Cap 26
Cap 26
filosóficos
Como se mencionó en el Capítulo 1, los filósofos existían mucho antes que los compu
tadores y llevaban tiempo intentando solucionar algunas cuestiones relacionadas con la
IA: ¿cómo trabaja la mente? ¿Es posible que las máquinas actúen de forma inteligente,
igual que las personas? Y si así fuera, ¿tendrían mentes? ¿Cuáles son las implicaciones
éticas de las máquinas inteligentes? A lo largo de los primeros 25 capítulos de este li
bro, hemos estudiado cuestiones de IA en sí misma, pero en este capitulo estudiaremos
la agenda del filósofo.
HIPÓTESIS En primer lugar, observemos la terminología: los filósofos definen la U póles» de
DE LA IA DÉBIL
la IA débil como la afirmación de que es posible que las máquinas actúen con inteli
HIPÓTESIS gencia (o quizá mejor, como si fueran inteligentes); de la misma manera, la U póles»
DE LA IA FUERTE
de la IA fuerte consiste en la afirmación de que las máquinas sí piensan realmente (opues
to al pensamiento simulado).
La mayoría de los investigadores de IA dan por sentado la hipótesis de la IA débil,
y no se preocupan por la hipótesis de la IA fuerte, con tal de que funcione su programa
no les interesa si se llama simulación de inteligencia o inteligencia real. Sin embargo,
todos deberían preocuparse por las implicaciones éticas de su trabajo.
El argumento de incapacidad
El «argumento de incapacidad» afirma que «una máquina nunca puede hacer X». Como
ejemplos de X, Turing enumera las siguientes acciones:
Ser amable, tener recursos, ser guapo, simpático, tener iniciativas, tener sentido del
humor, distinguir lo correcto de lo erróneo, cometer errores, enamorarse, disfrutar con
las fresas con nata, hacer que otra persona tambiénse enamore, aprender de la experiencia,
utilizar palabras de forma adecuada, ser el tema de su propio pensamiento, tener tanta
diversidad de comportamientos como el hombre, hacer algo realmente nuevo.
Turing tuvo que utilizar su intuición para adivinar aquello que en un futuro sería posi
ble, pero nosotros tenemos el privilegio de poder mirar hacia atrás y ver qué es lo que
ya pueden hacer los computadores. Es innegable que los computadores actualmente ha
cen muchas cosas que anteriormente eran sólo del dominio humano. Los programas jue
gan a la ajedrez, a las damas y a otros juegos, inspeccionan piezas de las líneas de
producción, comprueban la ortografía en los documentos de los procesadores de texto,
conducen coches y helicópteros, diagnostican enfermedades, y hacen otros cientos de
tareas tan bien o mejor que los hombres. Los computadores han hecho pequeños pero
significativos descubrimientos, en Astronomía, Matemáticas, Química, Mineralogía,
Biología, Informática y otros campos que necesitan rendimiento a nivel de experto.
Debido a lo que conocemos actualmente acerca de los computadores, no es sor
prendente que sean también buenas en problemas combinatorios tales como los del jue
go del ajedrez. Sin embargo, los algoritmos también funcionan a nivel humano en tareas
que aparentemente se relacionan con el juicio humano, o como apunta Turing, «apren
der a partir de la experiencia» y la capacidad de «distinguir lo que es correcto de lo in
correcto». Ya en el año 1955, Paul Meehl (véase también Grove y Meehl, 1996) estudió
los procesos de la toma de decisiones de expertos formados en tareas subjetivas como
predecir el éxito de un alumno en un programa de formación, o la reincidencia de un de
lincuente. De 20 estudios que Meehl examinó, en 19 de ellos encontró que sencillos al
goritmos de aprendizaje estadístico (tal como la regresión lineal y Bayes simple) predicen
mejor que los expertos. Desde el año 1999, el Educational Testing Service (Servicio de
Exámenes Educativo) ha utilizado un programa automatizado para calificar millones de
1078 INTELIGENCIA ARTIFICIAL. UN ENFOQUE MODERNO
preguntas de redacciones en el examen GMAT. Este programa concuerda con los exa
minadores en un 97 por ciento, aproximadamente al mismo nivel de concordancia en
tre dos personas (Burstein etal., 2001).
Es evidente que los computadores pueden hacer muchas cosas tan bien o mejor que
el ser humano, incluso cosas que las personas creen que requieren mucha intuición y en
tendimiento humano. Por supuesto, esto no significa que los computadores utilicen la
intuición y el entendimiento para realizar estas tareas, las cuales no forman parte del
comportamiento, y afrontamos dichas cuestiones en otro sitio, sino que la cuestión es
que la primera conjetura sobre los procesos mentales que se requieren para producir un
comportamiento dado suele ser equivocada. También es cierto, desde luego, que exis
ten todavía muchas tareas en donde los computadores no sobresalen (por no decirlo más
bruscamente), incluida la tarea de Turing de mantener una conversación abierta.
Si Lucas afirmara esta sentencia, entonces se estaría contradiciendo a sí mismo, por tan
to Lucas no puede afirmarla consistentemente, y de aquí que esta sentencia sea verda
dera. (La sentencia no puede ser falsa, porque si lo fuera Lucas entonces no podría
afirmarla consecuentemente, por tanto sería verdadera.) Así pues, hemos demostrado que
existe una sentencia que Lucas no puede afirmar consecuentemente mientras que otras
personas (y máquinas) sí pueden. Sin embargo, esto no hace que cambiemos de idea res
pecto a Lucas. Por dar otro ejemplo, ninguna persona podría calcular la suma de 10 bi
llones de números de 10 dígitos en su vida, en cambio un computador podría hacerlo en
segundos. Sin embargo, no vemos esto como una limitación fundamental en la habili
dad de pensar del hombre. Durante miles de años los hombres se han comportado de for
ma inteligente antes de que se inventaran las máquinas, de manera que no es improbable
que el razonamiento matemático no tenga más que una función secundaria en lo que im
plica ser inteligente.
