Características y enfermedades de los virus
Características y enfermedades de los virus
1)
Virus
¿Qué significa la palabra virus? Explique por qué hay una controversia sobre si se trata de un ser vivo o no.
2) Nombrar las características distintivas de los virus, y por qué no están incluidos en ningún reino.
3) Nombrar algunas formas morfológicas de virus y dar un ejemplo de cada una.
4) Explicar la importancia de las vacunas para combatir los virus. ¿Cómo funcionan?
5) Describir las formas de reproducción viral, y cómo ocurren las modificaciones genéticas llamadas mutaciones y la
resistencia viral.
6) ¿Se han erradicado enfermedades virales? ¿Por qué es tan difícil tratar a los pacientes con enfermedades virales?
7) Diferenciar las siguientes enfermedades exantemáticas o eruptivas:
a) Rubéola b) Sarampión c) Varicela
8) Escoger tres de las siguientes enfermedades virales, y describir la forma de contagio, síntomas y prevención:
a) Cólera d) Papera g) Hepatitis
b) Herpes e) Poliomielitis h) Dengue
c) SIDA f) Meningitis
9) Diferenciar gripe y resfriado. Por qué el virus de la influenza causa epidemias periódicas (como la gripe española,
gripe aviar, gripe A, etc.).
10) ¿Cuál es la diferencia entre virus y prion? Cite una enfermedad causada por un prion.
11) Hacer un breve informe sobre una pandemia viral y el impacto que causó el mundo.
MICROBIOLOGÍA
Propiedades de vida presentes en los virus
Existen opiniones dispares sobre si los virus son una forma de vida o estructuras orgánicas que interactúan
con los seres vivos, aunque dentro de la comunidad científica ha permanecido por años el consenso científico
de no considerar a los virus como estructuras biológicas vivas. Por ello, algunos autores se refieren a ellos
como «organismos al límite de la vida». Por una parte, se asemejan a los organismos que tienen genes y
evolucionan por selección natural, y se reproducen creando múltiples copias de sí mismos para
autoensamblarse. Sin embargo, carecen de estructura celular, la cual según la teoría celular es considerada la
unidad básica de la vida. Además, los virus no tienen un metabolismo propio, y necesitan una célula
hospedadora para crear nuevos productos. Por tanto, no se pueden reproducir en el exterior de una célula.
Así, actualmente las formas de vida aceptadas utilizan la división celular para reproducirse, mientras que los
virus aparecen de forma súbita y en gran cantidad dentro de las células, lo que es análogo al crecimiento
autónomo de los cristales.
Una visión alternativa considera que el verdadero estado vivo del virus es la etapa intracelular, que es
metabólicamente activa, mientras que el estado inerte o virión sería la etapa propagativa, de forma
equivalente a las bacterias que viven como parásitos intracelulares. En este sentido, los virus gigantes
forman estructuras intracelulares compuestas de membranas, ribosomas y mitocondrias dentro de las células
que infectan.
Ácido nucleico
El ácido nucleico en los virus contiene la información específica y el potencial para modificar operaciones en
la célula infectada. Los ácidos nucleicos son macromoléculas constituidas por cadenas de nucleótidos, los
cuales a su vez están constituidos por una base nitrogenada asociada a un azúcar del grupo de las pentosas y
a uno o más grupos de fosfatos. Existen cuatro posibles tipos de ácido nucleico viral: ADN de cadena
sencilla, ADN de cadena doble, ARN de cadena sencilla y ARN de cadena doble. Virus que contienen
cualquiera de estos tipos de ácido nucleico pueden ser encontrados tanto entre los fagos como entre los virus
que infectan a plantas o animales.
Estructura
Los virus presentan una amplia diversidad de formas y tamaños, llamadas
«morfologías». Son unas 100 veces más pequeños que las bacterias. La
mayoría de los virus estudiados tienen un diámetro de entre 10 y 300
nanómetros. Algunos Filovirus tienen un tamaño total de hasta 1400 nm,
sin embargo, solo miden unos 80 nm de diámetro. La mayoría de virus no
pueden ser observados con un microscopio óptico, de manera que se
utilizan microscopios electrónicos de barrido y de transmisión para
visualizar partículas víricas. Para aumentar el contraste entre los virus y el
trasfondo se utilizan tinciones densas en electrones.
Una partícula vírica completa, conocida como virión, consiste en un ácido nucleico rodeado por una capa de
protección proteica llamada cápside. Las cápsides están compuestas de subunidades proteicas idénticas
llamadas capsómeros. Los virus tienen un «envoltorio lipídico» derivado de la membrana celular del
huésped. La cápside está formada por proteínas codificadas por el genoma vírico, y su forma es la base de la
distinción morfológica. En general, hay cuatro tipos principales de morfología vírica:
Helicoidal: Las cápsides helicoidales se componen de un único tipo de capsómero apilado alrededor de
un eje central para formar una estructura helicoidal que puede tener una cavidad central o un tubo hueco.
Esta formación produce viriones en forma de barra o de hilo, pueden ser cortos y muy rígidos, o largos y
muy flexibles. El material genético, normalmente ARN monocatenario, pero a veces ADN
monocatenario, queda unido a la hélice proteica por interacciones entre el ácido nucleico con carga
negativa y la carga positiva de las proteínas. En general, la longitud de una cápside helicoidal está en
relación con la longitud del ácido nucleico que contiene, y el diámetro depende del tamaño y la
distribución de los capsómeros. El conocido virus del mosaico del tabaco es un ejemplo de virus
helicoidal.
