Desigualdad y Exclusión en el Capitalismo
Desigualdad y Exclusión en el Capitalismo
trabajo. Por un lado, tenemos la etnicización/racialización de la fuerza de trabajo. Por el otro lado,
la sexización de esta última. El racismo y el sexismo son pues dispositivos de jerarquización que
combinan la desigualdad de Marx y la exclusión de Foucault. Mientras que el sistema de
desigualdad reposa paradójicamente en el esencialismo de la igualdad, ya que el contrato de
trabajo es un contrato entre partes libres e iguales, el sistema de la exclusión reside en el
esencialismo de la diferencia, ya sea en la cientifización de la normalidad, y por tanto de la
prohibición, o en el determinismo biológico de la desigualdad racial o sexual. Las prácticas sociales,
las ideologías y las actitudes combinan la desigualdad y la exclusión, la pertenencia subordinada, el
rechazo y la prohibición. Un sistema de desigualdad puede estar, bajo ciertas circunstancias,
acoplado a un sistema de exclusión. Tal es el caso del sistema de castas en India y de la
consecuente exclusión de los parias o intocables. Tanto la desigualdad como la exclusión aceptan
diferentes grados. El grado extremo de exclusión es el exterminio: el exterminio de los judíos y de
los gitanos bajo el nazismo, la limpieza étnica hoy en día. El grado extremo de desigualdad es la
esclavitud. La desigualdad entre el capital y el trabajo, la exclusión de la prohibición, el racismo y el
sexismo fueron construidos socialmente como principios de jerarquización social en el ámbito de
las sociedades nacionales metropolitanas y de algún modo en ese espacio-tiempo fueron acogidos
por las ciencias sociales. Pero desde el inicio de la expansión capitalista estos principios de
jerarquización y discriminación tienen otro espacio-tiempo: el sistema mundial, donde igualmente
se mezclan desde siempre los principios de la desigualdad y la exclusión. Por un lado, la
desigualdad por el trabajo esclavo; por otro, la exclusión por el genocidio de los países indígenas.
En el sistema mundial se cruzan igualmente dos ejes: el eje socioeconómico de la desigualdad y el
eje cultural, civilizacional, de la exclusión. El eje Norte/Sur es el eje del imperialismo colonial y
poscolonial, socioeconómico, integrador de la diferencia. El eje Este/Oeste es el eje cultural,
civilizacional de la frontera entre la civilización occidental y las civilizaciones orientales: islámica,
hindú, china y japonesa. El imperialismo es la mejor traducción BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS 6
IGUALDAD Boaventura de Sousa Santos:Layout 1 02/12/10 19:12 Página 6 del eje Norte/Sur, así
como el orientalismo es la mejor traducción del eje Este/Oeste. II. La gestión moderna de la
desigualdad y la exclusión Si, por un lado, la regulación social de la modernidad capitalista está
construida por procesos que generan desigualdad y exclusión, por el otro, establece mecanismos
que permiten controlar o mantener dentro de ciertos límites esos procesos y que impiden caer
con demasiada frecuencia en la desigualdad o en la exclusión extremas. Estos mecanismos
apuntan hacia una gestión controlada del sistema de desigualdad y de exclusión, y en esa medida
buscan la emancipación posible dentro del capitalismo. En el campo social, ellos siempre tuvieron
que confrontar a los movimientos anticapitalistas, socialistas, con sus propuestas de radical
igualdad e inclusión. Todos estos movimientos tendieron a concentrarse en una forma privilegiada
de desigualdad o de exclusión, dejando que las otras actuaran libremente. Esta concentración
recayó casi siempre en la idea de que entre las diferentes formas de desigualdad y de exclusión
habría una principal, y de este modo el ataque dirigido a ella acabaría por repercutir en las demás.
Por ejemplo, el marxismo se concentró en la desigualdad clasista y tuvo poco que decir sobre la
exclusión foucaultiana, el racismo o el sexismo. El marxismo vio más claramente el eje Norte/Sur
que el eje Este /Oeste. Paso ahora a enunciar las características principales de la lucha moderna
capitalista contra la desigualdad y la exclusión. El dispositivo ideológico de la lucha contra la
desigualdad y la exclusión es el universalismo, una forma de caracterización esencialista que,
paradójicamente, puede asumir dos formas en apariencia contradictorias: el universalismo
antidiferencialista que opera por la negación de las diferencias, y el universalismo diferencialista
que se da por la absolutización de las diferencias. La negación de las diferencias opera según la
norma de la homogeneización, que impide la comparación por la destrucción de los términos de
esta comparación. La absolutización de las diferencias se evidencia según la norma del relativismo,
que hace incomparables las diferencias por la ausencia de criterios transculturales.