ACERCATE, MIRA, SIENTE Y ACTÚA
Lucas 10: 25-37. Parábola del buen samaritano.
En esta historia el Señor Jesucristo nos quería dar dos mensajes:
- Lo que el Señor ha hecho por nosotros.
- Lo que el Señor quiere que hagamos por otras personas.
Entonces, miremos esta primera parte, LO QUE EL SEÑOR HA HECHO POR NOSOTROS,
analizando los versículos correspondientes:
Vs.30. Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos
de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Esta es nuestra historia, porque en algún momento de nuestras vidas caímos en manos del
ladrón, Juan 10: 10. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para
que tengan vida y para que la tengan en abundancia.
El enemigo está interesado en destruir nuestras vidas y muchos de nosotros caímos en sus
manos, nos despojó, nos hirió, y nos dejó medio muertos. En realidad, estábamos muertos en
nuestros delitos y pecados, producto de la adicción a las drogas, al alcohol o por situaciones
muy desafortunadas de la vida.
Vs.31. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino y viéndole pasó de largo.
El sacerdote habla de religión. En ese momento de nuestra vida cuando estábamos heridos,
despojados y medio muertos, la religión pasó por nuestra vida, pero no hizo nada por
nosotros. La religión pasó de largo.
Lo que nosotros necesitábamos no era religión, cuando estábamos mal teníamos una religión.
Por ejemplo, hasta los 30 años estaba en una religión, y ésta no hizo absolutamente nada por
mí, no me cambió la vida, no me sanó, no me transformó, ni tampoco me ayudó en el
momento más crítico.
La religión no hizo nada por mí, ni tampoco puede hacer algo por alguien. La religión no
cambia a nadie. La religión es la manera del hombre de acercarse a Dios, pero usted y yo
sabemos que eso no funciona, porque Dios tiene una manera de acercarse al hombre y no es a
través de la religión, ES A TRAVES DE JESUCRISTO. Teníamos una religión, pero seguíamos
heridos en el camino.
Vs.32. Asimismo un levita llegando cerca de aquel lugar y viéndole, pasó de largo.
Muy probable que, en los momentos más difíciles de nuestra vida, muchas personas pasaron
por nuestro lado y nos vieron, nos juzgaron, nos criticaron, pero no hicieron nada por
nosotros. Acá incluye familiares, amigos, vecinos que vieron nuestra vida en el peor momento,
pero no nos ayudaron.
Vs.33. Pero un samaritano que iba de camino, vino cerca de él y viéndole, fue movido a
misericordia.
Este hecho iba en contra de la cultura de ese tiempo, un samaritano hizo algo por un judío. Es
que entre esos pueblos no se dirigían la palabra, los samaritanos eran considerados traidores,
gente mezclada, que permitieron el paganismo y habían contaminado al pueblo de Dios.
Entonces, fue un enemigo del judío, del que menos se esperaba, que se acercó al herido, lo vio
y fue movido a misericordia.
Cuando usted y yo no conocíamos a Dios, ni a su hijo Jesucristo, éramos enemigos de él,
estábamos en pecado y enemistados. Y cuando estábamos en nuestro peor momento: heridos,
despojados y muertos, Jesús se acercó a nosotros y fue movido a misericordia.
Romanos 5: 8. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores,
Cristo murió por nosotros.
Efesios 2: 1-5. Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y
pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo,
conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de
desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los
deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos y éramos
por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia,
por su gran amor con que nos amó, 5 aún estando nosotros muertos en pecados nos dio vida
juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).
Vs.34. Y acercándose, vendó las heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su
cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él.
¿Usted cree que Jesucristo ha sanado nuestras heridas? El aceite y vino son los signos del
Espíritu Santo. Jesucristo en su primera venida, puso su Espíritu en nosotros y empezó a sanar
nuestro yo interior, y nos llevó al Mesón, lugar donde uno descansa, se alimenta, se restaura,
nos limpiamos, para luego continuar nuestro camino.
Jesús al vernos heridos nos trajo al mesón, que es la iglesia. Acá en la iglesia recibimos
alimento, nos limpiamos a través de la palabra de Dios, encontramos en ella un lugar de
refugio y descanso. Y en el mesón cuidamos de las ovejas heridas que Dios Padre tomó del
mundo.
