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Lenguaje: Clave de la Historia Humana

El documento describe el papel fundamental que juega el lenguaje en la creación del pensamiento humano y la comunicación. El lenguaje es la creación más grande concebida por el hombre para capturar pensamientos, acciones y sentimientos a través de diferentes épocas. El lenguaje oral surgió primero como medio de comunicación entre los seres humanos, y luego el lenguaje escrito permitió conservar el pensamiento a través del tiempo. Aunque el lenguaje escrito permite preservar ideas, las palabras mueren con la persona, por lo que el lengu

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Lenguaje: Clave de la Historia Humana

El documento describe el papel fundamental que juega el lenguaje en la creación del pensamiento humano y la comunicación. El lenguaje es la creación más grande concebida por el hombre para capturar pensamientos, acciones y sentimientos a través de diferentes épocas. El lenguaje oral surgió primero como medio de comunicación entre los seres humanos, y luego el lenguaje escrito permitió conservar el pensamiento a través del tiempo. Aunque el lenguaje escrito permite preservar ideas, las palabras mueren con la persona, por lo que el lengu

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Lenguaje: Creación y expresión del


pensamiento

Por Víctor Manuel Hernández Fierro


Número 19

“La palabra es el hombre mismo.


Sin ellas, es inasible.
El hombre es un ser de palabras.”

Octavio Paz

Hombre y lenguaje, imposible hablar de uno, sin la presencia


del otro. Es el lenguaje la más grande creación concebida por el
hombre en todos los tiempos, pues a través de él ha logrado
capturar el pensamiento, la acción y sentimiento de seres de
distintas épocas. El hombre es el único de los seres vivientes
que tiene la suficiente capacidad para representar
simbólicamente la realidad. Esta afirmación será el punto de
partida de mi reflexión sobre el papel que juega el lenguaje en
la conformación del ser humano.

El lenguaje es el medio por el cual nos expresamos, es la


comunicación que consiste en emitir e interpretar señales. Las
señales forman parte de un código o sistema y esto nos permite
entenderlas: Las señales de los sordomudos son un código:
(lenguaje mímico), las señales en calles y carreteras son un
código: (lenguaje gráfico), el alfabeto es un código: (lenguaje
oral o escrito).

Hoy podemos viajar a través de los tiempos: Desvestir al


pasado, descubrir el presente e inventar el futuro, el uso del
lenguaje nos permite eso y más.

La lingüística es la ciencia que estudia todos los aspectos de las


lenguas, tales como su origen, evolución, características,
utilización y relación.

El lenguaje es universal ya que permite una gran diversidad de


formas o maneras de expresión que conllevan al
establecimiento de la comunicación. La estructura del lenguaje
en su calidad de modo de comunicación está relacionada con
otros elementos de particular relevancia.

La lingüística estudia el lenguaje en sus dos ramas principales:


el habla y la escritura; no obstante, el lenguaje oral y el escrito
son tan sólo uno de los múltiples lenguajes que el hombre
utiliza para comunicarse.

La expresión verbal es una forma directa de hacer llegar un


mensaje, de hacerse comprender, motivar, etc., a pesar de que
el sujeto no esté físicamente frente a su interlocutor. El empleo
de la voz como medio de comunicación produce importantes
efectos, pues las vibraciones de la voz son capaces de
conmover y de emocionar a toda una audiencia. Código
lingüístico verbal/semejanzas y diferencias

La palabra escrita, por su parte, es otro medio de comunicación


valioso, cuyo propósito fundamental es dejar huella y registro
de mensajes que pueden referirse a un pasado remoto o
cercano, a sucesos de actualidad, e inclusive a especular sobre
el futuro. Obviamente este medio implica mayores exigencias
en términos de redacción y estilo que las de expresión oral,
puesto que la escritura permite afinar el mensaje y en
consecuencia incrementa las posibilidades de estructurar un
contenido, evitando confusiones respecto al significado.

