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Metáforas para la terapia emocional

El documento presenta varias metáforas utilizadas en terapia para describir pensamientos, emociones y la relación terapeuta-paciente. La primera metáfora compara los pensamientos a aves, olas del mar, un río o imágenes en una película que vienen y van. Otras metáforas incluyen escaladores en montañas para describir la perspectiva del terapeuta, y una casa y sus muebles para representar el valor inherente de una persona.
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Metáforas para la terapia emocional

El documento presenta varias metáforas utilizadas en terapia para describir pensamientos, emociones y la relación terapeuta-paciente. La primera metáfora compara los pensamientos a aves, olas del mar, un río o imágenes en una película que vienen y van. Otras metáforas incluyen escaladores en montañas para describir la perspectiva del terapeuta, y una casa y sus muebles para representar el valor inherente de una persona.
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Metáforas

No saber cómo dejar pasar los pensamientos y


distracciones que aparecen sin cesar en nuestra
mente, (sentimientos, recuerdos, imágenes, proyectos, etc.), que se
encadenan unos con otros y que nos arrastran a un lugar en el que
no queríamos estar.

 Puedes, por ejemplo, imaginar que los pensamientos son


como las aves que vuelan por el cielo. Aparecen por sorpresa,
permanecen en nuestro campo de visión un rato y después
siguen su camino hasta que dejamos de verlas.

 Puedes recurrir a la imagen de ver a un viejo conocido por la


calle. Le reconoces y le saludas un momento afectuosamente
para después despedirte con una sonrisa, siguiendo cada uno
su camino.

 Es posible que los veas como las olas del mar, que vienen y
van y dejamos partir. El mar sigue su propio devenir.

 Otra metáfora que se suele utilizar es la del río. En ocasiones, el


curso del río va despacio, otras turbulento, otras remansado o
con remolinos y burbujeos… Tus pensamientos, pueden tener
las mismas características. Pero el flujo del río sigue su curso,
como el flujo del pensamiento.

 También puedes tomarlos como si estuvieras en el cine. Los


pensamientos se suceden como las sucesivas imágenes de la
película que estás disfrutando, cualquiera que sea su contenido
o carga emocional.

 Otras imágenes también adecuadas son las de tocar una


pompa de jabón que se rompe en cientos de partículas que
desaparecen en el aire; o la del paso de una estrella fugaz.

1. La metáfora de los dos escaladores

Escaladores subiendo una montaña, una de las metóforas usadas


en terapia

Imagina que tu terapeuta y tú sois dos escaladores, cada uno


subiendo por una montaña distinta, pero cercanas. El terapeuta
puede ver un camino que puede ayudarte a subir mejor tu montaña.
Ahora bien, pero no porque sea más listo que tú, ni porque la haya
subido antes, sino porque está en una posición desde donde puede
ver cosas que ahora mismo tú no puedes ver.

Finalmente, aunque el terapeuta indique el camino, tú eres el que


tiene que subir la montaña. Por lo tanto, la ventaja del terapeuta
respecto al paciente es la perspectiva.

El terapeuta puede ofrecerle una perspectiva al paciente con la que


este no cuenta; será el paciente el que tenga que integrar esta
información, con la que él ya tiene, para avanzar.

2. La metáfora de la casa y los muebles

¿Una casa deja de tener valor si sus muebles son viejos, feos o
están estropeados? La respuesta es no. La casa, tiene valor,
independientemente de los muebles que contenga. La casa no son
sus muebles. De la misma forma, el ser humano es valioso
independientemente de sus pensamientos o sus actos puntuales.

Podemos tener pensamientos o actos más o menos nocivos,


dañinos o negativos pero eso no hace que toda nuestra persona
sea así.

3. La metáfora de las arenas movedizas

La ansiedad es como estar sobre arenas movedizas: cuanto más


luchamos en contra de ellas para salir de ahí, más ansiosos nos
atrapa la ansiedad y más desesperada y enérgica es esa lucha.

Así, lo que recomienda esta metáfora es que cuando te encuentres


en un estado de ansiedad debes tratar de relajarte, de actuar en
contra de lo que «te pide el cuerpo».

