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La colección de libros de filosofía política Instituto Juan Las malas noticias son omnipresentes en las televisiones, los periódicos

os y JOHAN NORBERG
de Mariana-Value School-Deusto trae al público las conversaciones. Sea por razones económicas, políticas o debido a
hispanohablante una selección de los mejores textos
Ensayista económico sueco y activo conferenciante
catástrofes naturales, parece que nuestro mundo va cada vez peor. Sin
escritos y publicados sobre la materia. internacional, colabora habitualmente con medios
embargo, eso no es cierto. El progreso que la humanidad ha experimentado
globales y escribe una columna en el periódico
en las últimas décadas ha sido asombroso y no tiene precedentes. Y así lo
Metro. Sus trabajos tratan sobre el emprendimiento,
demuestra el detallado examen que Johan Norberg hace en este libro de
la libertad, la economía y la globalización. Es
las cifras oficiales de organizaciones internacionales como Naciones
TÍTULOS PUBLICADOS: miembro del consejo de la Sociedad Mont Pelerin
Unidas, el Banco Mundial o la Organización Mundial de la Salud.
de Suiza, experto del Cato Institute de Washington
T R ATA DO Y DI SC U R SO SOBR E y senior fellow del European Centre for International
L A MON E DA DE V E L L ÓN Nuestra percepción puede decirnos que todo va mal, pero los datos
Political Economy de Bruselas.
Juan de Mariana indican que el mundo mejora y que lo hace, en muchas ocasiones, para
aquellos que se encuentran en un peor punto de partida: en casi todos los
Ha escrito quince libros, de los cuales en España se
PROGR E SO rincones del mundo la gente vive más años, con mayor prosperidad, más
han publicado En defensa del capitalismo global
Johan Norberg seguridad y mejor salud.
(Unidad Editorial, 2005) y Fiasco Financiero: Cómo
la obsesión de los americanos por la propiedad
Por supuesto, ni todos los problemas han sido resueltos ni todas las partes
inmobiliaria y el dinero fácil causó la crisis económica
DE PRÓXIMA APARICIÓN: del mundo pueden compartir este optimismo. Pero en la mayoría de los
(Unidad Editorial, 2015).
casos sabemos, al menos, qué herramientas pueden ayudarnos; muchas
CON T R A L A DE MOC R AC I A veces, una tecnología tan simple como la que permite el acceso al agua
Jason Brennan potable y sistemas de fontanería domésticos puede marcar una enorme
diferencia. La educación y la nutrición son también claves y constituyen
DE L R E Y Y DE L A I NS T I T UC IÓN R E A L indicadores que mejoran. Nada debería hacernos pensar, en consecuencia,
Juan de Mariana que el mundo del futuro va a ser peor que el actual. De hecho, y como
nos recuerda Norberg en las páginas de este libro, vivimos en la mejor
época de la humanidad.

Un estallido de sentido común. La razón por la que las cosas tienden a mejorar
es porque el conocimiento es acumulativo y se comparte con facilidad. Como
afirma Norberg, «el recurso más importante es el cerebro humano […], que
se puede reproducir de manera agradable».
The Economist, que escogió Progreso como libro del año 2016
Deusto
Grupo Planeta
[Link]
[Link]
[Link]/EdicionesDeusto
@EdicionesDeusto Diseño de cubierta: © Sylvia Sans
PVP 19,95€ 0010188827
#Progreso Fotografía de cubierta: © Antar Dayal - Getty Images
Progreso
10 razones para mirar al futuro
con optimismo

JOHAN NORBERG

Traducido por Diego Sánchez de la Cruz

EDICIONES DEUSTO

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Título original: Progress
Publicado por Oneworld Publications, Londres, Reino Unido, 2016

© 2016 Johan Norberg


© de la traducción Diego Sánchez de la Cruz, 2017

© Centro Libros PAPF, S.L.U., Instituto Juan de Mariana y Value School, S.L.,
2017
Deusto es un sello editorial de Centro Libros PAPF, S. L. U.
Grupo Planeta
Av. Diagonal, 662-664
08034 Barcelona

[Link]

ISBN: 978-84-234-2880-9
Depósito legal: B. 22.359-2017
Primera edición: octubre de 2017
Preimpresión: pleka scp
Impreso por Artes Gráficas Huertas, S.A.

Impreso en España - Printed in Spain

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema


informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico,
mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito
del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra
la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar
o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con CEDRO a través
de la web [Link] o por teléfono en el 91.702 19.70 / 93.272 04.47.

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Sumario

Prólogo de Juan Ramón Rallo....................................... 13


Introducción. Estamos mejor que nunca..................... 19
Capítulo 1.  Alimentación .............................................. 27
Capítulo 2.  Saneamiento .............................................. 61
Capítulo 3.  Esperanza de vida....................................... 75
Capítulo 4.  Pobreza........................................................ 105
Capítulo 5.  Violencia ..................................................... 133
Capítulo 6.  Medio ambiente ......................................... 163
Capítulo 7.  Alfabetización ............................................. 193
Capítulo 8.  Libertad ...................................................... 209
Capítulo 9.  Igualdad ...................................................... 237
Capítulo 10.  La próxima generación ........................... 277
Epílogo. ¿Aún no estás convencido?............................. 297
Agradecimientos.............................................................. 317

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Capítulo 1
Alimentación

Quien sea capaz de producir dos mazorcas de


maíz en una parcela que hasta entonces sólo lo-
graba producir una, o quien sea capaz de realizar
dos siegas de hierba donde antes sólo se hacía un
corte, merecerá el reconocimiento de la humani-
dad y realizará un servicio más esencial a su país
que toda la clase política junta.

