0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas9 páginas

Subdivisiones del Amor y la Adoración

1) El documento describe las subdivisiones de las principales emociones como el amor, respeto y adoración. Divide el amor en cortesía, amistad y amor propiamente dicho según el grado de reciprocidad. 2) Explica que el respeto se subdivide en estimación, veneración y adoración según el grado de superioridad percibido. 3) Señala que la adoración busca la unión e igualdad con el objeto de adoración a través de la abnegación y entrega del yo.

Cargado por

tulogo digital
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas9 páginas

Subdivisiones del Amor y la Adoración

1) El documento describe las subdivisiones de las principales emociones como el amor, respeto y adoración. Divide el amor en cortesía, amistad y amor propiamente dicho según el grado de reciprocidad. 2) Explica que el respeto se subdivide en estimación, veneración y adoración según el grado de superioridad percibido. 3) Señala que la adoración busca la unión e igualdad con el objeto de adoración a través de la abnegación y entrega del yo.

Cargado por

tulogo digital
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CAPÍTULO V

SUBDIVISIÓN
DE LAS PRINCIPALES
EMOCIONES

Tratemos ahora de seguir el complejo desenvolvimiento


de estas relativamente simples emociones, con especial
referencia a su aspecto desiderativo.

Significado y subdivisiones del amor


1º La atracción que se experimenta hacia un igual, es
el deseo de unirse con el objeto atrayente por medio de una
permutativa reciprocidad, pues la unión absoluta sólo es
posible por el desenvolvimiento de las formas que envuelven
y separan a los Jîvas, de las formas por las cuales y en
las cuales únicamente el amor o el odio entre Jîva y Jîva.
Además, la reciprocidad ha de ser permutativa, porque
estando equilibrados los dos términos del nexo, las dos
partes de la relación, no se darán una a otra ni más de lo
que les sobre ni recibirán más de lo que les falte. Cada
una suplirá con sus eficiencias las deficiencias de la
otra, porque entre ellas sólo cabe permutación de
cualidades. Y tanto más perfecto y más grande seré el amor,
cuanto mayor sea la variedad de las permutaciones, más
constante y rápido el intercambio, más completa y recíproca
la satisfacción de las necesidades. Pero siempre será este
amor tanto más perfecto, porque implica la absoluta
identificación con la cual cesa el amor. De aquí los
misteriosos (1), insaciables, vagos y siempre egoístas
anhelos de amor, especialmente del amor sexual de la
primera juventud.
De los grados de reciprocidad y de los objetos de ella
se derivan las subdivisiones de esta emoción capital.

Cortesía, amistad, amor propiamente dicho

Cortesía es la disposición mental que mueve al deseo de


unión y armonía, por reciprocidad en el orden social tan
sólo, entre personas que se tratan superficialmente. Su
objeto se contrae, por regla general, a evitar por ambas
partes actos que puedan engendrar sentimientos de
menosprecio e inferioridad, y a cumplir los que promuevan y
vigoricen el sentimiento de igualdad. Los saludos y
cumplidos recíprocos son ejemplos de las manifestaciones
físicas de esta disposición mental.
Amistad es la emoción en que el grado de reciprocidad
abarca objetos más importantes que los del ordinario trato
social.
Un verso sánscrito resume tosca pero gráficamente esta
definición.
<<Séxtuple es la característica del amigo: da y recibe
regalos; confia y le confían secretos; convida y le
convidan a festines>>

(1) Por razón de no haber sido analizados

Las más saliente demostración física de la amistad es


el apretón de manos y el enlace de brazos.
Amor propiamente dicho es el deseo que mueve a la unión
por medio del grado máximo de reciprocidad en todos los
aspectos de la vida humana.
En el actual estado de evolución, esta insuperable
reciprocidad tan sólo es posible entre dos seres humanos de
distinto sexo. La demostración física es el abrazo, la
compañía constante y la convivencia en un mismo hogar.

Respeto, estimación, veneración, adoración, etc.

