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Oficio de Escritor: El Faro El Faro El Faro El Faro El Faro

La novela se centra en Adelino Briales, un hombre apocado e inseguro que regresa de un viaje y descubre que su esposa lo engañó. Adelino intenta entender la situación y encontrar una salida mientras su amante también lo rechaza. La novela es un alegato contra la hipocresía, las mentiras y las apariencias que encubren otras verdades.

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Oficio de Escritor: El Faro El Faro El Faro El Faro El Faro

La novela se centra en Adelino Briales, un hombre apocado e inseguro que regresa de un viaje y descubre que su esposa lo engañó. Adelino intenta entender la situación y encontrar una salida mientras su amante también lo rechaza. La novela es un alegato contra la hipocresía, las mentiras y las apariencias que encubren otras verdades.

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EL FARO 1

Junio 2009

PLIEGOS DE ALBORÁN Nº 4 JUNIO 2009

Oficio de escritor
PEDRO RODRÍGUEZ PACHECO

Cada día me cuesta más trabajo escribir y el esfuer-


zo de ponerme a ello, me lleva a irritarme conmigo
mismo si mientras lo hago me corrompe la lucidez
desolada de lo baldío del menester y la viciosa nada
que le sigue. Yo nunca me creí perteneciente al gremio
u oficio de escritor, yo me creía poeta, que era una
categoría superior por aleatoria en el don y en la gra-
cia. El poema llegaba súbita, inesperadamente, y en su
subitez tenía que transcribirlo donde pudiera y, luego,
irlo puliendo, pero esas repentizaciones quedaban so-
bre los soportes más inverosímiles: los márgenes de
un periódico, una servilleta en un bar, el envés de una
receta de la seguridad social, una nómina laboral o el
blanco mármol de la mesilla de noche… ¿Cómo, pues,
hacerme acreedor del honrado, paciente oficio de es-
critor? Y como de la inmediatez a la necesidad súbita
mediaba no sé cuanto tiempo, el resto del tiempo, me
olvidaba de él yéndome de vida, de vino, de amor, de
amistad, de mariposeo, de miedos, muertes, hasta el
PEDRO RODRÍGUEZ PACHECO EN FUENTEHERIDOS, HUELVA. VERANO 2004
imprevisible fulgor que siempre me encontraba hacien-
do cola para comprar una entrada de cine, tomándo- de mi padre, el destierro de aquel paraíso aljarafeño, el nes me posibilitaron (Lupiáñez en Jerez y Rodrí-
me una cerveza acompañada de unas bocas de la Isla, casorio, el nacimiento de mi hijo Perico) sin asumir esa guez Jiménez en Córdoba), poder denunciar estos
escogiendo una corbata, soñando los senos de una voluntariedad del método, el hábito disciplinario de la vicios que tantos sufrían y callaban. Entonces sí,
novia o regando las macetas de colgar de los claveles capacidad de asiento, del sentarse a escribir, de obligar entonces fue mi compromiso con la literatura y la
en aquel paraíso de menudeos cándidos que fue mi al galeón a que se quedara en el abra perdiéndose los década de los noventa fue un frenesí de artículos,
Sanlúcar la Mayor… alisios, los bóreas, las islas vírgenes de las que un día, ensayos, poemarios, antologías, críticas, polémicas,
Con estos hábitos sagrados y solaces costum- de súbito, regresaría con toda la especiería y tesoros en congresos, tomas de postura (la Diferencia) que me
bres, ¿podía considerarme escritor? Y así, de tiem- sus bodegas. Lo importante era la vida y su adobo de hicieron escritor.
po en tiempo, robándole a la vida todos sus desati- palabras para gustarla más, para saberla mejor y tener, Hoy, cuando reflexiono sobre todo esto, sobre
nos, contra todo destino, de vez en cuando, sin otra por ellas, el fuego encendido para, por si de noche, el el derroche de energía e inteligencia puestos al ser-
preocupación de que un día el prodigio no ocurrie- galeón no errase su derrota. vicio y defensa de un patrimonio que debiera ser
ra, un poema, dos poemas que ahí quedaban para Pero la década de los ochenta iniciada con el na- usufructo de todos, me desola la parvedad de los
madurar como los grandes vinos en la interior bo- cimiento de mi hija Guiomar, hube de darme cuen- alcances y la inexorabilidad de las limitaciones. Vendí
dega: Anónima Canción, Nueva historia de los dioses, Bajo ta, por fuerza, de que los usos literarios habían cam- mi alma al diablo por recobrar las jarcias, fanales,
el signo de Acuario, tan despaciosamente, tan sin ace- biado. Y de qué manera. La primera anormalidad gallardetes, grímpolas, en fin, la pulida arboladura
lerar los interregnos del silencio, tanto tiempo que, fue la dificultad para editar y, sobre todo, la apari- del gentil e imprevisible galeón de mi juventud: todo
incluso, Antonio Enrique, que tan bien me conoce, ción de las tendencias, acotando los espacios litera- para nada, pero, coherente con el espíritu de la letra
se empeña en situarme en la década de los setenta. rios, haciéndolos intransitables para todos aquellos del pacto, me torturo, ahora, en el infierno de re-
Los libros iban saliendo poco a poco, sin preocu- irreductibles al vasallaje de sus preceptivas, los des- nunciar a la subitez del don y, cuando llega, lo dejo
parme por los espacios que mediaban entre uno y otro, vanecimientos del concepto o esencia, el ser poeta, desvanecerse sin tratar de apresarlo en su urgente
con acogida crítica suficiente por aquella red de pe- por la ufanía de un estar obsesivo, hegemónico, transitar, sobre los márgenes blancos de una página
queñas revistas, tanto provinciales como capitalinas, dominante que, como un agujero negro, todo lo de periódico, una servilleta en un bar, el envés de
en las cuales, virtuosamente, se reseñaba lo mejor del atraía hacia sí y, en él, se destruía. No era mi estilo una receta de la seguridad social, los soportes in-
todo y se huía del vicio de las facciones. Creí en la el victimismo y ya en los años finales de la década, verosímiles de antaño, de aquel ayer de la vida y las
inspiración, en ese galeón empavesado que aparecía mi posicionamiento radical contra toda tendencia y palabras, del fulgor y las sombras, la anónima canción,
de pronto con sus imprevisibles botines y de igual mis felices encuentros con los poetas granadinos el todo azar de aquel sábalo y su leyenda enfrentado a
manera que llegaba se iba «por esos mares de Dios» (José Lupiáñez, Antonio Enrique y Fernando de su condición final, a la horrible verdad de la mentira,
que cantara Antonio Machado, y así entré en la década Villena) y los cordobeses (Antonio Rodríguez los escritos al margen del gran parto, «los decorados
de los setenta, con sus catástrofes y fastos (la muerte Jiménez, Carlos Clementson y Juana Castro) quie- de la derrota» al decir de José Lupiáñez.
2 EL FARO
Junio 2009
Cultura / Narrativa

