Germán Bravo
ETER I
Tener una idea concreta del Éter es algo un poco difícil debido a las diversas
concepciones que de él se han dado, aunado a las diversas tergiversaciones que
ha sufrido a través de la historia, sobre todo por las concepciones religiosas, en el
absurdo dogma de la Creación, el cual sostiene que en un principio no existía
ninguna forma ni cuerpo material alguno en el Universo, entonces Dios inició su
Creación partiendo de la Nada, del Caos. Es obvio que de Nada no se puede crear
algo. Y en cuanto al Caos, éste está referido a la existencia de una materia
heterogénea sutil pero en estado desordenado; es decir, los átomos estaban libres
y aún las moléculas no se habían formado; era un estado de homeomerías y
panspermias, como decía Anaxágoras. Esto es el Éter o Alma Universal.
Independientemente del dogma, esta idea de la Creación nos transmite un
dualismo, Dios por un lado y, por otro, la materia que utilizó para crear el Mundo.
Esto nos sirve para ejemplificar que el Éter es un Efecto, no una Causa.
Argumento que utilizaremos, porque algunos pensadores han utilizado al Éter
como la Causa de todo lo que existe en el Universo; así como de ser la Substancia
Única.
La etimología del término éter proviene del griego aithēr, de la raíz indoeuropea
aydh, que significa “fuego”, “arder”, “resplandor del cielo”. Estas acepciones, sobre
todo “resplandor del cielo”, denota claramente que el Éter es el efecto de algo; de
allí que Plotino lo haya calificado como la segunda hipóstasis o emanación de la
Substancia Única; es decir la expresión resplandor es exacta para definir al Éter o
Alma Universal, como también se le conoce, ya que el proceso de la Emanación
se manifiesta como una especie de resplandor al emitir sus emanaciones. En
definitiva, siendo el Éter un resplandor o emanación, constituye un efecto de la
Substancia Única, que es la Causa sui (Causa de sí misma).
Pero, no obstante, aun siendo el Éter un efecto, constituye la causa de las cosas
materiales que existen en el Universo; pero no es la Causa Sui, ya que ésta es la
Substancia Única. La confusión surge porque algunas culturas concibieron al Éter
como la Substancia Única. Por ejemplo, en la India se tuvo como primer Dios a
Agni (el Fuego); mucho tiempo después, en Grecia encontramos a Heráclito de
Éfeso pregonando a la Divinidad como “Fuego Eterno” (El Logos). Pero el Éter no
es la Divinidad, sino una substancia material muy sutil y pura que constituye el
substrato de todas las cosas materiales que existen en el Universo.
En el mundo griego, a partir del siglo VII a.n.e., los primeros filósofos después de
sus investigaciones sobre la Physis (Naturaleza), en virtud de su mente científica,
trataron de fundamentarla en el mundo material bajo los cuatro elementos agua,
tierra, aire y fuego, conocidos también como esencias.
Thales de Mileto fue el descubridor de la primera esencia (primer elemento),
diciendo que era el Agua la causa de todas las cosas. Luego, su discípulo
Anaximandro descubre la segunda esencia (segundo elemento) y aduce que el
Agua no es la esencia de todas las cosas, sino el Apeirón, una esencia material
indeterminada. Después, otro discípulo de Thales, Anaxímenes, descubre la
tercera esencia (tercer elemento) y dice que no son ninguno de los anteriores sino
Pneuma (el Aire). Más tarde aparece Heráclito y descubre la cuarta esencia
(cuarto elemento), diciendo que el principio de todas las cosas es el Fuego.
Finalmente, surge Aristóteles y descubre la quinta esencia (quinto elemento),
diciendo que el principio de todas las cosas es el Éter, el cual contiene las cuatro
esencias anteriores; y que el Éter es la substancia material más sutil y pura que
pueda existir.
A partir de Aristóteles el Éter pasó a significar “La materia quintaesencial” o
simplemente “La quinta esencia”. Es importante destacar que el Éter no es la
quinta esencia en un sentido correlativo, sino en el sentido de ser la materia más
sutil y pura que pueda existir. El sentido del número cinco obedece al orden en
que fue descubierto; ya que el Éter o Alma Universal constituye la segunda
esencia dentro del proceso de la emanación.
