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Recordemos los valiosos puntos que Jonathan nos enseñó la

semana pasada acerca de la Biblia:


1. La Biblia nos da sabiduría para las decisiones de cada día.
2. Leerla y vivirla requiere esfuerzo y valentía.
3. La Biblia me ayudará a estar firme en tiempos difíciles.
4. Tienes la ayuda que necesitas: El Espíritu Santo.

Aparte del gran regalo de la Biblia que recibimos de parte de Dios,


este acceso del cual vamos a hablar hoy es otro gran regalo que
recibimos a través de Jesús.

La palabra acceso denota la acción de llegar a un lugar. También


se usa para referirse a un lugar de entrada, por donde se llega a un
sitio.

Hay un acceso del cual nos habla la Biblia, el acceso más


importante que tú y yo hemos recibido como regalo, una entrada
libre; vamos a leer en Hebreos 10:19-22 NVI:
19 Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena
libertad para entrar en el Lugar Santísimo, 20 por el camino nuevo y vivo
que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo;
21 y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. 22
Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad
que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y
exteriormente lavados con agua pura.

Jesús, a través del sacrificio en la cruz, nos dio acceso libre a la


presencia de nuestro Padre.

Entonces, no sólo Dios nos dejó Su Palabra escrita, para conocerlo,


para guiarnos; sino que también a través de Su Hijo Jesús nos dio
otro gran regalo, el acceso directo a Su Presencia.
Lo que más anhela Dios es relacionarse con nosotros de una
manera directa y personal. A través de Jesús, Dios nos mostró la
relación que quiere tener con cada uno de nosotros, de Padre a
Hijo. Leamos Gálatas 4:4-7 NVI
4 Pero, cuando se cumplió el plazo,[b] Dios envió a su Hijo, nacido de una
mujer, nacido bajo la ley, 5 para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin
de que fuéramos adoptados como hijos. 6 Ustedes ya son hijos. Dios ha
enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba!
¡Padre!» 7 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y, como eres hijo, Dios te ha
hecho también heredero.

Hoy vamos a estudiar una de las más necesarias herramientas que


podemos usar en este libre acceso que tenemos a la presencia de
Dios y ésta es: LA ORACIÓN

Orar es hablar con Dios, responder a una conversación que Él


inició en el momento en que abrió ese acceso nuevamente.
La oración es una respuesta a una iniciativa de Dios.
De hecho todo en nuestra relación con Dios se trata de una
respuesta de parte de nosotros a la iniciativa de Él.

Hebreos 1:1-2 NVI


Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros
antepasados en otras épocas por medio de los profetas, 2 en estos días
finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de
todo, y por medio de él hizo el universo.

Dios inició la conversación.


Podemos acercarnos con confianza porque Él se acercó primero al
enviar a su hijo a morir por nosotros. No tendríamos ninguna
oportunidad si no fuera por la obra de Cristo.
Hoy estudiaremos 5 puntos importantes acerca de la oración:

1. La oración es un privilegio:
La oración es una de las actividades que distingue a los seres
humanos de las criaturas. Sólo el hombre puede orar a Su
creador y Redentor; los animales y las plantas no pueden
orar. La oración es la actividad humana de más alto rango.

“La oración es amistad con Dios” James M. Houston.

2. Dios escucha nuestras oraciones:


Veamos lo que dice 1 Juan 5:14-15 NVI
14 Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si
pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. 15 Y, si sabemos que
Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya
tenemos lo que le hemos pedido.

Cuán importante resaltar lo importante que es conforme a


Su voluntad; porque muchas veces sentimos que Dios no nos
ha escuchado porque no nos ha respondido pero realmente
se trata a que no estamos orando según Su voluntad y en el
siguiente punto daremos la solución a esto.

También en Apocalipsis 8:1-5 se nos muestra una escena en


el cielo muy especial, un silencio de media hora en el
momento que son presentadas nuestras oraciones ante Dios:

Cuando el Cordero rompió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo como


por media hora.

2 Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los cuales se
les dieron siete trompetas.
3 Se acercó otro ángel y se puso de pie frente al altar. Tenía un incensario
de oro, y se le entregó mucho incienso para ofrecerlo, junto con las
oraciones de todo el pueblo de Dios, sobre el altar de oro que está delante
del trono. 4 Y, junto con esas oraciones, subió el humo del incienso desde
la mano del ángel hasta la presencia de Dios. 5 Luego el ángel tomó el
incensario y lo llenó con brasas del altar, las cuales arrojó sobre la tierra; y
se produjeron truenos, estruendos,[a] relámpagos y un terremoto.

Es muy claro que Dios nos escucha, hay muchos otros textos
bíblicos que soportan esta verdad. Nuestras oraciones son
importantes para Dios.

“La fe en un Dios que escucha la oración, dará como resultado un


cristiano que ame la oración” Andrew Murray.

3. El Espíritu Santo nos ayuda:


Romanos 8:26-27 NVI

26 Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No


sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros
con gemidos que no pueden expresarse con palabras. 27 Y Dios, que
examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque
el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de
Dios.