PANORAMA NOCTURNO DE MÁLAGA, CIUDAD EN LA QUE ESTÁ AMBIENTADA LA NOVELA

Cuando la noche
cambia el color de las cosas
Aunque Antonio Abad se dio a co- norte de África, la historia de esta ter- engaña a su esposo, Arturo Zambra-
nocer como poeta en 1978 con El ovi- cera obra suya tiene lugar en Málaga, na, pintor de poca monta. La novela
llo de Ariadna, al que siguieron luego ciudad en la que vive el escritor desde se centra en la nueva vida de Adelino,
otros títulos importantes (Misericor de hace varias décadas y en donde ha ya separado o expulsado a la fuerza
mí, Invención del paisaje o El Arco de la venido desempeñando su labor críti- de su hogar, quien no acaba de enten-
luna), y también ha venido desarrollan- ca y creativa, que ha sabido alternar der las razones de esta convulsión en
do una destacada labor como crítico con otras actividades ligadas al mun- la monotonía relativamente plácida de
JOSÉ
de arte, con ensayos sobre Elena do del diseño y de la edición. su vida y trata por todos los medios
LUPIÁÑEZ
Laverón, Picasso, Eduardo Morillas o En efecto, Málaga será el escenario de alcanzar una salida a la absurda si-
Armando Sendín, a partir de 1997 nos de esta nueva historia, la de un perso- tuación en la que se ve envuelto, toda
desveló su faceta como narrador con naje, Adelino Briales, apocado e inse- vez que Julia, su amante, en la que bus-
una impactante novela casi épica guro, acomplejado por su calvicie, por ca refugio forzado por las circunstan-
Quebdani. El cerco de la estirpe, a la que su aspecto físico descuidado; un cias, también lo rechaza incompren-
siguió poco tiempo después La mu- antihéroe, en suma, un perdedor, un siblemente para él.
danza, también publicada en el mis- individuo poco rebelde y domestica- Se trata de un alegato contra la hi-
mo año y en la misma editorial Edi- do por el sistema que, a su regreso de pocresía y la doble moral, contra las
ciones 29 de Barcelona. Ahora, doce un viaje a la capital, no logra entrar mentiras o las apariencias que encu-
años más tarde, insiste en el género en su propio domicilio, porque con bren otras verdades ocultas y también
con una tercera entrega de largo títu- su llave de siempre no acierta a abrir contra la traición y los intereses que
lo, Cuando la noche cambia el color de las la puerta de su casa. Profesor de ins- se anteponen a los verdaderos afec-
cosas, que acaba de aparecer en la serie tituto y crítico de arte con cierta re- tos. Una serie de sorprendentes y a
de narrativa de la editorial granadina putación local, su vida, encauzada veces rocambolescas coincidencias le
Port Royal. dentro de los moldes convencionales empujan a la búsqueda de esa expli-
Si en sus dos novelas iniciales —esposa, hijos, suegra, trabajo, ruti- cación convincente, que no llega, por-
ambientadas en el Marruecos de la co- na— se verá alterada cuando com- que el autor la va demorando sabia-
lonia, en donde pasó su infancia, y en prueba que su mujer, Lourdes, se ha mente, para mantener en vilo al lec-
Melilla, su ciudad natal, respectiva- enterado de la relación que mantiene tor hasta el final de la historia. De ahí
mente, el autor ajustaba cuentas con su marido con Julia, una amante jo- que veamos a un personaje desarrai-
el pasado y la experiencia vivida en el ven y hermosa, también casada, que gado, víctima del absurdo, ir de un
EL FARO 3
Junio 2009
Cultura / Narrativa