Por lo anterior, el lenguaje es el vehículo de comunicación más


eficiente, en cualquiera de sus formas y maneras de expresión;
de ahí que el lenguaje y la comunicación vayan de la mano.

Lenguaje y comunicación

La comunicación humana es un fenómeno intrínsecamente


social. Desde las primeras comunidades humanas (la horda, el
clan, la tribu) el hombre ha tenido necesidad de comunicarse
para interactuar en su grupo social y así resolver los retos que
desde siempre la sobrevivencia le ha planteado.

El ser humano es gregario por naturaleza, es decir, se une a


otros seres semejantes a él y convive con ellos participando en
la evolución y desarrollo de su grupo. De esta convivencia se
desprende la necesidad de comunicación, la cual, en un
principio, era rudimentaria, con base en gestos y gritos
indiscriminados, es decir no seleccionados; después, al
evolucionar el hombre y ser capaz de aprender de sus aciertos y
errores, se llegó a una forma de comunicación únicamente
humana: El lenguaje.

“La primera actitud del hombre ante el lenguaje fue la


confianza: El signo y el objeto representado eran lo mismo”[1],
cita Octavio Paz, y comparto su afirmación, pues
históricamente, el hombre fue capaz de hablar cuando, a partir
del momento iluminado en que discriminó los sonidos, los
aplicó, primero, a determinados objetos que formaban parte de
su entorno y, posteriormente, a ideas cada vez más subjetivas
y abstractas que emanaban de sentimientos y vivencias que
formaban el bagaje de experiencias de que era objeto y sujeto.
Esto ocurrió dentro del contexto social en el que interactuaba,
ya que como ente social no puede vivir aislado.

Paz escribió que “Al cabo de los siglos los hombres advirtieron
que entre las cosas y sus nombres se abría un abismo.”[2] El
argumento que encuentro es que se descubre una de las
características inherentes del lenguaje: su arbitrariedad.

El lenguaje es arbitrario porque los creadores de una lengua


usaron su arbitrio, no la relación lógica para nombrar a un
objeto de acuerdo al gusto o a la circunstancia, lo cual es
arbitrario, aunque se debe comprender que era imposible que
los hablantes primitivos pudieran sentarse a discutir cómo
nombrar los objetos, pues carecían de los elementos básicos de
la lengua articulada, es decir, las palabras.

Es claro entender que las expresiones iniciales y primitivas no


las conocemos en la actualidad, pues una lengua es algo vivo,
como la comunidad que la utiliza, y varía desarrollando
diferentes cambios a través del tiempo y del espacio.

Con la confección de los más sencillos instrumentos de trabajo


surgió la necesidad de comunicarse con los demás hombres en
el proceso de la actividad laboral y de empleo de los
instrumentos; así nació el lenguaje articulado.

Puedo afirmar que la creación del lenguaje oral antecedió con


mucho al lenguaje escrito y que ambos surgieron tanto del
desarrollo del pensamiento humano y sus diferentes estadios
evolutivos, así como de la conciencia paulatina desarrollada en
el hombre de cubrir sus necesidades de cualquier tipo, incluidas
desde luego las de comunicación.

Con el lenguaje escrito, el hombre dejó la prehistoria y entró al


periodo denominado historia. Desde el momento en que deja
piedras labradas, rollos, documentos que relaten sucesos
vividos por él y su grupo, se convierte en un sujeto de la
historia.

La lengua escrita está supeditada a la oral, aunque cada una de


ellas cubre diferentes objetivos, pues la lengua hablada es por
excelencia el mejor instrumento creado por el hombre para
realizar su comunicación y la escrita es la forma mediante la
cual el hombre conserva su pensamiento por medio de las letras
o grafías, a través del tiempo y del espacio, lo cual nos lleva a
considerar un rasgo fundamental de la palabra hablada, ser
momentánea.
Estamos hechos de palabras

“El hombre es un ser de palabras”[3], Paz nos descubre al


hombre como un hacedor de palabras, a partir de la realidad
que vive, sin embargo, es tan subjetiva esa realidad de un ser a
otro, que se atreve a asegurar que “las palabras nacen y
mueren, como los hombres”[4].