En tercer lugar, y de manera mucho más importante, aunque reconozcamos que los
computadores tienen limitaciones sobre lo que pueden demostrar, no existen evidencias
de que los hombres sean inmunes ante esas limitaciones. Es realmente sencillo demos
trar con rigor que un sistema formal no puede hacer X, y afirmar entonces que los hom
bres pueden hacer X utilizando sus propios métodos informales, sin dar ninguna evidencia
de esta afirmación. En efecto, es imposible demostrar que los hombres no están sujetos
al teorema de incompletitud de Godel, porque cualquier prueba rigurosa contendría una
formalización del talento humano declarado como no formalizable. De manera que nos
quedamos con el llamamiento a la intuición de que los hombres, de alguna forma, pue
den realizar hazañas superhumanas de comprensión matemática. Esta atracción se ex
presa con argumentos como «debemos asumir nuestra propia consistencia, si el
pensamiento puede ser posible» (Lucas, 1976). Sin embargo ciertamente se sabe que los
hombres son inconsistentes. Esto es absolutamente verdadero para el razonamiento dia
rio, pero también es verdadero para un pensamiento matemático cuidadoso. Un ejem
plo muy conocido es el problema del mapa de cuatro colores. En 1879, Alfred Kempe
publicó una prueba que tuvo una gran acogida y contribuyó a que le eligieran Fellow de
Royal Society. Sin embargo, en 1890, Percy Heawood apuntó que existía un error y el
teorema quedó sin demostrar hasta el año 1977.
El argumento de la informalidad
Una de las críticas más persistentes e influyentes de la LA como empresa la realizó Tu
ring mediante su «argumento de la informalidad del comportamiento». En esencia, esta
afirmación consiste en que el comportamiento humano es demasiado complejo para po
der captarse mediante un simple juego de reglas y que debido a que los computadores
no pueden nada más que seguir un conjunto (juego) de reglas, no pueden generar un com
portamiento tan inteligente como el de los hombres. En IA la incapacidad de capturar
lo todo en un conjunto de reglas lógicas se denomina ¡rob lon a de coalificackin (véase
CapítulolO).
El filósofo que ha propuesto principalmente este punto de vista ha sido Hubert
Dreyfus, quien elaboró una serie de críticas influyentes a la Inteligencia Artificial: ¿Qué
1080 INTELIGENCIA ARTIFICIAL. UN ENFOQUE MODERNO
pensar. De nuevo esta objeción fue prevista por Turing, y cita unas palabras del Profe
sor Geoffrey Jefferson (1949):
Hasta que una máquina pueda escribir un soneto o componer un concierto porque sien
ta los pensamientos y las emociones, y no porque haya una lluvia de sím bolos, podría
reconocer que la máquina iguala al cerebro, es decir, no sólo escribirlo sino que sepa que
lo ha hecho.
Esto es lo que Turing llama el argumento de la a n srio iria, la máquina tiene que ser
consciente de sus propias acciones y estados mentales. Aunque la consciencia sea un tema
importante, el punto de vista clave de Jefferson se relaciona realmente con la fam ne-
nolag^a, o el estudio de la experiencia directa, es decir, la máquina tiene que sentir emo
ciones realmente. Otros se centran en la ñtoicknalidad, esto es, en la cuestión de si
las creencias, deseos y otras representaciones supuestas de la máquina son de verdad algo
que pertenece al mundo real.
La respuesta de Turing a esta objeción es interesante. Podría haber presentado
razones para demostrar que las máquinas pueden de hecho ser conscientes (o tener fe
nomenología, o tener intenciones). En cambio, Turing mantiene que la cuestión no está
bien definida al decir, «¿Pueden pensar las máquinas?» Además, por qué deberíamos
insistir en un estándar más alto para las máquinas que el usado para los humanos. Des
pués de todo, en la vida ordinaria no tenemos nunca una evidencia directa sobre los
estados mentales internos de otras personas. No obstante, Turing dice que «En vez de
CONVENCIAN argumentar constantemente sobre este punto de vista, es usual mantener la convoidán
EDUCADA
educada de que todos pensamos».
Turing argumenta que Jefferson estaría dispuesto a ampliar la convención educada
a las maquinas si al menos tuviera experiencia con las que actúan de forma inteligente,
y cita el diálogo siguiente el cual ha llegado a formar una parte muy significativa de la
tradición oral de la IA y que debemos incluir:
hombre : En la primera línea de tu soneto que dice «te compararé con un día de verano»,
¿no sería mejor decir «un día de primavera»?
máquina : N o rimaría.
hombre : Y qué tal un «día de invierno». Este sí qué rimaría bien.
Máquina : S í, pero nadie quiere una comparación con un día de invierno.
hombre : ¿Podrías decir que Mr. Pickwick te recuerda a las navidades?
máquina : En cierto modo, sí.
hombre : Sin embargo, las navidades representan un día de invierno, y no creo que a Mr.
Pickwick le importara la comparación.
máquina : N o, creo que estés hablando en serio. Por un día de invierno se entiende un tí
pico día de invierno, y no un día especial de Navidad.
Turing reconoce que la cuestión de la conciencia (consciencia) es difícil, pero niega que
sea relevante para la práctica de la IA: «No quiero dar la impresión de que pienso que
no hay misterio en torno a la conciencia... Sin embargo no creo que estos misterios ten
gan necesariamente que resolverse antes de la respuesta a la cuestión que estamos tra
tando en este trabajo». Coincidimos con Turing en que nos interesa crear programas que
se comporten de forma inteligente y no en si alguien los declara reales o simulados. Por
otro lado, muchos filósofos están especialmente interesados en esta cuestión. Como
FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS 1063
misma potencia causal que las neuronas. La teoría no dice por qué las neuronas tienen
esta potencia causal, ni tampoco qué otras instanciaciones físicas podrían tenerla o no.
