Oficio de Escritor: El Faro El Faro El Faro El Faro El Faro
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Junio 2009
Oficio de escritor
PEDRO RODRÍGUEZ PACHECO
Cuando la noche
cambia el color de las cosas
Aunque Antonio Abad se dio a co- norte de África, la historia de esta ter- engaña a su esposo, Arturo Zambra-
nocer como poeta en 1978 con El ovi- cera obra suya tiene lugar en Málaga, na, pintor de poca monta. La novela
llo de Ariadna, al que siguieron luego ciudad en la que vive el escritor desde se centra en la nueva vida de Adelino,
otros títulos importantes (Misericor de hace varias décadas y en donde ha ya separado o expulsado a la fuerza
mí, Invención del paisaje o El Arco de la venido desempeñando su labor críti- de su hogar, quien no acaba de enten-
luna), y también ha venido desarrollan- ca y creativa, que ha sabido alternar der las razones de esta convulsión en
do una destacada labor como crítico con otras actividades ligadas al mun- la monotonía relativamente plácida de
JOSÉ
de arte, con ensayos sobre Elena do del diseño y de la edición. su vida y trata por todos los medios
LUPIÁÑEZ
Laverón, Picasso, Eduardo Morillas o En efecto, Málaga será el escenario de alcanzar una salida a la absurda si-
Armando Sendín, a partir de 1997 nos de esta nueva historia, la de un perso- tuación en la que se ve envuelto, toda
desveló su faceta como narrador con naje, Adelino Briales, apocado e inse- vez que Julia, su amante, en la que bus-
una impactante novela casi épica guro, acomplejado por su calvicie, por ca refugio forzado por las circunstan-
Quebdani. El cerco de la estirpe, a la que su aspecto físico descuidado; un cias, también lo rechaza incompren-
siguió poco tiempo después La mu- antihéroe, en suma, un perdedor, un siblemente para él.
danza, también publicada en el mis- individuo poco rebelde y domestica- Se trata de un alegato contra la hi-
mo año y en la misma editorial Edi- do por el sistema que, a su regreso de pocresía y la doble moral, contra las
ciones 29 de Barcelona. Ahora, doce un viaje a la capital, no logra entrar mentiras o las apariencias que encu-
años más tarde, insiste en el género en su propio domicilio, porque con bren otras verdades ocultas y también
con una tercera entrega de largo títu- su llave de siempre no acierta a abrir contra la traición y los intereses que
lo, Cuando la noche cambia el color de las la puerta de su casa. Profesor de ins- se anteponen a los verdaderos afec-
cosas, que acaba de aparecer en la serie tituto y crítico de arte con cierta re- tos. Una serie de sorprendentes y a
de narrativa de la editorial granadina putación local, su vida, encauzada veces rocambolescas coincidencias le
Port Royal. dentro de los moldes convencionales empujan a la búsqueda de esa expli-
Si en sus dos novelas iniciales —esposa, hijos, suegra, trabajo, ruti- cación convincente, que no llega, por-
ambientadas en el Marruecos de la co- na— se verá alterada cuando com- que el autor la va demorando sabia-
lonia, en donde pasó su infancia, y en prueba que su mujer, Lourdes, se ha mente, para mantener en vilo al lec-
Melilla, su ciudad natal, respectiva- enterado de la relación que mantiene tor hasta el final de la historia. De ahí
mente, el autor ajustaba cuentas con su marido con Julia, una amante jo- que veamos a un personaje desarrai-
el pasado y la experiencia vivida en el ven y hermosa, también casada, que gado, víctima del absurdo, ir de un
EL FARO 3
Junio 2009
Cultura / Narrativa
ANTONIO ABAD,
AUTOR DE LA
NOVELA CUANDO
LA NOCHE CAMBIA
EL COLOR DE LAS
COSAS,
RECIENTEMENTE
PUBLICADA POR
LA EDITORIAL
GRANADINA
PORT ROYAL
lado a otro unas veces suplicando el hipocresía y verdad, cobran mayor que la sociedad o el sistema de valores
cariño del que está tan necesitado y relieve. Lourdes, la esposa, al acusar- en el que se desenvuelven les empu-
otras elucubrando posibles razones y lo de su egoísmo le espetará con sar- jan fatalmente a ello… La historia flu-
motivos para entender la convulsión casmo: «Tiene gracia, ¿cuándo se ha ye con buen ritmo narrativo, a pesar
espiritual en la que ha desembocado visto que un crítico de arte sea de los circunloquios espirituales del
su existencia. Esto hace que se evo- daltónico, un renombrado crítico que protagonista. El lenguaje es sencillo.