Las palabras son los elementos del lenguaje que nos sirven para
expresarnos, y debemos tener especial cuidado en elegirlas, ya
que de esto depende, la eficiencia de nuestra comunicación.

Durante muchísimo tiempo, al hombre le bastó, para sus


necesidades comunicativas, el lenguaje oral; sin embargo, al
continuar la evolución humana y al complicarse el pensamiento
humano, se necesitó otra forma de expresión que fijara las
ideas, y consignara actividades de su vida práctica y económica.
Se llevó a cabo un largo y paulatino proceso de desarrollo de la
lengua escrita.

La lengua escrita surgió mucho tiempo después que la oral,


cuando el pensamiento del hombre ya había evolucionado
enormemente, y sus necesidades de intercomunicación se
fueron complicando también cada vez más, sobre todo en las
actividades económicas.

Aun cuando la lengua escrita tiene como principal ventaja


preservar el pensamiento, es indiscutible que al morir un
hombre, mueren con él sus palabras.

En el mismo caso de Octavio Paz, gran ensayista mexicano, se


cumple esta afirmación, pues tras su muerte recibimos como
legado sus escritos, sin embargo, el valor que retoman éstos
ante nuestros ojos es distinto al que tenían mientras vivió Paz,
pues sabemos que estas obras literarias podrán ser sujetas de
los más completos y eficientes análisis, pero no tendrán
oportunidad de defenderse de críticas o enorgullecerse por las
alabanzas. Al morir Octavio Paz, mueren con él sus nuevas
palabras.

Cuatro siglos antes ocurrió lo mismo con las palabras de Sor


Juana Inés de la Cruz, hoy sus poemas forman parte de
infinidad de bibliotecas que Emerson define como “Gabinetes
mágicos en los que hay muchos espíritus hechizados, que
despiertan cuando los llamamos; mientras no abrimos un libro,
ese libro literalmente, geométricamente, es un volumen, una
cosa entre las cosas. Cuando lo abrimos, cuando el libro da con
su lector, ocurre un hecho estético”.[5]

Significa, pues que aun cuando la palabra escrita ha logrado


traspasar la barrera del tiempo, sin un lector ávido sólo es un
objeto más, como los muchos que rodean la realidad del
hombre actual.

Esta reflexión nos lleva a la idea de que “Si la literatura es


expresión, la literatura está hecha de palabras y el lenguaje es
un fenómeno estético”[6], y aquí nuevamente cuestionaría la
objetividad de cada escritor u orador al hablarnos de su
realidad, pues es innegable que al comunicarnos procuramos la
belleza de nuestro mensaje, dándole más importancia a ésta,
que al contenido.

Borges, en su libro Obras Completas III nos presenta el análisis


de dos textos: Un famoso soneto de Quevedo, escrito a la
memoria de Don Pedro Téllez Girón, duque de Osuna, y otro de
Enrique Banchs en apariencia, dedicado al espejo. En ambos
análisis pone de manifiesto como estos dos poetas disfrazan y
disimulan una realidad, en el afán de crear un mensaje bello a
la vista y al oído. En ambos casos no existe la mala intención de
alterar la realidad de los casos que exponen por un obscuro
interés, sino el de crear un poema bello en su estructura.

Es apasionante observar como los lingüistas, junto con los


psicólogos, los sociólogos y los especialistas en etnografía, han
ido interesándose en las dos últimas décadas por el hablar, por
el uso del lenguaje humano en situaciones sociales
determinadas.

El análisis del lenguaje en función de las relaciones


interpersonales exige distinguir con infinito cuidado las distintas
situaciones en las que se producen los enunciados, los
propósitos del hablante y la relación con los distintos hábitos
culturales.

“Toda palabra implica dos: El que habla y el que oye”[7] Bajo


este contexto, es mi intención dejar claro que para que exista la
comunicación, que el lenguaje esté en una práctica real, debe
configurarse el binomio emisor-receptor. La eficiencia de un
mensaje será medido en tanto se logre la comprensión en
nuestro receptor sobre el mensaje que dimos a conocer.

