Homicidio Simple y Legítima Defensa
Homicidio Simple y Legítima Defensa
ARTICULO 40.- En las penas divisibles por razón de tiempo o de cantidad, los tribunales fijarán la condenación de acuerdo con
las circunstancias atenuantes o agravantes particulares a cada caso y de conformidad a las reglas del artículo siguiente.
Contra el decisorio aludido, comparece el asistente técnico de la condenada, e interpone recurso de casación, en virtud de lo
resuelto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en oportunidad de hacer lugar al Recurso Extraordinario deducido por el
asistente técnico de la condenada.
Defensa:
Como primer agravio, denuncian la errónea aplicación de la ley sustantiva (79 y 45 C.P.). En tal sentido, sostiene que, conforme
ha quedado acreditado el hecho en el debate, corresponde encuadrar el accionar de la imputada dentro de las previsiones de la
legítima defensa (art. 34 Incs. 6º C.P.), entendida ésta, no sólo como la defensa propia, sino también, dentro de la norma que
justifica la defensa de terceros, respecto al hijo menor de la imputada y al niño en gestación.
HOMICIDIO AGRAVADO
Fallo Mangeri
Los jueces del Tribunal Oral 9 de la Capital Federal que condenaron al portero Jorge Néstor Mangeri consideraron que no existe
duda alguna de que el crimen de Ángeles Rawson, de 16 años, fue un “femicidio” dado que de los hechos analizados “se
desprende que se trató de un caso inequívoco de violencia de género”, tal como está definido en las normas vigentes a nivel
nacional e internacional. Recalcan que “en el femicidio importa tanto la muerte de la mujer como el contexto en el que ésta
ocurre, de modo tal que concurre con los otros dos delitos”, de abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa y criminis
causa, por los que fue condenado Mangeri a prisión perpetua. En la argumentación del fallo, los jueces del Tribunal Oral 9 de la
Capital Federal, Fernando Ramírez, Ana Dieta de Herrero y Jorge Gettas, dieron por probado que el 10 de junio de 2013, a las
9.50, Ángeles Rawson, de 16 años, quien regresaba de una clase de educación física, entró al hall de la planta baja del edificio de
Emilio Ravignani 2360. En ese momento, el encargado del edificio, Jorge Néstor Mangeri, hizo que la acompañara a otro sector
del inmueble, antes de que la joven pudiera entrar a su vivienda, en el departamento “A”. Los jueces afirman que Mangeri llevó
a su víctima a “algún lugar de acceso reservado del edificio y abusó sexualmente de ella, procurando despojarla de sus ropas,
forzándola a abrir las piernas y tocando su cuerpo con fines lascivos”. Agregan los jueces que “consumado su deseo de abuso o
impedido de avanzar en él por la resistencia de la niña, la asesinó apretando su cuello con la mano derecha y obturando su boca
y las fosas nasales con la mano izquierda”. El cuerpo de la joven fue introducido por Mangeri en una bolsa de residuos tipo
consorcio y la puso en el circuito de recolección y procesamiento de la Ceamse, donde la encontraron el 11 de junio. Los jueces
destacaron la pronta reacción de la familia de Ángeles Rawson para realizar la denuncia y la transparencia de sus acciones, no
obstante, lo cual “la hipótesis inicial de la investigación no dejó de lado” al grupo familiar. Esto demuestra “la máxima
objetividad posible” en el tratamiento judicial que tuvo el caso.
El Tribunal, al abundar en la agresión sufrido por Ángeles, afirma que todo el accionar de Mangeri tuvo como finalidad “poner
manos en el cuerpo de Ángeles Rawson, con una finalidad sexual evidente” y que el ataque “marcó el cuerpo quedando así
claramente acreditado” el objetivo del agresor. Los jueces desestimaron las declaraciones del imputado respecto de las
supuestas amenazas que recibió y las presuntas lesiones sufridas, de parte de la policía, para que se declarara culpable. Se
sostiene que la única explicación es “la voluntad de cubrir con quemaduras (autoprovocadas) las marcas de los rasguños” que
le hizo la víctima. Los aspectos que justifica la calificación de “femicidio” que se le dio al caso, expresan los jueces que “las
conductas desplegadas” por Mangeri “ponen de manifiesto que desde un inicio su voluntad estuvo dirigida a someter a
Ángeles Rawson, usar su cuerpo para satisfacer sus deseos y descartarlo cuando lograra su objetivo o éste se viera frustrado”.
Agregan que el portero “prescindió desde el inicio de la autonomía de la niña” y precisan que “son prueba (de ello) las marcas
que su brutal acometimiento dejaron en el cuerpo de ella”. Citan que el cuerpo de la víctima tenía “hematomas, escoriaciones
y fracturas” que “son prueba inequívoca de que Mangeri recurrió a la fuerza para quebrantar la voluntad de la víctima y que
ésta resistió el acometimiento intentando defender su libertad y su vida”. Consideran que lo que hizo Mangeri está
comprendido en lo que establece la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación
contra la Mujer (Cedaw) 1994, la Convención Interamericana para Prevenir Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer,
conocida como Convención de Belem do Para y la ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la
violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, entre otras normas legales
nacionales e internacionales. Los jueces concluyen en este punto que del “examen concreto de la conducta de Jorge Néstor
Mangeri se desprende de los hechos probados que la conducta abusiva es un hecho de violencia de género, así definido por la
normativa y que la muerte de Ángeles Rawson se presenta directamente determinada por ese acto”, Agregan que “el
femicidio importa tanto la muerte de la mujer como el contexto en el que ésta ocurre, de modo tal que concurre con los otros
dos delitos”, de abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa y criminis causa, dado que la joven fue asesinada por
Mangeri para evitar que se conocieran los delitos cometidos con anterioridad a la muerte.
Fallo sacayán
El hecho fue cometido por Marino y por otra persona entre las 22.35 del sábado 10 y las 4 del domingo 11 de octubre de 2015
en el departamento del causante ubicado en el barrio porteño de Flores. El cuerpo fue encontrado el 13 del mismo mes, atado
de manos y pies, amordazado y con múltiples heridas en distintas partes del cuerpo. El delito fue causado con “alto grado de
violencia” ya que la muerte de la víctima fue consecuencia de las 27 lesiones efectuadas por un arma blanca, que le provocaron
hemorragia interna y externa, además de haber sufrido asfixia por tener tapadas la boca y la nariz. Diana Sacayán –reconocida
activista travesti– fue agredida físicamente en su casa por dos personas: su pareja, MGD, y otro varón no identificado. Fue atada
de pies y manos, amordazada, golpeada y herida de muerte con un cuchillo de cocina. Además, le sustrajeron $2.000 de su
domicilio. Luego, los atacantes escaparon del departamento. En consecuencia, MGD fue imputado por el delito de homicidio
agravado por haber sido ejecutado mediante violencia de género, odio a la identidad de género y alevosía, en concurso real con
el delito de robo.
En el proceso se constituyeron como querellantes el hermano de Diana y el INADI. Además, intervino la fiscalía de juicio y la
UFEM. En oportunidad de alegar, tanto las querellas como la fiscalía solicitaron que se le impusiera la pena de prisión
perpetua y que el delito de travesticidio. El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 4, por mayoría, condenaron al
imputado a la pena de prisión perpetua por el delito de homicidio calificado por odio a la identidad de género y por haber
mediado violencia de género (artículo 80, incisos 4º y 11º del Código Penal). Además, lo absolvió por el delito de robo simple
(jueces Calvete y Baez). En disidencia, la jueza Bloch propuso condenarlo a la misma pena por el delito de homicidio agravado
por haber sido contra una persona con la que ha mantenido una relación de pareja sin mediar convivencia (artículo 80, inciso 1º
del Código Penal). a) Robo - In dubio pro reo “No ha existido una individualización suficiente de las fuentes de pruebas
examinadas, de la expresión del rendimiento de cada una de ellas y de los cursos inferenciales posibles y de los criterios de
uso, lo que resulta normalmente de cruzar tales informaciones y ver cómo reacciona con cada una de las hipótesis posibles,
del porqué se ha entendido que la información obtenida presta fundamento a ellas y de cómo ésta ha resistido a las pruebas
contrarias. b) Homicidio i. Agravante del artículo 80, inciso 4º, CP: odio a la identidad de género. Travesticidio
“Subjetivamente, el delito es doloso, de dolo directo. La figura se completa con un elemento subjetivo distinto al dolo, en
tanto el autor debe matar al sujeto pasivo por odio hacia alguna de estas circunstancias: el género, la orientación sexual, la
identidad de género o la expresión de la identidad de género del paciente. Es un componente subjetivo diferente del dolo que
repara en las motivaciones de la acción. Debe darse muerte a la víctima en virtud de esa aversión del autor respecto de los
extremos referidos al género, a la sexualidad del paciente a los que alude la descripción legal. Los acusadores hicieron
especial hincapié en lo que entendían era la terminología adecuada para esta hipótesis delictual en particular, al término
‘travesticidio’, por entender que comprendía el homicidio de una travesti (o trans) por odio a su orientación sexual, lo que
traía una carga de discriminación constante desde distintas esferas de la sociedad, así como también, su necesaria derivación
hacia la incertidumbre, la inseguridad y la lucha por revertir dicha injusticia. No existe obstáculo para su utilización forense,
como hipótesis de trabajo, en la medida en que contribuya a clarificar la cuestión”. Las lesiones infringidas a [la víctima durante
el período sostenido hasta su muerte, fueron de extrema brutalidad, insensibilidad y, por su pluralidad y especificidad,
dirigidas a marcar el rasgo específico típico del odio, más que señalar la existencia de un actuar alevoso o con ensañamiento
que son ajenos a este caso. El primero de los factores se evidencia en el método escogido para causar la muerte, ya que, a los
golpes en la cabeza y distintas partes del cuerpo, se suman las lesiones infringidas con un arma blanca, de gran tamaño, con la
que se produjeron trece lesiones punzo cortantes, en distinta ubicación y de diversa profundidad, de las que dos fueron
mortales, mientras que las otras contribuyeron al deterioro final de la víctima”. El lugar de asiento de las particularidades que
consignara el forense en el estudio aludido (voto del juez Calvete). “La latitud de las lesiones alojadas en zonas tan sensible
para la mujer es un claro indicador artero que denota en un irrefutable odio a la identidad del género de su agredida. La
crueldad del ataque se enderezó a acometer directamente la identidad transexual de la víctima”. “La objetualizarían del
cuerpo femenino o transexual, es parte de las relaciones de dominio y sumisión comunes del patriarcado. De esta manera, la
mujer se encuentra desposeída, de subjetivada, siendo objeto de control, posesión y manipulación en todos sus grados. El
cuerpo pasa a ser ‘un cuerpo para los otros’. De esta forma, el cuerpo es un sujeto y a partir de esta sujeción que se explica el
sometimiento de la manera exacerbada como se condujera han llevado necesariamente al óbito a [la víctima]”. “[El imputado]
efectivizó un ataque compartido contra una mujer que –aunque reconocida y líder de una agrupación– se afiliaba en un
segmento de la población de vida precaria y subyugada, donde el compromiso institucional de cuidado se ha vuelto laxo,
desatendido y con una exposición a la muerte o a la desaparición prematura que puede asemejarse a una suerte de racismo
sistemático o abandono calculado”. “[Este caso permite hablar] no sólo de odio por la identidad de género sino [también de]
‘travesticidio’. Más allá que la transexualidad existe desde antaño, lo cierto es que ha dejado de adolecer de invisibilidad;
cabalgando con esta nueva realidad social –que exige un mayor esfuerzo estatal para tutelar e incorporar a un colectivo
inderme– alienta una denominación que cobije la manifestación más radicalizada de la violencia sexista. Por ello, rotular el
suceso de autos como travesticidio”. “El agravante radica en la mayor perversidad del autor y en el gran peligro social que
representa un homicidio inspirado en tales fines. Al desprecio a la vida en sí mismo se le suma esta condición adicional ” (voto
del juez Báez). “La agravación de la pena en estos casos guarda relación con la restricción de la autonomía personal del tercero
efectivamente perjudicado o del colectivo vulnerable al que pertenecería. En tanto el odio es entendido como la elección de ese
tercero por pertenecer o creerlo perteneciente a un grupo (discriminación o prejuicio) y esto atenta claramente contra su
autonomía y dignidad”. “El móvil de odio aquí no se encuentra probado […]. Las pruebas reflejarían, en todo caso, un estado
de cosas estructurales, pero sin anclaje en el acto en sí, lo que paradójicamente la vuelve contraria a su primigenio objetivo”.