Vs.35. Otro día al partir, sacó dos denarios y los dio al mesonero y le dijo: Cuídamelo; y todo
lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
Jesucristo al partir de este mundo, dijo a sus discípulos (mesoneros): ¡Vayan por todo el
mundo y hagan discípulos en todas las naciones! Prediquen el evangelio, bautícenlos y
enséñenles todas las cosas que yo os he mandado.
Al apóstol Pedro, Jesús le dijo: ¡Cuida mis ovejas! Apaciéntalas.
Jesús encargó sus ovejas a los mesoneros y les dijo ¡yo vuelvo!
El samaritano dio denarios al mesonero para que cuide al herido; Jesús nos dio dones,
talentos, capacidades para usar en provecho de los demás y no para lucirnos y ser estrellas.
Nos dio también sus denarios para poder cuidar a los heridos, El prometió volver por segunda
vez y va a pagar todo lo que sea necesario, Apocalipsis 22: 12. He aquí yo vengo pronto, y mi
galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO, ILUSTRA TODO LO QUE JESÚS HIZO POR NOSOTROS,
NOS ENCONTRÓ, SE ACERCÓ, NOS CURÓ, NOS VENDÓ Y NOS LLEVÓ AL MESÓN. NOS
ENCARGÓ QUE NOS CUIDARAN Y PROMETIÓ REGRESAR POR NOSOTROS.
Vs.36-37. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de
los ladrones? 37 El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: VÉ Y HAZ TÚ
LO MISMO.
Es que Jesús primero nos muestra lo que hizo con nosotros y por nosotros y luego nos dice: Lo
que hice por ustedes, vayan y hagan lo mismo por otros.
Estén seguros de esto, si el Señor hace una buena obra en nosotros, él desea que nosotros
vayamos y hagamos lo mismo por otros, 2 Corintios 1: [Link] Quien nos consuela en todas
nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido,
también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. (Tribulaciones: tristezas,
sufrimientos, dolores).
El primer punto de esta parábola es que, nosotros somos aquel hombre que cayó en manos de
ladrones y Jesús es el samaritano, él que tuvo misericordia.
Desarrollemos la segunda parte de esta parábola, LO QUE EL SEÑOR QUIERE QUE HAGAMOS
POR OTRAS PERSONAS, volvamos a los mismos versículos:
Vs.30. La gente también ha caído en manos del ladrón y a nuestro alrededor hay muchos
sangrando heridas profundas, el enemigo los ha despojado, los ha saqueado, están medio
muertos, muertos realmente. Algunos tienen graves enfermedades, otros en quiebra
financiera, otros están mal emocionalmente y espiritualmente. De hecho, el mundo está
gritando: ¡AYUDENME!
A veces los cristianos estamos tan distraídos y cegados que no reconocemos a esas personas
que nos necesitan. Por medio de sus rebeldías y de sus gritos, hay niños y adolescentes que
nos dicen: ¡AYÚDENME! Pero nosotros no les prestamos atención y pasamos de largo.
Y ni que decir de aquellos vecinos difíciles, que nos hacen la vida imposible y tú quisieras que
desaparezcan, ellos te están diciendo ¡AYUDAME! Y esos viciosos de tu barrio que tú criticas y
yo también critico, que nos dicen, ¡AYUDAME! Y los tatuados y encima tienen un
comportamiento arrogante, que nos dicen, ¡AYUDAME!
Y los homosexuales y las prostitutas, que nos dicen, ¡AYÚDENNOS! Es mucho más fácil para
nosotros criticar, burlarnos, ignorarlos y pasar de largo. Espero que usted y yo entendamos
este mensaje.
Y si un hermano de la iglesia cae en pecado grave, ¿lo rechazamos? Ese hermano es un herido
del enemigo en el camino y nos grita ¡AYUDAME! Y esto también encontramos en nuestros
hogares, hijos heridos, descuidados, que se sienten solos y empiezan a mostrar rebeldía y
entran al mundo de las drogas y el alcohol. Los padres creen que la solución es echarlos a la
calle, y ellos están diciendo ¡AYÚDENME!
Hay esposos que ignoran que sus esposas están moribundas, sin esperanza de nada,
decepcionadas, sin apoyo, descuidadas y el marido dice, el amor se terminó, y busca el
divorcio, pero lo que ella está diciendo es ¡AYUDAME! Y nadie las escucha ni las entiende.
Vs.31. Pasó el sacerdote de largo sin importarle los gritos, el clamor, el llanto del que sufre. No
le interesó la gente. Solo atiende sus propios intereses.