Jonathan Swift9

Un día de invierno de 1868, mi antepasado Eric Norberg


regresó al pequeño pueblo de Nätra, ubicado al norte de
Suecia. Cargaba varias bolsas de harina de trigo, que trans-
portaba en un carro. Sus antepasados eran agricultores del

9.  Swift, Jonathan, Gulliver’s Travels, J. Walker, Londres, 1819, p.


148. Versión castellana de Pedro Guardia Massó, Los viajes de Gulliver,
Editorial Planeta, Barcelona, 1993.


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28 · Progreso

norte del país, que se habían especializado en burlar las


barreras legales y los monopolios regulatorios. En el sur,
Eric Norberg vendía la ropa que compraba en el norte. En
el norte, su principal negocio eran las sales y los cereales
que adquiría en el sur.
Pero el año 1868 fue un mal año y Suecia sufrió una
gran hambruna a raíz de las malas cosechas. En los hoga-
res no había harina para hacer pan y algunas familias se
veían obligadas a completar la mezcla con corteza de árbol.
Un vecino de la localidad de Björna, que por aquel enton-
ces tenía siete años, escribió sobre aquella época tan dura:

A menudo veíamos a mamá llorando. Para ella era muy duro


no tener comida con la que alimentar a sus hijos. Era habi-
tual ver a niños y niñas que, muertos de hambre, se arrastra-
ban de granja en granja, suplicando por un pedazo de pan.
Recuerdo un día en el que tres niños llamaron a nuestra casa,
rogando que les diésemos algún alimento con el que paliar el
hambre. Mamá lloraba y lloraba. Tuvo que decirles que no
podíamos ayudarles, porque apenas nos quedaban unos po-
cos pedazos de pan. Recuerdo que, junto a mis hermanos,
rompimos a llorar y le pedimos a mamá que compartiésemos
con ellos nuestra escasa despensa. Ella acabó accediendo.
Los niños se tiraron sobre la comida como lobos hambrien-
tos. En cuanto terminaron, se dirigieron a la siguiente gran-
ja, que estaba bastante alejada de nuestra casa. Pero al día
siguiente, aquellos tres niños aparecieron muertos. Apenas
habían alcanzado a recorrer la mitad del camino.10

10.  Byström, Christer, «Nödår», parte de «Sidensjös historia for år

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Alimentación · 29

Viejos y jóvenes por igual recorrían los pueblos de


puerta en puerta, suplicando que alguien les diese algún
alimento con el que retrasar lo que ya parecía una muerte
segura. El poco ganado que quedaba estaba en unas condi-
ciones tan lamentables que, cuando se ordeñaba a las va-
cas, se obtenía leche mezclada con sangre… Miles de sue-
cos murieron entre 1868 y 1869 por falta de alimentos.
Las malas cosechas no eran una novedad en mi país. Entre
1695 y 1697, un episodio de hambruna había acabado con
uno de cada quince habitantes suecos. La tradición oral
habla incluso de episodios de canibalismo, que tuvieron
lugar a raíz de las situaciones extremas que ocasionó la fal-
ta de alimentos. Por aquel entonces no había frigoríficos ni
congeladores en los que almacenar comida. El campo no
se trabajaba con máquinas y tampoco había sistemas mo-
dernos de irrigación, ni fertilizantes artificiales. A esto hay
que sumarle la falta de comunicaciones y el subdesarrollo
del transporte. En suma, un cúmulo de factores que hacía
que una mala cosecha fuese sinónimo de hambre generali-
zada.
No hay necesidad humana más básica que la de pro-
porcionar al cuerpo humano suficiente energía para ga-
rantizar el funcionamiento del organismo, y en especial
del cerebro. Sin embargo, esa necesidad no se ha visto sa-
tisfecha durante buena parte de nuestra historia. Las ham-
brunas han sido un fenómeno recurrente y universal. Se
presentaban con tanta frecuencia en Europa que, según el

1900», <[Link] (consul-


tado el 12 de abril de 2016). 


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30 · Progreso

historiador francés Fernand Braudel, «ya estaban asimila-


das por nuestro régimen biológico» y «formaban parte de
las experiencias cotidianas de la época».

Tasa de desnutrición 1945-2015

60
Porcentaje de la población mundial

50

40

30

20

10

0
00

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50

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55

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19

19
19
19

19

20
19

19

20
19

19

19

19

Fuente: FAO 1947, 2003, 2015.11

Francia, uno de los países más ricos del mundo, sufrió


veintiséis hambrunas en el siglo xi, dos en el siglo xii, cua-
tro en el siglo xiv, siete en el siglo xv, trece en el siglo xvi,
once en el siglo xvii y dieciséis en el siglo xviii. A estas cifras

11. FAO, The State of Food and Agriculture 1947, FAO, Ginebra,


1947; FAO, Summary of Food and Agricultural Statistics 2003, FAO,
Roma, 2003; FAO, The State of Food Insecurity in the World 2015, FAO,
Roma, 2015. 