“El sujeto pasivo de la conducta sigue siendo el ‘otro’ del art. 79 y no se requiere ningún sujeto pasivo especia. El acento está
puesto en la motivación y no en el sujeto concreto y por lo tanto es la prueba de esa motivación y no la circunstancia de
tratarse el sujeto pasivo, por ejemplo, de una mujer trans lo que debe acreditarse”. “En el caso no se acreditó de modo
suficiente que fue la condición de mujer travesti lo que motivó el delito y que la acción haya sido efectivamente o pueda ser
leída como tal por el colectivo protegido. No creo que la conducta [del acusado] haya portado el mensaje de que debe
cambiarse el propio plan de vida y ‘renunciar’ o no expresar la identidad de género”. “La motivación tiene que ser
específicamente la de impedir que se pueda ejercer esa vida atentando contra el libre desarrollo de la personalidad, la
dignidad y la libertad de elegir el propio plan vital. No se trataría entonces de agravar la pena porque el autor es perverso
sino por limitar la vida de otro, pero siempre hay que probar ese motivo”. “El tipo penal no pena a quién es racista u
homofóbico, etc. sino al que cometió un hecho por una razón racista, homofóbica, lesbofobia o transfobia, entre otras. Lo
importante es que [el imputado] conozca las puñaladas, cuya ubicación no fue al azar, sino que la multiplicidad de ellas
estuvo dirigidas a lugares específicos relacionados con la asignación del sexo y sus atributos más definidos, como son el
rostro, los pechos y los glúteos, con las circunstancias que hacen ‘abyectos’ sus motivos de acción”. “La prueba no se
relaciona con el ‘sentimiento’ que experimente el agente sino con la acreditación del motivo que determinó que el autor
obrara como obró y que, sin ese motivo, no se actuaba”. “[Las lesiones sufridas por la víctima, se condicen] más con la idea de
uno de los tantos intentos no asertivos por matar[la] que con la idea de dejar un ‘mensaje’ hacia rasgos característicos de su
identidad". [R]esulta una conclusión lógica que la motivación bien pude ser económica o que se trató de una reacción agresiva
frente a la frustración de no obtener de [la víctima] ese crédito económico”. “[E]n nombre de la protección y visibilizarían de los
grupos desprotegidos no pueden socavarse principios propios del derecho penal clásico liberal como lo es el principio de
imputación individual, penando -en lo que se refiera a la agravante aquí tratada- sin prueba en concreto contra esa persona sino
por un contexto o por actos de otros. Concluir sobre motivaciones sin pruebas determinantes se asemeja además a un derecho
penal de autor. De ningún modo, la lucha por nuevos derechos debe acarrear el costo de eliminar los ya conseguidos, teniendo
en cuenta además que estos principios básicos son de aquellos que el propio colectivo de diversidad seguramente acuerda en
defender” (voto en disidencia de la jueza Bloch). ii. Agravante del artículo 80, inciso 11, CP: Violencia de género “[E]stán
reunidos los tres requisitos que exige la norma, esto es, la realización de la conducta por un hombre, contra una mujer y
mediando violencia de género”. “En el femicidio se evidencia una particularidad que consiste en el brutal desprecio de la
dignidad de las personas, que también se ha destacado en el evento consistente en un ataque feroz en el que se acentuaron las
diferencias físicas entre la víctima y el victimario, las características que pres entaron las lesiones, de distinta índole e intensidad
y la cosificación que ha sido objeto por parte del inculpado”. “[S]obre la base de la prueba reunida las palabras huelgan ya que
además de estar presentes los dos primeros requisitos, también lo está el tercero, esto es, la existencia de una cuestión de
género que se evidenció a través de las brutales lesiones que le fueron infringidas a la víctima que excedieron de todo lo
razonable y de las necesarias para ocasionar su muerte” (voto del juez Calvete). “[La víctima] había elegido y se auto percibía
desde lo más íntimo de su ser como una mujer; [el imputado] y su cófrade son dos varones por lo que, de manera adicional a
ese carácter binario y desde el odio acuñado en el apartado anterior, se encuentra verificado el plus de género que exige la
norma en estudio. “En este caso, el sujeto activo sólo puede ser un varón. La razón de esta causal de agravación de la pena
debe hallarse en el contexto de violencia física o coactiva que caracteriza a la violencia de género. [E]l presupuesto sobre el
que descansa esta figura agravada es la existencia de una relación afectiva actual o pasada. El homicidio de la mujer bajo estas
condiciones aparece como el epílogo fatal de una relación atravesada por el sometimiento y la humillación expresada hacia el
género femenino”. “[E]l concepto de ‘violencia de género’ es una noción que, a diferencia de la idea de ‘odio de género’, no
repara en la cuestión biológica de la condición orgánica masculina o femenina de hombres y mujeres, sino en el aspecto
cultural de la construcción de roles derivada de las estructuras sociales de naturaleza patriarcal, en las que un aprendizaje
cultural de signo machista ha consagrado desigualdades sensibles entre una ‘identidad masculina’ y un subordinado conjunto
de rasgos inherentes a ‘lo femenino’”. “[L]a razón política del mayor castigo del femicidio reposa en la singularidad gravedad
que importa el emplazamiento de la conducta que culmina en la muerte dolosa de una persona, dentro del ámbito de la
violencia contra la mujer, concebida como manifestación de las configuraciones de las vinculaciones interpersonales en virtud de
relaciones de poder de histórica desigualdad entre el varón y la mujer. [L]a figura agravada puede ser vista como un expediente
dirigido a cumplimentar la obligación estatal de incluir en su legislación interna las normas penales que sean necesarias para
prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer” (voto del juez Baez). “[El imputado] es un hombre y [la víctima] era
una mujer. [E]l término ‘mujer’ […] incluye a las personas travestis, transexuales o transgénero que tiene una identidad
femenina. [S]e considera que un análisis armónico de todo el ordenamiento jurídico que rige actualmente en nuestro territorio
nacional impone incluir a las mujeres trans o travestis dentro del referido elemento ‘mujer’ […]. [D]ebe agregarse que [la
víctima] fue la primera mujer travesti de la República Argentina que recibió su DNI con la identidad auto percibida, es decir la
femenina”. “[E]n el caso no se ha demostrado que el imputado hubiese actuado mediando violencia de género. Sólo se ha
acreditado que -un hombre-mata a una mujer-, con la que ha tenido una relación de pareja. [N]o ha podido afirmarse que en el
caso medió este tipo de violencia: sea que se la interprete sólo como basada en la pertenencia al género femenino de la víctima
o incluso tampoco que aquélla hubiese tenido ciertamente como base una relación de pertenencia o asimétrica en el sentido de
un verdadero sojuzgamiento; tampoco se trató de una reacción ante un intento de independencia de la mujer respecto de un
dominio permanente de su pareja, ni de una suerte de obsesión [del acusado] como correlato de un rechazo de [la víctima]”
(voto en disidencia de la jueza Bloch). iii. Agravante del artículo 80, inciso 1º, del CP: Relación de pareja “Más allá de la
vinculación establecida en [el inciso 1º del artículo 80 del Código Penal], resta establecer si el ámbito de protección se extiende a
cualquier tiempo que haya durado la relación o si sólo sería admisible a partir de los dos años que coincide con el plazo
establecido por el instituto de la ‘unión convivencial’ receptada en el art. 509 y 510 inc. ‘e' del Código Civil y Comercial de la
Nación. Esto permitiría unir dos modalidades restrictivas, por un lado, que para hablar de pareja debe verificarse una unión
basada en relaciones afectivas de carácter singular, pública, notoria, estable y permanente de dos personas que conviven y
comparten un proyecto de vida en común, sea del mismo o de diferente sexo; la segunda descansa en el período no inferior a
dos años”. “[E]xiste un serio cuestionamiento para su viabilidad por el exiguo plazo –aproximadamente un mes- al que se
aludiera durante el debate, que se extendió desde el momento en que se conocieran hasta el día del hecho, sin que convivieran
más allá de compartir alguna noche, lo que es, a mi criterio, a todas luces insuficiente para la configuración de la agravante”
(voto del juez Calvete). “[El imputado] y [la víctima] mantenía[n] una relación sentimental que se remontaba a un mes. [L]a
relación sentimental pública que aquí se configuró se subsume en el concepto ‘relación de pareja en la que no ha mediado
convivencia’, tal como lo requiere en una de sus variantes el tipo penal”. “[E]l tipo penal está precisamente pensado para que sin
forzar ningún tipo penal estuvieran previstas y abarcadas conductas como las de la presente causa: un sujeto activo que ha
tenido una relación interpersonal y que-sin importar el motivo en concreto- mata”. “La relación de confianza y el
aprovechamiento que subyace a la norma es lo que en el caso concreto da un plus de desvalor. Aquí, la comisión del hecho se
vio facilitada por esa relación de confianza. [F]ue merced a esa relación sentimental que [el imputado] tuvo la oportunidad de
perpetrar el crimen nada menos que en el domicilio de [la víctima]. Se encontraron presentes esas notas de confianza en virtud
de una relación incipiente pero intensa y continua que impidieron a la damnificada evaluar con frialdad el peligro que la
acechaba.” (voto en disidencia de la jueza Bloch). iv. Alevosía y ensañamiento “En lo que a la ‘alevosía’ se refiere, se gira sobre
dos conceptos definidos: el aprovechamiento insidioso o pérfido del sujeto y, en segundo lugar, del estado de indefensión de la
víctima. La suma de ellas nos conduce a la figura aludida la que, en forma acabada, fue evidenciada en autos”. “[A]l presentar
lesiones derivadas de actos de defensa se tornó incierto que los agresores hubieran predispuesto su actuar sobre seguro e
insidiosamente, a lo que se adiciona que la resistencia ofrecida, aunque insuficiente, es manifiestamente incompatible con dicha
calificación”. “[En cuanto al ensañamiento], si bien es cierto que a primera vista parecería que se encuentran presentes algunos
de los ingredientes relativos a dicha calificante, lo cierto es que ello es aparente, dado que presenta elementos en común con
otras, como ser la multiplicidad de lesiones, extendidas en el tiempo en forma innecesaria, que no poseía la individualidad
exigida por la tipicidad, aunque era integrante de la fundamentación de la primera de las agravantes ya analizada”. “[D]esde [la
‘intensidad’] se requiere que la agonía de la víctima signifique para ella un padecimiento no ordinario, a la vez que [‘duración de
la acción’], consiste en matar cruelmente causando especiales dolores y sufrimientos, por una actitud inmisericorde y sin
sentimientos, o del aumento deliberado e inhumano del dolor a la víctima. [D]ichos factores son ajenos al caso de autos, a pesar
de que la intensidad y ubicación de las lesiones sirvieron para conformar la prueba de las calificaciones desbrozadas en esta
etapa” (voto del juez Calvete al que adhirió el juez Baez).
CNCCC, Sala 2da, c. n° CCC 38194/2013/T01/CNC1, “Escobar, Daniela s/recurso de casación”,rta. el 18 de junio de 2015
En el mencionado fallo, dicha Sala con la finalidad de diferenciar una relación de pareja de una mera relación afectiva o sexual
ocasional, recurrió al Derecho Civil.
Sunday:
Así, equiparó este concepto al de la unión convivencial, contemplada en el art. 509del CCyCN, la que se encuentra definida de
la siguiente forma: “la unión basada en relaciones afectivas de carácter singular, pública, notoria, estable y permanente de
dos personas que conviven y comparten un proyecto de vida común, sean del mismo o de diferente sexo”.
Ahora bien, advierte el Tribunal que conforme se encuentra redactado el inciso1° del art. 80 del C.P, de todos los requisitos
contenidos en el art. 509 del C.C, el único que no resulta relevante -a los efectos de la aplicación de la agravante- es el de la
convivencia. A su vez, señaló que para que una relación de pareja revista el carácter de estable y permanente y así se le
reconozca los efectos jurídicos previstos para las uniones convivenciales, se requiere que sus integrantes “mantengan la
convivencia durante un período no inferior a dos años”, conforme inciso y del art. 510 CCyCN.
RIÑA
ABORTO
CSJN, “F., A. L. s/ medida autosatisfactiva”
Hechos:
La madre de una niña de 15 años solicitó a la justicia de la Provincia de Chubut que se dispusiera la interrupción del
embarazo de su hija, víctima de una violación perpetrada por el padrastro de la menor. El Superior Tribunal local,
revocando lo decidido en primera y segunda instancia, admitió lo pedido al entender que encuadraba dentro de los
abortos no punibles reglados en el Cód. Penal. La Defensora Oficial recurrió la decisión en representación del
nasciturus, pese a que la práctica médica ya se había realizado. La Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la
decisión del Superior Tribunal.
La Corte aclaró que, el aborto ya se había realizado. Teniendo en cuenta: a) que el tiempo que implica el trámite
judicial de cuestiones de esta naturaleza excede el que lleva su decurso natural, b) que era necesario el dictado de
un pronunciamiento que pudiera servir de guía para la solución de futuros casos análogos y c) estaba
comprometida la responsabilidad internacional del Estado Argentino.
El voto mayoritario, sentó tres reglas claras.
La primera: que la Constitución y los tratados de derechos humanos no sólo no prohíben la realización de esta
clase de abortos, sino que, por el contrario, impiden castigarlos respecto de toda víctima de una violación en
atención a los principios de igualdad, dignidad de las personas y de legalidad. De este modo, se puso fin a la
incertidumbre relacionada con el alcance del artículo 86, inciso 2º, del Código Penal, en tanto algunas instancias
judiciales han entendido que éste sólo se aplica respecto de la víctima de una violación que poseyera alguna
discapacidad mental, criterio que llevaba a que la cuestión se judicializara a lo largo del país con resultados
adversos y, en algunos casos, con riesgo a la realización del aborto o a la salud de la madre.
La segunda: que los médicos en ningún caso deben requerir autorización judicial para realizar esta clase de
abortos, debiendo practicarlos requiriendo exclusivamente la declaración jurada de la víctima, o de su
representante legal, en la que manifieste que el embarazo es la consecuencia de una violación.
La tercera: que los jueces tienen la obligación de garantizar derechos y su intervención no puede convertirse en un
obstáculo para ejercerlos, por lo que deben abstenerse de judicializar el acceso a estas intervenciones, las que
quedan exclusivamente reservadas a lo que decidan la paciente y su médico.
Finalmente, con el objeto de hacer efectivo lo decidido y asegurar los derechos de las víctimas de violencia sexual.
Atendiendo a la gravedad y trascendencia social que reviste la temática abordada en el caso, los mencionados jueces
señalaron la necesidad de que tanto en el ámbito nacional como en los provinciales se extremen los recaudos a los
efectos de brindar a las víctimas de violencia sexual, en forma inmediata y expeditiva, la asistencia adecuada para
resguardar su salud e integridad física, psíquica, sexual y reproductiva y el asesoramiento legal del caso. También
sostuvieron que se consideraba indispensable que los distintos niveles de gobierno de todas las jurisdicciones
implementen campañas de información pública, con especial foco en los sectores vulnerables, que hagan conocer
los derechos que asisten a las víctimas de violación y que se capacite, en este sentido, a las autoridades sanitarias,
policiales, educativas y de cualquier otra índole para que brinden a toda víctima de violencia sexual la orientación del
caso.
Por su parte, el juez Petracchi entendió que el recurrente no había justificado debidamente por qué sólo debía
permitirse que se practicara esta clase de abortos a las víctimas de una violación que presentaban deficiencias
psíquicas ya que, lo fundamental, era que, en este caso, la joven A.G. también había sido víctima de un ataque a su
integridad sexual y consideró que éste tampoco había demostrado que fuera inconstitucional la solución adoptada
por el legislador frente al conflicto de derechos entre la persona por nacer y quien resultó embarazada como
consecuencia de una violación. En consecuencia, resolvió declarar inadmisible el recurso interpuesto por el Asesor.
En síntesis, la Corte Suprema tuvo en cuenta que el artículo 86 inciso 2º del Código Penal establece que: “El aborto
practicado por un médico diplomado con el consentimiento de la mujer encinta, no es punible: … si el embarazo
proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el
consentimiento de su representante legal deberá ser requerido para el aborto”. Así, atendiendo a esta
disposición, y frente a una extendida práctica fomentada por los profesionales de la salud y convalidada por
distintos operadores de los poderes judiciales nacionales y provinciales que ha restringido indebidamente el
acceso a los abortos no punibles por parte de las víctimas de una violación, la Corte Suprema de Justicia reafirma,
con este pronunciamiento, el imperio del principio de legalidad que prescribe que las leyes están para ser
cumplidas, por lo que no puede impedirse a estas víctimas ejercer su derecho a interrumpir el embarazo conforme
lo autoriza el Código Penal en esta clase de casos.
En el plenario Natividad Frías de 1966, la Cámara Nacional Criminal y Correccional había sostenido, a propósito del
aborto, un criterio opuesto que fue doctrina obligatoria durante muchos años, incluso, después del fallo de la Corte
recaído en Zambrana Daza.
En aquel plenario se estableció que no puede instruirse sumario criminal en contra de una mujer que causó su
propio aborto o consintió a que otro se lo cause, sobre la base de la denuncia efectuada por un profesional del
arte de curar que conoce la existencia de este hecho en ejercicio de su profesión o empleo —oficial o no—, pero sí
corresponde hacerlo en todos los casos respecto de sus coautores, instigadores o cómplices.
La mayoría del Tribunal invocó el deber del profesional actuante de guardar el secreto y el derecho a no declarar
contra sí mismo. En este último sentido, el voto del Dr. Amallo llamó la atención sobre la vulneración al art. 18 de
la Constitución: “Si una mujer busca el auxilio médico porque se siente herida en su organismo, a veces con
verdadero peligro de muerte, lo hace desesperada, acosada por la necesidad, forzada a ello contra su propia
voluntad. Su presencia ante el profesional del arte de curar, para tratar un aborto, que, si bien provocó, ahora no
puede controlar, en sus últimas consecuencias, implica mostrar su cuerpo, descubrirle en el más íntimo secreto,
confesar su delito, porque su actitud resulta una confesión al fin. Entonces es cuando debe preguntarse si alguien
tiene el derecho de burlarla, haciendo pública su conducta, violando, con su secreto, otra vez una garantía
constitucional, que enunciada en el art. 18 de nuestra Ley Suprema, establece de manera indubitable que nadie
está obligado a declarar contra sí mismo, y no podría negarse que, en tales casos, la obligación es urgida por el
derecho a vivir”.