quen momentos del pasado, recuer- no sabe distinguir un rojo de un ver- Se trata de una novela urbana, actual,
dos, viajes, que le permitan descubrir de, un azul de un morado, un celeste que utiliza un léxico cotidiano,
la causa que le ha conducido a este de un gris? Y después te metías con conversacional, con pocas concesio-
desasosiego, a esta situación límite, de los pintores reprendiéndoles tal o cual nes a la alta literatura. Tiende más a la
la que no sabe muy bien cómo salir, gama, que a saber el color que tú veías, metáfora descendente que equipara
entre otras razones porque como él porque sinceramente, y te lo confie- comportamientos éticos, realidades
mismo reconoce: «No tengo lo que so, las veces que me habré reído con morales o sueños con elementos co-
se dice ni pizca de ímpetu para en- lo poco que sabes conjuntar tu ropa.» tidianos, habituales y previsibles. Por
frentarme a las adversidades. No soy (Pág., 115). Y digo que no es nuevo el otro lado, y a pesar del humor que
una persona resolutiva. Me vengo aba- recurso a esta anomalía asociado a un subyace en muchos momentos de la
jo por nada Me dan miedo los gritos, crítico de arte porque ya Buero Vallejo misma, predomina un pesimismo de
la multitud, los malos gestos, los avio- lo utilizó en su obra Diálogo secreto, que fondo, que es frecuente en el mundo
nes, las arañas, los gusanos, y las vías se estrenó en 1984 y que el dramatur- literario de Antonio Abad, tanto en el
de los trenes; los trenes sobre todo. go concibió tras conocer la anécdota de su poesía como en el de su narrati-
Ocupo ese espacio que suele identifi- real que le contaron, referida a un crí- va. El hombre, casi siempre, acaba
carse con la cobardía en medio de mi tico en ejercicio que padecía esta alte- siendo víctima de las circunstancias y
desolación» (Pág., 42). ración visual. En Diálogo secreto serán pocas veces consigue vencerlas de ma-
Junto a la peripecia vital del perso- precisamente las opiniones inmiseri- nera convincente, porque siempre fal-
naje hay otro elemento paralelo de es- cordes de un crítico daltónico a la obra tan fuerzas, ilusión, empuje, o acaba
pecial interés: la institución crítica del de un joven artista, amigo de su hija, siendo presa de un fatalismo o de un
arte moderno, bien conocida por el las que provocarán el suicidio del jo- relativismo muy en la línea de la cita
autor, de la que se lleva a cabo una ven, tras descubrir el secreto del pa- inicial de Robert Musil que precede a
suerte de juicio implacable, no exen- dre de su amiga. esta obra, y que abunda en esa espe-
to de ironía. Aunque el recurso no es Cuando la noche cambia el color de las cial teoría de la visión que aquí se de-
novedoso, Adelino Briales, crítico y cosas lleva implícito en el título el gui- sarrolla: «Sé que las cosas son las co-
teórico del arte experimental y de van- ño a esa disfunción visual que, sim- sas y que siempre seguirán siendo ellas
guardia, resulta ser daltónico, con lo bólicamente, se amplía a esa otra ten- mismas, y que yo las veré ora de una
que hasta por ese lado las contradic- dencia de algunos que se ven impeli- manera, ora de otra».
ciones entre lo real y lo ficticio, entre dos a falsificar su propia imagen, por-
4 EL FARO
Junio 2009
Cultura / Poesía
ANTONIO
ENRIQUE EN
GUADIX,
ESCENARIO
PRINCIPAL DE SU
ÚLTIMA NOVELA, Y
PORTADA DE LA
MISMA
La espada de Miramamolín
Los enemigos de Antonio Enrique —ima- arcaizante que produce en el lector la sensa- Este semidestierro del bastardo real —a
gino que los tiene, como todo quisque—, ción de tener delante a los personajes que van él le acompaña su hija—, convierte la ciudad
podrán decir de él muchas cosas, pero hay desfilando por la novela. El relato en primera de Guadix —un Guadix de finales del XVII,
una que jamás podrán echarle en cara: que persona aún ayuda más a esta inmersión en el apartado del mundo y en manos de la Inqui-
no es un hombre valiente. Digo esto porque tiempo. sición—, en escenario de casi toda la novela.