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Alimentación · 31

de índole nacional hay que sumarle cientos de episodios a


nivel local.12
En tiempos de hambre, los campesinos emigraban a las
ciudades, donde se reunían para pedir comida. Muchos mo-
rían en las calles y las plazas, incluso en ciudades tan impor-
tantes como Venecia durante el siglo xvi. Y, por si no fuese
suficiente, el siglo xvii fue aún más duro, a raíz de un enfria-
miento del clima. Un cronista de Normandía escribió en
1694 que la población estaba tan hambrienta que muchas
personas «vivían en los campos, como animales, y se lanza-
ban a comer el trigo, incluso cuando no estaba maduro».13
Más dramático aún es lo que ocurría en el centro de Francia,
donde en 1662 se documentaron casos de personas que co-
mían carne humana para intentar paliar el hambre.14 Y un
poco más al norte de Europa, en Finlandia, el período com-
prendido entre 1695 y 1697 fue de la mano de un episodio de
hambruna tan duro que entre el 25 y el 30 por ciento de la
población acabó perdiendo la vida por la falta de alimentos.
Fernand Braudel nos recuerda que todo esto ocurría
«en la Europa privilegiada, mientras que la situación en
China o India era aún peor». Las economías asiáticas en-
frentaban una situación más compleja si cabe: al proble-
ma de las malas cosechas que también sufría Europa se le
sumaba la dificultad de transportar alimentos hasta países
tan lejanos. Braudel ha recuperado el demoledor testimo-

12.  Braudel, Fernand, The Structures of Everyday Life: Civilization


& Capitalism 15th–18th Century, vol. 1, Phoenix Press, Londres, 2002,
p. 73. 

13.  Braudel, 2002, p. 78. 

14.  Braudel, 2002, p. 78. 


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32 · Progreso

nio de un comerciante holandés que fue testigo de la gran


hambruna india de los años 1630 y 1631:

Los pueblos y ciudades estaban repletos de hombres que


deambulaban sin rumbo. La mayoría caminaban con la mira-
da perdida, los labios pálidos y cubiertos en baba, la piel clava-
da a un cuerpo escuálido del que sobresalían los huesos, el
vientre convertido en una gran bolsa vacía… Unos lloraban o
gritaban, desesperados, mientras otros yacían en el suelo, mu-
riendo en la más absoluta miseria. Pero eso no era todo. Mu-
chas esposas e hijos terminaban abandonados. Había niños
que sus propios padres los vendían por el bien de ambos. In-
cluso se daban casos de suicidios colectivos. Y, peor aún, los
más hambrientos llegaban al extremo de abrir el estómago de
los moribundos o los fallecidos, con ánimo de intentar llevarse
algo a la boca. Miles de personas murieron de hambre. El país
entero estaba repleto de cadáveres sin enterrar, lo que contri-
buía a empeorar e infectar la calidad del aire. Incluso en el
pueblo de Susuntra se vendía carne humana en los mercados.15

En épocas más llevaderas, el grado de seguridad ali-


mentaria observado en las sociedades más desarrolladas
seguía siendo muy limitado. Peor aún, los alimentos con-
tenían suficientes nutrientes y la falta de tecnología impe-
día prolongar la duración de los mismos. De hecho, lo nor-
mal era que la comida fuese consumida justo después de
haberla obtenido. En Ångermanland, la provincia de la
que proviene mi familia, un hogar normal y corriente tenía

15.  Braudel, 2002, p. 77.

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Alimentación · 33

el mismo menú de lunes a sábado… Para desayunar, pata-


tas, arenque y pan. Para comer, avena o gachas. Para me-
rendar, de nuevo patatas, arenque y pan. Y, por último, la
cena consistía en avena o gachas. Este ciclo se repetía día a
día salvo los domingos, cuando se comía sopa de carne (si
es que había carne), mezclada con granos de cebada. Ni
que decir tiene que toda la familia comía del mismo plato,
empleando cucharas de madera que luego relamían y
guardaban sin lavar en un cajón.16
Tener acceso a una alimentación adecuada es funda-
mental para nuestra salud y supervivencia. En 2001 se pu-
blicó un informe que determina que el mes en que nacemos
influye en la esperanza de vida. En el hemisferio Norte, los
nacidos entre octubre y diciembre viven medio año más que
los nacidos entre abril y junio. En el hemisferio Sur ocurre lo
contrario. Y entre los nacidos en el Norte que luego emigra-
ron al Sur se repite el mismo patrón: viven más quienes na-
cieron de octubre a diciembre. Una de las posibles razones
para explicar esta situación es que, en los países más y me-
nos desarrollados, la oferta de fruta fresca y vegetales acos-
tumbra a ser más abundante en los meses de otoño. Y, de
hecho, el peso al nacer de los bebés también tiende a ser ma-
yor entre los nacidos en otoño, a raíz de los nutrientes adqui-
ridos durante el embarazo y los primeros meses de vida.17

16.  Conradson, Birgitta, y Jane Fredlund, «Köket förr i tiden: tek-


nik i köket», <[Link] (consultado
el 21 de noviembre de 2002). 

17.  Doblhammer, Gabriele, y James W. Vaupel, «Lifespan depends
on month of birth», Proceedings of the National Academy of Sciences of
the United States, 98, 5 (2001), pp. 2934-2939. 