Para investigar estos dos puntos de vista examinaremos uno de los problemas más
antiguos de la filosofía de la mente, y retomaremos tres experimentos pensados.
El problema de m ente-cuerpo
PROBLEMA M EN TE- El probtaiia m e n te - c ip o cuestiona cómo se relacionan los estados y los procesos men
CUERPO
tales con los estados y los procesos (específicamente del cerebro) del cuerpo. Como si
no fuera bastante difícil, vamos a generalizar el problema como un problema de «ar
quitectura-mente», para que nos permita hablar sobre la posibilidad de que las máqui
nas tengan mentes.
¿Por qué es un problema el problema mente-cuerpo? Para la primera dificultad nos
remontaremos a René Descartes, quien abordó el tema de cómo un alma inmortal inter-
DUALISTA
actúa con un cuerpo mortal, y concluyó diciendo que el alma y el cuerpo son dos tipos
de cosas diferentes, una teoría fkiaEsta La teoría mnrista, frecuentemente llamada ma-
MONISTA teriafismo, mantiene que no existen cosas tales como almas inmateriales, sino sólo ob
jetos materiales. Como consecuencia, los estados mentales, tales como sentir dolor,
MATERIALISMO
saber que alguien está montando a caballo, o creer que la capital de Austria es Viena,
son estados del cerebro. John Searle, de forma concisa, resume esta idea con el slogan,
«Los cerebros producen las mentes».
El materialista se debe enfrentar por lo menos con dos obstáculos serios. El primer
LIBERTAD problema es el de la Ebo-tad de elección: ¿Cómo puede ser que una mente puramente
DE ELECCIÓN
física, cuyas transformaciones están regidas por las leyes de la física, conserve todavía
el libre albedrío? La mayoría de los filósofos consideran que este problema necesita una
reconstitución cuidadosa de nuestra noción ingenua de libertad de elección, en vez de
presentar una amenaza para el materialismo. El segundo problema tiene que ver con el
CONCIENCIA tema general de la co n d o n a (y cuestiones de o ie id m c n to y de autoconoóm orfo
relacionadas, aunque no idénticas). Para simplificar, por qué se siente algo cuando se tie
nen ciertos estados cerebrales, mientras que probablemente no se siente nada al tener otros
estados físicos (por ejemplo, al ser una roca).
Para empezar a responder estas cuestiones, necesitamos formas de hablar sobre los
estados del cerebro a niveles más abstractos que las configuraciones específicas de to
dos los átomos del cerebro de una persona en particular en un momento concreto. Por
ejemplo, cuando pienso en la capital de Austria, mi cerebro sufre miríadas de cambios
diminutos de un picosegundo al otro, pero estos no constituyen un cambio cualitativo
en el estado del cerebro. Para tenerlo en cuenta, necesitamos una noción de tipos de es
tados del cerebro bajo la cual podamos juzgar si dos estados del cerebro pertenecen al
mismo tipo o a un tipo diferente. Existen diferentes opiniones sobre lo que quiere decir
tipo en este caso. Casi todo el mundo cree que si tomamos un cerebro y sustituimos los
átomos de carbono por un nuevo conjunto de átomos de carbono2, el estado mental no
2 Quizás incluso los átomos de un isótopo de carbón diferente, como se hace algunas veces en los experi
mentos de exploración cerebral.
FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS 1085
se verá afectado. Esto es bueno porque los cerebros reales están sustituyendo continua
mente sus átomos mediante procesos metabólicos, y sin embargo esto en sí no parece
causar perturbaciones mentales importantes.
Ahora vamos a examinar una clase en particular de estado mental: las actitudes
[ropasicionales (tratadas por primera vez en el Capítulo 10), conocidas también como
ESTADOS estados «tonéaialns, Estos son estados tales como creer, conocer, desear, temer, y otros
INTENCIONALES
más que se relacionan con algunos aspectos del mundo exterior. Por ejemplo, la creen
cia de que Viena es la capital de Austria es una creencia sobre una ciudad en particular
y su estado. Nos vamos a cuestionar si es posible que los computadores tengan estados
intencionales que nos ayuden a entender cómo caracterizar dichos estados. Por ejemplo,
se podría decir que el estado mental de desear una hamburguesa difiere del estado de
desear una pizza porque en el mundo real una hamburguesa y una pizza son cosas dife
rentes. Es decir, los estados intencionales tienen una conexión necesaria con otros
objetos del mundo externo. Por otro lado, anteriormente, hemos argumentado que los
estados mentales son estados del cerebro, y de aquí que los estados mentales de identi
dad o no-identidad se deberían determinar permaneciendo completamente «dentro de la
cabeza», sin hacer referencia al mundo real. Para examinar este dilema retomaremos el
experimento del pensamiento que intenta separar a los estados intencionales de sus ob
jetos externos.
3 Esta situación puede resultar familiar para los que hayan visto la película de 1999, TheM atrix.
1086 INTELIGENCIA ARTIFICIAL. UN ENFOQUE MODERNO
fica aproximadamente «tales cosas»). Suponga que mediante algún accidente del cableado
retinal o neuronal la persona ^experimenta en rojo el color que la persona Kpercibe como
verde, y viceversa. Entonces cuando ambas vean las luces del semáforo actuarán de la
misma manera, pero la experiencia que tienen será de alguna manera diferente. Ambas
pueden reconocer que el nombre de su experiencia es «la luz es roja», pero las expe
riencias se sienten de diferente manera. No está claro si eso significa que son los mis
mos estados mentales o que son estados mentales diferentes.
A continuación retomaremos otro experimento del pensamiento que aborda la cuestión
de si los objetos físicos diferentes a las neuronas humanas pueden tener estados mentales.