Icosaédrica: La mayoría de virus que infectan los animales son icosaédricos o casi-esféricos con
simetría icosaédrica. Un icosaedro regular es la mejor manera de formar una carcasa cerrada a partir de
subunidades idénticas. El número mínimo requerido de capsómeros idénticos es doce, cada uno
compuesto de cinco subunidades idénticas. Muchos virus, como los rotavirus, tienen más de doce
capsómeros y parecen esféricos, manteniendo esta simetría. Los ápices de los capsómeros están rodeados
por otros cinco capsómeros y reciben el nombre de pentones. Las caras triangulares de éstos también se
componen de otros seis capsómeros y reciben el nombre de hexones.
Envoltura: Algunas especies de virus se envuelven en una forma modificada de una de las membranas
celulares, ya sea la membrana externa que rodea una célula huésped infectada, o bien membranas
internas como la membrana nuclear o el retículo endoplasmático, consiguiendo así una bicapa lipídica
exterior conocida como envoltorio vírico. Esta membrana se rellena de proteínas codificadas por el
genoma vírico y el del huésped, la membrana lipídica en sí y todos los carbohidratos presentes son
codificados completamente por el huésped. El virus de la gripe y el VIH utilizan esta estrategia. La
mayoría de virus envueltos dependen de la envoltura para infectar.
Complejos: Los virus tienen una cápside que no es ni puramente helicoidal, ni puramente icosaédrica, y
que puede poseer estructuras adicionales como colas proteicas o una pared exterior compleja. Algunos
bacteriófagos (como el Fago T4) tienen una estructura compleja que consiste en un cuerpo icosaédrico
unido a una cola helicoidal (esta cola actúa como una jeringa molecular, atacando e inyectando el
genoma del virus a la célula huésped), que puede tener una base hexagonal con fibras caudales proteicas
que sobresalgan.
Los poxvirus son virus grandes y complejos con una morfología inusual. El genoma vírico está asociado con
proteínas dentro de una estructura discal central conocida como nucleoide. El nucleoide está rodeado por una
membrana y dos cuerpos laterales de función desconocida. El virus tiene una envoltura exterior con una
espesa capa de proteína en la superficie. La partícula en general es ligeramente pleomorfa, con una forma
que puede ir de la de un huevo a la de un ladrillo. Mimivirus es uno de los tipos de virus más grandes
conocidos, con un diámetro en su cápside de 400 nm. De su superficie se proyectan filamentos proteicos de
100 nm. La cápside, tomada en microscopio electrónico, tiene una forma hexagonal, de manera que
probablemente es icosaédrica.
Algunos virus que infectan a las Archaeas tienen estructuras inusuales, que no están relacionadas con ningún
otro virus conocido. De igual manera, algunos bacteriófagos pueden tener diferentes estructuras en cuanto a
su cola, con formas algo raras con respecto a otros virus.
CLASIFICACIÓN
De acuerdo con la teoría celular los virus no son organismos vivos, por lo cual la mayoría de biólogos
excluye a los virus de los sistemas de clasificación biológica; y por ende no se consideran que conformen o
formen parte de un Dominio en la taxonomía que describe a los organismos vivos. Por este motivo se ha
propuesto el dominio informal Acytota (acelular) para ser considerados dentro de esta clasificación; sin
embargo, las clasificaciones formales son las indicadas más adelante.
Las clasificaciones usadas actualmente intentan describir la diversidad de virus dándoles nombre y
agrupándolos según sus semejanzas. En 1962, André Lwoff, Robert Horne y Paul Tournier fueron los
primeros en desarrollar una forma de clasificación de los virus, basada en el sistema jerárquico linneano.
Este sistema basa la clasificación en filos, clases, órdenes, familias, géneros y especies. Los virus fueron
agrupados según sus propiedades compartidas (no las de sus huéspedes) y el tipo de ácido nucleico del que
se compone su genoma. Posteriormente se formó Comité Internacional de Taxonomía de Virus.
PREVENCIÓN
Dado que los virus utilizan la maquinaria de una célula huésped para reproducirse y residen en el interior,
son difíciles de eliminar sin matar la célula huésped. Los enfoques médicos más eficientes para enfrentarse a
las enfermedades víricas conocidos hasta ahora son las vacunas, que ofrecen resistencia a la infección, y los
antivirales.
Vacunas
La vacunación es una forma barata y eficaz para la prevención de las infecciones causadas por los virus. Las
vacunas se han utilizado para prevenir las enfermedades virales desde mucho antes al descubrimiento de los
virus. Su uso ha dado lugar a una dramática disminución de la morbilidad (enfermedad) y mortalidad
(muerte) asociada a infecciones virales como poliomielitis, sarampión, paperas y rubéola. La viruela ha sido
erradicada. En la actualidad se dispone de vacunas para prevenir más de trece infecciones virales en los seres
humanos, y algunas más se utilizan para prevenir infecciones virales en animales. El proceso de vacunación
se basa en la idea de que se puede lograr inmunidad específica contra una enfermedad, en particular si se
provoca ésta en condiciones controladas de manera que el individuo no padece los síntomas asociados con
dicha enfermedad y el sistema inmune reacciona produciendo un arsenal de anticuerpos y células inmunes
con capacidad para destruir o neutralizar cualquiera otra invasión por parte del mismo agente infeccioso,
como los linfocitos T; que son los responsables de coordinar la respuesta inmune celular.