ANTONIO ABAD,
AUTOR DE LA
NOVELA CUANDO
LA NOCHE CAMBIA
EL COLOR DE LAS
COSAS,
RECIENTEMENTE
PUBLICADA POR
LA EDITORIAL
GRANADINA
PORT ROYAL

lado a otro unas veces suplicando el hipocresía y verdad, cobran mayor que la sociedad o el sistema de valores
cariño del que está tan necesitado y relieve. Lourdes, la esposa, al acusar- en el que se desenvuelven les empu-
otras elucubrando posibles razones y lo de su egoísmo le espetará con sar- jan fatalmente a ello… La historia flu-
motivos para entender la convulsión casmo: «Tiene gracia, ¿cuándo se ha ye con buen ritmo narrativo, a pesar
espiritual en la que ha desembocado visto que un crítico de arte sea de los circunloquios espirituales del
su existencia. Esto hace que se evo- daltónico, un renombrado crítico que protagonista. El lenguaje es sencillo.
quen momentos del pasado, recuer- no sabe distinguir un rojo de un ver- Se trata de una novela urbana, actual,
dos, viajes, que le permitan descubrir de, un azul de un morado, un celeste que utiliza un léxico cotidiano,
la causa que le ha conducido a este de un gris? Y después te metías con conversacional, con pocas concesio-
desasosiego, a esta situación límite, de los pintores reprendiéndoles tal o cual nes a la alta literatura. Tiende más a la
la que no sabe muy bien cómo salir, gama, que a saber el color que tú veías, metáfora descendente que equipara
entre otras razones porque como él porque sinceramente, y te lo confie- comportamientos éticos, realidades
mismo reconoce: «No tengo lo que so, las veces que me habré reído con morales o sueños con elementos co-
se dice ni pizca de ímpetu para en- lo poco que sabes conjuntar tu ropa.» tidianos, habituales y previsibles. Por
frentarme a las adversidades. No soy (Pág., 115). Y digo que no es nuevo el otro lado, y a pesar del humor que
una persona resolutiva. Me vengo aba- recurso a esta anomalía asociado a un subyace en muchos momentos de la
jo por nada Me dan miedo los gritos, crítico de arte porque ya Buero Vallejo misma, predomina un pesimismo de
la multitud, los malos gestos, los avio- lo utilizó en su obra Diálogo secreto, que fondo, que es frecuente en el mundo
nes, las arañas, los gusanos, y las vías se estrenó en 1984 y que el dramatur- literario de Antonio Abad, tanto en el
de los trenes; los trenes sobre todo. go concibió tras conocer la anécdota de su poesía como en el de su narrati-
Ocupo ese espacio que suele identifi- real que le contaron, referida a un crí- va. El hombre, casi siempre, acaba
carse con la cobardía en medio de mi tico en ejercicio que padecía esta alte- siendo víctima de las circunstancias y
desolación» (Pág., 42). ración visual. En Diálogo secreto serán pocas veces consigue vencerlas de ma-
Junto a la peripecia vital del perso- precisamente las opiniones inmiseri- nera convincente, porque siempre fal-
naje hay otro elemento paralelo de es- cordes de un crítico daltónico a la obra tan fuerzas, ilusión, empuje, o acaba
pecial interés: la institución crítica del de un joven artista, amigo de su hija, siendo presa de un fatalismo o de un
arte moderno, bien conocida por el las que provocarán el suicidio del jo- relativismo muy en la línea de la cita
autor, de la que se lleva a cabo una ven, tras descubrir el secreto del pa- inicial de Robert Musil que precede a
suerte de juicio implacable, no exen- dre de su amiga. esta obra, y que abunda en esa espe-
to de ironía. Aunque el recurso no es Cuando la noche cambia el color de las cial teoría de la visión que aquí se de-
novedoso, Adelino Briales, crítico y cosas lleva implícito en el título el gui- sarrolla: «Sé que las cosas son las co-
teórico del arte experimental y de van- ño a esa disfunción visual que, sim- sas y que siempre seguirán siendo ellas
guardia, resulta ser daltónico, con lo bólicamente, se amplía a esa otra ten- mismas, y que yo las veré ora de una
que hasta por ese lado las contradic- dencia de algunos que se ven impeli- manera, ora de otra».
ciones entre lo real y lo ficticio, entre dos a falsificar su propia imagen, por-
4 EL FARO
Junio 2009
Cultura / Poesía