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34 · Progreso

A finales del siglo xviii, una familia francesa normal y


corriente tenía que dedicar la mitad de sus ingresos sólo a
comprar cereales. Por aquel entonces, la ingesta media de
calorías en Francia o el Reino Unido era inferior a los ni-
veles que ahora se registran en el África subsahariana, la
región del mundo más atormentada por la lacra de la des-
nutrición.18
En ocasiones se dice que antes se trabajaba menos
horas, pero esto no debería generarnos envidia, porque el
principal factor que limitaba la jornada laboral era la fal-
ta de acceso a alimentos que proporcionaran las calorías
necesarias para que los niños crecieran sanos y fuertes, y
los adultos desarrollaran correctamente sus funciones
corporales. Nuestros antepasados tenían baja estatura y
un cuerpo atrofiado y enjuto precisamente porque un fí-
sico así, pequeño, hacía posible funcionar y trabajar con
una insuficiente ingesta de alimentos. Angus Deaton,
economista galardonado con el premio Nobel, es uno de
los mayores expertos de todo el mundo en campos como
la salud y el desarrollo. En su opinión, el Reino Unido del
siglo xviii y comienzos del xix sufría una «trampa nutri-
cional», porque la falta de calorías iba en detrimento del
esfuerzo necesario para aumentar la producción de ali-
mentos, y eso impedía a su vez que la población en su

18.  Braudel, Fernand, 2002, p. 74, Calories; Fogel, Robert William,


The Escape From Hunger and Premature Death, 1700–2100: Europe,
America, and the Third World, Cambridge University Press, Cambridge,
2004, p. 9. Versión castellana de Sandra Chaparro Martínez, Escapar del
hambre y la muerte prematura, 1700-2100: Europa, América y el Tercer
Mundo, Alianza Editorial, Madrid, 2009.


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Alimentación · 35

conjunto fuese más productiva en otros sectores de la


economía.19
Se estima que, hace ahora dos siglos, alrededor del 20
por ciento de la población de Francia y Gran Bretaña esta-
ba incapacitada para el trabajo por este motivo. Los bajos
niveles de energía que se derivaban de una alimentación
tan pobre apenas permitían caminar unas cuantas horas a
lo largo del día. Esto condenaba a miles de personas a la
mendicidad.20 Además, la incapacidad de acceder a una
alimentación adecuada tenía efectos nefastos en el creci-
miento intelectual de la población, ya que el cerebro de los
niños necesita grasa para poder desarrollarse de manera
adecuada.
Algunos pensadores de la época que creían que aquella
situación se mantendría para siempre. En el siglo xviii, el
reverendo Thomas Robert Malthus concluía que el tama-
ño de la población iría siempre por encima de los niveles
de alimentos disponibles. Veía que la población se doblaba
a tasas exponenciales, duplicándose conforme pasaban los
años (de dos a cuatro, de cuatro a ocho, de ocho a dieci-
séis…), mientras que el crecimiento de la producción agrí-
cola era lineal (de dos a tres, de tres a cuatro, de cuatro a
cinco…). Bajo este prisma, si abundaba la comida, eso su-
ponía que más niños iban a sobrevivir, lo que se traduciría

19.  Deaton, Angus, The Great Escape: Health, Wealth and the Ori-
gins of Inequality, Princeton University Press, Princeton, Nueva Jersey,
2013, p. 92. Versión castellana de Ignacio Perrotini, El gran escape: sa-
lud, riqueza y los orígenes de la desigualdad, Fondo de Cultura Económi-
ca de España, Madrid, 2015.

20.  Fogel, 2004, p. 33. 


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36 · Progreso

en un mayor número de muertes con el paso del tiempo.


En 1779, Malthus afirmó que la humanidad siempre sufri-
ría la incidencia del hambre:

La fuerza del crecimiento de la población supera holgada-


mente nuestra capacidad de garantizar la subsistencia huma-
na, la muerte termina visitándonos de uno u otro modo. Ahí
están los vicios humanos que reducen el tamaño de la pobla-
ción: aborto, infanticidio, métodos anticonceptivos… A esto
hay que sumarle el golpe exterminador que suponen las epi-
demias, las pestes, las plagas, las enfermedades… Y, además,
también está el hambre, que acecha incesante, desde la reta-
guardia y, con golpes secos, regula el tamaño de la población
hasta ajustarla a los niveles de alimentos disponibles.21

Malthus describió con acierto el paradigma en que vi-


vió, pero subestimó nuestra capacidad para innovar, solu-
cionar problemas y lograr un cambio. Y eso fue lo que ocu-
rrió cuando las ideas de la Ilustración y la expansión de las
libertades se tradujeron en más oportunidades para toda
la población. Conforme los agricultores recibieron títulos
de propiedad individual, su realidad cambió por completo
y se introdujeron incentivos para aumentar significativa-
mente la producción. Según se abrieron las fronteras al
comercio internacional, las regiones especializaron la pro-
ducción en función de las ventajas que les brindaban la

21.  Ridley, Matt, The Rational Optimist: How Prosperity Evolves,


Fourth Estate, Londres, 2010, p. 6. Versión castellana de Gustavo Urrio-
lagoitia, El optimista racional, Taurus, Barcelona, 2011.