4. Metáfora de los erizos

En un día muy helado, un grupo de erizos que se encuentran cerca


sienten simultáneamente la necesidad de juntarse para darse calor
y no morir congelados.
 Cuando se aproximan mucho, sienten el dolor que les causan las
púas de los otros erizos, lo que les impulsa a alejarse de nuevo.

 Sin embargo, como el hecho de alejarse va acompañado de un frío


insoportable, se ven en el dilema de elegir: herirse con la cercanía
de los otros o morir. Por ello, van cambiando la distancia que les
separa hasta que encuentran una óptima, en la que no se hacen
demasiado daño ni mueren de frío

La metáfora del jardín

“Imaginemos que tenemos un jardín y que somos los únicos


responsables de cuidarlo. Somos el jardinero de nuestro jardín. Las
plantas simbolizan lo que tenemos en la vida. Si observamos podremos
ver las plantas que tenemos: del trabajo, de la familia, de los amigos, de
las aficiones, de nuestro cuerpo… Ante la visión de nuestro jardín
podemos empezar a plantearnos muchas preguntas:

¿Todas las plantas están igual de cuidadas? ¿Cuáles están más mustias
y necesitan más nuestras atenciones?

¿El número de plantas de nuestro jardín es el adecuado? Si tenemos


demasiadas plantas quizá será imposible dedicarles el tiempo que
necesitan, y si disponemos de pocas, y por inclemencias del tiempo se
marchitan algunas, nos quedaremos con un jardín muy pobre.

Además de plantas, en nuestro jardín también se encuentran algunas


semillas que nosotros mismos hemos plantado. Son nuestros objetivos.
¿Por qué hemos elegido estas semillas y no otras? Probablemente se
deba a que queremos tener un jardín como el del vecino, quizá porque
nos lo han sugerido con demasiado énfasis las personas que nos
rodean, o tal vez porque realmente nosotros deseamos las plantas que
brotarán de ellas. ¿Cuál es nuestro caso?

El crecimiento de las plantas requiere su tiempo. Muchos jardineros se


impacientan, empiezan a plantar más semillas para comprobar si, al
contrario de las ya sembradas, de ellas brotan plantas con más rapidez.
Sin embargo, las semillas recién plantadas, como todas, requieren su
tiempo para convertirse en plantas frondosas. Con su estrategia, fruto de
la impaciencia, acaban con un jardín donde han sembrado muchas
semillas, pero de las que no han obtenido ninguna planta porque no las
han cuidado con paciencia. ¿Somos jardineros pacientes?

Muchos jardineros, cuando plantan una semilla se imaginan todos los


detalles de la planta que crecerá. Y cuando observan que la forma o el
color de las flores o el número de hojas no son exactamente como
habían previsto, empiezan a creer que han escogido la planta
equivocada o que quizá no hayan realizado de forma correcta su labor.
Otros, en cambio, observan sus plantas y aprecian y disfrutan de esas
pequeñas sorpresas de la naturaleza. ¿Nos desespera lo que no se
ajusta a nuestras expectativas?

En nuestro jardín también habitan malas hierbas. Éstas simbolizan


nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestras dudas, nuestros
complejos… Hay jardineros que se dedican todo el tiempo a intentar
arrancar malas hierbas y descuidan el resto de sus plantas. Cuanto más
se dedican a arrancarlas, peor está el resto de sus plantas. Todos los
jardines tienen malas hierbas. Si no fuera así, sería tan artificial que lo
veríamos irreal.

¿Dedicamos más tiempo obsesionados con las malas hierbas o a regar


nuestras plantas?”

Metáfora vuelo en avión

Por un lado queremos que esta terapia, sea un poco como un viaje en
avión, el destino del vuelo es distinto para cada persona, pero no es
importante el destino en sí, sino a donde nos quiera llevar el hecho de
compartir juntos una experiencia tan vulnerable como la de estar
volando en un avión, como metáfora de otras cosas, en este viaje, cada
uno llega donde puede o donde quiere, lo que es seguro es que llega
distinto a como empezó. El vuelo, es un vuelo largo y a veces con
turbulencias, dentro del cual ocurren sucesos que se escapan a nivel
consciente y sobre las que es bueno reflexionar….