En el mismo sentido se expidió la Suprema Corte de Buenos Aires, al entender que quien concurre al auxilio médico
a causa de sus maniobras abortivas, realiza una autoincriminación forzada por su necesidad vital.
Como se obtiene de esta reseña, los tribunales han dado distintas respuestas al problema del proceso iniciado por
denuncia del médico. Estas respuestas van desde la declaración de nulidad por violación al secreto profesional o al
derecho de no declarar contra sí mismo, hasta la convalidación del proceso por suponer que no existe en su origen
acto ilegal o inconstitucional de ninguna especie.
En Baldivieso la Corte ha resuelto el conflicto en función de la obligación del secreto profesional y no desde el
derecho a la no autoincriminación. Ya en el excelente —por lo bien argumentado— dictamen del Procurador, se
desarrolla el tema a partir del secreto y sus implicancias. Y en el fallo se recepta este enfoque: “cualquiera sea el
entendimiento de las normas infra constitucionales y, en concreto, de naturaleza procesal, aplicables al caso, éstas
nunca podrían ser interpretadas pasando por alto el conflicto de intereses que se halla en la base del caso
concreto de autos.
En abstracto puede entenderse que se trata de la ponderación entre el derecho a la confidencialidad que le asiste a
todo habitante de la Nación que requiere asistencia a un profesional de la salud una acción privada incluso para
quien se encuentra realizando una conducta delictiva, en tanto parte integrante de su ámbito de autonomía
individual tal como señala el señor Procurador General (art. 19 de la Constitución Nacional) y el interés del Estado en
la persecución de los delitos; pero, en concreto y en el caso, se trata nada menos que del derecho a la vida de una
persona y ese interés del Estado“.
Así se concluye: “Siendo claro que la dignidad de la persona es un valor supremo en nuestro orden constitucional,
que es claramente personalista y que, por ende, impone que cualquier norma infraconstitucional sea interpretada
y aplicada al caso con el entendimiento señalado por ese marco general, cabe agregar que, en consonancia con
éste, el principio republicano de gobierno impide que el Estado persiga delitos valiéndose de medios inmorales,
como sería aprovecharse del inminente peligro de muerte que pesa sobre el procesado que acude a la atención
médica, mediante la imposición de un deber al médico que lo convierta en un agente de la persecución penal del
Estado“.
El Tribunal abandona, así, la cuestionable doctrina expuesta en Zambrana Daza, (1) donde la mayoría consideró que
“el riesgo tomado a cargo por el individuo que delinque y que decide concurrir a un hospital público en procura de
asistencia médica, incluye el que la autoridad pública tome conocimiento del delito cuando, en casos como el de
autos, la evidencia es de índole material” (considerando 8º de la mayoría)
Se trataba —en el precedente— de una situación similar a la resuelta ahora: una mujer que, en la sala de terapia
intensiva de un hospital público, había expulsado por vía bucal cuatro bolsitas de látex conteniendo clorhidrato de
cocaína, entregadas a la policía en el lugar por la médica que había dado asistencia a la paciente.
La Corte acudió entonces a su estándar sobre la exigencia de una colaboración activa en el aporte de pruebas
incriminatorias, lo que no sucede cuando alguien recurre a la asistencia para expulsar de su cuerpo los objetos que
luego sirven de prueba. Según la mayoría, la imputada no fue objeto de un despliegue de medios engañosos para
obtener elementos del delito y el secuestro de las pruebas incriminatorias se debió a su libre decisión de concurrir
a un hospital público”, circunstancia que no compromete la garantía en contra de la autoincriminación
(considerando 10)-Art.18 autoincriminación-. “La posición contraria —concluye— llevaría al absurdo de sostener
que los funcionarios públicos se hallarían impedidos de investigar las pistas que pudieran surgir del secuestro de
efectos obtenidos a raíz de la concurrencia a un hospital público del individuo que ha delinquido” (considerando 11).
De este pasaje surge que en Zambrana se enfocó el asunto desde la regla nemo tenetur se impsum accusare. Es que,
como el derecho a no declarar contra sí mismo comprende el de no denunciarse, suele entenderse que la garantía
protege también contra la autoincriminación forzada, entendiendo por tal aquella que el autor de un delito se ve
compelido a hacer en virtud de un estado de necesidad o de coacción física o moral y cuya consecuencia sería – si
la garantía no funcionara – el sometimiento a proceso de quien la realiza.
La Corte advirtió allí que no hay violación a esa garantía y me parece que no la hay. Pero en cambio, es indudable
que existe violación del secreto por parte del profesional médico que, sin justa causa, denuncia a quien ha
concurrido al hospital —sea este público o privado buscando asistencia para salvar su vida o preservar su salud.
PROSTITUCION
CNCCC, Sala I, “Ramírez Cabrera”, 28/12/2018
Condenado como autora penal responsable del delito de facilitación de la prostitución a la pena de 4 años de prisión.
Hechos:
De la misma manera se desprende con claridad que reconoce haber ejercido la prostitución en el domicilio y que
había dos amigas de nombre R y B que atendían clientes en su domicilio y que estas colaboran con el pago de
algunos servicios.
Es claro que la voluntad de la imputada en su primera versión fue expresar con la verdad lo que había sucedido,
aunque puede que no haya conciencia que estaba reconociendo su facilitación al ejercicio de la prostitución.
(sana critica art. 398 y 399 CPPN)
Los hechos en el art 125 bis del código penal, El que promoviere o facilitare la prostitución de una persona será
penado con prisión de cuatro (4) a seis (6) años de prisión, aunque mediare el consentimiento de la víctima.
No hay prueba de que hubo consentimiento o un estado de mejor posición social (para la acusada).
En primer lugar, debe tomarse en cuenta que la ley 26.842 modifico el art 25 bis, que quedo redactado. No se le
aplicaría únicamente al proxeneta, sino a lo que tenga vinculación con eso. Y prestar atención al art 19 CN – principio
de legalidad -
Se advierte que la interpretación del art 125 bis CP efectuada por el juez disidente – en cuanto postula que al
castigarse la facilitación de la prostitución ajena y no la propia, no puede ser sujeto activo quien se encuentre
ejerciendo dicha actividad, dado que el autor debe encontrarse en una situación de disparidad respecto de la
persona en situación de prostitución. En el debate parlamentario de la ley 26.842, en cuanto remarco que el art 125
bis CP constituía una de las distintas formas de explotación, junto con los art 127 (Será reprimido con prisión de
cuatro (4) a seis (6) años, el que explotare económicamente el ejercicio de la prostitución de una persona, aunque
mediare el consentimiento de la víctima. La pena será de cinco (5) a diez (10) años de prisión, si concurriere alguna
de las siguientes circunstancias:
1. Mediare engaño, fraude, violencia, amenaza o cualquier otro medio de intimidación o coerción, abuso de
autoridad o de una situación de vulnerabilidad, o concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el
consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre la víctima.
2. El autor fuere ascendiente, descendiente, cónyuge, afín en línea recta, colateral o conviviente, tutor, curador,
autoridad o ministro de cualquier culto reconocido o no, o encargado de la educación o de la guarda de la víctima.
3. El autor fuere funcionario público o miembro de una fuerza de seguridad, policial o penitenciaria. Cuando la
víctima fuere menor de dieciocho (18) años la pena será de diez (10) a quince (15) años de prisión.) y art 140
(Serán reprimidos con reclusión o prisión de cuatro (4) a quince (15) años el que redujere a una persona a esclavitud
o servidumbre, bajo cualquier modalidad, y el que la recibiere en tal condición para mantenerla en ella. En la misma
pena incurrirá el que obligare a una persona a realizar trabajos o servicios forzados o a contraer matrimonio servil.)
del mismo cuerpo legal.
Resuelve: Hacer lugar al recurso de casación y absorberlo, por el hecho por el que fuera requerida a juicio.
TRATA DE PERSONAS
CFCP, SALA I. “Martínez Hassan”. Registro Nº 1103/2018. Causa Nº 7158/2016, 18/10/2018.
Hechos:
Lourdes es una joven de nacionalidad boliviana que en 2016 fue detenida La Quiaca, en la frontera, cuando intentó
pasar casi seis kilos de cocaína. La muchacha contó que necesitaba dinero porque a uno de sus hijos le tenían que
hacer una cirugía para saber si tenía cáncer. En ese marco se le acercó un integrante de una red de trata y le ofreció
prostituirse; cuando quiso irse, la obligó a pasar droga a la Argentina para saldar “las deudas” que había contraído.
El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Federal de Jujuy descartó su declaración, nunca investigó a la
organización que la captó y la condenó a seis años de prisión por contrabando de estupefacientes agravado por el
inequívoco destino de comercialización.
En primer término, adujo que la sentencia puesta aquí en crisis detentaría déficits de fundamentación que
obstan a su consideración como acto jurisdiccional válido. Ello así, por cuanto el tribunal en ningún momento
otorgó
real importancia a los dichos de su asistida y, por esta razón, el pronunciamiento se sustentaría en fundamentos
aparentes. Por ello, postuló que se habría efectuado una errónea aplicación de la ley sustantiva.
En segundo lugar, a la luz de los dichos de su defendida postuló la aplicación de la eximente de responsabilidad
prevista en el artículo 5 de la ley 26.364 por cuanto, a su entender, la encausada debe reputarse como víctima del
delito de trata de personas.
Para sustentar su posición señaló que ha quedado debidamente acreditada la situación de vulnerabilidad en que
se hallaba su asistida al momento del hecho, la que habría sido aprovechada por un grupo de personas que
formaban parte de una red de explotación sexual y que tras su negativa a mantener relaciones con terceros, le
habrían impedido volver a su lugar de residencia y la habrían compelido a traspasar la mochila en cuestión
con el objeto de saldar la supuesta deuda por ella contraída con aquellos.
Por idénticos motivos, subsidiariamente esgrimió que su defendida habría obrado bajo un estado de necesidad
exculpante (art. 34, inc. 2º del C.P.) que impedirían la formulación de reproche penal alguno. Ello así, por cuanto su
asistida no actuó libremente sino coaccionada por una red de prostitución y de tráfico de estupefacientes que se
aprovechó del estado de necesidad en que ella se hallaba inmersa. Remarcó que la encartada no pudo obrar de
otra manera y remarcó la existencia de una indebida inversión de la carga de la prueba.
En tercer lugar, adujo que su asistida habría obrado bajo un supuesto de error de tipo por falta de dolo, al
desconocer el contenido de la mochila en general y de los paquetes hallados en su interior en particular.
Por último, insistió con su pretensión de declaración de inconstitucionalidad de la precitada disposición legal que
equipara la sanción aplicable del delito consumado con el que quedó en grado de conato. Al respecto, postuló que
ello violaría el principio de lesividad, proporcionalidad y culpabilidad, establecidos en los artículos 18, 19 y 75, inc.
22 de la Constitución Nacional, siendo deber de los jueces la adecuación de las disposiciones legales a los mandatos
previstos en la Ley Fundamental. Citó doctrina y jurisprudencia para sustentar su posición.
Resuelve: HACER LUGAR al recurso de casación interpuesto por la Defensa, sin costas; ANULAR la decisión
impugnada; y, por mayoría, ABSOLVER a Lourdes Silvana MARTÍNEZ HASSAN en orden al delito que fuera motivo de
imputación en estas actuaciones, y en consecuencia ORDENAR LA INMEDIATA LIBERTAD
Condenó a Marina Fernández Llorente de White por ser autora penalmente responsable del delito de lesiones
culposas, a la pena de dos mil pesos de multa ($2000) y un año y dos meses de inhabilitación especial para conducir
todo tipo de automotores y costas.
En primer lugar, cuestionó que en la sentencia no fuera atendido el desistimiento para instar la acción penal
formulado por la víctima, la señora A. B. G., quien durante el debate expresamente manifestó que no era su
intención que se condenara a la imputada por el hecho más allá de reconocer que era responsable por lo sucedido.
Al respecto, la defensa remarcó que el único interés de la víctima era poder entablar la acción civil y que por ende
debe interpretarse que todos sus actos estaban direccionados a ese objetivo. Además, consideró que G no actuó
con discernimiento puesto que ignoraba qué implicaba instar la acción penal, lo cual quedó evidenciado con sus
dichos durante el juicio. Luego, el recurrente aseveró que debe aplicarse al caso el principio de insignificancia en
función de la poca importancia de las lesiones sufridas por la víctima. Sostuvo que la conducta de su defendida
deviene atípica debido a que las lesiones corporales son de mínima y escasa magnitud, ello bajo el argumento de
que las afectaciones insignificantes de bienes jurídicos no constituyen lesividad relevante a los fines de la tipicidad
objetiva. (19 CN)
Que en la presente se condenó a Marina Fernández Llorente de White por ser autora penalmente responsable del
delito de lesiones culposas a la pena de dos mil pesos de multa y un año y dos meses de inhabilitación especial para
conducir todo tipo de vehículos automotores y costas.
Su interés en instar la acción penal contra los eventuales participantes en el hecho, en los delitos previstos en los
arts. 119, 120 y 130, cuando no resultare la muerte de la persona ofendida o lesiones de las mencionadas en el art.
91. y finalmente, en los casos de impedimento de contacto de los hijos menores con sus padres.”
el agraviado sigue instando en la medida en que no manifieste su voluntad en contrario, pero no puede ser
absoluto el principio de que no puede dejar de hacerlo. No se trata de una revocación, sino –simplemente- de que,
siendo la acción dependiente de instancia privada, es mucho más adecuado entender que avanza hasta donde siga
siendo instada, y se detiene cuando deja de serlo. … [D]ebiera reconocerse que si la víctima decide libremente no
seguir instando la acción penal, aun mediando denuncia, no se ha removido el obstáculo procesal de
perseguibilidad, debiendo limitarse el tribunal a finalizar el proceso después de constatar la libertad de la decisión
tomada y la inexistencia de concretas razones de interés o seguridad públicos, toda vez que el poder punitivo no
puede afectar a la persona cuyos bienes jurídicos fueron vulnerados, invocando consideraciones abstractas o
intereses que no son los de la propia víctima”.
Resuelve: HACER LUGAR al recurso de casación interpuesto, SIN COSTAS, ANULAR la sentencia recurrida dictada por
el Juzgado Nacional en lo Correccional n° 13 y ABSOLVER a MARINA FERNÁNDEZ LLORENTE DE WHITE.
Comité de expertas del mecanismo de seguimiento de la Convención de Belém Do Pará (MESECVI) – Mujeres y
Niñas Desaparecidas en el hemisferio. A/HRC/40/56. 16/1/2019.
Hechos
El Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (MESECVI) aprobó su
Recomendación General Nº 2 sobre mujeres y niñas desaparecidas en el hemisferio. El Comité de Expertas del
MESECVI, también conocido como el CEVI, es el órgano técnico del Mecanismo y es, por ello, responsable del análisis
y evaluación del proceso de implementación de la Convención en los Estados Parte. En esta oportunidad, el Comité
analizó la situación de las mujeres y niñas desaparecidas, las causas de su desaparición, la relación entre las
desapariciones forzadas y las desapariciones de mujeres y las correspondientes obligaciones de los Estados.