* Imaginemos que utilizamos un sujeto idéntico de «control» que sufre una operación placebo para poder
comparar los dos comportamientos.
FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS 1087
Sin embargo, podemos hacer algo más que argumentar, a partir de la intuición. En
primer lugar, hay que destacar que para que el comportamiento externo siga siendo el
mismo, mientras que el individuo se va sumiendo gradualmente en la inconsciencia, debe
darse el caso de que la propia voluntad del sujeto se elimine instantáneamente y total
mente; de otra manera, la reducción del conocimiento se vería reflejada en el compor
tamiento extemo, con palabras tales como «Ayuda, mi conocimiento se está reduciendo»,
u otras palabras con ese mismo efecto. Esta eliminación instantánea de la propia voluntad
como resultado de la sustitución gradual de neuronas una a una parece ser una afirma
ción improbable.
En segundo lugar, examinemos qué ocurre si formulamos al sujeto cuestiones rela
cionadas con su experiencia consciente durante el período en donde no existen neuro
nas reales. Por las condiciones del experimento, obtendremos respuestas del tipo, «Me
encuentro bien. Debo decir que estoy algo sorprendido porque creía en el argumento de
Searle». O de lo contrario, podríamos atizar al sujeto con un bastón acabado en punta y
observaríamos la respuesta, mo duele!». Ahora bien, durante el curso normal de
sucesos, el escéptico puede desechar tales salidas de programas de IA tales como sim
ples artimañas. Ciertamente, es bastante fácil utilizar una regla tal como «Si el sensor
12 identifica "Alto” entonces la salida será "Ay”». Sin embargo lo importante es que, de
bido a que hemos duplicado las propiedades funcionales de un cerebro humano normal,
supondremos que el cerebro electrónico no contiene dichas artimañas. Debemos enton
ces tener una explicación de las manifestaciones de la consciencia producidas por el ce
rebro electrónico que atañe sólo a las propiedades funcionales de las neuronas. Y además,
esta explicación debe aplicarse también al cerebro real, el cual tiene las mismas pro
piedades funcionales. Parece entonces que existen sólo dos conclusiones posibles:
1. Los mecanismos causales de la consciencia que generan estas clases de salidas
en los cerebros normales todavía están funcionando en la versión electrónica,
que, por tanto, es consciente.
2. Los sucesos mentales conscientes en el cerebro normal no tienen conexión
causal con el comportamiento, y quedan fuera del cerebro electrónico, que no
es, por tanto, consciente.
Aunque no podamos descartar la segunda posibilidad, esto reduce la consciencia a lo que
EPtFENOMEHAL los filósofos llaman rol eftfen om aiai algo que ocurre, pero que no deja pistas como si
lo fuera en el mundo observable. Además, si la consciencia es en efecto epifenomenal, en
tonces el cerebro debe tener un segundo mecanismo inconsciente responsable del «Ay».
En tercer lugar, examinemos la situación en que la operación se ha invertido y el su
jeto tiene un cerebro normal. Una vez más, el comportamiento externo del sujeto debe
ser, por definición, como si la operación no hubiera ocurrido. En particular, deberíamos
poder preguntar, «¿Cómo estaba durante la operación?, ¿recuerda el bastón acabado en
punta?». El sujeto debe tener recuerdos precisos de la naturaleza real de sus experien
cias conscientes, incluyendo las qualia, a pesar del hecho de que según Searle no ha habido
tales experiencias.
Searle podría responder que no hemos definido el experimento adecuadamente. Por
ejemplo, si las neuronas reales quedan suspendidas entre el momento que se extraen y
el tiempo en que se reemplazan en el cerebro, por supuesto entonces no «recordarán»
1088 INTELIGENCIA ARTIFICIAL. UN ENFOQUE MODERNO
las experiencias durante la operación. Para tratar esta eventualidad, necesitamos asegu
rarnos de que el estado de las neuronas se actualiza para reflejar el estado interno de las
neuronas artificiales que están reemplazando. Si los supuestos aspectos «no funciona
les» de las neuronas reales dan como resultado entonces un comportamiento funcional
mente diferente del que se observa con las neuronas artificiales todavía en su lugar,
tenemos un reductio ad absurdum simple, debido a que eso significaría que las neuro
nas artificiales no son equivalentes funcionalmente a las neuronas reales. ( Véase el
Ejercicio 26.3 para una posible refutación de este argumento.)
Patricia Churchland (1986) señala que los argumentos funcionalistas que operan a
nivel de neurona también pueden funcionar al nivel de cualquier unidad funcional más
grande, un grupo de neuronas, un módulo mental, un lóbulo, una hemisfera, o todo el
cerebro. Eso significa que si se acepta la noción de que el experimento de prótesis del
cerebro muestra que el cerebro de sustitución es consciente, deberíamos también creer
que la consciencia se mantiene cuando el cerebro entero se sustituye por un circuito que
hace corresponder la entrada con la salida mediante una tabla de búsqueda. Esto es des
concertante para muchas personas (incluyendo al mismo Turing), que tienen la intuición
de que las tablas de búsqueda no son conscientes, o por lo menos, que las experiencias
condentes generadas durante la búsqueda en tabla no son las mismas que las generadas
durante la operación de un sistema que se podría describir (incluso en un sentido com
putacional ingenuo) como accediendo y generando ideas, introspecciones, metas, etc.
Esto podría sugerir que el experimento de la prótesis del cerebro no puede utilizar un
reemplazo de todo el cerebro en conjunto, si ha de ser efectivo al guiar las intuiciones,
pero esto no significa que se debe utilizar el reemplazo de un átomo cada vez, tal como
Searle nos hace creer.
La habitación china
Nuestro experimento final del pensamiento es quizás el más famoso de todos. Este se
debe a John Searle (1980), quien describe un sistema hipotético que claramente está eje
cutando un programa y que pasa la prueba de Turing, pero que igualmente y de mane
ra clara no entiende (según Searle) ninguna entrada ni salida. Su conclusión es que
ejecutar el programa adecuado (es decir, tener las salidas adecuadas) no es una condi
ción suñciente para ser una mente.