Las vacunas pueden consistir en virus vivos atenuados o en virus muertos, o en solo las proteínas virales
(antígenos). Las vacunas vivas contienen formas debilitadas del virus que causa la enfermedad. Las vacunas
vivas pueden ser peligrosas cuando se administran a las personas inmunodeficientes, puesto que en estas
personas incluso el virus debilitado puede causar la enfermedad original. Sin embargo, la vacuna contra el
virus de la fiebre amarilla, obtenida de una cepa atenuada denominada 17D, es posiblemente una de las
vacunas más seguras y eficaces fabricadas.
La biotecnología y las técnicas de ingeniería genética se utilizan para producir vacunas de subunidades. Estas
vacunas usan solo la cápside de proteínas del virus. La vacuna de la hepatitis B es un ejemplo de este tipo de
vacuna. Las vacunas de subunidades son seguras para pacientes inmunodeficientes, ya que no pueden causar
la enfermedad.
Medicamentos antivirales
El primer fármaco que se presentó como agente antiviral verdaderamente selectivo y con éxito fue el
aciclovir; que fue utilizado como tratamiento profiláctico del herpes genital y cutáneo, y también en el
tratamiento de las lesiones causadas por el Herpes zoster. Durante los últimos veinte años, el desarrollo de
fármacos antivirales continuó aumentado rápidamente, impulsado por la epidemia del sida. Los
medicamentos antivirales son a menudo «análogos de nucleósidos» (falsos nucleósidos, los bloques de
construcción de los ácidos nucleicos) que los virus incorporan a sus genomas durante la replicación. El ciclo
de vida del virus entonces se detiene debido a que las nuevas cadenas de ADN sintetizadas son defectuosas.
Esto se debe a que los análogos carecen de los grupos hidroxilos que junto a los átomos de fósforo forman
los enlaces de la fuerte «columna vertebral» de la molécula de ADN. A esto se le denomina interrupción de
la cadena de ADN. Ejemplos de análogos de nucleósidos son el aciclovir para tratar el virus del herpes y
lamivudina para las infecciones de VIH y hepatitis B. Aciclovir es uno de los fármacos antivirales más
antiguos y frecuentemente prescritos.
La hepatitis C es causada por un virus ARN. En el 80 % de las personas infectadas, la enfermedad es crónica
y sin tratamiento continúan siendo infecciosas para el resto de sus vidas. Sin embargo, ahora existe un
tratamiento efectivo con el fármaco ribavirina, un análogo de nucleósido, en combinación con interferón.
Actualmente se está desarrollando una estrategia similar con lamivudina para el tratamiento de los portadores
crónicos de hepatitis B. Otros fármacos antivirales en uso tienen como objetivo diferentes etapas del ciclo
replicativo viral. El VIH depende de una enzima proteolítica denominada proteasa VIH-1 para ser
plenamente infeccioso. Existe una clase de medicamentos denominados inhibidores de la proteasa que han
sido diseñados para inactivar esta enzima.
El sida, provocado por el VIH, tiene un tratamiento antiviral de zidovudina (azidotimidina o AZT). La
zidovudina es un potente inhibidor de la transcriptasa inversa (RT), enzima esencial en el proceso de
replicación del VIH. Sin embargo, sus efectos no son duraderos y en algunos casos, éstos son inútiles, puesto
que el VIH es un retrovirus y su genoma de ARN debe ser transcrito por la RT para convertirlo en una
molécula de ADN que constituye el provirus. La zidovudina no tiene ningún efecto sobre el provirus, ya que
solo inhibe su formación más no la expresión de ésta en las células huéspedes. Por otra parte, el uso duradero
de zidovudina podría provocar una mutación del VIH, haciendo resistente al virus a este tratamiento.
EPIDEMIOLOGÍA
La epidemiología viral es la rama de la ciencia médica que estudia la transmisión y el control de infecciones
víricas en los humanos. La transmisión de virus puede ser vertical (de madre a hijo) u horizontal (de una
persona a otra). Ejemplos de transmisión vertical incluyen el virus de la hepatitis B o el VIH, en que el bebé
ya nace infectado con el virus. Otro ejemplo más raro es el virus de la varicela zóster. Normalmente causa
infecciones relativamente leves en los humanos, pero puede resultar fatal para los fetos y los bebés recién
nacidos. La transmisión horizontal es el mecanismo de contagio de virus más extendido. La transmisión
puede ser por intercambio de sangre o por el cambio de fluidos en la actividad sexual (p. ej., VIH, hepatitis B
y hepatitis C), por la boca por el intercambio de saliva (p. ej., virus de Epstein-Barr), por alimentos o agua
contaminados (p. ej., norovirus), por la respiración de virus en forma de aerosol (p. ej., virus de la gripe) o
por insectos vectores como los mosquitos (ej., dengue).
La tasa y la velocidad de la transmisión de infecciones víricas dependen de factores como la densidad de
población, el número de individuos susceptibles (los que no son inmunes), la calidad del sistema sanitario y
el tiempo.