No hay mucho más que agregar, el Espíritu Santo es el que


escudriña el corazón del hombre y también conoce el
corazón de Dios por eso nos puede guiar a orar conforme a la
voluntad del Padre.

4. Jesús nos dio ejemplo de vida de oración y nos enseñó un


modelo para orar:
La dependencia que Jesús tenía del Padre se ve reflejada en
su constante oración. En muchos textos del Evangelio vemos
cómo Jesús prioriza Sus tiempos de oración, se apartaba a
orar, no tomaba decisiones sin orar.
Jesús aún siendo Dios mismo, oraba al Padre y lo hacía con
intensidad y desde muy temprano.
Jesús nos señaló un camino sin atajos: además de un
estudio adecuado de las Escrituras, Jesús nos enseñó que
nuestra tarea debe ser mediante oración intensa con el
Padre.
Para Jesús estar en contacto directo con el Padre no era
una costumbre, era una necesidad absoluta. Oraba muy
temprano, oraba antes de hacer algo, oraba después de
hacerlo, oraba siempre.

En Mateo 6 vemos la enseñanza de Jesús sobre cómo orar:


Mateo 6:5-13 RVR
5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos
aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las
calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya
tienen su recompensa.
Sinceridad. Transparencia, Honestidad.
6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la
puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve
en lo secreto te recompensará en público.
El principio del lugar secreto. No tratar de ser lo que no
somos en casa.
7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles,
que piensan que por su palabrería serán oídos.
En este contexto habla de los inconversos, no tienen
acceso hasta que Cristo los encuentre.
También habla de repetir lo que los demás dicen, sin
entender de qué se trata.
8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro
Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que
vosotros le pidáis.
No necesitas impresionar a Dios, no se trata de eso.
9 Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro que estás en los
cielos, santificado sea tu nombre.
Es importante resaltar que Jesús no les estaba diciendo
las palabras que debían decir o las cosas que debían
repetir. Estaba enseñándoles la esencia de la oración.
Y Comienza con identidad y reconocimiento.
10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así
también en la tierra.
Oramos para que Dios nos revele Su voluntad para
nosotros ajustarnos a eso y no para que Dios bendiga lo
que nosotros queremos hacer.
11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Provisión por la cual debemos orar y no preocuparnos.
12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores.
Aquí es donde la cosa no nos gusta tanto, muchas veces
no oramos porque sabemos que no estamos haciendo lo
que debemos hacer. Queremos el perdón de Dios pero no
estamos dispuestos a menguar, a poner la otra mejilla, a
parecer tontos delante de otras personas.
13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque
tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos.
Amén.
Pedir porque Dios nos guarde de la tentación. Termina
con declaraciones de adoración.

Recordando lo que Jesús aquí mismo enseñó acerca de no


hacer vanas repeticiones, podemos entender que el Padre
Nuestro es un modelo de oración, y quiero compartir, con
base a lo que leímos un pequeños esquema que puede
ayudarte en tus tiempos de oración, como los ingredientes
de una receta:

Adoración: Reconocer quién es Dios.


Cambio de mentalidad: Ajustar nuestra voluntad a la Suya,
pedir que nos revele Su voluntad para ajustarnos a ella.
Petición: pedir por nuestras necesidades.
Confesión: confesamos nuestros pecados y creemos que Él
nos limpia y perdona.
Súplica: La diferencia entre pedir y suplicar es que cuando
pedimos lo hacemos desde nuestro entendimiento, según lo
que vemos y creemos que necesitamos. Al suplicar, pedimos,
con justicia o por gracia, lo que depende de la voluntad ajena.
Alabanza y adoración: Dar gracias por lo que Él hace y
reconocer nuevamente quién es Él.

5. Orar en el nombre de Jesús:


Juan 16:23-24 NVI

23 En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que


mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. 24 Hasta ahora no
han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea
completa.

Orar en el nombre de Jesús significa orar con la autoridad de


ese nombre, como cuando usamos la expresión “en el
nombre de la ley”, para hacer valer la autoridad de la ley. No
obstante, usar el nombre de Jesús al final de nuestras
oraciones debe ser más que una simple posdata, más que un
membrete con que refrendar una solicitud.
Para orar con eficacia en el nombre de Cristo, debemos estar
“en Él”, en unión con Su vida y Su muerte. En sus cartas,
Pablo usa expresiones como “en Cristo”, “junto con Cristo” o
“juntamente con Él”; para enfatizar la unión del creyente con
el Señor y con Su autoridad y poder.

Las oraciones son completamente ineficaces si no son “en el


nombre de Jesús”. Sin la intercesión de Cristo, ninguna
oración llega ante Dios. Jesús nos mandó a orar en Su
nombre y con Su autoridad, pero no como si se tratara de un
conjuro mágico, sino para que nuestro espíritu y nuestro
pensamiento estén en la debida condición: en sumisión a
Jesús y en Él.

Recordemos los 5 puntos que estudiamos:


1. La oración es un privilegio.
2. Dios escucha nuestras oraciones.
3. El Espíritu Santo nos ayuda.
4. Jesús nos dio ejemplo de vida de oración y nos enseñó un
modelo para orar.
5. Orar en el nombre de Jesús.

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