Vs. 32. Un Levita era alguien que estaba en la casa de Dios, allí se desarrollaba su trabajo
ayudando al Sacerdote. Este vio al herido, pero pasó de largo. En este tiempo no debemos
pasar de largo y dejar a los heridos en el camino. Se nos olvidó que una vez estuvimos también
en esa condición: heridos en el camino y alguien nos recogió. Nos volvimos insensibles, nos
hemos endurecido, estamos “muy ocupados”.
Para que uno tenga la actitud de AYUDAR, tiene que hacer un alto en su camino, tiene que
parar; hay actualmente muchos sacerdotes, levitas, hermanos muy, pero muy ocupados (y
todos éstos conocen la palabra) pero pasan de largo sin importarles atender a los heridos del
camino.
Jesús nos enseñó a orar Lucas 11: 1-4. No lo enseñó de una manera egoísta, lo hizo desde un
punto de vista amplio:
Nos enseñó, Padre nuestro y no, Padre mío.
Nos enseñó, el pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y no, dame mi pan.
Nos enseñó, perdona nuestros pecados, y no, perdona mi pecado.
Nos enseñó, no nos metas en tentación, y no, no me metas en tentación.
Vs.33. Alguien contrario a lo que tú eres es el que más necesita de tu ayuda. El samaritano
ayudó a alguien con quien no se hablaba, con el que no compartía nada, no tenían una
convicción en común, de hecho, se odiaban, pero fue y le ayudó. Ahora es cuando el Señor nos
está hablando interiormente a ayudar a muchas personas que hace tiempo hemos pasado de
largo sin importarnos nada.
Debemos aprender a escuchar el dolor de aquellos con quién tú no compartes nada, que te
irrita, que no cree como tú, que es diferente. Bueno, ¿te vas a pasar de largo después de esta
enseñanza o te vas a detener?
EL SAMARITANO SE ACERCÓ, LE VIÓ Y SE MOVIÓ LA MISERICORDIA EN ÉL. Para uno poder
actuar, primero tiene que SENTIR, la razón por la cual no ayudamos a nadie es porque no
sentimos, y ¿por qué sucede eso? Porque, para que uno pueda sentir, tiene que ver primero y
para poder ver tiene que acercarse.
Si usted no se acerca y ve, usted no va a sentir y no va a actuar. Jesucristo se acercó, vino, nos
vio, sintió compasión y actuó (dio su vida). Nosotros no vamos a hacer nada si no nos
acercamos, ¿a dónde? Al dolor, a la enfermedad, a los hogares destruidos, a los borrachos y
drogadictos. Es muy fácil rechazar a los marginados, pero, ¿usted cree que esa enseñanza nos
dejó el maestro Jesús? Él nos enseñó: ACERCATE, MIRA, SIENTE Y ACTUA.
Si tú sabes de alguien que cayó en pecado, puedo acercarme a él compartirle la palabra de
Dios y decirle que en Cristo hay perdón y redención de pecado y ora por él por su restauración
total.
La mejor manera de saber actuar es ponerme en el lugar de la persona pecadora. Yo creo que
el samaritano pensó: SI YO FUERA EL QUE ESTÁ EN PISO DESENGRADO E IMPOTENTE PARA
AYUDARME A MI MISMO, Y OBSERVO QUE LA GENTE PASA, ME JUZGAN, MURMURAN Y
PASAN DE LARGO, ME FALTARIA FUERZA PARA PEDIRLES QUE NO ME DEJEN NI ME
ABANDONEN.
Si yo fuera el que caí, me gustaría que alguien me hiciera una llamada o que me escuchara,
necesito que sepan como estoy sufriendo y mi sentimiento de culpa me está acabando.
Si yo fuera un joven rebelde, cuanto me gustaría que alguien me diera un abrazo y me
escuchara el porqué de mi protesta, esas protestas a veces tienen un solo mensaje:
¡AYUDENME!
VS. 34. El samaritano se acercó a ayudar porque tenía algo con qué ayudar; tenía dinero,
vendas, vino y aceite. Saben, todos tenemos algo con que ayudar, a lo mejor tú no tienes
muchos medios económicos, pero tienes compasión, palabras de ánimo de misericordia, sabes
transmitir amor, tienes una gran sabiduría para aconsejar y persuadir a las personas, tienes fe
y una gran capacidad para enseñar la palabra de Dios a quién lo ignora.
Pero el ser humano siempre tiene o busca excusas para no ayudar a nadie, Hechos 3: 1-10.