La epidemiología se utiliza para romper la cadena de infecciones en poblaciones durante brotes de
enfermedades víricas. Se utilizan medidas de control basándose en el conocimiento del modo de transmisión
del virus. Una vez identificado el virus, a veces se puede romper la cadena de infecciones por medio de
vacunas. Cuando no se puede contar con vacunas, pueden resultar eficientes el saneamiento y la
desinfección. A menudo se aíslan las personas infectadas del resto de la comunidad, y los que han estado
expuestos al virus son puestos en cuarentena. Para controlar el brote de fiebre aftosa en bovinos británicos en
2001, se sacrificaron miles de cabezas de ganado. La mayoría de infecciones víricas de los humanos y otros
animales tienen un periodo de incubación durante el cual la infección no causa ningún signo o síntoma. Los
períodos de incubación de las enfermedades víricas van desde unos varios días hasta semanas, pero son
conocidos en el caso de muchas infecciones. Tras el periodo de incubación hay un «periodo de
comunicabilidad», un tiempo durante el cual el individuo o animal infectado es contagioso y puede infectar
otra persona o animal. Este periodo también es conocido en muchas infecciones, y el conocimiento de la
longitud de ambos periodos es importante en el control de brotes. Cuando un brote causa una proporción
inusualmente elevada de infecciones en una población, comunidad o región, se le llama epidemia. Si un brote
se extiende en todo el mundo se le llama pandemia.
Epidemias
Epidemia (del griego epi, por sobre y demos, pueblo) es una descripción en la salud comunitaria que ocurre
cuando una enfermedad afecta a un número de individuos superior al esperado en una población durante un
tiempo determinado. Para evitar el sensacionalismo que conlleva esta palabra, en ocasiones se utiliza el
sinónimo de brote epidémico o brote.
En la actualidad el concepto es una relación entre una línea de base de una enfermedad, que puede ser la
prevalencia o incidencia normales, y el número de casos que se detectan en un momento dado. En este
sentido, si una comunidad se encuentra libre de una determinada enfermedad, un solo caso constituye una
epidemia. En otras palabras, es un incremento significativamente elevado en el número de casos de una
enfermedad con respecto al número de casos esperados.
En el caso de que la epidemia se difundiera por varias regiones geográficas extensas de varios continentes o
incluso de todo el mundo, se trataría de pandemia. En caso de enfermedades que afectan en una zona
mantenida en el tiempo, se trataría de endemia.
Pandemia
Una pandemia es la afectación de una enfermedad infecciosa de los humanos a lo largo de un área
geográficamente extensa. El vocablo procede del griego πανδημία, de παν (pan, todo) y de δήμος (demos,
pueblo), expresión que significa reunión de todo un pueblo.
Causas comunes
En el mes de mayo del 2009, la OMS modificó la definición de pandemia. Antes de este cambio, pandemia
se definía como: “Infección por un agente infeccioso, simultánea en diferentes países, con una mortalidad
significativa en relación con la proporción de población infectada”. En la nueva definición, se eliminó la
característica de “mortalidad”.
Pandemias históricas
Ha habido un número importante de pandemias en la historia humana, todas ellas generalmente zoonosis,
que han llegado con la domesticación de animales, tales como la viruela, difteria, gripe y tuberculosis. Ha
habido un número de epidemias particularmente importantes que merecen una mención por encima de la
«mera» destrucción de ciudades:
La plaga de Atenas: Durante la guerra del Peloponeso, 430 a. C., un agente desconocido, posiblemente
fiebre tifoidea mató a la cuarta parte de las tropas atenienses y a una cuarta parte de la población a lo
largo de cuatro años. Esto debilitó fatalmente la preeminencia de Atenas, pero la virulencia absoluta de
la enfermedad evitó una mayor expansión.
La peste antonina, 165-180. Posiblemente viruela traída del Oriente próximo, mató a una cuarta parte de
los infectados y hasta cinco millones en total. En el momento más activo de un segundo brote (251-266),
se dijo que morían 5.000 personas por día en Roma.
La peste de Justiniano comenzó en 541. Fue el primer brote registrado de la peste bubónica. Empezó en
Egipto alcanzó Constantinopla en la siguiente primavera y mató (según el cronista bizantino Procopio de
Cesarea) a 10.000 personas por día, en su momento más activo, y quizá a un 40 por ciento de los
habitantes de la ciudad. Continuó hasta destruir incluso la cuarta parte de los habitantes del Mediterráneo
oriental.
La peste negra comenzó en el siglo XIV. Ochocientos años tras el último brote, la peste bubónica volvía
a Europa. Comenzando en Asia, la enfermedad alcanzó el Mediterráneo y Europa occidental en 1348
(posiblemente llevada por mercaderes italianos que huían de la guerra en Crimea), y mató a veinte
millones de europeos en seis años, una cuarta parte de la población total y hasta la mitad en las zonas
urbanas más afectadas.
El cólera:
o Primera pandemia (1816-1826). Previamente restringida al subcontinente indio, la pandemia
comenzó en Bengala y se expandió a través de la India hacia 1820. Se extendió hasta la China y el
mar Caspio antes de disminuir.
o La segunda pandemia (1829-1851) alcanzó Europa, Londres en 1832, Nueva York en el mismo año,
y la costa del Pacífico en Norteamérica por 1834.
o La tercera pandemia (1852-1860) principalmente afectó a Rusia, con más de un millón de muertos.
o La cuarta pandemia (1863-1875) se extendió en su mayor parte por Europa y África.
o La quinta pandemia (1899-1923) tuvo pocos efectos en Europa gracias a los progresos en salud
pública, pero Rusia fue gravemente afectada de nuevo.
o La sexta pandemia, llamada «El Tor» por la cepa, comenzó en Indonesia en 1961 y alcanzó
Bangladés en 1963, India en 1964, y la URSS en 1966.
o La pandemia de Latinoamérica (1991-1993), que causó cerca de 800.000 afectados y alrededor de
7500 muertos.
La «gripe española» (1918-1919). Comenzó en marzo de 1918 en Fort Riley, Kansas, Estados Unidos.
