Devocional #1 - La sabiduría de Dios
El libro de proverbios sabemos que está lleno de la sabiduría que Dios le dio a
Salomón. Siempre me ha gustado cómo el Rey Salomón empieza este libro, dando el
“para qué”, el propósito de los proverbios que escribiría.
Leamos Proverbios 1:1-6 RVC
“Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel. Para entender sabiduría y
doctrina, y conocer razones prudentes. Para recibir prudentes consejos, y justicia,
juicio y equidad. Para dar sagacidad a los incautos, e inteligencia y cordura a los
jóvenes. Que lo oiga el sabio, y aumente su saber, y que el entendido reciba consejo
para entender proverbios y enigmas, y palabras sabias y profundas.”
Sólo con leer estos versos tenemos la mejor motivación para leer constantemente
los proverbios. ¡Qué grandes beneficios aportan a nuestras vidas! Ciertamente un
libro lleno de la sabiduría de Dios, aquella sabiduría que Salomón le pidió.
Quiero que recordemos el significado de sabiduría, según el diccionario se relaciona
con 2 aspectos:
1. Con tener conocimiento: Conjunto de conocimientos amplios y profundos
que se adquieren mediante el estudio o la experiencia.
2. Con tenerla como un valor o principio: Facultad de las personas para actuar
con sensatez, prudencia o acierto.
Y la Biblia, no sólo en los proverbios, nos habla ampliamente de la sabiduría, de
aquella que viene de Dios, que es muy diferente a la que el mundo puede conocer o
manejar. Recordemos que no se trata de ser sabios en nuestra propia opinión sino
en Dios.
Veamos algunos textos que nos hablan de la sabiduría verdadera, la que viene de
Dios:
Salmos 111:10 “El principio de la sabiduría es el temor al Señor. Quienes practican
esto adquieren entendimiento y alaban al Señor toda su vida.”
Proverbios 1:7 “El principio de la sabiduría es el temor al Señor; Los necios
desprecian la sabiduría y la enseñanza.”
#1. El temor de Dios es lo que principalmente nos lleva a tener sabiduría.
Recordemos que en cuanto a temor no estamos hablando de miedo, sino de honra,
de reverencia. Es reconocer quién es Dios y vivir humillados ante Su grandeza.
Recordar esto y vivirlo es lo primero que nos encamina a ser sabios, porque no nos
enfocamos en nosotros mismos sino en Él.
2 Timoteo 3:15 “tú desde la niñez has conocido las Sagradas Escrituras, las cuales te
pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.”
#2 Las escrituras, la Palabra de Dios, es la fuente de la sabiduría: Recordemos que
toda la Biblia fue inspirada por Dios, es Su verdad, y meditar en ella, ponerla en
práctica nos hace verdaderamente sabios.
Santiago 3:17 “Pero la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura, y además
pacífica, amable, benigna, llena de compasión y de buenos frutos, ecuánime y
genuina.”
#3 La sabiduría que viene de Dios está llena de frutos espirituales: Creo que este
texto y todo Santiago 3 desde el versículo 13, nos dan la manera práctica de
diferenciar cuándo estamos actuando bajo nuestra propia sabiduría y cuándo con la
sabiduría de Dios. Los frutos son los que hablan por sí solos y revelan la sabiduría.
Hay muchas cosas más que podríamos leer y estudiar acerca de la sabiduría pero
hoy quiero dejarte con esos 3 puntos. Si quieres leer sobre las ventajas de la
sabiduría que viene de Dios te invito a leer Proverbios 4. Que el Espíritu Santo siga
revelando verdad a tu vida.
Devocional #2 - ¿Cuál es la clave?
Muchas personas me han hecho esta pregunta y hasta yo misma me la he
preguntado más de una vez, ¿cuál es la clave para vivir una vida abundante aquí,
ahora? ¿Cuál es la clave para disfrutar de todas las promesas y beneficios que vemos
escritos en la Biblia para los hijos de Dios?
