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Promesas de Dios: Fe y Confianza

Las promesas de Dios son esenciales para la vida del cristiano. Solo los creyentes pueden acogerse a ellas, siempre que vivan en obediencia a Dios y su voluntad. Para apropiarnos de las promesas, debemos asegurarnos de que concuerden con la necesidad que enfrentamos, el contexto bíblico, y la voluntad de Dios para nuestra vida, confirmada por el Espíritu Santo.

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Promesas de Dios: Fe y Confianza

Las promesas de Dios son esenciales para la vida del cristiano. Solo los creyentes pueden acogerse a ellas, siempre que vivan en obediencia a Dios y su voluntad. Para apropiarnos de las promesas, debemos asegurarnos de que concuerden con la necesidad que enfrentamos, el contexto bíblico, y la voluntad de Dios para nuestra vida, confirmada por el Espíritu Santo.

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ASAJE CLAVE: hebreos 10:34-36

INTRODUCCIÓN

Las promesas del Señor son una expresión de su amor y de lo mucho que nos cuida.
Es por medio de ellas que cumple con el plan que ha trazado para nuestra vida y con el propósito que tiene
para su reino. Sus promesas incondicionales nunca cambian, y no hay nada que podamos hacer para impedir
que se cumplan.

Sin embargo, el cumplimiento de las promesas condicionales depende de la respuesta que demos, de acuerdo
a nuestra fe en Cristo. Las promesas de Dios deben ser una parte vital de nuestra vida, pues todo nuestro
sistema de creencias está basado en ellas.

Las promesas de Dios son el fundamento de nuestra vida diaria. Pero a pesar de que nos ha dado acceso a este
maravilloso recurso, hay muchos que nunca reconocen que la respuesta a nuestras necesidades se encuentra
en la Palabra de Dios. Razón por la cual debemos acogernos a las promesas de Dios diariamente, y no
considerarlas simples palabras que hallamos en la Biblia.

DESARROLLO DEL SERMÓN


Las promesas de Dios son esenciales para la vida del cristiano.
Para que podamos comprender cómo podemos apropiarnos de ellas, primero debemos responder algunas
preguntas vitales ¿Podemos aplicar todas las promesas de la Biblia a nuestra vida? No, pues en ocasiones
están dirigidas a personas específicas que vivieron en otros tiempos y enfrentaron situaciones diferentes.
Por ejemplo, la promesa de darles un hijo a Abraham y Sara, a pesar de su avanzada edad, no se aplica a
nosotros. Pero muchas de esas promesas nos enseñan cómo el Señor provee para nuestras necesidades y cómo
obra en nuestro diario vivir.

¿Quién puede acogerse a las promesas de Dios? Las promesas del Señor solo son para los creyentes en Cristo,
con excepción de una de ellas. Todo ser humano puede clamar para sí la promesa de salvación si está
dispuesto a reconocer a Jesucristo como su Salvador personal (Romanos 10.9). No es hasta que da ese paso de
fe, que recibe la seguridad de que Dios contestará sus oraciones. Pero si pecamos, a pesar de que ya hemos
venido a ser hijos de Dios, perdemos el derecho de acogernos a sus otras promesas (Isaías 59.2).
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Nuestro Padre celestial no premiará nuestra desobediencia haciendo realidad sus promesas en nuestra vida.
Pero si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados, podemos regresar a vivir en comunión con Él (1
Juan 1:9). Otro requisito esencial para poder acogernos de sus promesas es la confianza (Santiago 1:5-6).
Debemos confiar en que hará lo que nos ha prometido.
¿Por qué Dios nos ha hecho promesas? En primer lugar, porque nos ama de manera incondicional y desea
guiarnos, proveernos y protegernos en todo momento. En segundo lugar, porque se revela a Sí mismo al
demostrar su sabiduría, poder y gracia.

No hay nada que podamos hacer para merecer sus promesas, así que solo debemos confiar y esperar a que las
haga realidad.  ¿Cómo podemos estar convencidos de que Dios cumplirá sus promesas? Su carácter y
naturaleza son nuestras garantías.
Por ser perfecto, inmutable y fiel, siempre cumplirá su Palabra. Nada es imposible para el Señor. Siempre
tiene la mejor solución, y no hay duda de que responde nuestras peticiones. Podemos confiar en cada una de
las promesas que hallamos en la Biblia. Y si usamos su Palabra para guiar nuestra vida, nos mostrará la
manera en la que debemos vivir.

¿Cuándo podemos acogernos a sus promesas?


Aunque todas las promesas de Dios son para nosotros, es esencial que tengamos claro en qué momento
podemos acogernos a ellas. Podemos hacerlo cuando:
1. La promesa concuerda con la necesidad que afrontamos. Por ejemplo, si hemos orado para que Dios
nos guíe en algo en específico, podemos descansar en la promesa que nos hace de mostrarnos el camino
que debemos seguir, pues esa promesa se relaciona con lo que vivimos (Salmos 32.8).
2. La promesa concuerda con el contexto de la Biblia.
Nadie debe tomar una promesa de la Biblia y tratar de aplicarla fuera de contexto. Por ejemplo, en 1 Juan
5.14-15 el Señor promete responder nuestras oraciones, pero con la condición de que pidamos aquello que es
Su voluntad.

