemia e hipercapnia.
Las consecuencias fisiopatológicas de esta lesión son un aumento en el gradiente alveolo-ca-
pilar de oxígeno y una disminución de la complianza pulmonar.

• Clínica:
La sintomatología inicial de un paciente con contusión pulmonar puede no ser destacable, para
posteriormente aparecer un rápido deterioro de la oxigenación en las 4-36 primeras horas.
La clínica incluye cierto grado de taquipnea, hipoxemia, distrés respiratorio, hipoventilación,
estertores crepitantes, disminución del murmullo vesicular, hemoptisis (bastante constante),
febrícula, broncorrea, etc.
Las complicaciones más frecuentes son atelectasia y neumonía.

• Diagnóstico:
El diagnóstico es radiológico, pero se puede sospechar por los antecedentes traumáticos y la
clínica.

• Tratamiento:
Tras la valoración y estabilización del paciente, las medidas específicas de este tipo de lesión
son:

- Soporte ventilatorio:
Según la insuficiencia respiratoria que presente el paciente puede llegar a ser necesaria
una intubación y ventilación mecánica, siendo mejor la ventilación mandatoria intermitente
y PEEP (equilibran en mayor grado la ventilación y el riego pulmonar, mejoran el estado
hemodinámico y favorecen el reclutamiento alveolar) que la ventilación controlada o ayuda
habitual. Valorar la ventilación por presiones tipo BIPAP.
Solo el 15% de los que presentan contusión pulmonar de manera aislada requerirán intu-
bación endotraqueal.
Existe una mayor necesidad de intubación si el paciente presenta EPOC o insuficiencia
renal.

- Restricción de líquidos:
Evitar la sobreinfusión de líquidos para evitar acumulaciones adicionales del contenido in-
tersticial si no existen otras lesiones.

- Manejo del dolor:


Se suele administrar analgesia intravenosa (mórficos, AINEs, etc). También se puede rea-
lizar bloqueo de nervios intercostales y analgésicos epidurales.

La gravedad está en relación con la extensión de la contusión y la densidad de la imagen ra-


diológica.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

10. TRAUMATISMO CARDIACO


Se produce por la compresión del corazón con estructuras vecinas, sobre todo por desacele-
raciones bruscas. Esta compresión puede dar lugar a destrucción celular, rotura de la pared car-
diaca, disección o trombosis de las arterias coronarias o lesiones valvulares.

La lesión más frecuente se produce en el ventrículo derecho.

10.1 Contusión miocárdica

Se produce por compresión entre columna y esternón, deceleración e incrementos bruscos


de la presión intratorácica (impacto en el tórax con fuerzas cinéticas transmitidas a la víscera
y a la columna de sangre).

La pared anterior del ventrículo derecho es más vulnerable por su cercanía al esternón, se-
guido de la parte anterior del tabique interventricular y la porción anterior apical del ventrículo
izquierdo; sin embargo, las altas presiones en ventrículo izquierdo hacen que las lesiones
valvulares más frecuentes sean la aórtica y la mitral.

Es frecuente en la fractura de esternón, pero pasa desapercibida muchas veces.

La lesión pericárdica y el hemopericardio con o sin taponamiento pueden ocurrir hasta una
semana tras el trauma.

• Clínica:
La sintomatología es muy variada, incluso el paciente se puede encontrar asintomático.
Puede presentar disnea, dolor precordial que no cede con nitroglicerina, taquicardia des-
proporcionada al traumatismo o hemorragia, roce pleural, irregularidades del ritmo (FA,
extrasístoles auriculares o ventriculares ), descompensación cardiaca con edema agudo
de pulmón con corazón de tamaño normal, soplos cardíacos, disminución del gasto car-
díaco, disfunción ventricular, arritmias graves y shock cardiogénico.

• Diagnóstico:
Se sospecha por el mecanismo lesional, la clínica y la inestabilidad hemodinámica no
atribuible a hipovolemia.
El ECG debe ser seriado. Puede aparecer cualquier tipo de arritmia, como taquicardia
sinusal (la más común), alteraciones inespecíficas de ST-T, Q de necrosis, TSV, bloqueo
de rama (sobre todo derecha), disfunción del nodo sinusal, extrasistolia, etc. Pero casi
equivalen a diagnóstico el surgimiento de FA, contracciones ventriculares prematuras
múltiples y trastornos de conducción. Los resultados normales no excluyen contusión
cardiaca, ya que pueden presentar un ECG normal el 30% de los pacientes.
El taponamiento con frecuencia no agranda la silueta cardiaca, si bien el ensanchamiento
de la vena ácigos mayor orienta a este diagnóstico.
Las troponinas cardiacas pueden estar elevadas, sin embargo su uso en el diagnóstico
de lesiones cardiacas cerradas no es concluyente, no ofreciendo mayor información que
la que nos aporta el ECG.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

• Tratamiento:
El pronóstico en general es bueno y pocas veces se requieren medidas terapéuticas es-
pecíficas. Deben ser monitorizados durante las primeras 24 horas por el riesgo de sufrir
arritmias súbitas.
El manejo inicial es igual a todo politraumatizado.
Las arritmias se deben tratar según el protocolo específico, utilizando drogas vasoactivas
y antiarrítmicos (como en la cardiopatía isquémica).

10.2 Rotura cardíaca

La rotura cardiaca sucede sobre todo a nivel del ventrículo derecho, aunque también se
produce en el septo, el pericardio, las válvulas, etc.

Se puede producir por traumatismo cerrado, pero es mucho más frecuente en los trauma-
tismos penetrantes.

La letalidad de esta lesión es muy elevada in situ. Los pacientes que sobreviven en un pri-
mer momento presentan la rotura de una cámara de baja presión.

• Clínica
Se manifiesta como arritmias, IAM, inestabilidad hemodinámica, shunt izquierda-derecha,
taponamiento cardiaco (pericardio cerrado) o shock hemorrágico y hemotórax masivo
(pericardio abierto).

• Tratamiento
El tratamiento en el medio extrahospitalario es principalmente sintomático, utilizando los
protocolos específicos en cada caso.
El tratamiento de elección es la reparación quirúrgica diferida (6-8 semanas), pero en
caso de rotura pericárdica o insuficiencia cardiaca debe ser precoz.

11. TRAUMATISMO DE GRANDES VASOS


El traumatismo torácico puede producir la lesión de diferentes vasos, como aorta torácica (más
frecuente), tronco arterial braquiocefálico (segundo más frecuente), vena cava superior, arteria
mamaria, arteria pulmonar, etc.

Conllevan una mortalidad inmediata en torno al 80% y una mortalidad hospitalaria en las pri-
meras 48 horas del 50%.

11.1 Traumatismo de Aorta torácica

El traumatismo de aorta torácica puede producirse por traumatismos penetrantes o cerra-


dos, y suele estar asociado a fractura de esternón, clavícula y primeras dos costillas.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

El traumatismo penetrante suele producirse por armas punzocortantes y proyectiles. Los


daños que generan dependerán de la energía cinética que se pierda después que el pro-
yectil entre en el tejido.

Los traumatismos torácicos cerrados presentan lesión de aorta torácica en el 15% de los
casos. Los mecanismos de producción más frecuentes son: deceleración (rotura de istmo
o aorta ascendente) y compresión externa (rotura de istmo o aorta descendente).

La mortalidad de las roturas de aorta en accidentes de tráfico es muy alta. La mortalidad si


la rotura es completa asciende al 80-90%, mientras que si hay preservación de la adventicia
la mortalidad es del 40% en las primeras 24 horas.

La porción más lesionada es el istmo aórtico (95%).

• Clínica
Dolor torácico (irradiado a la zona interescapular, epigastrio y hombro izquierdo), dife-
rencia de tensión arterial entre ambos brazos o entre miembros superiores e inferiores,
hemotórax izquierdo, hipotensión, taquicardia, disminución de pulsos periféricos y/o cen-
trales, soplo sistólico áspero retroesternal o interescapular, paraplejia (por bajo flujo por
debajo de la lesión), oliguria (por bajo flujo por debajo de la lesión), shock, etc.
A veces la rotura de la aorta se produce dentro del pericardio, originando un tapona-
miento cardíaco.
Los síntomas tardíos de complicaciones son: aneurismas y fístulas (la más frecuente
entre la aorta torácica y el ventrículo derecho).

• Diagnóstico.
El diagnóstico se basa principalmente en la clínica, necesitando confirmación con TAC,
aortografía y ecografía. Existen algunos datos en la radiografía simple de tórax que pue-
den sugerir lesión aórtica: ensanchamiento mediastínico, casquete apical izquierdo, frac-
turas de costillas altas, hemotórax izquierdo, etc. En estos casos realizar TAC helicoidal
con contraste intravenoso y protocolo específico para reconstrucción.

• Tratamiento:
El tratamiento se basa en una estabilización hemodinámica, manteniendo la tensión ar-
terial sistólica entre 100-120 mmHg con vasodilatadores, beta-bloqueantes (labetalol),
etc.
Hay que evitar los esfuerzos, como vómitos, maniobra de Valsalva, etc, ya que pueden
aumentar la presión intratorácica hasta más de 200 mmHg.
El dolor se puede controlar con sedantes y analgésicos.
El tratamiento definitivo es quirúrgico.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

12. ROTURA DE LA VÍA AÉREA: TRÁQUEA Y BRONQUIOS


Las roturas de la vía aérea gruesa son lesiones raras, pero graves (mortalidad de un 30%) y
en ocasiones de diagnóstico diferido.

El mecanismo de producción son traumatismos torácicos o del cuello tanto cerrados como pe-
netrantes. También pueden tener un origen yatrogénico.

La sección del árbol traqueobronquial por traumatismo cerrado se produce por tres mecanis-
mos: compresión anteroposterior del tórax, aumento de presión en las vías aéreas con la glotis
cerrada en el momento del impacto (teoría más aceptada) y desaceleración rápida que produce
una fuerza de cizallamiento.

Las lesiones, más bien transversales, se localizan generalmente a unos 2,5 cm de la carina
(80%).

En la tráquea, la lesión se suele localizar a nivel cervical.

En los bronquios, se lesiona con más frecuencia la zona proximal de los bronquios principa-
les.

Es más frecuente la rotura bronquial que la rotura traqueal, y se da más frecuentemente en el


lado izquierdo que en el derecho.

• Fisiopatología
La rotura de la vía aérea puede llegar a provocar una alteración importante de la respiración,
con la consiguiente hipoxia, que puede ser muy severa.

• Clínica
La sintomatología depende del lugar y severidad de la lesión y del grado de obstrucción de la
vía aérea.
El 10% de los pacientes con rotura del árbol traqueobronquial no tiene signos clínicos. Los
síntomas generales son disnea, disfonía, tos, hemoptisis, dolor esternal, respiración ruidosa
(alto riesgo de obstrucción de la vía aérea), enfisema subcutáneo (a veces importante) que se
extiende desde la región supraclavicular al cuello y la cara, fractura de los tres primeros arcos
costales, hemoptisis, etc.
En las lesiones de laringe y de la tráquea superior podemos encontrar estridor, crepitación a
la palpación, enfisema subcutáneo e insuficiencia respiratoria, neumotórax bilateral, etc. Puede
haber roturas parciales que cursen sin neumotórax ni neumomediastino.
La rotura de tráquea cursa con neumotórax bilateral, neumomediastino masivo, progresivo y
persistente, fuga continua de aire por los drenajes pleurales o atelectasia pulmonar.
La rotura de los bronquios principales presenta la clínica de neumotórax unilateral, pero no se
resuelve con tubo de drenaje.

• Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la radiografía de tórax con enfisema subcutáneo y mediastínico, a
veces asociado a fractura de las primeras costillas. También se puede utilizar el TAC y la bron-
cofibroscopia.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

• Tratamiento
Tras la valoración inicial del paciente, las medidas específicas son:

- Soporte ventilatorio:
En las roturas de laringe y tráquea superior puede ser necesario intubación orotraqueal o
traqueotomía de urgencia. Es preferible una IOT precoz a una traqueotomía dificultosa.
La intubación orotraqueal en el caso de lesiones distales podría agravar el escape aéreo
por lo que es preferible la ventilación espontánea. En los casos más graves se procederá
a intubar el bronquio no afecto de manera selectiva, teniendo en cuenta que hay que variar
los parámetros habituales de la ventilación mecánica.

- Tratamiento del neumotórax:


La colocación del tubo torácico y la aspiración a su través, determina a veces mayor disnea,
cianosis y hemoptisis.
Si existe un neumotórax a tensión, puede ser necesario más de un tubo de drenaje torácico
para expandir el pulmón.

El tratamiento definitivo es la reparación quirúrgica. En los casos de lesiones pequeñas, éstas


pueden ser tratadas de modo no quirúrgico, con estrecha observación del paciente, y siempre
que se consiga la total reexpansión pulmonar tras la colocación de un drenaje torácico y no exista
otro motivo para la realización de una toracotomía urgente.

13. TRAUMATISMO DEL DIAFRAGMA


Los traumatismos de diafragma pueden pasar desapercibidos en muchas ocasiones.

La causa más común de lesión traumática del diafragma es el traumatismo penetrante; las le-
siones por traumatismo cerrado son raras (aproximadamente el 4%).

Las heridas diafragmáticas deben sospecharse cuando las lesiones externas se encuentran
por debajo del 5º espacio intercostal en la parte anterior del tórax o del 7º espacio intercostal en
la espalda. También hay que tener en cuenta que una herida en el epigastrio o en el abdomen
superior puede penetrar hacia arriba produciendo perforación del diafragma. En el caso de las
lesiones penetrantes las roturas suelen ser pequeñas y sin herniación inicial de vísceras abdomi-
nales a la cavidad torácica.

Las heridas diafragmáticas también pueden producirse por aumento de la presión intraabdo-
minal. La rotura diafragmática tras traumatismo cerrado se sitúa, característicamente, en la zona
posterior del hemidiafragma izquierdo, con paso de vísceras abdominales al tórax (estómago,
bazo, hígado, asas intestinales). El hemidiafragma derecho es menos susceptible de lesionarse
porque se encuentra protegido por el hígado.

Habitualmente, estas lesiones están asociadas a otras importantes lesiones abdominales, pél-
vicas y torácicas.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

• Clínica
Si la lesión es pequeña, puede cursar sin síntomas. En caso contrario, las manifestaciones
clínicas incluyen signos y síntomas respiratorios y digestivos (menos frecuentes porque su
aparición es tardía) como disnea más o menos intensa (a la auscultación suele haber hipofo-
nesis), insuficiencia respiratoria, enfisema subcutáneo, herida soplante en el abdomen, aus-
cultación de ruidos hidroaéreos en el tórax, dolor epigástrico o subcostal, posible matidez en
la percusión, abdomen con aspecto excavado, palpitaciones, bajo gasto severo, náuseas, vó-
mitos, hematemesis, abdomen agudo, etc. Pueden pasar desapercibidas, especialmente si el
paciente se somete a ventilación mecánica.

• Diagnóstico
En el diagnóstico es fundamental la sospecha clínica, ya que muchos pacientes se diagnosti-
can tardíamente.
La radiografía simple, la ecografía y el TAC son poco sensibles para el diagnóstico. Los estu-
dios con contraste son más útiles, siendo la RMN la técnica de elección.
Con frecuencia, el diagnóstico se realiza durante una laparotomía por otras causas.

• Tratamiento
A nivel prehospitario trataremos las complicaciones inmediatas, que suelen ser respiratorias.
Aunque en España se utiliza muy poco en extrahospitalaria, el pantalón antishock debe ser
utilizado con precaución en esta patología, sobre todo el segmento abdominal, porque puede
agravar el cuadro.
El tratamiento es quirúrgico y consistirá en la reparación precoz, para prevenir la necrosis de
una víscera herniada y/o la severa afectación cardiorrespiratoria
Toda herida del diafragma izquierdo (independientemente del tamaño, localización, lesiones
asociadas, etc) requiere tratamiento quirúrgico, porque la presión negativa intrapleural y la pre-
sión positiva intraabdominal ejercen un flujo constante hacia el tórax que hace que las vísceras
se hernien, tarde o temprano, hacia la cavidad torácica.
En las heridas del diafragma derecho el tratamiento depende de la localización. Si la herida
es posterior la interposición del hígado impide la hernia.

14. TRAUMATISMO ESOFÁGICO


La rotura esofágica es muy poco frecuente. Casi siempre se encuentra asociada a traumatis-
mos penetrantes cervicales o torácicos y/o maniobras yatrogénicas durante el tratamiento; pero
también se puede producir por un golpe severo en el abdomen superior.

• Clínica
Puede ser asintomático al principio, pero desarrolla posteriormente un cuadro clínico de me-
diastinitis aguda. Debemos sospecharlo ante dolor torácico irradiado a cuello o epigastrio, dis-
nea, disfagia, fiebre, enfisema mediastínico y/o cervical, neumomediastino posterior,
neumotórax o hemotórax izquierdo, aparición de contenido intestinal por el tubo pleural, de-
rrame pleural, shock desproporcionado a la lesión aparente, etc.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

• Diagnóstico
El diagnóstico se realiza por endoscopia o por estudios radiológicos con contraste.

• Tratamiento
Tras la valoración y estabilización del paciente, el tratamiento consistirá en atender a la clínica
que presente el paciente.
El tratamiento hospitalario se basa en antibioterapia de amplio espectro, fluidoterapia y en oca-
siones reparación quirúrgica, pudiendo realizar una derivación de los segmentos esofágicos
proximal y distal a la lesión al exterior.

15. FRACTURAS COSTALES


Las fracturas costales son la lesión de pared torácica más frecuente en adultos, estando pre-
sente en el 36-85% de los traumatismos torácicos cerrados y ocasionalmente en los traumatismos
penetrantes.

Los factores que influirán en el grado de la lesión son la fuerza, el lugar, la dirección y distri-
bución del impacto. Esto determina el número de fracturas, el grado de desplazamiento y la aso-
ciación con otras lesiones torácicas.

La presencia de fracturas costales múltiples en un paciente joven implica una mayor transfe-
rencia de energía que en un paciente adulto.

Las fracturas simples raramente ponen en peligro la vida del paciente, pero las lesiones de
las estructuras subyacentes pueden resultar mortales.

• Fisiopatología:
El desplazamiento de los fragmentos óseos puede producir lesiones en la pleura parietal y vis-
ceral, parénquima pulmonar, vasos intercostales, grandes vasos, órganos intratorácicos, etc,
con el consiguiente hemotórax, neumotórax, contusión pulmonar, etc.

• Tipos de fracturas:
- Superiores. Las fracturas de la 1ª y/o 2ª costilla precisan una gran violencia (la 1ª es corta,
robusta y muy protegida). Se asocian a lesiones extratorácicas severas (vasculares, maxi-
lofaciales o neurológicas) y lesiones de aorta, troncos supraaorticos y del árbol traqueo-
bronquial, fracturas cervicales y dorsales.
- Medias. Las fracturas de la 3ª a la 7ª costilla son las más frecuentes. Se asocian a hemo-
neumotórax simple, enfisema subcutáneo, laceraciones del parénquima pulmonar con he-
motórax masivo y/o neumotórax a tensión.
- Inferiores. Las fracturas de la 7ª a la 10ª costilla son poco frecuentes. Se asocian a lesiones
hepáticas, esplénicas o renales y desgarros diafragmáticos. Los arcos posteriores son los
más afectados.

• Clínica:
Dolor, que se acentúa con la inspiración profunda, con los movimientos o al presionar sobre la

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

costilla fracturada, crepitación a la palpación y grado variable de insuficiencia respiratoria en


relación al dolor.

• Diagnostico:
El diagnóstico de presunción a veces es clínico, pero se diagnostica con una radiografía simple
de tórax.

• Tratamiento:
El pronóstico lo determinan las lesiones asociadas.
Si existe una fractura aislada de una o pocas costillas el tratamiento consiste en medidas de
soporte, control del dolor con analgesia con AINES (evitando la analgesia con opioides sisté-
micos ya que pueden producir depresión ventilatoria y de la tos), mantener la hidratación para
fluidificar las secreciones y fisioterapia respiratoria10. La analgesia regional, a través de bloqueo
intercostal, extrapleural o con analgesia epidural, se ha mostrado eficaz en la mejoría de la
mecánica respiratoria. El uso de estos métodos de analgesia regional deben ser especialmente
considerados en caso de pacientes con múltiples fracturas, edad avanzada o enfermedad pul-
monar subyacente.
Los vendajes compresivos y la fijación externa están contraindicados porque favorecen la hi-
poventilación.

16. FRACTURA DE ESTERNÓN


La fractura de este hueso es infrecuente por su enorme robustez, por lo que su presencia nos
indica un impacto de gran violencia.

Se asocia en muchas ocasiones a lesión cardiovascular (contusión miocárdica, limitación de


movimiento de la parte anterior del corazón), contusión pulmonar, rotura de aorta y traqueobron-
quiales. En el 40% de los casos se asocia a fracturas costales.

Normalmente se producen por golpe directo.

Son habitualmente transversales. Si son transversales e inestables presentan inestabilidad


significativa de la pared torácica y suelen requerir soporte ventilatorio.

La luxación posterior esternoclavicular puede provocar un desplazamiento de la cabeza clavi-


cular hacia el mediastino, causando una obstrucción de la vena cava superior.

• Clínica
Puede estar ausente o presentar hematoma, deformidad, crepitación y dolor en zona esternal.

• Diagnóstico
El diagnóstico se realiza mediante radiografía lateral de tórax.
El diagnostico de complicación cardiaca es obligado, realizando ECG, CPK-MB, ecocardio-
grama, etc.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

• Tratamiento
El tratamiento debe centrarse en las lesiones asociadas.
La fractura aislada de esternón se trata con analgesia (principalmente intravenosa pero puede
realizarse también infiltración anestésica del foco de fractura), reposo y fisioterapia respirato-
ria.
La reducción quirúrgica raramente es necesaria, quedando reservada para aquellos casos de
deformidad severa.

17. LESIONES SUPERFICIALES DE LA PARED TORÁCICA


17.1 Hematomas torácicos

Los hematomas torácicos suelen ser visibles, muy llamativos y molestos durante los prime-
ros días posteriores al traumatismo, pero normalmente no implican alteración funcional res-
piratoria, y, por lo tanto, el pronóstico es leve y no necesitan tratamiento. Casi siempre se
producen por contusión torácica.

17.2 Heridas superficiales de la pared torácica

Las heridas de la pared torácica pueden ser superficiales, afectando tan solo a las partes
blandas. Pueden ser más o menos extensas y habitualmente no revisten gravedad. El tra-
tamiento será la limpieza quirúrgica y sutura si es necesario.

Las heridas penetrantes de la pared torácica, por el contrario, suelen ser importantes en la
medida que interesen a las estructuras subyacentes: pleura, pulmón, grandes vías aéreas,
corazón y grandes vasos. En estos casos, siempre son lesiones de gravedad y requieren
tratamiento quirúrgico reglado.

18. OTROS CUADROS DE TRAUMATISMO TORÁCICO


18.1 Embolia gaseosa

Lesión común en los traumatismos torácicos penetrantes, pero en ocasiones puede produ-
cirse en los traumatismos contusos (onda expansiva). Indica la existencia de una fístula
bronco- venosa.

Debe sospecharse en: traumatismo penetrante y signos neurológicos focales sin lesión
obvia craneal, colapso vascular súbito tras instaurar ventilación mecánica o extracción de
espuma con sangre del enfermo (pronóstico infausto).

El tratamiento consiste en toracotomía para reparar la lesión y oxigenoterapia hiperbárica.

503
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

18.2 Asfixia traumática

El término no es correcto, ya que no se trata de una asfixia propiamente dicha.

Se observa en el enfermo que ha sufrido un aplastamiento en tórax y abdomen.

Se caracteriza por petequias y tinte rojizo intenso o azulado en cara, cuello, hombros y
parte superior del tórax. También se observa distensión yugular y edema masivo, incluso
cerebral, y hemorragia en las conjuntivas.

Se debe a la elevada presión venosa que fuerza la salida de sangre al tejido intersticial, al
lado derecho del corazón y a las venas de la parte superior del tórax y el cuello. La presión
se transmite a los capilares del encéfalo, la cabeza y el cuello, y provoca microrroturas vas-
culares. Como consecuencia de la extravasación de hematíes en el cerebro y pulmones,
pueden aparecer trastornos neurológicos y/o ventilatorios.

El tratamiento esencial consiste en una temprana asistencia ventilatoria. Hay que tener en
cuenta que se producen muchas lesiones asociadas. El color cede a los pocos días.

19. INDICACIÓN DE TORACOTOMÍA


La toracotomía se intentará limitar al medio hospitalario y realizada por personal especiali-
zado. Se tendrá en cuenta para un traslado emergente a centro útil ante la sospecha o evidencia
de:
• Traumatismo Penetrante
• Taponamiento Cardiaco
• Rotura de Arco Aórtico
• Hemotórax Masivo
• Perforación o Rotura de Esófago
• Perforación o Rotura de Tráquea y Bronquios Principales
• Rotura Diafragmática (abordaje abdominal)
• Gran Destrucción de la Pared Torácica

20.- CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN LA URGENCIA


EXTRAHOSPITALARIA ANTE UN PACIENTE
CON TRAUMATISMO TORÁCICO

Se debe realizar de forma previa una valoración de la escena, atendiendo especialmente a


los potenciales riesgos tanto para el equipo, como para el paciente, para poder aplicar las medidas
de protección activa y pasiva oportunas. Deberemos prestar atención especial al mecanismo le-
sional, ya que va a ser de gran ayuda para la identificación de la gravedad de las lesiones.

504
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

Intentar mantener una visión global de la situación, evitando la visión en túnel.

Realizar una valoración inicial (ABCDE), prestando atención a la vía aérea en todo momento,
ya que es prioritaria. Recordar que nos encontramos ante un paciente politraumatizado, por lo
que el punto A de la valoración inicial incluye control cervical.

Desde el punto de vista de la enfermería, la valoración inicial consistirá en una toma de cons-
tantes vitales burda, como estimación de la frecuencia cardíaca (bradicardia, taquicardia, etc),
estimación de la frecuencia respiratoria (taquipnea, bradipnea, disnea intensa, etc), estimación
de la tensión arterial (presencia de pulso radial, femoral y/o carotídeo), etc., así como detectar la
presencia de hemorragias importantes para su control inmediato.

Si durante la valoración primaria se detecta algún problema que amenaza la vida del paciente
hay que iniciar rápidamente la estabilización de las funciones vitales. Para ello, se valorará la per-
meabilidad de la vía aérea (realizando intubación precoz si es necesario), se administrará oxígeno
a alto flujo para obtener una saturación de oxígeno mayor del 95%, se canalizará una vía venosa
y se administrará líquidos, medicación y analgesia según las necesidades del paciente. Los tres
pilares farmacológicos del traumatismo torácico son la sedación-relajación-analgesia.

Durante la valoración primaria hay que detectar y corregir las lesiones torácicas con grave
riesgo de muerte, como neumotórax a tensión, taponamiento cardíaco, hemotórax masivo, volet
costal, etc. Si se detecta alguna de estas lesiones, hay que corregirla inmediatamente, siendo
nuestra función la preparación del paciente y la ayuda al médico durante la técnica.

La enfermera debe informar y explicar al paciente los pasos que se seguirán para realizar la
atención, disminuyendo su temor en la medida de lo posible.

Desde este primer momento, la enfermera debe crear una relación empática con el paciente.
Para ello no hay nada mejor que hablarle por su nombre, permitirle expresar sus sentimientos,
realizar un contacto visual continuo, velar por su seguridad y comodidad, contribuir a la preser-
vación de su intimidad, etc.

Si el paciente se encuentra inconsciente, la labor fundamental de la enfermera será suplir las


necesidades del paciente, teniendo aún más cuidado en evitar que se lesione, que se comprometa
su intimidad, etc.

Tras la valoración inicial, se procederá a la inmovilización y movilización del paciente.

Una vez que el paciente se encuentra en la cabina asistencial, habrá que realizar una revalo-
ración primaria, ya que se puede producir un gran cambio en la situación clínica del paciente.
Hay que realizar una toma de constantes vitales completa, ECG continuo, capnografía, etc (si no
se había establecido antes). En relación al traumatismo torácico hay que prestar atención a la
correcta ventilación y oxigenación.

Durante la valoración secundaria se debe realizar una exploración detallada de la persona,


para detectar otras posibles lesiones que pueda presentar. Siempre hay que realizar inspección,
palpación y auscultación en busca de lesiones como enfisema subcutáneo, deformidades, frac-
turas, posición de la tráquea, hipoventilaciones, percusión buscando matidez o timpanismo, color,
ingurgitación yugular, etc.

Durante esta valoración secundaria se pueden detectar diversas lesiones torácicas, algunas
de las cuales pueden resultar potencialmente mortales para el paciente, por lo que se procederá

505
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

a su tratamiento, en la medida de lo posible.

Los tres problemas fundamentales en el tratamiento del trauma torácico son: hipoxia, shock y
dolor.

Una vez que se ha realizado esta valoración, es imprescindible tapar al paciente para evitar la
hipotermia, muy frecuente en los pacientes politraumatizados, y para preservar su intimidad.

Llevar el paciente a un centro útil según sus lesiones.

Evacuar inmediatamente al paciente ante:


• Obstrucción de la vía aérea que no se resuelven con medios mecánicos sencillos.
• Heridas torácicas penetrantes.
• Volet costal.
• Neumotórax a tensión.
• Trauma torácico cerrado.
• PCR traumática.

Antes de iniciar el traslado, hay que explicarle las incomodidades inherentes al mismo, como
ruido de sirenas, badenes del camino, etc. Este punto es muy importante si el traslado va a ser
aéreo, ya que en muchos casos puede ser la primera vez que vuela, hay que indicarle la forma
de comunicación no verbal que se puede emplear, la necesidad del uso de cascos para disminuir
el ruido intenso, etc., y además, las personas suelen asociar este tipo de traslado a una gran gra-
vedad.

Durante el traslado, reevaluar constantemente la situación hemodinámica del paciente, vigi-


lando la aparición de nuevos signos o lesiones que puedan comprometer la vida a corto plazo.
Hay que anticiparse a posibles complicaciones.

También habrá que vigilar el confort del paciente. Pequeños gestos como colocarle los brazos
en una posición cómoda, evitar que la mascarilla de oxígeno le golpee en los ojos, preguntarle
por la calefacción de la cabina asistencial, etc., hacen que el paciente se encuentre más a gusto
en un medio totalmente hostil para él y le ayudan a comprobar que alguien se preocupa por él y
sus necesidades.

Si la persona realiza alguna pregunta “comprometida” sobre su estado de salud o de otras per-
sonas presentes en el accidente nunca se le debe mentir. Habrá que valorar qué verdad se le
puede contestar para que pueda iniciar un duelo funcional.

Para una asistencia adecuada e integral es imprescindible registrar la valoración obtenida,


todas las acciones que se han realizado, etc. Hay que registrar en el correspondiente informe de
enfermería el mecanismo lesional, la valoración inicial realizada, las lesiones observadas, la evo-
lución que ha seguido, etc.

La transferencia en el hospital tiene que ser tanto oral como escrita, para evitar la pérdida de
información. Si el paciente está crítico, la información oral se debe centrar en las lesiones que
están amenazando la vida del paciente, y dar por escrito el resto de la información. Si el paciente
se encuentra estable, la información verbal puede ser más detallada.

506
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

En todo caso, hay que conseguir que los cuidados iniciados en extrahospitalaria se mantengan
y mejoren en el hospital. Para que la transferencia al hospital no sea muy traumática para el pa-
ciente, puede ser bueno presentarle a la enfermera que le va a atender en un primer momento,
informarle de cuales van a ser los siguientes pasos, donde se queda su ropa y documentación,
si están o no avisados sus familiares, etc.

20.1 Diagnósticos de enfermería


En cualquier Manual de Enfermería no deben faltar los planes de cuidados específicos de
nuestra profesión, aunque en la actualidad su uso no está muy extendido en urgencias ex-
trahospitalarias. Por ello, vamos a citar, a modo de ejemplo, una serie de diagnósticos en-
fermeros17 que puede presentar un paciente con traumatismo torácico, así como
intervenciones18 y criterios de resultados que puede realizar el enfermero en el medio ex-
trahospitalario. Por supuesto, este plan de cuidados se debe adaptar a la valoración indivi-
dual que se haya realizado del paciente, ya que pueden ser útiles algunos, todos, o incluso
ninguno de los diagnósticos citados dependiendo de, por ejemplo, el estado actual del pa-
ciente (riesgo vital inminente, traumatismo leve,...), mecanismo lesional (accidente de tráfico,
violencia de género, intento de autolisis,...), antecedentes médicos del paciente, problemá-
tica socio-familiar, etc. Por ello, no se puede detallar el factor relacionado (causa) y los datos
objetivos y subjetivos correspondientes.
• Ansiedad.
• Riesgo de asfixia.
• Riesgo de aspiración.
• Deterioro de la comunicación verbal.
• Confusión aguda.
• Dolor agudo.
• Síndrome de estrés del traslado.
• Disminución del gasto cardiaco.
• Riesgo de déficit de volumen de líquidos.
• Hipotermia.
• Trastorno de la identidad personal.
• Trastorno de la imagen corporal.
• Riesgo de infección.
• Deterioro del intercambio gaseoso.
• Deterioro de la integridad cutánea.
• Deterioro de la integridad tisular.
• Riesgo de lesión.
• Protección inefectiva.
• Limpieza ineficaz de las vías aéreas.
• Deterioro de la movilidad física.
• Náuseas.
• Patrón respiratorio ineficaz.
• Deterioro de la respiración espontánea.
• Trastorno de la percepción sensorial (visual, auditiva, cinestésica, gustitiva, táctil, olfato-
ria).
• Perfusión tisular inefectiva (renal, cerebral, cardiopulmonar, gastrointestinal, periférica).
• Síndrome postraumático.

507
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

• Temor.
• Riesgo de desequilibrio de la temperatura corporal.

20.2 Intervenciones NIC-CIE


• Acuerdo con el paciente.
• Administración de analgésicos.
• Administración de medicación: intravenosa (IV).
• Apoyo emocional.
• Aspiración de las vías aéreas.
• Ayuda a la ventilación.
• Colaboración con el médico.
• Contacto.
• Control de hemorragias.
• Control de infecciones.
• Cuidados del drenaje torácico.
• Cuidados en la emergencia.
• Declarar la verdad al paciente.
• Desarrollo de situación crítica.
• Disminución de la ansiedad.
• Disminución de la hemorragia: heridas.
• Documentación.
• Escucha activa.
• Inmovilización.
• Intubación y estabilización de vías aéreas.
• Manejo ambiental: confort.
• Manejo de ácido-base.
• Manejo de electrolitos.
• Manejo de la hipovolemia.
• Manejo de la tecnología.
• Manejo de las vías aéreas.
• Manejo de líquidos.
• Manejo de líquidos/electrolitos.
• Manejo del dolor.
• Manejo del shock.
• Monitorización de los signos vitales.
• Oxigenoterapia.
• Precauciones cardíacas.
• Precauciones circulatorias.
• Precauciones con hemorragias.
• Precauciones para evitar la aspiración.
• Prevención del shock.
• Protección contra las infecciones.
• Protección de los derechos del paciente.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.7 Traumatismo torácico

• Transporte.
• Ventilación mecánica.

20.3 Objetivos NOC-CRE


• Bienestar.
• Conocimiento: asistencia médica.
• Conocimiento: procedimientos terapéuticos.
• Conocimiento: proceso de la enfermedad.
• Control de la ansiedad.
• Control de la aspiración.
• Control del dolor.
• Control del miedo.
• Control del riesgo.
• Equilibrio electrolítico y ácido-básico.
• Estado circulatorio.
• Estado de los signos vitales.
• Estado respiratorio: intercambio gaseoso.
• Estado respiratorio: permeabilidad de las vías respiratorias.
• Estado respiratorio: ventilación.
• Nivel de comodidad.
• Nivel de sufrimiento.
• Nivel del dolor.
• Perfusión tisular: pulmonar.
• Respuesta a la medicación.

21. RESUMEN
El traumatismo torácico es aquel en el que se lesiona o altera alguna de las estructuras del
tórax. Estas lesiones pueden presentar implicación directa en el pronóstico vital del paciente con
una elevada incidencia.

La hipoxia es la característica más grave y el objetivo de las intervenciones está dirigido a im-
pedir o corregir su aparición.

Dentro de los distintos tipos de lesiones que podemos encontrar, las de mayor importancia
son las que amenazan la vida del paciente (obstrucción de la vía aérea, neumotórax a tensión,
neumotórax abierto, hemotórax masivo, volet costal, taponamiento cardiaco y contusión pulmonar
grave bilateral). Debemos reconocerlas y proceder a la estabilización de las funciones vitales del
paciente durante la valoración primaria con la mayor rapidez posible con maniobras como per-
meabilización de la vía aérea, aporte de oxígeno y canalización de vía venosa. Los tres pilares
farmacológicos serán sedación-relajación-analgesia.

Además debemos conocer otras lesiones que se pueden presentar puesto que algunas de
ellas son potencialmente letales.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.7 Traumatismo torácico

Una vez estabilizado el paciente debe ser trasladado, del mejor modo posible, a un centro útil
en función de las lesiones que presenta.

Del mismo modo, habrá que realizar una correcta transferencia, registro e información tanto a
los compañeros, familiares y/o al propio paciente.

22. BIBLIOGRAFÍA

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2. Olaciregui Echenique I, Rezola Arcelus E, J. Landa Maya J, Muñoz Bernal JA. Traumatismo torácico, neumotórax,
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diagnóstico terapéuticos: Neumología. San Sebastián; 2009 [acceso 16 de mayo de 2012] Disponible en:
[Link]/protocolos/neumologia/[Link]
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4. Arredondo López B, Garrido Miranda, JM. Traumatismo torácico. En Garrido Miranda JM. Atención al politrauma-
tizado. Tercera Edición. Jaén: Ed. Formación continuada Logoss; 2000. p. 255-281
5. Arrabal Sánchez R, Moreno Sánchez A, Mesa Cruz P. Traumatismo torácico. [monográfico en internet] Málaga [ac-
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7. ATLS. Soporte vital avanzado en trauma para médicos. Manual del curso para estudiantes. Octava edición. Chi-
cago: Colegio Americano de Cirujanos Comité de trauma; 2009.
8. Rodríguez, JC. El traumatizado en urgencias. Ediciones Díaz de Santos: Madrid; 2000
9. Irwin RS, Rippe JM. Medicina intensiva. Madrid: Ed. Marbán libros; 2006
10. PHTLS. Soporte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario. Septima edición. Barcelona: Ed. Elsevier;
2012.
11. Reichman EF. Simon RR. Urgencias y emergencias de bolsillo. Madrid: Ed Marban libros;2007.
12. Manual de Procedimientos SAMUR; 2012
13. Seco Olmedo I, Rabanal Llevot JM, Quesada Suescun A, del Molar Vicente-Mazariegos. Toracocentesis y drenaje
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14. Martín de Santos García Consuegra MA. Traumatismo torácico. En Fernández Ayuso D, Aparicio Santos J, Pérez
Olmo JL, Serrano Moraza A. Manual de enfermería en emergencia prehospitalaria y rescate. Segunda edición.
Madrid: Ed Arán; 2008. p. 457-474
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Jiménez MS, Ayuso Baptista F. Fundamentos básicos de anestesia y reanimación de urgencias, Emergencias y
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17. Luis, MT. Diagnósticos enfermeros. Un instrumento para la práctica asistencial. Tercera Edición. Ed Harcourt Brace:
Madrid;1998
18. García Hernández AM. NANDA. North American Nursing Diagnosis Association. Desde su nacimiento hasta nues-
tros días. Revista de Enfermería ENE [revista en internet] 2007 agosto [acceso 17 de Mayo de 2012]. Disponible
en:[Link]/.../ENE-RevistaDeEnfermeria-Num-0-agosto2007pags-17-36. pdf .

510
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario


AUTORES: Javier Rincón de la Cruz, Esther Martínez Martín, Emiliana Rodríguez Franco
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

ÍNDICE:
1.- Objetivos.

2.- Introducción.

3.- Anatomía.

4.- Clasificación.

5.- Etiopatogenia. Fisiopatología.


5.1 Traumatismo abdominal abierto.
5.1.1 Traumatismos causados por arma de fuego.
5.1.2 Traumatismos causados por arma blanca.
5.1.3 Objetos empalados.
5.1.4 Evisceración.
5.2 Traumatismo abdominal cerrado.
5.3 Traumatismos de la pelvis y aparato genitourinario.