Decisión y argumentos
Entre sus recomendaciones, el Comité de Expertas concluyó que los Estados deben adoptar todas las medidas
necesarias para prevenir de manera general y especial la desaparición de las mujeres y niñas, investigar, sancionar
y erradicar esta forma de violencia tanto cuando es cometida por particulares como forzadas. A su vez, señaló la
necesidad de dar seguimiento a los obstáculos judiciales que impidan a las mujeres, los familiares y/o conocidos
obtener justicia, y permitirles, en la medida de lo posible, formar parte de las investigaciones y búsqueda.
Además, concluyó que se deben tener en cuenta las posibles vulnerabilidades adicionales de mujeres indígenas,
afrodescendientes, las que viven con discapacidades, por su orientación sexual, o identidad de género, así como
otras relacionadas con interseccionalidad y diversidad de las mujeres.
Desaparición forzada de personas. Trata de personas. Explotación sexual. Derecho a la vida. Vulnerabilidad. Pueblos
indígenas. Migrantes.
“El Comité considera que se han identificado patrones en los cuales la desaparición de mujeres tiene
características específicas que la distinguen de las desapariciones de hombres. Es una dinámica que puede
preceder y formar parte de la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, del femicidio/feminicidio y
de la violencia sexual. En relación a las niñas se reportan también adopciones ilegales. Sin embargo, este Comité
también nota que la desaparición de mujeres y niñas en sí misma es una forma de violencia contra ellas, que
transciende a su familia por considerarse que no permite cerrar ningún ciclo, pues los derechos vulnerados atentan
contra mucho más que el derecho a una vida libre de violencias, afectando también todos los derechos
fundamentales contenidos en la Convención, incluido el derecho elemental a la vida, cuando el o los perpetradores
le arrebatan la vida a la mujer desaparecida, situación analizada a lo largo del presente documento”.
ABUSO SEXUAL
CSJN, “Góngora”, rta. 23/4/13
Antecedentes:
La Cámara Federal de Casación Penal hizo lugar al recurso deducido por la defensa de Gabriel Arnaldo Góngora,
anuló el auto que rechazó la solicitud de suspensión del juicio a prueba a su favor. Para así decidir, la mayoría invocó
el criterio adoptado en una decisión de la misma sala en el caso “Soto García, José María y otros” en el que cuanto
sostuvo que la oposición del fiscal a la suspensión del juicio no tiene efecto vinculante, y que en caso de concurrir las
condiciones de admisibilidad previstas en la ley el juez deberá disponer la suspensión, a pesar del dictamen de aquél
en sentido contrario.
La Corte Suprema –por mayoría- revocó lo resuelto. El Dr. Zaffaroni, en igual sentido, remitió al dictamen de la
Procuración General.
Estándar aplicado por la Corte:
El Tribunal consideró que la concesión de la suspensión del proceso a prueba al imputado frustraría la posibilidad
de dilucidar en ese estado procesal la existencia de hechos que prima facie fueron calificados como de violencia
contra la mujer, junto con la determinación de la responsabilidad de quien fue imputado de cometerlos y de la
sanción que, en su caso, podría corresponderle, sin poder obviarse que el desarrollo del debate es de
trascendencia capital a efectos de posibilitar que la víctima asuma la facultad de comparecer para efectivizar el
“acceso efectivo” al proceso art. 7, inc. f), de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer de la manera más amplia posible, en pos de hacer valer su pretensión sancionatoria,
cuestión que no integra, en ninguna forma, el marco legal sustantivo y procesal que regula la suspensión del
proceso a prueba.
En su voto, el juez Zaffaroni señaló que la interpretación del a quo en el sentido de que la opinión del fiscal no tiene
efecto vinculante y que en caso de concurrir las condiciones de admisibilidad previstas en la ley el juez deberá
disponer la suspensión del juicio a prueba a pesar del dictamen de aquél en sentido contrario, no condice con la letra
ni el espíritu del art. 76 bis del Código Penal, en cuyo trámite parlamentario se expresó que no basta el
cumplimiento de condiciones objetivas para ser merecedor del beneficio, sino que se requiere además una
valoración subjetiva que deberá hacer el agente fiscal -sobre circunstancias distintas a aquellas condiciones previas-
sin cuya aprobación no podrá, en ningún caso, concederse la suspensión del juicio.
CORRUPCION DE MENORES
CNCCC, Sala 2, CCC 29302/2011 “Cantos”, reg. N° 790/2015, 17/12/2015, jueces: Bruzzone, Morín y Sarrabayrouse.
Antecedentes:
Un TO condenó a Felipe Benjamín Cantos a la pena de siete años de prisión por considerarlo autor penalmente
responsable del delito de abuso sexual con acceso carnal en concurso ideal con el delito de amenazas coactivas. La
defensa, en lo que aquí interesa, impugnó la calificación legal dado que a su modo de ver “el acceso carnal por
cualquier vía” solo abarca la introducción del órgano sexual masculino por vía vaginal o anal, por lo que la fellatio in
ore como acción típica debía quedar fuera de esa interpretación.
Decisión de la CNCCC:
La Cámara, por mayoría, rechazó el recurso de casación. El juez Bruzzone, en cuanto al tema que nos ocupa,
reconoció la deficiente técnica legislativa empleada en la redacción del tipo penal en cuestión. Aun así, sostuvo que
no quedaban dudas de que la modificación introducida al art. 119, CP a través de la ley n° 25.087, en tanto agregó
“por cualquier vía”, había incluido a la fellatio in ore como un supuesto de abuso sexual de los descriptos en el tercer
párrafo del artículo en cuestión. Esa fue la voluntad del legislador. Para Bruzzone, “acceso” es la penetración dentro
de una de las cavidades del cuerpo humano, y “carnal” aquél que es realizado con el miembro viril del hombre,
más allá del rol de víctima o victimario que pueda ocupar cada uno de los intervinientes durante el acto. En
conclusión, la penetración del pene en la cavidad bucal de la víctima, configura un acceso carnal en los términos
del art. 119, tercer párrafo del Código Penal.
Esto no implica extender este supuesto a aquellos otros en los que se utilizan otros órganos distintos al pene u otras
cavidades de la víctima inidóneas para producir un coito o sucedáneo, pues la ley debe ser interpretada no sólo
conforme a parámetros razonables, sino también de acuerdo al significado social que se le otorgue a una
determinada conducta en las circunstancias coyunturales en que se dicta.
En una línea similar a la de Bruzzone, el juez Morín comenzó reconociendo que el motivo principal que había
originado la reforma era una necesidad valedera, como ser brindar una solución legislativa al problema que
planteaba la fellatio in ore, aun cuando la técnica legislativa había sido deficiente. El texto anterior a la reforma
abarcaba solamente la vía vaginal o anal. Por lo tanto, la consideración de la necesidad de una reforma y la
introducción de la frase “por cualquier vía” en un contexto en el que ya existía una interpretación consolidada en
ese sentido, conduce a concluir, necesariamente, que a través de dicha modificación se quiso introducir en la ley
algo más que lo que hasta ese momento se consideraba allí incluido. Y qué fue lo que se quiso incorporar, surge
con total claridad del trámite parlamentario, del que surge el interés por incluir dentro de la figura de violación al
supuesto de la fellatio in ore.
Es claro que existe un límite a la interpretación de la ley por parte de los jueces. Por tanto, si existe una frase en el
texto, los legisladores se encargaron de dejar especificado cuál fue el significado que se le quiso dar, y dieron
razones consistentes en apoyo de su posición, esa es la interpretación que debe prevalecer. Sobre esta base, debe
concluirse que la fellatio in ore se subsume en el tipo previsto en el tercer párrafo del artículo 119 del Código Penal.
En cuanto al tema que aquí nos interesa, el juez Sarrabayrouse se remitió al voto del juez García en la causa
“Benítez” (Causa N° 9421, CFCP, Sala II, sentencia del 1 de abril de 2009, registro 14.184), que va en la misma línea
que “Álvarez” (comentado más adelante), y votó por hacer lugar al recurso en este aspecto. Aun así, consideró que
los hechos debían subsumirse en un abuso sexual gravemente ultrajante (art. 119, segundo párrafo, CP).
CNCCC, Sala 1, CCC 9749/2011 “Álvarez”, reg. N° 811/2015, 23/12/2015, jueces: García, Sarrabayrouse y Garrigós
(en disidencia).
Antecedentes:
José Gustavo Álvarez fue condenado por el TO a la pena de 15 años de prisión, accesorias legales y costas porque fue
considerado autor del delito de abuso sexual simple, agravado por el vínculo, en concurso real con abuso sexual con
acceso carnal, agravado por el vínculo y por su comisión con arma. La defensa impugnó la condena. En lo que aquí
interesa, cuestionó la calificación jurídica y afirmó que el acceso carnal al que se refiere el art. 119, tercer párrafo,
CP, no incluye la cavidad bucal, y comprende únicamente la vía vaginal o anal.
Decisión de la CNCCC:
La Cámara, por mayoría, resolvió hacer lugar parcialmente al recurso de casación interpuesto por la defensa, y en
consecuencia reformar el punto dispositivo II de la sentencia, estableciendo que los hechos probados son
constitutivos de abuso sexual simple, agravado por el vínculo, en concurso real con abuso sexual gravemente
ultrajante, agravado por el vínculo y por su comisión con arma (arts. 45, 55, y 119 párrafos primero y segundo, e
incisos b y d, todos del Código Penal). Sin embargo, aclaró que esta declaración no modificaba la magnitud de la
pena impuesta.
El juez García votó en primer lugar. Coincidió con los integrantes del TO con que el propósito de la reforma de los
delitos sexuales introducida por la ley 25.087 había sido la de que los tribunales consideraran “violación” a la fellatio
in ore. Sin embargo, consideró que en la redacción del texto de la ley efectivamente votado, los/as legisladores
habían fracasado en realizar ese propósito.
Luego de descartar un análisis literal o que tenga como guía el bien jurídico en trato, por considerar que de este
modo no se alcanza a delimitar el significado de la expresión “acceso carnal”, y dadas las dificultades que ofrece el
lenguaje para la tarea, concluyó que se debía atender al sentido “vulgar o social” y que sobre esa base por “acceso
carnal” se pretende referir a la “cópula”. “Acceso carnal” debe ser entendido del mismo modo que lo entendería
un profano en una sociedad determinada, y no cabe duda que en su significado usual es un término
intercambiable o equivalente con el de cópula, coito, concúbito, conjunción o unión sexual. Todos ellos exigen la
intervención de dos personas y que una de ellas debe introducir el pene en la cavidad vaginal o anal de la otra. La
fellatio in ore es un acto con un claro contenido sexual, pero no en el sentido de cópula sexual, sino de un
sucedáneo o sustituto de ésta . Decir que dos personas copulan, realizan un coito o una unión sexual cuando
toman parte voluntariamente en una fellatio in ore constituye una utilización impropia del lenguaje usual,
independientemente de cómo lo viva la víctima.
El agregado de “por cualquier vía” de la ley Nº 25.087 no modifica la discusión, ya que la ley sigue utilizando la
expresión “acceso carnal”, y por ello su significado debe ser establecido atendiendo a su significación de cópula y no
de sustitutivo o sucedáneo de ésta.
Cualquiera que fuera la intención del legislador, el principio de legalidad impide una interpretación extensiva en
perjuicio del imputado, porque si se concluyese que el Congreso de la Nación quiso extender la punibilidad a casos
anteriormente no previstos, pero ha utilizado medios impropios, o inidóneos para establecer claramente esa
extensión, su fracaso en la precisión legal no puede ser suplido por una interpretación judicial que, renunciando al
mandato de determinación arregle lo que el legislador falló en arreglar.
El juez Sarrabayrouse adhirió al voto del juez García.
La jueza Garrigós votó en disidencia en este punto, ya que para ella la penetración del órgano sexual masculino en
la cavidad bucal debe ser considerada “acceso carnal” en los términos del artículo 119 del Código Penal. Si la
acción de copular es una unión que no se caracteriza por la finalidad reproductiva, y a la que se atribuye un
contenido sexual (de “unirse o juntarse sexualmente”), y la penetración por vía bucal comparte esta característica,
entonces sólo podría excluirse a esta práctica si no se la considera cópula. La jueza trajo a colación la ley 25087 y su
construcción del sentido. Manifestó que todavía recordaba los encendidos debates que llevaron a la sanción de la
reforma y cómo la expresión “por cualquier vía” se dirigía en la fórmula comprendida aún del sexo oral, para no
incurrir en una enumeración de los posibles supuestos. Más aún, consideró que obligar a una víctima a la práctica del
sexo oral es tanto o más vulnerante de su integridad sexual que las otras posibilidades de acceso carnal, ya que exige
su participación.
CNCCC, Sala 3, CCC 31507/2014 “Cajal”, reg. N° 351/2015, 14/8/2015, jueces: Jantus, Magariños y Niño.
Antecedentes:
un TO condenó a Hugo Ernesto Cajal a la pena de diecisiete años de prisión, accesorias legales, costas, más la
declaración de reincidencia, por considerarlo autor de los delitos de abuso sexual agravado por haber mediado
acceso carnal, en concurso real con robo (art 164), entre otros hechos. La defensa, en lo que aquí interesa, impugnó
la calificación legal dado que, a su modo de ver, la fellatio in ore no podía ser considerada como como un supuesto
de “acceso carnal”.
Decisión de la CNCCC:
La Cámara, por mayoría, resolvió rechazar el recurso de casación interpuesto por la defensa.
Para el juez Magariños (a cuyo voto adhirió el juez Jantus en este punto), sin dudas, la fellatio in ore reúne las
características típicas necesarias para encuadrarlo en el artículo 119, 3° párrafo, del Código Penal, lo cual surge de
la letra de la ley (“acceso carnal por cualquier vía”) y del contexto histórico de la reforma legislativa, que tuvo
lugar a partir de una decisión jurisprudencial que, al igual que otras anteriores, había sostenido que la vía oral no
era apta para configurar el delito de violación. Más aún, para Magariños, la anterior redacción también abarcaba los
hechos de fellatio in ore. El juez Niño opinó diferente. Sostuvo que el legislador había errado en su intento por
incorporar la fellatio in ore como un supuesto de “acceso carnal” y que el juez no podía enmendar su yerro
mediante interpretaciones extensivas in malam partem por imperio de los principios de legalidad y de máxima
taxatividad interpretativa y jurisprudencial. En cuanto a la definición de “acceso carnal”, luego de repasar la opinión
de Rodolfo Moreno y Tejedor, concluyó que se trataba de la unión sexual entre dos personas, manteniendo ambas la
posición que toman los seres humanos o los animales cuando se echan horizontalmente, con independencia de que,
en el caso concreto, el acople se materialice hallándose las dos erguidas, acuclilladas o echadas en el suelo o en un
lecho. Si el legislador, desdeñando esos límites semánticos, quiere que "acceso carnal" signifique algo más, debe
reformar la ley. Consideró finalmente que la fellatio in ore constituye un supuesto de abuso sexual “gravemente
ultrajante” mas no de acceso carnal.
LOS HECHOS.
De una apretada síntesis de la parte expositiva del fallo, relativa a los acontecimientos producidos en Buenos Aires,
del testimonio de la Sra. Graciela Rosa Scavone, madre de la víctima; y del dictamen de Graciela Marisa Guilis,
psicóloga, coordinadora del equipo de salud mental en efectos de la tortura durante la dictadura del Centro de
Estudios Legales y Sociales, se conoce:
– Que WALTER DAVID BULACIO, de 17 años, estaba terminando la escuela secundaria, era excelente alumno, tenía
planeado seguir la carrera de derecho y orientarse a la diplomacia. Trabajaba a medio tiempo como caddie en un
campo de golf; su ingreso de 400 pesos (igual en dólares) dependía de lo que le dieran los usuarios del Club. Parte de
lo que percibía destinaba para ayudar a su familia.