Curación de un hombre cojo-primer milagro apostólico.
Dios está muy interesado que traigamos personas al mesón. Pregunto: ¿Cuándo fue la última
vez que invitaste a una persona a la iglesia? Es que ahora ya no pensamos en traer a los
heridos al mesón para que se alimenten, restauren su vida y crean en el hijo de Dios.
Vs.35. El samaritano sacó de su dinero para ayudar al que estaba herido. ¿Qué es lo que le
cuesta más a la gente? DAR DINERO. Dios también toca tu corazón para que invirtamos en la
salvación de otros. Los cristianos recibimos muchas críticas, piensan que pedimos dinero para
nosotros aprovecharnos de él, cada cual con su manera de pensar. Pero gracias a Dios por
aquellos que invierten a fin de que muchas personas conozcan al hijo de Dios.
Lo que usted invierta en la casa de Dios, no es ignorado en el cielo, Mateo 10: 42. Y cualquiera
que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo,
de cierto os digo que no perderá su recompensa.
No olvidemos que un día no muy lejano estaremos frente a frente con el Señor Jesús, Mateo
25:31-40. El regreso del Señor Jesús en su gloria. El Señor Jesús recompensará a aquellos que
no pasaron de largo, se detuvieron a auxiliar a los heridos. El Señor no solo habla a los que se
detuvieron vieron y actuaron, También les habla a los que pasaron de largo, y no atendieron a
los que pasaban hambre, estaban desnudos, enfermos, y en la cárcel, pasaron de largo,
siguieron con lo suyo.
Gálatas 6: 10. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos y mayormente a
los de la familia de la fe.
No debemos pasar las oportunidades; uy, si hubiera dicho, y si hubiera ayudado, hubiera y
hubiera, pero ya no es posible. VE TU Y HAZ LO MISMO.
Pensemos en el moribundo, en ese hombre que quedó en el piso después del asalto,
sangrando, medio muerto (estaba inconsciente). Este hombre nunca estuvo consciente cuando
se acercó el samaritano, ni se dio cuenta que hubo unas manos tiernas, que limpiaban sus
heridas.
Tampoco se dio cuenta cuando le echaron vino y aceite y vendaron sus heridas. Ni tuvo
conciencia cuando lo subieron a un caballo y lo dejaron en el mesón. Tampoco tuvo conciencia
cuando dejaron pagando su cuenta, ni tuvo oportunidad de despedirse, de darle las gracias, ni
siquiera preguntarle su nombre al que lo salvó.
Simplemente se levantó al otro día y se dio cuenta que estaba vivo, que estaba en una buena
cama, que tenía alimento y que alguien se hacía cargo de la cuenta.
Como reaccionaría este hombre al enterarse que el que lo salvó la vida fue un samaritano,
alguien a quien no se hubiera dirigido la palabra, pues éste fue el que limpió sus heridas y lo
salvó. Cómo se sentiría al enterarse del amor y la misericordia que demostró tener este
samaritano. Este dejó pagando la cuenta y prometió regresar. Y el que estaba medio muerto
en una actitud de agradecimiento hubiera dicho: YO QUIERO ESPERARLO. Yo quiero conocerlo,
quiero ver su rostro, quiero abrazarlo, tirarme a sus pies y decirle: ¡GRACIAS! Porque me
salvaste, porque cuando otros pasaron de largo, tú tuviste misericordia de mí.
No sé si usted está comprendiendo esta enseñanza, pero yo estoy hablando de Jesús que le
tomó a usted, que me tomó a mí y nos sanó.
Es que a veces a pesar que no lo sintamos (por estar medio muertos) él ha estado allí con
nosotros en los momentos más difíciles de nuestra vida. Él se fue, pero te dejó en el mesón
(iglesia) y nos ha prometido volver. Por esa razón, nosotros debemos ser agradecidos con Dios
ya que cuando nadie creía en nosotros él se acercó a nosotros y nos dio una nueva
oportunidad de vivir.
Por esa razón, nosotros le adoramos y hablamos a la gente de él, porque no hay otra manera
de serle agradecido. VE TÚ Y HAZ LO MISMO y cuando vayas por tu camino de pronto
encuentras a alguien que cayó en manos del ladrón.
Nuestra oración final podría ser: SEÑOR AYÚDAME A VENCER LAS BARRERAS Y LOS PERJUICIOS
PARA AYUDAR A LOS QUE NECESITAN.
AMEN.