6.- Valoración y manejo del paciente con traumatismo abdominal,


pélvico y genitourinario. Cuidados de enfermería.

7.- Diagnósticos de enfermería.

8.- Resumen.

9.- Bibliografía.

512
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

1.- OBJETIVOS
• Reconocer los signos y síntomas más importantes en la valoración del paciente con trauma
abdominal.

• Identificar con una rápida y completa valoración los signos y síntomas relacionados con la ne-
cesidad de cirugía inmediata.

• Adquirir los conocimientos necesarios para identificar el tipo de traumatismo abdominal (las
posibles complicaciones que puedan aparecer y su manejo en enfermería).

• Aprender a proporcionar la tranquilidad, apoyo y cuidados necesarios al paciente, tanto a nivel


físico como psicológico, que permitan su estabilización hemodinámica y psicológica, así como
la llegada a un centro útil de manera rápida y segura.

2.- INTRODUCCIÓN
La evaluación del traumatismo abdominal representa un reto para el profesional de urgencias
extrahospitalarias, debido a la dificultad que entraña realizar un diagnóstico certero, unido a la
elevada mortalidad previsible que presenta este tipo de lesiones (1).

Se entiende por traumatismo abdominal aquellas lesiones que son producidas por un agente
externo sobre el abdomen, pudiendo causar daño tanto a órganos como tejidos contenidos en él.
Su pronóstico está determinado por la rápida detección de las lesiones, así como el control de
las hemorragias y la prevención de contaminación de la cavidad peritoneal(2).

Es por este motivo, que el profesional debe prestar especial atención a la valoración inicial y
secundaria, realizar una correcta estabilización hemodinámica, y trasladar a un centro sanitario
de forma precoz, ya que el tratamiento definitivo de las lesiones será quirúrgico en la mayoría de
los casos (3,4).

El traslado de este tipo de pacientes se debe realizar a un centro útil que asegure un trata-
miento quirúrgico definitivo, cursando además un preaviso hospitalario, lo que reduce de forma
significativa el tiempo quirúrgico. De esta forma se podrán ir acortando tiempos para el tratamiento
quirúrgico definitivo, que pueda requerir las potenciales lesiones que presente el paciente.

El trauma abdominal se debe considerar en el contexto general del paciente politraumatizado


. Por las características anatomo-fisiológicas del abdomen, se pueden producir lesiones que
(5)

pasen inadvertidas en el medio prehospitalario, pero sus complicaciones causan una elevada
mortalidad (6-8).

Las principales causas del traumatismo abdominal son los accidentes de tráfico, laborales y
las agresiones por arma blanca. Aunque en los últimos años la población se ha concienciado de
la importancia de la utilización del cinturón de seguridad, su uso indebido puede causar lesiones
abdominales importantes (9).

513
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

3.- ANATOMÍA
El abdomen está delimitado por la parte inferior del diafragma (aunque está enmarcado en el
tórax, cobra especial importancia en el traumatismo abdominal), la pared abdominal anterior, es-
palda y pelvis. Está protegido por la parte inferior de la parrilla costal, los músculos abdominales,
la columna vertebral, los músculos paravertebrales y la pelvis. Alberga los órganos principales
del aparato digestivo, endocrino y genitourinario, así como los vasos sanguíneos más importantes
del sistema circulatorio.

Desde el punto de vista clínico, se puede dividir en:

• Cavidad peritoneal: denominada también cavidad verdadera. Ésta, a su vez, se puede sub-
dividir en cavidad peritoneal superior e inferior. La primera alberga el hígado, bazo, estó-
mago y colon transverso. Está protegida por la parte baja de la parrilla costal. La cavidad
peritoneal inferior contiene el colon ascendente, descendente, sigma e intestino delgado.

• Cavidad o espacio retroperitoneal: contiene los vasos sanguíneos principales, como la aorta
descendente y la vena cava inferior; el páncreas, riñones, uréteres y gran parte del duodeno.
El traumatismo localizado en este espacio cobra especial importancia en la valoración inicial,
ya que los signos y síntomas precoces pueden pasar desapercibidos.

• Cavidad pélvica: contiene la zona más baja del espacio retroperitoneal. Contiene los órga-
nos reproductores femeninos (de forma externa los masculinos), vasos ilíacos, vejiga y
recto.

Para facilitar la valoración abdominal, se puede dividir en cuatro cuadrantes, trazando dos lí-
neas imaginarias, una transversal al eje vertebral, a la altura del ombligo; y otra sagital, desde el
apéndice xifoides hasta la sínfisis del pubis (Figura I)

División cuatro cuadrantes. Figura I

Existe otra división tradicional, definiendo nueve regiones con dos líneas transversas y dos
parasagitales, quedando cada cuadrante con una denominación: hipocondrio derecho, epigastrio,
hipocondrio izquierdo, flanco derecho, mesogastrio, flanco izquierdo, fosa ilíaca derecha, hipo-
gastrio y fosa ilíaca izquierda (10) (Figura II).

514
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

División nueve cuadrantes. Figura II

4.- CLASIFICACIÓN
Según existencia de solución de continuidad, se puede clasificar en:

• Traumatismo abdominal cerrado. No existe solución de continuidad en la pared abdominal. Las


lesiones se producen en los órganos internos, principalmente por movimientos de aceleración
/desaceleración bruscos o aumentos significativos de la presión abdominal (contusiones).

• Traumatismo abdominal abierto. La pared abdominal no se encuentra intacta. Se puede sub-


dividir en traumatismo abierto penetrante (el agente causal penetra en la cavidad abdominal)
y traumatismo abierto no penetrante (el agente causal no supera el peritoneo parietal).

5.- ETIOPATOGENIA Y FISIOPATOLOGÍA


Según diversos estudios la incidencia de los traumatismos cerrados supone el 80-90% de los
casos, siendo la causa más frecuente los accidentes de tráfico, llegando al 68%. Las lesiones
más frecuentes son en el bazo (50-60%), en el hígado (34%) y en el intestino delgado (5-15%).

La incidencia de los traumatismos abiertos es menor, supone entre el 10-20% de los casos y
son producidos por arma blanca (60%), por arma de fuego un 20% y el resto se producen por
asta de toro, empalamientos, etc. Las lesiones que suelen producirse son en el intestino delgado
(30-50%), en el hígado (24%) y en el bazo (14%).

5.1 Traumatismo abdominal abierto

Se clasifica según el agente causal, y teniendo en cuenta que supere o no la cavidad ab-
dominal. Este tipo de traumatismos laceran o cortan los órganos afectados, según el tipo

515
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

de agente causal. El traumatismo penetrante es cada vez más frecuente debido al aumento
de violencia en nuestra sociedad. En España son más frecuentes las lesiones producidas
por arma blanca que por arma de fuego (11,12).

El daño causado dependerá del arma utilizada, ya sea de baja, media o alta energía. Las
de baja energía son las armas blancas utilizadas con la mano, tales como un cuchillo o una
navaja, mientras que se consideran de media y alta energía las armas de fuego, tales como
pistolas, rifles y escopetas.

Debido a las características anatómicas de la cavidad toraco-abdominal, los órganos sus-


ceptibles de dañarse dependen del momento del ciclo respiratorio en que se produzca la
lesión. En la inspiración máxima los pulmones se encuentran completamente distendidos y
el diafragma desplaza fuera de la parrilla costal los órganos alojados en su interior, dejando
más expuestos al hígado y bazo; por el contrario en la espiración máxima dichos órganos
adquieren mayor protección gracias a la parrilla costal, pudiendo subir el diafragma en una
espiración forzada hasta el 4º espacio intercostal.

5.1.1 Traumatismos causados por arma de fuego

Las heridas causadas por arma de fuego son más lesivas que las causadas por arma
blanca, y la mayoría de ellas precisan tratamiento quirúrgico. Los proyectiles lanzados
por un arma de fuego causan diversas lesiones a su paso por el cuerpo, produciendo
cavitaciones. En primer lugar aparece una cavidad temporal, que acompaña al pro-
yectil en su penetración. La capacidad de causar lesiones depende del tejido despla-
zado, produciendo con frecuencia mayor lesión en hígado y bazo. En segunda
instancia se produce una cavidad permanente, que es el trayecto de la herida y se
corresponde con el desgarro tisular.

Se debe buscar la existencia de orificio de entrada y de salida. Suele producirse un


orificio de entrada por cada proyectil, a no ser que rebote y se fragmente; acostumbran
ser más pequeños o iguales que el calibre de la bala, y su forma depende de la posi-
ción del arma, siendo redondo o en forma de estrella cuando el disparo es perpendi-
cular a media distancia o a bocajarro y semilunar si la penetración se produce de
forma tangencial y oblicua. En cuanto al orificio de salida, normalmente presentan un
tamaño e irregularidad mayores al de entrada. Esto se debe a que el proyectil en su
recorrido por el interior del cuerpo rota sobre su eje, se deforma por los múltiples im-
pactos contra los tejidos biológicos y arrastra parte de ellos. En la mayoría de los
casos también es único, pero existen mas probabilidades de que se fragmente en el
interior saliendo todos o parte de dichos fragmentos. Superficialmente el orificio es
irregular y de labios evertidos (13, 14). La localización del orificio de entrada y salida ayu-
dará a sospechar los órganos afectados por la trayectoria del proyectil, según el re-
corrido que haya podido seguir.

Es interesante recabar el mayor número de datos posible acerca del tipo de arma uti-
lizada (pistola, rifle, escopeta de posta o perdigones,…), la distancia del arma, número
de disparos, contexto en que se ha producido y la posición del paciente, ya que orien-
tará a determinar la gravedad de la lesión.

En el medio extrahospitalario resulta difícil identificar con exactitud los órganos afec-
tados, lo realmente importante es reconocer que tanto vísceras, como grandes vasos,
pueden ser causantes del compromiso vital secundario a un shock hipovolémico; ór-
ganos como el hígado o bazo y vasos como la aorta o la cava pueden producir pérdi-

516
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

das hemáticas importantes. Debido a la existencia de órganos huecos, como los in-
testinos, vesícula biliar o vejiga, pueden verter su contenido hacia la cavidad peritoneal
o al espacio retroperitoneal, liberando en estos espacios su contenido, enzimas di-
gestivas y bacterias que pueden producir peritonitis (y de forma más tardía desembo-
car en una sepsis).

5.1.2 Traumatismos causados por arma blanca

En este tipo de traumatismos, es importante identificar el tipo de arma utilizado y la


trayectoria que ha seguido; así como conocer y averiguar si el arma blanca acaba en
punta o es romo, si es de sierra o liso, las dimensiones del mismo, la zona abdominal
afectada, el número de impactos recibidos y la posibilidad de movimiento del arma
una vez que ha penetrado (ya que puede presentar lesiones internas más graves,
que no se corresponden con lo que se observa). (15)

5.1.3 Objetos empalados

En el empalamiento el objeto permanece insertado en el abdomen de la víctima, bien


sean trozos de un vehículo accidentado, vallas, un cuchillo o cualquier objeto punzante
que no ha sido extraído.

En estos casos es de vital importancia no mover el objeto, ni extraerlo ya que el mismo


puede estar ejerciendo una acción compresora sobre los vasos que le rodean. El tra-
tamiento está encaminado a aplicar medidas que garanticen el estado hemodinámico
y a inmovilizar el objeto para su posterior retirada, utilizando para ello gasas y vendas
que lo fijen y sujeten al cuerpo de la víctima. No se debe hacer palpación abdominal,
ya que se podrían ocasionar más laceraciones en los tejidos. Su extracción se reali-
zará en un quirófano y con ayuda de los medios diagnósticos adecuados.

Hay que prestar soporte psicológico tranquilizando al paciente, para evitar movimien-
tos no deseados y que se pudiesen producir más lesiones.

5.1.4 Evisceración

Es la salida de vísceras al exterior, a través de una herida abdominal (Imagen 1).


Nunca se deben intentar reintroducir en el abdomen, la actuación en el medio pre-
hospitalario estará encaminada a garantizar que se mantenga húmedo para evitar la
necrosis del tejido, cubriendo las vísceras con compresas estériles empapadas en
solución salina estéril caliente, humedeciéndolas cada cierto tiempo.

Imagen 1

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

El tratamiento definitivo es quirúrgico, por lo que se debe trasladar al paciente a un


centro útil, sin olvidar dar al paciente apoyo psicológico, ya que es una situación en
la que puede estar afectado, y cualquier acción como llorar, toser o gritar puede oca-
sionar que salgan más órganos a través de la herida.

5.2.- Traumatismo abdominal cerrado

La valoración del trauma abdominal cerrado supone un gran reto para los profesionales de
emergencias prehospitalarias. Suponen una amenaza para la vida, y para la situación he-
modinámica del paciente, ya que se diagnostican con mayor dificultad que las asociadas a
traumatismos penetrantes o traumatismos abdominales abiertos; en nuestro medio, es más
frecuente que el trauma penetrante, produciendo más lesiones asociadas; está asociado a
una mayor mortalidad (16).

Las lesiones se suelen producir generalmente por fuerzas de compresión o cizallamiento.


En el primer caso, se producen habitualmente por la contusión o impacto con un objeto só-
lido, con gran intensidad. En el segundo caso, se producen fuerzas de desgarro, normal-
mente de órganos sólidos como el hígado, y vasos sanguíneos, provocando hemorragias
internas que pueden cursan con una gran inestabilidad hemodinámica. Se produce un au-
mento de la presión intraabdominal, que puede ocasionar el desplazamiento de órganos
internos, pudiendo causar la rotura de éstos, o compresión a otros órganos adyacentes, así
como presión a la cavidad torácica, provocando deterioro de la función respiratoria, y com-
prometiendo por doble partida la estabilidad hemodinámica del paciente.

Dada la dificultad que entraña diagnosticar este tipo de traumatismos, cobra especial im-
portancia conocer el mecanismo lesional, intentando recabar el mayor número de datos po-
sible para averiguar cómo se ha producido. Así, en el caso de encontrarse ante un accidente
de tráfico, será importante conocer si el impacto ha sido de gran, moderada o poca intensi-
dad; en qué asiento viajaba, para observar con qué objetos se ha podido golpear, si el vo-
lante está deformado, etc. Habrá que buscar signos de inestabilidad hemodinámica, tales
como shock sin tener causa aparente, signos o marcas del cinturón de seguridad, signos
peritoneales defensa involuntaria, hipersensibilidad a la percusión o la palpación, o ruidos
intestinales disminuidos o ausentes), o lesiones en partes blandas en abdomen, flancos o
espalda. La presencia de señal del cinturón de seguridad se relaciona con una incidencia
mayor de lesiones viscerales, en comparación con pacientes que no presentan la marca.

La exploración física tiene poco valor diagnóstico, pero habrá que buscar contusiones, abra-
siones o hematomas.

Dependiendo al tipo de lesión, se pueden clasificar en lesiones parietales y lesiones visce-


rales.

• Las lesiones parietales, generalmente no se asocian a compromiso vital. Se identifican


por hematomas, equimosis, roturas musculares y lesiones vasculares. De especial inte-
rés está la hernia diafragmática, debido a la necesidad de reparación urgente.

• Las lesiones viscerales, son de vital importancia, ya que condicionan la estabilidad he-
modinámica del paciente. Se pueden clasificar a su vez en víscera maciza (bazo, hígado,
páncreas), víscera hueca (intestino delgado, grueso, duodeno, vesícula biliar y vejiga) y
órganos de sostén. Aquí se podrían incluir las lesiones de grandes vasos, por la gravedad
que entrañan: vasos mesentéricos, porta, cava, suprahepática, ilíacas y tronco celíaco.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

Los órganos que se asocian a este tipo de lesiones son:

• Bazo: es el órgano que más frecuentemente se lesiona en el traumatismo cerrado. Se


asocia a trauma contuso y fracturas costales izquierdas bajas. Existen tres tipos de rotura
esplénica: traumática aguda, traumática diferida y espontánea.

• Hígado: es el segundo órgano más lesionado. La gravedad que entraña depende del
grado de afectación o lesión hepática, desde la aparición de pequeños hematomas sub-
capsulares, laceraciones en el parénquima a lesiones de las venas hepáticas. Es un ór-
gano muy revascularizado, por lo que su sangrado puede desembocar en una situación
de shock.

• Riñón: el mecanismo de producción más frecuente de la lesión es por contusión. Se debe


sospechar ante la fractura de las costillas inferiores o vértebras lumbares; las fuerzas de
desaceleración pueden lesionar la arteria renal, pudiendo llegar a ocasionar una necrosis
tubular renal aguda.

• Lesiones de vísceras huecas: se puede producir desgarro del intestino delgado por fuer-
zas de desaceleración con cizallamiento; lesiones vesicales por contusión; si la vejiga
se encontrase llena en el momento del traumatismo, podría protuir en la cavidad abdo-
minal causando una lesión mayor, y la orina alcanzar el abdomen. También pueden pro-
ducirse lesiones por estallido, debido a un aumento intenso de las fuerzas de presión.

• Diafragma: la lesión que se diagnostica con más frecuencia es la del hemidiafragma iz-
quierdo, aunque ambas mitades se pueden romper; debido a la situación anatómica que
presenta el hígado, el hemidiafragma derecho se encuentra más protegido. El trauma-
tismo de diafragma es de difícil diagnóstico, excepto cuando se presenta una clínica de
compromiso respiratorio debido a la herniación del contenido abdominal hacia la cavidad
torácica. En el medio prehospitalario, su diagnóstico se basará en forma de sospecha.
Se suele lesionar por elevaciones bruscas de la presión intraabdominal (17,18).

• Páncreas: la lesión traumática en el páncreas presenta una gran morbimortalidad. Suele


lesionarse por impactos y por compresión del epigastrio con la columna vertebral. Pre-
senta una escasa sintomatología, pero la manifestación clínica más frecuente es el shock
hemorrágico; es por ello, que es fundamental realizar una correcta valoración del meca-
nismo lesional (19).

5.3.- Traumatismos de la pelvis y aparato genitourinario

5.3.1 Traumatismos de la pelvis

La incidencia de las lesiones del anillo pélvico varían entre el 3-8%. Las fracturas pél-
vicas se asocian a una alta mortalidad que varía entre el 10-42%, dependiendo de la
severidad de las fracturas y de las lesiones asociadas. La alta mortalidad está rela-
cionada con el sangrado pélvico no controlado, en más del 40% de los casos (20).

Estas fracturas se producen por traumatismos de alta energía, lo que indica la gra-
vedad de la lesión; suelen estar asociadas a lesiones de estructuras viscerales, vas-
culares intraperitoneales y retroperitoneales. Se debe hacer una rápida valoración
para instaurar un tratamiento inmediato y evitar o disminuir una posible hemorragia o
shock hipovolémico.

519
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

En el ámbito extrahospitalario una correcta inmovilización es fundamental para corre-


gir una posible hemorragia, además de estabilizar la pelvis. Para ello, se pueden uti-
lizar técnicas no invasivas, tales como poner una sábana enrollada a la pelvis y
anudado como un cabestrillo, colocar un colchón de vacío como método de inmovili-
zación global, que resulta idóneo para el transporte; o colocar un dispositivo comer-
cializado para la fijación e inmovilización de la pelvis. Cualquiera de estas medidas
ayuda a controlar la hemorragia, reducen el dolor, facilitan el tratamiento de otras le-
siones y el traslado del paciente (21,22).

5.3.2 Traumatismo genitourinario.

• Traumatismo renal: el riñón es el órgano más afectado en el traumatismo genitou-


rinario. Se puede diferenciar traumatismo por herida penetrante, generalmente aso-
ciados a traumatismos torácicos o abdominales, y traumatismo contuso,
normalmente producidos por desaceleraciones.

En estos traumatismos los signos más característicos son dolor lumbar, crepitación
en las últimas costillas y hematomas o equimosis en la región lumbar.

• Traumatismo ureteral: es el traumatismo genitourinario que con menos frecuencia


se da. Se suelen dar asociados a traumatismos penetrantes y por accidentes con
desaceleración brusca, por traumatismos externos es inusual.

La clínica es muy parecida al traumatismo renal, aunque el dolor es referido al tra-


yecto uretral. La hematuria es infrecuente.

• Traumatismo vesical: al igual que el resto de traumatismos, puede deberse a trau-


matismos penetrantes relacionado con otros órganos abdominales y pélvicos, y
traumatismos no penetrantes, en los que se distinguen, contusión vesical, rotura
vesical extraperitoneal y rotura vesical intraperitoneal (especialmente si se encuen-
tra la vejiga llena). La rotura extraperitoneal es la más frecuente, y suele estar aso-
ciada a fractura pélvica.

Los signos y síntomas suelen ser inespecíficos. Se encuentra frecuentemente he-


maturia (fundamentalmente macroscópica), dolor en hipogastrio o suprapúbico, di-
ficultad para la micción y peritonismo.(23) El paciente presenta una hipersensibilidad
suprapúbica sin defensa muscular. Si la rotura es intraperitoneal, puede provocar
peritonitis. El signo de Kehr (dolor referido al hombro), puede indicar una posible
irritación del diafragma por sangre u orina.

• Traumatismo uretral: se diferencian estos traumatismos en función de su localiza-


ción, los que están por encima del diafragma urogenital (región posterior), normal-
mente son secundarios a traumatismos contusos, relacionados con fractura de
pelvis, y los que están localizados por debajo del diafragma urogenital (región an-
terior), que suelen producirse por golpes directos en zonas perineal.

En la clínica se puede observar sangre en el meato, hematoma perineal, en alas


de mariposa, hematoma suprapúbico, puede producirse una extravasación de la
orina y producir edema por rotura uretral. Próstata desplazada muy hacia arriba.

En estos traumatismos está contraindicada la colocación de sondaje vesical.

520
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

• Traumatismos de genitales externos: tanto en los traumatismos del pene, como


del escroto, también pueden ser causados por traumatismos penetrantes o contu-
sos. Es muy frecuente que se produzcan por atrapamiento de ropa (cremalleras
de pantalón), con máquinas industriales; también isquemia o necrosis por estran-
gulamiento con hilos.

6.- VALORACIÓN Y MANEJO DEL PACIENTE CON TRAUMATISMO


ABDOMINAL PÉLVICO Y GENITOURINARIO. CUIDADOS
DE ENFERMERÍA
Todo paciente que presente un traumatismo abdominal, debe ser considerado como un pa-
ciente politraumatizado; por ello, el esquema obedece a una valoración primaria, ABCDE: vía
aérea y control cervical, estado respiratorio, estado circulatorio, estado neurológico y exposición;
y una valoración secundaria, en donde se incidirá en mayor medida de cara al traumatismo ab-
dominal, pélvico y/o genitourinario. No hay que olvidar que en la mayoría de los casos, el trau-
matismo abdominal puede ir asociado a otras lesiones, por lo que habrá que valorar al paciente
siguiendo el esquema nombrado; en este caso, hay que prestar especial atención al estado cir-
culatorio, debido a la potencial pérdida hemática, tanto interna como externa que puede presentar.
Por ello, hay que considerar si se encuentra estable o inestable en cuanto a su hemodinamia, así
como si el tratamiento final va a precisar de intervención quirúrgica o no (24, 25).

En el caso de que exista inestabilidad hemodinámica, no se debe demorar el traslado, ya que


prima la llegada a un centro sanitario para el tratamiento quirúrgico, frente a una estabilización
prolongada. Debemos tener en cuenta que el indicador más fiable de hemorragia intraabdominal
es la presencia de un shock hipovolémico de origen desconocido, siendo conscientes de que se
pueden observar leves signos como confusión, agitación, ansiedad en el caso de shock compen-
sados y depresión importante del estado mental cuando se trata de hemorragias que puedan
amenazar la vida. A pesar de que el paciente esté estable no se debe demorar tampoco, ya que
puede cambiar la situación rápidamente. Una de las primeras medidas será plantearse el tipo de
transporte mediante el que se va a trasladar, terrestre o aéreo, en función del tratamiento definitivo
que precise, la estabilidad hemodinámica del paciente y la distancia que exista hasta el centro
sanitario idóneo.

Es fundamental conocer con la mayor precisión el mecanismo lesional, cómo se ha producido


la lesión; hay situaciones en las que aparentemente puede resultar sencillo, pero sin embargo no
hay que centrarse en la lesión que más llama la atención: ante una agresión con arma blanca,
puede llevar a error no realizar una correcta valoración secundaria, en busca de otras lesiones
diferentes asociadas, como contusiones en otras zonas corporales. Hay que buscar mecanismos
vectoriales, que puedan producir lesiones por aceleración/desaceleración, impacto, compresión,
lesiones por contragolpe, etc. En el caso de un accidente de tráfico, marcas o señales del cinturón
de seguridad, deformidad de los vehículos implicados, velocidad a la que se ha producido el im-
pacto, pueden hacer sospechar de potenciales lesiones abdominales (26).

Todo profesional que preste asistencia in situ, debe prestar atención a las medidas de seguri-
dad, tanto activa como pasiva; especialmente en aquellos entornos en que pueda existir riesgo,
como puede suceder en el contexto de una reyerta. Hay que mantenerse alerta, sopesando la
necesidad de presencia de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, no entrando en zonas
que no estén aseguradas (27).

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

Se debe realizar una anamnesis detallada: preguntar sobre lo sucedido, circunstancias en que
se ha producido el trauma; tiempo que ha transcurrido desde que sucedió el incidente (agresión,
accidente de tráfico, etc.), lo que ha durado el rescate, cuánto tiempo ha estado atrapado. Recabar
información sobre antecedentes personales (enfermedades, intervenciones quirúrgicas previas),
si ha tenido alergias previas a medicamentos, si toma algún tipo de medicación; tiempo que ha
transcurrido desde que realizó la última comida; hábitos tóxicos.

Se debe intentar tranquilizar al paciente y estar en todo momento cerca de él, no abandonán-
dole mientras dure el proceso; responder a las preguntas e interrogantes que pueda plantearse,
de cara a fomentar relajación y tranquilidad en la medida de lo posible.

Se llevará a cabo una monitorización de constantes vitales: tensión arterial, frecuencia cardí-
aca, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, capnografía, temperatura y monitorización
electrocardiográfica.

Administración de oxigenoterapia a alto flujo, para intentar mantener una saturación de oxígeno
superior a 95%. Valorar si va a precisar aislamiento de la vía aérea, mediante intubación orotra-
queal, ante situaciones de inestabilidad hemodinámica.

Canalización de vías venosas periféricas, preferiblemente dos y de grueso calibre. En caso


de imposibilidad de obtener acceso venoso periférico, canalizar vía intraósea o vía central (evi-
tando el acceso femoral).

Iniciar perfusión de líquidos mediante fluidoterapia, con un ritmo de infusión en función del es-
tado hemodinámico del paciente. El objetivo a conseguir es una presión arterial que mantenga la
perfusión de los órganos vitales, pero sin llegar a normalizarla. En ausencia de traumatismo cra-
neoencefálico asociado, la presión arterial sistólica que se debe mantener es 80 – 90 mm Hg. Y
en caso de inexistencia del mismo valores de al menos 110-120 mm. Hg. Ante una tensión arterial
superior, se podría romper los tapones hemostáticos naturales que se producen con las hemo-
rragias, provocando un mayor sangrado. Una resucitación agresiva en hemorragias no controla-
das se asocia a un aumento de mortalidad. La fluidoterapia de elección serán cristaloides, una
buena opción puede ser el Ringer Lactato ya que su composición es la que más se asemeja al
contenido de electrolitos en sangre; pero el suero salino fisiológico se considera también acepta-
ble. En cuanto al ritmo de infusión, se administran de 1000 a 2000 ml, inicialmente, calentándolos
previamente a 39ºC si es posible, ya que la administración de fluidoterapia fría o a temperatura
ambiente contribuye a la hipotermia y favorece la hemorragia. En caso de estar ante una situación
de shock hipovolémico de grado III – IV, administrar coloides, como el hidroxietilalmidón al 6%.

El dolor es un síntoma muy frecuente en el traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario,


pudiendo llegar a ser muy intenso. Es por ello, que el profesional de enfermería tiene que estar
atento, tratando de objetivar dicho dolor (por ejemplo, mediante una escala de valoración del
dolor), incentivando para la administración correcta de analgesia, comprobando que realiza el
efecto deseado, así como los posibles efectos adversos o secundarios que puedan aparecer tras
su administración; y dejando correctamente reflejado en el informe la cantidad, dosis, vía y evo-
lución del dolor tras la administración del analgésico. El analgésico más utilizado, principalmente
por su potencia es el fentanilo, por vía intravenosa, a dosis de 1-2 microgramos/Kg. de peso, re-
pitiendo si es necesario (28).

La utilización de una sonda nasogástrica no sólo es útil como tratamiento para realizar un va-
ciado gástrico, sino también como método diagnóstico, de cara a comprobar la existencia de san-
gre en región digestiva. No obstante, se deberá valorar su colocación, ya que puede estar

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

contraindicado su uso debido a la existencia de otras lesiones, como TCE o trauma facial, en
cuyo caso el sondaje será orogástrico.

En cuanto al sondaje vesical: está contraindicado ante la presencia de hematuria, sangre en


el meato, deformidad del pene, hematoma escrotal o perineal, o sangre en la vagina. El profesio-
nal de enfermería debe sopesar si es necesario el sondaje vesical o no, en función de la necesidad
de vaciar la vejiga o monitorizar las pérdidas de líquidos, contemplando que en el ámbito prehos-
pitalario se puede incrementar el riesgo de infección.

No se debe administrar líquidos por vía oral, de cara al posible tratamiento quirúrgico.

Se abrigará al paciente, cubriéndole con una manta y/o sábanas, para prevenir la hipotermia.

Hay que estar reevaluando constantemente la situación hemodinámica, ya que puede cambiar
debido a la existencia de lesiones no aparentes o lesiones internas.

Debido a las características intrínsecas del traumatismo abdominal, se debe atender a unas
medidas específicas, como la valoración del abdomen con un examen físico, realizado de una
forma meticulosa, precisa y sistemática. Para ello, se valorará mediante la inspección, palpación,
percusión y auscultación.

INSPECCIÓN - Signos de distensión abdominal


- Contusión
- Equimosis, en los flancos (signo de Grey-Turner)
o en región periumbilical (signo de Cullen) indican
hemorragia retroperitoneal.
- Laceraciones.
- Cuerpos extraños.
- Evisceración.
- Heridas por arma de fuego o arma blanca.
- Huellas de neumáticos, lesiones en banda producidas
por el cinturón de seguridad (“signo del cinturón de seguridad”)

PALPACIÓN - Aporta poca información fiable a nivel prehospitalario,


hay falsos positivos y falsos negativos.
- Valorar defectos de la pared abdominal por signo de
rebote positivo, valorar defensa voluntaria o involuntaria y rigidez,
ya que indica la existencia de irritación peritoneal.
- La palpación resulta poco fiable cuando hay defensa
voluntaria del paciente, disminución de NDC, en
pacientes geriátricos o pediátricos.
- En el caso de traumatismos con objetos empalados, se debe
evitar la palpación, ya que se podrían producir más lesiones.

PERCUSIÓN - Matidez: presencia de líquido (hemoperitoneo).


- Timpanismo: presencia de aire, dilatación gástrica.
- No matidez hepática: neumoperitoneo

AUSCULTACIÓN - Esta valoración es poco útil en la atención extrahospitalaria dado


que los hallazgos no varían el manejo del paciente.
- Resulta interesante auscultar previamente a la palpación, para
valorar la presencia o ausencia de ruidos intestinales, ya que si
no podría desembocar en una valoración errónea.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

Continuando con la exploración física, se debe realizar una exploración perineal, en búsqueda
de: hematomas peri-anal y genital (indican una posible fractura pélvica); sangre en el meato (po-
sible rotura uretral); rectorragia, hematoma escrotal. Se podría realizar un examen rectal, para
valorar el tono del esfínter. Resulta importante intentar conocer la cantidad de sangre existente,
para valorar una posible perforación intestinal; examen de la próstata, si ésta está alta o desviada
o no es palpable, por una posible disrupción uretral; exploración de la vagina, posibles heridas o
desgarros.

De vital importancia resulta asimismo realizar una valoración de la pelvis. Debe palparse lo
menos posible; se realizará sólo una vez, porque puede aumentar el sangrado y el dolor. En caso
de palparla, se realiza por delante y por detrás, con una presión suave en dirección antero-pos-
terior con las manos sobre la sínfisis del pubis y después mediante presión medial sobre ambas
crestas ilíacas; con el objetivo de buscar deformidades, movilidad anormal o dolor. Se sospechará
de hemorragia cuando existan signos de inestabilidad.

EN PRESENCIA DE UN CUADRO DE SHOCK DE CAUSA NO EXPLICABLE,


Y DE UNA INTENSIDAD MAYOR A LA QUE ES ACORDE POR LAS LESIONES
APARENTES, VALORAR POSIBLE HEMORRAGIA INTRAABDOMINAL.
UN EXAMEN FÍSICO NEGATIVO NO EXCLUYE LA LESIÓN.

En ausencia de otras lesiones, y en el caso de que no haya otros traumatismos que lo con-
traindiquen, se posicionará en una postura cómoda para el traslado, y que disminuya la tensión
abdominal, adquiriendo una postura antiálgica tal como posición de fowler con las piernas ligera-
mente flexionadas; o en trendelemburg en caso de shock hipovolémico refractario a medidas y
en ausencia de otros traumatismos que contraindiquen dicha postura.

Si el paciente se encontrase en un centro extrahospitalario de urgencias y se dispusiese de la


posibilidad de realización de pruebas diagnósticas, se podrían realizar, siempre y cuando no su-
ponga una demora o retraso para el traslado a un centro en el que se aplique el tratamiento de-
finitivo. Entre dichas pruebas diagnósticas están:

• Estudios de laboratorio, mediante analítica sanguínea, para conocer los valores de: exceso
de bases, lactato, hemoglobina, hematocrito. Los leucocitos, las enzimas pancreáticas o he-
páticas, no son suficientemente específicas. No hay estudios que nos permitan correlacionar
un valor para un diagnóstico de una lesión específica. Se realizará una analítica de orina, para
detectar la presencia de sangre en el tracto urinario (macroscópica y microscópica)(29).

• Pruebas de imagen: ecografía (ECO-FAST). Es un método rápido para descartar la hemorragia


intraabdominal y poder especificar el órgano que está afectado. Cada vez ocupa más espacio
en el diagnóstico del trauma abdominal. Esta técnica de diagnosis se emplea principalmente
en el traumatismo abdominal cerrado; tiene la ventaja que es barata frente al escáner, y que
no se irradia al enfermo; por el contrario, requiere de un entrenamiento del profesional que la
realiza para identificar anomalías, y que no sirve para valorar el retroperitoneo, ya que en pre-
sencia de distensión abdominal apenas se visualiza. Otro inconveniente sería la valoración en
pacientes obesos, con presencia de aire subcutáneo y operaciones abdominales previas.
Puede dar información de hemoperitoneo, de focos contusitos o desestructuración de vísceras
macizas(30,31).

• Otras pruebas de imagen son la radiografía de tórax, radiografía simple de abdomen, y la ra-
diografía A-P de pelvis.

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4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

• Prueba o test de embarazo en mujer en edad fértil.

La información en la transferencia hospitalaria deberá hacerse tanto verbalmente como por


escrito con la cumplimentación del informe de enfermería. Informar al profesional de enfermería
receptor de la valoración y medidas aplicadas, así como de las impresiones subjetivas que se
hayan obtenido en el lugar del suceso o durante el traslado y que puedan resultar de utilidad para
la evolución y manejo del paciente.

Valoración de la escena
• Medidas de seguridad (activa y pasiva).
• Averiguar mecanismo lesional.
• Determinar impresión de gravedad.

Medidas generales
• Valoración inicial (A, B, C, D, E).
• Anamnesis.
• Monitorización de constantes vitales.
• Administración de oxigenoterapia.
• Canalización de acceso venoso.
• Fluidoterapia: Ringer lactato o S. fisiológico, según TA.
Coloides en shock hipovolémico grado III - IV.
• Analgesia – control del dolor.
• Valorar colocación de SNG /SOG y SV.
• Abrigar.
• Reevaluar.
• Traslado a centro sanitario óptimo: valorar SVB o SVA.
• Transferencia verbal y escrita en centro receptor.
• Cuidados brindados y tratamiento administrado.

Medidas específicas
• Trauma abdominal cerrado:
- Valorar estabilidad hemodinámica.
- Priorizar traslado: terrestre vs. aéreo.
• Trauma abdominal abierto:
- Fijar objetos empalados.
- No reintroducir vísceras.
- Cubrir herida con apósito /gasas estériles.

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4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

7.- DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA


Una vez recopilada la información mediante la fase de valoración, se analizan los datos y se
emiten juicios clínicos sobre los problemas reales o potenciales. A continuación se citan algunos
diagnósticos de enfermería posibles (32, 33, 34).

CÓDIGO DIAGNÓSTICO
00004 Riesgo de infección.
00024 Alteración de la perfusión tisular.
00044 Deterioro de la integridad tisular.
00046 Deterioro de la integridad cutánea.
00114 Síndrome del estrés del traslado.
00132 Dolor agudo.
00146 Ansiedad.
00148 Temor.

Las intervenciones (NIC) que deberá realizar el profesional de enfermería, a partir de los diag-
nósticos mencionados son:

• Administración de analgésicos.
• Administración de medicación.
• Administración de medicación: intravenosa.
• Administración de medicación: intraósea.
• Apoyo emocional.
• Aumentar el afrontamiento.
• Control de hemorragias.
• Cuidados de las heridas.
• Cuidados en la emergencia.
• Disminución de la ansiedad.
• Disminución de la hemorragia: heridas.
• Disminución del estrés por traslado.
• Escucha activa.
• Gestión de líquidos.
• Inmovilización.
• Irrigación de las heridas.
• Manejo de la hipovolemia.
• Manejo del shock.
• Manejo de líquidos / electrolitos.
• Manejo del dolor.
• Monitorización de signos vitales.
• Oxigenoterapia.
• Prevención de infecciones.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

• Prevención del shock.


• Proporcionar contacto.
• Punción intravenosa (IV).
• Reposición de líquidos.
• Terapia intravenosa.
• Vigilancia.

Por último, los resultados de enfermería (NOC) en respuesta a las intervenciones mencionadas
son:
• Aceptación: estado de salud.
• Afrontamiento de problemas.
• Control del dolor.
• Equilibrio hídrico.
• Equilibrio electrolítico y ácido base.
• Estado circulatorio.
• Estado respiratorio: intercambio gaseoso.
• Función sensitiva – cutánea.
• Hidratación.
• Integridad tisular: piel y membranas mucosas.
• Nivel de ansiedad.
• Nivel de dolor.
• Nivel de miedo.
• Nivel de movilidad.
• Perfusión tisular: periférica.
• Perfusión tisular: órganos abdominales.
• Signos vitales.

8.- RESUMEN
El traumatismo abdominal representa el porcentaje más alto de muerte evitable en el paciente
politraumatizado. Esto supone que el profesional de enfermería que trabaja en urgencias extra-
hospitalarias debe tener la capacidad para realizar una rápida valoración del estado del paciente
y de los mecanismos de lesión, que llevarán a sospechar lesiones asociadas, para proporcionar
un correcto tratamiento que mantenga al paciente estable hemodinámicamente y permita efectuar
un traslado rápido y seguro al centro hospitalario más adecuado.

No se debe olvidar que las lesiones que se producen en la cavidad intraabdominal en muchos
casos, cursan sin signos aparentes y que un paciente con lesiones muy graves se puede inesta-
bilizar en muy poco tiempo, por lo que se hará una valoración constante para no pasar por alto
ningún signo, ni síntoma.

También se debe tener presente que en la mayoría de los casos, el tratamiento definitivo en el
paciente con traumatismo abdominal se realizará en el medio hospitalario, con la finalidad de
poder realizar una ecografía de forma precoz como medio diagnóstico, y disponer de cirugía o

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4.8 Traumatismo abdominal, pélvico y genitourinario

tratamiento quirúrgico. Es por ello, que el profesional de enfermería de urgencias extrahospitala-


rias se debe centrar en detectar los riesgos del paciente, estabilizarle y trasladarle en las condi-
ciones más óptimas a un centro útil, aplicando los cuidados de una forma integral.