Por la secreta escala


El poeta sevillano Carmelo Guillén Acosta
es autor de una obra personal y optimista
donde las haya (inevitable resulta recordar, en
este aspecto y aunque resulte tópico, el pre-
cedente del Jorge Guillén de Cántico); todo
un tributo a la amistad, a la vida, a la espiri-
tualidad y a unas señas de identidad bien de-
finidas; una poesía fundamentada en los afec-
JOSÉ tos y con un sentido del ritmo que bien pu-
ANTONIO diera resultar sorprendente para muchos. Una
SÁEZ obra, digo, que lleva la impronta del cante y
el baile flamencos, tal y como el lector curio-
so o el interesado pueden comprobar en los
poemarios de buena parte de su trayectoria,
recogidos en el volumen recopilatorio de su
poesía Aprendiendo a querer. Poesía, 1976-1996
(Sevilla, 1997) y Aprendiendo a querer. Poesía
(revisada) completa, 1977-2007 (Sevilla, 2007).
Pues bien, en su última entrega: La vida es lo
secreto, encontramos a un poeta que explora
nuevos registros lingüísticos y se adentra en
EL POETA SEVILLANO CARMELO GUILLÉN ACOSTA, AUTOR DE LA VIDA ES LO SECRETO
un tema determinante; punto de inflexión, sin
duda, de su trayectoria humano-poética, con- dida de sus familiares más cercanos ha causa- desgarradoramente humano y, por tanto, más
dicionada por las propias circunstancias do en él. A esa íntima luz se aferra con con- cercano a todos sus lectores, que pueden sen-
existenciales y por la experiencia determinante vencimiento para no caer, de otro modo, en tirse identificados con él en muchos de los
del fallecimiento de sus seres queridos más la angustia y en la desesperanza. aspectos que nos desvela este libro de revela-
próximos: sus padres y su único hermano. Siendo éste, como es, un poemario de amor ciones interiores. Escribió Camilo José Cela,
Esta experiencia clave en toda vida huma- y ternura desbordantes (muy especialmente en su desmesura, que «a los poetas debieran
na ha propiciado, a mi juicio, un cambio en la hacia la figura de la madre evocada en la proxi- quemarles los ojos para que así cantaran más
trayectoria poética del vate sevillano y en la midad), dictado desde la hondura y la sinceri- desoladamente y mejor». Carmelo Guillén
configuración de un registro lingüístico y líri- dad de los afectos, de las emociones y de la Acosta mira con los ojos interiores y desde
co distinto al que venía siguiendo hasta el memoria más íntima y cercana; es también ellos hace comunicable la íntima experiencia
momento. un poemario de la desposesión y de la entre- de su espíritu, que no es otra que su propia
Ya desde el mismo título del libro, el lector ga. En efecto, el poeta sevillano se nos mues- verdad: una verdad a que ha llegado a través
intuye ese aliento espiritual con que el autor tra aquí, seguramente como no lo había he- de la experiencia y del conocimiento, auxilia-
ha querido afianzarse en la vida, para dotar cho hasta ese grado en anteriores oportuni- dos por el don de la fe cuando éstos han al-
de ese mismo sentido espiritual y trascendente dades, en su más desnuda franqueza, en su canzado las fronteras de lo abarcable por la
la experiencia del óbito en sus seres queridos. más puro desvalimiento, en su vulnerabilidad pura contingencia humana.
Y todo ello desde una íntima herida, desde como ser humano sometido a contingencia, El libro se estructura en tres partes que lle-
un inconmensurable dolor por la ausencia fí- en su fragilidad y desamparo. Y es que ese van por título «La vida», «Lo secreto» y «La
sica de quienes tanto amara. Porque este desvalimiento, esa vulnerabilidad, esa contin- vida es lo secreto», de diez, catorce y dieciséis
poemario constituye, sin duda alguna, un acto gencia, esa fragilidad y ese desamparo bien textos respectivamente. En la primera parte
de amor, una expresión de amor en el ámbito podrían ser los de cualquier otro ser humano encontramos algunos símbolos y alegorías que
de los más íntimos afectos y una reafirmación y, por tanto, los de todos y cada uno de noso- forman parte de nuestra tradición literaria: el
en la vida; esto es: en la esperanza del tros, si decidimos abordar con autenticidad mar (Jorge Manrique, Machado, Juan Ramón
reencuentro. Uno de los mensajes claves que nuestro ser más íntimo. Buena parte de la tras- Jiménez) o la escena (ese gran teatro del mundo
parece transmitirnos el poeta es, a mi juicio, cendencia de este libro radica en hacer exten- de Calderón); si bien el poeta toma esos sím-
el de que los seres queridos continúan vivien- sibles a todos los seres humanos los senti- bolos como mero pretexto para arrancar des-
do en quienes, por leyes de la herencia bioló- mientos y emociones que en él se dan cita. de ellos y construir un discurso lírico perso-
gica, perpetúan sus genes y en quienes ateso- Por muchos aspectos, La vida es lo secreto es un nal e intransferible; cuando no los utiliza a su
ran sentimientos y afectos en el corazón y la poemario fronterizo, un poemario de límites antojo de forma lúdica. Véase este ejemplo:
memoria. por cuanto responde a una situación del espí- «Vino primero niño, vestido de otra cosa./ y
Carmelo Guillén Acosta ha querido pro- ritu y a unas circunstancias concretas, clara- se fue de repente» (Hermano, p. 17) que nos
yectar luz sobre la muerte desde la orilla irre- mente identificables que han provocado la ur- recuerda los conocidos versos de Juan Ra-
nunciable de la vida y afirmándose en la mis- gencia de su comunicabilidad en el poeta. Esa món Jiménez sobre su poesía: «Vino primero
ma existencia ha querido gritar que la muerte urgencia interior, ese desbordamiento en las pura,/vestida de inocencia»; o este otro: «Mi
no es un estado definitivo sino transitorio. emociones y los afectos, conduce al autor a infancia es aquel patio/ con un jazmín de es-
Desde una postura espiritual, más que reli- alcanzar momentos de una intensidad difícil- quina y mi madre a la espera/ de ver cómo su
giosa si cabe –y entiendo que la palabra espi- mente definible; pues, aun en ellos, siempre arbusto crecía con el tiempo/ mientras yo la
ritual posee un ámbito de significación más hay lugar para la contención, la serenidad y el veía envejecer», (Igual que a la esperanza, p.
amplio que la de lo meramente religioso, que análisis de un estado de cosas provocado por 31), evocando los no menos conocidos ver-
me parece más restringido-, ha querido ubi- la experiencia de los límites de lo humano. Y sos de Antonio Machado; cuando no el
carse el poeta para encontrar una respuesta al en esa experiencia de los límites hay, eviden- Quevedo del famoso soneto «Miré los muros
problema determinante de la muerte y a la temente, zozobra. Bienvenida sea esa zozo- de la patria mía». No debemos olvidar tam-
propia desazón afectiva e interior que la pér- bra que nos hace al poeta, si cabe, más poco el precedente místico de san Juan de la
EL FARO 5
Junio 2009
Cultura / Entrevista