Fue a partir de la Edad Media en que se comenzó a utilizar la expresión “quinta
essentia” para designar al Éter, de la cual derivaron los vocablos “quintaesencia” y
“quintaesencial”, utilizados en la ciencia Cosmológica para referirse a la materia
oscura y al Bosón de Higgs.
Hacemos énfasis en este aspecto, porque el maestro Joaquín Trincado utiliza la
expresión “quintaesencial” para referirse al Alma Universal y está en lo correcto,
ya que lo utiliza en el sentido de “la materia más pura que existe”; pero en otras
ocasiones lo utiliza como “esencia correlativa” al decir que el alma es la quinta
esencia, mientras que el cuerpo constituye la cuarta esencia. En tal sentido,
podríamos preguntarnos: ¿El espíritu que esencia es? ¿La tercera?
Desde el punto de vista ontológico de la Emanación la ESENCIA está
representada por la Substancia Única, cuyas emanaciones son las siguientes los
espíritus humanos como ESENCIA PRIMERA; y el Alma universal (Éter) como la
ESENCIA SEGUNDA. A partir de esta segunda esencia va a surgir otra serie de
esencias que dependerán de los planos infinitos descendentes del Éter, donde
encontraremos a los diversos mundos, así como al cuerpo humano, y de allí la
necesidad de la purificación. De manera, que algunos espiritistas al leer en los
libros de Trincado la expresión: “el alma es quintaesencial” creen que el Alma es
una esencia de quinto grado, y no es así, ya que el Alma constituye la segunda
esencia de la Substancia Única.
Por otra parte, por el hecho de ser el Éter materia y tener un movimiento en ondas
concéntricas, en forma de torbellino, surge la idea de la existencia de un “Centro”,
y así lo han manejado muchos pensadores, incluido el maestro Joaquín Trincado;
pero siendo el Universo infinito es imposible la existencia de un “Centro”. Incluso,
el maestro Trincado señala que el Creador o Eloí vive en el Centro Vibratorio,
donde otorga los títulos a los espíritus que se han graduado de Maestros. Es obvio
que esto es un símil o metáfora, porque Eloí no es una persona que necesite de
un Centro para vivir ni para celebrar actos académicos. En todo caso, buen símil
sería que Eloí sea el propio Centro que con su “vibración” da lugar al relámpago
del Éter, y luego, de éste, surgen todas las cosas que integran el Universo Infinito.
Esta idea de que Eloí vive en el Centro Vibratorio se disipa cuando el maestro
Trincado dice que el Creador o Eloí está dentro del Éter, como Esencia. Quizá de
esta expresión surgió la metáfora del Maestro al decir que Eloí vive en el Centro
Vibratorio. Pronto veremos la concepción de “Dios” del maestro Joaquín Trincado.
(Continuaremos en nuestra próxima entrega 2/3)
ETER II
Dentro del proceso de la emanación, el Éter constituye la Segunda Hipóstasis o
substancia o esencia, la Primera son los espíritus, con la cual éstos, como
voluntad ejecutora del Creador, crearon todas las cosas que existen en el
Universo. En todo caso, el Éter constituye la substancia primera o esencia del
mundo material; pero, a su vez, la esencia del Éter es la Substancia Única, el
Espíritu, “Dios” o Eloí. Así lo concibe el Maestro Joaquín Trincado. Veamos.
“Tenemos Creador, Espíritu y Éter. En este grado supremo de la creación el Éter
es la materia, como única substancia.” (Filosofía Austera Racional, Idealismo
Pesimista, Excepticismo y Pluralismo, p. 136, Párr. 13). “El Autor de la creación ha
llenado el infinito de la sustancia única que es el ÉTER …” (El Espiritismo en su
Asiento, Lo que abarca el Espiritismo, p. 37, Nº 7). Como se puede observar, el
Maestro Joaquín Trincado concibe a la Substancia Única como materia; pero no
es materia. Veamos otro pasaje donde se incrementa la confusión. Dice el
Maestro: “La Naturaleza es sólo vida natural, no inteligente; es Éter” (Conócete a ti
Mismo, Los Espíritus Naturales Forman los Cuerpos de los Animales, p. 183, Párr.