En estos días leyendo la siguiente porción del Salmo 119 pude entender, que no se
trata de una fórmula mágica, sino de simples pasos que Dios nos manda hacer para
conseguir experimentar y vivir esa vida abundante. El salmista no sólo lo entendió y
lo escribió, sino que lo vivió, nos habla desde su experiencia.
Leamos el Salmo 119: 97-104 RVC
¡Cuánto amo yo tus enseñanzas! ¡Todo el día medito en ellas! Me has hecho más
sabio que a mis perseguidores, porque tus enseñanzas están siempre conmigo.
Entiendo más que mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.
Comprendo mejor que los ancianos, porque obedezco tus mandamientos; Me he
apartado de todo mal camino, para obedecer tu palabra. No me he apartado de
tus juicios porque eres tú quien me dirige. ¡Cuán dulces son tus palabras en mi
boca! ¡Son más dulces que la miel en mis labios! Tus mandamientos me han dado
inteligencia; por eso odio toda senda de mentira.
¡Qué gran testimonio nos da el salmista! Veamos cada punto de lo que él hacía y
luego vemos la promesa o recompensa que recibía y podía experimentar en su vida.
¿Qué hacía?
- Amar las enseñanzas de Dios.
- Meditar en ellas todo el día.
- Tener las enseñanzas siempre con él.
- Obedecía los mandamientos, la palabra de Dios.
- Se apartaba de todo mal camino para obedecer la palabra. (Intencional)
- Despreciaba toda senda de mentira (pecado)
¿Qué recibió de recompensa?
- Dios le hizo más sabio que sus perseguidores.
- Entendía más que sus maestros.
- Comprendía mejor que los ancianos.
- Recibía la dirección de Dios.
- Recibió inteligencia.
Las cosas que el salmista pudo experimentar en su vida no fueron sencillamente
suerte, o que era de alguna forma “favorito” de Dios. La Biblia nos enseña que Dios
no hace acepción de personas, por lo tanto Él no tiene favoritos; cada promesa y
todo lo que dejó escrito en Su palabra está disponible para todos. Entonces la
pregunta es, ¿qué estás haciendo para vivir la vida abundante que Dios quiere que
tengas?
Devocional #3 - ¿Qué tienes para dar?
Hace unas semanas estuvimos hablando acerca de la generosidad, de cómo es parte
de la esencia misma de Dios y por lo tanto está en nosotros también. Pero
hablábamos que no se trata solamente de dar cosas materiales, sino que también se
trata de dar de nuestro tiempo, amor, apoyo, compañía, entre otras cosas más.
Quiero que veamos una historia que da ejemplo perfecto de esto.
Leamos Hechos 3:1-10
“Un día, Pedro y Juan subían juntos al templo. Eran las tres de la tarde, es decir, el
momento de la oración, 2 y vieron allí a un hombre cojo de nacimiento. Todos los
días era puesto a la entrada del templo, en la puerta llamada «la Hermosa», para
pedirles limosna a los que entraban en el templo. 3 Cuando el cojo vio que Pedro y
Juan estaban por entrar, les rogó que le dieran limosna. 4 Entonces Pedro, que
estaba con Juan, fijó la mirada en el cojo y le dijo: «¡Míranos!» 5 El cojo se les quedó
mirando, porque esperaba que ellos le dieran algo, pero Pedro le dijo: «No tengo
oro ni plata, pero de lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret,
¡levántate y anda!» 7 Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó, ¡y al momento se
le afirmaron los pies y los tobillos! 8 El cojo se puso en pie de un salto, y se echó a
andar; luego entró con ellos en el templo, mientras saltaba y alababa a Dios. 9 Todo
el pueblo lo vio andar y alabar a Dios, 10 y lo reconocían como el cojo que se sentaba
a pedir limosna a la entrada del templo, en la puerta «la Hermosa», y se quedaban
admirados y asombrados por lo que le había sucedido al cojo.”
¡Qué poderoso este testimonio! ¡Qué palabras tan impresionantes le dijo Pedro a
este hombre! “De lo que tengo te doy”
Y hoy quiero que pensemos en esto, ¿qué tienes para dar? ¿Me creerías si te digo
que lo mismo que tenía Pedro en ese momento lo tienes tú hoy?