Una grave y mortífera cepa de gripe se expandió por el mundo. La enfermedad mató a 25 millones de
personas en el curso de seis meses; algunos estiman el total de muertos en todo el mundo en más del
doble de ese número. Unos 17 millones se estima que murieron en la India, 500.000 en los [Link]. y
200.000 en Inglaterra. Se desvaneció en 18 meses y la cepa concreta fue la H1N1.
La gripe asiática de 1957.
La gripe de Hong Kong de 1968.
La gripe rusa de 1977.
El VIH/SIDA es la enfermedad que consiste en la incapacidad del sistema inmunitario para hacer frente
a las infecciones y otros procesos patológicos. Se considera pandemia debido a su rápida propagación.
Sus víctimas se estiman entre los 20 y 25 millones, sobre todo en África.
El tifus es la enfermedad epidémica de tiempo de guerra, y ha sido llamada algunas veces «fiebre de los
campamentos» debido a su patrón de estallar en tiempos de penalidades. Emergiendo durante las
Cruzadas, tuvo su primer impacto en Europa en 1489, en España. Durante la lucha entre los españoles
cristianos y musulmanes en Granada, los cristianos perdieron 3.000 efectivos por bajas de guerra y
20.000 por tifus. En 1528 los franceses perdieron 18.000 efectivos de sus tropas en Italia y perdieron la
supremacía en Italia en favor de los españoles. En 1542, 30.000 personas murieron de tifus mientras
combatían a los otomanos en los Balcanes. La enfermedad también jugó un papel de importancia en la
destrucción de la Grande Armée de Napoleón en Rusia en 1811.
Otras epidemias se produjeron en los encuentros entre los exploradores europeos y las poblaciones del
resto del mundo, produciéndose frecuentemente epidemias locales de extraordinaria virulencia. La
enfermedad mató a gran parte de la población nativa (guanche) de las Islas Canarias en el siglo XVI. La
mitad de la población nativa de la isla La Española en 1518 murió por la viruela. La viruela también
destrozó México en la década de 1520, matando a 150.000 personas sólo en Tenochtitlan, incluyendo el
emperador, y Perú en la década de 1530, ayudando a los conquistadores españoles. El sarampión mató a
dos millones más de nativos mexicanos en la década de 1600. Y aún en 1848-49, tanto como 40.000 de
150.000 nativos hawaianos se estima que murieron de sarampión, tos ferina y gripe.
El síndrome respiratorio agudo severo (SARS) de 2002. Afectó a 8098 personas, cobrándose 774
víctimas mortales, la gran mayoría en el sudeste asiático.
La gripe aviaria de 2003, en su cepa H5N1, se convirtió en amenaza de pandemia en 2005, cuando se
produjeron los primeros contagios en seres humanos.
La gripe A (H1N1), también conocida como gripe porcina (2009-2010), es una enfermedad infecciosa
causada por un virus perteneciente a la familia Orthomyxoviridae, que es endémica en poblaciones
porcinas. Estas cepas virales, conocidas como virus de la influenza porcina o SIV (por las siglas en
inglés de «Swine Influenza Viruses») han sido clasificadas en Influenzavirus C o en alguno de los
subtipos del género Influenzavirus A, siendo las cepas más conocidas H1N1, H3N2, H3N3. El 11 de
junio la Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasificó como de nivel de alerta seis; es decir,
actualmente es una pandemia. La tasa de letalidad de la enfermedad que inicialmente fue alta, ha pasado
a ser baja al iniciar los tratamientos antivirales a los que es sensible.
El ébola.
La pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020, producida por el coronavirus SARS-CoV-2
(2019-actualidad). El SARS-CoV-2 hizo su aparición en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de
Hubei, al oeste de Shanghái. El 1 de diciembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud lo
denominó oficialmente como COVID-19 y en el mes de marzo del año 2020 fue declarado el estatus de
pandemia por la expansión del virus. El SARS-CoV-2 se propaga muy rápido y tiene mortandad media.
Hay también un número de enfermedades desconocidas que fueron extremamente graves pero que ahora se
han desvanecido, de manera que su etiología no puede ser establecida. Los ejemplos incluyen la peste antes
mencionada de Grecia en 430 a. C. y el Sudor inglés de la Inglaterra del siglo XVI, que fulminaba a la gente
en un instante y que fue mucho más temido que la peste bubónica.
¿Qué es un exantema?
Un exantema es una lesión visible en la piel de color rojo o púrpura, aparece abruptamente y afecta
diferentes áreas del cuerpo. Generalmente es producida por un virus y puede ser de distintos grados de
viralidad. Se presentan con mayor frecuencia durante la infancia.
Existen otros factores por los cuales aparecen exantemas durante la infancia, como pueden ser agentes
infecciosos, toxinas bacterianas, medicamentos, enfermedades inflamatorias o por efecto secundario de
algunas vacunas.
CÓLERA
El cólera es una infección intestinal aguda causada por la ingestión de alimentos o agua contaminados por la
bacteria Vibrio cholerae. Tiene un periodo de incubación corto, entre menos de un día y cinco días, y la
bacteria produce una enterotoxina que causa una diarrea copiosa, indolora y acuosa que puede conducir con
rapidez a una deshidratación grave y a la muerte si no se trata prontamente. La mayor parte de los pacientes
sufren también vómitos.
La mayoría de las personas infectadas por V. cholerae no presentan síntomas, aunque la bacteria esté
presente en sus heces durante los 1 a 10 días siguientes a la infección, con el consiguiente riesgo de infección
de otras personas. En el 80% de las personas que presentan síntomas estos son de leves a moderados; un 20%
padece diarrea acuosa aguda con deshidratación grave. Si no se da tratamiento, esta puede ocasionar la
muerte.