sólo un escritor extraordinariamente valiente Para ello nuestro autor trae a su libro la Otras veces, a través de rememoraciones, via-
es capaz de tomar la pluma para escribir de vida y vicisitudes de un hermanastro del rey, jes o momentos oníricos, el escenario es la
algo que ya ha sido tratado -¡y con qué amena don Fernando Carlos, hijo bastardo de Felipe corte o los pueblos aledaños a Guadix, con
FRANCISCO
profundidad!- nada menos que por un autor IV y de una mujer del pueblo, anterior o pos- sus personajes, unos reales —como Diego
GIL CRAVIOTO
del prestigio de Ramón Sender. Antonio En- terior a la Calderona, para el caso es igual, Velázquez de Silva o la Gabachita—, otros
rique se ha atrevido y lo más asombroso es que tuvo la suerte de morir de muerte natu- inventados y enredados en situaciones que
que ha salido airoso de su empeño. El libro ral, antes de que el Santo Oficio se ocupase rozan el realismo mágico. En uno y otro caso
de Ramón Sender se titula Carolus Rex; el de de ella. La novela arranca del momento en el clericalismo y fanatismo de la época se ha-
Antonio Enrique, La espada de Miramamolín. que el rey, sin voluntad y acosado por las lu- cen en todo momento evidentes. Intermina-
(Ediciones Roca, Barcelona, 2009). En am- chas cortesanas, decide enviar a su herma- ble persecución de falsos conversos, lutera-
bos casos se trata del desdichado reinado de nastro, de la noche a la mañana convertido nos, brujas y bujarrones. Impresionantes y
Carlos II de España, también llamado por en canónigo de la catedral de Guadix, a la aterradores autos de fe —particularmente
quienes creían en brujerías y hechizos, el He- mencionada diócesis y éste va a despedirse terrible fue el del año 1680 con ochenta y seis
chizado. Más exacto hubiera sido llamarlo el de su majestad. El rey, en un gesto de genero- personas reales abrasadas y treinta más en efi-
Degenerado: la degeneración de la sangre de sidad, quiso sellar aquella despedida con un gie o esqueleto—, que hoy nos llenan de in-
los Austrias que llega a su etapa final. regalo. El propio don Fernando Carlos nos dignación y vergüenza. Irremediablemente
Sólo hay un punto de coincidencia en los lo cuenta así: nos llevan a formularnos la atroz pregunta
dos autores, coincidencia que también se da «¡El rey don Carlos Segundo me sonreía! que ya se hicieron plumas tan ilustres como
en un cuento de Ayala: el olor del rey. Su Una atroz sonrisa, en su mandíbula descol- la de Anatole France u Octave Mirbeau: ¿Pue-
majestad Carlos II, rey de España, de las In- gada y babeante. Entonces movió el torso, su de tener un ápice de divinidad una institu-
dias y de otros muchos lugares, apestaba a menudo cuerpecillo que parecía hueco, y ción, la Iglesia, que para prevalecer, tiene que
sudor y orines. Por lo demás ambos libros, echándose a un lado en el sillón curul donde echar mano a métodos tan terriblemente atro-
aunque su acción se desarrolla en la misma posaba, extrajo de debajo del cojín un objeto ces como la tortura o la ejecución mediante
época, van por caminos distintos, sin duda largo y delgado, envuelto en un paño rojo de el fuego? El viejo truquillo del brazo secular
porque sus autores también han llegado a ellos Nápoles. Era la mismísima espada de no anula ni atenúa su responsabilidad. Por su
por razones muy distintas. En Sender es un Miramamolín, testigo de los juegos de infan- parte, Antonio Enrique alude al caso con una
deseo de denuncia de la crueldad, en este caso cia de numerosas generaciones de príncipes frase que debe hacernos meditar: «Por don-
aliada con la estupidez; algo que él dice bien e infantes». de pasa el hierro de la fe se tritura todo, hasta
claro en su nota preliminar: «Aquella afirma- Esta espada, que acompañará a nuestro el tiempo mismo». En ese caso, ¿no será me-
ción de que el olor más grato al Señor es el de protagonista hasta la sepultura, es la que da jor renunciar a ella?
la carne de hereje quemada resume un aspec- título a la novela. No fue la espada, sin em- Especial interés tiene en este libro el ele-
to de veras vergonzoso de nuestro pasado». bargo, el único regalo de su majestad: el rey, mento femenino: la ya mencionada Gabachita
En Antonio Enrique es sobre todo su gusto al tornar la cabeza hacia su hermanastro, sin — ¡cuánto debió sufrir al lado de un rey feo,
por el barroco, contemplado en los días fina- quererlo ni saberlo, también le regaló un pio- imbécil e impotente!—, la hija de don Carlos
les de su ocaso, lo que le ha metido de pies y jo que pasó de una cabellera a la otra, pues Fernando, madre Paciencia y otras mujeres
cabeza en el tema. Este gusto por el barroco don Carlos II, además de la incontinencia de del pueblo. Una acertada mezcla de persona-
le lleva no sólo a contarnos una historia de orina, las mandíbulas descolgadas, las llagas jes reales y de ficción le da al libro ese incon-
aquella época —¿cierta?, ¿novelada?; nos basta en el cielo de la boca y la impotencia sexual, fundible aire de obra de investigación y crea-
con que sea verosímil—, sino que además lo también padecía una incontrolada piojera que ción al que toda novela histórica debe aspi-
hace con un lenguaje exquisitamente ningún remedio de la época lograba atajar. rar.