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Alimentación · 37

tierra, el clima y sus habilidades más extendidas. Además,


el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la agricul-
tura ayudó a aprovechar mejor todas estas oportunidades.
Y aunque la población siguió creciendo rápidamente, el
aumento de la producción de alimentos fue aún más veloz.
Entre mediados del siglo xviii y 1850, el consumo per cápi-
ta en Francia y Gran Bretaña, pasó de 1.700-2.200 a
2.500-2.800 calorías. Poco a poco, las hambrunas remitie-
ron hasta desaparecer.22 A comienzos del siglo xx, las ham-
brunas crónicas que sufrió mi país, pasaron a la historia.23
La primera guerra mundial detiene parte de este pro-
greso. En 1918, el gobierno de Estados Unidos elabora un
«Mapa del Hambre en Europa». Según el mismo, el Reino
Unido, Francia, España y los países nórdicos tenían «sufi-
cientes alimentos para el corto plazo» pero podían sufrir
«situaciones de escasez en el futuro». Más difícil era el caso
de Italia, donde el desabastecimiento ya suponía un grave
problema por aquel entonces. Pero la palma se la llevaban
Finlandia, Polonia o Checoslovaquia, donde se daban las
condiciones para volver a vivir episodios de hambrunas. La
publicación recordaba que «cada país incluido en el mapa
es mucho más que una localización geográfica, ya que re-

22.  Roser, Max, «Food per person» (2015), [Link].,


<[Link]
person/> (consultado el 21 de marzo de 2016). 

23.  Onion, Rebecca, «A post-World War I Hunger Map of Europe,
aimed
at the hearts of American kids», The Vault, Slate, <[Link]
[Link]/blogs/the_vault/2014/07/31/history_of_famine_in_europe_
after_wwi_a_hunger_map_for_american_kids.html> (consultado el 21
de marzo de 2016). 


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38 · Progreso

presenta a millones de habitantes que están sufriendo, en


mayor o menor medida, la incidencia del hambre».24
Una de las armas más poderosas a la hora de acabar
con estos problemas fue el desarrollo de los fertilizantes
artificiales. El nitrógeno ayuda a que las plantas crezcan,
pero sólo se encuentra en pequeñas cantidades de estiér-
col. Por más de un siglo, los agricultores emplearon excre-
mentos de ave acumulados en las costas de Chile, ya que
contenían importantes cantidades de nitrato de sodio,
pero no había suficientes. Esto animó a científicos y em-
prendedores, que buscaron la manera de capturar nitróge-
no de la atmósfera.
El alemán Fritz Haber, trabajaba en la empresa quími-
ca BASF y fue el primero que resolvió este problema. En
1909, tomando como referencia sus trabajos teóricos así
como años de experimentos, Haber consiguió producir
amoníaco a partir de hidrógeno y nitrógeno atmosférico.
Había un problema: sólo podía hacerlo a una escala muy
reducida. No existían contenedores capaces de funcionar
con las temperaturas y los niveles de presión que requería
su método. Uno de sus compañeros en BASF, Carl Bosch,
completó cerca de 20.000 experimentos en más de una
veintena de reactores hasta que encontró la manera de sin-
tetizar amoniaco en cantidades industriales. El Proceso
Haber-Bosch permitió el desarrollo de fertilizantes bara-
tos y a gran escala, cuyo uso se generalizo rápidamente por
todo el mundo.

24.  United States Food Administration, Food Saving and Sharing,


Govt. Printing Office, Washington DC, 1918, pp. 2, 92. 


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Alimentación · 39

En Enriqueciendo la Tierra, Vaclav Smil se pregunta


cuál ha sido la innovación técnica más relevante del siglo xx.
En su opinión, ni los ordenadores ni los aviones, llegan a la
importancia de la fijación industrial del nitrógeno. De he-
cho, Smil afirma que la población mundial no habría podido
crecer de mil seiscientos a seis mil millones durante el siglo
xx si no se hubiese logrado desarrollar la síntesis del amo-
niaco. Según sus cálculos, el 40 por ciento de la población
mundial no existiría, de no haber sido por los hallazgos de
Haber y Bosch.25
Lamentablemente, la brillante mente de Fritz Haber
fue también empleada para perfeccionar el arte de matar.
Pionero en el desarrollo de armas químicas, consiguió la
aplicación del gas de cloro para que las tropas alemanas lo
empleasen contra sus enemigos. Él mismo dirigió la pri-
mera operación, el 22 de abril de 1915, en la segunda bata-
lla de Ypres, en Bélgica. Seis mil soldados franceses murie-
ron como resultado. Haber declaró: «En tiempos de paz,
un científico se debe al mundo, pero en tiempos de guerra
se debe a su país».26 Sin duda, éste es quizá uno de los me-
jores argumentos posibles para evitar las guerras... y viene
de un hombre que ha salvado más vidas que ningún otro,
pero que también es responsable de muchas muertes liga-
das a su trabajo en el campo de la defensa.
Volviendo a los fertilizantes artificiales, el tiempo de-

25.  Smil, Vaclav, Enriching the Earth: Fritz Haber, Carl Bosch, and
the Transformation of World Food Production, MIT Press, Cambridge,
MA, 2004, p. 13. 