El cólera representa aún una amenaza mundial y es un indicador fundamental del grado de desarrollo social.
Si bien no supone una amenaza para los países que garantizan una mínima higiene, la enfermedad sigue
siendo un reto para los países que no pueden asegurar el acceso a agua potable y un saneamiento adecuado.
Casi todos los países en desarrollo tienen que hacer frente a brotes de cólera o a la amenaza de una epidemia
de la enfermedad.
Signos y síntomas
La infección por herpes labial suele ser asintomática y la mayoría de las personas infectadas por VHS-1 no
saben que lo están. Entre los síntomas del herpes labial cabe citar las dolorosas vesículas o úlceras en la boca
o a su alrededor. Las úlceras de los labios se denominan habitualmente «calenturas» o «pupas labiales».
Antes de la aparición de las úlceras, las personas infectadas suelen notar una sensación de hormigueo, picor o
quemazón en esa zona. Tras la primera infección, las vesículas o úlceras pueden reaparecer periódicamente.
La frecuencia de las recidivas varía de una persona a otra.
El herpes genital por VHS-1 puede ser asintomático o causar síntomas leves que pasan desapercibidos.
Cuando hay síntomas, el herpes genital se caracteriza por una o más vesículas o úlceras genitales o anales.
Tras el episodio inicial, que puede llegar a ser grave, los síntomas pueden reaparecer, pero el herpes genital
por VHS-1 no reaparece con frecuencia.
Transmisión
El VHS-1 se transmite principalmente por contacto de boca a boca, lo que provoca el herpes labial, o por
contacto con el virus del VHS-1 en las úlceras, la saliva y en la zona bucolabial. No obstante, también puede
transmitirse a la zona genital por contacto bucogenital, lo que provoca el herpes genital.
El VHS-1 puede transmitirse desde superficies bucales o cutáneas en apariencia normales y asintomáticas.
Sin embargo, el mayor riesgo de transmisión se da cuando hay úlceras activas.
Es poco probable que las personas que ya presentan infección de herpes labial por VHS-1 se infecten con ese
mismo virus en la zona genital.
Aunque es más bien raro, la infección por VHS-1 puede transmitirse de la madre infectada al recién nacido
durante el parto.
Posibles complicaciones
Casos graves: En pacientes inmunodeprimidos, por ejemplo, los que presentan una infección avanzada por
el VIH, el VHS-1 puede dar lugar a síntomas más graves y recurrencias más frecuentes. Si bien es raro, la
infección por VHS-1 puede provocar también complicaciones más graves, como encefalitis o queratitis
(infección ocular).
Herpes neonatal: El herpes neonatal puede producirse cuando el recién nacido ha estado expuesto al VHS
en las vías genitales durante el parto. Es una afección rara, con una frecuencia estimada de 10 casos por 100
000 nacidos, pero puede producir discapacidad neurológica persistente, e incluso la muerte. El riesgo de
herpes neonatal es mayor cuando la madre ha contraído la primera infección al final del embarazo. Las
mujeres con herpes genital antes del embarazo tienen un riesgo mucho menor de transmitir el virus a sus
hijos.
Efectos psicosociales: Los síntomas recurrentes del herpes labial pueden ser incómodos y llevar a cierta
estigmatización social y al sufrimiento psicológico. En el caso del herpes genital, esos factores pueden tener
un importante efecto en la calidad de vida y las relaciones sexuales. Sin embargo, con el tiempo la mayoría
de las personas con cualquiera de los dos tipos de herpes aprende a sobrellevar la infección.
Tratamiento
Los medicamentos antivíricos, como el aciclovir, el famciclovir y el valaciclovir, son los más eficaces para
las personas infectadas por VHS. Sin embargo, aunque pueden reducir la intensidad y frecuencia de los
síntomas, no curan la infección.
Prevención
El VHS-1 es especialmente contagioso durante los episodios de herpes labial sintomático, aunque también
puede transmitirse en ausencia de síntomas y signos. Las personas con síntomas activos de herpes labial
deben evitar el contacto bucal con otras personas y no deben compartir objetos que tengan contacto con la
saliva. Tampoco deben tener contacto buco genital para evitar la transmisión del herpes a los genitales de la
pareja, ni otras relaciones sexuales mientras presenten síntomas de herpes genital.
Las personas que ya tienen infección por VHS-1 no pueden volver a contraer ese virus, pero sí contraer una
infección genital por el virus del herpes simple de tipo 2 (VHS-2)
El uso correcto y sistemático de preservativos puede ayudar a prevenir la propagación del herpes genital. No
obstante, el preservativo solo reduce el riesgo de infección, puesto que los episodios de herpes genital
pueden afectar a zonas no protegidas por ellos.
Las embarazadas con síntomas de herpes genital deben informar a los profesionales de la salud que las
atienden. La prevención de la adquisición de nuevas infecciones herpéticas genitales es particularmente
importante al final del embarazo, cuando más elevado es el riesgo de herpes neonatal.
Signos y síntomas
Las infecciones por herpes genital son con frecuencia asintomáticas, o tienen síntomas leves que pasan
desapercibidos. La mayoría de las personas infectadas no saben que lo están. Normalmente, entre un 10% y
un 20% de las personas con infección por VHS-2 han tenido un diagnóstico anterior de herpes genital.
Cuando es sintomático, el herpes genital se caracteriza por una o más vesículas o úlceras genitales o anales.
