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6. ¿Qué es la paz de Dios? La paz de Dios no es más que esto: el simple entendimiento de que Su
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Voluntad no tiene ningún opuesto. Ningún pensamiento que contradiga Su Voluntad puede ser verdadero.
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El contraste entre Su Voluntad y la tuya tan sólo daba la impresión de ser real. En realidad no había
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conflicto, pues Su Voluntad es la tuya. Ahora la poderosa Voluntad de Dios Mismo es Su regalo para ti.
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Él no desea quedarse con Ella sólo para Sí. ¿Por qué querrías mantener tus insignificantes y frágiles
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alucinaciones ocultas de Él? La Voluntad de Dios es una y es lo único que existe. Ése es tu patrimonio.
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Todo el universo que se encuentra más allá del sol y las estrellas, así como de todos los pensamientos
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que puedas concebir, te pertenece. La paz de Dios es la condición para que se haga Su Voluntad.
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Alcanza Su paz, y le recordarás.
21. ¿QUÉ PAPEL JUEGAN LAS PALABRAS EN EL PROCESO DE CURACIÓN?
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1. Estrictamente hablando, las palabras no juegan ningún papel en el proceso de curación. El factor
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motivante es la oración o petición. Recibes lo que pides. Pero esto se refiere a la oración del corazón, no
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a las palabras que usas al orar. A veces las palabras y la oración se contradicen entre sí; otras veces
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coinciden. Eso no importa. Dios no entiende de palabras, pues fueron hechas por mentes separadas
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para mantenerlas en la ilusión de la separación. Las palabras pueden ser útiles, especialmente para el
principiante, ya que lo ayudan a concentrarse y a facilitar la exclusión, o al menos el control, de los
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pensamientos foráneos. No olvidemos, no obstante, que las palabras no son más que símbolos de
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símbolos. Por lo tanto, están doblemente alejadas de la realidad.
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2. En cuanto que símbolos, las palabras tienen connotaciones muy específicas. Aun en el caso de las que
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parecen ser más abstractas, la imagen que evocan en la mente tiende a ser muy con creta. A menos que
una palabra suscite en la mente una imagen concreta en relación con dicha palabra, ésta tendrá muy poco
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o ningún significado práctico, y, por lo tanto, no supondrá ninguna ayuda en el proceso de curación. La
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oración del corazón no pide realmente cosas concretas. Lo que pide es siempre alguna clase de
experiencia, y las cosas que específicamente pide son las portadoras de la experiencia deseada en
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opinión del peticionario. Las palabras, por consiguiente, son símbolos de las cosas que se piden, pero las
cosas en sí no son sino la representación de las experiencias que se anhelan.
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3. La oración que pide cosas de este mundo dará lugar a expe riencias de este mundo. Si la oración del
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corazón pide eso, eso es lo que se le dará porque eso es lo que recibirá. Es imposible entonces que en la
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percepción del que pide, la oración del corazón no reciba respuesta. Si pide lo imposible, si desea lo que
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no existe o si lo que busca en su corazón son ilusiones, eso es lo que tendrá. El poder de su decisión se
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lo ofrece tal como él lo pide. En esto estriba el Cielo o el infierno. Al Hijo durmiente de Dios sólo le queda
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este poder. Pero es suficiente. Las palabras que emplea son irrelevantes. Sólo la Palabra de Dios tiene
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sentido, ya que simboliza aquello que no corresponde a ningún símbolo humano. Sólo el Espíritu Santo
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comprende lo que esa Palabra representa. Y eso, también, es suficiente.
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4. ¿Debe evitar, entonces, el maestro de Dios el uso de las palabras cuando enseña? ¡Por supuesto que
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no! Son muchos a los que aún es necesario acercarse por medio de las palabras, ya que todavía son
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incapaces de oír en silencio. No obstante, el maestro de Dios debe aprender a utilizar las palabras de otra
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manera. Poco a poco aprenderá a dejar que las palabras le sean inspiradas, a medida que deje de decidir
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por sí mismo lo que tiene que decir. Este proceso no es más que un caso especial de la lección del libro
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de ejercicios que reza: "Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino". El maestro de Dios
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acepta las palabras que se le ofrecen y las expresa tal como las recibe. No controla lo que dice.