26.  Herrlich, Peter, «The responsibility of the scientist», EMBO Re-
ports, 14, 9 (septiembre, 2013), pp. 758–764. 


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40 · Progreso

mostró que no eran la panacea. El nitrógeno hace que todo


crezca. La excesiva explotación de las costas provoca el flore-
cimiento de las algas hasta agotar el oxígeno y generar pro-
cesos de descomposición. Esto tiene un efecto muy serio en
otros organismos y ecosistemas, que terminan muriendo o
decayendo. Desde el norte del golfo de México hasta el mar
Báltico, hemos visto muchas zonas muertas a lo largo del
último siglo. Esto explica la progresiva aprobación de regu-
laciones que restringen el uso de fertilizantes de nitrógeno.
Mientras tanto, las demás técnicas de cultivo fueron
mejorando. Hace ciento cincuenta años hacía falta el traba-
jo de veinticinco hombres durante todo el día para cosechar
una tonelada de grano. Hoy, con la maquinaria moderna
que tenemos a nuestra disposición, una sola persona puede
hacerlo en apenas seis minutos. Por decirlo de otra forma,
la productividad es hoy 2.500 veces mayor. Otro ejemplo lo
tenemos en la producción de leche. Si antaño era necesaria
media hora para llenar un cubo de diez litros, la maquinaria
moderna consigue hacerlo en menos de un minuto.27
La expansión del comercio, la mejora de las infraes-
tructuras, el abaratamiento de la electricidad y del com-
bustible, el desarrollo de nuevas fórmulas de empaquetado
de alimentos y la consolidación de las técnicas de congela-
do y refrigeración han hecho posible que los alimentos via-
jen desde aquellos lugares en los que hay un superávit has-
ta aquellos puntos en los que se registra un déficit. Y el
precio de la alimentación ha bajado notablemente. A fina-

27.  Fagerström, Torbjörn, «Den värdefulla rä en a mjölka en kos-


sa», Dagens Nyheter, 18 de marzo de 2013.


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Alimentación · 41

les del siglo xix, un sueldo medio en Estados Unidos nece-


sitaba acumular 1.700 horas de trabajo para comprar ali-
mentos suficientes con los que alimentar a su familia. En la
actualidad, esta cifra se ha reducido a 260 horas.28
A mediados del siglo xix, el consumo medio diario de
calorías en Europa Occidental oscilaba entre 2.000 y
2.500, por debajo de los niveles que hoy nos encontramos
en África. En 1950 se alcanzaron 3.000 calorías diarias.
Otro indicador que nos enseña la mejoría de la salud es la
altura media, ya que el cuerpo humano tiende a reducir su
crecimiento para compensar las carencias nutritivas. Los
datos históricos muestran que la diferencia en la altura de
los ciudadanos de Europa Occidental respecto al resto del
mundo era mínima hasta 1870. Desde entonces, los habi-
tantes de Europa Occidental experimentan un aumento
en su estatura media equivalente a crecer un centímetro
por década. En un siglo, pasaron de 167 a 179 centíme-
tros.29 Este aspecto era de importancia significativa para la
salud, ya que la gente más alta solía vivir más años y, gra-
cias a su mejor nutrición, presentaba mayor resistencia
ante las enfermedades, lo que incrementaba las posibilida-
des de supervivencia.
Pero no fue solamente un aumento en la producción de
alimentos lo que nos salvó de la pesadilla que anticipaba
Malthus, sino también la caída de la natalidad. El salto ade-
lante en materia de prosperidad y conocimiento ha supues-
to que las familias tengan menos hijos, al contrario de lo

28.  Fogel, 2004, p. 90. 



29.  Deaton, 2013, p. 158. 


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42 · Progreso

previsto. En Estados Unidos, la tasa de fertilidad bajó de


siete a 3,8 hijos por mujer entre los años 1800 y 1900. La
cifra más reciente, de 2012, apunta a una tasa de 1,9, una
décima por debajo del umbral de reemplazo que garantiza
que la población no decrezca. El ritmo que se observa en el
resto de países de Occidente es muy similar.30 ¿Por qué?
Una parte de la explicación tiene que ver con la salud. La
drástica reducción de la mortalidad infantil implica que es
mucho más probable que un niño llegue a adulto, de mane-
ra que las familias tienen menos hijos. Además, conforme
nos movemos hacia una economía con mayor base en el co-
nocimiento, cobra más sentido tener menos hijos para cen-
trarse en brindarles la mejor educación posible. Al final, las
tesis de Malthus se han demostrado equivocadas. Hemos
vivido una explosión en la producción de alimentos, pero el
ritmo de crecimiento de la población se ha reducido.
Poco a poco, el problema del hambre se ha resulto, has-
ta el punto de que en algunos países nos encontramos con
el problema opuesto, el de la obesidad. Pero persiste el dis-
curso pesimista que ve imposible alimentar a un mundo
con una población cada vez más grande. Entre 1950 y me-
diados de la década de 1980, la población global duplicó su
tamaño, pasó de dos mil quinientos a cinco mil millones de
personas. Esto explica que muchos pensadores neomalthu-
sianos hayan «anticipado» nuevas hambrunas masivas.
Paul Ehrlich escribió La bomba demográfica en 1968. En

30. Roser, Max, «Fertility rates» (2015), [Link],


<[Link]
tics/> (consultado el 21 de marzo de 2016). 