En el momento en que somos partícipes en un proceso de


comunicación, y asumimos el papel de emisores, debemos
pensar en quién será nuestro emisor, y a partir de él,
estructurar el contenido de nuestro mensaje. Es así que se
logra la eficiencia y pertinencia del lenguaje.

Y esta afirmación también se aplica en la comunicación


escrita. “El hombre pone en marcha el lenguaje”[8], funge
como su “creador”, y por lo tanto, es responsable directo de sus
implicaciones en el receptor.
Es importante poner de relieve que el hombre es el único de los
seres vivientes sobre la Tierra que tiene la suficiente capacidad
para representar simbólicamente la realidad.

Texto y discurso

“El sujeto que habla no sitúa el mundo en relación consigo


mismo, no se sitúa pura y simplemente en el seno de su propio
espectáculo, como el artista, sino en relación con el otro”[9].

Lévinas fortalece la idea de que al momento de expresar un


mensaje, debemos pensar en nuestro receptor, a quién nos
estamos dirigiendo, el emisor no es autónomo, pues la
producción de sus mensajes está siempre supeditada a su
receptor.

Los hablantes de una lengua han interiorizado un conjunto de


reglas que les permiten emitir enunciados que presentan una
estructura gramatical y que son semánticamente aceptables
para los demás hablantes de la misma lengua, igualmente,
pueden distinguir estos enunciados de los que no están bien
construidos desde el punto de vista gramatical o que no son
aceptados significativamente. Una narración cualquiera o una
conversación están formadas por un encadenamiento, no puede
producirse de una manera absolutamente libre, sino que tiene
que obedecer a un conjunto de reglas y propiedades.

Las narraciones escritas o las conversaciones de la vida


cotidiana presentan características que las hacen comprensibles
para el lector y para los hablantes. Existen elementos y
propiedades como la claridad, coherencia y orden que van
generando lentamente la coherencia término técnico que sirve
para designar el fenómeno que supone que la correcta
interpretación semántica de un enunciado no solo depende de
él, sino también depende de la interpretación de los anteriores.

Roland Barthes define la lengua como un “corpus de


prescripciones y hábitos, común a todos los escritores de una
época, lo que equivale a decir que la lengua es como una
naturaleza que se desliza enteramente a través de la palabra
del escritor”.[10] Partiendo de esta reflexión, podríamos afirmar
que el escribir en la misma época histórica supondría similitud
en los escritos entre una y otra persona, sin embargo, se
involucra el estilo que el mismo Barthes categoriza como “un
secreto”, dado que lo concibe como “un producto natural de la
persona biológica”[11].

Si observamos a nuestro alrededor, veremos que aún entre las


personas que hablan un mismo idioma, no todas lo hablan, ni lo
escriben de la misma manera, encontramos que dentro del
mismo idioma, existen diferentes lenguajes: Uno es el que
hablan las personas cultas, y por eso se le conoce con el
nombre de lenguaje culto; otro es el que hablan los
profesionistas entre sí, y se conoce con el nombre de lenguaje
técnico o científico; otro es el que se usa en poesía, por eso se
le llama lenguaje poético; existen también palabras que se usan
dentro del hogar y que forman el lenguaje familiar; por último,
existe un lenguaje que usan las personas sin educación y sin
cultura, que forman lo que se conoce con el nombre de vulgo, y
a ese lenguaje se le da el nombre de lenguaje vulgar.

Esta diversidad de tipos de lenguaje propicia la proliferación de


estilos, maneras muy personales de ver y entender la realidad
del ser humano.

“Lengua y estilo son fuerzas ciegas; la escritura es un acto de


solidaridad histórica”[12]. Esta afirmación de Barthes coincide
con la visión del lingüista más famoso de los tiempos modernos,
Ferdinand de Saussure, quien define a la lengua “como un
sistema en el que todas las partes pueden y deben considerarse
en su solidaridad sincrónica”.[13]

La lengua es un sistema que no conoce más que su


propio y peculiar orden.

