Universidad Nacional De
San Antonio Abad Del
Cusco
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS
POLÍTICAS
ASIGNATURA: REDACCIÓN DE TEXTOS
TEMA: DEMÓSTENES
DOCENTE: ROXSSANA ELVIRA
ARREDONDO GARCIA
ALUMNO: JARA PACHECO JUBERT
CÓDIGO: 201394
CUSCO, PERÚ
2020
Demóstenes
Demóstenes fue uno de los oradores más relevantes de la historia y un importante
político ateniense. Nació en Atenas, en el años 380 a. C. y falleció en Calauria, el años
320 a. C.
Sus dotes de oratoria constituyen la última expresión significativa de las proezas
intelectuales atenienses, y permiten el acceso a los detalles de la política y la cultura de
la Antigua Grecia durante el siglo IV a. C. Demóstenes aprendió retórica mediante el
estudio de los discursos de oradores anteriores. Pronunció sus primeros discursos
judiciales a los veinte años de edad, cuando reclamó a sus tutores que le entregaran la
totalidad de su herencia. Durante un tiempo, Demóstenes se ganó la vida como escritor
profesional de discursos judiciales y como abogado, redactando textos para su uso en
pleitos entre particulares.
Demóstenes se interesó por la política durante esa época, y fue en el 354 a. C. cuando
dio sus primeros discursos políticos en público. Dedicó sus años de plenitud física e
intelectual a oponerse a la expansión del reino de Macedonia. Idealizaba a su ciudad y
luchaba por restaurar la supremacía ateniense y motivar a sus compatriotas para
oponerse a Filipo II de Macedonia. Buscó preservar la libertad de Atenas y establecer
una alianza contra Macedonia en un intento sin éxito de impedir los planes de Filipo de
expandir su influencia hacia el sur, conquistando las ciudades-estado griegas. Dos años
antes de la muerte de Filipo, Demóstenes tuvo un papel capital en el levantamiento de
Atenas y Tebas contra el rey macedonio y su hijo, Alejandro III, en la batalla de
Queronea, si bien sus esfuerzos no tuvieron éxito cuando la revuelta se encontró con
una enérgica reacción macedonia. Más aún: para prevenir una revuelta similar contra su
propio líder, el sucesor de Alejandro, el diádoco Antípatro, envió a sus hombres para
que acabaran con Demóstenes. Demóstenes, sin embargo, se suicidó con el fin de evitar
caer en manos de Arquias, confidente de Antípatro.
El llamado Canon Alejandrino, compilado por Aristófanes de Bizancio y Aristarco de
Samotracia, reconoce a Demóstenes como uno de los 10 mayores logógrafos y oradores
áticos. Según Longino, Demóstenes "perfeccionó al máximo el tono del discurso
idealista, pasional, abundante, preparado, rápido".1 Cicerón le aclamó como "el orador
perfecto" al que no le faltaba nada y Quintiliano le alabó dirigiéndose a él como "lex
orandi" ("la norma de la oratoria") y diciendo de él que "inter omnes unus excellat" ("se
encuentra solo entre el resto de oradores").
El joven Demóstenes soñaba con ser un gran orador, sin embargo este propósito parecía
una locura desde todo punto de vista. Su trabajo era humilde, y de extenuantes horas a la
intemperie. No tenía el dinero para pagar a sus maestros, ni ningún tipo de
conocimientos. Además tenía otra gran limitación: Era tartamudo.
Demóstenes sabía que la persistencia y la tenacidad hacen milagros y, cultivando estas
virtudes, pudo asistir a los discursos de los oradores y filósofos más prominentes de la
época. Hasta tuvo la oportunidad de ver al mismísimo Platón exponer sus teorías.
Ansioso por empezar, no perdió tiempo en preparar su primer discurso.
Su entusiasmo duro poco: La presentación fue un desastre.
Fue un gran fracaso. A la tercera frase fue interrumpido por los gritos de protesta de la
audiencia:
-¿Para qué nos repite diez veces la misma frase?
-dijo un hombre seguido de las carcajadas del público.
- ¡Hable más alto! -exclamó otro-. No se escucha, ¡ponga el aire en sus pulmones y no
en su cerebro!
Las burlas acentuaron el nerviosismo y el tartamudeo de Demóstenes, quien se retiró
entre los abucheos sin siquiera terminar su discurso.
Cualquier otra persona hubiera olvidado sus sueños para siempre. Fueron muchos los
que le aconsejaron –y muchos otros los que lo humillaron- para que desistiera de tan
absurdo propósito.
En vez de sentirse desanimado, Demóstenes tomaba esas afirmaciones como un desafió,
como un juego que él quería ganar.
Usaba la frustración para agrandarse, para llenarse de fuerza, para mirar más lejos.
Sabía que los premios de la vida eran para quienes tenían la paciencia y persistencia de
saber crecer.
- Tengo que trabajar en mi estilo.- se decía a sí mismo.
Así fue que se embarcó en la aventura de hacer todo lo necesario para superar las
adversas circunstancias que lo rodeaban.
Se afeitó la cabeza, para así resistir la tentación de salir a las calles. De este modo, día a
día, se aislaba hasta el amanecer practicando.
En los atardeceres corría por las playas, gritándole al sol con todas sus fuerzas, para así
ejercitar sus pulmones.
Más entrada la noche, se llenaba la boca con piedras y se ponía un cuchillo afilado entre
los dientes para forzarse a hablar sin tartamudear.
Al regresar a la casa se paraba durante horas frente a un espejo para mejorar su postura
y sus gestos.
Así pasaron meses y años, antes de que de que reapareciera de nuevo ante la asamblea
defendiendo con éxito a un fabricante de lámparas, a quien sus ingratos hijos le querían
arrebatar su patrimonio.
En esta ocasión la seguridad, la elocuencia y la sabiduría de Demóstenes fue ovacionada
por el público hasta el cansancio.
Demóstenes fue posteriormente elegido como embajador de la ciudad.
Su persistencia convirtió las piedras del camino en las rocas sobre las cuales levantó sus
sueños.