Otros síntomas del primer episodio de infección son fiebre, dolores y adenopatías.
Los síntomas son con frecuencia recurrentes, pero generalmente menos intensos que en el episodio inicial de
infección por VHS-2. La frecuencia de los episodios tiende a disminuir con el tiempo. Antes de la aparición
de las úlceras genitales los pacientes pueden tener una sensación de ligero hormigueo o dolores fulgurantes
en las piernas, las caderas y las nalgas.
Transmisión
El VHS-2 se transmite principalmente durante las relaciones sexuales, por contacto con las superficies
genitales, la piel, las vesículas o los líquidos del paciente infectado. El VHS-2 puede transmitirse a partir de
superficies genitales o anales de aspecto normal y, de hecho, la transmisión ocurre con frecuencia en
ausencia de síntomas.
Aunque es más bien raro, la infección por VHS-2 puede transmitirse de la madre al recién nacido durante el
parto.
Posibles complicaciones
VHS-2 y VIH: Está demostrado que el VHS-2 y el VIH se influyen mutuamente. La infección por VHS-2
multiplica aproximadamente por tres el riesgo de infección por VIH. Además, las personas infectadas por
ambos virus tienen más probabilidades de transmitir el VIH. La infección por VHS-2 es una de las más
frecuentes (60%-90%) en personas con VIH. La infección por VHS-2 en personas con VIH y otras formas de
inmunodepresión suele tener una presentación más grave y recurrencias más frecuentes. En caso de infección
avanzada por VIH, el VHS-2 puede producir complicaciones más graves, aunque raras, tales como
meningoencefalitis, esofagitis, hepatitis, neumonitis, necrosis retiniana o infección generalizada.
Herpes neonatal: El herpes neonatal puede producirse cuando el recién nacido ha estado expuesto al VHS
en las vías genitales durante el parto. Es una afección rara, con una frecuencia estimada de 10 casos por 100
000 nacidos, pero puede producir discapacidad neurológica persistente, e incluso la muerte. El riesgo de
herpes neonatal es mayor cuando la madre ha contraído la primera infección al final del embarazo. Las
mujeres con herpes genital antes del embarazo tienen un riesgo mucho menor de transmitir el virus a sus
hijos.
Efectos psicosociales: Los síntomas recurrentes del herpes genital pueden ser incómodos y llevar a cierta
estigmatización social y al sufrimiento psicológico. Esos factores pueden tener un importante efecto en la
calidad de vida y las relaciones sexuales. Sin embargo, con el tiempo la mayoría de las personas con herpes
aprende a sobrellevar la infección.
Tratamiento
Los antivíricos, como el aciclovir, el famciclovir y el valaciclovir, son los medicamentos más eficaces para
las personas infectadas por VHS. Sin embargo, aunque pueden reducir la intensidad y frecuencia de los
síntomas, no curan la infección.
Prevención
El VHS-1 es especialmente contagioso durante los episodios de herpes labial sintomático, aunque también
puede transmitirse en ausencia de síntomas y signos. Las personas con síntomas activos de herpes labial
deben evitar el contacto bucal con otras personas y no deben compartir objetos que tengan contacto con la
saliva. Tampoco deben tener contacto bucogenital para evitar la transmisión del herpes a los genitales de la
pareja, ni otras relaciones sexuales mientras presenten síntomas de herpes genital.
El uso correcto y sistemático de preservativos puede ayudar a reducir el riesgo de propagación del herpes
genital. No obstante, los preservativos solo proporcionan una protección parcial, puesto que el virus puede
estar presente en zonas no protegidas por ellos. La circuncisión masculina puede conferir al hombre una
protección parcial de por vida frente al VHS-2, además del VIH y los papilomavirus humanos.
Las embarazadas con síntomas de herpes genital deben informar a los profesionales de la salud que las
atienden. La prevención de la adquisición de nuevas infecciones herpéticas genitales es particularmente
importante al final del embarazo, cuando más elevado es el riesgo de herpes neonatal.
Se están realizando más investigaciones para encontrar métodos preventivos más eficaces contra la infección
por VHS, como vacunas o microbicidas tópicos (compuestos que se pueden aplicar en el interior de la vagina
o del recto para proteger frente a las infecciones de transmisión sexual).
VIH/SIDA
El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca el sistema inmunitario y debilita los sistemas de
defensa contra las infecciones y contra determinados tipos de cáncer. A medida que el virus destruye las
células inmunitarias e impide su normal funcionamiento, la persona infectada va cayendo gradualmente en
una situación de inmunodeficiencia. La función inmunitaria se suele medir mediante el recuento de linfocitos
CD4.
La inmunodeficiencia aumenta el riesgo de contraer numerosas infecciones, cánceres y enfermedades que las
personas con un sistema inmunitario saludable pueden combatir.
La fase más avanzada de la infección por el VIH es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), que
en función de la persona puede tardar de 2 a 15 años en manifestarse si no se trata. Las personas con sida
pueden contraer ciertos tipos de cáncer e infecciones o presentar otras manifestaciones clínicas de gravedad.
Signos y síntomas
Los síntomas de la infección por el VIH difieren según la etapa de que se trate. Aunque el máximo de
infectividad se tiende a alcanzar en los primeros meses, muchos infectados ignoran que son portadores hasta
fases más avanzadas. A veces, en las primeras semanas que siguen al contagio la persona no manifiesta
ningún síntoma, mientras que en otras ocasiones presenta un cuadro seudogripal con fiebre, cefalea,
erupciones o dolor de garganta.