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Simplemente escucha, oye y habla.
5. Uno de los mayores obstáculos con los que el maestro de Dios se topa en esta fase de su aprendizaje,
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es su temor con respecto a la validez de lo que oye. Y en efecto, lo que oye puede ser muy sorprendente.
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Puede que también le parezca que no tiene nada que ver con el problema en cuestió n tal como él lo
percibe, y puede incluso poner al maestro en una situación que a él le puede parecer muy embarazosa.
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Todas estas cosas no son más que juicios sin ningún valor. Son sus propios juicios, procedentes de una
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penosa percepción de sí mismo que le convendría abandonar. No juzgues las palabras que te vengan a la
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mente, sino que, por el contrario, ofrécelas lleno de confianza. Son mucho más sabias que las tuyas.
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Detrás de los símbolos que usan los maestros de Dios se encuentra la Palabra de Di os. Y Él Mismo
imbuye las palabras que ellos usan con el poder de Su Espíritu, y las eleva de meros símbolos a la
Llamada del Cielo en sí.
22. ¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE LA CURACIÓN Y LA EXPIACIÓN?
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1. La curación y la Expiación no están relacionadas: son lo mismo. No hay grados de dificultad en los
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milagros porque no hay grados de Expiación. Éste es el único concepto total que es posible en este
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mundo porque es la fuente de una percepción completamente unificada. La idea de una Expiación parcial
no tiene sentido, del mismo modo como es imposible que haya ciertas áreas en el Cielo reservadas para el
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infierno. Acepta la Expiación y te curarás. La Expiación es la Palabra de Dios. Acepta Su Palabra, y ya
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no quedará nada que pueda dar lugar a la enfermedad. Acepta Su Palabra y todo milagro se habrá
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realizado. Perdonar es curar. El maestro de Dios ha decidido que aceptar la Expiación para sí mismo es
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su única función. ¿Qué puede haber, entonces, que él no pueda curar? ¿Qué milagro se le podría
negar?
2. El progreso del maestro de Dios puede ser lento o rápido, dependiendo de si reconoce la naturaleza
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inclusiva de la Expiación, o de si, por un algún tiempo, excluye de ella ciertas áreas problemáticas. En
algunos casos se alcanza una súbita y total conciencia de cuán perfectamente aplicable es la lección de la
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Expiación a todas las situaciones, mas esos casos son relativamente raros. El maestro de Dios puede
haber aceptado la función que Dios le ha encomendado mucho antes de haber comprendido to do lo que
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esa aceptación le aportaría. Sólo el final es seguro. En cualquier momento a lo largo de su camino puede
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alcanzar el entendimiento necesario de lo que significa la total inclusión. Si el camino le parece largo, que
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no se desanime. Ya ha decidido qué rumbo quiere tomar. Eso fue lo único que se le pidió. Y habiendo
cumplido con lo requerido, ¿le negaría Dios lo demás?
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3. Para que el maestro de Dios progrese, necesita comprender que perdonar es curar. La idea de que el
cuerpo puede enfermar es uno de los conceptos fundamentales del sistema de pensamiento del ego.
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Dicho pensamiento le otorga autonomía al cuerpo, lo separa de la mente y mantiene intacta la idea del
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ataque. Si el cuerpo pudiese enfermar, la Expiación sería imposible. Un cuerpo que pudiese ordenarle a
la mente hacer lo que a él le place podría sencillamente ocupar el lugar de Dios y probar que la sal vación
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es imposible. ¿Qué quedaría entonces que necesitase curación? Pues el cuerpo se habría enseñoreado
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de la mente. ¿Cómo podría entonces devolvérsele la mente al Espíritu Santo sin destruir el cuerpo? ¿Y
quién querría la salvación a ese precio?
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4. Ciertamente no parece que la enfermedad sea una decisión. Ni nadie cree realmente que lo que quiere
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es estar enfermo. Tal vez pueda aceptar la idea en teoría, pero rara vez la aplica de manera consistente
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a todas las clases de enfermedad que percibe en sí mismo o en los demás. No es tampoco en este nivel
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donde el maestro de Dios invoca el milagro de la curación. Él mira más allá de la mente y del cuerpo, y ve
únicamente la faz de Cristo resplandeciendo ante él, corrigiendo todos los errores y sanando toda
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percepción. La curación es el resultado del reconocimiento por parte del maestro de Dios de quién es el
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que necesita ser curado. Este reconocimiento es aplicable sólo a algunas cosas. Es verdad con respecto
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a todas las cosas que Dios creó. En dicho reconocimiento se subsanan todas las ilusiones.