9.- BIBLIOGRAFÍA

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529
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de


Aplastamiento. Amputaciones.
Protocolo de actuación para reimplantes
AUTORES: Manuel González León, Elena Merayo Nevado,
Paloma Municio Hernández, María José Cepas Vázquez
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

ÍNDICE
1.- Objetivos
1.1 Principal
1.2 Secundarios

2.- Introducción

3.- Traumatismo ortopédico


3.1 Tipos de lesiones
3.1.1 Esguinces
3.1.2 Luxaciones
3.1.3 Fracturas
3.1.4 Amputaciones
3.2 Priorización en las lesiones
3.3 Valoración de traumatismos ortopédicos
3.3.1 Anamnesis
3.3.2 Valoración primaria
3.3.3 Exploración física de las extremidades
3.3.4 Dispositivos de hemostasia
3.4 Manejo y tratamiento de fracturas
3.4.1 Alineación y reducción
3.4.2 Inmovilización
3.4.3 Material específico

4.- Síndrome compartimental


4.1 Aplastamientos

5.- Amputaciones. Protocolo actuacion de reimplante


5.1 Actuación
5.2 Reimplantes

6.- Diagnósticos de enfermería

7.- Resumen

8.- Bibliografía

532
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

1.- OBJETIVOS
• Adquirir los conocimientos necesarios para conseguir el mantenimiento de la estabilidad he-
modinámica del paciente y preservar la integridad de la extremidad evitando secuelas futuras.

• Saber reconocer las manifestaciones clínicas de los traumatismos ortopédicos y pautas de ac-
tuación.

• Minimizar el riesgo de lesiones que favorezcan la aparición posterior de secuelas funcionales.

• Identificar los cambios fisiopatológicos asociados a la rabdomiolisis y el síndrome comparti-


mental.

• Conocer las pautas y prioridades de actuación en un paciente con una amputación, así como
los criterios de viabilidad para el reimplante de dicha extremidad.

2.- INTRODUCCIÓN
Aunque es muy frecuente la afectación musculoesquelética tras un traumatismo contuso, es
raro que suponga un riesgo vital para el paciente. Sin embargo, sí es frecuente que una lesión
ortopédica muy llamativa pueda distraernos de ver lesiones de riesgo vital que sean mucho menos
aparentes.

En el medio extrahospitalario el traumatismo ortopédico debemos manejarlo inicialmente tra-


tando de determinar y priorizar la gravedad de la lesión y las posibles complicaciones que pudieran
derivarse.

En primer lugar vamos a detener la hemorragia, intentando mantener la situación hemodiná-


mica del paciente y posteriormente colocaremos el miembro con el sistema de inmovilización más
idóneo, evitando la progresión de secuelas funcionales posteriores.

Valoraremos la posible aparición de complicaciones potenciales de dicha lesión (rabdomiolisis,


S. compartimental, etc) que puedan agravar el estado del enfermo, y puedan ocasionar desde
una incapacidad permanente y grave hasta una situación irreversible por shock y/o fracaso renal
agudo.

Asimismo, en la asistencia prehospitalaria se deben tener en cuenta las limitaciones, princi-


palmente en el entorno del paciente traumatizado; por lo que nuestro camino debe dirigirse a un
diagnóstico rápido de las lesiones para iniciar de manera precoz las medidas de estabilización o
resucitación, encaminadas a salvar la vida del enfermo y a preservar la integridad de la extremi-
dad, minimizando el tiempo de llegada al hospital donde se realizará el tratamiento definitivo.

También consideraremos que los cuidados que vamos a realizar al paciente deben iniciarse
y/o preverse antes del traslado al centro hospitalario, sobre todo antes de movilizar al enfermo
ante la limitación de espacio dentro de la ambulancia para la realización de determinadas técnicas
sanitarias.

Realizaremos el transporte en el medio más conveniente, ya sea terrestre o aéreo y para ello

533
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

previamente llevaremos a cabo la inmovilización de la extremidad con los dispositivos que mejor
se adapten a la lesión. Como máxima seguiremos la norma: “para movilizar a un paciente, primero
tenemos que inmovilizarlo”.

En definitiva, ante lesiones muy severas ortopédicas lo fundamental es salvar la vida del pa-
ciente, después intentar salvar la extremidad y por último salvar la función de ésta.

3.- TRAUMATISMO ORTOPÉDICO


En los traumatismos se tiende a buscar una lesión en estructuras óseas, aunque no se debe
dejar pasar por alto la posible afectación de los músculos que rodean al hueso, así como los
vasos y nervios, haciendo en este último caso más grave la situación, teniendo que priorizar nues-
tra actuación.

En la asistencia extrahospitalaria el manejo del trauma ortopédico es distinto al llevado a


cabo en los servicios hospitalarios, ya que el personal sanitario en este medio está limitado en
medios diagnósticos y afectado por elementos medioambientales y de seguridad, por ello las
prioridades en el manejo del traumatismo ortopédico se limitarán a la valoración, inmovilización
y prevención de complicaciones, mientras que en el hospitalario su objetivo será el tratamiento
definitivo.

En pacientes que presentan este tipo de lesiones, una vez realizada su estabilización desde
el punto de vista vital, se debe realizar una inmovilización en las mejores condiciones posibles
con el uso de técnicas y dispositivos de inmovilización hasta la llegada al hospital, donde se hará
el diagnóstico y tratamiento definitivo. De esta manera se intenta minimizar la lesión secundaria
en el tejido vascular y nervioso que podrían propiciar la aparición de secuelas funcionales poste-
riores.

Al mismo tiempo, en la asistencia prehospitalaria y a consecuencia de las peculiaridades de


cada lesión, tipo de paciente y en la situación en la que nos encontremos, se tendrá que improvisar
la manera más apropiada de inmovilizar la lesión. Aunque normalmente se dispone del material
necesario para una óptima inmovilización hasta su tratamiento definitivo en el hospital, en deter-
minadas ocasiones habrá que recurrir a medios improvisados debido a circunstancias como un
mayor número de pacientes que requieran el mismo dispositivo.

Por último realizaremos todas las técnicas y cuidados previos al traslado y antes de movilizar
al paciente, debido a la dificultad de maniobrabilidad dentro de la cabina asistencial (colocación
del colchón de vacío, retirada de dispositivos de extricación como inmovilizador espinal, etc.) por
lo que es importante la previsión de complicaciones en determinadas lesiones1, 2

3.1 Tipos de lesiones

Las lesiones en extremidades pueden ser muy variadas; dependiendo de varios factores,
entre ellos la causa y gravedad, se pueden dividir en:

3.1.1 Esguinces:

Separación momentánea de las superficies articulares que produce un estiramiento

534
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

de los ligamentos (a veces rotura) generalmente después de efectuar un movimiento


forzado (torcedura) de la articulación en un sentido determinado.

A veces, este esguince, o la rotura de un ligamento, pueden arrancar un fragmento


de hueso que sólo se detectará radiológicamente, por eso es necesario llevar al ac-
cidentado a un centro sanitario.

3.1.2 Luxaciones:

Separación mantenida de las superficies articulares de los huesos debido a la rotura,


normalmente, de ligamentos que debieran estabilizar la articulación. El mecanismo
de producción puede ser tanto por una caída o impacto (mecanismos directo) como
por un estiramiento forzado (mecanismo indirecto).

Se trata de la pérdida permanente de la relación anatómica entre las superficies arti-


culares de una articulación a menudo con ruptura o desinserción capsuloligamentosa.
Esta luxación suele tomar el nombre del hueso más distal de la nueva región que
ocupa el hueso luxado (infraglenoidea, infracotiloidea) o bien de la articulación luxada
(del codo, de la cadera).

Como norma general en la asistencia extrahospitalaria las luxaciones de origen trau-


mático no se reducirán sin una valoración radiológica previa.

3.1.3 Fracturas:

Pérdida de continuidad de un tejido óseo. Abarca desde una pequeña fisura hasta la
rotura total del hueso con desplazamiento de los dos extremos del hueso fracturado.
Clasificación de las fracturas.

• Según el motivo causal o mecanismo de producción:


- Traumáticas; que a su vez se pueden dividir por:
· Causa directa (aplicación de fuerzas que superan los limites de resistencia
del hueso) en el que el hueso puede fracturarse al ser aplastado por un objeto
en caída o en movimiento (por golpearse contra un objeto contundente).
· Causa indirecta son los resultados de aplicar una fuerza de torsión o flexión
en un hueso provocando una fractura a distancia del punto de aplicación
(una sobrecarga rotacional en el pie puede originar una fractura espiroidea
de la tibia).
- Fatiga ósea: cargas repetidas y frecuentes sobre el hueso. El mecanismo es si-
milar a la fatiga de los metales al romperse tras una flexión repetida superando
el límite de elasticidad (“fractura de la marcha” frecuente de ver en soldados).
- Espontáneas; sucede en el hueso patológico o enfermo teniendo reducida su
consistencia, por lo que disminuye la resistencia que tiene el hueso a fracturarse
(en metástasis puede originar una rotura espontánea en la región subtrocanté-
rea femoral (localización frecuente). Las causas más frecuentes son la osteo-
porosis y la osteomalacia3

• Según el grado de rotura ósea:


- Completa; lesión completa de la cortical del hueso.

535
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

- Incompleta; afectación parcial de una de las corticales óseas.

• Patrones de fractura:
- Fisura: se debe a un traumatismo mínimo sin ocasionar un desplazamiento im-
portante de los fragmentos óseos. Pueden ser completas o incompletas.
- Fractura en tallo verde: frecuentes en niños. El hueso se fractura de manera
incompleta por el lado opuesto al que actúa la fuerza causante, se fractura por
su lado convexo y se abarquilla por su lado cóncavo.
- Transversas: el trazo de fractura es en ángulo recto con el eje mayor del hueso.
Son lesiones inestables. Presentan mínimo acortamiento y desplazamiento.
- Oblicuas: la línea de fracturas tiene un ángulo oblicuo de 30º o más. En las
fracturas espiroideas el trazo de la fractura gira en espiral bordeando al hueso
en espiral, causadas por traumatismo indirecto mediante fuerzas de torsión.
- Conminuta o multifragmentarias: existencia de dos o más fragmentos óseos.
Muy inestables. Debidas a traumatismos de alta intensidad y posibilidad de le-
siones en vasos y nervios.
· Espiroidea en cuña por fuerzas torsionales y la oblicua en cuña debida a
traumatismo directo o indirecto, el fragmento en ambas tienen forma de “alas
de mariposa”. Existe cierto contacto entre fragmentos.
· Espiroideas complejas, segmentarias complejas (o fracturas dobles) y frac-
turas irregulares (múltiples fragmentos irregulares). No poseen contacto entre
ellos y son muy inestables.
- Impactadas: es cuando un fragmento se introduce en otro hueso por la línea
de fractura (fractura de cadera).
- Por aplastamiento (o compresión): por consecuencia de la compresión de un
hueso trabecular por encima de sus límites de elasticidad (vértebras).
- Por arrancamiento: en el hueso se produce una contracción muscular brusca
y potente en las regiones de inserción ósea o ligamentosa provocando la frac-
tura ósea.
- Intraarticulares: se presentan dentro de una articulación o en su superficie.4

• Según afecte a la piel que esté encima de la fractura:


Es la clasificación más frecuentemente empleada y puede ser:
- Cerradas: No existe solución de continuidad de la piel que asienta sobre la frac-
tura.
- Abierta: La piel sobre la que asienta la fractura se ha roto y existe exposición
de los fragmentos óseos con el exterior, con lo que hay contaminación de esos
fragmentos bien por gérmenes de la piel o del ambiente.

CLÍNICA DE FRACTURAS:
• Dolor a la movilización.
• Deformidad
• Acortamiento del miembro ( en huesos largos)
• Inflamación local.
• Crepitación
• Impotencia funcional

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

3.1.4 Amputación:

Es una separación total del tejido de una extremidad, quedando sin nutrición ni oxi-
genación, ésta puede ser total o parcial y se diferencia del arrancamiento (o avulsión)
que es el desgarro de los tejidos blandos junto con lesión vasculo -nerviosa, añadién-
dose fractura abierta y un sangrado intenso. La amputación traumática completa se
define como la separación total de un segmento del miembro del resto del cuerpo.

Cuando se produce una lesión de dicha magnitud se debe priorizar la actuación y el


tratamiento y según el tipo de lesión, hará que nuestra intervención sea más precoz
o se pueda demorar más en el tiempo. Más adelante hablaremos de ella más deteni-
damente.

3.2 Priorización en las lesiones

a. Lesiones con Riesgo Vital: Son aquellas lesiones en las que su gravedad implica un com-
promiso vital para el paciente y por ello requieren cuidados inmediatos. Diferenciaremos
entre el riesgo vital inmediato que es el asociado a la pérdida de volemia y el riesgo vital
tardío asociado a aplastamientos y fracaso multiorgánico por sepsis.
• Pérdida masiva de más de un 40% del contenido hemático (fractura única o múltiple).
• Lesiones vasculares en regiones proximales de las extremidades con o sin fractura
asociada. Son más graves debido al alto riesgo de alteración de la integridad vascular
del resto de la extremidad y en general cuanto más proximal sea la lesión mayor po-
sibilidad de lesión a órganos adyacentes al tronco.
• Extremidad catastrófica o lesiones complejas por transmisión de mucha energía
(aplastamiento de miembros).
• Fracturas abiertas tortuosas, contaminadas, sangrantes y con posibilidad de shock
séptico.

b. Lesiones con Riesgo de Secuelas Funcionales: por la posibilidad de perder la función o


la extremidad por causa de fracturas que afecten a nervios y músculos principales.
• Fracturas con afectación articular y vascular.
• Luxaciones de cadera, rodilla, hombro y codo.
• Fracturas abiertas.

c. Lesiones mínimas: no requieren atención inmediata pudiendo diferirse el tratamiento


cierto tiempo y suele realizarse el tratamiento definitivo en el medio hospitalario.

3.3 Valoracion de traumatismos ortopédicos

En el medio extrahospitalario es muy importante realizar una anamnesis de la manera más


completa, específica y dirigida a los aspectos relacionados con el paciente y el accidente,
para poder orientarnos hacia las posibles lesiones sufridas y prever las actuaciones a rea-
lizar.

Se recaba información a partir de una historia completa y la valoración primaria.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

3.3.1 Anamnesis:

Consta de los siguientes puntos:


• Biomecánica lesional: conseguir la máxima información sobre la causa, tipo de
mecanismo lesivo (acción mecánica, térmica, química, etc.) permitiendo saber el
tipo de accidente que ha ocurrido y la gravedad de la lesión. Se realiza una primera
valoración a simple vista con la que se inicia la pauta de actuación extrahospitala-
ria.
• Antecedentes clínicos: nos interesa su edad, sexo, situación psicofísica previa,
enfermedades, medicamentos, consumo de tóxicos, últimos alimentos ingeridos,
etc.
• Factores medioambientales: se debe de valorar las condiciones meteorológicas
porque influirán en la temperatura corporal y en situaciones contaminantes como
barro, aguas contaminadas, etc. a las que están expuestas las fracturas cuando
son abiertas.
• Lugar del accidente. Se valora el tipo de accidente (carretera, industria, domicilio,
campo). A la vez se evalúa la posición en la que nos encontramos al paciente antes
de ser atendido, si ha sido movilizado antes de nuestra llegada, en qué condiciones
y por quién, estado de salud, heridas, ropa, etc.

3.3.2 Valoración primaria

Se realiza siguiendo las prioridades según los criterios de riesgo vital, mediante el
ABCDE.
En la primera valoración de un traumatizado grave hay que valorar y tratar los princi-
pales problemas que pueden poner en riesgo la vida para el paciente.
1. Apertura de la vía aérea con control cervical.
2. Comprobación de una adecuada ventilación.
3. Comprobación del estado circulatorio y hemodinámico descartando la posibilidad
de signos de shock. Control de hemorragias. Conseguir accesos venosos de gran
calibre.
4. Valoración del estado neurológico, con el uso de Escala de Coma de Glasgow y
tamaño, simetría y reactividad pupilar.
5. Exposición para descubrir lesiones ocultas.

3.3.3 Exploración física de extremidades

Para la exploración de un paciente traumatizado se le debe desvestir completamente


llevándose a cabo una valoración de las cuatro extremidades de manera completa
buscando deformidades, sangrados, crepitaciones, lesión en nervios, vasos y partes
blandas. El proceso de desvestir a un trauma grave puede suponerle la inestabiliza-
ción de su estado de salud por riesgo de hipotermia.
Mediante la inspección se buscan deformidades, edema, sangrado, coloración de la
piel, a continuación mediante la palpación se valorará el pulso distal de miembros, el
relleno capilar, sensibilidad, crepitaciones, etc.
En último lugar se debe de valorar el grado de movilidad del miembro tanto activa
como pasiva sin tener que forzar ningún movimiento. Es indicativo del estado nervioso

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

y vascular que la movilidad del miembro esté presente y conservada, por eso hay que
tener en cuenta la posibilidad de mecanismos defensivos en un traumatismo que pue-
den dificultar la exploración en el caso de que un paciente esté consciente y se mues-
tre poco colaborador.

3.3.4 Dispositivos de hemostasia:

En la exploración nos podemos encontrar con un sangrado activo y debemos cohibirlo


lo antes posible ya que la causa mayor de mortalidad del trauma es la hipovolemia;
para ello aplicaremos las técnicas ya conocidas de hemostasia y éstas las podremos
optimizar utilizando una serie de parches y vendajes hemostáticos diseñados espe-
cialmente para esa finalidad:
• Combat gauze
Es un apósito hemostático que combina una gasa quirúrgica con un material inor-
gánico, detiene el flujo sanguíneo, es inerte y es hipoalergénico; consiste en un
rollo de gasa impregnados con Kaolín que hace que la sangre se coagule. Es de
acción rápida y está adaptado de las necesidades tácticas de combate y personal
médico.
• Quik Clot
Es un parche que se ha creado a partir de derivados de roca volcánica que actúa
como una esponja selectiva. Es químicamente inerte y funciona por principio físico
y no químico. No es absorbida por el cuerpo y es seguro dejarlo en la herida du-
rante el tiempo que sea necesario.
• Hemcon
El parche HemCon es un apósito hemostático para el control externo temporal de
las heridas sangrantes graves y su uso es específico en la emergencia. Está for-
mado por quitosano que es un aminopolisacárido obtenido a escala industrial por
Ndesacetilación termoalcalina de la quitina aislada de los deshechos de crustá-
ceos.
• WoundStat
Es un polímero hecho de minerales granulares para la hemostasia de hemorragias
arteriales
• Celox
Es un hemostático granular de alto rendimiento desarrollado para detener rápida-
mente hemorragias de moderadas a severas, coagula sangre en personas que
estén en tratamiento con anticoagulantes y no produce ninguna reacción térmica.
Su aplicación es fácil y segura y es extremadamente efectivo, coagula la sangre
en treinta segundos. Si lo vertemos en una herida evitará la pérdida de sangre me-
diante la formación de un gel con apariencia de coágulo que el Celox une a la su-
perficie de los glóbulos rojos.

Dentro de todos ellos, los que más eficacia han demostrado a nivel hemostático son
el Combat gauce y el WoundStat, aunque son los dos que requieren un entrenamiento
mayor para su uso.

Otro de los métodos para el control de las hemorragias que no conseguimos cohibir,
será el uso de los torniquetes como más adelante en la sección de amputaciones
comentaremos.

539
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

Foto 1. Amputación y herida expuesta controlada


con torniquete.

3.4 Manejo y tratamiento de fracturas

El manejo de un trauma ortopédico en el medio extrahospitalario se dirige en preservar la


vida del paciente, el control del dolor y la prevención de secuelas futuras.

En primera instancia, las primeras actuaciones que se realizarán a la llegada al lugar del
accidente, será un control eficaz de la hemorragia junto con la canalización de una o varias
vías venosas de gran calibre, la permeabilización de la vía aérea y la administración de oxí-
geno. Posteriormente administraremos analgesia para el alivio del dolor inicial y para la pos-
terior reducción, inmovilización y traslado del paciente5.

3.4.1 Alineación:
Antes de realizar ninguna movilización de una fractura tenemos que verificar que no
hay ningún problema previo vasculo-nervioso, verificando que existen pulsos perifé-
ricos y sensibilidad cutánea conservadas o por el contrario, poder diagnosticarlas pre-
cozmente y no empeorarlas. Posteriormente realizaremos una analgesia adecuada a
la lesión para poder realizar una correcta movilización. Para poder conseguir una
buena alineación tenemos que realizar una tracción axial de la fractura y de esta ma-
nera evitamos que durante el transporte se produzcan lesiones secundarias.

3.4.2 Inmovilización:
Se realiza con la aplicación de maniobras y uso de materiales para colocar al paciente
en la postura más cómoda durante el transporte al hospital, que aporten apoyo y cierta
estabilidad al foco de fractura y reduzcan el dolor sin producir nuevas lesiones tanto
en estructuras blandas como en nervios y vasos.
Durante la inmovilización se debe administrar una pauta de analgesia que permita ali-
viar el dolor así como permitir después la movilización del miembro para así realizar
la alineación mucho menos dolorosa.
Debemos retirar cualquier objeto que pueda comprometer la circulación de miembros

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

distales como anillos, relojes antes de colocar un material de inmovilización.


Tras la colocación de una férula de inmovilización se deben de comprobar la presencia
nuevamente de pulso, sensibilidad y temperatura del miembro al cual se le ha colo-
cado. Se debe de reevaluar la efectividad con cierta periodicidad y valorar la formación
de edema en miembro.

3.4.3 Material específico: Los dispositivos de inmovilización más empleados son los si-
guientes:

• Férulas neumáticas:
La colocación es correcta cuando cubre una articulación por encima y otra por de-
bajo del foco de fractura y deja a la vista la parte más distal de la extremidad para
poder valorar el relleno capilar y los signos de perfusión distales.
Su uso está recomendado para fracturas cerradas de miembros superiores e in-
feriores a la vez que nos permiten cohibir el sangrado de hemorragias en las ex-
tremidades.
Los cuidados de su uso es valorar periódicamente la sensibilidad, coloración y tem-
peratura de los dedos. Es importante que vigilemos que no estamos comprimiendo
el flujo arterial proximal.
• Férula M.E.I®.
En el adulto se puede emplear como inmovilizador de miembros inferiores en fle-
xión, sobre todo para la fractura de fémur y/o cadera de una persona atrapada en
un vehículo accidentado que esté en sedestación.
• Férulas de vacío.
Al ir eliminando progresivamente el aire se irá moldeando la férula al cuerpo per-
mitiéndonos inmovilizar la extremidad y formar un soporte rígido a su medida. Son
las ideales para la inmovilización de fracturas abiertas.
• Férulas de tracción.
Este dispositivo permite alinear y estabilizar los fragmentos de una fractura del
miembro inferior, evitando que se originen lesiones secundarias durante el trans-
porte.
Se debe prestar especial atención a la pelvis y a la ingle para evitar una presión
elevada en los genitales y en la arteria femoral al presionar con la base en dichas
zonas del paciente; comprobaremos la sensibilidad y la presencia de pulsos dis-
tales en la extremidad.
Su uso está indicado en fracturas distales del fémur, fracturas proximales de tibia
y peroné y contraindicadas en fracturas de pelvis, cadera, rodilla, tobillo y pie.
• Férulas rígidas.
Su forma es invariable, por lo que lo que deben amoldarse a la parte corporal que
va a inmovilizar. Pueden ser de madera, plástico o metal recubierto.

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4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

4.-SÍNDROME COMPARTIMENTAL (SC)


Denominamos Síndrome Compartimental agudo a aquellos signos y síntomas secundarios de-
bidos al aumento de la presión intracompartimental o del espacio fascial de un músculo; se obs-
taculiza el riego sanguíneo de los capilares que nutren a las estructuras corporales como el
músculo y el nervio, comprometiendo la viabilidad de los tejidos de dicha celda.

Las causas pueden ser por:


1. Situaciones que causan disminución del compartimento fascial: aplastamientos, vendaje
o yeso compresivo, quemaduras y congelaciones.
2. Situaciones que provocan un aumento de contenido compartimental:
- Edema postisquemia (lesión arterial, tromboembolismo arterial, cateterismo arterial...).
- Hemorragias intracompartimental (fracturas).
- Hematoma antiguo (tratamiento anticoagulante).
- Envenenamiento por mordedura6.

Los factores más importantes que influyen directamente en la gravedad del síndrome compar-
timental son el tiempo, el valor de la presión, la liberación de factores tisulares y la tensión arte-
rial.

En primer lugar se produce la isquemia muscular y nerviosa durante la fase inicial o de agresión
y si el mecanismo lesional continúa, se llegará finalmente a la necrosis de los mismos.

Al lesionarse la membrana de la célula muscular durante el período de isquemia se moviliza


el Na+ y el Ca2+ al interior celular produciendo la lisis celular o destrucción elevada de miocitos (o
rabdomiolisis traumática), liberándose al medio extracelular potasio, magnesio, iones fosfato, áci-
dos creatincinasa, lactato deshidrogenasa y mioglobina y de ahí al torrente circulatorio, que final-
mente serán excretadas por los riñones. La liberación masiva de mioglobina hace que disminuya
la tasa de eliminación de orina, junto con la creación de un medio ácido orgánico que hace que
la mioglobina precipite. Esto ocasiona edema por la resorción del filtrado para intentar reestablecer
la circulación, mientras que la obstrucción y desprendimiento de las capas superficiales de la luz
de los túbulos renales causan insuficiencia renal con anuria, debiéndose tratarse de forma precoz
para impedir la muerte del paciente.

Al liberarse potasio, se produce una hipercaliemia pudiendo afectar a los potenciales de acción
y con ello a la contracción cardíaca ocasionando un fallo cardíaco si no se trata.

Al mismo tiempo que la liberación del contenido de los miocitos, se altera el equilibrio del agua
endógena en el intersticio muscular, provocando hipovolemia, menor perfusión y potenciándose
la insuficiencia renal anteriormente descrita y shock.

A la vez se liberan factores de la coagulación como tromboplastina, junto con un enlenteci-


miento de la circulación que provoca una obstrucción por fibrina. Produciendo un periodo de hi-
percoagulabilidad o CID7.

Se produce en primer lugar isquemia muscular y nerviosa y si el mecanismo que lo produce


continúa, se llegará a la necrosis de los mismos. Los nervios son especialmente susceptibles a
afectaciones del riego manifestándose rápidamente (parestesias). Los signos de falta de pulso,
palidez y parálisis son signos tardíos e indicativos de necrosis muscular.

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4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

Los signos y síntomas precoces de necrosis nerviosa es la parestesia que puede evolucionar
a anestesia total del miembro afecto y finalmente degenerar en una parálisis; la necrosis ocasiona
una alteración de las fibras musculares convirtiéndolas en tejido fibroso inelástico o contractura.
La Contractura Isquémica de Volkman son todas aquellas secuelas morfológicas y funcionales
de un síndrome compartimental que es mal tratado o tiene mala evolución. Tiene secuelas a nivel
neurológico, cutáneo, articular y muscular.

Signos de SC “Regla de las 5 P”:


• Pain (Dolor)
• Parestesia
• Pulsos (ausencia de)
• Palidez
• Parálisis.

El diagnóstico se basa por la clínica y la exploración física. Pero lo más certero y preciso sería
la medición de la presión intracompartimental mediante sensores electrónicos, siendo el valor
normal inferior a 10 mmHg.; cuando se encuentra por encima de 35-40 mmHg es indicativo de
fasciotomía. Si esta presión se mantiene durante 8 horas se termina produciendo lesiones tisu-
lares irreversibles.
Las fasciotomías son técnicas que consisten en la descompresión de un compartimento me-
diante la realización de una apertura completa del mismo, dicha herida se dejará abierta y se cu-
brirá con un paño estéril, examinándose a los 3-5 días en quirófano y suturándose la piel en el
caso de que el edema hubiese disminuido y se puedan aproximar los bordes sin tensión.
Este síndrome sólo se puede tratar de manera definitiva en el hospital.
Cuando detectemos los síntomas característicos que se suelen asociar a las fracturas, debe-
remos realizar exploraciones circulatorias, motoras y sensitivas y repetirlas regularmente para
detectar su evolución en el medio extrahospitalario.

4.1 Aplastamientos

El síndrome de aplastamiento prolongado (SAP) se manifiesta en personas que han sido li-
beradas de grandes compresiones mecánicas de parte o todo su cuerpo, padeciendo las
complicaciones relacionadas por la toxemia traumática, y cursando con compromiso circu-
latorio, con edematización del área afectada e inestabilidad hemodinámica y shock. En los
pacientes con SAP, la complicación más frecuente y complicada por su evolución clínica es
la insuficiencia renal aguda (IRA).

Las partes del cuerpo que estén comprimidas más de 15 minutos a una presión de 40-60
mmHg presentarán alteraciones a nivel muscular y nervioso, si el periodo de tiempo au-
mentara a 4 horas los efectos a nivel local serían de necrosis, isquemia y rabdomiolisis.
En el SAP podemos distinguir tres etapas:
• 1ª Etapa: el paciente es liberado de la compresión y los primeros síntomas son, dolor
local, alteración del movimiento de la extremidad afectada, pérdida de la sensibilidad y
parálisis de la misma. Presentará palidez cutánea y se pueden producir petequias, flic-
temas locales, eritema en el margen del área y vesículas en zona aledaña.

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4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

• 2ª Etapa: o período intermedio es el de mayor gravedad por las manifestaciones y com-


plicaciones clínicas que se producen. Suele cursar con taquicardia, hipotermia, mareos,
náuseas, palidez y debilidad. Valoraremos la tríada clínica característica de esta fase: el
edema duro e insensible de la zona afectada, el shock y posteriormente oligoanuria y
uremia. El paciente puede desarrollar IRA y fallo multiorgánico (después del riñón, el hí-
gado suele ser el órgano más afectado).
• 3ª Etapa: o período de restablecimiento, hay debilidad muscular prolongada (más fre-
cuente en la rabdomiolisis), aparecen las atrofias y contracturas musculares, limitación
funcional y neuropatía periférica con déficit neurológico.

Las primeras medidas que deberemos aplicar serán el tratar la insuficiencia respiratoria
aguda, el embolismo graso y la hemorragia o el shock que de no ser tratados conllevarían
la muerte temprana del paciente.

Los expertos europeos recomiendan la aplicación de torniquetes, la sedación y analgesia


previos a la descompresión de las miembros aplastados, justificándolo en la prevención del
llamado “síndrome del rescatado de la muerte”, que consiste en el agravamiento del pa-
ciente, que tras ser liberado se restablece la circulación periférica permitiendo el acceso al
torrente sanguíneo de sustancias tóxicas producidas por los tejidos lesionados (se produce
acidosis e hiperpotasemia). Los norteamericanos en cambio recomiendan el restableci-
miento de la circulación sanguínea de manera lenta y progresiva sobre todo si la compresión
se mantuvo durante varias horas.

Las prioridades del tratamiento en previsión de la IRA (factor indicativo más importante de
morbimortalidad), estarán encaminadas a la restitución de la volemia con estricto control
hemodinámico, la prevención de la hiperpotasemia, corregir la vasoconstricción y eliminar
la mioglobina tóxica; para ello debemos considerar la reposición suficiente de volumen, la
administración de manitol y alcalinos.

La hiperpotasemia la trataremos forzando la diuresis con expansión de volumen y furose-


mida, con alcalinización de la orina y con resinas de intercambio iónico.

La alcalinización urinaria con bicarbonato para prevenir la nefrotoxicidad por la mioglobina


no ha presentado a día de hoy las suficientes pruebas de evidencia científica para su indi-
cación.

En caso de mucha actividad muscular (agresividad, convulsiones), se puede emplear el


Diazepam, a unas dosis iniciales de 5-10 mg iv. lento, hasta un máximo de 30 mg.

Como recomendación general debemos manipular lo menos posible e inmovilizar las ex-
tremidades lesionadas a fin de no favorecer la liberación de más cantidades de sustancias
tóxicas al torrente sanguíneo.

5.- AMPUTACIONES. PROTOCOLO ACTUACION DE REIMPLANTE


Las amputaciones pueden suponer la amenaza de la vida y del miembro afectado, constitu-
yendo una emergencia médica. La actuación precoz por parte de los servicios sanitarios en el
propio escenario del accidente puede conseguir evitar una situación de shock y que pueda con-
servar las partes del cuerpo, aumentando las posibilidades de que se pueda reimplantar.8

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4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

La primera causa de pérdida del miembro es la amputación quirúrgica generalmente por en-
fermedades vasculares, la segunda causa es la debida a las amputaciones traumáticas en per-
sonas que trabajan en el campo e industrias, aquellas que usan equipos eléctricos (sierras
eléctricas, podadoras, etc.); también su incidencia es alta en personas que conducen motocicletas.
La edad ronda entre los 15 y los 40 años, más frecuente en varones, aunque cualquier persona
puede ser víctima de este tipo de amputación.

A continuación se expondrán los factores que influirán en la decisión de reimplante de la parte


corporal que ha sufrido una amputación.

Según el tipo de amputación se pueden clasificar en parciales y completas. En la amputación


completa la zona corporal afectada está completamente separada del mismo. La amputación par-
cial tiene lugar cuando hay algo de hueso, de tejido o de músculo que hace que se mantenga en
parte unida la zona separada del cuerpo.

Dependiendo del grado de lesión en tejidos blandos, nervios y vasos puede ser limpia como
en las amputaciones en guillotina con bordes de la herida definidos y lesión muy focalizada de
nervios, vasos y tejidos. En este tipo de amputaciones es más probable la reimplantación del
miembro.

En el caso de las amputaciones por aplastamiento, existe una importante lesión de todo tipo
de tejidos pudiendo existir daño extenso del borde de la herida, por ello como debe extirparse
todo el tejido dañado hace más dificultosa el reimplante y se obtienen menores posibilidades de
rehabilitación funcional completa de ese miembro.

Otro tipo de amputaciones es por arrancamiento ocasionando una sobredistensión tisular, los
tejidos blandos tales como nervios y vasos se visualizan como lesiones múltiples en la zona de
lesión haciendo que el pronóstico sea malo para el reimplante.

Las técnicas de microcirugía vascular actuales permiten el reimplante en una amputación trau-
mática de los dedos de las manos y de los pies junto con la de miembros.

La revascularización o cirugía de reconstrucción o de rescate del miembro, es la reinserción


de una parte del cuerpo que ha sufrido una amputación incompleta. La reimplantación consiste
en restablecer la función y vascularización de esa parte amputada.

Los datos clínicos del paciente que pueden influir para la posibilidad de reinserción y que se
recogen en las hojas de traslado son: 9
• Edad y sexo.
• Características de la amputación.
• Nivel de la amputación.
• Enfermedades concomitantes.
• Antecedentes personales importantes.
• Tratamiento actual.

Otros datos importantes a valorar son:

• Tipo de amputación: debemos saber el mecanismo lesional, ya que es importante para


decidir las probabilidades de resultados favorables para la reimplantación, ya que extremi-

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dades catastróficas, por arrancamiento o lesiones en nervios importantes son complejas.


En su contra, amputaciones limpias y las sufridas en niños sanos tienen buenos pronósti-
cos.
La escala Mangled Extremity Severity Score permite establecer el nivel de gravedad en los
traumatismos del miembro inferior, sus principios se basan en el grado de lesión de los te-
jidos esqueléticos y blandos, el grado de isquemia en el miembro, el nivel de shock y la
edad del paciente. Las puntuaciones oscilan entre 2 y 14; el rescate del miembro tiene más
posibilidades cuando la puntuación es de 6 o menor.
• Tiempo de isquemia: los tejidos tienen determinados tiempos de isquemia lo que determi-
nará la tolerancia a situaciones de disminución de aporte de oxígeno y de nutrientes. Si la
isquemia es muy grave puede llegar a la anoxia lo que implica que los tejidos de esa región
no podrán contar con la energía necesaria para sobrevivir. Esta situación provoca una si-
tuación de sufrimiento celular ocasionando necrosis.
En miembros donde existe una gran cantidad de tejidos blandos como en el antebrazo,
existe una baja tolerancia a la situación de isquemia, en los cuales no se debe de superar
las 6-8 horas hasta la reimplantación tras la lesión. En los dedos se puede tener resultados
óptimos hasta las 8 horas después de la lesión si se mantiene caliente, y hasta 24 horas si
se mantiene en frío.
También influye la intensidad de la lesión en la zona afectada durante la conservación y su
grado de contaminación.
• Localización anatómica: las lesiones en miembro superior tienen mejores pronósticos que
aquellas ocurridas en miembros inferiores, debido a la afectación de gran masa muscular.
Así como aquellas amputaciones por arrancamiento y aquellas lesiones de dedos únicos
proximales a la inserción del músculo flexor común superficial de los dedos de la mano (el
músculo flexor del antebrazo que realiza la flexión de las articulaciones interfalángicas pro-
ximales) se obtiene buenos resultados.
• Existencia de enfermedades concomitantes: la existencia de situaciones nutricionales
insuficientes, alteraciones psicológicas o fisiológicas (diabetes, vasculopatía periférica, de-
presión e hipertensión entre otras muchas) dificultan la reimplantación. También la coexis-
tencia de determinados hábitos como el consumo de cigarrillos dificultan la reimplantación
por la aparición de complicaciones, como el riesgo de formación de trombos en vasos re-
parados.
• Edad: el pronóstico o el éxito en un reimplante disminuyen con la edad ya que los pacientes
presentan múltiples patologías, un retraso en el período de curación y alteraciones vascu-
lares lo que hace la rehabilitación más difícil.

Las amputaciones conllevan una importante pérdida de sangre, aunque en el medio extrahos-
pitalario es posible que no haya una gran hemorragia debido a la vasoconstricción que se produce
en el muñón.

5.1 Actuación

Se debe iniciar realizando una anamnesis del paciente recabando la mayor cantidad de in-
formación del paciente intentando sobre todo recoger la información anteriormente citada
que puede influir en el reimplante del miembro. Es importante establecer el mecanismo le-
sional y el tipo de amputación de que se trata, ya que nos puede dirigir hacia la viabilidad
del miembro y al posible reimplante.

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4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

A continuación pasamos a la realización de la valoración inicial y la estabilización evaluando


las vías respiratorias, ventilación y circulación del paciente. Todo paciente traumatizado con
lesiones patentes o con sospecha de lesiones que puedan comprometer la vida debe recibir
un aporte de oxígeno suplementario con mascarilla tipo Venturi, con el intento de mantener
SatO2 >95%.

Al realizar la estabilización inicial del paciente con la inserción de vías periféricas e inicio
de la fluidoterapia para la reposición de la volemia, es posible la aparición de nuevo del
sangrado ya que al remontar la tensión arterial se puede favorecer la rotura del tapón he-
mostático. Dicha hemorragia se puede prevenir con la aplicación de compresión directa o
vendaje compresivo con gasas estériles sobre el muñón para cohibir el sangrado favore-
ciendo la hemostasia reservándose los torniquetes para hemorragias incoercibles por otros
medios.

Se debe determinar y anotar la hora cero o el momento en que se produce la lesión para
determinar el tiempo de isquemia caliente y la hora a la cual aplicamos las medidas de is-
quemia fría para la conservación del miembro amputado.

El uso del torniquete en extrahospitalaria está indicado en casos de amputación traumática,


de miembros catastróficos y de hemorragia grave no controlada por presión directa o ven-
daje compresivo; se ha comprobado una mejora de la efectividad en el manejo de los tor-
niquetes por parte de los cirujanos tras las experiencias militares en Afganistán e Iraq1,15 a
pesar de la isquemia distal que producen. Los torniquetes deben estar siempre visibles y
se anotará la hora de colocación según sistema de 24 horas.

Indicaciones para la colocación de un torniquete en extrahospitalaria:

• Fallo al intentar controlar el sangrado con métodos de presión.


• Heridas que por características de la misma no permita controlar el sangrado.
• Sangrado activo junto con la necesidad de realizar otras intervenciones emergentes
(ABC).
• Sangrado de múltiples focos.
• Herida (empalamiento) con cuerpo extraño que cursa con sangrado activo.
• Oscuridad total, espacio de extricación reducido y tiempo para el rescate prolongado.
• Factores ambientales adversos que dificulten nuestra atención sanitaria y pongan en
compromiso el estado hemodiná-
mico del paciente.
• Situaciones en las que el número de
pacientes y/o la severidad de las he-
ridas superan a los rescatadores im-
pidiendo un control efectivo del
sangrado.

Foto 2
Aplastamiento por vuelvo de un vehículo
con desgarro y sangrado activo controlado
con torniquete

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Recordamos que la colocación del torniquete se debe de hacer en la parte de la extremidad


donde solo hay un único hueso (húmero, fémur) y dentro de lo proximal de la extremidad,
en la parte más distal, para tener la menor área posible de afectación por la isquemia indu-
cida.