El sistema se compone de un hombre, que solamente entiende inglés, y que está equi
pado con un libro de reglas escrito en inglés y varias pilas de papel, algunas en blanco
y algunas con inscripciones indescifrables. (El hombre entonces hace el papel de la CPU,
el libro de normas es el programa y los papeles son el dispositivo de almacenamiento.)
El sistema se encuentra dentro de una habitación con una apertura al exterior. A través
de la apertura se van deslizando los papeles con símbolos indescifrables. El hombre en
cuentra los símbolos correspondientes en el libro de reglas y sigue las instrucciones. Las
instrucciones pueden incluir escritura de símbolos en los papeles nuevos que van saliendo,
encontrar símbolos en las pilas de papeles, reorganizar las pilas, etc. Finalmente las ins
trucciones harán que un símbolo o más sean transcritos a un trozo de papel que se pasa
otra vez al mundo exterior.
FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS 1089
Hasta ahora todo está bien. Pero desde fuera, se observa un sistema que está sacan
do la entrada en forma de sentencias chinas y generando respuestas chinas que obvia
mente son tan «inteligentes» como las de la conversación imaginada por Turing5.
Entonces Searle argumenta lo siguiente: la persona que está en la habitación no entiende
el chino (supuestamente). El libro de reglas y las pilas de papel, que son sólo trozos de
papel no entienden el chino. Por consiguiente no está habiendo comprensión del chino.
De aquí que, según dice Searle, ejecutar el programa adecuado no genera necesaria
mente entendimiento.
Al igual que Turing, Searle examinó e intentó rechazar una serie de respuestas a este
argumento. Algunos comentaristas, incluyendo a John McCarthy y a Robert Wilensky,
propusieron lo que Searle llama la respuesta de los sistemas. La objeción es que aunque
se pueda preguntar si el hombre de la habitación entiende el chino, esto es como pre
guntar si la CPU puede admitir raíces cúbicas. En ambos casos, la respuesta es no, y en
ambos casos según la respuesta del sistema, el sistema completo sí tiene la capacidad
en cuestión. Ciertamente, si se pregunta a la habitación china si entiende el chino, la res
puesta sería afirmativa (en un chino fluido). Según la convención educada de Turing, esto
debería ser suficiente. La respuesta de Searle es reiterar la cuestión de que el entendi
miento no está en el hombre y no puede estar en el papel, de forma que no puede haber
entendimiento. También sugiere algo más: que nos podríamos imaginar al hombre me-
morizando el libro de reglas y el contenido de todas las pilas de papel, de manera que
no hubiera nada que tener que entender excepto al hombre; y una vez más, si se pregunta
al hombre (en inglés), la respuesta será negativa.
En este punto hemos topado con los temas reales. El cambio a la memorización des
de el papel es una pista falsa, porque ambas formas son simplemente instanciaciones
físicas de un programa en ejecución. La afirmación real que hace Searle se basa en los
cuatro axiomas siguientes (Searle, 1990):
1. Los programas informáticos son entidades sintácticas y formales.
2. Las mentes tienen contenidos o semánticas mentales.
3. La sintaxis por sí misma no es suficiente para la semántica.
4. Los cerebros originan las mentes.
A partir de los tres primeros axiomas, Searle concluye diciendo que los programas no
son suficientes para las mentes. En otras palabras, un agente que ejecuta un programa
podría ser una mente, pero no es necesariamente una mente sólo por virtud de ejecu
tar programas. A partir de los cuatro axiomas concluye que «Cualquier otro sistema
capaz de originar mentes tendría que tener poderes causales (por lo menos) equivalentes
a los de los cerebros». De aquí infiere que cualquier cerebro artificial tendría que du
plicar los poderes causales, no sólo ejecutar un programa en particular, y que los
cerebros humanos no producen fenómenos mentales sólo por virtud de ejecutar un
programa.
5 El hecho de que las pilas de papel podrían ser mucho más grandes que todo el planeta y de que la genera
ción de respuestas llevarla millones de años no redunda en la estructura lógica del argumento. Un propósi
to de la formación filosófica es desarrollar un sentido bien afinado de las objeciones que guardan relación y
las que no.
1090 INTELIGENCIA ARTIFICIAL. UN ENFOQUE MODERNO
Las conclusiones de que los programas no son suficientes para las mentes s/que pro
ceden de estos axiomas, si somos generosos en su interpretación. Pero la conclusión no
es satisfactoria: todo lo que Searle ha demostrado es que si explícitamente negamos el
funcionalismo (eso es lo que hace su axioma (3)) entonces no podemos concluir nece
sariamente diciendo que los no-cerebros son mentes. Esto es bastante razonable, de ma
nera que el argumento completo se reduce si el axioma (3) puede ser aceptado. Según
Searle, el punto de vista del argumento de la habitación china es proporcionar intuicio
nes al axioma (3). Pero la reacción de este argumento muestra que proporciona intui
ciones sólo a los que ya se han inclinado a aceptar la idea de que meros programas no
pueden generar un entendimiento de verdad.
Reiterando, el objetivo del argumento de la habitación china es refutar la IA fuerte,
es decir la afirmación de que ejecutar la clase adecuada de programa da como resulta
do necesariamente una mente. Esto se hace exhibiendo un sistema aparentemente inte
ligente que ejecuta la clase adecuada de programa que no es, según Searle,
demostrablemente una mente. En este sentido, Searle apela a la intuición, no a la prue
ba: sólo hay que observar la habitación: ¿qué hay en ella que sea una mente? Sin em
bargo, se podría hacer el mismo argumento sobre el cerebro: observe el conjunto de
células (o de átomos), que funcionan ciegamente según las leyes de la Bioquímica (o la
Física): ¿Qué hay ahí que sea una mente? ¿Por qué un trozo de cerebro puede ser una
mente mientras que un trozo de hígado no puede serlo?