– El viernes 19 de abril de 1991, alrededor de las 8 de la noche, salió de su casa para asistir a un recital de música.
Dijo a su madre que si el concierto se prolongaba no regresaría a su casa a dormir, sino que iría directamente a
trabajar al día siguiente; de ocurrir aquello, no se preocupara.
– En la fecha indicada, personal de la Policía Federal Argentina realizó una detención masiva o “razzia”, de más de 80
personas, en las inmediaciones de estadio en el que se iba a realizar un concierto de música rock. Walter David
Bulacio fue detenido y conducido a la Comisaría de Policía 35ª y, en la sala de menores, fue golpeado por agentes
policiales.
– Los detenidos ilegalmente, al no haber cometido infracción alguna, fueron liberados sin que se abriera causa penal
en su contra. No se les hizo conocer el motivo de su detención. Los menores estuvieron en condiciones inadecuadas
de detención; no se notificó al Juez Correccional de Menores de turno, como ordenaba la ley, ni tampoco se dio
noticia a los familiares.
– El 20 de abril de 1991, Bulacio, tras haber vomitado, fue llevado a un hospital y luego a otros dos. El médico le
diagnosticó “traumatismo craneano” y conoció de su boca la causa de su mal: había sido golpeado por la policía. Ni
sus padres ni el Juez de Menores fueron notificados de su estado. En la noche, sus padres, que recién se enteraron a
las 3 o 4 de la tarde por noticia de un vecino, visitaron a su hijo, quien estaba grave. El 26 de abril, Walter David
Bulacio murió.
De no haber mediado la decidida intervención de estos dos órganos creados por la Convención Americana sobre
Derechos Humanos para la efectiva protección de los derechos humanos, enmarcada en sus ámbitos de
competencia de acción y decisión, de conformidad con las disposiciones constantes en los capítulos VII (Artículos
34 a 51) y VIII (Artículos 52 a 69), respectivamente, de la Parte II de ese Instrumento Internacional, así como de sus
correspondientes Estatutos y Reglamentos, no se habrían producido dos hechos fundamentales:
a) El acuerdo de solución amistosa en el que, previo reconocimiento expreso de responsabilidad
internacional, Argentina asume las consecuencias jurídicas por la violación de los derechos fundamentales
de que fue víctima Walter David Bulacio por la detención ilegítima y posteriores consecuencias debido a
excesos policiales; y se sujeta a las reparaciones que determine la Corte; y,
b) La declaratoria jurisdiccional internacional de la existencia de la obligación de reparar los daños materiales
e inmateriales ocasionados a todas las víctimas de la violencia policial. La condena al pago, teniendo
presente los alegatos de los representantes de los familiares de la víctima, de la Comisión, del Estado y las
propias consideraciones de la Corte, (124.000 dólares por daños materiales; 210.000 dólares por los daños
inmateriales; y 40.000 dólares por costas y gastos), parecería insuficiente para compensar el daño causado a
una familia aniquilada. También graves son las otras medidas de reparación no pecuniarias impuestas al
Estado: a) Investigación y sanción de los responsables; b) Garantía de no repetición de los hechos ilícitos;
c) Adecuación de la normativa interna a la normativa de la Convención Americana.
CONCLUSIÓN. -
Posiblemente, los abogados del policía Espósito celebraron el éxito alcanzado. Aquel, seguirá viviendo tranquilo,
convencido de que no cometió ninguna infracción porque actuó en el “cumplimiento del deber en un operativo de
rutina”. En el Estado condenado seguirán produciéndose detenciones ilegales y operativos de control e
identificación; nada cambiará. La familia Bulacio y muchos más sufrirán las consecuencias de esos excesos. Los que
apoyaron a las víctimas continuarán en su lucha.
Hay personas que luchan incansablemente por lograr que la justicia prevalezca finalmente, aunque en ese anhelo –
sueño, muchas veces – vayan implícitos peligros, amenazas, vejaciones, frustraciones, desánimos. Hay seres que no
pueden contemporizar con los abusos, atropellos y crímenes que a diario cometen quienes detentan el poder o lo
ejercen indebidamente sin ningún otro sustento que no sea la fuerza de quien más puede. Para quienes todavía
creen que en los seres humanos hay mucho de bondad, de amor, de respeto mínimo a los semejantes, no debe
desaparecer la esperanza de que algún día, la observancia de los derechos fundamentales de los seres humanos sea
general e irrestricta. Y, cuando ello no se dé, se mantenga la confianza en que los organismos creados en los
instrumentos internacionales, para la protección de los derechos humanos, actuarán efectiva y oportunamente.
La Comisión y la Corte Internacionales de los derechos humanos, hicieron lo que les correspondía, cumpliendo sus
deberes en forma meritoria. Quienes deben “padecer” la inoperancia de los sistemas judiciales nacionales, en los
que la falta de credibilidad es creciente, (y en algunos países, como el Ecuador, irremediable) principalmente, para el
juzgamiento de miembros de las Fuerzas Armadas y Policía acusados de detenciones ilegales, violaciones,
extorsiones, tortura, lesiones, mutilaciones y muerte queda una última esperanza: acudir a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, en Washington; y, de ser el caso, llegar a la Corte Interamericana de los
Derechos Humanos en Costa Rica. Personalmente, nos asalta el temor de que en los próximos años el número de
casos que se sometan a estos dos organismos en demanda de justicia irá en aumento. La OEA tendrá que tomar con
toda oportunidad las providencias necesarias.
CSJN, "Espósito, Miguel Ángel s/ incidente de prescripción de la acción penal promovido por su defensa",
(23/12/2004).
Antecedentes:
La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional confirmó la decisión de primera instancia que
declaró extinguida por prescripción la acción penal respecto de Miguel Ángel Espósito, y lo sobreseyó
definitivamente por el hecho cometido en perjuicio de Walter David Bulacio, por el que fuera acusado (arts. 59, inc.
3°, 62, inc. 2°, 144 bis, inc. 1°, con las agravantes previstas en los Incs. 2° y 3° del art. 142, Código Penal) . Contra
dicha resolución, el fiscal interpuso el recurso extraordinario.
El Tribunal revocó –en diferentes votos- el pronunciamiento recurrido.
Hechos:
Néstor López, Hugo Blanco, José Muñoz Zabala y Miguel Ángel González fueron condenados a penas privativas de la
libertad por la justicia provincial de Neuquén. No obstante, cumplieron sus penas en el ámbito del Servicio
Penitenciario Federal en razón de un convenio con la provincia de Neuquén. El acuerdo preveía que hasta que la
provincia tuviera condiciones económicas para construir y habilitar sus propios establecimientos carcelarios, el
servicio de guardia y custodia de los condenados y procesados sería prestado por el órgano federal. Una vez dentro
del sistema penitenciario federal, los cuatro peticionarios fueron trasladados repetidas veces a centros de detención
localizados entre 800 y 2000 kilómetros de distancia de su lugar de arraigo, familiares, abogados y los jueces
respectivos de ejecución de la pena. Dichos traslados fueron determinados por el Servicio Penitenciario Federal y no
fueron objeto de control judicial previo. Aunque los peticionarios presentaron acciones de habeas corpus y
solicitudes para regresar a las unidades de detención cercanas a sus familiares, el problema subsistió. Cabe destacar
que los traslados de personas privadas de libertad en el sistema penitenciario federal argentino están regulados por
dos normas internas. Por un lado, el artículo 72 de la Ley Nacional de Ejecución Penal Nº 24.660, que establece que
el traslado del interno de un establecimiento a otro, con las razones que lo fundamenten, deberá ser comunicado de
inmediato al juez de ejecución o juez competente. Por otra parte, el artículo 87 de la Ley Nº 24.660 contempla el
traslado como una de las sanciones aplicables frente a infracciones disciplinarias.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos consideró que Argentina era responsable por haber infringido los
derechos de los peticionarios en virtud de los artículos 5.1, 5.6, 11.2 y 17.1 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, relativos a los derechos a la integridad personal, a la finalidad esencial de la pena de reforma
y readaptación social, a no ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada y familiar, y a la
protección de la familia. Además, el Estado se encuentra en una posición especial de garante, toda vez que las
autoridades penitenciarias ejercen un fuerte control o dominio sobre las personas que se encuentran sujetas a su
custodia. De este modo, se produce una relación e interacción especial de sujeción caracterizada por la particular
intensidad con que el Estado puede regular los derechos y obligaciones de la persona privada de libertad y por las
circunstancias propias del encierro, en donde al recluso se le impide satisfacer por cuenta propia una serie de
necesidades básicas que son esenciales para el desarrollo de una vida digna” (párr. 90). “Ante esta relación e
interacción especial de sujeción entre el interno y el Estado, este último debe asumir una serie de responsabilidades
particulares y tomar diversas iniciativas especiales para garantizar a los reclusos las condiciones necesarias para
desarrollar una vida digna y contribuir al goce efectivo de aquellos derechos que bajo ninguna circunstancia pueden
restringirse o de aquellos cuya restricción no deriva necesariamente de la privación de libertad y que, por tanto, no
es permisible. De no ser así, ello implicaría que la privación de libertad despoja a la persona de su titularidad
respecto a todos los derechos humanos, lo que no es posible aceptar” (párr. 91). “La privación de libertad trae a
menudo, como consecuencia ineludible, la afectación del goce de otros derechos humanos además del derecho a la
libertad personal. Pueden, por ejemplo, verse restringidos los derechos de privacidad y de intimidad familiar. Sin
embargo, esta restricción de derechos, consecuencia de la privación de libertad o efecto colateral de la misma, debe
limitarse de manera rigurosa, puesto que toda restricción a un derecho humano sólo es justificable ante el derecho
internacional cuando es necesaria en una sociedad democrática” (párr. 92). “Respecto al artículo 5, la Corte ha
sostenido que, entre otras garantías, el Estado debe garantizar visitas en los centros penitenciarios. La reclusión bajo
un régimen de visitas restringido puede ser contraria a la integridad personal según las circunstancias. Así, la
restricción a las visitas puede tener efectos en la integridad personal de la persona privada de libertad y de sus
familias. Lo que busca el artículo 5.3 es justamente que los efectos de la privación de la libertad no trasciendan de
modo innecesario a la persona del condenado más allá de lo indispensable” (párr. 93).
2. Personas privadas de libertad. Familia. Derecho a la vida privada y familiar. Principio de dignidad humana.
Régimen de visitas. Principio de intrascendencia de la pena. “[L]a familia, sin establecer que sea un modelo
específico, es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección por parte de la
sociedad y el Estado. Dada la importancia de ese derecho, la Corte ha establecido que el Estado se encuentra
obligado a favorecer el desarrollo y fortaleza del núcleo familiar. Así, está obligado a realizar acciones positivas y
negativas para proteger a las personas contra injerencias arbitrarias o ilegales en su familia y favorecer el respeto
efectivo de la vida familiar” (párr. 98). “[E]ntre las más severas injerencias que el Estado puede realizar en contra de
la familia están aquellas acciones que resultan en su separación o fraccionamiento. Dicha situación recubre especial
gravedad cuando en dicha separación se afectan derechos de niños, niñas y adolescentes” (párr. 99).
3. Derecho a la integridad personal. Principio de reinserción social. Debido proceso. Arbitrariedad. Traslado de
detenidos. Control judicial. “La Corte debe analizar los traslados objeto del presente caso y, siguiendo lo establecido
por su jurisprudencia, verificar si representaron una restricción de derecho, si esa restricción estaba prevista en la
ley, si fue abusiva o arbitraria, si perseguía un fin legítimo y cumplió con los requisitos de idoneidad, necesidad y
proporcionalidad” (párr. 121). “[D]ebido a la similitud del marco fáctico de las cuatro presuntas víctimas, los recursos
interpuestos y la prueba aportada, la Corte realizará el estudio de los cuatro casos de manera simultánea, haciendo
precisiones en cada caso concreto en donde sea necesario. En particular, la Corte observa que debería realizar el
análisis de los actos administrativos motivados que determinaron los traslados objeto del presente caso. Sin
embargo, como la Corte no cuenta con esa documentación en su expediente, a continuación, se analizarán
únicamente los traslados que fueron objeto de control judicial a partir de las solicitudes de traslado o recursos de
habeas corpus interpuestos por las presuntas víctimas y sus abogados defensores” (párr. 122).
4. Principio de legalidad. Personas privadas de libertad. Traslado de detenidos. Cárceles. “El criterio de legalidad,
previsto en el artículo 30 de la Convención Americana, establece que cualquier medida restrictiva de un derecho
debe estar prevista en la ley. Así, por ejemplo, cuestiones tales como los traslados de personas privadas de la
libertad de una cárcel a otra que generan afectaciones a la integridad personal o que separan a las familias, deben
ser previstas en la normativa interna del Estado” (párr. 123).
5. Familia. Niños, niñas y adolescentes. Interés superior del niño. Derecho a la vida privada y familiar. Personas
privadas de libertad. Traslado de detenidos. Arbitrariedad. Principio de intrascendencia de la pena. “[E]l Tribunal
concluye que al trasladar a los señores Néstor López, Hugo Blanco, Miguel González y José Muñoz a cárceles lejanas
de la provincia de Neuquén sin una evaluación previa ni posterior de los efectos en su vida privada y circunstancias
familiares, el Estado incumplió la obligación de realizar acciones para proteger a las personas contra injerencias
arbitrarias o ilegales en su vida privada y familiar, así como la obligación de favorecer el respeto efectivo de la vida
familiar. Además, los continuos traslados produjeron afectaciones al bienestar físico y psicológico de las personas
privadas de libertad, con efectos en sus familiares, y obstaculizaron el contacto con sus abogados defensores.
Asimismo, en el presente caso, la separación de los señores López y Blanco de sus familias revistió especial gravedad
pues en dicha separación se afectaron derechos de sus hijos menores de edad en ese” (párr. 159). “[L]a inexistencia
de un marco legal claro distinto al disciplinario, que dio margen a traslados arbitrarios, inidóneos, innecesarios y
desproporcionados, resulta en la responsabilidad internacional del Estado Argentino. De igual forma, la
responsabilidad internacional del Estado se ve comprometida por la separación que dichos traslados generaron en el
proceso de rehabilitación y la vida familiar de cada uno de las personas privadas de libertad” (párr. 160). “[L]a Corte
ha concluido que el Estado argentino no cuenta con una regulación apropiada sobre los traslados basados en el
artículo 72 de la Ley 24.660 entre cárceles a nivel federal. De ello deviene que personas privadas de la libertad
puedan ser trasladadas de manera arbitraria. En el presente caso, además, dicha práctica fue avalada por los jueces
en el control posterior, al permitir, de forma reiterada, la discrecionalidad absoluta de la Servicio Penitenciario
Nacional para asignar el local de cumplimiento de pena de los condenados, sin tener en cuenta o verificar, las
circunstancias particulares y familiares de cada persona privada de libertad. De esta forma, no existieron criterios
claros para hacer los traslados por parte de las autoridades administrativas, ni un control judicial efectivo de las
valoraciones dadas por esas autoridades. Además, esa práctica resultó también en afectaciones a los familiares de
los encarcelados quienes fueron sometidos a la decisión arbitraria del ente administrativo” (párr. 161). “En lo que
atañe a la separación del niño, la Corte ha afirmado que el niño debe permanecer en su núcleo familiar, salvo que
existan razones determinantes, en función del interés superior de aquél, para optar por separarlo de su familia. En
todo caso, la separación debe ser excepcional y, preferentemente, temporal. En el presente caso es evidente que la
separación de los señores López y Muñoz de sus hijos estuvo justificada, inicialmente, por la condena penal. Lo que
se requiere, por lo tanto, en relación con los traslados posteriores a centros de privación de libertad muy lejanos del
lugar de residencia de su familia y, en particular, de sus hijos, era una ponderación por parte de las autoridades
administrativas y judiciales sobre el efecto de dichas medidas en el desarrollo, vida privada y familiar de los niños
más allá de la restricción propia de la separación física de la privación de libertad” (párr. 173). “La suma de todos los
factores mencionados anteriormente implica que las medidas adoptadas por las autoridades estales sobre el
cumplimiento de la pena de los señores López y Blanco en cárceles alejadas de la Provincia de Neuquén, afectaron,
también, a sus familiares. Esto provocó que la pena trascendiera hacia los familiares de los condenados, causándoles
un daño y sufrimiento superior al implícito en la propia pena de privación de libertad” (párr. 174).