En casos de hemorragia que hayamos aplicado un torniquete en los que no haya amputa-
ción de la extremidad, si el traslado es superior a 30 minutos no se retirará el torniquete y
si es inferior se valorará su retirada si no existen signos de shock hipovolémico, inestabilidad
hemodinámica o el ratio rescatadores/pacientes es adecuado.

Lo ideal sería disponer de dispositivos diseñados para realizar la función de torniquetes,


aunque en la mayoría de los casos no es posible, por lo que debemos echar mano a nuestra
inventiva e improvisar con los medios de los que dispongamos (el más utilizado en el ámbito
de extrahospitalaria sería el esfingomanómetro aplicado sobre una compresa de gasa); la
premisa es que debe de ejercer una presión uniforme en forma de banda ancha hasta con-
seguir parar el sangrado, evitando las heridas o cortes que se producirían al utilizar ele-
mentos más estrechos. Una vez colocado el torniquete, debemos fijarlo para evitar que se
afloje accidentalmente y se reanude el sangrado.

Foto 3
Pierna catastrófica con hélice incrustada
y torniquete improvisado.

Es importante en estos pacientes por la alta posibilidad de inestabilidad hemodinámica que


monitoricemos las constantes vitales: tensión arterial, pulso, frecuencia cardíaca y respira-
toria, tipo de respiración, saturación periférica, nivel de conciencia, etc.

Tras la estabilización se inicia la analgesia con opiáceos i.v. lenta. La analgesia no solo
alivia el dolor sino que disminuye la contracción muscular y favorece la estabilización de la
fractura y con ello la disminución del dolor.

Al terminar la valoración inicial, se determina el lugar y momento más indicado para realizar
la valoración secundaria.10

Se deben eliminar los restos de material debido al alto riesgo de infección al ser una herida
abierta con alta exposición de estructuras internas (huesos, músculos, vasos) al medio
ambiente. En aquellas lesiones traumáticas producidas en sitios como granjas, vertederos,
acequias o mataderos se deberá prever la posibilidad de infección grave por gérmenes
anaerobios que pueden dificultar la viabilidad del miembro amputado. Entre estos gérmenes
se encuentran Bacillus sp. y el Clostridium Perfringens, aunque la mayoría de las infecciones

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en los traumatismos abiertos y amputaciones son debidas a la contaminación nosocomial


cuyos gérmenes más comunes son el Staphylococcus aureus, Enterococcus y gram nega-
tivos.11

La realización del lavado e irrigación con antiséptico (que no coloree para no enmascarar)
de la herida y del muñón es un procedimiento muy controvertido en la actualidad. La prio-
ridad que tenemos ante un paciente con una amputación, es la estabilización y el traslado
urgente al hospital por lo que algunos autores desaconsejan el lavado si la llegada al hos-
pital es inminente. El lavado y desbridamiento quirúrgico final se realizará en el quirófano.
En los casos de amputaciones completas, el segmento amputado se lava con suero fisio-
lógico, se envuelve en compresas estériles húmedas empapadas en suero Ringer Lactato
o Salino estéril para asegurar la hemostasia y su protección; a continuación lo introducire-
mos en una bolsa de plástico o contenedor seco, sumergiéndolo en un recipiente con hielo
picado, de esta manera conseguiremos conservarlo bajo isquemia fría a 4 grados centígra-
dos para intentar retrasar el metabolismo anaerobio celular, con lo que se podrá preservar
hasta 4-12 horas según tipo y localización anatómica de la lesión; se evitará el contacto di-
recto del hielo con los tejidos ya que puede producir quemaduras por congelación irrever-
sibles. No se debe utilizar nunca hielo seco como agente de enfriamiento, debido a que
incrementa la formación de cristales y de la lesión tisular. El contenedor del miembro am-
putado deberá ser identificado con el nombre del paciente y la parte del cuerpo que contiene
y se debe enviar al hospital junto con el paciente.

En caso de amputaciones incompletas se realiza lavado de la zona semiamputada, coloca-


ción de vendaje compresivo e intentando cierta alineación e inmovilización ósea del miem-
bro para evitar la torsión y rotación de los tejidos lesionados pudiendo agravar o dificultar
el reimplante posterior.

Hay que aplicar paños estériles en los dispositivos de inmovilización (férula neumáticas,
colchón de vacío, etc.) intentando una correcta estabilización y alineación ósea, acolchán-
dolo ya que disminuirá el dolor y de manera secundaria evitará lesiones en el foco de frac-
tura debida a la sección arterial y nerviosa. Inmovilizamos en la posición más anatómica
posible e iniciamos el traslado. Si hubiera que movilizarle se haría en bloque.

No nos olvidaremos de comprobar que el paciente y la extremidad afectada están correc-


tamente fijados a la camilla para evitar el desplazamiento de los miembros lesionados y
evitar así caídas. Se fijan las extremidades con el colchón de vacío, pudiéndose utilizar
como material auxiliar férulas, sábanas enrolladas, vendas, etc. Al mismo tiempo con estos
dispositivos de inmovilización mitigaremos el efecto de las vibraciones y favoreceremos el
aislamiento térmico del paciente.

Es importante considerar el riesgo de sufrir cierto grado de hipotermia por su permanencia


en el lugar del accidente, por la inestabilidad hemodinámica debida a la pérdida hemática,
por la realización de maniobras terapéuticas y por la retirada de parte de sus ropas, por lo
que debemos de mantener una temperatura de la cabina asistencial cálida así como arropar
al paciente con mantas térmicas.

La valoración del paciente empleando la escala Trauma Score Revisado (TSR) nos permite
la categorización por su nivel de gravedad y el pronóstico de la lesión y un buen predictor
de la mortalidad en el trauma. Se realiza a partir de la Escala de Coma de Glasgow, la ten-
sión sistólica y la frecuencia respiratoria, siendo este último unos de los datos que más fre-
cuentemente se olvidan de registrar por parte de los profesionales de la extrahospitalaria y
nos imposibilita la obtención de los resultados de esta tabla.

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Tabla I. Revised Trauma Score (RTS, versión Triage)

Puntuación 4 3 2 1 0

Escala de coma de Glasgow 15-13 12-9 8-6 5-4 3

PA sistólica >89 89-76 75-50 49-1 0

Frec. respiratoria 29-10 >29 6-9 1-5 0

Útil en la clasificación de pacientes graves en accidentes de múltiples victimas.

El objetivo en el traslado del paciente es el de evitar lesiones vasculares y nerviosas man-


teniendo el miembro en las mejores condiciones hasta poder dar el tratamiento definitivo
en el hospital. Por ello los cuidados durante el desplazamiento deben ser en decúbito supino
con cabeza y tronco alineados todo lo posible, buena inmovilización, reposición de la vole-
mia, mantenimiento de la hemodinámica, analgesia, administración de oxigenoterapia, etc.
Se debe realizar previo al transporte ya que será complicado realizarlo durante el traslado.

5.2 Reimplantes

Al estar hablando de una lesión tiempo-dependiente, se debe derivar a un centro asistencial


especializado en unidades de soporte vital avanzado, siendo el mejor medio del traslado el
aéreo según las distancias. En el transporte de este tipo de pacientes hay que considerar
la distancia a recorrer, dificultad de acceso al paciente, densidad del tráfico, situación me-
teorológica, disponibilidad de recursos, etc.12

En el transporte sanitario aéreo hay que considerar una serie de atenciones y cuidados
que proceden de la diferencia en la altura, presión y temperatura que va a influir en la fisio-
patología del paciente y en el material electromédico.

En este tipo de lesiones en las que existe un alto riesgo de compromiso vital o de pérdida
funcional del miembro, se debe elegir como hospital receptor aquel que disponga de espe-
cialidades para el tratamiento quirúrgico, es decir aquel que disponga de Unidad de Cirugía
Vascular o Unidad de Reimplantes bien para prever que el paciente va a ser operado de
urgencia o que precisa cuidados vitales avanzados continuados. Por ello se debe elegir co-
rrectamente el hospital receptor, trasladando toda la información útil disponible y así ase-
gurarse una óptima recepción del paciente.

La solicitud de traslado a un centro útil debe ser inmediata tras la valoración del paciente y
sus lesiones. En la Comunidad de Madrid se contacta con la ONT (Organización Nacional
de Transplantes) ante la eventualidad de que se esté cursando otro reimplante fuera de la
Comunidad. A su vez nos ponemos en comunicación con el Centro de Coordinación de Ur-
gencias para que se pongan en contacto con el Hospital de La Paz, avisando al Servicio de
Cirugía Plástica de guardia y al Servicio de Urgencia de dicho Hospital.

La transferencia en el hospital es importante para lo cual deberemos transmitir toda la in-


formación de la que dispongamos como puede ser:
• Datos de interés del paciente
• Lugar del accidente, permite al cirujano valorar el riesgo de infección por contaminación
de la herida y orientarle hacia un tratamiento antibiótico.

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• Tiempo aproximado del inicio del traumatismo.


• Situación neurovascular previa a la inmovilización y su evolución.
• Tipo de estabilización efectuada en la fractura.
• Mecanismo de conservación del miembro.
• Tiempo y tipo de isquemia efectuada
• Cuidados administrados y tratamiento

Tabla II. CLASIFICACIÓN DE LESIÓN DE GUSTILO [10]


Grados Descripción de la Lesión

Grado I Herida abierta menor a 1 cm2; fractura ósea simple con trituración mínima.

Grado II Herida de 1 a 10 cm2, no hay daño mayor al tejido blando;


destrucción mínima; trituración y contaminación moderadas.

Grado III Heridas mayores que 10 cm2, con gran daño al tejido,
resultando difícil cubrir hueso o elementos de osteosíntesis
expuestos; trituración de hueso. Dividido en 3 subgrupos:

Grado IIIA Suficiente tejido blando para cubrir hueso.

Grado IIIB Gran daño al tejido con separación del periostio


(periosteal stripping), haciendo que la cobertura con tejido blando
local no sea suficiente; necesidad de cierre del colgajo.

Grado IIIC Lesiones Grado IIIB con daño vascular mayor que requiere reparación.

El reimplante de una extremidad es parte esencial en la Cirugía Plástica y se concentra en


el tratamiento de heridas originadas por traumatismo, procesos crónicos y cáncer. El objetivo
principal en nuestro caso es la de facilitar al equipo quirúrgico toda la información disponible
e intentar preservar la extremidad amputada en las mejores condiciones posibles; con nues-
tro trabajo bien realizado se obtendrán las mayores posibilidades de lograr con éxito la re-
construcción de estructuras óseas, vasculares, nerviosas y musculares para revascularizar
y reinervar la extremidad e intentar salvar su funcionalidad y estética.

Las posibilidades de éxito también dependen en gran medida del nivel de amputación, me-
canismo lesional, grado de lesión tisular y tiempo de isquemia caliente13.

No están indicados los reimplantes de un solo dedo salvo que se trate de motivos estéticos
o funcionales, sean niños con gran capacidad de regeneración o se trate del 1º dedo que
es el responsable de la función prensil.

a) Indicaciones de reimplantes:
• No existen indicaciones absolutas.
• Los pacientes no deben padecer enfermedades crónicas excluyentes para la realiza-
ción del reimplante.
• Miembros con tiempos de isquemia menores de 6 horas y de un máximo de 20 horas
(según parte amputada), si se ha hecho isquemia fría del segmento desde la hora
cero de la lesión.

551
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

• Realización correcta de las medidas de conservación del miembro amputado (bolsa


seca cubierta de hielo).
• No existencia de lesión vital o shock severo.
• Amputaciones de origen diferentes a aplastamiento, avulsión o contaminación ma-
siva.
• En amputaciones en el húmero, inferiores y distales de la inserción de la V deltoidea

b) Contraindicaciones absolutas:
• Presencia de lesiones con riesgo vital.
• La existencia de enfermedades crónicas excluyentes para el procedimiento de reim-
plante.
• Aplastamientos importantes con desvascularización masiva.
• Tiempo de isquemia caliente superior a 6 horas.

c) Contraindicaciones relativas:
• Tiempo de isquemia >12 horas.
• Amputaciones por avulsión.
• Lesiones múltiples asociadas.
• Contaminación severa.
• Fractura de tibia tipo IIIC de Gustilo.
• Imposibilidad de reconstrucción por interrupción total del nervio tibial posterior en
adultos.
• Edad >55 años.

6.- DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA


• Déficit de oxigenación tisular relacionada con aumento de la demanda de oxígeno y disminu-
ción del aporte.
• Riesgo potencial de disminución de la perfusión tisular, cerebral, cardiaca, pulmonar, renal re-
lacionado con traumatismo o compresión de los vasos sanguíneos, hipotensión y respuesta
simpática al estrés
• Riesgo de disminución de gasto cardiaco por disminución de la precarga secundaria a hemo-
rragia.
• Riesgo de desequilibrio de la temperatura corporal.
• Riesgo potencial de hipotermia por disminución de la perfusión tisular.
• Riesgo de disfunción neurovascular periférica.
• Riesgo de alteración de la eliminación urinaria.
• Integridad cutánea alterada.

552
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

• Integridad tisular alterada.


• Riesgo de déficit de volumen de líquidos.
• Dolor agudo relacionado con el proceso traumático.
• Riesgo de infección.
• Riesgo de ansiedad.
• Náuseas relacionadas con el uso de analgésicos opioides.
• Riesgo de síndrome postraumático.

7.- RESUMEN
En la asistencia extrahospitalaria el manejo del trauma ortopédico es muy diferente al realizado
en los servicios hospitalarios, debido a que el personal sanitario en este medio está sometido a
unas condiciones medioambientales, de seguridad y de presión social entre otros, que pueden
hacer muy adversas las tareas de prestación de ayuda sanitaria al paciente y en algunas situa-
ciones en menoscabo de nuestra seguridad personal y del paciente.

Las particularidades de la asistencia extrahospitalaria hace que se necesite en alguna que otra
ocasión tener que hacer uso de la improvisación debido a las características de la situación, del
tipo de paciente y los medios disponibles.

Según la premisa de vida-órgano-función, nuestra actuación estará enfocada a preservar la


vida del paciente haciendo hincapié en la evaluación primaria (ABCDE), con control de las he-
morragias y estabilización del estado hemodinámico y a intentar preservar la integridad del miem-
bro afecto con la finalidad de prevenir secuelas futuras que le impidan o limiten el movimiento.

En los pacientes que presentan este tipo de lesiones, es primordial la estabilización de las le-
siones que puedan comprometer su viabilidad. Después de una valoración primaria y secundaria
y con una correcta estabilización hemodinámica deberemos trasladarlo de manera rápida y segura
a un hospital útil y en el medio de transporte más idóneo, por ello el uso de dispositivos y manio-
bras de inmovilización durante el traslado es importante porque se podrían agravar las lesiones.
Antes del traslado es importante ser previsores con las posibles complicaciones que nos pueden
aparecer y anticiparnos a ellas mediante la realización de las técnicas que controlen cualquier si-
tuación que nos complique la llegada al hospital donde recibirá los cuidados definitivos.

En las amputaciones traumáticas nuestra función respecto al paciente está encaminada al


control del sangrado, reposición de la volemia, control del dolor y estabilización e inmovilización
de la extremidad; con respecto al miembro amputado deberemos intentar preservarlo en las me-
jores condiciones de isquemia fría y hemostásica a fin de facilitar al cirujano la posibilidad de
reimplantarlo, para ello tenemos que elegir conjuntamente con el centro de coordinación el hos-
pital útil y recoger todos los datos que se estipulan en el protocolo de reimplantes.

Con la constante evolución en el campo de la tecnología sanitaria, se mejoran los aparatos de


electromedicina, la aparición de fármacos más efectivos y de más rápida acción, así como la re-
novación de los vehículos de transporte sanitario, hacen que la asistencia sanitaria extrahospita-

553
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

laria mejore sus cuidados y se puedan aumentar los pronósticos favorables de patologías que
hasta hace pocas décadas tenían un final funesto e invalidante, permitiendo que lesiones muy
traumáticas consigan una funcionalidad casi o igual a la que poseían.

8.- BIBLIOGRAFÍA

1. Frame S. Traumatismo osteomuscular. En: Soporte vital básico y avanzado en el trauma prehospitalario (PHTLS).
5ª Edición. Madrid. 2004. p. 272- 286
2. Soporte Vital Avanzado en Trauma para Médicos. ATLS manual del curso para estudiantes. 8ª Ed. Estados Unidos
de América, 2008
3. Serrano Simoneau J, Morillo J. Asistencia prehospitalaria a pacientes con alteraciones musculoesqueléticas. En:
Morillo J. Editor. Manual de enfermería de asistencia prehospitalaria urgente. Madrid: Elsevier; 2007. p.341- 344.
4. McRae R, Esser M. Tema [Link]ía patológica y consolidación de las fracturas. En: Tratamiento práctico de frac-
turas. Madrid. Elsevier. 2003. p 36-48.
5. Corral Torres E. Manejo prehospitalario del trauma grave. En: Pacheco A. Manual de emergencia médica prehos-
pitalaria. Madrid. Arán. 2001. p.179-196
6. Villa Bastías E. Del Fresno Asensio A. Síndrome Compartimental agudo. Hospital Universitario Virgen de la Victoria.
Málaga
7. Kring D. “Rabdomiolisis. Cómo tratar este peligroso trastorno desencadenado por la rotura masiva del tejido mus-
cular” En: Revista Nursing. 2006. Volumen 24, Número 4.
8. Blank-Reid C,”Amputaciones. Cuál debe ser nuestra respuesta para salvar la vida del paciente y rescatar su miem-
bro amputado”. Revista Nursing 2004, Volumen 22, Número 2.
9. Protocolo reimplantes de extrahospitalaria de SUMMA112 Comunidad de Madrid. 2011.
10. Mañanes González,E; López Sánchez. Mª T. Traumatismo de extremidades. En: Fernández Ayuso D. Manual de
enfermería en emergencia prehospitalaria y rescate. 2 ed. Arán.2008
11. Díez Fernández. M; Traumatismo ortopédico. Atención extrahospitalaria. En: Fernández Ayuso D. Cuidado integral
al paciente crítico. De la extrahospitalaria a la UCI. Madrid. Elsevier 2009. p. 212-215
12. Gustilo RB, Merkow RL, [Link] of open fracture.J Bones Joint Surg Am.1999:72:299-304
13. Jiménez Pérez. C, Crespo Velasco. P, Trauma ortopédico. Reimplante de miembros. En: Serrano Moraza. A, editor.
Manual de Helitransporte [Link]. Elsevier. 2008 .p 244-251
14. Wilson. CW., Grande. CM, Hoyt, BD. Trauma Emergency Resuscitation Perioperative Anesthesia Surgical Mana-
gement. Informa Healthcare. USA. 2007.
15. Owens BD, Kragh JF, Wenke JC, et al. Combat wounds in operation Iraqi freedom and operation enduring freedom.
J Trauma 2008;64(2):295–303.
16. Serrano Moraza, A., Fernández Ayuso, D. Manual de helitransporte sanitario. 1ª ed. Elsevier. 2009.
17. Legome E, Shockley L.W. Trauma: A Comprehensive Emergency medicine Approach. United Kingdom at the Uni-
versity Press, Cambridge. ISBN 978-0-521-87057-3. 2011

LECTURAS RECOMENDADAS

18. Eslava Echavarren E, Goya Arrese A, García S. Amputación traumática de extremidades. Libro electrónico de
temas de urgencia. Servicio Navarro de Salud. Disponible en:
[Link]
aumatologia%20y%20Neurocirugia/Amputacion%[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.
19. Pérez Bernal JB. Actualización en trasplantes 2005. Hospitales universitarios Virgen del Rocío. Sevilla. Sevilla:
Egea Impresores SL, 2005. Disponible en: [Link]
net/CmsHUVR/galerias/documentos/publicaciones/trasplantes/[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.
20. Pérez Hernández MA, Terán Saavedra P, Casado Pérez C. Reimplantes [del miembro superior]. En: Manual de
Cirugía Plástica. Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Disponible en: [Link]
[Link]/documentos%20manual%[Link]. Ultimo acceso noviembre 2011.

554
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.9 Traumatismo ortopédico. Síndrome de Aplastamiento. Amputaciones. Protocolo de actuación para reimplantes

21. Vega García C, Camporro Fernández D. Reimplante y amputaciones del miembro inferior. En: Manual de Cirugía
Plástica. Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Disponible en: [Link]
cumentos%20manual%[Link]. Ultimo acceso noviembre 2011.
22. González Posada, MA, Quintana Diaz, M. Fluidoterapia en el paciente politraumatizado. Fresenius Kabi.
[Link]
CIENTE%20POLITRAUM%C3%[Link]. Ultimo acceso mayo 2012.

555
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.10 Traumatismos en casos especiales:


embarazada y población anciana
AUTORES: Esther Martínez Martín, Oscar Carrillo Fernández,
Pilar Medina Díaz, Margarita Barón Romero
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

ÍNDICE
1.- Traumatismos en embarazadas
1.1 Objetivos
1.2 Introducción
1.3 Cambios anatómicos y fisiológicos en la embarazada
1.4 Mecanismos de lesión
1.4.1 Traumatismos cerrados
1.4.2 Traumatismos penetrantes
1.4.3 Quemaduras y lesiones eléctricas
1.5 Valoración
1.6 Tratamiento, diagnósticos y cuidados de enfermería
1.7 Resumen

2.- Traumatismos en la población anciana


2.1 Objetivos
2.2 Introducción
2.3 Cambios fisiológicos
2.4 Mecanismos de lesión
2.5 Valoración
2.6 Tratamiento, diagnósticos y cuidados de enfermería
2.7 Resumen

3.- Bibliografía

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

1.- TRAUMATISMOS EN LA MUJER EMBARAZADA.


1.1 Objetivos

• Conocer los cambios anatómicos y fisiológicos de la mujer gestante.


• Identificar los mecanismos de lesión que pueden afectar tanto a la mujer embrazada
como al feto.
• Distinguir el manejo inicial de la mujer embarazada traumatizada.

1.2 Introducción

Actualmente la principal causa de muerte no obstétrica durante el embarazo son los trau-
matismos. La causa más común de muerte fetal es el shock materno, que se asocia a un
índice de mortalidad fetal del 80%. El desprendimiento placentario es la segunda causa
más común de muerte fetal, con tasas fetales de mortalidad del 30-68%.1

La mujer gestante puede sufrir las mismas lesiones que la mujer no embarazada, con la di-
ferencia de que los cambios anatómicos y fisiológicos pueden modificar la respuesta orgá-
nica al traumatismo, por lo que la evaluación puede ser especialmente difícil. Se debe tener
en cuenta que tratamos en todo momento con dos o más pacientes, y que el feto puede su-
frir tanto lesiones directas como secundarias a las alteraciones maternas, por lo que es prio-
ritario estabilizar a la madre.

El personal prehospitalario debe estar alerta ante esos cambios.

1.3 Cambios anatómicos y fisiologícos en la embarazada

• Anatómicas: A partir de la 12ª semana de gestación, el útero es un órgano abdominal,


estando antes protegido por la pelvis ósea. Para aproximar la edad gestacional nos guia-
remos por la altura uterina, a nivel del ombligo nos encontramos con una gestación de
20ª semanas, creciendo posteriormente 1 centímetro por semana, situándose en margen
costal inferior alrededor de la 36ª semana. Durante las dos últimas semanas el feto des-
ciende a medida que la cabeza fetal se encaja en la pelvis, por lo que hay una mayor
susceptibilidad del útero y su contenido frente a un traumatismo.2,3

• Alteraciones hemodinámicas: El volumen plasmático aumenta durante todo el emba-


razo, por lo que una gestante puede tener importantes pérdidas hemáticas (30-35% de
manera paulatina y un 20% de forma brusca) sin presentar sintomatología de hipovole-
mia, pudiendo estar agravada por compresión de la vena cava, por lo que el feto puede
estar en shock aunque la madre no lo esté. Debemos anticiparnos a esa situación.2,3

El uso de drogas vasoactivas está contraindicado en el tratamiento de


shock, ya que acentúa la hipoxia fetal.
FC: Especial cuidado de no malinterpretar la taquicardia como respuesta
a hipovolemia.
PA: Podemos tener hipotensión por la hipovolemia, así como síndrome
de hipotensión supina (poner en decúbito lateral izquierdo, elevar la cadera
derecha o desplazar útero manualmente hacia la izquierda).

559
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

• Alteraciones respiratorias: El consumo de oxígeno está aumentado, por lo que debe-


mos mantener una oxigenación adecuada. El volumen corriente se ve aumentado, in-
crementándose la ventilación minuto. El crecimiento uterino produce elevación
diafragmática, ensanchando las costillas que unido a la hiperventilación aumenta las po-
sibilidades de sufrir un neumotórax a tensión. En caso de necesitar tubo de drenaje pleu-
ral deberá insertarse dos espacios por encima de lo habitual en una no gestante.2,3

• Alteraciones neurológicas: No confundir la eclampsia con un TCE y viceversa. Signos


típicos de la eclampsia: hipertensión, hiperreflexia, edemas periféricos, proteinuria.2,3

• Alteraciones en el flujo uterino: El aporte sanguíneo del útero en una mujer no emba-
razada es de aproximadamente 60 ml/min, y en la gestación pasa a ser de 600 ml/min.
Este dato es importante porque ante situación de hipovolemia, se va a producir una va-
soconstricción de la arteria uterina para mantener el adecuado aporte vascular cerebral
y cardiaco materno. Son imprescindibles maniobras agresivas para restaurar el volumen,
manteniendo una adecuada oxigenación fetal. Por otro lado, si se lesionan los vasos
uterinos se producirá una rápida y masiva hemorragia materna.2,3

Tabla resumen de los cambios anatómicos y fisiológicos de la embarazada.

Repercusión de la
Órgano Alteraciones
alteración

Cardiovascular Aumento del volumen sanguíneo Aparición más tardía de


de 4 a 5.6 litros. signos de depleción de
volumen.
Aumento del GC en 1.5 l/min.
A término el decúbito supino
Aumento de la frecuencia
puede disminuir en un 30%
cardiaca en 15-20 lat/min.
el gasto cardiaco.
Descenso de la presión arterial
en 5-15 mm Hg.
Cambios ECG: bajo voltaje,
desviación del eje a la izquierda,
alteraciones repolarización.

Respiratorio Descenso de la reserva Importante la oxigenoterapia


respiratoria, (frecuencia normal). precoz.
Aumento de un 40% del volumen Respuesta modificada a los
tidal y volumen minuto. anestésicos inhalados.
Ascenso del diafragma. Descenso de la PCO2 a 30
mm Hg y de la capacidad de
Disminución del volumen
tampón de la sangre.
residual.

560
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

Hematológico Descenso del hematocrito. Anemia fisiológica del


embarazo.
Aumento de leucocitos y de la
velocidad de sedimentación Hipercoagulabilidad con
globular. mayor riesgo de TVP con la
inmovilización.
Aumento de los factores de
coagulación I, VII, VIII, IX y X, del
fibrinógeno y descenso de los
valores del activador del
plasminógeno.

Gastrointestinal Retraso del vaciado gástrico. Mayor riesgo de aspiración.


Desplazamiento del intestino al Modificación de los patrones
abdomen superior. de lesión.
Peritoneo parietal adelgazado por Menos evidentes los signos
la compresión del útero de peritonismo.

Urinario Vejiga desplazada hacia una Susceptible de lesión en el


posición intraabdominal. traumatismo abdominal.

Endocrino Aumento en un 30% del peso de El shock puede causar


la hipófisis necrosis de la hipófisis
anterior, dando lugar a
insuficiencia hipofisiaria.

Pelvis Aumento del tamaño y peso del A partir de la 12ª semana el


útero que pasa a ser un órgano útero es más susceptible de
abdominal a partir del segundo lesión tras traumatismo
trimestre. abdominal directo.
El flujo sanguíneo uterino Las lesiones uterinas
aumenta de 60 a 600 ml/min. pueden suponer importantes
pérdidas sanguíneas.
Aumento de vascularización en el
anillo pélvico. La fractura de pelvis puede
provocar sangrado masivo.

Tomada de Soporte Vital Avanzado en Trauma. 2003.4

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

Motivos de consulta Antecedentes ginecológicos


• Accidentes de tráfico. • Grupo sanguíneo materno.
• Caídas accidentales. • Alergias a fármacos
• Agresión física. • Antecedentes de cesáreas
• Herida por arma blanca • Número de hijos
o de fuego.
• Malos antecedentes
• Quemaduras. obstétricos
• Electrocución o herida causada • Enfermedad materna.
por electricidad.
• Vacunación antitetánica.

1.4 Mecanismos de lesión

Nos centraremos en las lesiones relacionadas con el abdomen, ya que el resto no se dife-
rencia respecto a la mujer no gestante. En caso de necesitar poner un tubo de tórax, éste
debe colocarse dos espacios por encima de un paciente no gestante, es decir en el cuarto
espacio intercostal linea media axilar. A mayor estado de gestación, más importantes son
las lesiones2,3.

1.4.1 Traumatismos cerrados

Están producidos por golpes directos sobre la pared abdominal (volante, air-bag, sal-
picadero), también por fenómenos de aceleración y desaceleración, contragolpe…

La repercusión sobre el feto y la madre es grave, en la que puede llevar a la denomi-


nada “apoplejía uterina de Couvelier”, con pérdida de la capacidad contráctil del mio-
metrio y causa de histerectomía para poder cohibir la hemorragia.

El uso de cinturón de seguridad dismi-


nuye la morbimortalidad materna, pero
puede afectar al feto si su fijación y co-
locación no son las correctas. La posi-
ción normal del cinturón produce
importantes lesiones sobre el feto. Exis-
ten dispositivos para poder sujetar el
cinturón por debajo del abdomen. Debe-
mos conocer que tipo de sujeción utili-
zaba la paciente así como la existencia
de equimosis, especialmente en el ab-
domen inferior, que puede indicar lesión
posible por el cinturón de seguridad.

• Abruptio Placentae.
Es la principal causa de muerte fetal tras un traumatismo, 60-70%. Consiste en el
desprendimiento de la placenta no previa de su inserción decidual, de manera par-
cial o total. Los signos y síntomas varían según el grado de desprendimiento, pero
en un desprendimiento parcial la hemorragia puede no ser llamativa.2,4,5

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

• Placenta previa.
Es la inserción total o parcial de la placenta en la parte inferior del útero, pudiendo
ocluir el orificio cervical interno. Puede ser de inserción baja, marginal o completa,
por lo que un traumatismo puede producir hemorragia importante, se conoce como
“agua de lavar carne”. 2,4,5

PATOLOGIA PLACENTA PREVIA ABRUPTIO PLACENTAE

INICIO Lento Brusco, agudo

SANGRADO Vivo y abundante Oscuro

DOLOR Indoloro Doloroso

TONO UTERINO Normal Hipertónico

SUFRIMIENTO FETAL No Si

Diferencias placenta previa y abruptio placentae

• Fractura pélvica.
Mayor frecuencia en accidentes de tráfico y precipitaciones, con peores consecuen-
cias a mayor edad gestacional por ser una zona muy vascularizada. Puede acompa-
ñarse de hemorragia retroperitoneal, uretral, vaginal y desgarro visceral. En el tercer
trimestre el feto ha descendido a la pelvis ósea, existiendo mayor riesgo de fractura
de cráneo así como deformidades en el canal del parto.2,4

• Hemorragia fetomaterna.
La posibilidad de hemorragia es cinco veces mayor en la gestante que sufre algún
tipo de traumatismo, produciéndose paso de la circulación fetal a la materna. Se pro-
duce anemia fetal, muerte por exanguinación fetal y sensibilización Rh en mujeres
Rh – y el feto Rh+.2,4

• Lesiones intraabdominales.
El útero grávido protege a las vísceras abdominales, pero puede producirse rotura
esplénica, hemorragia retroperitoneal, lesión renal y laceración hepática.2,4

• Rotura uterina.
Poco frecuente, la mortalidad materna ocurre en el 10% de los casos. Casi siempre
provoca la muerte fetal. Asociada con un traumatismo abdominal frontal severo, con
fracturas de la pelvis y edad gestacional próxima a término. Clínica variable, desde
pequeñas molestias abdominales en mujer hemodinámicamente estable, a un gran
dolor uterino en una mujer con shock hipovolémico. Esta lesión puede acompañarse
de otras lesiones viscerales. Aumenta el riesgo si la paciente tiene antecedentes de
cesáreas o cirugías uterinas 2,4

• Embolismo de líquido amniótico.


Se comporta de manera similar al TEP, es causa frecuente de CID, por lo que se cebe
hacer cesárea urgente. Su clínica es dolor torácico, disnea, insuficiencia cardiaca de-
recha, taquipnea severa, shock cardiogénico, taquicardia, arritmia y PCR. 2,4

• Contracciones uterinas.
La frecuencia e intensidad están relacionadas con la gravedad de la lesión y la edad
gestacional.2,4

563
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

1.4.2 Traumatismos penetrantes

Suelen producirse heridas por arma de fuego, arma blanca, o enclavamiento de algún
cuerpo extraño. El útero es un órgano diana para estas lesiones, dependiendo de la
localización de la herida esperaremos unas lesiones viscerales u otras. La proximidad
del feto y la placenta a la pared anterior abdominal, les hace muy susceptibles.

De ser lesionados, cuando se produce un traumatismo penetrante, actúa de “escudo


materno”. En el embarazo las vísceras intrabdominales se desplazan craneal y late-
ralmente, pudiendo producirse lesiones intestinales.3,4

1.4.3 Quemaduras y lesiones eléctricas

El acercamiento inicial a la gestante con quemaduras debe ser igual que si no estu-
viera embarazada. El manejo depende de la localización, extensión y profundidad de
las quemaduras. Del total de pacientes atendidos en las unidades de quemados las
embarazadas representan el 4% (ver capítulo del paciente quemado).

El hecho de estar embarazada, no modifica la supervivencia materna, no así la su-


pervivencia fetal.

En las gestantes con quemaduras severas (con más del 50% de la superficie corporal
afectada), debe provocarse el parto para salvar a la madre y mejorar la supervivencia
fetal.

Las principales causas de muerte materna son:

- En un primer momento la hipoxia (inhalación) y la hipovolemia (pérdida masiva


de líquidos que se produce con las quemaduras). Y posteriormente, al igual que
en las pacientes no gestantes, las complicaciones derivadas de la infección de
las quemaduras y la sepsis posterior.2,3,4

• Herida eléctrica
Las pacientes gestantes con estas lesiones deben ser tratadas como si no estu-
vieran embarazadas. El pronóstico fetal es incierto (pocos casos publicados).3

1.5 Valoración

Se remite al capítulo de valoración inicial y secundaria con las consideraciones especiales


de la mujer embarazada visto con anteioridad.

1.6 Tratamiento. Diagnósticos y Cuidados de Enfermería

TRATAMIENTO: 6,7,8

Tras la valoración inicial del paciente: ABCDE, con control de la columna cervical:

• Monitorizar: TA, FC, SPO2, FR, ECG.


• Administrar oxigenoterapia a alto flujo. Intentar mantener SPO2 por encima de 95%.
• Valorar IOT en pacientes hemodinámicamente inestables. No están contraindicados
los habituales fármacos en sedorelajación, pudiendo utilizar las habituales secuencias

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

para la intubación orotraqueal, aunque se recomienda utilizar la dosis mínima eficaz.


• Se ha observado que los relajantes musculares tales como: Bromuro de Pancuronio,
Vecuronio y Rocuronio son seguros en operaciones de cesárea.
• Canalizar 1 ó 2 vías venosas periféricas de grueso calibre e iniciar perfusión de líqui-
dos de acuerdo con el estado hemodinámico del paciente. Mantener TAS 90 – 100 mm
Hg. Si fuese necesario canalizar vía central evitaremos el acceso femoral en el caso
de traumatismo abdominal.
• Sueroterapia: Las embarazadas tienen hasta el 50 % más de las necesidades de las
no grávidas.
• Utilización de cristaloides (suero fisiológico) instaurando 300 ml de suero por cada 100
ml de volumen perdido.
• Utilizar coloides (voluven®), preferentemente en casos de shock hipovolémico III - IV.
En este caso iniciar con cristaloides (cada 100 ml perdidos reponer con 300 ml) alter-
nando con coloides en función del grado de shock (a razón de 3 : 1).
• Analgesiar al paciente: Fentanilo 1 – 2 microgramos / kg. i.v.
• Valorar colocación de sonda vesical o nasogástrica, salvo contraindicación.
• No administrar líquidos por vía oral. Recordar que debido al retraso en el vaciamiento
gástrico toda embarazada se considerará “con estómago lleno” de cara a la intubación.
• Abrigar al paciente para evitar hipotermia.
• Reevaluar las constantes periódicamente.

Evacuación y traslado:

Tener en cuenta que “siempre actuaremos como si la paciente tuviese lesiones de co-
lumna vertebral y/o medular, con un cuidado exquisito a nivel cervical, mientras no se de-
muestre lo contrario”.

Para minimizar las repercusiones hemodinámicas así como respiratorias de la compresión


uterina sobre los grandes vasos y tórax, la colocación ideal de la paciente será el decúbito
lateral izquierdo.

SUPINO LATERAL

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

Desplazamiento manual del útero:

Es el remedio de uso más rápido. Partiendo de


la posición en decúbito supino y con estricto con-
trol de la columna cervical, bastará con realizar
una presión directa con las manos desplazando
éste hacia la izquierda.

Posición de primera elección a la hora de realizar


Reanimación Cardiopulmonar.

Fotografía 1

Tablero espinal:

Una vez inmovilizada previamente la paciente en


el tablero mediante los medios de sujeción pro-
pios de este (collarín cervical, inmovilizador late-
ral y almohadillado pericorporal), así como con
las cinchas de fijación, colocaremos cuñas en el
lado derecho del mismo para proporcionar a la
paciente un decúbito lateral izquierdo de entre
15 y 30 grados sobre la horizontal.

Fotografía 2

Colchón de vacío sobre tablero espinal:

Tras colocar a la paciente en


el colchón de vacío y éste
colocado sobre el tablero es-
pinal, procederemos a la su-
jeción de ambos mediante
cinchas de fijación. Del mismo
modo colocaremos cuñas de-
bajo del flanco derecho de la
tabla a fin de procurar la posi-
ción lateral izquierda vista en
el apartado anterior.

Fotografía 3

566
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

CESÁREA PERI MORTEM

La información sobre la efectividad de la cesárea peri mortem es escasa. En el caso de que


la PCR de la madre se deba a una hipovolemia, el feto ha sufrido una hipoxia severa. Si se
hubiera producido por otras causas podría tener éxito siempre que se realizara en los pri-
meros minutos.3 Cuando las maniobras iniciales de resucitación fracasan, la extracción del
feto puede mejorar las oportunidades de reanimación tanto de la madre como la del feto.
La mejor tasa de supervivencia de niños de más de 24-25 semanas de gestación se da
cuando la extracción del niño se hace antes de 5 min tras la parada cardíaca de la madre.
Se realizará la cesárea unos 4 min tras la parada cardíaca. La extracción del feto aliviará la
compresión de la vena cava y mejorará las oportunidades de reanimación maternal.9

CONSIDERACIONES ÉTICO-LEGALES

En nuestro medio, el ideal de que este tipo de actuaciones se realice con un equipo inters-
disciplinar, con neonatólogo, anestesista, gineco-obstetra es una utopía. La decisión estará
a cargo del médico de emergencias. Debe realizarse el consentimiento informado, pero si
no fuera posible, el médico puede iniciar la cesárea perimortem, puesto que el paro cardio-
rrespiratorio materno se incluye dentro de la jurisdicción de emergencia o consentimiento
implícito, es decir que esta situación autoriza al médico para actuar en pro de salvar la vida
de la madre, del feto o ambos, aunque no haya un permiso escrito o verbal 10,11

DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA: 12
• Patrón de respiración ineficaz.
• Riesgo de limpieza ineficaz de la vía aérea.
• Trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de Aspiración.
• Riesgo de disminución del gasto cardiaco.
• Disminución del gasto cardiaco.
• Riesgo de déficit de volumen de líquidos.
• Perfusión tisular alterada: cerebral, general,…
• Riesgo disfunción neurovascular periférica.
• Alteración sensorial / de la percepción.
• Riesgo de alteración de la eliminación urinaria.
• Eliminación urinaria alterada.
• Incontinencia fecal.
• Integridad cutánea alterada.
• Integridad tisular alterada.
• Alteración de la mucosa oral.
• Alteración de la dentición.
• Riesgo de infección.
• Deterioro de la movilidad física.