Recordemos lo que Jesús le había dicho a sus discípulos en Hechos 1:8 “Pero cuando
venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en
Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
¿Qué tenía Pedro? El poder del Espíritu Santo. Ese poder que Jesús les dijo que iba a
servirles para poder ser testigos de Él en todo el mundo. Justo después de este gran
milagro, que la gente quedó maravillada y asombrada, Pedro empezó a predicar de
Cristo, lo vemos en los versículos 11 al 26, empezó a ser testigo, a testificar de lo que él
había visto y aprendido de Jesús y mira qué hermoso lo que dice en el verso 16:
“ y por la fe en su nombre, a este hombre que ustedes ven y conocen, Dios lo ha
restablecido; por la fe en Jesús, Dios lo ha sanado completamente en presencia de
ustedes.”
¿Qué fue lo que sanó a este cojo? ¿La fe del cojo? ¡No! La fe que Pedro tenía en el
nombre de Jesús. Él entendió lo que Jesús una vez les había dicho en Juan 14:12-13
“»De cierto, de cierto les digo: El que cree en mí, hará también las obras que yo
hago; y aún mayores obras hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidan al
Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”
El mismo poder que levantó a Jesús de los muertos está en nosotros por el Espíritu
Santo que recibimos al creer en Él, y ese poder es lo que nos permite ser testigos de
Él, no sólo de palabra sino con hechos, con acciones. ¿Pero cuál es la chispa que
enciende este poder? NUESTRA FE.
¿Qué tenía Pedro? Al Espíritu Santo y fe en el nombre de Jesús. Eso fue lo que le dio
al cojo aquel día, ¿qué tienes tú para dar hoy?
Devocional #4 - Un Dios inusual (#142 pág. 200)
La palabra inusual de por sí, en lo que a mí respecta, es una característica muy
evidente de nuestro Dios. Él siempre actúa de la manera en la que nosotros menos
pensamos, en esa forma que ni esperábamos, ni se nos había ocurrido que algo
podría suceder de esa manera. Definitivamente Dios es inusual, es sobrenatural.
La Biblia dice que “nuestros pensamientos no son sus pensamientos ni nuestros
caminos los suyos”, las formas en las que Dios actúa son inusuales para nosotros
porque realmente Sus pensamientos y caminos son diferentes a los nuestros.
El espacio en esta reflexión no me lo permite, pero si revisas cada cosa que Dios hizo
en la Biblia, fueron cosas extraordinarias e inusuales, algo nunca antes visto; abrir el
mar, detener el sol, colocar a un hombre dentro de un gran pez, enviar fuego del
cielo, de verdad son muchas cosas las que Dios hizo de manera asombrosa.
Pero esto no se quedó en el pasado, nuestro Dios sigue siendo el mismo ayer, hoy y
siempre, no hay cambio ni sombra de variación en Él. Dios aún sigue obrando de
manera inusual alrededor del mundo.
1era Corintios 2:9 NVI. “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna
mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.”
En este tiempo creemos que no es posible que sucedan cosas sobrenaturales, pero
Jesús dijo que si creemos veremos la gloria de Dios.
Existen en este punto 2 problemas para experimentar y vivir en la dimensión inusual
de Dios; la primera es nuestra falta de fe, y la segunda es nuestra seguridad y
comodidad.
Ya por el hecho de no tener fe, dejamos de hacer algunas cosas que son de fe y que
provocan lo sobrenatural de Dios. Lo inusual de Dios en tu vida te potencia para
desafiar lo seguro, te convierte en un atrevido que hace cosas que para otros son
una locura; pero los resultados terminarán siendo el testimonio de la gloria de Dios
manifestada.
Dios desea bendecirte, es una verdad bíblica. Pero desea más de que creas en Él,
que hagas cosas “locas” para el mundo, que son de fe para Dios.
El Dios inusual y sobrenatural que lees en tu Biblia, es el que habita hoy dentro de ti;
capaz de enviar maná en cualquier desierto hoy, hacer llover sobre cualquier sequía
en tu vida, obrar con mano poderosa sobre ti, sólo CREE.