El empresario conservó su foto de perfil, fuertemente filtrada, con sus rasgos suavizados, su pelo de otro color, y la
entregó a la Justicia, en un caso a cargo del Juzgado N°62. La imagen fue publicada con su cara borrada, pero “Mica” se
reconoció de todas formas. El artículo ni siquiera decía su nombre real, porque los investigadores todavía ni siquiera lo
conocían. Se supo prófuga desde un primer momento. Así, “Mica” hizo su jugada. Su abogado, Alejandro Cipolla,
querellante de la familia de Natacha Jaitt en la causa que investiga su muerte, se presentó en el Juzgado con un pedido
de eximición de prisión. El juez subrogante Edmundo Rabbione dijo que de ninguna manera. El fiscal Daniel Pavlovsky ya
la seguía hace tiempo, tenía cinco causas abiertas en su contra, todas por el mismo delito.
En paralelo, un veterano detective en una fuerza de seguridad del Estado también veía la foto en el diario. Se presentó en
una fiscalía, llevó fotos e información: sabía de “Mica”, o de Cinthia, su nombre real, su posible domicilio actual. El
detective sabía de su historia, mucho más larga que una dosis casi letal de una pastilla en una copa de champagne.
El 8 de febrero de 2019, Cinthia, hoy de 36 años, tuvo que sentarse con su verdadero nombre ante el Tribunal Oral N°3 de
la ciudad de Buenos Aires. Ya había estado presa, pasó ocho meses entre 2015 y 2016 encerrada en un penal federal.
Así, junto a una cómplice, fue condenada por siete hechos de robo en todas sus variantes: simples, en poblado y en
banda, a mano armada.
La condena, reflejada en un fallo de 55 páginas, no habla de la imputación contra una ratera, sino de la historia de la viuda
negra maestra de la noche de la ciudad de Buenos Aires.
El empresario conservó su foto de perfil, fuertemente filtrada, con sus rasgos suavizados, su pelo de otro color, y la
entregó a la Justicia, en un caso a cargo del Juzgado N°62. La imagen fue publicada con su cara borrada, pero “Mica” se
reconoció de todas formas. El artículo ni siquiera decía su nombre real, porque los investigadores todavía ni siquiera lo
conocían. Se supo prófuga desde un primer momento. Así, “Mica” hizo su jugada. Su abogado, Alejandro Cipolla,
querellante de la familia de Natacha Jaitt en la causa que investiga su muerte, se presentó en el Juzgado con un pedido
de eximición de prisión. El juez subrogante Edmundo Rabbione dijo que de ninguna manera. El fiscal Daniel Pavlovsky ya
la seguía hace tiempo, tenía cinco causas abiertas en su contra, todas por el mismo delito.
En paralelo, un veterano detective en una fuerza de seguridad del Estado también veía la foto en el diario. Se presentó en
una fiscalía, llevó fotos e información: sabía de “Mica”, o de Cinthia, su nombre real, su posible domicilio actual. El
detective sabía de su historia, mucho más larga que una dosis casi letal de una pastilla en una copa de champagne.
El 8 de febrero de 2019, Cinthia, hoy de 36 años, tuvo que sentarse con su verdadero nombre ante el Tribunal Oral N°3 de
la ciudad de Buenos Aires. Ya había estado presa, pasó ocho meses entre 2015 y 2016 encerrada en un penal federal.
Así, junto a una cómplice, fue condenada por siete hechos de robo en todas sus variantes: simples, en poblado y en
banda, a mano armada.
La condena, reflejada en un fallo de 55 páginas, no habla de la imputación contra una ratera, sino de la historia de la viuda
negra maestra de la noche de la ciudad de Buenos Aires.