567
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

• Movilidad física alterada.


• Riesgo de alteración de la temperatura corporal.
• Déficit de cuidados.
• Patrones ineficaces del individuo para hacer frente a la situación.
• Alteración del patrón de comunicación.
• Síndrome post-traumático.
• Dolor.
• Náuseas.
• Ansiedad.
• Ansiedad ante la muerte.
• Riesgo de respiración ineficaz.

CUIDADOS DE ENFERMERÍA: 13

CIE Cuidados de enfermería

93.52 Aplicación soporte cervical


39.98 Control hemorragia no especificada
93.94 Terapia respiratoria
38.99 Punción vena no central
99.29 Inyección de otras sustancias terapeuticas o profilácticas
93.59 Inmovilización, presión y cuidado de herida
57.94 Sondaje urinario
96.14 Taponamiento vaginal

1.7 Resumen

Aunque los aspectos principales de la valoración de la embarazada es similar al resto de


los pacientes no gestantes con traumatismo, el personal de emergencias debe de tener los
conocimientos y habilidades específicas en el tratamiento de este tipo de población.

La mejor manera de atender al feto es tener perfectamente asistida a la madre, por ello
siempre antepondremos la terapia de la madre sobre la del feto.

Aún en casos de traumatismo leve materno sin una aparente afectación abdominal, se re-
comienda su traslado hospitalario para observación.

568
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

2. TRAUMATISMOS EN LA POBLACIÓN ANCIANA


2.1 Objetivos:

Al finalizar este capítulo el lector será capaz de proporcionar una atención específica a la
población anciana frente a un politraumatismo, teniendo en cuenta las consideraciones es-
peciales por los cambios anatómicos y fisiológicos del paciente.
• Hacer una valoración del mecanismo lesional.
• Realizar una valoración completa y una constante reevaluación que nos lleve a diagnos-
ticar las posibles lesiones para tratarlas de forma precoz y prevenir posibles complica-
ciones.
• Proporcionar un tratamiento y unos cuidados de enfermería de acorde con las lesiones,
enfermedades previas y fármacos habituales.
• Proporcionar apoyo tanto al paciente como a la familia.

2.2 Introducción

Hablamos de traumatismo en el paciente geriátrico al que se producen en pacientes ma-


yores de 65 años.

En estos pacientes a igualdad de gravedad de las lesiones, la mortalidad aumenta , esto


sucede por sus enfermedades crónicas, perdidas de reservas fisiológicas o funcionales, en-
tendiendo por reserva funcional, los diferentes niveles de funcionamiento de los órganos y
sistema, que permiten a las personas compensar los trastornos ocasionados por estrés me-
tabólico o físico, disminución de las funciones cognitivas y motoras. La morbilidad también
aumenta, con estancias y periodos de rehabilitación más prolongados que implica un au-
mento del coste sanitario.14

2.3 Cambios fisiológicos 14,15

Debemos tener en cuenta los cambios fisiológicos, las enfermedades crónicas y los trata-
mientos que están recibiendo a la hora de manejar a estos pacientes (tratamientos con
beta-bloqueantes que enmascaran taquicardias, anticoagulantes orales, antiagregantes pla-
quetarios...). Estos cambios condicionarán los mecanismos de lesión, los traumatismos que
tendrán y el tratamiento que habrá que proporcionarlos.

Cambios Fisiológicos Consecuencias Clínicas

Sistema - Disminución de la capacidad Aumento del volumen


Respiratorio: para expandir la caja torácica por residual y una disminución
pérdida de elasticidad de ésta. de la capacidad vital.
- Disminución de la superficie Aumenta el riesgo de
alveolar. neumonía.
- Disminución del reflejo tusígeno
y faríngeo, reduciendo el tono del
esfínter esofágico.

569
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

Sistema - Disminución de la elasticidad Tienen poca tolerancia a la


Cardiovascular: arterial por lo que aumenta la taquicardia y ausencia de
resistencia vascular periférica. taquicardia compensadora,
una capacidad
- Disminución del Gasto cardiaco
significativamente menor
(hasta un 50% entre los 20-80
para compensar la
años).
hipovolemia, debido a una
- Falta de adaptación ante disminución de la respuesta
esfuerzos intrínsecos. inotrópica u otras causas del
- Disminución de la frecuencia shock.
cardiaca máxima y recuperación El aumento de la TA sistólica
más lenta ante esfuerzos. basal, la normo o
- Disminución de la sensibilidad hipotensión pueden producir
miocárdica ante las hipoperfusión.
catecolaminas. En tratamientos con
- Ateroesclerosis. sueroterapia hay que tener
especial cuidado para no
- Fibrosis miocárdica y del inducir una sobrecarga de
sistema de conducción. volumen.

Sistema nervioso - Deterioro en la capacidad Esto produce aumento de


central: cognitiva, la memoria, el caídas. Tenemos que
procesamiento de información. mantener un alto índice de
sospecha.
- Atrofia cerebral.
- Reflejos más lentos.
- Disminución de la velocidad de
la conducción nerviosa afecta
también al sistema nervioso
periférico dando lugar a
temblores y marcha inestable

Órganos - El deterioro de estos órganos es Predisposición a las


sensoriales. uno de los signos principales del lesiones.
Percepción del envejecimiento. Los defectos de
Alteración de la percepción
dolor: visión, audición, pérdida de
del dolor, por lo que valorar
agudeza visual, percepción de
esto para el profesional
colores y percepción de la
resulta complicado, se
profundad.
deberá buscar zonas donde
- Determinadas enfermedades haya aumento del dolor o se
que les causa dolor crónico, haya ampliado la zona o
como la artritis,.. factores que lo aumentan

570
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

Sistema Renal: - Disminución de la filtración Esto produce oliguria,


glomerular por la pérdida de aumento del fracaso renal.
glomérulos y los cambios Acidosis.
degenerativos escleróticos que se
Es importante tener en
producen por la edad.
cuenta los fármacos
Disminución del aclaramiento de
administrados que se
creatinina.
eliminan a través de los
- Disminución de la capacidad riñones.
para mantener el equilibrio ácido-
base y balance hídrico.

Sistema - Las deficiencias Todo ello contribuye a una


Musculoesque- osteomusculares, la osteoporosis marcha más torpe, irregular
lético: y la calcificación. y mayor inestabilidad lo que
aumenta el riesgo de caídas
- La pérdida de potencia muscular
y lesiones.
de las extremidades.
- Cifosis.

Sistema - Retraso en el vaciamiento Aumento del riesgo de


Gastrointestinal gástrico. broncoaspiraciones.
y
- Mal nutrición. Lo que produce
Metabólico:
hiperglucemia y aumento de
- Intolerancia a la glucosa y
complicaciones.
Diabetes Mellitus.

Inmunológico: - Inmunodeficiencia humoral y Aumento del riesgo de


celular. infecciones.

Piel: - Disminución de glándulas Disminución de la capacidad


sudoríparas. para regular la temperatura
corporal.
-Disminución del tejido adiposo.
Predisposición a la
-Reducción de la protección de
hipotermia.
prominencias óseas.
Mayor riesgo de necrosis
tisular y úlceras, acelerado
por la inmovilización.
Peor cicatrización y menos
eficacia por peor
vascularización de la piel.

571
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

2.4 Mecanismos de lesión

Los mecanismos de lesión son parecidos a los que producen traumatismos en personas
más jóvenes, lo que sí varía es la frecuencia y el patrón de la lesión.

Hay que tener en cuenta los cambios fisiológicos en el anciano antes citados y tener pre-
sente las patologías previas como causa del trauma (ictus, infartos…)

• Caídas: son los accidentes más frecuentes, suelen producir lesiones ortopédicas. Prin-
cipal causa de mortalidad por traumatismos y discapacidad en mayores de 75 años.
Suelen producirse por razones propias del envejecimiento, inestabilidad postural, tras-
tornos del equilibrio y coordinación, pérdida de fuerza muscular, la disminución de la agu-
deza visual, pérdida auditiva, pérdida de memoria lo que hace que les dificulte recordar
y evitar riesgos ambientales. Los procesos agudos y crónicos preexistentes, la hipoten-
sión postural, la medicación sobre todo cuando hay cambio de dosis, contribuyen a las
caídas. 16,17,18
• Accidentes de tráfico: es la causa principal de muerte secundaria a traumatismo en
ancianos entre 65-74 años.
La demencia, pérdida de memoria, la disminución de capacidad para resolver situaciones
potencialmente peligrosas, el deterioro de la agudeza visual y auditiva, hacen más lenta
la identificación y la reacción. 16,17,18
• Atropellos: los ancianos comprenden el grupo con mayor tasa de mortalidad entre el
grupo de pacientes de cualquier edad. 16,17,18
Las causas vienen siendo las mismas explicadas en los casos anteriores.
• Violencia: el abuso, el maltrato, los asaltos violentos, se incrementan en la población
anciana que necesita ayuda para las actividades de la vida diaria.
Todo lo descrito anteriormente contribuye a ello.
El diagnóstico de esto es complicado; hay que sospechar cuando hay un patrón de lesión
incompatible con el mecanismo descrito. 16,17,18
• Quemados: en ancianos aumenta la tasa de mortalidad por fuego en el domicilio cau-
sado al cocinar, calentadores, tabaco, fallos eléctricos, agua caliente en los baños…
Una peor cicatrización hace que estos traumatismos sufran complicaciones, y se retrase
la recuperación.
Al disminuir la percepción del dolor produce quemaduras mas graves. 16,17,18

2.5 Valoración

La valoración se realizará como se indica en el capítulo dedicado a esta parte, no obstante


hay que tener en cuenta todo lo dicho anteriormente a la hora de reconocer a un anciano
para no pasar por alto alteraciones que pueden pasar desapercibidas por su propio estado
basal.

• VALORACION PRIMARIA: 17,18.19


A: Importante tener en cuenta el uso frecuente de prótesis dentales que pueden producir
una posible aspiración de cuerpos extraños obstruyendo así la vía aérea. Cambios fí-
sicos en el contorno facial, lo que dificulta un correcto sellado con la bolsa-mascarilla
(ambú) de resucitación, y por tanto una correcta ventilación; también se dificulta la in-
tubación orotraqueal con control cervical.

572
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

B: A igual frecuencia respiratoria que con un adulto joven, la reducción de la capacidad


y la función pulmonar puede producir un volumen minuto insuficiente incluso a fre-
cuencias de 12 a 20 resp/min, por lo que se debe valorar los ruidos respiratorios.
C: El relleno capilar y la frecuencia cardiaca no son indicadores fiables en estos pacien-
tes; para valorarlos correctamente habría que conocer su estado basal, por lo que es
muy importante una reevaluación constante.
D: Al valorar el estado neurológico, es un error suponer que las alteraciones que encon-
tramos se deben sólo a alguna demencia o senilidad subyacente, por lo que hay que
mantener un alto índice de atención si no conocemos el estado basal y sospechare-
mos de lesión neurológica, hipoxia o ambas hasta que se puedan descartar.
E: Los ancianos son más sensibles a los cambios en el entorno. Dado a sus problemas
de termorregulación y a un menor metabolismo basal, tienden a la hipotermia con fa-
cilidad.

• VALORACIÓN SECUNDARIA: 17,18,19


Una vez realizada la primera valoración y comenzado con un tratamiento de las lesiones
más urgentes se realiza una segunda valoración en la que se intentará hacer una anam-
nesis completa para conocer el estado basal del paciente lo más detalladamente posi-
ble.
A diferencia de los adultos jóvenes tendremos en cuenta:
Para interrogarles emplearemos preguntas más específicas, preguntas claras y sencillas,
haciéndose a veces necesario que intervenga una tercera persona de su entorno para
aportar información o confirmar la información recogida, siempre que éste lo autorice.
Prestaremos especial atención a las deficiencias sensoriales, es muy importante hablar
lento, mantener un contacto visual y en un volumen que nos escuchen.
Es muy importante recoger información de enfermedades previas y tratamientos farma-
cológicos.

2.6 Tratamiento. Diagnósticos y Cuidados de Enfermería

TRATAMIENTO: 6,7
Tras la valoración inicial del paciente: ABCDE con control cervical:
• Monitorizar: TA, FC, SPO2, FR, ECG.
• Administrar oxigenoterapia a alto flujo. Intentar mantener SPO2 por encima de 95%.
• Valorar IOT en pacientes hemodinámicamente inestables.
• Canalizar 1 ó 2 vías venosas periféricas de grueso calibre e iniciar perfusión de líqui-
dos de acuerdo con el estado hemodinámico del paciente. Un error frecuente es la
idea errada de pensar que presión arterial y frecuencia cardiaca “normal” indican nor-
movolemia. La presión arterial aumenta con la edad. Así, de esta manera, una tensión
sistólica de 120 mm Hg puede indicar hipotensión en un anciano cuya tensión suele
estar en 160 -170 mm Hg. Si fuese necesario canalizar vía central evitaremos el ac-
ceso femoral en el traumatismo abdominal.
• Sueroterapia:
- Utilización de cristaloides (suero fisiológico) instaurado con precaución y evitando la
sobredosificación (riesgo de edema agudo de pulmón).

573
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

- Utilizar coloides (voluven®), preferentemente en casos de shock hipovolémico


III - IV.
- Iniciar con cristaloides (1000 ml y reevaluar) alternando con coloides en función del
grado de shock (a razón de 3 : 1).
• Analgesiar al paciente: Fentanilo 1 – 2 microgramos / kg. i.v.
• Valorar colocación de sonda vesical o nasogástrica, salvo contraindicación.
• No administrar líquidos por vía oral.
• Abrigar al paciente para evitar hipotermia.
• Reevaluar las constantes periódicamente.

Evacuación y traslado:

1. Oxigenoterapia:
- Administrar oxígeno lo antes posible incluso en pacientes con enfermedades pulmo-
nares crónicas.
- Debido a las características del anciano valoraremos la posibilidad de la intubación
temprana en comparación con el resto de la población en general.
- Atentos ante la posibilidad de que el paciente tenga prótesis dental. Ésta será retirada
previamente a la intubación orotraqueal. La falta de dentadura puede interferir con el
logro de un buen sellado de máscara facial.

2. Circulación:
- Para la reanimación inicial se utilizan soluciones isotónicas con electrolitos. El Ringer
Lactato es el fluido inicial de preferencia.

3. Sistema músculo esquelético:


- El tratamiento de las lesiones musculoesqueléticas debe ir encaminada a un trata-
miento menos invasivo y más definitivo. Cuanto antes se produzca mejor pronóstico
tendrá.
- La inmovilización de estos pacientes es algo que debe cuidarse especialmente, ya
que debido a la artrosis degenerativa pueden producirse lesiones cervicales al mani-
pular el cuello e incluso lesiones medulares por fracturas de osteofitos. Debe vigilarse
cuando se coloque a un anciano sobre un tablero espinal largo el acolchamiento de
los puntos óseos sobre los que apoya y tener en cuenta las deformidades óseas (ci-
fosis, rigidez de columna, flexión de articulaciones, etc.) que pueden impedir una ade-
cuada adaptación del paciente a la camilla, pudiendo ocasionar además, úlceras de
decúbito que complicará el pronóstico del paciente.

DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA: 12
• Patrón de respiración ineficaz.
• Riesgo de limpieza ineficaz de la vía aérea.
• Trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de trastorno del intercambio gaseoso.
• Riesgo de Aspiración.
• Riesgo de disminución del gasto cardiaco.

574
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

• Disminución del gasto cardiaco.


• Riesgo de déficit de volumen de líquidos.
• Perfusión tisular alterada: cerebral, general,…
• Riesgo disfunción neurovascular periférica.
• Alteración sensorial / de la percepción.
• Riesgo de alteración de la eliminación urinaria.
• Eliminación urinaria alterada.
• Incontinencia fecal.
• Integridad cutánea alterada.
• Integridad tisular alterada.
• Alteración de la mucosa oral.
• Alteración de la dentición.
• Riesgo de infección.
• Deterioro de la movilidad física.
• Movilidad física alterada.
• Riesgo de alteración de la temperatura corporal.
• Déficit de cuidados.
• Patrones ineficaces del individuo para hacer frente a la situación.
• Alteración del patrón de comunicación.
• Síndrome post-traumático.
• Dolor.
• Náuseas.
• Ansiedad.
• Ansiedad ante la muerte.
• Riesgo de respiración ineficaz.

CUIDADOS DE ENFERMERÍA: 13

CIE Cuidado de enfermería


93.52 Aplicación soporte cervical
39.98 Control hemorragia no especificada
93.94 Terapia respiratoria
38.99 Punción vena no central
99.29 Inyección de otras sustancias terapeuticas o profilácticas
93.59 Inmovilización, presión y cuidado de herida
57.94 Sondaje urinario

575
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

2.7 Resumen

En la actualidad la población en nuestro país es cada vez más longeva, tienen una mayor
calidad de vida y además más activa. Esto hace que los traumatismos sean una causa im-
portante de morbimortalidad.

La disminución de la reserva fisiológica, unida a enfermedades asociadas, tratamientos far-


macológicos y los cambios fisiológicos propios del envejecimiento, hace que aumenten los
riesgos de lesiones y las complicaciones por los traumatismos.

El personal sanitario que trabaja en urgencias extrahospitalarias, deberá estar preparado


para tratar a estos pacientes, anticipándose a las complicaciones, dado que lesiones que
en principio son leves pueden tener un desenlace fatal.

3.- BIBLIOGRAFIA

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2. Cañete Palomo, M. L., Urgencias en Ginecología y Obstetricia. Fiscam. Albacete. 2003 .
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Apoyo Vital en Trauma® para Médicos. 8ª edición. Chicago. 2008. 275-286.
4. Hernando Lorenzo, A., Rodríguez Serra, M., Sánchez-Izquierdo Riera, J.A. Soporte Vital Avanzado en Trauma.
Masson. Barcelona. 2003. p221-30.
5. Fernández Ayuso, D., Aparicio Santos, J., Pérez Olmo, J. L., Serrano Moraza, A. Emergencia prehospitalaria y res-
cate. 2ª Ed., Madrid. Arán. 2008. p381-88.
6. F. Abad Esteban, M. L. Campos Caballero, J. C. López Blanco, P. Herrero Ansola. Compendio de Guías y Vías Clí-
nicas de manejo de la Urgencia Extrahospitalaria de la Comunidad de Madrid. GC14. Madrid. Arán. 2009
7. Manual de Procedimientos del SAMUR – PC. Procedimientos USVA: Urgencias Obstétricas. Edición 2006.
8. Guía de actuación clínica en las unidades móviles de emergencia del SACYL. Volumen 2, asistencia al trauma
grave. Traumatismo abdominal. 2006. p 114.
9. European Resuscitation Council (ERC) Guidelines for Resuscitation 2005. 191-95
10. Alberto Coral, J., Nury Hoyos, Z., Casas, R. Cesárea perimortem. ©Universidad del Cauca - Facultad Ciencias de
la Salud. Volumen 11 Numero 2, Junio de 2009.
11. Stallard TC, Burns B. Emergency delivery and perimortem C-section. Emergency medicine Clinics of North Amer-
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12. Gordon M, Avant K, Herdman H, Hoskins L, Lavin MA, Sparks Sea. Diagnósticos Enfermeros: definiciones y clasi-
ficación. 2001-2002. 1ª Edición ed. Madrid: Harcourt; 2001.
13. Códigos CIE-9 MC de patología de urgencias y emergencias SUMMA 112 Comisión documentación y codificación
clínica, revisión y actualización marzo 2007.
14. Alonso Fernández, [Link], Chico Fernández, Mario. Guía para la atención del trauma grave. Hospital 12 de
Octubre. Ergon. Madrid. 2009. T23 323-328.
15. Juan Carlos Cobo Domingo. Geriatría y Gerontología. Atención Integral al Anciano. 12 ª edición. 2007. Formación
Continuada Logoss, S.L
16. Tintinalli J.E, Stapczynski et al. Medicina de Urgencias. 6ª edición. Madrid: McGraw-Hill Interamericana. 2006. 252
(Vol. II)1954-1958.
17. Comité de Trauma del Colegio Americano de Cirujanos. Trauma Geriátrico. En: ATLS®. Programa Avanzado de
Apoyo Vital en Trauma® para Médicos. 8ª edición. Chicago. 2008. 263-274

576
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.10 Traumatismos en casos especiales: embarazada y población anciana

18. Comitê de Trauma Prehospitalario Del Colégio Americano de Cirujanos. PHTLS. Soporte Vital Básico y Avanzado
en El Trauma Prehospitalario. 6ª edición. Barcelona: Mosbyc Inc y Elsevier Imprint S.A. 2008.
19. Jiménez Murillo L, Montero Pérez F. J. Medicina de Urgencias y Emergencias. Guía Diagnóstica y Protocolos de
Actuación. Atención inicial al paciente politraumatizado. 3ª edición. Madrid: Elsevier España S.A. 2006.

577
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.11 Síndrome por onda expansiva:


Blast Injury
AUTORES: Ismael Muñoz Muñoz, Susana Cabrejas Agejas,
Pilar González Jarandilla
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

ÍNDICE
1.- Objetivos
2.- Introducción
3.- Definición de lesión por onda expansiva o blast injury
4.- Tipos de blast
5.- Etiología del blast
6.- Mecanismo lesional
7.- Fisiopatología y clínica
7.1 Blast primario o aéreo
7.2 Blast secundario o sólido
7.3 Blast terciario
7.4 Blast cuaternario
8.- Formas anatomoclínicas
8.1 Generalizadas
8.2 Torácicas
8.3 Abdominales
8.4 Craneoencefálicas
8.5 Auditivas
8.6 Oculares
8.7 Traumatológicas
8.8 Roblemas psicológicos
8.9 Pacientes embarazadas
9.- Pruebas complementarias
10.- Valoracion y tratamiento
10.1 Valoración primaria
10.2 Valoración secundaria
11.- Diagnósticos de enfermería
12.- Intervención de enfermería
13.- Resumen
14.- Bibliografía

580
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

1.- OBJETIVOS
Al igual que en las intervenciones de enfermería, en este apartado haremos hincapié en las
peculiaridades de este tipo de pacientes, por eso hemos planteado objetivos relacionados con
blast injury, dejando complicaciones comunes a otros pacientes referidas a los capítulos corres-
pondientes.

También nos basamos en intervenciones enfocadas a la urgencia extrahospitalaria dejando


otros cuidados y diagnósticos para situaciones posteriores en la evolución del paciente.

• El enfermero de urgencias extrahospitalarias deberá saber realizar una valoración correcta


del paciente para reconocer las posibles lesiones causadas por una onda expansiva.

• Conocerá los riesgos potenciales de lesión existentes en una situación de blast injury para
prevenir y evitar el aumento de número de víctimas o empeoramiento de las existentes.

• Evidenciará la importancia de un traslado rápido y adecuado para un paciente de estas ca-


racterísticas.

2.- INTRODUCCIÓN
El aumento del terrorismo y accidentes por deflagración, tanto domésticos como industriales,
por onda expansiva, causan un incremento en la morbimortalidad, discapacidad y alteraciones
psicopatológicas provocando grandes daños económicos y sociales.

Como ejemplo más llamativo, en el atentado de Madrid del 11 de Marzo de 2004 el número de
afectados fue 2062. De ellos, el 9% falleció en el lugar de los hechos. 454 fueron atendidos en
puestos médicos avanzados o centros de atención primaria. Las restantes 976 personas heridas,
el 53% fueron hospitalizadas durante 24 horas o más, el 47% dados de alta el mismo día y el 1%
fallecieron inmediatamente después de ingresar19.

Los Servicios de Urgencias Médicas Extrahospitalarias deben estar preparados para atender
cualquier incidente de estas características.

El personal de enfermería debe dirigir su actuación de acuerdo a los protocolos del paciente
politraumatizado y a los planes de catástrofes e incidentes de múltiples víctimas vigentes en su
Servicio y Comunidad Autónoma.

3.- DEFINICIÓN DE LESIÓN POR ONDA EXPANSIVA O BLAST INJURY


Es el conjunto de lesiones que se producen cuando la onda expansiva de una explosión atra-
viesa el cuerpo humano.

581
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

4.- TIPOS DE BLAST


• Aéreo: producido por el desplazamiento de la masa de aire desde el foco de la explosión; pro-
duce lesiones muy graves si la distancia es menor de 6 metros.

• Acuático: producido por el desplazamiento de la masa de agua desde el foco de la explosión.


La distancia para lesiones críticas es de 24 metros.

• Sólido: producido por el desplazamiento de cualquier objeto sólido a consecuencia de la ex-


plosión.

5.- ETIOLOGÍA DEL BLAST


• Explosiones de gas, incendios.

• Accidentes pirotécnicos

• Accidentes industriales, minería y explosivos

• Acciones bélicas o terroristas…

6.- MECANISMO LESIONAL


El mecanismo lesional dependerá:

1.- Tipo de onda:


La onda explosiva depende de la velocidad de detonación, está formada por material ga-
seoso de alta presión y elevada temperatura que generan una presión positiva y se propaga
centrífugamente y de forma radial. Esta onda de choque es de corta duración y alta amplitud.
Va seguida de una onda de presión negativa o de succión de menor amplitud pero más du-
radera.
La onda expansiva puede llegar a alcanzar una velocidad de 2400 Km/h estando determi-
nado por:
- Tamaño y composición de la carga explosiva: a mayor detonación mayor velocidad y du-
ración de la onda. En cuanto al tipo de explosivo puede ser de alta onda (TNT, nitrato de
amonio, dinamita, C-4 plástico) que producen grandes lesiones primarias por deflagra-
ción y detonación y de onda baja (carburante, polvo negro y pirotecnia), que producen
liberación de energía de forma lenta.
- Densidad del medio en que se produce, aéreo o líquido. En medios líquidos las lesiones
son más graves que en el aéreo y más dañinas en profundidad que en superficie.

2.- Si se produce en lugar cerrado o abierto, siendo el cerrado más peligroso al reflejarse la
onda en las paredes.

582
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

3.- Distancia al foco de explosión.

4.- Contaminación radiológica o química.

5.- Presencia de metralla.

7.- FISIOPATOLOGÍA Y CLÍNICA


7.1 Blast Primario o Aéreo

Al atravesar el cuerpo, la onda expansiva puede generar daños principalmente en los ór-
ganos que contienen aire como son el pulmón, oído y tracto grastrointestinal.
Los mecanismos por los cuales se puede producir la lesión son:
• Por el impacto de la onda expansiva, las partículas situadas en un medio de mayor den-
sidad pasan a otro de menor densidad (paso del líquido al aire).
Sabemos que la zona líquida del pulmón no se puede comprimir al contrario que la zona
alveolar que al estar formada por gas si es comprimible. Esto genera una diferencia de
presiones que aumenta mucho más debido a la presión del blast originando el paso del
líquido de la zona de mayor presión a la de menor presión (alveolo). En la clínica se vería
con las típicas hemorragias pulmonares.
Con presiones menores de 150 kPa se producen lesiones menos dañinas como posible
ruptura de la membrana timpánica. La severidad aumenta cuando las presiones son ma-
yores, pudiendo ocasionar lesiones pulmonares graves y hasta la muerte con presiones
mayores de 550 KPa.
• El efecto succión que se produce después de la onda de hiperpresión provoca otra onda
de menor intensidad y más duradera lo que vuelve a ocasionar daños.

7.2 Blast Secundario o Sólido

Son las causadas por los objetos que la explosión lanza contra las víctimas, pudiendo tra-
tarse desde trozos de metralla a piedras, etc. Dependiendo de la velocidad y tamaño de
éstos, causarán lesiones de mayor o menor gravedad.

7.3 Blast Terciario

Son las lesiones que se producen cuando la víctima es proyectada por la onda expansiva.
Estas lesiones generalmente son de mucha gravedad y se suelen producir en grandes ex-
plosiones cuando las víctimas están muy próximas al foco.

7.4 Blast Cuaternario

Quemaduras y lesiones por inhalación de humo.


Otras patologías como: politraumatismos, aplastamientos, shock emocional...

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

Repercusión Hospitalaria según el tipo de explosión19

Mortalidad Utilización Ingreso Patrón lesiónal


inmediata Urgencias Hospitalario predominante

Blast Primario (Oído, pulmón, A.


Espacios Digestivo)
4% 96% 52%
confinados Blast Secundario (L. penetrantes,
partes blandas)

Blast Secundario (L. penetrantes,


Espacos partes blandas)
1% 97% 13%
abiertos Blast Terciario (L. deceleración,
amputaciones)

Incendio
17% 61% 35% Quemaduras, Lesión por inhalación
Estructuras

Colapso Crush síndrome, Lesión por


18% 67% 41%
estructuras inhalación

8.- FORMAS ANATOMOCLÍNICAS:


En una gran explosión, más del 5% de las víctimas sufrirán lesiones de gran envergadura. Las
lesiones que suelen aparecer son:
• Lesiones cerebrales, en su mayor parte hemorragias subaracnoideas: 66%.
• Fracturas craneales: 51%.
• Contusiones pulmonares difusas: 47%.
• Rotura de membrana timpánica: 45%.
• Laceración hepática: 34%.

De los 312 pacientes atendidos en los atentados del 11-M en el Hospital Gregorio Marañón
de Madrid, 243 pacientes fueron evaluados, de los cuales 27 eran críticos. Las lesiones que
presentaron fueron8:
• Perforación tímpano: 99 de los pacientes evaluados (41%) ,18 de los críticos (67%).
- Unilateral 27 de los evaluados(11%), 1 crítico.
- Bilateral 72 de los evaluados(29%), 17 críticos.
• Torácicas: 97 de los pacientes evaluados(40%), 24 de los críticos (89%).
• Fracturas costales : 18 de los pacientes evaluados (7%), 7 de los críticos (26%).

584
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

• Blast pulmonar : 17 de los pacientes evaluados (7%), 17 de los críticos (63%).


• Neumotórax : 11 de los pacientes evaluados (4%) 10 de los críticos (37%).
• Hemotórax: 6 de los avaluados (2%), 6 de los críticos (25%).
• Metralla (partes blandas): 89 de los evaluados (36%) 23 de los críticos (85%).
- Cabeza-cuello 53 (21%).
- Tronco 11 (4%).
- Extremidades 25 (10%).
• Fracturas: 44 de los evaluados (18%), 15 de los críticos(55%).
- Huesos largos 18 de los evaluados (7%), 9 de los críticos (33%).
- Maxilofaciales 16 de los evaluados (6%), 8 de los críticos (29%).
- Metatarso 8 (3%).
- Columna vertebral 5 de los evaluados (2%), 5 de los críticos (18%).
• Quemaduras: 45 de los evaluados (18%) 16 de los críticos (59%).
- 1er grado 16 (6%).
- 2.º grado 29 (12%).
- Oculares : 41 de los evaluados (16%), 4 de los críticos (15%).
- Craneoencefálicas: 29 de los evaluados(12%), 14 de los críticos (52%).
· Fractura de base 5.
· Contusión cerebral 4.
· Hematoma subdural 4.
· Otras 12.
• Abdominales: 12 de los evaluados (5%) ,10 de los críticos (37%).
- Hígado 5 de los evaluados y 4 de los críticos.
- Bazo 4 de los evaluados y 4 de los críticos.
- Intestino 3 de los evaluados y 3 de los críticos.
- Riñón 3 de los evaluados y 2 de los críticos.
• Amputaciones: 13 de los evaluados (5%), 9 de los críticos (33%).
- Oreja 11 de los evaluados y 8 de los críticos (29%).
- Dedo 1 de los evaluados.
- Pierna izquierda 1 de los evaluados y 1 de los críticos.
• S. estrés postraumático : 22 (9%).

8.1 Generalizadas

Son debidas a la violencia de la explosión y tienen efectos mortales. Aún en ausencia de


lesiones externas hay afectación global de órganos internos. Ninguna teoría resulta con-
vincente como justificación del fallecimiento de las víctimas. Se encuentran roturas vascu-
lares y alveolares.

585
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

8.2 Torácicas

Se incluyen las lesiones pulmonares, cardiacas y esofágicas.


• Pulmonares: El aumento de presión que produce la onda provoca dislaceración del pa-
rénquima y lesiones bronco-alveolares, siendo la rotura alveolar una de las más frecuen-
tes y existiendo una alta probabilidad de embolia gaseosa. Las lesiones pueden ser
tempranas o tardías, siendo las bullas, fístulas arteriovenosas y hemo-neumotórax las
primeras en aparecer, aunque no es infrecuente que la víctima permanezca asintomático
entre 24 y 48 h, tras las cuales comience con SDRA: disnea, cianosis y taquipnea. La lo-
calización más frecuente de las lesiones es en el lóbulo inferior pulmonar. La afectación
pulmonar puede dar inestabilidad hemodinámica generada por un cuadro de shock car-
diogénico mediado por el vago como consecuencia del impacto de la explosión en la ca-
vidad torácica.
• Cardiacas: rotura cardiaca, lesiones isquémicas por hipoxia o embolia gaseosa. Se pue-
den encontrar alteraciones del ritmo cardiaco debido a la contusión miocárdica como
aplanamiento del QRS con T elevada, bloqueos y extrasístoles.
• Esofágicas: tienen una alta mortalidad. Son más frecuentes en el tercio inferior. Hay que
pensar en ellas cuando se observa neumotórax, neumomediastino y enfisema subcutá-
neo.

8.3 Abdominales

Se suelen asociar a otras lesiones, generalmente torácicas. Las más frecuentes son hemo-
rragias difusas, estallidos, perforaciones, hematemesis y melenas. Aunque no haya clínica
de patología abdominal ésta no se debe descartar totalmente por lesión diferida en íleon
terminal. Si hay contractura abdominal nos obliga a mantener una actitud expectante aunque
puede ser causada por patología torácica.

8.4 Craneoencefálicas

Se produce un aumento de presión intracraneal por la propia onda expansiva, pudiendo


ocasionar desplazamientos rotatorios y laterales del cerebro. También hay que tener pre-
sente el riesgo de embolia gaseosa.

8.5 Auditivas

Es frecuente la perforación de la membrana timpánica provocando sordera. Si además hay


afectación de la cadena de huesecillos y el laberinto, indica que la explosión ha sido mayor.
Otros síntomas que pueden aparecer son: dolor, vértigo, otorragia, sordera temporal o per-
manente.

8.6 Oculares

Desde simples abrasiones a desprendimiento de retina o rotura del globo ocular.

8.7 Traumatológicas

La observación de amputaciones traumáticas es raro que se den en pacientes vivos puesto


586
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

que van acompañadas de lesiones muy severas a las cuales es difícil sobrevivir. En el caso
de fracturas, éstas son más frecuentes en miembros inferiores y van acompañadas de gra-
des destrozos musculocutáneos.

8.8 Problemas Psicológicos

El shock emocional es lo más frecuente. Las patologías residuales tienen una alta incidencia
y producen grandes incapacidades.

8.9 Pacientes Embarazadas

El blast abdominal es raro en pacientes embarazadas puesto que la protege el útero grá-
vido. El feto es el más perjudicado. Las mayores lesiones se producen en el útero debido
al cambio de densidad existente entre el endometrio y la placenta produciéndose abruptio
placentae o rotura uterina. Hay que tener alto índice de sospecha ante el shock materno
puesto que aunque la madre se encuentre normovolémica, el feto estará hipovolémico.

9.- PRUEBAS COMPLEMENTARIAS


Aunque el manual está enfocado a la atención extrahospitalaria, creemos conveniente citar
pruebas complementarias para una atención integral.

• Analítica de sangre y orina: control de carboxihemoglobina, coagulación, hiperpotasemia,


hipocalcemia e hiperfosfatemia (se producen en explosiones con fósforo blanco como por
ejemplo con el uso de granadas de mano), pruebas complementarias que excluyan la rab-
domiolisis.

• ECO FAST si es positiva nos puede ser útil para acelerar otras pruebas diagnósticas o tra-
tamiento quirúrgico. Si es negativa no es excluyente de patología grave puesto que el he-
matoma puede llegar a producirse pasadas 12-36 horas.

• Pruebas radiológicas: Radiografía y TAC de tórax y abdomen.

10.- VALORACIÓN Y TRATAMIENTO


10.1 Valoración Primaria

Valoración de la escena

Como primer interviniente, debemos notificar el incidente al centro coordinador, describir la


magnitud en cuanto al número de víctimas y naturaleza del desastre, localizando las mejores
vías de acceso y evacuación. De esta información inicial dependerá la movilización de los
medios oportunos.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

Como sanitarios nos coordinaremos con los cuerpos de rescate y seguridad (bomberos y
policía o guardia civil). Nos guiaremos por los planes de catástrofes de la Comunidad Au-
tónoma. Tanto los cuerpos de seguridad como los bomberos tienen que garantizar la segu-
ridad y estabilidad del escenario así como la valoración de peligros. Esta función la
deberemos suplir nosotros hasta su llegada al escenario del suceso.
El triage será rápido y sencillo. Un ejemplo a utilizar es el método START que es de tipo
funcional.
La atención a los heridos seguirá los pasos ABCDE de todo paciente politraumatizado. Aquí
haremos referencia a las peculiaridades de estos pacientes:
• En el apartado de A (vía aérea con control cervical) hay que tener en cuenta la posible
rotura alveolar con el riesgo de embolia gaseosa. Si hay sospecha de ésta se trasladará
al paciente, en la medida de lo posible, en decúbito lateral izquierdo y se valorará la po-
sibilidad de trasladar a un centro útil con oxígeno hiperbárico.
• Se intentará demorar la intubación endotraqueal y en caso necesario, si es posible, se
elegirá CPAP evitando el uso de PEEP. Serían aceptables saturaciones mayores del
90% con hipercapnias permisivas. Hay autores que recomiendan no intubar hasta que
el pH no sea menor de 7.20 a nivel intrahospitalario, siempre dependiendo del estado
clínico del paciente.
• En el apartado C (circulatorio) el acceso intravenoso no debe retrasar el traslado al cen-
tro útil. La administración de volumen se realizará mediante bolos de 20 ml/kg en función
del pulso arterial periférico y nivel de conciencia.

10.2 Valoración Secundaria

Habrá que realizar una reevaluación continua para ver la evolución del paciente mante-
niendo siempre un alto grado de sospecha. Se monitorizarán las constantes vitales como
TA, FC, FR, SatO2, ETCO2, ritmo cardiaco, carboxihemoglobina si precisa, etc. Evitar hi-
potermia.
Evaluación secundaria completa de cabeza a pies, incluyendo la espalda.
ESCALAS DE VALORACIÓN:
Para una buena coordinación y entendimiento entre profesionales, conviene conocer las
diferentes escalas de valoración de gravedad. Las más útiles en este caso son el Glasgow
Coma Score, el Trauma Score Revisado y el ISS (Injury Severity Score).

En resumen, lo más importante en la atención al Blast Injury se basa en un buen triage y


una evacuación rápida a centro útil, con un buen conocimiento de los planes de catástrofe.

11.- DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA


Dado que se trata de un manual de enfermería, mencionaremos los diagnósticos más proba-
bles que nos podemos encontrar a nivel extrahospitalario. Para ello hemos utilizado los diagnós-
ticos enfermeros hasta la decimoséptima conferencia de la NANDA y los hemos ordenado por
patrones:

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

• Patrón de intercambio:
1. Riesgo de infección.
2. Riesgo de alteración de la temperatura corporal.
2.1.- Hipotermia.
3. Alteración de la perfusión tisular (especificar): renal, cerebral, cardiopulmonar, gastrointes-
tinal, periférica.
4. Riesgo de desequilibrio del volumen de líquidos.
4.1.- Déficit del volumen de líquidos.
5. Disminución del gasto cardiaco.
6. Deterioro del intercambio gaseoso.
7. Limpieza ineficaz de vía aérea.
8. Patrón respiratorio ineficaz.
8.1.- Dificultad para mantener la respiración espontánea.
9. Riesgo de lesión.
9.1. Riesgo de asfixia.
9.2. Riesgo de traumatismo.
10. Alteración de la protección.
10.1. Deterioro de la integridad tisular.

• Patrón de comunicación
1.- Trastorno de la comunicación verbal.

• Patrón de movimiento
1.- Trastorno de la movilidad física.

• Patrón de la percepción
1.- Alteración sensoperceptiva (especificar): visuales, auditivas, olfatorias, táctiles y cinestési-
cas.
2.- Confusión aguda.