6. Derecho a la integridad personal. Tortura. Tratos crueles, inhumanos o degradantes. Vulnerabilidad. Condiciones
de detención. Traslado de detenidos. “El artículo 5.1 de la Convención consagra en términos generales el derecho a
la integridad personal, tanto física, psíquica como moral. Por su parte, el artículo 5.2 establece, de manera más
específica, la prohibición absoluta de someter a alguien a torturas o a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes, así como el derecho de toda persona privada de libertad a ser tratada con el respeto debido a la
dignidad inherente al ser humano. Cualquier violación del artículo 5.2 de la Convención Americana acarreará
necesariamente la violación del artículo 5.1 de la misma” (párr. 179). “Asimismo, esta Corte ha señalado que la
violación del derecho a la integridad física y psíquica de las personas tiene diversas connotaciones de grado y que
abarca desde la tortura hasta otro tipo de vejámenes o tratos crueles, inhumanos o degradantes, cuyas secuelas
físicas y psíquicas varían de intensidad según factores endógenos y exógenos de la persona (duración de los tratos,
edad, sexo, salud, contexto, vulnerabilidad, entre otros) que deberán ser analizados en cada situación concreta. Es
decir, las características personales de una supuesta víctima de tortura o tratos crueles, inhumanos o degradantes,
deben ser tomadas en cuenta al momento de determinar si la integridad personal fue vulnerada, ya que tales
características pueden cambiar la percepción de la realidad del individuo, y, por ende, incrementar el sufrimiento y
el sentido de humillación cuando son sometidas a ciertos tratamientos” (párr. 181). “Para la Corte es evidente que,
durante los traslados, las personas privadas de libertad se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, y
están más expuestas a eventuales violaciones de derechos humanos. Al respecto, al referirse a las condiciones
carcelarias y traslados, el Comité Europeo contra la Tortura ha establecido que, en algunas circunstancias, la
separación de las personas privadas de libertad de sus familias de manera injustificada puede equivaler a un trato
inhumano o degradante” (párr. 182). “En otras ocasiones este Tribunal ha establecido la existencia de tratos crueles
inhumanos y/o degradantes, en situaciones en las cuales las personas privadas de libertad fueron sometidas a la
suma de diversos factores como la incomunicación y la separación de las familias” (párr. 186).
7. Acceso a la justicia. Derecho de defensa. Protección judicial. Debido proceso. Control judicial. Ejecución de la
pena. Recursos. Motivación. “[E]stá probado que los defensores públicos que intervinieron ante la justicia argentina
lograron interponer recursos y acceder al poder judicial solicitando el traslado de los condenados a la provincia de
Neuquén, a pesar de la dificultad evidenciada en el capítulo anterior. El debate central del presente acápite,
entonces, se circunscribe en determinar hasta qué punto la distancia y dificultades de comunicación originadas por
los múltiples traslados (ilegales y arbitrarios) realizados por el Servicio Penitenciario Nacional representaron una
vulneración al derecho de ser asistido por un defensor de su elección y de comunicarse libre y privadamente con su
defensor (artículo 8.2.d de la Convención)” (párr. 205). “La Corte ya estableció que una de las consecuencias
concretas de los múltiples traslados a que fueron sometidos los señores López, Muñoz, González y Blanco es que no
pudieron contactar a sus abogados defensores en el tiempo y forma adecuados, lo que quedó plasmado en sus
intervenciones ante el poder judicial argentino. Asimismo, los traslados tuvieron lugar de forma sorpresiva, sin que
pudieran contactar o informar a sus familiares o abogados sobre ello […]. Asimismo, una vez que los traslados no
eran objeto de consulta con las propias personas privadas de libertad ni pasaban por un control judicial sustantivo
previo, es evidente que a las presuntas víctimas de ese caso no se les otorgó la posibilidad de defenderse u objetar
sus traslados. El contacto y la consecuente intervención de un abogado era determinante para proteger los derechos
en juego en cada traslado. El derecho a la defensa obliga al Estado a tratar al individuo en todo momento como un
verdadero sujeto del proceso, en el más amplio sentido de este concepto, y no simplemente como objeto del
mismo” (párr. 206). “[L]a presencia física de los señores López, Blanco, González y Muñoz en cárceles muy lejanas de
la provincia de Neuquén, donde se ubicaban sus abogados defensores y el juzgado de ejecución de la pena,
representó un obstáculo insuperable para comunicarse libre y privadamente con sus abogados para orientar y
coordinar su defensa. En más de una ocasión las víctimas del presente caso solicitaron al juez que pudieran contactar
a sus defensores. Es evidente que lo anterior limitó la posibilidad del ejercicio de una defensa técnica y de actuación
diligente con el fin de proteger las garantías procesales del representado y evitar así que sus derechos se vieran
lesionados durante la etapa de ejecución de la pena del proceso penal” (párr. 207). “Consecuentemente, la Corte
concluye que Argentina violó el derecho a ser asistido por un defensor o una defensora de su elección y de
comunicarse libre y privadamente con el/ella, previsto en el artículo 8.2.d de la Convención Americana, en relación
con el artículo 1.1 del mismo instrumento, en perjuicio de [los peticionarios]” (párr. 208).
La Corte considera que no se dio lugar a una ponderación entre la facultad de la administración federal de ubicar a
los condenados, el alegado fin expreso de readaptación del condenado y el derecho de los mismos condenados e,
incidentalmente, también de sus familiares, de que se mantenga, en la medida de lo posible, el contacto con la
familia y el mundo exterior, en particular en relación con niñas y niños. En particular, era necesario que los tribunales
realizaran un control respecto a que la medida impuesta no resultara en sufrimiento y violaciones de derechos en los
familiares, es decir, que se certificaran que la pena no trascendería a la persona del condenado y que no excedería el
sufrimiento implícito de la privación de libertad. Adicionalmente, era necesario, cuando solicitado, que los jueces
intervinientes evaluaran el perjuicio al derecho a la defensa letrada y el contacto con sus defensores públicos” (párr.
220). “[L]os recursos ante la Cámara en lo Criminal No. 2 de Neuquén, al no dar respuesta a los alegatos específicos
del señor Blanco relativos a la afectación, entre otros, a su derecho a mantener contacto con su familia, devinieron
en ineficaces para resolver el asunto planteado. Este Tribunal considera que la falta de motivación en esta instancia
constituye elemento suficiente para declarar la vulneración del artículo 25 de la Convención Americana, al tener en
cuenta que, tal como lo expresa el artículo 3 de la Ley 24.660, en este caso era el juez de ejecución de la pena el
competente para garantizar el cumplimiento de las normas constitucionales, los tratados internacionales ratificados
por la República Argentina y los derechos de los condenados no afectados por la condena o por la ley. Sin perjuicio
de lo anterior, se considera, además, que si bien en las resoluciones del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén
relativas a las impugnaciones de los fallos del juzgado de ejecución se presentaron argumentos específicos para
descartar la relevancia del traslado frente al derecho de los familiares, al omitir en su resolución la prueba aportada
por el recurrente relativa a los certificados médicos, historia clínica e informes médicos de la madre y hermana del
señor Blanco, se incumplió con el deber de tener en cuenta los argumentos planteados por el recurrente en la
motivación de su decisión. Por lo expuesto, este Tribunal concluye que el Estado es también responsable por el
incumplimiento de su obligación de garantizar los derechos de acceso a la justicia y a la protección judicial […]” (párr.
227).
LESA HUMANIDAD
Caso “Simón, J. H. y otros s/ privación ilegítima de la libertad, etc. (Poblete) -causa N° 17.768- (Resuelto el
14/05/06).
En el caso "Simón" la Corte declaró inconstitucionales las leyes de obediencia debida y punto final, cambiando el
criterio establecido en el fallo "Camps" del año 1987 que había establecido su constitucionalidad.
Como consecuencia de esta decisión, ya no existen obstáculos legales para que tengan lugar los juicios contra los
responsables a las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura militar.
HECHOS:
Una persona formuló una querella por el secuestro de su hijo, su nuera y su nieta durante la dictadura militar,
argumentando que un militar retirado y su esposa tenían en su poder a la menor.
A raíz de ello, se decretó el procesamiento con prisión preventiva del militar retirado por crímenes contra la
humanidad.
La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal confirmó el auto de procesamiento y la
decisión del juez que había declarado inválidos e inconstitucionales algunos artículos de las leyes de obediencia
debida y punto final.
Contra esa resolución la defensa interpuso recurso extraordinario, que fue denegado y motivó la presentación de un
recurso de queja.
DECISION DE LA CORTE:
La Corte consideró que las leyes de obediencia debida y punto final se oponen a la Convención Americana sobre
Derechos Humanos y al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos porque, en la medida en que
obstaculizan el esclarecimiento y la efectiva sanción de actos contrarios a los derechos reconocidos en dichos
tratados internacionales, impiden el cumplimiento del deber de garantía a que se ha comprometido el Estado
argentino.
Por eso, afirmó que las leyes eran inconstitucionales, en tanto los referidos tratados gozan de jerarquía
constitucional (artículo 75, inciso 22 de la Constitución Nacional).
Asimismo, declaró la validez de la ley por la cual el Poder Legislativo había declarado insanablemente nulas las
leyes de obediencia debida y punto final, porque su sentido había sido, justamente, el de intentar dar cumplimiento
a los tratados constitucionales en materia de derechos humanos por medio de la eliminación de todo aquello que
pudiera aparecer como un obstáculo para que la justicia argentina investigue debidamente los hechos alcanzados
por dichas leyes.
Finalmente, resolvió declarar de ningún efecto las leyes de obediencia debida y punto final y cualquier acto fundado
en ellas que se oponga al juzgamiento y eventual condena de los responsables u obstaculice las investigaciones
llevadas a cabo por crímenes de lesa humanidad (voto de los jueces Petracchi, Boggiano, Maqueda, Zaffaroni,
Highton de Nolasco, Lorenzetti y argibay - éstos últimos seis hicieron su propio voto.
El Dr. Fayt votó en disidencia.
El magistrado Belluscio se excusó y no votó).
El Dr. Fayt consideró que no existía ningún argumento basado en el derecho internacional que justificara que la
Corte cambiara el criterio establecido en el fallo “Camps” y resolviera ahora en contra de la constitucionalidad de las
leyes de obediencia debida y punto final. Afirmó que la aplicación retroactiva de la "Convención sobre
Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad" y la de la "Convención
Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas" resultaban inaplicables en el derecho argentino porque
el artículo 27 de la Constitución Nacional establece que los tratados deben ajustarse y guardar conformidad con los
principios de derecho público establecidos en la Constitución, en este caso, la prohibición de aplicación retroactiva
de la ley penal que establece el principio de legalidad.
Si se parte de una justificación deductiva, siguiendo a Neil McCormick (1978) se puede plantear la existencia de casos
fáciles y difíciles. Los primeros serían aquellos en los que la decisión judicial es la aplicación de una norma jurídica
general (premisa mayor) al hecho particular (premisa menor).
Ahora bien, este tipo de justificación parte de algunos presupuestos (cfr. Atienza 2005: 112): a) El juez tiene el deber
de aplicar las reglas del derecho válido, sin entrar en la naturaleza de dicho deber. En este sentido, la justificación
deductiva se sustenta en un cúmulo de razones subyacentes (vgr. división de poderes, certeza del derecho, etc.)
que justifican el deber de los jueces. Estas razones – en ocasiones – parecería que tienen una jerarquía superior al
deber de hacer justicia. b) El juez puede identificar cuáles son las reglas del derecho consideradas válidas. Esto
implica que existen criterios de reconocimiento compartidos por los jueces.
A partir de esto se puede observar que la justificación deductiva tiene límites, expresados por la posibilidad de
enfrentar casos difíciles. Estos se caracterizan por requerir una justificación de segundo orden. No basta con la mera
subsunción de los hechos en una norma jurídica, sino que se debe acudir a un segundo nivel para justificar la
premisa de la que parte la decisión. De acuerdo a los problemas que se deban enfrentar con respecto a la premisa
normativa, los casos difíciles se pueden clasificar en: a) problemas de interpretación: los términos son ambiguos o
hay conceptos vagos en la formulación de la norma que deben ser interpretados, y b) relevancia: hay controversia
en torno a si existe o no una norma aplicable al caso. Con respecto a la premisa fáctica: c) problemas de prueba:
hay dificultades para determinar cuáles fueron los hechos, y d) calificación: es discutible la calificación jurídica que
debe dársele a los hechos ya determinados (cfr. McCormick N. 1978).
Tal como se adelantó, cuando la Corte Suprema se avoca a resolver un recurso extraordinario federal (art. 14, Ley N°
48), es porque está en juego la interpretación de una norma. En efecto, al ser la Corte el último intérprete de la
constitución, sus decisiones buscarán que el sistema normativo sea coherente con la jerarquía normativa nacional.
De esta manera, resulta claro que las decisiones de la Corte serán sobre casos difíciles, donde sea necesario
sustentar las premisas en justificaciones de segundo orden.
En este contexto, y volviendo al fallo “Muiña”. No sería un error sostener que se está ante un caso difícil, ya que
ambos votos sustentan su decisión en justificaciones de segundo orden. Más preciso, parecería que los jueces están
ante un problema de interpretación que derivará en un problema de relevancia (aunque de manera subsidiaria). En
efecto, la decisión se enfoca en cómo se debe interpretar el art. 2 del Código Penal, si permitiendo la benignidad
intermedia (y por lo tanto la aplicación de la Ley N° 24.390) o no (negando la aplicación de dicha ley).
Reflexiones finales
Del análisis desarrollado se puede llegar a dos conclusiones generales: Por un lado, el caso “Muiña” puede ser
interpretado desde diversas dimensiones. En este trabajo nos limitamos a realizar un análisis desde una
dimensión netamente jurídica, donde nos limitamos al análisis de la interpretación del art. 2 del Código Penal.
Por otro lado, en el análisis de la dimensión política y moral sólo vamos a plantear la discrecionalidad de la Corte
en la elección de la causa. En efecto, conocido él es impacto de las sentencias que este tribunal tiene en la realidad
argentina, y pudiendo optar por causas donde las injusticias son palpables, decide fallar en ésta donde los únicos
beneficiarios serán aquellas personas en situaciones análogas a la de Muiña, es decir, acusados de delitos de lesa
humanidad cometidos durante la última dictadura militar.