7mo). Como se aprecia, el Maestro Trincado también concibe a la “Naturaleza”
como sinónimo de materia. Esto se podría prestar a una gran confusión cognitiva
porque en el ámbito filosófico se concibe a la NATURALEZA como la Divinidad
(Physis). Esto evidencia que el Maestro Joaquín Trincado manejó la concepción
Escolástica (Tomista) de la Substancia y no la concepción griega de Physis, que
es la que utilizaron los filósofos substancialistas como lo fueron Parménides,
Aristóteles y, sobre todo, Descartes, Spinoza y Hegel en la Época Moderna, sobre
todo por Spinoza quien sentó el axioma: “Deus sive Natura”; es decir “Dios es
Naturaleza”.
La sabiduría de la Substancia Única es ancestral; en la Kabbalah hebrea la
encontramos simbolizada en el Árbol de la Vida y las Sephiroth, donde se
expresan las emanaciones de la luz o Substancia Divina. Quizá, de manera más
depurada, la encontremos en el Neoplatonismo con Plotino (Pronto veremos la
Emanación como Fenomenología del Espíritu).
De acuerdo con estas ideas, el Éter está concebido como una materia sutil que
constituye el substrato de todas las cosas materiales que existen en el universo;
pero en virtud de la dificultad de su comprensión, generalmente se confunde con
el Espíritu, ya que muchos intérpretes y traductores desconocen la estructura
ontológica de la “Creación”, y han creado grandes confusiones acerca de la
Substancia Única o “Dios”.
En la Alta Edad Media, Santo Tomás de Aquino mistificó el concepto de
Substancia de Aristóteles, convirtiéndolo en materia. Aristóteles, para poder
explicar la Substancia Única la escindió en Substancia Primera (Divinidad) y el
Substancia Segunda (Éter); pero Santo Tomas convirtió a la Substancia Primera
de Aristóteles en su dios antropomórfico, y a la Substancia Segunda la dejó igual,
en el sentido de materia. Esto trajo como consecuencia que en el mundo moderno
el hombre conciba a la “Naturaleza” y a la “Substancia Única” como sinónimo de
materia, a pesar que posteriormente Descartes y Spinoza restablecieran la
verdadera concepción de la Substancia, como la Realidad Única o Divinidad.
Esta influencia de Santo Tomás fue impuesta por la Iglesia cristiana en la
educación formal y, en la actualidad, aun se sigue difundiendo de esta manera. Es
por ello que la gran mayoría de los autores cuando aluden a la Substancia Única,
se refieren a la materia, lo cual es un error, pues la Substancia Única es la
Divinidad o “Dios”, de la cual emanó el Éter. Si bien ontológicamente no existe
diferencia de fondo entre la Substancia Única y el Éter, no obstante en el mundo
material en que vivimos sí existen marcadas diferencias.
De la Substancia Única (“Dios”, Creador o Eloí) emana como primera esencia a
los espíritus, y como segunda al Éter, y de éste, surgen las formas y la materia
densa. De manera, que cuando algunos autores utilizan la expresión “Substancia
Única” para referirse al Éter, están utilizando un paradigma Escolástico, lo cual es
un error, ya que la Substancia Única no es el Éter, sino la esencia del Éter, de allí
que Aristóteles tipificará al Éter como Substancia Segunda.
En la Época Moderna, con pensadores como Descartes, Spinoza y Hegel, se
rescata el verdadero sentido de la Substancia.
Científicamente, la Cosmología actual para referirse a la energía oscura la
denomina Éter. Y la Física ha descubierto lo que se ha denominado el Bosón de
Higgs o “partícula de Dios”, que no es más que Éter; pero referido a una materia
sutil.