Algo en lo que coinciden los escritores de una misma época, es


que aún con estilos diferentes, narran una misma realidad,
desde sus muy particulares apreciaciones.

“El lenguaje nunca es inocente,”[14] a partir de que el emisor


decide comunicar su pensamiento, se estructura la intención, es
decir, el porqué de ese mensaje. Esta intención despoja al
lenguaje de su inocencia, pues cada palabra elegida para
formar nuestro mensaje está envuelto en significados
intencionales. Su utilización se sujeta a los caprichos del
emisor, quién crea expresiones que sirven de espejo o velo a su
pensamiento, pues una palabra puede ser pura y correcta, pero
puede estar mal aplicada para significar lo que queremos.

¿Adiós a los libros?

Roger Chartiér nos presenta una trayectoria de lo escrito en


distintas épocas, y expone una seria advertencia: “El libro ya no
ejerce más el poder que ha sido suyo, ya no es más el amo de
nuestros razonamientos o de nuestros sentimientos frente a los
nuevos medios de información y comunicación de que a partir
de ahora disponemos.”[15]
La transición del lenguaje, como Chartiér la plantea: del códice
a la pantalla supone más cambios de los que en apariencia
pudiera tener el lenguaje, pues representa, cómo él mismo lo
identifica: “la revolución del texto electrónico, que es y será
también una revolución de la lectura”.[16]

Considero que el cambio en el medio de transmisión del


lenguaje, del códice a la pantalla, no es la modificación más
significativa que ha sufrido a través de los tiempos, pues
solamente se le está sujetando a los cambios que el uso de la
nueva tecnología impone a todas las cosas; la apertura de los
textos electrónicos si revolucionan en gran medida a la lectura,
pero creo que para bien, dado que la reviste de un atractivo
especial para los nuevos lectores, pues son receptores del
conocimiento a través de un medio electrónico que les facilita la
aprehensión de lo leído.

Estos medios electrónicos, en mi opinión, no vienen a sustituir


al libro como el “heredero directo del manuscrito,”[17] sino que
ampliarán el universo de lectores, pues en nuestros días, es
mucho más práctico accesar a una pantalla electrónica y
enterarte de los sucesos pasados y recientes en cuestión de
minutos; que el esperar a la edición de un libro sobre el tema.

El libro es el medio didáctico por naturaleza y creo firmemente


que mantendrá ese nivel, pero no podemos, ni debemos
menospreciar el avance que la tecnología nos plantea. La
universalidad del lenguaje es posible por su expresión continua
entre el mayor número de personas, y estoy convencido de que
los medios electrónicos favorecen esa universalidad.

El lenguaje como discurso

Paul Ricoeur define al discurso como “la primera unidad del


lenguaje y el pensamiento”,[18] y la explica como el
entrelazamiento de por lo menos un nombre y un verbo.
Aristóteles dice lo mismo en su tratado Sobre la Interpretación.
“Un nombre tiene un significado y un verbo tiene, además de
un significado, una indicación del tiempo. Solamente su unión
produce un nexo predicativo, que puede ser llamado logos,
discurso.”[19]

Estas definiciones plantean un problema antaño: Los estudiosos


del lenguaje se han centrado en el análisis de su estructura y
sistema y no con su uso, filosofía de Ferdinand de Saussure,
considerado como el “padre de la lingüística”. Sin embargo,
esta filosofía se separa del estudio objetivo del lenguaje, dado
que “un mensaje es arbitrario y contingente, mientras que un
código es sistemático y obligatorio para una comunidad de
hablantes”.[20]
A lo largo de nuestra vida, emitimos un sin fin de mensajes
llenos de intenciones y arbitrarios en gran medida, dado que
combinamos las palabras a nuestro arbitrio, me atrevería a
afirmar que nuestro conocimiento sobre la lengua es pobre, en
la medida en que la utilizamos para resolver solo nuestras
necesidades de comunicación, pocas veces nos preocupamos
por analizar la estructura de nuestros mensajes, medimos la
eficiencia de lo que decimos o escribimos, en la respuesta o
entendimiento de nuestros receptores.