Volviendo al análisis jurídico y aceptadas las premisas anteriores, la consecuencia lógica que se sigue es que, siendo
aplicable la norma establecida en el art. 2 del Código Penal, entonces el cómputo de la pena aplicable a Muiña debe
seguirse de acuerdo a los parámetros establecidos en la norma del art. 7 de la ley 24.390.
Extender o limitar el alcance de un término a supuestos no contemplados, sobre todo en derecho penal donde la
analogía está prohibida, hace perder de vista el objeto de referencia de interpretación, la norma, y se termina
creando Derecho, afectando la vigencia de las garantías constitucionales, empezando por el principio de igualdad
ante la ley.
El Tribunal Oral en lo Criminal N° 23 de esta ciudad, con fecha 26 de febrero de 2015, condenó a Mariano José
Zambrano Joriati a la pena de ocho años de prisión, por considerarlo autor penalmente responsable del delito de
robo agravado por su comisión con arma, y lo declaró reincidente.
El tribunal dio por igualmente comprobado que, previamente, el 23 de marzo de 2009, entre las 11:00 y 12:00 horas,
Zambrano se presentó en el negocio de Barrios teniendo en miras al atraco que cometerían dos días después con el
otro sujeto prófugo, oportunidad en la que adujo estar en busca de alguna joya «para regalar», permaneciendo en el
lugar por más de media hora. Una vez en el interior, y cuando Barrios se dirigió a una oficina ubicada en la parte
posterior, fue sorprendido por el segundo sujeto, quien, mientras le apuntaba con un «arma de fuego color negra» y
lo amenazaba diciéndole «hijo de puta te mato, te mato…; donde está la plata, ponete donde te vea porque si no te
mato…», lo obligó a permanecer sentado en la escalera que llevaba a la planta alta.
Y CONSIDERANDO
El señor juez doctor Carlos A. Mahiques dijo:
Cabe abordar, en primer término, el planteo de nulidad de la sentencia efectuado por la parte recurrente. Se
funda en que lo resuelto por el a quo tuvo por ciertas circunstancias que carecen del adecuado registro y de las
constancias que deben ser consignadas durante el juicio. Afirma que el tribunal omitió dejar registro audiovisual o
documental del debate ––por fuera de la mera enunciación de los elementos de prueba incorporados––, situación
que considera discriminatoria para su representado en tanto supone una improcedente limitación al ejercicio de la
defensa y a la revisión de la condena.
Sobre el punto, cabe recordar que el art. 394 del Código Procesal Penal de la Nación enumera, bajo pena de nulidad,
los requisitos que deberá contener el acta de debate.
Por otra parte, y con invocación de la segunda hipótesis casatorio prevista en el art. 456, inciso 2° del C.P.P.N., la
parte recurrente se agravia por la valoración arbitraria en la que habría incurrido el a quo respecto de la prueba
producida en el juicio y compulsada como fundamento de la condena dictada a Zambrano.
De manera subsidiaria, el recurrente incluyó otro agravio en el supuesto establecido en el primer inciso del artículo
456 del Código Procesal Penal de la Nación. En el recurso presentado, el doctor Armando sostuvo que, de
establecerse que su asistido haya participado del hecho investigado, debería modificarse su calificación de robo con
arma (art. 166, inc. 2°, primer párrafo C.P.) a robo con arma cuya aptitud para el disparo no pudo ser demostrada
(art. 166, inc. 2° último párrafo C.P.), disminuyéndosele, en consecuencia, la pena impuesta.
Reclamó que, en mérito a lo dispuesto en el artículo 47 del C.P. y dado que no se pudo demostrar que su defendido
haya tenido efectivo conocimiento de que la otra persona portaba un arma de fuego, se modifique la calificación con
el antedicho alcance.
En subsidio, y como consecuencia lógica de su argumento, expresó que tampoco debía encuadrarse la conducta de
Zambrano en el tipo penal del robo con arma cuya aptitud para el disparo no se tuvo por demostrada, por cuanto
esa calificación implicaría una violación del principio de inocencia e in dubio pro reo, al introducir
improcedentemente una presunción favorable al acusador y eximirlo de probar los elementos del tipo agravado,
con la consiguiente inversión de la carga probatoria. A todo evento, solicitó que de no coincidir este tribunal
tampoco con este criterio, se califique el hecho con ajuste al art. 166, inc. 2do., último párrafo del C.P., por resultar
más beneficioso para el imputado.
El juez Pablo Jantus dijo:
Coincido con el doctor Mahiques en que la nulidad impetrada por la defensa, por no haberse efectuado un registro
audiovisual de la audiencia de debate, debe ser rechazada.
RESUELVE:
HACER LUGAR PARCIALMENTE al recurso de casación interpuesto por la defensa y, en consecuencia, CASAR
PARCIALMENTE el punto dispositivo I de la sentencia de fs. 862 y 867/898, sin costas en esta instancia (arts. 456,
457, 469, 470, 530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación).
CONFIRMAR la condena dictada respecto de Mariano José Zambrano Joriati en orden a los hechos que tuvieron lugar
con fecha 25 de marzo de 2009 (y fueron objeto del proceso registrado bajo el Nº 4266), los que se califican como
constitutivos del delito de robo agravado por haberse cometido con un arma cuya aptitud para el disparo no se tuvo
por acreditada, respecto de los cuales responde calidad de coautor, imponiéndose al nombrado la pena de seis años
de prisión, accesorias legales y costas (arts. 12, 29 inc. 3, 40, 41, 45, 164, 166, inc. 2°, último párrafo, del Código
Penal y arts. 456, 457, 469, 470, 530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación).
El Tribunal Oral en lo Criminal n°8, el 30 de marzo de 2015 (fs. 116 / 122), resolvió –en lo que aquí interesa–
condenar a los imputados Sergio Ramón Ariel Álvarez y a Luciano Jorge Saladino a la pena de siete meses de prisión,
por considerarlos coautores del delito de robo (arts. 45 y 164, CP). Los fundamentos de esta decisión fueron dados a
conocer el 8 de abril siguiente (fs. 123 / 131).
En primer lugar, alegó errónea aplicación de la ley sustantiva en tanto la calificación escogida por el tribunal era
incorrecta al calificarse el hecho como consumado, sin embargo, nunca se completó el apoderamiento, toda vez
que los imputados no pudieron disponer del botín, quedando solo en tentativa.
CONSIDERANDO:
El juez Sarrabayrouse dijo:
Tal como surge de la síntesis efectuada, el principal argumento de la defensa cuestiona la calificación legal del hecho
por el que fueron condenados Saladino y Álvarez al entender que el delito de robo había quedado en grado de
tentativa (art. 42, CP).
La declaración de Eugenio Richetti Dimeo, quien refirió que salió corriendo por la calle Vidal de esta ciudad, con
dirección a Mendoza y que lo propio hicieron los imputados por Moldes pero que no puedo interceptarlos al llegar a
la intersección de aquellas calles porque Saladino y Álvarez tomaron el sentido contrario al que él suponía. Agregó
que la persecución se prolongó por ciento cincuenta o doscientos metros y que no los observó siempre, pero los vio
ingresar al edificio donde luego fueron detenidos.
A tal punto se sentían perseguidos que se despojaron de una mochila sobre la calle Moldes, antes de llegar a
Mendoza, y siguieron la carrera y se escondieron en la entrada de un edificio, donde fueron efectivamente
aprehendidos, y recuperados todos los bienes objeto del despojo. Si se sintieron forzados a abandonar en su carrera
una mochila, no puede sostenerse que habían consumado un poder fáctico de disposición sobre lo robado, al
contrario, seguían tratando de huir, ocultarse y así consolidar ese poder que hasta ese momento no se
representaban tener. Una vez que se ocultaron en la entrada de un edificio en el que no moraban, no contaron ya
con posibilidad fáctica de disponer de la parte del botín que aún conservaban. Aunque el policía Gutiérrez no pudo
evocar mucho, refuerza sin embargo la idea de la inmediatez de la intervención policial, porque ciertos transeúntes
le dieron noticia del hecho en un lugar en el que ya no estaba Richetti Dimeo, y circulando en el móvil llegaron a
Mendoza, esquina Moldes, donde otros pasantes le señalaron a los imputados.
El argumento de la sentencia según el cual, de haber tomado otro camino, los ladrones no habrían vuelto a tropezar
con el señor Richetti Dimeo, “circunstancia ésta que fue la que a la postre posibilitó su detención” es un argumento
contra fáctico de ningún valor. Porque de lo que se trata no es de imaginar de qué otro modo, o por qué otra vía,
podrían los ladrones haber intentado la fuga y con ella la consumación, sino del modo en que efectivamente lo
concretaron. Y lo que hicieron no les permitió consolidar el poder de disposición que consuma el apoderamiento.
HACER LUGAR al recurso de casación interpuesto por la defensa de Luciano Jorge Saladino y Ramón Ariel Álvarez,
CASAR la sentencia recurrida, MODIFICAR la calificación del hecho de acuerdo con el criterio expuesto y REENVIAR
la causa al tribunal para que fije una nueva pena de acuerdo con la escala prevista para el delito de robo en grado
de tentativa.
CNCC, SALA V, Causa N° 825/12 “R.D., v.M s/ calificación legal”, (15/06/2012). (Arma).
La resolución de fs. 96/97 que dispuso el procesamiento de V. M. R. D. en orden al delito de robo con arma de fuego,
en concurso real con tenencia ilegítima de arma de fuego de uso civil condicionado, fue recurrida por su asistencia
letrada. Se agravia la defensa exclusivamente en la calificación legal y sostiene que el hecho investigado debe ser
encuadrado como robo simple, en grado de tentativa, en concurso material con tenencia ilegítima de arma de fuego ,
de acuerdo a la fundamentación expresada en el recurso de apelación obrante a fs. 109/111. Celebrada la audiencia
prevista en los términos del art. 454 del Código Procesal Penal de la Nación y escuchado que fue el impugnante, la
sala se encuentra en condiciones de resolver.
El Dr. Rodolfo Pociello Argerich dijo:
Sin soslayar que el magistrado de grado calificó el suceso investigado como robo con arma de fuego y en su
fundamentación citó precedentes relacionados con el tercer párrafo del art. 166, inciso 2° del Código Penal, habré
de resolver el tema planteado. He sostenido en casos como el sub lite que la intimidación realizada en un robo con
un arma de fuego apta para el disparo descargada debe ser encuadrada en la hipótesis de arma de “utilería”
prevista en la norma arriba mencionada.
Desde el punto de vista sistemático, el legislador ha entendido que dentro de las armas existe una especie que es
el “arma de fuego”, cuya utilización durante el desapoderamiento eleva la escala penal en un tercio del mínimo y
del máximo.
El supuesto de arma descargada o inepta para el disparo está incluido en el tipo penal, el concepto de “arma de
utilería”, sin duda funciona como residual, incluyendo en la agravante a todo elemento que tenga apariencia de
arma de fuego, donde sí podrá discutirse sobre su aptitud o no para engañar o amedrentar a la víctima.
Es que en una interpretación tanto sistemática como teleológica, no puede descartarse que es exactamente esto lo
que pretende la ley. Si se tiene como arma de utilería a aquella que se emplea en un escenario teatral o
cinematográfico, cabría entonces cuestionarse si sólo se refiere esta definición a aquellas que fueron creadas para
tales fines (armas de utilería propias) o cualquiera que pueda ser utilizada de tal modo (armas de utilería
impropias), pues bien es sabido que en la mayoría de los casos se usan armas verdaderas cargadas con balas de
fogueo o simplemente descargadas. Es más, si nos quedamos en la letra de la ley solamente, cabría cuestionarse si
al referirse a arma de utilería se refiere a “arma de fuego de utilería” o a cualquier arma. Si el tipo contemplaba las
armas de fuego bastaba agregar “o con una de utilería”. Una interpretación sistemática, como se explicó, permite
concluir en que se hace referencia a un “arma de fuego de utilería” (ver al respecto Cassani, María B. obra ya citada).
Entrar en estas disquisiciones, creo, ya no tiene sentido, pues es función del juez interpretar la ley, lo que no puede
ser considerado como aplicar analogía, siempre que lo sea dentro de los marcos fijados. Por último, comparto el
planteo de la defensa en cuanto a que el suceso pesquisado ha quedado en grado de conato, en razón de que el
imputado no tuvo el poder de disposición de los bienes sustraídos.
Nótese, al respecto, que el acusado fue observado por A. S. mientras cometía el atracó y ésta logró salir del hotel
para dar noticia a la prevención sobre el ilícito, quien procedió finalmente a su detención. Por lo expuesto, voto por
confirmar el auto apelado con la salvedad de que la conducta imputada es la de robo agravado por el uso de arma de
utilería, en grado de tentativa, en concurso real con tenencia de arma de fuego de uso civil condicionado (arts. 42,
189 bis, 2° apartado, segundo párrafo y 166, inciso 2°, tercer párrafo, del Código Penal).
la ciudad de Buenos Aires, a los 10 días del mes de septiembre de dos mil diez, se reúnen los miembros de la Sala
Tercera de la Cámara Nacional de Casación Penal, doctoras Angela Ester Ledesma y Liliana Elena Catucci, y doctor
Eduardo Rafael Riggi, bajo la presidencia de la primera de los nombrados, asistidos por la Secretaria de Cámara, Dra.
María de las Mercedes López Alduncin, con el objeto de dictar sentencia en la causa n/ 12.473 caratulada “OLIVA
TAPIA, Luis Omar s/recurso de casación”, con la intervención del Sr. fiscal ante esta Cámara, Dr. Pedro Narvaiz, y del
Defensor Oficial en esta instancia, Dr. Juan Carlos Sambuceti (h), por la asistencia técnica de Luis Omar Oliva Tapia.
Efectuado el sorteo para que los señores jueces emitan sus votos, resultó que debía observarse el orden siguiente:
Ledesma, Catucci y Riggi. La señora juez Angela Ester Ledesma dijo:
PRIMERO: El Tribunal Oral en lo Criminal n/ 18 de esta ciudad, resolvió por mayoría “I. CONDENAR a LUIS OMAR
OLIVA TAPIA ...por ser autor penalmente responsable del delito de robo agravado por tratarse de un vehículo dejado
en la vía pública, en grado de tentativa, a la pena de UN AÑO Y SEIS MESES DE PRISIÓN Y COSTAS (artículos 26, 29
inc. 3 /, 40, 41, 42, 45 y 167 inc. 4 en función del 163 inciso 6/ del Código Penal y 396, 398, 400, 403, 530 y 531 del
Código Procesal Penal de la Nación).” -fs. 222 y 224/234-.
Contra este decisorio, el Sr. Defensor Oficial, Dr. Santiago María Bardi interpuso recurso de casación -fs. 236/240
vta.-, el que fue concedido por dicho tribunal a fs. 252/253, y mantenido a fs. 271.
SEGUNDO:
El impugnante, con invocación de la causal prevista en el inciso primero del art. 456 del código de forma, afirma
que, en la sentencia criticada, se aplicó erróneamente el precepto contenido en el inc. 6 / del art. 163 del código
sustantivo. Argumenta que la ley 24.721 que incorporó dicha norma “amplió la agravante por hurto o robo no sólo
a los automotores -como lo establecía el art. 38 del decreto-ley 6582/58- sino también a todo vehículo, con lo que
quedan abarcados medios de transporte antes excluidos de la protección legal.”, aclarando que “la ley en ningún
momento detalla qué bienes serían considerados vehículos.”.