Además, cuando Searle admite que materiales diferentes a las neuronas podrían en
principio ser una mente, debilita su argumento aún más por dos razones: en primer lu
gar sólo tenemos las intuiciones de Searle (o las nuestras propias) para decir que la ha
bitación china no es una mente, y en segundo lugar, aunque determinemos que la
habitación no es una mente, no nos dice nada sobre si un programa que se ejecuta en al
gún otro medio físico (incluyendo un computador) podría ser una mente.
Searle permite la posibilidad lógica de que el cerebro esté implementando de ver
dad un programa de IA de la clase tradicional. Sin embargo, si el mismo programa se
ejecuta en la clase inadecuada de máquina no sería una mente. Searle no cree que las
«máquinas no puedan tener mentes», en cambio afirma que algunas máquinas sí que tie
nen mentes, los hombres son máquinas biológicas con mentes. No nos queda ninguna
guía para ver qué tipos de máquinas califican o no califican.
Chernobyl, la Isla de las Tres Millas y la amenaza de la destrucción mundial. Todos los
científicos e ingenieros se enfrentan a consideraciones éticas de cómo deberían actuar
en el trabajo, qué proyectos deberían o no deberían hacer, cómo los deberían abordar.
Existe incluso un manual sobre la Ética de los Computadores (Ethics o f Computing,
Berleur y Brunnstein, 2001). Sin embargo, la IA parece que expone problemas nuevos
yendo más allá de, por ejemplo, construir puentes que no se desmoronen:
• Las personas podrían perder sus trabajos por la automatización.
• Las personas podrían tener demasiado (o muy poco) tiempo de ocio.
• Las personas podrían perder el sentido de ser únicos.
• Las personas podrían perder algunos de sus derechos privados.
• La utilización de los sistemas de IA podría llevar a la pérdida de responsabilidad.
• El éxito de la IA podría significar el fin de la raza humana.
Vamos a examinar en orden cada uno de estos temas.
Las personas podrían perder sus trabajos por la automatización. La economía
industrial moderna ha llegado a depender en general de los computadores, y selecciona
programas de IA en particular. Por ejemplo, gran parte de la economía, especialmente
en Estados Unidos, depende de la disponibilidad de créditos del consumidor. Las apli
caciones de las tarjetas de crédito, aceptaciones de cargos y detección de fraudes se
realizan mediante programas de IA. Se podría decir que miles de trabajadores han sido
desplazados por estos programas de IA, pero en efecto si eliminamos estos programas
de IA estos trabajos no existirían, porque la mano de obra humana añadiría un coste adi
cional a las transacciones. Hasta ahora, la automatización por medio de la tecnología de
la IA ha creado más trabajos de los que ha eliminado, y ha creado puestos de trabajo más
interesantes y mejor pagados. Ahora que el programa IA canónico es un «agente inteli
gente» diseñado para ayudar a un hombre, la pérdida de trabajo preocupa menos que cuan
do la IA se centraba en los sistemas expertos diseñados para sustituir a los hombres.
Las personas podrían tener demasiado (o muy poco) tiempo de ocio. Alvin Toffler
en su libro Future Shock (1970) escribió, «La semana laboral se ha recortado el 50 por
ciento a finales del siglo. No es absurdo decir que se volverá a reducir a la mitad hacia el
año 2000». Arthur C. Clarke (1968b) escribió que las personas del año 2001 «podrían en
frentarse a un futuro de gran aburrimiento, en donde el problema principal de la vida es
decidir cual de los cientos de canales de la televisión seleccionar». La única predicción
que ha llegado a resultar cierta es el número de canales de televisión (Springsteen, 1992).
En cambio, las personas que trabajan en las industrias muy relacionadas con el conoci
miento han descubierto que forman parte de un sistema computerizado integrado que fun
ciona 24 horas al día; para mantenerlo se han visto forzados a trabajar durante más horas.
En una economía industrial, las recompensas son aproximadamente proporcionales al tiem
po invertido; trabajar el 10 por ciento más llevaría a producir un incremento del 10 por
ciento en los ingresos. En una economía de la información marcada por la comunicación
de un ancho de banda alto y por una reproducción fácil de la propiedad intelectual (lo que
Frank y Cook (1996) llaman «Winner-Take-All Society» (la Sociedad del ganador se hace
con todo)), existe una gran recompensa por ser ligeramente mejor que la competencia;
trabajar un 10 por ciento más podría significar un 100 por 100 de incremento en los in
gresos. De forma que todos se sienten más presionados por trabajar más fuerte. La IA
1092 INTELIGENCIA ARTIFICIAL. UN ENFOQUE MODERNO
tenido que los sistemas médicos expertos desempeñan el mismo papel que los libros de
texto médicos y los libros de referencias; los médicos son responsables de entender el
razonamiento que soporta esta decisión y de utilizar su propio juicio a la ahora de deci
dir si se aceptan las recomendaciones del sistema. Por tanto, en el diseño de sistemas
médicos expertos como agentes, no se debería considerar que las acciones afectan di
rectamente a los pacientes, sino que influyen directamente en el comportamiento del mé
dico. Si los sistemas expertos se hacen más fiables y precisos que los hombres que hacen
tos diagnósticos, los médicos podrían tener obligaciones legales si no utilizan las reco
mendaciones de un sistema experto. Gawande (2002) explora esta premisa.