Cruz en la poesía de este sevillano, reflejada ya


desde la metáfora del título: la vida es lo secreto.
Entiendo que para el poeta, la muerte no existe
en cuanto final, pues nos adentra en una nueva
dimensión que supone vivir para la eternidad.
Carmelo Guillén Acosta se introduce en la
oscuridad de la muerte desde esta orilla para
proyectar luz sobre ella, sobre la memoria viva
de sus seres queridos y hacer su experiencia
comunicable. Una experiencia que, no obs-
tante, y pese a todo, contiene en sí misma no
pocas paradojas y contradicciones, claroscu-
ros que el lector advertirá en una lectura atenta
de este poemario. También el lenguaje de los
místicos encierra no pocas contradicciones
en su empeño por hacer comunicable la ex-
periencia mística, que es inefable en sí mis-
ma, tropezando continuamente con los lími-
tes del mismo lenguaje. El poeta se mueve
entre el amor y el dolor, la ternura y la sole-
dad que ha dejado en su vida la ausencia de
los suyos, e invita al lector a compartir su vía
crucis, su camino del Calvario, su particular
Oración del Huerto… y se nos muestra así
expuesto, semidesnudo como el crucificado
que llama a compasión, merecedor de indul-
gencia y de misericordia. En no pocas oca-
siones acuden a la mente del lector conmovi-
do las imágenes de La Piedad de Miguel Án-
gel con su Hijo muerto en los brazos: Stabat
Mater Dolorosa… Así el poeta con sus padres.
Con especial tino tiene que proceder el autor
en ocasiones para no desbordar del todo su
emoción y contenerla para que no se desbo-
que y malogre todo su empeño en convertir
en lírica una experiencia límite, extremada-
mente dolorosa. Memoria y experiencia, evo-
cación y vida, ternura ilimitada e inconteni-
ble dolor se dan cita en los textos que confor-
man esta segunda parte. En la tercera vendrá
a proyectar la luz redentora e irrenunciable
de la fe en otra vida que venga a dar sentido a
la muerte. Así en el poema que la introduce:
«Variaciones sobre la muerte» (pp. 43-45), es-
tructurado en tres textos en los que afirma
que la muerte «también es vida» y que «toda
La guerra es
como los sueños
la vida está en la otra parte». Se trata de invocar
la esperanza del reencuentro con los seres queri-
dos en esa otra vida que Jorge Manrique definía
como «la verdadera», en contraposición a esta
terrenal, «perecedera». Obviamente, el poeta lle- CONSUELO DE ARCO — El título viene de un verso de José
ga a esta orilla en busca de esperanza y de con- Luis Gallego, al que considero como un
La guerra es como los sueños, don-
suelo, pues hasta Jesús en su «Oración del Huer- maestro. Pasó 18 años en la cárcel, y
to» lo encontró en el ángel que bajó del cielo y lo
de puede llegar a pasar cualquier cosa,
por rara que te parezca. Son las nueve todo lo escribió en la cárcel. No cono-
reconfortó, según nos dice el Evangelio.
de la noche del martes 6 de mayo del ció a su hija. En ese poema dice que en
Parece como si todo tuviera su sentido, hasta
la muerte queda iluminada desde el ámbito o 2009 en el Café Gijón. Como de cos- la guerra civil le fue posible al joven ser
la perspectiva de la fe. Hasta lo más oscuro tumbre desde hace muchos años hasta todo, incluso morir libre. Desde esa des-
esconde su verdad, parece decirnos el poeta. nuestros días vive la tertulia más añeja esperación fue capaz de escribir eso. El
Todo tiene su sentido y responde a un fin de Madrid. Nos encontramos al título es irónico.
trazado por un ser superior, aunque las limi- Nietzsche (por el bigote) Eugenio — ¿Cómo surge la novela?
taciones del conocimiento nos impidan acce- Suárez-Galván Guerra haciendo honor —Surge cuando yo era niño. Me lleva-
der a esa última esfera. La vida se justifica ron a Canarias y tuve dos tíos militares.
a su segundo apellido y sobre todo a su
por el amor y en el amor. Y en esa verdad Uno era falangista, y el otro era un viva
perdura la indeclinable voluntad de un poeta
novela Balada de la guerra hermosa, Pre-
mio Sésamo 1982 que acaba de reedi- la virgen, pero los dos se fueron con
que halla consuelo en el manantial fecundo
tar Tropo Editores. Tú, canario, a ver Franco, se los llevaron. Años después
de su fe y a través de versos que se constitu-
yen como un acto de donación, de generosi- cómo picas. estaba yo dando una conferencia y un
dad y entrega absoluta. — ¿Por qué ese título? hombre se me acercó y me contó que
6 EL FARO
Junio 2009
Cultura / Entrevista