• Patrón de sensaciones
1.- Dolor.
2.- Temor.
3.- Ansiedad.
4.- Náuseas.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

12.- INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA:


En este apartado nos referimos a los cuidados de enfermería que se pueden presentar espe-
cíficos de este tipo de pacientes, obviando los que se refieren a patologías comunes a otros que
se mencionan en otros capítulos con más detalle.

Hemos agrupado los diagnósticos que comparten intervenciones comunes para hacer la lectura
más amena y práctica a nuestros lectores.
.

1.- Riesgo de lesión:


• Identificar situaciones que contribuyen a accidentes: posibles explosiones posteriores.
• Reducir o eliminar situaciones de riesgo: separar al paciente del foco caliente.
• Iniciar facilitación de recursos según esté indicado.

2.- Triage: Tener en cuenta posibles lesiones internas o embolia gaseosa, estos pacientes
pueden empeorar rápidamente, con reevaluaciones continuas, fijándonos en: enfisema
subcutáneo, disminución del nivel de conciencia, hemoptisis, taquipnea, disnea, dolor torá-
cico, abdominal, otorragia, simetría de movimientos pulmonares, hematuria, hematemesis,
hematomas en zonas de declive.

3.- Ansiedad, temor, trastorno de la comunicación y confusión aguda: las actuaciones


irán encaminadas a reducir el nivel de ansiedad y confusión y facilitar la comunicación con
el paciente:
• Permanecer junto a la persona.
• Hablar lenta y tranquilamente.
• Expresar seguridad de que se está haciendo todo lo posible para solucionar los proble-
mas.
• Proporcionar un ambiente tranquilo.
• Utilizar frases cortas y sencillas.
• Dar directrices concretas.
• Si la persona está hiperventilando, instarle para que respira lenta y profundamente ha-
ciéndolo a la vez que él.
• Consultar al médico la necesidad de tratamiento farmacológico.

4.- Alteración sensoperceptiva: disminución de la agudeza visual y auditiva y riesgo de le-


sión.
• Dirigir al paciente a una zona segura .
• Permanecer junto a la persona o dejarle acompañado para disminuir la sensación de
desamparo.
• Comunicación contínua con el paciente.
• Aconsejarle que no salga de la zona segura para evitar posibles lesiones.
• Proporcionar papel y bolígrafo para establecer la comunicación, en caso de pérdida au-
ditiva.

590
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

5.- Deterioro de la integridad tisular, riesgo de infección y trastorno de la movilidad


• Inmovilizar fracturas óseas.
• Control de hemorragias.
• Limpieza, desinfección y oclusión de heridas.
• No retirar objetos clavados.
• Valorar estado circulatorio de miembros afectados mediante control de pulso periférico,
color y temperatura.
• Valorar afectación musculoesquelética: limitación en la amplitud de movimientos, defi-
ciencias sensoriales, flacidez, edema, tumefacción.
• Las técnicas invasivas se realizarán lo más asépticas posibles y estériles si se precisa
(sondaje vesical, ayudar al médico a coger vía central).

6.- Hipotermia
• Valorar la presencia prolongada a un ambiente frio.
• Valorar signos de hipotermia: piel fría, palidez moderada, tiritona, confusión mental, som-
nolencia, inquietud, disminución de pulsos periféricos y número de respiraciones por mi-
nuto.
• Separar al paciente del ambiente frío.
• Taparlo y proporcionarle un ambiente cálido y confortable.
• Utilización de sueroterapia IV caliente.

7.- Alteración de la perfusión tisular


• Valorar circulación periférica mediante tiempo de llenado capilar < 2”, color de la piel,
temperatura y turgencia, pulsos periféricos (frecuencia y calidad).
• Valorar perfusión cerebral: confusión, incoordinación, cambio en el equilibrio, debilidad,
somnolencia, agitación.

8.- Dolor
• Ayudar a conseguir la posición más antiálgica posible.
• Inmovilizar miembros dolorosos.
• Utilizar mantas o almohadas para apoyar la parte dolorida y reducir la tensión muscular.
• Favorecer la relajación con un buen control de la respiración.
• Enseñar métodos de distracción durante la aplicación de algún procedimiento doloroso
(contar objetos, pensar en algo que le resulte agradable, etc.).
• Consultar con el médico el uso de analgesia y valorar su eficacia.
• Pedirle al paciente que catalogue el dolor antes y después de la analgesia.
• Comunicarle al paciente posibles efectos secundarios de la analgesia (los narcóticos
pueden producir sequedad de boca, náuseas, vómitos, sedación).

9.- Movilización y traslado del paciente: deberán ser lo más rápido, seguro y confortable
para el paciente.
• Valoración continúa del paciente.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.11 Síndrome por onda expansiva: Blast Injury

• Monitorización cardiaca, pulsioximetría, capnografía (tener en cuenta la peculiaridad de


estos pacientes de retrasar la IOT, si es posible. Saturaciones entorno al 90% serán
aceptables con hipercapnias permisivas).
• Toma de constantes.
• El acceso IV no debe retrasar el traslado.
• Administración de medicación.
• Buena sujeción del paciente para evitar caídas.
• Comunicación constante con el paciente, atención a mensajes verbales y no verbales
• Buena sujeción de drenajes, tubos, catéteres, etc., para evitar su movilización.
• En la transferencia hospitalaria no hay que olvidar un detallado informe de enfermería
que incluya el mecanismo de lesión.

En cuanto a la valoración primaria y secundaria en politraumatizados, las actuaciones relacio-


nadas con el cuidado y mantenimiento de la apertura de vía aérea, ventilación, circulación, mo-
vilización/inmovilización y shock remitimos al lector a los capítulos correspondientes, donde viene
todo detallado.

13.- RESUMEN
Lo primero que hay que tener en cuenta ante una situación de estas características es que nuestra
actuación debe ser en equipo y coordinada con el resto de cuerpos intervinientes. En caso de in-
cidentes con múltiples víctimas, se deberán seguir las instrucciones del jefe de dispositivo sani-
tario.
Lo más importante en la atención de blast injury se basa en la reducción de riesgos potenciales,
un buen triage y una evacuación rápida el centro útil.

El enfermero debe estar preparado para una actuación eficaz, donde la rapidez no disminuya la
calidad asistencial.

14.- BIBLIOGRAFÍA
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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
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593
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería


ante las quemaduras
AUTORES: Emiliana Rodríguez Franco, Elena Rebolledo Cotillas,
Sara Navarro Santos, Paloma Municio Hernández
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

INDICE:

1.- Objetivos

2.- Introducción

3.- Anatomía de la Piel

4.- Valoración
4.1 Valoración de la escena
4.2 Valoración del paciente
4.2.1 Valoración inicial
4.2.2 Valoración secundaria
[Link] Monitorización
[Link] Anamnesis
[Link] Valoración de las lesiones
[Link] Quemaduras según el agente causal

5.- El gran quemado


5.1 Fisiopatología
5.2 Tratamiento
5.3 Manejo local de las lesiones

6.- Diagnósticos de enfermería

7.- Resumen

8.- Bibliografía

596
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

1.- OBJETIVOS
• Dotar al profesional de enfermería de los conocimientos necesarios para el manejo integral
del paciente quemado en su fase aguda en la urgencia extrahospitalaria.

• Reconocer las situaciones con riesgo vital derivadas del traumatismo térmico y prevenir la le-
sión adicional.

• Determinar la gravedad de las quemaduras, reconocer la necesidad de aislar la vía aérea, así
como la localización anatómica de quemaduras graves.

• Instaurar lo más pronto posible las medidas de soporte vital en quemados.

• Identificar y cubrir las necesidades psicológicas del paciente.

• Colaborar en un equipo multidisciplinar dentro de una situación de emergencia vital.

• Determinar la necesidad de traslado del paciente a centro útil.

• Facilitar al profesional de enfermería un plan de cuidados que le permita dar al paciente los
cuidados necesarios para estabilizar y prevenir las complicaciones del quemado.

2.- INTRODUCCIÓN
La quemadura es una lesión tisular producida por agentes físicos externos, que pueden ser
térmicos, eléctricos, químicos y/o por radiación. Ocasiona fundamentalmente la pérdida de líqui-
dos, de calor y de la función protectora de la piel frente a microorganismos. Las quemaduras son
una de las circunstancias más devastadoras que pueden surgir en el campo sanitario. Represen-
tan un atentado en todos los aspectos del paciente, tanto físico como psíquico y social.

En la actualidad, las quemaduras suponen un problema con un alto índice de frecuencia, tanto
en países desarrollados como en países en vías de desarrollo, afectando a cualquier grupo de
edad, desde la edad más temprana, hasta la más avanzada. Todos hemos experimentado el dolor
que incluso las quemaduras más pequeñas pueden producir. En grandes quemados este dolor y
el estrés que produce no se limita al hecho inmediato, ya que las cicatrices son de larga duración
tanto a nivel físico como psicológico, pudiendo ocasionar discapacidad crónica.

Es por todo esto que las quemaduras precisan de unas consideraciones especiales, porque
aunque sean de pequeño tamaño y profundidad provocan en la víctima un gran malestar, lo que
puede provocar una mayor inestabilidad en el paciente. Las quemaduras suponen un reto, tanto
para el personal médico como para el resto del personal sanitario, siendo muy importante el ma-
nejo multidisciplinar para la resolución de todos los problemas a los que se enfrenta un paciente
quemado.

En los países desarrollados la incidencia de pacientes quemados es mayor. En el Reino Unido


mueren al año unas 300 personas a causa de quemaduras. En los países en vías de desarrollo
la mortalidad por quemaduras es mucho mayor. En Nepal, por ejemplo, la mortalidad es 17 veces
mayor que en el Reino Unido. (1)

597
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

Las causas más usuales de quemaduras son por líquidos calientes (escaldaduras), el fuego,
productos químicos, electricidad, radiaciones (radioterapia o radiación solar). En todos los grupos
de edad son más frecuentes en hombres, salvo en ancianos, donde la población femenina es la
predominante.

En niños hasta 4 años las quemaduras más frecuentes son las escaldaduras al tirarse líquidos
calientes o por el agua del baño. En adolescentes se asocian con frecuencia a actividades ilícitas
y uso de acelerantes o electrocuciones. Los adultos se queman por fuego con más frecuencia y
un alto porcentaje de ellos por causas laborales. Los ancianos tienen mayor riesgo de escalda-
dura, quemaduras por contacto y por fuego.

Son criterios de gravedad la extensión, profundidad, localización de la lesión, edad, estado fí-
sico previo del paciente y algunos agentes causales. Debe recordarse que el paciente quemado
es un paciente con traumatismo severo y que pueden existir otras lesiones orgánicas asociadas.
Así, la valoración inicial estará encaminada a descartar la presencia de otras lesiones que com-
prometan la vida del paciente o que supongan la necesidad de intervenciones quirúrgicas poste-
riores. El shock que se establece tras el traumatismo obliga a una resucitación de forma prioritaria,
asegurando la estabilidad hemodinámica y una ventilación pulmonar adecuada (2).

Por otro lado debemos retirar al paciente de la fuente productora de la quemadura. Una de las
principales reglas a seguir en la asistencia a nivel extrahospitalario con cualquier paciente, es la
autoprotección de los propios reanimadores, para evitar posibles lesiones sobre nosotros mismos
derivadas de la actuación. Así pues, es primordial que los equipos destinados al rescate de víc-
timas en situaciones de fuego, hagan la zona segura para nosotros antes de iniciar la atención
de estas víctimas (3).

Deberá detenerse el proceso de la quemadura, antes de iniciar cualquier tratamiento, para evi-
tar su extensión en superficie y profundidad. En el caso de lesiones eléctricas es necesario apagar
la fuente productora. Si no fuera posible sería necesario la utilización de materiales no conducto-
res para separar a la víctima de la fuente. Es fundamental conocer que si la fuente es de alto vol-
taje, no debemos acercarnos por la posibilidad de que exista arco eléctrico. En este tipo de
lesiones siempre debemos prestar especial atención a la aparición de arritmias graves y a la po-
sible lesión asociada de la médula espinal en la caída del electrocutado u otra lesión traumática
por la contractura muscular tetánica producida (4,3).

Durante todo el manejo del paciente habrá que ser muy cuidadoso en preservar las máximas
medidas de asepsia posibles para prevenir la infección por microorganismos, sobre todo en nues-
tro medio fuera del hospital. Es importante no olvidar que, en los incendios, sobre todo en espacios
cerrados, la causa principal de muerte es la intoxicación por humos y gases tóxicos (CO, cianuro,
etc.), aunque aparentemente el paciente no presente lesiones dérmicas por quemaduras (5,3).

Las lesiones por quemaduras producen una sensación de dolor de las más intensas descritas
y desgraciadamente, existen evidencias muy importantes que sugieren que está infra-tratado,
sobre todo en niños. El manejo del dolor en quemados, tanto agudo como crónico, es un reto que
requiere un plan cuidadoso de su manejo, y ayudaría a evitar problemas potenciales en pacientes
a menudo críticos y/o con alteraciones psicológicas.

El dolor basal, así como el dolor producido por los procedimientos realizados deberá tratarse
en el momento adecuado. Una combinación de drogas a menudo proporciona una analgesia de
mayor calidad. La probabilidad de desarrollar dolor crónico y sufrimiento a lo largo de su vida
puede reducirse con una analgesia apropiada, agresiva y administrada en el momento preciso.
En el estado agudo, tienen dolor de base constante y además dolor por procedimientos frecuen-

598
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

tes. A esto se suma la ansiedad, lo que aumenta la experiencia dolorosa (6).

A lo largo de los años, el manejo de los pacientes quemados ha progresado notoriamente,


tanto a nivel de los cuidados que se practican sobre ellos como en la ubicación de estos enfermos,
creándose unidades específicas de quemados con personal especializado en este tipo de lesiones
y con importantes avances, tanto en las técnicas curativas y quirúrgicas como en los materiales
utilizados. En Madrid disponemos del Hospital de La Paz y del Hospital de Getafe como referen-
cias de centro útil donde trasladar a estos pacientes.

Además, la atención prestada en extrahospitalaria, con personal multidisciplinar (médico, en-


fermera y técnico de transporte sanitario), entrenados en la pronta y correcta resucitación inicial
a estos pacientes, lleva a reducir su morbi-mortalidad. Disponemos en dichas unidades de medios
generales para el tratamiento de pacientes críticos. Además disponemos del material específico
para el primer tratamiento de las quemaduras.

El enfrentarnos a un paciente quemado crítico puede suponer una de las situaciones más es-
tresantes a las que se enfrenta un equipo en la emergencia extrahospitalaria, por el gran dolor e
inestabilidad en la que solemos encontrar al paciente, y por el entorno en el que se suele hacer
el primer acercamiento, que puede ser en el mismo lugar del incendio o en la calle en condiciones
atmosféricas muy duras. Por lo que es de vital importancia que el equipo de asistencia esté pre-
parado y entrenado en la resolución rápida y segura de este tipo de emergencias, ya que las le-
siones por quemaduras más o menos graves son frecuentes en nuestro medio.

A través de este plan de cuidados, pretendemos que el personal de enfermería mejore sus co-
nocimientos y habilidades a la hora de abordar este tipo de pacientes, tomando conocimiento de
la importancia y gravedad que suponen este tipo de lesiones, así como intentar llegar al interior:
dolor, sentimientos, miedos, etc., del paciente que padece esta patología.

3.- ANATOMÍA DE LA PIEL


Estructuralmente, la piel consta de tres capas bien diferenciadas: la epidermis, la dermis y la hi-
podermis.

3.1. Epidermis
Es la capa más externa. Es más gruesa en las palmas y en las plantas, y menos en los
párpados, y su función es mantener la piel hidratada, así como de protegernos de la radia-
ción solar. Se trata de una capa sin vasos.

3.2. Dermis
Forma la mayor proporción de la piel y constituye el verdadero soporte de este órgano.
Tiene un espesor de unos cuatro milímetros. En la dermis se encuentran también los ane-
jos cutáneos, que son de dos tipos: córneos (pelos y uñas) y glandulares (glándulas sebá-
ceas y glándulas sudoríparas). También se encuentran los vasos sanguíneos que irrigan la
piel y las terminaciones nerviosas.

Las fibras que constituyen el armazón de la dermis dan lugar a la tersura, la flexibilidad y la
elasticidad de la piel.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

3.3. Hipodermis
Es la capa más profunda de la piel. También se llama tejido celular subcutáneo o panículo
adiposo. Se halla constituida por gran multitud de adipocitos. La grasa forma un tejido me-
tabólico muy activo que además protege al organismo proporcionándole amortiguación y
aislamiento térmico.(7, 8)

4.- VALORACIÓN
Teniendo en cuenta las peculiaridades de la asistencia realizada en los servicios de emergencia
extrahospitalarios dividiremos este apartado en dos puntos, valoración de la escena y valoración
del paciente. Por ello nos centraremos exclusivamente en los problemas que comportan riesgo
vital, cuando nos enfrentamos con pacientes potencialmente críticos, o problemas en los que po-
demos plantearnos objetivos e intervenciones desde nuestro ámbito de actuación.

4.1 Valoración de la escena

Este punto sólo tiene sentido cuando es el servicio de emergencias el que acude al lugar
del incidente a prestar asistencia.

• Antes de disponernos a tratar al herido, debemos conocer qué tipo de incidente se ha


producido, porque el primer paso que debemos dar es garantizar la seguridad del
equipo. En general:
- Situar la ambulancia como mínimo a 50 metros del lugar del accidente.
- Aproximarse al lugar en dirección al viento y lateral a la columna de humo.
- Utilización de los equipos de protección individual (EPI): guantes, mascarillas, casco,
poniendo la máxima atención en los accidentes con riesgos químicos (quemaduras
por productos químicos, fuegos que afecten a productos tóxicos...).
- Garantizar antes de acercarnos que la corriente eléctrica está cortada.
- Contactar con el personal de rescate, bomberos y/o fuerzas de seguridad del estado
según el tipo de incidente y seguir sus indicaciones.

• Cuando es el paciente el que acude al centro sanitario (Servicio de Urgencias de Atención


Primaria (SUAP), Servicio de Atención Rural (SAR) o a las urgencias del hospital) se
debe tener en cuenta que la ropa del paciente puede estar impregnada de productos
químicos que produzcan en el personal sanitario lesiones dérmicas por contacto o irrita-
ción de la vía aérea por inhalación. Puede ser necesario el uso de un EPI antes del tra-
tamiento inicial del paciente.

4.2 Valoración del paciente

Siguiendo la sistemática de trabajo habitual de los servicios de emergencias dividiremos


este apartado en dos puntos.

600
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

4.2.1 Valoración Inicial

Encaminada a la valoración sistemática y estabilización rápidas del paciente, pres-


tando especial atención a aquellas alteraciones que suponen compromiso vital. Esta
valoración se realizará sistemáticamente según las recomendaciones de asistencia
al paciente politraumatizado que se recogen en distintas guías (9, 10).

A: Apertura y permeabilización de la vía aérea. Puede haber compromiso de la vía


aérea en caso de traumatismo grave asociado, disminución del nivel de conciencia,
presencia de cuerpos extraños o inhalación de humos. En un primer momento se
realizará apertura manual o ayudándonos de cánulas orofaríngeas.
Se debe aislar la vía aérea mediante intubación orotraqueal precoz en caso de in-
halación de humos (lo sospecharemos por las condiciones del incendio, cuando
haya quemaduras faciales, en cuello, o en vibrisas nasales, o presencia de hollín
en nariz y/o boca).
También será preciso eliminar secreciones y restos de vómito u otros cuerpos ex-
traños de la boca manualmente o con un aspirador de secreciones. Estas manio-
bras deben realizarse siempre con un correcto control cervical, ante la sospecha
de paciente traumático.

B: Ventilación. En un primer momento se debe valorar no sólo la presencia o ausencia


sino también la eficacia del patrón respiratorio de forma rápida. Debemos utilizar
una Fi O2 al 100% usando una máscarilla con bolsa reservoria y administrando
oxígeno a alto flujo en caso de sospecha de quemaduras de vía aérea o intoxica-
ción por monóxido de carbono o cianuro.

C: Circulación: Valoración del estado circulatorio mediante palpación de pulsos, valo-


ración del relleno capilar, coloración, temperatura de la piel y presencia/ausencia
de sudoración. Se deben instaurar las medidas necesarias para evitar la hipovole-
mia. Para ello se canalizarán dos vías periféricas de grueso calibre, a ser posible
en zonas no quemadas en pacientes adultos con más del 15 % de SCQ y en niños
con más del 10% de SCQ1 (11) y se empezará con la reposición de líquidos según
la Fórmula de Parkland (es la fórmula más empleada):
- Para adultos: volumen a infundir en 24 horas = 4ml cristaloides x Kg de peso x
% SCQ1 (la mitad en las primeras 8 horas y el resto en las 16 horas restantes)
(5)
para conseguir una diuresis de 0,5-1 ml x Kg x h en adultos.
- Para niños: volumen a infundir en 24 horas = 3ml cristaloides x Kg de peso x %
SCQ1. Además se deben añadir 4ml/kg por los primeros 10 kg de peso corporal,
2 ml/kg por los segundos 10 kg y 1ml/kg por cada kilo que exceda de los 20,
para conseguir una diuresis de 1-1,5 ml x Kg x h (11,12).
Se recomienda la reposición con cristaloides siendo la solución más adecuada la
de Hartmann (Ringer Lactato). Se debe evitar el suero fisiológico porque provoca
acidemia hiperclorémica. (13)
Siempre que sea posible, administraremos líquidos calientes por el riesgo de hi-
potermia presente en este tipo de pacientes.
Al igual que en el resto de pacientes politraumatizados no se debe retrasar el tras-
lado para iniciar la reposición de volumen. Tampoco se recomienda demorarlo por
invertir tiempo en calcular la SCQ1.
1. SCQ: superficie corporal Quemada.
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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

D: Se realizará valoración del nivel de conciencia según la escala de coma de Glas-


gow.
También puede ser útil una valoración pupilar (tamaño, simetría y reflejo fotomotor)
sobre todo en sospecha de traumatismo craneoencefálico o consumo de tóxicos/in-
toxicación asociados a la lesión térmica.

E: Evaluación rápida, sistemática y completa de las lesiones del paciente, realizando


una inspección tanto anterior como posterior del mismo. Calcular extensión de que-
maduras con ayuda de la regla de Wallace o Lund- Browder, estimar profundidad
de las lesiones, valorar la localización de las mismas. Envolver en gasas estériles,
abrigar mediante mantas de traslado o sábanas para minimizar la pérdida de calor,
y controlar la temperatura ambiental, para evitar la hipotermia.
En esta fase de la valoración no se deben aplicar antimicrobianos tópicos, cremas
ni geles. Se mantendrá la cabecera elevada a 30º para limitar la formación de
edema facial y se elevarán las extremidades quemadas por encima del tórax.

4.2.2 Valoración Secundaria

Esta valoración se hará después de haber solucionado todas las alteraciones encon-
tradas en la valoración primaria. Debe ser una valoración sistemática cráneo-caudal
en la que además se instauren las medidas de monitorización y valoración específicas
de las lesiones encontradas.

[Link]. Monitorización
El paciente quemado precisa monitorización de constantes vitales, que dado
el entorno en que nos centramos se realizará de manera no invasiva. Se mo-
nitorizará tensión arterial, frecuencia cardiaca, frecuencia respiratoria, tem-
peratura, saturación de oxígeno, cooximetría y electrocardiograma, con 12
derivaciones, que es de extrema importancia sobre todo ante quemaduras
eléctricas. Cuando esté disponible deberá hacerse también una gasometría
arterial con determinación de pH e iones, aunque los desequilibrios electro-
líticos no suelen aparecer en estas fases tan tempranas.

El objetivo de la monitorización será en primer lugar identificar situaciones


de compromiso hemodinámico y respiratorio, añadiéndose después la iden-
tificación de desequilibrios hidroelectrolíticos a medida que evoluciona la le-
sión y se inicia la reposición hídrica.

Es preciso recordar que la gasometría arterial y la pulsioximetría pueden


aportar datos erróneos en intoxicaciones por monóxido de carbono. Cuando
esté disponible debe usarse cooximetría para valorar la saturación de mo-
nóxido de carbono por parte de la hemoglobina.

La acidosis metabólica en un paciente adecuadamente resucitado, habitual-


mente expresa una intoxicación severa por CO, aunque también puede su-
gerir toxicidad concomitante por cianuro.

[Link] Anamnesis
Debemos procurar hacerla de manera rápida para conocer la hora cero en
la que se ha producido el accidente, el tiempo que ha estado la víctima ex-
puesta y el agente causal de las quemaduras. Si el estado del paciente lo

602
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

permite, procederemos a la filiación del mismo, recogiendo alergias medica-


mentosas, antecedentes personales y tratamientos farmacológicos actuales.

Los factores de riesgo que más se asocian a mortalidad son edad mayor de
60 años, más del 40 % de SCQ y presencia de quemadura inhalatoria (13).

Es en este punto donde se deben recoger los datos necesarios para com-
pletar la valoración de enfermería por dominios, teniendo en cuenta sobre
todo aquellos que son relevantes por el estado del paciente y aquellos en los
que podemos plantear objetivos e intervenciones en el entorno de actuación
que nos ocupa.

En todo paciente que ha sufrido una lesión térmica podemos definir varios
diagnósticos de enfermería sólo por la lesión sufrida. Factores inherentes al
paciente como patologías y condiciones previas y otros inherentes al pro-
blema de salud actual harán que varíen los diagnósticos de enfermería que
seleccionemos para cada paciente. La evolución del paciente hará que apa-
rezcan nuevos diagnósticos en los días siguientes a la quemadura.

[Link] Valoración de las lesiones


Extensión de las quemaduras: debemos descubrir al paciente, siempre
dentro de un recinto, bien sea la ambulancia o un centro de atención, inten-
tando garantizar un ambiente térmico que evite la hipotermia del paciente.
No debemos perder tiempo haciendo un cálculo exacto de la SCQ, con una
estimación aproximada será suficiente. La forma más rápida es a través de
la regla de Wallace o de los nueves (tabla 1), en el caso del adulto y la Regla
de Lund-Browder para los niños (13) (Tabla 2). También podemos tener en
cuenta para este cálculo que la palma de la mano del paciente con los dedos
juntos y extendidos corresponde a un 1% de su superficie corporal (14).

Tabla 1: Regla de Wallace

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

Tabla 2: Regla de Lund-Browder

Profundidad: debemos hacer una rápida estimación de la profundidad de


las quemaduras, si son epidérmicas, dérmicas, hipodérmicas, o de espesor
total (Tabla 3). A menudo la valoración de la profundidad es subjetiva. Se
debe revaluar pasadas 24-72 horas ya que la profundidad puede aumentar
como consecuencia de un manejo inicial inadecuado o una infección sobre-
añadida (13).

Tabla 3: Profundidad según estrato dérmico afectado

Dérmica Dérmica
Superficial Espesor total
superficial Profunda

Epidermis

Dermis
superficial

Dermis
profunda

Tejido celular
subcutáneo

• Quemaduras Epidérmicas (primer grado): afectación de la capa epidér-


mica. Aparece la piel caliente, seca e hiperémica. Muy dolorosas y con
sensación de prurito. Por ejemplo, las quemaduras solares. No es fre-
cuente que se produzca daño permanente de los tejidos. (14)
• Quemaduras Dérmicas (segundo grado): afectan a la totalidad de la epi-
dermis y a la dermis. Son superficiales cuando hay lesión parcial de la
dermis (hasta la dermis papilar). Presentan flictenas y/o vejigas con con-
tenido exudativo. Bajo la flictena la superficie está rosada, lisa, brillante y
muy exudativa. Es más dolorosa que la epidérmica. Pueden dejar secue-
las en forma de discromías. Son profundas cuando presentan afectación
total de la dermis. Pueden presentar flictenas o zonas de dermis denu-
dada. La superficie de la herida es de color pálido, liso, brillante y exuda-
tiva (menos que las anteriores). Son poco dolorosas por la destrucción de
las terminaciones nerviosas. Dejan secuelas funcionales y estéticas. (14)

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

• Quemaduras subdérmica o de espesor total (tercer grado): se produce


afectación de la totalidad del espesor de la piel y anejos cutáneos, inclui-
das las terminaciones nociceptivas. Puede también dañar huesos, mús-
culos y tendones. La piel presenta una escara seca y parece cuero. Su
aspecto varía de nacarado a negro, pudiendo también ser hemorrágicas.
No son dolorosas, a menos que se asocien a quemaduras de segundo
grado o por irritación de tejidos sanos colindantes (14). Tampoco existe re-
lleno capilar. Sólo cicatrizan por segunda intención las lesiones poco ex-
tensas. Dejan secuelas importantes.

Cuando valoremos SCQ no se computarán las zonas


eritematosas o con quemaduras de primer grado.

Localización: identificar las partes del cuerpo que están quemadas, te-
niendo en cuenta que algunas localizaciones son más graves como cara,
cuello, pies, genitales, pecho femenino, zonas de pliegues articulares y
manos por el riesgo de secuelas funcionales y estéticas que implican (14).
Las quemaduras en manos, pies, genitales y zona perianal tienen mayor
riesgo de infección.
Agente causal: cada agente implica unos riesgos diferentes, que supo-
nen cambios en la fisiopatología y no sólo a nivel local, por ello se des-
arrolla en un punto específico de la valoración.

[Link] Quemaduras según el agente causal


Aunque el resultado sea el mismo, la lesión por quemadura, debemos tener
en cuenta siempre el mecanismo de producción de la quemadura, ya que
dependiendo de éste, podemos tener unas complicaciones u otras y pueden
ir asociadas a otras lesiones que debemos valorar adecuadamente.(14)

• Quemaduras térmicas: Son las más frecuentes (80% de los casos), son
lesiones producidas por la acción del calor y se pueden subdividir en cua-
tro grupos de acuerdo con el mecanismo de producción:
- Quemaduras por contacto, pueden ser causadas por contacto con un
material sólido caliente, suelen comprometer poca superficie, pero son
en general profundas. Por contacto con un líquido caliente (escaldadu-
ras), o por gases calientes, es la causa más frecuente en los niños, de
hecho este tipo de lesiones térmicas es la tercera causa de morbilidad
hospitalaria en nuestro entorno(15). Suelen ser extensas pero de menor
profundidad. A no ser que sean quemaduras por malos tratos. En el
caso de los niños la mayoría de los accidentes ocurren en los domici-
lios, en la cocina y con líquidos calientes (15).
- Quemaduras por fuego directo son lesiones producidas por la acción
directa de las llamas sobre la piel. Suelen ser de variada extensión, y
casi siempre de mayor profundidad. Se asocian a menudo con lesión
por inhalación de humos cuando se producen en espacios cerrados,
por la presencia de humo o de sustancias tóxicas producidas en la es-
cena del accidente (CO, gas cianhídrico, aldehídos, fosgeno, material
particulado).
- Quemaduras por radiación ionizante frecuentes por exposición a radia-
ciones ultravioleta, nucleares y radioterapia.
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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

- Quemaduras por frío: (congelaciones) se producen cuando existe ex-


posición de la piel y los tejidos a bajas temperaturas durante un tiempo
prolongado. Las zonas que se afectan con más frecuencia son pies,
manos, nariz y orejas. En general tienen mayor susceptibilidad quienes
padecen una enfermedad vascular periférica, diabetes, fumadores y
personas bajo tratamiento con β- bloqueantes.

• Quemaduras químicas: Son lesiones que se producen al contactar la piel


con sustancias químicas. Lo más importante que debemos destacar es
que hasta que se elimine completamente el producto de la piel la lesión
seguirá profundizándose. La capacidad para generar una lesión y la rapi-
dez con la que destruye las células, varía según el tipo de sustancia quí-
mica, la concentración y el tiempo de contacto. Este tipo de quemaduras
pueden acompañarse de lesiones en otros órganos distintos a la piel. Se
pueden subdividir en:
- Quemaduras producidas por ácidos: Sustancias con un ph entre 7 y 0.
Como el hipoclorito sódico o el ácido fluorhídrico. Este tipo de quema-
dura produce mucho dolor. Aunque sean de escasa extensión pueden
poner en riesgo la vida, ya que pueden generar hipocalcemia severa.
Deben ser tratadas rápidamente con gluconato de calcio, en inyección
subcutánea intralesional, y por vía sistémica. Requieren escarotomía
inmediata.
- Quemaduras producidas por álcalis: Sustancias con un ph entre 7 y
14. Como la potasa, el cemento o la sosa. Estos productos producen
la licuefacción de los tejidos lo que facilita la profundización de las que-
maduras. Suelen ser quemaduras más profundas y de evolución tór-
pida.

• Quemaduras eléctricas: Debemos tener especial precaución en este tipo


de incidente. Se debe garantizar antes de actuar y tocar al paciente que
la corriente está desconectada. Una vez que esto está garantizado pro-
cederemos con el ABC.
En este tipo de pacientes es de extrema importancia la monitorización car-
diaca continua, para detectar de manera precoz arritmias cardiacas, que
son frecuentes y potencialmente letales en este tipo de accidentados. La
muerte por efecto sobre el corazón en los accidentes eléctricos sobreviene
generalmente por fibrilación ventricular.
Las contracciones anárquicas del miocardio se producen por dos meca-
nismos: acortamiento del período de excitación y del período refractario
de la célula miocárdica y excitación autónoma del músculo cardíaco. Sin
embargo la asistolia primaria parece ser la causa de fallecimiento del 30%
de los electrocutados.(16) Debemos buscar el orificio de entrada y salida
para evaluar las posibles lesiones internas que se hayan podido producir
según el recorrido. Este tipo de paciente debería trasladarse siempre en
UVI móvil. La lesión tisular que encontraremos depende de cuatro factores
fundamentales:
- Tipo de corriente: la corriente alterna suele provocar más lesiones que
la continua.
- Intensidad: proporcional al voltaje de la corriente e inversamente pro-
porcional a la resistencia de los tejidos.
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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

- Tiempo de exposición: a mayor tiempo de exposición, lesiones más


graves.
- Trayecto de la corriente: suelen tener peor pronóstico los trayectos ho-
rizontales que los verticales.
Una de las principales complicaciones que se pueden producir en este
tipo de pacientes es la rabdiomiolisis, síndrome causado por la lesión de
las células musculoesqueléticas, que liberan su contenido al torrente cir-
culatorio, una de las sustancias que liberan es un pigmento proteínico lla-
mado mioglobina, que es filtrado por los riñones dándole un color rojizo o
de refresco de cola a la orina característico de este síndrome. Produce
un daño renal grave. La administración agresiva de líquidos intravenosos
puede prevenir el daño renal al eliminar rápidamente la mioglobina de los
riñones.

5.- EL GRAN QUEMADO


Es paciente de extrema gravedad, lo que implica que su manejo, sobre todo inicial, contribuirá
a la morbimortalidad en los siguientes días. Por ello debemos realizar un tratamiento inicial ade-
cuado desde las unidades extrahospitalarias siguiendo el protocolo para atención del paciente
politratumatizado. (17)

Definimos como gran quemado a aquellos pacientes que sufren quemaduras graves y/o de
gran extensión, precisando medidas generales de soporte vital avanzado (18). Se deben considerar
como gran quemado o quemado grave, y por tanto tener en cuenta que precisará medidas espe-
ciales de reanimación e ingreso en unidades de grandes quemados, los siguientes casos:
• Pacientes con más del 10% SCQ de tercer grado.
• Pacientes con más del 25% SCQ en adultos o del 20% SCQ en edades extremas, de 2º
grado.
• Todos los pacientes con quemaduras que involucran cara, ojos, orejas, manos, pies, periné
o genitales se consideran también quemaduras mayores.
• Otro factor a tener en cuenta es el riesgo de infección relacionado con la localización de la
lesión. Las quemaduras en manos, pies, periné o genitales se consideran quemaduras ma-
yores ya que tienen mayor riesgo de infectarse debido a la abundante flora bacteriana que
normalmente coloniza dichas zonas.(19)
• Todos los pacientes con lesiones inhalatorias con/sin quemadura asociadas.
• Pacientes con quemaduras eléctricas de alto voltaje con signos de rabdomiolisis, o quími•
cas.
• Pacientes quemados con traumatismos concurrentes (TCE)
• Pacientes de alto riesgo con quemaduras: diabetes, embarazo, EPOC, cáncer, alteraciones
psiquiátricas… (20)
• Quemaduras circunferenciales, ya que pueden poner en riesgo el miembro afectado o in-
cluso la correcta ventilación del paciente si es el tórax el afectado.
• Quemaduras en niños menores de cinco años, en este caso hay que considerar y valorar
la posibilidad de que se trate de malos tratos, ya que esto sucede en un 10% de los casos(18).
607
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

Es preciso reconocer cuando estamos tratando con un paciente gran quemado para poder re-
alizar las correctas maniobras de resucitación y prevenir las posibles complicaciones de este tipo
de pacientes. (21)

5.1 Fisiopatología

Las lesiones por quemaduras en los tejidos provocan una serie de cambios fisiopatológicos,
que están en relación directa con la SCQ y con el tiempo de exposición. Debemos tener en
cuenta al analizar los cambios fisiopatológicos que pueden producir estas lesiones que las
quemaduras son lesiones dinámicas y que su profundidad y extensión va a variar según el
tratamiento inicial aplicado y la rapidez con la que lo hagamos. Cuando hablamos de las le-
siones dérmicas y su repercusión sobre la fisiología, debemos agrupar los efectos en dis-
tintos apartados: (17)

• LA PIEL: Tras una lesión por quemadura se desencadena una respuesta inflamatoria,
en primer lugar local, que puede seguirse de una respuesta inflamatoria sistémica cuando
la SCQ supere el 25- 30%(17). Tiene dos funciones fundamentales: barrera protectora contra
la pérdida de agua y calor, y prevención de la colonización bacteriana. La pérdida de agua
a través de la piel, puede producir deshidratación y como consecuencia una situación hi-
pertónica con hipernatremia importante. Asociada a la evaporación de agua existe una
gran pérdida de calor, lo que desencadenará hipermetabolismo, y, así mismo, aumento de
consumo de oxígeno, que asociado a un gran gasto de energía, intentará compensar la
hipotermia desencadenada. Una complicación aunque más tardía, pero no menos impor-
tante es la pérdida de capas cutáneas y la alteración inmunológica, que facilita el riesgo
de colonización bacteriana. Las infecciones pueden llegar a provocar la muerte del paciente
en las semanas siguientes al accidente, por lo que es muy importante que se traten las le-
siones de la manera más aséptica, y si es posible, con técnica estéril.

• SISTEMA VASCULAR: En las primeras 24-48 horas aparece hipovolemia y shock hipo-
volémico por el trasvase de agua, sodio y proteínas al espacio intersticial. Se desarrolla
un importante edema tisular. Se produce alteración en la permeabilidad microvascular
(tanto en el tejido sano como en el quemado), hay aumento de la presión hidrostática in-
travascular y disminución de la presión hidrostática intersticial con aumento de la presión
osmótica intersticial. Ello conlleva el aumento del trabajo cardíaco y la disminución del
volumen de retorno venoso, provocando así la lesión orgánica, siendo lo más llamativo
el fracaso renal agudo y el fallo multiorgánico.
Aparece también depresión miocárdica, (independiente del estado del volumen intravas-
cular).
Cursa con una disminución de la contractilidad, un aumento de las resistencias vascula-
res sistémicas y una disminución del gasto cardíaco.

• ALTERACIONES METABÓLICAS: aparece hiponatremia por destrucción de proteínas,


alteraciones electrolíticas como descenso del cloro y aumento del potasio, hiperglucemia,
acidosis metabólica por hipoxia, fracaso renal y hepático agudo por hipoperfusión y al-
teraciones de la coagulación. El estado de hipermetabolismo es proporcional a la seve-
ridad de la quemadura. Hay un incremento de los requerimientos energéticos.

• ALTERACIONES HEMATOLÓGICAS: Precozmente aparecen hemoconcentración, he-


mólisis, trombopenia y activación de mecanismos trombóticos y fibrinolíticos. Más tarde
aparecerá anemia y alteraciones de la coagulación con riesgo de trombosis venosa y
embolismo pulmonar.(22)
608
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

• ALTERACIONES RENALES: precozmente hay disminución del flujo sanguíneo renal. El


aumento de catecolaminas, angiotensina, aldosterona y vasopresina, puede producir va-
socontricción sistémica y empeorar más la función renal. Aparece mioglobinuria: por el
daño muscular. Más tarde hay aumento del flujo renal durante la fase de hipermetabo-
lismo. (22,17)

• EFECTOS INMUNOLÓGICOS: la función inmune está deteriorada y hay un riesgo ele-


vado de infección del tejido quemado y sepsis.