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Alimentación · 43

esta obra, alertó que «cientos de millones de personas van


a morir de hambre».31 Por su parte, William y Paul Pad-
dock publicaron Hambruna 1975, un libro que anunciaba
catástrofes similares en un plazo de quince años.32 Pero lo
que ha ocurrido es todo lo contrario: justo cuando nos de-
cían que las cosas irían a peor… resulta que han cambiado
a mejor.
Un nombre para entender esa mejoría es el de Norman
Borlaug, un agrónomo de Iowa obsesionado con el proble-
ma del hambre. Su revolución verde se inició en México,
en 1944, con sus estudios sobre desarrollo agrícola con
apoyo de la Fundación Rockefeller.33 El programa tenía el
objetivo de llevar nuevos métodos de producción al campo
mexicano, pero la obsesión de Borlaug iba más allá y tra-
bajaba en desarrollar cultivos de mejor calidad y mayor
rentabilidad. Borlaug creció en el Medio Oeste estadouni-
dense y observó que las terribles tormentas de polvo te-
nían menos impacto en aquellas explotaciones que desa-
rrollaban técnicas de cultivo enfocadas en la obtención de
un mayor rendimiento.
Borlaug empezó a experimentar y cruzó miles de varie-
dades de trigo hasta encontrar un híbrido de alto rendi-
miento que resistía con solvencia a los parásitos y no era

31.  Ehrlich, Paul, The Population Bomb, Ballantine Books, Nueva


York, p. 11. Versión castellana de Camila Batlles, La explosión demográ-
fica, Salvat Editores, Barcelona, 1994.

32.  Paddock, William, y Paul Paddock, Famine 1975, Little, Brown
& Co, Boston, 1968, p. 8. 

33.  Easterbrook, Gregg, «Forgotten benefactor of humanity», At-
lantic, 270, 1 (1997), pp. 75–82. 


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44 · Progreso

sensible a las horas de sol, lo que abría la puerta a su culti-


vo en todo tipo de escenarios climáticos. Esta variedad de
trigo era mucho más pequeña de lo habitual, ya que un
mayor tamaño exige más consumo de energía y también
puede estropear los cultivos si el trigo se parte, como resul-
tado de un crecimiento demasiado veloz. Cuando introdu-
jo este cultivo, Borlaug enseñó nuevas técnicas a los pro-
ductores mexicanos: fertilizantes artificiales, sistemas
modernos de riego… En 1963, la cosecha de los producto-
res mexicanos era seis veces más grande que en 1944. De la
noche a la mañana, el país se convirtió en exportador neto
de trigo.
Borlaug trabajó durante buena parte de su vida en eco-
nomías emergentes, ayudando a introducir métodos inno-
vadores de producción. No lo tenía fácil: le tocaba lidiar
con los intereses y tradiciones locales, con la desconfianza
hacia los extranjeros… Pero también encontraba oposición
en las economías de Occidente, donde no faltaba quienes
afirmaban que mejorar la producción de alimentos gene-
raría un problema de superpoblación…
En 1963, Borlaug se trasladó a India y Pakistán, donde
los episodios de hambrunas masivas estaban a la orden del
día. Lo primero que hizo fue importar treinta y cinco ca-
miones con cultivos de alto rendimiento. El cargamento
debía viajar de México a Los Ángeles por carretera, para
después llegar en barco a Asia. Pero el convoy tuvo proble-
mas desde el comienzo, primero con trabas de la policía
mexicana y después con el bloqueo de las autoridades
aduaneras de Estados Unidos, que se negaban a permitir
su salida por una norma que vetaba este tipo de operacio-

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Alimentación · 45

nes. Cuando Borlaug logró resolver todo, el cargamento


sufrió un nuevo retraso, esta vez por las protestas en los
muelles de California. Pero, en última instancia, el barco
zarpó. «Pensé que por fin se habían terminado los proble-
mas… pero al cabo de unos días estalló la guerra entre In-
dia y Pakistán», recuerda Borlaug.
Tanto él como su equipo se esforzaron por esquivar los
enfrentamientos bélicos entre ambos países. Desarrolla-
ron las nuevas plantaciones en medio de las balas y los dis-
paros. Y, pese a los retrasos y los retos logísticos que habían
surgido, las cosechas evolucionaron de manera exitosa. En
apenas un año, su rendimiento se disparó 70 por ciento, lo
suficiente para evitar una hambruna en plena guerra. De
hecho, el miedo a que el hambre se extendiese en medio
del conflicto hizo que los políticos de India y Pakistán se
pusiesen de acuerdo para permitir a Borlaug desarrollar
cultivos en proyectos más ambiciosos. Los nuevos carga-
mentos fueron más grandes y, poco a poco, la crisis alimen-
taria remitió. La iniciativa era tan ambiciosa que por mo-
mentos hubo problemas para encontrar trabajadores
capaces de desarrollar las tareas de cultivo. De hecho, al-
gunas escuelas fueron cerradas temporalmente, para em-
plearlas como almacén de las simientes importadas.
En apenas unos años había ocurrido lo imposible. In-
dia y Pakistán eran autosuficientes en la producción de
cereales. De hecho, sus niveles actuales de producción son
siete veces más altos que los observados en 1965, cuando
Borlaug iniciaba sus proyectos en la región. A pesar del
espectacular aumento de población que han experimenta-
do ambos países, la incidencia del hambre ha disminuido.