Están empezando a aparecer temas similares en relación con la utilización de agen
tes inteligentes en Internet. Se han hecho progresos en la incorporación de limitaciones
en los agentes inteligentes de forma que no pueden, por ejemplo, dañar los archivos de
otros usuarios (Weld y Etzioni, 1994). El problema se magnifica cuando el dinero cam
bia de manos. Si las transacciones monetarias las realiza un agente inteligente en nom
bre de alguien, ¿está obligado por las deudas incurridas? ¿Sería posible que un agente
inteligente tuviera activos o que realizara compras electrónicas en su propio nombre? Has
ta ahora, parece que estas cuestiones no se entienden de forma clara. En nuestro cono
cimiento, ningún programa ha recibido ningún estado legal como individuo con fines
financieros; por el momento, parece que no es razonable hacerlo. Los programas tam
poco son considerados «conductores» para reforzar las regulaciones del tráfico en
autovías reales. En las leyes californianas, por lo menos, no parece haber ninguna san
ción legal que impida a un vehículo automatizado exceder los límites de velocidad, aunque
el diseñador del mecanismo de control de vehículos sí tuviera obligación en caso de ac
ódente. Al igual que con la tecnología para la reproducción humana, la ley tiene toda
vía que ponerse a la altura de los nuevos desarrollos.
£7 éxito de la IA podría significar el fin de la raza humana. Casi cualquier tecnolo
gía tiene el potencial de hacer daño si se encuentra en las manos equivocadas, pero con
la IA y la robótica, tenemos el problema nuevo de que las manos equivocadas podrían
pertenecer a dicha tecnología. Incontables historias de ciencia ficción nos han alertado
de los robots o de los «cyborgs» (robots-hombre) que se comportan de forma enajena
da. Entre los primeros ejemplos se incluyen Frankenstein de Mary Shelly, o el Modern
Prometheus {ElPrometeo Moderno) (1818)7, y la obra de Karel Capek R.U.R. (1921),
en la que los robots conquistan el mundo. En cine, también tenemos Terminador {The
Terminator) (1984), en donde se combinan clichés de robots que conquistan el mundo
con el viajar en el tiempo, y Matrix {The Matrix) (1999), en donde se combinan robots
que conquistan el mundo y el cerebro en una cubeta.
Para una gran mayoría, parece que los robots son protagonistas de muchas historias
de conquistas del mundo porque representan lo desconocido, de la misma manera que
las brujas y los fantasmas de cuentos de otras décadas más antiguas. ¿Suponen una ame
naza más creíble que las brujas y los fantasmas? Si los robots estuvieran diseñados ade
cuadamente como agentes que adoptan las metas de sus propietarios, probablemente no
supondrían una amenaza: los robots que derivan de mayores avances sobre sus diseños
actuales, sí que van a servir y no a conquistar. Los hombres utilizan su inteligencia de
formas agresivas porque son innatas, por naturaleza. Sin embargo, las máquinas que cons
truimos no tienen que ser innatamente agresivas, a menos que decidamos que así sean.
Por un lado, es posible que los computadores logren una clase de conquista sirviendo y
haciéndose indispensables, de la misma manera que los automóviles han conquistado en
cierto sentido el mundo industrializado. Este escenario merece más atención. En 1965,
I. J. Good escribió:
Vamos a definir una máquina ultrainteligente como una máquina que puede sobrepasar
con mucho todas las actividades intelectuales de cualquier hombre, por muy inteligente
que sea. Puesto que el diseño de las máquinas es una de estas actividades intelectuales,
una máquina ultrainteligente podría diseñar máquinas incluso mejores: entonces existi
ría incuestionablemente una «explosión de inteligencia», y la inteligencia del hombre que
daría bastante atrás. Así pues la primera máquina ultrainteligente es la última invención
que haya hecho nunca el hombre, siempre que la máquina sea lo suficientemente dócil
como para decimos cómo controlarla.
SINGULARIDAD La «explosión de inteligencia» también ha sido llamada sn&daridad tecnológica por el
TECNOLÓGICA
profesor de Matemáticas y autor de ciencia ficción VemorVinge, (1993) quien escribió que,
«Dentro de treinta años, tendremos el medio tecnológico de crear una inteligencia super-
humana. Algún tiempo después, la era humana habrá acabado». Good y Vinge (y muchos
otros) señalan correctamente que la curva del progreso tecnológico actualmente está cre
ciendo de manera exponencial (tomemos en consideración, por ejemplo, la ley de Moore).
Sin embargo, es un buen paso adelante extrapolar que la curva continuará hacia la singu
laridad de un crecimiento casi infinito. Hasta ahora, el resto de tecnologías han seguido una
curva en forma de S, en donde el crecimiento exponencial finalmente disminuye.
La preocupación y el miedo de Vinge radica en llegar a la singularidad, sin embargo
otros científicos y futuristas gozan con esa idea En el Robot Mere Machine to Trascendent
Mind^Aera máquina hacia la mente trascendente), Hans Moravec predice que los robots
se igualarán a la inteligencia humana en 50 años y a continuación la excederán:
De manera bastante rápida podríamos quedar desplazados y fuera de la existencia. No
estoy tan alarmado como muchos otros por esta última posibilidad, ya que considero que
las máquinas del futuro son nuestra progenie, «hijos de mente» construidos a nuestra ima
gen y semejanza, es decir, nosotros mismos pero en una forma más potente. Al igual que
los hijos biológicos de generaciones anteriores, representarán la mejor esperanza de la
humanidad para un futuro a largo plazo. Nos corresponde a nosotros ofrecerles todas las
ventajas, y cómo retirarnos cuando ya no podamos contribuir. (Moravec, 2000.)
Ray Kurzweil, en The Age o f Spiritual Machines (2000) predice que hacia el año 2099
existirá «una fuerte tendencia hacia una fusión del pensamiento humano en el mundo de
la inteligencia de la máquina que las especies humanas crearon inicialmente. Ya no exis
te una distinción clara entre los hombres y los computadores». Existe incluso una pala
TRASHUM AN1SM0 bra nueva, tr a d n iia r é m o que se refiere al movimiento social real que ansia este futuro.