A medida que la infección va debilitando el sistema inmunitario, la persona puede presentar otros signos y
síntomas, como inflamación de los ganglios linfáticos, pérdida de peso, fiebre, diarrea y tos. En ausencia de
tratamiento pueden aparecer enfermedades graves como tuberculosis (TB), meningitis criptocócica,
infecciones bacterianas graves o cánceres como linfomas o sarcoma de Kaposi.
Transmisión
El VIH se transmite a través del intercambio de determinados líquidos corporales de la persona infectada,
como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales. También se puede transmitir de la
madre al hijo durante el embarazo y el parto. No es posible infectarse en los contactos ordinarios cotidianos
como los besos, abrazos o apretones de manos o por el hecho de compartir objetos personales, agua o
alimentos.
Factores de riesgo
Hay algunos comportamientos y afecciones que aumentan el riesgo de que una persona contraiga el VIH:
tener relaciones sexuales anales o vaginales sin preservativo;
padecer otra infección de transmisión sexual (ITS) como sífilis, herpes, clamidiasis, gonorrea o vaginosis
bacteriana;
compartir agujas, jeringuillas, soluciones de droga u otro material de inyección contaminado para
consumir drogas inyectables;
recibir inyecciones, transfusiones sanguíneas o trasplantes de tejidos sin garantías de seguridad o ser
objeto de procedimientos médicos que entrañen cortes o perforaciones con instrumental no esterilizado;
y
pincharse accidentalmente con una aguja, algo que afecta en particular al personal de salud.
Diagnóstico
La infección por el VIH se puede diagnosticar mediante pruebas de diagnóstico rápido que proporcionan
resultados el mismo día. Esto facilita enormemente el diagnóstico precoz y la vinculación con el tratamiento
y la atención. Las personas también pueden realizarse autopruebas de detección del VIH. Sin embargo,
ninguna prueba puede proporcionar por sí sola un diagnóstico completo de la infección por el VIH; se
requiere una prueba confirmatoria, realizada por un trabajador sanitario cualificado y validado en un centro
comunitario o clínica. La infección por el VIH se puede detectar con gran exactitud mediante pruebas
precalificadas por la OMS en el marco de una estrategia de pruebas aprobada a nivel nacional.
Las pruebas de diagnóstico del VIH de uso más generalizado detectan los anticuerpos que se generan como
parte de la respuesta inmunitaria para luchar contra el virus. En la mayoría de las personas, los anticuerpos
contra el VIH aparecen dentro de los 28 días posteriores a la infección. Durante este tiempo, las personas
experimentan el llamado período de seroconversión, que es cuando todavía no han generado anticuerpos y
pueden no haber tenido signos de infección por el VIH, pero pueden transmitir el VIH a otras personas.
Después de la infección, una persona puede transmitir el VIH a una pareja sexual o a otra persona con la que
consuma drogas.
A quienes hayan dado positivo en una primera prueba diagnóstica se les debe realizar una nueva prueba antes
de atenderlos y tratarlos, con el fin de descartar que los resultados sean incorrectos o se haya proporcionado
una información equivocada. Sin embargo, una vez se ha diagnosticado la infección y se ha empezado el
tratamiento no se deben realizar nuevas pruebas diagnósticas.
Si bien se dispone de pruebas simples y eficaces para los adolescentes y adultos, este no es el caso de los
bebés nacidos de madres VIH-positivas. Las pruebas serológicas no bastan para detectar la infección en los
niños menores de 18 meses de edad, por lo que se deben realizar pruebas virológicas en el momento del
nacimiento o a las seis semanas de edad. Están apareciendo nuevas tecnologías que permiten hacer la prueba
en el lugar donde se presta la asistencia y obtener un resultado en el mismo día, lo cual permite también
atender al paciente e iniciar el tratamiento con mayor rapidez.
Prevención
Se puede reducir el riesgo de infección por el VIH limitando la exposición a los factores de riesgo. A
continuación, se explican los principales métodos para prevenir el contagio, que a menudo se utilizan
conjuntamente.
Tratamiento
Es posible suprimir el VIH mediante tratamientos en los que se combinan tres o más fármacos
antirretrovíricos. Aunque el TAR no cura la infección por el VIH, inhibe la replicación del virus en el
organismo y permite que el sistema inmunitario recobre fortaleza y capacidad para combatir las infecciones.
En 2016, la OMS recomendó proporcionar TAR de por vida a todas las personas con el VIH, incluidos los
niños, adolescentes y adultos y las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, con independencia de su
estado clínico y de su recuento de CD4. Hasta mediados de 2019, esta recomendación había sido adoptada ya
por 182 países, que abarcan el 99% de las personas infectadas por el virus a nivel mundial.
La OMS actualizó sus directrices para el tratamiento de la infección por el VIH en 2018 y 2019 con el fin de
tener en cuenta los últimos avances científicos. Las directrices para el tratamiento de la infección por el VIH
incluyen nuevos antirretrovíricos alternativos con mejor tolerabilidad, mayor eficacia y tasas más bajas de
incumplimiento terapéutico que los fármacos recomendados anteriormente. La OMS recomienda el uso de
dolutegravir o efavirenz a dosis bajas como tratamiento de elección, y raltegravir y darunavir/ritonavir como
segunda elección.
La ampliación del acceso al tratamiento constituye una parte fundamental de una nueva serie de metas para
2020 que tienen por objetivo encarrilar los esfuerzos a nivel mundial para poner fin a la epidemia de sida en
2030.