2º Respeto es la atracción hacia un superior cuya


superioridad no es muy grande. Estimación es el respeto
aplicado preferentemente a una o varias cualidades y
disminuido en las demás. La demostración física es el
pranama (zalemas, reverencias, inclinaciones de cabeza,
etc.)
Cuando la superioridad es mucho mayor, el respeto
asciende a veneración y tiene su forma expresiva en la
genuflexión, el acatamiento y el toque de pies.
Cuando la superioridad es completa, como la de Dios, la
veneración se transforma en adoración y se manifiesta en la
prosternación ante el Señor.
En los tres casos precedentes, el deseo de unión (1)
estriba en igualarse por medio de lo que del superior se
recibe, como en el caso de adoración significa, entre otras
actitudes impetratorias, la de orar con las manos
levantadas.
Conviene fijarse en que, según ya expusimos, la
emoción, como cualquier otro aspecto, rasgo o elemento de
la vida individualizada, no puede existir sin la final
referencia a algún objeto material, en su aplio sentido, a
alguna porción del no-yo, sea materia física, sea materia
del séptimo cielo (satyaloka) que pueda dar o recibir el
Jîva objeto de la emoción. Aun los convencionalismos de
honor, como <<ceder la delantera>>, <<el sitio
preferente>>, <<la acera>>, <<la derecha>>, <<saludar el
primero>>, <<descubrirse>>; o de menosprecio, como son
todos los actos contrarios a los expuestos, tuvieron en su
origen significación de beneficio material, por más que
ahora no la tengan aunque la impliquen todavía.

(1) Por razón de no haber sido analizados.

Poder igualador de la adoración


Las etapas por que el adorante pasa en la adoración
demuestra de singular manera el igualador poder del amor.
Al principio reconoce la inmensa superioridad del objeto de
su adoración y su anhelo de unión se manifiesta en el deseo
de ponerse bajo sus auspicios para borrar la diferencia.
<<Hágase tu voluntad, ¡ Oh Señor!, y no la mía>>. La
sustitución de la voluntad del adorante por la del adorado
determina ya de por sí en el primero una especie de
semejanza con el objeto de adoración, a cuya naturaleza
asimila la suya propia hasta que alcanza el punto en que ya
no hay distinción entre ambas voluntades, subordinada la
inferior a la superior. Entonces la emoción se expresa con
la frase: << Tu voluntad y la mía, ¡Oh Señor!, son una >>.
Tal es la vez del amor perfecto en que a la adoración
sucede el éxtasis con el sentimiento de acabada unión.
Significado de la abnegación
Otro punto se nos ofrece aquí al examen. Dícese que la
adoración expresa humildad, confesión de necesidades,
solicitud de auxilio, deseo de obtener(1). Parece que esto
contradice el hecho de la abnegación que generalmente
acompaña a la adoración o entrega de sí mismo y cuyo
carácter es más bien dar que recibir; pero diremos que el
impulso de abnegación del adorante, aunque suele acompañar
a la adoración, es accidental y no idéntico a este
sentimiento. Además, la abnegación del adorante no deriva
de que por su parte se crea capaz de dar algo con que
satisfacer una necesidad del objeto de adoración, sino más
bien del convencimiento de que debe desechar por completo
todo cuanto pueda impedir la libre afluencia de las
abundancias del superior, a fin de que la recepción de
estas abundancias le alce al nivel en que la unión llegue a
ser posible por igualdad, por pseudo-identidad, de
naturaleza.
Si quisiéramos profundizar más la materia, advertiríamos
que la adoración tiene prácticamente uno de estos fines:
I. Impetrar beneficios personales y ventajas para el
yo del adorante con exclusión de los demás yo; II
Impetrar el bien del yo en esencial unión con los
de más yos. En el primer caso, por completa e
incondicional que aparezca la abnegación del
adorante, está en realidad condicionada por el
primario y persistente anhelo del beneficio
deseado. A esto se le llama sakâma-tapa, o sea la
adoración, ascetismo o sacrificio en honor de
alguna divinidad con determinado objeto egoísta,
con el deseo de adquirir algún don especial, y
puede expresarse del modo siguiente: <<Te sirvo, me
humillo ante Ti de todos modos; soporto cuantos
sufrimientos y penalidades entrañe la observancia
de Tus mandamientos; Te ofrezco todo mi ser y haz
de mí lo que gustes; mas todo esto lo hago para que
tengas piedad de mí y remuneres con creces mis
pobres servicios y ofrendas, concediéndome cuantos
dones sean posibles, a fin de emplearlos con entera
libertad en mi personal placer y provecho>>. En el
segundo caso, el adorante entrega su yo, para
ayudar a los demás, con la mira puesta en el ideal
del propio sacrificio, y se entrega solamente a Él
y a los jerarcas, sishis, profetas y santos, que
son Sus representantes en el máximo oficio del
propio sacrificio. Entonces, por restricta y
condicionada que aparezca la abnegación, es
internamente completa e incondicionada, porque
lleva en sí la semilla de universalidad que todo lo
abarca y no es un limitado y limitados deseo de
beneficiar tan sólo a un yo separado. La adoración
en este caso significa: << Al servirte a Ti deseo
servir a otros, al mundo entero, los deseo
únicamente para mejor ayudar a otros; y me entrego
con cuanto poseo para que tu voluntad me disponga
mejor al servicio de otros>>. Esta entrega de sí
mismo es la verdadera y sincera devoción (bhatkti)
de que nos dan ejemplo los rishis, cuyo tapah es
nishkâma o sea motivada por el altruismo sin asomo
de egoísmo. La otra devoción es aparente y fingida,
como los Puranas nos la muestran en los datillas y
asuras, que sólo ofrecían sacrificios hasta haber
obtenido los ansiados dones, y entonces lanzaban
devociones y austeridades a los cuatro vientos.
II. Aun después de lo dicho, tal vez quede alguna duda
respecto al valor de la palabra <<igualdad>>
relacionada con la adoración, a causa de que el
<<esfuerzo de igualación>> ha llegado a confundirse
con el <<esfuerzo de emulación>> entre Jîvas
<<separados>>. Pero aquí entendemos por <<esfuerzo
de igualación>> el de los Jîvas que <<intentan la
unión>>. En la segunda clase de adoración que hemos
descrito, no hay emulación, sino tan sólo
asociación. El hijo crece para compartir e iluminar
la obra de su padre, no para oponerse a ella. << El
perfecto amor desecha todo temor>> y también todo
orgullo. El niño se encarama sobre los hombros y la
cabeza de su madre, la cual no la achaca a
atrevimiento, sino al puro y perfecto amor que no
admite ni asomo de distinción entre mío y tuyo. Por
el contrario, la madre se entristecería y
resentiría si el niño le tuviera miedo e
intencionadamente se apartase de ella. El niño
comprende con entera confianza que la madre es suya
sin reservas y puede llamarla del todo mía en vez
de mía y tuya: Esta es la explicación de aquella
máxima: <<Habéis de haceros como niños para entrar
en el reino de los cielos.