• EFECTOS GASTROINTESTINALES: pueden aparecer úlceras de estrés y alteración de


la función inmunitaria intestinal.

• APARATO RESPIRATORIO:
- Lesiones por inhalación de humos: puede aparecer desde edema hasta necrosis y
desprendimiento del epitelio con ulceración. Puede inducir una respuesta inflamatoria
con abundante exudado que puede producir obstrucción de la vía aérea de pequeño
calibre, con formación de atelectasias e incremento de sobreinfección pulmonar.
- Intoxicación por monóxido de carbono (CO). El CO tiene una afinidad mayor por la
Hemoglobina que el oxígeno, formando carboxihemoglobina (COHb) e impidiendo
el transporte normal de oxígeno. Desplaza la curva de disociación de la Hb hacia
la izquierda, inhibiendo la liberación de oxígeno a los tejidos. Empeora la actividad
de enzimas intracelulares al unirse a la citocromo oxidasa. Todo ello causa hipoxia
tisular y acidosis metabólica. El diagnóstico lo haremos en base a la historia, ha-
llazgos neurológicos y niveles de COHb. Tanto la PaO2, pulsioximetría y SaO2
pueden ser normales, y no son un buen indicador de intoxicación por CO. Debemos
usar un cooxímetro, que mide el porcentaje de Hb, oxihemoglobina, carboxihemo-
globina y metahemoglobinemia. La sintomatología en relación con los niveles de
carboxihemoglobina aparece en la tabla 4.

Tabla 4
Niveles de COHb Síntomas

0-10% Mínimos (podemos encontrarlos en grandes fumadores)

10-20% Dolor de cabeza, náuseas, tinnitus

20-30% Letargia, debilidad, somnolencia

30-40% Confusión, agitación

40-50% Coma, depresión respiratoria

>50% Muerte

- Intoxicación por cianuro. Por la inhalación de productos de la combustión de ma-


teriales que contienen nitrógeno. Produce una inhibición reversible de la actividad
de la citocromo-oxidasa mitocondrial, interrumpiendo la cadena respiratoria y cau-
sando asfixia tisular. Difícil de diagnosticar. Una concentración de 50 ppm se asocia
con dolor de cabeza, vértigo, taquicardia y taquipnea. Por encima de 100 ppm,
aparece letargia, convulsiones e insuficiencia respiratoria. Otros datos de sospe-
cha, son la presencia de acidosis metabólica con anión gap aumentado que no
mejora con el aporte de oxígeno; arterialización de la sangre venosa central (SvO2
>90%), lactato aumentado en plasma (se correlacionan con los niveles de cianuro.)
609
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

Para tratar la intoxicación con cianuro en las víctimas de los incendios, se utiliza
un antídoto la hidroxicobalamina, que logra tasas de supervivencias de hasta un
67%. Los criterios de empleo de la hidroxicobalamina y la dosis recomendadas se
reseñan en la tabla 5.
Tabla 5

Criterios de empleo de la hidroxicobalamina y dosis recomendadas

Criterios de empleo:
- Paciente que ha inhalado humo de incendio (restos de hollín en boca,
faringe o esputo) y
- Tiene alteraciones neurológicas (confusión, coma, agitación, convulsio-
nes) y además
- Presenta alguna de las siguientes circunstancias:
· Bradipnea (< 12 r.p.m.) o parada respiratoria o cardiorespiratoria.
· Shock o hipotensión.
· Lactato > 8 mmol/L o acidosis láctica

Dosis inicial:
Administración intravenosa* de hidroxicobalamina: 5 g (2 viales) a pasar en
15 min en adultos o 70 mg/kg de peso en niños. Puede repetirse la megado-
sis una vez (5 g más-2 viales) si persiste sintomatología o existe inestabili-
dad hemodinámica o el paciente está en parada cardíaca.
* La vía intrósea es posible, aunque por el momento, no hay experiencia en humanos.

- Lesión térmica directa de la vía aérea que afecta sobre todo al tracto respiratorio su-
perior por exposición a altas temperaturas. Produce inflamación y edema a nivel de
epiglotis y laringe, pudiendo producir una obstrucción crítica de la vía aérea. Debemos
tener en cuenta que las lesiones inflamatorias progresan durante las primeras 24-48
horas, pudiendo ser asintomáticas en las fases iniciales. Además, la reposición agre-
siva de líquidos favorece la formación de edema, incrementando el riesgo de obstruc-
ción de la vía aérea. o la aparición de edema pulmonar.
- Restricción torácica severa: las quemaduras extensas de segundo y tercer grado, an-
terolaterales o circunferenciales torácicas se asocian a un aumento del trabajo respi-
ratorio, hipoventilación, dificultad para eliminar secreciones y formación de
atelectasias. Esto puede provocar un estado de insuficiencia respiratoria y dificultad
para la ventilación mecánica, generando presiones elevadas por disminución de la
compliance torácica. Las escarotomías pueden ser necesarias para reducir la restric-
ción de la pared torácica.

Por todo esto es preciso reconocer cuando estamos tratando con un paciente gran quemado
para así poder realizar las correctas maniobras de resucitación y prevenir las posibles com-
plicaciones en este tipo de pacientes.

5.2. Tratamiento

El gran quemado debe considerarse y ser tratado como un politraumatizado, siguiendo los
mismos algoritmos para su atención. Se debe seguir el mismo esquema de actuación ex-
puesto en la valoración.

610
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

A: Apertura de vía aérea.


B: Ventilación. Debemos ventilar al paciente con una FIO2 al 100%.
C: Circulación.
D: Valoración neurológica.

Las complicaciones más graves e inmediatas que nos podemos encontrar


en la urgencia prehospitalaria son la hipoxia, la hipotensión y la hipotermia.

• Neutralizar el agente causal, lavando abundantemente con agua o suero templado, o


con neutralizantes específicos, poniéndonos en contacto con bomberos, evitando tocar
el paciente para no contaminarnos y utilizando el EPI adecuado.
• Reevaluación continua, para detectar rápidamente cualquier cambio en la situación y
poder actuar.
• Control y aislamiento de la vía aérea mediante IOT en el paciente con inhalación de
humo (se puede sospechar que el paciente haya inhalado humo en todo paciente que
presente quemaduras faciales, hollín en nariz y boca o quemadura de vibrisas nasales,
ronquera, afonía, cambio de voz, tos seca,).
- Oxigenación.
- Cuidados del paciente intubado.
- Limpieza de vía aérea: aspiración de secreciones.
• Administración de oxigenoterapia a alto flujo en pacientes conscientes sin alteración apa-
rente del árbol traqueobronquial.
• Canalización de dos vías periférica de grueso calibre en cuanto nos sea posible. Rehi-
dratación y control del shock hipovolémico mediante la infusión de Ringer lactado tem-
plados por vía endovenosa según la Fórmula de ParKland.
• Retirar las ropas que no estén adheridas a la piel del paciente.
• Retirar anillos, pulseras y relojes que puedan conservar las calorías y comprimir zonas
corporales periféricas, si se produce la edematización del miembro.
• Cuidados de la herida.
• Monitorización y control de constantes vitales. Control de la saturación de oxígeno, te-
niendo en cuenta que podemos obtener valores falsos, ya que la carboxihemoglobina
se comporta igual que la hemoglobina.
• Administración de antídotos específicos, en caso de intoxicación por cianuro.
• Sondaje vesical para control estricto de diuresis con objeto de vigilar la posible insufi-
ciencia renal aguda.
• Terapia analgésica y de sedación si IOT.
• Atención psicológica del paciente, mientras está consciente, hasta su sedoanalgesia.
• Confort y seguridad del paciente. Garantizando que esté correctamente inmovilizado y
en la posición adecuada para el traslado.
• No dar de comer ni beber, colocando una SNG por el potencial de desarrollar una pará-
lisis intestinal. Es frecuente observar en grandes quemados, las úlceras de estrés.

611
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

• Se deben evitar las fasciotomías y escarotomías en el medio extrahospitalario.

Sedoanalgesia: El sufrimiento que padece el paciente hace que pueda desestabilizarse


por lo que el tratamiento del dolor tiene que ser una de nuestras prioridades:

Para la sedoanalgesia del paciente y la intubación precoz se seguirán las ordenes médicas,
aunque lo más usual en este tipo de paciente es:
• Analgesia con:
Cloruro mórfico: 0.1-0.2 mg/kg en bolus o en perfusión: 10-50 microg/kg/h.
Fentanilo: 50-100 microg en bolus o en perfusión: 1 microg/kg/h.
• Sedación:
Midazolam: 0.1-0.3 mg/kg en bolus o en perfusión. 0.05-0.2 mg/kg/h.
Etomidato: 0.3-0.5 mg/kg en bolus 20mg/1 min. Perfusión no recomendada.
• Relajación muscular:
Succinilcolina: 1-1.5 mg/kg.
Vecuronio: 0.1-0.2 mg/kg en bolus o en perfusión.1-2µg/kg/h

5.3 Manejo local de las lesiones

Evitar las fasciotomías y escarotomías en el medio extrahospitalario a no ser que estemos


a isocronas elevadas de un hospital (donde se pueda realizar este tipo de cirugía en quiró-
fano) y pensemos que puede perder el miembro o que nos impida su ventilación.

En quemaduras muy extensas cubriremos las lesiones con apósitos estériles (este gesto
además de prevenir las infecciones, disminuye el dolor, al tapar las terminaciones nerviosas
que están expuestas), nunca vendarlo, solo tapar la lesión tratando las heridas con la má-
xima esterilidad/asepsia posible, para prevenir futuras infecciones.

El manejo de las quemaduras leves en principio puede realizarse a nivel extrahospitalario,


tanto en centros de salud como en servicios de urgencias de atención primaria. Se basa en
cuatro pilares fundamentales (12):
• Parar el proceso de quemadura.
• Enfriar la quemadura.
• Analgesia adecuada.
• Cobertura de la quemadura.

Como primera medida para detener el proceso de la quemadura se debe retirar al herido
de la fuente de lesión, retirar ropa y joyas de zonas afectadas, excepto si se encuentra ad-
herida a la piel (12).

En quemaduras eléctricas es preciso comprobar previamente que la fuente de electricidad


se ha desconectado.

Enfriar la quemadura en lesiones térmicas (o diluir el tóxico) previene la progresión de la


lesión, minimiza el edema, reduce el dolor y contribuye a la limpieza de la lesión (12).

612
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

Debe hacerse con agua corriente templada durante 20 minutos, que deben ampliarse en
caso de productos químicos, puede usarse la inmersión o irrigación. Evitar el uso de agua
muy fría ya que limita el flujo sanguíneo a la zona e induce hipotermia. (23)

Para enfriar la lesión se pueden usar también apósitos de gel de agua o suero fisiológico (14).
Retirar cadenas, pulseras y anillos que puedan producir compresión si se edematiza el
miembro.

Tras enfriar la lesión se deben limpiar los restos de suciedad visible con agua y jabón anti-
séptico suave (13,14, 23) como clorhexidina diluida, evitando el uso de antibióticos (12). Es ne-
cesario desbridar los restos de piel muerta de flictenas abiertas y de aquellas grandes o
frágiles. Las flictenas pequeñas se pueden dejar intactas (13,23). La evidencia para desbridar
las flictenas es pobre, pero sin hacerlo no se puede valorar la profundidad correctamente (13).

La exposición de terminaciones nociceptivas puede causar dolor. Podemos observar evi-


dencias de dolor en el paciente como dilatación pupilar, cambios en la presión arterial, cam-
bios en el pulso, cambios en la respiración, diaforesis o puede ser el propio paciente quien
informe verbalmente del dolor.

El enfriamiento y cobertura de la lesión son medidas no farmacológicas para controlar el


dolor, no obstante puede ser preciso el uso de analgésicos mayores (opioides) en un primer
momento. Después el uso de un AINE suele ser suficiente (12). Las quemaduras en principio
son heridas estériles a no ser que estén contaminadas con suciedad. Se debe extremar la
asepsia en su manejo, ya que al perder la integridad de la piel existe riesgo de infección.

• Quemaduras epidémicas. Tras enfriar la quemadura se aplicará crema hidratante tantas


veces como sea necesario durante el tiempo que duren las molestias (14).

• Quemaduras dérmicas superficiales. Tras la limpieza se cubrirá con el apósito selec-


cionado. Se recomienda apósitos que creen ambiente húmedo para la cura (14). Pueden
ser útiles apósitos de gasa impregnados en parafina, clorhexidina, apósitos de silicona
o de polímeros suaves. Los apósitos hidrocoloides son de especial utilidad en manos y
zonas pequeñas. (23) En heridas muy exudativas pueden ser necesarias varias capas de
apósitos para prevenir la maceración de la piel. Los apósitos de alginato se adhieren a
la herida y deben ser revisados cada 24 horas, sustituyendo el apósito secundario. Una
vez la lesión está curada el alginato se desprende de la herida. Si hay excesivo exudado
o el alginato se pone rígido puede ser necesaria una nueva valoración (23).

• Quemaduras dérmicas profundas. Puede ser útil la Sulfadiazina argéntica (13), que dis-
minuye la colonización bacteriana de las quemaduras, aunque su uso puede retrasar la
cicatrización y no ha demostrado disminuir la incidencia de infecciones locales ni sepsis
(24)
. No aplicar sulfadiacina argéntica si se va a derivar el paciente a otro servicio porque
dificulta la valoración posterior (23).

El uso de apósitos biológicos es mejor sobre todo en niños porque reduce el dolor y permite
la valoración a través del mismo(13). Algunos autores desaconsejan el uso rutinario de anti-
sépticos y pomadas antibióticas porque contribuyen a la selección de cepas resistentes y a
macerar las lesiones(14). La sujeción del apósito se debe realizar con un vendaje tubular o
elástico suave, pudiendo usarse un apósito secundario adhesivo en quemaduras poco ex-
tensas (14). Si la lesión afecta a una articulación, mantener en hiperextensión para evitar re-
tracciones.

613
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

El cambio de apósitos debe realizarse a partir de las 24-48 horas y ese es el momento de
valorar de nuevo la profundidad de la lesión. A partir de este momento se podría iniciar el
uso de productos tópicos como sulfadiazina argéntica(12). A partir de este cambio de apósito
el resto se realizarán dependiendo del tipo de cura realizada y del estado de la evolución
de la lesión. Será necesario cambiar el apósito inmediatamente en caso de aparición de
dolor, herida con mal olor o apósito empapado en exudado. (12)

En todo paciente quemado se debe valorar que esté correctamente inmunizado frente a té-
tanos.
De manera general se debe recomendar al paciente (14):
• Cambios de apósito cada 48 horas, más frecuentes en quemaduras dérmicas profundas (13).
• Mantener la región lesionada en reposo y elevada.
• Protección solar tras la curación durante al menos un año.

6.- DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA


• Riesgo de déficit del volumen de líquidos (00028) r/c edemas y pérdidas insensibles. (25)

• Patrón respiratorio ineficaz (00032) r/c deterioro de la percepción o cognición, deterioro mus-
culoesquelético, dolor y/o ansiedad, m/p disminución de la ventilación por minuto, disnea o
disminución de la capacidad vital.(26)

• Disminución del gasto cardiaco (00029) r/c alteración del volumen de eyección, alteración
de la precarga, alteración de la postcarga, alteración del ritmo cardíaco m/p edemas, piel fría,
prolongación del tiempo del relleno capilar, bradicardia o taquicardia, ansiedad, agitación. (25)

• Riesgo de Shock (00205) r/c hipovolemia, hipoxia e hipoxemia. (25)

• Síndrome de estrés del traslado (00114) r/c deterioro del estado de salud, experiencia im-
prevista y sentimientos de impotencia m/p ansiedad, inseguridad, pesimismo, frustración.(25)

• Ansiedad (00146) r/c estrés, amenaza de cambio en el estado de salud, amenaza del auto-
concepto m/p sentimientos negativos sobre sí mismo, verbalización de esos sentimientos, di-
ficultad para tomar decisiones...(25)

• Deterioro de la integridad cutánea (00046) r/c hipertermia, sustancias químicas o radiación


m/p solución de continuidad de la piel, destrucción de capas cutáneas.(25)

• Riesgo de infección (00004) r/c traumatismo, destrucción de la integridad tisular, aumento


de la exposición a agentes patógenos y procedimientos invasivos ( VVP, IOT) (25)

• Riesgo de desequilibrio de la temperatura corporal (00005) r/c enfermedad o traumatismo


que afecta a la regulación de la temperatura. Exposición al frío o al calor o a ambientes fríos
o calientes sin las debidas precauciones.(24)

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.12 El gran quemado. Actuaciones de enfermería ante las quemaduras

• Deterioro de la integridad tisular (00044) r/c agentes térmicos, productos químicos o radia-
ciones m/p lesión con destrucción tisular (tejido subcutáneo y mucosas).(25)

• Dolor agudo (00132) r/c agentes lesivos biológicos, químicos, físicos, psicológicos) m/p ob-
servación de evidencias de dolor, informe verbal de dolor, dilatación pupilar cambios en la pre-
sión arterial, cambios del pulso, cambios de la respiración, diaforesis, conducta expresiva,
mascara facial.(25)

• Riesgo de Intoxicación (00037), r/c presencia de contaminantes atmosféricos. (26)

7.- RESUMEN
El gran quemado es un enfermo en el que su manejo y estabilización en la urgencia extrahos-
pitalaria se hace difícil por la inestabilidad en la que se encuentra, por las grandes complicaciones
que pueden suceder en un corto periodo de tiempo como la asfixia por inhalación de humos, la
entrada en shock por dolor, por hipotermia o por hipovolemia.

Esto hace que si no actuamos rápido entre en un proceso potencialmente letal, por lo que el
tratamiento inicial con una intubación orotraqueal precoz y la reposición de líquidos templados
para evitar la hipotermia así como la sedoanalgesia se hacen de vital importancia para este tipo
de pacientes. Por ello es prioritario que tengamos equipos entrenados en este tipo de urgencia
vital para reconocer los signos y síntomas que pueden desencadenar un desenlace fatal y poder
prevenirlos.

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sevier,2006.

616
Módulo 4
El paciente traumatizado

4.13 Técnicas de inmovilización y movilización


del paciente traumático
AUTORES: Javier Rincón de la Cruz, Marta Madrigal Estepa,
Susana López Aguado, Fernando Abad Esteban
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

ÍNDICE:
1.- Objetivos
2.- Introducción
3.- Equipos para la inmovilización de la columna
3.1 Collarín cervical
3.2 Inmovilizador de cabeza
3.3 Camilla de cuchara
3.4 Tablero espinal
3.5 Camilla tipo combicarrierâ
3.6 Dispositivo de extricación kendrick
3.7 Férula MEI
3.8 Colchón de vacío
4.- Equipos para la inmovilización de extremidades
4.1 Férulas neumáticas
4.2 Férulas de vacío
4.3 Férulas tipo MEI
4.4 Férula de tracción
4.5 Fijación pélvica
5.- Principales técnicas de movilización e inmovilización
en pacientes traumáticos
5.1 Inmovilización para la extracción en un vehículo
5.2 Movilización desde el suelo
5.3 Inmovilización para el transporte
5.4 Retirada de casco
5.5 Transferencia hospitalaria
6.- Cuidados de enfermería, consideraciones especiales
ante las técnicas de movilización e inmovilización
6.1 Diagnósticos de enfermería
6.2 Intervenciones NIC
6.3 Objetivos NOC
7.- Bibliografía

618
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

1.- OBJETIVOS

• Describir los diferentes dispositivos de inmovilización y las principales técnicas de movilización


en el paciente traumático.
• Identificar las situaciones en las que un paciente traumático requiere una inmovilización de co-
lumna para prevenir lesiones secundarias y no agravar las ya existentes.
• Aprender a utilizar los dispositivos de inmovilización de extremidades, conociendo tanto sus
indicaciones como posibles inconvenientes.
• Conocer las principales técnicas de movilización del paciente traumático en el medio extra-
hospitalario.

2.- INTRODUCCIÓN
Uno de los aspectos fundamentales en el manejo prehospitalario del paciente traumático in-
cluye la inmovilización y movilización adecuadas, con el fin de evitar el empeoramiento de las le-
siones iniciales y por supuesto, impedir la aparición de nuevos daños.

La inmovilización se define como la técnica de preparar y recoger a un paciente traumático para


su posterior manejo, movilización y traslado, teniendo en cuenta su estado y posibles lesiones,
para no agravarlo más y no causarle más daños de los que ya tenía en el propio accidente (1).

La inmovilización de todas las lesiones debe hacerse de forma sistemática (2) asegurándose
que llegará al hospital en las mismas condiciones en que se ha encontrado al paciente. Es muy
importante realizarla en el mismo lugar del accidente, salvo que exista riesgo vital, tanto para el
paciente, como para los intervinientes.

Al hablar de inmovilización, hay que distinguir entre la realizada para la extricación del paciente
y la realizada para el transporte de la persona (3).

En cualquier tipo de inmovilización hay que tener en cuenta las siguientes premisas:
• El paciente traumatizado debe moverse siempre como un bloque (cabeza-cuello-tronco).
• Los materiales utilizados para la inmovilización deben cumplir los siguientes requisitos:
- Deben inmovilizar.
- No tienen que tener efectos secundarios, ni yatrogenia.
- No impedir el acceso a la vía aérea, ni la realización de técnicas de soporte vital.
- Deben ser cómodos (dentro de lo posible).
- Tienen que ser válidos para cualquier tipo de persona (adultos, niños, embarazadas,
etc.).
• En el caso que la gravedad del paciente, riesgo de la situación, etc, lo permita, siempre hay
que inmovilizar antes de movilizar.

Los fines de la inmovilización son:


• Evitar o disminuir el dolor.

619
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

• Mejorar la comodidad del paciente.


• Impedir la yatrogenia.

La movilización cuidadosa y el empleo de las técnicas apropiadas son cruciales en todo pa-
ciente traumático.

Pese a que la técnica ideal de inmovilización probablemente no existe, la secuencia de inmo-


vilización más recomendable en la actualidad incluiría la colocación sistemática de collarines cer-
vicales rígidos, la utilización durante la extracción de tableros espinales cortos o inmovilizadores
de columna y férulas para la inmovilización de las fracturas de extremidades, el empleo para el
levantamiento de tableros espinales largos o de camillas de cuchara, la utilización para el trans-
porte en la ambulancia de colchones de vacío y la disponibilidad de material de inmovilización in-
tercambiable que facilite la transferencia del paciente al hospital receptor(4).

3. - EQUIPOS PARA LA INMOVILIZACIÓN DE LA COLUMNA


La indicación de la inmovilización de columna viene determinada por el mecanismo lesional,
pero ante la duda, se debe inmovilizar(5) (Fig 1: Modificado de algoritmo PHTLS).

Figura 1: Indicaciones de inmovilización de la columna

620
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

3.1 Collarín Cervical Rígido

Su indicación es la inmovilización del cuello, evitando la flexo-extensión.

Es el elemento más importante en la inmovilización espinal y el primero que se coloca si-


multáneamente al manejo de la vía aérea. Su objetivo es servir de complemento a la inmo-
vilización de la columna.

Hoy en día en la emergencia extrahospitalaria el único collarín que se recomienda es el rí-


gido Tipo Philadelphia.

• Descripción
El collarín tipo Philadelphia se asienta en tórax, parte posterior de columna dorsal, cla-
vícula y trapecios y dispone de apoyo mentoniano, pero permitiendo cierta apertura de
la boca del paciente. Además este tipo de collarines dispone de una abertura anterior
que permite la visualización de la zona traqueal y el acceso a pulsos carotídeos. (Figura
2).

Collarín cervical rígido adulto y pediátrico. Figura 2

• Procedimiento
Para su colocación se requiere al menos de dos sanitarios.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose durante todo el procedimiento.
En primer lugar, realizar una estabilización manual de la cabeza con alineación y ligera
tracción de ésta con ambas manos, de manera que la cabeza del paciente mantenga
una posición neutra que descomprima el eje axial (Figura 3) Esta maniobra no se debe
abandonar hasta que no se coloque, además del collarín, un inmovilizador de cabeza u
otro dispositivo que inmovilice por completo la columna.

Estabilización manual. Figura 3

621
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

En ocasiones esta maniobra estará contraindicada:


- Aparición o aumento del dolor en la zona.
- Aparición o aumento de alteraciones neurológicas.
- Espasmo muscular que impida la movilización.
- Compromiso de la vía aérea.
- La posición de la cabeza es muy angulada y no permite la movilización. En este caso
la inmovilización se realizará en la posición en que se ha encontrado al paciente.

A continuación, proceder a medir el cuello del paciente, con la mano de otro interviniente
y la misma medida se traslada al collarín para ajustarlo a la medida adecuada (Figuras
4 y 5). En la actualidad los más utilizados son los llamados collarines multitalla que ofre-
cen varias medidas posibles.

Collarín: medición del cuello. Figura 4 Collarín: adecuación talla. Figura 5

Introducir el collarín por la parte posterior del paciente deslizando la lengüeta más larga
del collarín por debajo del cuello(6), ajustar la parte delantera y antes de cerrarlo asegu-
rarse que el apoyo mentoniano queda bien centrado.

Una vez comprobada la correcta posición del dispositivo, se cierra el collarín con otra len-
güeta (Figura 7). Si es necesario modificar la posición, se debe repetir el proceso desde
el principio para evitar deslizar el collarín sobre el cuello del paciente y que éste rote.

Collarín: aplicación en el cuello. Figura 6 Collarín: comprobación de la colocación.


Figura 7

Hay que tener en cuenta que el collarín rígido no inmoviliza completamente, por eso son
un complemento a la inmovilización y debe ir acompañado de una estabilización manual
de la cabeza o de otro tipo de inmovilizadores de columna y/o cabeza (Figura 8).

622
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Collarín cervical rígido con inmovilización manual. Figura 8

• Complicaciones de la técnica
- Aumento de la lesión preexistente por incorrecta estabilización manual o error en la
colocación del collarín.
- Flexión del cuello si el collarín es pequeño y extensión si es demasiado grande (7).
- Obstrucción de la boca y la nariz y pérdida de la inmovilización si el collarín queda
suelto.
- Compresión de los vasos de la región cervical, de la vía aérea e incomodidad para el
paciente si el collarín queda muy apretado.

3.2 Inmovilizador de cabeza

Su indicación es evitar los movimientos laterales del cuello.

El objetivo de este dispositivo es completar la inmovilización de la cabeza, tras la colocación


de un collarín cervical rígido y así poder limitar todos los movimientos de la cabeza del pa-
ciente, liberando al profesional que hace la estabilización manual.

• Descripción
Está formado por una base rectangular con velcro en los dos extremos, que se deberá
fijar mediante unas cinchas que lleva incorporadas al tablero espinal o camilla de cu-
chara. También presenta dos piezas laterales almohadilladas en forma de trapecio con
un orificio que permite la visualización de las orejas y que el paciente pueda oír y dos
cinchas que fijan la parte frontal y mentoniana respectivamente y que van ancladas a la
base rectangular (Figuras 9 y 10).

Inmovilizador de cabeza. Figura 9 Piezas del inmovilizador de cabeza. Figura 10

623
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

• Procedimiento
Su colocación siempre es posterior a la del collarín cervical.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose, durante todo el procedimiento.
Introducir la base rectangular por debajo de la cabeza del paciente. Si se va a utilizar un
tablero espinal se puede colocar esta base previamente.
Colocar las dos piezas laterales a ambos lados de la cabeza, comprobando que los agu-
jeros coinciden con las orejas de la persona. Si se está utilizando un tablero espinal, el
lado recto se colocará hacia el paciente; mientras que si se está utilizando la camilla cu-
chara, el lado angulado se colocará hacia el paciente.
Después, poner la cincha mentoniana (ésta irá alrededor del apoyo para el mentón del
collarín, no del paciente) y posteriormente la frontal (8), fijándolas a la pieza rectangular
(Figura 11).

Inmovilizador de cabeza colocado. Figura 11

• Complicaciones de la técnica
Si la base no está fijada al tablero espinal o la cabeza del paciente no queda correcta-
mente fijada, la inmovilización no será adecuada y se pueden llegar a producir lesiones
secundarias.
Las cinchas frontal y mentoniana se deben colocar adecuadamente para evitar disconfort
del paciente.

3.3 Camilla de Cuchara

También llamada camilla de palas, camilla de tijera o camilla help.

Está indicada para la movilización del paciente en decúbito supino desde el lugar del suceso
hasta la camilla de traslado o para traslados entre camas o camillas.

En cualquier caso sólo puede utilizarse para períodos de tiempo cortos y nunca se utilizará
para traslado, puesto que puede producir dolores occipitales, sacros, escapulares y cefa-
leas, así como aumentar las lesiones, el malestar y la ansiedad del paciente.

• Descripción
Como su nombre indica, es una camilla de aluminio o de plástico rígido que consta de
dos partes articuladas entre sí, a la cabeza y a los pies del paciente (Figura 12).

624
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4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Camilla cuchara. Figura 12

Es regulable en longitud mediante un sistema telescópico con anclajes.

• Procedimiento
Son necesarios un mínimo de tres sanitarios para realizar la maniobra.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose, durante todo el procedimiento.
Medir con la camilla cerrada la altura del paciente poniéndola a lo largo de éste. La parte
más ancha va en la zona de cabeza y abdomen, y la estrecha en la zona de las piernas.
Abrir la camilla y separar ambas palas, poniendo cada una a un lado del paciente. Nunca
pasándolas por encima del paciente (Figura 13).
El sanitario que está en la cabeza dirige la maniobra y moviliza ésta a la vez que el resto
de sanitarios para seguir manteniendo al paciente en bloque. Se movilizará al paciente
en bloque de forma lateral, mediante un sanitario que le sujeta por los hombros y la pel-
vis, el otro que le coge por la pelvis y las rodillas, y el tercer sanitario pone la pala co-
rrespondiente debajo del paciente, asegurándose que la cabeza del paciente coincide
con la zona para la cabeza de la camilla (Figura 14).
Volver a colocar al paciente en decúbito supino y repetir la operación con la otra pala
(Figura 15).
Una vez puestas ambas palas, cerrar los anclajes, primero el de la cabeza del paciente
y después el de la parte inferior, asegurándose que la ropa no sea empujada a la línea
media y dificulte el cierre. Tener cuidado con los pacientes con el pelo largo, ya que se
les hacer daño al cerrar el anclaje superior (Figuras 16 y 17).

Camilla cuchara: medición y colocación de Camilla cuchara: colocación de la primera


las palas. Figura 13 pala. Figura 14

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4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Camilla cuchara: colocación de la segunda Camilla de cuchara: cierre del dispositivo


pala. Figura 15 Figura 16

Colocación de camilla
de cuchara. Figura 17

Es preferible asegurar al paciente a la camilla mediante unas cinchas o cinturones, 3 como


mínimo (2 en tórax y 1 en miembros inferiores) o una “araña”, a menos que el traslado
hasta la camilla definitiva sea muy corto y no exista riesgo de que el paciente se pueda
mover y desnivelar la camilla.

Una vez depositado el paciente sobre la camilla de traslado, abrir primero el anclaje inferior
y después el superior. Retirar ambas palas volteando al paciente de forma lateral.

• Complicaciones de la técnica
Inadecuada movilización en volteo lateral del paciente, que pueda aumentar sus lesio-
nes.
Cierre inadecuado de los anclajes, con el riesgo de apertura de la camilla.
Asegurarse durante todo el procedimiento de no coger parte de la ropa o incluso la piel
del paciente.
Malestar y ansiedad del paciente, provocando la desestabilización de las constantes he-
modinámicas y respiratorias.

3.4 Tablero Espinal Largo

Está indicado, al igual que la camilla de cuchara en la movilización del paciente desde el
lugar del suceso hasta la camilla de traslado. Si el trayecto hasta el hospital no es largo y
no se va a utilizar el colchón de vacío, se podría realizar el traslado con el tablero. De hecho,

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

otra de sus utilidades es el traslado de la gestante en decúbito supino con cierta inclinación
hacia el decúbito lateral izquierdo.

El tiempo máximo que puede estar el paciente sobre una tabla sin acolchar es de 2 horas,
salvo que el paciente refiera una gran incomodidad, en cuyo caso se quitará realizando el
procedimiento de lateralización.

• Descripción
Es un tablero de madera o plástico rígido que abarca todo el cuerpo del paciente (Figura
18), aunque también hay una versión corta para inmovilizar solo la columna.

Tablero espinal largo. Figura 18

Los tableros espinales de plástico son más livianos y, además, permiten la realización
de radiografías.

Existe un tablero espinal pediátrico caracterizado por la presencia de una pequeña de-
presión a nivel occipital, cuyo fin es que una vez colocado el niño no se produzca una hi-
perflexión del cuello manteniendo su columna cervical en posición neutra (Figura 19).

Tablero espinal largo adulto y pediátrico. Figura 19

• Procedimiento
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose durante todo el procedimiento.
Colocar al paciente sobre el tablero, ya sea volteándole lateralmente o utilizando la téc-
nica de puente holandés (Ver punto 5 de este capítulo), en función del espacio del que
se disponga y las circunstancias en que se encuentre al paciente.
Fijar al paciente al tablero mediante cinchas (2 en tórax y 1 en miembros inferiores) o la
“araña” (Figura 20).

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4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Poner un inmovilizador de cabeza o bien continuar con estabilización manual perma-


nente.

Tablero espinal con araña.


Figura 20

• Complicaciones de la técnica
Inadecuada realización del volteo lateral o del puente holandés.
Fijación incorrecta del paciente al tablero.

3.5 Camilla tipo Combicarrierâ

Es un tipo de camilla, poco extendida en la actualidad en España, que combina las venta-
jas de la camilla cuchara (Figura 21) con las ventajas del tablero espinal largo (Figura 22).

Combicarrierâ utilizado como Combicarrierâ utilizado como tablero


camilla cuchara. Figura 21 espinal largo. Figura 22

3.6 Dispositivo de inmovilización de columna Kendrick

Su indicación es la movilización del paciente con estabilización de la columna en posición


de sedestación, por lo que se utiliza para la extricación desde un vehículo.

Otra indicación sería la estabilización de la pelvis poniéndolo de forma invertida.

• Descripción
Es un chaleco semirrígido con unas bandas metálicas. Dispone de una parte superior,
en forma de aletas, para la cabeza con una almohadilla y unas cinchas que se pueden
retirar (barbuquejos), una parte para el tórax con tres cinchas de diferentes colores que

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4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

van ancladas al dispositivo, dos asideros en la parte posterior y otras dos cinchas en la
parte inferior del dispositivo que servirán para fijar la pelvis (Figura 23).

Dispositivo de inmovilización de
columna Kendrick. Figura 23

• Procedimiento
Se necesitan al menos dos sanitarios.
Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no
moviéndose durante todo el procedimiento.
En primer lugar, un sanitario sujetará la cabeza del paciente desde atrás (Figura 24),
mientras que otro sanitario colocará el collarín cervical. Para ello, hay que medir el cuello
del paciente (Figura 25) para conocer la talla de collarín adecuada (Figura 26). Se coloca
el collarín (Figura 27) y se comprueba que está centrado sobre el mentón del paciente
(Figura 28).

Collarín: estabilización manual Collarín medición cuello


Figura 24 Figura 25

Collarín: adecuación talla Collarín: aplicación en el cuello


Figura 26 Figura 27

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Collarín: comprobación
de la colocación. Figura 28

Aunque se haya colocado el collarín, el sanitario se quedará detrás del paciente ocu-
pándose de que la cabeza permanezca alineada y en posición neutra.
A continuación separar al paciente ligeramente del respaldo del asiento del vehículo para
poder deslizar entre medias la férula espinal. Se introduce el dispositivo hasta hacer tope
(Figura 29); previamente se sueltan las dos correas largas que servirán para pasar pos-
teriormente por las ingles. Se dejan las aletas superiores a la altura de la cabeza y las
inferiores por debajo de las axilas.
Colocar la almohadilla en la zona occipital del paciente, valorando que el paciente no
pueda realizar una extensión excesiva del cuello.
Poner las aletas superiores a ambos lados de la cabeza y fijarlas con las correas frontal
y mentoniana, ésta última irá colocada alrededor del apoyo mentoniano del collarín. (Fi-
gura 30).
Después, desplegar las correas torácicas, una a una en su color correspondiente (Figura
31) abrochándolas en sus anclajes sin apretarlas demasiado. No se deben ajustar hasta
el instante antes de la extracción, para evitar al paciente sensación de ahogo o aprisio-
namiento, y facilitar una correcta ventilación.
Por último, pasar las dos cintas inferiores por debajo de los glúteos rodeando las ingles
y abrochándolas en su correspondiente lugar con la precaución de no comprimir los ge-
nitales (Figura 32).
Antes de comenzar la extricación apretar todas las correas y asegurarse de que están
bien abrochadas.
Se debe realizar una evaluación de extremidades, intentando dar soporte con férulas a
las fracturas antes de la extracción.
Para la extricación, colocar el tablero espinal o la camilla de cuchara sobre el borde del
vehículo apoyándolo sobre el suelo. Uno de los intervinientes deberá sujetarlo para que
no se deslice (Figura 33).
Se comienza girando al paciente, manteniendo en todo momento el eje cráneo -cérvico
– dorso – lumbar alineado, de tal forma que la espalda quede enfrentada al exterior del
vehículo (Figura 34), salvando el salpicadero del vehículo hasta que quede totalmente
horizontal. En ese momento y con ayuda de unos asideros del que la férula dispone, se
desliza al paciente sobre el tablero.
Una vez que el paciente se encuentra en la camilla de cuchara o en el tablero espinal,
trasladarle a la camilla de traslado (Figura 35).
Cuando el paciente se encuentra sobre la camilla de traslado, al menos se deben liberar
las correas de tórax e ingles inmediatamente para no comprometer, sobre todo, la ven-
tilación y facilitar la valoración (Figura 36).

630
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Inmovilización de columna Kendrick: Inmovilización de columna Kendrick:


introducción del dispositivo. Figura 29 fijación de la cabeza. Figura 30

Inmovilización de columna Kendrick: Inmovilización de columna Kendrick:


colocación de correas torácicas. Figura 31 colocación de correas inguinales. Figura 32

Inmovilización de columna Kendrick: Inmovilización de columna Kendrick:


preparación de camilla cuchara. Figura 33 extricación del vehículo. Figura 34

Inmovilización de columna Kendrick: Inmovilización de columna Kendrick:


colocación sobre camilla cuchara. Figura 35 liberación de correas. Figura 36

631
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

• Complicaciones de la técnica
Inmovilización inadecuada de la cabeza.
Movilización excesiva del paciente para colocar el dispositivo.
Las cintas no queden lo suficientemente ajustadas al paciente, por lo que la inmoviliza-
ción no será adecuada.
Las correas queden muy apretadas y comprometan su ventilación.
Inadecuada movilización de las piernas que provoque una flexión a nivel lumbar.
Hay ocasiones en que se produce una falsa colocación del dispositivo entre la espalda
y el asiento, ya que se engancha en el pantalón o falda de los pacientes; para evitarlo,
se puede facilitar la inserción del dispositivo desplazando el asiento hacia atrás unos
centímetros.

Por cuestiones de deformidad o accesibilidad al vehículo puede resultar más fácil proceder
a la extracción por el portón trasero del vehículo; para ello, se abate completamente el
asiento del paciente, se introduce el tablero o camilla de cuchara en el interior, y se procede
de la misma forma que se ha descrito con anterioridad.

3.7 Inmovilizador de Columna Pediátrico Tipo MEI

Sirve para la extricación de un niño atrapado inmovilizando toda la columna vertebral.

Se utiliza siempre con un collarín cervical y su técnica de colocación es la misma que la del
chaleco de Kendrick.

La diferencia con el corsé espinal de adulto estriba en que se divide en dos partes totalmente
separables: una parte toraco –lumbar y otra cervical, de forma que las láminas metálicas
de la parte cervical están metidas dentro de la parte del tórax, pudiéndose hacer más grande
o más pequeña según el tamaño del niño. Además, no presenta correas para la sujeción a
la altura de la pelvis (arnés) y la cinta para la sujeción cefálica está en el propio dispositivo
(Figuras 37, 38 y 39).

Férula MEI extendida. Figura 37 Férula MEI reducida. Figura 38

632
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Colocación férula MEI.


Figura 39

3.8 Colchón de Vacío

Su indicación es la inmovilización del paciente, así como el minimizar las vibraciones que
se producen durante el traslado.