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5. Cuando un maestro de Dios no puede curar es porque se ha olvidado de Quién es. De esta forma, la
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enfermedad de otro pasa a ser suya. Al permitir que esto suceda, se identifica con el ego de otro y, por lo
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tanto, confunde a éste con un cuerpo. Al hacer eso, se niega a aceptar la Expiación para sí mismo, y es
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imposible que pueda ofrecérsela a su hermano en el Nombre de Cristo. De hecho, será incapaz de
reconocer a su hermano en absoluto, pues su Padre no creó cuerpos, y, por consiguiente, sólo estará
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viendo en su hermano lo irreal. Un error no puede corregir otro error, y una percepción distorsionada no
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cura. Hazte a un lado, maestro de Dios. Has estado equivocado. No señales el camino, pues has
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perdido el rumbo. Dirígete de inmediato a tu Maestro y deja que Él te cure.
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6. La ofrenda de la Expiación es universal. Es aplicable por igual a todo el mundo y en cualquier
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circunstancia. En ella reside el poder de curar a cualquier persona de cualquier clase de enfer medad. No
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creer esto es ser injusto con Dios, y por ende, serle infiel. El que está enfermo se percibe a sí mismo
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como separado de Dios. ¿Quieres verle tú además separado de ti? Tu tarea es sanar la sensación de
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separación que le hizo enfermar. Tu función es reconocer por él que lo que cree acerca de sí mismo no
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es verdad. Tu perdón debe mostrarle eso. Curar es muy simple. La Expiación se recibe y se ofrece.
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Habiéndose recibido, tiene que haberse aceptado. Es en el recibir, pues, donde yace la curación.
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Todo lo demás se deriva de este único propósito.
7. 2
¿Quién podría limitar el poder de Dios? ¿Quién, entonces, podría determinar quién se puede curar y de
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qué enfermedad, y qué debe permanecer excluido del poder de perdonar de Dios? Esto ciertamente sería
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una locura. La función de los maestros de Dios no es imponer límites al Padre, ya que no es su funci ón
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juzgar a Su Hijo. Y juzgar al Hijo es limitar a su Padre. Ambas cosas están igualmente desprovistas de
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sentido. Sin embargo, esto no se comprenderá hasta que el maestro de Dios reconozca que juz gar y
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limitar no son sino un mismo error. Con esto recibe la Expiación, pues deja de juzgar al Hijo de Dios y lo
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acepta tal como el Padre lo creó. Ya no se encuentra separado de Dios, dictando dónde se debe
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administrar la curación y dónde debe negarse. Ahora él puede decir con Dios: "Éste es mi Hijo amado,
que fue creado perfecto y que permanecerá así eternamente".
23. ¿JUEGA JESÚS UN PAPEL ESPECIAL EN LA CURACIÓN?
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1. Los dones de Dios rara vez pueden recibirse directamente. Aun los maestros de Dios más avanzados
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sucumben a las tentaciones de este mundo. ¿Sería justo entonces que se les negara la curación a sus
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alumnos por esa razón? La Biblia dice: "Pide en el Nombre de Jesucristo". ¿Es esto simplemente una
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invocación a la magia? Un nombre no cura, ni tampoco puede una invocación generar ningún pod er
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especial. ¿Qué significado puede tener entonces apelar a Jesucristo? ¿Que confiere el invocar su
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Nombre? ¿Por qué forma parte de la curación pedir en su Nombre?
2. Hemos repetido en muchas ocasiones que alguien que haya aceptado perfectamente la Exp iación para
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sí mismo puede sanar el mundo. En efecto, ya lo ha hecho. La tentación podrá volver a acosar a otros,
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pero nunca a Ése. Él se ha convertido en el Hijo de Dios resucitado. Ha vencido a la muerte al haber
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aceptado la Vida. Se ha reconocido a sí mismo tal como Dios lo creó, y al hacerlo, ha reconocido que
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toda cosa viviente forma parte de él. Ahora su poder es ilimitado porque es el Poder de Dios. De esta
manera, su nombre se ha convertido en el Nombre de Dios, pues ya no se considera a sí m ismo separado
de Él.