Considerando la materia desde otro punto de vista,


advertiremos estéril orgullo en el adorante que dice: << No
necesito absolutamente nada en cambio>>; al paso que si
dice: <<No puedo desear igualarme, ni aun por medio de la
más humilde asociación>>, le achacaremos el inconveniente
temor de ofender el orgullo sin justicia atribuido al
objeto de adoración.
De lo expuesto se infiere que la emoción subyacente en
la pura y simple adoración es el deseo de igualarse por
medio de lo que se reciba, y que la devoción es cosa muy
distinta, según volveremos a ver más adelante.

Benevolencia, ternura, piedad, etc.


3º Benevolencia es la atracción hacia un inferior,
manifestada físicamente por la sonrisa placentera(¡) y la
actitud de protección que denota en este caso sentimientos
de superioridad y ventaja acompañados del deseo y voluntad
de dar.

(¡) Más adelante examinaremos los varios significados


de la <<sonrisa>> y de la <<risa>>. La sonrisa a que ahora
nos referimos es naturalmente muy distinta de la sonrisa de
complacencia propia y de la sonrisa irónica.

La atracción en mayor grado todavía hacia un inferior;


se llama ternura, cuya manifestación física es la caricia.
Por último, la piedad y la compasión, manifestadas
físicamente por las lágrimas, mueven al superior a suplir
con su eficencia las deficiencias del inferior, aun antes
de que éste impetre auxilio.
En estas tres subdivisiones de la benevolencia, el
superior procura la igualación, dando de lo suyo al
inferior lo que a este le falta para elevarse a su nivel.
La aceptación por el adorado del humilde sacrificio del
adorante, por la madre de los servicios de su hijo y por el
bienhechor de la gratitud del favorecido, no desnaturalizan
el carácter donador de la benevolencia, sino que tan sólo
significan la graciosa concesión de igualdad a quien antes
se hallaba desvalido.