Basta con decir que estos temas presentan un reto para la mayoría de los teóricos que con
sideran la preservación de la vida humana y de las especies como algo bueno.
Finalmente, tomemos en consideración el punto de vista del robot. Si los robots
adquieren consciencia, tratarlos entonces como meras «máquinas» (por ejemplo, tratarlos
como algo aparte) podría ser inmoral. Los robots también deben actuar moralmente,
FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS 1095
necesitaríamos programarlos con una teoría de lo que está bien y lo que está mal. Los
escritores de ciencia ficción han abordado el tema de los derechos y responsabilidades
de los robots, empezando por Isaac Asimov (1942). La famosa película titulada A I.
(Spielberg, 2001) se basó en una historia de Brian Aldiss sobre el robot inteligente que
fue programado para creer que él era un humano y que no entiende el abandono final
por parte de su madre-propietaria. La historia (y la película) convencen de la necesidad
de los robots para moverse por sus derechos civiles.
26.4 R esum en
Este capítulo ha abordado los siguientes temas:
• Los filósofos utilizan el término IA débil para la hipótesis de que las máquinas
podrían comportarse posiblemente de forma inteligente, y el término IA fiio-te para
la hipótesis de que dichas máquinas contarían como si tuvieran mentes reales (en
contraposición a las mentes simuladas).
• Alan Turing rechazó la cuestión «¿Pueden pensar las máquinas?», y lo sustituyó
por un test de comportamiento. Previeron muchas objeciones a la posibilidad de
máquinas pensantes. Pocos investigadores en IA prestan atención al Test de
Turing, y prefieren concentrarse en el rendimiento de sus sistemas en base a tare
as prácticas, en vez de la habilidad de imitar a los humanos.
• Actualmente existe el acuerdo general de que los estados mentales son los esta
dos del cerebro.
• Los argumentos a favor yen contra de la IA fuerte no son concluyentes. Unos pocos
investigadores dominantes en la disciplina de la IA creen que cualquier cosa
significativa gira en torno al resultado del debate.
• La consciencia sigue siendo un misterio.
• Se han identificado ocho amenazas potenciales para la sociedad que se exponen
tanto ante la IA como ante una tecnología relacionada. Podemos concluir dicien
do que algunas amenazas son improbables, pero merece la pena revisar dos de
ellas en particular. La primera es que las máquinas ultrainteligentes podrían
llevarnos a un futuro muy diferente del actual y puede que no sea de nuestro agra
do. La segunda es que la tecnología de la robótica puede permitir a individuos con
una psicopatía emplear armas de destrucción masiva. Concluimos diciendo que esto
es más una amenaza de la biotecnología y nanotecnología que de la robótica.
N o t a s b ib l io g r á f ic a s e h is t ó r ic a s
te-Cuerpo {Materialism and the Mind-Body Proble, Rosenthal, 1971) y Lecturas de la Fi
losofía de la Psicología {Readings in the Philosophy ofPsycology, volumen 1, Block,
1980). Biro y Shahan (1982) presentan una colección dedicada a los pros y los contras
del funcionalismo. Entre las antologías que tratan más específicamente con la relación
entre la Filosofía y la IA se incluyen Minds and Machines (Anderson, 1964), Philoso-
phical Perspectives in Artificial Intelligence (Ringle, 1979), Mind Design (Haugeland,
1981) y The Philosophy o f Artificial Intelligence (Boden, 1990). Existen varias intro
ducciones a la «cuestión IA» filosófica (Boden, 1977, 1990; Haugeland, 1985; Copeland,
1993). The BehavioralandBrain Sciences, abreviado BBS, es una publicación importante
dedicada a debates filosóficos y científicos sobre la IAy la neurociencia. En publicacio
nes como A I and Society, Law, Computers and Artificial Intelligence, y Artificial Intelli-
gence and Law se tratan los temas de la ética y la responsabilidad en la IA.
EJERCICIOS
^ Repase la lista de presuntas incapacidades de las máquinas de Turing, identifi
cando cuáles se han logrado, cuáles se pueden lograr en principio por cualquier progra
ma, y cuáles son aún problemáticas porque requieren estados mentales conscientes.
2 6 2 ¿La refutación de la habitación china demuestra necesariamente que los compu
tadores con una programación adecuada tienen estados mentales? ¿La aceptación del ar
gumento significa necesariamente que los computadores no pueden tener estados
mentales?
2 6 3 En el argumento de la prótesis del cerebro, es importante poder restaurar el ce
rebro de un sujeto a un estado normal, de tal manera que su comportamiento externo sea
como si la operación no hubiera tenido lugar. ¿Puede un escéptico objetar razonablemente
que esto requeriría actualizar las propiedades neuropsicológicas de las neuronas que se
relacionan con la experiencia consciente, distintas de las que tienen que ver con el com
portamiento funcional de las neuronas?
2 6 4 Encuentre y analice un caso relacionado con los medios de comunicación popu
lares sobre un argumento o más, en relación con la idea de que la IA es imposible.
2 6 5 Intente definir los términos «inteligencia», «pensamiento» y «consciencia». Su
giera algunas posibles objeciones a sus definiciones.
2 ft6 Analice las posibles amenazas a la sociedad de la tecnología de IA. ¿Cuáles son
las amenazas más serias, y cómo se podrían combatir? ¿Cómo se podrían comparar con
las posibles ventajas?
2&7 ¿Cómo se pueden comparar las posibles amenazas de la tecnología de la IA con
otras de otras tecnologías informáticas, y con las de las tecnologías nucleares, bionucleares
y nanonucleares?
2 fi8 Algunos críticos piensan que la IA es imposible, mientras que otros dicen que es
demasiado posible, y que las máquinas ultrainteligentes suponen una amenaza. ¿Cuál
de estas objeciones piensa que es más probable? ¿Sería una contradicción mantener am
bas opiniones?