Ensayo literario de Eduardo Galeano
El derecho de soñar
Vaya uno a saber cómo será el mundo más allá del año 2000. Tenemos una única certeza: si
todavía estamos ahí, para entonces ya seremos gente del siglo pasado, y, peor todavía,
seremos gente del pasado [Link] embargo, aunque no podemos adivinar el mundo que
será, bien podemos imaginar el que queremos que sea. El derecho de soñar no figura entre los
treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no
fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed.
Deliremos, pues, por un ratito. El mundo, que está patas arriba, se pondrá sobre sus pies:
– En las calles, los automóiles serán pisados por los perros.
– El aire estará limpio de los venenos de las máquinas y no tendrá más contaminación que la
que emana de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
– La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni
será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor.
– El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la
plancha o el lavarropas.
– La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar.
– En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a hacer el servicio militar, sino los
que quieran hacerlo.
Ensayo literario de José Martí
Esa de racista está siendo una palabra confusa y hay que ponerla en claro. El hombre no tiene
ningún derecho especial porque pertenezca a una raza o a otra: dígase hombre, y ya se dicen
todos los derechos. El negro, por negro, no es inferior ni superior a ningún otro hombre; peca
por redundante el blanco que dice: «Mi raza»; peca por redundante el negro que dice: «Mi
raza». Todo lo que divide a los hombres, todo lo que especifica, aparta o acorrala es un
pecado contra la humanidad. ¿A qué blanco sensato le ocurre envanecerse de ser blanco, y
qué piensan los negros del blanco que se envanece de serlo y cree que tiene derechos
especiales por serlo? ¿Qué han de pensar los blancos del negro que se envanece de su color?
Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza, de un pueblo naturalmente
dividido, es dificultar la ventura pública y la individual, que están en el mayor acercamiento
de los factores que han de vivir en común. Si se dice que en el negro no hay culpa aborigen ni
virus que lo inhabilite para desenvolver toda su alma de hombre, se dice la verdad, y ha de
decirse y demostrarse, porque la injusticia de este mundo es mucha, y es mucha la ignorancia
que pasa por sabiduría, y aún hay quien crea de buena fe al negro incapaz de la inteligencia y
corazón del blanco; y si a esa defensa de la naturaleza se la llama racismo, no importa que se
la llame así, porque no es más que decoro natural y voz que clama del pecho del hombre por la
paz y la vida del país. Si se aleja de la condición de esclavitud, no acusa inferioridad la raza
esclava, puesto que los galos blancos, de ojos azules y cabellos de oro, se vendieron como
siervos, con la argolla al cuello, en los mercados de Roma; eso es racismo bueno, porque es
pura justicia y ayuda a quitar prejuicios al blanco ignorante. Pero ahí acaba el racismo justo,
que es el derecho del negro a mantener y a probar que su color no le priva de ninguna de las
capacidades y derechos de la especie humana.