Convergencia y divergencia de las formas del amor y del


odio
Conviene advertir que la atracción tiende a culminar en
la unión igualadora del amor, aunque sus modalidades
empiecen con carácter de superioridad por un lado y de
inferioridad por otro. Inversamente ocurre cuando la
energía emotiva es la repulsión. Los caminos de virtud
parten de los puntos extremos de la compasión y de la
humildad y se encuentran en el amor(1). El camino del vicio
parte de la ira(primaria forma del odio) y diverge
indefinidamente en menosprecio y temor. El amor es el punto
de unión de dos iguales de los que al fin ninguno obtiene
nada del otro; y por lo tanto, la perfección del amor es el
verdadero ascenso y fin de la virtud. De análoga manera es
el odio la separación de dos iguales, de los que ninguno ha
tomado en un principio nada del otro, pero que empezará a
tratar de tomarlo; y por lo tanto es el comienzo del vicio.
(1) En estas consideraciones se basa en parte la
razón de que el amor se transmute en lujuria
cuando el Jîva no ha desechado todavía por
completo las lubricidades de pravritti, y que la
lujuria se convierta en amor cuando se vigorizan
las propensiones nivritti. Tal es el
interminable rodar de la existencia. La espiga
sale del grano y el grano sale de la espiga,
pues ambos tienen su insustituible lugar en el
proceso del mundo

Así como el amor es el deseo de unión con el objeto


amado por medio de la reciprocidad e igualación, así el
odio es el deseo de separarse del objeto odiado por
diferenciación y desigualación. Y así como el amor entre
dos seres humanos es incompatible con la completa
identificación de ambos, tampoco es el odio compatible con
la total aniquilación de ellos.
A primera vista parece que la separación completa se
asegura mucho mejor por medio de la aniquilación, y en
verdad que el odio en toda su desnudez desea aniquilar el
objeto odiado; pero esta forma de deseo queda
inevitablemente modificada por las condiciones en que
necesariamente ha de desenvolverse la mutua acción del Yo y
del No-Yo. Lo propio sucede en el caso del amor, cuyo deseo
de completa identificación sólo puede satisfacer por la
desaparición del amor y del objeto amado.
Tanto el amor como el odio llevados al extremo de su
metafísico acabamiento, pierden distinción con el opuesto.
El extremado amor se transforma en identidad y reduce lo
vario a uno. El extremado odio aniquila lo vario, lo otro,
el NO-Yo, y sólo queda el Yo.

Consideraciones metafísicas
Esta carencia de amor, odio y movimiento; la ausencia
de lo uno en lo vario, de los abstracto y concreto, de
Pratyagâtmâ y Mûlapârakriti, pertenece al Absoluto, a
Parabrahman, a Paramâtmâ. Pero el examen de este punto
pertenece a la Metafísica, así como también el de aquel
otro, íntimamente relacionado con el primero, de si tener
el moksha principio ha de tener fin.
No lo tendría si fuese posible la completa
identificación de dos seres; pero como por mucho que se
aproximen no llegan a identificarse aunque lo parezcan en
ciertos estados de exaltación, ha de tener fin el moksha
por disrupción en un nuevo kalpa.
El resultado de estas consideraciones es que el
extremado odio exclama: << Desearía que mi enemigo tuviera
cien vidas para matarle otras tantas veces>>. Este odio es
tan insaciable como el amor, pues se extingue cuando se
aniquila el objeto.