cuando él era niño fusilaban a la gente en


el muro de delante de su casa. Y yo puse
además una violación. Sobre ese tema es-
cribí también un cuento largo, que se in-
cluye en mi libro Los potros de bárbaros Atilas
— ¿Por qué usas esa técnica? Varios na-
rradores, varios lenguajes, un tono poéti-
co...
—Esa técnica la tomo de Faulkner, a mí
me ha influido mucho. En él está esa
mezcla de narradores. Pero lo que me
atrae de Faulkner y no veo en sus
epígonos, por ejemplo Juan Benet, es la
fuerza lírica que tiene, no sólo en el len-
guaje, sino en las imágenes. Me acuerdo
de cuando en «El ruido y la furia» una
negra entra con un niño blanco. Pero he
tenido que dejar de leer a Faulkner por-
que a veces es muy oscurantista, no lo
entiende nadie.
— ¿La guerra es como los sueños?
—Eso quiere decir que en la guerra el ser PORTADA DE LA
humano puede sacar lo mejor o lo peor NOVELA BALADA
DE LA GUERRA
de sí mismo, puede ser un animal o pue- HERMOSA, DE
de ser muy noble. Me refiero más bien a EUGENIO SUÁREZ-
las pesadillas, a las cosas que no tienen GALBÁN GUERRA,
RECIENTEMENTE
coherencia. REEDITADA POR
— ¿Cómo pueden unos niños llegar a ser TROPO EDITORES
tan crueles?
—Al Corredera Franco lo fusiló en 1956. — ¿Es cierto que las mujeres saben co-
—Yo tenía miedo de que la novela pare-
Hay quien dice que era un maquis, pero sas que los hombres jamás imaginan?
ciera antimora. Los moros que aparecen
no se ha escrito mucho sobre él. La Guar- —Sí. Eso lo creo yo. Es más, yo creo que
eran los más brutos, eran mercenarios. Y
dia Civil mató a su hermana y el Correde- las feministas se equivocan al rechazar la
les prometían mujeres. Pero en «Los po-
ra mató a un guardia civil y se echó al intuición. Se ha utilizado para quitar inte-
tros de bárbaros Atilas» tengo un moro
monte. Para unos era un gran héroe, para ligencia a las mujeres pero el filósofo
que no quiere participar en una violación.
otros era un bandido. Era de Telde, en Locke dice que la intuición es la mejor
Me parece el acto más cruel que puede
Canarias, y era un sindicalista. Manolo inteligencia. Una vez tuve un colegio, y
haber. La escena en Sierra Morena me la
Padorno le dedicó un poema. Y a mí se las niñas ya captan el prejuicio contra ellas.
contó un tío mío. Ellos se veían rodeados
me mezclaron en la cabeza la historia del Una vez una niña le bajó los pantalones a
de ojos y creían que eran lobos. Por lógi-
Corredera y la del negro cubano que bus- un niño, le vio el pito y se puso a llorar
ca esa masacre tuvo que ser perpetrada
ca a su madre en Canarias. porque ella no lo tenía. Freud no estaba
por los republicanos, los falangistas aún
— ¿Cómo te pusiste en la voz de una equivocado. Pero yo le dije: de aquí a diez
no habían llegado allí. Un estalinista me
mujer? años tú vas a tener algo en el pecho y los
hizo una crítica negativa, me dijo que yo
—Yo me identifico mucho con las muje- niños se acongojarán. Mi madre era de
creé una leyenda. Los marxistas están
res. A mí me crió una negra en Cuba, se una bondad tremenda. Era de derechas y
contra el culto al individuo, a pesar de que
llamaba Guillermina y yo era su favorito. muy religiosa. Pero tenía siempre un cal-
ellos lo practicaron con Stalin. Pero la le-
Cuando me fui, ella me abrazaba y llora- dero para los pobres, y los pobres comían
yenda es la única esperanza que le queda
ba. Volví a Cuba a los 40 años y la fui a lo mismo que nosotros. Yo tuve muy bue-
a veces a las personas.
buscar. Llamé a todos los que se apellida- na relación con mi madre.
— ¿Te sientes canario o cubano?
ban Dueñas en La Habana y un negro — ¿Te inspiraste en alguien para el Co-
—Las dos cosas, lo vivo sin conflicto. La
me dice: Oiga, compañero ¿usted sabe rredera?
sociedad te acorrala, te dice que tú no eres
cuántos Dueñas hay en Cuba? Porque a —En el mismo Corredera. Yo conocía la
de aquí, no eres de allá. Cuando era niño
los esclavos les ponían ese apellido. Cuan- leyenda. Había oído que violaron a su her-
me llevaron de Cuba a Nueva York y me
do supe que no podía encontrarla, me mana. Era un Robin Hood, repartía el
casó en Nueva York un cura de
encontraba frente a un espejo, y me eché dinero con los pobres. Yo no me había
Salamanca. Íbamos todos los veranos a
a llorar. Esa mujer me impactó mucho. documentado, usé lo que había oído en
Canarias. Con un neoyorquino yo puedo
Más tarde yo tenía una editorial en el ba- Canarias. Aunque no se podía hablar
entenderme muy bien. Pero incluso me
rrio del Pilar, y la abrí a los niños. Y una mucho en voz alta. Y había peleas en mi
han preguntado si soy de la costa colom-
mujer me contó lo del orfanato, que esta- familia al hablar de él. Y las noticias eran
biana. Tengo mucho de caribeño.
ba buscando a un hombre que la quisie- asombrosas, aparecía de la nada donde
— ¿El Corredera es un típico cubano?
ra. Por eso la metí en la novela. La quería menos se pensaba.
Quiero decir, por su lenguaje, por su as-
llamar Nivaria, porque tengo una prima Las mujeres, es cierto, sabemos cosas que
tucia...
que se llama así. los hombres jamás imaginan.
EL FARO 7
Junio 2009
Cultura / Narrativa