Por su capacidad de inmovilizar, amortiguar vibraciones, prevenir la hipotermia y la como-


didad para el paciente se considera de primera elección en el traslado en el vehículo de
evacuación (ambulancia o helicóptero) de cualquier paciente traumatizado.

• Descripción
Es un colchón relleno de bolitas de poliespán que, mediante una válvula a la que se
conecta una bomba de aspiración, se extrae el aire que existe entre las bolitas amol-
dando el colchón a la forma del paciente (Figura 40).

Colchón de vacío.
Figura 40

Para proceder a su uso, se deberá haber hecho previamente una revisión del mismo, ya
que no podrá realizar su función correctamente si está pinchado, o no se dispone de un
sistema para realizar el vacío.
Existe un colchón de vacío pediátrico, cuya única diferencia es el tamaño.

• Procedimiento
Tras desenrollar el colchón sobre la camilla de traslado, repartir las bolitas dando unos
golpes sobre el colchón.
Siempre es aconsejable poner una sábana por encima del colchón por higiene.

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Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Informar al paciente de la técnica para disminuir su ansiedad y que pueda colaborar no


moviéndose durante todo el procedimiento.
Colocar al paciente sobre el colchón con la camilla de cuchara o el tablero espinal. La
válvula debe quedar en el lado superior y a los pies del paciente (Figura 41).
Una vez que el paciente está centrado sobre el colchón, retirar el dispositivo de trasvase
(Figura 42). En caso de tener puesto el dispositivo de extricación Kendrick, es necesario
quitarlo para realizar una correcta inmovilización. A continuación, se realiza la inmovili-
zación de paciente (Figura 43).
Abrir la válvula, conectar la bomba de aspiración (o el aspirador de secreciones si no se
dispone de bomba) y extraer paulatinamente el aire haciendo que el colchón adquiera la
forma del paciente (Figura 44).
Una vez endurecido y tras asegurarse que el paciente no está incómodo ni han aumen-
tado sus dolores, cerrar la válvula y desconectar la bomba (Figura 45).
Es aconsejable poner unas cinchas para fijar al paciente al colchón y a la camilla (dos
a la altura del tórax y dos a la altura de los miembros inferiores), para evitar desplaza-
mientos sobre ésta.
A pesar de que el vacío convierte al colchón en un elemento muy rígido, no es conve-
niente levantarlo del suelo sin utilizar un soporte por debajo (camilla de palas o tablero
espinal largo) para prevenir arqueamientos.
Durante el traslado habrá que asegurarse de que el colchón no tiene fugas por las que
pueda entrar el aire y que éste pierda la forma.
Valorar continuamente al paciente, comprobando su estado respiratorio y hemodinámico,
así como su grado de confort y de dolor (Figura 46).

Colchón de vacío: colocación del paciente Colchón de vacío: retirar la camilla de


Figura 41 cuchara. Figura 42

Colchón de vacío: inmovilización Colchón de vacío: realización del vacío


del paciente. Figura 43 Figura 44

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4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Colocación del colchón de vacío Colchón de vacío: comprobación del


Figura 45 vacío. Figura 46

• Complicaciones de la técnica
Disconfort del paciente por arrugas en el colchón.
Compromiso respiratorio y/o hemodinámico por apretar en exceso el colchón alrededor
del paciente.
En los traslados aéreos hay que tener en cuenta que, con la altura, al disminuir la presión
atmosférica, el colchón de vacío puede perder consistencia y, por lo tanto su rigidez.

4.- EQUIPOS PARA LA INMOVILIZACIÓN DE EXTREMIDADES


En el medio extrahospitalario, para inmovilizar las lesiones de extremidades de un paciente
normalmente se utilizan férulas, que pueden ser de diferentes materiales, tamaños, formas, etc.

La inmovilización de la lesión osteoarticular permite reducir el dolor y evitar posibles daños en


estructuras vecinas como venas, arterias, nervios y tejidos blandos.

4.1 Férulas Neumáticas

Su indicación principal es la inmovilización provisional de lesiones osteoarticulares de


MMSS y MMII: fracturas, esguinces y luxaciones; aunque también se utilizan para el control
de hemorragias.

Tienen como ventaja que son permeables a los rayos X (9), por lo que se puede mantener
la inmovilización hasta saber con seguridad el tipo de lesión que presenta el paciente.

• Descripción
Las férulas neumáticas están compuestas por materiales de plástico, tela o caucho. Po-
seen una válvula para inflado y cierre, y se abren y cierran con conexiones tipo cremallera
o velcro.
Tienen forma anatómica y diferentes tamaños, según el miembro que se quiere inmovi-
lizar. Existen para brazo, antebrazo, muñeca – mano, pierna larga, pierna corta y pie –
tobillo (Figuras 47 y 48).
635
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Férula neumática para miembro superior Férula neumática para miembro inferior
Figura 47 Figura 48

Normalmente existe una bolsa en la que se guardan las distintas férulas.


Generalmente son bi, tri o tetracamerales, para evitar isquemias distales por compresión
completa. Las mejores son las tetracamerales, porque previenen la aparición del síndrome
compartimental.
El material puede ser opaco o transparente, pero son más recomendables las transpa-
rentes para poder valorar el color y estado de la piel y la presencia de hemorragias.

• Procedimiento
Para su colocación es necesario al menos 2 sanitarios.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, joyas, relojes, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos) (10) previa a la
manipulación.
Valorar la presencia de heridas en toda la zona que va a ser cubierta por la férula. Si
existen se irrigan con suero fisiológico y se cubren con apósitos estériles.
Seleccionar la férula adecuada al tamaño del miembro, las características de la lesión y
la situación clínica general del paciente.
Alinear la fractura con una ligera tracción longitudinal en el eje del miembro y colocar la
extremidad en posición anatómica. Aprovechar este momento para inspeccionar la cara
posterior de la extremidad.
Comprobar la existencia de pulso distal y sensibilidad.
Introducir la férula totalmente deshinchada y con la cremallera totalmente abierta. Si no
dispone de ella, colocar la férula como si fuera un calcetín con movimientos suaves evi-
tando el movimiento del foco de fractura en todo momento.
La férula debe cubrir la articulación proximal y distal al foco de fractura.
Una vez colocada en su sitio, cerrar la cremallera, abrir la válvula de inflado e introducir
aire mediante los propios pulmones del sanitario o por cualquier otro dispositivo, hasta
que la férula adquiera consistencia pero sin realizar una compresión excesiva.

636
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Durante el inflado mantener la tracción aplicada sobre el miembro y revalorar los pulsos
periféricos y la sensibilidad.
Cuando se obtenga la consistencia adecuada (el dedo haga una ligera marca en la su-
perficie de la férula), cerrar la válvula para evitar cualquier escape de aire y dejar de trac-
cionar el miembro.
Tras terminar la técnica, realizar una vigilancia continua de los signos de alarma de com-
presión neurovascular, como frialdad de los dedos, retraso en el relleno capilar del lecho
ungueal, parestesias, dolores que no disminuyen a pesar de la inmovilización o medica-
ción y cianosis distal.
Levantar la zona inmovilizada por encima del nivel de corazón para disminuir la inflama-
ción, si es viable por el resto de lesiones que presenta el paciente. Si la férula de inmo-
vilización se coloca en los miembros superiores es necesario la aplicación de cabestrillos
mientras que si la férula se coloca en los miembros inferiores mantendremos el miembro
elevado mediante mantas o sábanas.
Durante el traslado, valorar la necesidad de analgesia. Hay que tener en cuenta que el
paciente necesitará una dosis extra de analgesia durante la transferencia en el hospital
(Figura 49).

Colocación de férula neumática


de miembro superior.
Figura 49

• Complicaciones de la técnica
Las férulas neumáticas no son eficaces en fracturas de húmero o fémur, ya que no in-
movilizan la articulación proximal a la fractura.
Estas férulas no son muy adecuadas para las fracturas abiertas, anguladas o con afec-
tación articular (11), ya que para su correcta colocación es necesario que el miembro se
encuentre en posición anatómica, y esta colocación puede ser errónea. Se encuentran
dentro de las llamadas férulas rígidas, por lo que no se amoldan bien a las deformidades
de las fracturas, sino que la parte del cuerpo se debe amoldar a la férula.
No deben hincharse con dispositivos de presión positiva, ya que se podría producir el
estallido de la férula.
El inflado excesivo de la férula puede provocar problemas de circulación y, si el paciente
la lleva mucho tiempo puede llegar a producirse un Síndrome Compartimental.
Se pueden pinchar con excesiva facilidad, sobre todo dentro de los vehículos, con la
consecuente pérdida de aire y de inmovilidad del miembro fracturado.
En los traslados aéreos hay que tener en cuenta que a mayor altura mayor expansión
de los gases, por lo tanto es necesario un inflado menor para evitar un compromiso vas-
culonervioso en la extremidad, e incluso, una explosión de la férula.

637
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

4.2 Férula de Vacío

Su indicación principal es la inmovilización provisional de lesiones osteoarticulares de


MMSS y MMII: fracturas, esguinces y luxaciones; aunque también se utilizan para el control
de hemorragias.

Son similares a las férulas neumáticas en prestaciones, pero presentan algunas ventajas
añadidas: inmovilizan algo más y su material es más resistente, por lo que su uso es muy
frecuente.

• Descripción
Se trata de un saco neumático relleno de material aislante con doble cámara, amoldán-
dose a la extremidad fracturada y consiguiendo un soporte rígido tras realizar el vacío.
Presentan cinchas de velcro para ajustarse al miembro fracturado. Poseen una válvula
para la extracción de aire (se adquiere consistencia) y cierre, y una bomba de vacío (se
puede sustituir por un aspirador de secreciones).
Existen diferentes tamaños, según el miembro que se quiere inmovilizar (Figura 50).

Férula de vacío de miembro


superior y miembro inferior.
Figura 50

Normalmente existe una bolsa en la que se guardan las distintas férulas.

• Procedimiento
Para su colocación es necesario al menos 2 sanitarios.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, joyas, relojes, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos) previa a la ma-
nipulación.
En caso de heridas o fracturas abiertas, éstas deben ser irrigadas con suero fisiológico
y cubiertas con apósitos estériles antes de colocar la férula.
Seleccionar la férula adecuada al tamaño del miembro, las características de la lesión y
la situación clínica general del paciente. La férula debe cubrir la articulación proximal y
distal al foco de fractura.
Alinear la fractura con una ligera tracción longitudinal en el eje del miembro.
Comprobar la existencia de pulso distal y sensibilidad.

638
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Introducir la férula totalmente estirada por la zona posterior de la extremidad lesionada.


Una vez colocada en su sitio, cerrar la férula sobre el miembro fracturado con la ayuda
de las cintas de velcro, abrir la válvula de extracción de aire, conectar la bomba de vacío
o el aspirador de secreciones y succionar el aire hasta que la férula adquiera consisten-
cia.
Durante la realización del vacío, mantener la tracción aplicada sobre el miembro y reva-
lorar los pulsos periféricos y la sensibilidad.
Cuando se obtenga la consistencia adecuada, cerrar la válvula para evitar cualquier en-
trada de aire y dejar de traccionar el miembro.
Tras terminar la técnica, realizar una vigilancia continua de los signos de alarma de com-
presión neurovascular, como frialdad de los dedos, retraso en el relleno capilar del lecho
ungueal, parestesias, dolores que no disminuyen a pesar de la inmovilización o medica-
ción y cianosis distal.
Valorar la indicación de frío local para disminuir el dolor e impedir la formación de infla-
mación.
Levantar la zona inmovilizada por encima del nivel de corazón para disminuir la inflama-
ción, si es viable por el resto de lesiones que presenta el paciente.
Durante el traslado, valorar la necesidad de analgesia. Hay que tener en cuenta que el
paciente necesitará una dosis extra de analgesia durante la transferencia en el hospital
(Figura 51).

Colocación de férula de vacío


de miembro superior. Figura 51

• Complicaciones de la técnica
Las férulas de vacío no son eficaces en fracturas de húmero o fémur, ya que no inmovi-
lizan la articulación proximal a la fractura.
A la hora de realizar un traslado aéreo, es necesario tener en cuenta que con la altura,
al disminuir la presión atmosférica, pueden perder consistencia y, por lo tanto, no inmo-
vilizarían lo necesario.

4.3 Férula Tipo MEI

La férula tipo MEI está indicada para inmovilizar, previa a su extracción, lesiones osteoarti-
culares del miembro inferior, sobre todo fracturas de fémur, de un paciente sentado en el
interior de un vehículo accidentado (con el miembro en flexión), donde las férulas conven-
cionales no pueden ser aplicadas.

639
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Para esta indicación sólo se utiliza la base del inmovilizador pediátrico MEI, encargado de
inmovilizar la porción toraco – lumbar del niño.

• Descripción
Se separan las dos partes de la férula de inmovilización pediátrica MEI y se utiliza la
parte que inmoviliza la zona toraco – lumbar (base).
La base del inmovilizador pediátrico MEI está compuesta de un material rígido articulado,
o férula base, con tres cinchas y tres anclajes contralaterales (Figura 52).

Férula MEI. Figura 52

• Procedimiento
Para su colocación es necesario al menos 2 sanitarios.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, cinturón, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos), previa a la ma-
nipulación.
En caso de heridas o fracturas abiertas, éstas deben ser irrigadas con suero fisiológico
y cubiertas con apósitos estériles antes de colocar la férula.
Comprobar que la férula es adecuada para la lesión que presenta el paciente, su situa-
ción clínica, etc., antes de iniciar la técnica.
Realizar una ligera pero firme tracción longitudinal sobre el fémur desde la articulación
distal (rodilla), elevando discretamente el miembro.
Comprobar la existencia de pulso distal y sensibilidad.
Introducir la férula totalmente desplegada rodeando el foco de fractura.
Una vez colocada en su sitio, cerrar las cinchas de cada color, manteniendo la tracción
aplicada sobre el miembro y revalorar los pulsos periféricos y la sensibilidad.
Cuando la férula inmovilice perfectamente la fractura, se puede proceder a la extracción
del paciente del vehículo (Figura 53).
Tras terminar la extricación del paciente, realizar una vigilancia continua de los signos
de alarma de compresión neurovascular, como frialdad de los dedos, retraso en el relleno
capilar del lecho ungueal, parestesias, dolores que no disminuyen a pesar de la inmovi-
lización o medicación y cianosis distal.
Durante el traslado, valorar la necesidad de analgesia. Hay que tener en cuenta que el
paciente necesitará una dosis extra de analgesia durante la transferencia en el hospital.

640
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Colocación férula MEI para


miembro inferior. Figura 53

• Complicaciones de la técnica
La base de la férula MEI es rígida, por lo que no se adapta completamente a las fracturas
anguladas o abiertas.

4.4 Férula de Tracción

La férula de tracción está indicada en la inmovilización de fracturas distales de fémur, donde


no tienen ninguna utilidad las otras férulas. También se utiliza en las fracturas proximales
de tibia.

No se debe utilizar en caso de fractura de pelvis, lesión de la cadera con gran desplaza-
miento, lesión significativa de la rodilla, avulsión o amputación del tobillo y del pie, fracturas
de tibia y/o peroné distal.

Esta férula consigue una tracción mecánica lineal, fija y continua sobre la extremidad, que
ayuda a realinear el hueso fracturado y permite reducir los espasmos musculares de la ex-
tremidad lesionada.

Poco utilizada fuera del medio hospitalario.

Es ligera, compacta y fácil de guardar, pero requiere espacio para su colocación.

• Descripción:
Se basa en un cojinete que se apoya en la ingle y un correaje que se fija al tobillo, el
cual va a ser sometido a tracción mediante una polea hasta que el miembro esté alineado
y estabilizado (Figura 54).

Férula de tracción
Figura 54

641
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

La férula de tracción está diseñada para realizar una tracción mecánica evitando el uso
de pesos de tracción (Figura 55).

Sistema de tracción de la férula


Figura 55

La férula también posee dos barras simétricas de estructura metálica, entre las cuales hay
cuatro tiras con velcro para fijarla a la pierna, que se disponen dos por encima de la rodilla
y dos por debajo de la rodilla.
En el extremo superior de la férula tiene un rodete de goma dura que se sitúa a nivel de
la tuberosidad isquiática, con una cinta que fija la férula a nivel de la raíz del muslo.

• Procedimiento
Se necesitan, al menos, dos sanitarios para su correcta colocación.
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Colocar al paciente sobre la camilla de traslado antes de aplicar la férula de tracción.
Retirar la ropa, calzado, cinturón, etc., del miembro afecto para evitar las lesiones por
presión.
Realizar una valoración neurovascular del miembro (pulsos distales y proximales, tem-
peratura, color, movimiento, sensibilidad y relleno capilar de los dedos) previa a la ma-
nipulación.
En caso de heridas o fracturas abiertas, éstas deben ser irrigadas con suero fisiológico
y cubiertas con apósitos estériles antes de colocar la férula.
Comprobar que la férula es adecuada para la lesión que presenta el paciente, su situa-
ción clínica, etc., antes de iniciar la técnica.
Realizar una tracción longitudinal del miembro desde el tobillo hasta que la tracción sea
adecuada.
Ajustar la longitud correcta de la férula utilizando como guía la pierna no lesionada.
Introducir la férula bajo el miembro lesionado, colocar el rodete de goma dura del extremo
superior de la férula a nivel de la tuberosidad isquiática, y fijar la férula a nivel de la raíz
del muslo con la cincha correspondiente sin apretar demasiado.
Fijar el brazalete de tracción especial alrededor del tobillo y unirlo al dispositivo de trac-
ción situado en el extremo inferior de la férula.
Realizar la tracción del miembro afecto mediante la polea de la férula hasta que la ex-
tremidad esté estabilizada.

642
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Colocar las cuatro cinchas de velcro existentes entre las dos barras simétricas de la es-
tructura: dos por encima de la rodilla y dos por debajo de la rodilla.
No colocar ninguna correa en el lugar donde se sospeche la fractura.
Realizar una vigilancia continua neurovascular de la extremidad.
Colocar el tacón de apoyo, que sostiene la férula con el pie más alto que la raíz del
muslo.
Durante el traslado, valorar la necesidad de analgesia. Hay que tener en cuenta que el
paciente necesitará una dosis extra de analgesia durante la transferencia en el hospital
(Figura 56).

Colocación de la férula de
tracción. Figura 56

• Complicaciones de la técnica
La férula de tracción debe aplicarse con especial cuidado en la pelvis y en la ingle para
evitar la presión excesiva en los genitales.
No se debe dejar la férula puesta más de dos horas, ya que la lazada del tobillo provoca
una importante presión en la piel y puede producir necrosis (12).

4.5 Fijación Pélvica

El dispositivo PELVI-FIXâ (13), previene la hemorragia interna masiva en el caso de una frac-
tura de pelvis al cerrar el anillo pélvico por presión.

El material y forma de este dispositivo permite hacer radiografías y RM en 3-Tesla, el acceso


al abdomen inferior para la cateterización suprapúbica y urinaria, así como para el lavado
peritoneal y la fijación interna quirúrgica.

El protocolo estándar de primeros auxilios de muchos SEM incluye la aplicación de algún


tipo de aglutinante circunferencial alrededor de las caderas de la víctima, aunque en España
este dispositivo todavía está muy poco extendido.

El neopreno acolchado protege el sacro de necrosis por presión y así permite la aplicación
prolongada del dispositivo. En muchos casos no se requiere más que fijación externa y el
paciente puede llevar el dispositivo puesto hasta que se hayan curado las fracturas.

• Descripción
El equipo (PELVI-FIXâ) se compone de una bolsa de color naranja (Figura 57) que con-
tiene cuatro dispositivos de diferentes medidas: pequeña, mediana, grande y extra
grande (Figura 58).

643
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Bolsa de transporte de Composición de PELVI-FIXâ


PELVI-FIXâ. F 57 Figura 58

La bolsa naranja lleva una solapa para calcular la medida adecuada del dispositivo.
Cada dispositivo está hecho de neopreno acolchado y lleva tres correas de velcro, de
color azul, amarillo y rojo, para su fijación (Figura 59).

Dispositivo PELVI-FIXâ.
Figura 59

• Procedimiento
Informar al paciente de la técnica, haciendo hincapié en que la inmovilización le aliviará
el dolor y que le permitirá reducir la sensación de inestabilidad de la zona.
Valorar el uso de analgesia iv previa a la manipulación.
Retirar la ropa, cinturón, etc., para evitar las lesiones por presión.
Desplegar la bolsa naranja, retirar el dispositivo PELVI-FIXâ de la medida extra grande
(XL) y colocar la bolsa con los tres dispositivos restantes al lado lateral del paciente en
posición supina (boca arriba), a la altura de la pelvis (trocánter mayor).
Si resulta difícil encontrar los trocánteres mayores, se pueden localizar al estrechar el
brazo del paciente al lado lateral del paciente en posición supina. Donde el espacio entre
la base del pulgar y la muñeca toca la pelvis, ahí es donde se encuentra el trocánter
mayor del fémur.
Cubrir la pelvis con la solapa medidora y determinar la medida adecuada del dispositivo
a la altura del ombligo, donde las líneas con las indicaciones de las medidas coinciden
con el ombligo (Figura 60).
Una vez determinada la medida adecuada, desplegar el dispositivo PELVI-FIXâ selec-
cionado y posicionar el dispositivo por debajo de las nalgas del paciente en posición su-

644
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

pina, con el centro del dispositivo (la correa de en medio) a la altura de los trocánteres
mayores del fémur del paciente.
Se aprietan las correas de velcro firmemente para fijar el dispositivo alrededor de la pelvis
y para rejuntar los huesos de la pelvis fracturada.
El orden recomendado para apretar y fijar las correas de velcro es apretando primero la
correa de en medio, después la correa de abajo y al final la correa de arriba.
Tras la aplicación del dispositivo, trasladar al paciente con el colchón de vacío o el tablero
espinal (Figura 61).

Comprobación de talla Colocación del dispositivo PELVI-FIXâ


Figura 60 Figura 61

• Complicaciones de la técnica
Hay que aplicar la fuerza apropiada, ya que una fuerza escasa no evita la hemorragia,
mientras que una fuerza excesiva puede provocar el colapso del anillo pélvico.
Evitar la existencia de arrugas en el dispositivo, ya que pueden provocar heridas por pre-
sión.

5.- PRINCIPALES TÉCNICAS DE MOVILIZACIÓN E INMOVILIZACIÓN


EN PACIENTES TRAUMÁTICOS.
5.1 Inmovilización / Movilización para la Extracción de un Vehículo

La extracción de una persona potencialmente lesionada va a depender de varios factores,


como el número de rescatadores, la accesibilidad al vehículo, la posición de la persona he-
rida, la situación clínica, etc.

Teniendo en cuenta estos factores, con una valoración de la escena y una valoración inicial
del paciente adecuadas, se procederá a realizar una extricación con material específico,
con unas medidas mínimas de inmovilización o bien sin ningún tipo de equipamiento. En
todo caso, la movilización del paciente debe realizarse siempre en bloque, manteniendo
alineado el eje cráneo – cérvico – dorso – lumbar, y siempre que las lesiones lo permitan,
se deberá inmovilizar antes de movilizar (14).

Se deberá tener en cuenta el nivel de dolor que presenta el paciente, procediendo a anal-

645
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

gesiar previamente a la movilización, cuando ésta pueda resultar potencialmente dolorosa.

Otra premisa a tener en cuenta es si la persona accidentada está atrapada en el interior del
vehículo o no. En dicho caso, el sanitario deberá coordinarse con el equipo de bomberos
para llevar a cabo la extricación, con el menor riesgo tanto para ellos como para el paciente.

• Maniobra de Reutek.
Es una maniobra de movilización rápida de emergencia. Se realiza sin utilizar un equi-
pamiento específico, pero es muy recomendable disponer de un collarín rígido o semi-
rrígido, para inmovilizar mejor la zona cervical.
Está indicada en aquellas situaciones en que existe riesgo para el paciente o los resca-
tadores (fuego, riesgo de derrumbamiento, de explosión, ahogamiento, etc.) o situaciones
en las que el paciente requiera maniobras de soporte vital de forma inmediata.
Se trata de una maniobra que con habilidad se puede realizar con un único rescatador.
Se introducen los antebrazos bajo las axilas del paciente (Figura 62), cogiendo el ante-
brazo contralateral del paciente con la mano más distal del rescatador. Con la mano libre
se sujeta el mentón (Figura 63). El sanitario eleva y gira el paciente hacia él, con la es-
palda enfrentada al vehículo apoyándola con la cara anterior del tronco del rescatador
(Figuras 64 y 65); posteriormente se arrastra el cuerpo en bloque, procediendo a depo-
sitarlo sobre una superficie plana en el exterior del vehículo (15).

Maniobra de Reutek: antebrazos bajo Maniobra de Reutek: sujeción


las axilas del paciente. Figura 62 del mentón. Figura 63

Maniobra de Reutek: extracción Maniobra de Reutek: extracción


Figura 64 Figura 65

• Extricación con dispositivo de inmovilización de columna Kendrick. (Ver en el punto 3 de


este capítulo).

646
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

5.2 Movilización desde el suelo

Para movilizar a un paciente desde el suelo, se deberá tener en cuenta la postura inicial en
la que se encuentra, si está en decúbito lateral, decúbito prono o decúbito supino.

Para poder realizar una correcta valoración, y proceder a la movilización hacia la camilla o
medio de transporte, hay que colocar al paciente en la posición de decúbito supino, ya que
es la postura anatómica que va a permitir además aplicar las técnicas necesarias para la
estabilización y manejo del paciente.

Por lo que si se encuentra en decúbito lateral o prono, hay que moverlo, entre varios miem-
bros del equipo, siempre en bloque, para mantener el eje de la columna alineado. General-
mente, un miembro del equipo se colocará a la cabeza, realizando una sujeción cervical y
manteniendo el eje. Esto debe realizarse a pesar de haber colocado el collarín cervical.
Esta persona será la que dirija la coordinación del volteo, adquiriendo una visión global de
la situación y comprobando que se mantiene la alineación corporal.

En el caso de encontrarse en posición de decúbito prono: se volteará hacia el lado contrario


en el que inicialmente tiene la cara. Si es posible la extremidad sobre la que se voltea al
paciente debe estar elevada por encima de la cabeza, de manera que actúe como eje para
facilitar el giro y no comprima en el volteo el miembro por debajo del tronco. El miembro del
equipo que esté en la cabeza, deberá tener en cuenta la posición de las manos para suje-
tarla (Figura 66), de forma que no se entrecrucen con el giro y pueda realizar un manejo
correcto (Figura 67 y Figura 68). Se realiza en dos tiempos, un primero a la posición lateral,
y un segundo para colocar en decúbito supino.

Volteo desde decúbito prono: colocación de Volteo desde decúbito prono: colocación
las manos para la sujeción cervical. Figura 66 de los sanitarios. Figura 67

Volteo desde decúbito prono: colocación


en decúbito lateral. Figura 68

647
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

En el caso de encontrarse en posición lateral: una persona se coloca a la cabeza, y uno o


dos personas más se colocan en el lateral del cuerpo del paciente, en el lado sobre el que
se va a voltear (Figuras 69 y 70). Se debe prestar atención a los miembros superiores, para
que estén en una posición anatómica.

Volteo desde decúbito lateral: colocación Volteo desde decúbito lateral: colocación
de los sanitarios. Figura 69 en decúbito supino. Figura 70

Una vez que el paciente se encuentra en decúbito supino, y tras la valoración adecuada de
todas las lesiones que presente, se procederá a la inmovilización de las fracturas o luxacio-
nes con los elementos más adecuados previa a la movilización.

Para movilizar desde el suelo a la camilla de transporte, se pueden utilizar la camilla de cu-
chara o el tablero espinal.

Si se utiliza la camilla de cuchara se realizará el procedimiento descrito en el punto 3 de


este capítulo.

Si se usa el tablero espinal la colocación del paciente se puede realizar de dos maneras,
dependiendo de la situación concreta en la que se encuentre.

Uno de estos métodos es el volteo lateral, que consiste en lateralizar al paciente, para poder
introducir el tablero. Para ello, antes de iniciarla, se debe pensar sobre qué costado se va
a hacer girar al paciente, en función del espacio disponible y de las posibles fracturas de
extremidades.

Un sanitario sujeta la cabeza, mientras que otros sanitarios se encargan de coger al paciente
por el hombro y la pelvis y por la cadera y la rodilla. En un solo tiempo y a la orden del sa-
nitario que se encuentra en la cabeza, se mueve a la persona hacia el resto de los sanitarios
hasta la posición de decúbito lateral (Figura 71).

Antes de acoplar a la espalda del paciente la tabla espinal se puede aprovechar para realizar
una exploración del resto de la columna vertebral. Posteriormente se coloca el tablero en
la espalda del paciente (Figura 72) y, tras una nueva orden del sanitario que se encuentra
en la cabeza, se vuelve a situar al paciente en decúbito supino.

648
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Colocación tablero espinal con volteo lateral: Colocación tablero espinal con volteo lateral:
lateralización del paciente. Figura 71 colocación del tablero. Figura 72

También se puede realizar mediante un método denominado “puente holandés”. Consiste


en levantar de forma coordinada al paciente desde la posición de supino unos centímetros
del suelo, lo justo para introducir por debajo el tablero espinal.

Para ello, se posicionan dos o tres sanitarios por encima del paciente, con las piernas abier-
tas sobre éste, le cogen por las axilas / hombros, pelvis y rodillas (Figura 73), y con un mo-
vimiento coordinado por el sanitario que esté a la cabeza, levantan unos centímetros del
suelo.

Otra persona deberá estar preparada para introducir el tablero por debajo en el momento
oportuno (Figuras 74,75 y 76). Una vez que el paciente está centrado sobre el tablero es-
pinal, el sanitario que está en la cabeza indicará el momento de depositar al paciente en el
tablero con un movimiento coordinado.

Colocación tablero espinal con puente holandés: Colocación tablero espinal con puente holandés
colocación de los sanitarios. Figura 73 preparación del tablero espinal. Figura 74

Colocación tablero espinal con puente Colocación tablero espinal con puente
holandés: introducción del tablero espinal. holandés: introducción del tablero espinal.
Figura 75. Figuras 76

649
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

En caso de no disponer de material para realizar la movilización, se puede movilizar desde


el supino en bloque, con varios sanitarios, actuando de forma coordinada para evitar la des-
alineación del eje de la columna. Se necesitan varias personas para coger de diferentes
puntos del cuerpo del paciente, y mucha coordinación para mantener alineada la columna.

Un ejemplo de este tipo de movilización sin material, sería la técnica de bandeja desde un
lado. Consiste en un levantamiento en bloque del paciente en tres tiempos. Para ello, al
menos tres sanitarios se colocarán arrodillados a lo largo del paciente (Figura 77). Uno su-
jetará cabeza y cuello, mientras que otros dos o tres cogen el tronco y los miembros infe-
riores. El sanitario que se encuentra en la cabeza es el encargado de dar las órdenes de
movilización, para que ésta sea coordinada.

En un primer tiempo, la persona se lleva desde el suelo hasta la rodilla flexionada y levan-
tada de los sanitarios (Figura 78). En un segundo tiempo, los sanitarios se ponen de pie
manteniendo al paciente como un bloque (Figura 79). En el tercer tiempo, los sanitarios
acercan el paciente a su tronco, para así trasladarle sin esfuerzo a la camilla de transporte
(Figura 80).

Técnica de bandeja: colocación de los Técnica de bandeja: primer tiempo


sanitarios. Figura 77 Figura 78

Técnica de bandeja: segundo tiempo Técnica de bandeja: tercer tiempo


Figura 79 Figura 80

Otro ejemplo de este tipo de movilización sin material sería la técnica de bandeja desde los
dos lados del paciente. Consiste en un levantamiento en bloque del paciente. Se necesitan
al menos cinco sanitarios, uno se colocará en la cabeza del paciente, dos a la derecha y
dos a la izquierda, sujetando tronco y miembros inferiores. El sanitario que se encuentra en
la cabeza es el encargado de dar las órdenes de movilización. En un único tiempo la per-
sona debe ser levantada del suelo y posteriormente ser depositada en la camilla de trans-
porte (Figuras 81 y 82).

650
Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Técnica de bandeja desde los dos lados. Figuras 81 y 82

5.3 Inmovilización para el transporte

El objetivo principal es lograr una correcta y completa inmovilización desde el lugar de in-
tervención hasta llegar al hospital, manteniendo la mayor comodidad del paciente.

Dicha inmovilización no deberá interferir en la reevaluación del paciente, ni en el tratamiento


o cuidados que se vayan a practicar. Para ello, el método de inmovilización ideal es aquel
que mantiene al paciente como un único bloque o estructura, con el eje de la columna ali-
neado, evita desplazamientos como consecuencia del traslado, previene la hipotermia,
amortigua las vibraciones y es más confortable para el paciente.

El material que cumple con gran acierto estas premisas es el colchón de vacío (Ver punto
3 de este capítulo).

5.4 Retirada de casco

Según los últimos datos registrados, el número de víctimas mortales por accidente de mo-
tocicleta en España han aumentado desde el año 2003 al 2009; pero sin embargo han des-
cendido los casos en que no llevaban puesto el sistema de seguridad principal de este
medio de transporte, desde un 11% a un 3%. En nuestro país ha aumentado en número de
motoristas, pero probablemente gracias al grado de concienciación de los conductores,
cada vez usan más el casco, como principal elemento de protección (16).

El personal sanitario debe quitar el casco en el paciente que ha sufrido un accidente, para
poder realizar una valoración completa y exhaustiva, para disponer de un correcto acceso
a la vía aérea y para poder realizar una correcta inmovilización de la columna cervical. En
el caso de que un paciente indicase que no se le retirase el casco, habría que explicarle los
beneficios que ello conlleva, y que se trata de personal sanitario entrenado en esta técnica.
La única contraindicación de esta maniobra es el desconocimiento de la técnica.

Para proceder a la retirada del casco, se necesitan dos personas.

Una de ellas se coloca por encima de la cabeza del paciente, y será el que retire el casco.

Se coloca al paciente en posición supina, si no se encontraba en esta posición (ver técnicas


previas).

651
Manual de Enfermería SUMMA112 Módulo 4. El paciente traumatizado
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

Antes de comenzar la retirada del casco se procederá a soltar o cortar la correa de fijación
de éste.

El otro sanitario se coloca en un lateral, introduciendo las manos por dentro del casco y co-
locando una sobre el mentón, y la otra en la región occipital para realizar una sujeción ma-
nual del cuello (Figura 83).

Hay que tener en cuenta que la expansión lateral del casco facilita su extracción (Figura
83), que para liberar la nariz se debe hacer un ligero giro elevando la parte anterior (Figura
84) y que se debe sostener la cabeza, moviendo la mano inferior hacia el occipucio con-
forme se va retirando el casco, porque tiende a caer hacia atrás (Figura 85).

Retirada del casco: sujeción manual del Retirada del casco: liberación de
cuello y expansión lateral del casco. Figura 83 la nariz. Figura 84

Retirada del casco: sujeción de cabeza. Figura 85

Una vez que el casco ha sido totalmente extraído, se intercambia la sujeción que se estaba
realizando entre los dos sanitarios, y se coloca el collarín cervical. Se recomienda colocar
un almohadillado por debajo de la cabeza, si se cree que va a quedar una angulación del
cuello, para conseguir una correcta alineación. Hay que recordar que se debe mantener la
estabilización manual de la cabeza hasta que se coloque un inmovilizador de cabeza.

5.5 Transferencia hospitalaria

Idealmente, el hospital de recepción debería disponer de un equipo completo de material


intercambiable para que no se retiren los medios de inmovilización antes del diagnóstico
definitivo, a la vez que la UVI Móvil pueda recuperar la operatividad lo antes posible.

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Módulo 4. El paciente traumatizado Manual de Enfermería SUMMA112
4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

En el caso de que esto no ocurra se procederá a hacer levantamiento del paciente desde
la posición de decúbito con la camilla de palas o tablero espinal largo, para trasferirlo a la
cama, camilla o dispositivo hospitalario que decida el equipo receptor. No es segura ni con-
veniente la transferencia mediante “la sabanilla”.

6. CUIDADOS DE ENFERMERÍA, CONSIDERACIONES ESPECIALES


ANTE LAS TÉCNICAS DE MOVILIZACIÓN E INMOVILIZACIÓN
Se debe realizar de forma previa una valoración de la escena, atendiendo especialmente a
los potenciales riesgos tanto para el equipo, como para el paciente, para poder aplicar las medidas
de protección activa y pasiva oportunas. Habrá que prestar atención especial al mecanismo le-
sional, ya que va a ser de gran ayuda para la identificación de la gravedad de las lesiones.

Intentar mantener una visión global de la situación, evitando la visión en túnel.

Realizar una valoración inicial (A-B-C-D-E).

Si durante la valoración primaria se detecta algún problema que amenaza la vida del paciente
puede ser necesario extricar al paciente sin ningún tipo de inmovilización, e iniciar rápidamente
la estabilización de las funciones vitales.
Si el paciente no presenta problemas vitales inmediatos se le informa y explica los pasos que
se seguirán para realizar la atención, disminuyendo su temor en la medida de lo posible.

Hay que recalcar que la inmovilización se realiza para disminuirle el dolor y evitar otras lesio-
nes. También hay que indicarle que se debe mantener muy quieto durante todo el proceso, por
lo que todo lo que requiera debe indicarlo verbalmente.

Considerar administrar analgesia iv previamente a la inmovilización, ya que ningún paciente


tiene que sufrir dolor durante su proceso de enfermedad. Si la persona no refiere tener un gran
dolor, puede ser adecuado preguntar al propio paciente si la requiere.

Si el paciente presenta alguna herida en las zonas que van a ser inmovilizadas, se debe irrigar
la herida con suero fisiológico y cubrirla con un apósito estéril antes de colocar el material de in-
movilización.

Tras ello, se realizará la inmovilización con todo el material necesario, para evitar las lesiones
secundarias a la atención. Durante ella se tratará de acompañar al paciente durante todo el pro-
ceso, evitando dejarle solo.

Si el paciente requiere una extricación, hay que protegerle para que no sufra algún tipo de le-
sión (como caída de cristales, etc.).

Las técnicas tanto de inmovilización como de movilización deberán realizarse en el menor


tiempo posible, pero siempre en las mejores condiciones posibles.

Siempre hay que considerar que es mejor para la persona una inmovilización excesiva que
una falta de inmovilización, es decir, si se tiene duda de si el paciente presenta una lesión o no,
se tratará como si la tuviese hasta que el examen radiológico demuestre lo contrario.

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4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

6.1 Diagnósticos de enfermería

Los diagnósticos enfermeros (17) dependen de la valoración individualizada que se realice


de la persona, del entorno, del mecanismo lesional, etc. Asimismo, tanto los factores rela-
cionados como las características definitorias, dependen de esta valoración.

Por todo ello, únicamente se van a citar algunos diagnósticos posibles en esta situación:

CÓDIGO DIAGNÓSTICO
00004 Riesgo de infección
00035 Riesgo de lesión
00038 Riesgo de traumatismo
00043 Protección ineficaz
00044 Deterioro de la integridad tisular
00046 Deterioro de la integridad cutánea
00085 Deterioro de la movilidad física
00114 Síndrome del estrés del traslado
00132 Dolor agudo
00146 Ansiedad
00148 Temor

6.2 Intervenciones NIC

Las intervenciones (18,19) que realizará la enfermera de emergencias extrahospitalarias de-


penderán de la valoración y, sobre todo, de la situación clínica del paciente.

Las intervenciones más generales e indispensables que debe realizar son:

• Administración de analgésicos.
• Administración de medicación: intravenosa (iv).
• Aplicación de frío.
• Apoyo emocional.
• Contacto.
• Control de hemorragias.
• Control de infecciones.
• Cuidados de las heridas.
• Cuidados de tracción/inmovilización.
• Disminución de la ansiedad.
• Disminución de la hemorragia: heridas.
• Escucha activa.

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4.13 Técnicas de inmovilización y movilización del paciente traumático

• Inmovilización.
• Irrigación de heridas.
• Manejo del dolor.
• Manejo de medicación.
• Monitorización de los signos vitales.
• Precauciones circulatorias.
• Protección de los derechos del paciente.
• Transporte.

6.3 Objetivos NOC

Los objetivos que cualquier enfermera de emergencias debe intentar conseguir (en colabo-
ración con el paciente o mediante suplencia) son:
• Control de la ansiedad .
• Control del dolor.
• Control del miedo.
• Estado de los signos vitales.
• Nivel de comodidad.
• Nivel del dolor.
• Perfusión tisular periférica.

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