El odio y sus subdivisiones

Las subdivisiones de la primaria emoción de repulsión,


odio o disgusto, son exactamente análogas a las
subdivisiones de la emoción opuesta.
1ª La repulsión separa por desigualación dos términos
en un principio iguales. Su grado preliminar es la
aspereza, reserva y frialdad, y su manifestación física es
el apartamiento, la distancia, la vuelta de espaldas y
otras actitudes y modales despectivos.
Dado el actual estado de la evolución humana, esta
disposición de ánimo es muy vigorosa en los países y
lugares en que está muy poderosamente desarrollado el
sentimiento de separatividad. En sus acostumbradas formas
expresivas, tales como <<cuídese usted de lo suyo>>,
<<manténgase usted a debida distancia>>, no hay ni asomo de
efusión, halago ni fluidez de palabra. La naturaleza de
esta disposición se comprende tan equivocadamente, que a
menudo se toma por dignidad y se la considera en sí misma
como virtud, aparte de toda otra razón y circunstancia.
El grado inmediato superior del deseo de separación es
la ira, enemistad u hostilidad que tiene por
manifestaciones físicas <<la reciprocidad de injurias y
golpes>> entre gentes incultas y <<sarcasmos pincantes>>,
<<réplicas contundentes>> y <<burlas sangrientas>> entre
las gentes que se apellidan cultas e intelectuales.
El último grado es la cólera, la rabia y el odio
propiamente dicho, que mueve a guerra abierta con el
frenético empeño de aniquilar al enemigo física y
mentalmente por lo medios y con las armas que primero
vengan a mano, como cuando Bizma y Arjuna, los típicos
guerreros de Mahâbharata, olividan las leyes de caballería,
o como cuando los parlamentarios de las naciones modernas
emplean los puños por argumento y se tiran tinteros y
libros a la cabeza.

Recelo, temor, horror, etc.

2ª Se llama recelo la repulsión hacia un superior cuya


superioridad es leve y no definidamente reconocida, con el
deseo de reducirle a inferioridad, unido al convencimiento
no sólo de la incapacidad de lograrlo sino también de que
el superior es capaz de deprimir aun más al inferior. Su
manifestación física es el encongimiento.
El grado inmediato , en que ya es mayor la superioridad
del objeto de repulsión, se llama temor y terror
propiamente dicho. Sus manifestaciones físicas son la
retirada y la huida. El último y culminante grado es el
horror, en que ya no puede ser mayor la superioridad del
objeto odiado. Su manifestación física, correspondiente al
convencimiento de completa inferioridad e impotencia, es la
parálisis que impide moverse y escapar.

Arrogancia, menosprecio, desdén, etc.

3ª Arrogancia es la repulsión, más la conciencia de la


inferioridad del objeto de repulsión, que mueve al deseo de
separarse más y más de él por medio de siempre creciente
desigualación, al cual deseo se añade el convencimiento de
la capacidad de producir dicha desigualación. Altivez es el
aspecto subjetivo de la arrogancia. Sus manifestaciones
físicas son: <<la mirada de arriba abajo>> y <<la cabeza
erguida>>.
En el grado inmediato es desdén , que tiene por
manifestación física la <<mueca>> y la <<sonrisa burlona>>.
El tercer grado se llama menosprecio, cuya
manifestación física se encierra en el <<empujón>>, el
<<pisoteo>> y otros ademanes y frases por el estilo, como
las de <<hacerle polvo>>, <<romperle el alma>>, <<ponerle
el pie en el cuello.

Nombres sánscritos antiguos y modernos

Conviene advertir que la literatura sánscrita habla


constantemente de las seis olas (Shad-urmaya) o enemigos
internos (antarâ-raya) que han de quedar vencidos antes de
lograr la liberación. Estas seis pasiones capitales son:
Karma (lujuria), krôdha (ira), loba (codicia), moha(
desarreglo), mada (orgullo) y matsara (envidia). A primera
vista parece imposible identificar estos seis vicios
capitales con las seis primarias subdivisiones de la
emoción adaptadas en esta obra. Pero tengamos en cuenta que
el propósito de la doctrina sánscrita es transcender los
vicios y también las virtudes, pues unas y otras son
ligaduras (mientras la virtud no se transmuta en deber); y
por lo tanto, aun a las buenas emociones les da nombres que
más bien encubren que descubren su bondad. Si a esto
añadimos una ligera ampliación del significado de los
ambiguos nombres que denotan emociones análogas, podremos
reducirlas a seis, conviene a saber: kama (amor y lujuria);
loba (codicia, reverencia y adoración)(1); moha (desarreglo
y compasión)(2); Krodha (ira); mada (orgullo) y matsara
(envidia)(3)

(1) Cuando se exagera el elemento de impetración o


ruego
(2) Porque prescinde de las reglas del propio interés
sin cuidar de las consecuencias personales
(3) Esta última es un grado del temor.

También podría gustarte