Stand-Up.
El otro día, unos amigos me invitaron a un evento de “open mic”, ya sabes, esos en donde Godínez
pretenden ser graciosos contando las desventuras de su vida, y otros Godínez pretenden tener un
sentido del humor muy fino y se ríen de las pendejadas que sus colegas cuentan, aunque tengan la
misma gracia de una pinche piedra.
Igual no podrían no reírse, porque pagaron por ello.
Se supone que el Stand Up es la capacidad de volver graciosas las desgracias al relatarlas, ¿no es
así? Entonces, ¿por qué mejor no van a cualquier reunión de Doble A, a escuchar historias de vida
jodidas y reírse, de paso?
Vale, porque ahí no hay bebidas alcohólicas.
Otra cosa interesante es que los shows de Stand Up muchas veces son el preludio que muchas
parejas eligen para acabar la noche como normalmente una pareja lo hace, es decir, cogiendo sin
pinche tregua, aunque creo que, después de pasar un par de horas intentando hallar la chistoso en
los “gags” que cuentan los standuperos, lo más probable es que terminen la noche con ganas de
irse a dormir a la verga, literalmente.
Y es que, es cierto: ¿quién demonios cree que escuchar a un vato gordote, barbón y malencarado
contando cuentos (un saludo a Ángel Briones, El Patán) va a encender la lujuria y la libido a niveles
increíbles? Bueno, se entiende: cualquier cosa es más excitante que la vida en una pinche oficina.
Una vez escuché a un vato intentando hacer chistes sobre negros. En México eso no funciona
porque los afromexicanos son realmente muy pocos, y la mayoría no salen de Oaxaca jamás, así
que simplemente no funciona. No es lo mismo un negro de Detroit que uno de Pinotepa Nacional;
además, se supone que otra de las premisas del Stand Up es que un miembro de una minoría
hable sobre los estereotipos de esa misma minoría, y en México los prietos somos mayoría
absoluta, así que más que estereotipos, habría que hablar de cultura e identidad nacional, y para
eso ya existe la Historia de México y el periodismo en general.
Lo mismo sucede con las demás minorías, aunque en los últimos tiempos, se ha descubierto que el
humor concerniente a la minoría blanca (como raza y clase) mexicana funciona bien dentro de
estos parámetros
Tengo entendido que varios standuperos han alcanzado fama nacional y las plataformas de
streaming les han dedicado programas especiales. Retomando la premisa del inicio que menciona
que el standup es el poder contar desgracias de forma graciosa, ¿podemos decir que el mood de
vivir en permanente estado de desgracia es tendencia nacional? También podría decirse que, en
todo caso, ver las cosas de un modo gracioso es el verdadero mood, no tanto el hecho desastroso
por sí mismo, sino como la perspectiva humorística para afrontar los malos momento, cosa que
creería si esos especiales de hora y media fueran verdaderamente graciosos.
Pero, tomando en cuenta el perfil de las personas que son asiduas consumidoras de este tipo de
contenidos, es posible ver de forma objetiva el éxito de esta forma tropicalizada de comedia, pues,
repito, cualquier cosa que saque de la monotonía de vivir/laborar en una oficina tendrá el
suficiente valor para pagar dinero por él. Podrías presentar un espectáculo conformado por dos
tortugas comiendo fruta picada en cualquier bar pedorro de la colonia Roma y habría localidades
agotadas siempre.
¿Cuál es este perfil del consumidor? Tomando en cuenta el contexto en el que la escena
standupera se desarrolla en este país, es decir, que todas las presentaciones son en lugares fancy
de colonias fancy donde la cerveza cuesta cincuenta pesos y la entrada, doscientos, y cuyos
horarios de presentación son después, siempre, del horario clásico de las oficinas, tenemos
entonces que el consumidor habitual de stand up es el típico oficinista Godínez que no tiene y no
puede tener otra forma de ocio que ver a un sujeto proyectando en un escenario sus miedos y
frustraciones (del Godínez, no del standupero) para no sentirse solo, es decir, cuando el
standupero cuenta un “chiste” sobre la gente que lleva recipientes con comida al trabajo, el
Godínez sabe que no es ÉL el único que lleva recipientes con comida al trabajo, y por lo tanto,
llegará a la conclusión de que no es un tipo raro, sino que, por el contrario, es bastante común, y
reirá aliviado. La clave del humor “de a pie” es hacer entender a las personas que no tienen una
pizca de originalidad, que son sumamente ordinarias.
LaVey escribió, precisamente, que el humor de los clubes de comedia es totalmente carente de
sentido del humor porque el humorista habla siempre sobre temas establecidos con seguridad
para abrirse al ridículo, esto quiere decir que jamás saldrá de los lugares comunes para proponer
algo novedoso, puesto que su audiencia, reforzando mi punto, se compone de gente que tampoco
tiene sentido del humor por pertenecer a un ámbito en el que la individualidad queda supeditada
al sentido gregario. En este sentido, LaVey también escribió que el verdadero sentido del humor es
estimulado por la individualidad, en vez de la conformidad de la multitud. Esto nos da dos
conclusiones concretas:
1.- Las personas que no pertenecen a un entorno de mayorías jamás encontrará la gracia de una
rutina de standup. Toda la gente de verdad creativa nunca podrá reírse de un chiste de standup,
esto incluye, por supuesto, a los propios standuperos, que tienen lo necesario para encontrar
aquello que hace reír (o por lo menos, lo que parece que hace reír) sin que para ellos sea
verdaderamente risible. Será ingenioso, pero no es verdadero humor, y por eso, el standupero
jamás se reirá en medio de su propia rutina.
2.- El auténtico sentido del humor, por provenir de la fuente de la más íntima de las
individualidades, es más propio de aquellas personas que son, de forma implícita o tácita, de
naturaleza solitaria, sin que ello signifique, desde luego, que su forma de entender las cosas no sea
susceptible de ser compartida con otras personas, puesto que se trata de una apreciación más
completa de los hechos, simplemente.
Con toda esta exposición, no quiero dar a entender que soy poseedor de los arcanos del humor
humano, o que no pueda apreciar un “gag” bien construido, sino que me reconozco incapaz de
hacer reír a alguien en el formato “stand up”, toda vez que apelo a lo que ustedes entiendan, más
que a lo que yo comunique.