ANTONIO
ENRIQUE EN
GUADIX,
ESCENARIO
PRINCIPAL DE SU
ÚLTIMA NOVELA, Y
PORTADA DE LA
MISMA

La espada de Miramamolín
Los enemigos de Antonio Enrique —ima- arcaizante que produce en el lector la sensa- Este semidestierro del bastardo real —a
gino que los tiene, como todo quisque—, ción de tener delante a los personajes que van él le acompaña su hija—, convierte la ciudad
podrán decir de él muchas cosas, pero hay desfilando por la novela. El relato en primera de Guadix —un Guadix de finales del XVII,
una que jamás podrán echarle en cara: que persona aún ayuda más a esta inmersión en el apartado del mundo y en manos de la Inqui-
no es un hombre valiente. Digo esto porque tiempo. sición—, en escenario de casi toda la novela.
sólo un escritor extraordinariamente valiente Para ello nuestro autor trae a su libro la Otras veces, a través de rememoraciones, via-
es capaz de tomar la pluma para escribir de vida y vicisitudes de un hermanastro del rey, jes o momentos oníricos, el escenario es la
algo que ya ha sido tratado -¡y con qué amena don Fernando Carlos, hijo bastardo de Felipe corte o los pueblos aledaños a Guadix, con
FRANCISCO
profundidad!- nada menos que por un autor IV y de una mujer del pueblo, anterior o pos- sus personajes, unos reales —como Diego
GIL CRAVIOTO
del prestigio de Ramón Sender. Antonio En- terior a la Calderona, para el caso es igual, Velázquez de Silva o la Gabachita—, otros
rique se ha atrevido y lo más asombroso es que tuvo la suerte de morir de muerte natu- inventados y enredados en situaciones que
que ha salido airoso de su empeño. El libro ral, antes de que el Santo Oficio se ocupase rozan el realismo mágico. En uno y otro caso
de Ramón Sender se titula Carolus Rex; el de de ella. La novela arranca del momento en el clericalismo y fanatismo de la época se ha-
Antonio Enrique, La espada de Miramamolín. que el rey, sin voluntad y acosado por las lu- cen en todo momento evidentes. Intermina-
(Ediciones Roca, Barcelona, 2009). En am- chas cortesanas, decide enviar a su herma- ble persecución de falsos conversos, lutera-
bos casos se trata del desdichado reinado de nastro, de la noche a la mañana convertido nos, brujas y bujarrones. Impresionantes y
Carlos II de España, también llamado por en canónigo de la catedral de Guadix, a la aterradores autos de fe —particularmente
quienes creían en brujerías y hechizos, el He- mencionada diócesis y éste va a despedirse terrible fue el del año 1680 con ochenta y seis
chizado. Más exacto hubiera sido llamarlo el de su majestad. El rey, en un gesto de genero- personas reales abrasadas y treinta más en efi-
Degenerado: la degeneración de la sangre de sidad, quiso sellar aquella despedida con un gie o esqueleto—, que hoy nos llenan de in-
los Austrias que llega a su etapa final. regalo. El propio don Fernando Carlos nos dignación y vergüenza. Irremediablemente
Sólo hay un punto de coincidencia en los lo cuenta así: nos llevan a formularnos la atroz pregunta
dos autores, coincidencia que también se da «¡El rey don Carlos Segundo me sonreía! que ya se hicieron plumas tan ilustres como
en un cuento de Ayala: el olor del rey. Su Una atroz sonrisa, en su mandíbula descol- la de Anatole France u Octave Mirbeau: ¿Pue-
majestad Carlos II, rey de España, de las In- gada y babeante. Entonces movió el torso, su de tener un ápice de divinidad una institu-
dias y de otros muchos lugares, apestaba a menudo cuerpecillo que parecía hueco, y ción, la Iglesia, que para prevalecer, tiene que
sudor y orines. Por lo demás ambos libros, echándose a un lado en el sillón curul donde echar mano a métodos tan terriblemente atro-
aunque su acción se desarrolla en la misma posaba, extrajo de debajo del cojín un objeto ces como la tortura o la ejecución mediante
época, van por caminos distintos, sin duda largo y delgado, envuelto en un paño rojo de el fuego? El viejo truquillo del brazo secular
porque sus autores también han llegado a ellos Nápoles. Era la mismísima espada de no anula ni atenúa su responsabilidad. Por su
por razones muy distintas. En Sender es un Miramamolín, testigo de los juegos de infan- parte, Antonio Enrique alude al caso con una
deseo de denuncia de la crueldad, en este caso cia de numerosas generaciones de príncipes frase que debe hacernos meditar: «Por don-
aliada con la estupidez; algo que él dice bien e infantes». de pasa el hierro de la fe se tritura todo, hasta
claro en su nota preliminar: «Aquella afirma- Esta espada, que acompañará a nuestro el tiempo mismo». En ese caso, ¿no será me-
ción de que el olor más grato al Señor es el de protagonista hasta la sepultura, es la que da jor renunciar a ella?
la carne de hereje quemada resume un aspec- título a la novela. No fue la espada, sin em- Especial interés tiene en este libro el ele-
to de veras vergonzoso de nuestro pasado». bargo, el único regalo de su majestad: el rey, mento femenino: la ya mencionada Gabachita
En Antonio Enrique es sobre todo su gusto al tornar la cabeza hacia su hermanastro, sin — ¡cuánto debió sufrir al lado de un rey feo,
por el barroco, contemplado en los días fina- quererlo ni saberlo, también le regaló un pio- imbécil e impotente!—, la hija de don Carlos
les de su ocaso, lo que le ha metido de pies y jo que pasó de una cabellera a la otra, pues Fernando, madre Paciencia y otras mujeres
cabeza en el tema. Este gusto por el barroco don Carlos II, además de la incontinencia de del pueblo. Una acertada mezcla de persona-
le lleva no sólo a contarnos una historia de orina, las mandíbulas descolgadas, las llagas jes reales y de ficción le da al libro ese incon-
aquella época —¿cierta?, ¿novelada?; nos basta en el cielo de la boca y la impotencia sexual, fundible aire de obra de investigación y crea-
con que sea verosímil—, sino que además lo también padecía una incontrolada piojera que ción al que toda novela histórica debe aspi-
hace con un lenguaje exquisitamente ningún remedio de la época lograba atajar. rar.
8 EL FARO
Junio 2009
Cultura / Narrativa

