Esta ave se encuentra en Argentina, Bolivia, Chile y el Perú.
Recibe el nombre científico de Rhea pennata y su
nombre común es suri. Algunos lo llaman ñandú petiso.
El suri es herbívoro. Se alimenta especialmente de
pasto, arbustos, tallos, musgos y frutos. Entre sus
alimentos preferidos, están el fruto y el tallo del cactus.
Por su tipo de alimentación, es considerado un
“dispersor de semillas”. Esto es importante para el
ecosistema, pues permite que las semillas de los frutos
que consume lleguen a otros lugares para germinar y crecer.
Una conducta curiosa de esta ave es cómo realiza su limpieza, dándose
“baños de polvo”. Durante las tardes de verano, se echa de vientre o pecho, estira las patas
hacia atrás y extiende las alas sobre el suelo. Luego, baja su pico y se echa tierra sobre el lomo
y la espalda, para lo cual gira su cabeza y su cuello por encima de sus hombros.
Es un ave muy ágil. Esto se nota, sobre todo, cuando corre a altas velocidades para escapar de
los cazadores, ya que no puede volar. Las niñas y los niños de la zona lo llaman también
“correcaminos”. Sus carreras las realiza en forma de zigzag.
Mide entre 93 y 140 centímetros de altura. Su masa corporal es
de 15 a 30 kilogramos aproximadamente. En relación
con el tamaño de su cuerpo, su cabeza es
pequeña, la cual está cubierta de plumas
angostas y puntiagudas que se hallan
esparcidas. Cerca de los ojos no posee plumas
y presenta la piel arrugada. Cuando es adulto,
su color característico es gris pardo con
manchas blancas en las alas. Sus patas tienen
tres dedos.
Esta ave se encuentra amenazada porque se la
caza de manera indiscriminada para
comercializar su carne y sus huevos, que se utilizan
en la alimentación, y sus plumas, las cuales sirven para la
elaboración de sombreros de danzantes y músicos
(Ayarachis). Asimismo, la amenaza el hecho de que su hábitat ha disminuido por actividades
como la minería, la expansión de las ciudades, la ganadería y la quema de pastizales. Está
incluida en la categoría “ave en peligro crítico”.
Para proteger al suri, además de apoyar las áreas naturales protegidas de Puno y Tacna, debe
involucrarse a la comunidad en la conservación de esta especie mediante centros de rescate e
investigación.