Agrega que “dada la ambigüedad que presenta el vocablo “vehículo”, al momento de interpretar el alcance de un
término debe estarse por la tesis más restrictiva en función del principio de in dubio pro reo, y excluir el término
“bicicleta” de la norma prevista en el inc. 6/ del art. 163 del C.P.”; por lo tanto, concluye aseverando que “la figura
agravada no resulta aplicable al presente caso.”. En consecuencia, solicita que se case la sentencia criticada, a fin
de modificar la calificación legal asignada a la conducta desplegada por su asistido, por la de “robo simple en
grado de conato (art. 164 del C.P.).”. Formula expresa reserva del caso federal.
En la misma ocasión procesal, el Dr. Sambuceti (h) comparte y hace suyos los conceptos vertidos por el Dr.
Bardi, señalando que “si incluyéramos a la bicicleta en los “vehículos” mencionados por la norma
erróneamente aplicada, caeríamos en el ridículo de sostener que se incluirían dentro de la agravante a
ciertos “vehículos” como por ejemplo podrían ser, un par de patines, un cochecito para bebés o una
carretilla, por el simple hecho de poseer un sistema de ruedas que giran por la fuerza empleada por el
individuo que lo utiliza.”.
Culmina su escrito, asegurando que “en aras de los principios de legalidad, máxima taxatividad y pro
homine, la conducta endilgada a [Oliva Tapia] sólo podrá caer en el tipo de robo simple en grado de
tentativa...Una interpretación en contrario transgrede claramente los principios mencionados, como ocurrió
en la sentencia aquí atacada, como así también implicó una utilización de la analogía proscripta en nuestro
derecho penal.”
“el 21 de octubre de 2009, alrededor de las 00.03 horas, Luis Omar Oliva Tapia intentó apoderarse
ilegítimamente de la bicicleta propiedad de Sandra Warthon Valenzuela, quien la había dejado junto a un
árbol, asegurándola con una linga (sic) que amarró mediante un candado, frente al domicilio donde realizaba
tareas laborales, sito en Combate de los Pozos 1250 de esta ciudad. Que el encartado no pudo consumar su
propósito por cuanto fue sorprendido en su accionar delictivo por el inspector Jorge Fichera, en
circunstancias en que intentaba cortar la cadena que sujetaba la bicicleta utilizando una pinza tipo alicate
color amarillo.”
En segundo lugar, adentrándonos en el análisis del tema que nos convoca, amerita repasar
liminarmente, algunos principios rectores que rigen la materia en trato. Como es sabido, el principio
de legalidad sustantivon (ullum crimen sine lege) es una garantía en favor del acusado que determina
la necesidad de una ley expresa y estricta (mandato de determinación) que posibilite la diferenciación
de las distintas conductas contenidas en la ley penal.
Concluyó su exposición, aseverando que “ante dos interpretaciones posibles de un texto legal, debe
optarse por aquella menos lesiva para el sujeto y que reduzca el campo de intervención del derecho
penal, no poniendo a cargo del justiciable las inconsistencias o los defectos en la técnica legislativa... ”,
y que “utilizar el método gramatical de interpretación para incluir la bicicleta en el vocablo vehículo a
que se refiere la disposición en cuestión, conduciría a aplicar penas irrazonables en muchos supuestos
y, en consecuencia, a cuestionar la validez constitucional de la norma. No se puede extender de tal
modo la esfera de aplicación de un tipo penal, que cause mayor alarma social la pena a imponer, que
la afectación concreta del bien jurídico que se pretende proteger.”
Nuestra decisión se apoyará en una razón institucional derivada de la jerarquía de la libertad...No es el
‘sentido posible del texto’ lo que dará el límite de la interpretación, sino el ‘sentido más restringido del
texto’.”. Considera el autor que, siguiendo tal criterio, se impone “la exclusión de la bicicleta como objeto
de la norma.”
Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional, Sala II,” Giancarelli, Sebastián Ezequiel s/robo…”,
01/12/2015.
El Tribunal Oral en lo Criminal N° 15 de esta ciudad resolvió, en lo que aquí interesa: “I) CONDENAR a Sebastián
Ezequiel Alejandro GIANCARELLI O GIANCARDELLI o Marcelo Ignacio NAVARRO o Leandro Alberto POSSE […] por
considerarlo autor material y penalmente responsable del delito de robo agravado por haber sido cometido con
arma, A LA PENA DE CINCO AÑOS DE PRISIÓN […]. II) DECLARAR REINCIDENTE a Sebastián Ezequiel Alejandro
GIANCARELLI […] III) REVOCAR LA LIBERTAD CONDICIONAL otorgada al nombrado […] con fecha 13 de junio de 2012
por el Juzgado Nacional de Ejecución Penal N° 1 respecto de la pena única de tres años y nueve meses de prisión,
recaída en la causa N° 3472 del Tribunal Oral en lo Criminal N° 30…”.
Asimismo, entendió que el tribunal de juicio ha aplicado erróneamente el art. 166, inc. 2° del Código Penal de la
Nación, ya que a su criterio no se dan en el caso los elementos objetivos previstos en la norma citada; como así
también los arts. 13, inc. 4°, 15, 16 y 50 del mismo cuerpo legal, destacando que se ha revocado la libertad
condicional de su asistido sin que la titular de la acción penal lo solicitara.
Respecto de la primera cuestión, vinculada a la arbitraria valoración de la prueba, la defensa comenzó su
exposición alegando que en el fallo en estudio se ha reconstruido el hecho recurriendo a testimonios que resultan
incompatibles y contradictorios entre sí. Esta circunstancia, adujo, impediría tener por cierto no sólo la autoría de
Giancarelli en el hecho investigado, sino además la utilización de un arma blanca, la participación de tres personas y
la consumación del episodio.
Bajo esta línea argumental, remarcó que la arbitrariedad se ve reflejada por cuanto, por un lado, se tuvo por cierto
que Giancarelli fue autor de la sustracción y que fue detenido en el marco de una situación de cuasi flagrancia, en
base al testimonio del agente Díaz, que hizo referencia a un único autor, a una persecución ininterrumpida y a la
ausencia de secuestro de un arma blanca, y por el otro, se tuvo por comprobado del mismo modo que su asistido
exhibió una navaja, que fueron tres los autores y que el hecho fue consumado, echando mano al relato del testigo
López, quien narró el episodio de forma disímil con el anterior, ya que habló de la participación de tres
personas, de la utilización de un arma, de una persecución a bordo de un taxi y del secuestro del morral.
Por otra parte, remarcó que el nombrado agente alegó que observó a una sola persona forcejeando con la víctima, y
que ese individuo al advertir su presencia emprendió la fuga, frente a lo cual comenzó su persecución, siempre a pie,
sin observar a otras personas corriendo a su alrededor.
Así, si a estas dos versiones contrapuestas sobre el mismo supuesto fáctico se le añade la que ofreció Giancarelli al
momento de ejercer su descargo, oportunidad en la que negó rotundamente haber participado en el episodio que
se le achaca, nos encontramos, a decir del recurrente, ante una imposibilidad insalvable de reconstruir el hecho
que deriva necesariamente en la absolución del inculpado, por estricta aplicación del principio de inocencia y el in
dubio pro reo.
la defensa se adentró en la crítica dirigida a la errónea aplicación del art. 166, inc. 2° del C.P., en el entendimiento
de que no puede tenerse por configurada la agravante del tipo penal en cuestión habida cuenta que el elemento,
mal considerado un arma por el tribunal, tampoco fue secuestrado.
En primer término, señaló que ni un cortaplumas ni una navaja encuadran dentro del concepto de arma, y que la
equiparación efectuada por el a quo implicó una aplicación analógica in malam partem de la figura legal en juego.
Citó doctrina y jurisprudencia en apoyo de su posición.
Finalmente, se agravió la defensa en torno a la errónea aplicación de los arts. 13, inc. 4°, 15 y 16 del C.P., en cuanto
se dispuso revocarle la libertad condicional que le fuera concedida por el Juzgado de Ejecución Penal N° 1 en el
marco del legajo N° 129.753 y respecto de la pena que le fuera impuesta por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 30.
En definitiva, por las consideraciones hasta aquí vertidas, solicitó en primer lugar que se disponga la libre
absolución de su asistido por aplicación del in dubio pro reo. Subsidiariamente, se modifique la calificación legal
de los hechos por la de robo simple en grado de tentativa, se declare la inaplicabilidad del instituto de la
reincidencia y se deje sin efecto la revocatoria de la libertad condicional.
Al respecto, luego de citar profusa jurisprudencia y doctrina sobre el tema, puntualizó que de acuerdo a nuestra
legislación vigente y a los diversos instrumentos internacionales incorporados al bloque de constitucionalidad (art.
75, inc. 22, CN), el fin esencial de la pena es el de resocializar al condenado, siendo aquella una obligación estatal.
Ergo, no resulta constitucionalmente admisible castigar al individuo por la falla del Estado en el tratamiento que
debe suministrar a los ciudadanos que se encuentran privados de su libertad.
Desde otra perspectiva, argumentó que el instituto viola el derecho de igualdad ante la ley (art. 16, CN) puesto que
una persona declarada multirreincidente sí tiene derecho a obtener la libertad condicional (art. 53, C.P.), pero no así
un reincidente simple (art. 14, CP).
CONSIDERANDO:
El juez Gustavo A. Bruzzone dijo:
1. Corresponde emprender el análisis de la sentencia recurrida partiendo de las críticas que la defensa dirige al
modo en que fueron valoradas las diferencias que exhiben los testimonios del damnificado López y del preventor
Díaz durante la narración de los hechos.
A criterio del recurrente, tales disimiles versiones sobre un mismo sustrato fáctico impiden una correcta
reconstrucción histórica del hecho, circunstancia que repercute de manera directa sobre la atribución de
responsabilidad a su asistido en relación a un episodio que, sobre la base de tales declaraciones, no puede tenerse
por acreditado. En virtud de lo expuesto, y por imperio del in dubio pro reo, la defensa solicitó en primer término la
absolución de su defendido, por entender que no se encuentra comprobada, con la certeza apodíctica que exige una
sentencia condenatoria, la participación de Giancarelli en la sustracción que ha sido denunciada.
Sostuvo el recurrente que se ha aplicado erróneamente la agravante prevista en el inc. 2° del art. 166, CP, por
cuanto la falta de secuestro del arma blanca denunciada por López impide tener por acreditada su utilización en el
hecho y, eventualmente y sin perjuicio de ello, tampoco la descripción del objeto que brindó la víctima es
suficiente como para que pueda ser considerado un “arma” a los efectos de agravar la conducta atribuida a su
asistido.
Consideramos que asiste razón a la defensa en este punto, por cuanto no se encuentra suficientemente acreditada la
existencia del elemento intimidante que fuera utilizado en el episodio según la narración de la víctima.
Sobre la reincidencia.
RESUELVE:
HACER LUGAR en forma parcial al recurso de casación deducido por la defensa, sin costas, CASAR el punto
dispositivo I de la sentencia de fs. 264/278, MODIFICANDO la subsunción legal del hecho por la de robo simple, y
disponer el reenvío a un nuevo tribunal de juicio para que, previa audiencia contradictoria, fije una pena acorde al
nuevo encuadre jurídico penal (arts. 45 y 164, CP; 456 inc. 1°, 470, 530 y 531, CPPN).
CASAR, por mayoría, el punto dispositivo II de la decisión recurrida y REVOCAR la declaración de reincidencia de
Sebastián Ezequiel Giancarelli, debiendo el nuevo tribunal interviniente dar cumplimiento a lo que surge de los
considerandos (arts. 456, inc. 1° y 470, CPPN).
CASAR el punto dispositivo III y DEJAR SIN EFECTO la revocatoria de la libertad condicional otorgada al nombrado por
el Juzgado de Ejecución Penal N° 1 respecto de la pena que le fue impuesta por el Tribunal Oral Criminal N° 30 (arts.
456, inc. 1° y 470, CPPN).
ESTAFA
CSJN, “Pompas, Jaime y otros”, 03/12/2002.
Texto legal
El artículo 173, inciso 7, del Código Penal prescribe: Sin perjuicio de la disposición general del artículo precedente, se
considerarán casos especiales de defraudación y sufrirán la pena que él establece: …El que, por disposición de la ley,
de la autoridad o por un acto jurídico cualquiera, tuviera a su cargo el manejo, la administración o el cuidado de
bienes o intereses pecuniarios ajenos, y con el fin de procurar para sí o para un tercero un lucro indebido o para
causar daño, violando sus deberes perjudicare los intereses confiados u obligare abusivamente al titular de éstos. La
fórmula fue introducida al ordenamiento jurídico vigente por la ley “de facto” N° 17.567, del año 1967, y mantenida
por la ley N° 20.509, de 1973. El texto del inciso 7 del artículo 173 del Código Penal de 1921, tomado de la
construcción gramatical dada al delito por el Proyecto de 1906, reprimía a: “El comisionista, capitán de buque o
cualquier otro mandatario que cometiere defraudación, alterando en sus cuentas los precios o condiciones de los
contratos, suponiendo gastos o exagerando los que hubiere hecho”. En la Exposición de Motivos de la mencionada
ley “de facto”, se explicaba que era indispensable apartarse del texto que regía en ese entonces del artículo 173,
inciso 7, C.P., por dos diferentes motivos. En primer lugar, los fundamentos de la ley de reformas expresaban que
“…es necesario evitar la limitación que comporta la enumeración de los sujetos de esta figura: comisionista,
capitán de buque y mandatario, que podría entenderse como dejando afuera representantes, tutores, albaceas y
otros sujetos que tienen poderes dispositivos sobre bienes ajenos, y muy especialmente a los que integran los
órganos de las personas colectivas, sobre todo de sociedades anónimas y cooperativas”. En segundo término, la
Exposición de Motivos aludía a la pretensión de corregir las restricciones que provenían de la redacción anterior,
sobre todo teniendo en cuenta ciertas modernas formas de fraude en la administración de bienes ajenos, que no
se manifiestan por medio de la alteración de los precios en las cuentas, la suposición de gastos o la retención de
valores, sino a través de los muchos fraudes que pueden no asumir esa forma cuando se trata de abuso del poder
que está a disposición de cierto tipo de representantes y mandatarios, especialmente en el ámbito de las
sociedades anónimas. De allí, pues, que el reformador adoptara una disposición que, como la vigente, se aparta de
las fórmulas casuísticas y se construye sobre la base de enunciados generales.
Acción penal
El delito de administración fraudulenta es de acción pública promovible de oficio (arg. arts. 71, 72 –a contrario- y 73
–a contrario- C.P.)
Excusa absolutoria
Si el autor del delito de administración fraudulenta cometiere el delito en perjuicio de su cónyuge, ascendiente,
descendiente y afín en línea recta; de su consorte viudo; o de su hermano o cuñado con el que conviviere, quedará
exento de pena (arg. art. 185 del C.P.). Se trata de una excusa absolutoria que elimina la punibilidad del hecho y que
se funda en la prevalencia que, frente a la necesidad de reprimir a los autores responsables de un delito contra la
propiedad, se le confiere a la preservación del núcleo familiar en casos en los cuales, por la naturaleza del delito, la
ofensa punible perpetrada en el seno de la comunidad familiar sólo alcanza intereses puramente patrimoniales.