TEXTO 1
¿Por qué los colombianos leen tan poco?
Por Joaquín Robles Zabala
Las razones por las cuales en Colombia no existe el hábito por la lectura, como sí se viene dando
en países de la región como Brasil, Argentina y, en menor proporción pero con tendencias a la
alza, como Chile y Ecuador, son múltiples y variadas. Algunos estudiosos del tema le atribuyen
el fenómeno al elevado costo de los libros, que en los últimos años se ha disparado
ostensiblemente y el salario del colombiano promedio no alcanza siquiera para satisfacer las
necesidades que representa la canasta básica familiar.
Para algunos profesores de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, el principal problema que
enfrentan los estudiantes que ingresan a las aulas universitarias es la carencia de las
competencias lingüísticas necesarias para comprender un texto académico y reproducirlo, tanto
en su aspecto oral como escritural. Para otros, las razones de por qué esto se presenta radican
en la baja formación y la poca importancia que se le da al problema en la secundaria, pues los
docentes en general terminan dándole más importancia a lo que se dice y no al cómo se dice.
Particularmente, creo que el problema que presenta la educación colombiana en este aspecto
es mucho más complejo y profundo de lo que a simple vista parece. No olvidemos que Colombia
es un país con una extensa tradición oral, que a lo largo de estos dos últimos siglos fue la base
de nuestro aprendizaje, que nuestra cultura no tiene sus puntales en la letra impresa sino en la
palabra articulada, y que sólo hasta ahora empezamos a salir de ese letargo de analfabetismo
que nos ha tenido amarrados a la tradición de nuestros ancestros. De ahí quizá la afirmación de
Jorge Orlando Melo en su artículo publicado en la revista El Malpensante donde afirma que “el
90 % de los colombianos siguen siendo funcionalmente analfabetas”.
Texto adaptado de: [Link]
TEXTO 2
TEXTO 3
La medicina popular colombiana conserva una amplia serie de conocimientos empíricos sobre
gran diversidad de recursos botánicos, que han sido esenciales para el cuidado de la salud. Pero,
con la oficialización de la medicina a finales del siglo XIX, la creación de las primeras escuelas de
medicina y de farmacia y la creación de una legislación que buscaba regular estas disciplinas,
muchos de estos conocimientos fueron rechazados al igual que sus prácticas médicas.
Paradójicamente, mientras la medicina oficial negaba los conocimientos populares, se servía de
ellos para desarrollar muchos de los avances farmacéuticos de los que se vale la medicina oficial
para sus tratamientos. Por otro lado, según la Organización Mundial de la Salud, la atención
primaria en salud por parte de la medicina oficial cubre apenas a un 20 % de la población en los
países en vías de desarrollo, mientras que el 80 % tiene que recurrir a otras prácticas médicas
populares y lo hace en gran parte por la poca garantía de acceso y de aseguramiento de la
población pobre. Lo anterior sigue generando inconformidad en quienes practican la medicina
oficial pues consideran que la medicina popular no representa un conocimiento válido porque
no se fundamenta en pruebas científicas y no está regulada. Sin embargo, ambas medicinas
pueden llegar a ser complementarias si se estudian de manera juiciosa y se determinan cuáles
de las prácticas y de los recursos botánicos usados por la medicina popular son perjudiciales y
cuáles brindan alternativas de salud a las poblaciones necesitadas. De esta manera, también se
promueve la inclusión, el reconocimiento y el respeto por la diversidad cultural y por los
conocimientos populares.
Tomado y adaptado de: Prieto Gaona, Oriana. (2011). Proyecto de investigación sobre medicina popular.
TEXTO 4
Tomado de: [Link]
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