“El lenguaje como discurso ha desaparecido”, pues “ya no


aparece como la mediación entre mentes y cosas. Constituye un
mundo en sí mismo, dentro del cual cada elemento sólo se
refiere a elementos del mismo sistema, gracias a la interacción
de oposiciones y diferencias constitutivas del sistema. El
lenguaje ya no es tratado como una forma de vida, sino como
un sistema autosuficiente de relaciones internas”.[21]

Nuestra lengua es una lengua viva, es decir que cualquier


estudio sobre ella, debe incluir el uso que le dan sus hablantes,
intentar analizarla sólo por su estructura de sistema, es en
vano. El lenguaje es rico, en la medida en que se practica y
dista mucho su estructura formal, del uso cotidiano que ha
tenido en las distintas épocas, a partir de su creación.

Concluyo mi ensayo reafirmando: El lenguaje es la máxima


creación del hombre, pues a partir de él representa
simbólicamente la realidad. Una lengua es algo vivo, como la
comunidad que la utiliza y varía desarrollando diferentes
cambios a través del tiempo y del espacio.

Y son precisamente estos dos elementos: tiempo y espacio, los


que hacen del análisis del lenguaje una jornada extenuante y en
muchas de las ocasiones, con un resultado de ese análisis tan
subjetivo, como la realidad misma de quienes lo practican.

Poetas, filósofos, sociólogos y especialistas en las distintas


disciplinas científicas y tecnológicas han aceptado el reto de
hurgar en el largo camino que ha seguido el lenguaje a partir de
su creación.

Finalizo diciendo: La comunicación y el lenguaje articulado


ejercieron un influjo en la evolución del cerebro, por
consiguiente, la comunicación creó al propio hombre, y también
gracias a la comunicación apareció y comenzó a desarrollarse la
sociedad…nuestra sociedad.

…Porque el lenguaje es creación y expresión del pensamiento


humano.
Bibliografía

1.- Jorge Luis Borges, OBRAS COMPLETAS III, Editorial Emece.


2.- Octavio Paz, EL ARCO Y LA LIRA, Editorial Fondo de Cultura
Económica.
3.- Emmanuel Lévinas, FUERA DEL SUJETO, Editorial Caparrós
4.-Roland Barthes, EL GRADO CERO DE LA ESCRITURA,
Editorial siglo XXI, 13ª. Edición.
5.- Roger Chartér, SOCIEDAD Y ESCRITURA EN LA EDAD MEDIA
6.- Paul Ricoeur, TEORIA DE LA INTERPRETACION, Editorial
siglo XXI

----------------------------------------------------------------------

[1] (Octavio Paz, “El arco y la lira”, P. 29)


[2] (Ídem, p.29)
[3] (Ídem, p. 30)
[4] (Ídem, p. 30)
[5] (Jorge Luis Borges “Siete noches”, p. 254)
[6] (Ídem, 254)
[7] (Octavio Paz, “El arco y la lira”, p.45)
[8] (Ídem, p.37)
[9] (Emmanuel Lévinas, “Fuera del sujeto”, p. 162)
[10] (Roland Barthes,” “El grado cero de la escritura” La obra no contenía número de
página)
[11] (Ídem, Sin página, ya la obra no contaba con ella )
[12] (Ídem, sin página la obra)
[13] (Copias de Ferdinand de Saussure., no se contaba con los datos de la obra)
[14] (Ídem)
[15] (Roger Chartiér, “Del Códice a la pantalla”, p.249)
[16] (Ídem, p. 255)
[17] (Ídem, p.252)
[18] (Paul Ricoeur, “El Lenguaje como discurso”, p.15)
[19] (Ídem, p.15)
[20] (Ídem, p.17)
[21] (Ídem, p.20)

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