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3. ¿Qué significa esto para ti? Significa que al recordar a Jesús estás recordando a Dios. Toda la
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relación del Hijo con el Padre radica en Jesús. Su papel en la Filiación es también el tuyo, y el hecho de
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que él completó su aprendizaje garantiza tu éxito. ¿Se encuentra él aún disponible para venir en tu
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ayuda? ¿Qué dijo él mismo al respecto? Recuerda sus promesas y pregúntate honestamente si sería
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posible que no las fuese a cumplir. ¿Puede Dios fallarle a Su Hijo? ¿Y puede quien es uno con Dios ser
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distinto de Él? El que transciende el cuerpo transciende también toda limitación. ¿Cómo no iba a estar
disponible el más grande de los maestros para aquellos que lo siguen?
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4. El Nombre de Jesucristo como tal no es más que un símbolo. Pero representa un amor que no es de
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este mundo. Es un símbolo que se puede usar sin riesgo para reemplazar a los innumerables nombres de
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todos los dioses a los que imploras. Constituye el símbolo resplandeciente de la Palabra de Dios, tan
próximo a aquello que representa, que el ínfimo espacio que hay entre ellos desaparece en el momento en
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que se evoca su Nombre. Recordar el Nombre de Jesucristo es dar gracias por todos los dones que Dios
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te ha dado. Y la gratitud hacia Dios se convierte en la manera en que Él es recordado, pues el amor no
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puede estar muy lejos de una mente y un corazón agradecidos. Dios puede entonces entrar fácilmente
porque éstas son las verdaderas condiciones que hacen posible tu retorno al hogar.
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5. Jesús ha señalado el camino. ¿Por qué no habrías de estarle agradecido? Te ha pedido amor, mas
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sólo para él poder dártelo a ti. Tú no te amas a ti mismo. Pero para Jesús, tu hermosura es tan absoluta
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e inmaculada que ve en ella la imagen de su Padre. Tú te conviertes en el símbolo de su Padre aquí en la
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tierra. Él tiene sus esperanzas puestas en ti porque no ve límites en ti, ni mancha alguna que opaque tu
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hermosa perfección. La visión de Cristo resplandece en sus ojos con perfecta constancia. Él ha
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permanecido contigo. ¿No te gustaría aprender la lección de la salvación valiéndote de lo que él ya
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aprendió? ¿Para qué empezar de nuevo, cuando él ya recorrió la jornada por ti?
6. Nadie en la tierra puede entender plenamente lo que es el Cielo ni cuál es el verdadero significado de
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su Creador. Sin embargo, tenemos testigos. A ellos es a quienes el que es sabio debe acudir. Han
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existido personas cuyo conocimiento sobrepasó con mucho lo que nosotros podemos aprender. Y no
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queremos enseñar las limitaciones que nos hemos impuesto. Nadie que se haya convertido en un
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maestro de Dios verdadero y completamente dedicado se olvida de sus hermanos. Lo que les puede
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ofrecer, no obstante, se ve limitado por lo que él mismo ha aprendido. Dirígete entonces hacia uno que
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abandonó todo límite y fue más allá del alcance más elevado que el aprendizaje puede ofrecer. Él te
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llevará consigo, pues no llegó hasta allí solo. Estabas con él entonces, tal como lo estás ahora.
7. Este curso procede de él porque sus palabras llegan a ti en un lenguaje que puedes amar y
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comprender. ¿Puede haber otros maestros que señalen el camino a aquellos que hablan lenguas distintas
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y recurren a símbolos diferentes? Por supuesto que sí. ¿Dejaría Dios a uno solo de Sus Hijos sin una
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ayuda muy real en tiempos de tribulación, sin un salvador que lo representase? Aun así, necesitamos un
programa de estudios polifacético, no porque el contenido sea diferente, sino porque los símbolos tie nen
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que modificarse y cambiar para poder ajustarse a las diferentes necesidades. Jesús ha venido a
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responder a las tuyas. En él hallarás la Respuesta de Dios. Enseña, entonces, con él, pues él está
contigo; él siempre está aquí.