El montarse en el avión es difícil, y una tarea que requiere valentía, ya


que uno no siempre está dispuesto a subirse a un avión y realizar un
vuelo con destino desconocido, además tampoco conoces a quien pilota
el avión y esto puede generar miedo e incertidumbre, pero tú siempre
nos has contado que te gustan los retos!

Una vez decidido a embarcar, el despegue resulta un poco costoso, es


verdad que ya habías estado en un vuelo parecido antes, y resulta un
poco “pesado” ver por la ventana el mismo aeropuerto y pista de
despegue, revivir antiguos miedos y nervios ante la sensación de
despegar… pero siempre hay algo nuevo en cada vuelo y siempre que
miras algo de nuevo, encuentras cosas en las que no te habías fijado
antes y que amplían tu visión.

Tras el despegue llegan las explicaciones del auxiliar de vuelo, se


explica que en caso de despresurización de la cabina, de modo
automático, desciende una mascarilla por cada asiento y que en caso de
que se viaje con un niño, lo primero que se debe hacer es ponerse la
mascarilla a uno mismo para ponérsela, después, al niño. Esto asegura
en gran medida la supervivencia de ambos, ya que si por el contrario
tratamos de poner la mascarilla al menor, podemos marearnos,
desmayarnos y al final, acabar ambos sin mascarilla, con el riesgo que
eso conlleva. Esto puede sonar egoísta, y lo vemos como antagónico de
cuidar del otro. Atenderse a sí mismo, cuidarse, conocerse o satisfacer
las necesidades propias queda colocado en el cajón del “egoísmo” y
conlleva muchas veces el haberse olvidado de sí mismos y el haber
colocado delante a los demás, lo que los demás quieren para mí, lo que
debo hacer según las reglas o la imagen que debo dar…. Renunciar a
uno mismo para atender al otro suele llevar a que ni uno ni otro respiren.
El primero, por estar preocupado en el bienestar del otro y el segundo
porque percibe su vida como un préstamo del primero, algo que le lleva
a dos opciones, decepcionarle o enorgullecerle.

Este vuelo que estas realizando, está lleno de turbulencias que sacuden
el avión, la palabra turbulencia deriva del latín turbulentĭa y hace
referencia a la condición de aquello que es desordenado o agitado, en
este particular vuelo nuestro, muchas veces así nos sentimos cuando
algo no va bien dentro de nosotros, estamos como agitados, en nuestro
particular vuelo, estas turbulencias pueden llegar en angustia, ansiedad
o tristeza

Las turbulencias pueden ser debido a las modificaciones de velocidad y


dirección de las corrientes de aire, cuando las partículas de aire se
desordenan y aparecen perturbaciones, en definitiva por cosas de
nuestro entorno, ajenas a nosotros y que no podemos controlar, y sin
embargo nos afectan. Piensa en ciertas personas o ciertas
circunstancias en las que te has visto inmerso… no obstante el avión
mantiene su trayectoria y sigue volando a pesar de ello, está construido
para ello, a pesar del exterior y lo adverso que sea, tiene la fortaleza de
salir airoso, si se dejara afectar quedaría a la deriva…
Otro tipo de turbulencias son las generadas directamente por el propio
avión, ocurren cuando grandes masas de aire chocan contra los
extremos de las alas del avión. A veces con las personas ocurre igual,
otro tipo de “turbulencias” las generamos nosotros mismos, en forma de
inseguridades, miedos, dudas generadas por la incertidumbre y culpa,
pero es el precio a pagar por poder volar.

Pero en definitiva como tú bien sabes, las turbulencias no suponen un


gran problema a nivel de seguridad del avión, sólo que como ocurre
siempre ante lo desconocido, es normal que los pasajeros puedan llegar
a asustarse e incluso sufrir vértigos

Después de todas estas turbulencias, empezarás a disfrutar realmente


del viaje, podrás pensar que las complicaciones surgidas son algo malo,
pero no lo son, son algo necesario de cara a poder disfrutar finalmente
el viaje con tranquilidad. A veces hay aviones más difíciles de planear,
sin embargo, cada vuelo te ayuda a saber manejar el avión en las
peores circunstancias.

Este vuelo no ha sido perfecto como esperabas, pero en las


imperfecciones o imprevistos del mismo, has encontrado aprendizajes
muy valiosos… por eso a veces se dice que en la imperfección se
encuentra la perfección.

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