El maestro Joaquín Trincado, en la mayoría de los casos, utiliza la concepción de
“Substancia Única” en el sentido de Éter; pero su verdadera concepción es que la
Substancia Única que existe es el Espíritu. Demostrémoslo en los siguientes
pasajes:
“El Éter es la única substancia que todo lo llena y de la cual todo procede”
(Filosofía Austera Racional, p. 407). Aquí Substancia Única es sinónimo de Éter,
materia; pero veamos otras afirmaciones:
“El Éter es el Espíritu Universal” (Filosofía Austera Racional, p. 67 y 541). “El
Espíritu Universal es el Creador” (Conócete a ti Mismo, p. 34-67). “Todo es
Espíritu” (Filosofía Austera Racional, p. 402). Aquí, ahora, el Éter es el Creador
¿Cómo podemos entender esto? Sólo sabiendo que todo es Uno, que lo único que
existe es Lo Uno. Aquí el Maestro no hace diferencia por lo que nos dice a
continuación: “El Espíritu está dentro del Éter” (El Espiritismo Estudiado, p. 101-
102). Es decir, que el Espíritu Universal o Creador es la esencia del Éter. Esta es
la conclusión: Sólo existe una Substancia Única, porque la materia o Éter es
simplemente una “Representación”, sujeta al espacio-tiempo; concretado en la
afirmación de Arthur Schopenhauer: “El Mundo como Voluntad y Representación”.
Este es el tema esencial del Espiritismo, el conocimiento de la idea de “Dios”; pero
para ello es necesario la Historia, la Filosofía y la Ciencia, tal como lo recomienda
el Maestro Trincado.
Concluimos con las palabras del Maestro Eckhart “¡Donde se ven dos hay un
defecto, porque todo es Uno, en el infinito coinciden los contrarios!”.
ETER III
Continuación… De acuerdo con estas ideas el Éter está concebido como una
materia sutil que constituye el substrato de todas las cosas materiales que existen
en el universo; pero en virtud de la dificultad de su comprensión, generalmente se
confunde con el Espíritu, ya que muchos intérpretes y traductores desconocen la
estructura ontológica de la “Creación” y han creado grandes confusiones acerca
de la Substancia Única o “Dios”.
En la Alta Edad Media, Santo Tomás de Aquino mistificó el concepto de
Substancia de Aristóteles, convirtiéndolo en materia. Aristóteles, para poder
explicar la Substancia Única la escindió en Substancia Primera (Divinidad) y
Substancia Segunda (Éter); pero Santo Tomás sustituyó la Substancia Primera
aristotélica por su dios antropomórfico, quedando así eliminada la Substancia
Primera como la Divinidad o Motor inmóvil; a la Substancia Segunda la dejó igual,
en el sentido de materia. Esto trajo como consecuencia que en el mundo moderno
el hombre conciba a la “Naturaleza” y, por ende, a la “Substancia Única” como
sinónimo de materia, a pesar que posteriormente Descartes y Spinoza
restablecieran la verdadera concepción de la Substancia, como la Realidad Única
o Divinidad; sobre todo Spinoza con su postulado “Deus sive Natura” (Dios es
Naturaleza).
Esta influencia de Santo Tomás fue impuesta por la Iglesia cristiana, en la
educación formal, lo cual dio motivo para que en la actualidad aún se siga
difundiendo de esta manera. Es por ello que la gran mayoría de los autores
cuando aluden a la Substancia Única, se refieren a la materia (sobre todo la
ciencia química), lo cual es un error, pues la Substancia Única es la Divinidad o
“Dios”, la ESENCIA del Éter, del cual, a su vez, emanaron todas las cosas que
existen en el Universo. Si bien ontológicamente no existe diferencia de fondo entre
la Substancia Única y el Éter, no obstante en el mundo material en que vivimos sí
existen marcadas diferencias.
De manera que en nuestros tiempos cuando algunos autores utilizan la expresión
“Substancia Única” lo hacen en el sentido del paradigma escolástico; es decir,
como materia.
En la Época Moderna, pensadores como Descartes, Spinoza y Hegel, rescataron
el verdadero sentido de la Substancia; pero esto quedó circunscrito a las altas
esferas del saber filosófico.
Científicamente, la Cosmología actual para referirse a la energía oscura la
denomina Éter. Y la Física ha descubierto lo que han denominado el Bosón de
Higgs o “partícula de Dios”, que no es más que el Éter, en su sentido de materia
sutil. El maestro Joaquín Trincado, en la mayoría de los casos, utiliza la
concepción de “Substancia Única” en el sentido de Éter; pero su verdadera
concepción es que la Substancia Única que existe es el Espíritu y no el Éter.