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Borlaug también convenció a muchos gobiernos sobre


la importancia de introducir mecanismos de mercado. Por
ejemplo, reivindicó que los precios abonados a los produc-
tores fuesen idénticos al precio medio global, rompiendo
así la tradición de realizar compras forzosas a precios fijos
y muy reducidos, unas prácticas antieconómicas que com-
plicaban la supervivencia empresarial de las explotaciones
agrícolas. Su innovador trabajo nunca abandonó el terre-
no de la experimentación; impulsó nuevas variedades de
arroz que ofrecían rendimientos mucho más altos, que no
tardaron en expandirse por el resto de Asia.
Esta era una auténtica revolución verde. Desarrollan-
do mejores cultivos y apostando por multiplicar los rendi-
mientos de los agricultores, Borlaug contribuyó enorme-
mente a aliviar el problema de la pobreza rural. A nivel
global, la ingesta diaria de calorías ha pasado de 2.200 en
1961 a más de 2.800 en la actualidad. En la década de
1960 había cincuenta y un países en los que el consumo
diario medio no llegaba a las 2.000 calorías. Esto afectaba
a países con una gran población: China, Indonesia, Pakis-
tán, Irán… En 2013, la situación cambiaó radicalmente:
sólo en Zambia vemos que el consumo diario medio se
queda por debajo de 2.000 calorías. Y, pese al aumento en
los precios de los alimentos que hemos vivido en los últi-
mos años, la tendencia a largo plazo es favorable: como
refleja el Índice Grilli-Yang, su coste es hoy la mitad que a
mediados del siglo xx.34

34.  «Crops supply per person per day», Human Progress, <http://
[Link]- [Link]/f1/2126>, (consultado el 21 de marzo de 2016);

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Alimentación · 47

La Organización de las Naciones Unidas para la Ali-


mentación (FAO, por sus siglas en inglés) apuntaba en
1947 que alrededor del 50 por ciento de la población mun-
dial sufría desnutrición crónica.35 Fue por aquel entonces
cuando el uso de fertilizantes de nitrógeno empezó a crecer
en los países menos desarrollados, en el marco de una pro-
gresiva modernización de la agricultura. Entre 1969 y 1971,
los datos de la FAO señalaban que la tasa de desnutrición
de los países en vías de desarrollo había caído al 37 por
ciento. Las últimas cifras, para 2014-2016, apuntan que la
tasa sigue reduciéndose, hasta llegar al 13 por ciento.

Tabla 1  Tasa de desnutrición


1969–71 1979–81 1990–2 2000–2 2014–16
América Latina 20 14 15 11 6
Asia 40 30 24 18 12
África 34 31 28 25 20
Países en vías
37 28 23 18 13
de desarrollo
Global 29 19 19 15 11
Fuente: FAO 2003, 2015.

Desde 1990-1992, la proporción de población que su-


fre desnutrición crónica en países con un nivel de ingreso
medio o bajo ha caído del 23 al 13 por ciento, lo que supo-

«World agricultural price (Grilli-Yang) index», Human Progress, <http:


//[Link]/static/3020> (consultado el 21 de marzo de
2016). 

35.  FAO, 1947.

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48 · Progreso

ne unos 216 millones de personas. Conviene recordar, ade-


más, que la población global ha aumentado en mil nove-
cientos millones de habitantes durante el mismo período,
de manera que, según los cálculos de la FAO, las mejoras
vividas en los últimos veinticinco años han permitido que
alrededor de dos mil millones de personas no sufran la la-
cra del hambre.
Uno de los países que más ha progresado es Perú, que
ha reducido la desnutrición un 76 por ciento desde 1990 y
ha disminuido en cuatro millones setecientas mil personas
el número afectados. El país latinoamericano ha introdu-
cido poco a poco un marco económico caracterizado por la
apertura al comercio internacional y el reconocimiento de
los derechos de propiedad. Estos hechos han mejorado los
incentivos de los productores agrícolas, que no sólo han
visto como se les facilita el acceso al crédito o la oportuni-
dad de exportar parte de los cultivos, sino que también en-
contraron motivos para mejorar sus explotaciones gracias
a la inversión y mejora de la productividad. Algo parecido
ha ocurrido en Vietnam, donde los impuestos al sector pri-
mario disminuyeron y se liberalizó el mercado del arroz.
Como resultado, el número de vietnamitas afectados por
la desnutrición ha mermado en veinte millones de perso-
nas.
África tiene los peores indicadores. La población ham-
brienta en países subsaharianos ha caído del 33 al 23 por
ciento entre 1990 y 2014, pero si analizamos los datos en
términos absolutos vemos que el aumento de la población
se ha traducido en un aumento de la incidencia del hambre
que afecta a casi cuarenta y cinco millones de personas.

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Progreso
10 razones para mirar al futuro  
con optimismo 
JOHAN NORBERG
Traducido por Diego Sánchez de la Cr
Título original: Progress
Publicado por Oneworld Publications, Londres, Reino Unido, 2016
© 2016 Johan Norberg
© de la traduc
Sumario
Prólogo de Juan Ramón Rallo....................................... 	
13
Introducción. Estamos mejor que nunca........
Capítulo 1
Alimentación
Quien sea capaz de producir dos mazorcas de 
maíz en una parcela que hasta entonces sólo lo-
graba pr
28 · Progreso
norte del país, que se habían especializado en burlar las 
barreras legales y los monopolios regulatorios. En e
Alimentación · 29
Viejos y jóvenes por igual recorrían los pueblos de 
puerta en puerta, suplicando que alguien les diese alg
30 · Progreso
historiador francés Fernand Braudel, «ya estaban asimila-
das por nuestro régimen biológico» y «formaban parte
Alimentación · 31
de índole nacional hay que sumarle cientos de episodios a 
nivel local.12
En tiempos de hambre, los campesi
32 · Progreso
nio de un comerciante holandés que fue testigo de la gran 
hambruna india de los años 1630 y 1631:
Los pueblos

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