De manera que debemos asegurarnos de que así sea si


deseamos que cumpla lo que ha prometido.  Trae honra al
Señor.
No podemos esperar que el Señor satisfaga nuestros deseos egoístas, pues estos no glorifican su nombre. Pero
si tenemos necesidades genuinas y clamamos el cumplimiento de su promesa de provisión, nuestro Padre
celestial concederá nuestras peticiones, y se glorificará por medio de ellas.

Va de acuerdo con su voluntad para nuestra vida. Podemos acogernos a aquellas promesas que van de
acuerdo con lo que ha determinado para nuestra vida. Lo que sucede es que en ocasiones su tiempo y sus
métodos no llenan nuestras expectativas. Cuando eso sucede, debemos recordar que Él siempre desea lo mejor
para nosotros. Si no estamos seguros de cuál es su voluntad, sencillamente podemos pedirle que nos muestre
lo que desea que
Sepamos (Mateo 7:7).  Consuela y anima a otros. Si le pedimos al Señor que sostenga a otros, podemos
esperar que cumpla su promesa. Es al ver el cumplimiento de esas promesas, que otras personas descubren
cuán fiel y bueno es nuestro Padre celestial.
Andamos en su voluntad. Si escogemos vivir en obediencia, recibimos el derecho y el privilegio de
acogernos a sus promesas. Pero si nos rebelamos y nos dejamos guiar por nuestros deseos carnales, nos
saldremos de la voluntad de Dios y no disfrutaremos del cumplimiento de sus promesas. Aunque es Dios
quien cumple lo que ha prometido, también nosotros tenemos cierta responsabilidad en ese proceso. Es por
eso que debemos vivir en obediencia al Señor, para que el pecado no dañe nuestra
Comunión.  El Espíritu de Dios lo confirma. Una de las responsabilidades del Espíritu Santo es mostrar la
Verdad. Si buscamos la voluntad de Dios y creemos que nos guía, su Espíritu nos da la confianza que
necesitamos en el momento indicado. Además de encargarse de alertarnos si vamos por el camino
equivocado.
Nos da paz. Finalmente, sabremos que podemos acogernos a las promesas que el Señor nos ha dado al sentir
paz en nuestro corazón. Eso ocurre cuando sabemos que nuestras peticiones van de acuerdo con la nueva vida
que nos ha dado y con las enseñanzas de su Palabra.
Debemos esperar con paciencia su respuesta, pues siempre nos dará lo mejor para nuestra vida. Solo Él sabe
cuándo debe cumplir sus promesas, pues su juicio es perfecto.

¿Puede nombrar alguna promesa especifica que Dios le haya dado?  ¿Cuándo fue la última vez que se acogió
a alguna promesas del Señor? ¿Qué bendición recibió como consecuencia?  ¿Acaso ha habido alguna ocasión
en la que ha encontrado paz una vez que Dios ha cumplido una promesa en usted y su familia?
SUS PROMESAS SON EN UN SI DE CRISTO

1. Oración inicial
«Gracias Señor, porque por medio de Jesús, tú me has dado
preciosas promesas para que pueda tener confianza y participar de
tus bendiciones, además de la nueva naturaleza que tengo en Cristo
como ciudadano del cielo. Te doy gracias por el derecho que me
otorgaste de ser tu hijo por la fe en Jesús y del deber que ahora
tengo de dar testimonio de tu gran amor. Amen»

2. Lee la palabra de Dios


”porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por
medio de nosotros, para la gloria de Dios.” 2 Corintios 1:20

3. Reflexiona
Las promesas de Dios son la garantía de su gran amor. Esto lo
vemos en Jesús, cuando prometió a sus discípulos que no estarían
solos, que enviaría otro consolador para que estuviera con ellos
para siempre (Juan 14:16, Juan 15:26); el mismo Cristo que estuvo
con ellos, prometió que estaría “en” ellos (Juan 14:17) y en todo
aquel que creyera en el mensaje que predicaban sus apóstoles.
Esto lo confirma la escritura, cuando dice: “En él también vosotros,
habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra
salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu
Santo de la promesa,” (Efesios 1:13)
Ahora nosotros, los creyentes en Cristo, somos la evidencia del
cumplimiento de la promesa más maravillosa y trascendental del
Espíritu Santo viviendo en nosotros, porque es la promesa de
nuestra salvación.
Ahora, el Señor ha dejado en su Palabra más de 3000 promesas,
para que accedemos a ellas, las tomemos para nosotros,
participemos de la naturaleza divina y dependamos sólo de Dios, no
de la corrupción que el mundo nos ofrece (2 Pedro 1:4). Así que, es
momento de ir a ellas, usarlas en cada circunstancia y en toda área
de nuestra vida, dependiendo y esperando en lo que Dios dice, pues
es seguro, verdadero y se cumple, es un sí en Cristo.

12) El desafío para nosotros, cristianos, es vivir en el mundo sin dejar que el mundo viva en nosotros . Y
decidirnos creer en las promesas de Dios. Si buscamos primero el reino de Dios, es decir, la presencia del
Señor en toda circunstancia, podremos vivir felices, sin estar ligados por los valores y las prioridades del
mundo. Así, nuestra vida en este mundo será realmente benéfica para nosotros y para nuestro entorno, y
honrará al Señor.
Conclusión:
Así, nuestra vida en este mundo será realmente benéfica para nosotros y para nuestro entorno, y honrará al
Señor.

Llamado:
Estamos llamados a creer las promesas de Dios. ¿Qué estamos haciendo, para a justar nuestras vidas a las
Promesas de Dios?

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