Demostrémoslo en los siguientes pasajes: “El Éter es la única substancia que todo
lo llena y de la cual todo procede” (Filosofía Austera Racional, p. 407). Aquí
Substancia Única es sinónimo de Éter, materia; pero veamos otras afirmaciones:
“El Éter es el Espíritu Universal” (Filosofía Austera Racional, p. 67 y 541). “El
Espíritu Universal es el Creador” (Conócete a ti Mismo, p. 34-67). “Todo es
Espíritu” (Filosofía Austera Racional, p. 402).
Como se puede observar, el maestro Tincado está haciendo derroche de
sabiduría; está hablando en términos ontológicos donde claramente nos afirma la
existencia de un Monismo, de la existencia de una única substancia llamada
Espíritu; pero en virtud de la complejidad que esto representa, no puede soslayar
el empleo de la idea de la dualidad y, a tal efecto, nos dice lo siguiente: “El Espíritu
está dentro del Éter” (El Espiritismo Estudiado, p. 101-102). Pero, esta dualidad se
conoce como la unidad de los contrarios: el antiguo Principio de Polaridad de
Hermes Trismegisto. El problema se presenta en el proceso de la Emanación, la
cual no puede ser interpretada sino con conceptos sensibles, los cuales dependen
del espacio y el tiempo; y esto es precisamente lo que genera la problemática de
interpretación; porque al decir que la Substancia Única emana en primer lugar a
los espíritus y en segundo lugar al Éter o Alma, nuestro entendimiento percibe tres
cosas distintas aparecidas en tiempos diferentes y ubicadas en el espacio. Esta es
la gran problemática de concepción, porque todo lo que está ubicado en el
espacio-tiempo es pura representación; es decir, lo que ES genera lo que NO ES.
Ya esto lo había dicho Buda y reafirmado modernamente por Arthur
Schopenhauer: es pura representación. El gran problema que se le presenta a la
Substancia Única o Esencia es que debido a sus atributos de infinitud, eternidad e
inmutabilidad no puede ser interpretada por los sentidos, porque ella no está
sujeta al espacio ni al tiempo.
En virtud de esta barrera gnoseológica, aunado a la problemática lingüística, fue
que Platón, Aristóteles, Descartes y Spinoza tuvieron que hablar de la existencia
de dos substancias, tal como tuvo que hacerlo el maestro Joaquín Trincado y así
lo justifica cuando dice: “EL Creador es indivisible llenándolo todo, (…) pero que
para comprenderlo LO DIVIDIMOS en especies, (…) y todas las cosas del
universo constituyen el Creador… ” (Filosofía Austera Racional, Neos y Cristianos
de la Era Vulgar, Punto 4°, p. 70-71). “Más aun que veamos en la apariencia cosas
diferentes, son sólo formas y no en la realidad, porque sólo una substancia existe”
(Los Extremos se Tocan, Prefacio, p. 20, Nº 9). “Eloí está dentro de cada uno de
los seres humanos. Está en todas partes… porque todo es Espíritu” (El Espiritismo
en su Asiento, p. 38, Nº 10).
En virtud de esta problemática es que Hermes Trismegisto decía: “Quien entiende
el Principio de Polaridad se le abrirán las puertas del templo de la sabiduría” (El
Kybalión). Para dilucidar el problema, el maestro Trincado concluye diciendo que
el Espíritu es ESENCIA y que es la esencia del Éter y que se ubica dentro del
Éter. Pero, en definitiva, el mundo material es pura “Representación”, sujeta al
espacio-tiempo y concebible por el entendimiento mediante un proceso biológico-
metafísico que es el que produce la representación, tal como lo afirmó Arthur
Schopenhauer en su obra: “El Mundo como Voluntad y Representación”. Este es
el tema esencial del Espiritismo, el conocimiento de la idea de “Dios”; pero para
ello es necesario la Historia, la Filosofía y la Ciencia, tal como lo recomienda el
Maestro Trincado.
Concluimos con las palabras del Maestro Eckhart “¡Donde se ven dos hay un
defecto, porque todo es Uno, en el infinito coinciden los contrarios!”