8 EL FARO
Junio 2009
Cultura / Narrativa
EL ESCRITOR
ANTONIO FERRES,
FOTOGRAFÍAS DE
CONSUELO DE
ARCO
Antonio Ferres,
el realismo translúcido
Llega al Café Gijón con su som- vo en Estados Unidos y conoció a En los cuentos de El caballo y el hom-
brero, su bufanda, sus camisas alegres. Carlos Castaneda, a Allan Wats. Sus bre asistimos a los ritmos cósmicos, a
Tiene 86 años pero el dinamismo de obras han sido publicadas en muchos los pasmos de la sociedad y la vida.
un joven. Acude a una tertulia que lle- países, por Gallimard en Francia, por Un caballo y un hombre se sienten el
va setenta años celebrándose, la lidera Feltrinelli en Italia. Ahora la editorial pulso en mitad de un desierto y se
el profesor Juan Cano Ballesta. Cuen- Gadir está relanzando sus libros y al- acompañan. Una loca a la que han
ta infinidad de anécdotas palpitantes, canza gran proyección en España. internado en Tejas se extravía en su
ANTONIO que darían lugar a cien novelas, sobre Caminando por las Hurdes, ilustrado con pasado obsesionada con un colibrí.
COSTA generales maniáticos en México, so- fotos de Buñuel, nos fascina con su re- Una mujer busca entre las multitudes
GÓMEZ bre un muchacho que ingresa en la corrido a partir de La Alberca, en de las estaciones los ojos enigmáticos
División Azul para salvar a su padre Salamanca. Tiene un estilo ágil y certe- de su amante que se ha ido. Son los
de la muerte, sobre un fugado de un ro, lleno de garra, con pinceladas pode- distintos tipos de desconciertos en una
manicomio que le pide que escriba su rosas, con puntería en las imágenes y la pluma que combina la impresión y la
vida y usa su teléfono para insultar a adjetivación. Nos presenta tipos varia- expresión, la extrañeza y la lucha. A
su mujer. Los sábados lo vemos en El dos, situaciones intensas, rebosa de vida veces parece un Albert Camus que
rincón del café, llega detrás del cristal y de dramatismo. El realismo parece alu- busca la dignidad de los hombres.
con una actitud de bailarín, una ele- cinante. No hay nada de predicación Otras veces un van Gogh que usa las
gancia innata, una vitalidad irresisti- ideológica, sino mucho de sensibilidad, palabras como temblores.
ble. Y produce melancolía toda la vida de observación, de acercamiento a la Lo vemos el sábado en El rincón
que ha pasado por sus retinas. vida. Toda la riqueza humana, incluso del café y nos cuenta anécdotas de
En los años 50 publicó una novela en sus aspectos más insólitos, nos sale los escritores sociales, de la casa de
clave del realismo social, La piqueta, al encuentro. Los vencidos estuvo prohi- Chejov en Crimea o de luchadores in-
sobre el derribo de una chabola en un bida durante cuarenta años. En ella nos verosímiles, mientras su amigo Javier
barrio de Madrid. Ahora se va a ree- encontramos las ilusiones y los fraca- del Amo piensa en Gandhi y en el
ditar con motivo del 50 aniversario. sos de los republicanos vencidos, de un jainismo. Y luego se marcha con su
Tiene un tono revolucionario ardien- modo emocionante. Pero aparece el la- paso precario por entre la jungla de
te que no excluye el comprender las tido de las vidas, la verdad de unos per- consumo de El Corte Inglés. Su editor
complejidades de la vida. Pero sus sonajes, lo revelador de unas pincela- le ha regalado un perfume y está con-
obras van mucho más allá de una co- das. Con un estilo seguro y audaz sinte- tento como un muchacho. Y también
rriente y de un esquematismo, y su tiza existencias enteras en una frase, en queda su perfume de una persona ín-
realismo es translúcido. También ha una imagen. Nada de detallismo simple, tegra que gana el afecto de jóvenes
probado dimensiones míticas y visio- de sermones, sí una audacia de trazo pas- amigas, que caza la vida con las me-
narias, acercamientos múltiples a la li- mosa, una síntesis poética. Y toda la trage- táforas, que se aleja lleno de evoca-
teratura y la vida. En los años 60 estu- dia se resume en el gesto de un niño. ciones.