EL ESCRITOR
ANTONIO FERRES,
FOTOGRAFÍAS DE
CONSUELO DE
ARCO

Antonio Ferres,
el realismo translúcido
Llega al Café Gijón con su som- vo en Estados Unidos y conoció a En los cuentos de El caballo y el hom-
brero, su bufanda, sus camisas alegres. Carlos Castaneda, a Allan Wats. Sus bre asistimos a los ritmos cósmicos, a
Tiene 86 años pero el dinamismo de obras han sido publicadas en muchos los pasmos de la sociedad y la vida.
un joven. Acude a una tertulia que lle- países, por Gallimard en Francia, por Un caballo y un hombre se sienten el
va setenta años celebrándose, la lidera Feltrinelli en Italia. Ahora la editorial pulso en mitad de un desierto y se
el profesor Juan Cano Ballesta. Cuen- Gadir está relanzando sus libros y al- acompañan. Una loca a la que han
ta infinidad de anécdotas palpitantes, canza gran proyección en España. internado en Tejas se extravía en su
ANTONIO que darían lugar a cien novelas, sobre Caminando por las Hurdes, ilustrado con pasado obsesionada con un colibrí.
COSTA generales maniáticos en México, so- fotos de Buñuel, nos fascina con su re- Una mujer busca entre las multitudes
GÓMEZ bre un muchacho que ingresa en la corrido a partir de La Alberca, en de las estaciones los ojos enigmáticos
División Azul para salvar a su padre Salamanca. Tiene un estilo ágil y certe- de su amante que se ha ido. Son los
de la muerte, sobre un fugado de un ro, lleno de garra, con pinceladas pode- distintos tipos de desconciertos en una
manicomio que le pide que escriba su rosas, con puntería en las imágenes y la pluma que combina la impresión y la
vida y usa su teléfono para insultar a adjetivación. Nos presenta tipos varia- expresión, la extrañeza y la lucha. A
su mujer. Los sábados lo vemos en El dos, situaciones intensas, rebosa de vida veces parece un Albert Camus que
rincón del café, llega detrás del cristal y de dramatismo. El realismo parece alu- busca la dignidad de los hombres.
con una actitud de bailarín, una ele- cinante. No hay nada de predicación Otras veces un van Gogh que usa las
gancia innata, una vitalidad irresisti- ideológica, sino mucho de sensibilidad, palabras como temblores.
ble. Y produce melancolía toda la vida de observación, de acercamiento a la Lo vemos el sábado en El rincón
que ha pasado por sus retinas. vida. Toda la riqueza humana, incluso del café y nos cuenta anécdotas de
En los años 50 publicó una novela en sus aspectos más insólitos, nos sale los escritores sociales, de la casa de
clave del realismo social, La piqueta, al encuentro. Los vencidos estuvo prohi- Chejov en Crimea o de luchadores in-
sobre el derribo de una chabola en un bida durante cuarenta años. En ella nos verosímiles, mientras su amigo Javier
barrio de Madrid. Ahora se va a ree- encontramos las ilusiones y los fraca- del Amo piensa en Gandhi y en el
ditar con motivo del 50 aniversario. sos de los republicanos vencidos, de un jainismo. Y luego se marcha con su
Tiene un tono revolucionario ardien- modo emocionante. Pero aparece el la- paso precario por entre la jungla de
te que no excluye el comprender las tido de las vidas, la verdad de unos per- consumo de El Corte Inglés. Su editor
complejidades de la vida. Pero sus sonajes, lo revelador de unas pincela- le ha regalado un perfume y está con-
obras van mucho más allá de una co- das. Con un estilo seguro y audaz sinte- tento como un muchacho. Y también
rriente y de un esquematismo, y su tiza existencias enteras en una frase, en queda su perfume de una persona ín-
realismo es translúcido. También ha una imagen. Nada de detallismo simple, tegra que gana el afecto de jóvenes
probado dimensiones míticas y visio- de sermones, sí una audacia de trazo pas- amigas, que caza la vida con las me-
narias, acercamientos múltiples a la li- mosa, una síntesis poética. Y toda la trage- táforas, que se aleja lleno de evoca-
teratura y la vida. En los años 60 estu- dia se resume en el gesto de un niño. ciones.

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